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  • El inicio con Fran, mi amante jarocha

    El inicio con Fran, mi amante jarocha

    Como sin proponérmelo empecé una relación con una rica y sabrosa veracruzana. Mi nombre no importa y el de ella tampoco. Pero para poder seguir el hilo de esta historia seremos Sergio y ella Fran.

    Estábamos trabajando en el mismo lugar cuando sin darme yo cuenta ella me empezaba a hablar de trabajo, pero de una manera especial en palabras de ella después me dijo, fue que desde que me vio yo le guste y no solo eso, se enamoró de mí, parece que fue amor a primera vista. Algo que yo no creía.

    En fin fueron pasando los días y supe más de ella no pensé que fuera casada y yo tenía novia a la cual nunca le había sido y infiel en más de 4 años de relación, pero poco a poco nos fuimos haciendo afines, a las claras me gustó el día que la vi, pero nunca pasó por mi mente el tener algo más que una amistad o cosa de trabajo. Debo decir que ella es una mujer con un cuerpo estupendo, de amplias caderas y delgada cintura, algo bajita, pero proporcionada en todo su cuerpo de tez morena de tetas no muy grandes pero ricas y se vestía muy bien, sabía lucir lo que tenía y muy buen.

    Pasados los días ella me pidió de favor que la llevara a una escuela por qué tenía unos exámenes para terminar la secundaria, y me pidió de favor que la llevara a esa escuela ya que ella al no ser oriunda del lugar pues no sabía dónde estaba la escuela y pues yo la lleve, pero todo tenía también un porqué según me contó después, ella quería estar conmigo, y en ese momento que la lleve a dicho lugar nos pusimos a platicar de los exámenes, que ella deseaba terminar la secundaria y después hacer la preparatoria.

    En eso al acercarse la hora de sus examen nos despedimos pero el carro no abría la puerta o ella no podía o no quería, en eso yo me acerque a abrir la puerta del coche desde adentro y al rozar su cuerpo sin mediar palabra la besé y ella me correspondió estuvimos un rato acariciándonos y pensé en llevármela a un lugar donde estuviéramos solos, pero al yo acariciar sus senos me dijo que no, que ella no pensaba más que nada más que un faje y que no quería ser infiel, que ella nunca lo había sido y que no fuera a pensar mal de ella, que si me deseaba y que estaba enamorada de mí, pero que no quería pasar de besos. Nos despedimos y le dije como se podía ir a su casa una vez saliendo del examen y que nos veíamos después en el trabajo.

    Pasaron unos días y seguíamos platicando y ella me decía que nunca en su vida había sentido algo así por alguien que estaba enamorada de mí entonces yo le propuse salir a algún lugar donde platicar con más calma y que nadie nos viera, ella vacilaba en un principio pero al final acepto ir, no sin antes decirme que a platicar y nada más, entonces acordamos vernos el próximo domingo ya que ella podía poner de excusa que iba a ver los de sus siguientes exámenes.

    Llegó el día y entonces nos fuimos a un hotel no muy lejano pero al ir en carro nadie nos vería, pedí un cuarto y platicamos yo en ese momento lo que quería era hacerla mía y no porque yo la quisiera o algo sino que físicamente me atraía y quería tenerla en mis brazos, así que fui enredándola y seduciéndola poco a poco ella ponía resistencia, que la dejara porque dejaba hacer por mi, la fui desnudando poco a poco y ella a mí, pero en un momento creo de lucidez de parte de ella no quiso que le quitara su tanga, no se pensando que si no se la quitaba no iba a ver penetración, entonces la fui besando de poco en poco sus boca, su cuello sus oídos y fui bajando hasta sus pechos los cuales devoré con pasión para hacerla sentir excitada.

    Y en un momento de descuido por parte de ella con mi pene le hice a un lado ese diminuto tanga que servía de barrera para según ella ni ceder a una infidelidad, pero sin que se diera cuenta se la metí de poco a poco y ella al sentirla me decía, ‘no por favor sácala, nunca lo he hecho con alguien más que mi marido, sácala’, pero yo la metí más y más hasta llegar a tocar pelvis con pelvis y yo le dije: ‘te la saco’ y ella me dijo ‘no no la saqués’, y yo hice el intento de sacarla pero ella con sus piernas me empujó más y le dijo: ‘no, no la saqués siento muy rico, dame más por favor no pares’.

    Y por supuesto que lo parece le di y le di sabroso, al fin la tenía como yo quería, ella pidiéndome y yo dándole duro, no saben lo rico que sentía al tener una mujer de tan rica anatomía y que me pidiera más y más. Al escribir estas líneas no saben cómo le excito nada más de recordarlo y ese fue el inicio de algo que después fue hermoso y que sigue durando hasta la fecha, porque aún es mía y yo de ella pero esas serán otras historias y excitantes.

    Sin más por el momento le despido esperando que le haya gustado y disculpen es mi primer relato que escribo, pero quería expresarlo desde hace tiempo y espero que le haya gusta y sino trataré de tener una mejor narración.

     

  • Quiero hacer un gato (3/3)

    Quiero hacer un gato (3/3)

    Los cuatro estábamos desnudos y tal cual, era un intercambio de parejas. Eduardo y yo, tomados de la mano, veíamos azorados el cortejo que se daba frente a nuestros ojos. No cabía duda, nuestros cónyuges estaban enamorados entre sí, ¡sólo faltaba que hablaran de su futuro en nuestras narices!

    —¿Vamos a la cama? —Nos propuso Saúl poniéndose de pie y ayudó a Adriana a levantarse y al lograrlo la mantuvo abrazada de la cintura con mucha devoción—. Ahora tú escoge el vino que llevaremos allá, le pidió.

    Adriana solicitó que abriéramos la segunda botella de champaña y para no sentirnos desairados, porque a nosotros ni nos preguntaron, Eduardo y yo fuimos por la botella de la nevera, vaciamos hielos y un poco de agua en la cubeta y la metimos. En el trayecto tomé cuatro copas limpias. Al llegar a la recámara, ésta estaba muy bien iluminada, la música se escuchaba bien y, seguramente, Saúl ya había cambiado el control de las cámaras de video para que ahora sólo se hicieran tomas de ese lugar en diferentes ángulos.

    —Voy al baño, dijo Adriana —y se encaminó hacia allá.

    —Te acompaño —dije y la seguí.

    Sentada en la taza del WC, mientras meaba, me dijo “Tú marido sí sabe cómo tratar a una mujer. Te creo que tu enfermedad hizo que amaras a otros, y parece que ya me contagiaste: me enamoré de Saúl, pero amo mucho a Eduardo”, me confesó antes de escucharse el sonido prolongado del líquido de su micción. La entendí y la abracé y con una sonrisa como la que se dirige a una hija le susurré “Te entiendo plenamente, yo también los amo”. Ella tenía unos ocho o diez años menos que yo y me relampagueó la idea de que pudiera embarazarse, yendo mi mente a otros pensamientos y recuerdos en los cuales me quedé absorta, al grado de que no me enteré cuando salió del cuarto de baño.

    Cuando salí, me di cuenta que Saúl les enseñaba el dibujo donde él recreaba “mi gato”.

    —Que ella nos los explique y nos acomode —sugirió Saúl.

    —Les comenté cuáles serían las posiciones ¡Escojan sus lugares! Luego cambiamos…

    Eduardo y Saúl se acomodaron bocarriba (vergarriba, para ser más objetivos) y encontrados. “¿En qué verga quieres empezar?” le pregunté a Adriana. “En la de mi marido, creo que por lo grande es más fácil ensartarme y luego cruzarme”, dijo. Le ayudé a acomodarse para que mi marido tuviese sus tetas en la cara, las cuáles empezó a acariciar y lamer de inmediato, no las tiene grandes como las mías, ella es copa C, nada desdeñables para mi marido… Yo chupé un poco el pene de Saúl, para que se irguiera más y poder acomodarme como lo preveíamos, pero no era necesario, las mamadas de teta que él le daba a Adriana y las caricias con besos de ella en su cabeza ya lo tenía encendido. Con un poco de celos y queriéndome desquitar le dije a Eduardo “Toma, mi amor, un poco aguadas de tanto que me las has mamado durante muchos años” al meterle el pezón en la boca, nadie dijo nada al respecto: ellos porque estaban con la boca llena y Adriana tenía una cara de éxtasis, disfrutando de la lengua prodigiosa de Saúl y de las caricias suaves en la espalda y los costados, sin dificultad para penetrarme porque la calentura de Adriana lo mantenía ganoso. De pronto, Eduardo abrió la boca para lanzar un gemido y luego un grito exclamando “¡Tu perrito está delicioso, me estoy viniendo!”. Era claro a qué perrito se refería. Sucedió que con la rica vergota que tenía Adriana metida entre sus piernas y las mamadas y mimos de Saúl, ella tuvo un orgasmo tras otro y sufrió contracciones en el cuello de la vagina, lo que hizo que Eduardo también se viniera y se la exprimiera repetidamente. Los penes se pusieron flácidos, uno porque se vino mucho y el otro porque dejó descansar a Adriana y la falta de acción y caricias desmotivaron el falo con el que yo jugaba mientras Eduardo me apretaba y chupaba las chiches.

    —¿Ya cambiamos? —pregunté cuando supuse que ya nos habíamos repuesto todos.

    —Espera un poco —me dijo Adriana, que estaba recibiendo besos y chupadas en las tetas por parte de ambos. Y acariciando el brazo de Saúl para que éste no retirara la mano con tres dedos hundidos en su vagina.

    Me calenté al ver la cara de putos que tenían todos. Tomé del líquido que le escurría a Adriana, mezcla de semen y flujo, y se lo ofrecí a Saúl en la boca, él soltó la teta y chupó con desmedido deleite mi mano; sacó sus dedos de la cueva de Adriana y me los ofreció para que yo hiciera lo mismo que él. Lo chupé y mojé mis dedos mientras chupaba los de Saúl, los saqué chorreando y le embarré el líquido en la verga a mi esposo y me la metí. Tomé más de la venida de Eduardo y Adriana y me la unté en los labios para ofrecérselos a mi esposo. Sin soltarnos de la boca los sexos nos movimos hasta venirnos. Eduardo abrazaba a Adriana de cucharita y ambos miraban la cogida que nos dábamos. Explotamos en un orgasmo y le grité a Saúl que lo amaba. Descansamos un poco y me fui a sentar sobre la cara de Eduardo, a la vez que le indicaba a Adriana que hiciera lo mismo sobre Saúl. Nos mamaron la pepa con gran deleite, saboreando lo que el otro nos había inyectado. Les dejamos la cara blanca de la fricción con el flujo que soltábamos. Reposamos sobre ellos. Me puse a mamar el palo de Eduardo y Adriana acarició y besó el cuerpo de Saúl, hasta que quedamos dormidos. Ya de madrugada me penetró Saúl desde atrás, Eduardo, al frente mío, se despertó y me mamó las tetas, duró poco: volvimos a dormir. Hubo más movimientos de cambio, pues más tarde vi que Adriana le había chupado el falo a Saúl, estando ensartada por Eduardo y así se quedaron, ella babeaba sobre el vello de mi esposo, pero dormía plácidamente.

    En la mañana, Saúl me chupó el ano y la vagina como un poseso. Adriana veía y le acariciaba el pelo de la cabeza.

    —¿Sabe rico? —le preguntó a Saúl, quien sólo contesto moviendo la cabeza afirmativamente mientras le lanzaba una mirada.

    —¿Cuándo acabes, me puedes hacer lo mismo? —preguntó, pero Eduardo le abrió las piernas y se puso a hacerle lo mismo, mamarla con mucho brío, tragando el atole fermentado durante la noche.

    —Les fascina la leche fermentada con los jugos que soltamos —le expliqué a Adriana el porqué de empezar así el día. Ella me acarició las tetas y yo le hice lo mismo en reciprocidad.

    Desayunamos encuerados entre besos caricias y mamadas. Al despedirse, Adriana dijo “Quiero volverlo a hacer, pero sin DIU, ya es tiempo de culminar mi rol femenino, antes de que sea tarde”. Todos nos quedamos callados. Sí, hubo una vez más al cumplirse el mes, y ella quedó embarazada. “Es de Eduardo, ¿de quién más podría ser? dijo tres meses después cuando le pregunté por la figura que tenía. Eduardo sonrío y dijo “Así es, es mío, pero ustedes serán sus padrinos, no pueden negarse”.

  • 10 mandamientos para poder convivir con tu pareja

    10 mandamientos para poder convivir con tu pareja

    Desde el comienzo de los tiempos los hombres y las mujeres han estado en una constante guerra por diferentes causas, bueno no sé si tan así, antes las mujeres eran bastantes nabas y hacían todo lo que los hombres le pedían.

    Pero para bien o para mal los tiempos cambiaron y ahora estamos todos revolucionados tratando de en nuestro caso (mujeres) conquistar una libertad que antes no teníamos y en el caso de los hombres de mantener ese “vení acá mierda” que tenían antes.

    Cualquiera sea el caso todos los días tenemos que tratar de convivir entre nosotros y muchas veces esto se vuelve algo tedioso y hasta imposible. ¿Porque? Porque no logramos entendernos ni ponernos de acuerdo.

    Acá les dejo unos consejos para que tratemos de estar en paz entre nosotros. Y hacer más el amor y no tanto la guerra.

    Mujeres:

    1. No le digas a un hombre que no vea a otra mujer: Es al pedo, por más que diga que no, la va a mirar igual, asique déjalo que sea feliz y nosotras aprendamos a mirar también. Que sea ley pareja.

    2. Saca las cosas buenas de los partidos de fútbol: Ok, está bien que te aburras y no sepas un pomo, o quizás si sepas. En cualquiera de los casos aprende a disfrutar de esos potros corriendo en pantalones cortos con esa tela ligera que hace que se les vea unas terribles colas cuando estiran o se agachan.

    3. Nunca te lleves mal con sus amigos: Nos guste o no caerles bien a los amigos de un hombre es algo muy importante, porque a ellos los escuchan y tiene la misma capacidad de percibir si la chica es una puta o no que tenemos nosotras. Asique a bancársela poner sonrisa y a no joder.

    4. Aprende a comerte los celos: Esto es cuestión de tiempo y disciplina, entendamos que no podemos andar celosas por la vida hasta de las sabanas que lo tocan. Es verdad que hay mucho gato suelto, es verdad que ellos suelen ser gateros y que el hecho de saber que tienen a muchas atrás suyo les alimenta el ego. Pero como les dije más arriba, usemos la ley pareja.

    5. No les ocupemos la maquinita de afeitar, aunque sea una urgencia. Y ya que estamos evitemos los pelos en la bañera y en el jabón. Eso hasta a mi me da asco.

    6. Nunca le revises el celular y ponele clave al tuyo así él tampoco lo toca.

    7. No somos Isaura de nadie. Pero atenderlos debes en cuando no está mal, tampoco para que se acostumbren, pero unos masajes, o dejarlos ganar en la play o simplemente decirles que tienen razón en algo los va a hacer sentir bien por un ratito y más machotes.

    8. No finjan cuando tienen relaciones, explíquenles que tienen que hacer y si ustedes no saben que ellos también les expliquen. Después de eso dense masa sin parar por toda la casa.

    9. No los critiquemos siempre, no sé qué pasa pero últimamente andan todos sensibles y no da que los hagamos llorar.

    10. No hace falta que sepan cuando nos viene o cuando no, ni que se encuentren con cosas raras en el baño. Tengamos cuidado con eso.

    Hombres:

    1. No molesten cuando estamos hablando por teléfono con nuestras amigas. Vayan a hacer algo productivo, como lavar los platos. No viene mal una ayuda debes en cuando.

