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  • Cita

    Cita

    Pensé que sería una charla como otra cualquiera pero poco a poco se fue convirtiendo en un juego morboso y seductor, así transcurrieron unos meses charlando y cada vez las charlas eran más subidas de tono hasta el punto que ambos tuvimos varios orgasmos virtuales.

    Le insinué una de mis fantasías, ser penetrada salvajemente en mi casa por un caballero como tu, que llegues me empujes a la cama, me ates, me vendes los ojos me amordaces y me humilles postrada ante ti, y me folles salvajemente la boca el culo el coño, que hagas de mí que cumplas en mi todas esas negras perversiones que atormentan tu alma él me decía que su fantasía era dominarme hacerme su esclava sexual, tratarme como a una perra, exhibirme orgulloso ante su club de bdsm.

    Eso aunque no pertenezco a ese negro mundo, imaginarme como el me decía, hacia que mi coño palpitase de miedo emoción y lujuria todo en uno, mis braguitas cada vez que lo imaginaba sufrían, se manchaban de mis jugos. Mi imaginación se disparaba llegando a tal punto que acepte tener una cita con él, un fin de semana completo, los dos solos, una habitación de hotel toda nuestra.

    Llegó el día de nuestro encuentro, Sentada en la cafetería esperaba su llamada, pensaba y dudaba. Sonó el teléfono, ya llegó. Subí a la habitacion Mis piernas temblaban, mi corazón palpitaba mmmm, mis pezones se empezaron a endurecer y mis braguitas a mojarse.

    Subí y delante de la puerta me desnude, dejando sólo un antifaz y los zapatos de tacón, en ese momento la puerta se abrió, y entro el, se quedó perplejo y con los ojos como platos me miraba, le pregunté si le gustaba lo que veía y el sin articular palabra entro, me asió con fuerza del brazo, me empujo a la cama, saco de su maletín unas esposas, me las puso y me ato con las manos a la espalda, saco una venda y me dejo ciega, sin ver nada después me amordazo, intente evadirme, se subió encima de mi y solo me dijo, calla puta o sufrirás.

    Si me recibes como una puta como una puta serás tratada, asentí con la cabeza, mientras me ponía la mordaza en la boca, no sé si tenía más miedo, más pasión más lujuria, mi coño empezó a reaccionar, notaba como salía mi flujo, lo sentía húmedo en el coño y el se dio cuenta, me toco el coño y se manchó con mis flujos, eres muy guarra y muy caliente, no esperaba menos de ti perra, yo no podía hablar, empezó a salirme saliva por los labios, el me los lamia, mientras seguía metiéndome la mano en el coño cada vez más abierto cada vez manchándome más los muslos de mi flujo, el muy cabron, me untaba toda con mis flujos, la cara los pezones el ojete de mi culito, mis pezones estaban ya como piedras más duros, mi vientre, si eres muy puta, debes oler a puta me dijo.

    Creo que ahí tuve mi primer orgasmo, me cogió y me dio la vuelta, me puso el culo en pompa y empezó a azotarme, suavemente al principio, como vio que me gustaba, cada vez iba aumentando un poquito la intensidad de los azotes, me picaba el culo, pero no quería que parase, pero paro y empezó a escupirme en mis blancos cachetes y a masajeármelos, uhmmm, notaba como otra vez mi coño reaccionaba, empezó a lamerme mi ojete, mientras me masajeaba los cachetes, me escupió varias veces en mi boquetito estrecho y me metió un dedo, despacio, poco a poco, notaba como mi coño se mojaba otra vez al notar su dedo en mi culo.

    Ya tenía la almohada manchada de mis babas, se dio cuenta, me volteo y me dio un pequeño azote, perra, me dijo, has de saber que todos tus fluidos son míos, no quiero que desperdicies nada y empezó a lamerme toda la cara llena de mi saliva, me volvió a dar la vuelta y repitió la operación, esta vez me metió dos dedos en mi ojete que ya ansiaba algo más que unos dedos jugueteando en él.

    Yo como podía levantaba mi culito para que se diera cuenta que es lo que yo quería, que me la clavase lo más duro que pudiera que ansiaba su polla dentro, él se dio cuenta y me castigo, te follare tu culo, tu boca tu coño te follare toda, pero todo eso será cuando yo lo decida, ya te has corrido, así que no tengas prisa, y cogió, creo que plug anal y me lo introdujo en mi culo abierto ya, me volvió a voltear y me abrió las piernas, vio como mi coño manchaba las sabanas y me escupió en la pipa, me la suavizo con su saliva y mis jugos yo pensaba que iba a follarme el coño, cuando note un azote en la pipa y en mis labios abiertos, cuando sentí el primer azote un escalofrió de placer recorrió mi coño.

    Dame más fuerte, hazme gozar pensaba para mi sigue cabron, sumida en estos pensamientos sentí como humedecía mis pezones y me puso unas pequeñitas pinzas, apropiadas para ellos, no lo soporte más, creo que me mee de gusto, el veía como me retorcía de placer, yo sentía mi culo mi coño todo húmedo, creo que las sabanas eran toda una mancha debajo de mí, tuve no se si varios orgasmos o uno inacabable, cuando deje de retorcerme, me quito la mordaza, me lamio toda la boca y ahora ábreme la boca, será lo primero que te folle, la tienes ideal mojada húmeda ansiosa para que mi polla te entre suavemente y sientas a que sabe mi leche.

    Yo sabía que tenía una polla muy apetecible, así que la abrí y enseguida note como me la metía toda al principio suave, y cada vez más fuerte, intente mamarla, pero él me dijo no hagas nada, yo te follo la boca, tu solo limítate a tragar toda mi leche, no quiero que desperdicies nada, y así ocurrió, de repente empecé a notar como salía su leche a borbotones, yo la tragaba toda, ansiosa, hasta que en un glorioso espasmo termino de correrse, me quito la venda.

    Ahora límpiame la polla de tu saliva y mi leche y le lamí la polla los huevos, lo lamí entero, esperando que esa sesión no terminase nunca, mi coño y mi culo aún seguían sedientos de perversiones, pero para no alargarme mucho, esta historia será contada otro día.

    Fdo. Caballero de Gondor

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  • Mayelita y los amantes de la diversidad (3): A la mañana siguiente

    Mayelita y los amantes de la diversidad (3): A la mañana siguiente

    A la mañana siguiente de mi primera vez.

    Despierto y de inmediato percibo el hermoso aroma de Mayelita, volteo y la veo acurrucada en mi pecho, yo pienso durante unos segundos el dulce momento que vivimos; ella adentro de mí. Aun siento una sensación extraña como cuando de quieres rascar una parte que no alcanzas y recurres a rascarte en otro lugar sintiendo que el hormigueo se conduce como electricidad hasta llegar allí, pero es algo placentero, siento mi interior como relajado y yo feliz. Volteo a ver el reloj en su mueble y me doy cuenta que falta una hora para su gran compromiso, le paso una mano por la mejilla y le beso la frente, ella abre lentamente sus ojos y me enfoca, entonces sonrió.

    -Buenos días dormilona. –Dijo y la beso en la boca.

    -Buenos días guapo. –Dice y recarga su rostro en mi pecho. – ¿Qué tal dormiste?

    -Muy bien mi amor, tenemos que levantarnos. –Dijo y me incorporo apenas logro sentarme en la cama cuando ella me detiene, me pide que espere, que quiere seguir en la cama un rato más. –Mayelita tienes que ver a las chicas en una hora, son veinte minutos hasta el taller.

    -Ay espérate un rato, tenemos que charlar. –Dice abrazándome pasando su brazo por mi cuello y besándome.

    -Nena es importante para ti.

    -Si, pero unos quince minutos no se irán, espera ándale. –Me dice entonces sede y me dejo derribar, seguimos desnudos, ella se abraza a mí y me mira sobre mi pecho. –Y bueno, ¿Qué tal estuve? –Me dice poniéndose a mi lado con sus senos a mi vista, yo me quedo contemplándolos, estaban erguidos. Entonces la mira y como siempre le soy sincero.

    No le negué que me dolió en un inicio, que hasta una parte de mi sentía que no aguantaría y hasta por un segundo pensé en retroceder como ella ofreció, pero cuando sentía más allá del dolor, mas allá de la penetración, cuando sentía todo su miembro, todo su peso, su aroma, su respiración, todo lo que conformaba a la mujer que amo. Sentir aquel miembro que tantas veces había adorado ya dentro de mí, completamente erecto, bombeando placer y haciéndome alcanzar un deseo y sensación que jamás pensé.

    Dicen que los hombres tenemos el punto del placer en el ano, creo aun me falta para sentir por completo eso, pero entregarme a ella, liberarme del estereotipo absoluto del hombre activo y no pasivo, fue algo completamente placentero y delicioso, verla encima de mi saber que ella tiene el control saber que ella domina y controla mi cuerpo, mi libido mi deseo me llena de alegría. Se lo dijo.

    -Te amo. –Me dice y me besa. –No sé qué hice para merecer un novio tan bello como tú. –Dice y se acurrara encima de mí. –Yo la beso, estamos desnudos, nuestros cuerpos juntos por completo.

    -Yo te amo Mayelita eres lo que más amo. –Dijo y le beso la frente eso la conmueve, nos quedamos acurrucados unos minutos más, disfrutando de nuestra intimidad de nuestro mundo. –Bueno niña ya es hora, metámonos a bañar ya es hora.

    -No quedemos aquí. –Dijo abrazándome.

    -No niña ya es hora tenemos que ir, es tu sueño, debemos trabajar para alcanzarlo y yo siempre estaré para ayudarte, anda vamos. –Dijo y ella se levanta haciendo bucheros, pero va al baño, me dice que saque un jabón de su buro y lo lleve, ella comienza abrir la regadera.

    Ella se amarra el cabello y revisa el agua, ella se bañaba con agua como para hervir pollos, pero ya desde hace meses hacia la lucha para templarla, se tardaba varios minutos, yo la contemple desnuda pensando, meditando la temperatura del agua, era como cuando se ponía analizar las estrategias para su proyecto, su negocio.

    Cuando esta lista sonríe y me indica que entremos. Juntos somos envueltos por la regadera, ella me besa sonriente, yo paso mis manos por su espalda y bajo hasta su trasero, era inevitable que al bañarnos aun con prisa no nos ganara el deseo, nos besamos apasionadamente ella entonces sujeta mi pene, me aparta del chorro del agua y se inclina para besarlo, ella decía que yo se lo chupaba mejor pero creo que no, ella lo chupa excelente, siempre con un beso en la punta me lo pone duro de inmediato, pero su manera de engullirlo siempre me roba el aliento y más cuando sus ojos se clavan en los míos, ella se levanta, la beso, aprieto sus hermosas nalgas.

    Entonces la pongo contra la pared, le enjabono la espalda, las nalgas y las piernas, ella hace lo mismo conmigo, nos enjuagamos y entonces yo vuelvo a pasar mis manos por su espalda y acaricio sus nalgas, lentamente, me arrodillo las beso lentamente.

    -Ayyy si, sigue papi. –Me dice y entonces beso su hermoso ano, le doy tres besos y después comienzo a lamerlo rodeándolo. –Ay papi, poséeme, hazme tuya. –Me quedo saboreando su hermosa cavidad anal por un rato y después finalmente me levanto, le abro las piernas.

    -Lista mi reina, te poseeré igual de rico que tu hiciste conmigo hace rato. –Dije besándole la oreja. Me introduzco en ella, pero ahora mi erección se ve acrecentado por la sensación y debo decirlo da morbo el saber qué hace apenas unos minutos era ella la que estaba dentro de mí. La sujeto y entro y salgo de ella mientras suspira de placer. Amo que arquee su espalda mientras la penetro, sujeto y presiono sus senos, sus mágicos y perfectos senos.

    -Ayyy sí! Ah sí papi, dale dale. – Me dice al voltear y nos besamos. Yo sigo entrando y saliendo de ella, la envisto, siento su interior, su calidez, el placer que me causa es magistral. El sujeto del cuello y la beso, mientras ella sigue gimiendo, mi pene se acopla a su interior ambos gozamos, ambos disfrutamos, ambos inundamos la regadera y el baño con nuestros suspiros de placer.,

    -Ah, uff, ya, ya viene. –Exclamo. Mayelita entonces se desprende de mí y se pone de rodillas, sabe lo que significa. –Ah, ahhh, ahhhh. –Exclamo y mi semilla espesa y blanca sale disparada hacia el rostro y manos de Mayelita, quien los recibe con una sonrisa.

    -Exquisita como siempre papi. –Me dice levantándose y yo la beso, sin importar que en sus labios quedo mi esperma. –Te amo. –Dice mientras chupa sus dedos que también fueron bañados con mi esperma.

    -No más que yo a ti nena. Bueno es hora de irnos. –Dijo abriendo la puerta de la regadera. Ella sale primero yo entonces le doy una nalgada.

    -Ay Luis. Me dolió. –Voltea molesta.

    -Pero te gusto. –Le dijo con una sonrisa y ambos nos comenzamos a secar. No sé porque, pero tenemos el ritual de secarnos el pene el uno al otro, yo a ella y ella a mí.

    Yo me visto con lo mismo que traía puesto, veo que ella camina desnuda a su armario, abre los cajones con tangas, veo las de Victoria Secret que le había regalado en su cumpleaños, una roja, una morada y una negra. Agarra una trucadora negra muy delgada. Ella me señala que le pase un brasiere, ya que estoy delante de los cajones donde los guarda. Le pregunto que cual quiere o de qué color, ella me dice que le pase el que sea ya rápido, yo le arrogo uno color blanco, ella se lo coloca, no sé porque, pero creo que a veces me parece más sexy cuando se lo pone que cuando se lo quita. Yo entonces reparo que en la esquina del cajón se ve algo extraño, como plástico, muevo los brasier y entonces veo que tiene allí el dildo color piel que le regale, lo tomo.

    -Ay yo tenía rato que no lo veía.

    -Ay deja tu son mis cosas privadas.

    -Cosas privadas. –Exclamo sonriente. –“Como si hubiera cosas privadas entre nosotros”. –Ella se acerca y me besa yo alzo el dilo. –Recuerdo cuando quisiste usarlo conmigo.

    -Si pensé que sería una forma de practicar o de prepararte para lo de hoy. –Me dice y entonces toma el dildo, acariciando lo. –Si, pero sabía que no soportaría.

    -No sé cómo llegue a pensar que sería más fácil introducirte un trozo de plástico que un pedazo de carne. –Me dice riendo y sacudiendo el juguete. –Ya tiene muy buen rato que no lo uso, es más ninguno.

    -A mí me parecía sexy cuando los usabas. –Ella se muerde el labio y me besa.

    -Gracias papi, gracias por entregarte a mí. –Dice sujetándome las mejillas y mirándome a los ojos. –Estuviste hermoso, tu interior se sintió tan cálido, tu manera de moverte, tu manera de hacerme sentir amada, de hacerme sentir mujer. –Me dice y la beso.

    -Tú no eres una mujer, eres mi mujer, mi diosa, mi reina, mi todo. Eres el motor de mi vida Mariela, te amo. Me entregue a ti porque soy tuyo por siempre y para siempre. –Dijo y me abraza conmovida incluso soltando unas lágrimas.

    -Promete que jamás te iras de mi vida.

    -Jamás. –Le dijo y la beso sujetándola de la cintura. –Bueno ya es hora de irnos, nos esperan. –Dije justo cuando empecé a sentir mi pene y el suyo erecto.

    Ella se termina poniendo unos jeans y una blusa roja sin mangas, se recoge el cabello con una liga y se pone sus tenis entonces salimos de su cuarto bajamos las escaleras. Salimos de la casa, al caminar siento aun un poco extraño, entre a esa casa siendo Luis, un hombre y salí siendo Luis el hombre de Mayelita, se siente hermoso. Le abro la puerta para que se suba, yo entro enciendo el carro nos ponemos el cinturón y arrancamos, vamos a llegar tarde a la reunión de su empresa con las aspirantes a modelos, todo por estar cogiendo, pero bueno fue mi primera vez, valió la pena.

