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  • Evelyn, la hermana malvada

    Evelyn, la hermana malvada

    Habían pasado unas semanas desde que me acosté con Paula, ella por circunstancias extrañas se había ido de la empresa, pero la vida continuaba.

    Por su parte Evelyn, se comportaba grosera y pedante conmigo, al principio no me importo ya que es muy berrinchuda, pero me entere que estaba pidiendo mi cabeza con los jefes, eso me molesto un poco así que la busque.

    Un viernes la espere en la salid para saber que pasaba, Evelyn era una de las compañeras más odiadas de la empresa, su fama de ir en cama en cama la hacía más vulnerable a odio y ataques, no era muy guapa y ni tan agraciada admito que me encantaban sus piernas, pero tenía el letrero de «cógeme» en la frente.

    -Hola! oye que te pasa!

    -Tu sabes que pasa, no deberías preguntar!

    -Es que en serio no sé porque tu actitud conmigo

    -Mi actitud? jaja te pasas todavía de que tu violaste mi confianza!

    -A que te refieres?

    -Que te cogiste!! A mi hermanaaa!! Así o más claro!!

    Me quede en silencio, la verdad no supe que contestarle, ella me sonrió molesta y me siguió reclamando, mientras eso sucedía subimos a mi carro, en el trayecto su actitud cambio, me acariciaba la pierna y me hacía preguntas locas!

    -Y que tal coge!

    -Oye los caballeros no tenemos memoria!

    -Yo lo podría hacer mejor!

    -Jajaja tranquila

    -Luis quiero que lo hagas conmigo!

    -Queee! jajaja somos amigos, no friegues!

    -Bueno, entonces tendré que decir que tu trabajo es pésimo para que te corran, recuerda que yo puedo hacer eso!

    -Ay no! necesito el trabajo!

    -Entonces, será por la buena o la mala, tu decide jaja!

    No le dije nada y me dirige al hotel más cercano, ella pago la habitación, al entrar me dijo…

    -Bien Luisito ahora serás mío déjate llevar!

    Comenzó a desnudarme, no quería perder el tiempo, yo aún estaba desconcertado, en serio lo iba hacer? Pero bueno en ese momento solo miraba como me despojaba la ropa

    -Uff! que rico cuerpo tienes Luis, joven y fuerte como me gustan!!… pero que es esto…!!! Guau!!! que rica verga tienes.

    Al mirar mi pene, se lanzó a él como perra hambrienta, lamia mi tronco y succionaba lo máximo que le cupiera en su boca, poco a poco comenzó a gustarme lo que me hacía…

    -MMMM! que rico mamas!

    -AGhhhh! con que esto se comió mi hermana!

    -Si pero la verdad no tan bien como tu

    Se quitó su ropa, y se lanzó encima de mí, nos besábamos pasionalmente, yo acariciaba sus nalguitas duritas y sus piernas, ella me mordía mi pecho y mordía mi cuello.

    -Luis! métemela ya!

    -Si amorcito! súbete y cabálgame

    Ella se subió y comenzó a cabalgarme de una manera tan rica, como nunca nadie lo había hecho hasta entonces, yo apretaba sus pechos, ella meneaba su pelvis y caderas de una forma tan rica que sentía como se me ponía durísima!

    La acosté, sabía que si seguía ella arriba me iba hacer venir y la verdad yo quería gozar un poco más, le levante las piernas y comencé a penetrarla con velocidad, mis huevos chocaban con intensidad en ella, le mordía sus pechos, la verdad estaba gozando cogérmela.

    -Así papii! asiii!

    -UHMM! nena ya te quería coger!

    -Cógeme nene, cógeme!

    Ella me abrazo con sus piernas y sus brazos, yo me puse de pie y penetrándola, daba pequeños paso en la habitación, la recargue en la pared, mantuve una pierna de ella en mí y la otra ella la puso en el piso, mi verga durísima entraba y salía de ella, nos besábamos y mordíamos los labios, sus movimientos me encantaban más y más.

    -Eve!! Que rico coge!

    -Te gusta cielo? gozamee!

    -Sabía que los rumores sobre ti eran ciertos! coges delicioso!

    -Ponme en cuatro y dame duro!

    Obedecí su petición, la coloque en cuatro y comencé a darle despacio, mientras mis manos acariciaban sus tetas y dándole pequeñas nalgadas, penetraba su vagina súper mojada, comencé a subir la intensidad de mis penetraciones, ella gemía y se inclinaba un poco, le encantaba sentirme dentro en esa posición.

    -Asii! cogemeee! qué ricooo!!!

    -Ufff! muévete puta! mueveteee!

    -Sii! soy tu putaaaa!

    Las palabras que nos decíamos me excitaban más, mis movimientos aumentaban, ella comenzó a mojarme todo, se retorcía como lombriz, mientras tanto yo seguía dándole duro.

    -Aghhhh! Luiiisss!

    -Uff! goza nena gozaaa!!!

    Ella estaba inclinada solo tenía sus nalgas paradas recibiendo mis 21 cm de largo, yo no resistí mas y me vine, saque mi verga de ella y le chorree toda la espalda.

    -Aghhh! toma mi leche tómala!

    -Esta calientísima! uff que ricoo!

    Después de vaciarme en su espalda me recosté en la cama, ella se lanzó a chupármela yo solo la observaba, cogimos un par de veces más, al final cuando nos íbamos me dijo.

    -Que rico papi!

    Evelyn eres candente, quiero más!

    -Claro corazón, yo también quiero más de ti, serás mi amante jeje

    Y ahí comencé a cogérmela por gusto y pronto les contare más historias.

     

  • Mi esposa disfrutó al nuevo jefe (3)

    Mi esposa disfrutó al nuevo jefe (3)

    Al regresar con el bebestible, y entrar al departamento de Raúl, el ambiente estaba cargado de sexo, mi esposa, se encontraba descansando en la cama de Raúl y ellos en el balcón fumando.

    Yo: me tarde mucho, porque mucha gente en el súper, pero espero que no se hayan aburrido?

    Raúl: No mi Alberto querido, tu esposa es una gran anfitriona, eso sí que se cansó un poco de tanto bailar con ambos

    Yo: Y me imagino que disfrutaron de los bailes?

    Diego: Todo el rato, con decirte Alberto que mi amigo, tu jefe, te quiere invitar a ti al próximo congreso de la empresa, que ese hace en Punta Cana, todos los gastos pagados, y quiere que vayas con tu bella esposa.

    Yo: En serio Raúl? y porque quiere que lleve a Verónica?

    Raúl: Fue una promesa que le hice a tu mujer, por lo bien que nos atendió, mientras tú estabas de compras, y eso que el departamento es mío ella las hizo de anfitriona y nos dejó muy contentos, y anhelando que se vuelva a repetir, pero estando tu presente, para que veas que lo que te digo es la pura y santa verdad.

    Yo: Raúl si tú lo dices, yo te creo, y agradezco esa confianza para invitarme, y a todo esto donde esta verito?

    Diego: descansando ese bello cuerpo, en la habitación de Raúl.

    Ufff, al parecer me perdí, de lo que suponía, estos dos disfrutaron de todo el cuerpo de mi esposa, y de su CULO! la fui a ver a la habitación y ella dormía muy profundamente, pude notar que estaba vestida, no habrá pasado nada.

    Error, estaba con su vestido, pero no tenía su calzón, me acerque y pude notar que su vagina estaba un tanto irritada, y sorpresa… había leche (semen) en su muslo, quise comprobar su culo y al verlo este estaba muy dilatado, con restos también de leche… me perdí ver como mi esposa se transformaba en la verdadera putita que es y cómo se comió esas dos vergas.

    Volví al living y diego ya se había ido, Raúl dormía en el sillón, Verónica se levantó y llego al living me abrazo, me beso y me dijo

    Vero: Amor. Lo siento. No cumplí con lo mío. No pudiste ver a tu mujer siendo devorada por Raúl y Diego, me comí sus vergas por todos lados y te cuento, me hicieron una doble penetración, Diego es un animal, me rompió mi culo al igual que tu jefe

    Yo: Al salir del departamento lo imagine.

    Raúl: es una verdadera mujer, y el que la compartas, hombre estoy muy agradecido, pero solo que como dice vero, no lo pudiste disfrutar, no lo pudiste ver, la próxima semana en Punta Cana te ofrezco lo que vivimos acá y tú en primera fila.

    Yo: VAMOS!!!

    Vero: Va Diego?

    Raúl: No, pero alguien se puede sumar

    El viaje estaba a un día, Verónica no para de ir al gimnasio, de trabajar y trabajar ese físico, por las noches, era sexo suave, su mamada su penetrada vaginal y seria.

    Nos fuimos a punta cana, mi jefe ya estaba allá puesto que el congreso para ellos empezó dos días antes, llegamos al hotel todo muy hermoso, mi esposa con su mini falda que a todos dejo locos

    Rápidamente fuimos a la habitación, ella se desvistió mientras yo estaba en el baño, su cuerpo recibió los rayos de sol y la mirada de dos italianos que estaban en el balcón del frente, uno era un moreno de 1,90 atlético y el otro bajito de 1,60 rellenito, Verito se dio cuenta y se sonrojo y se tapó, se puso su bikini y salió de la ventana.

    Al bajar a la piscina, se nos acerca Raúl y nos saluda, a mi esposa la saluda de beso, se sienta en la misma reposera de ella, y su mano le recorre su pierna hasta el muslo.

    Raúl: Alberto tu mujer es una diosa, quiero bailar otra vez con ella y después cumplir cabalmente tu fantasía de ver en vivo y en directo como le hago el amor

    Yo: Raúl, querido es parte de lo que vamos a cumplir, y como ya puedo ver por como tus manos recorren su pierna es que a ella también quiere ser penetrada

    Verito: quiero ser nuevamente una puta, la de mi esposo y la del jefe de mi esposo… y alguien más… extrañare la verga de Diego

    Raúl: Pero la de tu esposo no se iguala?

    Vero: mi Burrito, perdón, mi esposo la tiene muy pero muy grande, larga y gruesa, la he podido domar muy pocas veces, le tengo un terror a que me quiera culear, es por eso que para hoy quiero ser domada por ti, alguien más y luego entregarme a los 23 cm., de verga de mi esposo.

    La tarde avanzo, mi esposa volvió a la habitación sola, ya que yo debía ir a la reunión del congreso, por el pasillo, se cruzó con el italiano del balcón, el moreno alto, quien la saludo y le invito un trago, vero no acepto, la idea ya no era que ella volviera a disfrutar sola, pero si le dijo que en la noche fuera a su habitación.

    El tano quedo prendido y acepto.

    Ya en la noche, la velada transcurría muy hot, mi esposa con un vestido de seda que caí por su cuerpo, quedando ajustado a su pechos y trasero, Raúl se la devora con la vista y yo también, ya estaba con una leve erección.

    Raúl. Verito, bailemos?

    Vero: Obvio, ven a mi querido Raúl, amor tu también

    El baile que no fue tal, pasó a ser un manoseo de ambos a ella por sus pechos, su culo y vagina, el cual fue interrumpido por la puerta.

    Yo: esperamos a alguien?

    Vero: ups!!! Si invite a un morenazo, a sumarse

    Verónica fue a abrir y el italiano, de forma natural abrió su boca no pidiendo creer lo que veía. Vero lo hizo pasar y lo presento, su nombre era Marcello quien nos saludó de un fuerte apretón a mí y a Raúl y paso a sentarse, bebió vino y observaba como mi esposa bailaba con Raúl y este acariciaba su culo y pechos, pude notar que el tano acomodaba su verga para que no se notara su erección, pero la gran maestra de mi esposa si lo noto y fue directo a él para bailar, Yo hice un ademan y me aleje para empezar a disfrutar de mi fantasía al fin, ver como mi esposa era seducida era manoseada e iba a ser ensartada por dos extraños, y todo delante de mí.

    Marcello resulto ser muy ardiente y al baile le siguió un manoseo intenso de los pechos de mi esposa, Raúl atacaba por detrás su duro y levantado culo, ella levantaba sus brazos como señal para ser desvestido, Marcello lo entendió y rápidamente despojo el vestido dejando a Verito solo con pequeño taba pussy, era un hilo dental que cumplía con eso, tapar su vagina.

    Marcelo ataco sus pechos y Raúl su culo, era como ver una película de zombis, mi esposa era la presa, Marcello bajo su mano y empezó a dedear la entrada de su vagina, que ya estaba todo mojada, la llevaron al sofá y esa pequeña prenda fue despojada, Marcello puso su cabeza entre la piernas de mi mujer y empezó con un oral que hizo arquear la espalda de verito, Raúl saco su verga y la puso en los labios de ella, quien rápidamente empezó a chupar y lamer.

    Vero: Marcello, no pares, méteme esa lengua, ufff que rica lengua, mira Raúl a tu putita como se come tu verga… aghhhh aghhh… grande gruesa… me van a romper otra vez… esposito mío, te gusta lo que ves?

    Yo: Sigue putita, dale con más ganas

    Marcello hizo una señal y se bajó su pantalón, y su verga era gruesa, venosa de tamaño normal pero muy gruesa, la puso en la entrada y sin piedad violo la tranquilidad ya que verito grito por el dolor que le provoco ser violada sin aviso de esa gruesa verga

    Vero: Mierda Marcello, avisa… ahhhh que dolor… sácala sácala… Pero Marcello no hizo caso y empujo más adentro y más fuerte una y otra vez

    Vero: me viola, me viola… que rico como me viola… no pares dame más dame más y más fuerte

    Marcello salió, y le hace la señal a Raúl quien también y de una sin avisar penetro la vagina de mi esposa con su verga larga y gruesa

    Vero: me muero, me muero, son unas bestias, Raúl que rica verga, me duele me duele… ufff dame más hazme tira… uyyyy que ricoo

    Marcello preparaba su gruesa verga con algún aceite, y cuando Raúl salió tomo a Verónica como si fuera una muñeca y la dio vuelta

    Vero: tranquilo italiano, suave suave… trague la verga gruesa ya estaba entrando por su culo… ohhh que ricooo me lo rompe amor me rompe mi culo, ufff dile que no pare que entre de una… esas palabras fueron un aliciente para Marcello, quien de un golpe penetro el rico culo de mi esposa y taladro y taladro muy fuerte no importando sus gritos de mezcla dolor y placer.

    Raúl: Alberto querido lo que vas a ver ahora fue lo que le hicimos a la perra de tu mujer. Se acomodó por debajo y con ayuda de ella metió su verga en su vagina logrando una doble penetración, Marcello rompía y rompía el culo de vero y Raúl hacia lo mismo con su vagina

    Vero: quiiiieeerooo queee ambooos acabeeen adeeentrooo

    Marcello, ya se venía, logrando llenar el culo de leche, mientras ella exclamaba que rico orgasmo, uno más ya van 3 amor, Raúl también terminaba dejando todo su semen dentro de la vagina de mi esposa.

    Ambos descansaron dejaron a mi esposa con su culo levantado, cosa que yo aproveche, me levante y con mi verga en mano me dirigí a ese rico culo

    Vero: amor, mi burrritooo… dameee dameee metelo todo mi amor… rompe tu culitooo.

    Empecé a culear y culear a mi esposa por su trasero que ya estaba totalmente entregado y dilatado, mis compañeros de embestidas atacaban la boca de vero, yo era feliz devorando y penetrando su culo, luego de un rato me senté y mi esposa dejo las otras vergas de chupar y se sentó sobre la mía para cabalgar y cabalgar, Marcello que ya estaba duro otra vez nuevamente ataca la boca de vero, quien la abrió y chupaba

    Me pido poder entra en su culo, a lo cual tome a mi esposa y le levante el culo, Marcello acomodó y penetro de un golpe el culo de mi esposa, tenía energía y le daba cada vez más fuerte, verito aguantaba mi verga en su vagina y la de Marcello por su culo.

    Ya mi esposa no podía mas y luego de varios orgasmos y de ser llenada de leche nuevamente, se quedó full dormida al igual que yo y Raúl… pero el italiano salió maldadoso y cuando comprobó que todos estábamos muy profundamente dormidos, levanto a verito y la llevo al dormitorio… pero de la habitación 719

    Esos fue más menos las 03.30 am… lo que vivió mi verito allá… para la próxima.

  • Un macho maduro en un sauna en Australia (1)

    Un macho maduro en un sauna en Australia (1)

    Esta historia es lo más caliente que hasta ahora he vivido. Tengo 34 años, tengo novia y soy bisex pasivo. No he tenido muchas experiencias con hombres, pero cada encuentro que he tenido han sido demasiado arrechantes.

    Esta vez mi relato es en otro país, hace 5 meses me vine a Melbourne, Australia, para estudiar inglés puesto que mi nivel de inglés es muy bajo. He pasado ciertas dificultades es verdad, pero no son materia en este momento. Precisamente para olvidarme de mis problemas, decidí hace dos días usar una aplicación para conocer alguien. Mi interés, hombres maduros activos. No había muchas opciones ya que era bastante tarde cerca de las 2 AM, así que le escribí a un perfil sin foto. Empezamos a hablar, como podía claro, ya que la mayoría de las veces tengo usar el traductor. Me dijo que estaba casado, tiene 58 años, que tenía dos hijos que ya están casados y que si quería algo teníamos que ir a una sauna gay en el centro de la ciudad porque él ni yo teníamos sitio. Charlamos un rato, me dijo todo lo que les gusta y que de darse el encuentro lo que le gustaría hacer. Cada cosa que me decía me puso a mil.

    Nunca había ido a un sauna gay, he sido muy reservado, demasiado diría yo, pero estar en otro país donde la diversidad sexual es más aceptada me dio confianza. Acordamos ir a la mañana siguiente, es decir ayer, 20 de mayo, pero que por motivos de su trabajo debía ser a las 8 AM. El me recogería en su carro cerca de donde vivo. Muy ansioso, no pude dormir el resto de la noche, a las 6:30 de la mañana me arregle, me bañe muy bien y me aliste para la cita.

    Justo a la hora pactada, llego en el carro de la compañía donde trabaja, fue un poco difícil identificarlo por lo que no hablo Ingles prácticamente, pero a través del chat nos aseguramos de que si éramos. Me abrió la puerta del carro, muy amablemente y me invito a subir. Oh sorpresa, era un hombre gigante, con canas, voz gruesa, manos grandes, piernas gruesas, lo vi del doble de mi tamaño, así que era más de lo que yo incluso esperaba.

