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  • Mi familia y mi hermano

    Mi familia y mi hermano

    Muy buenas, mi nombre es Jazmín soy de la parte del centro de México, por seguridad no voy a mencionar el Estado de donde somos ya que esto involucra a toda mi familia. Somos una familia joven mi mama es muy joven para haber tenido a tres hijos, yo soy la mayor, sigue mi hermano y la última mi hermana que cuenta con 10 años de ella digo su edad ya que no ésta involucrada en nada de la familia de lo que pasó.

    Bueno también vive aquí mi papa por supuesto un hombre ya mayor a diferencia a la edad de mi mama él tiene 47 años y mi abuela que también es muy joven ya que tuvo a mi mama a una edad muy corta y a parte de mi mama mi abuela tiene un hijo de otro hombre y que vive con su padre por un acuerdo de mi abuela y el.

    Mi abuela y mi padre se conocen desde hace mucho de ahí que conoció a mi mama el cual se enamoró de ella y pues de ese enamoramiento nací yo cuando mi mama era muy chica así mi padre se hizo responsable y se casó con mi mama con consentimiento de mi abuela.

    Desde entonces vivimos muy felices hasta este momento, no sé si me crean o si sienten que es solamente una fantasía pero por aquellos que si me creen que es un relato real, gracias.

    Eran como las 12 de la noche cuando me dio hambre y fui a la cocina a ver que encontraba, mi mama en su cuarto al igual que mi abuela y mi hermano estaba en el cuarto de la compu según el haciendo la tarea. Mi padre trabaja en una fábrica en el turno de la noche. Desde que le ofrecieron más paga si se cambiaba a ese turno.

    Se me ocurrió ir a ver a mi hermano cuando abrí la puerta y sin hacer ruido entre y me quede petrificada al ver que estaba haciendo, mi hermano estaba viendo un video donde estaban una pareja haciendo el amor, y mi hermano tenía su pene fuera de su pantalón, haciendo movimientos arriba y abajo con su mano (ahora sé que masturbándose).

    No me voy a hacer la ingenua, aunque jamás he visto un pene en vivo, tengo 19 años y si sé que es y cosas de sexo, el pobre al verme casi se muere del susto, del mismo susto dejo de hacer lo que hacía y aparte dejo en descubierto su cosa, que al verlo lo vi enorme, el pobre se levantó y dejo a mi vista su gran pene, el del mismo susto no se cubrió su intimidad y me dejo verlo.

    Yo me acerque y le dije que hacía, vi la pantalla viendo como copulaban como animales esa pareja me puse súper roja, mi hermano se espantó más y como que intento salirse y mi reacción fue tomarlo de la mano. Él se volteo y sin darme oportunidad a reaccionar me planto un beso en la boca, trate de separarme de él y el me sujeto de mi cintura muy fuerte.

    Me empezó a besar el cuello y pasar su mano entre mis nalguitas y después mis pechos, le dije que no, que si no se daba cuenta que somos hermanos. El siguió y la verdad a mí me prendió lo que me dijo al oído, ‘sabes Jazmín estoy enamorado de ti y te deseo mucho, daría lo que sea porque no fueras mi hermana y poder cogerte hasta dejarte desecha’.

    En mi mente se me vino una idea muy loca no pasaría nada si lo hacemos aunque solo fuera una vez posiblemente lo olvidaríamos muy pronto y lo dejaríamos como un recuerdo loco del momento.

    Le agarre su pene, él se puso muy tenso y se lo empecé a jalar como él lo hacía, su pene empezó a reaccionar y ponerse duro y grande, sin dejarme él ya me estaba chupando mis senos. Cuando sentí el contacto de sus labios en mi cuello y recorrer mi espalda y al voltearme para lamer en una forma increíble mis pezones en ese momento me sentía morir de gozo de sentirme diferente, me siento excitada al gran extremo. Mi hermano no dejaba de besar mi cuerpo y ya casi me tenía desnuda de estar explorando cada parte de mí, estaba muy excitada súper mojada de mi vagina que me escurría líquido de ahí, no sabía que hacer solo trataba de no gritar o gemir muy fuerte para que mi madre, abuela o mi hermana no se dieran cuenta.

    El me empezó a frotar con sus dedos mi vagina recorriéndola hasta que con sus dedos me apretó mi clítoris y me tenía al punto de desfallecer de tantas sensaciones que recorría mi cuerpo, mordía mis labios para no gritar, hacia ‘ahhhh dios hermano que rico no dejes de hacerlo se siente muy muyyy wow wowun’ suspira muy hondo, me empecé a sentir como convulsiones no sabía que era solo escuche en mi oído ‘te gusto hermanita’.

    Yo con mi cabeza solo decía que SIIII y suspirando muy hondo sacando de mis pulmones un suspiro de lo rico que sentía. Empecé a ver luces destellos y como escalofríos no entendía que estaba pasando, solo el hecho de transformar mi cuerpo en un sin número de sensaciones que en ese preciso momento no las entendía (entendí que tuve mi primer orgasmo y seguidos).

    Me sentía desfallecida cuando mi hermano se acercó a mí y de nuevo acercándose a mi oído me dijo ‘hermanita en este momento vas a ser mía’, mi reacción fue inmediata y abrí mis ojos con un poco de terror, tratando de levantarme, tratando de que el entrara en razón que eso ya era algo muy fuerte y que no debería ser, ya que a pesar de que lo amo es mi hermano. Pareciera que no me escucho, nada de lo que dije y acomodo su pene en la entrada de mi vagina empecé a sentir como ese palo grande iba entrado en mí, en unos segundos sentí una incomodidad y sin que él me avisara dejo su cuerpo caer y sentí un poco de dolor y así se quedó unos segundos o minutos ya no sé qué tiempo.

    Sentía que él se movía de adentro hacia fuera primero lento y en unos momentos en gran velocidad, le decía con gemidos ‘ahhhh por favor mmmm hermanito no sigas no puede pasar esto entre nosotros por favor ahhhh uuuuu’, el no hacía caso y sus movimientos fueron mucho más rápidos ahí fue creo que perdí la razón y mis gemidos fueron más intensos y fuertes ya ni a mí ni a mi hermano nos interesó que nos escucharan yaaaa por favor me vas hacer que me desmaye ahhh, por favor yaaaa, no puedo massss, por amor a dios yaaaa, por favor y entre gemidos y gritos de súplica sentía que el aumentaba el ritmo y en un segundo todo cambiaria ya que escuchamos un grito seco y con mando era mi mama dios que hacer yo sentí como algo entro cálido en mi vientre del susto no prevenimos el momento y nos separamos bruscamente y yo tapándome con lo primero que encontré y el al igual que cuando lo cache viendo video se quedó parado con su pene todo brillante de mis flujos y su semen que ni él ni yo nos dimos cuenta, que se había venido dentro de mi.

    Mi mama solo dijo ‘señorita tu a tu cuarto’. Salí corriendo y mi mama se quedó con él, trate de escuchar lo que le decían. Solo unos reclamos, te has dado cuenta que es tu hermana y que hasta lo puedes dejar embarazada, que eres tonto o demente es tu familia no puede ser.

    Hasta ahí solo pude escuchar ya que mi mama cerro el cuarto me quede cerca de ahí tumbada en el suelo tratando de comprender lo que hicimos y las consecuencias del momento.

    Entre sollozos dentro de mí un susto de no saber qué pasaría en este momento y con angustia por la espera de mi mama que saliera y lo que me fuera a decir ahora a mí. La espera fue cada vez más larga yo ya no entendía que pasaba dentro del cuarto ya era mucho tiempo y no salían, cuando me levante y me acerque a la puerta y trate de escuchar que pasaba, fue cuando me quede boca abierta al escuchar gemidos y palabras que decía mi mama ‘más fuerte cabronnn rompe a tu puta madre te gusta estar cogiendo a tu mama dilo cabrón’, él dijo que siiiii que se sentía muy bien, el gemía y se oía un ruido como chacoteo sabía que era el ruido de como mi hermano estaba metiendo y sacando su pene dentro de mi madre.

    Seguía escuchando lo que pasaba dentro de ahí del cuarto, oí que mi hermano aceleraba su ritmo y fue cuando mi mama le dijo entre gemidos ‘noooo te atrevas a venirte dentro estoy en mis días fértiles noooo¡¡o te atrevas’ y se oía como aceleraba mi hermano cuando escuche un gemido muy hondo de él, fue cuando mi mama dijo ‘pendejooo te viniste dentro te dije que noooo’ y se quedaron callados, yo me asuste ya que escuche ruidos y salí corriendo a mi cuarto, cuando iba a mi cuarto casi al entrar me encontré a mi abuela y ella me sujeto del hombro y al verme enredada a una manta desnuda me pregunto qué pasaba me jale y me metí a mi cuarto y cerré con seguro, mi abuela trato de abrir y no pudo.

    Al poco tiempo oí discusiones entre mi mama y mi abuela gritándose de cosas, como eres una pendeja, te das cuenta de lo que hiciste, así estuvieron diciéndose cosas un buen rato, me tocaron el cuarto y pregunte quien, mi hermano me pregunto si estaba bien, solo le dije vete no quiero verte, él dijo perdóname de verdad te amo perdóname entiéndelo y se fue, me sorprendí que entre tanto ruido mi hermana siguiera dormida ya que dormimos juntas me acosté y me quede dormida.

    Por la mañana tenia terror de salir y ver a mi mama y a mi abuela, me gritaron que me levantara ya que era muy tarde llegue a la cocina y estaban todos ya estaba mi papa y me saludo y me dio un beso era sábado y por eso nadie iría a la escuela. Mi papa me dijo como amaneció mi princesa y todos voltearon a verme y solo le dije que bien.

    Mi mama como mi hermano tenían caras de preocupación o medio raras yo un poco sacada de onda y la única con una sonrisa en su cara era mi hermana y mi abuela, que no entendía porque, paso el desayuno y mi papa dijo me voy a dormir un rato y le dijo a mi mama, me despiertas a las 4 de la tarde ella le contesto si mi amor.

    Nadie dijo nada paso así parte de la mañana mi mama me dijo ‘Jazmín acompáñame a ir a la comercial’ yo con angustia le dije que no, ella me contesto que necesitaba que fuera conmigo y le dije bueno, mi hermana se fue a casa de su amiga que es la vecina de al lado, mi abuela se quedó al igual que mi hermano. Ya en dirección a la comercial hay un parque y ahí mi mama me hizo sentar en un banco y me miro de frente, ‘tú sabes bien lo que pasó ayer primero tú y tú hermano y después lo que pasó entre él y yo. No te voy a explicar porque paso eso con tu hermano, pero paso, lo que quiero saber y sé que no tengo también derecho por lo que hice a reclamarte nada solo decirte que esto quedara entre nosotras estás de acuerdo’. Suspirando de alivio me abalance en un abrazo y me puse a llorar ella comprendió y también lloro junto a mí en un pacto de silencio sin decir nada.

    Ya casi dos meses de lo que paso me empecé a sentir mal con náuseas y mareos le dije a mi mama ella también estaba enferma y estaba recostada nos dijimos de seguro el pollo nos hizo mal, ya que se vaya tu papa vamos al médico, si le dije, ya por la tarde fuimos las dos al médico primero me reviso a mí y después a mi mama, nos dijo que nos haria un ultrasonido a las dos, porque no le quedaba seguro lo que teníamos y sorpresa ahí salió que las dos estábamos embarazadas y las dos de 8 semanas de embarazo casi me muero de terror, ella me volteo a ver y nos pusimos muy rojas ya que somos de tez blanca, el medico felicito a mi mama y a mí me pregunto quién era el papa, mi madre con cara de angustia me volteo a ver esperando no fuera a decir nada, con mucha pena le dije que solo había tenido relaciones con un amigo, mi madre fin guio un enojo y le dijo el médico que es cosa de jóvenes.

    Ya en casa mi abuela nos abordó y primero nos preguntó como estábamos ya que sabía que habíamos ido a ver al médico, y nos soltó una sorpresa también, le dijo a mi mama te tengo una noticia mi mama volteo a verla y yo también le dijo de sopetón ‘estoy embarazada’ mi madre solo dijo queeee y mi abuela solo dijo de 8 semanas, mi hermano estaba viendo la tele y volteo a ver a todas, solo quedo decir en ese momento que nosotras también estábamos embarazadas.

    Mi madre le pregunto de quien era el hijo que traía en su vientre mi abuela le dijo que era un secreto pero al decir eso volteo a ver a mi hermano, y entendimos la indirecta, el muy cabron de mi hermano nos dejó preñada a las tres.

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  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (49/59)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (49/59)

    Para regresar al hotel volvió cogerme de la mano, jugando con ellas enlazadas y moviéndolas como soldados desfilando, no dejaba de ser un infantil juego que, unido a nuestras risas alegres, lograban que los paseantes nos miraran indulgentes

    Mi acompañante se sentía desafiante y provocador mientras caminábamos, los mayores solamente nos miraban y sonreían, alguno más joven, aceptando el reto, nos hacía algún gesto obsceno con los dedos de la mano lo que provocaba más hilaridad en nosotros.

    En el ascensor coincidimos con una pareja mayor, la señora inició una sonrisa como cordial saludo que interrumpió al ver a Oriol abrazase a mi cintura y estamparme un rápido beso en los labios.

    La señora y mi amigo se miraban desafiándose sin decir una palabra, el señor no sabía donde colocar la mirada hasta que el ascensor se detuvo, la señora salió al pasillo y se volvió para tirar de la manga de la chaqueta del hombre pasmado.

    Una vez en la cama, después de lavarnos la boca y ducharnos, Oriol apagó todas las luces menos las de la terraza y las de encima del dosel de la cama.

    -Primer día y no ha estado nada mal. -sacó su cantarina risa que llenó la habitación y no tuve otro remedio que secundarle y reír con él.

    -Has escandalizado a la señora, quería ser amable y nos sonreía. -volvió a reír mientras recogía el cuerpo y se giraba hacia mi.

    -Solo era una broma, hemos venido a divertirnos, ¿recuerdas a la parejita de la playa? -colocó el dorso de los dedos sobre mi frente y fue bajándolos por el perfil de la nariz hasta detenerlos en mis labios, se los besé y me acarició las mejillas.

    Me daba perfecta cuenta de lo que estaba sucediendo, le vi temblar los labios antes de que cayeran sobre míos, aplastándolos ligeramente como si fueran colorados globos llenos de cálido aire.

    Jugaba pasándolos con ligereza y aplastándolos más hasta que sacó la lengua y me lamió. Yo permanecía quieto permitiendo que me besara, se separó unos centímetros y se apartó el cobrizo cabello de los ojos para mirarme.

    -¿Voy a tener que hacerlo yo todo? ¡Colabora Ángel! -le cogí la cara con las dos manos y lo separé un poco para enfocarle en mis ojos.

    -¿Quieres que lo hagamos? -le interrogué sintiendo la dulzura de su aliento golpeando mi cara.

    -¿Tu que crees? La parejita de antes me puso caliente, ¿tienes miedo Ángel?

    -¿David?

    -Olvídalo, David no está, tu si. No pasará nada Ángel, no me voy a enamorar de ti y tu tampoco lo harás, solo te deseo ahora, en este preciso instante. -solté su cara y rápidamente sus labios volvieron a posarse en mi boca, su pelo acariciaba mi cara y abrí la boca para recibirle.

    Oriol era adorable, increíblemente hermoso, dulce y deseable, me besaba tomando la iniciativa y su mano comenzó a acariciarme el pecho desnudo, su mano tan delicada pasaba una y otra vez acariciando los pectorales y descendía hasta ondular en mi abdomen y meterse en el elástico de mi pantalón.

