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  • La muerta de la curva

    La muerta de la curva

    Era una noche estrellada de verano de 2013. Eduardo iba conduciendo su Mercedes Benz Clase E Coupé por una carretera secundaria de Galicia. A los lados de la carretera proyectaban sombras los eucaliptos y los pinos. En una curva sus luces largas iluminaron a una muchacha vestida con una minifalda, un top y unas botas de caña alta, la ropa y las botas eran de color blanco. La chica estaba haciendo autostop en medio de la nada. A Eduardo le vino a la cabeza la leyenda de la muerta de la curva.

    Eduardo, era un joyero, cuarentón, moreno, bajo de estatura, regordete, feote, casado y con tres hijos, dos niñas y un niño.

    Decidió ayudar a aquella desvalida, que probablemente había sido abandonada a su suerte por algún desgraciado. Paró el auto un poco más adelante. La chica llegó a su lado, Eduardo, abrió la ventanilla. La chica, le preguntó:

    -¿Puede llevarme?

    -Sube.

    La muchacha tenía el cabello rubio y largo. Andaría en los 20 años, tenía los ojos negros y un cuerpazo. Después de Sentarse en el asiento y poner su bolso blanco sobre el salpicadero, le dijo:

    -Gracias.

    -De nada. ¿Qué te pasó para acabar aquí?

    La muchacha, sonriendo, le dijo esa frase que se usa tanto en las películas de acción:

    -Si te lo digo que tendría que matar.

    Eduardo, se sobresaltó.

    -¡¿No serás la muerta de la curva?!

    -Soy. Una vez al año tengo permiso para dar un paseo.

    Eduardo estaba cagadito.

    -Bromeas.

    -Claro que bromeo.

    -Si fueras la muerta, la leyenda dice que ahora vas a desaparecer.

    La muchacha le echó mano a la cremallera, le sacó la polla y le preguntó:

    -¿Me pagarías 50 euros por el servicio?

    -Cuenta con ellos.

    Eduardo paró el coche, apagó las luces de carretera, encendió la luz del techo, y reclinó el asiento de la rubia. La muchacha quedó con las bragas al aire. Sus piernas eran largas y moldeadas. Le quitó las bragas blancas y le levantó el top. Unas tetas medianas, redondas y duras quedaron al descubierto. Se quitó la camisa. Buscó los labios de la muchacha, que lo recibió echando los brazos a su cuello. Al besarla, Eduardo, se puso perro, perro, perro. Pasó de aquellas deliciosas tetas y metió su cabeza entre las piernas. La muchacha estaba húmeda. Le comió el coño, que tenía un sabor entre salado y agrio… Sabor a limón con unas arenitas de sal.

    La muchacha, con aquella lengua experta follando su vagina, lamiendo sus labios y lamiendo y chupado su clítoris, no tardó en correrse.

    -Me voy a correr y aún no sé tu nombre.

    -Me llamo Eduardo, pero todos me conocen por el Joyero.

    -¡Me voy a correr en tu boca, Eduardo!

    -¡Córrete, bonita córrete!

    La rubia, haciendo un arco con su cuerpo, exclamó:

    -¡¡Me cooorro!!

    La muchacha, moviendo la pelvis de abajo a arriba y de arriba a abajo, sacudiéndose y gimiendo, le llenó la boca de jugos al Joyero.

    Al acabar, fue Eduardo el que se echó en el sillón y la muchacha la que subió encima de él.

    Cuando la joven cogió la polla y la metió, en el coño, Eduardo, no se lo creía, la polla entraba tan apretada como si fuera la primera vez que la follaban, y eso que estaba más que lubricada, tan lubricada estaba que el interior de los muslos los tenía mojados. Le preguntó:

    -¿Eras virgen?

    Follándolo, le contestó:

    -No, lo que pasa es que tu polla es la más gorda que entró en mi coño.

    A Eduardo se le hinchó el pecho. La puta vanidad masculina. Dijo:

    -No es delgada, no.

    La muchacha le dio las tetas a mamar y lo folló a su aire… Hasta que vio que se iba a correr. En ese momento, le echó una mano al cuello y apretó, y con otra mano le tapó la nariz. Eduardo, corriéndose dentro de ella, con el placer que sintió y al faltarle el aire, se desmayó… La rubia lo siguió follando hasta que se corrió ella.

    Cuando Eduardo volvió en sí, la muchacha ya no estaba, dijo:

    -Quieres ver que era la muerta de la curva. ¡Follé con una muerta!

    Una semana más tarde, le llegó un paquete a la joyería, en el paquete había un CD. En la trastienda lo visionó y se vio en el coche follando a la rubia.

    El paquete traía una nota, que decía:

    “Manda 100.000 euros a una dirección que te daré por teléfono si no quieres que tu mujer reciba una copia de lo que acabas de ver”.

    La muerta estaba muy viva. Y el bolso con cámara oculta que pusiera sobre el salpicadero era su modo de ganarse la vida.

    Kiko.

  • La nueva perra del viejo guardia

    La nueva perra del viejo guardia

    Soy el vigilante de una privada de casas algo lujosas de gente adinerada. Llevo siéndolo 15 años, tengo 57 años y ya conozco a todos los vecinos hasta su rutina y sus problemas, pero en especial me llama la atención una familia sencilla. El señor sale mucho de viaje dejando a su esposa y su única hija solas en casa, no les preocupa la inseguridad ya que nunca pasa nada en esta privada (gracias a mi).

    En este tiempo que llevo he visto a la pequeña crecer se llama Sofía y la madre Ximena. Ximena tiene un físico espectacular de complexión delgada, mide 165 cm, de piel bronceada y rasgos latinos, tiene unos pechos como 34b no muy grandes, pero si lo suficiente para amasarlos con la mano y un hermoso trasero redondo que hace voltear 2 veces a más de un vecino.

    Tuvo a Sofía joven así que ah de rondar los 38 años y Sofi apenas tiene 18 e igual que su madre está para chuparse los dedos, mide 170 cm, tiene unos pechos un poco más pequeños que su madre, pero si tiene un trasero firme y redondo que cuando sale en shorts a pasear a su perro rebota como pelota de playa y unas hermosas piernas largas y torneadas que me vuelven loco. Esto hace que les dedique incontables pajas en mi pequeña caseta de vigilancia.

    Un día en la mañana fue Ximena a verme y preguntarme si podía ayudarle, que escuchaba ruidos en la parte superior de su casa y tenía miedo de que fuera a ser una rata o algo así comentándome que le asustaban mucho a lo cual yo accedí a ayudarla. Ya en su casa ella me dijo que esperara abajo a lo cual yo aproveché para revisar y notar que los ruidos eran por la tubería las casas no eran muy viejas, pero eso era normal, en eso vi que la recámara principal tenía la puerta abierta y sobre la cama vi una hermosa ropa interior de encaje roja.

    Me acerqué a verla y era un hermoso conjunto de medias con liguero, una tanga con encaje e igual un brassier con encaje al momento me imagine a Ximena usando eso y me puso al 100, en eso escucho un grito «encontró algo o qué pasó» a lo cual yo respondí «tranquila señora no es nada» baje con la tanga en la mano y le dije «¿esto es suyo?». Ximena se puso roja y respondió «si es mío pero que hace usted con el degenerado», «nada solo pensé en que se le debería ver muy bien a una hermosa mujer como usted».

    Me abalancé sobre ella tirándola al piso y empezando a acariciar sus hermosos senos ella se resistía. Yo no soy una persona muy en forma, pero si tengo fuerza y manos grandes por lo cual ella no podía hacer nada, subí sus manos sujetándolas con una de las mías le empecé a besar el cuello lo cual ella seguía forcejeando intento gritar, pero le di un beso, un beso a la fuerza y duro, introduje mi lengua en su boca dejándola babeada empecé a besar su cuello, el beso la calmo y supo que si volvía a intentar gritar sería callada por mi lengua, así que después de 5 minutos de forcejeo se empezó a dejar hacer.

    Yo en esos momentos ya era viudo y a pesar de que había tenido mis encuentros con mujeres bellas nunca había estado con una mujer tan bella como ella. Levante su blusa y empecé a chupar y bordes sus pezones lo cual le gustaba porque empezaba a soltar ligeros grititos simulando gemidos metí mi mano por debajo de su pantalón de mezclilla acariciando por enésima de su ropa interior sus labios superiores me sorprendió mucho sentirla mojada lo cual supe que era mi oportunidad.

    Le dije que si le estaba gustando y ella solo movió la cabeza para decir no, le contesté que si me desfilaba su hermosa ropa de encaje me iría a lo cual ella puso una cara de asombro y se quedó pensando reaccionó cuando le grite «¡Rápido que no puedo dejar la entrada sola todo el día!» a lo cual ella sonrojada solo asintió con la cabeza.

    Le quite su celular y le dije que entrara al baño de su recámara a cambiarse y yo la esperaría afuera después de 10 minutos le grite que ya saliera que ya se había tardado y ella dijo que no estaba segura que tenía pena y que me fuera si no si empezaría a gritar y pedir ayuda. Yo me bufé de ella y le dije que sería inútil, que las casas de al lado estaban solas a estas horas del día porque salían a trabajar y a la escuela y que si gritaba entraría yo al baño y ahora si la trataría como un preso podría tratar a una mujer.

    Ximena entendió su posición y salió del baño con una bata a lo cual yo me moleste y con una voz firme le dije que se la quitara. Entendió el mensaje y abochornada deslizó la bata al suelo, la imagen que tenía frente a mí en esos momentos eran como la de una diosa, la figura de Ximena era increíble con ropa, pero verla con esa lencería y con su cara angelical avergonzada eran la imagen perfecta para volar la cabeza de cualquier hombre.

    Le pedí que desfilará caminando de un lado al otro del cuarto y cuando empezó a caminar yo saqué mi celular para tomar unas fotos cuando ella lo noto me grito «¡que haces eso no era parte del trato!». Yo sonriendo conteste «tranquila preciosa esto solo es un pequeño recuerdo para mis largas noches de vigilancia».

    Ella cambio su gesto a una cara furiosa levanto su bata del suelo y gritando me dijo «¡lárgate de mi casa!». Yo le dije que sí que ese era el trato y que yo era hombre de palabra, pero que no podía irme todavía después de ver tremenda hembra la tome de los hombros y la lance a la cama, volví a tomar sus manos poniéndolas detrás de su espalda y con le puse las esposas que tenía ella empezó a forcejear de nuevo, pero rápido entendió que si contra mí no pudo hacer nada menos podría contra unas esposas de metal diseñadas para inmovilizar a las personas, nuevamente empecé a acariciar su hermoso cuerpo y amasando su bello y redondo trasero no pude evitar darle una dura nalgada a lo que ella soltó un grito eso me prendió más y la puse de rodillas al suelo con la cabeza inclinada en la cama formando una «L» hice a un lado su tanga roja y empecé a comer su deliciosa rayita. Ella se movía e intentaba reprimir los gemidos que le provocaba pero para mí era muy obvio que lo estaba disfrutando ya que se empezaba a mojar más y más subí a lamer su ano y ella gritó que por ahí no hice caso omiso de sus quejas y empecé a saborearla toda lo cual hizo que ya no pudiera reprimir sus gemidos y eso me prendió mucho ya no soportaba más iba a penetrarla pero esto tenía que ser memorable y recordado para la posteridad.

    Sin que ella lo notaba coloque mi teléfono en un punto donde podía grabarse todo lo que le iba a hacer me baje los pantalones y salió mi verga siempre me han dicho que tengo una buena verga 19 cm de largo y es más gruesa que lo promedio quería que ella supiera todo lo que le iba a entrar y la puse sobre su espalda note su cuerpo tensarse al sentirla y le dije «lista para coger como perra en celo» lo cual ella asustada grito «no por favor me va a doler» le dije que bien lubricada entraba fácil y que su vagina ya parecía estarlo pero si quería un poco de lubricante extra la dejaría que me la mamara para que entrara fácilmente. Se quedó callada unos segundos pero para que respondiera puse la cabeza de mi verga en su entrada a lo cual ella dio un pequeño salto y rápidamente respondió está bien te la mamare para lubricarla yo sonriente por cumplir mi cometido me puse de pie y la acomode de rodillas frente a mí por primera vez ella veía mi polla de frente y sus ojos se abrieron como plato yo sonriendo por su reacción dije «¿qué pasa? ¿No me digas que tu marido tiene una polla pequeña? Con razón te espante tan fácilmente pero tranquila te adaptarás rápido a su tamaño» y termine con un bueno que esperas no se lubricara sola, me hizo una cara de disgusto pero empezó lentamente a lamer mi falo se sentía bien pero no era lo suficiente como para que me emocionara al máximo sabía que esa diosa tenía más potencial.

    Entonces con mis manos agarre su cabeza y le dije hasta el fondo empujando mi polla dentro de su boca hasta chocar con su garganta ella empezó a soltar arcadas pero no me importó le hice una cola de caballo para poder controlarla a mi gusto y la deje respirar después comencé un mete y saca en su boca haciendo que empezara a salir mucha saliva y una que otra lágrima de sus ojos cuando sentí que me iba a venir me detuve y le dije «así es como se lubrica una verga» ella se veía cansada y adolorida de la boca lo cual facilitó mi trabajo de volverla a poner de rodillas al piso con el culo en la orilla de la cama y su cabeza en el colchón empecé a rozar mi verga babeada por sus labios superiores e igual por su ano lo cual esta vez no dijo nada me detuve en su entrada y empuje mi cabeza empezando la a hundir en su vagina ella soltó un quejido que se transformó en grito cuando logre meter la mitad de golpe.

    Le dije «tranquila veras que al final que va a gustar» deje que su interior se acoplará a mis dimensiones y empecé un vaivén solo metiendo media verga cuando sentí que ya se estaba acomodando le pregunté que si le estaba gustando ella grito que no que la soltara y me dijo ‘cerdo asqueroso’.

    Yo solo me volví a reír y le dije ‘tal vez tu boca diga una cosa pero a tu vagina si le está gustando en poco tiempo empezará a succionarme por su propia cuenta’ ella ya no dijo nada y yo seguía con el vaivén me quite mi cinturón y se lo puse en el cuello como si fuera una correa y le dije perfecto ahora sí eres toda una perra y antes de que respondiera le metí de una estocada toda mi verga ella grito y suplicaba que la sacara que la lastimaba y que la iba a partir yo me empecé a reír y le solté una fuerte nalgada dejando mi mano izquierda marcada en su culo y con mi mano derecha jalaba en cinturón evitando que se moviera y haciendo que ella sola volviera a clavarse estuve en un vaivén nalgueándola unos cuantos minutos cuando nota que empezaba a soltar gemidos más fuertes segundos después me sorprendió al ver que estaba teniendo un orgasmo increíble tuve que taparle la boca con mi mano para ahogar sus gritos cuando termino le dije que realmente era una perra que aunque se resistiera realmente le encantaba que la sometieran y la tratarán como lo que es una puta.