    2. No dejen la tapa del baño levanta ni mojada, no viven solos.

    3. Nosotras no los molestamos con sus amigos, pero tampoco se coman el abuso de vivir con ellos. Aprendan a mantener el equilibrio.

    4. Está buenísimo verlos caminar en bóxer y sin remera. Siempre y cuando le bajen a los postres y se pongan con el gimnasio.

    5. No se tiren pedos y después muevan las sabanas para que nos lo fumemos nosotras. Para algo existe el baño.

    6. No eructen en la mesa ni escupan delante de nosotras. Somos nosotras las que los besamos después.

    7. ¿Hace falta que se acomoden el bulto en plena calle?

    8. Nosotras los dejamos mirar culos y tetas, pero disimulen.

    9. Cuéntennos que les pasa, todavía no leemos mentes.

    10. Cuando se mandan una cagada no se hagan los tontos, acéptenla como machos.

    Para los dos:

    1. Menos vueltas y más acción

    2. Menos histeriqueo y más “vamos a los bifes”

    3. Menos sal y menos aceite. Porque hacen mal.

    4. Más recatan bum bum, pero pegadito a la pared.

    5. Palabras claras y de frente evitan problemas.

    6. Menos Facebook y más face to face.

    7. Menos enrosque y mas let it be.

    Bien, creo que con eso ya estaríamos como para evitar un poco más los problemas. La cosa está en no romper mucho y recordar que tenemos una liberta y un espacio que los demás no tienen porque invadir. Como dice el dicho “Tu derecho termina donde empieza el mío”.

  • Su esposo goza al máximo viéndonos

    Su esposo goza al máximo viéndonos

    Por cuestiones laborales, por necesidad propia de estar comunicado con todos los contactos de diferente índole del planeta y hasta por vicio necesario, paso conectado mucho tiempo al Skype, uno de estos días me saluda una amiga preciosa con la cual ya habíamos compartido intimidad de a tres, se trata de una pareja joven que de vez en cuando me citan en su casa cuando colocan a los niños donde sus padres cuando quieren pasar una noche de lujuria conmigo, con ella o mejor dicho ellos ya hemos podido llegar a tener un grado de confianza muy robusto en todos los sentidos y eso ha hecho que en nuestros juegos sexuales nos ayude mucho para poderla pasar mejor, soy muy amigo de ellos pero muy respetuoso de su relación de pareja, si ellos no llaman (la que siempre llama es ella) yo no les llamo ni insinúo nada, espero a que a ellos se les prenda la chispita del deseo sin ningún tipo de presión. La hemos hecho gozar algunas veces hasta que se ha quedado dormida agotada de tanto placer.

    A veces conversamos en el Skype ya que no se conectan mucho y en horas de oficina casi nunca. Pero en esta oportunidad me causó sorpresa verla en línea a eso de las 4 de la tarde y al saludarme me supo decir que le daba gusto verme en línea y que tenía una sorpresa para mí.

    Según me explicó brevemente ella, la noche anterior se había conectado durante un momento a revisar su correo y en poco tiempo se divisó en línea a un contacto que había visto en una página web de anuncios swinger, los cuales eran una pareja joven de Guayaquil pero que al charlar les habían hecho entender de que no querían realizar intercambio si no que estaban interesados en hacer un trío hmh. Después de preguntarme y preguntarles si estábamos de acuerdo en aceptar un chat entre todos, al ver su interés y con el grado de confianza que nos manejamos no dudó en presentármelos en línea a modo de conferencia charlamos los 3 un buen momento hasta que cruzamos nuestras direcciones de correo y ella se despidió amablemente dejándonos ya conversando con la clara convicción de haber realizado un acto de relaciones públicas muy bien efectuado.

    Al seguir con la nueva pareja en línea supo decirme que su esposo ya se había retirado de alado de ella y que ahora nos encontrábamos solos charlando.

    Me explicó que su esposo tiene la fantasía de verla a ella con otro hombre teniendo sexo desde hace ya mucho tiempo pero que ella siempre le había dicho que no, primero que como se le podían ocurrir ese tipo de cosas y segundo que ella sólo era de él y de nadie más, que por el amor que le tiene y porque también después de ya bastante tiempo de irla de a poco convenciendo ella ya estaba aceptando digamos de mala gana todavía lo que él quería hacer. Más por complacerlo que por nada en realidad.

    Me pareció de lo más franca y entretenida la conversación que para entonces llevábamos, nos dedicamos a conocernos entregados completamente a cada uno sin ningún tipo de interrupciones, decidimos intercambiar fotos y resulta que me hizo llegar una en la cual dejaba ver su belleza absoluta, de mi foto me dijo que se me veía bien y que en realidad le agradaba lo cual lo sentí sincero y nos dio más confianza, se trataba de una muñequita menuda con la carita deliciosa muy perfilada y un color de piel canela muy sensual.

    Su nombre es Gaby y es una chica y señora a la vez de 29 años, bajita, menuda, morena de tez canela y pelo con media melena, ojos marrones y cara aniñada muy bien perfilada pero con un cuerpo perfectamente curvado en forma de guitarra clásica. Su boca pequeña pero con unos sugerentes labios, ni gruesos ni finos. Sus senos son muy grandes y bien formados, con una aureola oscura de 3.5 cm. de diámetro coronados con unos pezones oscuros que son erectos en estado de calma, teniendo en cuenta que su cuerpo es menudo sus tetas tienen un tamaño excelente para gozar con ellas. Su cintura es realmente de avispa, su piel suave y tersa, su culo respingón y prieto, pequeño y redondo, sus nalgas tienen un refuerzo que parecen ser rellenas de esponja dura, llama mucho la atención la forma de sus protuberantes nalgas que son tan redondas como hechas con compás, su pubis muy cuidado no tiene ni un solo pendejo a la vista, su cuquita parece de una niñita sin un solo pelo y solo se ve el trazado de su propio sexo en dirección ascendente lo tiene rasurado a mate y deja mostrar unos labios ligeramente oscuros en su parte exterior y rosados y brillantes en su interior.

    Durante por lo menos unas dos horas de charla en el Skype hubo una química impresionante, reímos, bromeamos y nos insinuamos recíprocamente, antes de despedirnos yo le agradecí por su tiempo y le hice saber que me gustaría volver a verla conectada y ella me dijo que le había caído muy bien, que le agradaba mucho y que desde hace tiempo por complacerle a su esposo estaban tratando de contactar con un hombre para hacer la fantasía que tenía su marido realidad, pero que no le gustaba ninguno y por eso no habían quedado nunca en nada en concreto con nadie, hicimos una cita para el siguiente día a la misma hora y nos despedimos con cierta pena de dejar una charla tan amena.

    Al desconectarse ella volví a ver su foto con mayor detenimiento y definitivamente era una mujer que aparte de guapa, sensual e interesante en todos los sentidos en alguna parte oculta para mi consciente irradiaba una ternura en su menudito ser, no sabía si era su mirada expresiva o no sé qué, pero al seguirla observando me invadía un sentimiento de ternura absoluta.

    Llegué esa noche a casa llevando su foto en el flash memory la grabé en el disco duro de mi Pc de casa y poniendo Pink Floyd a buen volumen la seguía contemplando, era una especia de obra de arte todo su armonioso cuerpo, parecía pintada por todas partes en dónde veía, su cuerpo desnudo que era una foto digital de muy buena resolución tomada por su esposo a ratos mientras volaba en mis perdidos pensamientos se me hacía ver a Leonardo Da Vinci con su precisión de gran maestro conocedor profundo de la anatomía humana pintando en lienzo su perfecto cuerpo utilizando sus conocimientos sobre el número «Phi». Por donde quiera que veía era una invitación a descubrir con precisión matemática la perfección de la naturaleza de este menudo ser. Perdido en mis pensamientos ese día me quedé dormido…

    Al siguiente día todo transcurría con normalidad absoluta, llegué a la tarde a la oficina ya que ese día tuve que atender unas citas pendientes con clientes pero ya se aproximaban las 6 de la tarde y recordaba que tenía una cita en el Skype.

    Un poquito más de las 6 de la tarde ella se conectó y empezamos a hablar muy abiertamente con mucha más confianza que hace 26 horas antes, le había dicho que me gustaba mucho y lo que había pasado en mi casa la noche anterior mientras la contemplaba sus fotos y volaba con mis pensamientos.

    Me contó que después de cerrar la sesión conmigo le había contado a Miguel su esposo que le habían presentado en el chat a un hombre que de verdad sí le gustó, al escuchar eso ella me conversó que su esposo se emocionó mucho y le dijo que se dedique más tiempo a conocerme a mí y que no lo podía creer que al fin alguien le había gustado, que él le daba todo el permiso y las facilidades para que de a poco vaya intimando más conmigo.

    Le dije que le agradecía mucho a los dos por la apertura y también a ella por hasta cierto punto haberme elegido como el candidato perfecto como ella mismo me lo supo decir.

    Miguel su esposo es un hombre de 37 años, de constitución normal, con una incipiente barriga pero todavía bien formado. De piel clara de ojos oscuros y pelo liso.

    Habíamos ya mientras íbamos avanzando en nuestras conversaciones y en los días que estábamos al chat, intercambiado ya muchas fotos entre las que también estaba con Miguel, ya con mucha más confianza y también nuestros números de teléfono celular, con los cuales ya teníamos un contacto un poquito más directo.

    Descubrí que en su voz Gaby tenía el timbre y tono de una niñita mimada, y eso hacía que sea más encantadora y me daba mayor ternura.

    Un día que me dio ganas de escucharle y hablar con Gaby le marqué a su celular y estaba su esposo conduciendo según ella me lo hizo conocer y me dijo que ella iba de copiloto.

    Cada vez que hablábamos por teléfono o por Skype ella me decía «mi bebé» para tal o cual cosa, es la palabra de cariño que utiliza conmigo

    Quiero verte, cuando vienes a Guayaquil a verme – me dijo Gaby ese día por teléfono mientras estaba su esposo alado- ya quiero que vengas, he decidido que quiero hacerlo contigo y si no es contigo con nadie más.

    Gracias mi preciosa, voy a ir un día de estos a visitarte en tu ciudad, ya coordinaremos para que esto se dé, por favor pásame a Miguel tu esposo para saludarlo.

    Se demoró un poquito creo que hasta orillar el auto.

    -Hola Tato un gusto

    -Hola Miguel, me dio ganas de conversar con tu nena y quería aprovechar para saludarte y agradecerte la oportunidad que me has dado de acercarme a ella.

    -No te preocupes Tato, quiero que con toda la confianza del mundo la sigas llamando sin ningún inconveniente, llámala cuando quieras, me ha contado ella que le agradas y que le caes bien, te cuento que has tenido suerte porque ella es bastante especial y contigo me dice que se siente muy a gusto y a mí lo que me gusta es complacerle a ella.

    -Te agradezco mucho así lo haré, la estaré llamando muy seguido para tenerte calientita a tu mujer.

    -Llámala amigo no hay problema, la veo bastante contentita e ilusionada contigo, espero que pronto un día de estos nos visites.

    -Uno de estos días les caigo allá para darle placer a la nena.

    -Ok, te la pongo de nuevo para que sigas hablando con Gaby.

    -Viste mi bebé, te dije que no hay problema con Miguel de que seas mi amante, ya lo hemos hablado y yo he decidido que tiene que ser contigo, me agradas, me gustas y me siento muy bien, quiero que seas mi amante oficial y no quiero saber nada de nadie, sólo contigo, al principio yo no quería era sólo para complacerlo a él, pero ahora me muero de las ganas de que vengas y me comas y la pasemos rico mi bebé.

    -Eso haré mi amor pronto.

    Durante algún tiempo seguimos hablando con ella por teléfono todos los días cuando estaba o no Miguel y teníamos conversaciones muy subidas de tono, chateamos en el Skype durante un tiempo, nos veíamos por webcam y a diario nos regalábamos mucho tiempo en nuestras reuniones virtuales, cuando estaba sola en casa o había como se quedaba sin ropa y me hacía ver en tiempo real a kilómetros de distancia su hermoso cuerpo desnudo y nos masturbamos algunas veces copiosamente en nuestras sesiones de ciber sexo.

    También había conversaciones con Miguel, de hecho cuando por a o b razones su teléfono estaba apagado o sin red le llamaba al de Miguel y él me la pasó en diversas ocasiones.

    Un día por razones laborales tenía que viajar a Guayaquil y quedamos en vernos ya en cierta fecha, por razones ajenas a mi voluntad el viaje se suspendió ya que era laboral y ya no pude viajar y llamé a disculparme que no iría exponiéndoles lo sucedido y mis razones, Gaby no lo tomó muy bien ya que es muy mimada y le gusta que salga todo como ella quiere y se sintió frustrada y hasta un tanto molesta y me lo hizo notar.

    Seguimos todos los días en el Chat como siempre y siempre me sacaba en cara que le dejé plantada y que me tiene muchas ganas que cómo podía haberle hecho eso y en realidad me hacía sentir mal con sus comentarios, tenía la responsabilidad de ir por cumplir con mi palabra pero durante algunos días por motivos de trabajo no podía hacerlo.

    Un día mientras nos conectamos me pasó unas fotos que Miguel su esposo le había hecho exclusivamente para mí, era una sesión de fotos que me dejó loco como perro oliendo celos de perra, esas fotos causaron un gran impacto en mí, eran el colmo de sugerentes en diferentes poses y desnuda y como estábamos en días del Mundial de Fútbol 2006 con la camiseta de la selección del Ecuador y nada más que eso.

    Esa mujer ocupaba todo el tiempo en mi mente y pasamos a ser como novios, ya sé que les va a parecer extraño y un tanto fuera de lo habitual pero con ella fue muy especial, no sólo era sexo, esa nena me robó con su ternura, manera de ser, atenciones y detalles mi corazón. La ternura que provocaba en mí se convirtió en un cariño muy especial que nunca había sentido por ninguna otra mujer de parejas amigas con las que tenemos una linda amistad y disfrutamos del sexo y punto, pero en este caso en singular no, la comencé a querer y me tenía enamorado. Lo mejor de todo es que es lo que precisamente quería su esposo, no quería que seamos un trío sexual, él lo que quería siempre de acuerdo a lo que me dijo a mí en las conversaciones telefónicas y a ella en sus ratos de intimidad, es que seamos amantes, novios y enamorados y que nos queramos… No fue difícil enamorarse en poco tiempo de esta angelical mujer que cada día se fue metiendo más en mí con todos sus detalles.

    Después de ver esas últimas fotos me puse como diablo en botella y diseñé un plan para que lo más pronto posible se efectúe el viaje a Guayaquil para poder irle a disfrutar a tan exquisita mujer, en la oficina hice todos los arreglos posibles ya que tenía que viajar urgente por trabajo y a disfrutar de mi amor que tan ansiosa junto a su esposo me esperaba. Acordé la fecha en la oficina y también con ellos y me dispuse a visitarlos el viernes que venía.

    En esos 4 días que faltaba ella me mensajeaba al celular diciéndome lo ansiosa que estaba por probarme, ya era hora de que nos veamos frente a frente y nos topemos carne y hueso, porque ya mucha arrechera acumulada ya nos ponía un tanto de mal humor de no poder disfrutarnos como queríamos.

    Llegó el viernes y llegué a su ciudad Guayaquil a las 8:30 de la noche como habíamos acordado, ellos me esperarían en el terminal de la empresa de transportes en la cual me movilicé, el viaje duró 5 horas y durante todo el trayecto le iba poniendo que ya estaba más cerquita de ella. Es increíble como en tan poco tiempo los dos de manera recíproca hayamos generado esos sentimientos como pareja de enamorados, al bajarme del bus ya me llamaron a mi móvil y me dijeron en dónde estaban.