    Sus besos era muy dulces, delicados a veces, y otras exigentes reclamándome participar cuando mi lengua se detenía y no jugaba con la suya. Abracé su delicado cuerpo y se puso sobre mi, se movía haciendo que nuestros penes se rozaran a través de las telas.

    Pasé las manos por su espalda hasta llegar a los hoyitos que se le formaban al principio de las breves nalgas, se las amasé metiendo los dedos en la hendidura que formaban, a pesar de la tela sentía el calor de su ano palpitando bajo mis dedos.

    -Sí Ángel, así me gusta. -sus besos parecían no tener un final, y a pesar de la dulce brisa que penetraba por la ventana abierta, nuestras pieles empezaban a transpirar.

    Cuando nuestros labios estaban tan rojos que dolían dejamos de besarnos, se levantó y se quito el pantalón, a pesar de la brevedad de su masa corporal, su verga dura y llena no era algo despreciable, la tenía húmeda y con el capullito brillante de los jugos que había excretado mojando la tela donde la tuvo encerrada.

    Se arrodilló entre mis piernas y tiró de mis pantalones sacándomelos, mientras tiraba de ellos no perdía de vista mi verga que iba apareciendo dura y encharcada de juegos como la de él. Miraba su cara que sonreía con malicia y me cogió la polla por la base, se inclinó y acercó la nariz para olerla y después tiró del pellejo para dejar el glande al aire.

    -¿Cómo podéis tener la piel de la polla tan negra?, hasta brilla si la estiras, me gusta tu verga Ángel, es bonita y huele bien rico. Va a hacerme muy feliz, es como la de Yasin. -tuve que reír aunque excitado por la comparación que hacía.

    -Creo que es un poco más pequeña. -volvió a sonreír y se inclinó poniendo los labios en forma de corazón, los poso sobre la punta del glande y lo besó sin apartarse, sentía como intentaba meter la punta de la lengua por el agujero de la uretra.

    -Es suficiente para mi Ángel. -seguidamente comenzó a lamerla y a chuparla metiéndola en su linda boquita de niño que se quiere atiborrarse de golosinas.

    -¡Ayyy! Oriol. ¡Ah! ¡Ah! Vas a conseguir que me corra. -sacó toda la verga de la boca y la cimbreó cogida de la base.

    -Pues eso no me interesa. -se inclinó y la dio unos cuantos besos antes de colocarse tumbado sobe mi pero invertido, abierto de piernas y con sus atributos viriles sobre mi cara.

    -Ahora es tu turno, chúpamela tu. -no me hice de rogar y se la sujeté para llevarla a mis labios, la besaba lamiendo el seminal que goteaba antes de meterla en mi boca. Para mi era muy fácil tragarme su pene y simplemente abría la boca para que me la follara a la vez que le acariciaba las nalgas llegando cuando podía, hasta su ano ya húmedo.

    Oriol ya no me la chupaba, algunas veces la daba besos, jugaba con mis testículos llegando hasta acariciarme el ano, procuraba tenerme encendido pero que no me corriera.

    Levantó el culo y su verga se escapó de mi boca, abrió más las piernas y se adelantó dejando a mi vista su rosado ano. Una forma muy sutil de pedirme que se lo comiera, y no iba a despreciar su oferta.

    Lo hice gozando de la fragancia que salía de su agujero, lo lamí y chupé hasta que me permitió meterle los dedos, Oriol aplastaba la cara sobre mi verga y el pubis, sollozando por el placer que le daba mi lengua y mis dedos abriéndole y comiéndole su rico culito hasta que me lo pidió entre lloriqueos y la voz ahogada.

    -Fóllame Ángel, para ya por favor, me muero por tener tu verga en el culo. -le solté las nalgas y rápidamente se colocó tumbado y recogiendo las piernas en el pecho ofrecido para que lo tomara.

    Parecía un ovillo de lana enroscado sobre él mismo, el hoyito de las nalgas muy abierto mostrando el dulce centro del ano, palpitando y deseoso de polla, la bella cara encendida en rojo de prohibido y sin embargo dándome permiso para que lo follara a mi gusto.

    Me tumbé entre sus piernas apoyando la punta de mi polla en su ano, pero antes tenía que besar aquellos labios ardientes y mojados, se los besé y mordí sin reparos.

    -¡Ya, ya Ángel! Fóllame, ensártame la verga porfa. -me la sujeté con la mano para que no se desviara y empuje la cadera con cuidado hasta que su ano, como una flor que despierta al brillo del sol, se abrió y me tragó la punta.

    -¡Oh, oh, oh!, si que rico. -Oriol movía ligeramente la caderas y mi verga se iba deslizando en su interior. Gozaba de nuestro acto, notando cada centímetro de polla que le iba entrando, mordiéndose los labios y extraviando los ojos.

    Cuando sintió que me pegaba a él y que no quedaba más verga que meter, comenzó un candencioso movimiento, lento y rotatorio que era mejor que meterle y salarle la polla de aquel divino ano.

    Se sentía tan bien dejándole hacer a él, y aprendiendo de su superior conocimiento, que no podíamos aguantar mucho, terminamos al final con la follada tradicional, los últimos instantes no me pude contener y le follaba con ferocidad, dándole la verga hasta el fondo de su tripita, ansioso de llegar al clímax.

    -¡Sí Ángel, sí, así muy rico, dame, dame fuerte, entra más al fondo, ¡Ah!, qué placer tan rico. -sentí como los disparaos de su verga se estrellaba en mi vientre y las contracciones de su ano me forzaron a vaciarme a mi también.

    Llevaba días sin vaciarme y ahora no cesaba de correrme llenando el viente al pequeño Oriol.

    -¡Ah! Dios que culito delicioso. -escabullo las piernas sacándolas de entre nosotros y me enlazó la cintura con ellas. Permanecimos así unos minutos hasta que empezó a reír y me elevé sobre los codos para mirarle.

    -Me has llenado el cuerpo de leche, tengo la barriga hinchada, parece que no te has corrido en un año y ya se me sale a chorros. -me abrazó el cuello y llevó su boca hasta la mía volviendo a unir nuestros labios aunque no podía parar de reír.

    Oriol me estaba resultando un chico vital, y tan alegre que me contagiaba haciendo que dejara de pensar en todo lo que no fuera disfrutar de aquellos días regalados.

    Nos duchamos siguiendo nuestros juegos pero ya cansados y regresamos a la cama durmiendo cada uno en nuestro lado, sin más muestras de deseos sexuales, volvíamos a ser los amigos despreocupados dispuestos a pasarlo bien sin problemas.

    —————————————-

    Lo de esa noche no volvió a repetirse al siguiente día , ni al otro, ni al otro.

    El que si que me llamó fue Alberto, interesándose por nuestro viaje y por como habíamos llegado. Estábamos descansando en la habitación después de subir de la comida y me dio algún apuro al tenerle a Oriol a mi lado, no deseaba que surgieran suspicacias entre nosotros.

    -Bien, bien todo ha resultado mejor de lo que esperábamos, nos gusta aunque aún no hemos podido ver todo. ¿Tú que tal? -Oriol me hacía gestos con los labios y elevando las cejas preguntando quien era.

    -Soportando el calor y el trabajo pero bien, esperando a que llegue Agosto y las vacaciones, procuro hacer tiempo para, además de pasar el tiempo en el bar, ir a la piscina y tomar el sol cuando puedo. -mi amigo continuaba insistiendo, curioso por saber con quien hablaba.

    -Estoy con Oriol en este momento, descansando la comida antes de salir para seguir curioseando, te lo voy a pasar, está curioso queriendo saber con quien hablo.

    -Vale. -no me pareció que lo hacía con demasiado entusiasmo.

    -Entonces le paso el móvil a Oriol.

    -¡Espera, espera!, ¿puedo llamarte otro día?, no quiero entretenerte ni molestarte con mis llamadas. -el sentido muchacho continuaba pensando que podría cansarme, y sin embargo era todo lo contrario, únicamente que no me apetecía hablar con él delante de Oriol.

    -Llama siempre que quieras, o puedas hacerlo, adiós, o a Oriol va a darle un ataque. -mi amigo extendía la mano desde que supo de quien se trataba, deseoso también de contarle nuestras experiencias. Sin más despedidas le entregue el móvil a Oriol.

    -¡Esto es fantástico! Me alegro de haber venido. -le escuchaba sin saber lo que el otro le decía aunque a veces podía intuirlo o suponerlo.

    -Lo pasamos bien y no hacemos locuras, no te preocupes…

    -Vale, de acuerdo, yo lo cuido. -me miraba guiñando un ojo y haciendo muecas para que supiera que hablaban de mi.

    -Bien, bien los besos se los doy yo de tu parte…

    -Ya lo se, como te ha dicho Ángel llama cuando quieras.

    -Adios amor…

    Me devolvió el móvil y se quedó mirando, luego me sujeto la cara y me besó profusamente toda ella.

    -Este es el encargo que me ha dado, Alberto tiene tiempo para llamarte y mi marido se le ha olvidado de que existo… ¡Ah! machos de corazón duro…

    Alberto continuó llamando, a distintas horas y no más de una vez al día, y por fin Oriol se dio por satisfecho cuando David le llamó.

    Seguíamos nuestros paseos de las tardes, los juegos en la playa de al lado, bañándonos en la piscina aunque preferíamos la playa con más público.

    Ese día elegimos la piscina porque el cielo a menudo se cubría de nubes y amenazaba la lluvia, nos sentamos en el borde de la piscina jugando con los pies dentro del agua.

    -Mira esos dos chicos, siempre los encontramos en el comedor. -dirigí la vista donde él miraba, efectivamente dos muchacho de nuestra edad, más o menos, llegaban en ese momento, aunque uno era ligeramente más bajo que el otro parecían de la misma edad. Tenían unos cuerpos trabajados, sin músculos llamativos pero se les notaba que hacían bastante ejercicio.

    Se acercaron y discutían, el más alto empujó del hombro al otro y éste me pisó la mano con la que me soportaba.

    -¡Oh! Perdona. -arrodilló una pierna y me puso la mano en el hombro.

    -No ha sido nada. -me había dolido pero no me iba a poner a llorar ni a quejarme.

    -Ha sido tu culpa Jeroni, al menos podías pedir disculpas. -el llamado Jeroni me tendió la mano, para dársela tenía que volver a posar la mano que me había pisado y preferí ponerme de pie.

    -Ya te he dicho que no ha sido nada. -pero le tendí la mano izquierda, Oriol también se levantó, los chicos eran más altos y fuertes que nosotros.

    -Os hemos visto en el comedor. -comentó mi amigo.

    -Nosotros también nos hemos fijado en vosotros. -el más alto miró al cielo moviendo la media melena de pelo castaño oscuro, igual a la del otro chico.

    -No hay muchos chicos de nuestra edad, mi nombre es Jeroni, él mi hermano Sabi, nos saludamos todos y les dije mi nombre y el de Oriol. Al escucharlo Sabi se dirigió a mi amigo.

    -¿Eres catalán?

    -¡Oh, no! ¿Lo dices por el nombre? Fue un capricho de mi madre.

    Comenzamos a hablar, allí de pie en el borde de la piscina, no había demasiado publico y algunas mesas colocadas a lo largo del perímetro de la piscina estaban desocupadas.

    -Vamos a sentarnos si no tenéis prisa y hablamos. -Jeroni se dirigió a una mesa sin esperar la respuesta y le seguimos. No llegamos a utilizar la piscina ese día, hablamos y hablamos como si tuviéramos necesidad de cambiar de interlocutor y que alguien desconocido nos escuchara.

    Pudimos enterarnos de que ya llevaban quince días en el hotel, de que eran catalanes, de Tarragona, y el viaje lo habían hecho en barco, un pequeño yate que tenían y que no era suficiente para pasar las noches en él.

    Eran dos chicos agradables y alegres, lo que necesitábamos para aumentar nuestras inexistentes amistades vacacionales, y ellos enseguida se brindaron a que participáramos de sus salidas para visitar los lugares cercanos viéndolos desde el mar.

    -Por favor decir que si, a mi madre no le agrada demasiado estar en el barco y no puedo aguantar a mi padre y a este yo solo lo tengo que soportar. -Sabi lo pedía de tal forma, imitando en ridículo la voz de un niño, que Oriol estalló en risas.

    -¿Tú que dices Ángel?

    -Ya lo has decidido tu pero tendremos que pedir permiso.

    Con suma facilidad conseguimos la autorización de Ana y Eduardo, y de los padres de David, los muchachos les cayeron bien desde un principio y además se acercaron a nuestra mesa una vez que habíamos cenado, con sus padres que resultaron ser tan agradables como los hijos.

    Habíamos hecho amigos y a los mayores les habíamos conseguido compañía, la madre de los chicos era la que demostraba estar más contenta, ahora tenía a otras personas para hablar cuando sus hijos y marido se fueran a navegar.

    Desde ese momento nos volvimos inseparable los cuatro, y durante el tiempo de estar en el mar también del padre que no aparentaba los cincuenta años que tenía, era fuerte como ellos y con un cuerpo marcado, la piel muy tostada por el efecto del sol y el mar.

    Salíamos después de cenar a las salas de fiesta o a los bares con baile, a las terrazas y demás lugares de esparcimiento, lo que peor llevaba era que a los muchachos les gustaba beber, no para emborracharse pero si bastante.

    Hacían comentarios sobre alguna chica que veíamos, que estaban muy buenas, sobre sus tetas y culos, se les podía suponer que eran heteros, por su parte Oriol no se contenía si en algunos momentos quería sujetarme la mano, era algo evidente para cualquiera y a ellos no parecía importarles.

    A pesar de que las chicas les gustaban, o eso era lo que aparentaban, preferían nuestra compañía, resultaba muy chocante y extraño. Alguna noche, después de nuestra excursión en la vida nocturna de la ciudad, terminábamos la fiesta tomando un trago en sus habitación o en la nuestra.

    Unos días después la llamada de Alberto no resultó tan agradable como las demás, fue al final de la charla cuando le pidió a Oriol que deseaba seguir hablándome, desde el primer día se estableció un acuerdo sin palabras: Alberto no me llamaba a mi, su interés era por los dos, y después de hablar conmigo era Oriol quien le despedía.

    Ese día no fue así, y presentí que algo inusual sucedía.

    -Qué es lo que pasa Alberto?

    -No te alarmes, no es para asustarse. -solamente con su tono precavido ya me asustaba un poco.

    -Ian ha tenido un accidente con la moto, pero esta bien, muy aparatoso nada más. -el corazón me dio un vuelco, en estos meses de trato con él y ante su cambio le había llegado a coger cariño y apreciarle como un verdadero amigo.

    -¡Dios!. Ian, ¿has ido a verle?

    -Pienso ir el sábado, otros le han visto ya, y me han asegurado que no es grave lo que tiene. -sus palabras intentaban tranquilizarme, pero su voz nerviosa no decía lo mismo.

    -¿Y qué es lo que tiene? No te andes con rodeos. -Oriol a estas alturas me miraba consternado, sin poder calibrar lo que pasaba aunque él conocía muy poco a Ian.

    -Se ha roto un brazo, tiene heridas en las piernas, y como se le escapó el casco con el golpe se ha raspado toda la cara con el asfalto, me dicen que impresiona verle y que él se lo toma a chirigota, ya ves que no esta para ir al cementerio.

    Si Ian era capaz de tomarse el accidente a broma, era la muestra de que no se había roto algo vital, y eso solo comentario me dejó más tranquilo.

