Blog

  • El club de debate (Parte 2)

    El club de debate (Parte 2)

    Las cuatro salieron al instante de la reunión muertas de la risa, yo me fui a casa y en todo el viaje de regreso no fui capaz de que bajara mi erección. Las situación me había puesto muy caliente ¿le habrá gustado a Sofía lo que vio? que se mordiera los labios debió significar algo ¿tendría alguna posibilidad de cogérmela? Montse había dicho que tenía una bonita polla, de seguro a ella si me la podría coger, todo esto pasaba por mi mente justo antes comenzar a hacerme una buena paja mientras los recuerdos seguían frescos (aunque siguen frescos hasta el día de hoy).

    Eran las 7 AM. Vivía cerca del instituto, por lo que una hora bastaba para la ducha, ponerme la ropa y tomar el desayuno, pero ese día no fue así, desperté con una erección incluso peor que las del día anterior, había tenido unos maravillosos sueños eróticos con las putas del salón como protagonistas. Me duche con agua fría para ver si se me pasaba y no dio resultados, desayune intentando pensar en otras cosas, pero tampoco se me bajo, decidí que lo mejor sería hacerme una paja, ya que, así como andaba no podía entrar al salón. Debido a esta decisión de última hora llegue tarde a la clase y tuve que esperar fuera de la sala a que el profe nos dejara entrar. Allí también estaba Montse, quien solía llegar tarde a todas las clases.

    Montse: Hola Fernandito. ¿Cómo dormiste?

    Yo: N… bien, supongo.

    Montse: No te habrás estado tocando pensando en mí. ¿Verdad?

    Me puse rojo como un tomate y no sabía que decir, por suerte el profe abrió la puerta y nos dejó entrar, note que mi asiento (adelante, frente al escritorio del profesor) estaba ocupado por Ricardo. Ya me disponía a echarlo cuando el profe dice: los atrasados siéntense en el puesto desocupado, en la esquina del fondo. Oí como Antonia y Sofía se reía y vi que Montse les sacaba la lengua a ambas.

    Me senté lo más lejos que pude de Montse, pero esta acomodo su silla arrimándose a mí. Pensé que lo mejor sería concentrarme en la clase.

    Montse: ¿Entonces si te tocaste?

    Yo: Ahhh, quiero poner atención.

    Montse: No te preocupes, la mitad de los chicos de la clase lo hacen a diario jajaja.

    (No respondí, ella se calló por unos minutos y saco su celular, dejándome en paz por un rato, pero estaba lejos de rendirse)

    Montse: Mira, este chico me envió una foto de su polla (mostrándome una conversación de whatsapp) ¿qué foto crees que le guste más?

    ¿Esta? mostrándome una foto hermosa donde salía frente a un espejo. Vestida tan solo con un bar y una tanguita negra de encaje, con una dedo puesto eróticamente sobre sus labios y la otra mano en una de sus tetas. ¿O esta otra? (desplazando su dedo para mostrarme una foto con la misma ropa pero en cuatro patas sobre la cama dejando ver su pequeño. pero hermoso y redondito trasero). No atine a nada más que balbucear mientras notaba como mi polla se esforzaba por salir de su prisión color gris.

    Montse: Te hice una pregunta.

    Yo: La… las dos son muy bonitas.

    Montse: Ya, pero no puedo mandarle las dos… ¿acaso crees que soy una zorra?

    Yo: Pues creo… creo que la primera, ese piercing es muy sexy.

    Montse: ¿Crees que soy sexy?

    Yo: Sí que lo eres.

    Montse: gracias, digo ya lo sé, pero siempre es bueno oírlo. (Besando mi mejilla tiernamente)

    Sonó el zumbido de su celular y sonrió diciendo: Mira que gilipollas, no han pasado ni 5 minutos y ya se corrió… (Mostrándome la foto de un abdomen cubierto de semen) ¿Tú también duras tan poco?

    Yo: Claro que no.

    Montse: ¿en serio? pues no te creo, vas a tener que demostrármelo

    Yo: ¿A… Ahora?

    Montse: ¿Sino cuándo?

    Yo: Pero podrían vernos. (Dije asustado)

    Montse: Claro que no, estamos al fondo, nadie nos ve… además puedes cubrirte con mi chaqueta

    Yo: Me da susto

    Montse: hazloooo, prometo que voy recompensarte bien

    Yo: OK, lo hare

    Las palabras salieron de mi boca como si otro las hubiera pronunciado, me arrepentí al instante, pero al ver la carita de viciosa con la que me miraba Montse junté coraje y baje suavemente el cierre del pantalón de uniforme para sacar mi polla que no daba más dentro de esa prisión de tela. Montse quedo boquiabierta y con una cara de puta que no olvidare jamás, me puso la chaqueta sobre la polla diciendo ¿qué esperas?

    No sé qué fuerzas comandaban mi mente, todo eso era una estupidez, pero ahí estaba yo, subiendo y bajando mi mano alrededor de mi polla, solo porque Montse me había desafiado.

    Ella estaba excitadísima viendo como su chaqueta subía y bajaba escondiendo la tremenda paja que me estaba haciendo Ya llevaba un buen rato así cuando le digo al oído que estoy por correrme, a lo que responde gritando en voz alta -Profe, no me quedo claro lo último que explicó.

    Toda la clase se dio vuelta a mirar, era primera vez que Montse participaba en una clase por lo que hasta el profe se extrañó.

    Profe: Pues claro, si estas toda la clase con el celular… pregúntele a sus compañeros en el recreo, yo tengo que avanzar con la materia.

    Que suerte que el profe era un hijo de puta, a clase se rio y volvieron a fijar la vista en el profe, con lo cual pude volver a moverme, ya que había quedado paralizado del susto.

    Yo: ¿Pero qué mierda ha sido eso?

    Montse: Jajaja hubieras visto la cara que pusiste Fernandito…

    Enojado empecé a guardar mi polla dentro del pantalón.

    Montse: ¿Qué haces?

    Yo: No creerás que voy a seguir después de que casi me descubren por tu culpa

    Montse: Pues si no sigues tú, seguiré yo.

    (Estira su mano hasta mi polla en un exquisito sube y baja que hizo desaparecer mi enojo en menos de un segundo)

    Yo: Mhhhh… Que bien se siente,

    Montse: ¿Ya te la habían tocado antes?

    Yo: Nunca… creo que ahora si me iré.

    Montse: No vayas a estropear mi chaqueta novato!, costo carísima.

    Yo: ¿Y qué quieres que haga?

    Montse: Déjamelo a mi

    Tiro a propósito un bolígrafo al suelo y se agacho para recogerlo, pero antes de reincorporarse llevo su boca hasta mi polla y la engullo completamente mientras movía de manera juguetona su lengua sobre mi glande. Nunca había sentido nada tan placentero en la vida… mi polla entró y salió de su boca tan solo un par de veces antes de estallar en un corrida monumental, que le lleno la boca a la puta de mi compañera. Entre las pajas del día de ayer y la última de la mañana, no sabía de donde salía tanto semen, pero Montse volvió a su asiento con la boca inflada de tan llena y arranco una hoja de su cuaderno para depositar la enorme cantidad de semen que había recibido su boca. Arrugo el papel y camino hasta el basurero para botarlo, cuando venía de vuelta reparo en que una gota de leche chorreaba desde su labio inferior a su barbilla… con un dedo tomo el resto de semen que le quedaba y lo llevo a su boca para luego relamerse los labios en un gesto digno de actriz porno.

    Justo en ese momento escuché la carcajada de Antonia, quien al parecer se había percatado de la situación. Sofía, que estaba sentada a su lado se giró bruscamente para mirarme con una expresión de odio que jamás hubiera pensado que pudiera emanar de su dulce rostro. Montse volvió a sentarse mientras el profe expulsaba de la sala a Antonia por su repentina y poco discreta carcajada.

    Montse: Es verdad que durabas más, tendrás tu recompensa pronto… solo una duda Fernandito ¿ayer te pajeaste pensando en mí?

    Yo: Ayer dos veces y hoy en la mañana otra

    Montse sonrió coquetamente, sin percatarse de que su amiga Sofía no fulminaba con la mirada.

    Continuará…

    *********

    Si les gusto este relato y quieren que continúe la historia, no olviden hacérmelo saber. Pueden escribirme a al correo: [email protected].

  • Ya soy el puto del equipo (XV)

    Ya soy el puto del equipo (XV)

    La orgía en la casa de la playa.

    Jamás he visto gente tan puntual. Abelardo les había dicho que no vinieran a las 9 sino a las 8 de la mañana porque habría desayuno para todos. El propio Abelardo organizó este desayuno con mi taita para podérselos presentar y que no pasaran solo por la puerta. Abelardo se había ganado del todo el corazón de mi taita y ella el corazón de mi chico. Todo eso me hacía feliz.

    La verdad es que me había pasado muchos años solo en casa, acompañado de mi taita y ella preocupada porque no me buscaba amigos. De pronto el fútbol arregló mi vida, como ella dice, comenzó a ver un trasiego de amigos por casa. También ella se benefició de esto porque, de estar tan dedicada exclusivamente a mí, no tenía amigos con quieres charlar, ahora ya tenía su mejor amiga, la mamá de Abelardo. Además desde el día que estuvieron algunos padres en casa, ya se conocían y de vez en cuando se había encontrado con alguno y se saludaban, como el día que llegamos de la sierra, luego nos contaba que todo el mundo la saludaba como si fuera mi mamá. A ella le parecía maravilloso que yo ya tuviera amigos y también tener ella amiga y buenos conocidos.

    Tras el desayuno, aunque ya habían saludado a mi taita antes cuando Abelardo les presentó «a la señora Rosita», quisieron despedirse de la señora Rosita. Cuando salía yo de casa, antes de cerrar la puerta me dijo mi taita:

    — Cuando vengáis ya le diré a Abelardo lo suyo, mira que presentarme como «señora Rosita», como si no fuera suficiente presentarme como «Rosita».

    — Estos chicos están acostumbrados a tratar a las mujeres importantes de la casa de «señora», son educados, —le expliqué.

    — ¿Acaso yo soy importante en esta casa?, —preguntó.

    — Eres mi taita, no tengo a nadie más, eres pues la mujer más importante de esta casa, y yo el chico guapo más importante de esta casa, porque tú me has criado.

    — Ven que te dé un beso, guapo.

    ***** ***** *****

    Salimos a la calle, ya estaban los dos taxis esperando. Me fijé en los taxistas. ¿Habrán visto cosas los taxistas en la gente que les sube a sus taxis? Pues en cuanto nos vieron salir, disimuladamente, ambos taxistas se sonrieron por nuestra traza y porte. Yo mismo también lo hice cuando los vi. Empecemos primero que nada con su porte externo que es lo que hizo sonreír a los taxistas.

    Frasquito no solo es gay, es pasivo, amaneradamente afeminado con cinta indiscretamente roja a la cabeza, ¿una camiseta?, no, lo que llevaba era un «crop top» blanco con unas letras que decían: «I’M THEIR BITCH» y un short muy corto, por supuesto cortado a tijera y ligeramente deshilachado, el bolsillo trasero de la izquierda no existía mostrando media nalga. No se le salía su pene por la tanguita de encaje que no se veía. Sus zapatillas rojas con flores y su bolsita con dos margaritas bordadas. Fue el más escandaloso, por decirlo de alguna manera, pues hasta las uñas de las manos llevaba pintadas en negro.

    Santi iba con un mono de jean, corto, con pechera y un tirante de tela vaquera que le iba de un extremo de la pechera a la parte contraria cruzando la espalda hasta llegar a la presilla del short donde había una hebilla para el asunto. Delante, en la pechera, un bolsillo para poner sus documentos y estaba escrito con tinta indeleble «SU NOVIO».

    Martín llevaba un mameluco vintage, camisa y pantalón corto de una sola pieza abotonado exterior hasta la cintura y una cremallera invisible en la bragueta, su color era predominantemente azul en la parte superior y rojo en la inferior. En la parte del pecho llevaba una imagen similar a las de la película avatar, un paisaje con monstruos en las costillas y abdomen y flores en la delantera con dos manos azules de la figura como si quisieran acariciar el paquete. Fue el más original y bonito.

    Canales llevaba una camiseta sin mangas con cuello en punta que llega hasta el final del esternón. Un jean muy desgastado hasta la pantorrilla. Llevaba sus documentos en en un bolsillo trasero. Calzaba botas rojas con media invisibles. Llevaba su pelo largo recogido en una coleta formando un topo a la altura de la coronilla. Canales y Martín iban cogidos de la mano, por si no se notaba.

    Leoncio ceñía un mono corto muy ajustado, de mezclilla, marcando paquete, con peto y tirantes de la misma tela en marrón claro que se cruzaban en la espalda. No llevaba camiseta, la tenía dentro de una bandolera que se ajustaba al hombro. Zapatillas blancas con medias invisibles.

    Mauricio llevaba short jean corto, camiseta de tirantes roja muy sesgada, que recogió de mi armario, una gorra que vio por casa y le gustó e iba descalzo, sus sayonaras estaban en la casa de la playa.

    Abelardo, llevaba un pantalón corto rojo, una camiseta muy sesgada en verde, gorra amarilla y zapatillas blancas. Parecía el parchís.

    Yo vestía un short muy corto jean, una camiseta gris con manchas verdes muy gastada y en una bolsa puse las zapatillas para salir como Mauricio descalzo.

    Pusimos tres bolsos de cosas que había preparado mi taita en el maletero de los taxis. Emprendimos la marcha y en unos 25 minutos habíamos llegado, lo que hicimos fue descargar todo, bebidas y otros comestibles en la nevera, en una bolsa el que quiso puso su camiseta y sus documentos. Me la puse al hombro y salimos todos en bañador tipo speedos para desnudarnos al borde del mar y meternos al agua de inmediato.

    El puto de Frasquito nadaba como un pez en el mar y un instante después nos estaba llamando pegado a la boya. Nos fuimos para allí y respiramos un poco, luego volvimos nadando. El mar estaba supremo, el agua ni caliente ni fría, muy templada y agradable al cuerpo, las olas de bajo nivel que en la boya solo parecía una piscina grande. Nos pusimos a tomar el sol y a dormitar, al parecer todos teníamos sueño.

    Empezamos a contar cada uno nuestras peripecias. Santi había dormido en la casa de Frasquito y habían salido de allí hasta mi casa. Canales y Martín habían dormido en la casa de Canales. Leoncio fue el único que durmió solo, porque Abelardo, Mauricio y yo dormimos como perras en la enorme cama de mi habitación. Cuando Frasquito contó como le follaba Santi nos reíamos agarrándonos la barriga, porque era muy gracioso. Creo que exageró mucho, pero dijo que follaron toda la noche sin pegar ojo. Además lo contaba tratándose de femenino, se le notaba muy libre entre nosotros. Decía, por ejemplo:

    — Santi se cansa pronto y dice esta es la última, no más, yo le decía: Imposible, esta perra no ha venido a dormir contigo para que me dejes abandonada, a mí me partes el culo o se me parte el corazón.

    Frases como estas y de peor calibre nos hacía reír cada instante. Santi de vez en cuando movía la cabeza de un lado a otro diciendo que se trataba de invención, pero le incitábamos a contar y dijo otras como esta:

    — Yo soy la puta de todos vosotros, si no me folláis todos no quedaré satisfecha y os odiare, porque con lo cerda que soy quiero el semen de los todos los asistentes a la vez en mi boca, ¡putona que es una!

    Nada le dejó hablar a Santi. Cuando él quería contar algo, Frasquito le cortaba la palabra:

    — No seas mentirosa, pareces una vieja de barriada pobre, —y seguía con su historia.

    Por el contrario Canales y Martín eran escuetos, solo tenían interés de contar que se habían hecho novios declarados solo para los compañeros del equipo. Todavía no se habían declarado en casa, aunque Canales decía que en su casa se lo imaginaban, lo mismo decía Martín, pero que no sentía la necesidad de poner a discusión una realidad personal.

    Abelardo se encargó de decir que nosotros dos adoramos a Mauricio y que lo hemos convertido en nuestro macho, que huele muy a macho y añadió que a mí me folló y me puse a gritar como una mujer de modo que Mauricio pensaba que por fin follaba a su novia.

    — Que no, Mauri, que no, jamás follarás a tu novia como a nosotras —iba contando Frasquito—, porque nosotras somos dóciles, quieres que gritemos, gritamos, quieres que aguantemos en silencio, somos silenciosas. Nosotras somos dóciles. Cuando tengas hijos, dos o tres, porque sé que tú chancarás bien a tu novia, pero si vienes con nosotros y nos pides una mamadita o el culito te diremos, hala mono, métemela, guapo, sea a la hora que sea, a las mujeres les duele la cabeza enseguida y no tienen ganas, nosotras estamos disponibles de noche, de mañana, a medio día y en el autobús si nos necesitas.

    Lo decía tan afeminadamente y con un acento tan amanerado que nuestras risas eran imparables.

    — Lo nuestro es una polla en el culo, cuanto más grande mejor, lo demás es para el entretiempo, — decía Frasquito.

    Leoncio nos explicó que como no salió esa noche con nadie, con un par de pajas ya estaba durmiendo. Entonces Frasquito le dijo:

    — Mira, nene, aquí tienes siete pollas y siete culos, tú elige lo que más te guste y vas alternando, esa abstinencia te la vamos a consolar.

    Menudo panorama se presentaba, menos mal que a todos nos gustaba el sol y la arena, el agua del mar y el sexo por igual, pero Frasquito era imparable.

    Salimos a comer con la rutina predeterminada, al salir de la nudista, slip de baño puesto y al restaurante, sentarnos en la terraza en un lugar con dos mesas para aposentarnos los 8. Comimos bien y Abelardo ya habló con el dueño para que estuviera todo preparado para los cuatro días siguientes, a fin de no acabar tan tarde, pues ese día ya no regresamos a la playa sino que fuimos por el paseo marítimo a casa. Pusimos un par de películas y todos nos dormimos sobre los sofás.

    Cuando despertamos uno tras otro lo primero que hicimos fue ir al baño, mear, pues habíamos consumido bastante cerveza en la comida. Luego Mauricio nos invitó a todos a pasar a las zonas externas donde había piscina y duchas y que nos laváramos incluso el recto. Como habíamos puesto unas cuantas perillas para hacernos edemas de agua tibia tal como salía en esas ducha nos limpiamos unos a otros para que nos sirviera para calentar el apetito sexual y una vez contagiados del ardor erótico y secos nos volviéramos a la sala, donde habíamos preparado los cuatro sofás en los habíamos dormitado, eran dos que habitualmente estaban allí y dos de otra salita al final de las habitaciones. Habíamos sacamos la mayor y más gruesa de las alfombras que estaban en el trastero para echarla al suelo. En la pared del fondo había una estrecha mesa larga para floreros y los habíamos quitado con el fin de poner bebidas y condones. Mauricio que se había encargado del asunto de los condones, los dejó a la vista, lo mismo que los tubos de lubricante KY, que de inmediato colocó en la mesa junto a unos vasos y unas botellas de agua.

    Abelardo nos apremió para ir a la sala, mientras yo recogía unas botellas de ginebra, whisky y vodka para meterlas en la mesa estrecha. Cuando llegué ya estaban esparcidos, sentados muy cómodamente sobre los sofás, ya se habían desprendido de las toallas y estaban muy ocupados mutuamente tocándose los cuerpos uno del otro. Esa visión me los hizo muy atractivos para mí y todo lo que tenía que hacer era acercarme a uno de ellos para que todo comenzara. Lo hice con Mauricio que lo veía solitario y me dejé quitar mi toalla por él para luego darnos un beso. Al oído le dije

    — Este es para Alicia, trátame como si fuera ella y hazme lo que quisieras hacerle, así te vas preparando.

    Me sonrió y metió más lengua en mi boca. Me encantó el rubio que tenía el pelo todavía más largo que cuando estuvimos en la sierra. Con su beso y su abrazo apretando mis nalgas me percaté aún más de su gran constitución y su polla que tenía al menos casi 23 cm. de largo.

    — ¿Cuánto de largo exactamente?, —le pregunté.

    — 22,86 cm. —me sopló al oído.

    Nos miramos, sonreímos y él me demostró que estaba dispuesto a todo, levantó sus cejas, como para preguntarme si yo estaba dispuesto.

    — Lo que más deseo es que me folles total, sin más miramientos que el cariño que le tienes a tu chica, —le dije suave y sin rubor.

