Blog

  • Follada por un maduro de 48 (Parte 2)

    Follada por un maduro de 48 (Parte 2)

    Ahí me encontraba, en la cama de Julio con mi boca llena de semen, luego de la mamada que le había hecho me acosté en su cama y empezó a acariciar mis piernas desde mis muslos.

    -Ahora vamos con lo principal vas a ser mía. -Dicho esto abrió mis piernas a lo cual no puse resistencia alguna y su pene de 17 cm empezó a entrar en mi vagina- Ahhhh (aunque estaba muy excitada la penetración saco un gemido de mi)- mmm veo que te gusta mami (empezó a moverse más rápido)

    -ahhhh papi que rico (decía mientras jugaba con mis pechos)

    -Verdad que te gusta (dijo para luego levantarme desde mi trasero el cual lo agarro y me siguió penetrando más rápido)

    La penetración era tan rápida y fuerte que sonaba como aplausos, sus testículos chocaban con mi vagina acto seguido se acercó a mí y me dio un beso de lengua mientras me tenía penetrada yo tomé un dedo de él y lo metí en mi boca lo cual le excitó mucho a él y siguió en la penetración más rápido

    -Me voy a correr mami (dijo mientras penetraba con velocidad Lo último que quería es tener un bebé)

    -Solo no te corras dentro (dije entre gemidos)

    -está bien mami (soltó un jadeo y sacó su pene de dentro de mí y se corrió echando toda su leche sobre mi abdomen)

    -huy era bastante

    -esto no acaba aquí, a un manjar como tú se le disfruta por todos lados

    Me sujetó de la cintura y me dio la vuelta

    -ponte en 4 (me ordeno) A lo que obedecí de manera sumisa, me puse en 4 patas y levanté mi gran trasero

    -mami que rico culo te traes (dicho esto hundió su cara en mi trasero y empezó a lamerlo) bueno ahora será mío

    Tomo un frasco de lo que parecía ser aceite o algo así y lo hecho en mi trasero, acto seguido lo restregó con su mano por todo mi trasero

    -¿ya te lo han hecho por aquí?

    -No nunca (dije nerviosa)

    -Mejor un gran culote virgen

    Dicho esto tomo mi trasero con su mano derecha y con la otra mano puso su pene en la entrada de mi ano

    -ahora si mami (dicho esto empezó a meter poco a poco su pene dentro de mi trasero)

    -hmmn (gemía de dolor y placer)

    El dejó su pene dentro de mí durante unos minutos para que mi trasero se acostumbrara a él, pasado algunos minutos empezó a moverse poco a poco yo ya me había adaptado

    -más papi más que rico

    Al parecer mis palabras lo excitaban puesto que al yo decir esto el empezó a penetrarme más duro y me dio una nalgada marcando su mano en mis blancas nalgas

    -hmmn mami (tomo mi trasero con sus dos manos y me penetro más bruscamente)

    -ahhh… ahhh papi si así que rico (dicho esto moví mi trasero adelante y atrás mientras el movía su cadera de igual manera llevando la penetración más rápido)

    -mami me corrooo (al decir esto pellizco mi trasero fuerte y soltó una descarga de semen en mi ano era tanto que salía)

    Sacó su pene y el semen salía de mi, cayó en la cama rendido e igual yo caí al lado de él rendido posteriormente él se quedó dormido yo volví a vestirme me puse la tanguita roja el short y la blusa, busque la llave de su casa y abrí luego salí y volví a casa de mi abuela

    Sin duda algo que nunca olvidaré.

    Fin del relato

    (Si quieren más relatos háganmelo saber en los comentarios e igual si les gusto gracias querido lector)

  • Memorias inolvidables (capítulo 1): Ismael es Ferénikos

    Memorias inolvidables (capítulo 1): Ismael es Ferénikos

    Según contaban en mi casa, a mi padre le tenía sin cuidado tener uno, cinco que veinte hijos. Mi madre, con los tres mayores: Andrés, Timoteo y Santiago, tenía suficientes chicos, le nació luego mi hermana Angustias y ya no quería más hijos. Pero mi padre la volvió a preñar. Estuvo a punto de morir cuando me parió, sobrevivió de puro milagro y porque era una hembra muy echada para adelante. Después del parto le dijo a mi padre que, si quería follar, para eso estaban las prostitutas, que si se acercaba a ella, mi madre, se la cortaría de cuajo y sin remordimientos. Mi padre ya no volvió a dormir con mi madre, lo hacía con una de las empleadas, Felisa, que, al parecer, era estéril, pero daba gusto a mi padre. Este era rumor conocido por todos los de casa y lo que sabíamos de la tal Felisa es que salió de casa y sigue en paradero desconocido cuando mi padre se la dejó, porque no quiso pagarle las exigencias que Felisa le imponía. Ahora mi padre ya no folla, no se le levanta. Por eso soy el último de la familia, el que les ha salido rana a todos, porque es una familia de machos y mujeres que aceptan el machismo imperante como categoría y todos funcionan con la aneurisma tradicional. Ahora es cuando más me necesita mi padre, porque lo aborrece toda la familia.

    Me bautizaron en la Iglesia parroquial del pueblo donde vivían mis abuelos maternos que ya no podían salir de casa y fueron mis padrinos mi tío Anastasio, hermano de mi madre, y mi tía Ceferina, una prima de mi padre, ya que mi padre era hijo único de mis abuelos Valentín y María de los Dolores. Mi padre se llama Timoteo, pero no sé por qué, seguro que alguien había en la familia porque con ese nombre ya se pueden imaginar…

    Mis abuelos maternos son Andrés, que le dio el nombre a mi hermano mayor, y Angustias que le dio el nombre a mi madre y de quien pasó a mi hermana. Así que yo soy Ismael Sampedro Fernández, hijo de Timoteo Sampedro Tremedal y de Angustias Fernández Cuenca; el quinto hijo de mis padres, el que sin dar problemas a nadie, porque era muy calladito de pequeño, ha venido a ser el más problemático de todos los hijos y, consiguientemente, el problemático de la familia.

    Mi dos hermanos mayores, Andrés y Timoteo, son algo torpes y no quisieron estudiar en la Universidad. Mi hermano Santiago, cuyo nombre lo recibió de un amigo de mi padre que lo apadrinó, mejoró la raza y estudió educación, ejerce de maestro y se ha casado con Lorenza, una maestra que conoció en la primera escuela en la que ejerció como maestro. Jamás me permitieron ir a su casa a conocer a sus hijos ni yo lo intenté —para qué—, por eso no conozco a mis sobrinos, hijos de Santiago. Yo estudié medicina, pronto sabréis por qué, y a los 25 años ya había hecho el doctorado con Suma cum Laude en una Universidad particular. Ahora ejerzo más una supuesta veterinaria que medicina y, además solo supuesta. Al parecer me equivoqué eligiendo carrera. En la actualidad, con Pegaso estoy en vías de concluir una granja de producción de leche y otra de aves domésticas para el alimento, ambas calificadas como ecológicas. Más adelante explicaré todo esto, si viene al caso.

    Antes de encontrarme con Pegaso, siempre fui Ismael. A veces yo me quejo de mi madre, pero tengo mis primos hermanos por parte materna que se quejan de los dos, de mi tío Anastasio, su padre y mi padrino y de Consuelo, su madre, esposa de mi tío Anastasio, de la que dicen que no es ningún consuelo y debiera llamarse Desconsuelo.

    Mi tía Celia como es estéril, según su esposo, pero que ella dice que el estéril es él, es buena persona y de eso doy constancia, porque conmigo siempre se ha portado muy bien. Mi tía Celia no es mala, no al menos como mi madre, más bien es atrevida y por eso algunos piensan que es mala.

    Otra cosa es mi tía Consuelo, es decir la mujer de mi padrino y tío Anastasio. De ella se han oído decir muchas cosas, casi ninguna buena, pero «todo son rumores, dimes y diretes, aumentados por la fantasía», son palabras de mi tío Anastasio que, o bien es un perfecto ignorante o bien disimula porque al parecer también él tiene sus amantes, así en plural. Pero dejemos las cosas ahí, que nada de extraordinario hay en eso.

    Yo tenía mucha entrada en casa de mi tío Anastasio, quizá porque era mi padrino y me unía una estrecha familiaridad con él y con mi tía Consuelo, que siempre me demostraba interés por mí. La verdad es que todos mis tíos y tías me han querido y me quieren, incluso los mas lejanos, como los primos de mi padre, también estos me tienen un singular aprecio manifestado con cariño. Quizá sea porque yo siempre les hago caso, voy a visitarlos con frecuencia y me relaciono con ellos algo más que mis hermanos que los ven de uvas a peras.

    No obstante mi tía Celia es la que más confianza tenía conmigo y yo con ella por razones que no debo contar.

    El asunto es que estábamos preparando entre todos la boda de mi hermano mayor Andrés con su novia Eleonora. Yo solo pensaba en la despedida de soltero. Aún no había estado en ninguna despedida de soltero, evidentemente primero porque era menor y luego porque no se había casado alguien próximo o al revés, cualquiera sabe. Pero me ilusionaba ver a mi hermano jodiendo a una puta delante de todos y, si era posible, imitarlo haciendo lo mismo. Se metió mi madre en medio de todos los hermanos y dijo:

    — Se casa vuestro primer hermano, el más digno, del que espero lo mejor de lo mejor, por tanto, para nuestra familia es importante la moralidad. No hay despedida de soltero que valga.

    La puta que la parió, ahora nos había malogrado el planazo que habíamos obtenido de nuestro padre, el cual se encargaba de pagar a las putas y los putos que necesitáramos para pasarla bien. Yo que me veía a más de un tío partiéndome el culo con rabia y más de una tía follando con los demás sin descartar que me la mamaran, pues mi graciosa y estúpida señora madre malogró nuestro asunto.

    Como quiera que las noticias corren rápido, me llamó al móvil mi tía Celia y me dijo:

    — Necesito hablar contigo y me cuentas todo lo que ocurrió con lo de la fiesta de la despedida de soltero de Andrés; ven a casa y tomamos algo.

    — Vale, tía, estoy de acuerdo, al salir de mis clases voy.

    Acudí a la cita con mi tía Celia sin ningún problema y me recibió en el portal de la casa, me besó muy cariñosamente como quien estaba deseando que llegara. Me hizo pasar adentro, nos dirigimos a la cocina, dejé mi mochila sobre el banco de la cocina y le dije:

    — Tía, me estoy meando, mientras preparas tu delicioso chocolate, voy, meo y regreso.

    — Vale, guapo.

    La verdad es que desde que subía por la avenida me estaba meando y tenía ganas de llegar a la casa de mi tía y meterme en el baño. La meada fue de campeonato, suprema, después de abrir mi bragueta, bajar mi pantalón y jocks juntos, el chorro salía directamente al agua. Aquel sonido siempre me pone y me iban entrando ganas. Cuando meo de esta manera doblo mi espalda mirando al techo para que mi polla expulse su orina directamente al inodoro y me imagino que estoy follando a la persona que más deseo; además, me la agarro con lamino y la meneo y eso me da suficiente para sentir placer solo con la meada. Acabé la meada y comencé a sobarme mi polla, me la masturbaba con ganas y me acariciaba mis huevos, como estaba de cuatro días afeitado, me entraban cosquillas que aceleraban mi deseo y pasión y mirando al techo comencé a soltar chorro tras chorro. Es una pena que cueste tanto masturbarse para salir en un instante, con lo grato que resulta. Miré mi polla y le agradecí el rato placentero que me ofrecía, doble placer entre la meada sonora y la eyaculación con mis gemidos. Mi cara me sonreía a mí mismo. Con un trozo de papel higiénico me limpié mi polla y me subí el jocks y el jean. Iba feliz hacia la cocina donde esperaba mi tía.

    — Ismael, por favor, sube tu cremallera que se te saldrá el pajarito.

    — Oh, perdón, tía, perdón, perdón, entre las prisas…

    — Tú ya no debes tener pajarito, seguro que tienes una buena culebra, porque tú eres de buena clase…

    — ¡Ay, tía, tienes cada cosa…!

    — A lo que vamos —me dijo mi tía poniéndose seria mientras me ponía el chocolate delante de mí y soplaba para enfriarlo un poco—, qué pasó con tu mamá que me he enterado de su interferencia con los machos de la familia…

    — Nos ha prohibido organizar fiesta de despedida de soltero.

    — ¿Cómo cuatro machos bien puestos y bien armados, que eso me lo sé, no han dado el stop a semejante arrogancia materna?

    — ¿Qué podíamos hacer…? Si ella dice que no, mi padre no nos da el dinero y ¿qué podíamos hacer nosotros?

    — Vais a hacer la fiesta de despedida de soltero de mi sobrino Andrés, pero en mi casa del campo. No se ha de enterar tu madre, ¡esta hermana mía, es que no se entera de la vida!, allí estaremos vosotros, vuestros invitados y yo pongo el resto; mejor para el próximo sábado. Coméntalo con tus hermanos, a Angustias no le digas nada, chicas no van a ir más que las mías…

    — Si tú no tienes hijas…

    — Eso a ti no te incumbe, que yo tengo los huevos bien puestos en su sitio y tengo lo que necesito para eso: si quiero chicas, tengo chicas.

    Entonces me enteré que regentaba el burdel o casa de citas o como quiera que se llamara entonces, el bar «La Góndola Veneciana». Sabía de su existencia, pero no sabía que mi tía era la dueña. Esa tarde entre chocolate y magdalenas me lo fue explicando.

    — Tía, ¿y no tendrás algún puto para mí?

    — Todo es posible y todo se puede encontrar.

    — Gracias, tía, y ¿no preguntas nada?

    — ¿Preguntar de qué, Ismael?

    — Por lo del puto, no te he pedido putas.

    — Ismael, Ismael, a tu tía no puedes esconderle tu inclinación sexual o como se dice ahora, tu orientación sexual, tu tía te conoce desde siempre; si yo estuve en tu parto.

    — Gracias, tía, por no hostigarme nunca, otros lo han hecho y me sienta mal.

    — Ni saben lo que es la libertad ni entienden del amor. Mírame, ¿qué harías conmigo?

    — Pero tía, por favor.

    — No harías nada, mi querido Ismael, si se te ofreciera tu tío ni responderías, te engancharías de inmediato.

    Me puse rojo solo de saber que era verdad. Es que mi tío Alfonso, el médico, el que me pagó mis estudios, es guapo, bien guapo, bien formado, bien cuidado, mucho gimnasio y mi tía se encargaba de pulirlo física y personalmente. Mi tío para mí era el objetivo. Nunca fue posible, no es que no lo intenté, lo que quería era tenerlo para mí, lo cual siempre fue imposible. Mi tía lo cultivaba para tener en casa un macho muy macho y a la vez muy refinado.

    Se encargó mi tía de organizar la fiesta de la despedida de soltero. Yo hablé con mis hermanos, se pusieron de acuerdo, invitaron a varios amigos y mi tía llevó a tres chicas despampanantes, guapas, con poca ropa y atrevidas. Pensé «ha traído chicas para mis hermanos, pero ya se ha olvidado de mí».

    Durante toda aquella noche, las tres chicas se comieron las 15 pollas que había allí a excepción de la mía, esperando que hubiera alguien que quisiera que nos las mamáramos mutuamente, pero no se presentó esta ocasión. Que yo me percatara, aunque mi tía llevaba la cuenta, se hicieron follar por catorce de ellos, los que pagaron a mi tía. Mi tía les cobró a mis hermanos, excepto a Andrés que le dijo que esperara. Después de follárselos a todos, iniciaron entre las tres un baile erótico muy sensual y sexual, quedaron solo con su tanga, estaban varios masturbándose, después de haber follado. Las chicas invitaron a mi hermano Andrés al baile. Se levantó de su silla, se le notaba el paquete y su polla dura. Las chicas le besaban y él correspondía pero cada vez le iban quitando algo del cuerpo hasta dejarlo desnudo y bailando con su polla dura. Somos todos los hermanos de buena raza en cuanto a polla se refiere, pero curiosamente la raza poco a poco se ha mejorado. Andrés, con ser el mayor es el que menos grande la tiene, lo compensa su grosor. Timoteo y Santiago tienen las pollas casi iguales, varía la inclinación hacia la derecha de la polla de Santiago, ambas son un poco más largas que la de Andrés y similar en grosor. Yo, con ser maricón, la tengo más larga y más gorda. Pero a mí me estaba vedado gozarla como los demás. Después del baile, las tres se la mamaron a Andrés y las tres se pasaron la polla del novio por su coño y por su culo. Andrés eyaculó encima de Santiago que se metió en medio. Descubrí que estas chicas son listas, se la saben toda y lo pagó Santiago por travieso y avieso.

    La fiesta acabó. Los chicos se fueron. Mi tía me hizo quedar con la falsa excusa de que le ayudaría a limpiar. Cuando todos se fueron, intenté recoger papeles y mi tía me lo impidió, me dijo que ya vendrán de la limpieza y que mientras iba a preparar un chocolate para antes de acostarse, que fuera a descansar un rato a su habitación.

    Siempre le he hecho caso a mi tía, porque siempre me ha tratado bien. Fui a su habitación, entré, estaba la luz encendida y mi tío sentado en un sofá viendo la televisión. Yo había pensado que mi tío estaría en su casa y no en el chalet. No se asomó para nada. Saludé a mi tío, le pregunté por qué no había salido a pasarla bien con todos y me contestó:

    — Porque yo soy tu premio y tú mi amante, si lo deseas.

    Me quedé petrificado sin saber cómo contestar. No me salían las palabras. Mi tío estaba mirándome con una muy buena sonrisa y me hacía signos con las manos para que dijera algo. Por fin exclamé:

    — Toda la vida deseándolo y por fin, ¡joder, tío, me das lo que quiero! Mándame, ordena, soy tu esclavo, tío.

    —Desnúdate delante de mí.

    Acababa de ver el baile de las putas y como se quitaban sus ropas y las imité, quizá no tan bien como ellas lo hicieron, pero mi tío estaba con los ojos abiertos mirándome y sorprendido. Saqué mi camisa, la volé por encima de mi cabeza en círculos y la solté para que se fuera al suelo lejos. Mi tío iba mirando la camisa y mi torso alternativamente. Tiré las zapatillas una a una a ambos lados y babeó mi tío. Me abrí despacio el botón de mi jean y bailé en círculos para que él mismo se fuera bajando a las rodillas. Como era muy skinny costó bajarse y me acercaba a mi tío para que viera el bulto que marcaba mi polla. El hacía ademán de abrir la boca para metérselo y agarrarlo con las manos, pero yo escapaba hacia atrás contorneando mi cuerpo como hacían las chicas. Me quité mis jeans, sentándome en el suelo y abriendo mis piernas, quedando al descubierto mi cuerpo con solo mi tanga cuerda. Seguía bailando y dando vueltas para que apreciara mis glúteos redondeados y duros, aun no tenía huecos muy marcados a ambos lados y sé que estaban apetitosos para cualquier macho deseoso. Mi tío lo era.

    Me acerqué a él para que me tocara y aumentara su lujuria. Puso su mano sobre mi paquete y se la orienté a mis piernas. Le di la vuelta y por detrás le quité la camisa, sacando lentamente cada botón de su ojal y aprovechaba para meter mano a su pecho lleno de pelos. Eché la camisa al suelo y di la vuelta. Me puse de rodillas delante de él mirándole fijo a su cara y se puso lujuriosamente a mirarme la mía y como le sacaba la punta de la lengua y la paseaba por los labios. Mi tío sacó la lengua y babeó como un perro bulldog inglés. Tanteé con mis manos sin dejar de mirarle y abrí el botón y la cremallera de su pantalón. Metí la mano tocando sus genitales por encima de su bóxer de tela. Por la bragueta del bóxer metí la mano y le acaricié su gorda polla no tan larga, me pareció buena al tacto y mucho pelo. Exclamó mi tío Alfonso:

    — ¡Aaaahh! ¡Eso ha estado bueno!

    — Déjate hacer, tío, que te quiero mucho.

    Como el pantalón era de tela, le levanté las piernas para asirlo por la parte baja y di un tirón. Mi tío, apoyándose con las manos en el asiento del sofá, levantó su culo y pude tirar y sacar de inmediato el pantalón. Acerqué luego la cara a sus genitales por encima del bóxer y entre la nariz y la boca acariciaba su polla suavemente. Abrí el botón del bóxer y apareció todo su conjunto sexual envuelto en una buena mata de pelos. Di un tirón al bóxer, hizo mi tío lo mismo al ver mi intención y salió el bóxer de su cuerpo. Ahí tenía, delante de mí, el macho que hacía tiempo yo apetecía más que cualquier otro que me había ofrecido su polla.