    Tuve que explicarle todo el detalle a Oriol, además de la relación que tenía con Ian de la Escuela de baile, sin comentarle como me había forzado y lo del secuestro, esto solo lo recordaba cuando algo malo surgía, era la disculpa lógica para que mi mente me lo trajera al instante.

    Unos días antes de que nuestras vacaciones terminaran los padres de Jeroni y Sabi tenían prevista la vuelta a España, antes deseaban visitar Mónaco pero los chicos preferían quedarse en Niza, entonces a Ana María se le ocurrió que podrían ir las mujeres, el padre las acompañaría “para cuidarlas”, una visita a Montecarlo las atraía sobre todo a Ana María por su afición al juego, conocería los casinos y la vida de noche que era lo que pensaba hacer desde el principio.

    Partieron a la mañana y Justino conducía el coche, la idea era pasar allí la noche y volver al día siguiente. Eduardo parecía estar mejor y aquellas vacaciones habían sido la mejor medicina, podía dar largos paseos por la orilla de la arena con el doctor Salvatierra, todo parecía ir sobre ruedas excepto el accidente de Ian.

    Nosotros decidimos pasar la mañana en la piscina, hasta la hora de la comida, había muy poco público y teníamos la piscina prácticamente para nosotros solos, pudimos jugar con una pelota que nos dejó un camarero. En realidad el personal del hotel ya nos conocía, ¿quien no se fijaría en cuatro jóvenes, guapos y alegres que reían todo tipo de bromas?

    Comimos con los dos mayores y luego subimos a la habitación para descansar, teníamos que estar frescos para la noche. Ellos tenía su habitación dos pisos debajo de la nuestra y bajaron del ascensor.

    -Podíamos quedarnos los cuatro en nuestra habitación para hablar un rato. -propuso Sabi sujetando la puerta para que no se cerrara.

    -Es mejor que no, tenemos que lavarnos la boca y luego prepararnos para la cena y salir. -Oriol le contestó y nuestro amigo no puso buena cara.

    -Hablaremos a la noche, no te preocupes ya buscaremos el momento. -apoyé lo que mi amigo decía recordando que Alberto nos iba a llamar.

    Nos lavamos la boca y nos tendimos en la cama, sin darnos cuenta nos quedamos dormidos y nos despertó el sonido del móvil.

    Hablamos un rato con Alberto, no cesaba de recordarnos que nuestra vuelta estaba cercana y que las vacaciones terminaban. Lo pusimos para poder hablar los tres y logró que el sueño se nos fuera para sustituirlo por las risas. Alberto sabía todo lo que hacíamos, Oriol se encarga de contárselo.

    -Cada vez me convenzo más de que a Alberto le sucede algo. -Oriol me acarició la nariz como aquella vez que terminamos follando, no lo habíamos vuelto a hacer, no por falta de ganas pero él no lo sugería y yo no deseaba crear problemas, si los había que no fueran por mi causa.

    -¿A que te refieres?

    -Le gustas, nunca le he visto tan interesado por alguien. -le miré sin querer que sus palabras penetraran en mi cabeza.

    -Estáis tu y David, quizá también Rubén, no me gustan esos líos que me complican la vida, son difíciles de controlar, tampoco quiero volver a sentir dolor por ese motivo. -mi amigo seguía acariciándome la cara, pasaba los dedos por ella distraído.

    -Lo de Alberto con mi primo terminó hace mucho tiempo, casi desde el principio, salimos en el catamarán de David para darle gusto un par de veces, y luego dejaron de verse, por lo menos eso me dijo él.

    -De nosotros se fue alejando lentamente, fue difícil porque ninguno de los tres tenía muy claro los sentimientos, a veces no hacemos bien las cosas aunque no me arrepiento de haber estado enamorado de él, es un buen chico y merece ser querido. -dejó de acariciarme y se colocó mirando al techo. No hablamos más, yo solamente daba vueltas a sus palabras, y el solo pensamiento de Alberto me causaba un agradable cosquilleo, y me sonrojaba creyendo que fuera posible lo que Oriol me decía.

    Me pasaba, con respecto a Álvaro y Pablo, algo parecido a lo suyo con Alberto. Aún no tenía las ideas muy claras, continuaba amando a mis chicos y no podía olvidarlos, era muy pronto y no deseaba volver a caer en un enamoramiento que me dejara herido por tercera vez.

    Con la falta de contacto los sentimientos se iba enfriando, además otros agentes comenzaban a despertar mi interés y a incrustarse en mi existencia, a distintos niveles, pero era verdad que Alberto el primero, e Ian en segundo puesto, comenzaban a despertar mi interés siguiendo el juego del que ellos sentían hacia mi.

    Nuestros amigos gemelos, nos llamaron para decirnos que bajaban para la cena, nosotros terminábamos en ese momento de prepararnos, sin demasiado detalle ya que volveríamos para lavarnos los dientes, perfumarnos y terminar de arreglarnos antes de salir de fiesta.

    Habíamos terminado por meternos en un bar, con baile y algo más, que nuestros amigos habían localizado preguntando en el hotel. Era un local de gente heterogénea y mezclada. Había para todos los gustos, chicas y chicos, jóvenes y mayores, y de todas las tendencias sexuales. Me dejó confundido al principio.

    Algo se me revelaría más tarde en la pista de baile, estábamos bailando suelto una sensual pieza que había ensayado en mi academia, y sin pensarlo dos veces comencé a mover las caderas y sacar el culo de lo más heterodoxo y sensual, Jeroni me sujetó las caderas siguiendo el ritmo de la danza, se fue aproximando con el mismo movimiento hasta pegar su cuerpo a mi culo, pero él proyectando la pelvis al revés de lo que yo hacía con mi culo.

    Estuvimos unos minutos así hasta que me pasó los brazos por la tripa apretándome fuerte contra él, haciéndome sentir la dureza que guardaba entre las piernas.

    Mi deseo libertino era poder estar desnudo en ese momento con él, como me tenía abrazado, pero ensartado en la dureza de aquella verga que hervía pegada a mi trasero. Acercó la cara a mi cuello resoplando por el movimiento.

    -Bailas muy bien y mueves el culito mejor. -todo se terminó cuando su hermano nos separó. Pero vaya descubrimiento, los hermanitos no eran tan heteros.

    No hubo más momentos y me dejó con unas ganas enormes de verga, hacía diez días que pasó lo de Oriol y ni recordaba cuando había sido que mi culito estuvo ocupado por una polla.

    Seguirá…

  • Pablo y la obsesión por las tetas de su madre

    Pablo y la obsesión por las tetas de su madre

    Pablo era hijo de soltera, moreno, de ojos negros, pelo rizado, delgado, alto, guapo, muy infantil para la edad que tenía en lo que al sexo se refiere y un buen amigo.

    Lo peor, «o lo mejor», que encontré en él era la obsesión que tenía por las tetas de su madre. No paraba de hablar de ellas. El pobre se mataba a pajas.

    Aquel día estábamos robando cerezas de vino sentados en dos ramas de un cerezo. Después de escupir la pepita de una cereza y meter un puñado de ellas dentro de la camiseta, me dijo:

    -Estuve otra vez cerca de comerle las tetas a mi madre, me faltó…

    -¿Echarle huevos?

    -Sí, me faltó eso, echarle huevos.

    -Cómo siempre. ¿Qué pasó esta vez?

    -Pasó que le dije que me dolía la cabeza, me sentó en sus rodillas y apoyó mi cabeza entre sus tetas.

    Le dije, en tono jocoso:

    -¡Graaandes y blaaaanditas!

    -No te rías de mí. Hombre.

    -Estaba de broma. ¿No te ofreció una aspirina?

    -No.

    -Claro, quería darte el biberón a ver si te pasaba.

    A Pablo no le gustaba el cachondeo que me traía con él.

    -¿Quieres parar de decir tonterías?

    -¿Te volviste a empalmar al apoyar la cabeza en ellas?

    -Si, y después me hice una paja.

    -A ver, alma cándida. ¿Te crees que tu madre no ve el bulto en tu pantalón? ¿Te crees que al hacer la cama no ve el color amarillo que queda sobre las sábanas al secarse tu leche? Tu madre, cuando hace esas cosas quiere follar contigo. Lleva muchos años sola y es muy joven…

    Me interrumpió.

    -¿Tu madre cuándo te acaricia la cabeza quiere follar contigo, mal pensado?

    -Mi madre no se pone escotes para andar por Casa que le llegan hasta el ombligo. Lo sé porque me lo dijiste tú.

    -Sí, es verdad que te lo dije, pero eso es cuando tiene calor.

    -¡Joder si tiene! ¿Y sabes donde, atontado? En el coño.

    -¿A dónde quieres llegar, Quique?

    -A que folles a tu madre. Te lo está pidiendo a gritos bueno, y si se puede, a follarla yo también.

    Pablo, entró al trapo.

    -Tú que sabes mucho de eso. ¿Cómo lo haríamos?

    -Durmiendo yo un día en tu casa.

    -¿Así de fácil?

    -Tienes que dar tú el primer paso. Métele mano y dile que te enseñe las tetas.

    -¿Quieres que me ponga en las rodillas y me ponga el culo rojo con la zapatilla?

    Aquellas palabras hicieron que le contestara con otra pregunta.

    -¡¿Aún te da con la zapatilla?!

    -Cuando me porto mal, sí.

    -Con el pantalón puesto, claro.

    -No, a calzón quitado.

    Allí había tomate y Pablo no lo sabía.

    -¡Joooder! Dime una cosa. ¿Acabas empalmado?

    -Siempre, es que…

    -¿Qué?

    -Que para castigarme aún más me mete un dedo en el culo, y a mí me gusta, sabes.

    -Lo sé yo, lo sabes tú y lo sabe ella. ¿Te mira para la polla después de calentarte el culo con la zapatilla?

    -Mira.

    -¿Alguna vez se mordió el labio mirando para ella?

    -Sí, varias veces. ¿Crees que le gusta?

    -¿Qué sí le gusta? ¡Está deseando comerla!

    -Me estás empalmando, Quique.

    -No eres tú solo el que se está empalmando. ¿Y tu madre que hace después de darte en el culo?

    -Sus cosas, lo que le toque hacer, coser, lavar, planchar… Pero por la noche le debe pesar por que llora en su habitación.

    -¿La sientes llorar?

    -La siento gemir y llorar.

    -¿Y suspira?

    -Suspira, gime, pero al final acaba llorando…

    La madre de Pablo se excitaba con él y mataba a pajas. Ahora quien lo interrumpió a él fui yo.

    -¡A moco tendido! ¿Y nunca la viste desnuda?

    -Casi.

    -¿Cómo que casi?

    -El mes pasado se compró una enagua de seda y me llamó desde su habitación para que fuera y le dijera cómo le quedaba.

    -¿Y?

    -Y no sé cómo le quedaba porque cómo era transparente me fijé en sus tetas y en el pelo rizado de su coño, la polla se me puso tiesa y tuve que taparla con la mano y volver a mi habitación. ¡Que vergüenza pasé!

    -Estas cosas nunca me las habías contado.

    -Es que mi madre dice que lo de lo azotes, los escotes, el camisón y otras cosas no lo debe saber nadie.

    -¿Es que hay más cosas?

    -Hay.

    Seguí tirando de él.

    -Oye. ¿Y la viste más veces así de provocativa, cómo cuando la viste con el camisón trasparente?

    -Hace un mes la vi delante del espejo del armario de su habiación tocándose las tetas. Estaba desnuda, de espaldas. Pero eso fue normal.

    -¿Normal?

    -Si, hombre, fue cuando hubo aquella epidemia de pulgas.

    Casi me da la risa, cuando le dije:

    -¿Y crees que es normal que tu madre estuviera matando pulgas con las tetas?

    -Y con los dedos, pues después también andaba con una mano en el coño. ¡¿No pensarás que se estaba masturbando?!

    -¡Qué va! Estaba matando pulgas con las tetas y con el coño. Con las tetas las asfixiaba y con el coño, cómo las pulgas no saben nadar, las ahogaba en sus flujos vaginales.

    Puso cara de pensar, esa cara en la que se pone una mano en el metón, se mira hacia arriba, se tuerce la boca, y después se emite el pensamiento:

    -¡Quieres ver que sí, que se estaba masturbando!Tienes razón. Mi madre quiere follar conmigo.

    -¿Al final caíste del burro abajo? Sin tiempo no era.

    -Es que me acordé de algo que pasó antes de ayer.

    -¿Que pasó?

    -Que a eso de las dos de la mañana fui a mear y vi a mi madre desnuda sobre la cama iluminada por la luz de la luna que entraba por la ventana. Cogí un empalme de caballo. Saqué la polla y la machaqué mirando para sus tetas. Mi madre puso las manos detrás de la nuca, abrió las piernas, y dijo:

    -¡Qué ganas tengo de una polla gordita dentro de mi coño!

    -Me asusté, y antes de que me viera seguí mi camino y acabé la paja en el cagadero.

    -Me mentiste. ¡La habías visto desnuda, cabrón!

    -Una mentirijilla de nada. ¡A la mierda! Creo que debí ir a su lado y follarla.

    -¡A la mierda vamos a ir los dos si no salimos pitando! ¡¡Ahí viene el loco!!

    Pablo, miró para donde miraba yo y vio venir corriendo hacia el cerezo al dueño de la huerta con una escopeta en la mano. Estaría a unos trescientos metros de distancia. Bajamos del cerezo a toda mecha y pusimos pies en polvorosa atravesando huertas que llevaban a un robledal, donde acabaríamos de comer las cerezas que metiéramos dentro de las camisas.

    Aquella tarde, Germán, un viejo que usaba boina y llevaba puesto un pantalón de pana y una camisa negra que se volviera casi marrón de tanto usarla, en la puerta de la casa de Matilda le estaba dando las quejas.

    -… Me rompen las ramas y me joden el cerezo,

    Matilda, la madre de Pablo, tenía 36 años y un cuerpo que quitaba el hipo… Tenía de todo y todo muy bien puesto le preguntó:

    -¿Estás seguro que era mi hijo?

    -Sí, era tu hijo y Quique, el cabronazo ese que va de machito.

    -Hablaré con Pablito cuando llegue a casa. ¿Hay algo que pagar?

    -No, pero la próxima vez, si la hay, puede que tu hijo acabe con el culo lleno de sal de un cartucho de mi escopeta.

    Matilde, tenía muy mala hostia. Poniendo una cara que metía miedo, le dijo:

    -¡Y tú muerto! ¡¡Fuera de mi vista!!

    El viejo, escopeta en mano, se fue mascullando Dios sabe que barbaridades.

    Cuando Pablo llegó a casa ya sabía que el viejo hablara con su madre y que si hacía lo que le había dicho Quique podría acabar caliente, aunque también podía ser que si lo hacía se cumpliera su sueño. Matilde estaba sentada en una silla de la cocina.

    -¿Quieres merendar?

    Parecía que no estaba enfadada.

    -Ya vengo merendado.

    -Harto de cerezas. ¿A que sí?

    Pablo, fue junto a su madre, le quitó una zapatilla del pie derecho… Era una zapatilla negra, de felpa, con piso esponjoso, de las baratas, de las que se compraban en el mercado. Se la puso en la mano derecha. Quitó el cinturón, bajó la cremallera y bajó los pantalones. Ya estaba totalmente desarrollado. Una polla de unos quince centímetro, gorda y a media asta quedó colgando sobre unos huevos hinchados. Le levantó el vestido a su madre y se echó sobre las piernas desnudas, blancas cómo la leche y llenas de vello negro.

    -Castígame, madre. Fui malo.

