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  • Una salida a comprar termina muy rico

    Una salida a comprar termina muy rico

    Un día saliendo con mi esposa a comprar, ella se mete en un GAP de eso muchos que hay, a ver unos bolsos y un empleado joven de unos 20 y tanto años flaco y blanco, se acerca a ofrecerle ayuda. Después de unos minutos me percato que está viéndome de reojo, al darme cuenta de ello, me empiezo a manosear el paquete para ver cómo reacciona.

    Él descaradamente se muerde el labio inferior mientras me mira fijamente, al cabo de unos minutos mi esposa termino de ver la tienda y salimos, y no se compró nada, nos sentamos en unas de las mesas de una cafetería que estaba al frete de esa tienda y mientras ella pide unos cafés, yo le dije que iba ir al baño, al ir a este pase por el frente de la tiendo donde estaba el joven vendedor en la puerta y le giño el ojo mientras sigo al balo a unos pasos de ahí, al entrar me coloco en un urinario y poco después escucho la puerta del baño abrirse y entra el joven de la tienda y se coloca en el urinario de alado, él se baja el pantalón y su interior, lo suficiente para mostrar su culo blanco redondo y limpio sin ni un solo pelo, pero no como para que se les vieran las piernas.

    Ya tenía un erección al entrar pero al verlo se me termino de poner dura, a ver ese rico culito, me echo un poco para atrás y me empiezo a masturbar, el sí descaro me ve y me dice.

    ‘’te gusta lo que ves papi’’

    Moviendo el culo de un lado al otro, le dije que sí que me lo fallaría todo, que estaba rico para preñar, en eso se escucha la puerta y nos acomodamos para que no sospechará nadie, el agarro se subió el pantalón y se metió en un cubículo, haciéndome una seña con la mano, cuando el sujeto que entro se fue entre a este y lo veo con el pantalón abajo y el culo en pompa listo para que lo penetrara, en eso yo empiezo a lubricarle el ano con mi legua saboreándome ese culito, el excitado me dice

    ‘’papi, sabía que tu esposa no te da culo, yo si te lo voy’’

    Mientras sueltas unos gemidos bajo para que no le oyeran, después de dejarlo muy ensalivado el ano, me incorporo para penétralo poniendo la cabeza de mi pene en la entrada de su ano y lo penetre poco a poco sintiendo su culo cerrado y exquisito, en eso entra alguien al baño, yo le tapó la boca con la mano y sigo penetrándolo al tener todo mi pene dentro de él, empieza a lamer mi mano y a chuparme un dedo como si un pene se tratase, al escucha que el sujeto que entro salió empecé a bombearlo fuerte y rápido sujetándolo con fuerza de la cintura, sacando casi todo mi pene y metiéndolo todo de golpe, mientras el solo gemía y pedía más. Yo estaba ya a full morbo sintiendo como mis bolas sudadas y si afeitar, chocaban con las suyas todo limpia y si pelos después de unos min sentí como mi pene palpitaba listo para correrse y le dije que me vendría y el solo dijo.

    ‘’vende dentro, dame tu semilla, que tu esposa no te da culo como yo’’

    En eso lo sostuve fuerte de la cintura me afinque para meter lo más que puede mi pene en él, me vengo dentro de él, llenándolo y después de soltar varios chochos de semen dentro de él, lo separo y volteo metiéndole mi pene en su baca y empezando a fallársela, el sorprendido no puede más que seguí apoyando sus manos en mis muslos, mientras yo lo tomo de pelo y sigo fallándole la boca, en eso acabo otra vez aunque menos intenso que la primera vez, el solo la recibe en la garganta, luego se separa de mi pene, me mira y me besa compartiendo mi semen, él se separa y se lo traga, él se sube el pantalón y veo como él también se corrió en su interior, me mira me da su número y saliendo del cubículo me dice

    ‘’papi si tu esposa te bota, vente a mi casa que yo te doy mi culito’’

    Yo me coloco el pantalón y salgo del baño y veo a mi esposa con el café algo frio ya en la mesa, yo me siento y me dice ella

    ‘’Te ves relajado paso algo en el baño?’’

    Yo le respondo no solo descargue y me vine

    ‘’Voy a comprar ese bolso el GAP, me gusto’’

    Me dice ella y fuimos allá, la atendió el joven que hace unos minutos lo había follado en el baño, ella compra el bolso y sale. Caminando al carro me dice ella

    ‘’te follaste al joven de la tienda en los baños, verdad?’’

    Yo le respondí que sí, que le llene el culo y le cuento lo demás que paso, ella con una sonrisa me dice.

    ‘’esa perra no sabe nada!’’

    Yo solo me rio de su escena, y ella solo dice.

    ‘’eso me pasa por tener un macho como tu como esposo, pero ya vera yo esta noche te daré más placer con mi culo’’

    Aunque no lo crean estas es una historia 100% real, esta es mi relación con mi amada esposa que tanto ella como yo somos bix y muy liberales pero siempre terminamos juntos pase lo que pase y así llevamos 5 años de casados.

  • Regalo de Navidad de mi ahijada

    Regalo de Navidad de mi ahijada

    Luego de ese espectacular día con mi ahijada, donde me la cogí bien rico, nos veíamos cada 2-3 semanas de acuerdo a sus compromisos, ya que estudia, trabaja, tiene una niña pre-adolescente, en fin, pero no era cantidad, teníamos encuentros sexuales de calidad.

    En fin llegó diciembre, con esto las Navidades, estaba un poco, o mejor dicho muy deprimido, ya que mi mamá tenía 8 meses de haber fallecido y bueno a pesar de tratar de llevarlo más o menos bien, la época pega, el 24 o específicamente en la madrugada del 25 a eso de las 00:30 h, recibo un mensaje de mi ahijada Aracelis, donde me deseaba una Feliz Navidad a pesar de la ausencia física de mi madre me deseaba lo mejor que le debía su regalo de Navidad y ella ya me tenía el mío.

    A mí se me había olvidado que en el tercer o cuarto encuentro habíamos visto una película porno y ésta tenía un episodio de un trío entre dos mujeres y un hombre, yo me quedé absorto viendo la escena mientras empecé a acariciar mi miembro, el cual a pesar de haber tenido una sesión agotadora comenzaba a erectarse, Aracelis al verme el miembro cobrar vida de nuevo, se fue directo a mi pene y comenzó a darme una buena mamada, luego la tomé por las caderas y comenzamos otra batalla campal, cabalgándome como loca endemoniada, dejándola bien satisfecha, aunque dicho textualmente por ella el placer recibido fue indescriptible, ya que lo tenía muy duro, Aracelis acabó a chorros, ella me preguntó si había hecho un trío, (claro que he hecho tríos) pero vi un brillo en sus ojitos que me causó curiosidad y apliqué una técnica que casi nunca me falla, la cual consiste en hacer creer que con ellas es la primera vez.

    Aracelis al ver que yo le respondí que no lo había hecho, pero esa era mi mayor fantasía, pero debía reconocer que me daba pena y miedo a la vez, ya que hay que buscar personas que estén completamente sanas en sus partes íntimas y de cualquier enfermedad de transmisión sexual, (de hecho con las personas que lo he hecho les pido hacerse exámenes de sangre y en sus partes, sí no es antes se los hago luego) ella me preguntó nuevamente sí me animaría con ella, le respondí que si pero no tenía «amigas» para ese tipo de «travesuras», ella me mostró la foto de una prima de ella con quién charlaba y eran algo así como confidentes, y que su prima sabía de lo nuestro, yo me asombré porque le pregunté cómo se había enterado sí yo soy una tumba en cuanto a lo de la discreción, ella me respondió que me quedara, tranquilo, que su prima sin querer vio su teléfono una vez después de nuestro primer encuentro, en la noche estaban en su casa y mi ahijada chateaba por teléfono conmigo y su prima le preguntó con quién chateaba ya que tenía el rostro iluminado, empezaron a forcejear jugando y vio cuando uno de los mensajes decía Padrino, entonces le contó de lo sucedido entre nosotros. Me quedé tranquilo aparentemente para no dañar el momento ni las futuras oportunidades de seguir cogiéndome a mi ahijada.

    Bueno volviendo al 25 de diciembre cuando chateaba con mi ahijada, Aracelis, me preguntó que haría el miércoles 26, la verdad no tenía nada planeado y me dijo para vernos en el centro comercial donde siempre nos encontrábamos a la misma hora.

    Al día siguiente estaba con mi amigo el del taxi esperando a mi ahijada cuando, recibo un mensaje de texto de mi Aracelis, donde me pide que la disculpe que se le hizo tarde, que me vaya adelantando al hotel de costumbre, que pida una suite especial, ya que mi Niño Jesús según ella va a ser «inolvidable», que me alcanza en unos 30 minutos aproximadamente, le comunico a mi amigo y me deja en el hotel.

    Una vez en el hotel, procedí a sacarme la franela por fuera y los zapatos, a los 15 minutos recibo un mensaje de mi ahijada notificándome que estaba en la recepción del hotel, al mismo tiempo recibo la llamada de la recepcionista, comunicándome que tenía una persona esperando en la entrada del recinto (hotel), le pido que la haga pasar, a los pocos segundos escucho un carro estacionarse y pensé que mi ahijada venía en un taxi, voy a abrir la puerta de la habitación, lo hago, cuando abro la puerta, la quijada me debió haber hecho como en las caricaturas de los años 80`, cuando caía hacia abajo en clara señal de asombro, mi ahijada traía puesto un pantalón jeans blanco súper pegado al cuerpo, resaltando ese culote, una blusa unicolor azul claro, sandalias de cuña o altas, una cola en su cabello, mi asombro era en una parte por ella, pero la mayor parte fue ver y que a su prima, quién no era la de las fotos que me había enseñado semanas atrás, su compañera resultó ser Maritza, una vecina, mujer morena clara, de unos 1,60 m de estatura, algo gruesa, no pasaría de unos 70 k, senos medianos, labios gruesos, cabello liso corto, a la altura del cuello, piernona pero uniforme, se notaba a km que es adicta del gym, pero el asombro mío es que era Maritza, aparte de ser una vecina del sector es representante del colegio donde estudian sus hijas y mis hijos, el asombro fue mutuo, ya que su esposo se había ido al Perú a trabajar. Maritza siempre me llamó la atención, especialmente su culo, esas piernas gruesas pero de carnes duras, caminamos varias veces donde yo troto, pero por su trabajo y las niñas, sumado a que su esposo salió del país no organizaba su agenda de forma eficiente, mi ahijada al ver nuestro asombro, le dice a Maritza:

    Aracelis: «Bueno amiga, vas a seguir con ese verano vaginal?

    Y dándome un beso en la boca, agarró de la mano a nuestra vecina agregando:

    Aracelis: «Padrino pida unas cervezas para romper el hielo, le parece?

    Yo aún absorto pido las cervezas por el auricular del teléfono de la habitación al restaurante trayéndolas en cuestión de 3-4 minutos, las destapamos, brindamos, Maritza aún estaba tensa, nerviosa, mi ahijada, dice:

    Aracelis: «Padrino verdad que lo que hagamos aquí, aquí se queda?

    Yo: «Claro ahijada, tu sabes que ante todo soy tu padrino y un caballero»!

    Haciendo énfasis en caballero, miraba a Maritza, entonces Aracelis y yo nos miramos pícaramente, como decidiendo quién tomaría la iniciativa, armándome de valor me coloco detrás de Maritza y comienzo a masajear suavemente sus hombros, mientras le hago señas a mi ahijada para que se ubique delante de ella, le digo a Aracelis:

    Yo: «Ahijada masajéele las manos y los antebrazos!»

    Aracelis se puso en acción mientras yo masajeaba los hombros y cuello de Maritza, Aracelis le susurraba al oído:

    Aracelis: «Marica déjate llevar, mi padrino nos hará cosas muy ricas…»

    Maritza se tomó lo que quedaba de la cerveza que era más de la mitad de un solo golpe. Yo seguía masajeando su cuello y hombros, para comenzar a besarle el cuello, orejas, Maritza, empezó a suspirar y a gemir muy débilmente, le sentí flaquear las piernas, sujetándola, ya era obvio que tenía una soberbia erección, procedo a ubicarla en la cama, y comienzo a desvestirla muy lentamente, le quito sus zapatos, y medias, le comienzo otro masajito en los pies, mientras me ubico para desabrocharle su pantalón jeans negro, ella sube un poco las caderas para facilitarme la tarea, queda en un bikini blanco y con las piernas abiertas, me acerco a sus cachetes vaginales y levanto un poco su ropa interior, está hirviendo, no me aguanté le paso la punta de mi lengua, Aracelis ya está desnuda dándole masajes en la planta de su mano derecha, Maritza al sentir la punta de mi lengua, se tensó bruscamente, dejando escapar un gemido:

    Maritza: «uuummm! que rico»

    Yo desde abajo la miro, sacándole rápidamente su bikini blanco, lo aspiro, observo su vagina rasuradita, cachetona, Maritza, me pregunta sí me gusta lo que tiene:

    Maritza: «te gusta mi cuquita?»

    Yo: «cuquita? jajaja será cucon nojoda coño e tu madre!»

    Y sumergiéndome a besar, aspirar, lamer mamar esa cuca, Maritza comienza a revolcarse, la tomo de sus piernas para sujetarla y seguir dándole una buena mamada de cuca, Aracelis estaba recibiendo otra tanda de cervezas que había pedido anteriormente, Maritza me tenía agarrado de las orejas y trataba de tomar el ritmo, como queriendo introducirme dentro de ella, yo en cambio estaba endemoniado, mamándole el clítoris, mordiéndoselo muy sutilmente, Maritza apretaba sus piernas, pero como la tenía agarrada no me lastimaba tanto, hasta que se contrajo demasiado, que pensé se iva a desmayar…

    Maritza: «ah ah ah uuff que rico que haces no no si si que rico no joda, chúpala así papi ah ahah ah ah ah aaaahhh!»

    Soltó un gran aaaahhh relajando totalmente sus músculos, quedando como si hubiera corrido bruscamente, la respiración entrecortada, la senté para quitarle la blusa, la desabotoné mientras mi ahijada nos daba la cerveza, tomé 3 sorbos, no quería perder tiempo, le desabroché su brassiere blanco liberando esos pechos medianos, pezones negros, los cuales metí a mi boca, mi ahijada se sentó a mi lado y le dije que abriera sus piernas, le comencé a acariciar sus cachetes con mi dedo medio y anular, comenzado a introducírselo, mientras besaba y succionaba los pechos de Maritza, siendo éstos su verdadero punto de quiebre, ya que de paso le tenía metido el dedo medio en su cuca, empezando a decir:

    Maritza: «dale papito, si me gusta, toma tetica rica, anda mámame las tetas rico, así como me mamaste esa cuca mmmmm que rico, dios…!»

    Aracelis: «si padrino que rico, padrino, ahí ahí ahí…!»

    Tomé de la mano a mi ahijada y la traje hacia el otro pecho de Maritza, para comenzar a lamer esas masas de carne:

    Maritza: «hay que rico coños e madre que me hacen, riiiicooo ah ah ah ah no joda estoy acabando de nuevo me estas cogiendo con el dedo coño e tu madre ah ah ah siiii…!»

    Maritza ya sudada alcanzó su segundo orgasmo, me separé de sus pechos y le estampé un beso entrelazando nuestras lenguas, buscando su manita para seguirle dando dedo a mi ahijada, para apurarle el orgasmo, cosa que no fue difícil, mi ahijada alcanzó el orgasmo empapando nuestros dedos y la cama, un poco ya relajados, pedimos una cava con 12 cervezas, estábamos recostados en la cama, mi ahijada me pregunta:

    Aracelis: «padrino no y que no habías hecho esto?»

    Me encendió el morbo y tomándola de sus cabellos la ubiqué en mi pene para que lo besara y mamara, Maritza miraba, entretenida, cuando le digo:

    Yo: «qué esperas tu mami? ponte también a mamar»

    Ubique la boca de Aracelis abajo, cerca de mis testículos, Maritza arriba y les dije:

    Yo: «van a subir y bajar y cuando sus bocas estén frente a frente bésense con lengua, entendieron?»

    Hicieron señas que sí y comenzaron, al principio fue algo difícil la sincronización, pero a la quinta o sexta vez ya lo hacían mejor, le dije a Aracelis que se ubicara para mamarle esa cuca, ya que era injusto, porque ya a Maritza le había dado su oral en la vagina y le tocaba a mi ahijada, ubicó su cucota en mi cara y Maritza me pidió que le metiera el dedo, alegando que le gustaba, lo estaba pasando bien, les pedí no hacerme acabar ya que quería darle leche a las 2 en su cuca, especialmente a Maritza a quién le tenía unas ganas enormes y esta oportunidad había que aprovecharla al máximo, una vez mi ahijada habiendo alcanzado el orgasmo, le expliqué y pedí a Maritza para penetrarla ella sentada sobre mí, quería ensartarla y besarle sus pechos, me ubiqué en la esquina de la cama y la senté, su cuca era una olla a presión… caliente! La muy coño apretó la cuca a tal extremo que pensé que me mocharía el pene, una vez, ensaltada, empezó el mete y saca, le dije a mi ahijada para que desde abajo le mamara la cuca y el culo a Maritza y a mí las bolas, cuando mi ahijada comenzó a besarle la cuca (conchita, chucha) a Maritza, ésta comenzó a menearse desaforadamente diciendo:

    Maritza: «si, que rico, mierda que me besas, Aracelis, ale que rico las tetas, me tocas el clítoris con tu guevo, siento que me desmayo, que rico sabroso, ahí ahí ahí, no jooodaaa!»

