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  • Me masturbó en el autobús

    Me masturbó en el autobús

    Salimos temprano del liceo, era un día como cualquiera. Iba caminando con mis amigos cuando me llama Josefa que se había escapado del liceo así que me dijo que nos juntáramos.

    Como saben, ella y yo vivimos cerca así que tomamos el mismo micro. (autobús).

    Tenemos varias opciones para llegar pero tomamos el micro que se demora más en llegar a nuestras casas, yo en esa época andaba con el poleron de cuarto que para principio de año era XL lo mande hacer pero ese año me puse a hacer ejercicio y baje unos cuantos kilos así que la wea me quedaba grande y nunca lo mande arreglar.

    La cosa es que nos fuimos jugando en la micro a secreto o reto, ahí nos contamos unas cuantas infidencias y me conto cuando tuvo un encuentro lésbico con una de sus amigas (en otro relato los cuento), ya con eso dejo a mi compañero despertando, faltaba unos 40 minutos para llegar, en eso pierde y yo le hago elegir reto.

    Yo la miro y le dijo, te reto a que me eches una paja acá en la micro, la José me miro y me dijo: «andas caliente»; tus secretos me dejaron caliente, le dije en el oído.

    En ese instante me da un beso con todo y mete su mano dentro del poleron buscando el pico, yo ese día iba con buzo, le fue mejor meter la mano.

    Mientras íbamos empezó piola, a echarme la paja, poco a poco la micro se iba llenando, y la mina concentrada en su labor, dándonos calugaso y todo, yo en el séptimo cielo con la paja, más la calentura que era hacerlo en un espacio público, la mina se notaba que estaba caliente y me dice al oído: quiero esa leche, dame mi leche y yo afirmándome del asiento de adelante, yo me sentía que estaba rojo de cara por la calentura, en eso la mina se recuesta en mi pecho y va bajando. En eso me doy cuenta que la micro, estaba un poco más vacía, ya no había personas paradas.

    Mientras bajaba, yo le acariciaba el pelo, para que disimulara que estaba quedándose dormida, pero sus intenciones eran otras, puso su mochila en mis piernas para taparse, mientras me la empezó a lamer el grande, yo estaba casi a punto de venirme, en eso estaba metiéndose el pico en la boca y cuando iba por la mitad me vengo en eso la tomo de la cabeza con fuerza y se lo hecho todo en la boca. Nosotros concentrados, levanto la cabeza y veo a una pareja de unos 22 y 23 años, que estaba haciendo parar la micro para bañarse y les cierro un ojo y ellos quedan sorprendidos. Por otra parte, la Josefa todavía tenía el pico en la boca limpiándolo y tragándose cada gota de semen.

    En eso le dije, oye bajémonos porque parece que nos pasamos.

    Pondré la vez que me la culeé en la oficina de un inspector en nuestro liceo.

  • De la bicicleta a la cama

    De la bicicleta a la cama

    En ese tiempo vivía yo solo en las afueras de la ciudad.

    Una casa finca cerca al lago que estaba al otro lado de la carretera. Por esa vía transitaban todo tipo de vehículos todo el día, pero en las mañanas muy temprano solo pasaban los adictos al ejercicio, pasaban trotando, caminando o montando bicicleta.

    El área es un remanso de paz y tranquilidad, en la casa solo se escuchan los sonidos de los perros, los gatos, los pajaritos y el susurro del viento que entre las ramas de los arboles pasa. Las puertas de las viviendas se dejaban sin llave y los amigos delo ajeno no se acercaban todavía.

    Una mañana, muy temprano todavía soñaba, y las sabanas todavía arropaban parte de mi cuerpo, el trinar de los pájaros solo los escuchaba en mis sueños. La cobija era lo único que había entre mi piel y el cálido aire de la madrugada.

    Profundo en el sueño, La habitación todavía en penumbras, el sol no había asomado su brillante luz. Soñaba que la cobija se deslizaba y quedaba desnudo, mi piel libre y mostrándose a las 4 paredes del cuarto. Una erección mañanera apuntaba probablemente hacia el abanico que suavemente soplaba sobre mí.

    El sueño se sentía muy real, sentía como el colchón se hundía un poco hacia los pies de la cama, y un roce que subía por mis piernas hasta llegar a mi erección, sentí como una calidad humedad envolvía mi pene y luego una sólida y suave lengua me lo acariciaba al mismo tiempo que sentía una sensación de vacío, creada por el abrazo de unos labios bajo el glande de mí ya entumecido miembro.

    Mi sueño se sentía tan real que no deseaba despertarme, (conocen esa sensación de un sueño delicioso y no querer salir de él, así me sentí forzando el dormir), los labios húmedos y fuerte apretaban el tallo, subían y bajaban sobre la corona del glande y bajaban casi hasta la raíz del miembro. Que rico se sentía, el palpitar de mis testículos me advertían de una eminente erupción, parecía una eternidad, de repente los labios desaparecieron, se esfumaron, No que paso, forcé el estado de somnolencia y sentí como un peso se sentaba sobre el viril bastón se sentía envuelto por una gruta hirviendo y mojada, me estaban violando sin yo saberlo, pero que rico se sentía, el cuerpo de este ente humano que todavía no podía ver subía y bajaba sobre mis caderas, pasaban los minutos y la velocidad se aceleraba, mi cadera dentro de su adormilada actividad subía al mismo ritmo y en unos minutos mi erupción fue eminente.

    Abrí los ojos y la vi, era Paola, ambos nos teníamos ganas hace rato, ella había salido a montar bicicleta y en el camino, sabiendo que mi puerta estaba abierta, se tomó la libertad de entrar a la finca, a la casa y a mi alcoba para así sudada como estaba, seguir montando, solo que a mí y así ambos terminar en un delicioso orgasmo. Cuantas veces me hice el dormido no lo recuerdo pero ambos lo disfrutamos.

  • Mi hermana tiene un rico culazo (Parte 4)

    Mi hermana tiene un rico culazo (Parte 4)

    Siempre que podía le espiaba a Lucía, y con el pasar del tiempo se notaba que a ella le gustaba más el sexo, culeaba con uno y con dos al mismo tiempo y cuando no estaba con alguien ella se masturbaba, cuando tenía sexo le decían cosas fuertes y ella se reía y también les contestaba con el mismo vocabulario se veía que eso también le gustaba.

    A Lucía cada vez yo le veía más espectacular su culazo y su raja no se diga, se le veía cada vez mucho más grande, a mi entender era por la cantidad de verga que recibía Lucía y de seguro que no culeaba solo en la casa sino también en otros lugares.

    Un día yo supuestamente me iba a la casa de un compañero a pasar unos días, eso le dije a Lucía, pero en la primera noche yo regresé a la casa sin que mi hermana se diera cuenta y entré a mi habitación con la intención de espiarla por el agujero de la pared.

    Eran aproximadamente las 7 de la noche, cuando la miré ella estaba acostada en la cama vestida con una blusa y una falda que le cubría hasta la mitad de los muslos, me sentí un poco frustrado de no poder verla desnuda, más aun cuando a eso de las 8 de la noche llegaron tres amigos de ella a visitarla, traían unas botellas de licor y pensé que iban a tener una reunión de amigos y nada más ya que nunca les había visto a ellos dar verga a mi hermana y la idea de verla esa noche el culo de Lucía se desvaneció.

    Comenzaron a beber el licor y ya más avanzada la noche los cuatro se encontraban ebrios, de pronto el un amigo que estaba sentado junto a ella al filo de la cama le comenzó a besar en la boca a Lucía y le metía la mano entre las piernas, me recorrió un frio por mi cuerpo al darme cuenta de lo que estaba por pasar, ella no se resistía, más bien abrió un poco las piernas para facilitar la entrada de la mano del amigo y lo que me imaginaba estaba sucediendo, de pronto la Lucía se arrodilló en el piso frente a él y le sacó la verga y le comenzó a mamar mientras los dos amigos le miraban, luego se puso frente al otro amigo e igualmente le sacó la verga y le mamó, lo mismo hizo con el tercer amigo, era excitante, pues sí, mi hermana iba a tener una orgía.

    Y como siempre yo ya tenía mi verga frotándome y mis ganas de meterle a verga a Lucía eran más grandes, los amigos se pusieron de pie y se comenzaron a desvestir completamente, igual mi hermana se desvistió dejando al descubierto su hermoso culazo sus tetas y su raja, ella se acostó boca arriba al filo de la cama con las piernas bien abiertas y le podía ver su chucha bien peluda, entonces uno de ellos se acercó a ella y le metió la verga en su chucha y le bombeó hasta que derramó la leche dentro de la Lucía y lo mismo hicieron los dos restantes, hasta que las tres vergas yacían muertas. Yo también disparé la leche del pajazo que me hacía.

    Los cuatro completamente desnudos seguían tomando licor, y después de un tiempo sus amigos tenían nuevamente las vergas paradas, de pronto uno de ellos se acostó boca arriba en la cama y Lucía se subió encima y se metió la verga por el chucha y comenzó a cabalgar, desde mi posición podía ver su rico culazo y como la verga desaparecía en el chucha de un solo golpe, entonces el otro amigo se colocó tras de la Lucía y le metió la verga por el culo y para completar el otro macho le colocó la verga en la boca de mi hermana, entonces ella tenía las tres vergas adentro, le decían cosas fuertes y ella también les contestaba y se reían cuando podía sacar la verga de la boca, mi hermana recibía las tres vergas con una tranquilidad increíble, se intercambiaban entre ellos para darle a Lucía por todos sus huecos, luego de un buen bombeo le llenaron de leche y los cuatro satisfechos se sentaron en el filo de la cama y siguieron tomando licor, mientras le tocaban y acariciaban a Lucía y todos le daban mayor atención a culo de ella.

