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  • Barbería, Folladero 1 y 2 de Wakandia

    Barbería, Folladero 1 y 2 de Wakandia

    Habían avisado a Cesar que tenía una visita, un amigo de la universidad, ya habían pasado casi veinte años desde que estudiaron juntos, no podía desaprovechar la ocasión de saludarlo, por ese motivo instó al botones que le rogara que esperara un segundo mientras terminaba su entrevista.

    —Su edad son 53 años, por lo que veo tiene mucha experiencia en el sector, habla cuatro idiomas, maneja bien la ofimática y es usted universitaria. En una palabra, nos replantearemos su currículum y le informaremos.

    —Muchas gracias, tengo puestas muchas expectativas en ese empleo, sé que lo puedo desenvolupar sin problemas, es más, aquí tiene usted mis cartas de recomendación.

    —Si claro, en principio tiene usted una buena formación, aunque, insisto, somos quizá en apariencia algo exigentes, pero de ahí nuestra calidad de servicio.

    Cesar mandó llamar a su compañero, el cual pudo oír como conversaba con la recién señora encuestada para el empleo y pensó que seguía siendo el mismo de siempre. Entró, el amigo le miró a él, después al despacho y otra vez a él.

    —¡Cuánto tiempo Cesar! ¡Esto sí que es un despacho!

    —¡Qué sorpresa, pensaba no vendrías! —dijo Cesar mientras se abrazaban de forma efusiva.

    —No digas tonterías, tu sabes que te tengo en mucha estima, por eso estoy aquí. Por cierto, veo que no te va mal, sabía que llegarías lejos.

    —Solo gestiono el hotel, por algo estudié económicas; y tú, sigues de adjunto en el instituto, supongo, y es que siempre te ha gustado impartir literatura. Por cierto, sabes que está aquí la Merche, la muy lista ha llegado a catedrática en la universidad, pero que no vas a saber, fijo que has venido porque estaba ella —dijo Cesar con acento irónico.

    —Ha sido algo de casualidad, aunque la admiro, lo sabes… si, la he encontrado en el hall y se ha sorprendido de verme —dijo en tono disculpatorio.

    —Sí, no te preocupes, es la más intelectual, no la conocía muy bien ya que iba tres cursos más adelantada y sé que la admirabas, como hablabais de literatura, ya ves donde está.

    —Tú tampoco te puedes quejar, veo que no te va mal, pero no te quiero molestar más, incluso no quería entrar, me he dado cuenta de que tenías entrevistas con gente, incluso he podido hablar con esa señora que esperaba afuera, es todo nivel por la breve conversación que he tenido con ella, me ha contado sucintamente sus metas mientras esperaba que la llamarais y es que se notan las cualidades de una persona con estudios; por no ir más lejos, la que… por cierto aún espera, la jovencita esa, algo descolocada y desabrida, me he dado cuenta al ver de soslayo su curriculum, apenas se podía leer lo escrito. Pero bueno, me estoy poniendo en plan viejo cascarrabias y cotilla, ruego que me disculpes.

    —Para nada José, para eso somos amigos, y sí, aquí pedimos mucho nivel, no te quepa duda, por eso hacemos estas entrevistas y solo pasan el corte los más preparados y avezados. En cuanto a la chica de afuera, comprenderás que tengo que tener esa deferencia con la gente, aquí en este país ya se sabe que el nivel de parámetros culturales no es como el nuestro. Me debo al altruismo hacía esa gente y darles información para que algún día tengan una oportunidad en nuestra empresa. Bueno, después nos vemos en el bar —dijo Cesar dándole unas palmadas afectuosas.

    A Cesar le fue entregado el curriculum de dicha chica que esperaba afuera, la cual su edad era de 18 años y en profesiones anteriores constaba “kamarera, friegaplatos, cosina y mujer de la limpiesa” constando al final “kiero trabajar de relasiones publicas, no tengo esperiensia aunque si muchas ganas”. Entró, era rolliza de baja estatura lo que hacía destacar más esos abultados pechos desmesurados para su edad; llevaba el pelo desordenado y teñido de rojo, lo que hacía juego con sus generosas mejillas rosadas. Tomo asiento ante Cesar, sus movimientos eran desgarbados, al apoyar las manos en la mesa pudo observar que eran pequeñas y regordetas con unas uñas pintadas de color negro, lo que le daba esa apariencia rara y de desorden de la moda. Cesar una vez sentada la escruto con la mirada sin decir palabra; ellas se movió con brusquedad y nerviosismo. Solo tras un silencio:

    —Bu… bu… buenos días… yo vení… venía, por lo del empleo ese de relasi… relasi… perdón, relaciones públicas —dijo al final con la respiración más calmada y la mirada inofensiva.

    —¿Talla de pecho? —pregunto Cesar.

    —¿Co… com… cómo dice? Perdón, no he oído bien —responde ella algo descolocada.

    Cesar se quita las gafas y las limpia con un Kleenex con parsimonia y se las vuelve a colocar y con los ojos muy abiertos tras las gafas recién limpiadas dice:

    —¡Que tienes unos melones muy grandes para ser tan joven! —y rompe a reír a carcajadas.

    —Uso una 110 D —dijo arqueándose y marcándose más a través de la camiseta roja que llevaba enfundada en la cintura de sus raídos vaqueros.

    —Anda, ¡enséñamelas, libéralas!, me pica la curiosidad.

    Algo desconcertada la chica se levantó, se sacó la camiseta de dentro de los pantalones y la subió hasta encima de su sostén dejándola en el cuello, quedando a la vista dos pechos voluminosos enfundados dentro del sujetador.

    —¡Súbete el soporte, la virgen! —dijo refiriéndose al sujetador.

    Una vez levantado salieron dos protuberancias mamarias, como si fueran expulsadas cayeron rebotadas sobre su vientre, eran semejantes a dos peras enormes con unos pezones grandes en su parte baja.

    —¡La hostia puta! Vaya dos torpedos que me gastas tan joven. Levántalas y las bamboleas.

    La chica disciplinada empezó a moverlas en vaivén de un lado para otro siendo compactas y blandas a la vista de Cesar.

    —¿Has hecho nunca una cubana?

    —No sé qué es…

    —Siéntate otra vez y estrújatelas —dijo Cesar al mismo tiempo que se desabrochaba el cinturón.

    Una vez sentada, con los pechos juntos pudo ver como Cesar estaba delante de ella con el pene completamente erecto y se lo sacudía. Se agacho e introdujo el pene por la parte baja hasta quedar encajada contra el esternón y oprimida por las ubres. Empezó un sube y baja con golpes de ingle.

    —Oh, oh, oh… esto está algo seco, babea un poco encima de ese glande que te sale por arriba, esto funciona como un motor, debe tener lubricación.

    La chica babeo encima, los movimientos de Cesar se volvieron más rápidos, parecía un conejo, pequeñas tacadas hasta que se ponía de puntillas. Jadeaba, ronroneaba.

    —¡Bambolea de arriba abajo, no tardaré en correrme!

    Las manos de ella subían y bajaban dando impulso a sus pechos.

    —¡Cuando salga la primera descarga que ya no tardará, no quiero que pares, sigue hasta que te diga basta!

    Nada más decirlo salió la descarga de semen con mucha propulsión impactando en el ojo derecho de ella, la segunda le alcanzó los labios y en el crescendo la barbilla y cuello escurriéndose en la canaleta de sus pechos y donde aún estaba situada la polla de Cesar. El cual lanzo un bufido de búfalo y quedose estático mientras ella seguía con los movimientos. Al apartarse de su cara y pechos estaban embadurnados de leche. Cesar se acercó y le lamió la cara recogiendo en su boca su semen y después le dio un morreo con lengua haciendo el traspaso de mercancía hasta la boca de la chica. Se subió los pantalones, se puso tras su mes y tiro los Kleenex a la chica.

    —Admitida, la semana que viene empiezas.

    José, la citada Merche y su marido ya se encontraban en el bar cuando Cesar fue a saludarlos, su charla era de tono literato, al percatarse de la presencia de Cesar hicieron las correspondientes saludaciones. Recordaron viejos tiempos universitarios y Merche les presentó a su marido, un señor que rebasaba la cincuentena, erudito y también catedrático el cual pintaba con las manos su charla de corte intelectual. Cesar les enseño las instalaciones, haciendo hincapié que como gestor del complejo era un gran reto, el lugar lo merecía e intentaban inculcar al personal empatía hacía sus clientes. Constaba de un hotel, jardines y una piscina de proporciones considerables, en la cual terminaron el recorrido.

    —Aquí tenéis lo necesario para relajaros y si necesitáis nada, solo tenéis que pedirlo —dijo Cesar en tono servicial— Sé que es algo opuesto de donde venís, pero os gustara.

    —Tengo entendido que hay bastante naturaleza en los alrededores —dijo el marido.

    —Sí, y no solo eso, también podéis disfrutar de la playa arenosa y sus dunas —contesto Cesar.

    —Mi marido quiere coger unos apuntes para unos estudios, mañana sin falta le gustaría dar un paseo —dijo Merche.

    —Claro que sí, no hay problema, podrán ir.

    —Aunque yo bajaré a la playa, me apetece tomar algo el sol —contesto Merche.

    —Como queráis, yo pensaba ir con mi amigo José, a ver si le encontramos pareja —dijo con acento irónico Cesar.

    —La playa por lo que he leído se presta a observaciones literarias, ese lirismo visual provoca en la mirada esa… —dijo con acento intelectual José.

    —¿Por dios! Estáis de vacaciones… ¡Disfruta la estancia! —dijo Cesar.

    —Cuánta razón tienes, relájate algo —dijo Merche.

    Tras el recorrido se fueron a las habitaciones, el marido de Merche se quedó en la habitación excusando que le apetecía leer los clásicos, su personalidad intelectual y docta en esa materia le llevaba a privarse de otros placeres, en pro de cultivar su creatividad literaria. En tanto que Merche con su pareo accedía al recinto de la piscina. Su físico alto, de pechos grandes, algo amuslada, pero con ese tipo de trasero marcado y algo salido le daba elegancia femenina. Rubicunda y pecosa, tenía la piel muy blanca. Se tumbó en una hamaca, pidió un cocktail y saco uno de sus libros de filosofía. Los chapoteos de la piscina resonaban en el recinto, el sol estaba en todo su esplendor, el olía a cremas solares y cloro de piscina. Al poco rato tenía compañía (se trataba de otra mujer de rostro enjuto e incorpórea amanerada en sus movimientos con un bikini no acorde con la madurez de su edad ya que de apariencia habría rebasado la cuarentena hacía tiempo) no muy lejos de ella. Se acicalo el pelo y se tumbó en la hamaca abriendo una revista de moda. No tardó en llegar el que en apariencia era su marido con una cerveza y una barriga bien presente para decirle que no aguantaba el calor y que iba a la habitación a echarse una siesta. De soslayo miró a la Merche.

    —A mi me encanta el sol, en cambio mi marido no lo aguanta —dijo en tono de confidencia al mismo tiempo que se ponía las gafas oscuras.

    —Sí, suele pasar…, el mío también prefiere quedarse en la habitación —contesto la Merche.

    —Llevamos ya una semana, me gusta lucir el moreno, si se pudiera conservar todo el año —dijo con acento de coquetería juvenil.

    —Nosotros hemos llegado hoy —dijo Merche algo molesta por la conversación.

    —Mi marido prefiere el yate de su socio, pero a mi me aburre, son tan aburridos, solo piensan en comer y hablar de negocios. Yo soy más de desconectar —dijo en tono arrogante—. ¿Has visto ya las tendencias para este invierno?

    —No, la verdad es que soy muy clásica en este aspecto.

    —A mi me encanta, de hecho he pedido consejo a una modista reputada. A qué te dedicas? —preguntó con curiosidad.

    —Docencia, soy catedrática.

    —A mí me aburren los libros, no sé cómo podéis enfrascaros en esos tochos, prefiero las novelas rosas y las revistas de cotilleos, son más divertidas.

    —Sí, bueno…, como comprenderás…

    —Perdón, no te molesto más…

    Había perdido su concentración en la lectura a causa de la latosa relamida que tenía al lado, para más pesar empezaba a venir más gente estridente. Pensó que no era mala idea ir a la playa, aunque no de manera tan descarada dejando entrever que le molestaba la presencia de la señora, aunque bien mirado no sabía ni por qué se preocupaba por tan banal situación. Justo cuando estaba en esas introspecciones personales hizo la aparición ante ellas el clásico chulo piscinas; alto, joven de no más de 25 años en apariencia, de piel caoba, mirada transversal retadora a través de sus gafas de espejo, paso largo empleando toda la planta del pie; se quitó su camiseta procurando que todos sus ademanes fueran flexionados para destacar sus nervudos miembros, para después seguir con los pantalones cortos, dejando a la vista un tanga con estampado de cebra con dos tirantes hasta el cuello, lo que hacía que su paquete resaltara de forma descarada. Desvergonzado y sin pudor pasó delante de ellas hasta zambullirse en la piscina en un elástico movimiento con giro en el agua y otra vez la mirada hacía ellas.

    La contertulia latosa se quedó muda, en apariencia admirada por el ejemplar. Empezó a toquetearse el pelo teñido de rubio con ademanes nerviosos. Se levantó sin apenas saludar y permanecer delante de la piscina disimulando descaradamente. El fastuoso macho daba brazadas a lo largo de la piscina como si batiera el récord mundial de los cien metros, para cuando llegó al final volver a acechar con la mirada cual era la pieza a cobrar. Viéndola de pie como si buscara algo con la mirada divisó el objetivo en la vecina pomposa y en un ladeo de cabeza hizo una especie de indicación al mismo tiempo que salía del agua. Caminaron por caminos divergentes hacía la playa.

    —Señor director, tengo que consultarle una cuestión importante —dijo el botones a Cesar.

    —¿Qué te pasa tan nervioso?

    —¡Se han levantado a la mujer del de la 503, la petarda esa! ¡Ya se la lleva! ¡Sé que es lo normal, pero el marido baja a la piscina!

    —¡Cago en dios! ¡Abra que distraerlo, bajo para la piscina enseguida! ¿Dónde la lleva?

    —Al folladero 1, al más cercano, entre las dunas de la playa.

    José, que en esos momentos acompañaba a Cesar estaba atónito, asombrado no pudo más que dar su impresión.

    —¡No me lo puedo creer! ¡Y tú te prestas a ese juego!

    —Mira, José, la cosa no es lo que parece, el servicio está incluido, no de manera directa en nuestra oferta, sé que no es políticamente correcto, pero la propiedad es la que manda y hay que hacer lo que se le ordena a uno —aclaró Cesar.

    —Todo esto en tan cutre y hortera…, no tengo palabras —contesto José.

    Merche vio como Cesar entraba al complejo de la piscina acompañado de José, ante más agobio opto por dar un paseo sobre la playa y desconectar un poco del bullicio. La caminata le fue agradable, la brisa marina le daba esa sensación de plenitud. No había mucha gente, pero aun así opto por adentrarse en las dunas colindantes a la playa. No paso mucho tiempo al llegar a la loma de la duna, olía a mar y salitre, el sonido de las olas se mezclaba con un ligero sonido de persona, jadeos en apariencia, los cuales provenían de la parte baja a la otra parte de los matorrales. Picada por la curiosidad se acercó y vio lo que suponía de antemano: el gigolo de la piscina y la mujer que había visto en la piscina. La estaba montando, pudo ver como la bombeaba con mete-sacas sonoros y eléctricos, su culo mulato subía y bajaba en vaivén con giros circulares para empotrarla una y otra vez; ella jadeaba, arañaba su espalda y le oprimía las nalgas abrazando su espalda con sus piernas en un éxtasis continuo, ronroneaba y en suspiros entrecortados pudo oír palabras como “sí, no pares, que bueno eres, dame más, más, más”, no tardando en rectificar su posición y colocando las piernas de ella sobre sus hombros.

    Ahora si tenía una plena visión de los testículos y el pene cuando entraba y salía de la vagina, tal era la intensidad de su empuje que en cada penetración las nalgas de ella se hundían en la arena. El miembro salía viscoso, los testículos colgaban bamboleantes en cada final de tacada; por la respiración entrecortada y los estertores dedujo que la culminación del coito estaba tocando a su fin. Fueron las últimas penetraciones las más intensas y potentes, sus nalgas se contrajeron cuando dejo su pene clavado dentro y rugió como un toro bravo en señal de que había vaciado dentro. Ella emitió un suspiro quedando paralizada.

    El autobús les llevaba al pueblo cercano, la excursión turística era para dar a conocer las costumbres del país, José, aún consternado por la actitud de Cesar del día anterior no dejaba de pensar en ello. Las mujeres estaban charlando de las compras que iban a realizar, el cambio de moneda era propicio y les salía muy a cuenta. Por otra parte los hombres hablaban del estadio de fútbol y el pequeño casino, así como las licoreras. Extrañado José, por la obsesión de su vecino de asiento para poder ir a una peluquería, ya que mostraba una buena calva. Habían mantenido una pequeña charla con el señor, contaba unos cincuenta y pico largos de años, era ingeniero y su mujer había preferido quedar en el complejo, así como la Merche y su marido. Cesar le aconsejo el recorrido por la localidad. El ingeniero no paraba de mirar por la ventanilla al llegar, sus facciones se volvieron firmes y vivaces.

    Llegaron a la localidad, olía a fritangas, ese día el mercado estaba abarrotado. José iba tras el vecino del autobús intentando entablar conversación, le había hablado de su trabajo, sus merecidas vacaciones. Sus pasos eran rápidos no paraba en mirar los souvenirs y productos de la región. Al final de la calle el señor como un autómata giro hacía el letrero de peluquería. José pensó que dadas las circunstancias podría cortarse un poco el pelo, se lo comentó, contestó él con un “no lo lamentara”. Al entrar por el portal vio que el señor no estaba más tranquilo, pero si más alegre. Fueron recibidos por una señora gorda y vivaracha, aprestándoles a decirles que servicio querían y sin más dilaciones José le dijo que un afeitado. Como si le explotara en la boca el otro señor exclamo que quería el servicio completo. Entonces fue llamada una joven bajita de aspecto aniñado y invitó al señor a pasar a través de una cortina. Y sin más dilación entró apresurado. José pregunto en tono ingenuo que tipo de corte o esteticien se hacía que tan apresurado había entrado el otro. Le dijo que su hija hacía servicio especial, que si quería verlo podía observar, pero tenía que quedar entre ellos. Picado por la curiosidad accedió y a través de un agujero en la pared que le indico la señora, excusándose que dicho agujero estaba por si había problemas, no se pensara mal, eso sí, por eso le pidió un dinero extra. Por no discutir José abono el importe.