    Yo le mamaba rico esas tetas, le amasaba las nalgas y abría para que mi ahijada le metiera la lengua en el culo, todo esto ayudado por el espejo donde veía su gran trasero, Maritza, me besaba los labios, me buscaba enterrar las yemas de los dedos en la espalda, apretaba su cuca cuando mis bolas chocaban con su cuca, sudábamos como cerdos a pesar de tener el aire acondicionado encendido, Aracelis le mamaba la cuca y el culo rico a Maritza mientras se metía 3 dedos en la cuca, yo por el contrario trataba de mantenerme centrado para gozar el momento, no venirme rápido y darle la madre de los orgasmos a Maritza, creo que lo estaba logrando, ya que varias veces tuve que besarla morderle los labios suavemente para callarle sus gritos, eran gritos de pacer, pero encendían la habitación, acelerando la excitación, Aracelis, también le decía cosas a Maritza, para tenerla excitada, como lo sabrosa que tenía la cuca, sus líquidos, cuando ya no aguantaba más Maritza me pidió que le acabara bien adentro, tenía 6 meses sin un guevo adentro y quería leche, que luego se la echaría en la cara, tetas y el culo, yo le dije que darle por su culo quería, pero Aracelis reclamó que acabara, descansara y le diera su ración de leche, Maritza alcanzó su clímax y le enterré mi pene hasta el fondo llenándole su cuca de leche, Aracelis también acabó y le extendí la mano para fundirnos en un beso Maritza y yo…

    Ya más calmados, vimos la hora eran las 12:30 aproximadamente, pedimos parrilla y pollo asado, tomamos las cervezas y nos metimos a bañar mientras llegaba la comida, degustamos nuestro alimento, reposamos unos 40 minutos, mientras tanto las chicas llamaron para saber de sus hijas, mi ahijada en una de esas, besándome por el cuello pregunta:

    Aracelis: «padrino que dices de tu Niño Jesús? le gusto?

    Yo: «ahijada esta excelente! en verdad me sorprendiste!

    Aracelis: «la sorprendida soy yo padrino no me venga con ese cuento (mentira) de que nunca ha hecho un trio porque se manejó muy bien…

    Yo: «y eso te molesta ahijada? pareces desilusionada…

    Aracelis: «no, pero…

    Propinándole un beso donde mi lengua le llegó a la campanilla de su boca la recosté, abriéndole sus piernas y haciéndole gestos a Maritza con el dedo para que viniera le indiqué que besara su vagina, le meto mi miembro a Aracelis y levanto a Maritza para besarla en los labios, al mismo tiempo que masajeo y acaricio sus pechos, mi ahijada con su boca me hace alcanzar una erección colosal, le saco mi miembro de su boca, me recuesto en la cama boca abajo y le indico a Maritza que coloque su vagina en mi boca, Aracelis procede a introducirse mi pene en su vagina chorreante y empiezan a acariciarse, Maritza está hipnotizada ya que mi ahijada le acaricia y besa sus pechos mientras yo le masacro a besos su clítoris, se lo muerdo y tiemplo muy sutilmente, le introduzco la lengua, le hago círculos en su interior arrancándole a Maritza gemidos que son callados por los besos de Aracelis, mientras tanto mi ahijada se menea haciendo círculos con sus caderas teniendo como prisionero a mi miembro dentro de su vagina chorreante, lo que se oía en la habitación eran gemidos de placer, era rico, por mi parte sentir la cuca palpitante de Maritza, sus líquidos agridulces, mi ahijada moverse cadenciosamente, les pedí cambiar de posición, Maritza llevaba 3 orgasmo, Aracelis 2 ya yo no aguantaba coloco a mi ahijada boca abajo, le abro las piernas y sus tobillos me los llevo a los hombros, Maritza le soba sus pechos y se monta encima de la cara de Aracelis, poniéndole su vagina en la cara de mi ahijada, Maritza queda de frente a mi y le acaricio sus pechos y beso en los labios, mientras me meneo penetro y saco rítmicamente de la vagina de mi ahijada, apenas acabó mi ahijada le solté mi semen dentro de su cueva, Maritza cayó desvanecida por la mamada de cuca que le propinó mi ahijada, los 3 caímos vencidos, satisfechos, complacidos, una vez recuperado el aliento, mi ahijada me explico, que desde hace 4 meses ellas (Maritza y mi ahijada) han estado jugando, para aplacar sus deseos pero que lo que querían era verga y cuando mi ahijada y yo estuvimos juntos la primera vez a finales de agosto luego empezaron sus jueguitos, salió la idea de incluirme, lo que pasa es que Maritza no estaba muy convencida, nos metimos a bañar nos acariciamos les di otra buena mamada de cuca a ambas en verdad no daba para más, pero les había cumplido, nuestros encuentros siguieron, con Maritza me encontraba entre 1 a 3 veces por semanas, tiene un empleo con horario más flexible, la mayoría de las veces en un hotel, algunas veces en la mañana en mi casa, aprovechando las clases de nuestros hijos, con mi ahijada si cada 3 a 4 semanas generalmente sábado o domingo, luego les contaré como me cogí a Maritza sola después de ese 26 de diciembre.

    Posdata: Ese día salimos del hotel a las 19 h aproximadamente…

  • Compartiendo a la amiga

    Compartiendo a la amiga

    Ella siempre me había gustado mucho, unos ojos hermosos, unas piernas torneadísimas, un trasero paradísimo y unas tetas de ensueño, así era Nayelli, al ser amiga de Evelyn, siempre me rechazaba hasta los buenos días, creo yo por eso de la lealtad de amigas, pero bueno yo no podía evitar fantasear con ella, y pensé que solo quedaría en eso, en fantasía.

    Una noche mientras trabaja, Evelyn me llamo…

    -Hola que haces?

    -Estoy aún trabajando

    -Todavía!! eres un matado, oye cuando acabes porque no me alcanzas en el bar de siempre

    -Ok te veo ahí

    Ya era tradición ir al bar, beber, bailar y terminar cogiendo, de hecho ya me estaba aburriendo de lo mismo, pero ese día acepte porque quise relajarme de la semana estresante que había tenido.

    Al llegar al bar, vaya sorpresa que me lleve ya que no solo estaba Evelyn, si no que Nayelli también, ambas con sus minivestidos y con ya algunos tragos encima, yo no pude evitar sonreír y comenzar inmediatamente a unirme a su despapaye.

    Bailábamos y reíamos, finalmente se me hacía convivir con Naye, bailábamos pegaditos, aunque ella mantenía aun distancia, estaba claro que sabía que Eve y yo cogíamos, pero aun así era un deleite tenerla cerca.

    Ya entrando la madrugada Eve y yo comenzamos a besarnos y Naye solo se dedicaba a observar, yo la miraba y ella con una mirada picara sonreía…

    (E) ¡Vámonos para mi casa! ahí nos la seguimos

    (N) Si vámonos de aquí hay que seguirla en otro lado…

    (L) ok nenas vámonos

    Llegamos a su casa de Evelyn, antes de llegar pasamos por unas cervezas, Eve puso música y ambas se quitaron sus tacones, bailábamos y continuábamos en la fiesta.

    (E) Voy a ponerme cómoda regreso en unos momentos

    Nayelli y yo nos miramos fijamente, hasta que ya no resistí y comencé a besarla, ella al principio trato de rechazarme pero poco a poco fue accediendo, mis manos comenzaron a acariciar su espalda y sus caderas, ella mordía mis labios, besaba riquísimo, lo que más había deseado se estaba cumpliendo.

    En eso Eve salió de su cuarto solo con un camisón puesto, nos miró y sonrió, Naye seguía besándome y yo no podía dejar de ver a Eve. De pronto ella se lanzó en medio de los dos, y comenzó a besarnos a ambos, primero a Naye y luego a mí, mis manos acariciaban las piernas de Eve mientras Naye besaba su cuello.

    (E) Sé que querías esto desde hace tiempo Luis, ahora disfruta

    (L) Claro que disfrutare nena

    Me comencé a quitar la ropa mientras ellas se besaban, me senté en el sofá, Naye se puso frente a mí y Eve comenzó a desvestirla, su hermoso cuerpo estaba quedando al descubierto frente a mí, Eve también se quitó su blusón dejándose en tanga, ambas se agacharon y comenzaron a juguetear con mi pene.

    Sus manos acariciaban por encima, Eve me quito la trusa y Naye se emocionó al verme.

    (N) Ufff Eve tenías razón, esta riquísimo lo que tiene aquí

    (E) Jejeje ya sabes amiguis, siempre elijo lo mejor

    Ambas se lanzaron a chupármela, sus lenguas lamian todo mi pene, Naye ponía sus labios en mi cabecita mientras Eve me lamia mis bolas, estaba en la gloria, Naye se clavó a mamar solita mientras Eve me ponía sus tetas, las madas de ella eran deliciosa y me la ponían más y más dura.

    Nos fuimos la Cam ahí me acosté Eve se subió en mi cara y me puso su vagina para que me la comiera, mientras Naye se subía a mi palo, se dejaba caer suavemente y mi verga durísima entraba en su rica y estrecha vagina, ufff, estaba en la gloria comenzó a moverse deliciosamente mientras yo me comía la concha de Eve, Naye movía sus caderas tan rico que sentía como mi verga era triturada Eve volteaba de vez en cuando para besarse con ella o lamerle las tetas.

    Cambiamos de lugar ahora Eve cabalgaba y Naye arriba de mi dejaba que mi lengua jugueteaba su vagina y su ano…

    (E) Luiis asii que rico

    (N) Aghhh sigue mi amor siguee mamándome

    Ambas gemían y gritaban eso me ponía mas y más excitado. Cambiamos de pose, puse a Nayelli en cuatro y comencé a penetrarla y mientras yo al embestía ella devoraba la concha de Eve.

    (L) Nayeee que ricoo

    (E) Siii Nayeee siguelee haz que Luis goceee

    (N) Que rica vergaaa asii métemela

    Sus movimientos me excitaban mucho, ella apretaba mi verga deliciosamente, de pronto no pude más y comencé a venirme dentro de ella, ella se movía y gritaba, Eve también gritaba de placer, era un orgasmo delicioso, su vagina llena de mi leche pero aun no terminábamos.

    Me acosté en la cama y mientras ellas me hacían un rico oral, yo con mis dedos estimulabas sus anos. Luego de unos minutos mi verga estaba dura otra vez y lista para penetrarle sus anos.

    Se pusieron en cuatro y comencé con Eve, mi verga poco a poco entraba en su ano mientras con mi dedo seguía estimulando a Naye, mis movimientos eran toscos, apretaba con fuerza las nalgas de ambas, Eve gritaba y Naye gozaba de lo que pasaba.

    (E) sii así Luis metemelaa has tuyo mi culooo

    (L) Uff Eve que ricooo aprietas ricoo

    (N) Yo también quiero verga en mi culoo

    Antes de pasar a penetrar a Naye, mis penetradas hacia que Eve casi vomitara, pero eso me excitaba más, ellas se besaban y yo jalándole el cabello a Eve, seguía destrozándole el ano.

    Cambiamos ahora penetraba a Naye, se la metía suavemente en su rico anito, acariciaba su espalda y su nalgas, Eve la besaba y la empujaba hacia mí, de fantasear con ella ahora estaba dándole por el culo, que dicha tengo, pensaba en mi mente.

    Aumenté la velocidad de mis penetraciones, su ano apretaba con fuerza y ella gritando me pedía más y más.

    (N) Asiii metemelaaa metemelaaa

    (L) Ufff que rico aprietas Naye, eres la mejor

    (E) Y yo que bebe no te olvides de mii

    Se acostaron una encima de otra y yo comencé a darles verga a ambas, la forma en la que estaba acomodadas me permitía penetrarlas casi al mismo tiempo, estaba en la gloria, me movía acariciando sus ricos cuerpos sudados y llenos de mí, ellas se besaban y gemían, estábamos a punto de llegar los tres.

    (L) ufff esto es el cieloo

    (N) que ricooo asiii Luiiis

    (E) amooor así me vengoo, me vengoo

    (N) yo también me vengooo papiii

    (L) ahi les va su leche perrasss

    Los tres nos venimos juntos, ambas recibían mi leche y retorciéndose como gusanos sus fluidos me mojaban toda la verga, el orgasmo fue de los mejores en mi vida.

    Nos recostamos en la cama para reposar un poco, la acción no termino ahí, aproveche que fue la única vez que estuve con Naye así que me la cogí hasta que mi verga no pudo más.

    En la mañana me despedí de ellas y me fui a mi casa sonriendo y pensando que lo mejor estaba por venir.

     

  • Mis dos princesitas

    Mis dos princesitas

    No sé cómo empezar el relato, primero les quiero dar un pantallazo de cómo se compone mi familia. Me llamo Alberto, tengo 47 años y estoy casado con Tatiana, de 43 años, hermosa como siempre y mi única hija Katia de 18 años. No me puedo quejar de mi matrimonio, llevamos ya 20 años de felicidad plena. A Tatiana la conocí en la universidad, ella estudiante de química y yo de física, se puede decir que hasta en eso nos complementamos. Ella se recibió y comenzó a trabajar en un laboratorio en donde en la actualidad ocupa un cargo gerencial, yo en cambio me especialice en física de partículas elementales, algo que me apasiona y que a muchos aburre, rodeado de matemáticas y pruebas en un laboratorio paso mis días laborales, complementando con clases en la facultad, Katia sigue nuestros pasos, está por entrar a la universidad también en ciencias duras. No quiero aburrirlos más con mi forma de vida por esa razón quiero ir a los hechos.

    Comenzaba el receso escolar por lo que estaría menos ocupado y más tiempo en casa, al igual que mi hija, ese tiempo libre me permitía dedicarlo a unos de mis hobbies, los automóviles, muy alejado del particular spin de los muones, tengo un Ford Mustang del 68, lo estoy restaurando en casa, en donde puedo estar trabajando por largas horas, bueno un término poco exacto y apropiado para un físico teórico, pero ustedes entienden. En esos días había comenzado el verano y la temperatura fue muy elevada durante toda la semana, por lo que cuando comenzaba a trabajar en el auto trataba de estar lo más cómodo posible, casi siempre usaba un pantalón corto de futbol, medio gastado y sucio de grasa, ese día en particular estaba trabajando con el torso desnudo, acostado sobre el piso debajo del auto. Estaba reparando la suspensión trasera y ese día me había propuesto volverla a montar, era una tarea dura pero había empezado a montarla y ya no podía dejar el trabajo por la mitad.

    Pude colocar en su posición una parte y ahora debía empujar para encajar un anclaje de la rueda derecha, en eso entra mi hija al garaje.

    -Hola Pa, ¿necesitas algo?

    -Hola Katia, me puedes alcanzar la llave fija del 22.

    -¿Qué cosa?

    -Está sobre la mesa, son plateadas, para sacar tuercas.

    -¿estas?

    En la posición en que me hallaba le veía las piernas y la mano que asomaba con unas pinzas

    -¡no eso! Son todas de metal cromado. Vamos apúrate, que pesa.

    Yo estaba sosteniendo parte de la suspensión suelta y comenzaba a pesarme, empujaba con las dos manos hacia arriba y cada segundo que pasaba se hacía eterno.

    En ese momento sucedió algo inesperado, que no pude y no podía evitar, tenía las manos ocupadas, me doy cuenta que por la pierna izquierda de mi pantalón corto empieza a salir el pene, cuanto más trato de acomodarlo con movimientos zigzagueantes de mi cintura, más asoma, en eso escucho la voz de Katia y veo su brazo con la mano extendida alcanzándome la llave fija del 22. Soporto con una mano el peso y tomo la llave fija con la otra, lo más rápido que puedo para calzar un bulón en la carrocería, sabía que mi hija podría ver mi pene asomando por mi pierna, algo que agravó la situación. Me estaba excitando. Pero Katia empeoró el asunto.

    -jajaja, ¡se te salió el pito! jajaja

    Esas cinco palabras desencadenaron una reacción en cadena en mi cabeza que realimentaba la otra cabeza, el pene drenaba sangre a presión por sus venas y lo puso erecto en pocos segundos, 23 centímetros asomaban con el glande rojo y brilloso de sombrero. No puedo describir la vergüenza que tenía.

    -jajaja ¿te lo meto adentro?

    -¡no!… ¡no lo toques!

    Un grito que me salió del alma.

    Me apuro a girar un filete del bulón para salir de abajo del auto.

    Mientras salgo del auto, intento con una mano meter la verga dentro del pantalón y de tan dura que estaba casi se me hacía imposible, pero lo logro. Katia enseguida acota.

    -jajaja, ahora entiendo los gritos de mamá.

    -Perdón, hija no fue mi culpa, perdón no lo pude evitar.

    -No pasa nada Pa, es algo natural, no tengas vergüenza, no es la primera vez que veo un pene.

    -No Katia, está mal.

    -Dale no pasa nada.

    No sé si me tranquilizó su naturalidad para hablar sobre sexo, nunca había pasado entre nosotros, no me podía imaginar a mi hija pensando en sexo, pero ya era una mujer y yo era consciente que ya había crecido. Así como había entrado al garaje se fue y me dejó solo, después de un rato empiezo a perder la erección, trataba de pensar en otra cosa, aunque no era tan fácil alejar de mi mente la imagen de una princesita rusa mirando mi pija.

    Mi esposa y mi hija llevan en su genética su descendencia ucraniana, son dos muñequitas rusas, rubias hasta la médula y las dos con ojos color del cielo, sé que soy la envidia de muchos amigos, pero algunos nacemos con esa suerte.

    Terminé de armar la suspensión del Mustang y me doy una ducha, mi mujer había regresado del trabajo y ayuda a Katia a terminar de preparar la cena. Vuelvo a ver a mi hija en la mesa del comedor mientras termina de poner los platos para la cena no la podía mirar a los ojos, todavía sentía vergüenza. Tatiana sirve la mesa y yo le pregunto cómo le fue en el laboratorio, sabía que tenían algunos problemas con el lanzamiento de un nuevo producto y estaba en guerra con un supervisor de planta con el que se llevaba mal, así que despacha en un largo discurso de quejas por unos minutos, mientras yo y Katia comíamos escuchando su descargo. Luego termina de hablar y nos pregunta, como para cambiar de tema y para no cansarnos con sus quejas.

    -y a ustedes ¿cómo les fue hoy? ¿Se aburrieron?

    -bien, estuve toda la tarde armando el Mustang

    -¿y vos Katia?

    -Lo ayudé a papá y le vi el pito.

    -Eh, ¿cómo que le viste el pito?

    -jajaja, sí, estaba abajo del auto y se le salió por una pierna del pantalón, justo cuando estaba levantando la suspensión, yo le pregunte si lo ayudaba a meterlo adentro de nuevo y me dijo que no lo toque, jajaja.

