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  • El abuelo (Parte 5)

    El abuelo (Parte 5)

    Los jóvenes como caprichosos por naturaleza; los mayores son muy formales, claro los que lo son, pero cumplen sus propósitos y promesas. Si algo aprendí de verdad de Anselmo fue esto, cumplir promesas o no hacerlas, cumplir propósitos y formularme los menos posibles juntos, sino uno tras otro, y no desorientar a los demás.

    Durante todo el curso estuvo viniendo cada quince días. Se o pedí, se comprometió y lo cumplió siempre. Yo no podía fallarle a Anselmo en nada, me comprometí a hacerlo feliz estudiando mucho, sacando inmejorables calificaciones y haciendo feliz a mis abuelos. Ellos me vieron tan contento cada día y cómo me aplicaba al estudio que acabaron por creer lo que les decían mis padres, que Anselmo me pide que sea así y lo consigue, por eso estaban contentos de mi relación con Anselmo que no acababan de entender mis abuelos. Esta fue la razón por la que me pidieron que se lo presentara para conocerle.

    Me insistieron varias veces en que le invitara a comer en casa cuando llegara, les dije que lo haría, que ya había cursado la invitación y había sido aceptada. Me aproveché un poco de mi abuela. Me preguntó qué cosas comía y le dije lo que me gustaba a mí. Me preguntó cómo disponía la mesa, si era un hombre de lujos o sin etiquetas y le dije que mesa con mantel blanco y muchos tenedores y copas, que era hombre de buen gusto y exquisito paladar. Me aproveché de mis abuelos, pero también quería que entraran por los buenos ojos de Anselmo y al revés, quería que mi abuelo encontrara en él un amigo y que mi abuela quedara impresionada.

    Cuando llegó, hice lo mismo que la otra vez, ya le tenía reservado el hotel para los dos y en sábado comeríamos en casa de mis abuelos. Ese día se vistió de traje como un señor, con una preciosa corbata que yo le había regalado y estrenó zapatos relumbrantes. En el bolsillo del pecho de la chaqueta le puse un pañuelo como regalo que le quedaba ni pintado. Llegamos a casa de mis abuelos, hice las debidas presentaciones y mi abuela, pícara ella, me llamo para que preparara los cócteles de vermut mientras ella acababa de preparar unos aperitivos. Mientras tanto Anselmo y mi abuelo, que se vistió muy elegante también para recibir a Anselmo. Salimos mi abuela y yo, ella con unos aperitivos y yo con las cuatro copas de vermut en una bandeja. Di una servilleta pequeña de tela a cada uno y a mi abuela, yo tomé otra para mí y me encargué de ir pasando los aperitivos.

    Anselmo y mi abuelo habían hablado mucho, del cielo, de la tierra y de todas las cosas. Dijo mi abuelo a mi abuela:

    — Mira, Ifigenia, dice Anselmo que esta mañana tu nieto le ha regalado el pañuelo que lleva en la chaqueta.

    Anselmo asentía con sonrisa. La abuela dijo:

    — Este chico es muy cuidadoso de los detalles, ¿podría verlo?

    — Pero, abuela…, ¿no lo estás viendo?, —me puse muy colorado.

    — Por favor, Ifigenia…, dijo mi abuelo, mientras ella miraba a Anselmo.

    — Por supuesto, Ifigenia. —se puso la mano al bolsillo cuando mi abuelo intervino:

    — No te molestes, Anselmo, ella no quiere verlo, desea que lo veas tú.

    Anselmo sacó su pañuelo, lo pasó a mi abuela y ella lo miró por la parte interior y leyó: «Anselmo, te amo». Se lo entregó a Anselmo y él lo miró, me miró —mi cara estaba más roja que un tomate maduro— y me dijo, poniéndose de pie, me dijo:

    — Yo también te quiero, Juan Pablo, y ante tus abuelos quiero darte ahora mi regalo.

    Sacó una cajita, la abrió y me la entregó con un fuerte y extenso beso un anillo para adornar mi mano. Se sentó y mi abuela me llamó a su lado para verlo y se quedó asombrada. Mi abuelo quiso verlo y fui a donde él y me dijo:

    — Juanito, ahora soy feliz, descubro a un hombre que te ama de verdad y quiero felicitarte y deseo lo mejor para ti y para Anselmo.

    — Juan Pablo, el día que me pediste que te acompañara a aquella tienda, compraste tres cosas, una fue aquel fular que me regalaste llegando a casa y te dije que no era mi cumpleaños, pero dijiste que siempre era el día de tu abuela, me hiciste feliz; compraste el pañuelo que tu abuelo lleva en la chaqueta, lo quise planchar y vi que decía: «Gracias». Tardaste porque estabas haciendo grabar esas frases y la que dice: «Gracias, abuela»…, dijo mi abuela.

    Yo me ponía cada vez más rojo y nervioso, entonces Anselmo dijo:

    — Nuestras madres y nuestras abuelas lo saben todo siempre.

    — Que lo digas, Anselmo —decía mi abuelo—, pero Ifigenia es muy particular, es difícil tener un secreto con ella, si no quieres que sepa algo, mejor ni la pienses, de lo contrario estás perdido…

    Nos reímos todos y pasamos al comedor. Mi abuela se lució como siempre, aquello parecía Navidad. Como solo éramos cuatro nos puso a mi abuelo y a mí a un lado de la mesa y al frente ella con Anselmo. Anselmo se manejaba mejor que nosotros tres con la cubertería y quedó muy bien, dejando a mis abuelos llenos de asombro y satisfacción. Cuando ya nos íbamos, después de una larga sobremesa, mi abuela le dijo a Anselmo:

    — Ya sabes el camino, mañana te vienes a comer aquí, nos acabamos las sobras de hoy y me traes a mi nieto.

    Anselmo, mirándome a mí, dijo:

    — Quedamos comprometidos, no podemos negarle a una dama lo que solicita; aquí estaremos, Ifigenia, pero nos necesario que prepares las cosas tan festivas, más familiar, que ya nos conocemos.

    Cuando subimos al taxi, al arrancar, me dijo Anselmo:

    — Mira, mi niño, muy agradables los abuelos; más fácil con ellos que con tus papás, creo que tus papás me toleran…

    — Pero les gustas…

    — Pero tus abuelos me desean para ti.

    — Eso sí se nota en ellos; han tenido un cambio desde la primera vez que viniste y no te conocían, ahora te conocen y se han quedado prendados.

    — Has conversado mucho con mi abuelo…

    — Sí; la conversación con Mauricio ha sido muy amena y agradable; no ha preguntada nada, pero nos hemos contado muchas cosas de nuestras actividades, pero sobre todo hemos hablado de ti…

    — ¿De mí?, ¿que has dicho?, ¿qué te ha dicho? Cuenta.

    — No hay mucho que contar, no me ha dicho nada que no supiera, pero se ha confirmado lo que sé, me ha dicho cómo eres, cómo eras en la infancia y cómo cambiaste desde que vine…

    — Y tú, ¿qué has dicho?

    — Que te quiero, mi niño, solo he dicho que te quiero y que me enamoras solo de verte.

    — No le habrás contado que tú y yo…, ejem, que…

    — Solo he respondido a lo que me ha preguntado.

    — ¿Te ha preguntado si follamos?

    — Sí, me lo ha preguntado.

    — Y ¿qué has dicho?

    — La verdad

    — ¿Siiii…?

    — Sí, claro, la verdad, ¿qué podía decir?

    — ¿Y él qué ha dicho?

    — Solo ha dicho: «cada uno somos como somos».

    — ¿Ya está?

    — Pero…, ¿qué te crees que tu abuelo es un monstruo?

    — No, llevas razón, los dos son muy buenos.

    Ya no queríamos hablar más del asunto y me preguntó:

    — ¿Ahora dónde quisieras ir?

    — A un sauna.

    — Conoces alguno.

    — Pero, pero busco.

    Busqué lo que ya había buscado mil veces y me encantaba poder ir con Anselmo. Encontré una famosa sauna gay, casi dedicada para osos, y nos encaramamos hacia allí. En este tipo de sauna se encontraría Anselmo más a gusto y a mí me mirarían con deseo que es lo que me gusta. Como está en el centro, tomamos el metro hasta Tribunal. Desde aquí teníamos el sauna a 2 minutos, el hotel muy cerca y todo lleno de restaurantes y cervecerías alrededor.

    En el poco espacio de la calle hablaba con Anselmo del tiempo que hacía que no había estado en una sauna, por aquello que me gusta más el mar. La última vez fue cuando vivíamos en Madrid, pero fue una sauna para todo tipo de gente, junto a un gimnasio a donde solía ir. No había ni nudismo ni solo hombres. Le dije que habría muchos osos, y que me apasionaba provocar envidia:

    — Tú eres mi oso y espero que haya buen número de hombres que nos miren al llegar y te tengan envidia.

    Pagamos. No me pareció caro. Conseguimos en la entrada unos cuantos preservativos, aunque Anselmo y yo no usamos, pero tampoco sabe uno lo que puede sobrevenir, fuimos a las taquillas, nos desnudamos y jugamos un momento los dos bromeando para tocarnos y hacernos cosquillas, es decir, para estimularnos. A Anselmo le encanta que yo me ponga a jugar con él y responde como un niño, cada vez lo veo más rejuvenecido. Anselmo no es oso, aunque tiene mucho vello, pero no es gordo, tiene el vientre plano y le falta la típica musculatura por falta ejercicio. Habíamos encargado masaje completo para los dos, fue un regalo que quise hacerle, para que se relajara, porque en casa había estado bien pero muy atento a complacer a mis abuelos y con cierta tensión. Yo quería que se relajara y luego echáramos una mirada por todo el lugar para ver tíos follando. Anselmo me complace en todo y me concedió todo lo que le propuse.

    Es lo primero que hicimos y por el movimiento que vimos al entrar, aquello era alentador, había suficientes hombres, aunque no eran demasiados. La muchedumbre inicial era lo suficientemente pequeña como para que nos tomáramos una cerveza inmediatamente después de sentarnos en el mostrador. Tenía mucha sed, quizá debido al vino y deseaba una cerveza bien fría para orinar a gusto; Anselmo pidió lo mismo.

    Luego de la cerveza fuimos a la sauna de vapor. Solo había una persona. Anselmo dijo que estaba bien allí porque necesitaba perder grasas y se sentaría, que yo podía ir a donde quisiera. Le dejé un preservativo por si tenía ocasión, señalándole al tipo solitario.

    Me fui a la ducha, me duché con el agua fría, proporcionando un interesante contraste con la temperatura bastante caliente cuando me metí en el jacuzzi. El remolino que provoqué en el agua al entrar atrajo a un número considerable de visitantes, pero nada ocurrió. Tanta quietud y los irritantes chorros de agua me impelieron a marcharme.

    Tomé la toalla, los condones y las chancletas de la silla me dirigí al sauna de vapor, donde varios de los cubículos tenían toallas. Al entrar, descubrí a Anselmo tal como lo había dejado y en el mismo lugar. No lo volveré a dejar aunque me orine encima. ¡Qué desatento y egoísta que fui! Ahora el lugar parecía bastante bien ocupado, aunque novel todo lleno. Había un par de tíos en la parte delantera, besándose y rechinando, así que discretamente pasé rozándolos para llamar la atención cuando me iba a sentar junto con Anselmo. Desde allí veíamos que estaban en los juegos preliminares suaves, acariciándose ligeramente, hice lo mismo con Anselmo al tiempo que extendía mi mano para tocar a otro hombre que estaba a medio metro. Se arrimó junto a mí y me quedé en medio de los dos. Los tres mirábamos a los que se estaban besando ya muy apasionadamente, tato que ya se les habían caído las toallas. Yo abrí la mía y tomé la mano de Anselmo y la puse sobre mi polla. Anselmo hizo otro tanto. El hombre de mi izquierda ponía su mano por todo mi cuerpo, pellizcaba mis pezones e intentaba pasar sus dedos por mi raja.

    Parecía que de momento disfrutaban con solo estos tocamientos, que hicieron que mi polla empezara a aumentar su dureza y extensión cuando comencé a frotar a lo largo de la piel desnuda de los muslos de los dos hombres que tenía a mis costados. Por fin, los dos tíos que se estaban besando se concentraron uno en el otro, porque iban a follarse y nosotros nos concentramos en lo nuestro.

    De pronto detrás nuestro otros dos osos comenzaron su fiesta de besos sonoros y molestos para concentrarse. Me llevé a mis compañeros al otro pasillo cerca de la puerta de cristal, por donde nos fue posible entrar por la parte de atrás a sumergirnos pronto en el obvio sexo masculino que estábamos necesitando. La cerveza y el calor agregaron su contribución agradable a mi condición actual, en un lugar donde los hombres complacen sus lujurias el uno con el otro y ellos estaban deseosos de mí como yo de ellos.