    Era una pequeña sala con un butacón como el de un dentista, vio que el señor se había quitado los pantalones y los calzoncillos junto los zapatos. Sentado presentaba una erección considerable y apreciable a su vista ya que se posiciono con sus piernas sobre los reposabrazos como si de una embarazada ante un ginecólogo se tratará. Con sus testículos peludos colgando y su pene erecto esperaba. Apareció la chica con pantalones de chándal y camiseta, llevaba una botella de aceite corporal y le impregnaba su miembro al mismo tiempo que preguntaba:

    —¿ Cómo lo quiere?

    —Cúrralo todo niña, pon ganas en la parte del ojete, aunque no olvides de trabajar las bolas y el fierro.

    El aspecto del señor en esa posición con las piernas levantadas y los calcetines puestos impresionó a José. Pudo observar que la chica empezó a aplicar un leve pajeo de arriba abajo unidireccional, para después pasar a pajeo con volteo circular de pene, como si fuera el mando de una vídeo consola. Los ojos del ingeniero se volvieron estrábicos, sus manos intentaron tocar a la chica, la cual algo molesta dijo “a ver si se creía que era una puta”. Ante tal actitud no sabía qué hacer con sus manos y agarraba sus propias piernas. Pasó la chica a frotar su glande y después agarro la bolsa testicular y la apretó por su parte alta quedando marcados y tensados los huevos. Empezaron los bufidos y pequeños suspiros por parte del ingeniero. Volvió a coger el aceite y le impregno la parte de su ano para después introducirle un dedo hasta el tope. En esa posición empezó a pajearlo una vez más. Empezó a berrear de gozo:

    —¡Sí!…¡si!… ¡si!… ¡Así!… ¡si!… ¡Qué gustazo! ¡oh! ¡oh!…

    —¿Gusta usted que acabe así?

    —¡Usa la boca! ¡Usa boca antes de que descargue!

    Empezó lengüeteando el glande, bajando al tronco, una vez en los testículos los absorbió uno por uno, lo miraba a los ojos, el ingeniero se retorcía de gozo, volvía a berrear de forma sonora y estridente. Bajo hacía la zona anal y lamió el ano.

    —¡Oh!… ¡Oh!… ¡Sigue!… ¡No pares!… ¡Cómelo más!

    La chica le abrió las nalgas y metió su lengua a fondo de manera que su nariz quedaba aplastada con el escroto. La iba sacando y metiendo a fondo una y otra vez.

    —¡Come!… ¡come!… ¡Come culo!…

    Empezó a asomar una gota de semen, después un leve hilo se deslizó por su tronco y un lanzamiento a chorro que le llego a la barbilla del mismo ingeniero, seguido de otro a la altura de su ombligo. Emitió al mismo tiempo un rugido gutural de alivio.

    Ya de vuelta y llegando otra vez al complejo hotelero el ingeniero se mostró más parlanchina, edulcorado y reactivado. Una vez que ya llegaron vio como una señora de su misma edad se abrazaba a él y le anunciaba que había reservado una mesa para toda la familia.

    A la mañana siguiente comían los cuatro juntos —Merche, su marido, José y Cesar —; el marido de Merche divagaba sobre lo que posiblemente sería un pequeño libro sobre el lugar, daba según él esa vertiente lírica y esa misma tarde la víspera de su partida la emplearía en analizar mediante el terreno algunos pasajes. Por su parta Merche la ocuparía en tomar el sol.

    Una vez levantados de la mesa José y Cesar se tomaban una copa en el bar.

    —Espero que no me guardes rencor, pero comprende que las circunstancias y mi gerencia condicionada de la empresa —dijo Cesar.

    —No te reprocho nada, solo que no sé cómo te prestas a ello, eso de tapar la coartada de una mujer frívola invitando a beber a su marido y encima se te veía tan real, no me cabe en la cabeza. No sé qué impresión le habrá dado a Merche y su marido esto. En el mercadillo ayer, sin ir más lejos… Es bochornoso. Lo siento por Merche, vale tanto, no está acostumbrada.

    La Merche acostada en su hamaca observaba el bullicio de la piscina, ese olor a cloro, el sol le cegaba, no podía tomar mucho el sol sus pecas se remarcaban más. Tenía un cuerpo protuberante, macizo aún su sedentarismo. No tardo en irrumpir en escena y otra vez colocándose en el mismo lugar el chulo piscinas de la otra vez. Con la penetrante mirada de cazador a través de sus gafas de cristales de espejo le hizo un ademán con la cabeza a modo de saludo. Volvió a su ritual y se volvió a despojar su camiseta para quedarse con su tanga de tirantes, para coger carrerilla y en carrerilla lanzarse en la piscina. Una vez allí su vista volvió a evaluar las posibilidades mirando a Merche. Hubo cruzamiento de miradas y en un ladeo achulado machote le hizo una indicación.

    La inteligencia humana no comprende la continuidad absoluta del movimiento. Las leyes de un movimiento cualquiera solo son comprensibles para el hombre cuando examina de forma separada las unidades que lo componen. Pero al mismo tiempo la mayoría de los errores humanos emanan del hecho de aislar de un modo arbitrario, para observarlas aparte, las unidades separadas del movimiento continuo.

    En ese mismo momento el botones corría hacía el despacho de Cesar.

    —Oiga tengo que decirle algo —dijo el botones con la respiración entrecortada.

    —¿Qué te pasa tan nervioso otra vez?

    —¿Se… se… se han levantado a esa señora que usted conoce, la…!

    —¡¡No Jodas!! ¿Pero llevan intenciones? ¡Si es así no me lo pierdo!

    —¡Pinta jodienda con la señora esa que conoce, la orgullosa, la relamida!

    —¿Dónde te parece que van?

    —Fijo que en folladero nº2 el más apartada. He visto como ella iba tras él; ¡La jodida tiene hasta pecas en culo! ¡Lo dicho, casi seguro que se la va a trajinar en el 2!

    José, estaba tendido en la arena a pocos metros el ingeniero y su mujer, le había saludado, mal que le pesara, no le caía muy bien desde lo de la excursión del autobús. Miraba al cielo cuando vislumbró a Merche que caminaba como sonámbula en dirección a las dunas. Se levantó para ir a saludarla, en ese instante ya tenía detrás al ingeniero.

    —¿Habrá suerte?… Creo que sí, el jamelgo se levanta muchas —dijo el ingeniero.

    —No sé a qué se refiere —dijo en tono de confusión José.

    —No me diga que no ha visto el piel de ébano que va delante de ella —dijo el ingeniero apuntando con la mano hacía el horizonte —. Desde luego está brava la jamona que va tras el podenco, algo pecosa, pero ya verás…

    —No malinterpreta las cosas, ella… ella… no es de esa clase baja de gente —respondió en tono molesto y airado José.

    —¡Ja, ja, ja! ¡Ahora lo veremos!

    Caminaban por la empinada duna, ya no se vislumbraba a Merche, estaban algo desorientados; José se desentendió del ingeniero y quedo rezagado no le gustaba su presencia, vago solo entre las dunas una media hora. De pronto, al bajar otra loma de la duna vio como el ingeniero estaba algo agazapado y mirándolo le dijo:

    —¡Ves! Qué te decía yo, incluso el cabrón sabe que lo estamos mirando, mira como ladea la cabeza.

    Estaba en lo cierto el ingeniero y era natural que un hombre que no conoce el funcionamiento de una máquina humana como era el caso y creía que al verla en actividad se resentiría, pero se retroactivo y le dio ese plus de actividad. Era consciente que tras él lo estaban observando y arriba, agazapado el José era otro espectador.

    Merche arrodillada mamaba el manubrio, sacado por un lado del bañador de tirantes los testículos estaban ladeados y en miembro apuntaba de frente la boca de Merche, la cual intentaba abarcarlo sin poder abarcarlo todo. Entonces, al sentirse observado el chulapo empezó cañoneo bucal, atenazándola por la nuca y empujando hacia adentro hasta que todo el cipote era engullido. Salía espuma por la nariz de la Merche, salivaba y babeaba; sus mejillas estaban hinchadas como globos. Era una especie de huracán en su boca, solo podía respirar por la nariz, se atragantaba. El macho sequía erguido y achulado. Viendo que la Merche no podía mamar más le dio un descanso en el cual se cogió sus testículos ladeados y se los hizo comer y lamer.

    Cesar oteando desde arriba pensaba que un hombre, (ese gigoló que le aplicaban una mamada, o bien podría decirse que le follaba la boca) siempre que se movía adjudicaba una meta a su movimiento. José sabía que ni siquiera se había quitado el bañador y ella aún estaba con el suyo puesto; pero era una señal de hombría y varonilidad por parte del chulo.

    Una vez acabada la lamida de huevos con una inusitada energía y velocidad despojo del bañador a la Merche (Facilidad encomiable ya que no llevaba bikini, sino un bañador de una pieza) quedando desnuda al completo al mismo tiempo que daba vueltas alrededor de ella.

    —¡Dios, como la chulea! —Exclamo el ingeniero agazapado.

    —Yo, yo… yo… me… iré. Nunca hubiese imaginado… —respondió José.

    —¡Ni se te ocurra! Vas a levantar la pieza. ¡Ni te muevas! —ordeno el ingeniero.

    Merche estaba desnuda con sus generosos senos algo caídos; era una mujer ajamonada, pero no flácida, su culo era marcado, sus pecas ocupaban la mayoría de su cuerpo. Fue tumbada en la arena y abiertas sus piernas, aplicándole un cunnilingus veloz. El gigolo se arrodillo en el suelo y la miró con un matiz de marcialidad y la mirada fija en ella le levantó las piernas hasta sus hombros. Alineó la dirección coño-polla y la penetro de una tacada dinámica, potente y decisiva dejándola clavada hasta el fondo para después pasar a un cañoneo constante. Fue follada a propulsión y no tardo en convulsionar entre jadeos y dejándola a medio correrse y en voltereta estática circular semiesférica a polla sacada y erecta la posiciono en cuatro patas con una inmediatez impresionante para empezar a cañonearla por atrás y en un reflejo autoestático posicionado alineó la polla con el ano y la clavo de forma sonora. En esta posición y la Merche cogida del pelo y con muecas de dolor, pero placer al mismo tiempo le cañoneo el culo. Merche no tardo en venirse hasta tal punto que orinó al mismo tiempo. Entre ronquidos de toro y aullidos de tigre el gigoló saco su polla y en otro movimiento acrobático (circular esférico otra vez) alcanzo la boca de ella y descargo al mismo tiempo que la dejaba un rato dentro de la boca hasta el punto que Merche le entraron arcadas.

    Era el día de la despedida, Cesar les dio el buen viaje y que volvieran pronto. En un aparte mientras el marido de Merche y José recogían las maletas la Merche le dijo “ha estado muy bien, pero no es lo mío estos ambientes, soy más de ciudad. Entonces Cesar contesto. Qué más quieres TE HAS IDO FOLLADA Y CULEADA.

     

  • En la consulta de Urología (Parte 2)

    En la consulta de Urología (Parte 2)

    Había pasado ya un mes desde que me follé a mi doctora de urología. Desde entonces no he vuelto a tener ninguna erección. Sí que he tenido algún sueño húmedo que me ha ayudado a aliviar mi situación, porque la verdad es que correrse con el pene flácido es algo frustrante. La sensación de pajearse con el erecto es lo mejor del mundo si no vas a follar.

    Ahora estoy en el trabajo intentando ver algo de porno, pero nada, que no consigo empalmarme. Después de un rato me aburro y me voy a comer. Cuando vuelvo decido probar otra cosa.

    Miro páginas de señoritas de compañía, vamos de prostitutas, a ver si así consigo aliviarme hasta que vuelva a ver a mi doctora.

    Espero que con una profesional pueda volver a tener una erección.

    Navego arriba y abajo por una página de scorts, pero son demasiado caras para mi presupuesto. Me paro en una página normalita de chicas monas, y escojo una española con un buen par de tetas. Las tiene más grandes que mi doctora y eso me gusta.

    He quedado a las 6 de la tarde. Me ha dado su dirección por whatsapp. En mis 50 años, solo he estado con una par de prostitutas. La primera a mis 18, con la que perdí la virginidad. Estaba gorda y las tetas se le movían como dos flanes mientras me cabalgaba.

    La segunda con 28 en mi despedida de soltero. Era una chica delgada, pero con curvas, todo lo contrario de la mujer con la que me estrené.

    Con estos pensamientos he llegado a su calle. Tengo que atravesar un callejón oscuro que no me da mucha confianza, pero acelero el paso y enseguida llego al portal.

    Toco al portero y me abre enseguida. Subo 3 pisos y llego agotado, no tiene ascensor en el bloque. Ya no soy un niño.

    Cuando llamo al timbre, me abre la chica de la foto. Es más o menos cómo se veía en la página, aunque parece un poco más rellenita. Lleva puesta una bata blanca, como de médico, con lo que me hace brotar una sonrisa.

    Me lleva al salón y me invita a tomar una copa. Le digo que no bebo nada, no solo porque realmente no beba, sino porque no me fio de beber nada que me ofrezca una desconocida antes de echar un polvo, no vaya a ser que me drogue y me robe.

    Después de charlar un rato de cosas triviales, me lleva a su habitación. Se quita la bata y veo que no lleva nada debajo.

    Está un poco rellenita cómo había supuesto, pero sus carnes son muy apetecibles. Se sienta a mi lado en la cama y me ayuda a quitarme la ropa. Me quedo desnudo y acaricia mi barriga. Lo que habría hecho que me empalmara enseguida, en este momento no consigue nada. Mi polla no se endereza.

    Sara, así se llama la chica, empieza a tocarme y a masturbarme, pero no consigue su objetivo.

    -Pues tú me dirás cómo vamos a follar con esto.

    -Pensaba que contigo podría, pero nada. ¿No tendrás una viagra?

    -Claro, y un jamón de bellota también, no te digo.

    -Bueno, no pasa nada, te voy a pagar igualmente. Aquí tienes tu dinero.

    -Dámelo luego, voy a sacarte la leche igual.

    -No, déjalo. Es frustrante correrse con la polla así.

    Le di mi dinero y me vestí, ni siquiera ver su reflejo en el espejo con esas tetas y esas caderas hizo que reaccionara.

    Crucé el callejón a toda prisa, ya había anochecido y no quería que pudieran darme un susto.

    Llegué a casa y taché los días que quedaban hasta mi cita. Esperaba que entonces se obrará el milagro.

    Quedan 10 días todavía para la cita y no paro de ver porno en internet. Me hago fotos desnudo frente al espejo, me toco el culo, (el mío es el único cuerpo de hombre que me gusta) pero da igual, no consigo nada.

    Estoy desesperado porque llegue el día.

    Por fin llega el tan ansiado día de la cita. Llego como una hora antes y la consulta está abarrotada de gente, todos hombres, que esperan su turno.

    Me pongo a mirar los mensajes del móvil y así me entretengo un rato.

    Mi número sale en pantalla y entro en la consulta. Como siempre soy el último.

    -Siéntate Manuel.

    -Gracias.

    -¿Cómo vas? ¿Qué tal las erecciones?

    -Mal, doctora. No he vuelto a tener.

    -¿Te has masturbado?

    -No, doctora.

    -Entonces, estarás muy mal. Deseando eyacular.

    -Si. Así es.

    La doctora se levanta y me indica que me siente en la camilla. Yo obedezco mientras ella se quita la bata y la blusa. Deja caer el sujetador y sus pechos salen proyectados. Me quedo mirándolos embobado y enseguida estoy empalmado. Se ha realizado el milagro.

    Se sienta junto a mi, y esta vez sin ponerse un guante, empieza a masturbarme. La mueve a un lado y a otro, mientras yo estoy en el cielo. Gimo bajito, pero me encantaría gritar de placer.

    No duro mucho porque en pocas subidas y bajadas eyaculo como un loco. Varios chorros de semen manchan mi tripa y la mano de la doctora que pese a ello, cuando termino de correrme, limpia mi pene amorosamente y su mano y mi tripa.

    Se lava las manos bien y vuelve a sentarse a mi lado con las tetas fuera.

    -¿Te has quedado a gusto?

    -Sí, doctora, mucho. Ha sido increíble.

    -Pues tendrás que recuperarte porque yo también quiero lo mío. ¿Me darás tu leche a mi también?

    -Si me deja unos minutos para volver a empalmarme….

    -Tranquilo, les he dicho a mis compañeros que hoy comería aquí porque tengo que revisar unos informes.

    -Pues menudos informes…

    -Ya ves.

    Cómo diez minutos después, vuelvo a estar a punto. Se lo digo a Elena y se quita enseguida la falda y las bragas y se queda desnuda como aquel día.

    Esta vez se ha depilado del todo el chocho. Me pone el condón y me masturba un poco y mientras tanto me dice que esta vez quiere ponerse ella encima. Sabe que ahora duraré más que la otra vez y quiere disfrutarme a tope.

    Se sube a la camilla cuando yo estoy tumbado boca arriba y se mete mi polla despacio, con cuidado. Cuando ya la tiene toda dentro se queda quieta un rato. Me mira picara y me coge las manos para que le agarre las tetas y entonces empieza con la cabalgada.

    Es lo más ver subir y bajar sus tetas mientras me folla y yo le cojo primero un pecho y luego el otro.

    -Doctora, le pregunto mientras lo hacemos. ¿Tiene novio o pareja?

    -¿Qué? que si tengo, ah, ah, ah, que si tengo novio. No, no tengo, tengo, tengo, ah, ah, ah, sigue dándome, no preguntes, tu solo sigue.

    Mi doctora se moría de gusto y en pocos minutos tuvo un orgasmo muy fuerte.

    -¡Aaaah, Manuel! ¡Qué bien me follas!

    Se sale de mi y yo todavía no he terminado.

    Me dice que tuvo un novio joven, de su edad, pero que lo tíos a esa edad no saben follar y que prefiere a un adulto como yo, que sabe cómo llevar a una mujer al éxtasis.

    Entonces yo la tumbo y me pongo encima y la vuelvo a penetrar bien fuerte.

    -¡Aaaah! Qué gusto. Sigue Manuel, sigue.

