Blog

  • Mi primera experiencia gay

    Mi primera experiencia gay

    Hace unas semanas escribí un relato de cómo fue una de las experiencias más deliciosas que haya tenido en el transporte público. En aquella ocasión mencione que no fue mi primera experiencia gay, aunque fue de las más deliciosas, por lo que en esta ocasión me gustaría hablar acerca de cómo perdí la virginidad.

    Creo que tendría alrededor de 18 años cuando me sucedió, prácticamente a la mitad de mi vida recorrida al día de escribir estas líneas. Para aquel entonces ya tenía muy en claro que era lo que quería al respecto de mi sexualidad. Cuando estaba en la secundaría recuerdo haber visto con mis amigos varias revistas pornográficas, y aunque ellos comentaban una y otra vez acerca de las actrices que ahí aparecían, yo me quedaba embelesado viendo a los hombres y sus gigantescos penes. La cara de placer de las actrices era lo único que me llamaba la atención de ellas, pues me hacía preguntarme constantemente si realmente disfrutaban tanto lo que les estaban haciendo como sus expresiones hacían ver.

    Y con esa idea creciendo en mi cabeza por varios años, fui explorando mi cuerpo, al tiempo que me imaginaba en sus posiciones y situaciones, con hombres de diversos tamaños, colores y formas tomándome y usándome para su satisfacción, que en el fondo era mi propia satisfacción. Cuando llegue a la edad que mencione, estaba no solo decidido, sino también en plena efervescencia de hormonas.

    Acelerado por ello, decidí meterme a un canal de chat para gays que era muy popular en aquel entonces, y comencé a buscar gente con quien quedar para tener mi primera experiencia. Como en muchas ocasiones, fue de probar con varios desconocidos, de preguntar, ofrecer, y pedir sin llegar a concretar nada. Sin embargo, en lugar de desanimarme, termine calentándome aún más cuando varios de ellos me describían que podríamos hacer, y alguna que otra foto indiscreta que me llegaba por servicios en línea.

    Por fin, después de una hora, se concretó lo que esperaba. Un señor me dio su teléfono, al que llame para conocerlo mejor. Nos dijimos algunas cosas calientes, acordamos donde vernos y la hora, colgamos y supongo que ambos nos comenzamos a preparar para el encuentro. Una hora después estaba en camino hacia la ubicación que quedamos.

    Viendo hacia atrás, fue una fortuna que puedo escribir estas líneas, pues tristemente muchas personas que intentan algo pareció a lo mío terminan muy mal, pero creo que sería mejor enfocarnos en mi historia que termino muy bien para mi gusto.

    El caso es que llegué a la esquina del banco que acordamos y ahí me quede parado viendo hacia los lados, mientras esperaba. Entonces, él llego en un carro rojo, se estacionó frente a mí y abrió la puerta, y como si fuera un comercial de Uber (antes de que existiera el Uber), me pregunto “¿Alberto?”. Yo le dije que sí y subí a su automóvil. Que suerte tuve de no terminar en la cajuela, amarrado y camino a algún prostíbulo en la frontera, ja. Regresando al carro, al subir nos saludamos, e hicimos algo de charla mientras él iba manejando hacia su departamento.

    En el camino, me pregunto si de verdad era mi primera vez (sí), si tenía preservativos (no), sí el clima y la escuela. En realidad no recuerdo mucho de esa parte, excepto de su mano que en cada oportunidad me acariciaba y apretaba la pierna, y su lasciva mirada que me iba recorriendo. Por mi parte, mi calentura iba en aumento, y sentirme deseado solo me hacía hervir la sangre, por lo que en algún momento termine tratando de acariciarle su pene sobre el pantalón. Creo que fantaseaba con hacerle una mamada en el camino, pero él me detuvo y me dijo que si un policía nos veía, íbamos a tener problemas.

    Como fuera, después de unos 20 minutos manejando, llegamos al complejo donde vivía. Entramos al estacionamiento y pasamos frente a una cancha de basquetbol donde varios jóvenes estaban jugando. Yo voltee a verlos, más que nada porque me llamó la atención que ahí tuvieran esa clase de instalaciones. Él me preguntó: “¿qué pasa, te gusto alguno?”.

    Yo no dije nada, pues honestamente no me había puesto a verlos de ese modo, pero definitivamente ya que lo había mencionado, los vi ahora con otros ojos y llegue a la conclusión de que sí, había al menos uno que era alto y esbelto que realmente era más parecido al tipo de hombres que salían en las películas porno que tanto había visto.

    Pero no hubo tiempo de hacer nada, pues mi compañero ya estaba bajando del carro y me dijo a donde teníamos que ir. Resulta que su departamento estaba en planta baja, por lo que solo tuvimos que caminar directo de su carro hacia su puerta. Honestamente, los nervios me comenzaron a ganar en ese momento, así que camine un poco más aprisa que de costumbre y termine entrando casi de un brinco. Una vez dentro, no voltee a ver hacia atrás, sino que me metí un poco más al fondo, hacia la sala para poder ver con más calma. Aunque no había algo en especial que destacar, lucía como cualquier departamento mexicano, parecía que mi compañero sí encontró algo que le intereso, y mucho debería agregar.

    Por un espejo colocado en la pared, podía verlo parado justo atrás de mí, con sus lascivos ojos viendo directamente hacia mi virgen culito. No sabía si sentirme incomodo, o halagado, o que hacer, pero realmente no tuve mucho tiempo para decidir. Casi de inmediato sentí sus manos tomando mis nalgas y apretarlas a su gusto, sin darme tiempo de responder o decir algo. Yo solo voltee sobre mi hombro, y pude sentirlo como me empujaba hacia la recamara, que estaba prácticamente a unos pasos de donde yo estaba parado.

    Y yo no me hice del rogar o puse la mínima resistencia. Ya sabía a lo que iba, y deseaba que sucediera, por lo que si él no me hubiera empujado tomando mi trasero, probablemente le habría tomado el pene y lo hubiera guiado hacia su recamara. En todo caso, su iniciativa comenzó a forjar en mi el gusto por hombres dominantes, y muy activos. Cuando entramos a su recamara, ahí frente a la cama, se comenzó a desabrochar el cinturón y bajarse la cremallera, y yo ya sabía lo que esperaba, pues ya lo habíamos hablado por teléfono, así que me arrodille frente a él y espere a que sacara su pene.

    Fue mejor de lo que esperaba. Quizás no tan grueso, pero si era largo, y aun medio dormido se antojaba mucho. Estaba limpio (se notaba que se tomó un baño hace apenas unas horas), y depilado, y si bien no veía sus testículos, me los podía imaginar grandes y pesados. Embelesado por aquella visión, abrí la boca y me acerque para comenzar a dar sexo oral por primera vez en mi vida.

    Yo no sabía muy bien que esperaba que hiciera, así que termine dejándome guiar por él. Escuchaba sus gemidos y suspiros, mientras sentía su mano acariciando mi cabello, y mientras yo usaba mis manos para sentir sus piernas y nalgas. Cuando subía mis manos hacia su cadera, podía sentir como empujaba un poco, y sin pudor alguno yo lo animaba un poco, para sentir su pene más dentro de mi boca. Yo estaba que no cabía de gusto, por fin estaba cumpliendo mi deseo de ser poseído como las actrices porno, aunque el placer era más psicológico que físico en aquel momento.

    Eso cambio después de un rato. Mi compañero me separo un momento para sentarse en la cama y animarme a que me subiera, pero antes me pidió que me desnudara por completo, mientras él hacía lo propio. Era increíble pensar que aquella era la primera vez que vería un hombre desnudo, y que alguien me viera así, pero después de haber estado arrodillado lamiendo y chupando aquel pene durante los últimos 5 o 10 minutos, era superfluo sentir pena. Así que me desvestí lentamente, y al voltear pude ver a mi compañero masturbándose mientras me veía.

    Yo quería arrodillarme y seguir chupando antes de que terminara, pero él me detuvo y me hizo trepar al colchón. Era la hora del plato fuerte, pensé y me preparé mientras él se colocaba el condón. Pude sentir su pene en la entrada, y luego sus manos tomando mis caderas y jalando para poder introducir su pene. Me dolió, y mucho, tanto que tuve que empujarlo un poco. Él entendió y me soltó, preguntándome si estaba bien. Yo le dije que sí, que no importaba y que lo intentara de nuevo. Así que nuevamente se puso atrás de mí, y nuevamente me tomo de las caderas y otra sentí su pene invadiéndome. Pero esta vez decidí ser más fuerte, intentar relajarme y dejar que sucediera.

    Y vaya que sucedió.

    Conforme el dolor fue cediendo y su pene fue abriéndose camino, pude comenzar a sentir placer irradiando y recorriendo todo mi cuerpo. Gemí conforme sentía que su pene me dejaba abierto y tocaba mis puntos más sensibles, y cuando sentí su cadera chocando con mis nalgas, supe que lo había logrado, que ese pene estaba completamente alojado dentro de mí, y lo que más me fascino es que me había encontrado a mi mismo, sabía que esa posición y esa situación era justo lo que deseaba, que de ahora en adelante uno de los mayores placeres a los que podía aspirar era ser penetrado por machos ardientes y dominantes. Y lo mejor todavía estaba por venir.

    Mi compañero se quedó quieto un momento y luego comenzó a sacar su pene muy despacio, y aunque yo quería protestar y decirle que no, antes de voltear a decirle cualquier cosa, él lo volvió a insertar, despacio y con cuidado. Yo volví a sentir el placer de ser penetrado y volví a gemir, cosa que debió haberlo calentado, porque volvió a sacar a su pene e insertarlo, pero más rápidamente. Y aunque intentara contenerme, la verdad es que me tenía aullando de placer, pues cada estocada me relajaba aún más y me permitía concentrarme más en el placer de ser penetrado. Así estuvimos varios minutos, conmigo en posición de perrito y él tomándome por la cadera y penetrándome, antes de que se estirara sobre mí y me tomara de los hombros para penetrarme con más fuerza aún.

    Después de un rato cambiamos de posición. Me volteo y me penetro con mis piernas en sus hombros, y así estuvo un largo rato, dándome cada vez más duro. Yo tenía los ojos abiertos y adoraba ver su cara llena de placer y del esfuerzo que imprimía en cada estocada de su pene dentro de mí. Estaba fascinado así que abrí mis piernas y lo atraje hacia mí para besarnos, pero sus penetraciones me impedían concentrarme mucho. Por fin después de un rato, él se acostó por completo sobre la cama, y pude ver su hermoso pene que tanto placer me había dado en todo su esplendor, erecto y apuntando hacia el techo. Se quitó el condón y me dijo que se la chupara nuevamente.

    Aunque al principio me opuse, cuando me tomo de la nuca, mi poca resistencia se venció y me acerque a chupar nuevamente aquel magnifico pene. Realmente no fue mucho lo que me resistió, y a los pocos momentos pude sentir los espesos y cálidos chorros de su semen impactando dentro de mi boca. Apreté mis labios para que no se escaparan y al sacar su pene un último chorro se escapó y me cayó en la mejilla derecha. Quise repetir lo que vi en una película, donde la chica le mostraba su boca llena de esperma a la cámara antes de tragárselo, pero no tuve la habilidad necesaria y me dio pena, así que me contente con tragármelo. En cuanto a mi compañero, suspiro lleno de alivio y satisfacción mientras jugaba con mi cabello.

    – Ah, estas muy, muy rico, Alberto. Que gustazo me di contigo.

    – Tu también estas bien sabroso.

    Ahí me quede en la cama, con su pene frente a mi rostro, ya flácido, reluciente y con una gota de semen saliendo de la punta.

    Esa primera experiencia marco muchas de mis preferencias, y aunque no volví a encontrarme con él, tengo muy presente ese encuentro.

  • Viernes, 14 de junio de 2019

    Viernes, 14 de junio de 2019

    No sabía qué hacer este viernes. Como de costumbre me arreglé con un short, una camiseta y unas chanclas y me fui a mi playa favorita. Dejé el coche en el aparcamiento, cerca de la playa y, saqué mi pareo que siempre llevo alguno en el coche y me fui al mar. Me saqué mi ropa y lo primero echarme un rato al agua, nadar hasta la boya y regresar sin prisa para no cansarme demasiado. El mar estaba extraordinariamente bien, calmado, el agua no estaba ni tibia, sino muy buena para refrescarse y el sol comenzando a calentar. Me eché sobre el pareo y pretendía dormir, lo que era imposible porque el sueño no llegaba. Tengo que decir que siempre voy a la playa nudista, porque es más tranquila y porque me va la «life philosophy» del nudismo.

    Se me acercó alguien, no hice caso y me llamó:

    — ¡Jotapé!

    — ¡Hola, Nacho! ¿Dónde estabas?

    — Ahí mismo, te he visto entrar y no te conocía y me dije: «un tío bueno, por fin, ¡a por él!»

    Me reía porque Nacho siempre dice cosas así.

    — Te estaba mirando cómo nadabas y no he perdido ojo, pero no podía distinguir si eras tú. Me he dado cuenta cuando ya salías y te has acostado. Pensaba si venir o no a molestarte.

    — Hombre, nos conocemos, ¿no?

    Se fue a donde estaba, recogió sus cosas y se puso a mi lado. No tardó en hacer de las suyas que no es otra cosa que, dado que este Nacho es un «toca-pelotas», pues eso hacía, tocarme las pelotas para excitarme y hacerme meter las ganas en mis huevos. Lo miro y estaba super empalmado. Nos metimos en el agua para que se calmara, pero cuando ya estábamos en el punto en que el agua nos llegaba a los hombros, Nacho me abrazó y comenzaron nuestras pollas a tocarse una a la otra y le dije:

    — ¿Tienes ganas de follar?

    — Sí. ¿Por qué?

    — Vámonos, alma mía; vamos detrás de esas dunas, allí es donde folla la gente, me das un aventón, luego me la chupas y regresamos como nuevos.

    Salimos del agua y nos fuimos detrás de las dunas, nos besamos un rato por iniciativa mía para secarnos y tumbarnos sobre fina arena de la duna.

    — Nacho, yo aguanto, sé que tú no, así que me follas primero tú a mí y luego me das gusto con una magistral mamada para que me corra.

    Me puse en cuatro porque aún tenía algo de humedad, abrí mi culo con las manos y le dije:

    — Anda, métela, gritaré, pero aquí nadie oye nada.

    Sabía por otras veces que su polla pasa fácil por mi agujero, es larga pero muy delgada. Así que comenzó a meterla y le ayudé yo con un retroceso de culo.

    — Folla, folla, ¡fóllame, cojones!

    Inició su vaivén, a mí me entraba el gusto, pero sabía controlarme y pude hacerlo porque también sabía que Nacho se vendría de inmediato y así fue. Me llenó el culo de leche y le dije:

    — Ahora me la chupas.

    Me tumbé sobre la arena de espaldas y abrí mis piernas extendiéndolas. Se puso de rodillas y estuvo un rato largo dándome gusto. Mamaba sin mucha gracia, pero el placer es el mismo y me vine sin avisarle para echársela toda en su boca. Tragó leche y dijo:

    — ¡Joder! Nunca había probado tu leche, está buena, más dulce que el agua de mar.

    — Es la calidad, hombre, —dije cachondeándome de él.

    Corriendo regresamos al mar para lavarnos, sobre todo yo que se me escapaba el semen de Nacho por mis piernas. Nadé, pues Nacho solo se baña, pero no sabe nadar, y volvimos a tumbarnos.

    — Jotapé, ¿cuántas veces puedes aguantar una polla en tu culo?

    — Por mí, sin parar.

    — Es que me vuelve a apetecer…

    — Vamos allá.

    Eso hicimos por segunda vez y todavía me hizo otra invitación antes de irnos.

    — ¿Vienes está noche?, —preguntó Nacho.

    — ¿Dónde?

    — Primero hay castillo de fuego y luego ese grupo de rock erótico.

    — No sé, igual me acerco pero solo al musical, quizá hay menos gente.

    — Si vas me avisas, igual hay plan.

    Llevaba idea de no ir y no tuve necesidad de avisar, pero a medianoche escuché los truenos del castillo y decidí ir a curiosear el musical.