    -Mala me estoy poniendo yo, hijo.

    Pablo, se preocupó por su madre.

    -¡¿Te mareas?!

    -Casi, hijo, pero no es la clase de mareo que tú piensas.

    Le dio.

    Matilda, nunca lo había azotado así. Sentía la cabeza de la polla de su hijo mojada rozando una de sus piernas y comenzó a mojarse.

    -¿Quién te dijo que me provocaras, Pablito?

    -Quique.

    -¿Le contaste lo de los escotes, lo de los azotes y otras cosas?

    -Sí.

    -No se le cuentan a nadie las intimidades.

    -Es mi mejor amigo. Y sabe guardar secretos.

    -¿Qué busca? ¡Ay Dios como estoy poniendo!

    -Follarte… Bueno que te follemos los dos. ¿Qué te pasa, madre?

    -Estoy muy mojada, hijo.

    -¿Allí abajo?

    -Sí, hijo, sí. ¡Y ni te puedes imaginas cuánto!

    La mujer azotaba al hijo con ganas, y su coño… ¡Ay su coño! Su coño se abría y se cerraba sin parar. Llevaba muchos años sin probar polla. Tiró con la zapatilla.

    -¿Qué más te dijo que hicieras para seducirme?

    -Esto.

    Pablo, se puso en pie, le echó las manos a las esponjosas tetas. Las palpó con tanto mimo que parecía tener miedo a romperlas.

    -Aprieta, hijo, aprieta.

    La polla de Pablo se puso cómo un palo.

    -¿Te gusta que te apriete las tetas, mamá?

    -Sí, hijo, mucho. Mamá está muy cachonda. Dile a Quique cuando lo veas que te dejé jugar con mis tetas.

    -Se lo diré cuando lo vaya a buscar. Está esperando en el monte. ¿Me dejas que te las chupe?

    -Te aprendiste bien el guion de ese pícaro.

    -Si, ese pícaro, cómo tú le llamas, es un buen maestro, se folló a casi todas las mujeres casadas de la aldea.

    -¡¿Qué?!

    -Lo que oyes. ¿Me dejas que te chupe las tetas?

    -Llevas tiempo deseándolo, ¿verdad?

    -Sí.

    -Lo sabía. Tardaste mucho en decidirte.

    -¿Debí pedirte antes que me dejaras tocártelas?.

    -Mucho antes. Una cosa iba a llevar a la otra.

    -Si, tú no quieres, no, madre.

    -Voy a querer, hijo, voy a querer. ¿Folla bien Quique?

    -Sí, folla, y come el coño cómo nadie.

    -¿Seguro qué es de fiar?

    Sí, pongo el culo en el fuego por él

    Matilda bajó la cremallera que tenía a la espalda. Bajó el vestido hasta la altura de la cintura. Quito el sujetador. Quedaron al descubierto dos melones con tremendas areolas marrones y gordos pezones. Pablo tenía delante la fruta prohibida de sus sueños. Su cara era de felicidad total.

    -¡Qué bonitas! -las palpó- ¡Qué suaves!

    Acarició y mamó dulcemente. Matilda se mojaba cada vez más. Al rató, acariciando el cabello de su hijo, le dijo:

    -Pellízca un pezón y chupa la otra teta.

    Pablo fue pellizcando y mamando, cada vez con más ansia, una teta. la otra… Matilda le cogió la polla a su hijo. Pablo, al sentir el contacto de la mano de su madre, se corrió, pero eso no fue lo asombroso, lo asombroso fue que, Matilda, al sentir la leche calentita en su mano y la boca de su hijo mamando las tetas, le dijo:

    -Mamá se va a correr, Pablito, mamá se va a correr. ¡¡Mamá se corre, Pablito!!

    Matilda, se corrió, eso sí, en silencio, solo la delataba el temblor de sus blancas y peludas piernas y sus ojos, ya que uno miraba para Barcelona y el otro para Orense.

    (Todo esto que pasó me lo contó Pablo al día siguiente)

    Cuando llegamos a casa de Pablo, Matilda, estaba vestida lavando unos cacharros cómo si nada hubiese pasado. Al vernos, secó las manos, y me dijo:

    -No quiero verte más con mi hijo. Eres una mala influencia.

    Un poco más le meto una hostia a Pablo que le dejo la boca del revés.

    -Cómo diga, señora Matilda.

    Me di la vuelta para salir de allí lo antes posible, cuando oí cómo me decía:

    -A no ser que lo que me dijo de ti no sea cierto.

    -No, si voy a acabar por partirle la cara.

    Se puso altiva.

    -¿A quién? ¿A mi hijo? Si un día le tocas te corto los huevos.

    -Pillado. ¿Qué le dijo?

    -Que comes el coño cómo nadie.

    -Le mintió. Lo como cómo yo solo.

    -¿Y follaste con la mayor parte de las mujeres casadas de la aldea?

    -Eso también es mentira.

    -¿Sí?

    -Sí, no follé ni a la mitad.

    -La tabernera te da el tabaco rubio, ha fiado. Siempre me pregunté de donde quitabas el dinero para pagar el pufo si no trabajas. ¿Es una de ellas?

    -Me voy. No tengo porque contestar a esa clase de preguntas.

    Matilda se sentó en una silla que había pegada a lado de la cocina de piedra, puso las manos sobre las rodillas, y me dijo.

    -¿Te vas solo por eso?

    -Y porque se está rifando una hostia y tu hijo tiene todas las papeletas para que le toque. ¡A mí no me acojonas tú ni nadie!

    Pablo no abría la boca, pensaba que su madre lo engañara. Ninguno de los dos podíamos imaginar que tenía unas ganas de fiesta perras, y que lo que había dicho antes era puro teatro.

    -¿Bájame la cremallera del vestido, Pablito?

    Pablo, le bajó la cremallera, Matilda, se levantó, se quitó la goma que sujetaba la coleta y se soltó el pelo. Le llegaba al culo. Quitó el vestido y quedó en pelotas. Levantó los brazos para desenredar bien el pelo y vi el vello de sus sobacos. Sus melones ovalados y el tremendo bosque de pelo negro alrededor de su coño, hasta sus piernas peludas me encantaron. ¡Tenía un polvazo bestial. Me dijo:

    -Ven, Quique.

    Me acerqué a ella, me abrió la bragueta y cuando vio mi polla, morcillona, casi empalmada, dijo:

    -Ahora sé porque te follaste a media aldea. Con un cipote como este se corrieron ellas y se corrió la voz entre amigas, amigas que no tengo.

    Acabó de hablar y metió mi polla en su boca. No sabía mamar. Ni siquiera sabía hacer una paja. La agarraba, la apretaba, chupaba y le soplaba cómo otra que me encontrara, se debía pensar que así hinchaba. Me di cuenta de que follara una sola vez y con buena, o con mala suerte, se había quedado preñada de Pablo. Supongo que en aquel momento pensaría que buena, pero cuando se enteró de que estaba en estado… ¡Pufffff! Hace casi cincuenta años tener un hijo de soltera era poco menos que estar condenada al infierno, además de llamarle a esa mujer de puta para arriba.

    Al dejar de mamar mi polla, la besé con lengua. Puso cara de, ¿qué haces, cerdo? Pero al momento ya metía su lengua en mi boca y buscaba la mía. Pablo había sacado la polla y la estaba meneando. Me dijo:

    -Haz que se corra echando chorros, Quique.

    Matilda, que ya estaba caliente como una perra, dejó de meter su lengua en mi boca, y le dijo:

    -Yo solo echo chorros cuando meo, Pablito

    Le dije:

    -Hoy te vas a correr echándolos.

    -Lo veo imposible.

    Besándola, le metí dos dedos en el coño, le busqué el punto G, y le hice el «ven aquí». Pablo, a lo suyo, a su obsesión, las tetas, las magreó, las chupó y le mordió los pezones. Poco, después, mis dedos chapoteaban en sus jugos. Apuré cada vez más. Cuanto más apuraba más su coño se encharcaba. Sus gemidos y sus ojos me avisaron de que se venía. Le dije a Pablo:

    -Abre la boca y ponla enfrente del coño de tu madre.

    Pablo, hizo lo que le dije. Mis dedos subieron y bajaban dentro de su coño haciendo un ruido cómo el que hacen las olas al chocar con un acantilado. Su coño apretó mis dedos. Se los quite y acaricié su clítoris de forma transversal y a toda pastilla. Matilda, chilló.

    -¡¡Aaaaa!!

    Le tapé la boca con una mano para que no se enterasen los vecinos de que se estaba corriendo. De su coño salió un chorro de flujo que puso perdido el pelo y la frente de Pablo, seguí frotando. El segundo chorro cayó en su boca, y el tercero en su cuello.

    Tuvo el orgasmo más intenso de su vida.

    Pablo había bebido el jugo de la corrida de su madre, otra de sus fantasías. Yo tenía un empalme brutal. Al quitarle la mano de la boca a Matilda, respiró profundamente, abrió los ojos, y me dijo:

    -Si yo fuera tabernera, por follar contigo, no te daba tabaco, te daba la taberna.

    -Con que me des el coño me llega.

    -Cómemelo. ¿A qué esperas?

    Yo lo que quería en ese momento era follar, pero él que algo quiere, algo le cuesta.

    -¿Y si vamos para tu cama?

    -Vamos, pero ir desnudos.

    Nos desnudamos mientras ella iba para cama. La miré. Por detrás también estaba buena. El blanco de su piel la hacía aún más deseable de lo que ya era… Tenía anchas la espalda y las caderas y un culo enorme.

    La casa donde vivían Matilde y su hijo Pablo era de alquiler, de una sola planta y muy pequeñita. Estaba hecha de piedras y de barro. Tenía tres huecos, uno era el de la cocina, en la que había una cocina de piedra (lareira) que tenía dos tres pies encima. A un lado de la cocina había un horno de piedra y al otro lado un fregadero. Dos sartenes colgaban de la pared de derecha. Arrimada a la otra pared tenía un armario con fuentes y platos astillados, de esos que se compraban a mitad de precio. Debajo de la cocina guardaban la tartera y el pote En mitad de la cocina tenía una mesa vieja para seis en la que había cuatro sillas viejas, y en la pared del fondo una artesa donde guardaban el pan. Luego tenía la habitación donde dormía Pablo, que no sé cómo era, y la de su madre que tenía un armario con dos espejos en las puertas, una mesita de noche y una cama, viejas, echas de roble y con el jergón y la almohada rellenos de hojas del interior de espigas de maíz. Matilda había retirado la sábana y la colcha y las echara al lado de la pared, que por cierto, cómo todas, estaba sin revestir.

    Matilda estaba echada boca abajo. Al sentirnos llegar, nos dijo:

    -Llegáis demasiado tarde, ya se me fueron las ganas.

    Pablo, me dijo:

    -Vámonos, no debemos molestar.

    Lo miré, y casi le meto un bocado.

    -Eres muuuu tonto, Pablo, muuuuu tonto.

    Matilda, corraboró lo que le acababa de decir.

    -Sí, hijo, en estas cosas eres muuuu tonto.

    Subí a la cama y me arrodille detrás de ella, acaricié sus nalgas, se las junté y se las separé, para acto seguido lamer desde su periné a su ojete y de ahí subí lamiendo por la columna hasta la nuca. Le besé el cuello, giró la cabeza, la levantó y la besé en la boca. Bajé besando y lamiendo por dónde había subido. De vuelta al culo, volví a Lamer del periné al ojete. Lo levantó para que se lo comiese con comodidad. Abrió las piernas. El interior de sus muslos lo tenía mojad. Se lo follé docenas de veces y después le di una palmada en él.

    -¡Plaaas!

    Cómo si de un perro fiel se tratase, Pablo, que seguía de pie al lado de la cama, ladró:

    -¡¡No le pegues a mi madre que te meto un bocado!!

    Matilda, le dijo a su hijo:

    -Calla, hijo, calla y magrea mis tetas.

    -¡¿Te gusta que te pegue?!

    Le di con más fuerza otro azote con la palma de la mano en la otra nalga.

    -¡Aaaaay! Me encanta, hijo, me encanta.

    Pablo subió a la cama, metió las manos debajo del cuerpo de su madre y le amasó las tetas. Yo ya no paré de follarle el culo, de acariciar, de juntar y de separar sus nalgas y de follar su ojete con mi lengua. El culo se le abría y se le cerraba. Era demasiado grande la tentación. Froté la cabeza de mi polla mojada contra su ojete, lo detuve en la entrada. Al latir era cómo si besara la punta. Empujé un poquito y entró la mitad de la cabeza. Pablo, me dijo:

    -¡¡Le vas a hacer daño, bruto!!

    Matilde ya estaba empezando a estar hasta el coño de su hijo.

    -¡Calla, Pablo! Mete, Quique.

    Empujé y metí la cabeza. Matilda, mordiendo la almohada, bajo una mano al coño y comenzó a acariciarlo. Sus gemidos hacían que la polla de Pablo, dura cómo una piedra, mirase al techo, y luego bajase mirando al frente. Yo la veía y también sentía que Matilda se iba a correr. Le dije a mi amigo:

    -Métele la polla a tu madre en la boca, Pablo.

    Me miró cómo a un bicho raro.

    -¡¿Estás loco?!

    Matilda sintiendo mi polla entrar y salir de su culo le dijo:

    -Mete, hijo, mete.

    -Te llenaría la boca de leche, mamá.

    Matilde ya estaba cómo se había de ir.

    -¡Mete, coño! ¡¡Ay, ay, ay, ay que me corro!!

    Pablo, le levantó la cabeza a su madre con una mano y le metió la polla en la boca. Fue sentir el contacto del glande con la lengua y correrse en la boca de su madre. Sentí cómo se aceleraban las contracciones del ojete sobre mi polla, y después cómo se espaciaban. Matilda estaba tragando la leche de su hijo y corriéndose cómo una bendita. No pude aguantar. Le llené el culo de leche.

    Acabara de correrse Pablo en su boca, me acabara de correr yo en su culo y aún seguía ella corriéndose y gimiendo. Tuvo una corrida larga, larga, larga, tan larga que la dejó exhausta. Casi sin respiración.

    Al ver cómo estaba su madre, me dijo Pablo:

    -Creo que ya tuvo bastante. Debe tener el culo el coño rotos.

    -Me da a mí que no, dale un par de minutos y está de nuevo cómo una rosa.

    -No creo

    Matilda, se dio la vuelta, y con la voz entrecortada, le dijo a su hijo:

    -Pues debías de créelo, Pablito.

    A Pablo, al volver a ver las tetas de su madre se le volvió a empinar. Yo me eché boca abajo entre las piernas de Matilda y le abrí el coño con dos dedos. Estaba tan lleno de mocos blanquecinos. Solo le veía la vagina cuando se abria, al cerrarse la volvían a tapar los mocos, Le di una lametada y se los limpié.

    -¡Oooooh!

    Matilda ya estaba de vuelta.

    -Juega con mis tetas, Pablito.

    A Pablo le tocara de nuevo la lotería. Jugó con sus tetas, lamiendo chupado, magreado… Yo jugué con su coño. Toque su clítoris con un dedo sin acariciarlo. Le acaricie con otro los labios vaginales, y después eché mis manos a su cintura y le empecé a comer el coño. Pasando mi lengua por los labios mayores y menores, enterrándola dentro de su vagina, follando su ojete que sabía a mi semen y lamiendo su enorme clítoris, y al final, al tener el glande empalmado fuera del capuchón, chupándoselo. Los gemidos de Matilda eran deliciosamente sensuales. La mujer, con sus manos acariciando el cabello de su hijo y el mío, nos daban las gracias por el placer que le estábamos dando. Mas aquella dulce agonía, que Matilda quisiera que durase horas, se acabó en minutos…

    -Sigue, Quique, sigue, sigue, sigue, no pares. ¡¡¡!Me coooorro!!!

