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  • Llamando a una puta

    Llamando a una puta

    Un día salí temprano de la uni y volví casa algo desanimado. Llegué a mi hogar y enseguida vi que no había nadie. Estaba todo cerrado y no podía entrar. Le marqué a mi madre pero no me respondió. Intente de nuevo y el resultado fue el mismo. La tercera fue la buena. Apenas aceptó la llamada y escuche golpes, jadeos y risas.

    —¡Holaaa! Mi cielo. ¡Ayyyy! —Se oía exaltada y feliz.

    —¿Estas bien?

    —¡Siiii! ¡Oh sí! ¡Estoy muy bien! —El ruido de los golpes se apreciaban con más intensidad, como si se la estuvieran follando o nalgueando. O ambas cosas a la vez

    —Dile que estas bien llena —susurró una voz varonil que me resultaba conocida.

    —Estoy bien, hijo. Estoy muy feliz y muy llena.

    Unas suaves risas se escucharon de fondo. La muy puta estaba con más hombres. Yo me hice el tonto y le dije.

    —¿Qué? ¿Con quienes estas? ¿Dónde estás?

    —Estoy trabajando mi cielo.

    —Dile esto… —Otra voz, mucho más juvenil que la anterior.

    —Estoy trabajando muy duro —dijo mi madre entre gemidos—. Ya me duele el trasero de tanto estar sentada trabajando. Espérame, cariño, un compañero de oficina tiene un subway muy grande y delicioso de treinta centímetros. Tengo mucha hambre así que le daré una mordida a ver si me la puedo meter toda a la boca.

    Mas risas de fondo y yo me quede callado y perplejo por lo zorra que es mi madre. No supe que responder o cómo actuar. ¿Seguir haciéndome pendejo o reclamarle sobre su putería? Decidí hacerme pendejo mientras oía las arcadas de mi madre.

    —¿Qué necesitas, cariño? —me preguntó después de recuperar el aliento.

    —Ehh salí temprano de la uni y estoy afuera de la casa.

    —¿No están tus abuelos?

    —No.

    —Espérame, cuando termine de trabajar iré a casa. Ahora te dejo porque tengo una torre muy grande y gruesa de papeles que tengo que acomodar en un agujero de mi oficina. Adiós. Te amo mucho. —Dicho eso me colgó pero antes pude escuchar las risas de sus amantes.

    Mi madre estaba con dos hombres. Estaba follando mientras hablaba conmigo. Seguramente tenía una verga en su culo y otra en su boca, follandosela mientas habla con su hijo.

    ¿Ella cree que soy tan pendejo como no darme cuenta de su puteria? ¿O solo me está castigando porque no la he confrontado? ¿Disfrutara de humillarme de esta manera? ¿La obligaron a contestar la llamada o lo hizo por iniciativa propia? ¿Por qué tengo el pene tan duro como una piedra?

  • La historia de mi primer trío (Parte 1): ¡Seguro que pasará!

    La historia de mi primer trío (Parte 1): ¡Seguro que pasará!

    Siempre se me han dado los idiomas, desde muy pequeña dominé el inglés, luego, aprendí alemán y hace poco me decidí por el francés. Recientemente me encontraba tomando clases de francés, llevaba poco más del mes y medio en clases, y como me intimidan las multitudes, jamás había notado otros salones del instituto.

    Una tarde, al salir de mi clase, se acercó un chico muy apuesto con un acento que me supo extranjero, no era extraño encontrar extranjeros en el instituto, lo que si era extraño es que fuera tan apuesto. Era caucásico, alto, delgado, atlético, ojos azules y una sonrisa bastante característica, tenía algunos lunares en el rostro que por alguna razón me parecieron lindos, en especial uno que se apreciaba por encima de su labio superior, era sexy.

    El chico me preguntó si tenía encendedor, tengo más de 10 años fumando, pero mi vida y hábitos habían cambiado gracias al cigarrillo electrónico, no he dejado de fumar, sólo que ahora fumo dónde me da la gana y estoy muy feliz de no oler a cigarrillo por la vida; en fin, lamentablemente, no tenía ningún encendedor a la mano para aquel hombre, por lo que me limité a decirle que lo sentía. Él se limitó a agradecer con ese acento exquisito.

    Suelo ser bastante reservada en muchos aspectos de mi vida, a veces, hasta cierto punto tímida, en especial con personas que me parecen atractivas, por lo que saqué de mi bolso las llaves de mi auto y mi cigarrillo electrónico, y me dirigí con paso despistado hacía el estacionamiento. Durante el día, no pude evitar pensar en aquel hombre, ¿por qué no había visto a semejante espécimen por el instituto antes?, no era relativamente nueva ahí, pero me dio igual y seguí con mi día.

    Al día siguiente, justo antes de entrar a mi clase, ahí estaba, de pie junto a la puerta del salón contiguo al mío, hablando con tres chicas en inglés, la experiencia me pareció familiar, de esas extrañas situaciones en las que conoces a alguien nuevo y comienzas a verlo frecuentemente. Tengo la costumbre de no saludar a quien no conozco, por lo que sólo evadí la mirada y me dirigí a mi salón de clase.

    Al terminar la clase, como siempre soy la última en salir, intenté disimular la mirada al salón contiguo, estaba vacío, por lo que me dirigí hacia la salida del instituto, ahí estaba, haciendo check out en el lado de los profesores, ¡por supuesto que era profesor! Intenté salir sin que me notara, pero apenas escuchó mis pasos, volteó con curiosidad y me saludó entusiasmado, mi estómago se estremeció un poco antes de soltar palabra, y sólo pude articular un hola un tanto entrecortado, me dejó pasar primero por la puerta mientras sacaba un cigarrillo de su bolsillo, me preguntó si hablaba inglés y al responderle afirmativamente comenzó a hablar, su acento era británico.

    Comenzó con un chiste acerca de los encendedores, y cómo misteriosamente todos desaparecían, mientras yo reía nerviosa, él encendió su cigarrillo y miró su celular, noté que no se dirigía a ningún lado, mientras fumaba me preguntó qué idioma estudiaba en el instituto y si era nueva, respondí ocupada mientras sacaba de mi bolso las llaves de mi auto y mi cigarrillo electrónico en señal de que me dirigía a mi auto, hablamos un par de minutos y cuando apenas me disponía a despedirme, llegó su uber, no sin antes decirme su nombre a modo de presentación, Ben, le respondí con el mío y me dirigí al estacionamiento.

    Por mi mente pasaron las mil y un situaciones en las que pudiera intentar algún acercamiento con Ben, descarté mis opciones de inmediato y pensé lo que siempre pienso cuando me llama la atención una persona, mi mantra de vida: ¡seguro que pasará!

    Días después, al salir del instituto, lo volví a encontrar, fumando un cigarrillo y ocupado con su teléfono, nos saludamos y comenzamos a hablar, le pregunté a dónde se dirigía, intentó explicarlo sin éxito, se rindió y me dijo las calles donde se encontraba su apartamento, se disponía a pedir su uber cuando le solté que yo pasaba por ahí para ir a casa, no era del todo cierto, pues no tomaba ese camino para llegar, aunque técnicamente, y tomando otras calles sin desviarme de mi ruta, pasaba por ahí, por lo que me ofrecí a llevarle, fue un truco un tanto desesperado, pero funcionó, aceptó y caminamos al estacionamiento.

    Me contó que era de Inglaterra, específicamente de Londres, y que había llegado hacía 8 meses por su novia, tenía 25 años, 3 años menor que yo, y había estudiado administración de negocios, en mi mente resonó la palabra «novia», mientras él seguía hablando, por lo que en algún punto de la conversación tuve que volver a ponerle atención.

    Su novia había ido a vacacionar a Londres, se conocieron en un club, se habían enamorado y visto en al menos 3 ocasiones posteriores, y lo único que pude pensar fue en ¿quién demonios se enamora en una situación así?, me limité a responder sus preguntas de manera breve hasta que llegamos a su apartamento, intercambiamos números de teléfono, le recordé mis servicios de conductora, se despidió dándome un beso en la mejilla y haciendo alusión al estilo de los mexicanos para despedirse y bajó del automóvil.

    Todo lo que podía pensar era en cómo un hombre como él deja Londres por una mujer, por un momento envidié a su novia y no precisamente por la situación en la que se encontraban metidos, sino por el apuesto hombre que tenía a sus pies, terminé mi día un poco apagada, había pensado en situaciones con él, y en ese momento todas y cada una se desmoronaron, y aun así, ninguna se le parecía a lo que en realidad iba a suceder.

    Pasaron tres semanas en las cuales continué llevándolo a su apartamento, nos conocimos un poco más, gustos musicales, familia, pasatiempos, trabajo, lo mucho que extrañaba su país, las lluvias, etc. Un día, al salir del instituto, me invitó a cenar, me extrañó la pregunta por su situación actual, pero la verdad es que venía deseando ese día desde hacía tiempo, por lo que acepté, noté que llevaba algunos días sin hablar de su novia, por lo que mi cerebro no pensó antes de preguntar si ella estaba de acuerdo, respondió que por el momento no estaban juntos, y creo que mi cara de felicidad inmensa respondió todo lo demás, lo lleve a un restaurante de mi agrado, tanto por la comida y la bebida, como por la música, la que sabía que era de su agrado también, luego de cenar, tomamos rumbo para llevarlo a su apartamento, al llegar, me invitó a pasar un momento, y simplemente no pude decir que no.

    Subimos a su piso y me comentó sobre su reciente exnovia, habían hablado sobre su situación y decidieron pausarlo todo, pues no habían llegado a una conclusión clara de quién dejaba su lugar para irse con el otro, ella aún estaba estudiando y no podía abandonar la universidad y él lamentó su decisión precipitada de venir a vivir a México solamente por extrañarla.

    Yo no buscaba nada serio, ni mucho menos algo tan complicado como un extranjero, ya había pasado por eso en mis veintes, y a pesar de que pudo haber salido bien, terminé por cansarme y aventarlo todo a la basura, por lo que mi idea de una relación a larga distancia no era una buena opción, yo sólo buscaba reconfortarlo un poco nada más, no me importaba si después se decidía por su exnovia, de hecho, llegué a pensar que me haría un favor si lo hacía, así me lo pasaba bien, pero no habría nada complicado de por medio.

    Me ofreció algo de beber y sentados en el sofá, seguimos hablando, para mí el alcohol siempre ha sido el mejor lubricante social que existe, me permite hablar sin la timidez que acostumbro y me desinhibe lo necesario para poder hacer lo que no haría comúnmente, sin olvidar la sensación placentera en mi clítoris cuando la primera copa comienza a hacer efecto.

    Después de seguir hablando por un rato más de temas un tanto vanales comenzó la confianza, y empezamos a hablar de temas más íntimos, entre gustos y experiencias sexuales, la tensión sexual entre nosotros se volvía cada vez más palpable, son esos momentos previos los que para mí ocasionan el máximo placer a la hora de intimar, para la tercera copa ya había jueguitos de manos, palabras muy directas y doble sentido, mis sentidos estaban tan agudizados que podía incluso percibir su respiración, hasta que me disculpé para ir al sanitario un momento.

    Sentía mis mejillas arder, tanto por el alcohol, como por la excitación, fui al lavamanos, me vi al espejo y me empapé la cara un poco, me solté el cabello y no pude evitar notar lo húmeda que estaba en ese momento, mi clítoris palpitaba fuertemente bajo un vestido holgado tipo halter, inspeccioné un poco mi cuerpo, se veía bien, siempre he estado muy cómoda con él, por lo que procuro cuidarlo y conservarlo, cintura esbelta que se podía apreciar con el vestido, pechos redondos no muy prominentes, caderas anchas y mi mayor orgullo, mi trasero, 110 centímetros de atractivo visual que a veces me hacen sufrir para encontrar la talla adecuada de ropa.

    Respiré profundo antes de salir del sanitario, pero con un sólo objetivo en mi cabeza. Salí con toda la seguridad de lo que haría, lo encontré levantado del sofá sirviéndome otra copa y viéndome con una sonrisa de complicidad, apenas llegué lo suficientemente cerca, me ofreció la copa y ni siquiera me importó, lo tomé por el cuello y lo acerqué a mi boca, dejó la copa torpemente en la mesa mientras respondía a mi beso, me tomó por la cintura y me acercó lo más posible a su cuerpo, me apretaba, era la respuesta que buscaba. Lo empujé un poco con todo mi cuerpo dando un par de pasos hacia adelante, hasta que se vio obligado a sentarse en el sofá mientras me abalanzaba sobre él, me acomodé encima de sus piernas con las mías abiertas, quería sentirlo, quería tocarlo, quería comérmelo.

    Paseaba sus manos grandes por mi espalda, bajaba lentamente hacía mis caderas, y sus dedos se paseaban tímidamente por mis nalgas, tentando el terreno, como pidiéndome permiso para tocar, al ver que no hice ningún movimiento negativo lo hizo con más confianza, me apretaba, me jalaba, me empujaba, y empezaba a llevar el compás de los movimientos. Entre besos y caricias metió sus manos debajo de mi vestido, notó mi tanga, jugó con ella un poco jalando los hilos, lo sentía, su pene erecto en mi entrepierna. Comencé a jadear y gemir, quería más, y no quería que eso acabara, sus manos apretaban mis nalgas, se acercaban a mi ano, jugaba con el suavemente, la sensación me gustaba, y mucho, pero necesitábamos más, desabotoné su camisa con desesperación y entre jaloneos logré quitársela, sentía su piel cálida y tenía un olor delicioso.

    Dejé de besarlo solamente para besarle el cuello, me paseaba por sus hombros y orejas, respondía a mis besos, se aferraba más a mí, escuchaba su respiración entrecortada, le gustaba, de un sólo movimiento se deshizo de mi vestido, y regresé a su boca con el sabor de su perfume en mis labios, mientras me levantaba un poco para desabrocharse el pantalón, moría por tenerlo dentro, moría por tocarlo, por lamerlo y saborearlo. Con movimientos desesperados, bajó sus jeans hacia las rodillas, solo para que yo lo ayudase a deshacerse de ellos completamente, sentía su pene duro y grande debajo de un bóxer azul marino, por dios, se veía tan bien, y se sentía mejor, frotaba su miembro contra mi vagina, y yo ya no podía más, estaba a punto de estallar, pero me resistía.

    Lo único en que pensaba era en tenerlo dentro, en sentirlo completo, besaba mi cuello y se pasaba al nacimiento de mis pechos, los lamía, los besaba, sentí sus manos forcejear con mi sujetador por un momento, y cuando por fin los liberó, se comió mis pezones con mordidas suaves, la fricción de su sexo con el mío aumentó, de pronto, las sensaciones tan ansiadas me invadieron, era toda gemidos y estremecimiento, me dio un poco de pena no poder aguantar más, pero la situación me llevó al clímax y la realidad era que apenas comenzábamos. Mientras me relajaba un poco de ese orgasmo delicioso que me había tomado por sorpresa, me arrodillé sobre la alfombra y tomé su bóxer por los lados, lo baje sólo para ver su delicioso miembro erecto dar un respingo al ser liberado, inmediatamente me sentí extasiada de nuevo, quería más, lo quería todo, lo quería en mi boca; terminé de quitarle el bóxer rápidamente y me abalancé sobre su pene para regresarle un poco de lo que él me había regalado.

    Recorrí toda su longitud con mi lengua varias veces y al llegar al glande, lo metí a mi boca y comencé a hacer mi trabajo, de arriba a abajo lentamente, saboreando con mi lengua cada centímetro, al llegar a mi garganta hacía un esfuerzo por comérmela toda, por atragantarme, su cara lo decía todo, sus manos desesperadas entre mis cabellos, empujaban un poco mi cabeza contra él y moviendo su pelvis con desesperación me dejaba ver su deseo de seguir. Sus jadeos no se hicieron esperar, me pusieron a mil nuevamente, estaba lista, estaba muy mojada, deseando el momento, me jaló por el cabello sólo para llevarme a su boca mientras me sentaba de nuevo sobre él, eso era lo que buscaba, sólo quería sentir su piel con la mía, su sexo con el mío.

    El pequeño hilo de mi tanga me permitía sentirle, y para él no pareció un problema mayor, tomó la tanga por detrás e hizo el hilo a un lado, me levanté un poco para permitirle el acceso libremente y me embistió con agilidad, comenzó un vaivén un tanto desesperado por parte de ambos, me apretaba con fuerza y paseaba sus manos por todo mi cuerpo, pareciera que no quería dejar ningún rincón sin su huella, me besaba, me mordía los labios, me acariciaba para después darme nalgadas suaves. Mi cuerpo respondía a sus manos, el calor de mis nalgas se dejó sentir luego de que aumentará la fuerza del impacto, y no se detuvo al notar que me gustaba, de pronto me invadió esa sensación tan familiar, mi cuerpo empezó a adormecerse hasta que la sensación recorrió toda mi espalda y llegó a mi clítoris para estallar en gemidos y retorcerme sobre él por segunda ocasión.

    Me permitió incorporarme poco a poco, bajó el ritmo de las embestidas un par de minutos mientras me dejaba disfrutar de esas pulsaciones tan deliciosas en mi clítoris luego del orgasmo, comenzó a besarme las orejas y el cuello para motivarme a seguir, y en cuestión de segundos ya estaba más que lista otra vez, me miró a los ojos y me sonrió con soberbia, podía ver en esa sonrisa y en esos ojos que estaba orgulloso de él, y yo estaba encantada con ello, me habló al oído con ese acento que pone a cualquiera y susurrando preguntó si quería ir por el tercero, esa fue la frase que me excitó en segundos por tercera ocasión. Comenzó lentamente él vaivén, no tenía ningún apuro, sólo me hacía desearlo cada vez más, continuó tocando y apretando mi cuerpo bañado en sudor, besándome desesperado, a mordiscos suaves y lengüetazos donde se le antojaba, me tomó por las nalgas y me sacó de tajo del trance en el que me tenía, me hizo a un lado con un pequeño esfuerzo y se levantó del sofá, me incliné un poco con los antebrazos apoyados en el respaldo del sofá, se acomodó detrás mío y me embistió con fuerza.