    Me fui a la pared de enfrente tapando el televisor, lo apagué y centré la atención de mi tío en mi cuerpo. Me di la vuelta, me agaché doblando la cintura, abrí las nalgas con mis manos y le mostré el agujero del culo. Exclamó:

    — ¡Uy, qué ricura!

    Me enderecé caminé hacia él, me arrodillé, le guiñé el ojo y puse mi cara sobre sus genitales para disponerme a mamar la polla por mí más deseada. La metí en mi boca. Mi nariz sobre la mata de vellos púbicos, mejor eran pelos gruesos que olían a macho, una mezcla de olores a orina y sudor de puro macho y comencé a mamársela, pasando lengua por el frenillo y el anillo de su cipote. Con los labios le bajaba el pellejo, lamía, lo electrizaba y volvía a cerrarlos, mis manos se dedicaban a acariciar el escroto, separar los huevos y acariciar ingles y muslo. Mi tío se iba repantigando para darme capacidad de mamar su polla y lo incliné para que quedara acostado en el sofá.

    Mi tío comenzó a actuar, ya le había entrado la electricidad sexual dentro de su cuerpo y sus nervios estaban tan deseosos como su propia alma. Me puso sus manos sobre mi cabeza y apretaba para que su polla entrara dentro de mi boca. Quiso follarme la boca con su polla y me dejé follar. No alcanzaba a atravesar la garganta pero tocaba fondo y él gemía y yo ansioso de hallar el fruto de mi trabajo. Mi tío siguió follándome más deprisa y llegó lo que tenía que llegar. Su polla se desbordó del semen que le propiciaban sus huevos y cerré bien mi boca para que nada escapara. Tragué los primeros chorros que fueron dos y otros dos que pude contener en mi boca para paladearlos y tragarlos con calma. Me gustó el semen de mi tío Alfonso. No era tan salado como otros y estaba bueno. Le limpié la polla con mi lengua y labios y la dejé como si no hubiera pasado nada. Me puse tumbado encima de mi tío y le besé, le besé en sus labios, le obligué a abrir la boca, le metí lengua y probó por primera vez en su vida su propio semen cual polluelo de águila comiendo de la boca de su madre. Me abrazó y me apretó, susurrándome al oído:

    — En tanto tiempo que lo he deseado, jamás esperaba que fuera tan bueno.

    — Espera, tío, te recuperas un poco y me la vas a meter. Antes has de comerme el culo como si fuera una vagina y luego me la vas a meter como si follaras a una hembra.

    — ¿Cómo lo vamos a hacer?

    — Comenzamos con un 69 para que yo te resucite tu polla y tu me comas el culo y metas dedos para dilatarlo, luego escupes mucho, no quiero dilatadores ni nada de eso, eso lo haces con tus putas, conmigo a pelo, te aseguro que te gustará más.

    — Como quieras, Ismael, me has hecho gozar y sé que como me dices me harás gozar de nuevo.

    — No perdamos tiempo, tío.

    Me acomodé en el sofá al revés y le comía la polla mientras mi tío me amansaba el culo. Notaba que lo hacía bien, no era novato, ya había probado con mi tía o con algunas putas, porque mi tía era muy liberal, ella misma le llevaba a su burdel para que se follara a las chicas, pero estoy seguro que la mamada que le había hecho yo a mi tío fue más larga y lujuriosa que aquello que hubiera tenido con ellas. No las tenía envidia. Ahora lo poseía yo para que me poseyera. Yo era el activo porque yo mandaba en la situación y a la vez pasivo porque me iba a dejar atravesar por la polla que más había deseado hasta el momento. La lascivia de mi tío estaba muy oculta pero yo se la estaba sacando a flote. Me puse impúdicamente obsceno moviendo mi cuerpo para hacerlo deseable y picó, comenzó a manosear cada parte de mi cuerpo que movía y exaltaba su lascivia y le mostraba mi parte más lujuriosa.

    Estaba ya con su polla bien a tope y me enderecé para sentarme encima de su polla, alargando los pies hacia su cabeza para irme metiendo su polla en mi culo. Poco a poco entró. Me juré no hacer ni la más mínima mueca de dolor. Y sonreía. Grité cuando tocó fondo. La mata de pelos en mis nalgas ayudaban a darme placer y su polla pasó por la pared de mi próstata y comencé el baile sobre la polla de mi tío. Él se puso a lamer mis pies, ponía los dedos dentro de su boca. Me di cuenta que ya me había convertido en su puta y tenía que superarme, porque yo tenía que ser su super puta. Y comencé a levantar suavemente mi culo y dejarlo caer mientras él me chupaba los pies y cada dedo una y otra vez. Intenté acelerar, pero comenzó él a empujar su pelvis hacia arriba y yo ayudaba suavizando su empuje con mi acción de subir y bajar. Mi tío estaba baboso, como si deseara algo más, pero no pedía, se dejaba hacer y eyaculó en mi interior, no sé cuánto, pero yo lo gocé y su cara me dijo que lo gozaba. Sin sacar su polla, me incliné sobre su pecho y le dije:

    — Estoy para correrme, ¿te lo suelto en tu pecho o en el mío?

    — En mi boca.

    — No se diga más, —se me escapó.

    Ya estaba yo que no me aguantaba, levanté mi culo y me di la vuelta para sentarme suave en la cara de mi tío metiéndole la polla en su boca. Su nariz estaba en mi culo, sus labios apretaban mi polla y me desbordé. Sin poder aguantar más, eyaculé todo lo que me estaba reservando y mi culo soltó sobre su cara todo el esperma de mi tío que tenía en mi culo. Mi tío tragó mi esperma aunque se le escaparon unas regatas de su boca que cayeron sobre su pecho cerca de su cara. Me levanté, me tumbé encima de él, polla con polla y le lamí su pecho sacando mi esperma de entre sus negros velos del pecho y le lamía sus pezones que se ponían muy duros. Nos acariciamos, besándonos y dándonos gusto en cualquier parte del cuerpo. Yo con mis labios recorría todo su cuerpo y lo mismo con la lengua, mi tío me imitaba para placer mío. Hicimos todavía un 69 más y recién eyaculando los dos entró mi tía:

    — ¿Qué tal os va?

    Me senté en el sofá y mi tío me hizo espacio apartando sus pies.

    — Triunfarías si te llevaras a Ismael a La Góndola Veneciana. Ninguna de tus chicas es capaz de hacer disfrutar tanto como él me lo ha hecho, —dijo mi tío.

    — Yo sabía que os estabais deseando y por eso te traje y le hice esperar, —dijo mi tía.

    — El tío es un fenómeno, sabe qué hacer, sí, y está en plena forma, además de que es guapísimo, —dije mientras me tumbaba para llegar a su boca y besarlo.

    Mi tía estaba muy complacida y se quitó su ropa, hizo sentarse a mi tío y se sentó a su lado. Pasaríamos la noche los tres, después de descansar y pasar a la cama. Mi tío era el centro, un macho para una hembra y un homosexual. No me sacié. Al día siguiente, al despedirme, les pregunté:

    — ¿Esto es una despedida o un comienzo?

    — De ti depende, puedes tener tantas noches cuantas desees.

    — Vendré.

    Por supuesto que fui, muchas veces, porque cuando le daba gusto a mi tío, mi tía se ponía feliz. El sexo entre mi tío y yo fue contemplado a partir de entonces por mi tía. Ella era algo frígida y prefería contemplar a su esposo y su sobrino antes que intervenir, pero nos preparaba el whisky, el chocolate y todos los afrodisíacos que pudiéramos necesitar. Fue una temporada espectacular para mí. Mi tío me dijo, que nunca se olvidará de mí, justo me lo dijo el día que me despedí de la familia. Mi tío Alfonso y mi tía Celia saben que pueden venir cuando lo deseen y pasar algunos días conmigo. Mi tío Alfonso ha venido y me da tanto gusto cuanto yo le ofrezco a él. A nuestra manera nos amamos. Mi tía no puede dejarse La Góndola Veneciana en manos de nadie, se juega mucho.

  • Yo, Carmen la puta (Parte 2)

    Yo, Carmen la puta (Parte 2)

    Pasaron unos días, y mi vida continuó su cauce normal. A diario, me levantaba temprano para dejar las cosas de la casa preparadas, y me iba a trabajar. En la misma calle en la que vivíamos, un hombre que regentaba una pequeña tienda de ultramarinos tenía la intención de relegar su puesto de trabajo a otra persona a cambio de un pequeño salario por horas. La cantidad era poca, pero mejor es poco que nada.

    Así, pude conseguir trabajo como dependienta de la tienda. Era un trabajo, aunque mal pagado, relativamente cómodo, y que estuviese cerca de mi casa, facilitaba en gran medida las cosas. Trabajaba mañana y tarde. Aprovechaba la hora de comer para acercarme a casa, asegurarme que todo estaba bien, y cubrir las necesidades básicas de mi hija. El hombre que me pagaba era una persona amable, seria en su trabajo, y aparentemente enamorado de su mujer, por lo que nunca tuve ningún tipo de problemas. En cierto modo, para mí, aquel trabajo era lo máximo a lo que podía aspirar.

    Lo peor de todo, era el tiempo. Era una tienda poco concurrida, tanto que ni siquiera sé cómo el dueño se empeñaba en mantenerla abierta. En todo caso, aquello no era cosa mía. Con todo ello, si algo si tenía gracias a aquel trabajo, era tiempo para pensar. A pesar de que todo había vuelto a la normalidad, había algo que no podía sacar de mi cabeza, y que, como un pájaro carpintero, golpeaba constantemente mis sienes con su afilado pico. Había cobrado por dinero. Si no has leído mi relato anterior, esto fue lo que ocurrió: Busqué ofertas de trabajo por empleo. Contacté con un hombre que buscaba trabajadora como chica de compañía. Fui a su casa, y le hice una mamada. Me pagó y me fui. Desde aquel día, no volví a tener ninguna noticia suya. Quizás todo fue una estafa, se había aprovechado de mí, y yo había chupado una polla por una miseria de dinero. Nada de lo que alarmarse, el mundo estaba lleno de estafadores, y aún más, de necias como yo que caían en la trampa. Y no sólo eso, todo estaba grabado en vídeo. ¿Qué habría sido de aquello? ¿Andaría por ahí recorriendo la red? Nunca lo sabré.

    PARTE 2: LA PRIMERA CITA

    Pasaron más de dos semanas desde que comencé a trabajar en aquel establecimiento. Todo seguí el curso natural de mi rutina, hasta que una mañana, cuando recibí una llamada. Yo estaba donde siempre, sentada detrás del mostrador, haciendo nada. Llamada, era de aquel hombre. Jorge para quienes no lo sepáis ya.

    Yo: ¿Dígame?

    Jorge: Hola Carmen, ¿qué tal estás? Perdona que no te hablara en este tiempo pero he estado unos días fuera de casa y apenas he tenido tiempo. Hay una proposición que tengo que hacerte y me gustaría hablarlo contigo. Por cierto, doy por hecho que sigues interesada en lo que te comenté de las citas, ¿verdad?

    Yo: Sí, cuéntame.

    En realidad no lo estaba. Estuve a punto de decir que no, pero cuando el hambre y la necesidad aprietan, ya se sabe lo que pasa. Así que acepte por inercia.

    Jorge: Entonces, me gustaría verte y hablar, pero necesito que sea lo antes posible, me han pedido una cita para esta noche.

    Yo: de acuerdo, yo ahora la verdad es que estoy un poco ocupada y no puedo salir. ¿Cómo los podemos hacer?

    Jorge: Si quieres nos podemos ver a la hora de comer, no me importa ir hasta donde estés.

    Yo: De acuerdo.

    Así pues, le di la dirección de la tienda, y acordé verme con él a la hora de comer. Ese día no fui a casa, y confié al destino que todo estuviese en su lugar y no hubiera surgido ningún problema en casa. A la hora acordada, Jorge estaba allí, montado en su coche, un auto antiguo de color blanco, con signos de haber tenido muchos roces y estar muy rodado. Me acerqué hasta él, y siguiendo sus indicaciones, abrí la puerta y me coloqué en el asiento del copiloto. Nos saludamos con dos besos.

    Jorge: ¿Qué tal Carmen?

    Yo: Bien todo igual. Cuéntame.

    Jorge: Tengo un cliente para esta noche, que quiere una chica para cenar y después pasar la noche. Le he hablado de ti y de cómo eres, y todo lo ha parecido bien. La verdad que paga bien, 300 para ti y 300 para mí, ¿te parece bien?

    Yo: Vale, acepto…

    No tenía más remedio que aceptar. 300 era la cantidad que yo recibía cada mes por trabajar en la tienda 10 horas al día mañana y tarde, y ya eran unas cuantas las facturas e impagos acumulado. Ese dinero no solucionaría para nada mi vida, pero sí algunas de aquellas facturas, sobrando quizás algo para comprar comida el día siguiente.

    Jorge: De acuerdo pues entonces yo me ocupo de todo. Voy a llamarle y decirle que has aceptado, en cuanto me diga el lugar de la cita te llamo vale. Sólo te pido que vayas arreglada y que lo trates bien, porque es cliente frecuente.

    Yo: vale no te preocupes.

    La cita fue a las 10 de la noche. Tenía que prepararme, por lo que esa tarde tras llamar al dueño de la tienda y poner como excusa que estaba enferma y me encontraba mal, salí del trabajo antes de la hora normal, sobre las 7 de la tarde. Corriendo fui a casa, y cogí algo de dinero. No tenía ropa para ponerme en la cita, y menos para ir arreglada, por lo que rápidamente me dirigí a la tienda de regentada por chinos cerca de casa, donde vendían ropa barata. Allí me compré una camisa y una falda negra ajustada. También unas medias, y por último una barra de labios de color rojo, ya que hacía tiempo que no utilizaba maquillaje. Fui a pagar. Había varias personas haciendo cola, un señor mayor comprando unos tornillos sepa-dios-para-qué que llevaba en una bolsita de plástico, y dos chicos jóvenes con una laza de cerveza cada uno. Justo antes de que fuera mi turno, recordé que tampoco tenía ropa interior decente para ser mostrada, por lo que tras contar el dinero que sobraría, fui hasta el pasillo de la ropa interior, y cogí un conjunto de sujetador y bragas negras de encaje.

    Después de pagar, y rezando para que nadie me viese, fui hasta la tienda donde trabajaba para cambiarme de ropa, aprovechando que tenía las llaves del local. Fue así ya que no sabía que podría decirle a mi madre cuando me viese arreglada de aquella forma, cuando a diario salía de casa con unos simples pantalones vaqueros. Era mayor, pero había sido joven, y no quería levantar en ella ningún tipo de sospecha. Tras cerrar la tienda, me desnudé, dejé toda mi ropa en el cajón que había detrás del mostrador, y me puse las prendas que había comprado. En la tienda no había espejo, por lo que ni siquiera pude comprobar mi aspecto bien antes de salir, y tuve que conformarme con mi imagen en la pantalla del móvil, uno viejo que tenía desde hacer más de 3 años.

    Fui andando hasta el lugar en el que Jorge me había dicho que quedaría con el hombre. Jamás en la vida había estado más nerviosa. El simple hecho de estar vestida de aquella manera me hacía sentir como un manojo de nervios. Tenía la impresión de que todo el mundo me miraba por la calle, y que como por arte de magia, mi falda se levantaba automáticamente, por lo que no paraba de dar tirones hacia debajo de ella.

    Después de lo que para mí fue una eternidad, llegué al lugar de la cita, la puerta de un bar que se encontraba en el paseo marítimo del pueblo, y que para nada era el típico lugar lujoso donde a menudo los hombres con dinero acostumbran a llevar a sus damas de compañía. Sus putas siendo claros. Su nombre era Antonio. Era un señor de 59 años, de estatura baja, y con algo de barriga, pero a pesar de su edad, conservaba bien su pelo, de color canoso. No podemos decir que fuese un anciano, y en los tiempos que corren podemos considerar joven aún y con tiempo de vida a una persona de 59 años, pero los 20 años de diferencia entre él y yo, me hacía tener la sensación de haber quedado con un viejo, lo cual no hacía más que repugnarme. A pesar de eso, la vida era así. Yo era la puta y el era el cliente. Y es el cliente quien elige a la puta, y no la puta quien elige al cliente. Por primera vez, acepté aquella obvia reflexión. Acepté que yo era una trabajadora, un producto, y el un consumidor. Lo mismo ocurre con una botella de cerveza, que no es ella quien elige quién se la bebe.

    Antonio: Hola qué tal, tu eres Carmen ¿verdad?

    Yo: sí soy yo encanta.

    Se acercó a mí con una sonrisa, y colocando su mano sobre mi cintura, me dio dos besos para saludarme.

    Antonio: No te había conocido porque eres más guapa que en la foto.

    Yo: Gracias.

    Sonreí.

    Antonio: Vamos a entrar, tengo una mesa reservada.

    Después de saludar al camarero de la entrada, entramos en aquel bar, en el cual había reservado una mesa para nosotros. Tal y como antes comenté el sitio no era un lugar de lujo, y se parecía más a un bar donde la gente hacía las típicas quedadas familiares. Pedimos una botella de vino para los dos, y como no, marisco. Si tan sólo fuese por la comida, ésta había sido fantástica. No probaba el marisco desde aquellos tiempos lejanos en los que mi padre se dedicaba al mundo del pescado, y la verdad es que hico que viniesen a mi cabeza dulces recuerdos de aquella vida que por desgracia nunca regresará.

    No hablamos de nada en concreto, la cena transcurrió tranquilamente, y simplemente charlamos de coas nimias, como pueden ser las recientes elecciones europeas, o lo mal educada que estaba la nueva generación de jóvenes. Lo típico. También hubo tiempo para que el me contara algo de su vida. Se había dedicado desde pequeño al cultivo de las tierras heredadas de sus padres, era soltero, nunca-casado, y sin hijos, y actualmente vivía de las ayudas que recibía por su labor agricultora.

    Llegamos al hostal. Después de terminar la cena, y tras un paseo en el que él no separó su mano de mi cintura, llegamos hasta un pequeño hostal en el cual había reservado la habitación. Mi corazón palpitaba, sabiendo que el momento se acercaba. El hombre de la recepción nos dio las llaves de la habitación que se encontraba en la segunda planta de aquel edificio de tres pisos, las cuales se encontraban colgando de un gran llavero de madera. Subimos la escalera, recorrimos el pasillo, y llegamos hasta la habitación. Era la 207, nunca se me olvidaría. Entramos en la habitación. Era la típica habitación de hotel, una cama de matrimonio, una mesilla de noche a cada lado de la cama, con una lampara de color amarillo sobre ellas, y un mueble con una tela de las antiguas que tenían gran fondo. A la entrada de la habitación, como no, un pequeño cuarto de baño. Antonio, sacó de su bolsillo la cartera, y dejó ésta y las llaves del coche encima de la mesa que sostenía la televisión. Yo por su parte, me quité el bolso y la chaqueta negra que llevaba sobre la silla que había debajo de la mesa.

    Antonio: Bueno ven, siéntate aquí.

    Yo: Vale, pero me gustaría que primero me dieses el dinero.

    Antonio: Ah lo siento, ¿no te lo ha dicho Jorge? Se lo he pagado todo a él y me ha dicho que ya te daría tu parte.

    Permanecí en silencio.

    Yo: De acuerdo.

    Iba vestida con la falda negra, una camiseta negra de tirantes, medias y tacones. Haciéndole caso me senté en la cama, justo a su lado.

    Antonio: Me encanta como vas vestida.

    Yo sonreí a medio lado. Él colocó una mano sobre mi rodilla, y poco a poco comenzó a subir hasta mi cintura. A continuación, acercó lentamente su cara hacia mÍ y comenzó a besar. Yo permanecía quieta, él me besaba torpemente moviendo su lengua, y mientras introducía la mano dentro de mi camiseta para acariciar mi barriga.

    Antonio: Me pones muchos.

    Yo escuchaba sus palabras, pero no hacía nada, simplemente me dejaba. El siguió subiendo su mano por dentro de mi camiseta, hasta que llegó hasta uno de mis pechos y comenzó a manosearme. Unos instantes, y con la mano que tenía libre, comenzó a desabrochar su cinturón y baja la cremallera de su cinturón.