    En ese lugar amplio había varios grupos que estaban claramente entrelazados, y me llamó la atención porque podíamos hacer todas nuestras actividades sexuales a la vista de los demás. Después de buscar un espacio para nosotros tres, jugamos a dar una mirada a los hombres que tenían sexo sin inhibiciones. Por lo bajo y sin darme cuenta una mano se encontró con mi polla. El toque originó un par de besos a cada uno de mis compañeros, que me correspondieron agradablemente. Pero recibí un beso desde detrás por mi espalda de modo que tuve que doblar y curvar la espalda para saber quien era y corresponder a semejante caricia. Me puse de pie y dejé que sus dedos acariciaran el eje de mi polla, cambiando de posición antes de empezar a correr mi mano por el brazo del extraño desnudo y caliente que obviamente sabía lo que me podría interesar.

    Mis compañeros, me dejaron de momento y se emparejaron. Yo estaba atento al intruso y solo podía adivinar pero no ver con claridad sus movimientos, porque el intruso no me dejaba volverme. El intruso era gordo, muy oso, tan velludo que parecía negro de no ser por la cara, cuya barba estaba muy bien retocada. Olía bien, tiene el pene muy pequeño y los huevos muy colgantes, dejando el pene en alto. Por más que le tocaba el pene no crecía, aunque sí se ponía muy duro. Entonces ya supe por qué me capturó. Deseaba mi polla. Me preguntó si prefería la oscuridad, pero le dije que me encantaba hacerlo con luz y delante de los demás; todo por el morbo. Pronto, repitiendo, casi copiando, el mismo juego previo que había visto en la pareja anterior del sauna de vapor, me dediqué a tentar a mi querido y espontáneo oso. Nos empezamos a besar profundamente, y me agradó el sabor de su boca, mientras nos besábamos yo jugaba con sus pezones tan gruesos y duros, mientras él acariciaba mi cara alternativamente con mi polla, luego de jugar con los pezones, exploré con mis dedos el agujero de su culo, no sin antes atravesar los balones de sus nalgas, pera medir cómo podría meter mi polla por allí. Me parecía difícil, pero no lo vi imposible.

    El hombre que me había tocado por primera vez dejó de besarme, sosteniendo mi verga ahora muy rígida mientras se inclinaba, haciendo que sus labios se deslizaron sobre la cabeza de mi polla que él deseaba ansiosamente. Claro que yo estaba feliz de sentir la suavidad y humedad de la boca de un desconocido, eso no lo podía soslayar.

    — Joder, síiiii, Anselmo, se me va el alma detrás de lo que me hace este tío… oh, joder, sí… qué tan bien… me la chupa… lento… joder, sí… —dije como queja, antes de que el otro hombre empezara a follar con Anselmo.

    — Aguanta, cariño, aguanta y disfruta, que para eso hemos venido…

    Los que estaban en torno escucharon la respuesta de Anselmo y se tomaron el permiso como cedido. Cuantas sensaciones a la vez, y todas tan tentadoras. Empieza porque un pezón está muy sensible porque me lo chupaba mientras con una mano acariciaba mi escroto. Pero las olas de machos seguían creciendo, tres desconocidos bajaban y subían toqueteando todo mi cuerpo, caray, lo hacían bien, sabían como camelarse a un chico joven y guapo. Para evitar que me lo estropearan, dirigí mi mano derecha a la base e mi polla, tratando de frenar el ritmo que me podría llevar a la eyaculación inminente. Este fue mi desafío, ya que él seguía masajeando mi la polla mientras yo me la acariciaba por debajo y los tres tíos me tocaban todo hasta la puerta de entrada de mi culo. ¡Cuántas veces habían pasado sus dedos por allí y cada vez apretando más!, yo ya estaba repleto de presemen y muy resbaladizo en torno a mi polla, incluso los muslos y las ingles. Conseguí mantener a raya el orgasmo pero no era imparable, el placer me obligaba a ceder al fantástico atractivo de follarle la cara varias veces antes de alcanzar un cierto nivel de control, el que resulta de no acumularse en esas primeras olas de placer glorioso. Sabía que de hacer estola tío que jugaba con mi polla, les daba permiso para todo lo que se les ocurriera y mantuve el tipo muy a pesar mío.

    Todo lo que yo quería evitar es que me follaran el culo antes de mi voluntad. Además estaba viendo a Anselmo cómo la gozaba dándole al otro una paliza a su culo con su polla, metiendo y sacando. Yo sabía que después de eso iban a quedar los dos cansados y se dedicarían a mirarme y eso esperaba yo, como custodia y para hacer que Anselmo se luzca de su novio joven, guapo y bravo.

    Cuando el que me estaba acariciando la polla, se puso a mamarla, mi satisfacción era inconfundible, él se frotaba ahora su polla mientras lamía mi tranca ya con la punta roja y yo apretando la base para retener la salida de mi semen que a gritos me pedía libertad. Mi verga resbaladiza en toda su longitud se comportó muy bien respondiendo a los deseos de mi cerebro, mientras mi lengua exploraba la boca de uno de los tíos de atrás, pero dos tenían sus manos en mis nalgas. Mi mamador se puso de pie para robarle su boca al que me besaba y se me puso de polla a polla mientras nos besábamos los tres simultáneamente. Fue un momento clave e indescriptible que, una vez experimentado, se convierte uno adicto a los besos a tres y a contacto de tres pollas entre sí; esto se vuelve cada vez más adictivo cuanto más uno se complace en ello.

    Miré a Anselmo y lo vi sentado junto a su compañero mirándome a ver que hacía yo con cuatro hombres barrigudos, fortachones, llenos de pelo y con ganas. Me puso de espalda a los dos con los que me besaba y comencé a besarme con los otros dos. Me susurró uno, mientras me ensartaba un condón:

    — Quiero esa polla, métemela ya.

    Se dobló que casi llegaba su cabeza al suelo y vi su agujero no tan cerrado. No lo dudé, le metí la polla y comencé de inmediato y sin compasión a follarlo. Enseguida me corrí, pero no avisé. Cuando acabé, saqué el condón , se lo di con su leche, y me dio las gracias, se la descargó en su boca. Su compañero que estaba esperando dijo:

    — ¿Podrás con otro?

    Saqué el salvaje de mi cuerpo y contesté:

    — Puedo, sí, con los cuatro.

    Se inclinó tras ponerme un condón cuya funda me hizo rasgar con mis dientes y, antes de bajarme, sin más perpetración se lo metí, me costó más porque tenía que fabricar el semen, pero al rato y completamente sudado, le llené su condón y se lo di. Hizo lo mismo que el anterior. Pero tampoco se fue, todos querían más de mí. Yo creía no poder con aquello a lo que me había comprometido imprudentemente, pero miré a Anselmo y me dijo:

    — ¡Tú puedes!

    A estas alturas ya sabían todos que éramos novios o había entre nosotros alguna relación y por cada aventura le iban felicitando a él, mientras a mí me quedaban dos para follarlos y la cara de Anselmo me indicaba que al final sería él. Su compañero también me pedía participar y a mi vista se puso a darle gusto a Anselmo masturbándolo. Eso me encendió no sé si era por celos o por qué, pero me pillé de inmediato al tercero y me lo cepillé pronto y con brío. Más me costó el que me había estando mamando la polla al principio y que merecía más que los demás. Pero mis huevos tardaron en producir y expulsar, pero lo conseguí. Luego me tocaba descansar, porque follar es un esfuerzo considerable. Pero si descansé de follar, no del sexo, que en eso soy imbatible. Me puse a mamar la polla de Anselmo, muy hundida casi en el piso y arqueé mi espalda para levantar el culo y ponerlo a merced de mis colegas. Anselmo vigiló de que todos usaran preservativo, yo solo tenía que ocuparme en mantener el culito levantado, apoyarme bien en Anselmo y ofrecer mi culito como una puta deseosa.

    Pasaron todos, descargaron, ataban el preservativo u¡y me lo dejaban al lado, diciéndome cosas muy cariñosas, más en femenino que agradecidas. Al final, hecho una piltrafa me quedé con Anselmo y su compañero que aún esperaba que yo le follara. Yo ya estaba para que me sacaran en carretilla. Al tío se le ocurrió romper los preservativos, liármelos por mi cuerpo y restregármelos. Anselmo estaba desorientado, pero mi polla creció y el tío se me puso de espaldas después de besarme y Anselmo me deslizó un preservativo por mi polla y me animó a follarlo. Costó, pero lo disfrutó. Gritaba el oso como un cerdo cuando lo iban a degollar. Tanto que vinieron varios que estaban mirando y cuando yo me vacié en mi condón y saqué mi polla de su culo, cuatro tíos pasaron a follarlo y él seguía chillando. Anselmo y yo nos salimos de allí. Al salir Anselmo me abrazó con un brazo, la mano en mi cara y me acercó a su pecho, para darme ánimos. Nos fuimos a una ducha y Anselmo se encargó de lavarme bien y dejarme como nuevo, luego lavé yo a Anselmo y nos besamos largamente bajo la ducha.

    Aprovechando al máximo su propia calentura y los deseos que me tenía nos fuimos a la sala donde había camillas de descanso. No había nadie y con mis ojos le hice una súplica a Anselmo. No lo dudó y me la metió por mi culo sin preservativo, claro, que a nosotros no nos va el condón y tardó, pero se descargó de su furia contenida. Ya volvíamos a ser nosotros. Decidimos no tener sexo y solo ir de voyeurs a partir de este momento

    En el sexo que vimos en habitaciones semiabiertas reflexioné algo fundamental: La boca y los penes están intensamente unidos, por eso los hombres que amamos hombre nos convertimos necesariamente en encantadores chupapollas dispuestos a follar y a ser follados. En algún momento, me levanté, con la polla tendida en horizontal, y pronto me dirigía a besar a dos hombres que se la estaban acariciando uno al otro. Anselmo me frenó masturbándome al mismo tiempo que ellos lo hacían. Ellos se besaban y Anselmo y yo también nos besábamos, disfrutando de una deliciosa contemplación. Nos pusimos ante otra puerta semi abierta y allí estaba otro hombre solo. No veíamos bien a causa de la oscuridad, pero el desde dentro nos reconoció y se asomó para hacernos entrar. Entramos con él dijo:

    — Tengo necesidad de besar mientras se me cierra el culo, que he perdido la cuenta de los que me follaron. Hicimos un trío de contacto entre bocas y bocas y penes con penes. Nuestro compañero se inclinó y tomó nuestras dos pollas en su deliciosa boca como si fuese para él lo más natural. Anselmo y yo nos besábamos, jugando con nuestros pezones, uno los del otro. Nos corrimos casi a la vez y después de un gran esfuerzo par parte de nuestro humillado amante. Nos dejó a los dos dentro de la habitación y se fue. Ya no lo vimos en nuestro recorrido consiguiente.

    Volvimos a la sauna de vapor. Tomó poco tiempo antes de que el primer chupapollas me encontrara. Su habilidad era obvia, pero cuando se volvió para posicionar su trasero, por muy agradable que fuera sentirlo, su falta de atención a mi deseo de usar un condón significó que tuve que apartarlo. Un par de tíos se pasearon por delante nuestro mirándome y yo solo miraba a Anselmo y no se atrevieron a más, pero sin que me diera cuenta mi polla estaba siendo repentinamente chupada profundamente por un extraño con una polla dura, con la que empecé a jugar con mis manos mientras él se inclinaba sobre mí. Me encantaba cómo me la estaba chupando, y no podía dejar de ponerlo lo más caliente posible, en un lugar donde el sexo en grupo es normal. Su boca me tenía totalmente fascinado mientras veía a un tercer hombre acercarse, con la polla ya dura. Era justo el momento en el que Anselmo empezaba a frotar el culo del hombre doblado que me la estaba mamando y cuya polla erecta estaba siendo presionada hacia abajo por mi mano, revelando lo cachondo que estaba en realidad. Un hecho reconocido por el nuevo oso que se acercaba, cuyos dedos comenzaron a jugar con el culo de Anselmo y se lo impedí con un grito es que se vino hacia mí y me preguntó porque lo impedía y le respondí:

    — Mi novio le está abriendo el culo a este cerdo para que te lo devores, pero a mi novio me lo dejas tranquilo.

    — Qué suertudo es tu puto novio contigo.

    Se fue a disculpar con Anselmo que le sonrió y le dio el culo del hombre que me la mamaba y del que ya me había cansado.