    Tan pronto me subí a su carro, como estábamos en un sitio no concurrido, me mando la mano a mi entrepierna y trato de besarme. Usualmente no me dejo besar, así que él lo noto y se concentró en mi bulto. Cogió mi derecha mano, le dio un beso y me dijo, Lindo niño. Arranco el carro y fuimos al sitio acordado, él me hablaba y me hablaba, pero yo le entendía por ahí el 20%, yo solo movía la cabeza. Llegamos al sauna, un poco discreta la entrada en medio de una zona bastante comercial. Subimos la escalera, llegamos a la ventanilla, teníamos que pagar 60 dólares en total, cada uno pago su parte y nos dieron una toalla con una llave. Antes de entrar a la zona social debíamos quitarnos la ropa y dejar todo en el locker, así que yo hacía todo lo que él hacía. Cuando estaba cambiándome aparecieron dos hombres parecidos a los de las películas, se hicieron al lado mío y empezaron a tocarme las nalgas y mi verga. Sin embargo, Alan, el man con quien iba, los aparto y me dijo que me relajara.

    Cuando Alan se quitó la ropa, vi que tenía una verga gigante era gruesa y le colgaba un pedazo de carne que de una me puso caliente. Ya los dos en toalla, el me indico el camino. Entramos al bar y todo era oscuro y con luces de neón azul, había pocas personas, imagino por lo temprano y más siendo lunes. Me temblaba todo, yo trataba de no mirar a nadie a los ojos, pero sentía que todo el mundo me miraba. Yo soy de cuerpo delgado, pero bien formado así que para algunos no pasó desapercibido. Pasamos otra puerta, bajamos una escalera y llegamos a otra sala donde había varios jacuzzies a los costados donde había hombres desnudos. La mayoría eran jóvenes quienes parecían esperando quien los llamara. Pasamos en medio del salón hasta entrar a otro cuarto que eran las duchas compartidas. Allí empezó la faena.

    Las duchas estaban casi desocupadas así que el escogió una de las duchas que tenía puerta, me entro de la mano a la ducha y cerró la puerta. Con una actitud dominante me empujo contra la pared, me hizo cogerle su verga, nunca había tenido una verga así de grande en mis manos; era pesada y gruesa. Me separo las piernas con una suya y sin darme tiempo me empezó a besar apasionadamente. Su lengua jugaba con la mía, al mismo tiempo que yo sentía como su verga palpitaba. Me dio la vuelta, quede con mi pecho contra la pared, indefenso, casi sin decir palabra solo me dejaba. Me beso el cuello y la espalda, me agarraba las nalgas, me daba palmadas y cada que pasaba sus dedos por mi culo, yo suspiraba. Abrió la ducha, se puso bajo el chorro, me cogió del pelo, he hizo que me arrodillara. Me puso frente a su verga. Mirándola más de cerca, imagine lo que sucedería más tarde. Usualmente tampoco hago sexo oral sin condón, pero ayer yo estaba alucinando, así que no le di mucha importancia. Fui directamente a sus guevas y las saboreé, luego lamí todo su tallo lentamente, era delicioso. Llegue a la cabeza de su verga y con mis labios entre abiertos la bese. Pero él quería acción no romanticismo, puso su verga en toda mi cara, por supuesto su verga la cubría toda. Me dio varias cachetadas con su verga, los cuales sentía como dolorosas bofetadas, me restregó sus guevas en mi cara y me puso a mamar. Empujaba duro pero no entraba más de la mitad, me taladraba mi boca, acelerando el ritmo de vez en cuando, como estaba bajo el agua, por momentos no podía respirar, por lo me desesperaba, pero el que me tenía agarrado del pelo poco le importaba. Luego de unos minutos mamando, saboreando y sufriendo por su verga, me levanto. Me echo jabón por todos lados, se aseguró que estuviera limpio y me dejo listo para ser comido.

    Salimos de las duchas, nos pusimos las toallas y pasamos nuevamente en medio de los jaccuzies. Por supuesto Alan conocía el lugar muy bien. Subimos otro piso donde estaban las cabinas, algunas tenían las puertas abiertas por lo que se veía como otros tiraban. En uno de los cuartos, un man con una máscara de cuero estaba colgado como en un columpio, con las manos y las piernas amarradas y abiertas esperando quien se lo culeara. Llegamos al cuarto, bastante pequeño y oscuro el cual tenía una colchoneta sobre una piedra. Yo estaba temblando mucho. Alan me pregunto si estaba bien, le respondí que si con la cabeza, lo que le dio pie para continuar. Se unto lubricante en sus manos, del que está disponible en el cuarto. Se sentó en el borde de la cama, y me puso a mamar. Estaba disfrutando de la sensación de estar entre las piernas de un macho, cuando sentí sus manos embadurnándome de lubricante mi ojo del culo. A él no le importaba si me dolía o no, me metía los dedos de una forma brusca y jugaba con mi esfínter como quería, era rudo, pero era obvio que quería asegurarse que estuviera lo suficientemente dilatado.

    Me tenía abierto, me habría metido tres o cuatro dedos, no lo sé, y me puso en 4 sobre la colchoneta. Yo pensé que ya me había llegado la hora, pero me dio en beso negro más rico que he recibido. Literalmente sentía como su lengua entraba y salía de mi culo y como rozaba mi esfínter, me daba escalofríos y me hacía temblar las piernas. Mientras me comía el culo con su boca, el me pajeaba, sin embargo, como estaba tan arrecho, yo le quitaba la mano para que no me fuera hacer llegar. Finalmente, hizo que con mis manos separa mis nalgas y me metió nuevamente varios dedos. Me dio 4 palmadas muy fuertes en cada nalga demostrando quien era el que mandaba. Me tenía listo, obediente, arrecho y con el culo palpitando pidiendo verga, tal como todo macho activo desea tener a su presa. Además, ambientado por los sonidos y los gemidos de otros que estaban viviendo la misma suerte.

    En la misma posición, en 4, Él se puso entre mis piernas listo para clavarme, yo, con mi cara y hombres pegados a la colchoneta y con mis manos separando mis nalgas, sabía lo que venía. Se puso el condón, lubrico nuevamente mi culo y de un empujón me metió la cabeza de su verga, le me decía cosas que yo no le entendía y yo trataba de decir que fuera despacio, ni él ni yo entendíamos. Me cogió de las manos empujando hacia él lo que levanto mi cara y empezó a darme verga, yo le suplique que parara porque era un dolor inmenso, pero él ni se inmutaba. Sentía como su verga se abría espacio en mi interior, cada empujón era el dolor de mis órganos acomodándose a su tamaño. Pude zafarme y me quité, pero él no estaba dispuesto a parar en ese momento. Se acostó en la colchoneta boca arriba y me dio indicaciones para que lo cabalgara, quería que yo controlara la profundidad de la penetración. Me senté encima de él y lentamente fui cayendo sobre su pedazo de carne, era igualmente dolorosa, pero estaba vez yo paraba por momentos para irme acostumbrando. Cuando sentí que ya toda estaba adentro, fui consciente de lo que estaba sucediendo, tenía 23 cm enterrados en mí. Eso me transformo, el dolor fue disminuyendo y yo me fui soltando, empecé a aumentar el ritmo y a disfrutar cada centímetro, puse mis pies sobre sus muslos para tener mayor agarre y mis manos sobre su pecho y empecé a montar esa fiera salvaje. Era la verga más placentera y dolorosa que había probado.

    Nuevamente se tomó confianza, y el espíritu salvaje lo poseyó, me hizo poner de pie contra la pared, me levanto una pierna y me clavo. Luego de un rato, me hizo inclinar cogiendo con mis manos mis pantorrillas. El mismo me ponía en la posición que él quería, no había otra forma de entendernos. Nuevamente me llevo a la colchoneta e hicimos el borde cama. Con cada vergazo que me daba, al mismo tiempo el me empujaba de los hombros hacia abajo. Sentía como me taladraba mis intestinos. Yo gemía como nunca pero no importaba, podía hacer el ruido que quisiera. Nadie me había comido así, y yo estaba siendo completamente feliz sintiéndome el más puto de todo el sauna. A mí que no me gusta dar muchos besos, lo empecé a besar, ahora era yo el que le metía la lengua, lo abrazaba del cuello y lo cabalgaba, era la escena más arrechante que me podía imaginar. El roce de mi verga contra su estómago hizo que me viniera. Llegue sobre su cuerpo, lo que lo puso a mil. Inmediatamente sentí como su respiración se agitaba y su cuerpo se tensionaba. Era mágico sentir un orgasmo de semejante toro, dentro de mí. Lo volví a besar mientras terminaba de vaciarse en mí y así darnos tiempo para recuperarnos.

    La historia no termina aquí, luego de un rato, me cogió de la mano y me llevo por todo lado como exhibiéndome, eufanándose. Yo apenado, caminaba sin mirar a nadie a los ojos, solo obedecí. Me llevo a las duchas, por lo que pasamos nuevamente en medio de todos, pero estaba vez desnudo, ya se imaginaran lo que paso después. La siguiente parte la contare en un siguiente relato.

    Espero les guste.

  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (54/59)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (54/59)

    Había pasado algún tiempo desde que tuvimos el funeral de Eduardo, y aunque al principio, despechado por la marcha sin despedirse de Pablo, acepté cambiarme el irme vivir con Alberto, no estuve con él mucho tiempo, lo suficiente para reunir la fuerza suficiente y relatarle mis auténticos sentimientos, y lo que pasó aquella noche con Pablo, como le traicioné y caí rendido en sus brazos.

    Cuando terminé de hablar le sentía muy triste con la vista baja fijada en el suelo.

    -Ya ves que lo nuestro no va a ser fácil Alberto, lo que siento por Pablo es muy fuerte y no puedo contenerlo. No quiero hacerte daño. Tu eres bueno y te mereces algo mejor. -se quedó un momento indeciso y luego me cogió en sus brazos.

    -Pero yo te amo y sabré hacerte que le olvides, o por lo menos que cambies tus sentimientos.

    -Eres muy bueno Alberto, pero ya me creía curado y cuando le veo inconscientemente me rindo y soy su esclavo, lo siento, lo siento tanto. -me apretaba muy fuerte contra él.

    -Mi bebé querido. -poso sus labios sobre los míos con infinita ternura en un suave beso y comencé a llorar sobre su pecho.

    -Por favor no llores por mi causa, yo no importo mi vida y quiero toda la felicidad para ti aunque deba renunciar a que seas mío si así lo deseas en cualquier momento, pero déjame que cuide de ti, que te ame mientras pueda.

    Sus palabras y su decisión hacían que me sintiera peor que antes, que me diera cuenta de mi enorme egoísmo, de que el amor que sentía por él no era nada al lado del que él sentía hacia mi, y no me lo merecía.

    Lentamente iba consiguiendo que me calmara y cesara en mi amargo llanto, acariciaba mi espalda pasando con delicadeza su mano por ella y dándome tiernos besos por la cara, sorbiendo la humedad de mis lágrimas.

    -Te voy a llevar a la cama para que descanses, estas rendido vida mía. -me elevó cogiéndome como a un niño en sus brazos y me llevo a la habitación, luego me dejó con cuidado sobre la cama y me tapó con las mantas.

    -Así podrás descansar, dormir y olvidarte de todo. -me besó en la frente y sentía la dulzura y calidez de su boca. Se iba a alejar dejándome solo y le sujeté de la mano.

    -No me dejes solo, por favor quédate a mi lado. -se tendió a mi costado y me rodeó con un brazo pasándolo por mi pecho.

    -Duerme cariño yo estaré aquí para ti. -me apreté contra él y lentamente sentía como se me cerraban los párpados, hasta caer en un pesado sueño nada tranquilo y repleto de pesadillas. Cuando abría los ojos asustado Alberto me apretaba contra él como si quisiera robarme los sueños malos.

    ***********

    Cuando desperté la habitación estaba a oscuras, solamente la iluminaba una tenue luz amarilla que se filtraba por el ventanal atravesando las cortinas. Alberto tenía aún su brazo sobre mi pecho, ahora sin fuerza porque se había dormido al final, cuando yo dejé de soñar y las pesadillas se fueron.

    Miré su hermoso y varonil rostro tranquilo, algunos mechones de pelo le cubrían la frente hasta llegarle a los ojos, tenía la boca entreabierta, con los labios rojos enmarcados en la negrura de la naciente barba. Así como estaba, dormido y relajado parecía más guapo de lo que normalmente era. Su brazo me pesaba y con suavidad para no despertarle se lo retiré. Se movió para quedar mirando hacia el techo, ahora veía como se le expandía el pecho al respirar.

    Me inspiró un profundo sentimiento de agradecimiento, un amor que me calentaba el pecho al saber que podía contar con él para que lo fuera, que no iba a reclamarme sus derechos por la palabra empeñada con él, que me protegería contra todo y todos a pesar de mi traición. Y sentía que le amaba, pero de otra forma diferente a lo que amaba a Pablo, de él no me sentía dependiente y esclavo.

    Alberto, igual que Álvaro eran la paz y el sosiego. Pablo era la aventura, la fuerza, el riesgo, la locura, el amor sin fronteras. Elevé la mano y acaricié su mejilla con intención de que siguiera en sus sueños. Dio un pequeño respingo y abrió los ojos.

    -Me he dormido y ahora eres tú quien me cuida ocupando mi función. -sonreía deliciosamente, como un pequeño cuando se despierta contento y coloqué la mano sobre sus labios para que no siguiera hablando.

    -Sigue durmiendo. -me sujetó la mano y me besó los dedos uno por uno, ocupando unos segundos con cada uno de ellos.

    -Tendremos que comer algo, ya se ha hecho tarde para salir a la calle.

    -No quiero salir, vamos a seguir en la cama un día entero. -empecé a quitarme la ropa y él divertido, y con una risita, se levanto para desnudarse.

    -Haremos como los osos e invernaremos aunque sea verano. -se había quitado todo excepto el slip y ahora se metió debajo de la ropa a mi lado, aunque no hacía frío yo lo sentía y me arrimé a él para que me calentara.

    -Estamos en pleno verano y no consigo calentarme.

    -Ven, déjame que te abrace que yo tengo el calor que necesitas. -me apretaba contra él y reposé la cara sobre su pecho, pasé la mano helada por la piel de sus pectorales dejándola encima de una de sus tetillas.

    -Ahora estoy muy bien Alberto, a tu lado y calentito.

    -Yo también amor. -se dio la vuelta para mirarme y lentamente acercó los labios hasta encontrar los míos, me besaba pero sin hacer fuerza, solamente me rozaba los labios y me dejaba su aliento. Mi pecho pegado al suyo sentía la suavidad del vello que le cubría acariciándolo.

    -¡Oh, mi amor, eres tan bello, tan delicado y hermoso que temo romperte si te aprieto como quisiera. -sujeté su cabeza y le obligue a que el beso se incrementara, y abrí la boca en una invitación muda a que me diera su lengua.

    Entonces Alberto tomo el control y le dejé que me besara como era su necesidad. Metía su lengua buscando en mi boca el sabor de la saliva y yo se la acariciaba con la mía en un lento frotar que poco a poco se iba volviendo exigente y más potente.

    -Me gusta como me besas, me encanta Beto. -a la vez que me besaba acariciaba mi cuerpo con la mano derecha que tenía libre, la pasaba por toda mi desnuda espalda hasta llegar a mis glúteos y allí hincaba los dedos para llevarme hasta él y pegar mi pelvis a la suya, y podía notar la dureza de su verga retenida por la tela del slip, caliente y tan grande. Emití un suspiro.

    -¿Quieres que lo hagamos? -le susurré en el oido.

    -Estoy deseoso de hacerte mío.

    -Pero no estoy limpio, podemos manchar la cama.

    -No importa, tu siempre estas limpio mi amor. -suspiraba mientras mordía mis labios y ya me tenía excitado.

    -Quítate el calzoncillo, déjame sentir la calentura de tu verga. -se lo retiró como un rayo sin darme cuenta de como lo hizo y apretó su dureza sobre mi vientre.

    -Esta muy caliente, y grande, y gordo, pero no aprietes tanto o me harás un agujero nuevo en el ombligo. -nos reímos los dos y me tiré un poco hacía atrás.

    -Estoy impaciente por tenerla dentro de ti. -se la cogí con la mano y le acaricié el glande, los líquidos que derramaba me humedecieron la mano y me la lleve a la boca para probarlos.

    -Sabes rico Alberto, ¿puedo chupártela un ratito? Porfa, una mamadita corta, deseo sentirla en la boca. -no esperé su aprobación y resbalé por su cuerpo besando y lamiendo desde el cuello, sus duros pectorales y el marcado abdomen cubierto de suaves vellos hasta llegar al destino deseado.

    Aspiré con fruición las emanaciones que despedían los ensortijados vellos de su entrepierna y besé la base de la dura polla hasta llegar a los testículos que sostuve en la mano para valorar la dureza y la rotundidad de su ovalada textura.

    Me encantaban, no eran como los de Pablo, y no quiero hacer comparaciones, porque ahora, para mi, eran los más bellos cojones que tenía en las manos y en los labios, estaban duros y repletos de su dulce leche. Los besaba y acariciaba con la lengua.

    Lamía con gula los duros testículos metiéndolos en mi boca y sacándolos con un ruido explosivo cuando tira de ellos con los labios. Alberto gemía y encogía las piernas dejándome todo el espacio.

    -¡Qué rico, me los vas a arrancar y no quiero que te los comas! -sonreí sin dejar de jugar con sus huevos hasta que empecé a subir por el tallo cubierto del líquido que expelía por la boquita que coronaba su majestuosa polla.

    Me sabía a galleta y mi lengua voraz devoraba todo rastro que le escurría hasta llegar al glande, alargado y de menos diámetro que el tronco de la verga. Chupé desesperado queriendo arrancarle el liquido que guardara en el conducto y luego lo fui besando, agradecido por el regalo de aquel néctar.

    Alberto gemía con fuerza y tiraba de mi cabeza para que dejara tranquila su verga.