    Me tomó del cabello con una mano mientras lo jalaba firmemente de manera que mi espalda quedó completamente en forma de arco, colocó su otra mano en mi cadera y aumentó la velocidad, podía sentir sus testículos golpeando mi clítoris, podía sentirlo hasta el fondo, continuó penetrándome de esa manera hasta que se aferró a mis caderas con fuerza, soltó mi cabello y me dio una nalgada fuerte que resonó en la habitación. Eso me puso a punto, él notó lo que eso me provocaba, era su señal, continuó embistiéndome con fuerza hasta que sentí que estaba muy cerca de correrme, se me acercó y dijo que ya no podía más, entre sus jadeos y agitación pude saber lo que estaba pasando, pude sentir un calor inmenso dentro de mí, sus fuertes embestidas y la situación me provocaron estallar después que él, mi tercer orgasmo de la noche se hizo presente, y los escalofríos no tardaron en dejarse sentir.

    Él simplemente descansaba con su miembro dentro de mí, yo me encontraba extasiada y exhausta, me quedé quieta varios minutos, descansando de aquellas sensaciones tan deliciosas, me incorporé para ir al sanitario a limpiarme, y las sensaciones se dejaron apreciar al hacerlo, salí del sanitario con una cara un tanto triunfante, y estaba ahí, recostado en el sofá con el bóxer puesto de nuevo, no sé porque razón los hombres hacen eso, terminan y se ponen lo que encuentren con tal de que uno no curiosee. De igual manera ya lo había visto todo, ya me lo había comido, ya lo había probado completo, y esa, era mi mayor recompensa, nos dispusimos a fumar y terminar la copa que se quedó inconclusa, hablamos de lo ocurrido y jugueteamos un poco.

    Era hora de volver a casa, nos despedimos de la mejor manera, al menos como a mí me parece prudente cuando busco un plan de amigos con derecho a roce, un pequeño beso en la mejilla como si nada hubiera pasado, y así, salí de su apartamento. Durante mi trayecto no podía parar de pensar en todo lo ocurrido, los músculos de mis piernas dolían, mi espalda se iba relajando, mis pezones aún estaban erectos y ardían por tantas sensaciones, era un ardor que me gustaba, y el simple hecho de pensar en todo aquello me puso húmeda nuevamente. Me fui a la cama deseando volver a estar con él de esa manera, de mil maneras si era posible, después de todo, si la primera vale la pena, la segunda vez siempre es mejor.

  • Enculando a mi madre (Partes 1, 2 y 3)

    Enculando a mi madre (Partes 1, 2 y 3)

    Soy Rafael, actualmente tengo 20 años, y quiero relatar algo que hace algunos meses me sucedió, no se lo he dicho a nadie y la culpa me carcome. Soy hijo único ya que mis papas por lo que sé, les costó tenerme, pues al parecer mi papa tiene algún problema y les cuesta procrear. Soy originario del estado de Tamaulipas, México de un pequeño pueblo llamado Jaumave, hace dos años me vine solo a estudiar la universidad a Ciudad Victoria. Cada que puedo o cada que tengo vacaciones los voy a ver, en algunas ocasiones ellos viene a visitarme.

    Rente un pequeño cuarto cerca del centro, es un cuarto mediano con baño propio, una pequeña estufa, cama individual ya saben cosas básicas. Cuando ellos vienen a verme ellos duermen en la cama y yo en el piso. Hablando de mi familia mi papa es maestro de primaria en el pueblo, mi mama es ama de casa. Mide 1.69 de estatura es de piel morena, cabello negro, unas pequeñas tetas copa B quizás, un trasero pequeño, redondo pero bien parada, cuando se pone jeans se le ven muy ricas. No es un culo de esos grandes y carnosos, son de esos coquetos, bonitos, que se ve que aprietan ven rico.

    Recuerdo que la primera vez que tuve una fantasía sexual con mi madre fue, cuando fuimos a una fiesta y ella llevo un vestido rojo muy apretado, que le llegaba más arriba de la rodilla, veía como se le marcaba su calzón, un más o menos pequeño, desde ese momento le dedique varias chaquetas a su salud.

    En la navidad pasada, como de costumbre había quedado de ir a verlos al pueblo pero los planes cambiaron, ya que en Ciudad Victoria se iba a dar un espectáculo de navidad y una pequeña feria se pone por el centro, les conté esto a mis papas y ellos les gustó la idea y decidieron venir unos días para pasar la navidad aquí y regresarnos para año nuevo para pasarla en el pueblo con familia. Me pareció buena idea, yo salía de vacaciones el 20 de diciembre y regresaba el 5 de enero, el plan era que ellos llegaran el 23 y regresarnos el 26. He aquí donde empieza la trama o empieza el “Desvergue” como le decimos en México.

    Una semana antes que ellos vinera a visitarme, mientras jugaba futbol en la escuela me pisaron cerca del tobillo en el momento fue muy aparatoso, pues me dolía mucho y fui al seguro médico para ver si no me había fracturado, me sacaron unas radiografías todo salió bien. Pasaron como dos días después del incidente, mientras hablaba con mi papa por whatsapp, le dije lo del pie y le mande foto. No paso ni una hora y mi mama me hablo para preguntarme como estaba, le dije que no podía caminar muy bien pero que fuera de eso nada grave.

    Ella se espantó, pues me dijo que iría a verme para cuidarme, le dije que no había problema estaba bien, pero ella insistió en ir y pues bueno le dije que estaba bien, ella compro su boleto para el 15 de diciembre, mi papa nos alcanzaría 3 días después. Esos días la universidad no era tanto problema, ya había pasado mis materias y ya ni iba a clases, me quede en casa a esperar a mi mama, en mi mente no pasaba nada sexual, solo quería probar algo de comida casera echa por ella.

    Ella llego más o menos como a las 2 de la tarde, llego derecho al cuarto ya sabía la dirección, llego me abrazo y me pregunto cómo paso, cuando paso, le conté todo y ya estaba más tranquila, como ya era hora de comer, como buen foráneo no tenía nada, ella dijo que saldría a comprar algo para hacer de comer. Ese día vestía con un short a media rodilla nada que lucera sus lindas piernas ni su coqueto culo, ella salió a una tienda de autoservicio que esta como a 20 minutos, cuando ella salió me quede viendo mi teléfono y fue entonces cuando me dio curiosidad por husmear entre su maleta para ver su ropa interior.

    Saque su ropa y pude ver 3 bragas suyas, una verde esmeralda con tela totalmente brillosa estaba media chica, la segunda era un calzón grande rosa con algo de bordados en sus orillas y un moñito en frente, el tercero era una tipo tanga no de hilo pero si algo chica de color negro, de esas que son completamente traslucida y esta bordadas con flores o figuras decorativas. La verga la tenía al 100 empecé a oler la pataleta verde justo donde va su chocho, mientras me hacia una paja con la tanga negra, abrí la bolsita que tiene a la altura de su vagina y metí mi pene, imaginando que era su vagina me hice tremada paja que me corrí como caballo, llene toda esa bolsita con mis mecos. Cuando guardaba las cosas vi un pants que trajo supongo que para dormir, los tome y los guarde en un cajón que tengo en un closet, pues sabía que esa era su pijama, estaba tan caliente que pensé que sin eso ella dormiría en ropa interior.

    Cuando llegó y abrió la puerta, no me pude sacar dela mente la imagen de montar a mi madre, darle la cogida de su vida y llenarla de leche. Ella hizo la comida platicamos un rato y se hiso de noche, como a las 11 de la noche ya nos íbamos a dormir, ella busco su pants pero no lo encontró, ella dijo que dormirá así con su short, le dije que le prestaba ropa, ella dijo que a ver si tenía algo que le quedara pues yo mido 1.77 busque una playa que tengo de la NBA que me queda más debajo de la cintura le dije que a ella le llegaría a las rodillas, solo que se pusiera una blusa o camisa abajo así ella dormirá más cómoda, lo pensó y al final la tomo y se cambió en el baño. Se veía súper sexi con esa playera y solo de pensar que debajo de eso está su carnoso chocho me ponía la verga dura.

    Después de eso me dijo que ella dormirá en el piso y yo en la cama, pues por mi pie necesitaba espacio, le dije que no, así peleamos como 20 minutos hasta que le dije que ni ella ni yo que durmiéramos juntos al fin en la cama si cabíamos, que si ella cabía con mi papa cuando venía, que no cupiera con ella yo que soy más delgado, ella dijo que sí. Nos acostamos juntos ella pegada a la pared y nos tapamos con diferentes cobijas para que ella tuviera más confianza, como a los 20 minutos ella quedo dormida, creo que se cansó por el viaje por que hasta roncaba.

    De momento se giró dando la cara a la pared, y se acomodó de cucharita, poco a poco me fui agachando y metiendo en su cobija, cuando está a la altura de sus piernas intente ver debajo de la camisa que le preste pero se veía oscuro, así que tome mi celular y prendí la linterna, no podía creerlo, podía ver una braga blanca muy discreta que se metía entre su culo y sus piernas blancas, podía jurar que el interior de su vagina era rosa, me saque el pene y poco a poco lo fui acercando a su vagina, tenía miedo que se despertara, pero no paso, logre colocar mi pene entre sus piernas en eso se movió y apretó mi pene con sus piernas, aproveche eso para empezar a mover lentamente mi pene entre sus muslos imaginaba que me la está cogiendo, no tarde ni 3 minutos y de manera casi involuntaria me corrí entre sus piernas, manche sus piernas y su braga con mi caliente semen. Ella ni se inmuto, me agache cuidadosamente para ver lo que había hecho, alce la playera y vi como mis mecos estaban en toda su braga y piernas, pensé en limpiar un poco pero mejor no quise hacerlo pues si la tocaba de más podía despertarse, así que mejor decidí dejarlo así y que pasara lo que fuera.

    En la mañana siguiente me desperté antes, más bien ni pude dormir después de lo que hice, no podía sacarme esas imagines de la cabeza. Después mi mama se despertó y fue al baño, yo esperaba que dijera algo está muy nervioso, ella no dijo nada pero estoy seguro que si vio las manchas de mi semen. Ella dijo que se daría un baño así que prendí el boiler y se metió a bañar, mientras se bañaba aproveche para ver sus calzones y pajearme otra vez, vi que faltaba la tanga negra así que deduje que esa se pondría ese día, eso me prendió más pues esa estaba llena de mi leche de la paja del día anterior. Tome su tanga verde y mientras olía su calzón rosa me pegue tremenda chaqueta que llene de semen el lugar donde va su conchita.

    Después salió del baño, ese día llevaba puesto un pantalones tipo jeans no tan ajustado pero si resaltaba su culo cuando se agachaba, después de eso yo me metí a bañar, cuando entre vi una bolsa que estaba debajo del lavabo, la abrí y vi su ropa sucia, su tanga blanca esta tiesa donde va su conchita y tenía muchas manchas, eso era mi semen, quizás ella pensó que eran sus propios fluidos no lo sé, lo único que si se es que mi semen si toco su vagina.

    Ese día nos quedamos en casa pues hacia mal clima, esta nublado con algo de llovizna, solo esperaba la noche para volver a dormir con mi madre, todo el día solo pensaba en cogérmela y era una tentación pues la tenía a unos metros con ese buen culo y esas lindas bragas puestas, en mi mente pasaron muchas ideas, pensé que mientras dormía hacer lo mismo de la noche anterior pero esta vez hacer a un lado su tanga y meterle la verga, pero se daría cuanta no tiene un sueño tan pesado como para no sentir una verga en su panocha. Después pensé en emborracharla pero ella no toma y yo muy poco, después pensé en drogarla pero me daba miedo porque no se de drogas y ni se poden conseguirlas.

    Llego la noche, dormiríamos juntos igual pero ese día ella ya no quiso usar la playera que le preste, se puso el short con el que llego, cuando nos acostamos y ella se quedó dormida, me agacha y trate de ver su culo, solo se veía como su tanga negra se notaba un poco por encima del short, no me calenté así que triste me quede dormido. A la mañana siguiente el clima era poco mejor solo estaba nublado, ya había perdido toda esperanza pensé que la primera noche solo fue suerte, mientras hablaba con un amigo de la uní, me dijo que no podía dormir bien, fue al doctor y le receto algunas pastillas.

    Le dije que tan fuerte eran me dijo que no tanto solo te hacen dormir quizás tener el sueño pesado, le pregunte donde las compro me dijo que las venden solo con receta, le dije que si me podía regalar un par, pues yo también llevaba días sin dormir bien, él me dijo “no mames, estas madres son con receta que tal te las tomas y te mueres”, le respondí “tú ya te moriste?, tú me conoces estamos igual de jodidos, solo dame unas dos o 3 para ver si me funciona, además me las voy a tomar como me digas”.

    Así estuvimos un rato hasta que dijo “cámara, pero si te mueres no es mi pedo”, le dije que si lo podía ver en una plaza del centro como a las 4 de la tarde, me dijo que si, después de eso un rayo de esperanza se asomó. Le dije a mi mama que si me acompañaba al centro iba a ver a mi amigo y de paso salíamos a caminar para no está todo el día encerados, ella dijo que si, solo le preocupaba mi pie, le dije que podía caminar despacio.

    Llegamos a la plaza le dije que me esperara que iba a ver a un amigo en una de las entradas, ella dijo que si, mientras vería unas zapatos en la tienda y que la alcanzara ahí, vi a mi amigo, me dio 3 pastillas, me dijo que las tomara unos 20 minutos antes de irme a dormí, con agua, te o café menos con alcohol, si antes me podía bañar era mejor así estaría más relajado mi cuerpo, le dije que gracias y me despedí. Fui con mi mama, paseamos un rato y como a las 8 nos regresamos a la casa. Cuando llegamos a la casa pensé darle las pastillas molidas a mi mama en su café, me metí al baño y molí una, ella había hecho café así que cuando se descuidó le vacié la pastilla. Me metí a bañar después le dije que si ella quería, me dijo que no, le dije que aprovechara porque el agua estaba caliente, al final se decidió, cuando saco su ropa vi que toma la tanga verde, esta como piedra mi verga, aproveche para esconder su short para que usara mi camisa de la NBA.

    No podía esperar para irnos a dormir, como a las media hora ella dijo que ya tenía sueño, no encontró su short le dije de mi playera, tenía tanto sueño que no dijo nada así que se acostó y se durmió, mientras yo veía la tele esperaba que la pastilla hiciera efecto. Mis corazón latía a mil por hora, me movía de un lado a otro veía la hora en mi teléfono a cada rato, no sabía qué hacer para matar el tiempo, quería que pasaran una o dos horas antes de empezar con mi plan.

    Una hora y media paso, ya no podía más, fui al baño y me quite el bóxer solo me puse un short de futbol para que todo fuera más rápido, tomo un condón del seguro de los que me dieron cuando fui a consulta. Me acosté de lado, ella esta boca arriba viendo al techo quería que se moviera de lado viendo hacia la pared y se pusiera de cucharita, pero no lo hiso, paso como media hora hasta que se movió, entonces empecé a hablarle al odio para ver si se despertaba, la abrase y me puse de cucharita hacia ella, pero no hiso nada solo exhalaba muy profundamente, alce su playera y vi su culo cubierto por esa tanga verde, era lo mejor que había visto en mi vida, le acerque mi verga sin sacarla del short y le empecé a dar arrimones para ver si no se despertaba.

    Le di arrimones como 10 minutos y nada, después con la mano poco a poco le fui acariciado su conchita, a pesar de tener su tanga puesta podía sentir sus labios, como se separaban cuando le pasaba el dedo por la mitad, jugué con su conchita un rato hasta que le hice aun lado su braga y me metí un dedo, ella salto como un espasmo, pero no se despertó, así que metí dos dedos, pasaron varios minutos y ella seguí dormida, así que supuse que si le masajee la concha como media hora y no se despertó una metida de verga no la levantaría.

    Me baje el short mi verga desde hace rato está soltando fluidos, esta toda adolorida que tan excitado que estaba, me puse el condón, acerque mi verga a su panchita, con mi teléfono alumbre un poco para atinarle bien, le hice aun lado su nalga para que mi verga entrara poco a poco, cuando entro la cabeza me sentía soñado, su interior esta cálido, poco a poco fui metiendo toda, cuando ya está la mitad empecé a moverme despacio, no podía creerlo ME ESTOY COGIENDO A MI MADRE, estaba muy apretada después la tome de una de sus caderas y poco a poco metía más y más mi verga, tenía miedo que se despertara, le di como 15 minutos a una velocidad leve, pues no quería que se despertara, cuando ya sentía que me corría trate de meterme toda la verga de un golpe, esa había sido la mejor corrida de mi vida, poco a poco le saque el pene, vi que el condón está lleno de semen, solo de imaginar que todo eso podía acabar dentro de ella me volvía loco, después eso fui al baño tire el condón por el inodoro, abrace a mi madre y me dormí.

    A la mañana siguiente, me levante tarde como a las 10 de la mañana, todo deslechado, mi mama se levantó antes y puso café, ese había sido la mejor noche de mi vida, cuando me levante abrace a mi mama y le di un abrazo y un beso en la mejilla, ella se sorprendió y me dijo que desde cuándo tan cariñoso, en mi mente solo pensaba en que esa mujer hace unas horas esta apretando mi verga con su vagina y ni cuenta se había dado.