    Anselmo se vino, me cogió de la mano y me invitó a dejar a los dos con sus cosas y me llevó a la piscina. Entramos, como no había nadie nadé unos largos, mientras observaba que Anselmo me miraba complacido. Dejé de nadar y me fui donde él. Allí, dentro del agua, pasé mis manos por debajo hasta atrás de su escroto para acariciarlo, sentía yo cómo se estremecía Anselmo cuando le tocaba esa suave zona resbaladiza entre el ano y el pene; es la zona que me encargo de mantenerle sin pelos y él lo agradece. Me dediqué a chuparle la polla dentro del agua, y de vez en cuando sacaba la cabeza para respirar y volvía a mis deseos de chupapollas. La forma en que le chupaba ahora era totalmente el de una putilla. Anselmo estaba entrando en un estado de pura satisfacción, a la deriva, como mareado en el interior de una neblina de sexo, sólo que más excitado al darse cuenta que esto no lo haría con nadie mas que con él. Fue una realidad reflejada a través de mi mamada gimiendo silenciosamente con borbotones de agua que él solo veía y se hacía cargo de mi esfuerzo. Anselmo sentía mis mamadas, solo interrumpidas cada tres minutos en que yo salía a recoger unas bocanadas de aire. El sentía cada empuje de mi boca subiendo y bajando a lo largo de su polla. Disfrutar de esas sensaciones, sintiendo cómo me esforzaba por hacer que se follara mi boca dentro del agua. La operación duró más tiempo del que hubiera sido el habitual por mis descansos. Pero al final Anselmo interactuó cuando vio que mis esfuerzos me agotaban y se corrió cuando yo estaba contemplando su polla erecta y sus espasmos dentro del agua. Vi salir su esperma como hilos ondulantes que se alejaban pasando por delante de mi cara a su destino. Salí del agua para besar a Anselmo que estaba jadeando más fuerte de lo normal. Nos sentamos al borde de la piscina con mi cabeza sobre su pecho. De ahí pasamos a un banco, para contemplar a los bañistas que estaban entrando.

    Todavía sentados en el banco, una persona se destaca de los demás nadadores, porque nos está mirando como quien nos reconoce de algo. Se nos acerca y solo ahí me di cuenta se trataba de uno de los que disfrutaron de mi polla después en su boca y en su culo. Era un tío no tan gordo como sus compañeros, de pelo largo y suave y barba tupida, parecía más mujer de lo normal, lo que añadía cierta emoción a la idea de haberme dejado chupar la polla por un oso muy marica. Era sorprendentemente gentil, me acariciaba mientras hablábamos de nada y nos invitó a una copa, al acabar su descanso en la piscina. Nos invitaba él y sus amigos.

    Para estar a punto, fuimos al área de la ducha cerca de donde estábamos y nos envolvimos con la toalla, porque ya ellos salían. Vinieron todos, nos saludamos y salimos con ellos a la barra del bar. En el bar todos volvíamos a ser distintos, otros, me tomé mi whisky, Anselmo su copa de vino dulce. Conversamos mucho tiempo y decidieron todos que nos íbamos. Anselmo quiso que se lo anotaran a su cuenta, pero no lo consintieron. Lo agradecimos para otra ocasión.

    Después de ese agradable noche de sauna, subí las escaleras. No estaba tan concurrida como antes cuando entramos y la empecé a subir muy rápido, esto hizo que descubriera mis carencias atléticas debido a los estudios y que ya no me estaba esforzando en la natación. Decidí tomármelo más en serio o el sexo acabaría conmigo. Pasamos a sentarnos un rato en el área porno, donde había como diez hombres espiando y deseando invitarme a tener sexo con ellos. Me abracé a Anselmo y nos besamos muy amorosamente. Nos levantamos y nos fuimos a los vestuarios.

    Nos fuimos al hotel. Me dormí apenas acostado. Las primeras luces del sábado me despertaron y allí estaba contemplándome Anselmo:

    — Anoche disfruté mucho, me sentí muy enviado por todos aquellos osos. Mi chico era deseado por aquellos hombres y me hiciste muy feliz.

    Lo abracé, lo besé y pedimos el desayuno en la habitación. Cuando llamaron para meter el carrito, abrí la puerta, un chico con uniforme arrastraba el carro, le hice pasar, lo metió dentro, le extendí la propina. me miraba fijamente y me di cuenta que yo estaba completamente desnudo. Le sonreí, me sonrió. Cuando salíamos nos vio y me sonrió como quien tiene deseos de decir algo. Me acerco a él y me dice:

    — Disculpe que le haya sorprendido esta mañana…

    — A mí no me sorprendiste, te sorprendiste tú…

    — Sí, señor, es que yo…

    —Te excitarte.

    — Sí, pues…

    — Te entraron ganas.

    — Asintió con la cabeza.

    — Si estas aquí esta noche, llama cuando te enteres que hemos llegado.

    — Gracias.

    Desde este día miro con mejores ojos a esta gente a la que llaman osos, pero que tienen gran delicadeza; no corresponde la idea que se tiene de ellos con el gran corazón que esconden en su interior.

     

  • Confesión de mi ex

    Confesión de mi ex

    Josefa, era una ex mia. Que tuve algunas aventuras y tengo relatos de estas, en una ocasión me contó que tuvo relación sexual lésbica con una de sus amigas.

    La Jose, dice que se juntó con una amiga de su ex liceo. Natalia era un año, menor que mi ex. Y la vi un par de veces, durante el tiempo que estuve con la Jose.

    Me dijo la Jose, que se tenía que juntar con ella porque necesitaba hacerle unas preguntas para un trabajo del liceo, después de terminar la tarea. Se pusieron a conversar de cosas y la vida, de a poco Natty, le dijo a la Jose si estaba con alguien (en ese entonces la Jose andaba con otro cabro). Y ella le pregunto a la Natty y ella le respondió si ahora me he estado juntado con chicas y chicos. Me dijo que la quedo mirando y Natty se ríe y le dice:

    -¿Chica, no has estado con una mina?

    -No, me da como asco y cosas… no, no, no me gusta

    -¿cómo vas a saber si te da asco o no te gusta si no lo pruebas?

    Esa pregunta dejo pensativa a la Jose y dijo en su mente: tal vez tiene razón… en eso cruzan miradas, Natty con cara de curiosa y Jose con cara de incertidumbre. En eso le dijeron: cierra los ojos, entonces mi ex. Me dijo, de mis años primera vez que siento tal nerviosismo, junto con una certeza de lo que iba a pasar desde ahí en adelante.

    La Jose… se hizo la dudosa y abre los ojos y dice:

    -¿Para qué voy a cerrar los ojos?

    -Solo confía en mi -y con la mano me cierra los ojos con la mano y me dice- deja que tu mente se quede libre.

    Su mente le decía, tranquila es tu amiga, tampoco pasara a mayores y si no te gusta, le dices que pare y lo hará. Solo imaginaba que no me gustara, sabía que no me gustaban las mujeres. (Yo conozco a la Natty y era junto a mi ex, las mujeres más ricas que conocía hasta el momento, porque la veía sus fotos por Face y se notaba mucho que iba al gimnasio).

    Mi ex cerró los ojos sola ahora, escuchó que se arrastraba un poco los zapatos y las cosas cerca de la cama, cada vez está más y más nerviosa que me dijo que le sudaban las manos. Tuvo un pequeño salto, al notar una mano para pedir que me levantara. Le costaba mantener cerrados los ojos, cuando intente abrir los ojos ella me tapa de nuevo con una mano y ya, podía sentir su aliento al respirar cerca de mi cara y boca. Los latidos eran cada vez más rápido. Nunca antes tuvo esa sensación y le gustaba esa adrenalina que sentía.

    Su respiración seguía cerca de mi cara y luego empecé a sentir que la acariciaba el pelo con una mano, luego su oreja y puso su mano en la mejilla, luego de eso, se acercó hasta tocar sutilmente sus los labios de las amigas. En esos momentos, mi ex dijo wue los nervios se le pasaron y toda su atención estaba en seguir probando esos labios, los labios se encontraban y enlazaban y cada vez la intensidad del beso subía con su otra mano me agarro de la cintura y me dijo la Jose que no sabía que hacer, así que se dejó llevar por su amiga, empezaron a jugar sus lenguas. De a poco a Jose le empezó a gustar esa sensación y la suavidad de la piel cuidada de su amiga en la cara de ella, Jose siguiendo a Natty también pone sus mano en la cintura y la Natty le puso sus dos manos en su culo, se lo toco y nalgueó. Para luego ir subiendo hasta su cuello y apartarse de ella.

    Mi ex dijo: no tenía claro lo que me estaba pasando, estaba caliente, notaba la humedad entre mis piernas. ¿Qué te ha parecido? Le pregunto su amiga

    No sabía que decir, estaba sin palabras. Me gustan los hombres, pero también me gustaba lo que acababa de pasar con Natalia,

    Quizás fuese bisexual, expresaba la Jose y no me haya dado cuenta hasta ese momento (conmigo, se dio cuenta que era 10000% hetero). Me volvió a decir amiga déjate llevar para ver hasta donde llegaba y salir de dudas. Yo no tenía muy claro lo que había querido decir con eso. No me dio tiempo a hablar cuando me estaba besando otra vez.

    Esta vez Natty, la tomaba con más pasión y la Jose se dejó llevar, ya en ese entonces no tenía nada que perder. Mientras ella se besaban, se iban de poco a poco dirección de nuevo a la cama

    Natty cayó sobre la Jose y fueron besando desde la boca al cuello. Le quitó la camiseta que llevaba mi ex y siguieron besándose en el pecho y el vientre.

    Lo único que tenía mi ex era su brasier y su pantalón ajustado que se lo había comprado su andante de ese entonces. Sabía mi ex lo que estaba a punto de pasar. Le daba un poco de vergüenza que se desnudara por completo.

    Su amiga desabrocho el botón del pantalón y metió los dedos de sus manos a cada lado de la cadera agarrando el pantalón. No sé si lo había hecho a propósito pero al agarrar el pantalón, también había agarrado las bragas. Tiró hacia abajo y la dejó desnuda. En ese instante pensé: ¿en qué momento he llegado a esto?

    Ya no podía parar a su amiga, nunca había estado tan excitada, me contaba Josefa. La Natty le separó las piernas, la miró con una sonrisa y empezó a besarme por ahí abajo. La Jose sabía que hacer así que solo le agarraba de los pelos. Notaba como se aceleraba mi respiración. La Natty la volvió a mirar, solo le veía media cara. Se incorporó un poco y pude ver como sacaba la lengua de su boca. Sentí como la pasaba por todo su coño, notaba su saliva, su humedad, el tacto y como se introducía dentro de mi ex, no paraba de gemir y Natalia no dejaba de comérmelo todo. Intento decirle que parara pero, no le salían las palabras a Jose, solo podía gemir.

    Con su mano derecha me acariciaba alrededor de su ombligo. Pero dejó de hacerlo para llevar esa mano a la vagina de Jose. La estaba masturbando mientras me hacía sexo oral. Me cuenta que se nota que tenía experiencia y que espectacular. Introdujo dos dedos dentro de ella y empezó a moverlos de una forma que no sabría explicar con palabras. No dejaba de jugar con su lengua a la vez que me metía los dedos dentro de Josefa. Sus piernas empezaron tiritaban, su abdomen se endurecía. Todo su cuerpo estaba temblando, estaba a punto de correrme. Sus gemidos se habían transformado en gritos de placer y se excitaba más y más.

    Escuchaba el sonido de sus dedos, mojados, hasta que vi en su cara la sonrisa de complicidad cuando vio que se había corrido. Fue espectacular, nunca había sentido nada igual (en ese entonces Jose no estaba todavía conmigo).

    Parecía que sabía dónde tocar en cada momento. Se levantaron y estuvimos hablando un rato de lo sucedido.

    No sé si cuando estaba conmigo tuvo relación con su amiga y si lo hizo, ya fue…

     

  • Compañera de la facultad me hace un regalito por ayudarla

    Compañera de la facultad me hace un regalito por ayudarla

    En esta ocasión les contaré una de mis vivencias durante mi época de estudiante, espero les guste.

    Vicky, era una de mis compañeras de estudio, la única compañera mujer que tenía hasta ese momento. Nuestro grupo estaba conformado por cinco varones y ella. Para mí no era gran cosa, ella es rubia, bajita, de cara más o menos, ojos claros, lindas tetas pero no tan grandes y de buen culo, eso sí.

    Mis compañeros la miraban cada vez que llegaba tarde, como nos sentábamos al fondo no le quedaba otra que hacer todo el recorrido. Capaz no es del estilo de mujer que me gustan, pero la miraban mucho e incluso otros compañeros que no eran de mi grupo me preguntaban por ella.

    La cosa era que teníamos un trato bastante frío, las pocas veces que hablábamos era referido a algún problema o cuando la charla era grupal, ella tenía más afinidad con otros chicos de nuestra mesa.

    Cuando terminó esa materia no todos la aprobamos, sólo tres. Nos queríamos anotar los tres juntos en la materia siguiente pero no se pudo ya que mi otro compañero no podía cursar por la mañana, así que nos quedamos sólo nosotros en el horario matutino; como nos conocíamos nos quedamos juntos y nos empezamos a llevar mejor.

    Yo era el que más estudiaba, al que le iba mejor así que trataba de ayudarla en lo que podía ya que a ella le costaba mucho. Me invitaba al departamento a estudiar y yo iba, teníamos más confianza; le hacía bromas, chistes. Al caer me di cuenta que iba todos los días y me pasaba toda la tarde con ella. A veces ni estudiábamos y nos pasábamos paveando con su compañera de departamento.

    A mitad de semestre estudiábamos para un examen y comenzó todo…

    – No sé qué haría sin vos Gabi, estaría al horno ya –me dijo rompiendo el silencio.