    -Por favor mi vida, vas a conseguir que me corra, déjala descansar un poco, ¡Agg, mi vida basta ya. -me compadecí aunque hubiera seguido hasta sacarle la leche y poderla degustar en la boca.

    Me cogió con inusitada fuerza y me colocó sobre el, invertido, o sea con mi cabeza sobre sus genitales que no quería que tocara, y con los míos sobre su cara, cooperé sabiendo lo que quería hacerme. Me abrió las nalgas y enterró la cara en mi raja para besarme el ano.

    -¡Ahhhh! Eso está bien, me gusta.

    -Pues espera, que ahora empiezo yo. -me reí goloso y me dejé caer para sentirle más la boca y la lengua lamiéndome el ano.

    Yo me conformaba con besarle los marcados abdominales, acariciar la suavidad de sus relieves, y hasta llegar a la verga para que no se desperdiciara el preseminal que dejaba salir en abundancia, lo recogía con los dedos para llevármelo a los labios y luego pasarme la lengua por ellos.

    No quería tocar a la palpitante barra de carne de color rosado, que latía ante mis ojos sobresaliendo, cada vez más profundamente, las venas que le surcaban el fuste, y era un sufrimiento a la vez que un placer que sentía con su lengua pasando a lo largo de mi raja mientras me acariciaba con las manos la verga y los huevos.

    -Ya vale Alberto, estoy muy caliente y con el culo abierto, quiero que me la metas ahora. -ya sabía él como me tenía de caliente, y como rezumaba mi culo agitado por el deseo de ser rellenado de carne caliente y gruesa.

    Me elevó sujetándome de las caderas y sin soltarme me arrodilló, y él hizo lo mismo detrás de mi. Supe al instante su propósito de follarme el culo por detrás y me apresté a lo que mandaba mi macho. Hinque el pecho y la cara en la cama, y elevé el trasero abriendo las piernas dejándole expedito el camino para que me la metiera como deseara.

    Me introdujo un dedo y luego escupió en mi ojete aunque no hacía falta, estaba suficientemente lubricado y abierto para recibir su verga, pero agradecí el detalle de que se preocupara por no hacerme daño. Luego apuntó la cabeza de la polla en mi hoyo y empezó a empujar, me relajé y pude sentir como iniciaba el descenso a mi intimidad más profunda la punta en lanza de su preciosa verga.

    Me sujetaba de las caderas haciendo fuerza, sin ser brusco, y sin parar de empujar. Me sentía divinamente invadido por aquella recia barra de carne ardiendo. Eran momentos sublimes al sentirme invadido por aquel elemento que tanto placer me daba, estaba bien entrenado para saber apreciar una buena estocada de verga, y juro que Alberto me la estaba encajando con delicadeza pero con la fuerza y potencia de un macho fuerte en su máxima expresión.

    -¡Ayyy! qué rico, dale, dale, entra hasta el fondo, entra, ahhh, me gusta tu polla. -al fin se aplastó contra mi haciendo saber que todo su pedazo estaba dentro de mi culo y los pelos de su pubis y los rotundos huevos, estaban acariciando mi perineo.

    Tiró entonces de mis caderas para que me pusiera a cuatro patas y dejó posar el pecho sobre mi espalda, con la respiración agitada sobre mi cuello y la nuca emitiendo graves gemidos placenteros

    -Ya la tienes enterita dentro, Huyy!, que calentito estas, no es como por fuera, me gusta tu culito hermoso, me encantas Ángel.

    -¡Ahhhhh! Si, dame fuerte, se mi macho, rómpeme el culo…

    Alberto comenzó a penetrarme frenéticamente, se escuchaba el golpeteo de sus huevos en mis nalgas y yo le acompañaba con largos gemidos que a veces se convertían en aullidos por el gusto que me daba, resultaba un musical para agudizar nuestros sentidos sensuales, delicia sonora para nuestros oídos.

    Sentía que me iba a correr en pocos segundos y empecé a acompañarle en sus movimientos de la follada tirando para atrás mi culo buscando que su verga me entrara más si podía. Me caían las gotas del sudor de Alberto sobre la espalda y sus jadeos me indicaban que íbamos a terminar al mismo tiempo.

    -¡Me corro mi vida, me corro!…

    -¡No,! espérame unos segundos. -pero resultaba inútil, sus manos me apresan las caderas tirando de mi para mantener su verga dentro mientras se deslechaba.

    Soltó un fuerte gemido y el semen que tenía en sus duras pelotas comenzó a salir para llenarme la tripa. Fue sentir los chorros de esperma entrando en mi cuerpo y, sin tocarme, mi verga comenzaba a escupir largos trallazos de semen sobre la sábana.

    Durante largos segundos no se escuchaba más que nuestro jadear en la habitación, según me iba reponiendo podía oler el fuerte hedor a sexo que desprendíamos y se acumulaba en el aire de la habitación. Jadeaba sobre mi espalda y sentía los fuertes latidos de su corazón.

    -¡Qué breve ha sido, no aguanto nada! -llevé las manos hacia atrás y le oprimí las nalgas para que no se saliera y estuviera dentro de mi hasta que la verga se le aflojara. Giré la cabeza y le ofrecí la boca, me besó y ciertamente la baba se le escapaba por los labios.

    -Ha estado muy rico Alberto, me has hecho gozar como solo un macho sabe hacerlo. -despacito comenzó a besarme el cuello, la espalda, y a morderme las orejas, y además me clavaba los incisivos en la nuca haciéndome gemir entrego a mi semental, a mi macho, logrando que me sintiera feliz por haberle hecho gozar.

    Poco a poco la verga fue saliendo de mi cuerpo, sentía que detrás de ella salía el precioso líquido que su hombría me había inyectado, me revolví para limpiarle la polla de sus jugos y los míos, nunca iba a cambiar, Pablo me había convertido en un buen puto.

    Y sudados quedamos tendidos en la cama hasta que me llevo al baño, para limpiarnos la leche que se iba quedando pegada a nuestras pieles.

    Volví a quedarme dormido jugando con mi mano en sus testículos, su verga y el vello púbico, me acompañaba el retumbar suave de los latidos de su corazón.

    ***********

    Los días que Alberto había solicitado para tomar vacaciones se terminaban y debía volver a su labor. Por otra parte Ana María me comunico que volvía de las breves vacaciones que pasaba con Oriol, David y los padres de este. Según ella los había acompañado para distraerse de la falta de Eduardo.

    Pudiera parecer cómico, pero sentía que era verdad lo que decía y que ahora se encontraba sola en aquella inmensa casa. Fue por un simple mail, ni se tomó tiempo de marcar mi teléfono pero capté el mensaje de cualquier manera.

    -“Ya hemos tomado las vacaciones que se nos permiten, ahora a enfrentar la realidad de nuestras vidas” Tu casa te espera y deberías estar allí cuando vuelva, por tu bien”

    Ahora Alberto se centraba en su trabajo, en de la notaría y en su nuevo cargo como asesor de David.

    La tarde de mi partida, a mi casa, como decía Ana María, preparé para cenar una suculenta ensalada y queso de burgos con membrillo de manzana, no quería salir fuera y tenía que comunicarle mi decisión.

    Habíamos pasado unos bonitos días de intimidad, dedicando la mayor parte del tiempo a nosotros, pude apreciar el valor de mi amigo-amante y azuzado por el mensaje de Ana María pensaba que era el momento adecuado, además de que no me quedaba más. Me había hecho el amor incontables veces, cada día mejor que el anterior, me iba conociendo y aprendiendo a sacar de mi todo el potencial de mi entrega, y sometimiento al macho en el momento del acto sexual, no en los demás donde valoraba mi libertad.

    Momentáneamente me había olvidado de Pablo, de Álvaro y de todo lo demás, para dedicarle cada pensamiento al chico que ahora se ocupaba de mi y mis necesidades. Pero siendo leales y sinceros prefería tenerlo como amigo muy, pero muy querido y recobrar la libertad aunque no pensaba que lo mío con Pablo se llegara a solucionar algún día.

    Venía cansado, muy cansado de una interminable jornada donde ni había tenido tiempo de comer, pero bueno, así son ciertos hombres, solo piensan en el trabajo, en que son imprescindibles y que nada funciona sin ellos.

    Después de una ducha donde le acompañé para limpiarle y sentir sus músculos bajo mis manos, necesariamente sentía mi necesidad de servir a alguien, era innato en mi. Luego le observé mientras comía la ensalada, le gusto y repitió de mi plato, yo no podía comer, el estómago se me retorcía ante su reacción cuando le dijera que mañana volvería a la casa de Ana María.

    -Una ensalada magnífica, has hecho bien en preparar la cena y así no tener que salir. -en su tono sentí que él sabía que no tenía buenas noticias para darle.

    -¿Qué tal tu día? -le preguntaba mientras acariciaba el dorso velludo de su mano.

    -Bien, con trabajo extraordinario para presentarle a David cuando vuelva, porque, ¿sabes que vuelven mañana? -afirmé con la cabeza antes de hablar.

    -Me ha enviado un mensaje Ana María para decírmelo y…, -dudé un instante. -Quiere que vuelva a su casa. -dejó de comer y para tragar bebió casi medía copa de vino en un solo sorbo.

    -¿Y ya has decidido marcharte? -Su rostro reflejaba una inmensa tristeza pero sonrió enseguida.

    -Bueno depende de lo que tu digas. -me miró sorprendido.

    -Pienso que si deseo volver a verte es mejor que hagas lo que Ana te pide, de otro modo, y con el tiempo, terminaras por odiarme y yo me despreciaré por haberte retenido.

    Ya estaba dicho todo y no se necesitaba ser más explícito.

    Marcharé mañana y no es preciso que dejes de trabajar, no son tantas cosas las que tengo que llevarme de vuelta.

    -No, de verdad que fuiste avaro para traerte tus cosas.

    -No te enfades Alberto.

    -No lo hago bebé, solo constato los hecho, me había hecho ilusiones, sabía lo difícil que resultaría que dejaras tu vida…, por cierto, mi jefe el notario, me ha preguntado por ti muy interesado. -me sentí ruborizar, era una alusión indirecta a las relación que mantuve con él por el tono de voz que empleaba.

    -Por favor Alberto, no tengas celos, fue solo un encargo de Eduardo, como los que tuve que cumplir con la mayoría de los hombres con los que ahora te rodeas. A ninguno de ellos he amado, eran mi trabajo, para lo que me prepararon, y sin más.

    -¿Pero te lo hacía bien? Dice que lo disfrutaste, que gritabas de placer cuando te tenía clavado. -le miré con inmensa pena, siempre tendría quien le recordara mi pasado.

    -No vale la pena que hablemos de eso, y tu lo sabes muy bien, pasó por las circunstancias que fueran, y sabías que siempre tendrían ocasión para recordarte mis inicios. No estas preparado para convivir con un tipo como yo, un puto de la organización, pero no como Oriol que estaba destinado desde que se observo su condición homosexual. -por su ojos pasaban luces y sombras, sabía que no me lo estaba reprochando pero dentro de su corazón percibía que todos sus conocidos, o casi todos, me habían gozado y eso le producía agobio e intranquilidad.

    Alargué la mano a través de la mesa que nos separaba y la puse sobre la suya.

    -¿Al menos…, amigos después de todo?

    -¡Ah! Ángel, te he fallado.

    -No te preocupes, es mejor que haya surgido ahora, en algún momento tendría que ser, llevaré siempre mi condición de puto, y a pesar de toda la fortuna que Eduardo me ha dejado, tendría que ocultarme bajo las piedras para que no aflorara mi pasado y a eso no estoy dispuesto. No he cometido pecados, al menos para mi es así aunque la sociedad no lo perciba de esa forma.

    Esa noche, a diferencia de las anteriores, no me hizo el amor, pero le sentí como lloraba, y para que no me diera cuenta, salió de la habitación buscando un vaso de agua. También yo lloraba, por él más que por mi. Alberto era otra persona de las que más quería y a la causaba daño sin proponérmelo.

    ***********

    Antes del mediodía llegó el furgón con las innumerables maletas de Ana María, en el mismo llegaba Carmen, dispuesta a trabajar colocando toda una tienda de ropas y otros utensilios de su señora en los armarios.

    -¡Carmen! -corrí alborozado a recibirla, detrás de mi Dulce, al que había tenido que arrastrar de la cinta para retirarle de la puerta de su amo al que seguía recordando y haciendo guardia.

    -¡Áy! Angel, ya estamos en casa, el viaje ha sido terrible, al menos para mi. -me dió dos besos sujetándome la cara.

    -Estas más guapo cada día que pasa. -¿quién lo diría? a través del tiempo habíamos forjado una sincera amistad y cuando estábamos solos exteriorizaba lo que sentía sin tapujos.

    -Mi ama está loca, antes el señor Eduardo la contenía, pero ahora solo las apariencias logran que se detenga. -soltamos los dos la carcajada, porque ambos amábamos a su jefa, cada uno a su manera y con diferentes connotaciones.

    Ese día no pude ver a Ana María, al atardecer y como estaba aburrido, llamé a Alberto por si le apetecía salir a tomar unas cervezas, la respuesta fue negativa, trabajaba a destajo para la reunión que al día siguiente mantendría la junta con David, suspiré y corte la llamada, otro que se convertía en esclavo del trabajo. Seguidamente llamé a Ian, este estalló en risas y me dijo que parecía que teníamos telepatía, esta a punto de llamarme.

    Me recogió en su moto cuando Ana María no había llegado aún y me llevó al bar donde todos los amigos se reunían, faltaban muchos por las vacaciones que cada uno disfrutaba a su manera.

    A las tres de la mañana teníamos que coger un taxi, era imprudente regresar con las cervezas que había bebido conduciendo su moto, me acompañó hasta mi casa y en la intimidad del taxi, antes de despedirle con un eterno beso que no quería romper me pidió que le permitiera pasar la noche a mi lado.

    -¿Y para qué? Si estamos borrachos como cubas. -pero tenía la verga dura y la calentura del alcohol le había permitido desmadrarse saliéndose de compostura.

    Al fin pude tomar una ducha de agua fría, me esperaba con una toalla en las manos el bueno de Tomás, pensaba que estaba en su mejor sueño pero, al parecer, me había escuchado llegar, se puso su bata acolchada e hizo su labor de noble servidor de sus señores, lo mismo que estaba acostumbrado a hacer con Eduardo.

    -Puedes volver a la cama Tomás, ya me arreglo solo. -le veía impertérrito ante mi desnudez, ofreciéndome el lienzo de sus manos.

    -Es mejor que el señor se tome un café cargado, lo tengo preparado en la cocina. -no había más discusión, él sabía lo que se debía hacer, me sequé mientras él buscaba una bata albornoz para que me pusiera.

    Me sirvió una gran taza de café humeante permaneciendo de pié como un soldado de guardia.

    -Siéntate Tomás, toma un café conmigo.

    -No debo señor. -pero le vi dubitativo y arrastré una de las sillas para que tomara asiento. Suspiró y dejándose caer se sirvió una taza grande de café como el mío.

    -Una extraña hora para que nos encontremos sentados por primera vez.

    -Si señor, pero no es la primera…, bueno si con usted.

    -¿Le hechas mucho de menos?

    -Era un buen jefe señor, pienso que usted también lo sería. -emití una risa seca.

    -¿Me ves igual que a tu jefe, igual a Eduardo?

    -Yo no soy quien para juzgar nada señor, pero soy viejo, he vivido mucho. Lo que pueda parecer que está mal, podría haber sido peor por otro camino, solo piense en usted mismo. Si don Manuel y el señor no se hubieran ocupado de usted, es posible que ahora no viviera.

    -Has sido un servidor fiel Tomás y no te atreves a enjuiciar las conductas de otros. -bajo la cabeza y musitó como para si mismo.

    -Siempre no ha sido así señor. -su mano temblaba al tomar la taza de café y volvió a colocarla en el platillo sin llevarla a los labios. Sabía que las confidencias habían terminado.

    Me acompañó a la habitación, como antes hacía con su señor, me abrió la cama y pregunto si necesitaba algo más antes de retirarse.

    A la mañana siguiente me levanté tarde y sin prepararme marché hasta la cocina para desayunar y ver si estaba Ana María.

    Dulce me recibió dando saltos de alegría y lo cogí en mis brazos acariciando su cabeza. Empezó a emitir sonidos como sollozos mientras me lamía la cara.

    -Para, párate, quieto precioso. -entre risas le di un beso en su hociquito y él seguía queriendo lamer mi cara.

    -¿Te sientes solo pequeño? No te preocupes ahora estoy yo para atenderte y darte caricias. -me había arrodillado en el suelo para dejarle y seguir jugando cuando la pequeña Alicia apareció en la puerta.

    -Vaya, que le has puesto contento Ángel. -me levanté aunque Dulce quería seguir jugando e intentaba trepar por mi pierna desnuda rozándose contra ella.

    -¡Holla Alicia! Igual ya es hora para desayunar? -y la miré con cara de lástima.

    -Calla tonto, siéntate que ahora tienes tu desayuno. -se iba a alejar cuando mi voz la contuvo.

    -¿No está Ana María…, bueno tendré que decir “la señora” a partir de ahora? -la niña entendió mi sorna y soltó una carcajada.

    -Cuando llegó anoche, después de que marcharas, se metió en su habitación y aún no le hemos visto, dice Carmen que tiene una enorme jaqueca y que no se levantará.

    Desayuné mi caliente cola-cao, mi tostada con mermelada de naranja ácida y el gran vaso de zumo, mientras escuchaba a Alicia informándome de algunos detalles de la casa por los días que había estado ausente, hasta que Berta la reclamó para que hiciera sus deberes.

    Estuve cuatro días sin ver a Ana María, continuaba sin dejarse ver y el único contacto que teníamos con ella era a través de Carmen que nos informaba y que no había mayor problema, que su señora a veces era así.

    Pensé en la posibilidad de visitarla en sus aposentos privados, pero al final pensé que si ella no me llamaba era porque no me necesitaba.

    Aparte de tomar el sol en la piscina, y bañarme en sus cálidas y azules aguas, nunca tan solitarias como en esos momentos, me dedicaba a leer, y a las tardes, porque Alberto seguía sin responder a mis llamadas, llamará donde le llamara.

    Tenía que contactar con Ian como si solamente él existiera, para que me sacara y no terminara de volverme loco.