    Llegando la noche hice los mismo, molí una pastilla y se la puse en su café, nos pusimos a ver la tele, yo sentado en una silla y ella en la cama, de repente se quedó dormida, ni cuanta me di de cuando se durmió, el caso es que trate de despertarla para que se cambiara pero vaya que las pastillas son buenas pues me costó mucho, cuando se levantó esta toda perdida, le dije que se cambiara y se acotara bien ella dijo que si, le di la playera de la NBA se fue al baño se cambió y se metió a la cama, se acomodó y de inmediato quedo dormida.

    Yo me fui a la cama en puro bóxer, deje que pasara como media hora y después mece a mover a mi mama para ver si se despertaba, con más confianza por saber el efecto de las pastillas, me metí entre las cobijas y aprovechado mientras ella estaba boca arriba vi su braga verde otra vez pues no se había bañado ese día, me acerque a milímetros y empecé a oler su panocha, ese oler me calentaba, le dice a un lado la tanga y empecé a lamer su conejito con varios pelos, pues ella no se rasuraba totalmente, le chupe la conchita un buen rato, hasta que me canse.

    Me levante por un condón, antes de ponérmelo quise meterle la verga si nada más para sentir la vagina de mi madre, le levante la nalga un poco y apunte directo a su conchita, fui metiendo mi verga poco a poco hasta que entro casi toda, sentía que topaba algo, parecía que era su útero pues le falto un poco más a mi verga para entrar toda, su conchita está caliente y apretaba más que mi mano en una paja, empecé a embestirla con más dureza que la noche anterior, me sentía soñado pues mientras más le daba sentía que su conchita apretaba mas, se escuchaba un ligero golpeteo mientras mis piernas chocaban con sus nalgas.

    Empecé a sudar de tan caliente que estaba pues no podía creer que me está clavando a mi propia madre, esa mujer que me ha cuidado y me ha educado, pero que a la vez, para mis ojos es un monumento de hembra, una mujer que merecía ser cogida, porque ese culo también me pertenece. Le di buenas metidas y cada que trataba de llegar mas al fondo chocaba, estoy seguro que era su útero, no podía creer que mi verga está tocando la entrada de su útero, mi pene no es tan grande lo sé, no mide más de 15 cm. Mide mucho menos quizás el cuerpo de mi madre está diseñado para soportar vergas pequeñas, no lo sé, pero a cada embestida me calentaba más y más, cuando estaba a punto de correrme se la metí hasta el fondo para que todo mi semen se fuera directo a su útero de manera figurativa, y digo esto porque pensaba que tenía el condón puesto.

    Cuando me corrí, sentí muy calientito, y fue cuando me di cuenta que no me había puesto el condón dije “que pendejo no mames, que vergas hice, me van a matar neta me van a matar”, en ese momento me sentí como la peor persona del mundo me había corrido dentro de mi propia madre, le levante y fui al baño por papel, regrese y trate de limpiar lo que salía, pero era muy poco, por la posición en la que estaba todo el semen se quedó adentro de su conchita, solo un pequeño hilo salió por su abierta vagina. Yo sabía que mi corrida había sido mucha pues en todo el día no me masturbe, y si un día anterior el condón quedo con un una buena cantidad, estoy seguro que su interior quedo lleno de semen, lo peor es que se daría cuenta al despertar. Esa noche no dormí, daba vueltas y vueltas, pensado en que pasaría si quedaba embarazada, si se daba cuenta, si le decía a mi papa.

    A la mañana siguiente me desperté y prendí la tele como a las 8 de la mañana pues ni dormí, ella se levantó como una hora después, me saludo y se fue al baño, se tardó como 20 minutos, yo sabía que está muerto, ella salió no dijo nada, puso café y dijo que se bañaría, parecía normal pero algo me decía que se dio cuenta que algo está mal. Ese día no salimos me quede en la cama diciendo que me dolía el pie, me sentía culpable, como una basura y mal hijo, ella aprovecho y subió para lavar algo de ropa. Ese día se puso un vestido holgado, como a las 3 de la tarde me pidió ayuda para que le pasara la ropa mojada y la pudiera tender, cuando fue a ayudarla ella está en el techo y yo abajo, mientras le pasaba la ropa podía ver que tenía puesto el calzón rosa, por más que trataba de no ver, parecía que ella lo hacía al propósito.

    Que era claro que no, le vi la parte delantera trasera de ese grande pero delicado calzón, mi verga se paró, me calenté otra vez, y el sentimiento de culpa iba pasando, al llegar la noche nuevamente molí la última pastilla pues decía ya es la última noche mañana llega mi papa y es la última píldora vamos a disfrutarlo. Ese noche ella hizo un té, cuando fue al baño le vacié la pastilla molida, igual que el día anterior se fue a la cama y se quedó dormida, la desperté y le dije que se cambiara, se puso otra vez la playera de la NBA y se fue a dormí.

    A la hora fui por el condón lo abrí y lo tenía listo para ponérmelo cuando estuviera a punto de correrme, ese día también quería probar por última vez a mi madre piel contar piel, la puse de cucharita pues a esas alturas ya tenía la confianza total de moverla sin que se despertara, la puse de lado, le hice a un lado su calzón rosa, este está más grande así que me costó meterle la verga por que se recorría mucho y presionaba mi verga, poco a poco le ensarta mi verga, igual que un día anterior sentía que topaba con algo, sabía que era su útero y después sabrán por qué. La embestí unos 20 minutos más o menos y cuando está por sacarle la verga para ponerme el condón me corrió nuevamente dentro de ella, le saque rápidamente la verga pero todo quedo dentro de ella, el calzón se corrió a su lugar, me asome rápido para ver cómo estaba y vi como su pantaleta se mojaba con si semen que trataba de salir.

    No podía hacer nada, otra vez me sentí culpable, esa noche igual no pude dormir pensado que había hecho, a la mañana siguiente mi mama se levanto fue al baño y tardo como 10 minutos, salió normal y fuimos a la estación a esperar a mi papa, él llegó fuimos a comer, pasamos los días normal las noches siguiente ellos durmieron en la cama y yo en el piso, pasando navidad nos fuimos al pueblo a pasar año nuevo. Hasta esa fecha toda normal mi mama no se enteró nada de lo que paso, al principio de la historia les dije que esto me carcomía por dentro y eso es porque, hace 3 meses fui a ver a mis papas, y mi mama me dijo que está embarazada. Tengo casi un 95% de seguridad que la embarace pues lo que chocada con mi pene si era su útero, le vacío dos cargas de semen un joven, viril, fértil y sano en su vagina de milfs, ahora me siento mal, espero que mi papa se la haya tirado en esos días y sea su hijo, pero lo dudo. Desde que me entere de eso deje de ver a mi madre como una mujer sexual, espero que todo salga bien y algún día olvidar esto que paso.

  • Ama de casa puta reprimida (Cap. 3): Vibración de coño

    Ama de casa puta reprimida (Cap. 3): Vibración de coño

    Diana sale de mi casa y se dirige a la suya. Esto que sucedió me lo contó al día siguiente en su casa.

    Diana: Cuando llegue a mi casa me seguía sintiendo caliente así que me puse a lavar los trastes para distraerme, es como si ya no pudiera controlar mi cuerpo, mi vagina está vibrando demasiado, no puedo pensar con claridad en absoluto, mi cuerpo se siente tan caliente y sensible, tan caliente como si fuera a quemarme en cenizas.

    Mi hijo se acerca a mi sacándome un susto sacándome de mi trance pero de repente siento el vibrador activado doy un salto del susto tirando el plato que lavaba y dejándome caer al suelo mientras mi hijo desayunada, el vibrador continuaba dándome placer intentando aguantar para que no se dé cuenta al momento de marcharse empecé a gritar de placer queriendo correr pero de repente el vibrador se detuvo dejándome más caliente.

    Diana: Espera se detuvo? no no!! Esto no puede estar pasando estaba tan cerca de correrme, mi vagina está vibrando desde el momento en que me levante y pensar que estoy sola ahora pienso que puedo correrán cualquier momento (veo la esquina de la mesa acerco mi vagina hay y empiezo a frotarla) aaaah aaaahh estoy frotando mi vagina contra la mesa, se siente tan bieeenn! mi vagina se siente tan bien!! Pero esto no es suficiente para hacerme correr, necesito penes, penes tengo que encontrar algo (empiezo a buscar donde están las verduras y encuentro un pepino empiezo a masturbarme con el como loca) ahí si cógeme, si ve más profundo (tomo una berenjena mediana y la meto en mi ano) E… esto es tan asombroso!! Me está haciendo que me caliente me corrooo. Porque incluso pensando en que me corrí aun no estoy satisfecha porque?

    Regresamos ahora yo seguiré con la historia.

    Yo estaba acostada en mi cama cuando de repente escucho como tocan el timbre con desesperación, cuando abro la puerta me encuentro con diana con una cara de desesperación con tu falda levantada mostrando su vagina mojada

    Ángel: Porque tan temprano además que pasa con esa cara? y ese olor a sus jugos de amor por todo su cuerpo no me diga que ha estado masturbándose como loca a pesar que todavía es de mañana

    Diana: P… pero

    Ángel: Así que quiere que la conforte pasa (entramos a la casa y cierro la puerta)

    Diana: Es tu culpa por poner esa cosa en mi y usar esa droga, no puedo sentirme satisfecha no importa lo que haga

    Ángel: (me acerco a ella y empiezo a quitarle la cuerda) no hay necesidad de esto, vaya mire cuan mojada estas (paso mi mano por su cuerpo) vara se está sintiendo muy caliente justo ahora

    Diana: Aaaaah aaaah aaaah

    Diana: Vaya por qué se siente tan bien incluso pensando en que solo lo que hiciste fue tocarme, se siente como si fuera a correrme

    Ángel: Así que dígame que quiere

    Diana: No pude sentirme satisfecha durante toda la noche, p… por favor… d… dame t… tu

    Ángel: Mi qué? (le pregunto mientras juego con sus tetas)

    Diana: Tu pene por favor métemelo!!

    Ángel: Ya veo seguro, sin embargo quiero que tú me hagas sentir bien Diana

    Diana: Sentir bien? me pregunta con cara de confundida

    Ángel: Si (desabrocho mi pantalón y le muestro mi pene) vamos no te hagas la tonta sabes que hacer

    Diana: (se pone de rodillas frente a mi pene) P… pene…

    Diana toma mi pene y empieza a chuparlo desesperada por sentirlo adentro de ella

    Ángel: Solo mire la forma en que está chupando mi pene se está muriendo por el no? o podría ser que, no tiene idea alguna de cómo dar una buena mamada?, solo mirarte a ti mista en el espejo diana

    Diana: esa soy yo me veo muy contenta chupando el pene de otro hombre que no es mi esposo, aquella mujer con mirada lasciva en el espejo: quien no conoce la vergüenza, esa soy yo?

    Ángel: Es suficiente (le digo apartando d mi polla) es tan mala en esto que no hay forma de que me corra

    Diana asustada ruega porque la deje tener el pene en la boca

    Diana: Espera! lo intentare mejor!

    Ángel: Es un adulto no? vaya y averigüe lo que hizo mal

    Diana: espera! no… esto no puede estar pasando, por qué?

    Diana se retira a su casa pensando en lo que le dijo sin poder probar el placer que le dieron el día anterior caliente y excitada.

    Diana: Cuando la noche cae ya no me siente caliente, así que la cara que hice esta mañana, fue por esa droga? pero tan pronto como recuerdo esa sensación mi cuerpo de repente se siente caliente, esa cosa que quiero ahora

    Diana va al baño y se pone el baby doll transparente para comprobar con su marido lo que hizo mal y ver si puede saciar su calentura que tenía por su vecino, diana va a su cuarto para tener sexo con su marido

    Diana: Oye querido, durmiendo tan pronto? por favor levántate

    Esposo: Pero estoy completamente exhausto hagamos esto la próxima vez, si? así que por favor…

    Diana: De ninguna manera no hemos tenido acción en las semanas pasadas

    Diana sacando el pene de su marido empieza a chuparlo

    Diana: No te preocupes cariño te hare recuperarte enseguida

    Esposo: Aaaah diana

    Diana: Ves? se está poniendo duro ahora, como se siente bien?, se siente bien? más ve más adentro de mi boca (mientras media lo más que podría de su pene en mi boca quería sentir la misma sensación que con él)

    Esposo: Diana estoy a punto de correrme

    Diana: No te dejare correrte todavía (me pongo de rodillas frente a él con mis piernas abiertas mostrándole mi vagina) si vas a correrte deberías correrte dentro de mi!

    Esposo: Que pasa contigo hoy Diana

    Diana: No pasa nada malo conmigo solo quiero tener sexo, vamos dámelo querido (metí su pene en mi coño) mi vagina está completamente empapada así que ve tan profundo como puedas, si? (empiezo a moverme como loca de placer)

    Diana: Aaaaah si, si así, he estado esperando esto, por esto, los penes son lo mejor! aaah se siente tan bien…! aaaah se siente tan bien que mi vagina sea cogida, aaaah ahí si… sumergido más, dentro de mi querido.

    Esposo: Diana me voy a correr.

    Diana: Nooo! todavía no! aaah t… te estas corriendo, tu semen hay mucho de el hagámoslo otra vez.

    Esposo: Tengo mucho trabajo que hacer diana psique por favor déjame dormir.

    Diana: Querido? por favor te lo suplico! solo una vez más! querido, sino lo hacemos de nuevo voy…

    Continuará…

  • Memorias inolvidables (Capítulo 6): Eduardo

    Memorias inolvidables (Capítulo 6): Eduardo

    MI AMIGO EDUARDO.  

    Nota: En la ilustración de mi cuaderno de notas, Eduardo está junto a un caballo que nadie montará nunca, porque siempre tengo presente al que fue mi gran amigo y novio, lo veo cabalgando junto a mí.

    ***********

    Eduardo, mi amigo, ya os dije que murió y cómo lo conocí por casualidad. Es el hijo del tío Onésimo. Os recuerdo que el tío Onésimo es un trabajador de mi padre y más, es su amigo, amigo íntimo. Lleva prácticamente las tierras de naranjos de mi padre, es decir, las nuestras, y es fiel en todo, incluso acompaña a mi padre al lupanar y se pasan las putas por sus huevos. Yo sé que el tío Onésimo lo hace por mi padre, porque su esposa, la señora Emerenciana siempre está dispuesta a abrirse de piernas cuando su marido lo requiere y sin requerirlo, cosa que mi madre, como ya sabéis, se lo ha negado a mi padre. La señora Emerenciana sabe que mi padre necesita ir de putas y como comen de nuestras tierras, su marido, ella y sus hijos gracias a eso viven bien, no tiene inconveniente en que el tío Onésimo, su esposo, acompañe a su amigo al lupanar, le dice que aprenda nuevas posturas y luego las practique con ella.

    En cierta ocasión le pregunté a Eduardo cómo es que su padre va de putas sabiéndolo su mujer. Le dije:

    — Explícame cómo es eso que tu padre va de putas con el mío, sabiéndolo tu madre, y ella no se enfada ni le echa de casa. Yo no entiendo, porque mi madre le ha dicho que se vaya de putas porque no lo quiere ya en la cama, pero tú me dices que tienes que taparte los oídos con la almohada de los gritos que dan tu madre y tu padre follando en las noches.

    — Somos los que mejor vivimos del pueblo gracias a tu padre, tenemos de todo, casa, comida, vestidos y vicios gracias a tu padre. Si tu padre quiere mear en mi boca, meará y se quedará contento, yo también. Dicen mis padres que éramos unos pobretones miserables, y ahora tenemos tierras, gracias a tu padre. Si le ha de acompañar al lupanar, lo hará, mi madre lo sabrá y nosotros sus hijos también.

    — ¡Joder! Lo que me dices es muy duro para mí.

    — Para mí es muy simple, somos ricos gracias a tu padre, no mires más. Mi madre le dice a mi padre que aprenda nuevas posturas para hacerla feliz a ella. El sexo de mis padres ahora es rabioso, frenético, impulsivo, alegre y soberbio y todos somos felices cuando estamos en la mesa se levantan comienzan a quitarse ropa y se van yendo a su dormitorio y escuchamos los gritos que dan.

    — ¡Coño, cómo me gustaría ser hermano tuyo!

    — He hablado con mis padres, ya no vas a ir más al hotel con tu padre, ellos que vayan de putas y se la lleven al hotel, tú vendrás a casa, eres de la familia, te queremos…

    — Entonces, después de ir al bar y follar, ¿vamos a tu casa?

    — Ya no iremos allí, dormirás conmigo y tenemos toda la noche para follar.

    — Te agradezco, pero… ¿no se extrañarán si gritamos?

    — Es lo que esperan, vernos felices.

    — Lo meritorio es lo de tu padre, acompaña al mío como un fiel amigo… —me quedé pensativo.

    — No pienses más, las putas ya lo saben, mi padre ya no folla con ellas, las acompaña, le hablan cómo ha de hacer feliz a mi madre y se toma unas copas mientras le hablan. Un día fui a buscar a mi padre porque mi hermanito pequeño, Augusto, se puso muy enfermo casi de repente y vi a una puta arremangada, diciéndole a mi padre donde tenía que poner la polla a mi madre para hacerla feliz antes de penetrarla. Mi padre se levantó y se sacó la polla, otra puta lo arrimó al coño de la primera para que la paseara. Estropeé la clase que le daban al decirle el encargo y tuvo que irse, me quedé yo para esperar a tu padre y darle explicaciones.

