Blog

  • Apagón

    Apagón

    Estás en tu despacho, repasando la última tarea. Miras por la ventana maldiciendo la larga temporada de tormentas, nieve y lluvias. Deseando que salgan los primeros rayos del sol de la primavera para poder disfrutar de actividades al aire libre. Te despides de tus compañeros y, de camino a casa, entras en el súper para comprar unas cosillas para la cena. Un compañero ha estado hablando un delicioso escalope cordon bleu y te ha dado envidia. De paso compras unos nachos y queso para fondue junto con alguna otra golosina.

    Te calas hasta los huesos llevando la compra hasta casa y entras con premura. Me llamas, pero aún no he llegado y te preocupas un poco. Miras el celular, pero no tienes avisos, por lo que me escribes un escueto «?» que tanto me gusta y te pones a recoger un poco la casa y preparar la cena. Piensas en una bonita velada, bañito, cena y proseguir con nuestra serie favorita. Pasa media hora y sigo sin llegar, y tu preocupación aumenta, puesto que está empezando a llover fuerte de nuevo, y se acerca una tormenta.

    Día largo, de esos pesados e interminables. Últimamente la universidad ha estado más demandante de actividades, más cosas que hacer y el bendito clima… No es que sea del todo desagradable es que desteto tanto diluvio. Se hace tarde, me he quedado un rato con los chicos estudiando en la biblioteca, antes de darnos cuenta el tiempo ha pasado volando. Nos dirigimos a por un café y cada quien se va por su camino, cojo el móvil, el cual se me olvidó cargar en la mañana y para completar deje el cargador con tanto apuro, intento encenderlo. Nada, suelto una maldición por lo bajo, ya se ve es tarde, de camino le pregunto la hora a una señora, “es sumamente tarde” murmuro.

    Decido apurar el paso, pero las primeras gotas de lluvia no se hacen esperar, me abrocho bien la chaqueta para resguardarme bien del frío, lo he confirmado mi cuerpo latino no le va demasiado este clima europeo que además de momento promete dejarme del todo mojada. La ruta a casa en sí no es larga pero el ambiente hace que todo fluya más lento y pesado. Cuando por fin llego a casa es una gran tormenta la que se está desarrollando afuera, casi me choco contigo que vas con las llaves del coche en mi búsqueda

    «¡Mi niña! ¿De dónde sales? ¡Estas caladita! ¡¡Anda, vete a la duchita que te vas a resfriar!!» Me quitas la mochila y voy directo al baño, tienes razón mi cuerpo está completamente mojado y sobretodo me ha descendido la temperatura bastante rápido. Me doy una ducha restablecedora. Cuando ya me he duchado y secado el cabello declino mi vestimenta por una de tu jersey color verde botella para calentarme más el cuerpo y voy a la cocina donde estás preparando algo que huele delicioso «¡Mmm que pinta tiene bihotza! ¡Y qué día!» «Si, un día aciago, jiji.».

    Me das un suave besito mientras sigues manipulando ingredientes. Me siento en la mesa y cambio el canal de la Tv. Haciendo caso omiso, partes el filete por la mitad, y comienzas a preparar el relleno, cuando un luminoso relámpago llama nuestra atención. «¿Ha sido un coche, laztana?» La respuesta en forma de estruendoso trueno no se hace esperar, asustándonos a los dos.

    Suelto un gritito con cada estruendo y voy corriendo a tus brazos, los estruendos siguen y me asusto mucho más. Cuando abro mis ojos, el sonido ha cesado, pero todo está en completa oscuridad «se ha cortado la electricidad» digo hundiendo mi cabeza en tu pecho.

    «Lasai, laztana, de seguro salto el trafo» Te sueltas con cariño y te diriges hacia el interruptor alumbrándote con la luz del móvil. Cuando llegas el interruptor ha caído, como imaginabas. Cuando lo accionas, la luz no regresa. Sin decir nada, te acercas a la ventana, y toda la calle está a oscuras. Sin duda es un apagón general. “Ups”.

    «¿Ups?… ¿Ups qué? ¡Nos hemos quedado a oscuras! Mientras afuera se cae el cielo» Me muevo dando grandes zancadas para notar lo que ya sabes, apagón general en nuestras inmediaciones. Debido a mi historial con la lluvia y mi aun irracional miedo a la oscuridad me pongo bastante nerviosa. Me tomas entre tus brazos mientras activas la linterna del móvil proporcionándonos algo de luz «queda poca batería» digo sin mucho ánimo mientras escondo mi cabeza en tu pecho, un nuevo estruendo nos sorprende y yo termino más aferrada todavía, el olor de la comida va adueñándose de todo el lugar pero no puedo pensar en otra cosa que no sea que estamos sin electricidad y la fuerte lluvia.

    «No te preocupes. Terminare la cena en la cocina de gas. Si tienes miedo, no te separes de mi» No puedes evitar sonreír ampliamente amparado por la oscuridad. Te recuerdo enormemente a una niñita pequeña. Caminamos casi a oscuras por el pasillo, y te aprieto fuertemente la mano cada vez que suena un trueno. Tienes la grandiosa tentación de darme un susto, pero te contienes. No es el momento. En el salón, en tu caja, sacas dos linternas y me das una. «Espérame en la sala, si quieres». Un apretón de mi mano te indica que no será así. El sonido de la tormenta no cesa, y tampoco la lluvia. Buscas rápidamente por la casa unas velas y las pones en la cocina para poder terminar de hacer la cena. Eso y una animada charla sobre futbol parecen relajar mis nervios.

    Ya un poco más tranquila el ambiente es más sobrecogedor, me entretienes con la plática sobre las últimas novedades del Athletic, y vas logrando que me tranquilice, tomo a Rufus (mi dragón de peluche que muy amablemente hice me compraras) que había dejado en el sofá y me abrazo a él mientras tú te encargas de ir terminando la cena, que por cierto huele de maravilla y ha logrado que mi tripita ruja con fuerza. Reconoces que es una velada fantástica. “Creo que la naturaleza debería regalarnos más veces, más días como este sin electricidad, ni tecnología”. Preparamos la mesa bajo la temblorosa luz de las velas y nos ponemos a cenar. Es increíble la cantidad de conversaciones que salen cuando no está la caja tonta encendida. Tras la cena, limpiamos todo con agua fría mientras la luz hace un débil intento por regresar, parpadeando unos segundos, pero desaparece de nuevo. Te acercas al trafo de nuevo a bajar la potencia de los enchufes para que no se estropeen con los picos. Cuando regresas, me ves, sentada en el sofá, acurrucada, abrazada a mi dragoncito, con la perfecta apariencia de una nenita pequeña.

    Te acercas a mí en medio de la oscuridad, acompañados por la tenue luz de las velas. Te sientas a mi lado y arrastras mi menudo cuerpo hasta que quedo sobre tus piernas, me acurruco a ti, abrazándote con fuerza, ya con mejor ánimo, mi respiración más tranquila. No puedo negar el romanticismo de la situación, el ambiente, el constante golpeteo de las gotas contra la ventana, se escucha perfectamente el quejido del viento. En esos instantes me altero un poco pero siento la protección de tu abrazo y dulces palabras dichas en mi oído, agradezco que siempre estés para mí. Llevamos un buen rato en el salón, pero ni cesa la lluvia, ni la tormenta. Te levantas y llevas un par de velas hasta la habitación y me miras con gesto inquisitivo. «creo que lo mejor será que nos metamos en la camita, laztana. Vas tu solita al baño… o ¿quieres que te acompañe?»

    Me acomodo en el sofá mientras te veo ir y venir, me acurruco en un pequeño mohín que he hecho, la noche al parecer lo pasaremos en oscuridad. «¿Puedes… acompañarme?» Digo en un tono bastante bajo casi escondiendo mi cara, no la estoy pasando bien y de nuevo busco tu abrigo, me abrazas con fuerza y me das un dulce beso en la frente, y tomándome de la mano me conduces al baño, la oscuridad de la casa no es para nada reconfortante.

    No puedes evitar una carcajada. Mi aspecto es de nenita total. Voy muy pegadita a mí, para que no me asuste. En el baño, como un caballero, alumbras con la linterna para que pueda asearme, mientras disfrutas con el espectáculo. No puedes evitar una leve erección al ver mi cuerpecito en sombras, semi desnudo, moviéndose lenta y tímidamente. Noto tu mirada en las sombras, puedo sentir tu intensidad. Antes de que te des cuenta ya estoy lista, hacemos relevo ahora yo sostengo la linterna y aprovechas de asearte también. Dentro de poco ambos estamos listos, he cambiado de vestimenta por otro de tus jersey de color azul cubre lo indicado además de que calienta mi cuerpo. «Laztana… ¿jersey para ir a la camita? ¿No será mejor el pijamita? jajaja» Pongo pucheritos a los que a duras penas puedes resistirte.

    Te acercas a mi lado a abrazarme muy fuerte, no puedes resistirte a esos pucheros que tanto te encantan. Rodeo tu cuello con mis brazos y busco tus labios, tus manos se posan en mi cadera causando una suave presión. «Te amo arbolito» digo en un tono bajito que se ve casi opacado por el sonido de la lluvia. Acierto, no puedes resistirte a mis pucheritos. Me tomas en tus brazos, y me llevas en volandas hasta la habitación, muy abrazadita a ti. Esta todo en penumbras y caminas solo porque conoces la casa de memoria. Me dejas suavemente sobre la cama, con la tenue luz del celular encendida y vas hasta la sala a por las velas. Tomas un par de ellas y apagas el resto. Las dejas encima de la mesita común y buscas en el armario otras dos velas, aromáticas y una tercera, la de los masajes, para poder encenderlas. Asustada como estoy, no me fijo demasiado en tus movimientos. Mi apariencia podría pasar perfectamente por el de una nena asustada en una noche de tormenta. “¿Qué te pasa hija? ¿Te asustan los truenos?”

    Me acurruco en la cama cubriendo mi cuerpo con la sábana, abrazo fuerte mi peluche y respondo asintiendo con la cabeza. Apagas la luz del móvil y lo apagas ahorrando la batería que le queda. Con la luz de las velas bailando todo ha cogido un aire acogedor. Te recuestas en el respaldo de la cama y me atraes para quedar en medio de tus piernas. Mi espalda se apoya en tu pecho, mientras tus brazos rodean mí cuerpo, unos suaves besos en mí cuello logran que la tensión de mi cuerpo se vaya relajando. «Te amo…» susurro mientras me aprieto a ti. «Y yo a ti princesita.» Me das un suave besito en la cabeza, y en el cuello. Mi embriagadora fragancia embota tus sentidos. Sientes el temblor de mi cuerpo a causa de los truenos e intentas relajarte, pero me asustan de verdad. «¿Sabes que no pueden entrar en casa, verdad? Hay un pararrayos a 100 m que nos protege» Mis dulces palabras asintiendo te dicen que no estoy muy convencida. Besas de nuevo mi cuello, y tus manos se deslizan suavemente por mis hombros, buscando mis firmes senos.

    Siento un escalofrío recorriendo mi cuerpo cuando tus manos se posan sobre mi pecho, están solo separadas de ellos por la tela de tu Jersey. Empiezas a darme un suave masaje sobre ellos haciéndome estremecer, me remuevo acomodándome y pegándome mucho más a ti, tus movimientos logran distraerme de mis temores y cuando un nuevo trueno retumba con fuerza me atraes más dándome un dulce beso, aprovechando el momento para que tus manos se cuelen debajo de la tela y así tocar mis senitos sin barrera alguna. El beso se torna un poco más intenso mientras el sonido de afuera no cesa, pareciera que se está cayendo el cielo. La tormenta no cesa, y tus manos tampoco, moviéndose despacito bajo la tela, rodeando mis pezones, presionándolos, acariciándolos y sintiendo como se endurecen cada vez más. Besas mi cuello, muerdes mis orejitas. Tus manos siguen bajando por mi tripita, presionando suavemente y jugando, coquetas, con mi perfecto ombligo.

    Me remuevo inquieta pues el roce de tus manos con mi tripita causa un amago de cosquillas, pero pronto tus manos retoman ese camino más… erótico, lo suave de tus caricias solo me hace estremecer, desearlas más. Mi cuerpo busca al tuyo inquieto, empiezan a dominarme los bajos instintos, ese fuego que ya se va extendiendo por mis entrañas. Y tus labios… esos labios atacan mi cuello, un punto débil que sabes explotar de la manera correcta, la forma en como hemos aprendido a leer nuestras reacciones da paso a las mejores sensaciones y cuando tus labios vuelven a rozarse con los una gran descarga eléctrica recorre mi cuerpo y me hace temblar levemente. Sientes mi temblor, y el angelito malo te incita a excitarme más aun, a aprovecharte de la situación. El bueno, te grita que me abraces y me des mimitos, que no te dejes llevar por el morbo y abuses de una nenita asustada. Tus manos, acarician mi pancita, y juegan con mi ombligo. Se entretienen rodeando ese precioso lunar, que, sin verlo, conoces su ubicación perfecta, sabiendo que es la puerta de entrada al país de las maravillas.

    Tus manos se posan sobre mi vientre, bajando un poco y no te detienes bajando sutilmente el elástico de la braguita para sentir mi lunar, se perfectamente cuanto te enloquece, mis nervios se mezclan con deseo, necesito tus mimitos pero tus caricias me están llevando a querer más. Me volteo para que nuestros rostros se queden frente a frente y mis labios buscan tímidos los tuyos hasta perdernos en un dulce beso, cargado de emociones «hazme el amor, no seas un brutote salvaje» digo entre súplica y burla. «ja,ja,ja» No puedes evitar dejar escapar la carcajada ante mis palabras, y cuesta controlarse aún más, ante la mirada que te lanzo. Mordiendo tus labios, ahogando la risa, susurras una respuesta pegando tus labios en mi orejita. Aprieto mis piernas en torno a tu cintura y me abrazas con fuerza. Mi rajita esta apretada contra tu calzón, que retiene a tu cada vez más erecta verga.

    Te miro fijamente, mordiendo mi labio inferior. Me vuelves a besar para que relaje mi mandíbula. Nuestra respiración es entrecortada por el beso que hace rápidamente subir la temperatura. Es un beso dulce pero intenso, me sujetas firmemente atrayéndome más a ti y puedo sentir como a cada instante tu verga se va endureciendo más y choca con mi rajita la cual se va humedeciendo a un paso acelerado. Una sonrisa se dibuja en mis labios entre beso y beso, adoro estos momentos. Consciente de tu promesa, te incorporas con mi cuerpo firmemente aferrado a ti. Me tumbas en la camita y te posicionas encima con suavidad. Un fuerte trueno hace temblar las ventanas y doy un respingo, asustada. Me besas con suavidad, acariciando mi carita y sumergiéndote en mis ojos que reflejan la titilante luz de las velas. Besas de nuevo mi cuello justo en la unión con el hombro y continúas con tus suaves besitos. Tus labios se deslizan por mi delicada garganta, succionando, besando con suavidad, buscando el contorno de mis pechos.

    Dejo mis temores a un lado, tu y yo en este momento es lo único en lo que quiero pensar. Siento el roce de tus labios como te deshaces del jersey para disfrutar de mis senitos, me dejo hacer. Suaves besos y lamiditas me hacen soltar un suave y aniñado gemidito, de esos que te enloquecen. Tu cuerpo está entre mis piernas, me encanta esta posición, tu gran cuerpo sobre el mío mucho más menudo. Es como si me protegieras de todo, cuando una de tus manos sujeta firmemente mi seno y llevas el pezón a tu boca, lo lames con una lentitud que me enloquece, me sonrojo y ya lo único que deseo es continuar. Tu boca succiona mi pezón que va adquiriendo dureza. Tus manos, avanzan por mi vientre como el felino que tantea a su presa. Miras mi cara que ya empieza cerrar los ojos, entregándose a las sensaciones. Pasas de un pecho a otro, de un pezón a otro disfrutando al máximo de mi excitación creciente. Tus manos acarician mis piernas, mis caderas, mi contorno, mientras tus labios serpentean por mi vientre buscando mi ombligo. Tus manos se pasean ahorita por mis senos, mientras tu boca continua tanteando el terreno, buscando la invasión. Levantas la vista, buscando mis ojos que continúan cerrados y un gran destello procedente de un relámpago ilumina mi cuerpo por completo. «No puedes ser más perfecta laztana» Cuando suena el trueno, apenas me inmuto. «Ya estas lista para que te coma, caperucita»

    Juego contigo, cierro mis piernas pero no del todo pues te encuentras de por medio, las separas con sutileza y firmeza a la vez. «Cómeme lobo feroz» tus dedos acarician sobre la braguita, sientes lo empapada que estoy y me regalas una pícara sonrisa. Tanteas con tus dedos apretando mi clítoris, cierro mis ojos completamente entregada a ti, intentas meter tus dedos por sobre la braguita pero la tela como es de esperarse no lo permite, comienzo a desesperarme un poco y me remuevo inquieta, por fin retiras la braga y tu mirada lobuna me indica que seguirás con ese juego, sigues acariciando mi clítoris y tu dedo recorre mi húmeda almejita, dejas ir tu dedo dentro de mí estrecha abertura y lo mueves en círculos haciéndome desear más «Papi por favor cómeme, ya no resisto, tu nenita necesita sentir como le devoras el coñito» suelto en ese tonito irresistible mientras hago un pucherito. Mis palabras, pronunciadas en apenas un susurro, son recibidas con alegría. Estoy lista. Prosigues con el juego del ratón y el gato un poquito más, con la perversa intención de sobre excitarme y provocar una reacción lasciva por mi parte. Quieres hacerme perder los papeles, quieres ver hasta dónde puedo llegar. Quieres soltar la fierecilla que llevo dentro y que de rienda suelta a la lujuria.

    Me remuevo incómoda, me haces perder la paciencia y, llego a mi límite «eres malo» digo mientras sujeto con firmeza tu cabeza y te hago bajar hasta mi encharcada almejita «cómeme papi no me hagas sufrir más» Es lo que esperabas. Tu lengua se sumerge en mi empapada cuevita, llena de flujos y repleta de sabores. Dejo escapar un sonoro gemido que agranda tus ganas de comerme. Tu lengua se mueve frenética en círculos, y siguiendo el delicioso recorrido desde mi ano hasta mi botoncito, una y otra vez, pero, lejos de secarme, mis flujos empapan cada vez más tu agradecida lengua. Levantas tu cabeza, pero mis manos se aferran con fuerza a tu cabellera y te presionan contra mí. «mi nenita está que arde…»

    «Es tu culpa» no te doy respiro, te presiono contra mi almejita, un poco más fuerte, mis gemiditos poco a poco opacan los tormentosos sonidos del diluvio. Pero ahora ya más relajada, con tu lengua dándome placer noto lo romántico que se ha tornado todo, el sonido de la lluvia, el aroma de las velas recién noto que son las de vainilla que usamos para ambientar los masajes. La acción de tu lengua me saca de mis pensamientos, mis manos ejercen una suave presión pero cuando introduces tu dedo dentro de mi rajita pierdo los papeles y aumento la fuerza que aplico es mucho mayor, estoy a puntito. Consciente de la intensidad del momento, mueves tu lengua más rápido, y con mayor presión. Recorres todo mi sexo y buscas mi culito con ganas de más. Tu lengua intenta colarse dentro, lo rodea, lo saborea y retorna a mi almejita que se ha llenado de nuevo de ricos flujos. Un dedito busca ocupar la zona que ha dejado la lengua y se adentra en mi rosado ano, con timidez. Tu boca se pega a mi almeja, succionando, lengüeteando y chupando, siempre atento a la inminente riada que se aproxima.