    Me olvido de todo mientras la penetro. Es como si el tiempo se hubiera detenido. Mi polla entra y sale con fuerza de ella. Es una pena que no pueda hacérselo sin condón porque sería maravilloso. Espero convencerla la próxima vez.

    Para tener 50 años mi polla está más dura de lo que estuvo nunca cuando era joven. Parece que con la doctora no tengo problemas de erección.

    No duro mucho más y después de unos minutos me corro dentro.

    -¡Aaaahgggh!

    Sigo empujando hasta que termino de eyacular y entonces me quedo parado encima de ella recuperando la respiración.

    -¿Cuántas veces se ha corrido?

    -Tres, han sido tres. Puedes llamarme de tu, Manuel.

    Nos quedamos tumbados acariciándonos y ella soba mi tripa, dice que le encanta.

    Se levanta y se queda de espaldas a mi con lo que tengo su culo a la vista. Vuelvo a excitarme enseguida.

    -Elena. Quédate así, le digo. Aún me queda amor que darte.

    Ella no se lo espera, pero vuelvo a penetrarla, esta vez sin condón. Se agarra la mesa y la bombeo fuerte.

    -¡Ah, Manuel! Me dice. Sé mi amante, sé mi amante. Fóllame, fóllame, córrete dentro. Córrete.

    Agarro sus tetas mientras sigo con el bombeo y ella se muere de gusto. Oigo como experimenta un cuarto orgasmo y yo no puedo más, voy a caerme al suelo, pero aguanto y me vuelvo a correr otra vez, eyaculando el poco semen que me queda.

    Quedamos los dos sentados en el suelo extasiados. Cuando me recupero y me levanto, la ayudo a levantarse y le digo que no me importaría ser su amante, que gracias a ella he vuelto a ser un hombre.

    Me dice que ya no hace falta que nos veamos aquí y después de vestirse, me da la dirección de su casa. Está segura de que la iré a ver y la haré feliz.

    Me despido de ella con un beso en la boca y le digo que no lo dude, que pronto estaré allí.

     

  • Cuando todo comenzó

    Cuando todo comenzó

    Mi nombre es Ice y ya teníamos unas cuantas idas y vueltas con ella, mi elegida Judith, somos una pareja consolidada a pesar que nadie, absolutamente nadie diría lo mismo.

    Somos normales, vivimos en Buenos Aires, cada uno con sus actividades y rutinas de la vida cotidiana, pero juntos unidos somos especiales, veníamos probando tener y disfrutar diferentes experiencias (swinger, tríos, intercambios) siempre fantaseamos con eso, enviándonos fotos, videos hasta que llego el día en que tuvimos una salida cargada de erotismo.

    Ella eligió su lencería erótica y yo me preparé para descubrirla, después de pasar por unos tragos exóticos nos fuimos a un hotel.

    Entramos y comencé a besarla, recorrerla y descubrirla. Ella indomable como siempre prefirió tomar cartas y manejar la situación, comenzó a desvestirme y al llegar a mi bóxer me los bajo agachándose y poniéndose de rodillas, ya desnuda y solo en tanga comenzó a comerme la pija de una forma difícil de imaginar…

    Me levante después de un buen rato y evitando acabar, la di vuelta, la puse de rodillas en el borde de la cama y comencé a cogerla de una forma exquisita porque ambos estábamos mojados y excitados. Fue muy duro por mucho tiempo al punto que ya mi mano transpiraba en sus cabellos de tanto tirar de su cola de caballo.

    Comencé a jugar con su cola y a introducir un dedo en ella eso la puede, sabe lo que viene y yo sé que lo desea, me encanta y la comencé a penetrar en esa cola descomunal hermosa a la vista con ese tatuaje “Pídeme…” hasta que no dimos mas pero antes de acabar se dio vuelta y comenzó nuevamente a comerme la pija como me gusta, mirándome y adivinando las fantasías y los pedidos más oscuros de mis demonios, así fue que de tanto comerme la pija para!! Sabía que era mi clímax, yo le decía que era mi hechicera, que era mi puta y que me daba el placer que nadie me había dado jamás…

    En un momento nos recostamos juntos y Yo le trataba de explicar que era impresionante lo que me provocaba, le dije ‘sos única’ y ella mirándome me dijo, ‘sé que te gusta que te provoque y yo sé que puedo más…’, y fue en ese instante donde vi en sus ojos esa lujuria propia de su ser, ‘querés ver? Querés probar de lo que puedo darte…!’.

    ‘Decime, te gustaría “venderme”? Quiero ver qué sentís?? Si me convierto en tu escort…’

    Fue en ese instante cuando me di cuenta que no estaba jugando, simplemente era una vez más ella, mi Judith, esa locura jamás imaginada, esa locura que comenzaba a ser única y mía…

  • Otra vez con mi vecina madura amiga de mi madre

    Otra vez con mi vecina madura amiga de mi madre

    Como ya os dije, llevo un par de meses intentando volver a follarme a July. Después de aquellos cinco maravillosos años, dejamos de tener sexo para volver a tener una relación de amigos. Ella tuvo que cuidar de Teo varios años y yo me emancipé y empecé una relación con una mujer 13 años mayor que yo que también me había puesto muy cachondo en su día y ya os contaré en otro relato, dejando así de vernos tanto, aunque yo iba todos los fines de semana a casa de mi madre y siempre la buscaba y si nos encontrábamos teníamos esa complicidad duradera. Cuando nos veíamos, nos dábamos un par de besos de saludo pero con roce…

    Ahora hace tres años que murió Teo después de una enfermedad larga, por la cual July desperdició otros muchos años de su vida cuidando a un hombre que no merecía pero como buena mujer sobre todo madre, cuidó del cabeza de familia hasta el último día. Aunque a mí parecer no lo merecía.

    Todos estos años July se dejó mucho, andaba del hospital a casa sin descanso y se le notaba. No sé arreglaba nada y adelgazó bastante, por lo que a la vista de los demás perdió feminidad. Yo la miraba con otros ojos sabiendo que ella se recuperaría cuando esto acabase y yo me iba a encargar de animarla a volver a verse y sentirse mujer.

    Yo seguía tratándola igual, le decía algún piropo y me arrimaba cuando le daba dos besos pero ella se echaba para atrás evitando el roce, cosa que yo entendía a medias.

    Hace tres años que murió Teo y yo fui con mi madre al tanatorio a ver a July. Aun estando rodeada de familia cuando nos vio vino derecha donde nosotros, le dio dos besos a mi madre que la acompañó en el sentimiento y luego acercándose a mi dijo:

    —Hola mi niño! Gracias por venir.

    —No digas tonterías July. —Le dije.

    —Cómo no voy a venir a ver a mi vecina favorita?

    —Te quiero mi niño —me dijo y se acercó a darme dos besos.

    Puse mis manos en su cintura para besarla pero ella fue la que me abrazó rozando esas tetas en mi pecho y achuchó su cintura contra la mía agarrándome del culo y restregándose contra mí rabo, el cual estaba preparado para el recibimiento cómo siempre y reaccionó con una erección brutal. Ella se quedó ahí abrazada sintiéndola dura contra su cuerpo.

    En menos de un año me quedé sin pareja y empecé a ir más a ver mi madre, buscando a July para estar con ella, para follar juntos como antaño. Diooosss!! Acordarme de como follamos y lo bien que lo pasamos hacía qué yo quisiera repetir pero ahora yo tenía experiencia y por lo que me habían dicho mis parejas era muy bueno follando y mejor comiendo coños. Con la estima muy alta estaba decidido a volver a hacerlo con mi vecina favorita y demostrarle que gracias a ella, mi primera maestra, hoy día sabía hacer gozar a una mujer y más a ella.

    Pasaban el tiempo y no coincidíamos hasta que un día fui a ver a mi madre y ella estaba en casa allí. La saludé, le di dos besos y al mirarla vi que estaba guapísima, había mejorado mucho, tanto que llevaba unas mallas negras pegadas que resaltaban un coñazo y mostraban ese culo tan redondo y apetecible.

    Me puse súper cachondo mirándola y salí detrás de ella de casa de mi madre pero en vez de irme para abajo, la seguí hasta su casa detrás de ese culo diciéndole:

    —Jodeeer July!! Necesito follar contigo!!

    —Y yo contigo vecinooo!!

    Subimos a su casa sin pensar en el que dirán y entramos rozando nuestros cuerpos como dos veinteañeros cachondos.

    Según entramos la cogí, la subí hasta mi cintura y la llevé en volandas contra la pared del pasillo, le bajé el pantalón hasta las rodillas, la bajé al suelo para acabar de quitárselo dejando caer el mío hasta los tobillos.

    Levanté a July unos diez centímetros por encima de mi polla dura y la dejé caer encima de golpe hasta los huevos. Ella gritó de dolor y placer a la vez pidiéndome que me la follara.

    Esos jadeos pidiendo polla hicieron que me la follara a lo bestia, rápido y duro. Diooosss!! Me follé ese coño a lo bestia mientras ella gemía y me decía.

    —Acaba hijoputa que me he corrido tres veces Ya!!

    —Buuuff!! Toma July zorra!!

    —Te vas a enterar ahora vecinooo!! Síii!? Aahhh!! Buuuff!! Buuaahhh!!

    —Toma July!! Buuuff!! Me corrooo!!

    —Jodeeerr!! Siiii!! Sergio!! Como necesitaba esto!!

    —Toma July zorra!!

    —Siiiii vecinooo!! Eres mi hombre, el único que ha conseguido que me corra.

    —Tú me estrenaste July y esto ha sido un polvazo con deseo pero el siguiente que echemos vas a gozar el doble so zorra.

    —Quedamos mañana July?

    —Si vecinooo por favor.

    —Te espero En el hotel IBIS a las tres de la tarde.

    Esa noche me masturbé varias veces porque pasé la noche pensando en cómo y cuántas veces me la iba a follar.

    A la mañana me levanté muy cachondo y llamé a July diciéndole que iba al hotel y la esperaba allí.

    Ella me dijo: —Ya voy Sergio. Estoy impaciente por que me la metas dentro.

    Según abrió la puerta de la habitación la empecé a desnudar y a comerle todo. Comí ese coño con ansia y deseo mientras July gemía y decía.

    —Siiiii vecinooo!! Follame!!

    Paré un poco y dije:

    —Eehh! Tranquila vecina! Tenemos tiempo de sobra. Deja que me deleite con el sabor de tu coño.

    La tumbé en la cama y sin cerrar sus piernas lamí desde el ojete hasta el clítoris empezando despacito y suave para seguir rápido y más duro.

    —Córrete otra vez July!! Correte en mí boca vecina!!

    —No sé cuántas veces me he corrido Yaa!! CABRONAZO.

    —Así me gusta vecina, que disfrutes!!

    Me tumbé boca arriba en la cama para relajarme y descansar un poco.

    —Buuuff!! Me ha encantado Sergio!

    —A mí también vecina. Eres lo más! Así me gusta verte.

    Entonces July agarró con su mano derecha suavemente mi polla y acariciándola de arriba abajo me dijo

    —Que te crees Sergio? No hemos acabado, tú te piensas que este pollón lo vamos a dejar así de duro? Te vas a correr tantas veces como yo cabrón!! Siéntate en la cama!!!

    Obedecí y me senté al borde de la cama y me encendí un cigarro, July se levantó y se puso delante de mí rozando sus tetas en mi cara, luego me puso el culo para que se lo chupara, lo hice gustoso y abriendo mis piernas se puso de rodillas delante de mí y mirándome a la cara como una zorra empezó a pegar lametazos a mi polla.

    —Buuuff!! Siiiii vecinaaa!! Toda tuya! Cómetela!

    Abrió mis piernas, me miró a los ojos y bajó su boca muy despacio tragándose mi polla centímetro a centímetro. Se la estaba tragando entera. Cuando noté que mi capullo atravesó sus amígdalas la agarré de la nuca y empujé mi polla hacia su boca. Le dio una arcada y solté su cabeza pero ella no sacó mi polla de su garganta y con la boca abierta dejó que me follara su garganta profunda. Buuuff!! Qué gustazo July!!

    La agarré de los pelos y saqué su cabeza antes de correrme dentro y poniéndola de espaldas a mí la hice sentarse encima de mi polla dura. Se la metió hasta dentro y comenzó a saltar encima como una perra en celo.

    —Siiiii! July!! Follátela!! Zorra!!

    —He soñado hace años con este momento vecinooo!!

    Me levanté de golpe giré, me puse detrás de ella con su culo en pompa y aproveché si coño húmedo para empapar mis dedos y lubricar su ojete del culo.

    Entre jadeos me decía. —Noo! Sergio, por ahí no!

    Yo sin decir nada seguía a lo mío, iba a estrenar ese culo apretado ti.

    —Nooo!! Sergio, no seas cabrón!

    —Calla July zorra!!

    Pasando mi polla desde el chocho hasta el culo una y otra vez, la agarré de las caderas con las dos manos y se la metí por el coño de golpe. Se asustó pensando que se la iba a meter por el culo.

    —Tranquila July, le dije. Por el culo te voy a dar ahora y no va a ser de golpe, vas a sentir cada milímetro de mi polla penetrándote.

    —Diooosss!! Qué cabrón eres Sergio!

    Puse la punta en el ese agujero virgen y empecé a metérsela poco a poco y hasta dentro.

    —Qué gozada!! Qué culito July!!

    Ella empezó a gritar entre gusto y dolor. —Oohh!! CABRONAZO!! Síii!! Aahhh!!

    Empecé a follármela suave, mi rabo estaba muy duro y no quería hacerle daño.

    La saqué del culo y le dije que se girará, le abrí las piernas con fuerza y la follé duro y rápido, muy rápido. Buuaahhh!! Buuuff!!

    Llené a mi vecina de semen mientras gritaba.

    —Dame tu lechaza vecinooo!!

    —Aaahhhh!! Buuuff!!

    Hoy también he estado con ella. Nos hemos empezado a ver los domingos y follamos como jovencitos. Mucho y bien.

    Me encantan las mujeres mayores

  • Mi primer maduro, mi tío

    Mi primer maduro, mi tío

    Mi naturaleza curiosa, ausencia de prejuicios y tenacidad para hacer preguntas, por lo general me llevó a que personas tanto conocidas como desconocidas me terminen transmitiendo, en ocasiones, sus historias más sensibles. Y en el caso de Daiana, buscaba una opinión objetiva que no la condenara por lo que estaba haciendo. Atormentada por la desaprobación de su mejor amiga, necesitaba hablar.

    (Omitiré los rodeos y las preguntas que hice en su momento sólo para escribir el relato de su experiencia, que sí, deseaba que lo compartiera para ver si esto solo le pasaba a ella. Naturalmente Daiana, no es su nombre verdadero)

    «Hacía ya bastante tiempo que lo venía mirando. Cuando comencé a masturbarme él era una de mis principales fantasías y me aterraba porque era mi tío! Pasaban los años y la cosa se ponía peor, cada vez me gustaba más. Para colmo miraba a los chicos de mi edad y la verdad me parecían todos unos tontos en comparación. Mi tío me lleva 10 años de diferencia y aparte de ser grande se cuidaba mucho físicamente. De sólo imaginarlo desnudo sentía como las piernas me temblaban. Pero trataba de no pensar mucho en eso y hasta pude tener mi primer novio al que amaba mucho, pero las contradicciones que intentaba alejar siempre venían a mi mente cuando lo veía a Martín (su tío). ¿Era normal amar a un chico y desear a un hombre? Cuando le confesé esto a mi amiga ella no me entendía, más se enojaba conmigo por «no valorar a mi novio» cuando en verdad yo lo amaba. A final me hizo sentir peor y en el fondo sospechaba que Aye (su amiga) gustaba de mi novio. Pero bueno, cansada un poco de todo igualmente me propuse ver si a mi tío le interesaría estar conmigo. Al final el enojo de mi amiga solo me dio mas coraje para hacer lo que tenía pensado.

    Cuando mis papás se fueron de vacaciones por su aniversario, pensé que era una buena oportunidad para intentar algo. Mi hermana mayor se había ido a taekwondo por unas horas y yo le dije que me iba a visitar a una amiga. Pero de pasada pasé por la casa de mi tío. Toqué el timbre de su departamento y sentía como el corazón me latía a mil. Estaba súper nerviosa de no estar cometiendo una locura. Sabía que era su día de franco y que podría encontrarlo pero rogaba que estuviera solo. Y por suerte fue así. Medio temblando y toda ruborizada le dije que el calefón de casa estaba averiado y que necesitaba pegarme una ducha porque tenía un cumpleaños.

    No era la primear vez que pasaba pero estaba especialmente nerviosa por lo que iba a hacer. De hecho, me miró con esa sonrisa hermosa que tiene y me pregunto amistosamente: ‘¿Estás bien? porque estás roja como un tomate’. Y le respondí que estaba bien, pero que me olvidé de hacer algo. Ni sé que dije, pero se dio cuenta que me puse nerviosa cuando lo vi, o eso creo.

    Cuestión, me desnudé en su habitación (él estaba en el comedor) y podía sentir su perfume. Ya estaba completamente mojada, me miré en un espejo desnuda apoyada en su cama y era una fantasía hecha realidad. Apenas me tocaba y sentía como mi respiración se quebraba e intentaba no hacer ruido. También sentía escalofríos pero de gusto que sentía. Pero debía continuar, me puse una toalla que cubría parcialmente mi cuerpo y fui directo al baño. Una vez ahí lo llamé y le pedí por favor que me alcanzara la mochila que intencionalmente había dejado en el comedor. Antes de que llegara me quité la toalla y al abrir parcialmente la puerta le mostré una de mis tetas.

    Cuál fue mi excitación al darme cuenta que miró y luego corrió la cara. Me pidió perdón y se puso todo rojo. Mi corazón explotaba, él quiso mirar. Con la voz quebrada por el temblor le dije que estaba bien y que gracias. Cerré la puerta y me tiré al piso apoyando la espalda en la pared. Al fin tenía una señal ¿o me lo estaba imaginando? mi respiración estaba agitada y sentía que perdía el control de mi cuerpo. Nunca había sentido algo tan fuerte. Dudé unos minutos en el baño y entonces, con la toalla puesta, salí en dirección al comedor. Corroboré que estemos solos y entonces lo llamé.

    —¿Martín, me ayudarías? —Con una mano sobre mis pechos sostenía la toalla y la otra la llevé a la boca mientras me mordía los dedos como ocultado parte de la cara.

