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  • Un verano caluroso con mi sobrino

    Un verano caluroso con mi sobrino

    Mi sobrino esperaba ansioso en la estación de autobuses. No lo veía desde que tenía solo tres años de edad. Nos visitaba desde Veracruz. Llegué un poco tarde ya que había tenido mucho trabajo en el consultorio y para ser honesta me había dado uno que otro gustito con varios de mis pacientes. Cuando lo vi apenas pude reconocerlo. Mi cuñada me enviaba fotos para que lo viera como iba creciendo, pero verlo así cara a cara era muy distinto. Yo iba vestida con una blusa de tirantes roja sin brasiere. Mis senos estaban sudorosos por el calor de Monterrey y para colmo el clima estaba fallando. Corrí hacia mi sobrino y le grité:

    -Raúl, Raulito amor, aquí estoy para recogerte.

    Mientras corría hacia el mis senos rebotaban sin control. Siempre me ha sido difícil mantenerlas en su lugar cuando corro pero es casi imposible hacerlo cuando desde los 15 tienes senos 44 doble D.

    —Hola tía, tanto tiempo sin vernos —dijo mientras me saludaba ondeando su mano.

    —Así es mi amor, imagínate, yo todavía te cambiaba los pañales —dije mientras lo abrazaba estrujándolo contra mi rebosante pecho.

    —Sí, lo se tía, ya ni me digas, ¿oye y mi primos cómo están? –pregunto con curiosidad.

    —Pues se fueron de viaje para el spring break, ya sabes les encanta la fiesta y pues me dejaron sola.

    —A que malos, pero pues yo estoy aquí pues, ya no vas a estar tan solita tía.

    —Si mi amor, espero y no te vayas a aburrir conmigo pasándote el verano con tu tía tan vieja y aburrida.

    —¿Vieja y aburrida?, claro que no si eres súper divertida y con esa figura tan sexy que tienes no creo que nadie se atrevería a llamarte vieja, te ves preciosa tía.

    Su comentario seductor me sorprendió un poco, pero la verdad es que me gustó mucho. Los pezones se me habían puesto erectos en un instante y note en su mirada de que él se había percatado de eso.

    —Muchas gracias amor, pues si me ejercito un poco, ya ves lo que dicen, “el ejercicio te mantiene joven”.

    —Y vaya que tienen razón.

    Lo mire por un momento me mordí el labio pensando en todo lo que podría hacer con él y le ayude a subir las maletas al auto.

    Mientras conducía el no dejaba de mirar disimuladamente el escote de mi blusa. El sudor caía por mi cuello lentamente hasta las grandes llanuras de mis senos. El parecía contar cada gota con sumo cuidado.

    —Perdón por el calor tan fuerte amor, es que el clima no funciona y los mecánicos no han podido encontrar la pieza que falta.

    —No te preocupes tía, llegando tomare un buen baño, la verdad es que me hace falta.

    —Oye y cuéntame de ti, ¿qué has hecho en todo este tiempo mi cielo? ¿Tienes novia o algo así?

    —No hasta ahora no he tenido ninguna novia, me he enfocado solo en deportes y estudios, tuve alguna que otra chica en la secundaria pero nada serio.

    —Oh ya veo, pues es bueno que tengas tus prioridades bien definidas y le dediques tiempo suficiente al estudio, aunque también es bueno ir juntando experiencia amor, ya sabes en eso de las relaciones.

    —Pues si pienso que tienes razón tía, pero… sabes a veces creo que no soy tan bueno con las mujeres, trato y trato pero me dejan en la zona del amigo siempre.

    —En serio, pero si estás hecho un bombón, yo jamás te dejaría en la zona de amigo, estás para comerte completito mi amor —dije con una sonrisa pícara.

    Él se puso muy rojo y agachó la mirada.

    —¿Puedo confesarte algo tía?

    —Claro que si mi amor, tu puedes confiar cien por ciento en mí.

    —Cuando tenía como 13 años mi papa y mi mama me mostraban fotos de la familia, y fotos tuyas y bueno… tú fuiste mi primer amor platónico.

    —¿En serio? —dije mientras soltaba una carcajada nerviosa.

    —Sí, no te burles por favor —dijo algo apenado.

    —Perdón, perdón mi cielo, eso es muy bonito, y dime, que fue lo que te gusto más de mí.

    —Pues tienes una cara muy bonita, y un cabello muy largo y sedoso.

    —¿Solo eso te atrajo de mí?

    —No, no fue solo eso.

    —¿Qué más?

    Llegamos a casa y apague el auto justo enfrente de la cochera.

    —Me gustaron mucho desde que los vi, tus senos son los más hermosos que he visto en la vida. No he visto unos así de bonitos ni en el porno, y desde que estaba más pequeño me mataba una duda, pero no me atrevía a preguntar.

    No podía creer lo que me estaba diciendo, debió tomar mucho valor para reunir los huevos para decirme eso sin miedo a que me enojara, y me gusto su valentía así que le seguí el juego.

    —¿Cuál duda era la que te aquejaba desde hace tanto?

    —Siempre me pregunte por el tamaño, que si eran senos naturales o de silicona.

    Yo mordí mi labio de nuevo tratando de calmar mi excitación, pero era en vano, mi vagina ya estaba muy húmeda.

    —¿Por qué no metes la mano y la averiguas por ti mismo? —pregunte mientras estiraba el borde de mi blusa hacia adelante para que su mano entrara fácilmente.

    El me miraba nervioso, casi podía escuchar su corazón latir al máximo. Había comenzado a sudar aún más y el también.

    —Demuéstrame que tan hombre te has hecho, vamos a ver.

    Sin pensarlo metió rápidamente su mano derecha mientras se giraba hacia mí. Sentí como apretaba con fuerza y firmeza mi seno izquierdo. Aquello era un desborde de pasiones con tan solo un simple movimiento. No pudo retenerse más y con la otra mano tomo mi seno derecho. Las masajeaba violentamente y se quedaba viéndolas aun en la prisión de algodón que le impedía observar aquellas gloriosas llanuras de carne que tanto había añorado descubrir.

    —¿Por qué no me subes la blusa? Y así te ayuda a darte cuenta mejor de sí son naturales o no mi cielo.

    No lo pensó dos veces y levanto mi blusa y sin previo aviso comenzó a mamar mis pezones, como un niño hambriento. Yo disfrutaba de cada mordisco de sus dientes y cada beso de sus suaves y dulces labios. Acariciaba su cabeza mientras el desenfrenado comía mis grandes senos hasta saciar su hambre de pecho. No pude resistir más y lleve mi mano hasta su entrepierna. Me encontré con su pene duro como el acero casi haciendo un agujero a sus jeans Levi’s.

    —Vaya que si creciste sobrino.

    Continuará.

    En mi perfil están mis datos para contactarnos, mi correo es [email protected] y en Facebook búsquenme como Dradelsexo los espero para platicar.

  • Una fantasía que queremos vivir

    Una fantasía que queremos vivir

    Quiero contar la experiencia que quiero vivir. (Queremos vivir, en compañía de mi esposo) una parte yo escribí, otra parte escribió él.

    Antes de iniciar debo decirles que ya soy una mujer de 40 años que ha tenido una vida plena y feliz, sin embargo no he experimentado las emociones fuertes de tener un amante y es precisamente eso lo que me gustaría experimentar y vivir, pero no los clásicos encuentros esporádicos que todos los hombres buscan donde solo ellos disfrutan y gozan, no, ese tipo de encuentros los encuentras en cualquier lugar.

    Yo busco algo diferente aunque parezca lo mismo de tantos otros encuentros.

    Busco un hombre cabal, atractivo para mi, solvente, educado, capaz de tomar sus propias decisiones sin afectar a nadie (en caso de ser casado o estar comprometido) que no tenga vicios y sepa disfrutar la vida.

    Lo anterior debido a que me gustaría que dicho hombre sea mi amante de planta para poder llevar a cabo muchos juegos y fantasías tanto solos como en tríos hmh al lado de mi marido,

    Todo sin compromiso alguno, solo quiero a alguien dispuesto a jugar el juego de la seducción, un amigo con quien poder salir de vez en cuando solo por el placer de la compañía, y también tener la confianza de que me llame o lo llame para decir tengo ganas de ti y salir a tener esa mágica intimidad, que me haga sentir su mujer y me consienta en todos los sentidos, que sepa que puede contar conmigo para todo desde una amena charla hasta un fin de semana completamente solos como pareja.

    No, no te confundas, no quiero que me mantengan o que me paguen por encuentro, solo que estés consiente que cubras todos los gastos que se generen y me consientas con pequeños detalles desde un sencillo helado o un café pasando por la clásica lencería, hasta un perfume, flores, o joyería lo que sea que nazca de ti yo no te voy a estar pidiendo nada y este tipo de atenciones me agradaría sean ocasionales y no por obligación

    Ups creo que ya me extendí demasiado en como me gustaría ese amante.

    Ahora pasare a lo que me agradaría vivir, experimentar:

    Conocer a ese hombre cabal que será mi amante, mi hombre, mi macho y que desde aquel primer café en una bonita tarde el día que nos conozcamos (los tres aclaro), me tenga tan absorta que solo desee verlo a el aunque mi esposo este presente. Que sea tan atractivo para mi que me haga sentir ese sentimiento de cuando te seducen por primera vez. Y el solo hecho de verlo de escucharlo e incluso de oler su aroma tan varonil me tenga extasiada de una manera distinta tan fascinante que no conocía.

    Una mezcla de deseo ardiente y temor, un instinto salvaje sexual y una señora distinguida que oculta muy bien toda la lujuria que albergaba en lo más profundo de mi ser.

    Unos zapatos finísimos me hacían más provocativa aún.

    Interiormente llevaba un bikini de color blanco y un sujetador del mismo color el cual apenas cubría la aureola de sus preciosos senos y además los realzaba haciendo lucir mi escote.

    Iba así vestida porque mi amante, me lo pidió y me regalo todo el conjunto. Parecía a punto de irme al trabajo.

    Además, se comportarme como toda una mujer y en su caso provocativa y me encanta disfrutar según que tipo de situaciones se presenten.

    Llegaron y fue en ese momento que pude observar la corpulencia del semental de mi mujer, nos levantamos para dirigirnos a la habitación y él le ayudo muy caballeroso como si él fuera el esposo, yo iba unos pasos detrás, como si fuera un mero transeúnte que observa a una pareja caminando muy juntos y enamorados ya en el ascensor el deslizó su mano y cogió de la cintura a mi mujer, me cuesta decirlo pero hacían una gran pareja. Él es un chico que a diferencia de mi, se cuida mucho y se nota.

    Ahí en el ascensor le dio un beso a mi mujer.

    Tiene un cuerpo como le gustan a mi mujer, no muy musculoso, no muy flácido, firme y estético. Es exquisitamente educado y respetuoso con mi esposa y la trata en la calle con absoluta normalidad pero con mucho cariño, dulzura, ternura y simpatía. Sin caer en excesos.

    En cuanto a mi me trata con gran cordialidad, amigablemente, también con mucho respeto y educación pero el tono de su voz, aunque es tranquila, firme y armoniosa, esconde implícitamente en las palabras que me dirige un mensaje en forma de cómplice, de macho principal me hace entender muy bien y a lo que yo le contesto respetando el momento y el juego.

    Respecto a ella que decir, estaba preciosa con su vestido blanco ceñido y sus bonitos zapatos de pequeños tacones. Llevaba el pelo cogido en una coleta. Si se ponía a contraluz, se veía perfectamente su espléndida figura como si fuese desnuda. Podría apreciarse con facilidad el contorno de los senos de mi mujer y su firme culito.

    Cruzamos el pasillo los tres yo siempre iba ligeramente detrás de ellos. El llevaba unos vaqueros ajustados que permitían vislumbrar un paquete de considerable tamaño y ella se dio cuenta enseguida.

    Una vez dentro de la habitación como si él hubiese leído mis pensamientos, bajó discreta y lentamente la mano hasta el culo de mi mujer y lo iba acariciando y sobando acompañado del tremendo balanceo de caderas que mi mujer tiene.

    Desde el momento en que entramos los tres, supe que yo había desaparecido a los ojos de mi mujer. Parecía como si yo no existiera, como si yo no estuviera en la habitación empezaba a sentirme como en otra dimensión como si yo no existiera para ambos.

    Era un sentimiento de invisibilidad e impotencia que inundaba mi mente y que abarcaba todos mis pensamientos. En ese momento comencé a sentir excitación yo sabía exactamente que era un juego que yo ambos mi esposa y yo habíamos planeado y que deseaba en lo más profundo de mi ser que continuara. Esa mezcla de expectativa y excitación hacia que me sintiera a gusto conmigo mismo pero a la vez me fascinaba.

    Se miraban uno al otro casi sin pestañear, a menos de 10 cm de distancia. Se deseaban ya, allí mismo. No hacían nada pero el ambiente estaba inundado de deseo y pasión podía notarlo perfectamente. Ellos iban cogidos de la mano como una pareja cualquiera.

    Mi mujer había fantaseado con la idea de sentir a un verdadero macho, pero nunca había tenido esta sensación de deseo de entrega total, en cuerpo y mente. A él le conoció como había conocido a otros por internet. Pero los demás no lograron cautivar la. En cambio, el llamó su atención desde el primer momento. Pensaban… Sentían… Se expresaban igual. En su interior sentía la necesidad de conocerlo y sabía que tarde o temprano ocurriría. Y ese momento había llegado. Se encontraba allí, junto a él, expuesta delante mío y un escalofrío, mezcla de miedo y satisfacción, recorrió su cuerpo. Aquello suponía la entrega total a otra persona y harían cosas que ella por si sola no hubiese podido hacer. Estaba nerviosa, pero deseaba que ocurriese lo que iba a pasar.

    Su nuevo macho ordenó que yo la desnudara muy lentamente. Oír su voz dándome la orden volvió a hacerla estremecer, pero sin dudarlo ni un momento comencé a descubrir su cuerpo ante los ojos de él.

    Deslizó los tirantes de su vestido por sus hombros y lo dejó caer al suelo, dejando a la deseosa vista de el su precioso cuerpo macizo llevaba un minúsculo bikini blanco y se quedó con los zapatos puestos. Sin que él se lo ordenara, ella levanto los brazos entrelazando las manos tras la nuca y abrió ligeramente las piernas, de forma que su mano pudiese examinar su intimidad. Eso me sorprendió pero me gusto, él se acercó a ella y depositó un suave beso en sus labios recorriendo con su lengua el contorno de su cuello, besando de nuevo el lóbulo de la oreja mientras con las yemas de los dedos de la mano derecha empezó a acariciar sus pezones, primero con suavidad, pasando después a lamerlos, chuparlos, pellizcarlos. Ella emitió un pequeño suspiro mientras él repetía la operación alternativamente en cada uno de sus pechos. Después deslizó su mano hasta llevar al pubis.

    – así me gusta, -dijo él-, bien depilado abajo arreglado arriba y muy mojadito

    Metió la mano entre las piernas de ella explorando su sexo, desde el clítoris hasta la vagina pasando los dedos por los labios, sin dejar un solo rincón sin examinar. Ella volvió a gemir.

    -vaya, veo que ya estás húmeda. Ven… -dijo sacando las manos de su coño, tras lo cual la cogió del brazo y le dijo que la acompañara. Ella no sabía a dónde iban, pero se mostraba tranquila y se dejaba guiar. La echó sobre la cama. La cogió de la cadera y la acercó hacia él. Me miro y me pregunto que como es que no le había presentado antes a mi mujer, ya que él estaba buscando a una hembra como la mía desde hacía mucho tiempo y nunca la había encontrado.

    -y ahora ya es mía, soy su nuevo marido, su nuevo macho.-a lo que yo asentí.

    Se dirigió a ella y le dijo:

    –túmbate boca abajo, en mis rodillas

    Ella al instante supo qué era lo que iba a pasar. La iba a dar un masaje en su trasero hasta arrancarle un gemido, para empezar a disfrutar. La simple idea le hizo estremecer. Siempre había sentido el deseo de probar otro hombre, pero ahora que la fantasía se iba a hacer realidad, pensó que no podría resistirlo. A pesar de ello y aunque las piernas le temblaban de forma incontrolada, consiguió tumbarse sobre él. Entonces notó que él estaba completamente desnudo, pues sintió su piel directamente contra la suya y notó su pene erecto contra su vientre. Cuando estuvo recostada, el posó su mano sobre las nalgas y las acarició suavemente. Después ayudándose de la otra mano, separó las nalgas dejando toda su intimidad al descubierto…

    -sepárate bien…

    Ella lo hizo como por impulso, sin dudar. Durante un rato estuvo jugando con su culo y masajeándolo, como si quisiera calentarlo, hasta que por fin se detuvo

    El bikini blanco se le había metido totalmente entre los labios de su sexo y de su culo.y durante unos segundos, no ocurrió absolutamente nada. De repente, cuando menos lo esperaba, sintió el primer lengüetazo. Los primeros le parecieron suaves. Los siguientes eran algo más firmes todo era un juego de morbo y complicidad. Y ambos lo sabían. Ella empezó a gemir más por ese morbo, aun así, acabó con sus nalgas todas llenas de saliva listas para el siguiente paso.

    Desde luego, nada de lo que había hecho hasta entonces la había hecho sentirse así, pero sobre todo se sentía excitada. Completamente excitada de una forma muy intensa y morbosa. Le oyó moverse por la habitación. Se alejaba y se acercaba. No sabía bien qué hacía, pero se sentía segura. Era una sensación extraña que nunca había experimentado, pero confiaba plenamente en él.