    Mis manos controlan el ritmo, mis piernas se posan sobre tus hombros y te presiono cada vez con un poco más de intensidad. Jalo de tu cabello para atraerte más hacia mí. Cuando menos te lo esperas exploto en un intenso orgasmo. Tu lengua viciosa devora cada gotita de mis flujos. Cuando por fin te libero sueltas una gran bocanada de aire. Y yo suelto una risita flojita al verte todo empapado. Te subes colándote entre mis piernas, tu miembro queda rozando mi rajita estás duro como piedra. «me encantas» cuando tus labios tocan los míos un fuerte escalofrío me recorre me fascina, sentirte tan cerquita tan mío es lo mejor. “Nada me gusta más que devorarte. Nada me gusta más que sentirte, nada me gusta más que hacerte el amor” Tu verga roza contra mi botoncito suavemente, arrancando mis gemidos, provocando mis escalofríos. Fuera, la tormenta sigue su curso, pero a penas la escuchamos. Mirándonos a los ojos, sintiéndonos, deslizas tu verga lentamente dentro de mí y sientes la explosión de mi calor y la fuerza de mi íntimo abrazo. Con suaves y lentos movimientos, con dulces besitos y suave caricias por mi cuerpo.

    Siento cada sensación al máximo, es una posición tan íntima las sensaciones se multiplican, el deseo crece. Es un movimiento potente, pero a la vez está cargado de sentimientos, de íntimas y juguetonas caricias. Tus labios buscan los míos, acallan mis gemidos. Tu lengua recorre mi boca, se devoran mutuamente. Tus manos están posadas a los lados de mi cabeza para no dejar caer todo el peso de tu cuerpo sobre mí, mi cuerpo se pega al tuyo para sentirte mucho más, mis piernas rodean tu cintura y mis brazos tu cuello, cada embestida es delirantemente lenta. Adoro esos mágicos momentos donde nuestras miradas se cruzan, te regalo una tímida sonrisa y me das un dulce beso al tiempo que un fuerte trueno se escucha, pero todo se siente lejos, solo te siento a ti. Desvío mi mirada hacia nuestros sexos, parecen fundidos, («la comunión perfecta de los seres») pienso por un segundo. La luz de las velas temblorosas baila dando ese toque especial. Sentimientos encontrados. Por una parte, la fogosa lujuria te empuja a acelerar el ritmo y buscar el máximo morbo y placer, por otra, la situación, las velas, la tormenta de la calle, te llenan de ternura y amor. (“Tengo a mi angelito, a mi niña, mi princesa entre mis brazos, entre mis piernas, fundidos en un solo ser sin importar nadas más que nosotros”). El calor que emanan nuestros cuerpos caldea la habitación y pequeñas gotas de sudor empiezan a aparecer y a mezclarse unas con otras. Nuestras miradas se cruzan y nos fundimos en nuevo beso, largo, lento y apasionado.

    Mi cuerpo totalmente cubierto por el tuyo, mí rajita se encarga de succionar tu miembro sin mostrar la mínima intención de separarse. Mis suaves gemiditos se ven arropados por tu boca, me susurras palabras de amor que me hacen sonrojar y llenarme de felicidad. La posición es perfecta, pero te aprovechas de mi flexibilidad para llevar mis piernas a tus hombros lo cual hace inmediatamente más profunda la penetración. Sigues con ese ritmo delirante para ambos, me entrego por completo a las sensaciones, a tu cuerpo sobre el mío fundiéndose. Domar tus instintos. Es tremendamente complicado poder hacerlo conmigo, cuando mi cuerpo, mis gemidos, mis acciones rezuman erotismo y lujuria por todos sus poros. Tu verga se desliza suavemente dentro de mí, penetrándome profundo, pero suavecito y lento. «mi vida, no sabes cuánto te deseo» El ritmo es simplemente delirante, es perfecto para la ocasión. «creo que tengo una idea» suelto en un susurro como respuesta, acompañado de una risita que se ve cortada por un sonoro gemido que me hace sonrojar, puedo notar el fuego en tu mirada y mi deseo cada vez es más grande.

    Mis palabras te intrigan, y estas tentado de parar y preguntar, pero no correrás riesgos. Haciendo acopio de tus fuerzas, consigues pronunciar la pregunta sin dejar de mirarme a los ojos. Me río por la pregunta mientras avanzas dentro de mí «creo que tengo una idea de cuánto me deseas» digo mientras me sujetas firmemente de las caderas, me das un suave beso. Mis piernas sobre tus hombros hace todo más profundo, mis gemiditos no se hacen esperar. Con esa nueva posición, tan excitante y morbosa para ti, sientes como tu verga se funde dentro de mí alcanzando un placer indescriptible. Besas mis labios, muerdes mi cuello, amasas mis firmes pechos mientras, sin darte cuenta, las estocadas son cada vez más fuertes. Mis gemidos se incrementan en intensidad y mis ojitos ya permanecen cerrados. No crees que puedas resistirlo más.

    Mis gemidos aumentan a cada instante, una oleada de calor me recorre, un potente orgasmo me golpea, te detienes un instante sintiendo como mi rajita sufre una serie de espasmos que no parecen tener fin, abro mis ojitos y veo tu mirada devorándome con deseo, cuando me recupero aumentas el ritmo de tus estocadas Ese nuevo orgasmo te ha pillado por sorpresa, una grata sorpresa. Te quedas bobito mirándome unos segundos, sintiendo en tu polla el enorme calor y las potentes contracciones de mi sexo. Miras la unión entre ambos, y jugosos chorros de flujos escurren por el tronco de tu verga que también está a punto de explotar. Inicias de nuevo el ritmo, besando mi cuello, acariciando mi carita y aumentando de forma inconsciente la fuerza de tus embestidas.

    Mis ojitos cerrados, mis grititos se mezclan con gemidos ahogados. Tomas una de mis piernas y la colocas a la altura de tu cadera, la otra sigue sobre tu hombro. Inconscientemente aumentas el ritmo, siento las gotas de sudor de tu frente cayendo en mi abdomen. Abro mis ojos que se quedan conectados a los tuyos, tu mirada es intensa, tus ojos oscurecidos por el deseo solo buscan las cotas del placer. Una profunda estocada que me toma por sorpresa, tus labios apoderándose de los míos. Una de tus manos traviesas jugando con mi senito. Sigues con esas estocadas profundas que taladran mi interior de manera repetida. Mis grititos en aumento no se hacen esperar con cada estocada, la lubricación es perfecta gracias a mis flujos, tu dura polla se ve brillante cada que sale de mí interior. «Quiero mi lechita» ni siquiera sé cómo logre pronunciar esas palabras, lo que si se es que no pienso cerrar los ojos, disfrutare de este espectáculo que somos nosotros.

    La sensación de placer esta disparada, y jamás reñida con el inmenso amor y ternura que sientes por mí. Nuestros ojos, conectados al igual que nuestros cuerpos. Nuestras bocas jadeantes y deseosas la una de la otra. Tus manos se deslizan por mi cuerpo, acariciando su contorno, marcado con la yema de tus dedos. Los flujos de mi rajita propician una penetración rápida y perfectamente lubricada que te catapulta hasta el orgasmo. De un último golpe de cadera, clavas tu polla profundamente dentro de mí, y descargas en mi interior una interminable cantidad de esperma caliente. Cuando cesan las pulsaciones, tu verga sigue erecta, firme y desafiante dentro de mí. Poco a poco, vas acoplando el peso de tu cuerpo sobre el mío, sin romper la conexión de nuestra mirada. Tus labios buscan los míos, que se conectan en un beso suave, inocente, similar al primer beso de dos colegiales en un parque público.

    Mis labios dibujan una sonrisa en ese beso, mis piernas rodean tu cadera y lo menos que deseo es romper este momento mágico. Puedo sentir en mi interior la gran carga de leche que has depositado en mí, es de las sensaciones que más me encantan, me hace sentirme mucho más tuya. Tus manos acarician mi rostro, nos perdemos en suaves besos, cargados de ternura, en este momento no existe nada más, solo tú y yo. Mi dedo acaricia tu entrecejo bajando por tu nariz, hasta tus labios, le das un suave besito. «Te amo» es lo único que puedo decir en este momento, mientras siento todavía la unión de nuestros seres. Tras varios minutos abrazaditos, calentitos y con la reparación más suave y las pulsaciones más lentas, ahogas una carcajada para preguntarme: «¿hacemos una guarrada o dormimos un poquito?» Mis ojos brillantes ante tu pregunta, una sonrisa dibujada de lado «¿tú que crees?» suelto una leve risita mientras coloco mis manos en tus hombros y hago un poco de presión haciéndote bajar, por fin nuestros sexos se separan sin muchas ganas y mi pícara mirada es la luz verde para continuar.

    Sorprendido, te dejas hacer. Te dejas guiar por mis manos hasta que tu cara está a la altura de mi coñito, que desprende un delicioso olor a sexo. «Wow, sí que te he rellenado bien. ¡Estás llenita de leche! No sé si podre con…» Mis manos sobre tu cabeza presionan tu cara contra mi deliciosa cueva, impidiéndote pronunciar palabra. De mis labios, esbozando una sonrisa se escapa un tímido «Come» Tu boca se abre y se acopla a mi sexo. Tu legua recoge los restos mezclados de leche y jugos que resbalan por mi zona perianal y siguen su camino hasta adentrarse en la cueva. Te separas unos milímetros para apreciar tu obra y ves unos hilitos de semen que unen lengua y coñito antes de llevártelos a la boca, saborearlo y tragar.

    Te relames, goloso, antes de volver a atacar mi sexo sin piedad. Lamiendo, absorbiendo, chupando, comiendo y limpiando cada rastro de leche y flujo. Hacía mucho tiempo que no me llenabas tanto. Hacía mucho tiempo, que no disfrutabas tanto devorando mi sexo.

    El placer es inigualable, el deseo es máximo. Mis manos sujetan tu cabellera empujándote más, puedo sentir como tu lengua recoge tu leche de mi interior, mis gemidos aumentan a cada paso. Te aprieto más a mí, mucho más, tu leche va desapareciendo de mi pero esta todo empapado por mis flujos, que envuelven también tus fluidos dejados en mí. «N-No puedo… re…» mis palabras se ven cortadas por un sonoro gemido y por un nuevo orgasmo. Ese nuevo orgasmo es un auténtico regalo. Ya habías terminado de relamer tu lechita cuando una riada de ricos flujos inunda de nuevo mi cueva. Goloso, lames y relames cada pliegue, tratando de succionar cada gotita de mi valioso néctar. Minutos más tarde, relajo la presión de tu cabeza, y levantas tu cara empapada para mirar mi inocente carita. Te acercas a mí, para besarme con dulzura. Mis ojitos, se van cerrando, presa de agotamiento. Fuera, apenas se escuchan los truenos. Parece que la tormenta ha pasado por fin.

    Te acomodas detrás de mí, perfectamente acoplados y me atraes hacia ti. ¿La hora? Sin duda estamos entrada la madrugada. Las suaves caricias, dulces besitos no se hacen esperar, el sueño tampoco. Mi cuerpo está completamente relajado y el sueño me golpea, me acomodo para pegarme más a ti. La lluvia ya no se escucha, el ambiente está sumamente fresco. Tomas la manta y la tiras sobre nosotros y poco a poco me quedo dormida entre tus brazos, la mejor sensación es esa, sentirme protegida por ti. Sientes como me duermo en tus brazos. Tú resistes un poco más solo para poder disfrutar de ese momento, pero con mi sosegada respiración, el movimiento hipnótico de mi pecho, el sueño va entrando poco a poco en tu conciencia y te domina por completo.

  • Las nalgas de su hija

    Las nalgas de su hija

    Me llamo Lorena, tengo 18 años y les contaré como empezó mi prohibida relación. Soy hija única, vivo con mis padres, ambos son personas trabajadoras u ordinarias, mi mama tiene 50 años y mi papa tiene 41. Como soy hija única siempre he tenido lo que pido, soy buena estudiante y por eso me consienten mucho, a mí me gusta usar ropa muy sexy, simplemente me gusta, uso falditas pegadas u holgadas cortitas.

    Mi papa toma mucho y ya hace tiempo siento que cuando está tomado me acaricia más de la cuenta, siempre busca cualquier pretexto para que yo esté cerca de él o que me siente en sus piernas, según para platicar conmigo de la escuela y cosas así, al principio cuando empezó esto el me sentaba en sus rodillas y como en ese tiempo empezó a tomar mucho cada día el me sentaba en sus piernas y últimamente me jalaba más arriba hasta quedar mis nalgas en su entrepierna y como yo en mi casa siempre uso shorts cortos y pegados podía sentir que su verga quedaba exactamente en medio de mis nalgas, al principio si me incomodaba mucho porque obvio era mi padre y yo buscaba zafarme pero él no me dejaba y no quería decir nada para que no se hiciera un problema, mi papa siempre me sentaba en sus piernas cuando mi mama no estaba presente y cuando regresaba él me decía que me fuera a mi cuarto que la plática ya había terminado, en mi cuarto me quedaba yo pensativa de como mi propio padre era capaz de tener esos deseos conmigo, como era capaz de ponerme su verga en mis nalgas, pienso que tal vez por el alcohol hace eso, porque un hombre cuando esta borracho se quiere coger a cualquier mujer que este a su alcance, se excitan con el primer culo que ven, pero el de su hija?, acaso no distingue el culo de una cualquiera con el culo de su hija? ¿O tal vez el alcohol hace aflorar sus deseos más oscuros y cuando está tomado agarra valor de hacerlo?

    Creo que si porque días después cuando no está tomado (rara vez jejeje) paso cerca de él, lo abrazo y platico normal con él, cuando me despido de él siempre muevo mis nalgas un poco sexi para que me vea, pero ya vi que cuando está en su sano juicio es un padre normal, que se apena al ver las nalgas de su hija contoneándose con falditas y pantalones pegaditos, la situación me puso nerviosa y excitadísima que mi papa me quiera coger, pero el problema es que no intentara nada así si no está tomado, ahora cuando está tomado yo soy la que busca estar cerca de él pero lo más natural para no parecer una aventada, cuando mi mama se va al baño a bañarse yo me acerco a mi papa y me siento en su entrepierna, dejando mis nalgas en su verga que ya la tenía dura, y como yo llevaba una falda azul cortita holgada y una blusa grande porque hacía mucho calor, con mi faldita podía sentir su pene bien metido en mi rayita y tratando de acomodarme me subía más y le restregaba mis nalgas en su verga.

    Cuando me pare, sentí que sus manos que las tenía casi en mis caderas las empieza a quitar, pero muy lento, una forma como queriendo acariciarme más, volteo para despedirme y veo lo dura que lo tenía, me voy de ahí caminando muy sexi para que mi papa vea lo que tenía encima de su verga, “las nalgas de su hija”.

    Esta situación se repitió varias veces, pero no pasaba más, yo siempre esperando que mi papa me pida coger con el pero nunca pasaba, obvio no creo que fuera fácil pedirle a su hija que lo deje cogérsela y yo pues también tenía un poco de nervios y miedo porque lo que estaba haciendo, no estaba bien y dejar que mi papa me coja pues no es fácil aun que entre más lo pienso más ganas me daban.

    Un día mis papas organizaron una fiesta en mi casa, invitaron a unos tíos y tías, como siempre pasa en esas fiestas la cerveza nunca falta y todos empezaron a tomar, yo no estaba ahí porque no me gustan esas fiestas y porque no me gusta tomar, ya noche fui a ver como estaban, vi que ya todos estaba bien tomados y que lo de querer cogerse a una niña ya era de familia porque mis tíos también me quedaban mirando con unos ojos de… y pues también yo como iba a llegar donde estaba con mi short para dormir y una blusa corta, como ya era noche mi papa les dijo que se podían quedar a dormir ahí. Se quedarían en mi cuarto y yo en el de ellos.

    La idea de dormir con ellos me excito, pues tener a mi papa muy tomado a lado mío era muy tentador, además mi mama también estaba tomada y cuando toma duerme sin que nada la despierte, nos fuimos a la cama, mi papa quedo en medio y mi mama y yo una en cada lado, la noche transcurrió como si nada, mi papa abrazaba a mi mama y así se quedaron, yo voltee dando la espalda tratando de dormir pero la excitación no me dejaba, no sé en qué momento quede dormida pero algo me despertó en la madrugada, sentí un brazo pesado en mi cuerpo, sentía algo duro que tocaba mi culito, al principio me espante pero ya después reaccione y supe que era mi papa el que me estaba abrazando y restregaba su verga en mis nalgas, yo me quede así porque la sensación era muy rica, pero creo que mi papa despertó y empezó a bajar su mano hasta llegar abajito de mi ombligo, mientras tanto empezaba a besarme mi cuello, mi brazo, poco a poco fue bajando, y yo me iba girando de tal manera que quede boca abajo y me empezaba a besar la espalda, la cintura hasta llegar a mis nalguitas, hasta ahí estaba yo tranquila…

    Pero de repente empezó a bajar mi short y se empezó a subir en mí, yo me empecé a poner nerviosa porque mi papa quería cogerme, y era algo que quería pero no podía estando mi mama a menos de un metro dormida, que pasaría si se le pasara la borrachera y despertaba y me veía ahí siendo cogida por mi propio padre, mi mente se imaginaba todo eso, olvidando que mi papa seguía arriba y en un momento siento que mi abre las nalgas y saz me la mete toda de un golpe, grite un poco al sentir como mi culo se abría para permitir el paso a mi papa, pero alcance a morder la almohada para ahogar los gritos, yo sentía una sensación de placer, miedo entre otras cosas, yo paraba más las nalgas para sentir mejor las embestidas pero la fuerza era tanta que en cada embestida me bajaba otras vez, yo miraba hacia donde estaba mi mama para que no fuera a despertar, creo que si estaba muy tomada porque era imposible no sentir el movimiento de la cama, el rechinido y luego mi papa que no hablaba pero si pujaba y jadeaba, yo quería gemir y gritar pero no podía, no podía porque en el cuarto de al lado estaban mis tíos y tal vez si me podrían escuchar, no sé cuánto tiempo estuve con el pedazo de verga metido en mi culo que sin decirme nada sentí los chorros calientes de semen, cuando termino se bajó y se volvió a dormir como si nada, durante toda la cogida no me dijo ni una sola palabra, no sé si por la culpa de haber cogido a su hija por el culo o porque no quiera arruinarlo diciendo una tontería, yo no pude dormir, a cada rato se venía la imagen de mi papa borracho arriba de mi metiéndomela por el culo, al día siguiente nerviosa le hable como si nada hubiera pasado. ¿Por qué? porque mi papa cuando toma mucho nunca recuerda lo que hiso un día antes.

    Después de esa noche, como siempre él toma y sigue con los toqueteos y por las noches cuando ya todos duermen, él se va a mi cuarto y se mete en mi cama, yo me hago la muy dormida y siento como me va acariciando, lo cual me excita demasiado y me baja el calzón, para terminar dándome una cogida tan fuerte como la primera, cuando termina me deja el culo lleno de semen y se va sin decir nada. Y al día siguiente nadie dice nada de nada.

    Pero ahora yo quiero ser más activa y que también me folle por la vagina y la próxima que venga le voy a ser frente y decirle que también quiero me folle mi conchita. No sé hasta cuando prosiga esto pero mientras tanto quiero seguir gozándolo. Nunca pensé que el incesto fuera tan delicioso.

  • El hermano famoso de mi novia (Parte II)

    El hermano famoso de mi novia (Parte II)

    Anteriormente: dos meses antes de casarnos, nos damos con la noticia que el padre ya muerto de la novia tuvo aventuras del cual se gestó un hermano que resulto ser famoso y modelo. Este se presenta en la familia y quiere regalarnos el vestido de la novia, para esto pasan todo un día juntos, mi novia y su nuevo medio hermano.

    Yo me las ingenié para escabullirme entre las sombras de un gran salón antiguo, donde hacen sesión de fotos. El hace fotos en ropa interior, luego ella se prueba el vestido de novia, el diseñador famoso también quien es contacto del nuevo hermano es el encargado de hacer la nueva prenda.

    Se quedan solos, y en un momento lleno de erotismo, ella termina poniendo su mano en sus abdominales para una foto que será subida a la red social del famoso hermano.

    Comienza a desmadrarse todo y termina ella palpando sus huevos por encima del bóxer, sintiendo el calor de su tronco, el grosor y el largo del mismo.