    Pensé en llegarme hasta su trabajo para que habláramos, y al menos saber que se encontraba bien. Sentía enormes reparaos de encontrarme allí con su jefe el notario en su presencia y que solo sirviera para que volviera a sentirse celoso y eso hacía que desistiera. También visitarle en su casa, en este caso me asustaba volver a dejarme convencer por su desbordante amor y que no pudiera pensar con propiedad. Total que no podía aclararme con su situación emocional.

    Solamente Ian parecía estar pendiente de atenderme cuando solicitaba sus servicios o atenciones para que me llevara de un lugar a otro. Apreciaba en lo que valía su esfuerzo y me causaba emoción el notar como se contenía para no abrazarme demasiado o exteriorizar sus sentimientos aunque yo se lo notaba al instante.

    Tampoco recibía noticias de Pablo, ni de nadie, como si todo el mundo me hubiera olvidado. Caro que Pablo era obvio que nunca me llamaría y dejaría pasar otro año, hasta que hubiera otro funeral para dejarse ver. No quería que sucediera pero soñaba con el, a veces sueños angelicales donde había paseos por el inmenso valle y en el monte, y otros donde su presencia se me hacía tan real y palpable que sentía la necesidad de su persona, para besarle y sentir que era suyo de cualquier forma.

    Esa tarde recibí una llamada de Ian, como siempre, y sobre todo últimamente, su voz sonaba alegre, era notorio que le alegraba saber que estos días era mi tabla de salvación para no zozobrar y sabía que le necesitaba como amigo más fiel. Quién lo diría sabiendo de aquellos primeros encuentros tan…, violentos y excitantes también.

    -¡Ángel! Tengo algo especial para esta noche. -se le notaba una alegría especial.

    -No se si quiero salir, me preocupa Ana, lleva días sin dejarse ver y temo que pueda necesitarme en cualquier momento. -al instante soltó una carcajada.

    -¿Y eres tu el que se preocupa?…, Rubén y Erico estarán en esta fiesta, sus sobrinos de sangre. ¡Venga Ángel,! que no se va a morir. Vamos a tener una pequeña cena, a bailar hasta agotarnos y pasar la noche en alegre armonía, no eres su niñero.

    -Veré si me animo, porque no solamente Ana es mi problema, si Alberto quisiera acompañarme…

    -Necesitas despejarte, salir, si Alberto no quiere acompañarte yo me ocupare de cuidarte y además…, es una noche, no abandonas tus deberes. Si tu novio no te atiende él se lo pierde. -en ese momento pensé que Ian no sabría que Alberto y yo ya no tenía compromiso alguno.

    -Bueno Alberto ya no tiene obligación de cuidarme, de momento hemos decidido dejar pasar un tiempo. -tampoco quería ser muy explícito con él.

    -Entonces…, ¡por favor! Autorízame a que te recoja, lo vas a pasar bien y olvidar todos tus problemas, te lo garantizo. -dejó salir de nuevo su risa y me contagió haciendo que riera con él.

    -Eres terrible y también temible Ian, a veces me das miedo. -su risa sonaba al otro lado convulsa y contagiosa.

    -Lo único bueno que tengo es que se bailar y esta noche te lo demostraré, si quieres ser mi pareja. -no podía dejar de reír imaginando sus pasos académicos en la pista de la sala de fiestas.

    -Ummmm, Esta bien, casi me has convencido y ¿no habrá otras novedades? -no se porque dije mis últimas palabras, pero un segundo después me arrepentía de haberlas dicho.

    -Puede haber más sorpresas, pero solo hasta donde tu quieras, sabes que soy tu enamorado despechado pero fiel. -sonreía a mi pesar halagado y sentí un pequeño ramalazo de placer en mi polla y como mi culito se contraía.

    -¡Jo Ian! siempre estás de broma. -llevaba ya varios días sin tener sexo, la persona que pensaba que me llevaría cada noche a la cama no respondía a mis llamadas, aunque ya no fuera mi novio oficial, yo amaba a Alberto y no esperaba de él esa reacción tan negativa a nuestro último encuentro, aunque le entendía o deseaba comprenderle.

    Indudablemente mi educación sexual era muy distinta a la suya, él era una personal medianamente normal en sus necesidades sexuales, yo, quisiera o no, había sido enseñado para ser puto, y lo llevaba ya inscrito en mi ADN. Mi culito, necesitaba cada cierto tiempo, ser motivo de satisfacción para un macho, necesitaba sentirlo lleno de carne y además de un macho que me supiera exigir y portarse como semental puro y dominante.

    Dejé mis pensamientos para responder porque ambos nos habíamos quedado callados y el éter solo trasmitía ruidos inexplicables.

    -Esta bien Ian, una fiesta es una fiesta y si no quieres molestarte, si van a ir Erico y Ruben, puedo pedirles que me lleven… -su risa volvió a sonar aunque ahora se escuchaba algo nerviosa.

    -Ni hablar, yo he conseguido sacarte de tu guarida y ahora no voy a dejar el campo libre a Erico para que te lleve a su vera. Te recogeré a las nueve antes de la cena, espero que me dejen traspasar los muros de tu cárcel sin problemas.

    Después de despedirnos me entretuve nadando en la piscina interior, y una vez cansado, dándome una relajante ducha de agua muy caliente en mi habitación.

    indudablemente, ahora, aquel largo pasillo me parecía enorme e interminable. Pasar por delante de los aposentos que ocupara Eduardo, y luego los de Pablo era muy triste, me parecía imposible que ahora tuviera un enorme pabellón, toda un ala de la mansión para mi solo, como le sucedía a Ana María.

    Me sentía abrumado y miré a las cámaras de seguridad, agradecía que, aunque fuera en la distancia, alguien me mirara caminar por el desierto y silencioso pasillo.

    Ian llegó, y claro, él supo esquivar la vigilancia y permitirse el acceso como era lógico y previsible. El ruido de la moto se escuchaba en la entrada principal, temí por un momento que llegara a molestar a Ana María.

    -¿Llegará tarde el señor? -contemplé la figura del fiel Tomas.

    -Métete en la cama y no pienses en mi regreso, igual no vuelvo en toda la noche. -sabía, a pesar de su cortes inclinación de cabeza, que no me atendería, para él sería imperdonable no estar pendiente de la hora en que sus señores llegaran, y ahora, para él yo era su señor.

    Me abracé a la cintura de Ian después de colocarme el casco que me entregó.

    -Has sido rápido.

    -Estaba esperándote cowboy, arranca. -en plan de broma aceleró un par de veces haciendo una ruidosa gracia antes de comenzar a rodar.

    Las luces del parque estaban ya encendidas a pesar de no haber anochecido, y avanzó por la avenida de robles casi en silencio, sin el estrépito que antes provocaba, hasta la enorme puerta de hijo forjado. El guarda de seguridad nos permitió la salida sin preguntar ni moverse de su garita.

    Cuando salimos a la carretera que bordea la costa, solté un momento las manos de su cintura, las elevé al colorido cielo y dejé salir un alarido de alegre y gozosa liberad.

    -¡Wauuuu! Está precioso el anochecer. -Ian volví un instante la cabeza vi relucir sus ojos en una sonrisa cómplice.

    -Agárrate a mi, loco. -no se el motivo, pero abracé con fuerza su cintura y apoyé la cara, bueno, el caso en su ancha y dura espalda plagada de fuertes músculos mientras aceleraba y cogimos velocidad, sentía el cálido viento que me azotaba el rostro.

    -¡No quiero ir a fiesta alguna! -hablaba para mi y creía que no me escuchaba.

    -¿Qué dices? -apartó la mano izquierda del manillar de la moto para sujetar las mías, abrazas a su abdomen y apretarlas contra él. Me hacía sentir el calor de su cuerpo y la dureza de sus abdominales, pero inmediatamente volvió a controlar la dirección de la moto.

    No le respondí, en cambio apreté mis brazos alrededor de su cuerpo duro y fibroso, nunca pensé que deseara ese cuerpo y que hacía que tuviera fantasías con él, estaba loco de verdad.

    Sinceramente Ian estaba buenísimo, el baile moldeaba su cuerpo y sentía delante de mis piernas la fortaleza y dureza de su redondo culo, aunque a mi me interesaba más lo que tenía por delante.

    -Nada, no me hagas caso, que lo vamos a pasar muy bien, tengo ganas de divertirme y no pensar. -seguro que él no me escuchó, o no del todo, solamente redujo la marcha y volvió a sujetar mis manos, pero bajándolas un poco hasta que hice contacto con el bulto duro y grande de su entrepierna.

    Lo que él entendiera le había puesto contento y dado confianza, no aparté las manos de donde él me las había colocado, pero tampoco hice nada, para no producir un accidente y porque no estaba aún seguro de lo que pudiera surgir esta noche, me limité a sentir las fuertes contracciones del bulto que tenía vida propia bajo mis manos.

    En el restaurante que habían reservado, y que no era el que esperaba que fuera, nuestro lugar de encuentros de siempre, estaba todo un numeroso grupo de amigos entre los que se encontraban los primos de Oriol, algunos se levantaron con rapidez entre gritos de bienvenida para abrazarnos.

    -Estas precioso, increíble, parece que tu ex no sabe apreciarte. -Rubén me daba un ligero beso en los labios mientras me hablaba.

    -Tu no estás peor. -nos reímos los dos abrazándonos. Pues Rubén siendo diferente a mi, más sofisticado y femenino, con peinados algo estrambóticos, su cara y su cuerpo no dejaba indiferente a los machos.

    Su hermano, sin embargo, solo me plantó un beso en la mejilla y un apretón de manos, ya sabía que Erico, hacía algún tiempo, se había follado a los putos de su hermano Ruben y a su primo Oriol, y que era todo un macho, pero también le gustaban los nenes guapos, aunque a mi parecía tenerme más respeto y se mantenía alejado.

    La cena transcurrió entretenida, en una charla tan nutrida que no me enteraba de nada, hablaban varios a la vez y únicamente lograba comunicarme con los más cercanos, Ian a mi derecha y, quizá desafortunadamente, Erico a la izquierda, pero enfrente tenía a Rubén que me hablaba a gritos.

    Alguna vez, como al descuido, Ian colocaba la mano izquierda sobre mi muslo, apretándolo sin fuerza cuando quería que diera una confirmación a sus palabras, pero a veces la seguía manteniendo en una tenue caricia que me ponía nervioso.

    Sinceramente no perdonaba a Alberto que no estuviera a mi lado, comportándose como hacia Ian, intentando conquistarme, seducirme como él hacía sin cansarse, sin que le oyeran los demás, susurrándome lo guapo que me veía esa noche, que me brillaban espléndidamente los ojos, que le embriaga mi aliento, que mis labios estaban rojos como una flor para besarlos.

    Porque lo necesitaba, si, y no podía evitarlo, como lo que era, una buena zorrita que había pasado demasiado tiempo sin sentirme controlada por un macho.

    Ian me estaba arruinando la noche aunque él no lo supiera, no quería que fuera con él, había decidido que fuéramos amigos y nada más. Si en su lugar hubiera sido Erico, le hubiera pedido que me lleva a un hotel, a su casa, al campo al aire libre en esa noche estrellada y caliente, y que me hiciera rendirme ante su fuerza de macho, pero…, ¡joder!, con Ian, a pesar de estar tan bueno, me daba corte después de haberle parado los pies como lo hice.

    En un momento que su mano se deslizaba más arriba de mi muslo se la sujeté apresándola pero sin separarle.

    -Ian, por favor. -enseguida me miró arrugando el entrecejo y le note entristecida la mirada.

    -Perdona Ángel, no quería molestarte. -aquel gesto suyo y su sincera disculpa me dejaron rojo de vergüenza, al menos no se había enterado nadie de que le había cortado y podía temer al ridículo. Sentí una fuerte opresión en el pecho y como mi corazón latía más rápido.

    Nos mirábamos fijamente y sentía pena, lástima por mi amigo que según él me amaba y yo no le daba la más mínima esperanza, y mientras mas le miraba mejor apreciaba sus bellos y viriles rasgos.

    Apreté su mano que aún sostenía sobre mi muslo y le dirigí una sonrisa tímida.

    -No tengo nada que perdonarte Ian y no me molestas, en realidad me gusta.

    Mejor que no se lo hubiera dicho, pareció que a partir de aquel momento le había dado permiso para todo, y empezó a comportarse como un auténtico enamorado, a veces estrechándome cogiéndome de los hombros, claro que nadie se daba cuenta porque ya todos habían bebido más de seis cervezas.

    Alguien si lo había notado, Rubén desde el otro lado de la mesa me guiñaba un ojo, complice con lo que estaba sucediendo entre Ian y yo, y a veces sacaba la lengua relamiéndose los bellos y perfilados labios, como diciendo que aprovechara, porque él no lo dudaría un segundo.

    La cena terminó bastante tarde, creía que todo llegaría hasta ahí, pero éramos jóvenes, el verano estaba en su apogeo, la noche cálida.

    El tugurio donde entramos estaba casi a oscuras, el alumbrado de la calle inexistente, dentro del tugurio tardamos en acostumbrar la vista. El ruido era brutal y ensordecedor, los olores corporales quizá resultaban hasta inmundos, se mezclaban todos los efluvios para hacer denso y palpable el aire que respirábamos y casi podía cortarse.

    Iba a retroceder cuando Ian me sujetó la mano y tiró de mi arrastrándome hasta el final de la larga sala, allí parecía más despejado, quizá por estar lejos de la puerta donde entraba salía el público continuamente.

    No había mesas libres, y menos asientos para descansar si alguno quería, entonces teníamos solamente un trozo de barra despejada y la pequeña pista de baile donde no se podía ver si algún bailarín la ocupaba por la oscuro que que estaba aquella zona.

    -Parece una habitación oscura donde cada cual agarra lo que puede. -después de hablar Ruben soltó una carcajada que otros secundaron.

    Pidieron para beber y no me preguntaron lo que quería, debía de ser consumición estandard y única para todos. No me disgustó el sabor y con la sed que llevaba me bebí la mitad del primer vaso.

    -Ten cuidado es piña con vodka y va cargado. -Erico me sujetó el vaso para volverlo a colocar en el mostrador, evitando que me bebiera todo el contenido, y me pareció gracioso que estuviera preocupado de lo que pudiera sucederme.

    -Gracias primito, algún día te devolveré el favor. -Erico lanzó una risotada y para hablarme otra vez tuvo que acercar la boca a mi oreja hasta hacerme sentir su aliento.

    -No soy tu primo, pero no me importaría serlo. -continuando la conversación surgida me abracé a él para que bajara la cabeza y le grité en el oido.

    -¿Un primito como Oriol? -no pude verle el rubor pero sentí el calor que desprendía su oreja. Sin separarse argumentó.

    -Es posible, ¿por qué no? Puedo realizar esa función cuando gustes. -sentí como bajando la mano me sujetó por una nalga y me la apretó, pero no hubo más porque Ian tiró de mi brazo reclamándome.

    -Termina la consumición y vamos a la pista, espero que haya lugar para podernos meter. -como él me dijo terminé de beber lo que faltaba, sentía que la cabeza se me iba pero estaba fresco y me gustaba el sabor.

    Al momento de alejarnos pude ver que Erico me miraba y me hizo una señal diciendo que no estaba bien que bebiera tan rápido.

    Desde luego el lugar no estaba para que Ian pudiera lucirse bailando como en su pista de la escuela de danza, teníamos como mucho veinte centímetros cuadrados para nosotros y teniendo que soportar los empujones del apiñado publico que nos rodeaba.

    Me quedé estático esperando su decisión, y sin más me sujetó de la cintura llevándome hacía el y enlazándome para bailar agarrados.

    -Si no hay otra manera no renuncio a tenerte a mi lado. -dejé salir una alegre y nerviosa risa y me apreté a su cuerpo dejándole que me llevara el poco espacio de que disponíamos para mover algunos pasos.

    En realidad más que baile resultaba estar abrazados haciendo pequeños movimientos. Ian abrazó mi cintura y yo a mi vez la suya, elevé la cabeza aunque no podía casi verle, como movimiento reflejo Ian bajó la suya y nuestros labios se encontraron en un beso ligero.

    -Lo siento Ian, no es tu día.

    -No importa, ¡tú no estás a gusto! yo me conformo con poderte abrazar como ahora hago. -de repente, y antes de que bajara la cabeza, él volvió a bajarla y hacer que nuestras bocas se unieran de nuevo.

    Sentí sus labios trémulos y calientes apretando los míos, el aliento que se le escapaba y golpeaba en mi cara a través de la separación de nuestras pieles. Hizo una ligera presión solicitando que participara y entreabrí la boca como afirmación a sus deseos.

    Ian al instante metió la lengua explorando mi cavidad bucal lentamente, acariciando con su lengua todo el interior de mi boca. Este era un Ian que no conocía, dulce, suave, amoroso, y exigente a veces lengüeteando aprisa pidiendo que hiciera lo mismo sin palabras.

    -Me gusta besarte Ángel, dime si me estoy pasando.

    -Sigue bobito, besas de maravilla. -era cierto, su boca caliente me sabía muy sabrosa llena de abundante saliva, tan suave y deliciosa, y no dudo que él sintiera lo mismo al explorar la mía.

    Y claro, no podía ser de otra manera, empezó a excitarse, ya lo estaba, pero ahora sentía en mi tripita la dureza urgente de un hierro calentado en la fragua que no podía calmarse. Yo también estaba muy caliente, pero él no lo notaba de igual forma a lo que yo sentía pegado a mi cuerpo, además a él no le importaba mi pene, solamente se centraba en acariciarme las nalgas, e intentar hacer un hueco en mi pantalón para meter la mano y llegar con los dedos a mi raja.

    Era tal su énfasis, que sin dejar de comerme los labios y mordisquearlos, consiguió lo que quería, solo tuve que encoger ligeramente el vientre para que tuviera suficiente espacio y permitirle que llegara a su sueño dorado.

    Por debajo del pantalón solamente llevaba un tenue suspensorio, para que sujetara mis atributos de hombre, el culito estaba expedido a cualquier aventura de un atrevido macho. Era mi manera de vestir para realzar mi culito, y que a veces el pantalón se me incrustara entre mis montañitas duras y pequeñas separándolas.