    — ¿Follaste con una tía?

    — Qué va, hombre, ellas saben de qué pie cojeo.

    Nos reímos los dos en ese momento, pero ya estábamos calientes con la conversación. Echamos una mirada alrededor y nos dimos uno al otro una buena fregada hasta que eyaculamos al suelo nuestra leche.

    — A la noche, leche fresca, —dijo Eduardo.

    ***** ***** *****

    Eduardo y yo salimos a dar una vuelta y decidimos ir a cenar con nuestros padres, les habíamos avisado y aceptaron de muy buen grado. Pero nuestro interés estaba en ir a la fuente del pueblo y ver qué posibilidad teníamos de gastarnos poco dinero con algún chico viciosillo con ganas de hacer un buen polvo. Me decía Eduardo que al ser dos complica la facilidad de engañar a dos a la vez.

    — Eduardo, ¿ellos follan por dinero porque les gusta follar o porque tienen necesidad?

    — Lo segundo más que lo primero, —me contestó.

    — Entonces les daremos lo que habitualmente piden, pero lo haremos juntos, que yo quiero ver cómo te tiras a los otros.

    — Eso no es problema, tú pagas la habitación y yo les pago a ellos y así regateo, que tú les darías todo lo que tienes, —sentenció Eduardo.

    No pude saber qué les había pagado, pero estaban contentos. Nos fuimos al bar de Rogelio, al vernos entrar se alegró y preguntó:

    — ¿Dos habitaciones?

    — No, una suficientemente ancha para los cuatro, —dijo Eduardo.

    Nos encaminó a la habitación 8 y, en efecto, era más ancha que las otras que habíamos usado, solo tenía una cama que era muy grande. Nos bastaba, total se trataba de meter dos pollas en dos agujeros, tampoco hace falta un mundo. No fue tan simple, porque los chicos, llamados Xavi y Boldó —uno usaba nombre, el otro apodo o apellido, nunca averiguo estos pormenores—, quisieron hacérnoslo pasar bien. Por una extraña razón imaginé que había querido ser generoso con ellos, que desde que comenzamos a recorrer el pasillo hasta la habitación ya nos iban besando y toqueteando. La verdad es que eran agradables, bien parecidos y muy dispuestos. Me extrañó mucho que se encontrara a dos tíos, allá en la fuente inmediatamente que llegamos y dispuestos felizmente a follar con un desconocido para ellos. Imaginé que yo era un desconocido y que no habían mediado ni la cinco palabras. Además de que se trataba de dos tíos buenazos, buen cuerpo, guapos, muy del estilo de Eduardo. Fue como ir al pajar y encontrar de inmediato las dos agujas necesarias. Quizá por eso congenié de inmediato con Eduardo, porque era un tío que sabía hacer las cosas bien de cabo a rabo.

    En definitiva, me temí que no jugaba la casualidad ni la improvisación sino todo lo contrario. La cuestión es que ahí estábamos cuatro tíos bien machotes, ninguno afeminado ni otras peculiaridades raras, dispuestos a follar entre nosotros como si se fuera a acabar el mundo. ¿Motivos? Eso era lo de menos, porque la verdad es que el deseo creo que se juntó con el viento y no es porque en el pueblo hubiera muchos chulazos con los que echarse un polvo, pero ahí estaban los mejores que en meses había visto yo, si me exceptúo a mí mismo que no estoy mal, sino todo lo contrario por donde quiera que se me mire. Algo tengo claro: lo que nos apetecía a los cuatro era saciar nuestra sed de sexo. Estaba claro que cuantos más fuéramos, más divertido sería el sexo, siendo cuatro chicos musculosos —reconozco que ellos tres más que yo—, de muy buen ver, la diversión estaba más que asegurada.

    Al quitarnos la ropa, nos quedamos con los slips, parecíamos el parchís —slip rojo, verde, amarillo y azul, vaya casualidad—, pero entonces pudimos apreciar el físico del resto con un rápido vistazo. Abdominales, bíceps y pectorales era la tónica general en todos nosotros. Además lucíamos un bronceado propio de aquella época del año, por lo que aún resultábamos más atractivos y sexys ante los demás. Tras mirarnos con nuestras pícaras sonrisas, empezamos a magrearnos los cuatro a la vez, formando un círculo entre nosotros. Mientras yo me comía la boca con el del slip rojo, es decir Xavi, los otros dos, Eduardo y Boldó, con slips amarillo y azul, se frotaban las pollas con unas ganas tremendas sin sacarlas al aire. Nosotros, yo con mi slip verde y Xavi, no quisimos perder tiempo, nos agachamos, bajamos los slips de Eduardo y Boldó que se estaban besando y habían dejado de jugar con sus bultos, y empezamos a chupársela con todas las de la ley. ¡Menudas pollas se gastaban! Yo conocía de la Eduardo, y me eché sobre la de Boldó, me pareció y lo era más gorda y ligeramente más larga de la de Eduardo.

    Nos metíamos sus pollas hasta el fondo de la garganta y nos recreábamos con nuestra lengua en cada centímetro cuadrado de aquel trozo de carne, duro, erecto y caliente. Ellos expresaban en su rostro todo el placer que les estábamos produciendo única y exclusivamente con la ayuda de nuestras bocas. Y se besaban y acariciaban sobre todo sus respectivos culos, metiendo los dedos dentro del agujero son parar. Boldó me puso dos dedos entre su polla y mi lengua y recogió abundante saliva para meterla en el ano de Eduardo y masajearlo. Vi que Eduardo hacía otro tanto con Boldó gracias a la saliva de Xavi. El momento era enloquecedor, las pollas, las cuatro estaban a tope, las mamadas y las secas, todas ya con ganas de algo.

    Aquel momento largo de sexo oral fue subiendo de tono hasta que decidimos penetrarnos de una vez por todas. Se nos pusieron agachados y mostrándonos el culo Eduardo y Boldó. Xavi se puso detrás de Eduardo, aunque hubiera preferido ir yo en ese momento, pero había que dejar correr los deseos de los invitados. Comenzó a echar saliva a su polar manejarla extendiéndola en su cipote y en el tronco, mientras Boldó me miraba con ojos lascivos esperando mi reacción. Me tumbé al suelo, le pedí que se sentara sobre mi polla. Escupió varias veces chorros de saliva superabundante, producida en sus besos con Eduardo sobre mi polla, me la masajeó y se sentó poco a poco encima, dándome el gusto de hacerlo sin pausas y sin prisa, todo seguido hasta que se la tragó toda en su culo. Me armé de valor y comencé a empujar arriba y abajo. Boldó cooperaba junto haciendo lo contrario para que el choque con el roce fuese superlativo y magníficamente lleno de puro placer.

    De lado miraba como Xavi se follaba a Eduardo, pero en un momento dado, lo tomó fuertemente de sus brazos y lo arrastró donde estábamos para situarse sobre mi cabeza, dio la vuelta no sé como a Eduardo que quedó con la cabeza casi en el suelo y la polla ofrecida a Boldó que la comenzó a mamar mientras subía y bajaba por mi polla. Aquello era infernalmente agradable, pero calenturiento, de modo que estábamos sudando los cuatro por el esfuerzo que hacíamos. Fui el primero en correrme dentro del culo de Boldó. No tardó Boldó en correrse, por detrás de Eduardo sobre mi abdomen, al mismo tiempo que Xavi se corría dentro de Eduardo y Eduardo echaba sus restos en la boca de Boldó. Al final y una vez apaciguados nos caimos todos al suelo y buscamos los cuatro nuestras bocas para celebrar el festín con unos beso a cuatro que fueron la gota para colmar el vaso.

    Pensé que habíamos acabado, nuestra ropa extendida por la habitación y los cuatro slips como arrojados lejos no sé ni en que momento, tal fue la locura. El suelo de la habitación estaba lleno de semen, lo mismos que nuestros cuerpos, sobre todo del que fluía de los culos de Eduardo y Boldó. Descansamos un poco y con papel higiénico limpiamos algo para no ensuciar la cama, porque queríamos subirnos para conversar tras nuestra primera victoria.

    Como era lógico, cuatro machos juntos en una cama, todo eran tocamientos, peguntar por los lunares pero metiendo mano, retirando el prepucio del glande, porque ninguno estaba circuncidado, solo que a mí y a Xavi con un poco de erección ya asomaba la cabeza del pene y se pusieron a ver tocando quien tenía el meato más grande. Juegos de prospección anatómica y fisiológica propia de un descanso hecho por cuatro machos. A mi entender los cuatro muy enamorados de su propia masculinidad.

    Decidimos continuar y casi sin darnos cuenta, pero buscándolo, dimos un salto fuera de la cama e hicimos una fila entre los cuatro, acariciando el culo que teníamos delante y mojándolo con saliva en los dedos, lo que de inmediato nos llevó a follar el culo al que teníamos delante y siendo follados por el de atrás. Empezamos suavemente como si fuera un jueguito de niños pero muy pronto ya estábamos follando duro por el ojete. Yo me coloqué detrás de Xavi, de modo que recibía placer por los dos lados de mi cuerpo, por delante me follaba a Xavi y por detrás me estaba follando Boldó, al cual le follaba Eduardo que era el último. Me estaba follando el culo de con verdadera pasión agarrándome de los hombros, pero el ritmo me lo estaba dirigiendo Boldó que no tenía ni el más mínimo de los miramientos. Nos habíamos organizado bien en esta ronda de modo que nuestros movimientos eran armónicos y acompasados para que no se nos deshiciera el tren que habíamos construido con nuestros cuerpos. La piel caliente de nuestros cuerpos ardía en deseo ante las embestidas que nos propiciábamos los unos a los otros. Era una orgía ardiente, placentera y buscábamos un baño de semen para mezcladlo con el sudor de nuestros cuerpos calientes.

    No nos lo habíamos propuesto pero sobre la marcha decidimos que sería bueno corrernos todos los cuatro al mismo tiempo, lo que sabíamos que no era algo fácil de obtener. El primero en correrse fue el primero de la fila, Xavi, luego por los gritos adiviné que se trataba de Eduardo, por fin sentí mi culo llenándose de semen, yo no conseguía correrme, y comencé a preocuparme sin decir nada. Le pedí a Boldó que no saliera de mi —no había salido nadie—, y a la vez que me bombeara duro. Sin embargo, no fue posible que yo acabara y todos se salieron de los culos y Xavi se separó de mi pene para tumbarme en la cama. Comenzó a comerme la polla y se le juntaron los tres metiendo boca a mi polla deseando que acabara en sus bocas. Uno se recreaba con mi capullo, los otros dos se entretenían lamiendo los huevos con voracidad desorbitada. Tal fue la excitación que recibí, que ya no pude resistirme más y grité:

    — ¡Ya, me corro, me corro!

    El primer chorro se expandió sobre la cara de los tres, pero Xavi de un empellón apartó a los demás y se sentó de golpe en mi polla, mientras un trallazo cayó sobre su espalda y decía:

    — No os comáis mi ración es totalmente mío.

    Me acabé mi corrida en el interior de Xavi. Se estaban los tres lamiendo la cara para hacerse con mi primera chorretada y yo recogía con los dedos de la espalda de Xavi y me lo metía en la boca. Acabamos besándonos todos los cuatro de forma apasionada. Sin duda, aquello fue excitante y sexualmente de lo más caliente. Tampoco fue la última vez. Cada vez que venía a la casa de Eduardo llamaba a los chicos y lo hicimos en el barucho de Rogelio. Un día le pregunté cuánto le costaba traer a sus amigos y me dijo la verdad:

    — Nunca les he pagado, vienen por placer y porque les gustas, pero no quería decírtelo para que no te desanimaras.

    Eso hizo que cuando regresaba les trajera algún obsequio para afirmar la amistad.

    ***** ***** *****

    En cierta ocasión Eduardo me dijo:

    — Hay algo en nosotros que no entiendo bien, buscamos estar con un hombre y no con una mujer, ¿es que somos menos hombres o tenemos un aspecto femenino más destacado que el masculino? Pienso a veces en esto y no sé darme respuestas. A veces me pregunto si seremos mujeres en las que se equivocó el sexo…

    — Yo pienso que lo que ocurre en la mayor parte de nosotros es que tenemos un elevado grado de estima de nuestra masculinidad y eso hace que lo reflejemos en el otro que también tiene un alto grado de estima en la masculinidad…

    — Eso parezco entenderlo algo, porque mira, mis amigos Xavi y Boldó son excelentes jugadores de fútbol como yo. Entrenamos tres veces a la semana, jugamos en campeonato de liga provincial. Todos en el equipo nos estiman por jugar bien y todos saben que somos gays, mantienen el secreto por eso del asunto social que estaría mal visto y todo eso.

    — Te repito que en el caso de nosotros cuatro queda claro que somos machos y fornidos, nada que se parezca a la idea que se tiene del marica, afeminado, medio mujer, acobardado. Puede que haya alguien así y de hecho los hay, pero eso no es una característica del hombre homosexual, sino de alguno que yo lo respeto igual. Lo nuestro es ser hombres que aman a hombres. Precisamente nuestra alta estima a la masculinidad es la que hace que nos queramos juntar con hombres, porque amamos al otro en cuanto que es macho.

    — Tú con tu filosofía te das respuesta a todo. Pero te pregunto, ¿por qué hay hombres que aman a las mujeres? ¿No aman su masculinidad?

    — Puede que unos sí y otros no. Los hay que aman su masculinidad y quieres desarrollarla por contraste con la femineidad amando a una mujer y viviendo con ella, estos son los que hasta ahora se ha dicho que es lo normal, lo natural, lo habitual. Yo pienso que es ninguna de las tres, creo pensar que es la costumbrista y eso es bueno, hay hombres y mujeres en el mundo, ellos los procrean. Hay otros que se sienten incompletos y buscan la mujer para ser completos, le ceden a la mujer todo lo concerniente a la casa y a los hijos y ellos se dedican a desarrollar su masculinidad. También estos son aceptados habitualmente por la sociedad, son procreadores, pero distan mucho de los primeros, porque estos buscan complementarse no completarse, mientras que los otros es al contrario buscan completarse porque sienten que les falta algo, no alguien. En estas dos gamas hay diversidad de modo de vivir la sexualidad, solo la simplicidad diría que hay dos modos. Los hay que no se emparejan, unos por unas razones otros por otras tantas. Lo mismo pasa con nosotros los gays, somos tan diversos como la diversidad de la vida misma: unos se emparejan, otros quieren formalizar legalmente su emparejamiento, otros solo buscan pareja para el sexo, otros ni la buscan, unos se auto satisfacen, otros son promiscuos, unos se sienten muy hombres, otros sienten su femineidad, otros transgénero, y vamos descubriendo poco a poco la realidad de la diversidad tanto homosexual como heterosexual. Solo desde la serenidad, la imparcialidad y la libertad podemos descubrir pacíficamente la realidad tan diversa de la condición humana. Ahí han de trabajar mucho las ciencias y el pensamiento del hombre.

    — ¿Cómo te consideras tú y cómo me consideras a mí?

    — No sé cómo eres tú, descúbrelo tú mismo sin clasificarte para nada que la vida ya te llevará. Pero yo soy un macho, me siento hombre muy varón por dentro y por fuera en los pensamientos y en las acciones al que le gusta desarrollar y usar su sexualidad masculina, pero también me gusta experimentar la sexualidad masculina de otros. Eso vulgarmente dice versatilidad, dice uno yo soy versátil, pero tampoco los versátiles son todos igual, los tienes que lo son porque tanto les apasiona la masculinidad que al tiempo que emplean la suya quieren vivir la ajena; otros es puro sexo, quieren tener sexo y si se les permite follan, caso contrario se dejan follar y se aguantan. Yo sé como funciono yo, si delante tengo un tío nuevo, me va a gustar que me folle, para descubrir cosas nuevas, nuevas realidades en la relación sexual.

    — ¿Sabes que me he calentado y mira cómo me estoy poniendo.

    — Es que la filosofía también calienta.

    — ¿Así es la filosofía?

    — Esto más bien es un aspecto de antropología filosófica que, por supuesto, también calienta.

    Estábamos en su habitación, sentados en el pequeño sofá para dos ajustadamente, y comenzamos a besarnos y sobarnos los paquetes por encima de la ropa. Parecía que no deseábamos nada más, pero aquello no acabó y tuvo su continuación. Sentimos sed. Eduardo se levantó y se fue a la cocina, al rato llegó con dos cervezas de tequila, eran dos coronillas a las que ya le había puesto el limón en la boca de la botella. Le veo entrar con las dos botellitas.

    Yo me había sentado en el sofá con las piernas dobladas debajo de mi trasero y saliendo por mi lado. Desde allí vi a Eduardo entrar. Estaba muy absorto viendo la televisión. Cuando el sofá cambió su peso, al sentarse Eduardo me giré porque en esa postura casi me caigo. Miré hacia el lateral y vi a Eduardo sentado allí a mi lado y mirándome con un singular cariño, sostenía las dos botellitas con el brazo alargado ofreciéndome una a mí.

    Tomé la botella con mi mano izquierda y moví suavemente mis piernas, para sentarme normalmente. Sentí que el sofá se movió de nuevo mientras Eduardo se acercaba, inclinándose hacia mí. Eduardo puso su botella sobre la mesa frente que tenía frente a él y su mano, ahora libre, descansó sobre mi pierna, que me la acarició.