    Ella de rodillas le da placer a su nuevo hermano, succionando el pulgar que jugaba anteriormente por sus labios. Tal situación logra que el miembro del hermano crezca hasta vencer la resistencia del elástico del bóxer, allí una cabeza enorme rosada brilla con el líquido preseminal, producto de la excitación.

    Cuando ella comienza su ascenso, tanto desde sus rodillas, para acercar su cara, como de sus dedos y sus uñas escalando cada centímetro del tronco cubierto por el fino nylon del bóxer, se encienden las luces del pasillo. Esto alerta a los hermanos, ella se pone de pie rápidamente, se acomoda el vestido que estaba escandalosamente arriba, se sube el bretel que había caído dejando un pecho mostrando lo que el sol hace cuando se cubre la desnudez.

    Se acomoda el pelo, se limpia la comisura de los labios, esperando que nada de maquillaje este corrido. Con sagacidad se pone sus tacos y tartamudea hacia su nuevo famoso hermano que se le hizo tarde y debe irse.

    EL famoso nuevo hermano con toda la tranquilidad se acomoda la pija guardando el glande, busca su pantalón, y en la entrada del salón mi novia se cruza con el guardia, la vergüenza la invade, como si alguien la hubiera visto en esa situación. Cubriéndose la cara saluda por arriba y se va por el pasillo a paso apurado.

    EL guardia entra y habla con el famoso hermano, él se coloca la remera, se pone los zapatos y salen juntos, apagan las luces, cierran con llave y los escucho alejarse.

    Me quede encerrado en el salón.

    Después de un tiempo me aventuro a abrir la puerta, es imposible está cerrada. Estoy en un 4to piso, los balcones son mi única salida. No hay nada que pueda hacer. Llame a mi novia y le dije que no fuera a casa, le dije que se rompió un caño de agua del baño y había materia fecal por todos lados. Lo más asqueroso que pude fue mi mentira para que ella ni siquiera pase a buscar ropa. Se fuera directamente a lo de sus padres. Yo le dije que me quedaría limpiando y esperando al plomero.

    Por la mañana cuando abren el salón, y entra gente salgo así como entre, me miran algunos como no sabiendo de donde salí. Sigo mi camino, salgo por la puerta principal, los de seguridad me miran extrañados. Voy hacia mi auto y acelero hasta nuestra casa.

    Inmediatamente llamo a un plomero, rompo uno de los caños del inodoro para justificar mi mentira.

    Pido el día en el trabajo, tenía excusa.

    Luego del arreglo, y de dejar unos buenos pesos al plomero, estoy listo para que vuelva mi novia.

    Le aviso por whatsapp que ya puede volver a casa. Mientras me doy un baño, y me preparo para dormir, ya que no pegue un ojo en toda la noche y me pase la mañana hasta el mediodía con el plomero por mi mentira.

    Mientras me ducho tengo las imágenes de mi novia con su nuevo y famoso hermano en mi mente. Recuerdo como sus muslos brillaban en ese estudio, como sus piernas dobladas hacían más sensual su cuerpo. Recuerdo como el vestidito azul se le subía con esa pose.

    Lleno de bronca me pongo el shampoo y me lavo la cabeza, con fuerza, tratando de borrar la imagen de la puta de mi novia sintiendo el bulto de su hermano.

    Por más excusas que busque, era claro que ella se había calentado y le había gustado lo que vivió.

    En medio del baño me di cuenta que estaba caliente, estaba empalmado, y como era costumbre me pajee en la ducha, pero por primera vez, con la perversas imágenes de mi novia y su hermano. Largue chorros como nunca, me temblaron las piernas y tuve que sostenerme de la pared. Sin duda el morbo me había comido la cabeza.

    Salgo, me seco y aun la tengo parada.

    Ideas perversas rondan mi mente. Recuerdo a un amigo que vende artículos de computación, le pregunto por camaritas, le pido que me guarde algunas que inmediatamente pasaría a buscarlas.

    Voy volando por la ciudad, casi que ni saludo a mi amigo, le digo que tengo miedo por la inseguridad. Salgo nuevamente en carrera a casa.

    Al llegar veo que mi novia aun no llego, ni estuvo. Me pongo a colocar las cámaras estratégicamente, pequeñas cámaras, de las mismas que usan las computadoras y los celulares, miniaturas, escondidas en varios lugares. Alimentadas por su propia energía, configuradas en red. Y una aplicación celular.

    Pasa la semana, llega el fin de semana. Mi novia jamás menciono nada acerca de lo que vivió con su hermano, eso sí, ya no comenta con emoción todo lo que hicieron como antes. Trata de evadir el tema, busca hablar de otras cosas.

    No tenemos sexo con mi novia, le digo que estoy cansado, o me duele algo. En uno de los días, le muestro un nuevo bóxer que me compre, el de la marca que promociona su famoso nuevo hermano, elegí el mismo color incluso. Ella se pone pálida, sonríe nerviosa. Me lo pongo y cuando me ve se le escapa una sonrisa.

    Era obvio que no me quedaba como a su hermano famoso. Sobraba mucho espacio. El bulto era mínimo. No era sexy en mí.

    Ese viernes por la noche le dije que me iría a pescar con unos amigos. Por lo que tendría toda la noche libre.

    En las redes sociales, el famoso hermano sigue con su vida, cenando en lugares bonitos, paseando, sacándose fotos. En campañas. Pero ese viernes dejo de publicar.

    Puse cámara hasta en el baño, así que tenía para ver todo lo que hiciera mi novia de 22 años.

    Llega la noche, ella se ducha, se pone una mini roja, con una remera del mismo color. Se pinta los labios de un rojo furioso, no usa corpiño. Se pone tacos rojos. No había duda que quería ser puta.

    No pasa mucho tiempo cuando suena el timbre, ella sale a abrir y como se imaginaran, estaba el nuevo famoso medio hermano.

    EL viene con una camisa al cuerpo, marca bien sus bíceps, marca bien sus pectorales. El pantalón calzado, mostrando el relieve de su musculoso culo respingón.

    Se escucha que hablan de mí, ella le dice que yo sé que el vendría a cenar. Que le mandaba saludos.

    El trae un vino caro, ella pidió comida hecha, solo debe calentarla y servirla.

    Ella esta exquisita, sabe que cada paso que da muestra el largo de sus torneadas y jóvenes piernas. El vestido es tan fino que se puede apreciar la marca de la diminuta tanga que eligió para la ocasión.

    Ella le sirve una entrada en una mesa ratona, mesa ideal para agacharse lo suficiente y ver un poco más arriba de la piel de sus muslos.

    Todo el servicio es una muestra obscena de su cuerpo, camina, viene y va, se agacha, da la espalda, viene de frente, sirve por delante dejando que los pechos estén en línea directa a los ojos de su hermano.

    Cenan, toman vino, comen muy poco, como es característico de quien tiene otros apetitos.

    Ella le dice que quiere mostrarle algo, en nuestro cuarto.

    Él la sigue por detrás.

    Al llegar al cuarto ella le dice que pase, cierra la puerta tras de sí. Y se dirige al placard, allí abre uno de los cajones míos, y saca el bóxer que yo compre.

    Se lo muestra sonriendo, le dice que a él le queda mejor. Le pide que se lo ponga.

    Ella se sienta en el borde de la cama, el a un par de metros se saca la camisa, se saca el pantalón. Mi novia se cubre la cara, cierra los ojos, él toma el bóxer nuevo, y se saca el que traía.

    Una vez colocado, le dice que ella ya puede ver.

    Ella está en el borde de la cama, la mini roja escandalosamente se subió, él puede ver el corazón de tanga rosa que usa mi novia, ese triángulo que se hace cuando las chicas juntan las piernas pero no pueden cubrir su ropa interior.

    El hermano se acerca, le dice que la foto con la mano en sus abdominales hizo explotar sus redes sociales. Se sigue acercando, obliga con sus piernas a abrir las de ella, mi novia no ofrece resistencia, Sus manos se ponen una en cada muslo de su hermano famoso. Sube despacio, los ojos de ella recorren el mismo camino que sus dedos.

    Toca al fin el bóxer, va directo al bulto, nuevamente se infla, nuevamente crece exponencialmente, nuevamente la cabeza rosada enorme vence el elástico y sale a la superficie.

    El vuelve a poner su dedo entre sus labios, ella lo chupa, su lengua lo rodea, sus manos siguen subiendo y se nota el calor del ambiente.

    Llega hasta el glande brilloso de su incestuoso hermano. Por primera vez los dedos de su hermanita están tocando la punta de esa pija enorme.

    Suavemente sus dedos recorren la cabeza, la agitación de ambos se intensifica. Los dedos de ella se llenan de líquido preseminal, al despegarse queda ese hilo sensual.

    La otra mano celosa, tira el bóxer hacia abajo, haciendo que la pija de su hermano salte como un resorte hacia adelante.

    El líquido preseminal que abundaba sale por la inercia hacia la cara angelical de su hermana. Cae en su pómulo, y el hilo baja hasta sus cachetes, sus labios y la barbilla.

    Es tiempo de retirar el dedo, el hermano lo saca con pocas ganas, pero sabe que viene un placer mayor.

    Ella usa su lengua para probar el líquido preseminal que quedo en sus labios.

    Unos 22 centímetros de largo por unos 6 de diámetro apuntan su boca, ella se acerca, abre bien los ojos, y abre la boca como nunca antes.

    La cabeza de la pija le queda grande, igual pasa la barrera de sus labios rojos. Cada centímetro lo saborea despacio, se puede notar como el rouge de buena calidad no puede con la saliva y el líquido preseminal y deja su estela en toda la pija.

    Se escuchan gemiditos de ella, está disfrutando el momento, está gozando y solo de poder chupar la pija de su hermano famoso.

    Chupa y chupa, va de arriba hasta abajo, trata de cubrirlo con su boca, sabe que es imposible pero se esfuerza. Tiene arcadas pero eso no le impide seguir. La saliva cae por la comisura de los labios, cae por la pija de su hermano, cae en las bolas, cae en el suelo, cae por su barbilla.

    El sostiene su cabello, ella por su propia voluntad come todo lo que puede.

    Recorre con su lengua todo el tronco, recorre los huevos, uno por uno, gime escandalosamente chupándolos, tiembla, está teniendo orgasmo solo por la situación prohibida.

    Vuelve a meterse la pija en la boca, sus manos rodean sus piernas, le rasguña el culo, sube más frenéticamente. Los abdominales de su hermano son su obsesión, ella tiene la vista fija ahí, cada tanto se saca la poronga de la boca para besar y morder esos abdominales prohibidos. Todo esto sin dejar de darle placer a su hermano. Siempre pajeándolo.

    Van como 20 minutos solo de ella hacerle sexo oral y parece no querer cambiar, quiere disfrutar al máximo.

    El rouge en su cara esta corrido, por toda su boca, se le corrió el rimmel de los ojos por las lágrimas producto de las arcadas al ahogarse con la pija de su hermano.

    Ella sigue usando su lengua para dominar a su hermano, y con la boca llena de la pija siente esos latidos previos a la eyaculación.

    Hay una explosión en su boca, ella tose, se le sale la leche de su hermano por el costado de su boca, cae en sus tetas. Mucha leche, cantidades pocas veces vista.

    La leche queda por todos lados, ella esta agitada, el también, se miran por donde hay leche, ella con la mano derecha en las bolas de su hermano, queda atónita, mirando el resultado de tanto morbo. Parece hipnotizada.

    De repente mira el vestido manchado, la cama manchada, su pecho con leche de su hermano, mira su mano derecha con el anillo de compromiso lleno de leche y saliva sosteniendo las bolas y el tronco de la pija de su hermano y se horroriza.

    Empieza a llorar, diciendo que esto no está bien. Y le pide a su hermano que se cambie y se vaya.

    Pero esto no quedara así.

    (Continuará)

     

  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (40)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (40)

    Cuando desperté, la mortecina luz de un día nublado alumbraba débilmente la habitación, permanecí un momento pensativo, orientándome hasta darme cuenta del día en que vivía. Domingo, y entendí que Álvaro siguiera tendido a mi lado, luego fui recordando el pasado día y rememorándolo todo.

    Seguía en su placentero sueño y hasta sonreía por un agradable sueño que quizá tuviera en la mente. Yo estaba cubierto solamente con un ligero edredón de tela blanca y mi delgado pijama, él como lo recordaba del momento de haberse metido en la cama, solamente con el slip de rayas verticales azul claro y blancas.

    Admiré su varonil cuerpo y el hermoso perfil de la romana nariz. Ahora me daba cuenta del aspecto aristocrático que Álvaro derrochaba a raudales. Volví a cerrar los ojos y me quedé traspuesto, hoy no tenía prisas y tampoco tenía ganas de levantarme.

    El ligero movimiento de algo moviéndose a mi lado me sacó del letargo. Tenía su hermoso rostro a escasos centímetros del mío. pero solo podía enfocar con precisión sus ojos.

    -Bésame. -exclamó rompiendo la magia. -Será mejor que lo haga yo para despertar al bello durmiente. -bajó la cabeza y me hizo perder la visión que tenía al pegar sus labios a los míos, cuando se hubo separado, después de unos segundos de deslizar las suaves pieles una sobre otra, pude responderle.

    -Llevo despierto mucho tiempo.

    -No hables, solo bésame como te pido. -volvió a poner en contacto nuestras bocas a la vez que me subía el faldón de la chaqueta para colocar una mano sobre mi tetilla jugando con ella entre sus dedos.

    -¡Ohh, Álvaro! ¿Que te sucede hoy?

    -Deseo amarte, ¿sabes el aspecto tan dulce que tienes? -se elevó y metió los dedos en mi cabello enredándolo, y luego se colocó sobre mi aplastándome, y siempre entre sonrisas besándome repetidamente la cara.

    Elevó el pecho para tener fácil acceso a los botones de mi chaqueta y los fue desabrochando, ese acto unido a la erección de su pene sobre mi vientre me demostró con claridad las intenciones que tenía. Cuando dejó mi pecho descubierto lo rozó ligeramente con los vellos del suyo haciéndome cosquillas, mi sonrisa le animó a repetir su acción hasta lograr que los pequeños pezones se me pusieran duros.

    -¡Ohh! Álvaro, estas loco. -coloqué mis manos en su nuca y cuello y lo atraje hacía mí para morderle el labio inferior.

    -Te deseo Ángel, ¿puedo…? cerré su boca apretándola contra la mía y ofreciéndole la lengua en un mudo consentimiento a lo que no terminó de pedirme.

    Álvaro era así, pedía permiso para tomar lo que era suyo y le pertenecía. Conseguí meter la mano por la cinturilla del slip para cogerle el pene, lo tenía duro y potente, húmedo de presemen. Con dificultad se lo acaricié deslizando el cuero y sacándole la cabecita.

    -La tienes muy dura. -reí con cierto jolgorio y sentí un impulso de sangre bombeándole la verga endureciéndosela más aún.

    -Tu la pones de esta forma. -le veía muy excitado y nervioso intentando retirarme la ropa, se puso arrodillado tirando de los pantalones, poco más tenía que hacer para tenerme completamente desnudo, y él mismo se quitó el slip que le quedó enredado en un tobillo sin terminar de salir.

    Su verga vibraba apuntando al ombligo y los testículos le colgaban en la bolsa estirada por el calor, tenía el capullo muy rojo por las caricias que mi mano le había prodigado.

    Me sujetó las piernas y me las elevó abriéndolas. Después de una sonrisa traviesa escondió la cara sobre mis huevos lamiéndolos, metiéndolos en la boca y tirando de ellos, me hacía sentir un delicioso dolor y placer al mismo tiempo, deseando que me los siguiera chupando y a la vez que los dejara.

    -¡Dios! Me los vas a romper. -me electrizaba los vellos, y sentía cierto temor cuando tiraba de ellos metidos en la boca y apretándolos con los labios. Cambió a lamerme el perineo hasta llegar al ano. Este día Álvaro era diferente, había dejado su cordura para convertirse en puro macho.

    No podía hacer otra cosa que agitar las piernas apresando su cabeza y con las manos le impelía empujándole para que su lengua me entrara más. Así me tuvo unos minutos de inenarrable placer, jugando con la lengua y la boca comiéndome el culito. Me tenía a mil de tensión y con un fuerte deseo de ser penetrado, poseído y destrozado.

    Él debió darse cuenta al sentirme el culo bien abierto y sin más preámbulos se dispuso a dármela por el culo.

    -Abrete precioso, te la voy a meter. -elevé la cabeza sujetándome las piernas en el aire, dejándole expedito el camino para que me diera la verga por el ano, y la vi apuntándome y como se la masajeaba para ponerla en su máxima dureza.

    Fue en el momento de empezar a penetrarme cuando sentí un estremecimiento de tal placer que me hizo eyacular un poco de semen, gritando a la vez que me contorsionaba y retorcía. En un primer momento se quedó quieto, pero reaccionó enseguida sujetándome las piernas y empujó la cadera deslizando toda la polla dentro de mi.

    -¿Te he hecho daño? -le dije que no moviendo la cabeza, con los ojos extraviados, no podía hablar aún y seguía temblando.

    No dejó que me recuperara y empezó a entrar y salir de mi cuerpo sin parar, pero muy lento, mirándome fijamente y sonriendo al verme morderme los labios por el intenso placer que sentía.

    Descansó apoyando el pecho sobre el mío y aproveché para rodearle la cintura con las piernas haciendo un nudo tras él, mis manos envolvieron su espalda apretándolo contra mi, deseando que todo él se me metiera dentro, tenerle todo él en mi vientre.

    -Mi amor Álvaro, ¡qué grandioso momento me has dado! -como respuesta me mordió la oreja respirando fuerte, y volvió a elevarse sobre las manos a mi costado para retomar la tremenda follada que me estaba dando.

    Fueros minutos inolvidables de sentir el roce su duro falo perforándome, hasta que, como todo tiene un final, se dejó caer sobre mi, ondulando su bello cuerpo follándome sin parar, sudando por el esfuerzo hasta eclosionar un fuerte orgasmo que me permitía sentir como su semen salía inundándome por dentro.

    Apreté los talones de mis pies en sus nalgas atrayéndole, y sin que él terminara de vaciarse volví a eyacular tan fuerte que mi culo se convirtió en un cepo atrapándole la verga.

    Estábamos empapados en sudor y respirando con dificultad, inmensamente felices y satisfechos, hasta que la dureza granítica de su polla fue perdiendo consistencia y a resbalar saliendo de mi culo junto con parte del semen.

    Nunca, nunca me había hecho el amor con tanta fuerza, tesón y bravura, y mientras le acariciaba la espalda, sudada de la transpiración, tuve que reconocer que yo era el receptor de su pasión, pero que a quien terminaba de hacer el amor, de tan increíble manera, era a otra persona, y no podía ser otra que Irina, poco después mis sospechas se confirmarían.

    Sin prisas nos habíamos duchado y vestido para bajar a comer, conversando sobre aspectos relativos de la fiesta pasada y sobre algunos de nuestros amigos.

    -¿Sabes algo de lo que le pasa a Eduardo? -le pregunté observando su reacción. -Parece que David se quedó para analizar las pruebas que le habían hecho. -le vi dudar antes de darme una respuesta.

    -No he hablado con él y no se nada, pero si te inquieta podrías llamarle para enterarte. -no entendía que dos médicos, que se hablaban entre ellos con frecuencia, no se comunicaran un hecho tan importante.

    -Lo haré si seguís ocultándome lo que pasa.

    -No te estoy engañando Ángel, cuando David me diga algo lo sabrás, no tengas dudas. -y cambió rápidamente de conversación a la vez que se sentaba en la mesa del ordenador revolviendo unos papeles. Tenía otras dudas que deseaba conocer además del estado de salud de Eduardo.

    -¿Piensa Irina en vivir en la hacienda de sus padres o se quedará en la ciudad? -levantó la cabeza para mirarme, le sentía nervioso y que buscaba la respuesta mejor que darme.

