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  • Coqueta un viaje a la cabaña

    Coqueta un viaje a la cabaña

    La vista desde esa parte de la ciudad era hermosa, a ti siempre te ha gustado como se ven las luces de la ciudad desde esa zona. La noche empezaba a refrescar y tus piernas lo estaban resintiendo, no ibas vestida para la noche, tus short cortos no te protegían del frío, eso era culpa mía te secuestre temprano y el día paso volando ya casi era hora de regresar…

    Más temprano, en la mañana, ibas caminando muy coqueta por el parque, como cada semana hacías ese mismo recorrido, ya te estaba esperando disimulando que estaba miraba algo en mi móvil, te vi venir desde mi banca, (ella y yo tenemos un vínculo especial, es ahí donde te observó siempre).

    Una blusa fresca, un short corto, unos tacones, una bolsa a juego con un sombrero para el sol te hacía ver increíble. Lo primero que note fueron tus ojos grandes y expresivos, tus labios ummmm se antojan desde lejos (tienes una boca… Esos benditos labios rojos que no puedo sacarme de la cabeza, y, que quisiera estuvieran ocupados de otra manera), tus cabellos que salían bajo el sombrero y esas piernas tuyas que provocan voltear a verte. Ibas muy concentrada en tus pensamientos. El camino era de adoquín flanqueado por enormes árboles, buscabas la sombra que daban los árboles al lado del sendero. Me viste y saludaste alegremente, nos encontramos tal como habíamos quedado listos para pasar un día solo para nosotros.

    Nos besamos como siempre lo hacemos, y aun así cada beso es diferente, te invite a subir a la moto. Tus ojos lo dijeron todo (no estoy vestida para ir en moto, sentada se te podía ver la parte baja de tu nalga)

    Igual al final subimos y arrancamos a nuestro refugio semanal.

    Saliendo de la ciudad entre los árboles del bosque detuve la moto, bajamos, tú con cara de que tienes en mente, yo con una sonrisa… esa que sabes que estoy a punto de ordenarte algo. Saque de la mochila tu piedra, el gel y te la mostré.

    -¿aquí?

    Fue lo único que dijiste (abriendo mucho los ojos)

    -aquí señorita ¡ahora! Quiero que sientas los brincos en la moto con la piedra en tu culo, ¡te gustara te lo aseguro!

    Después de pensarlo un poco aceptaste con una pícara sonrisa, me acerque para bajar tus short y pude ver tus lindas bragas de encaje ribeteadas en la orilla… algo muy sensual que admirar, las baje también y te apoye en la moto unte un poco de gel en la piedra y lo introduje poco a poco, subí tus prendas y me dispuse a acelerar y hacer brincar mucho esa moto.

    Pronto sentirás las vibraciones del camino y los brincos pero créeme hoy lo sentirás diferente. (Alguna vez ya te he hecho acabar solo con las vibraciones de la moto, pero nunca con una piedra ahí guardada)

    Los 10 kilómetros del camino estaban envueltos de vistas hermosas, con paisajes que dan para una postal.

    Pero hoy lo interesante del camino eran tus pequeños gemidos cada que saltaba la moto y las sensaciones que ibas descubriendo en aquel camino de piedras, lo recorrimos pronto. Ya a la vista estaba la casona, ya casi alcanzábamos la cima de la colina donde estaba nuestro refugio ocasional, aunque no es muy lejos de la ciudad llegar ahí me da una sensación de calma y escapar contigo a ese lugar es algo que disfruto.

    Nos recibió Brutus (el pastor alemán que cuida la casa) entre ladridos de gusto y moviendo la cola. Nos saludó con entusiasmo lo acariciamos un poco y entramos en la casa, llegamos directo a nuestro cuarto sin apenas saludar a Juanita la encargada de la casa.

    Rápidamente el short estaba tirado en alguna parte del suelo, tus bragas las tenía en mi cara para respirar tu aroma para absorber la humedad depositada en ella… ni siquiera te quite la blusa y menos el brasier, con ansias te aventé encima de las sábanas blancas de la enorme cama de nuestra habitación… doblaste las rodillas un poco y separaste tus piernas invitándome a poseerte (que postal tan hermosa, aunque te conozco por completo y sé de memoria cada detalle de tuyo, no puedo dejar de admirar tu belleza cada que estamos así uno enfrente al otro, es como descubrir nuevamente el paraíso). Cerré mis ojos para guardar esa imagen en mi memoria.

    Baje mis pantalones y me arrime para que bajaras mi bóxer, te sentaste un poco y bajaste de ellos con un tirón… ambos estábamos listos para la acción me clavé en ti suavemente y me pediste más fuerza, salí de ti y me clave de nuevo esta vez mas fuerte…

    -sí, así

    Fue lo que me dijiste, te di otro empujón, para luego parar y salir de ti por completo… subí mis bóxer y luego los pantalones al tiempo que te aventaba tus bragas y recogía el short del suelo.

    Tu cara de frustración lo decía todo. Me acerque a ti para besar tu boca, te hiciste la ofendida y quitaste los labios, solo sonreí y te dije:

    – el día va empezando hoy me apetece comer junto a la alberca, vamos el almuerzo está listo. (Tome mi mochila y salimos a la terraza)

    Así era Juanita ya nos tenía preparado un buen plato de chilaquiles verdes, un poco de fruta, jugo de naranja y un café listos. Le dimos las gracias y comenzamos a comer ella nos dejó solos junto a la alberca.

    El día era precioso, muy soleado casi lo pensamos al mismo tiempo… las ropas cayeron de nuestros cuerpos, nos gusta estar desnudos en esa parte de la casa es muy privada y no se ve desde la casa (tal vez si quisieran vernos se tendrían que esconder entre la maleza). Almorzamos y después de descansar un poco tirados al sol nos metimos a nadar. Nos besamos y tocamos bastante entre nuestras constantes peleas de agua, nos excitamos mutuamente, el sol era muy fuerte y antes que nos diéramos cuenta la piel ya la teníamos irritada, (justo lo que estaba esperando) salimos del agua buscando la sombra de un bonito árbol, un cerezo que en particular te gusta mucho, debajo está colocada una antigua mesa de piedra, te ofrecí llevarte sobre mi espalda y subiste a ella, siempre me ha gustado sentir el calor de tu piel pegada a la mía, sentir la suavidad de tus senos sobre mi piel es algo único, llegamos a la mesa te baje solo para tomarte de la cintura y levantarte para depositarte con cuidado en ella, te recosté en la mesa y tu cuerpo sensible por el efecto del sol lo sintió al momento, la fría piedra hizo que tu piel se erizara te mire ahí acostada, vi que aun llevabas la piedra incrustada en tu trasero era una imagen inigualable…

    El contraste de tu piel sobre la piedra oscura es alucinante (otra imagen para guardar en mi memoria) te observo, te disfruto, te veo toda tu belleza para mi, todo tu cuerpo a mi disposición, toda tu alma entregada a mí.

    Siento el impulso de tomarte en ese instante pero me controlo. ¡Sabes tengo la sensación que hoy será un día memorable! de esos que no se olvidan fácil, de perdida para mi lo será y quiero que para ti también lo sea… por eso me doy un tiempo, por eso trato de esperar por poseerte… quiero entrar en el momento justo, en el momento que cause estragos cuando entre en ti, hacerte explotar en una y mil ocasiones.

    Tomo un juego de pinzas conectadas con cadenas entre si… beso tu pezón derecho al tiempo que sientes como la primera pinza aprisiona en tu pezón izquierdo, luego la uno a tu labio derecho, lo beso y coloco la pinza, vuelvo a subir e invierto las cosas, pinzas el pezón derecho un leve beso encima del izquierdo, beso en el labio derecho, pinza en el labio izquierdo, se forma una cruz en tu ombligo y las cadenas rozan por encima de tu clítoris. Las jalo un poco y tu cuerpo reacciona con un leve gemido… pongo mi cabeza en medio de tus piernas, y desde la rodilla voy recorriendo la parte interna de tus muslos con mi barba jugando con tu piel, lentamente hago el recorrido hasta llegar justo a donde se juntan… lamo un par de veces por entre tus piernas provocando un nuevo gemido, quiero beber de ti todo lo que puedas darme… me detengo voy a la mochila por una pequeña carretilla de puntas afiladas. Hoy no habrá cera aunque se cuánto te gusta fundirte en ella, hoy las marcas que queden en tu piel, no serán hechas por las cuerdas que tanto disfrutas sentir alrededor de tu piel. No, señorita hoy la carretilla te ira recorriendo poco a poco irá pinchando poco a poco sobre tu enrojecida piel… se abrirá paso por tus zonas más sensibles, hoy no ocupare de sogas para detenerte, porque estas tan sedienta de esto que sola te quedaras quieta para mí… La carretilla pasa por ti y tu lo aceptas, lo esperas, lo necesitas, esos pequeños piquetes te enervan y tus reacciones me calientan la sangre, ocasionalmente doy tirones en la cadena, y mi mano da leves palmadas encima de tu sexo provocando que la cadena toque esa zona sensible, y te vuelves loca ante mis ojos… meto un par de dedos en ti buscando tocar, frotar, justo el lugar que te hace perder el control…

    Cuando no aguantas más te jalo para sentarte en la orilla de la mesa pongo mi polla cerca tuyo y tu calidez me cobija aún sin siquiera entrar todavía… tomó la cadena la tensó un poco y la enrollo en la base de mi erección, mis manos frotan tus hinchados y palpitantes labios, cuando estas cerca de correrte me clavo en ti, la cadena jala tanto tus pezones como tus labios y junto con mi fuerte entrada hace que te corras casi de inmediato… y así continuó entrando y saliendo de ti, la cadena se tensa con cada arremetida, y siento que hasta la piedra que llevas clavada en ti puja por el placer del momento.

    Hoy me quiero correr dentro tuyo quiero llenar tu interior con mi calor… quiero que las marcas que hoy queden sean en tu alma, no tanto en tu piel…

    Y cuando llega el momento tomo fuertemente tus caderas con una última y placentera estocada en la cual me corro de una forma asombrosa…

    Nos quedamos ahí, quietos, tumbados sobre la mesa casi sin movernos solo escuchando muestra respiraciones agitadas buscando perpetuar ese momento y a la vez buscando recobrar fuerzas para empezar de nuevo.

    Continuará…

  • El club de debate (Parte 3)

    El club de debate (Parte 3)

    El día siguió con normalidad después de esa placentera clase sentado junto a Monse, volvimos a nuestros puestos de siempre, aunque no puse mucha atención ya que mi cabeza no dejaba de recrear una y otra vez la morbosa paja y mamada que me habían hecho aquel mismo día.

    Cuando regrese a la casa almorcé tranquilamente y al subir a mi habitación me llega un whatsapp.

    Monse.- Estoy preparando tu recompensa, aguarda un poco.

    No respondí nada pero a los pocos minutos recibí una serie de fotos donde en las primeras aparecía Monse en una linda ropa interior blanca que contrastaba perfectamente con su linda piel morena, luego fotos de como se la iba quitando y al final unas fotos donde se veía completamente desnuda, dejando ver su entrepierna recién depilada y notoriamente mojada y sus grandes pechos adornados con el piercing en medio. Lo que más me excitó fue que entre sus dos tetas había escrito con un plumón «Para Fernandito» demostrando que no eran otras de las típicas fotos que le enviaba a los babosos, sino que se las había sacado especialmente para mi, lo cual, me producía una suerte de orgullo.

    Por supuesto, con las fotos no pude aguantarme y me masturbé frenéticamente, para luego responder con una foto de mi corrida esparcida por todo mi abdomen y acumulada en mi ombligo, a lo que respondió; mmm… aún tengo el sabor de tu leche en mi boca, no te la acabes toda tu solito porque voy a querer más.

    Cuando amaneció estaba entusiasmado, ese día tendríamos una nueva reunión del club de debate y tenía fe en que la jornada se volvería a poner interesante.

    Ahí estaba el Profe y Ricardo, las chicas aun no llegaban y temí que hubieran decidido no ir, pero por suerte llegaron las tres juntas y se sentó Monse al lado mío, Anto al otro extremo y Sofía al medio de las dos.

    Profe.- Chicos, tengo que contarle algo que me emociona mucho, el directo me informo que invitaron al colegio a participar en el torneo regional de debate escolar… yo sé que esto les importa tan poco como a mi, pero la parte buena es el director se comprometió a pagarme $500.000 como bono si es que ganamos el torneo, ya que cada vez se matriculan menos alumnos en este colegio y la publicidad que nos daría el primer lugar en debate es bastante buena.

    Anto.- Que bueno que le ofrezcan un bono, pero para ganar tendremos que estudiar mucho… y sinceramente nosotros no ganamos nada

    Profe.- Sabia que dirían eso, por lo que decidí que si ganamos el premio, les daré $60.000 a cada uno… Por supuesto ni una sola palabra de esto al director, ni a nadie!

    Todos.- Hecho!

    Luego de que el acuerdo estaba cerrado, nos pusimos de inmediato a estudiar la elaboración de argumentos y tácticas para ganar a toda costa ese concurso, fue en medio de esas instrucciones del profesor que siento como Monse toma mi mano y la lleva descaradamente hasta su entrepierna. Me asombre al notar que no llevaba bragas puestas y mis dedos fueron a parar directamente sobre su humedad. La mire sorprendió y ella me devolvió la mirada con una sonrisa coqueta a la vez que metió su mano en el bolsillo de mi pantalón, rozando suavemente mi miembro a la vez que dejaba su tanga de regalo. Retire bruscamente mi mano de su entre pierna y le susurre.

    Yo.- Basta, aquí si que nos descubren.

    Monse.- Es que no me aguanto, me moje solo de estar al lado tuyo.

    En ese momento sonó el chillido de una silla, era Sofía que se había parado violentamente y salía corriendo del salón con lágrimas en los ojos.

    Monse.- Debe habernos visto… la traes loca ¿sabías?

    Me dolió es estomago caer en la cuenta de lo que estaba ocurriendo, me pare de la silla y salí en busca de Sofía quien entro al baño de chicas… yo decidí entrar, pues como las reuniones del club eran después de clases ya casi no quedaba gente en la escuela.

    Yo.- ¿Sofía estas bien? siento que hayas visto eso

    Sofía.- Sal de acá cerdo! (entre llanto)

    Yo.- Sofía tú me gustas mucho, es solo que no sabía que te interesabas en mi y bueno… ya has visto que Monse puede ser muy coqueta con los chicos

    Sofía.- Muy puta querrás decir

    Yo.- Si, eso

    Sofía.- Pues yo también puedo serlo

    Sofía abrió la puerta de su retrete y me metió en la cabina bruscamente, Pensé que iba a golpearme pero no, solo me beso apasionadamente al tiempo que dejaba de llorar y daba paso a una respiración agitada de excitación. Tomo mi mano y se la puso en su trasero, yo se lo agarre con fuerza y la gire para apoyar mi erección en su lindo culito…

    Sofía.- Te gusta que sea una puta como Monse?

    Yo.- La verdad es que ella comió la polla, aun no estas a su nivel

    Sofía.- ya verás…

    Acto seguido se sube la faldita a cuadros y baja sus pantaleta a la altura de sus rodillas dejando su blanco y redondo culito a la vista

    Sofía.- Quiero que seas el primero en metérmela

    Yo.- Estas segura? yo jamás he hecho esto

    Sofía.- Hazlo!

    Ella se inclinó, dejando reposar sus brazos sobre el estanque del inodoro, sin pensarlo más, baje mis pantalones y puse mi miembro en la entrada de su coñito y empecé a penetrarla de a poco… ella se quejaba por lo que llevo una mano hasta su boca para tapársela y la embestí fuertemente para luego volverla a sacar y dar a pasa a una buena y brusca follada, podía sentir en mi mano los quejidos de Sofi pero no me importo, solo seguí follándola hasta que acabe dentro suyo y le solté la boca. Ella se dio vuelta a mirarme, y me pego una fuerte cachetada

    Sofía.- Has sido un bruto Fernando… pero me ha encantado (acercándose a besar mis labios)

    Continuara…

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    Si les gusto este relato y quieren que continúe la historia, no olviden hacérmelo saber. Pueden escribirme al correo: [email protected]

  • La primera vez que me animé a usar tanga frente a alguien

    La primera vez que me animé a usar tanga frente a alguien

    Me llamo Luis, soy hombre. Todo comenzó cuando un día que me quedé solo en casa y decidí probarme una calza de mi madre para ver que se sentía. Quedé impresionado por lo bien que se veía mi cola con eso. Parecía una mujer. Me gustó y seguí haciéndolo a escondidas cuando podía.

