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  • La nueva manera de pajearse

    La nueva manera de pajearse

    Esto me pasó el verano pasado. No soy gay y no me gustan los pibes. Tengo un amigo que se llama Antonio y le decimos Tony. Es un capo con las minas y él nos enseñó a mí y a dos amigos más, como hacernos la paja. Él tiene un hermano más grande que dice que le enseña. La cuestión es que cuando terminamos 5º año, nos seguimos viendo con él durante el verano porque vivimos cerca.

    El culeado siempre me mostraba videítos de minas que se cogía. No sé cómo las minas pueden ser tan idiotas que se dejaban filmar. Una noche me quedé en su casa y me dijo que el hermano le había dado consejos para pajearse mejor y si quería me enseñaba. Yo de una dije que sí. Me dijo que había 5 lugares que a la gente los excita.

    El pene (la concha a las minas), los pezones, la boca, el cuello y las orejas. Me dijo que yo me pajeara normal y él iba probando hasta que yo me diera cuenta que otra cosa me gustaba. Yo estaba en bolas en su cama y él en bóxer. No nos da vergüenza porque somos los dos vagos y nos hemos pajeado mil veces juntos.

    Me empecé a pajear. Él me mordisqueó la oreja y me dio risa. Después me pasó la lengua por el cuello y me dio impresión así que lo saqué al toque. De ahí me empezó a tocar los pezones. No sé qué pasó… pero me volví loco. El chabón empezó a frotarlos y yo me retorcía.

    A todo esto estaba con los ojos cerrados y pajeándome a full. Con una mano en los huevos y la derecha dale que va en mi pija que ya estaba bien mojada. Yo gemía como una puta. Me dijo que me callara que nos iba a escuchar su hermano en la otra pieza. Te juro que no podía parar de gemir. Estaba en el cielo. Nunca se me había dado por tocarme ahí así.

    El culeado me seguía frotando cada pezón con una mano… y para callarme me besó. Sin pensarlo le metí la lengua hasta la garganta mientras gemía, pero ahora no se escuchaba tanto porque el Tony me tapaba la boca con la suya. No aguanté casi nada y acabé como nunca en mi puta vida. Me llené la panza y el pecho de leche y hasta le cayó un poco arriba suyo.

    El Tony se cagaba de risa. Se limpió y me dijo que ya sabía que otras cosas me gustaban. Le dije que si él no se iba a pajear y me dijo que no. Ahí nomás apagó la luz y nos dormimos.

    Ese verano nos pajeamos de la “nueva manera” varias veces más… si quieren, algún día les cuento lo de la fiesta…

  • El ciruelo del viejo de la muleta

    El ciruelo del viejo de la muleta

    Desde que descubrí por mera casualidad lo que pasaba en los aseos públicos, me aficioné a ir a ellos. En estos lugares he hecho y me han hecho de todo, hasta robarme y violarme.

    Luego vinieron los lugares públicos y al aire libre, me excita ser expuesto siendo exhibido y que vean cómo me dan por el culo. Me estresa y excita una barbaridad, que mientras un buen macho me está dando por el culo, me exhiba a los demás, viendo estos como me coge y me preña el culo con su semen.

    La mayoría de las veces, quien termina dándome por el culo, son hombres maduros, incluso viejos. Suelen ser los más atrevidos y lanzados, sobre todo cuando ven a un joven, y no veas si por encima eres nuevo; les encanta la carne fresca; además suelen tener más experiencia, y no suelen perder el tiempo, vamos que van al grano. Y esto es lo que solemos necesitar cuando vamos a estos lugares, ya vamos bien calientes y necesitados de un buen rabo que nos calme la calentura.

    Aquel día no era ninguna excepción, como solía pasarme, cuando andaba bien caliente y desesperado por follar, acudía primero a los aseos públicos. Tenía los lugares favoritos, pero alguna vez iba a otros que no me gustaban tanto. Ese día acudí a los aseos públicos de la estación de autobuses, quedan y quedaban muy cerquita de donde vivo, al igual que los aseos de la estación de ferrocarril. Pero esa mañana, se me dio por ir a la estación de autobuses.

    Cuando llegué a la estación de autobuses, lo primero que hice fue ir hacia las taquillas de las distintas líneas, y hacer que revisaba los horarios de salida. Luego quedé en aquella amplia zona vigilando la entrada a los aseos públicos, viendo quien entraba y salía de ellos.

    Llevaría unos 20 minutos, y lo único que vi, fue entrar en ellos a un par de hombres maduros, saliendo ambos muy pronto, vamos que seguramente solo habían ido a mear. Así que me decidí, y levantándome del asiento donde me encontraba, fui hacia los aseos y entré como si fuera a mear.

    Al entrar y girar a la izquierda, a la derecha quedaban un lavabo de mano, seguido por los urinarios de pared. A la izquierda y enfrente de los urinarios, quedaban los habitáculos o retretes.

    No había nadie en los urinarios, por lo que me coloqué en el último de ellos. En los retretes, no parecía haber nadie tampoco, solo en el primero de ellos, no sabía si había alguien, ya que la puerta no estaba abierta de todo como los demás.

    Me situé en el urinario, desabroche el pantalón como solía hacerlo, suelo usar pantalones tejanos Levi’s, y como estos tienen botones en lugar de cremallera, siempre aflojó el cinturón para así sacar la polla más cómodamente, desabrochándome todos los botones. Tiene el inconveniente de que cualquiera que te tire por el pantalón, este te cae inmediatamente, quedando totalmente expuesto. Pues así lo hice como suelo hacerlo siempre, y nada más sacar la polla para ponerme a hacer que meaba, entró un hombre de unos 30 a 40 años. Este al verme se quedó en el lavabo, abrió el grifo, poniéndose a lavar las manos.

    Los 2 nos mirábamos disimuladamente, cuando de pronto se abrió por completo la puerta del primer retrete, saliendo un viejo de aproximadamente 60 años, con una muleta y el pantalón abierto por la pitrina, por donde se asomaba un tremendo cipote.

    ¡Joder! Menudo ciruelo que se gastaba el viejo de la muleta, y había salido tan pancho del retrete, igualito que si aquello fuera su casa.

    Se colocó en el primer urinario, apoyó la muleta en la pared, justo al lado izquierdo, y exhibiendo el ciruelo que le colgaba, miró para el hombre que lavaba las manos, luego giró la cabeza mirando para mí. En ese momento me sorprendió mirándolo con asombro en mi cara. Vio que me ponía colorado, y que mis ojos iban de su cara hacia aquel ciruelo que le colgaba.

    Esbozó una sonrisa el viejo sin dejar de mirarme, y viendo lo nervioso que me puse, echó mano a su cipote, sacándolo aún más y mostrándomelo sin ningún disimulo ni recato.

    Que hijo de puta el viejo, se puso a cimbrear aquel pedazo de cipote, con todo el descaro del mundo, miraba para mí, sonriéndose, enseñándome el ciruelo que le colgaba. Yo con cara de asombro y algo asustado, no podía dejar de mirar. Cada vez parecía crecerle más y más, hasta los huevos había sacado el viejo, mostrando todo de manera orgullosa. No tenía ningún reparo en mostrarme todo su órgano sexual, ni le importaba si había más gente. El cabrón del viejo ya había decidido, solo le interesaba aquel jovencito que era yo, que, con cara de asombro, hacía que meaba.

    Yo cada vez me ponía más y más colorado, y la polla no paraba de ponérseme tiesa y dura, viendo aquel espectáculo, un hombre lavándose las manos viendo como un viejo con una muleta y un pedazo de cipote que asustaba, se lo mostraba a un jovencito, cimbreándolo sin ningún reparo.

    El viejo viendo mi excitación y lo asustado que yo estaba, sabiendo que no me atrevería a hacer nada, cogió la muleta con su mano izquierda, se acercó a mí, echó su mano derecha a la cintura de mi pantalón, tiró de él, bajándomelo hasta casi las rodillas. Vente, me dijo tirando por la cintura de mi pantalón que no paraba de caerme.

    Dios, que hijo de puta el viejo, tiraba de mi pantalón bajándomelo, arrastrándome con él hacia el último retrete, sin importarle ni una pizca que hubiera otro hombre mirándonos.

    Se metió en el último retrete arrastrándome con él, mientras me iba cayendo el pantalón, y quedaba con mi polla y huevos al aire, siendo visto por el hombre que seguía lavándose las manos, mirando como aquel viejo, me metía en aquel retrete, llevándome con él. El muy cabrón sabía lo que el viejo intentaba hacer, y no quería perder el espectáculo. Además, estaba viendo el empalme que yo tenía, al tirar el viejo por mi pantalón, dejando a la vista mi polla y huevos.

    Sabía que el viejo me iba a empitonar y no quería perderse el espectáculo.

    Miraba como el viejo apoyaba su muleta en el fondo del retrete, y con la otra mano tiraba por mi pantalón, llevándome con él.

    Con una agilidad que jamás sospeché, el viejo se movió con tal rapidez, que cuando me quise dar cuenta, ya me estaba abrazando por la espalda, mientras terminaba de bajarme los pantalones.

    Yo con cara de asombro y algo asustado, miraba como el hombre que lavaba las manos miraba como el viejo me arrastraba hasta el retrete, bajaba mis pantalones dejándomelos a la altura de los tobillos, haciendo lo mismo con el slip, mientras yo me sujetaba con las manos al marco de la puerta, intentando que el viejo no me arrastrara hacia el retrete.

    La hostia, el viejo ya me tenía el pantalón y slip en los tobillos, y ahora estaba quitándomelos por completo. Literalmente me había arrancado los zapatos de los pies, y ya me estaba sacando por completo el pantalón y slip. Y aquel cabrón no dejaba de mirar como el viejo me desnudaba delante de sus narices.

    Ven maricón, vente que lo estás deseando, me decía el viejo, abrazándome por la espalda, restregándome aquel ciruelo por el culo, mientras me sobaba los huevos y polla con sus manos.

    Anda no te hagas el difícil, que se nota lo putito que eres y lo mucho que te gusta. Ven que lo vas a disfrutar, ya verás como te gusta sentirlo dentro de tu culito. Verás como chillas cuando te abra este culito de puta que tienes, con mi cipote.

    El viejo consiguió darme la vuelta, quedándome frente por frente a él, y dándole el culo al hombre que, lavándose las manos, seguía mirando el espectáculo sin inmutarse; estoy seguro de que estaba disfrutando el muy cabrón, viendo como el viejo me sometía a sus deseos más perversos.

    El viejo me abrazó a él, empezando a manosearme el culo con sus manos, mientras se lanzaba con su boca a por la mía, empezando a morrearme. Ven maricón, ven que lo estás deseando, me decía mientras jadeaba y mordía mis labios y metía su lengua en mi boca.

    Ves cómo te gusta maricón, mira cómo estás de excitado, me decía agarrándome la polla con su mano y acariciándomela. Ya sabía yo que lo estabas deseando, todos los putitos como tú, lo que desean es que les abran el culo con una buena polla, es lo que queréis. Necesitáis un buen macho que vos haga suyo y os preñe de leche las entrañas.

    Sin soltarme, el viejo tiró de mi camisa, sacándomela por la cabeza, pero sin que esta saliera de todo, quedándome atrapada entre mi cabeza y mis brazos. De esa manera aprovechó a lamerme las tetillas y morderme los pezones.

    Oh que cosita más rica, decía el viejo lamiendo y mordiéndome los pezones. Mira como estás de excitadito, uy que duritos tienes los pezones, putito, mira como te estremeces, te gusta ¿eh maricón?

    Tiró de nuevo por mi camisa, sacándomela ahora por completo, dejándola en el suelo junto al pantalón, zapatos y slip.

    No se el porqué, pero la mayoría de las veces terminaba quedándome desnudo por completo. Muy pocas veces me dieron por el culo sin terminar en pelota picada, es mi signo. Lo malo es que aquí estaba en los aseos públicos de la estación de autobuses, a las 10 de la mañana, siendo sometido por un viejo con muleta y un pedazo de ciruelo enorme, y siendo visto por otro hombre, y por cualquiera que entrara en aquellos momentos en los aseos públicos de la estación.

    Me excitaba que me exhibiera mientras me sometía a sus deseos, pero también me estresaba y temía ser visto por cualquiera que me conociera. Aquella situación me ponía demasiado nervioso, pero la calentura y excitación que me hacía sentir y el morbo que me daba, no me dejaban ver el peligro que corría.

    El viejo después de morderme y lamer por todas partes, poniendo sus manos sobre mis hombros, me hizo agachar, y sin más preámbulos, metió aquel ciruelo que se gastaba en mi pequeña boca.

    Chúpalo bien maricón, y ten cuidado con los dientes, no lo vayas a morder, si quieres que luego te lo meta por el culo.

    Abriendo la boca todo lo que podía, metí aquel cipote, empezando a chuparlo como si fuera el más rico de los manjares. Lo sujetaba con ambas manos e iba chupando metiéndolo hasta que me empezaba a dar arcadas. Era demasiado cipote para que me cupiera en la boca, pero hacía todo lo que podía por chupar aquella maravilla.

    Estando así agachado, chupándole aquel enorme cipote al viejo, noté como unas manos se posaban sobre mi culo, empezando a acariciarme el culo y la espalda, miré de reojo a ver quien era, viendo que el que me acariciaba no era otro que el hombre que había estado lavándose las manos y mirando como el viejo me sometía a él. Me acariciaba con una mano, mientras con la otra se estaba meneando su polla.

    Joder, el cabrón aquel se había puesto bien cachondo viendo el espectáculo, y no había aguantado más, y ahora se unía al viejo, acariciándome el culo y la espalda, meneándose la polla mientras yo agachado chupaba la polla del viejo.

    Como tanto el viejo como yo, no le decíamos nada, el muy cabrón se animó, se pegó detrás mía, con sus pies me hizo separar las piernas dándome un golpe a la altura de los tobillos, cosa que me hizo entender de que abriera las piernas.

    Se pegó a mi culo, puso la punta de su polla en la entrada a mi ano, se sujetó con sus manos en mis caderas, y mientras el viejo sujetaba con sus manos mi cabeza, aquel hombre que había estado mirando como el viejo me sometía, clavó su polla en mi culo.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! Soltó el muy cabrón nada más meterme la polla en el culo. Me agarró fuertemente por las caderas, volviéndome a dar otra envestida, mientras se colocaba pegándose más a mí, y abriéndome más las piernas.

    Cuando aquel cabrón me largó la primera envestida, me hizo tragar más el ciruelo del viejo, llegándome este hasta la campanilla. Dios, casi me traspasa la campanilla el cipote del viejo, y menos mal que la polla del cabrón aquel no era muy gruesa, por lo que apenas me había dolido cuando me la enterró toda en el culo. Había notado como chocaban sus huevos con mi culo, y como invadía su polla mis entrañas.

    Se escuchaba el sonido de su pelvis golpear mi culo cada vez que me metía su polla, plof, plof plof plof, y al cabrón aquel gritar ¡ay que gusto! ¡ay que gusto! Mientras me estaba dando por el culo.

    Empezó a culearme a toda velocidad, y en menos de 2 minutos, ya estaba corriéndose dentro mía. Me había largado varios trallazos, sacando luego su polla, me la apoyó sobre mi espalda, donde todavía terminó de soltar varias gotas de semen sobre ella. Luego pasó la punta de su polla por la raja de mi culito, dejándomelo todo pringado con su semen.

    Nada más terminar el mirón de darme por el culo, el viejo sacó su polla de mi boca, me hizo dar la vuelta, colocó una mano sobre mi espalda, haciéndome agachar y dejar mi culito listo para ser empitonado por el cipote que se gastaba el hijo de puta del viejo.

    El mirón que había terminado de darme por el culo, sin haberse guardado la polla todavía, llevó mis manos a sus hombros para que me apoyara en ellos, y viendo como el viejo colocaba la punta de aquel ciruelo que se gastaba por polla, en la entrada a mi ano, me sujetó esperando que el viejo me empitonara, haciéndome suyo.

    El viejo nada más colocar su cipote en la entrada a mi ojete, sujetándome por las caderas, empezó a empujar su ciruelo, haciendo que mi esfínter empezara a abrirse dándole entrada a aquel descomunal cipote.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! ¡ohhh! Gritaba yo notando como aquella bestia me abría el culo de tal manera, que parecía que me iba partir en 2.

    Dios que dolor estaba sintiendo al entrarme la cabeza de aquel tremendo cipote, y eso que habían terminado de darme por el culo, pero aquello que me estaba entrando por el ojete, era descomunal, me estaba abriendo en canal.

    Nada más traspasar la cabeza el esfínter, el hijo de puta del viejo, me largó una tremenda envestida, metiéndome más de la mitad de aquel ciruelo en el culo.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! Gritaba yo notando como entraba aquel cipote en mis entrañas, abriéndome el culo de forma salvaje y descomunal, cuando noté como por fin chocaban las enormes pelotas del viejo en la entrada a mi ano.

    Suspiré de alivio al notar toda su polla dentro mía, y como por fin mi culito se expandía, dándole cabida a aquel tremendo ciruelo que me habían metido por el culo.

    Ya maricón, ya la tienes toda dentro, ahora disfruta de ella. Ya verás como vas a disfrutar con ella en tu culito, putito.

    Ahora te voy a hacer mío, putito, te voy a dar por el culo hasta reventar y dejar bien preñado de leche, pedazo de maricón.

    Cada vez que el viejo movía sus caderas, sacando y metiendo su cipote en mí, me llevaba ensartado en su tremendo ciruelo, como si fuese un muñeco de feria. El hijo de puta me tenía bien ensartado en su polla, aquello sí que era estar empalado, pero empalado de verdad.