    —¿Qué te pasa? —Me volvió a sonreír con su mirada pícara pero esta vez no apartaba sus ojos de mi cuerpo. Entonces le di la espalda y fui para su habitación. Por los pasos sabía que venía detrás de mí. Y cuando llegó entonces ocurrió la magia.

    Me tomó por la cintura con sus fuertes brazos y me dijo:

    —Vos querés esto pendeja y lo vas a tener.

    Me puso en cuatro en su cama y me comenzó a chupar la vagina. Yo no paraba de gimotear como una loca.

    —Haaa Martín POR DIOS!! HACEME TUYA!

    Estaba completamente extasiada y podía sentir como su barbilla me pinchaba suavemente la cola. Era toda suya, su puta, su perra, toda de él. Me dio vuelta y ahora podía mirar su carita, toda roja y firme, era un hombre que ya no tenía puesta su remera y que me estaba comiendo todo el clítoris. Intentaba pararlo agarrándolo de la cabeza para que detuviera esa danza frenética de placer para tomar un respiro.

    Entonces me soltó y acabé en la cama, temblando involuntariamente y lagrimeaba por semejante cosa. Estaba en el paraíso y mientras tanto él me miraba y me dijo:

    —¿Eso querías no? ahora sos la putita del tío. Y te vas a chupar esta pija.

    Entonces se sacó su short y la pude ver, su enorme pene. Apenas me estaba reponiendo y ya estaba saboreando su miembro. Me la acercó a la boca y primero que nada quise saborearla, pude lamerla por toda partes y era capaz de tomarla con ambas manos. La pasaba por mi cara y entonces me la metí a la boca. Apenas si me entraba. Ahora era mi turno de complacerlo y mientras chupaba lo miraba a la cara mientras tocaba sus abdominales.

    —Como me gusta tu carita de ángel preciosa, te gusta mi pija?

    Yo no me permitía hablar y le respondía balbuceando, estaba muy rica como para soltarla. Y casi como quitándome el dulce me tira al centro de la cama y como todo un león, con las piernas, los pectorales, los brazos, su abdomen y su delicioso pene, se asomaba lentamente hacia mi panocha. Su miembro le latía y sentía como si un dios estuviera a punto de consumir su ofrenda. Entonces, ya cuerpo a cuerpo lo abracé entregándome completamente y me penetró. Dolía pero poco a poco me fue llevando, me decía:

    —Vos relajate bebe, vamos despacio.

    Era como ser virgen nuevamente pero poco a poco iba entrando, hasta que al fin la cabeza y un poco más entraba y salía. Sentía como mariposas en la panza. Y nuevamente me provocaba y me retenía hasta ya no poder más y casi sin aliento me la sacó. Caía rendida poco a poco y en cada intento acababa retorciéndome en la cama.

    Pasaron los días y la verdad siento mucha culpa. Acordamos guardar el secreto para seguir encontrándonos pero siento mucha pena. Y el deseo me está matando. No podía hablar esto con nadie pero por lo menos ahora me siento un poco mejor. Al fin, no creo que sea tan malo.»

    Liriam

    (Si tienes alguna anécdota o fantasía que te gustaría contar podemos redactarlo. Tan solo debes contactarme ([email protected]). Saludos.

  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (27)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (27)

    Cuando me desperté, y después de estirarme bostezando, miré a los dos lados de la cama, mis amantes se encontraban alejados de mi en posturas inverosímiles durmiendo como angelitos, Pablo mirando hacia mi y Álvaro para el otro lado.

    Observé con más atención los cuerpos yacentes a mi lado, resultaban los dos tan viriles y hermosos, el breve culito de Álvaro que sobresalía más por la pierna doblada en ángulo recto y con la rajita del culo cerrada, sus desarrollados muslos poblados de suave vello. La cara inocente de Pablo casi oculta por el pelo, pero donde se le veían los sensuales y húmedos labios.

    Mi polla se me iba endureciendo admirado por tanta masculina belleza, me asombraba la capacidad que tenía para excitarme y lo dura que se me ponía la verga en cuestión de segundos, se me ponía tiesa con cualquier visión de cuerpo que viera y me gustara, y los dos machos viriles que tenía a mi lado eran de los mejores.

    Antes pensaba que eso se me pasaría, cuando tuviera el sexo suficiente, y quizá por esta característica de mi sexualidad, pude admitir y gozar lo que Eduardo y Pablo me pedían, y disfrutar de tantos hombres y de sus poderosas vergas.

    Para no despertarles me deslicé hacía el pie de la cama para bajar por allí, y procurando no tocarles ni hacer ruido me fui al baño, me lavé los dientes antes de intentar mear, resultaría imposible con el empalme de polla que tenía.

    Cuando regresé habían cambiado de postura acercándose entre sí, aunque me dolía despertarles de su agradable sueño tenían que levantarse, ya había amanecido y la luz era muy suave, me acerqué a la ventana y descorrí, abriéndola, la delgada cortina.

    La antes dorada arena de la playa, estaba cubierta por un manto blanco de nieve. Por la orilla del agua, libre de nieve, corrían algunos madrugadores en chándal, y a pesar del frío extremo, tres personas se bañaban en la tranquila y mansa agua.

    Unas manos me cogieron la cintura y el calor de una piel se apoyó en la mía.

    -¿No siente frío mi gatito? -sus labios rozaron mi cuello para quedar parados en la nuca.

    -Mira, hay gente en el agua, y eso si que tiene que ser helador, rodeados de nieve y bañándose, yo no lo podría hacer.

    -Están acostumbrados mi vida. -me di la vuelta y le abracé, Pablo también se había despertado y nos miraba sonriente desde la cama.

    -Si es que hace tanto frío podríamos seguir en la cama y hacer lo que nos gusta. -pero mientras hablaba bajaba de la cama y se acercó a la ventana, me besó delicadamente los labios y a Álvaro le dio una pequeña palmada en el culo.

    -¿No querías llevarnos a ver el acuario de la ciudad? Ya vamos a llegar tarde. -sin más se encaminó al baño y los demás le seguimos.

    El baño tenía una enorme bañera, personalmente prefiero los platos de ducha, más espaciosos y prácticos para una limpieza rápida, pero mientras uno se duchaba el otro se lavaba la boca, o yo me afeitaba los escasos pelos que tenía en la barbilla y bigote dejándome la cara limpia de adornos que para mi no me gustaban.

    Desayunamos de bouffe, yo café con leche, zumo, y un bollo de mantequilla, ellos comieron como si no lo hubieran hecho en días. Markel, el muchacho que encontramos a la noche, llamó al móvil de Pablo, quería saber si podíamos comer con él y su hermana. Le contó nuestros planes y estuvo de acuerdo porque su hermana Lorea deseaba volver a visitar el acuario, y quedaron en que nos veríamos en la puerta.

    Teníamos que ir al extremo del paseo donde se encontraba, no estaba alejado y podíamos ir dando un paseo, viendo el espectáculo de la playa nevada con la bahía y su pequeña isla en el centro, no pudimos resistir la tentación de bajar del paseo a la arena, y Pablo empezó una guerra de bolas de nieve, donde yo resultaba la diana perfecta donde impactaban. Nos estábamos mojando y terminamos por subir al paseo para hacer el último tramo por la acera que habían limpiado retirando la nieve y esparcido sal.

    Lorea y Markel nos esperaban en la puerta de acceso como habían quedado, y ya tenían adquiridas las entradas para los cinco, guardábamos un buen recuerdo de la noche y nos abrazamos sin reparos.

    El acuario me encantó, resultaba impresionante pasear bajo la bóveda de cristal, con los peces sobre nuestras cabezas y a los costados, a lo largo de un pasadizo acristalado que nos envolvía como si estuviéramos inmersos en las profundidades del mar. Algunas personas de mantenimiento estaban sumergidas haciendo sus labores de limpieza, conviviendo en el líquido elemento con los pulpos gigantescos y los miles de diferentes animales marinos, y dando de comer a los tiburones toro como si fuera normal y no corrieran peligro alguno.

    Disfruté como un chiquillo mirando cada detalle, admirándome de ver peces desconocidos y cada piedra del simulado fondo marino, deseando que la visita se alargara, era una maravilla que me dejaba admirado y tenían que tirarme de la mano para llevarme hacía adelante. A Pablo le sucedía lo mismo, no así a Álvaro y a nuestros amigos que ya lo conocían. Además del acuario tenían un pequeño museo marítimo con el esqueleto de una ballena y restos de barcos balleneros que también nos entusiasmaron.

    Me dolía el cuello de tenerlo forzado mirando hacia arriba cuando abandonamos las instalaciones del museo oceanográfico y el acuario. Era la hora de comer, habíamos pasado más de dos horas en la visita. Nos desplazábamos al barrio viejo, muy cercano, para buscar un restaurante donde nos dieran de comer y cogí la mano de Álvaro.

    -¡Gracias por todo! -mi hermoso chico se me quedó mirando con una maravillosa sonrisa y me abrazó besándome los labios delante de todo el que quiso verlo.

    Reservaron una mesa para los cinco y salimos a pasear observando el ambiente, y para tomar un aperitivo antes de comer, ya comenzaba a sentir hambre, no habíamos vuelto a ingerir comida desde el desayuno. Las calles y bares estaban muy frecuentadas pero no era como la noche pasada.

    Al colocarnos en la mesa Markel se sentó en la cabecera, a mi lado derecho y su hermana al otro lado, Álvaro y Pablo quedaban enfrente de nosotros, me daba cuenta de que los dos hermanos disimuladamente formulaban preguntas para saber sobre nuestras vidas, y a la vez me sentía curioso de la extraña relación que tenían entre ellos, más que hermanos parecían una pareja de novios.

    Markel resultaba muy atractivo con la altura que tenía, la cara angulosa de labios bien perfilados, sensuales y casi siempre esbozando una sonrisa, Lorea sobresalía entre las demás chicas que veíamos por la calle o en el restaurante.

    Uno y otro me atendían siendo muy cariñosos y me sobresalté cuando Markel en una ocasión colocó la mano sobre mi rodilla por debajo del mantel, fue un movimiento muy rápido y le miré para encontrar una chispa de alegre picardía en la mirada, parecía que estuviera jugando y explorando mis reacciones.

    Cuando terminamos de comer salimos para dar una vuela por la ciudad, querían subir a los montes que la circundaban, y sobre todo a los que se encontraban en los extremos de la bahía. pero por la nieve decidieron que era preferible quedarse en el centro de la ciudad.

    Nos metimos en un café y nos sentamos para tomar una consumición, Markel propuso quedar para estar con nosotros a la noche, y salir de fiesta a los lugares de ambiente que había de todo tipo en la ciudad, habló con Álvaro de alguno que ambos conocían.

    Por fin quedaron para después de cenar y nos retiramos cada uno a nuestro hotel para poder descansar y dormir si a alguno le apetecía. Llevábamos fuera del hotel todo el día y agradecimos encontrarnos en nuestra suite solos y tranquilos.

    Pasamos por el baño, el primero Pablo que cuando salió llevaba puesto únicamente un slip blanco, se tumbó en la cama encendiendo el televisor enorme que había allí lo mismo que en la sala.

    Álvaro y yo nos fuimos a lavar los dientes, él terminó primero, se secó las manos y me abrazó cogiéndome por detrás, metió las manos debajo de la camisa y me acarició los costados, las tenía frías y tuve un escalofrío.

    -Nos damos una ducha y nos limpiamos bien, así sorprenderemos a Pablo. -a la vez que hablaba bajaba la mano hasta meterla por la cintura de mi pantalón y desabotonarlo.

    Sabía lo que implícitamente me estaba proponiendo, que los dos nos preparáramos para poder hacer el amor sin problemas, y que deseaba ser tomado por el culo, o estar preparado para si se daba el caso.

    -Sí mi vida, os deseo, quiero teneros mi amor. -nos preparamos con esmero, con muchas caricias y besos, le preparé su lindo y fruncido anito, deseaba cogérmelo allí mismo y en ese momento, pero sería mejor hacerlo con Pablo. Volvimos a la habitación.

    Pablo nos había estado oyendo a pesar de tener la televisión puesta pero a volumen muy bajo y no miraba la pantalla, nos miraba a nosotros, a mi desnudo con la verga semi dura y a Álvaro con una toalla anudada a la cintura..

    Estaban emitiendo una película erótica gay, él estaba con una mano encima del bulto que se le apreciaba en el slip, y en la otra con el mando de la tele, subió el volumen bastante y comenzamos a escuchar los gemidos de la escena de la peli.

    Nos tumbamos a su lado y entonces fijó la mirada en la pantalla. Sin mirarnos y como si fuera un comentario sin importancia comenzó a hablarnos.

    -Los hermanos están interesados en Ángel, ¿os habréis dado cuenta? -quedé expectante mientras escuchaba la risita de Álvaro.

    -Le vi como te tocaba en la comida y las atenciones de Lorea para distraerte. -no pensaba que ellos, estando enfrente, se hubieran fijado en ese detalle que no duró mas de unos segundos.

    -No fue nada Pablo solo un toque cariñoso para que le prestara atención. -le retiré la mano que tenía sobre el paquetón genital y pudimos ver lo encendido que estaba, la verga apretaba la tela queriendo reventarla y a punto de escapar por encima de la cinturilla de goma.

    -Tu sabes que no fue así, enseguida le miraste. -Álvaro colocó la mano sobre el bulto de nuestro amigo y le agarró el pene sobre la tela.

    -Vamos Pablo, no pongas en un problema al gatito, no ha sucedido nada y él no tiene la culpa, ¿no ves lo precioso que es? Vamos a disfrutar entre nosotros y a atender a nuestro maridito precioso.

    -Sí Pablo, Álvaro tiene razón no ha pasado nada. -acaricié su abdomen y subí la mano hasta llegar a su tetilla izquierda, empezando a pasar los dedos por ella.

    -Se que no ha pasado nada, me molesta que todos quieran cogerte, hasta las mujeres te desean y tu eres nuestro. -entonces Álvaro le soltó la polla y se arrodilló a su lado cogiéndole la cabeza.

    -No te conozco Pablo, tú sabes perfectamente como es nuestro gatito, tú le has amaestrado para que acepte a los machos como una cosa natural y además tiene el derecho a desear a cualquiera, y no podemos evitar que a él le deseen y quieran.

    -Lo se, pero Markel es un extraño, le acabamos de conocer.

    -Si, pero que está muy bueno lo mismo que su hermana. ¿qué pensáis que puede haber entre ellos? Porque también es rara su relación… -me di cuenta de que Álvaro quería que la conversación fuera por otro camino cuando a mi no me interesaba otra cosa más que ellos y sus vergas.

    -Por lo menos son amantes, puede que no sean ni hermanos. -Pablo le respondía mientras, como un acto de contrición, apretaba con ternura mi mano sobre su pecho.

    -Se parecen mucho, seguro que son hermanos o primos… -Álvaro volvió a sujetarle el bulto y le pasaba la mano a lo largo de la verga.

    -¿Incestuosos?… Es bastante frecuente aunque no nos demos cuenta… ¿Tú y tu tío alguna vez…? -debía hacerle demasiada presión en el pene y Pablo dejó escapar un gemido.

    -No pienses eso, que me llevara de putas no quiere decir que se lo montara conmigo, nunca, nadie me ha tocado el culo? -me estaba quedando asombrado por lo que estaba oyendo. Hablaban de sus vidas anteriores que no conocía para nada, y me quedé quieto deseando saber lo que de otra manera no me revelaban.

    -Pero tu sabes que a Eliseo le van los muchachos lo mismo que las chicas, y que Marcos es igual que él, tu salías con ellos Pablo. Lo siento pero siempre me han llegado rumores que no quería escuchar ni llegué a creer, te lo juro.

    -Lo se, tu eres el mejor amigo que he tenido y tengo, sin hablar de Ángel porque a él le amo, por eso me molesta que cualquiera se lo quiera coger, pero no son celos, si él quiere puede estar con el que desee, tu le has dado la libertad y yo no se la voy a quitar. -Álvaro le deslizó el slip y la larga polla de Pablo salió fuera rezumando líquidos, la conversación era interesante, pero los gemidos que llegaba de la pantalla y las caricias de Álvaro lograban que aquella maravilla siguiera dura y tirando jugos que ya deseaba lamer.

    Llevé la mano hasta la punta de la polla y recogí un poco de aquel delicioso líquido, para untarlo en la tetilla de Pablo y aplicar la boca en ella para lamerla engolosinado. Álvaro continuaba hablando de lo suyo sin dejar de pasar la mano por el majestuoso nabo que cada vez se ponía más duro.

    -¿No te importará si nuestro gatito tiene la tentación de follar con Eliseo o Marcos? Los dos le desean como buenos machos que son, también de eso te habrás dado cuenta como de lo que pasa con Markel. -Pablo sujetó con fuerza la mano de Álvaro que le cogía la polla forzándole a que le masturbara.

    -Puede hacerlo con quien él deseé, quiero que sea feliz y nosotros tenemos que conseguir que así sea. -parecía que Pablo deseaba dar por zanjada la charla y que prefería ocuparse de otras cosas. Le quitó la toalla que aún llevaba Álvaro en la cintura anudada y le agarró la polla mirándole fijamente.

    -Sabes que deseo cogerte el culito Álvaro, hasta cuando vas a resistirte, además tu lo deseas también. -Álvaro como respuestas agachó la cabeza y lamió el glande de la verga que sostenía en la mano.

    -Me da miedo tu pollón, prefiero el de nuestro gatito por ahora, pero tu también tendrás que dejarnos usar el tuyo. -me sorprendió la resolución con que Álvaro hablaba, yo no había descuidado acariciarle las tetillas y acerqué la boca buscando la de Pablo, le di un profundo beso revolviendo la lengua en su boca.

    -Creo que por ahora tendrás que conformarte con el mío, ten paciencia, es normal que sienta miedo a tu tranca. -le agarré los testículos a Pablo sintiendo como Álvaro me besaba la mano y yo seguía lamiendo sus ricos labios.

    -¡Oh pequeño mío! Mi culito hermoso. -Pablo empezó a jugar con los dedos en la entrada de mi culo y sentí como se abría receptivo a sus caricias.

    -Móntate en mi verga precioso cabálgame mi vida. -Álvaro le soltó la polla para que nuestro amigo se tumbara boca arriba y me sujetó las caderas para que me colocara entre las piernas de Pablo.