    Seguí riendo y dije ‘bueno tú ya te viniste así que es mi turno’ la puse boca arriba y su cabeza en la orilla de la cama puse mi verga llena de sus fluidos en su boca y ahora la metí sin compasión sentía mi verga en su garganta y mis huevos chocar en su nariz en esa posición le abrí las piernas y empecé a estimular su clítoris después de unos minutos llegue a mi límite y le grite trágalo todo me descargue directamente en su boca y ella al mismo tiempo tuvo un squirt saque mi verga de su boca porque sentí que la ahogaba y la llene de leche en sus pechos y torso me recosté unos momentos para retomar fuerzas y le dije ‘que buena perra eres hace mucho que no me cansaba así y tranquila la próxima vez te dolerá menos ya se acostumbrara tu vagina a mi amiguito’.

    Ella con sorpresa escupió el semen al suelo y dijo «estas idiota esto no volverá a pasar» yo le hice un gesto de silencio y me levante a tomar mi móvil con el cual ya había grabado todo ella al descubrir esto se quedó helada y le dije ‘si no quieres que tu marido, tu hija y todos los vecinos vean lo puta que eres empezaras a ser mi perra de ahora en adelante y llamarme amo y mi primera orden es que recojas mi leche que amablemente coloque en tu boca y tu tiraste al suelo y tendrás que tragártela’.

    Ella se quedó atónita unos instantes pero rápido le dije que sería una lástima que su esposo la abandonará que fácilmente le quitaría la custodia de su hija teniendo una madre puta y que si quería seguir con su vida de lujos empezaría a obedecerme. Ella frustrada con semen seco en el cuerpo y cara aún confusa dijo ‘¿qué hago?’, ‘¿qué hago qué?’, ‘¿qué hago amo?’. Me reí y le dije ‘ya te lo había dicho limpia y traga mi leche que tiraste groseramente al suelo’.

    Se puso de rodillas y empezó a lamer los restos de mi blanco semen del suelo dejando su culo al aire lo cual no pude resistir y le solté una nalgada ella salto y me grito «que te pasa que porque lo hacía» le contesté que porque se me antojo y que sería una buena iniciación como mi perra dejarle mis manos marcadas en su delicioso trasero mientras seguía recogiendo mi semen del suelo, entonces mientras ella estaba en esa posición vergonzosa quedando expuesta a este viejo empecé con los azotes cada uno le dolía más que el anterior y le dejaba más roja y más marcada mi mano cuando termino de limpiar le acaricie la cabeza y le dije que era una buena perra aumentando más su humillación al terminar le quite las esposas y la obligue a que me agradeciera por haberla hecho mi perra y los orgasmos que le di aunque lo hizo con cara desafiante y altanera no noto que grabe cuando me lo dijo y eso me volvió a excitar poco a poco haría que me fuera quitando esa cara de superioridad porque ahora era mi perra…

  • No me lo esperaba

    No me lo esperaba

    Cuando comenzó a trabajar en la construcción de un tanque de agua de reserva le vi de reojo y sin mucho interés. Delgado, con los dientes grandes, boca ancha, cabello corto lacio largo, cejas gruesas, 20 años y nada del otro mundo. No hablaba mucho, se la pasaba en su celular escuchando música. El típico cholito pensé yo. Comenzó a palear arena y cemento y sudaba como bestia, debajo del sol ardiente del campo panameño en marzo. Iván se llama.

    Esa semana teníamos mucho trabajo en el proyecto y la cocinera llevó a su hija adolescente, Karina, a que la ayudara. Una chica maciza, bajita, con tetonas, cabello largo y negro, enrulado. Cargaba un jeans roto y se le notaba la cara de zorra sucia y arrecha porque apenas llego les hizo caritas a todos los trabajadores. Estos se babearon viendo ese culo joven y apetecible, más que en ese lugar no había mujeres y ellos salían cada 15 días o más. La mujercita sabía que sus tetas paradas llamaban la atención y se la pasaba haciéndose selfies y meneando el culo. En un momento el jeans que cargaba le marcaba los labios vaginales como si fuera una pintura.

    Al segundo día ya me estaba cabreando que la mujercita se la pasaba caminando por el área de trabajo sin aparentemente nada que hacer. El olor a chucha en celo estaba sobre el aire. Iván se le iba la mirada tras la zorrita y yo encima, viéndolo como se relamía bajo el sol, su cuerpo sudado y su carita de imbécil. Cuando llegó la tarde los muchachos decidieron quitarse las camisetas porque el sol había bajado. Ahí fue donde el que se quedó babeando fui yo, Iván tenía un pecho marcadísimo, con unas tetillas duras, morenitas, una línea de vello que le bajaba entre los pectorales hasta su verga. Ahí, en la verga, sobresalía una mata de pelo negro, grueso. Igual bajo sus axilas, un buen par de pelos hirsutos. El jeans le quedaba bastante flojo y yo solo podía adivinar la pinga que se meneaba ahí adentro. Cuando pasaba a su lado podía sentir su olor a macho, un sudor agrio, fuerte, lleno de testosterona. El sudor le corría por todo el cuerpo y lo hacía brillar bajo el sol.

    Como yo estaba en la parte de arriba de una casa podía ver hacia abajo donde estaban los trabajadores y hacia atrás, donde quedaba la cocina. Después del almuerzo dejé a Iván solo y me llevé a los demás para otra parte de la obra. Llegó un momento que Karina miró hacia todos lados, creo que estaba buscándome a mí, pero al no verme se fue hacia donde estaba Iván a echarle cuentos, entretenerlo y por supuesto, a arrecharlo enseñándole su culo. Estuve a punto de gritarles para que dejaran de huevear pero me contuve. Iván se acercó y la miró con toda la intensidad posible, riéndose y echando chistecitos pendejos para hacerla reír. Se les notaba la tensión sexual entre los dos. De repente se le acercó y le dijo algo al oído y se fueron a meter justo entre una pared y un arbusto, quedando exactamente en mi campo visual, bajo la casa. Si les hubiera escogido yo el lugar no habría sido mejor.

    Los vi arrumarse y luego Iván agarró a la perra contra la pared. Parecía un loco, lamiéndole la boca como si quisiera arrancársela. Desde donde yo estaba los veía apretarse y escuchaba como trataban de contener sus gemidos. Iván le sacó una de sus tetonas y se puso a mamarla, con ganas. Se le notaba el sudor chorreándole la frente. El restregaba su verga contra ella y Karina le agarraba las nalgas, empujándole el paquete contra su chuchita, restregándose como si estuviera poseída. En un momento vi como el metía su mano en el jeans de ella y comenzó a restregársela o a meterle un dedo en la vagina porque ella se quedó quieta, como congelada.

    En ese momento se escuchó un ruido de los trabajadores que caminaban cerca y ellos se asustaron. Cada uno agarró por su lado Yo bajé desde donde estaba y me fui directo donde Iván, que no podía disimular la pingota parada, se le marcaba por el jeans como si fuera una serpiente dura. Me hice el tonto y prometí comerme esa verga en cualquier momento. Tal como lo pensé, este chico de carita fea tenía mucho potencial.

  • Masaje para mi esposa

    Masaje para mi esposa

    Soy el esposo cornudo, que solo desea que mi esposa, la profesora, disfrute de su sexualidad al mil por cien. Nosotros somos un matrimonio con 8 años de casados, dos pequeños hijos, tenemos ambos 38 años, ella es profesora y yo, bueno, yo soy el cornudo. Ella es una mujer espectacular, físicamente ella mide 1.50, su rostro muestra una cara angelical, su cuerpo es proporcional a su estatura, tiene sus senos copa B, caderas anchas y un culote espectacular, piernas gruesas y torneadas, tiene un poco de pancita por los dos hijos. Ella es muy recatada, no es una puta en la cama, bueno hasta ahora. Yo soy moreno, 1.75, cuerpo macizo, marcado, mi pene 16 cm.

    Todo esto comenzó, desde el ultimo embarazo de mi esposa, dejamos de tener sexo a los tres meses de embarazo por recomendación del médico, como les comento mi esposa era muy recatada, no practicaba sexo oral ni me dejaba realizarlo, sexo anal ni nombrar, se sonrojaba al ver al negro de whatsapp. Todo esto me llevo a practicar periódicamente la masturbación, no quería ni quiere ser infiel a mi esposa con otra mujer. Recién a los 24 meses de nacido mi hijo, comenzamos a tener relaciones, nada fuera de lo normal, misionero y fue. Es acá donde mi virilidad y ansiedad me han provocado que acabe en menos de 1 minuto, sin poder satisfacer a mi esposa, si bien ella no me decía nada ni reclamaba, se nota cuando tu mujer queda insatisfecha. Comenzamos con juegos sexuales, caricias por mi parte a ella, precalentándola por media hora y después a la hora de penetrarle, duraba 1 minuto. Ella no me realizaba ningún cariño, masturbación, sexo oral nada.

    Con el tiempo esta situación se fue acrecentado, con decir, que yo la comenzaba a tocar mientras ella dormía, y la penetraba mientras ella se hacia la dormida. Ya con la entrada de ella a su trabajo, más la atención de los niños, mi constante ausencia de la casa por motivos laborales, hizo que ella estuviera menos dispuesta a tener relaciones, estaba cansada, estresada. Un día tome su celular y vi una conversación de ella con una amiga, donde le contaba lo insatisfecha, cansada y estresada que estaba, la amiga le respondió: hazte unos masajes con final feliz. Mi esposa le dijo que era eso, respondiendo ella le dijo que eran un masaje que además podía tener relaciones sexuales con el masajista. Mi esposa respondió: voy a pensarlo, pero no quiero engañar a mi esposo

    Yo había fantaseado en que mi esposa estuviera con alguien más, además ella siempre miraba a las personas de color negro, y cuando estábamos de novios, ella me comento que era su fantasía estar con alguien de color. Visto esto, decidí armar un plan para que ella, recibiera el mejor masaje de su vida.

    Busque en la zona que vivimos algún masajista de color, encontré a un muchacho de color, que venía desde Francia a probar suerte. Me contacte con él, aunque se sorprendió pensando que necesitaba de sus servicios para mí. Le explique mi situación y que necesitaba que le realizara un masaje con final feliz a mi esposa. Pierre, mide 1.85, delgado, musculado, 27 años, su pene mide 23 cm por 8 de diámetro. Le explique que la idea era que le realizara 2 o tres masajes por tres semanas totalmente normal, insinuando a mi esposa que podrían hacer algo más. El acepto sin problemas.

    Estando con mi esposa en casa, ya acostados, conversando y acariciándonos, ella me dice que se encuentra muy cansada para tener relaciones. Le dije no te preocupes, buscare la forma de que te sientas mejor. Al otro día en el almuerzo, le entregue un sobre, ella lo recibió muy asombrada, lo abre y lo lee en silencio. Luego de un tiempo, me dice: es verdad o es una broma de mal gusto, me estas regalando 4 sesiones de masajes para mí. Respondiendo yo que era cierto, que era un obsequio por todo lo que hace, y se merecía un regaloneo. Que además podía empezar esa misma tarde con los masajes.

    Mi esposa, se comunicó con Pierre, ella es primera vez que asiste a un masajista. Quedaron que las sesiones las realizarían en nuestra casa. Como nuestros hijos no llegan de su colegio hasta las 6 de la tarde, tenía tiempo para su relajo.

    Pierre llego puntualmente a las 15:00, se presentó con mi mujer y conmigo. Le explico a mi esposa en que consistía su servicio ante la atenta mirada de mi esposa, que por la forma en que se movía, hablaba, y el color de su rostro, le encanto el masajista.

    Mientras Pierre preparaba sus utensilios, le solicito a mi esposa que se quitara su ropa, quedando solo con su bikini. Ella me comento lo profesional que se veía el masajista, además me pidió que me quedara junto a ella, por cualquier cosa.

    Pierre, mientras tanto no perdía tiempo, llenando de halagos a mi esposa, lo bien que se veía, lo afortunado que era yo al ser su marido.

    Ella se recostó sobre su abdomen en la camilla, Pierre le descubrió su espalda, dejando cubierto solo su maravilloso trasero, Pierre, doblo muy bien la toalla dejando ver perfectamente la entrepierna de mi esposa. Ella por su lado respiraba profundamente al sentir las manos de Pierre recorrer desde su cabeza a sus pies, Pierre pasaba sus manos grandes de gruesos dedos, pero muy hábiles por toda la blanca piel de mi esposa, yo en ese momento ya estaba a mil.

    Cuando Pierre le pidió a mi esposa que se volteara, ella le dijo que le daba vergüenza que el la viera, Pierre respondió que era todo profesional y que yo estaba ahí para cuidarle.

    Ella volteo, y sus pechos estaban erguidos, sus pezones duros y erectos como nunca, y se podía apreciar que su bikini estaba húmedo por la excitante manera de masajear que tenía Pierre, este comenzó su masaje sobre su cuello, bajo por sus hombros, acaricio el contorno de sus senos, dando mi esposa entrecortados suspiros, bajo por su abdomen mostrando su piel signos de excitación al estar erizados sus bellos, cuando bajo de su abdomen a su cadera y muslos, ella instintivamente se contrajo, apretando el borde de la camilla con sus pequeñas manos manteniendo sus ojos completamente cerrados. Concluye la primera sesión con un suave masaje en sus piernas y con sus pulgares subiendo por sus muslos hasta casi tocar su vagina.

    Las dos siguientes sesiones, mi esposa disfruto de la misma forma, ya Pierre conocía su cuerpo, incluso en la tercera sesión le solicito estar completamente desnuda, a lo cual ella no se negó, Pierre realizo los mismos masajes de las semanas anteriores, incluyendo ahora sus glúteos grandes, con sus dedos comenzaba a rozar y a acercarse a su ano y vagina, todo esto mientras mi esposa no para de respirar agitadamente con sus ojos cerrados, abstraída completamente en ese momento, además Pierre se encargada de que su pene fuese rozado por las manos de mi esposa, a lo cual ella no decía nada.

    Cuando termino la cuarta sesión, Pierre le pregunto a mi esposa como se sentía, si necesitaba algo más, ya que esa era la cantidad de sesiones contratadas. Mi esposa respondió que si era posible seguir con las sesiones, ya que ella necesitaba relajarse aún más. Ambos me miraron a modo de consulta, a los cual yo le indique a Pierre que no tenia problemas. Que siguiera hasta conseguir que mi esposa disfrutara al 100% del masaje, veo que lo disfruta y eso a mi también me gusta.