    – Jaja de nada. Sí, es verdad. No sos nada sin mí.

    – Jajaja que agrandado que sos, pero tenés razón. Me gustaría hacerte un regalito.

    La verdad que me quedé re colgado al oír eso, inmediatamente lo relacioné con lo sexual. No sé porqué pero no indague más, sólo seguí con el problema que estaba haciendo y el día continuó de manera normal.

    Pasó el parcial y aprobamos, al salir de la muestra me invitó al departamento a tomar unos mates y charlar; como no tenía nada que hacer fui con ella. Mirábamos tele tranquilos y conversando me dice.

    – Me gustaría hacerte un regalito, ya te lo dije la vez pasada.

    – Todo bien Vicky, no hay problema pero me gustaría saber qué tenés para mí – dije pensado en que será.

    Ella se acercó a mí, se arrodillo, me bajo la bragueta del pantalón, abrió el botón de mi jeans y me dijo.

    – Te va a encantar este regalito.

    Yo me levanté un poquito para que me baje el pantalón y el bóxer, sacó mi verga y me la comenzó a pajear suave. Desnudaba mi glande y la volvía a esconder; mi verga por supuesto iba creciendo.

    – Que linda la tenés Gabi, te gusta?- mientras me masturbaba.

    – Si Vicky, me encanta…

    – Eso que todavía no hice nada.

    Inmediatamente le pasó la lengua mojada por alrededor de mi cabeza y la apretó con sus labios.

    Ya con mi verga al palo comenzó a hacerme un pete de lujo, se metía toda mi verga en la boca, se quedaba un rato hasta que le daban arcadas y recién la sacaba, me dejaba la pija llena de saliva. Como me calentaba el hilo de baba que le caía por la boca. Me apretaba muy rico la verga, la mañana sin usar las manos, me chupaba los huevos, se los metía en boca y seguía lamiendo todo el tronco para después volver a meterse toda mi verga en su boca.

    – Te gusta mi regalito?- me decía con la boca llena de pija.

    – Me encanta Vicky.

    – Me vas a dar la lechita?

    – Si, te la voy a dar toda.

    Se quitó la remera y el corpiño, se quedó en tetas; claro que logró calentarme más, hizo mucho efecto en mí eso a parte de la terrible chupada que me daba.

    Me pajeaba rápido, la chupaba y seguía pajeando, hasta que…

    – Ay Vicky, no aguanto más, voy acabar.

    – Si, dame toda la lechita Gabi, dámela toda.

    – Ay ya no aguanto, ah ah aaaahhh aaahh!!!

    Llegué toda mi leche que como buena gauchita que es, se tragó toda. Me la chupo bien hasta limpiarme la pija por completo, me dejó con la verga al aire y se fue a beber un vaso de agua.

    – Te gustó Gabi? Gracias por portarte bien conmigo, seguro habrá más si seguís así.

    – Me encantó Vicky, claro que voy a seguir portándome así de bien.

    Desde ahí comenzamos a ser más que buenos compañeros de facultad, comenzamos a ser compañeros sexuales. Como ella era una chica del interior que casi ni salía y tampoco tenía novio, algún día del finde me la pasaba con ella, estudiando y cogiendo de madrugada.

    Espero les haya gustado, saludos gente!!

  • Rosita de Olivo

    Rosita de Olivo

    Les voy a contar de Rosa María, solo de recordarla vienen a mi momentos lujuriosos y peligrosos que viví con ella.

    La conocí a mediados del 2011, una morenita de 1,60 cm, nalgas paraditas, tetas tamaño medianas y un amor de mujer. Ella era mucho mayor que yo en ese entonces.

    Yo tenía 20 años y comenzaba en la industria del arte gráfico, ella tenía 33 años y ya tiempo de experiencia en el trabajo, desde que la conocí me encantó, siempre con sus pantalones entallados o minivestidos, siempre se veía bien.

    Comenzamos una amistad y poco a poco nos llevábamos mejor, aunque ella me platicaba de su novio, a mi no se me quitaban las ganas de hacerla mía. Creo que ella lo sabía y me daba entrada e incluso ella me insinuaba que estaba dispuesta a que pasara algo.

    Llegó la fiesta de fin de año de la empresa, la organizaron en un bar que estaba en la avenida universidad. Ese día todos estábamos bailando y tomando, ella se veía muy bien. Llevaba un minivestido negro que le llegaba a la mitad de sus muslos, unas medias negras y un escote a la mitad de la espalda.

    La verdad yo no me le separaba, bailábamos, cantábamos y tomábamos, estábamos bien alegres, ya entrando más la noche le dije que si no quería ir a otro lado a seguirla pasando bien.

    Después de estar bailando y tomando un rato comenzamos de cariñosos, le daba de besos en el cuello y le acariciaba su espalda, ella me acariciaba mi entrepierna y me besaba los brazos…

    – Que quieres hacer ahora niño?

    – Más bien que no te quiero hacer jeje

    – Jajaja nunca he estado con alguien menor, además tengo novio

    – Y eso que, no lo vamos a invitar ni le voy a decir

    – Jaja ok, te voy a cumplir tu fantasía…

    Nos fuimos al hotel más cercano, le pedí que me hiciera un striptease. Ella bailaba y comenzaba a desnudarse, yo le tomaba fotos desnudándose y también me desnudaba, ella con poses sensuales se acercó a mi y me acostó en la cama, me quitó la trusa y se fue directo a mi verga…

    – MMM, que rica verga se te ve, la tienes grande corazón…

    – ¿Lavas a chupar?

    – Te voy a dejar seco nene lindo.

    Ella comenzó a mamármelo como una paleta, pasaba su lengua por mis testículos subiendo por el tronco hasta la cabeza de mi pene. Eso se sentía genial, sentía como mi verga se iba poniendo más y más dura, entonces comenzó a metérsela poco a poco a su boca.

    El roce de sus carnosos labios y su lengua húmeda erectaban más mi pene, yo la tomé de la cabeza y no dejaba que la sacara de su boca. A ella no le disgustaba eso, entonces pasó a chupármela mas rápido mientras al mismo tiempo con su mano me acariciaba todo mi cuerpo.

    – Papito ya estás bien duro, métemela!

    – Si nena, ya quiero estar adentro.

    Ella se subió para empezar con un misionero, su vagina húmeda se comía lentamente mi dura verga. Acompañada de música comenzó a moverse lentamente mientras yo le chupaba sus tetas.

    Subimos la velocidad de nuestros movimientos, así mismo le pedí que se volteara para hacerlo invertidamente, me excitaba ver el movimiento de sus nalgas sobre mi pelvis. Yo se la apretaba y le daba de nalgadas mientras ella se movía bien rico.

    – AHHH Luis que rico lo haces aaaahhh

    – Te mueves increíble pero todavía quiero darte más.

    La acosté sobre la cama y le empecé a dar de patitas al hombro, mientras la embestía suavemente, le lamia los muslos y sus pies, le levantaba las piernas por momentos formábamos una L con nuestros cuerpos, su vagina soltaba fluidos y sus gemidos llenaban el cuarto de hotel.

    La puse de perrito y comencé a darle un poco duro, ella me acompañaba con movimientos de twerk, yo la tomaba de la cintura y con más fuerza se la metía.

    Llegó el momento que el placer estaba a tope que la tomé del cabello y comencé a darle tremendos golpes en el trasero.

    – AHHH Luiiis, Luiis, no pares aahh no pares

    La tomé con más fuerza y se la di con todo, ella gritaba y decía que iba a vomitar. Yo creo que si le estaba entrando mis 20 cm completos, unos instantes después cual si fuera orina se vino sobre mi.

    Sus gritos de satisfacción me excitaban mas pero a mi me faltaba para llegar. Ella se recostó sobre la cama dejando parado el trasero, se la saqué y utilizando los fluidos como aceite se la empecé a meter por el culo.

    – Luisito que vas hacer?

    – No preguntes y disfruta

    – P…pero nunca he hecho eso antes… aahhhh!!

    Se la empecé a meter poco a poco por el ano, ella gritaba y me decía que lo hiciera despacio, estaba muy estrecha. Estaba claro que esta sería la primera vez.

    Obviamente no le entró toda mi verga pero aun así, yo sentía un gran placer, era el segundo anal que hacía y que mejor que con Rosita. Apretaba muy rico mi verga, sentía como rozaba con algo e incluso pensé que no aguantaría mucho y defecaría, pero no fue así.

    En cambio le agarró el gusto, ella también se comenzó a mover, dios!, eso se sentía genial, los ruidos que provocábamos se oían seguro por todo el hotel.

    – AAHH Que rico se siente, métemela toda paaa!

    – Que culo más rico, me vas a deslechar Rosy… aaaah

    – Dame tu leche bebe, damelaaa!

    Ya no resistí más y me vine dentro de su ano, las vibraciones eran deliciosas, ambos gritábamos y escurríamos de satisfacción.

    Terminamos acostados en la cama reposando, mientras la acariciaba y nos besábamos.

    Esta no fue la última vez que lo hicimos pero les contaré más en otros relatos.

  • El coño de su madrastra Fina

    El coño de su madrastra Fina

    Fina, fuera puta de lujo. Lo había dejado tres años atrás para casarse con Teodoro, un empresario divorciado de 62 años. Fina tenía 32 años, medía 1.75, era rubia natural, tenía buenas tetas, fina cintura, anchas caderas y buen culo.

    Iba en bata de casa de regreso a su habitación desde el baño, cuando le dijo su hijastro:

    -¿Podía hablar contigo, Fina?

    -¿Qué te pasa?

    -Tengo un problema con mi novia.

    -¿Qué problema tienes, Javier?

    -Quiere que le coma el coño y no sé cómo hacerlo.

    Fina, sabía que le mentía, pero le siguió el juego.

    -Me temo que en eso no te puedo ayudar.

    -Yo creo que sí, quien mejor que una mujer para enseñar a hacer esas cosas.

    -Tú lo que quieres es echarme un polvo. ¿Verdad?

    Javier mentía más que hablaba.

    -No, quiero aprender a comer un coño.

    -¡¿Con 25 años aún no has probado un coño?!

    -Sí, pero nunca logré que mi pareja se corriera. Tengo mil euros para pagar tus servicios.

    -Gracias por recordarme que fui puta.

    -No era esa mi intención.

    -No necesito el dinero y lo sabes.

    -Hazlo por los pobres. Sé que ayudas al comedor de Cáritas.

    Javier, que era un joven de 25 años, de 1.82, moreno y con cuerpo de modelo, vio cómo su madrastra se sentaba a su lado, y le decía:

    -Ahí me has dado… ¿Mil euros?

    -Si.

    Fina, ya se soltó la melena.

    -A una mujer antes de bajar a su sexo hay que calentarla mucho si no es raro que se corra. ¿Besas bien?

    -Normal, diría yo.

    -Cien euros para Cáritas, por aprenderte a besar.

    -Vale, pero besar creo que ya sé.

    -A ver. Dame un beso.

    Javier le metió la lengua en la boca. Fina, se separó de él.

    -Para, para. Al besar a una chica, primero tienes que mirarla a los ojos, acercar tu boca a la suya y besarla de modo que su labio inferior quede entre los tuyos. Después pasa ligeramente la lengua sobre ese labio, ella te corresponderá. Sigue su lengua con la suya, luego de rozarla da marcha atrás para que sea ella la que persiga la tuya. Luego chúpasela y deja que te la chupe, hasta que ya os comáis vivos y los besos no tengan control. A estas alturas ya tu pareja debe estar excitada. ¿Lo pillaste?

    -Sí.

    -Entonces haz lo que te dije:

    Javier hizo paso a paso lo que su madrastra le dijera que debía hacer y acabó empalmado. Al acabar, Fina, se abrió la bata y aparecieron una esplendorosas tetas, redondas, con areolas rosadas y pequeños pezones.

    -Doscientos euros para Cáritas por aprender a comer unas tetas.

    Si le pidiera mil se los daba.

    -Hecho.

    -Vete haciendo lo que yo te diga. Pon tus dedos pulgares sobre mis pezones y con las manos masajea mis tetas -Javier hizo lo que le dijo-. Así.

    Al rato le decía:

    -Quita los dedos y lame los pezones de abajo arriba.

    -Tienes unas tetas deliciosas, Fina.

    -Llámame mamá.

    -Tienes unas tetas deliciosas, mama.

    -Haz círculos con la punta de la lengua en las areolas de los pezones.

    -Me estoy poniendo enfermo, mamá, y tú cómo si nada.

    -El río va por dentro, hijo, el río va por dentro. Ahora con tu legua aplasta los pezones y mama.

    Al rato, ya Fina tenía el coño mojado.

    -El resto, hasta los 1000, por aprenderte a comer un coño.

    -¿Te vas a correr?

    -Eso ni lo dudes, a no ser que llegue tu padre y nos corra a los dos.

    Faltan horas para que venga.

