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  • Memorias inolvidables (Cap 2): Don Timoteo Sampedro Tremedal

    Memorias inolvidables (Cap 2): Don Timoteo Sampedro Tremedal

    Don Timoteo Sampedro Tremedal es mi padre. Un auténtico macho ibérico. Es grueso y panzudo. Hace unos años no era tan panzudo, pero siempre ha sido grueso. Usa gafas para leer, pero lee ya poco porque se le cansa la vista. Es buena gente. Nada tiene que ver con que no nos hablemos mucho porque él es un macho de toda la vida y yo un maricón de mierda. Mi padre quisiera que yo volviera a casa, me toleraría siempre que no hiciera ningún escándalo. Pero aunque no regrese, quisiera que le aceptara su dinero para vivir con más holgura y confort.

    Creo que la culpa de la intolerancia de mi padre la tiene mi madre que es orgullosa, vanidosa y de ideas pobres y fijas. Mi padre, si se quedara viudo, mandaría a todos sus hijos, excepto a mí, fuera de su casa y se quedaría conmigo. A él le gusta la liberalidad, sin escándalos. Sabe que tampoco me agradan mucho los escándalos y que soy liberal en todo o en casi todo. Voy a explicar por qué mi padre me prefiere a mí y ha tenido que hacer un papelón para echarme de casa y arrepentirse sin remedio, porque no tengo ganas de volver y me encuentro más a gusto como vivo ahora.

    Cuando mi madre prohibió a mi padre que la pretendiera en la cama para un polvo, él se quedó desorientado. Mi madre le había dicho que se fuera de prostitutas. Yo entiendo a mi padre. Si sentía necesidad de follar, estando en plenas facultades sexuales, dedicarse a masturbarse no le apetecía en absoluto. Para un macho ibérico como mi padre la masturbación es solo un pasatiempo gratificante para adolescentes y jóvenes novios a quienes espía su futuro suegro para que no se monte a la hija antes de casarse. Cuántas veces me dijo mi padre, siendo yo adolescente, que no me preocupara si me daban ganas de masturbarme, porque eso es propio de adolescentes. Me contaba también que después de estar en casa de su futuro suegro, junto a su futura esposa, que sería mi madre, sin poder tocar ni un dedo de la muchacha, cuando regresaba a casa, se iba directamente al amplio jardín de la mansión de mis abuelos y se echaba un palote de padre y muy señor mío, que a veces con una sola pasada no era suficiente y, después de eyacular, seguía dándole al manubrio hasta que se le volviera a levantar y de nuevo disparar unos cuantos trallazos de semen.

    Me imaginaba a mi madre muy cruel de decirle a su marido que no se le acercara porque se la cortaba y mi madre es de armas tomar como mi abuelo materno. El único que ha podido domar a mi madre fui yo cuando le dije que sus recomendaciones me daban asco porque eran de pura hipocresía. Le dije que su palabra no valdría nada hasta que no dejara a mi padre que la follara. Mi pobre padre tuvo que escuchar las recriminaciones de su señora esposa porque sospechaba que mi padre me había contado cosas propias de la vida conyugal. No se defendió mi padre porque es un hombre bueno que siempre ha estado enamorado de su mujer. Pero como yo había escuchado las recriminaciones de mi madre, salí al paso para decirle que ella no podía hablar de cosas propias de la vida conyugal porque ya no las tenía con mi padre, por eso él tenía que buscarse otras mujeres. Fue entonces cuando insinué mi orientación sexual porque le dije:

    — No me casaré nunca, si lo he de hacer será con un hombre, porque siempre tenemos ganas de follar.

    Pero no me hicieron caso, me tomaron como deslenguado, osado, maleducado, infame y toda clase de epítetos que me ilustran como un desvergonzado. Sé que mi padre se alegró de mi defensa y que bajó los humos de mi madre, porque el pobre no se podía manifestar.

    Para mí, mi padre siempre fue un tío guapo, muy macho, demasiado para mi gusto. Mi padre era de esos que piensan que un varón no debe lavarse mucho, ni perfumarse demasiado, que todo eso es de maricones. Mi padre era de esos que les gusta tener pelo por todo el cuerpo, que nunca se lo corta, que sus sobacos son verdaderos bosques sin podar, su pecho ha de tener todo el pelo que ha salido durante toda la vida, excepto los que lamentablemente se van cayendo por sí solos. Los machos ibéricos son osos. Por eso huelen que apestan. Sobre todo en verano van dejando una estela de malos olores allá por donde quiera que transiten.

    Cuando mi padre se dio cuenta una vez que nos fuimos a bañar a la piscina de un amigo que yo no tenía pelos ni en el pecho ni en los sobacos, que estaba perfectamente afeitado y mis sonrosadas carnes lucían al sol con esplendente brillo, se volvió loco. Se puso a decirme de todo. Era yo un jovencito que despuntaba como homosexual. Antes había ocurrido que nos fuimos muchas veces a bañar, pero yo era adolescente y pensaba él que no me salía aún el pelo, pero en esa oportunidad se le fue su mundo a los pies. Entonces para que comprendiera bien mi postura, me bajé la pantaloneta que usaba como bañador y le mostré que tenía muy bien afeitados mis genitales. No dejó de mirar porque, al no haber pelo, pudo darse cuenta que mi polla colgaba como tres veces más extensa que la suya y alucinaba de escándalo. ¿Os imagináis que el hijo sin pelo tiene la polla dos veces o tres más larga que su padre? Para él supuso una auténtica humillación y vergüenza.

    Quise coger a mi padre con el brazo sobre sus hombros para explicarle donde estaba la hombría de una persona y no le gustó, ya comenzó a sospechar de mis inclinaciones sexuales como él solía decir. No obstante, le expliqué que ser hombre para el varón, el jefe de la casa, era saber gobernar la casa, no ser un macho ciego. Le dije:

    — Papá, casi siempre hueles mal, a sudor acumulado y molestas a la gente que pasa por tu lado. Eso no es de ser hombre, sino un guarro. Recórtate el pelo para que no acumule tanto sudor, rebaja la pelambre de tus axilas, de tus genitales, que hueles a orina. Que eso no es ser el hombre. Huelen mal los cerdos, los patos, los conejos y todos los animales encerrados. Un hombre libre es un hombre presentable, que hay agua corriente, champú, jabones, perfumes suaves para el verano, más cálidos para el invierno.

    Lo único que me contestó es:

    — Imagina que recortando mis pelos, me corte, qué ridículo quedaría y qué pensarían de mí.

    — Pero yo te lo puedo recortar tres veces en verano, eres mi padre y te lo puedo hacer, soy discreto, no cuento estas cosas a nadie.

    Nunca me ha permitido que le haga ninguna clase de servicio que le desviara de los principios éticos o morales que tenía heredados de sus ancestros.

    Don Timoteo Sampedro Tremedal, que es mi padre, se dedicó toda su vida a sus negocios agrícolas. Tenía muchas plantaciones de olivos en la parte de la sierra y de naranjos en la parte de la costa. De sus suegros tenía naranjos y casas. De sus padres heredó muchas tierras de olivos, almendros y frutales. Tenía empleados para trabajar las tierras y sacaba pingües ganancias para que toda la familia viviera holgadamente. Para los trabajadores, tanto los fijos como los eventuales, era don Timoteo. En la actualidad ya se cobra su buena pensión y sus ahorros. Ha cedido a sus hijos las tierras. Lo que me cedió a mí en herencia se lo di a mis hermanos por un módico precio y compré el lugar donde vivo ahora. Mis hermanos jamás han sacado el rendimiento que le sacaba mi padre que siempre fue muy inteligente mientras que ellos, además de torpes, son dilapidadores por magnificencia. Al paso que van los dos mayores quedarán en la miseria. Es que mi padre era trabajador, ingenioso e inteligente, de eso no tengo ni la más mínima duda.

    Solía acompañar a mi padre a muchos lugares, unas veces a la costa para ver los naranjos, otras a los olivos en la sierra. Le gustaba llevarme a mí, jamás se llevó a mis hermanos. A ellos los veía más enmarados, todo se lo contaban a mi madre. Por el contrario, yo no tenía costumbre de contar nada a nadie. Era peor si me preguntaban, porque me cerraba en banda. Cuando me amenazaban como hizo una vez mi madre delante de mis hermanos en el sentido que no me daría más las cosas que me compraba si no les contaba qué habíamos hecho en uno de los viajes a la costa. Me fui a mi habitación, puse en una caja todas las cosas que me había comprado y se las puse delante, diciendo:

    — Quédate con todo esto, no lo quiero, prefiero acompañar a mi padre.

    Mi madre quiso congraciarse y no le acepté el siguiente regalo. Le dije que lo devolviera. Yo era un muchacho horrible, rebelde y caprichoso cuando ocurrió esto. Mis hermanos me decían:

    — ¡Qué burro eres!

    Cuando me decían esto yo les contestaba:

    — ¡Hiaaaa, hiaaaa!, ¡Hiaaaa, hiaaaa!, ¡Hiaaaa, hiaaaa!,—imitando el rebuzno del burro.

    Me dejaban por imposible.

    La verdad es que mi padre fue un animal con mi madre, a mis hermanos los trataba a trallazos con vergajo de buey que dolía mucho; a mi hermana, como la veía como a mi madre, no le hacía ni puto caso. Lo que le importaba a mi padre era tener suficiente dinero para la casa y más que suficiente en su faltriquera. Eso lo tenía, y ya de todo lo demás se desentendió.

    Recuerdo cuando me llevaba a la costa para contratar a la gente trabajadora, unas veces para la poda, otras la labranza, otras la limpieza del terreno en la base de los naranjos y otras veces para aclarar la naranja. Del riego se encargaba un señor, el tío Onésimo, que era muy amigo de mi padre y casi con las mismas costumbres. El tío Onésimo acompañaba a mi padre siempre que tenían que contratar gente. Íbamos a almorzar a un bar, yo comía por demás y guardaba silencio, pero todos me hacían caricias y mucho caso, yo les respondía sonriendo, siempre sonreía cuando iba con mi padre. Acabados todos los trabajos, mi padre me llevaba al mar. Me sujetaba mientras yo me quitaba mi ropa. Me la quitaba toda, porque después del baño tenía que vestirme para ir a la pensión a comer. Me bañaba desnudo ya de pequeño. Tengo que decir que yo acompañé a mi padre hasta que me fui de casa. Pero mientras era pequeño íbamos a la playa, que los niños se desnuden era habitual, solo que yo me acostumbré.

    Luego íbamos a la pensión, allí comía, hacíamos la siesta y a media tarde, cuando ya no calentaba el sol, mi padre iba al casino y yo le acompañaba, tomaba mi refresco mientras miraba el juego sentado en una silla sin decir ni una palabra. Con esos hombres aprendí todas las palabrotas, tacos, blasfemias e injurias que me sé, que no son pocas. Ellos las decían sin mala intención, si las digo yo es porque voluntariamente tengo toda la mala intención que me sale de mis huevos. Sé que es una putada, pero «C’est la vie comme elle est».

    En la noche dormía en la misma habitación que mi padre. El se acostaba con su calzoncillo de canal y yo con mi calzoncillo. De pequeño no pasaba nada, pero ya jovencito se me ponía dura y no podía dormir, ni dormía mi padre. Entonces se levantaba, me enviaba al baño y esperaba a que me masturbara, es una de las cosas que siempre me aconsejaba mi padre cuando me ponía nervioso para que me relajara.

    Y para concluir con mis recuerdos de estos viajes privados con mi padre, ya era yo mayor, vamos, había cumplido mis 18 años, acompañé a mi padre y al tío Onésimo. Mi padre me dijo que yo estaba invitado a acostarme con una mujer y descargar todas mis «penas» —elegante eufemismo— y le dije:

    — Mejor preguntas si hay algún puto, me gustaría más que una puta.

    — ¿No serás maricón, hijo?, —preguntó mi padre.

    — Igual sí, ¿qué más da una tía o un tío?, —contesté.

    — Tiene cojones tu hijo, tiene cojones…, —dijo el tío Onésimo.

    Los dejé en el lupanar y como yo ya sabía de otras veces, me fui a buscar por la fuente que es donde solían estar. No me gustaban todos. Los mal encarados, los sucios y los que descubría que solo querían un polvo y unas monedas los descartaba. Pero ese día había un chico guapo, alto como yo, me miraba con ganas y yo a él. Me acerqué:

    — ¿Tú cobras?, —pregunté.

    — Propiamente no, pero si me lo dan, tampoco me sobra, —respondió sinceramente.

    Nos fuimos primero a un bar de puta mierda que había cerca con la idea de tomarnos unos vinos para calentarnos. Allí mismo le hizo señas al dueño que estaba en la barra. Yo veía lo que se hacían con signos y que le contestó asintiendo con la cabeza, entonces me preguntó:

    — ¿Tienes dinero para que alquilemos una habitación por unas horas?

    — No hay problema, —contesté mientras iba a sacar dinero, pero a una señal suya lo dejé.

    Cogimos la tercera copa de vino de la barra y le seguí. El dueño iba delante y nos abrió una habitación que solo tenía una cama y una percha. Nos metimos dentro y nos abrazamos para besarnos. Me pasó la mano por el paquete mientras yo le abrazaba las nalgas.

    — Estás caliente y tienes buena polla, —me dijo, mientras se quitaba su camisa.

    — Me gusta tu culo, con esos balones tan duros, —le dije, imitándole y me quité la camisa.

    Cuando se estaba quitando las botas, me dijo:

    — Soy agricultor y me dedico a cavar los alrededores de los naranjos, eso mantiene mis nalgas duras y mi vientre plano, ¿tú que haces?

    — Yo soy estudiante, mi padre está de putas y me va más esto de los hombres…, —saqué mis mocasines sin agacharme y el pantalón. Estaba con slip.

    Ya entonces me compraba mi ropa y usaba slips de colores y muy finos de lycra o poliéster. El llevaba calzoncillo blanco con corte al lado. Nos besamos y me dijo que se llamaba Eduardo, le dije que yo era Ismael. Me preguntó si era hijo de don Timoteo. Cuando le afirmé que lo era me dijo:

    — Te conocía, pero no estaba seguro. Mi padre se llama Onésimo y debe estar con tu padre ahora.

    — Así es, —le dije.

    — Lo hacen siempre, pero en mi casa no saben nada, yo me enteré hace poco porque un idiota me lo dijo. Yo he trabajado en las tierras de tu padre; me gusta trabajar para él, paga bien, se fía de mi padre y los dos tratan bien a la gente, —me contestó.

    No sabía yo qué hacer al enterarme de todo esto, me quedé cortado, pero Eduardo me sacó el slip y me echó a la cama; pudo admirar mi gran pedazo de carne muy cerca de su cara, estaba erecta del todo, es incircuncisa, bastante gruesa, al quedar completamente desnudo frente a él pudo notar que tampoco en las piernas tenía nada de vello, mis muslos eran muy anchos, comenzó a sobármelos y a apretarlos, pero lo que más le excitó fue que tampoco tenía yo vello púbico, la zona púbica estaba limpia, lo cual hacía notar mi verga más grande, pasó su lengua por ahí y para mí era una verdadera pleitesía, agradecí no haber tenido vello, entonces su verga se levantó aún más, yo tomé su verga gorda con mis manos como si fuera el tesoro más preciado de mi vida, la sobaba y la acariciaba con deseo, comencé a darle besos, me la pegaba en la cara y le chupaba la punta, mientras seguía tocando su culete. Él me acariciaba la espalda y los hombros.