    Ya en la noche, acostados con mi esposa, esta estaba más ardiente que nunca, hicimos el amor, y yo para variar la deje con las ganas.

    Llego el día de la quinta sesión de masajes, con anterioridad me puse de acuerdo con Pierre que ese día yo me ausentaría, y que debía dar un final feliz al masaje de mi esposa. El contesto que no me preocupara, y que si podía llegar antes a la cita.

    Pierre como siempre fue muy puntual, llego a las 13 h, mi esposa tendría 5 h para disfrutar de su masajista sin problemas y sin su marido a su lado. Yo deje la cámara de vigilancia grabando en modo silencioso, lo podía ver todo desde mi teléfono. Mi esposa se preparó como nunca, una ducha larga con agua caliente, vi después que dejo solo un hilo de bellos en su vagina y agrego un suave perfume en su cuerpo. Pierre preparo sus cosas, y cuando ya comenzaba el masaje, hago sonar la alarma de mi celular, salgo del living hacia el patio, comienzo hablar, luego entro y les pido disculpas a ellos, que me tengo que retirar por una emergencia, mi mujer me dice que porque ahora, le digo no te preocupes, quedas en buenas manos y que disfrute su masaje. Ella se nota disgustada. Le pedí a Pierre que me diera 5 minutos para llegar a un lugar y ver tranquilo como era el masaje.

    Encendí mi celular, y comencé a ver el masaje con final feliz.

    Mi esposa estaba sobre su abdomen en la camilla, totalmente desnuda, con sus piernas ligeramente abiertas, mientras Pierre realizaba sus masajes, esta vez realzando ellos en sus glúteos deforma de acariciar su ano y vagina, mi esposa le decía que siempre yo estaba trabajando, que ella se sentía cansada, sin ganas de nada, y además nuestra vida sexual estaba delicada porque yo no le satisfacía sexualmente a ella. Es acá donde Pierre, le dice, yo lo único que puede hacer por usted es mediante mis masajes usted termine feliz, y sin más pasa su mano desde el coxis hasta la vagina, dando mi esposa un saltito y un suspiro de excitación, sin reclamos.

    Pierre comenzó a masajear su vagina sus labios, su clítoris y su ano, es acá donde ella, como nunca la había visto y sentido disfrutaba más. Pierre toma la mano derecha de mi esposa, le da un masaje de arriba a abajo, besa desde sus dedos hasta el hombro, luego sin soltar su mano, la lleva a su entrepierna, donde mi mujer toma su pene erecto, diciendo lo maravilloso que sería disfrutar de un masaje de ese monstruo en su vagina. Ella se voltea, deja ver sus senos duros con sus pezones erectos, levanta un poco sus piernas abriéndolas permitiendo que Pierre le realice un masaje en su vagina, Pierre acerca uno de sus gruesos dedos a la boca de mi esposa, esta lo succiona y lo humedece y lo llevan a su vagina. Ella ya se retuerce por la excitación, Pierre le da a probar de sus propios jugos, a lo cual ella lo disfruta. Pierre se desnuda, mientras ella lo mira con placer.

    Pierre, acerca su pene erecto a la boca de mi esposa, ella se lo introduce lo que más puede y comienza a succionarle su miembro. Cosa que a mi nunca me realizo. Yo ya estaba por acabar.

    Pierre, desciende hasta la vagina de mi esposa y comienza a lamer desde su ano hasta su clítoris, provocando en ella placer, excitación al máximo, su cuerpo se retuerce, ella pidiendo que pare que la penetre.

    El sigue con su juego, insertando sus dedos índice y medio en su vagina y con su dedo pulgar comienza a acariciar su ano, que ya estaba lubricado con los jugos que salían sin cesar de la vagina de mi esposa. Ella jamás me permitió algo así, aunque verla en esa situación me excitaba mucho.

    Pierre, sube sobre la camilla, separa las piernas de mi esposa, acerca su pene en la entrada de su vagina y comienza a moverla de arriba a abajo, llegando hasta su ano, sin dejar de masajear su clítoris con su pulgar, mi esposa esta aferrada a la camilla, pidiendo ser penetrada.

    Pierre comienza a penetrarla suavemente, sintiendo ella como ese trozo grande y jugoso de carne le abre sus entrañas, llegando hasta donde nunca antes había llegado nadie, ella comienza a respirar agitadamente mientras siente que su masajista toca con sus bolas su culo, sintiendo la cabeza del pene en lo más profundo de su ser, Pierre se queda inmóvil, dejando que ella disfrute este momento. De un momento a otro Pierre, la toma de sus caderas y comienza un vaivén que hace estremecer y gemir como una puta a mi esposa, que pide a gritos que la penetre fuerte. El responde solo con movimiento más duros, le pellizca sus pezones ardientes, inserta sus dedos en la boca de ella, le pide que se gire, quedando en posición de cuatro, con sus dedos húmedos por la saliva de mi esposa, comienza a dilatar su ano, ella participa moviendo en círculos su cadera y sola insertándose en la vagina su verga negra y en su culo los dedos de su masajista. Ella pone sus brazos hacia el frente, Pierre sin dejar de penetrarle ella consigue su primer orgasmo, pidiendo que este se detenga, pero Pierre quiere el premio mayor, su culo.

    Ella trata de parar, pero sentir como su vagina pide más verga y su culo virgen también, ella solo se deja llevar, Pierre toma su pene lubricado con los jugos de mi esposa, acaricia el ano de ella y comienza a insertar su pene, mi esposa se queda en silencio, si comienza a mover su culo hacia atrás ayudando a Pierre. El ano de mi señora al ser virgen, estaba muy apretado además con la verga descomunal de Pierre, a este le costó insertar el glande, dando mi esposa un salto y un quejido, Pierre le dijo si paraban, ella se quedó en silencio, luego de un minuto comenzó ella nuevamente a empujar sobre la verga de Pierre, insertándosela por completo, seguía ella moviendo su culo en círculos, ahora gimiendo de placer, Pierre la toma de las caderas, abriendo con sus manos las nalgas de mi esposa, permitiendo que toda su verga se inserte en ese culo maravilloso.

    Pierre, hizo que mi esposa disfrutara de toda su verga en todas las posiciones, ella por su parte estaba enloquecida con la verga de Pierre, hicieron el amor 3 veces. Pidiendo en todas ellas mi esposa, que la penetrara por todos lados. Llenando de esperma su vagina, ano, boca, senos.

    Cuando regrese a casa con nuestros hijos, mi esposa se encontraba en la pieza, durmiendo. Llego la noche, y en el silencio de esta, consulte a mi esposa como estuvo la sesión de hoy y si continuaría con los masajes, ella respondió que por ahora era suficiente, quizás mas adelante. Desde esa fecha hemos hecho el amor, y ella sigue siendo la esposa que se sonroja al hablar de sexo o querer probar cosas nuevas. Aunque me ha permitido acariciar y penetrar su ano con uno de mis dedos.

    Continuará.

     

  • Mi mujer se desbando y yo estaba presente

    Mi mujer se desbando y yo estaba presente

    Sé que muchos no entenderán lo que estoy viviendo, deben pensar que tengo una desviación sexual, que soy un cornudo consentido o que simplemente no tengo la capacidad de hacer valer mi posición de hombre y de marido, pero creo que me he dado cuenta que hay cosas carnales que no puedo darle a mi esposa, independiente de que como familia si mantenemos una imagen de estructura adecuada. ¿Cómo llegué a esta conclusión? Después de la experiencia que pasaré a contarles quizás entiendan mejor mi posición.

    Como saben mi mujer se acostó con Héctor mi jefe y siguió haciéndolo, podríamos decir con mi consentimiento, ya que cuando Viviana salía, solo me indicaba que iba a demorar en regresar y yo ya sabía a qué iba. Cuando regresaba, yo la esperaba con una erección tremenda y ella jamás me negaba que me montara sobre ella y eyaculara sobre los jugos que traía en su cuerpo, a veces tomaba su vagina y en otras ocasiones en su culo, los cuales venían humedecidos por el semen de mi jefe, Héctor en la oficina constantemente me agradecía por lo mucho que había hecho por la oficina y en especial por él. De seguro pensaba que yo ignoraba el doble sentido de sus palabras, pero jamás le di señales de todo lo que sabía.

    Una tarde Viviana me dijo que el sábado de esa semana saldría y no regresaría hasta el día siguiente, que los niños se quedarían con sus padres, así que me quedaría solo, eso último casi lo dijo como una súplica, No te preocupes respondí, dándole a entender que tenía mi permiso para su salida. Llegó el día y vestida muy elegante y sensual, la vi salir por la puerta de nuestra casa, sabiendo que sería una larga noche para ella y en cierta manera también para mí. Cené algo, vi una película y me acosté. Eran cerca de las 2 de la mañana cuando sentí ruidos y para mi sorpresa veo a mi mujer entrar en el dormitorio muy contrariada, que pasa intenté preguntar, pero solo me respondió vamos a dormir y mañana hablamos. Se sentía en su voz, una gran desazón, pero respeté su decisión.

    Al día siguiente me levanté temprano e hice mis ejercicios (estoy tratando de mejorar mi condición física) luego me preparé un café y me disponía a tomarlo, cuando veo a Viviana entrar en la cocina, le serví un café y espere que se desahogara: Fue una incómoda situación; comenzó diciendo, Héctor me había dicho que iríamos a una elegante fiesta de negocios donde de seguro lo pasaríamos muy bien, pensé que sería una cena y una noche para nosotros. Apenas llegamos al lugar, vi que la mayoría eran hombres mayores y muchas muchachas jóvenes que de seguro no eran sus esposas, de hecho, en un sillón un hombre de más de 60 años manoseaba sin menor pudor a una chica que ya tenía sus pechos al aire y soportaba el ataque de una mano de ese hombre a su vagina.

    Miré a Héctor y le dije, de seguro esta es una fiesta de negocios y una noche para pasarlo bien, Obvio me contestó; esta noche vamos a hacer buenos negocios y conociéndote vamos a disfrutar mucho ambos, eso último lo dijo con una sonrisa lujuriosa que no me gustó. Tomamos unos tragos mientras veía como varios de esos hombres me desnudaban con la mirada y eso me hizo sentir incómoda. Me fui a un baño para retocar mi maquillaje que de seguro estaba muy desaliñado por la incomodidad que sentía en ese lugar. Cuando me prestaba a salir del baño.

    Entraron al servicio del lado tres hombres de los que habían estado conversando con nosotros y lo que hablaron me dejó helada: La putita de Héctor esta re-buena no hallo la hora de comerme esas tetas, a mi me tiene loco ese culo que se gasta, yo entonces tendré que romperle esa cuquita con mi polla, Ya le dije a Héctor que después de ese postrecito firmamos el contrato, así que creo que es hora de llenar ese cuerpecito con nuestras leches. Esos tipos reían como si yo fuera mercadería, así que esperé que salieran del baño y me escapé de ese lugar, pedí un uber y esperé junto al portero hasta que llegó el auto que me trajo a casa. Después de su relato la abracé y traté de consolar las lágrimas que caían de sus ojos.

    Era obvio que a mi mujer le gustaba el sexo de un pene grande, pero jamás se había planteado ser una ninfómana o puta de llenar los deseos de otros, esa tarde fue de muchos cariños y caricias, mientras de vez en cuando miraba a su celular la enorme cantidad de llamadas perdidas de mi jefe y no sé cuántos mensajes en su whatsapp, terminamos esa noche haciendo el amor como hace mucho no lo hacíamos… Dentro de mi pensé: pene chico gana otra vez.

    Al día siguiente el ánimo de mi jefe era insoportable, no quería hablar con nadie y de nada, después supe que a algunos de mis compañeros les confesó el tremendo contrato que se había perdido y yo me reí para mis adentros. Viviana no quiso saber más de él, no hubieron salidas ni pedidos de permiso, pensé que nuestra vida volvía a la normalidad, pero con el tiempo el ánimo de Viviana no era bueno, yo sabía que le faltaba algo que no podía darle, pensé en cómo podría llenar ese tremendo vacío (literalmente hablando) que yo no podía llenar, comprarle un dildo, quizás proponerle que perdonara a Héctor o buscarle algún superdotado en páginas de sexo. Pero entendía muy bien que cualquiera de esas alternativas la haría sentir que era una puta y eso exactamente, es lo que menos era, tampoco se veía bien que yo su esposo sugiriera algo así.

    Decidí un fin de semana que nuevamente quedamos solos, invitarla a salir, fue una exquisita cena y luego nos dirigimos a un pub para compartir unos tragos y quizás un poco de baile. Justo esos días habían arribado al puerto unos barcos de guerra de diferentes países que realizaban ejercicios conjuntos, por lo cual en el bar habían algunos marinos compartiendo, varios de ellos con señoritas, que lo que menos tenían era de señoritas. Con Viviana buscamos un lugar un poco alejados de ese grupo y en una mesa en un rincón del lugar nos dispusimos a disfrutar de nuestras bebidas, al lado de nosotros, por sus tenidas había dos oficiales que tranquilamente tomaban algo, la característica que nos llamó la atención es que eran de piel muy morena y muy altos, nos saludaron amablemente y trate en mi mal inglés de saludarles, ellos se rieron y me contestaron en un buen castellano el saludo, perdón dije; pensé que eran norteamericanos.

    Y lo somos dijeron ellos, pero somos descendientes de latinos, Thomas y Julián eran primos, uno era médico y el otro artillero en uno de los barcos de la marina americana, eran de padres cubanos por ello dominaban muy bien el español, así iniciamos junto a mi mujer una agradable conversación, hablamos de nuestro matrimonio y nuestros hijos, Thomas era casado, tenía unos 40 años y Julián tendría unos 35 años y estaba de novio con una rubia preciosa que nos mostró en una foto.

    Los otros marinos junto a las chicas tenían un bullicio y juerga que a ratos parece que se iba a terminar formando en una gran pelea. Nuestros amigos no se veían contentos con el ambiente, Viviana sugirió que fuéramos a bailar, Julián aceptó la invitación al escuchar una salsa, mientras que Thomas y yo seguimos hablando de nuestras vidas y trabajos. No me di cuenta mucho de lo que pasaba en la pista, pero después de unas cuantas canciones vi volver a Viviana muy contenta y con mucho calor sobre su cuerpo, los muchachos se levantaron para ir al baño, mientras pedían otra botella para compartir los 4. ¿Será verdad lo que dicen de los morenos? me dijo Viviana, que cosa pregunté sin entender su pregunta, ella me miró con cara de no creerme, vamos me dijo no te hagas, tu sabes a que me refiero, ahí caí en cuenta a que se refería.