    Me dio de nuevo un fuerte abrazo y me susurró al oído:

    — Tienes el tipo de cuerpo que realmente me va; es lo que más me gusta de ti, lo suave y débil que te siento y te digo que por mi parte cualquier cosa que quieras hacerme o que yo te haga, me parece bien.

    Lo miré, lo besé y me dije a mí mismo «¡qué afortunado soy de tenerlo y que me desee!» Mientras tanto, Abelardo me miraba con ojos entre la picardía y los celos.

    Nos juntamos con el resto de los muchachos en la alfombra y decidí hacer un 69 con Mauricio, nos colocamos en esa posición. Comenzó Mauricio a chuparme de inmediato mientras me yo acariciaba y jugaba por unos momentos su gran polla. Finalmente, me miró y dijo:

    — Chúpame, hombre, ¡que quiero correrme!

    Rápidamente acepté y comencé un movimiento rápido hacia arriba y hacia abajo sobre su larga y rígida polla. Él gimió de satisfacción y comenzó a chuparme más y más fuerte. ¡Joder, me puso en los cielos del placer! Podría haber mantenido esta actividad durante un buen rato, pero de repente sus caderas comenzaron a bombear su polla cada vez más profundamente en mi garganta y supe que estaba listo para correrse. Como los dos estábamos usando condones, no pude probar su semen, pero pude sentir que llenaba la cabeza de su condón. Pronto me vino a mí el orgasmo y embarranqué una carga propia en el condón que él tenía en su boca y notó los golpes. Una vez concluido nosotros orgasmos, se enderezó sobre un codo y dijo:

    — Gracias, Doro, ¡eso ha estado bueno!

    — El tuyo ha sido también maravilloso —le iba diciendo y le pregunté:— ¿qué quieres hacer cuando estén nuestros huevos de nuevo llenos de esperma?, ¿puedo follarte o quieres follarme?

    Mauricio dijo:

    — ¿No te parece que sería mejor seguir una rutina que comprenda follar a todos y que todos te follen y luego añadimos las extras si hay tiempo? ¡Me encantaría mamar y ser mamado, follar a todos y ser follado por todos los machos que están por ahí.

    Se levantó y se dirigió al baño para desechar su condón y lavarse. Era mi primera orgía formal, las otras eran cosas menores. Al parecer para Mauricio no era la primera y por eso daba órdenes a todo el mundo: «Vosotros, cambiad ya de pareja, que esto fluya» Y le hacíamos caso. Así que entendí que se trataba de sexo con uno, ir al baño, tirar el condón usado, lavarse, tomar otro condón y sentarse hasta que los huevos se llenen o juntarse con otro con el que no hayas estado. Parece que lo había dicho a todo el mundo y ya lo sabíamos.

    Me levanté y me fui a tomar una copa de whisky, se me acercó Abelardo y le serví una a él, mientras me decía:

    — ¿A quién quieres te te envíe?

    — Quiero follar a Frasquito, —respondí.

    Le di mi condón usado y lo tiró a un tacho bajo la mesa, diciéndome:

    — Acaba el whisky y vete a lavarte.

    Una vez lavado y desnudo fui a sentarme donde estaba mi toalla, el calor se encargó de secarme. Al poco rato, Frasquito vino y se sentó a mi lado, me dio un beso muy húmedo, se volvió de lado en el sofá, se deslizó un poco hacia abajo, separó sus piernas y me dio una visión clara de su polla que iba lentamente creciendo. Y le dije

    — Vaya, Frasquito, tuviste una polla muy buena en tu culo, ¿eh? No es que sea terriblemente larga, pero es muy gorda, con un gran cipote en forma de cuña. Ahora debe tocarte a ti meterla a alguien ¿no te parece?

    Me moví de la misma manera que había hecho él para que también pudiera verme mi hoyito y mi polla. Se acercó, tomó mi polla con ambas manos y comenzó a acariciarla. Para no quedarme atrás, hice lo mismo y ambos nos sonreímos mutuamente. En este momento, ya era bastante obvio que íbamos a ser los próximo compañeros en la orgía. Cuando los dos estábamos completamente erectos, se levantó, me ayudó a levantarme, me pasó el brazo por los hombros y me llevó a la alfombra.

    Ya llevaba el condón en sus manos y me dijo:

    — Si te parece bien, Doro, quiero follarte como un tonto porque sé que te gusta y quiero darte ese gusto, más tarde voy a querer que me busques para follarme, así que vete preparando un condón y póntelo.

    Le dije que no tenía ningún problema con que me jodiera, pero que no necesitaría un condón para que él me follara, si ya lo tenía puesto.

    — Nunca me pongo cuando me van a follar, —concluí.

    Pero él replicó:

    — ¡Qué equivocado estás en esta ocasión! Todos los compañeros con los que follo se corren cuando los estoy follando y a tu polla le pasará mi mismo, ¡con lo buena que está la maldita!

    Tomó un condón, agarró mi polla rígida y lo deslizó sobre mi pene.

    Una vez sobre la alfombra me pregunta:

    — ¿Qué prefieres boca abajo boca arriba?

    — Preferiría estar sobre mi espalda para poder verlo todo, —le dije.

    — Esa es mi posición favorita también, — me dijo, mientras procedió a agarrarme de las piernas y metérselas sobre los hombros luego primero aplicaba KY a su condón y después a mi culo y mi agujero hacia dentro.

    Cuando su dedo pulgar golpeó mi próstata, ¡pensé que vendría en ese momento el calambrazo! Se rió, me recordó que los compañeros con los que folla siempre se corren todos antes que me metan dos dedos gordos en el culo para soltarme luego su gorda polla, y si no les advierte se quedan con las ganas de follarlo. La verdad es que no era muy larga su polla, pero sí era muy gorda. Solo verla ya me extrañó cómo es que la naturaleza tiene gustos tan raros.

    Cuando pensó que estaba lo suficientemente preparado, lentamente sacó sus dedos, colocó su cipote en forma de cuña sobre mi culo excitante y comenzó a presionar. Me empujé contra él y, antes de lo que menos esperábamos, su gran cipote y unos 5 cm. de su tranca estaban firmemente dentro de mí. Me dolió mucho al principio y no pude evitar mostrarlo en mi cara. Me observó de cerca y cuando ya comenzaba a relajarme, otra vez me cogió por sorpresa para meterme otros 5 cm. más de polla en mi culo. De nuevo esperó hasta que le guiñé el ojo indicándole que aceptaba que continuase. Me miró fijo dudando, metí el dedo para ver la polla que faltaba entrar y me reí, aun dolorido, porque solo faltaban unos 3 centímetros. Así que le dije en voz alta:

    — ¡Ándale, maricón!, ¿tienes miedo?

    Se rió antes de que me clavara el resto de su polla en el culo y comenzara a actuar de forma lenta pero constante. Esa pequeña penetración me hizo rabiar y raspaba las paredes de mi entrada. Y es que a él se la hacía más gorda de la cabeza a la base de modo progresivo. Cuando por fin se hizo evidente que yo ya lo estaba disfrutando más y más, él aumentó el ritmo de modo que entraba y salía completamente —yo lo veía—; estaba fuera su cipote y lo metía, entonces sentía sus huevos chocar en mi culo, así bombeaba contra mi culo tan rápido como podía. Se retiraba por completo, unas veces accidentalmente pero otras claramente deliberadas, y luego lo introducía sin pausa. ¡Me encantó! y grité:

    — ¡Bueno, joder, bueno! Sigue, dale, sigue, adentro, ¡ah, ah!

    Después de una larga follada mientras yo decía: «adentro, sigue, dale, sigue», me percaté de que ya estaba cerca de correrse. Comenzó a respirar más fuerte y todo su cuerpo comenzó a temblar. Inmediatamente antes de correrse, me miró, sonrió y retiró su polla hasta que metió su gran cipote en forma de cuña, que llegó justo al lado de mi próstata. Hasta ese momento me había encantado su jodida tan técnica, pero cuando comenzó a usar su cipote para masajear incesantemente mi próstata, ¡pensé que me volvería loco! Comenzó a sacudirme descontroladamente mientras él solo sonreía, diciendo:

    — ¡Ya te dije que todos mis compañeros de esta puta mierda de jodida se corren antes de que termine con ellos!

    ¡Joder!, ¡el maricón estaba en lo cierto! ¡Disparé más de lo que creo que había disparado nunca antes en el condón! Tan pronto como comencé a eyacular, él volvió a sus repetidos y duros golpes y pronto eyaculó su esperma en su condón.

    Cuando los dos estábamos completamente exhaustos, él salió de mí, se puso de pie, extendió su mano para ayudarme a levantarme y comenzó a caminar hacia Canales. Lo seguí y él entró en un baño y yo en otro. Mientras cerraba la puerta, me miró y dijo:

    — ¡Mierda, Doro! Nos vemos dentro de un rato, pero al revés, no dudes que soy la maricona del grupo, je je je, se fue riendo a buscar una presa.

    Cuando salí del baño, volví a la sala de la orgía con mi polla ya floja colgando de mí como un badajo de campana, me apoyé en la pared y observé a los otros tipos que se encontraban en un estado de recuperación similar: Frasquito toqueteando a Canales, Mauricio besándose con Abelardo, Leoncio aún estaba follando con Santi y daba gusto verlos cómo estaban de sudados, ninguno de los dos estaba aún a punto de correrse. A solo unos metros de mí noté a Martín con una pequeña toalla alrededor de su cintura, lo cual era totalmente inadecuado, porque cuando tenía su polla en reposo su cipote y unos 3 cm más de polla asomaban por debajo de la toalla. Supuse que Martín me estaba buscando, porque se había follado a Mauricio. Martín era un tipo corpulento, con músculos muy desarrollados, y una cara robusta y hermosa. Me acerqué a él y parece que nos encontramos queriendo:

    — ¿Qué puedo hacer por ti, Doro?, —me miraba sonriendo.

    Me dije mí mismo: «¡Ajá! ¡Definitivamente Martín está dispuesto a hacerme la vida agradable!»

    Me animé y le dije:

    — ¡Puedes!

    — ¿Qué?

    — Sé que te has follado con esa polla tuya a Mauricio que tampoco la tiene pequeña y ahora esperas que yo te la meta.

    — Así es, sin duda.

    — ¿No sería posible que me la metieras tú primero, antes de que se cierre mi culo?, —pregunté.

    — No, Dorito querido, aquí seguimos las reglas, te ha tocado la suerte loca, follar al de la polla más larga y gorda, pero te aseguro que mi culo te va a gustar más que mi polla. Ya verás cuán flotable es mi antro; prueba que no te arrepentirás. ¡Te gustará probarlo!, —fue la respuesta inapelable de Martín.

    Agarró mi polla y procedió a masajearla hasta lograr una erección completa, mientras que la suya creció rápidamente y pronto salió de su cuerpo. Se quitó su pequeña toalla, consiguió dos condones, uno de los cuales lo deslizó por mi polla y sin perder tiempo cubrió su polla con el otro.

    Lo seguí casi hasta la mitad de la sala donde encontramos un espacio sobre la alfombra lo suficientemente grande para los dos. Se puso de espaldas, se llevó las piernas al pecho y me entregó un tubo de KY. Cubrí mi condón con él y le apliqué una gran porción en el culo, en el agujero y en el tobogán de entrada. Mientras trabajaba mis dedos en su culo, me sonrió y dijo:

    — Tengo bastante experiencia en ser follado y me puedes embestir con tu polla en mi trasero sin ningún tipo de preliminares. Contesté:

    — Si así es como lo quieres, amigo Martín, ¿quién soy yo para discutirlo?

    Apunté mi polla en su amo y la hundí entera en todo su culo. Martín gruñó como nunca lo había hecho, hasta Canales levantó la vista asustado, pero Martín parecía poder asumirlo sin problemas, así que comencé mi rutina habitual de bombeo, saludando con la cabeza a Canales que jamás hubiera podido arrancar un grito así de su amado Martín. A pesar de haber implicado que había sido follado duro y con frecuencia, ¡encontré su culo extremadamente apretado! Sentí como si pequeños músculos dentro de su follado agujero estuvieran agarrando mi polla y masajeando mientras lo bombeaba. Si realmente estaba disfrutando ser follado o si esto era solo parte de su trabajo, nunca lo supe; ¡Pero sí sabía que lo estaba disfrutando tremendamente! Me contuve tanto como pude, pero al final sentí que volqué mi eyaculación de semen en el condón. Me pareció que a mayor dificultad, mejor era la carga que mis testículos me ofrecían.

    Cuando terminé, saqué mi polla, me levanté y le ofrecí mi mano para ayudarlo a levantarse. Caminamos hacia el baño juntos, pero esta vez él entró en el mismo que yo, me quitó el condón y procedió a lavar mi polla con suavidad pero a la perfección. Cuando hizo eso y se limpió, me tomó entre sus brazos musculosos y me dio un profundo beso penetrante. Luego me dio una palmadita en el culo, se dio la vuelta y salió sin decir una palabra.

    Hasta ese momento me había chupado uno, otro me había follado y había follado a un tercero; a tres tíos diferentes había complacido y me habían satisfecho. Esta se estaba convirtiendo en una de las tardes-noches más activas sexualmente que jamás había experimentado y comencé a preguntarme cuántas veces podría correrme en una tarde-noche. Cualquiera que fuera el número, ¡ciertamente iba a ser un récord para mí! Sin embargo, por el momento estaba totalmente agotado y me faltaban por lo menos cuatro, así que fui a la cocina a sacar algo para comer, pues como lo estaba yo estarían también los demás. No me equivoqué. Se vinieron como moscas a la mierda, a comer y satisfacerse el estómago para recuperar fuerzas, tan extenuados que conversábamos en voz baja.

    Lleno el estómago y con una copa en una mano, me iba a sentar en el sofá para reposar mi polla húmeda ya de pre semen, miré alrededor y vi rápidamente a Leoncio que estaba observándome con ganas y me pareció un rostro más agradable que nunca. Es que esa tarde todos eran agradables. Me acerqué a él y le pregunté si ya me tocaba unirme con él. Me echó una ojeada rápido con su eterna sonrisa y me dijo:

    — Claro, ¡me gustará la compañía!

    Me senté y mientras le daba la copa de whisky, ambos nos contamos cómo nos había ido hasta el momento en la orgía. Resultó que él, como yo, había sido mamado, jodido, y ya había follado, total a tres y estaba listo, recuperado el cuerpo, ¡para comenzar de nuevo todo el procedimiento!

    Sin necesidad de decírnoslo, ambos asumimos que éramos nuestra siguiente compañía sexual, ¡así que comenzamos a discutir quién de nosotros le haría qué al otro! Finalmente, decidimos ser muy científicos acerca de todo esto, así que tomó una pajilla de un recipiente que había sobre la mesa, la rompió en tercios desiguales, los metió en su puño cerrado para que solo se mostrara una cantidad igual de cada tercios y me dijo que tomara mi primera elección. Quien sacara la paja corta podría elegir lo que haríamos. Yo saqué la más larga, así que Leoncio ganó el sorteo, pero no me importó ni lo más mínimo. Estaba perfectamente dispuesto a tener relaciones sexuales con Leoncio y su pollaza, ¡no importa quién se montaba a quién!

    Como los dos habíamos follado y eyaculado tres veces en un tiempo relativamente breve, nos costaría un tiempo volver a despertar nuestras pollas. Primero jugábamos con el whisky. Él bebía un sorbo lo maceraba en la boca y me lo derramaba en mi boca, luego yo sorbía del vaso y lo maceraba hasta casi tragarlo y lo derramaba como si fuera una fuente en la suya, así tres veces hasta concluir el contenido del vaso. El whisky parecía más dulce macerado por boca ajena. Luego, pasamos a conversar de cosas en general que podrían convenir a los dos en el sentido de que parecía que disfrutábamos de la compañía del otro.

    Ambos comenzamos a tener erecciones, aunque cada uno de nosotros tenía que ayudar al otro un poco hacia el final. Leoncio tenía una gran polla y realmente disfruté ayudándole a conseguir la erección total desde una posición semi dura hasta una dura y completamente extendida También se demoró un buen rato intentando levantar mi polla, motivo por el que supongo que el sentimiento fue mutuo.

    Con un fuerte abrazo nos tumbamos en la alfombra sin necesidad de buscar espacio porque los demás no habían elegido todavía, por eso nos revolcamos primero para tocarnos del todo uno al otro. Leoncio dijo que quería chuparme la polla y que lamentaba que tuviéramos que usar condones; me dijo que realmente le gustaría tragarse mi semen. Dije que me sentía de la misma manera, pero al menos en ese momento los dos nos pusimos los condones y rápidamente nos pusimos en una posición de 69 de plano, uno sobre otro.

    Cada uno de nosotros comenzó a lamer y chupar las pelotas antes de comenzar a chupar de verdad la polla. ¡Joder, cómo estaba su boca de caliente! Hizo que mis pelotas se revolvieran para realizar un gran trabajo, tal como lo hice con él, y luego cada uno comenzamos con la polla del otro. Leoncio era obviamente un experto chupador de pollas y con frecuencia me tenía a punto de correrme, intercalaba espacios de quietud solo para aflojar un poco mi tensión, dejar que me calmara y luego comenzar de nuevo. Yo también quería hacer que durara, así que dupliqué su misma rutina. Ahora bien, lo que nos llevó a ambos al límite, fue cuando decidimos jodernos el culo del otro. Ninguno de los dos habíamos insertado un dedo durante más de uno o dos segundos antes de que alcanzáramos el clímax y disparásemos nuestra cuarta eyaculación de la tarde-noche en nuestros condones. Cada uno de nosotros continuó chupando la polla del otro hasta que quedamos totalmente lasos. Entonces, permitimos sin ganas liberar las pollas de nuestras bocas.

    Esta vez me levanté primero, ayudé a Leoncio a levantarse y ambos, cogidos de nuestras queridas nalgas por detrás de la cintura, nos dirigimos hacia los baños. Leoncio, sin prisa, entró conmigo en el baño y nos quitamos el condón y, sin decir una palabra, empezamos a lavar la polla. Cuando finalmente decidimos que la polla del otro estaba lo suficientemente limpia, ¡estábamos los dos empezando a tener otra erección! Nos abrazamos con fuerza mientras intercambiamos besos húmedos. Luego Leoncio me susurró al oído:

    — Doro, esta ha sido mi primera vez en toda mi vida que he hecho una orgía, pero sé que las reglas son porque se desea que todos nos vayamos por separado y no nos veamos de nuevo. ¡Creo que es una regla estúpida! Realmente disfruté de volver a tener sexo contigo y me gustaría que estos días nos embarremos del todo.

    Lo miré, sonreí y dije:

    — ¡Leoncio, nada me complacería más! Creo que haberme corrido cuatro veces en una tarde está por encima de mis posibilidades, ya no sé qué podré hacer hasta mañana por la mañana. ¿Sabes qué? El tiempo es nuestro y esta orgía también, démonos cuantas veces podamos y mientras podamos y dejémonos de reglas.

    Leoncio solo me sonrió, luego ambos nos fuimos y nos metimos en mi habitación. Santi que vio cómo nos íbamos, vino a reclamar que todavía no había follado conmigo y le dije:

    — Acaba con quien te falte y en media hora te esperamos en mi habitación y nos follas a los dos.

    Nos sonrió y dijo:

    — No dejaré pasar un minuto más, así que daros prisa.

    Nos fuimos hacia mi habitación. Cuando llegamos, nos dimos cuenta de que eran las 4 de la mañana y que no era ya la tarde, de ahí el hambre que teníamos, estábamos casi dormidos de pie. Como ya estábamos desnudos y limpios, nos abrazamos, nos besamos brevemente y nos acostamos para dormir abrazados. Mi último pensamiento antes de dormirme fue si me tiraría a Canales por la mañana o si me follaría él mí, mientras Santi se follaría a Leoncio, tal vez, también a mí.

    Nos despertó, Canales y Santi que venían de las manos a pedirnos que no podrían follarnos porque no daban de sí. Una vez despiertos, nos miramos Leoncio y yo y después de haber dormido algo decidimos follarlos a los dos. ¡Joder, de puta madre! Los huevos son inacabables, solo cuesta un poco más, pero ¡leche y leche y más leche!

    Ya sabía yo que a partir de aquí hasta el desayuno iba a seguir la orgía. Menuda follada me esperaba de Abelardo. Así fue, cuando entró Abelardo a la habitación los mandó a todos a la mierda y sin más permiso, me agarró y me la metió. Claro que entró fácilmente sin meter dedos ni nada de nada, tenía el agujero del culo abierto de par en par. Ni noté que me la metió, solo que me folló como un burro y me llenó el culo de esperma. Le pregunté:

    — ¿Nos follaremos tú y yo a la tarde?