    Yo recordé como una imagen fugaz la última vez que los dos nos habíamos sentado así. Mi recuerdo me hizo sonreír y comencé a moverme para que algo más se moviera también. Al darme cuenta de lo que estaba sucediendo, me concentré en tratar de detenerlo, pero ya era tarde. La cabeza de Eduardo ya reposaba sobre mi pecho, dándole una perfecta visión del bulto en mi short con la punta de mi pene levantada haciendo una carpa pues ya estaba totalmente erigida.

    La mano de Eduardo se movió y empezó a dibujar ochos en mi pierna, sabiendo que el movimiento repetitivo agravaría y me encendería más. Yo traté de no concentrarme en los sentimientos, pero los movimientos de Eduardo se acercaron cada vez más a mi bulto. Yo jadeaba y gemía mientras el dedo de Eduardo dejaba de hacer ochos para dirigirse a lo largo de mi dolorosa erección.

    Eduardo deslizó su mano bajo presilla de mi short y agarró suavemente mi polla completamente erguida, y con la otra mano bajó suavemente el short para exponerla a nuestra visión. La mano que la agarraba lentamente comenzó a acariciarla, hacia arriba y hacia abajo, cada vez que la agarraba hacia abajo, suavemente aliviando mi prepucio sobre su cipote. Eduardo se retorció y puso un beso en mis labios, suavemente profundizaba en mi boca conforme iba tirando el prepucio de mi polla hacia abajo.

    No pude aguantar más mis sentimientos y le dije:

    — Joder, Eduardo, desde que estoy contigo, vienen tus amigos y tenemos entre los cuatro sexo furioso, salvaje, a lo bestia, y ahora me estas poniendo tanto misterio, delicadeza y sigilo que no sé si me quieres envenenar o enamorar.

    Me respondió:

    — Mis amigos no pasan de ser amigos y los puedo o me pueden joder todo a lo bruto que queramos, pero tú, no, ¿tú?, Ismael a ti te amo, a ti dedicarte mi dulzura y cariño es poco, a ti te amo con todo mi corazón, ser y vida y todo lo que soy quiero serlo para ti.

    Le puse el dedo sobre sus labios, sisee un poco para que se callara y le indiqué cómo mi prepucio se quedaba en el punto de no retorno y se acurrucó bajo la corona. Eduardo me besó en los labios de nuevo antes de agacharse para besar la punta de mi verga. Acariciando suavemente el frenillo, Eduardo besó la punta y luego toda la cabeza del pene, a continuación lo lamió suavemente, catando el almizclado sabor.

    Yo gemía de nuevo sin parar mientras sentía que la cabeza de mi polla se envainaba en la boca de Eduardo, chupando suavemente mientras la acariciaba. Lentamente Eduardo se echó hacia atrás chupando a medida que avanzaba, dando un pequeño golpe cuando sus labios rompieron el contacto con la polla. Eduardo volvió a agacharse, abriendo un poco más su boca y tomando más del pene en su boca, su mano dejó de moverse.

    Sin romper el contacto que tenía, Eduardo se bajó del sofá, se puso de rodillas entre mis piernas y me miró a los ojos. Miss ojos transmitían lo excitado que me sentía, y le hacían saber a Eduardo que estaba haciendo lo correcto, lo que me complacía. La cabeza de Eduardo comenzó a moverse hacia arriba y hacia abajo, dejando un ligero rastro de saliva al retroceder.

    Esto no era sexo, podría serlo, pero esto era amor. Me moví en el sofá para sentarme casi en el borde, dándole a Eduardo un mejor acceso. Comencé a gemir fuerte como en quejidos porque sentía el placer violento en todo mi cuerpo y, mirando a Eduardo, vi que lo tenía el suyo tan duro como el mío. Deslicé mis manos bajo las axilas de Eduardo, y suavemente lo levanté, lamentando la pérdida de su boca cubriendo mi polla en su espectacular mamada que me estaba regalando. Rápida y decisivamente, le bajé los pantalones a Eduardo, haciéndole saltar la polla para asirla y metérmela en mi boca.

    Eduardo jadeó ante el rápido cambio de sensaciones y puso sus manos sobre mis hombros para estabilizarse mientras yo procedía a chupar su polla con su prepucio arriba, deslizando suavemente mi lengua bajo la apretada vaina de la piel. Al poco tiempo, había descubierto el cipote desplazando el prepucio bajo el anillo con mis labios, y procedí a trabajar más abajo en el tronco. A medida que bajaba, empecé a tirar de los pantalones de Eduardo hacia sus tobillos.

    Deslicé mi boca lo más profundo que pude y sentí la cabeza tratando de penetrar por mi garganta, las manos de Eduardo dejaban mis hombros y asían mi cabeza mientras rotaba sus caderas. Sostuve mis labios apretados contra la piel del frenillo y me procuré que mis dientes no tocaran el frenillo mientras mis labios se deslizaban hacia adelante y hacia atrás.

    Eduardo comenzó a empujar su polla más profundamente con cada embestida, sintiendo que la cabeza penetraba milímetro a milímetro. La sensación de tirantez que estaba teniendo le estaba volviendo loco, quería ir tan profundo como pudiera, pero sabía que no sería bueno para mi, así que lo trabajó hasta donde él quería llegar. Se sorprendió por un segundo cuando yo lo sostuve quieto, y procedí a inclinar mi cabeza más abajo, metiendo mi nariz en los pelos púbicos bien recortados que Eduardo tenía alrededor de su verga.

    Con ese movimiento, la polla de Eduardo estaba en mi garganta, más allá de la cabeza. Retrocedí un segundo y me quedé boquiabierto, tragando aire. Miré hacia arriba e hice contacto visual con Eduardo, sus ojos lloraban ligeramente, mientras asentía con la cabeza, antes de deslizar mi boca hacia atrás sobre el pene que tenía delante. Sentí que mis manos de Eduardo se ponían tensas a los lados de mi cabeza cuando la polla comenzó a moverse, rápidamente, acelerando el paso, y trabajando más y más profundamente, hasta que su nariz se golpeaba con frecuencia contra el vello púbico.

    Eduardo se detenía con mucha frecuencia para permitir que yo respirara antes de seguir adelante, follando mi boca hasta la garganta con toda majestad. Eduardo a veces se detenía con la polla metida hasta el fondo y la mantenía durante uno o dos segundos antes de salir. Rápidamente tuve que parar, ya que se estaba acercando a la corrida. Me echó hacia atrás y me quité el short que tenía en los tobillos.

    Miré a Eduardo mientras se limpiaba las lágrimas de sus ojos, y observó cómo Eduardo se subía al sofá y se arrodillaba a mi lado, mirando hacia el otro lado e inclinándose para ofrecerme mi culo. Eduardo agarró cada una de sus nalgas y las separó un poco, para ofrecer un mejor acceso a su ano. Se estremeció al sentir la humedad de mi lengua mientras la paseaba lamiendo sobre su apretado agujero. Esperaba que un dedo se abriera paso suavemente y así fue, se lo metí suavemente.

    Eduardo no pudo evitar gemir cuando su agujero se fruncía con cada lamida de lengua, y luego jadeaba al sentir que la lengua presionaba contra el esfínter del músculo. Poco a poco sintió el esfínter abierto mientras la lengua hacía su trabajo. Su agujero se comprimía presionando la lengua y sujetándola, y cada vez que salía del agujero, regresaba a su normal posición, haciendo que el agujero de Eduardo estuviera más mojado, más resbaladizo y más dilatado.

    De repente, la lengua fue reemplazada por un dedo, sondeando suavemente el agujero, trabajando un poco más profundo con cada segundo que pasaba, hasta que estaba completamente adentro, enterrado dentro del agujero, absorbiendo el calor. Poco a poco el dedo se fue soltando para salir. Pero en el viaje de regreso otro dedo lo acompañaba y entró con el otro, ya eran dos los que le metía yo en su ano. Todo se repitió de nuevo y fueron tres los dedos que metía allí moviéndolos suavemente hacia adelante y hacia atrás, dilatando el ano y acostumbrándolo a que se mantuviera permanentemente abierto.

    Saqué mis dedos y me adelantó, presentándoselos a Eduardo, que los succionó con avidez en su boca. Al hacerlo, sintió que la polla de Ismael comenzaba a presionar contra su agujero, que ya se había contraído de nuevo. Eduardo gimió un poco mientras sentía que la presión contra el esfínter aumentaba, gradualmente la presión subía, hasta que el agujero se rindió y cedió, tragándose la cabeza de mi polla con un jadeo y un gemido que se me escapó. Suavemente me fui adentrando más profundamente, dejando que el agujero se estirara un poco y se recuperara, antes de estar completamente dentro, y Eduardo gemía levemente con cada ligero movimiento.

    Me costó mas que nunca concentrarme, porque no quería dañar al que tanto me quería y yo le correspondía, pero trabajé suavemente mi polla hacia afuera y lentamente hacia adentro con unas cuantas embestidas mientras Eduardo se ajustaba a las sensaciones. Eduardo sacó mis dedos de su boca y me miró dirigiendo su cabeza hacia atrás; asintió rápidamente con la cabeza que era todo lo que yo necesitaba ver antes comenzar el vaivén de entrar y salir más rápido. A medida que me movía más rápido, miss bolas se balanceaban hacia adelante y hacia atrás, tocando suavemente las bolas de Eduardo.

    Seguí aumentando el ritmo hasta que Eduardo estaba ya constantemente gimiendo, sus bolas golpeando juntas mientras mis caderas golpeaban las nalgas de Eduardo. Cada empuje hacía rebotar un poco a Eduardo hacia adelante, lo único que le impedía moverse eran mis manos fuertemente asidas en sus caderas, tirando de él hacia atrás, haciendo que cada empuje fuera un poco más difícil. Cada embestida hacía que la cabeza de Eduardo se moviera un poco hacia atrás mientras disfrutaba de la sensación de que le golpeaban el agujero.

    Me detuve un breve momento y envolví a Eduardo con miss brazos, tirando de él hacia atrás. Mientras me inclinaba hacia atrás, tiraba de Eduardo de modo que ya estaba encima de mi. En aquella posición la penetración por unos milímetros fue mayor. Un rápido movimiento de piernas hizo que ambos nos sintiéramos más cómodos; Eduardo se mantuvo firme sobre mi, mirando hacia el otro lado, apoyándose en sus piernas, con los brazos apoyados en la parte de atrás del sofá, y yo debajo de él, con la posibilidad de moverme mas a gusto y con mayor efectividad.

    Eduardo comenzó a moverse hacia arriba y hacia abajo, jadeando mientras se empalaba en mi polla. A medida que aumentaba el ritmo, la polla de Eduardo empezaba a rebotar hacia arriba y hacia abajo. A medida que Eduardo subía y bajaba, su polla se volvió más dura, y comenzó a golpear su tenso vientre. Cada movimiento hacía que Eduardo estuviera más cerca de correrse. Ya se estaba poniendo Eduardo al límite y no iba a poder detener su orgasmo, pensó Eduardo por un segundo que lo mejor era correrse mientras yo estaba completamente dentro de él, entonces se inclinó hacia atrás, agarró su verga y comenzó a acariciársela, llegando muy rápidamente a un ritmo fogoso de masturbación.

    La respiración de Eduardo se aceleró al paso de su masturbación y se detuvo repentinamente, con un gruñido, su orgasmo le obligo a situar su polla apuntando hacia arriba al techo, entonces el semen de su potente orgasmo salió a chorros, dejando rastros por su cuerpo, hasta el pecho. Al acabar, su agujero se apretó contra la polla de Ismael, haciendo que cada pequeño movimiento se sintiera más fuerte.

    El culo cerrado de Eduardo abrazando fuertemente mi polla hizo que yo ya no pudiera aguantar mi orgasmo de modo permanente y rápidamente llegué al límite y dejé escapar un rugido gutural al comenzar a eyacular en el recto de mi amado, al que tenía completamente empalado en mi polla y esta prisionera de mi amado. Escuché un gemido de satisfacción cuando Eduardo sentía el semen caliente que iba entrando en su culo. La sorpresa de la acción daba paso a la sensación de satisfacción de ambos teniendo nuestro semen.

    Eduardo quiso ponerse de pie, pero sus piernas no respondían por la debilidad debida al esfuerzo y la posición de las mismas. Después de estabilizarse en un momento, ya fue capaz de ponerse en pie. Mientras estaba de pie, sintió como yo me salía de su agujero y notó que el recién sembrado semen empezaba a gotear escurriéndose por su maltrecho agujero, un pequeño goteo que se deslizaba hacia abajo. En su satisfacción, se desplomó de nuevo en el sofá y llegó hasta la mi cara sorprendiéndome, tirando de mi hacia sí y poniendo un beso tierno en mis labios. Los dos nos abrazamos en un largo y profundo beso hasta que poco a poco y sin enterarnos nos quedamos dormidos en el sofá.

     

  • Aquella noche me hizo suyo, Mustafá, el marroquí

    Aquella noche me hizo suyo, Mustafá, el marroquí

    Se llamaba Mustafá, era marroquí. Nos vimos por primera vez en la feria de artesanos que se celebra en La Coruña en el mes de agosto. Estaba trabajando en una de las casetas de marroquinería que había ese año en los jardines de Méndez Núñez, que es donde se suele instalar dicha feria. Estaba él solo, estaba trenzando una pulsera de cuero que luego ofrecía a los visitantes.

    Nada más cruzar nuestras miradas, sus ojos se clavaron en los míos; tenía unos ojos negros de mirada profunda, rodeados por unas largas y rizadas pestañas; nada más clavar los ojos en los míos, un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. ¡Dios, aquella mirada me había hecho estremecer! Tuve que apartar la mirada, empezando a ruborizarme y ponerme nervioso.

    Sin apartar la mirada, empezó a ofrecerme cosas, yo ruborizado miraba con vergüenza sin poder aguantarle la mirada. Veía como me iba señalando los productos, y como pasaba su lengua por los labios remojándolos. Se había dado cuenta de que cada vez que me miraba mi perturbación iba en aumento. Cada vez me ponía más colorado y una excitación se iba apoderando de mi entrepierna. No sabía cómo hacer para ocultar el abultamiento de mi paquete, cada vez aquello crecía más y más, sin yo poder remediarlo.

    De pronto vi unos zapatos que me gustaban, y mientras los miraba, él se acercó a mí, quedando pegado a mi derecha. Se agachó cogiendo uno de los zapatos, rozándome su paquete al hacerlo.

    ¡Dios! Abrí la boca y los ojos, soltando un leve suspiro al notar su paquete pegado a mi pierna. Me puso el zapato en mi mano, y sujetándome por mis caderas, me llevó a un pequeño taburete, donde me sentó para que probara el zapato.

    Tu prueba zapato, si gusta, Mustafá, buen precio para ti. Me ayudó a sacar mi zapato y calzar aquel otro zapato que me había gustado, no sin dejar de acariciarme el pie y pantorrilla al hacerlo.

    El zapato, me quedaba perfecto, además de ser comodísimo. Le pregunté el precio, sorprendiéndome cuando me lo dijo, ya que no era caro, por lo que sin pensarlo más le dije que los compraba.

    Se los pagué, y dándome él una bolsa de tela con los zapatos recién comprados, me devolvió el cambio y a la vez que me daba el cambio, me entregó una tarjeta donde había escrito algo. Luego sujetándome el brazo izquierdo, me colocó en la muñeca una de aquellas pulseras de cuero que estaba trenzando; esto regalo de Mustafá, y tarjeta tu luego leer, me dijo.

    Cuando salí de allí, mientras iba paseando con la bolsa de mis zapatos recién comprados, saqué la tarjeta, leyendo lo que había escrito en ella.

    En ella había escrito el horario de apertura y cierre de la feria, y a bolígrafo, tu gustar, Mustafá invitar café, y luego ponía la dirección de una cafetería que daba a la calle Real y Avda. de la Marina.

    Joder, el cabronazo me estaba tirando los tejos, me estaba invitando a un café, y me daba a entender donde lo podía encontrar y cual era el horario que tenía.

    Miré la hora que era, comprobando que eran las 13:10 del mediodía, así que dudando de que hacer, fui andando hasta entrar en la cafetería en la que me había citado Mustafá, escribiendo su nombre en la tarjeta.

    Me puse en la barra sentado en un taburete, pedí una cerveza, sacando luego la tarjeta para ver cual era el horario de la feria. Al parecer a las 2 de la tarde cerraban, volviendo a abrir por la tarde de 17:30, hasta las 10 de la noche. Iba a esperar a ver que sucedía, aunque no las tenía todas conmigo, aquel marroquí, me hacía estremecer con solo su mirada.

    Estuve hasta las 2:25 de la tarde, a esa hora la presión y estrés que tenía, me hicieron marchar de la cafetería, no pudiendo aguantar más. Me fui para mi casa a comer, luego por la tarde ya vería si me atrevía a volver y esperar a Mustafá.

    Durante toda la tarde estuve dudando si acudir o no a la cita. Los nervios me corroían, no sabía que hacer, si acudir o no. A las 10 de la noche, sabía que cerraban la feria, así que a eso de las 11:30 de la noche, pasé por delante de la cafetería, mirando desde fuera si se encontraba Mustafá.

    Ya antes de llegar a la altura de la cafetería, nuestras miradas se volvieron a encontrar. Estaba de pie frente al mostrador, mirando para la calle; estoy seguro de que estaba mirando a ver si me veía llegar. No sabía que hacer, sí seguir de largo, o parar y entrar en la cafetería.

    Mustafá me había visto, y vio como dudaba en si entrar o no, así que, sin quitarme la vista de encima, llevó su mano a su entrepierna, empezando a restregar su mano por todo el paquete, en una clara insinuación delo que deseaba. Me estaba ofreciendo clarísimamente su verga, quería hacerme suyo.