    Me excité tanto que poco a poco fui metiéndola en mi boca, hasta que ya la tenía toda dentro, la chupaba, la lamía y la sacaba y metía con fuerza. Él gemía de placer. Estuvimos así un rato pero de pronto él empezó a aumentar el ritmo, trató de apartarse para venirse fuera, pero yo le apreté más la verga con mi boca y las nalgas con mis manos, dándole a entender que yo quería que se viniera en mi boca, él comprendió y entonces se dejó llevar por sus instintos de macho semental. Me decía:

    — Eso es, amigo, te vas a tragar toda la leche de este macho.

    — Haz gozar a este hombre, muchacho.

    — Ya sé lo que te gusta, mi amor.

    En eso comenzó a venirse en mi boca, yo la abrí más para poder disfrutar de esa leche que tanto deseaba, sentí el primer chorro en mi boca; los gemidos no se hicieron esperar:

    —¡¡Aaaaaaaaahh!! ¡¡Mmmmmmmm!! ¡¡Oooooohh!! ¡¡Qué sabroso!! Mientras yo le sobaba los huevos para aumentar su orgasmo, se movía como un toro enloquecido, me la sacaba con fuerza y me la metía hasta el fondo de mi boca; mi lengua se movía más que nunca para alcanzar todo ese rico semen. Lo que noté fue que no dejaba de sacar semen a chorros, su orgasmo parecía interminable. De pronto sacó su verga de mi boca, yo enseguida la agarré fuertemente con mis manos, me la untaba en la cara, seguía soltando borbotones de leche que caían por toda mi cara, yo trataba de atrapar todo lo que chorreaba con mi boca, para no dejar caer ni una sola gota de la leche de ese hombre. Pasó un rato más para que él dejara de soltar semen, de pronto dio un respiro profundo

    — ¡¡Uff!!, — y llegó la calma después de la tormenta.

    Yo seguía lamiendo toda la leche que había caído en mi cara, también la que cayó en mi pecho y cuello, es que estaba bañado en la leche de mi macho. Él me tomó de las axilas y me levantó suavemente. Comenzó a acariciarme y me dijo:

    — ¿Te gustó, amigo?

    — Por supuesto, cabronazo, me encanta tu leche, quiero que me bañes con ella de nuevo, pero por dentro.

    — ¡Qué puto eres!, ya verás cómo te voy a hacer mío.

    — Lo que tú digas, ¡ya soy tuyo!

    Me acercó a él y mientras me acariciaba todo el cuerpo, empezó a lamer el semen de mi cara, después que terminó se acercó a mi boca —que todavía estaba llena de leche— y me besó metiendo su lengua hasta el fondo, nos seguimos lamiendo y besando por varios minutos, él limpió todo el semen de mi pecho, cuello y cara con su lengua y luego volvió a compartir ese sabor conmigo. Yo estaba excitadísimo pues todavía no me había descargado.

    Y ahí estábamos, besándonos, abrazándonos, sobándonos y lamiéndonos, mientras nuestros padres ya estarían aburridos de sus putas, pero nosotros nos mantenía muy calientes…

    Se me echó de nuevo encima, nos besamos desesperadamente como si quisiéramos comernos enteros. Me dejé llevar. Su polla era grande, no tan larga como la mía pero sí más gruesa. Noté que deseaba follarme, pero no se atrevía y nos revolcábamos por la cama. Sentí restos de semen de Eduardo sobre mi pierna y le dije,

    — Cómeme el culo, metes un par de dedos y luego métemela.

    Me puse con la cabeza de costado sobre la cama y apoyándome con el pecho estando de rodillas. Levanté bien mi culo y comenzó a lamer y a morder suavemente, metía dedos en mi interior y los forzaba a entrar. Algo me dolía pero esperaba el placer posterior. Todo el rato haciendo lo mismo y metiendo la lengua como quien espera un orden.

    — Eduardo, méteme tu polla, ¡ya!

    Me dio la vuelta violentamente, se cargó sobre sus hombros mis pies y apuntó su polla a mi culo y ¡zas!, la metió de una sola vez. Me hizo daño, pero yo ya tenía en mi culo lo que deseaba. Creía que se haría eterno y me apresuré:

    — ¡Folla, Eduardo, folla! ¿No te detengas, cabrón!

    — Pues ahí va, hijueputa, aguanta mi mierda.

    Comenzó una follada magistral. Y se corrió dentro de mí, pero en abundancia. No pude contar las chorretadas, porque de inmediato se despertó en mí el orgasmo y llené nuestros cuerpos de mi propio semen. Lasos, cansados, extenuados y figurativamente muertos nos quedamos un rato uno junto al otro, besándonos rememorando el placer que aún sentíamos.

    De pronto recordé que nuestros padres ya habrían acabado y que me esperarían para cenar y le dije a Eduardo:

    — Hemos de irnos a cenar.

    — ¿Dónde?

    —Con nuestros padres, —le dije.

    — ¿Estás loco? Tú…, vale, pero yo no…, —se resistía.

    — Eres mi invitado, como tu padre es el invitado del mío…

    Así que salimos a la ducha rápida, nos duchamos rápidamente los dos a la vez, aunque era estrecho, nos secamos con la toalla que nos habían dejado y salimos al bar. Me encaré con el dueño:

    — ¿Qué le debo?, —pregunté.

    — ¿Habéis usado la ducha?, —me preguntó

    — Sí, —le contesté.

    — Son 10 euros, 7 de la habitación y 3 de la ducha.

    — Tome, quédese con el cambio, —le daba 20 euros.

    — ¿Qué te apetece tomar? Invita la casa, —dijo el caballero.

    — Algo fuerte para recuperar fuerzas, —contesté.

    Llamó a mi nuevo amigo Eduardo y nos sirvió dos whiskys. Lo tomamos y le dije al jefe:

    — Volveré, aquí me has tratado como a un rey.

    — Lo que desee su majestad, a su servicio, —me contestó de muy buen humor.

    Mientras íbamos hacia el hostal, Eduardo me preguntó:

    — ¿Qué le has dado para ponerlo tan feliz?

    — Solo 20 euros.

    — Con la mitad basta y todavía es caro…

    — Pero ¿no vale más tener a este hombre feliz y cuando vuelva me abrirá las puertas de par en par…?

    — Claro que sí, y si no hay habitación te da su propia cama, aunque saque de allí a la puta de su mujer.

    Me reí de la curiosidad que Eduardo había dicho y pronto divisé a su padre y al mío que esperaban mirando a todas partes.

    — ¿Qué es eso de… vosotros dos… juntos…?, —preguntó el tío Onésimo.

    — Por casualidad nos hemos visto, —dijo Eduardo— nos hemos presentado al saludarnos y de inmediato lo reconocí.

    — Ha sido una suerte —dije— y le he invitado a cenar en nombre de mi padre.

    — Has hecho bien, hijo mío, Eduardito trabaja como nadie y muy bien, siempre dispuesto. Vamos.

    Cenamos los cuatro y luego nos fuimos mi padre y yo a la pensión y Onésimo y Eduardo a su casa. Más veces fui, pero ya no iba a la fuente, sino al barucho de mierda, donde teníamos nuestra habitación y ducha a 20 euros con whiskys incluidos. Hasta que un día pregunté por él al tío Onésimo y me enteré que lo habían acuchillado en una reyerta de gays en la que se vio envuelto «sin culpa propia» porque fue a poner las paces. No hacía falta investigar más. Si me lo hubiera llevado entonces a mi casa, hoy estaría conmigo. Mi padre estaba de acuerdo, la puta de mi madre se negó absolutamente a que yo viviera con un hombre en casa. Ahí comenzó mi historia para irme de casa. Uno de los mártires en mi camino fue Eduardo, hijo del tío Onésimo, trabajador y amigo de don Timoteo Sampedro Tremedal, mi padre.

  • Lo bueno de ser el recepcionista

    Lo bueno de ser el recepcionista

    Me llamo Z (obvio no es mi nombre real) soy un lector habitual de esta página y después de años planteándomelo, hoy decidí escribir mis experiencias sexuales que me han pasado en esta vida, no soy un escritor nato si me equivoco discúlpenme solo soy un principiante con ganas de contar sus experiencias.

    Primer déjenme contarles algo sobre mi tengo 36 años y vivo en Costa Rica, actualmente me considero bisexual ya que he estado con mujeres y hombres, inicie a las 18 se diría que por casualidad si gustas mis relatos me animo a escribir como fue esa primera vez. Soy de tez blanca, pelo negro. Mido 1.89 peso unos 58 kg no voy al gym, pero si corro para mantenerme en forma y tengo un pene de 20 cm algo curvo hacia arriba agarre el habito de aféitame un mes si un mes no soy activo pero me gustas mamar y el semen eso es algo que me fascina.

    Hoy les contare mi experiencia más reciente, me paso en el trabajo. Yo trabajo de encargado de un hotel no muy fino pero tampoco de mala muerte, cubriendo el turno de la noche pasado las 12. Llega un cliente era un chico de unos 26 años de 1,60 de altura diría yo, flaco se notaba el que iba al gym, muy agraciado, mientras lo registraba para darle su habitación me dijo que se llamaba Marcos y me conto que era de otra ciudad y que vino a ver a unos amigos. Mientras yo de reojo lo miraba de arriba abajo, al finalizar le di su llave y me dije

    ‘’si necesitas cualquier cosa avísame’’

    El me responde con una sonrisa picara

    ‘’cualquier cosa?’’

    ‘’Si no dudes en decirme’’.

    ‘’pues si te necesito más tarde te aviso’’

    Y subió a la habitación, mi mente estaba volando pensando en marco, pero casi siempre se queda en imaginación.

    A la medio hora suena el teléfono y veo que es de la habitación de Marco

    ‘’Recepción en que le puedo ayudar?’’ (Intentando sonar provocativo)

    ‘’Hola Z mira tengo un problema en mi habitación puedes venir un momento’’

    ‘’claro voy enseguida’’ (Ya en ese momento se me notaba el nerviosismo y ansiedad)

    ‘’dale aquí te espero’’

    Cuando llego toque la puerta y abre Marco solo con una toalla puesta y algo mojado, y me dice

    ‘’El calentado de la ducha no funciona puedes hacer algo?’’

    En ese momento al verlo en seguida me excite y se me puso dura tanto que se nota y intentaba disimularlo

    ‘’Déjame ver qué puedo hacer ‘’

    Entro al baño he intento hacer que el calentador funciona y cuando lo pruebo este si calienta no tena nada malo y al salir del baño veo que está en la cama sentado con las piernas cursadas y parte de las piernas se podía ver ya que la toalla no lo tapaba todo

    ‘’no tienes nada malo si calienta’’ (dije yo mientras lo veo descaradamente)

    El muy pícaramente mordiéndose los labios me dice

    ‘’lo sé solo quería un excusa para hacerte venir y no sentirme tan zorra, la verdad es que vine a ver a mi novio pero este me dejo solo aquí con ganas y él se fue con sus amigos a disfrutas, y yo esta noche también quiero disfrutar’’

    En ese momento me acerco y pongo mis manos en su cadera y nos fundimos en un beso el sin pensarlo me mete la lengua recorriendo toda mi boca y yo no me quedo atrás, pegándome más a él y saboreándolo, marco bajando su mano empieza a mastúrbalo encima de este, ya en ese momento tenía una mancha de precum en el pantalón y me apresuro y me los quito y cuando estoy por quitarme el bóxer el me detiene y se separa de mi para agacharse y el me lo quita y empieza a besar el glande y a pasarle le lengua como si fuera una chupeta, mientas yo le acariciaba el pelo y él se detuvo por un momento me vio y dijo:

    ‘’si quieres que siga cierra la puerta’’

    En eso volteo y veo la puerta abierta y marco no me dijo nada hasta ahora, la cierro enseguida fijándome de que no había nadie en el pasillo. El aun sentado me toma de la cintura y me empieza a chupar el pene como si no hubiera un mañana, se lo mete entero y empiezo a follarle la boca con tanta fuerza que él se atragantas con arcadas pero eso pareció que no le molesto porque en ningún momento me dijo que me detuviera, cuando ya estaba que reventaba lo detuve y lo levante para acostarlo en la cama boca arriba me coloca encima de él y lo empiezo a besar bajando por el cuello por el pecho, estómago y con la mano empiezo a masturbarlo con suavidad y se notaba que él estaba igual a punto de reventar y acerco mi boca a su miembro, le escupo mucha saliva (eso siempre me ha dado morbo) y me lo meto a la boca comenzando a darle un mamada suave, mintiéndomelo todo hasta las garganta, jugando con su glande saboreando la decía de precum que soltaba y viendo como él se retuerce de placer gimiendo

    ‘’dios Z que bien lo haces sigue no pares!’’

    En eso noto como su pene se hincha y palpita, eso hiso que me diera más morbo y no pare, seguí hasta que el gimiendo me dijo que no aguanta más que se correría y hay apreté con los dedos su pene evitando que se corra y con mucha lujuria le dije

    ‘’tú te corre cuando yo desee zorrita’’

    El sorprendido y ya sumido me respondo con un ‘’si’’ muy bajo

    Y me coloco encima de su cara y pongo mi ano a la altura de su baca y el empieza a chupármelo y a meterme la lengua y se notaba que no era su primera ves lo hacía con una maestría, mientras yo solo lo tomaba por el pelo afincándome un poco más, teniendo cuidado de no cortarle la respiración, fue tanta las excitación que me empecé a masturbar mientras solo escuchaba su gemido y su saliva en mi ano a tal punto que no pude evitar venirme, me aparte de él y le eche el semen en la cara dejándole la cara llena de este, el gimiendo me dice

    ‘’tu sí que echas mucho, primera vez que me llenan tanto la cara, mi novio a duras penas me deja con unas manchas’’

    Yo aun con ganas le respondo

    ‘’y eso que aún no he acabado, aún tengo carga’’ (Señalándole mi pene aun erecto)

    Marco se para y me beso aun con semen en su cara y labios, para después de metérselo todo a la baca y tragárselo.

    El me miras y me dice

    ‘’yo soy muy limpio, así que no hay problema con que sigamos a pelo o tienes algún problemas con ello?’’

    El viene y se pone en 4 mostrándome un culo muy limpio depilado y listo para que ser penetrado, yo con el excitación a mil no me lo pensé 2 veces y le empecé a lamer el ano y escupiéndole y el en gemidos me dice

    ‘’cuando llegue pensé que tendría una noche solo masturbándome pero vi que te guste y cuando subí en el ascensor me empecé a masturba mientras pensaba que decir para que vinieras a mi cuarto a cogerme’’

    Cuando siento que ya estaba listo me coloque atrás de él, y acomodado mi pene en la entrada de su año le digo

    ‘’cuando llegaste me provocaste de una ves no pensé que serias una zorrita que bueno que tu novio te dejara solo’’

    Él se ríe y me responde

    ‘’si estoy seguro que él no está disfrutando tanto como yo’’

    Yo lo voy penetrando suave para no lastimarlo y cuando voy por la mitad empiezo a bombear lentamente para dilatarlo y el enseguida empieza a gemir, mientras yo sigo en el vaivén él me dice

    ‘’mételo todo, ensártame todo no te contengas por favor dame todo’’

    Al escucharlo lo penetro hasta el fondo y Marco suelta un gemido muy fuerte que estoy seguro que alguien de las otras habitaciones oyó, comenzando un bombeo con fuerza. Su culo era una delicia suave y sentía como mi pene lo llenaba mientras el solo gemía agarrando las sabanas fuertemente.