    Increíblemente seguían tomando licor y en poco tiempo más ellos estaban bien ebrios, uno de ellos se quedó dormido en un sofá que hay junto a la cama y los otros dos amigos y Lucía dormían sobre la cama e inesperadamente uno de ellos se reincorporó y le puso su verga en la boca de Lucía y ella como también estaba borracha y dormida solo por reflejos mamaba la verga que luego de un tiempo no logró hacerle parar la verga por lo que nuevamente se quedaron dormidos.

    Era excitante mirar a Lucía bien culeada y completamente desnuda sobre la cama y viendo ese hermoso espectáculo mi verga nuevamente estaba dura, yo ya no quería solo ver desnuda a Lucía, sino que quería meter mi verga en ella; por lo que se me ocurrió apagar las luces y entrar a su dormitorio a obscuras, me fui a la caja de fusibles de la energía eléctrica y desconecté la luz y la casa se quedó a obscuras, entonces confundido en las sombras de la noche me acerqué a la puerta de la habitación de mi hermana la misma que estaba sin seguro, me mantuve en espera por un buen rato y luego ya no escuché nada, aprovechando que estaban bien ebrios como para darse cuenta quien es quien me desvestí completamente y con la verga bien dura me dirigí a la cama y vi que los cuatro estaban dormidos y vi la silueta de mi hermana y le comencé o tocar su culazo, no podía creer que tenía en mis manos, entonces con voz como de ebrio le digo ponte en cuatro Lucía y haciéndome caso se coloca en cuatro y le agarré su raja, era muy grande y cuando le metí mi verga por la chucha sentí que era muy amplia y cuando estaba bien mojada mi verga le metí por el culo a mi hermana que también entró mi verga con mucha facilidad y con las dos manos le cogía las tetas, no lo podía creer, me encontraba en los cielos dando verga por el culo a mi hermana, en poco tiempo le estaba llenando el culo con mi leche, como yo estaba bien excitado mi verga todavía se mantenía bien dura, lo que aproveché para tocar su chucha con una mano y con la otra dirigí mi verga hacia adentro y comencé a dar verga por el chucha a mi hermana hasta que nuevamente le inundé de leche y mi verga por fin se quedó muerta.

    Tenía que aprovechar esa situación para dar verga a la Lucía lo que más pudiera ya que era difícil que se diera una situación similar, luego de un momento aproveché para colocar mi verga flácida en la boca de Lucía, ella me comenzó a mamar y en poco tiempo la tenía nuevamente bien tiesa, nuevamente le di verga por el culo y por el chucha, luego de lo cual muy satisfecho salí del dormitorio de Lucía.

    Luego de salir me vestí y conecté nuevamente la energía eléctrica y me fui a mi habitación a espiar y pude ver que los cuatro estaban dormidos en la cama, mi hermana estaba boca abajo y podía ver su culazo desnudo, parecía un sueño de haber dado verga a mi hermana, pero en realidad había sucedido, ya que esto se podía evidenciar con mi verga muerta y con olor del sexo de Lucía. Se había realizado mi sueño más allá de lo que yo había querido.

    Después de mirar a Lucía culear con tantos hombres y sentir que tenía su raja muy grande al igual que el hueco de su culo, para mi sentir Lucía era una verdadera puta, que con el pasar del tiempo miraba como se masturbaba, se metía unas bolas chinas, se vestía con lencería de puta, hablaba cosas muy fuertes y hasta se dejaba meter dos vergas al mismo tiempo por la raja y también por su culo, por lo que idee otra manera de meterle la verga otra vez.

    Tengo fotos de ella y puedo enviar, mi correo es:  [email protected].

  • Anal en el cine

    Anal en el cine

    Este día en particular conozco a este muchacho que coincidimos en nuestro grupo de amistades. Fue muy fácil conversar con él tiene una personalidad encantadora. Una sonrisa encantadora que te dan ganas de saber que diablillo está detrás de ella. Alan se llama. Nos llevamos tan bien que me invito a salir a solas al cine.

    El día llegó, y yo me puse lo más bonita, me hice unos bonitos rizos en mi cabello largo suelto, un bonito trajecito a las rodillas color azul de tela muy suave, una tanguita color negra, y no necesitaba bra, así que estaba completamente libre y cómoda. Por último un perfumito de esos dulces que te dan ganas de olerme cada segundo. Bueno nos encontramos allí, temprano, y escogimos la película más larga. (Que coincidencia).

    Nos sentamos en la última fila de arriba de la sala. El cine estaba prácticamente vacío. Unas cuantas parejitas en las filas delante, pero la nuestra, totalmente vacía.

    Sinceramente, Alan me atraía muchísimo, y quería saber si yo también, así que me le acerque lo más que pude, y en una escena, di un sobresalto y mi mano dio a parar en su entrepierna.

    -Discúlpame, no fue mi intención. – dije supuestamente avergonzada.

    -No te preocupes linda. Yo te tengo que decir que desde que te vi me atraes tanto. Ese perfume tan dulce que tienes… – me mueve suavemente el cabello y se acerca a mi cuello para olerme.

    -Me gusta. –me comienza a besar muy suave, por las orejas, por el cuello, que hace que se me erice la piel.

    -Ay Alan, ¿no crees que es muy rápido?-digo gimiendo muy suave.

    -Para nada. –pasado sus dedos por mi entrepierna llegando a mi chochita.

    -Alan aquí no, nos pueden ver.

    -No hay casi nadie tranquila. Solo vela.

    Se arrodilla frente de mí, me alza el trajecito, y simplemente comienza a lamerme. Eran unas lamidas tan suaves que la sensación era tan rica. Subió un instante su cabeza y me dice,

    -Te sabe tan deliciosa.

    Con frenesí, me lamia y chupaba mi clítoris. Que difícil contener las ganas de gemir. Cada segundo que pasaba debajo de mi traje, me estremecía. Su boca me empapo toda, hasta mi culito, el cual me rozaba con sus dedos.

    -Hace cuanto no lo haces por atrás. –preguntaba mientras me introducía un dedo en mi huequito trasero.

    -Ay Alan, hace un tiempo ya. No se lo doy a cualquiera. –conteste ya toda sonrojada, por cómo me tocaba.

    -Pues ven yo te voy a tratar bien.

    Se sentó, y me paro al frente de él, dándole la espalda, me tomo por la cintura y me bajo lentamente hacia él. En la oscuridad no pude ver bien su miembro, así que para mí era toda una sorpresa lo que esperaría. Sentí la punta de su glande rozándome la entrada de mi culito. Intentó entrarlo un poco más pero se resbalo.

    -No mentías eh, está bien apretadito, incluso después de lo de hace ratito.

    Lo detuvo con su mano y esta vez le atino. Fue muy suave, pero sentía como se me iba abriendo mi rotito cada vez más. Por más que intentaba relajarme la tenía gorda, era inevitable sentir un poco de dolorcito. Pero con cada centímetro que entraba mi vagina se mojaba. Me mordí los labios.

    Lentamente comenzó a moverme, dándome pequeños sentasos. Teníamos que ser sigilosos aun estábamos en el cine, ¿recuerdan?

    Fue subiendo el ritmo, y no aguantaba toda la sensación que se me salió un gemido.

    -Ssh calladita bebé. –tapando mi boca.

    Metió su otra mano por mi traje y me tocaba el clítoris al ritmo de sus penetradas. Yo le lamia sus dedos. No podía resistir lo rico que me sentía. Él estaba como piedra. Estaba toda llena de babita. Me cogía tan rico el culo que no paraba de escurrir mucha babita de mi chochita. Él estaba totalmente empapado. Me inclino hacia adelante para ver, y aprovecho y me apretó las nalgas.

    -Tengo tantas ganas de azotarte esa nalgas bebe. – decía mordiéndose los labios.

    Desabotono la parte de arriba de mi traje dejando al descubierto mis grandes senos, me los manoseaba y apretaba muy deseoso.

    -Que culito más rico, ven bésame.-halando mi cara hacia él, su boca estaba tan rica, que sus besos me hacían estremecerme toda. No podía aguantar mucho más, entre sus besos, su gorda verga ensartada en mi culito y su mano masturbándome la chochita, me tenía mal.

    Le susurre, en sus labios -Alan ya no aguanto, creo que me vas a hacer venir si sigues así.

    -Hazlo que yo también estoy en esas. Vente para mí reina.

    -Ay papi sii, dame no pares, ya casi. – apretándome los senos.

    Me inclinó un poco hacia adelante, y de una toda su verga estaba dentro de mí, sentía ese chorro caliente en mis entrañas. Yo por otro lado, lo moje todito. Hay que decir que dejamos el piso muy mojado. Incluso luego de venirnos bien rico, me quede sentada en su falda, con el todavía dentro de mí. Y no parábamos de besarnos y suspirar.

    -Anda límpiate con esto linda. –dándome su pañuelo.

    -Gracias. Creo que vendré más a menudo al cine si será así, ¿no?- sonreí.

    – Definitivamente preciosa. -dándome una guiñada.

     

  • A mi esposo le excita que le hable de mi ex

    A mi esposo le excita que le hable de mi ex

    Me llamo Claudia, tengo 31 años, soy una mujer un poco llenita pero con un culo redondito y unas tetas muy bonitas, estoy casada con José. Tiene 38 años y aunque no es el tipo más guapo algo de lo que me gustó mucho es que al igual que yo somos muy calientes en la cama.