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  • Él, ella o ambos (2)

    Él, ella o ambos (2)

    En el relato anterior, estábamos hablando Gabriela y yo, luego de tener yo, un encuentro de sexo con su sobrino Guillermo, la llamé a Gabriela para ponerla al tanto del echo, pues ella le tiene cariño a su sobrino. Con la sorpresa para mi, que me pide, que si bien no hay problemas que me encuentre con Guillermo, que ella Gabriela, está enamorada de mi, que tengamos nosotras de tanto en tanto, también algún encuentro íntimo nosotras.

    Mientras me acariciaba la pierna cruzada, Gaby me dice: Yo no quiero perderte.

    Yo: Te tengo un gran aprecio Gaby, tengo sentimientos encontrados, me alagas diciendo que estas enamorada de mi, no lo esperaba, y por otro lado no deja de ser una locura, yo no quiero ni busco una pareja, eso se lo voy a dejar en claro a Guille también. Tampoco quiero perderte a ti como amiga, si te parece, podríamos probar a ver que pasa, tampoco me quiero volver loca entre tú y tu sobrino, a ver como me reparto con los polvos, de no tener a nadie a tener dos jajaja.

    Gaby: Te entiendo, no te preocupes, no te voy a presionar ni ser cargosa, me dejaste en claro tu posición, tienes esa manera de no dar vueltas las cosas, y entre otras es lo que hace que me enamore de ti.

    Yo: Gracias por entender, seríamos algo así como amigas con derechos.

    Ambas seguíamos sentadas una frente a la otra, Gabriela seguía acariciando la pierna que tenía cruzada. En eso le digo, “¿quieres quedarte esta noche conmigo”?, y mientras decía esto, separaba mis piernas, Gaby me vio que debajo de la bata estaba desnuda, al separar mis piernas, me vio la conchita, se hizo más adelante, y me dijo “si me quedo, estaba esperando que lo dijeras mi amor”. Y nos dimos un profundo beso de lengua.

    Yo: Se que sería bueno que tengamos sexo, pero tenemos que pedir pizza, ¿recuerdas?, se va a hacer tarde, no tengo nada para salir del paso, sino haríamos algo desde ahora.

    Gaby: si no te preocupes, pero estar contigo es lo mas lindo. Y me abrazó por la cintura y me besó nuevamente.

    Yo: Yo hago el pedido, tú lo recibes, mira como estoy jajaja.

    Hice el pedido, Gaby los recibió, cenamos, nos reímos, por momentos nos tomábamos de las manos, y llegó la hora de descansar, le pregunté a Gaby si quería alguna ropa de dormir, me dijo no hace falta.

    Yo: Andá vos a recostarte y esperame, que junto los platos y voy.

    Luego de un rato, pase por el baño y fui al dormitorio, caminé despacio mientras Gaby me miraba, me coloqué delante de la cama, fui desabrochando la bata, dejé un hombro al descubierto, le di la espalda a ella, y delicadamente fui dejando caer la prenda, tenía una buena vista del culo, y por el espejo me veía la delantera.

    Me di vuelta, y gateando subí a la cama, hasta llegar donde ella estaba, nos comenzamos a besar muy rico, nos comíamos la boca, ella comenzó a besarme el cuello, siguió bajando, me tocó las tetas, me apretó los pezones delicadamente, los beso, lo mordió y me los chupo, continuó bajando, le pasó la lengua al ombligo, y llegó hasta mi vagina, separé bien las piernas, mientras le acariciaba la nuca.

    Me penetraba con la lengua, y yo arqueaba la espalda, al mismo tiempo me hundía un dedo, giraba suavemente en círculos, me tenía en las nubes, aaah siii, asi, asi, así no pares, y fue directo al clítoris, le paso la lengüita me excitaba tremendamente, me tenía enloquecida, tuve un increíble orgasmo, como nunca, quedé agitadisima.

    El corazón cabalgaba como un caballo desbocado, Gaby subió sobre mí, nuestra piel unidas, pegadas, quedamos enfrentadas una a la otra, nos besamos, la acaricié tiernamente, no me caben dudas que me ama.

    Gaby: ¿Te gustó mi amor?

    Yo: si, lo hiciste como nadie hasta ahora, he tenido buenos polvos, pero como este ninguno.

    Gaby: y esto es solo el principio.

    Yo: hija de puta

    Ambas nos reímos y nos besamos.

    Yo: sin que te ofendas te puedo preguntar algo

    Gaby: Dime

    Yo: ¿tú eres lesbiana o tuviste alguna experiencia con mujeres?

    Gaby: no, nunca. No se porque, no tengo explicación, tu eres la única, y no se pero estoy enamorada de ti Andre.

    Yo: wow, si no tengo dudas, es más lo haces mejor que los hombres. Yo tuve alguna experiencia con mujeres, pero como un juego, travesura, calentura, jamás amor, nunca me enamore de una mujer, contigo no se, no se si es un no o un si, solo se que no quiero lastimar a nadie, y a ti mucho menos. La abracé y la besé y me correspondió el beso.

    Me di la vuelta a propósito, quería darle la espalda para que me apoye, podía sentir su suave conchita en mi culo, y sus manos me abrazaba las tetas. Y así nos dormimos las dos, desnudas, libres y con un gran interrogante por delante.

    Continuará.

    Espero que les haya gustado.

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  • Me pagaron una deuda, con una mujer (10): Orgía

    Me pagaron una deuda, con una mujer (10): Orgía

    Desde que recibí el video que me mandaron hasta que llegue a mi casa no tarde nada, la sola posibilidad que las chicas estuvieran haciendo algo mal me tenia apesadumbrado, no me pregunten por que pensé tan mal, ni yo lo se. El mensaje de Ana tampoco es que fuera muy claro.

    Ana: Cariño y como a ti te gustaba para usarla un rato tus esclavas te cumplimos los deseos.- dijo esto haciéndome mención a lo dicho mientras acababa en hotel.

    Entre corriendo a la casa, estaban las tres desnudas en la habitación, Rosa estaba en el centro, ella era un poco más alta que las chicas, tenia una cara muy linda con ojos celestes, y labios gruesos, tenia unos pechos grandes y pesados, estaban caídos pero eran enormes, tenia un poco de panza, y algunas estrías, unas gotas de leche caían de sus pechos, de culo estaba bastante bien. Se notaban en su vagina labios gruesos pero cerrados, tenía unas piernas fuertes y anchas. Su mirada demostraba deseo, lujuria, necesidad de sexo.

    Ana: Mire Amo, mire la puta que le hemos conseguido. Esta un poco gordita, pero es porque ha sido madre hace tres meses. Mire esta vaca las buenas tetas que tiene, y su culo aunque usado esta paradito. Encima esta necesitada por que el padre de su hijo es marinero y esta de viaje hace meses, así que es una vaca en celo.

    Creo que en esos momentos la sangre no me sube a la cabeza y me baja a mi miembro, por eso no pienso bien en situaciones de tanta calentura. Me quede mirándola de arriba abajo sin decir nada, las chicas pensaron que estaba pensando demasiado, y en realidad estaba admirando todo este cuadro. Ana actuó rápidamente para no dejarme pensar, la llevo a la cama la acostó y abrió sus piernas, de su vagina salía un pedacito de goma, Ana al removerlo salió muchos jugos desde dentro, y observando más de cerca me di cuenta que toda la zona estaba mojada o brillante por sus flujos, al remover lo que tenia adentro me di cuenta que era un huevito vibrador.

    Ana: Esta puta lleva caliente desde que llego.- Rosa iba a acabar ante el movimiento en su vagina, Ana apretó su clítoris fuerte y le corto el orgasmo.

    Me extraño el juguete, que tenia Rosa adentro, creo que Maite vio mi duda al respecto, y al mirarla ella sola me dijo.

    Maite: Hemos comprado juguetes amo.- Me llevo a un pequeño sillón que teníamos en la habitación.

    Ahí había varios juguetes, y también cremas de lubricación anal. Lo que más me sorprendió fue un arnés para mujer con un dildo, de un tamaño mediano, también había bolas chinas, un dilatador anal, otro huevito vibrador con control remoto, y unos arneses para muñecas y tobillos unidos con una soga. Yo tome el arnés con el dildo y vi que adentro tenia una protuberancia de goma que parecía vibrar, evidentemente era para se usado por mujeres y que estas recibieran mayor placer.

    Maite: Ana insistió en que el dildo fuera más chico que su pene, así siempre disfrutaríamos más de la herramienta del amo.

    Tenia una erección dolorosa que formaba un carpa en mi pantalón, ya me había puesto bruto de imaginar todas las posibilidades que tenia con todos estos juguetes, más Rosa, que no estaba gorda, le había quedado un poco de panza del embarazo reciente, más sus enormes senos llenos de leche, con la ropa que usaba la hacia parecer más gorda de lo que en realidad era, una mujer de grandes curvas.

    Ana se acerco a mi y me dio un beso para el campeonato, profundo e intenso. Maite me desvestía, una vez desnudo la vista de Rosa se fijo directamente en mi pene, creo que trago saliva mientras lo miraba.

    Esteban: A ver puta que sabes hacer.

    Rosa inmediatamente se arrodillo y empezó a meterse mi pene en la boca, no lo hacia tan bien como las chicas, apenas con dificultad llegaba a un cuarto de mi pene, Ana pasaba la lengua por mi pecho, mientras que Maite terminaba de sacarme la ropa. Cuando esta término, se fue detrás de Rosa tomo mi su cabeza y empezó apretarla contra mi, haciendo la penetración en su boca más profunda, casi se la comía toda, Maite presionaba hasta que le daban arcadas a la gordita, de la comisura de sus labios caía la saliva por montones.

    Cuando mi pene salía de su boca se afanaba por respirar raudamente, Maite solamente la dejaba unos segundos para después volver a meterle el pene a la boca, su maquillajes se había corrido por sus lagrimas y saliva. Maite saco mi pene de la boca de Rosa y empezó a escupir en las tetas de esta.

    Ana: Tiene que probar estas tetas, son espectaculares para esto.- dijo echándome un chorro de gel lubricante sobre mi pene.

    Maite tomo las gordas tetas y puso mi pene entre medio, mientras que Rosa me miraba como un corderito que va al matadero, sus preciosos ojos celestes llenos de lagrimas me pusieron más todavía, Maite apretaba bastante las tetas de Rosa contra mi pene tanto es así que empezó a brotar leche de ellas, y me mojaban los muslos, era leche muy tibia, Maite se separo un poco y por el movimiento de su mano estaba penetrando desde atrás a Rosa que gemía como si la estuvieran matando.

    No aguanto más y empezó a acabar, yo ante tal escena tampoco pude más y estaba por acabar también, Ana se dio cuenta de todo tomo de los cabellos a Rosa que estaba terminado su orgasmo, la jalo fuertemente hasta mi pene y se lo metió en la boca. Mi primera descarga fue bastante abundante, esto hizo que se ahora y empezara a escupir, mientras mis descargas siguientes dieron en su cuerpo.

    Ana: La leche de nuestro amo para nosotras es sagrada.- le hizo una seña y Maite la agarro de los pelos y la obligo a recoger del piso me semen con la lengua.- Déjeme a mi, su puta amo que lo sirva.

    Ana se arrodillo y se la metió en la boca, recorriendo cada rincón de mi pene con su lengua, hasta dejarla brillante de limpia. Cuando mire Maite estaba dando de nalgadas a Rosa y esta estaba tomando del piso el semen que había derramado.

    Maite: Mira así se trata el pene del amo, mira bien, no se desperdicia nada.- Otra nalgada muy fuerte, ya tenia el culo rojo.

    Ana: Vio amo la cantidad de juguetes que compre, como usted me dijo.- hizo mención a lo que yo había dicho.

    Me señalo los juguetes, y me trajo el arnés para que lo viera, era como si una nena tuviera un juguete nuevo, tenía una ilusión que no cabía en ella.

    Esteban: Putita quieres usarlo, creo que nuestra otra esclava no ha recibido atención.- Dije señalando a Maite.

    Ella con toda la emoción se puso el arnés, se puso tras Maite y la penetro desde atrás, ella lo recibió bastante bien, no tenia mucha coordinación le faltaba experiencia, pero de a poco se fue acoplando a su prima en los movimientos. Maite se apoyo contra el trasero de Rosa, lo apretaba y amasaba, creo que la experiencia nueva las estaba calentando demasiado, más incluso que el movimiento en si.

    Yo mirando todo en poco tiempo me anime y mi pene también, Maite abrió las nalgas de la gordita y empezó a pasar la lengua por entre la raja de esta. En poco Rosa gemía, y sus dedos empezaron a jugar en su vagina. Mi mujer se veía muy empoderada, se me ocurrió bajarle un poco los humos, puse bastante lubricante en mi pene, fui hasta donde estaba penetrando en cuatro a su prima y puse lubricante también en su ano.

    Esteban: Creo que la esclava lo necesita aquí.- una sonrisa malvada se dibujo en Ana.- déjame que te ayude cariño.

    Tome el dildo con la mano y lo puse en la entrada del ano, ella sin piedad lo penetro de una, hasta el fondo. Maite lanzo un grito de dolor, yo metí mi mano y empecé a acariciarla y besarle la nuca y espalda, en poco tiempo se repuso y siguió estimulando a Rosa. Ana estaba sacada gozaba demasiado con todo esto, y estaba a punto de acabar, me puse atrás de ella acariciándola y en un momento dado cuando estaba cerca del orgasmo, metí de repente medio pene en su estrecho ano, otro golpe de caderas y entro completo, por supuesto que se le corto el orgasmo, y Maite recibió también una penetración furiosa, tome el cabello de Ana y le hice girar la cabeza y metí mi lengua en su boca lo más profunda posible.

    Esteban: Para que no se te olvide de quien manda aquí.

    Ana: Usted Amo, nosotras estamos para servirle.- dijo entre susurros, haciendo un gran esfuerzo.

    En unos poco segundos logramos coordinarnos y hacer que nuestra penetración fuera más placentera y profunda. Todo fue muy rico, era como si los tres estuviéramos compenetrados, incluso termine agarrando la mano de Maite mientras mi otra mano apretaba el pecho de Ana. Casi nos olvidamos de Rosa, la primera en acabar fue Maite, mientras que Ana tuvo un fuerte orgasmo después. Yo no acabe, las chicas se desparramaron en el suelo.

    Tome a la gordita y la lleve a la cama, nos besamos apreté sus pecho y bebí su leche, era deliciosa y ver como semejantes moles de carne lanzaban un chorro me puso más bruto de lo que ya estaba. Nuestros sexos se convirtieron en un hot dog, sus labios vaginales eran el pan que envolvía a mi salchicha, me movía lentamente mientras no soltaba a sus maravillosas mamas, la humedad de su sexo empapo hasta mis huevos, esta mujer estaba pronta a acabar.

    Tome el pote y puse más lubricante en mi pene, lleve sus piernas a mis hombros y puse un almohadón bajo su cola, quería que quedara bien para no agacharme tanto de pardo, le fui metiendo el pene de a poco en su ano, era verdad que no era virgen, es más Ana y Maite lo tenían más cerrado que ella, pero fue placentero igual. Notaba que no llegaba todo lo profundo que yo quería.

    Esteban: En cuatro puta, que quiero romperte bien el culo, para que te acuerdes siempre lo que es un verdadero macho.

    Ella se puso en cuatro sobre la cama y yo me subía a la misma, en esa posición tenia que empujar mi pene hacia abajo, ahí si entro más esforzado como haciendo palanca y la profundidad era muy superior, empecé un mete saca violento, ya ella lo tenia dilatado así que no era problema. Es maravillosa la sensación de hacerse un culito, y esta se incremento con la sensación de una lengua en mis huevos, una lengua que iba y venia, supongo que bajaba hasta la vulva de Rosa, solamente podía ser Maite, porque Ana estaba ordeñando a la gordita mientras la besaba.