    Lo saco todo y se lo meto todo de golpe y el grita de placer y al ver como le gusta repito lo mimos una y otras ves en cara embestida el gritaba y luego de unos min el me dices

    ‘’dejarme venirme estoy a punto’’

    Yo me detengo y lo volteo boca arriba colocando su piernas en mi hombros lo vuelvo a penetrar y le digo

    ‘’vente quiero ve la cara de zorra que poner a venirte’’

    Agarrándolo de la cintura empiezo el bombeo con fuerza, mientras solo veo como su cara se llena de placer y lujuria gimiendo retorciéndose hasta que llega al punto de no aguantar más y gimiendo fuertemente dice

    ‘’me vengo, Z me vengo! ‘’

    En ese momento su pene empieza a soltar su semen cayéndole en el vientre y pecho, yo al verlo venirse continuo y unos segundo más me vengo dentro de él, cuando la excitación del orgasmo llega a clamarse le digo (aun con mi pene adentro de él)

    ‘’esta es la muestras de que tu novio te dejo a manos de alguien que si te lleno y si quieres cuando salgas con él te lleno otra vez para que cuando este con el cenando sientas como tu culito fue llenado por otro hombre’’

    El riéndose me responde con un beso y me dice

    ‘’con este servicio no sé si salir con él o quedarme en el hotel.’’

    Marco se quedó 2 días más y si estuvimos todo eso días haciéndolo cada noche y el cada día salía con el culo lleno de mi semen a salir con su novio.

    Como dije esto es lo más reciente que me paso haces 2 semanas que mi memoria no me falla.

    Este es mi primer relato como dije tengo más experiencia y admito que he hecho casi de todo y me gustaría compartirlas, aun soy nuevo peor espero mejoras con el tiempo mis relatos, si les gusto comente y responderé con gusto y muchas gracias por leerme.

    Que tengan un placentero día.

  • Quitándome la virginidad

    Quitándome la virginidad

    Mi nombre es Luis, tengo 30 años, soy casado y quiero contarles todas las aventuras sexuales que he tenido y comenzaré con una que tuve cuando cumplí 18 años. Vivía en una Unidad Habitacional ahí por Santa Martha, estaba enamorado de una chica de nombre Sandra. Pero nunca me hacía caso, yo era amigo de su hermano Beto, ella siempre me rechazaba, pero yo seguía detrás de ella, una ocasión me invitó a su fiesta solo para pasarme enfrente a su novio fue duro, pero lo que vino después hizo que valiera la pena.

    Todos estaban en la borrachera y en el desmadre, yo estaba solo sentado en la esquina de una mesa, de pronto, la madre de Sandra, Olga se acercó a mí y comenzó a hacerme la plática, ese día note lo buenísima que estaba la señora, ese día ella llevaba puesto un vestidito rojo unos tacones blancos y estaba tome y tome, me invito una cerveza yo en ese entonces no tomaba pero al verle las torneadas piernas, se la acepte.

    Paso el rato y ella ya estaba muy ebria, yo le acariciaba sus piernas mientras ella me abrazaba y me daba besos en la mejilla, tomo un six de cerveza y me dijo que fuéramos a la parte trasera de la unidad, ahí nadie iba solo estaba una vieja silla reclinable.

    -Luisito me caes muy bien eres un buen muchacho seguro tu novia te quiere mucho

    -Jajaja yo no tengo novia

    -Cómo crees ¿no te creo, entonces no tienes sexo?

    -Hay que pregunta, la verdad no, de hecho aún soy virgen

    -Queee! jajaja ay mi niño pero eso tiene solución

    Nos pusimos de pie y ella comenzó a besarme, inmediatamente comencé a erectarme. Ella comenzó a repegarme su cuerpo, entonces yo comencé de pulpo y aproveché para tocar todo su delicioso cuerpo.

    – Ay corazón, me tenías ganas!

    – Siii y no sabe cuántas…

    Ella me acostó sobre la silla y comenzó a besarme mi cuello, me quitó mi playera y comenzó a besarme todo mi pecho y abdomen. Poco a poco se bajó hasta mi pene, ponía su cara en mi pene que ya estaba totalmente húmedo, lo sacó de mi pantalón y me dijo:

    – Ay Luis!, pero que es este palote!?…

    Lo tengo de 20 cm desde esa edad, creo que era el primer pito grande que veía ella porque estaba emocionada. Comenzó a lamérmelo como si fuera paleta, al mismo tiempo me quitaba toda la ropa, chupaba y metía toda mi polla en su boca…

    Dios era el mejor sexo oral que me habían hecho hasta en ese momento…

    – ¿Te gusta papi?

    – Si no pareee…

    Ella se puso de pie y se quitó el vestido. Yo sin más ni más le quité la tanga y así sin condón se subió encima de mí. Poco a poco comencé a penetrarla, ella era una experta montando así que comenzó a hacerme gozar. Yo la tomé de la cintura y acompañé sus movimientos que eran delicados y fuertes al mismo tiempo…

    – Que rica verga tienes nene.

    – Es tuya amor, cómetela toda!

    La acosté y le hice un patitas al hombro. Ella gritaba ya que mi verga le fascinaba, también la puse como en forma de carretilla pero mirándome.

    En ese momento sentí como se vino en mí, eso me calentó más, nos pusimos de pie y empezamos a hacer la de patita de ángel. Ella gritaba pero por lo alto de la música nadie nos escuchó, además de que estábamos hasta atrás del patio…

    – Ahhh, ahhh que rico papiii…

    – Dios es la mejor, eres la mejoooor…

    La puse de perrito sobre la silla de playa y comencé a dársela, ella movía muy rico su cadera y mientras yo me daba gusto nalgueándola

    – Ahii nena, muévete, muévete mamiii…

    – Que rico me la metes cabrón, cógeme asiii…

    Yo ya no aguantaba más, ella se movía muy rico, aparte yo también estaba todo acelerado. Ya sin aguantar más los dos nos venimos juntos, yo la apreté de la cintura mientras sentía como su coño apretaba, casi masticaba, mi pene…

    – AHHHH! QUE RICOOO!

    Ambos exclamamos, después de eso ella se bajó a mi verga y comenzó a mamármela nuevamente, hasta limpiar por completo los fluidos con su boca.

    Estuvimos descansando un rato, nos vestimos y regresamos a la fiesta como si nada. Desde ese día creo que se despertó algo perverso y caliente en mí que hasta la fecha me domina.

     

  • Coqueta (Parte 2)

    Coqueta (Parte 2)

    De repente pasados unos minutos te levantas de lado y así desnuda vas a la casa y entras en ella.

    Yo mientras tomo una cerveza la destapo le doy un trago y me voy a la alberca, me dan ganas de meterme a bañar hace mucho calor pero prefiero esperarte y acabar la cerveza, así que solo me siento en el lado bajo de la alberca con los pies dentro del agua y espero mientras regresas.

    No pasa mucho tiempo cuando te veo venir con una esa gran sonrisa que tanto me gusta, y una charola con fruta, yo sonrió y me preparo para unas ricas y frescas frutas antes de nadar un poco.

    Pero esta parte me gustaría que ella la contara…

    Venía caminando desnuda con una sonrisa en mi cara, me encantan estos días juntos sin prisa, sin preocupación, cargaba una charola de fruta en ella traía sandía, naranja, fresas y zarzamora, tu estabas sentado en el filo de la alberca tus pies estaban dentro del agua, en tu mano una cerveza le dabas un trago, que ganas tengo de compartir una contigo de tu boca a la mía.

    – hola, la fruta llegó

    Tus ojos pasan por todo mi cuerpo, aun me pones nerviosa, cuando haces eso.

    Deje la charola a un lado tuyo y me senté del otro lado, seguías sin decir nada pero sin quitarme los ojos de encima, agarré un trozo de sandía y deje que el jugo escurriera un poco de mi boca, saque mi lengua y lo limpie, podía ver como tu excitación iba creciendo como me gusta provocarte, agarre una fresa y voltee a verte.

    -¿sabes a que me recuerdan las fresas?

    Sonríes de medio lado y me respondes que no, me preguntas:

    -¿a que?

    Le doy una mordida y te digo

    – a la cabeza de tu pene, pero no saben igual, me gusta más tu sabor.

    Con tu mano retiras la charola que está entre nosotros y me dices que me acerque, eso hago, nos fundimos en un beso un beso lleno de pasión, de lujuria, un beso hambriento, terminamos el beso y tengo ganas de ti, de devorarte, quiero disfrutarte y eso hago, estamos en el lado bajo de la alberca, te pones de pie dentro de la alberca y yo de puntitas me acerco para besarte nuevamente, paso mis manos por tu barba y las dejo detrás de tu cuello, te retiro de mis labios y paso mis labios por tu cuello y voy bajando a tu pecho, mi lengua juega con tus tetillas, entre besos y lengüetazos, te miro veo tu cara, como va cambiando, como el deseo se va apoderando de ti, me encanta verte así disfrutando del placer que te doy, estas duro paso mi mano por lo largo de tu pene, acaricio tus testículos, vuelvo a poner mis ojos en los tuyos se dibuja una sonrisa en la cara de cada uno de nosotros me muerdo mi labio inferior, siento la garganta seca, me pongo de rodillas el agua alcanza a cubrir de mi cintura para abajo, separó en poco las piernas para sentir el agua por mi cuerpo, te tomo con mis manos, y juego un poco con tu pene, de su ojito sale una lágrima muy larga estas muy mojado la tomo con mi dedo y la paso por la cabecita quiero probarlos junto tu lubricación y tu duro pene, voy metiendolo poco a poco sin separar mis ojos de los tuyos creo que eso hace crecer un poco más el morbo (se que te encanta ver mis ojos mientras te la chupo), estas todo dentro de mi boca te siento en mi garganta te retiras, casi por completo vuelvo a introducirlo dentro de mi boca, se que te gusta que juegue con tu ano cuando hago una mamada y eso hago, la mano que esta en tus testículos la paso a tu ano, dibujo círculos sobre el, esta vez sales por completo de mi boca tomo de tu lubricación en mi dedo y la paso por su ano ya tengo un dedo dentro de ti, me gusta la expresión de tu cara, esa de no te detengas ahora, tus manos toman mi cabeza y tú serás el que marca el ritmo entras y sales a tu antojo y profundidad de mi boca y garganta, de ser una mamada creo que pasamos a una follada en mi boca pero las dos me encantan, que maravilla es verte así entregado a mi, disfrutando, tu respiración me indican que así es, bajas un poco el ritmo que llevabas y ahora me toca hacer la ordeña, son mis labios junto con mi lengua los que hacen el trabajo te succiono cada vez tu respiración es más fuerte junto con tus gemidos… estas por correrte veo como se tensan tus testículos, y de pronto escucho ese ohhh!! Siento tu leche salir chocar en mi garganta, sigo mamando hasta que deje de salir, no dejó escapar ni una sola gota de este manjar exquisito, retiro mi dedo de tu ano, me ayudas a poner de pie, nos besamos y vamos a nadar un poco antes de acostarnos en una hamaca.

    No se cuanto tiempo nos quedamos dormidos en la hamaca, me despierto por causa de la sed y nos descubro abrazados, esta imagen me gusta, tú, acostada sobre mi pecho, yo protegiendo tu cuerpo con mi mano alrededor de ti, me quedo unos momentos así viendo como duermes tranquila, y te aprisiono mas fuerte contra mi, eso hace que despiertes con una sonrisa, te doy un suave beso en la frente y me levanto por otra cerveza (todavia es temprano y falta mucho para regresar asi que puedo tomar un par mas).

    Tú tambien te levantas y bajas de la hamaca, volteo y mi mano te indica hacia el suelo, te incas y bajas la cabeza, me acerco a ti llego justo a tu lado, doy un trago a la cerveza y levanto tu rostro…

    Inmediatamente abres tu boca y empiezo a verter la cerveza de mi boca a la tuya, se que disfrutas cuando directo de mi boca te doy de beber. Tratas de no derramar nada pero alguna gota se escapa, de tu menton hacia tus pechos lamo lo que se derramo, te recuesto en el cemento junto al agua y vierto mas cerveza de mi boca a tu vientre, la chupo y limpio todo lo que queda en tu cuerpo… doy otro trago y vierto en tu sexo, tus labios se mojan con la amarga bebida y mi boca la degusta chupando entre tus pliegues, una vez terminado el trago te digo que te pares, cuando lo haces me pongo detrás tuyo, te inclinas un poco sobre una silla, tomo un ultimo trago y lo pongo en tu trasero dejando que corra entre tus nalgas y piernas.. me dedico a chupar tus piernas, a lamer tu piel desde tus tobillos hacia arriba, quiero dejar tu culo hasta el final.

    Cuando llego a el tiro de tu piedra y la saco con un leve gemido tuyo, y ahí ante mis ojos tengo tu ano, grande, dilatado, deseoso de ser tomado, tu agujero esta tan dilatado que fácilmente podría tomarlo así, sin mas…

    Me pasa por la mente ese deseo, pero en vez de eso me inco para que mi cara quede a la altura de el, lo beso, lo lamo y meto mi lengua en el… sigo besando y lamiendo en el, mientras mis manos no han estado quietas y ya tienen rato masturbando, entrando en ti, tocando entre tus piernas…

    Cuando te corres mi lengua siente como se contrae tu ano, sigo besando un poco y los dedos bajan de ritmo en tus labios, te doy un ultimo beso antes de ponerme en pie. Busco un poco de agua bebo un poco y te paso un vaso a ti también, levanto las ropas de suelo y nos vestimos para entrar a comer ya Juanita debe tener lista la comida. Caminamos tomados de la mano hasta allá, como si fuéramos una pareja normal, una de esas que hacen casi todo juntos aunque sabemos que en la noche cada uno volverá a su nido, hoy lo queremos aprovechar al máximo. Ya después veremos…

    Continuara…

  • Armando mi vecino

    Armando mi vecino

    No es que me haya quedado sin relatos, solo acabo de recibir una llamadita de mi Armando y recordábamos de cómo fueron nuestros primeros encuentros; yo tierna, joven, tonta llena de ilusiones y mi amiguito pues supo aprovechar las miles de ocasiones que tuvo y que le di.

    Ahí estaba yo sola en casa, Armandito y yo ya habíamos tenido nuestros quereres y nuestros besotes en otras ocasiones en fiestas y sobre todo en mi prepa ya que a él me lo llevaba a las tardeadas o eventos de la prepa, como él ya tenía coche pues era mi pretexto para salir acompañada, tener chofer, llegar más tarde como lo conocían mis papas nos dejaban llegar más tarde y bueno dale sus buenos calentones.