    Se corrió haciendo un arco con su cuerpo y entre temblores y sacudidas. Pablo tenía la lección bien aprendida. Le tapó la boca con la mano, pues su madre al correrse perdía el control y chillaba como una loca de esas que hay que atar. No echó mucho jugo. Eso lo bacía al estimularse el punto G, Pero el placer de la corrida fue brutal.

    Al acabar de correrse me levante de la cama. Matilda, me preguntó:

    -¿A dónde vas así de empalmado?

    -A buscar un condón de los que tengo en el bolsillo de mi pantalón. No hay que jugar con fuego.

    A Matilda se le iluminó la cara.

    -¡Ahí le has dado!

    Volví con el condón puesto en la polla. Pablo estaba sentado encima de su madre con la polla entre sus tetas y ella lo cogía por la cintura. Me metí en la cama, la agarré yo a ella por la cintura, la levanté y se la clavé hasta las trancas. Por raro que parezca, entrara apretada, a pesar de haber parido y de estar muy lubricada, y es que llevaba tanto tiempo sin ser penetrada que el coño se cerrara, pero se cerrara en falso, ya que a los cinco minutos de meter y sacar, ya entraba y sobraba espacio, bueno, sobraba hasta que la follé a toda mecha y su coño se cerró sobre mi polla. Tanto Pablo cómo yo vimos cómo de repente se le cerraron los ojos, y luego cómo se abrieron para no ver nada, pues solo le pudimos ver el blanco del ojo, la pupila había desaparecido. Matilda agarró con una mano la almohada y la mordió, luego gimiendo, cogió las dos tetas y las apretó cómo si las quisiera ordeñar. La polla de Pablo quedó aprisionada entre ellas. Se corrió cómo un gorrioncillo, y yo me corrí cómo un león dentro del coño de Matilda, bueno, dentro del condón, que si me corriera dentro de ella… A los nueve meses podría aparecer por allí un Quiquiño.

    Esa fue la primera vez que follé con Matilda, Matilda la costurera, que de eso vivía, de coser, pero follaría unas cuantas veces más con ella, ya que a Matida le quedara la boca dulce.

    Quique.

  • Mi esposa con el vecino

    Mi esposa con el vecino

    Este es otro de mis relatos, este digamos que es la continuación del relato de la aventura sexual de mi esposa con otro hombre.

    Poco a poco mi obsesión y perversión fue creciendo, después de escuchar que no era la primera vez que le ponía con el coronel, decidí checarla en todo momento, así que puse cámaras en los puntos principales de mi casa, en la entrada, en la sala, en mi baño y en mi recamara, algo me decía que ahí tenia encuentros con sus detalles.

    Y dicho y hecho pasaron unas semanas y revisando las grabaciones cierto día vi que se estaba arreglando, pensé que saldría pero no fue así, unos minutos después llego Klebber, ese era su apodo, él es el vecino, un tipo alto, negro como africano y que tenía entendido había salido con ella antes de que fuera mi novia.

    Observé como él llevaba cerveza y comenzaron a beber, eran alrededor de las 11:00 am, pasó un rato y ella se le encimó y comenzó a besarlo, para no hacerlo más grande, la muy cabrona fue por la colchoneta que tenemos la acomodó en el piso de la sala y comenzó a desnudarse, y él también.

    Le puso el condón con la boca, bueno al menos esta vez lo usó, después de darle placer un rato el bajó a hacer lo mismo. Se la chupaba como todo un perro, la cara de ella mostraba una satisfacción…, después de un rato de estar mamándose mutuamente ella se puso de perrito y el comenzó a penetrarla…

    Empezó a darle fuerte y despacio, le jalaba el cabello y le daba de nalgadas, ella gozaba eso, después cambiaron. Ella se puso abajo y él en una posición extraña, se sentó en ella y se la metió.

    Esa pose nunca la había visto pero al parecer estaba buena ya que ella gozaba de lo lindo. Él se acostó en el piso y ella comenzó a hacer su rico movimiento de cadera, al mismo tiempo se metía los dedos en su vagina, lo que me dejaba ver que no estaba tan caliente y es que los otros weyes la destrozaron y el Klebber parecía novato, vaya que tener tremenda vieja y no hacer nada si que es tonto.

    Se recargó sobre el sillón y él la penetró de espaldas, después de unos minutos él se vino, ella parecía seguir caliente, así que tomó las manos de él y permitió que la dedeara. Después de un rato ella probablemente se cansó y decidió que era todo, le dio su ropa y lo sacó de la casa.

    Pero eso no terminó ahí, ya que sacó un vibrador y comenzó a autocomplacerse, solo vi que un chorro salió de ella y mojó todo…

    Jaja, la dejaron con ganas, se lo merecía, pero eso generó que buscara a algo o alguien y en mi siguiente relato erótico les contaré lo que hizo.

  • Cuando te reclutan, cualquier hueco es trinchera

    Cuando te reclutan, cualquier hueco es trinchera

    A regañadientes y de camino hacia el batallón reclutado para el servicio militar y asignado al Pelotón No. 4 del Cuerpo de Infantería, miraba por la ventana del bus despidiéndome de una vida desordenada y placentera, yo un joven de raza negra delgado y con un cabello afro que pronto perdería por un corte militar solo pensaba si sería capaz de someterme a las órdenes, a la disciplina y madrugar.

    Pero era mirar alrededor y todos los que íbamos en ese bus ninguno que estaba saltando de alegría por reclutarse e inclusive los voluntarios que con tristeza se despedían de sus familias o novias que posiblemente solo en unos meses volveríamos a ver. Ya de camino para el batallón que estaba ubicado en un sitio cálido, se sentó en la silla del al lado Benítez un joven del interior del país, blanco este como la mayoría de los reclutados que aburrido como yo me decía;

    Benítez: Cuando volveremos a beber una cerveza? Cuando veremos a la familia?

    Yo: Quién sabe? Pero pasara unos días o meses…

    Benítez: Y el sexo?

    Yo: Ahí si… Y ni revistas porno! Jajaja

    Así entablamos una conversación con Benítez que hizo ameno el viaje, pero llegamos al Batallón y de inmediato nos hicieron formar para darnos la bienvenida, que de bienvenida poco porque empezaron las órdenes las reglas y las privaciones, quitándonos los teléfonos luego vino el corte de cabello donde mi afro frondoso termino en nada y por último el cambio de vestimenta por el uniforme camuflado lo que nos indicó que ya no éramos civiles sino éramos el soldados por lo que ahora era el soldado Ramírez y mi nuevo amigo era el soldado Benítez.

    Al día siguiente el pelotón No. 4 se nos ordenó formar a las cuatrocientas horas donde nos reasignaron nuestros comandantes e instructores de la base militar el primero en presentarse fue el Sargento Martínez un hombre de realmente intimidante por su tamaño con sus 1,96 cm y su voz firme gruesa, nos indicaba que sería el encargado de prevalecer la disciplina en el pelotón. Luego se presentó la Subteniente Rojas una mujer que nos impactó a todos por su esbelta figura acuerpada ella, de tés blanca, 1,74 cm y con un hermosa cabellera pelirroja quien se encargaría de instruirnos en lo táctico y físico, junto al Capitán Torres líder del pelotón, esa sería la cadena de mando más cercana pero también estaba obviamente en la base más superiores como el coronel Romero y el comandante de la bese mi General Giraldo.

    Luego no tardaron las ordenes y los deberes sin darnos espacio al ocio, haciendo que día se pasara volando y solo hasta las mil novecientas horas nos permitieron descansar en los catres apagando las luces, sin embargo se escuchaban murmullos de mis compañeros comentando la experiencia del primer día, pero el tema más recurrente fue la subteniente Rojas evidentemente fue un estimulante para soportar tanta orden y como decía Benítez:

    Benítez: Con mi subteniente Rojas solo es que mande y yo se lo mando jajaja.

    Ramírez: Da placer decirle MI subteniente Rojas…?

    Benítez: Ya quisiera poseerla a mi subteniente Rojas

    Ramírez: Y porque no? Seguro no aprobado verga de negro Jajaja…

    Benítez: Soñar no cuesta nada!

    Y así pasaron 6 semanas muy duras de entrenamiento donde el único aliciente era ver a mi Subteniente Rojas, pero eso tenía de contraproducente que el pelotón alimentaba día a día las ganas de tener sexo, pues la abstinencia no la calmaba ni una ducha, ni una masturbada y lo que es peor no tenia de mal humor a más de uno, generando actos de indisciplina que el sargento Martínez trato de manejar pero en realidad todos estábamos pidiendo a gritos una salida de la base por lo que fui a presionar al sargento Martínez:

    Ramírez: Mi sargento Martínez para solicitarle el favor de un permiso para el pelotón que estamos cansados y necesitamos despejar la mente

    Sargento Martínez: Y es andan muy estresados?

    Ramírez: Mi sargento es que hace mucho no vemos a la familia, ni las novias…

    Sargento Martínez: Aaaaa… Deje sus maricadas Soldado Ramírez lo que pasa que tienen ganas de sexo! Y eso se soluciona con una salida una noche al pueblo donde las putas.

    Ramírez: Pues si! Entonces nos da el permiso?

    Sargento Martínez: Voy a preguntarle a mi capitán Torres y les cuento.

    Luego fui a donde mis compañeros hacer las labores de aseo que nos había ordenado el sargento Martínez, obviamente mis compañeros estaban esperando la buena noticia pero nada, había que seguir esperando y aguantando las ganas por otros cinco días donde mi sargento Martínez nos informó:

    Sargento Martínez: Soldados mi capitán me dijo que por motivos de seguridad por ahora esta negada la salida de la base.

    Eso no solo desalentó el pelotón sino también puso el habiente más tenso, lo que hacía que la convivencia estuviera hecho un infierno, por lo que como líder del pelotón sin proponérmelo fui hablar con mi capitán Torres:

    Ramírez: Mi capitán Torres para solicitarle que reconsideren la opción de dejarnos salir solo una noche.

    Capitán Torres: Soldado Ramírez ya dimos una instrucción no me saque el mal genio, además si la cosa es de sexo como me dijo el sargento Martínez, jálensela! Pensando en la subteniente Rojas que es una buena motivación o no? jajajaja…

    Ramírez: Mi capitán permiso de hablar libremente…

    Capitán Torres: Hágale soldado hable!

    Ramírez: Ese el problema mi capitán, la subteniente es como pedazo de queso en medio de ratón hambriento

    Capitán Torres: Jajajaja… Muchas ganas por la subteniente entonces los tiene estresados! Pues que los ratones coman queso.

    Ramírez: Jajajaja

    Capitán Torres: Soldado estoy hablando en serio. Cómanse esa zorra y así matamos dos pájaros de un tiro

    Ramírez: Como así?

    Capitán Torres: Mire soldado necesito darle una lección a la subteniente Rojas que la ponga sumisa y respete. Entonces vamos organizar un campamento en la jungla al mando de la subteniente Rojas para que desfoguen sus ganas y llegue sumisa esa zorra! Entendido soldado?

    Ramírez: Firme mi capitán.

    Luego le comunique las novedades a mis compañeros los cuales más que tranquilizarlos los puse ansiosos como ratones de laboratorio por lo que las horas estaban contadas alas seiscientas horas saldríamos en un helicóptero a un lugar remoto de la jungla al mando de mi subteniente Rojas, que por cierto era centro de todas las miradas del pelotón que ya la miraban con lujuria, pero ella mantenía su posición de mando y firmemente nos daba la orden de bajarnos del helicóptero para someternos en la espesa selva, y por cerca de unas dos horas de marcha la subteniente Rojas dio la orden para el levantamiento del campamento el cual el pelotón cumplió, pero esperaba con premura la orden mía para atacar a la subteniente Rojas y tomar el mando sobre ella.

    Y al ver la ansiedad de los soldados me toco dar la orden y hacia las mil trescientas horas se dio la orden apoyado por mi sargento Martínez, pero liderado por mí se tomó posesión sobre la subteniente Rojas que aterrada vio como no solo era relevada en su mando sino manoseada por todo el pelotón pero hábilmente supo dar la pelea y salió a correr por lo que el sargento Martínez dijo:

    Sargento Martínez: Cójanla! No la dejen ir muy lejos. Cójanla! y el primero que la agarre se la come!

    Por lo que se volvió una cacería en la mitad de la selva a pleno rayo de sol, todos salimos detrás de mí subteniente Rojas alborotados he entusiasmados por ser el primero en poseerla, pero la subteniente supo esconderse como libre asustada pero por suerte la encontré primero pero como buena soldado se me enfrento cuerpo a cuerpo y debo reconocerlo me estaba ganando sino es porque llega mi sargento Martínez que gracias a sus 1.96 cm la tomo fácilmente del cuello con una sola mano y le dice;

    Sargento Martínez: Mi Subteniente rojas tiene una nueva misión, satisfacer al pelotón con sus atributos y comienza con el soldado Ramírez que la encontró de primeras.

    Subteniente Rojas: Suéltenme no se atrevan!

    Para ese momento ya estaba todo el pelotón alrededor de la subteniente Rojas que con arengas decían; “Viólenla” y ponía muy alterada a mi subteniente Rojas que trataba de zafarse de las manos de mi sargento Martínez pero este la tenía plenamente controlada por lo que facilito quitarle el camuflado lentamente, para el divertimento de todo el pelotón que feriaba sus prendas en las medida que se lo íbamos quitando primero fue su saco, luego su pantalón y por ultimo su camiseta negra dejándola solo en ropa interior y fue ahí donde puso firme todo el pelotón al admirar sus piernotas jamonudas, sus pechos enormes y unas caderas que invitaban a fusilar con nuestros cañones. En ese momento el sargento Martínez la dejo suelta a la subteniente Rojas como el queso en medio de ratones y dándome la orden:

    Sargento Martínez: Tómela solado Ramírez!

    Y al mirar a la subteniente Rojas estaba humillada tratándose de cubrir llorando pidiendo que le dieran su ropa y que no le hiciera nada, pero yo estaba muy hambriento y me lance contra ella con mucho ímpetu arrancándole su brasier primero y luego sus pantys negros, para por fin penetrarla brutalmente sacándole muchos alaridos de ramera que no solo satisfacían al pelotón sino me animaban a aferrarme a mi subteniente Rojas como un taladro clavándole mi verga una y otras vez en lo profundo de su vagina, saciando todas las ganas reprimidas mientras ella solo gritaba;

    Subteniente Rojas: Para! Basta!

    Pero yo literalmente le solté toda la artillería haciendo que la subteniente Rojas no solo se rindiera entregándose a mí, sino también me entregaba el mando pues comenzó a gemir como ramera teniendo múltiples espasmos que sentía a placer porque la subteniente Rojas había sido sometida y poseída.

    Luego sin dejarla casi tomar aliento mi subteniente Rojas siguió mi sargento Martínez, que muy violentamente la jodió como si fuera una muñeca zarandeándola en el aire la insertaba en su verga por detrás, mientras que ella solo podía gritar infructuosamente pues después seguirán toda clase de vejámenes con el resto del pelotón que pudo desfogar todo el estrés que tenía acumulado con la subteniente Rojas que hicieron que al final de la tarde ya estaba sumisa y presta para los que quería repetir con ella y hacer lo que quisiéramos, por lo que más de unos repitió con ella solo que en tríos y cuartetos. Yo particularmente repetí con la subteniente Rojas obligándola a que chupara mi verga lo cual fue un trabajo fantástico al ver como colaboraba y cumplía con la orden, aunque yo le ayudaba tomándola de su cabello largo y pelirrojo lo hizo muy rico!