    Llegué y había mucha gente. Demasiada para mi gusto. Poco a poco me hice un espacio para ponerme en primera fila. Al poco rato ya había una segunda fila de gente. Agradecí a mi voluntad haber llegado tan pronto porque así obtendría mi beneficio. Detrás de mí se colocó un chico fortachón que con el movimiento de la gente rozaba con mi cuerpo, sobre todo con mi trasero. El recinto se llenó de gente y todavía faltaban como unos 20 minutos para que comenzara el musical. Conforme llagaba gente, se notaban los empellones que iban dando, difícil mantenerse quieto.

    A medida que la multitud crecía, la gente comenzó a acercarse más y más al escenario. Cuando los de atrás empujaban, el chico fortachón que tenía detrás de mí presionaba su polla contra mi trasero. Mientras esto continuaba por unos minutos, sentí que su polla se ponía cada vez más difícil de esquivar, se notaba lo erecta y buena que estaba cada vez que presionaba contra mi culo. ¡Joder, me sentí bien! Él supo que me encantaba, así que siguió presionando más y más contra mí.

    Su polla era gruesa y larga. Justo antes de la canción final, presionó fuerte y largo y gimió profundamente. Se encendieron las luces públicas y mi misterioso guardaespaldas caliente desapareció en la multitud de personas. Yo estaba molesto. Mientras caminaba de regreso hacia mi casa despacio y pensativo, noté la cantidad de gente que iba saliendo del recinto y se iban a la zona de aparcamiento donde había una larga fila de vehículos que intentaban salir de allí. Me quedé esperando un rato mirando que la gente que caminaba no dejaba avanzar a los coches y los conductores daban al claxon por gusto, porque nadie les hacía ni puto caso. Esa noche era muy calurosa y agradecí haberme puesto en short jean y una camiseta de tirantes con espalda de nadador, así que me paré en la acera para ver aquel espectáculo de la selva humana, me apoyé sobre la pared y me saqué del bolsillo un chicle para mascar. Los coches pitando, la gente levantando el dedo «que te den», el dedo medio hacia arriba con lo que yo me partía de risa y me rascaba los huevos para secarlos con el short, cuando de pronto sentí que alguien me presionaba el costado derecho.

    Era mi chico fortachón que estaba cachondo. ¡Joder, la puta de su madre sí que sabía como hacer tíos guapos! ¡Qué guapo era! La farola de la esquina me lo dejaba ver: ojos azules, barba desaliñada, cara musculosa y bonita. No dijo nada, pero me hizo un gesto con la cabeza para que me acomodara en el asiento trasero de su coche que tenía justo en el trozo de calle por donde no pasaba nadie. Cuando entré, me empujó hacia abajo sobre el asiento, se puso encima de mí y me desabrochó el short, me lo sacó y por su grito de sorpresa supe que se había extrañado porque no llevaba interiores, lo que para mí es bastante normal y habitual. Se quitó sus pantalones hasta que salió su polla gorda y la empujó con fuerza en mi culo apretado. ¡Ooohh!, ¡qué fue placentero! Metió esa gran y gruesa polla hasta el interior de mi culo y se posesionó cómodamente dentro de mí. ¡Joder, me sentí genial e increíble! Me folló fuerte y rápido como un conejo. ¡Oh, mi culo estaba bien arado por el rejón de su polla y eso me encantaba!

    Él no se quitó su bóxer que era de cuero y con hebillas, solo se abrió como una compuerta su parte delantera, así que estaba suavemente arañando mi lindo y firme trasero mientras se metía dentro de mí, produciéndome un doble placer, polla por dentro y botones y hebillas por mis nalgas y perineo. Comenzó a gemir y aullar y sudar más y más a medida que iba más y más profundo dentro de mí. ¡Joder, me golpeó mi punto g! Nunca me sentí tan bien en mi vida sabiendo que este chico fortachón y caliente estaba dentro de mí, jodiéndome con todas sus fuerzas. Soltó un último y largo gruñido y sentí que su semen caliente se disparaba dentro de mi culo. ¡Ooh, fue increíble! Se bajó de mí y me besó apasionadamente y me mordió el cuello, luego cerró la tapadera delantera de su bóxer y cerró la puerta del coche, dejándome dentro mientras me abrochaba mi jean. Cuando me levanté y salí del coche, cerré la puerta miré a donde iba y lo vi caminar hacia la entrada del aparcamiento, ya no había estruendo de coches. Solo había una chica esperando, se acercó a ella, a todas luces era su novia, la besó muy discretamente, la cogió por la cintura, sin saber que su novio solo hacía unos minutos que me había jodido la mierda de mi puta vida con una follada que ya le gustaría para ella misma.

    Desde lejos me levantó el brazo, por detrás de la chica para que no se enterara, con señas que entendí como «hasta otra vez, te buscaré». Mi hormigueo en la entrada del culo, el dolor en el interior de mi culo y una marca del chupetón en la parte derecha de mi cuello eran todo lo que me quedaba para recordar mi noche de duro sexo con mi chico fortachón. ¡Ah!, y el concierto fue verdaderamente bueno. Qué noche de puta y jodida mierda que nunca olvidaré. ¡Que vivan los viernes de cojones! Llegué a casa con mi short embreado de mi propio semen y del que dejaba salir de mi culo, aun así, solo con recordar todo lo ocurrido, todavía me masturbé algunas veces antes de entrar en el sueño.

  • Mi pagafantas

    Mi pagafantas

    Hace unos meses me empezó a entrar la curiosidad viendo esos reportajes o artículos sobre esas relaciones que llaman de sugar baby y sugar daddy. No es que me fuera mal económicamente, pero la idea de tener un ‘amigo’ especial que me ayudara más en ese aspecto no me vendría mal, de hecho me haría pasar de tener una economía normal, holgada, a ser una auténtica privilegiada… y la verdad es que con las amigas que tengo, me vendría muy bien: somos bastante competitivas, nos llevamos bien pero siempre queremos estar por encima de la otra, ser la más guapa y la más fit, y la que más dinero y estilo tiene, la que más lejos viaja, y la que tiene el novio más guapo o rico.

    Por entonces no me iba mal, ya en mi primer curro tras salir de la Uni tuve suerte de firmar un buen contrato, así que ya directamente me independicé con 24 años y pude vivir sola aunque fuera en un apartamento pequeño. También cambié de ciudad, a la capital, donde el tamaño de la ciudad y esa anonimidad me animaban a lanzarme a ciertas cosas que en mi ciudad no hubiera hecho. Ahora dos años después es cuando quería dar el siguiente paso, subir un nivel. Empezaba a ver algunas webs donde los hombres que buscan ese tipo de relación ponían sus perfiles, hablaban de su forma de ser y de su economía. Se me ponían los dientes largos cuando veía su poder adquisitivo, y sabiendo siempre cómo de fácil es sacar dinero y favores a un hombre siendo una chica joven y guapa. Pero cuando pensaba en la parte sexual me echaba atrás. No era capaz de verme a mí misma teniendo sexo con un desconocido por dinero. No era por ser puritana o estrecha, que no lo soy para nada, pero en la cama necesito algo de complicidad, de feeling.

    Llegué a dar el paso de tener alguna cita con alguno, y efectivamente no me veía yendo al siguiente nivel con ellos. Al menos conseguí alguna cena gratis de esa manera. Por supuesto se enfadaban cuando gastaban dinero en pagarme una cena y no conseguían nada, pero así es la vida. Algunas somos caprichosas y una mujer atractiva puede actuar de esa manera.

    Pero entonces cuando la cosa se estaba empezando a enfriar y yo estaba pensando en dejar todo esto, vi el anuncio de Francisco. Al principio no me lo creía. Se ofrecía como sugar daddy a cambio de NADA. A pagar cosas, ser mi chófer, limpiarme la casa, acompañarme a sitios… y lo que él quería era solo compañía, una chica maja cerca para no sentirse solo. Pensé en simplemente cerrarlo y descartarlo, era imposible que hubiera alguien así. Pero tenía curiosidad, y además no perdía nada por intentarlo. Enviar un mensaje no cuesta nada así que le escribí contándole sobre mí y pidiendo más información. Contestó a los pocos minutos, parecía simplemente un chico tímido e inseguro, el típico que se pone nervioso de solo tener delante a una chica guapa y que no sabe hablarle. Por cierto tenía 38 aunque aparentaba menos.

    Pasé un poco del tema y lo dejé ahí, sin embargo unos días después me escribió él, pidiéndome charlar. No contesté y volvió a insistir, esta vez pidiéndome por favor que le diera una oportunidad. Me causaba curiosidad que me insistiera… si es para conseguir algo conmigo lo entendería, pero insistirme para ser mi sumiso pagafantas sin siquiera tener derecho a tocarme, me estaba empezando a dejar muy curiosa. Este chico debía estar muy desesperado por compañía femenina.

    La verdad es que como era majete, y parece que debía tener dinero porque era ingeniero, y para que dejara de insistir y darme la chapa, decidí aceptar. Había un restaurante nuevo cerca de mi casa que me moría por probar, así que ese sería el ‘examen’ para él. Elegí un día de entresemana para que hubiera menos gente por si había alguien conocido. No me arreglé demasiado, ya que él tampoco lo merecía, así que simplemente llevé un vaquero y una camiseta de tirantes blanca y el pelo recogido en coleta.

    Estaba un poco nerviosa pero sabiendo que yo tenía la sartén por el mango, y sabiendo que él iba a estar mucho más nervioso, pronto se me pasó. Además le dije que fuera él primero y me esperara en la puerta, para yo desde lejos verle y si no me gustaba o no me apetecía, poder darme la vuelta sin que él me viera a mí. Aceptó eso sin rechistar. Cuando llegué y le vi me entró aún más autoconfianza: no era feo (ya le había visto en foto) pero sí delgaducho, algo más bajo que yo (yo mido 1.75), y se notaba su nerviosismo e inseguridad, mirando a su alrededor constantemente, recolocándose la ropa y el pelo, etc. Me acerqué y cuando me vio parece que iba a darme dos besos, pero preferí darle la mano, no sé porqué. Me daba una sensación de salido pajillero que si se acercaba a mí y olía mi perfume igual se corría ahí mismo.

    Nos sentamos en una mesa un poco apartada, y eso me gustó porque al cruzar el local, me daba la sensación de que nos miraban, como que una chica como yo no pegaba al lado de alguien como él. Desde luego de haber una segunda cita no sería en público, pero claro, la primera debía ser en un sitio con más gente, por seguridad.

    La comida estuvo increíble… riquísimo, original, vino caro, postre delicioso… no así la compañía. La conversación de Francisco era nula, a veces arrancábamos pero pronto nos llevaba a los dos a silencios incómodos. Claro que a mí me daba igual, el que se lo tenía que currar era él, pero aun así era desagradable. Yo me sentía como si ni siquiera me mereciera la pena estar allí ni aunque me invitaran. Cuando terminé el postre le dije que le esperaba fuera mientras él pagaba. Realmente le iba a esperar, pero vi pasar un taxi y decidí irme sin más, de todas formas solo restaba despedirse, obviamente tampoco íbamos a tomarnos otra en otro sitio.

    No me arrepentí de haber quedado con él… una comida así y gratis mereció la pena aún con la incomodidad. Además pude subir unas cuantas fotos para presumir en Instagram sin que se viera quién era mi acompañante. Pero no iba a repetir cita. Otra cosa sería que Francisco quisiera comprarme caprichos. De hecho me andaba escribiendo e insistiendo, quería llevarme a tiendas de ropa en Serrano, cosa que estaría bien, pero no quería ir con él. Pero encontramos una solución intermedia: yo podía comprar por internet y él pagarlo desde su casa.

    Eso sí que me gustaba más, no tenía que moverme de casa, y Francisco no escatimaba con el dinero, me compraba cosas bastante caras. Mis amigas y mi hermana empezaban a preguntar si me había echado un novio rico… yo ni confirmaba ni desmentía, les dejaba con la incógnita, porque desde luego esto no se lo podía contar a nadie. Pero yo ya estaba empezando a ser la consentida y Francisco el sugar daddy.

    Como también se ofrecía a hacerme favores empecé a aprovecharme de eso también, le pasaba mi lista del supermercado por mensaje, y no solo lo compraba y pagaba sino que me lo subía a casa. Al principio solo le abría la puerta, nos saludábamos y me dejaba las bolsas dentro, pero acabé más tarde dejándole entrar a colocar las cosas, y de ahí, ya que ahora le dejaba entrar dentro de mi piso, empecé a pedirle algunas labores de la casa como limpiar el baño, la cocina, barrer y tender la ropa. Lo hacía encantado y bastante bien. Con lo de la ropa sucia, yo le dejaba un poco de margen… de hecho a veces se metía al baño y se tiraba ahí un rato. Lo que estuviera haciendo ahí dentro o si se había llevado dentro alguna de mis prendas usadas, no me importaba, era cosa suya… mientras a mí no me tocara, todo bien.

    La verdad es que el chico era majete y muy servicial, y con todas estas atenciones y favores mi rechazo inicial se fue ablandando. Cada vez hablaba más con él, ahora nos dábamos dos besos al saludarnos en vez de estrechar la mano, yo le daba las gracias, etc. También volvimos a cenar juntos, por supuesto esta vez en mi casa, no quería que fuera en público. En esos casos solíamos pedir algo a domicilio. Ahí charlábamos bastante, con la confianza él se lanzaba un poco más. Nos estábamos haciendo medio amigos, aunque yo mantuviera una actitud más dominante y mandona. Charlando con él entendía por qué Francisco hacía esto. Tenía dinero para pagar por sexo, pero él quería una chica normal, como cualquier amiga, vecina, o algo así, no una que se venda por dinero, porque ya no sería lo mismo. Y también decía que no le gustaba el rollo de los machos alfa… que siendo sinceros, una mujer atractiva siempre es la que manda en las relaciones, e ir de machito dominante es solo fingir, y él no hacía eso, solo asumía con sinceridad su rol inferior. Eso me gustó mucho.

    Un finde que (como casi siempre) iba a salir de fiesta con mis amigas, al contarle mis planes a Francisco me dijo si podía acompañarnos. Me reí tanto al oír eso, que seguramente se sintió humillado. Y es que sería bastante raro, cuatro pivones sobre los 25 años, súper arregladas, yendo por ahí con un tío raro diez años mayor. Le dije que si acaso le podía decir en qué discoteca estábamos y se podía acercar (como si fuera un tío desconocido más) a pagarme alguna copa, o que también me podría acompañar a casa si no volvía con mis amigas, porque me da un poco de miedo volver sola por la noche.

    Al final así quedamos, y el sábado por la noche al poco de entrar en la discoteca le vi acercarse. La verdad es que Francisco era un desastre a la hora de elegir la ropa, aquel día casi parecía que iba con traje y no pegaba con el sitio. Yo en cambio estaba bastante rompedora, con una mini de cuero de cintura alta y un top de tirantes negro. Y taconazos, por supuesto, que me dejaban bastante más alta que él. No quería estar a su lado más de un minuto, solo quería que me pagara la copa y desapareciera ya. Mis amigas me preguntaron y dije que era un pesado que insistía en invitarme y yo me estaba aprovechando de él (cosa no muy alejada de la realidad).

    En la zona de baile se me arrimó el típico tío bueno. La verdad es que, de perfecto que era, daba rabia. Cachas pero no en exceso, alto, vestía bien, con tatus, y bailaba de miedo. Se me refrotaba bastante al bailar pero no me importaba para nada, más bien al contrario. Entre la sensualidad del baile, y las copas que llevaba ya, me estaban entrando bastantes ganas de tirármelo. En un sitio un poco más apartado empezamos a darnos el lote. También besaba muy bien, y a pesar de estar rodeados de gente no le importaba besarme súper lascivamente y meterme mano por todas partes. Yo ya chorreando ahí abajo. En cierto momento entre la gente vi la cara de Francisco mirándonos, no sé si triste o enfadado o las dos cosas. El muy iluso al rato me envió un mensaje diciendo que si quería otra copa o que si quería que me llevara a casa. Ni contesté. De hecho al poco rato estaba caminando apresuradamente hacia fuera a tomar un taxi con Raúl (que así se llamaba) para ir a mi piso, ya que él no vivía solo.

