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  • Elvira

    Elvira

    Andaba metros delante de mí, 
    era mujer ancha y de piel morena;
    quise verla de cerca y decidí
    aligerar mi paso, daba pena;
    y lo hice tanto que casi corrí. 
    Ella parecía haber puesto la antena;
    giró su rostro y me dijo: «Qué quieres»;
    le contesté: «Deseo nuevos saberes».

    Tal mi respuesta la dejó perpleja:
    «¿Saberes?», dijo, «pocos puedo darte, 
    soy ignorante, en mi aspecto se refleja, 
    no alcanzo a ver qué pueda yo enseñarte»;
    le dije: «Siempre aprende el que se deja, 
    estoy dispuesto a todo, con mirarte
    sé que podrás darme lo que ahora ansío»;
    «Ya», dijo, «tú quieres el coño mío». 

    Dijo: «No creas que me voy con cualquiera, 
    pero sé que tú eres poeta con clase, 
    te vi en Instagram, ¡esto no se espera!»;
    dije: «Ni que mi polla te traspase»;
    dijo: «Ay, osado, eso querré, soy sincera». 
    Se acercó, me besó, ¡que a mí me pase…!;
    enseguida la sujeté del talle:
    hubo unión de lenguas en plena calle.

    Se llamaba Elvira y era divorciada;
    vestía un vestido corto de tirantes, 
    con escote de curva pronunciada;
    las tetas, muy redondas e insinuantes, 
    parecían pedirme una gran chupada;
    calzaba unas sandalias excitantes. 
    La cara tersa ocultaba su edad;
    los ojos…, y la boca, oh, esa oquedad.

    Fuímos a mi estudio. Ella se sentó 
    frente a mí, puso cruzadas las piernas. 
    Esa postura mucho me gustó:
    vi los muslos sabrosos, carnes tiernas… 
    Yo salivaba cuando interrumpió: 
    «Oye, poeta, tú que sexo y arte alternas, 
    me gustaría oírte recitar, recita, 
    vamos, cada verso tuyo me excita»:

    «Hoy, Elvira, a mí me gustaría tenerte
    entre mis brazos, desnuda y caliente;
    poder saborearte, más aun, comerte
    hasta que tú me pidieses ardiente 
    que te folle, que ya quieres correrte. 
    Me mamas la polla y la ves creciente. 
    Piernas abiertas, el coño mojado: 
    me vuelves loco, no sé qué me has dado». 

    Elvira desnuda, grávidas tetas, 
    se aproximó y me acarició el paquete;
    me miró y dijo: «Me encantan los poetas». 
    Me quitó la ropa en un periquete;
    unimos los cuerpos, fuera caretas:
    el macho y la hembra, consuelo y polvete. 
    Chupó mi polla, no era obligatorio;
    luego dijo: «Venga, a tu dormitorio».

    Me tumbé sobre su cuerpo caliente;
    ya su escultural figura temblaba. 
    Me besaba en el cuello como ausente. 
    Yo follaba, ella los ojos cerraba. 
    Para mi correrme no era muy urgente:
    se la metía y dentro me demoraba. 
    Oí un gemido: «A-a-ah»; sentí su contorsión, 
    y aceleré hasta la eyaculación.

    A Elvira no he vuelto a ver, pero escribe, 
    uno me lo ha dicho, en cuentorelatos. 
    Sus relatos muchas vistas recibe;
    qué pasajes, no sé anda con recatos:
    me empalmo con el sexo que describe. 
    Oh, Elvira, oh, qué pajas, qué buenos ratos. 
    Si no pone su nombre, ni es anónimo, 
    es porque aquí se estila dar pseudónimo.

  • Vacaciones con mis amigos y mi novia (Parte 1)

    Vacaciones con mis amigos y mi novia (Parte 1)

    Finalmente habíamos acabado la universidad y desde luego que teníamos ganas de festejarlo. Mi novia Ori quería que nos fuéramos sólo ella y yo a algún lugar, pero yo quería invitar a varios amigos. Había sido una pelea un poco fuerte esa vez, últimamente Ori y yo ya habíamos tenido este tipo de encuentros, comenzaba a ser un poco posesiva, no quería que saliera mucho con mis amigos, quería que estuviéramos los dos solos la mayor parte del tiempo y se ponía a llorar cuando me iba con mis amigos en vez de con ella. No me malentiendan, aun la quería y el sexo con ella era increíble, pero comenzaba a molestarme su actitud e incluso había planteado terminar con ella. Sin embargo, al acabar la universidad fue la excusa perfecta para poder divertirnos un poco y al final había logrado convencerla con la condición de que ella también invitara a algunos de sus amigos.

    El día del viaje llegamos a la casa de su amiga Mishel, ya que su novio tenía una camioneta lo suficiente grande para que todos los que íbamos a ir. Al llegar, Ori saludo a su amiga mientras yo dejaba nuestro equipaje en el suelo. Ya había conocido a Mishel tiempo atrás. Era más pequeña que yo pero un poco más alta que Oriana. Su cabello era un café lacio y lo llevaba corto hasta los hombros, y a pesar de nunca lo admitiría frente a Ori, tenía un cuerpo bastante increíble. Se notaba que hacía un poco de ejercicio, pues sus piernas eran torneadas y estaba bastante flaquita, ese día llevaba un crop top y un short de mezclilla que dejaban ver su abdomen plano y la perforación en su ombligo, usaba unos vans negro junto con unos calcetines que llegaban casi hasta su rodilla, enfundando sus increíbles piernas, y había un asomo de un tatuaje que, por la posición, suponía que estaba entre sus pechos; claro que sería muy complicado verlo sin que se quitara la ropa. Su novio se llamaba Gerardo, y la verdad también era bien parecido si soy sincero. Era un poco más alto que yo, tenía el pelo negro un poco largo, con un poco de barba y bigote, parecía casi un guitarrista de rock, pero estaba seguro que no tocaba ningún instrumento, sólo tenía la pinta. Al igual que su novia, se veía que iba al gimnasio, lo suficiente para que sus músculos se marcaran, pero no lo suficiente como para que sobresaliera.