    Al lado de mi casa vivía un viejo de 60 años. Otro día cuando me encontraba solo en casa, observo que el viejo estaba barriendo y juntando hojas secas en su vereda y sentí un morbo terrible por querer exhibirme y que me viera con algo puesto.

    Fui al cuarto de visitas donde había estado mi prima días antes y extraje una tanga blanca, me la puse, me puse un short también de ella y salí disimuladamente a tirar la basura.

    Cuando salgo y lo saludo como todos los días disimulo que se me cae una de las bolsas y derrama basura… cuando veo de reojo que me estaba mirando, me agacho totalmente y siento como la bombacha quedó totalmente expuesta.

    Cuando me reincorporo y me doy vuelta lo veo a él, me estaba mirando fijamente.

    Esa noche me fui adentro y sentí un placer extraordinario. Desde entonces cuando estoy solo busco cualquier excusa para mostrarle a mi vecino las bombachas que uso.

  • Sodomizado en el aseo de una gasolinera en Burgos

    Sodomizado en el aseo de una gasolinera en Burgos

    Me habían dado una semana de permiso en el cuartel donde estaba realizando el servicio militar, era la Academia General Militar de Zaragoza, y aunque no disponía de dinero para el viaje a casa, decidí ir haciendo autostop.

    Estaba prohibido hacer dedo, si te cogía la policía militar, te arrestaban, pero aun así me arriesgué. Sin cambiarme de ropa, de esa manera solía ser más fácil que te pararan los conductores, me puse a hacer dedo vestido de militar. Tuve suerte y en seguida me paró un camionero, iba para Burgos, y aunque yo iba para La Coruña, al menos salía de Zaragoza, donde era muy fácil que te pillara la policía militar.

    Recuerdo que era un día de frío, de esos que te pone las orejas de punta, y te corta la cara, pero en el camión, se iba calentito, tanto que hasta me quedé dormido. Cuando llegamos a burgos, el camionero despertándome, me dijo que ya estábamos en Burgos, que me iba dejar en una gasolinera antes de entrar en la ciudad. Que de esa manera me sería más fácil hacer dedo.

    Cuando bajé en la gasolinera, ya era noche cerrada, no recuerdo la hora, pero seguro que de las 12 de la noche pasaba. Hacía un frío horroroso, hasta los dientes me castañeaban, y por encima, en la gasolinera no había nada, solo la gasolinera y unos aseos, no había donde resguardarse o tomar algo caliente, vamos que aquello estaba solitario solitario.

    Allí estaba yo, vestido de militar, con un frío que me hacía castañear los dientes, sin tener donde resguardarme, y por encima no se veía un alma, ya llevaba cerca de una hora, y no había pasado ni un triste vehículo. Maldije al camionero por haberme dejado allí. Estaba a unos 12 kilómetros de Burgos, noche cerrada, con un frío espantoso y a punto de nevar.

    Cuando me cansé de andar de un lado a otro en la gasolinera, como ya no aguantaba aquel frío, me metí en los aseos, al menos allí estaría algo resguardado del frío. No me atreví a pedirle al de la gasolinera que me dejase entrar donde se resguardaba él, así que me decidí por entrar en los aseos, y desde allí si escuchaba ruido de algún vehículo, salir y preguntar si me podían llevar, me valía hasta incluso llegar a Burgos y poder resguardarme en algún sitio.

    Allí en los aseos, ya pude recuperar algo de color, ya no sentía tanto frío. Pero seguía sin aparecer un alma por aquella gasolinera, maldecía al camionero por haberme dejado allí tirado.

    Después de llevar una media hora en aquellos aseos, empecé a pensar en que iba a estar mejor y más abrigado con la ropa de paisano, que, con la ropa militar, incluso que podía ponerme la ropa de civil, y si seguía con frío, poner por encima la ropa militar. Agarré el petate donde llevaba las cosas, lo abrí, busqué la ropa de civil, y empecé a quitarme la ropa militar que llevaba puesta. Primero me quité las botas, luego seguí por el pantalón y el resto de la indumentaria. Cuando estaba con el slip puesto, me entraron ganas de mear, seguro que fue a causa del frío, que me había entrado ganas de orinar. Así como estaba fui a uno de los urinarios que había, y bajándome un poco el slip, me puse a mear. La polla la tenía tan encogida a causa del frío, que apenas la encontraba. Me estaba frotando un poco los genitales para entrar en calor, cuando se abrió la puerta de los aseos. Era el empleado de la gasolinera el que había entrado, era un hombre de unos 30 a 35 años. Al verme en aquella situación, se quedó parado mirándome.

    ¿Qué estás haciendo? Me dijo.

    Estoy cambiándome de ropa, a ver si puedo sacarme un poco el frío, e iba a mear. Le dije mirando con ojos de cordero degollado, a aquel empleado, que no me sacaba la vista de encima.

    Se acercó a donde yo estaba, empezando a revisarme de arriba abajo.

    Era bastante más alto que yo, me llevaría unos 20 centímetros, así que no se había asustado ya que me debió ver poca cosa. Empezó a subir la cremallera de aquel buzo que llevaba puesto, sacando una tremenda polla, el cabrón calzaba una buena herramienta. Yo miraba de reojo, intentando terminar de mear y empezar a vestirme, como se ponía a mear él, en otro de los urinarios.

    De repente me dice, si quieres te puedo calentar yo.

    Qué, dije con cara de sorpresa, mirándole a la cara.

    Que si quieres te puedo calentar yo, volvía a decir echando una mano a mi culito.

    Quedé mirándolo a la cara, empezando a ponerme colorado y muerto de vergüenza. Agaché la cabeza mirando ahora para el rabo que sujetaba con la mano derecha sacudiéndolo, mientras terminaba de mear.

    Tienes un buen culito, mira cómo me he puesto, me decía acercándose a mí, mientras su mano izquierda apretaba mis cachetes.

    Como vio que yo quedaba paralizado y no decía nada, siguió sobándome el culo con su mano. Ven, dijo mientras tiraba de mi slip, acercándome a él. Tiró de mi slip hacia abajo, dejando mi culito y órganos genitales al aire.

    Ven que te caliento yo, Putita, me decía acariciándome el culito y huevos. Anda ya verás como te gusta y calienta.

    Llevó su otra mano a mis genitales, empezando a frotármelos mientras iba bajándome el slip, hasta que estos cayeron al suelo. Fue subiendo su mano acariciándome por mi vientre y barriga, hasta que llegó a mis pezones. Empezó a apretar mis pechos, luego acercó su boca a mis pezones, empezando a morderlos, mmm, que bueno estás, decía sin dejar de morderme los pezones y acariciarme los genitales.

    Yo respiraba fuertemente, empezando a jadear a causa de la excitación que empezaba a sentir a causa de aquellas caricias, pero seguía sin decir nada, dejándome hacer.

    ¿Te gusta putita? Relájate y deja que te caliente, verás cómo te gusta, susurraba mientras me acariciaba los pechos y mordisqueaba los pezones.

    Así, así putita, relájate, ya verás que rápido te hago entrar en calor. Verás que rico se siente cuando te meta la polla en este lindo culito que tienes.

    Fue subiendo con su boca, haciéndome estremecer al notar sus dientes morderme el cuello, ¡ohhh! ¡ooohhh! ¡ohhh! Empecé a gemir, teniendo que sujetarme a sus hombros. El cuerpo se me estremecía y las piernas me temblaban del gusto que estaba sintiendo. Mi polla ya empezaba a ponerse tiesa y dura a reventar. Aquello era más de lo que podía soportar.

    Ves como ya estás entrando en calor, mira como tiemblas y mira como se te ha puesto la polla.

    Te gusta ¿eh? Decía llevando su boca a la mía, empezando a morderme los labios, mmm, que bueno estás.

    Así putita, así, abre tu boquita y déjame saborear tu lengua. Metió su lengua en mi boca, empezando a jugar con mi lengua mientras saboreaba mi boca.

    Poniéndome las manos sobre los hombros, me empezó a empujar para que me agachara, mientras me iba diciendo que ahora le chupara la polla y la lubricara bien. Anda chúpame la polla que te la voy a meter en este culito tan lindo que tienes. Déjala bien mojada de saliva, para que te entre mejor y no te lastime.

    Mientras me agachaba empujado por sus manos sobre mis hombros, sujetado a sus caderas, miraba para aquella polla del empleado de la gasolinera.

    ¡Dios! Era una buena tranca la que tenía el tío, rondaría los 17 centímetros, y de un buen calibre. Tenía la cabeza roja y a medio descapullar, con una erección que le hacía tener la polla levantada y pegada al vientre.

    Cuando estuve a la altura de su verga, abrí la boca y mientras sujetaba aquella polla con mis manos, fui tragando la verga que me iba a dar por el culo aquella noche, en aquella solitaria gasolinera de Burgos. Nada más meterla en mi boca, noté que todavía estaba algo mojada por la meada que terminaba de echar. Pero seguí metiendo aquella verga en mi boca, con algo de miedo y nerviosismo, por la situación en que me encontraba.

    ¡Ohhh putita! ¡ooohhh que bien la chupas! Así putita así, chupa que te la voy a meter en ese culito tan lindo que tienes, me decía mientras le chupaba la polla.

    Yo chupaba aquella polla todavía algo nervioso por la situación, excitándome cada vez más, pensando en que me iban a dar por el culo sin buscarlo. Tragaba todo lo que podía, dándome arcadas cada vez que la polla llegaba a mi campanilla, abriéndome en arcadas haciéndome llorar los ojos.

    Cansado de chuparle la polla me incorporé para poder descansar un poco, pero nada más levantarme, me giró, y agarrándome por las caderas, llevó su mano a mi culo, empezando a buscar mi agujero. Presionó con un dedo en mi esfínter, entrando parte del dedo en mi culo.

    ¡Ohhh! Gemí al notar entrar su dedo en mi culito.

    Sacó el dedo llevándolo a mi boca junto a otro de sus dedos, diciéndome que los chupara.

    Anda chupa los deditos, que te vamos a lubricar este culito.

    Hice lo que me dijo, y nada más terminar de chuparlos, llevó ambos dedos a mi agujerito, presionó de nuevo mi esfínter con uno de sus dedos, entrando aún más fácil que la primera vez, nada más entrar el primer dedo, presionó con el segundo dedo, introduciéndolo en mi culo.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! ¡ohhh! Gemí al notar como mi esfínter se abría, dejando pasar aquellos dedos e invadir mi culito, mientras me estremecía y abría de piernas, dejando que aquellos dedos entraran en mí.

    Así putita, así, relájate y deja que se abra tu culito. Metía sus 2 dedos todo lo que podía, volviéndolos a sacar y meter, haciendo que mi esfínter fuese cediendo cada vez más.

    Yo no dejaba de gemir, estaba medio inclinado, abriendo todo lo que podía las piernas, dejando que aquel hombre de la gasolinera metiera 2 de sus dedos en mi culo, teniéndome en pelotas en aquellos aseos de la gasolinera, y a punto de darme por el culo.

    Cuando ya me tenía bien abierto el culo, sacó sus dedos, llevó su verga a la entrada a mi ano, colocó la punta de su polla en mi agujerito, y sujetándome por las caderas, tiró de ellas hacia él, a la vez que impulsaba su pelvis, enterrándome toda la polla de una vez. Me había ensartado la polla hasta los mismísimos cojones.

    Yo había dado un respingo, soltando un grito junto a unos fuertes gemidos, ¡ohhh! ¡ooohhh! ¡ooohhh! Notando como me había clavado toda la verga en el culo. Notaba como sus huevos los tenía pegados al culo, mientras él me decía, así putita así, no te muevas que ya la tienes toda dentro. Tiró de mis caderas llevándome con él, mientras daba unos pasos hacia atrás. Vamos para aquí, que aquí estaremos más cómodos, me decía llevándome empalado en su verga.

    Se había metido en uno de los cubículos, dejando la puerta abierta, de manera que yo me pudiera sujetar al marco de esta.

    Me tenía ensartado en su polla, mientras el empezó a sacarse la cazadora y bajar la parte de arriba del buzo. Así estaremos más cómodos, putita, me decía empezando a moverme las caderas, haciendo que su polla se fuese deslizando por mi interior.

    Justo en ese momento en que empezaba a culearme, y yo a gemir de placer, se abrió la puerta de los aseos, haciendo entrada en ellos un joven de unos 21 años al igual que tenía yo.

    Antonio, entró gritando el joven, que nada más vernos, quedó petrificado viendo el espectáculo que tenía delante de sus narices.

    ¡Jooodeeer! Exclamó al ver cómo me estaba dando por el culo.

    Tranquilo Michel, pasa y cierra la puerta, le dijo el que me estaba sodomizando. Estoy calentando a esta putita que se moría de frío, le espetó.

    Mira si quieres, si no apúntate que hay para los 2. Tiene un culito riquísimo, y muy necesitado de verga. O si prefieres la boca, también la chupa de maravilla, le decía el muy cabrón del gasolinero, ofreciéndome como si fuera una mercancía.

    El cabrón no se había inmutado, me mantenía ensartado en su polla, sujetándome con sus manos por la cintura, sin dejarme que me escapara. Me acariciaba el vientre y barriga, diciendo: Tranquilo putita, tranquilo que no pasa nada. Vamos a preñarte esta barriguita, tu solo goza y disfruta, decía acariciándome con sus manos mientras me tenía ensartada la polla hasta los mismísimos cojones.

    Ahora vas a poder gozar de 2 pollas, decía mientras me seguía acariciando el vientre y barriga. ¡Ohhh que bueno estás maricón! Que bien se siente dentro de ti, decía pellizcando y retorciendo uno de mis pezones, mientras me rodeaba por la cintura con el otro brazo, ensartándome más la polla, notando como sus pelotas, las mantenía pegadas a mi ano.

    El joven que al parecer se llamaba Michel, no se hizo de rogar, aflojó el cinturón, desabrochándose luego el pantalón, lo bajó junto al slip, dejando libre la polla y huevos.

    ¡Dios! Si el cabrón del gasolinero, se gastaba una buena polla, el chaval, no se quedaba atrás, la verga que se le veía, aún sin ser muy gruesa, debía medirle unos 17 o 18 centímetros.

    Se acercó a donde me tenía el gasolinero, inclinado dándome por el culo, y arrimándose, empezó a acariciarme la cara, mientras llevaba su polla hacia mi boca.

    Yo que en aquellos momentos estaba excitado y caliente hasta la extenuación, abrí la boca, dejando que el chaval fuese metiendo su verga en ella, mientras el gasolinero seguía dándome por el culo.

    ¡Ufff! Resoplaba el chaval al notar mi húmeda boca tragar su polla.

    Nada más meter la polla en mi boca, llevé una de mis manos a sus huevos, y mientras los acariciaba, chupaba aquella verga como si fuese lo último que hiciese en mi vida. La chupaba con desesperación, mientras por el culo no paraba de ensartarme la polla el gasolinero, sodomizándome.

    Ahora si que ya no maldecía al camionero por haberme dejado en aquella gasolinera, ahora estaba disfrutando como nunca. Ya no tenía frío alguno, ahora estaba sudando y gozando de 2 sabrosas pollas, una por la boca, y otra dándome por el culo.

    El gasolinero, que al parecer se llamaba Antonio, me tenía sujeto por las caderas, y me daba por el culo con todas las ganas.

    No paraba de chillar y decir, ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Mientras me taladraba el culo con su tranca. Hasta se escuchaba el golpeteo de su pelvis chocar con mi culito, plof, plof plof, cada vez que me ensartaba su polla.

    Yo notaba como sus huevos pegaban en la entrada a mi ano, y como su verga se deslizaba por dentro de mí rozando cada vez que me empalaba en su verga la próstata, haciéndome gozar hasta llevarme al clímax.

    Llevaba un buen rato siendo sodomizado y follado por la boca, cuando el gasolinero, volvió a arrastrarme hacia atrás, diciendo ven para aquí, putita. Se sentó sobre la taza del wáter, saliéndosele la polla de mi culito, pero nada más sentarse sobre la tapa del wáter, tirando de mis caderas, me hizo sentar sobre él, volviendo a clavarme la polla de nuevo.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! ¡ohhh! Gemí notando como su verga se volvía introducir en mí. Me sujetaba por la cintura, haciéndome subir y bajar ensartándome una y otra vez su polla.

