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  • Incordio

    Incordio

    Las semanas de examen son, literalmente, una condena. Recuerdas perfectamente cuando estudiabas en esas aulas, esas mismas asignaturas y casi con los mismos profesores, por eso tu nivel de empatía es enorme, lo que no resta sufrimiento. Durante toda la semana, metida en el cuarto, estudiando, haciendo ejercicios y sin tiempo para otra cosa que no sea cuadernos libros, calculadoras y viajes a la escuela, acumulan nervios y tensiones que nos afectan a ambos, pero hoy es viernes y esperas poder arrancarme de esa habitación. Te acercas despacito y me escuchas murmurar dentro.

    – Esta la cena lista, laztana.

    Te contesto un poco enfadada por haberme interrumpido que me acercare en 5 minutos y te vuelves a la cocina. Tardo más de 15 en aparecer, con cara de agotamiento. Te doy un besito y me sirves la cena, que devoro con rapidez.

    – Bihotza, ¿Vemos esta noche la de Spiderman que no pudimos ver en el cine?

    Con una mirada de reproche, te digo que estoy atascadísima con cálculo y que no tengo tiempo para eso. Dándome un suave besito, me aseguras que te sentaras a mi lado tras la cena y sacaremos juntos esos ejercicios. Tras largas horas de trabajo, nos metemos en la cama, cansados, pero con el trabajo hecho y nos quedamos dormidos en segundos y solo despertamos cuando el sol no nos permite seguir durmiendo.

    Siempre supuse que la Universidad sería difícil, pero cuando tocan los exámenes es simplemente destructiva. El estudio presenta un caos organizado, libros, cuestionarios, lápices y bolígrafos. A pesar de ser sábado me escurrí temprano de nuestra habitación no sin antes darte un suave beso en la frente, agradeciendo toda la ayuda del día anterior. Inicio sesión en la portátil y abro el Messenger, con puntualidad inglesa se conectan mis dos amigos y compañeros de estudio. Hacemos un pequeño resumen del día anterior, mientras seguimos comparando resultados y planeando lo que sigue del día. Doy un sorbo al café expreso que prepare hace pocos minutos, sé que terminare con un reproche por no comer algo más sustancioso a estas horas de la mañana. Sin darnos cuenta entre ejercicios ya ha pasado una hora, por nuestra salud mental decidimos descansar un poco y conectarnos después de mediodía. Organizo un poco el desastre, nunca me ha gustado, pero en tiempo de exámenes no puedo evitar el caos estudiantil. Escucho movimientos fuera, sin duda ya te has despertado.

    Al despertar y no verme te supones que he madrugado para seguir estudiando. Vas a la cocina, sin muchas ganas y haces un desayuno, sin ser muy abundante, pero que me aporte energía. Lo pones en una bandeja y me lo acercas a la habitación mientras planificas tu mañana, y posiblemente tú tarde. Me dejas el desayuno, dándome un beso, y te cambio de ropa y vas en busca de tu padre para trabajar algo en la huerta donde pasan toda la mañana. Llegas a casa y sigo en el cuarto. Mientras preparas un rico plato de arroz con pollo, te tomas un par de copas de vino tinto y te distraes con la tele. Cuando todo esta listo me llamas para comer.

    -¿Qué tal todo princesa?

    Veo el móvil luego de sentarme a la mesa, y me sorprendo de lo rápido que ha pasado el día. Cuando vuelves a preguntarme cómo voy salgo de mi ensimismamiento.

    -Eh… digamos que bien, aunque ya sabes, todavía hay cosas que no terminamos de resolver, hoy estamos con programación y no nos termina de dar el controlador. Quedamos de mandar el archivo quien lo termine primero.

    Inhalo el delicioso aroma del plato, mientras lo devoro con ganas y rapidez, te pido un poco más pues cargo un hambre canica, luego de terminar la comida demasiado rápido para tu gusto, me comentas que puedo hacer mala digestión. Hago un gesto con la mano restándole importancia. Y antes de que puedas hacer una réplica he desaparecido de nuevo en el estudio.

    Te quedas solo en la mesa, viendo algo de TV y recogiéndolo todo. Al terminar te acercas a mi zona de estudio y me ves enfrascada entre libros. Te despides anunciándome que sales a pasear a lo que no recibes respuesta. Tras pasar toda la tarde en casa de tus aitas poniendo a punto la moto, regresas a casa de nuevo y me encuentras en el mismo sitio.

    – Laztana, ¿Necesitas algo? Una nueva negativa y un nuevo paseo hasta la sala. Media hora después, preocupado te acercas de nuevo.

    – Bihotza, ¿Estas bien? ¿Respiras? – Un gruñido por respuesta.

    Tras esperar 45 min más en la sala, decides arrancarme de mi estado de aislamiento, sabiendo por sobrada experiencia que tanto tiempo no es bueno. Te acercas a mí y colocas tus manos sobre mis hombros, dando un suave masaje. Estoy muy contracturada. Un suave besito en la cabeza mientras tus manos siguen haciendo su trabajo. Tu cuerpo se pega al mío, y como cada vez que me das un masaje, termina en sexo guarrete y morboso, no puedes evitar excitarte, pero apartas esa idea de tu cabeza, aunque sabes que me vendría muy bien para relajarme.

    – Mi niña… ¿quieres un poquito de leche?

    Te miro con cara de pocos amigos, el estrés está haciendo mella en mí. “Laztana… tu solo piensas en eso” Digo señalando tu media erección que se marca perfectamente en tu pantalón. “Pero si yo hablaba de un vasito de leche con tus galletitas favoritas” respondes con cara de buen chico, te doy un suave beso en los labios apartándome y prometiéndote una recompensa luego de estos largos días. Estas plantado, decidido a no ceder en tu empeño de hacerme descansar. Te sientas en la cómoda silla donde he pasado prácticamente todo el día y me atraes hasta quedar sobre ti, empiezas con un pequeño sermón de lo perjudicial que puede ser esos maratones de estudio, pongo los ojos en blanco. Cuando escucho el característico sonido del Messenger reportando los mensajes de mis compis, me inclino hacia la portátil regalándote sin querer una provocativa visión de mi culito, apretado en unos pequeños shorts deportivos de color morado.

    – Grrrrrrrrrrrrr

    Sin poder evitarlo, me das una nalgada, más sonora que dolorosa. Esa tensión dentro de mis pantalones hace que aparezca otra tensión igual de fuerte dentro de los tuyos.

    -¡Liante!

    Puedo notar la dureza de tus pantalones, que crece debajo de mí mientras realizo mis actividades académicas. Tus manos se posan sobre mí culo y recorres cada milímetro.

    -Si sigues así será mejor que te vayas. Digo un tanto mosqueada pero el rubor de mi rostro denota excitación que no puedo ocultarte

    -¿De veras? ¿Es lo que quieres? Me susurras al oído mientras tus manos suben por mis caderas, presionándolas con suavidad y deslizándose lentamente hasta mi tripita.

    – Esta pequeña ruge de hambre mi vida.

    Tus manos, ya presionando mi vientre, suben en esta ocasión hacia arriba, buscando mis firmes y perfectos pechos.

    Oculto mi sonrojado rostro entre mi lisa cabellera color chocolate. El recorrido de tus manos ha logrado descolocarme, sumando la potentísima erección que se encaja perfectamente en mi culito mientras intento buscar una posición más cómoda. Te inclinas para besar mi cuello y tus manos acarician perezosamente mis pechos, mientras que tu erección se clava más en mi «Eres muy malo, sabes que tengo que estudiar…» conoces perfectamente ese tono de excitación en mi boca has ganado está partida.

    «Mi niña… ya has estudiado suficiente por hoy…» Me susurras mordisqueando mis orejitas. «Si quieres, mañana le damos juntitos un empujón» Acompañas tus palabras con una suave nalgada.

    Suelto un gritito y una mirada de reojo. Me inclino nuevamente, esta vez con otra finalidad, la de provocarte. Tu gruñido es una muestra de que lo estoy haciendo bien. Una nueva nalgada más sonora que nada hace que quede opaca por un instante la música que proviene de la habitación. «Eres un liante» susurro mientras besas mi cuello, en esta posición nos encontramos perfectamente acoplados, siento como tu polla lucha por romper las barreras de ropa que separan nuestros sexos.

    «Recuerdo la última vez que lo hicimos aquí…»

    «Mmmm, sí. Yo también lo recuerdo» Tus manos se deslizan por mi cintura, buscando mis firmes tetitas. Tu polla, dura como el diamante, presiona tus pantalones y los míos, ávida de entrar en su lugar preferido en el mundo. Consciente de la creciente excitación, no te conformas con el contacto a través de la ropa y cuelas tus manos bajo mi jersey, presionando mis pechos, sobre el sostén, que con un rápido movimiento consigues soltar para poder deleitarte con la tibieza de mi piel.

    Te regalo una picara mirada, mientras presionas mis pezones causándome un gemido ahogado. Mi culito se mueve provocativo sobre tu polla que parece cada instante más dura, cosa difícil de creer, mi mente vuela al imaginar la próxima riada de leche, días de abstinencia tienen tus huevos sumamente cargados, y tu mirada pervertida demuestra que no me darás tregua hasta saciarte de mí. «mmmm que duro estas, ¿me vas a taladrar?» mi tono es meloso, sensual, algo aniñado cosa que te enloquece y te nubla el juicio, busco despertar tus instintos primarios, sexuales y disfrutar mucho de ello.

    «Solo vengo a traerte la merienda, laztana» Tus bajan de nuevo por mi vientre, jugando con mi ombligo. Tus labios mordisquean mis orejitas causándome cosquillas. Firmemente apretado contra mí, tu polla presiona mi culito deseando liberarse. Tus dedos, bajan por mi vientre, y se meten bajo mis pantalones y bajo el elástico de mis braguitas acariciando ya mi imberbe y suave pubis. Cuando repasas la longitud de su almejita, compruebas con deleite de que ya estoy totalmente empapada. «Veo que la niñita quiere su golosina. ¿Quieres una txutxe? «

    Mi dulce mirada solo significa una cosa, pienso liarte. En un rápido movimiento me separo de la deliciosa fricción, apoyo mi culete en el escritorio, me encuentro de pie entre tus piernas «ya sabes que no me gusta que me digas niñita sin el posesivo primero, creo que ahora me encuentro indispuesta» Cojo el móvil dejándote frito con mi acción y espero impaciente tu respuesta

    «¡Pero bueno! Habrase visto MI pequeña insolente?!?!?!?! «

    Me tomas en volandas y me cargas como un saco de patatas al hombro rumbo a la habitación lanzándome sobre la cama. «Ahora vas a ver lo que es bueno» Te lanzas sobre mí y empiezas a hacerme cosquillas, muchas cosquillas que provocan que me retuerza como una anguila.

    Entre risas no detienes tu ataque, reímos y poco a poco tus manos se cuelan de manera más provocativa, con otro índole diferente al de hacerme reír. Has levantado mi jersey dejando expuesto mi plano abdomen y poco a poco vamos cayendo al deseo comiéndonos a besos. Tus traviesas manos pronto buscan de nuevo mi firme monte de venus, avanzando ya sin cautela ni recato. Un suave pellizquito, una delicada presión, un recorrido rápido de tanteo por toda la longitud de mi rajita y una incursión en mi cueva, que arranca un sonoro gemido. Llevas tus dedos a la boca para degustar mi esencia y de forma poco delicada me quito las vestimentas de la parte superior de mi cuerpo para lanzarte a devorar mis firmes y deliciosas tetitas. Mis manos presionan tu cabeza, sujetando tu cabellera. Tus dedos se cuelan dentro nuevamente haciéndome enloquecer. Puedo sentir tu potente erección. «Te tengo un desafío» susurro y veo gua ojos brillar, muerdo tus labios provocativamente. «5 minutos, si me haces correr en ese tiempo, haré lo que quieras y sino harás lo que yo quiera»

    Sin perder tiempo, vas a por mis shorts y me los retiras de un solo tirón dejándome desnuda de cintura para abajo. Me volteas, dejando mi culito a la vista e inclinas mi cuerpo para que quede en la posición perfecta, y sin más rodeos, te lanzas a comer mi culo y mi rajita que está totalmente a tu alcance arrancándome un gritito de sorpresa, excitación y placer.

    «¿Acaso no sabes que lo peor que puedes hacer es retarme a algo?»

    Tu lengua se mueve frenética entre ambos objetos de deseo. Las horas de estudio hacen que este un poquito sudadita, pero eso solo hace potenciar el sabor y el deseo. Tus dedos vuelan, enterrándose en mi culito y presionando mi botoncito. Mis gritos van en aumento. Mis grititos de placer no se hacen esperar, el ataque es sorprendente y es difícil controlarme. Tus dedos y tu lengua están llevándome al máximo placer, pero intento resistir, cuando intento apartarme un poco un sonoro azotito no se hace esperar «eres un guarro pervertido» digo entre gemidos.

    Con la cara empapada con mi flujo, relamiéndote con lujuria, me replicas: «No, soy un pervertido, y además, MUY GUARRO». Entierras de nuevo tu cara entre mis piernas, lamiendo y dedeando, provocando unos gritos cada vez más altos e intensos. Cuando metes el dedo corazón dentro de mi culito pego un respingo incapaz de contenerme. «Veras lo relajadita que vas a quedar» Mi cuerpo se ve invadido en el placer, siento tu dedo adentrándose en lo profundo de mi estrecho ano y mis grititos de placer, tus lamidas son potentes hacen que mis flujos aumenten en cantidad y llevándome al borde del éxtasis. «Pervertido» digo entre jadeos.

    Enardecido por mi reto, buscas mi máximo placer. Tus dedos vuelan en mi culito y se intercalan con mi deliciosa rajita, rodeando y presionando mi clítoris. Cuando no son tus dedos, es tu boca la que lo succiona, presiona y lame. Mis uñas se clavan en tu cuero cabelludo presionándote contra mí y dejándote casi sin aire. Trato de mantener mi respiración controlada, miro el reloj todavía cuentas con un par de minutos pero creo que no resistiré mucho más tiempo «tu ganas» digo en un hilito de voz antes de que mi cuerpo se tense y libere un intenso orgasmo que te baña por completo.

    Bebes, saboreas, lames y absorbes cada gotita del delicioso néctar que acabo de regalarte. Limpias mi sexo por completo, dejándolo reluciente de nuevo, y levantas tu cara, conectando nuestras miradas. Eres consciente de que tu rostro esta empapado por mis flujos, y me guiñas un ojo mientras me relames. Chupas el dedo que tenías profundamente enterrado en mi culito. “¿A que ahora te sientes mucho mejor?” Mientras asiento con un susurro, no puedes evitar esa mirada, esa sonrisa que tan bien conozco de alguien que está tramando algo. “¿Quieres que me cobre mi apuesta ahora o lo dejamos hasta después de cenar?”

    Me enfurruño un poco y luego de relajarme, cruzo los brazos «eres un tramposo» digo mientras tomo tu camisa y me la coloco mientras te sigues relamiendo con mis jugos. «Vale después de comer, que tengo hambre, quiero un basaplatillo espectacular, te vez sexy cocinando» te saco la lengua mientras disfrutó de la suavidad de las sabanas. Me dejas relajadita en la cama mientras te acercas a la cocina. Abres la nevera y miras la mercancía. Ves varias cosillas que te hacen pensar. Empiezas a elaborar la cena. Una deliciosa ensalada de aguacate con langostinos y unas enormes setas, con picadillo de jamos y queso fundido que pondrás al horno. Añades algunas cosillas más a la receta que tienes que recordar del libro. Antes de que entre, preparas un par de cosillas más, a modo de sorpresa. Cuando entro en la cocina, te pillo justo metiendo las setas al horno, ya caliente como una fragua.

    Medio dormitada me dirijo a la cocina y me entretengo con el espectáculo de verte cocinar, el olor que se cuela por todos lados me invade y hace que mis tripas rugan con fuerza. Mi mente aunque relajada trabaja a toda velocidad pensando en cómo cobraras tu apuesta. Tomo un poco de agua pues tengo la boca seca, te acercas a mí un instante y me abrazas por detrás haciendo que tu camisa se levante un poco, ambos reímos y con un suave beso en el cuello te separas, y continuas dando los últimos detalles. Enciendo la televisión y coloco los últimos capítulos de Steven Universe, serie que «muy amablemente» te hice ver «¡yo ya quiero que ser arme el jaleo!» me miras negando con la cabeza mientras cojo uno de mis peluches y te lanzó un beso al aire.

    «Pon la mesa mi niña» Me dices mientras retocas los últimos detalles de la cena. Las ensaladas están listas, el pate de pistachos y pimiento rojo también. Las setas, terminan de dorarse en el horno. No puedes reprimir una malévola carcajada sabiendo lo que espera después. Abres una botella de txakoli, bien frío, que sirves en dos finas copas. «Por nosotros laztana»

    Después del brindis «por nosotros», te escudriño con la mirada, analizo tus gestos y tu risa, no ha sido reconfortante «me das miedo cuando pones a trabajar esa mente perversa tuya» damos buena cuenta de la comida y disfrutamos del buen vino, «todo te quedó delicioso laztana, me ha encantado, mi masterchef» Tras la cena, sacas un pequeño pero delicioso flan de huevo casero que habías dejando enfriando en la nevera. Tomas una cucharilla y me la das en la boca, para seguidamente, besar mis labios. Terminado el postre, terminas de vaciar la botella llenado de nuevo nuestras copas.

    «Eres preciosa nenita»

    Tras apurar el último trago, me miras a los ojos. «Una sorpresita, bihotza» Me quedo mirándote con cara de sorprendida y un poco recelosa.

    «¿Recuerdas cuando hace un par de semanas, hice una cena con los colegas, solo para chicos?»

    «Ssi….»

    «Pues…. hicimos una apuesta… y perdí»

    De dentro de un armarito, sacas un frasco de cristal.

    «Resulta, que, tras la cena, nos calentamos un poco con unos videos de una despedida de soltera a la que fue Ane, la sobrina de Fede, y….» Mi mirada se ensombrece por momentos, entornas los ojos y endurezco el semblante.

    «Y bueno. Las chicas perdieron los papeles, y terminaron mamándole la polla, hasta que el chico se corrió como un bestia en la cara y boca de la pobre Ane… y la muchacha se lo trago todo, se relamió y le rebaño. Estábamos todos muy excitados, y alguno empezó a masturbarse mientras se buscaban videos similares. Los iban poniendo en la tele, y los videos, uf, eran muy pervertidos. No vimos como llego. El caso es que estábamos todos con las pollas al aire, masturbándonos viendo como Ane tragaba semen, y otros videos similares. Creo que fue el alcohol, pero… dijimos que a ver quién aguantaba más sin correrse. El que se vaciase, tenía que hacerlo en un bol, hasta que se corriesen todos. El que más aguantase, se llevaba el bote de 150€ que había sobrado, y el primero…» Me muestras el frasquito que tenías en las manos, donde se apreciaba claramente su contenido. «Tenía que beberse, o hacer que su chica lo beba, las 10 corridas enteras”

    Te miro con sumo recelo y algo de enojo, me levanto de la silla y me voy al sofá haciéndome un ovillo «te jodes, yo no pienso beberme el semen de tus ‘colegas’ menudas fiestas te montas»

    «Pero, mi vida, perdiste la apuesta. Esto es lo que yo quiero. Que seas mi esclava el resto del día. Y como primera orden, tienes que beberte esto. Pero…. además, tengo que grabarlo….»

    Tomo el frasco con mis dedos inspeccionándolo con la luz «sinceramente lo que más me decepciona es que te hayas corrido de primero, supongo que no queda de otra, eso me gano por estar apostando» me resigno y te miro con algo de duda pero con un cierto brillo de quien sabe la verdad.

    «Entiéndelo, vida. Con tus exámenes, el estrés, además, me imagine tu tripita llena de toda esta leche y me puse burro. Enga, quítate la parte de arriba de la ropa, para no mancharla y que quede mejor, dile unas palabritas a la cámara y tomate toooda la lechita. Si quieres también puedes jugar un poco con ella, como Ane, para demostrar que mi niña es la mejor «

    «Que te ha encantado la zorrita esa ¿eh?» te saco el dedo del medio, mientras buscas la cámara «Chicos ahora os vais a deleitar como una chica disfruta la leche en verdad» lamo mis labios de manera perversa y te dedicó una mirada lasciva, abro el frasco y lo olfateo, hundo uno de mis dedos y lo empapo bien del líquido viscoso, acercó mi lengua y lo lamo con suma lascividad. Puedo notar como se va levantando en tus pantalones algo duro y delicioso. Continúo con mi espectáculo, jugando con mi lengua y devorando todo el contenido del frasco. Abro mi boca y dejo caer desde arriba y algunas caen cerca de mis labios y las llevo a mi boca. Cuando ya he terminado doy unas lamidas al frasco para dejarlo perfectamente limpio «y así es como se disfruta de la leche» colocas pausa al video y rompo a reír, «te recuerdo que cuando le gastamos la broma a Josu tu nos enseñaste, guiño el ojo, demasiado dulce para mi gusto» te saco la lengua «¿con que esclava?» digo y antes de responder te lanzo un cojín en la cara.

    Recoges el cojín y me lo lanzas, y te lanzas justo detrás para placarme. Nos enzarzamos en una pelea tipo WWE hasta que me inmovilizas en el sofá. Me das un suave beso en la boca saboreando el semen que me acabo de tomar. «si, es excesivamente dulce»

    «Prefiero el tuyo» digo dándote una lamidita en la mejilla. Puedo sentir tu erección en mi muslo dado la íntima posición. Vuelves a darme otro beso, un poco más intenso pero cargado del mismo sentimiento «eres un guarro, por suerte te conozco demasiado bien» sonrío nuevamente y seguimos en la misma posición sin movernos, me tienes inmovilizada por lo que empiezo a refunfuñar un poco.

    Te levantas, dejándome respirar. «Bueno vida, como me sigues debiendo una, por nuestra pequeña apuesta, he pensado convertirte en una pequeña zorrita. Ponte el vestidito de putilla, entra en la habitación, encendemos las velas y los leds rojos, y nos metemos en el rol de putilla, cliente, bwaa ha ha haaa»

    «Vale, tu ganas está, soy de palabra, pero para la próxima no correrás con tanta suerte liante»

    Me levanto y salgo corriendo a nuestra habitación esquivando un azotito que iba directo a mi nalga, me doy media vuelta y te saco la lengua. Retomo mi pequeña carrera hasta encerrarme en la habitación. Creo que es el momento adecuado para sacar a relucir ese pequeño conjunto que te he ocultado desde hace tiempo esperando la ocasión especial. Un pequeño vestido casi transparente de encaje de un color rosa suave que no deja mucho a la imaginación acompañado de un minúsculo tanguita del mismo color. Preparo el ambiente, encendiendo las luces y las velas que tienen un delicioso aroma a vainilla y canela.

    Te sientas en el sofá, esperando a que me diga que estoy lista. Mientras, visualizas el video que acabamos de grabar y tu erección se violenta. La imagen es perfecta. Mi aniñada carita, el bol lleno de leche, y mi boca tragándolo todo sin dejar gota acompañado por mis comentarios. Cuando suena mi melodiosa voz, te acercas al cuarto con cautela para quedarte con la boca abierta al verme y sentir el ambiente.

    «Hola, ¿Eres tú la putita que va a atenderme?»

    No puedo evitar que mi rostro se torne de un color rojo ante tus palabras, bajo la mirada y asiento con un tímido «Si señor» con tus dedos tomando mi barbilla me haces levantar la mirada, tus ojos se han tornado de un color indescriptible oscuros de deseo, dirijo mi mirada un poco más abajo y la potente erección que se marca en tus pantalones delata perfectamente tus perversas intenciones, mientras me estudias con la mirada, me siento a la expectativa de tu siguiente movimiento

    «Bueno, espero que seas una autentica guarrilla. Vamos a ver lo que sabes hacer. Baila para mi»

    Busco la mezcla de música adecuada para la ocasión que pronto envuelve la habitación, en conjunto con las luces da una perspectiva sumamente erótica, me muevo con movimientos lentos y sensuales, dejándome llevar por la melodía, sintiendo las notas y dándote un gran espectáculo, el vestido se pega a mi piel remarcando todas mis curvas, me sigues con una atenta mirada, devorándome Te quedas con la boca abierta admirando el espectáculo. Vives con una diosa del streap teaase y no te habías dado cuenta. Con el dedo, me haces la seña de que me dé la vuelta para poder mirar el resto de mis curvas con total deleite.

    «Vete quitándote la ropa, muuy despacito zorrita, pero no toda. Quiero quitarte tus braguitas con los dientes»

    Acompañando mis movimientos eróticos me voy deshaciendo poco a poco del vestido, dándote una visión de mi espalda desnuda, juego con tu sentido de la vista, mostrando piel de la manera más erótica posible, mis movimientos lentos y sexys destacan mis caderas mientras el casi transparente vestido abandona mi piel. Me acercó a ti dándote el primer plano del tanguita rosa incrustado en mí culito.