    Antes que José yo estuve casada con otra persona por dos años con el que aprendí muchas cosas sobre el sexo, Pues él era mi primer hombre ahora con José las cosas siguen igual con la excepción de que últimamente cuando estamos haciendo el amor le ha dado por preguntarme cómo me cogía mi ex.

    Yo no tenía ningún problema y le contaba con todo detalle como él me lo hacía y notaba que a mi esposo se le ponía más dura cuando yo le platicaba todo eso.

    La noche anterior cuando estamos haciendo el amor mi esposo me dijo ‘no te gustaría que tu ex te volviera a meter la verga veo que te enseñó muchísimo, mamás espléndido y sabes hacer el amor riquísimo’, eso a mí me calentó y empecé a cabalgar a mi esposo más fuerte imaginándome las primeras veces en que mi ex me cogía, como me comía mis tetas cómo me hacía el amor fue riquísimo tuve un orgasmo como nunca antes lo había sentido pensando que mi esposo era mi ex pareja.

    Nunca me había cruzado por la mente serle infiel a mi marido pero después de ese riquísimo orgasmo me ha dado vueltas por la mente contactar a mi ex y pedirle que me haga suya nuevamente.

    Estoy confundida no sé qué hacer amo mucho mi esposo pero siento mucha necesidad de estar con algún otro hombre, probar otras cosas diferentes hacer un trío, coger con algún amigo de él.

    Ahora soy yo quien tomó la iniciativa tocando esos temas o pidiéndole a mi esposo que ponga películas en donde una mujer es penetrada por dos machos al mismo tiempo o dónde la mujer hace cornudo a su marido y veo que el disfruta muchísimo.

  • En una sala del liceo

    En una sala del liceo

    En estas fechas mi liceo está de aniversario y me acuerdo cuando con la Josefa (lean mi primera mamada y me masturbó en el autobús). Mi ex, tuvimos sexo en una sala del liceo y la sala era del inspector de nuestro patio, la cosa es que cuando estamos de aniversario mandan a todos los alumnos, al patio de básica y al gimnasio. Por otra parte, yo tenía mi escondite en el liceo, mientras estaban en una actividad, yo deje mi mochila en mi sala.

    Cuento corto la fui a buscar y llame a la Jose para que me acompañara, yo me sale una pared y ayude a la Jose para que lo hiciera. Con eso estábamos solo en el patio de media, llegamos a mi sala y estaba cerrada con llave, fui a buscar al inspector en su oficina y para mi suerte había ido a ver las actividades pedo dejo su ventana abierta así que la abrí y me metí yo y después le abrí la puerta a la Jose. Cerré todo con pestillo y me puse a buscar las llaves, no las encontré así que me senté en la mesa del inspector.

    Mire a la Jose y le dije: «señorita Josefa, usted se ha comportado de mala forma, al ingresar a mi oficina sin mi supervisión»

    Me miro y puso una cara de caliente, y dijo: «disculpe inspector, por entrar a su oficina. Como puedo hacerlo para solucionar este problema, sin que me expulse»

    Yo la mire y le dije: «si me deja ver esas tetas la dejo sin castigo»

    Ella expreso: «Pero inspector, yo estoy andando. El colegio se enterara de esto» mientras se estaba sacando su poleron y luego su polera.

    Yo en ese instante me pare y con fuerza la bese, agarrándola de su culazo, en eso me dice ‘castígame por mi mal comportamiento’, yo estaba bajando pasando por su cuello y subiendo a su oído le dije “como tu entraste sin permiso hoy yo haré lo mismo».

    La subo a la mesa y abro su sostén y empiezo a comerme esas tetitas que están hechas para mis manos y mi boca, sus pezones rosaditos y paraditos. Yo me comía una teta y la otra la magreaba y después cambiaba, en eso con mi mano empiezo a toca su conchita por encima del jeans que andaba, en eso me dice: «sigue bajando».

    Yo atine y estaba besando su estómago, su ombligo y llegue al borde de su pantalón, que abrí y se los saque, quedo con una tanga de color morado, cuando paso mis demos por arriba era un lago esa conchita estaba súper mojada, sigo besando el interior de sus piernas y cuando voy llegando a su vagina, corro la tanga y empiezo a lamer su clítoris, luego de un rato, empecé a masajearle con mi dedo del medio y seguía lamiendo y ella comandome con sus manos y tratando de hacer lo menos ruido posible pero se sentía: ‘así, así, así, dale, sigue, dale, sigue, aaaaah , aaaaah, sigue lamiéndome’. Yo empecé a sacarme el poleron y me baje el jeans.

    Ella me dijo: «aquí, no. Nos pueden pillar».

    La bajo de la mesa y la pongo de rodillas para que me la chupara, ella empezó a masturbarme y tirarme el prepucio hacia atrás y a lamer el grande con su lengua que ya de las veces anteriores, era una buena mamadora, empezó a lamer desde la base hasta el glande y chupar los cocos. En eso empieza a chuparme cabeza de mi pene y va desde poco a lo mas rápido, pero ahora se sentía mejor porque hace poco se había hecho un pircing en la lengua, ya estaba con mi pene en toda su boca, se sentían las arcadas y cuando lo hacía me miraba y yo con una concentración para no irme cortado. Era como la 13 o 14 vez que se la iba a meter, cuando la paro y le dije: «es hora de entrar a tu oficina, no tengo el permiso pero lo hare igual».

    En eso la pongo en 4 cargando su cara a la mesa y sus manos en la espalda, acomodo mi pico en la entrada de su conchita que estaba hecha agua y sin hacer esfuerzo entro por lo húmedo que estaba, ya cuando iba entrando más y más sentía lo estrecha que estaba, no sé si era porque no tenía sexo de hace rato o era porque se iba a venir, la Jose lo único que hacía era gritar y pedirme que le diera más duro, en eso se la meto toda adentro y me quedo quieto.

    Le dijo: «pídeme que siga, porque sé que te quieres venir, pídeme pico»

    Ella: «dale wn.»

    Yo: «dímelo perra» y le pego una cachetada en su culo.

    Ella: «sigue porfa, dame más pico»

    En eso sigo cuando siento sus gritos y como buscaba afirmarse de la mesa, siento como que su vagina me aprieta el pene. Tuvo un orgasmo, en eso cambio de posición y nos ponemos de misionero, sobre la mesa del inspector y yo bombeándole con todo y ella. Con sus piernas y mano me tenía encarcelado, mientras seguíamos, nos comíamos por todas parte, boca, manos y sexos.

    En eso le dije que estaba a punto de correrme y me dice en la boca.

    Me paro y ella se acomoda. Yo me empiezo a masturbar y se la echo en la cara, saltaron los chorros cayeron en su cara, boca, cuellos y algunas gotas cayendo por sus tetas. Y me la empieza a chupar para dejármela limpia, yo me empiezo a vestir y ella a limpiarse y a tragarse el semen.

    Nos vestimos y salimos, llegamos al gimnasio del liceo y ya habían terminado las actividades, mis amigos me miran y me dicen: ‘wn por culpa tuya perdimos, nos faltaba uno para el baby futbol’, yo los mire ‘perdieron ustedes en cambio yo, quede joya en la oficina del ayuwoki (inspector) con la Jose’. Ellos me miran y me dicen: ‘te la tiraste’ y yo me cague de la risa.

    Los wns me siguieron weando todo el año, por problemas familiares, luego la Jose se fue del liceo y se fue para el sur a donde sus familiares por parte de la vieja y perdimos el contacto.

    Si lees esto saludo mijeeeta.

  • La magia en la piel

    La magia en la piel

    Todo fue muy rápido, Luz no logra entender que es lo que pasa, él tampoco. Solo saben que se desean, sienten una enorme curiosidad por hacer el amor, quieren tenerse, poseerse. Lo piensan, imaginan, lo huelen, lo logran ver.

    Todo comenzó, ese viernes, al parecer, o antes quizás, mucho antes. O después… la verdad es que no está claro, pero sentados ahí, en esa sala de reuniones, frente al computador, tratando de sacar algo en limpio, Luz no logra concentrarse imaginando rozar sus piernas. Le mira sus manos, grandes, blancas, sus dedos delgados, siente deseos se pasar suavemente sus dedos por ella y acariciar su antebrazo, imagina que lograría erizar su piel.

    Ella humedece, sintiéndose tan cerca. Mira sus ojos, mientras él le conversa, mira su ojo izquierdo y se concentra en su color, hermoso, en la profundidad de su mirada, mira su boca y la invade un profundo deseo de chupar esos labios, morderlos. De meter su lengua y besarlo intensamente. En eso estaba cuando su lápiz rodó por la mesa y fue a caer a los pies de Matías, ella intenta acercarlo con la punta de su bota sin resultados. Entonces decide agacharse. Lo piensa un segundo. Y se mete debajo de la mesa. Toma el lápiz y después decide soltarlo, ella prefiere tomar ambas piernas de él a la altura de la rodilla y acariciar lentamente sus muslos hasta llegar a la entrepierna.

    Matías no sabe qué hacer pero si sabe que es lo que quiere, no sabe qué hacer, pero si sabe que no tiene ninguna intención de frenar a Luz. La respiración de Luz se agita. Ella toma el lápiz, sale debajo de la mesa y ruborizada pide disculpas… «Esto no volverá a pasar Matías, lo siento».

    Matías es demasiado tímido como para decirle algo, a pesar de la rabia que tiene en ese momento, con Luz, por su cobardía de último momento. Continúan en reunión, ninguno se concentra realmente y en un titubeo Matías le dice: no puedo seguir, no dejo de pensar en ti debajo de la mesa. Luz pone su pierna sobre las de él, por debajo de la mesa y le pide que la toque. Matías comienza a acariciar la pierna izquierda de ella. Desliza sus dedos suavemente por el borde interno de su pierna, la siente tan suave, tan firme. Luz estremece con cada centímetro recorrido, cuando Matías está muy cerca de terminar su pierna, ella siente una avalancha de placer que la hace eyacular, ella tiene un squirt y en ese mismo momento lanza un gemido y cierra sus ojos.