    — Tú y Leoncio estáis castigados por no seguir las reglas, a la tarde vamos a hacer cuatro Eiffel 69, vosotros en la base y la primera con Mauricio y conmigo y la segunda con Frasquito y Martín, vosotros dos no entráis en el sorteo, la otra Eiffel 69 la harán, también vosotros en la base, Canales y Santi y solo después haréis una vosotros con Canales y Santi en la base por haberse escapado hacia aquí. ¿Quién sabe quien tiene la culpa? ¡Ah, y ya veremos lo que trae mañana!

    — ¿Por que me regañas, Abelardo, amor mío?, —dije con carita de niño mimoso y malo.

    — Déjate de lloriqueos y ¡a la ducha, cochino!

    Con un slip de baño verde muy diminuto me fui a desayunar. La polla se me marcaba lo necesario, pero también lo justo de fláccida que la tenía, suerte que el micro slip era muy poca cosa, no fueran a pensar que no era hombre.

    Después del desayuno todos a la playa a dormir bajo el sol. Solo nos bañamos antes de ir a comer con hambre de mil demonios. Pero la tarde-noche fue fantástica y la fuga mereció el castigo, aunque preveo que tal castigo no será más que un premio. Mientras tanto siento que mis amigos me desean e inventan ocasiones para demostrármelo, entre ellos son magníficos Mauricio y Abelardo. Hoy ha venido al mar, Frasquito con las uñas de manos y pies pintadas y sus ojos muy oscuros, los labios encarnados y el rostro perfumado con polvos deliberadamente de mujer, de olor dulzón y empalagoso para mi gusto. Pero, como siempre, está encantador.

  • Quiero hacer un gato (Parte 1)

    Quiero hacer un gato (Parte 1)

    —¡Ah, Tita, te envidio por el esposo y los amantes que tienes! Entre ellos, mi esposo, no creas que estoy ciega. Se nota una gran cordialidad entre todos ustedes. —me confesó Adriana intempestivamente.

    —Pues sí, es de envidiar mi situación actual, pero seguramente no sabes todo lo que sufrí durante varios años: las depresiones constantes; mis relaciones esporádicas y subrepticias; los enojos de Saúl, quien deseaba una esposa fiel y yo lo orillé a que buscara compañía en otras mujeres, de quienes, por cierto, siento unos celos terribles sólo de acordarme.

    —Hace una semana que vino Eduardo, a… verte, me la pasé pensando qué tal sería un trío MHM, ¿me aceptarían?

    —¿Se lo planteaste ya a Eduardo? –Pregunté automáticamente, pero inmediatamente me arrepentí.

    —Sí. —Me contestó bajando la cabeza para que no la viera avergonzarse.

    —¿…? —Quedé en espera de que completara la respuesta.

    —Él se quedó callado, me abrazó y me llenó de besos, y creí que eso era una aceptación. Pero después me dijo, simplemente “No sé si sería cómodo para ti, para mí y para Tita.” —Continuó al verme expectante con mi silencio—“Pregúntale”, le pedí. “Hazlo tú, será lo mejor”, me contestó. Y aquí estoy, por eso te pedí que nos viéramos. —Concluyó y me quedé pensativa…

    —¿Qué piensas? ¿Aceptarás que estemos los tres haciendo el amor? —Me insistió.

    —No sé, pues tal vez sí sería incómodo y podría traer consecuencias más allá de nosotros tres… —Pensé en voz alta.

    —¿Te refieres a tu relación con Saúl? ¿Crees que él se molestaría, a pesar de la libertad que te da al tener amantes, entre ellos a mi esposo? —Dijo con tono de azoro—. ¡Entonces, invitémoslo! —Propuso sin más argumentos, en tanto que mis certezas empezaron a flaquear pues recordé una experiencia de celos mutuos, míos y de mi amante Eduardo, cuando fuimos a un club swinger.

    —¿Tú cómo has vivido la relación con Eduardo, sabiendo que somos amantes? ¿Tienes celos? ¿Cómo lo asumes? —pregunté, más por darme tiempo a que la vorágine de ideas, dudas y preguntas que rondaban en mi cabeza, que por saber su situación.

    —Yo me fui metiendo como cuña en la vida de Eduardo, él siempre tan libre, sin buscar ni aceptar una relación estable, hasta que un día me confesó que ya tenía a alguien que lo hacía vibrar y que por ello no aceptaba consolidarse con otra pareja. Me quedé asombrada porque nunca supe de ello. Incluso yo pensé que sólo hacía el amor de vez en cuando sólo por necesidad fisiológica ya que esporádicamente eso ocurría con alguna amiga, incluso yo, y después ¡nada!, como si no hubiese ocurrido algo más que un encuentro casual. Poco apoco supe de ti y del amor que tenía Saúl por ti y de las razones por las que tu esposo aceptaba que hubiese otros en tu vida. El asunto es que insistí e insistí en estar con él que me fue aceptando poco a poco, incluso a vivir juntos como pareja. Cuando los conocí a ustedes, sentí simpatía por el matrimonio tan abierto y tan fuerte que tienen y acepté plenamente que Eduardo y tú fuesen amantes, guardando la secrecía y sin alterar la discreción que guardaban en esa múltiple relación.

    Adriana me fue contando todo, hasta el irrisorio caso de cómo llegaron al matrimonio. Resulta que su padre, quien sólo tenía hijas mujeres y era dueño de una gran fortuna, sintiendo que ya le quedaba poco tiempo, las juntó a tres de las cuatro, las tres solteras, y les dijo que en una semana más haría su testamento por última vez, y que su fortuna sería repartida con un 1% a cada una de las que estuvieran solteras y el resto en partes iguales a quienes estuviesen casadas. La hermana casada no sabría esto hasta que el testamento estuviese redactado y que tenían una semana para entregarle el acta de matrimonio. Aunque ese 1% les permitiría vivir holgadamente si lo sabían administrar, la fortuna restante no era para despreciarse. Ella le pidió matrimonio a Eduardo, sin decirle nada del testamento, pero convenciéndolo de que podrían vivir sin problemas. Él le recordó su relación conmigo y que por ello no iba a aceptar casarse.

    —Eduardo insistió en su amor por ti y manifestó las desventajas que tendría en su libertad para mantener esa relación. Me confirmé a mí misma que yo sí lo amaba verdaderamente y que, como Saúl, podría demostrarle yo a Eduardo mi amor de una manera similar —me dijo con un tono de gran convicción—. Ese amor, el de Saúl y el de Eduardo por ti, me dieron inspiración para plantearle muchas ventajas de que él estuviera casado. No sé de dónde saqué palabras y argumentos tan persuasivos, además de los dos años que entonces llevábamos de amasiato. Le dije “Quiero que sigas con ella, te cases o no conmigo”, me escuchó con incredulidad, pero de inmediato continué preguntándole “¿Crees que no es posible, a pesar de tener un ejemplo de ello en la actitud de Saúl? No hubo más, él me dijo “Sí, acepto ser tu esposo” y me convencí de que era cierto que él también me amaba.

    Me pareció franca por los años que llevábamos conociéndonos y porque siempre su actitud había sido tal como ella decía: ninguna recriminación o insinuación, ningún obstáculo de Eduardo para darme el amor cuando se lo pedía, y más ejemplos que no son necesarios mencionar, pues nunca hubo impedimento debido a “la esposa Adriana”. Aparecieron mis dudas, las cuales quise expresar en voz alta, pero me quedé con la boca abierta sabiendo que eran sólo mías, gritándolas en mi interior: ¿Qué pasará si me niego? ¿Crecerá el amor de Eduardo por Adriana hasta ser yo una imagen desdibujada de lo que antes fue amor o simplemente deseo? ¡Dios, no quiero perder a Eduardo! ¡Tampoco a Saúl!

    —Déjame pensar esto y las posibles consecuencias, estoy confundida —le dije casi al punto de soltar el llanto y ella entendió mi confusión, despidiéndose de mí con un beso de hermandad y cariño.

    Esa noche, entre mamada y mamada de pene, ¡bien parado!, le pregunté a Saúl si se le antojaba Adriana.

    —La he visto pocas veces y menos veces he sostenido una plática con ella. Sí, está buena, además es muy culta e inteligente, pero a pesar de la fortuna que le dejó su padre, nunca te dejaría por una aventura con ella; además, tú sabes que Eduardo la ha de tener muy contenta con lo que él sabe hacer… También ella ha de tener mucho que dar en el amor, por algo Eduardo se casó con ella. En resumen, me tiene sin cuidado, al igual que muchas señoras igual de antojables e interesantes.

    —¿Cogerías con ella?

    —¡Qué te pasa! ¿Qué te hizo Eduardo que no te importa meterme a mí en tus venganzas?, —exclamó indignado quedándome con su pene flácido en mis manos.

    —No te enojes, Eduardo y yo estamos en buenos términos, pero hace poco sucedió algo que me hizo preguntarme qué tanto bien nos haría a nosotros dos hacer el amor con otra pareja y preguntarme si disfrutarías viendo en tercera dimensión y en vivo cómo me hace el amor Eduardo y te calentarías tanto como cuando te lo platico, o cuando te masturbas al ver los videos que tomas con tus cámaras ocultas cuando él u otro viene a verme.

    —Sí, me calienta ver cómo te cogen tus amigos y la cara de puta que pones cuando disfrutas sus penes. Confieso que me gustaría ver cómo te dan entre dos o más, y no sé por qué no lo has hecho, pero creo que te molestaría a ti más que a ellos ser tratada como objeto y no con amor. A mí me gustas puta y así te amo.

    —Tienes razón, ni yo misma estoy convencida, pero creo que para nosotros sería una oportunidad para profundizar más nuestro amor. — Le dije y pasé a contarle lo que me dijo Adriana.

    —¡Qué locura la de esa mujer que es capaz de dejarse coger por otro con tal de ver cómo te coge su esposo! Mejor regálale un video para que esté feliz, tal vez se caliente tanto como yo.

    —No se me ocurrió eso…. —le expresé a Saúl y me puse a chuparle el falo sumergiéndome en mis dudas y deseos: ¿Adriana está dispuesta a encuerarse y, quizá, dejarse coger por Saúl con tal de verme a mí con su esposo? ¿Ella querrá que la compare Eduardo conmigo en la acción inmediata? ¿Qué buscará con eso? ¿Habrá una escena de celos entre Saúl y Eduardo o yo los tendré al ver cómo le hace el amor alguno de ellos?

    —¡Me vengo, mi nena! ¡Puta, seguramente seguiste pensando en él, a mí no me habías mamado así como he visto que lo mamas a él! —gritó Saúl cuando se vino y continuó con el pito parado, me lo metió abrazándome y besándome; se movió rapidísimo gritándome “¡Eres muy puta, nena. ¡Puta!”, me decía una y otra vez mientras se eyaculaba como nunca hasta que quedó inerme “Sí, quiero ver cómo te cogen y cogerme a Adriana para vengarme de Eduardo” Dijo al reponerse, acariciándose la verga que volvió a quedar tiesa.

    Nunca lo había sentido tan caliente, pensé que tomó alguna de esas pastillitas azules, pues me volvió a ensartar, ahora por el culo y gritó “¡También quiero ver cómo te coge Othón por el culo y cogerme a su esposa mientras él se viene en ti!” y yo sentí su semen caliente en mis entrañas.

    Ya calmados, me dijo que nunca se había imaginado hacerle el amor a alguna de las esposas de mis amantes; aunque algunas sí le gustaban para cogérselas, y más de una lo sugirió cuando Saúl les pedía que lo acompañaran con algún pretexto para dejarnos solos (con las cámaras como testigo), él siempre él se mostraba distante a las insinuaciones. Confieso que sentí celos de que me lo contara, sin precisar a quién de ellas se refería, a pesar de que era yo la que se estaba cogiendo a sus maridos, y me llené de dudas sobre la conveniencia de hacer lo que propuso Adriana.

    —Me gustaría participar en una orgía donde estuvieran tus amantes y sus esposas viendo cómo te cogen uno a uno mientras yo me las cojo por turno, respectivamente conforme te penetren, luego verlos de dos en dos, y de tres en tres o todos contigo. ¡Te amo, mi nena puta! —exclamó mostrándome entre sus manos el falo inhiesto y se subió encima de mí para penetrarme otra vez.

    ¡Nunca antes alguien me había penetrado tanto en tan poco tiempo! ¡Qué calentura le daba pensar en eso!

    —¿Quieres que hagamos una fiesta en casa o rentamos una en la playa donde quepamos todos cómodamente? —me preguntó antes de dormir.

    —¡Oye, sólo me refería a Eduardo y Adriana y tú quieres con todos! ¡Estás loco, debes ver a un psiquiatra! Le dije alarmada por lo que mis comentarios habían desatado y temerosa de que él quisiera llevar sus fantasías a la realidad.

    Dejé que el tiempo calmara esa ola de excitación lujuriosa que lo había atacado, pero dos semanas después me habló Adriana por teléfono para vernos y platicar un poco, obviamente quería una respuesta a su petición.

     

  • Mi mujer y su amigo, más que solo saludos

    Mi mujer y su amigo, más que solo saludos

    El sentir que mi mujer es deseada es una de las situaciones que más me han dado sentimientos encontrados. Por un lado, me genera automáticamente una erección pensar que hay otro hombre deseando a mi mujer, sobre todo si se ha masturbado pensando en ella. Sin embargo, existe el celo tradicional por pensar que ese deseo puede ser tan correspondido que la termine perdiendo. Pese a todo esto, fue un día de verano hace un par de años cuando Ignacia todavía estaba en la Universidad que pude testificar lo mucho que me gusta que deseen a mi mujer.

    Era un día de verano, muy caluroso y yo tenía el día libre, en ese tiempo yo todavía no trabajaba y estaba en la universidad por lo que me fui a casa de Ignacia (vivíamos todavía separados) pero ella no estaba, seguía en la universidad. La llamé y me comentó sobre una llave escondida para poder entrar, “espérame en mi casa, yo llego más tarde”. Por supuesto iba a aprovechar de descansar y esperarla tranquilamente en su cama.

    Ya tendido en su cama me percaté de que su computador estaba abierto y preferí ver una película mientras la esperaba. Al abrirlo me dí cuenta de que tenía Skype abierto y tenía un mensaje pendiente de leer, no tuve que buscar mucho porque fue lo último que quedó abierto y me llevé una sorpresa increíble. Tenía una conversación con Julio (un ex novio) bastante acalorada. Él partía comentándole lo hermosa que estaba y lo linda que se veía en sus fotos, que había pensado mucho en ella y que extrañaba verla a lo que Ignacia respondió con una foto en su nuevo traje de baño que aumentó mucho el calor y tono de la conversación. Ella le escribía: “hace tiempo que vengo pensando en el tiempo que pasamos juntos, me encantaba como me tocabas, me encantaba tomar tu pene y frotarlo suavemente con mi lengua, sé que te volvía loco”. Esto generó en mí una erección inmediata, a pesar de que me sentía un poco traicionado, me encantaba leer sus deseos y que eran bien correspondidos por julio. Luego de un par de conversaciones, Julio le envío una foto de su miembro:

    Mira como estoy ahora, tocándome para ti

    Como deseo tu pene dentro de mí

    La conversación cada vez se puso más interesante:

    – No te imaginas lo mojada que me tienes, mis manos están empezando deslizarse…

    – Hazlo, piensa en cómo te tocaba.

    – Me encantaba como lo hacías, es inevitable, me estoy tocando. Pienso en como tu pene estaría en mi boca, comiéndote entero.

    Inevitablemente la conversación ya me tenía a 1000, tuve que acompañarlos como si estuviera ahí. Me bajé los pantalones y tomé mi pene totalmente duro y empecé a frotarlo a medida de cómo iba avanzando la conversación.

    – Mira lo mojada que estoy, no me he sacado el bikini que te gusto, te gustaría venirte dentro mío?

    – Si, por favor muéstrame cómo estás, quiero terminar adentro tuyo, quiero penetrarte completa.

    Ignacia le manda una foto de sus labios completamente mojados, con su traje de baño hacia un lado, tocándose el clítoris. Podía imaginar cómo Ignacia se tocaba, lo mojada que estaba y eso me volvía loco.

    – Ya estoy terminando Julio, métemelo.

    – Todo para ti, todo mi leche para ti.

    Terminé con ellos, fue inevitable. No me podía guardar la excitación y a su vez un toque de amargura por saber que mi mujer deseaba a alguien más. Ese día lo conversamos y discutimos, no tuve la madurez de decirle que la verdad me había gustado y que ella se merecía ser adorada y deseada.

    Hoy lo recuerdo en mis sueños y espero encontrar otra conversación de ella con Julio.

  • La profesora de autoescuela

    La profesora de autoescuela

    Era una tarde de sábado de tiendas con Adela, cuando al salir de una de ellas nos sorprendió un chaparrón que nos obligó a guarecernos en una cafetería, estaba prácticamente llena pues como nosotras otros habían hecho lo mismo, en una mesa estaba Marta, nos vio y se levantó para saludarnos, nos invitó en compartir mesa, estaba sola, la última vez que la vi hacía más de seis meses.

    Quien era Marta, había sido mi profesora de prácticas para el carnet de conducir. De estatura media alta, usaba gafas, atractiva de cara, boca sensual, generosos pechos, caderas y trasero bien marcados, cuerpo tonificado casi a diario en el gimnasio, según ella misma me comentó. Era conocedora de sus encantos, pues además de su buena apariencia física, se movía con aire de confianza, tenía salero, reía a menudo, su piel blanca contrastaba con su media melena castaña, prácticamente no usaba pinturas ni maquillaje, siempre olía bien, perfumes frescos, suaves y femeninos.

    Vestía con ropas más bien ajustadas, sobre todo los pantalones. Desde luego era una delicia para cualquier hombre o mujer. Cálida en su trato, fácil conversar con ella, aunque yo ya tenía bastante en contener los nervios cuando hacíamos las practicas, de todas maneras me enteré por ella misma que tenía 50 años, divorciada, vivía sola, pues sus dos hijas ya casadas, la pequeña hacía poco. Y aunque reparé en ella, no me hacía falta, mis ojos estaban en lo que ya tenía en casa.

    Terminó de llover, salimos con la propuesta de Adela y aceptada por ella, pues dijo no tener compromisos, de ir con el coche para que diera opinión sobre mi conducción. Al salir detrás de ella me fijé, quizás era la primera vez que la veía con falda, ligeramente ajustada hasta medio muslo, piernas torneadas cubiertas con medias negras, calzaba botines, con camisa blanca desabrochada justo en el punto de insinuar el canal de sus pechos, por encima una cazadora de piel.

    Durante el trayecto nos comentó que se había trasladado a otra ciudad, aceptando la oferta de un familiar para llevar una agencia de viajes, y aquel fin de semana quería recoger cosas y poner a la venta su vivienda. Se colocó de copiloto, varias veces posó la mano sobre mi pierna, para dar la aprobación de alguna maniobra, la miraba de reojo, movía las piernas ejecutando los movimientos de conducir, seguramente deformación profesional, la falda se le subía enseñándome prácticamente la totalidad de sus muslos. Ya de vuelta, noche cerrada, propuse invitarla a cenar, ya que estaba sola, por el retrovisor vi las miradas y gestos de aprobación en la cara por parte de Adela, y ella no se hizo de rogar.

    Ya en casa ellas se fueron al salón, yo me cambié de ropa. Al pasar delante de ellas, Marta me miró sorprendida analizándome, pero sin decir nada. Como siempre en casa llevaba puesto el collar, camiseta ajustada y falda plisada de colegiala todo negro, sin ropa interior, con calcetines blancos hasta medio muslo y descalza. Les propuse tomar algo y según su petición les serví una copa de vino blanco y mientras hablaban les preparé una cena informal. Dispuse la mesa, solo dos cubiertos.

    —Cuando tenemos invitados ella solo está para servir -le advirtió Adela sonriendo.

    La cena terminó y se sentaron en los sillones, les oía desde la cocina hablar y reír, el vino seguramente hacía de las suyas. Salí para preguntarles si querían algo más, estaban con un tema favorito de Adela, los horóscopos.

    —Nora, sabes que Marta es Virgo.

    —Eres Virgo —dije, sonriendo con malicia.