    Tenía a mi disposición su enorme polla, dura y apuntado al techo y se la agarré para ensalivarla bien con mi boca, a la vez Álvaro me abría las nalgas y me escupió en el ano para comenzar a lamerlo, sabía que me lo estaba preparando para que la riquísima verga de Pablo me entrara con facilidad.

    -¡Ayyy! Álvaro que rico, sigue por favor. -no solamente me comía el ano metiendo la lengua, si no que también se colocó en mi grupa y empezó a meterme su polla.

    Así estuvimos unos minutos, yo chupando con gusto la verga de Palo, y los huevos tan gordos que poseía, y mi otro amante enculándome por detrás, recibiendo placer por mis agujeros.

    Pablo me cogió la cabeza y me retiro de su verga, la tenía redura y muy potente y pensé que estaba para correrse.

    -Espera un poco goloso, quiero que me cabalgues, que utilices mi verga como tu silla de montar y te la metas hasta el fondo. -sentí un estremecimiento de placer y cerré con fuerza el ano aprisionando la polla de mi otro hombre.

    Álvaro me follaba el culo divinamente con suaves movimientos, entrando hasta el fondo, hasta que sus huevos hacían tope en la entrada de mi ano, Pablo se movía la polla para no perder la dureza mientras nos miraba hasta que exigió lo que deseaba.

    -Venga, móntame, quiero seguir. -el macho que me follaba saco la verga y me ayudó a ponerme en pie, y me sostuvo mientras bajaba hasta sentarme en el abdomen de Pablo, allí me acoplé sobre su pecho para besarle la cara.

    -Eres un terrible mandón, pero me vas a romper muy rico el culito, quiero que me la metas hasta el estómago amorcito. -Pablo solo se río complacido mientras los demás le servíamos como él quería.

    Álvaro me introdujo dos dedos en el culo y me pedía con los movimientos que lo elevara, era para situar la gran polla de nuestro amigo en la entrada, fui echando el cuerpo para atrás y le dura verga de Palo comenzó a entrar en mi culo.

    -¡Waaaww! Ya entra mi vida, la siento dentro de mi. -mi amante elevó las caderas para forzar que la polla entrara más y entonces me puse derecho y me senté con toda la verga dentro de mi cuerpo. Era una sensación exquisita sentirme tan lleno de verga. Me quedé un momento quieto sintiendo como su monstruo se situaba en mi vientre y cuando lo tuve bien colocado comencé a subir y bajar sobre el ariete de carne.

    -Ángel, mi vida que bien estoy dentro de tu culo, ¡qué bien mi amor!

    Tenía una bella sonrisa y la saliva se le escapaba por la comisura de la boca, tiro de mi mano y me baje para pasarle la lengua y retirársela empezando a darle besos.

    -Te siento mucho mi vida, estoy lleno de ti, me siento tan feliz. -pero Álvaro se había arrodillado a nuestro lado y ahora nos miraba sobándose la verga, esperando el siguiente paso donde pudiera intervenir.

    Pablo me mordió la oreja y metió la lengua en mi oido.

    -¿Que te parece si ahora Álvaro nos acompañe y te la mete? Pídele que lo haga. -pero no hacía falta, mi amor había escuchado lo que decía y vi que se ponía rojo, le hice un gesto con la cabeza de asentimiento y le sonreía para animarle, sabía que él sentía miedo por hacerme daño.

    A partir de ese momento todo fue una delicada preparación de mi ano para dejar entrar otro garrote en mi culo, no era tan grande como el que ya tenía pero había que hacerle un sitio.

    Elevé el culito sacando un poco la verga de Pablo para que le fuera más fácil, su durísimo miembro punteaba en mi ano intentando apartar la verga que lo ocupaba para entrar, sin conseguirlo a pesar de que apretaba muy fuerte hasta que la verga se le doblaba, la polla de Pablo ocupaba todo el espacio.

    -Te voy a hacer dañó gatito, no quiero lastimarte.

    -No, Álvaro deseo que me la metas, los dos a la vez, mis dos machos dándome la verga, sentiros a los dos mi vida, dame una crema y mete primero los dedos, ya he tenido dos vergas en mi culo y puedo con las vuestras.

    Después de mucho trabajarme el ano a Pablo se le relajó un poco su miembro, y entonces Álvaro consiguió empezar la penetración. Creía que me volvería a romper el culo, pero lo fue haciendo lentamente dejando que mi cuerpo lo aceptara hasta que tuve las dos vergas en mi interior.

    La cogida no podía ser tan profunda como cuando me la metía uno solo, sobre todo la de Pablo que era más larga, pero mi culo reventaba por el grosor de las dos vergas ajustadas hasta extremos increíbles.

    -Estoy dentro de ti gatito, ¿te hago daño? -me besaba la espalda con inmenso cariño para calmarme.

    -Estoy bien, pero espera un momento sin moverte. -poco a poco mis esfínteres se iban haciendo al volumen que los forzaban y no sentía dolores insoportables, mi culito se había curado totalmente de la violación que me hicieron.

    Pablo me besó la boca tirando ligeramente de mi para que me subiera sobre su pecho y dejarle mejor espacio para moverse.

    -Siento la verga de Álvaro junto con la mía dentro de tu culito precioso, me encanta como me oprime. -era cierto y lo notaba por como se le endurecía el miembro volviendo a su dura consistencia.

    Álvaro comenzó a salir para volver a meterse y sentí cierto placer.

    -Me gusta Álvaro, puedes moverte mi vida. -al cabo de unos segundos suspiraba y gemía emparedado, envuelto en el cuerpo de mis dos machos que me follaban intentando sincronizar las entradas y salidas de sus vergas.

    -¡Ayyy! bien, bien, que rico mis amores, os quiero, darme duro por el culito, darme fuerte. -y ellos atendían mis súplicas entrando a veces los dos y saliendo, y otras cuando uno me la metía el otro la sacaba en un va y ven que me estremecía de placer y de deseo.

    -Culito rico el de nuestro gatito, dale tu yo me paro un poco. -Pablo atendía lo que su amigo le pedía y nosotros nos elevamos un poco para permitirle que subiera las caderas buscando una mayor penetración.

    -Me encanta sentir tu polla rozando la mía y las dos calentitas en el culito de nuestro gatito. -a ellos les gustaba la situación y yo era el que mejor estaba con las pollas de aquellos dos machos, mis sementales, queriendo preñar a su hembra sin sentir celos, solamente el amor y la necesidad de sentir rozarse nuestros cuerpos.

    Pasaron minutos de disfrute pleno para los tres, con intervalos de descanso para que se repusieran o se turnaran en realizar su trabajo de follarme el culo.

    -Me voy a correr enseguida. -Álvaro estaba muy excitado y ya no me besaba la espalda, solo entraba y salía de mi culo a mucha velocidad mientras que Pablo lo hacía más tranquilo.

    -A mi también me llega ya la leche. -corroboró Pablo, parecía que era yo el que iba retrasado y mis dos hombres llegaban casi a la vez a su clímax que les haría eyacular el semen en breve.

    -En la boca, quiero me la deis en la boca. -Álvaro rápidamente sacó la verga y se desmonto de mi espalda, yo me subí apoyándome en los hombros de Pablo y salió de mí, mi culo se que quedó vacío y abierto, pero tenía el capricho de sentir la leche de los chicos en la lengua.

    Se colocaron con rapidez arrodillados sobre mi cabeza y empezaron a masturbarse enérgicamente las pollas, yo les cogí de los huevos a cada uno en una mano y se los acariciaba mirando como eso los excitaba. Mi polla también me dolía, la tenía muy roja por el roce con el abdomen de Pablo que había tenido mientras me metían sus vergas.

    Álvaro me cogió la cara con la mano izquierda y me apretó las mejillas para que abriera la boca, colocó la punta de la polla en mis labios y comenzó a contraerse, a vaciarse los huevos en golpetazos bruscos del glande sobre mis dientes.

    -¡Ohh! ya, ya me corro, toma mi leche gatito. -aplastaba el glande contra mis labios volviendo a meter el semen que se me escurría, había sido una gran cantidad lo que tiró y no lo quería tragar hasta que Pablo me diera el suyo para mezclarlos.

    -Poco después era Pablo el que repetía la operación y eyaculaba más cantidad de semen que su amigo en mi boca pero con el glande metido, sentía que me ahogaba sin poder contener tanta leche, y entonces sentí la boca de Álvaro meterse mi verga y comenzar a mamar y succionarla con ganas.

    -No le podía avisar de que me iba a correr y le llené la boca de semen, Pablo me retiró la verga de la boca y saqué la lengua para que viera la cantidad de leche que me habían dejado, Álvaro volvió para besarme y mezclar mi leche que llevaba en la boca con las dos que ellos me había regalado.

    Durante unos minutos nos estuvimos besando pasándonos la leche de una a otra boca hasta que la fuimos tragando y nos la comimos entre los tres.

    -Había resultado deliciosa la cogida que me dieron y me abrazaban respirando ya calmados.

    -¿Os ha gustado? -los dos se pusieron sobre los codos para besarme, y ahora también se besaban ellos aunque sin mucha emoción, solamente cuando coincidían sus bocas queriendo besar la mía.

    -Ha sido increíblemente hermoso gatito, compartirte de esta forma ha sido maravilloso. -Álvaro me besó con dulzura los labios y miré a Pablo que no decía nada.

    -¿Qué te voy a decir yo? Álvaro lo ha dicho muy bien, me ha encantado teneros que soportar a los dos encima mío, pesáis una tonelada. -nos pusimos los dos a reír y Álvaro y yo nos echamos sobre él besándole sin parar, donde podíamos porque él no se dejaba.

    -Ya ha sido bastante soportaros sobre mi.

    -Te amo Pablo. -cerré su boca besándola.

    -Creo que hemos comenzado bien y que esto mejorará, cuando Álvaro nos deje que se lo hagamos a él será delicioso. -cogió la mano de su amigo y se la apretó haciéndole un gracioso gesto con los dedos índice y corazón de la otra mano, indicándole que tendría que recibir nuestras pollas dentro de él en alguna ocasión.

    -Así será si hay contrapartida y dejas que nosotros desvirguemos tu culito. -la respuesta de Álvaro consiguió que las risas continuaron y mis besos a los dos chicos, amaba a mis dos muchachotes, y ellos habían dado un gran paso más allá de la amistad y cariño que siempre se había tenido.

    -¿Qué os parece que si nos preparamos para salir a cenar antes de encontrarnos con Lorea y Markel?

    Seguirá…

     

  • Miradas (Parte 2)

    Miradas (Parte 2)

    El hombre le explicó a Nuria que iría a la cocina un momento. Le indicó que aprovechara para ponerse cómoda y que enseguida volvería. La joven vio como Damián desaparecía por el pasillo y con mucho nerviosismo comenzó a desabrochar su blusa. Se la quitó y la apoyó en el sillón de la esquina. Miró hacia el pasillo y desabrochó su pantalón. Descalzándose y quitándose los calcetines se acercó a la cama. Sin pensárselo dos veces se quitó el pantalón. Se miró en un espejo que había frente a la cama. Se ruborizó al verse en braguitas en la habitación de un hombre que apenas conocía. Nuria se tumbó en la cama. Su corazón latía muy acelerado…

    Damián terminó en la cocina y pensó que aquella muchacha ya había tenido tiempo para relajarse un poco. La verdad, él también estaba nerviosísimo pensando que sucedería con ella. Recordaba la tarde anterior y deseaba volver a tener la oportunidad de admirar su joven cuerpo desnudo. Al girar en el pasillo, pudo ver los pies de la joven sobre la cama. Según se iba acercando pudo ver que sus piernas estaban desnudas. Al llegar a la habitación la vio tumbada en su cama. Estaba preciosa. Estaba tan sólo con un sujetador azul y una braguita del mismo color. Sus miradas se encontraron y las mejillas de la joven se ruborizaron.

    —Tranquila pequeña, no sientas vergüenza. Eres una muchacha preciosa…

    —Gracias, usted es muy bueno y agradable conmigo.

    El hombre se sentó en la cama a su lado y le acariciaba el cabello transmitiéndole confianza y cariño. Ella al sentir aquellas caricias se acercó a él.

    —Te gusta haber dado el paso de venir a junto mío?

    —Si. Pero siento muchos nervios y vergüenza…

    —Hagamos como antes Nuria, cierra los ojos cariño… —La joven los cerró y él siguió hablándole con mucha ternura— Quieres que te vea otra vez desnuda? Contesta con tu cabeza.

    Nuria asintió. Damián le hablaba al oído. Su voz era grave y le transmitía sensación de protección. Con delicadeza la giró poniéndola boca abajo. Ella con los ojos cerrados sentía la mano de aquel hombre acariciar su cabello, su espalda. Su corazón latía desbocado. Los dedos hábiles de aquel hombre desabrocharon su sujetador. Nuria escuchaba como ese señor le decía palabras cariñosas mientras le deslizaba las tiras del sujetador por los brazos y se lo quitaba. Aquella mano acariciaba de nuevo su espalda. Estaba caliente. Nunca la acariciaran con tanta delicadeza. Su cuerpo tembló al sentir la caricia de ese hombre en sus nalgas por encima de la braguita.

    Damián miraba el hermoso cuerpo de aquella jovencita. Su piel era suave. Su excitación era muy fuerte. Tenía en su cama a la jovencita que tantas veces había imaginado desnuda. La muchacha que tantas veces había espiado con su novio, había ido a su casa para estar sola con él. Damián gimió de placer al acariciar las nalgas de la pequeña. Sus dedos agarraron con suavidad el borde de la prenda íntima y la comenzó a bajar. Nuria presa de la vergüenza se tapó la cara con la almohada. Un sin fin de sensaciones se apoderaron de su cuerpo al sentirse desnuda. Un intenso cosquilleo se apoderó de su sexo al sentir que aquel señor acariciaba sus nalgas desnudas y separándolas un poco le decía:

    —Tienes un culo y un ano precioso…

    Nuria no pudo evitar gemir cuando sintió los dedos de aquel señor rozar su rajita húmeda.

    —Estoy mirando tu rajita Nuria, disfruta pequeña

    —Mírela Damián —respondió ella excitada por el morbo de sentir que la miraba.

    Damián la giró de nuevo poniéndola boca arriba. Nuria con la cara tapada por la almohada se estremeció al sentir que ese hombre la estaba mirando totalmente desnuda. Le acarició los pechos. Jamás había pensado que sus pezones se podían poner tan duros. Aquel hombre sabía cómo acariciarla y darle placer. Su mano bajó hacia su rajita y se la acarició. Damián se sorprendió de lo mojada que estaba aquella jovencita. Sentirla así lo hizo gemir de morbo. Aquel sexo era hermoso. Al separar sus labios se sorprendió al ver su color rosa intenso.

    El clítoris juvenil asomaba rogando ser iniciado al placer. Llevaba dieciocho años oculto entre aquellos pliegues deseando ser mimado y besado por alguien. Damián miró el clítoris de la muchacha y supo entender que reclamaba. Un intenso gemido escapó de la garganta de la jovencita cuando sintió que ese señor le besó su rajita y sus labios rozaban su clítoris. Lamió con verdadero placer aquel delicioso coño lleno de abundantes flujos. Nuria gemía muy excitada y sorprendida por el placer que aquel hombre le hacía sentir.

    Se excitó muchísimo cuando al separarse un poco, vio como Nuria levantaba las caderas buscando su boca. Aquella muchacha se moría por sentir que le lamía el coño. Damián lamió su clítoris y cuando vio que la muchacha iba a sentir orgasmo, lo atrapó entre sus labios y succionó hábilmente. Fue el orgasmo más maravilloso que había presenciado nunca. El cuerpo de aquella joven se agitaba en convulsiones maravillosas de placer. Nuria sintió que Damián retiraba la almohada y se ruborizó al verlo. Él la abrazó. Besando su cabeza mientras la joven aún sufría pequeñas convulsiones le hablaba al oído tranquilizando…

    Nuria se abrazaba a Damián muy fuerte. Pensaba que nunca había imaginado que se podían sentir orgasmos tan intensos. Lo miraba con reparo y a la vez con agradecimiento por haberla hecho sentir tanto placer…

    —Damián… —le dijo ella con voz nerviosa

    —Dime pequeña…

    —Me gustaría poder verte como ayer —Nuria se sonrojó al reconocerle a aquel hombre su deseo de verlo desnudo.

    —Claro Nuria, me veras como desees…

    Damián besó la cabeza de la joven y ella lo miró. Muy nerviosa puso la mano sobre los ojos de él tapándose los y acercó su boca a la de ese hombre. Sus labios entreabiertos lo besaron. Damián se estremeció al sentir que aquella muchacha lo besaba en la boca profundamente…

  • La lasciva vida de una maestra de escuela (Parte 5 – Final)

    La lasciva vida de una maestra de escuela (Parte 5 – Final)

    Un negro en mi vida.

    Con 66 años, viuda desde hacía cinco años y con mi Alberto sin entrar en mí por razones obvias, casado y lejos de casa, tomé una determinación categórica. Si una cosa me había enseñado la vida era que ‘La edad no importa para lograr tus objetivos’, por tanto no existe la edad para saber que es un orgasmo con un negro, porque dicen que… ‘Una mujer no está completa hasta que un negro te la meta’, y yo quería saber qué se siente al tener uno dentro de tu cuerpo.

    Viuda de mi amado pero zafio e impotente Eduardo desde hace la friolera de doce años y a punto de la jubilación, me propuse llevar a cabo esa idea que me rondaba la cabeza desde hacía meses… No quería irme a la tumba sin cumplir dos de mis sueños más deseados… Uno era fumarme un porro, y el otro acostarme con un negro.

    Pido disculpas si alguna persona de edad se siente avergonzada con mi lenguaje, pero soy una mujer directa que ha aprendido a luchar por lo que desea. Del mismo modo pido disculpas a todos aquellas personas de color que se pudieran sentir ofendidas pero no es mi intención faltarles, todo lo contrario, alabar las dotaciones que la naturaleza les ha otorgado en su anatomía.

    Descubrí que acariciarme a mí misma en mi clítoris no me llevaba al goce de antaño, aunque lo combinase con el gran falo negro que me regaló mi esposo, el llamado Alex, esos orgasmos clitorianos no era ya suficiente. Desde que me abandonó casi totalmente mi hijo, a partir de ahí fue un no parar, casi podría decirse que era una yegua jovenzuela en busca de semental para que me cubriera y eso que estoy seca por dentro desde hace muchos años, lo que no significa que por el hecho de que haya nieve en lo alto del horno, no haya brasas en el interior y vaya si las había.