    No sé, habría que preguntárselos quizás le dije. En eso nuestros amigos llegaron y otra salsa comenzó a sonar, está vez fue Thomas quien dijo me acompañas a bailar y Viviana tomando su mano se fueron a la pista. Julián se me acercó y me dijo; tu esposa es buena bailarina y muy sensual, así es le respondí fijándome, como en la pista Thomas la tenía tomada muy abajo en su cintura, casi de su culo y su cuerpo muy pegado al de ella, Julián me seguía hablando pero yo trataba de seguir los movimientos de los bailarines, los cuales se notaba que eran más que simples pasos, estaba seguro que casi se estaban restregando, mientras algo se decían al oído.

    Cuando terminó el baile, él la trajo muy abrazada, con una mano derechamente en su culo y Viviana bebió de un golpe su vaso de licor y luego dijo, perdónenme voy al baño. Cuando nos quedamos los 3 hombres en la mesa. Thomas me dijo directamente, he hablado con tu mujer y me ha dicho que sois muy liberales y que no tendrías problemas si decidimos ir a otro lugar donde estemos más tranquilos. En ese momento no sabía que decir, es verdad que habíamos actuado como una pareja liberal, pero yo jamás había estado presente. La había visto coger con Héctor pero escondido y ahora ellos me decían que nos fuéramos a un lugar donde poder coger a mi mujer, incluyéndome a sabiendas que yo no sabría qué hacer en ese momento, solo atiné a decir, esperemos a ver que decide Viviana.

    Cuando ella regresó Thomas nuevamente tomó la palabra y dijo, le dicho a tu esposo nuestro plan, pero él dice que tú tienes la última palabra. Ella sonrió y dijo bueno vámonos. Los hombres se acercaron a pagar la cuenta mientras nosotros caminamos a buscar nuestro auto y le pregunté a Viviana que significaba todo esto, ella me contestó que le había preguntado a Thomas si era verdad el mito de los morenos y que él le había dicho que eso tendría que averiguarlo por si misma, y mientras bailábamos pegó su cuerpo a mi y note que tenía un gran bulto pegado a mi estómago, parece que es verdad le dije, él me dijo que le encantaría demostrarme que no estaba equivocada, así que le dije que nosotros éramos muy abiertos en ese tema y si mi esposo quería podríamos ir a un lugar donde poder comprobarlo, para eso fui al baño, para ver que decidías tu al respecto y veo que no me negaste ese placer.

    Esto último lo dijo dándome un beso muy caliente, mientras nuestros amigos se acercaban y subían a nuestro auto. Vamos al camino internacional me dijo, en esa zona hay varios moteles y ella de seguro conocía varios de ellos con Héctor. Entramos a uno que me indicó hasta llegar a un sitio con una cochera la cual apenas entré el auto cerré. Ya en la habitación nos cobraron el precio que uno de los muchachos pagó y sacamos unas botellas que habíamos comprado para la velada que íbamos a vivir.

    Reconozco que el único cohibido con todo eso era yo, así que me senté en un sillón mientras Thomas preparaba las bebidas, Julián y mi mujer volvieron a bailar con la música que salía de los parlantes. Me alegro de haberles conocido dijo Thomas mientras me pasaba un vaso, no me gustan las putas en los puertos, es fácil conseguirlas, pero así también es fácil tener problemas por culpa de ellas, en cambio tu mujer se ve que no es como ellas, está exquisita y deseable, pero desde que entraron al bar era fácil darse cuenta que no era una puta. Así es le contesté más envalentonado, a ella le gusta el buen sexo, pero solo con quien ella quiere y no con los que quieren con ella. Brindemos por eso me dijo, cuando noté que Julián y ella se besaban ardientemente, mientras las manos de él agarradas a su culo la hacían restregarse sobre su cuerpo, por primera vez veía como mi mujer, era tomada por otro hombre delante mío y con mi plena aceptación.

    El comenzó a desnudarla sensualmente sin dejar de besarla mientras ella hacia lo mismo con él. Su cara de felicidad fue total cuando sacó el miembro de ese tipo de su pantalón, trate de no impresionarme, pero fácilmente debía medir más de 25 cm ya que las dos manos de mi mujer lo trataron de abarcar pero igual le sobresalía una tremenda cabeza rojiza que no alcanzaba a cubrir, instintivamente me miró como pidiendo mi aprobación y con un ligero movimiento de mi cabeza, ella trató de engullir todo lo que sus manos no podían cubrir de ese tremendo falo. Thomas pasó frente a mí, ya completamente desnudo, y su herramienta era algo menor quizás, pero más gruesa que la de su primo, se puso al lado de Julián y acariciando la cabeza de mi esposa le mostró su pene que ella no pudo meter bien en su boca debido a su grosor.

    Después de unas cuantas lamidas, le levantó la barbilla y le dijo, ¿Ahora estas convencida? Ella sonrió de manera picara y sensualmente dijo, aun me falta algo más para convencerme. Entonces la tomó y cargándola la depositó en la cama, separando sus piernas para comenzar a saborear su cuquita, Julián le dio a mamar su pene, mientras yo instintivamente saqué mi ropa y con mi celular comencé a grabar como esos dos morenos con gigantes penes, disfrutaban de mi mujer; De pronto los gemidos de Viviana anunciaron que llegó a su primer orgasmo de la noche, la comida de coño de Thomas había resultado perfecta. Julián quitó su pico de su boca y la dejó exhalar todo su placer recibido, buscó en su pantalón un condón, el cual se disponía a poner, cuando Viviana le dijo, No por favor hazlo a pelo, los hombres se miraron y luego me miraron a mi como esperando mi aprobación; Bueno dije yo, ella decide como quiere ser penetrada.

    Julián entonces comenzó a jugar con su pene sobre su humedecida vagina, mientras succionaba sus deliciosos pechos, ella comenzó a levantar su pelvis buscando la penetración y cuando menos lo esperaba el largo pene de Julián se fue adentrando firmemente en su conchita hasta ver como el total de ese miembro era acogido por el útero de mi mujer, su rostro era de satisfacción total, él comenzó a bombear primero muy suave y rítmicamente la vagina de ella, pero pronto empezó a aumentar el fragor, en un momento pensé que harían pedazos ese camastro por la fuerza que ponía en cada penetración, pero lo único que se escuchó fueron los fuertes gemidos de mi mujer anunciando su segundo orgasmo, Julián sacó su pene lleno de los fluidos que Viviana había vaciado sobre ese monstruo de carne que seguía duro y firme.

    Entonces vino el turno de Thomas de entrar en su cuevita, en ese momento me puse detrás de ellos y fue realmente impresionante ver como ese rollo de carne de iba abriendo paso en los labios vaginales de ella, no piense que lograra entrar completa, pero cuando sus dos pelvis quedaron pegadas, solo sentí a Viviana decir, esto es lo más rico que he probado en mi vida. Eran casi 24 cm. Del grosor casi de un brazo de ella, alojados en el fondo de su bello cuerpo y ella los disfrutaba sin que él siquiera comenzara a moverse, ya que estaba ocupado devorándole sus pechos.

    Luego comenzó el mete y saca, gracias a los anteriores orgasmos, tenía suficiente lubricación para gozar de como ese tronco resbalaba adentro y afuera de su vagina, la estuvo bombeando por unos 15 minutos, y ella tuvo dos orgasmos más en ese rato. No acabes aún le dijo Julián a Thomas, ponla a montar sobre ti, así que Thomas hábilmente la tomo, sin sacar su pene de su interior y se recostó en la cama con ella encima, estuvieron besándose y acariciándose mientras se movían suavemente, luego tomó su culo y lo abrió con ambas manos, para poder ver como estaba su vagina estirada al máximo con su tremendo falo clavado completamente. Julián se acercó y comenzó a pasar su pene por la cavidad abierta, ya sabía ella lo que venía, con cuidado dijo, nunca me la han metido dos a la vez.

    No te preocupes dijo Julián, iré suave para que te acomodes bien al tamaño. Yo sabía que su culo no era virgen, pero esta vez ya estaba dilatada por u vagina y no sabía si soportaría dos tremendos penes al mismo tiempo. El empezó escupiendo su orificio anal y probando poco a poco si podía meter su cabeza en ese agujero, no era fácil la dilatación vaginal, tenía muy cerrado su ano, peo tanto va el cántaro al agua, que finalmente logró introducir toda la cabeza de su pico en ese agujerito, el quejido de mi mujer fue apagado por los labios de Thomas y mientras pellizcaba sus pezones, Julián comenzó a embestir su ano hasta que medio pene ya estaba adentro luchando contra la barra de carne de su primo, de ahí empezaron un bombeo acompasado, que muy pronto hizo cambiar los quejidos de mi mujer por gemidos de placer, yo no alcanzaba a ver la dilatación de mi mujer, porque los huevos de los dos morenos llenaban todo el espacio que queda entre la vagina y el ano de Viviana.

    Que esperas me dijo Thomas, llénale la boca antes que empiezan a gritar como una poseída, yo que hasta ese momento solo me había estado pajeando y con la otra mano grabando la sesión de sexo, me subí a la cama y metí mi pequeño pene en su boca, ellos la sacudían con fuerzas en sus penetradas y ella me succionaba mi pene que cupía completo dentro de su dulce boquita. De pronto los gruñidos de esos hombres anunciaban la pronta corrida, lo que hizo que terminara llenándole la boca a mi mujer de mis mecos, mientras ellos vaciaban sus tremendas herramientas llenas de leche en el útero y entrañas de mi mujer.

    Fue una escena tremenda, que me hizo caer agotado sobre la cama. Ellos siguieron pegados un rato mas, hasta que los flops que sonaron fuerte dieron a entender que habían salido de dentro de mi mujer. Ella aun agotada por el tremendo esfuerzo físico, aun tuvo ganas de succionar esos mástiles de carne hasta dejarlos limpios de toda su corrida. Descansamos un poco y tomamos unos tragos brindando por la exquisita experiencia vivida, yo me sentí cansado y me recosté un rato en la cama, no se cuánto habré dormido, pero me desperté cuando los movimientos de la cama eran nuevamente muy violentos.

    Ahí estaba nuevamente mi mujer ensartada por los dos mastodontes de carne, me acerqué a ver como Julián estaba acosado de espaldas a la cama y Thomas encima de mi mujer que era el sándwich de los dos, pero no podía creer lo que veía, estaban los dos en la vagina de mi mujer, bombeando rítmicamente, la cual tenía la mirada pérdida de placer, fue increíble cuando esos dos machos terminaron dentro de su cuquita, al desalojarla era un túnel del que corrían un rio de semen. Quedaron los tres rendidos sobre la cama, luego de unas horas despertaron y empezamos a vestirnos para marcharnos del lugar.

    Los dejé en el puerto y marchamos a casa, le pregunté a Viviana si le había gustado la experiencia, me dijo son tremendos y eso que te perdiste la mejor parte cuando Thomas me rompió el ojete e intentaron meter los dos penes en mi hoyito anal, que lastima que no se pudo, pero se hizo el esfuerzo me dijo dejándose caer en la cama rendida pero satisfecha.

  • La señora Andry (Parte 2)

    La señora Andry (Parte 2)

    Luego de esa maravillosa experiencia con Andry fue difícil encontrar un momento para conversar con ella y darle las gracias como corresponde por su regalo de cumpleaños ya que cuando yo salía de mi casa a estudiar ella recién llegaba y cuando volvía ya se estaba yendo así que averigüe su número de celular y le envié un mensaje.

    -Hola Andry… ¿Cómo estás?

    Demoró en contestar mi mensaje y luego de unos minutos preguntó quién era yo, le hice saber quién era y que esperaba que no le moleste que le envié un mensaje pero qué no había tenido oportunidad de darle las gracias como se debía.

    -No me molesta que sepas mi número de celular y tampoco recibir tu mensaje Javier sólo me sorprendió, pero no te preocupes por darme las gracias porque siempre fuiste muy bueno conmigo y lo hice por eso, sólo espero que tú guardes silencio y nadie se entere en tú casa no quisiera perder el empleo.

    Al saber que no le molestó mi mensaje la llamé y le dije que no tenía de que preocuparse nadie lo sabría, quería darle seguridad a Andry para que me tenga confianza y luego de pensarlo mucho me arriesgue y la invité al cine y no me contesta y otra vez el silencio pasaron como 25 segundos y no me decía nada y eso me hizo creer que me había equivocado y fui muy rápido pero luego me contestó.

    -Ah Javier… no sé qué decir creo que no es muy buena idea salir contigo porque soy muy mayor para ti, además no tengo ropa para salir tú sabes muy bien que todo lo que ganó es para traer a mi hijo al Perú y no tengo cabeza para nada más.

    -Andry déjame decirte que no me importa lo que diga la gente sobre nuestras edades, si sé que trabajas muy duro para tener a tus hijo a tu lado y eso admiró en ti pero tampoco puedes abusar no te vayas a estresar de tanto trabajar y no dejar un tiempo para ti y te vayas a enfermar y ahí sería un problema para tu hijo y sobre la ropa eso déjamelo para mi yo me encargo sólo necesito saber tus tallas dámela…

    Ahora no tenía ningún pretexto para decir que no y para presionar dije que no iba aceptar un NO por respuesta cuando oí por el teléfono que mi abuela la estaba llamando eso parece que puso nerviosa y me dijo que Si y quedamos en salir el sábado y por mensaje envío sus tallas de ropa y zapatos.

    Nos se me hizo difícil conseguir lo que le había prometido a Andry porque tenía un amigo que su madre tiene una tienda que vende ropa de mujeres, claro prometiéndole a mi amigo que luego le diría para quién era pero ahora tenía que guardar silencio.

    Cuando llegó el sábado la esperé a unas calles de distancia de mi casa y le entregó las bolsas con sus ropas y adicionalmente también puse maquillaje y ropa interior y nos fuimos en un taxi donde vivía era una casa antigua donde alquilaban habitaciones pequeñas pero no quiso que entrará con ella.

    Tuve que esperar como dos horas y media ya es sabido el tiempo que demoran las mujeres en alistarse para salir a la calle, pero cuando la vi casi me caigo de espaldas no la reconocí a primera vista era otra mujer con el cabello suelto negro que le caía por sus hombros y la boca pintada con carmín y maquillada y con un vestido de temporada verano de tela de lino color rojo que marcaban muy bien las curvas de su cuerpo que para haber tenido un hijo se le veía muy bien y con zapatos del mismo color.

    -Ohhh estás muy hermosa Andry.