    Estas ciego de excitación. Tus manos se alargan para acariciar mi delicioso culito. Lo acaricias, lo palpas y le das una sonora nalgada. Tiras de la tanguita para que se meta aún más por la raja de mi culo. Miras hacia una de las cámaras web, consciente de que se está grabando todo y te ratificas en que fue una de las mejores inversiones que hemos ido haciendo. Empezamos instalando una en la entrada, para que nos avisara de cualquier apertura de puerta no controlada y eso te dio la idea de seguir.

    El bajo coste de las cámaras y su facilidad de instalación, te animo a instalar 4 en la habitación, 1 en el baño y 3 más en la sala, para poder captar a la perfección cualquier sesión de sexo que realizáramos, por si se te olvidaba instalar el trípode. De esta forma, también, cuando estas en tus viajes, puedes ver como duermo, como me duchas o como…”

    Empiezas a quitarte la parte superior de tu ropa, y los pantalones, dejándote tan solo con los bóxer y un enorme bulto bajo ellos, doblemente estimulado.

    «Mira lo que tengo para ti… gorda, potente, muy sudada y con restos de orina, listos para que me lo limpies bien ¿Eres una zorrita sucia?»

    Muerdo mi labio mientras me ofreces tu mástil completamente duro. «Si señor soy SU zorrita muy pero muy sucia» me arrodillo entre tus piernas y acacias mi cabello y mi rostro, y me empujas sutilmente hacia tu polla. Con mis dientes sujeto el elástico del bóxer y lo jalo para dejar al descubierto tu polla, que sale como resorte de su escondite. Con un poco de ayuda de mis manos termino de desaparecer tu ropa y te dedico una mirada lasciva de mí sonrojado rostro. Acerco mi boca a tu miembro, sin usar las manos ‘como toda una profesional’ y lo llevo a mi boca, unas cuantas lamidas para disfrutar de su sabor y luego la devoro, con una suave succión, voy chupando hasta que desaparece por completo, tus manos se posa en la parte trasera de mi cabeza para marcar el ritmo.

    Con los ojos en blanco, tratas de recuperar el rumbo de la situación. Te pones de pie aprovechando un momento en el que saco tu polla de mi boca y tu grueso mástil golpea en mi barbilla. Me das un empujón y me tiras sobre la cama. Con rapidez, me volteas, dejándome boca arriba y me arrastras hasta dejar mi cabeza semi colgando del borde. Deslizas tu empapado glande por toda mi cara y me das algún golpecito con él en las mejillas y labios. Cuando intento protestar, metes de nuevo la polla dentro de mi boca y esta vez la presionas hasta el fondo. Siento la tensión de mis labios en tus huevos y eso casi te hace eyacular. Con una mano, desnudas mi torso y con la otra, presionas en mi fina garganta con suavidad para notar el bulto de tu polla. Mueves mi cabeza hacia atrás, un poquito más y la penetración oral se hace un poco más profunda, si cabe. Sacas tu polla para dejarme respirar y un hilito de saliva une el glande con mis labios en una imagen altamente pornográfica.

    «Ahora vas a ver lo guarro que puedo llegar a ser» Pones tus hinchados testículos sobre mis ojos, y los deslizas hacia delante, pasando por mi nariz, hasta mi boca.

    «Saca tu lengua» Mi lengua recorre tus huevos, pero sigues avanzando y abres tus nalgas.

    «¿Ves mi culo zorrita? Este sucio. Lo he dejado así, especialmente para ti. Límpialo»

    Deslizas tu culo lentamente hasta que sientes la calidez de mi lengua en mi ano. «Así putita…. chúpalo bien. Déjalo limpito»

    Mi lengua se cuela por tu orificio anal, puedo sentir la presión de tu cuerpo pidiendo más. Mi fino y largo dedo se introduce sin pedir permiso en tu ano para darle más intensidad a las lamidas que te estoy dando, lo retiro lentamente para que mi lengua lo sustituya y llegue lo más dentro posible, me dedico a lamer y chupar con intensidad y frenesí para darte el máximo placer.

    Te debatas entre el deseo de enterrarte tu pollon hasta la garganta de nuevo o presionar tu culo contra mi cara. Esto se te esta yendo de las manos. Abres más tus nalgas y bajas tu culo, disfrutado de mis lamidas y tu succión que tan magistralmente hago. La habitación se llena de jadeos y respiraciones entre cortadas junto con los inconfundibles sonidos de succión. Mis dedos entran y salen de tu ano con rapidez, igual que mi lengua. Eres consciente de que si continúo así, te correrás sin remedio. Te sientas totalmente sobre mi cara y frotas tu culo contra ella, te levantas levemente de nuevo, retirándote un poco hacia atrás, lo mínimo para que la punta de tu verga presione mis labios, y en un desesperado empujón, la entierras de nuevo dentro de mi boca.

    La presión de mi lengua es magistral. El roce de tus huevos en mis labios enloquecedor. Aun con un dedo levemente introducido dentro de tu ano, sacas tu polla para iniciar una potentísima eyaculación que me pilla por sorpresa. El primer chorro me pega de lleno en la barbilla, y los siguientes en mejillas, labios y lengua. Sin poder reprimirte, metes de nuevo tu polla en mi boca y presionas hasta el fondo, descargando los últimos chorretones de semen caliente dentro de mi garganta. Intentando no desmayarte, retiras suavemente tu polla, muy lentamente y descubriendo como sale brillante por la saliva. Cuando el glande aún está dentro de mi boca, sujeto el tronco y pego dos succiones más, extrayendo hasta la última gota de leche que queda dentro. Mi cara ha quedado cubierta de espeso y blanco semen. Con un gesto, me indicas que mires a las cámaras para que se vea bien claro, lo putita viciosa que soy.

    Me deleito con las trazas de leche en mi rostro, lamiéndolas de la manera más erotica posible. Luego volteo a verte para que sigas disfrutando del espectáculo. Llevo cada gotita a mis labios y la succiono «en definitiva este es mi sabor favorito». Te tumbas a mi lado y me dedico a besar tu cuello, mordiendo suavemente, buscando excitarte nuevamente. «Ha pagado por el servicio completo mi señor, así que esto apenas acaba de empezar» susurro en tu oído. Sigo besándote y moviendo provocativamente mi culito dándote una placentera visión de cómo se mueve sensualmente, mis manos y mi boca no se quedan quietas y recorren cada rincón de tu cuerpo.

    Con la verga fláccida, te dedicas a disfrutar de mis movimientos, de ver cómo me llevo los restos de leche a mi boca, y admirar como te relames como una gatita. Esa imagen provoca u nuevo latigazo de mi polla que se resiste a encogerse. Buscas mis labios, saboreando tus propios flujos en mi boca y lamiendo aquellas zonas que aun decoran mi preciosa cara. Tus manos, buscan mis pechos, y se aferran a ellos, firmes, perfectos. Pegas tu cuerpo al mío y muerdes suavemente mi cuello.

    «Zorrita, veamos de lo que eres capaz»

    Me siento a horcajadas sobre ti, besándote suavemente y de una manera lenta cosa se te encanta. Mí humedad cueva se restriega sobre tu polla ya en reposo. Posas tus manos en mi culito disfrutando de lo terso y firme que está. Busco excitarte nuevamente con mis suaves caricias

    Cuando sientes la humedad de mi almejita no puedo contenerme. Te incorporas y me tumbas de espaldas. Abres mis piernas y acercas tu cara a mi cuello. Lo olfateas como si fueses un perro en busca de su presa. «hueles a putita»

    Sigues olfateando, haciéndome cosquillas. Pasas tu nariz por mi cuello, mi fina garganta, mis firmes tetas, a las que das lametadas, haciendo que mis pezones se ericen y endurezcan como puntas de diamante. Continúas olisqueando mi cuerpo, detectando diversos y excitantes olores. «hueles a sudor, a excitación, a lujuria»

    Tu nariz, ávida de deseo, baja por mi vientre y cambia a mis piernas, ligeramente elevadas. A estas alturas, latigazos eréctiles sacuden de nuevo tu polla. Ya captas los aromas de mis muslos, tu nariz está pegada a su cara interna, muy cerca ya de mi coñito tapado aun por esa fina tanguita. Cuando tu nariz llega a su objetivo, realizas una profunda inhalación, captando mi aroma, embriagándote con él y deseando beberme de nuevo.

    «Hueles a sexo. Dime putita ¿Cuantos te han follado esta tarde? ¿Cuantas pollas han pasado por este coñito? ¿Cuantas se han vaciado dentro? Apesta a semen y flujo. Seguro que ni si quiera te has limpiado entre polla y polla y tienes todas las corridas ahí dentro» Tras pronunciar estas palabras, tu lengua se posa sobre mis braguitas, y mi increíble sabor te provoca una descarga de máxima excitación.

    «Ud. es el cliente número 5 del día mi señor, puede disfrutar de mi coño lleno de leche de otros, le aseguro que su sabor es de lujo, será el mejor que haya probado alguna vez» tu lengua recorre descaradamente la braguita, primero la haces a un lado con tus dientes, dejando que la fina tela completamente húmeda te muestre todo el esplendor de mi cueva, su estado es de lo más apetecible con unos labios carnosos que denotan excitación, humedad, un clítoris inflamado, rojo y mojado. Lo admiras unos segundos antes de darme unas primeras lamidas que son de lo más electrizante. El sabor es de lo más delicioso. Aunque me haya corrido tan solo hace una hora, la excitación creciente solo hace multiplicar la potencia de mi sabor. Pasas tu lengua por mi rajita, de forma superficial, solo para provocarme, porque estas deseando arrancarme las bragas y… «si zorrita, se ve que tu coñito está bien usado. Puedo saborear el semen de tu coñito.»

    Sujetas el elástico de mi tanguita y lo deslizas con suavidad por mis muslos hasta retirarlo por completo. Después, te lo llevas a la nariz para poder olerlo y aspirar su delicioso aroma. «Y por lo que huelo, llevas un par de días sin cambiar tus braguitas. Eres una zorrita realmente guarrilla. Me encanta.»

    «Casi acierta, no son dos, son tres días sin cambiarlas, a algunos guarros como Ud. les encanta el olor y las conservan» Mi mirada te atrae, y te cuelas nuevamente entre mis piernas, lamiendo suavemente toda mi intimidad, desde mi prieto ano hasta mi botoncito, el cual presionas suavemente y das pequeños círculos sobre él, cosa que me enloquece y lo sabes bien, lo siguiente que puedes percibir es mis manos entre tu cabello animándote a ir más allá y darme más placer. Mientras estas con tu cabeza entre mis piernas, saboreando los restos de todas esas pollas que se han descargado sobre mí, separas aún más mis piernas para tener libre y total acceso a mi vibrante coñito. Levantas tu cara empapada con mis flujos para observar mi cara desquiciada.

    «Eres una putilla muy guarra… y me encanta.» Tomas mi tanguita y te lo pones por el cuello como si fuese un collar, para poder olerlo a placer. Tu verga, va tomando tamaño, grosor y dureza a cada momento, y ya está lista para un segundo asalto.

    Noto tu dureza y te detengo un instante, me incorporo y te tumbo sobre la cama con un suave movimiento. Coloco la tanga cubriendo tu rostro, tomo tus manos mientras te beso el cuello con demencia y te dejas hacer hipnotizado por mi olor, sonrió para mí, moviéndome sensualmente «click» cuando intentas moverte tus manos se encuentran inmovilizadas con unas esposas que deje preparada ante de que entrarás «este es el servicio completo mi señor, disfrute» El movimiento de las esposas te ha pillado desprevenido. Ha sido una sorpresa total. Intentas zafarte de ellas, sin éxito. «Putita, tienes dos opciones. Quitarme las esposas y exponerte a un castigo leve, o dejármelas puestas y currártelo muuucho. Pero, ten en cuenta que si las mantienes, y fallas estarás corriendo un enorme riesgo»

    «¿Qué es la vida sin un poco de riesgo?» mi risa triunfal no hace más que mosquearte, me dedico a disfrutarte, mientras pueda abusar de ti, sé que en cuanto de libres lo pagare caro, pero estoy dispuesta a asumir el riesgo. Me levanto y busco entre nuestros juguetes unas cuantas cosas. Me sigues atento con la mirada. Tomo el lubricante sabor chocolate, lo esparzo a la perfección en cada uno de los juguetes. Te muestro dos plug anal de metal uno está decorado con una cola de conejo y la otra una joya color rosa, comparo los dos como quien busca una gran respuesta «Ahora que lo pienso, creo que por lo blanco de tu piel el rosa hace un bello contraste. Antes de que puedas protestar el plug se desliza fácilmente por tu esfínter «Vaya se nota que tienes un culito tragón, este de acá es para mí» te doy un primer plano de mi anito tragando el plug «¡Mira la mojadita que estoy!»

    Con el plug insertado en tu culo, intentas zafarte de tus esposas, pero te quedas hipnotizado admirando como desaparece el otro plug por mi apretado ano provocando un latigazo en tu polla que no pasa inadvertido para mí. Mueves tus piernas con rapidez para intentar hacerme una presa pero soy más rápida que tú. «Ya puede ser un servicio oro putita…»

    Veo el movimiento en tu polla «Creo que le ha gustado el plug caballero» sonrió maliciosamente y empiezo a bailar nuevamente para ti, sé que una de las cosas que más detestas es poder ver y no tocarme. Me acerco a ti y te doy un suave beso en la punta de la nariz. Me siento a horcajadas sobre ti, sobre tu polla pero sin introducirla en mi interior. Muevo mi culete para provocarte otro poco más. Sin duda estoy jugando con fuego y me fascina.

    Tener tan cerca de tu cara ese culito y no poder hincarle el diente te está enloqueciendo. Tensas las esposas, pero sabes que es inútil forzarlas. Nos las dio tu amigo Andoni directas del almacén de la ertzaintza. Con máxima resignación, cierras tus ojos para no alimentar más tu lujuria y esperas con menguante paciencia mi próximo movimiento. «Putita, más te vale mantenerme aquí atado, porque como me sueltes, vas a ver lo que es una guarrería»

    «Hablas demasiado para ser un cautivo, creo que necesitas modales» hago una bola con la tanguita y cuando estas protestando la meto en tu boca «Ya sabes calladito te ves más bonito» Juego con tus tetillas presionándolas suavemente, puedes sentir como los flujos empapan tu polla por completo, puedo ver esa necesidad primitiva en tus ojos. Te está tomando por sorpresa esta vena domínate, pero… te gusta. El sabor de mis braguitas en tu boca multiplica las ganas de follarme de forma salvaje. Mis flujos, su calidez, su olor, el roce de mi sexo sobre el tuyo, multiplica tú ya desatada lujuria. Solo te queda, dejarte hacer. Noto tu cara de placer por el delicioso roce de nuestros sexos. Me levantó de golpe y tomo el móvil y comienzo a tomarte fotos, muchas «Si tuvieras unas orejas de perrito» lanzo el móvil a tu lado, «Eres mío» susurro mientras dejo mis dientes perfectamente marcado, «Miraaaa que lindo te ves» y rio con ganas.

    «Si, mi ama, soy totalmente tuyo» No sabes cómo, pero he conseguido darle la vuelta a los roles, y sin darte cuenta te encuentras tatamente sumiso a mi voluntad.

    «Soy tu perrito obediente» Pronuncias las palabras con sumisión, pero en el fondo de tu mente, no puedo evitar pensar: (de momento)

    Noto el brillo en tus ojos «Tengo que pensar cómo puedo jugar contigo, eres un liante…» sonrió maliciosamente «Para ti lo peor es no tocar» digo mientras mis largos y suaves dedos recorren tu polla de manera suave y casi sin sentirse «Voy a disfrutar mucho esto»

    Tensas las cadenas nuevamente, buscando soltarte, aunque sea de casualidad, pero es imposible. Mi cuerpo no está al alcance de tuyo. Dejas que te toque, que te acaricie y disfrutas de la sensación de verte sometido.

    «Venga, zorrita, cómeme la polla. Ahora tienes la oportunidad de hacerlo sin ahogarte»

    Me coloco sobre ti, pero con una nueva malicia, mi coñito está en primer plano para tu disfrute, para que veas como el plug se entierra en mí ano, pero lo suficientemente lejos para mantener mis flujos lejos de tu lengua. Mi boca se dedica a disfrutar de su biberón favorito, y mis finos dedos juegan con el plug en tu culo » pobre señor atado y sin tocar» meneo mi culito un poco más para llevarte al borde del delirio estás al límite.

    Sientes mi boca en tu endurecido pollón, de nuevo erecto, gordo y venoso. Deseando perforar mi coñito, mi culito, pero con tus manos atadas solo puedes, dejarte hacer y dejar que los gemidos y gruñidos se escapen de tu boca. Elevas tus caderas para que tu polla entre más en mi boca, me separo negando con un dedo y sacándote la lengua. Me siento sobre ti, dejándome caer lentamente y envolviendo tu mástil con mi prieto coñito. Suspiro de placer al tenerlo todo enterrado en mí, jugueteo con el vello de tu pecho. Mis movimientos hacen que ambos plug tanto el tuyo como el mío se entierren un poco más

    «pierde gracia» digo antes de que escuches un clic nuevamente «¡Pobre de mí!»

    Escuchas el ruido, pero no puedes creerte lo que significa. Mueves lentamente tus manos, libres de su prisión y te quedas mirándome sin entender. Detectas un leve encogimiento de hombros y cuando tus manos se mueven para aprisionarte de nuevo, te mueves con la energía de un resorte y antes de que me dé cuenta, estoy tumbada boca abajo, sobre la cama, sintiendo el peso de tu cuerpo sobre mi espalda. «Debiste mantenerme sujeto» Me susurras mientras mordisqueas mi cuello, y con tus fuertes piernas, abres las mías. «Debiste esperar hasta que estuviese agotado» Tu polla se abre paso entre mis piernas y se deslizan entre mis nalgas.

    «Ahora ya es demasiado tarde» Deslizas tus manos por mis hombros, presionándolos con fuerza medida. Tus dedos dejan surcos en mi espalda, hasta llegar a mis nalgas, amasándolas. Las abres todo lo que dan de sí, quitas el plug, dejando a la vista el rosado imberbe y apretado ano y mi babeante rajita. Acoplas tu boca a mi culo, saboreándolo. Tu lengua se abre paso en mi ano intentando colarse dentro. Cuando la retiras para saborear mi almejita, cálida, sin pelitos, te deleitas con la cantidad de flujo que suelta.

    Te apartas un poco, abriendo de nuevo mis nalgas, para que la cámara capte a perfección de mi delicioso culo y te sitúas de nuevo detrás. Sujetas el glande de tu polla con firmeza, rozando tanto la entrada de mi ano, como la de mi rajita, alternando uno y otro «Pito, pito, colorito… «

    Internamente me debato lo acertado de mi decisión, pero ya el mal esta hecho no puedo evitar mojarme mucho más cuando siento tu dura polla recorriendo mis dos agujeritos, con la incertidumbre de saber por cual comenzará el ataque, punteas ambas entradas. Tus manos me sujetan con firmeza, con un poco de fuerza y lo profundo de tu respiración solo denota lo nublado que estas por la excitación «Prepárate putita» Dejas caer un último hilito de saliva sobre mi ano. Segundos después, tu glande lo alcanza y lo empuja en mi interior. Tu polla se desliza muy lentamente dentro de mí.

    «Estas muy apretada putita» me susurras al oído cuando la mitad de tu verga está dentro de mi arrancándome un gemido. Continuas empujado lenta pero implacablemente hasta que tus huevos presionan mis abiertas nalgas, momento en el que te arqueas un poco más y das un último empujón. Es imposible enterrarla más en mi interior. Te mantienes así unos segundos, disfrutado de mi calor. De la presión de mi cerrado culito, de mis movimientos de contracción que presionan tu polla.

    Siento como tu polla me llena por completo, invadiendo mi prieto anito. Como tus huevos chocan con mis nalgas, la presión es increíble, totalmente delirante. Suspiro y dejo escapar unos gemiditos de placer. Tus movimientos lentos, intensos, algo rudos. Puedo sentir como te clavas cada vez un poco más como si eso fuese posible Con tu polla firmemente enterrada dentro de mí, me das una sonora nalgada.

    «¿Te gusta putita? ¿Te gusta que te follen el culo?» Mis intentos de hablar son silenciados con profundas estocadas que me arrancan gemidos y grititos. Abres mis nalgas de nuevo, todo lo que puedes, para excitarte con la impresionante vista de mi pequeño culo tragándose tu polla hasta los huevos, aprovechando la pausa para darme una sonora nalgada. «No me has contestado. ¿Qué te follan más, este prieto culito, o tu pequeña rajita?»

    «Por mi culito» digo en apenas un susurro, que se mezcla con el gritito producido por otra sonora nalgada «Eres un cabrón» digo con mas ánimos, y siento como tu polla se entierra más en mi anito con fuerza, jadeo de placer, no lo puedo evitar, los flujos corren por mi rajita a más no poder.

    Tus estocadas cada vez son más fuertes y rápidas. Sientes la deliciosa presión sobre tu polla que te catapultan al éxtasis del placer. Te retiras momentáneamente, sacando tu polla por completo de mi culo, y abres bien mis nalgas. La imagen de mi empapado sexo, con gotitas de flujo resbalando por mis muslos te provocan un latigazo en la polla. La imagen de mi ano, abierto, cerrándose con celeridad, te provoca otro.

    Sin poder evitarlo, te lanzas a devorar mi sexo. Repasando, presionando todo el recorrido desde mi botoncito, adentrándote en las profundidades de mi coñito, extrayendo hacia tus labios el delicioso néctar, y continuando el camino hasta mi palpitante ano, ya completamente cerrado. Te incorporas de nuevo y punteas mi ano con tu glande, penetrándome profundamente. Arrancando un gritito de excitación. Tras unas cuantas profundas penetraciones, te retiras de mi ano, para follar mi rajita desde atrás. Sientes la elevada temperatura, la humedad y las contracciones de un inminente orgasmo.

    La posición es perfecta, tu polla entra hasta lo más profundo de mí, la presión de mi rajita atrapando tu polla es exquisita, el calor, el roce, los flujos todo me lleva a mi punto máximo, elevo mis caderas para intensificar la profundidad, el ritmo es delirante, absorbente. Y cuando arremetes con tu próxima estocada un potente squirt baña por completo tu mástil en incontables convulsiones de placer

    «Wow putita, sí que estabas excitada” Mis flujos resbalan por mis piernas tanto como por las tuyas. Dudas entre detenerte a beber mis flujos o continuar con la follada, pero la excitación es tan grande que, en realidad, no te puedes detener. Tus embestidas son cada vez mayores, con más fuerza, con más determinación. Sientes llegar tu propio orgasmo y sientes que será gigantesco.

    «Eres un cabrón» digo con un toque de malicia entre gemidos, las embestidas son potentes, fuertes, con una intensidad que me sorprende, el cómo entras en mi cuevita, el roce de tu mástil abriéndome sin cesar, mi cuerpo responde estupendamente a los estímulos que me provocas, siento como tus dedos se aferran más a mis caderas. El movimiento tan característico tuyo cuando estas a punto de correrte se hace presente y presiono las paredes de mi coñito para darte más placer.

    «Si, lo soy» Logras contestar entre jadeos con cada fuerte golpe de cadera. Sientes acercarse el momento. Abres mis nalgas para poder deleitarte con mi rosado anito y ver como mi coño se traga tu polla. Sin poder retrasarlo más, tus dedos aprietan mis nalgas en el momento de la eyaculación. El primer chorro inunda por competo la entrada de mi coñito, los siguientes, impregnan incontrolables mis labios vaginales, mi culito y parte de mi espalda. Cuando cesan las convulsiones, intentando recobrar el aliento, frotas tu glande contra mi coñito, empujando con malicia los grumitos de espesa leche hacia el interior. La imagen no puede ser más morbosa ni más pornográfica. Un auténtico creampie. Trazos de leche caliente saliendo de mi rajita, mi ano, totalmente tapado en semen, y, un par de trazos de blanco esperma y múltiples gotas adornan mi espalda.

    La sensación es de completa llenura, siento mi rajita completamente llena de tu leche, el morbo de sentir como la empujas más me hace soltar un gruñidito de placer. Me remuevo sintiendo lo llena que me has dejado «Uhm mira como me has dejado guarro» te inclinas hacia adelante clavando más la leche en mi interior, muerdes suavemente mi cuello mientras que coges el móvil para tomar unas cuantas fotos.

    «Eres una autentica cedita, putita» Me dices mientras sacas una foto, tras otra con el móvil. Acercándote a mi almejita rebosante de leche, para que se vea bien. Disparas unas cuantas fotos, sobre todo, primeros planos de mi cuerpo sudoroso, poniendo especial atención en las partes cubiertas con tu semen. Miras a las cámaras, para comprobar que todo ha sido grabado y sonríes con malicia. «Estas fotos irán de cabeza a mi perfil de tumbrl para que todo el mundo sepa lo zorrita viciosa que eres.»