    -Jajaja sí no deja que otras mujeres se lo toquen, sabe que es sólo para mí, jajaja

    Me quedé helado, nunca hubiera imaginado que a Tatiana no le molestara lo que había pasado con Katia y peor aún, que se lo tome como algo gracioso. No pude pronunciar una sola palabra, sólo atiné a esbozar una sonrisa. Después cambiamos de tema y seguimos hablando como si nada hubiese pasado, aunque las notaba a las dos más vivases en sus comentarios, se reían y cualquier cosa les parecía graciosa.

    Todo trascurrió con normalidad hasta que nos fuimos a dormir. Estando en cama con mi esposa empezamos a hablar y ella a interrogar sobre lo que sucedió con Katia, una situación que parecía que la excitaba.

    -Así que Katia te vio al gordito (así lo llama)

    -No fue nada, es que no la podía meter adentro, se escapó y tenía las manos ocupadas.

    -me imagino que conociéndote seguro que se te puso dura.

    -Bueno, pero no lo pude evitar.

    -jajaja ahora entiendo porque Katia te la quería tocar, lo mismo hubiera hecho cualquier mujer

    -peor fue cuando me dijo que te escucha gritar cuando estamos…

    -jajaja ¿Eso dijo? jajaja me imagino como se debe pajear cuando nos escucha.

    -No creo

    -¿Cómo que no crees? Un día estaba limpiando su habitación y le encontré un consolador, tenía huevos y todo. Como estaba sola en casa aproveché y me lo metí en el culo y lo volví a poner en el mismo lugar.

    -Estás loca, mira si se daba cuenta.

    -Que tiene, creo que lo dejó a propósito, sabía que se lo iba a usar. Me imagino que nunca imaginaste a Katia chupándotela

    -No, ¿estás loca?

    -jajaja, claro, claro, nuca lo imaginaste. Mira cómo te la puso

    El diálogo nos había calentado, ya la tenía la pija dura como una estaca, me le empieza a chupar y cuando termina no tardo en metérsela por el culo, no pudo evitar pagar unos grititos aunque yo trataba de taparle la boca con la mano. Hacía tiempo que no acababa con tanta fuerza, le llené el culo de leche.

    Al otro día no podía sacarme de la cabeza lo que hablé con Tatiana a la noche, todo lo que hablamos de Katia me carcomía la cabeza. Llego alrededor del mediodía a casa, Katia no estaba, supongo que salió con alguna amiga, sólo quería despejarme para empezar a restaurar el auto así que me voy a pegar una ducha rápida antes de empezar a trabajar.

    Ya en el baño me empiezo a duchar, mientras me enjabono juego un poco con la verga y de pronto escucho dos golpes en la puerta.

    Toc, Toc.

    -¡Me estoy bañando!

    -¡Pa, me estoy meando!

    -Espera un ratito, ya salgo.

    -Dale, dale que no aguanto.

    Antes de terminar de decir esto, veo que empieza a abrir despacio la puerta del baño.

    -¡No Katia! ¡No entres! Me estoy bañando

    -Dale, enseguida hago, miro para otro lado.

    Ya era tarde, estaba dentro del baño bajándose los pantalones para sentarse en el inodoro y yo parado en la ducha, desnudo y enjabonado, separado por una mampara de vidrio transparente, no me quedaba otra cosa que taparme el pene con una mano mientras ella orinaba. Era una situación muy habitual que se daba con mi mujer, ella orinando mientras me baño, pero este caso era diferente, era mi hija, no sabía cómo actuar, así que trato de actuar con naturalidad, ella hace lo mismo y así sentada como estaba me empieza a hablar.

    -¿me podes llevar al shopping?

    -Me iba a poner a trabajar en el coche.

    -Dale, porfi. Dale.

    Mientras me suplicaba como una nena caprichosa sentada en el inodoro, fui apartando la mano con la que me cubría el pene y lo dejo colgando entre mis piernas balanceándose como el badajo de una campana, brilloso por el agua enjabonada que escurría desde mi pecho, creo que era lo que los dos queríamos, ella mirar mi gruesa larga verga y yo quería ver la reacción en su cara. Seguí hablando con tranquilidad como si la situación no existirá, como si estuviese hablando en un vestuario con otro hombre. Enseguida me doy cuenta que sus ojos celestes no los podía apartar de mi verga, mientras sus mejillas se enrojecían como nunca antes.

    -Bueno, dale apurate que te llevo, pero quiero volver antes que vuelva tu madre del trabajo.

    -Bueno, gracias, gracias, me voy a cambiar.

    Se levanta del inodoro con una sonrisa, se seca la rayita, se sube el pantalón y sale corriendo a cambiarse. Apenas sale del baño no aguanto y me hago una paja en la ducha, sabía que cuando acabara me iba a arrepentir de lo que había hecho, pero sólo sería por unos minutos, se cómo actúa la prolactina en los hombres, cosas de nerds.

    Salimos para el shopping y durante el viaje me dice que se quería comprar un traje de baño, algo normal por la época del año, pensando ya en las vacaciones. Hacía años que no acompañaba a mi hija a comprar algo para ella y menos ropa, de eso se encarga mi mujer, así que esperaba aburrirme, pero fue todo lo contrario.

    Entramos a una de las tiendas más grandes que hay en shopping, sale disparada para la sección de ropa deportiva, allí se encontraban los trajes de baño. Mientras ella busca en unos estantes yo la espero sentado en un banco de madera, el local estaba prácticamente vacío, unas o dos vendedores hablando en el mostrador contando los minutos para que termine su jornada.

    Escucho que Katia me llama asomando la cabeza por la cortina del vestidor.

    -Shhhh, shhhhh.

    -¿Qué pasa?

    -Te gusta el color

    Abre la cortina y me muestra cómo le quedaba una diminuta bikini celeste, mientras gira para mostrarme el culo, una cosa hermosa.

    -Es muy chiquita.

    -Espera que me pruebe esta enteriza. Dale entra.

    -¿estás loca?

    -Dale no hay nadie, no pasa nada.

    Creo que no existe hombre en el mundo que se pudiera negar a semejante pedido. Con cara de fastidiado entro al cambiador mientras ella como si nada queda desnuda a pocos centímetros. Los rosados pezones estaban puntiagudos e hinchados, casi tan rosados como sus cachetes, estaba muy excitada, pero quería exhibirse para mí, tal vez era su forma de agradecerme el haberle mostrado la pija mientras me duchaba, no lo sé, pero era algo que me estaba partiendo la cabeza.

    Eligió dos prendas enterizas, creo que era lo de menos en esa circunstancias, después volvimos a casa, hablando de varios temas en el auto pero como si nada hubiese pasado. El día termino con normalidad, por lo menos a la mirada de mi esposa.

    El día siguiente era sábado y ninguno trabajaba. Me levanto temprano y salgo a comprar unos repuestos, ellas se quedan limpiando la casa y seguramente poniéndose al tanto de lo que les paso en la semana.

    Cuando llego a casa mi hija no estaba había salido con una amiga, su mejor amiga, sólo estaba mi esposa, la notaba particularmente contenta, pero no le pregunto nada y voy directo a la cochera para arreglar el auto. Cuando estaba cambiando una correa del motor, entra mi mujer y me comenta algo.

    -¿Te preparo algo para comer?

    -No, gracias. ¿De qué te ríes?

    -De nada, es que Katia me regaló algo.

    -¿Qué cosa?

    -Mira.

    Me da la espalda y se sube el vestido, como si nada me muestra el culo, separa los glúteos con las dos manos y puedo ver brillo de una joya en su ano.

    -¿Qué es eso?

    -¿Te gusta?

    Se lo saca del culo y me lo muestra, era como un tapón metálico cromado, con forma de peón de ajedrez en cuya base había una joya de vidrio rosado facetado como un diamante.

    -¿para qué te lo dio?

    -jajaja, me dijo que lo use para que no me duela cuando me la metes por el culo.

    -¿eso te dijo?

    -Vos pensas que es tonta, que cuando me escucha gritar no sabe que me la estás metiendo por el culo.

    La conversación me excitó, no aguante más, tenía la pija como un garrote. No digo más nada, la tomo de la cintura y con violencia la doy vuelta, la inclino y se la meto en el culo, pego un grito más fuerte de lo habitual, sabía que estábamos solos. Empecé a darle con fuerza, una y otra vez, ya casi cuando iba a acabar, me dice en voz baja.

    -Me dijo que nos quiere mirar.

    -¿Quién?

    -Quien va a ser, Katia.

    -¿Cómo que nos quiere mirar?

    -Cuando me la metes

    -Está loca

    -Me dijo que no te contara.

    -¿Qué le dijiste?

    -Que le voy a dejar un poco abierta la puerta de la habitación para que nos espíe.

    -Pero vos estás loca,

    -Dale, dejala que se entretenga un poco, que se saque le calentura, me vas a decir que a vos no te excita que nos mire.

    -¡No!

    -Dale, no mientas que te conozco. Te vi mirándole el culo un montón de veces.

    -Solo tengo ojos para vos.

    -Jajaja que mentiroso.

    En ese momento le lleno el culo de leche, con tanta fuerza que se lo dejo chorreando.

    La notaba muy excitada y quería que se la meta de nuevo, pero tuve que parar, no quería que nos sorprenda Katia, Tatiana lo entendió y se fue a preparar algo de comer, pero antes se volvió a meter en el ano el regalo de Katia.

    Yo seguí con el auto y regreso a la casa cerca de la hora de cenar, ya estaba mi hija y como no sucede muy a menudo, estaba ayudando a su madre, las dos hablaban en voz baja entre ellas y se reían, yo las miro y sigo hacia el baño para limpiarme los restos de suciedad que me dejó la reparación del auto.

    Cenamos y luego miramos una película, Katia se fue a su habitación antes que la película haya terminado, dijo que estaba cansada. Tatiana terminó de ver la película conmigo en el sofá, la notaba muy caliente, no paraba de tocarme la pija por sobre el pantalón. Apenas termina la película me empieza a besar y me toma de la mano para llevarme a la habitación, le digo que vaya, que antes me quería dar una ducha y eso hice.

    Voy a la habitación y allí estaba Tatiana, sobre la cama, desnuda, en cuatro patas, con el culo en lo alto pidiendo verga, no faltó decir nada para que me abalanzase sobre ella, le entierro la cara en el culo y se lo empiezo a chupar mientras emite gemidos y pequeños gritos rítmicos, son la razón por la que dejo de chupar y le aviso que va a despertar a Katia, voltea y clava su vista en mis ojos mientras lentamente se le dibuja una sonrisa. Se levanta, va hacia la puerta de la habitación y la abre unos veinte centímetros, sabía cuál era su intención y lo que había planeado con Katia, no dije nada, sería parte de la fantasía de mi hija y eso me calentaba más.

    Vuelve a la cama y la ensarto por el culo, entraron los 23 cm de un golpe, la empiezo a bombear con toda mi fuerza y no puede evitar gritar, pero ya no me importaba nada, apuro el vaivén y ella aumenta los gritos. Le doy cada vez más fuerte sabiendo que mi hija estaba escuchando y mirando, trato de aguantar lo más que puedo, pero me fue imposible, acabé adentro del culo con mucha fuerza, por el pequeño agujerito salía un hilo de leche haciéndose camino por su pierna. Esperaba que Katia hubiera quedado satisfecha del espectáculo que le habíamos dado.

    Al otro día me voy a desayunar y Katia ya no estaba, mi mujer me dice que fue a la casa de su amiga Ana, una hembra hermosa con hermosos pechos, son inseparables con mi hija y en mis fantasías miles de veces las imagine juntas. Mi Tatiana termina el desayuno y me dice que iba a salir a correr así que me quedo solo en casa.

    Me tiro en el sofá del living para ver una carrera de Fórmula 1 hasta que después de media hora regresa mi hija, ahora con su amiga.

    -Hola Pa. ¿Qué estas mirando?

    – Una carrera, pero creo que es repetida, hola Ana

    -Hola Don Alberto.

    Se sientan a mi lado en el sofá, pegadas a mí, mientras yo sostenía el control remoto del televisor como un falo erecto.

    -Papi ¿Te puedo pedir un favor?

    -Sí, Katia, cuando te dije que no.

    -Nunca

    -¿Qué queres?

    -No es para mí, es algo que quiere Ana.

    -Sí, dale, es lo mismo, es como si fuera tu hermana.

    -Bueeeno, pero no te enojes.

    -Como me voy a enojar, te lo juro.

    -¿Se la podes mostrar?

    -¿Qué cosa?

    -Esto Pa, te vio en el video.

    Me dijo esto mirando a los ojos mientras con una mano me acariciaba la pija por sobre el pantalón.

    -¿Qué video?

    -Te grabe cuando estabas con mamá.

    -Estás loca, ¿y ella lo vio?

    -Sí, lo vi don Alberto, y estuvo muy bien, nunca vi una pija tan grande.

    -Pero no Ana, soy normal.

    -Dale Pa, no la dejes con las gana, me lo prometiste.

    -Mmmm… Bueno, son cargosa. Se las muestro y la guardo. Pero no le dicen nada a mamá.

    Ya estaban las dos con sus caras a centímetros del cierre de mi pantalón esperando a que le muestre el pene, empiezo a bajar lentamente el cierre y meto la mano en la bragueta para buscarlo con los dedos y poder sacarlo. Ya tenía la pija dura como una vara de hierro, me costaba sacarla hasta que lo logro y sale de golpe erguida como un obelisco, jalo el prepucio y dejó la cabeza lubricada y brillosa para su deleite.

    -Bueno, ¿ya está?

    Termino de decir esto y Ana la toma con fuerza y se la lleva a la boca, no pude hacer nada, la empieza a succionar con fuerza y cierro los ojos, cuando los abro ya eran las dos las que me la chupaban, se la pasaban de una boca a otra, mientras se rozaban las lenguas, no aguantaba más. El instinto animal me gano y la calentura me llevo a tratarlas como a dos hembras calientes.

    Quedan desnudas y me saco la ropa en pocos segundos, voy sobre Ana y se la meto en la vagina de un empujón, la siente bien profunda y empieza a gemir, mi hija la besaba y eso me excitaba más, cuando queda agotada llega el turno de mi hija pero quiere que le dé por el culo y no me pude negar, aunque le dolió, no podía parar de meterla y sacarla hasta dejarle el ano muy dilatado y rojo. Siento que no aguanto más, que voy a acabar y ellas me ofrecen sus caras y se las lleno de seme.

    Cansados, agotados, nos acostamos en el sillón, abrazados, con sus caras brillosas y transpiradas, en ese momento me doy cuenta que mi mujer, Tatiana, estaba apoyada en el marco de la puerta con una sonrisa y el celular en mano, nos había grabado.

  • Memorias inolvidables (Cap. 8): José Alpuente, el joyero

    Memorias inolvidables (Cap. 8): José Alpuente, el joyero

    Salimos Eduardo y yo de casa para dar un paseo, mientras esperábamos la llamada de José Alpuente, el joyero. Suponíamos que iba a tardar así que nos sentamos en una terraza para charlar, hacer proyectos y querernos sin tener que demostrárnoslo con el sexo, porque sí, porque nos queríamos.

    Cuando ya eran las 9 de la noche, que aún había luz y era de día, aunque sin sol y por tanto una tarde refrescada y refrescante, me llamó José. Saludó y preguntó dónde estábamos. Se lo indiqué y me soltó:

    — ¡Joder, eso está muy cerca! Voy por vosotros y nos venimos a casa de mi abuela, que ya está desesperada por conoceros.

    Lo esperamos no más de 10 minutos y cuando llegó nos levantamos para saludarlo y la emprendió con besos en plena calle, le seguimos la corriente y al que le sienta mal que se joda. Eduardo me dijo:

    — Ahí al lado hay gente que no para de mirarnos.

    — ¡Qué bien!, ¿verdad?. Dame un beso, cariño —dije en tono de voz que se pudiera escuchar.

    Eduardo me dio un beso en los labios y lo disfrutamos. José estaba que se descuajeringaba. Se agarraba de la barriga de risa por nuestro atrevimiento. Le dije con voz no exaltada pero suficientemente audible:

    — Yo no me meto con nadie, ni nada os he comentado del humo de cigarro que me llega a mi cara y no me voy a quejar jamás. Lo mejor en la vida es la naturalidad, eso no daña a nadie. Además no hay niños, que entiendo que se pudieran extrañar; de eso me he fijado antes, así que no pasa nada, cada quien que se fume su cigarro, se tome su cerveza y se bese con quien guste, no hay problema.

    Cambiamos de conversación y nos contó José cómo le había ido la semana en su joyería. Estaba contento, había tenido mucho trabajo y eso le ponía feliz. Llamé al chico camarero y trajo la cuenta, puse en la cajita el dinero y la propina y esperamos que José se acabara su refresco para levantarnos e irnos con él a su casa. Llegando a casa, José me dice:

    — ¿Por qué provocas?

    — José, yo no provoco; ellos estaban todo el tiempo comentando sobre nosotros tontería y media y el sujeto que hablaba me echaba el humo de su cigarro a la cara y no era que el humo se dirigía hacia nosotros, sino que el tipo se volvía hacia mi lado para no echarlo a los demás de su mesa y me lo echaba a mí. Yo no provoco, sino que se me hinchan los huevos y devuelvo con la misma moneda de cambio.

    — ¡Ah!, con toda la razón, otra vez me avisas, me levanto y le digo a quien sea dos y dos son cuatro, y lo que sigue.

    Entramos en la casa, su abuela salió a saludarnos sin ningún protocolo, nos besó a todos y se le veía feliz. Vi que la abuela habló con José a su oído y José le señaló con el dedo índice levantado y por el movimiento de la boca dijo «una» y no sé qué más.

    La cena fue opípara. Creo que había de todo lo que tiene que haber. Indiqué que era un exceso todo y que demostraba mucho amor por parte de la abuela. Ella me contestó:

    — Muchachito, para follar hace falta comer bien, que follar cansa y desgasta.

    Me salieron los colores de la cara. Estaba avergonzado por dar mi opinión ante la evidencia mostrada por la inteligencia de los años. Pero a la vez ya me di cuenta y pensé que la abuela le había preguntado a José si preparaba más de una habitación y él le dijo: «una, con la mía basta, abuela, que nos vamos a follar los tres como descosidos», lo que confirmé luego con palabras del propio José. Resulta que José no había tenido problemas con su abuela. Cuando su padre supo de su homosexualidad, lo mandó fuera de casa y él se fue a la casa de su abuela a quien declaró todo lo que le pasaba y por qué. Fue su abuela la que convenció a sus padres que «era más importante un hijo que un maricón», pero que ellos le habían dado más importancia al maricón que al hijo. Su padre se disculpó con el hijo por la salvajada que había hecho atropellando el ser del hijo y fue ahí cuando le puso la joyería. Desde ese día la abuela era para mí una heroína de la diversidad.