    Gracias a los conocimientos de internet que mi chico me enseñó, me puse a buscar a ese morenazo que me quietase las telarañas del chocho, lo he hecho a través de una página de acompañantes… Las TIC’s me ha abrió mundo desconocido, ya no solo para conocer mi cuerpo sino también para estar al cabo de la calle de lo que pasa en el mundo y ampliar el círculo de personas conocidas. Una vez decidí llevar a cabo mi plan, busqué en muchas páginas de Internet de contactos sin saber si lo que encontraría sería lo que deseaba o no, como una ya es “abuela” y con el colmillo revenido, antes me di de alta en foros para saber cómo debía buscar y hallar lo que necesitaba, no fue complicado pero si laborioso, seleccionar un “semental” negro que me diera placer al principio fue una locura, de haber hecho caso a todo lo que decía en las fotos o anuncios hubiera sido de locas y al final me di de alta en un portal de citas de pago y busqué entre todos los candidatos.

    Sobre una lista de cerca de cien seleccioné sólo a tres y rápidamente les envié un pequeño correo a modo de formulario, no era complicado…, les preguntaba si querrían fumarse un porro conmigo y si luego me querrían follar (a pelo preferiblemente, esto no siempre los atrae), como soy muy honrada les dije mi edad, les mandé una foto y les pregunté sus tarifas… esperé a sus respuestas ansiosa. Casi al borde de un colapso porque no sabía si responderían me preparé, reconozco que quería ser sincera, en mi foto podían ver a una mujer de 1.65, es decir alta para mi generación, de 58 kilos es decir que muy bien porque me cuido, no como a otras que le cuelgan las pieles de los brazos y sus muslos, yo lo luzco tersos y firmes aún.

    Mis tetas son grandes y hermosas, caídas pero tersas en la medida que se lo permite el peso de la gravedad… no las tengo hecho un estropicio y no lucen demasiado mal. A primera vista, debía depilarme integra por primera vez en mi vida para esa ocasión, cosa que pensaba hacer porque había leído que se sentía más, a todo ello lo acompañaba con unos ojos color miel y un cabello teñido de castaño porque una es madura pero no quita que sea muy coqueta.

    A los tres días recibí la primera de las respuestas y dos días más tarde la otras dos, una de ellas la desestimé o mejor dicho, me desestimaron a mí por ser demasiado mayor para ese formidable macho que había seleccionado, pero tampoco me importó porque de las dos que si me respondieron las dos me satisfacían, me propuse decidirme por cuál de los dos y tras pensarlo creo que no más de medio minuto opté por el más “Grande” de los dos pensando que sería una garantía de un mejor sexo, quizás equivocada pero mi Eduardo me dejó el bolsillo… el dinero no era un problema en mi vida, mi esposo me dejó la cuenta corriente bien cubierta y esta ocasión valía la pena… una alegría es una alegría, ¡Madre mía si mis hijos me vieran! Prefiero no pensar en ello, sobre todo en Alberto, aunque parte de la culpa la tiene él por abandonarme por Daniela y dejarme sin mis dos o tres orgasmos semanales.

    El elegido era Barack, un morenazo de 1,80 y que en canal como un cochino en la matanza pesaría 85 kilos de hombre fibroso y musculoso, negro azabache casi azul dotado como nunca pensé que un hombre podría estarlo. No sabría decir cuánto le medía la verga, pues yo mido en palmos o con el metro de coser y en la foto puesta hacia arriaba a Barack le pasaba el ombligo, ¡Uys, perdonar a esta vieja que se sobresalta pensando en ese tremendo mostrenco de cipote!

    Le di el visto bueno y le pedí el favor que accediera a traerme un porro para que me lo fumara con él, Barack no se extrañó de mi rara petición y me dio su dirección y su tarifa. No sé si sería su costumbre pero me dijo que él me invitaba a tan divertida sugerencia y a su vez yo le dije que me sentiría más cómoda y segura en mi casa…, le facilité mi número de teléfono y acordamos la fecha, el sábado siguiente a las 20:00 horas le esperaba en mi casa. ¡Vaya nervios, me temblaban las rodillas! En fin, ahora os cuento como fue mi cita… Unas horas antes en el día previsto, me di un baño relajante y procedí a usar crema depilatoria por las partes de mi cuerpo que pensé que debía usar, imprudentemente no la puse antes sobre mi piel para comprobar si me quemaba o no pero la fortuna me sonrió y no tuve sobresaltos, con la máquina de afeitar de mi difunto Eduardo apuré los pelillos que pude con un pequeño espejo y me puse lo más guapa que sabía… el resultado es que parecía al menos una muy atractiva mujer de cincuenta o menos, no recurrí a colores de mujer de mala vida porque me parecía demasiado atrevido pero si a un vestido de lino blanco que me resultaba coqueto y sensual a la vez.

    Nerviosa como estaba, me senté a esperar y mi ansiado Barack llegó con algunos minutos de retraso… bueno, la espera valió la pena, muy atento Barack se disculpó y me trajo un clavel a modo de presente, nos dimos dos besos en la mejilla, casi me pareció tierno sabiendo que en unos minutos se iba a estar follando a esta señora, e incluso metiéndome la polla por mi boca, pero fue cortés según las reglas de una sociedad civilizada occidental. Sin más preámbulos le hice pasar al salón a la vez que le preguntaba si deseaba tomar algo.

    -“Hola, soy Barack, ¿eres Ana?”

    -“Si, pasa, Dios mío que hombretón, pasa no te quedes fuera”.

    -“Que sorpresa, eres más guapa que en las fotos”, dijo de forma zalamera, ese truco era demasiado viejo pero me gustaba, me hacía sentir vanidosa.

    -“Eso se lo dirá a todas”, dije coqueta. “Toma esto es lo que acordamos, comprueba que esté bien, ¿quieres tomar algo?” Dije mientras le daba el sobre con la cantidad acordada sin caer en que semejante hombre podía darme un golpazo, robarme la casa entera y violarme si le daba la gana.

    -“Si tienes agua fría me viene bien, pero si quieres que compartamos juntos ese “encarguito” un poquito de ron solo nos vendría mucho mejor”, dijo con una sonrisa que dejaba ver unos dientes blancos como la nieve y unos labios carnosos que ansiaba que me besaran.

    -“Ahora la traigo, siéntate y ponte cómodo corazón”.

    Me fui a la cocina a la velocidad de un galgo y cuando volví con el ron, dos vasos y el hielo, Barack me esperaba con un par de cigarrillos liados sobre la mesita del salón. Me senté a su lado y poniendo su mano sobre mi rodilla, me dio un suave beso en los labios pillándome desprevenida pegando respingo… Ahora sí, eso estaba más dentro del orden de lo que significaba que ese negrazo estuviese allí. Me pilló por la sorpresa, una no está acostumbrada a eso eufóricos arrebatos masculinos de alguien desconocido hasta esos momentos.

    -“¡Ay Barack, que sorpresa me has dado!”

    -“¿Te he asustado? ¿No te gusto?”

    -“Sí, sí, perdona, es que estoy muy nerviosa y nada acostumbrada a que un hombre se lance a por mí de esa manera a las primeras de cambio”.

    -“Tranquila, no me como a nadie crudo…, pero me lo estoy pensando contigo…, lo haría muy despacito”, me dijo acercándose suavemente hasta ponerse frente a mí y volver a besarme de nuevo pero ahora de forma mucho más erótica.” ¡Vamos aprobar este porro que te traigo!, ¡¿no has fumado nunca antes?!”

    -“Pues no, ni porros ni tabaco”.

    -“Vale, pero no aspires muy profundo porque si no ahogaras, toserás y te dará un subidón que no te conviene” .Encendió el porro y dio una calada profunda y expulsando el aire al aire de una forma arrebatadoramente sexy y me lo pasó.

    -“Recuerda, suave, no aspires demasiado fuerte”, y pasándome el porro dio un sorbo al vaso de ron que le había preparado. Di mi primera calada, un chorro de aire caliente me entró por los pulmones achicharrándome por dentro y me puse a toser como una tísica. “¡Cof, cof, cof!”

    -“Ves, las prisas, no debes ser tan ansiosa”, dijo quitándome el porro de entre los dedos y acariciando mi espalda lo puso en un cenicero y me dio a beber de su vaso. Yo puse mis labios en la marca que él había dejado y bebí despacito, y ahora otro chorro ardiente me atravesó el gaznate.

    -“¡Perdona a esta vieja!”, dije avergonzada

    -“No te apures, mira yo creo que esto lo podemos dejar para luego, para cuando estés más relajada, ¿te parece? No es cuestión de edad… porque yo no veo ninguna vieja por aquí”.

    -“Sí gracias por tu cumplido, me parece bien, estoy nerviosa como una niña el día de reyes, ¿necesitas algo antes de hacer…?”.

    -“Casi nada, una toalla para darme un agua ligera… y acompañarte al dormitorio donde te veo en un abrir y cerrar de ojos”.

    Nos levantamos y siguiéndome le llevé hasta el cuarto de baño donde le di una toalla limpia y me fui al dormitorio a esperarle. Sentí el ruido del agua caliente mientras abría el lecho donde había yacido con mi difunto Eduardo tantas veces dispuesta a ponerle unos cuernos en toda regla, donde mi hijo me folló tantas veces abandonando a su madre a azar de la aventura… Me desvestí pero quedándome en ropa interior y un pequeño camisón de noche porque me daba vergüenza mostrarme directamente en pelotas ante aquel adonis negro, siempre una mujer es más sexi por lo que no enseña que por lo que muestra. Dejé una luz de penumbra y cuando estaba retirando la colcha entró Barack en el dormitorio, con la toalla sobre los hombros y con su sexo al aire, ¡Uf que temblores, joder que genitales!, el estómago se me encogía como la primera vez que me atravesó mi primer novio… Aquella polla era más grande de lo que había imaginado.

    -“Señora, está a tiempo de que me marche”. Debió de ver en mi cara algún gesto incoherente, de susto o desagrado, cuando en realidad era de encanto al ver tan esplendoroso ejemplar.

    -“No Barack, quédate, eres un ser perfecto… solo que es la primera vez que lo hago después de enviudar… En verdad es la primera vez que lo hago con un negro de tamaña verga y quieras o no ese badajo impresiona sin estar en todo su esplendor”.

    Y antes de que volviese a decir nada sus enormes y negras manos me atraparon llevándome hacia él y darme un beso en la boca en la que metió una cálida y húmeda lengua hasta lo más profundo de mi, su lengua roja me abrasaba tan cálidamente por dentro que casi me desmayo y sin percatarme que me cogía en volandas hasta colocarme sobre la cama aferrada a él como un perezoso a su rama.

    – “No pienses en nada, déjate hacer, voy a tratarte como una reina, solo llegaremos hasta donde tú disfrutes”.

    No dije nada y me dejé hacer, aquellas palabras me tranquilizaron mucho…, la polla de Ramón no alcanzaba los 20 cm y me pareció un falo tremendo, después descubrí el formidable monstruo ciclópeo de mi hijo Alberto de casi los 25 cm, pero Barack gastaba un mástil como verga que superba los 25 cm con rebose. Obnubilada por sus hábiles dedos me sacaron el camisón dejándome en bragas y sujetador, un conjunto negro que había comprado para la ocasión y que hacía un homenaje a ese cuerpo de atleta que me iba a poseer.

    Su cuerpo desnudo se movía suavemente al lado del mío y colocado a mi lado me vi mirándome a sus ojos mientras sus manos me despojaban de toda la vergüenza que me quedaba… sin ropa interior. Mis manos seguían acariciando un palpitante pecho negro que parecía tallado en piedra y tomando mi mano derecha, la llevó hasta su fastuoso rabo negro zaíno, yo seguía nerviosa pero cada vez me movía con menos torpeza. Sentir su inmenso miembro viril en mi mano me dejó sin respiración, creo que Barack se dio cuenta y sonriendo maliciosamente besó mi cuello y empezó a acariciarme por todo mi cuerpo muy sensualmente… creo que hasta la sombra que hacía mi cuerpo en el lecho, porque me sentía llena de él. Sus carnosos labios me comían tanto por dentro como por fuera y ya solo podía guiarme por lo que sentía mi piel porque mis ojos estaban cerrados a ver pero completamente abiertos al placer. No sé si el poco alcohol que había bebido o la calada al porro que había dado pero me vi clavando mis dientes en el hombro de Barack como una leona. Se movía como todo un semental debe cautivar a una hembra, Barack parecía saber todo lo que yo quería, cuando lo quería y donde lo quería.

    Sus dedos se movían con una delicadeza absoluta, acariciando mi piel que se erizaba de placer con solo imaginar que me iba a tocar, su lengua leía los poros de mi piel y su tranca aumentaba de tamaño preparándose para penetrarme hasta mi alma, sin remedio le dejaría llegase a lo más profundo de mi útero. Abrió con dulzura mis muslos con su mano izquierda y mientras lamía mis tetas lengüeteando los pezones, estos se irguieron para que él se los comiese a mordisquitos tirando de ellos con los labios, me mataba de gusto el cabronazo pechos.

    Entre tanto fue colocándose entre mis piernas cada vez más abiertas, mi coño abstenido de macho por tanto tiempo empezó a sudar, o eso creí yo al contacto con el pecho y abdomen de Barack que bajaba lentamente recorriendo mi torso besando mis pezones, mi ombligo, mi pubis recién arreglado. Cerré mis piernas en torno a su cuerpo en un intento de que no se escapara pero su fuerza me hizo desistir, tenía esa necesidad vital de ser poseía… que ese semental me gozara, que me atravesara y sentirle dentro de mí donde nadie ha llegado a estar alojado…, pero Barack debía saber que era mejor esperar un poco más y posó sus labios sobre los labios de mi vagina, su lengua pasó suavemente entre ellos, y por primera vez en mi vida supe lo que era realmente un “beso negro”, me habían lamido el ano unas cuantas veces pero su sabrosa y enorme lengua trabaja de otra manera…

    ¡¡Cómo podía haber vivido tanto tiempo sin disfrutar de semejante experiencia!!Esa lengua fue abriéndose paso poco a poco levantando cada rincón de mi vulva repleta de pliegues formados por mis labios externos y los carnosos internos de mi vagina, mientras sus dedos exploraban mi conducto uterino doblándose y retorciéndose dentro de mí. Su largo dedo corazón tocó algo dentro de mis paredes internas, y una oleada de placer me inundó por dentro, no sé qué era, pero un espasmo me subió por la espalda desde el chumino hasta mi cabeza, en un latigazo de algo más de medio minuto que me afectaba hasta los dedos de mis pies que se crisparon como si me hubiese dado un tirón estando acostada.

    Barack sintió mi espasmo y bajó la intensidad pero sin perder el contacto con mi coño ardiente, poco a poco mi respiración fue calmándose sin saber que me había pasado, dónde me había tocado… mi pecho se iba relajando y mis manos que se habían aferrado a mis tetas apretándolas como para sacar de mis yermas ubres la leche que quedase, fueron aflojando su presión hasta soltarse y llevarlos a la cabeza de mi oscuro amante.

    Pocos minutos más tarde Barack encontró algo que nunca sospeché que se pudiera excitar de esa manera, escondido entre los labios de mi vagina tocó el botón directo al placer que me volvió a estremecer por dentro, de forma distinta, más ardiente y el contacto de su lengua sobre esa parte de mí me estaba volviendo loca y eso que todavía no me había penetrado. Jugó conmigo, primero la punta de su lengua, la parte suave de su lengua, la parte áspera de su lengua… su lengua era ese pedazo de carne de Barack, creado para dar delectación. Me aceleraba el pulso, el calor interior… oleadas de placer me volvían a arrebatar, no podía comprender que me estaba pasando y que era eso que me hacía gemir como una gata en celo.

    Mis piernas parecían tomar vida propia temblando cada vez que me tocaba con sus labios o su lengua, no era capaz de poder focalizar el gozo en un solo lugar porque sus manos me acariciaban hasta la entrada de culo. Daba lo mismo, no dio tiempo a que pensara en nada más porque esa oleada de placer que me había invadido como una condenada a la hoguera me volvió a llevar a un estado de ceguera absoluta y abandono de mí…, apreté mis manos contra su cabeza llevando la boca de Barack hacia mi chocho ardiente, que no me abandonase y por segunda vez me sentí húmeda y llena de felicidad, las sábanas de mi cama estaban siendo testigos de un combate que nunca antes habían visto porque mis encuentros con mi difunto eran nada más que un mero trámite de fecundación, y Ramón e hijo no eran Barack y sus comidas de coño nunca pudieron ser comparable a lo que yo estaba disfrutando ahora.

    Creo que no dije nada, solo sé que me faltaba el aire, el placer me desbordaba y hasta mis orejas estaban tan sensibles que podía haber tenido un orgasmo con solo decir mi nombre esa noche mi deseado Barack…, convulsionaba haciéndome recorrer un torrente eléctrico que me estremecía cada músculo de mi cuerpo, no era posible controlar los esténtores que me producía ese orgasmo sumo, mi cabeza no se mantenía lúcida cayendo en la “dulce muerte” copada de dopamina.

    Mi amante paciente levantó su mirada para ver cómo me estremecía pero que no decía nada, porque creo que no había nada que decir. Se puso a mi lado y puso su pierna entre las mías y me besó calmando mis ansias de aire, me insufló energía de nuevo con sus caricias a medida que recobraba el sentido, la ubicación y el delirio de notar a aquel semental… Se colocó sobre mí y cogiéndome por la espalda me incorporó hasta colocarme sentada sobre él, su maza negra inhiesta estaba pegada en mi coño, subiendo entre el poco espacio que quedaba entre su cuerpo y el mío mientras yo le abrazaba pegándome a él todo lo que podía. Sentía en mi abdomen la dureza y grosor de su falo palpitante y esperaba ansiosa sentirlo dentro en lo más hondo de mis entrañas dividiéndola definitivamente, ya no tenía miedo si me rompía partiéndome en dos o no, le quería sentir plenamente y no pensé en protecciones, la necesitaba de notar al natural, sentir como su orondo glande me abría las carnes de mi vagina sin condones ni protecciones vanas, ¿quién iba a pensar que me dejasen preñada a mis años? ¿Y eso de las ETS ya no le iba a dar importancia tampoco ahora en las últimas de mi vida…?