    Me bamboleaba sin parar, mientras el mirón me sujetaba por la cabeza, manteniéndome inclinado, mientras el viejo me rompía el culo con su cipote.

    Se escuchaba el sonido que hacía su cipote al entrar en mi culo, chof, chof chof, chof chof chof, y notaba como sus cojones golpeaban mi ano, cada vez que me ensartaba aquel tremendo ciruelo en el culo.

    Ahora ya empezaba a notar un tremendo gustazo, notando como el cipote del viejo entraba y salía de mi culo, taladrándome una y otra vez, haciéndome gemir cada vez más fuerte.

    Ahora sí, ¿eh? Ahora gimes de gusto maricón, me decía el viejo sin parar de culearme.

    Claro que estaba disfrutando de aquella enculada, cada vez sentía más gusto. Cada vez que aquel pollón rozaba mi próstata, me daba una descarga de placer que me hacía estremecer de gusto y gemir sin poder contenerme.

    Estando así agachado y siendo culeado por el viejo mientras el mirón me sujetaba, tropecé con la cara con la polla semi flácida del mirón que antes me había dado por el culo, por lo que eché mi mano a ella, metiéndomela en la boca y empezando a chupársela, como si de un caramelo se tratara, todavía tenía restos de semen y aquello me encantaba.

    El mirón, dio un suspiro al notar como me metía su polla en la boca empezando a mamarla como si fuera un ternerito, soltando luego, ¡joder maricón! Si que eres bien puta, mira que te gusta la polla.

    Ya llevaba un buen rato siendo follado por el viejo de la muleta, cuando noté como se hinchaba la cabeza del cipote del viejo dentro de mi culo, y este incrementaba su velocidad, empezaba a soltar gruñidos y jadear fuertemente, mientras su cipote empezaba a soltar todo el esperma que contenían sus enormes huevos.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Gritaba el viejo corriéndose dentro mía. Ay maricón que gusto, ay que gusto, ay que gusto me has dado. Joder que culito tienes cabrón. Tienes un culito divino, y que bien has aguantado mi cipote, maricón.

    Mientras el cipote del viejo terminaba de soltar toda su leche dentro mía, el viejo levantándome por las asilas y sin sacarme la polla del culo, dijo, ahora te toca correrte a ti. Llevó una de sus manos a mi pobre polla que no paraba de babear semen, y empezando a menearme la polla se puso a pajearme mientras me seguía manteniendo ensartado en su cipote.

    No nos habíamos dado cuenta, al menos yo, pero ahora teníamos a otro mirón que no perdía nada de lo que estábamos haciendo. Era un joven algo más mayor que yo, el cual tenía la polla de fuera y se pajeaba mirando como me tenían en pelota picada, con una polla ensartada en el culo, siendo pajeado, y otro hombre con la polla de fuera mirando como me follaban.

    Vio como el hombre que estaba delante mía mirando, guardaba su polla e iba para el lavabo, aprovechándose él se agachó delante mía, y mientras el viejo me mantenía ensartado en su cipote pajeándome, sin dejar de pajearse, cuando yo empezaba a gritar que me corría, llevó su boca a mi polla, la metió a la boca, tragándose toda mi corrida.

    Dios, las piernas me temblaban, por lo que me tuve que agarrar a la cabeza del joven mientras esté terminaba de beberse todo mi semen.

    Mientras tanto el viejo, sacó el tremendo ciruelo que se gastaba de mi culo, dejándome allí de pie, agarrado a la cabeza del joven que se estaba tragando toda mi corrida.

    Cuando el joven dejó de chuparme la polla, levantándose, colocó una de sus manos en mi hombro, y mientras se seguía pajeando, me empujaba invitándome a meter su polla en mi boca.

    Hice lo que me pedía, y nada más agacharme y acercar mi boca a su polla, este empezó a correrse sobre mi cara.

    Dios, abrí la boca todo lo que pude, entrándome varios trallazos de semen en ella, y otros pegándome por toda la cara y cuello. Metí cuando pude la polla de aquel joven en la boca, terminando este de correrse en ella, y yo de saborear aquel rico y joven semen que me habían regalado.

    Cuando terminé de limpiarle bien la polla al joven, me levanté, recogí mi ropa, y empujando la puerta por si volvía a entrar alguien, me vestí, salí luego y lavándome la cara en el lavabo, salí de aquellos aseos.

    Ya no se veía a nadie, solo cuando bajaba las escaleras de la estación de autobuses, vi al viejo de la muleta, que terminaba de bajar las escaleras, iba hacia los aparcamientos de los vehículos, y subía a un mercedes. Me vio por lo que haciendo señas me llamó para que fuera a junto del, me dijo si hacía falta que me llevara a algún sitio. Le dije que no hacía falta, que vivía allí cerca, por lo que agarrándome el paquete y sobándome el culo, me dijo que le había gustado mucho y que cuando quisiera volver a ser follado por él, que lo llamara por teléfono, que me volvería a dar por el culo cuando yo quisiera. Me pasó una tarjeta suya, la cual guardé en el bolsillo trasero del pantalón, y después de despedirme y ser magreado por él, marché para mi casa.

    Iba super follado, el culo abierto y preñado del viejo y el mirón, y en el estómago, la leche del joven que se agregó a última hora, al menos cuando yo pude verlo.

    Podéis escribirme a:

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  • Ya soy el puto del equipo (XVI)

    Ya soy el puto del equipo (XVI)

    La Eiffel 69.

    Jamás había encontrado la comida tan rica, además hoy sin esperas, porque estaba todo a punto. Pero me picaba mi pene y no paraba de rascarme disimuladamente. Abelardo, que me ama como nadie y se había sentado a mi lado, notó que me rascaba y abrió mi micro slip y miró, me lo hizo quitar y mojó una servilleta con agua para suavizar mi pene. Se agachó bajo la mesa y me lo limpió bien. Cuando me puso de nuevo el slip salió de debajo de la mesa y se sentó. Yo me sentía aliviado:

    — ¿Qué me ha pasado?

    — Debía ser o pulga marina o microscópicas medusas. Ya no tienes nada, no te toques y lávate las manos.

    Tomó la botella, me echó agua a las manos y ya no tuve pudor de ninguna clase. Lo agarré del cuello y me lo llevé a mi boca dándole un beso tan sonoro, húmedo y con lengua que hasta de las mesas de al lado se quedaron mirándonos. Pero nadie protestó.

    — ¡Qué jodido maricón eres, Doro!

    Y me tomé la mitad de mi pinta de cerveza de un gran sorbo.

    Cuando acabamos de comer nos fuimos de allí a casa, era imposible ir al mar. Si ese día estaba el agua tan caliente, si soplaba poniente y había medusas microscópicas era mejor ir a casa. Aunque a ellos no les afectó entendieron que fue porque yo estuve más tiempo en el agua que ellos. Por consiguiente a casa a conversar, a ver la televisión, a tomar algunas copas y a follar o lo que se tercie. Además que nos teníamos ganas.

    Pero yo presentía que ese día lo habían organizado entre Mariano y Abelardo, que son los jodidos organizadores de todo. Yo me había ido a ponerme vinagre porque todavía me escocía bastante, aunque era soportable. En la cocina había vinagre y puse en un vaso para ir al baño y empaparme mis genitales con vinagre. Tomé un algodón que empapé en vinagre y dejé caer mis bolas dentro del vaso, era donde más me escocía: en todo el escroto. El algodón empapado me lo puse al final del pubis justo a la base del pene. Sentí alivio. Cuando me cansé y noté que no me escocía probé de ducharme sin meter gel ni pasar las manos. Enjuagué bien mis genitales y dejé que se secarán para acudir a la sala donde estaban reunidos muy animados. Fui desnudo y dejé mi micro slip de baño verde sobre la tapa del sanitario. Ya casi todos estaban desnudos. Y pillé a Abelardo dando órdenes.

    Habían puesto una mesa baja alargada que había en el estudio y encima unas colchonetas de cuando yo era pequeño, de mi camita, que mi taita había llevado a la casa para que yo me tumbara en el suelo, ya que siempre me ha gustado. Escuchaba decir de la plataforma y otra vez la plataforma y tuve qué interrumpir:

    — No me entero de nada, ni sé qué es la plataforma ni que hacen esas colchonetas que yo meaba cuando era pequeño.

    Todos se rieron. Abelardo se puso serio y me dijo:

    — Ya te explico yo luego, si no no haberte ido…

    — Pero si me estaban picando los huevos, ¡joder!, —protesté.

    — Disculpa, coño, quería lamerlos allá en el restaurante y ya no te hubieran picado, pero me daba no sé qué comerme las medusas…

    — ¿De veras? Ven aquí a mis brazos, guapo, y ahora no hay medusas, chúpelos del todo que la saliva lo cura todo.

    Se vino de inmediato a chupar mis huevos, pero Frasquito, que no es manco, también se vino a chupar mi bolsa escrotal. Lo hizo y levantó la cara diciendo a todos:

    — Esto es delicioso, las medusas saben a boquerones a la vinagreta, humm…

    Todos se rieron de la gracia y tuve que decir:

    — Que los he puesto yo en vinagre, ¡joder!, por eso saben a vinagreta, pero no las medusas que ya no hay sino mis huevos.

    — Ya sabemos que mañana tenemos aperitivo de huevos Dorito, —dijo Leoncio, el muy cabrón, que siempre es un jodido gracioso.

    Esta es la plataforma de la pareja 69. Ahí hacen su trabajo sin moverse del sitio. Estas parejas son: primera Doro y Leoncio; segunda, Leoncio y Doro; tercera, Doro y Leoncio; y cuarta, Leoncio y Doro.

    — Joder, te voy a mamar más que una perra, —le dije a Leoncio.

    — Querrás decir más que una ballena, —replicó Leoncio.

    Continuó Abelardo diciendo:

    — A la primera pareja la cubriremos Mauricio y yo que sabemos de qué va esta putada —con risas de todos los demás—, a la segunda, los cubrirán Martín y Frasquito; a la tercera, los cubrirán Canales y Santi y a la cuarta, los más follados, Doro y Leoncio.

    — Si esto es lo que pienso, va a ser de puta madre, —me dice Leoncio.

    — Nunca he visto esto ni sé cómo se llama…, —le dije.

    — Eiffel 69, es decir que los seis hijos de puta estos nos van a follar a ti y a mí a la vez.

    — Aaaah, esta bueno eso, ¿no?

    — Ya me dirás al acabar, ya.

    — Esto lo hacen porque saben que tú y yo no protestamos de nada, yo al menos mientras tenga una polla en el culo no tengo problemas.

    — Yo por eso tampoco.

    — ¿Lo ves? Ellos se divertirán pero nosotros la gozaremos. Pero antes —me dirigí a los demás— sabéis que sin fuerzas no se puede hacer nada, así que cada pareja se sirva su copa. Llené un vaso de whisky para Leoncio y para mí.

    Como ya sabía de que iba, todo era beber un trago uno y besarnos para pasar el contenido de boca a boca. Luego pasarlo sin beso, en el aire. Era divertido porque todo no se acierta al hueco de la poca y entonces lames el cuello del compañero. Lo pasábamos tan bien que Frasquito y Santi nos imitaron. Por fin Abelardo vino a estropear nuestro juego y nos mandó a Leoncio y a mí a la plataforma para formar el 69. Con mucho gusto, primero nos dimos un beso y luego a hacer el amor hasta que nos digan. Me metí la polla de Leoncio en la boca y comencé a ponérsela dura. Lo mismo hizo Leoncio. Teníamos para rato por lo visto. Detrás de mí se colocó Mauricio y al frente Abelardo. Sin previo aviso, escupitajo a su polla y a hurgar en mi culo. Abelardo tenía KY y embadurnó el culo de Leoncio, se embadurnó su polla y le pasó a Mauricio. Sentí el fresco de la crema y comenzó a gustarme tanto la entrada de sus dedos hasta el fondo que se me puso dura a tope en la boca de Leoncio. Mauricio me la metió como si me odiara, con ganas y a lo bruto. Casi le corto con mis dientes la polla de Leoncio, suerte que frené a tiempo. Le dije a Leoncio:

    — Fu, fenfas suifafo fe ni bolia.

    — ¿Fe fifes?

    — ¡Que tengas suifafo fe mi poya, jo-er!

    — Ah, fi, fi, endré uifafo.

    Y a comer polla. Desde mi postura, como estaba abajo, pude ver cómo los cabrones de Abelardo y Mauricio se besaban al tiempo que se cogían las manos para hacer presión en nuestros culos. Así todo el rato hasta que Abelardo comenzó a gritar:

    — Joder, que me voy, me corro, —sacó la polla y soltó su lefa en la espalda de Leoncio, pero aún me cayeron unos grumos en mi cara.

    No podíamos hacer nada porque antes nos hacían presión los dos, ahora Mauricio, hecho una fiera con su mete y saca rabioso, me echó todo su esperma dentro. Inmediatamente me corrí sin poderlo ni pensar y se vino igualmente Leoncio, mezclando nuestro semen en medio de nuestra barriga y pecho, exclamando:

    — ¡Brutos, animales!, no dejáis vivir…

    — Sois un hatajo de putos maricones.

    Todavía Abelardo se agachó y me ponía su polla en la boca y no desprecié nada para que no se desperdiciaran los restos. Nos pidieron que descansáramos porque Frasquito y Martín se habían corrido solo de ver las cuatro corridas ocurridas. Pensé que sería motivo para beber agua y un trago de whisky. Al levantarme casi no podía caminar, pero conseguí mi deseo. Cuando los dos muchachos estuvieron a punto, volvimos Leoncio y yo a la plataforma. Nos íbamos a querer mucho ese día. Cuando Abelardo vino a darnos unas instrucciones innecesarias le dije:

    — Me estoy enamorando de Leoncio.

    Entonces se puso a acariciar mis pezones. Leoncio le dijo:

    — ¡No lo toques!, ¡vete allá, que ahora es mío!, ¡joder!

    Yo estaba que me partía de risa y todo eso y la fruición con la que Leoncio me mamaba la polla noté que se me puso dura en su boca y tropezaba en su garganta. Sentía un no sé qué por mi cuerpo que me parecía que me iba a correr sin sentirlo en mi polla. Pero no fue así, es que estaba electrizado porque la gozaba con pasión. Luego me dijo Leoncio que él sentía algo similar. Todo siguió igual solo que mi agujero estaba dilatado y Frasquito me la metió con facilidad, siendo tan gorda. Antes le había prometido a Frasquito que en acabar el juego le iba a follar hasta dejarlo sin respiración. Esto le había calentado y follaba duro. Tan duro y violento lo hacía que acabó con su mierda dentro de mi recto sin pensarlo, ni hablarlo, ni avisarlo. Pero me sentí lleno, muy lleno. Al poco rato, se puso Martín violento con el culo de Leoncio y acabó tumbado sobre mí que ahora estaba en la parte de arriba. Escuché que Leoncio le dijo:

    — ¡Animal, me has desgarrado el culo!, —y se reían los dos.

    Estando encima de mí, comenzó Martín a tomar mis bolas y a excitarme para que me corriera, tardó pero lo consiguió, a continuación Leoncio me ensuciaba el pecho por segunda vez.

    Nos tocó aguantar una tercera, en la que Canales estaba detrás mío y Santi detrás de Leoncio. Nos dimos gusto Leoncio y yo, porque los chicos lo tomaron con mucha calma y nosotros ya hicimos virguerías con nuestra boca. Leoncio casi no tocó mi polla para nada, estuvo todo el rato con mi escroto, engullendo dentro de su boca un testículo, el otro, haciendo muestras de morderlos y hacerlo suavemente, me los movió mucho y se sentía suave, muy suave y muy rico. Yo me entretuve en su frenillo, donde creo que soy maestro, dar gusto por momentos poniendo alternativamente la punta de la lengua y el diente en el frenillo y excitarlo. Enseguida Leoncio movía sus caderas de la impresión. Con mis manos pretendía apretar el culo de Canales para acercarlo más a mi interior y que se corriera ya de una puta vez, pero el muy cabrón se relajaba con pasadas de torero fino. En vistas de que no pude, me puse a acariciar los costados de Leoncio que respondía como una bombilla al conectarla.

    Todo lo que comienza, acaba y acabó. Leoncio se vino antes tras unos movimientos circulares de mi pubis y se cayó en mi espalda, no tardó nada, segundos para llegar al orgasmo Santi y se cayó sobre Canales. Desde fuera aquello parecería una carnicería poniendo unos cerdos sobre otros. Solo faltaba que Mauricio y Abelardo se nos echaran encima. Pensado y hecho. Acusé el golpe pero fue leve y todos sintieron a continuación los espasmos simultáneos que tuvimos Leoncio y yo. Pero volvimos a eyacular, no sé cuánto, pero parecíamos la lechería del tío Manuel.

    Se fueron levantando uno tras otro y se notaba el alivio del peso. Leoncio es fuerte pero estaba que no podía respirar y le di un beso con la excusa de pasarle aire.

    Me dio la sensación de que no estábamos jugando, porque eso no era un juego. La verdad es que nos estábamos amando, porque eso era amor que nos teníamos unos amigos, que nos habíamos juntado muchas veces para jugar al fútbol y luego «cada oveja con su pareja», pero en lugar de ovejas huían como cornejas y me acordé de aquello del Cantar del mío Cid:

    Ya cabalgan aprisa, ya aflojan las riendas.