    Matías la siente de él, tan frágil y entregada a sus dedos. Continúa subiendo, llegando a su calzón, mojado completamente. Lo retira hacia un lado, mientras ella separa sus piernas invitándolo a entrar. Él, nervioso y decidido a la vez se encuentra con su vulva, la toca suavemente, con la punta de sus dedos índice y medio busca recorrerla, abre sus labios, encuentra su clítoris, lo roza unos segundos y baja. Se encuentra entonces con toda esa humedad, liquida, inodora suave, busca meter sus dedos. A esta altura luz no es capaz de abrir sus ojos, esta 100% concentrada en los dedos de Matías, respira profundamente y de forma acelerada, él, la inspecciona justo como ella quiere, la recorre de la manera que espera, como si estuviera en ella, en su cuerpo sabiendo lo que necesita.

    Después de un minuto de suaves roces y juegos en Luz llena de humedad… Matías retira su mano y la lleva a su nariz, quiere sentir su olor, quiere probar su moco transparente, quiere mostrarle que no existe nada que pueda darle asco de ella. Quiere mostrarle que la desea más que a nada. Sin pensarlo mucho Luz se para de la silla y se sube a horcajadas sobre él. Intenta desabrochar el pantalón sin resultados y le ordena hacerlo él: desabróchate el pantalón… Matías muy nervioso y ansioso obedece… la mira con sus hermosos ojos profundos, se baja el bóxer y saca su pene.

    A esa altura duro y grande, lo toma con su mano derecha y Luz lo enfrenta con su vagina… Se deja caer sobre él, entra profundo ella lo abraza con fuerza y le susurra en el oído: me encanta adentro, déjalo ahí por siempre por favor… No lo saques, nunca, me encanta, es exquisito… Luz continúa susurrando en su oído lo mucho que disfruta tener su pene adentro, empujando sus paredes vaginales, estimulando su placer. El estar ahí, en esa sala aumenta su adrenalina. Siente ella como acelera sus latidos, aumenta la respiración. El olor de Matías entra por su nariz y la excita aún más.

    No deja de susurrar en su oído lo mucho que disfruta ese momento. Entonces lame su oreja, le dice lo perfecto que es aquella situación. Para ella, es un momento mágico, un momento esperado por muchísimos años, ahí sobre él, lo siente suyo. Al abrazarlo, siente que son uno. Nunca había sentido algo así. Cada una de sus células lo anhela más cerca, aunque eso fuese imposible. Lo aprieta fuerte, lo abraza como queriendo traspasar su piel. Le gime en el oído: por favor no pares nunca. Pasa su lengua por su cuello… por el lado derecho, luego por el izquierdo, lo besa con desesperación.

    Se mueve más fuerte y lo aprieta, siente que está teniendo un orgasmo interminable. Lo mira. En sus ojos el muestra un amor infinito. Una admiración increíble… Matías no puede creer lo que está viviendo. Esa mujer lo atrapó para siempre… «Te amo… No sé de cuando»… Ella gime… Fuerte aaaah!!… Siiii!!!… También te amo!!! Extiende su cuello y se afirma con ambas manos sobra la mesa a sus espaldas, entonces mueve su pelvis más fuerte. Matías la toma de las caderas y la ayuda. Ella lo mira y se muerde el labio. Se mueve fuerte. Hacia adelante y arriba y hacia atrás y abajo. Roza su clitoris con el cuerpo de Matías. Cada vez más fuerte.

    Se acerca el final. Ella toma su cuello con su mano izquierda, mientras la derecha sigue apoyada en la mesa. Se siente montando un animal. Gime y gime. Aaaaah aaaaah aaaah siiiii dale!!! De pronto lo abraza con ambos brazos… fuertemente mientras pasa su clítoris rozando hacia abajo… Cuando este vuelve a subir. Ella termina. Junto con él. Entonces se miran a los ojos. Y comienzan a reír. Esto es un sueño, dice Matías, eres realmente magia…

  • Con Cindy después del antro

    Con Cindy después del antro

    Me gusta mucho recordar aquellas épocas en las que me revolcaba con Cindy, ahora ya es más difícil ya que ella se juntó con su novio y la tienen vigilada.

    Pero les voy a contar de otra ocasión en la que me la cogí bien rico, nos quedamos de ver en un bar cerca de su casa. Ella llevaba un mayón negro y una blusa azul riquísima como siempre.

    Empezamos a tomar y platicábamos de nuestro día a día, poco a poco subimos de tono nuestras pláticas y nuestros bailes, que la plática de nuestros encuentros sexuales anteriores salió a relucir.

    -No puedo olvidar lo rico que fue hacértelo en mi cochera

    -Yaa! No empieces ya sabes que somos amigos

    -Y eso que, respeto tu amistad pero el deseo a tu cuerpo es inevitable

    -Me halaga lo que dices pero no creo que este bien que nuestra amistad esté en riesgo por calientes.

    -Y porque estar en riesgo? yo no te he pedido nada que no puedas, además no te gusto como te la hago?

    -Mmm! si me gusta, de verdad tienes un buen pito! perooo!

    No la deje hablar y comencé a besarla, ella al principio se quería negar pero fue accediendo poco a poco, mis manos acariciaban sus caderas y sus nalgas firmes que me encantan, mordía mis labios y me repegaba su vaginita

    -Eres un cabron! siempre te debes salir con la tuya!

    -Jejeje te encanto nena! Vámonos!

    Salimos del bar y nos dirigimos a un hotel que estaba cerca, pedimos la habitación y al entrar me le lance como un animal, la acosté en la cama y comencé a besarla mientras mis manos recorrían su cuerpo…

    Comencé quitándole la blusa, lamia y besaba su abdomen mientras mi lengua rosaba sus tetas, le quite el mayon y le lamia los pies, las pantorrillas, sus rodillas hasta llegar a ese rico par de muslos, ella gemía y movía su cuerpo, ella me quito mi ropa dejándome solo en calzoncillos, acariciaba mi verga con su mano mientras me mordía la boca y mi cuello, yo acariciaba sus nalgas y su vaginita…

    -Me encantas chiquita! tu cuerpo es adictivo!

    -Tu también me gustas, hagamos un 69!

    Nos quitamos la ropa interior y nos acomodamos en un rico 69, yo lamia y chupaba su deliciosa vagina, mi lengua jugaba con su clítoris mientras mis dedos entraban para sentir su humedad.

    Ella me daba unas chupadas como si mi verga fuera una tutsi pop mordía mi cabecita y mis bolas, llevaba sus lamidas hasta cerca de mi ano, yo hacía lo mismo, mi lengua llegaba a su ano, estábamos estimulando riquísimo, ambos gemíamos y hasta que ella me pidió mi verga

    La acosté y le abrí las piernas para empezar a penetrarla, al mismo tiempo nos besábamos y le mordía las tetas, me movía mas rápido para que mis 20 cm entraran lo mas que pudieran ella me pedía que no parara, cambie de posiciona la famosa cucharita, levantándole una pierna y ambos acostados de ladito comencé a penetrarla mientras le mordía el cuello y las orejas ella gemía y me pedía que no parara.

    -Asiiii! no pares niñoo! Sigueee!

    -Chikibaby que rica estas, me encanta tu coño, te amoo!

    -Aghh! yo también te amo! Cogemee!

    -Lo que tu digas amor! Ufff!

    La puse de perrito y comencé a penetrarla suavemente mientras me deleitaba con sus piernas y su nalgas, ella movía su cadera acompañando mis penetraciones, era la gloria me encantaba esa mujer lo único que pensaba era en seguir penetrándola, aumente mis penetraciones mientras le daba unas nalgadas y le daba pequeños golpes en su costillas, eso la excitaba como no tienen idea…

    -Asii! hazme tuyaa! Aghh!

    -Chikitaaa! que ricoo! comete mi vergaa!

    -Siii dame tu vergaaa! me encanta tu vergaaa!

    -Gozalaaaa! será tuya cuando quieras!

    Mis movimientos aumentaron y mientras le jalaba el cabello y la nalgueaba ambos nos venimos, un rico orgasmo invadió la habitación, su venida se juntaba con la mía y el placer era maravilloso…

    -Aghh! Luuuiiiis! que ricooo!

    -Ufff! Nenaaa!

    -Bebe lléname de lecheee!

    -Aghh! es tuyaaa!

    Pero no termino ahí, volvimos al 69 ella limpiaba mi pene con sus mamadas y yo le estimulaba el ano, tenía ya ganas de darle por ahí así que sabiendo que ella estaba de cooperativa ni se lo pedí solo la prepare, después de varias chupadas ambos estábamos listos así que le pedí se volteara y levantara las nalgas, ella obedeció yo acariciaba alrededor de su anito mientras ella gemía y suspiraba de nervios

    -Luis! nunca me eh metido una tan grande por ahí!

    -Tranquila amor, seré amable con tu anito!

    -Luuuuis! pero métela despacio tu verga es grande y cabezona no quiero que me lastimes

    -Lo que importa es que goces, tu disfruta…

    Le comencé a meter lentamente mi cabeza, ella me apretaba las manos, mi verga entraba lentamente en su rico culo, ella gemía y mordía la almohada, comencé a moverme, metía y sacaba, ella se movía pero gritaba, sus gritos me excitaban por lo que la penetraba mas rápido, al mismo tiempo le apretaba sus tetas y le daba nalgadas, ella gozaba y se movia y sus gritos me excitaban mas.