    Era un domingo mis papas habían salido a Cuernavaca y yo no quise ir, estaba solita en casa arreglando unas cosas en la cocina como a esos de las 9 am, esta es la imagen: yo a mis tiernos 18 años ya saben en calzones una blusa X así sin bra, solo me había cepillado los dientes y estaba comiendo en la cocina lo que había encontrado para desayunar.

    Cuando tocan el timbre:

    -quien?

    -Hola Ale jejeje soy Armando necesito un favor de Tamara; o del mundo pero ábreme por favor que estoy en calzones…

    Le abro la puesta sonriendo diciéndole hey hey hey vas uy rápido vaquero jajajaja

    -no seas mensa, salí a sacar la basura la basura y se me cerró la puerta, me hundo brincar a mi casa???

    Si seguro que si, lo deje entrar y ahí estaba mi vecinito que tantos calentones nos habíamos dado muchos besotes y bueno era mi oportunidad de volvérmelo a tirar antes de irnos de vacaciones a Playa Pajaritos donde en una salida me invito y ya les contare la súper aventura que nos pasó allá.

    Ahí el de pie en solo boxers con sus piernas marcadas fornidas ya que entrenaba soccer delgado todo marcado y guapo, un poco más bajo de estatura que yo pero lo que veía me gustaba y enfrente estaba yo en calzones tipo bikini chiquito blanco y una blusa vieja llena de hoyos que daba más pena porque y casi era transparente y dejaba ver que no traía bra.

    Nos quedamos vendo así frente así como diciendo y ahora que, cuando bajo un poco la mirada y su amiguito ya estaba despertando debajo de ese bóxer. Le dije que pasara a la cocina, camino detrás de mi y claro yo me moví un poco más de lo normal de todos modos quien se fijaría en mi completa facha de domingo por la mañana.

    Entramos a la cocina y le ofrecí café y de lo que estaba comiendo, le dije hay más cosas en el refri le dije que podía tomar lo que él quisiera, me dijo que lo que quería era brincarse que no quería que mis papas lo vieran así que pena y que pensarían si nos vieran a los dos en calzones.

    -no te preocupes no están- y repitiendo en voz alta con mirada sugerente- en serio no quieres nada? Puedes tomar o que quieras…

    Sin más ni menos se acercó a mí y me tomo por la cintura, yo me le quede viendo a ver que más hacia, subió sus manos por mi talle y alojo su manos en mis tetas y me las empezó a masajear mientras pegaba su cintura a la mía y me hacía sentir su semiereccion sobre mi bikini que claro yo en ese momento ya me empezaba a mojar.

    Me dio un beso rico tierno y empezó a besarme el cuello mientras me abrazaba como si me fuera a ir, bajo una de sus manos alojándose en mi culo y Con la otra mano metió un dedo a un hoyo de mi blusa cerca de mi pezón jalándolo haciéndolo más grande dejando mi teta de fuera la cual empezó a besar a masajear y a darle mordiditas a mi pezón.

    Yo para ese momento ya estaba empapada, el pegado a mi chichi mamándome la teta bien rico y ambas manos en mi trasero, para ese momento yo ya le había sujetado su pito con mis manos, la verdad si lo tiene grande rico cabezón y con venitas, yo ya lo quería hasta el fondo de mi hasta dentro de mis entrañas y sentí que era el momento pero no quería que la primera vez en mi casa fuera en la cocina pero yo ya no podía mas, lo hice hacia atrás y ahí frente a él lo bese fui bajando a su pecho a su estómago me le quede viendo directo a los ojos mientras empalmaba su miembro era todo en mis manos, sin dejarlo de ver le di unos besitos en la puntita que ya tenía un sabor saladito del líquido pre seminal y lo metí poco a poco a mi boca, ahí estaba yo en la cocina de mi casa in cada mamándole la verga a mi vecino con el cual ya nos traíamos muchas ganas desde tiempo atrás y ese sería el momento, me levante lo bese fuerte y largo y lo jale…

    A donde lo llevo a donde me lo tiro, en la sala? No no no a donde en las escaleras no no no ah ya se en mi cuarto donde pero era domingo y no había cambiado mis sábanas no no no en la azotea no no no ya se EN EL CUARTO DE MIS PAPAS…

    Subimos y en el camino me saque la blusa y ahí en la puerta de la recamara le baje los boxers quedando su miembro completamente de fuera apuntándome a mi ranita temerosa pero querendona de amor de sexo de lujuria de mi vecinito, así que me senté en la cama me recosté sobre la esquina y el solo alcanzo a tomarme por los tobillos me levanto las piernas me saco el bikini y me dijo disculpa ya no aguanto más… coloco su pedazo de carne sobre mi pubis y caray me llegaba hasta el ombligo!!!

    Así que ni tardo ni perezoso coloco la punta en la entrada y lo deslizaba de arriba hacia abajo yo solo sentía como me seguía empapando y se lo pedí que me lo metiera que no fuera ingrato que la quería hasta el fondo, así que en la siguiente deslizada lo acomodo bien y me empezó a penetrar, ahhhh que rico que doloroso pero rico poco a poco lo iba metiendo yo con mis manos lo tomaba del abdomen deteniéndolo no quería que me lo metiera de un solo jalón y así bombeando lo metió todo y me dijo HASTA EL FONDO.

    Lo tome del cuello y lo bese el tenia mis piernas por la cintura sujetándolo y él me bombeaba m mama en su vestidor tenía un espejo de cuerpo completo y nosotros estábamos en una posición donde nos veíamos y ahí estaba yo viéndome como me penetraban y las crías que yo hacía tierna tonta joven pero bien caliente mmmm mas mas mas le pedía le suplicaba, se quita de mi y me voltea me pone en cuatro mientras me la vuelve a meter de un jalón yo grito de placer yo gemía de ganas de calentura de la cogidota que yo a mi tierna edad sentía que me estaban dando.

    El detrás de mi dándome me sujetaba de la cintura y me nalgueaba primera paf segunda paf ah que rico y yo seguía en lo mío, yo estaba súper editada y ya quería terminar pero que pasaba con el no teníamos condones y en ese tiempo me daba mucho miedo que se vinieran dentro de mi de Chi creo en ese entonces nadie le había permitido terminar dentro de mi.

    Así que me quite y le pregunte que como estaba que no terminara en mi que si quería en mi panza o en mi culo pero no dentro de mi incluso le dije que terminara en mi boca te la chupo, digo ya me los había tragado algunas veces pero en ese momento fue mi opción mas viable y la verdad lo primero que se me ocurrió.

    Así que me quito se sentó en la cama de frente al espejo y me dijo que me montara que quería ver como ese culito desaparecía su monstruo así que ni tarda ni perezosa me senté en el dándole la espalda, que imagen de verdad, su imagen era por el espejo de cómo me entraba por mi panochita y mis tetas bambolear y por atrás veía como mi cubito desaparecía su tío ah que rico para ese entonces yo brincaba de locura y pasión y sentía mis espasmos dentro de mi como ese corto circuito estaba por crearse, mi piel se me puso chinita se me apresuro la respiración, como apresure las penetraciones y ahhhh ahí estaba yo teniendo mi primer orgasmo en la recamara de mis papas como si fuera mía disfrutando de los gustos y del espejo de mi mama ahhhggg que rico, e ese momento empecé a sentir como se ponía más duro y yo seguía cabalgando que bruta de mi pero alcance a reaccionar y de un brinco me gire me in que y le empecé a dar una gran mamada para que terminara en mi boca, solo sentí como me sujeto de los hombros vi como sus ojitos se pusieron en blanco y empecé a sentir sus churros de leche en mi boca… mmmm solidaria espesura si así quería recibirla, se la limpie completita y mmmm nos quedamos recostados un momento en la cama, así me levante de un brinco salí corriendo con toda la ropa en mi mano, corrió detrás de mí a mi recamara, le dije ok será nuestro niñito de amor cada que pudiera brincarse se podía quedar aquí, mi ventana y su ventana quedaban contiguas y era muy fácil brincarse así que quedamos en dormir muchas veces juntos y sobre todos seguir con esa linda amistad que sabíamos que seguiría, él se llevó mi bikini yo me quede con sus boxers y ahí inicio una vida de sexo pasión desenfreno que ya les conté y seguiré contando.

    Besos y espero sus comentarios.

  • Mas que mi criada (II)

    Mas que mi criada (II)

    Desperté de un humor inmejorable y es que después de haber recibido dos mamadas de mi perrita no podía tener mejor humor! Mi perrita, aun no sabía si podría entrenarla pero ya me gustaba como sonaba.

    Salí de mi habitación vestido, solo para toparme que mi desayuno no estaba servido, y que Hilda estaba encerrada en su cuarto. Por lo que fui a su habitación a tocar.

    -Buenos días Hilda, se te hizo tarde con el desayuno…

    No recibí respuesta, por lo que considerando los hechos de la noche anterior consideré que era mejor irme a trabajar. Sin decir nada, salí de mi casa y me dirigí a comer unos tacos en un restaurante local. Mientras comía me asaltó la duda de saber que pasaría ahora. Ella podría ir con la policía y decir que la había violado, o simplemente irse de la casa, siendo la segunda la menos dañina para mi.

    Pensé en que se iría y simplemente ahi quedarian las cosas, pero algo en mi deseaba poseerla y degradarla hasta que jurase ser mi fiel y obediente perra. Decidi que queria tomarla y entrenarla a mi gusto, hacer de ella mi puta personal y de su culo un bebedero de aves. Que se pusiera jariosa con tal solo oír una orden mía, y que estuviera dispuesta a hacer todo lo que le dijera sin pensarlo y sin importar cuán denigrante fuese. Si… estaba decidido.

    Le marque a mi secretaria y le informé que estaba enfermo, por lo que el dia de hoy no podría trabajar. Termine de desayunar con calma, trazando mi plan y perfeccionandolo. Tenía ansias de apurarme y ponerlo en efecto pero no queria una relacion donde forzara a Hilda. Quería que ella se diese cuenta de su lugar como mi puta, que se excitara y quisiera entregarse a mi. Por lo que le daría dos ocasiones de huir de esto. La primera siendo hoy jueves, llegaria despues de la hora de comida. Suficiente para que saliera de la casa y jamás verla de nuevo.

    Al terminar de comer fui a comprar las cosas que requería, lo cual me tomó apenas 2 horas. Siendo las demás de espera, las ansias y curiosidad de saber si se había quedado o no me corroian. Requeri usar de toda mi fuerza de voluntad para esperar hasta que dieran las 2 de la tarde e ir a mi casa. Al entrar estaba todo en silencio, y pensando que ya se había ido fui hacia su cuarto, solo para descubrir que estaba cerrado por dentro. Por lo que mi putita personal se había quedado…

    Prepare rápido las cosas en la sala para ejecutar mi plan, temblaba de la excitación y miedo que me producía hacer lo que haría. No sabia que pasaria, si lo iba lograr o no, pero estaba decidido a intentarlo. Solo de imaginarme su cuerpo desnudo, esa piel canela roja por los azotes, su culo en alto esperando ser tomado, me ponía por demás caliente. Con la verga dura me dirigí a su cuarto con paso decidido, sin saber si iba a lograr domar a esa yegua o no. Tome la llave del cuarto, gire la manija y le grite:

    -¿Pero que carajo piensas tu? ¿Crees que te pago por estar de floja todo el dia? No has limpiado! Ni cocinado! ¿Que estas pensando eh?

    Cualquier persona normal hubiera sentido lástima por la muchacha, estaba en hecha un ovillo, con los ojos hinchados, y una cara de susto. Pero yo no vi sus lágrimas, ni sus ojos hinchados, yo solo vi como se le asomaba una teta por el lateral de la playera y unos suculentos labios que me habían hecho gozar la noche anterior y que me harían gozar hoy de nuevo.

    -Yo… Yo… – Balbuceo asustada.

    -¿Tu que? ¿ No sabes hablar? Ven acá en este momento + Le dije mientras la tomaba del brazo, a lo cual se encogió de inmediato.

    La arrastre literalmente por la casa y sujetándola por la nuca le dije.

    -Te presento la cocina y sirve para cocinar. ¿Entendiste?

    -Ssss….Si – Le jale fuerte el pelo haciendo que se arqueara y me permitiera arrimarle mi notable erección a su delicioso culo.

    -Habla fuerte Hilda… y se dice: si señor

    -Sssiii Señor- dijo, mientras le soltaba el pelo.

    -Bien, quiero que me cocines una pasta con tomate. Al terminar tomas una cerveza y me llevas el plato a la sala. ¿Entendiste?

    -Si señor

    -Me alegro que entiendas rápido, pones el plato en la mesa, y te pones de rodillas. Me preguntas si quiero una mamada, al cabo es para lo único que sirves. ya que no cocinas -más su rostro mostraba una cara de perplejidad que no podía con ella por lo que presione un poco más.

    -¿Entendiste?! ¿Que vas a hacer después de dejar el plato? -Le pregunté mientras le estrujaba un seno y la miraba fijamente. Intento sostener la mirada, la bajo y en un sollozo apenas audible me contestó.

    -Pon… erme de rodillas y… pre… pre… preguntarle si quiere una mamada…

    -Señor… -Le dije mientras ponía una mirada de loco por volver a sentir esa boca en mi verga.

    -Ssseñor.

    -Apurate que tengo hambre.

    Me dirigí a la sala donde tome el control de la tele que estaba encima de la misma y con una erección de burro me puse a esperarla. Mi plan hasta el momento iba bien, más que bien en realidad… no creí que fuera tan fácil hacerla aceptar lo que le pedía. Esperaba resistencia, una bofetada, que no quisiera hacerlo, pero me encantaba la mirada de sumisión que tenía.

    Al cabo de quince minutos se presentó en la sala con mi plato de comida y cerveza en la mano, los dejo en la mesa y se quedó a lado de mi parada. No hacia nada, y por un momento mi resolución flaqueo, me quedé petrificado durante unos segundos hasta que vi su mirada al suelo. Claramente se debatía en si lo hacía o no. Solo requería un pequeño empujón, una leve insinuación para que acatara las órdenes.

    -¿Si Hilda? -le pregunté mientras la miraba increpando la con la mirada.

    Oí un susurro apenas audible e incomprensible.

    -¿Perdón? -Era una pregunta franca ya que no le entendía nada.

    -¿Quiere que se la mame?… Señor -y se puso de rodillas.

    Sonreí… Sonreí como jamás había sonreído. Con una mujer piel de canela de rodillas, con unos senos suculentos y un trasero firme. ¿Quién no lo haría? Me puse de pie, me quité el cinturón lentamente, con la misma calma me lo quite y lo avente. En el bóxer se me notaba mi erección, y mientras me lo quitaba la miraba fijamente a los ojos. Su mirada era un poema, se veía resignación, sumisión y quizás por mi calentura veía deseo en sus ojos. La acomode entre mis piernas, puse mi mano atrás de su nuca y guíe mi pene directo a su garganta hasta que llegó a su campanilla.

    -Mirame a los ojos puta. -Con mi pene en su boca dirigió su mirada hacia la mía + Esta será nuestra nueva rutina. ¿Entiendes?

    -Ghi Geñor -Me respondió con ese sonido gutural característico de una mujer ahogada por un pene.

    -Pon las manos atrás y chúpamela hasta el fondo.

    Con sus carnosos labios envolvía mi pene mientras con la lengua jugaba con él al salir. No era nada mala, y se notaba que no era la primera vez que lo hacía.