    Al salir de Vivar, tuvieron la corneja diestra,

    y entrando en Burgos, tuviéronla siniestra.

    El Cid se encogió de hombros y meneó la cabeza:

    «¡Albricias, Álvar Fáñez, que si ahora nos destierran

    con muy gran honra tornaremos a Castiella!»

    Yo podía jugar con Abelardo muchas veces, al final, cuando acababan las bromas y juegos, diversiones y pasatiempos con los amigos, él y yo estábamos en la cama. Sabiendo que no soy de un solo hombre, Abelardo entendía que enamorarme, enamorarme de otros no lo iba a hacer, porque a los demás los quería mucho, pero a Abelardo lo amaba más. Él era el mío, por quien daría la vida. Sé que él también la daría por mí. Podíamos burlarnos uno del otro, insultarnos durante los juegos, hacer como que nos enfadábamos, pero acabado todo, Abelardo es mío y yo de Abelardo. Luego nos reíamos entre los dos de las burradas que nos hacíamos y decíamos y me dice muchas veces:

    — Es que soy un afortunado, porque me dejas actuar ante los demás como si no fuéramos nada, pero cuando otro te folla sufro y pienso si te harán mucho daño.

    — Pero, Abelardo, nadie me hace más daño físico que tú y yo cada vez te amo más…

    — Doro, tú siempre dices que donde hay dolor, hay amor, solo yo quiero producirte dolor y amor y amarte con pasión, no quiero que los demás te hagan más dolor que yo para que no les ames más que a mí.

    — Me parece que tergiversas la filosofía del dolor y el amor, tampoco es así, pero acaba de vestirte que hoy vamos a cenar al pueblo.

    — ¿Qué me pongo, Doro?

    — Algo que te haga llamar la atención para lucirme yo, que no te voy a soltar de mi mano.

    Cada uno se fue a vestir con quien quería salir. Yo con Abelardo y Mauricio con Leoncio, Santi y Frasquito son inseparables y lo mismo Canales y Martín. Abelardo se escogió una camiseta fosforescente rosa, sin mangas, pero cerrada hasta casi la axila, pantalón corto fosforescente verde, zapatillas blancas sin medias. Yo me puse lo que me gusta más, fosforescente en amarillo la camiseta sin mangas y muy sesgada y short vaquero, el más corto y ceñido, zapatillas rojas sin medias. Pasó Frasquito y me dijo que iba a darme un toque en la cara, acepté y me puso sombra en los ojos y carmín rosado en los labios, en la cara me puso una base transparente y un poco de no sé qué de un spray que hacía puntos brillantes. Abelardo le pidió otro «toque» y le hizo algo similar. Al salir todos de casa me di cuenta que Frasquito nos había arreglado a todos, muy guapos, sin exceso de afeminamiento, pero nos iban a tomar por locos. Fuimos al pueblo a cenar y fuimos la expectación. Pero de eso se trataba.

    La cerveza corrió a raudales y lo mismo los platos de pescaditos y marisco, porque hicimos una cena de picoteo y picamos de casi todo lo que había. Paseamos un poco por la población, pero había poco ambiente y nos fuimos a la zona del puerto para luego caminar paseando por el paseo marítimo hasta casa. Por el camino estaban proponiendo si continuábamos o hacíamos otra cosa. Entonces les propuse hacer una Eiffel 69 de dos pisos. Y expliqué que dos harían el 69 sobre la plataforma, otros dos detrás de ellos y de cara tal como lo habíamos hecho, otros dos subirían a sentarse sobre los hombres poniéndose de espaldas entre sí y de cara al que está de pie, si se apoyaban con la espalda pesarían menos y los de pie podrían lamerles la polla, y los otros dos a apoyar a los que estaban de pie para que follaran y mamaran sin doblarse, a la vez que podrían recibir un gusto por el culo para la pareja que les apoyaba. No acababan de entender, pero eso de estar haciendo todos algo les gustó.

    Abelardo me captó y dijo:

    — Hacemos un sorteo y cada quien va a donde le corresponda, todos van a tener algo de gusto.

    Cuando llegamos, lo primero fue como siempre, ropa fuera que hacía calor. Y sentarnos en la sala, para conversar mientras Abelardo preparaba el sorteo que sería cosa sencilla, según dijo.

  • Patricia una vecina casada (Parte 6)

    Patricia una vecina casada (Parte 6)

    Después de pasar una verdadera tarde de lujuria y placeres desenfrenado de disfrutar la grata compañía de Patricia y cuatro amigos quiénes vinieron por sexo y licor y mientras Patricia llevaba a su hija a quedarse en donde una amiguita porque tenían una enpijamada. Me llega mi hija con mi hermanita, cuatro caballeros y tres parejas de esposos quienes venían de un evento en un club. Y como saben que yo no puedo salir decidieron darme la sorpresa y venir a armar tremenda orgía pero los sorprendidos fueron ellos al encontrarme a mí desnuda con los cuatro desnudos. Entraron y saludaron sin dejar de verme las tetas a todos bese en la boca.

    – ha que rico tenerlos acá llegan justo a tiempo. Sigan a ver muchachos acomódense en la sala sean bienvenidos.

    Abrazada a dos de los solteros los acompañe, Ana María hizo las presentaciones de los nuevos invitados las mujeres que llegaron con sus esposos al saludar a Julián le agarraron la verga y lo besaban en la boca ya que era el único que la tenía algo erecta. Obviamente Ana María y Alcira después de hacer las presentaciones se juntaron con el Julián.

    – Que rico tenerlos acá pero eso sí lo único que está prohibido es estar vestidos y aburridos así es que chicos mejor se van desnudando.

    Y así lo hicieron todos menos Ana María y mi hermana quiénes nos hicieron un show de striptease.

    Las chicas todas con buenas tetas grandes y naturales, la mona la más altas de las tres de ojos verdes, delgada y de buen trasero, la morena con facciones de blanca también de ojos verdes y pelo corto u un trasero de negra espectacular, la trigueña la más bajita de pelo largo negro, ojos negros y cachetona. Tomamos roncito, fumamos cigarrillo y tabacos de marihuana y armé varías líneas de cocaína sobre la bandeja aspirando una y les pase la bandeja a todos dejándole las dos últimas líneas a mí hermanita e hija quiénes las aspiraron al tiempo.

    La música sonaba y las chicas se peleaban el bailar con Julián, la mona que era la más alta fue la primera en bailar con él y se colocó su verga entre sus piernas y sus brazos su cuello Julián le apretaba las nalgas se besaron apasionadamente las dos chicas, mi hermana y mi hija también bailaban al terminar el disco la trigueña le robó a Julia la mona y abrazándolo bailaron la siguiente pieza y ella le agarra la verga y hablándole al oído que quien sabe que le estará diciendo me imagino de su verga y de lo que le hará y ahí en frentes de todos se agacha y le da besos en su glande y luego se la mete a la boca tratando de metérsela toda Yo en ese momento estoy bailando con su esposo quién me pide que se la mame también, me agachó y comienzo a lambérsela le chupo las huevas lo masturbo y luego vuelvo a subir con mí lengua hasta su glande y me meto su verga en mi boca y se la mamo el resto del disco lo mismo pasa con Julián y Marcela. Los solteros bailan con mi hija y las otras dos chicas el disco termina y la morena se roba a Julián de la trigueña. Quien también le agarra la verga y se besan, a mí hermanita el Miguel y Alfonso la tienen bailando ensanduchada, mi hija baila con el moreno el esposo de la morena, la trigueña se sentó con dos de los solteros con quiénes conversa, la mona se le sienta en las piernas a el abuelo quién es el mayor de los solteros de unos 50 años y el hace como un año vive con mi hija ahí tengo la esperanza de que mi hija me dé nietas aunque te han dedicado a armar fiestas pequeñas orgías casi todos los fines de semana al abuelo le encantan ya he estado en varias y para qué pero es un hombre bien dotado y follando es delicioso un día qué lo invité. A pasar la tarde conmigo ya que Ana María estaba en Cartagena con un grupo de ingenieros en dónde no sólo tuvo relaciones sexuales con los cuatro ingenieros si no también con dos meseros mientras aquellos trabajaban en una obra y con un camarógrafo quién primero le tomo varias fotos en la piscina y luego ella se lo llevo para el cuarto en donde le tomo varias desnuda y obviamente terminaron follando toda la tarde.

    – Halo muy buenas Orlando.

    – Querida suegra que placer escucharla.

    – ¿Cómo estás muñeco hermoso?

    – Bien acá en casa descansando viendo televisión medió aburrido me hace falta Ana María pero bien.

    – Y cuando regresa Ana María?

    – Yo creo que el miércoles.

    – Y que muñeco has hablado con ella?

    – Sí claro que se ha divertido bastante, me encanta para qué pero salió igual que usted suegrita de hermosa y usted qué suegrita qué tiene planeado.

    – Muñeco rico me encantaría que vinieras y pasáramos una tarde de sexo hoy tengo ganas de verga. Y me encantaría que fueras tu

    – A esa es la suegra que amo claro que sí, salgo de una.

    Y así fue, una tarde deliciosa con mi yerno.

    Continuando con el relato mi yerno comenzó a acariciarle las tetas a Lucia metía su cabeza entre ellas le chupaba los pezones. No termino el disco y me dio por llamar a la Patricia se estaba demorando y perdiendo la fiesta,

    – Hola gran puta que pasa que no vienes a culear acá te estamos esperando?

    – Si, si mamita es que estoy afuera de tu casa con Magda la vecina que auxiliaron hoy nuestros invitados y resulta que el Julián la invitó que disque a hacer cosas ricas. A imagínate el sinvergüenza ese.

    -Jajaja ahí mí Julián ni da chances de nada.

    – La cuestión es que cuando yo venía ella estaba en la puerta indecisa la vi que iba a golpear pero se arrepintió e intento irse se detuvo y volvió a golpear tenía su mano junto al timbre y está vez si se puede decir que se iba, ya estaba yo junto a ella y se timbró toda. La saludé preguntándole que asía, me contó que el Julián la había invitado a venir. Le dije que sería chévere que se uniera a la fiesta que yo la he pasado del putas y que ésos hombres eran una delicia entonces me dijo que le gustaría acompañarlos y le expliqué que clase de fiesta era iniciando con que era cuatro hombres y dos mujeres pasándola rico sexualmente y entendió pero no está muy decidida a entrar porque no le dices a Julián qué se Asomé y la haga entrar.

    Volteó a mirar a Julián quien está sentado conversando con la morena lo llamo.

    – Mira ahí está tu invitada hazla seguir.

    Abro la puerta y Julián se asoma la vecina lo saluda y al mirar asía adentro me ve desnuda. Patricia la toma por la cintura y la empuja haciéndola entrar Julián cierra la puerta y la vecina lo mira sorprendida. Julián se le acerca y le agarra las manos.

    – Que rico mamita que hayas venido te estaba esperando.

    Aquella estaba con risa nerviosa.

    – A es que me quedo sonando lo de pasarla rico y esto en verdad me interesa mucho.

    Baja a mirarle la verga en erección y pone sus manos en su cara

    – Ahí Dios este es el hombre que yo quiero en mi cama.

    Baja sus manos y le agarra la verga.

    – Que gruesotota está.

    La vemos temblar.

    – No miren como me puse toda temblorosa.

    Julián le sube el buzo quitándoselo y diciéndole.

    – Lo siento mamita pero la ropa hoy acá está prohibida ella se voltea para que Julián le suelte el sostén y ella misma se desabotona el pantalón bajándoselo con calzón quedando con sus medias tipo ligero y zapatillas de correas, al igual que Patricia y yo, Julián la abraza por la espalda y caminan a la sala a presentar y saludar a las nuevas integrantes. Magda seguía sorprendida de ver tanta gente desnuda el último en saludar fue a mí yerno con quién se quedó hablando, lo abraza por la espalda, le brindó un trago a todos y brindamos por una noches de sexo y lujuria. Magda se lo toma, dejá la copa en la mesita vuelve a abrazar a mi yerno y le agarra la verga se besan ella se sonríe.

    – Ahí no que es esto te acabo de conocer y ya quiero acostarme con usted.

    – Por eso son tan placenteras las relaciones sexuales no necesitas conocer a la persona solo se necesita hacerlo y disfrutar el momento.

    – No, me imagino en esas.

    – No te lo imagines solo hazlo y ya disfruta el momento. O me vas a decir que no estás disfrutando el acariciarme la verga.

    – Ahí sí… Jejeje

    Se sonríe.

    -Es que se sienten delicioso hacerlo.

    – A te fijas sólo deja que suceda. Es más sabés que quiero?

    – No que quieres?

    – Que me la mames anda preciosa métetela a la boca quiero sentir tus labios recorriendo mí verga.

    Magda lo mira a los ojos y baja su mirada a la verga del abuelo suspira y sonriéndose se agacha abre su boca y se la mete suavemente recorre su verga no alcanza a metérsela toda pues es muy grande se la saca y lo mira.

    – A que tal te gusto?

    – Guau que rico se sintió.

    – Bueno entonces mámamela todo lo que quieras.

    Volvió a mamársela y quedo pegada hay.

    Patricia ya estaba en serías conversaciones con los dos solteros que faltaban de pareja o mejor de trío y yo con el esposo de la morena un moreno bien dotado y de la trigueña, m i hija con uno de los solteros y el esposo de la mona. Camilo tuvo que irse lo llamaron de la casa. Y así comenzó una orgía de placeres sexuales, lujuria desenfrenada que nos duró hasta bien entrada la noche, Mucho sexo, licor y música. Gemidos y gritos de placer retumbaban en la casa. A Magda la junté con Julián y el abuelo dejándolos disfrutar de un suculento trío ayudándoles a que ella se dejará penetrar por los dos, cosa difícil porque nunca se lo habían hecho Por detrás y no quería dejarse. No logré convencerla ya abra tiempo para eso y el Julián quería era estar con la mona volví con el moreno y el Ernesto el otro soltero al principio hablamos cosa de 10 minutos y luego comenzamos la acción sentándome encima del moreno con quién nos besamos y acaricio su verga me ruedo bajando besando su pecho chupando sus tetillas lo abrazo apretándolo con fuerza sintiendo sus pectorales fornidos continuo bajando pegándole pequeños mordiscos hasta llegar a su verga la que levanto con mi mano derecha y me la meto a la boca.

    Siento la suave textura de su glande sus líquidos saliendo por la uretra los que lambo que delicioso sabor.

    – Que rica verga tienes moreno como a mí me gustan grandes y gruesas soy una adicta a ellas me encanta mamarlas es una delicia sentirlas en mí boca.

    Me quedo mirándolo

    – Muñeco hermoso no has contado cómo te llamas.

    – Mucho gusto mí nombré es Fidel.

    – Encantada de conocerte Fidel y espero volverte a ver siempre serás bienvenido a mí cama en dónde pienso comete todito y si quieres puedes traer a tu mujercita.

    – Sera un placer venir claro que traeré a Katerine y si quieres tengo dos primos quienes son bien dotados. Lo miro y suspiro.

    – Y en donde andan esos reproductores Fidel?

    – Me imagino que en sus casas.

    – Acá en Bogotá?

    – Sí acá en Sancritobal al norte.

    – Llámalos y diles que vengan. Se levanta y busca su ropa saca el celular y hace una vídeo llamada y los veo sorprendidos dejó qué Fidel me muestre desnuda y luego un paneo a los demás y los invitó a venir.

    – Hola muñecos quiero invitarlos a mí cama me encantaría estar con ustedes su primo me ha comentado que están bien dotados cosa que me fascina me encantan los hombres bien dotados así es que vengan a divertirse que les prometo que la van a pasar delicioso.

    – Ya salimos danos la dirección.

    Se demoraron en llegar casi una hora. Mientras tanto la fiesta continuaba. . Música, gemidos chasquidos golpes de nalgas y uno que otro grupo hablando, tomando o fumando. Vi a Patricia como preocupada, me le acercó y le pregunto.

    – Que pasa Patricia?

    La veo marcando el celular.

    – Es que Salomé no estaba en la casa y le he marcado varias veces y no me contesta. A dónde se abra metido.

    – Ahí y que te vas a ir a buscarla.

    – Nooo. Que tal y perderme la fiesta, ya abra tiempo sí no aparece Ya está como grandecita eso a la fija está con sus amigas. Por ahora espero divertirme en grande.

    – Esa es la actitud porque con tanto hombre para disfrutar te me vallas sería imperdonable.

    – No ni loca me perdería.

    Patricia se dirige a la sala y se integra al grupo junto a los dos solterones. Agarrándolos de las vergas.

    Regresé a donde Fidel, levanté mi pierna derecha colocando mi pie en una repisa y agarrándole la verga me la coloqué en la entrada de mí cuquita y adentro fue a dar, lo abrazo y me muevo disfrutando de su verga en mis paredes vaginales haciéndome gemir follámos por casi 20 minutos hasta hacerme venir, el celular de Fidel sonó eran sus primos que habían llegado. Les abrí la puerta a dos morenos altos y fornidos quiénes al verme se regaron en piropos. Cerré la puerta.

    – Haber muñecos les toca desvestirse porque acá todos estamos desnudos. Inmediatamente se desnudaron dejándome ver lo bien dotados que estaban. Mi hija de acerca y al verlos.

    – Ahí mami y eso quién mandó, papacitos sigan, sigan.

    – Primos de Fidel.

    – A si Fidel ya me había contado que rico.