    «¡Eres un cabrón!» digo ya más relajada, entrando en ese estado de media consciencia después del sexo «Anda guarro, usa esa lengua tuya para algo realmente productivo y límpiame»

    Con una sonrisa lobuna en tus labios, tomas de la mesita una cuchara sopera. Con cuidado, vas recogiendo de mi culito los restos de tu simiente. El olor, mezcla de sexo y semen, impregna tus fosas nasales alimentando tu lujuria. Metes levemente la cuchara en mi rajita, y presionas los labios con suavidad, para hacer que salga toda la lechita. Mueves la cuchara con cuidado, para que no se derrame nada. «A ver quien se va a tomar su merienda… vamos nenita…. que viene el avioooon…» Acompañas tus cantarines palabras con el típico movimiento que se les hace a los niños «Abre tu boquita…»

    Abro mi boca y atrapo la cuchara en mis labios, succiono toda la mezcla de flujos que alberga, lamo mi labio superior y luego abro mi boquita para que veas que me he tomado todo «esta vez no te compartí» digo con una falsa pena y luego te saco la lengua, cojo el móvil y paro la sesión de fotos «Eres un pervertido laztana…» Sonrío ampliamente «Por eso te amo jajajajaja»

    «¿Acaso crees que hemos terminado zorrita?» Me besas en los labios, detectando tu propio sabor. «Tengo sed, y tu… seguro que necesitas ir al baño»

    «Mmm eres un guarro» me llevas de la mano hasta el baño y entramos en la ducha, no pierdes tiempo en posicionarte y aunque no puedo evitar sonrojarme el pis sale sin detenerse

    Es una sensación nueva para ti, pero disfrutas del cálido fluido que sale de mi coñito. Acercas tu cara y dejas que se empape, abres tu boca, y dejas que se llene y rebose. Cuando estoy terminando, acoplas tu boca a mi almejita y te deleitas con la perversión de disfrutar de la situación. Cuando termino, te dedicas a limpiarme por completo, cualquier resto de pisete y semen que pudiera quedar en mi sexo y no puedes evitar tragártelo. Mi cara, completamente rojita, trata de fundirse con el entorno.

    «Lo has hecho muy bien, zorrita» dices mientras te levantas, deslizando un dedo por mi cuerpo, desde mi coñito, subiendo por mi vientre, rodeando mis pechos y terminando en mi barbilla.

    «Estas hecho un guarro» digo abrazándote y ocultando mi rostro en tu pecho, levantas mi barbilla y me das un suave beso y noto en tu mirada que no das todavía por finalizado la sesión de sexo intenso «Eres un cochino» suelto en una risita y aprovechó de morder tu cuello.

    Inclinas el cuello para facilitarme el acceso. Tras unos segundos, te separas levemente de mí. «Tenemos algo pendiente, zorrita» Pones tus manos en mis hombros, y presionas con suavidad, pero firmeza, obligándome a agacharme de nuevo hasta que mi cabeza queda a la altura perfecta. Justo un poquito por debajo de tu polla.

    «Ahora me toca a mí, regar tu preciosa carita de nena»

    Te miro con una mirada cargada de morbo, no sin antes darle una lamida a tu polla saboreando la mezcla de los residuos de flujos y el sudor, y sin mucho esperar comienzas a regarme con tu polla todo el rostro. «Abre la boquita» dices en un tono suave con un deje de mandón lo hago y apuntas allí un chorro y sigues disfrutando de esa lluvia dorada.

    No me puedes creer lo que está pasando. Tienes la polla en tu mano, apuntando el dorado fluido hacia mi boca. Nunca habías hecho nada así de depravado. Ves que mi boca se va llenando poco a poco. Mi cara de excitación te hace pegar un pequeño latigazo eréctil en la polla que hace que moje mi carita sin pretenderlo.

    Degusto el fluido y cuando has terminado también tienes un deje de sonrojo en tu rostro. Rodeo tu cuello con uno de mis brazos, con el otro dejo correr el agua, te beso con intensidad el cual correspondes igual «Te amo guarrete»

    Tras el beso, enciendes el agua caliente de la ducha y dejas que tome temperatura y diriges los chorros hacia mí. Aclaras bien mi menudo cuerpo y después el tuyo. Dejas la alcachofa en si sitio y te aplicas una buena cantidad de gel de baño en la esponja que segundos después recorre mi cuerpo.

    Nos tiramos más de 15 minutos en la ducha, disfrutando del agua calentita y de la fragancia del gel hasta que, con pereza, cierras la llave del agua y me indicas con la cabeza que te alcances la toalla. Tras secarnos, aplicas en mi cuerpo las cremas hidratantes, que tan suave me dejan y tanto perfuman, hasta que, finalmente, nos dirigimos de nuevo a la habitación. Allí, buscas en tu cartera, y sacando un billete de 50€ lo dejas encima de la cama.

    «Te lo has ganado zorrita.»

    Cojo mi pijama de oso y me coloco la parte superior, salgo corriendo a guardar el billete antes de que puedas quitármelo. Regreso y ya estas tumbado en la cama «Y cuéntame laztana ¿Qué has hecho toda esta tarde que no cogías el móvil?» suelto una risita, me encanta liarte.

    «Trabajar…. ¿Y tú? ¿Qué has estado haciendo?» Me miras de forma inquisitiva, muy fija, estudiando mis reacciones, de la misma forma que lo haría un policía con sus detenidos. «¿Cómo has pasado la tarde?»

    Me tumbo en la cama dejando que se levante un poco el pijama «Pues aquí estudiando… mañana acompáñame a comprar unas xuxes y mi cereal» sonrío plenamente «Ha sido un día muy productivo»

    «Mañana es domingo, laztana» Sonríes maliciosamente ante la carita que pongo. «Habrá que esperar hasta el lunes ¿Por qué dices que ha sido día productivo?»

    «Aquí entre nosotros… perder una apuesta no está mal… A la final salí ganando» suelto una carcajada mientras muerdo tu brazo.

  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (41)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (41)

    Pablo se había entretenido más de la cuenta recogiendo los numerosos paquetes que Ana le había preparado, igual que hiciera Eduardo, para entregar a Ángel. Había pasado varios días comprando ropa de primavera y verano para el chico y no sabía muy bien si era su gusto por gastar el dinero de Eduardo, o simplemente por estar en las lujosas tiendas, pero disfrutaba haciéndolo.

    Al final decidió que Eduardo tenía razón y que para el viaje era mejor llevar un coche convencional en lugar de uno deportivo, le pidió al chofer que le preparara el Mercedes Maybach, ultimo capricho de Eduardo, y cuando estuviera listo también llevara las bolsas y su maleta.

    Echó una mirada a su reloj y apresuradamente bajó las escalinatas, el carísimo coche resplandecía cuatro peldaños abajo y el chofer le tenía la puerta abierta, pensó en el contraste que era vivir su vida en la ciudad, en la mansión de Eduardo, con lo que iba a encontrar en la hacienda de don Ernesto.

    Entró en el coche después de quitarse la chaqueta para ir más cómodo y una vez en el confortable interior, oliendo la tapicería de piel blanca, miró hacia la fachada de la casa. Creyó entrever un movimiento en la cortina del salón y tuvo la sensación de que alguien le observaba oculto tras las espesas cortinas.

    Respiró satisfecho al sentir la suavidad del volante en sus manos y apretó el acelerador, ahora le entraban las prisas por llegar a su destino, quería ver a su chico, ansiaba poder estrecharle en sus brazos, besarle y mirarse en sus bellos ojos, y muchas otras cosas más que de solo pensarlas sentía como respondía hinchándose el bulto de su entrepierna.

    No había tenido el tiempo que quería para dedicarle, por sus estudios y las otras obligaciones que tenía que desempeñar encargadas por la organización, y ahora era el momento adecuado para pensar en él.

    Había sido un duro trimestre en todos los sentidos, y no lo había pasado mal pero con mucho trabajo, los encargos, en su mayoría, había resultado satisfactorios, follarse a unas cuantas mujeres, algunas ciertamente guapas y jóvenes, darle la verga a varios pasivos y acudir a alguna fiesta sexual, lo suficiente para sentirse desahogado de sus deseos de sexo.

    No era igual que con Álvaro y su amado muchacho, en realidad era muy diferente el hacerlo con unos o con los otros, lo mejor estaba por llegar y tenía varios días para disfrutarlos en la mejor compañía, desconocía como podrían estar las relaciones entre Álvaro y Ángel después del compromiso del primero con Irina.

    Cuando llegó al control de acceso a la utopista tuvo que soportar las largas colas que se habían formado, encendió la radio y se dispuso a escuchar música aguantándose los nervios.

    Por fin, después de largos minutos de espera había llegado su turno, estaba recogiendo el ticket de la máquina expendedora cuando escuchó la sirena de una ambulancia abriéndose paso hasta el carril reservado para urgencias y después emprender la marcha a gran velocidad.

    -Mala suerte para alguno… -se dijo para si mismo y aceleró con la intención de dar alcance a las luces que brillaban en la lejanía.

    —————————————

    Habían pasado dos horas y León comenzó a sentir el cansancio, el trabajo resultaba aburrido y eran pocos los vehículos que le llamaban la atención como para tenerlos que desviar de su ruta.

    Hizo intención de mirar a través del ahumado cristal del vehículo de turno, tenía los tintados cristales subidos e hizo una señal golpeándolo para lo bajaran, se tragaba de un matrimonio de mediana edad con tres pequeños en el asiento trasero.

    -Puede seguir. -hizo un saludo de despedida y en ese momento se dio cuenta de que uno de los vehículos, que habían realizado el pago del trayecto, se detenía indeciso, no le quedaba otra opción que continuar hasta el lugar donde él decidiría si tenía que apartarlo o le permita continuar el viaje.

    Bajaron la ventanilla y observó que viajaba un solo pasajero, se inclinó para mirar con detalle la parte trasera, encima del asiento había numerosas bolsas de plástico hasta cubrir la parte baja de la luna trasera.

    No observó nada anormal salvo el detalle de que se detuviera cuando vio el control. Miró el rostro del conductor de nuevo, se trataba de un hombre grande y cara ancha, manos enormes que se aferraban fuertemente al volante, con la nariz rota y aplastada, el hombre lo miró a su vez y sintió el malévolo brillo metálico en la raya que había convertido sus ojos entornados.

    -Por favor, desvíese a ese carril. -le señaló el lugar donde, unos metros a su derecha, otros policías tenían a cuatro jóvenes fuera del coche y les pedían que abrieran el capó.

    Observó como el coche rodaba lentamente, mientras procesaba en su cerebro el rostro de aquel sujeto que había llamado su atención, lo recordaba de algo sin poder llegar a precisarlo y decidió acercarse donde se había detenido detrás del automóvil de los cuatro chicos.

    -Ocupa mi lugar, voy a echar un vistazo. -el compañero que le cubría detrás de él se adelantó mientras León se encaminaba, con paso decidido pero cauto, hasta el coche objeto de su atención. Se inclinó sobre la ventanilla.

    -Por favor salga del coche y apoye las manos en él. -fueron unas segundos eternos los que pasaron sin poder reaccionar al ver el brillo metálico del arma en la mano del individuo, hasta que sintió el golpe seco en el pecho que le tiró de espaldas al suelo, escuchó el duro y seco estampido del disparo en el momento de tocar el pavimento.

    A la vez del rechinar de los neumáticos del coche que emprendía la marcha a gran velocidad, un acre olor a goma quemada llegó a su nariz y el grito de su compañero.

    -Mantente pegado al suelo. -el aullido de las balas al pasar sobre él, y el tabletear del arma recién disparada, llegaron a sus oídos antes que el estrépito de metales siendo golpeados entre si en un choque violento.

    -¡Alto, alto suba las manos y tire el arma! -volvieron a sonar dos disparos de pistola y seguidamente otra ráfaga del conocido sub fusil, y el silencio mezclado con el olor de la pólvora, y las carreras de pasos apresurados que llegaban hasta él.

    -¿Estas bien? León, ¿estás bien?…

    —————————————

    Los vehículos parados delante de él no le permitían avanzar, miró expectante como los dos sanitarios de la ambulancia atendían a un agente tirado en el suelo, unos metros más adelante un cuerpo cubierto con una tela brillante plateada, a su derecha dos coches que se habían siniestrado y a cuatro chicos apoyados en el primero con la cara realmente asustada y sin poder hablar.

    -¡Sigan, sigan por favor! No se detengan. -uno de los policías les hacía señales con la mano y el brazo extendido conminándoles a seguir su camino.

    Pablo, como los demás conductores, miraba al pasar sin comprender lo que podía haber ocurrido, y como un tercer sanitario entregaba unas bebida a los asustados chicos.

    —————————————

    Llevaba todo día impaciente, no sabía si Pablo iría primero a la hacienda de don Ernesto, o si pasaría por la de Álvaro, en estos instantes echaba de menos la vista que tenía de la entrada principal desde la habitación que compartió con Álvaro

    Después de comer se entretuvo mirando en el nuevo ordenador que Victoria mando instalarle, en recoger viejos apuntes y archivarlos, hasta que a las nueve de la noche escuchó el claxon de un automóvil. No era una costumbre de Álvaro y emprendió el camino bajando corriendo las escaleras.

    Aún no habían llamado a la puerta y se precipitó para abrirla, había comenzado a anochecer, y aunque el invierno había pasado, el frío persistía cuando no se estaba al sol. No le importó recorrer los metros que le separaban del flamante automóvil del que se apeaba en ese momento Pablo, en magas de camisa y con el pelo alborotado.

    Nos quedamos unos segundos observándonos hasta que arranqué a correr los pocos pasos que nos separaban y me dejé abrazar por los brazos que él me tendía.

    -¡Pablo! -me besaba la cara mientras me tenía apretado contra él.

    -¡Gatito! Si parece que has cambiado. -había tomado para si el apelativo que usaba Álvaro para referirse a mi. Nos besábamos por toda la cara sin darnos cuenta de que dos chicas de servicio y Victoria nos miraban desde la puerta.

    -¿Podéis entrar en la casa?, con esa ropa os quedaréis helados. -escuchaba llegar la voz de Victoria muy lejana pero no podía dejar de besarle, olerle y sentirle de nuevo a mi lado. Se lo perdonaba todo, los tres meses que me tuvo privado de él, sus escasas y cortas llamadas de teléfono. lo importante ahora era que podía tocarlo.

    Sujetándome de la cintura me subió los escalones y Victoria le abrazó para besarle, saludó a las dos chicas y les entregó las llaves del coche, sin más palabra sabían lo que tenían que hacer. Pablo no se sentía superior al resto de los empleados de las dos haciendas, a pesar de su posición privilegiada que todos le reconocían, los trataba como sus iguales.

    El calor del salón nos envolvió en su tibieza, aún se encendía la calefacción y ardía la chimenea, don Mateo se levantó para saludar al recién llegado y pude ver la cantidad de paquetes que las criadas llevaban hasta el pie de la escalera donde los iban depositando.

    -¿Te quedarás para la cena? Álvaro ha llamado para que no le esperemos, la familia de Irina ha llegado y cenará con ellos, a Ángel le gustará para no estar solo. -Victoria daba su permiso y dejaba el paso libre a que Pablo se quedara si él quería, rogué por que dijera que sí.

    -Iré a saludar a mi tío y a los abuelos de Oriol, si no os importa retrasar la cena estaré para acompañaros. -se despidió con esa promesa que esperaba que cumpliera y nos quedamos solos.

    -Cómo está cambiando este muchacho. -don Mateo hablaba a su mujer mientras recibía de ella la copa de vino blanco que había dejado sobre la mesa cuando se levantó.

    Me disculpé y regresé a mi habitación, las criadas habían subido el montón de bolsas, sabía de antemano lo que contenían ya que llegaban con las marcas comerciales de las tiendas donde Ana María compraba.

    Las aparté en una esquina para mirarlas en un mejor momento, me llamaron la atención unas bolsas de color marrón donde venían varios paquetes envueltos con papel del mismo color, supe que aquello era de Eduardo y extraje los paquetes intentando adivinar lo que contendrían.

    Venía un sobrecito blanco pegado con cello en el paquete más grande, todo muy propio de la forma de hacer las cosas de Eduardo. Lo abrí y venía su tarjeta con el simple nombre y apellidos escritos en el centro con letra inglesa, y dos lineas de irregular texto con su letra.

    “Todo es poco para ti precioso niño, espero que te guste”.

    No había más, y por el trazo de la letra supuse que había realizado un tremendo esfuerzo para escribirlo de su puño y letra. Aún en la distancia y con todo lo demás que nos separaba, sentía su gran ternura que cuando estaba presente envolvía en una supuesta dureza.

    Estuve varios segundos contemplando la tarjeta, se me habían hecho muy largos los meses que pasaron desde que dejé su casa. Comencé a abrir los paquetes empezando por los más pequeños. Cuando vi el ratón de Apple en la primera caja, supuse lo que habría en el resto y miré apenado el ordenador que me habían instalado unos días atrás, y estaba que olía a nuevo.

    En otro paquete venía un disco duro externo, una bolsa de transporte en cuero negro para un portátil pequeño y faltaba la caja más grande de abrir cuando Pablo volvió a hacer sonar la bocina del coche anunciando su llegada.

    La cena estuvo austera y divertida, sobre todo para los dos mayores que deseaban tener noticias de todo lo que pasaba en el entorno de donde venía Pablo y se mostraban muy interesados.

    A pesar de todo el agradable ambiente tenía ganas de terminar para subir a mi habitación, y no precisamente para continuar abriendo los regalos. Por eso después de tomar un te en el salón, le pedí que me acompañara arriba, era una hora muy tarde para don Mateo y su mujer y sin ver la televisión como acostumbraban, dijeron que se retiraban.

    -Es ya muy tarde Pablo, sería mejor que te quedaras a dormir, tienes habitaciones de sobra preparadas. -aquella santa mujer me había salvado la vida y no tuve que pedírselo yo.

    Se fueron a sus habitaciones después de que Victoria nos besara, resultaba una deliciosa mujer y la verdad me encantaba, si ella me consideraba un hijo suyo, yo no le iba a la zaga y la quería como si fuera mi madre.

    Cuando salieron del salón no puede contener mis ganas, me abracé a su duro cuerpo cogiéndole del cuello para que bajara la cabeza y busqué ansioso sus labios.

    -Pablo, que ganas tenía de tenerte.

    -Espera, vamos arriba, las chicas van a venir para recoger esto. -no creo que le importara ver lo que hacíamos pero me separé y cogiéndole la mano tiré de él impaciente.

    -¿Qué sucede? ¿Ya no compartes la habitación con Álvaro? -se había detenido en la puerta sin entrar, mirando hacia el otro lado del pasillo.

    -Es muy largo de contar y ahora no quiero hacerlo, esta es ahora mi habitación. -tuve que poderme detrás de él y empujarle para que traspasara el dintel.

    Una vez cerrada la puerta comencé a desvestirle con los dedos temblando.

    -¡Vale! Ya lo hago yo, tengo ganas de ti pero veo que las tuyas son mayores. -me abrazaba riendo en mi oreja y besando mi cabello.

    -Cada vez que te veo estas mejor gatito mimoso, tierno y jugoso para comerte. -no dejaba de besarme, subiéndome para llevarme hasta su boca, yo me dejaba hacer pero sin perder el tiempo quitándome la poca ropa que llevaba, y como él no lo hacía bajándole los pantalones y agarrando su ya dura polla sobre la tela del bóxer.

    -No la aprietes tanto goloso, la vas a tener todo lo que quieras. -había conseguida quedar desnudo y a él le tenía con la ropa en los tobillos a punto de desequilibrarse y caer, no me importaba y de un salto enrosqué las piernas en su cintura abrazado a su cuello.

    Pablo me pasó las manos por los glúteos sosteniéndome, y con las bocas unidos en un beso desesperante introdujo la lengua en mi boca, su legua me sabía rica y su caliente saliva me gustaba.

    A vez que nos besábamos con pasión increíble, muy pegado a él apretando las piernas alrededor de la cintura sentía la punta de sus dedos entre mis nalgas buscándome el agujero del culo. Mi ano como si presintiera que iba a ser invadido se abría como un capullo dilatándose y acogió un dedo de su mano abriéndose para que entrara, luego metió uno de la otra mano y tiró para abrirme más de lo que ya estaba.

    La dura verga rozaba mis testículos pasando por ellos y me sujeté fuertemente del cuello echándome hacía arriba, buscando que la verga ocupara el lugar que ahora llenaban sus dedos.

    Pablo me ayudó empujándome del culo sin sacar los dedos de él.

    -Méteme la verga, por favor, es mía, la necesito mi amor, lléname de ella. -hablaba agitadamente en su cuello y sentía el capullo de la polla tanteándome la entrada del culo entre sus dedos.

    Creía que me la metería teniendo los dos dedos dentro de mi ano pero los sacó para sujetarme bien de las nalga manteniendo mi peso, luego fue dejándome deslizar mi pecho pegado al suyo hasta que el glande penetro en mi cuerpo.

    -¡Ayyyy! que rico, toda Pablito, dámela toda. -a pesar de que hacía muchos días que mi culo no recibía una verga se abría con facilidad para recibir el duro vergón de mi novio, no resultaba difícil, mi propio peso hacía que me lo empalara sin problemas, todo dependía de que él me dejara caer más o menos.

    Gozaba esos momentos divinos de sentirme una pluma entre sus brazos y dependiente de sus deseos, ser manejado como un muñeco y tener que suplicarle que me dejara deslizar para meterme todo el miembro viril, duro y turgente.

    De dos patadas se sacó los pantalones y el bóxer, y abrió las piernas para sujetarme mejor, con las palmas extendidas abarcando todas mis nalgas. En esa postura me tenía totalmente abierto, solo necesitaba tirar de sus manos agarradas a mis pompis para abrirme más y más, facilitando la entrada de la verga en mi cuerpo.

    Así me folló unos minutos subiéndome y bajándome con sus potentes brazos, cuando se sintió cansado, y sin sacarme la polla, me dio la vuelta y me dejó con cuidado en el borde de la cama, con los pies en el suelo y el pecho sobre la colcha.

    De esa manera la entrada de mi culo quedaba alta y justo a la altura de su pubis, le era fácil darme con fuerza por el culo en esa posición, y así tuve mi primer orgasmo ensuciando la colcha. Me apretó poniéndome derecho, mi verga apuntando al frente disparando los chorros de leche y el metido hasta los huevos en mi culo.

    Creo que habían pasado tres horas cuando se dio por vencido, no se corrió hasta que me hizo descargarme otra vez, y sin haberse salido de mi, al fin tuvo su tremendo y violento orgasmo. Eran continuos disparos de su verga inyectándome el semen en mis entrañas profundas.

    Terminamos rendidos, satisfechos, besándome el hombro y el cuello, y caimos en un dulce semi sueño tumbados de costado, hasta que la verga fue saliendo dejándome el culito abierto. Apagamos la luz, y sin ir al baño, abrazado por atrás como acostumbraba hacer en la casa de Eduardo, nos quedamos dormidos.

    Desperté al sentirme solo, sin estar rodeado por los brazos de Pablo. En un primer instante creí que todo había si un sueño y que no lo que pasó la noche anterior fue una fantasía de mi mente.

    Pero permanecía a mi lado, dormido de espaldas, en algún momento de la noche se había tapado con la sábana que se movía con el movimiento de su pecho al respirar. Mas abajo se dibujaba el perfil del pene sobre el bajo vientre y las abiertas piernas ocultaban el relieve de los testículos.

    Miré su cara varonil con los gruesos labios abiertos y se le veía algún diente, le veía fuerte pero ahora dormido aparentaba vulnerable como un niño grande.

    Deslicé la sábana dejándole desnudo, no se despertó y y le sujete el blando pene para comenzar a jugar con él, aún lo tenía húmedo y con restos del semen que me había metido horas antes.

    Me moví con suavidad para no interrumpirle el sueño, a pesar de estar flojo era un pene respetable, especialmente grande y largo, superaba los quince centímetros en ese estado de flacidez, gordo y más largo se le ponía cuando su corazón bombeaba con fuerza para llenarle de sangre. Olía algo fuerte pero no desagradable, le día un besito en el pellejo que cubría el glande y pasé la lengua en toda su longitud, Pablo hizo un pequeño movimiento sin abrir los ojos.

    Le observaba detenidamente con la cabeza apoyada en sus muslos que le apresaban los testículos y me elevé un poco para, así, tocarla con las manos, empecé a meter la polla en mi boca.

    Comenzó a crecer y endurecerse para seguidamente verle como se le movían los músculos del abdomen contrayéndose, ya me llenaba la cavidad bucal y tenía que forzar la apertura de la boca para contenerla.

    Seguía pendientes de él y de sus reacciones cuando abrió los ojos, lo hizo repetidas veces hasta quedarse con ellos abiertos mirándome risueño, sin inmutarse por que le hacía.

    Su pene crecía y crecía y dejé de mirarle para centrarme en mi labor, me detuve un instante para sacarle los huevos de entre las piernas.

    -Sigue, sigue, no te detengas ahora. -me sujetó por el pelo llevando mi boca de nuevo hasta la punta de la verga, empujó de mi nuca para introducirlo más en mi garganta.

    Comencé a mamarlo de verdad, a comerme aquella rica verga metiéndola en lo más profundo de la boca, disfrutaba de su sabor y del roce que producía al pasar por las paredes de mi garganta la cabeza de la polla.