    En el asiento trasero del taxi ya nos estábamos comiendo las bocas salvajemente, y al subir al piso ya dimos rienda suelta. El muy cabrón creo que me rompió el top al quitármelo, uno de mis preferidos. Yo ya en ropa interior y él aún vestido, pero para lo que yo deseaba en ese momento no hacía falta desvestirle: me arrodillé ante él y le bajé la bragueta, no sin dificultad dada la presión que hacía hacia fuera su bulto ya bastante hinchado. Cuando le bajé el slip saltó su tranca como un resorte y me golpeó en la cara. La verdad es que Raúl estaba bastante bien dotado. Aún no la tenía dura del todo y ya tenía un tamaño considerable.

    Me la metí en la boca y empecé a mamar, con ganas, estaba necesitada de una buena polla. Al principio usaba mi mano derecha para masturbarle en la base de la polla y el resto lo tenía en la boca, pero me presionaba la cabeza hacia él como «invitándome» a que mi mamada fuera más profunda. Así que aparté la mano y empecé a mamar bien a fondo, aunque no me daba la boca y la garganta para metérmela entera, pero hice lo que pude. Mi mano ahora se metió dentro de mis bragas, donde empecé a estimularme el clítoris para poder tener un rico orgasmo.

    Pronto me dolían las rodillas de tanto rato apoyadas en el suelo. Hice ademán de levantarme y entonces noté como él me presionaba de nuevo los hombros hacia abajo obligándome a seguir en la misma posición. No me gustó pero no quería problemas así que seguí chupando y chupando hasta que minutos más tarde se corrió en mi boca. Por si acaso se volvía a enfadar o poner violento me lo tragué, sabiendo que le agradaría. Le miré sonriendo desde abajo y desde luego su cara de satisfacción me lo confirmaba. Me dijo «buena chica» y me dio una palmadita en la cara.

    Ahora faltaba saber si ahora que se había corrido iba a querer irse o me iba a ayudar a mí a correrme. Pronto tuve la respuesta. Curiosamente no se le bajaba la erección tras eyacular así que yo ya me imaginaba lo que se me venía encima. Me dio la vuelta y me inclinó sobre el sofá, exponiendo mi culo y mi vagina hacia él. Solo esperaba que no le apeteciera darme por el culo porque no sé si me podría negar y no quería que ese pollón me taladrara. Entonces noté cómo con una mano esparcía mis propios flujos por toda la zona y pronto di un respingo cuando noté su glande sobre mis labios vaginales, frotando arriba y abajo, segundos antes de empezar a notar presión ahí, hasta que por fin me la insertó de una vez en el coño. La sensación de «llenado» era total. Nunca había tenido algo tan grande dentro de mí, y además estaba dura a más no poder (bueno, creo que mis pezones estaban aún más duros).

    Me puso una mano en la cabeza y otra en el hombro y empezó a bombear, a ritmo fuerte. Notaba la punta de su polla llegar hasta lo más profundo y hasta presionar en el cérvix. Me encantaba aunque me dolía un poco, todo estaba siendo muy intenso. Luego sus manos pasaron a copar mis pechos, lo cual me estimulaba aún más y era mejor porque así hacía menos presión en sus embestidas. No tardé en correrme como una loca. Intenté aguantar mis gemidos, no quería que se diera cuenta de cuánto me estaba gustando, porque se supone que tenía que estar enfadada por el trato que me estaba dando, pero no pude, gemí como una perra a la vez que sentía las sensaciones del orgasmo por todo mi cuerpo.

    El muy desgraciado se corrió dentro. No le pedí ponerse condón, porque tras haber eyaculado solo minutos antes pensaba que no podría dos veces tan seguidas, pero no fue así. Supongo que al correrme, las contracciones de mi vagina sobre su trozo de carne fueron demasiado y le llevaron a otro orgasmo. Entre boca y vagina esa noche me llevé una buena ración de leche. Por suerte no me dejó embarazada.

    Se duchó, vistió, me dio un pico en los labios y salió, sin apenas hablar. Yo me quedé en el sofá, adolorida, medio nerviosa por tanta tensión… y satisfecha, muy satisfecha sexualmente. Creo que el haber pasado tiempo últimamente con un «macho beta» tan grande como Francisco me hacía desear mucho un hombre de verdad, que tuviera las cosas claras y me mandara y manejara a su antojo. Al acordarme de mi pagafantas, reparé en que no le había contestado, miré mi móvil y tenía un montón de mensajes de él. Se mostraba entre preocupado y enfadado. Le confirmé que había ligado y que me había ido con mi ligue a mi piso. Curiosamente le enfadó y dijo que yo era su sugar baby y que no le gustaba que estuviera con otros chicos!! Menuda chorrada, si aceptaba darme caprichos y favores a cambio de nada, qué más le daba que follara con otros? Así se lo dije y supongo que no tenía más opción que aceptarlo, porque la otra opción sería que termináramos nuestra relación y no me vería más… así que tenía que aceptarlo.

    Las siguientes semanas siguieron la misma tónica. Por suerte para mí, Raúl quiso repetir y nos veíamos con bastante frecuencia. Me follaba a voluntad, me tenía casi como su esclava sexual. Aunque para ser esclava tiene que ser por la fuerza, y yo lo hacía de buena gana. Por otro lado Francisco, aunque un poco enfadado, seguía tratándome como una reina. Yo creo que estaba un poco enamorado de mí.

    Así estaban las cosas, el chico que me colmaba de atenciones y favores se quedaba a dos velas y el que me trataba como un trozo de carne me tenía a su merced. Pero yo estaba bien así, por un lado tenía el dinero y los favores, y por otro un sexo genial, así que no me faltaba de nada, estaba muy contenta.

    Incluso Francisco a veces, resignado, llegó incluso a ayudarme en mi relación con Raúl. Una vez vi en internet un conjunto de lencería sexy, que en principio tenía pensado pagar yo, pero cuando vi el precio no tuve más remedio que pedírselo a Francisco, y fue tan majo de comprármelo, a pesar de que obviamente lo iba a usar para poner a Raúl bien cachondo y que me follara bien follada, como así fue finalmente.

    Una vez cruzado ese límite volvimos a hacer cosas en esa línea: íbamos de tiendas juntos y le enseñaba la ropa puesta y me aconsejaba para ver con qué estaba más guapa o sexy. Como muchas parejas hacen, solo que como amigos. Me venía genial su consejo masculino a ese respecto. Luego le contaba con cuales Raúl me había encontrado más atractiva y sexy. Yo le estaba muy agradecida, y a él parecía gustarle verme feliz. También me pagó manicuras, peluquería, juguetes sexuales y de todo. Creo que hasta si le hubiera pedido las llaves de su piso para ir a follar con Raúl, me las hubiera dejado.

    Con el tiempo pasó lo que tenía que pasar: Raúl fue perdiendo interés. No era por mí, que me esforzaba en estar bien guapa siempre para él, en parte gracias al consejo y ayuda económica de Francisco; también ahora hacía mucho más deporte para estar bien esbelta y en forma. En la cama, no había prácticamente nada a lo que le dijera que no. Pero claro, había otras chicas. A un tío tan bueno nunca le faltaban mujeres, de hecho yo lo sabía porque le veía con ellas en sus redes sociales. Al menos era sincero y no trataba de aparentar fidelidad.

    Y al haber otras chicas, nuevas, con las que estaba empezando, y que le aportaban novedad, lo ya conocido pierde interés. Yo ya no sabía qué hacer para que quisiera verme con más frecuencia. La idea de dejar de vernos me dejaba bastante mal, deprimida. Y es que me había encaprichado bastante de él, no diría que estaba enamorada, pero un poco sí. No tengo problemas para ligar, pero yo no quería ir de ligue en ligue, quería tener a Raúl para mí, en mi casa, y que él solo estuviera conmigo. Dar un paso más en la relación.

    Mi error fue ser sincera con él. Pensé que si le decía lo que sentía, se sentiría halagado, le gustaría tener no solo un ligue, un chochete para usar de vez en cuando, sino una novia fiel. Sin embargo lo que ocurrió fue lo contrario, le envié un mensaje en ese tono y ni me contestó. Debió asustarse, o igual simplemente es que eso no era lo que quería. Yo había considerado la posibilidad de ser rechazada, pero es que ni me contestó, y eso me dejó muy mal. Era muy humillante. Es que no valoraba lo mucho que yo me había esforzado en estar siempre perfecta para él? Por lo visto no.

    Estuve bastantes días mal, bastante depre. Tenía unos días sobrantes de vacaciones así que aproveché para tomármelos libres, y pasé mucho tiempo en casa, compadeciéndome. Ya había estado mal en otras rupturas pero esta era peor. Esperaba que en unos días se me pasara pero no era así.

    Uno de esos días le dije a Francisco que me hiciera la compra. No me apetecía verle, pero necesitaba comida y mi aspecto no era como para salir a la calle a comprar. Cuando llamó a la puerta, ya con las bolsas llenas, quería que lo dejara y se fuera. Pero vio mis pintas, mi aspecto y lo desordenada que tenía la casa y creo que se dio cuenta de lo que pasaba.

    A pesar de que le dije que se fuera, no me hizo caso. Me ordenó y limpió la casa, puso una lavadora, y me cocinó una cena sencilla pero rica y sana. Una vez ya me dejó todo preparado, se iba a su casa, supongo que ya también a cenar, cuando le dije que se quedara. Me habían agradado sus cuidados y no me apetecía quedarme sola de nuevo.

    Como había preparado cena de sobra, nos servimos los dos y cenamos juntos. Yo me abrí un poco más que de costumbre, como me sentía sola hablaba mucho más, y le preguntaba cosas sobre su vida y todo eso. Decidí sacar un vino para tomar mientras charlamos y disfrutar un poco. Al levantarnos, por primera vez le ayudé a recoger la mesa y fregar, y cuando terminamos, de forma bastante espontánea le abracé, y le dije que le estaba muy agradecida por todo lo que hacía por mí.

    Luego pusimos una peli en Netflix que estuvo bastante bien, era una comedia y reímos bastante juntos. Se hizo algo tarde y bueno, entre mi estado de necesidad de cariño, y que era tarde para volver en metro, le dije que se quedara a dormir. Accedió pero estaba bastante nervioso, a veces tartamudeaba al hablar con todo esto que estaba pasando esa noche.

    Tras darme una ducha rápida, y ya bastante tarde, cuando me iba para mi habitación me preguntó, tímido, dónde dormiría él. Yo simplemente tomé su mano y le llevé hacia mi habitación, me metí en la cama y le hice una seña como para que se pusiera detrás de mí. Entendió lo que yo quería y se puso detrás y me abrazó por detrás, en la típica postura de “cucharita”. Me encantó su calidez y el cuidado con el que me trataba y tocaba. No tardé mucho en dormir como un bebé, mucho mejor que las noches anteriores. Aunque antes de dormirme sí que pude notar ahí atrás que probablemente a Francisco se le había puesto dura.

    Por la mañana desperté descansada y reconfortada. Seguíamos en la misma posición, con el agradable calor del cuerpo de Francisco detrás de mí. Me giré y le vi ahí mirándome, ya despierto, sonriendo. Yo le sonreí también. Me preguntó si me encontraba mejor, y no sé porqué, no le contesté con palabras sino con un beso. Un pico inocente en los labios. Me gustó y le volví a besar, calmadamente, disfrutando del momento. Él tardó en animarse pero al poco rato ya empezó a devolverme los besos tímidamente. Nos abrazamos, besamos y nos dimos calor así durante un rato.

    A pesar de no ser la escena más erótica o sexual posible, pronto noté que se le había puesto dura… el pobre igual hacía años que no estaba así con una chica, o quizá nunca lo había hecho. Entonces me dijo que si podía ir al baño. Me dio pena que cada vez que algo de nuestra relación le excitaba tenía que irse al baño a masturbarse, así que esta vez le ayudé un poco. Bajé mi mano y le toqué por encima del calzoncillo. Dio un respingo. Estaba tremendamente nervioso… al fin y al cabo esa diosa a la que durante tanto tiempo solo podía aspirar a servir y complacer, ahora se mostraba mucho más melosa. Empecé a acariciarle y magrearle ahí abajo, mientras seguía besándole, y para mi sorpresa, empezó a emitir unos gemiditos y a convulsionarse y pronto sentí humedad en mi mano. Se había corrido con solo tocarle.

    Fue al baño a limpiarse y al volver me comentó que tenía ese problema… problema al que no quiso poner nombre, pero que entiendo que sería eyaculación precoz. Me mostré comprensiva y le dije que no pasaba nada, que teníamos todo el día (era sábado). Lo bueno era que si follábamos ahora él duraría más hasta correrse una segunda vez. Tiré de él hacia la cama de nuevo y empezamos a besarnos de nuevo, al principio suave pero luego con lengua. Le dejé tocarme los pechos y el culo por encima del pijama, aunque era bien fino así que era casi como tocarme directamente. Yo me estaba empezando a poner bastante cachonda. Era divertido y excitante tener a alguien así a mi merced.

    Como seguramente él iba a tardar un rato en tener otra erección, le dije que me hiciera una buena comida de coño. Al fin y al cabo era mi pelele. Obedeció y me desabrochó y quitó el short del pijama, luego las braguitas hasta que el sexo de su diosa estuvo ante su cara. Se quedó como embobado así que con una mano empujé su cabeza hacia mí. Empezó a dar besos y luego a sacar la lengua y lamer tímidamente. Era agradable aunque no lo hacía demasiado bien, así que le fui dando indicaciones. Le tuve así bastante rato, quizá 10 minutos, muy excitantes y agradables. Luego me moví de forma que él podía seguir chupándome pero yo tenía acceso a su entrepierna, donde se la saqué del calzoncillo con la mano. La tenía ya algo dura y pude comprobar lo que me temía, no la tenía muy grande, aunque lo suficiente para darme placer sí. Empecé a masturbarle con delicadeza, y esta vez parece que no se corrió al instante, debido a que se acababa de correr.

    Le coloqué boca arriba dispuesta a cabalgarle. Antes que eso, y porque me apetecía besarle le hice limpiarse la boca con su propia camiseta. Me pasé su glande varias veces a lo largo de mi rajita para ayudar a lubricarnos a ambos. La tenía ya en su punto máximo de dureza, y empecé a bajar insertándome en ella, hasta que llegué abajo, y empecé a cabalgar suavemente. Su mirada era de placer total, estaba que no se lo creía. No se atrevía a hacer nada con sus manos así que se las cogí y las puse en mis pechos, y noté como se regocijaba en ellos, sintiendo la suavidad de la piel, magreándolos, sintiendo los pezones en las palmas de sus manos. Me incliné y le besé cariñosamente, disfrutando de esta recién descubierta cercanía y complicidad entre nosotros.

    Nos dimos la vuelta quedando yo mirando hacia arriba y él encima, al principio tumbados y abrazados, haciéndolo suave, después se incorporó de forma que podía embestirme con más fuerza. Subí mis piernas abrazándole con ellas, lo cual por alguna razón me resultaba mucho más placentero. Después de unos maravillosos minutos dándonos placer, noté por sus movimientos y su expresión que iba a correrse, por supuesto no iba a dejarle hacerlo así que con un movimiento hice que la sacara, justo a tiempo porque empezó a eyacular sobre mi abdomen. Echó muy poca cantidad de semen. El pobre Francisco daba pena frente al semental de Raúl, en prácticamente todos los aspectos, pero por otro lado era un amante cariñoso y respetuoso, me había gustado.

    Tras ducharnos (separados) le pedí que se fuera porque me apetecía estar sola. Tras reflexionar durante aquel sábado, noté que me sentía mejor sobre mi ruptura con Raúl, y que no sería una mala idea comenzar una relación de pareja con Francisco. Me quería, me trataba como a una reina, y también podía darme cariño y sexo. Quién lo hubiera imaginado cuando tuvimos aquella primera cita… El lunes ya volví al trabajo encontrándome bien, y durante el día escribí a Francisco para decirle que si quería cenar conmigo en casa. No podía esperar a ver su cara cuando le preguntara si quería que yo fuera su novia.

     

  • El exjefe

    El exjefe

    Les cuento la metida de pata que he cometido, no pensé ni hubiese imaginado tan siquiera caer así, no sé qué me pasó, conste que soy precavida, ahora les explico.