    —Sí, quiero decir, no. Bueno, del signo del zodiaco, sí, claro. Ufff…, no sé lo que me digo.

    —Pues mira que pone en tu signo —Adela de una revista: «Los astros pronostican que iniciarás una etapa de estabilidad que te permitan enfocar objetivos profesionales que te propiciarán nuevos horizontes, tomaras decisiones que resultarán complicadas, pero llegarás al éxito. Aunque será un fin de semana ajetreado, desconectar de la rutina y con un estado de ánimo óptimo te permitirá que lo disfrutes. Pon más pasión en tu vida y disfruta».

    —¡Ah! muy interesante. Nora sírveme un poco de vino. Tendré que animarme para sentirme más pasional…

    Rellené de nuevo su copa. Las dos estaban repantigadas en sus butacas. Una frente a la otra, Adela abría sus piernas con procacidad, y se acariciaba los muslos sin dejar de mirarla. Marta, se desbrochó un botón de la camisa, dijo tener calor. Yo continuaba de pie entre las dos, escuchando su conversación.

    —Desde luego Adela, tiene que ser un verdadero placer disponer de los servicios de Nora.

    —Sí, realmente, es un placer disponer de sus servicios, en estos momentos forma parte de mi vida. Pero más allá del placer sexual, cada vez más variado, cada vez más completo, lo tengo muy claro que no soy su dueña, ni de sus actos y menos de su cuerpo. Seguro que nunca le faltarán mujeres u hombres para quien servir. ¿No sé qué piensas tú?

    —Quieres decir que ahora está contigo, pero que es libre… ¿Así, de sencillo?

    —No lo dudes, de momento está sumisa a mí, disfrutamos el día a día de las cosas que seguro te eximen de ciertos placeres por temor al qué dirán. Se tiene que disfrutar de la vida sin inhibiciones y dentro de las posibilidades sin privarnos de nada.

    —Si…, ya sé que hay cosas, que al igual no las entienda del todo, y quizás por el que dirán no sé disfrutarlas.

    —Tu vida es tuya y sólo tú has de decidir lo que quieres hacer con ella. ¿Estás bien, Marta?

    —Sí estoy bien. ¿Por qué?

    —Te estoy hablando y pareces un poco distraída, ¿te gusta Nora? no dejas de mirarla.

    —Oh… Dios, por favor… —no sonó muy convincente.

    —Pues claro, cielo, ¿vas a sernos sincera? —rio Adela maliciosamente.

    —No ahora estoy sola y no salgo con nadie, si es lo que quieres saber.

    —¡Yo no te he preguntado eso!

    —Lo sé —afirmó ella.— Pero quiero que lo sepáis.

    Ambas sonrieron, y entonces preguntó de nuevo.

    —¿Cuándo ha sido la última vez que has estado con un hombre?

    —Hace ya bastante.

    —Perdona la grosería ¿follando?

    —Sí…, bueno…., no fue del todo gratificante.

    Pero la curiosidad de Adela la hizo preguntar de nuevo:

    —¿Con alguna mujer?

    —Si…, en alguna ocasión…, y la verdad no me disgustó…

    —¿Hace mucho, la última vez?

    —¡No!… fue con la madre de una alumna —asintió acalorada.

    —¿De tu edad?

    —Bueno un poco más joven…, antes de plegar de la autoescuela, fue una cosa mutua. Ocurrió un par de veces, nadie diría, parecía una mujer frágil, pero era fuego puro. En aquel momento fue como una necesidad para mí, me sentí deseada, resultó interesante, excitante y variado sexualmente.

    —Entiendo de la manera que lo dices que no era la primera vez, sino que tuviste más relaciones. Por lo tanto te puedes considerar bisexual.

    —Bueno pues… quizás si, la verdad no sé…

    Estaba tan embebida en la conversación que se sobresaltó cuando Adela chocó su copa contra la suya. Y con palabras ásperas: —¡Estupendo! ¿Así que disfrutaste comiéndole el coño?

    —Sí… sí… me gustó mucho, fue emocionante y muy real.

    —¿Te comerías el de Nora? —le soltó mirándola a los ojos.

    —Ufff…, bien… bien…, pero… —Sonrojándose de nuevo, se giró mirándome fijamente con una sonrisa en los labios.

    Hubo un impase de tiempo que permanecimos en silencio. Mientras a indicaciones de Adela me había dejado caer en el borde de un sillón, levantado la falda y después de separar mis piernas pasé mis dedos entre ellas para acariciarme ligeramente mi coño rasurado.

    —Lo quieres, te gustaría disfrutarlo, seguro que sería grato para las dos —Ayudada por los dedos mi coño se abría, mostrando el más amplio rostro rojo que un coño puede mostrar.

    —Estooo… bien ahora…, no sé… —mientras me miraba fijamente las piernas.

    —Tranquila, seguro que lo quieres —le increpó Adela con tono malicioso. Ella no dijo nada y solo asintió con un movimiento de cabeza.

    —Ven, de rodillas —Le sugirió, mejor dicho le ordenó, le faltó tiempo para levantarse la falda casi hasta la cintura, para favorecer la posición, dejando a la vista, cubiertas por unas medias panti de color negro las piernas y unos torneados muslos. Le hizo gatear para colocarse entre las mías. Al llegar frente a mí le quite las gafas y me abrí bien de piernas, deslizaba su lengua de abajo arriba, y a cada poco la introducía toda entera, me quedé maravillada ante su capacidad succionadora.

    Adela se colocó detrás y con su mano impacto un golpe seco en sus nalgas. Sin tener muy claro si le gustó, levantó un poco la cabeza y acto seguido volvió a su labor. Las nalgadas que le sometía Adela, parecían un aliciente o debía de ser de lo mejor que había probado en mucho tiempo.

    —Cómemelo todo, mete más la lengua puta —Le agarre del pelo y apreté su cabeza, su lengua estaba completamente dentro y se movía lamiendo todos los rincones del coño. Supongo que ella advirtió que yo no resistiría mucho más, y fue entonces cuando cerró los ojos. Así siguió con un ritmo endiablado, haciendo malabarismo por las nalgadas que le propinaban, ya sin parones continuó hasta mi delirio. Cuando abrió los ojos nuestras miradas se cruzaron y en su cara se perfiló una sonrisa de complicidad, se relamía los labios mojados por mis flujos.

    —Bueno, está claro que no es la primera vez que has hecho eso. ¿Qué tal?

    —La verdad es que nunca con algo tan tierno y sabroso.

    Me incliné sobre ella, aún de rodillas, nos besamos, primero con dulzura y delicadeza, luego con ferocidad, sus labios carnosos mantenían aún el sabor de mi coño.

    —¿Te gustaría algo más? —Le reté mirándola fijamente.

    —Ohhh, joder…, me estáis volviendo loca —dijo en voz apenas audible.

    —¿Sigues interesada? —añadió Adela, mientras se colocaba detrás mío.

    Yo estaba de pie, deslizó una mano bajo mi falda y metió un dedo dentro de mi coño caliente y aún húmedo. «Mmmm», gemí mientras se deslizaba. La otra mano libre debajo de mi camiseta, acunando mi seno derecho, pellizcándome el pezón. Ella también se había levantado, frente a nosotras, expectante, sonrojada, se le notaba nerviosa.

    —¿Sin duda te gusta esto? ¿Te pone cachonda verdad? ¿A que sí?.

    —Si… mucho.

    —Pues, ¿quieres seguir? —le tendió una mano y ella se la tomó.

    —Buena chica. Vamos a movernos a la habitación, ¿de acuerdo?

    —Estoy un poco nerviosa, tengo que admitirlo. Si vamos…, como deseéis.

    Ya en la habitación. Adela, sin rastro de emoción en su voz:

    —Primero vas a desnudarte tú misma, y nos vas a dar el placer de admirar tu cuerpo, ¿entiendes?

    Nos miró con cara de sorpresa, y ante su nula reacción. Acercando mi boca a la de ella, la besé. La besé con tranquilidad, con mimo, con pasión, se dejaba hacer, se notaba que disfrutaba. Sin duda, su excitación era cada vez más visible. Una vez finalizado el beso, enredé los dedos entre su melena y murmurando.

    —Has oído lo que quiere, empieza a desnudarte.

    —Sí… lo entiendo, de acuerdo, haré lo que me dice.

    Mientras Adela, sentada ahora en una butaca nos miraba a las dos. El rostro de Marta expresaba un gozo contenido, se mordía labio, lentamente se desprendió de la camisa y desabrochó el sujetador. Saltaron un par de exquisitas formas redondas, aún bien puestas, con pezones de color marrón oscuro que apuntaban rígidos. Estaba delante de ella, ya desnuda pues me había desprendido de mi ropa.

    —Son tuyas, puedes… —Marta se estaba entusiasmando.

    Se oyó la voz de Adela. —Adelante, Nora, ya ves, la hará sentir bien —Las amasé con ambas manos, besé y succione los pezones.— Apuesto a que les gustaría ser pellizcados. Hazlo —Pellizco.— Ay… Mmm… —Pellizco.— Ay… Mmm… —Más fuerte.— Ayyy… Mmmm… —La rotundidad de mi presión hizo que cerrase los ojos, expresión de dolor en su cara, cuando dejé de presionar resopló. Entonces rozando con mis labios su rostro, proseguí:

    —¿Ahora quiero el resto? ¿Te importa?

    —No… no… no me importa, sí queréis verlo.

    La temperatura subía por momentos, primero fue la falda siguieron los pantis y después poco a poco las bragas. A pesar de la posición, casi sin doblar las piernas, en ningún momento perdía su porte, impresionaba la elasticidad de su cuerpo, cuanto descendían sus manos, más en pompa ponía el culo y sus generosos pechos se bamboleaban. Cuando quedó completamente desnuda, realizó un giro sobre sí misma, mostrando su desnudez como si enseñara la mercancía a un posible comprador.

    —Te gusta estar desnuda, estar expuesta así para nosotras. ¿No es así? —le dijo Adela.

    —Sí.

    —¿Con qué propósito?

    —Para lo que queráis.

    —Está bien —Adela me invitó y sutilmente fui deslizando las manos explorando su cuerpo, tetas suculentas y señoriales, su culo de buen tamaño, maduro, pero con nalgas prietas que bastaron elevarlas un poco para mostrar el agujero marrón que protegían, su vientre plano, pasé los dedos por el montículo de su pubis, aunque recortado en forma de triángulo con vello abundante. Adela le pidió que se le acercase. La cara de Adela quedaba a la altura de su vagina.

    —Te estás emocionando. Ábrete para mí —Lentamente abrió sus piernas.

    —Te puedo oler. Ya estás mojada y apenas te hemos tocado.

    —Yo… Sí sí… ya estoy mojada.

    —Tienes un coño muy bonito, creo que lo veo necesitado.

    Deslizó un dedo y metió un segundo dedo mientras le decía —estas caliente, ¿eh perra? —saco los dedos empapados en sus jugos y se los metió en la boca, chupándolos con pasión.

    —Ahora vas a frotarte para mí.

    —No…, por favor.

    Dándole instrucciones, con palabras picantes, calientes, todo un testimonio de obediencia y humillación, separó las piernas, y con una mano se frotó masturbándose, tensó las piernas y cerró los ojos, continuó frotando en círculos, presionando, concentrándose en su placer. —Diosss… Mmmm —gemía mientras aceleraba sus acometidas. De pronto, sin dejar que llegara al orgasmo, tiró de su mano.

    —Ay… oooh… mierda.

    —Sin prisas querida Marta —Por detrás le puse una mano en el estómago para sujetarla, mientras con la otra le agarré el pelo y echándole la cabeza hacia atrás. Cuchicheé en su oído. —Ese «para lo que queráis» me ha gustado oírlo.

    Se sorprendió cuando Adela con la palma de la mano, le golpeó un par de veces su coño, no lo suficiente como para causarle dolor, más quizás como recordatorio de su pronta sumisión y presagio de lo que podía ocurrir aquella noche. —¡Ahh….Mmhm…! —Con las manos en su cintura le dio la vuelta y una mano hizo contacto golpeando de nuevo ahora las nalgas. Acercándome, apreté mi cuerpo desnudo al de ella, su pubis se agitó cuando jugué con un dedo entre su vello y lo dirigí a sus hinchados labios vaginales y gimió de nuevo, arqueando la espalda, deslicé ese dedo dentro, hizo que su coño se apretara. Una súplica más.

    —Ohhh joder… joder, por favor.

    —¿Te gusta esto, Marta? ¿Por favor qué?

    —Oh… Dios, por favor, estaba cerca… por favor, ¿cuándo podré correrme?

    —Nos gusta verte suplicar. Aún no te lo has ganado. Pero no te preocupes que lo harás.

    Sin mediar más palabras, Adela se dio la vuelta y abrió la puerta de un armario. Sus ojos se agrandaron cuando vio que contenía. Tragó con nerviosismo, yo conocía de sobras el contenido, le entregó un collar parecido al mío, se lo puso ella misma sin rechistar.

    La hizo colocarse tumbada de espaldas sobre la cama, las rodillas hacia arriba, con las piernas flexionadas y separadas. Hablaba en voz baja, sin ninguna fuerza, pero de una manera que dejaba claro que esperaba su obediencia. Seguidamente me pasó una cuerda envolví sus muñecas para sujetarlas a los barrotes del cabezal. Le acarició el vientre, pasó la mano por su pubis y tiró del pelo. Por los gestos adivine sus pensamientos, salí de la habitación y cuando volví había encendiendo velas para dejar la habitación en penumbras, se había sacado ropa y estaba solo con las medias. Me indicó subirme a la cama, de espaldas a su cara y en cuclillas sobre el vientre para de alguna manera inmovilizarla.

    —Que vais a hacerme —cuando oyó el zumbido de la maquinilla al ponerse en marcha, se agitó, quizás empezaba a darse cuenta de lo expuesta que estaba ahora a nosotras y su pulso se aceleró ante la sensación de vulnerabilidad.

    —Te sugiero que no te muevas, de acuerdo —Primero le pasó las tijeras para vaciar, después le enjabonó y completó la tarea de manera eficiente. Pasó ambas manos por la piel, para asegurar que no se ha perdido un solo pelo. Toda la operación se hizo en silencio. Desde mi posición me deleitaba viendo como quedaba rasurada, brillando y de un rojo subido, no sé si por la excitación, sus labios vaginales abiertos como alas de una mariposa, entre el canal de sus nalgas se adivinaba el agujero anal cerrando y abriendo nerviosamente. Creo que mi sonrisa me delato, Adela imaginó mis pensamientos al decir: —todo tuyo —Mientras alzaba las piernas y se las separaba aún más, pasé la cabeza entre ellas. Mi boca besó su coño delicadamente, notaba como su sabor, con la lengua recorrí suavemente aquella zona recién depilada. El roce de mi lengua hizo que lanzase sus primeros suspiros. Con la punta de mi lengua recorrí lentamente los labios de su vagina, una leve presión hizo que se fuesen abriendo a mi paso, su interior estaba húmedo y cálido con un sabor extremadamente dulce, repetí el recorrido varias veces.

    Cuando encontré la entrada de su vagina, introduje mi lengua en ella, presionando para que penetrase en lo más profundo de su sexo. Sin prisas me fui acercando hasta llegar a su clítoris. Lo lamí circularmente, al principio muy lentamente, humedeciéndolo con sus propios flujos que mí lengua recogía de su sexo. Cuando note su clítoris duro, lo chupe primero a intervalos suaves y cortos hasta ir prolongando su duración. Sin separar mi boca de su clítoris, mis dedos acariciaron la entrada de su ano. En ese momento, sus gemidos fueron más continuados y acompañados de palabras que me era imposible de comprender desde mi posición. Fue entonces cuando succione con fuerza su clítoris y mi dedo se deslizo dentro de su ano, un grito salió de su boca cuando mi dedo entrando y saliendo, marcaba un ritmo constante. Mi cara se clavó en su sexo empapado, mi lengua dibujaba círculos alrededor de su clítoris, y un dedo en el interior de su ano. Esa combinación hizo que su cuerpo se tensará y el comienzo de una serie de espasmos que fueron el inicio de un orgasmo brutal que acabo con mi cara empapada de sus flujos.

    Al cabo de unos minutos recupero la respiración, me senté a su lado y mirándome a los ojos: —Me has dado el mejor sexo oral de mi vida. Dijo, con cara de vicio.

    —Ahora date la vuelta y ponte a cuatro patas —le indico Adela

    Al tener atadas las muñecas con cierto impedimento se fue colocando, los brazos estirados hacia delante y la cabeza entre ellos, su generoso culo le quedaba en pompa, los muslos separados, espectacular la visión expuesta entre ellos. Temblaba quizás por los nervios ó porque a medida que ella se acercaba, le enseñaba lo que llevaba en la mano.

    —Esto es un flogger —le enseñaba un látigo de cuero con muchas colas. Cara de asustada, yo sabiendo de ello.

    —No te asustes, relájate —justo en el momento que las colas del látigo se deslizaban por su espalda y golpeaban sus nalgas. Golpeó enérgicamente pero sin dureza un par de veces más.

    —Fácil. No voy a hacerte daño… aún —Arrastró las tiras por sus muslos, esta vez un poco más fuerte le hizo exclamar— ¡Oh , Dios! —medio jadeo, respiración entrecortada.

    —Es una pregunta simple ¿quieres jugar a nuestros juegos?

    —Sííí… —Su voz se quebró con la palabra, aguda y nerviosa.

    —¿Quieres que los ponga en practica?

    —Oh, joder, sí.

    Las cintas del flogger continuaron la suave caricia de sus muslos mientras hablaba, ahora los pasaba deliberadamente sobre su coño, a través de los hinchados labios y la humedad que se acumulaba de nuevo allí. Jadeaba y se movía, separando más sus piernas, era una invitación al control, a su sumisión.

    —¿La haremos suplicar por eso? —susurró perversamente.

    —Yo quiero… no sé… lo quiero —En aquel momento aceptaba su rendición.

    —Es lo que pensaba, levanta ese culo —La sonrisa de Adela fue breve pero llena de satisfacción.

    Le exigimos y ella obedeció, sin inhibiciones y sin privarnos de nada, aceptó totalmente la sumisión y el juego fue extremo. La noche se llenó de lujuria, de relación pecaminosa y ella como novata dejándose hacer, hasta que nos quedamos tiradas, sudorosas, saciadas. Sin duda, el sexo es un gran juego y nosotras unas ávidas jugadoras. Aquel fin de semana se prolongó hasta media semana. De momento no admitió en voz alta que le gustaba, pero entendió que tenía tendencias sumisas y su necesidad de equilibrarse en el filo del dolor y el placer. Aceptó en expandir los horizontes de sumisión, en sus idas y venidas con la excusa de la venta del piso, los encuentros se repitieron.

     

  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (28)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (28)

    Cenamos en una de las cafeterías del mismo hotel, una cena ligera un poco mas abundante para ellos, y luego subimos a la habitación para lavarnos los dientes, vestirnos de fiesta, echarnos colonia que yo rocié abundantemente, y bajamos para caminar por el paseo buscando una parada de taxis.

    Habían quedado en la puerta de una disco que estaba relativamente retirada del centro, teníamos que pasar al otro lado del río y con el frío que hacía no resultaba agradable hacer el trayecto paseando.

    Se nos habían adelantado, como hicieron a la mañana, y nos estaba esperando Markel en la puerta de entrada, su hermana había entrado por no poder soportar el frío. Abrió la puerta de mi lado del taxi, y sumamente galante, me ayudó a descender del coche. Me abrazó dándome dos besos, se había vestido muy elegante, aunque iba con pantalones vaqueros ajustados, parecía un chico de pasarela, con el pelo peinado con algún producto que se lo retenía perfectamente en el lugar que el deseaba.

    -¡Estas divino Ángel! -que esto me lo dijera en voz alta, y delante de mis dos chicos, me subió los colores a la cara y dejé de sentir el frío del gélido aire.

    -Gracias Markel, tu también te has puesto muy elegante. -le miré el pelo para que se diera cuenta de que me había fijado.

    Nos precedió sin apartarse demasiado de mi con las entradas en la mano. La disco era una inmensa nave en un polígono algo alejado de la ciudad y estaba muy concurrida, había sido una buena decisión desplazarnos en un taxi ya que el parking estaba lleno de coches.

    Lorea nos esperaba sentada en una mesa alejada de la sinuosa pista de baile, casi llena de personas a pesar de ser muy grande. Cerca de la cabina elevada del pincha discos tenían un escenario móvil para retirarlo de la pista y disponer de más espacio.