    Note cómo se sujetaba a una sábana la arrodilló frente a un espejo y le dijo que abriera la boca. Ella parecía resistirse. Él le dijo: «eres mi putita y debes complacerme». Ella asintió y empezó a lamer su verga. Notaba cómo aumentaba entre sus labios. La mamaba con tanto deseo que él tuvo que hacer esfuerzos para no venirse. Le ordenó que se alzara y se pusiera a cuatro patas sobre la cama. Así, ofrecida, él empezó a acariciar de nuevo su vulva hasta notarla otra vez mojada. De pronto, notó que algo la penetraba. Pero no era su pene. Era un consolador de un tamaño pequeño pero más grande que mi pene. Con movimientos rítmicos muy seguidos la condujo al borde del orgasmo, aunque no permitió que llegara a él. Cuando estaba a punto de hacerlo, él se detuvo y dejó el vibrador dentro de ella. Con él en su interior, notó cómo su macho se colocaba ahora frente a ella y sin más preámbulos, le introdujo de nuevo su miembro en la boca.

    Mientras sentía sus labios llenos de la virilidad de su macho, notaba la incesante vibración del aparato que ocupaba su vagina. Sintió como aquél falo crecía en su garganta. Chupó y lamió hasta provocarle una tremenda erección. El me ordeno que me pusiese detrás de mi mujer y siguiese con lo que él había empezado, mover y mover ese pedazo de verga de látex dentro del coño de mi mujer, que estaba disfrutando al máximo. El mientras me decía que mirase y aprendiese de dos machos verdaderos, él y su verga de látex.

    El salió de su boca, me quito de en medio de un empujón y le sacó el vibrador de golpe. Cogió el bikini de y se lo arrancó de un tirón para pasar a ocupar el lugar del vibrador.

    Le gustaba verla así, apoyada en los antebrazos, con la frente tocando el colchón y las piernas muy abiertas, para que de esa forma tuviese el culo muy en pompa y todas sus partes accesibles. Él se puso de pie tras de ella y, muy lentamente, metió su polla en el coño. Lo hizo apenas sin dificultad debido a lo mojada que ella estaba mi mujer me miraba con los ojos muy abiertos y respirando entrecortadamente; enseguida supe que nada de ese calibre le había entrado antes por su coño.

    La cogió por el pelo y la obligo a acompasarse a sus movimientos. Ella pensaba que no iba a tardar en correrse, pero cuando pensó que estaba al límite, el salió de repente dejándola vacía e insatisfecha. Notó su decepción y se acercó hasta el oído de ella para susurrarle:

    -no pensarías que iba a dejar que te corrieras ya, ¿verdad…?

    -sí, por favor…- contestó ella. Él se limitó a responder calma, calma tenemos toda la noche

    Te correrás cuando yo desee, ¿entendido…?

    Volvió a ensartarle el vibrador en su vagina y se dispuso a penetrar su culo en una especie de doble penetración. Le excitaba terriblemente la idea de desvirgarlo. Se puso de pie delante de ella de manera que la tremenda verga de ell quedaba a la altura de la cara de mi mujer. Tal era el deseo mutuo y la atracción magnética entre ambos.

    -si, cógela. Es tu nueva verga, la que llenara tu vida de ahora en adelante. La que llevas años esperando y anhelando. – dijo él.

    Ella la cogió con las dos manos voluptuosamente. La acariciaba, la sobaba, la apretaba, la masturbaba… la deseaba. Adoraba a su nuevo dios y a su espectacular falo.

    Yo me encontraba sobreexcitado y de ver como el hacía gozar a mi esposa sentía envidia

    Él le susurro algo al oído a mi esposa quien sonrió de oreja a oreja de una manera tremendamente lasciva, podía adivinar en su mirada de desdén y burla hacia mi miembro viril que no competía ni con el de látex ni con el de su nuevo macho semental.

    Le dio la vuelta y se puso sobre ella. La penetró de nuevo, ahora cara a cara. Después de varios empujones, ella volvía a estar a punto y él la follaba como un poseso. Ambos gritaban como bestias, totalmente poseídos por la lujuria. Él le dijo que ya podía correrse. Ella no tardo ni 10 segundos. Y luego vino otro orgasmo, y otro, y otro… estuvieron así más de 30 minutos. Mi mujer estaba preciosa, ahora ella se sentaba encima. Yo la veía disfrutar como nunca antes, se movía de una manera frenética

    Se contorneaba de mil maneras sentada encima de la tranca de él, sacudiendo sus pequeños pechos que saltaban sin control, golpeando en la cara de su macho quien apenas atinaba a besarlos, a chuparlos, a cogerlos con sus manos.

    Ya llevábamos más de 3 horas de sexo ininterrumpido, pero los dos amantes se comportaban como si hubiesen empezado hace 5 minutos. Sus cuerpos eran solo uno, sudorosos y acalorados. Nunca había visto algo así.

    Él se detuvo y le susurro que le iba a coger por el culo. Mi mujer está acostumbrada a hacerlo conmigo y le apasiona. Pero una cosa es mi humilde pene y otra es meterse en el culo una verga descomunal como la de él.

    -uf, no sé si entrara- le dijo ella un poco temerosa.

    El por toda respuesta soltó una gran carcajada.

    Le dio la vuelta, la apoyo a cuatro patas en la cama y me llamó.

    Pon vaselina en el culo de mi mujer ¡ahora! -me espetó.

    Procedí a hacerlo lo más rápido que pude. El me aparto bruscamente, cogió con sus grandes manos el culazo de mi mujer y sin mediar palabra, le ensarto su tranca en el culo poco a poco. Mi mujer aulló como una loba. Dos grandes lágrimas caían por sus mejillas pero no hacía falta mucho para darse cuenta que ya desde la primera embestida, se había acomodado y acompasado al ritmo frenético de él. Ella estaba casi en trance, gritando y gimiendo como una autentica zorra. El, a la par que la sacudía como a una muñeca, se acercó a la cara de mi mujer. Mi esposa buscaba con frenesí la boca de ángel totalmente fuera de si, se besaban como dos novios apasionados, se mordían las bocas como un león y una leona apareándose. Ella se corrió varias veces y finalmente él se salió del culo de mi mujer. Se limpió el gran mástil y regreso para volver a ensartarla ahora por la vagina.

    Yo me acerque con una toalla para cada uno, dando gracias pensando que la sesión ya se hubiese terminado. El me miro y me dijo.

    -acabo de empezar a disfrutar de mi nueva mujer. Dirigiéndose a ella dijo: ponte de rodillas y chúpame la, polla. La quiero erguida de nuevo en menos de un minuto.-

    Mi mujer se arrodillo y con una sonrisa que me hizo desearla como nunca, empezó a trabajarse la verga de él. Qué manera de chupar pene la de mi mujer. Eso es verdadero arte. El cipote de el ya estaba como un mástil y a mi mujercita le habían sobrado 45 segundos, la muy…

    Él estaba disfrutando con la tremenda mamada que le hacia mi mujer. Creo que antes tenía otro plan inmediato, pero fuese cual fuese, lo dejo ir. Estaba totalmente entregado a la boca y las manos de mi esposa.

    La felación duró más de 10 minutos, ella estaba entregada como una profesional a su labor; chupaba y chupaba sin dejar ni un centímetro de la verga y los huevos de él. Arrodillada ante su nuevo macho sacudiendo su melena de leona mientras se comía ese enorme miembro…

    De repente el grito y se sacudió con grandes espasmos. Se corrió en su pecho, en su cara y en su boca. Por último, la obligó a limpiar su verga ahora flácida lamiendo hasta la última gota.

    -bueno, ahora quítate el bikini y el sostén… y sus ojos se clavaron en los de él. Se miraban y deseaban empezar otra vez, yo podía sentirlo.

    -oigan ya son las 12 de la noche, tal vez podríamos pensar en terminar ¿no?-dije

    No me oyeron. Creo que mi mujer ni siquiera se acordaba de que yo estaba allí. Estaban de pie. El a abrazo por detrás. Se besaron otra vez, con las manos cogidas.

    Mierda, el falo de él volvía a reclamar su ofrenda. Solo con pegarse al culazo de mi mujer, cogerle sus dos preciosos pechos y devorarle la boca, ya estaba listo para el combate.

    Le dio la vuelta a mi mujer, ahora estaban cara a cara. La levanto a horcajadas y la llevo a la cama de nuevo. La tumbo y se giró hacia mí:

    – estimado amigo, lo que vas a ver no te va a gustar pero te vas a aguantar porque tu mujer es de mi posesión y haré con ella lo que le venga en gana a ella y a mi. ¿Algo que objetar? Con un movimiento de mi cabeza dije no, y agregue desde este momento te entrego a mi mujer cada que vengas ella está a tu disposición.

    El subió a la cama y se acercaba lentamente a ella caminando a gatas. Sonreía como un lobo acechando a su presa. Ella intuyo lo que iba a pasar y se echó hacia atrás, cerrando las piernas

    Oye… -le dije- ¿no pretenderás…?

    -¡cállate! -me dijo- ¿es que te he preguntado?

    Abrió las piernas de mi mujer de un solo tirón. Ella no quería pero no podía hacer nada ante la fuerza de su macho. Se posiciono entre sus piernas abriéndolas con las suyas. Le agarro las dos muñecas y le abrió los brazos. Su verga entro como una alimaña en la madriguera, sacudiéndose, gritando, vociferando. Estaba loco de placer. Para mi desazón final, el rictus de mi mujer cambio en breves instantes. Ya no se oponía a él, le dejaba entrar, le cogía del culo muy fuerte con las dos manos, se movía debajo del cuerpo de él como una posesa. Y de hecho, estaba siendo brutalmente poseída. Pero a diferencia de roda la tarde y noche, no se corría.

    -siiiii, soy tuya… hazme sentir por fin como una hembra en mi vida… te deseo para siempre, te quiero siempre conmigo… dámelo… dámelo! Haz que mi esposo sea un auténtico cornudo!!!

    Yo estaba atónito por las inusuales frases que profería mi esposa no la reconocía pero me gustaba, si, me gustaba y mucho, yo también estaba mojado…

    Estuvieron así más de una hora finalmente, llego una explosión final que retumbo en toda la habitación. Con unos gemidos de placer desbordado, ambos se corrieron a la vez. Ella gritaba termina dentro, préñame el escupía su semen una y otra vez en el sexo de mi mujer, con unas descargas tales que pensé que se iba a romper la espalda y le decía si te voy a preñar te voy a dejar panzona, ella se retorcía de placer debajo, recibiendo y guardando ese tesoro que él había depositado en su interior. Tal era el placer que recibía que estaba arañando y haciendo sangrar la espalda de él y repetía tu si eres un macho.

    -dios, ha sido el mejor orgasmo de mi vida-dijo ella. Él sonreía complacido.

    Tardaron unos minutos en recobrar el aliento. Permanecieron abrazados, exhaustos pero felices por todo lo ocurrido.

    Sabían que, a partir de ese momento, les iba a resultar muy difícil esperar a una nueva ocasión para verse pues por su trabajo de él solo vendría unas tres veces al año. Se besaban ya de una manera suave y apasionada tumbados ambos en la cama. Pensé se terminó por hoy… pero él me dice:

    -amigo, vístete y vete, tu labor aquí ya ha terminado, te rente una habitación ahora por favor dejamos solos, cómo pudiste darte cuenta ella está en muy buenas manos y ya es tiempo que disfrutemos solos, otro día con gusto te invitamos.

    Eran más de las 3 de la mañana. Mire suplicante a mi mujer. Ella me miro como si mirase a un adorno de la habitación y se dio media vuelta abrazando a su macho, comenzando a mordisquearle el lóbulo de la oreja.

    Me vestí y me fui hacia la puerta. Antes de cerrar volví a echar una última mirada. Ambos yacían abrazados y parecían quedarse dormidos en la quietud de la noche. En ese momento desee que no hubiera charlado con él por internet y no haber hecho la cita que hicimos para conocernos en verdad nunca imagine que un hombre tuviera esa capacidad sexual y que fuera el inicio para el de despojarme de mi mujer y convertirla en su mujer de juegos como una muñeca cada que visitara la ciudad, solo me consuela que la atenderá como reina y la consentirá en todo, como yo mismo le dije a partir de ese momento ella era suya y cada que estuviera en la ciudad estaba a su disposición y yo para servirles a ambos con la esperanza que de vez en cuando me permitan participar y hacer un trio hmh.

    Esa es nuestra fantasía y solo es para uno que tenga la solvencia de llevarla a cabo con nosotros. Esperamos opiniones en nuestro correo.

  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (35)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (35)

    Los días pasaban, la normalidad había regresado a nuestras vidas sirviendo de paz y sosiego. Habían transcurrido dos semanas desde que Pablo se marchó y no habíamos tenido acontecimientos reseñables salvo unos pocos.

    A partir del lunes tenía mis tareas que cumplir, preparar las clases de mayores en la hacienda de don Ernesto y seguir las instrucciones de Guido y Oleguer, mis profesores, para hacer mis propios estudios.

    Hablaba todos los días de la semana con ellos recibiendo sus consejos y pasándoles los ejercicios cumplidos, para volverlos a recibir con las observaciones de los errores que cometía.

    El padre de Álvaro me autorizó, pues ya tenía mi licencia de conducir, a coger el coche que necesitara para mis desplazamientos, pero Victoria, prudentemente, sugirió que mientras hubiera nieve en las carreteras y caminos sería preferible que otras personas más diestras me llevaran y trajeran.

    Precisamente estábamos pasando una dura temporada en lo que a nevadas y fríos intensos se refería, y las previsiones de los hombres entendidos no eran muy esperanzadoras, preveían que tendríamos nevadas, acompañadas de frío y vientos, hasta la primavera.

    Como ya adivinaba de antemano la labor de recogerme cada día recayó, preferente en Marcos, a veces era Eliseo y muy raramente algún otro joven empleado de don Ernesto. Me trataban bien y con respeto, dentro de lo que era habitual, y a veces dejaban salir a la superficie su creencia de seres superiores por ser viriles y machos.

    Nada que yo no pudiera torear, o esa era mi creencia. Me recogían después de la comida y una pequeña siesta que acostumbraba a tomar, para relajarme de la intensas horas de estudios donde me esforzaba todo lo que podía y era capaz. Eliseo y Marcos no atendían las clases, no las necesitaban como tampoco los empleados mas jóvenes. Se trataba de los mayores que no habían podido cursar estudios de tipo alguno.

    Cuando faltaban minutos para finalizar la clase llegaba Marcos, se colocaba displicentemente apoyado en la puerta, con las manos dentro de los bolsillos de su vaquero adoptando una pose de aparente indiferencia.

    A veces le miraba y él me sonreía haciendo gestos con los labios, preguntando sin palabras cuando terminaría la clase, su actitud me hacía gracia y no podía contenerme de mirarle en su actitud altiva de hombre de campo.

    Los pantalones vaqueros le eran habituales, como si no tuviera otros que ponerse, con una camisa a cuadros, de fuerte tela que a veces llevaba por fuera y abierta, enseñando una camiseta de cuello de barco por donde se le salían los duros y abundantes pelos del pecho.

    Seguramente no fuera su intención, pero parecía que le gustaba exhibir sus atributos viriles, de verdad bien remarcados bajo la ajustada tela que no escondía la longitud y grosor de la verga corriendo por la pernera, ni las dos redondas y abultadas pelotas que eran sus testículos.

    Todo un sensual y erótico espectáculo que me mostraba desde los metros que nos separaban, aprovechando que los alumnos me miraban a mi y le daban la espalda se rascaba las gordas bolas como si le picaran incitándome.

    De todas las maneras eran un juego, pues luego sin hablar mucho, solo algunas bromas que me hacían reír, o me sonrojaban por lo atrevidas que eran, me llevaba a casa dejándome sano y salvo.

    Pablo comenzó llamándonos todos los días, eran llamadas cortas, de escasos y contados minutos, podría haberlo hecho yo sin esperarle, pero no quería distraerle de sus ocupaciones.

    Álvaro parecía que deseaba recuperar las horas que nos dedicó a Pablo y a mi el día de la despedida. Continuaba llegando tarde la mayoría de los días y marchándose temprano a la mañana siguiente. Nuestras relaciones personales eran calmadas y tenía que ser yo quien le provocara sexualmente, dando como resultado que fuera quien le hiciera el amor o bien una mamada de verga que le dejaba más que satisfecho.

    Personalmente lo disfrutaba aunque yo no me corriera, o lo hacía estimulándome con la mano, o cuando le enterraba mi verga en el culo follándomelo, a pesar de no ser mi papel preferido aprovechaba esos momentos, pero era un gustazo verlo a él disfrutándome la boca y como se corría entre gritos para acabar agradeciéndome lo que le hacía.

    ¿Me estaba comenzando a acostumbrar a mi nueva vida? Para que me voy a engañar, había de todo y echaba de menos a Pablo, a su apasionada forma de hacerme el amor, y su dominio de macho sobre mi.

    Lo pasaba bien con Álvaro aunque era, a todas luces, insuficiente para la calentura que yo llevaba, pero así estaban las cosas.

    ———————————

    Algo cambiaría en breve, para bien o para mal, mi destino estaba ligado a los hombres, varoniles y machos bien dotados, y creo que ellos, como buenos perros de presa, me olían, se daban cuenta de mi estado hormonal de continuo deseo sexual.

    El segundo sábado, tras la marcha de Pablo, tuve una inesperada visita, o quizá fuera para Victoria y don Mateo. Una de las chicas de servicio llamó a la puerta avisándome de que Victoria quería saber si estaba libre, y si era así que bajara al primer piso.