    Demasiados estímulos sensoriales y visuales, un par de segundos más y mi leche inundo las tripas de Rosa que tampoco pudo más y acabo casi al mismo tiempo que yo. Desmonte y me tiritaban las piernas, aunque me hice el fuerte no quería mostrarme muy afectado.

    Maite: Ven aquí, ahora hazlo bien.- tomo a Rosa de los pelos y la llevo hasta mi pene, ella lo lamio hasta dejarlo limpio siempre ante la atenta mirada de Maite.

    Ana trajo un vino blanco que estaba bien fresco y lo bebimos, Rosa se le había pasado un poco la calentura y se cubrió un poco con las sabanas, le hice seña a Maite para que no le dijera nada. Mientras bebíamos en silencio, empecé a acariciar el muslo de Rosa, suavemente como despreocupado. Señale con mi dedo a las chicas y le hice seña de uno a otro, o sea que se cambiaran el arnés, lo hicieron inmediatamente. Le indique a Maite que lubricara el dildo, pedí el celular a Ana donde tenía el programa que controlaba el vibrador dentro del arnés, y lo puse en un grado leve, traje a Ana hacia mí y la bese, nos empezamos a comer la boca mientras acariciaba su cuerpo. Cuando nos separamos dirigí su cabeza para que se besara con Rosa.

    Esteban: Ven cariño, móntame.- dije acostándome en la cama.

    Ana lo hizo inmediatamente y me monto, comenzamos a besarnos, luego pase a su cuello, mire donde estaba Maite y moviendo los labios le dije lo que tenia que hacer, ella lo ejecuto tal cual le dije. Ella se posiciono atrás de su prima, puso el dildo en la entrada de su ano y se lo metió hasta el fondo, haciendo la mayor fuerza posible, justo lo que le había dicho moviendo mis labios, rómpele el culo. La enculaba con fuerza, lo estaba disfrutando, mientras que Ana pego un gran grito con la penetración, Rosa chupaba las tetas de Maite, pero en pocos segundos Ana acabo con un gran orgasmo. La tuvimos que sacar de arriba mío.

    Esteban: Acuéstate ahora tu esclava.- le indique a Maite.

    Ella se acostó y Rosa la monto, yo tome el celular y puse la intensidad del vibrador al máximo, Maite reacciono en el acto gimiendo, yo me puse detrás de Rosa y le penetre el ano lentamente hasta el fondo, mientras las sostenía de las tetas, para que arqueara la espalda y la penetración fuera mayor, Ana se puso atrás mío y me besaba el cuello y la espalda, en un momento dado los gemidos de Maite y Rosa eran como una sirena, cuando la gordita empezó a acabar brotaron chorros de leche de sus tetas mojando a Maite, esta acabo mientras pasaba todo esto, yo sentí como el ano se contraía y me arrastraba a mi también a un orgasmo, fue espectacular.

    Todavía tuvimos sexo dos horas más, quedamos totalmente saciados de sexo, hasta que lleve a Rosa a su casa, quedamos en volver a repetir la experiencia.

    Al volver a casa tenia que hablar con las chicas, y obligarlas a dejar de hacer estas cosas sin consultarme, sino me podrían meter en problemas, hasta ahora le había salido bien la cosa. Pero se me estaban revelando el ganado. Cuando volví las senté en el living.

    Esteban: yo no autorice esto, y tu.- dije señalando a Ana.- te estas tomando demasiadas atribuciones en mi nombre. Esto nos puede traer consecuencias graves, no tan solo por Juan Carlos sino que meter a un desconocido a casa es algo muy importante. Imagínense si ahora ella dice que la secuestramos y yo la viole, eso seria terrible para mi.- Ana era la más afectada por esta reprimenda.- Se que lo hicieron con buenas intenciones, o porque estaban muy calientes, pero tenemos que pensar antes, porque después cuando ya estamos desnudos no nos sube sangre al cerebro.

    Ana intento hablar pero no la deje, una mirada mía la silencio totalmente y agacho la cabeza, me senté frente a ellas, respire hondo y me tranquilice un poco, también baje el tono de voz que note que se me había ido un poco alto, ha esto si se le suma mi tamaño y que suelo mover las manos me veo más agresivo de lo que quiero parecer.

    Esteban: No es momento para escusas, evidentemente disfrute, pero estas cosas hay que hacerlas de otra forma. Por lo tanto les daré un castigo a las dos, por un mes no podrán jugar ustedes solas, y a partir de hoy yo les daré permiso para que tengan un orgasmo, solo si se lo merecen. Ahora pueden irse a acostar a la habitación de huéspedes, no me apetece dormir con ustedes.

    Creo que eso fue lo peor que les hice, no poder dormir juntos, Maite estaba triste, pero Ana estaba a punto de llorar, se me partió el corazón, y no es porque no me haya gustado lo que paso o las decisiones que tomaba Ana, sino es porque no lo hacia de forma racional sino desde el impulso, y en este momento teníamos a mafiosos que nos querían hacer daño, la policía con una investigación, y después estaba que siempre te podías encontrar a alguien que quisiera sacar provecho de ti.

    Otra cosa es que Ana se le habían subido mucho los humos últimamente, y había que bajarla a tierra de una vez, tenia que enseñarle quien manda de verdad, por más que me doliera imponerme, ahí me di cuenta que mis sentimientos por ellas eran más profundos de lo que yo pensaba, si que sabia que la amaba, pero la amaba como jamás lo hice con nadie.

    Esa noche me costo dormir, pero cuando lo hice dormí como un tronco, profundamente. A la mañana siguiente Maite vino a despertarme, me habían preparado mi ropa como siempre. Al llegar a la cocina, las dos estaban paradas y solo estaba puesto mi desayuno, esperaban para servirme.

    Esteban: A ver, no quiero que cambie nada, y se que las amo, pero tienen que entender lo que les dije, no quiero que tomen decisiones importantes sin consultarme, por todo lo otro estoy contento con ustedes y muy feliz, pongan el desayuno para ustedes también en la mesa.

    Lo hicieron en el acto, es como cuando perdonas a un infiel y este hace todo en el acto para congraciarte. Maite se la veía más suelta, y más relajada con lo que le dije, pero Ana seguía cabizbaja, y esquivaba mi mirada. Bueno ella entendería por las buenas o por las malas. Nos fuimos juntos a la empresa, el viaje fue en total silencio, ellas bajaron igual aunque Maite me dijo.

    Maite: Que tenga buen día amo.

    Yo tenía bastante trabajo atrasado, incluso llego la hora del almuerzo y no pude ir porque estaba en video conferencia, en un momento dado entro Maite y me traía comida, yo me imaginaba que era idea de Ana, pero esta no se atrevía a traerlo ella, ya entraría por el aro, agradecí a Maite y seguí con lo mío. Un rato antes de terminar en la jornada me di un paseo por la empresa, y vi a Ana que actuaba normalmente con las chicas ocultaba todo, tenia una sonrisa.

    Todo esto se borro al subir a la camioneta para volvernos a casa. Ellas se dedicaron a limpiar y después me pidieron permiso para salir a correr al parque que hay cerca, yo me fui al gimnasio las quería dejar solas. Yo había visto las cámaras pero ellas hablan bajito o en el patio, así que no pude escuchar nada.

    Volví y ellas habían preparado la cena, comimos otra vez en silencio, solamente Maite cada tanto me preguntaba como estaba todo o si necesitaba algo más, ella estaba bien, casi normal. Ana no decía nada parecía un autómata haciendo todas las cosas y sirviéndome. A la hora de irnos a dormir ellas estaban expectantes no se atrevían a ir a mi habitación, así que las saque de la duda.

    Esteban: Maite por favor acompáñame a dormir esta noche.

    Ana sintió el impacto y siguió con la cabeza gacha, yo tenia el corazón un puño, pero quería demostrar mi punto, quería que ella se diera cuenta que las decisiones pasaban por mi. Que nada estaba librado al azar.

    Nos fuimos a acostar, lo hicimos de cucharita, y yo me puse juguetón, pasando mi pene por entre su sexo, mientras daba de besos a su cuello, en un par de minutos note la humedad en esa zona, así que penetre el sexo fue suave, yo apretaba sus pechos, mordía el lóbulo de la oreja y bajaba lamiendo su cuello, quería ver si había aprendido y me obedecería, notaba como se contenía, yo lo seguía haciendo lento, baje mi mano y la puse sobre su clítoris y empecé a masajear de forma circular, ella tomo la almohada y la mordió, no puede hacer que acabara .

    Esteban: Puedes acabar después de que yo lo haga.

    En realidad no me faltaba mucho y cuando lo hice la pobre de Maite se dejo ir, ni bien pasaron unos segundos ella bajo y me limpio con su boca mi pene, y así nos dormimos. La rutina se repitió por dos días más, íbamos a trabajar, volvíamos y me acostaba con Maite y teníamos relaciones, en ningún caso me fallo. Yo sabia que todo esto estaba afectando a Ana en sobremanera.

    Al tercer día me fui a dormir también con Maite, pero hablamos los dos, y me conto que Ana le había pedido que me llevara la comida, y que le daba consejos para complacerme. También hablamos de porque yo estaba enojado y ella más o menos entendía todo, por lo que había hablado con su prima. Así que fui a buscar a Ana a la otra habitación, ella estaba sentada en el suelo apoyada en la cama, mirando por el ventanal hacia afuera, iluminada con una luz tenue, lagrimas corrian por su mejilla, ni bien me sintió entrar se puso de pie.

    Ana: Amo necesita algo.

    Esteban: Si, necesito hablar contigo. Me puedes decir que te pasa, que es lo que sientes ahora.- ella dudaba en hablar, titubeaba hasta que se decidió.

    Ana: Perdóneme amo se que no he estado a la altura de sus expectativas, yo tome decisiones como si fuera la señora de la casa y no como una esclava, he aprendido la lección y si usted decide despreciarme o que me vaya lo aceptare y siempre estaré agradecida con usted.

    La película que se había hecho esta mujer, creo que no medí en realidad la dimensiones de mis palabras o actos, como dije estoy dentro del espectro autista y hay cosas que se me escapan.

    Esteban: ¿Quien te dijo que no eres la señora de la casa?.- dije levantando su cara.- tu eres la mujer que yo amo, aunque me encabrone cuando tomas decisiones tan importante sin consultarme, pero por ello no quiere decir que dejare de amarte, a lo sumo estaré enojado un par de días y te castigare, no por ello te voy a echar, tontita somos una familia, y yo soy el patriarca, me encanta como eres, solamente me tienes que consultar las cosas importantes. Entiendes cariño.

    Ana: Eso quiere decir que me sigues amando, que no me vas a dejar.

    Esteban: No, a lo sumo te voy a preñar, jaja.

    No se porque se me ocurrió decirle eso, pero su mirada se volvió muy dulce, nos acercamos y nos besamos, terminamos desnudándonos y teniendo relaciones en la posición del misionero sobre la cama. Al otro día en el desayuno volví a hablar con las dos sobre el pequeño problema y que por una discusión o un enojo no era que nos fuéramos a separar, así que la cosa se tranquilizo bastante, ya para la tarde todo había vuelto a la normalidad entre nosotros.

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  • El primer trío con mi esposa

    El primer trío con mi esposa

    Hola, mi nombre es Daniel y mi esposa Carol está es la segunda experiencia que tuvimos y como comenzamos a ser más liberales y experimentar otras cosas.

    Después de enterarme de que mi esposa me era infiel y confrontarla y preguntarle por su infidelidad el sexo era más desenfrenado y lleno de pasión, me gustaba preguntarle como se la cogía su amante y que le gustaba más.

    Cabe mencionar que el amante era un amigo mío mayor que nosotros dos por 8 años aproximadamente, como les dije el típico amigo chapulín con familia, el aún no sabía que yo estaba enterado de lo que hacían a escondidas y eso nos prendía. Mi esposa solo me contaba cuando saldría con el y ella llegaba llenita de semen listo para batir y me contaba como estuvo todo.

    Un día que teníamos sexo le pregunté al oído que si le gustaría que la cogiéramos los dos juntos, y ella solo me miró y me dijo que no lo sabía. Pero su humedad me lo confirmo todo, y le seguí preguntando cosas, le pregunté si la tenía más grande y ella me confesó que no, pero que si era más gruesa y eso le gustaba, sentir como la abría y que sus huevos eran más grandes y que le gustaban como le rebotaban en su culo.

    Una tarde hablando con su amante (mi amigo) le dije que saliéramos a tomar algo y el dijo que estaba bien, esa misma noche le dije a mi esposa que llegaríamos por ella después de unos mandados y que estuviera lista, pasamos por las cervezas y unas botellas de licor y pasamos por ella.

    Ella iba con pantalón de lona y un suéter de cierre con una blusa de escote de bajo, y un calzón de encaje, pasábamos muy buena noche platicando y tomando cuando ya íbamos a salir de regreso a casa en el carro nos pusimos a tomar lo último de la botella y mi esposa me comenzó a besar, mi amigo solo nos miraba y de inmediato entendí lo que quería mi hot wife.

    Le comencé a agarrar el culo y ella se calentó, después me saco la verga enfrente de mi amigo y me comenzó a dar una mamada deliciosa, mía amigo solo miraba con deseo de que se la chupara ya que sabía las ricas mamadas que da mi mujer por cierto, luego no sabía cómo animar a mi amigo a qué la tocará, así que le quite el pantalón y la puse en cuatro frente a mi amigo, ya muy excitado se la meto y mi esposa comienza a gemir delicioso, cuando de repente solo escucho sus gemidos ahogados y mi sorpresa fue que ya tenía la verga de mi amigo en la boca y se la estaba mamando.

    Él me miró y me dijo que ella se la había sacado y solo le dije que lo gozará, le agarro el pelo con una mano y ella se mete toda la verga en la boca mientras su culo rebotaba con cada empujón que yo le daba.

    Después cambiamos, ella me la comenzó a mamar de nuevo y le puso el culo a mi amigo enfrente a lo que no tardó y se la dejo ir y solo miraba como torcía los ojos del placer, y le dije “¿Esto es lo que querías?”. Y ella solo me respondió con la cabeza que si.

    Le dije que se subiera en mi verga y me comenzó a montar, le daba una rica chupada a sus pechos mientras la nalgueaba, cuando solo volteo a ver a mi amigo y le abro el culo de par en par a mi esposa con las manos a lo que entendió mi señal, y se lubrica la verga con la mano y toma a mi esposa de la cintura y ella me mira sorprendida y me dice, “me van a partir el culo”. Y le pregunte que si no le gustaría, en eso él se la mete y ella suelta un gemido ahogado para no gritar y comenzamos con el mete saca en su culo y vagina, mi esposa me mira y me besa y después dice, “hijueputa que ricooo”.

    Seguimos así otro poco después él se sentó por la incomodidad del carro, ella se puso a darle otras chupadas a él y le di de nuevo en cuatro a lo que ya estaba muy caliente y le termine, mi amigo la acostó boca abajo y le comenzó a dar, ella gemía muy rico después el me preguntó si le podía terminar adentro y le dije que si ella quería a lo que claro ella no se negó, terminamos exhaustos, luego nos fuimos y ya ni nos bañamos al llegar ya era de madrugada como las 3 am después despertamos y lo hicimos de nuevo con todo lo que tenía de hace unas horas.

    Espero les guste está segunda parte de nuestros comienzos, aprecio los comentarios malos y buenos y esperen el próximo relato.

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  • De la fantasía a la realidad (Un nuevo cornudo)

    De la fantasía a la realidad (Un nuevo cornudo)

    Estaba totalmente confundida cuando descubrí la infidelidad de mi esposo. Nunca se me pasó por la cabeza serle infiel y por eso nunca hubiera pensado que él lo hubiera hecho.