    Cuando su dedo acaricio la estrella dorada de mi ano deje escapar un hondo suspiro.

    -¡Haaaa! Ian, ¿qué me haces? -una pregunta inútil.

    -Te toco el culito nada más, ¿no te gusta? lo siento tan calentito, y suave.

    -Sí, continua por favor no pares. -me apreté más contra él y elevé una pierna cruzándola con la suya para que tuviera mas facilidad y pudiera jugar con mi culito.

    Sacó la mano y me la ofreció para se la humedeciera metiéndome los cuatro dedos en la boca. Luego buscó otra vez mi entrada, ahora ya me había aflojado el botón de la cintura del pantalón y no tenía impedimento para torturarme con las caricias que me prodigaba.

    -Te voy a meter un dedo en el culito. -su tono era grave de puro macho, había tomado el control y solamente avisaba de lo que pasaría y que estuviera preparado.

    -Si, fóllame con tus dedos Ian. -no nos movíamos, mi pierna apresaba la suya y la utilizaba para elevarme y que llegara mejor a mi ano. Apretó y sin dolor mi culo fue tragando su dedo.

    -¡Ahh! Ian, que rico se siente, ábrete la bragueta, quiero tocar tu verga. -con la otra mano se bajó la cremallera para permitir que metiera mi mano buscando la caliente pija que deseaba salir de su encierro.

    -La sentía palpitar en mi mano, caliente y dura, húmeda de los flujos que le salían abundantes. La acaricié y me pasó la humedad que tenía a la mano, me la llevé a la boca y aproveché para olerla, con certeza puedo decir que el sabor y el olor eran neutros, o yo no era capaz de percibirlos.

    -Esta caliente muy dura Ian.

    -Tu la pones así precioso, tu eres el motivo de que la tenga a full y a punto de correrme. -mientras hablábamos, y yo le manoseaba la dulce y rica pija caliente, el no dejaba de hacer todo lo que podía en mi culo, esforzándose en meterme tres dedos pero el lugar no era el propicio.

    -¡Que rico culito amor!, te lo atrevesaría con mi verga. -pasé la palma de la mano por el capullo de la polla y elevé los brazos para sujetarme a su cuello.

    -Hazlo Ian, quiero que me folles, necesito ya tu verga o me vuelvo loco.

    -Ven, sígueme. -tiró de mi mano llevándome, apartando sin consideración a los bailarines que nos rodeaban, me llevó por un corto pasillo detrás de la pista de baile, había varias puertas y las fue abriendo mientras pasábamos hasta que encontró la que le pareció conveniente. Era un baño algo grande, no demasiado pero suficiente para consumar lo que nos urgía.

    Cerró la puerta, el pestillo estaba estropeado, Ian lanzó una maldición pero no salimos de allí, se colocó apoyando la espalda en la puerta y tiró de mi para abrazarme por detrás.

    Podía sentir, a través de la tela del pantalón el calor y la dureza de su verga que no había vuelto a meter en el pantalón desde la pista de baile.

    -Te voy a dar rico por el culo. -y me mordió la nuca.

    -Mi verga te va llegar hasta el estómago. -y me chupaba la oreja.

    -Vas a ser mío por voluntad propia. -ahora volví la cabeza para que me besara en los labios. Mientras me morreaba a base de bien, me empujaba de los hombros reclamando el derecho de macho dominante, a que me arrodillara ante él, y le mamara la polla.

    Y lo hice de buen grado, caí de rodillas y enfrente de mi cara tenía su gran pedazo, brillaba a la escasa luz del cubículo por los líquidos que manaban de la boquita del capullo, me relamí los labios y poniéndolos en forma de corazón los aplique a la puntita, y sorbí los preciados líquidos que surgían.

    Me relamí los labios y elevé la vista para mirar a mi macho, estaba tan rojo que podría sufrir una apoplejía, le guiñe un ojo sonriendo pero él no sonreía, me miraba fijamente sin llegar a creerse que me tuviera tan rendido para él.

    -Quítate los pantalones, quiero tenerlo todo a la vista. -rápidamente se puso a obedecer lo que le pedía, y ayudado por mi que tiraba con fuerza de las perneras lo bajamos hasta los tobillos, tuvo un traspiés al levantar un pie para quitarse el zapato y cayó sobre mi, soltamos los dos la carcajada.

    -Si me matas no podré chupártela y no me darás por el culo. -Y al fin tenía libre su pene, sus gordas y peludas pelotas y sus musculosas y moldeadas piernas, me abracé a ellas y empecé a besar aquellos huevos de ensueño, aquí si había olores, olores fuertes de macho y la boca se me hizo agua.

    Lamí, comí verga y chupé con todas mis fuerzas hasta conseguir que Ian se derrumbara pidiendo piedad.

    -Para, detenta, ya vale, no quiero correrme aún.

    -Pero yo quiero comerme tu leche, tu polla me sabe rica. -no le tenía en cuenta los vómitos que me había producido al follarme con saña la boca, y llegar a metérmela toda ella en la garganta, porque me había encantado sentirme ahogado por esa carne tan rica.

    Pero hice lo que me pedía, él mandaba y me puse de pié, empezó a desnudarme, pero de medio cuerpo como él estaba, me quería encueradito del todo y entre los dos, y entre risas sofocadas, conseguimos dejarme como niño recién nacido.

    Me dirigió para que me arrodillara sobre la taza del váter y me sacó el culo elevándome.

    -Apóyate en el depósito y saca bien el culito. -se inclinó y lo primero que hizo fue lamerme el ano haciendo fuerza con la lengua para penetrarme, tenía ya dilatado el culo por sus juegos en la pista de baile, pero no lo suficiente para que me clavara la pija sin que me doliera, y se afanó en chupar y chupar mientras yo gritaba pidiendo mas lengua.

    -Dame Ian, se mi macho semental, estoy para ti, clávame lo que quieras amor, quiero el culo lleno. -y gritaba, sí, gritaba casi hasta llorar porque era una huracan lo que hurgaba en mi ano, era viento cálido, a veces fuego, era agua de lluvia torrencial.

    -¡Ayyy! Qué rico amor, que bien me comes. -vaya que si me comía y me metía los dedos, la lengua, y me soplaba, los ruidos que se escuchaban de fuera no eran importantes, no los prestábamos atención, alguien había abierto ligeramente la puerta y dos cabezas se asomaban viendo la escena de sexo en primer plano.

    Se canso de chupar y me azoto con dos nalgadas, que aún doliéndome, me hicieron gritar de gozo.

    -Ya estas listo, ahora tendrás tu premio. -me azoto en la raja con la verga, golpeaba fuerte haciendo que abriera y cerrara el ano, y de repente la situó y con suavidad pero sin detenerse me la metió hasta los huevos, me parecía pequeña aunque no lo era, y con mi mano le empuja del culo para que entrara más.

    -No tengo más amor, la tienes metida hasta los huevos.

    -Dame duro Ian, jódeme el culo.

    Ian era una máquina, además de fuerza imprimía enorme velocidad que conseguía hacerme sollozar de gusto.

    -Toma verga, toma, toma. -sus huevos retumbaban golpeando en mi perineo y a veces coincidía en el movimiento de mis huevos y se acarician entre ellos, o los pelos de sus cojones pasaban como plumas sobre los míos.

    -Me voy a correr Ian, no aguanto más. Fuerte, dame fuerte. -y sus movimientos ahora lograban llegar más profundo con empellones que me lanzaban contra el depósito del váter.

    El golpear de su glande, en no se que partes de mi interior, conseguía que los calambres llegaran desde mis huevos hasta hasta la punta de la mi verga de donde ya salía un abundante caudal de esperma que se estrellaba contra la loza blanca del depósito.

    -¡Haaaa! Qué rico Ian. -y no podía hablar más, solamente apoyé la cabeza sobre la fría loza y disfrute de sus continuas embestidas que me arrancaban las últimas gotas de leche. Estaba como desmayado pero Ian no cedía y continuaba follándome que era un placer.

    Hasta que aceleró las metidas y sacadas anunciando que estaba pronto a derramarse.

    -En la boca Ian, quiero tu semen en la boca. -sacó rápidamente la verga de mi culo y me ayudó con una mano a sentarme en la taza, sin dejar de pajearse la verga que esta a explotar de roja.

    Abrí la boca y saque la lengua para estimularle con lamidas el glande, para que se terminara de correr.

    -Dámela, dámela Ian.

    -Ya, ya va. -su mano no se veía por la velocidad que imprimía a su movimiento.

    -Ya, me está, ya está aquí la leche que quieres. -atrape la punta de la verga entre mis labios antes de que saliera el primer chorro de semen y fui sintiendo como me llenaba la boca, no lo tragaba y esperaba para ver si conseguía llenármela de tanto que le salía, esperé hasta que dejó de convulsionar como hacen los machos sementales cuando sienten que la vida se les escapa por la verga para preñar a sus hembras.

    Su leche estaba muy caliente pero no sentía mucho sabor, me encantaba jugar con ella en la boca, revolviéndola entre los dientes y bañando el capullo de su verga en su propia leche.

    Al final me los trague todo, apenado de que no hubiera más, le pasé la lengua para dejarle limpia y brillante la polla.

    -Me gusta tu semen Ian, me encanta tu verga.

    -Y me has hecho sufrir tanto. -de pie y abrazados nos besamos y relamió mi boca para hallar restos de su corrida, entonces escuchamos aplausos en la puerta del aseo, nos dimos la vuelta sorprendidos, Ruben y su hermano Erico taponaban la entrada protegiéndonos de otras miradas.

    -Ha faltado poco para que todo el bar os viera follando.

    Seguirá…

  • Obsesión por el culo en bragas de mamá (3)

    Obsesión por el culo en bragas de mamá (3)

    Esta es la tercera y última parte de la obsesión que tuve con mi madre por verle las bragas y cogérmela. A estas alturas ya habían pasado casi un mes, o sea 4 fines de semana, donde cada vez me las ingeniaba para verle las bragas a mi suculenta madre, llego un punto donde me hice tantas pajas con su bragas que sospecho que algo estaba pasando, pues entre semana lavaba algunas de ellas, pero me daba igual pues mojadas o secas las tomaba y me pagaba pajazos igual o hasta más llenas de mi semen.

    Le vi varias tangas entre sábados y domingos, pero ahora lo que quería era por fin cogérmela ya era hora, pues me había excitado tanto y sabía que ella lo hacía propósito, se contoneaba por la casa enseñándome las bragas y ese culo, sabía que quería que la llenara de leche el culo y su pucha, bueno eso pensaba yo, ahora aquí el más grande problema como hacer para que me diera sus nalgas, digo, no es como que llegue y le diga “como buena madre déjame cogerte”, creo que me da un golpiza y me encierra en algún centro de rehabilitación.

    Pensé durante días como hacerle, pero nada se me ocurría, nada “legal” digo tenía una obsesión pero jamás la lastimaría, así que me había resignado a verla y masturbarme, incluso ella compro nuevas bragas por que las anteriores ya estaban todas manchadas de semen, en algún momento yo dije que mi ropa tenia a manchas raras, con tal de desvaír la atención así que ella cambio de detergente nada más, que ilusa y deliciosa es mi madre. Cuando ya estaba resignado, un rayo de luz cayo en mí, suerte destino no lo sé pero esto fue el mayor logro de mi vida.

    Como saben por los meses de diciembre las empresas hacen una cena de navidad para sus empleados, curiosamente el mismo viernes tanto mi mama como mi papa tuvieron su cena cada quien en su empresa, por lo regular cuando esto sucede cae en días distintos y papa lleva a mama y mama lleva a papa a sus respectivas cenas, y claro yo cuido a mi hermanito, bueno ese día ambos irían a sus cenas, la de mi papa sería algo retirado la empresa es algo grande así que por lo regular llega a las 4 o 5 de la mañana, el casi no toma en mi vida lo he visto 2 veces tomado y es mucho decir, mi mama igual, pero solo una vez la vi, ese día mi mama le dijo que le darían el nombramiento como sub gerente de almacén, en esa empresa se dedican a la distribución de cosméticos por lo cual la mayoría son mujeres y pues sus fiestas termina como a las 11 o 12 de la noche.

    Se fueron juntos, papa paso a dejar a mama, ella dijo que una de sus amigas que se llama Susana que vive a como a 3 cuadras de nuestra casa la pasaba a dejar, así papa podía divertirse tranquilamente, se fueron nos quedamos con mi hermano viendo películas casi hasta media noche, se quedó dormido en el sillón, lo cargue y lo lleve al cuarto quedo profundamente dormido, así que aproveche para ir al cuarto a ver si mama tenía algo nuevo, para manchar con mi esperma.

    Cuando estaba escogiendo al indicada, tocaron el timbre, dije “rayos ha de ser mama, ya es tarde, pues bueno será mañana”, abrí la puerta y era Susana y me dijo “Como estas, oye que crees, tu mami esta algo tomada hoy fue una gran noche para ella la nombraron sub gerente y pues las chicas y yo teníamos que celebrarla, viene durmiendo en el coche, me ayudas a meterla a la casa”, le dije que sí, la tome de un hombro y ella del otro y la recostamos sobre el sillón, me di las gracias a Susana y se fue.

    Cuando le hable respondió y dijo que estaba bien solo quería dormir, me pregunto por mi hermano le dije que estaba durmiendo ella dijo está bien, y ya se iba a su cuarto, para acabarla ese día ella llevo un pantalón entallado de vestir pues tenía que estar muy formal, así que ni pude asomarme debajo de su falda para ver que traía, le dije que si quería algo, me dijo que solo agua, entonces fui a la cocina y cuando estaba sirviendo el agua se me ocurrió la más brillante idea que he tenido, “ella está tomada, si le hago algo quizás no se acuerde, pero aun no esta tan, tan tomada, que hago”, como les decía cada cena de fin de año hacen sorteos para los empleados, en algunas de ellas mis papas se han ganado botellas de alcohol (vinos), pues como no toma se quedan en la alacena.

    Entonces pensé en emborrachar mas a mama, y por fin darle lo que tanto busco, me acerque le di el vaso con agua y le dije “oye ma, estas algo tomada, quieres que te prepara un café bien cargado para que te baje, te bañes y te duermas” ella dijo que si, fui la cocina tome un vaso grande le puse algo de agua, algo de café y un ¾ de tequila, y pummm, le dije “te va saber algo feo quizás a alcohol y eso es porque aun tienes el saber en la boca, pero este te lo tienes que tomar máximo de 3 jalones, si es de uno que mejor”, ella me dijo “está bien muchas gracias”, se toma el vaso de 2 jalones, me senté a su lado y le dije cuando te sientas mejor te ayudo a subir, no pasaron ni 5 minuto y se quedó dormida, hice la prueba de despertarla, le di ligeras cachetadas y nada le hable fuerte al oído y solo medio murmuraba.

    Así que empezó la prueba de fuego, le desabroche el pantalón y pensaba si dice algo le digo que la estoy ayudando a cambiarse, bueno ya estamos aquí, la medio acosté poca bajo en el sillón, fui por 3 almohadas y las puse bajo su vientre, para que su culazo estuviera al aire, le baje el pantalón hasta un poco más abajo de las rodillas y vi lo más hermoso que he presenciado, llevaba una tanga, no tan chiquita pero si de buen tamaño de color negro de esas que esta como bordadas con figuritas por todas partes y son traslucidas, fue un sueño hecho realidad.

    Le hice aun lado esa braga sin quitársela pues esas cosas de tela fueron mi fantasía, vi su culo y su pucha, pensé por cual empezar, así que sin más ni más tome mi verga y se la metí en su pucha, fue algo fantástico para su edad y dos hijos, apretaba como una diosa la envestía con mucha fuerza deseando que mi verga llegara hasta su útero, la embestí rápido, despacio fui una bestia bueno eso creo, pues estaba cumpliendo mi sueño, cogerme a la mujer con el mejor culo que había visto, cuyas bragas son mi adoración, en ese momento agradecí no haberme pajeado antes pues estaba por correrme, pensé si se la sacaba pero recordé “yo que sepa ella ya está operada, no puede tener más hijos, así que hoy te lleno de mi leche porque te lleno”, cuando estaba por venir, le di un empujón lo más duro que pude para que mi semen le llegara hasta el útero, me vacié como nunca, sentí que fue una gran cantidad, mientras seguía duro no se la saque porque quería que todas sus paredes vaginales se mancharan con mi semen, después de ello la volvió boca arriba para que el semen son se saliera tan fácil de su pucha, tome fuerzas y roge por que no se despertara y ahora venía lo otro, su conchita ya, falta su culo, la volví a volver y le embestí el culo con tal grado que dio un quejido murmuro algo, sentía que me moría pero seguía dormida, ese culo ha sido el mejor culo que he tenido en mi vida, porque siento que era virgen del culo, la vista era suprema está penetrando su culo con ella de a perrito con sus bragas puestas aguante como 5 minutos y me vacié dentro, la deje así un rato, no le limpie ni nada, pues dije “eso buscabas verdad”, le acomode la tanga que se manchó con mi seme y le subí en pantalón, pero en eso dije “podemos una vez más, esto jamás va a volver a pasar”, así que nuevamente le baje le pantalón le hice la braga a un lado y volví a gozar su conchita, que estaba bien pegajosa por mis mocos de la primera corrida, aguante como 15 minutos y me corrí otra vez, en ese momento ya la calentura se había ido, ya está la culpa de que había hecho con mi propia madre, pero en lo que me lamentaba, la cambie sin limpiarle las bragas ni la pucha, pues quería que tuviera mi semilla, la cargue a su cuarto le quite lo zapatos le solté el cabello y la tape, yo me fui a dar un baño y me dormí.

    Mi padre habrá llegado como a las 3 o 4, no escuche cuando entro, el caso que al otro día ya eran las 10 y me baje a desayunar, escuche las voces de mis papas en el comedor y dije “lo que tenga que pasar que pase”, baje y vaya sorpresa mi mama está feliz como si nada está contando lo de su nombramiento, eso sí con su cruda, pues decía que tomo mucho, pero lo mejor de todo esto es que ella seguí con el mismo pantalón de anoche eso quiere decir que mi semen aun lo tiene dentro, eso me dio me puso cachondo fui a la abrace por la espalda y la empecé a mecer de un lado a otro felicitándola, pero en realidad le está restregando mi verga.