    En mi trabajo estoy desde que tenía 18 años, joven y sin experiencia me dio la oportunidad mi jefe, en ese entonces culminaba mi secundario, obviamente el jefe me veía como la más chiquita de la oficina, siempre se comportó bien conmigo, no se empezó a fijar en mi hasta hace año y medio atrás, cuando empezamos a tener relaciones y me convertí en su amante, ahora tengo 28 años.

    Pues bien, en ese primer año dentro de la empresa, como les dije, era inexperta, mi primer trabajo, virgen (luego aclaro esto), no sabía nada de la vida fuera del entorno familiar, en esa época, el hermano de padre de mi jefe era el que me tenía bajo su mando, donde él iba, debía ir yo, siempre fue muy amable, a veces me abrazaba tipo abuelo-nieta, en ese momento él tenía 55 años y yo 18, el abrazo no lo consideraba acoso, es más me trataba tan bien que incluso yo lo buscaba para dárselo, era como un familiar para mi, pero cuidaba mucho estando delante de los demás, esos abrazos y bromas fueron haciéndose una constante cuando estábamos solos en su oficina, llegaba incluso a llevar sus manos por mis nalgas, nunca lo malinterprete hasta que en una de esas me besa el cuello, recuerdo perfectamente la cara de susto que puso al salirme de él, supe enseguida que no era cariño de padre, abuelo, pero no le dije nada, seguí haciendo las tareas de forma normal, no quería perder el trabajo y mucho menos que se enoje conmigo, porque en verdad lo apreciaba y lo sigo haciendo.

    Creo que el hecho de que no le haya dicho nada hizo que él crea tener luz verde y que me gustaba, bueno, debo admitir que el beso en el cuello me dio cosquillas.

    Una tarde de viernes, los demás ya habían salido de la oficina, solo quedábamos el señor Marcos y yo, me llama y me abraza pidiendo disculpas por lo de aquella vez, le correspondí y le dije que no había problemas, apenas terminé de decir eso, siento sus manos bajar por mi cintura, sus labios rozar mis orejas, me quedé quieta como estatua, metió su lengua en mis oídos y me apretaba contra él sentí que se ponía duro y cuando llego a mis labios nos besamos, me congelé, recuerdo que solo lo correspondía, pero le atajaba la mano, pensé luego y me salí, al día siguiente pedí mi traslado de departamento, el motivo nunca lo conté, a nadie, solo a ustedes les estoy ventilando esto, si bien no me fué desagradable, no podía exponerme a perder la virginidad con un hombre 37 años mayor que yo, mayor que mis padres, con hijas mayores que yo y esa posibilidad hubiera existido de seguir con él, si ya no era virgen en ese entonces, iba a dejarme coger de seguro, sé eso ahora pensando y no tengo dudas, creo que hizo que me atraigan los mayores.

    Al cabo de 5 meses que me cambié de oficina, él mando a llamarme y a otros también porque quería despedirse de nosotros, había vendido a mi jefe actual todas sus acciones porque ya se quería jubilar como dijo, todo bien, me pareció súper, estaría más calmo todo.

    De eso pasó 9 años, hasta que volvió a aparecerse por la oficina este mes de visita, nos saludó a los antiguos y a los que no lo conocían, esa sensación de aquella vez volvió a mi con la diferencia de que me excitaba, ya tengo 28 años, practico el sexo de manera constante, he cogido con personas que casi me triplican la edad, ya soy mujer hecha y no la inexperta de aquella época.

    Apenas me ve, se lanza por un abrazo, le correspondí como siempre, me susurra al oído: «estás hecha una hermosa mujer», a lo que sonreí y le dije que él se veía guapo como siempre.

    Antes de retirarse se acercó a mi oficina, me preguntó si aceptaría que me invite un café, le dije que café no quiero, «mejor invítame a cenar» le dije, «no le molestará a tu pareja?» preguntó, «no tengo pareja, vivo sola» le contesté, «me das tu dirección y te busco a las 20 h», lo anoté en un papel y se lo di.

    Pasó por mi, fuimos a un conocido restaurant, cenamos, tomamos un par de copas, me halagaba en palabras, me hacía sentir una estrella jajaja, luego salimos y ya frente a mi departamento, lo abracé y esta vez fui yo quien le besé el cuello, el helado era él, se quedó mirándome, le pregunté si tenía cosas que hacer, «no, ya voy para casa» me contestó, entonces le pregunté si no quería pasar a ver mi departamento, «estás segura?» me preguntó, «ya no soy la nena virgen de 18 años» le contesté.

    Abrí la puerta, le pedí que se sienta como en su casa, fui hasta la habitación, me saqué la ropa y me puse un pantaloncito corto, de los que apenas cubren las nalgas y una blusita semitransparente sin brassier, me paré frente a él y le dije «podrías darme de esos abrazos que tanto me gustaban?», se levantó y me abrazó, solo que esta vez estaba casi desnuda prácticamente, sus manos recorrieron mi espalda, pasando por mi cintura hasta llegar a mis nalgas, cuando llegó ahí le pedí que me las apriete, «sé que me tenías ganas antes y también ahora» le dije mientras sus labios recorrían mi cuello, ya no se aguantó y empezó a sacarme la blusa, yo apurada le desabrochaba el pantalón, me apretaba los pechos, mordía mis pezones, por fin pude bajarle el pantalón y saqué su pene ya erecto, me agaché y empecé a chupársela lentamente, el líquido seminal era abundante, le escupía por la punta y le pajeaba, bajé un poco más para lamerle los testículos, me las metía en la boca en tanto él observaba sorprendido acariciándome el cabello me decía que lo hago muy rico, «soy experta mamadora» le dije sonriendo, «debo terminar primero una vez para poder aguantar bien el segundo» me dijo, «termina» le dije, «en mi boca termina, quiero probar tu semen» le dije mientras me sacaba sus vellos de la boca, comencé a pajearle chupándole hasta que me apretó fuerte la cabeza por su miembro y se vino en mi boca, en varias contracciones me llenó de esperma, «te gusta?» me preguntó, entonces me tragué el semen y le contesté que me encanta.

    Lo llevé a mi habitación, me acosté con las piernas abiertas y lo estiré sobre mi para que me pase lengua por la vagina, empecé a gemir como loca, pude notar que se le hacía difícil tener de vuelta una erección, entonces lo recosté en la cama y lo besé rico mientras lo masturbaba, «me deseas, siempre quisiste hacerme tuya, ahora podés, quiero que te relajes, te voy a chupar hasta que se ponga bien dura y me subiré sobre vos» le dije en susurro frente a su rostro, estaba sorprendido, pero eso no le impidió masajear todo mi cuerpo, apretarme las nalgas y mordisquear mis pezones.

    Bajé hasta su pene, lo introduje en la boca, mientras se la chupaba me agarraba del cabello, por fin volvió a ponerse firme y con besos llegué hasta su rostro, con una mano acomodé su miembro para poder meterlo en mi vagina, lentamente me senté hasta que la penetración fue completa, comencé a mover suave, rico, mi cabello sobre su cara en típico movimiento de atrás para adelante, él me lamía el pecho y con suspiros me apretaba, ya estaba yo a punto del orgasmo, pero quería que él esté sobre mi, cambiamos de posición, quedé abajo con las piernas abiertas y el penetrándome, no me pude contener más y mientras él me bombeaba la vagina, llegué a tremendo orgasmo, mis gemidos de placer hicieron apresuraron su eyaculación, teniendo aún yo las contracciones de mi orgasmo, él me dijo «estoy a punto de llegar, voy a sacarlo», le dije «seguí, termina adentro, tu leche quiero adentro», al terminar de decir eso, siento como se viene adentro de mi, muriendo de cansancio sobre mis pechos, «te sacaste las ganas que me tenías, nos chupamos y ahora tengo tu semen en la concha» le dije, «hace como 5 años que ya no tenía relaciones, valió cada segundo la espera, solo espero que no te embaraces» me dijo, «tranquilo, me cuido siempre» le contesté…

    Quedamos un rato en la cama desnudos, luego se duchó, nos despedimos y se fue, entré al baño para ducharme también, vi como su semen iba cayendo de mis partes por la pierna, blanco manjar para mi vagina, me gusta mucho ver cómo va saliendo, siempre lo observo cuando me eyaculan adentro, me encanta.

    Ahora solo espero que mi jefe no se dé cuenta, tampoco le dije a su hermano que no diga nada, no podía pedirle eso y menos contarle que tengo sexo con mi jefe, eso haría que se sienta mal.

    Pues espero todo quede como si nada pasó, ya no creo volver a tener la oportunidad de acostarme con él, solo estuvo de visita, vive en otro país, pero de lo que estoy segura es de que no me olvidará, en cada masturbación que se haga estaré presente, pude sacarme esa espina y él, se lleva mis gemidos y fluidos como para renovarse al estar con una mujer más joven.

  • Que sabrosa mi sobrina

    Que sabrosa mi sobrina

    Tenía mis manos apoyadas sobre ese culito hermoso con forma de manzanita y mi lengua metida en el fondo de su vagina saboreando los jugos de una joven de apenas 19 años. Sus quejidos de placer eran tan hermosos y dulces al mismo tiempo. Sabía que mi mujer podía regresar en cualquier momento pero no me podía detener, ella me provocaba a seguir metiéndole mi lengua en su vagina. Además era tan rico ese líquido que podía saborear con mi lengua, era delicioso.

    No hizo falta que me practique sexo oral para ponérmela erecta, ya con tenerla enfrente mío con su pequeño short en el piso, con sus brazos apoyados sobre la pared y mi lengua metida en su vagina provocaron en mi una erección como nunca antes había tenido.

    Me baje el pantalón y vi mi pija más dura que nunca, con sus venas marcadas en toda mi poronga. Abrí más las piernas de mi sobrina y guíe a mi poronga a la cueva de la satisfacción. Disfrute cada instante en que mi pedazo se fue introduciendo en la pequeña vagina de mi joven y petisa sobrina. Estaba tocando el cielo con las manos, es una sensación única tener sexo con una joven de 19 años. Mi pija entraba y salía con facilidad del cuerpo de mi sobrina y eso es porque es una joven muy sexual que ya tuvo sexo con varios hombres.

    Aproveche que mi sobrina tiene el cabello largo para agarrarme de él y seguir metiéndole mi pija por su vagina. No le saque la remera que tenía porque me gustaba así como estaba aunque metí mis manos por dentro de ella para poder tocar esos pezones de esos pequeños pechos que había probado hace unos días atrás.

    Mi corazón latía a mil, los gemidos de sobrina empezaron a ser más fuerte y tenía miedo que en cualquier momento entre mi esposa por la puerta y nos encuentre teniendo sexo. Así que con una mano tape la boca de mi joven amante para así poder escuchar si mujer regreso de hacer las compras o no. Por lo pronto seguíamos teniendo sexo pero esta vez el que se movía ya no era yo sino ella. Como ella es una chica delgada la agarre fuerte de la cintura y la empecé a sacudir hacia delante y hacia atrás. Mis bolas golpeaban con fuerza sus nalgas y generaban un ruido único y excitante.

    Ya en el aire se podía sentir olor a sexo, mis líquidos preseminales ya había entrado en contacto con sus jugos vaginales generando un olorcito tan rico como la cogida que le estaba haciendo a mi sobrina.

    Cuando sentí que ya no podía retener más mis ganas de expulsar mi leche, la tome fuerte de los hombros y la empecé a embestir como nunca en esa mañana. Explote en un orgasmo infernal, no se cuanta leche expulse pero creo que debe ser toda la que acumule durante toda esa semana en que mi sobrina se quedó en mi casa. Le saque la pija y pude ver como unos segundos después su vagina expulsaba parte de toda esa leche calentita que le brinde de forma gratuita. Después de eso le pegue un par de cachetadas en la cola y le dije que se vaya a bañar que la quiero ver limpita para llevármela a coger con su padre.

  • Final de fiesta

    Final de fiesta

    Aunque Elena tuvo alguna reticencia en ceder a los deseos de sus suegros, la felicidad del día solo les daba la razón, celebrar la ceremonia y el banquete los jardines de su finca de la playa había sido un éxito. La de discusiones que había tenido con su ya marido Adrián por aquel motivo. Así andaba ensimismada, sentada con su traje blanco en el salón cuando llego su madre.

    Lidia – pareces cansada

    Elena – si mama, mucho

    Lidia tenía 46 años, morena y esbelta, normalmente no llamaba la atención ya que su 1,56 no la hacía destacar, salvo por su pecho bastante generoso, el cual había heredado en parte su hija. Pero el traje de la boda dejaba a la vista su bonita figura y sus pechos habían sido la envidia de muchos en el coctel.

    Elena – estoy reventada, el día, el baile, la bebida – dijo riendo. Elena era la copia de su madre pero agraciada con la juventud de su cuerpo.

    Lidia – ya queda poco, bueno, o mucho, dependerá de tu marido – y rieron las dos por la ocurrencia

    No tardaron en entrar sus suegros, Claudia y Arturo con Juan, su padre, y su marido. ¡Su marido! Aun le sonaba raro en su cabeza pero se acostumbraría rápido, Adrián era un cielo.

    Claudia – Ya tendrás ganas de quitarte el vestido – dijo su suegra al sentarse frente a ella. La madre de su novio al igual que su suegro eran de la alta sociedad de la ciudad, y su porte lo mostraba a todas horas con su vestuario cuidado y adecuado, y para aquella ocasión no había defraudado con un precioso vestido corto que realzaba su belleza, no tan explosiva con su madre, ya que sus pechos no destacaban, pero si por su figura que repartía en 1,68 de altura.

    Adrián – no te preocupes mama, ya se lo quitare yo

    Y todos rieron

    Luis entro con la bandeja en la mano, su sonrisa denotaba el trabajo bien hecho, era el encargado del catering, y dueño de la empresa, con 28 años había montado un negocio que esquivaba la crisis, la gente seguía casándose.

    Arturo – un aplauso para los camareros

    Todos aplaudieron a Luís, y este les fue entrando una copas de cava a cada uno.

    Luis – encantado de haberles servido y que todo haya sido de su gusto

    Arturo – ¿pero no brindas con nosotros?

    Luis – no, por favor, ustedes son los protagonistas, eso sí, esta copa es la de la suerte, así que no deben dejar nada

    Y con un brindes todos apuraron las copas

    Elena – uf, esta es la que me faltaba

    Luis retiro las copas mientras ellos seguían charlando de lo acontecido en aquel día, claro que poco a poco se fueron apagando las conversaciones y las miradas se quedaron ausentes. Elena observo asustada como uno a uno dejaban de hablar quedándose en un estado catatónico.

    Elena – pero que os pasa, venga dejar de hacer el tonto – pero nadie respondió y una voz la sobresalto

    Luis – no te preocupes Elena, está bien, drogados pero bien

    Elena se levantó como queriendo hacer algo pero Luís blandió una pistola, y su cuerpo quedo helado

    Luis – quietecita, venga vuelve a sentarte

    Elena – pero que quiere – dijo entre sollozos

    Luis – bueno, muchas cosas pero básicamente empezaremos por el dinero, esa idea de los sobres en la boda es una fuente de felicidad, así que dime dónde están.

    Elena – no sé, se encargó Arturo de todo

    Luis – a ver Arturo, donde está el dinero

    Arturo – en la caja fuerte, arriba en el dormitorio del fondo, detrás del cuadro de caballos, la combinación es 20-8-49-47 – respondió Arturo de forma automática ante la sorpresa de Elena

    Luis – ves, la droga hace maravillas, bien Elena, ahora…

    Elena – por favor no nos hagáis daño, ya tenéis el dinero, por favor, no… –pero no dijo más porque la mano de Luís le cruzo la cara

    Luis – la primera y la última vez que me interrumpes

    Elena cogiéndose la cara lloro mientras Luís se sentaba a su lado, pero no tardó mucho en atender a los ruidos que se acercaban.

    Carlo – ya está todo en la furgo y ya veo que aquí lo tienes todo controlado – dijo riéndose

    En el salón habían entrado 2 de los camareros de la fiesta, Carlo y Tim

    Tim – los demás ya se han ido, ya les he pagado

    Luis – perfecto, pues nada, venga Elena desnúdate para nosotros

    Elena se quedó de piedra

    Luis – vaya tan habladora antes y ahora no dices nada

    Ella solo pudo balbucear un por favor que provoca la risa de sus captores.