    ¡Ufff! Cada vez me clavaba la polla más profundamente, haciéndome chillar y gemir cada vez que la polla me llegaba a lo más hondo de mis entrañas, rozándome una y otra vez la próstata. La pobre de mí polla no paraba de gotear, brotaba gotas de semen sin parar.

    Así estaba más cómodo, pero no daba chupado la polla del chaval, solo le acariciaba los huevos y de vez en cuando lograba darle una chupada a su rica verga.

    Mientras tanto el gasolinero, me sodomizaba sentado sobre la tapa del wáter, el chaval se pajeaba delante mía, dejando que le acariciara los huevos y de vez en cuando lograba darle una chupada a su polla.

    Pero el chaval, poco pudo aguantar, su polla empezó a hincharse y acercándose más a mí, empezó a correrse. Me corro, me corro, gritaba empezando a eyacular.

    Yo siendo sodomizado por el gasolinero, me sujeté a las piernas del chaval, e inclinando la cabeza todo lo que pude mientras el se acercaba más a mí, abrí la boca, logrando que parte de su corrida entrara en mi boca, cayendo otra parte por mi pecho y cara.

    Cuando logré meterme la polla del chaval en la boca, dejé que terminara de eyacular en ella, tragándome la leche que me había caído dentro de ella, y después de exprimirle bien la polla, se la dejé limpita y reluciente.

    Mientras el gasolinero seguía sodomizándome, sentado sobre la tapa del wáter, yo con una mano apoyada sobre las caderas del chaval, con la otra mano, empecé a pajearme, mientras era sodomizado por el gasolinero.

    Prácticamente nos empezamos a correr ambos a la vez.

    Cuando empezaba a gritar yo que me corría, ¡ohhh me corro! Me corro, me corro, ¡ooohhh me corro! Notaba como la verga del gasolinero que me estaba dando por el culo, se hinchaba empezando a palpitar dentro de mi culito, y empezaba a eyacular, derramando todo su esperma dentro de mí, preñándome el culo con su semen.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Gritaba el gasolinero, llenándome el culo con su leche.

    Cuando terminó de eyacular el gasolinero, y pudo recuperar el aliento y normalizar la respiración, empujándome con sus manos, me levantó de su regazo, saliendo su polla de mi culito.

    Estábamos sudando a pesar del frío que hacía, y yo oliendo a semen por todo mi cuerpo. Me habían bañado de semen, tanto por mi cuerpo, como en mi culito y boca.

    ¡Dios que follada me habían dado! Las piernas me temblaban, y el culo lo notaba súper abierto y como me iba escurriendo el semen, mojándome los huevos.

    Nada más levantarse el gasolinero, me dio una palmada en el culo, que buen culito que tienes, me has exprimido bien la polla. Me has dejado los huevos secos, decía abrazándome a él, mientras me mordía en el hombro. Ahora vamos a vestirnos, no nos vayamos a enfriar, dijo dándome otra palmada en el culo.

    Después de limpiarnos un poco con papel, nos vestimos, esperando ellos 2 a que yo terminara de hacerlo, saliendo luego de los aseos y yendo al cuarto donde se resguardaba el empleado de la gasolinera, donde me invitaron a tomar un café.

    Allí les conté la peripecia de mi viaje. Como me había dejado el camionero en aquella gasolinera, y que iba rumbo a mi casa en La Coruña, de permiso por una semana.

    Allí me quedé con ellos, calentito y bien follado, hasta que a las 5 de la madrugada, tuve suerte y otro camionero me llevó hasta León, donde volví a coger otro camionero que por fin me llevó hasta La Coruña.

    En aquel viaje tuve suerte, había llegado a La Coruña, sobre las 2 de la tarde del día siguiente de mi salida de Zaragoza, y además había llegado bien follado, me habían sodomizado en la gasolinera de Burgos, preñándome el culito de semen y probando la leche de otro jovencito.

    Podéis escribirme a:

    [email protected].

  • Romper la rutina, dos pendejas de regalo

    Romper la rutina, dos pendejas de regalo

    Cuando se carga con varios años de casado en el debe de la vida, y se llega al balance final de la gestión, la rutina suele ser casi siempre el saldo deudor de nuestro porvenir.

    Con el síndrome de los cuarenta realicé el balance de la gestión como individuo. La rutina diaria, es como la cizaña a los sembrados. Cómo erradicarla: Rompiéndola. Cómo romperla, buscando nuevas alternativas.

    Eso fue precisamente lo que me propuse, dar un nuevo impulso a mi vida, retomé el hábito de ir a pescar, cazar, y otras actividades similares los fines de semana.

    Un par de días antes había tenido un encuentro con un primo, al que hace tiempo no tenía noticias, luego de tomarnos unas copas me invitó a que fue de visita por su campo, sabiendo que soy aficionado a la caza me invitó que fuera a cazar liebres o pescar en el río aledaño. Se lo propuse a mi amigo, cargamos todos los elementos para pasar el fin de semana.

    Me había indicado que el mejor lugar para la caza era ir al puesto de la estancia que estaba en Guerrero, sobre el río Salado y cercando a la ruta 2. Después de recorrer 200 Km. Llegamos al lugar indicado. La gente del puesto había sido anoticiada que llegaríamos, al llegar nos reciben con la cordialidad y simpleza de la buena gente de campo.

    En el puesto estaban el encargado, don Pedro, su esposa, la cuñada de él y tres hijos, dos muchachitas y un jovencito. El puestero, hombre bien de campo de unos sesenta años, casado con la Ernestina de menos de cuarenta, Paula, cuñada, Javier el hijo varón, Laura y Selva eran las florcitas de 18 y 19 años que engalanaban con bulliciosa alegría la vivienda.

    La vivienda no era muy amplia, solo tres habitaciones, la del matrimonio y otras dos, una para el varoncito y la tía y otra para las niñas. De entrada no más el ambiente fue de lo más agradable. Como no era cosa de ponerlos en gastos, como primera medida, decidí ir al pueblo cercano a realizar las compras para nuestra estancia en la casa. Me acompañaron, riendo todo el tiempo las dos jovencitas.

    Durante el trayecto, la mayorcita, Selva iba a mi lado y con cualquier excusa se frotaba la pierna contra la mía, en un momento como al descuido hasta posó su mano sobre mi pierna y llegó a tocar, como al pasar, a mi masculinidad. Como en estudiado descuido se miró en mis ojos, como para comprobar el resultado obrado, entre sorprendido y gratificado respondí con gesto cómplice sonriéndole.

    Descargamos las compras, nos llevamos dos perros y nos fuimos a recorrer el campo hasta bien entrada la tarde. Regresamos cansados y con el magro botín de tres piezas nada más, lo que causó la bromas y chanzas de las mujeres de la casa, al final terminamos todos riendo. La señora nos miró como estábamos y dijo:

    – Tendrán ganas de ducharse?

    – Y…, sí, dijimos a dúo.

    – Vengan, dijo la señora y nos indicó el camino.

    Se duchó mi amigo, luego fue mi turno. Con el jabón aún metido en los ojos, a tientas busco la olvidada toalla. Llamé a Daniel, para pedírsela, no hay respuesta, vuelvo a llamarlo. Se abre la puerta y me acerca la toalla.

    La puerta entreabierta, los ojos llenos de espuma, estiro la mano, tanteo en el aire buscando… Toco algo, trato de agarrarlo, no es la toalla, es tela con carne debajo, con los ojos entrecerrados, y a través de la espuma puedo ver que tengo uno de los pechitos de Selva en mi mano. Reímos por la situación, no solté, no se retiró, al contrario, acaricia y retiene la mano con agradecido gesto, hasta me tiró un beso, dominando la escena con seguridad.

    El resto del día y la cena estuvo cargado de miradas, gestos y roces demostrando que la joven tenía a todas sus hormonas trabajando a full. Todos sus gestos eran señales para indicar cuánto le agradó sentir mi mano tocándole el seno.

    A la hora del sueño la señora de la casa le indica a Daniel que tiene la cama en la habitación de Javier y su tía, me pareció ver el agrado del amigo, parecía que él y la tía del joven habían pegado onda. Para mí habían dispuesto una cama en la habitación de las muchachas.

    Nos dimos las buenas noches y dispusimos en los dormitorios asignados. Por respeto entré luego que las jóvenes estuvieran en sus camas, di las buenas noches, apagué la luz y desvestí en la penumbra. Sabía que Selva me estaba observando por el trasluz que filtraban los visillos de la ventana, en lo oscuro movía el miembro para que registre la notable erección.

    Me costaba conciliar el sueño, intentando no pensar en la carne trémula de Selva, me justificaba que no estaba bueno tener esas intenciones en la casa de gente tan hospitalaria. Entre sueños siento como calorcito en la espalda. Los ojos cerrados, una mano suave va deslizándose por mi cadera, llega al miembro y lo toma, lo aprieta con suavidad pero con firmeza. Sentía los pechos de una mujer frotándose en la espalda, el pubis con suave vello acaricia mis nalgas, abre las piernas, siento los jugos de la conchita pegados a mi piel. Quién será? será ella?, bueno era una mujer con eso basta y sobra para calmar mi calentura.

    – Sh, sh!

    Me tapa la boca, pide silencio cómplice, susurra:

    – Te necesito, te necesito, déjame hacer.

    De lo dicho al hecho no hubo trecho, siguió moviendo la mano en una incipiente masturbación, la cabeza húmeda respondía a su estímulo. Los pechos y pezones me masajean la espalda.

    – Tranquilo, quietito, soy Selva dijo al sentir mi gozoso estremecimiento.

    – No está bien, que van a decir, no sé…

    – Sh, sh!, quién se va a enterar, dejate llevar!

    – Y tu hermanita?…

    – Duerme.

    – Pero si se enteran o escuchan? Quería zafar para no tener problemas.

    – Nadie sabrá, ya no soy virgen. Lo hice una vez con el hijo de otro puestero, pero no me gustó tanto como esperaba. Házmelo como sabes. Porfa, necesito que me garches!!!

    Me apreté contra esos pechos chicos de pezones duros por la excitación, la mano me conduce al vello suave que cubre la chucha tan mojada por la calentura. Metí un dedo dentro de su calentura y lo muevo dentro, dos la ponen mejor, tres la sacuden. Necesité apretarla contra mí para contener los gemidos producidos por la violencia del orgasmo.

    Le pido, ordeno que no haga ruidos, que se aguante los gemidos si no paro de franelearla. Puesta de espaldas, me llené la boca con sus tetas, la estremecen de pies a cabeza por la electricidad que transmite la lengua al recorrer y morder los pezones. Debo sostenerla para que no caiga de la cama. Todo su cuerpo manifiesta un sinnúmero de nuevas sensaciones que está aprendiendo a manejar y procesar su sexualidad. Me estruja la mano contra su sexo, la quiere meter dentro de sí. Ahoga los gemidos mordiéndome el pecho.

    Para terminar con el alboroto que estaba armando, me deslizo a su vientre, voy recorriéndolo bajo la ropa, en la oscuridad busco con la lengua la entrada de la mujer. Abre las piernas, separo el suave vello con los dedos, abro los labios y con la lengua recorro todo el espacio de la vulva, meto la lengua en la conchita, disfruto la humedad, subo al clítoris y doy una prolongada lamida hasta que se me acalambra la mandíbula.

    Selva, caliente vibra al sentir que la están estimulando en el centro neurálgico de su ser, la vagina inquieta no deja de latir, su cuerpo es un mimbre agitado. Por instinto levantó las rodillas, me introduje más y mejor en ella, con una mano le toco el culito y un dedo humedecido en su flujo se encuentra con el esfínter, abre y se le mete dentro del ano.. Se dejó hacer, se dejó sentir todo, estaba por sentirse mujer, próxima, sin saberlo.

    Apretó mi cabeza contra la cocha, se mordía los labios para no gritar, aprieta con más fuerza, más tensa, como un resorte. Movimiento instintivo, subiendo y bajando la pelvis contra mi cara. Se detuvo un momento, yo también, reanudo el movimiento de lengua, se convulsiona nuevamente, otro orgasmo tan intenso como el anterior. El dedo dentro de culo, se movió todo el tiempo simulando el miembro que entra y sale de él, incansable, le agrada, lo goza.

    Me compadezco de su humanidad y dejo que descanse. Beso profundo su boca, para que no grite. La lengua toda dentro, la acaricia por dentro, toma sus propios sabores y devuelve atenciones con su lengua dentro de mi boca. Está aprendiendo a besar, a ser besada por un hombre.

    Apenas serenada, solo un poco, abrazo con ternura, se deja contener complacida. Me besa el pecho, y como al descuido la voy llevando abajo, a lo que tiene entre manos: La pija.

    Baja y se la mete en la boca, toma la cabezota húmeda con sus labios afiebrados, el glande tiembla en su boca. La siento dura y late dentro de la boca de ella, tomándola de la cabeza ayudo en sus movimientos para hacer el coito bucal. Le aviso que estoy por llegar, que viene la leche, que se salga porque si no voy a terminar en su boca, trato de sacársela de la boca. No deja, sigue apretándome, apura el movimiento. Entiendo su calentura, me dejo ir dentro de su boca.

    Complacido y más excitado, ayudo con el movimiento de mi cuerpo, entro en ella y acabo dentro de la boca. ¡Qué acabada!

    – Qué rica lechita, que calentita, saladita. Me gustó.

    Quedé laxo, disfrutando del calor de la boca de Selva, solo se sacó el miembro de la boca para dar las gracias y poder tragarla. El calor de la boca y las caricias de la lengua la mantuvieron en activa erección. Su calentura y mis revitalizados cuarenta abriles me pusieron al palo como si nada hubiera pasado.

    La saco encima de mí y me colocó entre sus piernas, sobre mis hombros, y con pocas sacudidas se la mando toda dentro, se quejó un poco del dolor, pero sus ganas podían, necesita garche. Está toda dentro, se estremece, vibra, gemidos y jadeos reprimidos. Hago un movimiento como para sacarla, lo impide apretándome cuanto puede, también los músculos de la vagina se cierran entorno al choto, nos movemos acompasadamente.

    – Ah, ah, otra vez, estoy llegando de nuevo! Me susurra al oído.

    Sigo empujando mientras acaba, ahoga sus gemidos contra mi pecho, estoy próximo a terminar, y no tengo preservativo colocado, no hago a tiempo a buscarlo, se la saco, me arrodillo y acabo sobre las tetas, no pude llegar a su boca, se la esparce con su mano sobre los pezones.

    Sentí el alivio de haber cumplido y saciado en parte la calentura, ahora todo volvería a su sitio, pero nada sucedió como pensé. La calma nos duró poco, las manos inquietas buscando el sexo del otro, el beso de lengua enciende la hoguera.

    El placer de cogerla estaba condicionado por el temor permanente de que la hermana se despierte y me cree un problema mayúsculo, pero la muchacha tenía una voracidad sexual imposible de calmar. Se la volví a poner, menos ansiedad y tan silenciosos como podíamos, se tendió boca abajo y se la mandé desde atrás, ensartada hasta el mango, nos cuesta evitar los ruidos, por suerte no demora mucho en venirse, ahoga los jadeos en la almohada.

    El peligro a ser descubierto genera una dosis extra de adrenalina, ésta me pone fuera de onda, me hace perder el sentido del peligro, el frenesí de la cogida me hace ensartarla con mucha vehemencia.

    Montado en ella, le permito moverse y acabar cuantas veces quiera. Le metí uno y luego dos dedos dentro del ano, se molestó pero no podía gritar.

    – Qué quieres? No estarás pensando en…

    – Sí, y no hagas ruido, está tu hermana…

    – Con cuidado, me dijeron que duele bastante.

    – No te puedo acabar en la conchita, dónde quieres que me venga?

    – Que sea en mi colita, por favor, despacio.

    Con más urgencia que deseo, se la apoyé en el esfínter, la calentura exige, sin demasiada preparación se la mandé, despacio pero hasta el tope. La voy guiando, hablándole en voz baja, al oído, recordándole relajarse para evitar el dolor inicial. Empujo y espero, empujo y espero, lo suficiente para que su ano se acostumbre al intruso. No sé cuánto duró, pero con paciencia fue tolerando el pedazo que se le adentraba en ella.