    -Has mamado muchas vergas puta? Eres muy buena en esto

    La deje mamar un poco más, después la tome del pelo y la guie a ponerse de rodillas en el sillón. Le di dos nalgadas y baje el short que traía junto con sus calzones. Al sentir la humedad de su vagina supe que la tenía de ganar. Ya había ganado la primer batalla, pero si quería convertirla en mi perra debía hacerla adicta a mi, le tenía que dar orgasmos fuertes que la pusieran pendeja para poder domarla.

    Sin miramientos la tome de la base del cráneo y jale fuerte su cabeza para que se arqueara. Acto seguido tomé mi pene y con un fuerte embiste se lo clavé hasta el fondo. Note como se abrían las paredes de su húmeda vagina y sin ningún problema me alojaba en el fondo de su ser, mientras con la mano izquierda jalaba su cabeza con la derecha le nalgueaba ese tremendo culo que tiene. Ella estaba jadeando como perra en celo, se notaba que extrañaba una buena cogida o que era masoquista. Su vagina se contraía con fuerza sobre mi pene llevándome al borde de eyacular dentro de ella, pero justo en el momento que sentía se iba a venir me frenaba en seco. Esperaba un poco y después continuaba con el vaivén frenético. Después de varias veces así, y ya que tenía una cara desesperada por eyacular me dijo.

    -Por favor, mmmm, hazme veeenir

    -¿Y qué gano con eso puta? -La cara que puso fue un poema, no entendía qué pasaba. No entendía siquiera la pregunta.

    -¿Si te hago venir serás mi puta? -Nalgada

    -¿Podré tomarte en cada rincón de esta casa? -Nalgada

    -¿que hago con hacerte venir? eh puta? -La tome de la cabellera y la jale con fuerza hacia mi. Su orgasmo estaba próximo- Dime, ¿Serás mi perra? ¿Mi puta?

    -Sssiiii, haré lo que quieras pero por favor no pares!

    La tome del cuello con ambas manos y bombeé su vagina con toda mi fuerza. Sentí como su vagina se convulsionaba y ocupe de toda mi concentración para no venirme. Justo cuando sentí que su vagina no podía apretar más, presione su cuello para asfixiarla levemente. Sentí su orgasmo, mientras hacía sonidos guturales y removía su culo pegado a mi pubis. En ese momento libere mi eyaculación para dejarle mi semen en el fondo de su ser. Volteé hacia la tele y vi la cámara que previamente había puesto ahí para grabar. Y volví a sonreír… el problema de acusarme con la policía estaba resuelto….

    CONTINUARA

    ————————

    Este relato es ficticio y cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

    Dominante de 29 años, nativo de la ciudad de Monterrey, Nuevo León, México.

    Quisiera escribir un poco acerca de BDSM, pero soy novato en la redacción. Serán bienvenidos los comentarios para mejorar.

    Frase BDSM:

    No hay mejor cadena que te una a mí que tu propio placer.

  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (48/59)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (48/59)

    El culito del chaval resultaba apretadito y muy jugoso, por el seminal que salía de mi polla y la segregación de sus jugos, entraba en él con largos movimientos buscando el ángulo perfecto para rozarle o impactar con el glande en la próstata. Cuando lo lograba se estremecía y dejaba salir un chorrito de seminal.

    -¡Ahh! Ángel que placer, me voy a correr, necesito hacerlo. -me acariciaba los costados del cuerpo y a veces me encadenaba con sus piernas, sujetándome las mías, poniéndose rígido y contrayéndose, estaba gozando de lo lindo y eso me volvía loco, su penecito apuntaba al ombligo y casi no se movía por lo tirante y rígido que lo tenía, de un rojo muy fuerte para estallar.

    -Córrete amor, es lo que quiero. -aguantaba y a veces me incrustaba las uñas en la piel, hasta que no pudo más y elevó el culo buscando que mi verga le entrara todo lo profundo que pudiera.

    Era una autentica hermosura ver a aquel delicado ser contorsionarse, morderse los labios y jadear convulso, ver salirle espuma por la boca y los ojos girados en blanco, con dificultad para respirar mientras de su pene salía una increíble cantidad de semen.

    Lo miraba pacientemente, deseando correrme a mi vez, pero aguantando y disfrutando de su momento de gloria, hasta que se quedó agotado y sin vida, sujeté sus piernas para que no se cerrara y expulsara mi polla y empecé a follarle con unas ganas tremendas de llenarle la tripita de leche.

    Abrió los ojos, jadeaba y gozaba mirando como en mi desenfreno final me tensaba metiéndome en él con fuerza.

    -Córrete Ángel, lléname de leche, me gusta Ángel, ¡Oh sí! -sus palabras fueron esenciales para hacerme acelerar los movimientos y sentir que cooperaba apretando su ano para darme gusto.

    -¡Ya, ya Etel! me voy bebé. -el chiquillo me abrazó contra su pecho mientras me vaciaba en el fondo de su recto.

    Salíamos de la ducha después de enjabonarnos mutuamente, acariciarnos y sintiendo la finura y suavidad de las pieles, el pequeño me había dejado algunas marcas que no tardarían en desaparecer, me daba por satisfecho y él sonreía victorioso, había ganado una batalla que contaría algún día a sus nietos.

    -Ha sido estupendo Ángel, no pensé que esto fuera así. Migue no es como tu, solo me la mete y me da verga hasta correrse y todo se termina ahí. -observé su sonrisa feliz y le aparté el pelo de la frente.

    -Puede que algún día se arrepienta por no haber sabido sacar lo mejor de ti, lo importan es que tu sepas que esto se puede disfrutar, y ahora eres un hombre, me has dado por el culo y muy bien, me ha gustado Etel. -su sonrisa se volvió orgullosa, satisfecho de su proeza.

    -Me gustaría que volviéramos a vernos. -me suplicaba con los ojos y me lo pedía por la boca.

    -Todo puede suceder Etel, pero todos no son como tu primo y el criado de tu abuelo, seguro que entre tus compañeros hay quien desee estar contigo, tu eres precioso. -le di un dulce beso en los labios y le acompañé hasta la puerta de la biblioteca, me despedí para darme la vuelta y entonces se me abrazo.

    -Gracias Ángel tu no eres un puto como dice mi abuelo. -aquello me hizo sentir suficientemente compensado. Y he de reconocer que había pasado un buen rato, primero con su abuelo y mejor con él.

    ————————————

    Transcurrieron unos días y estábamos a finales de Junio, el calor ya era implacable y pasábamos mucho tiempo en la piscina, a las mañanas con Ana María, ahora que no estaba Pablo nos llevábamos mejor, algunos días nos acompañaba Oriol.

    A las tardes las reuniones en el bar se habían trasladado al pabellón de verano en la casa de Eduardo, el que Ian participara era lo normal y Alberto llegaba tarde después de trabajar. En resumen, el pabellón de verano y la piscina se convirtieron en nuestro lugar de juegos y entretenimiento.

    Alberto pasaba la mano lentamente por mi espalda, repartiendo la crema protectora con profusión, temía no llegar a coger el moreno fuerte que mi piel adquiría al estar expuesta al sol.

    -¿Ya has decidido lo que vas a estudiar? -me sorprendió su pregunta, estábamos los dos tendidos sobre el verde de la hierba y en la piscina jugaban los demás.

    -Me gusta magisterio, poder enseñar a los niños. -era lo que siempre había pensado y no lo necesitaba pensar más.

    -No se, quizá te interesaran las ciencias económicas, así además de trabajar estarías preparado para controlar tus bienes. -dejé escapar una carcajada y Ana un poco más lejos nos miró por encima de sus gafas de sol.

    -¡Oh Alberto! dices unas cosas increíbles, yo no tengo nada y no creo que lo tenga alguna vez. -a pesar de que su piel había cogido cierto bronceado, noté que se puso rojo y balbuceó una disculpa.

    -Perdona, no quise ser indiscreto, pero te aseguro que en la sociedad donde trabajo tendrías un lugar, ¿no es poco, verdad? Allí te podría ayudarte y algunos que tu conoces tienen bastante influencia. -en principio me gustaba que mostrara ese interés por mi futuro y que se preocupara de mi.

    -Te aseguro que lo pensaré y lo hablaré con mis profesores para ver si es posible. -Alberto siguió repartiendo la crema por mi espalda sin responder y más tranquilo.

    En realidad no había dicho toda la verdad, aunque tampoco creía que fueran posesiones que me resolvieran la vida los regalos que mis amantes me seguían haciendo.

    La noche anterior Eduardo me había entregado dos paquetitos de regalo, enseguida adiviné que serían la compensación que enviaban aquellos poderosos hombres que disfrutaban follándome.

    Los abrí delante de él y no me había equivocado, uno contenía un precioso reloj Cartier ovalado con la esfera plagada de brillantes, el segundo una larga cadena trenzada en oro blanco y rojo con brillantes engarzados, podía ser usada como collar, o dándole dos vueltas como pulsera.

    Muy bonitos y valiosos los dos, Eduardo no me dijo de quienes procedían, pero supuse que eran de los dos primeros hombres con los que estuve, lo cierto es que nunca me dijeron sus nombres ni me preocupaba.

    Unos magníficos regalos para pagar…: ¿el qué?, ¿el polvo disfrutado de un puto de lujo? ¿Una hora de servicio de un puto valía tanto?… O lo hacían para quedar bien con Eduardo, o aquellos señores nadaban en dinero y no sabían en que gastarlo.

    En la agencia donde trabajaba Yasin había muchachos bellísimos, pasivos dispuestos a entregarse por unos cuantos billetes. Eduardo me había entregado el último catálogo, para que escogiera los chicos que me gustaran, ahora que no estaba Pablo deseaba verme ser follado por otros hombres y quería que fueran de mi gusto.

    Deposité los regalos después de mirarlos en sus respectivos estuches, ya no usaba mis valioso pendientes, los agujeros en las orejas terminarían por cerrarse, ni tampoco las otras joyas que él mismo me regalaba, prefería estar sin adornos que no me aportaban nada.

    O sea que algo si tenía, pero no al punto de necesitar estudiar una carrera para controlar mis posesiones. De todas las maneras lo hablaría con Oleguer y Guido, me interesaba la perspectiva de trabajar en la ciudad, ¿a su lado?…

    ————————————

    Esa mañana, me sentía lánguido, pensaba en Pablo mientras me desperezaba y hasta debajo de la ducha mi pensamiento estaba en él, solamente recibía contadas llamadas suyas, para decirme que los recién casados no había regresado del su viaje de novios, que trabajaba mucho preparando sus proyectos y cosas así, para nada hablaba de nosotros.

    Me dirigí al comedor del lado de la cocina como era habitual, Dulce saltó y corrió hasta ponerse de pie abrazado a mis piernas y lo tuve que coger para frotar mi nariz con la suya, ya casi no podía con él. Berta, acompañada de Alicia y Carmen estaba en la cocina, sentadas tomando un café. Las saludé y me encogí de hombros pidiendo mi desayuno con ese gesto.

    -La señora está desayunando en el comedor principal y te espera. -me gustaba el trato que tenía con aquellas agradables tres mujeres, las saludé y fui donde Ana me esperaba.

    Tomás estaba sirviendo el café y mientras me acercaba donde Ana para darla un beso colocó sobre la mesa, enfrente de la silla de al lado un nuevo servicio para mi.

    -¿Querías verme?

    -Solamente es para darte un recado de Eduardo, tenemos una reunión esta mañana y no quería que te colocaras el bañador para tener que quitártelo.

    -¿A qué hora es la reunión? -le hablaba a Tomás que untaba de mermelada de naranja dos rebanadas de pan para mi.

    -A las once, las demás personas que ha citado llegaran a esa hora. -no eran muy frecuentes esas convocatorias, casi siempre los asuntos de la casa se resolvían y hablaban en las comidas o cenas, pero si había personas de fuera de la casa quería decir que se trataba de asuntos más serios.

    Después de que Tomás nos informara comíamos en silencio.

    -Los padres de David quieren pasar unos días en Niza, ahora en Julio, y piensan ir con Oriol, David no pude acompañarlo por su trabajo. -escuché poniendo atención a lo que parecía un monologo que hablara para si misma.

    -Nos han invitado para que vayamos con ellos, a Eduardo no parece gustarle mucho la idea…, no creo que sea un problema ahora que le han suspendido la medicación y que para él sería un cambio que le favorecería. -suspendió la disertación que se traía, no llegaba a entender que era lo que deseaba de mi y no continuó hablando ni volvió a hacer referencia al tema.

    Me entretuve en mi habitación para dejar pasar los minutos que faltaban, respondí correos que tenía pendientes y rompí papeles viejos, me preparé para la reunión, y aunque no me puso en bañador, si que me coloqué un pantalón corto y holgado con una camisa de verano a juego.

    Había escuchado el ruido de motores de vehículos deteniéndose en la entrada principal pero no sentía curiosidad, solamente pensaba en lo extraño de aquella reunión.

    Llegué con un minuto de antelación, para ser el último pero sin llegar tarde. En la biblioteca encontré un nutrido grupo de personas conocidas, Ana María sentada en uno de los sofás, flanqueada por David y Oriol, y la persona que menos esperaba encontrar, uno de los hombres que días atrás había gozado de mi cuerpo, estaba junto a él don Manuel, los dos en otra butaca enfrentada a la otra, Eduardo parecía presidir la reunión desde su mesa.

    El ver a aquella persona me avergonzó, supe que me había puesto rojo y que estaba muy nervioso, no entendía su presencia en aquella reunión. Ana me indicó que me sentara a su lado. Me sentía tan nervioso que entrelazaba las manos esperando que tuvieran que decirme algo negativo sobre mi comportamiento, la vedad no sabía que pensar, además estaban todos muy serios.

    Una vez que me senté Ana María me cogió del brazo.

    -No pasa nada, tranquilízate o terminarás con mis nervios -también ella estaba que saltaba como yo, pero sabía disimularlo. Todos miramos a Eduardo cuando comenzó a explicarse.

    -Solamente quiero que todos los interesados conozcáis mi voluntad… -todos teníamos los ojos fijos en él como hipnotizados.

    -Quiero decir lo que se hará con mis bienes cualquier día de estos… -se detuvo de hablar para mirarnos de uno en uno.

    -Falta Pablo pero no importa. El notario os leerá el documento que atestigua mi deseo y Manuel será, desde ahora, el albacea que lo llevará a cabo. -no parecía tan interesado en lo que se trataba, al revés de los demás que estábamos expectantes, curiosos, quizá algunos como yo, pensado que sobrábamos en aquel acto.

    -Como Eduardo os ha dicho ha formalizado su testamento, sus voluntades… -se detuvo un momento mirando hacía Eduardo y éste le hizo una señal animándole a que continuara.

    Resumiré sus palabras para no hacerlo muy largo: Eduard deseaba desde hace tiempo, y ahora urgido por su enfermedad, dejar sujetos a un documento oficial el destino de sus bienes cuando el faltará.

    La casa donde nos encontrábamos, disponía que pasara a ser propiedad de Ana María, la fórmula era más rimbombante y aludía al compromiso que suscribió en su día con el abuelo de Oriol don Ernesto, el resto de sus bienes se repartiría a partes iguales, en quintas porciones, salvo algunas cantidades que dejaba a sus fieles sirvientes y sociedades culturales y de caridad a las que pertenecía.