    Antonio: Ven aquí Carmen chúpame la pollita.

    Después de sacar por la bragueta del pantalón su pene al aire, colocó una mano sobre mi nuca y comenzó a bajar mi cabeza hasta su polla. Esto ya lo había vivido. El camino hasta su polla era un camino que ya había recorrido con Jorge. Mi boca llegó hasta su pene. El sujetaba mi pelo a modo de coleta. Agarré su pena, aún estaba flácido pero ya estaba endureciéndose. Tenía una gran cantidad de prepucio. Con una mano agarré su pene, y comencé a echar hacia atrás toda la piel hasta que la punta salió fuera, de un color morado intenso. Abrí la boca, y me la metí dentro. No era un pene muy grande, por lo que me bastó con mis dedos en piza para hacerle una paja mientras le chupaba la punta.

    Agarrada del pelo le mamaba la polla, poniendo mis labios alrededor de ella. Sentí como de repente un ligero chorro salía de su punta. No supe si era orina o líquido preseminal, aun así, yo seguí mamando.

    Antonio: Ummmm sí chúpamela así, Carmen, chupa mi pollita.

    Él se inclinó un poco hacia atrás y dejo que le chupara la polla mientras el jadeaba.

    Antonio: No aguanto más Carmen, para.

    En ese momento solté su polla y me la saqué de la boca.

    Antonio: Quítate la roma.

    Me puse de pie y comencé a desnudarme. Primero me descalcé y bajé mis medias hasta los pies, para después alzar la pierna hasta la cama y terminar de quitármela. Bajé mi falta, y por último me quité las bragas de encaje que llevaba. Alcé mi camiseta, y tras quitármela desabroché mi sujetador, saliendo al aire mis pechos, y quedando completamente desnuda. Él estaba inquiero, nervios, y con ansias de follarme. Se acercó hasta la mesa, y cogiendo su cartera, sacó un condón que llevaba, el cual comenzó a ponerse mientras me miraba.

    Antonio: Vamos Carmen túmbate.

    Yo me acosté sobre la cama, y abrí mis piernas. Él como llevado por el demonio se colocó entre mis piernas, sintiendo como su peso caía sobre mí y como su barriga rozaba con la mía. Entonces, comenzó a besarme, a la vez que bajó con una mano y comenzó a colocar su polla en la entrada de mi coño. Empezó a moverse torpemente, hasta que por mí, empujó y me clavó un pollazo. Era la primera vez que me la metían en muchos años, pero a pesar de ello, no me molestó mucho.

    Yo permanecí abierta de piernas, con la mirada perdida en el cielo. El mientras, se movía encima de mí, dejando todo su peso caer sobre mí, mientras me la metía dentro a empujones. Cada vez que me daba un pollazo gemía, y salía de su boca un sonido que no sé cómo poder escribir, que se parecía más a un berrido de un animal.

    Antonio: ANNRRGG, ANNNRGG, ANNRRGG…

    No duró mucho, y en apenas un minuto, soltó un grito final, y se corrió.

    Antonio: Ya, ya, ya…

    Entonces, salió de mí lentamente, y separó el condón lleno de semen de su polla, el cual tiró al suelo. Quedó sin fuerzas en la cama, tumbado boca abajo a mi lado, y yo permanecí quieta en la misma postura en la que me encontraba, mirando al techo. De alguna forma, tras un rato, terminé por quedarme dormida.

    Hasta aquí este pequeño relato de como continuó mi historia. Ya sabéis que no es fácil para mi contar esto, por lo que espero que lo leáis con respeto y entendimiento. Espero que os haya gustado, y estaré encantada de recibir vuestros comentarios.

    También, podéis escribirme a la dirección [email protected], donde estaré encantada de contestar vuestras dudas. Próximamente, continuaré publicando mi historia.

  • Divirtiéndome con el permiso de mi esposo (Quinta parte)

    Divirtiéndome con el permiso de mi esposo (Quinta parte)

    Para el día de hoy nos devolvemos en el tiempo más o menos unos 20 años. Comenzamos semana son las 5 de la mañana me despierto, tengo preocupaciones que no me han dejado dormir muy bien, busco alguna estrategia para poder solventarlas, me caliento un café, entro al estudio y busco mis libros revisando casos anteriores. Tenía como un presentimiento de algo y efectivamente muy a las 7 de la mañana mí teléfono sonó.

    El hijo de un cliente había sido arrestado sindicato de asesinato en la ciudad de Santa Marta.

    David mí esposo entra a la cocina y le comento.

    – Papi tengo que viajar a Santa Marta el hijo de un cliente ha sido arrestado por asesinato.

    – No perfecto he querido ir a ver cómo va la casa te acompaño.

    David había comprado una casa antigua para restaurarla y venderla en Santa Marta.

    No pudimos viajar temprano pues tenía una audiencia a las 8 de la mañana en los juzgados de Paloquemado que me demoro dos horas largas.

    Ana María y David me recogieron y nos dejó en el aeropuerto, llegamos a Santa Marta y de ahí a la estación de policía en donde nos esperaban hablé con el inspector y el fiscal del caso y luego con mi cliente con quién estuvimos una hora esperando si nos designaban un juez. Hasta que al fin y nos citaron para mañana a las 8 de la mañana.

    David aprovecho para ir a ver la casa y regreso justo cuando ya salíamos de la estación.

    Nos invitaron a almorzar porque ni ellos ni nosotros lo habíamos hecho. Mi cliente estaba con su esposa, su suegra y un hermano. Ya concretada la audiencia por imputación de cargos nos retiramos a descansar yo estaba cansada y pasamos por el supermercado para llevar víveres, un amigo nos alquiló un apartamento en pozos colorados no era temporada de verano por lo que el edificio estaba más bien desocupado.

    Hacía buena brisa refrescando un poco el atardecer. En la azotea del edificio hay una piscina lo que nos brinda el poder subir, nos colocamos vestidos de baño, agarramos cuatro cervezas toallas y subimos a ver también el atardecer.

    David quiso que saliéramos a caminar a la playa pero yo estaba muy cansada.

    Subimos y en la piscina se encontraba yo creo que era el único habitante del edificio un moreno de 1.70 de estatura de unos 35 años bien fornidos y en compañía de dos niñas jóvenes que se encontraban en topless dejándonos ver sus hermosos senos y el en pantaloneta de baño en donde se le notaba tremenda erección. En algo estaban porque el se hundió y se vio que se arreglaba su pantaloneta de bañó y las chicas soltaron la risa. El sol en todo su esplendor ni una nube en el cielo prometiendo un atardecer perfecto.

    Saludamos con un buenas tardes de lejitos y acomodando las sillas de sol, saque el bloqueador de sol y se lo di a David para que me lo aplicará en la espalda, destape las cervezas y prendí un cigarrillo. Aprovechando que las niñas estaban en topless yo también me lo quite, además no era mucho lo que me tapaba apenas los pezones.

    David término de aplicarme el bloqueador tomó dos sorbos de cerveza y se metió a la piscina, nado un poco. Las chicas a pesar de tener buen busto el moreno no dejaban de mirarme lo que causo cierta incomodidad en ellas, Además de que les dañamos el rato de esparcimiento sexual muy seguramente. Lo que hizo que se fueran a su apartamento, dejándonos la piscina para los dos. Me sonrió con mi esposo.

    – Parece ser que no les tiramos el polvito jejejeje

    – Si que tontas hubieran podido seguir en su juegos.

    – Papi… si le viste el bulto del moreno guau que paquete tan delicioso.

    – Claro que si difícil de no ver con ese tipo de pantaloneta.

    – Para qué pero el tipo esta como a mí me gustan, delicioso y sustancioso.

    – Bueno ya abra tiempo para que lo conozcas y pases un buen rato.

    – Ahí si no todo es trabajo también hay que divertirse en grande y con una buena verga.

    Nos besamos apasionadamente nuestras manos acariciaban nuestros cuerpos encendiendo nuestras sensaciones le bajó la deportiva y le mamo la verga por varios minutos, luego el me baja mi calzón y me chupa y lambe mí cuquita, continuamos sentados en las sillas me le montó encima y me penetra mí cuquita, sensaciones deliciosas emanan haciéndome gemir brinco sin cesar besándonos y acariciándonos desenfrenadamente, provocándonos

    Sensaciones excitantes que nos subían adrenalina dejándonos absortos en el fuego incandescente de la pasión, viniéndonos en intermitentes corrientazos terminando en un largo y placentero beso.

    Nos quedamos hasta que el atardecer paso regalándonos un precioso paisaje de colores. Nos fuimos al apartamento nos bañamos y preparamos la comida y a dormir, había que madrugar al juzgado y David a comprar un poco de cosas para la casa.

    Al otro día la audiencia duro hora y media y pudimos darle casa por cárcel, ayudo mucho que varias de las pruebas eran circunstanciales.

    Ahora tocaba empezar a desestimar las pruebas buscar los testigos para el juicio. Tocó viajar a buscando a una señora que ese día estaba con mi cliente el día del crimen en un motel la cuestión era que ella era casada con un tipo dueño de una empresa de volquetas de carbón volquetero atravesado y peligroso. Más bien difícil que aquella nos sirviera de testigo, pero igual había que intentarlo, era clave su versión. Fuimos a su casa y logramos que nos atendiera no nos aseguró que nos sirviera de testigo pero tampoco nos negó esa posibilidad. Era grandemente perjudicial para ella pues tenía cuatro hijos, su hogar, una zona de confort que peligraba.

    Almorzamos en carretera y llegamos a Santa Marta a eso de las 3.30 pm nos dejan en el apto y me recuesto un rato.

    Media hora me dormí y me acuerdo del moreno de ayer y me levanto para cambiarme e irme a la piscina. David había ya llegado y me calentó un cafecito reparador, hablamos de mí día y el de él mientras me cambiaba y me tomaba mí café. Él también se cambió la ropa, pero lo detuve cuando le dije que.

    + Papi voy a subir a la piscina pero sin ti.

    Se me queda mirando y sonríe.

    – Ha verdad que la señora esta con ganas de verga.

    Okey preciosa ve y diviértete con esa negra que te debe de estar esperando.

    – Papi nos vemos más tarde.

    Nos despedimos con un apasionado beso y salgo camino al ascensor y subo.

    El desgraciado no estaba, me quite la bata destape una cerveza y me prendí un cigarrillo. Sentí que alguien venía y mire la entrada y no, era la señora del aseo que venía a recoger unos baldes y escobas para bajarlos, nos saludamos y le pregunté por el vecino y con cara de verme sospechosa me dice que no demora en llegar.

    Se retira y espero a no sé qué sin saber si vendrá o no. Pero afortunadamente cuando estaba como mirando sí me bajaba me asome y alcance a verlo salir del apartamento cuatro pisos abajo, me devolví de una y hasta me quite el sostén del vestido de baño quedando en topless me recosté en la silla simulando tomar el sol dormida me puse mis gafas para verlo quedándome quieta, lo veo que me mira y mete su mano entré la pantaloneta acomodándose la verga que la tenía asía abajo. Mi cuerpo temblaba mil chispas sentía en mí estómago se metió a la piscina y me moví quitándome las gafas y saludándolo.

    – Hola vecino.

    – Mi querida señora muy buenas tardes mucho gusto me llamo Asdrúbal me alegra encontrarla, me dijeron que me estabas esperando.

    – Sí, claro muñeco quería conocerte me dejaste muy intrigada Ayer. ¿Quieres una cerveza?

    – Disculpa preciosa pero traje un delicioso vino que quiero compartir contigo.

    Cogió una canastilla que traía y saco la botella y dos copas.

    – Humm… Me encanta muñeco un puntazo a favor.

    Destapó la botella y sirvió sentándose en la otra silla de sol. Admirando mis tetas hace el brindis.

    – Por las mujeres hermosas como tú que nos inspira y nos acompañan regalándonos sus encantos.

    Tomo el primer sorbo dejando escapar unas gotas sobre mis tetas las que limpio con mis dedos y luego chupo.

    Se sienta estirando los pies sobre la silla dejándome apreciar ese bulto que prácticamente se le salía de su pantaloneta la que le miro y vuelvo a mirarlo a los ojos sonriéndole y picándole el ojo me tomo otro sorbo dé vino.

    – Vives acá en Santa Marta?

    – Si señora ¿y tu preciosa de dónde eres?

    – Muñeco orgullosamente tolimense nací en Flandes.

    Y vivo en la nevera, Bogotá.

    – ¿Y tú de dónde eres?

    – Sucreño de Sampues acá en límites con el Bolívar, ¿y tu esposo no viene?

    – No le dije que quería estar contigo, a solas.

    Mi celular sonó era mi hija con una llamada.

    – Hola hija ¿cómo estás?

    – hola mami bien acá estudiando para mañana tengo parcial y estamos sin luz a punta de vela, se fue hace rato y nada que la instalan ¿y cómo les ha ido?

    – Pues a mí súper bien, estoy tomando el sol en topless acompañada de un moreno hermoso con el que voy a pasar un rato delicioso.

    Asdrúbal me mira y coloca su mano acariciándome la pierna derecha mi mano derecha le acaricia el codo le pido más vino.

    – Hay yo pensé que estabas trabajando ¿y mi papá?

    – No hija trabajando he estado pero tú sabes que cuando un hombre me gusta no dudo en llevármelo a la cama.

    Me tomó un trago y me levanto suelto los cordones del calzón y me lo quito ya completamente desnuda, saco mi bronceador y le pido el favor a Asdrúbal que me lo aplique el sin chistar se paró y de una agarro el bronceador aplicándomelo por todo mí cuerpo aunque se demoró cuando iba a aplicármelo en mis tetas porque primero me las chupo, me despido de mí hija y al terminar su labor se quitó su pantaloneta que harto estorbo nos estaba haciendo, dejándome ver lo bien gruesa que estaba su verga, se me acercó agarrándome las caderas nos besamos lo abrazó por los hombros siento su verga en mi pubis suena un balde que cae al suelo no vemos a nadie y saco del bolso una cámara fotográfica con la qué nos tomamos varias fotos usando el automático y en donde pudimos salir besándonos y acariciándole la verga. Sirvió más vino y me dio mi copa, tomando un trago largo. Nos volvimos a besar por un buen rato mientras le acariciaba la verga.

    Me siento, en frente de su verga la que observo y masturbo.

    – ¿Ayer te estaban practicando sexo oral Las dos niñas con las que estabas?

    – Si, no esperábamos que alguien subiera ya que no había nadie en el edificio.

    – Lo sabía yo sí lo sospechaba, lamentó mucho haberles dañado el trío.

    – No para nada preciosa para eso nos bajamos al apartamento en donde estuvimos un buen rato.

    – Y que tal pasaste.

    – Ho exquisito fue fantástico.

    Seguía hablándole, besándole y lambiendo la verga me la meto a la boca sintiendo lo gruesa que es.

    – Me encanta tu verga, sabe delicioso.

    – Toda tuya preciosa, eso así, que lengua tan rica mami me encantan las putas como tú, eso de que le dijeras a tu esposo que no subiera para culear conmigo me puso a mil.

    – jejejeje sí tan lindo mí esposo por eso lo amo tanto ¿y te esperabas esto?

    – La verdad sí, después de ver cómo me mirabas mí pantaloneta y me coqueteabas supe que terminaríamos culeando.

    Yo seguía mamándole la verga

    – Ha que rico muñeco yo también quede con unas ganas las hijueputas de culear contigo, ayer hicimos el amor con mi esposo acá y me imaginaba él trío de ustedes, genial.

    – Sí en verdad fue exquisito tremendas niñas les encanta la verga.

    – Y a quien no muñeco con semejante delicia de verga que tienes tú.

    Seguía mamándosela deleitándome con su grosor, humedeciéndola, babeándola, restregándomela por la cara, mis pechos, hasta una rusa le practique.

    Casi diez minutos de sentirla en mi boca, luego me monto sobre la silla y levanto las piernas, Asdrúbal se dedica a chupar y lamberme la cuquita dándome sensaciones exquisitas. Apoyada mi cabeza contra el espaldar alcanzo a ver una figura, era la señora del aseo quien intenta entrar a la zona y al vernos se detiene unos 10 segundos mirándonos y lentamente se devuelve sin voltearse o como se dice echando reversa saliendo nuevamente y dejándonos solos.

    Asdrúbal siguió devorándome su boca me tenía loca de pasión haciendo venir en chorros que salpicaron en su cara quedando todo embadurnado, me reincorporo y nos besamos apasionadamente, lo masturbo.

    – Haaa que rico, no como me encanta el sexo.

    – A mí también preciosa y más cuando son casadas me chiflan.

    Vuelve y me acuesta y se coloca entre mis piernas rozándome su verga por mi cuquita, me penetra lentamente siento su grueso tronco deslizarse por mis paredes hasta tocar fondo me abro de piernas abrazándolo y empujándolo hacia mí, comienza a sacármela y a entrar suavemente, aumentando con cada penetrada empiezo a gemir, a sentir su gruesa verga en mis paredes vaginales llevándome al paraíso mi cuerpo temblaba de emoción.

    – Que delicia por Dios sigue, sigue así dame, dame más anda dame más que me muero de la dicha. Yo sabía que me ibas a hacer gozar como puta presa en visita conyugal anda muévete muñeco hermoso hazme venir.

    Me penetraba como pistón acelerado hasta que me vine se retira y suelto el chorro de mis líquidos dedeándome exprimiendo hasta la última gota, me levanto y le mamo la verga.

    – Ha que rico me hiciste muñeco hermoso definitivamente que delicia de verga tienes.

    – Ahí Dianita la verdad tu eres la mujer más exquisita que me he culiado, que puta sos me encantas gran puta.

    Me le montó encima, coloco su verga en la entrada de mí cuquita y me dejó rodar por el me muevo en círculos y luego empiezo a follar tan rápido como mis piernas me lo permiten, descanso y él empieza a follarme dándome un indescriptible placer, mi cara desfigurada ante tanta emoción, vuelvo y me vengo me saco su verga y me vengo en la silla, y vuelvo a metérmela nuevamente y en menos de un minuto me derramó otra vez.

    – Haaaa me encanta, me encanta, hijueputa dicha poder disfrutar del que se me pegue la regalada gana ha sí tenía ganas de ti, ver ese bulto de tu pantaloneta ayer me tenía arrecha, sí no hubieran estado esas dos peladitas muy seguramente hubiéramos tenido relaciones sexuales hasta me Hubiera importado un soberano culo que estuviera el cornudo de mí marido ahí.

    Asdrúbal se para y yo me coloco en cuatro.

    – preciosa vamos a tener que agradecerle al cornudo de tu marido que te dejara venir solita, ha y también a la niña del aseo por avisarme que me estabas esperando porque yo no iba a subir.

    Le agarro la verga y me la coloco en la entrada de mí trasero.

    – Suave muñeco metérmela suave mi amor.

    Empezó a penetrarme el trasero suavemente dilatándome en medida que me iba penetrando, poco a poco fue follando aumentando su accionar durante casi 15 minutos haciéndome venir dos veces y a él una vez empatando con la segunda venida mía, inundándome mí trasero con su semen, terminamos besándonos, Asdrúbal se paró y se metió a la ducha lavándose la verga, quitándose el sudor.

    Y me pongo a mirar el atardecer, se me acerca por detrás abrazándome besándome la espalda, me coloca su verga entre mis piernas, me empino levantando mí trasero y me penetra mí cuquita follándome por otros 15 minutos me vengo nuevamente me saco su verga y me inclino a mamarle la verga por unos minutos, me levanto, estando de frente le agarro le verga y me la meto otra vez en mi cuquita y volvemos a follar delicioso, besándonos con una pasión desborda nuestras bocas se unían salvajemente, lujuriosos y sin nada que nos detuviera para disfrutar de las delicias del sexo, que placer tan hijueputa. Lamento de aquellas que no lo han hecho con un negro en su mayoría están bien dotados y yo ya he tenido varias experiencias que me han satisfecho en grande, me encantan esos hombres bien dotados.

    Seguimos follando por varios minutos más acompañados por la brisa marina nos venimos en espasmos y gemidos de placer envolviéndonos en un abrazo fuerte, ya era de noche, bajamos a su apartamento y comimos un pescado que preparo delicioso. Esa noche me quede a dormir con él.