    Estuvimos departiendo. Hacía tiempo que yo no departía. Siempre estaba la televisión en funcionamiento y no hablábamos entre nosotros, todos encarados ante ellas. Por fin un día departíamos cuatro personas, una mujer casi anciana y muy dinámica con tres maricones muy maricones con ganas de follar, pero que lo pasábamos muy bien conversando de la vida de los santos y de los pecadores por igual. La abuela tenía una sensatez, un sentido de la vida, un sentido común…, extraordinarios. Todo le parecía que estaba bien menos lo que estaba mal y distinguía perfectamente el bien del mal. Ella decía que no es malo todo lo que hacemos los humanos, ni es malo todo lo que hacemos de malo, que lo malo es lo que hacemos con deseo e intención de dañar al otro y sin recapacitar para arrepentirse. Para mí la abuela fue un verdadero descubrimiento. El error, concluí gracias a la abuela, no es malo si uno lo corrige y cambia, lo que es malo es aquello que hacemos para dañar y no queremos cambiar para seguir dañando a quien no amamos u odiamos.

    Esta abuela era una buena mujer. ¿Era? No, lo es, cuando voy a ver a Onésimo, paso a saludar a la abuela, se llama, Florentina, y me da gusto lo que pondera los pequeños detalles que le llevo como obsequio. Pero siempre me habla de Eduardo, «tan silencioso, y calladito —dice—, tan amable y tan respetuoso, tan niño y tan protector, tan sencillo y tan generoso». Todo esto me dice la abuela de Eduardo. Hasta el tío Onésimo, papá Onésimo, va a verla porque un día que lo encontró en la calle le dio el pésame y le dijo que Eduardo era un chico muy bueno y muy majo. Nos faltan en el mundo muchas mujeres como esta abuela Florentina. Le prometí que iría alguna vez a verla y me dijo «haz lo que puedas, hijo, pero me gustaría que estuvieras en mi entierro». Me hizo llorar, pero más de alegría que de pena. Y voy a verla. Por ella me pongo el pantalón.

    — Chicos, vosotros a lo vuestro y yo a lo mío que me duermo en mí sola.

    Nos levantamos todos, le dimos un beso cada uno y nos fuimos a la habitación de Eduardo, ahí teníamos que d…, ¿qué teníamos que hacer? ¿dormir o follar?, más bien follar y dormir, si es que quedaba algo de tiempo para dormir.

    — No pensaba que tuvieras una casona tan grande —le dije, bastante tranquilo para mi propia sorpresa.

    — La casa es de mi abuela, es para mí, porque me la ha testado y yo he hecho la cochera con mis propias manos, —respondió.

    — ¿Has venido en coche o en moto?, —pregunté.

    — En coche, así he traído cosas para la casa, verduras y tal, porque a mi abuela le gustan frescas.

    Enseguida comprobamos que José se desenvolvía perfectamente y, respetando los espacios que reserva a su abuela a quien quiere con locura, cosa que se notaba entre ellos, él dispone bastante de la casa.

    Nos encontrábamos los tres juntos en el pasillo mientras él nos explicaba que ahora, mientras su abuela esté de buen ánimo de ninguna manera, pero en el futuro esa casa se convertirá en hotel, porque en el pueblo hace falta un hotel más grande que el que hay, lo que yo me conozco porque había estado allí muchas veces con mi padre.

    — Ya desde el Ayuntamiento nos han pedido que si podríamos comenzar a hospedar, que por un tiempo iban a librarnos de impuestos y todo eso, para facilitarnos la acomodación de la casa. Yo hablé con el alcalde y le dije que no iba a echar a mi abuela de su casa, pero si el Ayuntamiento alguna vez tiene un compromiso para dos o tres personas, siempre habrá alguna habitación disponible, pero sin comidas porque la abuela no está para trabajos pesados.

    Como el pasillo no era muy ancho, los tres, apretados para ir juntos, abrazándonos y tocándonos nuestras nalgas sin cesar, empezamos una de las noches mas inesperadas e increíbles de mi existencia.

    Besé a Eduardo con dulzura y mucho cariño. Él se sorprendió que yo empezara tan pronto y tan osado, pero me devolvió el beso, que enseguida lo cambió en un muerdo con todas las de la ley. Iba a invitar a José para probar los labios de nuestro fichaje tan sexy, cuando su lengua apareció entre las nuestras de modo espontáneo. Me gustó su disposición sin ningún recato y ya pensé que el asunto iba a ir de primera y muy por lo alto, porque no nos cortó el rollo que llevábamos recién comenzado. Así fue como iniciamos la sesión preparatoria de besos que duró hasta que llegamos a la puerta de la habitación. Hubo un pequeño entretenimiento en la puerta sin entrar a la habitación y continuó cuando habíamos traspasado el dintel, aunque ahora sobándonos los paquetes más que los culos, muy excitados y a punto de caramelo. José cerró la puerta con el pie, pero no hacía falta porque no había otros invitados, era solo la fuerza de la costumbre.

    José se encargó de amainar el temporal de nuestros exacerbados ánimos, porque yo estaba que no iba a durar nada, ni para quitarme mi calzoncillo. José, puesto de rodillas ante nosotros y con cara de cierta picaresca, nos quitó los pantalones muy lentamente, tomándose su tiempo con los cinturones y los zapatos mientras Eduardo y yo nos besábamos. José gemía, fuertemente excitado y miré para ver lo que pasaba. Lo que vi me dio un poco de vergonzoso corte, pues mis calzoncillos estaban verdaderamente empapados, parecía que me había meado encima. José mantenía con su mano abierta la cintura de mi calzoncillo viendo la enorme mancha mojada y mi polla palpitando y poniéndose dura.

    Tenía mis calzoncillos a tope llenos de líquido preseminal de mi puta polla; yo sé que suelto mucho pre semen, pero esto ya había sido de locura. No fue eso lo que más me asombró sino que iba de sorpresa en sorpresa. José que vio mis calzoncillos tan mojados, en lugar de sentir asco, acercó su cara y con la lengua iba lamiendo la parte más mojada y sorbía el líquido antes de que se secara como si fuera una auténtica ambrosía. Eduardo siguió la línea de mi mirada y sonrió también sorprendido. Agarró a José del pelo para levantarle la cabeza y le dejó caer con lentitud su saliva en la boca ansiosa. El chico se relamió encantado, y volvió a mi polla enfundada, mientras Eduardo seguía vertiendo sus lapos, esta vez sobre mi paquete, que ahora aparecía totalmente transparente. Mi novio se arrodilló junto a nuestro amigo José. Me bajó los calzoncillos de un tirón ávido de polla, y se la metió en la boca hasta la misma campanilla. José se dedicó a desnudar entonces a Eduardo, que se puso a cuatro patas para facilitarle la tarea.

    — ¡Eh, eh, eh eh!, muchachos, vamos a la cama, —dije.

    Mis dos machos dejaron enseguida lo que estaban haciendo y se dirigieron a la habitación. Cuando llegamos a la cama, un lecho de 2×2 lleno de cojines, perfecto para caber con comodidad, ya estábamos los tres desnudos. En una maniobra coordinada, que me hizo pensar en un pacto previo entre José y Eduardo, me tiraron de espaldas sobre el colchón y, mientras Eduardo me sujetaba las piernas contra el pecho y me pasaba su polla babosa por toda la cara, José se lanzó a hacerme el mejor beso negro que jamás yo había experimentado. Su lengua recorría sutil mi perineo, subía hasta mis huevos y de golpe se adentraba en mi ano varios centímetros, haciendo que me retorciese sin poderlo evitarlo.

    Cuando consideró que ya era suficiente se deslizó hasta mi polla y recogió en su boca el charquito de presemen que se había formado sobre mi ombligo. Siguió reptando sobre mi cuerpo muy lentamente y, cuando llegó a la altura de mi boca, echó todo mi líquido preseminal sobre la polla de Eduardo, resbalando todo hasta mi boca abierta. Eduardo y yo gemimos a la vez gritando, pero lo mío tenía más justificación: José me había metido la polla entera en el culo, aprovechando nuestro movimiento. Habíamos acordado no usar condón, sabiendo que los tres estábamos limpios. No es lo aconsejable, lo sé, pero no siempre razonamos cuando hay sexo de por medio. No me dolió nada, y no por falta de tamaño, la polla de José se asemejaba bastante a las nuestras, pero la excitación me había hecho dilatar como nunca.

    José empezó un movimiento lentísimo, insoportablemente placentero, mientras compartíamos el glande que aparecía entre los dos como un fruto exquisito. Sin embargo, Eduardo empezó a dar caña, tal como ellos ya habían quedado, como compensando el haberme liado para hacer el trío con el sexo que a mí me gustaba. Agarró la cabeza de José con las dos manos y comenzó a follarle la boca hasta la garganta. Estaba claro que el chico disfrutaba, pues los gemidos claramente lo delataban, pero casi no podía abarcar el gordo tronco, y por la comisura de la boca le caían hilos de babas que yo recogía con la lengua, convertido ya en un auténtico cerdo sin inhibiciones. Cuando sonó la primera e inevitable arcada, Eduardo cambió de boca, pero solo durante unos pocos segundos. Se arrodilló para besarme y me susurró:

    — ¿Quieres ahora las dos pollas a la vez? Dime que sí, porque me da lo mismo, guapo.

    Asentí, medio gimiendo, y José lo cogió al vuelo. Me sacó su polla de mi culo y me hizo ponerme a cuatro patas, dejando sitio a Eduardo para que se zambullese debajo de mi cuerpo. Eduardo mantenía con la mano las dos pollas juntas a la entrada de mi culo, y empujaron a la vez como en una coreografía perfectamente ensayada. Nada que ver con meterme la polla de mi chico junto a un juguete. La calidez de los dos miembros me llenaba por completo, y acabé con sus reticencias a follarme demasiado a lo bestia aportando mis movimientos a los suyos, clavándome sus penes todo lo posible. Aun así, quería más, así que los reorganicé: los puse a los dos boca arriba, en posición contraria, sus culos juntos y unidas sus pollas, y me senté sobre ellos, lanzándome a una cabalgada frenética que culminó, apenas pasados un par de minutos, en lo inevitable: con el roce de la próstata, mi polla entró en un orgasmo volcánico sin necesidad de tocarla. Mi polla parecía de verdad un volcán en erupción. No me corrí expulsando mi corrida por todas partes, sino que, con unos intensos borbotones, un semen espeso y muy blanco se derramó por todo el tronco de mi pene, resbalando por mis huevos hasta el pubis de mis dos activos, los cuales entraron en amistosa pugna por mi semilla derramada. La recogían con los dedos y se la metían en la boca como un manjar de dioses. Fiel a su costumbre, mi pene no dio muestras de haberse corrido y siguió como una piedra. Tampoco mi excitación disminuyó lo más mínimo. Era mi turno y yo estaba en ello.

    — Vamos, poneos a cuatro patas, —dije ordenando.

    Las órdenes en el sexo se obedecen solo por el placer que van a provocar, pero se obedecen, así que me obedecieron y eché un escupitajo denso y espeso contra el culo de José. Mientras le metía un dedo, le comí el culo a Eduardo. Al poco rato cambié, abriendo los dos agujeros para mí.

    — ¿Quién quiere ser el primero?, —pregunté por puro placer.

    — Lo más correcto es que sea nuestro invitado, —dijo Eduardo con una sonrisa picarona de quien dice, «conmigo te esperas».

    Así pues, se la metí a José de una sola tacada, provocándole un gemido ahogado. Lo taladré durante unos segundos, se la saqué y rodeé la cama.

    — Vamos, cómemela ahora, que tú estás más seco.

    Ver a Eduardo lamiendo los jugos del culo de José en mi polla casi me provoca el segundo orgasmo, pero me pude controlar, volví a la parte de atrás y repetí la maniobra, aunque más despacio. Continué con el juego, cambiando de ojete alternativamente, mientras ellos se comían sus bocas a besos, me lamían mi polla recién salida del culo de uno a la vez que se pajeaban. Cuando no pudieron más, se miraron y se incorporaron al mismo tiempo, y se volvieron hacia mí, sonrientes con sorna de venganza. Eduardo me agarró con fuerza la cara, abriéndome la boca, y me lanzó un sopapo dentro. Luego me forzó a arrodillarme.

    — Ahora te vas a tragar la leche de los dos, cerdo, —me dijo muy cariñoso.

    Esperé con la boca abierta mientras me pajeaba a mi vez, y no tardé en recibir las corridas, casi simultáneas. La de mi novio era más líquida, salpicó por todas partes, mi cara, el suelo…, la de José se parecía más a la mía. Espesa y deliciosa. Saboreé las dos con deleite, y al momento se dejaron caer de rodillas para compartirlas en un beso frenético. Poco a poco disminuyó el ritmo de nuestros corazones, y permanecimos unos minutos en cálida compañía los tres tirados en el suelo y semi abrazados. Por fin, Eduardo se levantó.

    — ¿A dónde vas? —pregunté adormecido.

    — No voy, nos vamos a la bañera; los dos, venga, —nos gritó.

    José se levantó inmediatamente, visiblemente excitado de nuevo. Pensar que iba a experimentar por primera vez algo que a mí también me encantaba, me provocó una extraña emoción en la boca del estómago. Lo seguí al baño, a pesar de todo, no pude evitar la sorpresa al entrar en la preciosa estancia, coronada por una bañera de hidromasaje para dos personas, y me metí en la bañera a su lado. Eduardo ya esperaba sujetándose la polla morcillona.

    — Quiero ver cómo os besáis —ordenó.

    Obedientes, José y yo nos dimos un muerdo mucho más tierno que los anteriores. Jugamos con las lenguas durante unos segundos, antes de recibir un potente chorro de orina caliente entre nuestros labios. Comprendí que el repentino mordisco en mi labio inferior había sido involuntario, fruto del éxtasis. Abrí la boca en dirección a la meada, tragué un poco y escupí el resto a la cara de José, que me miraba ensimismado. Eduardo lo pilló al vuelo y paró el chorro. Se unió a nuestros besos un momento y volvió a llenarme la boca con su meada. Luego hizo lo mismo con José. El hecho de compartir así la meada de mi novio con un casi—extraño, pero nuevo amigo, me hizo entrar en un nivel de unión con él increíble. Cuando se acabó, sujeté la mano de José, que ya se lanzaba a pajearme, y con la otra mano empujé su cabeza contra mi rabo.

    — Ahora me toca a mí —susurré—, ¿Vas a tragar?

    Asintió, gimiendo, con sus labios alrededor de mi glande. Fue mi turno de llenarle la boca. De llenarle y mucho más, porque, incapaz de tragar toda la cantidad de orina que estaba soltando, se le escurría por las comisuras. Erecta aún mi polla, parecía un manantial amarillo. Se libró por un momento de mi tenaza y subió hasta mi boca, dándome a probar mi propia orina, que sabía remotamente a whisky, pero volví a empujarle. Eduardo nos miraba como en trance. Cuando acabé de mear, le solté la cabeza y, ahora sí, nos pajeamos el uno al otro mientras nos comíamos la boca de nuevo. El orgasmo llegó un poco antes para José, que me metió los dedos untados de su semen en la boca. Cuando finalmente me corrí, los temblores que sacudieron mi cuerpo hicieron que se me escapasen unas lágrimas que asustaron a Eduardo.

    — ¡Eh, eh, eh…! ¿Estás bien? —me besó con cariño, aunque la lefa de José en mis labios estropeaba un poco el efecto. José nos miraba con un poco de apuro ahora.

    — Nunca he estado mejor, —sonreí— besémonos para que se te pase el susto.

    Aprovechó José para calentar nuestro ánimo con su meada sobre nuestro beso.

    Después de esto, entre semen, sudor y orina, el jacuzzi quedó hecho un asco, nos metimos a la cama y dormimos sobre la sábana sin más tapadera que la piel de nuestro cuerpo. Sábado en la mañana estábamos con más ganas y nos fuimos a la ducha los tres a la vez, salimos y mojados pero con fuertes erecciones nos follamos y nos mamamos nuestras pollas para acabar de nuevo en el jacuzzi y limpiarlo y lavarnos mejor antes de ir al suculento desayuno que nos había preparado la abuela.

    En el desayuno nos probamos los anillos, todo estaba perfecto. Invitamos a José formalmente a la comida de declaración y compromiso y aceptó, miré a la abuela con intención de invitarla y declinó desapareciendo de la escena.

    — Un día nos la llevamos y lo celebramos los cuatro en nuestra intimidad, —dijo Eduardo.

  • 3 hombres y 2 mujeres fueron felices toda una noche

    3 hombres y 2 mujeres fueron felices toda una noche

    Mirta y Roberto nos llamaron por teléfono.

    —El sábado vamos a Rincón a la casa quinta de un amigo. ¡Tendremos sexo del mejor!

    Ese día al anochecer estábamos en el lugar fijado para encontrarnos con algo de comer.

    Cenamos, muy poco, todo como para justificar el encuentro. Mirta había organizado todo como para follar toda la noche con el anfitrión, Rubén y que Roberto y Yo, Billy lo hiciéramos con Silvina, mi mujer. Pero pasó algo, cuando Rubén vio a Silvina no le sacó los ojos de encima y mi mujer con su ego se calentó al máximo.

    Para colmo en la conversación Silvina contó que debajo de su solerita de tela fina y tiritas estaba desnuda. Mirta exclamó:

    —Esta es más puta que yo!!

    No demorarnos en ir a un dormitorio, una cama grande en la habitación y otra habitación más angosta en ángulo con dos camas angostas.

    Nuestras queridas y virginales mujeres se arrojaron a mamar vergas: Mirta a Rubén y Silvina a Roberto y a mí. Era emocionante ver a Silvina desesperada mamando la colosal verga de Roberto, una cosa larga, muy larga, gruesa, bien gruesa y con una cabeza muy bien formada. En verdad, mi mujer mamó poco mi pene.

    En un momento cambiaron y Silvi fue mamar la polla de Rubén, que en realidad no la vi porque si no estaba en la boca estaba en la delicada vagina de mi mujer.