    -Mama gatito, mama, había olvidado tu rica boca, sácame la leche precioso, la siento hervir en mis cojones nene, mama lindo. -y yo me aplicaba a hacérselo lo mejor que sabía, a gozar la dureza suave como la seda pasando por mis labios y la lengua, para encajarla en la garganta una y otra vez.

    -Me voy a correr gatito, te voy a inundar de leche amor. -sentía como palpitaba la polla y empezó a subir las caderas para hacer más fuerte la cogida de boca, entonces dejé de chupar para que usara mi boca como si fuera una vagina o un culo, dejando que entrara hasta donde quisiera.

    Con la boca tan abierta me chorreaba la saliva bajando a todo lo largo del pene y colgarle por los huevos. Pensaba que su corrida sería inminente y que estaba a punto de derramarse, en su lugar me sujetó la cabeza para sacar la verga y me colocó montado sobre su vientre con las piernas abiertas.

    -Móntame gatito, quiero ver tu carita cuando me corra. -aún tenía cantidad de leche en mi culo que lo preparaba lubricándolo para recibir tan tremendo garrote de carne.

    Sujeté la verga pasando la mano por detrás y la localicé en la entrada de mi ano, fui dejándome caer hasta tenerla dentro de mi y yo sentado sobre sus huevos y pubis.

    -Ahora cabálgame como tu sabes gatito. -yo era la propia y religiosa obediencia, apoyé las manos en sus duros pectorales empezando a bajar y subir sobre la dura tranca que me atravesaba el vientre, metiéndola y sacándola al principio con prevención.

    Después de un rato gozando de tan rica polla y mirando sus gestos lascivos, como se mordía los labios y apretaba, cerrando los ojos, al experimentar placer.

    Y me di cuenta de que deseaba llegar al final al no poder soportar más el placer que sentía, me abrazó contra su pecho y elevé el culo dejándole espacio para que se moviera.

    Me sodomizaba con fuerza, enterrándose en mi cuerpo elevando las caderas cadenciosamente, ahora solo le oía respirar atropelladamente mientras aceleraba la follada, mi pene se frotaba contra el vello de su abdomen y sabía que en poco tiempo yo también le acompañaría en el placer de vaciarnos los testículos.

    Una última estocada metiéndome la verga hasta los huevos y se quedó suspendido, con el culo en el aire entre estertores vaciándose, y yo a la vez que él, gimiendo como poseído y queriendo llegar a su boca con la mía, para besarle mientras los dos vibrábamos en sensaciones placenteras, temblando sobre su cuerpo sudado y él encajado en mi culo con la verga metida hasta el fondo.

    Lo besé una y otra vez, descansando y aun atravesado con la verga dentro sin salirse durante unos instantes.

    -Buenos días gatito, ¿has descansado bien?

    -He dormido bien y me he despertado mejor. -le mordí el labio inferior, luego le pasé la lengua abrillantándolo con mi saliva.

    -Ha sido muy bueno amor, necesito despertar todos los días con mi macho a mi lado, poder chuparle la verga y que me de el desayuno. -como siempre que algo le hacía gracia dejó que escuchara su risita.

    Estamos hundidos de semen gatito, ¿nos duchamos? -no quería bajarme de su pecho y perder el contacto, pero era cierto, mi semen pegaba mi piel del pecho con los pelos del suyo.

    Me levanté con desgana y me encaminé al baño, la habitación lucía desastrosa, la cama desordenada, papeles de los paquetes abiertos, otro montón en sus bolsas, nuestra ropa por el suelo.

    Estaba debajo del chorro de la ducha cuando Pablo entró en el baño estirándose deliciosamente y pronto me estaba lavando entre caricias y besos.

    Salí antes que él y me dispuse a secarme y a recoger la habitación, me avergonzaría que las muchachas vieran aquel desaguisado, cuando él salió del baño estaba desnudo y recogiendo nuestra ropa, Pablo tendría que volver a ponerse la del viaje, después le dejaría un slip de Álvaro y la ropa que se pudiera poner ya que él es más ancho que su amigo.

    Pasaba la toalla por su espalda ayudándole cuando mi móvil vibró, le dejé para que él continuara y me acerqué al teléfono, era una llamada de Alberto, y me parecía muy raro, no era esta una de las horas en que acostumbraba a llamarme.

    -Sí, dime Alberto. -Pablo suspendió su secado y se enrolló la toalla a la cintura mirándome con extrañeza.

    -Buenos días Ángel, perdona que te llame tan temprano pero creí que tenía que hacerlo, ¿estás bien?, ¿cómo te sientes? -me quedé en suspenso sin saber a lo que se refería.

    -Estoy bien, con Pablo que ha llegado. -antes escuchaba su respiración agitada y ahora solo silencio, cuando volvió a hablar noté un tono de desesperanza en él.

    -Perdona soy un estúpido, debía haberlo supuesto. -no llegaba a entender que le diera tanta importancia y menos que llegara a molestarse, porque de eso se trataba, no le gustaba que Pablo hubiera llegado.

    -¿Me vas a decir el motivo de tu llamada?

    -Anoche lo dieron en las noticias, con pelos y señales y tú no te has enterado aún, ¿nadie te lo ha comunicado?

    -¿Pero el qué Alberto! ¡Habla de una vez!

    -Tu secuestrador…, Damián ha muerto ayer a la tarde, enfrentado con la policía en un control de la autopista, camino de donde tu estás. -sentí un terrible escalofrío correrme por la espalda.

    Seguirá…

  • En la Facultad

    En la Facultad

    Desde que comencé mi relación con Alfonso, el deseo y el morbo hacían parte de nuestros días. Me atrevo a decir que si algo nos atrapó fue el hecho de ser tan reservados y formales ante la gente, y extremadamente perversos en la intimidad. Era como jugar dos roles distintos y nunca sabíamos qué esperar del otro. La complicidad y la conexión sexual eran únicas.

    Esta vez el morbo nuevamente nos sacó de los papeles. Estábamos sentados frente a las canchas de tenis de la Facultad, rodeados de nuestros amigos, y yo como era usual, llevaba una falda corta y suelta, que por cierto, a él le volvía loco. De repente, me senté en sus piernas y comencé a frotar su pene disimuladamente, mientras charlaba con los chicos con naturalidad. Él por un momento quedó atónito. Sin embargo, cuando vio que nadie notaba lo que sucedía y que estaban concentrados en el par de chicas que estaban practicando en las canchas, empezó a relajarse y a seguirme el juego. No tardó en pasar su mano debajo de mi falda y masturbarme de la manera más exquisita, como sólo él sabía. Sus dedos tenían la medida exacta para hacerme retorcer de placer. Los metía una y otra vez dentro de mi vagina, los sacaba completamente mojados y frotaba mi clítoris, que cada vez se hacía más grande. No pude contenerme y en un par de ocasiones solté suaves gemidos que a él lo ponían más y más. En ese punto, no sé si mis amigos no lo notaban o preferían ignorar la situación. En cualquier caso, poco me importaba. Yo sólo quería que ese pene grande y delicioso me penetrara.

    Después de varios minutos masturbándonos sin temor a ser puestos en evidencia, lo tomé de la mano y nos fuimos al tercer piso del edificio de al frente, en el que a esa hora la mayoría de salones estaban desocupados. En cuanto entramos a un salón, no pude esperar para bajar su pantalón y masturbar su pito duro, bajé y con mi mirada fija en la suya, me lo comí entero, mientras veía cómo su rostro se ponía rojo de la excitación. Lamía su pene de abajo hacia arriba, recorriendo todo su tronco con mi lengua hasta llegar a su cabeza, donde terminaba haciendo pequeñas succiones. Luego, volvía a meterlo todo en mi boca, para que se la follara a su gusto, tragándome todo su pito hasta el fondo.

    Después de unos minutos comiéndome su rico pene, llegó el momento de sentirlo adentro. Estaba tan mojada que creía que al meterlo me iba a correr toda. Lo senté en una silla y me senté frente a él, dejándome caer en su enorme, duro y jugoso pene, mientras lo besaba con deseo desbordante. Él besaba mi cuello, mi pecho, mis tetas, y yo no podía sentirme más excitada. Me movía de tal manera que en cada embestida estimulaba mi clítoris con su cuerpo. Llegué al orgasmo rápidamente. Él me tomó y me tumbó encima de la mesa del profesor, mirándolo de frente, y sin dar espera me empezó a penetrar rápido mientras masturbaba mi clítoris con una mano, y la otra reposaba en mi pecho haciendo presión, como si quisiera ahorcarme. Yo, que apenas me recuperaba del orgasmo, no podía con tanto placer. Debo decir que su mano en esa posición sadomasoquista casi ahorcándome me inundaban de morbo. Me retorcía en la mesa. El éxtasis era indescriptible. Mis gemidos creo que se escuchaban en toda la Facultad y a él le encantaba. Después de varias embestidas, justo cuando estaba a punto de correrme de nuevo, me volteó con un movimiento brusco y tomándome del cabello me lo metía tan fuerte y tan rápido… ¡Dios! Moría de placer. En cada embestida sentía que su pene llegaba a mi estómago. Empezó a darme nalgadas, que me excitaban más y más… Mi gran culo colorado por sus azotes, el morbo que me generaba sentirme dominada, mi vagina caliente y mojada… Sólo podía terminar en un orgasmo muy al estilo de las películas porno. Me tumbé en la mesa mientras él se venía adentro de mí. Ya saben cuánto me encanta sentir la leche caliente adentro de mi vagina palpitante.

    Nos fundimos en un beso profundo, sonreímos como cómplices de una nueva aventura, nos limpiamos con pañitos húmedos (que también acostumbro a llevar a todas partes), nos vestimos y salimos del salón a reencontrarnos con nuestros amigos.

  • Tía, fue sin querer queriendo (Parte 3)

    Tía, fue sin querer queriendo (Parte 3)

    Estaba durmiendo en el sofá cuando siento que me movían y me desperté sobresaltado y abrí los ojos y era mi madre, vi mi reloj ya eran 2 de la tarde.

    -Despierta hijo ya es tarde. Si aún estás cansado ve a tu dormitorio voy a limpiar toda la casa que está todo un desastre.

    Le dije que no podía porque la tía Ana María estaba en mi cama pero me dijo que no me preocupe ya había venido su esposo y se la había llevado a su casa, fui a mi dormitorio y me eché a descansar un rato más y se sentía su olor a mujer entre mis sábanas y la almohada aún mantenía su perfume y me volví a quedar dormido recordando como había sido mía.

    Ya habían pasado tres semanas y mi tía Ana María no venía a mi casa y era raro porque ella siempre visitaba a mi mamá al menos una vez a la semana y haciéndome como que no me importa pregunté a mi madre por ella y me dijo que ella también se preocupó y la llamó y ella le dijo que estaba muy ocupada.

    Yo sabía porque no venía mi tía lo más seguro es que luego de recuperar la conciencia y darse cuenta los que había pasado entre los dos, pero le dije a mi mamá para preocuparla que si ella quería yo podía ir a verla para saber como se encontraba realmente como se había peleado bien feo con su esposo uno nunca sabe que puede suceder y lo logré muy preocupada por su prima me dijo que después de mis clases vaya a sus casa.

    En la universidad me venían los recuerdos de su culazo y concha como me la estaba cachando y me era imposible mantener la concentración en las clases así que pedí permiso y me retire, y tomé un taxi y me dirigí a la casa de mi tía cuando ella abrió la puerta se sorprendió verme ahí y me dijo que me vaya no me quería ver, inmediatamente llamé a mi madre y delante de ella dije.

    -Aló mamá acá estoy en la casa de mi tía ahí te pasó con ella para que hables yo la veo bien pero igual me voy a quedar un rato más

    Sabía que mi madre cuando comenzaba hablar por teléfono no había quien la pare, Ana María decía que no tenía nada de qué preocuparse por ella porque estaba bien con su esposo ya habían limado asperezas, ese era el momento para actuar y aprovecho para abrazarla por detrás y sobarle el bulto de la verga y tocar sus ricas tetas y luego magrearlas se quiso liberar pero la tenía bien sujeta y tuvo que callar para que no se diera cuenta mi madre que sucedía.

    Cuando recién pudo cortar la llamada a mi mamá no antes de prometerle que iría a verla mañana, ya le había soltado el botón de su pantalón y lo tenía en sus pies y no tenía ya su brasier y jugaba con sus pezones con mis dedos y grito.

    -Ya suéltame carajo… Pablo y vete a tu casa lo que pasó ese día… no volverá a pasar más… Estaba borracha y molesta con mi marido.

    Ella quería poner punto final a lo sucedido en mi casa pero esos no iba a suceder así que había que decirle como iban a hacer las cosas si no aceptaba mis requerimientos y le mentí como estaba en tragos esperaba que me crea.

    -Bueno al comienzo sería como tú dices que estabas borracha y no sabías que hacías pero luego tu misma me pedías que te meta la verga y lo disfrutaste y todo eso está bien grabado y llegará esas imágenes a manos de tu esposo… Bueno ya me voy…

    Y me creyó porque me rogó que no lo haga que su matrimonio se iría al diablo y toda sumisa me preguntó que debía hacer ya estaba en mis manos mi tía Ana María, así que le indicó que vea como estaba y vio la tremenda erección y se acercó hacia a mí y sacó de su encierro al falo y comenzó acariciarlo unos segundos y luego empezó a darle de besos al glande y mis 18 centímetros ingresaron a su boca otra vez.

    Ahora que estaba con sus cinco sentidos mi tía era toda una experta de felación y tuve que detenerla porque si no terminaría eyaculando en su garganta, sabía que una vez que ella empezaba a cachar no se detenía. Le dije que vayamos a su cama y se quité la ropa y se acomodé en la pose que era mi favorita ya era dueño de ese culazo y colocó mi verga a la entrada de su concha y le digo que ella tiré para atrás su trasero.

    -Ahhh… ya estaaa adentro… ohhh… ohhh.

    -Sii… tiaa ya tienes esta verga que te va a gustar mucho… ahora muévete… cómo tú sabes… así así qué ricoo ahh.

    Su culo se movía de un lado a otro y ajustaba las paredes vaginales alrededor de la verga con mucha experiencia logrando que experimente una placer único yo le daba de golpes en las nalgas hasta que se pusieron rojas. Lo bueno era mi aguante para eyacular y era ella quién empezó a gemir cuando le agarro gusto a mi verga

    -Ahhh Ahhh… Pablooo ohhh ohhh

    Sus fluidos ya habían lubricado su vagina y a cada embestida ella gemía y para evitar que notará que tenía razón y lo estaba gozando se mordía los labios para callar sus gritos ella otra vez estaba ya poseía al placer.

    -¿Dime ahora tía… si no te gusta mi verga?

    -Siii está muy ricaaa… ohhh ohhh.

    Sus nalgas rojas saltaban a cada embestidas que recibía su concha y aprovecho para con dos dedos dar masajes a su esfínter volteó su cabeza cuando sintió mis dedos entrar al culo y no quiso porque dijo que mi verga era muy grande en comparación con la de su esposo y a él nunca se lo había permitido. Esa revelación en vez de desanimarse al contrario me impulsó a continuar moviendo los dedos en su recto y para dejarle bien claro las cosas como iban a ser a partir de ahora a mi tía le hice recordar el costo de mi silencio.

    Cuando ya considere que estaba preparado su culo a recibir mi verga por primera vez puse la cabeza en la entrada del esfínter y empuje un poco y entró ¡zass!

    -Ayyy… Pablitooo… meee dueleee…

    La tenía bien sujeta de las caderas y di otro empujón y unos centímetros más adentro ella empezó a temblar y sus gritos eran muy fuertes y me exige que me detenga esperé unos segundos y otro empujón y lo tenía casi todo dentro de su conducto anal.

    -Ayyy… me estás matando… Pablooo me ardeee el culooo… Ayyyy…

    Y di el último empuje final y todo ya estaba en su culo los 18 centímetros del falo que se habían abierto paso por primera vez y era ahorcado por la estrechez del diámetro del esfínter. Calmaba a mí tía Ana María del dolor que sentía por su primera vez anal dándole besos en el cuello y hombros algunas lágrimas se le escaparon de los ojos.

    -Ana María aguanta un poco más… mi amor luego verás que va pasando el dolor y se viene lo más rico que vas a sentir.

    No me contestó nada solo dio un suspiró y cerró los ojos y mordió los labios para no gritar más y aguantando el dolor, después de un rato fui dando suaves movimientos de mi verga en su culo y entraba ya salía y tenía un poco de sangre. Estaba muy feliz yo su sobrino de 19 años le había roto el culo a mi tía ni lo que había logrado su esposo yo lo había hecho.

    -Ves como ya está pasando ahora vas a ver y sentir como tu rico y apretado culo a partir de ahora va gozar de mi verga mi amor…

    -Sii ya está pasando ayyyy pero aún duele un poquito pero no me digas amor que me siento rara cuando me lo dices ahh ahh.

    Y ahora fui aumentando la fuerza y velocidad en la penetración anal, y oí sus primeros gemidos cuando fue cambiando del dolor al placer fue una sensación nueva también para mi porque era mi primera vez con una mujer a quién le daba por el culo y se lo rompía.

    -Ahhh siii qué ricoo se siente Pablito es una sensación diferente pero muy sabrosa ohhh dámelo todo así así ohhh ohhh.

    Y complací a mi tía que a partir de ahora ya era mi mujer y me había entregado todos sus huecos de su espectacular cuerpo boca, chucha y culo y no había vuelta atrás así lo quiera ella, esa madura mujer de 43 años de enormes nalgas y ricas tetas que se lo negaba ella misma al comienzo por la vergüenza y terminaba gritando y reclamándome más verga.

    Y metía fuerte mi verga en el culo de mi tía ese hueco ya estaba bien abierto y acogía ya con tranquilidad mis 18 centímetros de carne dura y sentía un cosquilleo en todo su cuerpo y gemía y luego de 36 minutos de darle con todo me vine en su recto inundando de leche caliente que luego salía un poco de su esfínter.

    -Yaaa me vengoo… toma tu lecheee ohhh tía gracias queee ricoo ohhh ohhh.

    Caímos sobre la cama todos exhaustos y bien sudados ella me vio a los ojos y sola se me acercó para que la abrace y me dio una beso sentir su cuerpo su calor y olor me unió más a ella luego nos bañamos juntos ella me jabono todo el cuerpo y luego lo hice yo, reíamos como si fuéramos una pareja de recién casados en su luna de miel.

    -Pablo me siento muy feliz a tu lado me has devuelto esa alegría que había perdido hace tiempo sé que esto es una locura pero no me importa ya, solo tenemos que tener mucho cuidado siempre te voy a esperar con mucho cariño.

    -Yo también te quiero mucho y siempre vendré a verte ya eres mi mujer y si tendremos mucho cuidado mi amor.

    Cuando volví a casa mi madre me preguntó como la había visto a su prima y como la sentía si era cierto que todo estaba muy bien y le dije que todo estaba perfecto con ella y de ahora en adelante siempre me daré un tiempo para visitarla cualquier cosa yo le avisaba, mi mamá me dio un beso en la mejilla y me dio las gracias.

    FIN

     

  • La monja

    La monja

    ‘DAMASO I, 366 – 384.

    Fue el único papa gallego. Le gustaban las mujeres y los jovencitos. Fue acusado de adulterio y lo acabaron nombrado santo. ¡Manda carallo!

    JUAN XII, 955 – 963.

    Conocido como el papa Fornicario, tenía 17 años cuando subió al poder en la etapa conocida como etapa Fornicaria. Se le acusó de sodomía, incesto y asesinato. El tipo era una pieza de mucho cuidado.

    BENEDICTO IX – El depravado – 1O32-1044-45-46 y 1048.

    Maricón. Se casó con su «prima».

    JUAN XXIII – El papa pirata -1402 – 1405

    Simonía, sodomía, incesto, pederastia, torturas, violador de monjas…

    GREGORIO VII, 1073 – 1085

    El Enano. Delirios de grandeza. Se flagelaba – Follaba con Matilde de Toscana, esposa del conde Godofredo IV… y otras hierbas.

    ALEJANDRO VI, 1492- 1503

    El Trepa. Papa valenciano. Se follaba a la hija, Lucrecia Borgia y a todo lo que se movía.

    Enséñale esto a Juan a ver si se ablanda con lo nuestro.

    Te quiere.

    José’.

    Sor Ángela (por medio del carnicero) había recibido una carta de su primo José en la que le decía todo lo anterior, y es que en una visita a la casa paterna, José, se colara en su cama, follaran cómo descosidos y ahora quería casarse con ella.

    Sor Ángela, en aquel momento, estaba en su celda, una celda que tenía un crucifijo en la pared, una pequeña mesa con una silla y una palangana con agua para lavarse. Se quitó la cofia y una larga melena negra quedó al aire. Puso la cofia sobre la silla. Quitó los hábitos y quedó en sujetador y bragas. Colgó los hábitos en el respaldo de la silla. Al quitarse el sujetador quedaron al descubierto unas tremendas tetas con areolas marrones y gordos pezones, y al quitar las bragas su coño rodeado por un gran bosque de pelo negro le dio brillo a la celda… Se lavó las tetas y el coño, se secó con una toalla, y después se puso un camisón que había sobre la cama… Al meterse en la cama y taparse con una sábana, (era verano) a su cabeza vino su primo José. Un joven moreno, apuesto y de su misma edad, diecinueve años.

    En vez de rezar sus oraciones, cerró los ojos y recordó cómo José entrara por la ventana de su habitación y cómo se hizo la dormida… Recordó lo cachonda que la puso sentir su polla rozando la raja de su culo por encima del camisón… Recordó cómo muy lentamente le levantaba el camisón, le bajaba las bragas y le pasaba la polla por el coño y el culo. Recordó cómo el coño se le fue empapando y después cómo la cabeza de la polla de su primo entraba despacito en su estrechito coño y cómo lentamente fue deslizándose hasta llegar al fondo… Recordó aquella polla entrando y saliendo de su coño empapado… Recordó como giró la cabeza y buscó los labios de su primo cuando sintió que se iba correr, cómo se besaron… Cómo le encharcó la polla de jugos al correrse, como sus nalgas recibían la leche calentita de la corrida de su primo y cómo al acabar, hablaran muy en bajito para no ser oídos. Le dijera ella:

    -Pecador.

    José, se asustara. El padrastro de Ángela era guardia civil.

    -¿Se lo vas a decir a Juan?

    -No puedo hacer daño a mis semejantes. ¿Por qué lo has hecho?

    -Porque te quiero. Eras mi novia y me dejaste para ser monja. Lo hice para que cambies de opinión.

    -¿Acaso crees que quería ser monja? ¿Piensas que te iba a dejar hacer lo que me hiciste si no te quisiera? ¿Por qué te crees que dejé la ventana abierta?

    José, besó a Ángela, le acarició el cabello, y le dijo:

    -¿Entonces?

    -Somos primos. Mi padrastro es muy religioso. Lo nuestro es un incesto… Por eso estoy en el convento, cariño.

    Estaba recordando en su celda y se había mojado. Se tocó las tetas… Después se quitó el camisón, cogió una teta y se llevó su gordo pezón a los labios, lo lamió al tiempo que se magreaba las tetas. Se comió la otra teta y bajó una mano a su coño mojado. Un dedo entró en su coño y un gemido salió de su garganta, a ese dedo, al ratito, lo acompañó otro y después un tercero que entraron y salieron de su coño… Volvió con el pensamiento a la habitación de la casa paterna… Estaba cabalgando a José. Le daba las tetas a chupar. (Se las chupó ella en la celda) Sus dedos eran la polla y la follaban, y la follaban… Unos diez minutos después, su mano izquierda cogió una sábana. Al venirle el gusto, la apretó, la llevó a la boca y la mordió para ahogar sus gemidos. El orgasmo fue brutal. Se acudió cómo un junco azotado por un temporal.

    Al acabar, quitó los dedos del coño y los abrió. Entre ellos había diminutas lianas de jugo blanquecino. Miró los dedos. Los llevó a la boca, y cerrando los ojos disfrutó del dulce sabor de su corrida.

    Una semana más tarde, Juan, el guardia civil, paseaba por la cocina leyendo la carta de los papas. La monja estaba sentada en una silla de la cocina, visiblemente nerviosa, ya que su padrastro, en uniforme y con la pistola al cinto, metía respeto. Rosa, esposa de Juan, y madre de Ángela, que ya había leído la carta, no las tenía todas con ella.

    Juan, al acabar de leer la carta, le dijo a la monja:

    -¡Lo mato!

    -¿Por qué? Lo que dice ahí es cierto.

    -Lo mato por haber abusado de ti.

    Ángela, cayó en la trampa que le había tendido su padre.

    -No abusó, el sexo fue consentido.

    Los ojos de Juan se inyectaron en sangre. Enfrente de la monja, levantó la mano, y le preguntó:

    -¡¡Así que follasteis!! ¡¿Cuándo, puta, cuándo?!

    Rosa, intervino en la «conversación.»

    -No le llames eso a mi hija.

    Mejor hubiera sido que no interviniera. Le cayó una trompada con la mano abierta que hizo que diera con sus huesos en el piso de la cocina. Rosa, miró con rabia desde el piso de a su marido, y le dijo:

    -Hijo de puta.