    Al otro día me despierto, eran las 7 de la mañana Asdrúbal se bañaba y yo me coloque mí vestido de baño y me despido quedando de ver en la tarde.

    Llegué al apartamento David preparaba café.

    – Buenos días preciosa como amanecieron el par de tortolitos.

    – Hola papi, delicioso no te imaginas lo rico que la pasamos Asdrúbal es todo un semental me encanto ese hombre,

    Nos besamos y abrazamos con David.

    – Me alegra mucho mi amor es en verdad excitante verte tan contenta.

    – Ahí sí papi es que después de disfrutar de esa verga no podría pedir más.

    Me bañé y me aliste para irnos, estábamos desayunando cuando llama mi secretaria a avisarme que don Jacinto otro de mis clientes estaba en Barranquilla y me estaba necesitando, lo llame y nos invitó a almorzar me fui a hacer unas diligencias, ir al motel en donde mí cliente estuvo con la vieja para que me sirvan de cuartada. Ir a medicina legal por el dictamen forense, hacer que mi secretaria me trascriba para presentar la documentación al juzgado, salimos para Barranquilla casi a las doce don Samuel nos prestó uno de sus vehículos.

    Estuvimos toda la tarde y luego salimos a dar un recorrido por la ciudad. Regresando a Santa Marta a las nueve, cansada y a dormir.

    Al otro día a esperar la documentación que mi secretaria me enviaría por avión e irla a llevar a ser firmada por mis clientes. Llego la tarde y tenía ganas de ir a la playa caminar un poco meterme al mar relajarme y meditar sobre lo de Barranquilla ya que era un caso con paramilitares complicado tenía que pensarlo muy bien sí me le media o no. Llegamos al apartamento nos pusimos nuestros vestidos de baño empacamos las cosas de llevar. Bronceador, toallas.

    Salimos con mi esposo a buscar un lugar donde hacernos que no estuviera tan solo, quedándonos enfrente de uno de los hoteles. El sol estaba en todo su esplendor, paso un muchacho vendiendo cerveza fría, le compramos dos, me aplique bronceador y me recosté sobre la toalla sobre la arena, mis gafas de sol y a observar el mar que con sus holas golpeaban la playa.

    Dos muchachos morenos jugaban con una tabla deslizándose.

    Del hotel vi salir a quien pensé era el papá de alguno de los muchachos de más o menos unos 45 años moreno acuerpado calvo, de estatura mediana bastante comestible una ricura de hombre y no, no era el papa.

    Se les acerca los saluda, quedándose un buen rato vuelve a entrar al hotel y nos miramos mientras el caminaba, a los 10 minutos volvió pero está vez en pantaloneta de baño ajustada, coloco una toalla en la playa y sus chanclas y fue a meterse al mar. Me pare y lo seguí metiendo al mar también, nadamos un poco me le acerque a saludarlo

    – Hola muy buenas.

    – Hola preciosa ¿cómo estás?

    – Muy bien muñeco mucho gusto ¿y cómo te llamas?

    – Víctor ¿y tú?

    – Diana,

    – Diana me encanta ese nombre ¿y te estas quedando en el hotel?

    – No nos estamos quedando en el edificio de ladrillos a la vista.

    – ¿Y estás con tu esposo?

    – Si con él y tú en donde te estas quedando..

    – No yo trabajo en el hotel,

    – ha ya veo y que eres el, salvavidas.

    – No pero me encantaría.

    El mar se estaba poniendo muy picado las olas me arrastraban fácilmente, tumbándome llegando a la orilla, Víctor me auxilia ayudándome a levantar yo me reía de lo ocurrido y salimos a la playa abrazados, riéndonos y comentando. Nos sentamos y me sobo un poco el tobillo que me alcance a lastimar.

    – Ahí gracias Víctor y que haces en el hotel.

    – Trabajo en la administración, soy el tesorero.

    – ha el que maneja el billete, el billetero.

    – ¿Yo pensé que te estabas quedando en el hotel?

    – No arrendamos un apartamento de un cliente de Bogotá ahí en el edificio de ladrillos.

    Se lo señaló y al voltear a mirarlo me dice.

    – Haya vive un amigo Asdrúbal se llama.

    – ¿Ha conoces a Asdrúbal?

    – Si es muy conocido acá en el hotel, sobre todo con las mujeres casadas le encantan.

    – Jejejeje sí de eso me di cuenta.

    – Por lo que veo tú ya lo conoces.

    – Si con ese papacito la pase muy rico antier me quede a dormir esa noche con él es divino.

    – Ha ese man si no pierde oportunidad, pero es de buenas donde pone el ojo pone la bala.

    – Jajaja ha es que tiene lo que a las mujeres nos encanta y tú también por lo que he visto.

    Y bajó mis ojos a su pantaloneta donde ya se le notaba un buen bulto en su entrepierna, me le sonrió, me acaricia las piernas

    – ¿Y ya terminaste de trabajar?

    – Si señora ya por hoy no trabajo más.

    – Perfecto muñeco y que piensas hacer.

    – Pues por el momento pasarla contigo, siempre y cuando tu esposo no se moleste.

    Lo acuesto y pongo mi pierna derecha sobre las suyas. Y mi parte de mí cuerpo sobre su pecho

    – Por mí esposo no te preocupes que él no nos vas a molestar y a mi también me encantaría pasar la tarde contigo.

    Acaricio su mentón y nos besamos apasionadamente por casi dos minutos acariciándonos desenfrenadamente.

    En la playa solo habían unas pocas personas lo que me dio la libertad de acaríciale la verga metiendo mi mano derecha entré su pantaloneta.

    – Camina muñeco que ardo en deseo de mamártela.

    – Mamita no se diga más podemos ir a su apartamento.

    – No camina más bien vamos al apartamento de Asdrúbal, me encantaría hacer un trío con ustedes dos.

    – Camina precioso tus deseos son órdenes.

    Nos volvimos a besar, yo seguía acariciándole la verga, me pare espero a que Víctor se pagará y lo abrazo, caminamos hasta donde mí esposo besándonos.

    – Hola papi vamos a ir al apartamento de Asdrúbal recojo mis cosas y le doy un beso.

    – Papi no creo que llegue esta noche nos vemos mañana.

    – A ok, no te preocupes que te espero mañana a desayunar.

    Me abrazó con Víctor y nos encaminamos, mi cuerpo empezó a temblar, mis nervios me ponen toda contenta. Llegamos al edificio, nos encontramos con la niña del aseo quien se saluda con Víctor.

    – Mamita Asdrúbal está en su apartamento?

    – Si señora haya la debe de estar esperando. Caminamos rápidamente hasta el ascensor entramos y volvimos a besarnos con el Víctor dejándonos ver de la niña. Subimos al apto de Asdrúbal.

    – Hola muñeco.

    – Mamacita que me le pasó ayer, que la estuve esperando. Hola estimadísimo compañero

    – Don Asdrúbal muy buenas tardes.

    – Sigan, sigan háganme el favor.

    Abrazo y beso a Asdrúbal.

    – Ahí no me digas más, muñeco ayer estábamos en Barranquilla y llegue manada.

    Me quite la bata y el sostén quedando en topless.

    – ¿Se toman una cerveza?

    – Sí muñeco yo si quiero.

    Víctor también.

    Asdrúbal estaba en su pantaloneta.

    Me tome, de dos sorbos mi cerveza y pedí otra, Asdrúbal me la alcanza, yo estaba abrazada de Víctor sentados en el sofá de la sala al llegar Asdrúbal con la cerveza, mis manos agarraron su verga bajándole el bóxer, volteo a mirar a Víctor me sonrió.

    – Me encanta.

    El Víctor se levanta y se quita la pantaloneta y me dice.

    – ¿Y esto también te gusta?

    Le veo su verga en erección.

    – Deliciosa Víctor está noche promete grandes emociones.

    Se la agarro y lo masturbo, me muerdo los labios mí cuerpo tiembla de la emoción, respiró hondo y me tomo un sorbo de cerveza.

    – Ha está puta lo que quiere es verga.

    Entre ambos se chocan las palmas riéndose.

    – A eso vine muñecos y doble porción, como a mí me encanta.

    Víctor me besa mis tetas Asdrúbal me recuesta y me levanta mis piernas quitándome el calzón me chupa y lambe mí cuquita, el Víctor me pone su verga en mi cara, se la mamo, por un buen rato.

    Continuamos por cinco minutos más y luego Víctor se acueste boca arriba, me le montó encima y con mí mano derecha agarró su verga y me restriego mi cuca y para adentro.

    – A que delicia me encanta sentirla que placer tan hijueputa, ven Asdrúbal déjame mamártela.

    – toda tuya putica deliciosa.

    Se me pone a un lado y me la meto a mí boca, se la lambo y chupo sus huevos, mientras que él Víctor me folla salvajemente mis gritos lujuriosos se deben de escuchar hasta el corredor del piso, vale mierda tampoco hay alguien que nos pueda escuchar.

    Sigo disfrutando de esas dos vergas hasta hacerme venir. Cambiamos me pongo en cuatro y se la mano a Víctor y Asdrúbal me penetra mí cuquita y otros 15 minutos de locura infernal, lujuria excitante.

    Fuera de lo normal, de lo establecido como norma. Nos paramos y tomamos cervezas, se sientan en el sofá me les arrodilló entre ambos y me dedico a mamarles la verga intercambiándolas cada tanto practicándoles una rusa a cada uno y llega el momento cumbre me le montó a Víctor y le digo a Asdrúbal que me la meta por el trasero, me dejo deslizar por la verga de Víctor en mi cuquita, Asdrúbal se coloca detrás mío y muy suavemente me penetra mi trasero como en cámara lenta agarrándome de la cintura

    Comenzando uno de los placeres más excitantes y que me encantan dos vergas entrando y saliendo follándome sin compasión rompiéndome todo mi ser hasta mí cabeza quien al sentir tanta excitación sexual no reacciona dejándose llevar por tan delicioso momento, minutos de locura hasta hacerme venir en espasmos intermitentes corrientazos que recorren todo mí cuerpo. Descanso unos minutos me volteo pidiéndole a Asdrúbal que valla y se lave la verga y regrese, ahora es Víctor quien me penetra por el trasero dándome sensaciones, dándome con todo hasta cuándo regresa Asdrúbal y me penetra mí cuquita y otra vez vuelve y juega las sensaciones excitantes por todo mí cuerpo, gritos y gemidos recorren el apartamento no quisiera que esto se terminara y darle por horas a tan suculento placer, muchos me dirán que soy una gran puta y si, tienen toda la razón y a este mundo he venido a vivirla con intensidad al igual que mis hermanas, sobrinas, mi madrecita, mi hija y todas mis tías, primas y lejanas parientes. Dos veces me vine siendo la segunda la mezcla de su semen y mis líquidos dejándonos todos embadurnados extasiados y cansados por tal fabuloso polvo.

    – Que culeada tan deliciosa muchachos guau que barbaridad sí, no joda esto hay repetirlo, no me canso mis amores.

    – Todo un festín preciosa tu de lejos eres lo mejor que me he comido. Que delicia de mujer.

    – Jejeje si señor definitivamente las mujeres casadas son lo mejor, por eso a él Asdrúbal le encantan, yo lo he visto llevarse a muchas mujeres casadas y todas divinas, no sé cómo lo logras porque sus maridos ni cuenta se dan, es todo un experto en el tema.

    – A es que él tiene su encanto y el usar esa pantaloneta ajustada da sus frutos, ya me imagino yo que dejas que se te pare la verga cuando estás con alguna,

    – Exactamente Dianita siempre me funciona eso las vuelve loquitas de verga.

    Jajajaja nos reímos.

    – A no es que después de verte semejante bulto la imaginación es cochina, igual me pasó a mí al verte ese día y bien parada que la tenías, me chiflo pensando en lo rica que sería mamártela

    . – Todo un lujo preciosa como bien lo has comprobado. Le acarició la cara y le doy un beso.

    – Deliciosa muñeco un manjar de diosa.

    Al rato volvimos a iniciar con caricias y besos el segundo polvo de la tarde hora y media de sexo, doble penetración, doble placer, hasta desocuparles las huevas de su semen espeso y grasoso el de Víctor en mí boca y el de Asdrúbal en mí trasero.

    Terminando una tarde esplendida mejor no se podría pedir más. No me pude quedar esa noche no secretaria me llama para avisarme que tenía una audiencia para El Otto día muy temprano por lo que tocaba madrugar y viajar en El primer vuelo. Por hoy no es más y espero sus comentarios cachondos.

    DIANA LUCIA SAAVEDRA [email protected]

  • Pata de lana. Madura malco y service a domicilio (1)

    Pata de lana. Madura malco y service a domicilio (1)

    En Argentina, ‘el pata de lana’ es el nombre del que entra en la casa sin hacer ruido cuando el hombre no está para atender a la Doña, es decir que los ‘ratones’ se hacen la fiesta cuando el gato no está.

    En esos momentos que se nos da por la bohemia y la aventura, vago (perezoso), sin novia, bien parecido, hábil para la seducción, estas dos últimas cualidades me abrían muchas puerta y descorría muchas sábanas ajenas, muy afecto a las relaciones, sobre todo las clandestinas que son las que tienen el sabor de la aventura. Estas cualidades me habían hecho ganar esa fama silenciosa que suelen transmitir las mujeres “mal entretenidas” de oreja en oreja.

    Siento una predilección especial por las mujeres de las cuatro décadas, el momento justo que la mujer sabe casi todo y necesita casi todo, sabe cómo, cuándo y con quién. Eran momentos económicos complicados, con poco trabajo y mucho tiempo libre para practicar el deporte que más me gusta: El sexo. Con tiempo libre, de sobra, y guita (dinero) que falta, cuando los tipos la estaban “yugando” “yo le atiendo a la patrona”. Los vocablos y modismos empleados son los propios de la historia, cuya acción se produce en Buenos Aires, Argentina.

    Esta es una historia de un momento de la vida de un porteño (de Buenos Aires, ciudad) tan real como el deseo y la pasión por el sexo, con la mujer, cuarentona, sin fines peyorativos, sino como expresión de la edad por excelencia donde está en su mejor momento vital para el amor y proclive a sentir el llamado de la aventura.

    Un día cualquiera, mi hermana me pasó la data, de que la señora Dora, cuarentona casada, de esas mujeres que cuando pasan dejan un coro de de deseos esparcidos, andaba caliente conmigo y le pidió que le hiciera “pata” contacto. En esos tiempos sin otra preocupación que “buscar donde ponerla” me había ganado, en buena ley, el mote de “El facha” (el que tiene estilo), porque siempre andaba acicalado y luciendo mis condiciones de bien parecido y mejor presentado.

    Esa tarde, falto de ”almeja” y con “ganas de ponerla”, accedí a que mi hermanita que me llevara de acompañante “casual” a visitar a Dora, para ver si podía sacarme “el afrecho” (calentura) y me la podía “mover” (culear).

    Llamó por teléfono para comprobar si estaba, ni presentación hacía falta, nos conocíamos de sobra, Sarita, mi hermana dijo a Dora que… íbamos de pasada y entramos para saludarla nada más. Cuando la besó le susurró algo al oído, rieron cómplices.

    – Chicos, me voy tengo que hacer, los dejo. –Sarita, nos besó y se alejó.

    – ¿Una cerveza?

    – ¿Bueno, dale!

    Salió a buscar la birra meneando insinuante el culazo que ahora se me hacía imperioso hacerme dueño de esa carne provocativa y tan paradita. El meneo cadencioso lo entendí como “¡Sígueme!”, rápido como el viento y silencioso como la sombra, sigilosamente, fui tras de ella. Estaba destapando la botella, me apoyé contra su trasero, con total naturalidad, como si lo esperara, meneo de las caderas para acomodarse la rigidez de la verga en la raya.

    Soltó la botella, apoyó las manos sobre la mesada, para tomar posición de entrega, con la tranquilidad de quien domina la situación, girando la cabeza dijo:

    – ¡Tienes… media hora para salirte de mi culo!

    Reímos, levanté la falda hasta la cintura, el culo quedo expuesto, la muy perra estaba preparada, no tenía «chabomba» (bombacha), y tan mojadita. Con el jean y el bóxer en los tobillos, saqué el choto, con un par de sacudidas puerteé la argolla (vagina) hasta sentir la cálida humedad acariciando el glande ansioso por acceder en ella.

    Separó más de la mesada, arqueó el cuerpo para brindarse al choto que urgía entrarle. La envolvente humedad y solo dos golpes bastaron para unir los sexos a tope. La poronga perdida en la humedad de la conchita peluda y hambrienta de carne en barra la puso en órbita. En las primeras entradas a fondo reculaba cuando me mandaba con todo. Nos dimos como en la guerra (cogimos a full), como si se estuviera acabando el mundo, nos sacamos chispas, en la calentura nos decíamos las palabras más soeces que elevaban el morbo, nos calentaba a morir.

    La calentura urgía el desahogo, en poco tiempo llegó al orgasmo, seguido de otros, gritaba cuanto lo disfrutaba, entre sus acabadas sin fin le mandé una lechada de “órdago” sin aviso, se dejó sembrar de semen sin protestar.

    Salí de la conchita de Dora, como un plus de erotismo ofrecía ver como entre las piernas se le escurría la imprudente “lechada”. En el bidé descargó mi acabada, se lavó la concha, sentada me regaló una deliciosa mamada para recuperar los restos de tan glorioso polvo. Con la pija delante del rostro, aprovechó para mamarla y poner en forma para otra dosis de “garche” (cogida).

    Desnudos entre las sábanas que momentos antes había calentado el marido, le pusimos unos buenos cuernos, enroscados en un furibundo 69, donde el “pata de lana” le estaba haciendo la fiesta a una “malco” (mal cogida). Paleteando la vagina hasta subirla otra vez a la cima de la excitación, dejarse caer por el tobogán de una acabada sorpresiva y descontrolada. Los gemidos llenaron de música y lujuria cada rincón del cuarto, me montó de manera salvaje, a lo bruto, empalada en el choto enhiesto, dándose otro atracón de carne viva, disfrutando de la máquina de coger, sometiéndose a todas las formas del amor carnal.

    Acababa sin parar, gemía como loca, procaz y obscena, descontrolada como pocas veces he visto, una boa tragando pija, gemidos y sonidos inteligibles decían cómo y cuánto gozaba. Boca abajo, arrodillada, estilo perrito, la ensarté de una, gozaba más cogiendo así, sometida, volvía a disfrutar de los modos bruscos y salvajes de la penetración, las nalgadas eran un mimo, enrojecerle la carne era el premio a su calentura, todo le parece poco. Se notaba de sobra que venía con hambre atrasada, le di pija para tenga, guarde y reparta (expresión que indica demasía y desmesura), hasta eyacularle, nuevamente dentro de la cachucha.

    Me limpié la chota en un borde de la sábana, sé que apreciaba ese souvenir de esperma en el lecho marital, un recuerdo de mi paso por su cama. Me despedí, Dora, se quedó en la catrera (cama), la lechera (vagina) colmada, cerrando los labios para retenerme dentro para seguirme disfrutando.

    – La semana próxima mi marido trabaja de noche… Podrías venir para hacerme otro “service”.

    – OK.

    Al buscar las llaves para ingresar a mi casa noté los billetes que Dora había dejado discretamente en mi bolsillo.

    – ¿Cómo te fue hermanito?

    – Bien y cumplido el “service”.

    – ¡Qué rápido para los mandados!

    – ¿Algún otro encargo che? – Pregunté jodiendo.

    La guacha (pícara) tenía otro encargo, y ahí mismo me pasó la informeta (información) – Doña Rosario, la panadera me dijo que le gustaría que la visitaras….

    Así fue que, cuando el marido salía al reparto del pan, la veterana me hacía pasar a la cuadra (zona de elaboración), entre bolsas de harina y aroma a pan recién horneado, la bombeaba llenando de esperma urgente el agujero que desatendía el panadero. Después de atenderle el “hornito” volvía para casa con una generosa provisión de las mejores medialunas (croisant) y algunos mangos (pesos) en el bolsillo.

    Me había hecho ducho en hacer de “pata de lana”, recorrer las “ratoneras sin gato”, las veteranas compensaban por el servicio prestado, buenos regalos, que aproveché para pasar la malaria (temporada mala).

    Había ganado fama de buen amante y mejor cogedor, pues además de la potencia juvenil, aportaba toda la creatividad para exacerbar su deseo y hacer realidad sus fantasías, al tal grado de aceptación tanto así que me “prestaban” entre ellas.