    Fuimos a la cama, Roberto sobre su mujer, Mirta y yo sobre Silvi. Roberto estuvo sólo un momento, la sacó y fue a masturbarse en un rincón, instantáneamente yo salté sobre Mirta y Rubén aterrizó sobre Silvina y con el mismo envión le enterró su tronco hasta las pelotas. En dos bombazos Silvina explotó en un orgasmo fenomenal y yo le llené la cuca de leche a Mirta.

    Paramos a descansar un minuto mientras Rubén acariciaba las piernas y los pies de Silvi que levitaba de calentura.

    Mirta se montó sobre Rubén y de su boca salían las palabras más calientes y soeces. Rubén, estando panza arriba dio vuelta su cara y comenzó a besarse con Silvi acostad de costado. La lengua de uno debe haber llegado al estómago del otro, de caliente que estaban. Roberto, aprovechando que Silvi estaba de costado, se puso de cucharita y le enterró ese descomunal garrote hasta el fondo. Acabaron juntos, Silvi y Roberto y mi mujer dejando un momento la boca de Rubén le dijo a Roberto:

    —Que pija divina que tenés!!!

    Invité a Roberto:

    —Vamos a cógela los dos a la vez a Silvi y así lo hicimos. Yo por detrás y Roberto de frente, los dos penetramos juntos esa vagina. YO hacía más tiempo de mi eyaculación, acabé primero y mi amigo aprovechó para enterrar mejor ese tremendo pene. Comparando el cuerpo de Silvi y el tamaño de esa verga no puedo dudar que atravesó vagina, cuello de útero y sepulto el glande en el fondo uterino. La cosa que volvieron a acabar juntos.

    Rubén se desembarazó de Mirta y llamó a Silvi que no demoró medio segundo en montarlo. Eso sucedió aproximadamente a las 11 y media de la noche.

    A las 6 y media del otro del domingo y a la fuerza pude desprender a Silvi de arriba de Rubén. No sé cuántas eyaculaciones tuvo el macho pero Silvi tuvo 6 orgasmos muy notables. Mientras yo pude mamar la vagina de Mirta a voluntad, ella me mamá a mí, me pajeó y en un momento me dice:

    —Acábame la mano así me chupo los dedos. NO, le dije, mejor en el culo.

    No alcancé a decirlo cuando ella estaba de rodillas al borde de la cama. Le eche un buen polvo.

    Cuando separé a Silvi de Rubén nos vestimos y volvimos a nuestra casa en Paraná. Puse un género en el asiento para que no me lo manche con el semen acumulado en su vientre.

    Cogimos todo el día. Ella acabó 4 veces más y yo 2. A las 8 de la noche, rendidos, nos dormimos hasta el lunes.

    Lo que sigue lo cuento en otro relato.

     

  • Manolo me convence de dejarle tocarme y más

    Manolo me convence de dejarle tocarme y más

    Una más de mis fiestas en el departamento y ya en la madrugada, borrachos casi todos, me dirigí a mi cuarto, mi amiga estaba perdidísima y me acosté a su lado, me venía siguiendo Manolo que según yo, estaba enamorado de ella, empezamos a charlar y él se puso celoso de que ella me abrazó quedándose dormida.

    Manolo se puso a mi espalda y empezó a molestar, me acercaba su pene por atrás para que me separara de ella, me voltee.

    Kira: estate quieto, pareces niño chiquito.

    Hizo caso omiso y me lo acerco a la altura de la cara.

    Kira: ¡te lo dije!

    Se lo mordí, haciendo que pegara un brinco de la cama, fui hacia la sala donde no había nadie, pidiéndole que me siguiera.

    Kira: ¿qué onda no que te gustaba Lau?

    M: Si, pero…

    Kira: en clase siempre me estas molestando y pegándome en el pene

    M: es que tengo curiosidad, no sé si soy gay.

    El aún no tenía relaciones con nadie, era muy torpe para tratar de ligar.

    Kira: cómo vas a saberlo si nunca has salido con una chica.

    M: me gusta Lau, pero me llaman más la atención los hombres, ayúdame.

    Kira: ¿de qué hablas?

    M: ¿Te la puedo agarrar?

    Inmediatamente llevo su mano hacia mi entrepierna.

    Kira: espérate, no inventes.

    M: tienes grandes huevos. ¿Puedo chupártela?

    Kira: estás loco… a mi me gustan las mujeres.

    Yo soy tv de closet, solamente mi expareja en ese tiempo sabía que usaba tangas o cacheteros, los fines de semana con el departamento solo tomaba el maquillaje o ropa de mis romíes y me tomaba fotos para el Face, aun sabiendo que mis contactos era tv y me halagaban por mis pompis haciéndome excitar a veces sus comentarios gustaban las mujeres y tv.

    M: no le diré a nadie, déjame tocártela bien.

    Nos sentamos en el sillón baje el cierre de mi pantalón y saque mi pene ya parado.

    M: ya ves que también querías, se ve muy bien depilado.

    Lo tomo con una mano y empezó a subirlo y bajarlo un par de veces, yo empecé a temblar cuando sin dudarlo se agacho y lo introdujo a su boca, no me gusta que me la chupen, siempre me dejan mucha saliva además de que soy súper sensible, pero, era la primera vez que un hombre me la chupaba, no era algo que me gustara pero me excitaba la situación, únicamente veía su nuca subiendo y bajando, me empecé a calentar, era rara la sensación, algo que no había experimentado, sin avisarle lo quite.

    Kira: ¿ya con eso estarás satisfecho no?

    M: ¿me la metes?

    Kira: ¿qué? eso ya es mucho, además se van a despertar los demás. Ya vete a dormir.

    Al siguiente día ya se habían ido casi todos a excepción de Lau que seguía durmiendo y Manolo, según para cuidarla. Me metí a bañar, al salir Lau estaba en la entrada del baño.

    Lau: ¿puedo bañarme?

    Kira: claro hay una toalla adentro. Entre a mi cuarto y Manolo estaba dentro, se me acerco.

    M: ¿en serio fue real lo de anoche o estaba pedo?

    Kira: sí, ¿ya lo pensaste bien?

    Me tomo nuevamente de los huevos.

    M: ¿Podemos seguir en lo que se baña Lau?

    Se me paro de inmediato, haciéndolo notar bajo la toalla me, senté en la esquina de la cama.

    Kira: ¿Qué más quieres intentar?

    Me quito la toalla, se bajó los pantalones y se sentó para que lo penetrara, pero me empezó a arder la punta del pene.

    Kira: ¿comiste salsa anoche?

    M: Si, ¿a ti también te arde?

    Nos separamos enseguida y para calmar mi ardor se me aventó a chupármela, se sentía mejor pero no resistía sus chupadas.

    M: ¿hacemos un 69?

    Me empujo y nos acomodamos en la cama, no se la había visto bien antes, pero era enorme… bastante gruesa y de unos 17 cm, no la alcanzaba a agarrar con mis dos manos y me faltaba para cubrirla por completo.

    M: ¿qué esperas? chúpamela.

    Kira: no pensé que la tuvieras así.

    M: No te retuerzas, me vas a pegar en la cara.

    Kira: perdón, pero estoy muy sensible, no soporto que me la chupen.

    M: No te hagas wey y también chúpamela.

    Empecé a lamerle la cabeza, era una sensación rara, obvio nunca lo había hecho, le daba pequeñas mordiditas y me metía cada vez más a mi boca, me la metí hasta la garganta, y lamia con mi lengua, la teníamos bien paradas y salía liquido de ambas lubricando mejor nuestras vergas

    M: Se siente muy bien, sigue así.

    No sé en qué momento él se detuvo y yo estaba mamando como loca, se suponía que él era el que estaría chupándomela y descubriendo nuevas cosas, me estaba calentando con cada lamida más y más cuando escuchamos que la llave de la regadera se detuvo, tuvimos que parar inmediatamente, Manolo se abrocho sus pantalones y se fue a la sala, yo me quede tendido en la cama agarrando con una mano mi pene lleno de saliva y líquido seminal, se abre la puerta.

    Lau: Perdón pensé que no había nadie.

    Cerró la puerta y al otro lado de la puerta

    Lau: Me pasas mi mochila.

    Kira: aquí tienes.

    Abrí la puerta y Lau parecía un tomate, estaba demasiado roja, tan sexy con la toalla amarrada a medio pecho y escurriendo.

    Kira: pasa y cámbiate, ya traigo mi ropa para cambiarme en el baño.

    Una vez cambiados se retiraron dejándome todo caliente. No he vuelto a metérsela a alguien por atrás, no es lo mío, luego descubrí con Manolo que teníamos que invertir posiciones para disfrutar mejor los dos.

  • Después de casada (Parte 2)

    Después de casada (Parte 2)

    Israel se acomodó entre mis piernas y puso su glande en la entrada de mi vagina.

    —Yaaaa!! Métela! —Le pedí subiendo las caderas buscando sentir esa penetración de la verga que me tenía encantada desde que la conocí por primera vez, el empezó a meterla despacio mientras me decía tomándome de las caderas:

    —¿Estas segura de que quieres tener un hijo mío estando casada con otro?

    —si!, lo deseo desde que me cogiste la primera vez, lo he pensado mucho y nada me haría más orgullosa de que los demás se enteren de que llevo tu hijo en mi vientre estando casada con otro, lo he platicado con mi marido y él está de acuerdo, será la manera permanente de decirle al mundo que me coges aun estando con otro, que soy tu hembra… Sintiendo su verga penetrarme hasta el fondo empecé a mojar la cama por lo excitada que estaba y empecé a emitir gemidos de placer incontrolables mientras me follaba Israel.

    —Quiero que cuando acabemos de coger bajemos de nuevo al jardín y les digas a tus familiares que quieres tener un hijo conmigo! —Dijo Israel moviéndose profundo como demonio dando el tercer orgasmo de esta sesión…

    —De verdad eso quieres? —Le contesté sintiendo otro orgasmo llegarme mientras seguíamos moviéndonos como locos, sosteniendo nuestras miradas le dije— lo haré! Sabes bien que hago todo lo que me pidas, y en este caso es la verdad pura, deseo tanto embarazarme de ti…!

    No podía parar de gemir al sentirlo empezar a venirse grite también me vengooo!, (Seguro nos oyeron en el jardín), justo en el momento en que Israel me saco la verga dejando ver su semen derramarse de mi raja velluda voltee hacia la puerta de la recámara y ahí estaba mi prima admirándonos.

    Su mirada estaba fija en mi raja y la verga de Israel, dejándola vernos a placer le pregunté:

    —cuanto tiempo llevas ahí viéndonos?

    —lo suficiente para darme cuenta que se desean como nunca he visto a otra pareja! —dijo ella entrando y cerrando la puerta por dentro… Empezó a desnudarse y con una sonrisa le pregunto a Israel— sigue en pie tu propuesta?

    Separándolos un poco para que pudiera acostarse entre nosotros le dijo él:

    —sí, y si eres igual de caliente que tú prima lo vas a disfrutar mucho!

    Sonriéndole de regreso se acomodó entre nosotros y volteando a verme me dijo:

    —Algo me decía que eras muy caliente, pero no imaginé este nivel, alguna vez te vi masturbar a tu esposo en la sala cuando eran novios, pero nunca me imaginé que fueras tan intensa!

    Pues la verdad desde muy joven soy muy inquieta. Solía masturbarme casi diario hasta que le di mi virginidad a mí maestro aquí mismo en la sala!

    —Wow —dijo ella admirando mis piernas y cuerpo— y eres bi? —Le respondí dándole un beso caliente mientras le acariciaba sus senos, ella empezó inmediatamente a gemir y alcanzó a decir:

    —He tenido fantasías contigo desde hace mucho, varias veces estuve a punto de insinuante contigo, pero me daba pena con tu marido.

    Riendo le contesté:

    —pero si él es quien me impulsó a ser así! —sus ojos eran de sorpresa— mira —le dije— el me regaló la pulsera que traigo y que es la señal de que soy swinger, el me motivo a vestirme más provocativa, le gusta exhibirme, el me llevo a nuestra primera reunión swinger y me vio entregarme a dos hombres en esa ocasión…

    —Ufff… Nunca lo hubiera imaginado! —dijo ella mientras acariciaba mi cuerpo, tan tranquilos que se ven!

    —Somos muy discretos, aunque después de lo que pasó en la otra reunión pues imagino que la familia sabe ya la clase de puta que soy. Y no me molesta, al contrario, me echa mucho que todos Uds. que crecieron conmigo sepan que soy muy caliente y dispuesta con todos —metí dos dedos en su vagina mientras Israel le acariciaba la espalda y le pasaba el pene por sus nalgas…

    —Mmmmm… Pues que bien, pero esto de traer a tu amante a presentarlo a la familia es muy explícito no crees? —Dijo ella empezando a lubricar su raja por los movimientos de mis dedos en ella…

    —Sí, me excita mucho que sepan quién me coge aparte de mi marido de manera permanente, mi macho es mi adoración y me siento feliz de ser su hembra… —dejando de hablar, mi prima se acomodó entre mis piernas dejando claro sus intenciones de mamarme la raja, abriéndole mis piernas le dije:

    —adelante! Cómeme como quieras!

    Israel se acomodó detrás de ella y poniendo su verga en la entrada de su ano le dijo:

    —La quieres por aquí!

    —Sí! —dijo ella abriendo sus nalgas y diciéndole— enséñame porque Mariela está tan encantada contigo!

    Nuestras miradas se encontraron y le dije a mi macho:

    —dásela como me la das a mí!

    Israel empujó su verga y con trabajos entro en ese ano virgen, mi prima exclamó al sentirlo totalmente adentro:

    —ahhh! Muévete hombre! Dámela duro!

    Regresando a mamarme siguió dándome su lengua en mi raja mientras Israel la penetraba con lujuria, los tres empezamos a gemir y el di un gemido intenso cuando lleno a mí prima de su semen caliente al tiempo que me venía yo en la boca de mi prima en un orgasmo inmenso por verla sometida como yo cuando estoy con el vistiéndose rápidamente de regreso, mi prima se sentó de nuevo en la orilla de la cama diciendo:

    —Pero Uds. sigan, yo me voy en un momento porque no quiero que mis papás empiecen a preguntar por mí…

    Al por eso me enderece y empecé a besar de nuevo a Israel, su erección parecía no terminaría nunca, aprovechando el momento mi prima dijo:

    —Bueno, los veo abajo al rato —y salió de la recámara

    Él me dijo de nuevo:

    —Me gustó tu prima, invitarla luego a tu casa para que me la coja como es debido!

    —Ok corazón, ahí lo haré, te la pondré en bandeja de plata, si quieres participo o solo los veo, como gustes! —Sonriéndole en franca sumisión hacia el.

    Me hacía tan feliz ser la hembra de este hombre, el hecho de ser casada le ponía un extra a nuestra relación porque ese factor me excitaba mucho cuando me presentaba a sus amigos y les decía de mi: “a pesar de ser casada, era su hembra y hacia lo que me pedía”.

    Terminamos de coger y nos vestimos para bajar de nuevo con la familia.

    Dicen que cuando una mujer está bien cogida su rostro la delata, si esto es verdad, sin duda iban a darse cuenta de inmediato!

    La mirada de las mujeres era de aceptación y complicidad y la de los hombres de celos en su mayoría por saber que me acababan de meter la verga y no fueron ellos…

    Sin soltar de la mano a mí pareja me dirigí al centro del jardín y anuncie a todos:

    —Pues supongo algunos de ustedes me oirían hace un rato cuando estaba con Israel arriba, acabo de tener relaciones con él.

    El silencio podía cortarse con un cuchillo.

    —La verdad es que desde hace tiempo estoy buscando convertirme en mamá y he elegido a Israel para que me embarace, somos muy buenos amigos y nos compenetrados mucho en la intimidad, mi marido sabe y no tiene problema, espero Uds. también respeten mi decisión y no se sorprendan si llegamos a coincidir en alguna reunión estando yo con el de pareja —las miradas de todos estaban congeladas en ambos y mi prima fue la que rompió el silencio diciendo: pues si esa es tu voluntad yo te apoyo, empezando a aplaudir y los demás siguieron con aplausos y algún brindis por la decisión, mis padres no acababan de sorprenderse pero supongo que al ver que la familia lo aceptaba guardaron silencio.

    El resto de la velada resultó mejor de lo que esperaba con felicitaciones de mis primas y tías y un sinfín de preguntas acerca de ambos, en un momento dado alguien me pidió una foto con él y al pararme junto a él y abrazarnos varias primas más aprovecharon y nos tomaron fotos como su fuéramos novios, una de ellas sugirió que nos tomáramos fotos cuando estuviera embarazada avanzada y el respondió inmediatamente:

    —Ya lo había pensado, con gusto les enviamos a quienes lo deseen.

    Riendo muchas de ellas entendieron y dijeron: “¡yo!”

    Sintiendo el me tomo de la cintura y dijo:

    —Así será y podrán ver a Mariela en una faceta que no conocen todavía…

    Volteando de manera natural me plantó un beso francés y le respondí feliz de saber aceptada con mi amante.

     

  • Mientras mi novio duerme (Parte 1)

    Mientras mi novio duerme (Parte 1)

    1

    Me llamo Camila, tengo veinticuatro años, y voy a compartir mi historia a través de este medio, ya que necesito desahogarme, y qué mejor manera de hacerlo que ante un montón de extraños anónimos. Voy a comenzar a contar mi historia a partir del momento en que mi vida comenzó a complicarse.

    Esto fue hace solo tres meses. Era un día lluvioso, demasiado fresco teniendo en cuenta que era verano. Estaba en la casa de mi novio. No convivimos, pero la verdad que paso más tiempo ahí, que en la casa de mi abuela, que es donde realmente vivo. Habíamos terminado de ver una película por Netflix, y ya era más de media noche. Ninguno de los dos tenía sueño, así que decidimos que veríamos otra. Pero antes necesitaba unos mimos. Me había puesto una pollera, a propósito, esperando que Martín, mi novio, me acariciara las piernas mientras mirábamos la tele. Eso me pone a mil: que me acaricien las piernas. Pero él no había hecho nada.