    -Las únicas putas que conozco sois tú y tu hija. Te lo demostraré a la vuelta.

    Juan, salió de casa en busca de José. No iba con idea de llevarlo al cuartelillo y darle una chaquetilla de ostias que le quitara las ganas de querer estar con su hijastra, no, iba con idea de llevarlo a algún lugar apartado y meterle dos tiros en la cabeza, pero no lo encontró. José estaba en paradero desconocido.

    Al volver a casa llegó acompañado de otro guardia civil.

    Ángela y su madre, seguían en la cocina. Le dijo el otro guardia civil a Juan.

    -Nunca pensé que lograría follar a tu hija y a tu mujer.

    Rosa, al oír a aquel desgraciado, le dijo al marido:

    -Si nos viola ese asqueroso, te mato cuando estés dormido.

    Juan, le dio otra bofetada con la mano abierta que la zapateó de la silla.

    -No os va a follar él solo, os follaremos los dos, pero primero te vamos a follar a ti, puta!

    La monja, al ver al guardia civil, (un cincuentón muy alto) acercarse a ella, se levantó y se arrimó a la pared. Estaba temblando con el miedo. Juan, le dijo al guardia civil:

    -Primero a la puta más grande, Mateo. Que no se muevan de aquí. Enseguida vuelvo.

    Antes de tres minutos, Juan, volvió con una toalla mojada y dos cuerdas. Le dio la toalla al guardia civil, echó las cuerdas por encima de la viga de roble que atravesaba el techo de la cocina, y le dijo a su esposa:

    -¡Ven aquí, cerda!

    Rosa, fue a su lado, Juan, le ató las manos y quedó como si estuviera colgada de la viga.

    Poco después, la monja estaba en la misma posición que su madre. Los dos desgraciados se desnudaron. El cincuentón tenía una verga tan grande y gorda que metía miedo verla.

    Juan, con una navaja, le cortó el escote del vestido a Rosa, después, con las dos manos, lo desgarró, quedó en sujetador y bragas, que no tardó la navaja en cortar y las manos de Juan en romperlos. Las tetas de Rosa eran igual a las de su hija, con grandes areolas y bellos pezones, solo que ella las tenía decaídas. El bosque de pelo negro del coño era idéntico… Un par de cortes más y el vestido cayó al piso de la cocina. Al tenerla en cueros, fue a por la monja. Le cortó el cordón y después le hizo lo mismo que le hiciera a su esposa, con la diferencia que la monja quedó con la cofia en la cabeza, enseñando tetas y coño y con el hábito desgarrado puesto.

    Comenzó la tortura. El guardia civil le dio a Rosa en las nalgas con la toalla mojada.

    -Zasca, zasca, zasca…

    Rosa, no le daba el gusto de oírla quejarse… Paró y le lamió la columna vertebral. Juan, le comió las tetas, y después el coño. Rosa, una cuarentona, morena, de estatura mediana y de buen ver, no era de piedra y, sin poder evitarlo, comenzó a gemir. Juan, era lo que quería oír para burlarse de ella.

    -¿Ves cómo eres una puta?

    Los gemidos de Rosa, cesaron. Le dijo al cabrón:

    -¡La puta más grande que hay en el mundo es tu madre!

    La toalla volvió a entrar en acción.

    Luego, el guardia civil, se agachó, le separó las nalgas y le lamió el periné y el ojete, Juan, le comió el coño. Rosa, no quería, pero volvió a gemir con el placer que le estaban dando.

    El guardia civil, le dijo a Juan:

    -No hay mujer que no se acabe corriendo cuando la trabajamos juntos.

    De las palabras del guardia civil se desprendía que ya habían hecho antes lo que estaban haciendo… Eran dos sádicos.

    A la monja, que estaba viendo lo que le hacían a su madre, se le empezó a mojar el coño. Tenía deseos contradictorios, por un lado no quería que le hicieran nada, y por el otro deseaba que aquellos cabrones se lo comieran todo. El calentón no se le quitó ni cuando le dijo su padrastro a su madre:

    -Disfruta que va a serla última vez que lo hagas.

    Ni se le pasó cuando le dijo el guardia civil a su padrastro:

    -Sí, al final las tendremos que matar como matamos a mi sobrina, a mi mujer y a las otras. No se pueden dejar cabos sueltos.

    Dijo esto y le siguió comiendo el culo. Rosa, estaba tan cachonda que no sintiera lo que habían dicho. Lo que sintió fue como su marido la levantaba en alto en peso y le metía la polla hasta las trancas, y luego cómo el guardia civil le rompía el culo con su tremenda verga. Rosa, al rato, comenzó a correrse. Era multiorgásmica. En diez minutos se corrió ocho veces.

    A la monja le bajaron riachuelos de jugos por el interior de los muslos en esos diez minutos que sintió los gemidos de placer de su madre.

    Al final, Rosa, con tanto gusto, se desmayó. Aún con la polla dentro de ella, le dijo Juan al guardia civil:

    -Dale tú el tiro de gracia y vamos a bañar de leche a la monja.

    Las pistolas de los dos cabrones estaban sobre la mesa, y sobre la mesa las cogió José, que acababa de entrar en la cocina. Al verlo con las pistolas en las manos, le dijo Juan:

    -¡¡No hagas una tontería!!

    Sacaron las pollas de coño y del culo. Juan, no abrió la boca, apretó los dos gatillos y les metió seis balas en el cuerpo a cada uno.

    Cayeron muertos al piso de la cocina, donde se fue formando un charco de sangre.

    José, fue junto a la monja para desatarla, pero Ángela lo iba a sorprender. Mirando para el charco de sangre, le dijo:

    -Fóllame, José, fóllame!

    José, que tenía la polla tiesa, no se lo pensó dos veces. La sacó. La cogió en alto en peso y la folló. La monja, que era multiorgásmica, como su madre, se corrió tres veces, y después, sin dejar de mirar para la sangre, (parecía que la excitaba tanto o más de lo que la excitara ver cómo follaran a su madre y escuchar los gemidos de placer) le dijo:

    -Ahora, cómeme el coño.

    Se lo comió y la monja le llenó la boca cuatro veces con los jugos de sus corridas… Después, aun tirando del aliento, le dijo:

    -¡Fóllame el culo!

    Se lo folló y se corrió tres veces más, y no se corrió más veces porque José no pudo aguantar más tiempo… Le llenó el culo de leche.

    Luego, las desató, y cuando Rosa despertó, limpiaron la cocina… Había mucha mierda que quitar de la casa y enterrar en la huerta.

    Comentar solo lleva unos segundos… Que sois muy vagas y muy vagos.

    Quique.

  • Descubriendo la verdad: Día 1

    Descubriendo la verdad: Día 1

    Deseaba verla con otro hombre. Siempre lo tenía metido en la cabeza, me la follaba y pensaba que era otro el que se la estaba metiendo. Así empezó mi obsesión por verla follar con terceros, cada día me ponía más y más.

    Me llamo Julio tengo en la actualidad 40 años, soy un tipo deportista, 180 musculado, me cuido mucho, no soy feo y mi polla es de lo más normal creo que en la media.

    Mi mujer Mirian, deportista profesional competidora, un cuerpo de infarto, pelo liso morena-castaña (alguna vez se lo tiñó de pelirroja), tetas preciosas no muy grandes pero muy firmes y sobre todo pezones brutalmente sensibles, piel de seda, unos pies perfectos, unas piernas ligeramente musculadas con formas de diosa griega, muy guapa de cara y sobre todo su culo, simplemente perfecto.

    A sus 26 años, no conozco aun ningún tío que la mire y no vea en sus ojos la cara de deseo por ella.

    Nos conocimos hace dos años, evidentemente en el gimnasio donde entrenábamos los dos, entre charlas y charlas acabamos quedando un día y a la semana ya estábamos viviendo juntos. Soy muy activo sexualmente y me considero buen amante, pero mi mujer es un volcán en constante erupción, en cuanto la toco el cuello, la paso la mano por el culo, ya me busca la boca y me mete mano con ganas de guerra.

    Follábamos como posesos todos los días, pero pasando el tiempo empecé a pensar que ella necesitaba más de un hombre y empezamos con los juguetes.

    Pollas vibradores y plugs fueron nuestros preferidos.

    Y así poco a poco fuimos escalando en nuestras fantasías hasta hablar claramente de ello.

    Ella siempre fue muy sumisa conmigo, yo llevaba siempre las riendas en nuestra relación y en la cama más aun, así que acabo cediendo cuando la propuse buscar otro tío para que se la follara junto a mí. Lo único que me pidió es que fuera yo el que eligiese que ella no quería saber nada hasta llegar el momento de hacerlo.

    Me lo puso a huevo, así que me sumergí en mis más sucios deseos y pensé que era lo que más morbo me daba.

    Lo tuve claro, siendo tan preciosa y estando tan buena quería verla con un tipo mas maduro que yo, sin importarme su físico ni su raza, pero sí que fuese algo dominante con ella y sobre todo que tuviera un buen rabo.

    Publiqué un anuncio y entre en chats de cornudos para buscar al candidato. En el proceso de búsqueda y hablando con unos y con otros, pensé mas allá de mi deseo de verla follar con otro y decidí que no iba a ser una noche, ya que algo podría fallar por nervios o cualquier otra circunstancia. Sería un fin de semana completo compartiendo no solo la noche si no también el día.

    Para poder gozar esta nueva situación que se me había ocurrido era evidente que, por si acaso, nos desplazaríamos fuera de nuestro entorno habitual para evitar situaciones tensas con posibles casualidades con conocidos y amigos.

    Decidí que viajáramos fuera de Madrid a un lugar donde nosotros y el invitado no tuviésemos problemas de arraigo.

    Una vez hablado con mi mujer, mi nueva vuelta de tuerca a mi fantasía (suya también, aunque se hacia la dura), me puse de lleno a la busca y captura.

    Tras dos semanas de filtrado y conversación con varios de los elegidos, me decidí por un tipo de 58 años que vivía en Zaragoza, divorciado con hijos ya mayores, un tipo grande con bastante barriga, aspecto muy rudo, trabajaba como comercial de maquinaria agrícola, bastante culto y educado y según el con experiencia en ‘jugar con casadas jovencitas dándoles cosas que sus maridos no pueden o no saben’.

    Su seguridad al hablarme de la cuestión y su total disponibilidad a viajar sin ningún problema donde fuese hicieron que me decantara por el en principio.

    Le comenté a mi mujer que ya casi tenía decidido el invitado y que si me daba el ok ponía en marcha todo mi plan.

    Mirian fue contundente:

    – Yo soy tuya mi amor, y como ya te dije, si es lo que quieres lo haré por ti hazlo cuando quieras y con quien quieras, si tu lo vas a gozar yo con verte gozar a ti también lo haré.

    No quedaba ninguna duda. A al día siguiente contacté con mi nuevo amigo, le envié unas fotos muy sugerentes de mi mujer y le dije que nos veríamos en Barcelona ese mismo fin de semana. Nosotros llegaríamos el viernes tarde al hotel y nos volveríamos a Madrid el Domingo noche.

    El me contesto que no se creía que fuese aun en serio y que me garantizaba que si mi mujer estaba así de buena y era tan caliente como le decía, me iba a enseñar cosas que yo no sabía de ella.

    Cierto es que hasta la fecha me había hablado de que tenía una buena polla, pero aún no se la había visto, así que me envió un video con mi mujer de salvapantallas del ordenador y comprobé que eso si era un rabo y no lo mío.

    Tenía claro que había acertado, ya solo quedaba comprobar si en realidad me enseñaría cosas que yo desconocía de mi mujer.

    En la conversación hablamos de cómo íbamos a rematar el acto y me dijo que si queríamos gozar de verdad lo mejor sería que días antes nos hiciéramos analítica de venéreas y sida para poder follar sin ningún miedo ya que sabía que mi mujer tomaba píldora y enseñárnoslas mutuamente. Me pareció una idea excelente y que nos dejaría a todos mas tranquilos.

    El jueves noche ya no pegue ojo pensando en lo que pasaría al día siguiente, el morbo que me daba me excitaba, me hacía dudar, me hacía tener miedo para a la vez lo estaba deseando.

    No follamos en toda la semana mi mujer también estaba nerviosa, ya que yo no la decía nada, pero me conoce y sabia que no la follaba adrede para que estuviese mas caliente el fin de semana.

    Nos levantamos el viernes, hablamos poco, teníamos una calma tensa. Atendimos unos cuantos asuntos personales y cogimos el avión y aterrizamos en Barcelona, no hablamos nada del tema, como si fuese un finde normal.

    Llegamos al hotel a las 19 horas, subimos a nuestra habitación y cuando estamos deshaciendo equipaje me sonó el whatsapp del teléfono:

    – ‘Soy José Manuel, ya estoy en Barcelona, voy para el hotel, la mía es la 303 al lado de la vuestra en cuanto llegue te pego un toque’

    Le enseñé el mensaje a mi mujer. Se puso nerviosa, algo tensa, yo también estaba nervioso

    Me daba un poco de vértigo la situación, estaba llevando a mi mujer a pasar un fin de semana con un desconocido que se la iba a follar con un rabo enorme y que me daba algo de miedo lo que me decía de que me iba a enseñar como era mi mujer de verdad. Algo en mi interior de decía que José Manuel tenía razón. Me daba la espina que mi mujer, como ya había pensado mas de una vez, necesitaba más en el sexo.

    A las 20 horas sonó de nuevo mi whatsapp:

    – estoy en mi habitación, nos vemos?

    Le dije a Mirian que íbamos a verle, ella me dijo ves tu solo, yo me doy un baño relajante y ya le conozco cuando vayamos a cenar.

    Me dejo un poco chafado, pero la hice caso. Salí de mi habitación y toque la puerta 303, ‘voy’ me dijo y abrió José Manuel. Un poco más alto que yo, trajeado con cara de tipo duro pero muy amable, grandote de tamaño, con barriga unas manos más grandes que las mías, bien perfumado.

    – ‘ ¿Dónde está el bomboncito? Me pregunto.

    – Está dándose un baño, está nerviosa, pero no te preocupes, vamos para adelante.

    – ¿Me gustaría comentarte un par de cosillas antes de que metamos la pata que te parece?

    – Si dime sin problema, me parece bien.

    – Veras quiero saber cual es tu limite de aguantar, te lo digo por que como te dije me gusta dominar a las mujeres y veras que poco a poco voy subiendo el listón hasta hacerme totalmente con ellas y me gustaría que antes de empezar tengas claro, que voy a hacer con ella y ella va a hacer conmigo cosas que no ha hecho contigo y eso te puede joder o crearos algún problema en la pareja y eso es algo que no quiero bajo ningún concepto.

    Ahora si que me estaba acojonando un poco, su seguridad y rotundidad me dejaba sorprendido. A la vez me invadía la curiosidad y sobre todo el morbo de pensar que esto estuviese aun por encima de mis fantasías.

    – José Manuel sin problema, me estas sorprendiendo con tu seguridad, pero no te preocupes, tu como si yo fuese tu colega en lugar del marido de Mirian.

    – ¿Fenomenal, pues nos vemos a las 21 en el restaurante? No me l vistas con pantalones por favor que baje con algún vestido de esos largos, si puede ser.

    – A las 21 te vemos, y en vestido, no hay problema.

    Me fui para mi habitación, mi mujer ya había salido de la bañera, estaba repasándose todo con la depiladora, no tiene un solo pelo en todo el cuerpo, me pregunto:

    – ¿Qué tal, has acertado con tu amigo?

    – Muy bien si, espero que te dejes llevar y así gocemos al máximo, tienes que ser buena chica con él, él va a ser quien mande esta noche sobre ti.

    – ¿qué le has dicho, que me va el rollo de sumisa y eso?

    – ¿Claro, porque lo eres no? Aunque solo sea en temas sexuales.

    – -Joder Julio me mola el rollo, pero a este tío no le conozco de nada y no se…

    – Tu tranquila, déjate llevar si algo te mosquea mucho lo dices y punto, que esto la hacemos para gozar no para estar puteados.

    – Ok si algo no me mola os lo digo y punto.

    Así quedo la cosa, le dije que se pusiera un vestido largo que tiene verde con estampados tipo selva que me encanta se la marca el culo con la caída que es la ostia, unas sandalias negras preciosas, las uñas de manos y pies se hizo francesa, un tanga verde oscuro con encaja a juego con el sujetador de media copa de eses que dicen invisibles.

    Se aliso en pelo un poco se perfumo y bajamos para el restaurante.

    Bajamos en el ascensor, cruzamos el hall, era un espectáculo como la miraban tanto tíos como tías, con las sandalias de tacón era brutal el porte que llevaba tal alta tan estilizada, tan buena.

    Entramos al restaurante, José Manuel de frente en la barra, su cara era un poema, se quedo de piedra. Me juego que pensó: ‘madre mía el pibón que me voy a follar’.

    Se levanto, se había cambiado de ropa iba mas sport con unos pantalones chinos y un polo por fuera con americana, no pude no fijarme en el paquetón que le hacían los pantalones y se que mi mujer seguro que también se fijaría. Se acercó a mi mujer la tomo de la mano y acercando su mejilla a la de mi mujer dijo:

    – Hola Mirian por fin te conozco en carne y hueso, superas todas mis expectativas eres la mejor hembra que he visto en mi vida.

    La dio dos besos en la mejilla, pero casi en la comisura de los labios, mi mujer de poso roja como un tomate sin saber como reaccionar, yo me quede sorprendido por lo de hembra, la forma de mirarla con tanto descaro y tan agudamente.

    Sin soltarla la mano me dijo: ‘¿Julio, nos sentamos?’

    Y nos dirigimos a la mesa que teníamos reservada al fondo del restaurante en un rincón con un pequeño biombo que nos daba más intimidad.

    El restaurante estaba lleno, y en la presentación noté como mas de uno que no quitaba ojo a mi mujer se dio cuenta de algo raro.

    Empezamos a hablar de todo un poco, José Manuel manejaba la situación de manera cada vez se hacia la cena más amena, que si la independía, que si el gobierno que si la vida en general, etc.

    Con dos botellas de vino que nos habíamos bebido (Nosotros no solemos beber alcohol habitualmente) tanto Mirian como yo, ya estábamos relajados en confianza con José Manuel, risas y adulaciones hacia mi mujer, piropos constantes.

    Pedimos los postres, nada mas irse el camarero, José Manuel le dijo a mi mujer:

    – Ven Mirian siéntate a mi lado.

    Señalando a su izquierda, pegada más al biombo, desde ahí nadie podría verla.

    Mirian me miró como pidiendo permiso a lo que yo asentí. Se levanto y a la que iba a sentarse pasando pegada a él por delate José Manuel se levantó y la dijo:

    – Quieta, espera

    La miro a los ojos, mi mujer le miro cabizbaja, la cogió con la mano derecha del cuello lateralmente tocándola la oreja con el dedo gordo y con la otra mano la agarro el culo, y la beso. Mi mujer primero se quedó bloqueada pero rápido abrió la boca y dejo que la lengua de José Manuel la invadiera.

    Fue un beso sucio, la metía la lengua hasta el fondo mientras la agarraba fuerte la cacha del culo y la cogía firmemente del cuello.

    Yo me empalme como nunca, me dolía de lo dura que se me había puesto, allí mi mujer preciosa con un tío de 58 años, la edad de su padre, morreándola como un cerdo y metiéndola mano con ansia y ella con las manos en su pecho, como no queriendo, pero abriendo la boca y moviendo la cabeza para que no se escapara esa lengua grande de su boca.

    Me pareció eterno el morreo, la sentó, el de pie la dijo:

    – Mira cómo me las puesto solo con un morreo, me ha dado cuenta cuando entrabais al restaurante como me mirabas el paquete, y he sabido que eras una buena zorra y que vas a aguantar el tirón de un macho de verdad.

    Mirian no dijo nada, solo le miro el pedazo de bulto que le marcaba perfectamente hacia un lado, se veía algo brutal, le volvió a mirar a los ojos, me miro a mí, volvió a mirar a José Manuel y se mordió el labio mientras volvía la mirada al bulto.

    Llego el camarero, un segundo de calma mientras nos ponían los postres en la mesa.

    Al marcharse el camarero, la dijo:

    – ‘Ponte de pie delante mío’

    Echo la silla para atrás y estando sentado, mi mujer de pie, metió la mano por debajo del vestido, la saco el tanga y me lo dio. La empezó a sobar los muslos y tocarla el culo, mi mujer ya estaba en trance, solo respiraba profundamente y se dejaba hacer.

    – ‘Abre las piernas’

    El sobo a capricho sin llegar a su vagina ni su ano, le quería tener en el clímax máximo,

    De pronto mi mujer dio un respingo, la acababa de agarrar la vulva como de pellizco, y empezó a movérsela agarrada de manera fuerte y rápida, se le doblaron las piernas, no pudo más y se corrió derramando flujo por sus muslos y mojado las dos manos de José Manuel.

    – Como sabía que eras de las que te corres como una perra sin poderte aguantar, límpiame las manos.

    Mi mujer le cogió sus de las muñecas y con mucha suavidad y sensualidad le fue lamiendo manos chupando y dedos mirándole a los ojos como queriendo calentarle aún más.

    – Siéntete, vamos a tomar una copa y nos subimos

    Acabamos los postres, era un ambiente eléctrico raro muy muy excitante, el camarero nos miraba de forma rara sabia que algo poco habitual estaba pasando.

    Mi mujer desbordada. Yo sabía que estaba muy cachonda y que estaba como loca por que José Manuel se la follara y yo estaba aún más por verlo.

    – ¿Qué tal Mirian? Ahora una copita y nos vamos para arriba, a mi tráeme un whisky solo, y un Ron con coca cola para la dama bien cargado, ¿Julio tú que tomas? ¿O mejor no tomes nada, no te parece? Quiero que estés bien atento.

    El camarero me miró con cara de no entender, y le dije que efectivamente les trajera la bebida que yo no bebía más.

    En la espera de las copas José Manuel me dijo que estaba muy contento de habernos conocido y que estaba seguro de que nosotros también nos íbamos a alegrar de haberlo conocido.

    Trajeron las copas, hablamos de todo, como si no hubiera pasado nada, los ánimos se fueron calmando, era un profesional, mi mujer de nuevo estaba distendida, cómoda, a gusto, el la adulaba con comentarios bonitos suaves a mi me felicitaba por cómo era ella.

    Acabaron la copa, nos pusimos de pie y fuimos hacia el ascensor, mi mujer iba bien tocadilla, la agarro por la cintura ella apoyo la cabeza en su hombro. José Manuel me miro como diciendo esto está hecho.

    Entramos al ascensor, nada mas cerrase las puertas, doy otra vuelta de tuerca para volver a marcar como el macho Alpha:

    – Te he dicho Julio, que Mirian va a ser mas puta de lo que imaginas y que no me va a negar nada de lo que su macho la ordene y mande. ¿Te lo dije o no?

    – Así es José Manuel eso me dijiste, dije yo algo abrumado

    – ¿Pues así será verdad Miri?

    Mi mujer se quedó callada mirándome algo extrañada pero terriblemente cachonda. No le gustaba que la dijeran Miri, es más rápido protestaba, pero no dijo nada.

    José Manuel insistió:

    – ¿Va a ser así verdad Miri?

    Según lo decía, la agarrándola por detrás la cogió del cuello con una mano, metiéndole la lengua en la oreja y con la otra mano agarrándola la teta de manera soez y basta.

    Sus pezones se pusieron duros como piedras y se le escapo un gemido un leve uhmm, el con los dedos la apretó el pezón, ella cerró los ojos y abrió la boca, eso la ponía 2000 por hora, y repitió:

    – ¿Verdad Miri?

    Mi mujer no pudo más y le dijo:

    – Si Jose.

    – Vas a ser mi putita este fin de semana, mi juguete y no vas protestar por nada, simplemente vas a obedecer y a correrte todas las veces que quieras sin pensar en nada ni en nadie solo en tu macho, ¿verdad?

    Mi mujer que estaba a punto de correrse de nuevo, con el magreo de tetas, la presión en el cuello y notando el enorme bulto de José Manuel en el culo dijo un suave.

    – Si jose

    La empujo levemente hacia delante y dándola un brutal azote en el culo la dijo alzando la voz:

    – ¡!!Mas alto y no quiero que vuelvas a mirar a este (refiriéndose a mi) como si pintara o decidiera algo, en tu casa el será tu macho, pero aquí el macho soy yo y este no pinta nada, te ha quedado claro, SI JOSE QUE? !!!:

    Mi mujer con cara de circunstancias, pero loca de ganas de que se la follara le dijo:

    – SI JOSE soy tu puta haré lo que tu quieras este fin de semana.

    Se abrió la puerta del ascensor, por suerte no había nadie. Llegue hasta nuestra puerta fui a abrir y Jose Manuel dé dijo:

    – ¿Dónde vas? No hombre no, la habitación de follar es la mía, que me he traído alguna cosita para mi zorrita, no quiero reventarla hoy que me tiene que durar dos noches y dos días.

    Me quede un poco acojonado, ¿qué habría traído o que la tenía preparado?