    Mitigaba su dolor con besos en el cuello, toma aire con fuerza y se la entierro con todo, a fondo, para aguantar muerde la almohada. Quedo dentro, todo adentro, deliciosamente largo, era para quedar toda la vida en él. Pasado un poco el efecto, empiezo a moverme en ella, la calentura me lleva a las nubes moviendo la pija en el recto, la saco hasta la puertita, y al fondo!, nuevamente a la puertita y a fondo!

    Lamentablemente no puedo aguantar mucho más y le aviso que se prepare a recibirme en ella. Un último empellón y me derramo en su interior. Se acaba el mundo, lo único que siento es latir mi corazón, quieren estallar los pulmones por el esfuerzo y el alma puestos en el polvo.

    La pija había dejado toda su carga de leche, estaba aprisionada fuertemente por el esfínter, que se negaba a liberarlo.

    Comencé a moverme para sacarla de la prisión, se negó:

    – No, no! Quedate adentro, me duele si la sacás ahora, esperá que se achique un poco, me duele.

    Esperé para sacarla, el calzoncillo sirvió para limpiarse, en la mañana se verían rastros de sangre del desvirgue anal.

    El descanso fue muy breve, volvimos a tocarnos, chuparnos y cogimos otra vez antes de que se volviera a su cama. La hermanita dormía.

    No dormía, por la noche, nos dimos cuenta que no dormía. Fue un acuerdo cómplice entre ambas, era el arreglo que habían hecho, esa noche ella quería cobrar el silencio con tal de tener sexo conmigo. Esta hermana era virgen, por eso solo tuvimos sexo por el ano.

    Esas dos noches rompieron la rutina y algo más, pero me enseñaron que con un poco de suerte y creatividad se puede superar. Hoy estas niñas están estudiando gracias a una beca que les otorgo, la tengo cerca, tienen sus noviecitos, somos amigos y amantes. Tenemos sexo, y del bueno, de a dos, o los tres juntos, la creatividad rompe la rutina.

    La rutina es la tumba del amor y a veces del sexo. Romper la rutina, es el mensaje positivo.

    Me gustaría conocer tu opinión, [email protected]

    Nazareno Cruz

  • Face-live con la maestra Aleja

    Face-live con la maestra Aleja

    Hoy estaba cumpliendo mi mayoría de edad y por increíble que parezca no había tenido mi primera novia tal vez porque siendo honestos no era muy agraciado. Bajito y flaquito eran mis características más notorias por lo que era usual que algunos compañeros me la tuvieran al rojo con sus burlas y apodos como ‘Eunuco’ este era el que más me disgustaba porque me ridiculizaba frente a todos por el simple hecho de no haber tenido novia, por lo que se me había vuelto un karma el tema y lo peor, público haciendo de mi un joven retraído y tímido.

    Por eso mi meta era conseguir una novia para demostrarles a todos mi hombría, pero al verme al espejo era suficiente para darme cuenta que la no la iba a tener fácil, y aunque Gregorio mi mejor amigo me indico que la solución sería una chica fea y necesitada, esa no sería una opción aceptable para mí, porque el remedio podría ser peor que la enfermedad por eso tenía que encontrar una chica mediana mente agraciada.

    Al día siguiente estando en recreo con Gregorio paso la maestra Alejandra toda una mujer de 30 años, de un 1.73 cm, piel blanca, cabello largo de color rubio oscuro, cara bonita y cuerpo tonificado que al verla caminar por las canchas del colegio atraía la atención de todos realmente era la doncella de la institución y nosotros sus súbditos porque por complacerla todos hacíamos caso a sus indicaciones sin reparo y hoy no era la excepción pues en ese momento se dirigió a Martínez y le dijo:

    Alejandra: Carlos por favor eres tan amable de recoger toda esa basura del suelo

    Y Carlos que estaba cerca de donde estábamos nosotros muy amable le dijo:

    Carlos: Claro! Maestra estamos para servirle en todo lo que desee

    Por lo que Alejandra siguió su camino pero Carlos que era uno de los líderes del bullying se volteó y me dice:

    Carlos: Hey! Eunuco ya escucho recoja toda la basura!

    Afortunadamente la linda maestra escucho a Carlos y se devolvió y con un tono firme:

    Alejandra: Hey! Carlos le pedí el favor a usted!

    Carlos: Si mi querida maestra Alejandra con gusto era una broma

    Alejandra: Ok pero lo veo recogiendo la basura.

    Y yo con cara de bobo solo miraba los atributos de la maestra Alejandra que no eran indiferentes para nadie, porque tenía un trasero que hacía pasar saliva y pusiera lo que se pusiera jeans, Dril, poliéster siempre su cola resaltaba generando una que otra fantasía despierto, por eso no fue raro que Carlos me dijera:

    Carlos: Eunuco lo salvo la buenona de la maestra, pero es la única forma para que una mujer linda lo determine, debería es darme las gracias!

    Y en el fondo me dolió el comentario tenía algo de cierto la profe Aleja a pesar de su dulzura ni para recoger la basura me tenían en cuenta, para entonces casi que ni existía para ella o mucho menos para alguna otra mujer. Mi único consuelo eran las masturbadas alimentadas por las niñas lindas del internet pero había una protagonista principal y era mi maestra Aleja a la que le dedicaba más de una masturbada pero seguro más de un compañero también lo hacía porque se hablaba en voz baja en los pasillos y en los salones del Colegio, también lo comentaba con mi amigo Gregorio quien me decía sarcásticamente:

    Gregorio: La maestra Aleja haría saca el tigre que hay en ti Jajaja

    Pero en ese momento pensé que estaba lejos de rugir, pero una tarde estando en clase con la maestra Alejandra donde realmente no era mucho lo que se aprendía pues el interés de todos estaba en el trasero de la maestra Aleja, en especial cada vez que escribía en el tablero donde todos aprovechábamos para morbosearla y darnos un recreo de ojo a espalda de ella.

    Al acabar la clase todos salimos pronto hacia las rutas pero yo torpemente no pude porque mis compañeros me habían escondido mi moral una broma que hizo que me retrasara perdiendo la ruta pero lo bueno fue que me encontré el teléfono móvil de la maestra Aleja y lo mejor estaba desbloqueado por lo que me gano la curiosidad y encontré una serie de fotos algunas en ropa interior u otras desnuda que ella se había tomado muy sugestivas frente al espejo, inmediatamente me di cuenta que era un material invaluable por lo que decidí copiarlo a mi teléfono. Al rato sonó el teléfono de ella, era la Maestra Alejandra que me decía;

    Alejandra: Alo, alo con quien hablo?

    Yo: Con Arturo maestra Alejandra, yo encontré su teléfono si quiere se lo llevo?

    Alejandra: A qué bien! Pensé que lo había perdido, Si te queda fácil traérmelo antes de las 9:00 pm que voy a salir a cenar.

    Yo: Si Maestra claro, cómo es su dirección?

    Y horas más tarde me dirigía a casa de mi maestra Alejandra, con muchas fantasías en mi cabeza mirando las fotos que había conseguido de ella, pero era solo deseos reprimidos. Al timbrar yo la puerta la maestra Aleja abrió, quedando atónico con la belleza de ella, me paralice no podía creer ver a mi maestra así de bella por primera vez en falda y más cuando tenía en mi mente sus fotos con poca ropa, además la falda era de flecos negra que me dejaba ver sus lindas piernas que se veían firmes acompañada con una camisa blanca.

    Luego la maestra Aleja me ofreció algo de tomar lo cual no me hice de rogar, luego nos sentamos en la sala lo que hizo que mi mirada se clavara en sus muslotes que se veían tan carnosos como su colota, para entonces mis hormonas se había alborotado y me imaginaba metido en medio de las piernas de mi maestra Aleja, mientras que ella solo me trataba de conversar pero mis cerebro solo daba para hablarle monosílabamente “SI o No, Si… No…” y segundos después la maestra Aleja me pidió su teléfono que con la distracción de sus piernas no se lo había entregado, lo que me indicaba que me iba despedir por lo que pensé malvadamente y entregándoselo le dije:

    Yo: Maestra Aleja debo confesarle que le revise su teléfono y encontré unas fotos suyas que me harían muy popular en el colegio

    Alejandra; Como Alex? Las viste?

    Yo: Si la vi y las descargue

    La cara de la maestra Alejandra obviamente cambio era evidente que se preocupó lo cual me dio la fortaleza para tomar el dominio de la situación y sin timidez alguna le dije:

    Yo: Pero tranquila maestra Aleja si quiere las borro, pero quiero que me haga un favor?

    Alejandra; Que favor quieres?

    Yo: El favor…

    Alejandra: Que favor?

    Yo: Veo que no me entiende maestra, es fácil quiero que me colabore teniendo sexo con usted

    Alejandra: Sexo contigo? No estás loco?

    Yo: Bueno! No le voy a rogar entonces, voy a publicar las fotos en las redes sociales

    Alejandra: Espera no! Pídeme otra cosa…

    Yo: No solo quiero eso y estoy a un clip de publicar maestra

    Alejandra: Espera no por favor! No me obligues tu eres un joven bueno

    Yo: Si pero le tengo ganas a su cuerpo maestra

    Alejandra: Alex pero es que no me estoy cuidado

    Yo: En serio maestra Alejandra, pero con ese argumento no me hace desistir.

    Alejandra: Ok tu ganas pero trajo preservativos?

    Yo: No maestra

    Alejandra: Entonces solo podes meterlo un segundo y lo los sacas No quiero que te derrames ok?

    Yo: Ok listo ya!

    Alejandra: Por favor relájate y contrólate, no te vayas a derramar

    Yo: Si si si Maestra

    Y el tigre dentro de mí se despertó y me lance encima de maestra Aleja que sorprendida estaba en el sofá y a la fuerza traté de abrirle las piernas pero ella supo quitarme de un empujón diciéndome:

    Alejandra: Oye que te dije? Tranquilízate y te dejo! No soy una cualquiera!

    Yo: Si si si Ya ya! Estoy tranquilo…

    Y mientras le decía que estaba tranquilo que amarraba el tigre, pensé en hacer una trasmisión en vivo con mi teléfono por lo que muy discretamente a la vez que me quitaba los pantalones comencé a trasmitir un Face-Live colocando mis pantalones encima de mi teléfono para que la maestra Aleja no sospechara, luego me volví hacia ella y le reitere:

    Yo: Ya estoy tranquilo y listo. No se va desvestir maestra?

    Alejandra: Creo que no hay necesidad, porque es solo un segundo lo metes y lo sacas estamos desacuerdo?

    Yo: Ok maestra como quieras, pero déjame quitarte los pantys?

    Alejandra: No! Yo puedo sola.

    Y efectivamente se lo quito era una tanga blanca con encaje que coloco encima del sofá, y entonces me fui acercando prudentemente mientras me quitaba los bóxer, exponiendo mi miembro que esta tan duro como un tenedor de acero antes de chuzar la comida y en este caso la comida estaba servida, era la maestra Alejandra y yo estaba listo para chuzarla. En esta oportunidad la maestra Alejandra no opuso resistencia y lentamente la empecé abrir de piernas poco a poco me fui metiendo en medio de ellas mientras ella me miraba con una cara de susto y solo se limitaba a decirme;

    Alejandra: Mételo y sácalo por favor si?

    Y en ese momento la punta de mi pene estaba en la entrada de la vagina de la maestra Alejandra solo fue cuestión de hacer un poco de presión y entro la cabeza de mi pene en ella, lo que no pudimos disimular ni ella que brinco en el sofá, ni yo que dije:

    Yo: Entré!

    Y despacito controlándome comencé a hundirle mi verga a la maestra Aleja disfrutando a plenitud cada centímetro que ganaba hacia adentro de ella, rosando las paredes vaginales de la maestra que estaba paralizada pero sin embargo me dijo:

    Alejandra: Ya contento?

    Pero yo estaba feliz sintiendo el calor de que emitía el cuerpo de la maestra Alejandra sobre mi verga y comencé a acariciar sus muslos, ella trato de quitarme las manos pero yo apretando fuerte sus muslos le dije:

    Yo: Déjame o no se lo saco!

    Entonces Alejandra me dejo gozar sus muslos, pero eso fue soltar la correa del tigre porque comencé a pujar con algo más de fuerza que hizo que la maestra Alejandra se sobresaltara diciéndome:

    Alejandra: Ya suficiente! Para!

    Pero ese para! Me animo para perder el control y castigar brutalmente a la maestra Alejandra que no pudo detenerme, porque fue tan el ritmo que impuse al penetrarla que de los gritos paso a los gemidos rápidamente lo que me permitió tomar el control sobre ella arrancándole la blusa para saborear sus pechos, luego salvajemente la volteé sobre la mesa de centro de sala dejándola boca abajo para castigarla por detrás tal como más había soñado en el colegio perforar ese culote de Aleja, que para entonces sacaba fuerzas para tratar de zafarse de mi embestida, pero yo me aferraba a las caderas de Aleja como chicle mientras me decía:

    Alejandra: Quítate! Quítate ya! No te vayas a derramar…

    Pero yo como un animal en apareamiento no paraba e insistentemente seguía pegado a la maestra Aleja rematándola con todo lo que tenía, logrando que el cuerpo de Aleja terminara entregándose a mí sufriendo una seria de espasmos que la hicieron estremecerse apretando mis manos por el intensos orgasmos que le había producido al sentir como la choreaba por dentro con mi semen que salía a presión plena!

    Luego del clímax termine totalmente agotado encima de la maestra que pasmada estaba quieta solo observaba que se escurrían las lágrimas, y de repente se paró con dirección a su cuarto diciéndome:

    Alejandra: Ya está váyase! No lo quiero ver más…

    Entonces yo solo tome mi ropa para vestirme y estando en esas encontré la tangan blanca de la maestra Aleja la cual me guarde en el bolsillo como trofeo de mi tarea. Luego me acorde del teléfono que aún seguía trasmitiendo e increíblemente se había vuelto un video popular con 100.000 visitas en vivo con solo 30 horas de sexo con la maestra Alejandra y con cerca de 1000 comentarios no solo de personas conocidas sino también hasta de otros países donde el cometario más repetido era; “Buena chino!” Pero los últimos comentarios decían: “Repítale la dosis, yo quiero!”

  • Quiero hacer un gato (2/3)

    Quiero hacer un gato (2/3)

    Descolgué el teléfono de la casa y escuché la voz de Adriana quien con un tono muy amable me preguntaba por mi salud y me invitaba a que tomáramos un café en su casa ‘mañana o el día que tú quieras, amiga’. Le contesté que estaba bien al día siguiente. Siguió una breve charla con intrascendencias y nos despedimos.

    Me quedé pensando en el ataque de lujuria que sufrió Saúl y pensé en las diferentes opciones. Descarté decirle que no aceptaba pues me vería ante ella y Eduardo y como una egoísta, además de sentirme desagradecida con su comportamiento y complicidad al aceptar que yo me tirara a su esposo durante varios años.

    Tampoco me parecía correcto decirle que aceptaba el trío para que ella sólo mirara o quizá se molestara al ver cómo disfrutaba a su esposo que me vuelve loca cuando me tiene entre sus brazos, como bien sabe Saúl por las innumerables grabaciones de video que lo comprueban. Además, ahora que Saúl estaba enterado, y ganoso, no iba a poder ser un trío… ¡Uf!

    En la reunión con Adriana, en su casa, no fue café lo que me ofreció, sino que abrió una botella de champaña con sabor exquisito, acompañado de diversos quesos, carnes frías y algunos canapés de caviar, cangrejo y cosas así. Lo importante no era la alta calidad de los bocadillos ni su excelente presentación, sino que ella misma los elaboró para pasar bien esta charla que tendríamos. Obviamente alabé las viandas que ofrecía e hice preguntas sobre algunas de ellas, después hablamos un poco de las actividades de nuestros respectivos maridos y cómo iba adaptándose Eduardo a su nueva situación de empresario cultural, donde, además de difundir la cultura, iba siendo un referente para apoyar la creatividad de los artistas emergentes. El dinero provenía de la fortuna que heredó Adriana, pero ella le impuso como condición a Eduardo que en el balance anual no debía haber pérdidas. Éste era el cuarto año de ese acuerdo y, efectivamente, no había pérdidas, pero con las pocas ganancias financiaba a varios colegas para que continuaran su labor artística sin sobresaltos. ¡Había sido la mejor inversión que Eduardo había soñado!, lo cual me alegraba sobremanera.