    Fue un año difícil en el matrimonio, me sentía poco valorada y sin atención, así que comencé a chatear con un amigo de una manera más cercana, no tenía intenciones de relación ni de una aventura, solo sentirme atendida nuevamente. Mi esposo por mi error tuvo acceso a los mensajes que tenía con mi amigo Francisco y aún que no había nada comprometedor las intenciones de coqueteo eran palpables. Tuvimos una discusión pero decidimos hablar con tranquilidad aún que yo le dije que en realidad no quería nada con mi amigo y se lo deje claro.

    Fue una noche que mi esposo me propuso que nos tomáramos unas cócteles cuando todo comenzó. Yo ya estaba mareada y mi esposo también, salió el tema de la infidelidad en medio de la conversación el tema de mensajes y entre lágrimas y risas decidimos dejarlo atrás y nos comenzamos a besar y terminamos teniendo relaciones muy apasionadas, sin embargo la imagen mental de mi esposo con otra mujer mientras mi esposo metía su verga en mi húmeda vagina, lejos de cortarme, me excitaba hasta que le pregunté:

    –¿Así fue como te follaste a tu puta?

    El sorprendido pero extasiado me relato paso a paso de cómo se folló a la puta esa. El relato me prendió tanto que terminé muy fuerte y mientras mis fluidos se regaban en nuestra cama me preguntó:

    –¿Buscas venganza?

    Recobre fuerza y retome mis movimientos de cadera su verga resbalaba tan delicioso y en momento de locura, con una risa marcada en mi rostro y siguiendo su juego conteste a su pregunta:

    –Si, voy a vengarme de lo que hiciste, te voy a hacer cornudo

    Hasta ese momento ni siquiera lo había pensado, mi esposo había sido el único hombre en mi vida, pero a él no le disgusto la idea, mientras alardeaba yo con mi esposo mientras me imaginaba actuando como puta con otro hombre, diciendo que quería tener otra verga en la boca, para que después me penetre y darle hasta mi culo , las embestidas de mi esposo fueron más frenéticas hasta que sentí toda su leche caliente en mi vagina, y esa sensación me encanta y yo también terminé fuertemente.

    De ahí en adelante nuestro sexo se volvió más frenético, y vi como a mi esposo le excitaba que le hable como una zorra, le encantaba que le diga que quería ser follada por otro hombre, el me decía que siempre seré su puta, que tengo un cuerpo delicioso y que debía aprovechar mi juventud. Aún que en realidad me considero una milf, tengo buenos atributos corporales. Tengo a senos grandes una cintura pequeña aún que no soy totalmente delgada y un trasero que es lo bastante bueno, que los hombres lo voltean a ver.

    Siempre lo tomamos como un juego sexual, excitante, fogoso algo que nos encendía pero al final era un acto de complicidad que cambiaba el dolor de la traición a un placer sexual.

    En una ocasión mientras follabamos mi esposo me preguntó si existe alguien quien me gusta, alguien que pudiera ser parte de la fantasía. Yo me quedé fría pues entendía que esto era un juego y le dije que prefiero no ponerle rostro a nuestras fantasías y el me insistió de sobre manera hasta que me convenció.

    El propuso que sea Francisco mi amigo de los mensajes. Pero en realidad yo solo había querido su atención no era alguien que me atraiga realmente. Así que me negué.

    No sabía que decir entonces le dije que todos mis compañeros de trabajo son muy poco atractivos por lo menos para mi, pero había un chico prácticamente nuevo de otra área que era simpático pero que era muy menor a mi. Yo tengo 36 años y el tiene 24 años.

    Pero mi esposo dijo que podría funcionar con alguien menor ya que prácticamente sería yo quien me follaria a un amante Joven y no al revés. Para mí esto seguía siendo un juego así que le dí el nombre de mi amante secreto para nuestra fantasía. Alex.

    La verdad no me sentía mal imaginandolo, aun así no estaba dispuesta a hacer nada, solamente quería ver a mi esposo y a mi reconectando en esta nueva faceta sexual que teniamos. Aún que algunas veces le mostré duda y me sentía mal por qué mi esposo quería compartirme, tenía ideas de desvalorización cuando estaba sola pero con el se me olvidaba todo pues me daba claridad y me hacía sentir amada y segura.

    Esta seguridad hizo que cambie algo dentro de mi. Me vestía un poco más provocativa, sentía las miradas de los hombres en diferentes lugares, mientras caminaba, mis amigos incluso en el trabajo, para mí era normal pero ahora había algo distinto sabía que era una fruta deseable. Hasta que mis ojos se cruzaron con los ojos de Alex y por un segundo recordé todas las escenas sexuales que practicaba con mi esposo y una sonrisa broto en mi rostro, motivada por los recuerdos con mi esposo y no por el cruce de miradas con Alex pero esa no fue la impresión de Alex ya que sonreí mientras lo veía y cuando me percate de mi error, aparte la vista y volví a lo mío.

    Desde ese día Alex me mira con cierta suspicacia y gusto aún que no veo nada de malo es lo que hacen los demás, aunque pensándolo bien era un poco más intenso por qué yo a el si le devolvia las miradas complices.

    Tuvimos una salida de campo los miembros de mi oficina donde festejamos las metas alcanzadas de manera corporativa, fue un evento tipo coctel muy informal pero alegre. En este evento animada por un par de copas devolví algunas miradas de Alex, conversamos un poco de manera casual pero su mirada se volvía más intensa hasta el punto de que senti una incomodidad, no por la atención de Alex sino por qué de alguna manera sentía que la fantasía golpeaba las puertas de la realidad y esto me asusto mucho, deje de corresponder las miradas de Alex hasta que el evento acabó.

    Volví a casa con esta incomodidad. Le había contando previamente a mi esposo de cómo Alex y yo coquteabamos con la mirada de manera casual en la oficina. Cuando llegue a casa después de algunas tareas pendientes mi esposo me abordo, y me preguntó del cóctel de la empresa a lo cual respondí de manera fría y calculada.

    Extrañado por mi actitud se acercó a mi besándome suavemente y dándome seguridad, escalamos los besos hasta que estaba abriéndole las piernas a mi esposo en el sillón de nuestra sala, cuando el comenzó con nuestro juego habitual una inseguridad me volvió a golpear. Yo no quería ser infiel, yo amo a mi esposo pero poco a poco el me llevo de nuevo por ese camino y sepultó está inseguridad que había brotado en mi.

    Sin embargo le dejé bien claro que no pienso serle infiel, le conté del miedo que tuve con las miradas de Alex por qué sentía que ya no era una fantasía y el accedió dándome mi espacio, el sabía lo que estaba haciendo conmigo. Respeto mi decisión pero aclaro que cuando las cosas son consentidas no es una traición por qué ambos estamos de acuerdo. Y que el estaba seguro que nuestro matrimonio no corre peligro con nuestras fantasías. Y dio en el clavo, lo que menos quería yo era que mi matrimonio sufriera, no quería nada más que lo mejor para mí esposo y para mí. Así que dejando las cosas claras accedía a seguir interpretando mi papel en nuestra fantasía.

    Mi esposo sabía que al viernes siguiente nos reuniremos en casa de Paulina, que es mi compañera del trabajo y amiga de cierta manera cercana, habíamos salido un par de veces, incluso mi esposo se había sumado en esas salidas. La idea era celebrar sin el protocolo de la empresa con un poco más de libertad.

    El viernes llegó, mi esposo trabajaba hasta tarde en esa ocasión, yo le había mencionado que tenía una reunión de compañeros en el apartamento de Paulina como un recordatorio. Quedó en recogerme después de su trabajo para ir a casa, lo cual me alegro pues mi esposo estaba muy atento conmigo.

    De antemano habíamos estado bebiendo disimuladamente en la oficina, todos uniformados, los hombres con terno y las mujeres con falda y blusa pero tomando aguardiente de manera camuflada entre risas calladas y complicidad, la fiesta comenzó desde antes de llegar.

    Ya en el departamento de mi amiga sentía los efectos del alcohol pero nada para hacerme perder el control y la verdad es que de la felicidad se les pasó la mano a algunos y aunque la noche era joven ya pocos quedaban en pie y los que quedábamos estábamos también con unas copitas adentro. Alex era uno de los que quedaba. Había una pista de baile improvisada en medio de la sala del apartamento de Paulina. Interesantemente Alex no me coqueteo en todo el día, hasta ese momento donde me invitó a bailar.

    La música cambio y el reggaetón sonaba, las chicas aullaron de alegría como si fuera el momento cúspide de la noche. Las parejas en la pista de baile se volvieron más atrevidas y Alex también quería lo suyo, pero yo me resistía preocupada por estar expuesta ante el resto de compañeros y compañeras.

    Di un vistazo rápido a las demás parejas y había muchas compañeras casadas que bailaban de manera atrevida a pesar de que no estaba el esposo de ninguna de ellas en la fiesta. Lo cual me dió de cierta manera un impulso extra para relajarme.

    –Que guapa que estás hoy –me dijo Alex

    –Que bueno que estás sola, continuo sonriendo.

    Yo solo sonreí mientras lo vi y seguía bailando, esos comentarios aún que me asustaban me encendían, el tomo mi cintura suavemente y me acerco a lo cual accedí sin ver nada de malo, después de un momento, pude sentir su miembro a un costado de mi vientre bajo, a través de su pantalón, al parecer ya estaba creciendo y su pierna estaba ya contra mi vulva. Sentí su olor corporal y era como el aviso de que la fantasía no solo golpeó la puerta de la realidad ahora la estaba abriendo pero mientras no pase nada, todo estaba bien para mi.

    Nuestros cuerpos se apretaron como por inercia, sin pensarlo. Me estaba calentando. Maldita fantasía que mi esposo puso en mi. Yo estaba dando mucha cuerda a este chico que creía que tiene derecho a apretarme así y tener éxito.

    –Que rico que huele tu cabello, me encanta como cae en tu espalda.

    Solo atiné a reír, Que hago -pensé- ¿lo detengo aquí?

    Mi mente estaba en blanco y ese era mi error. Gracias maldito alcohol pensé de manera irónica. Por qué mi cuerpo estaba muy cómodo y pedía más, esa sensación en mi vagina rozando su pierna me estaba calentando aún mas.

    Me decía sutilmente cosas al oido algunas no entendía por el volumen de la música pero su cercanía me calentaba me pedía dar la vuelta para quedar de espaldas a el y a final de cuentas estábamos bailando reggaetón el baile donde las chicas permitían que sus parejas froten sus miembros contra sus traseros en un acto muy típico de este baile, pero si yo lo permitia ya no había nada más, la fantasía dejaba de ser una fantasía. Miré a Pauli y ella me vio con complicidad, entendí que nada de lo que pase aquí saldría de aqui. Pensé en mi esposo y esto me detuvo por un momento hasta recordar nuestros encuentros, ¿será que esto hace feliz a mi esposo? Me pregunte.

    Finalmente animada por la fantasía más que nada accedí y le di la espalda a Alex, y el sin perder tiempo se pegó a mi, por el ritmo de la música saque mis caderas y las comencé a mover.

    Era la primera vez que sentía otro miembro en mis nalgas que no sea el de mi esposo. Me encantaba esa sensación de estar portándome como una puta. Una puta casada y muy desgraciado de Alex tuvo la habilidad de poner su miembro justo en mi durazno en pleno centro de mis nalgas. Y el alcohol ayudaba muchísimo. Disfruto de mis nalgas en su miembro un buen rato y la verdad ya estábamos calientes. Sentía mis bragas mojadas, yo atinaba a sacar mis caderas cada vez más para disfrutar de ese miembro ajeno, de ese miembro nuevo. Pero aún tenía inseguridad si bien había sido atrevida y ninguna mujer casada debe permitir este tipos de contactos y acercamientos. Estábamos cubiertos bajo la excusa de un baile. Así que dije no más.

    Me di la vuelta buscando un poco de cordura, pero el nuevamente me prestó contra el con esa mirada de cazador. Su erecto pene golpeaba en mi vientre y sus piernas rozaban mi vulva y yo inconscientemente la apretaba contra el. Alex busco mis labios pero lo esquivaba tratando de lucir indiferente, pero alentada por la poca luz, los pocos testigos y el alcohol poco a poco deje que se acerque a mi boca y me bese, suavemente al inicio pero se volvió más pasional que a los pocos momentos nuestras lenguas jugaban entre si. Sentía su aliento caliente contra el mío, mi vagina urgente mis senos a reventar pero aún tenía miedo.

    Un momento de lucidez y una extraña culpabilidad hizo que sin explicación me separara y buscará a mi amiga para detener esto ahí. Comencé a buscar un lugar donde pueda desaparecer hasta que mi esposo llegue. Necesitaba estar sola para tranquilizarme

    Fui a las distintas habitaciones y estaban cerradas, intenté ir al baño pero estaba ocupado y nadie respondía a mi golpes. Tome mi bolso y fui al cuarto de cocina a beber agua para recuperar el aliento y la cordura, pero la verdad seguía muy caliente.

    No pasaron ni 5 minutos desde que estaba ahí y sentí unas manos que se deslizaban detrás de mi tomando mi cintura. Otra vez sentí ese miembro en mi. Me di la vuelta rápidamente alejando sus manos. Tratando de separarme Le dije

    –Alex, para, esto no puede pasar, yo estoy casada y no quiero que esto pase, sueltame.

    El sonrió y volvió a buscar mis labios. Trate de apartarme pero había algo en mi que si deseaba esto, como si no estuviera en mi, accedí a su beso devolviendo su juego de lengua con el mío.

    Decidí abandonarme, la fantasía seguía tornándose realidad, me besaba con el hombre que tantas noches jugó conmigo en la imaginación mía y de mi esposo aún que el no lo sabía. Seguí el juego que tantas veces paso entre mi esposo y yo.

    Me llevo entre beso y beso al cuarto de lavado una pequeña habitación continúa al cuarto de cocina, escondida sutilmente. Yo confundida y excitada me deje guiar.

    Sus besos eran más candentes y húmedos, mi boca se abría más y nuestras lenguas jugaban como lo hacía solamente con mi esposo. Sus manos se volvieron traviesas. Saco los primeros botones de blusa revelando la mayoría de mis pechos con sujetador. Me sorprendió pero lo permití, me encantaban los besos en mis senos.

    Quiso desabrochar mi brasier peor no le dejé ni quería estar totalmente expuesta pero deje que baje mi corpiño rebelando mis senos aún que no es lo más cómodo ese momento no importaba. Sus besos bajaron por mi cuello hasta llegar a mis senos. Comenzó a lamer como un loco mis pezones que eran como dos cerezas rosadas hinchadas y urgentes y a mi me encantaba se ríe su boca sentir su lengua sentir su hambre en mis pechos.

    Mientras lo hacía libero su miembro, lo supe pero no lo vi. Volvió a besarme y pude rosar con mi mano su verga, venosa y a reventar. Que cosa más maravillosa fue tocarle la verga no estaba segura pero parecía un poco más grande que la de mi esposo pero definitivamente era más fina. Sin embargo estaba caliente y firme y eso me encendía, la tome con mi mano entera y comprobé mis sospechas, lo comencé a masturbar.

    Subió mi falda y su manos estaban en mi trasero. Tal vez sabía desde esa mañana que algo iba a pasar que me puse ligeros y una tanga, no estoy segura pero eso llevaba puesto. De repente sus dedos buscaban mi vagina, pero yo me aseguraba de que no llegue a tocarme mi centro aun no estaba lista para darselo. Permití que se consuele con mi trasero hasta que sentí una palmada firme en una de mis nalgas que mando un corrientaso por todo mi cuerpo y me arranco un gemido.