    Entramos a su cuarto, me dijo siente en esa silla y saca el móvil que empieza el espectáculo.

    El agarro la cara con las dos manos y la empezó a morrear, ella con las manos en su pecho como en la mesa del restaurante tocándole, como con miedo.

    La mando bajar los brazos, tiro de los tirantes del vestido y este cayo al suelo. La aparto un poco hacia tras para verla mejor.

    Mi mujer con la cabeza agachada, desnuda completamente, con los pezones duros como piedras pisando el vestido. La mando descalzarse.

    – Tu recoge todo y quítalo de en medio. Me mandó

    Me agaché a recoger todo y volví a mi silla.

    Jose Manuel mirándola detenidamente a un metro de ella.

    – Joder que buena estas hija de puta, que cuerpo para follarte todo él día y que cara mas bonita y de puta que tienes.

    Mi mujer estaba desbordada, la tenia como nunca yo la he tenido. Le miraba el bultazo del pantalón y el la miraba y se lo tocaba:

    – ¿Estas como loca por ver lo que te voy a dar verdad putita? Estoy seguro que estas tan cachonda que te vas a correr antes de vérmelo solo de pensarlo verdad?

    Le miro y le dijo:

    – estoy deseando verlo Jose, pero no sé si me correré antes de verlo.

    Dijo Jose Manuel:

    – ¿Cómo? Mal empezamos, si yo digo una cosa es por sé que va a ser así

    Se puso pegado a ella y con tono severo la mando abrir las piernas.

    La empezó a sobar las tetas y jugar con sus pezones frente a ella, la ordeno sacar todo lo que pudiera la lengua y de forma sucia empezó a chupársela, la puso los brazos hacia atrás. Mi mujer estaba que se derretía, la oía respirar muy profundo como cuando esta extasiada. La arrimó mas a él y empezó a hablarla al oído, metiéndola la lengua:

    – Si te digo que te vas a correr, te vas correr. Porque se lo puta que eres y sabes a que has venido. Estas deseando verme la polla, por que nunca has visto una polla de verdad y a la vez tienes miedo porque sabes que te voy a follar el coño y el culo y sabes que te voy a hacer daño, pero aun así es lo que mas deseas. Tienes miedo de que tu marido descubra que eres mucho mas zorra y golfa de lo el se cree, pero yo ya lo sé y él lo va a saber hoy. Pero lo mejor de todo esto, es que lo vas a saber tú, que ni siquiera tú lo sabes.

    La volvió a agarrar la vulva de repente, cogiéndosela toda en la mano a pellizco y con nada más darla el apretón, vi como se fundía en un orgasmo tan brutal que se le doblaron las piernas cayendo sobre el pecho de Jose Manuel en un profundo gemido que la salió del alma.

    La tubo dos minutos descansado sobre su pecho mientras la acariciaba el culo.

    La incorporó y la volvió a morrear de esa manera sucia que tenia él. Mi mujer era suya 100% yo ya no pintaba nada, estaba claro que estaba sometida a su nuevo macho en cuerpo y alma.

    – Ves a lavarte, date una ducha solo con agua, pero refréscatelo bien, que va a empezar la fiesta de verdad.

    Mientras mi mujer se metía en el baño yo miraba atónito a Jose Manuel, me sorprendía el control de no haberla puesto a cuatro patas y habérsela follado ya, la verdad era un crack.

    Se fue a hacia su maleta y saco una crema lubricante, me dijo, mira por si acaso otro día se la entregas a otro con pollo, esta crema además de lubricar de puta madre es un pelín anestésica para cuando las follas el culo sin dilatar.

    De la misma bolsa sacó dos plugs, uno mas grande que otro y me dijo, según la vea hoy la llevo mañana con el grande o con el pequeño, ya veremos. No quiero reventarla.

    Oíamos la ducha de fondo, Jose Manuel se desnudo por completo, flipe al verle el rabo, mas o menos 20 0 21 cm, pero como un vaso de tubo de gorda, y unos huevos gigantes, a pesar de tener todo el cuerpo peludo la polla y los huevos los llevaba depilados, la tenia llena de venas y todavía no estaba empalmado.

    Vio mi cara de asombro:

    – ¿Qué pasa que no te esperabas que fuese así en vivo verdad?, pues de primeras se va cagar un poco tu mujer, pero luego ya macho, vas a tener que traérmela una vez al mes por lo menos, por que va a estar soñando conmigo.

    Me parecía ya un poquito presuntuoso, pero visto lo visto no quería yo dar nada por imposible.

    – Oye una cosa que al final no lo hemos hecho, toma

    Efectivamente con todo el lio y lo acontecido, se nos había pasado que nos íbamos a enseñar la analítica que nos habíamos hecho los tres de venéreas y sida para poder disfrutar plenamente sin miedo, miré la suya, que estaba todo ok y le enseñé la nuestra, comentándole que como era evidente ella tomaba píldora para mayor tranquilidad de todos.

    – Mira Julio desde que hablamos ando maquinando como iba a ser con vosotros y por las fotos de tu mujer y como me decías que era que Miri, sabia que iba a ser mi mejor zorra. Por eso he roto otro rollo que tenia por ahí y llevo sin vaciar casi 20 días. Me he aguantado un poco en follarla rápido porque quiero gozarla a tope y que veas como la va gustar tomarse toda mi leche sin desperdiciar nada.

    Me abrumaba su rotundidad, me dejaba sin palabras, solo atine a decir:

    – Ya te dije que el tema del semen era lo peor que llevaba, jugueteaba, pero no se lo tragaba.

    Me miró altivo, haciendo noes con la cabeza. Justo en ese instante que se doy la vuelta para para colocar la crema en la mesilla salió mi mujer del baño, un poco cortada mirándome con cara de niña buena como avergonzada, miro a Jose Manuel que en ese momento se giraba hacia ella y mirándole el pollon dijo:

    – Ostia, me vas a destrozar, madre mía.

    Y me volvió a mirar como diciéndome ¿has visto eso?

    Jose Manuel de dos zancadas se puso delante de ella y la agarro fuerte el brazo con una mano dándola un tirón hacia delante poniéndola en el centro de habitación y con la otra la propino un azote a mano abierta que se tuvo que oír hasta en la recepción:

    – ¡!!!A que cojones te crees que estamos jugando, te he dicho que no le mires y que no comentes, solo que obedezcas. ¿Te a quedado claro, grita te ha quedado claro?!!!

    – SI JOSE, PERDONAME, LO SIENTO, NO LE VUELVO A MIRAR, PERDONAME POR FAVOR.

    Me quede de piedra, mi mujer gritando el perdón, pero ya no solo lo que decía si no como le miraba y como se sometía.

    La dio un tirón agarrándola del pelo, la puso de rodillas con la cabeza hacia arriba y en esa postura la ordenó poner las manos atrás cogidas, sentada sobre sus piernas, la mando abrir la boca y la puso el enorme capullo en los labios.

    – Solo con la lengua, lamela y bésala

    Mi mujer hacia lo que podía, lamia, besaba, le lamia los huevazos, le resultaba complicado. El mientras jugaba con sus pezones con una mano, mientras con la otro la manejaba la cabeza.

    Por increíble que parezca esa polla empezó a crecer mas y a poner se tiesa y dura.

    La soltó las tetas y la cabeza. Puso Jose Manuel sus manos por detrás y la dijo:

    – A ver que sabes hacer Miri, usa las manos si quieres, pero quiero que te la metas hasta donde puedas, no me la chupes solo métetela y sácatela hasta donde puedas y cuidado con los dientes o te daré una ostia cada vez que me hagas daño

    Mirian agarro el pollon como sopesándolo, alzo su culo sobre de sus perfectos pies y se la llevo a la boca, abriéndola con fuerza como si le fuera la vida en ello.

    Y empezó a mamar, metía y sacaba el pedazo de carne intentando llegar hasta la garganta, cosa bastante imposible pues el capullo era brutal, en una de esas el reculo para atrás:

    – Perdón, perdón, perdón, lo siento le dijo mi mujer en todo de niña buena.

    – ¿Perdón? Y dándola una ostia la giro la cara. ¿Qué te he dicho? Mal empezamos.

    La agarro de nuevo del pelo y la mando abrir la boca, la empezó el a follar la boca cuando la tenía al fondo, la aguantaba hasta que ella daba una arcada, así la tuvo cinco minutos, ya la baba la caía por la barbilla.

    – Tranquila Miri bonita, ya aprenderás a comerte mi rabo, apóyate en la mesita.

    Y dándola de nuevo un fuerte azote que la hacía estremecerse, agarrándola del pelo la puso apoyando las manos en la mesa alta de la cómoda, con sus pies la abrió de bien de piernas, dejando expuestos su coño y su culo a su merced.

    – Joder que agujeros tienes mas bien hechos, este coñito prieto que rico y el culito…buf que cerrado se ve pero que rico esta. Muy bien láser, ya me dijo tu marido. No hay ni un poro mal puesto.

    Abriéndola de manera soez y brutal más aún si cabe con sus manos, se agacho y empezó a meter su boca y su lengua entre sus piernas y culo, mi mujer no pudo más, al notar la lengua de Jose Manuel en su coño y su culo empezó a temblar y se corrió de nuevo. Este empezó a darle manotazos en el coño y el culo, golpeándola el clítoris y el ano, golpecitos rápido que ella sentía y vibraba, el orgasmo se alargaba. Hasta que un ‘Dioooooossss’ salió de su boca quedando apoyada en sus brazos que se la habían doblado.

    – ¡Levanta! La ordenó, Pon el culo en pompa, apoya la cabeza y ábrete con las manos los cachetes que ahora sí que le voy a meter. Y no vuelvas a desobedecer sea lo que sea que te haga o te mande por que me mosqueo y os mando a tomar por el culo y me voy.

    Yo cada vez estaba más perplejo esto estaba siendo la ostia, efectivamente estaba alucinando con mi mujer y como no podía parar de pajearme mirando, no me quería correr quería ver más.

    Pero el sumun fue que tras estas palabras de Jose Manuel mi mujer dijera:

    – No por favor Jose, de verdad que ya no hago nada que no me mandes y te juro que hagas lo que hagas o me mandes lo hago por favor, pero follame, follame.

    – ¿qué Julito? Ves ya te decía yo que era mucha zorra para tan poco cornudo, pajeate a gusto que vas a flipar.

    Me dijo mientras encaraba el pollon, que estaba como el mármol a la entrada del coño de mi mujer.

    Ella se ponía de puntillas, se abría todo lo que podía, la escupió un sonoro lapo en toda la cabeza de su polla y empezó a empujar, solo empujaba despacio abriéndola metiendo centímetro a centímetro toda la barra. Mi mujer resoplaba se mordía el labio hacia fuerza para no chocar la cabeza contra la pared la mesa la hacia daño en las clavículas, pero era un sufrimiento que le gustaba. El volvía a dar otro apretón y ella hizo: arghh. Ya no cabía más, le llegaba al útero, faltaban dos centímetros para tenerla toda dentro.

    – Ya me tienes dentro muévete. La ordeno

    Y agarrándola del pelo con una mano y azotándola con la otra en culo, mi mujer empezó a moverse. Se agarro a la mesa y poco a poco empezó a subir el ritmo.

    El la levanto, la agarró del cuello trayéndola hacia él, se acercó a su oído, saco su lengua lo lamio y la dijo córrete zorra y con la mano la volvió a agarrar del coño por delante.

    Fue automático notar el apretón y temblar doblando las piernas cayendo en un orgasmo de los más brutales que jamás la había vista hasta ese día.

    Con el rabo bien clavado mi mujer jadeaba, la cogió las tetas fuertemente apretándola los pezones de manera infame, ella hizo ademan de quejarse, pero se acordó de sus palabras y se mordió el labio con cara de dolor, la tiro al suelo a cuatro patas, sin sacársela, la volvió azotar con la mano, y la obligo a hundir la cara en la moqueta del suelo para que su culo quedara bien expuesto.

    Con la polla dentro el empezó de nuevo un suave vaivén de mete y saca cortito suave, haciendo que ella se relajara, la cojo la mano y se la puso en su coñito y la mando tocarse suave.

    – Tócate suave putita que sabes lo que viene ahora y cuanto más cachonda estés antes te empezara a gustar. Mientras con su enorme dedo gordo empezó a hurgar en la entrada de su ano.

    – Trae la cremita Julio amigo que vamos a ver el nivel de zorra que aquí tenemos a ver si supera el examen.

    Me levante y proveche para ya quedarme en pelotas del todo, la pase la crema a Jose Manuel, que me dijo mirándome a la polla:

    – Aunque la hayas follado el culo sabes que hoy si va dejar de ser virgen además por todos sus agujeros.

    – Abre mi maleta y en el neceser hay cinta americana y una pelotita que tiene una correa, átala las manos atrás y ponle la pelota en la boca.

    Me fui a su neceser y saqué lo que me dijo, no me lo podía creer, le obedecía como si la que estuviera allí no fuese mi mujer, el morbo me nublaba, estaba en un constante nerviosismo y excitación que no era consciente y aunque me estaba gustando mas que incluso follarmela yo.

    Mientras, Jose Manuel hurgaba y metía sus dedos poco a poco en el culo de mi mujer, echándola crema y masajeando literalmente toda la zona del ano, yo le ponía la pelota. Mi mujer que no dijo absolutamente nada e incluso evito mirarme cerrando los ojos y procedí a atarla las manos a la espalda como me indico Jose Manuel.

    El seguía con el masaje y bombeando polla en su coño, mi mujer ya empezaba a respirar hondo y rápido, estaba claro que la dificultad de respirar, el sentirse completamente ofrecida, el pollon que la llenaba, el masaje y las penetraciones de dedos en el culo la tenían a punto de correrse de nuevo.

    Jose Manuel me dijo:

    – ¿Ven siéntate aquí a nuestro lado cuando yo te diga, la agarras como me has visto hacer a mí, del coño y se lo mueves fuerte, agarrándola fuerte, te has enterado?

    Me senté al lado de mi mujer a la altura de su cintura. Jose Manuel empezó a bombear mas fuerte, llegue a pensar que se iba a correr mi mujer ya estaba a punto de correrse, y de repente saco el pollo, lo apunto a su ano y empezó a meter, apretaba fuerte, estaba entrando con dificultad, pero entraba. Mirian solo podía jadear, hizo amago de avanzar hacia delante y que Jose Manuel aflojara, pero la dio un brutal cachetazo en lateral del culo que entendió perfectamente, apretó y apretó hasta que sus huevos chocaron con su coño.

    Mi mujer sollozaba, estaba claro que era mucha polla para su atlético culito y eso que llevaba crema lubricante y anestésica.

    – Ya tienes bien follada a tu zorra. ¿Mira… por el culo se la meto hasta el mango, ya sabes lo que la va a pasar no?, que me la voy a follar por el culo mas que por el coño.

    – Lo tiene prieto de cojones. Esta putita deportista va a ser mi vicio.

    – ¡vamos zorra empieza a moverte, sácala entera y métela entera!

    Mi mujer sin dejar de sollozar, empezó a sacarse el pollon poco a poco con mucho sufrimiento le dolía de verdad, por un momento pensé en cortar el juego si ella se la sacaba y se tiraba al suelo, pero volví a equivocarme, cuando ya casi asomaba el glande, volvió para atrás poco a poco hasta ella misma clavarse de nuevo hasta los huevos.

    – Si señor, esta puta me ha dar muchas noches de gloria, ¿ves Julito? ¿Como estas putas siempre quieren más? Tu atento a mi orden.

    La agarro fuertemente de las caderas y empezó poco a poco a aumentar el ritmo, cada vez más rápido, se la sacaba y se la metía entera, mi mujer empezó a resoplar, cada vez más, estaba claro que le dolor había pasado y que ese pollon clavado tan profundamente la hacia gozar. La saco de nuevo entera y se la clavo más duro aún. De repente empezó a dar más rápido pero clavado hasta el fondo. Mirian empezó a gemir y gemir cada vez más rápido y me dijo:

    – Ahora cabron rómpela el coño.

    La agarre la vagina como me había dicho y fue hacerlo y mi mujer empezó a correrse de nuevo de un a brutal temblado y con espasmos por el cuerpo.

    Me ordeno:

    – Quítale la bola a mi zorra, rápido.

    Así lo hice, mi mujer lo agradeció dando un suspiro disfrutando los ultimo coletazos de su espectacular corrida, mientras Jose Manuel seguía bombeando cada vez más duro. Ella parecía una marioneta en sus manos, parecía que la usase como una muñeca.

    Se salió de su culo, la agarro fuerte del pelo y poniéndola de rodillas la ordeno:

    – Abre la boca y saca la lengua

    La metió el pollon todo lo que pudo, arrastraba algún resto de sangre mezclado con la crema y algo más, pero ella obedeció sin rechistar, le daban arcadas al llegar el pollon el fondo.

    Bombeo cinco veces y sacándosela de la boca empezó a menearla con el capullo aun dentro diciendo:

    – Si cae una sola gota, no te vuelvo a follar nunca en tu puta vida, así que traga como si tu vida dependiera de ello, ¿te enteras?

    – Si jose, no te voy a defraudar nunca dámelo por favor, dámelo

    Y cogiéndola fuertemente del pelo empezó a vaciarse, un semen muy amarillo, muy viscoso, borbotones que mi mujer recibía con la boca abierta de abajo arriba para que no saliera nada según tragaba, trago y trago. El corridon fue brutal.

    La agarro guiándola la boca para que se la chupara entera de nuevo y limpiara cualquiera resto de lo que fuera de su polla y sus huevos, alzo sus huevos y su polla hacia arriba y la dijo:

    – Lámeme el culo, me ha sudado mucho follandote y me gusta sentir tu lengua.

    Estaba totalmente entregada a la voluntad de este viejo barrigón polludo. Ella se agacho para poder lamerle bien el culo y los huevos, dejándole completamente limpio.

    La levanto del suelo por las axilas, la corto la cinta, no paraba de besarla, ella le correspondía, estaba rota, agotada le dolía el cuerpo entero, la cara desencajaba de placer, dolor y cansancio. La mando tumbarse al borde de la cama con las piernas abiertas.

    – ¡ Julito ven aquí ¡

    – ponte de rodillas, cómela el coño y el culo y te la follas, y tu zorra tócate que quiero que te corras otra vez con el cornudo de tu marido. Pero ni te ocurra comerla la boca, su boca y su culo son míos cuando este con vosotros, venga dale ya cabron

    Como autómata, me puse a comerle el coño y el culo, estaba abierta como nunca me pude imaginar.

    Ella me sujeto la cabeza y me indico que se la clavara ya, empecé a bombear, no iba a aguantar ni dos minutos, de lo caliente que estaba.

    Jose Manuel me increpo:

    – Si corres dentro te lo tienes que comer así que tu veras, la puta solo tiene que saber a mí.

    Nada más oírlo Sali de ella y poniendo la mano me vacié sobre mi mismo tratando de que no callera mucho al suelo pajeandome.

    Mi mujer aumento el ritmo de su paja tenia los ojos cerrados, imagino que para cumplir la orden de no mirarme.

    Abrió los ojos buscando a Jose Manuel, mientras se frotaba cada vez mas fuerte y se daba cachetitos en el clítoris y dijo:

    – Jose, por favor Joseee

    El muy cabron la entendió perfectamente. Se puso a su lado la paso el brazo por detrás y empezó a comerla la boca como un cerdo mientras la retorcía un pezón con la otra.

    Ella gimió:

    – Otra vez Joseee otra vez uhnnnnmmm. Si otra vezzz Dioos

    Y la muy puta se volvió a correr por enésima vez con espasmos que la hacían estremecer todo el cuerpo.

    Jose Manuel, se levantó, dando por concluida, la noche. Yo me temía que me mandara a mi a la habitación y que se quedara con Mirian, pero no fue así.

    En tono de nuevo conciliador y diplomático dijo:

    – Lo hemos pasado de vicio nunca mejor dicho, vamos a descansar que nos queda todo el sábado completo y la mañana del domingo.

    – Mañana bajamos desayunar a las 10 y luego antes de salir me dais un toque que paso a vuestra habitación a unas cositas ok?

    Volvió a morrear a mi mujer sobándola el culo a conciencia y a mí me dio la mano, diciéndome:

    – Tenía razón o no? Venga tira a descansar que mañana vas a flipar más aun.

    Y cruzando el pasillo en pelotas como íbamos nos pasamos a nuestro cuarto.

    Entramos a la habitación, tratamos de no hablar de lo ocurrido. Mirian se fue de nuevo a ducha, me senté en la cama a esperar que terminara para entrar yo, La cabeza me daba vueltas, pensando en lo ocurrido pero sobre todo en que podría esperarnos al día siguiente.

    Nada mas salir mi mujer, entré yo al baño, no nos dijimos nada. Me duché y salí. Mirian se estaba dando crema por todo el cuerpo. Me quedé mirándola embobado, viendo lo buenísima que estaba.

    Nos miramos a los ojos ella sin parar de sobarse:

    – No se que decirte, ¿lo has gozado? Le dije.

    Hizo una pausa, me miró como con pena y me dijo:

    – Cariño… mucho me ha encantado y quiero más, ¿y a ti?

    La mire cogiendo aire, me quité la toalla de la cintura y la enseñe mi polla otra vez dura como una piedra.

    – Creo que con esto te he contestado.

    Se acerco a mí. Nos besamos apasionadamente, me la agarró, y acercándose a mi oído me dijo:

    – Pues pajéate pensando en como me han follar mañana, porque cuando me estaba comiendo Jose la oreja mientras me destrozaba el coño, me ha prohibido follar contigo mientras sea suya.

    Me quede más cachondo aún, pero me resistí, nos metimos en la cama y Mirian se durmió prácticamente al instante.

    CONTINUARA (espero comentarios)

  • Sexo embarazoso, gimnasia de la alegría

    Sexo embarazoso, gimnasia de la alegría

    Un fastidioso corte de luz, una empleada embarazada carente de mimos, fueron motivos para conocernos e intimar. Esa misma tarde conseguí el mejor de mis logros, tener sexo con una embarazada, hacer realidad esa fantasía. Ahora lo disfrutamos a morir.

    Esta es una historia de oficina, producto de la causalidad, situación inimaginable, una experiencia formidable motivada por uno de esos indeseables cortes de luz a que nos tiene acostumbrados el verano de Buenos Aires. Ese fastidioso inconveniente produjo la interrupción del trabajo de la oficina, y aquí es cuando el incordio se transformó en delicioso momento…

    Calurosa tarde de enero, imposible estar en la oficina sin aire acondicionado, di asueto por el resto del día al personal, se fueron retirando, excepto una, Daniela, que por alguna desconocida razón se había quedado última.

    Terminé de acomodar mis cosas, me ofrezco para acercarla hasta su casa. Salimos, pero ya en el ascensor demostró un aspecto que denotaba cierto enfado por retirarse antes de la hora habitual, es una de esas situaciones donde los gestos dicen lo que el silencio oculta.

    —Perdón y mis disculpas si soy indiscreto, me doy cuenta de que no estás gustosa por volver algunas horas antes a tu casa…

    Su expresión confirma mi apreciación, su mirada refuerza mi atrevido pensamiento, sin decir mucho más le ofrezco que en camino al estacionamiento hagamos una pausa para tomarnos una bebida bien fría, la alta temperatura amerita que era lo más indicado. No responde, sonríe, el agradable confort del aire acondicionado predispone a la confidencia.

    Pedí una cerveza y una gaseosa para mi empleada, mi compañía le motiva conversar, sacudirse la carga emotiva, encontró en mí el escuchador discreto para manifestar sus pesares de la intimidad marital.

    Que está iniciando el tercer mes de un embarazo, buscado con su marido, pero él se muestra totalmente conservador, evita el contacto sexual porque su estado le baja la libido y por temor de dañar a la nueva vida. Que ella está cada día más necesitada de atención sexual, sobre todo que el médico le recomendó especialmente mantener la actividad sexual, que la mujer en su estado necesita practicarlo, la excitación exige propia de su condición lo exige, estimulará físicamente y es el más efectivo anti estrés, el médico dijo que hacerlo sería como tomarse una dosis de “gimnasia de la alegría”.

    Ayer llegué un poco antes de lo usual, lo pescó saliendo del cuarto de la empleada doméstica, subiendo el cierre de la bragueta, signo claro que había descargado sus necesidades en ella.

    —Te das cuenta del porqué no quiero llegar de improviso, no quiero volver a encontrarlo dándole a la doméstica (esto último dicho de modo cómplice)

    —Te comprendo, aunque no entiendo la actitud de tu marido, sobre todo que cuando la mujer embarazada está mucho más caliente de lo común, y las fantasías que su estado genera en cualquier tipo es algo de no creer. En verdad no comprendo cómo teniendo todo un parque de diversiones a su disposición se conforma con estar en el juego menos divertido.

    —Me has comprendido, entiendes mi estado de ánimo, corneada y tener que “ajusticiarme por mano propia” pero no es divertido.

    —Qué piensa hacer?

    —Qué harías, digo… vos que me aconsejas? Te inhibe una mujer embarazada?

    —No… no de ningún modo, siempre fueron una de mis fantasías más ocultas, sería algo delicioso probar esa excitación genuina de una mujer en ese estado.