    Al llegar a su carro después de algunos pasos, estaba ahí ella, vestida como le había dicho que se pusiera ese día para mí, con una micro mini falda, con un top que parecía de verdad una muñeca barbie salida recién del cartón de presentación el día de Navidad.

    Al subirme al carro en la parte de atrás me dieron la bienvenida, Miguel conducía y Gaby estaba sentada en el asiento del copiloto, bella como ella sola, irradiaba una sonrisa de felicidad, se acercó estirándose a saludarme con un sonoro y rico beso en la boca, estreché las manos con Miguel y arrancó el carro.

    Mientras veía que pasaba la ciudad muy cambiada de reojo de frente veía brillar los dientes de Gaby de una manera espléndida estaba ilusionado por tener a esta linda mujer al frente mío y en ese instante ya podía olerla, toparle su pelo, su piel, era un sueño haciéndose realidad.

    Como hace 9 años no había ido a su ciudad estaba muy cambiada y yo estaba muy admirado de los cambios que habían sucedido, era como volver a conocer Guayaquil, me dijeron que me harían conocer lo hermosa que está su ciudad y eso hicieron, comenzamos a dar vueltas por todos los puntos cardinales de la ciudad y yo iba recordando y reconociendo cada lugar, mientras a ella la besaba en la boca, le sobaba las tetas ricas, duras que parecían dos melones que se salían de su pecho, en su cuello le acariciaba los huesitos divinos que tiene debajo de su quijada al final de su garganta, ella seguía adelante de copiloto y yo en el asiento trasero, aun así mis avances eran buenos, me indicó que había ido vestida tal y como le pedí sólo por complacerme a mí y al alzar su falda tan cortita la más chiquita que he visto en mi vida me indicó que llevaba una tanguita brasilera que le quedaba deliciosa en sus armoniosas formas que sólo era sujeta por unos dos lacitos que llevaba en cada muslo, después de morbosearnos mucho y en ocasiones darnos besos y caricias con mucho amor del puro tierno cómo ya habíamos dado vueltas por los principales lugares turísticos de la ciudad Gaby dijo que tenía hambre y Miguel se puso en marcha después de preguntarle que qué es lo que se le antojaba y le dijo que unas hamburguesas y nada más, yo no quería comer, más bien quería comerla y me abalancé hacia ella, a Miguel le iba felicitando por el buen gusto y la suerte de tener como esposa y madre de sus hijos a semejante hembra él sintiéndose orgulloso y complacido sólo sonreía tímidamente mientras discernía en sus pensamientos que efectivamente era así.

    De Miguel nació la buena idea de que Gaby se pase al asiento trasero para que estemos más cómodos sin que nos estorbe ni nos separe el espaldar del asiento, de hecho eso yo lo quería hace rato pero fui paciente en esperar a que él mismo lo dijera en señal de respeto hacia su relación.

    Gaby ni corta ni perezosa a penas lo escuchó con lo menudita que es y muy flexible también, puso su pie a un lado del freno de mano impulsándose sobre del hombro de su esposo cayó encima mío lanzándose como leona al acecho de su presa, yo como no soy una presa fácil de cazar, le di mucha guerra, los vidrios del carro eran polarizados o ahumados y sólo el parabrisas de al frente no tenía esta película protectora que esa noche fue cortina de nuestros actos lascivos que hicimos en el asiento de atrás mientras su esposo sólo conducía viendo de vez en cuando por el retrovisor lo que le hacía y me hacía esa bella mujer que es su esposa.

    Llegamos al sitio dónde vendían las hamburguesas y había mucha gente fuera a pie y en carros, Miguel se bajó a comprar y nos quedamos mimándonos y disfrutando de estar solos, le cogí su panochita rasurada y estaba muy mojada, -me dijo- ésta noche es completamente tuya mi bebé… mientras jugaba con ella y sus jugos que se impregnaron en mis dedos y los llevé a mi nariz y luego a mi boca chupándomelos a manera de aperitivo antes de la hamburguesa, en eso llegó Miguel y nos encontró dentro del auto con los ojos llenos de lujuria de tantas caricias, como pudimos nos compusimos y nos dedicamos a comer, a pesar que le dije que no quería comer él insistió y me trajo una súper hamburguesa y una cola, mientras charlamos de lo bien que la estamos pasando al fin después de tanta ciber relación nos fuimos acabando la comida estuvimos comiendo y conversando en ese sitio durante una hora con ella a mi lado que acariciaba mi pelo con tanta ternura que me invadía ese sentimiento de siempre que ella siembra en mí.

    Habíamos quedado para hacer un trío en el que dejaríamos que las cosas fuesen surgiendo a él no le molesta para nada que seamos, novios, amantes o nos queramos, ella me trató como siempre y mejor porque estábamos al fin juntos de manera presencial nos dimos un morreo tan rico que ella se trepó y los dos comenzamos a jadear de placer y Miguel dijo mejor vamos a otra parte, mientras él conducía por la ciudad nosotros seguíamos atrás de largo, haciendo de las nuestras, no existía nadie más en ese momento en el mundo que nosotros dos entregados a prodigarnos caricias cada vez más atrevidas…

    En este viaje le alcé su micro falda y desaté sus lacitos y la despojé de ella para clavarme en su pozo tiernito y rasurado al ras después de brindarle caricias y besos en su hermoso abdomen y la parte interna de sus muslos, levanté sus piernas casi hasta el techo del coche y me dediqué a hacer lo que más me gusta, nos miramos a los ojos fijamente mientras lo hacía y lo hice por todo el trayecto que faltaba, durante unos 25 minutos me agasajé comiéndome la chuchita más tierna de mi vida, tenía la sensación de estar con una quinceañera, Gaby eso aparenta 15 años, nadie puede creer que sea madre de dos hijos y que el mayor ya tenga 10 años, a mí no me gustan las mocositas al contrario me gustan las mujeres maduras mientras más edad mejor, pero Gaby tiene una mezcla de ternura, niña mimada, quinceañera y mujer madura con experiencia, su físico es de una niñita mimada pero sus actos son de toda una mujer hecha y derecha lo mismo que sus ideas sin quitar su aire de niñita mimada que tiene también en su carácter.

    Al llegar al motel a dónde nos llevó Miguel al entrar nos pusimos cómodos y nosotros seguimos besándonos con loca pasión y extremo deleite no queríamos separarnos ni un solo momento, sentía una energía que nos hacía vibrar a los dos, en un momento que nos dimos un respiro la abracé por atrás su cintura y la puse frente al espejo y la veía en mi pecho chiquitita, rica y apetecible. Con su sonrisa de media luna me quiso mirando a los ojos en el reflejo del espejo y me dijo – Qué rico que al fin ya estés aquí mi bebé…

    Miguel se fue al baño o no sé a dónde y nosotros nos comenzamos a desvestir porque teníamos la necesidad de rozar nuestra piel sin dejar de besarnos en ningún momento, la disfruté todo su cuerpo con mi boca y lengua y no quedó nada sin que le haya besado, ella respondía muy bien a mis caricias y se notaba que los dos disfrutábamos a plenitud, llegó Miguel a observarnos como testigo mudo de nuestros actos, no hacía nada, sólo contemplaba extasiado como me estaba comiendo a sus mujer, totalmente vestido nos preparó un ambiente mejor, puso , música, prendió la tele para que alumbrara la habitación y se puso a vernos de una distancia prudente todo lo que hacíamos, cada vez nos prendíamos más, ella cogió mi verga y la comenzó a sobar con sus manecitas, de mi uretra chorreaban líquidos pre seminales constancia de que me encontraba extremadamente excitado y con ganas de penetrarla, al fin quería que ya sea mía y ella sólo se dejaba hacer todo hasta que en un momento hicimos un 69 y comenzó a mamarme la verga y cada vez lo hacía más rico, luego de algunos minutos de darnos este tipo de placer ya era justo y necesario para los dos que queríamos sentir nuestros sexos saludarse como es debido.

    La piel de Gaby era que hervía, parecía plancha y sus cachetes a pesar que es morenita se notaban colorados de la arrechera que llevábamos , me ofreció su cuca y me abrió las piernas y comencé a serrucharla sin penetrarla y así ella comenzó a jadear y yo me sentía en la gloria sintiendo su cuevita del amor muy mojada y calientita, eso hizo que me pene se erecté más y ya no pude resistir más la tentación de clavarla, primero le clavé el glande que le entró completo, luego poro a poco le metí hasta la mitad y en dos o tres suspiros de autocontrol por no gritar se la clavé hasta el fondo sacando un alarido por parte mía y un suspiro hasta lo más hondo de sus pulmones de ella, le decía que me mire a los ojos, pero ella veía como le entraba mi garrote hasta los huevos y le volvía a sacar hasta que se divisaba mi glande.

    Nos dedicamos a coger a veces duro y a veces suavecito durante por lo menos unos 50 minutos, yo sudaba como tapa de olla y mi sudor caía sobre ella, ella me abrazaba con sus piernas y brazos y la tenía mojadita de sudor, no pude aguantar más y tuve que mojarla también con mi perlina masa que salía directamente de mis huevos a su vientre, me vine rugiendo como un león en señal de batalla y después de expulsar toda mi ofrenda en su vientre me transforme en un gatito ella se quedó como desmayada y sólo sentía sus leves caricias mientras nuestras lenguas se entrelazaban ya delicadamente…

    Ella descansaba en mi pecho mientras acariciaba su pelo y todavía no teníamos bastante, la comencé a poseer de nuevo mientras esta vez su marido nos tomaba fotos y filmaba haciendo de vez en cuando acercamientos, seguía vestido y sin ganas de participar sólo quería observar, su esposa la tenía pasa mí solito…

    La disfrute mucho por horas y ella a mí, hubo un momento en que se quedó dormida agotada después de una larga sesión de sexo y amor, la puse a mi lado y Miguel se acostó todavía vestido a un costado y me ayudó a acariciarle el cuerpo mientras dormía los dos suavemente pasamos nuestras yemas de los dedos por la silueta hermosa y perfecta de su cuerpo, ella dormía complacida, agotada, con una expresión de satisfacción en su rostro inigualable.

    Comenzamos a revisar las fotos tomadas y eran excelentes, los videos no estaban muy bien ya que salieron oscuros por falta de iluminación, le dije que si quería que la cojamos entre los dos y me dijo Miguel – No, tranquilo Tato esta es tu noche, es tu noche de luna de miel, disfrútala, yo la tengo todos los días.

    Mientras dormía Gaby en medio de los dos, nos hicimos grandes amigos con Miguel su marido, contándonos historias que no tenían fin, estando muy amenos en la charla ella después de unas dos horas se despertó y buscó mi boca… la prodigué de besos y caricias suaves y ella se sentía agradecida, le preguntaba que como le estaba pasando me dijo que esta noche iba a ser inolvidable para ella, hizo que se me paré de nuevo mi verga y la puse como perrita en la cama, al través de su marido de manera horizontal, me entró una locura erótica y la comencé a dar huevo de una manera muy salvaje mientras ella reposaba sus pechos en la barriga de su marido y cada vez le daba más duro y más duro en esa posición y ella se agarraba de su esposo al sentir cada salvaje envestida mía, al ver esta excitación nuestra Miguel reaccionó y comenzó a desvestirse sin moverse del lugar en donde estaba de almohada de su esposa para conseguir una posición mejor y más cómoda para que yo su amante oficial la penetre, ella gemía rico y eso me prendía más de arrechera, observé que el falo de Miguel estaba ya parado y me puse debajo de ella y Gaby me montó a horcajadas y empezó un sube y baja delicioso, su esposo se montó encima de ella y le dijo ya sabes que por atrás no, él como con cierta decepción comenzó a meterle su tuco de verga en la chucha, en dónde yo ya estaba cómodamente dentro, esa posición a los tres después de acoplarnos en un vaivén sincronizado nos hizo gozar a los tres mucho durante unos pocos minutos que le estuvimos ensartando nuestras dos vergas en la chepa de Gaby que nos recibió gustosa, sintiendo la presión de todos nuestros tres sexos terminamos en una vez en un concierto de orgasmos y alaridos por parte de todos. Ella se fue al baño a asearse mientras los dos comentamos lo rico que la pasamos, él me comentó cuando estuvimos a solas que quería que le abra el culo ya que nunca se lo había dado y que no quería por ahí en su vida.

    Después que regresó conversamos un rato entre los tres y me la volví a culpar, Miguel esta vez sacó más fotos, luego ella se quedó dormida exhausta abrazada a mí y de espaldas hacia él.

    Con Miguel seguimos conversando hasta el amanecer por horas mientras hablamos de lo bien que lo pasamos, pusimos las cosas claras, los ases sobre la mesa y en una de sus historias me quedé dormido abrazados con su rica mujer.

    Un poco antes de que amanezca cuando todos estaban dormidos me dio ganas de aprovecharla de nuevo y me la subí encima y ella me recibió gustosa, para que no se mueva la cama y por no interrumpir el sueño de Miguel nos bajamos a culear en la alfombra locos de deseo comenzamos a hacer bulla y él se despertó sobresaltado diciéndonos que como no le habíamos hecho despertar para vernos, le expliqué que estaba dormido profundamente y no quería interrumpir su sueño y se éxito viendo que le culeaba a su mujer y otra vez le hicimos doble penetración vaginal, terminando los tres rico de nuevo.

    Ya cuando estaba claro a las 6:30 de la mañana me la cogí de nuevo y quería seguir pero ella dijo que ya no que ya no quería ya estaba asqueada de tanto sexo, era tiempo de retirarnos, además que nos llamaron de la administración del motel para decirnos que si nos quedábamos más tiempo teníamos que pagar más… Nos metimos los dos a bañarnos con Gaby y mientras nos poníamos jabón nos dimos los últimos besos y caricias dentro del motel. Casi no habíamos dormido y la pasamos toda la noche serruchándole a Gaby…

    A lo que íbamos en el auto, todos quedamos de acuerdo en seguir con esta relación que ahora tenemos, de ser yo su novio, amante con el permiso y consentimiento de Miguel, yo la llamo, la escribo o viceversa y todos los días hasta hoy estamos en contacto y ya quiere que vaya, me prometió venir en estos días a mi ciudad para poder repetir, Miguel está muy contento de que al fin su esposa tenga un amante, entre los tres hay una afinidad muy buena, respeto mucho a Miguel a Gaby y su relación pero si siento por ella amor, esta relación más que swinger tiene más tendencia a ser poliamor y porque con ella nos queremos y necesitamos, no es sólo sexo…con Miguel estamos de acuerdo en compartirla y ella está feliz con los dos sus dos bebés como ella nos dice.

    Cabe aclarar que Miguel y yo somos 100 % heterosexuales y que nada que ver entre machos nada de mariconadas entre nosotros él es muy respetuoso y eso es lo que más me gusta. Aunque en este tipo de relaciones sexuales de a tres no se puede evitar los roces cuando hay alguno tenemos la tranquilidad de que nos respetamos mucho.

    Con Gaby todos los días estamos en contacto, más unidos que nunca, estamos comunicados todo el tiempo y siempre estamos planeando la manera de vernos, es una chica, señora, hembra rica y hasta he llegado a descubrir que es una excelente mujer en su faceta de madre y eso me gusta mucho que sea muy preocupada por sus niños.

    Gaby, aquí acaba tu relato que me pediste que te lo haga, espero haberlo hecho bien y otra vez te complazco como siempre en todo lo que me pides princesa y espero seguirte teniendo siempre y seguir sintiendo esto rico que me nace hacia ti. Gracias Miguel y Nena por dejarme entrar en su seno matrimonial.