    -Sii… muchas gracias Javier tiempo que tenía de no vestirme así, pero no debiste gastar mucho dinero en mi porque se ve que es muy caros.

    -No tienes de que preocuparte Andry te lo mereces por ser una mujer muy trabajadora ahora vamos para que tú te diviertas después de tanto tiempo.

    Se acercó y me dio una beso en la cara muy cerca de la boca se le veía muy feliz, vaya mi amigo se había esmerado en escoger la ropas pero valía la pena. Estaba tan hermosa que era un desperdicio llevarla a un lugar oscuro como el cine y le propuse ir a bailar.

    Cuando llegamos las miradas se centraron en nosotros era notoria la diferencia de edades le pedí al mozo dos pisco sour, ella acercó su boca a mi oído para poder escuchar mejor ya que la música era muy alta.

    -Jajaja… tenemos que cuidar la cantidad de lo que tomas, no quiero que te suceda lo mismo que en tu cumpleaños Jajaja

    Reímos y luego bailábamos bastante su cuerpo se movía muy sugestivamente al ritmo de la música jalando las miradas de los hombres que tenían que verla con discreción porque también estaban acompañados de sus parejas, luego de bailar de todo tipo de música como salsa, rock y dos baladas que me pusieron muy caliente al tener su cuerpo junto al mío llegó la hora de irnos cuando escuchamos la voz de un hombre ya cuando estábamos cerca de la puerta.

    -Provecho muchacho que buena hembra te estas llevando.

    Nos vimos y no hubo necesidad de decir nada y tomamos un taxi para un hotel, él de recepción me vio y me pidió mis documentos para saber si era mayor de edad y luego me entregó las llaves. Apenas cruzamos la puerta empezamos a besamos y ella buscó el bulto de la erección en mi pantalón y bajó el cierre sacándolo de su encierro a mi verga y le daba varios lenguazos al glande.

    -Ohhh Qué rico lo tienes Javier bien duro y grande como me gusta… ohhh

    Su boca era maravillosa y ya lo había disfrutado pero ahora era yo quién quería devolver el favor y le quite el vestido que cayó a sus pies ohh tenía puesto un conjunto de lencería con encaje rojo esas tetas apenas eran contenidas por el brasier que también se lo quité pero era tanto mi nerviosismo que ella me ayudó para que no lo rompa.

    -Déjame ayudarte no quiero que lo vayas a malograr Jajaja.

    Y su tanga también les quedaba algo pequeña no sabía si era equivocación o adrede por mi amigo pero igual se le veía fantástico y lo fui bajando muy despacio por sus piernas y en la cama besaba todo su cuerpo primero fueron sus tetas que rápidamente reaccionaron sus pezones a mis besos y se pusieron duros.

    -Ahh Javieeer… ohhh mi amooor ohhh

    Andry era una mujer que estaba tan centrada en traer a sus hijo que se había olvidado de ella como mujer y reaccionaba bien rápido a mis caricias y fui bajando hasta llegar a su vagina que estaba bien depilada sus labios eran grandes e hinchados y le pasé la lengua y se estremeció y abrió ligeramente las piernas y comenzó a recibir sexo oral y gemía.

    -Ahhh… ohhh… ohhh… mi amooor… sii ohhh

    Y seguía devorando su chucha con ansias que estaba totalmente mojada mi lengua subía y bajaba por todo su sexo pero al llegar a tocar el clítoris ese botón rojo hinchado grito y empezó a mover sus caderas y luego llegó a tener un orgasmo dejando salir sus fluidos de su interior que era bastante como si se estuviera orinando.

    -Aggg… sii meee vengoo ohhh ohhh dioos… Ahhh.

    La jale a ella mí lado y la abracé fuerte aún temblaba su cuerpo y su respiración era rápida puso su cabeza en mi pecho y nos besamos y ahí Andry me dijo que desde que llegó a trabajar a mi casa de a pocos le fui gustando pero como era menor de edad no me dijo nada y también porque no sabía cómo iba a reaccionar pero cuando me vio masturbarme ya no se pudo aguantar más.

    -Andry me sorprende saberlo jamás lo hubiera imaginado porque tu también me gustas mucho y también me sucedía lo mismo contigo como siempre le decías a mi madre y abuela que no querías nada con ningún hombre porque solo tenías cabeza para tu hijo… pero ahora estamos juntos y eso es lo que importa.

    -Mi amor quiero sentirte dentro de mi hazme tu mujer esto es una locura pero te amo.

    Su mano acariciaba mi verga dejándolo listo para ser penetrada y me subí sobre Andry y le fui metiendo de a poco a poco mi verga a su chucha su respiración iba en aumento, su cavidad estaba muy caliente y apretado por la falta de sexo sus piernas se cruzaron al dorso y comenzó el mete y saca en su vagina.

    -Ohhh… mi amoor… te quiero muchoo ahh ahhh dámelo todo ahhh… ahhh…

    Luego de unos minutos ella se subió sobre mi y metió mi verga en ella y comenzó a cabalgar los movimientos de sus caderas eran fuertes sobre mi, sus enormes tetas se movían al ritmo de lo rico que estábamos cachando.

    -Ahh sii que rico te nueves Andry ahora esta pinga es tuya mi amoor… ahh Ahh.

    Mis palabras pareció motivarla más porque sus movimientos se hicieron más rápido, mis manos cogieron sus tetas y las magreaba y sobaba sus enormes pezones y luego de estar así regular tiempo saltando sobre mi verga ella volvió a tener un orgasmo y su cuerpo se puso tenso sobre mi.

    -Ohhh mi amoor quee ricooo ayyyy.

    Pero seguía ella movimiento el culo hasta que yo también llegue al clímax del placer y eyacule dentro de su chucha caliente y jugosa.

    -Sii… así que ricooo ahh toma mi leche es para ti ahora eres mi mujer ohhh… ohhh.

    Su cuerpo cayó pesadamente sobre mi y nos besamos en la cama no existe edad a la hora de amarse sabíamos que no sería nada fácil en guardar nuestro secreto en mi casa pero eso lo veríamos luego pero ahora lo que importa era vivir el momento.

     

  • Mario (1): Don Guillermo

    Mario (1): Don Guillermo

    Me desperté cansado, intranquilo por la noche pasada sin haber podido dormir bien. Los ruidos de las voces de mamá y el abuelo que discutían acaloradamente y que al final acallaron marchando cada uno a su habitación.

    El pequeño Marquitos se revolvía a mi lado y le abracé para tranquilizarle.

    -¿Qué pasa Marito?

    -Nada amor, sigue durmiendo tranquilo.

    Sentía su cuerpito relajándose hasta que acabó con la respiración acompasada y suave sobre la piel de mi brazo, y me dormí de momento sintiendo la tibieza de su cuerpo de nene abrazado.

    Llevaba despierto mucho tiempo y giré la cabeza para observarle, me daba pena despertarle de su dulce sueño.

    -Vamos perezoso, nos ducharemos antes que los demás quieran utilizar el baño…

    -No me quiero levantar. -se restregaba los ojos sin llegar a abrirlos.

    -¿Cómo que no? Pronto llegará tu papá a recogerte y llevarte a la piscina. Vamos a pasar un bonito día. -lo cogí en brazos para llevarlo al baño.

    La casa estaba en silencio y la puerta de la habitación del abuelo permanecía abierta, supuse que había bajado para comprar el periódico y el pan.

    Duché al pequeño aunque protestaba y lo dejé envuelto en una toalla sentado en la taza del wáter mientras, a mi vez, tomaba una ducha rápida, sabía que mi abuelo, o mi madre estarían pronto golpeando la puerta del baño. Atravesé el salón con el pequeño en brazos y una toalla anudada a la cintura, con otra me recogía el pelo para secarlo.

    El abuelo había regresado y permanecía sentado leyendo el periódico, elevó la cabeza y nos miró dejando el periódico a un lado.

    -¿No ha llegado Marcos a recoger al niño?

    -No abu, se habrá quedado dormido, pero no te preocupes, le daré el desayuno y luego le acercaré a su casa. -me quedé un momento indeciso sin atreverme a hablar.

    -Anoche vino mamá… -hizo un gesto despectivo antes de responder.

    -Y con una copa de más, como siempre hace cuando se digna venir a esta casa. -volvió a coger la prensa dando por concluida la conversación.

    No podía entrar en la habitación donde dormía mamá para coger la ropa que poner al pequeño y le coloqué la que llevaba a la noche, luego me puse el bañador, así iría preparado, y un pantaloncito corto y camiseta de tirantes. Reservaba el pantalón de media pierna para la tarde, el abuelo quería que lo llevara para esa ocasión.

    Marquitos terminó su taza de leche con cereales sin que tuviera que urgirle, ahora parecía que ser él quien tenía prisa aunque mi primo aún no llegaba a recogerle.

    -Vamos Marito, vamos con papi, me ha prometido llevarme al parque. -lo que dijo me descolocó, pensaba que vendrían a la piscina conmigo ya que había quedado así con Miguel.

    Preparé un bocadillo con el pan que había traído el abuelo y junto con una manzana lo metí todo en una pequeña mochila, en mi monedero había unas pocas monedas, suficiente para lo que costaba la entrada al recinto de piscinas, si es que no venía mi primo y me la pagaba.

    No resultaba fácil tener las cosas en su lugar ordenadas, la casa era pequeña, tres habitaciones: la que tenía reservada mi madre para sus llegadas inoportunas, la del abuelo, y la mía que era de todo aquel que llegaba de visita, (ahora compartida con Marquitos el hijo de mi primo los días que este trabajaba, o sea de lunes a viernes), una sala no muy grande, y al menos la cocina y el baño eran espaciosos.

    Cogí mis llaves, el monedero, la toalla, y miré desganado mi móvil que no funcionaba, pasé a la cocina a por mi bocadillo y un botellín de agua, para no morir de inanición y hambriento como un perro callejero.

    Marquitos lucía precioso recién peinado y oliendo a limpio a pesar de la ropa usada, con su pequeña mochilita en la espalda mirándome impaciente por marchar.

    -Ya voy enano, que yo no lo tengo tan fácil como tú. -el nene me sacó la lengua.

    Fui a besar a mi abuelo para despedirme, primero besó al pequeño y me sujetó de la mano, pasó la otra por un leve moretón que tenía en el brazo.

    -¿Te has dado la pomada que te entregué?

    -Ya ves abu, no se nota nada, ni me duele.

    -No quería que esto pasara. -miraba muy fijo la piel del brazo, quizá recordando el brutal golpe que me propinó el sábado pasado, cuando llegó bebido como nunca le había visto.

    Intenté retirar su mano después de besarle en la mejilla pero me sujetó con fuerza, su dura mano parecía un garfio y le salían los tendones crispados en su brazo peludo.

    -Tienes que volver temprano, no olvides nuestro trabajo de la tarde.

    -No abu, volveré con tiempo suficiente, no tienes que preocuparte.

    -Sería mejor que hoy no fueras a la piscina. -no se lo que vio en mi cara, si dolor o pena y cambió la dureza de su tono

    -Esta bien, pero ten cuidado y no me falles, dependen muchas cosas de que don Guillermo quede satisfecho. -no quería que continuara hablando, ya llevaba mucho tiempo escuchando sus planes y proyectos y sabía lo que tenía que hacer de memoria.

    -Todo saldrá bien abu, ahora llevaré al niño y lo dejaré en la casa de Marcos. -al fin me soltó y cogí al pequeño para llevarlo conmigo y…, ¡oh milagro!, mi primo llenaba el hueco de la puerta.

    -¿A dónde vas tan temprano Marito?

    -A ti no te importa, ocúpate de tu hijo. -intenté alejarme de él y me sujetó de la cintura.

    -¿No quieres venir con nosotros al campo en lugar de a la piscina?

    -Sabes que he quedado con Miguel y los amigos allí, yo paso de vuestros enfados.

    -Vaya, vaya, si le ves dale recuerdos, y dile que puede pasar a recoger sus cosas o se las pondré en la calle.

    -No creo que a mi me atienda, y no son mis asuntos, yo tengo mis propios problemas.

    El pequeño Marquitos se había abrazado a sus piernas y aproveché que le cogía en brazos para escapar de él como pude.

    ————————

    Cuando llegué a la parada del bus este arrancaba, no hice intención de correr para cogerlo, tampoco tenía dinero para pagarlo, y sí el tiempo suficiente para llegar al deportivo andando, y para pensar intentado poner orden en mis ideas.

    Había marchado sin ver a mi madre, tampoco tenía ilusión por verla en su estado de degradación continuo. Aun podía recordar lo bella que era, en algunos aspectos continuaba siéndolo, sobre todo sus hermosas y largas piernas con el culito redondo que yo herede de ella, solamente su rostro reflejaba a la perfección la decadencia cuando llegaba llorosa buscando el refugio de la casa paterna.

    A veces me preguntaba quien pudo ser el hombre que depositara su semilla en ella para crearme, no conocí a ese hombre, mi padre había sido mi abuelo, amable y amoroso hasta que la abuela falleció, luego todo fueron problemas, y sin saber el motivo, la responsabilidad de la fallidas vidas, era totalmente mía a los ojos de mi abuelo.

    Yo era el motivo del pecado de mi madre, el que fue la causa que hizo sufrir a su amada mujer hasta la muerte. Era amor y rencor unidos. Porque sabía que mi abu me amaba, yo era la prolongación de su hija mi madre, y por tal motivo, inexplicable para mi, él me quería a su manera.

    La abuela era la balanza fiel para medir las cosas, ella no diferenciaba entre Marcos y yo, los dos éramos inocentes y no teníamos culpa de las faltas de sus hijas. Para el abuelo era diferente y se manifestó cuando ella desapareció.

    Marcos era mayor que yo, me llevaba seis años, era un chico grande cuando mamá apareció embarazada, era fuerte y atrevido, valiente y varonil como todo un chico al que, el abuelo, llevaba orgulloso de la mano.

    Y yo resulté débil, amanerado y femenino, toda una niña rubita y delicada, amado por la abuelita y mirado con dureza por el hombre de la casa.

    Ellos se hicieron cargo de Marcos cuando sus padres murieron en accidente automovilístico, y de mi también, simplemente cuando mamá me abandonó a mi suerte.

    Y no puedo quejarme, ahora a mis dieciocho años pienso que tuve momentos felices en mi corta vida, con el amor de mi adorada abuela Rosa, la que ocupó el lugar que dejó vacío mamá. Mi primo también me quiere, y siempre ha sido así aunque para él sea su pequeña primita, y me defendió en la escuela y también en casa ante la ira divina o diabólica del abuelo.