    -Aghhh! Luuuiiii! me duelee! Aghh!

    -Te duelee? te la saco nenaa!

    -Noooo! sigueleee aughhh! Sigue!

    -Si tu culo será miooo! muévete amor mueveteee!

    Le di vuelta y le levante las piernas, seguía haciendo mío su culo, ella gritaba yo lamia sus dedos de su ricos pies y lamia sus pantorrillas, ella mordía la almohada ya que mis movimientos aumentaban, ella comenzó a moverse también, ambos nos movíamos a la par y su culo apretaba más y más mi verga!

    -Aghh mi amor, nenaaa! que ricooo!

    -Papiii! aghhh! esto es la gloriaaa!

    -No sabes cuánto había soñado este momento ufff

    -Siguee, llegamos juntooo

    Ambos nos movíamos más rápido hasta que ya no aguantamos mas y nos venimos juntos, le llenaba su culo con mi caliente leche mientras de ella brotaban líquidos jugosos, chorreaba y mojaba todo.

    -UGHHHH! Luuuiiiii! que ricooo

    -Aghhh! Cindy! dios

    El orgasmo fue maravilloso que nos quedamos sin energía, nos quedamos acostados un rato mientras besaba su rica boca, la noche no termino ahí, lo hicimos unas veces más hasta que ya no pudimos, al amanecer ella estaba recostada en mi pecho, yo la mire y supe que nuestras aventuras sexuales apenas empezaban.

    Pronto les contaré más de ella.

  • El secuestro de Rosa la mimosa

    El secuestro de Rosa la mimosa

    Isidro, un treintañero, gallego, rubio, alto, ancho de espalda y estrecho de culo, se había casado con Gimena, una mujer colombiana, morena, alta, cuarentona, voluptuosa y rica, muy rica. Gimena tenía una hija que se llamaba Rosa. Rosa tenía 21 años, era morena cómo su madre y alta cómo ella, pero delgada, con buenas tetas y culo pequeño.

    Vivían en Colombia en una mansión heredada de Fajardo, un capo que acabara acribillado por un sicario después de decirle una amiga a Gimena que su marido tenía un harén de mujeres jóvenes. Cada cual que saque sus conclusiones.

    Rosa, la hija de Gimena, era una mimosa a la que su padre le daba todo lo que quería. Cuando lo mataron de mimosa pasó a puta viciosa, y culo que veía culo que quería. A sus 21 años ya tenía el coño cómo un bebedero de patos, pero eso no quitaba para que fuese la más deseada de aquella comarca, ya que era bella a rabiar. Isidro, la deseaba más que nadie y eso era por ella lo provocaba día tras día, pero él se resistía a sus encantos para no acabar de mala manera si Gimena se enteraba de que follara a su hija.

    Berto, Lucas y Andrés eran tres gallegos, delincuentes habituales y amigos de Isidro. Eran de esa clase de hombres que pasan desapercibidos… No eran altos ni bajos, ni gordos ni delgados y ni guapos ni feos. Isidro les pagara el billete de avión y les diera unos cientos de dólares cómo anticipo de un trabajo que debían hacer. Hablaban en una taberna. Le decía Lucas a Isidro:

    -Ya tenemos la cabaña, Dartañán.

    -Entonces hay que mover ficha con la reina, Portos.

    Berto, terció en la conversación.

    -Por mí está bien, pero hay algo que debo saber. ¿Por qué teniéndolo todo te conformas con tan poca parte de la tarta, Dartañán?

    -Me ronda la muerte en forma de diablilla, Athos.

    -¿La mujer del posadero?

    -No, la hija.

    -¿No puedes pasar sin darle lo suyo?

    -No.

    Al final de la noche, después de repasar cómo iban a hacer las cosas, siempre en clave, porque suele haber oídos tras las paredes, Isidro, levantó la copa, y dijo:

    -¡Todos para uno y uno para todos, mosqueteros!

    Los otros tres levantaron sus copas y dijeron:

    -¡Todos para uno y uno para todos, Dartañán!

    Dos días después… Rosa, para echar un polvo con un joven que había conocido en una fiesta -era Berto-, burló a los guardaespaldas. Al salir con Berto a la calle -era noche cerrada-, un encapuchado salió de una furgoneta, le tapó la boca con una mano, la cogió en un brazado, y la metió en el vehículo. Una hora más tarde estaba con una venda en los ojos y atada de manos a los barrotes de bronce de la cabecera de una cama y de pies a los barrotes de la parte de atrás.

    Al llegar a casa los guardaespaldas y decirle a Gimena que su hija había desaparecido, la mujer puso el grito en el cielo. A los diez minutos los guardaespaldas estaban muertos. Todos los hombres que trabajaban para ellla se pusieron a investigar. Isidro ya estaba acojonado.

    Gimena desconfiaba hasta de su sombra, menos de quien debía desconfiar. Isidro, le dijo:

    -Yo también voy a hacer preguntas por ahí.

    -Vete, cariño, vete.

    Isidro fue, pero fue a la cabaña. Una cabaña que estaba en medio de un bosque y que no tenía agua corriente ni luz eléctrica. Se iluminaban con lámparas de petróleo, y de petróleo se alimentaba el farol del pórtico donde habló Isidro con los otros tres. Luego entró, vio a su hijastra en la cama iluminada por un quinqué y se dijo que le iba a pagar los coqueteos, los roces, las ganas que le hizo pasar, se las iba a pagar todas.

    Se sentó en el borde de la cama. Sacó de una bolsa un lápiz labial y le pintó los labios de rojo carmín. Rosa estaba tan asustada que no se movió. Sentía el lápiz de labial rozar muy suavemente sus labios, y se empezó a excitar… Al final paso la lengua por ellos, Isidro la besó. Quiso meter su lengua en la boca de la joven pero se encontró con los marfileños dientes haciendo barrera. Isidro saco de la bolsa unas tijeras y fue cortando desde los puños de las mangas de la camisa hasta llegar al cuello. Cortó la otra manga, después cortó los hilos de los botones. Quedó el blanco sujetador al descubierto, lo cortó y ahora las que quedaron al descubierto fueron sus tetas, unas tetas medianas con las areolas rosadas echadas hacia fuera, era cómo si estuvieran hinchadas. Sus pezones poco más grandes eran que granos de arroz. Lentamente, con el lápiz labial, pintó sus areolas, y luego, sin tocar las tetas con las manos, besó, lamió y chupó las areolas y los pezones.

    Rosa, se estaba poniendo cachonda, pero no quería que su violador lo supiera. Le dijo:

    -¡Estás muerto! Eres un muerto andante. ¡No sabes lo cabrona que puede ser mi madre!

    Isidro siguió besando, lamiendo y chupando las areolas y los pezones. Rosa, desesperaba.

    -¡Ni siquiera sabes jugar con unas tetas! Las tetas se amasan, ignorante.

    Ni caso, lo que hizo fue cortarle la falda por los dos lados y dejar su tanga rosa al aire. Una tanga de seda en la que se veía una gran mancha de humedad y en la que se marcaba la raja del coño. Cortó la tanga y vio su coño peludo. Se lo abrió con dos dedos. Estaba empapado de babas, tantas que la vagina hacía globitos al abrirse y cerrarse. Rosa, quería una cosa y decía otra.

    -¡Ni se te ocurra lamer mi coño!

    Isidro lamió el coño y lo dejó limpito. Después le pintó los labios con el lápiz labial.

    Rosa, se estiró, levantó el cuerpo, y se le escapó una especie de suspiro.

    -¡Aaaay!

    Rosa pensó que le iba a lamer el coño, pero no, Isidro sacó de la bolsa un vibrador bala y se lo puso en el lado izquierdo del capuchón del clítoris, del izquierdo pasó al derecho. Rosa, exclamó:

    -¡Ooooh!

    Ya sabía dónde le gustaba más… Fue turnando, encima, al lado y al otro. Al rato, del coño de Rosa salían babas que mojaban su ojete. Isidro cogió un dildo anal y se lo metió en el culo. Con el vibrador bala sobre el lado derecho del capuchón del clítoris y el dildo follando su culo, Rosa, se fue poniendo tensa, se arqueó, se sacudió como si la estuvieran electrocutando, y exclamó:

    -¡¡¡Hijo de puuuta!!!

    Rosa, gozó cómo una loca… Al acabar de correrse, y aun jadeando, oyó en bajito, los gemidos de un hombre. En ese momento supo que alguien estaba viendo lo que le hacía su violador y se masturbaba. Lo siguiente que le vino a la cabeza era que debía de ser uno de los que la secuestraran ya que su violador no era otro que Isidro, reconociera su olor corporal. ¿Se estarían todos masturbando? (estaban) La idea la excitó. La quitó de sus pensamientos una tremenda polla de plástico que comenzaba a entrar en su coño. Debía ser inmensa, ya que parecía que la iba a romper. Sintió como girando le iba entrando muy lentamente, y al llegar a fondo sintió cómo un vibrador movía su clítoris, supo al momento que era uno de esos vibradores con nariz. Lo siguiente que sintió fueron dos manos sobre sus pechos. No eran las de Isidro por la posición en la que le amasaban las tetas. Luego fueron dos bocas las que se las besaban, lamían y chupaban, y acto seguido sintió una polla gorda y mojada tocar sus labios. Apartó la cabeza, pero no dijo nada. ¿Para qué iba a decirlo si nadie le iba a contestar? Pasaron unos minutos y ya la tremenda polla de plástico, girando, entraba y salía de su coño con suma facilidad y produciéndole gran placer. La polla del desconocido, gorda y húmeda, de vez en cuando volvía a rozar sus labios, pero ella seguía apartando la cabeza. Poco más tarde, la polla de plástico salió de su coño, y una lengua ocupó su lugar, Rosa, que se había aguantado los gemidos, comenzó a gemir y a mover las caderas. En nada sintió que se iba a correr. La polla gorda y húmeda se volvió a posar en sus labios, abrió la boca y la mamó. La polla, que era la de Berto, se corrió en su boca, las de Lucas y Andrés sintió cómo se corrían en sus tetas, y ella se corrió en la boca de Isidro, que nada más acabar de correrse la muchacha se la metió y la folló a toda mecha para correrse y seguir con el juego. Cuando Rosa sintió que Isidro se iba a correr, le dijo:

    -Dentro, Isidro, córrete dentro, hace mucho tiempo que deseo sentirte dentro de mí.