    Aun así, no me molesté. No creo en eso de que el hombre deba tomar siempre la iniciativa, y menos aún, cuando ya hay una relación de un año de por medio. Mientras Martín exploraba en la página, buscando la siguiente película, le di un beso en el cuello, y luego un chupón.

    — ¿Qué hacés? —dijo Martín, entre risas, ya que sentía cosquillas en el cuello.

    — Esto. — Dije yo, y mientras seguía besándolo, mi mano de uñas largas apretó su bulto, por encima del pantalón. Martín giró y me besó en los labios, al tiempo que rodeaba mi cintura delgada con sus manos.

    — ¿No íbamos a ver una película? — me preguntó, cuando los labios se separaron.

    — Tenemos toda la noche para ver películas ¿Qué pasa? ¿Ya no te gusto? — le dije, frotando su sexo, sintiendo cómo muy lentamente comenzaba a inflamarse.

    — Claro que me gustás. — dijo él, acariciando con las yemas de los dedos todo el largo de mi espalda. — Me gustás mucho.

    — ¿Qué te gusta de mí? —pregunté, ávida de cumplidos.

    — Todo.

    — ¿Mis piernas te gustan?

    — Me encantan — dijo él, y apoyó su mano en mi rodilla, y la metió por debajo de la pollera con lentitud y ternura.

    — ¿Y qué más? — inquirí.

    — Vos sabés qué me gusta. — dijo él, mientras le volvía a besar el cuello. — tus labios gruesos, tu cuello de cisne, tu cintura de avispa, tu piel marrón, tu pelo negro como la noche.

    — ¿Y mis tetas? ¿Son chiquitas, no? — pregunté, con un fingido tono de tristeza.

    — Son hermosas. — Dijo Martin, y acto seguido se apoderó de una de mis tetas, cuyo pezón estaba casi tan duro como su pija. — pero hay algo que me gusta más. — susurró. Deslizó lentamente la mano que ya estaba muy cerca de mi tanguita, y se apoderó de mi nalga. — Tu culo me encanta.

    Me sacó la tanga. Yo me di vuelta y me puse en cuatro sobre el sillón. Martín me levantó la pollera hasta la cintura y me lamió las nalgas con pasión, alternando las lamidas con mordiscos. Luego se bajó los pantalones y mientras me manoseaba el culo con una mano, con la otra se ayudaba a apuntar su sexo en la dirección correcta. Me penetró una y otra vez, haciéndome gemir de placer, hasta que acabó, eyaculando en las nalgas que tanto le gustaban.

    Pero solo duró cinco minutos.

    — Ya vengo. — dije. Alzando la pollera con las manos, para que no se ensucie, sintiendo como el semen impregnado en mi trasero se deslizaba hasta llegar a las piernas. Entré al baño y me limpié. Mientras lo hacía pensaba en si era oportuno decirle algo a Martín. Cada vez que hacíamos el amor duraba un poco menos que la vez anterior. No lo consideraba un eyaculador precoz, pero hacía mucho tiempo que no duraba lo suficiente como para que yo alcance el orgasmo. Decidí no decirle nada. Seguramente estaría consciente de su problema, y haría lo necesario para solucionarlo.

    — Mirá, esta película parece buena. — dijo una vez que volví al living. Me di cuenta de que fingía que nada había pasado, pero su sonrisa era un poco forzada. Pensé que si no quería hablar del tema era mejor no molestarlo. Si lo presionaba podría empeorar las cosas. Más bien debería preguntarle si había algo que lo estuviese molestando. Algo que le causase estrés y desconcentración. Pero eso haría al día siguiente. Nos quedamos acurrucados, viendo la película. Cada tanto lo observaba, y se notaba cierta contrariedad en su semblante. Me sentí mal por él. A los hombres les gustaba sentirse unos sementales, y Martín estaba lejos de serlo.

    Para que entienda que, de mi parte, estaba todo bien, al finalizar la película le practiqué sexo oral. Cuando acabó, dejé que lo hiciera adentro mío, a pesar de que eso no me gusta mucho que digamos. Y por si fuera poco le mostré cómo me tragaba toda su leche.

    — Te amo cuando hacés eso. — me dijo.

    — Lo sé. — contesté.

    Acto seguido acarició con ímpetu mis piernas. Se arrodilló. Me quitó la tanga, y me devolvió el favor practicándome sexo oral. Yo estaba bastante calentita después de tanto manoseo, pero aun así le costó mucho trabajo hacerme acabar. De todas formas, pude ver en su sonrisa, que había recuperado parte de la hombría que había perdido hace un par de horas.

    2

    — Viene Ezequiel de visita. —me dijo cuando estábamos desayunando.

    Nos habíamos levantado a las diez de la mañana. Muy temprano considerando que estuvimos hasta las cuatro de la madrugada mirando películas. Martín tenía ojeras profundas mientras tomaba un sorbo de café que lo ayudaría a desperezarse. Cuando pronunció esas palabras lo dijo con voz apagada, y yo apenas le comprendí.

    — ¿Viene Eze? —Pregunté.

    — Sí, viene hoy. —me contestó dirigiendo sus encantadores ojos celestes hacia mí. A pesar de estar despeinado, y vestido con una remera arrugada y un short de fútbol, no podía más que sentirme cautivada por su mirada de cielo. Martín es un chico que a simple vista pasa desapercibido, y probablemente por eso es tan humilde, y por momentos, inseguro. Pero una vez que se lo tiene cerca, una descubre sus facciones peculiares, heredadas de sus antepasados hebreos, y sobre todo, sus ojos hipnóticos. Sin embargo, en ese momento su belleza estaba ensombrecida por su expresión melancólica.

    — Qué bueno, pero ¿No estás contento de ver a tu hermano? Hace años que no lo ves. —le pregunté.

    — Sí… bah, mas o menos. —Me contestó Martín.— Viste como es Eze. —dijo, dejando la oración colgada en el aire.

    Yo sabía cómo era Eze. Los conozco a los dos desde la adolescencia. Nunca fuimos muy cercanos (con ninguno de los dos), pero en el barrio nos conocíamos todos. Ezequiel era hiperactivo, canchero, fuerte, y sobre todo, burlón. Y el receptáculo de la mayoría de las burlas era su hermano menor. Yo sospechaba que Ezequiel no se daba cuenta del daño que su actitud producía en la relación con Martín, porque me resulta imposible creer que quisiera alejar a su hermano de él. Pero Martín era muy sensible, y según él mismo me confesó en una noche de intimidad, siempre necesitó un verdadero hermano mayor, alguien que lo proteja, alguien que le de los consejos que no se animaba a pedir a su padre. Pero en Ezequiel no encontró nada de eso. Siempre le guardó cierto rencor, ya que, incluso de grandes, Ezequiel lo trataba como a un pelele. Usaba su físico para intimidarlo, le recordaba continuamente las torpezas que cometía siendo un niño, y era tan carismático, que todos los chicos (y sobre todo las chicas) lo seguían como si fuese un líder natural, mientras que Martín pasó una adolescencia solitaria, viviendo a la sombra de su hermano mayor.

    — Tranquilo mi amor — le dije, y me puse de pie para ir a sentarme a su regazo. — vas a ver que la van a pasar bien. Él te debe extrañar un montón. ¡Es tu hermano! — le dije con ternura, no sin sentir, al mismo tiempo, que a quien estaba convenciendo no era un hombre, sino un niño.

    — Sí, ya sé. Yo también lo extraño. — dijo Martín, esbozando una forzosa media sonrisa.

    Me puse de pie, dándole la espalda. Quedé muy apretada, entre la mesa y él.

    — Voy levantando la mesa. — dije. Martín no había terminado el café. Pero yo comencé a juntar las tazas para llevarlas a la cocina. Para agarrar la mía tuve que estirar los brazos e inclinarme levemente. Lo hice lentamente para que Martín se deleite con mi cola, que esta vez estaba enfundada con una calza negra que me entraba como guante. Mi novio pareció entender el juego y enseguida apoyó sus manos en mis nalgas, y las masajeó suavemente con las yemas de los dedos, dibujando círculos sobre mis glúteos.

    — Tenés un culo para el infarto. — me dijo mi chico, mientras empezaba a acariciarme con más intensidad. Me di vuelta y vi su gesto. Parecía un nene disfrutando de su juguete favorito, aquel con el que nunca se cansaba de jugar. Flexioné una pierna y me incliné más. Alejé las tazas hasta ponerlas en la otra unta de la mesa y apoyé mi torso sobre la madera.

    — Y es todo para vos mi amor.

    — ¿Vamos a la cama, o al sofá? — me preguntó, y acto seguido me dio un mordisco en una nalga.

    — Cogeme acá.

    Martín me bajó la calza. Yo me quité las zapatillas y lo ayudé a despojarme de la prenda. Se deleitó un rato con mi culo. Me dio un rico beso negro que me generó un placer débil, pero agradable. Luego escuché la silla arrastrarse, y enseguida su verga se metió en mi cuerpo. Me penetró cuatro o cinco veces, y yo sentí cómo esa pija que se había introducido como un fierro caliente, se iba convirtiendo lentamente en un chorizo, firme pero blando, hasta que, luego de unos segundos, estaba completamente fláccida.

    — Perdoname, ahora no tengo ganas. — susurró con vergüenza.

    — Okey, todo bien. — le contesté, mientras se levantaba el pantalón y se iba al baño, dejándome con el culo desnudo sobre la mesa.

    3

    Luego de esa escena traté de mentalizarme en que no debía preocuparme. Ambos actuamos como si nada hubiera pasado, y yo me fui a lo de mi abuela para dejarlo un rato solo. Pero por la tarde fue imposible no cavilar sobre lo sucedido. Martín me deseaba, no me cabía duda. Se ponía como loco cuando comenzaba a manosearme. Pero por algún motivo le estaba costando mantener la erección. Y lo que sucedió ese día fue la gota que rebalsó el vaso. Apenas había empezado a cogerme y ya no pudo continuar más. ¿Tanto lo aturdía la inminente visita de su hermano? Siempre supe que era algo exagerado. Es de esas personas demasiado sensibles, que la sola existencia del mundo les duele, pero ya era hora de que enfrente la vida con madurez. Me prometí que hablaría con él sobre sus problemas sexuales, pero lo haría luego de la visita de Ezequiel, cuando tuviéramos tiempo para nosotros solos.

    A la tarde me llegó un mensaje de Martín. Me pedía que vaya a la noche a cenar con él y con Ezequiel. Le contesté que era mejor que cenase a solas con su hermano, y le sugerí que si Ezequiel tenía alguna actitud que no le gustaba, se lo diga inmediatamente. No me contestó, por lo que intuí que se sentía decepcionado por mi actitud. Pero yo le estaba haciendo un favor.

    Ahora, habiendo pasado varios meses, me doy cuenta de que Martín interpretaría mi respuesta como una pequeña venganza por lo sucedido en la mañana. Cosa que dañaría su hombría, ya de por sí deteriorada.

    Al día siguiente, para asegurarme de que el pobre no estuviese atormentado, le envié un mensaje preguntándole cómo le había ido. “Muy bien. Como siempre, me recordó cosas vergonzosas de la niñez, y es un desastre, deja las toallas mojadas en cualquier parte, y eructa mientras come. Pero me contó sobre su vida en Malvinas Argentinas, y hablamos como dos adultos. Cosa que creo que hicimos por primera vez” me contestó, cerrando el mensaje agradeciéndome por preguntar, y con varios emoticones de caritas sonrientes. Luego me pidió que esa noche no deje de ir a visitarlo “Ezequiel quiere verte. Dice que se acuerda de vos de cuando vivíamos en el barrio” me escribió. Y yo le respondí que estaba bien, que esa noche iría a cenar con ambos.

    Llegué al departamento. Abrí la puerta con el juego de llaves que me había entregado Martín hacía unas semanas. Mientras abría la puerta escuché las risas alegres que venían de la cocina. Ezequiel me había escuchado llegar y salió a recibirme.

    — ¡Cami! — me saludó, alegre. Me abrazó con fuerza, y yo sentí todos sus músculos apresando mi cuerpo. Me dio un beso en la mejilla. — Mirá el bombón que se fue a levantar mi hermanito. — dijo cuando me soltó.

    Martín también había salido de la cocina y noté que, a pesar de que su sonrisa no se había desvanecido, el comentario no le agradó mucho. Por cierto, a mi tampoco me gustó ¿Quién era Ezequiel para decidir a qué tipo de mujeres se podía levantar su hermano? Lo acababa de ver después de mucho tiempo, siendo esta la primera vez que compartíamos una reunión tan reducida, y ya empezaba a contagiarme del rechazo que sentía mi novio. Sin embargo, enseguida me olvidé de eso. Para malhumorados, con Martín, era suficiente.

    A pesar de ese pequeño paso en falso con el que comenzó la velada, luego todo marchó bien. Ezequiel nos contó sobre su aburrido trabajo como contador, y nos deleitó con las descripciones de los lugares que visitó en sus vacaciones, gracias al sueldo que le proporcionaba ese mismo trabajo que aborrecía. Tomamos una cerveza, y luego otra. El ambiente se tornó alegre y pusimos música.

    — Vamos al balcón un toque. — propuso Ezequiel.

    — Sí, perdoná que no me avivé de mostrarte. No sabés la vista que tiene.

    Vivimos en el décimo piso, y nuestro departamento está en uno de los pocos edificios grandes del barrio. De hecho, nos rodean sólo casas y edificios pequeños, por la que la vista es espléndida. De noche, se ve la ciudad iluminada, y los vehículos parecen juguetes que se deslizan por una pista de carreras.

    — Esto es hermoso. Los felicito. — dijo Ezequiel. Yo miré a martín, que esbozaba una sonrisa orgullosa.

    Charlamos en la terraza, y después nos pusimos a bailar. Martín siempre fue un patadura y sólo bailaba porque estaba alegre. Pero Ezequiel era muy hábil con las piernas, y su cadera se movía mejor que la de muchas mujeres. Bailé en medio de los dos. Martín me besaba cada tanto, y Ezequiel me tomaba de la cintura cada vez que podía. Sentir esas manos extrañas, fuertes como tenazas, sobre mi cuerpo, me generaba un estremecimiento un tanto perturbador. No estaba borracha pero sí un poco alegre por el alcohol. Mientras miraba la noche estrellada y oía la música, que llegaba suave desde el living, recordé algo que hace mucho no recordaba (o fingía olvidar). Ezequiel bailaba, ligero como pluma en el viento, en ese espacio tan reducido, y yo lo veía, como cuando éramos chicos. Yo, una adolescente de dieciséis años. Él, un muchacho de dieciocho, a punto de convertirse en adulto. Recordé su cara, siempre sonriente, igual que esa noche, y sus ojos, celestes como los de su hermano, pero mucho más vivos. Recordé mi obsesión por ese cuerpo trabado, ese mismo cuerpo que ahora se movía, derrochando sensualidad, sólo para mi deleite, ante la mirada inocente de su hermano. Recordé las noches que tuve que apaciguar mi pasión con la autosatisfacción, mientras pensaba en ese chico, aparentemente inalcanzable. Sentí vergüenza de mí misma. Me dije que ya no era una nena, y que debía olvidar aquello, o mejor, que sólo debía recordarlo como algo lejano, algo que le sucedió a otra persona.

    Logré hacerlo. Al menos por esa noche.

    4

    — Y por cuánto tiempo te quedás. — le pregunté al día siguiente mientras los tres desayunábamos.

    — ¿Ya querés que me vaya cuñadita? — preguntó Ezequiel, y todos reímos.

    — No, para nada. Solo es curiosidad. — dije yo, un tanto avergonzada.

    — En unos días debo volver a la rutina de papeles y teclados. — comentó, sin dar mayores precisiones. — Pero antes me gustaría invitarlos a algún bar, a comer algo y a emborracharnos.

    — Paso con lo de la borrachera, pero te acompañamos al bar ¿cierto mi amor?

    — Sí, claro. — contesté yo. — hace rato que no salimos de noche. —agregué, sin reparar en que podría sonar a reproche.

    — Entonces hoy saldremos. — dijo Martín.

    — ¡Muy bien, así me gusta! — exclamó Ezequiel. — y me parece bien que no saques muy seguido a esta hermosura. Me imagino que más de un tipo se habrá querido propasar con ella, incluso en tu presencia. Pero conmigo cuidándoles las espaldas, nadie los va a molestar. — bromeó.

    Martín se puso rojo, y yo me incomodé. En una misma frase me había tirado onda, y había dejado a Martín como un idiota incapaz de cuidar a su novia. Por otra parte, el silencio de mi novio también me molestó. ¿No se le ocurría ninguna respuesta para ponerle los puntos a su hermano? Ya era hora de que empiece a poner huevos.

    — Era una broma, no se me enojen, yo soy así nomás. — dijo Ezequiel, reduciendo la tensión en el ambiente, solo un poco.

    Me puse a levantar la mesa. Ezequiel quiso ayudarme. Me siguió por detrás hasta ir a la cocina. Yo sentí su mirada clavada en mis nalgas. Esa mañana llevaba un pantalón, no tan ceñido como la calza de la otra vez, pero lo suficiente para marcar mi cola de manera sensual. Me di vuelta para engancharlo in fraganti, y Ezequiel, al verse descubierto, me sonrió descaradamente.

    — Que suerte tiene mi hermanito. — me dijo.

    No le contesté. Apoyé las tazas sobre la bacha de la mesada.

    — Dejalas acá nomás, que yo las lavo — le dije, señalando la mesada donde debería apoyar los cubiertos que llevaba.

    Ezequiel se acercó por detrás. Me agarró con una mano por la cintura, gesto totalmente innecesario. Y con la otra mano apoyó los cubiertos en la pileta. Para hacerlo, se tuvo que acercar mucho a mí, y yo sentí durante unos segundos, el bulto detrás de su bragueta que se apoyaba con poca sutileza en mis nalgas. Hice de cuenta que no pasaba nada. Quería saber la reacción que él tendría. Quizá estaba equivocada y fue un acto no premeditado. Sin embargo, ante mi mutismo e inmovilidad, Ezequiel se apretó más a mí.

    — ¿Segura que no querés que te ayude? — me susurró, agarrándome de la mano con la que empezaba a lavar las tazas de café.

    Mis nalgas sentían como, lentamente, su sexo comenzaba a hincharse, y también sentí su abdomen plano y duro contra mi espalda.

    — Está bien, lavá vos. — le dije, y luego me zafé de él, no sin cierto esfuerzo.