    Los tomamos por el brazo y los conducimos a la sala en dónde todos estaban follando y nos incorporamos a la batalla y entre las dos los acaparamos carné fresca para disfrutar y compartir con mi hija acostándonos boca arriba nos levantan nuestras piernas y meten sus cabezas lambiendo nuestras cucas con sus largas lenguas recorren todo mí trasero, me beso con Marcela quién está en posición de perrita follando con el Alfonso. Uno de los solteros se besa con mi hija y luego le chupa las tetas. Me levanto y acostando a Emilio boca arriba hacemos un 69 ya tenía ganas de sentir su verga en mi boca, se la agarro sintiendo lo gruesa y larga.

    – A que rico está esto Emilio.

    Se la lambo sosteniéndola con mis dos manos.

    – Tú deberías de ser artista porno, fijó serías millonario.

    Ahora me la meto a la boca muy lentamente sintiendo su carnosidad lo suave de su glande Y así se la mamo por casi 10 minutos. Me doy vuelta y me la coloco en la entrada de mí cuquita y de una me deslizó por su tronco y comienzo a moverme en círculos y luego me la saco y me la meto a toda prisa sintiendo lo gruesa y larga que es sin parar hasta hacerme venir me la saco y boto todos mis líquidos en su estómago, se sorprende al ver tanto líquido. Vuelvo a meterme la verga y brincó con fuerza varias veces volviendo a venir y escupo otra vez encima de Emilio. Y me deslizó por su cuerpo hasta llegar a su verga y mamársela. Patricia al lado mío estaba montada sobre el esposo de Marcela follando y al otro lado mi hija acostada boca arriba Saúl el otro moreno la penetraba con tremenda verga, me acosté boca arriba y Emilio se me montó clavándome su enorme verga lo abrazo con mis piernas.

    – Que hijueputa verga tan rica me matas cabrón. Papacito vente a vivir conmigo me encantaría mamártela todos los días te doy lo que me pidas. Seguimos follando sentía su cuerpo golpear el mío su verga me rompía toda Por dentro sentí estremecerme llegando a un momento en que no podía sostenerme, desgonzada y viéndome a mares lo abrazo tan fuerte que un calambre en mí pierna me hace gritar, me río porque todos me voltean a mirar asustados con semejante berrido, Emilio me estira la pierna y entré risas y llanto me va pasando el dolor.

    Me levanto cojeó al caminar, se ríen de mí, Emilio me ayuda a caminar me sirvo un roncito y me siento en uno de los butacas del bar, estiro la pierna recibo un mensaje del Emilio, le doy un beso en agradecimiento. Los demás sigue disfrutando de la fiesta y yo quedo resentida. Sophia la mona se acerca se toma un roncito y se lleva a Emilio agarrándolo de la verga. Me quedo mirándolos a todos maravillada de verlos y, sin querer una deliciosa orgía que duró más de tres horas, un espectáculo electrizante, asía ya varios meses que no participaba en una orgía y hoy sin proponérnoslo lo estamos disfrutando. Marcela Patricia y mi hermana gozaban de una doble penetración, Astrid disfrutaba mamándole la verga a Fidel, en un 69 espectacular, esa si me sorprendió se veía feliz, La morena brincaba como puta encima del abuelo mi amado yerno, la mona debajo del Emilio era penetrada sin contemplación lo que le hacía disfrutar mostrándonos una cara desencajada del placer que estaba sintiendo. Ocho mujeres enfrentadas a 12 hombres en una batalla sexual aquí se vale todo y no hay forma de oponerse. Ya me sentía un poco mejor y me uno al grupo dándole la mamo a Yesid a quién tenían apretujado para sacarlo de ahí y hacernos los dos en el suelo me acuesto boca arriba y él se me mete entre las piernas a chuparme y lamberme la cuquita le hice girar para lograr un 69, también quería mamarle la verga, fueron quince minutos concentrada en hacerlo, solo escuchaba gemidos y gritos de pasión hasta hacerme venir soltando un chorro en el piso. Cambiamos de pose girándolo encima mío me levanta las piernas y colocándome su verga en mi cuquita me penetra hasta el fondo sin contemplación iniciando una deliciosa follada que me hizo venir después de casi 15 minutos de sensaciones exquisitas rompiéndome mi cuquita con su verga le pedí el favor de que me la metiera por el trasero y de una lo hizo suavemente aumentando poco a poco hasta lograr que me follara aceleradamente, la locura. Patricia se nos acerca gateando y besándome me dice.

    – Ahí Dianita definitivamente contigo nadie se aburre eres un bálsamo de placer.

    Vuelve y me besa.

    – A que te supo ese beso?

    – Jajaja A puro semen.

    – Delicioso de puro moreno hermoso.

    Yesid seguía rompiéndome el trasero haciéndome gemir hasta hacerme venir. Cambiamos de pose él se acostó boca arriba y yo me le monte encima abriendo mi trasero me deje rodar por su tronco comenzando a follar intensamente hasta que esté hombre se vino dentro de mí embadurnando todo mí trasero de semen. Me paro para irme a limpiar y veo a la Astrid brincando encima de Julián quien la tiene clavada por su trasero, cada vez me sorprendía la Astrid quién se iba a imaginar lo puta que salió, ya era su tercer polvo que disfrutaba, el abuelo, Fidel y ahora el Julián. Mi hija sale de la cocina con una paca de cerveza helada que reparte a todos los culeadores. Todos sedientos la mayoría se la toman de una y piden más, se levantan buscando los tres baños de la casa para limpiarse u orinar y regresan a la sala.

    La Marcela de una chispa tremenda empieza a contar chistes, nos reímos bastante la gente empieza a irse poco a poco quedándose. El Julián, Miguel, el abuelo, mi hija, mi hermanita Alicia, mi vecina Patricia. Julián y Miguel Esteban agotados esos dos se fueron a dormir temprano jejeje. Los demás seguimos fue es conversando y planeando la fiesta del próximo fin de semana con la esposa de Miguel. Espero les haya gustado este relato porque la verdad yo sí estuve feliz ese día un beso grande para todos

    DIANA LUCIA SAAVEDRA

    [email protected]

  • Bullet time

    Bullet time

    Son las 8 de la mañana, un día común y corriente viajando en el metro de la ciudad de México, eso significa cantidades estúpidas de gente molesta por cualquier cosa.

    Llegamos a la estación Guerrero y entre la multitud la veo abordar el mismo vagón en el que viajo. Aproximadamente 1.70 de estatura, alta para el promedio, pero no para mí, delgada, con trabajos debe pesar unos 70 kilos, cabello negro azabache, largo y suelto, odia esos estúpidos peinados modernos, una blusa blanca y holgada que apenas da un indicio de sus senos, pero sé que están ahí y no es fácil esconderlos, pésima elección para viajar en el metro. Lleva unas mallas negras que cubren sus largas y torneadas piernas y se ajustan perfectamente a ese divino culito, como si lo abrazaran.

    Después de unos segundos por fin nuestras miradas se encuentran, a través de sus lentes puedo ver como la sorpresa tiñe sus ojos, rápidamente desvía la mirada y su cara comienza a ruborizarse. No entiendo su reacción, esperaba ver enfado, posiblemente rencor e incluso odio, pero en su lugar pareciera que le avergüenza verme.

    El teléfono vibra en mi bolsillo y ella se ruboriza aún más cuando me ve sacarlo, el metro se detiene a medio túnel -maldición, tarde otra vez- recuerdo el teléfono en mi mano y tardo unos segundos en entender lo que está pasando, el bluetooth se ha conectado automáticamente a un dispositivo conocido.

    Volteo a verla y ahí está, con la cara completamente roja, evadiendo mi mirada y tratando de pasar desapercibida, entonces recuerdo. Recuerdo su emoción cuando lo encontró en una página de juguetes para adultos, recuerdo su impaciencia esperando que llegara su juguete nuevo, recuerdo la humedad de su vagina cuando por fin lo saco de la caja y comenzó a revisarlo, aun siento las contracciones de su vagina cuando lo encendió.

    Quien diría que una niña (mujer, debo de recordar que eres toda una mujer) de apariencia tan seria escondería detrás de esa facha a una verdadera y candente puta. Y no, no es un insulto, ni soy un misógino de cuarta, simplemente sé que dentro de cada mujer se encuentra una verdadera puta, deseosa de placer, esperando a ser descubierta.

    El juguete en cuestión es uno de esos vibradores llamados “bullet”, no más grande que un encendedor, pero el truco de este en especial, es que puede ser manejado vía bluetooth. El móvil me indica que se encuentra encendido y funcionando a velocidad baja, cualquier cosa para ti, solías andar por la casa únicamente en bragas y con el vibrador dentro de tu vagina, al final del día tus bragas se encontraban totalmente empapadas y el coño totalmente caliente y dispuesto, en esas ocasiones el primer orgasmo lo podía obtener rápidamente lamiendo tu clítoris, los demás solo podía obtenerlos penetrándote, podía sentir como se enlazaban uno a uno, clavabas tus uñas en mi espalda cada vez más fuerte hasta que perdías el control y la fuerza. Incluso recargarme en una silla era una dulce tortura al otro día.

    Así que mi pequeña puta no ha cambiado – pensé – vamos a ver qué tan sensible sigues – cavilo, mientras comienzo a subir la intensidad del vibrador. La primera mirada es de pánico, después veo como el color se va apoderando de tu rosto mientras te aferras al barandal. La anciana que viene sentada frente a ti te observa y te pregunta si te sientes bien. No alcanzo a escuchar lo que contestas. Tu voz es un susurro, pero veo el efecto, intentas disimular, te enderezas de nuevo y comienzas a abanicarte aparentando que lo que te afecta es el calor.

    Me miras fijamente de nuevo, desafiante, conozco esa mirada, me retas a ir más lejos, el metro comienza a andar de nuevo, llegamos a la siguiente estación y mientras la gente sube te acercas a mí, por mi parte acepto el reto, también me acerco hasta que quedamos frente a frente, me abrazas como una vieja amiga, tiras un poco de mi camisa para que me agache y me dices al oído:

    – Apaga esta chingadera

    – ¿Por qué? ¿no es tu juguete favorito?

    – No seas cabron, ve donde estamos

    – ¿Te preocupa que alguien se dé cuenta?

    El metro sigue avanzando, llegamos a la siguiente estación y la marejada de gente nos empuja a los dos, puedo ver el sudor corriendo por tu cuello, me acerco a lamerlo, me das la espalda y pegas tu culito contra mi verga que se encuentra a tope.

    Te abrazo por la espalda, pegas aún más tu culo contra mí y comienzas a moverlo circularmente, pero con discreción, tus mallas me permiten sentir tu entrada trasera con libertad, no llevas bragas, eso sí es una sorpresa, nunca pude convencerte de que salieras sin ellas mucho tiempo.

    El metro se detiene de nuevo y en esta ocasión las luces se apagan, normal, los usuarios estamos acostumbrados a que esto pase, así que aprovecho la oportunidad, deslizo una mano bajo tu blusa, el brasier está ahí, pero es delgado y me permite descubrir algo nuevo, un piercing en el pezón, es pequeño y tiene puntas en los lados, no me sorprende, siempre hablaste de hacerlo, pero no te animabas a que cualquier idiota te viera o te tocara los pezones solo para perforarte, los rumores deben ser ciertos, encontraste a una mujer lo suficientemente sexy como para dejarla tocarte. Tus pezones están bastante duros.

    Mi otra mano serpentea por tu abdomen, bajo tus mallas, tienes el coño depilado, como siempre me gusto lamerlo, la sorpresa te lleva a empujar tu culo hacia atrás, encuentro tu clítoris y empiezo a jugar con él, estás completamente mojada. Deslizo dos dedos dentro de tu vagina evadiendo el cable del vibrador, quieres que continúe, lo sé.

    Hechas la cabeza hacia atrás y mientras tiras del cabello de mi nuca susurras – aquí no.

    Tienes razón, aquí no, todo ha durado apenas unos segundos cuando saco retiro mis manos, giras rápidamente mientras las luces regresan y comienza a avanzar de nuevo el metro, me observas totalmente ruborizada, estas sudando, pero no es solo por el calor del vagón.

    Llegamos a la estación, no tengo ni una maldita idea de donde estamos cuando sales corriendo y bajas del metro, volteas a verme, me diriges un gesto obsceno con tu dedo medio y te vas.

    Como siempre, logras sacarme una sonrisa, mis dedos siguen húmedos, lentamente acerco mi mano a mi nariz e inhalo profundamente tu aroma de hembra en celo, me bajo en la siguiente estación, efectivamente es tarde, pero aprovecho el ajetreo para lamer mis dedos, deliciosa como siempre.

    Camino con calma hacia la oficina, el día comenzó bien y no hay nada de qué preocuparse, puedes correr, pero no esconderte.

  • Relajo laboral

    Relajo laboral

    Antes de empezar, declaro que estoy harto de la creencia mediática de que la anorexia y los esteroides son sinónimos de belleza.

    Comencé a trabajar hace poco aquí, el dinero es bueno, nunca pensé que la muerte era un negocio tan bueno, es uno de los llamados ‘cementerios parque’, en resumidas cuentas, vendo tu ultimo dormitorio, tu ultima cama, no es malo, recorrimos Santiago buscando la desgracia y anunciando lo único certero que tiene la vida, la muerte y obviamente haciendo negocio de ello. No hablaba mucho, debido a que era nuevo, mis compañeros son simpáticos, así que me rio bastante (algo bastante irónico tomando en cuenta el oficio) a las pocas semanas, llego ella… Elizabeth… Ely…

    Un poco más baja que yo, de piel blanca, pelo castaño claro, que parecía una cascada de miel bajando por esos pechos enormes y generosos, caderas grandes como para bailar un buen lento, bien pegados, un poco gordita, pero con una carita tan hermosa, parecía una muñequita de porcelana, labios finos, nariz fina, pómulos pronunciados y unos gigantes ojos color azabache, que eran el fiel reflejo del misterio de la noche y esos kilitos de más, le daban un aire de niñita, como de esas muñecas antiguas que tenía mi mama «peponas» creo que le decían. Cuando la vi, me quede mirándola, con cara de estúpido, para ser honesto, era tan linda, pero como sé que tengo buena suerte, probablemente ya tenga alguien, o este casada, o quién sabe.

    Así que solo me concentre seguir trabajando, quizás me manosee un poco pensando ella antes de dormir. Los días que vinieron, lo hicieron sin pena ni gloria, nos dividíamos en parejas para trabajar y un día me toco con ella. Habíamos conversado un poco, lo que sabía es que vivía en otra comuna, que hablaba de su mama, de que quería seguir estudiando y que tenía algunas deudas, esa era toda la información que tenia de ella.

    Cuando llegamos al lugar que teníamos que trabajar (golpear puertas y ofrecer ataúdes «lindos») caminamos juntos, al principio no hablamos nada, era uno de esos silencios incomodos lo que había ahí y mientras más caminábamos, me sentía más incómodo, hasta que por fin se quebró el hielo. Una mujer con la que estábamos hablando dijo «¿Y qué hacen con los huesitos de la gente?», «por eso no se preocupe, usted compra ese lugar, por lo que los restos quedan ahí» respondió Ely, después de que termino la conversación, nos alejamos y le dije a Ely «la pregunta hueona de la señora… ¿Qué cree que vamos a hacer con algo así, cazuela?… Si claro… Vamos a tirar los huesitos a la parrilla». Ella me miro y nos reímos al unísono, eso derritió el hielo. Al día siguiente, antes de salir a terreno de nuevo, Ely dijo «voy con Alejandro», eso me sorprendió, mucho. Nos fuimos haciendo amigos, a veces me abrazaba, nada raro con eso. Excepto que cuando sentía sus muslos carnosos, sus pechos infladitos cerca de mi cuerpo, la erección era enorme.

    Y me daba un poco de vergüenza pensar en si se daba cuenta. Un día pasamos a comer a un local de comida rápida, ella comió pollo y yo una hamburguesa, nos sentamos uno a lado del otro, «¿Esta rico?» Le pregunte, ella sin darme tiempo, introdujo su dedo índice en mi boca «¿Esta rico, no?». No lo podía creer, su carita de inocencia cambio a una risa picarona y demasiado sensual. Acaricie lentamente su dedo con la punta de mi lengua, solo la puntita pasaba por su dedito. Un par de segundos que parecían eternos.

    Ella lo saco despacio «si, esta rico, más de lo que pensé», solo se limitó a reír, yo hice lo mismo «esta es la mía, pensé». Me acerque a su oreja, rozándola con mis labios, dije en infantiles susurros «oye, ¿Porque hiciste eso? Me pasan cosas muy húmedas» al terminar, la puntita de mi lengua acaricio su orejita. Sentí su respiración agitándose, de a poco. Cerré mi boca y roce su orejita delicadamente terminando con un pequeño besito, un pequeño «muack», que sonó como un globo de goma de mascar y que reventó lo que ambos sentíamos. Me aleje, para seguir comiendo, con expresión frívola volví a mirar el plato, disimuladamente mire su rostro, también trataba de disimular entre tanta gente, sus pómulos estaban colorados. De repente, en esa hipócrita frivolidad, sentí sus deditos recorriendo mi muslo, apretando despacio, cada centímetro, era un palpitar más de mi pene. Era insoportablemente rico, no podía hablar, solo podía tratar de pasar desapercibido.