    Isidro, se corrió dentro de Rosa. Al acabar de correrse, les preguntó a Andrés a sus amigos:

    -¡¿Y ahora que carallo hacemos con ella?!

    Rosa liba a salir del apuro.

    -¡Os propongo un trato! Saldremos todos ganando. Desatadme.

    Se guardaron las pollas. Isidro le quitó la venda de los ojos y los otros la desataron. Rosa, llena de semen y con las ropas destrozadas, estaba tan sexy que yo le echaba otro polvo y la dejaba mirando con un ojo para México y otro para Brasil. Miró a Isidro, y le preguntó:

    -¿Cuánto ibais a pedir por mí?

    -Un millón de dólares.

    -Matar a mi madre y os doy un millón de dólares a cada uno.

    Blas, que no se fiaba ni de su sombra, le preguntó:

    -¿Por qué quieres qué la matemos?

    -Por que mató a mi padre por engañarla con otras mujeres y ella se folló a media Colombia.

    No me voy a explayar. Dartañán y los tres mosqueteros fueron los fieles escuderos de la nueva reina, escuderos para todo.

    Quique.

  • Camila: la calentura puede más que la razón (1)

    Camila: la calentura puede más que la razón (1)

    Advertencia: este relato contiene situaciones completamente inverosímiles y que rayan en la exageración. Si lo tuyo es el realismo, este no es un lugar para ti; en caso contrario, disfruta el viaje.

    Escena I

    La hermosa Camila García recién acaba de egresar de una universidad privada de gran prestigio del noroeste de México. La posición económica de su familia le permitió darse una buena vida, gracias a la confianza en sus capacidades por parte de sus padres, cualidades que solía exagerar para mantener sus privilegios. Pero ahora, con 22 primaveras y en proceso de titulación, se enfrentaba a la realidad: la escasez de trabajo.

    Había estudiado Ciencias políticas, según ella, por evitar las matemáticas, ya que nunca fueron lo suyo, más bien ninguna asignatura lo fue. No obstante, sus calificaciones siempre fueron altas. Teniendo en cuenta esta situación, no faltaban rumores sobre cómo fue que obtuvo esas notas. La mayoría de sus compañeros coincidían en que lo logró mediante favores para con algunos de sus profesores, incluso se llegó a decir que fue capaz de coger con algún catedrático con tal de mantener ese promedio; y de igual manera cuentan que en una ocasión la vieron haciéndole una mamada a su profesor de Teoría del Estado. Sobra decir que quienes vieron tal escena se tuvieron que hacer una puñeta ahí mismo de lo excitante que les resultó ver a Camila en ese acto, succionando aquella verga, pero eso es harina de otro costal.

    De ahí que esa fama de nuestra protagonista no está tan alejada de la realidad, puesto que tiene una marcada afición por los hombres, o mejor dicho por las vergas: naturaleza que ella siempre se empeña en negar, en mayor medida por esa sólida moral que le inculcaron en su hogar. Ambas condiciones resultan contradictorias y le generarán conflictos internos, que probablemente terminen en situaciones cargadas de erotismo, como ya iremos viendo. Basta de antecedentes y prosigamos con esta historia.

    Era un lunes por la mañana, muy temprano, cuando ella se despertó con la intención de acudir al gimnasio, porque empleo no tenía y en honor a la verdad no se preocupaba mucho por conseguir uno, por los motivos ya explicados. Hay que agregar que desde temprana edad ha sido muy cuidadosa de su aspecto, y por ello éste tiene una alta prioridad en su rutina diaria. Lo primero que hizo para arreglarse fue escoger qué ropa utilizaría para iniciar la semana, y fue así que acorde a su estilo, se dedicó a combinar diferentes prendas.

    Empezó por un sostén deportivo negro, el cual a duras penas podía albergar su regalo de graduación: unas redondas y firmes tetas copa 34C, que se asemejan a un par de jugosos melones, que están coronados con unos pezones y areolas de tamaño pequeño, y de un color marrón claro que contrasta con esa piel morena clara, suave como la seda y sin imperfecciones. Y por encima del sujetador se puso un top negro con rosa, que no cubría el área del abdomen, ya algo definido por el entrenamiento. El escote era algo más pronunciado de lo que debería.

    En el caso del calzón, se decantó por una tanga negra de encaje, porque según ella era más práctica para entrenar y además no se harían esas desagradables marcas en los leggings que iba a usar. Está de más mencionar que la tanguita se perdía entre ese par de suculentas y redondas nalgas. Éstas eran sin duda su mejor atributo. Este trasero le había traído múltiples beneficios, tanto a ella como a los afortunados que lo habían podido probar. Cuántas veces terminaron escurriendo leche luego de una buena cogida, sólo ella lo sabe con certeza.

    Y ya pasando con los leggings, eligió unos de color negro, con los que se sentía muy a gusto, y que eran de una tela muy flexible. Ella sabía que la prenda la hacía lucir espectacular, pues el material del que estaban elaborados provocaba que le quedaran prácticamente untados, enmarcando a la perfección ese culote, como si no llevara nada; además de esos muslos que a pesar de ser gruesos, eran por demás femeninos; y por último, se calzó un par de tenis deportivos negro con rosa.

    Fue así que, tras terminar de peinar en una coleta su lacia y negra cabellera, se desayunó un jugo verde y se dirigió hacia el gimnasio, mismo que quedaba retirado de su casa, pues fue el que mejor equipado estaba. Para llegar a aquel sitio, consideró usar el camión, ya que desafortunadamente no era una persona que supiera administrarse y estaba algo limitada de efectivo en ese momento.

    Una vez salió de su hogar, se dirigió hacia la acera, y el casi hipnótico rebotar de su jugoso trasero al andar no pasó desapercibido para Pedro, su vecino de al lado, hombre en sus treintas, quien regaba el pequeño huerto que tenía a un costado de su casa, y quien a pesar de estar casado no perdía oportunidad de intentar ligar con la atractiva joven:

    Pedro: buenos días Camila, tan temprano y ya activa, ahora entiendo porque tienes ese cu… erpazo jajaja.

    Camila: buenos días, ¡ay gracias!, pues yo siempre trato de cuidarme, más que nada por salud, ya sabes.

    Pedro: oye, espero no ser entrometido pero quería comentarte que me parece que deberías consumir más chile, porque se ve que necesitarás proteína para mantener todo ese músculo. Un día puedes venir y comerte el mío… el que siembro, claro está jajaja, no pienses mal.

    Camila: jajaja, es interesante, no había escuchado eso antes, y tal vez sí me ayude, en especial si es orgánico.

    Pedro: verás, es que tengo plantas de chile acá atrás, en mi jardín, y pues contienen muchas proteínas que le caerán muy bien a ese cu…erpo, y sobra decir que pican rico, tanto que te apuesto a que si pruebas uno, vendrás por más, no serías la primera… persona en hacerlo.

    Kamila: siendo honesta, me encanta el chile, sobre todo en las ensaladas. Le da ese toque picosito que necesita mi comida. No sé qué tan rico esté tu chile, sí está grueso o no, digo, eso importa a la hora de degustarlo. Una siente la diferencia, tú sabes.

    Pedro: te aseguro que tiene un grosor nada despreciable, no te dejará indiferente, créeme. Siendo así, haber cuando vienes a probármelo… el chile, le das una mordida y te garantizo que te lo comerás enterito. Otra cosa, ¿me permites tocar poquito tu músculo?, es que se nota el esfuerzo que has hecho.

    Camila: por supuesto, toca para que veas el efecto de los meses de entrenamiento que he llevado.

    Dicho esto, Camila flexionó su brazo para resaltar su bíceps pero su vecino, astutamente, aprovechó para dar un leve apretón a uno de los duros glúteos de ella, dado que ella no especificó qué parte. Dicha acción de inmediato causó efecto en la persona de Pedro, pues en su pantalón se dibujó un bulto considerable, detalle que no pasó desapercibido para nuestra protagonista, pues de reojo lo alcanzó a ver.

    Pedro: ¡Camila!, sí que te estás ejercitando muy bien… parece que toqué acero jajaja.

    Camila: ¡ay Pedro, cómo eres! yo no me refería a esa parte, sino a mi brazo. Pero bueno, ya me voy porque es tarde y se me pasará el camión. Hasta luego.

    Pedro: de acuerdo, que tengas buen día, y a ver cuándo pasas por la casa.

    Kamila: claro, luego acordamos el día. Bye.

    Y la joven se fue rumbo a la parada, mientras Pedro se imaginaba cosas sobre ella:

    Pedro: “qué buena estás pinche Camila, ese culote se va a ver de maravilla cuando te tenga empinada esperando este chile, vas a acabar escurriendo mecos mamita, mmm. Ojalá y aceptes pronto, culona”.