    Así que no tuve reparo le di su premio, separé un poco las piernas para que me pueda tocar, sus manos pasaron por mi tanga, la hicieron a un lado y sus dedos resbalaron en mi interior. Yo estaba muy caliente, muy húmeda tanto así que fue facil que sus dedos entren en mi. Que locura estaba dejando que Alex me toque de esa manera y aún que nadie nos veía seguía siendo igual de excitante y prohibido pero aún sentía culpa e incomodidad.

    Estaba siendo infiel a fin de cuentas algo que me había dolido que me hagan y ahora lo estaba haciendo eso me golpeaba pero no le detenía. El alcohol y la fantasía eran más fuertes que mis pensamientos. Mi cuerpo pedía y yo lo complacía pero aún con medida.

    Subió una de mis piernas y yo le dejé , quería sentir ese pene cerca de mi vagina. Comenzó a frotar su cabeza contra mi vagina húmeda aún cubierta por mi tanga, yo movía mis caderas buscando más fricción.

    Tomo con sus mano su miembro para dirigirlo a mi entrada, yo me quedé expectante sentí su cabeza en posición de mi vagina pero mi tanga aún estaba en medio, estaba lista para recibirlo pero en una alerta de peligro cuando sentí mi tanga deslizarse hacia a un lado exponiendo totalmente mi orificio mi cadera se movió entorpeciendo su entrada. Mi vagina me reclamo con un espasmo pero la lucha entre mi mente y mi cuerpo aún estaba vigente.

    –No por favor, Sin condón no atiné a decir mostrando preocupación.

    Alonso no traía un condón encima, me sentí de cierta manera aliviada.

    Desistió por un momento el querer penetrarme, y mi pierna tocó el suelo nuevamente pero estaba muy caliente y mientras me besaba, el no se rendía pero ya no le permití levantar mi pierna.

    Lo mire con ansias con atisbo de temor en mis ojos, el me regreso la mirada al principio confundida pero al sentir mi mano en su pene me permitió guiar lo siguiente.

    Quería darle placer a Alex por lo que tome su miembro y frote su miembro contra mi vagina aún cubierta por el triángulo de mi tanga mientras lo besaba, hice un canal entre mis piernas para que me pueda frotar toda su extensión hasta llegar a mi trasero. De alguna manera me sentía más tranquila. El accedió y comenzó a besarme y tocar mis expuestos senos mientras frotaba su miembro y lo pasaba en medio de mis piernas rozando mi vagina. Yo también movía mis caderas dándole placer y buscando el mío.

    Ágilmente el comenzó a halar mi tanga hacia a un lado, yo sé lo permití sin saber el resultado. La fricción con los movimientos de Alex más los movimientos de mis caderas mis tanga se recorrió exponiendo mi vagina húmeda, ya no me interesaba no tener nada entre el y yo. Así que seguí frotándome contra el. Sentía como sus manos pidieron que me sacará mi tanga y le deje que me la saqué, mi tanga cayó hasta mis pies y me olvidé de ella.

    Estaba sin nada entre su miembro y mi vagina. Volvió a tratar de acomodar su miembro para penetrarme, y aún no niego que sentir su cabeza separando mis labios me excitaba, en serio no quería ser penetrada sin condón. Así que me pare firme y apreté mis muslos, mientras nos besamos y el buscando contacto deslizó su miembro entre mis muslos, sentía su miembro deslizándose entre mis labios vaginales y mis muslos. Que deliciosa sensación que tenía disfrutando el roce de esa verga ajena.

    Era una sensación deliciosa, soy una puta pensaba y el lo deslizaba, yo también movía mis caderas masturbándome con el roce de su pene en mi vagina, sus movimientos se aceleraron y me llevaron a un momento de locura.

    Si el me insistía una vez más. Dejo que me penetre en ese momento y en ese lugar pense.

    Relaje mis piernas para insinuar y buscar su insistencia. Pero no dije nada. Mis jugos chorreando por mis piernas llenando su miembro de humedad.

    Quería ser penetrada, el calor del momento y la excitación que el también sentía. La idea de lo prohibido de una vagina casada, a la mujer que no hacía caso de los coqueteos que lo esquivo en el coctel, la que siempre mencionaba al marido en todo. Ahí estaba el jugando con su pene en la vagina de esa mujer felizmente casada.

    Dejamos de besarnos y nos miramos intensamente mientras nuestros sexos se masturbaban mutuamente, su mano busco mi pierna la cual se levantó sin impedimento. Ambos sonreímos con complicidad su mano se dirigió a su miembro pero la aparte con firmeza. Sorprendido pues fui yo quien tomo su verga yo mismo la puse en mi entrada mientras lo veía.

    Empuja maldito- le dije amenazante, abandonándome a consumar la tan detestada infidelidad.

    El sonrió triunfante. Un movimiento de su cadera fue suficiente para que poco a poco su verga entrara en mi. Lo hizo despacio y entendí que no era por delicadeza sino para saborear cada centímetro que conquistaba en mi.

    La sensación fue indescriptible, culpa, temor, excitación, placer, humedad, una verga ajena y nueva llenandome. Un gemido escapó de mi cuando sentí que había entrado entero alguien ajeno a mi esposo y lo peor era que me gustaba.

    Primero Alex moviendose dentro mío, después mi caderas buscando profundidad.

    Sigue- se escapó de mis labios

    El inspirado se movió con más fuerza. Mis gemidos apagados por la música. Los choques de carne contra carne. Su verga resbalando en mi.

    Nuestras bocas se encontraron, había una intensidad. Era alcanzar la cumbre después de pelear tanto contra moralidad y apariencias. Pero aquí estaba la mujer felizmente casada siendo penetrada por su compañero de trabajo.

    Estaba a punto del orgasmo, la cara de Alex cambio a expresiones de placer. Mi cara también debió verse de la misma manera. Su glande se engrosó en mi interior, su miembro palpitaba. Mi vagina no solo estaba húmeda era una llave abierta a mis jugos vaginales. Mis gemidos cada vez más fuertes. Hasta que sentí ese líquido caliente llenandome. Y entonces paso.

    Un orgasmos tan intenso como los que tenía con mi esposo. Mis fluidos brotaban mirando su cuerpo. Su semen me llenaba. Nuestras bocas unidas.

    Nuestras lenguas aun jugando con la del otro. No sé cuánto tiempo paso, desde que sentí su explosión en mi interior pero en medio del beso mi celular sonó. Volví en mi. Me separé, baje mi falda acomode mi blusa con mi sostén aún abajo. Conteste y era mi esposo, estaba afuera esperándome, no había oído por todo lo que estaba pasando pero me había llamado un par de veces más.

    No me despedí de nadie solo salí rápidamente.

    Al llegar al auto me di cuenta que de los nervios, ni siquiera había limpiado su semen de mis muslos. Además de estar sin mis panties.

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  • Los hermanos Pérez (1)

    Los hermanos Pérez (1)

    Debería sentirme un monstruo. Pero, por alguna extraña razón, tanto en mi cabeza como en mi fuero interno, solo sentía paz. Una paz que hacía largo tiempo que no experimentaba en mi vida, desde que mi esposa murió. Y la razón de por qué comento que debería sentirme un monstruo, es justamente por la persona que tengo ahora mismo a escasos centímetros de mí.

    Una figura de poco más de un metro cincuenta, delgada, cabello largo ondulado y de un rojo encendido ligeramente anaranjado, labios naturalmente rosados y con forma de corazón, pechos de un tamaño normal, ni muy grandes, ni muy pequeños, con unos pezones de un rosa traslucido, y una vagina de labios pequeños y estrechos con un clítoris casi imperceptible incluso para la boca. Lo sé porque lo he saboreado. Y una piel blanca como la porcelana. Si esa figura estuviese despierta, mostraría unos ojos verde esmeralda, preciosos y llenos de vida. Pero dormitaba. Descansa después del ajetreo de la noche. Aquella figura era Marta, mi propia hija.

    De ahí que diga que debería sentirme un monstruo. Si la gente supiera lo que hago en la intimidad de mi casa, de mi cama, me encarcelarían. Si mis familiares supieran en qué agujero meto la polla desde hace mes y medio, me matarían; y más mi madre. Adoraba a Sonia y sintió mucho su muerte. No más que yo y Marta, claro, pero le tenía mucha estima. Y, obvio, a la nieta ya ni cuento todo el cariño que le tiene. No es que sea su único nieto, pero sí es cierto que, con Marta, mi madre tiene ese algo especial que las hace ser amigas del alma.

    Por eso, si mi madre, sobre todo ella, supiera que su querida nieta es follada por su propio padre, carne de su carne, y sangre de su sangre, me mataría. Aunque también me da la impresión de que, saber de la relación incestuosa que tenemos Marta y yo, le acabaría matando a ella. Por otro lado, no sé por qué, pero creo que mi hermano mayor me alagaría con orgullo. Siempre lo he visto muy cercano a su hijo Dani, pero nunca se me pasó por la cabeza que pudiera ser algo más allá de la relación entre padre e hijo, hasta que empecé a follarme a Marta. Mi padre sería de otro costal. Él y yo nos llevamos bien aunque siempre pasó de mí. No es que sea mal padre, pero tampoco bueno; ni conmigo ni con mi hermano.

    Marta se desperezó. Observarla a la luz de la pequeña lámpara de noche que hay en la mesita me ofrece un espectáculo hermoso; me quedo embobado mirándola. Las dudas me corroen, sí, pero no son para nada tan fuertes como lo es la calma que me llena el tener a Marta, no solo como hija mía, sino también como mujer. Una mujer joven y tierna, alegre y dulce, fuerte y valiente.

    Recuerdo perfectamente cuando pasó.

    Ella llegó a casa echa un basilisco. Acababa de romper con su novio, un tío que no me caía bien, que la dejó por no querer abrirse de piernas con él. Te jodes Samuel, conmigo, su padre, lo desea cada día. ¡Dios, soy un monstruo! Pero luego observo el cuerpo pequeño que me obsequia y se me pasa el remordimiento y la culpa. Marta era virgen. A sus dieciocho (casi diecinueve) años no había probado los placeres de la carne con ningún hombre, hasta esa noche.

    Al parecer, en la cita que tuvo con el merluzo, acabaron discutiendo en un McDonald’s porque él quería follar y Marta no estaba segura. Nunca me he preguntado por qué conmigo sí. Yo también acababa de llegar a casa de una cita desastrosa. Desde que Sonia falleció, he tenido solo otra novia más, pero nada cuajaba. Cuando llegué y la encontré tomando helado de la misma tarrina y los labios fruncidos, sabía que algo pasaba. Le pregunté y me explicó el asunto. Yo le dije que bien hecho, si no estabas preparada mejor alejarse de semejante merluzo.

    Ella sonrió y me abrazó. Entonces, cogí una cuchara y me uní a ella en la tarea de terminar el helado, contándole que yo tampoco tenía suerte con las mujeres. Sentía como si Sonia me hubiese echado mal de ojo para que nunca más encontrara el amor. Ahora creo que lo hizo para que lo encontrara con Marta.

    -Pero, papá, tú estás buenísimo -me consoló.

    Yo le reí el cumplido y le dije lo mismo fijándome, por primera vez, en el vestido que llevaba. Era de corte dulce a la vez que atrevido y de color rosa, el cual acentuaba su tez aterciopelada. Estaba preciosa y también se lo hice saber. Ella se ruborizó, y ahí comencé a notar la polla queriendo crecer. Se me revolvió el estómago, aunque pasó pronto. Marta volvió a hacerme un cumplido y, con unas sonrisas en el rostro, nos acercamos hasta estar uno enfrente del otro.

    Comencé a pensar, y creo que Marta sentía exactamente lo mismo, se le reflejaba en el rostro.

    -Mira que tú madre era bonita -solté sin más-, pero tú la has superado con creces, preciosa mía.

    Nunca le había dicho “preciosa mía”, pero a ella pareció gustarle y se acercó más a mí. Sin saber por qué, cuando quise darme cuenta, ya tenía a Marta entre mis brazos. Del helado ya ni nos acordamos más. Marta hizo otro tanto pasando sus manos por mi pecho. La estreché más y mi pelvis se pegó al vientre de ella, donde ya era inevitable, tenía una erección de mil demonios y, por alguna extraña razón, que ella se diera cuenta de lo que me había provocado aquella situación, me exaltaba el orgullo de macho empotrador que tenemos todos los hombres.

    Marta me miraba con sus dulces y vivarachos ojos esmeralda, mientras seguía acariciándome el pecho sobre la camisa. No sé cuánto tiempo estuvimos así, pero recuerdo que no cesamos de estar en esa postura largo rato. Hasta que, sin más preámbulos, no lo demoramos más y pegamos nuestros labios en un tierno beso inocente. Era como aquellos que nos dábamos cuando ella era una cría. Duro pocos segundos y, cuando volvimos a mirarnos, supe lo que hacer. Aunque en mi mente me pasaba un no rotundo y una voz me decía que parase que era mi hija, la besé metiendo mi lengua dentro de su boca.

    Marta no rechazó el beso, por el contrario, acariciaba mi lengua con la suya, tanto de forma tierna y dulce, como juguetona y deseosa de más. Sin cesar de besarla, la cogí en brazos por el culo y me la llevé hasta el sofá, que estaba más cerca, nos echamos en él y, entre abrazos y movimientos demandando placer, estuvimos largo rato saboreando nuestras bocas como si no hubiera un mañana. Acariciándole el pecho con una de mis manos sobre la tela, llevé mi boca hacia su cuello.

    -Oh, papi -susurró mientras le besaba y lamía la suave piel de su clavícula.

    Marta, en lugar de quitarme de encima suya y decirme que parase, me demandaba más y más con sus manos acariciando mi espalda bajo la camisa. Le besé el escote y, con un cuidado que rayaba la reverencia, le saqué un pecho sobre el escote del vestido. Sonreí al ver qué, como bien sabía, Marta pasaba de ponerse sujetador y vislumbré su pezón rosado, un pezón que se difuminaba con su piel y hacía que mi boca salivara; hasta se me cayó una gota de saliva sobre su pecho. A Marta parecía gustarle porque, con la mirada, me confirmó que tenía vía libre para seguir. Así que, me moje los dedos y los pasé por el pezón, que empezó a ponerse duro.

    Lo pellizqué, primero suavemente, y después con más fuerza logrando que Marta gritara de placer. Continúe introduciendo ese pezón en mi boca. Era suave y me deleité como nunca. ¡Dios, el tiempo que hacía que no follaba! Vale, a lo mejor no tanto. Y, ¡Dios que malo soy! Un bicho, un monstruo que estaba disfrutando de chuparle las tetas a su hija. Seguí con el otro e, incluso, me las ingenié para chupar ambos a la vez. Marta lo disfrutaba.

    -No sabía que esto fuera tan maravilloso, papi.

    -Lo sé, nena.

    Y, sin más, la desnudé. Le quité el vestido dejándola en bragas. Unas braguitas blancas manchadas del líquido de trasudado. Su excitación era máxima y lograba que deseara más y más. Acaricié toda la zona con fruición y Marta se retorcía sobre el sofá. Sus ojos no podían estar abiertos, al no estar acostumbrada a algo así, le era imposible seguir mirando lo que hacía con ella. Eché la tela a un lado y vislumbré su vagina. ¡Dios, que vagina más bonita había creado con Sonia! ¡Dios, que monstruo soy por querer hacer mía esa vagina y a su dueña!

    Era pequeña, con labios muy finos y un clítoris que me costó encontrar en cuanto separé los labios para verlo. Pero ahí estaba, pequeño, rosado y muy apetecible. Tanto que, sin pensármelo dos veces, le pasé la lengua haciendo presión y Marta gritó más fuerte que antes. Se me instaló el miedo y paré. La miré, y ella entendió con esa mirada si quería que parase o continuase; la última decisión le pertenecía a ella. Marta asintió. Y yo seguí adelante con mi ataque a su vagina. Pero, en lugar de volver a pasar la lengua, regresé a abrirle los labios, está vez para ver el agujero, el cual estaba cerrado con una membrana rojiza: el himen. Lo toqué y noté como mi hija luchaba por detenerme.