    Luis – dime Arturo, te gustaría ver las tetas de tu nuera

    Arturo – sí, me encantan sus tetas, y las de su madre también

    Elena miro a Arturo con mirada de incredulidad, pero él seguía con su mirada perdida, como no sabiendo que es lo que pasaba, Luís la saco de su perplejidad.

    Luis – has visto, aparte de tenerlos controlados, son sinceros, a ver Arturo, desnúdate

    Arturo se levantó como un autómata y se despojó de toda la ropa ante todos sin ningún atisbo de vergüenza, dejando a la vista un pene de tamaño considerable semirrecto.

    Luis – vaya, menuda polla, ¿no te gustaría chupársela Elena?

    Elena – por favor, para ya

    Luis – bueno, lidia, arrodíllate delante de Arturo y mámasela, y cuando te vayas a correr Arturo, lo haces en sus tetas.

    Elena observo con horror como su madre se levantaba y hacia lo que le habían dicho, en un visto y no visto el pene de Arturo desapareció en la boca de su madre.

    Luis – ¿te gusta Arturo?

    Arturo – joder, claro, habrá chupado muchas pollas porque lo hace de vicio, que bueno

    Luis – Adrián y juan, desnudaros también, y tu Claudia quítate el vestido

    En un momento la actividad fue frenética, Adrián y juan se despojaron de los trajes y no tardaron en sentarse desnudos mientras Claudia dejaba a la vista un conjunto de lencería que hizo que Tim y leo silbaran. Aquello hizo que Elena viera algo que le había pasado desapercibido ensimismada como estaba con la escena, habían montado un par de cámaras que cubrían todo el salón.

    Luis – como ves Elena, todos van a ser muy solícitos con mis deseos

    Elena – ¿por qué nos hacéis esto?

    Luis – porque podemos, dame tus bragas

    Elena se resistía pero viendo el resultado de su primera negativa cedió, e intentando no dejar nada a la vista de las miradas lascivas de Tim y Carlo, que estaban frete a ella se deshizo de ellas. Luis las tomo en la mano oliéndolas descaradamente.

    Luis – que bien hueles

    Elena – cerdo

    Luis – jajá, nos vamos a divertir

    Arturo – no puedo más, me corro – y sacando su polla de la boca de lidia varios chorros de leche se estrellaron en el escote de lidia que lo recibió sin ningún tipo de reparo.

    Luis – muy bien lidia, ahora quítate el vestido y vuelve a sentarte que tu hija le va a limpiar la polla a su suegro

    Lidia como una autómata se despojó del vestido dejando a la vista otro placer oculto, su ropa interior volvió a arrancar gritos de aprobación. Mientras Elena, estaba pálida y petrificada en el sillón.

    Luis – venga Elena, tu suegro necesita que le limpies la polla, no querrás hacerle ese feo

    Elena – no por favor

    Luis – tú lo has dicho, soy un cerdo, y los cerdos como yo hacen esas cosas, venga, aunque si te niegas podemos ir a cosas más fuertes.

    Aquella amenaza le dio fuerzas, para levantarse y dirigirse a Arturo, su pene había perdido algo de su dureza pero aún se veía imponente, un rastro de leche había quedado pegado al troco y la punta estaba toda blanquecina. Se arrodillo lentamente y sus ojos quedaron frente a aquel espectáculo.

    Luis – saca la lengua y comienza por eso – dijo señalándole el reguero de semen

    Elena contacto con el resto y entre sollozos lo limpio, después de introdujo la cabeza del pene en la boca recibiendo el sabor acido en su interior, lo hizo rápido, y no dejo ningún rastro.

    Luis – ves no ha sido tan terrible, venga Arturo, hazte una paja que tu nuera se ha quedado con ganas

    Arturo comenzó a machacarse la polla rápidamente, Elena no se atrevía a moverse viendo como su suegro se masturbaba a unos centímetros de su cara, y esperando secretamente que su reciente orgasmo no le permitiera tener otra eyaculación, pero vio con horror como su pene volvía a ponerse duro ante ella y su cara se retiraba de aquel cañón que la apuntaba.

    Luis – no Elena, abre la boca y prepárate, cuando se corra vas a comerte todo lo que salga por ahí, y si una sola gota se te cae se la corto delante de ti.

    Elena pensaba que aquello no podía estar pasando, pero aun así abrió la boca, y se preparó para lo inevitable, su suegro bufaba como un toro, y su mano se movía a una velocidad de vértigo.

    Arturo – me corro, si

    Elena no quiso jugar con fuego y atrapa la punta del pene con su boca y dos descargas se alojaron en su boca mientras su suegro gemía de placer son el contacto de sus cálidos labios.

    Luis – parece que te gusta, ¿quieres que se haga otra?

    Elena – no, ya basta

    Luis – siéntate Arturo

    Luis le tendió la mano a Elena para levantarse y esta lo hizo sola y se dirigió al sillón

    Luis – que genio, pero espera, siéntate pero no te sientes encima de la falda, pon tu culo en el sillón

    Elena lo miro e hizo lo que le pedía, se sentía sin fuerzas para oponerse con toda su familia en manos de aquel degenerado.

    Luis – Tim

    Tim se desnudó, sus 27 años y su cuerpo fibrado salieron de golpe a flor de piel, Elena aterrorizada lo vio venir desnudo hacia ella y no podía escapar.

    Luis – Ahora Tim te va a devolver el favor, es un experto comedor de coños

    Elena miro suplicante a Luís, pero Tim ya había puesto la cabeza bajo de su falda besándole las piernas mientras ella intentaba retirarla con sus manos.

    Luis – separa las piernas

    Elena – no por favor

    Luis se quedó mirándola con esa mirada fría y terrorífica, y la cabeza de Tim poco a poco se internó en sus muslos, mientras las manos de aquel hombre aferraban su desnudo culo y lo sacaban al borde del sillón, no tardo en sentir aquella lengua intrusa en su sexo.

    Elena no dejaba de repetir no, mientras su mente se derrumbaba con el trabajo de aquel hombre que concienzudamente exploraba cada milímetro de su intimidad.

    Luis – lidia, ¿te masturbas?

    Lidia – si

    Luis – ¿porque tu marido no te satisface?

    Lidia – sí, me quedo a medias, me consuelo yo sola

    Luis – ¿y porque no se lo dices?

    Lidia – me da vergüenza

    Luis – hoy es un día de libertad, así que mete la mano en tu sexo y hazte un dedo

    Lidia no tardo en obedecer y su mano se perdió dentro de tu braguita, sus dedos se movían dentro de ella y su cara reflejaba su placer.

    Luis – hoy no estás en tu cama haciendo algo en silencio, disfruta como te gustaría

    La boca de lidia se abrió y comenzó a gemir sonoramente, mientras Elena la miraba turbada con la reacción de su cuerpo, que comenzaba a reaccionar a las atenciones que recibía.

    Luis observaba como la resistencia de Elena iba evaporándose, el no que salía de su boca como una letanía desapareció dejando solo una respiración agitada en la que de vez en cuando se atisbaba un gemido sordo y contenido, y su respiración hacia que su pecho deseara salirse de su vestido. El recogido de su pelo dejaba su cuello libre así que se acercó a ella y sus labios besaron la piel de la joven. Ella intento apartarse pero él la siguió hasta apoderarse de su cuello. Aquello consiguió arrancar el primer gemido sonoro de Elena, el cuello era su perdición y su cuerpo no pudo contenerse más, y comenzó a correrse en manos de aquellos dos hombres que la tenían perfectamente inmovilizada.

    Elena – no, por, déjame, no, me, uf – balbuceaba mientras se corría sin remedio, noto la humedad de sus piernas y como la presión sobre su cuerpo desaparecía poco a poco.

    Luis – ves, si al final te lo pasaras bien – dijo Luís riendo – a ver, Claudia, ¿te gusta chupar pollas?

    Claudia – no, me da asco.

    Luis – juan, túmbate en el suelo que Claudia te va a hacer una mamada

    Juan se tumbó sobre el parqué y Claudia no tardo en hincarse de rodillas y tragarse el pene de juan que con sonoros gruñidos mostraba su aceptación de trabajo que le realizaban.

    Luis – Claudia. Para un poco, y dime, ¿usas anticonceptivos?

    Claudia – no

    Luis – bueno, bájate las bragas, y sigue atendiendo a juan

    Claudia arrodillada como estaba tiro de los elásticos de la parte inferior dejándolos a la altura de las rodillas y mostrando su parte posterior con todo su esplendor. No tardo Tim en ponerse detrás de él y apunto su pene a la entrada de su vagina.

    Elena – por favor, no habéis tenido bastante, por favor

    La frase se mezcló con el gemido gutural de juan vaciándose en la boca de Claudia.

    Luis – vaya tu papi estaba necesitado, venga Claudia sigue, que parece que está necesitado, y tu madre ya ves, no ha dejado de tocarse, debe de tener el coño inundado.

    Ciertamente la ropa interior de color salmón daba muestras de evidente humedad perfectamente visible, pero ello no era ningún impedimento para que siguiera dándose placer a la vista de todos. Mientras Tim acariciaba el sexo de Claudia proporcionándole de vez en cuando un azote en sus nalgas que era respondido con un quejido gutural.

    Juan – así chupa, que bueno

    Luis – ¿que tu mujer no te hace eso?

    Juan – no

    Luis – vaya padres Elenita, uno matándose a pajas y la otra también, ¿tú también te pajeas?

    Elena – esto no puede estar pasando

    Luis – Venga Claudia, empálate tú misma con la polla que tienes detrás, fóllate tú misma

    Tim coloco su mene en la entrada y Claudia fue presionando hacia atrás, sin dejar de comerse la polla de juan, hasta que sus nalgas toparon con el cuerpo de su invasor, entonces comenzó a moverse rítmicamente. Tim observaba con cara de placer como aquella señora se lo follaba.

    Tim – joder qué coño más caliente, así señora, que gustazo

    Juan volvía a agitarse y con evidentes muestras de placer volvió a descargar en la boca de su recién estrenada familiar, y mientras esta no dejaba de moverse con una cadencia muy sensual hacia atrás, emitiendo ahora, liberada de su tarea bucal, fuertes gemidos de aprobación con cada envite.

    Tim no dejaba de machacar sus nalgas que iban tomando un color rojizo que contrastaba con la blancura de su piel.

    Tim – como folla esta tía, Luis

    Luis – ya lo veo, ya

    Elena miraba a su suegra, no entendía muy bien lo que pasaba, allí estaba aquella persona recta y moral, dando un espectáculo porno de lo más explosivo sin ningún atisbo de remordimiento. Y aun mas vergonzante era la más que evidente erección de Arturo y su marido, su padre no acompañaba debido al reciente trabajo de la protagonista del momento.

    Luis – Adrián, ¿te gusta tu suegra?

    Adrián – ya lo creo esas tetas me vuelven loco, y me he hecho un montón de pajas a su salud

    Elena miro a su marido con una mirada asesina pero este, siguió hablando

    Adrián – y el culo que tiene más de una vez se lo hubiera partido a pollazos, a su hija le encanta.

    Elena – eres un cabron

    Luis – tranquila Elena, es sincero en contra de su voluntad, si tú estuvieras en su situación seguro que tendrías algo que le avergonzaría a él, ¿no?

    Elena calló, no pudo evitar volver a recordar aquel día en que vio la polla de su suegro que se cambiaba en la habitación mientras ella pasaba por la puerta. Se quedó en la rendija que le daba visión embobada con el tamaño considerable del miembro que colgaba entre sus piernas. Aquello le provoco unas cuantas noches calenturientas fruto de su juventud.

    Luis – el que calla otorga Elenita, venga Adrián, fóllate a tu suegra, que lo está deseando.

    Elena – no por favor, eso no, hazme lo que quieras a mí, pero eso no – dijo Elena en tono de suplica

    Luis – espera Adrián, venga quítate el vestido.

    Si ya estaba atrapada, aquello ya no tenía salida, así que controlando sus nervios bajo la cremallera lateral del vestido y lo dejo caer a sus pies, quedando desnuda ante todos. Se tapó los pechos y su sexo provocando la risa de aquellos desgraciados.

    Luis aparto el vestido del suelo y se fue desnudando lentamente escuchando los por favor lastimeros de Elena.

    Luis – ¿Qué no quieres que te folle?

    Elena – No por favor

    Luis – bien – y le tendió la camiseta que acababa de quitarse – toma ponte esto y siéntate a mi lado

    Elena de sentó, Luis se puso a su lado haciendo que reclinara su espalda contra él. Las manos de su captor atraparon sus pechos por encima de la camiseta provocando una reacción de rechazo. Carlo tráeme unas esposas.

    Elena – no, me estaré quieta

    Carlo se acercó con ellas

    Luis – así no habrá tentación – y cogiendo suavemente su brazo se las ajusto – ¿te hacen daño? – y siguió con el otro sin esperar la contestación. La volvió a colocar de nuevo sobre si y sus manos volvieron a atrapas sus pechos duros y jóvenes, coronados por unos prominentes pezones que sobresalían a través del liviano tejido que la medio vestía.

    Mientras Luis se propasaba con Elena, Claudia comenzó a correrse gimiendo sonoramente. Fue Tim entonces quien cogió el ritmo viendo que su pareja no controlaba ya el ritmo, asió sus caderas y comenzó un frenético mete y saca que solo consiguió elevar los gritos de ambos y ocultar el chapoteo que producía la unión de sus sexos. No tardo Tim en anunciar su corrida vaciándose en el interior de Claudia que cayó desmadejada al suelo cuando Tim la soltó. No tardo Elena en tenerlo frente a su cara.

    Tim – venga, hazme lo mismo que a tu suegro

    Elena que estaba soportando el sobo de Luis, no reacciono, hasta que oyó su voz en su oído.

    Luis – venga preciosa

    Elena – no por favor

    Luis – Claudia, súbete las bragas y ven aquí a limpiarle la polla Tim.

    Claudia no tardo en estar de rodillas ante Tim, y sin hacerle ascos se tragó el semirrecto pene de Tim embadurnado de semen y flujos, que no tardo en dejar brillante y ensalivado.

    Luis –Adrián, fóllate a lidia a cuatro patas, así podrás disfrutas de sus tetas.

    Adrián se levantó como un resorte, Elena intento hablar pero la mano de Luis le tapó la boca, y observo con horror como madre de arrodillaba apoyándose sobre el sillón y su marido le retiraba a un lado la braga encajando su pene en la entrada de su suegra.

    Luis – con fuerza Adrián, lo está deseando

    Adrián se la enterró de un solo envite haciendo que lidia diera un grito, no tardo en asir sus pechos mientras envestía salvajemente el coño de su suegra que gemía de placer cuando sentía como su sexo se llenaba. El griterío de la pareja contrastaba con las miradas ausentes del resto.

    Luis – ¿si te suelto vas a estar calladita? – le dijo susurrando al oído a Elena que asintió sin esperanzas ya de salir de aquella.

    Adrián no tardo en abrir el cierre del sujetador sus manos buscaron debajo de él los pechos exuberantes que le esperaban.

    Lidia – dios, me corro si, que gusto – exclamo lidia mirando a su hija –como folla hija que gusto, ya entiendo porque te gusta tanto

    Elena la miraba anonadada como el cuerpo de su madre recibía dichosa el continuo machaqueo de Adrián.

    Luis – lidia, ¿tu marido usa condones?

    Lidia – sí, uf, dios, que gusto

    Luis – parece que tu maridito te va a dar un hermanito

    Elena – por favor, no, eso no

    Luis – solo sabes decir no, pero luego no cumples, dale duro Adrián

    Elena – hare lo que me pidas, te lo prometo pero páralos por favor – dijo entre sollozos Elena

    Luis – Carlo, ocupa el lugar de Adrián, que Adrián le va a follar la boca a su mujer

    Carlo que andaba desnudo ya hacia un rato encajo su polla en el coño de lidia nada más dejarlo Adrián.

    Carlo – vaya yegua, joder

    Luis – venga Adrián – le dijo mientras incorporaba a Elena plantándola frente a la pringosa polla de su marido. Esta abrió la boca y comenzó a chupar pero Adrián le atrapo la cabeza por la nuca e introdujo su pene casi por completo y comenzó a moverse dentro de su boca. – ¿alguna vez te ha dejado follarle la boca?