    Mientras ambos mirábamos sus respectivos platos. De a poco se acercaba más y más, no me pude contener y me mordí los labios, la puntita de su dedito empezó a acariciar mi verga dura y húmeda, cerré los ojos para contenerme, sus pulgar y su índice apretaron delicadamente el extremo de mi pene. Entre la gente y el bullicio típico del centro, entre todo eso, abrí un poco la boca y deje escapar un suspiro ahogado. Me tenía en sus manos. Mi brazo empezó a jugar en el suyo, ella entendió el mensaje y lo levanto un poco, para que pudiera meterlo por debajo, cuando lo hice, los dos últimos dedos de mi mano tocaban sus grandes y ricas tetas por el costado, las rasguñaba despacito con mis uñas, poco a poco me acercaba más y más a su pezón, ella seguía comiendo, yo también y ninguno de los dos podía mirarse a la cara.

    Despacio subía mis dedos en esa carne suave, sentía como palpitaba, ella apretaba más y más la punta de mi verga, mi bóxer estaba completamente húmedo, acerque mi pulgar a su pezón, y con este y el índice lo empecé a apretar despacio, como mamando. Ella se recogió. El hambre de comida se había transformado en un hambre distinta, hambre de gemidos, de sudor, de rasguños y caricias. «¿Terminemos de comer, de acuerdo?» Dijo acomodándose, tratando de que todo volviera a la normalidad, yo le seguí. Pero, ya no se podía. En silencio y rápido terminamos de comer, ella me tomo la mano, doblamos por una esquina y me detuve, le tome sus caderas grandes.

    Y la apreté contra mi cuerpo, ella bajo la cabeza, acerque mi rostro, nuestras frentes chocaron, y susurro «estoy un poco nerviosa», «yo también» le respondí. Le tome su perita, y acerque la punta de mi nariz a la suya, ella rio un poco, acerque mis labios, no la bese, solo roce mis labios en su boca, sintiendo cada comisura de sus labios rojos y húmedos, con el labio superior empuje el suyo hacia arriba, obligándola a abrir su boca. Y la bese. Sentí su lengua acariciando la mía, jugando, peleando, todo a la vez.

    Sus brazos gorditos me rodearon y me apretaron fuerte, yo le tome su cabeza, mis dedos se perdieron en su cabellera de miel, mi otra mano fue bajando por su espalda, llego a sus glúteos, con mis uñas comenzó a rasguñarle su culito grande y suave, ella no me detuvo. Puse toda mi mano en carne blanca y apreté con fuerza, ella no me detuvo. Me apretó más fuerte, sus caderas me empujaban, por instinto, como animales en celo. Un eterno volcán al medio de una calle indiferente, de una ciudad fría. «¿Vamos?, quiero estar solita contigo» me dijo al oído, mordiendo mi oreja. Ya no aguantaba más.

    Caminamos hacia uno de los tantos moteles de Santiago, entramos a uno. Un pasillo largo daba la invitación a un salón, pague, ambos dejamos el carnet en la recepción y subimos a una habitación, no era muy lujosa, pero estaba bien, con la calentura que teníamos. Al entrar le di un agarrón picaron en el trasero, ella se dio vuelta y con fuerza me tomo la cara y me beso. En la soledad de la pieza, le subí la falda, le apreté su culito suave, ella me tomo los testículos y los acaricio con sus dedos, mi verga estaba demasiado dura, ella la masturbaba con sus manitos blancas, mientras nuestras lenguas peleaban, mis manos apretaban sus tetas grandes y níveas. «aaahh» solo eso salía de su boca. Su carita de muñeca estaba rojita, lánguida de excitación, su boquita entreabierta jadeando, su pelo desordenado caía en sus pechos.

    Gordita o no, era una de las cosas más hermosas que había visto en mi vida. «me quiero duchar. Pero contigo», no le dije nada, solo me acerque y la desnude mientras la besaba y claro, me saque la ropa también. Nos fuimos besando y caminando a la ducha, sin separar nuestros labios, riendo cada vez que alguno de los dos tropezaba. Llegamos a la ducha, entre agarrones, frases calientes y coquetas, risas tiernas. No había tiempo, solo dos cuerpos perfectamente imperfectos, tratando de llegar al cielo juntos. El agua tibia de la ducha caía en ambos, dejamos que lo hiciera mientras ella me masturbaba, mientras yo chupaba sus pechos.

    Rasguñaba sus pezones con mis dientes y abría los labios suaves y esponjosos de su vagina. Sin mirar, busque su clítoris, sus labios estaban tan mojados, que mi dedo se deslizaba a través de ellos, hasta que llegue donde quería, a esa pequeña cosita de carne rosada, y la empecé a acariciar, ella alejo su cara de mí, abrió los ojos como si de una sorpresa se tratara, y «aaahh, mi amor, esta rico». Yo dibujaba círculos con mi dedo alrededor del clítoris, cerró los ojos y siguió gimiendo, luego deslice otro dedo, y atrape el clítoris entre ambos, lo sujetaba, lo estiraba, ella me tomo los brazos y sus caderas empezaron a moverse, como si me estuviera cogiendo, solo le miraba su carita de exquisita angustia, mientras el agua le masajeaba la espalda, el ruido de la ducha, escondía sus gemidos, que ya a esta altura eran mucho más fuertes, no me importaba si me tocaba o no. Era mía… Mía… Gimiendo con dulzura me dijo «ya, ya, ay ay… Mi amor, estoy llegando, ay, ay… Aaaahhh».

    Admirar ese pequeño lapso de tiempo, en que todo lo que eres se olvida, y todo lo que tienes es la viciosa sensación del orgasmo. Es simplemente genial. La abrace, le bese su frente, sus pómulos, le arregle el pelito que había en su cara, «oye, estamos recién empezando, yo todavía no llego» ella picaronamente me dijo «y crees que quiero parar?». Si hay algo por lo que envidio a las mujeres es eso, nosotros tenemos las balas contadas, y solo en raras ocasiones, podemos disparar seguido.

    Mmmm… «¿Quieres más?», «si» dijo regalándome una sonrisa tierna, «quieres que hagamos algo rico» «ya» me dijo, la di vuelta, y la deje mirando directo al agua, ella no decía nada, me acerque por su espalda, deslice mi verga dura entre su culito suave y le dije al oído, «mira, dobla un poquito las rodillas y ábrete los labios de tu conchita» cuando lo empezó a hacer, tome el mango de la ducha y con una mano y la acerque a su vagina, con la otra, mantuve los labios abiertos.

    Dirigí la presión de agua tibia a su clítoris, ella dejo caer su cabeza en mi cuello, sus brazos acariciaban mi pelo, mis brazos, con mi verga, le acariciaba el culito, su ano, con pequeños empujoncitos, solo jadeaba, solo gemía. A medida que se perdía en la caricia del agua, yo movía mi verga más y más, entrando en su culito, abriéndolo, despacio. Sus carnes me apretaban el miembro, pequeñas gotitas de semen lubricaban para entrar un poquito más cada vez, ella movía sus caderas nuevamente, empecé a gemirle a su oído. Quería que llegara de nuevo «así cosita, dale, dale, cógeme rico mi amor» le decía con voz grave al oído, mientras más se movía, más cosas le decía. Empecé a gemir como si de un perro en celo se tratara, como una bestia con su miembro duro y goteando, buscando a su hembra para montarla, a la fuerza si era necesario.

    Ella se había perdido en la calentura, de repente me apretó un brazo, yo seguí moviendo las caderas, mantuve firme el chorro de agua en su clítoris, sentía como su cuerpo se recogía, se tensaba, «ay… Mi amor… Ay, ay». Al parecer otro más. Yo solo seguí haciendo lo mismo. «ya, ya… Aaahh» sentía como su cuerpecito se moría en mis brazos. «¿Salgamos de la ducha?», «si» me dijo con cara de cansancio. Salimos, le seque su espalda, el cabello, yo también me seque, obvio.

    Se sentó en la cama, con soltura, la seguí y me quede mirándola un rato, sus piecitos eran finos, al igual que sus manos. Me dijo «¿Un cigarrito?», «bueno» respondí mientras fumábamos, conversamos un poco del trabajo, nos reímos poniéndole sobrenombres a nuestros compañeros, de repente me dijo «oye, tú no has llegado… Quiero verte llegar». Sin decir palabra, me abrazo, me beso y hecho mi cuerpo hacia atrás, sus manitos me tomaron la verga, me masturbaba despacio, sin apuro, yo quería seguir chupándole sus tetas, ni siquiera se lo tuve que pedir, sola acerco su pecho grande y blanco a mi boca, yo solo cerré mis ojos y lo comenzó a libar, como si de un bebe se tratara, sus dedos se mojaban más y más con las gotas de semen que salían cada vez que me movía la verga, después ella acerco su boca a mi verga, empezó a lamerla con su lengua, mientras me miraba a los ojos, yo le acariciaba el pelo, la espalda, ella lo metió en su boca tibia, sus labios subían y bajaban, su lengua acariciaba todo, los bordes, el prepucio, el agujerito del pene.

    Yo solo me limitaba a disfrutarlo. Le dije «quiero 69, ¿Quieres?», «ya» cruzo sus piernas por encima de mi torso. Su culito hermoso estaba en mi cara, los labios rojos de su concha estaban al alcance de mi boca. Con la lengua los separe, los abrazaba con mis labios, le frotaba el clítoris, le metía la lengua y saboreaba los juguitos de su concha. Ella seguía chupándomela, pasaba su lengua por mis bolas «mi amor, quiero que entres» dijo de repente, «ok» le respondí, se paró, cambio de posición, se acomodó encima de mi verga, la tomo en sus manos para que entrara bien. Era exquisito, su vagina húmeda, caliente y palpitante, rodeo mi miembro duro.

    Ella me miro con expresión tierna y comenzó a moverse, yo miraba sus tetas bailar, su pelo desordenados más y más, veía como se movía su pancita, cerca de mi cuerpo, solo gemía, solo me miraba, le agarre el culo con fuerza, para que pudiera moverse más rápido, para que el roce fuera más brusco, sus jugos me mojaban las caderas, los muslos, tiro su cuerpo hacia adelante «chúpame, chúpame» decía, sin pensarlo, busque su pezón y lo comenzó a chupar lo más fuerte que pude «ay papito, así, así». El roce húmedo me estaba haciendo llegar, pero aun no quería… No así… «cosita, ¿A lo perrito te gusta?» Le pregunte, «si» me dijo, nos acomodamos, me puse de pie al lado de la cama, ella tomo posición para que la penetrara, su potito carnoso y blanquito estaba ahí, a mi merced. No espere nada, acerque mi verga a su concha y empuje lo más fuerte que pude «uy, bruto» dijo riéndose.

    «No importa, eres mía» le tome los muslos y empecé a cogérmela lo más fuerte que pude, veía sus tetas moverse bajo la espalda, los gemidos eran más y más fuertes, descarados, mientras me la cogía más y más rápido. Ya estaba a punto de llegar. Mis piernas tiritaban de calentura, pero no me detenía, no quería, no podía. Ella agarro las sabanas y las apretó, su concha húmeda, se tensó y me apretaba la verga, estaba más estrecha, eso me calentó más, y lo hacía más fuerte, más bruto. Y lo sentí. Sus jugos ardientes chorreándome la verga.

    Sus quejidos que parecían de tortura llenaban la habitación. No puedo más, no puedo más. Mis bolas se tensaron, y salió un chorro copioso de leche caliente, la apreté contra mí, con los ojos cerrados y gimiendo, jadeando, un siseo salió de su boca. Nos quedamos así un momento, nuestros genitales palpitaban. Le acaricie la espaldita. Saque despacio mi verga de su conchita. Ella solo se dejó caer en la cama, me acomode a su lado y la abrace. Solo nos reímos. Nada más. Conversamos un poco, ella entro a ducharse, después entre yo. Salimos de la mano, nos tomamos un café, la acompañe al metro y nos despedimos con un beso largo y tierno. Si. Si es que no, la mejor cogida de mi vida.

  • La señora Andry

    La señora Andry

    Me llamó Javier y acabo de cumplir 18 años y mis padres organizaron mi cumpleaños el sábado donde tuve que bailar con todas las mujeres de la familia (mamá, tías y primas y abuelas) y también tomar por primera vez con mi padre y tíos que luego me caería muy mal por la falta de costumbre, así que el domingo no me levanté para nada de la cama y el lunes cuando todos se fueron a cumplir con sus deberes, mis padres a trabajar y mi hermana menor al colegio, decidí darme un día más de relax así que sólo nos quedamos en casa mi abuela Ana y la señora Andry y yo.

    En la mañana bajé a la cocina y sólo tomé un jugo de papaya y regrese a mi dormitorio a dormir, ya en la tarde tocaron la puerta de mi dormitorio y como no lo escuché por tener los audífonos puestos abrieron la puerta y me sorprendió Andry recostado en la cama con la laptop a mi lado viendo pornográfica y con la verga dura en mi mano masturbándome.

    -Ohh. Lo siento mucho Javier pero como no contestaste abrí, no fue mi intención pero su abuela Ana me envió para preguntarle ¿si ya va almorzar?

    Ella era de Venezuela que había venido a mí país escapando de la situación crítica que vivían allá y mi mamá la había contratado para que ayude a mu abuela con los quehaceres de la casa. Ambos nos quedamos congelados unos segundos ella veía mi verga dura y yo no sabía que contestar y luego reaccioné y dije que sí que ya bajaría al comedor, luego me di un baño y fui almorzar estaba muy avergonzado no sabía si ella contaría lo que vio, mi abuela me saludo y abrazo.

    -Hola. Andry me dice que ya estás muy bien así que te voy a servir tu plato preferido hijito

    Cuando mis abuela se dios vuelva Andry me hizo una señal de silencio con su dedo en la boca, cuando termine di la gracias y regresé a mi dormitorio luego de unos minutos me quedé profundamente dormido, pero entre sueños yo sentí como mí verga era chupada y succionada luego, era una sensación muy rica y cuando abro los ojos ahí estaba Andry con mi verga en su boca.

    -Javier no te asustes déjame darte tu regalo de cumpleaños no es justo que te masturbes y como siempre has sido muy bueno conmigo te voy ayudar ahora.

    Ella tenía 32 años y de cabellos negro de piel blanca y de muy buen culo y tetas de buen tamaño, trabajaba duro para juntar dinero y poder traer a su hijo a su lado y tenía razón en dos oportunidades le di dinero para ayudarla pero jamás hubiera imaginado que me daría las gracias de esta manera, pero tenía una boca tan caliente y con experiencia chupando la verga que acepté su regalo.

    -Ohhh Andry sii que ricooo muchas gracias ohhh

    Hasta donde se sabía en la casa según ella le dijo a mi mamá había venido sola y no tenía pareja acá y su único objetivo era trabajar y trabajar y traer lo más pronto a su hijo, pero esa falta de sexo tanto tiempo también parecía que a ella le había pasado factura y cuando vio una buena verga tan cerca se le antojó y ahora lo estaba disfrutando teniéndolo en su boca.

    -Ohhh qué grande y dura la tienes ohhh

    No era la primera felación que recibía antes ya lo había hecho una amiga del colegio pero no había punto de comparación con lo que hacía Andry con la boca y lengua en mi verga, esos ojos negros que me veían mientras se lo iba tragando todo era muy excitante.

    -Ohhh queee rica verga tienes ohhh. ¿Te gusta cómo te lo chupo?

    -Sii muchoo ohhh siguee… asii ohhh eres muy buena…

    Su boca subía y bajaba por el falo que ahora la había vuelto loca y excitado y volvió a ser mujer por ese momento yo aproveche para sobarle las tetas y jugar con ellas que ya se sentían duros sus pezones, hubiera querido durar mucho más tiempo disfrutando de su boca pero ya no pude más.

    -Ahhh Andry siii ohhh ya vieneee ohhh queee ricooo ohhh

    Y eyacule en su boca que ella lo recibió todo y algunas gotas se les salieron por la comisura de los labios que luego Andry con los dedos los volvió a meter a su boca y siguió chupando hasta dejarlo limpio.

    -Bueno Javier espero que te haya gustado mi regalo. Ahora ya me voy.

    Cuando se levantó para irse la sujete fuerte del brazo yo quería más y a los 18 años mi cuerpo pedía más sexo pero cuando escuchamos los gritos de mi abuela llamándola la solté y ella salió rápido de mi dormitorio dejándome aún muy excitado pero aun así estaba muy feliz y agradecido con ella por el mejor regalo que recibí por mi cumpleaños.

  • La viuda de mi tío

    La viuda de mi tío

    La llamaban la Viuda porque lo era. Era la viuda del cacique del pueblo. Un indiano que fuera el dueño de tantas tierras y tantos animales que cuando murió, a los ochenta años, ya ni sabía lo que tenía.

    La Viuda tenía 39 años cuando murió el indiano. (Llevara 20 años casada con el) Era hija de la Paca, una mujer casada con Suso, un vago borracho que nunca diera un palo al agua, y que después de casarse su única hija con el indiano y hacerlo este encargado de sus tierras, se creía Felipe II dirigiendo las obras del Escorial… Y qué decir de la Paca, que se había roto la espalda trabajando al jornal para mantener al vago borracho y a su hija, pues decir que quien nunca tuvo un cerdito, al tener uno anda todo día diciéndole: Quino, quinito.

    Con estas mimbres, Carla, la Viuda, que era morena, de ojos negros, muy grandes, alta, con un cuerpazo, buenas tetas, cintura estrecha, buen culo y aún bella, al morir el viejo se creía la reina de Saba.

    Sindo tenía dieciocho años y estaba terminando el bachiller superior. Era el único que estudiaba en el pueblo y le pagara sus estudios su tío, el indiano, Carla, que apenas aprendiera a leer y escribir, ya había tenido una aventura con él.