    -Se quedará en la ciudad, tiene que seguir con sus estudios… -se detuvo un momento indeciso. -Quiere venir los fines de semana para estar aquí, no desea estar sola en la hacienda sin sus padres y hermanos. -rápidamente volvió a ocuparse de atender los documentos que tenía en las manos.

    Supe que la conversación había sido suficiente y que debía de ser yo mismo quien sacara las conclusiones. Le dejé en la habitación y bajé para ir a la cocina a tomar un zumo, era la hora de comer y al pasar por la puerta vi el comedor vacío.

    Me encaminé al salón con el vaso de zumo que me habían entregado en la cocina.

    Victoria y su marido se encontraban viendo la televisión, pasaban en ese momento, antes de las noticias, el reportaje del cumpleaños de Irina y el compromiso con Álvaro. Me detuve en la puerta mirándoles y viéndoles sumamente felices por lo que estaban viendo.

    —————————————-

    Victoria fue mejor receptora que su hijo, y entendió a la perfección mis razones para desear cambiarme a una de las habitaciones de invitados. Sin mucho que comentar mandó prepararla y el jueves siguiente trasladábamos a ella mis cosas, mando también comprar e instalar un ordenador para que pudiera continuar mis clases.

    Cuando Álvaro lo supo no lo discutió, seguramente su madre le habría explicado las razones y se hizo comprender, de alguna manera y de esa forma dábamos por concluido nuestro compromiso, tenía libre el camino para iniciar su relación con Irina.

    Un día de esa misma semana, en lugar de Marcos, llegó Eliseo a buscarme, cuando bajé a la planta inferior estaba hablando animadamente con Victoria, no era exactamente una discusión pero se le parecía.

    Se despidieron apresuradamente y avanzó delante de mi, sin esperarme, hasta llegar a su ranchera, tampoco me abrió la puerta como en otras ocasiones donde aprovechaba para rozarme con la entrepierna mientras entraba haciéndome sentir su necesidad y deseo.

    En medio del páramo detuvo el vehículo, permanecía el campo de un blanco impoluto, no porque estuviera nevando, era el viento que arrastraba la nieve de unos lugares a otros, solo denunciaba la existencia del ser humano las rodaduras de su vehículo en el asfalto. Se volvió hacia mi y su voz sonó descontrolada y brusca.

    -Se acabó. -le miré indeciso adivinando a lo que se refería.

    -Tenías razón, soy el tío de Pablo, solo espero que me disculpes por lo que te hice. -su voz sonaba dura y autoritaria, como una solicitud de perdón sin llegar a serlo.

    -A partir de ahora intentaremos mantener las distancias. -relacioné sus palabras con la conversación que yo había interrumpido unos minutos antes. No dije nada y él puso de nuevo la ranchera en marcha.

    Aunque yo deseaba que se diera ese resultado, al final sentí pena por él, era un hombre solitario, necesitado de cariño que no tenía por que ser el que buscaba en mi, y por otra parte también yo me sentía culpable por haber gozado cuando me follaba.

    ————————————

    Iba pasando el tiempo, Alberto cumplió su palabra y cada dos días me llamaba, lo que no hacía Pablo que pudiera ser que estuviera ocupado con Eduardo, o pensándolo peor que Ana María fuera suficiente para él, los celos volvían a mi y me esforcé para apartarlos.

    Las conversaciones con Alberto eran muy simples, me contaba sus cosas relativas al trabajo, no me hablaba de sus probables encuentros con David y Oriol, y tampoco de Rubén si yo no le preguntaba. Luego todo eran preguntas para que yo le refiriera lo que hacía, solo le hablaba de lo agradable que me sucedía y para nada mis amarguras.

    Reía con sus ocurrencias y no me decía que me quería o algo parecido. Era una charla de amigos sin más problemas. Cada dos días esperaba su llamada deseándola hasta hacérseme necesaria.

    Con Eliseo había finalizado toda nuestra relación, se hacía invisible para mi y lo veía de lejos, al contrario que con Marcos. Adivinó desde un principio que algo había pasado y el gallinero se lo quedaba para su uso exclusivo.

    Victoria, ocupada ahora en pensar en Irina y lo que representaría para su familia, dejó de ir a buscarme y Marcos retomó su obligación con alegría, solo le puso la condición de que me devolviera pronto a la hacienda.

    Y no tengo por qué ocultarlo, Marcos se convirtió en el macho que yo necesitaba para atender mis necesidades en el sexo. Álvaro me visitaba algunas noches al principio, casi siempre para que yo hiciera de activo, luego su prometida se encargó de que estuviera suficientemente servido. Pero ese era un capítulo que desea cerrar cuanto antes.

    Todo había cambiado, Victoria y don Mateo seguían siendo los mismos, atentos y amables conmigo, pienso que agradecidos de que hubiera sido yo el que renunciara a seguir con su hijo. Con Irina me llevaba bien el poco tiempo que estábamos juntos. De alguna forma me dio a entender que sabía lo que había hecho con su hermano Robert y que estábamos en la misma situación de compromiso, eso se pensaba ella.

    A mediados de Marzo tuve una charla larga y extensa con don Ernesto el abuelo de Oriol, se interesaba por los avances en el estudio de sus jornaleros y me apremió para terminar en poco tiempo. Las labores del campo en la primavera cercana se incrementaban exponencialmente y su personal tenía que atender sus otras obligaciones. Me agradeció lo que estaba haciendo y decidimos seguir las clases hasta que llegara la Semana Santa.

    Ese día, después de la conversación que mantuve con don Ernesto y cuando regresé a la habitación que hacía de aula, Marcos permanecía solitario y pensativo esperándome sentado ante mi mesa.

    -Ya se termina esto. -o bien sabía, o adivinaba lo que su patrón y yo habíamos hablado. Se levantó al verme llegar y cerró la puerta colocándole el cerrojo de seguridad.

    Me abrazó con cierto grado de desesperación en sus modales.

    -Nos alejaremos sin remedio y seguramente no volveremos a tener oportunidad de estar solos. -me besaba como él lo hacía siempre, con brusquedad y fuerza, como un macho garañón que desea llegar con rapidez al momento cumbre de montar a su hembra.

    Tiró de mis pantalones bajándomelos hasta la rodilla, tuvo el detalle de aflojarme el culo metiéndome los dedos antes de perforarme con su verga dura como un garrote de madera seca.

    -¡Ahhhh! me haces daño Marcos, me duele. -solo le importaba el acto de la cópula y no se detuvo hasta tenerme empalado totalmente en su dura verga.

    Me aplastaba el pecho sobre el tablero de la mesa, empujando con bravura, venciendo cualquier resistencia que tuviera y me golpeaba el pubis y la base de mi polla con el filo de la mesa.

    -¡Por favor!, ¡por favor! me lastimas Marcos. -pero no me escuchaba ni quería atender mis ruegos y súplicas.

    -Ya no voy a poderte tener más, ¡joder! ¿por qué? -tiró de mis hombros y por fin el dolor que tenía en la base del pene se vio liberado, así estaba mejor aunque continuaba follándome como un demente, haciéndome sentir como un objeto utilizado para obtener su placer, y dejé de oponer resistencia, y abrí el culo para que me penetrara a su placer pleno, hasta que sus deseos se desbordaron y abrieron el manantial de sus huevos llenándome de leche.

    En el trayecto de vuelta a la hacienda de Álvaro no hablábamos, parecía avergonzado y no me miraba a la cara. Cuando iba a salir de la ranchera, queriendo correr a mi habitación para limpiarme la sangre que manchaba mi culo y el slip, me dirigió la mirada.

    -Perdóname, no sabía lo que hacía. -bajé del vehículo sin responderle.

    Aquella noche durante la cena pedí a don Mateo que me dejara usar uno de los automóviles de la casa, para utilizarlo los últimos días que me quedaban de ir a las clases.

    Álvaro estuvo de acuerdo, las nevadas eran ahora más suaves y no llegaba a cuajar salvo en zonas muy concretas, eran casi benignas para el campo, también había más horas de luz, los días eran más largos y la primavera se anunciaba con la llegada de los primeros gorriones, y de las primulas que rompían la capa endurecida de nieve buscando los cálidos y primeros rayos de sol.

    Lo que pensaba que iba a resultar difícil no lo fue tanto, era la primera vez que cogía el volante de un coche sin alguien al lado que me dirigiera, pero fueron los primeros minutos, luego me convencí de que lo sabía y podía hacer igual que cualquier otro.

    Y al cabo de unos días disfrutaba de la libertad de poderme mover por mi mismo, podía ir a impartir mis clases sin depender de otros, también al pueblo para pasar por el salón de belleza y que me cortaran la puntas del pelo. Era el primer paso hacía mi independencia y eso me ponía contento y me enorgullecía.

    La llamada que Pablo me hizo anunciando que vendría a pasar la semana santa me puso muy contento. Por fin iba a volver a estar con él, este trimestre había pasado muchas cosas que marcaron mi vida. Sus exámenes habían sido notables y excelentes y el próximo, si tenía suerte, prepararía su proyecto fin de carrera. Él lo ponía en duda y yo estaba seguro de que lo conseguiría.

    Ese año la semana santa empezaba la última semana de Marzo, faltaban pocos días que desde ahora contaría de uno en uno deseando que pasaran con rapidez. Álvaro me comunicó que Irina estaría esas mini vacaciones en la casa, pero ya no me preocupaba tanto, yo tendría a Pablo a mi lado y sería mi consuelo después de tanto echarle en falta.

    El martes de esa semana dimos por concluidas las clases en la hacienda de don Ernesto, prepararon una pequeña fiesta como despedida y me emocionaron hasta hacerme llorar por el agradecimiento que los humildes hombres me expresaban, y así mismo el abuelo de Oriol me dio las gracias por lo todo lo que había hecho.

    Al final no había sido tanto, pero lo importante era que, aquellas personas, aunque no hubieran aprendido a leer y escribir muy bien se sentían interesadas y atraídas para continuar aprendiendo. Con eso me daba por satisfecho, había podido colaborar en ayudar a alguien.

    **********************

    Había sido costoso pero al fin tenía todos los datos que necesitaba para dar cumplido fin a su venganza. Sabía que tenía contraída una importante deuda por el favor, pero no pensaba pagarla.

    Había pensado mucho y lo había dado muchas vueltas, se las ingenió para retrasar la entrega de los sobres del impuesto recogido una semana, y poder tener en su poder lo recaudado ese medio mes. No era mucho pero si lo suficiente para ir tirando.

    Luego no sería difícil encontrar, en cualquier ciudad o pueblo algo importante, quien le comprara parte de los cinco kilos de coca que hábilmente escamoteó. Había tenido la suerte de que le pidieran participar en recoger y transportar aquella partida de mercancía más abundante de lo habitual.

    Con premura y rapidez recogieron de la playa los paquetes que lazaban al borde del agua desde las veloces motoras que no se detenían ante el temor de conocer la inminente llegada de la policía.

    Había escondido aquellos cinco valiosos paquetes debajo del habitáculo de las herramientas, bien guardados a la vista de la revisión que posteriormente le harían en el lugar de entrega.

    Los días posteriores escuchó los rumores que circulaban sobre el extravío de parte de la mercancía, el jefe estaba sumamente cabreado y había pedido los nombres y señales de todos los que habían participado en la operación.

    No sería muy difícil que llegaran a la conclusión de quien pudiera ser el responsable de la falta una vez descartado que se hubiera perdido u olvidado en la arena de la playa. Supo que no podía retrasar más su marcha de la ciudad si no quería que terminaran cogiéndole, aceleraría la recogida de todos los sobres que pudiera y el miércoles, aprovechando la salida masiva de vehículos, y camuflado entre ellos, se esfumaría.

    A partir de ese momento todos sus esfuerzos se centrarían en consumar la venganza que había planificado con detalle minucioso. No tenía duda alguna de que conseguiría hacérselo pagar al putito aquel, y desde ahora disfrutaba al considerar lo que le haría.

    *************

    Había tenido una larga conversación con Eduardo después de recibir su felicitación por las excelentes notas que había obtenido. Estaba otra vez en casa y eso era lo mejor para todos, en ella tendría los cuidados que necesitara y estaría mejor en ese ambiente. A pesar de no tener familia cercana a él, Eduardo se había rodeado de personas que por uno u otro motivo le apreciaban y querían, pero a los que no hacía caso cuando le pedían que estuviera en la cama.

    -No estoy tan mal, muy bien diría yo para mi edad, y el tiempo que este vivo quiero hacer mi voluntad como ha sido siempre. -elevaba la voz para imponerse, y a la vez le encantaba sentirse querido, por Ana María, y por aquel hermoso muchachote que había venido como paquete acompañando a la hermosa mujer hija de su viejo amigo.

    Pensó un minuto en los seres que le interesaban por uno u otro motivo, y realmente no eran muchos aparte de los viejos amigos: Ana María que había pasado a ser la señora de la casa y su hijo Oriol, David el líder de la organización y ahora marido de Oriol, el mismo muchacho que tenía ahora delante suyo, y sobre todo Ángel a quien había adoptado como su sobrino y al que echaba mucho de menos, y que sin saber el motivo exacto era su preferido.

    -He encargado un regalo para le entregues. -apuntó con un dedo tembloroso a varios paquetes envueltos en lujoso y marrón papel con cintas doradas dispuestos sobre uno de los sofás de la biblioteca.

    Pablo echó un vistazo a aquellos elegantes paquetes que sugerían tener un valor considerable, dejó escapar una pequeña y divertida risa.

    -Con tus paquetes y los que Ana me ha entregado para él voy a llenar el coche. -Eduardo se río sin demasiadas fuerzas. Hacía ya tiempo que había autorizado a Pablo para hacer uso de los numeroso coches de que disponía en el edificio de garajes, mejor era que alguien los usara y no terminaran por ser chapas inservibles.

    -Puedes llevar uno con más capacidad y no los deportivos que tanto te gustan. -el muchacho había comenzado a recoger los paquetes y meterlos en enormes bolsas.

    -Tengo que aprovechar el tiempo que esté aquí, luego deberé conducir, como mucho, una ranchera de granja. -el mayor pareció quedar dubitativo.

    -De eso también tenemos que hablar, será más adelante después de tu vuelta, ahora vamos a comer antes de que recojas y te marches. -el chico se acercó para ayudarle a levantarse y Eduardo le rechazó con un gesto.

    ******************

    Aún era temprano y el tráfico iba fluido a esa hora, el peor momento sería de siete a diez de la noche, cuando los quince carriles dispuestos como salida en el acceso a la autopista del sur estuvieran con largas colas, esperando recoger el tique que les permitiera su uso para llegar a sus destinos.

    A treinta kilómetros de allí, en pleno monte y en la primera salida de la autopista principal, una vez pasada la cancela de control y pago del trayecto, la explanada se convertía en un único carril hasta el enlace con la autovía secundaria.

    La policía había establecido un control como en el resto de las salidas, menos transitadas al dividirse el tráfico de la arteria principal. En algún despacho habían recibido el soplo del probable movimiento de una célula terrorista, se aprovechaban para poder pasar desapercibidos envueltos en el numeroso movimiento de vehículos. Estaba previsto el desplazamiento de cuatro millones de vehículos en todo el territorio, momento idóneo para intentar pasar inadvertidos.

    León, un joven agente incorporado hacia unos meses al servicio activo, después de dejar la academia con su diploma, dispuso la cadena con pinchos para poder detener forzosamente a cualquier vehículo que pretendiera escapar al control.

    Después de entregar la cuerda, que tirando de ella la activaba, a un compañero, se situó más alejado, en la zona de los conos que marcaban a los autos el camino a seguir si eran desviados ante cualquier sospecha, miró al compañero que unos metros detrás de él le cubría ante cualquier eventualidad y se ajustó el chaleco antibalas, espero con el sub fusil empuñado las ordenes del jefe de la operación para comenzar el control.

    Cuando recibió la señal dispuso los conos para cerrar el paso, y a la vez abrirlo hacía donde él quería haciendo que los choches pasaran a su lado.

    Desfilaban lentamente y León miraba el interior de los vehículos con detenimiento, la mayor parte eran familias que se desplazaban para pasar unos días de vacaciones en el interior del país, niños que le miraban curiosos y a veces le sonreían, o lo hacían asustados, le señalaba que podían seguir y el proceso se repetía llegando a hacerse cansino, pero él sabía muy bien que debía estar atento por si surgía el peligro.

    De vez en cuando mandaba a alguno de los vehículos que se apartaran para que otros compañeros los inspeccionaran con más detalle, él era una persona con excelente memoria y retentiva, podía presumir de recordar la cara de numerosos delincuentes buscados por la policía, y no obstante, aleatoriamente como le habían enseñado, separaba los vehículos ocupados por viajeros que podían encajar con los que buscaban y potencialmente reunían alguna de esas características, como los que eran ocupados por jóvenes varones.

    Seguirá…

  • Daddy dom and little girl

    Daddy dom and little girl

    —¿Qué tal la mañana bihotza? —Envío el mensaje aprovechando el descanso entre clases.

    —Avanzando jejeje —Respondes al poco tiempo

    —Entonces…

    — ?

    —¿Si lo haremos hoy? —Pregunto con curiosidad

    —Claro princesa, si tú lo deseas

    —Si claro, es que todavía me da vergüenza

    —A ver mi niña… A estas alturas con vergüenzas todavía?

    —Ya… Gracias por hacer esto conmigo, será una experiencia nueva y excitante!

    —Mmmm ni que lo digas

    —Te dejo vida, entro a clases, tendré todo preparado para cuando llegues. Come algo de camino que no creo que nos dé tiempo para comer jejeje. Te amo

    —Yo más. Mía!

    —Mío Nya

    Guardo el móvil y voy a la siguiente clase a toda marcha, luego de disfrutar el café y la plática contigo que hace despertar la imaginación. Hacia un tiempo en la búsqueda de nuevos juegos de roles me topé con una dinámica muy interesante llamada Daddy Dom and Little Girl Abreviado como DDlg. Después de indagar un poco descubrí que es una dinámica del tipo D/s si bien no es nuestro estilo me llamo la atención el cómo se desarrollaba la dinámica en si pues es muy diferente del BDSM como tal. Empecé a buscar imágenes y entre la vestimenta y los juguetes utilizados llegue a la conclusión que era un juego de rol bastante fetichista, cosa que sobra decir somos. Luego de meditarlo unas semanas decidí contarte de mí nuevo hallazgo

    —¿Y qué te parece?

    —Pues la verdad no está nada mal, así que te ponen las cuerditas ¿eh? Mi cara se puso roja como un tomate con ese comentario

    —Me llama la atención, la ropa y tiene su morbo, sería divertido Dije bajando la cabeza un poco avergonzada

    —Me parece perfecto, anda no te pongas así

    Me atrajiste a tus brazos y fue el inicio de una gran noche. Regresando a la realidad, recuerdo que a la salida a buscar los nuevos juguetes a la Sex Shop, como siempre procure comprarlos con antelación por la página web del sitio. Al salir voy bien de tiempo tomo mi skate y me dirijo al sitio, tardaré un poco más así pero es entretenido pasear entre las calles y disfrutar del momento. Al llegar entro y me recibe una chica retiro el pedido con algo de apremio y de allí con todo bien resguardado en mi mochila me dirijo a la parada del autobús para marchar a casa.

    Aunque es tarde todavía falta un poco para que llegues cuando ya tengo todo preparado, luego de servirme un buen plato de comida poco saludable que sin duda desaprobarías subo a la habitación y me miro en el espejo. Un conjunto de colegiala de colores rosa suave con blanco. La faldita es sumamente corta y no deja mucho a la imaginación, con unas braguitas con diseño de unicornios, un top cortito que deja al descubierto parte de mis senitos. En la mesa al lado de la cama se encuentran desplegados todos los juguetes que adquirí para la ocasión.