    Los cinco agraciados por la fortuna nos encontrábamos allí excepto Pablo, Ana María, David, Pablo, Oriol y yo mismo, luego comenzó a relatar una lista interminable de los bienes que conjuntaban el legado hsta que Eduardo le hizo una seña con la mano.

    -Es suficiente, el detalle lo conocerán en su día. -el hombre, o notario como Eduardo le había nombrado, nos fue pasando unas hojas que teníamos que firmar aceptando lo que nos dejaba, después los abogados se aplicarían en organizarlo, recogió los papeles en su attachet de cuero marron y se despidió dándonos la mano.

    Don Manuel se quedó para seguir hablando con su amigo y comió con todos nosotros, antes estuvimos un tiempo en la piscina, todos impresionados por lo que había pasado, al menos yo lo estaba.

    Mientras tomaba el sol al lado de David y Oriol, pensaba en que sería lo que ya sabría Alberto, enseguida relacioné la herencia de Eduardo con lo que me dijo sobre estudiar C. Económicas.

    Tardaría muchos meses en asimilar aquello, de momento no era dueño ni de mi destino y dependía principalmente de Eduardo.

    Durante la comida todos permanecíamos callados, aquello parecía un cementerio por el ominoso silencio reinante, solo se escuchaban el tintineo de los cubiertos y las pisadas del mayordomo con sus cuchicheos a Alicia para que pasara la bandeja. Tuvo que hablar Eduardo para animar la comida.

    -No pongáis esas caras, quiero dejar bien concretados mis deseos y por ello no voy a morirme, vais a tenerme que soportar mucho tiempo. -entonces don Manuel comenzó a hablar sobre algo referido a Pablo y los proyectos que le había presentado.

    Pensé que, excepto Ana María, el resto de los afortunados no nos lo esperábamos.

    ————————————

    Ana María consiguió lo que deseaba, cuando lo planteó dos días después en la comida, y Eduardo me pedía mi parecer también yo estaba de acuerdo, había pensado en todo ello y me ilusionaba poder pasar unos días en Niza, con Oriol, disfrutando de nuestra juventud, de las playas que imaginaba sublimes, con noches de fabulosas fiestas.

    Ana y la madre de David se encargaron de preparar lo necesario, todo ello minuciosamente detallado con la asesoría de una agencia de viajes. El grupo lo compondríamos diez personas: El doctor Salvatierra con su esposa, Oriol, una doncella y su chófer. Por nuestra parte: Eduardo, Ana María, Carmen, Justino y yo.

    Ana María quería que fueran los dos chóferes, habían encargado, en alquiler, dos coches y también el servicio de valet para los señores. Ana y la madre de Oriol tenían “in mente” visitar el cercano Mónaco, atraídas por su afición al juego, y los casinos de Montecarlo ejercían una poderosa influencia en ellas.

    Iríamos en avión, menos cansado para Eduardo, para él ya era suficiente esfuerzo las cuatro horas de vuelo y las esperas en los aeropuertos.

    La última tarde de piscina, antes de emprender nuestro viaje, habían llegado gran cantidad de amigos entre ellos Ian y Alberto, organizaron los juegos de piscina, competiciones de natación y partidas de cartas dentro del pabellón. Berta se esmeró con sus increíbles sándwiches y Alicia en servirlos entre sonrisas.

    Mientras los visitantes comían con ganas, después de cansarse por el ejercicio, pude quedar a solas con Alberto unos minutos.

    -Va a ser un bonito viaje, lo pasaréis bien todo el día en la playa y aquella gente agradable y servicial.

    -Eso espero y estoy ilusionado, ¿lo has visitado alguna vez?

    -Si, varias veces, pero no he estado tanto tiempo allí como vais a hacer vosotros. -esto no era de lo que deseaba hablarle pero para comenzar no estaba mal.

    -He consultado con Oleguer y Eduardo lo que me dijiste sobre mis estudios, te dan la razón y me matricularé para hacer esa carrera.

    -¡Ah, sí! -quería hacerse el distraído y ataqué directamente para conocer lo que deseaba saber.

    -Tu sabías aquel día lo de la herencia, por eso me hablaste de los estudios. -Alberto se puso nervioso.

    -¡Perdona! Fui un imprudente y tu muy listo para conectar las dos cosas. Tuve que encargarme de inventariar las pertenencias de Eduardo y trabajar directamente con la notaría, no tuve otra relación, todo puramente profesional. No pensé que pudieras relacionar mi comentario. -le veía preocupado por no haber sabido contenerse y hablar demasiado.

    -No tienes que preocuparte, no voy a pregonarlo y tampoco es tan importante, al final tenía que enterarme.

    -Sí, claro, eras uno de los interesados en el reparto, y ahora ya ves, una persona rica. -parecía disgustado por haber sido afortunado y elegido por Eduardo.

    -¿Rico? ¿Dices que soy rico?, ¿se trata de tanto como insinúas? -sinceramente imaginaba que así era pero no tenía ni la más remota idea.

    -Creo que puedo orientarte, no es un secreto y en cualquier revista especializada podrías medio informarte, según lo que he estimado hablamos de más de cinco mil millones, después de pagar los impuestos de sucesiones, repartidos en cinco partes iguales.

    Comencé a imaginarme la cifra y no me cabía en la cabeza, no podía imaginar lo que suponía aquella inconcebible cantidad, y creo que cuando tuve una remota idea la cabeza me estallaba y me temblaban las piernas. Alberto debió imaginar lo que pasaba por mi cabeza.

    -Por eso te decía que deberías prepararte para controlar esa fortuna que, seguramente, los gestores de Eduardo irán aumentando cada día.

    -¡Dios mío! ¿Por qué habrá hecho eso?

    -Lo importante es que está hecho y habéis aceptado recibir la herencia, ahora los técnicos trabajaran para que paguéis lo menos posible. -Alberto, sin duda, conocía mucho sobre estos temas que a mi se me escapaban.

    -Eres millonario Ángel, aunque no dispongas de la herencia de momento, técnica y legalmente lo eres, podrás comprarte todos tus caprichos, marchar lejos si lo deseas, buscarte nuevos amigos. -la amargura de su voz y lo último que dijo no me gustaron en absoluto.

    -Eso no cambia nada Alberto, soy el mismo Ángel de antes, y a pesar de lo que me acabas de decir, por mi parte no voy a cambiar mis sentimientos, tu eres mi amigo, de los mejores, ¿o ahora quieres dejar de serlo?, ¿¡no!, verdad? Pues yo tampoco. -Alberto pensó que me iba a poner a llorar y me cogió de los brazos.

    -Discúlpame Ángel, soy tan torpe, deseo seguir siendo tu amigo como tu dices. -a pesar del calor que hacía mi cuerpo temblaba sin saber el motivo.

    -Siempre he necesitado amigos que me aprecien y quieran y ahora más que nunca Alberto, creo que tu ayuda y consejos me van a ser muy valiosos. -tuvimos que dejar de hablar, el resto salían dispuestos a seguir divirtiéndose hasta que la noche y el cansancio los devolviera a sus casas.

    ————————————

    El Radisson Blu nos acogió con todos los honores, y nada más entrar en la habitación me tiré algo cansado sobre la gigantesca cama, Oriol llegó hasta la ventana y abrió la puerta para pasar a la terraza, una pieza de la longitud de la habitación y colgando dos metros de fondo en el vacío sobre los jardines laterales del paseo marítimo, se tendió en una de las dos tumbonas.

    Habíamos hecho el viaje sin problemas, dejaron los coches en el parking del aeropuerto para tenerlos a la vuelta, y la espera para coge nuestro vuelo no se nos hizo tan larga.

    En la salida de la terminal 1 del Nice Côte d’Azur, nos esperaban los coches que habían contratado y de los que se hicieron cargo los chóferes, ahí tardamos unos largos minutos, nada que nos impidiera llegar a tiempo al Radisson para comer después de prepararnos.

    Habían reservado habitación para Oroil y otra para mi, él enseguida dispuso que ocuparíamos solamente una para los dos y en recepción ordenó las maletas que tenían que subirnos a nuestra habitación.

    Al entrar me di cuenta de que tenía razón, la habitación era enorme, para sentir miedo estando uno solo, aunque la decoración fuera funcional, luminosa y moderna.

    Junto con nuestras maletas llegó Carmen para abrirlas y que pudiéramos elegir la ropa para la comida. Nos dimos una rápida ducha para quitarnos el sudor, bajamos al comedor acristalado y con vistas al paseo que discurría antes de la playa que no parecía tener fin.

    Durante la comida no podía evitar mirar el variopinto público que se sentaba en las mesas más cercanas: Matrimonios con niños pequeños, adolescentes, algunos chicos jóvenes como nosotros, acompañados de personas mayores, algunos que se les notaba su reciente casamiento, pero todos bajo un denominador común, eran clientes adinerados en un hotel lujoso y de los mejores de la ciudad.

    Entonces me di cuenta de que me encontraba en dificultades, todos sabían francés, más o menos, a mi no me sonaba esa música y tenía que recurrir al conocimiento de los demás para hacer mi pedido. Eso no era lo más importante para mi, lo era el lugar maravilloso donde me encontraba, el público al que observaba curioso y la rica comida que habían elegido para mi.

    Después de lavarnos la boca y descansar un corto tiempo, llegó el momento de inspeccionar lo que había en el hotel: Nuestra fantástica habitación con zona de estar incluida y comodísimas butacas, La pequeña terraza que Oriol ya había probado, el enorme baño con dos lavabos independientes sostenidos con barras que bajaban del techo y plato de ducha donde podían meterse cuatro personas.

    Paseamos por el hotel, tenían varias cafetería con restaurantes de diferentes cocinas, la piscina con vistas al mar y la playa, salas de juegos…, y al final nos cansamos.

    Después de la cena bajamos al paseo de la playa, atravesamos la carretera e inmediatamente estábamos en la arena, el escaso púbico que había a aquellas horas lo componían grupos pequeños de jóvenes, permanecían tumbados fumando y bebiendo indolentes en la arena, la suave brisa del mar nos traía el murmullo tenue de sus conversaciones acompañadas de alguna risa.

    Paseamos unos minutos sin acercarnos a la primera linea de playa, donde rompían en silenciosos susurros las olas, la vuelta la hicimos por el interior, siguiendo la hilera de las desarrollada palmeras.

    Nos subimos a la acera donde se sucedían uno tras otro los acristalados veladores, al otro lado del vidrio las mesas estaban ocupadas por clientes consumiendo sus bebidas. La gente estaba de vacaciones y nadie tenía prisas.

    -¿Quieres tomar algo antes de volver al hotel? -Oriol agarró mi mano para hablarme

    -Se está mejor en la calle que en la habitación, de acuerdo. -anduvimos unos minutos mas, Oriol continuaba sujetándome la mano y yo no hacía nada por soltarme, y al fin encontramos una terraza con varias mesas vacías y nos sentamos.

    Bebimos el refresco de menta que Oriol había encargado mientras mirábamos a la gente desfilar por el paseo. Mi amigo me sujetó por el brazo forzándome a que me girara.

    -La muchacha lo está rechazando y el chico no se da por vencido. – me hablaba colocándose la mano delante de la boca para que los que estaban cerca no le oyeran.

    Me quedé un momento observando y no lograba ver nada, hasta que, de detrás de una palmera gorda y sin gracia, salió una chica corriendo internándose en la arena de la playa, el muchacho corrió tras ella.

    Unos metros más adelante la alcanzó y al intentar sujetarla ambos cayeron, quedaron ocultos por la ondulación de una duna dejando de existir. Instantes después nos alcanzaban las alegres risas que salía de la negrura tras la duna de arena.

    -Al final lo consiguió. -Oriol se puso a reír sin elevar el tono.

    -¿Quién puede detener al amor, o a la necesidad imperiosa del deseo? -no le contesté, solamente le miraba para volver a reconocer, una vez más, la belleza perfecta de su cara, ahora iluminada por la picardía latente que le brillaba en la mirada.

    Seguirá…

  • Mi esposa con su amante

    Mi esposa con su amante

    Este relato habla de la primera vez que la vi coger con otro hombre, a partir de ahí me he vuelto un adicto a verla sin que se dé cuenta y aquí otro relato erótico.

    Coronel es o era su amigo, la verdad ahora no lo sé, solo sé que la pretendía mucho y le mandaba fotos de él, para no hacerlo más grande le caché unos mensajes donde se quedaron de ver.

    Ella ese día se puso un leggings negro, unos zapatos abiertos y una blusa escotada de la espalda, se veía riquísima. Ella me dijo que iría con su amiga.

    Me esperé una hora y llegué al bar donde estaban, obviamente sin que ella lo notara, los vi en una mesa hasta el fondo, se estaban besando. Al parecer no querían perder tiempo, se pararon a bailar y él sin tapujos la manoseaba y ella zorra se dejaba gustosa. Me dediqué a observar como sus manos agarraban y apretaban las nalgas de mi mujer y ella mordía el hombro de él.

    Pasó un rato hasta que se levantaron y fueron a la parte trasera de la barra, noté por sus expresiones que no era un lugar para el público así que sin decir nada y muy cuidadosamente los seguí.

    Al entrar había una cortina, escuché unos ruidos y al mirar la vi a ella, ya sin el mayón y la trusa. Coronel le estaba dando tremendo sexo oral, ella gozaba de lo lindo ya que él parecía una aspiradora comiéndose la conchita de mi mujer. Después de un rato de ver como se comía su cosita, él se puso de pie para que ella pasara a hacer su chamba, le quitó los pantalones, el calzón y fue directo a la verga, la tenía gruesa y venosa como le gustan a ella.

    Mi esposa chupaba y se traga ese pedazo de carne, apenas si le cabía en la boca pero no quería dejar de mamar, de repente la tomó del cabello y con violencia llevó su verga hasta el fondo de su garganta. Lo hizo repetidas ocasiones, el maldito la estaba ahogando con su polla, pero a ella le encantaba, después ella se acomodó en unas tarimas y cajas que había cerca, él se puso de rodillas y comenzó a penetrarla.

    Sus movimientos suaves y rápidos hacían que ella gimiera de placer, se besaban y mordían mutuamente sus pezones, él se puso de pie y la cargó, vi como se la metía mientras la tenía cargando, después él se acostó sobre unos cartones y ella se sentó dándole la espalda y comenzó a mover su cadera

    –Diooosss que rico coges nene

    –Te gusta cómo te cojo chiquita?

    – Si nene, me encanta tu verga adentro, me encanta coger contigooo…

    Dios en ese momento me enteré que no era la primera vez que él se la comía, mientras miraba como le daba con todo, era una bestia, creo que si se lo coge mejor que yo y lo sé porque nunca pone esa caras cuando cogemos…

    – Ponte de perrito, quiero darte así…

    – Si bebé, lo que tú digas…

    – Me encanta cogerte así, me encanta como se ve tu culoteee…

    Se la empezó a meter en esa posición, ella gritaba y él como toro me la estaba destrozandooo.

    – Siguee! no pares cabrón! metemelaa, metemelaaa!

    Ella le decía mientras él la embestía como toro desquiciado y la muy puta solo gemía, unos momentos después él se vino en ella.