    Pero el abu también me quiere, a su manera, represento a su hija adorada que tiene que dirigir para que esta vez no falle y caiga en el arroyo.

    Dejo de pensar cuando llego ante la puerta de acero y cristal del deportivo municipal, busco mi monedero y alargo los pocos euros que poseo para pagar la entrada al recinto, luego saldré antes, para volver andando y llegar a tiempo, y evitar que el abuelo se enfade, no quiero recibir más golpes aunque sepa que los recibo por mi bien y que solo pretende corregirme, los golpes ya no me duelen, solamente me humillan y eso es aún peor.

    ***********************

    Atravieso la zona de piscinas hasta la parte más alejada, la ladera de verde hierba que separa, con una alambrada, el pequeño hipódromo de la zona de baño. Allí hablan en alta voz un grupo de jóvenes tumbados al fuerte sol, Patricia, la hermana de Miguel eleva la mano y me hace señas para que vea donde se halla mi amigo.

    Migue sabe que voy hacia él, está alejado de los demás amigos, prefiere estar solo, y lucir ese pequeño bañador que parece la parte inferior de un bikini de chica. Migue no oculta lo que es como pretendo hacer yo. Él es provocador y marca su terreno siempre donde se encuentre. En la escuela, la calle, o donde sea él es y se reconoce maricón en plan provocador y festivo, sin bronca. Yo le admiro pero soy algo distinto.

    Me tiendo a su lado y sabe que he llegado sin hacer movimiento alguno.

    -¿Llegaste princesa? -vi su alegre sonrisa aflorar en sus labios rojos.

    -Hace un buen día Migue, no lo revientes.

    -Buen día será para ti que vas a cumplir tus sueños, ¿o seria mejor decir los de tu abuelo?

    Me acerqué a él y le acaricie la tripita ligeramente dorada y marcada, Miguel era realmente bello, una hermosa chica en cuerpo de hombre, mas guapo que su divina hermana, una equivocación de la naturaleza.

    -No empieces con mi abuelo.

    -Es un cabrón aprovechado.

    -Es buena persona Migue, solo mira por mi bien.

    -¿También cuándo se juega el dinero en las timbas de los sábados?… ¿y para rematar se emborracha y luego encuentra el puto esclavo a quien pegar y maltratar?

    -¡Por favor Migue! No empieces, además aunque fueran verdad tus opiniones, es lo que hay, él no tiene la culpa.

    -¿La tienes tú? ¿Tenías que ser Dios para que no muriera tu abuela?

    -Hablemos de otra cosa, ¿quieres?.

    -De acuerdo, aunque siempre derivamos a lo mismo. ¿Que hay de Robert?

    -Se lo mismo que tu, sigue en Chicago organizando su estancia con otros compañeros, buscando casa y ultimando los papeles, pero eso ya lo sabes.

    -No hay tanta prisa, ¿no podéis esperar a su regreso y hablas con él?, si no se decide hazlo tu, ese chico te adora aunque no sepa expresarlo y tenga miedo a reconocerse gay. Tú no eres como yo, tienes derecho a ser feliz y es Robert lo que mereces, luego no habrá solución, después de esta noche todo estará perdido.

    -O ganado, ¿quién lo sabe? Ni siquiera me mira y ya no es un amigo como antes, me ignora olímpicamente y pasa de mi.

    -Tiene miedo a revelarse, es normal, ¿no te das cuenta? Un chico bisexual no es como yo donde todo está presente y a la vista, necesita que tú lo empujes, por favor, créeme, se de lo que hablo.

    El silencio se impuso y se hacía más opresor cada minuto que pasaba.

    -Cuando veníamos en autobús él estaba en la carretera, parado y en el arcén con ese gigante que sustituyó a tu abuelo, vestido con su traje de cuero y lleno de barro, no deja su afición al monte con sus motos, ni estando Robert ausente.

    -Es su hobby, y también el de Robert, tienen derecho a disfrutar de esa actividad que les llena.

    -A esa y a otras más disimuladas. -no evité reír y le miré elevándome sobre los codos.

    -Eres terrible Migue…, y una pequeña alcahueta.

    -Es de todos sabido y tu debías suponerlo al menos, desde la muerte de la madre de Robert, doña Amelita, sus aventuras son muchas, con mujeres y con chicos, muchachos bonitos como tu que le duran cinco días, de eso tu abuelo sabrá un montón.

    -Eres maledicente Migue, esos son chismes, cuentos que la gente difunde por no tener otras cosas que hacer.

    -¡En que mundo vives Marito¡ O eres inocente o eres tonto a pesar de tus notas de la escuela.

    -Él siempre fue bueno conmigo, desde niño he sentido que me aprecia, desde que mi abuela nos llevaba para sentirnos custodiados mientras trabajaba en su casa y no vi nada que haga suponer lo que tu y otros proclaman y difunden. -me sentía herido y se notó en mi respuesta.

    -Lo dejamos aunque se que es mi única oportunidad para hablarte. Yo te quiero Marito, te quiero mucho y no es envidia lo que me guía aunque se que puede ser algo bueno para ti y tu seguridad. ¡Oh! Mierda, ahora me parezco a tu abuelo. -los dos nos pusimos a reir.

    -Al menos a ti te han prometido que te ayudarán para hacer tus estudios, tu eres listo, inteligente, y tienes por lo que luchar, yo a mi manera lo haré también, Tampoco voy a ser para siempre la puta de tu primo aunque le quiero un montón. Este es otro que no se decide y se aclara.

    Nos quedamos de nuevo en silencio hasta que llegó Patricia y se nos incorporó al grupo.

    -¿Nos bañamos o comemos hermosas ninfas? -se tumbó entre los dos y a ambos nos entregó un beso.

    -Mis pequeños niños, juguetitos delicados y adorables. -los tres mirábamos al sol y al cielo sin nubes de un azul purísimo, quizá cada uno recordando algún pasaje de nuestra niñez y nuestros juegos comunes.

    Después de comer el bocadillo y tomar el último baño me despedía de mis amigos, ahora llegaba el gran momento, el que mi abu me tenía reservado y yo, por no mentir, sentía una honda emoción.

    Era cierto lo que Migue me decía, salvo en que el enamorado de Robert era yo, no él. Un amor que sabía imposible. Robert siempre rodeado de chicas guapas, cogido de sus brazos y que donde antes había amistad ahora se reducía a desdén o simplemente ignorarme.

    Ya había llorado bastante y como decía el abuelo, yo no era nada, ahora se me brindaba la ocasión, la oportunidad de que alguien se interesara por mi y me ayudara a salir de esta vida miserable.

    No es que tuviera excesivas ambiciones, solo quería y necesitaba llegar a ser libre un día, libre para decidir, tener lo necesario para no depender de alguien como la pasaba a Migue con mi primo.

    Cuando llegué a casa mi abuelo me esperaba en la sala, no parecía nervioso aunque seguro que lo estaba.

    No tenemos tiempo de sobra, es mejor que empieces a prepararte. -se puso en pie y a pasear a largas zancadas por la sala. No llegaba a entender tanto nerviosismo, yo debía estarlo y no él.

    -No pasa nada y hay tiempo abu, estate tranquilo.

    -Esto tiene que resultar perfecto, necesitamos la ayuda de don Guillermo y es nuestra única oportunidad.

    Pasé al baño y él me siguió, con los mismos consejos y enseñanzas de días pasados y que sabia de pe a pa.

    -Tienes que ser amable, no decir que no a nada, ser complaciente y no quejarte, el dolor pasa rápido, don Guillermo te quiere y será paciente…, y así una y otra vez con manida retórica.

    -Lávate otra vez el culito, tienes que ser cuidadoso y limpio, es lo que te diferenciará de otros, y sonreir y preguntarle que es lo que quiere que le hagas. -al principio me limpiaba él para enseñarme, no permitía que en mi culito entrara algo más grueso que sus dedos enjabonados, enseñándome a dilatar el ano, todo muy despacio y bien hecho cuando sabía que no tenía que ser tan difícil observando a Miguel y Marcos.

    También yo quería gozar como Miguel, cuando Marcos se le montaba y les escuchaba gritar desde la la sala de su casa, viendo la televisión con Marquitos.

    Hacía más de cuatro años que le entregaba la verga y el culito de Migue la recibia goloso, algunas veces había visto el acto de la cópula deseando ocupar el lugar de mi amigo, pero ya desde entonces estaba la negación de mi abuelo, él me tenía reservado, ningún otro macho podría tenerme antes del que dispusiera él. Y yo le obedecía a pesar de las numerosas tentaciones, y los ofrecimientos de Miguel a que usara a mi primo, porque a él no le importa compartirlo conmigo.

    Y rechacé a otros chicos aunque en serio deseaba ser suyo. Y solamente hubiera traicionado al abuelo, si en en el lugar de otros, hubiera sido Robert quien me quisiera montar haciéndome al amor. ¿Qué mal me lo has hecho pasar Robert!, y a tu pesar, y aunque no lo quieras te adoro.

     

  • Primera vez sumisa

    Primera vez sumisa

    Voy a contarles cómo incorporamos con Judith una experiencia más a nuestras aventuras sexuales. Todo comenzó cuando en una de esas inagotables charlas nocturnas con mi pareja (Judith), comenzamos a comentar que nos gustaría probar y que nos intriga cómo para gozar en la cama y dar más fuego a nuestra relación, si bien somos una pareja ya con años de estar juntos (no tantos como para pensar en estar aburridos), pero yo cerca de 50 y ella con algo más de 40 años, cada uno ha tenido parejas y experiencias anteriores, así fue que de la charla comencé a tirarle ideas… nombres: Sumisa, Esclava, Spancked, BDSM… y fue en ese instante que a Judith se le alteraron las hormonas, me comentó que su adrenalina explotó con solo pensar en que podía ser mi Sumisa y Yo su Amo.

    Fue entonces que decidimos estudiar el tema, ver videos e intercambiar opiniones, ideas y decidir de qué forma y cuando poníamos en práctica esta modalidad en nuestra vida sexual.

    Ella pasó noches pensando que se pondría para la ocasión y cómo prepararíamos la velada. Ya tomada la decisión salí en búsqueda del cotillón apropiado, recorrí y miré pero nada resultaba interesante… en los sex-shop solo encontraba accesorios más cerca a la fantasía y utilería que a lo que me había formado en mi cabeza, así que después de días de recorrer pase por una veterinaria y me exploto la cabeza… inmediatamente entre y compre lo que me enloqueció: un collar de cuero con tachas y una cadena para perros (en este caso… mi Perra: Judith).

    Acordada la velada fui a casa de Judith y subí, al entrar me esperaba ella con todo listo para una cena erótica y unas copas exquisitas, pero me di cuenta que el mobiliario era diferente, lo había cambiado. Teníamos más espacio. Cenamos, tomamos y comencé a besarla a recorrerla y desvestirla es algo que me puede… mirarla, observarla y lo sabe.

    Fue ahí cuando le ordene que se vaya a cambiar con lo que había preparado y regrese gateando.

    Pasaron unos minutos mientras apagaba las luces y encendía velas que apareció Judith gateando al living con un conjunto negro, con medias red y porta ligas que me puso la pija a mil… además traía puesto unos zapatos estiletos negros tremendos. Le ordene que comience a comerme la pija que ya goteaba de excitación y mientras le decía que iniciaríamos algo nuevo saque el collar y se lo coloque, mientras ella me miraba y me chapaba cada huevo con su lengua. Le ordene que se recueste entre mis piernas y le puse el collar mientras le repetía… hoy vas a ser una sumisa lujuriosa y obediente.

    Le ordene que abra la puerta yo baje a la puerta de entrada y desde ahí después de apagar las luces de la escalera la llame, dudo… dudo en bajar y salir así del departamento en portaligas, semi desnuda y le ordené que baje, así fue calladita y temerosa… (Al llegar me susurro estás loco en cualquier momento llegan los vecinos y que hacemos), le ordene que me coma la pija como a mi me gusta y rápidamente comenzó. Después de unos minutos le ordené que se ponga en cuatro y comencé a penetrarla, ella estaba perdida, con miedos pero alterada totalmente… se que le encanto tener ese momento de explosión de adrenalina.

    Le ordene que suba las escaleras gateando hasta llegar al departamento, tanta era su excitación que subió con un andar felino que me sacaba todos mis demonios, al llegar al departamento comenzó a comerme la pija y yo a azotarle la cola con la cadena suave pero a ritmo de cada movimiento suyo que fue una locura para los dos. Paramos y brindamos con más champán hasta que la comencé hacer gatear por todos lados con la cadena, donde nos deteníamos me comía la pija y yo la azotaba con la cadena… hasta que llegamos al dormitorio y fue ahí el clímax, se colocó un antifaz y yo le ordene que se apoye en el espejo para que vea cómo la penetraba y vea cómo la castigaba con la cadena… ese contacto visual sacó completamente a Judith de sus cabales, pedía más y más y más fuerte incluso sus azotes. Frente al espejo acabamos una vez más no se de cuantas… fue una experiencia única y para los dos inolvidable, desde ese momento gozamos cuando incorporamos a la Sumisa de Judith en nuestras maratones sexuales…

  • Historia de un incesto

    Historia de un incesto

    En una noche estrellada del mes de junio, Iria, se bañaba bajo la luz de la luna en el río que atravesaba su huerta, una huerta amurallada. Iria, era de estatura mediana y estaba en su peso, 56 kilos. Su piel era morena de trabajar en el campo. Tenía una larga melena de cabello marrón. Enjabonó sus grades tetas, con areolas oscuras y gordos pezones, luego su cintura, sus anchas caderas. Una mano enjabonó su culo y el otro el coño. Se masturbó unos cinco minutos. Magreando tetas, metiendo un dedo en el culo, follándose el coño con dos dedos y acariciando el clítoris, al final, se oyó:

    —¡Me cooorro!

    Corriéndose, se sumergió en las aguas del río… Después volvió a aparecer cómo una ninfa de las aguas, una ninfa con vello marrón en los sobacos y en su coño. Sí, una ninfa le pareció a Nicolás, su hijo, que la estuviera espiando detrás de un manzano y se corriera al mismo tiempo que ella.

    Nicolás, estaba obsesionado con su madre desde que oyera sus gemidos al correrse en la habitación (sus habitaciones las separaba una pared) y se percatara de que su madre se masturbaba. Desde esa noche, noche tras noche se ponía a escuchar y cada vez que ella se tocaba y se corría se corría él imaginando que estaba con ella. Y en verano, en noches calurosas cómo aquella, se la cascaba viendo como se bañaba en el río.

    Cuando Iria llegó a casa llamó por su hijo, Nicolás, le respondió desde la huerta.

    —Voy, madre.