    Cuando me elevó lo suficiente como para colocar la punta de su cipote en la entrada de mi vagina no pensé en nada, mientras me besaba con dulzura dejó que mi propio peso fuera la fuerza que me hiciese sentirle dentro de mí, un instante eterno de placer percibí que me partía por dentro alzándome en un vuelo genial hasta llegar a sentarme sobre sus muslos con pequeños sentones, uno, dos y tres… todo su miembro estaba dentro de mí hasta las pelotas, solo podía gemir, gritar y gozar, en tanto me empalaba hasta el estómago, con mis ojos cerrados y mi cabeza echada hacia atrás en una imagen de abandono total ¡Eran todo un poema!

    Trotaba sobre aquel macho sacando y metiéndome todo el mástil desde la cabeza hasta sus fastuosos huevazos de toro bravo. Al cabo de un rato, Barack me cogió en volandas y me echó sobre la cama, ahora descargaba todo su peso sobre mí en la posición del misionero. Sin dudarlo me despatarré todo lo que pude para facilitarle la entrada, al tener total acceso le sentía cada vez más dentro…, comenzó un lento movimiento de sus caderas saliendo de mí y volviendo a entrar deslizando el mostrenco fielmente lubricado de brillante aspecto, mis piernas se aferraban y cada vez que llegaba hasta mí fondo uterino con su bálano, sus muslos chocaban con el interior de los míos en un ruido seco y febril.

    Le envolví con mis brazos por su fibrosa espalda y con mis piernas bajo su terso y rocoso culo, lo cercaban para que no saliese hasta acabar con todo dentro de mí. El macho realizaba círculos de su cadera me estimulaban toda la vagina mi interior, al estar repleta de carne dura deformada por las inflamadas venas. Sacaba del todo su estoque y volvía a meterlo de un golpe, era un repertorio de doctor del sexo, mi boca entre gemido y gemido se encontraba de vez en cuando con la boca de Barack y mis uñas se clavaban en su espalda como una gata salvaje deseosa de más y más rabo negro. Esta vez el placer se hizo esperar un poco más, no sé si porque me descubrió partes de mi cuerpo que desconocía o porque yo misma me contuve, da igual, recuerdo que cuando empecé a moverme en la web de contactos todas las experiencias hablaban del tamaño de la verga, pero yo estaba descubriendo que Barack me estaba follando y dando amor hasta con las pestañas, todo su cuerpo me estaba dando placer, ya fuese con su precioso y enorme pollón, con sus hábiles labios o sus diestras manos… olía a macho transpirando testosterona por cada poro de su piel zaina, una dermis que lucía hermosa con la tenue luz que se reflejaba en cada forma voluptuosa de su musculatura incrementada en las formas marcadas por los contrastes ofrecidos por su sudoración.

    La última oleada de placer de mi encuentro con Barack me estaba inundando, era más contenida, menos juvenil que las anteriores, mis manos acariciaban ahora su espalda con dulzura y notaban como él mismo se crispaba, sus músculos se volvían cada vez más duros, y mi memoria se acordó del torpe de mi difunto esposo. Comenzó a arreciar sus acometidas, más fuertes, más rotundas, más profundas y de mayor cadencia… y de pronto sus jadeantes embates acabaron en un bufido animal, al mismo tiempo que recaudo un largo y potente chorro de semen que me inunda por dentro, la presión era pasmosa al notarla tan clara y tibia… produjo un escalofrío en todo mi cuerpo con un espasmo en mi vientre al percibirlo.

    El semental envalentonado no lo dudó e hincó su daga atravesándome hasta el estómago largando otro lechazo y otro más a cada clavada seca y profunda en mi útero… y así se concatenaron otros cuatro chorros de leche blanca caliente que me llenaba irremediablemente todo mi cubículo vaginal, haciendo que su polla descargara la tensión acumulada dándome tanta delectación como esperaba recibir. El “maromo” la clavaba a fondo eyaculando una incontenible e ingente cantidad de lefa africana como para preñar a diez yeguas… esos largos chorros de lefa espesa atoraban mi más profunda vagina, allí donde nadie puso su leche… prácticamente en el mismo útero. ¡De ser fértil mi útero me hubiese preñado con seguridad!

    Cuando sentí su último espasmo, Barack se quedó dentro de mi resoplando como un búfalo mientras empujaba con fuerza tratando de atravesar mi cuerpo…, ese Adonis negro musculoso, de labios carnosos y cálidos me estaba saciando de todo lo que no había conocido en toda mi puta vida sumisa y renegada, ¡El negocio de contratarle me pareció una ganga! Solo sentir sus arremetidas ensanchando mi cerrado coño, valía la pena lo pagado, máxime saber que su cipote exploró lugares inhóspitos dentro de mi vientre, sin llegar a nombrar la sensación de hacerme sentirme hembra al llenarme de su blanca y espesa leche salvaje africana.

    Con movimientos dignos de un felino de la selva se separó de mi sin perder del todo el contacto con mi cuerpo y sin dejar de mirarme, que escalofríos sentía cuando esos ojos me penetraban. Sonriendo volvió a acariciarme y besándome puso la palma de su mano sobre mi ardiente y mojado coñito y empapando su mano me sonrió y me confirmó que realmente me había tenido varios orgasmos. Discretamente se levantó y se dirigió a la ducha, pensaba que me iba a dejar en la cama para que disfrutara de lo que habíamos hecho juntos pero me tomó de la mano y me llevó a horcajas hasta la ducha con él mientras su lengua volvía a meterse dentro de mí…

    Nunca pensé que pudiera ser mancillada tan dulcemente por un gran falo digno de una admiración, con la destreza de los que saben meterla complaciendo a la fémina por el agujero más ceñito de mi cuerpo… Llegamos a la ducha quiero besar paso a paso cada centímetro de su piel, el sexo es un arte, un arte delicado y de respeto, debes aprender a respetar el cuerpo del otro, su templo. Me gusta el sabor de sus labios, el olor de su piel, me excita pensar en el hecho de contemplarle desnudo en mi cama. Muy a menudo, ni yo contemplo ni doy argumento a mi necesidad de sentirlo, de sentir su espalda mojada mientras la rasguño o simplemente le abrazo para apreciarlo más cerca de mí.

    -“Pasa que hoy quiero conectarme contigo, quiero que te dejes llevar por el morbo que a los dos nos excita… tocarte, sentirte, morderte, escucharte, solo eso quiero pensar, te veo y me siento bien, verte desnudo, rozar nuestras piernas”. Le digo ida de mí.

    Que musculatura de infinita perfección captan mis ojos al observar el cuerpo desnudo de un hombre tan vetusto, ver sus brazos fuertes, sentir su abdomen, contemplar su falo majestuoso con absoluta precisión y saber lo mucho que puede hacerme sentir, transportarme a otro tipo de realidad, hacerme llorar, gritar, reír, cambiar mis estados de ánimo a su antojo, pero hacerme sentir bien.

    -“Solo sé tú mismo y bésame, desgarra mis carnes y excítame, dime porquerías al oído, dime que te gusta, que quieres que te toque, que quieres que te haga y en ese instante cerraremos los ojos para sentirnos mejor…”

    Cerré la puerta del aseo… me toma de mi cintura arrinconándome hacia la pared, me besa como me gusta, mi cuello empapado de tu saliva, y el tuyo empapada de la mía, mis manos halando su cabello y nuestras narices juntas.

    -“¡Hazme sentirme viva y joven, hazme vibrar y vibra conmigo esta noche! No es tan difícil pasar un buen rato juntos”.

    Mientras me besa mis tetas con una sutil delicadeza de su lengua, con mis ojos cerrados me concentro en sentir, su lengua misteriosa que se encarniza en mis pezones, mi vagina lubrica y mi respiración aumenta, quiero complacerle y busco la forma de excítale cada vez más, toco tu verga fastuosamente erecta… está tan dura que tener sexo anal se nos facilita, lo masturbo y lentamente muerdo sus labios, abro mis ojos y miro los suyos algo sorprendidos, sonrió y juego con tu ombligo, mi lengua se desliza hasta tu rabo inhiesto para jugar también con él, rozo su punta y siento como lubrica, sumerjo todo su bálano en mi boca mientras mi lengua lo rodea lentamente lamiéndolo golosamente, entra y sale, entra, sale, mi garganta lo estera y me lo engullo haber hasta donde logra pasar, estoy excitada, respiro fuerte y lo escupo, besos tus testículos succionándoles y jugando con ellos en mi boca. Quiero contemplarlo follándome en el espejo, así que me pongo de pie en la ducha y abro la regadera esperando a que el agua se caliente, me siento sobre el mueble y con mis piernas le enredo, nos besamos desesperadamente y su polla vuelve a horadar mi vagina, respiro fuerte y de inmediato emprendo a amar el movimiento de su cadera, su intensidad en movimiento es perfecta, ni muy rápida, ni muy lenta, mientras, yo hago círculos con mi cadera para sentir mejor el mostrenco que me está apuñalando las entrañas.

    El baño está lleno de vapor… me lleva hacia la ducha en volandas, mojo mi cabeza y mi cuerpo, luego él me abraza por detrás respingándole el culo, enfila el pollón y me penetra sin más… noto el orondo glande abrirme el ceñido aro pero es delicioso sentir como cae el agua sobre mi espalda al tiempo que su cipote me penetra cada vez con más fuerza, pongo mis manos mojadas en la pared para soportar los empujones y comienzo a imaginar lindezas.

    Nos damos la vuelta y dejo que se moje su cuerpo, levanto una de mis piernas y él me vuelve a empujar contra la puerta sujetando mi pierna con uno de tus brazos, de nuevo me penetra y nos movemos enérgicos y rápidos, él respira afanoso y hace mil gestos sensuales, no aguanto y gimo con ímpetu, él sube mi otra pierna y con más pujanza penetra toda mi vagina hundiendo los más de 25 cm de rabo en mi útero, es escalofriante lo que me hace sentir, no me queda de otra que gritar con potencia, pedirle que me dé lo más fuerte que pueda y llegue lo más al fondo posible.

    Muerdo sus labios con fuerza, mis tetas saltan alborozadas a su libre albedrío con mis pezones espigados y duros, tanto que hasta me duelen. Y suelta mis piernas, ahora le recuesto a él en la puerta y estando a cuatro patas, muevo mi culo lo más sincronizado que puedo con sus vaivenes, toma mi cintura y solo me comunica lo bien que se mueve mi culo empotrado por tan vasto cetro negro, y lo bien que se lo hago sentir. Mis nalgas saltan y él observa desde la raja abierta de mi culo como con toda facilidad su daga me perfora vilmente sumergiéndose en mi vagina… Saca su estaca muy impregnada por mis jugos y con ellos lubrica mi ano, seguidamente sumerge con delicadeza su polla en él otra vez, duele un poco, pero me siento tan excitada que el dolor se hace placentero y lentamente más de la mitad del tronco entra y sale, entra y sale sin cesar atorándome la cabeza de placer.

    Al cabo de unos segundos de dilatación oportuna… grito, pero me muevo con todo mi cuerpo sobre tan genuino semental. Es delicioso lo que me hacer pensar, sentir, saborear, me penetra más fuerte cogiéndome de las tetas como si de las riendas de una yegua desbocada se tratase… mientras lo hace respira con más fuerza y más rápido, muevo mi cadera con más intensidad y rapidez, me gusta chocar duro con él percibiendo el golpeteo de sus orondos cojones azabaches. Nos movemos cada vez más rápido, más dinámico, más duro contra mí culo y por fin se corre dentro de mi ano, ¡Qué deliciosa sensación!, noto cada lechazo que su verga que eyacula atorándome el esfínter, dos, tres y hasta cinco largos chorros de lefa me suministra parando rendido, exhausto. Saca su barra carbón y tras de él un reguero de semen espeso inmaculado, algo caliente resbala hasta mi vagina. Tras la ducha, Barack se viste y se despide dejándome con el regusto de mis orificios anegados y el sabor de su masculinidad impregnando cada poro de mi piel, cada molécula de aire de aquella habitación.

    Llamo a mi hijo Alberto recostada en la cama, para quedar a comer en mi casa al día siguiente con su esposa que ya está preñada de 24 semanas. ¡Me siento feliz y completa! Tal vez mi hijo me haga revivir nuestros momentos de gozo, lujuria y lasciva INCENTUOSIDAD, por falta de desfogue con su esposa.

    FIN

  • Secretos de familia (Parte 3)

    Secretos de familia (Parte 3)

    Las cosas no estaban saliendo como tenía planeado. Había pensado hablar con su madre y con su hermana Sara sobre Miriam el día anterior cuando llegasen del crucero, pero debido al mal tiempo, su llegada se había retrasado un día y llegarían hoy, justo para la cena. Le hubiese gustado poder haber mantenido una charla con ellas, sobre todo con Sara que era demasiado ‘impulsiva’ y podría acelerar los acontecimientos de esa noche y echarlo todo a perder.

    En parte entendía a Sara, el mismo había pasado por ello cinco años atrás. Hacía siete meses, el día del decimoctavo cumpleaños de Sara, habían celebrado una cena como la que hoy tendría lugar y habían puesto en conocimiento de Sara el Secreto y las Normas de la familia. Esta tras oírlas, pasó por las típicas fases de Negación, Ira, Negociación, pero se saltó la fase de Depresión y culminó con la Aceptación. No solo las había aceptado sino que las tenía presente las veinticuatro horas del día tanto dentro como fuera del hogar familiar.

    Por si fuera poco, acababa de recibir una llamada de Miriam, hecha un manojo de nervios, rogándole que le enviase de una vez la ropa elegida para esa noche. De disculpó con ella y le aseguró que haría todo lo que pudiese para que la recibiese cuanto antes.

    —Rebeca! —llamó por su hermana subiendo las escaleras.— Que coño ha pasado con la ropa de Miriam? No se supone que te encargabas de hacérsela llegar?

    —Tranquilo hermanito —contestó la aludida saliendo desnuda del baño— en breve estarán en su casa y se ocuparan de ella. Te dije que confiases en mí. Por cierto —continuó diciendo entrando de nuevo al baño.— cuando te llame, que lo hará, dile que las obedezca en todo, que quieres que esté perfecta para esta noche.

    —Que las obedezca? A quienes?

    —Confía en mi hermanito. —fue la única respuesta que obtuvo.

    Miriam no sabía qué hacer. Viendo la hora que era y que aún no tenía nada que ponerse, decidió acercarse al centro a comprarse un vestido para esa noche. En el momento que salió de casa, se dio de bruces con una mujer cargada de bolsas que estaba a punto de llamar a la puerta.

    —Disculpe señorita Martínez, venimos de parte del señorito Jaime —dijo la desconocida entrando en el piso sin pedir permiso.

    —Está en buenas manos. —dijo una segunda mujer tomando el mismo rumbo que su antecesora.— Donde está el baño? —preguntó en mitad del pasillo.— Da igual, ya lo busco. —dijo dejando plantada a Miriam en la entrada de su propia casa.

    —Jaime, que ocurre? Quienes son estas mujeres? —preguntó nada más sentir que descolgaban el teléfono.

    —Quiero que esta noche sea perfecta, tú limítate a obedecerlas. —contestó tal y como le había dicho que hiciese Rebeca.— Nos vemos esta noche, te quiero. —Jaime colgó el teléfono ya que no quería que se diese cuenta de que no tenía ni idea de que estaba sucediendo.

    Miriam con paso vacilante entró en el salón y vio que las dos desconocidas, habían retirado uno de los sofás y la mesa dejando un gran espacio vacío en el medio de la estancia.

    —Acompáñenos al baño, señorita Martínez. —Dijo la más alta de la dos.— Antes de vestirla, tenemos que asearla.

    Miriam no daba crédito a lo que estaba sucediendo. En cuestión de dos minutos, dos desconocidas habían irrumpido en su casa y actuaban como si fuese ella la que estaba en casa ajena. Las estudió con la mirada. No debían ser mucho más mayores que ella, un par de años como mucho, rondarían los 21 o 22 años. Si no fuese por la diferencia de altura no podría distinguirlas ya que se parecían mucho y el ir vestidas igual aumentaba más aún el parecido. Ambas vestían zapatos negros de tacón, falda de tubo del mismo color y camisa blanca. Ambas llevaban el pelo rubio recogido en una coleta e iban perfectamente maquilladas. La verdad es que estaba impresionada por la belleza de las dos jóvenes, que fácilmente, podrían desfilar en cualquier pasarela si se lo propusiesen.

    —Puedo hacerlo yo sola, gracias. —dijo finalmente al ver el gesto de impaciencia de la más alta.

    —Estamos aquí para ocuparnos de usted. —respondió la otra joven a su espalda mientras comenzaba a quitarle la chaqueta.— No se preocupe, no es la primera vez que hacemos esto.

    Miriam recordó las palabras de Jaime referentes a que las obedeciese y se dejó hacer.

    Entre las dos mujeres la desnudaron completamente y la acompañaron al baño colmándola de halagos sobre su físico por el camino. Tras comprobar que la temperatura del agua fuese la correcta, introdujeron a Miriam en la ducha y las más alta de ellas se desnudó también entrando con ella. Miriam estaba impactada y no reaccionó. Simplemente las dejó hacer sabiendo que eran los deseos de Jaime.

    Tomando el grifo de la ducha la rubia mojó todo su cuerpo y procedió a lavarle el pelo dándole un suave masaje con las yemas de los dedos. Tras aclararle el pelo, extendió sobre él una mascarilla y continuó lavándole el resto del cuerpo mientras esta hacía efecto. La esponja natural que estaba usando apenas rozaba la piel de Miriam y más que lavarla la estaba acariciando provocando que se le erizase la piel. Cuando llegó al monte de venus, sin mediar palabra, extendió la mano con la esponja y esta fue sustituida por unas pequeñas tijeras. Delicadamente fue recortando los pocos bellos que allí había y una vez contenta con el resultado, volvió a extender la mano ofreciendo las tijeras a su compañera.

    —Natalia, presta atención por favor. —dijo la más alta al ver que la compañera estaba absorta contemplando los pechos de Miriam.

    —Perdona Laura, aquí tienes. —contestó la aludida ofreciéndole la crema depilatoria.

    Miriam las miró en silencio, al menos una de sus dudas había sido resuelta, ya conocía sus nombres. Estuvo tentada a preguntarlas sobre la familia de Jaime, pero algo dentro de ella le decía que no obtendría respuesta alguna.