    Fina, quitó la bata roja y las bragas del mismo color, que tenían un buen lamparón de humedad, y recostándose en el sillón le dijo:

    -Arrodíllate y ábreme el coño con dos dedos para que los labios y la vagina queden a disposición de tu lengua.

    Lo hizo y vio su coño empapado de jugos.

    -Dame un beso con tus labios en los míos. Lame mi ano y vete subiendo muy lentamente hasta la mata de pelo de mi pelvis. Recorre ese camino unas quince veces.

    La polla de Javier ya estaba dura cómo un hierro. Cuando acabó de hacer el recorrido, Fina, que se estaba magreando las tetas, le dijo:

    -Mete la punta de la lengua en el ano, sube, métela en la vagina y haz círculos con la punta de tu lengua sobre mi clítoris., haz este camino unas veinte veces.

    Javier, lamió y besó el clítoris… Lamió y folló culo y ano. Jadeó cómo un perro. A Fina no se le escuchó ni un gemido.

    -Lame con rapidez desde el ano al clítoris cada vez con más rapidez.

    Javier, que si se tocaba ya se corría, lamió aumentando la velocidad con cada lamida. Fina comenzó a gemir.

    -Ahora solo el clítoris. Aprieta tu lengua contra él y sin despegarla lame de abajo a arriba cada vez con más rapidez.

    Lo hizo y Fina tuvo un orgasmo de puta de lujo, con convulsiones y jadeos de una perra callejera.

    Al acabar de correrse y ponerse Javier en pie vio el tremendo empalme que tenía, y le dijo:

    -Ya sabes cómo comer un coño. Ahora, y gratis, te voy a enseñar cómo se come una polla.

    Le sacó la tranca, que aquella morcilla no era una polla, le echó la otra mano a las pelotas y se la mamó. Poco le pudo enseñar, que no fuera a tragar leche, ya que a los pocos segundos de meter la polla en la boca, Javier, se corrió cómo un bendito.

    Sonó el teléfono, Javier lo cogió, y después de escuchar, dijo:

    -Se lo digo, papá.

    Fina, le preguntó:

    -¿Qué pasa?

    -Que papá tarda unas cuatro horas en venir, dice que cenes y no lo esperes a pie.

    -¿Qué pedimos?

    -Yo por pedir pedía un polvo. Espera que voy por los mil euros.

    -¿Y cuánto pagarías por el polvo?

    -No tengo más dinero en casa. ¿Aceptas un cheque?

    -¿De cuánto?

    -De otros mil euros. Pero puede extenderme un cheque por dos mil. Les vendrá bien para el comedor de Cáritas y así no me sentiría tan desgraciada.

    -¿Desgraciada?

    -No te hagas el inocente, te oí hablar con tu padre. ¿Por qué me quiere echar?

    Javier se quitó la careta.

    -Porque dice que en la cama eres demasiado limpia.

    -¡Ay que joderse! Lo que hace la falta de comunicación.

    Javier no entendía la actitud de Fina.

    -¡¿Y sabiéndolo te prestaste al juego?!

    -Sí, no me gusta estar donde no me quieren. Tengo dinero suficiente para empezar una nueva vida. Además tenía ganas de echar un polvo contigo. ¿A qué hora llega tu padre?

    -En diez o quince minutos. ¿De verdad que tenías ganas de echar un polvo conmigo?

    -Sí, de verdad.

    Llegó Teodoro, y una vez que se hubo sentado en el sillón, le dijo Fina:

    -Tengo que hablar contigo de tu hijo.

    -¿Qué hizo?

    -Quiso follar conmigo.

    Teodoro, se hizo el ofendido.

    -¡Lo mato!

    -No te pongas así. La juventud… Las drogas.

    Teodoro se llevó un sorpresón.

    -¡¿Mi hijo se droga?!

    -¿No lo sabías? Esnifa coca cómo esnifabas tú. Fuma porros cómo los fumabas tú, y….

    -¿Está en casa?

    -No, fue a pillar algo que meterse.

    Teodoro estaba preocupado.

    -¿A dónde?

    -¡Y yo qué sé! Se acaba de marchar.

    -Voy a buscarlo, hasta que no lo encuentre no vuelvo. Vete para cama.

    Teodoro se fue en busca de su hijo y Fina, también. Se quitó la bata, las bragas y se echó boca abajo en la cama. Cuando Javier llegó a su lado, le dijo:

    -Ahora te voy a enseñar a comer un culo, hijo.

    Javier, que había llegado en pelotas, se metió entre sus piernas, y le dijo:

    -Soy todo oídos.

    Fina puso el culo en pompa.

    -Coge mi coño con las dos manos y lame mi culo cómo si fueras un perro.

    Javier echó sus brazos por debajo de las caderas, puso las manos sobre su coño mojado y lamió su culo con ganas.

    -Fóllame el culo con un dedo y después dámelo a oler.

    -Eres un pozo de sorpresas.

    A Fina le gustaba el olor a mierda, y no solo el olor, porque después chupó el dedo, y no una, varias veces. Minutos más tarde las manos de Javier ya estaban mojadas de jugos.

    Fina, le dijo:

    -Dame mis jugos a probar y clávamela en el culo.

    -¡¿Te gusta que te den por culo?!

    -No, que me den por culo no me gusta, que me la metan en el culo, sí.

    Javier se la fue metiendo mientras ella lamía los jugos de las manos…. Una mano volvió al coño, otra a las tetas y la polla empezó a entrar y salir del culo cada vez más aprisa. Tanto que Javier se corrió dentro.

    A acabar de correrse le dijo Fina:

    -Dame a mamar esa maravilla.

    Javier sacó la polla del culo hecha una mierda y Fina se la chupó cómo si fuera un caramelo, lo que hizo que la polla cogiese de nuevo un buen empalme. Fina se echó boca arriba, y le dijo:

    -Ven.

    Subió encima de ella. Javier se la clavó en el coño hasta el fondo. Fina cerró las piernas, y le dijo:

    -Bésame.

    A Javier le importó una «mierda» de lo que estuviera la boca. La besó cómo le había enseñado. Fina le cogió las nalgas, y le dijo:

    -Haz Palanca cuando la metas y mímame el punto G.

    La folló cómo le pidió. Un rato más tarde dejó de comerle la boca, para decir:

    -¡Llámame puta!

    -¡Puta!

    -¡Me voy a correr cómo una perra! Dime que me corra para ti.

    Javier estaba cachondo a más no poder.

    -¡Córrete para mí, puta!

    -Azótame el culo.

    Javier la nalgueó con ganas.

    Fina ya no aguantó más.

    -Me voy aaaaah. ¡¡¡Me corro!!!

    Se corrió cómo una perra y jadeó como tal.

    Javier dejó que acabara de correrse… Sintió que se iba a correr él y quiso quitarla, Fina le apretó las nalgas contra ella, y le dijo:

    -¡¿A dónde ibas, cariño?!

    Javier, se corrió dentro de su coño. Al acabar, la besó, pero no sabía lo que le esperaba… Fina, subió encima de él. Le puso el coño en la boca, y cayéndole en ella los jugos de su corrida y el semen, se masturbó el clítoris con cuatro dedos.

    -¡Te voy a ahogar! -decía con sus dedos volando sobre su clítoris- Te voy a ahogar. ¡Abre la boca, cabrón!

    -Dámela, puta, dámela.

    Al ratito, Fina, exclamaba:

    -¡¡¡Traaaga, caaaaabrón!!!

    Al correrse, del coño de su madrastra salió una pequeña cascada de jugos acuosos y espesos que Javier se tragó con mucho gusto.

    ¡La hostia! Y el marido la iba a dejar porque era demasiado limpia en la cama. Si llega a ser guarra…

    Quique

  • Francisca, la madura insaciable

    Francisca, la madura insaciable

    Hola lectores de CuentoRelatos el día de hoy voy a continuar mi anterior relato titulado ‘Mi primera vez con una madura’, espero les guste.

    Era lunes 24 de junio y era una tarde demasiada calurosa, llego a casa y está vacía, me siento en la mesa y saco mi laptop, luego de aproximadamente una media hora llega Francisca vestida con un pequeño short y una playera, Francisca se desnuda por completo y se sienta en mis piernas y mete su mano debajo de mi short y bóxer y comienza a tocar mi verga.

    Francisca: Hace mucho calor, dime, ¿Te gusto lo que hicimos la otra vez?

    Yo: … mmmm

    Francisca: Sabes que, mejor vamos a mi cuarto no querrás manchar los muebles.

    Francisca me lleva a su habitación y la cierra la puerta con llave. Me desnudo y Francisca empieza a tocarme, se sienta en mis piernas mirándome de frente lo que me permite ver sus enormes tetas (probablemente copa D), Francisca me sujeta de cabeza y pasa mi cara sobre sus tetas.

    Francisca: Dime, ¿te gustan las mujeres maduras?

    Yo: Claro que si Francisca pero no puede hacer esto, tú eres una mujer casada.

    Francisca: MI marido ya no me satisface, quiero que tú seas mi macho.

    Francisca me pone de pie contra la pared, coloca su enorme culo en mi verga y comienza a moverlo de una manera suave y sensual.

    Francisca: ¿Lo estas disfrutando mi amor?

    Yo: Claro que si Francisca.

    Francisca quita su culo de mi verga (la cual media aproximadamente unos 19 cm y estaba llena de venas con mi semen listo para salir disparado) me siento cansado y me siento para descansar, sinceramente Francisca es una maquina sexual, se acerca a mí, sujeta mi verga y la coloca entre sus tetas y comienza a masturbarme con ellas, ya no aguanto más, Francisca me estaba ordeñando no podía hacer nada para evitarlo pero al mismo tiempo me gustaba.

    Finalmente mi leche sale disparada, manchando su piel morena, tetas y cara Francisca lo disfruta.

    Francisca: Sé que aun puedes dar más.

    Vuelve a poner su culo en mi verga y lo vuelve a mover.

    Francisca: Soy una mujer insaciable, será mejor que te vayas acostumbrando.

    Me vengo por segunda vez, ahora dentro del culo de Francisca, comienza a moverse demasiado así que la tomo por las caderas.

    Francisca: mmmm sigue, sigue, no te detengas.

    Finalmente todo mi semen queda dentro del culo de Francisca, se pone de pie y me dice lo siguiente:

    -Me encantas, sigue así, ahora tengo que darme una ducha puedes acompañarme si quieres.

  • Insistió e insistió, hasta que consiguió hacerme suyo

    Insistió e insistió, hasta que consiguió hacerme suyo

    Se llamaba Felipe, según me habían contado, era abogado y trabajaba o había trabajado en un organismo público de la ciudad (La Coruña). Si yo por aquel entonces tenía unos 23 años, el me doblaba claramente la edad, yo incluso diría que la superaba con creces, vamos que andaría rondando los 60 años.

    Nos conocimos, bueno más bien supo de mí, en el bar Ibérico. Dicho bar quedaba en la calle de la Galera, esquina a Torreiro, o como yo le solía llamar, callejón del cine Paris. O sea, justo enfrente al mítico bar La Bombilla. Ahí solíamos parar varios jóvenes gais, y por ahí se dejaban caer algunos maduritos en busca de tiernos culos a los que sodomizar.

    Ya en varias ocasiones había intentado llevarme con él en una clara intención de sodomizarme, pero en todas las ocasiones que lo intentó, yo siempre le había dado calabazas.

    Cuando coincidíamos en el bar, siempre intentaba que le entregara mi culito. No había día que me dijera algo y que alabara mi tesoro más preciado, que era y es mi culito. Era algo obsesionado con esto, y la verdad es que ya me tenía cansado con tanta insistencia. Pero yo no cedía, siempre le decía que no.

    Llegó incluso a seguirme por la calle, e incluso si yo iba a la discoteca Xornes, que estaba en la Calle San Agustín, justo en un lateral de la iglesia de San Nicolás, él también iba, y solía invitarme a alguna consumición.

    Estando en la discoteca Sornes, era de ambiente misto, aunque abundaba el ambiente gay, llegó a meterme mano. En cuanto tenía ocasión, me sobaba el culo, era algo obsesivo.

    Hasta que un día, consiguió lo que con tanto anhelo buscaba.

    Ese día lo encontré cuando yo iba para casa, a la altura de la iglesia de San Pedro de Mezónzo. Serían sobre las 7 u 8 de la tarde. Yo iba para mi casa, llevaba unos días con el culo irritado, y no me apetecía salir, y ¡zas! Me encuentro frente a mí, al incansable e insistente del cabronazo que no cejaba de acosarme, y que no era otro que el tal Felipe. Tan pronto me vio, ya me abordó.

    Después de saludarme como si fuéramos grandes amigos, se puso a caminar a mi costado, tratando de convencerme de que fuera con él. Yo como siempre le daba largas, y le decía que no. Además, le dije aquel día que estaba cansado y que tenía el culo algo irritado y que no me apetecía hacer nada.

    Joder, vaya cosa le había dicho, al momento me contestó, que no quería hacer nada conmigo, que solo me invitaba a beber una cerveza nada más, que no tenía ninguna otra intención. Tanta fue la insistencia, que no se como consiguió convencerme. Al final le dije que estaba bien, que solo bebería una cerveza con él.