    En un principio me pareció extraño que me hiciera llamar por terceros, casi siempre era ella la que se llegaba a nuestra habitación si quería hablarme. Aprovechaba para curiosear y recolocar algún adorno de los que abundaban en estanterías y paredes, copas y trofeos ganados por Álvaro en su juventud, y de la universidad, medallas o fotos recibiendo los premios.

    Pasé por el baño para lavarme, llevaba varias horas estudiando, vestido con un simple y holgado pantalón con camiseta de tirantes, me lave de nuevo la boca y sin recoger los papeles me dispuse a bajar.

    La visita de verdad resultaba una sorpresa, no la había vuelto a ver desde la fiesta de despedida de Pablo. Irina estaba sentada al lado de don Mateo, nada del otro mundo si no fuera porque la muchacha le cogía la mano al señor en actitud cariñosa.

    -Acércate Ángel, ya conocer a Irina. -está no esperó a que yo me acercara, se levantó con rapidez y llegó hasta donde yo estaba algo asombrado, sus largas y estilizadas piernas las tenía embutidas en un pantalón floreado como si fueran medias, un ajustado jersey de color azulado le resaltaba los pequeños senos logrando que aparentaran ser más grandes.

    La bella muchacha me echó los brazos al cuello como si se tratara de mi mejor amiga de toda la vida.

    -Parece que terminas de levantarte. -me estampó dos sonoros besos en cada mejilla, cerquísima de la comisura de la boca, me cogió la mano y me llevó hasta el sofá quedando sentada con don Mateo a un lado y yo al otro.

    -Te quedarás a comer cariño, Álvaro no vendrá y así puedes hacer compañía a Ángel, nos gustaría que estuvieras. -la chica miró a don Mateo y este la sujetó por el brazo pidiéndole que aceptara.

    -De acuerdo, pero solo si Ángel no se opone. -la chica cargaba la responsabilidad sobre mi para que aceptara, la persona de los tres del que menos importaba la opinión.

    -Creo que puedes hacerlo si no tienes algo que te lo impida.

    -De acuerdo ya está decidido, llamaré a mamá para decirle que me quedo con vosotros. -se alejó hacia uno de los ventanales para usar su móvil y en dos minutos volvía a sentarse a nuestro lado.

    Puede enterarme que había estado un año estudiando en otro país, ampliando sus conocimientos de inglés antes de empezar en la universidad en Septiembre y así estuvieron los tres hablando durante una hora que se pasó con rapidez, yo solo intervenía cuando se dirigían directamente a mi, y a Irina le debió parecer que me aburría a pesar de estar interesada en mis clases.

    -Mientras llega la hora de la comida podemos subir y me enseñas lo que haces. -no tuve que decir que sí o no, se puso de pie y alegremente me cogió de la mano para salir al repartidor donde estaba la escalera.

    Abrí la puerta de la habitación e Irina se quedó indecisa.

    -Pasa, ¿no querías ver mis trabajos? -al traspasar el umbral se detuvo de nuevo mirándolo todo con detenimiento. El cuarto no estaba muy ordenado a pesar de que las muchachas de la limpieza lo habían recogido y hecho la cama, alguna ropa sobre una silla, unos zapatos que había pensado ponerme y sobre todo papeles sobre la cama y el escritorio, testificaban que aquella habitación era donde pasaba las horas.

    -¿Compartes la habitación con Álvaro? Es una casa grande y tiene habitaciones de invitados… -me di cuenta de mi gran error y quise quitarle importancia.

    -Álvaro me ofreció su ordenador y escritorio y lo utilizo para comunicarme y estudiar. -sabía que no engañaba a la perspicaz y bella jovencita, pero no insistió y se sentó en el borde la cama cruzando las largas piernas enfundadas en la tela floreada.

    -Ven Ángel siéntate a mi lado y hablemos. -supuse que todo estaba planeado, y que el querer subir al primer piso era una excusa para quedarse a solas conmigo, me sentía sobre ascuas y la curiosidad me podía, sabiendo, intuyendo más bien, que no sería algo de mi agrado lo que teníamos que hablar pero hice lo que me pedía y me senté junto a ella.

    -Me gustaría ser tu amiga Ángel, me has caído bien. -sonreía con dulzura empalagosa y la dejé que siguiera.

    -Eres inteligente y te habrás dado cuenta de que siento algo por nuestro amigo, mejor te lo puntualizaré, estoy enamorada de él, desde que era niña amo a Álvaro, lo que esperábamos todos era que cuando fuera mayor nos comprometiéramos, y parece que tenemos algunas dificultades para que se cumpla lo que estaba previsto. -mantenía una postura hierática y solemne, con la espalda recta y erguida.

    -Nunca me ha dicho Álvaro que estuviera enamorado de otra persona distinta… -hizo un gesto con la mano interrumpiéndome y me colocó la mano sobre el muslo.

    -No me interrumpas por favor, es mejor que te explique lo que pienso sin distracciones innecesarias.

    -Álvaro no está enamorado de mi, me quiere como a una hermana pequeña, eso ha sido obvio desde hace tiempo para todos, no obstante tenía la esperanza de que por otros motivos me pidiera que fuera su novia, para darle los hijos que Victoria y Mateo esperan con ilusión, cubrirle la espalda y taparle de cara al publico sus otras inclinaciones sexuales.

    -En la fiesta pude confirmar lo que ya me habían comentado, el hombre al que amo les gustan los de su género, y es público lo que sucede entre vosotros añadiendo a Pablo en el grupo.

    -Estos días he estado dando muchas vueltas al asunto y tengo un trato para proponerte. -mi curiosidad iba en aumento, aquella niña no parecía tener los dieciocho años sin cumplir, parecía una señora mayor, astuta y lista, de cerebro fértil que estudiaba con frialdad las posibilidades que se le ofrecían para hacer real su propósito.

    -Puedes seguir siendo su amante, y tenerlo en la cama contigo, salvo para que cumpla con su deber de tener herederos legítimos, están en juego grandes fortunas que llegaran a sus manos más pronto que tarde.

    -Se casará conmigo y yo no me interpondré entre vosotros tres, te pido que lo pienses y además quiero que me ayudes a que se haga realidad lo que te pido, sería bueno para todos. -no sabía que respuesta darle, me había dejado estupefacto sin entender del todo lo que me estaba proponiendo.

    -Irina, yo creo que debería ser Álvaro el que mantuviera esta conversación contigo.

    -No, eso sería lo peor que podría hacer, acudo a ti porque se que quieres a sus padres y que no querrás decepcionarles haciendo imposible que tengan los nietos que necesitan y merecen. Tu amas a Álvaro y deberás ver las ventajas, para él y su vida profesional, de hacer realidad lo que proyecto. Tu eres el único que puede hacer que todo esto se materialice.

    -No me respondas ahora, tenemos tiempo. -impulsivamente la chica me abrazo el cuelo y me besó dulcemente los labios.

    A la tarde Irina se marchó, estuvo contenta durante la comida y el resto del tiempo, y pude darme cuenta de que, en parte, me había dicho la verdad, los padres de Álvaro la adoraban aunque para ellos estaba claro que sus sueños no se iban a realizar estando su hijo enamorado de un muchacho, el perseguido que tenían acogido y escondido en su casa.

    ——————————

    Ese día, y después de meditar sobre lo que Irina me dijo, sin hablarlo con Álvaro, había decidido decirle que estaba de acuerdo en principio. Había estado muy preocupado esos días y al tomar la decisión era como si densos nubarrones desaparecieran dejando el cielo libre para que se viera el sol.

    Marcos llegó para buscarme, mi adustez y seriedad de los días anteriores, había dado paso a una loca euforia y explosiva alegría que no dejó de notar.

    -Hoy se te ve más alegre…, y más guapo, la tristeza y la preocupación no van contigo. -no pude evitar sonrojarme, sus aduladoras palabras, dichas con el tacto y la suavidad precisa, lograron que me cohibiera y bajé los ojos ruboroso y aturdido.

    -Eres muy amable Marcos.

    -Digo solo la verdad, eres lindo sin reír, pero cuando lo haces parece que tu cara irradia brillo. -ya resultaba demasiado aunque me sentía complacido. Detuvo con cierta brusquedad la camioneta y se volvió para levantarme la cara con dos dedos sujetándome la barbilla, sin darme cuenta tenía su boca expulsando el aliento caliente a unos milímetros de la mía, le miraba espantado esperando anhelante no sabía el qué.

    Juntamos las bocas y de pronto lo estaba besando, abrazándome a su cuello y refugiándome en su fuerza, el beso no cesaba y empezaba a mover los labios pretendiendo que abriera la boca.

    -¡Oh! No Marcos, por favor. -se apartó sin dejar de sujetarme los hombros y me miraba fijamente a los ojos.

    -Está bien, lo siento, pero sabes que no voy a causarte mal alguno, no lo malinterpretes por favor, eres tan irresistible que debería castrarme para no pensar en ti. -su cara contrita y la barbaridad que terminaba de decir logró que sonriera otra vez.

    -No, no hagas eso, no merece la pena. -mis ojos se perdieron en el bulto alargado que le bajaba por la pernera del pantalón; y no sucedió algo más porque puso en marcha la ranchera y seguimos el camino, él con una ancha sonrisa en la cara, negra por la barba de varios días que llevaba sin afeitar, yo satisfecho al saber que Marcos, además de recordarme que me deseaba, sabía respetarme también.

    Durante la clase no pude evitar pensar en él, e inconscientemente deseaba que llegara el final de la clase y me viniera a recoger. Marcos se estaba ganando mi confianza y estaba ademas, era verdad, estaba bueno, apetecible y sonreía sin darme cuenta.

    Aunque lo esperaba me sorprendí cuando apareció como era su costumbre, y se apoyó en el marco de la puerta abierta, de su sonrisa bajé la mirada a su entrepierna, para no variar la manguera que discurría por su pierna continuaba estando en su lugar, así como las gordas pelotas en la parte superior, pasé la lengua por mis secos labios y al volver a levantar la cabeza, me sonreía lleno de lujuria al haberse dado cuenta de la mirada que había dirigido a su verga.

    Rápidamente volví a concentrarme en la materia que estaba impartiendo, pero un buen observador se habría dado cuenta de la rojez que impregnaba mi cara.

    Terminó la clase y supuso un duro esfuerzo evitar volver a mirarle cuando lo tenía justo enfrente, viendo de soslayo como a veces se arrascaba la entrepierna intentando llamar mi atención para que lo mirara.

    Comenzaron a salir después de recoger sus cuadernos y dejarlos depositados en una mesa junto a una pared. A mi vez también reuní en un montón mis papeles para meterlos en la cartera. Marcos había apagado la mitad de las fluorescentes cuando se acercó hasta mi mesa, cuando se colocó a mi espalda mis manos empezaron a temblar siendo incapaz de meter las hojas sin arrugarlas. Sin estar pegado a mi sentía el calor que despedía su cuerpo.

    -Espera ya te ayudo. -pasó las manos por mis costados dejándome abrazado y me cogió las hojas para dejarlas a un lado, sujetó mi cintura y se aproximó hasta hacer contacto. A través de la tela de nuestra ropa podía sentir la dureza de su miembro apoyado sobre mis nalgas. Sentí un escalofrío y comencé a temblar.

    -¡No, Marcos! -se movió para acercarse aún más y me quedé paralizado, sintiendo la rotundidad de aquella barra o manguera de carne y las duras pelotas.

    -Se que lo necesitas nenito, igual que yo. -giré la cintura lo que me permitía al tenérmela abrazada y Marcos aprovechó el momento para besarme la boca. Pude haberlo evitado y en su lugar respondí al beso de sus labios.

    -¡Ahh! No Marcos, no. – negaba con las palabras pero no retiraba la boca y volvió a besarme, ahora con más fuerza.

    -No pasa nada bebito, estamos solos y me vuelves loco.

    -La criadas Marcos, pueden venir en un momento.

    -Aún no es hora de preparar la cena, no tengas miedo. -de alguna manera le estaba dando permiso para que hiciera lo quería, buscando excusas pueríles, y el macho sabía que lo necesitaba, mi cuerpo debía despedir el olor propio de una hembra en celo, necesitada de ser cubierta por un semental.

    Dejó de sujetarme con una de las manos para soltarse y bajarse los apretados pantalones sacando sus genitales al aire, el suave olor a macho llegó a mi nariz, y mi verga respondía hinchándose a la vez que en mi culito sentía un ligero espasmo.

    Después metió la mano por la cintura de mi pantalón y me sacó la camisa, ahora con las dos manos tiró del pantalón para bajarlo, pensé que lo iba a romper y me solté el botón bajando la cremallera para ayudarle haciéndoselo más fácil. Ya no había vuelta atrás, lo que tuviera previsto que sucediera se iba a cumplir sin remedio, me tenía entregado a sus deseos y me dejaba llevar por la lujuria y las sensaciones que me transmitía su polla dura como un madero pegada entre mis nalgas.

    -¡Ahhh! Que dura la tienes Marcos.

    -Sabía que la necesitabas bebito, que abra tu culito y entre en él. -llevé la mano para cogerle la verga y sentirla en la mano, para saber realmente su grosor y textura, y tenerla. Su calor abrasador fundía mi mano, la tenía humedecida de precum y la corrí el pellejo para pasar la mano por el gordo glande.

    -Te la voy a meter toda en tu culito delicioso.

    -La siento tan rica…

    -¿Te gusta? Mi polla será tuya. -se la masturbé de mala forma mientras volvía a besarme metiéndome la lengua todo lo que podía en la boca y yo se la chupaba engolosinado de su dulce saliva.

    -¡Ayy! Marcos, que rica se siente y que grande, me vas a hacer daño pero necesito ya tu verga, métemela. -en mi loco deseo le pedía que la metiera sin estar preparado, sin pensar en el destrozo que me haría en el culo. Y debo agradecer que Marcos, a pesar de estar tan deseoso como yo, resultara más sabio y prudente.

    Me empujó para que apoyara el pecho en la mesa y me abrió las piernas, no resultaba fácil ya que tenía el pantalón y el slip por las rodillas, me subió la camisa dejándome la espalda al aire y comenzó a meterme la mano entre las nalgas acariciándome el ano.

    A la vez que iba introduciendo los dedos en el culo, primero uno hasta llegar a tres, me acariciaba la espalda y me la besaba, yo gemía con la mejilla y el pecho sobre el tablero de la mesa, a veces sacaba los dedos para pasarme la verga por la raja y hacer mención de querer penetrarme, y volver otra vez a escupirse en la mano y jugar con los dedos dilatándome el ano.

    -Creo que estas listo precioso, ahora te voy a hacer mío, voy a tomar posesión de tu ano y darte la verga hasta el fondo.

    -¡Sí, por favor! Mete tu rica polla y dame duro. -tiró de mis caderas para separarme de la mesa que solo sentía por el golpeteo de mi erecta verga por debajo del ala de madera, y apoyé mis manos en ella elevando el pecho y la cabeza.

    Giré la cabeza para verle como se chupaba dos dedos y volvía a introducírmelos en el ano, gemí largamente al sentirme penetrado.

    -La verga Marcos, méteme tu dura verga, la quiero, si por favor. -podía sentir mi culo muy abierto, perfectamente dilatado para acoger con facilidad su polla.

    -Me gusta que me la pidas, que desees que te folle con ella.

    -La quiero, la necesito ya, dámela Marcos.

    -¿Entonces, quieres ser mi hembra?

    -Sí, lo quiero, pero métela ya. -mi nuevo amante se reía quedamente pasando los labios por mi espalda, satisfecho de tenerme dominado, entregado y dispuesto a todo en ese momento de pasión.

    Pasó un brazo por mi vientre para tenerme bien sujeto, y con la otra mano dirigió el duro pollón hasta colocarlo a la entrada de mi culo. Empujó y solo sentí una fuerte presión cuando la punta de la verga entró avasalladora y dominante en el ano haciéndolo suyo.

    Le ayudaba deseando que, de una vez, aquel largo falo se me clavara en el cuerpo y me atravesara, elevé el culo ofreciéndoselo, abriendo las piernas todo lo que la ropa me dejaba, y sentí las dos fuertes y viriles estocadas que siguieron, hasta que sus gordas pelotas quedaran encajadas en el perineo empujándome los huevos.

    -¡Ahhh!, rico, rico, si. -movía las caderas circularmente para conseguir que el pene se adaptara y encontrara el lugar correcto dentro de mi.

    -¡Que rico! muévete bebé, que bien lo sabes hacer. -me colocó una mano en la nuca haciendo que volviera a poner la mejillas y el pecho sobre el tablero de la mesa, mientras empezaba moverse sacando y metiendo la verga con fuerza.

    Aquello era delicioso, ¡cuánto necesitaba una verga como la que Marcos me daba!, y un dominante macho poderoso y fuerte que controlara a placer mi cuerpo y que me llevara a su antojo.

    Dejó de culearme tan rico y abrazado a mi vientre me puso derecho, se inclino para favorecer la entrada de la polla desde abajo, y cuando me la volvía a meter me elevaba en el aire, o hacía que me tuviera que poner de puntillas por las fuerza de su empuje. Terminé con la cara contra la pared cercana, apoyando mis manos en ella y tirando el culito hacia él follándome con su verga yo mismo.

    -Me voy a venir, dame duro, rómpeme. -sentía la baba que salía de mi polla salpicándome las piernas, y unas ganas enormes de vaciarme la tensión que me agarrotaba todo.