    Magda, la farmacéutica, se benefició de ese “préstamo”, pues iniciamos la relación en ocasión que fui a su negocio para comprar “velo rosado” (condones de la época).

    – ¿Velo rosado, por favor?

    – ¿Cuántos?

    – ¿Para esta noche?

    – ¡Una docena! -Sonriendo, en joda.

    – ¿Te contaron? – Dije, siguiéndole el juego.

    – Dicen que la fama es puro cuento… -Magda jugaba fuerte, insinuaba y sonreía

    – ¡A las pruebas me remito! -sabía con que bueyes aro, por eso fui directo al hueso.

    – No sé…, no sé… – Dijo moviendo la cabeza, duda, con la sonrisa de quien espera más.

    – ¿Quieres… probarme?

    Magda ya no reía, parecía interesada en la oferta, el súbito rubor de sus mejillas confirma. Sin andar con más vueltas, previendo que en cualquier momento podrían venir clientes, se apuró a decir

    – Qué tendría que probar?

    – A este macho, así no te quedarán dudas.

    – Te parece… ¿puedes venir este fin de semana? estamos de guardia, mi marido se fue de pesca con sus amigos… Después de cerrar, ¡te espero!

    El sábado, llegué cuando comienza a cerrar, pasé y colaboré bajando la cortina metálica. Magda es una cuarentona de buen ver, calentona, destila lujuria por los cuatro costados, está orgullosa de sus tetotas. Estaba ansiosa, esperándome producida con lencería erótica, bien de trola (bien de puta) para tener una fiesta con todos los chiches (variedades). Una cerveza nos quita el calor, exterior e incrementaron el interior, bebiendo de la misma botella incita al piquito, otro trago y el beso de lengua (hasta el fondo) enciende la máquina.

    Aún tenía el guardapolvo blanco, dos botones de arriba desabrochados anticipan el menú interior, lencería breve y transparente, todo es rojo, “vestida para matar”, se sentó en el mostrador, cruza y descruza las piernas al estilo de la peli bajos instintos, pero ella tiene tanga, minúscula, se traslucen los vellos púbicos, abultando la prenda y derramando el aroma intenso de la excitación mezclado con la suavidad del perfume de lavanda.

    La visión incentiva la reacción automática, el “bicho” tomo vida propia, se eleva dentro de la cárcel del bóxer, empuja la tela del jean. Me retiene entre sus piernas, acaricia el choto por encima, ojos grandes como platos, manos húmedas, respira entrecortado, sofocada, hostigada de lujuria. Me tomó de los hombros y comió la boca sin dejarme respirara, las manos desesperadas por desprender el resto de los botones, algunos arrancados por la prisa de lamer su piel.

    La guacha va guiándome al dormitorio, viaja en zapatos rojos de tacón de 15 cm, escueta lencería, que va perdiendo como pétalos de rosa. Rodamos sobre el lecho, entre las sábanas cómplices, comienzo de la refriega amorosa que pintaba para ser antológica.

    Es una máquina de chupar pija, ¡qué calidad!, se le nota que lleva tiempo sin una buena garchada, se revela como amante sumisa y entrega lujuriosa.

    Retribuía con la misma intensidad, paleteando su cachucha, la puse en órbita, dominada por la excitación, vocifera fuerte, alocada, el cuerpo casi dislocado y la cabeza colgando fuera del lecho, apretándose los pechos, grandes, algo más de 105, todo carne natural y bien turgentes. La forma de gozar incita a seguir dándole “pala” en la cueva, variando intensidad y ritmo, buscando y descubriendo los sitios preferidos, el dedo busca el hoyo cercano para meterse dentro.

    Los dos primeros orgasmos fueron robados, la vieja quería aguantarse y puse tal empeño en la “paleteada”, que pude con su concentración, los disfrutó como si fuera el primero.

    De ella aprendí que mi lengua producía el efecto devastador dentro del cofre, no sé si habré encontrado el famoso punto G, pero seguramente estuve casi en él por lo explosivo de su orgasmo, estridente y volcánico, entró en erupción en mi cara, perder el sentido de tiempo y espacio, la mirada perdida, el rostro solo es una mueca difusa, babeando, diciendo incoherencias propias de quien atraviesa un trance emocional de proporciones.

    Le regalé el tiempo de relax para volver a recuperar el uso de sus facultades, sonríe para dar señales del regreso a la vida. La calentura apremia, se la mandé, un misionero, de frente, con las patitas al hombro, la conchita estrecha, para una mujer que había parido dos veces, ávida por sentir una poronga más gorda que la del marido, se quejaba por el ímpetu salvaje, abriendo a lo bruto, disfruta la fricción del grosor, aprieta los músculos vaginales para sentirlo aún más. Disfruta el choto, actuando como percutor en su cueva, volcado sobre su cuerpo, tomándola de las nalgas me impulso con la vara de carne para agrandársela.

    Sé cómo manejar los tiempos, demorarme, darle el “changüí” (beneficio extra) de un par de polvos antes de ir por la eyaculación. Le había hecho descubrir su capacidad de tener más de un orgasmo, descubriendo su capacidad y calidad de multiplicar orgasmos.

    Aún la tengo a mitad de camino, cambiar de postura, acostarla boca abajo, la ensarté hasta el mango, serruchándola con vehemencia, tomada de las caderas, ensartada “como bife de croto” (con hambre de carne), un par de nalgadas la excitan. – Vamos guacha, estoy domando a la potra.

    Aprende a ser sometida por su jinete, se mueve y sacude, haciendo las cabriolas de una potra rebelde, se libera del corsé de esposa, se hace puta, yegua puta, arisca, que se resiste a ser domada. Llevamos el juego al límite, el tropel de espermatozoides salvaje pugna por escapar de su encierro. En el instante previo de acabarle, pregunté:

    – ¿Me pongo el forro (condón)?

    – ¡No,Noooo…! ¡Daaamela, así, necesito mi leche…

    – Aguanta yegua, toma toda tu leche…

    Aún recuerdo ese momento de gloria y desenfreno, tomada de las ingles y lanzado en ella con alma y vida, dejar escurrir en cada golpe de eyaculación una parte de mí, en cada latido un mensaje esperanzador de volver a sentir como esa vez. El silencio atronaba los sentidos, la respiración entrecortada y los sonidos guturales venidos desde el interior de mi pecho decían que esta venida era algo especial y mágico. Permanecí a pedido de ella hasta más allá del último latido de la pija, disfrutaba cada uno de ellos, gozaba del calor del fluido lácteo derramado dentro de su sexo.

    Quedamos mirando al techo, disfrutando del relax, recogía con la mano el semen que comenzaba a escurrirse, jugaba esparciéndolo sobre los pendejos. No me dejó estar tranqui más de un cuarto de hora, que ya estaba pajeándome, poniéndome al palo, me hizo una mamada antes de ponerse “culo p´ riba”, ofreciéndose en bandeja de plata, seguramente las que me entregaron que le habían dicho cuánto me gusta hacerlas por el orto, el de ella estaba firme, sin sombra de vellos, cumplía todos los requisitos para una buena culeada. Sabe que vendrá, espera intranquila y ansiosa.

    Cuando me sintió entrar en su vagina se dejó llevar fácil al juego de la cogida intensa, un gemido profundo parecía que el orgasmo llegó antes de tiempo, relajando su aprensión por no saber cuál sería el próximo movimiento del macho a sus espaldas. Estaba “regalada” (entregada), aproveché la volada (oportunidad) y volví a tantearle el “toor” (orto al revés) Un poco de juego en el borde del esfínter humectando en sus propios jugos fueron el prólogo de una ejecución a toda orquesta.

    Momento de indecisión, la ensarté de una, sin delicadeza, algunas palmadas en las nalgas la pusieron a mil. Intentó el escape hacia la parte superior de la cama, contenida con mis piernas sobre las suyas, tomada de los cabellos le impiden reptar, la tengo enhebraba por el ano, se nota que lo tiene virgen. Ansiaba y temía esta primera vez, gime, jadea y se queja como respuesta a la profunda penetración, contenida y sostenida hasta que se adecue a la contundente dilatación, aguardé que retomara el ritmo de la respiración antes de comenzar el metisaca, despacio.

    Paciente experiencia comencé a “serrucharla” (cogerla), se entrega mansa, sabía que no podía escapar y que las promesas de no hacerla doler y salirme de ella cuando lo pidiera la seducían a la entrega, aunque en su fuero íntimo sabe que todas las promesas prescriben cuando la calentura se impone. Ya no escaba, recula un poco sometiéndose al poder del macho, dos empujones y se la tengo enterrada a tope.

    Cuando pudo articular palabra dijo: – ¡Pará, pará, bruto! ¡ANIMAL! ¡La puta madre, me lo estás rompiendo… delll todo!

    La “serruchada” fue calmada, el vaivén con armonía, los movimientos se adecuaban al momento y circunstancia, “cola-bora” con el momento de mi goce máximo, la estrechez de ese ano virgen es de antología.

    Hubiera deseado poder dilatar más el momento de placer, pero la fricción deliciosa estrechez acorta los tiempos, ella incita: -¡Dame, dame mi leche! ¡Dame mi leche!, ¡Acaba me lo estás rompiendo, me gusta, pero me dueeeleee!

    Calentura extrema y suplicante pedido de la hembra aceleran el momento de darle su enema de leche pedida a gritos. Para redondear el gozoso momento que transitaba, la “enema de leche” fue lo suficientemente prolongada para que el fluido caliente sirviera de bálsamo para el irritado recto, tanto ir y venir de la pija en su máxima expresión de romper todo lo que se le ponga en camino.

    Permanecí dentro, tarda en aflojar la rigidez, aproveché para darle unas últimas “movidas” más antes de sacarla. Quedó con el ano enrojecido, dolor pero satisfecha, sabiendo que en la próxima hacerle el “marrón” no le dolería tanto.

    La hice adicta al sexo anal, ella misma lo requería como final a toda orquesta en cada encuentro. ¡Me salió cogedora la vieja!

    Las veteranas me bancaron (sostén económico) hasta superar la circunstancial “malaria” (mal momento). Ahora soy un maduro pero me siguen gustando las mujeres maduras, las que mejor entienden y disfrutan el erotismo y el sexo. En la parte dos de “el pata de lana” 2 contaré otra parte de las andanzas de un valiente cogedor.

    Quise escribirlo con el gracejo y los modismos propios de Buenos Aires, aclarando algunos términos para lo que no conocen la jerga de la época.

    Si eres una mujer madura, te pregunto, quieres ser mi amiga? Dímelo, en [email protected] estoy esperándote.

    Lobo Feroz

     

  • Rompiendo el culo a la directora de mi colegio

    Rompiendo el culo a la directora de mi colegio

    Hace dos años que había terminado el colegio, ahora tenía 18 años y estaba en la universidad, pero en las tardes hacía Uber con el carro de mi padre. Una tarde muy fría como a las 6 pm recibí una solicitud para un servicio de taxi. Al llegar la pasajera era Ana la directora del colegio donde yo había estudiado, la saludé muy contento, pero ella no me reconoció y muy al contrario fue muy cortante conmigo, me dijo que por favor la lleve lo más rápido a su destino.

    Cuando llegamos pagó el servicio y bajó rápidamente parecía que llegaba tarde a su reunión y entró a un edificio, luego de circular unas calles veo atrás y en el asiento trasero había un sobre de manila que había dejado olvidado la directora de mi ex colegio llamé a su celular pero no me contestó, así que lo mejor sería llevarlo al colegio mañana y dárselo.

    En mi dormitorio tenía el sobre manila a mi lado luego de pensarlo mucho y por curiosidad lo abrí con mucho cuidado y había varios documentos que la comprometían seriamente en malos manejos en el colegio que dirigía por ejemplo compras con precios inflados para pagar comisiones para ella. Ya eran las 10.30 de la noche cuando recibo una llamada y era Ana que ahora su voz sonaba amable conmigo muy preocupada me preguntó si había dejado un sobre en mi carro y le digo que sí, entonces preguntó si podía pasar a recogerlo le digo que ya era muy tarde que mañana lo llevo temprano al colegio.

    Cuando estaba en la puerta de colegio la llamé y autorizó para que pudiera entrar, caminar de nuevo por los pasillos me hizo recordar mis años de estudios y también cuando con los amigos del salón la veíamos pasar a la señora Ana y alucinar disfrutando de su enorme culo que era muy deseado no solo por los alumnos sino también por los profesores.

    Cuando llegó a la dirección ella estaba que me esperaba muy ansiosa y me hizo pasar a su oficina e indicó a su secretaria que estaría ocupada y no quería que nadie la moleste y cerró la puerta y pidió que le devuelva su sobre le hice saber que se lo daría pero debemos antes conversar, ahí su cara cambió por completo.

    -No tenemos nada que conversar y si quieres dinero a cambio no te daré nada y me voy a quejar con Uber para que ya no puedas seguir trabajando así que entregarme ya el sobre.

    Como se ponía muy brava conmigo la directora tocaba decir las cosas del frente de una vez y le dije todo lo que sabía de sus negocios turbios y si ella se quejaba con Uber no sería el único que iba a perder el trabajo sino ella también y tal vez podía irse presa.

    -Así que ahora señora directora se va a portar muy bien conmigo sino quiere tener problemas muy serios. ¿Entiendes lo que le digo?

    – ¿Bueno dime cuánto dinero quieres para darme el sobre y no saber nada de ti nunca?

    Yo lo único que quise siempre desde que la vi en el colegio fue gozar de ese culazo que se manejaba y ahora tenía la oportunidad y la iba aprovechar.

    -Un poco de dinero no me caería nada mal pero ahora lo que quiero Ana es tenerte para mi tú siempre has sido mi fantasía siempre.

    -¿Queee…? tú estás bien equivocado yo no soy una puta a mi me respetas… ¡Carajo!

    Hice el ademán que me iba y que todo lo que había conseguido en su carrera en el magisterio se iría al diablo por no aceptar mi deseo que solo sería un momento en cambio lo que se le venía sería para siempre y le cambiaría la vida.

    Antes que llegue a la puerta ella me llamó y resignada a pagar por mi silencio dijo que aceptaba pero sería cuando salga del colegio y diga donde nos íbamos a encontrar, pero para sorpresa de ella dije que luego no tenía tiempo así que los mejor era de una vez cerrar el trato ahora mismo en su oficina.

    -¿Tú estás loco cómo se te ocurre qué acá lo vamos hacer? ¡Acá es muy peligroso así que tampoco abuses de tu suerte!

    De sólo imaginar que tendría ese culazo para mi ya tenía bien dura la verga así que había que demostrar quién mandaban ahora y me levantó y voy hacía ella y bajó el cierre del pantalón y sacó el falo que acercó a sus cara fue tan rápido que no esperaba eso y unos segundos dudo pero me vio tan decidido que comenzó a darle unas pasadas de lengua al glande.

    Ella chupaba con desesperación su lengua subía y bajaba por toda la verga y sus caricias bucales llegaba hasta mis testículos y luego lo metió a su boca su garganta caliente apretaba ligeramente el falo tratando que acabará rápido para de una vez terminar y con su deuda me vaya pero estaba equivocada porque una de mis virtudes era lo que demoraba en eyacular.

    Luego la levante de su sillón de directora donde ella era la máxima autoridad pero para mi ahora era mi puta y que tenía que obedecer a mis caprichos y la apoyé sobre su escritorio levanté sus falda negra hasta la cintura dejándome ver ese enorme culo que fue mi obsesión cuando estaba en el colegio su calzón era blanco y lo fui bajando hasta caer a sus pies y me arrodilló buscando su chucha y comencé a darle una buena sopeada.

    -Ay ay… nooo me hagas esooo… ohhh…

    La directora del colegio se negaba asimismo sentir los primeros síntomas del placer que su cuerpo había comenzado a experimentar cuando mi lengua recorría su vagina le abría esas hermosas nalgadas para llegar también a su ano, mi lengua recorría desde la concha hasta llegar a su ano y Ana empezó a soltar sus fluidos.

    -Ahhh ahhh ahhh ohhh ohhh

    Sus gemidos eran muy débiles para que su secretaria no los escuché y se mordía los labios para eso, ya estaba lista para recibir una buena verga su concha ya estaba lubricada así que bajé el pantalón y dirigí a la entrada de su sexo mi verga y se lo metí de un solo empujón ahí apoyada en sus escritorio tenía bajo control con las piernas abiertas a la directora Ana me la estaba cachando como muchas veces lo había soñado pero ahora no era un sueño sino era la realidad.

    – ¿Ves qué te gusta tu buena porción de verga? ¡Así qué disfrútalo no te hagas la fuerte!

    Daba fuertes embestidas sobre sus nalgas y se sentía muy bien luego metí un dedo luego dos en su ano, ella no quería y con su mano sacaba mis dedos pero luego volvía hacerlo y lo mojaba con sus propios fluidos, y antes que se diera cuenta se lo metí y ella tapó con su mano él grito ahogado de dolor al sentir como la estaban empalando su esfínter se resistía ante él invasor

    -Aggg… uhh uhh uhh meee dueleee ya sácalo por favor…

    Oh sorpresa le estaba rompiendo el culo a la directora del colegio en su oficina mientras todos estaban haciendo sus obligaciones yo cachaba bien rico, la sujete de los brazos y los use como si fueran unas riendas para cabalgar bien sobre esta yegua que sin saberlo me había estado guardando mucho tiempo su recto y ahora me lo estaba entregando.

    -Ayy qué rico Anita ahora te estoy rompiendo el anito yo que muchas veces te veía pasar acá en el colegio y soñé muchas veces tenerte así se me cumplió… ohhh sii que apretado esta tu ojete.

    Ella ya no reaccionaba estaba toda agitada y llena del dolor de su primera vez por el culo Ana jamás hubiera podido pensar que a sus 48 años un ex alumno le rompería el ojete en su oficina, me hubiera quedado toda la mañana metiéndoselo por el culo pero había que terminar así que apure la penetración hasta acabar dejando todo mi semen en su ano.

    -Ahh siii que ricooo recibe tu lechecita bien caliente… yaa me vengo… ohhh ohhh Dios

    Cuando me levanto acomodé mis ropas y la ayude a ella también hacer los mismo y le entregue sus sobre y salgo de la dirección la secretaria me queda mirando como si ella sospechara algo.

     

  • El nacimiento de una maricona

    El nacimiento de una maricona

    Era una etapa en mi vida en la que estaba confuso, había roto con mi novia, no tenía clara mi condición, con apenas 20 años hice un paréntesis en mis estudios para cabreo de mi madre, incluso parecía que me reprochara mi manera de ser y no solo ella, los amigos me apodaban el medio mujer, por ese aire andrógino que tengo, las facciones suaves y mi pelo rubicundo. Me buscaba y no me encontraba. Decidí ir a la aventura y en el primer trabajo que se me presentó lo acepte. Mi madre era todo despecho hacía mi persona, me sermoneó con el clásico “los estudios, para ser un hombre de bien”; en cambio mi padre como si las palabras le explotaran en la boca decía “ahora sabrás lo que es trabajar”. No era para menos, estaba decidido a embarcarme en un carguero, sin haber trabajado en mi vida.

    El primer día me presenté con mi petate a la espalda, el capitán, de unos 60 años, con un bigote de foca y mirada perruna me ayudo a bajar a camarote pequeño donde me mostró mi litera. Tendría que compartirla con otro compañero, era todo el personal de a bordo, no requería más gente una vez cargadas las mercancías solo bastaba vigilar, como me dijo el capitán, un trabajo que dentro de lo que cabe en la marinería no era muy duro.

    Las primeras palabras de mi compañero fueron “vaya, un rubiales” con tono seco y metálico, sin tan siquiera darme la mano a modo de deferencia y lo que me incomodo algo, fue esa mirada inquisitiva a mi persona, sus ojos me escrutaban de arriba abajo tras las gafas de sol de cristal ahumado. Tendría unos 40 años y me ganaba de una cabeza en estatura, llevaba barba de varios días y usaba pendientes de aro, sus facciones eran rudas; sus brazos estaban tatuados; de su pecho salía vello, como si con eso equilibrara su cabeza rapada al cero; era de espaldas anchas, fornido y llevaba pantalón vaquero muy ajustado, por lo cual marcaba bulto.