    —Yo estoy en “ese estado”. Tenemos confianza y un trato de amistad de un par de años. Te animas a darle a tu amiga panzona?

    —Realmente nunca lo hice con una mujer grávida, viendo lo buena que estás sería delicioso, sobre todo satisfacer tus necesidades.

    —Qué bueno hacerlo contigo, me asegura discreción y sé cuántas ganas me tienes, he visto esa mirada cargada de lascivia de solo pensar en metérmela. O me equivoco?

    —Para nada era tal cual pensabas.

    —Entonces qué esperamos, llévame al hotel, el tiempo es oro. Vamos ya mismo!

    Su primer acto fue, sacarse el sostén dejándose la remera puesta, improvisada danza erótica balancea sus voluminosos pechos, la remera trasluce la zona más oscura de las areolas, los pezones, gruesas picas empujan la tela para atravesarla. La prenda ajustada, sugiere más de lo que muestra, las tetotas meciéndose al compás de improvisada danza, pezones exultantes erotizan y estimulan el sentido lúdico del sexo.

    Expeditiva y rápida en las decisiones, se había quedado corta, le tenía muchas ganas, más de lo que suponía, tanto que en un par de oportunidades necesité ir al baño a hacerme una paja para poder soportar la calentura del deseo.

    En el breve trayecto al hotel más cercano me decía que desde que se embarazó sabía que detrás de mí encantadora sonrisa estaban los ruidosos instintos de hacerle sexo, que está muy cómoda en su propia piel, siente todas sus hormonas alborotadas como para dejarse comer por mí hambre de sexo.

    En pocos minutos estábamos quitándonos los zapatos, sentados en la cama, esperando quién daría el primer paso para desatar la locura.

    El deseo estaba servido, la calentura a punto de ebullición, tan solo fue colocarla de bruces sobre la cama, hacer a un lado la bombacha y dejarla ir dentro. La vagina súper caliente, pletórica de jugos, la siento algo estrecha para el grosor del miembro, entré de un solo envión. Las sensación de mi carne dentro de su sexo fue algo colosal, los gemidos conllevan el deseo reprimido, el movimiento del miembro chapotea en la jugosa almeja, la estremece y conmueve, agita y vibra, los jadeos del incipiente orgasmo se replican en contracciones, los músculos vaginales copian el sentido de oprimir al visitante, retenerlo dentro es lo que más le importa, exprimirlo, robarle toda la potencia.

    No cesa de gemir, jadear hasta perder el aliento, por retener un instante más el goce, las emociones se suceden sin solución de continuidad. Vocifera y grita, palabras inteligibles, lloriquea, pidiendo más y más fuerza, la constante en los incontables orgasmos que la conmueven.

    —Siii!, quiero más, dame más, me gusta!, mátame. Entra más fuerte. Cógeme, rompe la concha de tu puta, dame pija, ábreme más con esta poronga de burro. Cógeme, cógeme!!…

    Seguía dándole verga, no necesitaba moverme mucho, ella se debatía en su propio goce, eso era lo que necesitaba para retardar mi acabada. Aprovechaba su deliciosa calentura para disfrutar demorando el momento, retomé el ritmo del garche, apretando sus piernas entre mis rodillas, entrando con vehemencia y furiosas embestidas, en silencio, concentrado en darle toda la pija que necesitaba.

    La velocidad y la concentración me están llevando al borde mismo del abismo. El agite continuado, despertaron el letargo de la serie de orgasmos, los embates profundos dejan la huella del poder del macho sobre la hembra, tomada con fuerza de los cabellos impongo la fuerza dominante sobre la sumisa entrega. El gemido jadea en sus entrañas, fuera de control, un bramido grueso y áspero brota desde lo profundo, jadeo como un padrillo sirviendo a su yegua. Me derramé dentro de su vagina.

    —Wowww, que caliente papi, que caliente, siento tu leche!, te siento papi…

    —Ahhh, ahí va el resto, toma!…

    —Sí, papi, dale toda la lechita tu puta, dámela toda, nunca me sentí venirme con tanto entusiasmo, tan… ya ni sé cuántos. Siento tu leche alimentando mi deseo, ahora necesitaré más leche. Me vas a dar más? Quiero más… (Mohines haciendo “pucherito”)

    Agarrado de sus caderas, la intensidad del polvo era algo inédito. Me retiré del estuche caliente, sentado en la cama la observo, disfruta el éxtasis, permanece de bruces, el rostro desencajado pero feliz, volteó para recoger en la mano el semen que rebasa de su vagina, la mano a modo de cuchara, lo mira, sonríe mientras lo esparce sobre las tetas, frota los pezones con el espeso fluido.

    —Esto es lo que necesitan mis pechos. Te gustan? Me costó mucho aguantar el poco rato que demoré en venirme. Cuánta leche, tenías ganas de voltear a esta panzona? Prepara la ducha que te alcanzo.

    Bajo la lluvia, abrazos y besos, ciertamente era una mujer llena de sorpresas, la forma de excitarse, bien gritona pero deliciosa y sensual, sabía moverse para calentar al hombre. Sus labios saben besar, hábil en hacerme el sexo oral. Comenzó bajo la ducha, pero lo inestable del piso nos obligó a continuar en la cama, le gustaba metérsela en la boca cuando está dormida, sentirla crecer dentro, tragársela hasta el fondo, los dientes recorriendo el tronco, mover la lengua, metiéndola entre la piel del prepucio, aprendió que ese jugueteo me ponía súper excitado, mama y se mira en mis ojos, atenta al menor de mis gestos.

    Nunca me habían mamado con tanta intensidad, tampoco tenerla tan dura en un boca tan caliente y jugosa, siente que voy a explotar en su boca, me saca sin dejar de masajearla. Se coloca sobre mí, un increíble sesenta y nueve comienza a moverse sobre mi boca.

    Las primeras lamidas la estremecen, cuando metí la lengua dentro de la cueva volvió a estremecer, está súper sensible, cada movimiento la conmueve. Los dedos y la lengua hacen estragos en su cuerpo tan sensible al menor contacto con sus genitales, todo su cuerpo es una gran zona erógena, el deseo la desborda, la libido llena todos sus sentidos, la calentura la derrite en mi boca, los dedos entrando y saliendo de la vagina y el ano ejecutan la sinfonía del descontrol. Nuevamente los gritos transmiten el estado interior.

    El orgasmo estalló en mi boca, los gemidos y la abundancia de jugos expresan el fragor que brota de sus entrañas, sostengo de las nalgas, pegado a su sexo, el orgasmo la hace volar, no paró un momento de jadear y gemir, mi rostro incrustado en su conchita. La pausa recupera fuerzas, vencida y feliz, se tiende de lado. Nos espera un nuevo round de esta lucha sin fin.

    —Grité mucho?

    —Bueno, un poco, me gusta que te expreses, me excita mucho.

    —Con vos puedo, él no quiere, le molesta, dice que lo distraigo, que se le baja.

    —A mí me resulta muy erótico, sobre todo cuando estabas cruzada en la cama, la cabeza colgando fuera del lecho, eras un compendio del erotismo, con la libido y voluptuosidad de una fiera en celo.

    —Me haces sentir una loba, por eso aulló, estoy llamando al macho, me pones muy loquita, esta vez no será la única vez que veas aullar. Quiero ser tu loba, tu loba muy puta.

    Ahora le toca demostrar cuanto de loba y cuanto de puta, arriba, moviéndose en libertad, sin presión sobre su vientre. Maneja los labios vaginales como boa constrictor, la sinergia de la calentura nos hace vivir, la verga dentro de ella la excita más, tetas estrujadas en sus manos, frota los pezones entre sus dedos, emerge una tímida gota de leche.

    Evoluciona, ondulando el vientre, girando, inclinada sobre mí, ofreciéndome sus voluminosas tetas para que las mame, succione los pezones para ganar el trofeo de la lujuria láctea.

    Imposible demorar mucho, efusiva y ardiente hembra, exprime sensaciones, gestiona el semen de su macho.

    —Mami, qué buena estás, me calientas tanto que me voy…

    Disfruta y goza, la vagina late y contrae, desmonta despacio, escurriendo la leche sobre el pene, recoge con su boca la energía del macho. – Esto es el elíxir de la vida, nada de tu leche debe perderse, siempre dentro de tu putita, ahora es tiempo de saborear el sabor de mi machito. Hmmm, qué rica. Levemente salada, pero bien sabrosa.

    El bip bip del teléfono de la habitación interrumpió las caricias bucales que Mabel con intención de ponerme al palo para otro polvo. “En diez minutos finaliza su turno señor”.

    Cuatro horas de sexo, dos turnos, la realidad impuso el final de esta aventura embarazosa. Esto fue solo el inicio, ambos nos prometimos seguir en ella hasta… Si se repite prometo compartirla con ustedes, es una aventura que no puedo referir a nadie, en este ámbito todo se puede, hacerlo bajo el paraguas del relato erótico podemos confesar esos momentos de erotismo y sexo que no podríamos hacerlo con alguien más.

    Quiero saber tu impresión, te espero en [email protected] estaré encantado en contarte detalles que se han quedado sin escribir para no hacerlo tan extenso, gracias por entenderme.

    Lobo Feroz

  • Me quedé solo con mi cuñada

    Me quedé solo con mi cuñada

    Mi nombre aquí será David, tengo 22 años, tez clara, ojos cafés, pelo negro y un cuerpo ni muy fuerte, aunque tampoco muy delgado.

    Continúo…

    Llevo 2 años saliendo con mi novia a la qué llamaremos Marcela, ella es una chica apiñonada con unos pechos espectaculares qué les gusta lucir con unos escotes que me hacen querer meterle la mano a cada rato, una cintura que me encanta agarrar y un trasero qué me vuelve loco.

    Cómo llevamos ya un tiempo de relación, existe la confianza de quedarme en su casa y ella en la mía. Ella vive con sus papás y su hermana, ella se llama Mónica tiene la misma edad que yo, ella es dos años más grande que mi novia pero tienen casi el mismo cuerpo, la diferencia es que Marcela tiene un poco de más trasero qué Mónica.

    Fue un fin de semana en el que hubo fiesta, ya saben sábados de borrachera, a la fiesta fuimos los tres, Marcela, Mónica y yo. Mi novia se puso muy muy borracha, por eso Mónica y yo teníamos que cuidarla, entre plática y plática de la que tenía con Mónica le pregunté de qué porque no tenía novio si era muy guapa, a lo cual me respondió que no dejaría que cualquier chico puede conquistarla.

    -¿Entonces eres un chica difícil?

    -Si, puede que sí.

    Seguimos tomando y ví que se acercaba cada vez más a mi, incluso cuando revisaba mi celular se recargaba en mi hombro para ver qué hacía. La fiesta terminó, y nos fuimos a la casa de ellas. Cuando llegamos sus papás estaban muy enojados por el estado en el que llego Marcela, aunque Mónica y yo dijimos que todo el tiempo la cuidamos y por eso también nos habíamos regresado, entonces al parecer comprendieron la situación aunque dijeron que como castigo tendría que ir con ellos en la mañana a visitar a unos parientes.

    Al terminar de regañarnos a todos, todos se fueron a sus cuartos, sus papás, Mónica me dio las buenas noches y se fue a su cuarto yo me dirigí al cuarto de Marcela para quedarme con ella. La verdad entre el alcohol y la noche me dieron muchas ganas de coger pero sabía que Marcela no podía mantenerse de pie así que pedirle que hiciéramos algo no era buena idea.

    Ya en la mañana escuché que sus papas tocaron la puerta, Marcela se vistió y me dijo quédate dormido te lo mereces, le contesté que si y cerró la puerta. Un poco más tarde escuché que abrieron la puerta muy despacio aunque el sueño era más que mi curiosidad, y sentí una mirada muy rara entonces recordé que para dormir estaba en bóxer, y que me veían así, cuando levanté la cabeza ahí estaba parada mi cuñada Mónica, viéndome dormir aunque estaba tapado no podía disimular la erección que tenía bajo las sábanas.

    -Si qué estás muy despierto David. Miró mi paquete.

    -Ah, si, deja me visto y voy. Me acosté rápidamente bocabajo.

    -Que no te de pena. Comenzó a reír.

    -No, no es que me dé pena, es que yo estoy así, y tú normal.

    -¿Y quién dijo que no estoy excitada?

    ¿Excitada? ¿En serio dijo excitada? Será que le gusto o solo es el momento, la verdad no sabía que qué hacer pero decidí seguir el juego.

    -No es pena, solo que a mí se me nota y a ti no.

    -Claro que si mira.

    En eso subió su blusa y me dejó ver sus hermosos pechos, se veian tan grandes como los de mi novia aunque en ese momento podría decir que eran mejores.

    -Cierra la boca o hago qué la cierres me dijo.

    -Pues ven y cállame, le contesté.

    Entonces todo comenzó, se acercó a mí y me dijo que hace tiempo le había gustado pero no podíamos hacer nada porque somos cuñados, yo también le confesé que en ocasiones la veía o fantaseaba con ella, entonces hagamos qué valga la pena me dijo.

    La recosté en la cama con mucha suavidad y comencé a besarla primero lento, yo metía mi lengua cómo serpiente atrapada, a lo cual parece que le gustó porque hizo lo mismo conmigo. Terminé de quitarle la blusa, y comencé a tocarle los pechos, apretarlos, acariciarlos, sentí que mi pene comenzó a crecer muy rápido a lo cual ella también sintió porque me dijo:

    -Espera vamos con calma.

    En eso comenzó a besarme el pecho y a bajar, mi respiración se aceleraba cada vez más, entonces tomo mi bóxer y lo saco lentamente, mi pene salió de un salto al verlo ella me envió una mirada de placer, rápidamente lo metió en su boca y comenzó a mamármela como no creí que podría hacerlo, era la boca más traviesa que la de mi novia y eso me encantaba, me senté sobre la cama mientras la empujaba con mis manos sobre su cabeza, espera ahora voy yo le dije.

    Se recostó y me dijo, creo que sabía que algo así pasaría, ayer me depilé todo y sonrió. Al decir eso me prendí más y la excitación era mucha. La tomé de la cadera y suavemente le baje el pants que traía de pijama, para mi sorpresa no traía ropa interior a lo cual me dijo que así dormía más cómoda.

    Me pegue en su clítoris y comencé a lamer, chupar, besar, le empecé a hacer de todo y ella se retorcía en la cama, todo el cuarto empezó a oler a sexo, ella gemía increíble mis manos buscaban sus pechos y la hice gemir aún más.

    ¡Basta! Me dijo quiero hacer más, deja voy por un condón a mi cuarto, no le dije aquí tú hermana tiene, luego lo repongo (obvio sabía dónde estaban los condones), está bien con cara de perversa.

    Ya con el condón me recosté sobre la cama y ella se puso encima de mi, tomo mi pene entre sus manos, con suavidad lo metió en su apretada vagina y comenzó a gemir muy seximente, después comenzó a brincar la cama se movía ella gritaba, yo me contenía de placer, rebotaba más y más, sus pechos rebotaban entre sí era algo hermoso de ver.

    Con tanta energía que teníamos ambos en un rebote de ella, me levanté y sus piernas quedaron a lado de mis brazos, yo quedé prácticamente sentado y ella sentada en mi pene, nos besamos y en esos besos hubo mordidas, al parecer nos traíamos muchas ganas ambos. Azotaba su cadera contra la mía el sonido era increíble y ambos comenzamos a sudar, nos mirábamos fijamente y en eso ella dijo:

    -Nada de esto a mi hermana.

    -No no -dije y seguí azotando.

    Nos detuvimos solo para cambiar de posición ella se recostó sobre la cama bocabajo levantando su trasero, y comencé a penetrarla fuertemente, vi cómo sus piernas se ponían duras y comenzaba a gemir, apretaba las sábanas y mordía la almohada pero decía.

    -Más, más, por favor más, cógeme, dame duro, duro.

    -Lo que desees.

    Comenzamos a gemir los dos, se levantó y se puso en cuatro la tomé de las caderas y empecé a empujar duro, sentía que me venía, casi termino le dije. Ella salió se acostó y me dijo en mi cara. A lo cual rápido entendí, me puse de rodillas con mi pene frente a su cara y comenzó a masturbarme.

    – Si, si si, le dije.

    Terminé en su cara con un chorro qué parecía que no había cogido en años ella cerró los ojos y dejó que todo le cayera, para mi sorpresa empezó a embarrárselo en la cara, tomo un poco con sus dedos y se lo metió a la boca.

    -Wow, le dije.

    -Nada de esto a nadie. ¿Ok?

    -Claro que no.

    -Entonces vamos a desayunar.

    Nos levantamos de la cama, nos vestimos, desayunamos y me fui a mi casa, más tarde regresé a ver a mi novia y todo fue normal.

    Gracias por leerme. Comenta si quieres. Tengo más historias pero eso será después.

     

  • Sexo por dinero. La prima pagó la deuda con sexo

    Sexo por dinero. La prima pagó la deuda con sexo

    La prima ofreció pagar la deuda con su carne. –Dime con cuántos polvos saldo la deuda? Uno, dos, tres y la cola, es mi última oferta. Así la prima cumplió el compromiso, ahora tiene el crédito abierto, ah, también el culito.

    Esta historia es casi un lugar común, cuántas mujeres toman, a espaldas de su marido, una deuda que después no pueden saldar, porque las circunstancias le juegan en contra.

    Esta historia sucedió en Argentina, en uno de los tantos avatares de la economía familiar. Ella sabe que si el acreedor es varón, siempre va encontrar la “forma” de saldar la deuda, por ejemplo, entregando su cuerpo y evitar que su marido se entere. Esta fue la génesis del relato, esta forma de pago conlleva la complicidad con el suertudo acreedor.

    A grandes trazos cuento la génesis de la situación: En una reunión familiar le pregunté a la prima Cristina el porqué de su tristeza, la respuesta develó sus penas, pidió si podíamos tomar un café y poder hablar en privado. – Esta semana voy a estar muy ocupado, llámame por teléfono y vemos cuándo. Llamó dos días más tarde:

    – Hola Luis, soy Cristina…, no sé de qué modo contar esto, no me animo…, estoy en una situación límite, tengo una deuda con la tarjeta, por segundo mes hice un Hola pago mínimo, los intereses me van a comer viva.

    – Qué dice tu marido

    – El desconoce todo, tampoco tiene plata. Sin trabajo estable, solo changas (trabajo eventual)

    – Pero tienes un trabajo en la zapatería, y tu patrón no puede echarte una mano?. Lo he visto traerte alguna vez y me pareció que tienen un trato más que amigable.

    – Tan notorio fue?

    – Sí, tanto, además un hombre sabe cómo se trata a una empleada y cómo cuando hay algo más que una relación laboral

    – Bueno, sí, hay algo más que parece nadie notó, pero tampoco tengo un sueldo como para afrontar esa deuda, por otro parte, el patrón con el “algo más” como dices no es tan generoso, más bien avaro, pero para conservar el trabajo a veces debo hacerle un “servicio especial”..

    – No hace falta que digas más, ya entendí todo.

    – Bien, dime cuánto necesitas? – me dijo el importe

    – Puedes venir mañana en la tarde por casa a retirarlo.

    – Gracias primo.

    Se presentó en mi casa a la hora indica, como era una tarde calurosa, invitarle una cerveza helada parecía lo más indicado, el brindis y la cordialidad la predispuso para contar su historia, puse el índice en su boca, para evitarle el motivo.

    – No necesito explicaciones, tan solo solucionar tu emergencia económica, cuando puedas me lo devuelves. No necesito conoce la intimidad de tu cama, me parece que tu patrón bien podía tener la gentileza de sacarte de esta emergencia.

    – Lo hizo un par de veces, justamente por esa razón comenzó a cobrarse de la forma que imaginas.

    – Con lo buena que estás debería ser generoso, mira que tet…, qué delantera y qué buena cola, con esos atributos podrías… bueno eso.

    – Sí pero no lo es tanto, además la esposa trabaja con él, lo tiene súper controlado, te puedes imaginar de qué modo es.

    Pasaron más de dos meses, recibí un llamado de Cristina, para disculparse por no haber podido afrontar la deuda, respondí que no había prisa. – No te hagas problemas, cuando puedas está bien.

    Otro par de meses, repite el llamado del mismo tenor, con la misma respuesta de mi parte, dijo que necesitaba decirlo personalmente. – Ven, tomamos una cerveza y me cuentas.

    Sin muchos rodeos fue directa, quería proponer una solución a esta deuda, estaba agradecida por haberla sacado del enredo.

    – Mira primo… no me falta voluntad de pago, solo me falta dinero. Yo te propongo, si no te opones, pagarte la deuda con esto. – tocándose la cola

    – No sé qué decir… no lo había pensado así.

    – No te gusto?

    – Todo lo contrario, mucho, estás re-buena, claro… pero… no sé cómo sería…

    – Fácil, me entrego y te cobras

    – Así de simple -asiente – Bueno si lo pones en esos términos es como un acuerdo comercial -sonríe por la vuelta de tuerca y el humor de la respuesta. – A ver cómo? en cuántos encuentros saldarías la deuda?.

    – Cuántos piensas que vale? Uno? -niego con un gesto – Dos? -negación. – Tres y es mi última oferta!

    – Entonces de qué modo sería o más bien cuándo?

    – Tendría que ser cuando mi marido trabaja. Está esperando que lo llamen

    – A ver… estoy pensando en algo que no sé, pero tal vez matemos dos pájaros de un tiro, le conseguimos un trabajo temporal, sacándolo de la ciudad, y aprovechamos para… que pagues la deuda. Te parece? -sonríe, asiente. Ya imagino cómo hacerlo, mañana te llamo

    – A los dos días llamé a Cristina para decirle que al día siguiente llamaran a su marido para ofrecerle un trabajo de acompañante de camionero, la tarea será ir en viaje a Mendoza, ida y regreso, por unos… tres, o quizás cuatro días, que si le gusta hasta podría tomarlo como efectivo.

    – Qué bien, luego decime cuándo y dónde quieres que nos encontremos.

    Tenía un amigo que tiene una empresa de logística y siempre está necesitando personal, esta vez le conseguí trabajo a un pariente por una “buena” causa.

    – Hola primo, mi marido viaja esta noche, así que hasta el lunes no creo que esté de regreso, cuándo quieres cobrar la deuda?

    – Puedes venir a casa? mañana cuando salgas del trabajo

    – Ahí estaré, las deudas son deudas

    Llegó según lo acordado, ansioso, la perspectiva de tenerla para mí me excita mucho, en el mientras tanto había diseñado la estrategia de proponer o exigir llegado el caso, de que los tres encuentros, fueran tres noches que se quedara en mi casa como para garantizar el pago.

    La forma en que se dieron las cosas superó mis expectativas de máxima, que cuando puse la exigencia de que los encuentros fueran noches completas no fue rechazado, simula hacerlo a contra gusto, aunque solo fue una pose de coquetería. La propuesta era simple, quedarse conmigo, intentó un último ardid para zafar, que si llamaba el marido no estaría en casa para atender el teléfono y entonces…

    – Simple lo llamas desde el celular y dices que el teléfono fijo no funciona, si llama que lo haga al móvil.

    – Habías pensado en todo, verdad?

    – Qué tiene de malo, en el amor y en la guerra vale todo

    – Pero esto no es amor

    – Solo fue una expresión, es sexo, y el afecto de parientes lejanos.

    – Ahora no tan lejanos, estamos bien cerca

    – En la cama lo estaremos mucho más.

    La risa distendida hace lugar a la chanza, al juego erótico de la seducción verbal, abre los caminos al sexo entretenido, sin tensiones, de ese modo los cuernos no saben a culpa.

    De la risa al juego, del juego al toqueteo, de éste al abrazo devenido en manoseo descarado, la calentura sube a tope, los voluptuosos pechos invitan a la codicia y la rapiña, no trae soutién, erizados pezones amenazan atravesar la delgada tela del vestido.

    Detalles que seducen, presagian momentos de lujuria, los breteles del vestido se pierden, me apropio de sus meloncitos, cubriendo con la palma de la mano, el pezón dispuesto para ser frotado y lamido, al primer contacto con mis labios afloran los gemidos y el abrazo, señal de largada, el encuentro ha comenzado!

    El vestido cae a sus pies, libera la carne para ser devorada por el ogro, los besos marcan el derrotero de saliva, buscando el sur, entrar en la zona caliente del monte de venus, buscando el tesoro escondido en la cueva.

    – Para, para, mejor, espera que me lave.

    – Me gusta así, tiene el sabor de la hembra.

    – Sí, pero… es que no está tan limpia… tiene… bueno… él jefe me trajo en su auto, y como estaba escaso de tiempo y bien caliente, tu sabes cómo los hombres resuelven esa urgencia…

    – Te hizo sexo en el auto.

    – Sí, claro, como su mujer lo tiene súper controlado, muchas veces cuando me trae a casa, se detiene en algún lugar poco transitado y le hago sexo oral o él me hace sexo. Hace un rato me lo hizo y se vino dentro, por eso quiero limpiarlo, luego, todo lo que quieras.

    – Siempre se viene dentro, sin condón?