    Tato

     

  • Un viaje en el metrobus

    Un viaje en el metrobus

    Primero que nada, me quiero presentar, me llamo Alberto. Vivo en la CDMX y quería contarles algunas de las historias que he vivido a lo largo de estos años, esperando que encuentren mis experiencias tan excitantes como lo fueron para mí cuando las viví.

    En este primer relato les quiero contar de una de mis primeras experiencias cuando era más joven, hace unos 10 años, más o menos. En aquel entonces tendría apenas unos 20 y pocos años, no más de 23. Yo trabajaba de oficinista al sur de la ciudad, y me sucedió en un día como cualquier otro, sin que lo pensara o me lo propusiera.

    Me levante temprano, fui a oficinas y al final del día, como cientos de personas, me dirigí al transporte público pensando solo en regresar a casa a descansar. Con lo que no contaba es que ese día el transporte estaría más atascado que de costumbre. Tan solo al entrar a la estación y ver el mar de gente que estaba abarrotando los andenes, me di cuenta que sería un viaje muy pesado.

    Así pues, como el resto, entre empujones y empujones, logre acercarme hasta la entrada del próximo autobús, conocido en nuestra ciudad como metrobús. Como muchos otros, cuando se abrió la puerta para abordar, me metí más a la fuerza que con educación y ya me sentía bastante mal humorado, por lo que no me di cuenta al principio de que tan apretados estábamos unos contra otros en la sección de hombres.

    Y tampoco me di cuenta de que uno de ellos estaba pegado a mí, con su bulto del pantalón pegado a mi cadera por el lado derecho. Fue hasta que el metrobus cerró sus puertas y comenzó a avanzar que me di cuenta del bulto que podía sentirse a través de la tela del pantalón. Creí que era accidental, ingenuo de mí, y como no sabía como reaccionar, me congele por completo, pensando que en cuanto se moviera la gente y hubiera más espacio se quitaría de mi lado.

    No fue así. Llegamos a la siguiente estación, y luego a otra y el hombre a mi lado seguía con su bulto pegado a mi. Sin saber como reaccionar, y rígido como piedra, fue hasta como la tercera o cuarta estación que por fin hubo la oportunidad de movernos. Otro pasajero de mi otro lado nos pidió permiso para poder bajar y al hacerlo supuse que por fin se alejaría de mí el señor cuyo bulto sentía a mi lado.

    En cierta forma tuve razón. Se movió para que el otro pasajero pudiera acercarse a la salida del metrobus, pero no fue para alejarse, sino para acomodarse atrás de mí. Sin saberlo, el quedarme quieto lo había interpretado como una invitación para seguir tocándome, y ahora se estaba atreviendo a dar el siguiente paso, y ahora su bulto estaba justamente atrás de mí, en medio de mis caderas.

    Yo ya sabía que era gay, y no era mi primera vez, pero aun no conocía lo suficiente del mundo del cruising para saber cómo reaccionar, los códigos y el sutil mundo del ligue, aun ahora me siento torpe, por lo que de nueva cuenta estaba congelado. Excitado, pero petrificado. ¿Y si un policía nos atrapaba en pleno acto? ¿Y si otro pasajero se daba cuenta de lo que hacíamos? ¿Y sí…

    Un bulto en el camino y un “accidente”. Pude sentir su pene restregándose contra mi trasero y recordé cuanto tiempo llevaba sin sentir un hombre dentro de mí. Conforme las estaciones fueron yendo y viniendo, quedando atrás, se esfumaron mis miedos y solo me dedique a disfrutar la calidez de su bulto atrás mío, y como su pene poco a poco crecía y se endurecía.

    En algún punto, abiertamente restregué mi cadera contra él, como si quisiera que su pene atravesara la tela de mi pantalón y me penetrase ahí mismo.

    Entonces él se acercó a mí oído y me hizo una pregunta mágica: “¿Bajas en la (estación) que viene?”. Normalmente habría respondido que no, pero en realidad ni siquiera estaba muy seguro de cuál era la siguiente estación. En realidad no era muy importante. Ni siquiera pude contestar, pues las puertas se abrieron y él de forma sutil (o quizás no tanto), me empujo afuera del metrobus. Casi me tomo del brazo para obligarme a seguirlo, sin saber mi respuesta a su pregunta.

    Una vez en el andén, se mantuvo cerca de mí y me hizo la plática de forma casual, si como me llamaba y si estaba ocupado, cosas así. Yo le respondí con un nombre falso y le dije que tenía toda la noche libre, con un sutil y coqueto tono para darle a entender mis intenciones para nosotros dos. O bueno, eso es lo que me gustaría creer. La verdad estaba nervioso al punto de que las rodillas me temblaban y solo medio balbuceaba algunas palabras incoherentes. Y dado lo que sucedió después, él se dio cuenta y decidió tomar ventaja de la situación.

    Me pidió que lo siguiera y me llevo por las calles de la zona hasta llegar a un hotel pequeño. Antes de entrar me pregunto si cooperábamos para rentar un cuarto y después de tragar un poco de saliva, estaba sacando mi cartera y temblando le di un par de billetes. Él se acercó a la recepción, hablo un poco con la persona encargada y después de recibir las llaves, me llamo para que lo siguiera.

    Caminamos por el pasillo, llegamos al ascensor y apenas se cerraron las puertas de aquel pequeño elevador, se abalanzo sobre mí, empujándome contra una de las paredes y se puso a besarme y mordisquear mi cuello mientras me repetía lo caliente que lo había puesto mi culito. Yo para ese momento me di cuenta que ya no había vuelta atrás, y decidí dejarme llevar. Le devolví los besos y con mi mano le comencé a masajear sus genitales por encima del pantalón.

    Al fin llegamos a nuestro piso y salimos. Yo ya me sentía más caliente y no dejaba de contornear mis caderas, y adopte mi acento más afeminado. Él por su parte al principio pasó su brazo detrás de mi cintura, pero descaradamente bajo su mano y me comenzó a manosear mi nalga mientras caminábamos por el pasillo. Cuando encontramos nuestra habitación, quito sus manos de mí, abrió la puerta y me invito a pasar. Al ir entrando pude sentir sus ojos clavados en mi, pero antes de que pudiera voltear a sonreírle, sentí su mano dándome una sonora nalgada.

    Eso me dio el último empuje para terminar de entrar, y al girar para verlo, solo lo vi cerrando la habitación detrás suyo y acercarse a mí para seguirnos besando. Entre cada beso pude sentir sus manos en mi espalda y nalgas, y aunque al principio mis manos estaban en su pecho para intentar alejarlo, poco a poco las fui moviendo para sentir sus músculos, su abdomen y finalmente su pene.

    Estaba dura y podía sentirla palpitando debajo del pantalón, y por un momento sentí un poco de lastima, pues aquel pedazo de carne seguía encerrado en aquellas telas. Yo quería bajarle el cierre y dejarlo que respirase un poco, pero mi compañero lo interpreto de otro modo. Me tomo de la cabeza y con firmeza, pero amable me hizo ponerme de rodillas frente a él. Yo ya sabía lo que venía, así que cambie de su cierre hacia su cinturón y cuando por fin pude soltar su pantalón, trague un poco de saliva antes de bajarle por completo todas sus ropas.

    Por fin pude echar un vistazo a su dura verga que tanto me había cautivado durante la última hora más o menos.

    Era gruesa, mucho muy gruesa, con una cabeza lisa y brillante, producto de los jugos preliminares. Era recta, con una vena resaltando en un lado y un par de huevos grandes y pesados colgando en la base. Mi amante se puso las manos en su cadera, orgulloso de su verga, mientras yo seguía viendo, embelesado.

    – ¿Te gusta… putita?

    Al fin me preguntó. Yo no le preste atención a que me insultara, y solo moví mi cabeza para darle a entender que sí, y por reflejo abrí la boca y me acerque para saborear aquella carne que tan deliciosa se veía. Al principio solo le lamí toda la cabeza, luego el tronco y un poco sus bolas, casi como si intentara limpiarlas completamente. Ahí de rodillas, con los cerrados y saboreando aquel miembro, solo escuchaba a mi pareja gimiendo y alabando mi desempeño.

    – Así, así, zorrita, trágatela… uff, ¿ya tienes mucha experiencia, verdad?… ah, que rico, ¿te gusta, putita?… Tengo buen ojo para las maricas…

    Sus palabrotas denigrantes de pronto se convirtieron en un lubricante para mis oídos. Era la primera vez que un hombre me trataba así, y quizás la novedad era lo más excitante, pero también era el hecho de sentir que hacía bien algo, que me alababan por ser bueno en algo, aunque ese algo fuera dar sexo oral. Y eso se tradujo en que mi pene se comenzó a poner rígido mientras yo seguía ahí de rodillas.

    Así seguimos un largo rato mientras él disfrutaba de mi boca en su verga, hasta que él me puso su mano en la frente y me alejó. Yo me sentí confundido, pero antes de preguntarles que había pasado, su puso a un lado mío, y me tomo de los hombros para casi, casi aventarme sobre el borde de la cama.

    Con mi pecho sobre el colchón, pronto me di cuenta de que era lo que venía, así que mientras él se terminaba de quitar la ropa y ponerse un condón, yo intentaba desabrocharme el pantalón. Un momento después, él completamente desnudo, y yo con mi culito expuesto sobre el borde de la cama, puso sus manos en mis caderas y apunto su verga hacia mi agujerito.

    Uff, aquello fue casi una violación. Me separo las piernas usando las suyas y empezó a empujar. Yo me agarre de las sabanas mientras él forzaba su camino dentro de mí. Yo solo sentía mucho dolor y solté un grito que parece haberlo hecho dudar de si seguir o parar, pero después de un titubeo inicial, siguió adelante. Solo se detuvo hasta que toda su verga estaba dentro de mí y sus huevos chocaban con mis nalgas.

    Para entonces, gran parte de la excitación inicial había desaparecido, estaba adolorido y asustado de que me hubiera lastimado. Pensaba decirle que se quitará cuando se acercó a mí oído y me dijo “¿No era lo que querías putita? Ahora te la comes toda”.

    Y dicho esto comenzó a bombearme, despacio al principio, pero firmemente en cada estocada. Solo la sacaba un poco y luego la volvía a meter despacio hasta el fondo, y ese ritmo poco a poco hizo excitarme de nuevo. Comencé a gemir y mover mis caderas a su ritmo, y él por su parte me ayudo a quitarme la camisa para que ambos quedáramos completamente desnudos.

    Una vez desnudos, me siguió bombeando y sus estocadas me hicieron subir al colchón completamente. Una vez arriba, ambos comenzamos a cambiar de posiciones.

    Me penetro estando completamente acostado sobre el colchón, estando en cuatro apoyado sobre mis rodillas y codos; me hizo meterme su pene mientras él estaba boca arriba, sin llegar a sentarme, sino apoyándome en las palmas de las manos y los pies. Mi favorita fue cuando me penetró en posición de misionero, pues pude verlo cara a cara mientras me seguía diciendo de cosas que pronto se volverían cosa común entre mis amantes.

    – Que rica estas, zorra. Como me gusta este culo, putita. Ah, que… piruja… marica… mamadora…

    Entre sus empujones, yo solo oía cuantas palabras denigrantes y sucias se le podían ocurrir y en algún momento solo acerté a decir “sí, papí, soy bien puta”. Eso lo excito mucho y me comenzó a dar más fuerte y rápido. Unos momentos después, solo sentí como empujaba su verga con más fuerza hasta el fondo, y lo oía bufar con fuerza. Supe que estaba terminando y después de un rato se dejó caer a mi lado.

    Yo me acerque a su miembro para verlo. Le quite el condón y antes de darme cuenta le estaba lamiendo los restos de semen de su miembro. Él me agarro con fuerza del cabello y no me dejó ir hasta que le deje su pene completamente limpio.

    Después de eso, me senté en la cama y platicamos un poco. Yo solo le repetía lo delicioso que fue aquello, y tenía muchas ganas de repetir, pues yo todavía no terminaba. Pero él me dijo que se le hacía tarde y tenía que irse. Después de un rato, se levantó y se metió a la regadera. Yo me sentía un poco decepcionado hasta que se me ocurrió algo.

    Me metí a la regadera con él y sin mediar palabra me arrodille frente a él para darle otra mamada. Entre cada beso y lamida, le dije claramente que quería darme un baño también, y sentir el agua escurriendo sobre su cuerpo, resbalando de su pene erecto y cayendo sobre mí era lo más erótico que hubiera hecho en mi vida.

    Me siguió el juego hasta que un rato después me aviso que iba a terminar. Supongo que por las prisas es que no quiso aguantarse mucho, pero tampoco me molesto, simplemente abrí la boca y saque la lengua, invitándolo a que terminara ahí mismo. Él entendió mi mensaje, y menos de un minuto pude sentir su esperma tibio y viscoso impactando mis mejillas y lengua. Con su esperma todavía en mi cara, me masturbe un poco para terminar en el piso de la regadera.

    Después de eso, me salí y me seque un poco. Salí a la habitación, y me puse a ver la televisión mientras el terminaba. Cuando salió, hablamos un poco de cosas intrascendentes, que si era muy tarde (lo era, casi las 21:00 h.), que si todavía agua caliente, que sí había algo bueno en la televisión. Conforme se iba vistiendo le dije que me iba a dar un baño también, y él medio balbuceo algo de que se le hacía tarde. Sin prestarle mucha atención, me metí a la ducha y cuando salí, él ya se había ido.

    Me sentí un poco decepcionado de que no quisiera darme su teléfono para seguir en contacto, pero lo que más me molesto es que hasta entonces me di cuenta que nunca le había preguntado su nombre, ni él se había preocupado en darme siquiera un nombre falso.

    Pero parte del encanto de esa experiencia fue saber que un completo desconocido solo se interesó en usarme para saciar su lujuria personal.

    Espero poder compartir más experiencias que haya tenido. Si te gusto mi relato, me encanta coleccionar fotos de penes erectos, por lo que si gustas, puedes enviarme tus fotos a [email protected], o solo para seguir en contacto.

  • Memorias inolvidables (Capítulo 4)

    Memorias inolvidables (Capítulo 4)

    Mi sobrino Ismaelito, su padre y sus tíos.

    Ismaelito es la oztia, como decía un amigo mío al que llamábamos «er cordobé»: «¡ere la oztia, esaborío, olé la mare que te parió d’un zolo gorpe, jo’é!». Ismaelito es un hijueputa como ninguno; no un hijueputa en serie sino hecho ex profeso. Ismaelito es el hijo mayor de mi hermano Andrés. Yo conozco a mis hermanos y quizá más a mi hermano Andrés por ser el mayor. Es un cojudo como mi padre. No falta mucho para que su mujer le diga que le duele la cabeza cuando él le pida hacer el amor y ella se niegue con la acostumbrada excusa de las mujeres, para que ya no la moleste más, se busque una querida fuera de casa o haga como mi padre, cuando le falle la empleada, ir de putas. Están ahí, es un escaparate que tiene muestras para elegir, lo que hace falta es tener bolsillo y mi hermano lo tiene.

    Lo que no entiende mi hermano es que su hijo Ismaelito, del cual soy su padrino, sea gay. Me echa la culpa a mí, porque dice que yo me doy la gran vida y su muchacho también. Mi hermano tiene dos hijos, Ismaelito tiene 16 años y ya se ha declarado gay para la familia.