    Sobre la mesa se encuentran tres tipos de esposas de un color rosa suave bien acolchadas por dentro. Una de ellas podría decirse que es la convencional para las manos, otras para atar manos a pies y la última una que conecta las cuatro extremidades. Una paleta para dar azotes de color rosada con una abertura de corazón y brillos por todas partes. Una serie de plugs que ya forman parte de nuestra colección y uno nuevo de metal con decorado de una piedra de color morado. Además una cuerda rosada, un antifaz rosa también y por ultimo varios de los vibradores, el Hitachi y otros más que trajiste de Japón. Suspiro todo está listo, solo faltas tú.

    Día duro, estresante y farragoso. Te subes en el coche para volver a casa y pones unos audios en alemán para ir mejorando mientras regresas. Los chinos están acabando contigo. “Es lo malo de trabajar en una multinacional. Hay veces que no se quien trabaja para quien”. El camino de vuelta se pasa rápido entre audios y juramentos por las retenciones. Aparcas el coche, coges la bolsa del gym y sacas las llaves de casa. Cuando abres la puerta, el silencio sepulcral te pone en alerta. Habitualmente, estoy escuchando música en el estudio, o bien viendo tv en la sala, y te recibo corriendo hacia ti. El silencio te preocupa.

    Mi corazón late a mil por hora, como si fuese la primera vez, bueno en parte es la primera vez que me animo a realizar algo de este tipo. Pasan los minutos y repaso mi atuendo, cuando por fin escucho la puerta suspiro para quitarme parte de los nervios, en mi cara no se puede ocultar lo sonrojado. Puedo escuchar perfectamente tus movimientos, gracias al silencio absoluto que inunda nuestro hogar. El ruido de tus pisadas acercándose se puede notar, primero una parada seguramente un vistazo en el estudio. Y por fin encaminas los pasos a nuestra habitación.

    Como en otras ocasiones he intentado asustarte, te pones en guardia e imitas al Sr Jack Torrance en El Resplandor, con pasos lentos, y dando golpecitos con los nudillos. Cuando ya solo queda nuestra habitación, llamas a la puerta y pones voz de loco «aquí esta Jacky….» Abres la puerta, muy despacito y te quedas de piedra con el fantástico espectáculo que te encuentras. “Lo había olvidado por completo”. Tu mirada de asombro no se hace esperar, estoy de pie ante ti con un notable rubor en mis mejillas, en mi cuello se distingue un suave collar rosado con una medalla grabada que dice «Gatita». Te miro pero no puedo evitar desviar nuevamente la mirada, te acercas lentamente inspeccionándome y sigo expectante cada movimiento.

    Te acercas a mí, muy suavemente, disfrutando de mi precioso vestidito. Recuerdas las palabras de tu abuelo, «es mejor lo insinuado que lo expuesto» (Sabias palabras aitite). Me haces un escáner completo, empezando por mis piernas, únicamente cubiertas con una fina media blanca hasta las rodillas. Mis desnudos muslos hasta el límite justo y perfectamente calculado donde debieran aparecer las braguitas, que se aprecian, tan solo por mis movimientos. ¿De unicornios? Tu polla pega un fuerte latigazo dentro de tus pantalones pugnando por salir, por follarme, por taparme en lechita, pero te contienes, calmado, calculador.

    Mi firme y perfecto vientre desnudo, mostrando el delicioso ombliguito y mis perfectos pechos, tapados por un top rosa con blanco, sujetándolos firmes y desafiantes. Te recreas en mi cara, colorada y en mis refulgentes ojos, llenos de deseo. Te acercas hacia mí, despacito. Acariciando con la punta de tus dedos los juguetes y vibradores sin dejar de mirarme. Serio, con cara de póker. Tus manos se deslizan por las esposas. Por todas ellas y las examinas averiguando su utilización y te detienes en las dobles. Acaricias mi preciosa cara, y deslizas tu dedo, siguiendo mi perfil, pasando por barbilla, cuello, hombros y brazos hasta llegar a mis muñecas. Antes de que me dé cuenta tengo las dos manos esposadas.

    «Me han dicho que te has portado mal en la escuela…»

    Dices mientras me acercas a ti con un tironcito de las esposas.

    «Que te dedicas a seducir a tus compañeros…»

    Susurras mientras me empujas contra la cama y quedo boca arriba.

    «A tus compañeras…»

    Sujetas el otro extremo de las esposas y lo cierras en torno a uno de los cabeceros de la cama

    «E incluso a los profesores… «

    Cierro el otro extremo de las esposas al otro cabecero de la cama. Dejándome tumbada, boca arriba con los brazos extendidos.

    Meditas si atar también mis piernas, pero, de momento, lo dejaremos pasar.

    «Creo que en casa, no te hemos educado así, y tal vez necesites un correctivo»

    Muevo un poco mis manos, giro mi cabeza ambas están perfectamente esposadas al cabecero, roto mis muñecas nada, no ceden en lo más mínimo. Mis pezones atraviesan la tela y se marcan sobre el top, de momento mantengo mis piernas cerradas expectante a tus movimientos. Desvío mi mirada hacia ti, tu cara no demuestra expresión pero la erección se marca perfectamente en tus pantalones, tus dedos se pasean por los distintos juguetes. «Papi es mentira, no he hecho nada de lo que dicen» empleo un tono entre el morbo y algo de miedo. Puedo sentir como mi rajita puedo se empapa por completo y no despegó de mi mirada de ti, cuando volteas y me dedicas una sonrisa lobuna.

    Buscas entre todos los juguetes, pero falta uno, tú favorito. Deslizas tu dedo por mi cara, mis hombros, mis senos y das unas cuantas vueltas a mi ombligo mientras te deleitas viendo cómo se eriza mi piel. Continúas bajando hasta mi corta faldita y la subes ligeramente dejando en evidencia mi estado de excitación en una vistosa mancha de humedad en mis braguitas. Tus dedos lo palpan, y continúan el descenso por mis piernas.

    «Me han contado, que te contoneas, y que vas enseñando tus braguitas con tus cortos vestiditos por ahí.»

    Sueltas en tono juguetón al tiempo que das un tironcito de mi falda hacia arriba y te alejas de mí, acercándote al armario. Sacas el trípode y la cámara colocándolas en el ángulo perfecto, tantas veces estudiado.

    «Me dicen que incluso dejas que algunos, te toquen.»

    Enfocas mi cuerpo y ajustas el encuadre. Inicias la grabación. Buscas en el cajón rápidamente y encuentras TÚ juguete.

    «¿Eso es lo que te hemos enseñado, jovencita?»

    «Papi todo eso es mentira» digo en un tono flojito mientras estudio tus movimientos, el cómo vas instalando la cámara que no podía faltar «No hay necesidad de un correctivo» digo nuevamente en un tono flojito con mí suave voz, dejando lo meloso de mi tono a relucir. La mirada de perversión en tu rostro no tiene comparación. Cruzo mis piernas en un intento inútil de resguardar mi intimidad, rebuscas en los cajones hasta que te acercas nuevamente a mí con un particular brillo en los ojos y también con una potentísima erección marcándose en tu pantalón.

    «¿De veras? ¿Mentira?»

    Te acercas a mí, con el estimulador remoto en la mano. Abres mis piernas, y ofrezco resistencia.

    «Sabes que es peor si te resistes. Cuéntamelo todo y seré indulgente. «

    Unes lentamente las esposas de los tobillos a la cuerdecita y las pasas por detrás del cabecero para hacer polea. Cuando terminas, tienes una cuerda en cada mano.

    «¿Tienes algo que decirme?»

    «Papi todo lo que te han dicho es mentira jamás haría eso sabes que soy una chica buena» intento mantener mis piernas cerradas pero al parecer mi respuesta no te ha convencido cuando siento un tirón de ambas partes mi menudo cuerpo cede ante la presión de abrir las piernas doy un gritito de asombro cuando noto que estoy totalmente expuesta ante ti.

    Pegas un tironcito a las cuerdas y mis piernas se abren levemente, con otro tirón están suficientemente abiertas como para poder acceder a mi coñito sin problemas. La mancha de humedad es cada vez mayor. Lo apartas hacia un lado, provocándome un gemido y posicionas el estimulador en su lugar y vuelves a dejar las braguitas como estaban. Cuando sacas tus dedos, están empapados, y te los llevas a la boca.

    «Tempus fugit. ¿Tienes algo que decirme?»

    «Lo único que tengo que decirte es que todo lo que han dicho es mentira» miro como has colocado el estimulador con tus dedos en mi encharcada almeja, trato de flexionar mis piernas pero con las esposas es bastante difícil. Las manchas de humedad se evidencian perfectamente en la braguita, tus dedos se pasean velozmente por el móvil, me repites la pregunta y vuelvo a negar que algo de lo dicho sea verdad así que con una mirada lasciva lanzas una primera descarga que me toma por sorpresa y me hace lanzar un gritito de placer y asombro al mismo tiempo.

    «¿De veras? ¿Mentira? ¿Y qué me dices de esto?»

    Me enseñas una de las múltiples fotos que guardas en el móvil, las que me saco para ti, las que alegran tus días. Pasas lentamente y aparezco en una, con la faldita levantada, mostrándote las braguitas.

    “Me las ha enviado tu profe de cálculo. Sabes que también fue mi profesor.”

    “Creo que tendré que castigarte un poquito más.”

    Presionas el mando de inicio del estimulador y puedes ver como intento retorcerme llena de placer y sorpresa.

    «¿Sigues negándolo?»

    «Ahhhh…. No sé de dónde has sacado esas fotos papi pero te juro que no se las mande a nadie, créeme por fis» mi cuerpo intenta retorcerse de placer pero es inútil las esposas y la cuerda mantienen mis extremidades bien sujetas, como una X dándote vía libre y sin poder oponer la mínima resistencia, mi almeja se siente encharcada más aún y noto lo empapado de mis braguitas, mi respiración se acelera pero sigo atenta cada movimiento

    Sueltas una de mis esposas para poder quitarme el top y la vuelves a atar. Repites lo mismo con la otra mano.

    Ahora estoy vestida tan solo con la faldita y las empapadas braguitas.

    «Además, me han dicho, que has estado haciendo mamadas en la uni. Y que eres la mejor.»

    Me enseñas una foto donde solo se ve mi boca y parte de mi nariz comiéndose una polla.

    «¿qué me dices de esto?»

    Ante mi silencio, me muestras el control del estimulador, me muestras el potenciómetro y lo pones al 75%

    «¿qué me dices?»

    Recuerdo perfectamente esa foto, fue precisamente en una de tus visitas en la uni. La prueba de mis acciones parece innegable, se nota perfectamente como tu polla está dentro de mi boca y mi cara de vicio, suelto una serie de grititos cada vez más fuertes, mi coñito se desborda en jugos «Está bien papi, soy una niña mala debes castigarme» digo en un tono flojo entre gemidos con esa voz aniñada que te encanta. Tu mirada triunfante se pasea por mi cuerpo y te diriges a la mesa con los juguetes, notas la paleta y me dedicas una perversa mirada, trato de cerrar mis piernas pero es imposible

    «Bien, el primer paso, es reconocerlo.» das suaves golpecitos en la palma de tu mano. Miras mi braguita. Hay más parte mojada, que seca. Estas tan cerca que puedes llegar a olerlo.

    «Ahora, dime: ¿Llego a correrse?»

    Notas en mi mirada que la pregunta me ha pillado por sorpresa.

    «ssi.»

    «Bien. Avanzamos. ¿Donde?»

    «En, en mi cara»

    Me acercas el móvil a la cara para que pueda ver la foto que tenías preparada. En ella, aparezco con una polla sobre mi barbilla, mi lengua totalmente llena de semen y la cara igualmente salpicada.

    «¿Te lo tragaste? ¿Te gusto?»

    «S—si me lo trague todo… Me gusto…» Desvío mi mirada hacia tu pantalón que parece querer estallar por la dureza de tu erección, me agito un poco intentando liberarme nuevamente pero todos mis intentos han sido inútiles. Siento lo mojado de mi intimidad y como tu mirada se pasea a la nenita que tienes atada en la cama, no puedo evitar sonrojarme.

    «Así que te gusta comer polla…. así que te gusta tragar lechita…. «

    Me das golpecitos con la paleta en los muslos acompañando tus palabras.

    Manipulas el control para ponerlo al 85%.

    “Me parece que esta noche, te vas a empachar.»

    Activas el estimulador, provocando un sonoro gritito. Mi cuerpo se arquea, se torsiona, suda. Mis braguitas están tan empapadas que no queda ni una sola parte seca. Te acercas a inspeccionarlas, a olerlas, a pasar tu lengua por ellas y saborear mi delicioso sabor.

    «¿Dime mi niña, cuantas pollas te has comido?»

    Mi respiración es acelerada, suelto un leve gemido al sentir la presión de tu lengua que empuja para adentro las braguitas, cada pequeño azote me ha tomado por sorpresa acompañada de un sonoro gritito. La estimulación del juguete es máxima pero lo detienes siempre en el momento justo antes de que pueda correrme lo cual está empezando a fastidiarme «No se» respondo en un tonito más pícaro para cortarte un poco «unas cuantas papi, pero hay una que me muero por devorar» miro tu entrepierna con mi mejor mirada lujuriosa, desearía tener movilidad en mis manos para tocarla pero admito que la situación es muy excitante con todo el morbo.

    «Así que unas cuantas, ¿Eh?» Estimulador al 90%

    Me retuerzo de placer y estallo en un intenso orgasmo que parece no tener fin por las constantes descargas. Detienes el estimulador y me das un respiro. Mis braguitas están totalmente empapadas y los flujos empiezan a chorrear por mis muslos. Mi agitada respiración me impide hablar, de momento, y te lanzas a devorar tu premio. Tu lengua recorre cada hilito que resbala entre mis piernas. Tu boca se acopla a mis bragas e intentas comértelas, mientras aun están puestas. Tu polla no puede estar más dura.

    «¿Alguna de esas pollas te ha follado?»

    Mientras pronuncias esas palabras, me das un azotito en el muslo con la paleta. Sujetas el elástico de mis braguitas y tiras de ellas hacia abajo dejándomelas por las rodillas. Mi almejita aparece totalmente brillante, sin un solo pelito. Mientras dejas recuperarme, sueltas una pierna y luego la otra con la idea de quitarme, por fin, mis preciosas braguitas.

    «No ninguna lo ha hecho papi» aprovecho la libertad de mis piernas mientras bajas mis bragas para cerrar mis piernas dejando protegido mi coñito, puedo notar un poco rojos mis muslos por el uso de la paleta y tu cara de fastidio cuando cierro las piernas.

    Tienes mis braguitas en la mano, y te las acercas a la cara para poder olerlas, y el impacto a sexo es demoledor. Te las metes a la boca, extrayendo tu jugo. Ves como cierro las piernas, y dejas que descanse unos segundos.

    «Estas son las braguitas con las que seduces a los profesores. ¿Es así como apruebas?»

    Me quitas el estimulador.

    «¿Vas a ser una nena buena? o ¿Tengo que tirar de las cuerdas y atarte de nuevo?

    Aprieto un poco más mis piernas en señal de que no pienso abrirlas lo hago para provocarte y mientras me haces la pregunta te saco la lengua y volteo hacia otro lado para no mirarte, lo hago con la intención de fastidiarte un poco y ver hasta donde puedes llegar, estoy tentando mi suerte pero es algo… Excitante

    Das un sonoro suspiro mientras tomas de nuevo las cuerdas y tiras de ellas. Mis piernas se abren de nuevo sin problemas dejando de nuevo mi preciosa rajita a tu alcance.

    «Parece que tendremos que educarte de nuevo. Tu boca, es mía.»

    Dices tocándome la boca con el dedo.

    «Tus tetitas, son mías» Presionas con fuerza controlada mis pezones.

    «Y por supuesto, tu coñito, también es mío»

    Introduces repentinamente el vibrador dentro de mí, y lo accionas a la máxima potencia y empiezo a dar grititos y sonoros gemidos.

    Pasados unos segundos, lo detienes. Con mirada lobuna, empiezas a desnudarte.

    «ahora, papi, te va a enseñar a ser una niña buena, y, desde luego, si quieres polla, te vas a empachar.»

    Tu mirada es de malicia total, retiras el vibrador con lentitud y dejas de nuevo mi rajita totalmente expuesta. Tomas el plug decorado con una piedra morada lo empapas con los jugos de mi almeja y lo entierras en mi culito haciéndome soltar un gritito de sorpresa ante la invasión. Bajo mi mirada y noto como brilla mi rajita estoy completamente desnuda ante ti. Veo como tu polla está totalmente erecta desafiante con algunas gotas de precum en la cabeza y hace que me relama los labios Colocado el plug, te relames, mirando mi rajita y te lanzas a devorarla arrancándome sonoros grititos.

    «Mi niña… gritas demasiado.»

    Te acercas suavemente, rodeándome, sin retirar el contacto visual y con tu mano en tu polla.

    Te colocas al lado de mi cabeza y rozas mis mejillas, mis ojitos, mi nariz y mis labios con tu glande. Aprieto los labios impidiendo tu entrada.

    «Ahora, me vas a demostrar cómo se lo hacías a todos esos chicos»

    Intentas introducir tu polla en mi boca pero te lo hago un poco difícil, debes presionar mis labios con un poco de fuerza para que los abra. Siento la presión del plug en mi culito y con cada movimiento que hago solo logro incrustármelo más. Soltando un suave gemido aprovechas para introducir tu polla en mi boca, con un movimiento firme la metes hasta que tus huevos chocan con mis labios, en una mamada muy profunda, sujetas mí cabeza con suavidad pero con firmeza.

    «¿Así es como te hacen, zorrita? ¿Es así como se follan tu pequeña boquita? «

    Eres consciente de que se está grabando todo en buena calidad y que disfrutaremos mucho viendo esa escena después, lo que provoca un extra a la excitación. Deslizas tu verga dentro de mi boca, sientes la presión de mis labios en tus huevos y sientes las pulsaciones eréctiles cuando tienes tu polla totalmente enterrada en mi boca. Tus manos sujetan mi cabeza, abriendo sutilmente mis labios. Sacas tu polla de mi boca, para poner tus huevos en ella. Restriegas tu polla empapada en saliva por toda mi cara.

    «Ahora, hijita, lame mis huevos, con suavidad, con dulzura.»

    Poco a poco, te vas deslizando hacia delante, posicionando tu ano sobre mi boca y se te ocurre pronunciar una maldad.

    «Ahora, como castigo, vas a limpiar el culo de papi» Mi lengua recorre la zona perianal y rodea tu esfínter.

    «Y ahora, comprobaras, que papi no se ha limpiado al ir al baño, solo para ti.»

    Mi respiración es agitada gracias a la presión de tu miembro sobre mi rostro. Cuando pronuncias esas palabras no puedo evitar quedarme paralizada por un segundo, pero al mirar tus ojos leo perfectamente tu expresión. Hundo mi lengua muy despacio en tu ano degustando tu sabor me aparto de ti relamiéndome, esa imagen queda perfectamente grabada.

    «Eres un guarro papi, tienes a tu nenita atada, me obligas a limpiarte, estas abusando de mí, ¿No te da penita?»

    Mi tono de nena inocente no hace más que calentarte, acercas mi rostro con firmeza a tu culo el cual me dedico a lamer de la manera que más te excita, con movimientos firmes, lentos, incesantes. Siento el plug adentrándose en mi culo y deseo tener tu polla en mi rajita. Logro alejarme un poco jadeante

    «¿Por qué no me pones en 4 y me follas papi? O ¿Es que no te atreves?» Digo desafiante, mientras me llevo tu miembro a mi boca y lo devoro por completo con una fuerte succión que te hace emitir un profundo gruñido, la medalla del collar de gatita vibra con tu voz.

    «No es que no me atreva. Es simplemente que no quiero soltarte»

    Te vas colocando, poco a poco, en posición, en frente de mí, con la visión de mi cuerpo atado, piernas abiertas, y mi imberbe rajita palpitante y jugosa. Colocas el glande presionando mi botoncito y lo restriegas con fuerza sobre él.