    Adrián – no nunca. Dios que gusto, no voy a poder aguantar mucho más, entre el coño de su madre y esto estoy que reviendo, me corro, ya ya

    La polla de Adrián comenzó a escupir chorros de semen, llevaban más de una semana sin sexo por los preparativos y su herramienta tenia excedente, hasta cinco descargas inundaron la garganta de Elena, que no tuvo más opción que tragar rápidamente para no ahogarse. Adrián bufaba mientras los últimos coletazos de su corrida se depositaban en el paladar de su mujer.

    Luis – ya te has tomado el postre, así que límpiala bien.

    Mientras Elena se afanaba el limpiar el mástil de su marido, su madre berreaba de placer a manos de Carlo, el cual le había atrapado el pelo para incorporarla mientras su otra mano pellizcaba y amasaba sus tetas, y entre sus caricias tampoco faltaban algunos cachetes sobre sus hermosos pechos. Y eso entre embestidas de su polla que barrenaba sin piedad su sexo.

    Carlo – toma, toma, toma – y encajando profundamente su herramienta comenzó a verter en su interior su caliente semen en copiosos disparos – sí, que ganas tenia de descargar joder, me tenéis toda la noche de mirón.

    Luis – no te quejes que ya llevas más que yo

    Carlo – jajaja, si, venga lidia, ponte el sujetador y siéntate

    Luis – venga Adrián, ves al lado de tu suegra y siéntate y tu Elena – le quito las esposas – te vas a sentar sobre mi polla y te vas a follar tu solita.

    Elena quiso responder pero sabía que no había escapatoria, así que como a cámara lenta dispuso sus rodillas en el sillón a cada lado de Luis, y decidida a acabar con la tortura agarro la tiesa y gorda polla de Luis y la llevo a su entrada, y comenzó a sentarse sobre ella despacio. Mientras eso sucedía Luis comenzó a morderle los pechos, dejando marcas evidentes, y provocando que su intento de evitarlo se transformó en que la polla de Luis se encajó hasta el fondo de su intimidad.

    Luis – uf, que estrechita estas, y caliente, venga comienza a moverte

    Elena comenzó despacio, lentamente, quería controlar su cuerpo y no darle el espectáculo de su disfrute, pero aquel hierro candente recorría sin descanso todo su excitado interior. No tardo en comenzar a sentir como su cuerpo comenzaba a entregarse, su sexo era un hormigueo de sensaciones que en cualquier momento la obviaría y tendría vida propia.

    Luis – venga preciosa – dijo Luis mientras se recreaba tiernamente en su pezón derecho mientras sus manos recorrían suavemente la espalda de su víctima , y noto como los movimientos de Elena eran más erráticos, su cuerpo se pegó al suyo mientras el movimiento de caderas rápido y enérgico sustituyo al cadencioso sube y baja inicial.

    Elena comenzó a correrse, su vagina parecía querer exprimir a su intruso con periódicos espasmos que la llevaban al éxtasis, exteriorizado con contenidos gemidos de placer, y cuando su ritmo comenzó a descompasarse fue Luis el que agarrándola fuertemente de las nalgas comenzó a embestirla con movimientos secos, lo cual provoco una continuación de su orgasmo, oía bufar a Luis, y entendió que estaba próximo al orgasmo, e intento en vano separarse. Luis lo esperaba y la abrazo fuertemente mientras aceleraba el ritmo hasta estallar en lo más profundo de la novia que sabiendo que su interior había sido regado abundantemente lloro desconsoladamente en brazos de su placentero violador.

    Luis la aparto de encima suya quedándose sentada a su lado.

    Elena – ¿porque no me diste droga como a los otros?

    Luis – la novia no debe perderse nada del día más feliz de su vida, así que venga límpiamela – dijo Luis mirando a Elena que lo miraba con cara desencajada, como no se movía, el la agarro del pelo y la llevo a su polla, la cual engullo sumisa – ves así, uf que boca más caliente tienes.

    Tim no perdió la oportunidad sentándose detrás de Elena que por su posición había dejado su parte trasera expuesta y sin mucho problema comenzó a introducir su pene en el rezumante coño de su víctima. Elena intento levantarse pero Luis ya la tenía bien sujeta y no tardo en verse ensartada de nuevo completamente.

    Luis – tu sigue chupando – dijo Luis encarando de nuevo su polla a la boca de Elena – hoy te vamos a rellenar así que vete haciendo a la idea.

    Tim no tardó mucho en coger una buena postura y su cadencia hacia que Elena no tuviera que hacer mucho esfuerzo para introducirse el pene de Luis que bailaba en su boca desbocadamente. Y tampoco tardo en ir poniendo rojo el culo de la novia como antes había hecho con su suegra.

    Tim – joder con la novia que estrechito lo tiene

    Luis – sí, su novio no le da lo que necesita

    Tim – se nota – dijo riendo

    Las manazas de Tim sobaban las maltrechas tetas de Elena que solo pensaba en que todo acabara cuanto antes, y se alegró cuando noto como Tim aceleraba su ritmo revelando la cercanía de su clímax.

    Tim – sí, toma leche, toma – dijo Tim lanzando su leche dentro del coño de Elena que en silencio había tenido dos orgasmo más, pero la vergüenza y la polla de Luis en la boca los oculto.

    Tim salió de Elena y se fue directo a donde estaba sentada Claudia pidiéndole que le limpiara la polla, cosa que Claudia se dispuso a hacer sin ningún reparo.

    Luis – venga Carlo te toca

    Carlo – creía que no me iba a tocar nunca, que ganas tengo de follármela

    Luis – pues toda tuya

    Carlo se dirigió con su poya tiesa, de largo la más grande de ellos, hacia Elena, le tendió la mano y la hizo levantarse haciéndola ir detrás del sillón donde estaba sentada. Con tranquilidad cogió las esposas y se las puso dejándole las manos por detrás de la espalda y la hizo apoyarse sobre el estómago en el respaldo, inclinándola hacia delante. En aquella postura su trasero quedo totalmente expuesto a su agresor, no tardo en notar como la cabeza de su herramienta pugnaba por introducirse en ella, pero la extrema lubricación hizo que su invasor no tuviera problemas en ensartarla completamente, haciéndola exclamar un gemido sonoro.

    Después de que Carlo enfundara su pene en el interior de aquel deseado coño, la saco lentamente disfrutando de los sonidos que emitía Elena con la operación, todo el tronco estaba bañado con abundante líquido, y cuando la tuvo fuera la encaro al otro agujero que tenía disponible.

    Elena noto la presión sobre su ano e intento en vano resistirse

    Elena – no por favor, ahí no – grito Elena

    Pero Carlo no atendía a nada, presiono y el ano de Elena, acostumbrado a ese tipo de práctica poco a poco fue cediendo al empuje alojando la cabeza invasora, Carlo entonces la retiro y aprovechado la dilatación embadurnó la entrada con los restos húmedos que pringaban su polla. Repitió la operación varias veces introduciendo cada vez un poco más su polla y sin hacer caso a las suplicas y ruegos que escuchaba.

    Carlo – de ahí ya no va a salir, y ahora vas a saber cómo se folla un culo de verdad, te vas a acordar toda tu vida – y sin más la embistió llevando su polla hasta lo más profundo del culo de su desventurada compañera. Elena emitió un grito y se sintió rota, y más cuando noto las manos de Carlo agarrándole las tetas, mientras comenzaba a embestirla con saña.

    Cada golpe hacia que Elena emitiera un quejido con la boca abierta no acostumbrándose aun a aquel monstruo que barrenaba sus entrañas, aunque en su interior temía la reacción de su cuerpo. Cuando era enculada por Adrián tenía unos orgasmos descontrolados que no querría regalar a aquellos cerdos.

    Luis andaba totalmente empalmado después del trabajo oral que había recibido, y viendo el espectáculo decidió no quedarse quieto. Cogió a lidia y la hizo quitarse la ropa interior que la cubría y la puso en la misma postura que su hija y a su lado.

    Luis – me has dado envidia cabron

    Carlo – pues venga, rómpele el culo a la mama

    Luis jugo con sus dedos en la entrada trasera de lidia arrancando sus quejidos, era virgen y él lo notaba, pero embardunó con saliva la entrada y su polla, y lentamente comenzó a trabajar el orificio que poco a poco fue cediendo a sus deseos, y los quejidos de lidia se mezclaron con los de su hija llenado la habitación.

    El culo de lidia recibía sin problemas la polla de Luis, así que decidió divertirse un poco más

    Luis – ven Álvaro, lidia está deseando que le des por culo, verdad lidia

    Lidia – si Álvaro, dame por culo

    Álvaro se levantó, y cuando se retiró Luis, le clavo la polla sin ninguna delicadeza, arrancando un grito que no le detuvo, todo lo contrario, agarro sus caderas y comenzó a embestirla.

    Luis entonces decidió completar la escena con Claudia que siguió los mismos pasos que lidia, y en su caso fue juan quien acabo dentro de su maltrecho culo.

    Elena ya era un trapo en manos de su agresor, su cuerpo había vuelto a decidir ir por libre y se deshacía con cada envite de su trasero, incluso creyó oírse decir algún si o más, en la nube en la que se encontraba, cosa que no era una ilusión, realmente lo estaba diciendo lo cual excito todavía mas a Carlo, que no tenía compasión de ella.

    De pronto la polla desapareció de su culo y entro de forma violenta en su sexo, y oyó como gritaba Carlo, revelándole que de nuevo su sexo había sido regado abundantemente y hasta el fondo. Carlo se retiró y fui Luis, tremendamente excitado por sus recientes torturas de culo de las madres que la embistió por el culo y de un golpe se la enterró hasta el fondo comenzando a moverse rápidamente, y no duro mucho, al minuto repetía la operación de su compañero y se vaciaba en el sexo de la novia.

    Luis – venga Arturo, este culito lo está esperando – dijo señalándole el culo de su nuera, y sacando su pene de la madre se dirigió a la hija, embistiéndola sin ninguna delicadeza.

    Luis – así Arturo, te gusta darle por el culo a tu nuera, eh

    Arturo – si joder, que ganas tenia

    Arturo clavaba su polla en las entrañas de Elena con un ritmo que arrancaba los gemidos de placer de Elena, que seguía totalmente entregada a su tortura, y más aún cuando con los gritos de su suegro noto como un líquido caliente regaba sus entrañas. Pero no tardo en notar como otra polla la invadía.

    Luis – venga juan, dale, que tu hija necesita más polla

    Elena supo que su padre también la violaba, noto como su pene entraba en su interior y sus manos agarraban su cintura para comenzar sus movimientos, y no fue lo peor, ya que además oía sus expresiones de places con cada golpe de cadera. Además su cuerpo no entendió de aberraciones, y siguió descargando oleadas de placer que la hacían gemir sin poder controlarse.

    Luis –dale duro que le gusta

    Juan redoblo su intensidad pero no tardo en lanzar su semen en el interior de su niña que noto de nuevo como su interior se calentaba por la eyaculación de su padre.

    Cuando paro y Elena fue más consciente de lo que le rodeaba, oyó los gemidos de Claudia, la cual estaba siendo sodomizada por su hijo. Luis le había puesto el culo de su madre en bandeja y lo taladraba sin ningún rastro de compasión.

    Luis – ¿te gusta?

    Adrián – que culo más estrecho, es delicioso, no creo que tarde en correrme

    Luis – ¿y no te gustaría llenarle el culo de leche a tu suegra?

    Adrián observo el culo de lidia y no se lo pensó, saco su mástil y lo ensarto en lidia mientras bramaba de placer y escuchaba los quejidos de ella al sentirse de nuevo traspasada. No tuvo mucho tiempo ya que sus cojones decidieron vaciarse en el interior de aquel culo tan deseado.

    Luis – ven Claudia, ¿qué te parece el culo de lidia?

    Claudia se incorporó y observo con cara de desagrado el abierto culo con los restos de semen y heces que había dejado su hijo.

    Claudia – es asqueroso

    Luis – cierto cierto, así que pon tu boca sobre él y límpialo, métele la legua, y que tu mano masturbe a lidia, es tu invitada y debes atenderla

    Claudia pese a la cara de asco, no tardo en explorar con su boca el culo de lidia, que noto como la caliente lengua recorría el exterior de su orificio trasero para después introducirse cada es mas en él, y si ello no fuera suficiente unos dedos atraparon su hinchado clítoris haciéndola gemir.

    Luis se dirigió entonces a Elena quitándole las esposas e incorporándola la llevo hasta sentarla en el sillón al lado de su madre que se corría desesperadamente con las atenciones de Claudia.

    Luis de nuevo a su lado comenzó a hablarle mientras la humedad era demasiado evidente bajo su cuerpo, donde la gravedad comenzaba a hacer salir de su cuerpo la cantidad ingente de semen que habían depositado en ella.

    Luis – ¿a que nunca habías follado tanto?

    Elena – os vamos a denunciar – dijo sacando fuerzas de no sabía donde

    Luis – bueno, sí, estaríais en vuestro derecho pero, dos cosas, todos estos no se acordaran de nada, y en unas horas no quedara ni rastro de la droga en su cuerpo, y por otro, en los videos que nos llevaremos, convenientemente editados, se verán escenas totalmente incestuosas y aberrantes de sexo en familia, y totalmente consentido. Una denuncia haría que esas imágenes saltaran de ordenador en ordenador de amigos conocidos y familiares. Así que es mejor que ni lo pienses.

    Elena se quedó pensativa sabiendo que tenía razón, y en ello estaba cuando observo que Carlo se acercaba con un vaso.

    Luis – bueno, esto ya ha acabado, tomate esto y en 10 minutos estarás durmiendo, cuando despiertes dentro de unas diez horas ya tendrás tiempo de decidir qué haces.

    Elena miro el vaso con recelo, pero después de todo lo que le habían hecho poco más podrían hacerle, así que lo bebió sabiendo que en nada estaría dormida y alejada de aquella locura.

    Luis – bien Elena, ahora los demás dormirán también, y nos iremos.

    Elena poco a poco se perdió en la oscuridad, descansando del intenso día de su boda.

    DOS MESES DESPUÉS

    Elena se había levantado tarde, hacia una semana que se había confirmado su embarazo y se aprovechaba de ello. Acabo con el desayuno que le había dejado preparado su marido Adrián, y se dirigió a la ducha en la que se volvió a perder más de una hora. Cuando por fin anduvo visible, salió a recoger el correo, sentándose en porche de la piscina para leerlo tranquilamente. Como siempre, facturas e invitaciones poblaban el correo, pero en esta ocasión, una carta grande y sin remitente destacaba entre todas. La abrió curiosa y apareció una caja con un DVD dentro con el texto Boda de Elena.

    Se extrañó muchísimo, ya que el video de la boda lo recogieron poco después del viaje de novios, pero pensando en que igual era una rectificación, se apresuró a entrar en el salón y visionarlo. Lo introdujo en el DVD y con el mando en la mano se sentó en el sillón, esperando el menú que no tardo en salir, en la pantalla aparecían dos menús, uno subtitulado como película y otro con escenas, así que rápidamente fue a escenas pero todas las fotos de pre visualización estaban en negro así que le dio a visionar la primera. Después de unos segundos en negro apareció un cartel

    CONFESIÓN

    En la pantalla aparecía ella vestida de novia y comenzó a hablar

    Elena – Hola, hoy es el día de mi boda, bueno, ya me he casado, y ahora que he descubierto lo depravados que son en mi familia y en la de mi marido voy a empezar a disfrutar yo también, así que me he traído a unos camareros a la habitación.

    Elena no salía de su asombro, y más cuando al acabar la frase ella se fue hacia abajo, y al seguirla la cámara apareció una polla que empezó a chupar con deseo. Elena paro la secuencia con los nervios a flor de piel, aquello debía ser un montaje para chantajearla a ella o a su marido, no podía ser ella.

    Sin atinar mucho busco otra escena, otra vez fundido en negro y un nuevo cartel “PAPA ME DA SU REGALO”, la imagen de su cara desencajada apareció en el televisor.

    Elena – así así, dame más, que gusto, como follas, cabron

    Al abrirse el plano Elena quedo pálida, Su padre estaba detrás de ella follándola

    Juan – que culo tienes zorrita

    Elena – te gusta follarte mi culo

    Juan – si me. . .