    Después de eso, seguí viéndole las bragas dándole arrimones de vez en cuando todo discreto, jamás me la volví a coger, pero créanme eso fue lo mejor que me ha pasado en la vida.

  • Noche caliente

    Noche caliente

    Era la segunda cita. Nos habíamos conocido en la playa. Había habido besos en el agua, caricias, miradas de deseo, pero ella me había dejado claro que no quería sexo pleno en la primera cita.

    La segunda empezó tranquila. Dos besos y una cerveza en una terraza. Contándonos nuestras penas. Después una cena ligera. Miradas que lo decían todo. Aún no sabía cómo iba a acabar la noche pero deseaba que fuera en mi cama.

    Ella era una mujer de cuarenta y alguno, yo treinta y muchos. Los dos sabíamos lo que queríamos. La complicidad y el ambiente relajado contribuían a que todo fluyera adecuadamente.

    Yo soy un hombre rubio, musculoso aunque no muy marcado. 1,78 de estatura, las mujeres dicen que lo mejor de mí es mi culo y mis labios.

    Ella era tenía larga melena cobriza. 1,65, buena figura, pecho medio pero bien sujeto y cara atractiva.

    Después de la cena propuse tomar una copa, y nos dirigimos a mi coche. Fui a abrirle la puerta y me cogió de la mano. Nos miramos a los ojos, y nos dimos un largo beso con lengua. Nos devoramos. Pegue mi pelvis a ella para que notara mi erección… ella suspiró y soltó un leve gemido, mi polla estaba durísima. Se restregó ligeramente. Nos separamos muy calientes. Montamos en el coche.

    Conduje despacio notando su mirada en mi cuerpo. Aparqué cerca de un bar, nos miramos un segundo y nos devoramos a besos en los asientos. Comencé a acariciar sus tetas por fuera, ella gemía. Se las saqué y me lancé a lamerlas. Ella estaba loca de deseo. Metió la mano dentro de mi camisa y acaricio mi pecho. Me desabrocho. La quite del todo el sujetador junte sus pechos y lamí despacio pasando de un pezón a otro. Estaban muy duros. Me los metí en la boca los mordí ligeramente. Se volvió loca moviendo la cadera buscando algo con lo que restregarse. Puse mi mano en su pelvis. Se notaba empapada a través del pantalón. Ella gemía como loca. La desabroche el pantalón y metí mi mano dentro de sus bragas se estremeció de placer. La empecé a acariciar el coño mientras la comía las tetas. Mi polla me iba a estallar ella la agarro por fuera del pantalón. La susurré que fuéramos atrás

    Después de cambiarnos de asiento le arranque la poca ropa q le quedaba. Le puse boca arriba la comí las tetas con deleite y baje mi lengua x su vientre. Su cadera, la parte interna de su muslo… roce su clítoris. Se revolvió. Empecé a lamerlo suave, más firme. Me lo metí en la boca y lo succioné ligeramente. Luego volví a lamerlo más firme y llevé mi mano a su coño. Ella gemía loca de placer. Sujetaba mi cabeza y se restregaba contra mi. Metí mi dedo corazón en su coño y empecé a follarla con el, mientras seguía lamiéndole el clítoris. Eso la volvió loca, empezó a gritar. La folle más fuerte con mi dedo. Note como se corría en mi boca. Mordí suave su clítoris y estuvo gritando medio minuto loca de placer. Mientras recuperaba el aliento la besaba suave el clítoris.

    Cuando se recuperó se sentó sobre mí agarro mi polla ardiendo y se la clavó. Nos besamos mientras me comenzaba a cabalgar despacio. Cogió ritmo mientras yo le ayudaba cogiéndole fuerte de las caderas. Aceleró y comencé a comerle las tetas mientras me montaba. Aceleró al n más gritando de nuevo. Esta vez yo gruñí, la agarre fuerte y me vacíe en ella. Nos quedamos exhaustos un largo rato abrazados y unidos sonriendo.

    Fin

  • Mi sobrina quiere garche

    Mi sobrina quiere garche

    Poco tiempo antes mi primo me llama para saber de alguien que pueda tomar a su joven hija, recién recibida, tiene una tecnicatura en liquidación de impuestos, en busca de su primer trabajo. Si bien las cosas no están para tirar manteca al techo (gastos excesivos) en razón del vínculo familiar sentí la obligación de hacerle un lugar en el presupuesto y tomarla como asistente.

    No la había vuelto a ver desde cuando tenía trencitas y cursaba la primaria, ahora es una voluptuosa mujer, recién entrada en la mayoría de edad y dispuesta a hacer sus primeros intentos en la actividad laboral. El primer día vino acompañada por el padre.

    – Primo te la “entrego en mano”, búscale un lugar donde pueda aprender y usar sus conocimientos de economía. Sé bien que la tratarás como “tu sobrina”

    – Claro, obviamente será de ese modo, la voy tener bien cerca de mí.

    De este modo fue la presentación de Rosa, que a modo de broma simpática dijo:

    – Bueno aquí estamos, bien cerca y en manos del tío.

    La forma simpática de presentarse me impacto de un modo especial, no podría precisar de qué modo, pero esa frase “en manos del tío” con la pausa necesaria para destacarla.

    Como a la sema de estar trabajando, ese viernes cuando nos despedimos, con un beso en la mejilla como a las demás chicas, volví a sentir ese “algo” tan especial, que durante el trayecto se quedó enroscada en mis pensamientos, llevándolo casi a la transgresión, tan así que hasta quedó enredada en algunas imágenes lascivas que rondaron en mi cabeza todo ese fin de semana.

    El lunes siguiente venía con toda la propensión por encontrármela, tenía sus formas como tatuadas en la memoria, sus caderas eran un destello en la noche del deseo y esos pechos, tan redondos, tan grandotes una invitación a perder el sentido de la prudencia.

    Nunca me había pasado de fijarme en alguna de las empleadas, tenía tatuada en la memoria la premisa de que “donde se trabaja no se…”, el deseo la borró de mi memoria, solo me preocupaba crear un problema familiar por querer “darle” a la sobrina, era poco menos que un sacrilegio.

    La moral sube por la escalera, la pasión por el ascensor, pensando a destajo cómo acércame a ella sin crear problemas. Un par de días después, una empleada necesitó una información que guardamos en un cuarto adjunto, es pequeño y desde mi escritorio podía verla inclinada buscando en la parte inferior de la estantería, me quedé absorto viéndola. Este hecho motivó que esa misma tarde le pidiera a Rosa que me buscara una información, que por casualidad estaba bien abajo, está de más explicar el efecto de verla como la tela del jean se estiraba y tensaba cuando se agachó para buscarla, mis ganas de apropiarme de esas carnes casi me hacen perder la noción de dónde estábamos.

    Esa visión se había instalado en mis retinas y abultado el miembro de solo pensar que debía volver a repetir la escena. Aguanté cuanto pude, pero ese viernes cuando la vi enfundad en unas calzas que la apretaban como un guante, no pude contenerme, aproveché el horario de almuerzo, cuando queda todo desierto, para pedirle como favor antes de salir que me buscara no sé qué documento, “casualmente” bien abajo…

    Demoraba porque jamás encontraría lo que no existía, eso me dio tiempo a levantarme y colocarme tras de ella, bien cerca, sin tocarla. Debió haberlo notado mi presencia por que se levantó para saludarme. Estando enfrentados no pude controlar el impulso de abrazarla, sin soltarla, sin darle tiempo a reaccionar la besé en la boca, sin permitirle zafar de mi abrazo, se resistió sin poner mucha energía en separar su boca, esa dubitación me permitió comérsela sin dejarla respirar, mi lengua hurgó dentro de su boca.

    Respondió al beso, con su lengua bien activa, me chupaba la mía como si fuera una verga, sostenida entre mis brazos, apagué la luz, la fui llevando al fondo del archivo, la estampé contra el escritorio, le bajé la calza, metí mi mano entre sus piernas, el pulgar entro en la vulva y los dedos accionando sobre el clítoris, jugando a ponerla en órbita.

    Sin darle tiempo a reaccionar me coloqué entre sus piernas, ella echó la cola hacia atrás y separó algo las piernas para poder comerle la conchita, su cuerpo temblaba por la calentura y el zarandeo de la lamida.

    Un nuevo destello de razón, me detuve por un instante antes de trasponer esa puerta a otra dimensión, la locura de hacerle el amor.

    – Estamos locos haciendo esto, no está bien, pero mira estoy al palo por vos.

    – Porfa no me dejes así, no estará bien pero necesito que calmes mi calentura.

    – Tío, sigamos, me pones tan caliente que no me aguanto, olvídate de todo, la calentura me quema por dentro, cógeme, por favor, cógeme, haré todo lo que quieras! Soy tuya

    Con el pantalón en los tobillos, bien tomada de las caderas se la mandé dentro, el exceso de humedad ya extrema calentura de la muchacha facilitan que su estrechez no fuera obstáculo al grosor del miembro, un discreto gemido avisó que le había entrado toda. Tumbada sobre el escritorio, comencé a bombearla, empujándome dentro de ella, agarrado de sus tetotas, se la mando con incontenible calentura.

    El tiempo apremia, el deseo urge, reprime sus gemidos, mis jadeos se ahogan cuando muerdo en la nuca, donde nace el cabello para evitarle marcas, estrujando los pechos, apretando los pezones y nalgadas voy compensando la falta de excitación previa, me demoro para darle tiempo a elevar su libido. Soy de los tipos que priorizan el goce femenino, para no venirme tan pronto me salgo de su estuche. La levanto y coloco sobre el escritorio, sentada en el borde, levanté sus piernas, ella se toma de mis hombros al tiempo que me sumerjo entre sus piernas y comienzo a lamer la parte interior de los labios vaginales, los dedos inician la exploración de recóndito espacio del placer.

    Lamiendo con desesperación, acosando al indefenso clítoris la voy llevando al cielo, sus manos aprietan mi cabeza contra su sexo, se muerde los labios para no delatarnos, agarrado de sus nalgas, ahogando mis sentidos en la humedad de su deseo, su calentura la descontrola, susurra las groserías jamás imaginadas, crispada por las emociones, tiembla, suda, entrelaza sus dedos en mis cabellos para poder apretarme más.

    El orgasmo atrapó sus sentidos, jadeando el ahogo por esfuerzo, me llena la boca de jugos, siento latir sus labios en mi boca, ahogar los latidos internos en la aspereza de mi lengua.

    – Tío, me acabé toda en tu boca, no te muevas, solo dame el aliento de tu boca en la mía, déjame sentirte pegado a mi conchita. Ufff, qué buen orgasmo. Mi dios, qué bueno…

    Puesto de pie, un par de sacudidas al miembro y está presto para continuar dándole pija, no me faltaba tanto para llegar. En un rapto de lucidez de la pendeja dijo:

    – Tío porfa, dentro no, acaba en mis gomas (tetas), quiero sentirte sobre ellas.

    Me salí de Rosa, ella bajó del escritorio, en cuclillas se colocó delante mi masturbación, sacudiéndola con la urgencia de esos momentos, juntó los pechos con las manos, esperando el baño de leche. Disfruta la eyaculación, rociando sus pechos con mi semen, la esparce por su pecho, unta los pezones con la tibieza seminal.

    Levanta las tetotas y lame el semen vertido sobre los endurecidos pezones. Luego me limpió el miembro hasta no dejar un solo rastro de la brutal acabada.

    Acomodamos las ropas, dejamos el cuarto de archivo con el aroma de una formidable cogida, para cuando regresa el personal, no había rastros del pecado, tan solo el proceso interno de cada, ella seguramente excitada por la “travesura” con el señor maduro, yo tratando de digerir esta situación impropia. La relación laboral continuó sin hablar del tema, mis ganas seguían latiendo en mi sexualidad, pero sentía que la intimidad del abrazo y besos previos estaban haciendo estragos en mi conciencia y la pasión turbando la razón, esas dos condiciones son la me asustan.

    De momento fue solo esa vez, supongo que ella está dispuesta, yo me tengo miedo, esta es una calentura distinta que me cuesta controlar.

    Este relata fue realizado con el permiso de la “sobrina”, sentimos ganas de recrear ese momento de amor prohibido y del pecado sexual.

    Lobo Feroz te espera en el bosque, para comerte mejor. [email protected]

    Lobo Feroz

     

  • Mi madrastra Viviana (Octava parte)

    Mi madrastra Viviana (Octava parte)

    Luego de que mi madrastra Viviana quedara embarazada de mi papa, fui a visitarlos cuando ella llevaba 4 meses de gestación, era curioso lo poco que se le notaba su barriga, pero sus pechos por otra parte habían crecido considerablemente, lo cual la hacía ver extremadamente sexy. No sé muy bien cuál era la razón, pero verla embarazada me excitaba muchísimo, además jamás había estado con una mujer embarazada.

    El día que llegue ella me recibió muy amablemente como siempre, fue atenta, nos sentamos en la mesa uno junto al otro y ella empezó a conversar conmigo mientras mi papa llegaba del trabajo.

    V: ¿Cómo has estado?, ¿Qué tal el trabajo?

    J: Bien muy bien todo ha ido excelente. Y tu ¿Qué tal va el embarazo?

    V: Bien, pero es duro, aunque casi no tengo barriga, los pechos me han crecido mucho y pesan bastante…

    J: Si eso veo, se ven aún más provocativos que antes y eso ya es mucho decir… (Puse mi mano sobre su pierna)

    V: Gracias, la verdad eso que dices me sube el ánimo, me siento gorda y poco atractiva la verdad…

    J: Pero como dices eso (empecé a subir mi mano por sus piernas), aún sigo teniendo ganas de hacerlo contigo, hace mucho que no te veía.

    V: No… no lo sé (se levantó de la mesa, dio unos pasos y quedando de espaldas)… no sé si sea lo correcto.

    Yo me levante y me acerque por detrás, la abrace y puse mis manos en sus tetas y comencé a masajearla, evidentemente habían crecido y se sentían espectacular, ella comenzó a gemir suavemente, al parecer el embarazo había aumentado su sensibilidad.

    V: Espera (me quito las manos y dio dos pasos al frente) no podemos hacer esto, estoy embarazada y tu papa va a llegar en cualquier…

    Yo la sorprendí con un beso, que cada vez se fue poniendo más y más apasionado, comencé que recorrer todo su cuerpo y ella empezó a ceder. Le quite la blusa que tenía, quería ver esas enormes tetas fuera, así que le quite el brasier y eran espectaculares, no me aguante las ganas y empecé a chupárselas como si fuera un bebé, luego de unos minutos ella se inclinó y me dijo que había una mejor forma de disfrutar sus tetas, así que se inclinó, saco mi polla del pantalón y la puso en medio de sus suaves, enormes y calientes tetas, mientras me miraba, era increíble, luego de unos minutos ya no aguantaba más, quería estar dentro de ella, así que me senté en el sofá y le dije que se acomodara encima, ella muy obediente se quitó su pantalón, corrió su tanga y se sentó sobre mi polla lentamente, cuando ya tenía toda mi polla dentro, empezó a saltar suavemente mientras comenzaba a gemir, justo en ese momento escuchamos le ruido del carro de mí papa.

    Viviana se bajó muy asustada tomo su ropa y salió corriendo para el baño, donde se encerró, yo guardé mi polla y seguí como si nada en el sofá. Mi padre llego y afortunadamente no se percató de nada, más tarde Viviana salió del baño ya arreglada. Los siguientes días Viviana se dedicó a evitarme.

    Cierto día ella amaneció con dolor de cabeza y entro a tomar una ducha para que le pasara. Yo ya no aguantaba más. Quería cogérmela, así que me desnudé y me metí a la ducha con ella.

    J: ¿Ya te está pasando el dolor de cabeza? (entre a la ducho con ella) porque puedo ayudar a que te relajes.

    V: ¡¡¡Que haces acá… mira yo estoy embarazada… (Empecé a besarle el cuello) vamos a tener una familia con tu papa… (Empecé a masajearle las tetas) no creo que sea correcto que sigamos… (Metí mis dedos en su chochita) ahhhh!!! teniendo este tipo de… (La empuje contra la pared, mientras la masturbaba cada vez más rápido) umm!! Relación, aunque ahhhh!!!… tu papa no me ha hecho el amor… ahhhh!!! Desde que estoy embarazada… tal vez si solo es por hoy…

    J: Eso era lo que quería escuchar (me agache para poder hacerle un oral, mientras ella gemía desesperadamente)… voy a darte todo lo que tengo represado viví…

    Ella puso sus manos en mi cara y me levanto para poder besarme, luego ella se inclinó y puso mi pene entre sus tetas, junto con un poco de agua y jabón, era increíble la sensación de sus enormes tetas húmedas mientras subían y bajaban alrededor de mí pene. Luego la levante para darle la vuelta y apoyándola contra la pared de vidrio de la ducha, donde comencé a envestirla con todas mis fuerzas sin dejar de masajear esas grandes tetas que rebotaban con cada envestida.

    V: Si dame, dame más duro… me hacías tanta… falta hijo…

    J: Que rico es escucharte gemir viví… (Le empecé a dar palmadas en el culo) ¿Quieres que me venga dentro de ti… sí?

    V: ¡Si por… favor… vente dentro de mi… quiero que me des todo lo que tienes… siiii!!! ahhh!!!

    Nos vinimos al mismo tiempo, fue un orgasmo fantástico. Luego continuamos bañándonos, cuando terminamos ella salió envuelta en su toalla hacia el cuarto, pero al ver como se le marcaba el culo en esa toalla, mi erección volvió, así que la tome y me la llave hacia a sala, donde la tire en el sofá mientras le quitaba la toalla y abría sus piernas.

    J: Lo siento, pero te veías demasiado rica en esa toalla, ¿así que te lo voy a meter de nuevo te parece? (le pregunte mientras metía mi miembro lentamente)

    V: ¡¡¡No crees que… ahhhh!!!… deberíamos… ahhhh!… parar mejor…

    J: Si tú quieres (empecé a metérselo mucho más rápido)… puedo parar…

    Viví no me volvió a decir nada solo se mordía los labios y gemía como loca, mientras se retorcía, parecía poseída. Esta vez le dije que me quería venir entre sus tetas, ella como siempre muy obediente comenzó a hacerme una rusa espectacular, sus enormes tetas calientes y suaves subían y bajaban alrededor de mi pene, era como fallarle las tetas. No paso mucho hasta que me vine sobre ellas. Fue tan excitante ver las tetas y la cara de mi madrastra llena de semen que mi erección volvió casi instantáneamente después de venirme.