    -Yo también, bebé, te voy a llenar de leche, se te va a derramar del culo, toma, toma lo que quieres. -arreciaba en la follada y me incliné contraído cuando exploté lanzando chorros de semen. A su vez, y unos segundos después, Marcos me preñaba por vez primera gritando como poseído y sin preocuparle que pudieran oírle.

    -Toma, toma toda tu leche, ¡ohh, sí!, todo para tu culito tragón. -parecía que no tendría un final y que su deposito no se vaciaría, pero sentía la delicia de notar como los chorros de leche se estrellaban en el fondo de mi vientre.

    Nos limpiamos con un rollo de papel de cocina que había en la mesa donde dejaban el material de enseñanza, y recogimos los excesos de la leche derramada en el suelo, también la que yo había expulsado contra la pared, y ya vestidos nos dispusimos a salir para que me llevara.

    -Cierra bien el culito bebé, tenlo apretadito, y no dejes que se te salga la leche, me hace ilusión pensar que te gustará tenerla dentro para sentirme. -Marcos aún sentía la calentura y no se terminaba de calmar, me abrazaba mordiéndome los labios hasta que me separé encaminándome a la salida.

    Cuando salimos del complejo de edificios de la hacienda, para coger la carretera, estaba anochecido, vi como se encendían las luces de una ventana en la casa de Pablo, como también lo estaban las de otras viviendas cercanas. Hicimos el recorrido hasta la casa de Victoria sin hablar, nos habíamos entretenido y era tarde.

    -Te recogeré mañana como siempre. -me puso la mano sobre la pierna hasta inclinarse y tirar de la manilla para abrirme la puerta sin hacer intención de bajar y le notaba preocupado.

    -¿Estas bien Marcos?

    -Estoy deseando volver a tenerte, nada más es eso, ¿y tú querrás?

    -Hablaremos mañana. -no quería decirle que yo estaría encantado, me había gustado su forma de follar y sobre todo lo que poseía entre sus piernas.

    Tuve tiempo de ducharme y vaciarme de la leche que aún tenía dentro, a pesar del deseo de Marcos, no estaba por la labor de que me escurriera y marcharme la ropa, luego esperamos a Álvaro quien había comunicado que llegaría para la cena.

    Estaba pensando seriamente en decírselo a Álvaro, confesarle lo que había hecho, y tenía muchas dudas de que eso fuera lo mejor. Decidí que era preferible callarlo de momento, cuando salió de tomar una ducha y a toda prisa se metió en la cama a mi lado.

    Esa noche Álvaro me hizo el amor de una forma sencilla y sosegada, haciéndome disfrutar de su persona, de sus besos, del calor que todo su inmenso cariño me otorgaba. Sería mejor no hablar para no empañar su dicha, pero el pensamiento de la verga de Marcos entrando en mi culo no me dejaba dormir.

    No iba a poderme negar a ser suyo si me lo pedía, ahora no creía que pudiera negarme, ya sabía lo rico que podía ser estar a su lado, controlado y lleno de su poderosa polla.

    Seguirá…

  • Karina, la hija de mi amigo

    Karina, la hija de mi amigo

    Voy a iniciar esta historia mencionando que es una experiencia personal y que ocurrió hace 3 o 4 años aproximadamente, obviamente cambiaré nombres de los involucrados para evitar cualquier tipo de problema.

    Me llamo Diego tengo 34 años de edad, considero que tengo una complexión media ni gordo ni flaco, solo falta tonificar un poco el cuerpo jajaja. Mido 1.82, cabello corto negro, barba crecida pero no a lo bruto, cuido esa parte para dar un mejor aspecto; moreno y pues con medidas promedio 15-17 cm aproximadamente…

    Pues bien, todo sucedió hace cuatro años aproximadamente, recién había cumplido 30 años y como casi siempre ocurría en situaciones así entre el círculo de amigos en el que me encontraba me preparaba para festejar todo el fin de semana, iniciando el viernes que salí de la oficina y hasta el domingo por la noche. En esa ocasión además de quienes generalmente estábamos Miguel 24, Israel 36, Raúl 28 y yo; se encontraban Carmen 26, Jorge 20 y Karina 17 (prima e hijos de Israel respectivamente). A los últimos mencionados ya llevaba tiempo conociéndolos de hecho, a Karina que es la más pequeña y quien es la protagonista del relato, la conocía desde que tenía 14 años.

    Siempre se me hizo una niña muy bonita pero nunca la había visto como mujer, primero por su edad y segundo por ser hija de mi amigo. Es de piel muy blanca con unos ojos enormes y una sonrisa que cautivaba a la mayoría de quienes la llegaban a ver en el negocio familiar (venta de teléfonos móviles), de cuerpo chaparrita 1.60 como máximo, de complexión media con una cintura bien definida, de cadera digamos en pleno crecimiento que enmarcaban unas nalgas que si bien no eran muy grandes estaban justas para su tamaño y definitivamente muy firmes; por último deje el mayor de sus atributos, adivinaron, unos pechos bellísimos, de un tamaño según yo muy grande para su edad pero perfectamente redondos con una caída natural y lo mejor es que a ella le gustaba lucirlos.

    Casi siempre usaba blusas de tirantes o muy escotadas, como en esa ocasión. Iba vestida con una blusa de tirantes blanca de esas de licra y que son ajustadas al cuerpo, por lo cual marcaba muy bien sus pechos y su cintura, debajo, y que debo confesar me éxito bastante, llevaba puesto un sujetador de encaje blanco con toques negros y piedritas de media copa, para los que no saben esos casi siempre apenas y cubren el pezón. En la parte baja traía un leggings blanco a juego con la blusa el cual hacía que sus nalguitas resaltaran bastante, a pesar de tenerlas un tanto pequeñas, y se le marcaba una tanga de esas que son apenas dos pequeños triángulos y tres hilos.

    Como lo dije antes nunca la había visto como mujer hasta esta vez, entre trago y trago la cosa se fue poniendo de ambiente en el negocio y decidimos irnos al departamento de Israel, vive solo ya que se separó de la mamá de sus hijos cuando Karina tenía apenas 2 años, los chicos viven con ella y solo visitan a su padre algunos fines de semana. Seguimos bebiendo y empezamos a cantar, después pusieron salsa, del grupo soy el único hombre que baila así que ya sabrán Fue un ir y venir entre Carmen y Karina cada cambio de canción, de pronto alguien cambio de música por reggaetón, que la verdad es el género que no tolero, y cuando estaba a punto de irme a sentar y seguir bebiendo Karina me tomo de la mano y me hizo bailar con ella, al final por su edad era la música de moda. Empezó a moverse y pegar su cuerpo al mío al tiempo que me hacía la tomara de la cintura para juntarnos aún más, de pronto se pone de espaldas frente a mi sin parar de bailar repegandome su culo, que sinceramente movía de una manera espectacular, rozando mi pene que cada vez se empezaba a poner más firme y obviamente ella no notaba, de hecho lo hacía con toda la intensión porque me volteo a ver de una manera muy picara mientras mordía su labio inferior.

    Esta situación creo que no le agrado para nada a Israel, su padre y amigo mío, quien de inmediato la hizo sentarse a su lado y pidió cambiaran la música.

    Debo confesar que por el resto de la noche no pude parar de pensar en ese momento y dejar de mirarla, primero por lo que me provocó, después por el escote que lucía y que por momentos no sé si intencionalmente, se agachaba delante de mí dejando ver levemente la areola de su pezón rosita.

    La noche siguió y poco a poco fueron cayendo por borrachos o por cansancio, al cabo de unas horas ya solo estábamos despiertos Karina, Carmen, Miguel y yo. Fui a la cocina a preparar unos tragos más y Karina entró enseguida detrás de mí, me dijo que había ido para dejar a los otros dos solos porque al parecer traían onda y habían comenzado a cachondearse. Abrió el refrigerador y me dijo “me tomaré una cerveza porque esto se está calentando mucho” enseguida se empino delante mío dejándome ver su culo firme en todo su esplendor y la tanga marcada mucho más por el estiramiento del leggings, esta situación volvió a ponerme al 1000, ella obvio se dio cuenta y volvió a echarme esa mirada pícara mientras daba un sorbo a su cerveza.

    Salimos de la cocina interrumpiendo Car y Miguel, seguimos bebiendo un rato más y al cabo de una hora más decidí irme a casa, Miguel me hizo segunda al tiempo que trataba de convencer a Carmen de que se fuera con él para consumar lo que habían iniciado, Karina me miraba con ojos de que hiciera lo mismo con ella pero a pesar de lo caliente que me había puesto me detuve principalmente por su edad, aún era menor de edad, así que solo me despedí de ella al tiempo que nos dimos un último repegon de cuerpos.

    En el camino a casa no me podía quitar la imagen de su culo empinado frente a mi y la escena mientras bailábamos y me restregaba su culo en mi pene duro, en cuanto llegue a casa me lo saqué y comencé a hacerme la mejor paja de mi vida, ayudó más que me mandó un whatsapp diciéndome “que pases linda noche o lo que queda de ella” acompañado de una foto con la misma blusa que usaba pero sin sujetador, sus pezones súper marcados y lamiéndose los labios de una manera muy sexy y sugestiva.

    Al día siguiente continuamos la juerga, curamos a resaca juntos y volvimos a las andadas durante el resto del fin de semana, con la diferencia de que ya no hubo insinuaciones tan marcadas, tal vez su papá le llamó la atención o solo fue estrategia de ella para mantenerme más interesado.

    Después de esto mantuvimos comunicación vía whatsapp y llamadas, pero no hubo tintes sexuales, sino que empezamos como con cosas de enamorados y ondas así.

    Al cabo de unos días Israel nos comentó que serían los 18 años de Karina y que le gustaría festejarle de algún modo ya que su mamá (de Karina) no pensaba hacer nada y a él se le hacía muy mala onda dejar pasar la fecha así como si fuera un día cualquiera. Pidió opiniones y pues la mayoría fueron de hacerle fiesta con sus amigos y bla bla bla, yo le comenté que alquilara una casa de fin de semana, quienes no conocen México hay una ciudad llamada Cuernavaca que es de un clima muy agradable y alquilan casas muy económicas. La idea le agradó bastante y se decidió por esa opción.

    Una vez que ya tenía todo definido nos dijo a Miguel y a mi que estábamos invitados, que era más familiar la cosa, pero que Karina le había pedido nos invitara ya que nos tenía mucho aprecio. Los invitados éramos José (padre de Israel), Manuel (hermano), Sandy (cuñada), Maite (hija de Manuel), Daniela (hermana y que será protagonista de otro relato), Carmen, Miguel y yo; además de Karina, Jorge e Israel obviamente.

    El cumpleaños de Karina es en junio, en esa ocasión cayó en jueves y alquiler lo teníamos de viernes a domingo así que, si adivinaron, para ese fin de semana ya sería mayor de edad…

    Llegó el día, me adelante con Miguel a recibir el alquiler, preparar la nevera para las cervezas y la comida, revisar que todo estuviera en orden, comprar algunas cosas que nos hacían falta, etc. Al poco rato llegaron todos y empezamos la fiesta, debo hacer mención de que aquello era un deleite para los hombres que estábamos ahí ya que todas las invitadas incluyendo a Karina y Carmen eran dignas de admirar, unos cuerpos deliciosos que lucían con unos bikinis que uff, en la familia creo que todas las mujeres habían sido agraciadas con unos pechos enormes, además el culo de Daniela y Sandy era una cosa tan hermosa, el bikini se hundía entre sus nalgas a modo de tanga y daban un espectáculo majestuoso.

    Ese día empezamos a beber y festejar, nadamos un rato, comimos, seguimos bebiendo y bailando, debo hacer mención de lo afortunado que soy de nuevo, 5 mujeres bellísimas y yo el único que baila, con tremendo grupo, baile hasta bachata y reggaetón sin bronca con tal de sentir esos cuerpos frotándose cerca de mí.

    Como era de esperarse, por el cansancio de la semana y el viaje, poco a poco fueron cayendo y como a eso de la media noche ya solo estábamos los mismos 4 sobrevivientes de la velada y se nos sumaba Maite. Seguimos de fiesta tomando hasta que estaba empezando a amanecer de pronto se me acercó Karina y me abrazo de frente pegándome sus enormes tetas en mi pecho empezamos a platicar ella y yo muy cerca mientras los demás preparaban otras bebidas, cuando de repente nos empezamos a besar y nos vieron los demás con caras de sorpresa, sin embargo no dijeron nada y nosotros no paramos, me fue imposible ocultar mi erección en el short que traía puesto y Karina se me restregaba cada vez más fuerte, de pronto Miguel nos interrumpió diciendo se acabaron los cigarros, hay que ir a comprar.

    Tomamos las llaves del carro y nos montamos, Miguel y Carmen adelante, en la parte trasera íbamos Maite, Karina y yo, que no parábamos de besarnos. Entonces Maite dijo yo no quiero ir con estos calientes y se pasó adelante con Carmen dejándonos más espacio para poder seguir en lo nuestro.

    Se bajaron los tres por los cigarros mientras nosotros seguíamos en lo nuestro, tapados con una toalla comencé a tocar el pecho de Karina, eran una maravilla y de pronto jale el sujetador, dejando al aire aquellas majestuosas tetas, eran más lindas de lo que imagine redondas y firmes, con unos pezones bellísimos, rosas claritos y grandes, justos al tamaño de sus tetas. Regresaron al auto y las guarde de nuevo en su sujetador no sin antes dar unas pequeñas chepeteadas a cada uno.

    Volvimos a alquiler de la misma manera en que fuimos, nosotros solos atrás besándonos, ya eran pasadas las 7 am y el sol ya estaba completamente fuera, bajamos del carro, nos ponemos encaminamos a la terraza donde estábamos bebiendo pero a mitad del camino Karina le hablo a Maite y le dijo “¿nos echas aguas?” Ella sonrió y respondió “están cabrones, todos duermen arriba, pero van yo les aviso” entonces Karina me jalo a un baño que se encontraba en la parte de abajo del alquiler, seguimos con los besos y cada segundo me excitaba más.

    Ya dentro del baño los besos dieron paso a más caricias. Comencé a besar su cuello al tiempo que desabrochaba lo único que se interponía entre aquellas hermosas tetas y mi cara, cuando lo logre pude maravillarme con ese hermoso par bien redonditas y con unos pezones de buen tamaño en color rosa, por cierto muy duros por la excitación del momento, no me contuve más y empecé a masajear uno mientras chupaba y mordisqueaba el otro, todo un deleite.

    Entre los besos, chupadas y toqueteos su excitación comenzó a ser notoria, emitía unos gemidos riquísimos y cada vez más fuertes, su mano comenzó a masajear mi pene por encima de la ropa y a ponerlo cada vez más duro. Poco a poco fue desamarrando la agujeta del short y metió su mano hasta tener mi pene en ella y siguió con los masajes, yo no paraba de besarla, chupar sus tetas, masajear su culo y tocar su pubis por encima del leggings que usaba y que ya comenzaba a dejar sentir la humedad de sus fluidos.

    Ya desnudos del torso, seguimos con los jugueteos y poco a poco fui bajando el leggings dejándola solo en una hermosa tanga negra de encaje, ella hizo lo mismo conmigo solo que de un tirón me bajó el short y el bóxer, haciendo que mi pene saltara de golpe. Cuando lo vio sonrió pícaramente y dijo “se ve más grande de lo que creí” acto seguido se puso de rodillas y empezó a darle pequeños besos mientras con una mano lo recorría de la punta a la base, de los besos vinieron lengüetazos en el glande y de vez en vez lo hacía desde los testículos, de pronto me dijo “que rico” y lo metió por completo a su boca, no puedo describir con palabras lo que sentí en aquel momento.

    Me dio una mamada de profesional, mamaba y frotaba mi pene con una mano, daba lengüetazos y de nuevo lo chupaba hasta que me hizo venir en su boca, fue un momento riquísimo el sentir como descargaba todo en su boca y ella lo saboreaba, después de tragar toda mi leche solo dijo “lechita por la mañana, que rico”

    Seguimos en lo nuestro y era mi turno, así que la recosté en el piso y comencé a besarla por todo el cuerpo, acariciaba sus senos y su coñito por encima de la tanga, la cual fui bajando poco a poco hasta quitarla por completo, aquello era una vista maravillosa, sus enormes senos apretados por ella misma entre sus brazos y su sexo expuesto por completo solo para mi. Lo tenía depilado casi por completo, solo una línea muy delgada adornaba su pubis justo como modelo de revista para caballeros. Después de morderse el labio inferior me dijo con un tono muy cachondo “te gusta? Lo arregle así para ti” aquellas palabras me encendieron por completo, la hija de uno de mis mejores amigos que recién alcanzaba la mayoría de edad planeó cogerme quién sabe durante cuánto tiempo…

    Estaba completamente excitado, las palabras de Karina me pusieron a mil y luego aquella vista inmejorable, así que comencé a comerle el coño por varios minutos, al mismo tiempo mi pene se empezaba a recuperar y tomar fuerza de nuevo, chupaba su clítoris, notaba cuanto lo disfrutaba por sus gemidos, como se retorcía y un squirt que tuvo, mojándome toda la cara.

    Fue entonces que recibí mi señal, así que me incorporé, me arrodille entre sus piernas y de un golpe penetré su coño, incomparable la sensación; si bien ya no era virgen y tenía su experiencia, lo estrecho de su vagina era una maravilla, sentía todo su calor y su humedad, las contracciones de sus paredes cada vez que la embestía, rodeo mi cintura con sus piernas y me apretaba para que lo hiciera con más fuerza, pasamos a una posición diferente. Me senté sobre el retrete, cerrado con su tapa obviamente, y entonces ella se paró sobre mi con las piernas abiertas, se chupo los dedos abrió su vagina y me monto como toda una profesional, me demostró todo lo que sabía hacer, sus movimientos aunque un poco torpes eran de buen ritmo y lo más importante es que ambos lo estábamos disfrutando.