    Estábamos en plena mar, la brisa marina y el olor a salitre y a grasa de barco se me hacían extraño, aunque lo más difícil de llevar era esa sensación de movilidad del suelo. Estaba cansado, había revisado como me había mandado el capitán los amarres de las mercancías. Mi compañero no me había quitado ojo mientras estuvo en proa hasta que se fue a revisar motores. Su mirada era lateral tras los cristales ahumados, transpiraba a mares, en un momento se secó la cara y me di cuenta de que uno de sus ojos era de cristal.

    Se hizo la hora de la ducha, estaba rendido y tras haberme duchado me tumbé en mi litera con los slips largos, hacía calor. Oí sonidos del camarote del capitán y la ducha la cual estaba usando mi compañero. Su ropa estaba desperdigada sobre su cama. Se abrió la puerta y entró completamente desnudo, su pecho era velludo, de entre sus piernas bamboleaba un pene de considerables dimensiones y sus testículos eran grandes y colgantes, así como un vello púbico abundante. Me sentí algo incómodo, por su parte él se desenvolvía sin ningún complejo. Retiró sus trastos y se tumbó en la litera y me dijo:

    — No pareces muy machote para este trabajo.

    — Bueno, yo estudiaba, quiero ver como es la vida — dije algo temeroso.

    Ni siquiera me prestó atención y se encasqueto los auriculares en las orejas y las conecto al móvil. Comprobé que había cobertura y también miré mi móvil, aunque estaba cansado y pronto lo dejé. Al cabo de media hora no podía conciliar el sueño, la luz me molestaba, me ladeé a ver si el compañero se había dormido y ante mi estupefacción vi que se estaba masturbando con toda naturalidad mirando el móvil; su pene era enorme y estaba completamente erecto, se daba subes y bajas a la piel de su tronco y tanto en cuanto se mojaba el glande con saliva. Su pajeo se volvió más intenso, vi que apretaba los dientes, se agarraba la polla con decisión. Paró y salió un chorro de semen en vertical cayendo sobre su vello púbico, se dio otros subes bajas y volvió a lefar, esta vez le alcanzó el vello del pecho. Quedó tumbado, sus manos estaban llenas de lefa. Apagó la luz. A la mañana siguiente al levantarnos su vello corporal y su pubis parecían esponjas mojadas, el semen estaba seco. El habitáculo apestaba a virilidad. Ese día tuve empalme.

    Llegamos a tierra, una vez allí empezaron las descargas de la mercancía, el olor a puerto de mar y el jolgorio de los estibadores rompía la monotonía de la navegación. Entre el ir y venir de los estibadores llamaba la atención un joven con el pelo teñido de mechones rubios, en cada uno de sus movimientos se le notaba coquetería, incluso penduleaba su trasero. En una palabra, desentonaba en ese tipo de trabajo, donde todos los estibadores eran viriles y masculinos. Los otros saludaron a mi compañero con un “cómo estás garfio” y el impasible, estirado y con el cigarrillo en la boca y sus gafas ahumadas observaba el descargue de la mercancía y, sobre todo, no quitaba ojo al chico afeminado siendo el centro de murmuraciones tales como “lo tiene calado”. Por su parte el joven era receptivo a dichas miradas, incluso exageraba sus gesticulaciones y amaneramientos al verse observado.

    GARFIO

    Toda mi vida la he pasado en cargueros o barcos de pesca por eso me apodan el garfio, aunque lo que me falta es la visión de un ojo, el cual me lo vacié en un lance de pesca hace ya 15 años, he entrado en la cuarentena, mi familia me enseño que hay que trabajar para comer, o eso decía mi padre, aunque él trabajaba para beber. Por eso me enrole en barcos llegando a este pequeño carguero de mala muerte con un capitán venido a menos. Desde joven me han gustado los culos, es decir, SOY MARICÓN; sí, a pesar de apariencia y envergadura me molan los tíos. Soy lo que se llama activo, o lo que es lo mismo, un empotrador. He enculado mucho y he estrenado también muchos ojetes. La naturaleza me ha dotado de un gran rabo (los tan codiciados 20, aunque mi miembro de base a punta alcanza los 22).

    Hace unos días se ha enrolado un joven estudiante, un flojillo, le tengo ganas. Me he insinuado algo, no sé si lo habrá entendido. Pero hoy estoy de suerte, en el muelle hay un estibador joven con bastante pluma y cuando el capitán se ausente creo que subirá a bordo.

    EL NOVATO

    He podido observar como mi compañero de forma descarada se cogía con una mano la bragueta y miraba al estibador, este le respondía con un balanceo de cabeza y al terminar su jornada ha subido a bordo y cuando el capitán se ha marchado se han ido a la ducha. Me he sentido algo cortado, pero actuaban como si yo no estuviera. Me he hecho el despistado cuando los dos salían juntos de la ducha, incluso he tenido que ponerme a un lado para dejarlos pasar. Iban los dos desnudos, se morreaban; los dos llevaban sus astas izadas. El contraste era grande, por una parte el muchacho de mechas iba completamente depilado; el compañero en comparación, como ya he dicho era todo vello. Lo que me llamo la atención fue esa especie de collar de púas como los rockeros que se había colocado alrededor de sus testículos quedando tensados y estirados. Subí a fumar y al rato bajé, se oían ronroneos y quejidos y el chirriar de la litera, así como el golpetear en la pared. Ni siquiera habían cerrado la puerta y pude ver como mi compañero lo enculaba de forma potente y con ganas, a horcajadas a ratos dando pequeños saltos para penetrarlo. Entre en el baño disimuladamente que cae cerca del camarote. Los berridos del chico eran atronadores. Estuve un rato, y sí, me pajeaba. Al salir, me encontré al chaval echando pestes de “hijo puta, es un bestia”. Apenas podía caminar, de su pene goteaba semen y su cara estaba llena de lefa.

    GARFIO

    Vino. Una vez en el carguero le dije que necesitábamos una ducha. Soy limpio. Nos duchamos juntos; era pura finura, ni un puto pelo en su cuerpo; lo morreé en la ducha, quedó impresionado de mi miembro, estaba erecto, me tocó. Salimos. En el pasillo encontré al nuevo; me gusta marcar terreno y pasear mi gloria, por lo que morreé de forma descarada al joven delante del compañero. Una vez dentro del camarote lo senté en el catre y le di polla bucal, es decir, le cañoneé la boca. Fue algo escrupuloso y me dijo que mi vello le daba algo de aversión. Me sentó mal. Lo giré en cuatro patas, le abrí el culo, pasé dedo por su gruta anal, le gustaba. Sin aviso puse mi cipote a nivel de su ano y lo empotré sin compasión. Chillaba, pero al mismo tiempo se pajeaba. Le dije que era un puto mariconazo que tomara polla, que la flipara. Gemía, se quejaba. Le hice un a full. Le clave rabo hasta los topes. Incluso el cabrón se corrió, también lo volteé y le clavé polla en su poca y descargué la primera tanda; la otra fue a parar sobre su cara. Se atrevió a decirme que era un cabrón.

    EL NOVATO

    Hemos vuelto a atracar en otro puerto, el garfio por lo visto tiene un amigo, se apoda el bucanero, también un fornido marinero a semejanza de mi compañero. Usa botas tejanas, es campsp de bigote abundante y usa tejanos marcados, también parece un activo en busca de carnaza. Estaban en cubierta y me miraban, el viejo capitán ha dejado el carguero unos días.

    GARFIO

    Tengo a bucanero, le he dicho que le tengo ganas al nuevo. Hemos enculado juntos a mariconas, le he hecho saber que quiero la exclusividad de ese culo. Me pertenece por orden de prioridades. No ha puesto objeción alguna. Está en cubierta en pantalones cortos, nos acercamos, voy directo…

    EL NUEVO

    Tengo calor, me he puesto en pantalones cortos, me ha sobresaltado garfio, me ha puesto la mano en mis testículos y me ha morreado con lengua. El bucanero me baja los pantalones, me quedo en pelota picada en cubierta, ante mi asombro…

    GARFIO

    Está enrabado, le digo que bajemos al camarote pasándole la mano sobre el hombro, diligente y sumiso obedece, se sabe cazado. El bucanero le abre las nalgas y me hace saber que es un culo kilómetro cero. Lo voy a flipar, cuanto deseaba este momento. Entramos, enseguida lo tumbo en el catre. Mientras me despeloto bucanero le aplica una mamada, el cabrón goza; bucanero le succiona los testículos y lo pajea. No puedo más, llevo enrabe y me voy directo a su boca, le restriego el glande por su cara y después se lo meto en su boca, le atenazo por la nuca, se le hinchan las mejillas…

    EL NUEVO

    No podía apenas respirar tenía toda la polla dentro de mi boca, al mismo tiempo sentía un placer inmenso en mi parte baja, me chupaban la polla y me comían los huevos. Bucanero me gritaba: “¡ahora sabes a qué sabe una polla! Mientras la mantenía dentro. Tenía que respirar por mi nariz, me salían los mocos. Garfio exclamo “¡prepáralo, quiero meter”. Entonces Bucanero me lamió el culo, metía la lengua muy adentro. Era un gozo indescriptible, me metió un dedo, dos dedos, sentía algo de molestia…

    GARFIO

    Bucanero me lo estaba dilatando, al cambiar de postura, lo había envaselinado. Metí mi cipote, ahora era bucanero que le trabajaba la boca. A duras penas entraba mi cipote, era un culo cerrado de cojones, lo cual me puso más excitado. Había elegido está postura en vez del cuatro patas, me gusta ver la cara del nuevo, ver como Bucanero le cañonea la boca. Metí medía polla, no se relajaba, aunque el hijoputa estaba muy enrabado, le di unos pajotazos. Le advertí…

    EL NUEVO

    Con su mirada de tuerto me dijo que me relajara, al mismo tiempo que tenía la polla de Bucanero en mi boca. Notaba escozor en mi culo y como si mi vía estuviera a punto de explotar. De pronto sentí más dolor, pero al mismo tiempo estaba erecto. Me bombeo a fondo, grite, berreé como pude medio ahogado por la polla de Bucanero. Sus embestidas eran como latigazos. Al mismo tiempo me decía “¡ya eres un mariconazo! ¡toma! ¡toma!” al mismo tiempo que me bombeaba. Note una viscosidad caliente en mi boca, me atenazó por la nuca, tuve que tragar.

    GARFIO

    Vi como Bucanero le descargaba en la boca, me puse a mil, empecé a meterle la polla a full, el culo apretado me molaba. El hijoputa se corrió vi como su lefa le llegaba a la altura de su barbilla, el cabrón había deslefado apenas sin mansturbarse. Le bombeé con más rabia y deslefé dentro de su culo.

    EL NUEVO

    Los siguientes días llovió y hubo marejada en el mar, no pudimos zarpar. El capitán se ausento casi toda la semana. Fui fornicado día y noche, a veces en turno, a veces los dos juntos. Era un ser sin peso, las piernas me flaqueaban, todo el santo día tenía semen en mi cuerpo.

    GARFIO

    Hubo suerte y no pudimos zarpar, por lo que pudimos disfrutar todo el día de un culo-boca. Un culo no profanada más en mi haber…

    EL NUEVO

    Volví a casa, era una persona totalmente renovada. Nunca olvidare de las palabras de Garfio: “ha nacido un pasivito, una maricona”.

  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (47/59)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (47/59)

    La noticia llegó durante la cena, al menos para mi, posiblemente Ana y Eduardo la supieran por la reacción que tuvieron al escucharla de Pablo, no interrumpieron la comida cuando a mi se me cayeron los cubiertos de las manos.

    -Estoy recogiendo mis cosas, las más necesarias para marchar. -aunque sabía que eso tenía que producirse mas pronto que tarde, me asombró la forma tranquila de decirlo.

    -¿Cuándo piensas partir? -era la primera pregunta tonta que se me ocurrió, que importancia tenía un día antes o después, como dije Eduardo y Ana siguieron con la rutina de escarbar entre la comida con sus tenedores.

    -Recibiré las últimas notas de la universidad uno de estos días e inmediatamente emprenderé el camino, en realidad ya estoy recogiendo lo imprescindible. -nos quedamos sin hablar, se me había ido el apetito.

    Después le esperé en vano en mi habitación y me desplacé a la suya, la tenía con maletas en el suelo, con calzados y ropas desechadas para tirar al reciclaje, alguna maleta estaba ya cerrada y otras preparadas para terminar de llenarlas.

    En ese momento estaba clasificando carpetas de apuntes y libros, con una caja de cartón donde los iba metiendo, parecía como si preparara su marcha para siempre, dejó lo que tenía en las manos sobre el escritorio y se volvió.

    -¿Qué sucede contigo, piensas desaparecer? -le señalé el barullo de objetos que tenía repartido por toda la habitación. -soltó una corta carcajada y se me acercó, me sujetó de la cintura y me acercó a él para darme un beso.

    -¿Vienes a ayudarme? De verdad lo necesito, no se donde meter todo lo que he ido almacenando.

    -Responde a mi pregunta, vas a esfumarte en el aire como si no existiéramos. -me soltó para reanudar su tarea.

    -Cuando venga, alguna vez, tendré suficiente con una bolsa o maleta, la habitación quiero dejarla vacía y que otros puedan usarla.

    -Esta será siempre tu habitación, hay sitio de sobra en la casa. -entonces se me quedó mirando, creo que con miedo.

    -¿Quieres venirte conmigo, vivir a mi lado en la hacienda? -no había pensado que me llegara esa pregunta y me quedé callado.

    -Pero Eduardo…, está enfermo…

    -Él tendrá quien le cuide, Ana María por ejemplo, y también tiene cercanos a Oriol y David, a Tomás y todos los médicos que necesite.

    Me había quedado petrificado, sin saber que responderle, deseaba decirle que si guiado por mi corazón y que pasara lo que fuera, pero por otro lado no deseaba marchar y dejar esta casa, mis estudios que empezarían en Septiembre, también estaba Eduardo. Todos mis intereses estaban en juego y yo no lo había meditado, valorado, tenía que jugármelo todo en un segundo.

    Pablo me volvió a abrazar y puso la boca sobre mi pelo dándome pequeños besos.

    -Ven aquí, perdona mi petición, no tengo ningún derecho a comprometerte pidiéndote que renuncies a la vida que de verdad va contigo. Tu estarás mejor aquí que allí entre barro y caminos polvorientos.

    -¡Ohh! Pablo, no puedo dejarlo ahora, sabes que deseo marchar contigo pero también voy a serte sincero. Tú eres igual que Álvaro, lo que os impele a vivir es vuestro trabajo…, ¿yo quedaría para atender la casa?, ¿serviros a ti y a tu tío? Tú todo el día ocupado en el campo.

    -Calla, no digas más, ya te he dicho que tu vida está aquí, en la ciudad, al abrigo de problemas, ha sido mi egoísmo el que me ha hecho hablar y pedirte que te sacrifiques. -me puse a llorar como un niño abrazado a él, Pablo estaba echándose todas las culpas para que no me sintiera mezquino y ruin.

    No eran lágrimas las que resbalaban por mis mejillas, se habían formado ríos que él aparaba de mis mejillas humedeciéndose la mano, o absorbiéndolas con sus labios.

    -No llores Ángel, lo siento, lamento haberte hecho llorar. -me salían hondos suspiros que expandían mi pecho, me dolía tanto que tuviéramos que separarnos que se me encogía el pecho.

    Me tuvo abrazado muchos minutos, hasta que consiguió que me calmara, que el ruido de la tormenta que bramaba en mi interior se convirtiera en mansa y suave lluvia, me besaba diciéndome apelativos cariños y bonitos.

    -Bebé querido, mi niño hermoso, siempre estaremos unidos aunque vivamos alejados, vendré a visitarte y tu puedes ir cuando quieras, allí tienes dos casas, la de Victoria y la mía, y si alguna vez piensas de otra manera puedes ir a vivir allí definitivamente. -consiguió que sonriera haciéndome ver que todo era sencillo y restando importancia a su partida.

    -Venga, ayúdame a recoger un poco esto para que no parezca una leonera. -no sabía exactamente el tiempo que Pablo llevaba viviendo en está casa pero había conseguido coleccionar increíbles recuerdos, y almacenar ropa que no usaba, calzados viejos. A pesar de todo, nada parecido a lo que yo tenía en mis armarios.

    Cuando terminamos, o dio por finalizado la labor, era muy tarde.

    -Mañana no tenemos prisa para levantarnos, ¿qué te parece si estrenamos la piscina? -llevaban más de dos semanas preparando el pabellón de verano y la piscina exterior, bajo las órdenes de Tomás, que a su vez las recibía de Ana María, y hoy la habían aditivado con los productos químicos para empezar a usarla.

    -Los que la cuidan han dicho que no se use hasta mañana, lo que le han echado necesita estas horas para emulsionarse en el agua. -de momento no me respondió y sacó un bañador del armario, empezó a desnudarse para cambiarse ropa.

    -Venga miedoso, ¿vas a quedarte mirándome?, ve a tu habitación y coge un bañador, no te va a pasar nada, como mucho que tu delicada piel se te ponga roja. -mi tiró a la cara el slip que se había quitado y marché a mi habitación para hacer lo que me pedía.

    Corrimos descalzos sobre las baldosas frías, Pablo reía divertido por nuestra travesura de niños, solamente lucían encendidas las luces bajas del césped y las altas farolas que se alzaban a lo lejos sobre los muros, en el pabellón busco los mandos de encendido pero solo conectó el interruptor de las luces que estaban dentro del agua.

    No podía contener la risa cuando le gané, con holgura, en la carrera que hicimos. A pesar de que hacía meses que no practicaba la natación no había perdido mis facultades y ritmo. Soplaba una ligera brisa que venía del mar pero el agua estaba más caliente y con el ejercicio no notábamos el frescor.

    Cuando nos cansamos jugábamos en el agua, meciéndonos tendidos con los brazos extendidos, mirando el cielo con bastantes nubes que no conseguían cubrir todas las brillantes estrellas y la media luna.

    Pablo extendió una mano para coger la mía y seguir mirando las extrañas figuras que se formaban en el cielo.

    -Es hermoso Pablo, me gusta. -apretó mi mano.

    -En el campo las noches también son hermosas y el cielo inmenso.

    A la salida del agua teníamos que volver corriendo, no habíamos llevado toallas, y una cosa era estar inmersos en la calidez del agua, a estar al fresco aire, bajaba la temperatura muy rápido para castigarnos nuestra nocturna travesura.

    Mientras me secaba me abracé a él y me llevó a la cama, cogido como a un niño pequeño que no le pesara en los brazos.

    -¿Me dejas dormir contigo?

    -Va a ser algo más que dormir gatito. -unimos nuestras bocas para caer revueltos en su cama.

    Me folló divino, con mil posturas, puro “kamasutra”. Me daba por el culo con su polla dura y soñaba que le tenía a todo él metido en mi vientre, me chupó la polla y yo hice lo mismo, me comió el culito y yo se lo chupé menos tiempo.

    Hizo que me corriera y fueron varias las veces, pero recuerdo su semen escurriendo de mi ávida boca, y como él buscaba con la lengua en los recovecos de mis dientes, y como me lamía la cara para que no se perdiera nada. Esto lo recuerdo muy bien porque fue lo últimos que hicimos antes de dormirnos rendidos.

    ———————————o

    Pablo se marchó. El tiempo, a veces, corre como la luz y otras se vuelve eterno. Para los dos días que le quedaban de estar aquí cogeremos el primer supuesto.

    Volvía a sentirme, de alguna manera, solo, pero no me duro la sensación mucho tiempo. Eduardo me pidió que invitara a mis amigos, y Alberto junto con Oriol llegaban casi día sí, día no para satisfacción de Ana María, y mía. David casi no venía. A veces era yo el que iba a la casa del doctor Salvatierra, que era también la de mis amigos.

    Por otro lado tenía que continuar atendiendo los compromisos de Eduardo.

    Una vez fue con un hombre de estatura pequeña, era más bajo que yo, no llegaba al metro sesenta, junto con su cuerpo de talla adolescente gozaba de una verga muy grande para su tamaño, me la dio por el culo dos veces, me hizo gozar de su bella verga, como siempre cuando sentía un glande apretando en mi ano no importaba de quien fuera, mi culito no cambiaría nunca y seguía funcionando independiente, él seguía unas pautas que no le marcaba mi cabeza.