    Me quedé atolondrada ante se desfachatez. ¿cómo se atrevía a hacerle eso a su hermano? Me sentía indignada, pero sin embargo, no lograba enfurecerme. Quizá yo le había dado alguna señal sin darme cuenta. Mis fantasías de adolescente habían regresado desde que visitó a martín, y probablemente él lo notaba. Pero no por eso estaba bien lo que hizo. Traté de tranquilizarme. No quería que Martín note mi perturbación. Volví a la cocina, y mi novio estaba sentado, ajeno a todo lo que acababa de ocurrir.

    — ¿Todo bien? — me preguntó.

    — Sí, todo bien. — contesté, esbozando la mejor sonrisa que pude. — copado tu hermano ¿no? — pregunté, tanteándolo.

    — Sí — contestó — sigue siendo el mismo pesado de siempre, pero me doy cuenta de que yo también soy exagerado. Tengo que tener más tolerancia con los que son diferentes a mí. — dijo.

    En ese momento quise decirle la verdad. Decirle que su rechazo hacía su hermano no era infundado. Pero algo me detuvo. No quería arruinarle la alegría que estaba experimentando en esos momentos. Además, si Ezequiel era un desubicado ¿qué era yo? Le había permitido un contacto corporal, pero eso sería todo.

    Al menos, eso pensaba en ese momento.

    5

    Por la noche, mientras estaba en la casa de mi abuela, recibí el mensaje de Martín, recordándome que nos habíamos comprometido a salir con Ezequiel. Mi primera reacción fue inventar una excusa. Pero no quería que sospeche nada raro. Mi novio es lento, pero no tanto. Además, era una buena oportunidad para demostrarle a Ezequiel que entre nosotros jamás pasaría nada, y si se daba la ocasión, lo reprendería por la actitud traicionera que tuvo ese día.

    Eran las ocho de la noche. Así que tenía tiempo suficiente para prepararme. Me duché. Me maquillé. Elegí una pollera de jean bastante corta, y una remera blanca, y zapatillas también blancas. Simple pero sensual, era mi lema, y esa noche no sería la excepción.

    Me pasaron a buscar y fuimos en el auto de Ezequiel hasta un bar de Palermo.

    No comimos, porque todos habíamos cenado. Bebimos cerveza artesanal, y muy pronto nos habíamos tomado tres chops cada uno. Durante la primera hora de la velada, era casi como si yo no estuviera con ellos. Los hermanos conversaban de cosas banales, elevando la voz por encima de la música y del griterío del resto de los comensales, para hacerse escuchar. Yo los observaba, especialmente a Eze. Estaba vestido con una camisa manga larga, muy ceñida a su cuerpo de músculos marcados, con el pecho al aire. Se había puesto un pantalón de jean, y el cinturón, de hebilla grande y llamativa, hacía imposible no desviar la mirada hacia la zona púbica, donde se advertía su miembro, demasiado grande para un pantalón tan ajustado. Por suerte, en ese momento estaba sentado, y yo no debía preocuparme porque mis reflejos me traicionen, y mi atención de vaya hacía aquella zona prohibida. Sin embargo, era difícil no prestar atención a su cara de facciones hermosas, y ojos azules que brillaban en la oscuridad del bar. Al lado de él, Martín, no parecía más que una copia defectuosa.

    Sentí vergüenza de mí misma, por pensar en eso. Y también sentí mucha pena por mi novio, y mucho odio hacia Ezequiel.

    — ¿Bailamos chicos? — preguntó mi cuñado en un momento.

    — No hay nadie bailando. — dijo Martín, escrutado con la vista todo el establecimiento.

    — ¿Y qué tiene? Me gusta esta canción. — retrucó mi cuñado.

    — La verdad no tengo ganas. — dijo mi novio.

    — Entonces te robo a Cami. — dijo Ezequiel. Se puso de pie, y me agarró de la muñeca. — Te la devuelvo enseguida. Vamos cuñada. — dijo tironeándome con fuerza de la muñeca.

    Mientras me arrastraba hasta un lugar donde había espacio suficiente para bailar, observé la expresión contrariada de mi novio, que se quedaba solito en la mesa, mirándonos con intriga e incomodidad.

    — No me preguntaste si yo quería bailar. — le dije, mientras empezábamos a movernos.

    — Perdón Camila, es que tenía miedo de que me digas que no, sólo por el aburrido de mi hermano. — me susurró al oído mientras sus manos se apoyaban en mi cintura, y su pelvis rozaba mi cadera.

    — Martín no es aburrido, sólo es diferente a vos. — Alcancé a decirle. Pero él fingió que no escuchaba.

    Bailamos dos o tres temas, y nos fuimos a sentar. Ezequiel era un bailarín muy hábil y yo no pude evitar preguntarme si su destreza física se trasladaba a otras situaciones de la vida.

    — ¿Todo bien hermanito? — dijo Ezequiel al volver a la mesa. — baila muy bien tu novia, deberías aprovechar y sacarla más seguido.

    — Gracias por el consejo. — dijo Martín, disgustado.

    — En serio Martincito, a las chicas les gusta divertirse. Si no la divertís, alguien lo va a hacer por vos.

    Hubo un silencio tenso en el aire. Yo pensaba que por fin había llegado el momento en que mi novio le ponga los puntos al petulante de Ezequiel, además, el alcohol habría de hacerlo más audaz. Pero luego de clavarle una mirada asesina, bajó la vista y dijo en voz baja.

    — Creo que ya es hora de volver a casa.

    — ¿Ya? — preguntó asombrado Ezequiel, quien parecía que no se había dedo cuenta de que había arruinado el momento. — ¿Vos que opinás Cami?

    — Sí, mejor nos vamos.

    — Pero que aburridos. — dijo él, decepcionado. — Tomen, lleven mi auto, yo veo como llegar después. — dijo, entregándole la llave a Martín.

    — No hace falta.

    — No quiero que anden solos por la calle a estas horas. Por mi no se preocupen, después me tomo un Uber. Me voy a quedar un rato, a ver si pesco algo.

    Agarré la llave para no entrar en una discusión sin sentido. Si Ezequiel quería pagar el viaje, era problema suyo.

    Viajamos en silencio. No había mucho que decir. Ezequiel era un imbécil, de eso no cabía duda. Solo me limité a agarrar la mano de Martín como para que sepa que lo comprendía. Sin embargo, su falta de carácter me indignaba mucho, pero no dije nada al respecto.

    — No me dijiste nada de cómo vine vestida. — le dije cuando llegamos al departamento.

    — Estás hermosa.

    — ¿hacemos algo? — propuse, acercándome a él para abrazarlo.

    — Hoy no tengo ganas. — contestó, cortante. — voy a dormir.

    — Okey, yo me quedo un rato viendo la tele.

    Me quedé sola y disgustada en el sofá, buscado películas durante una hora, sin encontrar ninguna que me interesara lo suficiente. Al rato llegó Ezequiel.

    — Veo que no pescaste nada. — le dije, irónica.

    — No hubo suerte cuñadita. — me dijo, deleitándose con mis piernas desnudas, que estaban cruzadas, sin disimular ni un poco.

    — No me gusta tu actitud. — le dije. — y no me gusta cómo tratás a Martín.

    Él se puso serio, como jamás lo vi.

    — Sabés lo que pasa Cami. — me dijo, mirándome a los ojos, con una expresión tan sincera que me sorprendió. — Mi hermano ya tiene veintitrés años, y parece un nene. Si yo no lo trato con cierta dureza, el mundo se lo va a comer vivo. Él tiene que aprender a lidiar con situaciones adversas. ¿A vos te pareció bien la actitud que tuvo en el bar? Era obvio que no le gustó verte bailar conmigo, y menos le gustó el comentario que hice después, pero ¿qué hizo al respecto? Nada, y no sabés lo que me duele que mi hermano sea tan débil, porque para poder retener a una hembra tan hermosa como vos, tiene que ser más fuerte. No me digas que no te molesta que sea tan poco hombre.

    — Martín no es poco hombre. — dije, ofendida, aunque no pude evitar sentir que coincidía con la mayoría de lo que Ezequiel pensaba. — Además hay otras maneras de preocuparse por un hermano.

    — Puede ser, pero yo tengo mi manera de ser, y mi manera de hacer las cosas.

    — Eso lo sé muy bien. Y te aclaro que no me gustan nada tus maneras. Lo de ayer en la cocina fue el colmo de la desfachatez— dije, susurrando. No quería que Martín nos escuche, aunque estaba segura que ya estaba completamente dormido.

    — Así que no te gustó. — dijo él. — yo pensé que sí.

    — No seas ridículo — dije indignada.

    — Mirá Cami, vos sos muy buena mina, pero se nota que tu carne es débil.

    — ¡Estás loco, yo nunca traicioné a Martín! — exclamé, furiosa.

    — ¿Y lo de ayer no fue una traición? ¿Le contaste a Martín lo que pasó?

    — No, pero sólo porque no quise molestarlo. — dije.

    — Puede que tengas razón. No quiero que pienses mal de mí. Yo solo quería asegurarme de que la novia de mi hermano sea una chica seria y recatada. Pero tengo mis dudas.

    — ¿Y vos quien sos para juzgarme? — pregunté, y apenas terminé de hacerlo, me agarró con fuerza de la cintura. Me acercó a su cuerpo y me besó, invadiéndome con su lengua y su aliento a cerveza.

    — ¡Estás loco! Soltame. — dije, apartando mi cara a un costado. Él apoyó su mano intensa en mi pierna, y cuando empecé a quejarme me estampó otro beso. Esta vez le respondí con un fuerte cachetazo en la cara.

    — Quiero que te vayas mañana y no vuelvas más. — le dije, con lágrimas en los ojos, mientras me aparaba de él y me iba a mi cuarto.

    En la habitación, Martín dormía profundamente, totalmente ignorante de lo que acababa de pasar. ¿Cómo reaccionaría si se enterara de lo sucedido? Me indignó darme cuenta de que no sabría cómo lidiar con aquella situación, tal como lo había dicho Ezequiel. Salí del cuarto, sintiéndome muy sola. ¿De qué servía tener un novio con el que no se podía contar? Además, había otra cosa en la que Ezequiel había acertado. Mi carne era débil, y si hasta ahora había logrado serle fiel, no estaba tan segura de por cuanto tiempo lo sería, menos ahora que Martín ya no me cogía bien.

    Pensé en irme a la casa de mi abuela, pero era muy tarde, mejor intentaría dormir unas horas, y luego saldría temprano, para no tener que cruzarme con mi cuñado.

    Pero antes salí al balcón a tomar un poco de aire fresco, y a meditar sobre mi noviazgo. Debía hablar urgente con Martín. Había cosas que debían cambiar, si no, la relación no duraría mucho tiempo.

    Habían pasado unos quince minutos, cuando escuché que una de las puertas del departamento se abrió. Desde el balcón, no podía estar segura de si se trataba de mi novio o de Ezequiel. Me puse nerviosa, y me sentí tan débil e insegura como Martín. Escuché los pasos, que se acercaban despacio. Luego el ruido del vidrio que daba al balcón al abrirse, y finalmente el cuerpo pararse detrás de mí.

    Yo estaba de espaldas, viendo al barrio nocturno. El cielo estaba despejado y las luces artificiales que se veían a lo lejos, se mezclaban con las estrellas.

    Dos manos se posaron en mi cintura. Eran manos fuertes, e impetuosas. Yo tenía mis manos apoyadas sobre el metal que hacía de límite del balcón, con una pierna flexionada, y el torso levemente inclinado. Sabía que, involuntariamente, me había puesto en una pose sensual, y me incliné aún más sacando cola. Las manos, bajaron hasta mis caderas y me acariciaron con pericia, por encima de la pollera.

    — No digas nada — susurré en la noche silenciosa.

    Él no dijo nada. Yo no quería mirarlo. Seguí observando las luces de la madrugada, mientras los dedos fuertes bajaban, más y más, hasta llegar al final de mi pollera, y encontrarse con mis piernas desnudas. Al principio, sentí un frío que me estremeció, pero ante las caricias insistentes, las manos enseguida se tornaron cálidas. Sentí cómo mi pelo era corrido a un lado, y la lengua saboreaba mi cuello. Luego me sopló, ahí donde había dejado un rastro de saliva, y cuando me encogí por la sensación, mezcla de cosquilleo y placer, apoyó una mano en mi trasero, ya sin delicadeza, y lo tanteó con impunidad, como quien agarra una cosa que no es suya. Lo apretó, con violencia. Yo sentí mis músculos contraerse, como si con ese par de toques ya estaba a punto de llegar al orgasmo que últimamente tanto trabajo me costaba.

    Luego acercó su cuerpo al mío. Yo sentí toda su dureza en mis propias carnes. Los brazos me rodeaban, como apresándome. Su torso ejercitado se sentía en mi espalda. Sus piernas duras, que habrían de estar acostumbradas a incansables cabalgatas, con las rodillas semiflexionada, me instaban a arrinconarme contra la reja de metal. Y su pelvis se hincaba en mi trasero, haciéndome sentir el enorme bulto que escondía el pantalón, un bulto que ya estaba semierecto, y que se endurecía más y más a cada segundo que pasaba.

    Quedé apretada, viendo la ciudad oscura. Muy lejos se veían personas caminar por las calles, pero ninguna parecía darse cuenta del espectáculo que comenzaba a desarrollarse en el décimo piso del edificio de mi novio.

    Sentí cómo mi pollera se levantaba, lentamente. Sus dedos ya no tacaban mi piel, sino que agarraban la tela y la subían, milímetro a milímetro. Por lo que por un momento sentí que la pollera se levantaba por su propia voluntad, o por la voluntad de mi sexo palpitante, que estaba esperando con ansias ser penetrado.

    La cola quedó al aire, sólo cubierta por la diminuta tanga blanca que había elegido para esa noche. Metió el dedo índice por debajo de la tela que se hundía en el trasero, y tironeó hacia abajo, hasta que mi trasero quedó por completo desnudo. Agarró la tanga y yo sentí como hacía un movimiento brusco con el brazo. Al instante siguiente vi como mi prenda íntima caía lentamente al vacío.

    A pesar de que ya lo sabía, ese último gesto audaz me terminó de convencer de que quien estaba a punto de poseerme, no era mi novio. Martín jamás haría algo como eso.

    — ¿Esto también es una prueba? — dije, descubriendo que mi voz salía jadeante.

    — Si — Contestó Ezequiel. — Quiero saber qué tan zorra es la novia de mi hermano. Aunque ya conozco la respuesta.

    — Sos un perverso. — le dije, mientras escuché el sonido del cierre del pantalón abrirse. — cogeme — dije después — cogeme mientras mi novio duerme.

    Separé más las piernas y sentí la enorme cabeza arrimarse a mi sexo. Él empujó un poco y el glande me penetró, haciéndome abrir los ojos por el placer y el dolor que me causaba. Luego empujó más, y el tronco se hundió deliciosamente en mí. Me acariciaba las tetas mientras embestía en mi conchita mojada una y otra vez. Yo giré mi cabeza, y me comió la boca, inundándome de nuevo con su sabor a cerveza y a traición.

    No sé cuánto tiempo estuvimos copulando al aire libre. Pero él seguía duro como una roca, e increíblemente, yo acabé al cabo de unos minutos. Me corrí y mis fluidos bañaron su pija incansable. Mi vista se distoricionó, y las luces de la ciudad se mezclaron con las de las estrellas, y me sentí volando en un inmenso cielo de éxtasis. Y mi cuñado no paró de embestir hasta que me hizo acabar otra vez.

    — No puedo creer lo bien que cogés. — le dije, felicitándolo.

    — Y vos sos una yegua hermosa, pero todavía no cabo mamita, y tenemos que apurarnos, Martín se puede despertar en cualquier momento. — me dijo, susurrando, alternando sus palabras con besos en mi boca y cuello.

    — Martín duerme como un tronco. — dije yo — pero está bien, terminemos, pero quiero que acabes.

    — Ya me falta poco mi putita.

    — ¿Querés que te la chupe? Quiero tomarme toda tu leche. — le dije.

    — Está bien.

    Retiró su pija de adentro mío. El preservativo estaba empapado de mis fluidos. Se lo sacó, y se lo guardó en el bolsillo.

    Me puse en cuclillas, y me llevé su falo a mi boca. A pesar de que me había cogido con el preservativo puesto, su tronco sabía a mis fluidos. Me gustó sentirme en sus carnes. Me tragué la pija. La mayoría de mis antiguos amantes solían felicitarme por lo hábil que era con los petes, y esa noche me esforcé por hacer honor a la fama que me precede. Le chupé la pija, en el balcón, donde cualquiera podría vernos, mientras mi novio dormía plácidamente. Él eyaculó cuando todavía estaba adentro mío. Me tragué su leche, y fue lo más delicioso que bebí jamás.

    Continuará.

    ********************

    Aquí termina este relato, pero por supuesto, la historia continúa. Espero que no me juzguen, aunque sí me gustaría saber la opinión que tienen al respecto. Pueden dejarme un comentario en esta página o escribirme por email a [email protected]

    Ojalá les haya gustado mi relato.

  • Betty, la madura prima de mi vecina

    Betty, la madura prima de mi vecina

    Esto ocurrió en marzo del 2019, cuando los apagones, bueno después de marzo, cuando el domingo 10 de marzo en pleno apagón como a las 20 h, veo a mi vecina María hablar con su pareja, sobre su prima Betty, quién estaba con su carro accidentado, yo venía pasando y les ofrecí mi garaje, en vista de que era muy peligroso que una señora estuviera por la calle oscura y sola, Carlos la pareja de mi vecina María se ofreció a llevarla hasta su apartamento en Valencia.

    Guardaron el auto en mi garaje, llevaron a Betty a su apartamento, al día siguiente trajo su mecánico, revisaron el carro sacaron la pieza dañada, por los inconvenientes del apagón tardaron como 3 días aproximadamente, Betty apenada me pedía disculpas y yo le insistía que no había problemas y no estaba apurado, lo importante era que el vehículo quedara bien reparado y la seguridad e integridad física de Betty, como a la semana sacó su vehículo totalmente reparado, agradecida intercambiamos números y nuevamente le ofrecí mi garaje por sí deseaba quedarse un sábado donde su prima, respondiendo que consideraría la opción.