    Como si estuviera hipnotizado, entré en la cafetería, sin poder sacar la vista del paquete que Mustafá seguía restregando con su mano.

    Cuando entré, Mustafá, acercándose a mí, me sujetó la mano por la muñeca, saludándome. Me alegro de que hayas venido, mustafá estar contento, dijo llevando mi mano a sus genitales, a la vez que con el otro brazo me abrazaba la espalda. Restregó mi mano por todo su órgano sexual, susurrándome al oído, tu gustar mucho a Mustafá, yo desear hacer el amor, tu mío.

    Menos mal que no había mucha gente en la cafetería, y nadie había visto como restregaba mi mano por sus genitales. Me soltó arrimándome un taburete para que me sentara, diciendo que él me invitaba. Pedí una cerveza, la cual después de servirme el camarero me puse a beber, mientras Mustafá no dejaba de hablarme.

    Después de algo más de una hora hablando y bebiendo, salimos de la cafetería. Ya iba ser la una de la madrugada, cuando salimos de allí.

    Primero fuimos paseando por los cantones, luego me llevó hacia los jardines de Méndez Núñez. No sabía a donde me iba llevar, pero todo apuntaba a que íbamos hacia la caseta de la feria. Al llegar a la altura de esta, sujetándome por la mano, abrió la puerta, entrando en ella a la vez que tiraba por mí. Una vez dentro, cerró la puerta con la llave, y a oscuras como estábamos, me abrazó por la espalda, empezando a restregar sus genitales y órgano sexual por mi culo.

    ¡Ufff! Resoplaba Mustafá restregándose por mi culito, mientras me abrazaba a él, mordisqueándome la nuca. Tu gustar mucho, Mustafá hacerte el amor esta noche. Yo entrar en ti y hacer mío. Tu esta noche mujer de Mustafá, me susurraba mordiéndome la nuca, mientras me sobaba con sus manos mi órgano sexual y genitales, a la vez que se restregaba por mi culito.

    Yo que cada vez estaba más caliente y excitado, dejaba que Mustafá me fuera metiendo mano, mientras se restregaba en mi culo. Gemía y jadeaba con sus caricias, notando como su órgano sexual se restregaba en mi culo, calentándome cada vez más. Si me iba a follar allí, ya deseaba que me empezara a desnudar. Quería sentir su polla pegar piel contra piel.

    Y eso empezó a hacer Mustafá. Así abrazado por la espalda como me tenía, empezó a aflojarme el cinturón, luego siguió desabotonándome el pantalón tejano que llevaba puesto, hasta que estos cayeron por su propio peso a mis tobillos. Luego me giró, quedando frente a frente, y llevando su boca a mis labios, empezó a pasar su lengua por ellos. Pasaba la punta de su lengua por ellos, hasta que me hizo abrir la boca, metiendo toda su lengua en ella, jugando con mi lengua y saboreando toda mi boca mientras con sus manos iba desabrochándome los botones de la camisa que llevaba. Una vez tuvo desabrochada la camisa, mordiendo mis hinchados y enrojecidos labios, fue pasando sus manos por mi pecho y vientre.

    Rodeaba mis pezones con sus dedos acariciándolos, a la vez que los pellizcaba haciendo que se excitaran y endurecieran más. Fue bajando sus manos mientras seguía mordiendo mis labios que cada vez estaban más hinchados y enrojecidos, hasta que llegó a la altura de mi slip. Allí acarició mi vientre y barriga, y poco a poco fue bajándome el slip, hasta que estos quedaron a la altura de mis rodillas.

    Empezó a acariciarme la polla y huevos, haciéndome dar un ligero gemido, ¡ohhh! Gemí al notar como sus manos acariciaban mi polla y pelotas. En ese momento que gemía, Mustafá mordiéndome el labio inferior que estaba hinchado y enrojecido, metió su lengua en mi boca, empezando a succionar toda ella hasta dejarme casi sin respiración.

    Joder, ya me tenía a tope de caliente y excitado. Las piernas me empezaban a temblar, y allí estaba, medio desnudo, en la caseta de la feria, delante de un marroquí a punto de ser sodomizado. Aquella noche me iba hacer suyo, iba a ser su putita a la que le iba preñar el culo con su semen.

    Me tuve que abrazar a él mientras me besaba y mordía la boca, notando como cada vez estaba más excitado y caliente. Busqué con mis manos su cinturón, empezando a aflojarlo. Mientras lo iba aflojando, las manos me temblaban a causa de la excitación y emoción que sentía. Una vez pude aflojarle el cinturón, empecé a desabrocharle el pantalón, hasta que conseguí acceder a su verga.

    ¡Dios, que caliente y dura tenía la polla el marroquí! Mientras yo sobaba su polla intentando liberarla de su encierro, Mustafá, me iba quitando la camisa, sin dejar de saborear y morder mis labios. Poco a poco fue bajando su boca por mi cuello, lamía y mordisqueaba haciéndome gemir y retorcer de gusto. ¡Ohhh! ¡ooohhh ohhh! Gemía retorciéndome de gusto, mientras Mustafá, a la vez que mordisqueaba y lamía mi cuello, iba deslizando mi camisa por mi espalda y brazos.

    Ahora me tenía totalmente expuesto a él, no podía mover los brazos, ya que, al no terminar de sacarme la camisa, esta me lo impedía. Tenía mi boca, cuello y pecho, al igual que mi polla y huevos, a su entera disposición. Y por supuesto que Mustafá, aprovechó aquella situación en que me tenía. Empezó a morder y succionar mi cuello, haciendo que mis gemidos aumentaran, lo mismo que incrementaban mis temblores.

    Que hijo de puta de moro, que lengua y boca tenía, me estaba haciendo derretir de gusto. Siguió martirizándome sin dejar de lamer y mordisquear a la vez que me iba susurrando que yo era suyo. Empezó a morderme los pezones, hasta que se cansó de ellos, dejándomelos enrojecidos e hinchados.

    Yo no podía dejar de gemir y dar pequeños chillidos, notando como la boca de Mustafá, iba recorriendo mi cuerpo. Lamía y succionaba, mientras me daba pequeños mordiscos que me hacían estremecer y chillar como una gatita en celo. Me tenía totalmente inmovilizado con la camisa a medio sacar, el pantalón sobre los tobillos, y el slip resbalando por mis piernas, quedando todo mi cuerpo expuesto a Mustafá, que no paraba de torturarme con su boca y lengua.

    Siguió bajando, dándome mordiscos y succionando con su boca, hasta llegar a mi pubis. Allí se paró, con sus manos terminó de bajarme el slip, sacó mis zapatos dejándome descalzo sobre el suelo de aquella caseta de feria, para a continuación quitarme por completo el pantalón y slip.

    Ya me tenía prácticamente desnudo por completo, solo le faltaba quitarme la camisa que me la había dejado a medio quitar, la cual me la había dejado a medio bajar por la espalda, haciendo que esta sujetase mis brazos, dejando mi pecho totalmente expuesto a sus caricias.

    Fue incorporándose, a la vez que con sus manos iba acariciando mi cuerpo mientras se levantaba, ¡ohhh ooohhh! Gemía y temblaba cada vez más, notando como sus manos iban acariciando mi cuerpo. No podía sujetarme ni abrazarme a él, ya que la camisa me impedía hacerlo. Llevó sus manos a mis pezones, volviendo a pellizcarlos y retorcerlos, mientras su boca mordía mi cuello, ¡ooohhh! Gemí empezando a temblar. Mis piernas temblaban sin parar, se doblaban como si fueran de goma.

    Mustafá al ver como temblaba, me rodeó con sus brazos, abrazándome a él. Dejó de morderme el cuello, y llevando su boca hacia la mía, mientras mordía mis labios, fue por fin quitándome la camisa.

    Ahora sí, ahora ya me tenía totalmente desnudo frente a él, excitado y caliente a más no poder, dispuesto a ser suyo.

    Tan pronto tuve mis brazos liberados, me aferré a su pantalón, empezando a bajárselo, dejando libre por completo su verga y genitales. Dios, que pedazo de verga tenia el cabrón del moro, era una polla de buen tamaño, no andaría lejos de los 20 centímetros. Estaba circuncidada, con unos huevos enormes, aquella verga me iba reventar el culo, me iba abrir en canal.

    Mientras yo acariciaba embobado, aquella verga que me iba a sodomizar y preñar con su semen mis entrañas, Mustafá, rápidamente empezó a quitarse la ropa, quedando desnudo al igual que estaba yo.

    Una vez desnudos los 2 frente a frente, Mustafá colocando sus manos en mis hombros, me arrimó más a él, a la vez que me iba empujando hacia abajo, con la clara intención de que le chupara la polla.

    Y eso hice, poniéndome de cuclillas, sujeté con mi mano aquella majestuosa y enorme verga, llevándola a mi boca. Empecé a chupar el glande, y poco a poco fui dejando que aquel enorme falo se fuese introduciendo en mi boca.

    Dios, ya aquel trabuco tocaba mi campanilla, dándome arcadas cada vez que intentaba tragar más, y Mustafá gemía a la vez que sujetando mi cabeza con sus manos, empujaba su pelvis, follándome la boca. Introducía una y otra vez su verga en mi boca, haciéndome abrir en arcadas cada vez que tocaba mi campanilla con la punta de su verga.

    ¡Ohhh ooohhh! Gemía Mustafá, empujando su pelvis introduciéndome su polla, mientras miraba al techo de aquella caseta de la feria.

    Yo sujetándome con una de mis manos a su cintura, abría la boca, tragándome todo lo que podía su enorme vergajo, mientras con la otra mano, acariciaba los enormes huevos.

    Después de un buen rato chupándole la polla al marroquí, me levanté ya que estaba cansado de estar en cuclillas. Tan pronto me levanté, Mustafá sin esperar un segundo más, me hizo girar quedando de espaldas a él. Me abrazó por la espalda quedando pegado a él. Notaba su órgano sexual pegado a mi culo, y su aliento sobre mi nuca. Mustafá empezó a restregar su virilidad por mi culito, mientras con su boca mordía mi nuca. Fue poco a poco empujándome hacia la mesa que estaba frente a nosotros, y una vez allí, me hizo recostar el pecho sobre ella. Con sus pies hizo que abriera más las piernas, quedando mi culito totalmente expuesto para ser sodomizado.

    Noté como escupía en su mano, luego llevaba esta a mi agujero, esparciendo su saliva por mi ano. Una vez lo tuvo bien impregnado con su saliva, llevando la punta de su verga con su mano, colocó esta en la entrada a mi agujero, empezando a presionar para que mi esfínter se fuese abriendo.

    Notaba como mi esfínter iba poco a poco cediendo, permitiendo que la polla que lo presionaba fuese entrando en mí.

    ¡Ohhh! Gemí al notar como su glande ya había traspasado mi esfínter, ¡ohhh ooohhh! Volví a suspirar gimiendo fuertemente, al notar como Mustafá me ensartaba toda su virilidad, haciéndome suyo.

    Dios, de una sola envestida, me había clavado toda su enorme verga, quedando empalado en ella.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! ¡ohhh ooohhh! Gemía Mustafá teniéndome ensartado en su polla. ¡Ohhh que guuuusto! ¡ohhh que guuusto! Gritaba Mustafá.

    Yo recostado sobre aquella mesa, con la boca abierta, abría los ojos como platos, gimiendo de gusto, notando como aquella enorme polla me abría el culo en canal, haciéndome suyo.

    El cabrón del moro empezó a culearme, introduciendo una y otra vez su enorme polla en lo más hondo de mis entrañas, haciéndome chillar de tanto placer que me estaba dando. Notaba como sus pelotas pegaban una y otra vez en la entrada a mi ano, escuchándose el plof plof plof, de su pelvis golpear mi culo.

    Cada vez que me ensartaba su enorme verga, notaba como rozaba y masajeaba mi próstata, haciéndome gemir y delirar del gusto que esto me producía. Mi pobre polla no paraba de gotear semen, cada vez que su polla llegaba a lo más hondo de mis entrañas.

    Mustafá, ensartaba una y otra vez su verga en mi culo, haciéndome su mujer. Había conseguido que me entregase, haciéndome suyo.

    De pronto noté como sus arremetidas aumentaban de velocidad, y sus jadeos y respiración se aceleraban. Noté como su polla empezaba a palpitar hinchándose y esta empezaba a escupir el semen, regándome las entrañas y preñándome el culo.

    ¡Ohhh! Me corro, ¡ohhh! Me corro, me corro, ¡ooohhh! Gritaba Mustafá, empezando a eyacular dentro de mi culo.

    Mientras su verga iba soltando todo su esperma en lo más profundo de mis entrañas, Mustafá echándose sobre mi espalda, mordía mi nuca.

    Una vez hubo descargado todo su semen dentro de mi culito y su respiración se normalizó, sin todavía sacarme la verga de mi culo, me hizo incorporar poniéndome de pie. Teniéndome así siguió dándome mordiscos en la nuca y hombro, mientras con sus manos me acariciaba el vientre y pecho.

    A Mustafá gustar mucho, tu ser muy hermoso, tu culo gustar mucho a Mustafá. Mustafá quererte hacer feliz, yo querer que tu disfrutes, tu ser mi mujer.

    Poco a poco su polla fue saliendo de mi culo, pero Mustafá no me soltaba. Manteniéndome abrazado a él, y sin dejar de morderme la nuca, cuello y hombro, me llevó hasta el pequeño taburete, donde se sentó y me hizo que me sentase a horcajadas sobre sus piernas.

    La hostia con el moro, el tío era incansable. No paraba de comerme la boca y acariciarme con sus manos. Yo ya tenía los labios super hinchados y enrojecidos de tanto morreo. La polla toda pringada y dura como una roca, no me había corrido todavía, y el culito aún me palpitaba deseando que le dieran más polla.

    Yo dejando que el moro me hiciera lo que quisiera, tenía mi mano sobre su verga que aún la tenía algo dura y medio morcillona, no dejaba de acariciársela. Le meneaba la polla y acariciaba los huevos, deseando que me volviese a dar por el culo.

    Y por supuesto que volvió a enchufarme aquella majestuosa y enorme verga el moro. Tan excitados y calientes estábamos, que no tardó en recuperarse el moro. Ya volvía a tener la polla bien tiesa el muy cabrón.

    Así como me tenía, sentado a horcajadas sobre su regazo, me hizo levantar y pegarme a él. Cogió su polla con la mano, y mientras yo me volvía a sentar sobre su regazo, colocó su verga en la entrada a mi ano, y mientras me iba sentando, me iba introduciendo de nuevo su enorme verga en mis entrañas, haciéndome suyo por segunda vez en la noche.

    ¡Ohhh! ¡ohhh ooohhh! Gemía notando como aquella polla se iba introduciendo de nuevo en mí.

    Una vez me tenía de nuevo ensartado, sin dejar que me moviera, empezó a morderme el cuello, haciéndome dar chillidos de placer. Yo al no poder levantarme, movía mi culito sentado sobre su regazo, haciendo que su polla se fuese deslizando por dentro de mi culo.

    Mi culito quería polla, necesitaba ser follado y que lo volviesen a preñar de leche. Estaba que ardía de caliente que lo tenía.

    Ya llevábamos un buen rato follando, sudábamos por todos los poros de nuestro cuerpo, y el olor a sexo y semen, invadía toda la caseta. Se escuchaban nuestros jadeos y el chof chof chof, de su polla entrando en mi culito. Yo me sujetaba a sus hombros, mientras el moro me mordía el cuello, hombro y pezones, mientras yo me movía ensartando una y otra vez la enorme polla de aquel marroquí que tan feliz me estaba haciendo aquella noche, dándome por el culo haciéndome suyo.

    Esta vez si que no pude aguantar más, y fui el primero en correrme. De pronto noté como mi pobre polla empezaba a hincharse, y una corriente que subía de mis huevos, llegaba hasta la punta de mi polla, empezando a escupir semen.

    ¡Ohhh! Me corro, me corro, ¡ooohhh me corro! Gritaba largando 5 largos trallazos de leche, embarrando todo el pecho y abdomen del moro.

    Dios, estaba exhausto, tenía los ojos en blanco, sudaba por todas partes, mordía mi labio inferior de tanto gusto que estaba sintiendo, mientras el cabrón del moro, sujetándome con sus manos por mi cintura, gruñía mientras seguía dándome por el culo haciéndome su mujercita.

    No tardó mucho en empezar a preñarme de nuevo el culo el muy hijo de puta. Noté como se hinchaba su glande y dando unos fuertes gruñidos, mientras me mordía el hombro y con sus manos me movía a toda velocidad agarrándome por la cintura, levantándome como si fuese un muñeco, empezó a eyacular dentro de mí dejándome preñado de nuevo.

    ¡Ohhh! Me corro, me corro, ¡ooohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Gritaba Mustafá, soltando todo su esperma dentro de mi culito.

    Los 2 sudábamos como si estuviéramos en una sauna. El muy cabrón me había sodomizado aquella noche, dándome 2 veces por el culo, haciéndome suyo, aquella noche fui la mujercita del marroquí que tanto me había perturbado cuando por la mañana había visitado la feria de artesanía.

    Poco a poco nos fuimos recuperando, hasta que la respiración se hubo normalizado. Los 2 habíamos quedado exhaustos de la tremenda follada que habíamos mantenido en aquella caseta de la feria de artesanía.

    Mustafá había conseguido lo que quería, me hizo suyo, hizo que me entregase a él y que fuese por esa noche su mujercita.

    Podéis escribirme a:

    [email protected].