    Al entrar en casa, Iria, vio un largo bulto en el pantalón de su hijo que le bajaba por la pernera y le llegaba casi a la rodilla. (Nicolás tenía una verga de más de veinte centímetros y el grosor era importante) No se podía ni imaginar cómo sería su polla de empalmada. Le preguntó:

    —¿Qué estabas haciendo ahí fuera? ¿Me estuviste espiando? —Nicolás, bajó la cabeza. ¡¿Viste lo que hice?!

    —Te deseo, mamá.

    La respuesta le dijo que la había visto.

    —¡¿Qué voy a hacer contigo?! De momento te quedas un mes sin postre. ¡Tira para cama!

    Iria tenía ahora 36 años, y desde que aquel mal polvo, que echara con el señorito de la casa en la que estaba sirviendo, no había tenido más sexo que el que le daban sus dedos.

    Nicolás tenía 18 años y era un cuadro de su padre. Rubio, alto, de ojos azules y de complexión fuerte.

    Llevaba Iria media hora en combinación sobre la cama, dando vueltas, pensando en si tocarse o no tocarse. Por un lado la verga que le adivinaba a su hijo, imaginándola en su boca y en su coño y viendo cómo se la pelaba a su salud, la estaba humedeciendo, y por el otro era su hijo. Metió una mano dentro de las bragas. Dos de sus dedos se deslizaron entre la humedad y acabaron dentro de la vagina, los sacó, los llevó a la boca, los chupó y susurró:

    —¡Cómo estoy, Dios mío, cómo estoy! No puedo evitarlo. Necesito hacer un dedo y correrme.

    Su mano volvió a bajar y sus dedos comenzaron a masturbar el coño… En estas estaba cuando oyó unos pasos y después sintió cómo Nicolás se metía en la cama. Quitó los dedos de coño y se hizo la dormida.

    Nicolás, había dado un paso al frente. Se echó a su lado y mirándola, meneó la verga… Unos minutos más tarde, arriesgándose a que su madre se despertase, le tocó un pezón con un dedo. Iria, hizo cómo que se despertaba.

    —¡¿Qué haces en mi cama, Nico?!

    —Deja que te toque un poquito, mamá.

    Iria, encendió la lámpara que estaba sobre la mesita de noche y vio la tremenda verga de su hijo. Era del tamaño de un salchichón. Tapó la boca con una mano, y al quitarla, exclamó:

    —¡Jesús, María y José! ¡¿Que tienes en la mano, hijo?!

    —Un problema.

    —¡Y gordo, muy gordo! Vuelve a tu cama y desahógate allí.

    —Ayúdame, por favor. Ver cómo te corrías me puso enfermo.

    —Vuelve a tu cama que una madre no ayuda con esas cosas a un hijo. Si no anduvieras de fisgón… ¡¿No te masturbarías viendo a tu madre?!

    —Sí, madre, lo hice. Mi leche blanca y calentita regó la hierba de la huerta.

    Iria, quería acabar aquella conversación, pero su coño, mojadito no la dejaba.

    —Eres malo, muy malo.

    —Deja que te toque el coñito un poquito.

    —¡Ni lo sueñes!

    —¿Y las tetas?

    —¿Qué pasa con mis tetas?

    —Que las tienes preciosas y tocarlas ayudaría a que me corriese.

    Iria, dejó de hacer de madre.

    —Después de correrte vuelves para tu cama.

    —Sí.

    —Y nunca más volverás a pedirme que te deje tocar las tetas.

    —Si tú no quieres, no, mamá.

    —Promételo.

    —Te lo prometo, mamá.

    —Toca un poquito.

    Nicolás le magreó las tetas por encima de la combinación. Los pezones eran grandes, se pusieron duros y se marcaron en su ropa. A Iria se le empezaron a abrir y cerrar los dos agujeros, el del coño y el del culo. Nicolás, le preguntó:

    —¿Me dejas que te las chupe?

    Iria sabía que ya no podía dar marcha atrás. Estaba demasiado caliente.

    —Chupa si crees que te ayudará.

    Machacando la verga, le dijo:

    —Verás cómo me ayuda.

    Iria, ya se moría por follar. Viendo que la cosa tiraba para largo. Se la cogió con una mano, y sin mirar para ella, le dijo:

    —Va a ser mejor que te ayude yo, o no vamos a acabar en toda la noche.

    Iria, se la meneó. La verga comenzó a mojar su mano, y cómo llevaba más de 18 años sin ver una polla delante, se confesó. Le dijo:

    —Mamá se está poniendo malita, cariño.

    —Ya casi estoy, si me la chuparas un poquito…

    No quería que acabara, ni iba a dejar que lo hiciera, pero le dijo:

    —No debía, pero si vale para que acabes, lo haré.

    Acercó su boca a la verga y le lamió el glande. Después la metió en la boca (casi no le cabía) y se la mamó. Al ratito le dijo:

    —¿Crees que ayudaría a que te corrieras si me doy la vuelta y restriegas tu polla en mi coño?

    —Creo que sí, mamá.

    Iria, se dio la vuelta, se quitó las bragas. Nicolás le restregó la verga en el coño.

    —Estás muy mojada, mamá.

    —Si, hijo, si, métela un poquito a ver si ayuda.

    Nicolás le metió la punta. Entró tan apretada que casi se corre. Iria, lo notó, y se quitó la careta:

    —No te vayas aún, hijo, no te vayas que mamá necesita correrse.

    Iria, se apartó. Se quitó la enagua y subió encima de su hijo. Metió la cabeza de la verga en el coño, y le dijo:

    —Deja que mamá la meta poquito a poco… Tú acaríciame las tetas.

    Poquito a poco la metió y despacito lo folló, al principio, luego, al sentir que le venía, aceleró los movimientos, y le dijo:

    —No me mires a la cara, hijo. Mamá se va a correr y no quiere que la veas.

    Iria, comenzó a jadear y a agitarse con el gusto que sentía. Sus ojos se cerraron. Le dijo:

    —¡¡Mamá se corre, cariño!!

    Nicolás, encendido, le dijo a ella:

    —Mírame, mamá.

    Iria, abrió los ojos y Nicolás vio que los tenía en blanco. La visión hizo que Nicolás sintiera que le venía. Quitó la polla y se corrió en la entrada de su culo. Al acabar de correrse, la cogió por la cintura, la levantó y le puso el coño en su boca, Iria, mientras su hijo saboreaba sus jugos, frotó el coño contra la lengua y le regaló otra corrida. La verga de Nicolás se puso tiesa de nuevo. Al acabar de correrse su madre, Nicolás, se la puso en la entrada del ojete. Iria, le dijo:

    —¡Por ahí no. Nico!

    ¿Le rompería el culo?

    Comentar no produce efectos secundarios.

    Kiko.

  • Ya soy el puto del equipo (XVII)

    Ya soy el puto del equipo (XVII)

    El segundo piso de La Eiffel 69.

    El día amaneció fresco, estuvo nublado hasta las 8 de la mañana. Salíamos a la calle con solo zapatillas y short para correr y hacer hambre para desayunar. No es que sin correr no podríamos desayunar, sino que había que mover piernas y culo para estar en forma.

    Al salir de casa parecíamos ir en formación de dos en dos por la acera: iniciaban la carrera Santi y Frasquito, detrás de ellos Martín y Canales, les seguían Mauricio y Leoncio y como yo cerraba la puerta, también cerrábamos filas Abelardo y yo. La mirada al frente porque estaba nublado y nadie llevaba gorra. Yo estaba viendo los primeros de la fila, Santi y Frasquito, totalmente desvergonzados, dándose palmaditas a sus nalgas. Pero Abelardo me dice, mira cómo Martín le mete mano a Canales. En efecto Martín tenía la mano metida dentro del short de Canales, y se notaba que le acariciaba las nalgas. Claro que los de detrás teníamos que contagiarnos. Mauricio volvió la vista sonriendo, al parecer nos había escuchado y metió su mano por la pernera de Leoncio. Este Leoncio se había puesto un short de baja cintura y muy corto, así se le podían ver las nalgas, y Mauricio no tenía que sufrir para meter la mano por la cintura, sino por la ingle hacia arriba. Por eso es que se había vuelto para decirnos lo fácil que lo tenía. Abelardo, como íbamos los últimos, me metió la mano también por delante. Le dije:

    — Cochino, te has pasado.

    — No; estoy a tu lado y me va bien, —me dijo.

    — Eres un desvergonzado, —le dije.

    — Menos mal, pensaba que ibas a decirme aprovechado…

    — Pues también, un aprovechado.

    La cuestión es que se me puso dura y no sacaba la mano. Estaba yo pensando que entre la mano manoseándome mi polla y mis huevos y la carrera que habíamos emprendido de inmediato me iba a correr en plena calle, antes de llegar al paseo marítimo. Así que tuve que pararme y meterme junto a unos árboles. Suerte que era temprano, porque Abelardo se puso de rodillas, me bajó el short y comenzó a mamarme mi polla. No tarde en eyacular en toda su boca y no desperdició ni una gota. Respiré profundo, me sosegué, me serené y emprendimos la marcha para alcanzar a los demás. Adelantamos a Mauricio y a Leoncio porque también Mauricio le estaba mamando la polla a Leoncio. Pero es que poco más adelante estaban Santi follando a Frasquito y Martín a Canales, los cuatro en el mismo lugar. Le comenté a Abelardo:

    — ¿Estos nunca descansan? Siempre están follando.

    — ¿Acaso tú no estás igual?, —dijo Abelardo.

    — Pero no es lo mismo que tú me la mames a que ellos se follen… o sí?

    — Yo te la he mamado pero me he quedado con ganas de follarte, — me dijo Abelardo.

    — ¿Aquí?

    — ¿Y qué más me da?

    — ¡Eres un puto maricón, joder!, me bajé el short y me incline hacia el suelo ofreciéndole el culo.

    Me la metió de golpe, ni sentí dolor. Es que teníamos ganas ambos y por eso me penetró de inmediato. ¡Joder! ¿Pero qué puta mierda nos había picado? Nos habíamos levantado todos tan en serio y ahí estábamos en una carrera interrumpida para follarnos. Pasaron Mauricio y Leoncio y gritaron:

    — ¡¡Aquí hay maricones follando!!

    Poco después pasaron Santi y Martín. Eso indicaba que habían acabado de follar y habían mezclado parejas, seguro que para follarse más adelante. También nos gritaron:

    — Queremos un hijo vuestro.

    Joder los putos maricones estos escandalosos como ninguno. Me temía que iba a pasar pronto Frasquito y Abelardo no había soltado su semen de mierda en mi recto, y estaba haciendo ya violencia. En eso que pasaron Frasquito y Canales:

    — ¡¡A esos!! ¡¡A esos!! ¡Se están follando en público!

    La puta madre que los parió; igual no tiene más culpa que ser su parturienta, pero ellos son unos hijos de puta sin más remedio. Así, al fin, Abelardo soltó toda su mierda en mi intestino y sacó su polla y se puso a correr sin esperarme. ¡Cabrón de Abelardo! ¿Cómo iba yo a correr sin descargar por mi culo el semen que me había depositado. Me puse con quien caga al aire para sacar el semen, justo en el momento en que pasaba un tío corriendo y se para delante y pregunta el muy cabrón:

    — ¿Te han follado todos esos que van ahí delante? Porque el charco que estás haciendo parece que has sido la puta de todos ellos.

    Se acercó, me puso su polla en el culo que penetró enseguida gracias al semen que estaba sacando y no tardó en correrse. Me dio dos besos, salió de dentro de mí, me puso dos dedos en mi culo que con una soplada mía hizo salir de mi culo todo su semen. Me puse el short y seguimos adelante corriendo. Notaba que mi short se estaba mojando porque salían restos. Mi compañero me dijo:

    — Si corremos un poco más fuerte los alcanzamos.

    Lo hicimos y cuando nos juntamos con ellos, me dijo:

    — Me llamo, Sebastián, me gustaría que contarais conmigo cuando salgáis a correr, ¿puedo seguir con vosotros?, ¿os molesto?

    — No, que va, te invitamos a desayunar al regreso, sigamos hasta allá a la punta, nos bañamos en el mar y regresamos a casa para desayunar, —le dije.

    Así fue, llegamos al cabo, junto al mar. La verdad es que no había más que dos personas un poco alejadas. Hacía ya buen clima y el sol quería despuntar por entre las nubes. Nos quitamos el short para nadar un rato. Sebastián le gustó esto y también se quedó desnudo como nosotros, para entrar en el agua. Tenía buena polla, le colgaba, sería de unos 19 cm. y me entraron ganas de que fuera otra vez mía. Pero era el momento de bañarnos y regresar a casa antes de que el sol saliera del todo y apretara el calor. Salimos del agua, nos pusimos el short y regresamos a casa los 9 para desayunar. Nos sentamos a la mesa mientras Abelardo y Mauricio preparaban el desayuno a base de huevos fritos y chistorra. Mauricio, previsor, había sacado el pan para que se descongelara. Todo estaba rico porque lo era y porque teníamos hambre.

    Al acabar el desayuno, había salido el sol y nos tumbamos junto a la piscina desnudos. Estábamos bien. A Sebastián le gustó nuestra compañía y se divertía con Frasquito que, además, aún llevaba sus uñas pintadas en manos y pies.

    Eché una mirada en torno a toda la zona de la piscina y no descubría a Abelardo. Me quedé curioso y extrañado porque Abelardo no desaparecía sin más de mi presencia sin decirme qué quería o qué iba a hacer. Esperé como unos veinte minutos por si había ido al baño, ya que siempre iba un poco estreñido, pero no aparecía. Me levanté y fui a buscarlo, a la cocina, a la sala, di media vuelta a la casa y luego la otra mitad, para no salir a la calle y no lo vi. Se me ocurrió que no había ido a nuestra habitación. En efecto, me lo encontré, tumbado en la cama, boca a bajo, no a lo largo de la cama sino como quien se tira a lo ancho y se queda con los pies fuera de la cama. No era la postura del que dormita y por los suaves gemidos pensé que estaba llorando o había llorado.

    Estaba apoyado sobre los codos, la cabeza hundida, la almohada algo apartada de la cabeza como si la hubiera usado para silenciarse. Le vi de espaldas, tan hermoso, delgado como siempre, con los omoplatos marcándose de la postura en que estaba, su culo brillaba con propio esplendor, estaba al borde de la cama con los genitales sobre la sábana, una sombra en su trasero que le remarcaba más la belleza de sus nalgas. La pierna izquierda toda extendida tocando el suelo con las puntas de los pies, la pierda derecha un poco doblada y apoyando el pie sobre el tabula de su pierna izquierda y el pie medio doblado. Enseguida pensé «¿Qué le duele a mi hermoso chico?». Pues si ya estaba enamorado de él, esta estampa que veía acabaron de rematar mi amor por Abelardo.