    – Sí, al señor de la zapatería no le gusta usarlo, por eso me pagó un diu, para hacerlo al natural, en casa obvio que no sabe que lo tengo.

    – Entonces puedo al natural?

    – Totalmente, quiero probarte. Dame un momento para lavarme la leche y dejo que me la comas toda. Me gustaría mucho, a ninguno de los dos le apetece hacerlo, solo cuando lo exijo, y me gusta, me gusta mucho, a vos te va?

    – Síiii, quiero comértela todita.

    Pasó por el bidé y la ducha, volvió enfundada en mi bata de baño, las cervezas frías nos esperaban, el primer acto está por comenzar…

    – Woww, qué bien se te ve, no sientes calor? – Abierta está mejor? – Mucho, además puedo ver la “mercaderia” que me voy a comer.

    – Es tuya… por dos días toda tuya. – Todo es todo?… – Entiendo que sí, es el pago.

    Displicentemente, desnudita viene al encuentro… frota la mejilla con la cerveza helada. – Hmm, qué acalorada estoy. (toca la conchita) también acá estoy acalorada. Tienes forma de sacarme este calor?

    Puso “toda la carne sobre el asador” (jugó todo a ganador), tomarla de la cintura, sentir su cuerpo, sentarla sobre la mesa, observar bien de cerca sus pechos, sobre todo la entrepierna, enrulados vellos, trigueños con el aroma de su sexualidad a tope. Palmas conteniendo sus “meloncitos”, fricciono los pezones, los primeros gemidos escurren de sus labios.

    Acerqué mi boca, hasta frotarme en los vellos, embriagarme del aroma de la conchita, borracho de lujuria abrí los labios mayores, apoyando en los perfumados jugos, la lengua activa, los dedos cola-borando en activar todas sus zonas erógenas. Los gemidos profusos impulsan a ser más contundente, subirla a la cima de la ola, agitar la espuma del placer y dejarla caer al vacío del abandono. Volver a subirla y llevarla al delirio, los jadeos y gemidos aturden mis sentidos, sus muslos sobre mis hombros aprietan mis orejas, solo puedo sentir palpitar la vida en su sexo, latir la lujuria en sus entrañas, jadear hasta perderse en la vorágine de un orgasmo agitado y gritado.

    Pensó que todo había concluido, en medio del delirio secuestré el clítoris en mi boca, lamiendo, acosando a la cereza madura del deseo, vuelvo a subirla por la espiral de sensaciones, prolongar e intensificar el orgasmo hasta agotar sus reservas, deliciosamente agotada por la intensidad de sensaciones, se dejó estar en la vorágine de la tormenta, tomada de la cintura, volcada sobre mí.

    – Woww nena, qué forma de venirte, qué rápido. No parece que vengas de tener sexo hace un momento.

    – Es que no tuve sexo, él hizo sexo, fue un rapidín, no siempre me espera, yo recién comenzaba a calentarme cuando él ya me acabó dentro. De ese momento de sexo en auto, solo traje su leche dentro y la calentura que hiciste estallar por los aires.

    – Gracias, me gusto sentirte así, es lo que más disfruto, ser el artífice del goce de la mujer.

    Terminamos la cerveza, pedimos una piza al delivery, nuevamente cerveza, erotismo, juegos y caricias.

    – Tengo una película porno te interesaría verla, sé que a las mujeres no les gusta tanto.

    – Yo no soy todas, busca y la vemos, tal vez aprendamos algo…

    Sabe jugar sus cartas, palabra justas, gestos adecuados, maneja la seducción y el desafío. La película típica de las porno, lugares comunes, solo reparó en una escena cuando un negro, un tipo común, pero con un miembro bien grueso, le hacía sexo a la rubia, ella encima de él, frente al espectador, se deja penetrar por esa gruesa herramienta, los ojos desorbitados, los de la protagonista y los de Cristina, por el tamaño de lo que está comiendo.

    Esa escena es motivo de comentarios, manifiesta que también le gusta el sexo anal, sus dos hombres no gustan de hacérselo, extraña cuando lo hacía con un amigo. – Estás frente a un fanático del anal.

    La coloqué sobre mis rodillas mientras vemos la película, despertado el deseo de hacerlo ya mismo, en brazos y la llevé a la cama.

    Como corresponde, comencé por comerle la boca, engolosinarme con los pechos, succionar las frutillitas hasta hacerla vibrar, sumergirme en el valle de los deseos, entre los labios de la vulva y lamer, lamer y lamer, hasta ponerla loquita, estrujar sus pechos. Inquieta, nerviosa, sin poder contenerse, respira a bocanadas, entrecortado, sufre la angustia de la espera por la carne masculina.

    Seguía vestido, en un tris voló camisa, pantalón, bóxer y zapatos en un solo movimiento, desnudo, a cuatro patas me acerco a su cara, me agarra el miembro, tantea la textura, sobre todo la rigidez y el grosor, le gusta, no puede rodearlo con su mano, con las dos lo encierra y agita, descubre la cabeza, encandilarse con el brillo y distraerse con el ojo que amenaza con las primeras gotas de energía.

    – Woww, qué pedazo! tal vez no sea como el de la película, pero es bien gordo, nunca estuve con algo así. -Cómo la tienen? – Mi marido larga pero fina, la del patrón normalita ni tan larga ni tan delgada. Pero la tuya, es bien gruesa, debe sentirse en…

    La calentura apremia, levanté sus piernas, ella sostiene los muslos para ofrecer en objetivo peludo a pleno, despejado y presto a recibir el choque de planetas. Separé los labios, me acerqué para que se apoye justo, deslizándose en el jugoso camino, atravesar el vestíbulo, abriéndose camino a lo profundo de la cueva. El golpe de entrada, la hizo gemir, conozco el efecto y el gusto por sentir algo bien grueso abriéndose espacio, lento pero sin pausa, voy hasta entrarle todo.

    A fondo, sus labios aprietan al intruso, es momento de iniciar el bombeo, volcado sobre su cuerpo, las piernas tan dobladas casi en sus hombros, la contorsión de su cuerpo favorece la penetración bien profunda. Me lanzo sobre ella, las manos soportan buena parte de mi cuerpo, el pistoneo de la verga, intenso y rítmico, promueve los jadeos por el esfuerzo físico, los gemidos solo son la forma de expresarlo.

    Nos metemos en la vorágine del contacto genital a pleno, metisaca intenso. Las sensaciones se multiplican, los jadeos agónicos, el orgasmo está en la cresta de la ola, moverme rápido es la forma de llevarla al delirio.

    – Vamos, vamos! no pares, no pares, dame, dame, más rápido, más rápido. Mete esa pija gorda, quiero sentirla lagar la leche, quiero pijaaa…

    La angustia de estar al borde de llegar, la conmueve, pierde el sentido de la proporción y la cordura, la calentura del sexo altera sus sentidos, la emoción del orgasmo alucina, se detiene hasta el corazón, un instante supremo, la calma que precede al tsunami. El estallido atroz, no puede hablar, solo es un momento de agonía, de ser y no ser, de perder el sentido, entrar en un instante donde todo es placer y locura. Caída libre, al abismo insondable de sus pasiones desatadas, detenerse a poco del choque con el suelo, volver a elevarse y nuevamente caer al vacío. Solo trato de poner en palabras lo que transmitían su gestualidad, voz inteligible, crispación, estrujando sus pechos como si en ellos estuviera la contención. No hay pausa para su deliciosa angustia, el bombeo continuado renueva y prolonga la agonía del orgasmo.

    La pausa, lleva paz y agotamiento a su humanidad maltrecha, vencida, se deja hacer por el hombre, alentarlo y exigirle ser llenada por la energía vital de su macho. – Vamos, mi macho, dame, dame tu leche, estoy esperando.

    No hacía falta esperar mucho, su orgasmo me había hecho gozar a mil, ahora sentía libertad para expresar mi calentura, bombeo fuerte y continuado. Luego el golpe final, a fondo, el bramido del macho en el esfuerzo supremo de consolidar su hombría, el primer chorro de semen, grueso y caliente brota de mis entrañas para llenar las de ella.

    Salí del estuche, la erección brilla por el semen arrastrado en la salida, conserva la erección y turgencia, se inclina para ver de cerca, entiende que debe limpiarla, pasa la lengua para recoger la leche, abre bien la boca para hacer lugar al glande, lo chupa y lame, mover el prepucio, el “ojito” llora una última gota de semen, apura a recogerlo con la punta de la lengua.

    Tendidos, tomados de la mano, en silencio, cada quien disfruta ese instante de paz que deviene en el clímax, los latidos del orgasmo se diluyen en ondas de amor y paz. Ja!

    La toalla puesta a tiempo recoge el fluido masculino inyectado en su conchita. La deja entre sus piernas para lo que siga escurriendo. El descanso repone energías, ella encima inicia un nuevo round, Cristina muestra sus dotes de hembra, conoce los secretos de manejarse como amazona, su vagina sabe apretar el miembro, sacar provecho del grosor, moverse con él dentro, ondulando el vientre, balanceando las caderas, saborea las mieles del erotismo generado por ella, transmitido por el testimonio de carne.

    Con tal actividad y movilidad no demoró mucho en alcanzar el orgasmo, menos extenso que los previos, grita mientras sube y baja, hasta agotar su energía. El clímax llegó con ella empalada, brevísima pausa y puesta de espaldas, sin sacar, un “misionero” clásico, cambiamos la postura de perrita, recibe el primer embate de la pija, el ano prieto y rosado es la tentación misma, penetrada y jugando con el dedo en hoyo, insiste en taladrarlo, caricias y mimos distraen, apoyé la verga en el ano.

    – No, noooo, no… te atrevas…

    – No era que te gustaba tanto por el ano?

    – Sí, pero eso fue antes de verla, lo tengo estrecho… la tienes tan gorda…

    – Prometo que…

    – Deja de joder, cuando la meten, no se detienen hasta venirse. Me asusta, es muy gorda.

    La tentación de hacerle el culo es fuerte, la carne es débil y la verga muy dura, metérsela en el ojete la obsesión.

    Puerteo, se le frunce y agita, antes que reaccione se la meto, forzando el esfínter, intenta escapar hacia adelante, trabé sus piernas, tomada con fuerza de los cabellos evito la fuga.

    – Sácala cabrón!, no seas malo…

    – Es parte del convenio, pagué por sexo.

    – Pero no romperme el culo.

    – Aceptaste el convenio. Tu culo está pago.

    Hice caso omiso de sus quejas, forcejeamos para evitar la fuga, enterrado en ella, apretada y forzada, intentos vanos de salirse, terminó por dejarse sodomizar. La lucha hace la penetración brusca, el sexo anal resultó tormentoso y agitado, moviéndonos al compás de nuestras emociones, ella por zafar, yo para someterla. Pide, reitera que termine, que me venga de una vez, el deseo me puede, no resisto las ganas de acabar, asida de los cabellos con fuerza y nalgadas para someterla. Grité con fuerza, anunciado la venida, cerró el ano, bien apretado, divino penetrar un agujero tan prieto, eyacular, una experiencia única. Destilé todo el semen en el culito, el esfínter seguía apretadito cuando me salí de él, parecía que descorchaba una botella, el ano demoró en cerrarse, dilatado, escupiendo burbujas de semen.

    Quedó tendida, rendida por la salvaje lucha de hacerle el culo. Las disculpas no calmaron su enojo, por el resto de la noche no me dejó tocarle el culo. Ni sé cómo pero la mañana nos encontró en cucharita, ella detrás, su mano tomandome la pija.

    – Te odio, me rompiste el orto

    – Pero te gustaba,

    – No tan gorda,

    – Nunca más?

    – Bueno… el nunca más es como mucho no?. Tendrás que hacer muchos méritos para que te perdone, y muchos más para vuelvas a intentarlo. Te odio, me quedó latiendo, duele aun.

    – Entonces antes de ir a trabajar nada de nada. No me dejes así, estoy caliente.

    – Bueno, bueno… una mamada sirve como para no dejarte así, con la verga dura?

    – Hmmmm,… bueno… si no cabe otra… acepto.

    – Nos lavamos y te la mamo

    – con final feliz

    – Claro no te voy a dejar que se pierda mi lechita.

    Me duché primero, en boxer, el café con leche y tostadas con quesito untable esperaban a Cristina, cubierta por la bata de baño comparte la gratificante recibida mañanera.

    – El señor está haciendo buena letra, surtió efecto la amenaza de no tener más esta colita, maltrecha y dolorida será tuya si seguís haciendo méritos.

    – Mi vida por ser el rey de tu colita

    – Me gusta tu buen humor, hmmm parece que vas a seguir activo, pero… solo si no eres tan salvaje como anoche. Si me lastimas no lo disfruto y no quieres eso verdad?

    – Totalmente de acuerdo, esta noche tendrás una sorpresa.

    Antes de salir, sentó en el sofá y me dio una soberana mamada. Tiene experiencia en mamar y en tragar, no dejó de mirarme a los ojos, controlando y disfrutando mi calentura, la acabada mañanera suele ser un alimento nutritivo, así me lo hizo saber. – Woww, cuanta lechita, me gustó mucho.

    Mientras se relamía los restos bebió el último sorbo de café. Llevarla al trabajo formaba parte de hacer buena letra. Al regreso, en la tarde fuimos a comprarle algo de ropita para los días que restan, bien sexy, las dejó en casa, dijo que volvería para seguir pagando deudas. La cena en un restaurante y la noche de lujuria a todo dar.

    Cumplió el pago, ahora estoy esperando que vuelva para darle uso a la ropita sexy que quedó esperándola. Un acto de infidelidad por fin loable, sabe cumplir sus deudas, el crédito está abierto, esperándola para tener ese culito súper estrecho.

    Te han cobrado deudas como hice con mi prima? Luis quiere saberlo [email protected]

    Nazareno Cruz

  • Dudas interraciales

    Dudas interraciales

    Se sentía segura, era su fin de semana libre y se dirigía al bar donde trabajaba su amiga, solía ir cada mes y a pesar de tener quince años más que ella a sus años les unía un sentimiento y afecto. Entró en el bar con esa movilidad que la caracterizaba, su estatura resaltaba, sus pasos largos y firmes rematados con un sonoro taconeo; sus generosos pechos boteaban debajo de la blusa y el balanceo de caderas hacía ondear la falda corta. Se sentó en un taburete con un ligero ladeo de cabeza desplazando su rubia melena oxigenada. No tardó en llegar la camarera la cual le dio unos efusivos besos y abrazos.

    —Qué bien te veo Celia —exclamo la camarera.

    —Ya ves, he venido a verte y me ha costado encontrar este garito, que por cierto, ¿qué tal te va?

    —Pues ya ves, es lo que hay, en el otro local las noches eran duras y a mis cincuenta años no se puede encontrar nada mejor, pero y tú, cuéntame Celia.

    —Qué quieres que te diga Mary, mi curro de mierda en la oficina de la fábrica. Encima las amigas de siempre están casadas y con hijos. ¿ y qué tal la peña y el ambiente del otro local, cómo estaba cuando te fuiste?

    —Lo de siempre, los cuatro buenorros que venían tomar copas y toda la peña, ya los conoces, desde que desviaron la carretera venía menos gente. A la Marta la preñaron y ahora ha tenido que dejar el trabajo, normal siempre terminaba todas las noches con copas de más y subiéndose la falda en cualquier rincón. Tu has sido más lista y mira que te has triunfado con los tíos, te has tirado a todos los pata negra que se te han puesto por delante. A propósito, ¿qué fue de ese tío que te llevo la última vez cuando tenías el coche roto, parecía majo.

    —Sí, lo es, pero es un cursi y muy melindroso, un media mierda; follamos dos veces, nada del otro mundo.

    Mary puso unos chupitos y siguieron charlando, el local olía a cerrado, la concurrencia no era mucha, los sonidos de las tragaperras rompían la monotonía. En ella se reflejaba el rostro tosco, oscuro y felino de los cuales pendían dos pendientes en forma de diamante en sus orejas. Sonó la musiquilla de forma estridente, le había dado el premio gordo. Lo recogió y el corpulento personaje con andares pesados dejó todas las monedas en la barra pidiendo cambio en billetes para después con una sonrisa que dejaba a la vista dos incisivos que oro que resplandecían decir “tomaros algo nenas” y quedase en la otra punta de la barra del bar.

    —Vaya con el negrata —cuchicheo Celia— parece un gorila salido del circo, y encima nos mira con esos ojos de gaviota que solo se distingue el blanco de su cornea.

    —¡Qué graciosa eres, je,je,je! Vive en los pisos de arriba, ¿no te gustaría follártelo?

    —No sé que decirte, nunca lo he hecho con un negrata, son tan impersonales —respondió Celia.

    —En el mes que llevo en este bar lo he visto con unas cinco chicas diferentes. He oído comentarios de que es oportunista y sabe levantarse a las mujeres. La última el sábado pasado, una de apenas veinte años, la chavala vino a tomar café por la mañana y apenas podía sentarse, con el pelo revuelto —dijo Mary—. Vamos a tomarnos otros chupitos, aunque empieza venir gente, tengo algo de faena. Pero tu tranquila.

    El local empezó a llenarse, la compañera atendía a los clientes.

    —Os lo pasabais bien charlando, por lo que he visto.

    —Por dios, que susto me has dado —dijo Celia al ver el personaje del cual hablaban.

    —No muerdo, señorita —dijo sonriendo con una sonrisa de incisos de oro, al mismo tiempo que pedía dos chupitos más.

    Mary apresurada les puso los chupitos al mismo tiempo que miraba a Celia con cara de circunstancias y complicidad.

    —Arriba tengo hierba de la buena, si quieres…

    —Ahora entiendo como te aprovechas de las jovencitas —respondió Celia.

    —Conque esas tenemos eh… no creo que tú seas tan jovencita —dijo retador.

    —No, pero tampoco soy vieja, incluso diría que tu eres más viejo, aunque esa capa de hollín que llevas es…

    —Sacas tu lado segregacionista. Y todo eso por qué. Porque he tumbado y he gozado a blanquitas… —dijo vehemente al mismo tiempo que volvía a pedir otros chupitos.

    Mary dudo en ponerlos aunque Celia hizo un gesto de aprobación. Celia algo eufórica

    —No soy rencoroso y aún sigue en pie lo de fumarnos ese canuto —dijo él.

    La bocanada de aire de la calle le dio esa sensación de autonomía a su cuerpo y los tres pisos que subieron esa movilidad que a ella le gustaba tanto, se sentía como una gacela acompañada de un león.

    Una vez dentro le entró ese olor penetrante a virilidad masculina. Las paredes estaban adornadas de amuletos africanos y una gran alfombra y un sofá eran todos los muebles del pequeño comedor. Se sentaron y el encendió la hierba. Calada tras calada Celia se sentía más abstraída, distante. Quedó con los ojos fijos en la puerta abierta del pequeño dormitorio observando una cama sin hacer y lo que parecían ser tangas y bragas colgadas.

    —¿Qué… qué co… cojon… cojones tienes ahí colgados de esa puta pared —dijo con voz pastosa que le daba la hierba fumada.

    —Son trofeos ¿No has probado nunca la potencia de un negro? —dijo el, al mismo tiempo que le subía la falda y la destangaba.

    —¡No jodas! —ronroneo ella entre balbuceos.

    —¡Ábrete, te voy a comer el potorro!

    Se puso en cuclillas ante ella y empezó a darle lametazos al mismo tiempo que jugaba con su clítoris con los dedos. Después le levantó las piernas hacía arriba y cogiendo sus tobillos la movía en vaivén pasando su lengua combinando de forma constante coño y culo, dándole chupetones en los muslos. Celia jadeaba, gemía, le cogía la cabeza y en uno de esos momentos él levanto la cabeza y sonriendo con cara de vicio y dejando ver sus incisivos de oro dijo:

    —No te habían comido nunca potorro de esta manera, eh, —exclamo, al tiempo que le metía un dedo índice en el ano.

    —¡jo hijoputa, cabrón! —exclamo ella con los ojos desorbitados.

    —Gozas como una puta.

    Se levantó, se quitó su camiseta de estampados florales dejando un pecho negro a la vista y después se quitó los pantalones bajo los cuales no usaba slip, por lo que quedo justo enfrente de la mirada de Celia una verga negra tensionada y rígida de considerables dimensiones donde salía el glande descapullado con un tronco venoso y unos testículos colgantes que bamboleaban en cada movimiento. Con una mano afianzó su pene y lo puso a la misma altura de la cabeza de Celia y le atenazó la nuca.

    —¡Toma biberón nena, vas a probar chorra negra, ábrela esa boquita! —le decía él al mismo tiempo que le golpeaba la cara con el pene— ¿No te gusta o qué…? —pregunto mientras ponía su glande sobre sus orificios nasales.

    Celia olía el olor penetrante a polla y abrió la boca, pero apenas podía abarcarla toda dentro de su boca, sus mejillas parecían globos hinchados, su rostro empezaba a enrojecer. Sin darle respiró empezó a cañonearle la boca. A Celia le dolía la boca, el falo le traspasaba la campanilla de la boca; empezó a respirar fuerte por la nariz hasta el punto que le salía mucosidad; los ojos vidriosos ya empezaron a lagrimear. Celia lo miro al rostro, él tenía la mirada baja, podía ver el blanco de sus ojos que junto con sus pendientes de diamante hacían mayor contraste con su piel negra. Sonrió otra vez con sus incisivos de oro. Sacó su polla. Celia respiraba con dificultad. Aprovecho para quitarle la blusa y el sujetador quedando unos turgentes pechos de los cuales tiró de sus pezones. Celia no conseguía reunir sus pensamientos y él como cazador experimentado sabía que la fiera estaba herida.

    La cogió en volandas y la llevo sobre la cama, le abrió las piernas en tijeras, podía ver el sonrosado coño depilado y como si dudara de la posición rectificó postura para poner sus piernas sobre sus negros hombros. De una tacada sonora hundió su polla hasta la empuñadura. Celia lanzó un quejido sonoro y prolongado. Él, en posición de espera la miraba a los ojos. Transpiraba, el olor viril era penetrante. Empezó un bombeo de menos a mas, volviéndose muy intenso, cada bombeo sonaba como un latigazo. Frenético y vibrante aguanto su posición hasta jadear como un toro. Ella estertoreaba y balbuceaba palabras inconexas. Celia era morreada, podía ver su cara sudorosa y ese intenso olor de macho. El coño de Celia empezó a emitir sonidos de chapoteo al mismo tiempo ella le agarraba y arañaba la espalda como una posesa, sus gemidos eran guturales resonando en toda la habitación; la cama chirriaba y golpeaba la pared. Emitió una gran respiración de satisfacción orgásmica. Al mismo tiempo él ya daba señales de corrida y sus movimientos se volvieron eléctricos y de su boca salían bufidos constantes. El mete saca era más espaciado pero profundo con una contracción de nalgas como si quisiera atravesarla, en un retroceso del mete saca empezó a soltar lefa y finalizo con cuatro pistoneos duros y profundos para al finar emitir un resoplido que impregno de aliento de macho a Celia.

    Celia quedó exhausta y medio adormilada —su pelo alborotado, su coño lleno de semen— perdiendo la noción del tiempo. Tras más de media hora en ese estado pudo oír cómo le decían:

    —Has gozado como una puta, ya sabes lo que es tener un buen rabo de verdad entre las piernas.

    —No te pases, me siento sucia, quiero irme y lavarme —dijo Celia.

    —He visto tu retaguardia y veo que tienes el culo hecho.

    —¿A qué te refieres, no te entiendo?

    —Tu culo no es Km0 lo tienes profanado, que no es un culo que solo sirva para cagar —dijo él al mismo tiempo que la volteaba.

    —¡No, no… por ahí, tiene… tien… tienes demasiada polla!

    —Es a modo de despedida —exclamo él.

    Celia en posición perrito estaba desconcertada y embotada; por su parte el ya verificaba los conductos abriendo con las manos las nalgas y recogiendo el sobrante de semen del coño le untó el orificio anal para después hacer dedo en su zona anal, inclusive se abasteció de más semen y metió dos dedos. Cuando vio el conducto viable escupió sobre el mismo y abrió de par en par las nalgas para acto seguido sablear a fondo y con rabia. Celia emitió un berrido atronador, no por eso dejo de sablearla una y otra vez al mismo tiempo que bofeteaba las nalgas y exclamaba:

    —¡Por puta! ¡Por guarra! ¡Toma!

    Celia aguantaba como podía, notó que él empezaba a convulsionar, su cabeza daba en la pared, mordía la almohada. Fue cogida su melena a modo rienda, su espalda se arqueó.

    —¡Arre putita! ¡Arre! ¡So puta!

    Sin tener tiempo de reaccionar y aguantando las embestidas de pronto paró de encularla para volverla a voltear y meterle el cipote en la boca. Celia percibió una oleada abundante de viscosidad para después ir a vomitar en el baño.

    EPILOGO

    A la mañana siguiente Mary al servir la consumición al negro le pregunto qué había pasado con su compañera Celia, había desaparecido sin decirle nada, por respuesta obtuvo un “no sé quién es Celia, ya que entran como un nombre y salen como un número”.

    Posdata: añadir que el tanga de Celia marca Calvin Klein Underwear color negro lucía colgado de la pared.