    Ismaelito me pidió venirse conmigo, le respondí que ha de esperar a tener la edad y la libertad de poderlo hacer. A los 18 tendrá edad, pero su libertad la tendrá cuando acabe bachillerato en el colegio. Si quiere ir a la universidad tendrá que retrasarlo, porque donde yo estoy no hay universidad. Es decir, mi sobrino Ismaelito está en la lista de espera. El abuelo paga, el abuelo manda, luego ha de estar donde quiera el abuelo.

    He contado el deseo de Ismaelito de venirse conmigo y cómo no es posible de momento, lo cual no quiere decir que acabe viniéndose conmigo. Lo importante es que haga estudios para valerse por sí mismo. Cuando escribo estas letras todavía tiene que concluir estudios universitarios. Sé poco de él, solo un par de veces lo ha hecho venir mi padre con él, pero nunca con la abuela. El problema de la abuela, es decir, de mi madre, es que no sé qué médico le ha dicho que la homosexualidad es congénita y que yo lo he heredado de ella y su nieto lo mismo, solo que se ha saltado una generación. Ella quisiera borrar esa «lacra». Por más que he querido sonsacarles qué médico ha dicho eso, nunca ha sido posible, porque no se pueden hacer afirmaciones de esta índole sin comprobarlas, simplemente porque así le parezca a alguien. Jamás se me ocurriría culpar a mi madre de nada, aunque fuese congénito. Que yo no la quiera, no la culpa de nada, ¿qué culpa podría tener ella? Eso es lo mismo que si un niño es rubio y su madre también, cualquiera sabe de dónde viene el color del cabello. He conocido niños rubios de padres morenos, ¿dónde estará el rubio que ha dejado esa constante en el ADN? No estoy nada descontento de ser homosexual, aunque lo hubiera heredado de mi madre, además me gusta ser homosexual y no reniego de serlo. En esto estoy dispuesto a defender a mi madre, a pesar de todo, pero ni ella quiere.

    Pero mi madre tiene un problema mayor, sus tres primeros hijos, tan machos ellos. Mi hermano Andrés siempre burlándose de mí y en privado puedo decir que me despreciaba, aunque nunca lo dijo, pero lo sentí. Y ahora su primer hijo, del que él hacía gala de ser su propia persona por lo que se le parecía, resulta que es homosexual. Me da pena mi hermano porque no lo acepta y va a enloquecer si sigue con esos pensamientos. Él dice que ha sido porque yo hablaba mucho con él y le he influido y al chico se le ha pegado; sé que no lo piensa así, pero decirlo le sirve de excusa para sentirse menos culpable, sin tener por qué ser culpable (la gente se complica la vida por nada). Por más que le haya dicho yo que ni él ni yo somos culpables de nada, porque no es un mal, y si lo fuera no es deseado a priori, sino que sería devenido, somos así y para qué más razones.

    Para mi madre el mayor era como la niña de sus ojos. Se divorció y a mi madre se le cayó la luna en la cabeza. Su hijo, su hijo preferido, su mejor hijo, abandonado por su mujer, cuando estaba en estado del tercero. Ismaelito es el mayor, el segundo se llama Toño y el tercero es Zigor, nombre de origen vasco por su abuelo materno que es de Bilbao. A este último no lo conozco, ni lo he visto, ni siquiera por foto. Toño es un muchacho simpático que ha sido muy cariñoso conmigo, pero ya hace tiempo que no los veo, desde que me fui de casa. Era entonces pequeño. Familia rota, separada, hermanos por dos lugares sin relacionarse a su tierna edad. Esa es otra desgracia de mi madre, que nunca ha sabido tratar a su nuera y quería mandar sobre ella. Desgracia de mi hermano que lo mal consintió.

    Timoteo es otro caso. Este es soltero, será el soltero eterno porque no quiere comprometerse nunca a nada, ni siquiera al trabajo. Es el eterno segundón que no sirve para nada. No piensa, no estudió nunca; mis padres tuvieron que hacer muchos regalos a sus profesores para que lo dejaran pasar de curso y el asunto cada vez iba a peor. No pudo acabar el bachillerato. Era imposible. Faltaban conocimientos básicos y capacidad de pensamiento. Algo ha desarrollado muy bien: cómo sacarle dinero a su madre, que es mi madre, para poderse desahogar con putas. Lo suyo con putas es casi a diario, por eso siempre acude a putas baratas para descargar y hasta el día siguiente. Quizá, según los rumores que se oían, se entienda con mi hermana Angustias y cesen las putas. En el terreno familiar sería un paso adelante hacia la moral tradicional.

    El ejemplo de la casa es Santiago, aunque depende de qué, porque si se avergüenza de su «hermano maricón», como él dice, no puede presentarse como modelo de casi nada o de nada. Pero sí, él es feliz siendo maestro y criando sus hijos, me alegro por él. Quizá un día me necesite e igual ni se atreve a buscarme; entonces, además de poco ejemplar, sería tonto. No puedo decir nada de mis sobrinos hijos de Santiago, ya lo dije más arriba. No tengo pena porque no los conozco, tampoco tengo de qué enorgullecerme en mis sobrinos hijos de Santiago, porque no tenemos roce. No sé si saben que existo, y tampoco sé sus nombres, porque he tenido que olvidarlos. El dolor se puede aguantar un tiempo, luego es necesario olvidar para sobrevivirlo.

    Pero vamos a ver quiénes son estos hermanos tan ejemplares que tengo yo, que son mayores que yo y que son la dicha de mi familia, sobre todo de mi madre. Los dos mayores, Andrés y Timoteo no tienen estudios superiores. Creo que no se acuerdan de la mitad de lo que estudiaron en su bachillerato. Ambos son agricultores, primero a las órdenes de mi padre, luego, cuando se hicieron dueños de las tierras, dilapidaron. Ahí está mi madre ayudándoles a sobrevivir. Mi hermano Santiago, nada más y nada menos que maestro. Estos tres fueron los primeros en violarme, ahora lo descubro para todo el mundo en este capítulo, porque ayer se lo conté a mi padre frente a mi madre. Son merecedores de desprecio, pero al fin y al cabo son mis hermanos. Los hechos ocurrieron de una manera de lo más inopinada e impensable.

    Yo no oculté, desde que supe mis tendencias, lo que sentía. Me confié primero que nada a mi hermano mayor, Andrés. Le conté todo lo que sentía, lo que pensaba y mi atracción hacia los hombres. Todavía no se había casado, pero tenía ya a su novia Eleonora y decía estar enamorada de ella, y lo creo, porque es bonita y simpática, además de generosa. Pero no supo darme ninguna orientación a mi desconcierto. Por el contrario —estoy hablando de mi primera vez—, una noche, Andrés me despertó suavemente y me asusté de vérmelo al lado, solo llevaba su calzoncillo, mientras yo iba vestido con mi pijama completo desde el cuello a los pies. Lo único que había aprendido era a quitarme todo antes de ponerme el pijama de punto, ajustado al cuerpo. Claro que me tocaba el pene, pero me asustaba cuando llegaba a hacerme unas raras cosquillas como si me fuera a pasar algo. También descubrí que algunas noches eyaculaba semen muy oloroso, más agradable que la orina y que dejaba como una costra en mis genitales y en el pantalón del pijama. Como me daba cierto reparo hablar de eso, me quedaba en mi ignorancia y yo solo me soporte a mi mismo y me daba gusto con mi mano.

    El asunto es que un día me asusté al ver a mi hermano Andrés junto a mí y con palabras para trasmitirme calma de no sé qué si no era del susto que me había dado:

    — Estabas soñando algo horrible y gritabas, cálmate, —dijo.

    No recordaba ningún sueño, ni estaba sudado, ni tenía pesadilla. Pero Andrés me hizo creer que estaba sudado porque había sufrido y que para no resfriarme, mejor que me quitara el pijama. Yo quise cambiarlo por otro, pero me dijo que mejor abrigado en la cama sin pijama por si volvía a sudar y que él me acompañaba para cuidar mi sueño y bla, bla, bla… me dormí suave y con sueño ligero porque no me fiaba de mi hermano. Al rato Andrés se movió, desperté del todo pero me quedé quieto y pensé que se iba al no hacerle caso. A momento me di cuenta que estaba pegado a mí. Se había movido para quitarse el calzoncillo. Al arrimarse, noté su polla, que no era digamos muy extraordinariamente grande —incluso más pequeña que la mía—, pero la tenía dura. La notaba como un palo paseándose por mi culo, como buscando algo y sentía que me dejaba humedad.

    — Andrés, ¿qué pasa?, —pregunté.

    — Nada, Ismael que sigues soñando y te voy a aliviar tu sueño, estate quieto, la causa de tu mal sueño está aquí en tu culito.

    No estuve soñando, yo sabía que no estuve soñando, supe que me estaba mintiendo, pero también supe que me estaba gustando y sentía algo en mi culo que me pedía que ocurriera alguna cosa. Con mi mano me toqué la entrada de mi culo y me rasqué con un dedo. Suavemente Andrés quitó la mano, me la puso en mis genitales y metía un dedo en mi culo y luego dos, no podría jurarlo pero estoy seguro que llegó a meter tres. Yo notaba que mi polla crecía y como tenía la mano en ella, me la manoseaba agradablemente y sentía gusto de hacer lo que hacía y de sentir lo que me hacía Andrés.

    Andrés apuntó su polla a mi agujero. Noté el comienzo y presionó, entró el capullo o eso me pareció a mí, no sentí más que algo me había entrado en mi agujero. Esperé para saber lo que podría pasar y pasó. La metió con más fuerza de lo que quería y grité, me puso una mano en la boca y la otra en mi abdomen para empujar. Sentí un dolor agudo y amargo, que se mantenía. Me dijo:

    — Muévete, haz movimiento en círculo y se suavizará.

    Hice lo que me dijo y al rato, cuando ya tenía los ojos llenos de lágrimas de dolor comencé a sentir algo distinto, un gusto o placer que me notaba en mi pene que iba creciendo y se me puso duro como un garrote. Noté que en mis entrañas ocurría algo extraño, entraba un líquido a golpes dentro de mí y que mi cuerpo sentía un extremado placer, mayor que cuando me bañaba en agua tibia en la bañera de casa. Era un placer que sentía en todo mi cuerpo e intensamente en mi pene y en mi bolsa de los huevos. Todo ese placer explotó con varios chorros que salían de mi pene con furia. Me mojaron la mano y luego puse mi mano en el pene que iba soltando de ese mismo líquido viscoso y oloroso, puse mis dedos en la boca y me gustó mi semen y me lo tragué, lamí toda mi mano y me gustó más.

    Mi hermano ya había soltado mi boca hacía rato y estaba abrazándome y besando mi cuello.

    Para mis hermanos siempre era yo un ignorante, quizá por mi discreción. Como vi que esa falsa idea que tenían de mí me iba a ser muy útil para obtener placer de ellos, seguí con mi supuesta «ignorancia».

    — ¿Qué ha pasado, Andrés? ¿Qué ha sido eso?, —me hice el inocente, como si no supiera nada de la vida.

    — Que ya eres un hombre, —me contestó cobardemente.

    Entonces noté que poco a poco sacaba su polla de mi culo, se levantó de la cama y se fue cuidando de no hacer ruido. Me quedé un poco solo y preocupado porque de mi culo comenzó a salir algo húmedo. Era la primera vez que me follaba y no pensé que ocurriría esto. Encendí la luz, descubrí la sábana mojada con el líquido viscoso, lo toqué con el dedo, me lo puse en la boca, me gustó, pero quedaba más grumoso y no me interesó. Toqué mi culo con mi mano y miré lo que salía. Yo pensaba si sería sangre, pero era blanco, muy blanco y correoso. No estaba seco, pero tampoco viscoso. Lo vi limpio, muy blanco y lo probé, estaba muy agrio y no me gustó. No sabía por qué se me escurría el semen del culo, aún no había aprendido a retenerlo. Lo primero que pensé es que me había salido un semen por el pene más bueno y otro por el culo muy desagradable. Seguí mirando cómo salía retorciendo mi cuerpo, sentí un espasmo que me provocó mi barriga, empujé y salió como un chorro. Noté que estaba sucio de mierda y pensé que por eso tenía mal sabor. Me levanté, cogí papel higiénico del baño que está en el pasillo y limpié lo que había salido del culo, luego pasé el papel por la mancha de lo que había salido del pene. Me puse el pijama, me acosté, busqué colocarme de modo que no notara la humedad y quieto allí pensé que no había tenido un mal sueño, que no había tenido pesadillas y que lo que había salido por el culo era por la follada de Andrés. Me dormí.

    Vino mi madre a despertarme, porque me retrasaba. Hizo lo que hacía todos los días que yo tenía el sueño profundo, me quitaba las sábanas y me echaba unas gotitas de agua.

    — ¿Has dormido bien?, —es una pregunta que no me había hecho nunca. Siempre me despertaba diciéndome: «Arriba, gandul» y me daba un cachetazo al culo. Yo saltaba de la cama. Ese día no salté. Yo olía un olor raro e intenso en el ambiente de la habitación. Mi madre debió notarlo también y abrió las ventanas.

    — Cuando te despiertes mojado, abres las ventanas para que se airee, que lo tuyo huele muy intenso; ponte bien el despertador y levántate por tu cuenta.

    El olor intenso no era por mi semen, sino por el de Andrés, la verdad es que apestaba. Mi madre pensó que yo había comenzado a masturbarme muy tarde, porque soy algo tonto. Todo era fruto de su moral, puro secretismo, ni preguntó, ni explicó, ni tuvo más compasión de mí en adelante. Dejé de ser un chico educado para convertirme en un macho más que aguantar. Ya podía yo ser cariñoso. Un día que la quise acariciar me dijo para herirme:

    — Vale más ser hombre que un sarasa, déjate de mariconadas.

    Me hirió, sí, no supo aceptar el hijo que tenía, ese día ya supo qué era yo, aunque nada dijo, ni a mi padre le dijo nada entonces. Él lo supo cuando yo salí del clóset, pero mi madre descargó sobre mí lo que imaginaba, pero no puso nunca remedio. Uno de los días que acompañó a mi padre para verme, me preguntó:

    — ¿Con quien follaste la primera vez? ¿Fue con tu padre?

    Mi padre, que estaba presente, se puso muy sorprendido de la pregunta y no le salían las palabras para aclarar que no. Entonces le dije:

    — No. Fue tu hijo Andrés el que me violó por primera vez.

    Nunca más mi madre se metió con mi vida. Pensé y acerté que mi madre no vino a verme muchas veces porque sentía vergüenza. A mi padre le había invitado a ir de putas, no para que se aliviara, sino para que se curara de lo que ella pensaba que me había hecho. Mi madre notó la mezcla de dos olores diferentes. Andrés era el hijo preferido de mi madre. Ese día le salió rana. Sobre todo cuando le dije que no fue una vez, que fueron muchas veces y entonces le dije:

    — Andrés fue siempre tu preferido, lo que a mí me da lo mismo, porque tus preferencias me las paso por el culo —mi padre me miró recio, pero le gustaba lo que le decía a la vieja—, no te preocupes, papá, las tuyas me las paso por debajo de los huevos, me gusta más y me produce más placer. Tu hijo preferido, mamá, es maricón también, solo que nunca salió del armario, se casó para disimular, pero tiene un querido y doy gracias que lo ha encontrado y lo tiene escondido, porque así no desgraciará a su hijo como desgració a su hermano. Pero te digo más, mamá, no solo me folló varias meces abusando de mí, lo dijo a los otros dos hermanos míos y tanto Timoteo como Santiago han abusado de mí y me han violado. Esos son tus hijos, yo solo he sido para ti una mierda, justo lo que ahora veo en ti que eres para mí.

    — Respeta a tu madre, —dijo mi padre sin fuerza ni rigor.