    Luego del día de las Madres le llamé para informarle que había recibido el «detallito» que me había dejado con su prima María, diciéndole que no era necesario y que lo hacía de mil amores, puesto el afecto y cariño que sentía mi difunta madre por su prima María, Betty me pregunta sí podía pedirme un favor y que le disculpara el abuso, le respondí que siempre estuviera a mi alcance no habría problemas, ella me pide que la acompañe en un viaje ya que Miguel el hijo mayor de mi vecina María no podía hacerlo, en vista de que en la empresa donde trabajo estábamos varias semanas libres le dije que no habría problemas, me informó que serían cuando mucho 3 días.

    Llegó el día en cuestión me pasó buscando un martes en la mañana salimos a las 5:30 am, debíamos viajar y no queríamos perder tiempo, el viaje fué tranquilo, empezamos a hacer recorrido, como a las 14 h, nos metimos en una pollera almorzamos pollo asado y unas pizzas acompañadas de unas cervezas, luego como a las 16 h seguimos haciendo las visitas a los proveedores, ya casi a las 19 h, algo cansados nos vamos nuevamente a la pollera donde almorzamos, esta vez comimos pizza y cerveza, pero estas ya estaban haciendo mella en Betty, una mujer de 58 años, rasgos italianos, piel blanca, rondando el 1,70 m de estatura, nariz algo pronunciada y perfilada, labios delgados, cabello corto, negro, senos medianos aún apetecibles, redondos, algo de barriga, no era atractiva pero su trato cálido y su sencillez la hacían muy atractiva, aparte que era muy inteligente y el conversar con ella hacia cualquier conversación muy amena y menuda, aparte destilaba algo que me gustaba y no sabía descifrar.

    Cerca de las 21:30 h, cuando vamos al estacionamiento la veo tropezar, producto de las cervezas, confesándome que no se siente en condiciones de conducir, que no es bebedora asidua de cerveza pero el día estuvo muy caluroso, la ubico en el asiento del copiloto, le pido la dirección del hotel donde nos hospedaremos, enciendo el automóvil y emprendo la marcha, en el camino Betty estaba muy alegre, se le notaba en sus ojos brillosos, alegres, se reía mucho, se lo atribuí a las cervezas y como había dicho ella que no era muy asidua a ese tipo de bebidas, pero el calor del día era fuerte, sin embargo ya la noche empezaba a asomar que sería distinta, muy fría en verdad. El hotel no estaba tan lejos a los 10 minutos llegamos, nos presentamos y nos registramos, el encargado de la recepción nos informa que hubo un error y no hay 2 habitaciones sino 1 y como es época vacacional el hotel está repleto, Betty me mira asombrada, está apenada, molesta, le digo que por mí no hay problema, que estoy muy cansado quiero darme un baño y acostarme a dormir, el empleado nos informa que la habitación tiene 2 camas matrimoniales y es amplia, tomamos las llaves, nuestro equipaje y nos dirigimos a nuestro cuarto. Una vez adentro el recinto es muy acogedor, 2 camas matrimoniales, espacioso, le dije a Betty que saldría mientras ella se aseaba, para que lo hiciera a gusto, ella me insiste que no hay problema que me quede dentro de la habitación, que ya empezaba a hacer frío y no quería que me enfermara, más por culpa de ella, toma su bolso y se mete al baño para que no salga de la habitación, me quito los zapatos, quedándome en medias, el pantalón y la franela por fuera, ya estaba casi dormido cuando siento que se abre la puerta del baño, sale Betty con un pantalón mono ceñido al cuerpo, una franela, sencilla que realzaban sus pechos, pude notar que en sus pezones lo puntiagudos, lo atribuí al frío, me dijo que se sentía mejor que se le había quitado el malestar por las cervezas, que la disculpara, le respondí que no había problemas, tomé mi bolso y me dirigí a ducharme, abro las llaves del agua para graduarla, se me vino la imagen de los pechos de Betty, alcanzando una erección, pero traté de no pensar en ello diciéndome a mi mismo que una mujer como ella era difícil por no decir que imposible que quisiera tener nada conmigo, terminé mi baño salí con un short, me coloqué una franela, cuando me dirijo hacía la cama veo a Betty muy alegre, le habían escrito y llamado uno de los clientes, que debíamos visitar al día siguiente donde le avisaban que habían aclarado el malentendido y que su visita no era necesaria, por otro lado habían liberado todos los pedidos que motivado por el error no habían dado su curso, significando esto una jugosa comisión para Betty, quién me pide celebrar puesto que dicho trámite tenía como 8 meses y estaba poniendo en riesgo su empleo, alegre me expresa que tendríamos la mañana libre y pide una botella de whisky, la felicito pero me siento un poco extraño y le digo que no quiero ocasionarle gastos, en esto Betty me responde que desde que la ayude con el carro en mi garaje, le ha ido relativamente bien, que lo de la botella de whisky es un adelanto, en esta clase de bebidas ella sí se sabía manejar, llega la botella a la habitación una Buchana´ns 12 años, en vista de su estado de ánimo, recordé que me dijo que le gustaba oír música, tomé mi teléfonoque tenía algunas canciones y le muestro a Betty el repertorio, me pidió que le colocara una de un Trío muy famoso llamado los Panchos, las tengo porque a mi mamá le gustaban sus canciones y Betty al ser una mujer cercana a los 60 años de edad más de una vez le llevaron serenatas con esa clase de canciones y géneros, fue lo que me comentó. Empezamos a tomar nuestro whisky, pidió también pasapalos comenzamos a platicar de su vida, es una mujer divorciada, tiene 3 hijos, uno de ellos militar, cuando llevábamos casi la botella terminada, suena una canción que le recordó no sé qué cosa y empezó por su mejilla a deslizarse una lágrima, rápidamente busco mi pañuelo, que nunca me falta, le coloco mi mano en su mejilla y con la otra pañuelo en mano le seco la lágrima y corto el camino de una segunda, estábamos parados en medio de la habitación, ya el whisky estaba haciendo mella en ambos, Betty hablaba entrecortado, le sugerí parar, pero mirándome a los ojos, sin decir nada y explicando todo en silencio, me arriesgué y le propiné un beso corto, tierno, tomándole su rostro con ambas manos, esperaba todo, una bofetada, una reacción colérica, pero no; Betty cruzó sus manos por encima de mi cuello, abrió su boca en clara señal para que jugara tiernamente con sus labios, empecé a mordérselos suavemente, a meter mi lengua y a jugar con la suya, a que nuestras lenguas se entremezclaran, me dice entre suspiros entrecortados:

    Betty: Ale, por favor no pienses que estoy desesperada, no pienses mal de mi por fa…

    Yo: Betty, porque he de pensar mal de ti? tú de alguna forma de gustas, me he callado esto por años…

    Sin dejar de besarle sus finos labios, con los cuales ya jugaba, mordía sutilmente, le pasaba la punta de mi lengua por sus mejillas, acariciaba con la punta de mis dedos su nariz, mentón, le abracé un poco más fuerte para que sintiera mi miembro, el cual ya estaba listo, sentía los líquidos preseminales empapar mi bóxer, sin detener mis besos la siento en la cama, de píe aún me quito la franela y digo:

    Yo: corazón lo siento yo duermo en bóxer nada más…

    Betty: no quiero que pienses mal de mi… (Bajando la cara)…

    Con mi dedo anular en su barbilla le levanté la cara y mostrándome seguro por fuera, aunque por dentro sentía mis piernas desfallecer le dije:

    Yo: aquí no va a pasar nada sin tu consentimiento, me gustas mucho, eres una mujer atractiva, tienes tus encantos, si crees que saldré a la calle vociferando lo que hicimos déjame demostrarte que soy muy discreto, caballero, muy respetuoso, lo que suceda hoy aquí y en cualquier lugar será nuestro secreto…

    Betty respiró como aliviada, exclamando:

    Betty: no es eso ale… es que…

    No la dejé terminar la estampé un beso tierno, apasionado, me lancé sobre Betty, quién al sentir mi miembro duro, abrió sus piernas, quedando nuestros sexos unidos pero a la vez separados por nuestras ropas, Betty colocó sus piernas bordeando mi cintura, yo trataba de empujar con mi pene para que lo notara tieso, empapado al igual que su triángulo que aparte de caliente estaba destilando chorros. Me levanté, le tiendo la mano a Betty, la coloco de espaldas a mí, arrecostándole mi pene en el medio de sus nalgas y empiezo a besar su cuello, dejando ella escapar un suspiro, negándose…

    Betty: Ale que hacemos?

    Yo: déjate llevar amor, mira como me tienes, mira como estas vamos a quedarnos así?…

    Betty: no quiero que pienses mal de mi amor…

    Yo: cómo crees? eres un ser vivo, que siente, respira, eres bella, mira como me tienes…

    Betty: Ale, tiempo sin sentir esto, entiéndeme… no quiero que pienses mal…

    Yo: tranquila déjame todo a mi, yo me encargo, déjate llevar, disfrutemos este momento…

    Mientras no besábamos le acariciaba sus tetas a través de la franela, prácticamente la estaba cogiendo con ropa, la única negativa era de boca, pero su cuerpo ya estaba doblegado, era cuestión de seguir transmitiéndole confianza, seguirla estimulando adecuadamente, en eso le subo los brazos y le voy subiendo la franela para liberarla de dicha prenda, quedando dos masas de carne blancas, con aureolas rosadas, puntiagudas, le meto una mano por su zona vaginal, sintiendo su calor, estaba debidamente depilada, le rozo un dedo en su raja, sintiendo la humedad excesiva, emite un leve gemido, abriendo más las piernas, la sujeto y le doy vueltas, la cargo con algo de dificultad y la coloco en la cama, le quito el pantalón del mono, está rendida, me mira como queriendo decirme que sea cariñoso, con la mirada le transmito dicha respuesta, le abro sutilmente las piernas, instintivamente se tapa su vagina, me quedo observándola, como pidiéndole permiso, diciéndole en silencio que la trataré como una princesa de cuentos de hadas, lentamente me dirijo a sus labios, los capturo, nuestras lenguas se mezclan con nuestras salivas, me acaricia el cabello de forma desaforada, con una mano intento quitarme el short y bóxer, una vez liberado de dicha ropa me incorporo, me observa y detalla, discretamente se muerde el labio superior y con el dedo en la boca al ver mi pene brilloso por la cantidad de líquido preseminal, con mi mano derecha tomo mi miembro duro y lo dirijo a la entrada de la cuevita de Betty, su vagina parece una estufa encendida por lo caliente, Betty, apenas perceptible exclama:

    Betty: Ale por favor con cuidado, tengo años que no estoy con un hombre, es decir con el papa de mis hijos ha sido mi único hombre…

    Dicho esto me excitó mucho más, me dirigí a su vagina, que no era tan carnosa como sus pechos, apenas le pasé la lengua Betty brincó bruscamente, preguntándome que hacía, porque eso.

    Betty: Ale que haces?

    Yo: amor, déjate llevar, nunca te han besado tu vagina?

    Betty: besar mi vagina? mi esposo y yo lo hacíamos tradicional…

    Yo: pues amor hoy te voy a llevar a las puertas del paraíso… déjate llevar y confía en mi…

    Y empezando a lamer y buscando su clítoris que ya empezaba a asomarse lo tomé con mis dientes muy suave, Betty empezó a gritar

    Betty: ah ah Ale que haces? que rico amor!

    Betty blanqueó los ojos tensando su cuerpo alcanzando un orgasmo, llenando mi cara de sus líquidos, los cuales traté de tomar todo, pero era mucho, Betty estaba respirando agitadamente, su rostro estaba rojo como un tomate, asustado le pregunto sí se sentía bien, aún como en shock me hace señas de que si se sentía bien, pero me preguntó sí lo que había sentido era normal, púes no creía que había alcanzado un orgasmo, volví a sumergirme en su cuca chorreante y procedí a volver a lamer esta vez con más frenesí, Betty giraba su cabeza a los lados, con sus manos agarraba las sábanas con fuerzas, en menos de 3-4 minutos estaba subiendo otra vez al cielo.

    Betty preguntó:

    Betty: Ale que me haces? nunca sentí esto tan rico, es posible?

    Yo: amor ya no aguanto quiero hacerte mía…

    Betty: amor hazme tuya, quiero sentirte…

    Tomé mi pene, se lo froté varias veces a Betty en su raja, hasta que se lo envié de un solo tirón hasta el fondo, con razón Betty me pidió tratarla con suavidad, no soy muy grande, pene promedio unos 16-17 cm, sentía su cuca muy apretada, y eso que la tenía con las piernas abiertas de par en par y sus pies en mis hombros, Betty me susurraba al oído que era estrecha, de hecho sus partos fueron cesárea, pero que lo estaba disfrutando, me pidió cambiar de posición porque se le estaban durmiendo los pies, la puse a cuatro patas, al verle ese culo cerradito, sentí morbo, le metí la lengua cayendo Betty desmayada, volviendo a blanquear los ojos, la tomé por la cintura levantándola y ensartándole mi pene hasta el fondo acabé dentro de Betty muy rico, la cama estaba muy mojada, nos fuimos a lavar y al regresar nos metimos en la otra cama, nos besábamos con pasión y ternura, me dijo que le había hecho sentir cosas muy ricas, cuando vi eran casi las 3 am nos dormimos abrazados, sabiendo que tendríamos la mañana libre.

    Cuando nos despertamos eran casi las 11 am, nos metimos a bañar juntos, nos cepillamos los dientes y empezamos una sesión de besos caricias, el agua nos caía en nuestros cuerpos, enjaboné a Betty y con el dedo medio con suficiente jabón traté de penetrarle su culito, Betty sintió un corrientazo recorrer su espalda, le besé sus pechos, no pude introducir mi dedo en su ano, por acción reflejo contrajo su cuerpo cerrando su culito, nos secamos, dirigiéndonos a la cama, donde le abrí sus piernas, dirigiéndome a su cuquita, su olor, era dulce, más con la fragancia del jabón comencé por pasarle mi lengua de arriba a abajo, abajo arriba, hacía círculos, Betty giraba la cabeza, con los ojos cerrados, apuñando las sabanas con sus manos, se las agarré, me las sujetó fuertemente en clara señal de que pronto recibiría el trofeo por mis caricias, expresando o mejor dicho gritando:

    Betty: ah ah dios mío que rico! no puede ser que rico, si papi ah ah ah ahhh me vengo Ale que riiicooo!

    Un caudal de líquidos brotó de su vagina, nuevamente Betty, respiraba agitadamente, su cara parecía un tomate, me dirigí a sus pechos, para brindarle mimos, mientras se componía pero sin dejar que se enfriara, le besaba además su cuello, mi pene estaba duro, destilando mucho líquido preseminal, le susurró al oído que quiero volverla a hacer mía, dándome su aprobación…

    Yo: amor quiero hacerte mía!…

    Betty: si papi hazme tuya…

    Yo: pídemelo amor anda deja salir la mujer apasionada que eres, suéltate, pídemelo a gritos…

    Se veía a kilómetros de distancia que Betty no disfrutó su sexualidad, tenía muchos tabúes, quería que me pidiera verga a gritos, eso no sucedería de la noche a la mañana, pero tendría paciencia, por el momento disfrutaba de su cuca, ya su culo se me antojaba y ese sería mi otro trofeo, ya estaba buscando la manera de estrenarlo, me posicione boca arriba, le indiqué que se montara sobre mí, con las piernas abiertas y mi pene erecto, se lo dirigí a su cuca, por lo lubricado, entro ajustado, Betty era estrecha, poco a poco su cuca se fue devorando mi pene, una vez ensartada totalmente, la tomo por sus nalgas y le dirijo sus movimientos de caderas, me llevo un pecho suyo a mi boca, mientras con el dedo medio se lo paso por su cuca para lubricarlo con nuestros líquidos e irle lubricando su ano, Betty estaba en shock, disfrutando, con los ojos cerrados, cuando liberaba mi boca de sus pechos le decía lo sabrosa que era como mujer, con la otra mano le acariciaba su cabello corto, apenas pude introducir la yema del dedo medio, apretando Betty más su vagina desbordándose en otro colosal orgasmo, fue tanto lo que apretó que me asustó y también me aceleró acabar dentro de su vagina, cayendo Betty sobre mi pecho, con su habitual respiración agitada, mis latidos eran acelerados, poco a poco volvimos a la calma, para sumergirnos en una sesión de besos apasionados, cuando mi miembro salió de su vagina flácido vi la hora y eran cerca de las 14 h, nos duchamos para vestirnos y salir a almorzar, visitamos el último cliente del día aclarando también el inconveniente satisfactoriamente, en cada momento que podíamos en el vehículo nos dábamos un beso apasionado, en una luz roja, en una cola, al llegar en la noche al hotel, nos liberamos de nuestras ropas, nos metimos a la ducha, pero le pedí a Betty que me hiciera sexo oral, con cara ignorante me pregunta cómo se hace eso, ya que a su esposo como era mayor que ella el sexo oral le repugnaba, me lavé bien el pene y le dije que pensara que era una barquilla o helado del sabor que más le gustase empezando al principio con mucha torpeza, pasándome los dientes, con algo de paciencia, le fui explicando y señalándole el ritmo ahí fué agarrando la práctica, era placentero verla como una jovencita novata mamarme el pene, Betty trataba de imprimirle morbo, placer, yo por el contrario disfrutaba y trataba de estimularla diciéndole lo rico que sentía su boca en mi pene:

    Yo: si mami que rico uufff si así coño e tu madre que rico lo haces me gusta eres la mejor Bettyyy!

    Acabé lanzándole mi semen en su boca le coloqué una mano en su cabello y la otra en la parte de atrás de su cabeza, y como tenía el canal porno estaba en una escena de sexo oral donde el hombre le acababa a la mujer madura en la boca y ésta se tragaba el néctar de su amante, le señalé la pantalla, Betty tragó con algo de dificultad, según me dijo al rato al principio le causó repugnancia, pero al probarlo le encantó el sabor, luego me pedía a gritos que le acabara en su boca, luego hicimos un 69 rico acabando muchas veces Betty para luego darle su dosis de verga en su vagina, en ese viaje Betty había disfrutado más de lo que había disfrutado en su período de infelizmente casada, luego les contaré como estrené su culo, volviéndose una adicta, o mejor dicho declarándose una mujer apasionada…