    —¿Qué ha pasado con la propuesta que te hice?, ¿Lo platicaste con Saúl? —me espetó a bocajarro Adriana.

    ¡Casi se me atoró lo que tenía en la boca y tuve que tomar un largo trago de champaña! antes de responderle.

    —Sí, lo hice, pero no sé cómo vaya a salir esto…

    —¿Le disgustó que hicieras un trío o se molestó cuando lo invitaste?

    —Ni lo uno ni lo otro, te cuento después de otro trago más —le dije al momento de extenderle mi copa para que sirviera otro trago y darme fortaleza para contar el episodio. Era notorio que las sirvientas no estaban, pero aun así pregunté—: ¿Nadie nos puede escuchar? —Adriana sonrió antes de contestarme

    —No te preocupes, la servidumbre está en sus habitaciones y tienen prohibido entrar si no se les llama, puedes hablar con confianza.

    Ante esa aclaración, le platiqué a Adriana cómo se dieron los hechos: desde la indiferencia, pasando por el enojo que tuvo al pensar que yo quería vengarme de algo y su negativa rotunda. En este punto de la conversación, Adriana abrió los ojos como de plato y mostró un mohín de tristeza, el cual no supe interpretar si se debía a mi falta de tacto al tratar el tema con Saúl, o el sentirse desairada por él. Le seguí contando y su rostro se relajó cuando comenté la imagen que Saúl hizo de ella, y se carcajeó con la escena caliente que detallé cuando aceptó que le gustaría hacerte el amor frente a Eduardo para vengarse, y también a cada una de las esposas de mis otras parejas sexuales frente a sus respectivos cónyuges, todo ello sin dejar de penetrarme y una y otra vez soltando más semen que otras veces.

    —¡Ja, ja, ja, qué locura! —Exclamó Adriana divertida y con voz que revelaba concupiscencia—. ¿Y tú qué le dijiste?

    —Que yo solamente le había propuesto estar nosotros cuatro y él ya pensaba en una orgía multitudinaria, que él debería ver a un psiquiatra.

    —¡Ja, ja, ja, no puedo creer que se haya desatado todo eso!

    —Ni yo tampoco, pero para mí no fue divertido, más bien me asusté pues si se diera una orgía así, él es capaz de hacerlo con todas —“Y yo también con todos juntos”, pensé divertida para mis adentros, sorprendiéndome de qué tan lejos podía llegar a ser mi promiscuidad; sí, he tenido relaciones sexuales con varios, incluso con tres en el mismo día, pero nunca en el mismo momento.

    —¡Ja, ja, ja…! Y yo que creía que Eduardo era “el potente”. ¡Ja, ja, ja! —continuó riéndose Adriana por un tiempo más. Lo que ya no le conté fueron mis miedos.

    Platicamos de otras cosas más y quedamos en una fecha y lugar tentativos (mi casa y el fin de semana siguiente) para comunicársela a nuestros maridos. ¿Llegaremos a tener cuernos Eduardo y yo? ¿Qué tal si Saúl y Adriana llegaran a entenderse? ¡Ay, no, en qué cosas me ando metiendo! Ya ni modo.

    Al parecer, ellos lo aceptaron sin condiciones, es decir, las cosas se darían hasta donde todos estuviéramos cómodos. La fecha llegó…

    Quise corresponder con la amabilidad de Adriana y decidí hacer una cena muy especial: lo mejor de las recetas de mi padre y de mi suegra. Compré vinos suficientes, no sólo para el maridaje de la cena sino también para la noche de amor larga que esperaba. Le comenté a Saúl sobre una posición en la que estuviéramos los cuatro disfrutándonos mutuamente, bueno, cada uno con las dos y cada una con los dos, todos simultáneamente. “Quiero que hagamos un gato”, le dije. “¿Qué es eso?”, preguntó de inmediato.

    —El símbolo #, las líneas que pintamos para jugar “gato”, “tic-tac-toe”, tres en línea” o como le llames. Las barras seremos nosotros en sentidos contrarios, las mujeres paralelas, chiches hacia abajo y los hombres también paralelos, pero verga para arriba. Nosotras sobre el falo de uno, penetradas, claro, y con las chiches en la boca del otro. ¡Está para el circo!, ¿verdad?

    —Más que para circo, ¡mira! —me contestó de inmediato y sacó de la bolsa de la camisa el cuadernito que siempre porta y con el bolígrafo dibujó rápidamente unas siluetas para que me diera cuenta que no sobresaldrían las cabezas, además de que los cuerpos paralelos estarían muy juntos.

    —¡Ah, no es «gato»!, pero parece… —dije.

    —¡Claro que lo intentaremos, puta! —me contestó Saúl dándome una suave mordida en el seno y metiendo su mano bajo mi falda.

    Cuando llegaron nuestros invitados, todo fue cordialidad. Adriana me dio un ramo de flores y colocó dos botellas de champaña en la nevera; Eduardo le dio un par de libros a Saúl, producto de las ediciones que patrocinó ese mes a nóveles escritores, con sendas dedicatorias de éstos; además de que todos colaboramos en llevar las cosas a la hora de la comida. Platicamos un poco. Saúl se interesó en el proyecto cultural de Eduardo, incluso lo felicitó por su trabajo. Bailamos un poco, comenzaron los besos. Me di cuenta que Saúl traía la verga bien parada, no sé si por verme en brazos de Eduardo o por los besos y toqueteos a los que le obligaba Adriana.

    Adriana comenzó a quitarle la ropa a Saúl y yo, al ver eso se la empecé a quitar a Eduardo. Una vez que los tuvimos encuerados, y con el pito goteando líquido preseminal, cual si fuese una coreografía ensayada fuimos con nuestros respectivos cónyuges para que nos desnudaran mientras nos movíamos al ritmo de la música. Siguieron las coincidencias coreográficas pues ambas les ofrecimos el pecho a nuestros maridos y después nos agachamos para mamarles la verga mientras les dábamos unos jalones al tronco para exprimirles más presemen. Al sentir el sabor en la boca, fuimos a besar al otro. Ellos sólo sonrieron pues recordaron haberse probado varias veces, uno al otro, en mi pepa. Bailamos un poco más, cuerpo a cuerpo hasta ensartarnos y ser cargadas. ¡Se vinieron de inmediato! Con mi boca, le limpié el falo a Eduardo. Adriana veía y me imitaba, intercambiamos miradas para intercambiar otra vez de pareja.

    Repetimos el beso, ahora con sabor a semen y se les volvió a parar, Nos volvimos a colgar del cuello de nuestros maridos hasta lograr cada una el orgasmo. Cuando nos dejaron sobre el sofá a y en la alfombra a la otra, tomé a mi marido para obligarlo a hacer un 69. Adriana, de inmediato forzó a Eduardo para que hicieran la misma posición. Todos mamamos con deleite después de haber mezclado nuestros flujos y hubo más orgasmos hasta quedar agotados. Descansamos juntos cada quien con su cónyuge, hasta que ellos fueron a sacar una botella de champaña de la nevera, sirvieron las copas y nos las ofrecieron.

    Brindamos de pie y cada una tomó de la verga al hombre de la otra para sentarse en sus piernas. Al poco rato, cuando vaciamos la primera botella de champaña, Adriana propuso que jugáramos a la botella, “Obviamente no será de prendas, sino de preguntas. A quien le toque, preguntará a su cónyuge sobre lo que piense de alguno de los demás”. Nos sentamos en la alfombra, pero antes dijo, déjenme tomar la última gota y limpiar la botella. Se llevó la botella a la boca, sólo salió una gota, y después al vello de su vagina.

    Saúl le preguntó a Eduardo que vino deseaba tomar y nos lo sirvió a todos, en tanto que yo acerqué varios de los bocadillos que había preparado. Ahora sí, nos sentamos frente a frente los del mismo sexo y Adriana giró la botella, que al detenerse ¡me apuntó a mí! No me agarró de sorpresa, pues ya sabía que preguntaría a mi marido.

    —¿Qué te gusta más de Adriana? —le pregunté a Saúl de inmediato. Él, quien la tenía hacia su derecha, volteó a verla con cara de lujuria, se acercó a ella para darle un beso en la mejilla, al tiempo que le acariciaba la cintura bajando la mano hacia sus nalgas.

    —Que está muy buena, además que es muy culta e inteligente —contestó y le dio un apretón en la nalga. Eduardo sonrió y movió la cara afirmativamente. Saúl le, soltó la nalga a Adriana y la nalgueó como despedida, dio vuelta a la botella que al detenerse apuntó hacia Adriana. Ella sonrió y preguntó a Eduardo.

    —¿Qué te gusta más de Tita? —preguntó haciendo la pregunta a Eduardo, quien antes de contestar extendió su mano derecha para darme un jalón suave el pezón y retorcerlo. No pude evitar tomar el pene de Saúl y jalarlo al ritmo de lo que sentía con lo que Eduardo me hacía a mí, mientras contestaba.

    —¡Sus tetas!, primero sus tetas, luego su cara y la forma en la que hace el amor… —dijo dándome jalones y apretones, los cuales transmitía yo a la verga de Saúl.

    Cuando Eduardo me soltó la chiche para girar la botella, Saúl exclamó con un sarcasmo imperceptible por los demás “A todos nos gusta por lo mismo, ¡chócala!” y se dieron un apretón de manos, pero yo sabía que quería decir “Qué obvio eres”. Me di cuenta que Adriana hizo una sonrisa forzada para aminorar la mueca que transparentaba sus celos y temí que este juego podría tomar un mal camino. La botella volvió a girar y le tocó a Eduardo interpelar a Adriana.

    —De lo que te ha hecho Saúl esta noche, ¿qué te ha gustado más? —preguntó para distraerla de los celos que él también percibió.

    —Su ternura al besarme la boca, las tetas y la piel, pero quiero sentir su boca hermosa en mi vagina —dijo y, del dicho al hecho se paró frente a mi marido ofreciéndole su vagina tomándolo con verdadero amor de la cabeza con ambas manos obligándolo a chuparle el clítoris. Saúl, tomando una nalga en cada mano le sorbió el clítoris hasta que le sacó gritos de un orgasmo; ella, no satisfecha aún, talló la cara de mi esposo para masturbarse con su nariz y lengua, distribuyéndole sus líquidos sobre la cara. Era evidente que los celosos éramos nosotros, quienes asombrados solamente mirábamos la escena… A pesar de lo que cada uno sintiéramos, el aroma que expelía el rostro de mi marido, quien no hizo nada por limpiarse, Eduardo traía la verga tan parada como Saúl y yo sentí mi vagina inundada. “Éstos sí que son unos golfos” me dijo Eduardo en voz baja antes de ayudar a sentarse a su esposa, yo me limité a sonreír dudando si estábamos haciendo las cosas bien.

    El juego continuó, y noté que Saúl seguía inmune a los celos que crecientemente sentíamos, en su turno, los otros tres. Particularmente, cuando me acerqué a quitarle de la cara uno de los vellos de la panocha de Adriana y se lo mostré, me lo quitó de la mano y se lo echó a la boca con mucho deleite, me puse verde de coraje, pero me aguanté, después de todo, Adriana era mi invitada… Cuando tocó el turno a que Saúl me preguntara dijo ¿Qué cosa le envidias más a Adriana? tuve la oportunidad para intentar ponerlo celoso. Iba a decir, “Sus nalgas para que estos machos me vieran sólo a mí”, pero cambié de idea y me fui directamente a la verga de Eduardo y antes de ponerme a lamerla dije “Lo que ella tiene en su boca y en sus piernas todas las noches para dormir feliz y despertar alegre”. ¡Craso error! En lugar de celos, Saúl gozó al ver en vivo algo con lo que se masturbaba frecuentemente al ver los videos de Eduardo y yo haciendo el amor y se le paró la verga como si tuviese resorte. Peor aún me sentí cuando escuché la voz de Adriana al decirle “Creo que ésta puede hacerlo más rico sin lastimarme” y se engulló el falo de Saúl.

    —¡Qué hermosas putas! —exclamó Saúl dejándose llevar por las caricias de la lengua de Adriana en su glande y las manos que le tironeaban el escroto mientras gozaba la vista de mi comportamiento de puta con Eduardo.

    Eduardo, a su vez, estaba en una situación similar y me agarró violentamente de la cabeza y literalmente me folló por la boca sin darse cuenta de las arcadas que me provocaba en cada vaivén que me llegaba hasta la garganta. “¡A las putas hay que darles su yogurt!”, gritaba mi macho sin control, incrementando la lujuria de mi marido al mirar cómo me trataba este sujeto que ahora me resultaba desconocido; ambos eyacularon simultáneamente. Saúl dio un grito de satisfacción, pero nunca violentó a Adriana quien exclamó “Esto no sabe ligerito, esto sí sabe a hombre”, después de terminó de paladear lo que se le había escapado de la boca.

    —Para seguir con el símil de la leche, hay una gran diferencia entre un cottage y un gruyer. ¡Me gustan los de sabor fuerte! —externó Adriana y siguió limpiando con la boca el pene de Saúl y sólo suspendió para decir —por cierto, pronto les enviaré un Chhurpi de yak, su sabor es sublime.

    El sabiondo de Saúl, después de agradecer la promesa de Adriana, dijo “Independientemente que la leche de yak posee más grasa que la de vaca, y el de búfala aún más que el de yak, es más importante el proceso de fermentación, el cual lo hace de sabor delicioso. ¡Fermentada, hasta la leche de burro sabe riquísima!” Noté que dijo “burro” y no “burra”, porque a Eduardo se le había vuelto a parar la enorme verga con mis caricias y con la vista que daba Adriana engolosinada con la limpieza. “Mañana disfrutaremos eso”, terminó diciendo Saúl. Adriana, quien no había entendido la insinuación de mi esposo y a lo que ambos eran adictos, corrigió “No, necesito al menos una semana para pedirlo y que lo entreguen”.

    Total: celos de Eduardo, amargura mía y dolor en la cavidad bucal. Descansamos, Saúl volvió a llenar dos copas. Nos dio una y el llevó la otra junto a Adriana “Cada pareja bébasela como mejor le guste. ¡Salud!”, dijo levantándola y le ofreció un trago a Adriana. Eduardo me hizo que mojara los pezones en ella y tomó varias veces así. Veíamos que ellos ni se molestaban en mirarnos, abrazados compartían el vino con sus besos: uno tomaba un trago y, sin deglutir aún, se lo daba al otro con los labios. ¡Estaban enamorándose allí, frente a sus respectivos consortes!

    Continuará… Ni modo, salieron tres partes en lugar de las dos prometidas.

     

  • Mi muñeco follador

    Mi muñeco follador

    Hola cariños, ustedes ya me conocen como soy de puta siempre.

    Hace 5 meses compre un muñeco vibrador donde tú te montas esa deliciosa polla varias veces sin parar.

    Caminaba por unas calles y entre a preguntar a un gimnasio para ver que requisitos necesito para unirse cuando salí enfrente había una sex-shop me ganó la curiosidad y entre lo primero que vi fueron dildos por tamaños y vibradores con varios diseños lencería al gusto pero lo que más me llamo la atención fue un muñeco vibrador.

    Al momento que lo mire algo paso por mi mente y mi culo se mojaba por la tentación vi las instrucciones y las imágenes me impactaron más ese muñeco te podía tomar de la cintura y semejar que te follaba también las posiciones que harías con ese muñeco mi tanga empezó a mojarse por las deliciosas cosas que haría lo mejor es que usaba varios accesorios muy lindos.

    Pregunté por el precio me asustó un poco pero algo me decía que lo probará que no me fallaría inmediatamente pedí uno y me lo prepararon pague y antes de salir me regalaron un galón de semen artificial me decían que iba incluido más me encantó saber que una polla de plástico se vendría dentro de mi llenando mi culo día y noche.

    Llegue a mi casa revise que nadie estará de mi familia inmediatamente prepare todo busqué el accesorio que tenía que llenar con el semen artificial lo encontré y lo mejor tenía 3 pollas para su llenado más me emocioné rápidamente llene uno lo prepare bien y lo monté al muñeco follador mi culo estaba húmedo por la emoción hice a un lado mi tanga y empezó la montada poco a poco me lo metí hasta el tope y empecé a cabalgar despacio y después rápido sólo mi falda y el aire hacían el trabajo de como subía y bajaba mis montadas bravas.