    —Si lo llego a saber —pensó Miriam.— me habría ahorrado la depilación brasileña que me hice ayer. Al parecer Jaime tenía otros planes para mi coño.

    No obstante cualquier pensamiento se le fue de la cabeza al sentir como Laura extendía la crema depilatoria sobre su coño. Cerró los ojos y se abandonó al contacto de los dedos de Laura, sorprendiéndose de que en su fuero interno esperaba que esta se extralimitase en su cometido y terminase lo que (sin pretenderlo?) había comenzado. No fue así, Laura retiro la crema depilatoria con sus dedos ayudándose con el telefonillo de la ducha y continuó aseándola.

    Una vez terminó de asearla, Laura tomó el albornoz que le ofreció su compañera y tras ponérselo a Miriam, la invitó a abandonar la ducha. Miriam tomando la mano de Natalia se dejó guiar nuevamente al salón.

    Natalia colocó una silla en medio de la estancia y le indicó que tomase asiento. Tomó un cepillo y un secador de uno de los maletines que habían depositado en el sofá y comenzó a peinarla.

    Laura salió del baño desnuda, con el cuerpo mojado y depositó un maletín en el suelo, a la izquierda de Miriam. Resultó ser un set de maquillaje y tras tomar lo necesario de él, comenzó a maquillarla. Se colocó enfrente de ella con la excusa de trabajar más cómoda, pasó una de sus piernas sobre los muslos de Miriam y siguió con su trabajo dejando los pechos a escasos centímetros de la cara de esta. Miriam tenía el albornoz abierto y las gotas de agua que resbalaban por las tetas de Laura caían sobre la entrepierna de Miriam causando un torbellino de sensaciones en su cuerpo.

    Cuando ambas dieron por finalizado su trabajo, le acercaron un vestido negro de Versace con un gran escote en v. Tras ponérselo le entraron bastantes dudas, ya que el escote era bastante pronunciado y la abertura lateral dejaba al descubierto casi toda su pierna izquierda.

    —Estás preciosa. —dijo Laura.— El señorito Jaime tiene un gusto exquisito.

    —Gracias. —contestó Miriam ruborizándose.

    —Ahora el toque final. —dijo Natalia entregándole un par de zapatos negros con un tacón de 10 centímetros.

    —No se os olvida algo? —preguntó Miriam azorada.

    —Ummm… No, hemos terminado. —contestó Laura extrañada por la cuestión.

    —Y las bragas? —preguntó de nuevo, roja de vergüenza, pensando que se les había olvidado ese pequeño detalle.

    —Señorita Martínez, con este vestido no se puede llevar nada debajo, arruinaría el conjunto! Está perfecta tal y como está. —fue Natalia la que contestó.— Ahora por favor, la llevaré a su compromiso mientras Laura se queda aquí recogiendo todo.

    Cuando salieron a la calle, Miriam se convirtió en el centro de atención de todos los viandantes, incluso fue consciente de como algún vehículo disminuía la velocidad para verla mejor. Llegaron a la altura de un Mercedes negro, a juego con su vestido y tras abrirle la puerta para que tomase asiento en la parte trasera, Natalia se sentó a los mandos del coche y puso rumbo a la casa de Jaime.

    Finalmente, tras 25 minutos de viaje, llegaron a la casa y tras atravesar la verja de la entrada, el coche recorrió lentamente los 300 metros que los separaban de la entrada principal. Natalia descendió del vehículo y tras abrirle la puerta, le ofreció su mano para ayudarla a salir el coche despidiéndose de ella después de desearle que pasase una agradable velada y condujo el coche camino del garaje.

    Miriam se detuvo frente a la puerta y respiró profundamente antes de hacer sonar el timbre.

    —Buenas noches, señorita Martínez. —saludó Olga nada más abrir la puerta.— La esperan en el salón. Siga todo recto, no tiene pérdida.

    Miriam fue incapaz de pronunciar palabra alguna, al ver la vestimenta, o más bien, la falta de vestimenta de la criada, las palabras se negaban a salir de sus labios. Olga, vestía únicamente un corsé de cuero que moldeaba su figura y dejaba sus pechos expuestos. Como único complemento, rodeando su cuello, llevaba un fino collar de cuero con un aro plateado.

    —Estás preciosa!! —dijo Jaime acercándose a ella y besándola en los labios.— Nerviosa? Acompáñame, te presentaré a mi familia. —siguió diciendo sin dejarla contestar.— Al final se ha retrasado la vuelta de mi madre y Sara, pero tranquila, no tardarán en llegar. Menuda sorpresa se llevarán al verte.

    Miriam no habría podido decir nada ni aunque quisiera, si ya se había quedado muda al ver a la criada, dos musculosos hombres desnudos se encontraban apostados a ambos lados de la entrada del salón con la polla erecta apuntando al cielo.

    Rebeca y Luis dejaron de hablar en el momento que entraron al salón y se acercaron a la pareja.

    —Un placer conocerte. Jaime nos ha hablado tanto de ti. —saludó Luis tomando la mano de Miriam y besándola.

    —Hola cuñada, que ganas tenía de conocerte. —Rebeca la abrazó dándole dos sonoros besos en ambas mejillas.

    —Un placer. Me gustaría poder decir lo mismo, pero Jaime apenas me ha hablado de vosotros. —dijo Miriam aun impresionada por lo que acababa de ver, echando una mirada de reproche a Jaime.

    —Es normal, somos muy reservados en lo referente a la familia. —dijo Luis encaminándose al mueble bar.— Una copa de vino?

    Miriam contestó afirmativamente y aprovechó para estudiar a Luis y Rebeca. Luis, de unos 50 años tenía un porte atlético, se notaba que se cuidaba mucho. Sus anchos hombros y sus fuertes brazos parecían a punto de romper el traje que vestía.

    Rebeca no se quedaba atrás, si Miriam se veía preciosa con su vestido, al lado de Rebeca salía perdiendo sin duda alguna. Vestía un vestido ceñido blanco con un escote de vértigo que a duras penas lograba mantener en su sitio los enormes pechos de esta. Sus ojos azules la cautivaron al momento y en ese momento fue consciente de que sería capaz de hacer cualquier cosa que le pidiese.

    Durante diez minutos estuvieron charlando de temas triviales cuando una joven irrumpió en el salón.

    —Menudo recibimiento!!! Así da gusto volver a casa. —dijo Sara abriendo los brazos al cielo.— Y esta pedazo de…

    —Sara!… te presento a Miriam. —Jaime no dejó terminar a su hermana pequeña.

    —Entiendo… —dijo la aludida.— Lamento no estar vestida para la ocasión. Nadie nos había avisado de nada.

    En ese momento, hizo su aparición Ana, la madre de Jaime. Vestía un elegante conjunto de chaqueta y pantalón.

    —Mi niña, —dijo yendo directamente hacia Miriam.— Me imagino que eres Miriam, la novia de Jaime.

    Mientras Miriam y Ana se saludaban, Jaime se acercó a su hermana Sara y llevándola a un lado, le rogó que se comportase, al menos de momento, ya que aún no había hablado con su novia y esta no tenía ni idea de lo que sucedería más tarde.

    —No es de mí de quien tienes que preocuparte. —Contestó Sara con una enigmática sonrisa en el rostro.— Vengo agotada del viaje… no como Mamá que se ha pasado los últimos diez días en cama con una gastroenteritis de escándalo.

    Jaime miró a su madre que en ese momento estaba contemplando el cuerpo de Miriam mientras esta giraba sobre si misma mostrándole el vestido. Su corazón se aceleró y fue consciente de que nada saldría como tenía planeado y que en breve, todo saldría a la luz.

    Sus temores se vieron confirmados cuando su madre elevó la voz llamando a David, uno de los dos hombres que estaban apostados a la puerta del salón.

    —Mira mi niña, —comenzó a decir Ana.— Me imaginó que mi hijo quería esperar a que estuviésemos todos presentes y aún no te ha dicho nada, pero llevo diez días sin probar una polla y tengo el coño a punto de estallar.

    Miriam retrocedió un par de pasos e incrédula miró a su novio sin saber que ocurría. Este se no dijo nada, ya que en breve sería consciente de todo y dejó que los acontecimientos hablaran por él.

    David se colocó detrás de Ana y tomándola de los hombros, la obligó a girarse y la forzó a agacharse. Ana se relamió teniendo la polla de este a escasos milímetros de su boca y la abrió invitándole a enterrarla dentro de ella. David tomo la cabeza de Ana entre las manos y de un movimiento de caderas la clavó hasta el fondo de la garganta de Ana y comenzó a follarla.

    —Que comience el Show!! —gritó Rebeca dejando caer su vestido blanco al suelo quedando totalmente desnuda.— Hermanito, quiero tu polla en mi culo YA! —dijo acercándose a Jaime. El cual no se hizo de rogar y comenzó a desnudarse inmediatamente.

    Miriam confundida por lo que estaba ocurriendo a su alrededor, vio como Rebeca se arrodillaba delante de su hermano y volteándose, apoyaba la mejilla derecha en el suelo mientras que con sus manos separaba las nalgas ofreciéndole su culo a Jaime.

    —Miriam, tenemos mucho de qué hablar. —dijo Jaime.— Pero hablaremos luego. —dejó caer saliva en el culo de su hermana.— Primero debo follarme este pedazo de culo. —Jaime clavó su polla en el culo de su hermana y tomándola por las caderas comenzó a follarla frenéticamente.

    Miriam, retrocedió conmocionada y tropezó con una de las piernas de Sara, que estaba sentada en el suelo con las piernas abiertas masturbándose viendo follar a su familia, perdiendo el equilibrio.

    —Somos libres. —le dijo Luis sujetándola impidiendo que cayese — Ese es nuestro secreto, Miriam. Somos nosotros mismos, libres de prejuicios, libres de tabúes. Nos dejamos llevar y disfrutamos de ello. —Miriam observo la cadena que llevaba Luís en la mano. Siguió los eslabones y observo como el extremo estaba enganchado al collar de Olga que estaba arrodillada detrás de él.

    —Déjese llevar señorita Martínez. —Dijo Olga sentándose sobre sus talones adoptando la postura de espera de órdenes.— Únase a nuestra familia y sea libre usted también.

    Miriam trató de llamar a Jaime pero las palabras murieron en su boca al ver como Jaime sacaba la polla del interior de su hermana y comenzaba a correrse sobre su espalda. En ese momento, Sara se abalanzó sobre Rebeca y comenzó a lamer su espalda, saboreando cada gota de la corrida de Jaime. Cuando no quedó ni rastro de ella, apartó a su hermano, se aferró al culo de Rebeca y comenzó a lamerlo, introduciendo la lengua en el tratando de recoger cualquier mínima gota de semen que hubiese quedado alojado en el recto de su hermana.

    Jaime tras incorporarse se acercó a Miriam e hizo caer los tirantes del vestido de esta. Esperaba que su vestido terminase en el suelo y se mostrase desnuda ante su familia pero Miriam lo impidió sujetando rápidamente su vestido, mas no pudo impedir que sus pechos quedasen liberados y saliesen a la luz.

    —Vámonos Jaime. —imploró Miriam

    —Libérate preciosa. Seremos muy felices.

    —No puedo. Esto es demasiado. —las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos.

    —Únete a nosotros. Sé parte de nuestra familia. Te quiero.

    Todos los presentes se detuvieron y contemplaron en silencio la escena deseando que Miriam cediese y se uniese a ellos, pero lejos de claudicar, Miriam comenzó a correr hacia la salida siendo seguida por Jaime.

    —No puedo, Jaime. NO puedo!! —dijo Miriam entre lágrimas.— Esto es demasiado para mí.

    —Por favor, no te vayas.

    —Ven conmigo, Jaime. Llévame a casa, por favor.

    —No puedo, mi sitio está aquí. Con mi familia. —dijo Jaime retrocediendo y volviendo al salón.

    Cuando entró en el salón vio que todos miraban a su padre que estaba hablando por teléfono y las lágrimas brotaban de sus ojos.

    —Que ocurre, papá?

    —Es tu abuelo, Jaime…

    —Mi abuelo? Pero si yo no tengo abuelos. —le interrumpió este.

    —No hemos sido del todo sinceros contigo, Jaime. Tu abuelo acaba de morir ahora mismo.

    Todos los presentes comenzaron a sollozar y, uno a uno, el personal de servicio se fue arrodillando a la vez que repetían:

    «Entrego mi Cuerpo y mi Alma al nuevo Señor de LA ISLA.»

    —Mamá, que ocurre? Qué coño está pasando? —esta vez era Jaime quien miraba incrédulo lo que sucedía a su alrededor.

    Como única respuesta su madre se arrodilló e inclinando la cabeza repitió a su vez.

    «Entrego mi Cuerpo y mi Alma al nuevo Señor de LA ISLA»

    Rebeca y Sara imitaron a su madre e hincaron la rodilla en el suelo recitando a la vez:

    «Entrego mi Cuerpo y mi Alma al nuevo Señor de LA ISLA.»

    Detrás de sus hermanas apareció Miriam desnuda y colocándose a la altura de estas, las imitó e hizo el juramento:

    «Entrego mi Cuerpo y mi Alma al nuevo Señor de LA ISLA.»

    Jaime no entendía nada, que cojones estaban haciendo todos? Que hacía Miriam? Por qué los imitaba? Quién coño era el Señor de la Isla? Que hostias era LA ISLA?

    —Papá? Que sucede? —preguntó tomando a su padre de los hombros.

    —Tenemos que hablar, Jaime. Tenemos que contarte la verdad sobre nuestra familia.

    Cuando terminó la frase, Luis retrocedió un paso y ante la sorpresa de Jaime, se arrodillo delante de él e hizo el juramento:

    «Entrego mi Cuerpo y mi Alma al nuevo Señor de LA ISLA».

  • Aventuras en el Call Center (Parte 3)

    Aventuras en el Call Center (Parte 3)

    Antes de comenzar, me ha sorprendido recibir un par de mails en mi correo con preguntas sobre mi persona y sobre los relatos, no es algo que esperara pero me ha agradado, responderé dos de ellas. Igual ante cualquier duda sería más divertido en comentarios.

    ‘¿Aun sigues con tu pareja?’

    Tengo pareja, es todo lo que diré.

    ‘¿Tendrías sexo casual con alguien a quien no conoces?’

    Sí, es algo que en especial me calienta mucho, pero es complicado por mi poca disposición de tiempo y que obviamente tiene que ser un secreto, lo cual imposibilita en gran medida que ocurra salvo algo que ocurra en el momento.

    Ahora sí, continuemos con la historia.

    No quería salir del calor que ella emanaba, no quería dejar de sentir su aroma, no quería levantarme y volver a casa, pero así como había sido nuestro encuentro de sublime cruel era la realidad de que ese no era mi lugar y que lo nuestro solo era una amistad.

    Procedí a levantarme y la mire una última vez, desnuda devolviéndome la mirada satisfecha aunque nunca he podido comprender sobre si estaba satisfecha por el sexo o porque había captado que esto no era amor, a lo mejor ambas, me lave delicadamente y me vestí, le di un último beso que duro más de lo normal y salí de su depa, aún tenía algo de tiempo así que camine para quitarme el adormecimiento del cuerpo, el sabor de su sudor de mi boca y la sensación residual de su ano apretando mi pene.

    Tuve miedo de tener todavía su olor, o llevar algún rastro de cabello en mi ropa, debo admitir que en ningún momento me sentí más expuesto ante el mundo como aquel, pero por algún motivo, en mí ya no existía ese remordimiento. Solo no quería ser descubierto y eso me hizo sentir peor.

    Mi pareja continuo ignorándome y rechazando cualquier muestra de afecto, a la vez que me miraba sobre el hombro por cada acción que hacía, criticándome en momentos por cosas que ella había exigido que se hicieran de tal modo en ocasiones anteriores, la afronte y le dije que si ella quería que termináramos, que no tenía sentido su cambio tan repentino, sus ataques, su crueldad, ella solo miro a un lado y dijo:

    —¿ya te buscaste a otra, verdad?

    —No, te amo solo a ti.

    Y aunque parezca cínico, si, la amaba solo a ella y hubiera dejado a cualquiera por ella sin pensarlo.

    —No sé qué me pasa, en serio, no lo sé, yo… veo lo que hago y me detesto pero no puedo parar

    Ligeras lágrimas salieron de sus ojos y mi corazón se rompió.

    La abracé y la bese, ella correspondió mi beso y me abrazo a la vez que su beso aumento la intensidad, la tome de la cabellera y ella agarro mi pene sobre mi pijama, mordí su boca y ella gimió, ya no pensábamos y nuestros cuerpos solo querían acercarse, era como si todo el deseo acumulado se liberara.

    Tú siempre serás mía, entiéndelo a la vez que la colocaba contra la pared de espaldas a mí y le bajaba el pantalón, mordí su hombro con lujuria mientras mi mano manoseaba su vagina, ella intento agarrar mi pene y como respuesta tuvo una fuerte nalgada.

    —No te he dado permiso de tocarme, Puta

    —Lo siento, Amo.

    Dijo entre gemidos.

    —Más, más tócame más por favor, Amo.

    Mis dedos jugaban con su clítoris, lo apretaban y presionaban a la vez que se movían muy rápido, sentí los jugos de su vagina empapar mis dedos y baje a lamer hasta la última gota en su vagina y ano.

    Coloque mi pene en la entrada de su ano y ella dijo

    —Primero los dedos, hace mucho que no… ahh!

    No termino de decir la frase y mi pene ya estaba entrando en su ano, me recibió sin problemas, como si nunca me hubiera ido, su amo me abrazo el pene con cariño y delicadeza, pero con presión, ella evito gritar por un segundo y posterior a eso me miro, una mirada entre odio y pasión, entre deseo y rabia, le escupió el rostro y la tome del cabello pegándola contra el muro y procedí a follarla sin compasión, ella no se controlaba, solo gemía y pedía más, la voltee y me cambie el condón que se había roto en la parte de la base, la bese en la boca y la hice chupármelo, la acosté en la alfombra y procedí a penetrar su vagina con rabia hasta que ella se corrió conmigo adentro. Posterior a eso se levantó y me chupo el pene, pidiéndome que me corriera en su boca. Yo no me logre correr… después de cansarnos le dije que eso pasaba que yo tardaba mucho en correrme y ella. Ella solo se recogió su ropa y se fue a acostar, no me volvió a hablar en toda la noche y al día siguiente, nada había cambiado.