    Un día, ya caída la tarde, uno de los criados de la viuda le dijo a Sindo que su ama quería hablar con él. Fue al pazo. Lo recibió en el salón, que estaba amueblado a todo lujo. La Viuda estaba sentada en un sillón que parecía un trono y apoyaba las manos en los brazos. Se había quitado el luto. Llevaba puesto un vestido rojo y unos zapatos del mismo color, de los lóbulos de sus orejas colgaban dos pendientes de oro en forma de aro. Llevaba un reloj de oro en una muñeca y una pulsera del mismo material en la otra. En sus dedos llevaba dos anillos, uno tenía una piedra verde y el otro una que brillaba mucho, luego supo que eran una esmeralda y un diamante. No llevaba el anillo de casada. Estar, estaba seductora, enjoyada, con su largo cabello suelto y sus labios y sus uñas pintadas de rojo, pero no era normal aquella vestimenta para recibirlo. La Viuda, sin levantarse, le señaló un sillón, y le dijo:

    -Siéntate, Sindo.

    Se sentó. Tenía una mesita delante.

    -Abre el sobre que hay sobre la mesita.

    Abrió el sobre y vio que tenía varios billetes de mil pesetas. La viuda, le dijo:

    -¿Quieres ganarte esas quince mil pesetas para acabar tus estudios?

    La iba a sorprender.

    -Depende.

    Se puso altiva.

    -¡¿Cómo qué depende?!

    -Si, depende. Estás vestida para una fiesta. ¿Soy yo el plato principal?

    -A mí no me vengas con adivinanzas. Si haces todo lo que te diga te llevarás ese dinero.

    -¿Estás hablando de sexo?

    -Si.

    -Entonces me voy.

    -¿Te parece poco dinero?

    -Me parece que te pasaste tres pueblos. Yo nunca me vendería.

    La cara de sobrada de la Viuda, cambió. Ahora era de desilusión.

    -Pensé que te gustaría…

    La interrumpió.

    -¿Pensaste que con ese vestido, con esas joyas y con el dinero me ibas a seducir?

    -Si no lo pensara no te mandaría llamar.

    -Te equivocaste, tía.

    La había cabreado.

    -¡¿Quién coño te crees que eres?

    -Alguien que no se vende.

    La viuda no se daba por vencida.

    -¿No te gusto?

    -Me gustas más oliendo a sudor.

    La Viuda, sonrió. Sindo volvió a ver a la Carla que lo había follado porque a su tío no se le levantaba.

    -Olvídate de la proposición.

    -Olvidada.

    -Solo a nosotros se nos pudo ocurrir hacerlo al sol. ¿Verdad?

    Sindo, le devolvió la sonrisa.

    -Sí, fue… Sudoroso.

    -¿Quieres tomar algo?

    -¿Que tienes?

    -Coñac, anís, whisky, ponche…

    -Ponche.

    La Viuda volvió del mueble bar con dos copas, le dio una y se sentó en su sillón. Le preguntó:

    -¿Entones no quieres hacerlo?

    -¿No habías dicho que me olvidara del tema?

    La Viuda era una enredadora.

    -Te lo pregunto por última vez porque tengo muchas ganas de follar contigo.

    -Si tanto insistes… Va a ser que acabaremos haciéndolo.

    La Viuda, se animó de nuevo.

    -¿Harás todo lo que te diga?

    -¿Qué tendría qué hacer?

    -Eso lo irás descubriendo cuando te lo diga.

    Sindo pensó que tenía la sartén cogida por el mango.

    -Vale, pero cómo presiento que la cosa va de guarrerías, debes doblar el dinero.

    -¿Pero tú no eras el que nunca se vendería, cabronazo?

    -Para mi nunca significa hasta dentro de cinco minutos.

    La sartén por el mango la tenía cogida la Viuda.

    -En ese caso, si te acojona hacer alguna de las cosas, no cobras.

    Sindo, se hizo el valiente.

    -¡Anda ya! No hay nada en este mundo que me acojone.

    -Y si te corres, no cobras. Mi dinero, mis reglas.

    -¿Algo más que deba saber, Carla?

    -No.

    Vamos al grano.

    La Viuda estaba sobre una gran cama de roble con sábanas rojas, a la que antes tapara una colcha dorada, vestida solo con sus joyas. Sindo, también estaba en pelotas. Era un joven moreno, de pelo largo, con buenos pectorales, buenos bíceps… Era un joven apuesto.

    La Viuda se había vuelto una cerda de mucho cuidado desde la última vez que follaran. Se ve que el viejo antes de morir, cómo no se le levantaba, meaba por ella, o eso pensó, cuando le dijo:

    -Méame por las tetas, por el vientre, por el coño, méame toda.

    -Preferiría untarte de chocolate.

    -Luego, ya se lo mandé hacer a Sebastián.

    -¿Y por qué no ahora?

    -¡Mea por mí, carallo!

    Le orinó por las tetas. La Viuda puso las manos y se lavó la cara con la orina.

    Los pezones se le pusieron tiesos y las areolas le encogieron. Le meó por la barriga y por el coño, un coño rodeado de una enorme mata de pelo negro.

    Al acabar de orinar por ella, la Viuda, le dijo:

    -Muérdeme las tetas y los pezones… Lame y limpia tu orina de ellas.

    Al morder una de sus grandes tetas y lamerla, sintió el sabor salado de su orina. Tampoco estaba tan mal. Nunca había comido unas tetas saladas. Le mordió las tetas y le lamió y mordió los pezones. Lo hizo durante un cuarto de hora, o algo más. La Viuda, mientras Sindo le trabajaba las tetas, se masturbaba el coño… Acariciaba el clítoris con dos dedos, los metía dentro de la vagina, los sacaba mojados y volvía a acariciar el clit… En una de estas sacó los dedos mojados de flujo y se los llevó a la boca a su sobrino, Sindo, se los chupó. La viuda, le preguntó:

    -¿A qué te supo mi jugo?

    -A vicio.

    -¿Probaste muchos?

    -¿Me estás examinando, Carla? Si lo estás haciendo preferiría que no lo hicieras

    -Lo que prefieras me la suda. -se dio la vuelta- Cómeme el culo.

    Comiéndole el culo, Le dijo:

    -No basta con lamer y morder. Azótame.

    Sindo le tenía ganas por la prepotencia que había cogido. Le cayeron las del pulpo.

    -¡¡Plas pla, plas plas, plas plas plas plas, plas…¡¡

    Cando la Viuda ya tenía el culo rojo como un tomate maduro, y a Sindo le dolían las manos, se dio la vuelta, y le dijo:

    -Folla con tu polla mis sobacos.

    Sindo le metió la polla debajo del sobaco. La Viuda apretó con el brazo, y al follarle el sobaco, la mujer, comenzó a reír. Le hacía cosquillas.

    Le cogió la polla y le hizo una pequeña mamada, pequeña porque al rato estiró los brazos hacia la cabecera de la cama, y le dijo:

    -Lámeme los sobacos.

    Sindo solo le pudo lamer uno ya que aparecieron de nuevo las cosquillas. La Viuda, encogió los brazos y rompió a reír.

    Después se metió un cojín debajo de sus nalgas, y le dijo:

    -Vuelve a comer mi culo.

    Sindo metió su cabeza entre sus piernas. La cogió por la cintura y lamió su periné y su ano. Su coño, abierto y mojado, parecía una flor… Con sus labios abierto, rojos e hinchados, la flor se abría y se cerraba con dos dedos de la Viuda acariciando el clítoris. Gimiendo, dijo:

    -Me voy a correr. Mete tu lengua en mi coño y fóllame el culo.

    Le metió medio dedo pulgar en el culo y la lengua en el coño. Antes de un minuto ya le vino.

    -¡Me coooorro!

    Al correrse, el dedo pulgar se fue metiendo en su ano, que al cerrarse lo apretaba y parecía querer comerlo. Su coño apretaba y soltaba la lengua de Sindo. La Viuda gemía y se retorcía de placer.

    Cuando acabó de correrse lo besó por vez primera. Fue un beso sin lengua, cariñoso, pero era un beso que traía cola, ya que acto seguido subió encima de él, le cogió la polla y metió la cabeza dentro del coño. Follándole solo la cabeza, se agarró a los barrotes de la cama y le puso uno de los pezones en los labios. Sindo, abrió la boca.

    -Cierra la boca. Quiero pasar mis pezones por tus labios. Y no te muevas. Voy a follarte a mi aire.

    Sindo, sufría por no poder comerle las tetas y por no poder clavársela hasta el fondo. Sentía la corona de su polla entrar y salir del coño y se fue poniendo malo. Pensó que lo que la Viuda buscaba era hacer que se corriese para no pagarle. No le iba a dar esa satisfacción. Se puso a pensar en la Muda, una pelirroja, pecosa, más fea que el culo de un mono. La viuda, pasados unos minutos, le puso el coño en la boca, se lo frotó contra los labios, y le dijo:

    -Saca la lengua.

    Sacó la lengua, y la Viuda, al frotar su coño con ella, comenzó a gemir, después le puso el culo, y gozó de la lengua entrando y saliendo de él. Sindo se volvió a poner malo. Su polla ya estaba empapada y latía una cosa mala. Mala era la Viuda. Volvió a meter la cabeza de la polla en el coño. Esta vez la metió y la sacó media docena de veces. Al sentir cómo le latía la polla a su sobrino, la muy zorra lo folló metiéndola hasta el fondo con violencia. La polla al llegar al fondo del encharcado coño, hacía este ruido:

    -¡Clash, clash, clash, clash, clash, clash…!

    La Viuda quería que se corriera, y lo iba a conseguir, pero, de repente, se quedó quieta. Sindo sintió como una pequeña cascada de jugo calentito mojaba sus pelotas. Luego el coño apretó la polla y la Viuda se derrumbó sobre él. Gimiendo y comiéndole la boca, echó una corrida que la dejó seca.

    Al recuperarse, le dijo:

    -Coge la bota de vino que hay debajo de la cama.

    Había planeado bien las cosas. Sindo, cogió la bota.

    -Dúchame con vino.

    Apretó la bota y apuntó a sus tetas… Menos su coño y su culo, que ahí le ardería con el alcohol del vino, le echó en todas las partes. La Viuda, frotándose, se quitó el olor de la orina y le quedó el del vino blanco. Ni una gota quedó en la bota para probarlo. Al acabar de frotarse, le dijo:

    -Coge en el cajón de arriba de la coqueta la caja roja, ábrela, y dámela.

    Sindo, abrió el cajón y cogió la caja. Tenía manteca dentro. La Viuda, le preguntó:

    -¿Te imaginas para qué es, Sindo?

    Lo sabía de sobras.

    -Quieres que te folle el culo.

    -Échate sobre la cama.

    Parecía que la Viuda no le quería pagar. Le cogió la polla, se la untó de manteca y le hizo una mamada sublime sin parar de meneársela y de mirarle a los ojos. Cuando Sindo ya no aguantaba, le apretó los huevos.

    -¡Cooooño! ¿Qué haces, bruta?

    -Echarte una mano.

    -Ya lo veo, a los cojones.

    -Calla, que te ibas a correr, capullo.

    -También es cierto. Sí, iba a perder el dinero.

    -Lo vas a perder igual, pero quiero sentir tu leche dentro de mi culo.

    El que estuviera a punto de cagarla, sacó pecho.

    -Sueña.

    Le volvió a untar la polla de manteca. Se puso a cuatro patas, y sonriendo, le dijo:

    -Hasta que me corra no puedes parar.

    -¿Quieres que te azote?

    -Lo dejo a tu elección.

    Acercó la polla a su ojete, un ojete sin estrías, virgen, y le metió el glande. Era muy extraño, entró apretada, pero sin dificultad, y más extraño aún fue que la Viuda no se quejó, al contrario, comenzó a gemir. Nalgueándola, se la fue metiendo hasta el fondo, después, con las manos pringadas de manteca, le cogió las tetas, se las magreó y le apretó los pezones para sentir como se quejaba… La Viuda, se acarició el clítoris y ni cinco minutos tardo en decir:

    -Tú ganas, cabrón, tú gaaa… ¡¡¡Aaaaaaaaaay!!!

    Le temblaron las piernas, las tetas, el culo, le tembló todo mientras se corría. Tuvo un orgasmo brutal.

    Si se le alarga unos segundos más le llena el culo de leche, a Sindo lo salvó la campana, de nuevo.

    Tras un largo silencio, la Viuda, le preguntó:

    -¿Le tienes miedo a los muertos?

    -No, miedo le hay que tener a algunos vivos.

    -Me alegro que no les tengas miedo. Si quieres cobrar el dinero tienes que follarme en el cementerio.

    -¡¿De noche?!

    -Sí, esta noche.

    Sindo no podía creer lo que estaba oyendo.

    -Estás bromeando.

    -No, quiero que me folles dentro del mausoleo de mi difunto esposo.

    Sindo, se cabreó.

    -¡No me toques los cojones, Carla! Lo dices para no pagar. No conseguiste hacer que me corriera y ahora me vienes con esto… Si tú te morirías de miedo allí dentro.

    Vamos otra vez al grano.

    Sindo, nunca supo cómo, pero la Viuda, que ahora vestía de riguroso negro y no llevaba joyas, había conseguido una llave del portal del cementerio. Abrió, entraron y cerró.

    Era una calurosa noche del mes de julio y había luna llena, pero a Sindo lo recorrió un frío glacial al caminar entre dos filas de panteones. La Viuda caminaba con paso firme. Sintieron ulular a un mochuelo, Sindo, al que, según él, nada en este mundo lo acojonaba, se acojonó. Luego ulularon una veintena de aquellas aves infernales. Sindo ya no sabía donde meterse. La Viuda seguía caminando con paso firme. Llegaron al mausoleo. Le metió la llave a la cerradura, abrió, y entraron. Allí, a pesar de las velas aromáticas que ponían a diario, olía mal. Olía a muerto. La viuda, mirando para el nombre que había en la lápida de mármol blanco, desnudándose, dijo:

    -Te dije que algún día follaría dentro de tu tumba, desgraciado.

    Al estar desnuda, se agachó, le sacó a Sindó la polla, arrugadita, y se la mamó hasta que se la puso dura. Después, le dijo:

    -Enséñale al desgraciado cómo se come un coño.

    Sindo se agachó para comerle el coño. La rencorosa le seguía dando caña al muerto.

    -¡Manifiéstate si tienes cojones!

    Una rata grande cómo un conejo se metió en el panteón. A la Viuda se le pusieron de punta los pelos del coño. Meó por ella con el susto, y por ende, meó por Sindo y por la rata, que salió a toda prisa del mausoleo. Al verlo meado, se puso cómo una hiena en celo. Le dijo:

    -¡Fóllame, cabrón, fóllame!

    Ya no le comió el coño, la empotró contra el mármol de la lápida del difunto y se la clavó por detrás, con fuertes arreones y hasta el fondo…

    La Viuda tenía la cara pegada al mármol cuando se corrió. Le vino con tanta fuerza que lanzó un grito que más que de placer parecía que la estaban matando. Quien se debió estremecer aún más fue alguien que debía andar agachando o robando algo en el cementerio, ya que cuando La Viuda lanzara el grito, Sindo, sintió los pasos de alguien que huía cómo alma que persigue el diablo.

    Las aves de mal agüero se quedaran mudas.

    Y voy al grano por última vez.

    Al llegar al pazo la cena estaba puesta. Sindo, le preguntó:

    -¿Quién puso eso?

    -Siéntate y come.

    -Comieron el faisán con patatas y bebieron vino tinto.

    Al venir con los flanes, que era el postre, supo quién había puesto la mesa. Había sido Sebastián, un criado portugués, alto, feo y fuerte, que tenía una tralla que hacía dos de la suya. ¿Qué cómo lo supo? Porque Sebastián sirvió el postre desnudo. A Sindo se le pasó por la cabeza que no iba a cobrar. Aquella tralla hizo que se le encogiera el culo, y es que él de darle sexo anal a una mujer, todo lo que fuera, pero jugar con un hombre, no era santo de su devoción, ni lo era, ni lo es, ni lo será.

    Tomaron el postre, y le preguntó la Viuda:

    -¿Alguna vez hiciste un trío, Sindo?

    -Sí.

    Al rato estaban los tres desnudos en la habitación de Carla. La Viuda, en cuclillas, en medio de los dos, les cogía las pollas, las meneaba y las chupaba. Sindo nunca se había sentido tan acomplejado. La diferencia de tamaños y grosor era inmensa, pero a la Viuda no le importaba, es más, le gustaba que así fuera, ya que la tralla iba a ser para su coño y la polla para su culo.

    Cuando el gigante la cogió en alto en peso y le puso la verga en la entrada del coño, Sindo, pensó que la iba a reventar. ¡Y una mierda! Le entró toda y más que hubiera. ¡Cómo gemía la zorra con aquel pedazo de carne dentro de su coño!

    Con sus brazos rodeando el cuello del portugués y sus piernas alrededor de su cuerpo, lo comía a besos… Sindo, meneándola, veía cómo la verga entraba y salía llena de flujos… Tiempo después, cuando ya los gemidos de la Viuda anunciaron el orgasmo, le dijo:

    -¡Rómpeme el culo, Sindo!

    Se la metió en el culo y la folló con fuerza… Al rato, los gemidos de la Viuda, cesaron. El portugués, con la cabeza de Carla en su hombro, y desvanecida, se asustó, y le dijo a Sindo:

    -Está finando. (Se está muriendo.)

    Sindo le quitó la polla del culo, el portugués se la quitó del coño, del que salió una plasta de jugos. El portugués, la puso sobre la cama. La viuda, abrió los ojos, y le dijo:

    -Trae el chocolate, Sebas.