    Así la noche llego en al campamento y antes de irme a descansar mientras las órdenes para subteniente Rojas aún se escuchaban a lo lejos llame a mi capitán Torres para reportarme;

    Soldado Ramírez: Mi Capitán reportando la última novedad

    Capitán Torres: Diga soldado

    Soldado Ramírez: Mi capitán el pelotón firme con la subteniente Rojas. Está sometida! Espero ordenes?…

  • Segundas partes son buenas

    Segundas partes son buenas

    Aquella historia con mis vecinos tuvo una segunda parte. Un pedido especial y una noche de tormenta.

    Después de aquella siesta memorable, nuestra relación de buenos vecinos siguió como si tal. Solíamos cruzarnos y charlar ya que nuestros terrenos eran lindantes y los separaba solo una cerca. El chico tenía su trabajo y el horario era variable. Por lo general se iba alrededor de las seis de la mañana, aunque en ocasiones debía ir más temprano. Fue así que un día me preguntó si podríamos intercambiar número de nuestros teléfonos móviles.

    -Pasa que me voy temprano –dijo mi vecino- y le gustaría irme tranquilo. Ella se queda sola con el bebe y es usted con quien más confianza tenemos!

    -Ni que lo digas, pensé… Eh, Claro, claro no hay problema, cuenta con eso, le respondí y le dicté mi número.

    Pasaron algunos días y Franco (así se llama el joven) me dijo que debería ausentarse por cuestiones laborales. Y que ya su esposa tenía mí número por cualquier inconveniente que surgiera.

    -Si, tranquilo. No hay inconveniente en que me llame si algo necesita…

    Pasó un día y todo transcurría con normalidad. Un par de jornadas después, el clima cambió y gruesos nubarrones presagiaron una tormenta. Ya tarde en la noche, se desató la lluvia acompañada de rayos y truenos. Estaba solo en casa y pensé que estaría bueno para dormir.

    Pasada la medianoche sonó mi móvil. Era Flavia, la vecina que me pedía si podía acercarme hasta su casa. Le dije que enseguida iría. No era una noche como para salir pero tampoco podía negarme. Así que me puse una capa impermeable y fui lo más rápido que pude para no mojarme tanto. Ella tenía la puerta entreabierta por lo que pude entrar enseguida. Entré, la saludé y le pregunté si estaban bien ella y el niño. Me dijo que si pero la noté pálida.

    -Segura? …le pregunté. Me respondió que sí pero no fue muy categórica.

    -Qué pasa? Le tienes miedo a las tormentas?

    -Si… la verdad que me aterran. Sobre todo los rayos.

    -Bueno, pero no temas. Tú y tu hijo están protegidos aquí dentro. Solo mantén las cortinas cerradas y no te acerques a las ventanas. ¿Tu bebe duerme?

    -Si, por suerte no se entera de nada y duerme bien!

    Bien… no tengas miedo. Yo puedo acompañarte hasta que calme un poco la tormenta.

    -Gra… dijo y no pudo completar el gracias porque el estampido de un rayo la hizo saltar y pegarse a mí, casi al borde del desmayo.

    -Tranquila, tranquila… no pasa nada!- alcancé a decirle antes que las luces se apagaran, seguramente a consecuencia del fuerte rayo.

    Encendí la linterna de mi móvil.

    -En la habitación tengo velas… y preferiría recostarme, dijo.

    -Claro, como quieras…

    La seguí para alumbrarla. Llegamos a la habitación y encendió una vela que produjo una luz tenue y temblorosa.

    El ruido de la lluvia en el techo era ensordecedor, los rayos chasqueaban y los truenos sonaban como cañonazos, haciendo temblar las paredes. Se sentó en la cama y luego se recostó. Me dijo que me sentara y amagué a tomar una silla, pero me pidió lo hiciera en la misma cama. Me puse a su lado.

    -Has podido comunicarte con tu marido? pregunté por hablar algo…

    -Sí, si… hablamos esta tarde. Le dije que parecía venir la tormenta y me dijo que no dudara en llamarlo.

    -Sí, no hay problema. Yo estoy para lo que necesiten.

    -Es muy amab… y otro estampido de rayo volvió a interrumpirla. Se pegó a mí y me pidió que la abrazara, que sentía mucho miedo.

    -Ven, tranquila… tranquila. No temas!

    Nos quedamos así, a la luz de la vela mientras afuera arreciaban los chaparrones y bramaban los rayos. La abrazaba de manera paternal.

    -Usted es muy bueno, me dijo. Ya nos ayudó aquella vez…

    Puse mi dedo en su boca.

    -Ssshh… No es necesario que lo menciones. Fue muy raro para mí lo pasado, pero si les ayudó me alegro.

    Me miró y me sonrió.

    -Claro que nos ayudó. Yo estaba mal y mi esposo fue muy comprensivo. Lo amo y lo respeto, solo que hay necesidades que nos superan a veces. Yo sé que él hubiera podido pedirme que aguantara mis ganas y estaba en su derecho. Pero prefirió recurrir a usted…

    -Claro, entiendo. Y yo por supuesto le agradezco la confianza… LES agradezco la confianza.

    Sonrió otra vez y nos quedamos en silencio, oyendo el fragor de la tormenta.

    -Quieres dormir? le pregunté.

    -No, no… prefiero quedarme así. Me siento más segura ahora. Siempre, desde niña le he temido a las tormentas.

    -Si, a muchas personas les pasa. Pero bueno, es solo cuestión de ser precavido…

    Otro estruendoso rayo.

    -Ay, Dios mío!

    Se aferró más a mí y reforcé el abrazo. Temblaba! La tormenta eléctrica no daba respiro y seguíamos a la luz de la vela.

    -Veré cómo está mi bebe…

    Fue hasta otra habitación y regresó luego de abrigar al niño. Ya casi llegando a la cama, el estruendo de otro rayo la hizo tambalear.

    -Preferiría meterme en la cama si no le importa, me dijo.

    -Por supuesto. Tú decides.

    Se quitó los pantalones sin importarle mi presencia. Se quitó la camisa y se puso una camiseta pero quedó solo con sus pequeños calzones. Yo disimuladamente miraba como sin querer mirar. Me pareció que estaba más buenota que cuando aquella vez ayudé a calmar sus ansias… Se metió en la cama y se cubrió con una manta.

    -Si usted me va a acompañar, puede acostarse también. Y de paso se quita los pantalones que tiene mojados en las piernas.

    -De verdad?

    -Si, claro…

    Ya no me lo hice repetir. Me quité los pantalones y los colgué en una silla. Me metí en la cama justo cuando… si, otro rayo hizo que buscara refugio bien cerca. Pasé mi brazo por debajo de su nuca y la abracé nuevamente. Tenía un aroma que no pasó desapercibido. Sobre todo para mi “amigo” allí abajo, que mostró los primeros síntomas de interés. Pasaron unos minutos, hablando banalidades dentro de lo que podíamos oírnos a causa de la lluvia y los truenos. Era una intimidad casi forzada por las circunstancias y se sobrellevaba. Apoyó su mano en mi pecho y la pasó luego al otro lado para abrazarme.

    -Me gustaría coger, dijo sin más y sin rodeos.

    -Estás segura?… no me gustaría abusar de la situación y tampoco fallarle a tu esposo en la confianza…

    -Mi esposo sabe, supongo, lo que podía ocurrir al dejarme a su cuidado. El mismo recurrió a usted aquella vez. No es que me aproveche de eso, solo que le quito a usted la responsabilidad. Me gustó ese otro encuentro y deseo repetirlo…

    -Pues… por mi…

    Ya ni se demoró en buscarme la verga con su mano.

    -La vez anterior fue un poco a las apuradas y faltaron cosas, dijo y me besó. En tanto su mano me pajeaba despacito. La manta ya no estaba y la ropa tampoco duró mucho puesta. Me fue besando el pecho y el vientre hasta quedar cara a cara con mi miembro. Sentí el primer roce de su lengua. Me lo capturó con los labios y entró a chupar. Realmente la mamaba de maravillas. Me miró sonriente y dijo: -Esto me había quedado pendiente… para luego seguir con la tarea. Maravillosa tarea. En tanto yo tampoco permanecí pasivo. Mis dedos fueron a acariciar su divina concha que ya empezaba a humedecer. Me moje bien el medio con saliva y entré a pajearla para su deleite.

    -Ponte por encima y dame tu almejita. Quiero lamerla bien.

    Obediente se puso en posición para dejarla al alcance de mi boca. Estaba riquísima. Gozábamos los dos y levantábamos temperatura.

    -Ya deseo cogerte, le dije. Me gustaría en cuatro patas como la otra vez…

    -Siii… me encanta que me cojan así. Me va muy profunda y la siento bien adentro!

    Sin demora se plantó en el medio de la cama con sus nalgas en alto y los inflamados labios saltones entre las piernas. Me acerqué bien para ir abriéndola con la punta misma de mi verga…

    -Cójame… cójame por favor, dijo traviesamente y recordando las palabras que empleó en el anterior encuentro.

    Ya los rayos y la lluvia poco importaban. Entré sin pedir permiso, en una estocada que me llevó media verga y la hizo gemir. Empecé a cogerla suave. Yendo y viniendo. Sintiendo sus carnes a lo largo de toda mi verga. Cuando encontramos el ritmo fue como si la tormenta se desatara en la cama. De pronto me quedé quieto y fue ella quien frenéticamente buscó la penetración en un juego delicioso. Iba despacio y volvía rápido. Cogía de maravillas! Prolongó el juego por largo rato mientras yo hacía lo imposible por no acabar y seguirle el ritmo. Después la tomé fuerte por las caderas para darle rápidos y profundos empellones, penetrándola hasta lo más hondo. En eso llegó su orgasmo y apenas después el mío en una descarga copiosa y caliente.

    Se tiró de costado en la cama y yo me acosté a sus espaldas con la verga cansada y mustia. Ambos recuperando de a poco la respiración. Le besaba la nuca y acariciaba sus tetas.

    -Ponla en lo calentito entre mis nalgas, me dijo.

    Sonreí y lo hice. Nos quedamos entregados al juego de caricias. Yo en sus pechos con mi mano y ella en mi verga con su culo. Hasta que al rato empezó mi poronga a revivir.

    -Oye… tú no querrás cogerme mi culito, verdad?

    -Yo no haré nada que tú no quieras…!

    -Y si yo quiero?

    -Entonces puedes estar segura que lo hare… una vez más.

    -Te cuento un secreto. Desde aquel día que me lo rompiste, no ha vuelto a pasar. Mi esposo no me lo pidió y yo me lo cuidé…

    -De verdad fue aquella tu primera vez? Lo soportaste tan bien que pensé ya no eras virgen anal…

    -Es que es día estaba tan caliente que iba por todo, no me importaba nada!!!

    Ya mi verga se había puesto otra vez tiesa. Ella me la agarró y entró a juguetear y pasársela por el hoyito.

    -Espera, le dije… hagámoslo como se debe. Ponte en cuatro patitas que te lo quiero lamer.

    Así se puso para dejar que mi lengua le dedicara una larga y preparatoria lamida. Se puso muy caliente.

    -Ya por favor. Cógemelo bien como tú sabes…

    Mojé mis dedos con sus jugos y la leche que aún tenía en su concha y con ellos lubriqué su tentador culito. En el primer intento no pude, se me resbalaba. Se separó ampliamente las nalgas para abrir el ano. Entonces empujé certeramente y entré. Esperé a que ella se acomode y habitúe.

    -Estás bien?

    -Si… solo me dolió un poquito! Métemela más!

    Escuchar el pedido y empujar fueron simultáneos. Empujé, empujé y empujé hasta que choqué con sus nalgas gloriosas. Retrocedí y volví a embestir. Tranquilo y suave cogiéndola pausadamente.

    -Me encanta… dame más!

    Así que fui entrando y saliendo más rápido. Le quitaba media verga y la penetraba. Se la sacaba hasta la cabeza y volvía a empotrarla toda. Cada vez más fuerte!

    -Hazme una pajita con tu dedo, me pidió y así lo hice…

    -Creo que voy a tener otro orgasmo –dijo- no sé si en la concha o en la cola. Estoy toda alborotada!

    Y el anunciado orgasmo fue intenso. Se convulsionó toda y descargó energías como las de un rayo. Pero la seguí cogiendo hasta que con los apretones del ojete, hizo que me descargara una vez más y la llenara de más leche.

    -Gracias querida tormenta… gracias queridos rayos, dijo y nos echamos a reír. Nuestra tormenta se aplacaba en tanto la otra seguía estruendosa e intensa…

  • Mi roomie me enseñó a levantar bugas

    Mi roomie me enseñó a levantar bugas

    Siempre quise mamársela a alguien con una verga enorme. Hace poco que me mudé a la Ciudad de México, y Pedro me presentó a unos amigos muy interesantes.

    Pedro es bajito, como de 1,60, es apiñonado y ya se deja la barba, de niño entrenaba tennis en el club de golf de su ciudad por lo que tiene un cuerpo duro, además tiene poco vello en el cuerpo y le gusta depilarse.

    Le gustan muy grandes, casi siempre presume de sus conquistas y seguido las comparte. Cuando se va del antro con un gigantón cómo le gusta siempre me imagino la pisada que le estarán dando, y cuando regresamos juntos en el taxi después de la peda no tengo que imaginármelo, lo escucho. Siempre me contaba cómo sabía quién la tenía más grande que quien y me enseñó algunas señales que dan los hombres –gay o no– de que también se les excitan las vergas (en especial la suya si la tienen rica).

    A mí se me marcan mucho los huevos, a veces es un problema porque cuando hace frío se me para más la verga de lo normal; irónicamente el frío me la pone dura.

    Siempre que vamos caminando Pedro me comenta cuando algún hombre se me quedaba viendo los huevos. Algunos van solos, otros con novias, hasta ahí todo bien, lo que no me había percatado es que a veces, el ver mi bulto hacía que se les parara. Especialmente porque después de darme cuenta y hacer contacto visual, por lo regular coquetean con su amiga/novia/“bro” que los acompaña y se hacen pendejos.

    La siguiente vez que se te queden viendo los huevos, agárratelos como si te estuvieras acomodando el bóxer. Verás que si quita la mirada es mustia o si voltea a verte a los ojos tiene de dos 1) sostener la mirada y esperar a ver quién la quita primero o 2) sentirse avergonzado porque lo vaciaste mirándote el bulto.

    Otra cosa que tampoco sabía era que el habértela jalado con tus amigos en la preparatoria era de lo más normal; de eso me enteré recientemente con uno de nuestros vecinos que está muy delicioso, a veces viene a visitar a Pedro, solían vivir en este apartamento juntos pero se desocupo el de enfrente y se mudó: 1.89, peludo, calculo que calza del 12 porque el otro día que estaba echado en el sofá viendo tele y se levantó por agua puse comparar su tenis con mis pies (metí y saqué mi pie sin problema en un segundo).

    Otra forma que me enseño Pedro a “levantar” bugas, es hablar de sexo y bajar sus barreras. Con este vecino que te platico hasta hablamos de quien tenía el amigo más vergon; por lo regular al hablar me hizo saber que la tenía grande. Usa del tipo de shorts de básquetbol que hace que les cuelgue todo como una fruta madura. En realidad fue el quien me cachó mirándole los huevos y luego entre broma y broma me dijo que la tiene muy grande, que a veces no está chido porque no se la pueden mamar bien. “No les entra en la boca, o no pueden meterla toda, el pedo es la cabeza”.