    En su mente deberían de pasar muchas cosas. Estaba haciendo algo que, realmente no debería estar haciendo conmigo. Pero ahí estábamos. Intenté introducir un dedo y le hizo gritar. Aquello, más que asustarme, me excitó más si cabe. Entonces, sin más preámbulos, regresé a saborear su sexo sin ninguna contemplación, lamiendo, chupando, succionando cada centímetro de esa vagina. Marta me cogió por el poco pelo que me quedaba. A mis cuarenta años, ya tenía unas buenas entradas y me rapaba la cabeza. Sus manos me hacían saber que no deseaba que parase, quería que siguiera chupando y así lo hice. Ni siquiera paré cuando se corrió por primera vez en su vida.

    Eyaculó con abundancia y lo saboreé todo limpiándole la vagina hasta llegar a hacer que volviera a eyacular una vez más. Marta estaba exhausta. Ni siquiera pudo defenderse, si hubiera querido, de mis manos quitándole del todo la tela que le sobraba, y tiré las bragas al suelo. También le quité las sandalias de tacón e hice lo mismo con mis zapatos, me quité los pantalones y la camisa y me arrodillé en el sofá acercándome más y más a ella. En mis calzoncillos se notaba mi polla bien dura y la fui sacando hasta tenerla cerca de la vagina.

    -¡Joder, nena, quiero hacer esto contigo de verdad! -solté

    Marta sonrió y asintió mirando su primera polla, la misma por donde había salido hacía ya casi diecinueve años.

    -Papi… -susurró.

    Me acerqué más y noté la vagina en mi polla. La meneé de arriba a abajo entre los labios. ¡Dios, que sensación! Hice presión en el himen y Marta irguió la espalda. Poco a poco, tenía que ir poco a poco, o le haría mucho daño. Y la amaba demasiado como para dañarla. ¿O no la estaba dañando ya con lo que estábamos haciendo? En mi mente existían dos voces. Una era un ángel diciendo que parase, la otra un demonio que disfrutaba del momento demandando más. Y estaba ganando el demonio. Así que, haciéndole caso, cogí a Marta por una de sus piernas, la alcé hacia mi hombro, me acerqué más y comencé la penetración.

    Lentamente, fui introduciendo mi polla en la vagina de mi hija. Poco a poco fui entrando haciendo presión sobre el himen, hasta que noté como se rompía y la metí del todo. Marta gritaba de dolor pasando sus manos por la zona, cerciorándose de que realmente estaba perdiendo la virginidad con su padre. ¡Oh, Dios, que placer! Ni siquiera sentí lo mismo con Sonia, a quién también desvirgue. Era distinto.

    El interior de la vagina de mi difunta esposa era grande y me costaba, a veces, notar las paredes vaginales alrededor de mi miembro. El interior de Marta era lo contrario, pequeño, estrecho y las paredes ejercían una presión sobre mi polla que… Perdón por ser un pesado pero, ¡oh, Dios, joder, que cosa más rica! Echando la vista atrás, decir que sí, obvio he sentido placer con las mujeres con las que he estado carnalmente. Pero esto…, ¡joder!

    -¡Joder! -exclamé en voz alta.

    -¿Te gusta? -preguntó Marta, tocándose las tetas.

    Asentí.

    Poco a poco me moví, pero para sacarla. Tenía la polla completamente llena de sangre mezclada con su líquido lubricante. Cogí la camisa, por ser más grande en cuanto a tela, y me la limpié. Me quité el calzoncillo y volví a la misma posición, está vez con ambas piernas de Marta sobre mis hombros, y la penetré de nuevo. Otra vez exclamé un improperio alargando las vocales. Marta gemía. Sabía que le dolía pero no podía parar, necesitaba follar aquella vagina tan estrecha. Una vez estuve todo dentro de Marta, comencé a mover la pelvis. Adentro, afuera, adentro, afuera, de forma suave. Mi hija gemía y acariciaba sus pechos y mis muslos. Le pregunté si le dolía, asintió.

    Le pregunté si le gustaba, asintió también. Sonreímos. Durante un rato me movía lentamente disfrutando de penetrar a mi pequeña. ¡Qué gusto me estaba dando desvirgarla! Entonces, ya no pude más, mi cuerpo demandaba volverme más agresivo y comencé a embestirla más fuerte. ¡Paf, paf, paf!, sonaba en toda la estancia, mezclado con los gritos y gemidos, tanto de Marta, como míos.

    Entonces paré y salí de ella. Marta me miró interrogativamente y le hice saber que deseaba cambiar la postura. Me tumbé de lado en el sofá, la puse de espaldas a mí, le abrí las piernas y la penetré de nuevo, está vez siendo un macho poco elegante y haciéndola gritar más fuerte que antes. Mientras me movía rápidamente, acariciaba su cuerpo, le pellizcaba los pezones, le susurraba tanto cosas bonitas como guarradas en su oído y la besaba en todas partes. Estaba follando como nunca. La excitación de lo prohibido era tan excesiva en ambos, que no podíamos parar ni aunque quisiéramos. Total, ya estábamos pecando, así que lo haríamos a fondo.

    Volví a cambiar de posición. Está vez me senté y la dirigí, de cara a mí, para que se sentase en mi regazo metiéndose mi polla.

    -Vamos, cariño -le dije-, ahora muévete tú.

    -Pero, papi -nunca me había llamado “papi” hasta éste momento-, yo no sé hacerlo.

    -Se te dará de perlas, ya verás. Además…, ¡ya se te da de perlas! Das mucho placer, nena.

    -¿De verdad?

    -¡Oh, yeah, baby!

    Y ella río por mi osadía de responderle en inglés.

    Poco a poco, Marta comenzó a mover su cuerpo arriba y abajo. ¡Dios, joder, que bueno! Por favor, Dios, no me castigues por esto, ¿o debería darte las gracias? Incité a mí hija a qué se moviera más rápido dándole palmadas en las nalgas, las cuales eran suaves al tacto, y amarrándolas con fuerza y fruición. Marta me hizo caso y botaba y botaba haciendo que sus tetas también lo hiciesen. Aquella visión era espectacular. Toda ella era espectacular, mi hija estaba buenísima. ¡Y me la estaba follando! Entonces Marta paró porque había vuelto a correrse. Se quitó de encima mío y se echó, exhausta, a mí lado.

    -¡Je! Que te crees tú que esto ha terminado -le solté.

    Y me eché encima suya penetrando su vagina otra vez.

    -Yo no me he corrido, nena, y quiero correrme. Así que se buena niña y deja que papi siga follándote.

    Ella asintió sonriendo y mordiéndose el labio, dándome una estampa lujuriosa. La besé y Marta devolvió el beso con premura; demandaba más y más de mi. Y yo, como buen padre follador suyo, se lo pienso dar todo.

    Empecé lento de nuevo para que volviera a acostumbrarse a tener una polla dentro de su coño. Marta, sin pensármelo dos veces, me ató a ella con sus piernas y sus brazos. Nos miramos y sonreímos deleitándonos del buen polvo que estábamos echando. Comencé a darle más fuerte, pero pausadamente. ¡Paf! Momento de descanso. ¡Paf! Otra vez dejé pasar unos segundos. Pero al tercero ya no aguantaba más y regresé a las embestidas de macho empotrador, y cada vez más rápido y fuerte.

    Marta chillaba en mi oído, mientras yo gruñía en el suyo. Se corrió una vez más. Yo aún necesitaba varias embestidas más y no paré. Me dio por mirar en la vagina, sin dejar de moverme, y la vi roja y con algunos finos hilos de sangre y squirt en abundancia. Había perdido la cuenta de las veces que Marta había eyaculado conmigo. Como siempre sea así en cada polvo… Regresé a gruñir en sus oídos y a sentir sus quejidos de placer, deseando que aquello no acabase nunca.

    Es que, joder, menudo coño tiene mi niña. La hicimos muy bien, Sonia. Pero, como todo, en esta vida nada es para siempre y, yendo aún más rápido y fuerte si cabe, acabé echando un gran chorro de semen dentro de la vagina con grandes espasmos, gemidos e improperios, al igual que Marta volvió a soltar el suyo.

    Cuando ya noté que no salía más, salí de Marta lleno de sudor y exhausto. Ella aún lo estaba más que yo. Normal, era su primera vez con un hombre experimentado y de forma muy potente. Me excedí, lo reconozco, pero Marta nunca me dijo que parase. Por cierto, su vagina es tan estrecha que, cuando la saqué, un sonido de succión. La polla la tenía manchada de su squirt y su sangre, y de su vagina comenzaba a regalimar mi semen.

    -Te quiero, nena -dije sin más, aunque era bien cierto. Amaba a Marta, ya no solo como hija mía, sino también como mujer. Mi mujer.

    -Te amo, papi mío -respondió casi sin voz.

    Me eché encima suya, ya con la polla flácida, para que nos besásemos enroscados en nuestros brazos. Así estuvimos largo rato. De vez en cuando nos mirábamos, nos sonreíamos, nos besábamos , nos acariciábamos, diciéndonos todo.

    Y así comenzó lo que ahora es una relación sentimental, y la más intensa de todas. Es como si el destino me hubiera dado el acometido de crear con otra persona a la mujer perfecta para mí. Marta y yo ya no tenemos problemas del corazón. Estamos juntos y felices viviendo en pecado, cometiendo perjurio en una relación incestuosa. Sé que, tanto a ella como a mí, muchas veces nos acomete el sentimiento de culpa y la incertidumbre.

    Seguramente, más de una vez se nos pasó por la cabeza el romper está relación, pero nos podía la sensación que nos dejaba, la paz y la que nos trasmitimos el uno al otro. Por mucho que quisiésemos hacer caso a las plegarias de nuestro ángel interior para hacer las cosas bien, no podíamos evitar darle rienda suelta a nuestra felicidad, aunque la batalla la ganase nuestros demonios.

    Regresando al presente, observé como Marta se desperezaba dándose la vuelta y mostrándome su trasero, el cual acababa de ser desvirgado hace minutos. Feliz, acabé apagando la luz y envolviendo el cuerpecito de mi mujer con mis fuertes brazos.

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  • Eco de sus abrazos (2)

    Eco de sus abrazos (2)

    La noche del 23 de septiembre, la conversación por WhatsApp de la noche anterior aun hacía eco de aquellas fotos candentes, mi pene palpitaba cada vez que abría el chat guardado en mi otro celular.

    A las nueve de la noche, mi teléfono vibró con un nuevo mensaje de Jessica.

    —Dany, ¿puedes venir a casa? Mamá está dormida, y necesito que me ayudes a revisar unos daños del sismo en el patio. De paso, te devuelvo tu camisa —escribió, con un emoji de carita sonriente, y mi corazón dio un vuelco.

    —Voy para allá, Jessy —respondí, mi pulso se aceleró. Me puse una camiseta y jeans, mi pene ya se endurecía ante la expectativa, y caminé los pocos pasos hasta su casa, el aire fresco de la noche estaba cargado con el aroma de jazmín y el eco de la ciudad herida.

    Jessica abrió la puerta, y la visión de su cuerpo me golpeó como un relámpago. Llevaba una camiseta ajustada, blanca, que abrazaba sus pechos, el borde inferior dejaba entrever su abdomen plano, definido, con un brillo de sudor que me hizo tragar saliva. Llevaba unos shorts negros, cortos, ceñidos, que delineaban sus nalgas redondas, perfectas, cada curva resaltada como si estuvieran esculpidas para tentar, el contorno de una tanga apenas visible cuando se giró para guiarme al patio.

    —Gracias por venir, Daniel —dijo, con un matiz coqueto que encendió un fuego en mi pecho, su cabello lacio negro se balanceaba, su carita de princesa sonrojada bajo la luz tenue de una lámpara me cautivaba.

    —No podía decirte que no, Jessy —respondí, mientras mis ojos recorrían sus nalgas, meneándose con cada paso, mis manos temblaban con el deseo de tocarlas.

    El patio trasero estaba oscuro, iluminado solo por la luz de la luna y una linterna que Jessica sostenía, el aire estaba cargado con el aroma de tierra húmeda y su perfume floral. Revisamos una pared agrietada, nuestras manos se rozaron al mover una maceta rota.

    —Esto del sismo me tiene nerviosa, Dany —dijo, inclinándose para inspeccionar una grieta, sus nalgas quedaron elevadas, y sus shorts se tensaron, revelando la curva perfecta de su culo, marcándose como una invitación.

    —Más nervioso me tienes tú —murmuré, mi tono se intensificaba, mi pene palpitaba bajo mis jeans—. Después de anoche, con esas fotos, no puedo dejar de pensar en ti.

    Ella se enderezó, girándose hacia mí, sus ojos brillaron en la penumbra, sus pechos rebotaron ligeramente bajo la camiseta.

    —Ay, Daniel, no me hagas acordarme —dijo, con una risa nerviosa, pero sus labios carnosos se curvaron en una sonrisa traviesa—. No debí mandarte esas fotos, pero… me dejé llevar.

    —Jessy, verte así, desnuda en esas fotos, fue demasiado —confesé, dando un paso hacia ella, el espacio entre nosotros se reducía, el calor de su cuerpo me envolvía—. Como te lo escribí, imagino mis manos en tus nalgas, apretándolas, mi boca en tus pechos, saboreándote. Llevo años soñando con eso.

    Ella no se apartó, su respiración se agitaba, sus pechos subían y bajaban, los pezones se comenzaban a endurecer bajo la camiseta.

    —Dany, eres malo.

    —Quiero ser más malo, Jessy —dije, mi mano rozó su cintura, sintiendo la piel cálida bajo la camiseta, tentado a deslizarla más abajo, a sus nalgas, a apretarlas como en mis fantasías—. Quiero tocarte como en esas fotos, hacerte gemir mi nombre.

    Ella giró la cabeza, sus labios quedaron a centímetros de los míos, su aliento cálido rozaba mi rostro.

    —Daniel, no deberíamos —dijo, pero sus nalgas se presionaron contra mí, el calor de su cuerpo traspasaba los shorts, su tanga apenas sería una barrera entre nosotros—. Pero… me gusta que me hagas sentir así.

    El roce fue demasiado, mis manos temblaron mientras acariciaban su cintura, subiendo lentamente, rozando el borde de sus pechos, la tela de la camiseta estaba tensa contra su piel. Ella gimió, un sonido suave que resonó en el patio acomodó sus nalgas para tallarse contra mi erección, cada movimiento era una tortura exquisita.

    —Jessica, dime que no quieres esto —supliqué, mi voz se quebraba, mi pene pulsaba, quería palpar sus nalgas desnudas, sus pliegues, tener sus senos en mis manos.

    —Dany, no puedo —jadeó, pero sus manos rozaron las mías, guiándolas brevemente a sus caderas, sus nalgas seguían temblando contra mí, antes de apartarse con un esfuerzo visible—. No debemos, eres mi vecino, mi amigo, mejor acompáñame a revisar otra habitación que creo se dañó.

    Acudimos al cuarto de lavado, era un espacio reducido, lleno del aroma a detergente y el zumbido de una lavadora vieja, la luz tenue de un foco parpadeante apenas iluminando sus curvas.

    —Quiero revisar si hay grietas aquí también —dijo, inclinándose para inspeccionar una pared, sus nalgas se elevaron, mientras sus shorts se subían, dejando ver la curva perfecta de su culo. Mi brazo rozó sus senos al pasar una caja, el contacto fue suave pero eléctrico, sus pezones se endurecieron a través de la camiseta, y ella no se apartó, su respiración se agitó.

    —Jessica, me estás matando —bromeé, mientras ella reía, un sonido que era puro fuego.

    —Ay, Dany, tú me salvaste a mí, corriendo sin nada puesto —dijo, sus pechos rebotaron ligeramente bajo la camiseta mojada—. Deberías estar acostumbrado a mis locuras.