    – Toma perra, toma tu leche ¿te encanta la leche de mi verga verdad puta?

    – Siiiii me encanta sentir tu leche llenándome mi vagina.

    Pero no todo terminó ahí. Se colocaron al estilo 69 y comenzaron a estimularse nuevamente, después de unos minutos él la puso de perrito y observé como le estimulaba el ano, sabía que venía un anal salvaje ya que su verga no era tan grande pero era muy gruesa.

    Se puso en cuclillas y comenzó penetrarla por el culo, ella gritaba pero al mismo tiempo se empujaba sobre la tranca.

    – Aaay, así métemela cabrón, aunque grite no me la saques, no me la saques por favooor!

    – Eso es nena, goza, goza mi verga…

    Se enrollaron en unas dos o tres posiciones anales más, hasta que él se vino dentro de su culo.

    Hijo de perra, no solo se coge mejor a mi mujer si no que seguramente he removido su atole, no la culpo, el wey hace bien su chamba, observaba como se besaban y se recostaban sobre las cajas.

    Decidí que ya había visto mucho, y me fui a la casa, seguramente ocurrieron más cosas ya que ella llegó 3 horas después que yo. Solo la recibí con un abrazo y comencé a planear nuevas aventuras para ambos…

  • Mi miedo a volar es calmado de forma inesperada

    Mi miedo a volar es calmado de forma inesperada

    Casi 2 horas de retraso, por fin podíamos entrar al avión. La gente, que se había estado quejando y lamentando desde que nos informaron por primera vez que el vuelo se iba a retrasar, tomó la noticia con alivio.

    Era finales de abril, aeropuerto de Barajas, en Madrid, con destino Miami. A mi novia María y a mí nos esperaban dos semanas de vacaciones, que llevábamos planeando 6 meses. Llevaba con ella casi 3 años. Era una chica pijilla, la había conocido en una fiesta organizada por un amigo de la época universitaria. Rubia, buen cuerpo cuidado de hacer ejercicio. Físicamente me encantaba. Sin embargo, llevaba tiempo albergando secretamente mis dudas. Su carácter y forma de ser eran algo difíciles. Me intentaba convencer a mi mismo de que con el tiempo, mis dudas desaparecerían. Por ello, decidí organizar este viaje, como sorpresa, para pasar 2 semanas juntos, y acercarnos aún más.

    Solo había un inconveniente… odiaba volar. Y qué mejor que 10 horas metido en un avión sobre el Atlántico para sobreponerme a mi miedo. Llevaba unos días nervioso, y que el vuelo se retrasase no ayudó a tranquilizarme. Elegí el vuelo de tarde, con la idea de intentar dormir al menos la última parte del viaje. Ahora con el retraso, esperaba que el sueño me venciese incluso antes de llegar a medio trayecto.

    Empezamos a entrar ordenadamente. Miré hacia atrás, a la gente del final de la cola, y entonces me fijé en una chica, que iba hablando por el móvil y dando vueltas. Tenía una melena lisa, morena, muy morena. Medía unos 1,65 cm, piel algo tostada, muy guapa, como caucásica pero con un toque latino. Era algo así como si su padre fuese estadounidense blanco, y su madre colombiana. Un bellezón.

    En cuanto a la apariencia, era lo que yo llamo una “chica gorra”. Llevaba su gorra puesta, vestía unos vaqueros ajustados que le hacían un culo espectacular, y una sudadera de cremallera, también ajustada, que marcaban una voluminosa figura. Como experiencia, todas las “chicas gorra” que he conocido me han dado problemas. Estaba seguro de que esta respondía también a ese perfil.

    Pasamos dentro. Era un avión grande, con filas de 3 asientos a los lados, y una fila de 6 asientos en medio. Llegamos a nuestra fila, María eligió ventana, y yo quedé en el centro. Estaba nervioso, con pocas ganas de hablar. María, que ya conocía mi fobia, me dejó tranquilo, sacó su almohada, cascos y antifaz, preparándose para el viaje. Me alucina esta gente que se puede dormir tan tranquilamente en el avión. María era una de esas. Estaba mirando mi móvil, ya sentado, cuando vi de reojo que alguien dejaba su bolsa en el asiento vacío de pasillo. Tras unos segundos, miré, y vi que era la “chica gorra“. Me quedé embobado al verla de cerca. Se había quitado la sudadera, ya que dentro del avión hacía algo de calor, y estaba colocando una maleta en el compartimento superior. Llevaba una camiseta de tirantes puesta. Al elevarse para dejar la maleta, la camiseta se levantó un poco dejando ver casi hasta el ombligo. Tenía una cintura definida, de gimnasio. Una vez colocada la maleta, se agachó para dejar la bolsa del asiento en el suelo. Yo la miraba sin rubor, como hipnotizado, sin pensar en disimular. Tal estaba siendo la impresión que me estaba causando esta chica. Hay chicas guapas, muchas, y hay chicas que te producen un sentimiento que vas más allá al verlas. De estas hay muy pocas, quizá conozcas diez así en toda tu vida. Para mí, esta era una de esas diez.

    Al agacharse, la camiseta de tirantes se despegó ligeramente de su cuerpo, y vi su escote durante un microsegundo. Fue un movimiento muy rápido, por lo que no pude ver claramente, pero me dio la sensación de que no llevaba sujetador. Ya no tenía dudas, “chica gorra” de manual, lo que significa problemas. Un sentimiento de presión recorrió mi pecho, como cuando era pequeño y me hablaba la chica que me gustaba. Tenía unas tetas de buen tamaño, muy bien puestas. Al incorporarse, me pilló completamente mirándola sin disimulo. No soy el típico que se queda mirando de forma tan obvia, pero esta chica era de otro mundo. Se quedó mirando y yo retiré la mirada rápidamente. Qué momento tan incómodo. Y lo peor, tenía que pasar 10 horas a su lado. Vaya cagada, qué idiota. De reojo, vi que me miró unos segundos más, y me pareció ver una medio sonrisa en su cara. Joder… vaya situación. Para mi fortuna, María estaba mirando por la ventana y no se dio cuenta del papelón que había montado.

    Intenté disimular y no prestarla atención ni una vez más. Sentía una vergüenza descomunal. Por suerte, o desgracia, mi mente poco a poco se empezó a concentrar en el tema principal del momento, un viaje en avión de 10 horas sobre el Atlántico, y la vergüenza por la pillada de esta chica pasó a ser un tema secundario.

    Despegamos, me puse una película, que se convirtieron en dos. Me abstuve de ir al baño, para no tener que interactuar con la chica del pasillo. Esperaría a que se durmiese para pasar sin que se diese cuenta.

    Al acabar la segunda película, durante la cual sirvieron la cena, oí que iban a apagar las luces. Alrededor ya vi a algunos que estaban durmiendo. María se puso la almohada, cascos y antifaz, y en 5 minutos estaba durmiendo profundamente. Qué envidia me daba. El vuelo estaba siendo tranquilo, pero yo no conseguiré dormir nunca en un avión.

    La chica de al lado no se dormía tampoco, llevaba su propio ipad y se estaba viendo una serie entera. Se había levantado una vez para ir al baño, durante la cena, pero idiota de mí, no aproveché ese momento para ir yo también.

    Necesitaba ir al baño urgentemente, no podía más, tenía que levantarme. Cogí fuerzas, y sin tocarla, le pedí si me dejaba pasar. Me miró. Por primera vez vi sus ojos claramente. Eran de un color azul verdoso. Tenía unos labios algo carnosos, sin ser gruesos. Debía tener unos 22 años, cara juvenil. Yo, con mis 29 años, le debía parecer un viejo verde. Solo me quedaba resignarme, me había pillado mirándola las tetas, y no tenía excusa. Asintió con la cabeza sin decir una palabra, retiró el ipad, pero no se apartó ni retiró las piernas. No me atrevía a decirla nada más, así que pasé como pude. Levanté una pierna por encima hasta apoyarla en el suelo del pasillo. Cuando iba a pasar la otra, ella levantó una de sus rodillas ligeramente, acariciándome el muslo interior. Fue un leve roce, pero claramente intencionado. La miré sorprendido, pero ella estaba con su ipad como si no hubiese pasado nada.

    No me había equivocado… problemas a la vista. No le importaba que mi novia estuviese a dos palmos de distancia. Me había pillado mirándola, por lo que ella tenía el mando de la situación, e iba a jugar conmigo.

    Al volver del baño, lo mismo, no se apartó. Decidí afrontarlo. Miré alrededor, en la fila de delante estaban despiertos, pero la de detrás y los más cercanos de al lado, dormían como troncos.

    – Oye mira, perdona por lo de antes, fue sin querer. Por favor no me pongas en una situación comprometida. Déjame pasar. Te pido perdón todas las veces y en todos los idiomas que quieras.

    No respondió, finalmente esbozó una pequeña sonrisa mirándome, la más bonita que jamás me habían dedicado. Un nuevo escalofrío recorrió mi pecho. María no me había provocado esta sensación en 3 años. Esta chica 2 veces en menos de un día. Retiró sus piernas y me dejó pasar. Qué estúpido, solo tenía que haberla pedido perdón, eso era todo lo que quería… o eso creí.

    Como no podía dormir, me puse otra película. Alrededor todos dormían, incluso ya los de delante. Todos, excepto la chica de al lado, que seguía con su serie.

    Parecía que todo iba sobre ruedas. Iluso de mí. A mitad de película, empecé a notar una ligera vibración. Al inicio eran solo unos pequeños temblores. Conocía esta sensación. Empieza así, y poco después llegan las turbulencias. Mi corazón empezó a latir rápidamente. Lo odiaba.

    Lo primero que hice fue interrumpir la película, y ver por dónde íbamos. Genial, justo en medio del océano. Intenté tranquilizarme, respirando profundamente y despacio. Miré a María. Dormida. Tras unos minutos, llegaron las turbulencias. La señal de abrocharse el cinturón se encendió. Miré alrededor con nerviosismo. Solo una persona de la fila de delante pareció despertarse. Detrás y al lado, todos seguían durmiendo. Me apreté el cinturón, mire mi móvil, me sujetaba a los reposabrazos. La chica de al lado se dio cuenta de mi nerviosismo, me miró, y dijo:

    – Estás bien? – Por primera vez, la escuchaba hablar. Tenía un ligero acento latino, pero me pareció que tenía también un deje como si su idioma nativo fuese el inglés. Sonó precioso.

    – Volar no es una de mis pasiones – respondí nerviosamente.

    – Tranquilo – me dijo con una cálida y preciosa sonrisa – He hecho este viaje unas cuantas veces, esto no es nada.

    – No sé si eso me reconforta – respondí.

    Se rio, guiñándome un ojo de forma sensual, y volvió a mirar su ipad. Estaba flirteando conmigo? O seguía jugando? O simplemente era un gesto normal para ella, y ser la chica más sensual del mundo era algo habitual en ella?

    Las turbulencias iban y venían, pero pasaron 10 minutos y no me tranquilizaba. Saqué una manta y me la puse, como para intentar dormirme. Algo absurdo, con tal nerviosismo no dormiría nunca. De repente el avión se sacudió algo más fuerte, y me incorporé alarmado. La chica me miró, casi riéndose. Me volví a recostar. Entonces, sin ningún pudor, me puso la mano sobre la rodilla, por encima de la manta:

    – Tranquilo, no pasa nada. Mira alrededor, todos siguen durmiendo. Tienes que tranquilizarte.

    Asentí sin contestar. Mi corazón iba a salirse del pecho. Intenté respirar despacio. Las turbulencias se estabilizaron, pero el avión seguía sufriendo un ligero temblor constante. Cuando me tranquilicé un poco, de repente mi mente se concentró en lo que estaba ocurriendo. La chica seguía con su mano sobre mi rodilla. Las turbulencias se habían calmado, pero ella no había retirado su mano, mientras veía su serie. Yo estaba alucinando. No le importaba que mi novia estuviese a mi lado, ni que alguien la pudiese ver? Iba a decirle algo, pero justo las turbulencias volvieron a comenzar. Estaba pasando uno de los peores momentos de mi vida. Mi fobia a volar se había desarrollado en los últimos años, por lo que no había buscado todavía ayuda profesional. Volví a mirar el mapa, ahí seguíamos, en medio del océano. La chica vio que miraba el mapa nerviosamente. Apagó su ipad, apretó mi rodilla suavemente, y mirándome me dijo:

    – Cariño, no puedes seguir así, te va a dar un infarto. Falta todavía la mitad del viaje.

    Ya me daba igual donde estuviese su mano. Cerré los ojos fuertemente y asentí con la cabeza a lo que decía. Yo seguía con la manta puesta. Entonces, con los ojos todavía cerrados, sentí como retiró su mano de mi rodilla. Cinco segundos después, note como la manta a la altura de mi muslo, se levantaba, y entonces sentí su mano posándose en él. Casi me dio un ataque, di un pequeño salto, abrí los ojos y miré. Su mano estaba, bien disimulada, bajo la manta. La miré a la cara. Cuando fui a pedirle que parase, me quedé callado ante ella. Sus bonitos ojos posados sobre los míos, mirándome fijamente, una cara de ensueño. Me quedé otra vez embobado, como cuando la vi aparecer en el avión. Las turbulencias seguían, y mi miedo crecía sin parar.

    Esto estaba mal, sobre todo con María al lado. Pero egoístamente pensé que si una simple mano en mi muslo me iba a distraer del maldito momento que estaba viviendo, entonces elegía esta opción.

    Tras unos segundos iniciales en los que simplemente tenía su mano sobre mi muslo, empezó a apretar suavemente, como masajeando mi pierna. La cabrona estaba teniendo efecto. Las turbulencias seguían, pero mi mente empezó a distraerse. Y peor aún… o mejor aún. Mi polla empezó a despertar ligeramente. No me lo podía creer, esta situación era surrealista. Me costaba reconocerlo, pero me encantaba su mano en mi muslo. Se sentía increíble. Y me sentía fatal. Tenía a María al lado. No me podía creer lo que estaba pasando.

    Tenía que parar esto. Me había tranquilizado un poco ya. Y mi polla empezaba a ponerse más grande de lo que debería. En esa posición, sentado, con el cinturón abrochado… la incipiente erección de mi polla me empezaba a hacer daño. Lo primero, tenía que recolocarme la polla. Con discreción, metí mi mano izquierda bajo la manta, desabroché el cinturón del asiento, abrí mi pantalón y me recoloqué la polla. Volví a sacar la mano. Las turbulencias no paraban. Maldita sea, eran las turbulencias más largas que había vivido nunca. Quería quitar su mano de mi muslo, pero no podía. Prefería esto a pasar un mal rato. Solo hasta que terminasen las turbulencias, me dije.

    Ella siguió acariciando mi muslo, masajeándolo. Entonces, el avión pegó otro pequeño salto. Mi corazón se volvió a acelerar, me agarré otra vez de los reposabrazos y volví a cerrar los ojos.

    – Tranquilo “sweetheart”, todo está bien – oí que me decía en voz baja.

    Su mano dejó de masajear mi muslo, y noté que empezó a subir poco a poco, llegando un poco más allá, hacía mi muslo interior. Estaba a centímetros de mi entrepierna.