    ¿Esta es plática normal de bugas?

  • El abuelo (Parte 1)

    El abuelo (Parte 1)

    Se me antojó follar con un viejo. Le dije una vez a mi padre que podría ahorrarse dinero si en lugar de ir de putas me follaba a mí cada vez que tuviera ganas, que yo se lo haría gratis porque me consideraba bien pagado con tener atravesado el culo con la polla de mi padre.

    No le sentó bien. Me miró de un modo extraño que si hubiera podido estrangularme lo hubiera hecho. Pero así y todo nunca dejó de quererme más que a mis hermanos. Mi padre me tenía pasión; además, sabía que yo tenía la verga más larga y más gruesa de todos los varones de mi casa y eso para su modo de pensar era señal de hombría. Lo que no podía entender era mi «manía» de ser homosexual. En cierta ocasión me dijo:

    — Con una polla como la tuya, cuántas mujeres me hubiera tirado yo gratis, no entiendo nada.

    Yo me reía cuando, dada nuestra amistad, me confiaba cosas de estas, pero yo no las tomaba a mal, eran dichas desde una perspectiva educacional que nunca me quiso imponer. En cierta manera sabía que lo suyo no era tan permanente como se pensaba.

    Este fue mi primer intento y el segundo fue semejante, ¿dónde podría ir yo para tener sexo con una persona mayor? Era imposible decirlo a nadie, ni preguntar, ni ponerme un cartel: «Joven con buena polla la pone a disposición de viejo», o bien «Joven con culo ardiente busca viejo con ganas de follarlo». No es broma, no, los tenía escritos y preparados en el ordenador con los seis colores de la bandera gay, pero no soy dado a escandalizar.

    Me pasé varias veces por páginas de cruising o de contactos, pero no me salía nadie con las perspectivas que yo deseaba, un anciano en buen estado físico que follara rabiosamente o que se dejara follar. Mucho tiempo pasó hasta encontrar lo que realmente buscaba. Es cierto que había encontrado uno que decía «Abuelo gay busca jóvenes para divertirse los domingos por la tarde». Me pareció interesante, pero había dos pegas, solo tenía 60 años y buscaba un grupo de chicos. No me sirvió. Pero sí me sirvió un tipo que me encontré y con el que mantuve conversación:

    — ¿De dónde eres?, —me preguntó.

    — Vivo momentáneamente en L´Hospitalet, y ¿tú?

    — Ah, L´Hospitalet de l’Infant. Yo de Valdellós.

    —No conozco, ¿queda muy lejos?

    — A quince minutos en mi coche ¿No hablas catalán?

    — Soy de Madrid, pero mis padres han tenido que venirse en razón de trabajo y me está gustando esto.

    — ¿Qué edad tienes?

    — Recién he cumplido los 19 años, y ¿tú?

    Tardó mucho tiempo en contestar y aún no nos habíamos visto. Pensé que iba a colgar y desaparecer. Primero pensé que igual era una mujer que en nuestra conversación se habría hecho pasar por hombre —lo que ya me había pasado un par de veces o tres—, o que desconfiara por mis pocos años. Al cabo de un rato, ya estaba yo viendo pornografía en otro canal e intentando contactarme con un chico que estaba insinuándose. Iba a sacar mi tarjeta para ingresar cuando me contestó:

    — ¿Te vas a extrañar si te contesto la verdad o prefieres que siga fingiendo?

    — Hombre, estamos cerca, si concretamos algo vamos a vernos, más vale que sepamos qué somos…, —yo siempre pensando que sería una mujer.

    — Y cómo somos…, —esto lo leí perplejo— ¿y si te dijera que soy mayor? ¿aceptarías que nos viéramos?

    — ¿Cuánto de mayor?, —ya comencé a interesarme en serio.

    — Igual eres muy joven para que concluyamos algo…

    — ¿Cuánto de mayor eres…?

    — ¿Te lo digo, de verdad?

    — ¿Cuánto de mayor eres?

    — 72 años.

    Me puse feliz y nervioso a la ves y pregunté tontamente:

    —¿72 años o 27?

    — 72

    — ¡Bueeeenooo!…, esa es la edad que busco, papi, —le contesté en dos veces.

    — ¿Te gusta dar o recibir?

    — Qué más me da, si la tienes grande me gustará que me la metas; si es normal, lo hacemos los dos.

    — Busco un chico con energía para que me ponga a cien por delante y por detrás.

    — ¿Cuándo nos vemos?

    — Por mí ya, te invito a comer y luego qué prefieres en mi casa o en hotel.

    — Pues…, me gustaría en la playa del Torn. Tenía pensado ir allí hoy que hace calor y ver qué caía para echarme algo a cuenta. Allí hay bosque y podemos hacerlo sin ser molestados.

    — Voy por ti y ya vemos, ¿cómo te conozco y dónde esperas?

    — Iré con short vaquero y camiseta de tirantes de color rojo para que me encuentres pronto, te espero en una Rotonda que hay en la Calle de les Genesies, yo vivo cerca, ahí está cerca el polideportivo y piscina de L’Hospitalet.

    — Ya conozco, ya sé. Entonces me esperas, en quince o veinte minutos estoy ahí.

    — No corras, que nada tengo que hacer mas que verte, papi.

    — Va, vinga, el meu petit.

    — ¿Qué has dicho?

    — Que no te preocupes, mi pequeño.

    — ¿Quieres verme por aquí?

    — Prefiero la sorpresa.

    — Yo también, un beso, papi.

    Me cambié de ropa, me puse tal como le había dicho, la camiseta roja de tanto usarla ya no cubría los dos pezones de mi pecho, siempre tenía uno fuera. Me llevé mi tira de preservativos en la mochila, mi peine, mi perfume chico y mi bañador tipo speedo por si acaso. Mi madre al ver que me preparaba me preguntó a qué hora llegaría y le dije que tarde, que comería con algún amigo y me dio dinero y mil advertencias maternas. Como mi padre no viene a casa a mediodía, la comida importante es en la noche; a mediodía mi hermana, mi madre y yo nos arreglamos como podemos. Salí a la calle con nerviosismo, deseando que no me fallara, porque estaba ilusionado de conocer a este hombre, igual nos hacíamos amigos. Con las señas que le había dado y la poca gente que hay por esa zona, yo era inconfundible, así que me arrimé a una pared de piedra, cerca de una farola y sentado en el suelo jugando con mi iPhone por si llamaba, porque el número de móvil sí lo teníamos.

    A los 25 minutos pasa un coche que le da la vuelta a la rotonda y aparca en el primer espacio. Llegó un Opel Crossland X, luego vi que era automático y bien equipado, color rojo metalizado. No entiendo mucho de coches, repito lo que me dijo y me acuerdo, porque mi coche es la bici y el autobús. Me hice el sueco como si el asunto no fuera conmigo, ni levanté la vista, pero él supo enseguida que era yo y me llamó por el nombre del chat:

    — SammyDark.

    — ¡Hey, Anselmo!, ¿ya llegaste, papi?

    Me hizo entrar al coche y nos besamos rozando los labios sin profundizar. Fue iniciativa mía eso de besar, pero él no se abstuvo, le pareció bien y no besaba mal, sino todo lo contrario.

    — ¿Nos vamos?, —preguntó.

    — Claro, vámonos, —respondí.

    — No te imaginaba así, estás muy sensual, vosotros decís sexy, eso, estás muy sexy y eres muy guapo.

    — No me creo que tengas 72 años, pareces más joven, si te tiñeras el pelo, parecerías de 50 máximo. Dime la verdad: ¿qué años tienes?

    — 72, no te engaño; abre la guantera y ahí están mis documentos.

    — ¡Joder!, estás muy bien, te conservas bien para tu edad, papi, —le dije sin necesidad de abrir la guantera.

    Me gustó también porque conducía muy seguro y cumpliendo todas las indicaciones de la carretera. En un instante estuvimos en la playa. Aparcó el coche cerca de la playa. No pude resistirlo, al apagar el motor lo volví a besar de modo indiscreto dentro del coche y él me siguió la corriente, lo que aproveché para echar mano por encima del pantalón y enterarme de su instrumento. Se me puso tiesa la mía al tocar la suya que ya lo estaba y el calor atravesaba la tela del pantalón; la tenía de buen tamaño y gorda. Me puse muy cariñoso, hasta que me dijo que aviáramos para comer algo que valiera la pena. Muy cerca estaba un chiringuito y me preguntó si comíamos allí. Me pareció encantador el lugar y está muy cerca de la playa naturista, para poder ir después de comer dando un paseo por la orilla del mar. Es lo que hicimos y cuando llegamos a la playa naturista, me dijo que podríamos tomar el sol allí antes de entrar al agua. Yo me quité toda la ropa y me tendí sobre el pareo que tenía en la mochila, dejándole espacio.

    — Tienes muy buena polla, voy de sorpresa en sorpresa y estás todo afeitado; eso te hace más niño y más agradable.

    Yo me puse a mirarlo, esperando que se desnudara para ver lo que había tocado por encima del pantalón. Se quitó la camisa y el pantalón y se quedó con un short de baño que dejaba marcado el paquete. Iba a tumbarse a mi lado y le pregunté:

    — ¿Por qué no te quitas ese bañador o lo que sea?

    — Por no molestarte, —respondió.

    — ¿A mí?, con las ganas que tengo de verte todo. Me gustas, no estás gordo, no tienes barriga, estás más joven de lo que tu edad debiera dar, te gustan los machos y me ocultas tu arma, que sé que no es pequeña.

    Se inclinó para quitarse el bañador ese y le dije:

    — ¡Alto ahí! Seguro que te gustará que sea yo quien te lo quite…

    Miró para todos los lados y había poca gente, me miró y asintió. Me levanté y le fui descubriendo poco a poco de modo muy sensual y contorneándome. Apareció su polla. Envidiable, más o menos como la mía. En base a la mía calcule unos 19 cm y algo más gorda que la mía. Dejé caer el bañador sobre mi mochila y le acaricié su polla tomándola en mis manos y sobando sus huevos. Se nos puso a él y a mí muy levantadas. La mía se me ponía siempre en ángulo obtuso con respecto a mi vientre, pero a él le iba directamente hacia su ombligo. Acaricié su bolsa separando los testículos que me apetecía ponerme en la boca, lo intenté, pero me dijo que ahí no, que nos pueden ver. Miré y, en efecto, había gente no muy cerca pero mirando. Así que nos sentamos de espalda a ellos y mirando al mar.

    Nos pusimos muy juntos, yo le sobé su polla para que se mantuviera y él hacía otro tanto. Me di la vuelta y ya no estaban los voyeurs y lo abracé y le besé. Jamás nadie me había besado como besaba Anselmo, me metió la lengua hasta la garganta y estuvimos largo rato, allí sentados, acariciando nuestros cuerpos y besándonos. Nos tumbamos y nos pusimos de frente, mirándonos. ¡Qué agradable conversación! Me contaba de su casa, de su familia, de la novia que se le murió de un cáncer antes de casarse, de su decisión de no volverse a casar por el descubrimiento de su orientación sexual, tras la muerte de su novia. Que había ido al sicólogo ya siendo mayor y descubrió que no era una enfermedad, sino su ser.

    Me preguntó por mi familia. Le dije la verdad que sabían que soy gay, que a mi padre le da lo mismo, a mi madre le costó un poco, pero que, como soy muy cariñoso con ella, lo lleva bien y no me incomoda. La que está feliz es mi hermana. De estas cosas hablábamos y había pasado algo más de una hora. Nos metimos al agua, azul, cálida, mimosa y agradable, mar tranquila. Nadamos juntos y nos abrazamos en el agua, nos besamos y nuestras pollas se chocaron. Como ambos éramos entonces de la misma estatura aproximadamente, todos los miembros de nuestro cuerpo estaban a nivel. Cuando salimos del agua me mostró sus documentos. Su nombre era Anselmo y su edad 72 años. Entonces, le mostré mi DNI y leyó que me llamo Juan Pablo y que tenía entonces 19 años.

    Entonces me invitó a ir a su casa esa misma noche y a pasarme allí una semana o más con él.

    — Mira, yo dependo de mis padres, esta noche no he avisado y tendré que cenar con ellos, pero yo te aviso y, en dos o tres días, seguro que voy a tu casa. Antes te llamaré para que no sea sorpresa.

    — Yo vengo a recogerte. Ya llevo 7 años jubilado de la banca y no tengo nada que hacer, me encantará que me acompañes todo el tiempo que quieras.

    — Pero sin incomodarte.

    — Me gustas, niño, me gustas mucho.

    — Estoy gratamente sorprendido contigo, papi… humm…, ¿no te molesta que te diga papi o si?

    — No, no me molesta, mas bien me gusta…, eres encantador.

    — Gracias, y tú eres muy sorprendente.

    — Como no podrás venir conmigo hoy a mi casa, ¿quieres que tomemos habitación en hotel por unas horas?

    — No, papi, prefiero allá —señale la pinada— que nos contemple el cielo, quiero que me folles y me partas el culo.

    — ¿Vamos?

    — Vamos y luego venimos para bañarnos y limpiarnos, porque tus huevos ya pesan, papi, debes tenerlos a tope.

    No lejos, escuchando el rumor del mar, nos pusimos bajo los pinos y nos besamos, mientras nos acariciábamos las partes mas deseadas de nuestro cuerpo. Le puse su mano en el agujero de mi culo porque me gusta sentirme tocado en mi culito y para que lo fuera preparando y me lo dilatara ago, aunque no me importaba tanto. Lo hacía bien y me daba mucho placer. Yo le acariciaba el escroto y jugaba con sus bolas. Luego nos tumbamos sobre la arena que había al comienzo de la pinada y se la mamé, mientras Anselmo me comía el culo. ¡Cómo metía su lengua hasta dentro y yo jugaba apretando mi culo y aprisionando su incisiva lengua! Ya estábamos sudando y la arena se nos pegaba por el cuerpo. Nos levantamos y con las manos nos quitamos acariciando la arena de modo rápido para que no se nos pasara la erección. Me agarré del tronco de un pino y me agaché, ofreciéndole mi culo lo más alto que pude mientras abría bien mis piernas para que estuviera del todo disponible. Escucho:

    — ¿Estás seguro?

    — Sí, tira para adentro tu polla.

    La fue metiendo poco a poco, tenía yo mi culo bien húmedo de su saliva y muy agrandado y dilatado por sus dedos y sentí que entraba, que rozaba con los esfínteres, que yo estaba manteniendo a raya, que rozaba por las paredes de lo que sea que tenga dentro y que llegó al final. Pasé mi mano por detrás y tenía toda su polla dentro de mí. Yo me encontraba en el paraíso. Aunque desde el principio estuve dispuesto a soportar todo el dolor que fuera necesario con tal de que me la metiera, lo hizo sin provocarme dolor, bajo aquel cielo azul y frente a las olas del mar cuyo rumor nos aplaudía; con la polla de mi papi dentro de mí, él gemía de placer por lo obtenido. Supongo que un tipo de 72 con un chaval de 19 es para gozar la carne fresca y eso se puso a trabajar, salía y entraba suavemente y gimiendo; al entrar tocaba con la pared de mi próstata y era yo quien gemía. Pasaron dos tíos, no supe si eran jóvenes o mayores, porque solo vi sus pies. Anselmo frenó como si se hubiera asustado, los tipos non se pararon, como que aquello no iba con ellos. Seguramente venían de follar más adentro en el bosque. No hubo problemas y yo comencé a mover mi culo para que Anselmo reiniciarla su marcha y lo conseguí, estábamos sudando y me gritó:

    —¡Me corro!