    Lo miré un rato largo. Tenía que haber oído que alguien entraba y allí no podía ser otro sino yo. No se movió, solo gemía como a quien le duele algo muy profundamente. Qué muchacho más delicado, qué suerte tenía yo con él. Me acerqué a la cama. Le puse mi mano izquierda en la parte inferior de sus nalgas. Ni se inmutó. Me apoyé con mi codo derecho la cama junto a él y subí mi mano acariciando sus nalgas. luego con el dedo pulgar y el puño cerrado fui paseando mi mano por su espalda, el pulgar tocando la hendidura que formaba su espina dorsal. Al llegar a su cuello abrí el puño y con el dedo del corazón hice lentamente un zigzag por toda la espalda y subí mi mano abierta arrastrando la palma de la mano por su espalda hasta llegar al cuello. Ni se inmutaba, seguía gimiendo. Ahora más próximo a él sentía los gimoteos del llanto que en algún momento debió ser muy fuerte.

    Aprobé mi cuerpo al suyo y nos tocábamos desde los hombros hasta el muslo. Movió su cabeza y vi sus ojos llorosos y como hinchados.

    — ¿Qué te pasa, Abelardo, cariño mío, qué te pasa?

    — Nada.

    Lo cogí de la barbilla, acerqué mi cara montando mi pecho sobre su hombro y le di un beso:

    — Sí te pasa algo y me lo vas a decir, mi cariño, mi amor, dímelo que muero de angustia de no saberlo.

    — Tú ya no me quieres.

    — ¿Quéeeee…? ¿Qué dices? ¿Qué significa eso?

    — Primero Leoncio se apodera de ti, luego Mauricio es no sé qué contigo y ahora ese nuevo que no conoces de nada,…

    — ¿Sebastián?

    — Sí, como se llame, no quiero saber cómo se llama, se ha enamorado de ti, tú le haces caso y me desplazas…

    — Abelardo, mi amor, por favor, ¿porqué estoy aquí? He venido a buscarte porque sufría de no verte; mira, estoy aquí, contigo, eres lo único que me importa…

    — Pero, Doro, reconoce que te gusta el nuevo.

    — Lo reconozco, claro que lo reconozco, me gustan todos los hombres, todos y me gusta follar con los hombres, eso lo sabes;… pero amor, lo que se dice amor de verdad, solo lo siento por ti, si alguno no aparece en un rato, ya vendrá, pero si desapareces dos minutos de mi vista, se me deshace el corazón en pena y he de venir a buscarte…

    — ¿Es verdad evoque dices?

    — Claro que es verdad, solo tú puedes decir taita a mi taita, para los demás será la señora Rosita…, solo tú ocupas un espacio en mi corazón y mis lágrimas y gemidos me cuentan un mal. Eres el más precioso de cuantos he conocido, eres solo tú, solo tú mi amor.

    Me besó y respiré algo mas tranquilo. Puso su mano en mi pecho y sintió como pulsaba mi corazón de fuerte.

    — Ahora sé de verdad que me amas, Doro, tu corazón me lo dice.

    — Yo también te lo digo: te amo, te amo solo a ti; aunque folle con cien, siempre estaré esperando que folles conmigo, solo un beso tuyo valen más que mil placeres.

    — Qué tonto soy, ¿por qué habré dudado de ti?

    — Porque me amas y no quieres perderme…, son los celos sanos que fluyen a nuestro corazón porque tememos que se nos acabe lo que tenemos…, pero tú y yo nos amaremos hasta más allá de la eternidad, estamos marcados, tú para mí y yo para ti.

    — Y…, ¿qué son los demás con los que follamos algunas veces y tú pones pasión y yo temor?

    — Son pasatiempos, solo pasatiempos, entretenimiento, pura distracción, pura diversión lúdica, no me satisfacen, solo tú me satisfaces y a la vez ellos me provocan los deseos de ti.

    — Quiero que ahora me folles, Doro, quiero que desaparezcan mis celos, que esto no vuelva a pasar.

    — No te va a volver a pasar, pero no te quites los celos, quiero que los tengas, significan que me amas. Cuando veas que otro se entretiene demasiado conmigo, métete en medio, tú eres más fuerte, hazte valer, si me ves a los otros de entre mis piernas o detrás de mí deseando lo que es tuyo, sácame a los otros de mi culo, ocupa tú ese espacio, que mi corazón te reclama y sabrá sentirse aliviado y agradecido contigo.

    Se dio la vuelta en toda su hermosura. Todavía más bello por delante. Había recuperado la honesta sonrisa con la boca cerrada, sus ojos, aunque húmedos, estaban alegres. Sus pechos, sin estar pronunciados, muestran unas tetillas en el centro de sus oscurecidos pezones que me provocan las ganas de lamerlos y lo hago. Su abdomen, sin estar totalmente cargado de tabletas, mostraban los espacios intercostales con sus graciosas curvas. El más bonito de los ombligos estaba frente a mí deleitándome de mi chico. Su polla gruesa, erecta hacia el lateral, todavía medio dormida, y su escroto colgante recogido ligeramente entre su muslos algo abiertos y los dos testículos haciéndose ver al final del escroto, valiéndose de su propio peso. Sus piernas ahora caían igual que antes hacia el suelo solo que de frente, preciosas rodillas…, y yo, allí delante, volviéndome a enamorar.

    Ya me hubiera gustado sentarme encima y hacer que esa polla atravesara el antro de mi culo, pero Abelardo me suplicaba sin cesar que lo atravesara y volvió a ponerse de espaldas, pero lo regresé, quería que me viera con lo mucho que le amo, así que le subí los pies para que los apoyara al borde de la cama y me puse de rodillas para trabajar culo. Pasé mi lengua para saber esas dos enjutas y redondeadas nalgas. Sentía que me hubiera comido, pero mi polla ya reclamaba, tras la tormenta, refugiarse en su guarida. Así que rápidamente entre mis manos y mi lengua encendí su deseo en el culo y su pasión en el corazón. Su cabeza a través de su lengua me decía:

    — Entra, poséeme, ámame, fóllame y sé mío y hazme solo tuyo.

    No pude aguantar más, me puse de pié, ajusté mi polla a su culo, tenía que doblar mis rodillas incómodamente. Cogí dos almohadas, las puso detrás de su culo y ahora ya se acomodaba. Acaricié su preciosa entrada con la punta de mi polla y me urgió:

    — ¡No demores más!, ¡¡Ahora!!

    Como si me hubiera empujado, se dio cuenta que para mí una petición suya es una amable orden y la metí, pasé la cabeza, apretó su esfínter, me sentía aprisionado. El prepucio se había recogido en un pliegue fuera del ano. Soltó su presión y empujé, metí la mitad de mi polla y volvió a cerrar los esfínteres aprisionándome como si se encallara mi polla en un objeto imposible. De nuevo sentí la libertad y el paso libre, empujé una vez más y ya lo tuve todo dentro. Tocaba fondo y pared. Una pena que no se pueda ver, debe ser maravilloso, cuando se compenetra de tal manera dos cuerpos. Ahora fui yo el que hacía latir mi polla dentro de Abelardo sin sacarla ni presionar. Me sonrió. Me estaba indicando que ya no le dolía sin palabras, sino con la mejor de sus sonrisas que significaba aceptación total. Entonces inicié un movimiento de extracción y de penetración lento, por cada empellón parecía dolerle, pero el gemido no sonaba a dolor sino aplacer y comencé mis movimientos de manera mas rápida. Cerró los ojos, abrió la boca, sentí algo maravilloso y nos vinimos los dos a la vez. No pude ver lo que dejaba a mi amor en si interior, pero él, tanto me amaba, que soltó sus trallazos hasta mi pecho. En ese momento me volví a enamorar por tercera vez en un instante, sin palabras ni consideraciones, sin lógicas ni sentimientos. Era un enamoramiento de puro amor y recordé en mi pensamiento mis propias palabras: ˝Hasta más allá de la eternidad˝; al instante, Abelardo, me dijo:

    — Hasta más allá de la eternidad…

    Me dejé caer y me lo comía a besos, todo su cuerpo lo besé aprovechando los lugares donde había grumos de su semen para lamerlos y comerlos.

    — Vámonos, Doro, donde están los otros.

    — ¿No quieres que nos duchemos?

    — No; quiero que nos vean manchados de nuestro semen, quiero que me vean en la ducha de la piscina sacando por mi culo tu semen y que tú me ayudes; quiero que sepan que tú y yo somos únicos, el uno para el otro; queso que sepan que nos amamos.

    — Adelante, pues, ambos queremos lo mismo, le dije.

    Cogidos por la cintura los dos y con evidentes marcas de semen en nuestros cuerpos, nos dirigimos a la ducha descubierta de la piscina. Ya nos estaban mirando, me agaché y puse mi boca en su culo, aspiré y metí dos dedos para que fuera saliendo mi esperma. Una vez fuera, me enderecé y nos besamos bajo el chorro del agua. Nuestras pollas se volvieron a rectar y me incliné para que el me follara delante de los demás, lo hizo con toda la parsimonia, vinieron los siete a nuestro entorno y cuando nos corrimos los dos, aplaudieron aparatosamente. Y nos metimos todos a la piscina. Poco nadamos, dentro conversábamos. Nadie hizo ninguna referencia a lo nuestro ni preguntaron las razones de nuestra actitud. Pero todos entendieron una cosa: «Estos se aman». Es lo que queríamos que supieran.

    Le dije a Abelardo delante de los demás que explicara cómo sería el sorteo para la tarde y cómo es que nos ofrecíamos ambos para estar en la base. Lo hizo de una manera tan simpática que todo el mundo comprendió todo, excepto Sebastián que no entendía nada. Sebastián, sin embargo, no tenía necesidad de entender nada porque ya se tenía que ir apartamento del que faltaba desde la mañana. Abelardo, generoso como siempre, le invitó a venir tantas veces cuantas quisiera, porque Abelardo y yo íbamos a estar todo el mes. Sebastián se despidió de todos como si nos hubiéramos conocido de toda la vida. Abrazó fuerte a Abelardo y le dijo susurrando:

    — Te aseguro que vendré, tú y tu novio me habéis gustado mucho, se nota que os queréis mucho, ya me ayudarás a encontrar alguien como él, has sabido elegir.

    Abelardo no sabía qué decirle ni como decirle que fui yo el que le encontré a él y lo elegí, solo le dijo:

    — Cuando conozcas bien a Doro, entenderás porque no quiero perderlo, entre los dos te ayudaremos a encontrar alguien que te ame como nos amamos nosotros.

    Entre nosotros ocho nos organizamos unos juegos acuáticos que comprendían carreras, partidos de waterpolo de cuatro por equipo, hasta que hicimos hambre y teníamos que ir a comer. Nos fuimos al restaurante con nuestro bañador y zapatillas para poder ir por el paseo marítimo que era más directa, ya de regreso lo hicimos por la orilla del mar hasta llegar a nuestro lugar, frente a mi casa, para tomar el sol despatarrados sobre la arena y de vez en cuando y sin orden ni mandato meternos en el mar.

    Me di cuenta que, cada vez que alguno de los seis se me acercaba, Abelardo observaba discretamente o me pedía ir a nadar, lo que yo hacía gustosamente. Dentro del agua, estábamos solos y me dijo que tenía ganas de que llegara la noche para ir a dormir y dejarse de juegos. Yo le sonreía, no podía hacer ni decir otra cosa, porque él entendía que teníamos que tratar adecuadamente a nuestros amigos.

    Y todo llega, y llegó la Eiffel de dos pisos. Como ya estaba la plataforma colocada, nos metimos Abelardo y yo abrazados en la plataforma, dispuestos al 69 y entendieron todos que el asunto iba por parejas. Santi y Frasquito se levantaron y se colocaron detrás de nosotros. Martin y Canales de subieron sobre los hombros de Santi y Frasquito de cara a ellos y dándose la espalda. Para que no tambalearan detrás de Santi y Frasquito se colocaron Leoncio y Mauricio que se habían agenciado unos dildos largos. Cuando dieron la señal, mientras Abelardo y yo nos dábamos gusto mamando nuestras pollas, Frasquito comenzó a acariciar la entrada de mi culo con su polla, mientras Santi hacía otro tanto con Abelardo. Frasquito a su vez mamaba la polla de Canales que estaba sentado en su hombro y Santo la de Martín. Ambos se había cruzado sus caras para poder besarme y jugar con sus lenguas. Los sujetaban bien para que no se cayeras y tocando se las espaldas por los hombres tenía suficiente estabilidad. Martín por detrás era sujetado por Leoncio, que así vez aprovechó para encelarlo, lo mismo hizo Mauricio con Canales. Todos ocupados, pero los dildos de Leoncio y Mauricio llegaban a los culos de Martín y Canales. Sí que todos estábamos sintiendo el placer por dos lugares y así convertimos aquella torre en una torre del placer. El primero que se vino fue Canales, pues derramó su esperma en la boca de Santi, porque Mauricio lo follaba duro con el dildo. Pero Mauricio bombeaba a Santi al mismo compás que este bombeaba el culo de Abelardo. Yo me vine en la bi¡oca de Abelardo primero y luego él me dio su esperma del que no dejé escapar ni una gota, Martín eyaculó en la boca de Frasquito y este no pudo aguantar y se corrió en el culo de Abelardo.Leoncio no perdonó el atrevimiento y ya se corrió dentro de Frasquito cuando la torre se estaba derrumbando, Al final éramos un montón de carne sucia de ochos espermas, de los cuales cuatro eran de regreso de sus culos. Necesario irnos todos a la ducha antes de la cena. Cada pareja se fue a su habitación y Abelardo y yo nos follamos, mejor él me follo muy delicadamente en mí mientras yo le regalaba mi esperma sobre su pecho. Estábamos tumbados sobre la plataforma de la ducha amándonos sin cesar hasta que nos llamaron y conectamos la ducha para lavarnos. Nos secamos y salimos a cenar con todos. Estábamos con hambre y cansados, pero gozosos y gozados.

    ¡Qué pena que todas las cosas se acaban! Este era el sentimiento universal. Pues al día siguiente cada uno se regresaba a su casa. Abelardo y yo fuimos a nuestra casa para preparaos el verano restante. La alegría de encontrar a la mamá de Abelardo con mi taita la sentimos los dos. Aprovechamos para hablar del día en que el papa de Abelardo estuviera en casa para ir a visitarlo. Su mamá se comprometió en avisar oportunamente.