    Yo pensaba que íbamos a algún bar, ya que me dijo que fuésemos a la avenida de Chile, calle que queda en el lateral de la estación de autobuses, iba pensando que seguro me llevaba al famoso bar “la tacita de plata”. Que iluso era yo. Al llegar a dicha calle, va y me lleva a un edificio nuevo, y me dice que acababa de comprar un apartamento, que me lo quería enseñar, que solo beberíamos una cerveza, me enseñaba el piso, y que luego nos iríamos. Solo quiero ver que te parece el apartamento que he comprado, quiero que me des tu opinión, a ver si he hecho una buena compra, me dijo.

    La verdad es que era bastante iluso, y aunque desconfiaba de él, y me daba la espina de que algo iba a intentar, al final accedí a su petición, y subí al apartamento con él. Iba pensando que, si intentaba seducirme, le iba volver a decir que no, bebería la cerveza, y me marcharía. ¡Ay que equivocado estaba! Que iluso y pardillo era yo por aquel entonces.

    Nada más entrar en el apartamento, me llevó a una pequeña salita. Allí me mandó sentar, mientras tanto él iba a por unas cervezas. Cuando volvió a aparecer con las cervezas, dejándolas en la mesita que adornaba aquella sala, me invitó a ver el apartamento. Era pequeño, pero la verdad era que además de nuevo era realmente precioso.

    ¿Qué te parece, he hecho una buena adquisición, o no? Me preguntó, poniendo su mano sobre mi cintura.

    Sí, le contesté, es muy bonito.

    En aquellos momentos me estaba enseñando su dormitorio; era realmente espectacular; espera que voy a por las cervezas, que quiero que veas una cosa, me dijo, dejándome allí, mientras él iba a por las cervezas.

    Cuando vino con las cervezas, pasándome la mía, nos sentamos en la cama, mientras él con un mando a distancia encendía una televisión plana, que en aquellos entonces era realmente novedad, y empieza a reproducir una película.

    Sí, claro que sí, efectivamente pensáis bien, la película, era una película porno gay, y me invitaba a verla mientras bebíamos la cerveza, sentados sobre su cama.

    A aquellas alturas ya sospechaba cuales eran sus más que claras intenciones, y por supuesto que estaba dispuesto a decirle que no. Solo esperaba que abriera la boca proponiéndome lo que tanto él deseaba, y le contestaría lo que siempre le había dicho, no. Y entonces me marcharía y listo.

    Pero el muy cabrón, además de perro viejo, era listo, y no dijo nada. Sabía que viendo aquella película iba a terminar por calentarme, y una vez me tuviera bien excitado, caería como una fruta madura.

    La verdad que el cabrón tenía trazado un buen plan, y hasta el momento le había ido todo sobre ruedas. La película me estaba poniendo cada vez más cachondo, y acompañado del tiempo que llevaba sin tener ninguna relación, ni haberme pajeado hacía ya algo más de una semana, cada minuto que pasaba, estaba cada vez más y más excitado. El empalme que ya tenía era de campeonato, y si no me aliviaba, iba terminar con un dolor de huevos.

    De vez en cuando él miraba para mi entrepierna, viendo como el bulto que mostraba era cada vez más eminente, por lo que muy sutilmente, fue colocando con mucho disimulo su mano sobre mi pierna, y cada vez que la escena de la película era de lo más erótico, el frotaba mi pierna e iba subiendo cada vez más, hasta alcanzar su objetivo, que no era otro que poner su mano sobre mis genitales, y empezar a acariciármelos, hasta que consiguiera hacerme claudicar, y callera rendido en sus brazos.

    La verdad es que todo iba como el pensaba, y yo cada vez me dejaba manosear más y más. A aquellas alturas, hasta estaba dispuesto a que me pajeara y de una vez por todas aliviara aquella calentura que a cada minuto que pasaba me estaba torturando.

    Viendo que ya casi me tenía en sus manos, fue a buscar otras cervezas, y luego de traerlas, sacó de uno de los cajones, un tubito de Popper, invitándome a inhalar de él. Toma me dijo después de inhalar él, es Popper, dijo pasándome el tubito.

    Quedé pensando unos segundos, pero visto la calentura y excitación que tenía, no lo pensé más, abrí el tubito e inhalé varias veces. Dios, ahora si que mi corazón bombeaba con mayor rapidez. Estaba deseando bajarme el pantalón y slip, y pajearme como un loco.

    Justo eso era lo que él estaba esperando, sin darme tregua no esperó más, y ahora sin ningún disimulo, empezó a acariciarme los genitales, mientras me abrazaba a él.

    Yo excitadísimo, dejaba que me acariciara, mientras desesperado gemía y le dejaba que empezara a sacarme el pantalón.

    Viendo como me tenía, el muy cabrón no perdió el tiempo, en un plis plas, ya me había aflojado el cinturón, y conseguido bajarme el pantalón y slip hasta los tobillos.

    Sin quitarme los ojos de encima, y sin dejar de acariciarme, vio como tenía hinchada y enrojecida mi polla, y que estaba tan pero que tan excitado, que supo de hecho que en esa ocasión iba a ser suyo, sabía a ciencia cierta que en ese estado yo me iba a entregar sin condiciones.

    Sin dejar que me moviera, empezó a desabotonarme la camisa, hasta que consiguió quitármela por completo, lanzándose a mis hinchados y excitados pezones.

    Lo primero que hizo, fue empezar a mordérmelos, mientras con sus manos iba acariciando mis órganos sexuales, e iba subiendo por mi abdomen, hasta llevar sus manos a mis excitados e hinchados pezones, , los cuales empezó a pellizcar y retorcer, mientras con su boca iba subiendo por mi cuello dándome pequeños mordiscos y lamidas, las cuales me hicieron estremecer de tal manera, que me aferré con mis manos a su cabeza, dando fuertes gemidos, mientras empezaba a temblar y convulsionar como si me estuviera dando un ataque epiléptico.

    Después de martirizarme un buen rato, siguió subiendo con su boca, hasta llevarla a mis labios, los cuales luego de morderlos y saborearlos, introdujo su lengua en mi boca, dándome uno de los besos más sensuales que me dieron en mi vida.

    Dios, no me corrí en esos momentos de puro milagro. Nervioso y excitado como estaba, llevé mis manos a su pantalón, empezando a aflojarle el cinturón. Estaba tan pero que tan desesperado, que necesitaba quitárselo y sacarle la polla para tenerla en mis manos.

    Cuando por fin conseguí aflojarle el cinturón y bajarle el pantalón, liberando la polla que me iba hacer suyo, al tocar aquel bulto, quedé sorprendido y asustado de la verga que tenía sobre mis manos.

    Dios, tenía la verga tan pero que tan gruesa, que me dio miedo. Aquella verga si conseguía entrar en mi culo, me iba dejar reventado, era como si te meten el puño en el culo. Esa polla junto a la del portugués que me folló en varias ocasiones, fue la polla más gruesa que vi en mi vida. Esta no era tan grande como la del portugués, pero de grosor, era igualita. La polla del portugués, además de gruesa, debería medir entre 22 a 24 centímetros, eso era un monstruo de polla, pero esta no era tan larga, aunque no andaría muy lejos de los 18 o 20 centímetros. Pero con aquel grosor, era igualmente una monstruosidad de polla. Cada vez que la miraba, me daba miedo, joder si era igual de gruesa que mi muñeca.

    Cuando el vio la cara de asustado que tenía al ver la polla que se gastaba, y que el intentaba por todos los medios metérmela en el culo y hacerme suyo, intento tranquilizarme, llevó sus manos a mi cara, y dándome pequeños besos en mi boca, me susurraba que no tuviera miedo y que estuviera tranquilo. Me volvió a pasar el tubito de Popper, y destapándolo, me dijo, toma, inhala un poco que esto hará que el esfínter se relaje y dilate, lo demás déjamelo a mí, ya verás como no pasa nada.

    Mientras yo hipnotizado, inhalaba del tubito de Popper, él fue quitándome los zapatos y terminó de sacarme el pantalón y slip.

    Joder, ya me tenía en sus manos, me tenía sentado sobre su cama, desnudo por completo, medio colocado por el efecto de la inhalación de Popper, y las 2 cervezas que había bebido, con una calentura y excitación, de campeonato.

    Una vez me tuvo desnudo por completo, y sabiendo que ahora estaba en sus manos, mientras me acariciaba, me fue tumbando sobre su regazo, para que fuese jugando con su monstruosidad de polla, y se la fuese chupando.

    Mientras yo acariciaba e intentaba chupar aquella verga, él terminó de quitarse la ropa, quedando desnudo igual que estaba yo. Luego de terminar de quitarse la ropa, y mientras yo acariciaba y chupaba su verga, abrió el cajón de la mesilla de donde había sacado el tubito de Popper, sacando un tubo de lubricante.

    Yo que en esos momentos me encontraba lamiendo y pajeando aquel monstruo de verga, medio colocado por efecto de las cervezas y Popper, con una calentura y excitación que me desbordaba, al ver como sacaba del cajón aquel tubo de lubricante, me di cuenta de que iba a ser sodomizado.

    Intenté ponerme de pie, mientras le decía que no quería que me diera por el culo. Antes de que me diera levantado, Felipe, rodeándome con sus brazos, me atrapó pegándome a él diciéndome:

    Tranquilo, si no quieres que te sodomice, no lo haré, solo vamos a acariciarnos hasta corrernos. Tu solo chúpala y me pajeas, mientras yo te acaricio y lamo hasta hacerte correr.

    ¡Dios! Me tenía tumbado sobre su cuerpo abrazado a él. Los 2 estábamos desnudos por completo, notando las tremendas erecciones de nuestras pollas y la calentura que despedían nuestros cuerpos. Notaba la tremenda verga de Felipe, pegada a mi abdomen, y como su boca lamía y mordisqueaba mi cuello, en un claro intento de mantenerme allí tumbado sobre su cama, impidiendo que me levantara y me pudiera marchar.

    No seas tonto, mira que caliente y excitado estás. Tu solo déjate hacer, ya verás como te hago gozar. Mira cómo estás disfrutando con mis besos y caricias.

    ¡Dios! Aquel hijo de puta tenía razón, estaba tan pero que tan caliente, que incluso me hacía perder la razón. Aquella boca y aquellos mordiscos que me estaba dando, me tenían temblando de excitación, el cuerpo me ardía haciéndome claudicar, dejándole que hiciera lo que quisiera conmigo.

    Poco a poco mis resistencias se iban cayendo, y Felipe, lo sabía. Sabía que ya me tenía como él quería y había planeado, y que yo poco a poco iría cediendo, entregándome a él por completo.

    Me había dado la vuelta, quedando el encima mía. Ahora me tenía boca arriba sobre la cama, y él de rodillas sobre el medio de mis piernas, lamiendo y mordisqueando todo mi cuerpo.

    Yo no paraba de gemir, mi polla que estaba que reventaba, la tenía dura e hinchada, derramando continuamente líquido preseminal, sabiendo él que, en cualquier momento, yo explotaría eyaculando. Y a él eso no le interesaba al menos de momento, sabía que, si yo me corría, sus intenciones se vendrían abajo. Y él lo que quería era hacerme suyo, estaba dispuesto a sodomizarme, quisiera o no quisiera yo. Aquel día iba ser por fin suyo.

    Después de lamer todo mi liquido preseminal que se derramaba por mi polla, levantó mis piernas llevándolas a sus hombros, quedando el orificio de mi culito, totalmente expuesto a él.

    Empezó a lamer mi hoyito con su lengua, dando de vez en cuando leves mordiscos sobre mi perineo, haciéndome chillar y gemir de tanto placer que estaba sintiendo.

    Sin que me diera cuenta, había vuelto a coger el tubo de lubricante, y ya me estaba pasando su mano con aquel líquido, lubricando mi entrada. Metía y sacaba su dedo, mientras yo gemía y gritaba que no quería que me diera por el culo.

    ¡Felipe, no! No me la metas. Me vas a hacer daño, además tengo el culo algo irritado y esa polla no me va a entrar, le decía suplicando, mientras gemía notando como su dedo violaba una y otra vez mi culito, haciendo que mi esfínter fuese cediendo y dejase de oponer resistencia.

    Tu déjate llevar, solo relájate y goza, ya verás como te va a gustar lo que Felipe te va a dar. Tienes miedo, pero se que lo estás deseando, y yo también lo estoy deseando tanto como tú.

    Ya metía 2 de sus dedos en mi culo y yo no paraba de chillar y soltar gemidos, ¡ohhh! ¡ooohhh!

    El muy cabrón arrimando su pelvis a mi culo todo lo que pudo, colocó su verga y pelotas sobre la raja de mi culo, y mientras se restregaba a mí, haciéndome notar toda su hombría restregándose por mi culo, abrió de nuevo el tubo de lubricante, volvió a derramar un poco sobre su mano, llevando luego esta a su polla, untándola con aquel liquido lubricante.