    Elena paro el video. Se intentó convencer que aquello no era real, pero las escenas eran demasiado explicitas, así que armándose de valor pincho otra y el cartel ya la sobresalto, “CABALGANDO”

    Su cara de placer pese a su sorpresa volvió a llenar el plasma y sus gemidos la habitación, su cuerpo desnudo solo era roto por su velo de novia, y este cimbreaba sin descanso

    Elena – dios que polla tienes, me estas matando

    Arturo – así así, sigue moviéndote, que manera de cabalgar

    Elena – me corro sí, me corro

    Arturo – dios que gusto, te voy a llenar le leche

    Elena – sí, venga vamos

    Arturo mientras emitió un grito que le hizo entender a Elena que se había corrido cosa que corroboro cuando al cabo de un rato la cámara enfocaba por detrás a Elena y se veía como la polla disminuía de tamaño y al liberar su sexo este rezumaba la eyaculación.

    La pantalla volvió a fundirse en negro y Elena no daba crédito, eran ellos pero no recordaba nada, repaso escena tras escena horrorizándose más, los tres camareros, Adrián, Arturo y su padre la habían follado, pero no solo a ella, sino a su madre y a Claudia, escenas lésbicas, filiales, tríos y orgias, y todo con una expresión de felicidad y disfrute que no entendía. Y al final lo más terrible de todo era pensar que, viendo aquello su embarazo podía ser de cualquiera.

    El sonido del teléfono la saco de sus negros pensamientos.

    Lidia – ¿hija?

    Elena – Ah, sí, hola mama

    Lidia – te pasa algo

    Elena – no, dime

    Lidia – no es como decirte esto, pero tengo que darte una noticia, y no te enfades

    Elena – ¿enfadarme? ¿Por qué?

    Lidia – estoy embarazada – dijo rápidamente – no me digas porque, por que tomamos todas las precauciones, pero ha pasado

    Elena forzó la alegría, y le siguió la cuerda a su madre, pero en su mente veía las imágenes de su madre follada por todos, pidiendo más, y estuvo a punto de vomitar, y andaba en esas tribulaciones cuando vio sonar el móvil y leyó el nombre de Claudia en el visor.

    Elena – mama, tengo una llamada en el móvil, ahora te llamo yo – colgó para poder atender el móvil temiéndose lo peor

    Elena pulso la tecla y contesto

    Elena – ¿sí?

    Claudia – hola hija, como estas – siempre la trato como tal, y pensar que la tuvo entre sus piernas comiéndole el sexo

    Elena – bien y tu

    Claudia – bien supongo, ¿tú me ves vieja?

    Elena – para nada, que solo tienes 45, ya quisiera estar como tu cuando llegue a esa edad

    Claudia – ¿y para ser madre?

    Elena – ¿estas embarazada?

    Claudia – sí, no veas que sorpresa nos hemos llevado, tu suegro esta encantadísimo

    Joder, pensó, y mientras charlaba en modo automático con su suegra, veía a su suegra follada a cuatro patas por Adrián, dios que locura. Cuanto colgó decidió ver el DVD entero, llenado la habitación de imágenes y sonidos que la abstrajeron totalmente. Y cuando el ultimo fundido en negro acabo con el fin de rigor, se levantó convencida que aquello no podía salir de allí, cogió el DVD y lo puso de nuevo en la caja, y se dio cuenta que allí en el interior había lo que parecía el nombre de una empresa con su teléfono y email, quizás ellos son los que montaron el video y podrían decirle quien lo encargo.

    Nerviosa llamo, y al tercer tono alguien descolgó al otro lado

    Elena – hola, mire es que he recibido un DVD y quisiera saber. . .

    Luis – Elenita, preciosa, quieres contratar un catering?

    Elena colgó con los ojos vidriosos, si lo que vivió el día de su boda fue terrible aquello era todavía peor, y no sabía si aún habría otro nivel todavía más oscuro. Y en esos pensamientos su mano se perdió en su sexo para evadirse, como hacía varias veces al día.

  • Su detonador

    Su detonador

    Raúl siempre le pareció un hombre distante, desconectado de sus emociones, ideal para trabajar tareas puntuales. Nunca tuvo la certeza de que opinión tenía de ella, pero eso tampoco nunca le importó, muy pocas veces su empresa hacia negocios con ellos. Ella era una mujer extrovertida y muy sensible, le gustaba trabajar a veces más de lo común, vivía sola, no tenía hijos y finalmente su mayor preocupación era su desarrollo profesional.

    El, soltero dedicado a los negocios, mano derecha del gerente, siempre ocupado de apagar los incendios y adelantarse a las catástrofes. Después de 6 años de conocerse, deben volver a trabajar juntos. Como siempre un par de palabras, un par de correos y listo, tema resuelto. Fue entonces cuando al otro día se cayó el trato, porque el jefe de Raúl, no aceptó las condiciones negociadas. Fueron unos mensajes fuera de horario, que no tenían nada de especial, nada encubierto, nada.

    Solo fue el comunicarse más de lo habitual.

    Al día siguiente debían reunirse en el despacho de Raúl, junto a personas de relaciones públicas. Ella llegó apurada, fue la primera, Raúl sentado en la mesa le indicó con la mirada unas galletas invitándola a sacar una. Ella tomó una y se sentó a su lado. Lo miró y saludó con un beso en la mejilla. Se miraron fijamente y el pasó el dorso de sus dedos índice y medio por sobre el muslo de ella, como por error…

    Ella se estremeció y sintió que sus pezones se endurecían fuertemente, provocando incluso un mínimo de dolor que la hizo anteponer sus hombros y acompañar ese movimiento con un: aah!… Raúl le pregunta qué pasó. Ella que tenía una sonrisa dibujada en su rostro, se pone seria, lo mira fijamente y le dice: con el roce se pusieron duros mis pezones y me dolió…

    Ella comienza a respirar de manera agitada, mientras él, soprendido por aquella respuesta con sus ojos muy abiertos, toma firmemente su muslo y desliza su mano hasta donde podía subir, donde ambos muslos se juntaban. Sin decir más palabras se acercaron y besaron apasionadamente, eran besos fuertes, un poco torpes, en que sus labios y lenguas peleaban por abarcar más boca, más mejillas, más piel, ella se acercó a su oreja y se la chupó, el intentaba devorar su cuello. En eso estaban cuando sienten pasos. Se alejan y ordenan un poco…

    Entra el resto de los invitados a la reunión. Esta comienza, ninguno de los dos logra concentrarse, ella lo mira con deseo, sus mejillas ruborizadas le delataban, estaba muy excitada. Él no puede dejar de imaginar tirársela. Ella le envía un mensaje: me dejaste húmeda. Él le responde: vamos ahora a un motel. Ella se para y sale de la reunión: te espero abajo.

    Se juntan en el hall, salen y suben al auto de Raúl, ella se abre de piernas y el la acaricia lentamente. Hasta llegar a sus labios. Ella respira de manera muy agitada, está muy caliente, siente ese dolor en sus pezones, que le indican lo contraídos que están, se toca el pezón derecho y cierra sus ojos, mientras Raúl, corre su calzón tratando de encontrar su clítoris…

    Entre tanta humedad lo siente y lo toca suavemente, ella no puede abrir sus ojos. Le maravilla lo que siente. Pequeños golpecitos que la hacen estremecer. Y comienza a respirar más fuerte, de vez en cuando se le arranca un gemido y gira su cabeza hacia la ventana. A pesar de todo, le complica sentirse tan entregada. Llegan al motel, entran a la habitación. Raúl la toma entre sus brazos y la besa apasionadamente…

    Baja inmediatamente a su cuello y ella permanece con sus ojos cerrados con el cuello extendido en su totalidad, con sus brazos colgando a los costados, dejándose besar. El la empuja a recostarse en la cama, baja su falda y sus pantys y la deja desnuda hacia abajo, dobla sus rodillas y abre sus piernas. Observa su vagina y se lanza a chuparla. Se traga sus fluidos abundantes secretados hasta ese momento, entonces busca suavemente su clítoris con la legua. Lo lame suavemente, de abajo hacia arriba, con poca presión, con mayor presión, de manera irregular, según el cuerpo de ella se lo indicara, con sus movimientos y gemidos.

    El entonces comienza a meter sus dedos medio índice y anular por su vagina, lentamente y con cuidado. Se retira y la observa, logra ver las contracciones que realiza su vagina intentando apretar sus dedos… Ella: Más adentro. No. Te quiero sentir sobre mi, ven, mejor sube. Él entonces saca su camisa y sube por sobre ella, reptando… llega a su boca y la besa, mete su lengua en la boca mientras ella intenta desabrochar su pantalón. Le cuesta mucho mover sus manos y se desespera. Ayúdame! Sácate el pantalón, desnúdate para mí, necesito sentir tu pene…

    Él se sonríe y se recuesta sobre su lado izquierdo, sacándose los pantalones y el bóxer, ella mientras se saca el chaleco y el sostén rápidamente. Así desnudos Raúl vuelve a besarla. La mira, mira sus ojos. Esa mirada que sostuvieron fue un traspaso de sensaciones y emociones comunicadas de la manera más transparente. El sonríe y baja a besar sus pechos. La piel de ella erizada entera clamaba por su cuerpo…

    El pasa su gruesa lengua por sus pezones duros y grandes, los chupa, mientras ella lo abraza con sus piernas, empujando sus caderas hacia adelante. Quiere sentir su miembro sobre sus labios, quiere sentir ese contacto íntimo de sus cuerpos desnudos… Mételo, por favor!. Él se dispone a alcanzar el condón que estaba en el velador. Pero ella le ordena entrar así, sin nada. Él toma su verga gruesa, la enfrenta en la vagina de ella y la recorre buscando empaparla de su humedad…

    Luego se la mete. Empuja una vez, ella gime con placer, lo abraza con sus piernas nuevamente, y lo empuja hacia sí. El decifra el ritmo que desea y le obedece… Uuuuy siiii, me encanta!! Se siente tan rica!! Mételo sin miedo por favor!! Aaaah!! (Le duele) más por favor, no pares!!… Siiii… Me encanta me encanta me encanta, dale!!… Ella estaba completamente perdida en el placer. A punto de tener su orgasmo. Muy rápido, todo era demasiado perfecto como para retrasarlo. Sigue así por favor no pares!! Así así así!!! Entonces ella grita. Un grito real…

    Seguido de un largo gemido que termina en risa… Te asustaste? Le pregunta ella… Para nada, responde él… Cómo me quieres, le pregunta ella… Te quiero gimiendo más de esa forma… Entonces sigamos en cuatro… Ella se voltea y encorva su zona lumbar exponiendo su vagina para ser penetrada por Raúl. El entonces ya poniéndose el condón la embiste, se lo mete fuerte hasta golpear sus testículos contra ella. Ella muy mojada lo disfruta, y comienza a gemir de nuevo…

    El la toma fuerte por las caderas, y le da un golpecito en su glúteo derecho, ella lo disfruta le encanta sentir el rebote de sus pelotas. Le encanta oír como entra y sale de su vagina el pene. Ese flap jugoso que le indica que está siendo penetrada como le gusta. El cada vez se la acerca más bruscamente, se agacha un poco y la toma del pelo. Le obliga a levantar su cabeza y esa imagen la disfruta. En el espejo del frente observa como las tetas de ellas se mueven fuerte con cada embestida y eso le calienta más…

    El intenta prolongar ese momento pero le es imposible contener su orgasmo. La toma de las caderas con más fuerza y velocidad. La empuja fuerte y ella nota que el terminará pronto. Quiere sumarse a ese nuevo goce y comienza a gritar y gemir para acelerar su propio nuevo orgasmo. Logran encontrar el ritmo correcto para terminar juntos así, en cuatro, mirándose al espejo. Disfrutando juntos de la manera jamás imaginada. Camino a la oficina en el auto, ella aún ruborizada. Con el cuerpo caliente… No puede dejar de pensar en cómo tiraron en la ducha. Está segura que se repetirán.

  • Dos hermosas hermanas para todo el placer

    Dos hermosas hermanas para todo el placer

    Como habrán visto en relatos anteriores Silvina y yo, Billy, somos muy abiertos sexualmente, nos gusta todo y a todo le damos.

    Silvi tiene una hermana 4 años menos. Alta, rubia, delgada, un bombón de crema.

    A mí me gustó siempre, desde que iba a la escuela secundaria y se lo comenté en varias oportunidades a Silvi.

    Una noche que fuimos de visita a casa de mi suegra, cosa frecuente, Silvi y su madre veían TV en el comedor diario. Paola, la hermana salió y discretamente la seguí, fue al dormitorio de su madre y aproveché. La llevé de la mano a la cama materna y comencé a hablarle, Tenía un dije coligado de una cadena y le digo:

    – Ese dije tendría que poder regalártelo yo y no el estúpido de tu novio. Yo ye aprecio, te deseo y te quiero más.

    La conversación derivó hacia el «estúpido» y me terminó confesando que el acababa enseguida y la dejaba insatisfecha. Le di unas caricias y un par de besos y dejé la cosa ahí.

    Cundo volvíamos a casa me pregunta Silvi:

    —Que hiciste, hermoso degenerado?

    —La calenté un poco a Paola pero nada más.

    —Mañana te arreglo el asunto.

    Así fue, a la noche siguiente Silvi propuso:

    —Por qué no salimos y aprendes a conducir?

    Salíamos, Paola al volante, yo de acompañante y Silvi en el asiento trasero.

    Enseguida pasé mi brazo sobre la espalda y el hombro de mi futura presa. Silvi notó cuando su hermana comenzó con movimientos raros. Yo, después de prenderme de su teta izquierda puse mi otra mano sobre sus muslos. La cosa iba bien.

    Silvi, con voz ya ronca propuso ir a nuestro departamento. Apenas llegamos, entre mi mujer y yo desnudamos a esa caliente joven.

    Los besos, las caricias, las lamidas de conchita se sucedían. No demoré más, las acosté panza arriba y abriéndole las piernas le enterré mi palo duro y caliente hasta las bolas. Tardé en eyacular el tiempo que Paola tuvo dos espectaculares orgasmos.

    Silvi, con práctica originó un 69 con su hermana. Silvi debajo y Paola sobre ella.

    La boca de Silvi, abierta y receptiva bebía todos los fluidos que largaba su hermana. Jugos femeninos, semen, un poco de sudor, todo era bienvenido, hasta que Paola, largó un pequeño chorro de líquido. Silvi, extasiada, no solo que lo bebió sino que abrazó y apretó más a Paola. Esta, viendo la buena recepción de su caliente meada, siguió lanzando chorrito hirvientes en la boca de su hermana que bebió, gota a gota todo si líquido.

    Yo bramaba de calentura, aprovechando la posición de las hermanas, abrí las hermosas nalgas de Paola y asentando mi glande en el agujerito de su culo, lo enterré sin piedad, lento pero firmemente. Noté en ese momento que mi hermosa cuñadita tenía un culito acostumbrado a recibir vergas importantes.

    Termina nuestra sesión de sexo, nos vestimos y devolvimos a nuestra Paola, tan virginal como creía su madre que era.

    Lástima que nunca se repitió ese placer incestuoso, por lo tanto, lleno de morbo.

  • Enjaulada

    Enjaulada

    La primera vez que entraste en el cuarto nada llamó más tu atención, ni la cruz, ni la gran cama con dosel que había, ni el potro, ni la gran cantidad de fustas colgadas de la pared, ni los cajones llenos de cantidad de juguetes…

    Nada, no podías dejar de ver la jaula, te causaba mucha curiosidad, o tal vez morbo, tal vez la duda de qué se sentiría estar dentro, tal vez miedo de quedar ahí, tal vez las ganas de ser una perra enjaulada… tu entrepierna ya estaba mojada sin siquiera tocarte, tu mente ya estaba volando muy adelante, no señorita deje le explico para entrar en esa jaula primero debes ser mi perra, sentirte mía…

    Hoy no te atreves a decir:

    soy tu perra

    Tal vez no sientes serlo aun…

    Al final lo dices casi en un susurro… con tu cara roja de vergüenza.

    Hemos pasado por muchas cosas ya.