    — Yo la respeto, papá, todavía la considero mi madre y le digo mamá; pero la respeto como ella me ha respetado a mí; siempre me ha considerado un deshecho y una desgraciada desdicha; la desdichada es ella, que mira qué hijos te ha dado, y no me meto en mi pobre hermana Angustias.

    — Deja a tu hermana estar, —dijo mi padre suplicando.

    — La dejo estar, pero dejadme vosotros estar a mí también. No vengáis aquí al pueblo si quieres verme, venid a mi casa, arriba, si queréis hablar conmigo, os recibiré bien, a ti, papá, mejor que a mamá y a cualquier puta que traigas contigo también, bienvenida sea.

    — Tu madre no es una puta, cuida tu lengua, —dijo mi padre sin fuerza.

    — Y si no cuido mi lengua ¿qué pasara…? ¿Eh? Dime, ¿qué pasaría? Tampoco me refería a esta mujer, aunque me ha hecho muchas putadas, sino a las tuyas, si tienes muchas; tan preocupado por tu hijo el maricón y fíjate qué familia tienes, hasta tú, papá, eres un gran putañero porque esta no te da lo que te corresponde. Tú sabes que la mujer que has mantenido te ha negado el sagrado débito y al final te ha convertido en un buen putañero, ya lo dice el refrán: «Al tahúr nunca le falta qué jugar ni al putañero qué gastar».

    ***** ***** *****

    Las folladas de mis hermanos y su violencia sin piedad al follar fueron constantes. Me acuerdo del día que se me presentó Timoteo a mi habitación que abrió sin llamar y cerró el pestillo por dentro. Él venía con un pantalón de pijama suelto y a pecho descubierto. Sabía que yo estaba despierto porque acabábamos de estar ante el televisor y era imposible que me hubiera dormido, además recién me había puesto el pijama y aún no había abierto la cama. Tardó lo justo para ponerse su pijama.

    — Dicen que tienes malos sueños, Ismael, ¿es cierto?, —dijo.

    — No sé, creo que ya no, —respondí.

    — Pero no duermes bien, se te nota, —mintió.

    — No sé qué se me nota, —dije.

    — De todas formas te acompaño hoy y a ver si te vas aliviando, —me propuso sin pedir permiso y se metió a la cama.

    A mí me había gustado lo que me había hecho ya unas cuatro veces Andrés que no supo callar y se lo dijo a Timoteo, entonces si este venía a lo mismo, me iba a gustar, entonces le pregunté:

    — ¿Me quito ya el pijama?

    Se me quedó mirando, adivinando que yo fui más listo que él, porque le adiviné sus malas intenciones.

    — Si, mejor, sí; aprovecho y me lo quito yo también, —respondió.

    — Pues quiero ver lo que haces y cómo lo haces, —le respondí como le había dicho anteriormente a Andrés que había accedido y me resultó más placentero.

    Tiré la sábana a los pies de la cama, puse la almohada debajo de mis caderas y levanté las piernas acercándome las rodillas a mi pecho. Le tendí una caja de vaselina que había cogido del baño de mis padres y supo qué hacer con ello.

    Lo de la vaselina lo había aprendido yo solo, me metía el dedo y me costaba, con agua igual me costaba metérmelo, con saliva menos y un día que estaba en casa solo, me metí en el baño de mis padres a escudriñar sin ninguna intención, sino pura curiosidad, olí bragas de mi madre y no me gustaron, olí calzoncillos de mi padre y tampoco porque olían demasiado a sudor; encontré varias cosas que no sabía para qué se usaban y por fin encontré vaselina alcanforada y sin alcanfor. Como me habían puesto algunas veces vaselina en la nariz y me parecía que los dedos patinaban, entonces me llevé el tubo de la alcanforada y la caja redonda sin alcanfor. Por el buen olor me puse vaselina alcanforada en el dedo y entró fácilmente y me dio gusto, pero picaba algo. Así que al día siguiente me puse pura vaselina, el efecto fue el mismo pero sin escozor. Me agradó.

    A Timoteo se la di pensando que pediría explicación, pero no, se la colocó en su polla y metió un dedo untado en mi culo. Con las nalgas bien abiertas y la vaselina, la polla de Timoteo, con ser algo más gruesa que la de Andrés, entró suave y agradablemente. Me gustó y entré en un delirium tremens que me hacía gemir de gusto:

    — ¡Aaaaaah, ¡aaaaaah!, ¡aaaaaah! ¡qué gusto! así, así, —decía o gritaba yo.

    — No grites tanto.

    Comenzó muy pronto a meter y sacar con movimientos bruscos y se corrió en mi interior. Luego me corrí yo, porque me había puesto a masturbarme. Lo miré a la cara, vi que sentía vergüenza, tal vez porque se corrió antes que yo, quizá porque se dio cuenta que su hermanito ya no era un ignorante o bien porque mi polla aún era mayor que la suya. Timoteo lo gozó y me preguntó:

    — ¿Te molestaría que viniera alguna vez más?

    — No, ¿por qué debía molestarme si eres mi hermano?, —dije.

    Se inclinó, me besó y aprendí algo nuevo, que para sacar placer del beso había que meter lengua en la boca del otro. No tuve necesidad de que me explicara nadie. El beso ruidoso que se da en la cara no es más que una parodia del auténtico beso a la boca con un juego de lengua y mezcla de semen. Pero ninguno de mis hermanos comía semen. Pienso que no lo han probado nunca, a mí me gustó el mío desde el primer instante y el de los demás me gustó después de probar varios. Por eso, ese día, cuando mi hermano se iba después de haber descargado en mi culo, le dije:

    — Timo, ¿no quieres que te dé una mamada a tu pene y te lo vuelva a levantar?

    Se tumbó en la cama con el pijama en la mano y comencé a mamársela, como me había mamado a mí mismo. Yo solo había descubierto el secreto del anillo, el placer del frenillo y la sensación de lamer la polla. Le hice las tres cosas hasta hacerle gemir de gusto. Se le puso dura, muy dura cuando le lamía el tallo del pene. Se puso a removerse cuando le pasaba la lengua por el anillo y, cuando con la punta de la lengua le apretaba el frenillo, gritó. Adiviné que se iba a correr y metí su polla del todo en mi boca y la cerré bien. Casi me ahogo, pero hice correr la mitad del semen al interior de mi barriga y abrí la boca mostrándole mi boca con gran parte de su semen. Sus ojos parecía que daban vueltas, entre la eyaculación que le había producido mi mamada y ver su semen en mi boca estaba como alocado. Lamí bien su pene, para recoger todo y me lo fui tragando despacio mientras él me miraba. Cuando acabé y mi lengua estaba de nuevo roja, solo quedaba el olor y sabor a semen, me preguntó:

    — ¿Está bueno?

    — Muy bueno, como el mío, —respondí.

    — ¿Cómo sabe?

    — Muy rico.

    — ¿Cómo huele?

    — Bésame y lo hueles.

    Se agachó, me besó, le puse la lengua en su boca, me lamió la lengua y el paladar y luego me dijo:

    — ¿La próxima vez me darás a probar?

    — Sí.

    Se levantó y con una sonrisa se despidió y salió de mi habitación, me quedé muy a gusto.

    No fue esta la última vez que Timoteo venía a mi habitación y teníamos sexo, Fueron varios meses en los que Andrés y Timoteo me pasaron por la piedra y yo los disfrutaba. Unas veces eran solo mamadas y me decían que incluso mejor que sus novias…, bueno Andrés me decía:

    — Mi novia no me la quiere mamar, dice que es una cochinada.

    Por curiosidad le pregunté a Timoteo si alguna de sus chicas se la mamaba. Me dijo:

    — ¡Que va! Ni por imitación, ninguna de ellas me la chupa, no la mamarían como tú, tú las superas con creces, el placer que me ofreces no es el mismo, lo que tú haces es más intenso, largo e insuperable.

    A decir verdad estas alabanzas elevaban mi ego y mis hermanos me gustaban cada vez más. Ellos me ofrecían placer, aunque creo que ellos entendían que yo no lo obtenía sino que era un vicio por ser maricón. Ellos pensaban o piensan que nosotros no sentimos placer cuando le mamamos a alguien la polla o cuando nos follan el culo. Una vez mi hermano Timoteo me preguntó:

    — ¿Tú sientes placer o es que te gusta que te la metan por el culo?

    No me dejó responderle, se fue. No le interesaba mi placer, ni que yo me sintiera bien, ni que participara con ellos de una actividad agradable para los dos. Para ellos todo consistía en venir, violarme y marcharse. Pero para mí era tener unas pollas en mi boca que me hacían disfrutar o en el culo que me hacían ver el cielo.

    Después de varios meses, comenzó a extrañarme que Santiago no se hubiera enterado de lo que hacíamos Andrés, Timoteo y yo. Porque para mí no era que venían a violarme, sino algo que hacíamos los tres. Pero dejé pasar, un cierto tiempo. Ya entonces les guiñaba el ojo antes de irme a acostar y ya me metía en la cama desnudo esperándoles. Un día vinieron juntos Andrés y Timoteo. Ese día para mí fue el mejor de todos hasta ese momento, mientras mamaba la polla de uno el otro me daba por el culo. Descansamos un rato y cambiaron. Primero se la mamé a Timoteo y Andrés me penetró, luego se la mamé a Andrés y Timoteo me folló. La lefa de Andrés era agria y desagradable, la de Timoteo era salada y de buen gusto al paladar. Timoteo follaba con amor, con cariño, con ganas. Andrés, penetraba el culo y descargaba, no le importaba nada más. Para mí era mejor cuando estaba con Timoteo, hablábamos más y follábamos mejor. Andrés cada vez se fue distanciando más. Entonces me enteré que iba en serio con su novia Eleonora y que se iba a casar.

    Una demostración de que los dos hermanos no se llevaban bien, fue que desde que Andrés dejó de venir a mi habitación, comenzó a venir Santiago. Me lo dijo él mismo cuando yo le pregunté:

    — ¿Por qué has venido? ¿Quién te ha dicho?

    — Andrés me ha dicho que te gusta que te follen, y que Timoteo se aprovecha mucho de ti… Andrés anda muy preocupado de que Timoteo te haga daño porque viene con frecuencia, y Andrés lo supo y vino una vez y no le gustó lo que vio que te hacía Timoteo.

    Me hizo mucho daño la mentira de Andrés a Santiago, me dolió con toda el alma, porque era un desprecio entre hermanos, hacia Santiago y hacia mí. Me callé porque me parecía oportuno. Santiago me avisaba casi siempre de la siguiente manera:

    — Hoy estudiaré hasta muy tarde y me pondré nervioso, ¿quieres que te visite esta noche?

    Solía decirle que sí y cerrábamos siempre la puerta. Nunca supo Timoteo que estaba conmigo Santiago, alguna vez llamó a la puerta y si no le contestaba pensaba que estaba con Andrés. Hoy Andrés y Timoteo viven en casa de mis padres, uno, Andrés, abandonado por su mujer, el otro Timoteo, soltero, pero no se hablan. Eso lo soporta muy bien mi madre, que no se hablen, así ella siempre será la mandamás.

    Cuando Santiago se hizo novia, dejó de venir a mi habitación, se casó y desapareció de mi vista. Timoteo se burló un día de mí de muy mala manera y me maltrató con la lengua. Dejé de recibirle. Esa misma noche vino y me levanté con mi pijama puesto y lo mandé fuera. A partir de ese día decidí cerrar por dentro la habitación siempre que estaba allí, tanto para dormir como para estudiar.

    No soy mejor que mis hermanos, aunque tengo mejores calificaciones. Conseguí concluir mi carrera con muy buen promedio. No los necesito ni a ellos ni a mi padre para tener una vida que me satisface y complace. Dos de ellos, Andrés y Timoteo, me parecen unos pobres desgraciados, del otro no puedo decir nada porque no sé, pero es maestro. Sé que no es muy inteligente pero si su mujer lo es, me alegro y presiento que pueden ser felices; si es así, me alegro. Tampoco les deseo ningún mal, sino todo lo contrario, que tengan la mayor felicidad posible en esta vida.

  • Paula una joven caliente

    Paula una joven caliente

    Actualmente junto con mi esposa soy swinger y es genial, pero ¿cómo me volví swinger? Lo sabrán desde que comenzó todo y con esta historia comenzó lo que hasta el día de hoy es mi día a día.

    Ana Paula Guzmán es una joven que en esa época tenía 18 años, la típica joven calienta huevos que se le ofrecía a cualquiera a cambio de nada, media 1.57 de estatura, pechos paraditos, cinturita y nalgoncita, su hermana es mi amiga y ella la metió a trabajar en la misma empresa en la que trabajábamos, nos ayudaba a todos, me encantaba como me zorreaba, pero por mi amiga la respetaba.

    Una ocasión su hermana tuvo que salir y me dijo:

    -Luisito te puedo encargar a Pau… es que no va haber nadie en casa y no quiero que se quede sola.

    -Mmmm ok, pero que hago con una chica de 18 años, dije irónicamente.

    Ella sonrió y me dijo, no se llevarla al cine por ejemplo o a comer te espero el sábado a las 3 en mi casa ok.

    Se me hizo un poco tarde ese día llegue casi a las 4 de la tarde, pero Evelyn ya no estaba, solo estaba Pau.

    -Holaaa pensé que nunca llegarías jeje

    -Perdón se me hizo un poco tarde…

    -No te preocupes, pues vámonos ya

    -Vámonos

    Ella llevaba una minifalda negra, zapatos bajos y una blusita blanca pegadísima, se veía riquísima y yo a mis 22 años no veía tan mal desearla un poco, fuimos a comer y al cine, yo aprovechaba cada ocasión para darle un arrimón o tocarle sus ricas piernas.

    Terminamos en un wings army, con todo y lo que podía suceder le invite unas cervezas, en ese momento recibí una llamada.

    -Hola Luis, oye podrías entretener a Pau un rato más, es que aún no llego a casa

    -Mmmm está bien no te preocupes

    Pedí otra ronda de cerveza y le dije a ella que estaríamos más tiempo juntos, bebimos y reíamos demasiado, hasta que ya un poco entrando la noche le dije…

    -Ay Paulita, de verdad no sabes cómo me encantas

    -Jajajaja en serio? jajaja

    -Por qué te ríes jeje… no me crees?

    -No jaja tú eres un picaflor y solo buscas quien se deje

    -Jejejeje pero tú no te quedas atrás, si bien que coqueteas con todos…somos iguales

    -UMMM jaja sabes admito que me gustas pero Evelyn esta tras de ti y no quiero broncas con mi hermana

    -Ella solo es mi amiga y tú me encantas, me excita como te muerdes tu labio frente a mí, como cruzas tus piernas enseñándome todo, ufff no sabes las ganas que te traigo nena

    -Luis me vas a convencer ya párale

    -O tu no deseas nada?

    Me acerque lentamente a ella y comencé a besarla, ella no se negó y acompaño la acción, nuestras lenguas se entrelazaban, sus labios y los míos se llenaban de saliva, mis manos acariciaban sus deliciosas piernas, ella gemía suavecito y me besaba el cuello, yo hice lo mismo su oreja y cuello fueron de mi boca mientras su mano acariciaba mi entre pierna.

    Sin decir más, pague la cuenta y salimos rumbo al primer hotel que encontramos, pedí la habitación, nuestras ganas no podían mas, al entras nos besábamos muy pasionalmente, mis manos recorrían todo su joven y rico cuerpo,

    La acosté en la cama mientras me quitaba mi camiseta, ella me acariciaba la espalda me mordía los hombros, yo le quite su blusita y vaya que delicia encontré, los pechos más firmes y duritos que hubiese tocado, quite el sostén y comencé a besarlos con mi lengua, desde su cuello baja a sus ricos pezones que se endurecían con cada chupada lamida y mordida que les daba.