    Después de untarse bien la polla, volvió a pasar su mano por mi culo, lubricándolo aún más.

    Yo ya no podía más, sabía que me iba a dar por el culo, y aunque tenía miedo, en el fondo lo estaba deseando. Quería sentir aquella monstruosidad de verga entrando en mi culo, haciéndome suyo. Quería que me preñara y me hiciera correr mientras me daba por el culo. Ya estaba dispuesto a entregarme totalmente a él.

    Sabiendo como me tenía, y que ya no opondría resistencia alguna, colocó la punta de su monstruosa verga sobre mi hoyito, y sujetándome por mis caderas, manteniendo mis piernas levantadas sobre sus hombros, fue inclinándose sobre mi cuerpo, haciendo que mi culo se fuese abriendo mientras su verga iba abriendo por completo mi esfínter.

    ¡Ohhh ooohhh ohhh! ¡ohhh! Grité al notar como el glande de aquella monstruosidad de polla, abría mi culo, traspasando por completo el esfínter.

    Ya, ya, tranquilo que ya te ha entrado, me decía acariciándome el abdomen y la polla, mientras esperaba a que mi culo se fuese acostumbrando a su verga y el esfínter se fuese relajando,

    Cuando vio que mi cuerpo se relajaba y dejaba de estar en tensión, volvió a mover su pelvis, terminando por ensartarme toda su hombría en mi culo.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! ¡ohhh! Volví a chillar gimiendo, notando como aquella lanza se insertaba en mis entrañas, abriéndome el culo por completo, quedándome ensartado en aquella monstruosidad de polla.

    Ya putita, ya eres mía. Ya te tengo bien empalada en mi verga. No querías que te sodomizara, pero mira como te gusta y disfrutas con mi polla en tu culito.

    ¡Ohhh Como deseaba tenerte así! ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que culito más rico, putita! Gritaba el muy hijo de puta, moviendo su pelvis, haciendo que su verga fuese abriendo una y otra vez mi culito, haciéndome suyo.

    Así me tuvo dándome por el culo, un buen rato, hasta que empecé a notar como aquella monstruosidad de polla se hinchaba dentro de mi culito, y empezaba a vibrar derramando su esperma dentro de mis entrañas.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto putita! Me corro, me corro, gritaba bañando mis entrañas con su semen.

    ¡Ohhh putita! Por fin te he hecho mía. Te has hecho de rogar, pero por fin te he preñado este culito tan rico que tienes. Ahora ya te he dejado mi semilla en tu culito, me decía acariciándome el abdomen y retorciendo los pezones.

    Sacó su verga de mi culito, dejando que mis piernas reposaran sobre la cama, mientras me decía:

    Tu aún no te has corrido, pero no te preocupes, vamos a terminar de ver la película y beber otras cervezas, que luego te voy a volver a sodomizar. Hoy te voy a dar por el culo hasta dejarte bien abierto y preñado.

    Cogió el mando de la TV, y pausando la película, se puso a rebobinar, hasta que esta llegó al principio, empezando a ver de nuevo la película, la cual no termináramos de ver.

    Mientras comenzaba la reproducción, fue a la cocina, trayendo con él otras cervezas, las cuales bebimos abrazados los 2, mientras veíamos la película.

    Yo estaba con un empalme y calentura, que no aguantaba, estaba deseando que el muy hijo de puta de Felipe me volviera hacer suyo. Necesitaba sentir su polla abriéndome el culo y ser poseído de nuevo por él.

    Y eso sucedió una vez terminada la película.

    Empezó a morderme los labios y meterme la lengua en la boca, y una vez volvió a tener su polla erecta de nuevo, se tumbó sobre la cama, y haciéndome poner a horcajadas sobre él, me volvió a sodomizar.

    Primero me hizo volver a inhalar de nuevo del tubito de Popper varias veces, al igual que lo hizo la primera vez que me sodomizó, y después de volverme a lubricar el culito y su monstruosidad de polla, me volvió a ensartar, dejándome empalado en toda su hombría.

    Nada más colocarme a horcajadas sobre su cuerpo, sujetando la polla con mi mano derecha, me fui sentando sobre él, mientras su verga se iba introduciendo en mi cuerpo.

    ¡Ohhh dios! ¡ooohhh que gusto! Notaba como aquella monstruosidad me iba abriendo el culo, ensartándose en mí.

    Una vez estuvo toda dentro de mi culito, notando como me tenía ensartado aquella verga hasta los mismísimos cojones, empecé a subir y bajar lentamente, hasta que poco a poco empecé a cabalgar sobre él, ensartándome una y otra vez aquella polla en lo más hondo de mis entrañas.

    ¡Dios como gozaba! Notaba como aquella monstruosidad de polla me abría el culo y como masajeaba una y otra vez mi próstata, haciéndome gemir y mover el culo cada vez más rápido, ensartándome aquella verga que tanto me estaba haciendo gozar.

    Felipe que veía como gozaba, llevó sus manos a mis pezones, y mientras los pellizcaba y retorcía, yo movía mi culito haciendo que su vergota se deslizase por mis entrañas, hasta que empecé a gritar que me corría.

    Me corro, me corro, ¡ohhh me corro! ¡ooohhh me corro! Gritaba mientras empezaba a eyacular, soltando todo el semen sobre el abdomen y pecho de Felipe, que seguía sodomizándome con su verga clavada en lo más hondo de mi culito.

    Nada más terminar de eyacular yo sobre el pecho de Felipe, quedé parado sin poder moverme, no podía más, estaba totalmente agotado.

    Felipe, al ver que yo no era capaz a moverme y él no se había corrido. Me hizo bajar sacándome su polla del culo, se levantó de la cama, y poniéndome a 4 patas sobre ella, dejando que mi pecho quedase pegado al colchón, quedándose él de pie al borde de la cama, llevó mi culito hasta él, y en esa posición, volvió a ensartarme su polla enterrándome toda su virilidad en lo más hondo de mí.

    ¡Ohhh dios! Aquella verga me iba a reventar, pero reventar de tanto gusto que me estaba haciendo pasar. Yo no paraba de gemir y llorar por tanto gusto que me estaba dando, me tenía agotado y no era capaz a moverme, pero aquella verga me estaba haciendo delirar de placer.

    Felipe ahora arremetía ensartándome salvajemente una y otra vez. Era como un toro envistiéndome, resoplaba y gruñía enterrándome la polla en el culo, haciéndome gemir y llorar de tanto placer que me estaba dando, hasta que, por fin, clavando sus dedos en mis caderas, dio unas fuertes envestidas, empezando a gritar que se corría.

    ¡Ohhh putita me corro! ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Gritaba derramando su semilla en lo más profundo de mis entrañas, dejándome bien preñado el culito.

    Una vez terminó de eyacular dentro mía, dejándose caer sobre mi espalda, llevó su boca a mi nuca, empezando a morderme mientras me decía lo bueno que estaba.

    ¡Ohhh maricón como me gustas! Como me gusta tu culito, me decía mientras su polla iba saliendo de mi maltrecho y sodomizado culito.

    Te has hecho el difícil, y me has hecho sufrir, pero por fin pude hacerte mío. Ahora que ya te he sodomizado y hecho mi putita, espero que no tardemos tanto la próxima vez en preñar este rico y sabroso culito.

    Una vez pudimos recuperar el aliento y reponernos de aquella salvaje cogida, nos comenzamos a vestir, y después de terminar de beber las cervezas, salimos ambos, yo iba para mi casa, ahora si que iba bien pero que bien cansado, y sobre todo bien sodomizado y bien preñado con el semen de Felipe, el cual, por ser tan insistente y pesado, consiguió darme por el culo y hacerme suyo.

    Podéis escribirme a:

    [email protected]

  • Con Cindy en el garaje

    Con Cindy en el garaje

    Solo ha habido una mujer que me vuelva loco aparte de Lety y esa es Cindy, ya les había hablado de ella en unos relatos anteriores. Y es que contarles mis encuentros con ella me hace recordar esos tiempos.

    Era el año 2013, yo apenas me iba a casar con Lety, ella ya era mi novia pero Cindy me traía loco. Desde que me la cogí por primera vez, no dejaba de pensar en su cuerpo. De hecho me masturbaba pensando en ese momento, ella sabía que me traía loco y obvio aprovechaba y me calentaba más las ganas.

    Me manda fotos de ella con sus vestiditos, mallones y bikinis, y me permitía arrimarle mi verga, acariciarle las piernas y obvio sus nalguitas ricas y firmes.

    Un viernes nos pusimos a tomar a fuera de mi casa, estábamos ella y yo y un par de amigos más, teníamos buena fiesta y yo no dejaba de pensar en lo rico que sería cogérmela ya que traía un mayon amarillito que dejaba ver su tanga y aunque traía suéter su escote se notaba magnifico.

    Al pasar el rato ella me dijo que la dejara pasar al baño, en la casa tengo un baño en la cochera así que abrí la puerta y entré con ella, la esperé en la puerta así que en cuanto ella salió la detuve.

    -Oye espera!

    -Qué pasó?

    -Ya no aguanto más!

    La comencé a besar, ella no me alejó, al contrario también respondió el beso.

    Yo sin perder tiempo comencé a acariciarle las nalgas ricas y ella se me repegaba mas. Le besaba su cuello y ella el mío, me puse calientísimo que sin pensarlo comencé a bajarle el mayón.

    Le besaba sus ricas piernas, ella me permitía eso, al tocarle su vagina me di cuenta que estaba húmeda, así que sin decir más comencé a hacerle sexo oral, metía y sacaba mi lengua, jugaba con su clítoris y lamía sus ingles. Ella se aguantaba los gemidos ya que afuera estaban los amigos.

    -Que hace… sss! Nos van a escuchar, uff!

    -No me importa, tenía ganas de ti, me tenías todo jarioso.

    Me bajé el pantalón y la trusa, ella me miró, no dijo nada y se bajó a chupármela. Daba una rica mamada, yo le apretaba la cabeza para que no parara de chupar. Ella jugaba con su lengua y mordía el tronco de mi pene, eso me excitaba demasiado, sus mamadas me la ponían durísima.

    -Me encanta tu verga, la tienes grande y dura.

    -Así me pones chiquita, siguee…

    -Nos van a escuchar esos dos!

    -No importa tu síguele…

    Ella me la siguió mamando un rato más hasta que la puse en pie, había unos tambos de agua, yo le quité el mayón totalmente, ella se agarró de los tambos mientras yo le cargaba las piernas y le metía la verga.

    Se movía delicioso, apretaba maravillosamente la verga, gemía despacio ya que no quería que nos oyeran, yo le levante la blusa y comencé a mamarle las tetas, le mordía los pezones, ella me acariciaba y seguía moviéndose deliciosamente.

    Cambiamos de posición, la puse un poco inclinada ella agarrándose del tambo de agua y yo la tomé de la cintura y comencé a penetrarla, la penetraba suave y fuerte al mismo tiempo, le metía mis 20 cm de verga, mientras ella se aguantaba el gemido.

    -Cindy, que rico coges, me encantas, que ricoo!

    -Aahh! me encanta tu verga, dame más dame más ay…

    Seguí penetrándola, le acariciaba sus tetas, le daba de nalgadas y le jalaba el cabello, ella gemía y movía su cuerpo para sentirla mejor.

    Escuché que nos gritaban, y tocaban la puerta, eso nos calentó más así que seguí dándole con todo, sabía que pronto se asomarían, la penetré fuerte y ella se movía más rápido que ambos nos venimos juntos.

    -Aghhh, que rico Luis, que ricooo!

    -Toma mi leche aaahhh!

    Nos venimos juntos, nos quedamos pegados reposando de nuestro orgasmo un par de minutos.

    Nos pusimos la ropa, ella fue nuevamente al baño y yo salí con mis amigos que ya un poco ebrios no notaron nada o eso creo, a partir de ahí Cindy y yo comenzamos a coger más seguido y esas historias las contaré después.

  • ¡Embarazada! (Parte 2): Sesión de fotos

    ¡Embarazada! (Parte 2): Sesión de fotos

    Cuando me enteré que estaba embarazada de Israel me surgió la idea de tomarnos un estudio de fotografías juntos, ahí en el trabajo hay uno y soy amiga del muchacho que lo maneja, quería unas fotos normales juntos y otras privadas, le comenté a mi amigo y me dijo que se podía hacer pero después de que cerrara la tienda más tarde; nos pusimos de acuerdo y le comenté a Israel, ese día fui a trabajar normal así que quedamos de regresar después de que cerraran la tienda, fui con Israel a tomar una copa y regresamos más tarde.