  • Probando una nueva verga después de años

    Probando una nueva verga después de años

    En anteriores relatos he indicado un poco mi físico el cual no ha cambiado, soy una mujer pequeña y delgada, blanca, con cintura estrecha y tetas pequeñas de pezones rosados, un culo pequeño y un ano diminuto.

    A él lo conocí en el trabajo, ambos entramos al mismo tiempo, desde que lo vi supe que quería esa verga dentro de mí. Después de hablar por una o dos semanas me animé a decirle, el aceptó y esa misma noche nos vimos; fuimos a un hotel a las afueras del pueblo, entramos al cuarto y apenas me dio tiempo de sentarme, empezó a besarme con mucha fuerza, a ponerme muy cerca suyo, a tocarme todo lo que me podría tocar.

    Me acostó y de ese modo metió su verga ya dura en mi boca, metía todo su pene hasta el tope de mi garganta y me producía arcadas, le pedí que me lo metiera y después de hacerme esperar me puso en cuatro y me metía el pene con embestidas duras, mantenía mi culo bien arriba y mis tetas contra la cama haciendo presión sobre mí con sus brazos bastante fuertes, no podía dejar de gemir y gritar, me agarraba del cabello y me acercaba a su boca para besarme y hacerme saber quién tenía el control.

    Cambiamos de posición, el acostado y yo sobre él de frente, me ordenó que coloque mis piernas hacia adelante y arquee mi espalda hacia atrás, me lo metió con mucha fuerza y siento que tocaba algo dentro de mí que pudo ser mi útero, en esas penetraciones sentía que me iba del mundo y me venía mil veces, me cogió en todas las posiciones posibles, lo besé cuanto pude y él aún no eyaculaba, le pedí que paremos un momento pues estaba realmente cansada…

    No hago ejercicio a diferencia de él, intenté con sexo oral a lo que él me pidió que me ponga en 4 dejando mi vagina frente a él, mientras metía su verga en mi boca el metía sus dedos dentro de mí, uno, dos… hasta que sentí que estaba totalmente llena y tenía casi toda su mano, estaba al mil mientras seguía mamándolo y agachaba mi cabeza para que su pene alcance mi garganta y finalmente, saca su semen en mi boca y yo me lo trago todoo.

  • La historia de mi primer trío (Parte 2)

    La historia de mi primer trío (Parte 2)

    Si la primera vez es buena, la segunda siempre es mejor

    Luego de aquella noche junto a Ben, no podía esperar para el siguiente encuentro, pero me esperaba un largo fin de semana y lo peor era que no tenía una excusa para verlo, no iba al instituto hasta el lunes. En todo inicio de cualquier tipo de relación hay un periodo de luna de miel, es ese periodo posterior al primer encuentro en dónde lo único que piensas es en desnudar al otro, justo por eso estaba atravesando en ese momento. Quería verle, deseaba que me cogiera como lo había hecho el día anterior, y me planteaba la posibilidad de mensajearlo para sugerirle la idea, pero mi orgullo, ego, y «dignidad» no me lo permitieron, por lo que tuve que recurrir a mi viejo mantra: ¡seguro que pasará!

    Era un caluroso sábado por la mañana y lo único que me apetecía era bañarme, al levantarme de la cama noté mi cuerpo dolorido por las situaciones de la noche anterior, me encanta la sensación de mi entrepierna el día después, pasaron por mi mente algunos momentos, los sacudí y me metí a la ducha; me encontré disfrutando demasiado el agua tibia, y por más que quería sacar de mi mente todas aquellas imágenes, no podía, cada vez estaba más húmeda, y no precisamente por tomar una ducha. Cerré la llave del agua caliente y mi cuerpo resintió un poco el frío del agua, ni siquiera después del agua fría dejé de estar excitada, por lo que me vi en la necesidad de jugar un poco conmigo, comencé a pasar mis dedos ligeramente por mis pezones, y aunque ya estaban duros por el agua fría, pude notar que se endurecieron más, aún ardían un poco, pero esos roces siempre son mi detonante sexual, bajé una mano hacia mi entrepierna y me dispuse a complacerme un poco.

    Me gusta hacer pequeños círculos ligeros con mi dedo índice en el clítoris y cuando el cuerpo me pide más, apretar con fuerza mi entrepierna, alternaba entre roces en mi clítoris e introducía dos dedos en mi vagina, pero esta vez, esa medida no me alcanzaba del todo, necesitaba más, opté por imaginar situaciones con Ben y después de unos largos quince minutos intentándolo, pude terminar, un poco cansada pero satisfecha con mi cuerpo, definitivamente no iba a poder aguantar un fin de semana sin comerme a mi amigo nuevo, arrojé ese pensamiento a la basura y terminé de ducharme.

    Al salir, me dispuse a preparar el desayuno, luego, a revisar mi teléfono, no me considero adicta a las nuevas tecnologías, pero tenía que pasar mucho tiempo en ellas debido a mi trabajo, por lo que ya era un ritual de mis mañanas revisar las noticias, mis cuentas de correo, mensajes, y las diferentes redes sociales mientras desayunaba, lo primero que vi fue un mensaje de Ben, no me sorprendió después de tremenda cogida y salir como si no hubiera pasado nada, pero me desconcertó un poco el contenido. Habíamos mensajeado antes, pero más que nada para avisarnos los horarios en los que pudiéramos coincidir en el instituto y así pudiera llevarle a su apartamento de vez en cuando, pero su mensaje no decía nada más que un sórdido: -tenemos que hablar-.

    Mi desayuno se vio arruinado debido al mensaje, por lo que decidí llamarle, cuando respondió, sonaba serio, no es que hubiera hablado por teléfono con él antes, pero no sonaba nada parecido a como yo le escuchaba en persona todos los días, le pregunté qué estaba pasando, y respondió que por teléfono no podía hablar del tema, preguntó si podía ir a su apartamento y solo le espeté la hora en la que llegaba y colgué. A ese punto ya estaba molesta, no sólo había arruinado mi mañana de sábado, sino que había arruinado cualquier fantasía posterior que yo pudiera tener o cumplir con él, y debido a los sentimientos, ahí quedaba una vez más mi libido.

    Me puse una falda circular un tanto fresca y una playera, tomé un conjunto de ropa interior desmotivante, un cachetero un poco viejo de encaje y un sujetador a juego con el mismo uso, mi sensualidad se vio opacada por su seriedad en sólo 5 minutos, me arreglé muy poco el maquillaje, apenas y cepillé mi cabello y mis dientes, sus dos minutos de misterio bastaron para derrotarme, me molestaba que me afectara de esa manera, en verdad me emocionaba seguir experimentando con él, y a esas alturas, simplemente ya no me apetecía. Salí de casa con cero actitud para nada, y ya me empezaba a molestar el dolor muscular de la entrepierna, eso no hubiera sucedido si hubiéramos seguido jugando, pero qué le iba a hacer, solamente dar por terminado todo. Llegué a su apartamento a los 20 minutos, abrió la puerta con sólo una toalla enredada en su cintura, lo que me faltaba, pensé, mientras me invitaba a pasar, se disculpó para ir a ponerse algo de ropa, salió sólo con unos shorts holgados, ni siquiera se tomó la molestia de ponerse algo arriba.

    Le pregunté de nuevo qué andaba mal y con su cara más seria se acercó, me tomó por el trasero, me levantó y me besó, -eso es ponerle drama a la situación- le dije entre besos, y de un segundo para otro mi humor volvió a ser el mismo con el que me desperté, caminó despacio hacia la cama, algo que no llegué a conocer la noche anterior, me aventó sobre ella bruscamente y se abalanzó sobre mí. Comenzó a besarme la cintura a la vez que me iba levantando la playera, al llegar a mi ombligo sacó su lengua y subió hasta mis pechos jugueteando con su boca, me deshice de la playera para seguir besándonos, y no pude evitar pasear mis manos por su espalda, apretujarle y enterrarle ligeramente las uñas, me gustaba mucho lo que sentía, aunque su iniciativa me desconcertaba, bajé un poco mi mano para tocarle el trasero, y con sus manos tomó las mías y las puso por encima de mi cabeza.

    No sabía que tocarle el trasero fuera prohibido, pensé, y procedí a cuestionarlo, se limitó a besarme el cuello, pasar por mi oído derecho y susurrar -ayer tuviste todo el control, ahora es mi turno- Solamente pude pensar en ¿cómo demonios yo habría tenido el control si terminé a cuatro con un salvaje jalón de cabello y unas buenas nalgadas?, pero bueno, de su parte me pareció lo más sexy del mundo, y para ese momento ya estaba más que caliente, por lo que decidí seguirle el juego. Mi único problema en ese momento era mi ropa interior desmotivante, y pensando en eso solté una carcajada, me preguntó que qué era lo gracioso y no pude ocultar la verdad, prefería decírselo con un poco de humor a que le cortara el ánimo de tajo al descubrirla, para mi sorpresa no reaccionó nada mal, sino todo lo contrario, me volteó boca abajo con fuerza y empezó a agasajar mis nalgas, me quitó el cachetero de a poco y comenzó a besar la unión de mis muslos con mis nalgas, podía sentir su respiración en mis partes y eso me estaba calentando demasiado.

    Sentía mis fluidos corriendo por entre mi clítoris y él aún no llegaba a hacer contacto directo con mi sexo, se paseó un rato por mi entrepierna hasta que ya no pude más, me empujé con el cuerpo para restregarle todo lo que provocaba en la cara y su lengua me causó el alivio instantáneo, las contracciones de mi cuerpo empezaron con el más ligero roce de su lengua con mi clítoris, pero no quedó ahí, esta vez no se detuvo, siguió chupándome en cada contracción, lo que me provocaba muchas más y procedió a introducir sus dedos en mi vagina, esos dedos fueron la gloria. Presionaba las paredes de mi interior a cada movimiento, no paraba de mojarme mientras él se lo comía, como pude me incorporé al juego de nuevo, tenía aún mucha sensibilidad, pero no parecía terminar su ritual, de pronto sacó los dedos llenos de mí y los introdujo en mi boca, probé mi sabor, era delicioso, un poco salado, de nuevo supo hacer exactamente lo necesario para calentarme al máximo y continuó jugando con sus dedos en mi boca, pretendiendo que era su pene.

    No pude darme cuenta en qué momento se acomodó, pero sin ningún aviso ya me estaba embistiendo, yo seguía algo sensible y no había tenido mucha oportunidad de reponerme, pero el sentir su pene tan duro dentro de mí, entrando y saliendo a gran velocidad comenzó a surtir efecto, no podía hacer más que levantar mi trasero cada vez más a manera de agradecimiento, me tenía loca, jadeando hasta quedarme sin aire. Me agarraba las caderas y las apretaba fuerte, me tomaba del cabello con una mano y con la otra me apretaba una teta aún con el sujetador puesto, me gustaba su brusquedad, me gustaba que me diera fuerte, me gustaba tanto que le pedía que se corriera dentro, que me dejara llena y satisfecha cuando de pronto, sentí todo su calor en mi interior, eso me bastó para estallar en gemidos y comenzar a retorcerme, no sé cómo lo hacía pero nunca me dejaba a la expectativa, se tendió a mi lado exhausto pero satisfecho, tratando de tomar aire mientras yo me regocijaba con las punzadas que aún tenía en mi clítoris, seguía gimiendo, seguía sintiéndolo todo.

    Desperté desorientada en una habitación que no era la mía, un poco asustada al inicio, pero al verlo dormido al lado mío me tranquilicé, sólo para luego pegar un salto desconcertada, yo no hago eso, no duermo con amigos, de hecho, no duermo con nadie, no recordaba en qué punto me había quedado dormida, de lo que si estaba segura es que mi mantra había funcionado, y que efectivamente, si la primera es buena, la segunda vez siempre es mejor, me apresuré a revisar la hora, se me detuvo el corazón un segundo, había olvidado tomar la píldora anticonceptiva del día. Entre orgasmos y fantasías no se me vino a la mente, por lo que corrí a mi bolso a buscarla y la tomé rápidamente, no me preocupé mucho, me había pasado sólo 6 horas y no representaba un peligro grave, pero por si acaso, puse una alarma para el día siguiente.

    Pero bueno, mi relato es sobre mi primer trío, y hasta el momento no he llegado a esa parte, así que, en resumen, Ben y yo pasamos todo el fin de semana de luna de miel, dándonos placer de mil maneras diferentes, perdí la cuenta de mis orgasmos desde el mismo sábado, era tanta la fascinación por este hombre que me importó un bledo mi regla de no dormir con nadie, además, ¿quién dijo que íbamos a dormir?, había olvidado la energía de los 25, y en algún momento del fin de semana reflexioné seriamente sobre los estragos que probablemente él también sufriría dentro de tres o cuatro años. Lo hicimos por todo el apartamento, ni siquiera fue necesario un cambio de ropa, desde el momento en que me la quité, no volví a usarla, y estaba muy cómoda con ello. Para el domingo por la noche mi cuerpo estaba exhausto, me pedía descanso, y el lunes debía ir a trabajar, tomé mi ropa, me metí a la ducha por quinta ocasión en el fin de semana y Ben me sorprendió con una ducha de despedida bastante ardiente. Nos despedimos con un beso en la mejilla nuevamente y me fui a casa, de vuelta a la realidad.

    Para el día lunes, me costó mucho trabajo levantarme, el cuerpo me pesaba demasiado, pero lo menos que esperaba era estar tan caliente, había tenido una buena dosis de sexo sin compromiso con Ben, pero a esas alturas, me daba la impresión de que ni todo el sexo del mundo era suficiente. Fui al trabajo a regaña dientes y por la tarde, llegó la hora de ir a mi clase de francés, no vi a Ben al entrar al instituto, y no pude poner ni atención al maestro, fantaseaba con estar con él de nuevo y poder pasar un buen rato, aún si mi cuerpo ya no me respondía, mi mente seguía planteándose mil posibilidades para una buena cogida, y yo, no estaba en posición de negárselo. Al salir del instituto me quedé extrañada de no encontrármelo, su módulo no terminaba hasta dentro de una semana, por lo que sus horarios seguían siendo los mismos, de cualquier manera estaba muy agotada para pensarlo y tomé rumbo al estacionamiento. Justo cuando encendía mi automóvil, vi a Ben acercarse hacia el lado del copiloto, entró un tanto serio al auto y me dijo que su exnovia Liz (fue la primera vez que escuché su nombre) le había estado llamando el fin de semana, y al no responderle, fue a visitarlo ese mismo lunes.

    Lo único que pensaba para mis adentros era que al menos no lo visitó el día de ayer, o el día antes de ayer, pero ese no era el problema, la postura de Ben el fin de semana respecto a ella era de molestia, lo habían botado en medio de una ciudad que no conocía y a la que había llegado con el propósito de estar junto a ella, y eso no había terminado como él esperaba. Pero su postura de ese día era completamente diferente, hasta donde yo entendí, se sentía culpable de lo que había pasado entre nosotros porque ahora Liz estaba arrepentida, quería que las cosas volvieran a la normalidad, y percibí que Ben también lo quería, no sabía muy bien a dónde quería llegar con eso, hasta que me lo dijo, quería dejar lo que había pasado entre nosotros atrás, y seguir con la relación de conductor – pasajero que habíamos estado llevando antes de que pasara todo.

    Me desconcertó un poco su actitud, pero bueno, que yo misma lo había dicho, me harían un gran favor si volvían a estar juntos, solamente no esperaba que fuera tan rápido, y en cuestión de minutos la que se vio botada fui yo. Pasaron los días y las cosas se «normalizaron», al menos la libido perpetua que experimentaba se calmó, pero no por completo, y no sabía muy bien cómo actuar al respecto, así que decidí ignorar el tema, las cosas regresaron un poco a como eran antes, hasta que un buen día me invitó a conocer a Liz, me di cuenta que éramos bastante parecidas, cabello castaño largo, tez blanca, cintura pequeña y más o menos de mi estatura 1.70 (aunque a juzgar por sus plataformas, podría ser un poco más baja que yo). Se podría decir que estábamos un poco al revés, su cabello era lacio, el mío ondulado, sus pechos eran prominentes, los míos no y sus caderas y trasero un poco pequeños, al menos comparándolo con el mío. Tenía una actitud muy efusiva, amable y una sonrisa preciosa, una chica que por su manera de ser, bien podría ser mi amiga.

    Fuimos a cenar a un restaurante, bebimos un poco y no pude evitar recordar lo que había pasado con Ben, deseché el recuerdo de mi memoria y me disculpé para ir al sanitario, Liz se levantó y me dijo que me acompañaba, no me pareció extraño, pero tampoco lo más cómodo del mundo. Ya en el sanitario, noté a Liz de lo más amable, no me trataba como competencia, me trataba como si fuéramos amigas de mucho tiempo, me gustó mucho su actitud, y de cierta manera, me tranquilicé un poco, al regresar, Ben estaba inquieto, cómo si hubiéramos ido al sanitario a compartir sus secretos, la realidad fue todo lo contrario, ni siquiera vino al tema. Después de mi prueba superada con Liz, notaba a Ben más tranquilo, y de cierta manera, yo estaba más tranquila. Unas semanas después Liz y yo ya éramos las mejores amigas, íbamos de compras, hablaba sobre Ben, salíamos de fiesta, un día ya pasadas de copas me contó que ella sentía que después de dejar a Ben, algo había cambiado con él, estaba más distraído y se quedaba reflexionando por mucho tiempo, solo pude pensar en que por lo menos no era la única a la que le pasaba.