    Aunque atenazado por el miedo, mi mente consiguió alertarme. “Mierda!” pensé. Me había dejado los botones del pantalón abiertos. Una cosa era dejarme acariciar el muslo, y otra distinta es que me tocase la polla, con mi novia al lado.

    Demasiado tarde. Ella dio el último paso, subiendo su mano con la intención de tocarme la polla por encima del pantalón. Noté que su mano se detuvo momentáneamente al tocar los botones del pantalón abierto, para inmediatamente seguir y pasar su mano completamente sobre mi polla por encima del bóxer. Abrí los ojos, y la miré asustado. Su cara era una mezcla de sorpresa y lujuria. Esta chica no se cortaba nada. Un escalofrío enorme recorrió mi cuerpo, mis piernas se quedaron sin fuerza y mis manos quedaron temblorosas, y no debido a las turbulencias. La sensación fue brutal. La mano de esta preciosidad, acariciando el largo de mi polla. Me miró, mordiéndose el labio inferior. Esta mirada me derritió. Quería pararla… pero no podía pararla. Se me olvidó todo lo que pasaba alrededor. Ya no estaba en un avión. Cerré los ojos y me recosté, respirando profundamente. Tenía luz verde. Ella lo entendió, y con cuidado, metió la mano por debajo del bóxer, agarrando suavemente mi polla, a la que le faltaba poco para estar completamente erecta. El contacto de su mano alrededor de mi polla hizo que se me pusiese completamente dura.

    Con delicadeza, empezó a pajearme a un ritmo suave, pero constante. Para facilitar las cosas, me bajé ligeramente el pantalón y bóxer.

    Al amparo de la oscuridad, prácticamente cubierto por la manta, la gente de alrededor durmiendo, incluida María, estaba recibiendo una paja monumental de la chica más bonita que había conocido. Su mano y brazo estaban por debajo de la manta, lo más discretamente que se podía. Ella miraba hacia el pasillo, como para vigilar que nadie pasase o se despertase. Lo único que nos podía delatar, a parte de mi cara de placer absoluto, y su cara de lujuria, era la manta a la altura de mi polla, que subía y bajaba al ritmo de su mano.

    Volví a cerrar los ojos. Sentía sus delicados dedos alrededor de mi polla, brutalmente erecta. Mi nerviosismo había desaparecido por completo, mi corazón se había estabilizado. Habiendo empezado a pajearme suavemente, poco después empezó a acelerar el ritmo. Abrí los ojos, la sensación era maravillosa. Me estaba haciendo una paja enorme. La manta subía y bajaba, mi polla era un simple juguete en su mano. Iba a estallar. Pasó una azafata, y ella dejó de pajearme.

    Según pasó la azafata, me empezó a pajear otra vez, ahora algo más suave. Me miró con esos preciosos ojos:

    – Ven conmigo al baño – me dijo en voz baja, casi suplicando.

    Eso ya era demasiado…

    – No, eso no, no puedo – dije, casi sucumbiendo a la tentación– Estoy a punto de correrme – dije.

    Mientras me seguía mirando, y pajeándome, vi que su cara cambió, como pensando. Su mano aceleró el ritmo otra vez, la manta volvía a subir y bajar visiblemente. No podía más, esta chica me estaba dando la paja de mi vida.

    – No puedo correrme aquí – la dije en voz baja, casi arrepintiéndome de mis palabras. Mis corridas eran potentes y abundantes. Si me corría así, iba a manchar manta, pantalón y demás. María lo podría ver al salir.

    Entonces, la chica hizo algo que perdurará en mi memoria hasta el final de mis días. Sin dejar de pajearme, giró la cabeza hacia el pasillo, miró hacia atrás y delante, para asegurarse de que nadie nos viese. Una vez comprobado, me volvió a mirar, y con su mano libre, levantó rápidamente la manta, se agachó, y metió su cabeza por debajo. Yo, sin capacidad de reaccionar, sentí súbitamente el contacto de sus labios húmedos alrededor de mi polla. La sensación de calidez alrededor de mi miembro, la lubricación aplicada por la saliva de su boca, me hizo entrar en éxtasis. Empezó a recorrer mi polla con su boca, de principio a fin.

    Yo no sabía ya si esto era real o fantasía. Tenía a una chica de película, haciéndome una mamada de escándalo en un avión, mientras mi novia dormía profundamente a mi lado. Con su mano me sostenía y apretaba los huevos, mientras que con su boca y lengua me recorría toda la polla. Aceleró el ritmo, mientras yo miraba atónito cómo su cabeza subía y bajaba frenéticamente bajo la manta.

    Mi polla iba a estallar. La mezcla de tensión y pánico por el vuelo, con la situación de excitación y placer, habían hecho que mi polla estuviese más grande que nunca, y mis huevos llenos de semen a punto de reventar.

    No faltaba nada, sentí que me corría ya. Necesitaba gritar como un loco, María no me había dado una mamada así nunca. Quería levantar a esta chica, empotrarla contra la pared y follármela como si no hubiese mañana. Quería follármela lo más violentamente que pudiese, tirados en el suelo, me daban igual todos los de alrededor.

    Apreté los dientes, me agarré a los reposabrazos, mientras la chica seguía recorriendo mi polla por completo con los labios fuertemente apretados a ella. Ya sale. Un poco más… ya… exploté. Exploté como nunca. El primer lefazo que solté hizo que un calambre se extendiese desde la punta de la polla hasta los huevos, bajando por los muslos hasta los pies. Solté uno, y otro, y otro. Cada corrida venía acompañada por un movimiento mío, como si estuviese disparando con la polla. La chica seguía chupando, aunque ahora a menor ritmo. Sus labios seguían fuertemente pegados a mi polla, como tragando y a la vez evitando que ni una gota de semen se escapase de su boca.

    Terminé de correrme, pero ella se quedó pegada a mi polla durante unos cinco segundos, succionando fuertemente. Finalmente sacó la cabeza de debajo de la manta y se incorporó. Su cara había cambiado, mirándome sorprendida, impresionada, todavía con la boca cerrada. Aun habiéndome corrido hacía cinco segundos, no había podido tragarse todo, y lo seguía teniendo en la boca. Hizo un último movimiento de tragar, mientras me miraba:

    – “Honey”, hace cuanto que tu chica no te daba sexo – dijo, mirando esta vez ligeramente a María.

    No contesté. La excitación había pasado, y empecé a pensar racionalmente. Esta chica me había hecho una mamada, con María al lado. Qué cagada. Y ahora qué.

    Se levantó, para ir al baño. Yo me quedé en el sitio, comiéndome la cabeza. Cuando volvió, se sentó, me sonrió como si no hubiese pasado nada, se puso los cascos, y se durmió. Yo flipaba, era esto normal para ella?

    He de reconocer que había cumplido su objetivo. Me dijo que estuviese tranquilo, y lo había conseguido. Me hizo olvidar el vuelo. Quedaba todavía un rato de viaje, y me estaba empezando a entrar el sueño. Sin darme cuenta, y mientras pensaba en lo que acababa de ocurrir, me dormí.

    Desperté sintiendo que alguien me agitaba fuertemente. Era María, mientras me miraba riendo:

    – Cómo duermes! Y eso que dices que nunca puedes dormir en un avión!

    Miré alrededor. Habíamos aterrizado, y la gente estaba saliendo ya. No me había enterado ni del aterrizaje. En el asiento de al lado, no quedaba ni rastro de la chica. Lo había soñado? Había ocurrido de verdad?

    Me levanté, y saqué las maletas de los compartimentos superiores. Según salía, para comprobar que tenía todo, metí las manos en los bolsillos. En el bolsillo de atrás, noté un trozo de papel. Lo saqué, y lo abrí. Era un número de teléfono, empezando por +1, código de Estados Unidos.

  • Mi segunda experiencia con una trans

    Mi segunda experiencia con una trans

    Hola. Hace tiempo que no escribo en esta página, por dos razones: 1) no he podido, y 2) no tenía otras experiencias para contarles.

    Tuve otras experiencias, y justo ahora tengo un poco de tiempo, pues mi señora fue a hacer unos mandados. Por lo que ahora entro de lleno a contarles la siguiente de varias experiencias que tuve desde mi última vez, con la primer trans.

    Después de haber estado con la primera trans me gustó. Y mucho.

    Entonces entré en páginas web de trans y encontré unas cuantas, justo de Uruguay.

    Le dí un click a una de ellas, y aparecieron varias fotos de trans. Desde muy hermosas hasta algunas no tanto.

    Elegí unas 4 que me gustaron: G., T., S. Y B. Todas ellas tenían fotos de sus colas, senos y 3, de éstas 4, agregaron fotos de sus penes. Uau. Ver esos cuerpos femeninos con esos «pedazos», me encantaron. Las empecé a desear a ellas y sus penes.

    Llamé a G y arreglamos vernos una mañana, pues justo podía «evadirme» de mi señora.

    Un día antes de encontrarnos le mandé un wapp diciéndole que la estaba deseando y mucho, y que me habían gustado todas sus fotos. TODAS.

    Llegado el día fui a su casa, nos saludamos, me hizo pasar a la pieza donde había una cama de dos plazas.

    – “Así que te gustaron todas mis fotos. ¿Pero todas, amor?”

    – “Sí, G., absolutamente TODAS”, le recalqué.

    Y yo empecé a sacarme la ropa.

    – «Bueno bueno…Te estás sacando toda la ropa…», y se sonrió.

    – «Sí», le contesté y seguí desvistiéndome. Una vez desnudo me acosté en la cama y me di cuenta que no había comprado preservativo.

    – “Uuy, no compré preservativos!!!”

    – “No importa, amor, yo tengo.

    Fue a la mesita de luz abrió el cajón, sacó un preservativo y me lo puso en mi pene que ya estaba que reventaba.

    – «¡¡¡Bueno bueno mi amor, estás caliente eh!!!»

    – «Sííí», le contesté.

    Me quedé acostado y ella se puso a un costado mío con las piernas perpendiculares a mi cuerpo. La empecé a besar y ella agarró mi mano derecha y la llevó hasta su pija, la cual agarré y no la solté. Movió su cabeza y me dio un hermoso beso de lengua. Yo seguía agarrando su pija.

    Entonces ella se acercó a la mesita de luz, sacó otro preservativo, y se lo puso.

    – «¿Qué querés que haga?», me preguntó.

    – «Que me la chupes», le contesté.

    Entonces empezó a chupármela y en cada mamada que hacía iba poniéndose paralela a mi cuerpo hasta que quedamos pegados. Ella chupando y yo con su pedazo frente a mi boca.

    – «Ay, amor, ahora chupámela a mí, por favorrr», me dijo

    – «Bueno, como quieras”, le contesté.

    Agarré con mi mano derecha su pija, me la quedé observando, a ese hermoso tibio pedazo de carne que tenía delante de mí. Ni muy larga, ni muy corta, pero un grosor divino, y me la llevé a mi boca como en cámara lenta. Comencé a chupársela, a saborearla, a pesar del gusto del preservativo. Le pasaba la lengua por todo su tronco y ella hacía lo mismo con mi pija. En un momento me dieron ganas de mordérsela un poco.

    – «Ay, amor, no me la muerdas», me dijo.

    – «mpermdón», le contesté con la boca llena porque no quería dejar de chupársela.

    Era tanta la calentura que yo tenía, que acabé en seguida.

    – «Ay noooo…Yo quería seguir. Perdoname», le dije, acomodándome en la cama y poniendo mi cabeza sobre una de las almohadas.

    – «¿Y no querés que te coja yo a vos?», me dijo sentándose al lado mío y poniendo su pija sobre mi cintura.

    Se la agarré con mi mano derecha, y mientras la miraba a sus ojos, comencé a pajearla, y le pregunté:

    – «¿Tú querés?»

    No me contestó nada. Sacó de un tirón la almohada sobre la que estaba apoyada mi cabeza y la puso debajo de mis caderas, quedando mi cola más levantadita. Se arrodilló contra mi cola. Acercó su cara a la mía y comenzó a besarme el cuello, mi oreja izquierda hasta llegar a mi boca, para darme un rápido pero potente beso de lengua, y yo sintiendo su pija sobre mi abdomen. Mientras, con los dedos de la mano izquierda jugaba alrededor de mi ano, hasta que en un momento, me metió en él, uno de sus dedos. La miré a los ojos como pidiéndole que me cojiera ya, en ese momento.

    Continuando arrodillada estiró su cuerpo, y de la mesita de luz, tomó un pomo, lo abrió con su mano derecha, sacó el dedo de mi culo, se puso pomada en dos dedos y me la pasó por alrededor y dentro de mi ya latiente culo. Yo estaba que volaba. Movía mis caderas para arriba, abajo, a los costados, esperando que me metiera su tan anhelada pija.

    Una vez con esa pomada puesta, levantó rápidamente mis piernas para que mi culo quedara a la altura de su pija. Yo apoyé mis pantorrillas sobre sus hombros, dejándole mi culo a su disposición.

    Ubicó la pija en el agujero del placer, y sin más, en décimas de segundo, me la metió absolutamente toda, adentro mío. Qué placer!!

    – «Ay… ufff»

    – «¿Te dolió? «, me preguntó.

    – «Ay. Sí»

    – «¿Pero te gusta?», preguntó.

    – «Aayy. Sí, mi amor. Mucho.», le contesté mientras con mi mano derecha quería tantear cuán adentro mío estaba su pija. Ella se dio cuenta y me dijo:

    – «Está toda adentro, amor «, y empezó a «bombearme» fuertemente.

    Subía y bajaba con frenesí. Casi en forma salvaje, diría yo.

    – «te voy a dar toda la leche. ¿Querés??»

    – «Siiiii… dámela… aunque no me quede tu leche en mi cola.»

    Y continuó bombeándome cada vez más fuerte e intenso, y yo trataba de seguirlo al compás con mis caderas.

    Mis manos recorrían sus hombros, su espalda hasta llegar a sus nalgas donde las apretaba más contra mí, como para que no quedara ningún pedazo de su pija fuera de mi culo.

    – «Está toda adentro mi amor. No te preocupes «, me decía. «¿Te gusta amor? «, me preguntaba sin dejar de cogerme.

    – «Si mi amor, sí. Seguí. Cógeme. Dame tu lechita. …»

    – «Ahí va mi amor… ahí va toda mmmi lecheeeaaagghh»

    Y siguió moviéndose lentamente. Muy lentamente.

    – “Ay. Mi amor, me hiciste gozar como hace tiempo no gozaba. Sos divina”, le dije, y nos dimos un hermoso beso de lengua. Abrazados.

    Fuertemente abrazados, sin que ella me sacara la pija de mi culo. Entonces empecé a mover mi cintura por si ella quería seguir cogiéndome.

    – «Mi amor, la verdad quisiera seguir cogiéndote, pero hoy no tengo mucho tiempo. La próxima vez que vengas, prometo cogerte más de una vez».

    Sacó su pija muy despacio «Ay nooo», dije, pero de a poco la sacó toda. Se sacó el preservativo y mostrándomelo me dijo:

    – «Acá está toda la leche», y el preservativo era larguísimo por la cantidad de leche eyaculada por G.

    Nos levantamos, nos aseamos y quedamos que volvería a llamarla para volver a pasar un muy buen rato. Y lo hicimos.

    [email protected]