    El espacio reducido hacía que cada movimiento fuera un roce, sus nalgas presionaban contra mi pelvis al agacharse para mover una canasta, el calor de su cuerpo traspasó los shorts, mi erección la rozaba, haciéndome gruñir por dentro.

    Ella se enderezó, sus nalgas se pegaron a mi entrepierna de nuevo, y se giró, sus labios quedaron a centímetros de los míos, su aliento cálido invadía mi rostro.

    —Daniel, ¿sigues pensando en esas fotos?

    —Todo el tiempo, Jessy —respondí, mi tono era ronco, mi mano acarició su espalda, deteniéndose en la curva de su cintura—. Imagino tus nalgas desnudas, mis manos marcándolas, tu cuerpo temblando bajo el mío.

    Ella gimió, un sonido suave que resonó en el cuarto, y, para mi sorpresa, sus manos bajaron a sus shorts, lentamente, dejándolos caer al suelo, revelando sus nalgas desnudas, redondas, perfectas, la tanga apenas cubriendo su vello púbico. Se dio una nalgada, el sonido seco se amplificó por las paredes, su piel se enrojeció ligeramente.

    —Dany, deberíamos aprovechar antes de que mamá despierte —susurró, dándose otra nalgada, sus nalgas temblaron, sus ojos brillaban con deseo, su carita de princesa estaba sonrojada, pero se notaba audaz.

    —Jessy, eres mi maldita obsesión —gruñí —. Quiero tocarte, hacerte mía aquí mismo.

    Ella se inclinó hacia adelante, apoyándose en la lavadora, sus nalgas quedaron elevadas, la tanga lucía deliciosa, los pliegues de su vagina apenas visibles estaban húmedos, invitándome.

    —Daniel, no sé si estoy loca, pero me gusta cómo me miras —dijo, su voz temblando, dándose otra nalgada, el sonido hizo eco.

    Mi mano acarició su espalda, bajando lentamente, rozando la curva de sus nalgas, su piel cálida y suave me hizo estremecer.

    —Jessica, quiero hacerte gemir mi nombre —susurré, mi dedo rozó el borde de su tanga, tentado a deslizarlo más abajo, a sentir su humedad.

    —Dany, no deberíamos —jadeó, pero sus nalgas se arquearon hacia mí, el calor de su cuerpo me envolvió.

    No pude contenerme más. Mis manos, temblando, bajaron su tanga, deslizándola hasta la mitad de sus muslos, revelando sus nalgas perfectas, redondas, reluciendo bajo la luz tenue del foco parpadeante. Ella abrió ligeramente las piernas, el movimiento fue deliberado, invitándome a ver los pliegues de su panocha, rosados, brillando con una humedad que no era sudor, su vello púbico en forma de corazón era un detalle que me enloquecía. Me incliné, mi rostro se acercó a sus nalgas, el aroma de su sexo, era penetrante, exquisito, envolviéndome como un veneno dulce.

    —Dany, espera —susurró Jessica, girando hacia mí, sus ojos estaban nublados por el deseo—. Quiero decirte algo… soy virgen. Espero que no te moleste, porque quiero que seas el primero.

    Sus palabras fueron un relámpago, encendiendo un fuego depravado en mi pecho, mi obsesión se transformó en una urgencia que no podía controlar.

    —Jessica, eso solo hace que te desee más —musité, mientras me inclinaba más, mi lengua tocaba sus pliegues, saboreando su humedad, dulce, cálida, mientras mis manos acariciaban sus nalgas, apretándolas, la carne firme cedía bajo mis dedos. Hundí mi cabeza entre sus nalgas, lamiendo con una voracidad que me consumía, sus gemidos rebotaban en el cuarto, —¡Daniel, Dios, ¡qué rico! —jadeó, sus manos quitaron su camiseta, dejándola caer al suelo, sus senos rebotaron en el aire libre, sus pezones rosados endurecidos, brillaban con sudor.

    Se apoyó en la lavadora, sus pechos se aplastaban contra la tapa fría, sus pezones rozaban el metal, arrancándole gemidos que eran puro fuego.

    —Sigue, Dany, no pares —suplicó, sus nalgas temblaban bajo mis manos, sus jugos goteaban por sus muslos. Estuve así un buen rato, mi lengua exploró sus pliegues, mis dedos apretaron sus nalgas, mi rostro hundido en su calor, el aroma de su sexo intoxicándome, mi pene pulsaba, al borde de estallar.

    De repente, Jessica se giró, su carita de princesa estaba sonrojada, sus ojos se mostraban llenos de lujuria. Subió su pierna derecha a mi hombro, luego la izquierda, sus muslos tonificados me apretaron, jalándome hacia su vagina, jugosa, deseosa, los pliegues abiertos relucían bajo la luz.

    —Sé que me has deseado por años, Daniel —confesó, su voz era invadida por sus gemidos, sus nalgas temblaban contra la lavadora—. Yo también lo he hecho. Me encantaba abrazarte con mis piernas, sentir mi vagina rozar tu vergota, aunque fingiera que no pasaba nada.

    Sus palabras me encendieron, mi lengua lamió con más furia, mis manos acariciaban sus nalgas, apretándolas, marcándolas con mis dedos.

    —Jessica, siempre has sido mi obsesión —gemí, mi rostro permanecía hundido en su sexo, saboreando su humedad, sus gemidos eran intensos, sin importarle quién pudiera escuchar—. Quiero hacerte mía, que grites mi nombre.

    Ella jadeó, sus piernas me apretaron más, sus senos rebotaban, sus manos se enredaban en mi cabello, guiándome. —Dany, me vuelves loca —gimió, su cuerpo temblaba, sus nalgas arqueaban, sus jugos goteaban por mi barbilla.

    Me levanté, mi respiración era agitada. Mis labios encontraron sus pechos, chupándolos con una voracidad que no podía controlar, mi lengua mojaba sus pezones, saboreando su piel cálida, ligeramente salada por el sudor. Ella, con sus manos, presionaba mi cabeza contra sus senos, guiándome, —Daniel, eres increíble, te deseo tanto —gimió, sus pechos rebotaban contra mi rostro, sus nalgas temblaban mientras se apoyaba en la lavadora, la tapa fría rozaba su piel.

    Mis manos recorrieron sus muslos, tonificados, suaves, levantándolos con cuidado, sus piernas se abrieron y retiré su tanga, sus labios vaginales me llamaban. Acomodé mi cuerpo contra el suyo y bajé mi pantalón, mi erección rozó su entrada, el calor de su sexo se sentía en mi pelvis. Sin previo aviso, la penetré con una sola embestida, mi pene se deslizó en su interior, sus paredes apretadas me envolvían, arrancándole un grito que resonó en el cuarto.

    Mordió mi hombro derecho, sus dientes se clavaron en mi piel, un dolor dulce que avivó mi deseo. Seguí moviéndome, entrando y saliendo, mis manos apretaban sus nalgas, sintiendo la carne firme ceder, mi pene estaba empapado de sus jugos, con un leve rastro de sangre que confirmaba su confesión de virginidad, un detalle que me convirtió en un animal poseído por la lujuria.

    —Jessica, eres mía —asumí, mis embestidas fueron más profundas —Siempre soñé con esto, con sentirte así.

    —Dany, no pares —jadeó, sus manos se enredaron en mi cabello, sus piernas me apretaban, sus nalgas se contraían para recibirme más profundamente. —Siempre quise que fueras el primero, Daniel, desde aquellos abrazos.

    El recuerdo de sus piernas rodeando mi torso años atrás, su vagina rozando mi erección, avivó el fuego en mi pecho. Mis manos apretaron sus nalgas, mis dedos marcando su piel, mientras mi lengua volvía a sus pechos, lamiendo sus pezones, saboreando su sudor. —Jessica, esos abrazos me volvían loco —confesé, mi voz temblaba, mis embestidas eran acompañadas de sus gemidos—. Sentía tu cuerpo, tu calor, y me moría por hacerte mía.

    Ella gimió más fuerte, sus manos arañaron mi espalda, sus nalgas temblaban con cada movimiento, sus jugos goteaban por sus muslos, empapándome. —Daniel, me hacías mojarme cada vez que te abrazaba —susurró, su carita de princesa sonrojada, sus ojos brillaban con lujuria—. Quiero que me hagas tuya siempre.

    El cuarto se llenó del sonido de nuestros cuerpos, el choque de su piel contra la mía, sus gemidos resonando, la lavadora vibrando como un eco de nuestra pasión. Mis manos recorrieron sus muslos, levantándolos más.

    —Jessica, no voy a parar —gemí, mi verga se deslizaba de manera increíble dentro de ella, mi lengua saboreaba sus senos, su sabor era intoxicante. Pero de repente, un ruido en la casa, un crujido, nos hizo detenernos un poco. —Mamá podría despertar —susurró.

    —Jessica, no quiero que esto termine —supliqué, mi erección seguía firme dentro de ella, mi corazón latía con fuerza, el sabor de su sexo aún se mantenía en mi lengua.

    Ella volvió a moverse frenéticamente y jadeó, sus piernas se abrían más, sus pechos rebotaron nuevamente, sus manos se sostenían en mi cabello, guiándome hacia su cuerpo. —Daniel, me fascina, no sabes cómo me masturbaba pensando en ti —confesó, con sus ojos brillando de lujuria—. El día del sismo, llené tu camisa con mis jugos, dime que soy tu niña.

    —Eres mi niña, Jessica, siempre lo has sido —grité, mientras ella presionaba mi cabeza contra sus senos, gimiendo, —Sigue, Más, papi, no pares, no pares, Aaah, me encanta.

    De repente, tomó un tubo de ensayo de una caja en el cuarto, un objeto de su trabajo en el laboratorio, y lo rozó contra sus labios carnosos, su mirada traviesa fija en mí. —Papi, mételo en mi ano —susurró, mientras me veía coquetamente con su carita de princesa sonrojada.

    —¿Y si se rompe? —gruñí, mi mano acariciaba su cintura, rozando la curva de sus nalgas.

    —No se romperá, hazlo —gimió, mientras me entregaba el tubo y bajaba sus manos a sus nalgas, abriéndolas.

    Yo jugué con el tubo de ensayo y lo metí lentamente por aquel orificio que lo deseaba, ella tenía su mirada cargada de deseo y comenzó a besarme apasionadamente, yo dejé el tubo dentro de su ano y lo abrazó con aquellas arrugas, mientras gemía.

    Jessica estaba atrapada entre mi cuerpo y unos centímetros de la lavadora. Su respiración temblorosa chocaba con mis labios, y en sus ojos había un brillo que mezclaba deseo y travesura. Cada movimiento nos arrancaba un gemido compartido, un sonido que parecía retumbar más fuerte que cualquier electrodoméstico del cuarto.

    —No sabes cuánto te he deseado así… —susurré, rozando su oído con mi voz.

    —Entonces no pares… —me respondió, con un jadeo que me hizo estremecer.

    Sus uñas se deslizaron por mi espalda, dejando un rastro de calor, mientras su risa nerviosa se mezclaba con pequeños gemidos que intentaba contener.

    —Mírame… —le dije, sosteniéndola con fuerza.

    Cuando abrió los ojos, jadeante, le robé un beso que terminó en una mordida suave en su labio.

    —Te encanta hacerme esto… ¿verdad? —le murmuré, sintiendo cómo se aferraba más a mí.

    —Sí… me vuelves loca… —contestó, arqueando la espalda y soltando un suspiro que parecía un grito ahogado.

    El cuarto de lavado se llenó de nuestro propio ritmo. Su cabello se pegaba a su cuello húmedo y cada estremecimiento suyo era un golpe directo a mi autocontrol.

    —No pares… —pidió de nuevo, con voz temblorosa, como si supiera que yo estaba tan perdido como ella.

    —Ni aunque quisiera… —le respondí, besando su cuello y sintiendo su pulso desbocado bajo mis labios.

    De pronto, su cuerpo se estremeció por completo contra el mío, y soltó un gemido que intentó ahogar mordiendo mi hombro. Su respiración era un torbellino caliente en mi oído. La abracé con fuerza, disfrutando de su temblor y del silencio que vino después, roto solo por nuestros jadeos.

    De repente ella comenzó a pedirlo con urgencia, su voz quebraba entre gemidos que incendiaban el aire alrededor nuestro.

    —Lléname… no te detengas… termina dentro de mí —susurraba, aferrándose con fuerza mientras el deseo en sus ojos se hacía inmenso.

    No pude contenerme más. Sentí cómo ella se entregaba por completo, y al dejarme llevar, la sensación de llenar cada espacio se volvió un fuego ardiente que nos envolvía. El sudor nos cubría, mezclándose con el calor que emanaba de nuestros cuerpos moviéndose al unísono, una pasión tan intensa que parecía que todo alrededor se desvanecía, llené su panocha con chorros de semen, tan caliente que sus paredes parecían ser cubiertas por una especie de crema pastelera.

    Cuando finalmente me aparté, su respiración era agitada, pero sin perder ni una pizca de ese fuego en su mirada. Sin dudarlo, se agachó hacia mí con un gesto lleno de desafío y ternura, buscando con sus labios mi verga. Su boca, cálida y húmeda, la engulló sin prisa, tragando cada vestigio de ese momento que compartimos, como si quisiera hacer suyo hasta el último rastro de mí.

    Al levantar la vista, nuestros ojos se encontraron, y sin decir palabra, volvimos a fundirnos en un beso profundo, cargado de deseo y complicidad. Y al mismo tiempo saqué el tubo de ensayo de su ano y metí un dedo.

    Cada roce, cada suspiro, cada caricia en esa intimidad improvisada en el cuarto de lavado era un lenguaje silencioso que solo nosotros entendíamos, una danza privada de fuego y piel, donde el tiempo parecía detenerse para darnos ese instante eterno.

    Me agaché lentamente, mis dedos palparon el suelo hasta encontrar aquella tanga diminuta que yacía ahí, olvidada por el ritmo de nuestra pasión. La levanté con cuidado, acercándola a mi nariz y aspiré profundamente, como si quisiera empaparme de su esencia, de ese aroma sutil y único que solo ella podía regalarme.

    Ella me miró con una sonrisa traviesa, la luz tenue del cuarto se reflejaba en el brillo de sus ojos. —Es tuya —me susurró con voz suave y desafiante, dejándome sin aliento.

    Guardamos silencio mientras nos vestíamos apresuradamente, cada movimiento cargado de la urgencia de no ser descubiertos. Susurramos pequeñas advertencias y risas contenidas al compás de nuestros gestos cómplices, asegurándonos de que su mamá aún siguiera dormida.

    Con la tanga en la mano, salí de su casa con el corazón acelerado, la adrenalina recorriéndome la espalda. Pero antes de cruzar la puerta, me detuve, giré lentamente hacia ella y le robé otro beso intenso, un beso que prometía más encuentros, más secretos compartidos.

    Sus labios se presionaron contra los míos con esa mezcla de dulzura y fuego que me dejaba sin palabras. Nos miramos una última vez, cómplices y rendidos a ese juego.

    Así, con el eco del aroma de su sexo en mis manos y la certeza de que aquello era solo el comienzo, me alejé en la noche, llevando conmigo más que una simple prenda: un pedazo de ella, de ese instante que ardería en mi memoria mucho después de haber cerrado la puerta.

    Más tarde esa noche, mi teléfono vibró con un mensaje de WhatsApp. Era Jessica. Mi corazón dio un vuelco al ver su nombre, y abrí el chat con las manos temblando, mi respiración agitándose.

    —Dany, esto es para ti —escribió, seguido de un emoji de guiño, y un video que hizo que mi pulso se acelerara.

    Toqué la pantalla, y la imagen de Jessica en la ducha apareció, su cuerpo reluciendo con agua, recorriendo su espalda y sus nalgas redondas, sus senos brillando bajo la luz del baño. Sostenía el tubo de ensayo, y lo lamió, para posteriormente introducirlo por su panoche para comenzar a masturbarse.