    «Esto es lo que tienes que hacer como una niña buena. Abrirte de piernas»

    Y de una sola estocada, entierras tu polla hasta lo más profundo de mí arrancándome un fuerte grito de sorpresa y excitación. La estocada me ha tomado por sorpresa generalmente la primera penetración es lenta y profunda, pero la sensación es agradable. Siento como mi rajita cede ante tu invasión, las paredes de mi coñito abrazan con fuerza a tu polla, comienzas un movimiento potente, con estocadas profundas que solo logran sacarme grititos de placer. El collar de mi cuello, la medalla salta con cada estocada al igual que mis senitos. Es una sensación extraña, tienes el control total de la situación es excitante para ambos.

    Metido por completo en el papel, bombeas con rapidez, fuerza, excitación y con medido control. En tu cabeza, soy tu díscola nena que se ha portado mal y tienes que castigarme en consecuencia. Tus huevos rebotan una y otra vez contra mi pubis. Un ramalazo de culpa asoma por tu cabeza pero lo silencias a base imágenes de mi cuerpo esposado, y mi conejito abierto. Bombeas con fuerza durante largos minutos escuchando mis cada vez más sonoros gemidos, sintiendo el fuego de mi interior y la presión de mi sexo presionando el tuyo.

    Siento la riada de flujos que brotan sin parar de mi almeja, las estocadas tan profundas, puedo sentir perfectamente cómo llegan a lo más profundo de mi sexo. Tus manos sujetan mis tetitas jugando con mis pezones. Mis grititos son cada vez más potentes, mis jadeos, mi corazón latiendo con fuerza. Cuando tu polla se deja ir dentro de mí con una potente estocada no puedo evitarlo más «Papiiiiiiii» es lo único que puedo decir antes de que un squirt nos bañe por completo

    El squirting te ha pillado por sorpresa. Una gratísima sorpresa. Con tu polla profundamente enterrada dentro de mí, sientes tentaciones de para y comerlo todo, pero no puedes, no eres capaz de bajar el ritmo, sino todo lo contrario. Mi río de flujos elimina el escaso control que aun tenías sobre tus más bajos instintos, de forma inconsciente aumentas el ritmo y la fuerza de la penetración. El orgasmo en inminente. Mis infantiles gemidos resonando en tus oídos te hacen desearme con más intensidad y, sin poder evitarlo llega.

    Sales de mí con la velocidad del rayo y apenas te da tiempo de dirigir el primer y más potente chorro de semen caliente hacia mi cara, que queda surcada por una espesa línea blanca. Los siguientes disparos le siguen al primero, ya con tu polla más cerca de mi carita de ángel, acertando en mi boca abierta, salpicando mis labios y mis ojos, para terminar con tu glande dentro de mi boca eyaculado las ultimas reservas de leche de tus huevos mientras introduces la polla dentro de mi boca todo lo que puedes. Con la respiración agitada vas retirando poco a poco tu polla de mi boca, para permitirme tomar aire.

    «Ahora no te muevas, nenita» Te acercas a la cámara para hacer un poderoso zoom y recoger en primerísima plana el cremoso facial que acabas de hacerme y seguir con un barrido para enfocar mis piernas, aun cubiertas por mis propios flujos.

    «Aquí está la putita de la casa, siempre sedienta de lechita caliente, si quieren sus servicios llamen al…»

    Luego del barrido con la cámara, enfocas cada parte de mi cuerpo donde destacan los espesos y blanquecinos trazos de tu leche y lo brillante de mis flujos. No puedo evitar sonrojarme, mientas con tu mirada sigues devorándome. Vuelves a dejar la cámara en su sitio y te dedicas a limpiarme, llevando cada gota de Leche con tus dedos a mi boca, los cuales lamo de una manera lujuriosa, el respingo de tu polla indica que voy por el camino indicado. Te acercas a la cámara nuevamente y la pones en pausa para recuperar el aliento «sabes que quiero me violes el culito en la posición de la foto que te envié» te saco la lengua mientras retiras el plug y sueltas una sonora carcajada, sigues observando mi cuerpo desnudo con el collarcito y todavía atado.

    Inicias la grabación de nuevo y te acercas a mí, lentamente. «¿Puedo fiarme de ti, laztana? Si te suelto… ¿te escaparas?»

    «Prometo que no me escapare papito» en mis ojos puedes notar un brillo especial, cuando me sueltas masajeo un poco mis extremidades que están un poco entumidas y sin darte tiempo intento pirarme con una sonrisa traviesa en mis labios.

    Reconoces que me habías creído, y la pequeña cuerda que tenías aferrada en tus manos, la sueltas antes de que pegue un tirón y lastime mi cuello. Preparado para el juego, cuentas hasta tres antes de salir en mi busca, cámara en mano.

    «Hijita, estés lista o no, voy en tu busca… y créeme no te gustara el castigo. Bwa ha ha haaa.”

    Puedo escuchar tus pasos el juego del gato y el ratón que tanto nos gusta. Me escondo en uno de los armarios, mi cuerpo totalmente desnudo, sigo acariciándome las muñecas para que retomen toda su movilidad. Siento tus pasos y tus palabras y mi corazón late a mil por hora.

    El silencio es sepulcral. Me he escondido rápido y bien, pero tienes bien claro que no voy a salir de casa y caminas lentamente por la casa, en mi busca, llamándome con la archí conocida canción infantil y afinando el oído, pero por más que escuchas no consigues localizarme por lo que empleas la lógica. Si estábamos en nuestra habitación, descartadas la cocina y el baño, solo hay dos habitáculos más donde puedo estar. La sala o el estudio. Te diriges primero a la sala, por ser la más cercana.

    «Aquí está tu paaaapiiiii. No te hare nada, te lo prometo» Una sonora risa se escapa de ti pensando en la falsedad de tus palabras y caigo en tu trampa. Eres consciente de lo contagiosa que es tu risa para mí, y se me ha escapado un soplido. “(Eres mía)”.

    Maldijo por lo bajo no puedo evitar reír cuando te escucho soltar alguna carcajada, trato de escabullirme esperando tener éxito, pero el silencio es tal que pueden sentirse mis rápidas pisadas por el suelo, y el tintineo del collar al moverme no contribuye a la tarea de ser silenciosa. Tus pisadas, lentas, profundas, me hacen saber que no estás lejos y que pronto darás conmigo.

    Sabes exactamente donde estoy, pero quieres jugar un poco más conmigo antes de darme caza. Das pasos fuertes, lentos y me llamas de forma provocativa y con un tono amenazador. Mi silencio es total.

    «Papi puede oírte respirar. Si sales ahora, aun estas a tiempo de pedir perdón y librarte del castigo, de lo contrario….» Pronuncias estas palabras muy cerca de donde estoy escondida. Puedes sentirme y tan solo tienes que darme el último susto para ver si me atrapas allí o salgo corriendo. De cualquier forma, estoy atrapada.

    Mi mente trabaja a toda velocidad, siento tus pasos muy cerca de mí, pero no pienso darme por vencida. Abro lentamente la puerta, no hay moros en la costa así que pienso si arriesgarme a llegar a nuestra habitación o encontrar otro lugar. Decido arriesgarme y unos cuantos pasitos son suficientes para saber que me has capturado «Rayos»

    Me tienes acorralada. Te acercas poco a poco a mi escondite hasta que sientas mi respiración.

    «Hija, no tienes escapatoria, si te entregas ahorita…»

    Pero no, intento salir corriendo por un pequeño hueco que he visto, pero esta vez has sido más rápido y consigues hacerme un placaje. Dando pequeñas pataletas y gemidos intento zafarme, pero tú presa en buena, sobre todo porque has sujetado la correa del cuello con firmeza. Me lazas de nuevo sobre la cama y me inmovilizas con tu propio cuerpo. Después, me volteas sin mucha dificultad poniéndome cabeza abajo. El roce con mi cuerpo, hace que vuelvas a tener una erección. Tomas de nuevo las esposas y me atas cada mano, a una correa, de la misma forma que estaba antes y te recreas unos segundos con mi cuerpo desnudo sobre tu cama.

    «Hijita, creo que te vas a arrepentir de lo que has hecho»

    Te acercas a la sala para traer un gran cojín, blandito pero enorme y ponerlo a mi lado.

    «Colócate como la perrita que eres….»

    Me volteas con una ligereza que asombra aunque no mucho, mi cuerpo es bastante menudo y mi peso muy ligero. Puedo sentir con cada roce como tu miembro va tomando dureza, nuevamente me encuentro esposada pero esta vez boca abajo lo cual limita mi visión, trato de seguirte con la mirada pero no es muy eficaz, cada una de tus palabras me hacen estremecer y un escalofrío recorre mi cuerpo poniendo mi piel erizada. Me resigno a acatar tus palabras, elevo mis caderas dejando mi culete en pompa, deslizas el cojín debajo de mi pancita brindándome más comodidad, no puedo negarlo mi rajita está llena de jugos, completamente empapada y la visión que brindo es sumamente erótica.

    Te relames ante la situación. No habías experimentado esta sensación de poder, de dominio hasta ahora, y te gusta. Consciente de que es solo un juego y no debes extralimitarte, me das unas nalgadas más sonoras que dolorosas. Te posicionas justo detrás de mí, con tu cara casi pegada a mi babeante rajita para que pueda sentir tu aliento.

    «Me has desobedecido, me has mentido, has sido una mala nenita. ¿Algo que decir?”

    Cierro mis ojos disfrutando de la sensación, de cómo siento el aire proveniente de tu aliento y estremece por completo mi piel causándome un potente escalofrío, me retuerzo un poco pero las esposas limitan mucho mis movimientos. Cada palabra pronunciada, el tono en que las dices no es necesario mirar tu rostro para saber que el deseo es quien marca tus acciones, un nuevo azote con la paleta en mi culete me hace exclamar un gritito acompañado de un taco pero sin decir mayor cosa.

    «Niña, sabes que es mejor hablar. El castigo por escapar, está sentenciado, pero puedes rebajarlo si hablas. ¿Dime, cuantos te han follado?»

    «Papi no he estado con ninguno… Sé que por las fotos que tienes puedes pensar mal pero solo han sido unas mamadas, nada memorable» me sonrojo y trato de ocultar mi rostro en el colchón cuando siento un nuevo azote en mi nalga y me arranca un gritito. Abres mis nalgas con las manos y puedes ver lo empapada que esta para tu total sorpresa, desconociendo esta nueva faceta.

    «¿Sigues siendo la nena de papi? ¿Y solo de papi?»

    «Soy solo de papi» suelto en un hilito de voz y me estremezco al sentir el roce de tus dedos en mi empapada cuevita, el roce es lento, disfrutas recorriendo tus dedos y me arrancas un gemidito.

    No puedes aguantarlo más y entierras tu lengua dentro de mi sexo, saboreando los abundantes flujos que exhuman. Tu lengua se cuela hasta el fondo y se mueve con avidez, buscando y presionando, saboreando y lamiendo. Tus labios succionan con avidez. Con gran deseo, tu lengua recorre el delicioso camino desde mi almejita hasta mi ano y te lanzas a devorarlo. Mis gemiditos son cada vez más fuertes mientras preparas el camino hacia el inevitable desenlace.

    Cada lamida, cada succión me lleva al éxtasis del placer, trato de recomponerme pero es inevitable, la intensidad con la cual tu lengua se abre paso en mi almejita no da cabida para otra cosa que no sea el máximo placer, desearía sujetar tu rostro y hundirlo hasta lo más profundo, pero no puedo, las esposas impiden que mi cuerpo se retuerza libremente, sintiendo el placer al máximo, mi respiración es acelerada, mi cuerpo se empieza a bañar con gotitas de sudor y sigues inclemente sin darme respiro, devorando cada milímetro. Un fuerte gritito es lo único que sale de mi boca sin poder avisarte del intenso orgasmo que golpea mi cuerpo, llenándome de un gran placer y empapando tu rostro por completo.

    «Estas preparada» Te incorporas. Tus manos abren mis nalgas y comienzas a rozar la punta del glande por todo mi sexo en una maniobra que sabes que me enloquece. Punteas la entrada de mi culito, y muy suavemente, deslizas tu verga dentro de mí, hasta que tus huevos presionan mis nalgas, con fuerza. Tienes que contener tus ganas de aullar. La invasión es potente y me arranca un fuerte gritito, de sorpresa más que nada. Mi estrecho ano se amolda inmediatamente a tu verga, ejerces una suave presión. Trato de moverme un poco pero las esposas me lo impiden

    «¿Te gusta sodomizar el culito de tu nena, papi? Eres un guarro» digo en tono provocativo, a decir verdad el juego es sumamente morboso y el placer va en aumento con las primeras embestidas. Lentas, potentes, delirantes, tal como me encantan y me arrancas suaves gemidos, mientras siento como tus manos se posan en mi cadera y bajan un poco más amasando mi culete.

    «Si, me encanta usar el culito de mi pequeña hija, castigarla si ha sido mala.»

    Manejas el ritmo con cuidado, la potencia no tanto, dando fuertes empujones. A parte de nuestros jadeos, se escuchan, cada vez más fuertes, el sonido de mis glúteos cuando chocan con tu pubis. Abres más mis nalgas con tus manos, deleitándote con el espectáculo de mi culo apretando tu polla, y mis flujos rezumando de mi depilado y bien cuidado coño, que perfectamente podría pasar por el de una pre adolescente.

    «contesta, ¿Cuántos han pasado por este culito?»

    Hundo mí cabeza en la almohada ahogando mis gemidos, en un hilito de voz contestó «ninguno papi solo tú» doy un nuevo gritito al sentir tu remontada potente. Estas abriendo mí culito sin piedad y mi cuerpo responde a cada roce con tu piel. Tu profunda respiración sobre mi oído hace que cuerpo se estremezca La excitación te está matando de placer. Prácticamente me estas violando.

    «¿Te gusta que te haga esto? ¿Te gusta la polla?»

    Acompañas cada frase con un fuerte empujón, con una fuerte embestida que entierra el misil de carne muy profundamente dentro de mi ano. Miras hacia la cámara que no deja de grabar, siendo consciente de que, cualquier persona que no nos conozca y viera las imágenes, estaría convencido de la relación padre—hija es real.

    Mis grititos van en aumento tanto en intensidad como frecuencia, trato de moverme pero es inútil con las esposas mi movilidad es muy limitada, siento perfectamente como tu carne abre mi estrecho ano con cada potente embestida, como llega a lo más profundo. Tengo el rostro sonrojado, la respiración acelerada y mi corazón a mil por hora. Tomas la correa y jalas suavemente, lo que hace que eleve mis caderas buscando más placer. Sujetas mis caderas firmemente con tus manos y con una de ella recorres el camino hasta mi rajita que está totalmente encharcada.

    Estas totalmente desbocado. No habías experimentado la dominación hasta ahora de esta manera, y te gusta. Sacas tu polla de golpe de mi culo, y te asombras al ver la velocidad con que recupera su tamaño. Estiras el brazo, para coger el gel lubricante, y tras lamer de nuevo mi sexo y deleitarte con su sabor, aplicas una generosa cantidad de lubricante en mi ano.

    «¿Sigues afirmando que nadie más ha usado tu culito?»

    Te sitúas de nuevo detrás de mí, punteando la entrada de mi almejita. De una sola estocada, y sin dejarme contestar, me penetras profundamente, pero tras tan solo dos estocadas, retiras tu verga de mi coño para enterrarla en mi culo, iniciando una alternancia culo—coño apoteósica.

    Las embestidas son brutalmente profundas. Cada estocada llega a lo más profundo de mí ser. Puedo sentir como llegas al fondo con cada pollazo, mi cuerpo está recibiendo una gran dosis de placer. Y el morbo de la situación lo eleva al máximo. Tus gruñidos son profundos, salvajes y primitivos. Estas disfrutando del control total y a decir verdad yo también. Tus dedos recorren mi espalda y brazos sujetándolos suave pero firme, mi cuerpo no resiste mucho más y en una de tus estocadas a mi coño estallo en un potente orgasmo, las pulsaciones con tu polla adentro es de las mejores sensaciones. Mi cuerpo tiembla de placer, sudoroso pero aun no has acabado.

    Tu orgasmo te ha pillado desprevenido. Te sorprende cada vez más esta faceta mía. Generalmente, con carácter y dominante, me mojo entera y convulsiono al verme totalmente sometida. Disfrutas de cada una de las palpitaciones de mi coñito, y continúas alternando con mi culo, bien lubricado por el gel, permitiéndote una penetración rápida, fuerte y profunda.

    «¿Ya tienes suficiente hija? O ¿Quieres que tu papi te siga castigando?»

    No tengo fuerzas para responder, mi boca solo emite unos suaves gemidos apenas perceptibles, es una sensación nueva y agradable en este momento, el sentirme entregada a ti me ha dado unos Buenos orgasmos. Tu polla está taladrando mí ano, se desliza con facilidad y cuando la retiras para embestir mi sensible rajita es evidente lo mojada que sigo. Volteo mi rostro a medio lado dedicándote una sonrisa lasciva y desvío mi mirada hacia los otros juguetes en la mesa todavía.

    Mi mirada es tu debilidad, pero tratas de aguantar desviando tus pensamientos. La alternancia entre los dos agujeritos es deliciosa, pero exige concentración. Te aferras a mis nalgas, marcando tus dedos en ellas y con una potente estocada, me la clavas en mi culito hasta el fondo, al tiempo que te inclinas sobre mí, para darme una mordida en el cuello. Con la polla firmemente enterrada dentro, consigues susurrarme en mi orejita: «eres mía, tu culo es mío, tu almejita es mía, y nadie más que yo, puede usarte»

    No puedo reprimir un gritito al sentir tus dientes sobre mi piel. El roce de tus labios con el lóbulo de mi oreja, tus palabras logran transportarme. «solo tuya, siempre tuya» acierto a decir en un hilito de voz entre suaves gemidos, tu aliento sobre mi cuello me causa escalofríos placenteros. La escena es sumamente erótica, nueva y excitante. Atada y a tu disposición es una mezcla de emociones y solo puedo elevar mis caderas para sentir más aun tu polla abriendo descaradamente mi culo.

    Esa elevación provoca que la penetración sea más profunda y sientes como tus huevos presionan con fuerza contra mis nalgas. No puedes evitar mirar, algo que es tu perdición, la visión de mi estrecho ano acoplado perfectamente al grosor de tu polla, rezumando saliva, flujo y lubricante es demasiado para ti. Te retiras unos milímetros, tan solo para dar una última y fuerte estocada y descargar un torrente de semen caliente que inunda mis entrañas y te hacen perder la noción del tiempo y casi la conciencia.

    Tras el orgasmo, en esos segundos de la «peiti mort» te desplomas sobre mí, mordisqueando mi cuello con suavidad. Poco a poco, vas retirando la verga de mi interior, buscando en la mesa con la mirada. Estiras la mano, y alcanzas un pequeño plug, que te permitirá ejecutar tu diablura. Con cuidado, sacas tu semi—erecta polla y antes de que salga el río de esperma, insertas el plug en mi interior a modo de tapón.

    «con esto, no olvidaras que tu culito es de mi pertenencia»

    Luego de la gran corrida siento como el plug queda completamente enterrado en mi interior. Cuando intentó zafarme, te posicionas detrás de la cámara desmontándola del trípode y me haces una señal negativa con uno de tus dedos. Te miro con cara desafiante y con un brillo de morbo en mis ojos. Te relames ante el gran colofón final. Posicionas la cámara haciendo un zoom de mi culito. Por otro lado, te pegas a mí, con la cámara pequeña para hacer un plano de detalle contra picado. Un primerísimo primer plano.

    «Ahora, querida hijita, te voy a dar la merienda…»

    Con una mano, sujetas el plug y con la otra colocas una cuchara justo debajo. Cuando retiras el plug con un sonido característico, la riada de leche no se hace esperar. El semen sale de mi ano y lo recoges con la cuchara. Cada grumo, cada hilo, cada gota.

    «Empuja» Lanzas la orden de forma que sea interpretada como tal y ante mi negativa, me das una sonora nalgada.