    La noche fue larga…Y Sindo, Sindo acabó cobrando.

    Kiko.

  • El día que me comí a la mujer de mi jefe

    El día que me comí a la mujer de mi jefe

    Tuve un trabajo en el cual estuve 5 años, aquel trabajo me dio conocimientos muy valiosos. Empecé desde muy joven en ese trabajo, tenía sólo 25 años.

    Mi jefe era un señor de edad avanzada, podía ser mi padre, tenía en esa época como unos 60, su mujer era menor que él por 10 años. Pienso que cuando se van a dar las cosas, la primera vez es determinante, y la primera vez que la vi, lo primero que noté fue que ella era menor que él. La vi como una mujer interesante, no era hermosa pero al ser extranjera porque ambos eran españoles, la hacía una mujer interesante. Pienso que uno de sus mejores atributos era sus grandes senos, no tenía nada de nalgas y estaba un poco gordita, pero ese par de senos grandes y el hecho de ser extranjera era suficiente.

    Yo siempre estaba con mi jefe todo el tiempo.

    Éramos un dúo inseparable, salíamos a lugares juntos por cuestiones de trabajo obviamente, yo lo apoyaba en todo. A veces me veía como su hijo, y al ser tan joven, si yo hacía algo mal me regañaba, y me levantaba la voz cuando se cabreaba, no me enojaba lo veía como un señor mayor y lo respetaba.

    Cuando era la hora del almuerzo se acordaba de su mujer y me decía: “vamos a buscar a mi mujer “

    Inicialmente nunca me fijé en su mujer como para tener algo con ella. Teniendo ella 50 años, podía ser mi mamá. No la veía como una pareja para mí. Además lo respetaba mucho a él.

    Cuando pasábamos a recogerla, ella era muy cariñosa y amable conmigo, me daba un beso en la mejilla y siempre tenía una sonrisa de amabilidad.

    Decía ”que delgado estás Javier” (nombre ficticio) y yo le respondía: “gracias señora Claudia (nombre ficticio) lo que pasa es que yo corro y hago ejercicios” además teniendo 25 años y siendo tan joven pues me mantenía delgado.

    Pero en mi inocencia nunca vi esos comentarios de ella como fuera de lo normal, la verdad.

    El marido de ella tenía una empresa recién establecida pero interesante y manejaba números interesantes y yo ganaba muy bien y eso me mantenía súper enfocado. Yo era el gerente y su mano derecha en todo. Iba a todas las reuniones importantes, ambos tomábamos decisiones.

    A veces íbamos a almorzar con la esposa, pero a veces estábamos en otras provincias o lejos de ella y él no podía invitarla a comer.

    Cuando lo dejaba en su casa, a veces me pedía que pasara, yo saludaba a su mujer, y siempre el mismo comentario: “que delgado estás Javier“. Y se reía.

    Yo seguía con mi inocencia o idiotez porque lo juro que hasta ese momento nunca sospeché nada.

    Recuerdo que un día el escuchó y se puso serio como que no le hubiera gustado, se enfadó y se lo hizo saber a ella.

    Siempre era lo mismo de que estaba delgado.

    Un día era la hora de almuerzo y mi jefe me dice: “vamos a recoger a mi mujer”.

    Como yo conocía el país, conocía los mejores restaurantes y fuimos a uno de esos.

    Elegimos una mesa con 4 puestos, yo los tenía a los dos enfrente.

    Ella me dice con una sonrisa: “que buen lugar has escogido Javier“. “Gracias señora Claudia”.

    Nos traen la comida y todos nos disponíamos a comer, a veces mi jefe hablaba y yo lo miraba con atención y respeto y estando frente a los dos.

    En eso cómo si sintiera una mirada, la miro a ella quien se mantenía mirándome fijamente a los ojos. Noté la intención de la mirada, no la apartaba y era una mirada sexual, me dejó sorprendido y me dio un poco de susto, miré para otro lado así como tratar de asimilar lo que veía, lo miré a él rápidamente para ver si se había percatado lo que su propia mujer estaba haciendo en su cara y no se había dado cuenta. Y cada vez que me percataba que él no me estaba mirando, la miraba a ella, me gustaba su mirada insistente y el desafío de miradas, reconozco que ese ha sido uno de los momentos más excitantes de mi vida, ver qué una mujer delante de su marido me coquetea de esa manera. Ya me había dado cuenta de sus intenciones y se lo hice saber al mantener la mirada, pero tenía que ser cuidadoso y mientras su marido hablaba también lo miraba a él, y disimulaba y seguía la conversación. El viejo pendejo ni se daba cuenta de lo que estaba ocurriendo en ese momento.

    Por momentos lo miraba mucho más a él para disimular pero cuando él se descuidaba, la miraba a ella solo para confirmar el deseo sexual que le noté en su mirada. Ya estaba todo dicho y solo era cuestión de tiempo para lograr lo que ella estaba queriendo.

    Terminamos de comer y nos fuimos directo al auto, él iba al lado mío hablando y ella un poco más retrasada. Lo miraba a él para ver si se percataba y luego la miraba a ella y ambos nos reímos. Le hice con la mano la seña del celular, es decir que me diera su número.

    Entramos al auto yo iba manejando y él iba al lado mío, conversando sus temas, ella iba atrás, noté que abrió su cartera y saco un bolígrafo y empezó a escribir su número de teléfono.

    Yo le seguía la conversación al viejo, pero él ni se había percatado que nos mirábamos por el retrovisor.

    Al final todo quedó ahí y los dejé en su casa.

    Aquel día estaba impactado y me sentía súper halagado, una extranjera española y guapa se había fijado en mí. Podía ser mi mamá es cierto pero esto lo hacía más interesante.

    Al día siguiente le mandé un mensaje de: hola

    Su respuesta fue: hola guapo

    Me gustó lo que pasó aquel día, pero como vamos hacer para vernos ?

    Fui directo y le hablé claro.

    Su respuesta fue, yo siempre salgo de la casa, podemos vernos mañana en el mismo mall que comimos a las 11 de la mañana.

    Le dije ok.

    Llegó el día, iba en camino y la llamé, me dijo ya estoy llegando, y le contesté: yo también

    Al llegar la veo parada y esperándome, la recogí,

    Me dio dos besos en la mejilla y empezó a conversar.

    Eres terrible mi niño

    Jajaja solté una carcajada

    Y adonde me vas a llevar? Me pregunta en su acento de española súper interesante

    Te voy a llevar a un lugar interesante, estaba nervioso, sentía cómo me palpitaba el corazón, solo tenía 25, y este era sin duda una de mis más excitantes experiencias la de comerme a la mujer de mi jefe.

    Y tienes tiempo le pregunté.

    Tengo mucho tiempo, como 2 o 3 horas.

    Suficiente le dije

    Llegamos al hotel y entramos a la habitación.

    Nos abrazamos y me dice: te siento las palpitaciones, estás nervioso? Ay mi niño, me dice

    Un poco, le contesto

    En lo que la voy a besar, ella se adelanta y llega primero a mi que yo a ella con sus labios.

    Nos dimos un largo beso apasionado.

    Después le acaricio los pechos con todo y ropa

    A lo que ella me dice: “no es mejor si me quitas la ropa?”.

    Y le dije si.

    Alzó sus manos y le quité la blusa

    Después le quité el brassier y contemplé aquel par de grandes tetas blancas con pezones rosaditos hermosos y procedo a mamárselos y suelta un gemido y miro en su rostro la excitación.

    La acuesto en la cama para estar más cómodos y me ayuda a quitarme la camisa. Me besa el pecho y me acaricia el cuerpo y el abdomen plano producto de los ejercicios. La miro a los ojos y la vuelvo a besar en los labios.

    Algo me detiene y le dije: “no traigo condones, quieres que los compre?“ y su respuesta fue: “como quieras“.

    Me sorprendió aquella respuesta y le volví a preguntar “o sea que no es necesario que los compre?”

    Y me responde: “como quieras, yo acepto lo que tú quieras. Si quieres hacerlo con condón o sin condón, por mi está bien Javier”.

    Esta mujer me había halagado en todos los sentidos. Procedimos a desnudarnos completamente y me dijo: “puedes venirte adentro yo estoy operada“

    Uffff que mujer está, pensé en mi mente.

    Empecé a introducirle mi pene suave y con ritmo, estaba húmeda pero se sentía rico, en lo que estoy en el mete y saca con ritmo procedo a mamarle los grandes pechos, a lo que ella exclama: “ay que rico“.

    Se pasa la lengua por los labios como señal de puro placer. Iba con ritmo constante pero no tan fuerte, no quería venirme ni loco, seguía el mete y saca y cuando mi boca no estaba en sus pechos estaba en sus labios.

    Hice una pausa y le pedí que por favor se pusiera arriba. Y así lo hizo

    Estaba subiendo y bajando y decía: ay que rico, que grande la tienes “es la mejor pinga que he tenido. Esta súper grande.

    Estando ella arriba sentía mucho placer: y gemía bastante y me dijo: “me voy a venir ahhhh ahhh ahhh que rico”.

    Se detiene y me da un beso de pico en los labios.

    Y se acuesta en la cama.

    Yo aún no me había venido, o sea esto recién comenzaba.

    Le dije ponte en 4 mami y así lo hizo.

    Empecé a darle y uff que delicia ver cómo se movían ese par de grandes tetas y cómo se chocaban con su humanidad. Estuvo varios minutos así y le pedí que por favor se acostara.

    Me puse arriba cara a cara nuevamente, aún ni me había venido y quería llegar a eso.

    Empecé a aumentar la velocidad y darle duro a esa mujer, sin duda alguna representaba una de las mejores experiencias de mi vida.

    Se escuchaba el ruido de la penetración bien fuerte y me sentía a otro nivel. Empecé a contar las veces que entraba y salía para que fuera bastante. Hasta que hubo un momento en que fui sintiendo que ya me estaba llegando y de que me iba a venir.

    Sus gemidos en voz baja y la forma en cómo se quejaba eran de otro mundo. Hasta que llegaba el momento y le dije: ”me voy a venir“.

    Y sas le llené toda su micha de semen, fueron chorros y chorros, me palpitaba el pene dentro de ella descargándose. No lo quería sacar por nada del mundo, lo dejé ahí por varios minutos.

    Al final lo retiré y descansamos por unos minutos.

    Volvimos a hacerlo por segunda vez esta vez demore mucho más. Y volví a venirme adentro.

    Esta fue la primera de muchas veces que estuvimos juntos.

    Era mi mujer.

    El marido nunca se dio cuenta, pero a veces si sospechaba cuando nos reíamos.

    Y así fue como me comí a la mujer de mi jefe.

    Pueden escribirme a [email protected].

     

  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (29)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (29)

    Habíamos vuelto a casa y el fin de semana se nos hizo muy corto, nos lo habíamos pasado de locura conviviendo y follando. Todo volvió a la rutina y cada uno a atender sus obligaciones. Álvaro tenía esperándole trabajos de cierta urgencia, pacientes que deseaban que fuera él quien les atendiera, y Pablo volvió a ayudar a su tío, continuar con sus proyectaos para lo que haría con el abuelo de Oriol, don Ernesto.

    Por mi parte analizaba la información que mis profesores me habían remitido vía mail, Oleguer y Guido deseaban desempeñar su trabajo a conciencia. Faltaban solamente dos días para la Navidad y asistía asombrado a todos los preparativos que se iban sucediendo, en la cocina sobre todo, preparando ingentes cantidades de comida como si fuéramos a ser un regimiento.

    Ese día me sentía nostálgico y comí muy poco, al punto que Victoria la mamá de Álvaro, me miro alarmada, estábamos los tres en la mesa y se levantó para sentarse a mi lado.

    -¿Qué te sucede cariño? Estas inapetente, podemos pedir otra comida si te apetece más. -sonrió deliciosamente y me cogió una mano.

    -No querrás que Álvaro se enfade conmigo por no tratarte bien. -dejé el tenedor para estrechar su mano entre las mías.

    -No es nada Victoria, son solo las tristezas que transmiten estas fiestas, y la comida está deliciosa como siempre. No tienes que preocuparte.

    Lo cierto era que desde que Pablo había llegado, y quizá por la intensa actividad que llevaba me sentía más cansado, pero todo lo compensaba saberle cerca y que cuando le apetecía y sus obligaciones se lo permitían llegaría para estar un rato juntos.

    Subí a mi habitación después de comer, lave mi boca y me tendí un momento en la cama, hacía mucho calor y me quedé con una camiseta floja, sin mangas, y un pantalón de tela fina recogido en los tobillos con una goma.

    Me adormecía por momentos escuchando música, el tiempo había vuelto a coger ese ambiente gris y gélido, preludio de una inminente nevada. Me sacó de la somnolencia el sonido del claxon de un vehículo y me levanté para mirar por la ventana.

    Aunque no eran más de las cinco de la tarde, la oscuridad estaba cubriéndolo todo, ligeros copos de nieve volaban revoloteando dispersos. Estaban estacionando dos coches ante la puerta principal de la casa y me llamó la atención, de inmediato, el plateado mercedes que reconocí al instante. El coche que conducía habitualmente el doctor David Salvatierra, y era él porque en ese momento descendía del coche dirigiéndose al caminito que conducía a la puerta.

    Sin pensarlo demasiado corrí hacía la puerta y bajé las escaleras saltando, no pensé el motivo de que su llegada me alegrara tanto. No me preocupé de mi aspecto, solo quería estar en la puerta cuando llegara.

    Victoria y Mateo esperaban de pie ante la puerta y un sirviente la abrió cuando el timbre de carillón dejó oír su música, el viento soplaba fuerte y una racha de aire frío me obligó a dar un paso atrás. Detrás de David, e inmediatamente, penetró Marcos portando un gran número de bolsas en las manos.

    Mientras David abrazaba a Victoria y saludaba al señor Mateo, Marcos no dejaba de mirarme, amistosamente por supuesto, y me hizo una señal de saludo con la mano. David reparó en mi persona y se acercó rápidamente para abrazarme y elevarme en el aire entre sus brazos.

    -¡Ángel, ¿te he levantado de tu siesta precioso?! -entonces me di cuenta de como iba vestido, y calzado con unas simples zapatillas de piel. Sentí el rubor cubrirme las mejillas y para ocultarlo quise acercarme y darle un beso en la mejilla, él desvió la cara y unió sus labios a los míos. Sentía como enrojecía más y más, no me espera aquello delante de los padres de Álvaro y de Marcos que estaba muy pendiente de lo que sucedía.

    De alguna manera conseguí retirar mi boca y separarme de su abrazo.

    -Me alegra verte David, ¿y Oriol?

    -Se ha quedado en la hacienda, sus abuelos no le dejan que se mueva y teníamos que haceros entrega de ciertos encargos que nos hicieron. -entonces se volvió hacía Marcos.

    -Puedes volver a la Hacienda, no te necesito más, volveré en mi coche. -Marcos saludó con cortesía y sin replicar se volvió saliendo a la fría tarde.

    -Vamos a tomar un te querido, es la hora y supongo que te apetece. -Victoria le sujetó del brazo y se lo llevó hacía el salón, su marido y yo les seguimos.

    David se sentó en una butaca lateral a la chimenea y me señaló el asiento a su lado.

    -Ven Ángel siéntate a mi lado y déjame que te mire. -hice como me pedía, me sentía algo ridículo con mi ropa y más cuando notaba que me miraba intensamente.

    -Estas muy interesante vestido de esa manera tan íntima. -cada minuto que pasaba me iba poniendo más nervioso, no creía merecer tanta atención por su parte y que descuidara la charla con don Mateo, para terminar de ponerme temblando colocó la mano sobre mi rodilla apretándola con suavidad pero enérgico.

    -Ana María nos ha llenado de paquetes para ti, y también Eduardo me entregado este paquetito pidiéndonos que te lo entregáramos personalmente. -retiró la mano de mi rodilla y sacó una pequeño envoltorio del bolsillo interior de la chaqueta que me alargó.

    Dudé sobre si debía abrirlo en ese momento, pero Victoria terminaba de llegar con una criada y antes de servir el te se me quedó mirando, a mi y al envoltorio que no me atrevía a abrir.

    -Vamos Ángel, veamos lo que el bueno de Eduardo te envía. -sabía que no era por curiosidad malsana y manipulé el lazo que sujetaba el papel adornándolo. Apareció un estuche que se abría pulsando un pequeño botón dorado.

    Me deslumbraron los bellos brillantes que desprendían reflejos de luz, engarzados en ligeros eslabones de oro amarillo, debajo de la pulsera había un sobre blanco que no me atreví a abrir en ese momento.

    Victoria se cambió de asiento para sentarse a mi lado y muy curiosa mirar la valiosa alhaja.

    -Es bellísima, Eduardo tiene que estar muy contento contigo por lo que demuestra tanto interés. -se la entregué para que la mirara con detalle mientras David le respondía.

    -Todos estamos contentos con Ángel, se ha sabido granjear un un gran afecto de todos, por unos motivos u otros nos tiene entusiasmados. -le miré creyendo que se burlaba, pero una enigmática sonrisa le afloraba en los labios.

    Volví a considerar lo hermoso y varonil de la figura de David, añadido a esa impronta de poder absoluto sobre todo y todos, y volví a darme cuenta del magnetismo que irradiaba logrando que todos estuviéramos pendientes de sus palabras y sus gestos, deseando complacerle.

    -Gracias David. -volvió a colocar la mano sobre mi rodilla en una sutil caricia.