    La siguiente se trataba de un abuelo con su nieto, el señor, elegante y algo altivo, quería complacer a su nieto, o sería a él mismo, para mostrar a su joven descendiente como se puede follar a un puto sin perder la dignidad y seguir siendo muy macho.

    Era una excepción en la regla, sentía curiosidad cuando entraron en mi habitación donde los esperaba preparado y tomando un refresco. El señor sin saludar, me ordenó que me desnudara, solo tuve que que dejar caer la bata que me envolvía para quedar desnudo a su vista.

    Miré la cara del chaval, más joven que yo, mientras su abuelo me analizaba y pasaba las manos por mi cuerpo. Estaba algo aturdido sin perder detalle de las manos de su abuelo cogiéndome la verga aún floja, metiendo las manos entre mis nalgas hasta llegar al ano y ordenarme que me inclinara para tener a la vista mi fruncidito agujero.

    -Este es un puto, ¿lo ves? Te voy a enseñar como se le da por el culo y luego lo harás tu. No quiero volver a saber que tu primo te la mete a ti, no quiero que seas un puto maricón.

    Si te gustan los hombres que sea para darles verga, tienes que ser un hombre, ¿me entiendes? -el chico no le respondía solo se encogía sobre si mismo temeroso y asustado, no sabía si el miedo se lo producía yo o aquel abuelo iracundo.

    La intención del vejete estaba clara, sin preámbulos me ordenó arrodillarme al borde de la cama y abrir las piernas.

    -Quítate la ropa y vete sobando la polla para calentarla. -le ordenó altanero a su nieto, el momento no resultaba agradable, ni erótico por supuesto. Se fueron desnudando, el señor mayor a toda prisa y al chico le costaba librarse de los botones de su camisa.

    El abuelo esperó desnudo a que su nieto se quitara toda la ropa mientras se masajeaba una verga ni muy grande ni muy corta, el chico me inspiraba lástima, se cubría con las manos una pollita casi inexistente y bajaba la cabeza intentando ocultarla sin atreverse a mirarme. Aquello, más que un premio para el chico resultaba un castigo.

    No me lo esperaba, el señor se inclinó detrás de mi y me preparé para recibir su miembro de golpe, no fue así y lo que hizo fue comenzar a lamerme el culo e intentar meterme la lengua en el ano.

    No era su primera vez, aquel abuelo había comido mucho culo y su boca y lengua estaban experimentadas en la labor que me hacían, un minutos después conseguía que gimiera, agradecido por no resultar como yo esperaba, al contrario sentía muy rico como quería meter la barbilla en mi culo y luego eran sus labios húmedos besándomelo y la lengua penetrando.

    Veía al chico de abajo arriba, invertido como me tenía el abuelo, él miraba ahora curioso la mamada de culo que su familiar me daba, eso llamaba su atención, el pobre chaval era más pasivo que yo y lo que le gustaba era precisamente lo que me estaba haciendo su abuelito.

    -Acércate, mira bien como se trata a un buen puto, hay que mimarlos para que nos abran el culo y nos den placer. -al abuelito le gustaba ser muy macho y también el sabor de un buen culo.

    Poco después me tenía muy caliente, era un genio, uno de los mejores comiendo culo que me había encontrado, no desmerecía de los mejores, tampoco había perdido la rigidez del pene, y después de castigarme las nalgas con pequeñas e indoloras palmadas, y golpes en el ano con el pene, lo apuntó en mi culo hambriento de ganas de verga en ese momento, me lo metió de una tirada sin detenerse, en un segundo tenía sus huevos pegados a los mios.

    También sabía como follar, o era mi agradecido culo que no sentía escrúpulos ante cualquier polla generosa, afincó las manos, grande manos, en mi cintura y me llevaba y atraía enterrándome la polla con mucha fuerza, no duro lo suficiente para que me corriera sin tocarme y cuando se vaciaba los cojones me cogí la polla y la meneé para correrme tras él.

    Bufaba y gruñía tendido sobre mi espalda hasta que me desplomé sin poder aguantar su peso.

    -¡Ohh! Que rido culo, que rico.- daba los últimos estrincones al perder profundidad por estar tumbados y mi nalgas cerradas. El pese se fue saliendo y le costaba poder levantarse.

    -Ahora te toca a ti, fóllatelo y hazte un hombre. -inmediatamente me dispuse para que el chico me la metiera y me puse arrodillado con el culo subido, se colocó como su abuelo y empujó para entrar, no tenía la vega dura y se le torcía sin poder penetrarme.

    -Hasta para esto no vales, solo vas a servir para que te la metan. -el mayor estaba enfurecido y a cada momento al muchacho, asustado, se le bajaba la polla. Su abuelo se la cogió y le apretaba la punta enchufándola en mi culo, pero ni por esas.

    -Eres un inútil.

    -Por favor abuelo, no puedo. -el chico lloriqueaba.

    -Señor, es mejor que lo deje a mi cuidado, le pone nervioso y así es imposible. -el hombre me miró con desconfianza, yo me había sentado en la cama con el culo bañado en su semen y le iba a rogar que me dejara hacer.

    -Está bien, espero que le enseñes y le hagas ser un hombre, voy a confiar en ti. -pasó al baño para limpiarse y me dirigí al chaval cogiéndole la mano retirándosela de su pene.

    -¿Como te llamas? -le hable con suavidad y sonriéndole, con la mano que tenía libre se limpió los ojos.

    -Etel. -me miró por primera vez a los ojos, los suyos estaban cubiertos por unas pestañas largas que se enredaban, las de arriba entrelazándose con las de abajo.

    -Un bonito nombre Etel, el mío es Ángel. ¿Sabes? Yo si creo que lo puedes hacer, a mi me pasaba lo mismo. -tiré de su mano y lo acerqué hasta tenerlo entre mis piernas y coloqué los labios sobre la blanca piel de su pecho, le besé y el chico se estremeció, su piel era muy sensible a los toques, mi polla se apoyaba en su pierna y bajó la mirada hasta ella.

    No dio tiempo para más cuando su abuelo salió del baño.

    -Espero que sepas lo que haces y me lo vuelvas hecho un hombre. -el señor se dirigía a mi y sin esperar respuesta salió de la habitación.

    Me tendí en medio de la cama, el chico me miraba azorado, perplejo y también sin miedo al encontrarsse a solas conmigo.

    -Ven Etel, túmbate a mi lado. -me obedeció y se subió a la cama colocándose mirando hacia mi.

    -¿Qué te gusta que te hagan o a ti qué te gustaría hacerme? -el chico se puso rojo y calló, pensé que tendría que emplearme a fondo.

    -Mira Etel, eres un chico muy guapo, me gustas, (su nariz era un poco grande pero a su rostro le sentaba bien), tu abuelo te ha dicho lo que yo soy, un puto que estoy para darte gusto y hacer lo que te apetezca, ¿de acuerdo? Responde a mi pregunta.

    -No lo se, Miguel solo me la metía igual que el mayordomo del abuelo, me hacían daño y me dolía, también me gustaba y no les decía que no, yo los buscaba a veces, luego el abuelo echó al criado.

    Me acerqué a él y le acaricié la mejilla.

    -¿Te gusto yo? -me acerqué aún más hasta que nuestras bocas se comunicaban el aliento.

    -Si que me gustas, mucho, me gustaba como el abuelo te la metía. -si la cara la tenía roja, los labios le ardían, posé mis labios sobre los suyos despacio para no asustarle, al principio se mantuvo estático pero no me aparté hasta que sentí que se relajaba y suspiró en mi boca.

    -Lo vamos a pasar muy bien ya verás, déjame hacer a mi…, soy muy bueno, un puto profesional que hará que este niño sepa lo que es el sexo. -mordí su labio inferior y él sacó una risita nerviosa.

    Besaba su rostro pidiéndole que él hiciera lo mismo con el mío, que no se cohibiera.

    -Haz lo que tu desees, no hay nada malo y puedes hacer lo quieras conmigo. -el muchacho respondía sin mucho entusiasmo, a la vez que le besaba acariciaba las tetillas que se se le ponían duras, las tenía ligeramente rellenas, como las de una chica pequeña y comencé a chupárselas comiéndole las aureolas.

    ¡Ahh! -exclamó a la vez que cogía mi cabeza y la pegaba a su pecho. Se las chupe unos minutos consiguiendo que gimiera y comenzará a abrir las piernas hasta ahora apretadas.

    -Volví a besarle la boca y me respondía, su lengua se hundía en mi boca buscando con timidez mi lengua.

    -Tus tetitas están gorditas, y muy ricas Etel, ¿nunca te las habían chupado?

    -¡Ohh! No, nadie lo ha hecho. -juré por lo bajo contra todos esos egoístas que no piensan en los demás, que se dedican a destrozar a las personas pensando solo en su placer.

    El pequeño pene del chico se le estaba endureciendo.

    -Voy chuparte la polla, tú haz lo que te apetezca, si quieres hacer lo mismo estará bien, pero no estás obligado, ¿de acuerdo? -le coloqué de costado, con mi cabeza entre sus piernas y el con mis virilidades cerca de su cara, por si se animaba.

    Su lindo penecito no tendría más de trece centímetros y sus huevitos también eran pequeños, envueltos en la bolsa escrotal blanca como toda la piel de su cuerpo, tenía muy poco vello en el pubis. Se la cogí con dos dedos y la dirigí a la boca , saqué la lengua y le lamí el glande muy rojo, se retrajo haciendo que se me escapara de los dedos y dejó salir un pequeño grito.

    -No te la voy a arrancar. -sabía que ese no era el motivo y saqué una risita de placer.

    -Perdona, no es por eso, ha sido rico. -el muchacho iba entrando en confianza, lentamente pero se iba entregando al placer y empezó cogiéndome las piernas y acercando la nariz a mi polla.

    Ya me había comido todo su polla entera, la tenía dentro de la boca acompañada de sus huevitos, él como máximo se atrevía a darme alguna lamida en el glande y a tantearme los testículos pasando las manos por el escroto, no me extrañaba porque eran muchas las sensaciones nuevas para él que sentía.

    Avancé un paso más y dejé de atender con la boca sus partes viriles para lamerle el perineo, lanzó un grito al sentir mi lengua cerca de su rosado anito.

    -¡Uuuuuummm! -veía palpitar el anillo de su ano antes de posar mis labios sobre él. Etel ahora gemía sin parar a la vez que se contraía, su culito cedía ante mi exigente lengua que lo hería.

    -¡Ahhh! Dios, sigue Migue, chúpame rico primito. -se quedó parado un segundo sin moverse, se había percatado de que me confundía con su primo. Yo continuaba lamiendo su culito adorable, lindo y de un gusto exquisito.

    -Métemela Ángel, dame tu verga por el culo, por favor. -esa no era mi idea aunque no la descartaba.

    -Primero tu Etel, tu tienes que follarme a mi.

    -No voy a poder.

    -Lo harás Etel, yo te ayudaré, el trato es: primero me la metes tu y luego te daré por el culito como quieres. -no dijo que no, ni afirmó, solo me agarró la polla que la tenía muy dura y excitada.

    -¡Ohhh! tu verga Ángel, tiene que saber muy rica en mi culito. -ya era mío. Le coloqué sobré mi abrazándole con las piernas por su cintura para tenerlo sujeto, me tenté el culo con los dedos, aún continuaba saliendo el semen de su abuelo, lo tenía suficientemente lubricado y abierto para el tamaño de su verga.

    Le miraba directamente a los ojos ahora abiertos como platos, asustado, y le cogí la polla, se le había reducido y comencé a masturbarle.

    -Bésame Etel, déjate guiar bonito, me vas a follar y bien rico. -ahora tenía mucho trabajo para hacer, una mano para atenderle la polla sin dejar de movérsela, arrimando el glande hasta rozar con mi ano; con la otra le empujaba de la nuca para que nuestras bocas no perdieran el contacto y mis piernas le oprimían la cintura impidiendo que se retirara.

    O los besos…, o mi mano, consiguieron el milagro y su verguita volvió a coger consistencia y crecer hasta su máximo esplendor. La enfoque en la entrada de mi culo que deseaba engullirla, atraparla y meterla dentro.

    -Ahora amor, empuja, ya vas a entrar. -el chico aplastó los labios en los míos y los talones de mis pies sintieron como encogía el culo haciendo fuerza para penetrarme.

    Era una sensación maravillosa, única, sentir la cabecita de la polla entrando en mi culo, como toda ella resbalaba metiéndose en mi interior hasta que sus testículos quedaron en la entrada haciendo tope.

    Etel se apartó de mi boca para mirarme incrédulo.

    -¿Estoy dentro de ti? -se le encendía la mirada sin terminar de dar crédito a lo que terminaba de hacer.

    -¿Te gusta mi culo Etel? ¿Estás bien amor?

    -Está calentito y suave. -le abracé entusiasmado y empecé a apretar y a aflojar el ano.

    -¿Qué haces Ángel? – me sonreí por el profundo placer que sentía al tener encima de mi aquel chiquillo necesitado.

    -Ahora tu, amor, vas a empezar a salir y entrar de mi lentamente, fóllame rico, ahora eres mi hombre, mi macho.

    Etel no se hizo de rogar y siguiendo mis indicaciones me follaba con viveza hasta que él tomó el control, a veces se le salía la polla y con rapidez la agarraba para volver a meterla entusiasmado de su hazaña, pero también disfrutaba y gemía dándome besos y dejando caer la baba en mi cara.

    Al final el chiquillo se corrió convulso clavado en mi cuerpo, pataleando de gozo, y yo pensaba que era una lástima que su verga no tuviera algunos centímetros más y que fuera más gruesa, pero era posible que sucediera, Etel aún era muy joven.

    Yo no me había corrido con él, si con su abuelo, y tenía ganas de metérsela. Se lo hice con suavidad, delicadamente, haciéndole sentir mi polla dentro de su riquísimo culo aun prieto y casi virgen, observaba detenidamente sus gestos para adivinar lo que sentía. El rictus que se le formó en la boca me alarmó cuando aún no le había entrado la mitad de mi verga.

    -¿Estás bien Etel? ¿Te hago daño? -abrió los ojos para mirarme.

    -Está muy rico Ángel, ¡ohhh!, sigue me gusta, me gusta mucho. -sonreía con la boca abierta mostrando sus pequeños y blancos dientes, bajé la cabeza y le besé la frente.

    -Tu si que estas rico Etel. -tenía que contenerme para no entrar de golpe. Continué con mi tarea, procurando seguir sin hacerle daño y que disfrutara desde el principio hasta que llegue al final y todo mi rabo estaba dentro del chico.

    Me quedé quieto un segundo y él llevó una mano donde nuestros cuerpos se encontraban en contacto.

    -¡Ángel, me la has metido entera!

    -Si bebé, ya está, tienes mi polla dentro de ti, voy a parar un momento mientras de adaptas luego quiero follarte con ganas, tu culito esta delicioso.

    Momentos después Etel me daba muestras de que se encontraba bien y que su culo necesitaba sentirme más y con lentitud al principio comencé a bombearle.

    Seguirá…

  • De sorpresa en sorpresa

    De sorpresa en sorpresa

    Estaba en una habitación del Hotel Balneario de la Isla de la Toja, una habitación con un gran ventanal desde el que se veía el mar, con una mesa y unas sillas, con baño, WI-FI, teléfono, caja fuerte, televisión satélite, carta de almohadas, (plumón, lana, látex, silicona…) Y albornoces y zapatillas para uso interno.

    Llamaron a la puerta de la habitación, abrí vistiendo un albornoz y sin nada debajo. Allí estaba Diana, más bella que nunca. Llevaba puestos una minifalda negra, una cazadora gris, una blusa blanca y calzaba unas botas altas de mosquetero. Le dije:

    -Hola, preciosa.

    Entró en la habitación. Su voz sonó cómo un reproche cuando me dijo:

    -Lo nuestro es siempre hola y adiós.

    La cogí por la cintura y la besé. Me correspondió, pero sin efusividad. Le pregunté:

    -¿Ya cenaste?

    -No.

    -Me alegro. Dos langostas iban a ser demasiado para mí.

    Nos sentamos a la mesa, en la que había dos langostas y dos botellas de albariño, pan…

    Diana ya llevaba media botella de Albariño, cuando me dijo:

    -Tengo que decirte algo, José.

    -¿Lo qué?

    -Que ya no me conformo con tenerte a escondidas.

    -¿Con qué te conformarías?

    -Quiero ocupar el lugar de mi tía.

    -Tú, eres tú, y mi esposa es mi esposa.

    -Entonces esta es la última vez que nos vemos.

    Me quedé de piedra. Solo se me ocurrió preguntarle:

    -¿Quieres que juguemos o te pido un taxi?

    -Ya que estoy aquí. Me voy a despedir como es debido.

    Se levantó de la mesa y puso en su teléfono móvil el clásico, You Can Leave you Hat on. Me senté en el borde de la cama. Creo que el albariño la había puesto contenta.

    Elevó los brazos y movió con sensualidad su cabeza, brazos, cintura y caderas. Se quitó la cazadora y la arrojó al piso, sin dejar de mirarme a los ojos y de bailar con movimientos sensuales, se fue quitando la blusa botón a botón. Se bajó la cremallera de la falda y la dejó caer al piso. Volvió a levantar los brazos y se contoneó antes de quitar el blanco sujetador… Lo quitó muy, muy lentamente, y después me lo lanzó a la cara. Se dio la vuelta y bajó un poco las bragas. Vi parte de sus morenas nalgas moviéndose con ritmo. Se bajó las bragas, las dejó caer al piso, y al darse la vuelta, ¡Sorpresa! Se había dejado crecer el vello púbico. ¡Que pedazo de mata de pelo negro se gastaba! Ya estaba empalmado, pero se me puso, dura, dura, dura. Acabando la canción, Diana, solo con las botas puestas, se arrodilló y vino junto a mí, gateando y contoneando el culo. Al llegar a mi lado me abrió la cremallera del pantalón, la sacó y me la chupó sin manos. Le acaricié la cara e hice que se pusiese en pie. Yo también tenía una sorpresa para ella. Quité la colcha de la cama con mucho cuidado y Diana vio la sábana cubiertas de pétalos de rosa.

    Tenía una sonrisa en los labios cuando se echó sobre los pétalos y cerró los ojos. Después me dijo:

    -Necesito sexo. Cuando bebo me pongo muy cachonda.

    Cogí cuatro cuerdas en el cajón de la mesita de noche y la até de pies y manos a los pies de la cama. La amordacé y luego le puse una venda en los ojos.

    Sintió mis pasos alejándose, y me preguntó:

    -¿A dónde vas?

    Abrí la puerta, y allí estaba, la chica que había contratado. Una scort de lujo. Rubia, de ojos azules, alta, delgada, con buenas tetas, guapa… Traía un maletín en la mano.

    Wanda, que era su nombre de guerra, se echó al lado de Diana, Diana olió el perfume de Wanda y se quiso desatar. No le gustaban las mujeres, pero estaba atada y bien atada. Wanda, la quiso besar, Diana le hacía la cobra. Yo quité el albornoz. Me senté en una silla y comencé a menearla mirando para ellas.

    Wanda, le sujetó la cara con las dos manos a Diana y le dio un pico largo, muy largo, al quitarle las manos quiso darle otro, pero Diana, refunfuñando, se volvió a retorcer y a negarle sus labios. Así estuvieron un rato. Luego, Wanda, le dijo:

    -Nunca me había pasado esto. Me estoy mojando tanto que necesito tocarme.

    Wanda, que venía vestida con un abrigo de pieles negro, se lo quitó y quedó solo con sus zapatos negros con tacones altos y de aguja. El contraste era maravilloso, una morena preciosa, con tetas grandes, areolas marrones, gordos pezones y coño peludo y una rubia, bella, de tetas medianas, areolas color carne, pezones pequeños y coño rasurado. Las dos tenían unos cuerpazos… Wanda, después, con una mano, le fue cogiendo las tetas, chupándoselas, magreándoselas y lamiendo, besando y mordiendo los pezones, y con la otra mano se metió dos dedos en su coño. Diana y yo oímos el chapoteo que hacían sus dedos en el coño. Estaba realmente mojada. Después de comerle las tetas largo rato, volvió a intentar besar a Diana. Le volvió a hacer a cobra. Wanda, me dijo:

    -Bésala tú mientras yo le como el coño.