    Una vez que descanse un poco decidí ponerla en cuatro puntos, la imagen de aquel culo desnudo empinado frente a mi es una imagen que hasta el día de hoy tengo fijada en mi mente, me arrodille detrás de ella y comencé a penetrarla de nuevo, primero suave, poco a poco fui subiendo la intensidad hasta que lo estaba haciendo de una manera tan fuerte que la hice gritar tan fuerte que Maite corrió a preguntar si todo estaba bien y recomendarnos le bajáramos a los ruidos porque ya no tardaron en despertar los demás. Le hicimos caso pero sin dejar de follar como se debe.

    Cambiamos de posición nuevamente, esta vez ambos parados ella recargada en un tocador y yo detrás de ella, apenas comenzábamos el vaivén cuando Maite toco y nos dijo “ya apúrense porque mi tío (Israel) y mi abuelo ya se levantaron” fue entonces que tuve que apresurar la marcha, las embestidas eran con fuerza pero mucho más rápido que antes buscando terminar lo más pronto posible para evitar ser descubiertos, fue más excitante ya que para evitar que gritara de nuevo con una mano le tape la boca mientras que con la otra la rodeaba por la cintura para que recibiera con más fuerza las embestidas, le dije “ya casi acabo me voy a salir” y entonces escuche las palabras mágicas “no lo saques, termina adentro”, estas palabras me excitaron tanto que acelere el paso y de pronto le deje ir toda la leche caliente que me quedaba, el sentir los espasmos de su cuerpo a la vez que se le doblaban las piernas me hicieron entender que había hecho un buen trabajo.

    Nos volvimos a vestir, salió ella primero del baño y yo me quede encerrado porque Israel ya había bajado y no debíamos levantar sospechas. Nos juntamos todos a desayunar en la mesa del patio y comenzamos a hablar de la buena fiesta de la noche anterior, Algunos con resaca, otros desvelados por la fiesta, pero había alguien que no pudo dormir y fue testigo silencioso de todo lo ocurrido esa madrugada.

    Continuará…

  • Un día cualquiera se convierte en una aventura muy húmeda

    Un día cualquiera se convierte en una aventura muy húmeda

    No sé si empezar a contar esto desde la primera vez o llegar al momento álgido de la relación.

    Era un día normal para cualquier Godín, el trabajo normal y se llegaba la hora de la comida. Yo aprovechaba para salir al gimnasio.

    Como buen Godínez que se respete, traía mi comida en tuppers, más porque la zona donde trabajo es muy caro para comer fuera y siendo los últimos días de quincena no había forma.

    Los cargaba hasta el lugar del ejercicio, al terminar me daban chance de calentarla e ingerirla en unas mesitas de la cafetería del lugar.

    Tenía una “socia” del ejercicio, de esas que apoyan y motivan cuando tienes flojera y quieres desertar del gym y viceversa, apoyarla en los días que hay veces que llevarla a rastras.

    Ella es de formas redondas, trasero voluptuoso redondo y duro, resultado del ejercicio diario. Es un 34 B, nada sorprendente pero con una cintura que provoca una ilusión óptica deliciosa. Siempre impecablemente maquillada y con ropa que luce el modelo completo.

    Cabe aclarar que ya hemos caído en la tentación de nuestro cuerpos, pero esa es otra historia que ya les narraré en otra ocasión.

    Salí de mi oficina y encontré a Samantha en la recepción, me dio beso de saludo y me comenta

    -Loco, muero de flojera de ir al gym, olvidé la comida en casa y ando bien gastada como para comprar comida.

    -Cómo crees, vamos al ejercicio, sirve que nos desestresamos.

    -Anda vamos a mi casa ahí te quito el stress y comemos ahí.

    No me podía resistir, eso significaba que tenía ganas de follar y tal vez dormir un poco.

    -Ok vamos solo porque me insistes… -reímos porque los dos sabíamos que iba a pasar.

    Se nos quedó viendo la recepcionista con cara socarrona porque creo que imaginó a qué íbamos, ella era amiga de Samantha y tal vez hasta habían platicado de mi desempeño.

    Regresamos al elevador y bajamos al estacionamiento, Aunque solo era un piso, aprovechó para darme un beso en la boca de 30 segundos y tocar mi miembro. Como si estuviera revisando que trajera todo listo y dispuesto, yo amasé su trasero como cuando checas el tamaño de tu almohada, fuerte para probar la resistencia, soltó un gemidito lánguido de aprobación.

    Caminamos despacio por el estacionamiento, hablando trivialidades, aunque estábamos en la oficina y es recomendable ser discretos, ella se colgaba de mi brazo como colegiala saliendo de la escuela.

    Subimos a su auto, una SUV espaciosa que había sido testigo de duras batallas de mi mano vs su pantalón o contra el seguro de su bra.

    Traía una falda gris oxford, no tan corta pero con una abertura interesante que mostraba su muslo derecho, bronceado, marcado pero sobre todo con esa curvita que marca la pierna, que recorre desde la ingle hasta la rodilla que permitía, la abertura permitía el acceso rápido a su monte de venus.

    Una blusa negra con botones la cual siempre desabrochaba para dejarme ver el interior… El cual era negro, con un poco de encaje… con unas bubies redonditas…

    Estaba hablando, siempre movía mucho las manos para expresarse, hasta le hacía burla que iba a chocar porque de repente soltaba el volante para explicar esto o aquello.

    Empecé a subir la mano por su pierna, por esa ranura de la falda que permitía mi libre acceso.

    Parecía que yo no existía, como si ella fuera de piedra y no sintiera nada ella, seguía hable y hable, solo de trabajo.

    Me daba miedo interrumpirla, después se quejaría que solo me interesa su cuerpo y que me vale lo que me platica, aunque sea cierto, nunca un hombre debe aceptarlo.

    Bajaba la mano hasta su rodilla y regresaba, tímidamente cada vez mas cerca de su pubis, como cuando el carterista mete la mano en el bolsillo para extraer la cartera, tiemblan los dedos, sudas porque sabes que estás a punto de alcanzar el objetivo.

    Llegué rozar su tanga, justo en su ingle, sentí la costura, sabía que era una tanga porque se le marcaba un poco en la falda apretada, comencé a meter un dedo sigilosamente, Samantha seguía hablando, yo solo escuchaba palabras incoherentes como si fuera un idioma desconocido.

    -Verdad que tengo razón -decía.

    Yo solo pude asentir y apretarle la pierna como señal de aprobación.

    -Cuanto tráfico -fue todo lo que pude balbucear, no sabía de qué me preguntaba y requería cambiar de conversación.

    -Sí mucho, creo que llegaremos muy tarde a mi casa.

    Seguí mi camino, hasta su vagina, ella entre abrió la pierna para permitir más profundamente mi acceso.

    Estaba sobre la tanga, la cual ya estaba mojada, la hice un lado y toque su clítoris, estaba perfectamente depilada, se sentía mojada y lisa, como una lengua lista para recibir la boca de su amado.

    Empecé a masajear el botoncito del placer, por primera vez en todo el trayecto, cerró la boca. Empezó a sudar, una gota le escurrió entre las bubis y empezaba a acelerarse su respiración, se mordía un labio de vez en cuando.

    Solo la observaba disfrutaba sentir la humedad en mis dedos, la palpitación de su clítoris que se ponía duro, muy duro.

    Metí la mano derecha en su blusa… logré burlar el bra de encaje y llegar a su pezón, que estaba a punto de explotar. Lo pellizque con fuerza y grito, algo parecido a un gemido muy fuerte.

    Ella seguía manejando no se había detenido, estaba en piloto automático mental, de esas veces que manejas de regreso a casa y no te das cuenta hasta que ves el portón de la cochera, como caballo que regresa al corral cuando lo sueltan en la pradera.

    Llegamos a un semáforo en rojo frente a una escuela, los pubertos salían, tuve que sacar la mano y emparejar su blusa, era muy evidente y nos avergonzaba escandalizar a los chamacos. Más por la edad de los pubertos, que por el exhibicionismo nuestro, ya habíamos experimentado estos toqueteos en el auto y hasta cortinas abiertas.

    Ya casi se ponía el verde y yo estaba con una erección que se notaba desde un avión, Samantha aprovecho para poner su mano encima y tocarlo como quien amansa a un bull terrier estresado.

    Arrancamos y solo escuchó una exclamación:

    -Fuck Fuck Fuck, dónde están las llaves, creo que no las traje. No por favor, no por favor.

    Se orilló, puso sus intermitentes y abrió su bolsa, yo no sabía que pasaba solo veía su cara de sorpresa y un poco de desesperación.

    -¡Diablos olvide las llaves de mi casa en el cajón de la oficina! -comentó.

    -No inventes, de verdad no puede ser. Llevamos 20 minutos de camino, diablos hubiera ido al gimnasio

    Fue una reacción de frustración de mi parte, mi miembro estaba duro y las pelotas hinchadas, Sabía que me dolerían más tarde sino lograba liberar la excitación.

    Empecé a reclamar por lo distraía que era y se justificaba con que nunca las saca de su bolsa y mil cosas.

    Estaba realmente enojado, con apetito y hambre, no se cuál era peor.

    Metió primera velocidad casi quemando llanta y me dijo:

    -No te preocupes te tengo una sorpresa, te va a encantar.

    Yo iba con enojo por lo sucedido y reclamaba

    -Inche vuelta a lo wey, todo por andar de caliente, etc. Etc. Etc. -Como niño que le quitan el juguete.

    Después de 15 minutos de reclamos llegamos a un estacionamiento, imagino que era la entrada trasera, ya que no se veían anuncios que indicaran el giro de la empresa. Creí que se iba a “mochar” con la comida para “encontentarme”.

    Nos bajamos del auto, caminamos por el estacionamiento, sin pavimentar, con grava de taller mecánico, un tipo sentado en una silla, cuidando los autos con su clásica franela.

    Nos acercamos y detrás de unos macetones el paraíso, Baños Arredondo.

    -Qué? Son unos baños? Vaporcito y así? -pregunté

    -Así es -sonrió.

    No sé y no me importa saber porque conocía este lugar una niña tan refinada como Sam, pero se sentía en su ambiente, como cuando llegas al antro y saludas al cadenero “Hola Bobby”, realmente me impresionó el manejo de la situación.

    Llegamos al mostrador:

    -Un vapor individual -Ordenó

    Saque mi último billete para pagar, Sam me tomó la mano y me dijo te lo debo por el coraje y me dio un beso. Sacó un billete de 200 y pago

    El ruco del local me miró con ojos de envidia pero a la vez respeto.

    -Tú crees que la traigo por guapa? -respondí,

    -No pues ya vi, tomen el 12 -respondió el cobrador con ojos de lujuria mirando el escote de la nena que llevaba un botoncito de desabrochado de más.

    Reímos y Sam me dio un pellizco.

    Caminamos un pasillo largo forrado de mosaico viejo, muy viejo, debería tener 25 años ahí viendo pasar bañistas, Mosaico blanco, enmarcando puertas de madera con los números blancos pintados en el centro.

    Llegamos a otro mostrador donde había una campanita, Como de hotel, la hicimos sonar y salió de una puerta escondida tras un pilar, un joven, alrededor de 25 años con más músculos que en los libros de anatomía, Sonaban unas risitas femeninas desde adentro y me pareció sospechoso. En otra ocasión les contaré que esperaban esas muchachas dentro.

    Nos entregó nuestras toallas y un par de jabones “Rosa Venus”, como se acostumbra en estos lugares, para lavar los cuerpos sexosos, sudados por la batalla.

    Buscamos el 12 y entramos a un pequeño cubículo, con un estudio coach o cama de consultorio, con unas toallas de tela cubriéndolo, 3 espejos de cuerpo completo a cada lado, en cada pared.

    Con tragaluces que alumbraban perfectamente el lugar a las 3 de la tarde parecía una sala de Hospital de los 60’s, solo que sin el blanco y negro.

    -Vamos a sacarnos una selfie -pidió Samantha, pusimos nuestras mejores sonrisas con los espejos de fondo. Claro y mi mano en su trasero para que sonriera un poco más.

    Guardó el teléfono y empezamos a inspeccionar, abrimos un cancel de vidrio y después de un pequeño pasillo, estaba una regadera, no sé si en otros países aplica, pero en México este tipo de baños tiene una placa de aluminio bajo la regadera, que sirve como llave para abrir el flujo de agua. Esto, para que no se desperdicie agua.

    Solo si alguien está sobre la plataforma el agua saldrá.

    Abrimos otra pequeña puerta, en mejor estado, ahí estaba el vapor, encendido con bruma, una bardita que hacía las veces de banca a una altura muy conveniente. Perfecta para practicar el amor.

    Nunca había tenido relaciones en un vapor. Qué pasará? Aguantaré? Me sofocaré? Me gustó la idea de probar la nueva experiencia. Pero primero habría que probar los espejos y la camita del Doctor.

    Regresamos al primer cuartito, le di la vuelta y la fui besando, nos paramos en medio de los espejos,

    Empecé a subir su falda de las nalgas, la vista era hermosa, piernas torneadas, un poco marcadas, llegué a sus nalgas, redondas, duras, atrapando la tanga que tendría que empinarse para que saliera, por lo apretado de las mismas. Estaba en una cárcel de carne que no permitía el menor movimiento.

    La apreté contra mi miembro, nuestras lenguas se buscaban como ciegos en el salón, empecé a desabrochar su blusa botón por beso, ella desabrochaba la mía. Nos mordíamos los labios de vez en cuando.

    Le di la vuelta, quería que viera, en el espejo como masajeaba sus senos. Aún con bra, la blusa abierta, le apretaba como si estuviera haciendo una pelotita con play-do o haciendo figuras de barro como cierta película

    Desabroche la falda por detrás y deje que cayera sobre sus tacones, sutilmente saco los tacones y se agacho a recogerla, apretando su culo en mi pene, se quitaba la blusa, mientras se frotaba fuerte como si quisiera desgastar mi bragueta, La envestí para que sintiera mi erección.

    Aproveché para desabrochar el seguro del Bra, y sus lolas colgaron por la gravedad, por el espejo veía como rebotaban sin control. Estiró los brazos para que se deslizara hasta el suelo y pudiera observarlos libremente.

    La enderece y continué acariciándolos, pellizcando sus pezones con un poco de fuerza, Dio la vuelta y me saco la camisa, sin desabrochar, por la cabeza. Empezó a morder mi pecho con tranquilidad, bajando hasta el ombligo, desabrocho mi pantalón y lo bajó, dejando solo mi bóxer brief, negro, el cual empezó a lamer, desde abajo de mis bolas hacia la cabeza. Bajo el bóxer y metió la polla completa en su boca, cambió el ritmo y empezó a succionar como ella sabía, como le gustaba.

    La levanté y le baje la tanga, negra CK de algodón, la olí, despacio, la dejé en mi nariz como queriendo absorber sus esencias afrodisíacas, mientras ella entraba al vapor…

    Caminaba lento como si enfrente estuviera un océano y fuera a enfrentarse con él, decidida a ir a una batalla de sudor y saliva.

    Se movía como torero partiendo plaza, con seguridad pero nervios, nos gusta llegar al límite y disfrutar cada sentido, cada centímetro de piel es área de placer, de dolor, de sabor.

    Caminé tras de ella, le di una nalgada que sonó por el cuarto. Era un placer ver que no rebotaba nada, nalgas redondas marcadas y duras,

    Entramos en el vapor, la bruma nos tapaba pudorosamente, había un espejo empañado al final, le pase la mano y apareció ese cuerpo escultural, brilloso por el sudor que corría por el. Que placentero es acariciar sus senos húmedos, ver sus vellos púbicos escurriendo, eran pocos, muy pocos, una franja delgada, corrían cinco centímetros abajo de su ombligo hasta el cielo. Pase mi dedo por el clítoris y gimió, ya estaba lista, mojada como toalla después de la ducha. Con ese color rojo de que se ha llenado de sangre, listo para explotar en gritos…

    Puse la toalla blanca, desgastada pero limpia, en la banca de mosaico, asiento que se acostumbra en estos lugares.

    Se acostó un poco sofocada no sé si por el ambiente o la excitación pero su respiración era acelerada. Mucho.

    Puse mi miembro en su boca, con sutileza saco la lengua y lo lamió, como niña que come paleta, despacio para que no se acabe, la veía cada que pasaba la lengua, largando desde el perineo hasta la cabeza, roja o tal vez morada de pronto cambio de ritmo y rebotaba con fuerza en su boca.

    Puse una mano en su bubies, acariciándolas apretándola. Mientras manipulaba y jugaba con lo que tenía entre manos… Baje mi mano a su monte de venus, puse mi pulgar en su clítoris y metí 2 dedos en la vagina, a encontrar su punto G, esa pequeña almohadilla de placer, haciendo pinza, como si mi pulgar y mi dedo índice quisieran tocarse.

    Empezaba a gemir más rápido, levantaba su dorso, se encorvaba como si estuviera recibiendo un shock eléctrico, metió entera mi pija en su boca las pelotas rebotaban en su mejilla, empuja dentro hasta llegar a su garganta. La sacaba a tiempos para respirar y toser, babeaba como perro rabioso que está defendiendo su comida. Tomaba aire y la volvía a meter, sacaba y metía al ritmo de mis dedos en su botón, respira más rápido, mas y pego un grito largo, sordo como de muerte, continuó el proceso del orgasmo, sudor, un poco más, su pezones eran grandes, el derecho estaba rojo porque sin darme cuenta lo había apretado de más y le había dejado marca. Seguro se acordaría de mí al otro día, cuando lo rozara el bra.