    “¡¡¡Empuja!!!» Las últimas trazas de semen salen de mi interior cayendo directamente en la cuchara. Colocas de nuevo el plug.

    «Ahora, quien va a ser una niña buena y se va a tomar todo esto…» Me acercas la cuchara rebosante de leche a la cara y aprieto los labios.

    «Venga hijita, que esta es la leche de las campeonas…»

    Me sujetas las fosas nasales para que abra la boca y me metes dentro la cuchara, derramando dentro la espesa y blanca lechita. La cámara lo está captando todo a la perfección.

    «Ahora, se una nenita buena y trágatelo todo…»

    Mi mirada tiene un brillo travieso, me trago toda la leche que me has obligado a tomar, tu cara de morbo y satisfacción no se hacen esperar y la mía sacándote la lengua tampoco se hace esperar. Me remuevo inquieta al ver que todavía no tienes intención de desatarme, además de sentir la invasión del plug, que ha quedado bien incrustado en mi estrecho ano, te dedico mi mirada más dulce que se te derrite fácilmente. Tratas de resistirte a esa dulce e inocente mirada. Regresas a mi culito, y me quitas el plug de nuevo, y rascas con la cuchara los últimos restos. Cuando ya parece no salir nada más, me pegas una gran lamida de ano junto con mi empapadísima rajita que me arranca gemiditos.

    Te acercas de nuevo con la cuchara.

    «A veeeer, que viene el avión…» Abro mi boca, la cierro en torno a la cuchara y me como los últimos restos, lanzándote un guiño que te provoca una nueva palpitación en tu polla.

    «¿Ya has aprendido, hijita?»

    «Si Daddy ya aprendí la lección, prometo no desobedecerte más» digo en un tono juguetón con una risita de fondo. Te vuelvo a dedicar mi dulce mirada acompañada con una sonrisa, estoy en mi labor de derretir tu corazón y por fin librarme de las ataduras. De forma lenta y pausada, vas soltando las ligaduras, esposas y demás amarres de mi cuerpo. Me aplicas en las muñecas una cremita para restaurar la piel y aprovechas para aplicármela en otras partes del cuerpo también castigadas.

    Apagas las cámaras, consciente de que tendremos que hacer un posterior montaje con todas las escenas de ambas cámaras, y que será un trabajo difícil, puesto que jamás conseguimos hacerlo de una sola sesión. Recogemos todo, en silencio, escuchando tan solo nuestras respiraciones, hasta que todo queda despejado.

    «Comemos algo, mi vida»

    Alargo mi mano para tomar tu camisa y así cubrir mi desnudez, me sonrojo nuevamente no lo puedo evitar y mi tripa ruge fuertemente aunque no tengo mucha energía para levantarme «si vida pero no tengo fuerzas, algo sencillo» digo mientras masajeo mis extremidades.

  • Mi encuentro con don Ignacio y una vieja amiga

    Mi encuentro con don Ignacio y una vieja amiga

    Esta anécdota sucedió hace sólo unas tres o cuatro semanas, y puede verse como la continuación de ‘Mi relación con don Ignacio’, el conserje del centro de enseñanza donde estudiaba hasta hace un año. Todo fue meramente casual, y lo que sucedió pasó porque casualmente me encontré con don Ignacio en la calle en un día de fiesta.

    Sabía que ya no trabajaba allí, que había huido o algo así, pero al parecer hubo un acuerdo extra judicial y el recuperó su empleo y su cuartucho al interior del Instituto. La tarde es fría y lluviosa. Ya lo había pensado detenidamente con anterioridad y sabía que ocurriría, sólo era cuestión de esperar el día en que me decidiría finalmente por hacerlo. Le coloqué el forro de invierno a mi gabardina beige, esa que me llega a la rodilla, me desnude por completo, me calce la gabar, tomé el paraguas y salí de casa sin despedirme siquiera de mi madre.

    Caminé al principio sin rumbo fijo, sentía la cabeza como embotada, si los pocos transeúntes que se cruzaban en mi camino supieran que debajo de esa gabardina se encontraba mi cuerpo totalmente descubierto me tacharían de puta. Quizás lo sea, seguramente lo soy, sólo que no cobro ni lo hago por necesidad, lo hago por convicción y lujuria, necesito alimentar algo que vive en medio de mis piernas y que necesita de atrapar presas para comerlas vivas, hasta sacarles la última gota de leche.

    Sigo caminando entre calles mojadas mientras mis botas militares encuentran el camino y mis piernas me guían hacia mi destino. Un bar se cruza en mi camino, como autómata entró y me siento en la barra, pido dos tequilas dobles, el barman me pide identificarme, seguro me supone muy chiquita, analiza la foto y voltea a verme a la cara un par de veces, me la devuelve y me extiende los tequilas. Me sorbo el primero de un trago directo, al fondo del bar un grupo de chicos de alguna universidad no me quitan los ojos de encima.

    Me los imagino desnudos alrededor de mi poseyéndome entre los tres, me causa risa la simplicidad y crudeza del sexo, es taaan sencillo acabar enredada con uno, dos o tres chicos, sólo es cuestión de desearlo y dejar a las piernas encontrar su destino. Mi concha empieza a palpitar y a humedecerse. Al fondo del bar una chimenea calienta el ambiente, tomó mi vaso y me dirijo a ella, quiero sentir el calor del fuego en mis piernas.

    Tomo asiento frente a ella y abro las piernas, quiero que mi concha disfrute ese tibio calor del fuego frente a mí. Cierro los ojos y me concentro en el calor, qué agradable sensación. Me empino mi segundo tequila y salgo del lugar decidida ahora sí a ir a donde tengo que ir. Ya deben estar esperándome.

    Toco la campana y cinco minutos después sale don Ignacio en albornoz, le adivino el miembro erecto, mientras atravesamos el patio central miro de reojo y efectivamente, entre paso y paso el glande hinchado de don Ignacio se sale del albornoz, la tranca que me vuelve loca está allí, esperándome en posición de combate. Llegamos a su cuarto y en el catre allí estaba ella, más bella que nunca y totalmente desnuda.

    Don Ignacio se recargo detrás de mi con su falo entre mis nalgas, me desabrocho la gabardina y la deslizó hacia fuera dejándola caer al piso.

    -Pero mira nada más lo que tenemos aquí, la putita ni calzones se puso -dijo con esa voz masculina y lasciva que tanto me atrae.

    Leticia, que veía mi cuerpo desnudo con cara descompuesta de vicio se puso de pie y me abrazó fuertemente mientras su lengua llegaba hasta mi garganta en el mismo momento que la verga de don Ignacio se abría paso dentro de mi vagina sacándome el primer fuerte orgasmo de esa loca tarde de tormenta que vio a dos chicas jóvenes hijas de familias bien entregarse al vicio con un viejo sucio y vulgar.

    Continuará.

  • Mi primera experiencia lésbica

    Mi primera experiencia lésbica

    Primero me describo, algunos han leído mis relatos anteriores y saben que mido 1.62, soy color apiñonada o sea ni blanca ni morena, con unos pechos enormes, soy talla 36 DD y de trasero no soy tan grande, pero tampoco soy una tabla ya que puedo ver mi trasero en un espejo y ver cómo forma esa curva en la separación de nalga y piernas, y bueno mi amiga en este relato, ella es un poco más bajita que yo, calculo 1.56, es blanca, pero no tan color gringo, tiene un busto de 36 C así que no lo veo tan chico, pero tiene unas caderas y unas nalgas que hacen ver que los pantalones los va a romper de tan pegados. Bueno empecemos el relato.

    Esto fue hace no mucho tiempo en un día de borrachera con los amigos, tomamos demasiado y sin duda estábamos más que ebrios, la mayoría de mis amigos tienen pareja y bueno los que no tenemos nos hacemos compañía, ese día mi amiga Ivonne iba con su novio y el casi no toma pero como era un día especial bebió y como era de suponerse se puso hasta la madre de pedo, en fin los chicos estaban en su rollo y mi amiga y yo salimos a fumar un cigarro, de repente empezamos a platicar de las experiencias sexuales y fue algo así.

    Pao: Amiga te satisface tu novio, te sientes bien con él?

    Ivonne: él es muy bueno y casi nunca salimos de la cama, porque lo preguntas.

    Paola: porque tengo ganas de experimentar otras cosas pero no sé si sea bueno o no o simplemente como hacerlo, tengo ganas de tener sexo con una mujer y ver que se siente.

    Ivonne: (sonrió) yo ya tuve esa experiencia hace tiempo y fue muy buena, la chica con la que tuve esa experiencia era una desconocida con la que platique por mensajes y después nos vimos, ella no era tan bonita pero me hizo sentir bien.

    Pao: y dónde la puedo localizar? En verdad quiero ver qué se siente.

    Ivonne: en verdad quieres sentir como se siente?

    Acto seguido solo me beso y empezamos a besarnos muy lentamente.

    Ivonne: quieres experimentar yo te ayudo te lo digo a ti porque nuestra otra amiga es demasiado inocente para estás cosas pero si en verdad quieres experimentar yo te enseño (volvió a besarme y a tocar mis grandes pechos)

    De repente un amigo salió a fumar y tuvimos que parar entramos al bar y se nos ocurrió ir al baño juntas siempre las mujeres hacen eso, entramos al baño, y de repente me bajo las bragas yo estaba que no me la creía me empezó hacer sexo oral en el baño y cuando se levantó yo solo levanté su blusa y chupe sus bubis ella tiene unas bubis no tan grandes pero para nada pequeñas, cuando terminamos de eso regresamos a él bar y seguimos la fiesta cómo si nada después los amigos empezaron irse a sus casas y solo quedamos el novio de ella, mi amiga y yo, y decidimos ir a otro bar estando ahí mientras el iba él iba al baño ella y yo nos besamos enfrente de todos, y cuando decidimos irnos a dormir yo me fui con ellos a su casa ella y yo nos íbamos a quedar en el mismo cuarto y su novio en otro cuarto, porque era la casa de sus papás de mi amiga cuando llegamos fue inevitable no coger, íbamos demasiado ebrias pero no lo suficiente para no coger, nos desvestimos y como sabrán yo tengo unas enormes tetas que ella empezó a besar y a chupar y eso me éxito tanto que no dude en chuparle el coño, era algo tan diferente sentir un clítoris en mi boca, sentir sus labios vaginales, comerme sus jugos y excitarme tanto, meterle mí lengua en su hoyo y que me encantaba, ella hizo lo mismo me lamió mi clítoris y todo tan rico que yo gemía cómo loca sin importar que nos podían escuchar, me encantó ver cómo ella se masturbo y acabó y yo hice lo mismo, creo que faltó mucho y no experimente las famosas tijeras pero espero algún día volverlo hacer y disfrutarlo tanto como mi primera vez.

  • Mis amigas tramposas: Caro y el director

    Mis amigas tramposas: Caro y el director

    Soy Sandra, aquí empiezo una serie de relatos basados en lo que me han contado mis amigas del colegio, trabajo y barrio sobres sus travesuras. Los relatos son en primera persona como ellas me lo contaron a mí.

    ‘Soy Caro tengo 29 años soy casada y trabajo en una aduana del Callao, esa tarde estábamos en una cevicheria del Callao, celebrando el cumpleaños de una compañera de trabajo, por eso habíamos ido bien cambiadas al trabajo yo me había puesto un vestido bien ajustado de tiritas, me había cepillado bien mi cabello castaño lacio, y como solo media 1.60 m. siempre me ponía mis tacos 10 para sentirme más alta, éramos 7 chicas y lo estábamos pasando excelente, ya habíamos terminado de comer, y por acuerdo como a tres de nosotras no nos gustaba la cerveza, decidimos que todas tomáramos pisco sour, así estábamos hablando como loras, eso gracias a que ya nos habíamos tomado tres rondas y estábamos en la cuarto y ultima, Uds. saben cómo carga ese trago y estábamos ya bastante picadas por de licor.

    En eso sonó mi celular, era mi sobrino Juan, le respondí y me dice:

    – Tía estoy en un gran problema, el director quiere hablarte.

    – Señora Caro, tiene que venir al colegio inmediatamente su sobrino se ha metido en un problema de drogas, tiene que venir ahora mismo o tendré que llamar a la policía.

    Me horroricé, me despedí de mis amigas sin decirles nada, y tomé un taxi, el colegio de mi sobrino estaba como a 40 minutos de donde estaba, y ya estaba oscureciendo, en el camino pensaba, mi hermana con su esposo habían viajado hace un año a Miami, para trabajar, y me habían dejado a su hijo Juan con la idea de después cuando se establecieran mandarlo traer. Juan tenía 15 años y siempre había sido un chico problema, el director me había mandado llamar unas 5 veces por problemas de conducta con sus compañeros y los profesores, el directo al menos siempre había sido comprensivo y le había perdonado la vida, él era un hombre alto grueso como de 50 años, y la verdad es que por mi sobrino siempre me había mostrado muy atenta con él, incluso me reía de sus coqueteos conmigo, yo lo tomaba todo como un juego. Pero ahora la cosa si era grave, seguro que lo habían encontrado fumando hierba, estaba con esos pensamiento cuando el taxi llego al colegio, este realmente no era de mucha categoría, era de esos colegios particulares donde reciben a jóvenes que los han botado de otros colegios por mala conducta, en es el colegio era una casa grande de tres pisos, al llegar el portero me abrió la puerta y me dijo que el director me estaba esperando ,a esa hora ya no había nadie en el colegio, cruce el patio que estaba oscuro, al final había una oficina iluminada, entre sin tocar, al entrar vi a mi sobrino sentado con las manos en la cabeza, lo abrace.

    – Que has hecho Juanito, mira en los problemas que te metes.

    El director estaba a su costado y se sorprendió por la manera en que estaba vestida, me dio la mano y sujeto un buen rato la mía.

    – Carito, que pena que te haya sacado de una reunión, pero esto si es grave, un compañero de él se ha quejado de que le había entregado dinero por una venta y que no le había dado nada y exigía su devolución, el decía que el dinero lo había escondido en su casillero, así que lo llevamos hasta su casillero y al negarse a abrirlo lo forzamos y nos dimos con la sorpresa de que tenía como 50 ketes de droga, en resumen tu sobrino es un comercializador de droga y tengo la obligación de dar parte de esto a la policía, desgraciadamente tu sobrino va terminar en un reformatorio no hay otra salida.

    Me quede petrificada, me senté en un gran sofá, no sabía qué hacer. Cuando sus padres se enteren se van a morir de pena, sobre todo mi hermana y tendrá que venir y todo su proyecto y todo lo invertido se va a ir al diablo, además me imaginaba todas las cosas que le podían ocurrir en el reformatorio, y la verdad es que no pude evitar ponerme a llorar.

    Cuando el director me vio llorar, cambio su actitud tan tosca y agresiva, y sentándose a mí lado me paso su brazo por mi hombro, y tratando de consolarme me decía.

    – Carito tranquila tranquila, tú no tienes la culpa de nada, quisiera ayudarte como las otras veces pero esto ya es un problema policial y si no doy parte a la policía yo también me comprometo por encubrimiento.

    Él tenía una mano en mi hombro mientras que con la otra sujetaba la mía, más que la sujetaba la acariciaba yo pensaba si esta vez podía pasar por alto esto, como las otras veces, a ver si se ablandaba, lo mire a los ojos y le dije:

    – Director Ud. no es malo, algo se tiene que hacer, se imagina lo que le harán a mi sobrino en una correccional, perdónelo director, hay que buscar una solución.

    El miro a mi sobrino y le dijo que se fuera que esto tenía que conversar con su tía para buscar una solución le decía que debía darle vergüenza por el dolor que le producía a su tía. Juan salió cerrando la puerta. El director me miró fijamente.

    – Mira Carito quiero ayudarte tú me caes muy bien aparte que soy un admirador de tu belleza, pero tú sabes que si no denuncio a tu sobrino me arriesgo yo a ir a la cárcel, es algo muy grave, pero quiero ayudarte, pero también quiero que tú me ayudes.

    En esos momentos no pensaba en nada, solo sabía que el director me estaba dando una esperanza para no denunciar a mi sobrino yo lo miraba, mientras sentía que estrechaba un poco más, no importaba.

    – Dígame director si es por mi sobrino yo lo puedo ayudar en lo que sea, en lo que sea u sabe que yo trabajo en una agencia de aduana, puedo conseguir dinero.

    – Mira Carito, esto no es cuestión de dinero para salvar a tu sobrino, yo tengo que poner de mi parte arriesgándome a ir a la cárcel hablando con el alumno para que no diga nada en su casa y haciendo desaparecer los ketes.

    Me miraba a los ojos y me sujetaba.

    – Escúchame bien Carito, deja que termine de hablar, eso sí antes de decir nada piensa que tienes el futuro de tu sobrino y de su familia en tus manos, puedes decir que no e irte, pero tú sabes las consecuencias. Como te digo por mi parte yo me encargare de desaparecer la evidencia y convencer al alumno de que no hable y aquí viene tu parte, Carito tu sabes que hace un año he enviudado, soy un hombre con necesidad de cariño, y tu una mujer hermosa que desde te conocí te he deseado, solo permíteme quererte y solucionare todo el problema de tu sobrino.

    Con toda de la emoción de pensar que mi sobrino se podía salvar, y paralizada con la propuesta del director, no me había percatado que su mano estaba en mi pierna, pues con todo lo pasado no me había dado cuenta que mi vestido se había subido bastante dejando prácticamente mis muslos al aire y él los estaba acariciando. Mi mente era un revoltijo, veía a mi sobrino en un reformatorio y dependía de mí, todo me daba vueltas en parte por todos los tragos que me había tomado, parecía que mi silencio él lo había tomado como un si pues su mano había comenzado a subir mi vestido.

    – Carito déjame quererte y salvaremos a tu sobrino.

    Y sin más me abrazo con su cuerpote, no sabía qué hacer, cuando quise reaccionar el ya había bajado el cierre de mi vestido y me había bajado las tiritas del vestido, trataba de rechazarlo, pero él era un gigante comparado comparada conmigo, y usaba su fuerza ya había bajado mi vestido hasta la cintura, estaba prácticamente en brasier y a él se le salían los ojos al ver mis senos todavía cubiertos por mi sostén.

    – Director no no, no siga soy una mujer casada, mi esposo se puede enterar.

    El me miró con felicidad en su rostro, él lo tomaba como un sí.

    – Carito mi amor, soy un caballero nunca le diría nada a tu esposo, él nunca se va a enterar.

    Entonces me abrazo fuertemente, por un momento pensé que se había puesto romántico, pero cuando me di cuenta mi brasier strapless estaba afuera y mis tetas al aire, el bandido al abrazarme fuertemente había abierto los broches del brasier se las sabia todas, como loco comenzó a besar mis pezones, yo estaba desesperada no sabía que hacer por un lado si me negaba mi sobrino terminaba en la cárcel con un desastre para la familia de mi hermana, por el otro este viejo estaba abusando de mí, pero yo sentía como que le era infiel a mi marido, nunca lo había hecho, y me sentía culpable pues un calorcito y un cosquilleo recorría todo mi cuerpo al sentir esas enormes manos peludas recorrer mi cuerpo, cuando comenzó a succionar mis pezones, sentí un escalofrió en todo el cuerpo que me llegaba a todos los rincones, no podía entender como ese viejo podía excitarme, mi esposo siempre había sido delicado en el sexo, en cambio este hombre era una bestia que quería comerme a la fuerza, esa sensación de ser obligada a la fuerza no podía evitar que me excitara, yo era una loca pero no podía evitar pensar en el cuento de la bella y la bestia. Pensé que el viejo se conformaría con eso, cuando mientras me chupaba las tetas sentí como sus dedos se metían por debajo de mi calzoncito, y de frente me había metido un dedote en mi conchita, que no podía evitar que se empapara de tanta excitación. Tenía que morderme los labios para no gemir, entonces metió un segundo dedo que con lo mojada que estaba entro fácilmente, entonces me dijo algo que me hizo ver que el quería mucho más.