    —Daniel —gimió en el video, su voz era ardiente, con su carita de princesa sonrojada, sus nalgas meneándose ligeramente mientras el agua caía en cascada por su cuerpo.

    Los sonidos que escapaban de ella se fueron haciendo más profundos, llenos de emoción, hasta que tuvo otro orgasmo pensando en mí.

    Esa imagen, esos gemidos, fueron más que un simple mensaje. Era un recordatorio de la conexión que siempre ha existido entre nosotros, de ese fuego que no se apagara, de la amistad que se vuelve algo más cada vez que nos encontramos.

    Así es como Jessica y yo, después de 8 años seguimos, entre secretos, encuentros furtivos y mensajes que avivan la llama. Siempre sabiendo que, aunque el mundo siga su curso, nosotros tenemos ese espacio nuestro, un refugio donde la pasión y la complicidad nunca mueren.

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  • Mayelita y los amantes de la diversidad (2): Mi novia está dentro de mí

    Mayelita y los amantes de la diversidad (2): Mi novia está dentro de mí

    Finalmente siento lo que es ser penetrado. Siento su pene femenino dentro de mí, su entrada fue en un inicio dolorosa pero después fue muy placentera, pero ahora va a comenzar a hacerme el amor.

    -Echare un poco de lubricante amor. –Me dice y escucho como vacía el líquido en la entrada de mi ser donde se encuentra su hermoso miembro. – ¿Estás listo?

    -Si mi diosa. –Dijo y contengo el aliento. Entonces la siento. La sensación de su pene dejando mi interior y mi ser volviéndose a acomodar, ella sale lentamente pero vuelve a entrar cuando salía la mitad de su pene, regresa hasta chocar con mi ser. Yo suelto un gemido de placer, mi interior se acostumbra, se acomoda, se adapta para recibir a su miembro femenino. Me sujeta de las caderas y vuelve a entrar yo exhalo a sentir por tercera vez su pene chocar. Me esta haciendo suyo. Yo clavo la cabeza en la cama, enserio es demasiado…

    -¿Todo bien mi amor?

    -Ah… si, mi… mi amor… ah… muuu… muy bien. –Se inclina y me besa el cuello, yo me levanto para besarla por encima de mi hombre arqueando mi espalda.

    -Oh creo mi pene no es el único que lo disfruta. –Dice y sujeta mi pene con su mano izquierda que ya casi estaba erecto. Me lo sujeta como cuando va a masturbarme, eso me lo acaba de poner duro. -Eres mio.

    -So-Soy tuyo. –Le dijo y la vuelvo a besar. Su pene en mi interior se acopla a la nueva posición aunque no dura mucho, Mayelita me vuelve a poner en cuatro y suelta la cuarta embestida, yo suelto un gemido. Apoyo mis brazos en una almohada y ella procede a retroceder para otra embestida. Es como una danza, retrocede y embiste, retrocede y embiste, a si varias veces hasta que pierdo la cuenta y solo disfruto de lo hermoso que es sentir como su pene entra en todo yo, como hace de mi interior su hogar, como baila y juega adentro de mi, disfrutando, gozando y saboreando mi ser.

    -Oh si, oh si. –Exclamo.

    -¿Aumento la velocidad mi amor?. –Dice volviendo a sujetar mi miembro.

    -Como desees mi diosa. –Dijo con trabajos y esfuerzo al sentir su embestida, entonces ella aumenta ligeramente su velocidad, la escucho reir, volteo a verla, me arqueo y me besa.

    -Ay papi estas delicioso. –Dijo y me penetra mas profundo siento que me partira en dos, su hermoso pene que tantas veces había adorado, que tantas había saboreado, que tantas veces había bebido su semilla y que tantas había soñado adentro de mi, esta ahora en mi interior abriéndose paso por mi, dándome placer a mi y a ella. –Ay papi, ¿Quién es tu dueña?.

    -Tuuu, tu. –Dijo mientras mi cabeza cae en la cama, pero mi trasero se mantiene alzado, como si ya mecánicamente supiera que desea el pene de Mariela. Estoy con la cabeza hundida en la cama sintiendo como me embiste.

    -Gime papi, gime papi, quiero escuchar como disfrutas de mi. –Me susurra al oído mientras siento como introduce de nuevo su pene y coloca sus manos en mis caderas y se introduce mas en mi hasta el tope.

    -Ay si, ahhh, ahhhh. –Exclamo. Ella sujeta mi pene ya erecto y sigue entrando en mi, yo me arqueo aun mas y la beso, suspiro de placer, la sensación de su pene adentro mío es algo indescriptible como si todo tu cuerpo se estremeciera por sentir el mas grande placer, como si una ráfaga de placer te atravesara igual que una bala o un cuchillo y sintieras que tu vida cambia para siempre. Mi ano termina de acoplarse ya entra y sale más facilmente, mi cuerpo la a aceptado.

    -Te amo papi. –Dice al salir de mi. –Yo sigo en cuatro esperando que mi diosa me ordene que hacer, soy solo el objeto de su placer ya, mi mente se ha desconectado, mi cuerpo reciente la falta de su miembro en mi. –Estas riquísimo papi, es un deleite entrar en ti. –Me dice poniéndose en frente y besándome, eso me despierta y eleva mi libido, la beso con mas fuerza, la abrazo mientras nuestras lenguas se entralazan en un hermoso beso.

    –Estuviste fantástico papi. –Me dice yo la beso y caemos, yo encima de ella, siento su pene frotándose con el mio mientras la sigo besando, es tan bella y hermosa la contemplo debajo de mi y en un rápido movimiento le doy la vuelta y ella queda arria y yo abajo, ella me besa y entonces yo sujeto su cadera con mis piernas. –Ay papi ya casi casi mecánicamente sabes lo que quieres. –Yo lo se, he hecho lo que hacen las mujeres, e reflejado la máxima actitud sumisa y beta, entrelazar las piernas a la cadera, es decir, pedir al alfa que penetre, en este caso ella. Yo soy le beta pasivo y ella la alfa activa, yo soy quien desea ser penetrado y ella la que desea penetrarme somos el deseo y el amor únicos.

    -Hazme tuyo, hazme tu hombre. –Dijo mientras siento como la punta de nuestros penes choca.

    -Lo hare mi rey. –Me dice y entonces se sujeta a mis hombros y comienza a introducirse en mi mientras la miro.

    -Aaaah, ah, ahhh. –Gimo.

    -¿Allí está bien?

    -Está muy bien, muy bien, si, asi, asi, sigue, si, si, aaah, está adentro, ya está adentro.

    -Si ya está adentro. –Me dice mirándome mientras su pene se abre paso en mi y vuelvo a sentirlo dentro de mi, duro, erecto, húmedo con sus testículos chocando en mis nalgas. Veo sus ojos, sus hermosos ojos verdes y me pierdo en ellos, en el alma que ahora compartimos, porque somos uno ahora, un cuerpo, una mente y un alma, unidos por el mas bello y puro acto que es la penetración sexual.

    Mayelita se apoya y comienzan a embestirme nuevamente, yo la abrazo apretándola más contra mí, sintiendo sus pechos, sintiendo todo su hermoso peso sobre el mío mientras ella mueve casi artísticamente su pelvis para proporcionarme el máximo placer.

    -Aaay. –Suelto y grito de doler.

    -¿Está todo bien mi amor? –Dice alarmada y deteniéndose. Mientras yo cierro los ojos procesando.

    -Si… mi amor. –Ella me acaricia el cabello, pero sigue preocupada. –Creo que has llegado al tope, has alcanzando y tocado mi punto G, creo has oficialmente arrancado mi virginidad. –Ella sonríe y se ríe.

    -Muy bien mi rey le gusto que le quitara lo virgencito, ¿quiere que siga?

    -Oh si por favor, sigue, si, asi, asi, ay si, si, siii. –Dijo mientras sigue con la embestida. Reparo en el bello olor a rosas de la cama, hemos votado casi todos los pétalos, los seis carritos los deje en la repisa. Exclamo su nombre, suspiro, gimo con cada embestida suya.

    -Ay papi estas delicioso. –Me dice pegándose a mi oreja y sujetando mi pene, me muerde ligeramente el cuello. Me siento completamente suyo, soy de ella, soy su hombre por siempre. –Te amo.

    -Yo te amo más mamacita. –Dijo besándola mientras me sujeta a ella y abro más mis piernas, las siente más livianas, como si ya se hubieran acoplado a la posición pasiva de piernas abiertas, yo el abrazo del cuello. –Sigue mamacita, asi, asi, aaah, ahhh.

    -Ay papi. –Me dice mientras acelera el ritmo de la penetración, siento me partirá en dos y lo deseo. –Tu ano es delicioso, tú lo eres. –Mientras me dice eso siento el escalofrió del clímax recorriendo mi cuerpo. – ¿Vas a correrte mi amor?

    -Sss… Si. –Dijo y entonces estallo, mi semen sale disparado hacia arriba y cae en mi vello publico, ella me mira y me besa, suspira.

    -Creo yo también aaamooor, ah. –Yo entonces la sujeto.

    -Hazlo adentro, reclámame absolutamente como tuyo. –Dijo con tono desafiante.

    -Ayyy. Ah, que bravo, pero no mi tigre, tengo el condón aaahh, de nada serviría, mejor aaa abre la boca y te doy tu leche de felino.

    -Dame tu leche sexy felina. –Ella ruge y entonces sale lentamente de mi, aunque yo siento abrupta su ausencia, su pene abandona mi cavidad anal y se levanta, se coloca sobre mi después de quitarse el condón, suspira y me pone su hermoso pene en mi boca, yo la abro.

    -Recibe tu premio por ser tan buen gatito. –Dice y entonces su pene suelto su deliciosa semilla femenina, yo recibo toda en mi boca, su delicioso sabor me parece tan bello como la primera vez que la probé. Queda un poco en mis labios, pero lo recojo pasando mi lengua, ella cae sobre mí y beso su pene, se da la vuelta y quedamos cara a cara, yo saboreo su delicioso esperma femenino y entonces me lo trago ella me besa y entonces me abraza. –Estuviste maravilloso mi amor, eres el mejor.

    -No tu fuiste la mejor. –Dijo acurrucándome entre sus pechos, ella me acaricia el cabello. –Espero la próxima poder moverme, poder cabalgarte.

    -Ay no te preocupes mi amor esto fue hermoso, lo mas hermoso. –Me dice besándome la frente. Noto que nuestros penes perdieron por completo la erección pero aun asi siento como se rozan, aun siento el bello sabor de su semen en mi lengua, noto que tiene sueño.

    -Quieres dormir mi amor. –Le dijo levantando la cabeza.

    -Si mi rey la verdad si. –Me dice entonces se da la vuelta, yo la abrazo, se acurruca conmigo cuando nos metemos entre las sabanas. –Te amo gracias por ser el mejor novio.

    -Yo te amo mi Mayelita hermosa. –Dijo acariciando sus hermosas mejillas. –Hoy he sido tuyo.

    -Mi amor yo hoy he sido la mujer más feliz, soy una mujer trans, feliz y orgullosamente trans gracias a ti porque hoy me demostraste el más sincero y profundo amor, me hiciste sentir deseada y sobre todo amada. –Dice y me besa. Yo la abrazo y nos quedamos profundamente dormidos mientras siento como mi interior se reacomoda extrañando su hermosa verga femenina.

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  • La secre con nalgas de acero

    La secre con nalgas de acero

    Este relato es el primero que escribo así que acepto comentarios este relato es totalmente real solo omitiré los nombres verdaderos por otros.

    Hace no mucho tiempo ingrese a trabajar a una empresa en donde hay diferentes departamentos en uno de ellos ingresó a trabajar Tamara desde que la vi la verga se me paro ya que tiene un trasero gigante. Cuando pase y la mire por primera vez cruzamos las miradas a lo que ella no fue tan indiferente.

    Así paso el tiempo y la única oportunidad que tenía de verla era cuando tenía que firmar la nómina cuando esto sucedía ella pasaba por un lado de mi para ir a sacar una copia de la misma. Solo volteaba de reojo para mirar ese traserote de acero que me quería coger. Tamara era muy simpática siempre vestía con el uniforme pero siempre se le notaba sus dos nalgotas bien marcadas. Su altura es de aproximadamente de 1.65 y la mía de 1.85.

    Paso el tiempo ella cambio de departamento a uno mas cerca de mi cubículo, por lo que ahí la interacción fue más frecuente. Recuerdo cuando llevaba faldas se le miraban unas piernas bien torneadas y apetecibles. Cuando iba a mi cubículo por algún asunto y se daba la vuelta para irse me deleitaba viendo esas nalgas de acero.

    Ya con algunos años ahí se me dio un ascenso a uno de los puestos ejecutivos de la empresa en donde el puesto que tenía ella era mi secretaria por lo que fue la primera persona que se puso a mi disposición. Cada día ella tenía que ir a mi oficina y ya la observaba con mas detenimiento y mas ganas daban de cogérmela.

    En cierta ocasión ella me auxilio ya que no podía realizar algo en un programa de la computadora y paso por enfrente de mi para auxiliarme con su gran trasero entre mis ojos por lo que mi verga al instante tuvo una erección. Ya con la confianza de los meses las platicas fueron más personales por lo que ella agarraba más confianza hasta que una vez me dio que lo que se me ofreciera a lo que yo le pregunte si cualquier cosa y ella me dijo que si y le dije te tomare la palabra.

    En una de las ocasiones le pedí que me ayudara con el inventario a lo que ella accedió y eso implicaba quedarse un poco después del trabajo por lo que ella no tenía problemas ya que no estaba casada con sus 37 años. En uno de los almacenes los dos quisimos pasar al mismo tiempo por una parte estrecha y ella rozo sus nalgas de acero con mi pene y muy apenada me dijo lo siento a lo que le dije que no se preocupara. De repente ella se me queda viendo ya que con ese roce se me había parado la verga y la erección no se podía disimular e inmediatamente desvía la mirada.

    Me arme de valor y le dije que me ayudara con algo a lo que ella me dijo que lo que se me ofreciera. Ocupo ayuda ya que como te diste cuenta mi verga esta excitada a causa del roce que tuve contigo. Ella se ruborizo y me dijo no se preocupe e estado esperando que me pida ayuda en ese aspecto dejeme a mi hacer mi trabajo usted solo relajese.

    Cual es mi sorpresa al mirar que me agarra la verga y me dice al oído hace tiempo que en el departamento hicimos una apuesta a ver a quien le metía la verga primero y al parecer yo ganaré a lo que inmediatamente me desabrocha el pantalón de vestir y libera a mi pene que ya estaba a punto de explotar. Me da una mamada que nunca voy a olvidar a lo que yo le digo efectivamente tu ganaras la apuesta ya que te metere la verga a lo que ella me dice te estas tardando jefe. Lo primero que hago es desabrochar su blusa de botones y darme cuenta que tenía unas tetas de buen tamaño que cabían en mi boca las cuales chupe y lami esos pezones como un salvaje de tan caliente que me tenía.

    Aproveche para por fin tocar esas dos nalgas que estaban completamente duras parecían acero ella me empuja me quita la camisa y me dice quiero que me penetres con tu vergota.

    Inmediatamente le quito el pantalón y se lo bajo con todo y los cacheteros que tenía puesto. Ella se recarga en una mesa y se pone en 4 y la empiezo a envestir cuando la verga entra ella me dice dame más duro jefe pudiendo sentir sus jugos en su panocha caliente. La tomo del pelo y de las tetas mientras me la estoy cogiendo y le digo eres mi secre con las nalgas de acero a lo que ella e dice dame mas verga quiero mas jefe. Ella me dice chorreate porque estoy tomando pastillas y descargo todo mi semen en su panocha jugosa.

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