    Volvió a meter toda la pija en su boca la deja quieta no hace nada, pero siento como palpita en su garganta, hay presión, humedad, se siente bien, pero le sigo el juego, no me muevo solo siento como me aprieta, su respiración un poco agitada. Vuelve a lamer, succionar estoy a punto de venirme pero me aguanto.

    Me monto en ella mi sudor escurre en su cara, besos sus pezones están duros, húmedos y deliciosos, empujo y gime, nos vamos resbalando sobre la toalla y casi caemos de la banca. Reímos un poco.

    Doblé un poco más la toalla y la puse en el asiento, en la banca de mosaico, estaba mojada pero cumpliría su misión, Samantha se hincó poniendo, sus rodillas sobre la toalla para no lastimarlas. Traía minifalda y no quería que se quedaran marcadas para cuando regresáramos al trabajo.

    Se recargo en la pared como si estuviera perreando, la penetré por atrás de un solo empujón, su conchita estaba caliente, hacia ruido por el semen retenido.

    Sus nalgas me quedaban para usarlas, hacerles lo que yo quisiera.

    Mientras empujaba desde atrás, se escuchaban como cachetadas cada que la embestía y se mezclaba con sus gritos, todo sonaba rítmicamente,

    Empezaba a sofocarme, las piernas me temblaban un poco pero el espectáculo del perreo con la mano en la pared valía la pena,

    Fu cuando baje la mirada que vi su culito, redondo rosita, pidiendo atención, lo empecé a masajear, en círculos, despacio, ejerciendo presión, daba de sí, abriendo poco a poco, le escupí para que lubricara más.

    Samantha gemía, gritaba “más-más”. Metí el meñique ahondando en sus entrañas, ahondando espacio para que cupiera algo más grande y duro. No dejaba de empujar en su vagina rítmicamente.

    -Sigue, sigue -gritaba, entre más le metía el dedo

    -Mami no te detengas respondí.

    Me salí porque estaba a punto de venirme, casi me corro pero logré apretar mi glande para resistir.

    Apunte la pija en su culo y empecé a girarlo en círculos. Con la otra mano seguía masajeando el clítoris y metiendo uno, dos tres dedos para que no bajara la excitación.

    Fui empujando despacio pero con firmeza, no daba de sí el culito, puse más salivita y lo intenté de nuevo, infructuoso el intento, hice círculos nuevamente con mi pija, dale dale, para que se relajara,

    Samantha bajo su mano y masajeo su clítoris, nadie mejor que ella lo conocía, es lo más sexy del mundo, ver como una mujer se da placer, como utiliza un dedo en ese botón de placer.

    Era una llave maestra para abrir el culito, formidable, empezó a abrir y pude encajar hasta las pelotas…

    -Dale, dale duro… -replicó

    -Uhhh parece que me pusieron gasolina de avión -empecé a empujar y ella se retorcía.

    Su espalda se arqueaba, veía su cara en el espejo pidiendo más nivel, yo estaba a punto de venirme… Sentí el shock eléctrico del semen explotando. Ella gritaba con su orgasmo… apretaba su clítoris, lo jalaba lo frotaba, mientras su mano recargada en el espejo se deslizaba como en la escena de famosa película, empuje por las últimas 3 veces, mientras me corría dentro.

    Nos quedamos impávidos yo dentro de ella, ella recargada en el espejo, Jadeamos como si hubiéramos corrido un maratón, lánguidos por el sexo y por el vapor que inundaba nuestros pulmones.

    Me salí lentamente, sabía que había hecho daño y que le costaría sentarse cómodamente, pero también sabía que se acordaría de este momento con el dolor.

    Recogí la toalla que se había quedado en el suelo, puse otra seca en la banca y nos recostamos,

    -Por un momento creí que me desmayaría del cansancio. -Comentó

    Reí con dificultad, aún no recuperaba el aliento.

    -Tenemos que regresar a la oficina, creo que no podré subir las escaleras, ojalá que el elevador funcione. -Le dije

    -Deja eso no podré sentarme en toda la tarde

    -Deja te sobo un poco y te pongo cremita

    -Si por favor, la verdad que no podré ni moverme.

    Nos fuimos al silloncito y se acostó boca abajo tome la crema de su bolsa, siempre había sido útil y le puse un poco en el coño.

    Lo tenía un poco rojo, así que aproveché para masajearlo. En círculos despacio, mi pija empezaba a reaccionar, se empezaba a llenar de sangre, intentando levantarse nuevamente, con trabajo aún por la pasión anterior, como cualquiera de nosotros un lunes para ir a trabajar.

    Volteo Sam y grito

    -Ni lo pienses, creo que no te lo volveré a prestar en un año. Está muy adolorido.

    -Ja ja me imagine. Pero mañana se te olvida.

    -No lo sé. Lo pensaré

    Le di una nalgada bien tronada y respondió con una majadería…

  • Divirtiéndome con los amigos de mi esposo (17)

    Divirtiéndome con los amigos de mi esposo (17)

    Estamos en diciembre se llegan las festividades navideñas, las despedidas de año y los amigos de mi esposo se pusieron de acuerdo de hacerlo en la finca.

    Todo afortunadamente salió bien.

    De la logística se encargó un cliente mío quien consiguió todo. Una semana antes del evento mi esposo me cuenta.

    – Sabes mami que tienes un admirador en la empresa.

    – Uno solo? No mi vida con todos con los que me he acostado yo diría que más de uno.

    – Si yo sé que eres una niña muy traviesa pero con éste no.

    – ¡No! Contame ¿y quién es?

    – Darío Guzmán el analista técnico.

    – A si, ve no pues y que como supiste eso.

    – fui a su oficina y al entrar al cubículo en el computador estaba como protector de pantalla una foto tuya.

    – Ahí en verdad tan divino ¿y tú hasta ahora te das cuenta de eso?

    – Pues sí no tenía ni idea.

    – Y ese muñeco va a venir al asado.

    – Claro que si así es que ya tienes con quien echarte un polvito.

    – ha hijueputa este es el marido que yo me merezco gracias mi amor divino te amo demasiado.

    Me toco viajar hasta el viernes porque tenía una audiencia en los juzgados. Pero sirvió porque así pude llevar a dos parejas y sus hijos contratamos también una buseta escolar mi hija llevo a cinco y arrancamos con la fortuna de que no había mucho trancón y fue rápido la salida de Bogotá. Llegamos a las 11 y nos acomodamos como pudimos habían varias carpas y los pelados a la piscina a esa hora los demás ya instalados comimos, tomamos cerveza y guaro. Yo estaba rendida la audiencia me había dejado cansada, el viaje y los preparativos para la reunión. Y me acosté dejando a varios tomando.

    Al otro día mí admirador no llegaba y ya me estaba preocupando, hasta que al fin llegó con otro grupo de invitados. A las diez de la mañana. Al verlos fui a saludarlos dejándolo de último.

    – Hola muñeco hermoso gracias por haber venido que rico tenerte acá.

    Le zampo un beso en la mejilla le agarro la mano me doy media vuelta y caminamos abrazados a la casa.

    – Bueno muñeco yo quiero que me colabores me toca asar así es que espero tenerte acaparado solo para mí.

    – Dianita con mucho gusto es un placer estar contigo.

    – El placer va a ser todo mío muñeco hermoso gracias.

    Y vuelvo y le doy otro beso en su mejilla, seguimos abrazados a él se le notaba los nervios.

    – Muñeco mientras tanto puedes estar con tus amigos que yo te busco.

    Continúe con los preparativos cerciorándome que todo estuviera bien, llegó la carne ya sazonada y condimentada lista para asar.

    Darío se me acerca a colaborarme con la azada de la carne mientras que yo alisto el plátano maduro para ponerlo sobre el asador, una brisa levanta ceniza y preciso me cae en los ojos. Darío me auxilia soplándomelos y lo agarro de la cintura

    – Hay eso así vuélveme a soplar ahí gracias.

    Se me callo uno de los utensilios y lo recojo y preciso en ese momento el Darío se estaba acomodando su verga por sobre la pantaloneta el no se había dado cuenta que yo me había agachado y me ve mirándolo como se la acomoda notándose el bulto me levanto y le picó el ojo. Lo que dio pie para que al rato me tirará los perros. Y en algo contribuí al bailar al son de la música y disimuladamente arrimaba mi trasero a su cadera lo que hacía poner en evidencia su erección.

    Yo estaba que sudaba la calor era por el asador.

    – A Dianita usted en verdad es toda una dama. .

    – ¿Y eso Darío porque los halagos?

    – Yo siempre he estado enamorado de ti preciosa para mí eres como una diosa, un ángel caído del cielo tus movimientos todo, todo me gusta de ti.

    Lo abrazo para decirle al oído.

    – Gracias muñeco hermoso por tus palabras me halagan que me las digan y viniendo de ti. Nos separamos dándole un beso en la mejilla y continuando con el asado.

    – Tu también me gustas mucho por eso le dije a David que te invitará.

    Me coloca su mano rodeando mi cintura.

    – ¿En verdad Dianita?

    – Si muñeco yo quería que vinieras y poder tenerte a mi lado.

    – Jejeje pues preciosa para mí es un placer estar contigo no sabes lo feliz que me haces.

    – Ahí no que calor el que está haciendo muñeco está como para meternos a la piscina.

    Me alcanza una cerveza fría.

    – O a la ducha sería delicioso hacerlo.

    – Ahí muñeco sabes que sí.

    – Ana María ven hija.

    Mi hija se acercó.

    – Hija continua con el asado que con Darío vamos a ir al cuarto a pegarnos un baño estoy que sudo a mares.

    Mi hija se sonríe y yo le pico el ojo.

    – Listo mami yo termino acá y tú ve y diviértete en esa ducha tan rica.

    Le doy un beso y al oído le digo.

    – A eso vamos hija así es que me demoro con él.

    Nos sonreímos. Caminamos para la cocina abrazados y nos encontramos con mi esposo quién venía trayendo dos cajas de ron.

    – Se nos acerca y nos damos un beso en la boca.

    – hey mírate mami estás que sudas yo seguía abrazada de Darío.

    – Huy si papi mira eso.

    Y me seco la frente con un pañuelo.

    – Estamos que escurrimos sudor.

    Dice el Darío.

    – Huy sí Papi por eso vamos a ir al cuarto a pegarnos un baño bien refrescante.

    – A me parece perfecto mí amor, bueno vallan y diviértanse, que por el momento no te necesito.

    – Ok papi nos vemos más tarde

    Nos besamos con David y seguimos entrando llegamos a la escalera y subimos varios peldaños y me acordé que en la neverita del cuarto no había cerveza. Deteniéndome.

    – Ahí espera un momento, es que no hay cerveza en el cuarto.

    Le doy un beso en la boca abrazándolo contra mi.

    – Ya vengo mí amor.

    Al soltarlo mí mano derecha se desliza por su pantaloneta sintiendo su verga en erección, se la apretó, me quedo mirándolo mientras bajo y sonriéndole le picó el ojo,

    – Ya vengo muñeco hermoso.

    Voy a la cocina y saco un six pack y me devuelvo de una Darío me estaba esperando en la escalera le doy alcance veo que no hay nadie nos besamos apasionadamente y meto mi mano entré su pantaloneta y agarro su verga llevándomelo para el cuarto cierro la puerta y nos volvemos a besar, de pronto siento el televisor prendido y volteo a mirar a la cama, mis dos sobrinas estaban viendo televisión quiénes nos miraban, nos componemos la ropa y les pido el favor de retirarse del cuarto y ellas se salen del cuarto en plena carcajada. Volvemos a besarnos con Darío, le bajó la pantaloneta y me desvisto también yo estaba tan húmeda que fue sino colocármela en mi cuquita y dejarme rodar, sintiéndola entrar cosa de segundos, porque estábamos tan sudados que era mejor bañarse primero.

    Vuelvo a agarrarlo de la verga y nos metemos a la ducha, lo enjabono recorro todo su cuerpo con la esponja lo masturbo y se la mano por varios minutos luego el me enjabona se coloca detrás agarrándome las tetas y dedeándome la Cuquita. Me inclino un poco y mis manos abren mis nalgas, me penetra mi trasero dilatándolo con cada centímetro de penetración

    – aaa Dianita todo me imaginé menos hacer esto.

    – En verdad Darío nunca habías tenido fantasías conmigo.

    – No, si claro que sí y es que con ese cuerpo tuyo quién no si eres un bom, bomsote.

    Darío seguía rompiéndome el trasero haciéndome gemir con sus folladas que eran lubricadas con el agua que corría, dándome sensaciones placenteras deliciosas.

    – Aaaa que rico Darío me encanta papacito anda vamos muévete dame toda tu verga que placer tan hijueputa yo sabía que me ibas a gustar.

    – Me alegra Dianita este culo tuyo será follado cuántas veces quieras mamacita rica porque de ahora en adelante te voy a querer por siempre.

    – Vamos papi dame más quiero sentirte rompe mi trasero hazme rico eso así mi amor.

    Me vine a chorros arqueándome asía atrás, nos terminamos de bañar, nos secamos y nos montamos en la montamos en la cama se sentó contra la cabecera y yo me dedique a mamarle la verga por varios minutos en que sentí a Darío gemir de la felicidad, ese hombre no se imaginaba que la mujer de sus fantasías se las estuviera haciendo realidad y más cuando él y mi esposo son tan buenos amigos tan buenos serán que fue mi esposo quién me incito a acostarme con Darío, en verdad yo me gane la lotería, el baloto con mi marido, me lo monto encima nos besamos, le agarro la verga y me la coloco en la entrada de la cuca restregándomela mientras nos seguimos besando me dejo rodar por su tronco venoso sintiéndola toda Adentró haciéndome gemir de placer comienzo a moverme en círculos y luego de arriba a abajo seguimos besándonos intercambiando saliva es plorando con nuestras lenguas nuestras bocas

    Mis paredes sienten su verga rozar aumentan mis gemidos, Darío su respiración, me abraza desesperado y ansioso me agarra mis tetas y las besa, diez minutos de sentir su verga y sus caricias dándome sensaciones placenteras exquisitas.

    En ese momento entra al cuarto mi hija.

    – Mami las llaves del carro. Vamos a ir al pueblo a traer trago.

    Yo seguía follando me estaba viniendo y no iba a detenerme ni por el putas, terminé y entré cortada le dije

    – Están entré la cartera que está en el clóset. Me acerqué a mamarle la verga a Darío mientras mi hija buscaba las llaves, Darío estaba medió apenado y trato de taparse pero lo detuve botando la toalla al piso y metiéndome su verga en mi boca masturbándolo hasta que se vino botando chorros de semen en mi boca tanta que gotas salieron por mis labios Ana María salió del closet con las llaves

    – Acá están mami, es que llegaron más invitados y ya se bebieron lo que había.

    – Ana María se arrodillada al borde de la cama sorprendida por la cantidad de semen que Darío escupe.

    – guau que barbaridad si pareces un caballo.

    Yo le apretó el escroto sacándole hasta la última gota, Ana María le lambe el semen que cayó sobre su estómago y entre las dos recorremos su verga con la lengua limpiándola totalmente.

    – Bueno los dejo chao Darío.

    Yo seguí mamándosela por unos segundos más y dado que su verga seguía erecta continuamos follando acostándome boca arriba se me monta encima y me penetra por mí cuquita follándome a toda velocidad rompiéndome de la dicha con sensaciones placenteras deliciosas, que me hicieron venir. Cambiamos de pose y Darío se me coloca por detrás acostándonos de medió lado me penetra el trasero cosa dé 15 minutos hasta que en un mutuo acuerdo nos venimos inundándome mí trasero con otra buena cantidad de semen.

    – Jajajaja Ana María tenía razón, si pareces un caballo muñeco.

    Volvimos a la ducha nos metimos debajo del agua a besarnos acariciarnos y salimos como nuevos, nos vestimos y salimos al patio abrazados a continuar con la reunión. Una de las parejas era las que estaban encargadas del asador y volví para ayudar. Al rato mi esposo se me acerca me abraza, me besa, y me pregunta.

    – mi vida ya te paso el dolor de cabeza.

    – Ahí sí mi amor divino ya estoy mucho mejor.

    Le doy un beso y sigo colaborando con la asada de la carne.

    La fiesta continuo plena algarabía, trago, comida y música para hasta bailar.

    DIANA LUCÍA SAAVEDRA.

    dinamujermadura

    [email protected]

  • Cogiendo con mi hermana frente a nuestro hermano

    Cogiendo con mi hermana frente a nuestro hermano

    Hoy les confieso la segunda vez que Rox (mi hermana) y yo nos dejamos llevar por el deseo del placer incestuoso.

    Como ya les había mencionado en el relato anterior la primera vez que goce de mi hermana Roxy fue tan excitante que aunque fuese prohibido no me arrepiento de haberlo hecho, tanto que Roxy y yo volvimos a follar sin importarnos que Tavo, nuestro hermano menor estuviera durmiendo a pocos metros de distancia.

    Esto sucedió el pasado febrero cuando mis papas saldrían por pendientes familiares y lo teníamos que cuidar.