    Nos saludamos y también tuve que reconocer que, al igual que Markel, era una chica preciosa, ahora lucía muy linda su maquillaje de fiesta y la provocativa ropa que llevaba, con una falda que le tapaba justamente hasta el inicio de las nalgas, sus torneadas y delgadas piernas lucían sobre los altos tacones de sus zapatos.

    Su hermano continuaba prestándome una excesiva atención, retirándome la silla para que me sentara, o como hizo al entrar, ayudarme para quitarme el abrigo en el guardarropa. No me pasaba desapercibida la sardónica sonrisita de Pablo observando su actuación.

    La fiesta se fue animando hasta llegar un momento en que resultaba muy difícil hablar. Lorea resultó ser una buena bailarina y que además le gustaba, por lo que enseguida nos acercamos a la pista para sentirnos envueltos en la abrumadora humanidad de cientos de cuerpos moviéndose y sudando.

    Seguía descubriendo facetas, desconocidas hasta ahora, de Pablo y Álvaro, sabían desenvolverse en aquel ambiente y también mover el cuerpo al ritmo de la música, donde podías hacer cualquier cosa que no fuera quedarte quieto. También les gustaba beber, y eso me resulto algo extraño, pero resultaba agradable sentirles desinhibidos bailando con Lorea, y Pablo la prestaba atención luciéndola entre sus brazos.

    Lentamente Markel aprovechaba el baile para acercarse mas, y a la vez intentando alejarme de mis amigos, me daba perfecta cuenta y su cortejo me agradaba, sobre todo al ver la atención que Pablo tenía hacía su hermana.

    Terminamos en un extremos de la pista, una zona algo alejada de nuestra mesa y allí, ya sin reparos, me abrazó siguiendo el baile. En parte estaba bien para descansar un rato y recosté la cabeza en su pecho, él me besó el cabello.

    -¿Te habían dicho que eres muy guapo? Pues hoy estas para morderte y eso es lo que deseo hacer. -él no se dio cuenta por la oscuridad reinante, pero me emocionó el sonido susurrante en mi oreja y sentí una oleada de agradable calor en la verga y en mi anito.

    -¡Oh! Markel No por favor, Lorea y mis amigos van a empezar a buscarnos, déjame, piensa que tu hermana se va a asustar si nos ve así.

    -Ella también quiere participar, tu le gustas y también tus amigos, está deseando que la follen. -era increíble, y a la vez sus palabras confirmaban lo que opinaban Pablo y Álvaro sobre ellos.

    -¿Tu follas con Lorea, tu hermana? -al hablarle sentía su verga empinada apretada en mi abdomen y como se le endurecía más.

    -¿Tú que crees, bebe? Si que follamos y nos cambiamos los amantes, compartimos, y eso es lo mejor. -a Markel no le importaba sincerarse y manifestar sus deseos claramente, con brusquedad, y me excitaba saber que cogía con su hermana, que ella le aguantaba la tranca que ahora se apretaba contra mi, deseando romperme la tela de la ropa, y la misma piel para penetrarme.

    Se apartó unos centímetros dejándome respirar y me cogió la mano llevándola a mi estómago donde su polla palpitaba apretada contra él.

    -Siéntela, se que gusta, tu eres como nosotros, mueres por el sexo y una buena verga. -pensé en lo que me decía, y las escenas de mi reciente acto de amor con mi chicos pasó por mi cabeza.

    Solamente hacía unas horas que me dejaban desfallecido y satisfecho y ya deseaba verga de nuevo, me estaba convirtiendo en un puto ninfómano que sin remedio necesita que una polla le tapara los agujeros, convertía el amor en lujuria y no me importaba de quien fuera la verga, si que conocía mis preferencias, pero ante una oportunidad que se me ofrecía, tan deseable y a mi alcance, me salía de control.

    Y aún no había caído en lo peor, por lo menos a veces me sentía satisfecho, y de momento no interfería en mis relaciones afectivas, aún no buscaba en cualquier rincón al macho que quisiera darme polla, todavía podía controlar mi libido, o aparentar que lo lograba. Esperaba volver a mi estado anterior antes de mi secuestro y horrible violación.

    Markel para ese momento se había bajado la cremallera de la bragueta y me llevó la mano dentro de la tela, la polla le sobresalía de la cintura del bóxer y la pude sentir muy húmeda. Me estremecí al sentirla y al obligarme a pasarle la mano noté lo larga y gorda que era, y lo caliente que la tenia.

    Debía haberle retirado la mano pero era una terrible tentación sentir su dureza y pujanza. Sin quitarse el pantalón se bajó el bóxer dejándoselo por debajo de los huevos, y mi mano, sin voluntad propia, resbalo de la dura polla para llegar a coger los gordos y duros testículos que pendían en la base.

    Markel estaba bien dotado por la naturaleza, una magnífica verga y unos productores de semen increíblemente gordos, completaban a aquel soberbio espécimen de macho semental en plena efervescencia.

    -No Markel, no puedo, ahora no. -intenté retirar la mano pero él no me la soltaba y la subió para cerrármela alrededor de su verga.

    -¿No te gusta lo que tienes en la mano? ¿No soy de tu gusto? -no se el motivo, pero no puedo soportar que un hombre que esta tan bueno se sienta minusvalorado al ser rechazado.

    -No es eso Markel, tu me gustas, tu verga se nota exquisita y ahora mismo la deseo, pero no puede ser.

    -¿Tanto te importan tus amigos que no puedes prescindir de ellos y hacer lo que deseas? Hay cuartos para que podamos hacerlo en privado, o aquí en cualquier rincón oscuro. Necesito poseerte. -me había arrastrado hasta un rincón apartado salvo por otras parejas que estaban en la misma situación, y todo ello sin abandonar mi mano que apretaba contra el enorme falo masajeándolo.

    Intentó bajarme el pantalón tirando de ellos, y ahora si que me resistí, aún no había caído tan bajo para dejarme follar allí delante de tanta gente, pero los demás lo hacían, estaban follando sin pudor ni vergüenza aunque cada uno estaba a lo suyo.

    -Esta bien Markel, te masturbo y ya vale, no voy a llegar más lejos. -debió de pensar que no iba a conseguir su propósito y se abrió entera la bragueta para sacarse a polla y los huevos.

    Empecé a meneársela deseando que le llegara el orgasmo y se corriera, para terminar con aquella embarazosa situación y volver donde nuestros amigos. Markel gemía muy fuerte, con voz ronca queriendo contener su ruidos guturales de placer. Mi mano no abarcaba la circunferencia de su pene y quise compensarle el que cediera a mi negativa inclinándome para besarle la punta de la verga y lamerle los jugos que expulsaba abundantes y calientes.

    -Sí, chúpala date el gusto de sentirla en tu preciosa boquita. -pero no lo hice aunque no me faltaban las ganas, de mamársela y bajarme los pantalones para que me la metiera my profundo.

    Le di unos besitos más y le pasé la lengua sin dejársela de mover muy rápido, hasta sentir la leche avanzar saliendo de sus testículos, hubiera preferido recibirla en la boca y saborear su corrida pero me aparte y toda la leche cayó en el suelo, seguramente algo nos salpicaría pero no lo noté.

    Seguía sujetándome, evitando que me levantara, empujándome la espalda hasta terminar la corrida en mi cara y entre los pelos de sus huevos, el olor era muy penetrante y fuerte, a macho recién ordeñado.

    -¡Ayyy! Ángel, ha estado muy bien pero no era lo que yo quería y necesitaba. -se limpió los restos de leche con un pañuelo desechable y se metió la polla en el pantalón, aun dura y tiesa sobresalía por encima de su bóxer.

    -Te voy a dar una nota con nuestra dirección, donde vivimos, tenéis que venir unos días a pasarlos con nosotros, no te arrepentirás, y tus amigos tampoco. -me abrazó y me besó en la boca antes de sacar un papel de su bolsillo que yo guardé sin mirarlo.

    Le pedí que me acompañara a los aseos, quería lavarme la cara y las manos para quitar cualquier rastro del olor que tuviera de su verga.

    Luego todo fue más tranquilo, en la mesa no teníamos a nadie, seguían en la pista de baile y pude respirar aliviado de que no hubieran notado la ausencia. Como otras muchas veces me equivocaba, Pablo me lo confirmaría después.

    La noche transcurrió sin darnos cuenta hasta las tres de la noche, decidimos irnos antes de que el publico comenzara a despedir la noche y resultara imposible conseguir un taxi, Markel y Lorea partieron los primeros y allí mismo nos despedimos, al día siguiente se irían a Bayona en Francia para recoger a unos amigos.

    Hacía un frío helador a pesar de nuestros abrigos, el contraste entre el interior y la calle se notaba, se colocaron a mis costados abrazándome para que no me enfriara hasta que nos recogió el taxi.

    Pablo se mostraba muy cariño, demasiado para como él es normalmente, y cuando salimos del ascensor al pasillo, me sujetó para subirme a su hombro, como si fuera un saco de cereales, me resistí sin lograr que me soltara y además no quería caerme desde esa altura, pataleé protestando y tuve que sujetarme, cabeza abajo como estaba, a su cintura.

    Escuchaba las risas de Álvaro caminando delante de nosotros y nos abrió la puerta de la habitación. Los dos chicos reían mientras yo seguía protestando y dando pataletas en el aire, no lograba desasirme de los fuertes brazos de Pablo, llegó ante la cama y me dejó caer como si fuera un fardo, y se me echó encima aplastándome.

    -Ahora nos vas a contar sobre esa ausencia tuya con Markel. -me sujetó las manos por encima de la cabeza, yo continuaba luchando y ya empezaba a sudar con mi abrigo puesto y por la calefacción del hotel.

    -¿De qué hablas? Déjame que me quite el abrigo, me asfixias. -Álvaro, que se había sentado, se levantó para ayudarme y nos quitamos la ropa. Creía que todo había pasado, pero Pablo no dejaba de mirarme mientras me retiraba los zapatos y la chaqueta.

    -Ya estás más ligerito de ropa, ¿nos vas a decir lo que pasó? -se me acercó y me sujetó entre sus brazos, balanceándose como si estuviéramos bailando, le seguí el juego mientras observaba que Álvaro ya estaba casi desnudo.

    -No pasó nada, me acompañó al aseo para refrescarme. – se apartó un poco para besarme la cara y hasta llegar a mi boca.

    -Mentiroso, aún te huele la boca a sexo. -abrazado como estaba por la cintura volvimos a caer sobre la cama, ahora se colocó sobre mi sentado en mi estómago, me sujetó las muñecas con la mano izquierda por encima de la cabeza y con la derecha me desabotonó la camisa. comenzando a hacerme cosquillas en los sobacos. Empecé a reír y a patalear, a moverme lo poco que me permitía.

    -Déjame Pablo, tengo muchas cosquillas, por favor. -vi como Álvaro se sentaba a nuestro lado sin intervenir, solo sonreía divertido al vernos en esa situación.

    -Es muy fácil, pararé cuando nos digas la verdad.

    -Esta bien, hablaré, quería follarme, Markel pretendía hacerme suyo y ahora suéltame por favor. -me resultaba difícil hablar y las lágrimas me salían.

    -¿Solamente fue eso en tanto tiempo?

    -Le masturbé, le hice una paja nada más y le besé la polla, no paso otra cosa, por favor Álvaro ayúdame. -al fin se detuvo para mirarme desde arriba y vi como sonreía.

    -¿Te gustó, su verga?

    -No la probé, solo me propuso que les visitáramos algún día y tenías razón se la monta con su hermana. -recordé que tenía su dirección en mi bolsillo, pero eso no se lo iba a decir, no estaba dispuesto a favorecer que mis dos hombres se lo montaran con su hermana o con él mismo, los celos me dominaban y seguía pensando que ellos eran míos.

    Lo mismo que sentía cuando se follaba a Ana María, me pasaba ahora, pero con los dos, consentía y hasta me agradaba que entre ellos se quisieran y desearan, siempre que fuera en nuestra relación de tres, pero no quería, de ninguna manera, que estuvieran con otros hombres o mujeres.

    La sorpresa se reflejaba en la cara de los dos al escucharme, una cosa era suponerlo y otra que yo se lo certificara ahora.

    -Vaya con los dos pajaritos que hemos encontrado, algún día podríamos llamarlos para quedar, me encantaría follármelos. -Pablo me miraba irónico, sabía que sus palabras me molestaban.

    Le cogí del cuello y comencé a besarle los labios.

    -No harás eso, no quiero volver a verlos si piensas así. -entonces se volvió cariñoso y llenaba de besos mi cara, no pasaron muchos segundos para que sintiera renacer mis deseos al sentirme querido y besado de esa manera tan linda, las ganas por la verga que despertó Markel en la disco renacían ahora y aumentadas.

    Luché para ponerme sobre él y ahora no se resistía dejándome hacer lo que quisiera, ocupé su lugar y era yo quien ahora le besaba mientras Álvaro me quitaba la camisa y me daba pequeños besitos en los hombros.

    -¿Quieres verga eh pequeño? -me susurró en el oido mientras mordía mi oreja.

    -Si, la deseo, quiero vuestras pollas pero también metértela a ti y desvirgarte el culito. -me despegó de él para mirarme a los ojos.

    -¿Tanto lo deseas? -sentía a Álvaro apoyado en mi espalda, mirando a su amigo desde detrás de mi.

    -Yo también quiero probarte no me olvidéis. -fue un acuerdo donde no necesitábamos más palabras, Pablo estaba decidido a entregarse y nos levantamos para ir al baño a lavarnos.

    Álvaro pasaba las manos por su cuerpo a la vez que yo le lavaba el duro pene y el culo, mostrándole nuestras experimentada y ya depurada técnica.

    -¿Eso me vas a meter por el culo? -miraba asustado la ducha rectal y Álvaro y yo comenzamos a reír.

    -Vamos Pablo que no vamos a matarte, déjate hacer. -Entre risas y bromas conseguimos limpiarnos, también con muestras del amor que sentíamos.

    Álvaro comenzó a comerle el culo cuando volvimos a la cama, los tres estábamos excitados al máximo por nuestros juegos en el baño. Nuestro amigo seguía teniendo miedo pero gemía encantado sintiendo la lengua de Álvaro queriendo penetrarle el ano.

    -¡Ohhh! ¡Ohhh! ¡Ohhh! -gemía sordamente con la cabeza metida entre mis piernas.

    -¿Te gusta? -Pablo no le respondió y agarró mi verga estrangulándola en la mano.

    -Te he preguntado que si te gusta. -Álvaro dejó de chuparle el culo y le pegó una pequeña palmada en una nalga.

    -Me gusa, ¡joder! Me encanta, sigue chupándome el culo.

    -¡Mariconcito vicioso! -repitió el golpe en la otra nalga y volvió a lamerle el culo de forma guarra, echándole saliva en el ano para volver a lamerla y llevársela a la boca.

    Pablo a veces me corría el pellejo de la polla besándola cuando no se quedaba extasiado sintiendo la lengua y los labios de su amigo chupándole con gusto el ano.

    En un momento Álvaro levantó la cabeza que tenía enterrada en la raja del culo y me miró directamente a los ojos.

    -Está riquísimo pruébalo tu. -cambiamos de lugar y empecé a lamer el culito virgen de Pablo, nuestro amigo me lo había dejado húmedo y caliente, me encantaba, y sobre todo al notarle contraerse, temeroso al desconocer las sensaciones maravillosas de una lengua maestra como la mía, horadando su anito hasta conseguir tener mi lengua dentro de él.

    -¡Ohhhh! ¡Ohhhh! ¡Ohhhh! ¡Ohhhh! Ángel, que delicia mi amor. -dejé de chuparle para meterle un dedo y jugar dentro de él, no protestó, solamente abrazó con el esfínter mi dedo, y ya le sentía dilatado como para meterle dos, y para mi sorpresa tampoco hubo protesta, le gustaba, ya no tenia dudas de que Pablo gozaría con nuestras pollas en su culo a pesar de poder sentir su hombría y orgullo de macho heridos.

    -Te voy a dar la verga amor.

    -Ten cuidado con mi culo. -Álvaro le elevó la cara para besarle y entre risas le dijo.

    -Tu culo no es especial aunque sabe delicioso, te gustará sentirlo violado, un culo tan sabroso merece tener una polla dentro. -tuve que empujarle de las caderas para que bajara el cuerpo y llegar con mi verga a su ano. Se la puse sin apretar en la entrada del culo.

    Resultaba increíblemente excitante ver a mi amado Pablo, grande y fuerte, arrodillado delante de mi y entregado, el viril macho que hasta ahora no había querido tener nada que ver con ser penetrado, temblando ante un chico cuatro años más joven, pequeño y delicado que le iba a hacer sentir el primer dolor y placer de ser violado. En parte me daba pena penetrar en su culito.

    -Voy mi amor. -Álvaro se había colocado de forma que pudiera acariciarle la espalda y besarle para tenerle calmado.

    -Vale, no esperes más, métela de una vez. -le sujeté de la cintura y tiré de él para que sintiera la presión de mi verga queriendo entrar.

    -¡Bufff! Dale, dale, no te detengas ahora.

    -¡Auggghh! -una exclamación ahogada se le escapó al entrar el glande venciendo la resistencia del ano.

    -¿Te duele? ¿Quieres que la saque?

    -No, no, sigue, no quiero dejarlo a medias. -Álvaro sonreía irónico mientras le acariciaba al ver su cara compungida.

    Ahora ya no me detuve, fui entrando despacio pero sin detenerme a pesar de que fruncía el ano dificultando la entrada. Y de pronto estaba dentro de él, con toda mi verga en su ano. Me apretaba mucho, por la estrechez de su ano virgen y por los nervios que tenía.

    -¡Bufff! ¡Bufff! ¡Bufff! -respiraba con agobio resoplando.

    -Tranquilo amor, ya te he roto el culito, estoy dentro de ti cariño, tu agujerito es delicioso. -me quedé quieto pero tirando de sus caderas hacía mi para que no se me saliera la verga.

    Lentamente su culito se iba acostumbrando a la verga que tenía dentro, podía sentirle como apretaba y soltaba mi polla rodeada por su culo, el rictus de desagrado que tenía se le fue dulcificando, el dolor se le pasaba y comencé a salir iniciando los movimientos coitales, al principio muy cortos sacando solamente unos centímetros para volver a metérsela.

    -Me gusta Ángel, no me duele.

    -Dale gatito, fóllale ya. -y Pablo empezó a gozar una verga en su culo, comenzando a sentir placer y a mover el culo pidiendo que no dejara de moverme.

    -Sí, sabe rico bebito, sí muévete, me gusta. -el ano me apretaba la verga deliciosamente y me sentía en el cielo.

    -¡Mi amor! -me apoyé en su espalda dejando de follarle un momento para besarle y darle tiernas caricias a la vez que también lo hacía Álvaro.

    Poco después me corría sin remedio dejándole el semen en el culo, pero sin que el se viniera. Estuvimos unos segundos quietos sintiéndome vaciar en su interior y sucedió lo increíble.

    -Ahora tu Álvaro, dame tu polla. -y nuestro amigo no tuvo problema alguno en sustituirme, y sin dilación ocupar mi lugar y empezar a meterle la verga, también se quejó un segundo al sentir que el pene de Álvaro era ligeramente más gordo y largo que el mío y le entraba más profundo.

    Álvaro le controlaba mejor que yo y le follaba como un maestro, con largas y profundas estocadas que le hacían gemir en voz alta, y sentí algo de envidia y celos, por que la polla de Álvaro le gustara más que la mía más pequeña.

    Le montó unos minutos y yo deseaba que Pablo gozara y disfrutara su primera cogida, me introduje debajo de él y empecé a mamarle la deliciosa verga, sabía que estaba pasándolo bien por la cantidad de jugos que le salía por la boquita del glande, me lo metí en la boca y comencé a chuparle para que los juegos no se perdieran en la sábana.

    No tardó demasiado en gritar su placer, bajando el cuerpo para hacerme tragar toda su verga y descargarse los huevos dentro de mi boca.

    Me ahogaba en ese momento, Álvaro se estaba corriendo dentro de él y soportaba contra mi cara los cuerpos de mis dos amantes.

    Nos desacoplamos y Álvaro sacó la verga del culo de Pablo y éste dejó mi boca vacía salvo por el esperma que aún no terminaba de tragar, nos besamos como nunca, compartiendo nuestros sabores y haciendo uno de los tres.

    Esa noche las pocas horas que quedaban hasta el amanecer, las pasé dando vueltas en la cama y pensando en los acontecimientos vividos estos dos días.