    Tomé los brazos de mi nuevo sancho y los puse a la altura de mi cintura y los fije con una banda para que no pudiera soltarme sentía un gran bombeo duro y despacio me agache más para acomodar las manos y ponerlas en mis nalgas y sentir que me abría el culo dure varios minutos así mi vestido lo levantaba el aire y mi tanga mojada por mis jugos dure mucho tiempo así para seguir montando mi nuevo sancho de plástico.

    Me perdía en la locura sentir como me montaba arriba y abajo lento y duro las bombeadas tremendas ya no aguantaba empecé a buscar el control que activa la descarga de semen artificial lo encontré y en cuestión de minutos me venía y active la descarga fue una deliciosa combinación con mi orgasmo de golfa grité y mis ojos los dejé en blanco mire al espejo detrás de mi y mire como salía la leche de mi culo y volví activar otra descarga deliciosa grité como una golfa mi culo no podía retener toda esa inmensa leche salía como una cascada me giré y separe los brazos de mi nuevo sancho me levanté temblando mis piernas llenas de leche mi culo brotaba más y mas leche mi tanga mojada por mi orgasmo delicioso.

    Lo disfruté mi mente se perdió en el transcurso de la follada esa polla me sumergía en la locura de seguir sin parar cambie varias veces las 3 pollas para volver a rellenar con el semen artificial y volver a montarme varias veces más mis jadeos y orgasmos me perdía completamente descargas tras descargas de leche artificial.

    Para evitar un gran problema lo guarde en un lugar que mandé a construir especial para mi sancho de plástico sé que aún me espera más montadas bravas y deliciosas pero antes de eso debo comprar más galón de semen artificial para hacer la combinación perfecta de folladas muy deliciosas es mi secreto más oculto lo amo y nunca lo dejaré me llena más el que mi marido mi culo le pertenece desde su primera follada.

    Este es mi nuevo relato espero te guste amor contestó mensajes muy rápidos aclaro no te enviaré vídeos besos cariños.

     

  • Loren entró en mi vida por una mamada

    Loren entró en mi vida por una mamada

    Era lunes, no sé por qué el día lunes ha de ser malo para mucha gente, jamás he hallado una razón para que sea malo, quizá porque salgo a follar siempre los viernes noche y me follo a algún loco que anda con ganas; alguna vez los sábados suelo salir, pero no me urge echarme a nadie entre piernas a no ser que se trate de un espécimen extraordinario y que sensacionalmente me guste y mi polla me reclame sus derechos, solo entonces me dispongo a remediar mi concupiscencia dando lugar a la lascivia ajena del que se presente frente a mí.

    También los miércoles cuando viene el puto de mí primo Anselmo, llamado por sus colegas «Guitarra», ignoro por qué el apodo. Mi primo Anselmo es puto profesional, es guapo, bien formado, todo un tipazo y con un arma del calibre 22, gorda, de esas que dan para rabiar, si es que uno tiene ganas. A mi primo le espero en mi casa, que es la casa de mis padres —así de ganso soy y no me va mal—, viene a media tarde, nos vamos a tomar algo que nos sirva de cena y duerme en mi casa, conmigo, en mi cama.

    Entonces hace lo que quiere conmigo, me folla cuantas veces quiere, se la mamo todas las veces que me place, es mi novio de miércoles, y se levanta a la hora de ponerse en contacto con la Agencia de escorts para disponerse al servicio de os clientes. Ocurre que cada miércoles viene porque libra, pero no se libra de mí, porque así tiene una casa donde cobijarse cuando no ejerce, porque en la casa de sus padres no no lo quieren ver ni en foto color sepia. La única diferencia es que a mí me folla él, mientras que cuando está de servicio en su trabajo, los hombres le follan, las mujeres juegan, según me dice, pero sé que las folla porque es un escort con arte, y folla con pasión y si no que me lo cuenten a mí.

    En lunes soy yo el que libro. Desde que trabajo con mi padre decidí librar lunes, voy solo un rato en la tarde y a veces me quedo hasta tarde para organizar. Los lunes no tenemos atención al cliente y las urgencias las atiende mi padre.

    Este lunes me levanté con ganas de hacer compras, no sabía qué comprar ni cómo empezar. Fui a la cocina para desayunar, allí estaban mi madre y mi hermana, menor que yo, y me sonrieron y saludaron antes que yo a ellas.

    — ¿Qué tienes para hoy, Ais?, —preguntó mi vieja.

    — Nada, voy a dar una vuelta por alguna tienda a ver novedades y mirar qué compro.

    — Nos vienes de perilla, pues, porque Eloísa necesita comprar unas cosas y no puedo acompañarla, si tú…

    — Mi hermanita es un tesoro, nos vamos los dos y compramos a nuestro gusto —aproveché para darle un beso como a ella le gusta.

    Desayunamos con tranquilidad. De camino entramos en unos grandes almacenes —obvio el nombre y obviaré el nombre de las tiendas visitadas para no ofender a nadie—, pasamos a varones, dimos vueltas sin resultado, pasamos a juventud, había más de lo mismo de lo de siempre, pasamos a mujeres y nada le gustó. Me preguntó:

    — Tú, ¿qué buscas?

    — Cualquier cosa que me tape los huevos y me ayude a vivir.

    — ¿Algo en concreto?

    — Me gustaría encontrar unos jeans de cintura muy baja y muy ajustados.

    — ¿Unisex?

    — Y yo qué sé, quiero que me guste, que sea muy sensual y me haga vivir muy a gusto conmigo mismo…

    — Pero si tú eres muy guapo, no tienes de qué quejarte…

    — No, no, si yo no me quejo, pero no sé…, me da que mamá desespera si no encuentro novio y quiero ir de modo provocativo, a ver si eso tiene resultado.

    — Te llevo a una tienda que me sé, es muy, muy unisex, pero, buena, —afirmó mi hermana.

    — ¿Unisex o de féminas?, —pregunté.

    — Ahora no lo sé bien, pero hay de todo.

    — Vamos allá de una puta vez, que esto me hastía.

    Me llevó a una tienda de chicas que tenía algo unisex. Decidí mirar, entender y buscar por la zona unisex mientras mi hermana buscaba por la zona de mujeres. Vino un chico por atrás y con una voz muy amanerada, al igual que sus manos y sus gestos corporales, me dice:

    — ¿En qué te puedo ayudar, guapo?

    Me dio mucha confianza verle y le expliqué:

    — Me gustaría encontrar unos jeans muy ajustados, de cintura muy baja y con botones, sin rotos ni dibujos.

    — Ajá, me llamo Loren o Lorenzo, me gusta más Loren…

    — A mí me llaman Ais…

    Hizo una mueca y continuó:

    — Sígueme, ahí tengo lo que buscas.

    Me llevó a donde los tenía, me miró fijamente, me tocó muy bien tocado por la zona donde debiera ir la cintura y un poco más abajo, midió con un metro y escogió tres, me llevó al probador y me dijo que me probara tranquilo y saliera con el que me sentara bien, luego dijo:

    — Mientras tú te pruebas yo atiendo a una chica que espera allá mirando trapitos.

    — Atiéndela bien, es mi hermana.

    — Ajá, descuida.

    Me probé, los tres me sentaban bien porque eran muy elásticos, pero el primero estaba hecho para mí y como yo quería. Me quité el último volví a ponerme el primero y me lo confirmé, no necesitaba cinturón y me llegaban justo a cubrir los tobillos. Salí y me acerqué a donde estaban él y mi hermana con cosas en las manos los dos.

    —Ajajá, aquí lo tenemos, míralo que bien le quedan, ¿qué te parece, Eloísa?

    El tipo se agachó y le hizo una doblez al extremo dejando ver los tobillos. Mi hermana me miró estupefacta y con una sonrisa muy agradable. Dirigiéndose a Loren, dijo:

    — Esos son de chica, los he visto allá, pero me gusta cómo le quedan.

    — Ajá, tú entiendes, nena, mira cómo se le marca todo, si está que hasta yo me lo comería.

    — Pues, ándalé, que a él le gustaría, —dijo mi hermana haciéndome sacar los colores de la cara.

    — Me gustan estos, ni los siento —dije con entusiasmo y tocándome el culo y los muslos— ¿no tendrás dos más…, iguales?

    — Sí los tengo, pero a un chico guapo como tú…, ea, te saco dos cosas que sé que te van a gustar, —dijo dando media vuelta sobre sí mismo y moviendo su brazo derecho desde el hombro al cogote y comenzó a caminar indicándome que le siguiera. Me sorprendía su modo de caminar moviendo el culo y la cadera. Escogió dos jeans y me los mostró, diciendo:

    — Misma marca, misma fábrica, mismo tejido y diferente modelo; esto me gusta para ti, guapo.

    Se llevó dos más y me acompañó al probador. Mi dijo que me sentará para sacármelos y me sujetaba uno. Cuando me vio con bóxer corto, me dijo:

    — Espera, espera.

    Vino enseguida cargado con la ropa y un tanga cuerda:

    — Quítate lo que llevas puesto y ponte esto, si te gusta me lo compras y si no me lo quedo para olerte.

    — Eres directo, ¿eh?, —dije mientras me cambiaba.

    Me dio uno, me gustó y le dije que sí; me dio otro y lo mismo le dije que sí, y me dice:

    — Llevas tres…

    — ¿Qué más tienes ahí?

    — Este, es lo mejor que he tenido en la tienda, lo he dejado el último para que no me digas que no.

    Me lo probé y estaba genial y un poco empalmado por tener a Loren mirando.

    — Los cuatro quiero.

    — ¿Te lo quitas?

    — No, me lo llevó puesto.

    — Ajá, espera.

    Se llevó todo lo mío a caja y le dijo a mi hermana que ya acabábamos, vino con unas tijeras y cortó la etiqueta del que llevaba puesto, la llevó a caja para que envolvieran todo en bolsas y ya pagaría al salir, se vino a decirme:

    — Te quedan bien —se agachó para doblar el final y dejar al descubierto los tobillos— estás para comerte y este de aquí —tocaba mi entrepierna— tan empalmado y marcado habría que bajarlo ¿te doy una mamada?

    — ¿Aquí?

    —Ahí en mi oficina.

    Solo eran cuatro peldaños, cerró la cortina, me abrió parsimoniosamente los tres botones de la bragueta, bajó la tanga tras olerme por encima y se metió mi polla en su boca. Mamaba con verdadera destreza y me hizo gozar hasta que sentí que me iba y le dije:

    — Me corro, me corro…

    No apartó mi polla de su boca sino que la aprisionó bien y se tragó todo mi semen y me relamió la polla para dejarla seca. Me besó y me dio a probar lo que me guardaba. Es solo unos meses mayor que yo. La tienda era de su padre, él se hizo cargo y la transformó en tienda joven y osada. Quedamos en vernos y nos intercambiamos número de teléfono. Tomamos una copa de vino dulce y salimos a caja, todo estaba preparado para llevar al coche. Al salir mi hermana me pregunta:

    — ¿Qué habéis hecho allá arriba?

    — ¿Yo? Nada de nada.

    — ¿Y Loren?

    — Me ha mamado la polla.

    — ¡¡¡No!!!

    — ¡¡¡Sí!!!

    — No tenéis remedio.

    — Hemos quedado en vernos.

    — ¿Síiiiii?

    — ¡¡¡Síiiiii!!!

    Nos fuimos a casa. Ella estaba contenta por las compras hechas y porque se las pagué yo. Estaba feliz, yo más. Ahora esperaba otra ocasión para hacerme con ese culo que me pareció por la palmada que le di que eran dos espectaculares globos. Por el toque que le di a su bulto por encima del pantalón también descubrí que tenía buena polla para hacérmela gozar.

    ***** ***** *****

    Me desperté pensando en Loren, me duché pensando en Loren, desayuné pensando en llamar a Loren, a media mañana, llamé a Loren, estaba comunicando. Dejé para poco más tarde llamar a Loren, mientras ponía orden a unos expedientes de compraventa en mi oficina. Antes de salir marqué el número y me contestó:

    — Iba a llamarte, guapo, cuando llamaste estaba atendiendo un cliente.

    — Me lo imaginé, ¿cómo estás? Mira, no sé qué pasó pero no me cobraste la tanga, —dije, parado a la puerta de mi oficina para que oyeran las secretarías palabras sueltas.

    — No tiene importancia, guapo; ¡ah!, te digo que han llegado unas que te recomiendo, hay en cuatro colores…

    — ¿Sabes? Te digo que me va bien eso de las tangas —fui diciendo mientras caminaba arriba y abajo por donde estaban las secretarias—, es cómodo y fresco, me guardas tres de cada, y ahora que me acuerdo, ayer se me olvidó comprarme unas camisetas, creo haber visto una con rayas rojas en zig zag,,,

    — ¿Cuántas quieres?

    — No sé, unas cinco o seis diferentes.

    —¿No quieres venir a ver?

    — Si lo prefieres voy, pero tú tienes muy buenos gustos…

    —Te las llevo y charlamos.

    — Vale, pero y ¿cómo te pago?

    — Otro día te pasas por aquí y lo pagas, además, dentro de poco vendrán unos jeans adecuados para tus gustos…

    — Te espero en casa, con las nuevas tangas y me las pruebas.

    Provocadas las chicas y dándoles a entender que nada podían esperar, seguí con mi trabajo y a la tarde estaba esperando a Loren. Ya le había hablado a mi madre que preparara algo para tomar un whisky y había llamado a Eloísa por si quería charlar un rato. Mi hermana me contestó:

    — ¿Qué necesidad tengo yo de vosotros, nunca un gay va a ser mi novio o ¿es que lo pretendes?

    — No, por favor, era por si querías…

    — No; no quiero.

    — Vale, vale, no te he dicho nada.

    Loren llegó cuando ya eran las 7 de la tarde. Iba cargado con unas bolsas en las que estaba todo lo pedido. Lo dejamos en el salón y pasamos a la cocina, donde en una mesa había preparado mi madre la merienda con un Whisky Something Special. Este whisky solo me lo saca cuando prevé que voy follar con algún amigo. No voy a hablar de mi madre, no es el momento, igual lo hago en otra ocasión, por ahora ni lo pienso.

    Tras la merienda Loren y yo nos fuimos a mi cuarto y dejamos las cosas para que las retire mi madre, ya que no quiere que nadie le toque nada de su cocina. Loren abrió las bolsas y comenzó por mostrarme las camisetas. Trajo diez de ellas, todas diferentes para que yo escogiera lo que quisiera. Me dijo que tiene más, pero solo ha traído las que a él más le gustan. Le dije que me las quedaba todas, ya que yo suelo usar solo camisetas y en verano voy a dos por día para no oler a cabra. Mientras tanto hablábamos de nuestros gustos e ilusiones. Poco a poco sentíamos cierta curiosidad el uno respecto al otro y entró una especie de gusanillo del amor. No me atrevía a decirle que le amaba, ni yo lo sabía con certeza, pero me parecía que él sí sabía.

    Otra de las cosas que descubrí es que Loren no es amanerado en absoluto, sino muy varonil. Le pregunté cómo y por qué la deferencia y me dijo que era una costumbre que había tomado para convencer a chicas y a chicos y con esos modales amanerados tenía mejor entrada porque les daba mucha libertad. Me decía:

    — Un chico gay no se da cuenta de que quien le atiende lo que le interesa es vender, y si se encuentra con un tío serio, con voz muy grave y queriendo meter la prenda como si vendiera buñuelos, el chico gay, a mí me ha pasado, se inhibe y no pide ni ayuda ni consejo. Es eficaz, no lo hago por hipocresía sino por dar libertad y confianza y por vender, claro. Tampoco se la chupo a todo el mundo, pero me gustaste desde que te vi, no creo que sea amor, pero me diste un relámpago de confianza y seguridad y nos entendimos.

    — A mí me pasó algo similar contigo, es cierto, tampoco sé si es amor o confianza solamente.

    — Todo llega o no llega, pero, fíjate, hasta tu madre me parece que tiene ganas de que te hagas con un novio.

    — Sí, es verdad, mi padre y mi padre lo desean, dicen que no debo dejar pasar la edad del amor…

    — Digo de un novio, no una novia.

    — Sí, sí, de un novio; ellos me aceptaron antes que yo me reconocí, luego me rebelé contra mí mismo por mis inclinaciones y ellos me sacaron del bache, ellos quieren un yerno, solo por mi parte ya que mi hermana dice que no se va a casar nunca.