    Los dos estábamos muy excitados queríamos continuar, así que la lleve hacia la cocina, la puse contra el mesón, levante su cola y empecé a metérselo desde atrás, viendo como rebotaban esas nalgas y esas tetas cada vez que se lo metía. Viviana estaba totalmente descontrolada gemía muy duro y estaba completamente mojada, así que aproveche para intentar algo nuevo con ella, continúe hasta que ella tuvo un orgasmo, estremeciendo todo su cuerpo, mientras se recuperaba puse mi pene dentro de su culo, ella pego un grito durísimo.

    V: ¡Hijo que haces!… yo nunca lo he hecho por ahí… ahhh!!!… espera despacio!!!

    J: Tranquila viví… solo… será un poco duro… al principio… pero sé que te va a gustar (empecé a acelerar más y más)

    V: aaahhh!!!… ummm!!!… siii!!!… (Era lo único que se escuchaba de viví)

    Seguí dándole duro un par de minutos antes de venirme dentro de su culo, viví se vino al menos unas tres veces, las piernas le temblaban, pero se veía muy feliz, luego de eso nos fuimos la cuarto y lo hicimos allá también, terminamos rendidos y nos quedamos dormidos en el cuarto.

    Luego de unos días tuve que volver a la ciudad donde trabajo, no pudimos volver a hacerlo con viví porque mi papa estuvo con ella todo el tiempo, así que volví algo decepcionado a mi casa, además volvería a visitarlos hasta dentro de unos 6 meses, cuando mi hermanita ya hubiera nacido.

  • Un macho maduro en un sauna australiano (2)

    Un macho maduro en un sauna australiano (2)

    Iba de la mano de Alan camino a las duchas en medio de la zona de los jacuzzies, mi culo estaba bastante adolorido, pero tenía un nivel de excitación mezclado con felicidad lo que hacía que no me preocupara de nada menos del cuento de la discreción.

    En el camino a la ducha, Alan hablo con tipo de porte asiático que estaba en toalla. No se que se habrán dicho, pero continuamos nuestro camino. Entramos a las duchas, y esta vez nos bañamos en la zona abierta. El empezó a preguntarme si me había gusta lo que había pasado y que si quería más. Por supuesto había sido la mejor culeada que me han pegado así que no tuve reparos en decirle que sí. Se me acerco al oído y me dijo algo acerca de una sorpresa, la verdad no entendí más.

    Yo con ese deseo incontrolable de verga que tenia ese día, lo empecé a manosear. Se puso jabón en su verga y me indico que la lavara. A medida que lo hacía, sentía como su verga le crecía y a su vez la mía. Pasé mi otra mano con jabón por mi culo para lavarlo y sentí lo dilatado que estaba, pude lavarlo bien, aunque me dolía.

    No nos demoramos mucho, me dio un beso nuevamente y salimos. Lo seguí sin saber para donde iba, y pasamos por otra y entramos a la sauna. Como no teníamos toalla ya que la habíamos dejado en los cuartos, pues allí nos secaríamos. Nos sentamos en una parte medio escondida y al instante entro el asiático al que Alan le había hablado momentos antes, el era un hombre maduro, le calculo 55 años, Se sentó a mi lado, por lo que quede en medio de los dos. Ahí entendí que Alan lo había invitado a la fiesta. Él me decía cosas que no le entendía, a la vez que recorrían mi cuerpo con sus manos. Me puse muy nervioso, pero mi verga sentía otra cosa y estaba dura. Alan se dio cuenta y me dijo que lo disfrutara y me relajara. Cada uno cogió una de mis manos y la puso en sus respectivas vergas. La diferencia entre la verga de Alan y la del asiático se podía sentir. Empecé a sobarlas sintiéndome cada vez mas relajado. Se pararon entonces al lado mío y me pusieron sus vergas en mi boca. No veía mucho, pero quería verlos a los ojos mientras las tenía. Las lamia como un helado y las chupaba como colombina. Me concentraba mas en la verga grande que era la que me tenía extasiado, pero Alan me la quitaba y con cachetadas y vergazos me indicaba que también tenia que concentrarme en la otra.

    Debido al calor, tuve que parar, les hice señas que necesitaba aire, así que salimos. Todos con las vergas duras nos dirigimos a un cuarto, esta vez uno que no tenía puertas y tenia una colchoneta grande. Me abrazaron entre los dos mientras me restregaban y me manoseaban todo. Yo jadeaba y suspiraba, teniendo dos vergas para mí. Me pusieron en 4 sobre la cama y el asiático se subió para que se la mamara. Alan de pie detrás mío, me pasaba la lengua por mi culo dándome corrientazos que me hacían temblar las piernas. Yo no podía mas de la arrechera y le pedí que me culeara. Sentí que me aplico lubricante y me jalo para que me volteara. Me puso en pollo asado, el asiático puso su verga en mi boca nuevamente y al mismo tiempo me masturbaba, estaba a mil.

    Nuevamente sentí como Alan se abría paso en mis entrañas, me la metió toda sin darle tiempo a mi culo que se acostumbrara. Aunque me había culeado 1 hora antes, nuevamente fue igual de doloroso. Supongo que 23 centímetros siempre me van a doler igual. Empezó a darme verga duro, cada vez que me enterraba toda, sentía un punzón y un dolor en mi estomago inaguantable. Trate de quitarme, pero el asiático no me dejaba. Como era imposible zafarme intente relajarme. Uno me comía la boca y el otro casi abusaba de mí.

    El asiático, se paro y le dijo a Alan que se quitara para clavarme, pero Alan no lo dejo. Saco su verga, lo que fue un alivio para mí, y me volteo. Quede con boca abajo con la cabeza en el aire justo para seguir mamándosela al asiático. Estaba vez me empujaba toda, me cogió la cabeza con las dos manos mientras me follaba la boca. Alan, mientras tanto se subió encima de mí. Pero sus pies quedaron sobre mis hombros y su cabeza hacia mis pies. Yo estaba boca abajo, así que no entendí que quería. Cuando sentí su verga nuevamente dentro de mi, me di cuenta lo que quería. Me junto las piernas y las abrazo con sus dos brazos, entonces como un animal salvaje empezó a darme verga. Esta vez no me dolía igual, así que sentía delicioso. PUEDO DECIR QUE ESA ES LA POSE MAS DELICIOSA EN LA QUE ME HAN COMIDO. Yo tenia la boca llena y no me importaba que por ratos no pudiera respirar, pero quería mas de esa Verga, yo levantaba mi culo para recibirla toda. Me sentía puta, usada, no entendía ni siquiera lo que me decían la mayoría de las veces, pero me sentía volar. No me aguante y mientras entraban y salían de mi como en cámara lenta tuve mi orgasmo, fue eterno, delicioso, fue maravilloso. No tenia mas fuerzas. Supongo que sentir mi clímax los puso a mil, y casi simultáneamente se vaciaron en mí. El primero fue el asiático. Un sabor salado y fuerte que se escurría entre mis labios. Unos gemidos de placer que aun los tengo en mi mente. Luego fue Alan, me abrazaba las piernas mientras llegaba. Con cada de chorro de leche el cual sentía caliente más me la enterraba mas profundo. Sacaba su verga para enterrarme tan fuerte y profundo, que los sonidos de los choques de su pelvis contra mi culo eran más fuertes que sus gemidos. Los dos nos quedamos inmóviles mientras él se vaciaba. Sudorosos y con una sonrisa de oreja a oreja nos sentamos. El asiático se despidió de Alan y se fue. A mi no me dijo nada.

    Alan me dijo que se tenia que ir a trabajar, me iba a dar un beso, pero se dio cuenta que tenia la boca untada de semen y se abstuvo. Nos fuimos a bañar.

    Cuando salimos del baño, Alan me dijo que como me había culiado sin condón teníamos hacernos un test de 20 minutos, me dio un folleto para explicarme mejor. Bajamos al bar, y mientras esperábamos el resultado nos tomamos una gaseosa. Le dije que habíamos sido irresponsables, pero me explico que el toma unas pastillas PreP así estuviera que tranquilo. Efectivamente todo estaba bien.

    Espero les guste.

    Si alguien quiere hablar conmigo les puedo compartir mi whatsapp.

  • Memorias inolvidables (Capítulo 5): La matriarca

    Memorias inolvidables (Capítulo 5): La matriarca

    Doña Angustias Fernández Cuenca es mi madre porque me parió, porque después de eso nunca fue mi madre, sino la Matriarca. Se llama matriarca a la mujer que por su experiencia o sabiduría es respetada por un grupo familiar o una comunidad en los cuales goza de autoridad. En este caso es la familia. Ella se considera la matriarca y ejerce como si lo fuera porque los hombres de mi familia valen menos que la mierda. La matriarca de mi familia no tiene gran experiencia, pero un genio y un carácter fuertes, arrogantes, soberbios e imponentes, tanto como figura. Porque su figura es imponente. Tampoco es una persona que tiene especial sabiduría, pero tiene dinero, porque su esposo, es decir, mi padre le da dinero a porrillo, se lo ha dado siempre para que viva en medio de las comodidades, pero en realidad es una tacaña y por pocos dineros tiene empleadas entre gente que sabe menos aún que ella, pero que son su corte, lameculos, falsas, solo obedecen a quien les paga y ella se impuso ante mi padre para ser la que pagaba al personal.

    La matriarca de mi familia no sabe cocinar, ni coser, ni planchar, ni lavar un pañuelo ni doblar unos calcetines. Todo se lo hacen sus empleadas. Nunca le hacen las cosas a su gusto, lo cual es falso porque no tiene ni el más mínimo gusto, pero siempre les encuentra algo que no está bien, todo es para subyugarlas, dominarlas y tenerlas doblegadas a sus pies. Quiso tener un mayordomo, porque se creía cosa grande y el pobre hombre solo pudo aguantar cinco días. Se fue sin cobrar.

    La matriarca de mi familia pensaba venir de una gran familia próxima a la nobleza o algo así. Cuando contaba cosas de su casa era lo más grande y más bonito. No tiene vergüenza de mentir sobre la grandeza de su casa y sus antepasados que provienen todos de la miseria, del vulgo. Lo único bueno que hubo en esa familia fue mi abuelo Andrés Fernández Gafarral. Hombre trabajador, habilidoso, que levantó su casa, su familia con puro esfuerzo. Hizo todo aquello que luego heredó mi madre. El pobre hombre murió relativamente joven, como a los cincuenta o cincuentaiuno. De joven, como su familia era pobre, se había casado con Angustias Cuenca López, una lavandera empleada en una casa rica. Mi abuelo Andrés no había ido a la escuela más que hasta los 9 años porque era necesario que trabajara para poder comer, pero su inteligencia, su capacidad de ahorrar y su tenacidad hicieron que pudiera casarse con un patrimonio personal con el que podía sustentar una familia. Mi abuela era mujer humilde y en todo secundó a su buen esposo. Esta mujer rezaba rosarios de memoria incluso cuando le ayudaba en la huerta a su esposo. Le fue fiel, y hay que reconocer que mi abuelo murió porque toda su vida era una máquina trabajando y las máquinas se rompen. Mi abuelo se rompió sin arreglo, pero dejó una hija casada con otro hombre similar a él, trabajador y esforzado, mi padre. Dejó también una mujer viuda que no pudo levantar los ánimos a la muerte de su esposo y a los 8 meses le siguió en la sepultura al lado de su querido esposo.

    Como mi padre aún no había heredado, aunque se había podido ahorrar unos dineros con los que compró casa y algún campo, la mayor parte de su riqueza en ese momento eran los naranjales y las casas de mi abuelo materno. «La rica era su mujer», decía mi padre entonces. Y la matrona se creyó eso que decía mi padre y dominó el cotarro familiar, erigiéndose en la mandamás. Solo tuvo un tropiezo muy serio para seguir siendo la matrona por excelencia, su último hijo, es decir, yo. Yo fui la corona de espinas de la matriarca. Yo quería a las empleadas de mi madre más que ella e hice lo posible e imposible para ganármelas a mi causa. Ella no era para mí una madre. No me quería, yo fui causa de su enfermedad, la que tuvo toda su vida y que pretendía ocultar pero ahí estaba. Una enfermedad rara que le producía obesidad y una bilis de malhumor y peor genio. Las empleadas se preguntaban, a veces estando yo delante, «¿cómo puede salir un chico tan dulce de una madre tan agria?». Recurrían por entero a mi padre, hombre dulce y amable, tan dulce y amable como que se acostaba con ellas a cambio de unas monedas. Y quien pagaba los trastos rotos era mi hermana Angustias.

    De mi madre tengo que reconocer algo que todo el mundo elogió, no tuvo otro hombre que a mi padre. Ella no se acostaría con nadie, todas sus malaventuras las vertía en hacer sufrir. Bueno, una excepción, seguro que se hubiera acostado con don Felipe, el cura del pueblo, si este se lo pedía, pero bastante tenía el bueno de don Felipe con los niños afeminados que le rodeaban. Esos niños parecían muñecas de feria para las niñas, limpitos, bien peinados, ropita bien planchada y zapatitos negros. Eran la cantera parroquial y mi madre era una de las catequistas y dama de la Caridad parroquial. Si don Felipe le pedía algo, su esposo tenía que esperar turno.

    De don Felipe nadie podía decir nada, porque nada sabía nadie. Se murmuraba que se metía a los niños bajo la sotana para que le mamaran la polla. Mi padre me prohibió ser monaguillo, muy a pesar de mi madre. En esto no prevaleció la Matriarca. Mis hermanos habían sido monaguillos con otros curas anteriores, pero con los rumores inciertos de don Felipe, mi padre, como otros padres, no nos dejaban pasar más adelante del quinto banco de la iglesia cuando íbamos a misa. Allí los veíamos a los otros niños, unos diez o doce que parecían de algodón vestidos con falda roja y camisón con puntillas. Mi padre se convirtió de la noche a la mañana en el ateo del pueblo al decir públicamente:

    — Mi hijo Ismael no tomará la primera comunión ni este año ni los siguientes, cuando cumpla los 18 que haga lo que quiera.

    Desde ese día mi padre dejó de ir a misa y ya no acompañó jamás a mi madre. Ese ejemplo cundió en casa, dejamos todos de ir a misa, excepto la «santa» de mi madre, como decía don Felipe, porque «tenía que soportar a un ogro comunista y ateo en casa y a los secuaces de sus hijos». Mis hermanos Andrés y Santiago regresaron a la Iglesia porque se tenían que casar. Mi hermana Angustias regresó porque fue elegida Camarera Mayor de la Virgen del Carmen y tenía que salir a todos los actos de fiestas con teja y mantilla. Ese día de fiesta la acompañamos todos, mi padre y mis hermanos, pero a la iglesia entró con mi madre solamente. Mis hermanos se reunieron fuera con sus amigotes, otros que no iban a misa y eran «ateos» de nombre porque todos ellos dejaron de ser ateos cuando los eligieron como Mayordomos de la Hermandad de san Juan Evangelista. Mi padre y yo nos fuimos al bar. El se tomó no sé cuantos chatos de vino, porque cada amigote suyo que entraba al bar era invitado y tomaban los dos, yo pedí un whisky doble y mi padre, que pensaba que iba a tomar una gaseosa, se extrañó. El barman no sabía qué hacer y mi padre le dijo que me pusiera lo que yo pidiera que un día es un día y su hijo era un tipo bien bragado. En eso tenía razón mi padre, porque mi polla desde pequeño se manifestaba que iba a ser grande. Así que me sirvió mi whisky doble, tomé un sorbo y ni pestañeé. Los hombres allí presentes decían de mí alabanzas muy cochinas, como «tío cojonudo tu hijo», «este sí es un hijo de puta de buena madera», «vas a agarrar una buena jumera, chaval, pero eso es de ser un tío con huevos», «bien barbián es el muchacho, un whisky y doble», «los chicos de hoy día son de puta madre, míralo, ni pestañea», «me cago en la puta, un whisky a tu edad», y como estas decían muchas más lindezas. El caso es que mi padre era feliz cuando yo me comportaba así y la gente se asombraba. Salí medio mareado del bar, porque sin pedirlo y, por ser mi padre buen cliente, el barman me puso más whisky sin medir. La verdad es que yo tendría ya un rapaz jovenzuelo.

    Por mi hermana yo hubiera entrado a la iglesia, pero por hacerle la contra a mi madre, preferí irme con mi padre. Que yo recuerde, me rebelé haciendo la contra en cosas más o menos bien vistas desde los 10 años. Me enviaba a un sitio, yo no iba; me decía de hacer los deberes, no los hacía, siempre buscaba hacer las cosas cuando a mí me daba la gana, no cuando me mandaba. Por eso, las relaciones entre mi madre y yo iban empeorando. Cuando sorprendí a mi madre fue tras cumplir los 18 años. Hice una demasiado gorda. Mi padre no estaba en casa, de lo contrario no la hubiera hecho.

    Cumplí los 18 años. En casa se hizo una comida como de domingo, pues yo no merecía más. Yo sabía que mi madre con sus otros hijos se había esmerado y había mandado hacer cosas especiales, regalos, desayunos especiales, comidas abundantes e incluso por la noche aún había algunas cosas para seguir celebrando. Yo tuve en mis cumpleaños, desayunos normales como los de cada día. Una comida de domingo, sin más especialidades y ninguna celebración de noche. Tan fue así que mi padre se molestó porque dijo que él a mediodía no podía estar en casa y esperaba celebrar esa noche. Pero mi madre le hizo puto caso. En vistas de eso, mi padre, sacó su billetera que estaba bien gruesa y me dijo:

    — Hijo, felicidades, ya eres mayor para hacer lo que quieras.

    Y me regaló 300 euros. Mi madre protestó:

    — ¿Cincuenta mil pesetas? ¿Te crees que es el Marqués de Carabás?

    — Tú nada tienes que ver, ¡cállate! Es hijo como todos los demás.