    Empezamos con unas fotos con Israel sentado en un sillón, el iba muy elegante y yo vestida un vestido corto color mamey, zapatillas de igual color, nos veíamos bien, como una pareja normal… El sentado y yo parada a su lado, otras con el parado y yo sentada con las piernas cruzadas dejando ver mis muslos más arriba de lo normal, así en varias posiciones: ambos parados de frente al otro, abrazados, besándonos y así…

    Luego se me ocurrió: el sentado y yo sentada de lado en el piso en actitud sumisa, abrazándolo de las piernas, el parado y yo sentada de lado abrazándolo de las piernas en franca sumisión a el, me empecé a calentar con eso y le pregunté a mi amigo si podía tomarnos unas más atrevidas guiñando el ojo, Israel metió su mano bajo mi falda para tocarme la raja y dejé que tomara varias fotos así. Podía ver cómo mi amigo se estaba poniendo nervioso con el espectáculo que le estábamos dando, le pregunté si tenía problema en tomarnos unas francamente explícitas..

    El dijo que por supuesto que no, checando la luz y enfoque y

    Regreso a la cámara mientras le sonreía a Israel yo y empezaba a desnudarme…

    Mi amigo se quedó helado al verme desnuda solo con las zapatillas, lo deje admirarme bien y después le dije coquetamente, seguimos?

    Israel se sentó de nuevo y yo me paré junto a él totalmente desnuda pasando mi brazo por su espalda, mostrando mi raja velluda orgullosa de mi macho, luego me senté de nuevo en el suelo mientras el se paraba y yo lo abrazaba de las piernas, unas conmigo enfrente de el empinada ofreciéndole mi culo, mientras el sentado fumaba un puro, acostada boca arriba abriendo mis piernas ofreciéndole mi raja abierta…

    Mi amigo estaba impresionado, el sabía que estaba casada y conocida a mi marido, pero no dijo nada, al ver su mirada le dije: el es mi macho, y yo soy su hembra…

    Y así somos felices los tres, mi marido, mi macho y yo… Sonriéndole.

    Después nos tomo unas francamente pornográficas, me senté junto a él abriendo las piernas abriéndome la raja y tomandolo de la mano, el siempre vestido, al final solo se sacó la verga y tomamos varias conmigo masturbado su pene y mamandole, empecé a mamarlo ya caliente y me puse de rodillas recibiendo su verga erecta en mi boca gimiendo mientras el me tomaba de la nuca y empujaba con fuerza dentro de mi garganta ese falo que adoraba tanto yo, sin dejar de mamarlo voltee hacia la cámara y le di una mirada a mí amigo que era de mujer caliente feliz de tener a su macho ofreciéndole la verga, la imagen que después me mostró mi amigo fue mi favorita inmediatamente, se veía claramente mis nalgas en primer plano y mi boca recibiendo ese tolere que varias amigas ya habían probado en la oficina, solo que ahora era mio solamente…terminamos con el viniendose en mi cara y yo en cuclillas con la cara llena de su semen y el sentado junto a mi sosteniendome del cuello .. Mi amigo estaba caliente y sorprendido, al verlo de esa manera mientras me limpiaba el semen de la cara y lo tomaba le pregunté: sorprendido? (Sonriéndole en complicidad)

    … Pues para empezar nunca imaginé poder llegar a verte desnuda, y menos teniendo sexo con alguien más en lugar de tu esposo…

    Jajaja, le dije: pero si todo mundo lo hace bebé!, además, mi marido sabe perfectamente que Israel es mi macho y hago todo lo que me pide!, Sí el me lo pide, no cojo con mi marido hasta que me dé permiso, a ese grado me domina mi amor, dije abrazando a Israel feliz de ser su hembra.

    Mandé varias de estas fotos a mis amigas del trabajo y algunos miembros de mi familia que sabía iban a disfrutar estás fotos: mis primos, primas y algunos tíos.

    La reacción de mis amigas en el trabajo fue de sorpresa y felicitaciones, me cuestionaban lo descarada que era de reconocer que mi amante me había embarazado y no mi esposo, les comentaba que eso era el resultado de mi manera de ser en la intimidad y que fue mi marido quién me animo a ser lo puta que soy hoy día, que el estaba de acuerdo en mi proceder y lo exitaba mucho saber que estaba embarazada de otro, (el no sabía quién era el padre de mi hijo todavía y así planeaba dejarlo por un tiempo),

    Empezaron a invitarnos a muchas fiestas y reuniones a Israel y Mariela, su hembra, -como empezaron a conocernos en el ambiente de trabajo-

    Para poder comprobar que Mariela, «la ejecutiva caliente», como me conocían en el trabajo, finalmente había caído embarazada de un macho, después de haber pasado por muchos hombres en el trabajo que seguramente hubieran estado felices de ser los que me hubieran embarazado…

    Mis primos me propusieron un babyshower muy especial, solo hombres y yo… Imaginaba bien lo que se traían entre manos, seguramente los que no me habían cogido ya en Cuernavaca quieran eso o por lo menos recibir una buena mamada de su prima caliente…

    Cuando el embarazo estaba ya muy adelantado, repetimos la sesión de fotos, repetimos la mayoría de las tomas con la diferencia de que ahora estaba muy avanzado mi embarazo y además Israel llevo un collar con correa que me puso para dejar bien claro que era su perrita, en varias fotografías, el tenía la correa mientras me jalaba suavemente a su lado del cuello, está vez deje que mi amigo el fotógrafo me diera se semen en la cara también, al verlo tan excitado tomándolos las fotos decidí dejarlo ser parte de la diversión ese día, volteando a verlo le dije: quieres que te mame?, Rápidamente se sacó las verga y muy macho Israel me dijo: dale una muestra de lo que era Mariela, fue muy íntimo y caliente tener fotos así con mi cuerpo normal y con el bebé ya en el mes 8, de igual manera, compartí varias de las fotos con mi familia y amigas y amigos del trabajo, varios de mis amigos del trabajo me propusieron repetir aquella encerrona que tuve con algunos de ellos en un hotel, solo que ahora unos de ellos me propusieron transmitirlo en vivo en una de las plataformas de internet para que lo vieran más personas, la idea me gustó y acepte, días después mi amigo el fotógrafo me pregunto en el trabajo: Marie: tu hijo es de Israel o de tu marido?,

    Tu qué crees después de lo que viste el otro día?

    Sonriéndole le dije: es un regalo para mi y mi esposo, es una muestra permanente de lo caliente que soy y resultado de tener un amante, será nuestro secreto…

  • Saliendo del closet como travesti

    Saliendo del closet como travesti

    Finalmente llegó ese día en el que, sí o sí, iría a un lugar completamente público. Me había preparado para este momento por meses: vestuario, maquillajes, tacos, y claro, mi rico ano. Ya había tenido suficiente mirándome en el espejo por horas, para luego terminar con un par de dildos clavados en mi huequito trasero. Me había dado varias vueltas nocturnas por el vecindario. Ahora quería más. Quería ser vista, quería atraer hombres, ver si podía seducirlos. Simplemente quería salir del closet.

    Así que llegó ese momento. Había tomado la decisión. Preparé todo mi atuendo – aún era verano así que podía ir bastante ligera de ropas; como siempre, me puse una de mis casi 20 minifaldas que tenía en el closet. Seleccioné una tipo colegiala, con cuadrados rojo y negro y repliegues, cortita; algo “cute” y sexy; además iría con una blusa blanca, pegadita. Empecé a prepararme temprano, como a las 6, claro, con un baño de espuma perfumado a bebé, depilación, incluyendo “allá abajo” (¡ambos lados!). Me tomé todo el tiempo necesario para quedar lo más sexy posible, fijándome hasta el último detalle, después de todo, este era mi gran debut.

    Como a las 10.30 PM ya estaba completamente lista. Me había mirado al espejo al menos cien veces – no quería dejar pasar nada; parada frente al espejo solo pensaba “Dios, me veo tan rica que hasta yo me cogería”. Como era ya usual, me tomé un par de copas de vino tinto antes de salir, para anular la ansiedad. Agarré las llaves del auto y me dije, “fuck it, vámonos”. Era ahora o nunca. Conduje hasta el centro pensando cómo sería mi entrada, cómo caminaría, qué diría. Al llegar me di con mi primera sorpresa: ¡no había estacionamiento cerca de la discoteca! El problema es que esta no era una calle desolada de mi vecindario, era el centro, con mucha iluminación y mucha gente por las calles, después de todo, era sábado en la noche. Lo pensé dos veces, ¿salgo o no salgo? Ya estaba allí así nuevamente me dije “fuck it, vamos”. Agarré mi cartera (con condones adentro por si acaso) y lo único que se me ocurrió fue caminar a paso apresurado, sin mirar a nadie hasta llegar a la puerta. Lo había logrado. Pagué mi entrada (la cajera tenía un escote y unas tetas envidiables) y ahora sí, estaba dentro – me sentía a salvo.

    El interior de la discoteca era una locura: luces, música a todo volumen, piso iluminado, y gente de TODO tipo: crossdressers, drag queens, gays, algunas mujerzuelas, y claro “gente normal” – era totalmente ecléctico. Traté de adaptarme lo más rápidamente posible; era nueva pero no quería que la gente se diera cuenta de eso tan fácilmente, así que con toda confianza me dirigí al bar, a tomar unos tragos. No tenía mucho interés en bailar (apenas lo hago), sino en ser vista en público, hablar con extraños como Claudia, y quién sabe, quizá hacer alguna travesura.

    Al cabo de casi una hora en el lugar, y luego de algunos tragos, ya me sentía más “relajada” y a tono con las circunstancias y el lugar. Varios hombres se me habían acercado a charlar conmigo, algunos dándome una ligera caricia en los muslos… hum… se sentía tan bien ser tratada como una chica. El lugar tenía una especie de mezzanine que bordeaba toda la pista de baile, de modo que se podía ver a todos en el primer nivel. Me fui allí, recostada sobre la baranda de aluminio mirando a los que bailaban. No pasó mucho tiempo hasta que de pronto un tipo se puso detrás de mí con sus brazos alrededor de mi cintura, como si me conociera, y entonces apretó su pelvis contra mi redondo trasero. De inmediato sentí una verga dura entre mis dos nalgas. Al inicio me sorprendió, pero sabía (y quería) que eso pasaría, así que no hice escándalo alguno, simplemente empujé mi trasero hacía atrás, para sentir la dureza de su verga; lo miré y solo le di una sonrisa de niña mala. El tipo, bien parecido, se dedicó a masajear su carne dura contra mi trasero por unos diez minutos; luego me dio un beso en la mejilla y se fue ¡Wow! ¡Estaba empezando a convertirme en una mujer fácil! Alguien me había usado para complacerse sexualmente. Eso me hizo sentir súper bien ya que me hizo notar que era lo suficientemente atractiva para causar una erección a un hombre. Esa noche, él no fue el único.

    Con más alcohol en la cabeza, empecé a tomar más riesgos. El lugar estaba lleno de esquinas escondidas y oscuras… fabuloso. Me busqué un sofá en una de esas esquinas, crucé las piernas, exponiendo mis muslos y mis portaligas (toda una zorra), un trago en la mano y listo, sin siquiera pedirlo, fueron cayendo como moscas. Es increíble lo fácil que son los hombres y lo poderosa que es una mujer sexy. Venían, fingían conversar de algo trivial (yo les seguía el juego) y en menos de diez minutos, mi mano terminaba dentro de su pantalón, cogiendo sus vergas; quizá por el alcohol en mi cabeza ni lo pensaba dos veces cuando uno que otro tipo me pedía una masturbada; creo, no estoy segura, que hice que al menos cuatro tipos terminaron vaciándose en mi mano o sus pantalones…era un roche para ellos pero yo me estaba divirtiendo. Empezaba así a experimentar lo que era tener una verga dura entre tus manos (claro, una que no sea la tuya)…  sentía delicioso… era tan rico apretarla, correrla, masajearla, para que al final, sientas ese líquido resbaloso y pegajoso entre tus dedos. ¿Por qué me demoré tanto en hacer esto? Me pregunté.

    Esa noche me fui a casa victoriosa. La experiencia había sido un éxito total y tenía que repetirse; de pronto durante la semana esperaba con ansías que sea sábado; ya no era suficiente vestirme en casa para mirarme al espejo, o masturbarme con un dildo gigante metido hasta la base; ahora era otra: mi transformación en Claudia la puta (Claudia Hooker) había empezado e iba a una velocidad de auto de carrera; las faldas se volvían más cortas, los tops más cortos, las medias cambiaron a medias de puta – esas tipo red, el maquillaje y los accesorios también.

    En las siguientes visitas a la discoteca (la misma de siempre), me volví más osada: masturbaba a todo aquel que me lo pida, incluso más de uno a la vez en el baño; empecé a dejar que disparen su semen a alguna parte de mi cuerpo (aún no tragaba leche), como mi trasero o mi abdomen. Se inicia así mi completa adicción al semen y a las vergas, algo que ahora ya no puedo dejar. Cada noche de fin de semana regresaba a mi departamento no solo feliz sino también con restos de esperma en alguna parte de mi cuerpo o ropa. De inmediato deseaba que ya sea nuevamente sábado en la noche, imaginándome que tan atrevida sería la próxima vez.

    La próxima vez. Pues la siguiente vez apareció Frank, y con él tanto mi garganta como mi culito perdieron, por fin, su virginidad. Mi transformación en Claudia, la puta travesti estaba en plena marcha.