    — ¡Ah! ¿Cómo es que te llamas «Ais»?, ¿qué nombre es ese?

    — Eso es de mi hermana, mis padres me pusieron Isaac, pero yo siempre firmaba al final en todo, incluso en whatsapp con Is y mi hermana pretendió leerlo en inglés y comenzó a llamarme Ais, todo el mundo lo hace así, mi padre, mi madre, en el colegio y la Uni. Una vez un profesor nuevo leyó la lista y dijo Isaac y no contesté porque no me sentí aludido, primero se enfadó y luego lo comprendió.

    — Interesante historia…

    — Bueno, quizá sí, pero llevamos mucho tiempo —me decidí, le cogí las manos mirando fijamente a sus ojos— y no creo que has venido solo para hablar…

    Nos besamos largo rato y le pregunté si quería pasar por la ducha o lo hacíamos directamente. Le gustó eso de la ducha, porque, según dijo, aun no se había duchado después del trabajo. Nos fuimos a mi amplio baño, nos desnudamos y nos miramos. Entramos en la ducha.

    Loren estaba allí conmigo, bajo la ducha, después de los procedimientos de la limpieza de colon. Desnudos, Loren con piel muy blanca, con los buenos pectorales que yo acariciaba de vez en cuando. Su cuerpo era aún más delicioso de lo que yo me había imaginado. Era como yo, 27 años de un buen cuerpo, muy bien cuidado y formado delante de mí.

    Lo atraje contra mi cuerpo, ambos enjabonados, y nuestros besos hicieron explotar el deseo a flor de piel en nuestros cuerpos. Loren se agachó y sin decir nada puso mi polla en su boca y comenzó a lamer y a chupar con fuerza. En ese momento noté que se sentía como una perra muy cachonda. Me la mamó mejor que el día anterior y mis sentimientos se hicieron del todo indescriptibles. Yo me concentré en aferrarme a la diversión que podía brotar en cualquier momento inopinado, pues ya comenzaba mi imaginación a jugar en mí el papel de macho ardiente. No me quise adelantar ahora, pues tenía que sacarle de su cuerpo el deseo rabioso de comerme entero. La noche aún tenía mucho que ofrecer.

    Lo levanté y le besé la boca otra vez ardientemente. Después de unas cuantas putadas más mediante tocamientos que él me hacía como una golosa deseosa de mi polla, se estiró para coger la espuma y la maquinilla de afeitar, y luego tuvo una idea: lo tenía agachado de nuevo frente a mí y me chupaba la polla durante todo el tiempo que se estaba afeitando sus genitales. Nunca se me había ocurrido hacer algo así antes, pero él se afeitaba perfectamente sin mirarse; conocía sus genitales al tacto. Me estaba gustando demasiado esto. Me concentré en mirar que no se cortara mientras miraba subyugado mi polla, poniéndose mi escroto en la boca para jugar con mis huevos, hasta que le obligué a quitarnos el jabón y salir de la ducha.

    Nos secamos, salimos del baño y lo tumbé en la cama para mamarle su polla. Como él no se había corrido en la ducha, me dio media vuelta y se me puso en posición 69, para mamarnos mutuamente hasta que se vino en mi boca y no dejé escapar ni gota. Lo notó, supo que me había tragado todo y cuando eyaculé abundante sostuvo todo en su boca y tragó. Nos enderezamos para besarnos y cada uno reservaba parte del semen del otro para convidarnos. Los mezclamos con nuestro juego de lengua y los besos consiguientes fueron consumiendo el semen de los dos con nuestras propias salivas. Sentí un estremecimiento en mi cuerpo y sentí otro inmediatamente en el cuerpo de Loren. En ese momento supe que ya no éramos los mismos que antes, había en nosotros algo más.

    Escuchamos la voz de mi madre que nos llamaba para cenar. Nos vestimos, resistiendo valientemente la tentación de acostarnos y follar inmediatamente. Salimos a cenar con mis padres y mi hermana. Me acerqué a abrazar a mi padre y luego besé a mi hermana. Loren saludó a mi padre tendiéndole la mano y besó a mi hermana. La cena fue deliciosa y excelente. Mi madre preparó un picoteo para convertir la cena en una fuente de sensualidad y lo consiguió. Luego preguntó mirándome fijamente:

    —Loren se queda con nosotros esta noche, ¿cierto?

    — Pienso que sí, pero eso tendrá que decidirlo él, —respondí.

    — Es que he hecho un pastel al whisky para más tarde, se está enfriando, y si se va ya no tiene gracia.

    — Me quedo, yo no me pierdo ese pastel, —dijo Loren sonriendo.

    — ¿Hoy va de pasteles, hermanito?, preguntó irónicamente Eloísa.

    — No seas zorrita, —dijo mi padre cariñosamente.

    — ¿Cuando yo traiga un novio también harás pastel al whisky?, —preguntó Isadora a mi madre.

    Mi madre levantó la mano como quien no quiere hacer caso y Loren me miró, me señaló con el dedo y a continuación se señaló a sí mismo como preguntándome si nos habían tomado por novios y le susurré al oído:

    — Es fruto de sus ganas, no les hagas caso.

    Departimos los cinco muy amenos y Loren nos iba contando sobre su trabajo, mi madre y yo no hablamos casi nada, solo escuchábamos. La conversación fue entre tres, mi hermana que preguntaba y mi padre, además de Loren que respondía explicando y satisfaciendo las curiosidades de mi padre y mi hermana. Mi madre trajo una copas y un campaña para acompañar el pastel que fue la delicia de todos. En un par de ocasiones, Loren, mientras escuchaba a mi padre, puso su brazo sobre mis hombros por detrás de mi cuello y me pareció que estaba ansioso de besarme. Yo tenía deseos de que concluyera la conversación, pero no podía interrumpir un momento tan grato para todos ellos. Mi padre me miró dos veces y dijo:

    — Me parece que Loren y Ais tienen muchas cosas de qué hablar y debemos acabar esta copa.

    — Gracias, papá, dije escuetamente.

    Loren levantó la copa y dijo:

    — Antes de agotarla, quiero brindar por esta familia, ojalá podamos encontrarnos más veces.

    Descubrí otra faceta en Loren, era muy varonil en el trato con los demás. Era como un tercer descubrimiento: muy gay y amanerado en la tienda, muy femenino en el sexo, muy varonil en las relaciones sociales. Me quedé prendido de él y tomé la decisión de conquistármelo para que fuera mi amor exclusivo, el hombre que yo deseaba. Entonces descubrí que entre nosotros, los gays, no hay roles tan definidos, sino diversos roles que se manifiestan en distintas ocasiones.

    De vuelta a la habitación nos desnudamos rápidamente, listos para rendir nuestra voluntad al amor. Hice que Loren se acostara boca abajo con su maravilloso trasero en alto. Empece a besarlo por el cuello y las orejas, lamiéndole y besándole la espalda mientras descendía. Cuando llegue a su culo, lo lamí y poco a poco le separé los glúteos con las manos, pude ver su entrada más deseada, su culo. Lo tenía liso, sin pelos y sin fruncido. Que no lo tuviera fruncido me alegró, que no tuviera pelos me extrañó. No entendí cómo podía afeitarse tan bien sin mirar, porque a mí me costaba hacerlo.

    Ligeramente lamí esa entrada que me invitaba y metí la punta de mi lengua en el pequeño agujero que tanto deseaba. Loren gimió levemente. Qué encantador se puso gimiendo. Le di unos ligeros lametazos en el perineo y le pedí que levantara más su culo. Apoyó el pecho en la cama, la cara sobre la sábana y el culo bien elevado.

    De nuevo comencé por arriba, deteniéndome calurosamente en cada zona de su espalda para besarle todo su cuerpo con besos húmedos, a veces suaves, a veces profundos, descendía por la columna vertebral besando cada punto que marcaban los huesos al estar en tensión, besé y lamí sus glúteos, nalgas perfectas que tanto me estaban gustando. Y luego bajé para hacer lo que quería hacer: chupar profundamente el culo y sentir la alegría de Loren en sus gemidos desbordantes.

    — ¡La puta que te parió! Qué delicia tener a mi deseo y voluntad el cuerpo que ella te crió.

    Comenzó entonces a gemir con deseos de ser atravesado y retorciéndose con cada movimiento de mi lengua. Noté los matices hasta distinguir el sabor externo de su piel y el interno de su ano.

    Después de una ligera recuperación, Loren quería chupar mi polla, pero ya era el momento de penetrarlo. Ambos necesitaban sentir cada centímetro de la penetración. Lo puse lentamente. Lo metí solo un poco y lo saqué de nuevo para no hacerle daño. Hasta que poco a poco fue llegando al fondo. Loren gemía a gritos y yo suspiraba por el placer que sentía moviéndolo suavemente para que él se encontrara a gusto. Qué sensación tan increíble.

    Levanté a Loren y lo puse al borde de la cama, para que pudiera experimentar una penetración cómoda. Crucé mis manos sobre el abdomen de Loren a la altura de la cintura y él se inclinó hacia delante, mirando hacia abajo y ofreciéndome todo su culo a voluntad. Estaba yo empujando y Loren, sin miedo de ninguna clase, se dio inmediatamente cuenta de lo profunda que fue la penetración. Yo deshice la penetración y Loren exclamó:

    —¡Atraviésame del todo, joder!

    Ante tal invitación, no me resistí y la volví a meter follando ese culo que se me brindaba. Por supuesto que lo iba a atravesar y lo atravesé empujando duro y curvando mi cuerpo mirando al techo para hallar un mayor punto de penetración. A mí siempre me gustó admirar el culo de mi amante y este de Loren era super fantástico. Loren se colocó entonces como un perro y yo me paré junto a la cama. Se lo metí profundo y duro. Loren empujó su trasero hacia atrás y pidió que lo pusiera más profundo y más duro. Yo estaba encantado con eso, pero mantuve el ritmo tranquilo, ya que no quería disfrutarlo todavía a costa de hacerle daño, todo a su tiempo. De momento yo ya sabía cómo le gustaría terminar esta sensacional cogida de culo.

    Después de follarlo durante unos minutos, la saqué de su culo, le dije a Loren que me la chupara lentamente y me dejó mi polla muy mojada. Le di de nuevo media vuelta, metí mi polla en su culo y, antes de penetrar de nuevo, añadí abundante saliva de mi boca para lubricar con saliva y un dedo ese culo tan deseado. Loren se dio cuenta de lo que vendría y dijo:

    — Cómeme el culo, cómete mi culo, cómete este culo sabroso.

    Ante tanta pasión no tenía nada que preguntar. Le metí un dedo, le metí dos. Aunque ya no necesitaba nada, puse más saliva en la entrada. Le metí la polla de golpe y empece a bombear. El culo de Loren se abrió de par en par, tanto que a mi polla le sobraba espacio para moverse. Después de tanto bombeo, me paré en seco con la polla al fondo de Loren. ¡Qué momento tan sublime! El momento que yo había esperado siempre y nunca había encontrado en ningún amante ni en mi primo. Había penetrado ese culo amigo, y sin embargo noté que mi erección era ahora aún mayor, en lugar de disminuir. Aprendí mucho en ese momento. El sexo con Loren era diferente porque se abandonaba del todo sin ningún tipo de resistencia. Parecía que a Loren no le dolía nada sino que lo disfrutaba todo y si le dolía lo gozaba. Pensé «este es mi hombre y aprenderé de él a disfrutar más de una penetración». Sabia decisión porque ya estaba más próxima del amor.

    Empecé el mete y saca y fui acelerando y bombeando más y más y sentí cómo lo gozaba Loren que volvía su cara mirándome con lasciva sonrisa. Las señales de gozo comenzaron a llegar y aumentar y él estaba perdiendo el control de su cuerpo y yo lo mismo dando paso al instinto animal que hay en todos nosotros. Lo único que importaba ahora era explotar por diversión y llenar ese culo con mi leche. Él la deseaba y yo no iba a defraudarle. Con un golpe más, llegó la alegría. Sofoqué un poco el grito que iba ser estentóreo, me contraje en una sola pieza, gimiendo y luego me desplomé sobre él. Se agotaron las entradas. Lo había logrado. Cada día, cada semana, cada mes que venía lo íbamos perfeccionando. Mis padres se alegraron de tener un futuro yerno que los quería y Loren comenzó a encariñarse con ellos. Cada vez que nos juntábamos, casi siempre en mi casa, le llenaba su culo con mi leche y cada vez se alimentaba Loren de mi leche; me convertí en su verdadera nodriza.

     

  • Follando a bordo del yate Britania

    Follando a bordo del yate Britania

    Llevaba un tiempo en Bora Bora. Varias veces me habían invitado a follar, pero no estaba animado. La verdad, divertir no me divertí hasta un día que fui invitado a un yate por Richard, un excéntrico inglés, cuarentón y con aspecto de dandy al que conociera estando los dos mamados en el Bora Bora Yacht Club, él estaba mamado de whisky de bourbon y yo de brandy Napoleón. Allí, bajo los efluvios del alcohol, sin buscarla, naciera una buena amistad.

    Esa noche, en cubierta, bajo la luz de la luna llena y de las estrellas, con delfines pasando a ambos lados del yate, que estaba anclado en alta mar, seis bailarinas, a cual más hermosa, danzaron para Richard, que vestía un traje blanco, para mí, que vestía un traje gris, para su esposa Jenny, que tenía 40 años recién cumplidos, y que era rubia de ojos azules, alta y con un cuerpazo, y para Candy, su hija, que hacía honor a su nombre, ya que era un caramelito de 18 años y un cuadro de su madre, a esa edad, según me diría Richard. Madre e hija vestían trajes de noche e iban enjoyadas hasta los pies, sí, hasta los pies, ya que llevaban dos brazaletes de diamantes en las piernas, justo encima de los tobillos, que hacían juego con los diamantes de sus gargantillas y de las pulseras que lucían en las muñecas.

    En la danza, las bailarinas movían sensualmente las caderas, los brazos y las manos al son de una flauta, dos ukeleles y dos tambores que tocaban cinco tahitianos con sus fibrosos torsos morenos al descubierto. Estuvo caliente la cosa.

    Richard se debía sentir fuerte o tomaba viagra por un tubo ya que poco después de acabar la danza se retiró a su camarote con cinco bailarinas. Jennny, se fue con el joven que tocaba la flauta y con los dos que tocaban los ukeleles, y Candy con los dos jóvenes que tocaban los tambores. Al quedarme a solas con la otra taihitiana me di cuenta de que me dejaran con la más bonita, pero también con la más vergonzosa. Se sentara en una hamaca y no levantaba la cabeza del piso. Maldita la gracia que me hacía su compañía.

    Yo llevaba un tiempo sin follar, desde que llegara a Bora Bora solo estuviera con mi amante, la hermana dela zurda. Así que fui hasta la mesa camilla de las bebidas y eché dos Napoleones con hielo. Fui a su lado y se lo ofrecí. Lo rehusó moviendo la cabeza en sentido negativo. Puse el vaso en una pequeña mesa que teníamos delante.

    La muchacha tenía el cabello negro azabache, rizado, y le llegaba a la altura de las caderas. Tendría 18 o 19 años. Mediría un metro sesenta y tenía las piernas llenitas y el culo gordo. Se levantó. Mirando al piso, quitó el sujetador y vi sus grandes tetas con areolas negras y grandes pezones. Se quitó la falda tahitiana y las bragas blancas y vi su coño rodeado por una pequeña mata de pelo rizado. Cómo llegara descalza quedo vestida únicamente con la gardenia blanca que llevaba prendida en el pelo sobre la oreja izquierda. La muchacha, enfrente de mí, seguía sin levantar la cabeza. Le levanté el mentón con dos dedos, la miré a sus ojos negros, y le dije:

    -It is not necessary.

    Me besó en los labios. No entendía el inglés. Probé en español.

    -No es necesario -cogí la falda del suelo-. Vístete.

    La muchacha se volvió a sentar en la hamaca. De pie, con el vaso de brandy en la mano, le dije:

    -No creas que no me gustas. Eres una de las chicas más bonitas que he visto, y créeme, con el tiempo que llevo sin follar te haría el completo, y probablemente volvería a repetir, pero no soy de los que abusan de una mujer a la que la necesidad obliga a dar su cuerpo.

    Me acerqué a ella, le volví a levantar el mentón. Se volvió a poner en pie, rodeó mi cuello con sus brazos, y antes de que pudiera seguir hablando, me volvió a besar.