    Le quite la falda dejándole en un calzoncito bóxer de encaje se veía riquísima, mis labios recorrían su abdomen y najaban a su piernas mi lengua recorría toda hasta llegar a sus pies, los cuales besaba y chupaba lentamente.

    -Ahhh Luiiiis así… Ella repetía cada que mi lengua jugaba con su cuerpo, le quite su bóxer y me lance en su húmeda vaginita, mi lengua lamia sus labios y sus ingles, mis manos apretaba y jugaban con sus pechos y pezones, metí a mi lengua y lamia su clítoris ella gemía y me apretaba la cabeza, mi verga poco a poco se endurecía más y más, metí un par de dedos en su vagina, metía y sacaba mientras mi lengua lamia su anito, estaba en la gloria.

    Me quito el pantalón velozmente, mi bóxer también estorbaba, al ver mi pene se emocionó mucho… -Luiiis pero que rica tranca tienes grande y durísima, por eso Eve te quiere comer.

    -jajaja pues nena aprovecha que tu si la comerás

    Comenzó a lamer suavemente mi verga, su lengua recorría desde mis testículos hasta la punta, su boquita trataba de devorar mis 21 cm de largo, la sensación de como succionaba era maravillosa, la chica resulto toda una mamadora estaba claro que no era su primera vez en nada, yo apretaba su cabeza para metérsela mas, uff se sentía rico como se ahogaba y me dejaba todo babeado

    -Nene, métemela por favor te quiero en mi yaa

    -Si nena yo también ya quiero entrar en ti

    -Adelante bebe dame más métemela rico

    Abrí sus piernas como compas y comencé a metérsela suavemente, su vagina era estrecha y no llevaba ni una cuarta cuando ya ella gritaba como loca, eso me excito más y comencé a embestirla con más fuerza, la estaba lastimando pero como apretaba mi verga me encantaba, después de unas cuantas penetradas al parecer se había acostumbrado, movía su cadera de la forma más deliciosa posible, nos besábamos y le mordía lo que estuviera al alcance.

    Le levante las piernas y las puse en mis hombros, mis embestidas eran rápidas, su vagina humedecida apretaba más y más, sus gritos y gemidos eran música del cielo, su mirada me la ponía más dura aun.

    -Te… gusta nena?

    -Si bebe asii cogemeee

    -Eso nena gozalaaa goza

    La puse en cuatro y se la meti despacio, ella movía su pelvis generando una rica sensación, yo acariciaba sus nalgas, las besaba y apretaba, ella gemía y se ensartaba deliciosamente con mi verga.

    La tome del cabello con una mano y con otra jugaba con sus pechos, mis embestidas eran duras, ella gritaba y me pedía más, le daba de nalgadas, sentí como escurría encima mío, ella temblaba del orgasmo que sentía así que la acosté pecho tierra, mientras seguía penetrándola con fuerza, mordía su cuello y oreja

    -Asiii Luiiis

    -Ufff Paulitaaa que rico aprietas mi verga

    -Aghhh dame lecheee quiero lecheee

    -Uff ok nenaaa mueveteee sacamee toda

    Ambos nos movíamos como gusanos, finalmente no pude más y termine dentro de ella…

    -Aghhh Luiiisss

    -Ahhh Pauuu

    El orgasmo fue maravilloso ambos quedamos recostados en la cama tomando aire, nos besábamos y sobábamos nuestras partes.

    Al ver mi celular vi varias llamadas perdidas de Evelyn, salimos del lugar y fuimos a su casa, al llegar recibí un regaño de Eve pero no me importo porque me había comido a su hermanita

    Pronto les contare más ya que con Paula comenzó una serie de eventos sexuales maravillosos.

  • Primera cita en un bar

    Primera cita en un bar

    Entrando en aquel bar inmediatamente te identifiqué, sentada en un banco alto en la barra con un vestido morado corto de tirantes propio de primavera, sé que tú también sabias que era yo quien entraba y me dirigía hacia la barra, te volteaste viendo a la barra y tomado con tu mano la copa del coctel que tomabas para darle un trago, lo llevaste a tu boca.

    Justo al dejar tu trago en la barra yo estaba parado detrás de ti con mis manos en tu cintura me acerque diciéndote al oído, ‘holaaa, qué guapa estas hoy’ y con mis labios rosaba tu oído y apreté ligeramente tu lóbulo jalándolo muy ligeramente, mientras una de mis manos acariciaba tu cabello y la otra descansaba en tu vientre, con lo que te tenia literalmente abrazada unos minutos después tome el banco de lado derecho, me senté poniendo en la barra una pequeña bolsa que llevaba y ambos quedamos sentados uno frente a otro.

    Entonces tuve oportunidad de ver tu mirada, ver tus ojos y saber que no son tristes, son misteriosos porque tienen mucho que decir, sonrío al verlos y saber que podré encontrar en tu mirada muchas cosas, pido un trago y comenzamos a platicar y reírnos de que por fin estábamos en vivo uno frente al otro, mientras platicábamos veía tus ojos y disfrutaba de la charla, de saber más de ti y de lo que te gusta y contestaba todo lo que querías saber de mí, hasta el momento en que preguntaste que llevaba yo ahí mirando hacia la bolsa en la barra.

    Entonces te dije lo prometido es deuda y te di la bolsa, inmediatamente la abriste y viste que era la tanga rosa que prometí regalarte y me diste un beso, que por cierto fue rica y apasionado nos quedamos un rato disfrutando de ese beso que me permitió poner mi mano derecha sobre tu pierna y sentir tu suave piel, abrí los ojos para observarte como nos besábamos terminando con un leve mordisco tuyo a uno de mis labios y me dijiste “quieres que me la ponga”, inmediatamente lo dijiste mi corazón estaba al cien y con mi cara afirme que sí, y ahí mismo sentada giraste tu cabeza mirando alrededor y con una sonrisa coqueta y sensual por encima de ese vestido morado a la altura de tus estrellas con tus dedos bajabas un poco tu ropa interior y luego del otro lado.

    Te levantaste un poco del banco para hacer un movimiento que liberara tu ropa interior de entre tus piernas y justo cuando cruzabas la pierna y acercabas esa linda prenda a que se viera y yo no perdía detalle de ti y una de mis manos estaba acariciando tu cabello yo de pie frente a ti justo ahí nos interrumpió el mesero para ver si queríamos algo más, respondiéndole que sí, nos sirviera igual nuevamente, tu habías puesto tus manos entre tus piernas bajando la tela del vestido para cubrirte más, inmediatamente se dio la vuelta el mesero llevaste a tus rodillas lo que parecía una hermosa tanga color negro, yo con el pantalón por estallar y mi mirada en tus ojos y viendo de pronto alrededor, vi como en un movimiento rápido la llevaste hasta tus pies pasándola muy rápido hasta tenerla en tu mano derecha y sonriendo la ponías en mi mano diciendo te la cambio, cosa que me encanto, la tome, la apreté en mi mano y volvimos a besarnos, con tu tanga en la mano el mesero nos servía los nuevos tragos y nosotros nos besábamos.

    Tomaste la tanga rosa y al mismo tiempo yo llevaba mi mano a mi cara para acercarla a mi nariz y disfrutar de ese aroma a ti, que hace unos minutos estaba entre tus piernas, cortabas las etiquetas de victoria secrets poniéndolas en la barra e invitándome a ayudarte a ponértela ahí mismo, no sin antes levantarla frente a ti sin ninguna pena alguna para verla y decirme me encanto!!!

    Yo nervioso, excitado y mirando a los lados la tome, tome mi trago dijimos salud y espere el momento justo para poder meterla primeramente por una pierna inmediatamente la otra y llevarla hasta tus rodillas donde tu hiciste el resto del trabajo llevándola poco a poco hasta tu cintura, nos reímos una vez que lo habíamos logrado y platicábamos de algunas fantasías tuyas, te propuse ir a otro lado y salimos de ahí, dejando tú las etiquetas que nos delataban sobre la barra justo junto a la propina del mesero.

  • Una noche movidita

    Una noche movidita

    Álvaro era moreno, alto, fuerte y huérfano y era amigo mío y de Alfonsito (Alfonsito me contó la historia y yo la escribo cómo si fuera él). Álvaro vivía con el clan de los Pichines, un clan familiar que en los años sesenta movía tabaco rubio en las costas gallegas. El patriarca del clan era su tío Severo y la matriarca su tía Marta. Tenían un hijo y una hija, jóvenes cómo él y cómo yo.

    La primera vez que fui invitado al pazo de los Pichines por mi amigo Álvaro, a las once de la noche, yendo de la cocina a mi habitación, escuché cómo le decía Marta a Severo:

    -La guardia civil ya cobró. Detendrán en el control a una furgoneta con 50 cajas de tabaco y dejarán pasar tres camiones con miles de cajas.

    -¿Dejará escapar al conductor?

    -Sí, Jaime escapará, está Pedro esperando por él cerca de allí en el sitio que acordaron. Está todo atado y bien atado

    -Nombrarte mi mano derecha fue un gran acierto.

    A Marta le interesaba más otro tema.

    -¿Llamaste a Gervasio?

    -Sí, haremos una fiesta en el puti club, ya sabes, para tener una coartada.

    -Sí, ya sé cómo son tus coartadas.

    -¿A estas alturas del partido no te irás a volver celosa?

    -No, pero siendo yo fiel cómo te soy no sé cómo llevas toda la vida siendo tan cabrón.

    -Eres fiel porque sabes que si me metes los cuernos no la cuentas.

    -Te soy fiel porque soy muy decente… Muy honrada… Muy señora.

    Severo sacó a pasear su prepotencia.

    -¡Y más te vale segur siéndolo! Me voy.

    -¿A follar con alguna puta?

    -Sí. ¡¿Pasa algo?!

    -No, nada.

    Dejaron de hablar y volví a mi habitación.

    La habitación de invitados donde yo dormiría esa noche era más grande que la casa de mis abuelos. Tenía un cuarto de baño donde los grifos de la pileta, del bidé y de la bañera eran de oro. La inmensa cama tenía cortinas de seda, (supuestos mosquiteros) televisión, un sofá y un tresillo, tres sillas tapizadas, una mesita, dos armarios, una cómoda. El piso era de madera de roble… Y no sigo, solo decir que tenía de todo y todo lujoso.

    Estaba con la luz pagada cuando vi que se abría la puerta y se encendía la luz. En la puerta, con los brazos abiertos y apoyada con las mano al marco estaba Marta, la fiel, la decente, la honrada, la muy señora. Tenía el pelo suelto y vestía con lencería de color negro, medias, liguero, bragas y sujetador. Solo había visto a mujeres vestidas así en las revistas guarras. La matriarca era de estatura mediana y estaba rellena. Sus piernas eran gorditas. Tenía algo de barriga y sus grandes tetas parecían querer romper las copas del sujetador. Sonriendo con picardía, me dijo:

    -¿Puedo pasar?

    Empalmado, le respondí:

    -El pazo es tuyo.

    Cerró la puerta y anduvo el trayecto que había desde la puerta a la cama caminando cómo una modelo (desprendía aroma a hierbabuena). Me destapó. Vio que vestía solo con unos calzoncillos en los que la cabeza de mi polla salía por la parte superior y latía haciendo que se moviese la goma. Me los quitó. Se echó a mi lado. Me cogió la polla y comenzó a hacerme una mamada. Mamaba que daba gusto. Pasaba la lengua de los huevos al glande, lo chupaba, bajaba, chupaba y lamía los huevos, volvía a lamer, la metía casi entera en la boca… Todo ello mientras me masturbaba la polla. Cuando vio que me iba a correr, se quitó las bragas, sujetador y medias. Tenía las tetas enormes, con enormes areolas marrones y tremendos pezones y una enorme mata de pelo negro rodeando su coño. Se echó boca arriba, y me dijo:

    -Mete esa preciosidad en mi coño.

    Preocupado porque iba a quedar mal, le dije:

    -No voy a aguantar nada.

    -Lo sé, cariño, métela.

    Me puse encima de ella y se la metí. Entró cómo una bala en el agua. La matriarca, me cogió el culo y se movió sensualmente debajo de mí. Me comió la boca… Y antes de un minuto, sintiendo sus blandas tetas dispersas sobre mi pecho, le llené el coño de leche. Oí cómome me decía:

    -Así, amor, préñame, préñame, cariño.

    Sus palabras hicieron que mi corrida fuese larga, muy larga.

    Cuando acabé de correrme, me dijo:

    -Sigue, sigue, no pares. Quiero más leche tuya dentro de mi coño.

    Mi polla, algo blanda, la siguió barrenando. En segundos estaba de nuevo tiesa. Marta seguía moviendo sus caderas y su culo. Los movía cómo si estuviese bailando al ritmo de una balada. Al sentir que me iba a correr de nuevo, me dio las tetas a mamar por vez primera. Fue poner una teta en mi boca, y mamando aquella delicia blandita, la volví a llenar. Marta, sintiendo mi leche espesa y calentita llenar su coño, me apretó contra ella, y volvió a decir:

    -Así, así, préñame, cielo, préñame.

    Joder, me emocioné de tal manera, que al acabar de correrme la follé a toda hostia para llenarla de nuevo. Marta, no lo esperaba.

    -¿Qué haces, baaaandido? ¡Ay que me corro! -apuré aún más- ¡¡¡Me cooorro!!

    Corriéndose, la volví a llenar. Acabamos, me miró, sonrió y comenzó a correrse de nuevo. La matriarca era multiorgásmica. Sus gemidos de placer se volvieron escandalosos. A ese orgasmo siguió otro, con el que me corrí otra vez dentro de ella. La matriarca tenía preparada una sorpresa final. Me dijo:

    -Méteme la lengua en el coño para que no salga tu leche mientras yo me toco. Metí mi cabeza entre sus piernas y la lengua dentro de su coño, un coño grande y caliente. Marta se masturbó el clítoris con dos dedos, y en nada: «¡Chooof!» De su coño comenzó a salir una riada de jugos mucosos y semen. Yo no sacaba la lengua de su vagina pero salía por los lados. Marta se retorcía con el placer. Al acabar de correrse, cuando ya se apagaran sus gemidos vi cantidad de jugos y semen sobré la sábana. Me volví a excitar. La cogí por las nalgas, ella arqueando su cuerpo me ayudó a hacer lo que quería, comerle el coño del mismo modo que comería un loco un helado que piensa que se lo van a quitar, o sea, lamiendo y mordiendo el cucurucho, que en su caso era él clítoris.

    A punto de llegar, me dijo:

    -¡Me voy a correr, me voy a correr!

    Dejé de lamer y le clave la polla hasta las trancas.

    -¡¡Me corro, me corro, me cooorro!!

    Comenzó a correrse ella y me volví a correr yo dentro de su coño. Volando por las cumbres del placer, dijo:

    -¡¡¡Sííí!!!

    Al acabar de correrse, con una sonrisa de felicidad en los labios, me dijo:

    -Si quedé preñada nunca te faltará de nada.

    Yo, a mis dieciocho años, quería seguir follando.

    -¿Y si echamos un par de polvos más para asegurarnos?

    Me besó y me dijo:

    -Si no quedé preñada lo volveremos a hacer. Ahora vuelvo a mi habitación a descansar.

    ¿Qué decir de eso? Pues que no lo volvimos a hacer y que durante años tuve una conservera, y que ahora vivo cómo vivía ella, a todo tren.

    A la media hora de irse la matriarca, se volvió a abrir la puerta, una figura de mujer con coletas entró en la habitación y cerró la puerta detrás de ella.