    -Es la verdad Ángel, no tienes que agradecerme que diga lo que todos sentimos. -Victoria devolvió la joya al estuche y lo cerró sonando el clic metálico que sonó como si hubiera sido una caja fuerte, en el fondo del estuche quedó olvidado el mensaje de Eduardo.

    David y don Mateo comenzaron una conversación sobre el negocios de las clínicas y creí entender que David tenía mucho interés en que Álvaro se incorporara al negocio, terminamos de tomar el te y David se levantó, al principio creía que era para despedirse, pero estaba muy equivocado, su visita empezaba ahora.

    Te ayudaré a subir las bolsas con los encargos de Ana María, quiero ver la expresión de tu cara, para cuando la vea explicarle lo que sentiste, me lo ha pedido encarecidamente.

    Victoria se levantó también y quiso acercarse a las bolsas pero David la contuvo.

    -No te preocupes, no tengo prisa y puedo hacer los viajes que hagan falta, ademas tengo que hablar con Ángel. -parecía que había dado una orden o eso me pareció a mi. Cogió una bolsa en cada mano y se encaminó hacia las escaleras sin esperar para ver si le seguía, cogí a mi vez otra de ellas y le seguí escaleras arriba.

    Dejó las bolsas en el pasillo y volvió a bajar para recoger el resto, yo las fui metiendo en el cuarto que compartía con Álvaro, después vería donde dejaba tanto paquete.

    Subió con lo que faltaba y se sentó en la cama observándome.

    -Vete abriendo los paquetes, Ana María estaba entusiasmada y pensaba que serían de tu agrado. -hice lo que sugería, u ordenaba, ya no distinguía entre una cosa y otra.

    Como imaginaba todo eran nuevas ropas que me había comprado, lo más probable con el dinero de Eduardo, pero no podía dejar de pensar en el detalle de preocuparse hasta ese extremo por mi.

    Pantalones, camisas, chaquetas y ropa interior muy atrevida y de orientación sexual que al verla la devolví a su caja abochornado, pero realmente todo era precioso y y basado en el buen gusto que le caracterizaba.

    -Todo es muy bonito, precioso, le daré las gracias de inmediato y cuanto tu la veas le das un beso de mi parte. -David se levantó y se acercó lentamente donde yo estaba, cerca del sofá que daba al gran ventanal de la fachada principal de la casa.

    Me sujetó la cintura cogiéndome por detrás y me apretó contra él.

    -Primero tendrás que entregármelo tu para ver la intensidad de tu agradecimiento. -quise alejarme de él y como me tenía sujeto con fuerza lo único que pude hacer fu empujarle con mis nalgas proyectándolas hacia atrás. Fue un mal movimiento por como él lo interpretó.

    -¿Qué, tu culito necesita de mis caricias? -y sentí palpitar, moviéndosele, la verga contra mis nalgas.

    -¡No David! Estamos en la casa de don Mateo y Victoria, se supone que soy el novio de su hijo. -como un relámpago pasó por mi cabeza mis encuentros con Pablo en la misma habitación, para ellos no puse muchos problemas, pero tampoco iba a resultar tan facilote como para dejarle que cumpliera lo que quería sin oponerme, u ofrecer una digna oposición que me dejara en el lugar correcto.

    David me soltó y suspiré aliviado, volvió a sentarse donde estaba, colocando la mano sobre el enorme bulto de la erección de su entrepierna.

    -Lo siento Ángel, creía que te apetecería y que te era agradable por los otros momentos íntimos que hemos tenido, pero entiendo que ahora tienes lo que deseas, dos afortunados hombres para que te gocen y que además son mis amigos.

    No se lo que vi en sus ojos grises, dolor o pena, quizá ambas cosas y para mi era tremendo ver que causaba esas sensaciones cuando estaba acostumbrado a lograr que los hombres se sintieran felices a mi lado.

    Fui rápidamente hasta el borde de la cama y me arrodillé abrazando sus piernas y colocando la cabeza sobre sus muslos.

    -No es eso David, perdóname. Tu me encantas, me dominas como nadie lo hace pero estoy confundido, te me escapas de mi razonamiento y no se explicarlo. -me acarició el cabello y sentí las yemas de sus dedos pasar por mis ojeras y cuello logrando que me estremeciera.

    -Supongo que Álvaro y Pablo te tratan bien, confío en que así sea, y a pesar de todo lo que eres, sobresale que también eres leal, a ellos y a tu dignidad. -suspiró inspirando profundamente y continuó metiendo los dedos entre mis cabellos acariciadores y tiernos.

    -Déjame decirte una cosa Ángel, tu eres un ser especial, lo he podido constatar entre todos los que te han tratado, sobre todo los que has estado íntimamente contigo y te han probado. -sin darme mucha cuenta de lo que hacía subí una mano a su entrepierna y la coloqué sobre el prominente bulto de su polla.

    -Creo que don Manuel se equivocó al regalarte a su sobrino, no porque crea que no mereces lo mejor, simplemente porque pienso, como muchos, que tu no eres, ni estás, para dar placer a uno o dos hombres simplemente. Ahora eres libre por deseo de Álvaro, pero no olvides que también es un deber, para los que pueden y tienen esa facultad, hacer felices a lo hombres que te rodean. -se inclinó y cogiéndome por los sobacos desnudos me incorporó abrazándose a mi cuerpo.

    -Me gustas Ángel precioso, solo con pensar en ti se me endurece la polla aun estando lejos, y ahora mira como me tienes. -se separó unos centímetros para que viera con los ojos lo que sentía presionando en mi vientre. Gemí y me apreté contra él para aplastar la dureza de la verga entre nuestros cuerpos, como si con eso pu¡diera aliviar su necesidad.

    ¡Oh! David, la tienes durísima.

    -Por ti pequeño, tu haces que se ponga de esta manera.

    -¿Entonces soy y seré un puto al que todos queráis follar?

    -No precioso, tu eres un Ángel para todo hombre. -sin seguir hablando bajó la cabeza y buscó mis labios, los abrí para recibir su lengua hambrienta y se la chupe despacio saboreándola y gustando de su mágica naturaleza. Cuando nos separamos sin poder respirar, gemí sintiéndome temblar.

    -Me gustan tus besos David, me dejas sin aliento.

    -¿Puedo seguir bebe? ¿Me permites que continúe? -no lo dudé un momento, esas fueron sus mágicas palabras que derribaron el débil muro de mi resistencia, un hombre poderoso como él me suplicaba y pedía enfebrecido mi consentimiento para seguir acariciándome.

    -Si David, sí, soy tuyo, puedes hacer lo que desees. -entonces me cogió en sus fuertes brazos y en volandas me besó sosteniéndome como a un niño acunado. Me depositó sobre la cama y me miraba respirar angustiado, observándole desprenderse de la chaqueta y la camisa, admiré ese cuerpo perfecto y compacto de macho joven, el rubio vello que le adornaba el pecho brillando por el sudor que comenzaba a supurarle por los poros de la piel mientras respiraba agitado sin perder detalle de mi cuerpo agitado en estremecimientos de deseo.

    Se fue quitando el resto de la ropa a toda prisa, su larga verga ligeramente inclinada hacia el ombligo palpitaba danzando en el aire. un prodigioso ariete que ya me había penetrado y que gocé como un loco, los duros testículos descansaban en su redondo y encogido escroto pegados a la base de la polla, se veían enormes sobresaliendo del grosor de la dura verga.

    Se cogió la polla y la apretó contra su vientre.

    -Esta hambrienta de ti Ángelito, quiere volver a sentir el calor de tu cuerpo y como la envuelves y aprietas con tu lindo culo bebé. -se tiró sobre mi aunque con las manos apoyadas sobre la cama y me miró embobado.

    -Cuidaremos de ti Ángel, La Organización no permitirá que algo malo te suceda, serás uno de nuestros chicos preferidos si tu quieres y estás de acuerdo. Te deseo nene. -apoyó su pecho sobre el mío y se dio cuenta de que aún estaba con mi mini camiseta y ligero pantalón de tela.

    -Déjame que te mire la verga, me encanta David, nunca he tenido la oportunidad de verla en detalle. -se separó de mi y se tendió de espaldas abriendo las piernas, dejando a mi lujuriosa vista todo el magnífico espectáculo de su polla erguida y los huevos haciendo un maravillo juego de contrastes, la redondez de los primeros y la larga regla de carne dura y caliente que saltaba de su lugar de descanso sobre el ombligo donde reposaba.

    Sin dejar de observarla, y con agilidad, me quité la camisa y el resto de la ropa quedando desnudo igual que David, me coloqué entre sus fuertes piernas pasando las manos por su suave vello y empujando para que se abriera más.

    -Es preciosa, me gusta David. -de verdad que era una verga muy bonita, ahora totalmente descapullada y con el glande enrojecido sacando líquidos pre seminales que se almacenaban en el hueco del ombligo. Una hilera de vellos bajada por la mitad de su pecho dividido hasta el ombligo recibiendo la simiente del fornido macho y dejándose inundar por los fluidos.

    Alargué la mano y le cogí los huevos, estaban duros, al apretarlos con delicadeza se notaba como se deslizaban el uno sobre su compañero y David dejó salir un sordo y recio gruñido.

    -Apriétalos un poco más, no tengas miedo, no vas a romperlos. -en su lugar me agaché y empecé a a besarlos y pasar la lengua por el redondo escroto, su olor a macho joven, a fluidos uretrales, me llegaba hasta el cerebro y mi reacción pasional no se hizo esperar, intenté meterlos en mi boca sin conseguirlo hasta abrirla con desmesura para dejar que pasara esa enorme bola de carne peluda y dura. David bufaba y gruñía intentado cerrar las piernas contenidas por mi cuerpo entre ellas.

    -¡Oh! qué gusto, qué placer bebe. -como no podía moverlas a mi gusto por su volumen que ocupaba toda mi boca las saqué y le elevé las piernas para lamerle el perineo hasta llegar con la lengua al negro botón de su ano rodeado de pelitos rojizos. apunté la lengua colocándola afilada y apreté logrando que mi hombre saltara del colchón.

    -¡Áh! ¿Qué me haces?

    -Abre el culito quiero entrar en él. -le respondía gozoso y entre risas al comprobar lo que era capaz de conseguir. El culito de este chico sabía delicioso a sudor y alguna crema que se habría aplicado después del baño.

    -¡Qué rico culo David! También me gusta como sabe. -y él, ademas de gemir y contorsionarse con cada lamida, más atrevida y osada cuando el tiempo transcurría, empujaba de mi costado para conseguir llegar a tocarme con las manos. Supe lo que quería y tenía intención de hacer, y salí de entre sus piernas para colocarme al costado permitiéndole que pudiera tocar mis genitales y mi culo.

    Se mojó los dedos en saliva y comenzó a jugar con la entrada de mi ano, se me abría deseoso de que algo consistente le penetrara, sentía como vibraba, y se abría y estiraba dilatándose conocedor de que en poco tiempo lo invadirían, era como si tuviera vida propia y supiera lo que tenia que hacer para prepararse a su suerte. Mi culo empezaba a funcionar independiente, abrazaba los dedos que David me metía resistiéndose a que los retirara.

    -¡Qué rico David, méteme tres, ya esta muy dilatado, tus dedos hacen milagros. -entre gemido y gemido dejo salir una risa.

    -Es que tu culito es un prodigio, me chupa los dedos como si fuera una boca. -entonces me elevó en el aire sin aparente esfuerzo para colocarme tendido sobre él, me abrió las nalgas y enterró la cara en la raja del culo comenzando a lamerlo desenfrenadamente.

    A mi vez tenía su jugoso pene tirando líquidos que rebosaban el huequito del ombligo y pasé la lengua para recogerlos, sabían deliciosos, a esencia de macho, y los degusté con gula y pasión y chasqueando la lengua con lujuria, luego con los labios, sin tocársela, me fui tragando la verga, primero la cabeza, el delicioso y rojo capullo que besaba y lamía glotón, a veces se me escapaba al tensarse por su tremenda erección hasta que decidí tenerlo entero en mi boca, lo fui tragando hasta que la nariz hizo contacto con los vellos del pubis, allí aguanté lo que pude sintiéndole muy profundo.

    Aveces uno de los dos paraba en su trabajo para poder respirar o simplemente gemir por el placer que sentíamos. Yo gozaba de las dos maneras, chupándole la majestuosa verga y sintiéndome perforar el culo por su lengua y sus dedos alternando.

    No teníamos cuidado, ni pensábamos que cualquiera podría escuchar nuestros jadeos y gritos de placer mutuo. En un momento David, con su gran fuerza, me tomó de las caderas y me elevó dejándome luego caer, consiguiendo que mi polla entrara en su garganta hasta fondo, lo repitió varias veces hasta hacerme gritar de gozo.

    -Me voy a correr David, esto es tremendo.

    -¡No! Quiero que lo hagamos los dos a la vez. -se sacó mi verga de la boca y me apretó con fuerza el glande con los dedos hasta hacerme daño, y la polla comenzó a perder la dureza que tenía. Jadeé angustiado por el placer interrumpido y el dolor que pronto pasó.

    -Voy a darte verga, quiero estar en tu interior y te correrás cuando yo te diga. -a pesar del dolor anterior me sentía terriblemente excitado y a punto de eyacular sin siquiera tener que rozarme la polla.

    Me colocó de espaldas, con prisas, temiendo que no llegara a cumplir sus deseos y se acomodo entre mis piernas, al sentir el contacto de su dura polla en el esfínter del ano sentía una contracción.

    -¡Qué no se te ocurra correrte, tienes que esperarme! -le dije que si con la cabeza, mordiendo mis labios para causarme dolor y evitar lo que se acercaba a pasos agigantados.

    La verga entro con virulencia en mi culo, con fuerza brutal, y comenzó a bombearme el culo con ganas locas.

    -¡Toma, toma verga, por tu rico culito, apriétamela como tu sabes, ordéñame la leche! -dejé de pensar en mi para centrarme en su placer y estreché el ano con todas mis fuerzas acompañándole en su entrar y salir de mi cuerpo, aflojando y apretando como si mi culo fuera un chupón.

    -¡Aahh! Que gusto, eres incomparable, me gusa follarte, sííííí….Tu culo me chupa el pito, dale dale fuerte que me viene ya. -sus últimas palabras fueron un aliciente para mi, para comenzar a contraerme lanzando fuertes gritos de placer y eyacular convulsionando mi cuerpo hasta elevarlo a él y conseguir que su verga entrara hasta el final de mi vientre, y alli comenzó a descargarse los huevos repletos de semen.

    Terminó dejándose caer sobre mi, aplastándome, y los dos respirábamos angustiados y sin aliento, a pesar del cansancio le rodee con mis piernas y brazos estrechándole sobre mi pecho y besaba su cuello sudoroso.

    En unos minutos nuestra respiración se había regulado y David dejaba de temblar acogido entre mis brazos y envuelto por mi cuerpo en una entrega absoluta y total al macho que me había hecho gozar de manera tan alocada.

    Ya calmados sacó la verga aún dura de mi culo y se tendió exhausto a mi lado, sentía como de mi ano borboteaba el semen que me había dejado dentro, pero no me preocupó y pasé la mano por el vello de su pecho hasta llegar a una tetilla y apresarla con ellos.

    -¿Ves como se confirma lo que te decía antes bebe? Eres increíble para proporcionar placer, y tu culo cada vez se siente más rico según lo vas controlando. -me acerqué para besarle la boca y lograr que se callara.

    -No lo se David, no estoy convencido de nada, amo inconcebiblemente a dos hombre, Álvaro y David, y a la vez gozo con los buenos machos y me encanta la verga. Les debo fidelidad, si no en el tema sexual, si en las decisiones que tomemos entre los tres.

    -Yo hablaré con ellos, quiero que Álvaro trabaje conmigo, podrás tenerle siempre que quieras y Pablo…, bueno Pablo es más difícil pero se puede conseguir si tu estás de acuerdo. Necesitamos que vuelvas a tu vida en la casa de Eduardo.

    Pensé durante un largo minuto, y llegue a la conclusión de que era cierto parte de lo que me decía, y otra parte no la veía tan clara. Si volvía a la casa de Eduardo sería para convertirme en un puto de lujo, a disposición de todos los hombre de la organización que me pidieran y solicitaran mis servicios. No me asustaba el hecho de ser follado por muchos hombres, por el contrario eso me estimulaba, todos ellos eran más o menos amables y generosos y no buscaban solamente su placer cuando me necesitaban, y también todos mis problemas económicos quedaba resueltos.

    Por otro lado estaban Álvaro y Pablo mis hombres a los que adoraba, y sería una forma de perderlos, al menos en parte. Sabía que para Álvaro la solución correcta sería decirme que hiciera lo que a mi me apeteciera y fuera mejor para mi. Pablo no era tan consentidor, a pesar de que desde un principio me adiestró para ser puto en la casa de Eduardo.

    -No lo se David, no tengo clara mi decisión, vamos a dejar pasar un tiempo.

    Nos miramos y creo que la victoria se veía reflejada en su cara, David creía que con sus flores y su polvo prodigioso me tenía entre sus redes, y algo no funcionaba como él quería.

    -No hay prisas bebe, de momento la policía considera que debes seguir oculto, hasta que el malandrín de Damian aparezca, muerto o vivo, para tener controlada la situación.

    Dábamos por concluida la charla y le ofrecí el baño para darse una ducha rápida, lo hicimos al mismo tiempo.

    Habían pasado dos horas desde que David llegó y Álvaro aparecería de un momento a otro. dejé sin recoger lo que había sacado de las bolsas y la pulsera de Eduardo en la mesa del ordenador y nos dispusimos a bajar a la planta baja.

    Continuará…