    Sentía mi amor por los dos chicos renacido, aumentado al saber que podía pertenecerles a los dos, sentirles como mis amantes y mis dueños, y a la vez saber que ellos sentían algo parecido a lo mío.

    Al día siguiente la nieve había desparecido de las calles y pudimos subir en el funicular al Igueldo, y pasear por los caminos liberados para poder caminar, comimos en uno de los restaurantes que allí hay con el espectáculo de la maravillosa bahía delante de nuestros ojos.

    A partir de aquel fin de semana compartido, nada volvería a ser como antes, ahora nos conocíamos mejor y sabíamos de nuestros gustos y deseos. Eramos tres en uno aunque sabiendo que nos debíamos el respeto a la libertad personal de cada uno.

    Seguirá…

     

  • La mejor cena de mi vida

    La mejor cena de mi vida

    Era viernes y seguía trabajando, eran como las 11 de la noche y tenía bastante hambre, así que posteé en Facebook solicitando ayuda para encontrar algo que entregaran a domicilio.

    Respondió Paty, una amiga, que vive bastante cerca de mi oficina, me mandó un mensaje directo que decía.

    «Lánzate a mí casa estoy echando unas chelas con Claudia (otra amiga) acá te damos de cenar».

    Yo, aún con un poco de inocencia, le tomé la palabra, cerré mi computadora, me despedí del vigilante y salí a pie.

    En 15 minutos estaba llegando al departamento de Paty con unas chelas más por si acaso.

    Se me ocurrió llevar un poco de helado por la época de calor y para no sonar tan gorrón.

    Cuando llegué observé que Paty tiene un pequeño departamento con muebles muy modernos y una alfombra bastante pachona. Andaban descalzas, bastante informales.

    Paty es muy caderona y con una cara muy linda, traía unos jeans blancos, súper pegados, que hacían resaltar sus atributos, con una tanga blanca con unas pequeñas argollitas, deteniendo las cintas de los lados., que se marcaban sobre la tela, de forma sexy.

    Claudia es más cuadradita de espalda amplia por el tamaño de sus senos, pero con una cintura diminuta que hace que se vean aún, más grande.

    Ella aún llevaba el uniforme de su empresa que es un traje sastre de falda y camisa blanca, La blusa la usa tan pegada que el botón de enfrente parecía que iba a explotar.

    Empezamos a beber y comer un poco de pizza recalentada, que por la hora, sabía deliciosa. Alrededor de las 12 Claudia dijo que se iba porque iba a trabajar mañana, Paty le dijo que se quedará al fin que trabaja muy cerca y no tenía caso ir hasta su casa, que es muy lejos, para tener que regresar en la mañana.

    Claudia lo pensó un poco, tomo un sorbo de su bebida y accedió,

    Sirve que evito los alcoholímetros que a esta hora están perrísimos.

    Acto seguido pasamos al helado, de chocolate, Paty nos sirvió una copa abundante la cual ni se me antojo, prefería seguir con las cervecitas.

    A la mitad de los Helados, Paty mueve la mano, estaban en el mismo sillón y le derrama el helado a Claudia, Su camisa blanca se había manchado y ella se alteró porque ahora tenía que ir a su casa para cambiar de blusa para el otro día que iría a trabajar.

    Paty se levantó rápidamente, muy apenada, por una toalla húmeda para intentar limpiarla, por lo que le pidió que se desabrochara un par de botones para meter la mano y tratar de sacar la mancha. Yo con la posición que tenía no observaba claramente las lolas de Claudia, así que me levanté, «intentando» ayudar, Este es un show que no podía perderme.

    Traía un bra blanco de satín, que le daba forma a sus esculturales pechos, Paty me pidió que continuara «tallando» la blusa, en lo que traía otro líquido, a lo que Claudia asintió, tenía cara de enfado porque tendría que ir hasta su casa e interrumpir la reunión.

    Yo acepte jubiloso a la petición y metí una mano en la blusa, rozando sus tetas calientes, ella es muy blanca y se notaban algunas marcas del roce natural del bra. Yo ya no podía con la erección, estar con la mano dentro de la blusa de Claudia era realmente caliente, ella también daba signos de que le gustaba, ya que se le marcaban los pezones erectos a través del bra.

    Paty regreso con una camiseta blanca, y le dijo:

    —Esa mancha no va a salir con agua, quítatela para echarla a la lavadora y mañana estará seca.

    —Claro me encanta tu idea, no es mucha molestia? —respondió.

    —Claro que no, es lo menos que puedo hacer por mi torpeza

    —Muy bien, bobo cierra los ojos que no es show.

    Obvio no me iba a perder el espectáculo. Ella se empezó a desabrochar la blusa y a la mitad se dio la vuelta, se la quitó y después me pidió ayuda para desabrochar el bra.

    Cosa que me permitió olerla un poco más cerca, olía a flores, como esas fragancias de cuerpo que se ponen con aspersor. MI miembro estaba pidiendo a gritos salir, se notaba la erección a través del pantalón, yo quería besarle el cuello y morderla para que se volteara así, con las tetas al aire, pero no me atrevía, aún.

    Se metió la camiseta y la dejó caer sobre sus senos, se notaba la erección de sus pezones, transluciéndose sus aureolas rosas.

    Yo tuve que hacer una pausa para ir al baño y secar mi miembro porque estaba bastante mojado de la escena anterior.

    Cuando regrese habían hecho espacio en la mesa de centro, estábamos en la sala sentados, cada quien en un sillón y una botella de cerveza vacía al centro.

    Cuando vi, el lugar me imagine lo que seguía y tuve una erección inmediata.

    Paty sacó una botella de tequila y un caballito preparando los castigos, el juego era, verdad o castigo. Primero perdí yo, después Claudia 2 veces y luego Paty, todos pedimos castigo y nuestros respectivos tequilas fueron bebidos de hidalgo.

    Segunda vuelta perdió Paty, pidió verdad, Claudia le preguntó qué posición sexual le gustaba más, Respondió «Doggy Style», asentimos en torno de burla, recordando su lindo trasero.

    Perdí yo, misma pregunta, adoro que me cabalguen. Claudia dijo ‘cunnilingus’.

    Después de varios secretos y tequilas llegamos al punto interesante, jugar de prenda, perdí yo, fuera zapatos aun traía. Siguiente Claudia, se desabrocho la falda y la bajo despacito. Parecía que estaba en película para adultos. Su interior se asomó bajo la camiseta tanga blanca CK muy breve por enfrente. Sus piernas blancas pero bien torneadas estaban frente a mí. Quise en ese momento ponerlas al lado de mis orejas y comerme su conchita que se marcaba en la tanga blanca.

    Se acomodó la camiseta tapando un poco, aunque no por mucho tiempo. Volvió a girar la botella y le tocó nuevamente. Era el momento esperado. A regañadientes se quitó la camiseta. Wowww después de tantos años de conocernos y varias borracheras veía a Claudia como me la imaginé muchas veces y a la que por cierto le dedique algunas manuelas, solo con una tanguita pequeñísima.

    Paty veía de reojo con cierto nerviosismo mi cara. Sabía que al final llegaría su turno. Seguimos con el juego. Perdió Paty se quitó el pantalón blanco, Mostró las argollas mencionadas. Daban ganas de arrancarlas para que brotara ese pubis.

    Perdí me quite la camisa y la buena suerte volvió a llegar le tocó a Claudia… no quería quitarse nada y nos quería convencer de que emparejáramos la desnudez.

    Paty y yo lo negociamos y decidimos quedarnos sin nada arriba, solo chones así que Paty se quitó el bra, era un 34 B precioso con el pezón rosita y bien parado, quería ponerle mi verga en medio y mastúrbame ahí, que brincará mi semen en su cara.

    Me quite todo hasta quedar en bóxer de los pegados, donde se marca el paquete, por los ojos de las 2 sabían que estaba bastante excitado.

    —-

    Llegó el momento de Paty y Claudia solo en tanga y con las lolas al aire, nunca me hubiera imaginado que eso sucedería algún día, menos hoy.

    Las 2 rieron y se dieron un beso de piquito para calentar el momento.

    Seguimos con la botella y ahora cambiarían los castigos. Ya estábamos bastante calientes los 3 como para andar con tonterías.

    Primero castigo perdí, beso de lengua a las 2, primero Paty de pie despacito metí mi lengua, sentí la suya y le di pequeñas mordidas se arrimó para sentir mi erección, baje la mano por su espalda hasta las nalgas ricas y duras.

    Luego Claudia igual tratamiento ella solo me arrimo las tetas, los pezones parados y duros tocaron mi pecho. Sentía que explotaría ahí mismo era imposible mantenerlo en el bóxer.

    Siguiente… perdió Claudia. Inmediatamente Paty le impuso el castigo. Creo que querían que acabara el juego, un cunnilingus en el sofá. Por un momento pensé que iba a protestar, pero lo único que hizo fue acostarse en el sofá y sacarse la tanga, tenía una vaginita bien rasurada, solo una pequeña línea de vello, sus labios exteriores estaban rojos y muy hinchados, seguramente por la excitación, no se notaba húmeda, al menos no por fuera.

    Nos quedamos viendo Paty y yo, (mi imaginación voló rápidamente y le dije):

    —Echemos un chinchampu para ver quien la atiende, va?

    —Va.

    Ella perdió y solo se sonrojo. Se acomodó, hincada entre sus piernas. Claudia había empezado a masturbarse acostada en el sofá, solo un leve toqueteo para lubricarse, yo estaba como tienda de campaña me dolían las bolas de tanta excitación, así que me pare al lado para ver en acción la lengua de Paty.

    Jugaba con el clítoris como una profesional y se escuchaba la humedad en la conchita de Claudia, era una escena de película porno en vivo y en directo.

    Así que no aguante más y me pare atrás de Paty y la subí al sofá, quedó parada sobre el brazo del sofá con el culo a una altura mucho más cómoda para poderla penetrar. Claudia estaba pegando de gritos, así que solo se acomodó para que la alcanzara Paty. Hice a un lado su tanga y metí mi miembro en su conchita, estaba muy húmeda. Resbalo hasta al fondo y solo se escuchó un pequeño gemido. Tenía la boca ocupada.

    Entra y sale, entra y sale, el movimiento se hizo rítmico, empujábamos lengua, verga y cuerpo sobre el clítoris de Claudia jadeaba de placer y solo se escucharon dos orgasmos al mismo tiempo, las dos temblaron una bajo la otra. Las tetas de Claudia en las manos de Paty y las de Paty en las mías. No dejaba de empujar hasta que me vine con chorros de leche acumulados, de toda la noche. Sentí como escurrían de la concha de Paty, sobre las piernas de Claudia. Saque la verga y se la di a Claudia, su lengua seco lo que sobraba, succionándola poquito. Solo para que despertara.

    Estábamos sudando, era época de calor y se venía la mañana. Claudia trabajaba y tenía que preparar el uniforme.

    Revisó que todo estuviera en orden, lo planchó rápidamente y se metió a la ducha.

    Me había quedado con ganas de probar, si su culito era como se veía.

    Así que me metí con ella a la regadera. Me vio y se hizo a un lado. Solo dijo

    —que rico te la cogiste, creí que no me tocaría.

    Le sonreí y la empecé a besar, baje a sus nenas, su pezón estaba duro y el agua le corría por el cuerpo.

    —Es delicioso.

    —Te gustan mis bubies?

    No respondí, no era necesario. Estaba de espaldas a mí y se restregaba en mi miembro.

    Tome un poco de jabón y lo froté por todo su cuerpo. Resbalaba delicioso, sus tetas, su abdomen, su duro trasero. Ella hacía ruiditos cachondos.

    La puse de frente y la besé, nuestras lenguas se entrelazaron como víboras apareándose. El agua nos corría por la cara, recorramos nuestros cuerpos enjabonados, con prisa de pubertos en su primera cita, en un viaje de reconocimiento.

    Se puso de rodillas y me chupo la verga, estaba dura y roja, lista para la acción, la recorría desde la base hasta la punta, la metía completa y la sacaba. Su saliva se mezclaba con el agua que escurría, la empujaba de la cabeza para meterla hasta su garganta en movimientos rítmicos.

    La levanté para comerme su conchita, me hinque, subió su pierna en mi hombro y se sostuvo del cancel. Subía y bajaba delicioso.

    Masajeaba su culito con el dedo índice y el pulgar en su conchita, entraba y salía, mordía su clítoris, despacito con cariño pasaron 3 o 4 minutos y se vino en mi cara, sus fluidos corrieron junto con el agua. Con sabor a sexo, delicioso. Pegaba unos gritos que seguro despertó al vecindario.

    Me puse de pie, la voltee y le pedí que se empinara como si se le hubiera caído el jabón, lo hizo y su coño apareció, hermoso, rosado, apretadito como lo imaginé.

    Fui metiendo el glande, despacio mientras ella gritaba un poco, muy despacio, masajeaba su clítoris para que se abriera el ano, de repente me pidió que la empujara.

    —Dale fuerte —gritaba

    —Segura?

    —Si dale que me gusta

    Apoyo la mano en la pared y con un movimiento rápido la enterré por completo, las pelotas rebotaban en sus nalgas mientras se movía rápidamente.

    Acariciaba su clítoris y se mojaba como si no le hubiera pasado en días.

    Escuchaba sus gritos de dolor y placer, de vez en vez le daba unas nalgadas que sonaban por el agua que corría, se ponían rojas con la marca de mis dedos, gritaba más fuerte, hacía fuerza con el brazo hacia atrás y llegaba hasta al fondo. Entraba y salía, fuerte, me rozaba con sus comisuras, se apretaba cuando entraba como si quisiera hacer más presión, como los ejercicios de Kegel.

    Me vine con fuerza, una descarga eléctrica llegó a mi cuerpo, me gritó:

    —No pares aguanta por favor

    Y así fue, aguante dentro y seguí empujando, mientras se retorcía como si le hicieran cosquillas.

    Pegó un último grito ahogado por el agua.

    —No mames me vine de nuevo. No lo puedo creer. —Dijo con la respiración entrecortada.

    Saqué mi tornillo, escurría leche de su culo, semen escurrió a borbotones entre sus piernas.

    Se sentó en el suelo, me senté junto a ella unos segundos y terminamos de bañarnos. Lave todos sus orificios con cuidado, nos dábamos besos cariñosos, mientras ella también lavaba mi cuerpo.

    Salí con una toalla en la cintura buscando a Paty pero ella ya estaba dormida.

    Terminé de ver como se vestía Claudia, como si nada hubiera pasado.

    Así que aproveché para meterme en la cama junto a ella.

    Se hizo a un lado y me dejó un espacio pequeño, no importa, me quedé dormido inmediatamente.

    Definitivo Facebook hace maravillas ya que fue la mejor cena de mi vida.

     

  • Presa en mi memoria (Partes 1 y 2)

    Presa en mi memoria (Partes 1 y 2)

    Me llamo Tamara, tengo 26 años y estoy a punto de recibirme de enfermera, estoy en pareja desde hace cuatro años, con un chico al que amo con todo mi corazón, pero que sexualmente no es compatible conmigo.

    Convivimos en la ciudad de mis padres así que los vemos seguido y podemos siempre hablar aunque nos mantenemos solos y mis papas no quieren darnos dinero.

    Cristian es un chico colorado no muy alto muy blanco de piel con una verga hermosa, pero que solo piensa en sus intereses, y así fue como decidió irse a su pueblo cuando las cosas en la ciudad se complicaron dejándome sola con una relación a distancia.

    Por mi parte yo siempre fui luchadora me faltaba solo 1 año para poder recibirme cuando ambos nos quedamos sin trabajo, eso nos distancio mucho, nuestros encuentros íntimos empezaron a enfriarse, el buscaba acabar y si yo lo hacía o no poco le importaba. Yo quería seguir adelante superarme, recibirme y después si irme, pero Cris no el quería irse y volver cada cierto tiempo así que no hubo nada que hacer, él se fue y al poco tiempo conseguí trabajo de moza, los horarios eran flexibles para poder cursar y el dueño del restaurant era muy atento conmigo, seguía de cerca todo lo que yo hacía.

    Lo único que no me gustaba de este trabajo era el uniforme demasiado ajustado, y encima una camisa, las camisas no me quedan bien porque hacen que se me marquen todas las tetas y además no consigo una que me cierre, debido al tamaño de mis amigas. El pantalón negro y los tacos me hacían sentir muy mal conmigo misma ya que no me gustó mucho y además se marcaba demasiado mi culo grande.

    Los días iban pasando con Cris nos vimos tres veces y los encuentros íntimos fueron como las primeras veces, llenos de fuego lujuria y pasión. Amaba chuparle la verga y que se viniera en mi boca, hacerlo sentir el hombre más deseado del mundo, que con mis palabras y gemidos se encendiera al máximo, pero no puedo negar que me sentía sola, así que caí en el vicio del cigarrillo, cuando estaba mi pareja lo escondía porque se enojaría pero cuando no, me fumaba hasta dos atados por día.

    Un día antes de que venga Cris mi hermana me dice que estaba muy tensa, que deberíamos salir a bailar, debo confesar que jamás salí no me gustaba pero ella insistió, me presto ropa suya, una minifalda roja y una remera negra bastante escotada, de esas a las que no podes ponerle un corpiño debajo porque solo lo arruinarías. Fue frustrante ella se fue con el primero que se le cruzó y yo me fui a la barra empecé a tomar hasta que perdí la noción de donde estaba, en eso se acercó Eze, un hombre de unos 40 de buen porte y muy bien vestido es todo lo que recuerdo.

    E: no le sirvan más a la señorita yo pago y nos vamos.

    T: que?? Yo quiero seguir tomando no ves? lo estoy pasando de maravillas?

    E: te dije que nos vamos, pagó y me saco a las rastras de allí.

    Yo estaba enojada pero a la vez me sentía contenta siempre había querido que alguien me domine como si fuese una cosa, así que Eze había logrado excitarme.

    Recuerdo que salimos del bar y nos subimos al auto Eze me dijo que a partir de ahora yo tenía que obedecerle en todo, o me las vería feas.

    Fuimos a casa y después de fumar lo guie hasta mi habitación a penas podía mantenerme en pie por lo que me acostó y fue a su auto, cuando volvió con un bolso no podía creer lo que veían mis ojos, tenía sogas y muchos látigos.

    Por desgracia no logro recordar nada de lo que allí pasó solo los gritos de mi pareja cuando no fui a buscarlo a la terminal y fue a casa y me encontró en la cama toda llena de marcas sexuales y olor a sexo, colillas de cigarrillos.

    —Que hiciste? Estas enferma… Cómo pudiste hacer esto en nuestra casa…

    Sus gritos no me dejaban pensar estaba, muy ebria y me, solía la cabeza… Pero que el dijera NUESTRA casa realmente me había desencajado… Esta no era su casa… Él había decidido irse… No podía pensar necesitaba un respiro, así que como pude me levanté… Tenía el culo roto y era virgen hasta ese momento… Venían imágenes muy esporádicas a mi mente, pero no lograba acordarme… Necesitaba estar sola… Así que me levante como pude me vestí llorando le pedí que no me, gritase y salí, dejando a Cris solo.

    En la calle decido que lo mejor es ir a la plaza así que con, las lágrimas brotando de, mis, ojos empecé a caminar… Siento una nalgada me doy vuelta y ahí estaba Eze…

    E: Quien lo hubiese dicho trola que ibas a estar acá… Estando tú novio en casa… Por cierto tenés los ojos como si hubieses estado llorando.