    A pesar de la diferencia de edad con Liz, (7 años), me llevaba muy bien con ella, lo que no era común en mí, pues siempre he tenido más amigos que amigas, y a pesar de las circunstancias me gustaba salir con ella. Pero de pronto, pasó lo que tenía pasar entre dos buenas amigas, discutió con Ben, y ¿a quién llamó para hablar al respecto? quién mejor que yo que los conocía a ambos, fui a su casa y estaba hecha un desastre, no suelo hacer de consolador de nadie, esas situaciones me incomodan de sobremanera. Para colmo, Ben me estaba llamando también, presioné el botón de ignorar y convencí a Liz de arreglarse un poco y salir a distraernos. Ya de fiesta y entrada en las copas, habló sobre Ben, y que estaba cansada de preguntarle lo que le pasaba y no obtener respuesta alguna, Liz continuó presionando hasta que Ben se molestó y levantó la voz y Liz se echó a llorar, me sentí mal por unos segundos y la convencí de que todos los hombres del mundo eran así, hablamos un rato más y dejó el tema por su salud mental.

    De pronto, todo se había salido de control y Liz era un mar de lágrimas, no sabía que más hacer para que estuviera bien, pensé en llamar a Ben, pero eso habría sido mucho peor, así que opté por darle un abrazo, el abrazo más largo de mi vida, el cabello de Liz olía deliciosamente bien, olía a vainilla, cuando menos pensé, ya se había calmado, y yo me encontraba en una situación confusa, seguíamos abrazadas y comencé a sentir a Liz de otra manera. Sentía su cuerpo, sus pechos apretados con los míos, su pequeña cintura que rodeaba con mis manos, no supe que más hacer con esa sensación por lo que separé mi cara un poco de su mejilla y la besé, sorprendentemente no se apartó, me vi envuelta en un sinfín de sensaciones completamente inexploradas, Liz besaba demasiado bien, sus labios carnosos eran exactamente dónde quería estar, la apreté con fuerza para sentirla mientras paseaba mis manos por su cintura, era demasiado bueno para ser verdad.

    El beso acabó y me tomó de la mano camino al auto, no supe exactamente lo que significaba, hasta que subió a los asientos de atrás, subí con ella sin poder articular una sola palabra. Intentaba procesar lo ocurrido, lo que yo provoqué que ocurriera, cuando de pronto, Liz me tomó por el cabello y retomamos el beso donde lo habíamos dejado, se había echado encima de mí con las piernas abiertas sobre las mías, no sabía exactamente qué hacer. Tenía muchas ganas de tocarla, tocar esos pechos grandes, tenía la inquietud de verla desnuda, la idea me ponía a mil, pasé mi mano de su cintura a sus pechos y me lo permitió, para mi sorpresa, no llevaba sujetador, de pronto me encontraba bajándole el escote de la blusa, quería sentir su piel, sus pezones, cuando por fin los tuve en mis manos, toqué la gloria.

    Liz hacía movimientos circulares sobre mí, y yo necesitaba poner mi boca en esas tetas, me volteé para abalanzarme sobre ella, de manera que quedáramos recostadas en los asientos, levanté su blusa y comencé a besarle, no podía con tantas sensaciones, era demasiado para mí, pero tampoco podía parar, mientras me comía sus pechos sentía sus pezones duros como rocas, comencé a buscar debajo de su falda, sólo pensaba en tocarla, encontré su pantaleta húmeda, y podía asegurar que yo estaba igual. Metí mi mano debajo esperando encontrar su vello, lo cual nunca ocurrió, (incluso en eso éramos parecidas, yo siempre iba depilada, y al parecer ella también), busqué su clítoris, y al sentirlo, por instinto hice lo que yo habría hecho conmigo, comencé a mover mis dedos en círculos.

    Liz gemía delicioso, y escuchar esos jadeos me ponían mal, bajé de sus pechos por su cintura con pequeños besos, hasta llegar a su sexo, olía muy bien, al llegar a su clítoris le di un pequeño beso y enseguida saqué mi lengua. Tenía un sabor ligeramente salado, como el mío, pude notar su disfrute, yo lo estaba disfrutando por igual, y mientras me la comía completa, comencé a tocarme, ella se retorcía con mi lengua, al encontrar su vagina, introduje mi lengua todo lo que pude, incluso me dolió un poco el movimiento, intercalaba mi lengua de un lugar a otro, cada vez estaba más húmeda y sus movimientos eran más desesperados, y de pronto, la humedad aumento demasiado hasta que comenzaron sus contracciones, se retorcía en mi rostro mientras me llenaba de sus fluidos.

    No pude aguantarme más y el hormigueo de todo mi cuerpo se hizo presente, la situación me provocó tanto, que no sabía de qué manera explicarlo.

    Me recosté encima de ella por un momento, y de pronto, vuelta a la realidad, una llamada de Ben a mi teléfono se hizo presente, no creí prudente responder después de lo que había pasado, Liz se percató del hecho pero no le tomó importancia, por lo que pasado un rato, procedió a ponerse su blusa, la llevé a su casa y me fui a dormir a la mía con un montón de confusión, pensamientos y sensaciones increíbles, pero a la vez satisfecha por lo que había pasado.

  • Mi primera vez como hotwife

    Mi primera vez como hotwife

    Mi nombre es Carolina y soy una hotwife, tengo sexo con diferentes hombres con el permiso de mi esposo mientras él se mantiene fiel.

    Siempre me ha gustado escribir y cuando descubrí esta página me animé a crear este perfil como un pequeño rincón para relatar y contarles algunas experiencias y travesuras como hotwife, mías como de mis amigas involucradas es este excitante estiló de vida.

    Lo primero que quiero dejar claro es que soy real, tengo 43 años, aunque soy mexicana llevó viviendo más de la mitad de mi vida en Estados Unidos y en vez de darles una aburrida descripción física mejor vean la foto de mi perfil.

    Felizmente casada hace 23 años con Marcos mi esposo, madre de 3 hijos y desde hace 10 años una orgullosa hotwife.

    Antes de que me convirtiera en una hotwife, mi esposo yo habíamos perdido totalmente la pasión, las obligaciones del trabajo, de los hijos nos hicieron caer en la rutina. Llegamos al punto en que no teníamos ningún contacto sexual, no teníamos vida marital.

    Intentando recuperar nuestra chispa y pasión, mi marido y yo decidimos celebrar nuestro 13 aniversario con una cena romántica.

    Al llegar al restaurante mi esposo me llamo para avisarme que llegaría un poco tarde, para matar el tiempo me acerque a la barra del restaurante, mientras esperaba a mi esposo el cantinero se acercó a mi con un Martini diciéndome que el caballero que estaba al fondo me invitaba el trago.

    Al buscar quien me habían enviado el trago, un hombre tal vez de unos 40 años me guiñó el ojo, me quedé muy sorprendida, le dije al cantinero que gracias por el trago, pero que no lo podía aceptar, pero a los pocos minutos el hombre me abordo y me empezó a coquetear.

    Le volví a rechazar el trago y le dije que estaba esperando a mi esposo pero él siguió insistiendo, incluso llego a atreverse a acariciarme las piernas, no fue hasta que llego mi marido que se retiró.

    Al llegar mi esposo le conté lo que me había pasado y lejos de molestarse su reacción fue lo contrario, esa noche después de cenar mi marido me llevo a un motel y tuvimos sexo como locos, habían pasado años desde que mi marido me cogía así, me dijo que lo había excitado mucho que otro hombre me tocara.

    Desde esa noche algo cambio en mi marido, cada vez que salíamos me pedía que me vistiera sexy, le gustaba que usada mini falda o blusas muy escotadas ya que mis pechos son bastante grandes, soy copa DD.

    Mi marido se excitaba cuando los hombres me miraban y cuando teníamos relaciones fingía que era mi amante, me comenzó a hablar sobre el intercambio de parejas y las fiestas swinger y por último me confesó que tenía la fantasía de verme coger con otro hombre.

    Lo que dijo me pareció una locura jamás había estado con otro hombre, con mi marido perdí mi virginidad y definitivamente le respondí que no, pero mi marido seguía empeñado en su fantasía y poco a poco me fue convenciendo hasta que acepte.

    Mi marido me dijo que él se encargaría de arreglar todo y que no me preocupada, a los pocos días me dijo que ya tenía a un pretendiente, que era un compañero de trabajo, muy discreto y que su nombre era Derek.

    Sin darme más detalles mi marido estaba muy entusiasmado, me compro ropa y lencería nueva y a los pocos días me dijo que ya tenía todo listo y el sábado por la noche sería la cita.

    Ese día mi esposo me pidió que me pusiera lo más sexy que tenía, me vestí con un sujetador negro, una tanga negra, ligas negras y una minifalda negra con una blusa roja ajustada con un buen escote.

    Quedamos de vernos en un bar algo alejado de nuestra casa para evitar que nos reconocieran, llegando al bar y después de unos minutos mi marido me presentó a Derek.

    Derek era bastante alto como 1.85, bastante fornido, rubio, ojos azules y aproximadamente de 23 años, bastante atractivo.

    Yo seguía un poco nerviosa pero mi marido estaba muy emocionado, Derek y yo comenzamos a hablar y con unos cuantos tragos de más me saco a bailar y nos divertimos bastante.

    Después de un tiempo mi esposo sugirió que nos fuéramos del Bar y fuéramos al Motel y estar más relajados. Durante el camino al Motel Derek se sentó a mi lado y comenzó a besarme y a pasar sus manos por mi culo y tetas, mientras yo le devolví los besos caliente por sus manos y el alcohol, baje mi mano hacía su verga frotándola.

    En cuanto llegamos al Motel Derek me arranco la blusa y mi brasier chupando mi pezón y frotando mi otra teta con sus manos fuertes, me aparte un poco para ver a mi esposo mientras Derek me quitaba mi falda y tiraba mi tanga al suelo.

    Me quedé sólo con el ligero, Derek comenzó a desnudarse mientras mi marido de 13 años estaba muy erecto, Derek tenía un cuerpo musculoso y suave, ningún pelo en ninguna parte excepto una delgada tira sobre verga. Su verga era de unos 20 cm bastante gorda, completamente dura y erguida.

    Yo ya estaba tan caliente que me puse de rodillas frente a él y tomé su verga en mi mano y la apreté y acaricié con fuerza llevándola a mis labios introduciéndola medio camino en mi boca y mientras le chupaba la verga con mi mano jugaba con sus bolas afeitadas.

    Era algo salvaje, tener otra verga en mi boca, tan dura y suave, como un delicioso manjar comencé a mamar como loca, dure alrededor de 10 minutos chupando su verga hasta que Derek me detuvo levantándome del suelo colocándome sobre la cama separando mis piernas dejando expuesto mi coño.

    Derek se acomodó entre mis piernas con su verga listo para penetrarme, sentí como la cabeza de su miembro entraba lentamente a mi coño hasta que toda su cabeza desapareció dentro de mí.

    Con algo de dolor Derek esperó un minuto para que mi coño se ajustara a él y luego empujó de nuevo. Me encantó cada segundo que sentí su verga abriendo camino en mi coño. Su gran verga se sentía tan rico en mi coño moviéndose hacia dentro y hacia fuera.

    Aumentando lentamente su ritmo comenzó a cogerme más duro, su verga llegó a lugares dentro de mi coño que mi esposo nunca toco.

    Por un momento pensé que me dividiría por la mitad y otras veces que estaba en el cielo. Derek estaba marcando en mi coño un recuerdo por el resto de mi vida, estaba gritando tan fuerte que pensé que la gente de seguridad del motel aparecería.

    Tenía mis piernas alrededor de su cintura y mis pies unidos. Mis brazos estaban alrededor de él sintiendo como apretaba sus músculos con cada embestida y sintiendo su verga palpitar me aviso que estaba por correrse.

    Sacando su miembro de mi coño, apuntó a mi cara a un metro de distancia y acarició su carne de hombre disparó. La primera ráfaga golpeó mi cara y mi boca abierta, el segundo y tercer disparos cayeron en mis tetas y los últimos dos en mi coño.

    Su semen estaba muy caliente. Se sentía marcando mis tetas y coño. Mantuve mi boca abierta para que mi esposo lo viera y luego lentamente me lo tragué. Era dulce pero picante. Casi nunca me trago el semen de mi marido pero las mujeres sólo lo hacemos cuando estamos tratando de impresionar al hombre. De todos modos lo hice y mi esposo estaba muy feliz y emocionado.

    Derek se acostó al lado de mí mientras recuperaba su aliento, con mi coño totalmente abierto, estirado, temblando y mi cuerpo bañado en sudor y semen. Mi esposo se acercó a darme un largo y pasional beso dándome las gracias por cumplir su fantasía.

    Esta experiencia fue sólo el inicio de mi nueva vida como hotwife, salvo mi matrimonio y en estos 10 años me ha permitido disfrutar al máximo de mi sexualidad, de mi feminidad y por supuesto que se los voy a contar a ustedes.

    Les envío un beso.

    Carolina.

  • Nueva faceta, cuando pude cogerme a un chico y a su novia

    Nueva faceta, cuando pude cogerme a un chico y a su novia

    20 años, desempleado, drogadicto, chacalito y con una noviecita de cuerpo escultural. ¿Qué haces cuando estás loco por tu nueva novia pero no tienes ni para pagar el pasaje del metro?

    Nino es un ‘nini’. Ni trabaja, ni estudia ni hace ni verga. Lo que si hace es culear súper deliciosamente. Tiene un cuerpo largo, con piernas largas, cabello cortado al rape de un lado y largo arriba. Mide 1.72, Trigueño, vive en un barrio marginal y no tiene trabajo ni intención de trabajar. Cada vez que culeamos le doy 20.00 dólares y realmente me deja hacerle de todo. Me morbosea verlo con un calzoncillo pegado, caminando alrededor de la habitación con la verga dura. No es la gran verga pero sus nalgas son deliciosas, todavía de adolescente, lampiñas. Casi no le crece vello en las piernas. Su cara larga se debe más a los 3 bates de yerba que se fuma en el día y las veces que salta garrocha por no trabajar.

    De un tiempo acá se enamoró perdidamente y me contaba todas sus peripecias. No conocía a la chica sino en fotos y nunca le puse nunca atención. Un día me pidió el favor de que los llevara bajo un aguacero y pude ver el cuerpito que se jalaba la chiquillona. Unas tetas redonditas, buen culito parado, carita de niña bonita y buenas piernas. Estudiaba en Panamá pero de familia santeña. Cabello largo, con rayitos castaños y sonrisa fácil. También parece que tenía un coñito fácil porque Nino le estaba dando pinga parejo casi todos los días, en su casa, después del colegio, antes de dormir, en el estacionamiento del edificio, en la azotea del edificio, cuando sus compañeras estaban dormidas, creo que lo estaba secando poco a poco de tanto exprimirle los huevos.

    Nino y Greta me pidieron el favor de que los llevara a Las Tablas en uno de mis viajes. Estuve pensando en esa parejita y se me metió entre ceja y ceja cogérmelos a los dos. No creo que Greta quisiera coger con un tipo que podía fácilmente ser su padre pero increíblemente Nino solo me preguntó qué bueno, que iba a ver.

    Ya en camino nos detuvimos en una casa que cuido para unos clientes extranjeros en la playa. A todo meter, piscina y jardín espectacular. Yo la uso de vez en cuando y Nino ya la conocía muy bien. Llegamos por una hora pero después de dos pitillos, varias cervezas y bastante reggae ya estaban los dos chicos entonados. Greta me pidió permiso para tirarse a la piscina y lo hizo en panties y un suetercito prestado. Cuando me puse a lujurearla en la piscina solo me imaginaba meterme entre esas piernas sedosas, esos muslos torneados. Ahí estaban los dos noviecitos y creo que no se imaginaban lo que pasaba por mi mente. Cuando los vi besarse la verga se me fue despertando y me la rozaba contra el muslo mientras los veía retozar en el agua, bien bateados los dos, bien borrachos. Me regresé al cuarto principal y encendí el aire. Apenas entraron a la casa les dije que se pusieran cómodos. Se reían como estúpidos.

    Los dos se tiraron a la vez en la cama en toalla. Solo los veía con lujuria pero realmente nada sucedió. Se quedaron como muertos, tal vez por la cerveza y la yerba, que por cierto era una Panamá Red súper fuerte. Esperé un momento y los fui desnudando a los dos. No era que estaban inconscientes, solo volados y estúpidos. Cuando pude abrirle la cuquita era la cosita más deliciosa que recordaba, limpiecita, sin un solo vellito, con los labios rojitos y se le veía el clítoris sobresaliendo, como una mini verguita. Me puse cerca y olí su olor a chuchita caliente, recién lavadita.

    Justo al lado estaba Nino, tratando torpemente de besarla pero realmente estaba demasiado bateado. Estaba encuero y la verga se le había achicado por el frío. Lo dejé tirado sin hacerle nada, por el momento.

    Ni siquiera dudé en comenzar a lamerle la panochita suavecito, con mucha lentitud. Podía sentir como esa florecita estaba abierta de tanta verga recibida pero a la vez seguía siendo un huequito chiquitito, apretado. Me concentré en lamerle la chucha, las nalgas, los muslos y verla arquearse de placer y quejarse por lo bajito. La pinga la tenía demasiado dura pero lo que hice fue meterle dos dedos para quemarme con su vaginita ardiente, jugosa y apretada. La sobé tanto y le apretaba las tetitas, le jalaba los pezones, para mi era como tener un juguetito nuevo. La puse bocabajo y comencé a restregarle la verga entre las nalgas, sobándome contra ella. La verdad es que estuve a punto de meterle el huevo en la chucha de una vez pero me refrené y me puse un condón y comencé el mete y saca suavecito, sintiendo como esas paredes calientes me estrechaban la pinga. Me la culeé hasta que me vine y me quedé encima de ella, cansado y arrecho…