    Y volviendo con Camila, esperó el transporte por espacio de 15 minutos, y mientras lo hacía meditaba sobre lo acontecido instantes atrás:

    Camila: “creo que me pasé con Pedro, debo darme a respetar y ser decente”.

    Kamila: “pero sí debería ir a casa de Pedro, con el antojo que tengo de darle unos buenos sentones, se ve que tiene una verga deliciosa. Es más, lo haré en la cama donde duerme con su esposa, se ve que es una frígida la vieja esa, va a terminar su sábana llena de mis jugos jajaja”.

    Camila: “no, no, no, eso está mal, no es correcto meterse con hombres casados. No seas así, me pregunto por qué pasan por mi mente estas ideas tan perversas”.

    Transcurrida casi media hora y ya desesperada, divisó con aquellos hermosos ojos color miel un autobús que iba para el rumbo del gym, y lo abordó sin importarle que iba lleno de estudiantes, de esos, molestos, pues era hora de entrada a la escuela.

    Escena II.

    Al abordar el bus, la joven se percató de que le faltaba algo:

    Camila: buen día.

    Chófer: muy buen día linda… pásale a lo barrido.

    Camila: ¡ay!, no tengo mi monedero. Déjeme revisar si lo tengo por aquí.

    Y buscó en su mochila, y en efecto, el bolso se había quedado en su casa. Al momento de buscarlo, se agachó para abrir su mochila, lo que provocó que sus gemelas fueran más visibles por el escote de su top. Sin duda era un buen par de melones, y el conductor se dio un buen taco de ojo viendo las prominentes tetas de la chica. Fue por ello que se portó muy servicial:

    Chófer: no te preocupes corazón, no te cobro, por cortesía.

    Camila: ¿Ah?, gracias, qué amable por subirme gratis.

    Chófer: no hay de qué, estamos para servir, pásale.

    Ya arriba, se percató de que no había asientos libres y tuvo que irse hasta al fondo del camión, donde se quedó de pie, para tratar de evitar el bullicio de los adolescentes. Dado que con su 1.60 m los tubos le quedaban altos, tuvo que agarrarse de los asientos. Unas calles adelante, abordó un hombre joven, de aspecto algo desaliñado, de estatura media, 1.75 por mucho, y fue tal la suerte de Camila que aquel individuo fue a parar directamente detrás de ella. Cabe mencionar que el sujeto llevaba una camiseta desmangada y un pants de los holgados, aparentaba que iba a correr a alguna parte.

    Instantes después, Camila comenzó a sentir que el sujeto se pegaba cada vez más a ella, y como el espacio era muy reducido, no pudo cambiarse de sitio y debió aguantar el arrimón que le estaba dando a su bien formado trasero. Y así siguieron las cosas, hasta que ella pudo sentir como, poco a poco, se fue endureciendo y agrandando ese bulto, el que ahora estaba frotándose de manera leve pero insistente con sus nalgas, a lo que ella no reaccionó, pues no quería armar un escándalo, tenía una imagen que cuidar.

    Sin embargo, el sujeto siguió tallando, cada vez con más descaro su verga, ya bien erecta, contra los suculentos y redondeados glúteos de nuestra protagonista, quien cada vez sentía mejor aquella reata. Por el tipo de ropa que ambos llevaban, parecería que fueran restregándose piel con piel. Hasta que un tope hizo que el camión diera un salto y ella reaccionó agarrándose con fuerza de los sillones, con lo que de manera ¿involuntaria?, arqueó su espalda y levantó más ese culote, lo que aquel fulano tomó como una invitación, y fue ahí cuando aprovechó para acomodar su pito ya completamente tieso entre la separación de los nalgas de Camila, que estaba muy marcada, dada su vestimenta.

    Ante tal situación, Camila empezó a sentir cierto calorcito en su entrepierna, además de una humedad en su tanga cada vez mayor, por lo que actuó, sin pensar en las consecuencias, y empleando la mochila que llevaba para el gym como cobertura, cooperó. En un principio, se limitó a darle leves apretones al chorizo del individuo, mismos que produjeron quejidos de su parte, y como no, si prácticamente le estaba estrujando la verga con esas nalgotas, el placer que sentía el sujeto era enorme.

    Ahora sí que el tipo estaba ansioso porque su palo pudiera sentirlas mejor, creyó que lo más probable es que desnudas fueran el paraíso, y era un hecho que de haber practicado esa misma acción desnudos, habrían acabado aquel par de pompas bañadas en chorros de espesa leche.

    Tras lo anterior, era inevitable que por su mente cruzara la idea de clavársela:

    Anónimo: “no mames, qué ricas nalgas tiene está vieja, ya me tiene con la verga bien tiesa, qué ganas de cogérmela, se ve que le encanta el chorizo. Es obvio que anda ganosa, por los apretones que me está dando, aparte se ve que ha de estar bien apretadita”.

    A la par de esto, el temperamento cachondo de Camila salía aún más a flote, ya que continuaba con esa especie de masaje, mientras pensaba:

    Kamila: “qué buen palo tiene este tipo, y con las ganas que traigo de una buena cogida, si por mí fuera ya me lo estuviera comiendo en cuatro, mmm, la trae bien tiesa, ay no, qué antojo de probarla”.

    Tanta fue la calentura que la invadió que su panocha, que por cierto acostumbra a depilar, ya escurría jugos, y estaba deseosa de albergar ese barra de carne en su interior, y por tal motivo, pasó una de sus pequeñas manos para tomar la verga del sujeto, a lo que éste reaccionó con emoción. Ella tanteó el palo sobre el pants, comenzando desde los huevos, que apretó un poco y sintió abultados, llenos de leche; para luego irla deslizando con suavidad por el venoso tronco, con esos dedos tan finos y suaves que tiene nuestra Camila, hasta subir a la cabeza, la cual sintió gruesa y algo húmeda.

    Definitivamente era el tipo de pito que le encanta, ya que suelen gustarle cabezones, pues así le talla mejor todo el interior de su panocha, además de que disfruta más lamerlas a la hora de mamar, lo cual en no pocas ocasiones culmina en chorros de mecos que acaban en su carita.

    Luego de esta exploración, volteó a verlo con una mirada lujuriosa, para luego comenzar una suave chaqueta, la cual endureció más ese palo, si es que era eso posible, y sí, ya que la había convertido en una carpa de circo. Por lo delgado del pants, ella creía sentir las venas marcadas de esa estaca de carne, aparte del nada despreciable grosor de ésta.

    Kamila: “cómo no estamos en otro lugar para gozar de esta delicia, tengo tantas ganas de darle una chupada bien dada, lamerle bien la cabeza para que luego al clavármela resbale más rico, mmm, seguro la dejó bien cremosa, así como ando”.

    Camila: “¡no! ¿Qué estás pensando?, estás en un camión, no seas vulgar”.

    Con ese pensamiento salió de su trance, y cayó en cuenta que iba en público. Convenientemente, faltaban dos cuadras para bajarse, por lo que se giró y le dio una cachetada al individuo:

    Camila: ¡Idiota, cómo te atreves a andar haciendo esas cochinadas, pervertido!

    Ante esto, los pasajeros voltearon a ver la escena, mientras que Camila, presurosa, sacó partido de una señora que pidió la bajada en ese momento, y descendió tan rápido como pudo, para evitar salir perjudicada. Mientras que el sujeto se quedó apenado por lo sucedido y mejor se bajó unas calles después para salvar su pellejo.

    Volviendo con la protagonista, al caminar sintió algo de humedad en su glúteo izquierdo y se dio cuenta que tenía un líquido algo transparente, seguramente era lubricante del acosador, ante lo cual optó por tratar de limpiarlo y seguir rumbo al gimnasio.

    Kamila: “estaría mejor que me lo hubiera echado dentro”.

    Camila: “¡no!, qué ideas tengo, a este paso tendré que irme a confesar, ando muy descarriada”.

    Luego de esto, siguió su camino hacia el gimnasio, así caliente como estaba.

    Escena III.

    La estancia en el gym se dio sin contratiempos, salvo las usuales miradas libidinosas. Sin embargo, ella consideró todo ese lapso la invitación de Pedro a probar su chile, tan es así que su panocha se mantuvo húmeda todo ese rato, y no precisamente por el sudor.

    Fue así que al terminar su rutina pasó a las regaderas para ducharse. Durante estos minutos, Camila estuvo tentada a masturbarse para saciar un poco su necesidad de sexo. Con lo que no contaba es que al sentir el agua corriendo por su curvilíneo cuerpo, su piel se iba a erizar al recordar a aquel hombre y su herramienta.

    Por tal motivo aprovechó su cuerpo enjabonado para acariciar sus duras tetas y pellizcar suavemente sus pezones, y ya había bajado la mano a su ya muy mojada panocha, para comenzar a deslizar un dedo sobre su sensible clítoris, y fue ahí cuando se detuvo, pues pensó:

    Kamila: “mmm, mejor me aguanto y voy a ver qué tiene Pedro para ofrecerme, mis dedos no me van a bastar esta vez, necesito carne, de hombre”.

    Camila: “no debería tocarme así aquí, es un lugar público, qué dirían de mí si me vieran; además no debo meterme con el vecino, qué dirán de mí”.

    A continuación, terminó la ducha y se dispuso a vestirse. En su mochila traía una faldita negra que a duras penas cubría ese culote, pues se le levanta por acción del mismo; así como una blusa roja escotada y abierta por la espalda. De ropa interior un conjunto rojo de brassier de media copa y una tanga; y unas zapatillas negras de tacón alto, y abiertas. No cabe duda que a nuestra protagonista la atención le fascina.