    Ya tarde-noche Rox y yo nos preparábamos para salir a enfiestarnos y quitar el estrés de la uni. También había invitado a Cristian, a Jero y a Fran amigos del gimnasio y de partys. Le comenté a Rox que también nos acompañarían para hacer la cura en grande y como Rox ya los conocía bien pues era muy común salir y llevarla a las fiestas de mis amigos aparte de que algunas veces se los topaba cuando iba a entrenar al gym, y por lo mismo ella también me invitaba de antro con sus amigas de la Uni con quienes también tengo relaciones pero eso se los contaré en otra ocasión.

    Ese día salimos a cumplir el reto de los 7 bares, así que trazamos la ruta y recorrimos de uno por uno tomando shots, riendo y carcajeando y echando bulla por donde pasábamos hasta que a las 2 am aprox llegamos al último bar de la lista, buscamos una mesa que pudiéramos ocupar para tomar y descansar un poco. Fran y Jero llevaban a sus novias Selma y Diana. Las 3 chicas dijeron que pidiéramos mientras ellas iban al baño. No pude evitar voltear a ver el culo de Selma (novia de Fran) y de Diana (novia de Jero) que presumían contoneando como putas para llamar la atención de todos, y por instinto también mire ese culo delicioso de Rox que me imaginaba con aquella tanga roja y fantaseando una Orgia en el departamento lo cual sabía que no pasaría y menos con Fran y Jero. Estaba tan distraído mirándolas que no note que Jero me miraba serio y solo por joda le dije -se ve bien rica tu girl con esa tanga, te envidio cabron- y Fran burlándose de los dos nos separó para evitar golpes.

    Unos 10 minutos después conocí a Nicole, una turista pelirroja hermosa, delgadita pero unas tetas que sobresalían y hacia resaltar con ese escote provocando miradas de deseo. Pronto fui hacia ella haciendo uso de mi labia simpaticona y pícara con la que entramos en confianza, ambos sabíamos que lo que queríamos. Nos movimos a una mesa al fondo donde entre pláticas y risas sutilmente toqueteaba sus piernas y sus tetas, mientras tanto Rox y los demás bailaban y tomaban de la respectiva botella de tequila shot tras shot. Roxy a pesar de ser más pequeña tiene más tolerancia al alcohol así que aguanta mucho sin emborracharse. Yo seguía con Nikky planeando la forma de irnos al departamento y ahí seguir el after pero tenía que aparecer su primo para arruinar mis planes. Se despidió obligada pero me dejó su número para salir durante el tiempo que estaría de vacaciones con su familia.

    Aun así para mi la fiesta continuaba cuando nos avisaron que teníamos que retirarnos porque ya estaban cerrando. Con toda la fiesta encima lo que menos queríamos era llegar al departamento así que sugerí ir a seguir la parranda a un putero de la zona rosa pero las novias amargadas obviamente no aceptaron y molestas pidieron que las fueran a dejar. Rox fue la única que me siguió la cura pues el baboso de Cristian ya no podía tomar más y aunque le insistimos y le dijimos que podía quedarse en el depa con nosotros decidió irse a su casa.

    Nosotros si seguimos el plan, llegamos y de cura le pregunté a Roxy cual puta quería en la mesa y contesta «a la que quieras» aunque estar ocurrente con mi hermana era más divertido. Así nos dieron las 5 am y estábamos ya bastante tomados y para bajar un poco compré algunos gramos, pedí uber y nos fuimos al depa. Llegamos y solo nos servimos una última cuba sin tanto escándalo para no despertar Tavo y que no fuera a evidenciarnos luego con mis papás. Tavo estaba dormido en la habitación de Rox pues en mi habitación solo hay una cama y con Roxy son dos. Como estábamos fumando nos quedamos platicando de Tavo, de que nos habíamos salido de rumba y el pobre ahí solo viendo sus animes.

    Nos lo imaginábamos en estado de ebriedad, en eso accidentalmente me tire la cuba encima y Rox se burló, reaccione tirándole la suya mojando su blusa y dejando notar que no llevaba bra, tal vez en una de esas que fui al baño se lo quito, con qué propósito? No estoy seguro pero me prendí al instante así que seguimos el juego travieso y nos empapamos de agua helada carcajeando y hablando fuerte olvidando que Tavo estaba durmiendo a escasos metros.

    Roxy entró temblando de frio a por su bata y yo solo me quite mi camisa y prendí un cigarro que me fumaba pensando y fantaseando con el cuerpo excitante de Roxy entonces me pide cigarro; sus tetas se asomaban al igual que su vagina depilada. Me pego a ella dejándole sentir mi verga dura. Le dije que nos fuéramos a mi habitación, que moría de ganas de volver a cogerla pero no quiso, me dijo que estaba ebria y que Tavo nos podría escuchar. Se sentó en una mesa con las piernas medio abiertas y yo aproveche para meter mi dedo y saborear sus jugos. No había dudas de que se excitaba tanto como yo y ella misma me dijo gimiendo que le encantaba el sexo que se sentía una adicta ninfómana. Pero debíamos ser discretos y calmarnos para no tener problemas.

    Me pidió la droga y ambos inhalamos buscando cualquier pretexto para seguir las travesuras calientes, la seguí tocando, mordiendo su cuello y sus pezones mientras ella me quitaba el pantalón y me comenzaba a masturbar, me sentó en la mesa y se montó en mi verga, mirando sus ojos de éxtasis y como trataba de contener sus gemidos, se movía lentamente pero delicioso. Ninguno de los dos nos venimos pero aun así el placer del acto morboso se volvía cada vez más interesante para ambos.

    Sólo nos quedamos con la duda de si Tavo había visto, escuchado o sospechado algo pero hasta la fecha no ha mencionado nada.

    Que excitante sentir esa adrenalina de poder ser descubiertos en cualquier momento. Comenten que les pareció este relato que más que eso sigue siendo un secreto que ninguno de nuestros cercanos se imaginarían.

  • No hay como la familia

    No hay como la familia

    Les contaré lo que ha pasado conmigo. Yo soy un chico de 20 años, delgado, con buenas piernas gracias a mis mañanas corriendo en el parque, sin mucho vello, de piel morena clara y con un pene de 16 bastante grueso. Mi tío es el hermano mayor de mi padre, tiene 43 años, es un oso hecho y derecho jajaja debe medir 1.90 aproximadamente, bien fornido y fuerte, con piernas y trasero grandes y duros, brazotes bien trabajados, espalda ancha, unos pectorales grandes y una pancita un tanto grande pero que al tener un cuerpo así solo termina por gustar.

    Todo el cuerpo tiene una fina capa de vello aunque en su pecho, axilas, pubis, y piernas es más denso. Usa una barba de 3 días siempre, tiene unos ojos color miel bien bonitos que adorna con unas pestañas largas y rizadas y de piel blanca. Yo vivo con él en Guadalajara, Jalisco, México.

    Mi tío se divorció de su ex mujer hace 1 año cuando se dio cuenta que ella mantenía otra relación con un ex novio de la misma… Al poco tiempo su único hijo también lo dejó para irse a estudiar a Francia y terminar su carrera. Y yo llegué a su casa hace aproximadamente 3 meses para empezar mi universidad, estudio en el cuaad y pues al ser foráneo busque un lugar donde quedarme y tenía la casa de mi tío o la de mis abuelos, pero quise irme con mi tío por varias razones; sus piernas, sus brazos, ese pecho lleno de vellos que en las reuniones familiares siempre le veía, ese paquete rico que tanto se le llegaba a marcar y esos ojos alegres…

    Pero el chiste es que han sido los meses más excitantes y bellos de toda mi vida, mi tío parece un amigo más, aunque a veces también me protege y aconseja, amo despertar y bajar a desayunar y encontrármelo en boxers sin camisa, o espiarlo mientras se baña, ver como la espuma y jabón recorren su cuerpo mojado. Hoy es viernes, y mi tío salió con sus amigos de trabajo, supongo que a tomar… Yo al estar solo me quede en boxers y me puse a ver una peli. Ya pasaba de la 1 de la mañana cuando me despertó el sonido del auto de mi tío, espere un par de minutos y lo veo entrar con la ropa un poco desarreglada, luce borracho y con dificultades llega a la sala y se tiende a mi lado en el sillón.

    -Alex, porque tu tía es tan puta? -me dice mientras se acomoda mejor y desprende de su playera quedando con el torso al descubierto.

    -tío se te pasaron las cervezas verdad? -le digo mientras lo tomo del hombro

    -eso no importa, esa cabrona me judío la vida… Sabías que cuando la encontré en este mismo sillón montando al perro de Joaquín todavía se atrevió a decirme que él era más hombre que yo? -me dijo en medio de un llanto que parecía muy sentido.

    -ya tío, tranquilo, tu eres un buen hombre, cualquier mujer quisiera estar a tu lado…

    -ya no quiero más mujeres!

    -bueno pues entonces chicos! Jajaja -bromee aunque en el fondo deseaba con todas mis fuerzas alguna posibilidad.

    Mi tío me volteo a ver y esbozando una sonrisa pícara me respondió

    – tu quisieras verdad? Eres jotito! Si bien eh notado como me miras!… Es que yo no sé porque Laura me engaño… Si hasta tu babeas por esta verga y este cuerpo!

    Yo de solo escucharlo me quede sorprendido y lleno de vergüenza… Estuve a punto de irme a mi cuarto pero el mismo me abrazo más fuerte de los hombros y susurro

    – no te vayas Alex… Sea como sea te voy a querer siempre, eres otro hijo para mí y te amo como sea jejeje, solo ya no me mires el pene como si quisieras comértelo a mordidas…

    Yo casi exploto por todo lo que decía el tío Rafael, pero termine por tranquilizarme, de seguro mañana ni recordaría tanta tontería. Mi tío empezó a quedarse dormido aún conmigo bajo su brazo y yo me relaje y también empecé a dormir…

    Como a las 2 horas me despertó un ronquido. Yo estaba durmiendo sobre el pecho de mi tío, mi boca estaba tocando su pezón derecho y mi mejilla descansaba sobre esa fina pero abundante capa de vello que tenía en su pectoral bastante trabajado. A mi se me antojo tanto mamar de su grande y rosadito pezón, besarle cada parte de su cuerpo descubierto, babearle todo el pecho y que su vello se viera mojadito, bajar por esa pancita rica, seguir el caminito de oscuros pelitos y terminar ahogándome en esa verga que yo adivinaba deliciosa. Y entonces a la mitad de toda esta fantasía y excitación me anime a acariciarlo, comencé por su cuello, recorrí su crecida barba, toque con mis dedos sus rositas labios que se me antojaba tanto morder, mi mano bajó a sus hombros, su pecho, y así…

    Hasta que ya estaba al borde de su pantalón de vestir, maldito pantalón le quedaba un poco justo y le marcaba unos tamaños bastante alentadores. Cuando comprobé que mi tío seguía bien dormido fue que acomode mi mano abarcando todo su paquete, poco a poco lo fui presionando y manipulando, era la cosa más rica que sentía mi mano, suave y cálida como nada en este mundo.

    Y yo no supe cómo no se despertó pero a los 10 minutos ya estaba mi tío con el pantalón desabrochado y el bóxer negro que ya le marcaba un tremendo pene semi erecto a punto de bajarse también, con cuidado estuve bajándolo poco a poco siempre observando la respiración de mi rafa aunque la mía era un huracán que ya se me salía del pecho. Y ahí estaba, de entre un bosquecito bastante bien recortado descansaba una verga de lo más apetitosa, morena, de glande rosado, con un lunar a la mitad del tronco jajaja gruesa y de un largo que sin haber alcanzado la dureza máxima ya era de unos 17 cm.

    Era un sueño estar con la cabeza a escasos 10 cm de ella, su olor un tanto a sudor, un poco a orín pero más allá de eso una esencia a hombre, a huevos sudados de todo un día ajetreado me tenían hipnotizados. Y fue por esta misma hipnotización que nunca lo pensé dos veces, no recordé que el macho que yacía en el sillón conmigo era hermano de mi papi, solo podía pensar que ese trozo de carne tan bien proporcionado se veía un poco seco, así que me baje del sillón, gateando me coloque entre las piernas abiertas de mi macho y mirándolo a esa carita apoyada en el respaldo, con la boca un poco abierta y los ojitos bien cerrados comencé a besar la rica cabecita de ese pene. Lo tomé con las dos manos y apretándolo un poco me metí a la boca todo el glande, maldita verga era tan grande y gruesa que me costaba no rozar mis dientes contra la piel la dicha.

    Y así estuve un rato, le besaba el tronco, le pasaba la lengua, le sorbía el glande, jugué un rato con mi verga favorita de entre todas las del mundo, hasta que baje a sus testículos. Igual bien llenos de vello y de un color más oscuro que el de todo su cuerpo, tenía dos huevos bien grandes y turgentes, fueron mi delirio, lamí todo rincón que se me atravesaba hasta casi llegar a su anito. Pero ahí fue cuando volví al principio y tomando la verga de mi tío, que ya estaba bien dura, admirando los 20 cm de pura carne, la proporción perfecta de una verga circunsisa con un glande y tronco de tamaño perfecto.

    La comencé a comer como si no hubiera un mañana. Yo estaba perdido, no pensaba en mi, ni en que el pequeño ronquido que mi tío había estado emitiendo ya no lo hacía más, nunca levante la vista; solo me enfoque en darme gusto y comer hasta hartar, cuando intentaba metérmela entera me faltaban un par de centímetros, pero yo seguía intentando, también juntaba mi boca y mi mano para hacer un vaivén, parecía que me estaba cogiendo yo sólito en la verga de mi tío.

    Y así seguí por unos minutos más, cada vez sentía más el sabor de sus jugos, su delicioso pero rico precum, pero en eso empecé a sentir como se hacía más dura estando en mi boca, como sus huevos se recogían un poco y una mano me tomaba con fuerza de la nuca y marcaba una follada bucal de lo más bestia. Y ahí fue que recordé donde estaba y con quien estaba pero ya era muy tarde, 10 segundos después escuche al hombre postrado sin camisa y con el pantalón a las rodillas gemir, parecían rugidos roncos. Y al tiempo en mi boca unos chorros bien fuertes y abundantes de leche, sentí que orinaba por la cantidad que expulsaba, fue tanto el semen que además del que trague, y el que me llenó la boca, mucho termino rodando por la comisura de mis labios que todavía tenían el bello glande de mi macho.

    Y entonces, aún con la respiración a tope, la casa se quedó totalmente en silencio, y yo caí en cuenta de todo lo que había hecho, poco a poco saqué y dejé descansando esa verga que ya había hecho su parte, termino bien roja e hinchada, pero yo no podía moverme, no me atrevía a levantar la mirada y toparme con la suya, no sabía cómo remediar lo que acababa de hacer, aunque el también ayudó. Y en eso solo vi como mi tío se acostaba en el sillón, recogió sus piernas y acomodándose en el mueble me terminó dando la espalda. Ahí fue cuando casi corro a mi cuarto, llegué y cerré con seguro la puerta, y caí lentamente en el suelo todavía impactado, le había hecho la mejor mamada que he dado al hermano mayor de mi padre, al hombre con el que eh vivido solo durante los últimos meses.

    Después de como 10 minutos me pare y pensé lo mejor, quizá mi tío ni recordaría nada de todo esto, y si lo hacía pensara que solo fue un sueño, así que yo debía actuar como tal, como si yo nunca le hubiera hecho eso. Abrí mi closet y me quite el bóxer, y ahí me di cuenta de mi pene, me había corrido sin tocarme! Todo el bóxer estaba mojado y mi verga todavía un tanto hinchada se encontraba con restos de una buena corrida por todos lados. Y ahí recordé todavía algo mejor, dirigí mis dedos a mi barbilla y toque todavía el semen de mi tío, en que no había podido tragarme, y de manera glotona me llevé mis dedos empapados en su semen a la boca, que sabor más rico por cierto, se notaba que el tío Rafael no había descargado en bastantes días ya que la consistencia casi parecía gelatina. Era un poco amarga pero de lo más dulce y rica…

    Termine de comer y ya por fin me puse mi pijama, me acosté en mi cama y traté de dormir, pero por más que lo intente nunca pude, solo pensaba en eso, y en los fuertes ronquidos que lanzaba mi macho desde la sala… El hermano de mi padre, mi sangre y ahora también mi hombre aunque él no lo quisiera…

    Pd: si se busca hombre eh jajaja interesados tipo tío Rafael favor de contactar. Gracias por leer y terminar el relato, me encantaría saber si les gustó o no fue así, y les prometo, si les parece, otras buenas partes de esta historia.

  • ¿No sabes meter ímpetu, capullo?

    ¿No sabes meter ímpetu, capullo?

    Recibí una bofetada cuando mi esposa me enseñó la invitación a la boda. Diana, se casaba. Era un día soleado y sentí que se ponía gris. Los gorriones que hacía unos segundos veía dar saltitos y me parecían encantadores, ahora me parecía buitres. Me sentí como si fuese un trozo de carne que alguien comió y después se cagó. Me sentí poco menos que nada. Oí la voz de mi esposa. Parecía que venía de ultratumba:

    -¿Llamo a mi sobrina y le digo que iremos?

    -Vete tú, yo no pienso ir.

    -¿Y eso? Tan bien cómo te caía… Y ahora no le quieres ir a la boda… ¡Qué raro!

    -Raro sería que me desplazase si no es por negocios.

    -También es cierto. Quedamos de ir a Londres a ver a Terry y Wendy el año pasado y aún siguen esperando.

    Esa noche, Diana, me mandó un whatsapp. No le contesté. Estaba dolido y oír su voz profundizaría en la herida.