    -Ya te dije que esto no es necesario. Ojalá me pudieras entender, bonita.

    La muchacha me echó la mano a la polla por encima del pantalón y me besó de nuevo. Sus labios estaban húmedos y eran dulces, tiernos. Mi polla se empezó a levantar. Le dije:

    -No debía, pero voy a acabar follándote.

    La muchacha cogió su vaso de brandy, le echó un trago, luego con brandy en a boca me besó con lengua, acto seguido se agachó, me bajó la cremallera del pantalón, saco la polla, la metió en la boca y me hizo una pequeña mamada.

    -Ya no te escapas viva… ¡Me cago en todo! No puedo ser tan cabrón.

    Estaba luchando Jekill contra Hyde, y Hyde acabó riéndose de Jekill cuando oyó a la muchacha decir:

    -¿De verdad que soy una de las chicas más bonitas que has visto?

    Me había sorprendido.

    -¡¿Hablas español?!

    Ella, a lo suyo. Meneando mi polla, preguntó:

    -¿Lo soy?

    -Sí, lo eres.

    -¿Qué es un completo?

    -Correrte tres veces con un oral, un vaginal y un anal.

    -¿En ese orden?

    -En el orden que tú quieras.

    Se levantó. Me besaba y la meneaba.

    -Nunca me la metieron en el culo.

    -Para todo hay una primera vez. ¿Te corriste en la boca de algún amigo o de alguna amiga?

    -No, no me corrí en la boca de nadie.

    -¿Te gustaría hacerlo?

    -Sí.

    -Échate en la hamaca, tahitiana.

    -Hina, mi nombre es Hina.

    -El mío es… Llámame Quique. Échate en la hamaca, Hina.

    Hina se echó en la hamaca y abrió las piernas. Arrodillado, le cogí el pie derecho y le hice la «pedicura» con la lengua, después subí besando, lamiendo y dando mordisquitos en el interior de su muslo hasta llegar al lado del coño peludo. Se lo abrí con dos dedos. Estaba empapado. Le soplé y a Hina se le escapó un pequeño gemido. Le cogí en pie izquierdo y le volví a hacer la «pedicura», o sea, besar, lamer y chupar sus dedos, lamer y besar y masajear la planta, acariciar sus tobillos… Y subí por el otro muslo besando, lamiendo y dando mordisquitos. Al llegar al lado del coño, se lo volví a abrir con dos dedos, le besé el clítoris, y le pregunté:

    -¿Quieres que te bese los labios?

    Su voz parecía la de un ángel, cuando me respondió:

    -Síííí.

    Me levanté y la besé en la boca. Sonriendo, me dijo:

    -Malo. Eres un, un, un tramposo.

    Me desnudé, después la besé y le acaricié las tetas unas tetas duras como piedras que a continuación devoré, literal, ya que acabé mordiendo tetas y pezones. Le lamí el ombligo y bajé al pilón, mejor dicho, al lado del pilón. Besé el interior de sus muslos e hice amago de volver abajar a los pies. Hina, me cogió la cabeza con las dos manos y me llevó la boca a su coño. Enterré mi lengua en él. Moviendo la pelvis de abajo a arriba, me dijo:

    -No la quites, no la quites.

    No la quité, e Hina, poco después, moviendo la pelvis hacia los lados, alrededor y de abajo a arriba, dijo:

    -¡Me voy a correr!

    Le agarré las tetas, le apreté los pezones, y… ¡Bummm! Su coño empezó a encharcar mi lengua con un jugo calentito. Hina, temblando, exclamó:

    -¡Me mueeero!

    Quien casi se muere, pero del susto, fui yo, pues al acabar de correrse Hina y sacar la cabeza de entre sus piernas vi una figura femenina vestida con un overol rojo ajustado al cuerpo, con un antifaz del mismo color, calzando unos zapatos con tacón de aguja también rojos, con cuernos en la cabeza, con una fusta en la mano derecha y unas esposas en la izquierda. Mirando para mi boca mojada de jugos, de entre sus labios pintados de rojo carmín salió una voz muy familiar.

    -¡Te pillé!

    Era mi sobrina Diana.

    -¡¿Qué haces aquí, Diana?!

    -Ya te lo explicaré. Así que te estabas divirtiendo sin mí.

    -¿Qué esperabas que hiciera? ¿Querías que me siguiera pajeando pensando en ti? ¿Cómo es que estás aquí?

    Hina, ni se inmutó. Debió pesar que la diablesa era parte de la fiesta. Diana me respondió, mientras caminaba hacia mí contoneando las caderas de aquel cuerpo escultural:

    -Son demasiadas preguntas juntas.

    -Pues dime solo cómo es que estás aquí.

    -Digamos que tienes un amigo con un gran poder de seducción.

    Me tiró las esposas. Las cogí, y le pregunté:

    -¿Qué hago con ellas?

    -Póntelas con las manos a la espalda.

    Me las puse. Diana me dio con la fusta en las nalgas.

    -¡Zasss!

    -Tira hasta la barandilla de la borda.

    -¿Para qué?

    -¡Zasss!

    -¡Que tires, caraaajo!

    Hina se había quedado muda. Aquello pintaba bastos, y aún que nadaba muy bien no se podía tirar al mar ya que estábamos lejos de la costa y las aguas estaban infectadas de tiburones. Al mirar Diana para ella, se levantó de la hamaca, y haciéndose la valiente, le dijo:

    -¡A mí no me toques qué te como!

    -¡¡Zaaas!!

    -¡El coño me vas a comer cuando yo te mande!

    Hina me siguió cómo una corderita.

    Al llegar a la barandilla, Diana, me dijo:

    -Ponte con medio cuerpo fuera del yate.

    -Es demasiado peligroso.

    -¡¡Zassss!!

    -¡Ponlo o te eho al mar!

    Ya me pesara haberme puesto las esposas.

    -Vale, vale, me pongo.

    Me puse cómo me dijo y abrí las piernas Hina, estaba viendo el peligro, en forma de aleta de tiburón.

    -Se puede caer al mar y…

    -¡¡Zasss!!

    -¡Cómele el culo!

    No sé de donde quitó el valor, pero Hina, le dijo:

    -¡Cómeselo tú, asusta niñas!

    -¡¡Zasss, zasss, zassss!!

    -¡¡Ay, bruta!! Me hiciste mucho daño.

    -¡Qué le comas el culo, coooooño!

    A Hina se le quitó la tontería.

    -No sé cómo se come un culo.

    -¿Sabes dónde está el ojete?

    -Zasss.

    -Si.

    -Lámeselo y cógele los huevos.

    Hina me lamió el ojete.

    -¿Así?

    -Sí, así. Métele la punta de la lengua y folla su culo con ella… Lame… Muérdele las nalgas…

    Poco más tarde yo ya estaba empalmado como un caballo delante de una yegua en celo. Hina, caliente cómo una perra le dijo a Diana:

    -¿Le aprieto los huevos?

    A Diana le entró la risa floja.

    -¿Me quieres dejar sin hombre?

    Le metió la empuñadura de la fusta dentro del coño, y se lo folló con ella, luego, le preguntó:

    -¿Quieres que te folle cada vez más rápido hasta que no puedas más y te corras?

    -Quiero.

    -Deja de follar su culo con la lengua y azota sus nalgas con las palmas de tus manos. Cuanto más fuerte le des más rápido te voy a follar.

    La timorata, la que parecía un angelito moreno, la que al principio me daba pena, era una perra de cuidado. Se emocionó y me empezaron a caer nalgadas… ¡Qué nalgadas ni que leches! Me cayeron hostias cómo panes.

    -¡Plasss, plaaaas, plassss…!

    Cuando se corrió en la empuñadura de la fusta chilló cómo una loca.

    -¡¡¡Ayyyy, ayyyy, ayyyy…!!!

    Mi culo quedó rojo como un tomate maduro, y mi polla dura cómo un hierro. Diana, me dio la vuelta, metió mi polla en la boca, y me la mamó hasta que me corrí en su boca. Con leche en los labios, se levantó y me besó, me quitó las esposas, abriéndolas con una llave que llevaba entre las tetas, y después me preguntó:

    -¿Me echaste de menos, cariño?

    -Mucho, princesita linda.

    Hina, que había vuelto a su hamaca, al vernos cariñosos, dijo:

    -Estáis chiflados.

    Diana, me preguntó:

    -¿Está buena?

    -Tiene un coño rico.

    -¿Más rico que mi coño cuando sale la leche de tu corrida de él?

    -No hay color, tu coño está mucho más rico.

    Hina, puso cara de no quiero.

    -¡Qué asco!

    Diana, le preguntó:

    -¿Quieres comer mi coño peladito? José podría comerte el culo, o follártelo, eso ya sería cosa tuya.

    -No me pagaron por estar con una mujer.

    -Ni te voy apagar yo. ¿Quieres jugar o no?

    -Bueno, la verdad es que tengo curiosidad. ¿A que sabe tu coño?

    -A vicio. Acabarás lamiéndolo y haciendo que me corra con la leche de mi hombre saliendo de él.

    -¡Esa guarrada no la haría ni por un millón de dólares!

    Diana, le dijo:

    -Levántate.

    Se levantó y le dio en una nalga, con fuerza.

    -¡¡¡Zaaas!!!

    -Si no quieres jugar con mis reglas… ¡Aaaaire!

    Hina, altiva, le dio dos bofetadas en la cara, una en cada mejilla, y después la morreó al tiempo que le bajaba la cremallera del overol. Se separó de ella. Se miraron a los ojos sin decirse nada. Diana le cogió la gardenia tahitiana que llevaba en el pelo y se la metió en la boca, le echó las manos al culo, la apretó contra ella y después la besó con lengua. Al acabar de besarla, Hina, escupió la flor, le abrió el overol con las dos manos, como si de una puerta de dos hojas se tratase… Aparecieron dos tetazas con areolas marrones y gordos pezones… Le mamó una teta… A esa teta siguió la otra… Diana había dejado caer la fusta al piso de la cubierta. Hina, se agachó y le quitó los zapatos, se puso en pie y le quitó el antifaz, el gorrito rojo con los cuernos, y le ayudó a quitar el overol. Vi desnudas a mi princesa hermosa y a una sirena tahitiana.

    Hina, que había tomado la iniciativa, me dijo:

    -Ven, juguemos los dos con ella.

    Hina, en cuclillas, pasó su lengua por el coño mojado de Diana, yo me puse detrás y le trabajé el culo cómo a ella le gustaba, lamidas, folladas de lengua… Pasando el glande por el ojete y metiéndolo dentro del culo… Al rato, por mi respiración supo que estaba perro, se separó de Hina, y me dijo:

    -Cógeme.

    La cogí en alto en peso por las nalgas y la penetré, Hina, le comió el culo. En nada mi polla comenzó a latir dentro del coño de Diana. No iba a aguantar y mi sobrina lo sabía.

    -Lléname el coño de leche, cariño.

    Corriéndome dentro de ella me comió a besos. Cuando acabé sentí como su coño apretaba mi polla. Estaba a punto de correrse. Me dijo:

    -Déjame en el piso.

    La puse en el piso. La leche de mi corrida comenzó a salir de su coño. Le cogió la cabeza a Hina, y llevó su boca al coño. Hina, le echó las manos al culo y lamió con lujuria -para mi que no era el primer coño que comía-, y Diana, Diana con un terrible temblor de piernas, le llenó la boca de jugos. Hina tragó la mezcla de semen y jugos mientras clavaba las uñas en las nalgas de Diana, las clavaba porque el morbo de lo que estaba haciendo la llevó a un potente orgasmo.

    Al acabar de corrernos, me dijo Diana:

    -Echaba de menos estos polvos mágicos, cariño.

    -Y yo, amor, y yo.

    Hina, en la hamaca, con las piernas abiertas de par en par, me dijo:

    -¿Qué hay de lo mío?

    -¿Qué es lo tuyo?

    -Dijiste que me la ibas meter en el culo.

    Diana, que estaba sentada sobre mis rodillas en otra hamaca, le dijo:

    -Saliste caliente, caliente y guarra, morena. Deja a mi hombre en paz.

    Hina, ya iba de sobrada.

    -¿Tienes miedo de que le haga una danza tahitiana a tu cariño con mi ojete sobre su polla y le acabe gustando más que tú?

    A Diana no le gustaba que la subestimaran.

    -¿Miedo? ¿Gustarle más que yo? Danza, morena, danza.

    Yo callaba.

    Vino a nuestro lado y le lamió el coño a Diana, que se levantó, y le dijo:

    -Todo tuyo por media hora.

    -Ayudame a levantarle la polla.

    -¿Ahora necesitas ayuda?

    Hina le dio un pico, después la besó con lengua y le dijo:

    -Me gustas mucho. ¿Lo sabías?

    -Claro que lo sabía, lo supe con el primer beso que me diste.

    La volvió a besar.

    -Es que eres tan guapa.

    Diana, se empezó enfadar.

    -¡A lo tuyo!

    Hina comía con los ojos a Diana.

    -¿Después me harás el amor?

    Diana, no estaba por la labor.

    -¡Te vas a quedar sin enculada!

    -¿Me lo harás cosita bonita?

    Diana, se sentía halagada, pero las mujeres no le hacían tilín, ella era de hombres, y selectos.

    -¡Ooooy! Me desesperas.

    -¿Me lo harás?

    Diana, le dio esperanzas.

    -Ya veremos, nunca antes se la comí a una mujer.

    Diana e Hina se arrodillaron delante de mí, Diana, estiró mi polla morcillona, lamió mis huevos y le metió la polla en la boca… Poco tardó en ponerse dura, ya que si una mamaba bien la otra mamaba mejor.

    Y llegó el momento de la danza, Hina, puso la cabeza de mi polla en la entrada de su ojete y comenzó a danzar moviendo las caderas cómo si estuviera de pie. Danzó lentamente hasta que entró el glande y fue acelerando el movimiento de las caderas a medida que iba entrando el resto de la polla, luego con toda la polla dentro se movía a toda mecha. La música la ponían sus gemidos y los míos. Diana, de pie, se llevaba las tetas a la boca con una mano y con dos dedos de la otra acariciaba el clítoris y se follaba el coño. Mirando cómo se tocaba, le dije a Hina:

    -¡Para, para que me corro!

    Diana hizo que Hina se quitase la polla del culo. La cogió y se la puso en la entrada del coño. Hina volvió a repetir el baile, lento hasta que se metió el glande, acelerando a medida que iba entrando el resto de la polla, y a toda hostia al llegar al fondo…

    Le llené el coño de leche. Al acabar de correrme y levantarse pensé que mi sobrina le iba a comer el coño, pero no era ese su pensamiento. Le dio la vuelta e hizo que pusiese su coño en mi boca… Con la leche de mi corrida cayendo sobre mi legua le lamí el coño… No tardó ni un minuto en llenarme la boca con sus jugos. Sus flujos sabían a coco y sus gemidos me parecieron música celestial. Quedó medio muerta sobre mí. Diana, la aparto, cogió mi polla, otra vez morcillona, la chupó, y después, sentándose sobre mí, la metió en el coño y me folló a su aire. Poco después mi polla estaba dura y haciendo estragos dentro de su coño.

    -¡Qué rico, que rico, que rico! ¡¡Me voy a correr, cariño, me voy a correr!! ¡¡¡Me coooorro!!!

    Diana tuvo un orgasmo brutal. Temblaba sobre mí. Su boca chupaba mi lengua con fuerza, era como si quisiera comerla. Esta vez no me corrí. Al acabar me puso el coño empapado en la boca para que lo saboreara. Sabía que me encantaba el sabor de su coño, un sabor a ostra recién salida del mar.

    Hina, espatarrada en su hamaca, nos dijo:

    -¿Me harás ahora el amor?

    La muchacha era insaciable, en vez de cobrar debía pagar por follar. Diana, en lo de insaciable, tampoco se quedaba a la zaga. Me dijo:

    -Tendré que satisfacer al caramelito.

    Acabaron corriéndose juntas en un delicioso 69, y yo, yo solo miré. Había que guardar fuerzas.

    Dos días y dos noches estuvimos a bordo del yate Britania, Richard, Jenny, Candy, Diana y yo. En esos dos días hubo camas redondas donde todos follaban con todos, padre e hija, hija y madre… Hubo dobles penetraciones, hubo de todo, pero esa ya es otra historia.

    Quique.