    Posteriormente, tomó el transporte para dirigirse a casa de Pedro. Una vez ahí tocó el timbre, y éste salió, visiblemente sorprendido.

    Pedro: hola vecinita, qué gusto verte por acá, dime, ¿qué te trae por aquí?

    Kamila: hola, verás, es que vengo llegando del gym y se me acabó el agua, y don Erick no quiso fiarme hoy, porque ya le he pedido varias cosas esta semana, así que vengo muriendo de sed y necesito líquido. ¿Podrías darme… un poco de agua?

    Pedro: por supuesto, yo te doy… lo que quieras, agua, refresco, leche… lo que gustes. Adelante, pasa y ponte cómoda mientras te sirvo el agua.

    Kamila: ¡ay gracias!, te tomaré la palabra, conste eh.

    Y mientras Pedro fue a buscar el vaso, se dio cuenta que no había uno limpio, y como él no sabía dónde guardaba Martha, su esposa, el jabón, tardó en buscarlo. Simultáneamente, Camila observó que la puerta de la habitación principal estaba abierta, así que se le ocurrió entrar. Y sin perder tiempo se despojó de su ropa, hasta quedar desnuda del todo, y así aguardó a Pedro. De repente vio una foto de la pareja en una mesa al lado de la cama, y prefirió voltearla, pues como ustedes podrán comprender, sería indecente cogerse al esposo mientras el retrato de la feliz esposa observa, no, eso no se hace. Tras esto, oyó un grito:

    Pedro: ¡Camila, dónde estás!, aquí tengo tu agua.

    Kamila: te hice caso y me puse cómoda, ven acá Pedro.

    Y Pedro fue hacía el lugar de donde provino la voz: su habitación, y al entrar dejó caer el vaso de la impresión: tenía a Camila en su cama, completamente desnuda, dejándolo boquiabierto. Luego, Camila se puso de pie y le hizo una seña para que se acercara y él lo hizo. Ya que estaban frente a frente, Camila se giró y le dijo con un tono muy sensual:

    Kamila: ¿te gusta lo que ves?, yo digo que sí, siempre te noto viendo mis nalgas, hasta podría pensar que las deseas, no sé si me equivoque. Pero dime, ¿qué te parecen, ha valido la pena el ejercicio o no?, ¿están bonitas?, ¿son lo suficientemente grandes?

    Pedro: ¿Qué preguntas son esas?, ¡claro que sí preciosa! mira nada más este pinche culote, es el más redondo y paradito que he visto.

    Mientras decía eso, presuroso llevo sus manos hacía aquel par de glúteos y los comenzó a acariciar y a amasar. Se sentían tan suaves y duros como él imaginaba, hasta se les marcaban los dedos; y ya entrado se dio el lujo de abrirlos un poco para ver el pequeño agujerito que yacía entre ese par de montañas de carne. Ganas no le faltaban de agacharse y lamerle el chiquito, que se veía cerradito y sin un solo vello. Todo esto le estaba provocando la mayor excitación de su vida.

    Kamila: creo que me prometiste algo hace ratito, así que quiero ver ese chile para ver si me lo como o no, así que sácalo, ándale.

    Al oír eso, Pedro sin pensarlo dos veces se bajó el short que traía y el bóxer, liberando su verga: larga y gruesa, con venas que cruzaban el tronco, y una cabeza con forma de hongo, más gruesa que lo demás, de color rosado y brillante; así como un par de huevos colgantes que se veían bien cargados de lácteo listo para dárselo a la cachonda mujer. Pedro lo tomó con la mano y lo sacudió un poco, presumiendo, y dijo:

    Pedro: aquí tienes tu chile mamita, ¿lo vas a querer?

    Y al ver Camila aquella reata, se le hizo agua la boca. Sabía que estaba rica, pero no a ese grado. Su panocha comenzó a escurrir jugos tan sólo de verla, y hasta salivó.

    Kamila: mmm papito, no mentías con lo de tu chile, está delicioso, me lo como porque me lo como.

    Pedro: pues adelante chiquita, pero antes date la vuelta, que quiero probar algo desde hace tiempo.

    Kamila: como gustes, papi.

    Y Camila se giró y con esto sus nalgotas se tallaron con la verga de Pedro, lo que provocó un gemido de parte de ambos. A continuación Camila comenzó a frotarlas con aquel palo, que se ponía más tieso al tallarse con esas redondeces.

    Entonces a Pedro se le ocurrió acomodar ese bulto en el canal en medio de aquel culote y ella procedió a hacer suaves movimientos de arriba a abajo, con lo cual la cabeza de la verga empezó a sacar más jugos, que la estaban embarrando sus deliciosos glúteos, mientras que el cuero de la verga subía y bajaba como si lo estuviera chaqueteando.

    A la par, Pedro llevó su mano a la jugosa y lampiña panocha de Camila, y la acarició por fuera, empezando con el ya erecto clítoris, hasta llevar un dedo al orificio vaginal, lo que provocó más gemidos de parte de ella. Mientras tanto, y al tener sus manos libres, Camila se dedicaba a masajear sus tetas, que tenían los pezones como rocas. Sus palabras dejaban claro el placer que sentían:

    Kamila: ¡ay qué rico papi!, qué buen palo tienes, mi panocha ya lo necesita adentro y lo quiero hasta los huevos, no aceptaré menos.

    Pedro: tú no te quedas atrás. Tus nalgotas están justo como me las imaginaba al jalármela, y tu panochita está bien jugosa.

    Kamila: ¡ay papito, ya no aguanto más, métemela toda! mmm.

    Pedro: como digas Camilita.

    Consciente del escaso tiempo que tenían, Camila se subió directamente a la cama y se puso en la posición que sabía que a él le gustaría más en ese instante, además de ser de sus favoritas: de perrito. Primero arqueó la espalda, la cual se veía tonificada pero muy femenina, para que aquel culote quedara bien parado, con esa panocha completamente lubricada y libre de vello, ya deseosa de sentir aquel chorizo hasta la base. Sólo volteó a verlo por arriba del hombro y le hizo la seña de que lo quería ya.

    Y él, por su parte, se la jaló un momento, observando aquellas nalgotas que en esa pose formaban un corazón invertido, esas que tantas veces había deseado, tanto él como muchos otros, y justo ahora tenía en su cama, a su entera disposición. Fue ahí cuando tomó por la cinturita a la chica con una mano y con la otra acercó la cabezota de su verga para que se abriera paso a través de esas suculentas nalgas, rozándolas y haciéndola gemir. Luego las abrió para poder llegar a su objetivo, la entrada de esa jugosa panocha, justo cuando estaba ahí ella exclamó:

    Kamila: ay papi, ya métela, ya me urge, anda, no seas malito.

    Pedro: ahí te va, ricura.

    Y él, obediente, acercó la puntita de esa cabezota a los labios vaginales, lo cual provocó un sonoro gemido de ambos, y justo cuando se disponía a meter la parte restante y ya se saboreaba ese caliente y húmedo agujero, se escuchó el pitido de la alarma de un auto.

    Pedro: ¡valió madre, mi mujer, vístete, rápido!

    Camila: ah sí, ¡eso haré!

    Y la pareja se vistió como pudo, y Pedro salió a recibir a su esposa; mientras Camila se sentó en la sala, tratando de calmarse:

    Camila: “esta vez sí me pasé, qué miedo, si me hubiera encontrado no sé qué me hubiera hecho, se ve de muy mal carácter esa mujer”.

    Posteriormente, entraron los esposos, y Martha saludó a nuestra protagonista:

    Martha: buenas tardes Camila, me sorprende que estés aquí, ¿a qué se debe tu visita? Si puedo saber.

    Camila: buenas tardes, sólo venía de pasada por un chile… que necesitaba para la ensalada de hoy, ya ves que tengo preferencia por la comida orgánica, y Pedro, amablemente, me lo ofreció… ya ves que él se le da eso de sembrar…

    Tras una intrascendente plática sobre nutrición, a Martha le pesaron los tacones que traía y decidió ir a ponerse unas sandalias, dejando al otro par platicando y riendo en la sala. Al entrar al cuarto y buscar debajo de la cama sus chanclas, observó que frente a ella había una tanga roja, la cual se veía húmeda, y ella por algún motivo, la olió, y el aroma la embriagó. Eso provocó en ella un calor que no solía sentir a menudo. Era evidente de quién era aquella prenda.

    Cabe mencionar que Martha es una bella psicóloga, de 27 años. Últimamente se sentía insatisfecha con su matrimonio, algo le faltaba, y no tenía la menor idea de qué podía ser. Quizá tenga relación con el hecho de que oculta un ¿pequeño? detalle de su persona: un cierto interés por las mujeres, mismo que ha reprimido desde su adolescencia temprana. Y que por supuesto Pedro ignora, aun y cuando es su esposo.

    Aunado a esto, en secreto encuentra sumamente atractiva a su sensual vecina. Cada que la ve, de manera muy discreta la admira. Ese tentador cuerpo le resulta muy llamativo, en especial el suculento par de glúteos de nuestra protagonista. Es más, es tal el grado de fascinación que le tiene que en múltiples ocasiones ha soñado con estar compartiendo la cama con su marido y la erótica Camila, cosa que por supuesto niega, aunque su mojada panocha diga otra cosa. Martha siempre ha negado su bisexualidad, pero el hallazgo de esa tanga la hizo comprender que no hay fecha que no llegue, ni plazo que no se cumpla.

    Continuará…

    P.S. Si llegaste hasta aquí, te lo agradecemos. Esperamos que haya sido de su agrado y no olviden comentar, se acepta toda crítica en tanto sea constructiva.