    – Que rica conchita Carito, estas mojadita, se ve que el maricon de tu marido no te da como debe, ah ah ah, pero ahora si estas lista para comerte una vergota de un hombre, yo te voy a compensar lo que no te da el cojudo de tu esposo. Ahora te vas a comer una que te va hacer gritar, mi cabeza daba vueltas por la excitación y por el alcohol, sin querer me había puesto con todo lo que había tomado como en una bandeja para que me comiera, entonces me levanto con sus brazotes, con el vestido remangado hasta la cintura, que era lo único que tenía encima, echándome en la alfombra, se bajó el pantalón y la trusa de un solo tirón, no pude evitar quedarme con la boca abierta, al ver tremenda verga, más gruesa y más larga que la de mi marido, que le estaban saliendo uno cuernos fantásticos. Al estar tirada con mi conchita al aire y sin querer queriendo con las piernas bien separadas, tenía que decir algo, tenía que protestar, y entonces lo mire y le dije.

    – No no siga, director no, esto es un pecado.

    Y el sonriéndome sabiendo que tenía la partida ganada, me dijo

    – Carito, mil veces más pecado es dejar que tu sobrino se pudra en la cárcel, eso sí es pecado y nunca te lo perdonarías.

    Me quede muda y sin defensa ante esa respuesta y entonces sentí su tremendo cuerpo encima mío, y como mi cuerpo instintivamente como una hembra se acomodaba al de él, entonces ese cilindro de carne comenzó a entrar poco a poco en mí, ensanchando las paredes de mi vagina, era como si me estuvieran desflorando por segunda vez, no pude evitar que se me saliera un suspiro al tenerla todo adentro, con lo mojadita que estaba me había comido esa vergota, entonces comenzó el mete y saca, mete y saca, adentro y afuera una vez y otra vez, el bufaba como un cerdo.

    – Uf uf uf ah ah ah, Carito que rica conchita, ah ah ah, putita linda, te la has comido todita, ah ah ah eres una golosa, ah ah ah, ah ah que rico me la aprietas ah ah sigue mi putita, estas mojadita ah ah, que rica concha me estoy comiendo mientras que el huevon de tu marido está trabajando, ah ah ah.

    Sentía como sus huevos golpeaban mi potito, en eso vi estrellas y como un fuego recorría todo mi cuerpo, me estaba viniendo tremendo orgasmo que ni marido me había dado, me sentía una puta pero no podía evitar que me gustara lo que me hacía y como me lo hacía, mi corazón latía a 100 y mis piernas y brazos eran unas tenazas para no dejar que esa linda verga saliera de mí, no pude aguantar más y exclame.

    – Papi sigue sigue, no la saques, ah ah ah, mas mas, ah ah, me me me métemela mas, ah ah aaaah…

    – Si puta, te voy a romper y después te voy a preñar, ah ah ah, dime que mi verga te da más placer que la del maricon de tu marido, que la mía si es la de un hombre que te hace gritar.

    Me sentía mal de hablar de mi marido, pero me sentía una perra que tenía que hacerle caso a su amo, sus frases groseras y su trato como si fuera una cualquiera era nuevo para mí y me volvía loca de excitación.

    – Si papi, tu verga es ah ah una verdadera verga, que vuelve loca, ah ah ah, no como la del cabro de mi marido, ah ah ah.

    En eso sentí que se puso rígido, y me abrazo más fuertemente yo sabía lo que venía pero no me importaba ya nada, y mis piernas se abrazaron más a sus caderas, para recibirlo. Entonces sentí primero un gran chorro de líquido caliente que inundaba toda mi conchita, después un segundo chorro, finalmente sentí que se relajaba, y se dio la vuelta y quedo tendido boca arriba en la alfombra, su enorme herramienta parecía ahora una serpiente dormida, empapada de nuestros líquido.

    Les confieso amigas que en ese momento sentía la necesidad de chupar esa verga dormida que tanto placer me había dado y dejarla bien limpita. Pero me quedaba un resto de dignidad y me levante me puse mi ropa, y mirándolo a los ojos le dije.

    – Director yo ya hice mi parte ahora Ud. si es un caballero cumpla con la suya.

  • Abusada por policías

    Abusada por policías

    Quiero contarles algo que nos sucedió a mi novia y a mi hace algunos años, en aquel entonces ella todavía era mi novia, ahora es mi esposa. Sucede que regresábamos del cine de la penúltima función, eran como las 10:30 pm, venía yo conduciendo y siempre acostumbraba acariciar la pierna de mi novia mientras manejaba, esa noche en especial ella se comenzó a excitar y empezó a acariciarme mi pene por encima del pantalón, las cosas fueron subiendo de tono y yo comencé a acariciar sus tetas por encima de su blusa, decidimos detenernos un momento para continuar con más calma el rico faje que nos estábamos dando así que nos detuvimos en una calle medio solitaria por el rumbo de Torres Lindavista.

    Nos pasamos a la parte de atrás del auto y desabroché su blusa rápidamente comenzando a mamar sus ricos pezones cosa que a ella la prende de inmediato, le desabroché el brasier y se lo bajé completamente ella por su parte me bajo el cierre y comenzó a masturbar mi pene que ya estaba a mil yo seguía besando sus pechos mientras también desabroché sus jeans y se los bajé más o menos a medio muslo junto con su tanguita negra, ella ya estaba empapada y no me costó trabajo meter mi dedo para comenzar a darle placer estuvimos así unos minutos cuando ella me dice: “te la quiero mamar”, yo no me hice del rogar y me recargué en la puerta estirando la pierna derecha en el asiento y bajando la izquierda mientras ella se agachaba a darme una mamada deliciosa, habían transcurrido aproximadamente 3 o 4 minutos en esa posición mientras yo disfrutaba con los ojos cerrados el excelente trabajo que hacía mi novia.

    Cuando de repente sin darme cuenta una luz blanca entró por la ventana y de inmediato se asomó un policía, la luz era de la patrulla que alumbrada nuestro auto, enseguida se acercó el otro policía por la otra ventana alumbrando con una lámpara, inmediatamente me enderecé diciéndole a mi novia: ¡cúbrete! Pero era demasiado tarde nos habían descubierto en plena mamada de mi novia, ella rápidamente se levantó y se acomodó como pudo la ropa pues los jeans los tenía ya a las rodillas y la blusa completamente desabrochada y sin brasier, me pidieron que descendiera del vehículo y como pude me abroché el pantalón el otro policía también le pidió a mi novia que bajara ella por el susto se bajó de inmediato con la blusa aun sin abrochar y tratando de subirse el pantalón pero como es nalgona el pantalón se le hizo bolas y no se lo podía subir por lo que me percaté que estuvo desnuda mostrando su vagina y su rico culo por unos instantes al policía que estaba de su lado.

    Total que empezaron con el sermón de que acabábamos de cometer un delito grave y que hablarían a nuestras casas para avisar a nuestras familias que nos llevarían detenidos a la delegación por faltas a la moral mi novia comenzó a llorar rogándoles que no hicieran eso, nos separaron cada uno con un policía que nos pedía nuestros nombres y direcciones verificando los datos con la ife para que no fuéramos a dar información falsa, después uno de ellos se acercó a mi y me dijo que en la delegación nos iban a carear y a exponer con toda la gente pues íbamos a declaran.

    En este momento ya entendí que buscaban su mordida, desafortunadamente yo solo traía 200 pesos y mi reloj y mi novia no traía nada así que les ofrecí eso, el policía se fue a platicar con el otro y después de un rato uno de ellos regresó a la patrulla y comenzó a hablar por radio usando claves y no entendí nada de lo que decía además que no alcancé a escuchar bien, mi novia se subió al carro y yo seguía tratando de convencer al policía de que era lo único que traía y que si quería fuéramos a mi casa y ahí le daría más en eso estábamos cuando de repente llegó otra patrulla y el policía dijo ya llegó el jefe de zona, no va a ser posible arreglar nada, se reunieron los 4 y comenzaron a cuchichear.

    Entonces el policía que platicaba conmigo se me acercó y me dijo los vamos a llevar a la delegación mi novia comenzó a llorar de nuevo y a ella la tomaron del brazo y la dirigieron a una patrulla y a mi me quisieron subir a la otra yo comencé a forcejear con el policía y protesté que porque la subían a ella en otra ellos trataron de sujetarme y me les zafé y me dirigí a donde estaba mi novia entonces llegó el otro policía y entre los 3 me sometieron poniéndome las esposas y nos subieron a patrullas diferentes, yo iba muy enojado diciéndoles hasta de lo que se iban a morir y ellos comenzaron a amenazarme diciéndome que mejor le bajara de hue…

    Porque nos iba a ir mal por ir discutiendo y maldiciendo a estos infelices nunca me percaté el rumbo que tomaron y cuando me di cuenta ya estábamos por la zona industrial de Vallejo quién conoce por ahí sabrá que son calles muy oscuras que de noche están completamente solas, nos detuvimos entre 2 edificios donde había unas vías de tren estaba completamente solo y oscuro, la patrulla donde iba mi novia se internó como 10 metros sobre las vías entre 2 edificios que eran empresas de la zona y donde iba yo se atravesó sobre la calle cerrando el paso a la otra patrulla de inmediato se bajaron los policías que llevaban a mi novia y abrieron la puerta bajándola y fue cuando me di cuenta que ya venía esposada también.

    Yo intenté descender pero obviamente no podía abrir la puerta y comencé a golpear la ventana del lado derecho con los pies cuando se percataron de esto corrieron hacia la patrulla y abrieron la puerta para esto uno de ellos ya traía la pistola en la mano y apuntándome me amenazó: “Ora si ya te llevó la chinga…“

    Yo me asusté y me voltee para el otro lado esperando el disparo pero lo que recibí fue un fuerte golpe en la boca del estómago que me sacó el aire dejándome fuera de combate y tirado en el suelo, uno de ellos dijo: “a poco crees que nos íbamos a conformar con tus miserables 200 pesos y tu cochino reloj, teniendo a este bizcochito para cobrarnos sus pendejadas, andaban de calientes no? Pues ora se chin…”

    Para esto ya tenían a mi novia recargada en la cajuela de la patrulla y uno de ellos se acercó a ella y la empezó a manosear por encima de la blusa diciéndole “que ricas tetas tienes, te las voy a mamar bien rico”, ella no paraba de llorar y el policía le arrancó la blusa botando el único botón que traía abrochado comenzó a agarrarle las tetas y a chuparlas como desesperado mientras los otros 3 se frotaban sus miembros aun dentro del pantalón, el que estaba con ella que parecía el jefe dejó de manosearla y la obligó a arrodillarse entonces se sacó su verga y le advirtió “si te pasas de pend… te meto un plomazo” la agarró de los cabellos y le acercó su verga a la boca, era de tamaño mediano pero gruesa ella se negó y volteó su cara y le propinó y un coscorrón en la cabeza “si no cooperas a los 2 se los carga la ching…”

    Ella subió su cara y él aprovechó para meterle la verga a la boca ella con cara de asco solo lloraba queriendo vomitar para esto los otros ya tenían sus vergas de fuera y se masturbaban con la escena, el tipo continuó forzándola hasta que gimió y comenzó a llenarle la boca de semen al sentir esto ella inmediatamente se echó para atrás cayendo en sus pechos el resto del semen del infeliz policía se volteó y se dirigió a mi “que rico mama tu vieja” .

    Yo intenté pararme pero recibí otro golpe y aparte ya estaba encañonado por otro de los policías así que no tuve más remedio de ver como violaban a mi novia, uno a uno fueron pasando a recibir la correspondiente mamada, mi novia cayó al suelo al recibir el chorro de semen del último policía, en ese momento el que parecía el jefe dijo” bueno ya vimos que la perra mama muy rico ora vamos a ver como coge” cuando dijo esto yo ya sabía lo que seguía pero no pude evitar que incorporaran a mi novia y la empinaran en la cajuela, ella trató de resistirse pero su fuerza no se comparaba con la de estos tipos uno le detuvo la cabeza y sin poder mover las manos por las esposas no se podía mover el otro comenzó a manosearle el culo diciéndole “mira nada más lo que nos vamos a comer”.

    Le desabrochó los jeans y se los bajó bruscamente dejando al descubierto las lindas nalgas de mi novia aún cubiertas por su tanguita negra, la comenzó a manosear y a besar como loco y le arranco la tanga de un jalón y le acercó su verga s u vagina y se la clavó de un jalón, ella soltó un grito pero no le costó mucho trabajo entrar pues ella todavía estaba mojada del faje que nos dimos, el tipo comenzó a bombearla fuertemente sujetándola de las caderas bufando y manoseando sus nalgas, sus tetas y sus piernas cuando de pronto comenzó a embestirla más fuerte y me di cuenta que estaba a punto de terminar dentro de ella, yo estaba sin palabras impresionado con la escena de ver como violaban a mi esposa con un sentimiento de rabia e impotencia impresionante pero con un sentimiento encontrado de la escena que estaba viendo, inconscientemente mi verga se empezaba a parar al ver todo esto, el policía eyaculó dentro de mi novia dándole una fuerte nalgada y diciendo en voz alta ”que rico culo tienes pu…”

    Se retiró e inmediatamente tomó su turno otro de los policías cogiéndola de la misma forma que el anterior, esté también acabo dentro de ella y le tocó el turno al otro que la cogió de la misma forma, al terminar ella ya no tenía fuerzas para ponerse de pie así que el que me apuntaba fue relevado por uno de los que ya había pasado y la llevo al frente de la patrulla la recargó boca arriba en el cofre mientras otros 2 me arrastraban para ver lo que le haría su compañero, le quitó sus zapatillas, le quitó el pantalón y la abrió las piernas y la comenzó a penetrar chupando sus tetas y manoseándola por todos lados hasta que igual que los otros le lleno la vagina con su semen.

    Ella quedó recargada inmóvil en el cofre dela patrulla, el jefe dijo “espero que les haya gustado y para que la próxima vez tengan más cuidado de donde se ponen a hacer sus cochinadas y ni intenten levantar una denuncia porque tenemos sus datos y las clásicas amenazas, aventaron su ropa al piso nos quitaron las esposas sin dejar de apuntarme a mi y a ella la pusieron encima de su ropa en el suelo, se subieron a las patrullas y se arrancaron, ella quedó tirada llena de semen por todos lados, se cara, sus pechos de la vagina le escurrían chorros, como pude la medio limpié con mi playera y la vestí, caminamos a un rato hasta encontrar Vallejo y ahí tuvimos la suerte de que un taxi nos llevara a mi casa le dijimos al chofer que nos habían asaltado y ofreció llevarnos a levantar el acta pero ella solo quería llegar a su casa así que nos dirigimos a mi casa y sin que se dieran cuanta entré por dinero y el mismo taxista nos llevó a donde estaba mi auto afortunadamente cuando llegamos a su casa ya estaban dormidos y no se dieron cuenta de nada.

    Aun cuando me acuerdo de todo lo que pasó todavía me excita demasiado la imagen de la violación de la que ahora es mi esposa.

    [email protected]

  • Tía, fue sin querer queriendo (Parte 2)

    Tía, fue sin querer queriendo (Parte 2)

    La tenía ahí en la sala arrodillada a mis pies a mi tía Ana María con la boca abierta aún y tenía un poco de semen en las comisuras que limpié con una servilleta y con cuidado la lleve al sofá donde la dejé un momento y ella balbuceaba algunas palabras que no llegaba a entender…

    Fui a ver a mis padres y estaban durmiendo profundamente luego regrese a la sala y me senté a junto a ella, tenía dos ideas que daban vueltas en cabeza la primera era darme por muy complacido con la felación dada por mi tía Ana María esta noche y llevarla a descansar a mi dormitorio y ahí todo acababa y la otra era querer más y seguir disfrutando la oportunidad que se me había presentado.

    A los 19 años me era muy difícil controlar las hormonas y más cuando tienes una rica mujer así que opté por la segunda idea y metí mi mano debajo de su vestido y acariciaba sus piernas y toqué su tanga que estaba muy húmeda que hice a un costado y mis dedos empezaron a jugar con sus labios vaginales y ella empezó a gemir y abrió más sus piernas.

    -Ahhh ahhh ahhh…

    Fueron 25 minutos donde la masturbaba a ella que ya estaba bien arrecha y su fluidos eran abundantes y disfrutaba las caricias que recibía en su sexo ya para ese momento yo estaba otra vez con la verga dura y listo para tirármela y fui bajando su tanga hasta quitárselo y la acomodé en el sofá para la penetración.

    Y con sus piernas de ella en mis hombros dirigí la verga a la entrada de su concha caliente y lubricada y de un sólo empujón ¡zass! se lo meto todo hasta que los testículos chocaron con sus labios mayores de la vagina y soltó un gemido cuando sintió como entraba en ella mis 18 centímetros a su cavidad vaginal.

    -Aggg… ahhh ahhh.

    Lo que había empezado con un baile de ella Hot al fin culminaba con lo que muchas veces había imaginado cachándomela bien rico a mi tía, ver como su chucha se abría y se tragaba mi verga a cada empuje mío era muy estimulante ahora sus gemidos eran más seguidos y fuertes.

    -Ahhh… ohhh ahhh

    Sabía que existía el peligro inminente de que ella se diera cuenta ahora quién se la estaba tirando en ese momento o mis padres salieran a la sala a ver qué pasaba con tanta bulla pero ya no importaba nada y tampoco iba a detener la penetración.

    Y sucedió lo segundo ella abrió los ojos y me vio nuestras miradas se cruzaron y fueron unos segundos que pareció una eternidad pero aun así no detuve con las embestidas que le daba a su concha ya le había bajado en algo el alcohol pero aún estaba algo borracha, luego ella con una sonrisa pícara me dijo que no parará que lo estaba disfrutando también.

    -Ahhh ohhh Pablitooo eras tú ohhh qué rica verga tienes ohhh… no te detengas así asii… ohhh…

    Ya con su autorización la acomodé y la puse en posición de perrito apoyada en el sofá sus ricas y enormes nalgas me las ofrecía mi tía, ahora yo jugaba mi verga que subía y bajaba por toda la raya del culo un rato pero me pedía que de una vez le vuelva a meter el pene a su chucha.

    -Ya deja de jugar Pablo métemelo de una vez carajo, no te das cuenta que quiero sentir tu verga toda adentro de mi…

    Y la obedecí a mi tía Ana María que estaba muy caliente y metí en ella lo que tanto reclamó su chucha estaba bien caliente y llena de fluidos de excitación, ella con ambas manos abrió sus enormes nalgas y no sólo me enseñó su vagina sino también su ano.

    Metí la verga y Ana María jadeaba como una perrita caliente y movía el trasero gozando de los 18 centímetros que chocaba y abría las paredes de su vagina y viendo que ya estaba amaneciendo había que terminar rápido, seguía ahora con buen ritmo la penetración.

    -Así… así ¿te gusta tía como tu sobrino te mete bien rico la verga?

    -Sii mi Pablitooo… muchooo ohhh estoy tan calientee  qué esto no debiera ser pero estamos locos los dos ohhh

    Y seguía dándole duro a su chucha y vi ese ano que también lo quería para mí y comencé a estimular pero ella no quiso y me quitó la mano de su culo y no había tiempo ya para discutir y seguía tirando a mi tía hasta que ella volvió otra vez a tener un orgasmo y dio de gritos que tuve que tapar su boca con una mano pero sin parar de cachar a mi tía.

    -Ayyyy siii que ricooo ohhh diooos Uhhh ohhh Uhhh

    Bien sujeta del sus anchas caderas y aumente la fuerza y velocidad de las embestidas en su chucha y sentí otra vez esa sensación tan rica y ahora se lo llené de semen caliente.

    -Agg siii tía querida recibe tu leche bien caliente para ti y es tu premio por ser buena conmigo. Ahí vieneee… ohhh…

    Luego de recuperar el aliento ambos la llevé recién a mi dormitorio para que duerma un poco y cuando llegue su esposo se fuera con él yo me quedé en el sofá y cerré los ojos había sido mi gran día donde gocé de una rica mujer madura y me dormí cansado.

    (Continuará)