    Hoy no tengo que pedirlo,

    Hoy tú lo dices con gusto…

    Hoy tú sabes que eres mía…

    Hoy te sabes mi perra…

    Hoy vienes a mí sabiendo tu lugar, deseando entrar en esa jaula

    Créeme que mi orgasmo no es mi mayor satisfacción… mi mayor satisfacción es tu placer, tu entrega, tu obediencia, tus gestos, tus gemidos…

    Si, en definitiva mi mayor placer es tu satisfacción es saciar tus ganas hasta dejarte cansada, húmeda y sensible… hasta quedar exhaustos y libres de tus cadenas.

    Hoy quiero dejarte dolorida, agotada, hoy el sacrificio será mucho… hoy voy a educarte de buena manera, quiero que disfrutes varios días con tu cuerpo dolorido por el placer, que con cada movimiento me recuerdes y a pesar del dolor sonrías.

    Aún tengo en mi memoria ese vídeo que me mandaste en la semana… me ha sorprendido y lo he disfrutado, está fresco en mi recuerdo.

    Una imagen en negro era lo único que miraba, después un primer plano de tu boca con esos labios rojos que me incitan, una fruta en ellos de forma sugerente, Rozando tu boca, tu mano dando un paseo a la fruta por tu rostro… tus labios abriendo para dejar entrar el plátano cubierto de chocolate, la forma en que lo mordías, en como lo lamías y como lo disfrutabas… al final tus dedos llenos de tu humedad, entrenado en tu boca para salir limpios.

    Acompañado de esa precisa canción que me estabas dedicando, tu entrepierna debió quedar muy mojada dado corriste por tu juguete favorito para calmar tu fuego…

    Hoy quedaras plena…

    Hoy te he recibido con esa misma canción…

    Me podrás tener… cuando tú quieras!

    Me podrás comer… como prefieras!

    Me podrás vestir… de niña mala!

    Quita mi falda de colegiala. Podrás tatuar tu nombre en mi ombligo…

    Mientras me mimas, mientras me filmas

    me podrás robar la inocencia

    y te haré perder la paciencia

    Me podrás besar mientras me invitas

    Me podrás llevar mientras me excitas

    Me podrás asaltar por detrás… cuando tú quieras

    Y lentamente mil cosas tiernas

    Y lentamente abro mis piernas

    me tendrás recargada en la pared de tu regadera

    has lo que quieras lo que puedas

    pero solo me tendrás.

    pero solo me tendrás…

    en tu imaginación

    Soy tu nena

    Tu mujerzuela

    Soy tu pakuela

    Soy tu muñeka

    Soy tu muñeka

    Soy tu muñeka

    Soy tu muñeka

    A dormir a dormir Papacito…

    Soy tu conciencia

    Tu inexistencia

    aaah!

    aaaaahh!!

    Hoy te tendré… y no solo en mi imaginación

    Hoy jugaremos mucho…

    Hoy vienes con un corsé negro con medias a juego y botas altas con tacón, te ves elegante, te ves soberbia, pareces una diosa de placer… das una vuelta para que pueda apreciar tus piernas, tu espalda, tu trasero, miras mis ojos y ves mi lujuria en ellos.

    —desnuda, hoy no dejes nada

    Das una última vuelta y sueltas el corsé, subes una pierna en la silla y poco a poco bajas el cierre de la bota, la sacas y la empujas con el pie a un lado, quitas la media como una felina asechando a su presa, con calma, acabas y la lanzas en mi dirección… repites el proceso con la otra pierna y quedas desnuda para mí.

    Me acerco, veo que pasas un poco de saliva (creo que siempre te pones un poco nerviosa cuando me acerco a ti), me detengo en frente tuyo doy una vuelta alrededor, te observo me acerco lo suficiente para que sientas mi respiración en tu cuello y aprieto tus nalgas, las tomo en mis manos y me deleito en ellas… me pongo de nuevo frente a ti y con un fuerte tirón de pelo, jalo tu cabeza hasta dejar tu boca hacia arriba, te beso y me pierdo en tus labios, cuando estoy a punto de ceder ante ti, me separo.

    —hincada

    Te incas… y vienes hacia mí a gatas, besas mis pies, al llegar subes por mi pantalón hasta la altura de mi cintura, tu cara justo en mi entrepierna, besas mi falo por encima del pantalón, dejas tu cuello al descubierto y lo alzas para que te ponga el collar (sé que te moja esta parte, donde me entregas tu ser y te entregas). Pongo el suave cuero en tu piel, no dejas de hacer contacto con mis ojos (eso me gusta, lo sabes) mientras lo ajusto a tu cuello… hoy un poco más ajustado que de costumbre.

    -abre la boca perra

    Lo haces y dejo caer un fino hilo de saliva en ella, la pasas y escupo otro poco, lames la que no cayó en tu boca, vuelves al suelo con la vista baja y el trasero en alto.

    Señorita —digo en voz algo dura— Sabes que mereces un castigo.

    Tus ojos buscan los míos contrariados, tratando de entender la falta que has hecho y se cierran al darse cuenta del error. (a veces creo que es a propósito en realidad no sufres mis castigos… más bien los disfrutas, tu humedad luego de recibir alguno te delata).

    —señorita hoy no te puedes correr.

    Lo has entendido

    —si

    —si qué? Pregunto a la vez que mi mano se pinta en tu cara

    —si, señor

    Pongo la cadena en el collar y jalo fuerte de ella, un pequeño ruido de dolor sale de tu boca. Me detengo y la tensión se nota en tu cuerpo. Te quedas quieta con las extremidades tensas y la vista en el suelo, la fusta te da justo en medio de las nalgas… esta vez no hay ningún ruido, solo tu culo ardiendo, lo sobo un poco con mi mano, y, enseguida pinto la mano en tu nalga. Es un juego que te gusta, sentir como te acaricio y a la vez sentir como arde con cada una de las nalgadas, cuando esta rojo paro, jalo la cadena y seguimos caminando de vez en cuando te doy con la fusta para saciar mi morbo, ese que siento al ver cómo te cambia de color la piel, ese que siento cuando tu boca ahoga un gemido, ese que me causa el saberte con ganas de complacerme por mas locos que sean los juegos. Sacas mi lado más oscuro, y disfrutas de él, mejor dicho disfrutamos de él, porque sé que tú también conmigo sacas un lado que nadie más conoce.

    Caminamos por la habitación por un rato, que parece quedar suspendido en el tiempo, me detengo junto a una pequeña mesa de noche… te dejo junto a ella así, como una perra encadenada pongo tu tazón en el suelo, se oye el ruido que hace el cierre de mi pantalón al bajar, saco mi pene, te lo ofrezco cerca de tu rostro… la suavidad de la cabeza siempre te ha gustado y doy algunas cachetadas con él por tu cara, antes de meterlo en tu boca, antes de que empiece a ponerse duro, empiezo a orinar en ella, lo saco y te orino el cuerpo orino también en tu tazón y llenó el pequeño recipiente al máximo, un poco cae en el suelo.

    —apuesto que la caminata te dio sed!

    ¿Quieres beber un poco?

    —si, señor, por favor déjeme tomar

    Mientras me preparo un café, tú empiezas a lamer mi regalo.

    Cuando me siento junto a la mesa frente a ti ya estas llena, pero aún queda mucho por beber, aparte lo que queda en el suelo.

    Tomo el café con calma, observando, disfrutando el espectáculo. Viendo como tu lengua intenta llevar lo mas posible a la boca y acabar con tu tarea.

    Sorbo a sorbo mi tasa va quedando sin café, al igual que el tazón sin orina. Cuando me siento satisfecho me levanto y camino hasta ti, tomo la cadena y nuevamente jalo fuerte de ella, te dirijo a la jaula, abro la puerta y en automático entras a ella quito la cadena del collar y cierro la puerta.

    Te dejo ahí dentro de ella y salgo del cuarto dejándote encerrada.

    Cuando vuelvo a entrar ya ha pasado casi una hora, tu sigues firme en cuatro patas aguantando hasta que te den la orden de ponerte en pie. En la forma en que te tiemblan las manos y pies sé que tu esfuerzo es mucho, abro la jaula y pongo la cadena para sacarte de ahí.

    Te llevo al baño y te doy un baño, me tomo un tiempo para limpiarte.

    El olor del cuero…

    El ruido que hacen las cadenas…

    El olor de tu sexo…

    El sabor de el…

    Todo en conjunto enciende mis deseos, todo eso junto con tu devoción y esa mirada que, bajan mis defensas.

    Se por tus reacciones, que todo esto también ten encanta a ti. Saco mi camisa y de un movimiento bajo los pantalones junto con el bóxer…

    Te dirijo en cuatro hasta la cama,

    Al llegar a ella jalo del collar hasta ponerte en pie.

    —pon tus manos detrás de tu espalda.

    Lo haces al instante te tumbo sobre la cama, que placer es verte así, ver tu culo al aire y mirar tu raja expuesta, tus manos obedientes siguen en tu espalda, una de mis manos sujetan firme tus muñecas. Con la otra dirijo mi dureza a tu dispuesto sexo.

    Juego un poco con tus labios y un pequeño gemido sale de tu boca al sentir lo caliente de mi cabeza sobre tu humedad…

    Me hundo en ti sin piedad y el gemido es más fuerte esta vez, busco mi placer más que el tuyo y entro y salgo de ti a mi antojo.

    Entro y salgo una y otra vez, bajo el ritmo y suelto tus manos

    —estíralas sobre las sabanas

    Salgo de ti y mi boca te da placer mi lengua sube y baja por tus labios hasta alcanzar el clítoris, lo tomo entre mis labios y presiono en el. Cuando siento temblar tus piernas me detengo, escucho un no, escapar de tu boca. Río para mi y escupo sobre tu ano, tomo algo de tu humedad con mis dedos y embarro con ella el lugar que acabo de escupir.

    —señorita, confías en mí?

    —si, señor

    —hoy tengo la intención de cogerte el culo.

    Digo esto mientras meto un dedo por ahí.

    Te veo pasar saliva, nunca lo hemos hecho, aunque en muchas ocasiones te he metido algún dedo y te encanta tener la piedra mientras te penetro (en algunas ocasiones ha salido disparada por la fuerza del orgasmo).

    —estas dispuesta a hacerlo?

    —si, señor

    —dime tu palabra de seguridad,

    Dila.

    —amarillo

    —bien, si quieres que pare solo dila.

    Pongo otro dedo dentro tuyo y los hago entrar y salir, cuando aceptas estar con tres dedos dentro hago el primer intento.

    Pongo un poco de saliva en la cabeza y empujo, nada… no quiere entrar.

    —relájate señorita respira profundo, si, así tranquila, solo es como si estuviera metiendo tu piedra.

    Coloco un poco de gel en mi falo y mucho entre tus nalgas, pongo de nuevo mi dureza entre tus nalgas… mi mano lo dirige derecho a tu culo, firmemente lo pongo en la abertura, y, empujo mis manos toman tus caderas y jalo de ella, al segundo intento entro, solo la cabeza, veo como tus manos se aferran a la sabana, y, escucho como tu boca se queja, me quedo quieto y dejo que se acostumbre al grosor, tus manos se relajan y poco a poco lo meto hasta el fondo.

    no haces nada…

    no dices nada…

    lo dejo ahí un poco mientras mis dedos masajean tus labios y mi boca besa tu espalda.

    Poco a poco empiezo a moverme… lentamente voy tomando ritmo, mis dedos siguen jugando al ritmo de mis movimientos, lo que al principio fue dolor, se empieza a transformar en placer, me muevo sin salir de ti… pongo mi peso en tu espalda y con mis manos jalo de tus hombros hasta levantar tu torso de la cama, me muevo dentro tuyo y eso provoca un nuevo grito de placer, aunque intento controlarme, es difícil no reaccionar a tus ruidos, ocuparía ser de piedra para no excitarme escuchándote, mirándote, gozando de ti…

    Ya casi terminas, tus manos me lo indican, tratan desesperadamente de aferrarse a algo. Y nuevamente me detengo, salgo completamente de ti, y me pongo enfrente tuyo, tus manos hacen el resto, suben y bajan hasta lograr que me derrame en ellas, y por un momento tu nombre sale de mi boca… te detienes asombrada que lo diga, nunca lo hago aquí nuestros nombres no importan, tu eres mi señorita, mi perra…

    Sonríes un poco y sigues subiendo y bajando la mano hasta que ya no queda ni una gota.

    —señorita, no te puedes correr hasta que yo te lo diga, ni aquí, ni en tu casa, entendiste.

    —si señor.

    —Bien, por hoy hemos terminado.

    Me tumbo en la cama y vienes junto a mí, te acuestas en mi pecho, paso una mano por detrás de tu espalda y nos quedamos así, como la mayoría de las veces nos quedamos, Abrazados…

    Aquí donde nuestros nombres no importan…

  • Soy la puta de la casa

    Soy la puta de la casa

    Me di cuenta que era la puta de la casa al verme en el espejo de mi cuarto completamente desnuda con la polla de mi hermano metida en mi culo mientras que con la boca le hacia una mamada a mi padre.

    Era la primera vez que tenía sexo con los dos y me estaba gustando un montón. No podía gemir de placer ya que me encontraba atragantada por culpa de la inmensa polla de mi padre. Todavía recuerdo aquella primera vez que la probé junto con una amiga. Su polla no es para una sola y hay que compartirla con alguien más. No le alcanza con tener una sola boca chupándole la pija necesita tener otra más para lograr un placer óptimo. Recuerdo a mi amiga comiéndole la polla durante esos días de verano en los cuales se quedaba en mi casa. Ella me pidió que la ayude ya que no podía sola y yo al ver semejante morcilla no me pude negar, fue amor a primera vista.

    Mi hermano me tenía agarrado de la cintura metiendo y sacando la pija que heredo de mi padre, dándome placer por el culo mientras yo por mi boca no podía para de saborear la poronga de mi papito. Él sabe darme placer ya que mientras se la chupaba, con su manos me tocaba los pezones de una manera impresionante.

    Mi hermano no tiene la experiencia de mi padre por lo que no pudo aguantar demasiado tiempo con la polla metida en mi ano. Se vino dentro de mí y luego tuvo que ver desde un costado cómo su papá le da placer a su rica hermana.

    Mi padre se había vuelto mi amante, no dábamos besos, nos decíamos cosas atrevidas y lo más importante, me dejaba chuparle la pija casi a diario. Esos momentos en que tenía su pija en mi boca eran especiales para mi y esperaba todo los días ese momento. Yo era feliz comiéndome su polla diariamente pero un día sentí que ya no me alcanzaba con chupársela para estar alegre, la necesitaba sentir dentro de mí así que un día le dije mientras se la chupaba en la cocina, que me la meta que ya no me aguantaba más.

    Así que él me bajo las calzas negras, me corrió la tanga y de una me la metió. Yo me acalambre toda con esa primera vez que me la metió pero luego me relaje y empecé a disfrutar como nunca antes lo había disfrutado. Su pene al principio lo sentía como algo seco y molesto pero luego se lubrico con mis jugos haciendo que cada vez que me embestía sintiera un placer único. El placer máximo lo sentí cuando se corrió dentro de mi y pude sentir por primera vez su lechecita calentita.

    Mi hermano estaba en un costado viendo a su papi en acción y a su hermana por primera vez completamente desnuda. Mi padre me tenía sujetada de mi cabello dándome por el culo con fuertes embestidas que hacían mover toda la cama. Quería que me acabe en el culo como lo hizo mi hermano pero él tiene experiencia y se tomó su tiempo para hacerlo.

    Recuerdo la primera que vez que mi padre me partió el culo y sucedió durante una noche en su auto. Yo me abrí de piernas en el asiento trasero y esperaba que me la meta por la vagina pero él me sorprendió y me la metió por el culo. Obviamente sentí dolor al principio pero mi ano se dilato lo suficiente para que su morcilla se mueva con facilidad sin generarme dolor alguno. También fue la primera vez que me acabo dentro de mi culo.

    Mi hermano se empezó a pajear viéndonos a los dos coger, no esperaba que se ponga erecta otra vez pero lo logró. Él se colocó en frente mío pero yo no podía chupársela porque mi padre me tenía sujeta del cabello por eso yo se la agarre con la mano y la se la empecé a pajear. Se la chupe cuando mi padre se corrió dentro de mi culo y me soltó. Él se levantó de mi cama, se vistió y nos dijo no se queden hasta tarde y se fue a su dormitorio con mi madre.