    Al meterse en la cama me llegó un aroma que al olerlo ya me empalmé. Aquel aroma no era de jabón perfumado de la Toja, ni de colonia. Lo llevaba puesto Juana, y era lo único que llevaba encima cuando se metió bajo la única sábana que me cubría. Supe que era Juana, cuando me dijo:

    -La cama está mojada. ¿Es tuyo o de mi madre?

    Era obvio que nos había escuchado.

    -De los dos.

    Sus labios rozaron los míos. La besé con lengua, y le pregunté:

    -¿No te importa que haya follado a tu madre?

    -No, me excita que la polla que hace un momento estuvo dentro del coño de mi madre se meta en el mío.

    Le seguí comiendo la boca… Busqué sus tetas con mi mano derecha. Me encontré con dos pequeñas piedras de seda con pezones erectos. Mi boca se moría por comer aquellas tetas del tamaño de dos limones. Las besé, las sobé, las chupé y las mamé. Luego fue ella la que hizo que me echase boca arriba. Ahora fue ella la que me comió la boca y las tetas mientras meneaba mi polla. Sentí cómo alguien se metía en la cama justo entre mis piernas, metía mi polla en la boca y la mamaba. Olía igual que Juana. ¿Sería una amiga? Fuera quien fuera mamaba de maravilla, tan bien mamaba que me corrí en su boca. Se tragó mi leche y después se echó entre Juana yo. Le acaricié la espalda mientras se besaba con Juana. Tenía la piel fina, le pregunté:

    -¿Quien eres?

    Juana, encendió la luz. y vi la cara de su hermano Juan.

    -¡Hostias!

    -¿No te dijo Álvaro que mi hermana y yo queríamos jugar contigo?

    Álvaro, no me había dicho nada.

    -No. ¿Hermana?

    Dejé de mirarle para la cara y miré hacia abajo, Juan, no era Juan, era chica.

    -¡¿Cómo es que tienes tetas y coño, Juan?

    Juan, bajó la cabeza y me dijo:

    -Soy diferente.

    -¡Hostias si eres diferente! Eres una mujer con voz de mujer y esta tarde eras un chaval con voz de chaval.

    Juan agachó la cabeza, y me dijo:

    -Mis padres querían un niño… No soy Juan, soy Juanita.

    -Me da a mí que tu madre lo sigue queriendo.

    Juanita era una joven delgada, rubia, de ojos azules y guapa, muy guapa. Era una chica que pasaría por gemela de Juana si no la hicieran vestir cómo un chico y no llevase peinado de chico, me dijo:

    -En fin, si no te gusto, me voy.

    Juana, se había mosqueado.

    -Nos vamos las dos, Juanita, nos vamos las dos. Creo que mamá lo dejó para los perros.

    No las podía dejar marchar. Tenía que follarlas.

    -A ver, que yo me entere. ¿Eres hombre o mujer?

    -¿Tú que crees?

    Era una chica. Cambié de tercio.

    -¿Qué os echáis que oléis tan bien? ¿Eso no es colonia, o sí?

    -No, es un perfume, se llama Tabú.

    Pasaron a la acción. Primero me besó Juana, después me besó Juanita. Sentí su lengua en mis labios, abrí la boca y la saboreé… Juana, empezó a tocarse el coño, un coño con una pequeña raja rodeada de pelos rubios. Con la otra mano cogió mi polla, que se me puso dura de nuevo, Juana, me dijo:

    -Masturba a mi hermana.

    Le eché una mano al coño peludito y comencé a masturbarla con un dedo… Juana, a medida que me fui calentando y calentando a su hermana, se calentó ella.

    -Lame y chupa sus tetas.

    Hice lo que me dijo. Le lamí y chupé las tetas. Tenían el tamaño de dos limones. Al rato me dijo:

    -Cómele el coño.

    Metí mi cabeza entre sus piernas y lamí con lujuria aquel coñito virgen. Juanita, que era eyaculadora precoz, comenzó a correrse. El coño echaba chorros de jugo. Aparté la boca. Juana ocupó mi lugar… Al acabar de correrse Juanita, Juana, con la boca llena de jugos y saliva, me llevó una mano a su coño mojado, y después me besó y no apartó su boca de la mía hasta que sintió cómo me tragaba parte de los jugos de su hermana, unos jugos que sabían agridulces. Tenía lo que beber los suyos. La empujé, le levante el culo con las dos manos y le enterré la lengua en el coño, luego lamí de abajo arriba con celeridad, y al ratito, Juana, exclamó:

    -¡Me vooooy!

    Se corría cómo su hermana, soltando chorros de jugos y retorciéndose, temblando y gimiendo cómo posesa. Tragué los que pude. Sobre la cama quedaron algunos, eran cómo mocos, pero menos espesos, y sabían diferente a los de su hermana, tenían un sabor cómo a óxido, la verdad es que estábamos dejando las sábanas para tirar.

    Al acabar de correrse, me volvió a besar, y después me dijo:

    -Ponte boca abajo para que Juanita te pueda comer el culo cómo me lo come a mí.

    Quise ser sarcástico.

    -Bueno, peligro no hay de que me desvirgue.

    Juanita, comía el culo que daba gusto… Los dedos de Juana volvieron a entrar y salir de su coño.

    -¿Te gusta lo que te hace mi hermana?

    -Es agradable.

    Me puse a cuatro patas, Juana, se dio la vuelta, puso su cabeza debajo de mi polla, la agarró, comenzó a ordeñarme y con la otra mano volvió a meter dos dedos en el coño… Los metía, los sacaba, acariciaba el clítoris con ellos mojados, los volvía a meter, los volvía a sacar… Y Juanita, la mosquita muerta… La mosquita muerta debía llevar un maricón dentro, ya que me metió un dedo en el culo y me lo folló metiendo y sacando. Encima, se cachondeó. Dándome cachetes y mordiscos en las nalgas y acariciando mis pelotas, me dijo:

    -¿Gozas, mariquita?

    No le respondí, le respondió mi polla corriéndose en la boca de su hermana. Juana, tragando mi leche aceleró los movimientos de sus dedos y se corrió jadeando cómo una perra.

    Aún estábamos tirando del aliento cuando entró mi amigo Álvaro en la habitación.

    -Veo que te follaron, Quique.

    Al no extrañarse de lo que estaba viendo, le dije:

    -Antes te follaron a ti. ¿No?

    -¿Desvirgaste a Juanita?

    -No.

    -¿Desvirgaste el culo de Juana?

    -Tampoco.

    -¡¿Entonces qué coño hiciste?!

    -Más que hacer, me hicieron.

    -Pues habrá que hacer algo.

    Sonriendo, dijo Juanita:

    -Síííí.

    Juana, se levantó de la cama, Juanita la siguió.

    Álvaro y Juanita se agacharon y le comieron el coño y el culo.

    Después de ponerla perra de nuevo, Juana, se puso en cuclillas, cogió con una mano la polla de Álvaro y comenzó a sacudirlas mientras le lamía el coño a su hermana. Yo miraba, hasta que me dijo:

    -Ven, Quique.

    Fui y se turnó mamando las dos pollas y comiendo el coño.

    Al ratito, le dijo Juanita:

    -Me voy a correr, hermanita.

    -Dámela, cariño, damela.

    Juanita soltó un chorro de jugo que impacto en la lengua de su hermana, y después otro, y otro, y otro… Cuando acabó, Juana, después de tragarse los jugos, me dijo:

    -Cógeme de pie

    La levanté en alto en peso. Juana rodeó mi cuello con sus brazos, se la clavé hasta el fondo. Álvaro le agarró a piernas y se la clavó en el culo. Juana me comía a besos y bufaba cómo una gata, Álvaro le besaba, lamía y le mordía el cuello a Juana, Juanita, arrimado con la espalda a la pared, se tocaba las tetas y el coño… Tiempo después, al ver la cara desencajada de Álvaro corriéndose dentro del culo de su prima, al ver a Juana temblando, con los ojos en blanco y al sentir el ruido que hacía su corrida al caer en el piso de la habitación de invitados, un ruido que parecía el que hace una cascada, le llené el coño con una corrida brutal. No pensé que podía quedar preñada ni hostias, por suerte, no quedó.

    Juanita, tocándose, nos miró, y preguntó:

    -¿Y yo?

    Fui a su lado. Le froté la flácida polla en los labios de su coño y… ¡Se corrió cómo una fuente! Lo dicho, era eyaculadora precoz. Al acabar de correrse la cogí en brazos y la puse sobre la cama.

    Juana, le acarició el cabello y la besó en los labios, yo le mamé a teta izquierda, Álvaro le mamó la derecha. Acariciábamos su vientre y sus costillas, Juanita había echado los brazos alrededor del cuello de su hermana. Juana, se echó boca arriba al lado de Juanita, y le dijo a su primo:

    -Tómame, Álvaro.

    Álvaro, arrodillado sobre la cama, la cogió por la cintura. Juana levantó la pelvis y puso su coño delante de la polla empalmada. Vi cómo iba entrando con suavidad. Arrodillado sobre la cama, cómo Álvaro, y a su lado, cogí a Juanita por la cintura. Se puso en la misma posición que estaba su hermana. Vi su coño abierto. La cabeza de mi polla ocupó toda su raja. Al meter la puntita en su vagina un grito de dolor salió de su garganta.

    -¡¡¡Ayyyy!!!

    La saqué. Agarró mis nalgas con sus manos, me apretó contra ella y la cabeza entró entera.

    -¡¡Ayyyy!!

    Juana se puso perra, perra, perra, le dijo a Álvaro:

    -¡Métemela en el culo, primo!

    Álvaro se la quitó del coño, y le clavó la cabeza de un golpe de riñón. La que gritó ahora fue Juana.

    -¡¡¡Ayyyy!!! Poco, poquito a poco que me rompes.

    Las dos pollas fueron entrando despacito en el coño y en el culo. En el culo, al sacarla, veía cómo el ojete latía al abrirse y al cerrarse. En el coño salía pintada de rojo, hasta que salió solo mojada con los jugos de Juanita… Tiempo después los gritos de dolor de la jovencita dieron paso a los de placer y los lagrimones a las sonrisas.

    Juana, frotándose el clítoris, y con la polla entrando y saliendo de su culo, le dijo a Álvaro, mirándolo a los ojos:

    -¡Lléname el culo de leche otra vez!

    Álvaro le folló el culo con celeridad, Juana, se frotó aprisa y gritó:

    -¡¡¡Yaaaa!!!

    Juanita, mirando cómo se corría su hermana, se empezó a retorcer y entre gemidos de placer, que se mezclaban con los de su hermana, me bañó la polla con sus jugos. Álvaro le llenó el culo de leche a Juana. Yo la saqué y me corrí sobre el vientre de Juanita.

    Si comentar costase dinero… ¡No comentaba ni el Tato! Lo digo porque si siendo gratis os cuesta…

    Quique.

  • Laura, una pequeña historia

    Laura, una pequeña historia

    Tenía la boca seca hasta el punto de que necesitaba beber desesperadamente. Pero no podía, aún no, cuando solo faltaban unas pocas decenas de pasos. Si se detenía ahora…

    Abrió la puerta del bareto. ¿Dónde la habían dicho que era? En la última mesa, recordó. Pudo ver a tres hombres sentados, esperándola.

    Tragó saliva y comenzó a andar.

    -Joder, que guapa eres. Toma asiento, por favor.

    Uno de ellos se levantó para dejarla pasar. No era ninguna cortesía, era para evitar que huyera.

    -Mis compañeros no creían que vendrías.

    -¿Tenía otra opción?

    -Siempre hay opción, siempre. ¿Deseas algo para beber?

    Laura negó con la cabeza. Estaba sedienta, pero deseaba terminar con todo esto lo antes posible. Ellos se pidieron unas cervezas con unas aceitunas de acompañamiento.

    -Está bien, como quieras. Vamos a poner los puntos sobre las ies. Como te he comentado, tu virginidad vale un buen fajo de billetes. Pero no es suficiente, ni mucho menos suficiente. A partir de aquí se te abren varias opciones. Puedes buscar un buen trabajo, de directiva o de ministra, y pagarnos el resto de la deuda más los intereses, por supuesto. Puedes trabajar para nosotros como prostituta a tiempo parcial o de interna…

    El hombre se tomó su tiempo esgrimiendo diferentes alternativas, pero todos en la mesa tenían claro cuál era la única opción que la chica iba a escoger.

    -O puedes ser mía. De esta forma la deuda y el chantaje desaparecerían para siempre, pero significa entregarte a mi de forma total y voluntaria.

    -¿Y qué me haría?

    -Lo que me salga de la polla. La única ventaja con respecto a las demás opciones es que dejaríamos tranquila al resto de tu familia.

    Laura sonrió tímidamente.

    -Entonces, mía pues. Acompáñame al baño.

    El hombre que estaba a su lado se levantó para dejarla pasar.

    No había demasiados clientes a esas horas, pero a ninguno de ellos se le escapó como una preciosidad rubia seguía a un hombre hasta el aseo de caballeros y que cerraba la puerta tras de si.

    No era un hombre feo. Mayor, sí, más bajito que ella, también, pero no era exactamente feo.

    -Desnúdate.

    Llevaba un vestido precioso, negro, caro. Se quitó una hombrera y luego otra.

    Nunca había estado desnuda o en ropa interior delante de un hombre. Ni de su padre o hermanos.

    Cerró los ojos.

    -Mantelos abiertos.

    Los abrió. Se echó mano a la cremallera, la bajó y el vestido cayó al sucio suelo del retrete. Se quedó en ropa interior negra y bonita.

    Miró a la puerta.

    -Contra antes termines, antes podrás salir. Pero no voy a impedir que alguien venga a echar una meada solo porque una perra esté haciendo su trabajo.

    Se echó mano al broche del sostén y lo abrió, dejando su espectacular par de pechos al aire. Luego las braguitas.

    -He dicho todo. Y no te cubras.

    Se quitó las sandalias también y se agarró las manos a la espalda.

    -Arrodíllate.

    Obedeció, sin rechistar.

    Deshizo la coleta que llevaba y arrojó la goma junto a su vestido.

    -Mejor con el pelo suelto.

    La miró desde arriba. Laura no pudo aguantar mucho tiempo su mirada y movió la cabeza. Él, dulcemente, colocó su mano en su mejilla para que volviera a mirarlo.

    La escupió en la cara.

    Laura sentía que estaba recibiendo la mayor humillación de su vida.

    -Abre la boca.

    Sabía a cerveza y aceitunas con anchoas. La escupió también en los pechos.

    -Has nacido para esto.

    Se sacó una polla flácida y se la metió en la boca.

    Y se puso a mear.

    Laura intentó seguirle el ritmo. Lo intentó de veras. Pero demasiado abundante y apestaba y sabía mal.

    Terminó meada completamente.

    -¿Te parece bonito como has puesto el suelo?

    Le arrojó el vestido. Y Laura se puso a fregar el suelo con él.

    Los dos hombres que acompañaban a su amo entraron.

    Se corrieron encima de ella, encima de su cara y de su pelo. El último en hacerlo fue su amo.

    -Puedes vestirte, pero solo con el vestido.

    El bar se había llenado algo más.

    Todos ellos vieron como una chica sucia, descalza y meada, con goterones de semen en su cara, salía del aseo de caballeros para sentarse.

    -Espera, quieta. Deme un cuenco, por favor. Caballeros, viertan su semen aquí.

    Laura observó como uno detrás de otro, los hombres del bar iban sacándose la polla hasta que el cuenco reboso de lefa.

    -Cómetelo.

    Laura se arrodilló y metió su cara y lengua en él…