    Lo ignoré… No recordaba y no podía decírselo… Me siguió y me beso, respondí y fuimos a su casa solo para charlar. Necesitaba respuestas y el único que podía dármelas, muy a ni pesar era el como yo la, mina fiel, la soñadora había, amanecido, así? Una cosa era fantasear pero al parecer esta vez se me fue todo, de las manos, mientras mi mente trataba de armar el relato Eze me, dio un café…

    Me dijo que no se suponía que las putas se pusieran así, yo era una, puta reprimida así que no me enojo que me lo dijese… Pero… empecé a llorar le confesé que no recordaba nada… Lo primero que él, dijo como, atajándose era que él no me había forzado a nada… Pero que después de que él fue al auto yo lo estaba esperando desnuda mis ojos se abrieron como, platos, me dijo que yo le había pedido que me ate y él lo hizo, que nos dimos, un beso y luego otro y así hasta que nos dolía la boca…

    Empezaba a recordar luego de eso metió su verga en mi boca y empezó a cogérmela, re bruto, yo disfrutaba tanto, puede que estar ebria hubiese ayudado a lo que paso, recordé que me, puso un, collar de perra y empezó a darme, sopapos me preguntaba quién era la trola más puta y yo le respondía yo sus manos estaban en todo mi cuerpo lo recorría y besaba, me encantaba, me daba pequeños látigos y mi piel se estremecía, jamás nadie me había hecho nada igual, solo se habían concentrado en mis tetas, su verga entro a mi conchita y me, estremecí era ya grande que me hacía sentir en él, cielo me daba grandes embestidas y así se vino, adentro, me dio vuelta empezó a jugar, con, mi, ano y me lo, rompió sonreí Eze estaba mirándome tiernamente e interrumpió mis recuerdos

    —jamás estuve con una puta como vos… gozaste demasiado ser una trola…

    Empezaba a reír y a pensar en que mi vida necesitaba un golpe de timón… Porque con Eze había sido quien deseaba ser… Eze había dominado todo de mi esa, noche, fue como, un video porno hecho real y que más podía pedir?? Necesitaba hablar con Cris contarle todo… Así que salí de lo de Eze besándolo y prometiendo, volver a verlo…

  • Lujuria culturista (4): Rick y Leo Walker

    Lujuria culturista (4): Rick y Leo Walker

    La última vez que supimos de Rick.

    ‘¿Estas bien hijo?’ Oí que papá me preguntaba nuevamente.

    ‘Sí, eso creo.’ Le respondí con la respiración entrecortada.

    ‘¿Por qué no vienes aquí y me dejas ver tu conchita?’

    Justo cuando estaba a punto de responder, escuchamos una voz desde fuera de la piscina. ‘¡Hola!

    ¡La puerta estaba abierta! ¿Hay alguien aquí?’

    Giré mi cabeza hacia la puerta del patio y vi que aparecer a Leo Walker, la montaña de músculos negra que había conocido en el concurso de fisicoculturismo hacía un par de semanas antes.

    ********************

    Leo Walker era probablemente, el último hombre en la Tierra que esperaba ver entrar a nuestra casa. Papá me había comentado que eran amigos, pero verlo aquí ahora, en carne y hueso, cuando estaba tendido desnudo sobre mi vientre, levantando culo redondo y con mi orificio expandido, fue realmente un shock. Yo realmente lo idolatraba como fisicoculturista y quería que un día fuese tan grande como él: casi 130 Kg. 1.40 m. de pecho, 55 cm de brazos. El hombre era una montaña de músculos duros como una roca. Había aparecido en la portada de varias revistas, era todo un ídolo local pero ahora estaba al natural con un aspecto austero y atractivo, igualmente no era así como esperaba que él me encontrara. Rápidamente agarré una toalla de mi sillón y la tiré detrás de mí, esperando que fuera lo suficientemente rápido para tapar mis enormes glúteos.

    Aparentemente, lo primero que notó fueron los cuatro sementales desnudos que me rodeaban, especialmente notó a mi papá, que estaba sentado con su pedazo de 30 cm descansando en su regazo. «Bueno, » Leo rió entre dientes «¡Parece que esta fiesta ya comenzó!»

    Mi papá rió junto con él «Oh! nada de eso, todavía está en curso. Leo, este es mi hermano Tony, Eduardo y Raúl que trabajan para nosotros. E imagino que recuerdas a mi hijo Rick, ¿verdad?»

    Leo me miró, mi bajo dorsal se extendió aún más anchos que la silla y mi gran culo redondo se recubrió por la toalla. «Por supuesto que recuerdo a Rick, ¿cómo podría olvidarlo? ¿Cómo está ese famoso culo?»

    «Estoy bien, señor». Contesté sumisamente mientras tragaba saliva.

    «Oh, está yendo mejor que simplemente bien» intervino el tío Tony. Él arrebató la toalla que me había cubierto. «Mira a este hombre.» Vi la mirada de Leo caer sobre mis grandes glúteos, que estaban separados a pesar que mis muslos colgaban a cada lado de la silla. Él miró mis montículos redondos y luego bajó a mi agujero rosa, perfectamente afeitado, justo cuando sentí una corriente de esperma espesa goteando.

    «Mierda!. Parece que Rick ha estado recibiendo algunos de sus regalos de cumpleaños «, dijo antes de tocar su entrepierna para acomodar su paquete. Vi una enorme serpiente gorda hacia un costado, cuya extensión casi llegaba a la parte inferior de sus pantalones cortos.

    «Sí», dijo papá «Rick ha estado recibiendo algunos regalos. Su culito ama acaparar la atención».

    «Mierda! Eso es lo que me gusta escuchar» gruño Leo. Se acercó a paso firme hasta mi silla y posó una de sus grandes manos negras por mi suave trasero hasta que sus dedos se deslizaron hacia mi agujero empujando contra mis nalgas. «Recuerdo esta conchita muy bien. Se ve aún mejor ahora con esos labios hinchados y mojados. Definitivamente tienes una dulce conchita musculosa en tu culo, Rick».

    Jugaba con mi agujero y yo me sentía tan caliente, con mi ídolo acariciándome que solo levanté mi trasero y me moví. «Esta concha todavía está hambrienta ¿no?» Leo me preguntó.

    «Se siente tan bien» gemí.

    «¿Cuántas gordas vergas has tenido en tu concha hoy?» preguntó

    «Tres. Hasta ahora.»

    «Claro que sí», agregó Eduardo. «Dos de nosotros perforamos su agujero al mismo tiempo».

    Leo silbó mientras expandía mi agujero un poco más con sus dedos. Sentí que estaba comprobando la veracidad de lo que estaba oyendo. «Bien! ¿Ya has tomado la enorme verga de tu papá en tu conchita?»

    «Todavía no», le dijo papá. «Estaba a punto de darle un poco cuando entraste».

    «Perfecto!!» dijo Leo entusiasmado «Estoy a tiempo para ver un show de este culo caliente». Denme una cerveza y déjenme ver esto.» Luego se quitó la parte superior de su camiseta exponiendo unos hermosos y enormes pectorales cuadrados. Simplemente, yo no podría superar su tamaño. Luego, colocó una silla frente a papá, tomó una cerveza y se sentó.

    «Vamos, Rick.» dijo Papá «Vamos a mostrarle a Leo lo talentosa que es tu conchita» mientras agarraba la base de su verga apretándola para que la cabeza se engordara aún más. Lentamente me levanté y caminé hacia él. Papá me giró dejándome en frente a todos y colocó cada una de mis piernas a cada lado de su cintura. Ahora estaba frente a Leo que bebía su cerveza y frotaba su verga del tamaño de un brazo. Papá puso su mano en la parte baja de mi espalda y empujó haciéndome arquearla para exponer mi culo redondo hacia él. Luego me jaló hacia abajo hasta que mi agujero quedó justo sobre la cabeza de su verga, sentí como su cresta acampanada separaba los labios de mi culo. Lo siguiente que ocurrió fue que mi agujero estaba tan resbaladizo y abierto, que los 30 centímetros de robusta verga de mi papá simplemente se deslizaron con una asombrosa facilidad dentro de mis entrañas, hasta que mis duros glúteos estuvieron sentados en su regazo.

    «Oh, sí!!» gruño Leo en evidente excitación «de eso estoy hablando!». Entonces se levantó de su silla, se desanudó el cordón de la cintura y sus pantalones cortos comenzaron a deslizarse hacia abajo, por sus muslos. A medida que caían, vi como su monstruosa verga se revelaba cada vez más. Parecía que no tenía fin! Y cuando su correa finalmente se detuvo sobre la cabeza de su verga, tiró bruscamente hacia abajo y sus pantalones cortos cayeron al suelo dejando que su miembro se levantara con fuerza. No pude contener el gemido. Fácilmente tenía 35 centímetros de oscura carne venosa y palpitante que sobresalía de su magra cintura. Mientras lo veía extasiado, presioné la verga de mi papá apretando mi agujero e imaginando cómo se sentiría el pedazo de Leo dentro de mi coño. Cuando Leo volvió a sentarse, parecía que su gigantesca cosa llegaba casi a sus pectorales.

    «Mierda, hijo!», gimió papá, «esa enorme pedazo de verga hace que tu conchita se sienta hambrienta, ¿No es así? Oh! Carajo! Realmente estás ordeñando mi pija.» Y así era: estaba haciendo mi mejor esfuerzo, chupando el tronco de mi papá con las nalgas de mi musculoso culo. Leo me observaba hambriento cabalgar y relinchar sobre la verga de papá, mientras acariciaba su enorme polla de arriba hacia abajo para mí.

    «Déjame ver esa conchita» me ordenó Leo «Levanta tus piernas para que pueda ver ese agujero goloso». Me incliné hacia atrás y papá enganchó sus manos debajo de mis rodillas, levantó mis piernas hacia atrás, empujando mi agujero hacia arriba mientras se agarraba a su verga. «Sí!, ahora mueve tu micro-verga y tus pelotas para que pueda ver más» Ordenó Leo. Extendí la mano y saqué mis genitales del camino.

    «Eso es lo que quería!» suspiró Leo: «La verga de burro de tu papá está presionando contra tus labios, así que están hinchados. Hombre, eso es tan jodidamente caliente. Una perfecta imagen de tu concha! Esta mierda podría estar en la revista Hustler».

    «Carajo!! sí, hombre!!», intervino el tío Tony. «Rick es como una jodida joven llena de músculos con un ataque de calentura».

    Papá comenzó a empujar su verga dentro y fuera de mí, y aquella posición realmente estaba estirando mis entrañas, golpeando dentro de mis tripas en cada embestida. Se deslizaba hacía afuera hasta que la gorda cabeza quedaba a punto de salir de mi agujero, mi culo lo chupaba con todas mis fuerzas para evitar que saliera del todo, y luego lo golpeaba nuevamente hasta que sentía sus bolas presionadas contra mi punto hinchado. Una y otra vez la verga de mi padre entraba y salía de mi hambriento culo, cada vez más gorda, más hinchada y más venosa, hasta que finalmente emitió un fuerte rugido. «Aquí la tienes!! toma la leche caliente de tu papá dentro tu conchita!! TÓMALA TODA RICK.» Pude sentir como el esperma salía disparado, su falo se agitaba espasmódicamente a medida que llenaba mi agujero. Aún después de disparar, yo solo seguí chapándolo con mi culo, queriendo cada gota.

    «¿Estás listo para mí ahora?» Preguntó Leo. «¿Crees que podrás manejar a mi monstruo?»

    Estaba hipnotizado por ese hombre y su enorme polla, no pude hablar, así que solo asentí. Papá lentamente extrajo pulgada tras pulgada de su verga, todavía dura, de mi agujero dilatado para luego, mediante un cabeceo, me ordenó que vaya hacia Leo. Me acerqué a él y rodeando uno de sus brazos por mi cintura, tiró de mí para que quedara montado en su regazo chocando pecho con pecho. Era como presionar contra una pared ancha de ladrillos y su polla, dura como una roca, se abría paso entre mis redondas nalgas llegando hasta la mitad de mi espalda. Simplemente puse mis manos sobre sus hombros y comencé a frotarlas por la extensión de sus pectorales y sus brazos abultados mientras podía sentir sus dedos deslizándose hacia mi culo redondo, agarrando las mejillas y separándolas.

    «Sí!, marica! Tu suave conchita está tan hambrienta. ¿Te gusta cómo se siente mi enorme cuerpo?»

    «Oh! Sí…» jadeé. «Eres tan grande y tan jodidamente caliente…».

    «Me alegro de que te guste porque pienso escarbar muy dentro de tuyo. Me encantan los maricones como tu como tú: se muestran todos enormes y sementales para luego convertirse en unas sumisas y ardiente nenitas deseosas de mi gran verga negra. ¿Vas a ser mi nena esta noche?» Solo mirando el gran cuerpo de mi ídolo y escuchándolo hablar de esa manera tan dominante me estaba volviendo loco. Hubiera prometido cualquier cosa que me haya pedido, definitivamente estaba rendido ante él. «Sí señor. Seré tu nena!!» Contesté mordiéndome los labios.

    «Buena nena! Te voy a poner algunos bebés en esa suave conchita. Ahora: acércate hacia mí para que pueda poner esta gran verga debajo de ti».

    Presioné mi pecho más fuerte contra el suyo, levantando mis nalgas y sintiendo sus manos llegar hacia atrás, agarrar su verga, empujando la cabeza contra mi agujero para luego poner sus manos sobre mis hombros y empujar hacia abajo. Pude sentir el enorme hongo de su cabeza separando los labios de mi ojete, y gracias a que ya estaba tan cogido y tan mojado, fácilmente pudo meter, centímetro tras centímetro, su venoso mástil carnoso, hundiéndolo cada vez dentro de mí. Cuando finalmente llegó hasta adentro en su totalidad, el interior de mi agujero comenzó a dar fuertes sacudidas alrededor de su polla. Era como si estuviera teniendo un orgasmo dentro de mi culo.

    «Sí, perra! Llegué a tu punto G. Vamos! Cabalga esa conchita dulce en él.» Me ordenó mientras yo simplemente empujaba y me retorcía por los sentimientos que me invadían. Pude ver como papá se levantaba de su silla para situarse detrás de nosotros y sentir su mano en mi culo justo donde Leo estaba conectado.

    «Wow, Rick! Los suaves labios de tu conchita se ven tan hinchados y estirados! Ese es mi musculoso hijo con su hambriento y tembloroso agujero.» Yo gemí y continué manoseando el ondulante pecho de Leo mientras le comía la verga tan profundamente como pude. «Voy a ir a la cocina y tomar más cerveza». Finalmente dijo papá.

    «¡Espera!» Le contestó Leo. «Vamos a ir contigo. Rick aférrate de mí» Envolví mis brazos alrededor de su fuerte cuello y antes de que termine de aferrarme a él, se levantó, acomodando mis piernas alrededor de su cintura para que su verga quedara enterrada en mi culo. Seguimos a papá hacia adentro de la casa adentro y con cada paso la gruesa verga de Leo se deslizaba de dentro hacia fuera, siempre golpeando bien adentro de mis entrañas. Por más que lo intentaba, no podía dejar de gemir. Una vez dentro de la casa, papá caminó alrededor de la isla de la cocina, hacia la nevera mientras Leo sentó mi trasero en el otro extremo del mostrador. Luego me levantó y me dio la vuelta sobre mi estómago dejándome boca abajo, separó y abrió mis muslos sobre el frío mármol dejando a mi agujero perfectamente expuesto para que él entrara y saliera a su gusto. Quedé de frente a papá en la cocina, podía verlo viniendo desde la nevera con su enorme pedazo que todavía sobresalía duro y húmedo delate de él. Recostado como estaba sobre mostrador, mi cara quedó sobresalida en el otro extremo.

    Papá se acercó para darle a Leo otra cerveza y cuando lo hizo su pedazo erecto de carne de caballo se presentó justo en frente de mi rostro, aproximándose lentamente y todo lo que hice que hice fue abrir mi boca para que la cabeza gorda y esponjosa se deslizó directamente hacia adentro. Ahora tenía dos enormes vergas llenando y serruchando mis agujeros, una en mi glorioso trasero y otra perforando bien profundo dentro de mi boca cada vez que me golpeaban en desde la espalda. Papá y Leo hablaban plácidamente mientras me llenaban con sus pedazos, casi como si yo no estuviera allí. Había algo en esa sensación de sumisión que me excitaba tremendamente. Ser usado como un hermoso pedazo de carne me obligaba a replantearme muchas cosas. Yo solo era un gran fisicoculturista acostado entre ellos con una hambrienta conchita y una boca húmeda en la que se enterrarían sus enormes vergas jugosas.

    Los otros tres sementales entraron a la casa justo en ese momento, Eduardo y Raúl estaban vestidos. «Amigo, nosotros tenemos que partir. Le dije a mi esposa que estaría en casa para cenar. Gracias por la fiesta y por compartir a esa marica lujuriosa tan caliente que tienes por hijo».

    «No hay problema!» respondió papá sonriente mientras yo continuaba chupando su enorme mástil de carne. «Los veré en el lunes». Escuché como Eduardo y Raúl caminaban por la esquina de la isla hacia la puerta principal y cerrándola de golpe detrás de ellos.

    «Oye, hermano», le dijo el tío Tony a papá. «Llamé hace un rato y nos ordené unas pizzas. Voy a ir a la otra habitación y ver el resto del partido en la televisión. Recíbanlas cuando lleguen.» Se acercó y pasó su mano por mis duros glúteos para aproximar sus dedos ha ocupado agujero, antes de irse a la sala de televisión. Pude sentir los labios de ojete sumamente hinchados e irritados.

    Papá y Leo siguieron hablando placenteramente mientras serruchaban mis agujeros hasta que sonó el timbre. Leo salió de mis entrañas de un fuerte tirón, presionó sus manos contra mi espalda para que no pueda moverme mientras papá caminó hacia el otro lado de la cocina desde donde no nos podían ver y abrió la puerta.

    «Traigo sus pizzas, Sr. Williams». Se anunció el repartidor «Pete, ¿eres tú? ¡No te había visto desde que estabas en el equipo de lucha libre en la escuela secundaria con mi hijo Rick! ¡Wow, te ves genial!» Dijo papá al abrir la puerta.

    «¡Oh hola! ¿Cómo ha estado usted, Sr. Williams? Se nota que realmente ha estado ejercitándose». Halagó Peter a mi padre

    «Gracias chico!. Parece que también tu lo has estado haciendo. ¿Cómo está tu papá? ¿Sigue entrenando al equipo de lucha?» Indagó papá.

    «No señor, ahora está entrenando al equipo de lucha en mi universidad. Él siempre habla de Rick. Cuenta que fue el mejor luchador que tuvieron en mucho tiempo. Hombre, siempre recuerda que Rick podría haber vencido a mi padre, pero cuando lucharon creo que Rick se dejó ganar. Papá llegaba a inmovilizarlo boca abajo en la colchoneta y, en lugar de tratar de zafarse, Rick se dejaba perder y solo se limitaba a sonreír satisfecho. A propósito: ¿Cómo está Rick? Escuché que ahora es un gran fisicoculturista».

    Mientras Pete estaba contando esta historia, Leo Walker deslizó nuevamente su negra verga dentro mío y se inclinó sobre mi para que su pecho estuviera presionando mi espalda. «Apuesto a que te encantó, ¿no, Rick?» Me susurró al oído. «Un gran entrenador encima de ti, apretando su abultada entrepierna en tu culo redondo. Te hubiera encantado que rompiera tus mayas de lucha y deslizara su gruesa verga en tu apretada conchita ¿No, marica? ¿Acaso no buscaste eso siempre? Que te perfore sobre la colchoneta mientras todo el equipo te mira, hasta tirarte una buena descarga de espesa leche en la concha y que luego todos los muchachos del equipo se pongan en fila para sacarle lustre a tu culo…» Cuando Leo dijo eso, me pregunté si en realidad podría llegar a ser cierto. Tal vez sí quería ser violado por el entrenador, en ese momento, aunque también recuerdo que estaba saliendo con chicas. Diablos! hace un par de meses atrás aún salía con chicas, así que no estaba seguro de lo que me estaba pasando. Solo podía pensar en que la enorme verga de mi papá, en la gran tronco negro de Leo Walker y en como las vergas de los otros estaban golpeando algo dentro de mí que se sentía realmente increíble, era una sensación que definitivamente no quería detener. Era como mi ejercicio o como una droga de la que ahora mismo era adicto. Haría y diría todo lo que ellos me obligaran con tal de poder seguir teniendo la oportunidad de tener sus vergas. Parecía como si Leo estuviera leyendo mis pensamientos, porque justo en ese momento estrelló su pedazo fuertemente contra el fondo de mis entrañas, obligándome a soltar un gran gemido.

    «¿Ha oído eso al Sr. Williams?» Preguntó Peter desde la puerta.

    «Oh, solo estamos viendo el juego en la televisión. Rick está aquí ahora. ¿Quieres acompañarnos y tomar unas cervezas con nosotros? Podrás verlo y de seguro te sorprenderá gratamente». Lo invitó papá.

    Oír esto me exaltó rápidamente. No sabría qué hacer con uno de mis ex compañeros del equipo de lucha que caminando por la cocina pueda encontrarme desnudo, sobre el mostrador, con mi culo de burbuja lleno de 35 cm de una enorme verga venosa de un imponente negro fisicoculturista.