    Y se corrió de inmediato. Fue soltando sus chorros de semen que yo sentía en mi interior y luego poco a poco fue sacando su polla de mi culo. Me vio muy empalmado y decidió masturbarme. Lo hacía magistralmente y disparé mi joven semen sobre su cara, pecho y abdomen. Luego me lancé a besarlo lleno de placer y lujuria, como quien desea más.

    Anselmo quiso que yo le follara, lo más que hice fue meterle dos dedos en el culo, pero ya eran las 19:30, con la tarde vencida y el sol amainando por poniente. Así que decidimos ir a bañarnos para lavarnos algo; hicimos, pues, lo mismo que antes, dentro del agua nos besamos, nos abrazamos y lo pasamos bien, juntando nuestros cuerpos para que se acariciaran nuestros genitales.

    Anselmo estaba tan feliz como yo, solo me decía que la próxima vez seré yo el que lo folle.

    — Dentro de cuatro días estoy contigo y podremos hacer todo lo que queramos con comodidad.

    — Te llevaré a comer a algunos lugares típicos y te daré a conocer la gastronomía catalana.

    Fuimos a tomar algo, él como tenía que conducir, tomó una coca cola y yo una cerveza. Luego dio un rodeo en el coche para ir hacia el sur, voltear la parte montañosa del y dirigirse al norte por la carretera nacional N-340 hasta llegar al sitio donde me había recogido. Todavía hablamos dentro del coche un rato y nos besamos con ganas. Se fue feliz, porque a las diez de la noche me llamó para saber si estaba bien y si tenía algo que le incomodara. Salí de casa a la calle para contestar la llamada. Le dije que el jueves iría en bici a su casa, porque solo son 10 Km.

    — No, mi niño, tú me dices la hora de salida y me esperas en el mismo sitio que hoy, que yo iré a recogerte, porque no vendremos directamente a casa, daremos una vuelta por la playa que sé que te gusta mucho el mar.

    — Qué pronto lo has sabido, papi, y qué bien he estado cotigo.

    — Tu piel, suave, dorada por el sol y mojada por el agua del mar brilla y al lamer tu cuerpo sabes divinamente.

    — Me encantan tus fuertes brazos cuando me abrazas como una tenaza y no me dejas hacer otra cosa que besarte, papi, mi amor.

    — Eres suave en el hablar y no alteras tu voz que suena agradable a mi oído como música de cámara.

    — Me ha gustado mucho lo que me has hecho hoy, no me produjiste dolor y fuiste muy suave y tenías mucho cuidado, eres cariñoso y para mí un cielo, papi, un beso.

    No queríamos soltar la comunicación. Había entre nosotros, a pesar de nuestras edades, un feeling que estaba funcionando. Mi imaginación iba deprisa y ya me lo veía de nuevo haciéndome el amor y se lo iba diciendo por por el móvil. Quizá la mejor conversación telefónica que jamás haya tenido yo en mi vida. Pero a la vez se le notaba feliz de tener un amante que no ponía obstáculos ni diferencias. Me gustó Anselmo, me gustó mucho y por sus palabras supe que le gusté a él.

  • Con mi amigo Hernán

    Con mi amigo Hernán

    Soy Lety y les contaré cuando me comí a mi amigo Hernán

    Él es un rico amigo del Facebook desde que vi sus fotos su verga me encantó, había soñado que me la comía y que me penetraba salvajemente y de todas las formas posibles. Le había dicho a Luis que viera la forma de encontrarme con el así que hablamos nos pusimos de acuerdo y vino a visitarme.

    Ese día estaba muy ansiosa ya que desde hace tiempo fantaseaba con que me penetraba con esa deliciosa y gran verga que tiene, asi que la hora llegó. Luis fue por él y lo llevó a la casa.

    Yo salí con una bata de encaje negro, el me miró y sonrió…

    -Así que tu eres Lety? en vivo estas mas rica!

    -Jejeje gracias nene, tu siempre piropeándome.

    -De verdad se nota que eres una caliente vaya que recibirme así.

    -Te dije que estaba esperando por t!

    Me senté con él y bebimos unas cervezas que Luis nos llevó, charlábamos de varias cosas pero nuestras miradas calientes delataban las ganas que ambos teníamos de comernos.

    Yo ya no aguanté mas y comencé a besarlo, él un poco nervioso ya que Luis estaba cerca pero mis besos y caricias comenzaron a ponerlo mas caliente, lo tomé de la mano y lo llevé a mi habitación.

    Al entrar me quité la bata y mi cuerpo desnudo quedo para el, el inmediatamente se lanzó a besar cada parte de mi, desde mis labios a mis pies, su boca en mi cuerpo me ponía mas caliente, me mordía mis pezones mientras sus dedos jugaban con mis labios vaginales.

    Yo comencé a desnudarlo, su ropa me estorbaba, el lamia y mordía mis pezones mientras su mano ya jugaba con mi clítoris, yo comencé a agarrar esa verga, dios! cuanto tiempo para poder tenerla en mis manos, lamia su cuerpo era un hombre riquísimo su verga comenzó a erectarse mientras mis labios recorrían su abdomen, baje lentamente hasta llegar a esa deliciosa verga de 22 cm por la cual había esperado mucho.

    -Hernán que rica verga grande y gruesa, me dejas comérmela?

    -Si Lety, chúpame toda, es para ti

    Comencé a lamerle la cabecita, era dura y rica de la cual comenzaban a fluir jugos de él llevaba mi lengua sobre el gran tronco hasta llegar a sus testículos los cuales metía a mi boca mientras mi mano acariciaba su cuerpo.

    La metí a mi boca y mordía un poco con mis dientes, estaba cachondisima los gemidos de el me excitaban demasiado, con mis tetas comencé a masturbar ese tesoro erecto y con mi lengua lamia lo que sobraba.

    -De verdad amo tu verga papi…

    -Sii chupamelaaa comete todaa

    -Si nene pero quiero que me comas tu también

    Lo acosté en mi cama y nos acomodamos en un 69 delicioso, el lamia mi vagina de una forma espectacular, saboreaba los fluidos que de mi salían al mismo tiempo sus dedos estimulaban mi ano.

    Yo seguía masturbando con mis tetas y chupándome todo ese tronco, ambos gemíamos de placer, su lengua lamia mi ano y sus dedos jugaban con mi vagina, estaba riquisimo, las sensaciones que sentía estaba siendo satisfactorio, valió la pena la espera.

    De pronto Luis entró y observó lo que pasaba, tomo asiento en la silla que tenemos en la habitación y tomaba una cerveza mientras observaba como chupaba esa verga, lo miraba fijamente mientras me ahogaba al meterme esos 22 cm en mi boca. Hernán también lo miraba mientras su lengua jugaba con mi parte baja.

    -Que esperas Hernán, no que le ibas a dar verga hasta que se corriera frente a mi

    Esas fueron palabras que Luis dijo, en eso Hernán se paró me acostó de forma que mi cabeza diera a Luis preparo su verga y me penetro salvajemente

    -Si eso quieres? eso te daré, tu mujer ahora serás mi perra.

    Dijo eso mientras su verga entraba en mi, yo gemía estaba durísima y el solo miraba a Luis mientras yo me retorcía un poco, el aumentaba la velocidad de sus penetraciones me apretaba las tetas y me mordía, yo estaba en el cielo sus 22 cm casi entraban completos sentía como me movía todo a dentro pero eso me excitaba mas…

    -Aghhh Luiiis que rico coge Hernan es un dioss

    -Mira Luis tu mujer goza en tu caraa eso es perraaa gozaaa

    -Siii metemelaaa que ricooo uffff

    Luis solo nos miraba y nosotros seguíamos en lo nuestro, decidí ser yo ahora quien estuviera arriba, Hernán se acostó y yo comencé a dejarme caer en su verga, el observaba como entraba su verga en mi vagina, yo miraba a Luis y sonreía.

    Hernán me acariciaba las tetas y yo comencé a cabalgar esa gran verga, mis movimientos eran rápidos y me daba sentones los 22 cm de Hernán me volvían loca, nos besábamos el me apretaba las nalgas y las piernas, por un momento nos olvidamos de Luis…

    -Si nena mueveteee que ricoo

    -Te gusta bebe goza mi rey gozaaa

    Estábamos tan excitados que no aguante mas y me chorree en el, ese orgasmo fue tan maravilloso, el seguía moviendo un poco su cadera mientras yo a máxima velocidad cabalgaba, caí encima de el pero no termino ahí, apenas comenzábamos.

    Él me puso en cuatro y comenzó adarme de perrito, su gran verga entraba casi por completo yo gritaba y Luis se acariciaba la verga..

    -Ves Luis te dije que tu mujer seria miaa

    -Si papi soy tuyaaa

    -Mueve tus nalgas, que ricas nalgas tienes Lety ahora son mías

    -Siii aghhh

    El me daba con todo, me daba de nalgadas y pequeños manotazos, me jalaba el cabello y me mordía, estaba en la gloria yo movía mi cuerpo, estaba tan orgasmeada que caí pecho tierra, el siguió dándome así, se sentía maravilloso como me entraba y salía su verga, Luis saco una cámara y comenzó a tomarnos fotos y videos…

    -Si cógetela ricoo daselaa llénala de leche

    -Clarooo mira mi verga a dentro de ella, graba bien esto, graba como me deslechaaa

    Hernán saco su leche, parecía manguera la sensación de como me llenaba me hizo sentir otro orgasmo, Luis seguía grabando, y Hernán gritaba de placer…

    -Uff Lety, eres una diosa

    -Hernán, amo tu verga, de verdad aunque aquí está mi marido nadie me a cogido como tu

    -Jeje pero aun no terminamos.

    Increíblemente a pesar de haber sacado mucha leche su verga seguía dura como un fierro, me puso en cuatro y así sin decir mas me la metió en el ano, yo grite y Luis seguía grabando, el se movía lento y rápido, me acariciaba las tetas y observaba a Luis, creo que eso lo excitaba mas..

    -Aghh¡ que rico culo nena, mueveteee aprieta mas uff

    -Agghh me dueleee pero no lo saques hayyyyyy¡ sigueee

    Yo sentía que estaba a punto de vomitar pero la sensación de esa verga en mi culo era deliciosa, estaba gozando como nunca, movía mis nalgas para tener mayor sensación y Hernán las acariciaba y golpeaba.

    -Quien es mi perrra quien es mi perraa?

    -Yoooo papiii soy tu perraaaa

    -Sii mira Luis ella ahora es mi putaaa

    -Luis él es mi machooo soy su perraaa

    -Siii Letyyy eres la mejor

    El hablar y movernos como lo estábamos haciendo nos generaban gran placer, foto y video sacaba Luis mientras su mano acariciaba su verga, el estaba gozando igual que nosotros, de pronto Hernán estalló como bomba y me lleno el culo de leche.

    -Ufff Lety ahi va mi lecheee aghhh nenaa

    -Siii damelaa agh damelaaa neneeee

    -Si perra mueveteee aghhh

    -Aaaahhh Hernaaan

    Nos venimos juntos y orgasmeamos delicioso, descansamos un poco Luis trago unas cervezas y los tres brindamos, después de una breve charla y chistes decidimos seguir follando pero esta vez Luis se fue y me dejo con él, cogimos hasta el otro día.

  • Trío en San Jacinto

    Trío en San Jacinto

    Así como se había acordado previamente, ella es una amiga que trabaja cerca de San Marcos, ya habíamos chateado previamente que si se daba la oportunidad, haríamos un trio a la hora del mediodía, tiempo que tenemos disponible por nuestros trabajos.

    Yo soy José 30 años, mido 180 cm, trigueño, delgado pero con panza, mi pene es de tamaño normal, 15 cm y algo grueso dicen.

    Ella Julia 30 años, mide 155 cm, chelita, delgada, de pechos normales y un rico y paradito culito.

    Ella me contacto un día de semana, único tiempo disponible ya que ambos tenemos nuestras parejas y desde que nos conocimos, nos teníamos unas ganas de comernos inmensas, pero queríamos un encuentro en trio primero, algo que fuese el punto de partida, y ocurrió que un amigo de ella estaba interesado en hacer un trio, ella se le negó varias veces, hasta que le ofreció darle algo de dinero para hacer el encuentro, poniendo ella de condición que fuese yo el tercero.

    Decidimos encontrarnos en la plaza san Jacinto, nos saludos en el supermercado y luego fuimos donde estaba el amigo de ella.

    Ya al ubicarlo en el parque cerca de ahí, nos subimos a su vehículo y fuimos platicando en el camino, dirigiéndonos a un auto motel conocido de la zona de la colonia Monserrat.

    Entramos y fuimos a la habitación, en este periodo no ocurrió nada emocionante, debido a que ella no quería que la fuésemos acariciando por discreción, pero nos acarició el pene a él y a mí por momentos mientras íbamos al motel; ya adentro quisimos tomar las cosas con calma, aunque la verdad íbamos bien excitados.

    Por cierto, el amigo de ella tendría unos 45 años, al gordito y con un pene similar al mío, normalito.

    Entre a bañarme yo primero para estar limpio para ella, luego salí ya desnudo y entro el amigo a hacer lo mismo, mientras tanto la ayude a ella a desvestirse mientras la besaba y entro al baño ella después.

    Media vez salió ella, procedí a la acción yo primero, para besarla y mamarle los pechos, luego se unió el amigo que hacía lo mismo, decidí luego de unos minutos que ya era hora y la puse a ella a mamársela al amigo, mientras yo le comía la concha, riquísimo sentir eso tan mojado y pequeño, a pesar de haber tenido hijos, estaba súper apretadita y bien rosadita y depiladita de ahí.

    Mi excitación subió y procedí a ponerle mi verga cerca de su rostro para que comenzara a mamarla también, cosa que hacía de maravilla, digna de una actriz porno, mamaba, chupaba, lamia y jugueteaba con ambas vergas como una experta, luego se inclinó para que su amigo fuese el primero en penetrarla.

    Y ahí estábamos, en la orilla de la cama el amigo se la cogia duro, mientras que a mí la chupaba mientras jadeaba, seguimos así un rato hasta que decidí que fuese mi turno, la quite del amigo y la puse a mamar, mientras la puse de perrito y así se la metí de golpe, sintiendo el calor y estreches de esa conchita.

    Así pasamos un rico rato, mientras cambiábamos de posiciones, y nos acostábamos en toda la cama, ella no quería nada de anal, aunque le podía meter un dedito y se sentía de lo más rico, no se animó a más, pero si término de una forma tan deliciosa mientras se la chupaba a él, a mí se me había bajado la erección, así que la empecé a dedear y a sacarle un rico orgasmo.

    Luego de eso paso a mamármela yo tirado boca arriba y ella sobre mí, cuando me la tenía a punto, se sentó sobre ella y se la clavo solita, haciéndome sentir en la luna, mientras el amigo se recuperaba.

    Luego se la saque y me puse en el respaldo de la cama, y ella comenzó a mamarla como si no hubiese mañana, hasta que termine en su boca de lo más rico.

    Lo recibió todo, pero luego se lo saco. Fue de las mamadas más exquisitas que me han dado, luego nos acostamos todos cansados platicando un rato de proyectos y futuros encuentros, ya la hora del almuerzo de ambos iba a terminar, por lo que nos metimos a bañar el cuerpo y ellos aprovecharon a cogerse un rato más.

    Ella y yo hemos quedado que haremos otros tríos o nos iremos a comer solitos muy pronto.

    Este relato es real, y espero que se animen a contar sus experiencias.