    Una vez, sin querer la había borrado de mi whatsapp, ahora sabía cómo hacerlo y la borré. Recibí un correo electrónico, por curiosidad, lo abrí, en él me decía que quería pasar parte de la noche de su despedida de soltera conmigo. Le respondí que lo hiciera toda con sus amigas. Me dijo donde me esperaría y le respondí que no iría y su repuesta fue que ella me esperaría igual…

    La habitación de la pensión estaba solo iluminada con la luz de las lámparas de las dos mesitas de noche, a las que Diana había enrollado dos plásticos rojos muy finos. Encima de la cama, sobre un paño, había un pollo asado con patatas y dos botellas de vino tinto, de las baratas. Era la cena más sencilla y más romántica que había tenido en mi vida. Hasta el sitio era humilde, pero yo no estaba para romanticismos.

    Diana llevaba puesto un vestido marrón que le daba por encima de las rodillas, una blusa blanca y unos zapatos marrones. Estaba preciosa. No se lo iba a decir. Le dije:

    -No hay tenedores ni cuchillos.

    -Las princesas, reinas y reyes comían con las manos y vistiendo sus mejores galas. Cómo tú y yo no somos de sangre azul, había pensado en que cenáramos desnudos y que tu cuerpo me sirviese de servilleta a mí y el mío a ti.

    Me acerqué a Diana y cogiéndola por la cintura la besé en la boca, le di la vuelta y la puse mirando a la pared. Me dijo:

    -¿Vienes con ganas o me tienes ganas?

    Le respondí:

    -Ambas cosas. Te voy a follar cómo nunca te follará tu futuro marido.

    -¿Que sabrás tú cómo me folla él?

    Le bajé las bragas, quité la polla, froté con ella su chochito para encontrar la entrada, y se la clavé de un golpe: «¡Zaaas!» Mi idea era que le doliera un poco al entrar, pero estaba mojada y entró en el coño cómo entra un cuchillo caliente en la mantequilla. Me dijo:

    -¿Te adelgazó la polla, cabrón?

    Le tiré del pelo hacía atrás, le comí la boca, y la follé duro y hasta el fondo. Estaba cabreada, se había dado cuenta de que traía rabia contenida, y lo aprovechó.

    -¡¿No sabes meter con más ímpetu, capullo?!

    Le solté el pelo, le agarré las tetas y le di cómo nunca le había dado.

    -¡¡¡Pin, plas, pin, plas, pin plas…!!!

    El resultado fue que por no parar a tiempo, me iba a correr. Pare… Diana, con la cara contra la pared, me agarró el culo con las dos manos y con el suyo me siguió follando. Me corrí dentro de ella. Al terminar, se dio la vuelta, me cogió la cabeza, la llevó a su chochito, y me humilló, diciendo:

    -Hazme cómo una mujer lo que no supiste hacer como un hombre. Haz que me corra, picha floja.

    Le comí el chochito cómo a ella le gustaba, llevando mi semen con la lengua a su clítoris y lamiéndolo de abajo a arriba y alrededor… Hacia los lados ya movía ella sus caderas… No tardó en correrse, y al hacerlo, me dijo:

    -¡Qué no me entere yo que se derrama una sola gota de mi néctar!

    Le ocurrió lo de siempre, sus piernas comenzaron a temblar y se corrió con una fuerza bestial. Era una mujer que disfrutaba sus orgasmos como nadie, y yo disfrutaba bebiendo de ella.

    En fin, que con unas y con otras, fui de matador y me pilló el toro.

    Diana, era una mujer muy especial. Follando, una fiera, pero después de correrse, dulce, muy dulce y muy tierna. A su lado no podía estar enfadado. La amaba demasiado.

    Al levantarme, me quitó la corbata y la echó encima de una silla, yo me quité la chaqueta y la tiré sobre la corbata. Besándonos, le fui desabrochando los botones de la blusa. Al acabar se la quité y quedaron tapado sus pechos con un sujetador blanco. Besándonos me quitó la camisa y dejó mi pecho peludo al aire. Me quité el pantalón, los zapatos y los calcetines, ella se quitó la falda, las medias y los zapatos. Besándonos de nuevo le quité el sujetador. Sus tetas, aquellas tetas que adoraba, con areolas marrones y gordos pezones, se aplastaron contra mi pecho, mi polla reaccionó poniéndose morcillona, ya que después de correrme se había bajado del todo. Diana, sintiendo mi polla en su cuerpo, sonrío, y mirándome a los ojos, me preguntó:

    -¿Tomaste viagra?

    -Aún no.

    -Se nota. Hoy no quiero que la tomes.

    Le hice coquillas en las costillas, y le dije:

    -Tú mandas.

    Se encogió, y riendo, me dijo:

    -Vamos a cenar, vamos a cenar que tienes un peligro… ¡Qué peligro tienes!

    -¿No lavamos las manos?

    -¿Y eso me lo pregunta el hombre más guarro que conozco?

    -En la cama.

    Me dio un cachete en el culo.

    -¿Y a dónde crees que vamos?

    Se acabó de quitar las bragas. Yo me quité los boxers. La polla seguía morcillona, y latiendo, al ver su chochito favorito.

    Partió el pollo a la mitad y me dio mi parte. A mordisco limpio lo fuimos comiendo. Las botellas ya tenían el corcho a medio sacar. Con la boca y las manos llenas de aceite, cogí la botella y le eché un tragó que la dejé por la mitad. Diana, me preguntó:

    -¿Se te levanta si estás bebido?

    -Si estoy bebido, sí, si estoy borracho, no.

    -¿Y que hace falta para emborracharte?

    -Tres botellas de vino cómo estas.

    Limpiándose el aceite de la boca con el dorso de la mano, me dijo:

    -¡Ah bueno! Entonces no hay problema.

    Diana, cogió su botella de vino y le echó un trago largo. Le dije:

    -A ver si te vas a emborrachar tú, princesa.

    Se puso mimosa.

    -Me gusta que me llames princesa.

    -Y a mí llamártelo.

    Habíamos acabado el pollo. Se hizo un silencio, de esos incómodos, en los que unos segundos parecen siglos. Cogí la botella y casi la dejé seca, ella se echó otro, y luego, me preguntó:

    -¿Hacía mucho que no tragabas tu semen?

    -Desde la última vez que estuve contigo.

    Me cogió la polla, flácida, con la mano llena de aceite. La metió en la boca, la masturbó y la mamó… La polla fue creciendo y acabó poniéndose dura. Paró de mamar, me besó, y me preguntó:

    -¿No tienes nada que decirme?

    Sabía que me estaba hablando de su enlace matrimonial, pero, ¿qué le iba a decir? La última vez que quise irme con ella a una isla paradisiaca me había dicho que amaba a su novio, y la prueba la tenía en que le quedaban pocas horas de soltera. Así que le respondí:

    -Ahora mismo… Que tengo ganas de follarte el culo.

    Diana, no insistió en la pregunta.

    -¿Quién te lo prohíbe?

    -Date la vuelta.

    Enrolló los restos del pollo en el paño sobre el que estaba, los puso en el piso y se colocó a cuatro patas.

    Con mis manos llenas de aceite le masajeé las tetas. Lamí desde su chocho hasta dónde se acababa su espina dorsal. Lamí y Besé su espalda… Luego le follé el chochito con dos dedos y el ojete con la lengua… A punto de correrse, me dijo:

    -Hasta ahora no has hecho nada que no me hicieras ya. ¿Dónde está es polvo tan espectacular que me ibas a echar?

    En vez de meterla en el culo se la metí en el chochito. Le metí la puntita y después el glande y con él la follé como si no tuviera más polla… Cada vez que echaba el culo para atrás la azotaba con fuerza en las nalgas.

    -¡¡Plaaas, plaaas!!

    Después de innumerables azotes, me dijo:

    -La dulce agonía se va a acabar, me voy a correr. No aguanto más.

    En ese momento, se la froté en el ojete, le metí la puntita y después el glande, se lo quité, y mientras se la frotaba en el ojete, con una voz más dulce que la miel, me dijo:

    -Me corro. ¡Aaaay, aaaay, aaaaay! ¡¡Me cooorro!!

    Puse mi mano en su chochito y mientras ella temblaba de placer, recogí sus jugos en la palma de la mano. Al acabar de correrse, se los mostré. Los lamió cómo una perrita, y después, dándose la vuelta, me besó con una dulzura que me estremecí.

    Quedamos boca arriba mirando al techo. Me volvió a preguntar:

    -¿Seguro que no quieres decirme nada?

    -¿Qué quieres qué te diga? Que te quiero ya lo sabes, que te adoro, también. ¿Qué para mí eres la mujer más bella sobre la tierra? Todas esas cosas las sabes, cielo. ¿Qué quieres que te diga?

    -Nada, a veces espero más de las personas de lo que me pueden dar.

    A veces no había manera de entenderla.

    -¡Coño! Si no me cuentas que quieres decir con eso…

    -Tenía que salir de ti. Te tenía que provocar decirlo.

    Supuse que quería que le dijera que me gustaba que se casara. No podía decírselo. Jamás le había mentido y no iba a empezar en la que sería nuestra última noche juntos.

    -¿Sabes lo que me provoca, hermosa?

    Se había puesto seria.

    -Follar, a ti lo que te provoca es follar conmigo.

    -No. ¿Me gustaría que me hicieras el amor?

    No estaba muy receptiva.

    -Encima, vago.

    -No, quiero recordarte así, dulce, linda. Quiero recordar tu bello rostro llegando al cielo.

    Seguía seria, y aún hoy no sé por qué.

    -Si te cabalgo no voy a ser dulce. No te voy a hacer el amor. Te voy a follar cómo te follaría una loca.

    Me resigné.

    -Bueno, también es un bello recuerdo.

    Diana, me besó, y con voz dulce, me dijo:

    -Si supieran cuanto te quiero, calamidad.

    Estuve a punto de decirle: «Si supieras la envidia que siento del que va a ser tu marido…» Pero me callé, y le dije:

    -Ni la cuarta parte de la mitad de lo que te quiero yo a ti, bella.

    Diana, subió encima de mí, me dio las tetas a mamar. Se las mamé, chupé y mordí… Besé los pezones, se los mordí… Después arrastró su húmedo chochito por mi cuerpo y me lo puso en la boca. Se lo comí cómo a ella le gustaba, lentamente y saboreando cada parte de él… Labios, vagina, clítoris… Me tenía caliente cómo un perro. Cogió mi polla con la mano derecha y la metió en el chochito. Me hizo el amor con su cuerpo pegado al mío. Me encantaba sentir sus tetas pegadas a mi pecho. Nos besábamos dulcemente en el cuello y en la boca… Así, follándome despacito, estuvimos más de media hora. Cuando ya no aguantaba más, me dijo:

    -Córrete conmigo, cariño.

    -Le di la vuelta. Haciendo palanca le busqué el punto G con mi glande y froté, froté y froté hasta que un torrente de jugos bañó mi polla. Vi que las pupilas se les subían, cerró los ojos, y comenzó a derretirse como un helado bajo el sol. Ahogué sus gemidos con un beso y me corrí dentro de su chochito. Fueron dos corridas mágicas, por lo largas, brutales, y al mismo tiempo, dulces.

    No voy a contar cómo nos despedimos porque fue muy triste, solo diré que una hora más tarde, se fue… Una amiga la estaba esperando para la verdadera despedida de soltera. ¿O sería nuestra despedida la verdadera?

    Quique.

  • En la bodega

    En la bodega

    Unos botines al tobillo, una falda corta deshilachada y una blusa corta hicieron volar mi imaginación.

    Cuando conocí a Rubí pronto me di cuenta que era una mujer especial, siempre alegre pero de un carácter un poco fuerte. Siempre vestida a la moda, por lo regular enseñando sus bien formadas piernas(cosa que en lo particular agradezco mucho) lo cual alborota mis pensamientos, no creo que ella sea consciente de eso, unos juveniles senos a la medida de mis besos, y, para mi fortuna a diario la vería en la oficina. Tiene una forma de pedir las cosas que más bien parecen órdenes, y una forma muy peculiar de usar su mano para indicar dónde quiere las cosas, que cuando con su dedo índice indica hacia el suelo mi a inconsciente le dan ganas de ponerse a sus pies. Tal vez sea una buena señora.

    A sus veintitantos años, es como 15 años menor que yo, y ella no le intereso en lo más mínimo tiene muchos pretendientes, aunque he notado que a pesar de la diferencia de edad no le parezco tan mal.

    Cierta tarde la encontré en la bodega estaba muy entretenida bailando, estaba ensayando para su primera presentación en un concurso de pole dance, la música alta me permitió acercarme sin que me oyera, sus movimientos eran cautivadores la vi subir y bajar por el tubo improvisado que tenía, mire toda su rutina atontado con ganas de ir a verla y pagar un privado…

    me acerqué muy lentamente por detrás de ella y la sorprendí tomándola por la cintura, su grito hizo que yo soltara una carcajada, lo cual a ella no le pareció muy gracioso, me quiso tirar una cachetada y le tome la mano en el forcejeo la atraje hacia mí, y sin pensar le di un beso en sus labios… zas la cachetada ahora si llegó a mi mejilla (el cachete me ardió), la tome más fuerte y le plante otro beso, la siguiente cachetada fue de menor intensidad, pero el beso fue más intenso ya no besaba solo yo, ahora era correspondido… su lengua busco la mía y mis dientes mordieron sus labios… nos besamos largamente y las ganas inundaron nuestros cuerpos.

    La tome entre mis brazos para levantarla, nos recargamos en la pared más cercana y los besos seguían fluyendo… un altero de cajas estaba cerca la lleve en el aire hasta allá y la baje lentamente en las cajas, las ropas fueron cayendo, pronto mi dorso quedo desnudo y su blusa salió volando, desabroche su brasier y un par de tersos, firmes y pequeños senos quedaron a mi vista, ella bajo la mirada un poco apenada, los toque con delicadeza y los explore por primera vez… mi boca los disfruto enseguida, mi lengua jugó con ellos, tus manos buscaban quitar mi pantalón mientras las mías quitaban su falda.

    De pronto ahí estabas… a mi vista desnuda para mi disfrute, trepada en unas cajas de cartón que nos servirían de cama. Tus manos tímidas tocaron mi cuerpo fue una delicia sentirlas en mi piel, fuiste directamente en una dirección… torpemente lo tomaste entre tus manos y comenzaste a explorarlo, mis manos buscaron las tuyas y le mostraron la manera, jugaste un momento con el lo necesario para seguir el ritmo… te detuve la mano busque tu mirada y te di tu primer orden…

    Es curioso como una simple orden, en el contexto correcto… En el momento correcto, puede hacer que te inundes… “Ahora con la boca», no lo dudaste ni un momento, tu inexperta boca lo tomo entre sus labios besabas y lamias por todos lados, buscando complacerme,

    -no te olvides de las bolas

    Y hacia allí fue tu boca, te tome de la cabeza para marcar el ritmo…

    Casi te atragantas cuando lo metí en tu boca, solo poco tiempo lo mantuve dentro de ella, te senté en una orilla del altero de cajas con las piernas colgando, una a cada lado abiertas… me senté detrás tuyo con mi dureza bien pegada a tu espalda, cada gota que expulsaba quedaba en tu piel, te abracé desde atrás para morder tus hombros y tu cuello… mis manos viajaron hacia el frente volví a tomar tus senos, los sentí endurecer al contacto, baje mis manos a tu vulva comencé un masaje lento… acariciando de abajo hacia arriba, una mano a cada lado de tus labios, subían y bajaban, subían y bajaban… tus caderas comenzaron a moverse se pegaban cada vez más a mí estabas lista, tu cuerpo me esperaba, anciana ser tomada…

    Te recosté de nuevo en nuestra cama improvisada…

    Estire tus piernas, tus manos las abrazaron, y con una mano sujete tus tobillos ahí estabas con tu sexo expuesto… Lamí, probé tus jugos, chupe tu clítoris en crecimiento… tu esencia inundo mi boca, que cosa más dulce probé de ti.

    Posé mi polla en tu abertura, empuje, había cierta resistencia a pesar de lo mojada que estabas…

    Poco a poco fue cediendo estabas tan estrecha, un gran placer se apodero de mí, lentamente te fui llenando por completo.

    Tu boca se abrió y dejo salir primero, un pequeño grito después un suspiro, cerraste tus ojos, y, solo te dejaste llevar.

    Me detuve un momento y lentamente comencé a moverme, dentro fuera, dentro fuera, dentro fuera, tantas veces, cada vez más fuerte, después de unos momentos me detuve por completo, eché mi peso en tus piernas hasta poner tus tobillos en tu rostro… comencé a bombear de nuevo, tu boca cedió y tus ruidos salieron de ella… abriste tus ojos parecías asustada, como si no supieras lo que le estaba sucediendo en tu cuerpo, tu respiración cada vez agitada, tus manos se cerraron fuertemente, tus piernas comenzaron a temblar… lo note en tus ojos… en ese momento me di cuenta, nunca antes lo habías hecho, arrecie mis movimientos, con una fuerte acometida explotaste de inmediato…

    Baje un poco el ritmo quería disfrutar sentirte, volví a salir de ti, entre otra vez lentamente, me encanta esa sensación de ir abriendo tu interior… mirar tu rostro y saber que tú lo disfrutas igual, volví con más impulso, mi falo se puso tieso sentí mi necesidad de acabar y lo metí violentamente… me vine dentro tuyo con unas fuertes convulsiones de mi miembro… derrame mi semilla en ti, era tu regalo. Lo deje dentro, mientras mis ojos buscaban tu rostro, ya el miedo se había ido ahora solo sonreías…