    «De verdad que me encantaría Sr. Williams pero tengo más entregas para hacer y estoy un poco demorado. Mándele mis saludos. Aún veo a algunos de los muchachos del equipo por la ciudad y todavía me preguntan por él. Sería genial poder encontrarnos con él».

    «Le enviaré tu saludos, Pete. Cuídate y mantente en contacto». Luego oí como se cerraba la puerta de entrada y vi que papá regresaba con unas cajas de pizzas en la mano. Leo continuaba deslizándose dentro y fuera de mi culo mientras yo me agarraba del mostrador para mantenerme firme. Sus embestidas eran a veces violentas y profundas y otras veces suaves y apacibles. Sentí una mano alrededor de mi agujero, era mi papá examinado los labios de mi agujero estirándose por el grueso mástil carnoso de Leo.

    «Voy a llevar esto a la otra habitación para ver el juego con Tony. Ustedes dos vengan cuando estén listos». Invitó papá mientras se alejaba con las pizzas.

    «Estaré allí en unos minutos» Le dijo Leo a mi papá antes de irse con las pizzas. Nuevamente sentí a Leo golpear muy fuerte toda la longitud de su verga y abrirse paso dentro de mí.

    «Eso gatita! tu conchita esta tan cálida y apretada alrededor de mi verga. Te gusta sentir mi verga de caballo?» Me preguntó Leo.

    «OH sí», gemí otra vez. «Me encanta tu gran verga».

    «¿Dónde de encanta?» Preguntó imperativo.

    «En mi culo».

    «¿¿Dónde??» Preguntó de nuevo alzando la voz.

    «En… en mi conchita». Pronunciar esa palabra en voz alta me producía un enorme desconcierto. Conscientemente me negaba a admitirlo, pero sabía que amaba esa dualidad de ser visto como un gran marica culturista lujurioso sediento de vergas grandes y jugosas. De hecho desde que mi papa y mi tío atacaron mi culo por primera vez en el hotel, me descubrí caminando por la calle mirando las entrepiernas de todos los hombres que se me cruzaban esperando que cualquiera me dé una mínima señal para entregarles mi boca y mi culo.

    «¡Eso! ¡Así!» gimió Leo mientras me castigaba de nuevo. «¿Dónde te encanta?»

    «¡Dentro de mi conchita! Amo como se siente tu enorme verga negra en mi dulce concha musculosa afeitada».

    «¡Maldita perra! No tienes una idea cuantas mierdas realmente raras quiero hacer contigo. Quiero vestirte con un sexy babydoll y verte caminar, luciendo tus grandes músculos y alardeando de ese redondo culo gigante y de tu hinchada vulva afeitada.» Luego se estrelló de nuevo contra el fondo de mi culo y de repente lo sentí temblar. Su semen caliente comenzó a inundar todo mi agujero. «¡Carajo! Me hiciste acabar pedazo de puta». Me limité a empujar hacia atrás y seguí succionándolo tan fuerte como podía con los músculos de mi culo. Leo se quedó dentro de mío y parecía que su verga no se iba a ponerse flácida en lo absoluto. Erecto como estaba, salió de mi interior de un tirón para luego sacarme de encima del mostrador. «Vamos marica! Vamos a la otra habitación con tu papá y tu tío» Me empujó hacia adelante poniendo su pesada mano en mi nuca para llevarme donde estaban viendo la televisión.

    Cuando llegamos a la otra habitación ya estaban a la mitad de las pizzas, Leo me empujó al sofá junto a mi papá para luego tomar asiento al otro lado. Quedé sentado entre los dos sementales mientras sentía como escurría el semen a pesar de apretar mi agujero para mantenerlo dentro de mí. Al rato Leo pasó su mano por debajo de mi culo y pude sentirlo empujando sus dedos profundamente en mi agujero y estirando los labios de mi concha mientras agarraba una pizza con su otra mano. Una gran cantidad fluido semental se lanzó al sofá mientras Leo entraba con sus dedos. Papá también pasó su mano debajo de mi trasero y deslizó un dedo dentro de mi agujero también.

    «Entonces, ¿qué estamos viendo chicos?» Les preguntó Leo.

    «Es un partido universitario», respondió el tío Tony. «Nuestro equipo local está jugando».

    «Hey!», Gritó Leo «el mariscal de campo de ese equipo trabaja a tiempo parcial para mí en el gimnasio mientras va a la escuela». Miré a la pantalla y la imagen de un enorme y hermoso semental con uniforme apareció «Su nombre es Kent. Un chico enorme, realmente se ve genial. Ben, tú y Rick deberían venir y entrenar esta semana para poder conocerlo. Además, realmente me encantaría entrenar a Rick allí» Dijo Leo muy entusiasta.

    «¡Claro!», dijo papá. «Nos encantaría. ¿No, Rick?»

    Sonaba genial hacer que alguien como Leo me entrenara y me encantaba la idea de conocer nuevos gimnasios. «Claro papá!»

    Leo rio un perverso diciendo «Serías muy popular en el gimnasio, Rick». Para luego de tirar los labios de mi culo aún un poco más.

    Todos miramos el juego hasta que llegó el espectáculo de medio tiempo. Leo y papá habían estado jugando con mi trasero durante todo el partido y había sido difícil concentrarse, así que me alegré por un descanso del juego. «¿Saben lo que necesitamos?» Dijo Leo de repente. «Necesitamos nuestro propio espectáculo de medio tiempo».

    «¿Sí?» Preguntó tío Tony. «¿Cómo qué?»

    «Rick, quédate en el sofá, levanta tus piernas y muéstranos esa hambrienta conchita tuya». Al tío Tony pareció gustarle la idea porque se levantó del sillón y pude ver su verga saltar debajo de sus pantalones, él la agarró y comenzó a tirar hasta que se le puso bien dura. Papá se puso de pie y dejó caer sus pantalones cortos, su verga dura reapareciendo nuevamente, antes de que se moviera hacia otra silla frente a donde yo me encontraba. Ver esos grandes mástiles erectos de nuevo me hizo sentir un hormigueo extraño dentro de mis entrañas, así que me senté y levanté las piernas para mostrarles a todos mi agujero afeitado. «¡Eso!, ahora endereza tus piernas y levántalas juntas. Todo lo que queremos ver es ese tajo suave y afeitado entre tus grandes nalgas.» Me ordenó Leo e hice lo que me dijo, tirando de mi trasero hasta el borde del sofá y mostrándoles mi agujero afeitado con mis enormes piernas juntas hacia arriba.

    «Bien, marica musculosa! Ahora abre tus nalgas y mete tus dedos dentro de esa conchita. Extiende esos labios hinchados y muéstranos un poco del interior de tu maltratado esfínter. Quiero verte posar como una de las putas de Playboy.

    Nunca había hecho una cosa así antes, pero traté de recordar todas las revistas pornográficas que había visto y hacer lo que él me pedía. Humedecí uno de mis dedos, arquee la espalda y separé los labios hinchados de mi agujero, sintiendo como algo del semen salía de mi interior goteando por mi grieta.

    «¡Mierda, sí!» arengó el tío Tony. «Estás realmente metido en eso, no Rick? Miren esa vulva hinchada. Un hermoso y gran chico con una concha de nena deseosa de grandes vergas».

    Observé una a una cada verga dura, mirando a esos tres grandes sementales jalando de sus gordos palos e intenté ser lo más femenino posible para ellos. Finalmente, el tío Tony comenzó a respirar más y más fuerte hasta que se levantó y se acercó, disparando otra carga por todo fuera de mi agujero abierto. Antes de que terminara, metió la cabeza en mi agujero y pude sentir como los últimos chorros se filtraban hacia adentro. Cuando lo vio, papá también se puso de pie, pero se acercó a mi cara y metiendo su gran verga por mi boca caliente para después inyectar su espesa crema en mi garganta. En ese instante, estaba siendo llenado desde ambos extremos con semen caliente de dos sementales. Luego, Leo quitó a mi tío Tony fuera del camino de un empujón y golpeó con todas sus fuerzas sus 35 cm muy dentro de mi maltrecho agujero todo empapado de semen y gruñó intensamente, liberando una nueva carga de esperma en mi conchita. Él y papá siguieron bombeando mis agujeros un rato más mientras yo me retorcía de placer, debajo de ellos en el sofá, sintiendo sus descargas dentro de mí.

    Finalmente, ambos se deslizaron fuera de mí lentamente dejándome exhausto y nadando en un mar de sus espermas, pero sintiéndome extrañamente completo y relajado. Leo tiró de mis tobillos hacia él y me dio una palmada en una de mis nalgas antes de soltarme y sacudir las últimas gotas de su denso esperma en mi cuerpo.

    «¡Mierda, nena, eres una asquerosa perrita caliente! Será mejor que me vaya antes de que empiece de nuevo. Tengo muchas cosas que hacer en el trabajo mañana». Dijo Leo.

    «Gracias por pasar Leo. Sé que Rick tuvo un gran cumpleaños gracias a ti.» Le dijo papá.

    «No hay problema. ¿Los veré en el gimnasio a los dos esta semana?»

    «¡Claro!» respondió papá. Leo tomó su ropa rápidamente, se vistió a las apuradas para finalmente salir, cerrando la puerta de la calle detrás de él.

    «Este cumpleaños me ha dejado agotado! Me voy a estrellar en una cama!», nos dijo tío Tony mientras se dirigía a la habitación de invitados. Papá deslizó una mano acariciando mis redondas nalgas musculosas, metiendo algunos dedos en mi agujero mojado. «Feliz cumpleaños hijo. Ahora vamos a dormir. Tenemos una gran semana por delante».

    (CONTINUARÁ)

    Próximamente: EN EL GIMNASIO

    [email protected]

    ***************

    Esta es una historia de ficción. Todos los personajes que se describen y los nombres utilizados en esta historia son el producto de la imaginación del autor y no son reales. Este capítulo de la historia contiene escenas de sexo homosexual, denigración personal e incesto. Cualquier similitud con la realidad es mera coincidencia. Si usted es susceptible a cualquiera de las clasificaciones de la historia, es menor de edad de acuerdo a las leyes de su país o simplemente no está de acuerdo con este tipo de cosas puede optar por no leerlo.

    Capítulos anteriores:

    Capítulo 1: “Marica culturista (poder pasivo) – (1) Hotel”

    Capítulo 2: “Lujuria culturista (musclepaowerbottom) – (2) Papá”

    Capítulo 3: “Lujuria culturista (3) La fiesta de cumpleaños de Rick”

  • Mis amigos albañiles me hacen trampa para aprovecharse de mí

    Mis amigos albañiles me hacen trampa para aprovecharse de mí

    El Corcho, el Gordo y yo somos amigos desde pendejos. No terminamos el secundario y hace 2 años que trabajamos de albañiles. Nos alcanza para el asado obligado de los domingos y el escabio de todos los días. El Gordo le pasa unos pesos a una minita que dejó embarazada y el nene ya tiene 1 año. Desde chicos que estos dos culeados me cargan que tengo orto de mina. Dicen que parece el culo de una negra de las pelis porno porque es grande, redondo y duro. Pero yo soy el más blanco de todos. Sobre todo más que el Corcho que le decimos así porque en un acto de la primaria le dijeron que le pintaran la cara con un corcho quemado y la madre lo mando sin nada porque dijo que no hacía falta de lo negro que es jajaja.

    Bueno, resulta que estos cabrones cuando pueden me tocan el orto y me apoyan. Yo me agacho a agarrar algo y enseguida tengo a alguno atrás mío jodiéndome las pelotas. Lo peor es que me gusta la atención, no porque sea puto, sino porque me siento el más lindo de los tres. Siempre me llevo la mina más linda y me encanta refregárselos en la cara.

    La cagada se armó cuando empezamos a trabajar con el “Jefe”. Un viejo cómo de 50 años que se hace el que se las sabe todas. Yo le discutía mucho y se agarró bronca conmigo. Al viejo se le ocurrió que después de los almuerzos jugáramos al truco todos los días. El jefe siempre elige al Corcho y a mí me toca el Gordo que es medio boludo. La cuestión es que después de unas semanas les agarré la mano y con el Gordo a cuestas le ganábamos igual y los re sobrábamos. Se ponían rojos de rabia y el Corcho me puteaba y arremetía con las cargadas por mi culo. El jefe tomo nota. Desde ahí me empezó a mirar raro y susurraban con el Corcho y se cagaban de risa.

    Una vuelta, después de perder terriblemente, pusieron la excusa que era por falta de incentivo. Y que estaban distraídos porque estaban re calientes. Yo les dije que con el gordo estábamos igual, pero siempre ganábamos. El jefe me dijo que si era tan cocorito, que hiciéramos una apuesta. El equipo que perdía le tenía que chupar la pija al otro equipo. Yo me cagaba de risa de la idea pero el gordo me llamó aparte y me pidió que jugáramos. Hacía más de un año que no lo peteaban y estaba seguro que ganábamos.

    Se me vino a la cabeza el jefe y el corcho chupándome la pija y me re morboseé. Accedimos y los muchachos dijeron que al final del día, cuando termináramos de trabajar. Como a las 7 de la tarde cerramos todo y nos fuimos a la piecita de descanso, donde teníamos un colchón, las cartas y el chupi. Empezamos a fernetear pero el jefe y el negro tomaban menos, según ellos para concentrarse.

    A la mitad del partido íbamos re ganando, como siempre. En eso cantan falta envido y el gordo acepta diciendo que le van a chupar bien la pija. Cuando larga las 33 no lo podía creer! Pero el conchudo del negro baja sus cartas y también tenía 33, pero él era mano! La cuestión es que quedaban unas pocas manos más y lo podíamos dar vuelta. El jefe y el negro se agarraban la pija que ya se les veía morcillona. Yo le decía al gordo que iba a chupar él, porque había sido su error, pero los otros dijeron que ellos podían elegir al que quisieran. Nos pusimos tan nerviosos con el gordo que terminamos perdiendo. El negro y el jefe se cagaban de risa.

    El negro dijo que quería que yo se la chupara y el jefe también. Yo me quise quejar pero entre el Fernet y la bronca no se me ocurría nada.

    El negro peló su verga que era igual que la mía pero más oscura. Me hizo arrodillar y yo le pedí que no me hiciera hacer esto. Pero no terminé de hablar que ya tenía media poronga adentro. Me agarró la cabeza y empezó un mete y saca medio bruto. Hasta que grito y se quejó porque lo había agarrado con los dientes. El jefe le dijo que tenía que aprender. Se sentó y se bajó los pantalones. Al cabrón se le veía la verga más grande que a nosotros. Me hizo acercarme y que se la lamiera. Tenía un olor a pija terrible, porque habíamos estado trabajando todo el día. Era más fuerte que el olor del negro. El culeado me hizo mirarlo mientras se la lamía y después me dijo que me la metiera a mi ritmo. Fui haciendo lo que pude pero el jefe agarraba la cabeza y cada vez llegaba más profundo. Me decía que cubriera los dientes con los labios y que disfrutara, que era muy putita. Lo peor es que yo tenía la pija dura también no sabía porque mierda. Cuando estaba medio atragantado me la sacaba y me hacía chupar la del negro que estaba parado al lado nuestro. Después agarraba su poronga dura me pegaba en los labios y en los cachetes y me preguntaba si me gustaba su pija. Yo no respondía. El negro me dijo que iba a estar mil años, que los calentara haciéndome el entusiasmado y diciendo que me gustaba mucho, que eso lo re ponía. Después de un rato me dolía la mandíbula, así que empecé a hacer lo que me decían para terminar de una vez por todas.

    Empecé a chupar con más ganas y mirarlos y cuando ellos me preguntaban si me gustaba yo les decía que sí, que me den pija. El jefe estaba cerca y me pidió que me pajeara… que eso lo calentaba. Me bajé el pantalón como pude y me empecé a pajear. Me seguían pidiendo que les dijera cuánto me gustaba y esas pelotudeces así que yo me imaginaba en una porno y decías todas las guarradas que se me ocurrían. En eso el jefe dijo que no daba más y me agarró bien fuerte la cabeza. Me acabó adentro el conchudo y me sostuvo hasta que tragara todo. Cuando me soltó empecé a toser y el negro me agarró y me soltó toda la leche en la cara.

    Cuando me limpio la cara llena de lefa, veo que el conchudo del gordo había filmado todo. Me le abalancé para cargarlo a palos pero los otros dos me agarraron. El viejo me dijo que estaba todo planeado. Qué en el Fernet había viagra y que el Gordo perdió a propósito. Yo quise luchar pero el negro me la dejo bien clara. Sino hacia lo que me pedían mandaban ya el vídeo a mis contactos. Yo quería llorar y matarlos. El viejo me dijo que no tenía opción.

    El gordo medio asustado se excusó diciendo que era verdad que hacía un toco que no lo peteaban. El Gordo se sentó en la silla dónde estaba el viejo y sacó su pija gorda y sudada. El viejo me dijo que me desnudara y le chupara la pija al Gordo como había aprendido… diciendo que me gustaba y todo. Yo estaba rojo de la vergüenza y la bronca. Me saqué la ropa y empecé a chupar. El Gordo me miraba desorbitado y me decía que no podía creer que le estuviera chupando la pija y qué bien lo hacía. El negro también se sacó todo y buscó un forro y lubricante.

    Empecé a llorar porque sabía lo que se venía. El viejo le dijo al Gordo que siguiera obligándome a chuparle la pija. El negro se embadurnó un dedo con lubricante y me lo restregó por el ojete. El viejo se arrodilló ye empezó a caricias todo el cuerpo. Cuando llegó a las tetillas vió que me estremecí y ahí descubrió mi punto débil. Les dijo a los otros que había que lograr que yo también disfrutara… a toda costa. El gordo me agarró la cabeza más suavemente y me decía que bien que se la chupaba. El negro metía un dedo hasta el fondo y a la vez me pajeaba con lubricante. El viejo me acariciaba los pezones y me decía cosas cochinas al oído que cada vez me excitaban más. El negro metió dos dedos bien lubricados y seguía con la paja. Yo ya no lloraba. Estaba concentrado en la pija gorda que tenía en la boca y en el placer que sentía en todo el cuerpo. El negro se puso el condón, lo llenó de lubricante y se apoyó en mi orto. Me agarraba las dos nalgas y las separaba. Apuntó la punta de su pija en la puerta de mi ojete y quiso entrar de golpe. El viejo lo paró y le dijo que despacio. Yo dejé de chupar verga gorda y el viejo me pidió que me relajara y respirara profundo. Me seguía tocando los pezones, pero ahora los pellizcaba un poquito. Se me escapó un gemido y el negro aprovecho para seguir entrando. En eso, el viejo se me acerca al oído y me dice que ha entrado toda… y me pellizca bien fuerte las tetitas. Yo respiro bien profundo y el gordo me agarra y me baja a su pija. El negro empieza a moverse y me incomoda pero me la aguanto. El negro me amasa el orto mientras me la da en cuatro y el gordo me tiene la cabeza mientras empieza un mete y saca a todo lo que da. Se escucha un grito y el Gordo le inunda la boca de leche mientras el Jefe me susurra que la trague toda.

    Cuando por fin puedo respirar, siento como el negro está bombeándome el orto como un loco mientras grita qué rico culo tengo.

    Cuando acaba se me tira arriba de la espalda y me jura despacito que hacía años que fantaseaba con esto.

    Cuando me saca la pija me siento re incómodo. El jefe se sienta en el colchón y me dice que me siente en su pija. Yo me estoy por largar a llorar de nuevo. Me hace sentarme arrodillado mirándolo a él. Apunta la pija y hace que me siente de a poquito. Siento el culo partido. Me mira a los ojos el culeado y me dice que me relaje. Cuando logro sentarme y empalarme entero con su verga, el viejo sonríe sobradamente. El guacho me empieza a chupar los pezones y yo me refuerzo de placer. Me pide que me haga la paja y que me mueva solo. Me siento una puta porque no paro de gemir mientras el jefe me chupa los pezones y me da pija por el orto. En eso me agarra de los pelos y me manda un beso morboso. Con mucha lengua y gusto a Fernet. Cuando nos separamos me dice que tengo gusto a leche todavía… y me vuelve a besar. Yo no aguanto más y acabo chorreándonos la panza a los dos. El viejo se detiene, me saca la pija del orto, se para, se saca el forro y se pajea a mil. Me pide que abra la boca y me larga cinco chorros que me los traigo sin chistar.

    Cuando terminamos, el Gordo me mira con ganas y el viejo le dice que mañana… ahí caigo que estoy frito… y todo por culpa de mi colita.