    Esta frase de mi padre me envalentonó para vengarme duramente de mi madre. Estuve pensando qué hacerle, cómo vengarme y qué cosa sería la que más le doliera. Lo pensé bien pensado y al día siguiente, después de comer, descalzo y completamente desnudo, bien depilado y con mi polla dura, me fui a la sala donde estaba mi madre con dos empleadas y mi hermana, y tocándome la polla y masturbándola, le dije:

    — Como ya tengo 18 años, soy mayor de edad, hago lo que me pasa por los huevos, si quieres cómete mi leche.

    Se quedaron tan espantadas las cuatro que no reaccionaron los pocos minutos que me costó eyacular y entonces añadí:

    — Entérate, soy gay y tendré novio y si no lo quieres aquí, me iré.

    Mi hermana comenzó a gritar llorando y le dije:

    — ¡Cállate! y a ver si buscas ya un hombre que te preñe de verdad.

    Regresé a mi habitación a seguir masturbándome antes de la ducha. Estaba tan furioso que no sabría decir cuantas veces me masturbé, creo que debían ser más de cinco porque estuve en mi habitación desde las 3 de la tarde hasta las 9 y no hice otra cosa, hasta que vino mi padre y me encontró desnudo y llorando. Mi padre me miró, vio el desperdicio de semen y me dijo:

    — Vístete y baja a cenar. Te espero. Sé qué te pasa con mamá y te has comportado como un cerdo, pero así no vas a seguir todos los días; ahora te bajas y te comportas como persona.

    — Perdóname, papá, estoy harto de tu mujer.

    — Llevo más tiempo que tú soportándola, me ha ocurrido lo mismo que a ti. Cuando me decía que no quería tener sexo conmigo, me masturbaba en su cara. Ella sabe que tú eres el que más te pareces a mí, pero no me pongas en un brete de verme obligado a tomar represalias.

    — ¿Me tengo que disculpar?

    — Ya lo has hecho conmigo, no sufras, baja, te sientas, comes y como si no hubiera pasado nada. Pero no está bien que a tu madre le hagas eso, que no se repita.

    Abracé a mi padre, me emocioné de cómo me trató y lloré de emoción. Fui llorando al comedor y todos pensaban que mi padre me había puesto un castigo, ya que él entró con la cara muy seria. Mi padre y yo seríamos buenos actores de teatro, igual nos reímos que lloramos al instante. Mi madre ya no fue nunca más para mí la misma. Ahora era la matriarca a destronar.

    Estaba por celebrar mi cumpleaños porque todo había sido negativo, odio, rencor, envidias, venganzas. Un desastre para comenzar el cumpleaños en donde me hago mayor. Tenía que remediarlo.

    Aprovechando que soy guapo, había decidido hacer alguna conquista. A pesar de todo ya me daba igual que fuera un chico que una chica, yo quería follar con alguien de mi elección. Me cansé hace tiempo de mis hermanos, eran unos verdaderos hipócritas y pude deshacerme de ellos cuando les dije abiertamente que soy gay y me dan lo mismo las consecuencias que se pudieran derivar de esto, pero si por culpa de ellos yo lo iba a pasar mal caerían conmigo. Con esto ya se cortó todo y de alguna manera recuperé mi libertad en otro aspecto de mi vida, ya no me iban a conquistar, sino que sería el conquistador.

    Volví a afeitarme lindo, quedarme sin un solo pelo, limpio del todo, que se note bien la carne, que destaque mi pene, mis bolas, mi pecho, mis tetillas, todo lo que tengo y soy y pelos fuera. Me miré al espejo todo afeitadito y me veía más hermoso que nunca a mis 18 años recién cumplidos.

    De nuevo mi hermana tenía su quinto novio que, ahora sí, estaba buenísimo, muy guapo, cerca de 1.95 metros, muy fuerte, ojos claros, piel oscura y una preciosa melena morena y hasta ese momento no conocía más partes de él. A pesar de la diferencia de edad, él tenía 24 años, es decir 6 más que yo, cada vez que nos encontrábamos nos cruzábamos una mirada de simpatía. Con el dinero que me dio mi padre y con lo que yo percibía de él para la semana y algo más que podría conseguir, decidí que sería bueno ir a un gimnasio. Ya sé que yo no estaba mal de cuerpo, que la naturaleza me beneficiaba, pero nunca está de más colaborar con la misma naturaleza. Así que me puse, sentado en el suelo del pasillo fuera de mi habitación, con el móvil en la mano para ver si encontraba un gimnasio que no estuviera demasiado lejos de casa, ni fuese excesivamente caro. Salieron de la habitación de mi hermana ella y su novio para irse a la calle. Ella le dijo que esperase y prepararía un café para matar el gusanillo del hambre, entonces su novio me habló y me dijo:

    — Hola, Soy Antolín, me ha parecido ver que buscas gimnasios.

    — Hola, yo soy Ismael y sí, busco algo interesante, —le dije.

    Entonces me dio una tarjeta y me dijo:

    — Este no es caro y es bueno, ve de mi parte.

    Cuando ellos salieron a la calle, me esperé un momento y, calculando que estarían lejos, salí en busca del gimnasio. Me gustó, los precios eran asequibles para mis ingresos y me inscribí. Al día siguiente ya estaba yo con mis ejercicios, después de recibir una instrucciones de uso. Así pasó una semana y cada vez estaba más contento.

    Cierto día me lo encuentro y charlamos un rato, ahí me dijo:

    — Ya me han hablado del chico que yo había enviado, de ti, y parecen contento de ti por tu modo respetuoso de preguntar y hablar.

    Un poco me sonrojé y fue entonces cuando me preguntó mi horario de gimnasio y se lo dije. Así discurrió otra semana en la que recibí ayuda suya para hacer ciertos ejercicios y yo le ayudaba a él. Nos convertimos en amigos de gym.

    A la semana siguiente, al salir me dijo que tenía libre y me invitaba a una cerveza y esto se convirtió en el comienzo de nuestra amistad que ya iba más allá del gym, porque nos poníamos de acuerdo en la hora de entrada y en la de salida, dábamos una vuelta, hablábamos o tomábamos alguna copa, pero de ahí no pasaba la cosa, aunque yo ya me estaba fijando en él y, aunque él siempre se duchaba en cabina y yo también, sí había notado durante los ejercicios que tenía buen pecho con tetillas sobresalientes, dado que usaba camiseta de tirantes siempre y su pantaloneta reducida me daba a entender que su paquete era considerablemente bueno.

    No sé por qué razón fue, ni pregunté, pero mi hermana me dijo que Antolín necesitaba quedarse a dormir en casa, si yo podría aceptar que metiéramos un colchón en mi habitación para que durmiera allí. Mucho me extrañó que me lo pidiera a mí, no a mis hermanos, luego supe que todos le habían dado negativa. Por el contrario, yo le dije fácilmente que sí y se puso feliz. Yo ya estaba en plan de comportarme de una manera envidiable y no iba a decirle a mi hermana que no, aparte de que la vista de ese chico me gustaba.

    La noche que se quedó a dormir en mi casa, en mi cuarto, en mi cama, porque yo soy educado y le cedí mi cama acostándome en el colchón del suelo, esa noche entró, nos saludamos, esperamos que se fuera mi hermana de la puerta, me preguntó si cerraba por dentro y le dije que de acuerdo para que nadie nos molestara, esa noche pude descubrir otras partes de su anatomía que antes nunca había visto.

    Yo dormía en pijama, luego en bóxer, ahora hacía unos meses que dormía desnudo. Antes de que él entrara en mi cuarto yo ya me había despojado de mi pantalón y mi camiseta y me había metido a la cama. Desde ese colchón en el suelo oía a mi hermana y a Antolín charlando en el pasillo. Pasados unos diez minutos entró Antolín en el cuarto, yo estaba viendo la televisión, y me preguntó que si no me importaba que durmiera desnudo, que él siempre duerme así, a lo que yo por supuesto acepté, diciéndole que hacía dos meses que yo también dormía desnudo. Me sonrió agradablemente.

    Empezó a desnudarse quitándose la camiseta, tenía un torso precioso y fibrado que más o menos yo conocía por el gym, con algo de vello entre el pecho y el ombligo y continuaba perdiéndose en sus pantalones. Su piel es oscura. Mucho vello en las axilas —algo que a mí me ponía muy cachondo a pesar de afeitarme del todo, pero me gustaba el macho—. También tenía unos abdominales increíbles con un ombligo que apetecía absorber. Después se quitó los zapatos y los calcetines y empezó a desabrocharse el pantalón dejando ver la parte superior de su bóxer, para entonces yo ya estaba casi empalmado, pero lo disimulaba con la sábana, se bajó los pantalones enseñándome unas preciosas piernas muy fuertes y bien marcadas con algo de vello, me fijé más en su bóxer y aprecié un bulto más que considerable, tal como había imaginado. Pero, por desgracia para mí, allí paró, se metió en la cama y, una vez dentro, se quitó el bóxer lanzándolo contra el armario. Apagué la tele y nos pusimos a intentar dormir.

    ¿Que yo podía dormir? No, de ninguna manera, yo no podía dormir pensando que tenía a semejante macho al lado y en mi cama. Lo que quería era verle la polla, eso me quitaba el sueño.

    No sabía qué hacer, así que me levanté de mi cama y sin hacer ruido cogí su bóxer, lo empecé a oler, ¡hmm!, y a lamer, ¡hmm, hmm!, olía a hombre y sudor ya que esa misma tarde habíamos estado haciendo gimnasia y empecé a pajearme con ese olor y ese sabor, pero no me podía quitar de la cabeza aquel bulto en su bóxer. Deje de pajearme, me senté en mi cama y empecé a observarle, estaba tumbado boca arriba con la sabana a la altura del ombligo y un poco más abajo se podía ver una zona oscura, y bastante más abultada que el resto, lo cuál aún me puso más cachondo.

    Así estuve quizá una hora mirándole hasta que me armé de valor y decidí hacer algo, no podía dejar pasar esta oportunidad. Comprobé que estuviera dormido, me pareció que lo estaba y me arrodillé a los pies de la cama, comencé a tirar de la sábana, desde mi posición podía ver que poco a poco la sabana iba recorriendo su cuerpo, dejando a la vista cada vez más pelo; seguí tirando hacía abajo hasta que por fin conseguí mi premio, ahí estaba su polla flácida que iba apareciendo ante mí. Una vez retirada toda la sábana, me levanté del suelo y le observé desnudo encima de la cama, con una polla descapullada de unos 18 cm., bastante gruesa, que me tentaba a seguir; me arrodillé de nuevo y empecé a acariciar su cuerpo. Su polla se iba poniendo cada vez más dura con mis suaves caricias en su pecho y en sus huevos.

    Puse freno a las acciones de mi pasión, y me sorprendí gratamente cuando, al querer taparle de nuevo, escuché una voz que me decía

    — ¿Por qué te paras?, ¿no te gusta?

    Volví la cabeza y me di cuenta que la voz era de Antolín que había estado despierto durante todo el tiempo en que yo lo acariciaba.

    Se levantó de la cama y apoyó su espalda contra la pared, cogió su polla que volvía a estar flácida y empezó a machacársela mientras me miraba lamiéndose sus labios. Inmediatamente recibí el mensaje que me comunicaba; me tiré a su lado y volví a acariciar y lamer su cuerpo, mientras él dejaba su polla y cogía la mía exclamando:

    — Vaya, vaya; pero que bien guardado lo tenías, ¡joder!, ¡vaya rabo!

    Yo lamía su cuerpo y acariciaba su espalda hasta que mi mano pudo palpar un culo perfecto muy duro, redondo y con algo de vello, luego nos besamos larga y tendidamente.

    — ¿Dónde aprendiste a besar así?, sabrosa lengua, —dijo.

    No respondí, seguí besándole. Luego se levantó, ya estaba yo sentado sobre la cama y, echando su melena hacia atrás, golpeaba mi cara con su polla húmeda y aún no del todo dura. Se la cogí con una mano y la restregaba por mis labios y la masturbaba para que se la pusiera a tope. Cuando ya podía sentir la dureza de su polla venosa me la metí entera en la boca, lo que no fue fácil, dado que era muy gruesa. Escuchaba como gemía Antolín y me pedía que no parase:

    — Por favor, no pares, te doy mi vida, pero no pares, sigue, sigue, ¡aaaaaah!, ¡aaaah!

    Se la estuve chupando un largo rato, mientras Antolín me agarraba la cabeza y la movía a su antojo moviendo sus caderas hacía delante y hacía atrás, yo estaba en la gloria. Después de chupársela durante un rato, la sacó de mi boca y me dijo:

    — Ahora vas a saber qué es lo que le gusta tanto a tu hermana.

    ¡Joder!, el puto cabrón me iba a violar. El caso es que iba a ser un regalo deseable y que no había pedido. Mayor iba a ser la sorpresa. Me empujó tirándome y dejándome tumbado sobre la cama; cogió mis piernas y las apoyó en sus hombros, empezó a restregarme la cabeza de su polla por la entrada de mi culo, se lamió los dedos y empezó a restregarlos por mi ano hasta que fue introduciéndolos poco a poco en mi culo; primero metió uno, luego dos y acabó metiéndome tres. Estuvo un rato moviendo sus dedos dentro de mi culo, cuando consideró oportuno los sacó. Entonces le llegó el turno a su polla, la colocó en mi ano y empezó a empujar hacia adentro. Eso para mí fue lo más más, al principio la metía despacito y poco a poco empujaba hasta meterla toda dentro de mí, lo que supe cuando noté sus bolas chocando contra mi culo. Entonces comenzó a hacer movimientos circulares con su cadera, mientras la sacaba y la metía despacito, pero progresivamente lo iba haciendo cada vez más rápido. Estuvimos con esto mucho tiempo hasta que empezó a moverse con más rapidez y fuerza, mientras me masturbaba con una mano y con la otra me daba cachetadas en las nalgas. Ya tenía yo mi polla como nunca la había visto, pero hice para aguantar, no sé cómo pude, mi corrida. A los diez minutos más o menos me sacó su polla de mi culo, se puso más encima de mí, y entre convulsiones y unos grandes gemidos se la machaca encima de mi cara, hasta que soltó un gran chorrón de leche totalmente en mi cara, a este siguieron varios chorretazos de menor intensidad. Era una leche muy caliente que yo cogí con la mano y lamía con fruición.

    Tras esto, sin más se inclinó hacia mi polla y la cogió con una mano, metiéndosela en la boca completamente de un coló bocado, la chupaba con plena maestría, lengua, dientes y labios hacían su trabajo a la perfección y a un ritmo pasional que no me dejó aguantar demasiado y me corrí en su boca. Antolín se tragó toda mi leche y me besó en los labios.

    Luego nos dormimos los dos abrazados en la cama y a la mañana siguiente ninguno de los dos dijo nada, parecía solo un sueño. Pero a la hora de irse, ya en la puerta, le dijo algo a mi hermana y regresó para decirme:

    — Creo que voy a quedarme más veces y follar contigo, que con tu hermana lo hago en las tardes.

    — Con ella usas condón, ¿verdad?

    — Por supuesto.

    — Eres un cabrón, si me prometes que vas en serio con mi hermana, dispones de mí a tu antojo.

    — Te lo prometo.

    Me besó, salió de mi habitación y le dije a mi padre que comprara una cama, para cuando Antolín viniera tarde acompañando a Angustias y pudiera pernoctar, para no irse por la noche solo a su casa. Mi padre vio mi generosidad y se alegró mucho. Al día siguiente estaba la cama. Llamé a Angustias, se lo mostré y me dio dos besos como nunca lo había hecho, y me dijo:

    — Ahora sé de verdad que me quieres.

    El caso es que este Antolín un día desapareció y no lo volvimos a ver con gran disgusto para mi hermana y, cómo no, también para mí.

    Un día, no mucho tiempo después, leí en un quiosco este titular.

    Weyler, el famoso traficante que se hacía pasar por Antolín, asesinado por robar droga a otros capos.

    Varios encapuchados irrumpieron a tiros en un local de la Plaza de España y se llevaron a un hombre.

    El cuerpo del fallecido se encontró semidesnudo en un descampado a las afueras de la población y es la misma persona secuestrada en la Plaza de España. Se trata de un hombre, nacido en Croydon, al sur de Londres, y radicada en España desde los 17 años, con antecedentes por tráfico de drogas (había ingresado en la cárcel de Botafuegos por este motivo.

    Le mostré el periódico a Angustias y a mi padre para que supieran la verdad, a mi madre y hermanos no les quise decir nada para que no se metieran con Angustias. Mi padre me preguntó si quitaba la cama de mi habitación y le dije:

    — Mejor déjala, a partir de ahora, el novio que tenga Angustias me lo presentará enseguida, haremos un festejo en casa, dormirá en mi habitación y yo le sonsacaré todo, para que Angustias vaya a lo seguro.

    Les pareció bien a los dos y a mí magnífico. Así me hice pasar algunas pollas más por mi culo e iba rechazando novios, aunque algunos de ellos me los hubiera quedado para mí. Tengo que decir que físicamente mi hermana Angustias tenía buen ojo para los novios, pero síquica y socialmente era un total y absoluto despiste.

    Ya en este tiempo, Doña Angustias Fernández Cuenca en realidad no contaba en mi vida y muy poco en mi casa. Hasta su hija Angustias la aborrecía. Doña Angustias no mandaba, exigía, imponía, obligaba a hacer su voluntad. Como yo me había rebelado del todo contra ella, toda la culpa de la posterior reacción de mis hermanos recayó sobre mí. Un día mi padre les dijo:

    — Que Ismael se rebele contra su madre, lo veo justificado, pero lo vuestro no, porque Ismael aprovecha el tiempo y dentro de poco será médico y vosotros sois un atajo de haraganes; que Angustias se rebele contra su madre, me parece hasta propio de la naturaleza, las dos son mujeres y lo propio de la mujer es querer mandar, pero todas no saben; de ellas dos no sabe ninguna. Así que vosotros a trabajar y dar gracias por la comida que se os pone en la mesa.

    Ellos me miraban entre el celo y la ira. Yo no hice caso, seguí con mi vida, lo que quería es acabar mi carrera y marcharme de esa casa, me asfixiaba; la única libertad que había tenido en mi vida era cuando estaba con mi padre y los mayores placeres gracias Angustias y sus novios.