    Quise besarla y apartó su boca. Sus ojos me decían que estaba enfadada conmigo. Volvió a intentarlo Wanda. Le pasó la lengua por sus labios. Diana se quedó quieta y se dejó hacer… Luego, Wanda, metió la cabeza entre sus piernas y le comió el coño. No vi si estaba mojado o no, pero era de suponer que más que mojado, debía estar empapado.

    Pasado un tiempo, Diana, movía su pelvis de abajo a arriba, de arriba a abajo y alrededor buscando el orgasmo. Wanda, que andaría en lo 20 años, era muy profesional, cuando sintió que Diana se iba a correr, dejó de lamer, le acarició el clítoris con dos dedos, le puso una mano en el cuello, cómo queriendo estrangularla y le comió la boca. Diana, sin poder respirar más que por la nariz, comenzó a correrse. ¡Pedazo de orgasmo tuvo! Tanto se retorció con el placer que sintió que pensé que iba a romperse.

    Cuando le quitó la mano del cuello y dejó de besarla, exclamó:

    -¡¡¡Aaaaah!!!

    Le quité la mordaza y la venda de los ojos y vio a quien la había hecho disfrutar y a mí con un empalme de cojones. Se sentó en el borde de la cama, y me dijo:

    -Dijiste que iba a ser un hombre, cabrón. Ahora, Fóllala. Quiero ver cómo la follas.

    Desatándola, le dije:

    -Te dije que habría sorpresas, y no, no la voy a follar, no la contraté para eso.

    Wanda, estaba caliente. Me dijo:

    -No te voy a cobrar más de lo que ya te cobré si lo haces.

    Diana estaba empeñada en que follara a Wanda.

    -Anda, anda, fóllala. Quiero ver cómo la follas.

    No iba a follarla. No le podría pedir lo que estaba dispuesto a pedirle después de follar con otra mujer.

    -Si tiene ganas que se haga un dedo.

    -¡Qué cruel eres! Fóllala y te hago algo que nunca te hice.

    Wanda, no se quería perder la fiesta. Le preguntó a Diana:

    -¿Y si me hago un dedo mirando lo que le hacéis?

    Le pregunté a Diana:

    -¿Puede quedarse a mirar, Diana?

    Diana, estaba decepcionada.

    -Tenía que ser un hombre, cabrón. Quería una doble penetración, anal y vaginal.

    Wanda, tenía de todo.

    -Tengo un arnés con una polla de plástico, si te vale…

    -No creo que me guste que me metan un plástico por el culo.

    -Bien lubricado, para una penetración anal es mejor que una polla.

    Se animó

    -A ver si es verdad.

    Diana, se levantó, la besé en la boca, Wanda le besó el cuello. Mientras le comía sus deliciosas tetas, Wanda, se puso el arnés. Volvió y trajo con ella el lubricante. Le comí el coño y Wanda le comió el culo. Después me eché sobre la cama, Diana, subió encima de mí, cogió mi polla se la metió en el coño, y me folló. Wanda, detrás de ella, la nalgueaba y le lamía el periné y el ojete. Le lamió la columna de abajo a arriba y de arriba a abajo. Se la acarició con sus tetas… Le cogí las tetas, se las magreé y se las mamé. Cuando Wanda le metió la polla e el culo, de su boca salió un:

    -¡Que rico!

    Wanda, le folló el culo dándole caña de la buena. Diana me la dio a mi, hasta que se puso tensa, levantó la cabeza, y exclamó:

    -¡¡Yaaaa!!

    Mis cojones quedaron empapados y su coño lleno de leche.

    Al rato estaba encima de la cama y de los pétalos de rosa, en la misma situación que estuviera Diana, atado, con una venda en los ojos y amordazado.

    Estuvieron un rato ausentes. Debieron ir al baño… Al volver, rompieron todas las reglas, iban a hacer de un cristo de mí… Sentí el fresco perfume de las dos, a mi izquierda, mientras besaba mi cuello, el perfume con aroma azahar de Diana, y a mi derecha, otro perfume también muy agradable. Una mano meneaba mi polla y la otra acariciaba mis pelotas. Me besaron las dos al mismo tiempo. Sus perfumes se confundían. Me comieron las tetillas. Bajaron, lamieron y chuparon las pelotas y me masturbaron a dúo, como a dúo me lamieron el glande… Por separado me mamaron la polla… Estaba ya como una moto cuando una de ellas subió encima de mi y me cabalgó. El perfume que me llegaba era a azahar. Me moría por comer las tetas de Diana, pero no me las dio a mamar.

    Wanda había desaparecido. En un momento que Diana paró un instante de cabalgarme. Sentí el ruido inconfundible de un vibrador. Wanda, se estaba masturbando. Comencé a correrme dentro del coño de Diana, que al sentir mi leche calentita dentro de ella, desbordo. Sentí un torrente de flujo bañar mi polla, y la voz de Wanda, que decía:

    -¡Me Vengo!

    Me habían engañado, en el servicio se habían cambiado los perfumes. Acabándonos de correr, sentí a Diana decir:

    -¡¡Qué riiiico!!

    Después de esto sentí sus gemidos. Se estaba corriendo.

    La habitación quedó en silencio. No me gustó nada. Me daba que iba a legar la tormenta y todos los rayos iban a Caer sobre mí.

    Lo primero que sentí fue el ruido del vibrador. Luego lo sentí haciendo cosquillas en mi polla. La que lo estaba usando sabía lo que hacía. Jugó con él en mi ojete… Mi polla ya estaba tiesa de nuevo. Diana, me besó y supe que era Wanda la que usaba el vibrador, o no, o que se yo. Lo que sé es que sentí un latigazo en una de mis nalgas que me hizo saltar en la cama. Quise llamarle por su nombre a la que me largara, pero estaba amordazado y de mi boca solo salían ruidos y más ruidos. Diana me quitó la venda de los ojos, vi que tenía en una mano un una fusta. Le largó con ella en las nalgas a Wanda.

    -¡Traaaas!

    -¡Lámeme los pies, buscona!

    -Scort.

    A Diana la conocía bien, cuando se calentaba, daba fuerte de cojones, y fuerte le dio.

    -¡¡Traaas!!

    -¡Buscona, de lujo, pero buscona!

    -Soy…

    Le volvió a largar en el culo.

    -¡¡¡Traaas!!!

    -¡Tú eres lo que yo diga, zorra!

    Wanda le lamió los dedos, se los chupó. Le levantó los pies y le lamió las plantas…

    -Ahora el coño.

    Me fijé y vi que Diana tenía el interior de sus muslos mojados. Wanda lamió esa humedad antes de comerle el coño.

    Minutos más tarde, le decía:

    -¡Ahora cómeme el culo, perra!

    Se lo comió sin rechistar…

    Estaba Diana disfrutando con la comida de culo, cuando Wanda se levantó, la agarró por el cuello y la tumbó en encima de la gran alfombra que cubría el piso. Le dijo:

    -¿¡A quién quieres dominar tú, gatita, a una pantera?!

    -¡¿Pantera?! ¡Rata, que eres una rata!

    Empezaron a pelearse…Tirándose de los pelos rodaron por la alfombra. Se apretaron tetas contra tetas y se rozaron los coños hasta que se quedaron mirando una para la otra. Se besaron, y de tirarse de los pelos pasaron a acariciárselos mutuamente… Wanda, que era la que tenía oficio, dio un giro de 180 grado, le puso el coño en la boca y le comenzó a comer el coño a Diana, Diana no se había visto en otra igual, ni yo, que me moría por menear la polla y no podía tocarme. En fin, que Diana nunca comiera un coño, pero todo fue empezar. Se lo comió y se lo comió con ganas. Yo pensaba que para no gustarle las mujeres, saboreaba bien aquel coño. Mi polla no pensaba nada. Tenía el ojo solo llorando cómo un niño al que no le dan el caramelo que quiere.

    Al tiempo, a Diana, se le empezó a llenar la boca de jugos. Wanda se estaba corriendo. Con el morbo que le dio haber hecho correr a otra mujer, y por la lengua que lamía su coño, que todo hay Que decirlo, empezó a correrse ella. ¡Corridón! Ya Wanda había acabado de gemir y de sacudirse y aún ella llevó unos segundos temblando con el placer.

    Al acabar se quedaron boca arriba sobre la alfombra. Luego, sin darse un triste beso, se levantaron, Diana volvió a coger la fusta, me miró, y me preguntó:

    -¿Qué miras, cabrón?

    Me dio otra vez con la fusta, esta vez en la entrepierna.

    -Traaas.

    Puse cara de pocos amigos. No le gustó. Me dio con la fusta en la polla.

    -Traaas.

    -A mí no me mires así, cabrón.

    -Traaas, traaas.

    Le eché una de esas miradas que matan. Wanda, le dijo a Diana:

    -Dame a mi la fusta ya verás como lo hago sonreír.

    Se la dio y me largó con más fuerza en la polla.

    -¡Traaas!

    ¿Reírme yo? Me estaba gustando, Pero… ¡Alguien me las iba a pagar. Viendo lo cabreado que estaba, Diana, tuvo cojones para decirle a Wanda:

    -Suelta a la fiera.

    Wanda, no las tenía todas con ella.

    -¡¿Seguro?!

    -¡Qué lo sueltes, carajo!

    -No me chilles que la fusta la tengo yo.

    Diana, puso cara de mala.

    -¡A que me tiro a tu yugular!

    Wanda no quiso saber si la amenaza era cierta. Me soltó. Me levanté de la cama. Fui al armario y cogí un bate de béisbol. Golpeando con el bate en una mano, y sonriendo, me dirigí hacia ellas.

    Diana estaba asustada y Wanda se escondía detrás de ella. Diana, temblando, me dijo:

    -Esto no entraba en el juego, José. Me estás preocupando.

    -¿Tienes condones, Wanda?

    La joven, balbuceó.

    -Te, te, te, tengo.

    -Coge uno y méteselo al bate.

    La muchacha le metió un condón extra grande al bate por la parte de la empuñadura.

    Cogí la fusta.

    Ponte a cuatro patas, Wanda.

    -Yooo.

    Levanté el bate y se puso a cuatro patas al momento. Hablé con Diana.

    -Mete el bate entre las piernas, agarrálo con las manos y fóllala con él.

    -Es muy gordo, deja que le eche lubricante.

    Al rato, Wanda y Diana, disfrutaban como locas. Diana, frotando el coño contra el Bate y Wanda recibiendo dentro de su coño aquella cosa gorda y dura.

    Fue Diana la que se corrió primero, Wanda, al oír sus gemidos de placer, se corrió con ellos.

    Tan pronto como acabaron de correrse, agarré a Diana por las nalgas, la levanté en alto en peso, la empotré contra la pared, y antes de un minuto, me corrí dentro de su coño.

    Cuando acabé de correrme, Wanda, ya se había puesto el abrigo. Le pregunté:

    -¿Te vas?

    Recogiendo sus cosas, me respondió:

    -Sí, sois los clientes más locos con los que me he encontrado.

    Cómo había cobrado por adelantado, se fue.

    Al quedar a solas… Echados sobre la cama, me preguntó Diana:

    -¿Qué era eso que me querías preguntar, tío?

    -Deja a tu novio y vente conmigo a vivir…

    No me dejó terminar.

    -Creo que has confundido el juego con la realidad.

    -¿Es que ya no me quieres?

    -Claro que te quiero, tío, a ti te quiero, pero a mi novio lo amo.

    Se me vino el mundo encima, pero disimulé, y le dije:

    -Menos mal que la pregunta era parte del juego, que si no…

    Me dio un beso, y me preguntó:

    -¿Si no, que?

    Le devolví el beso y le respondí:

    -Nada, cariño, nada.

    Quique

  • Soy nueva en el vecindario (Segunda parte)

    Soy nueva en el vecindario (Segunda parte)

    Había pasado una semana desde que me follé a mi vecino. Estaba en la ducha cuando sonó el teléfono. Era Antonia que me decía si podía darle una alegría a su marido. Le dije que sin problema, que enseguida estaría allí.

    Me puse mis braguitas rosas, un pantalón corto y una camiseta sin sujetador para que se marcaran bien mis pezones.

    Toqué la puerta y enseguida me abrió Antonia.

    -Pasa, José está en la habitación.

    Entré y me lo encontré sentado en la cama, desnudo. Me miró y sonrió.

    Me quité el pantalón y las braguitas, me había depilado por completo el chocho, y me quité la camiseta quedándome desnuda delante de él.

    José me miró y se miró su pene. Siguió recorriéndome un rato con la mirada pero su pene no reaccionaba.

    Decidí sentarme junto a él en la cama. Agarré su pene con mi mano y comencé a meneársela.

    No conseguí demasiado porque no se empalmaba. Solo se le enderezó un poco. Recordé algo que leí hacía tiempo en una revista. Si una persona mayor conseguía una pequeña erección, al penetrar, con la presión de la vagina sería suficiente para tener una erección completa.

    Yo nunca había tenido ese problema con mis parejas, evidentemente, pero creí que la revista estaría en lo cierto, por lo que decidí probarlo.

    Me tumbé en la cama y me abrí de piernas. José se incorporó y se puso sobre mí. Le dije que no usara preservativo esta vez. Abrió un poco más mis piernas y me penetró con su pene medio empinado.

    Comenzó a follarme, aunque yo no le notaba apenas. No había conseguido empalmarse más pese a la presión de mi vagina.

    Decidí apretar más las piernas para que mis labios le apretaran más, pero vi que no conseguía nada.

    José me follaba con fuerza, sus gemidos iban en aumento. Sonaba así:

    -Uf, uf, uf, agh, agh, agh.

    Yo seguía sin notar casi nada. Solo un leve roce y un pequeño gusto, pero nada más.

    José estaba en éxtasis. Me agarraba las caderas mientras seguía con el mete y saca y parecía que se iba a ahogar.

    Me agarré a sus nalgas olvidándome de que apenas estaba disfrutando, pero sabiendo que por lo menos el sí lo hacía.

    No duró mucho más y finalmente se corrió con un medio gemido, medio grito.

    Se salió de mí, y nos sentamos en la cama. Mientras el se limpiaba, Antonia me acompañó a la ducha.

    Después de lo poco que había disfrutado, pensé en masturbarme con el chorro de la ducha, pero me pareció mal al estar Antonia allí, aunque separadas por la cortina de la ducha.

    Me ayudó a salir y a secarme y entonces decidí preguntarle porqué no podía hacer el amor con su marido.

    -Tengo vaginismo, me dijo. Hará como cinco años que no puedo hacerlo con José. Cuando intenta penetrarme, mi vagina se cierra y no podemos follar.

    -Vaya, es una lástima. Aunque seáis mayores tenéis que seguir haciendo el amor.

    -Es cierto. Yo sigo teniendo mucho deseo. Tengo que masturbarme y no puedo sentir su polla dentro de mi como hace años.

    Después de salir del baño, Antonia y José me invitaron a quedarme a comer con ellos. Yo acepté encantada.

    Comimos juntos y José estaba enfrente de mí. No paraba de mirarme mientras comíamos y se me ocurrió tocarle el paquete con mi pie.

    Le frotaba bien con él, pero no noté que se empalmara. Al poco dejé de frotarle.

    Terminamos de comer y les ayudé a recoger todo.

    Me había quedado con ganas de disfrutar de la polla de José completamente erecta y se me ocurrió algo. No sabía porqué esta vez no se había empalmado.

    Llamé a un amigo que trabaja en una farmacia. Quería que me pudiera conseguir una viagra.

    -¿Qué dices? ¿Quieres que te consiga una viagra?

    -Si, es para el padre de un amigo que no puede hacerlo con su mujer, le mentí.

    -¿Y no puede recetársela el medico? Si me pillan robando me echan.

    -Es que, ya sabes, le da corte y eso. Anda, hazme ese favor.

    -Está bien. Veré que puedo hacer. Dame dos horas.

    -Eres un sol, tenemos que echar un polvo un día de estos. Se lo decía de broma porque él es homosexual.

    -Anda, déjalo. Te veo en dos horas.

    Le esperé en el portal dos horas después, como me había dicho. Venía por la calle algo azorado y mirando para atrás.

    -Toma, solo he podido conseguir dos. He tenido que comprar la caja para que no me descubrieran y vale un pastón.

    -Eres un sol, dije dándole un beso en la mejilla. Te debo una.

    Mi amigo desapareció por donde había venido.

    Toqué la puerta de Antonia y José y me abrieron enseguida.

    -Hola Ana. ¿Qué tal todo?

    -Muy bien. Tengo algo para José. Le dije sonriendo.

    -Pasa. Está en la habitación.

    Entré y le sonreí enseñándole la viagra. José me devolvió la sonrisa y se acercó a mi. Me besó en la boca y me quitó la ropa.

    -No tan deprisa, primero tómatela.

    Fue a por un vaso de agua y se la tomó de un trago.

    Me senté junto a el esperando a que le hiciera efecto. Entonces se me ocurrió algo.

    Llevé a Antonia a la habitación. Le propuse que se desnudara y se masturbara mientras lo hacíamos. Pensaba que así podría curarle el vaginismo, pero no le dije nada.

    José estaba ya empalmado, tumbado boca arriba en la cama. Nos sonreímos mutuamente.

    Me subí a la cama y a él y me dispuse a que me penetrara.

    Iba a sacar un condón, pero negué con la cabeza. No me importaba que pudiera pegarme algo, ni me quedara embarazada. Quería sentir su polla erecta al máximo sin goma.

    Comencé a subir y bajar sobre él. Primero despacio, luego subiendo más el ritmo.

    Me apoyaba en su pecho mientras lo hacíamos. Antonia, en una esquina se tocaba los labios.

    José se agarraba a mis caderas mientras me lo follaba. Estaba disfrutando mucho por su cara y sus gemidos.

    Yo necesita más caña, por lo que subí el ritmo de la cabalgada. Antonia también estaba acelerando su masturbación.

    Al poco rato me dijo José que iba a correrse.

    -Córrete, tesoro, le dije. Disfruta bien.

    Me agarró las tetas y noté como soltaba su leche dentro de mi.

    -Aaaaah, no puedo aguantar más. ¡Me corroooo!

    Yo le miraba satisfecha, pero yo aún no me había corrido.

    Miré con el rabillo del ojo como Antonia estaba al borde el orgasmo también.

    Al poco empezó a escurrirse hasta el suelo. Se estaba corriendo. Solo quedaba yo por correrme.

    Me incorporé un poco y sin que José me la sacara, me adelanté hacia él, haciendo que su polla frotara mi clítoris.

    Eso fue lo más y tras unas pocas embestidas, hizo que me corriera como una loca.

    Gemí como pocas veces había hecho. Ya me daba igual que me oyeran.

    Acabamos los tres cansados y satisfechos. Pero mi plan continuaba.

    Le propuse a Antonia que ahora que acababa de correrse, intentara hacerlo con su marido. Su coño estaba húmedo y recién corrido y ahora sería más fácil la penetración.

    Antonia me hizo caso, aunque me dijo que era difícil que funcionara, pero que lo intentaría de todas formas. Me agradecía mi preocupación.

    Se subió a la cama. Antonia estaba un poco rellenita, no demasiado. Sus tetas se movieron al subirse a la cama y me gustó verlas así. No era lesbiana, pero ya digo que me habían gustado.

    José cogió su pene y lo apuntó a su vagina. Intentó introducirle el glande, pero no podía. Antonia no se abría.

    -Hazlo despacio. Le dije a José.

    Intentó penetrarla de nuevo. Esta vez se abrió un poco más y entró solo el glande.

    No la había penetrado del todo, pero yo me estaba poniendo cachonda de nuevo. No sé porqué me dio por tocarle las tetas a Antonia. Esta dio un respingo y como por arte de magia, el pene de José entró del todo.

    Antonia me miró sorprendida. Entonces me besó en la boca. No éramos lesbianas, vuelvo a insistir, pero la pasión nos hizo hacerlo.

    Antonia se folló a su marido como seguro que hacía años que no lo hacía. Yo me cambié con ella y era ahora la que se estaba masturbando. Me había excitado un montón.

    Después de un rato de cabalgar a José, Antonia se salió de él y este me hizo un gesto para que me acercara.

    Puso a su mujer a cuatro patas y también a mí. Entonces comenzó a follarnos alternativamente a las dos.

    Aquello era lo más. Estábamos disfrutando como locas.

    Un rato más tarde acabamos corriéndonos los tres.

    Nunca más volviera a rechazar a un viejo para follar.

    Si os ha gustado y queréis comentar, escribidme a: [email protected].

    Para Lara, mi más fiel lectora.