    —Mishel, que emoción. ¿Estás emocionada? —le preguntó Ori una vez que se saludaron.

    —No sabes cuánto, ya quería que acabaran los exámenes. Que ventaja que tu novio le prestaran una casa para que podamos divertirnos. Justo le decía a Gerardo que fuéramos a la playa cuando llamaron.

    —¿Crees que vas a poder controlar, Mishel? —le pregunte con una sonrisa—. La casa es de mi tío y no quiero que después no me la preste porque terminamos destrozándola.

    —Ay, tranquilo. Aquí mi novio va a cuidar que no rompa nada, ¿verdad, amor? —dijo con una sonrisa enganchándose del brazo de Gerardo.

    Gerardo también sonrió y le dio un beso. Aunque yo no me sentí del todo seguro ya que Mishel tenía fama de ponerse un poco loca cada vez que bebía y desde luego que era algo que pensábamos hacer en estos días.

    Ori y Mishel se alejaron un poco para hablar entre ellas mientras yo me quedaba con Gerardo. Honestamente no tenía una gran relación con él, pero tampoco me llevaba mal del todo. Podíamos hablar de una que otra cosa, pero no podría considerarlo mi amigo. A pesar de todo, sentía que era un tipo bastante relajado, un par de veces me había atrapado viendo a Mishel en una de esas ocasiones que llevaba algún vestido o ropa bastante ajustada, lo cual en mi defensa hacía imposible desviar la mirada de su cuerpo, pero en vez de enojarse o algo parecido, sólo me sonreía. Ori me había contado que ambos tenían una especie de relación abierta, por lo que a Gerardo no le molestaba que vieran a Mishel, pues él también solía ver a otras chicas.

    Un par de horas después llegó mi amigo Alex junto con sus dos amigas. Alex era mi mejor amigo desde la preparatoria y prácticamente sabíamos todo del otro, era como mi hermano casi. Él había cambiado en los últimos años de universidad. Era más alto que yo por unos 20 cm, pero era más joven que yo por casi un año. Había tenido un problema con la nariz y se la tuvo que operar, pero admitía que ahora se veía mejor que como hace 5 años que tenía la nariz desviada, también había estado yendo mucho al gimnasio y estaba como Gerardo, un poco musculoso, pero no demasiado. Sus dos amigas las conocía muy bien. La primera de ellas se llamaba Valeria, quien también era una muy buena amiga mía. Antes de que conociera a Ori y fuera mi novia, me gustaba mucho Valeria. Tenía la misma altura que yo y una cara bastante linda, era ese tipo de chicas que tenía cara de niña, sus cachetes resaltaban en su cara y sus labios eran de un color rosado. Me encantaban sus ojos, pues eran grandes y sus pestañas siempre estaban alzadas. Tenía un cuerpo bastante bonito, parecido al de una muñeca, sus pechos eran medianos y su cintura estaba torneada, vaya, tenía aquella curva que muy pocas mujeres tienen en el abdomen, antes de llegar a la cintura. Sus piernas eran largas y no estaban torneadas como las de Mishel o incluso como las de Ori, pero siempre me había vuelto loco la idea de acariciarlas. Le gustaba cambiarse el color de cabello mucho, y en esa ocasión llevaba las puntas de un color rosa claro mientras que el resto eran de su color café natural. Llevaba un vestido negro con flores que le llegaba hasta el muslo, debajo llevaba unas medias y unos zapatos tipo bota. Realmente se veía bastante bien

    Temiendo que Ori me descubriera con la mirada en Valeria, la salude rápido y luego salude a la otra amiga de Alex: Gina. Debía admitir que mi amigo tenía un buen gusto cuando escogía a sus amigas. Gina era un poco más pequeña que yo, quizá por uno o dos centímetros. Su cuerpo era atlético sin ninguna duda, hacía tenis o volibol según me había dicho hace tiempo Alex, su piel era ligeramente acanelada y su pelo era de un café oscuro, debía de admitir que tenía una sonrisa muy bonita y se le formaban hoyuelos cuando lo hacía. Entendía porque Alex estaba loco por ella, realmente era bastante atractiva y tenía un buen cuerpo, incluso llegue a comparar sus pechos con los de Valeria, eran un poco más chicos, pero eso no le quitaban lo atractivo. Llevaba una blusa blanca sin mangas, lo que dejaba ver sus brazos torneados y un pantalón de mezclilla con unos zapatos de plataforma. Desde luego, note a mi amigo mirándola de arriba abajo un par de veces.

    Las chicas se juntaron por su lado y comenzaron a hablar. Oriana, muy a mi pesar, conocía a Valeria, pero no a Gina y, desde luego, Mishel no conocía a ninguna de las dos, por lo que comenzaron a platicar, intentando volverse amigas. Con Alex, la plática entre Gerardo y yo se amenizo un poco. Aún faltaba esperar a una amiga de Ori, por lo continuamos hablando, hasta que se me ocurrió ir por unas cuantas botanas para el viaje.

    Cuando regresamos la última amiga de Ori ya había llegado, Jimena. Ori jamás me la había presentado antes y podía ver porque. Era bastante bonita, tenía el pelo café lacio hasta la mitad de la espalda, unos ojos bastante grandes y un pequeño lunar sobre su boca del lado izquierdo. Tenía un cuerpo parecido al de mi novia, pero en todos los sentidos mejor. Se notaba que hacía ejercicio pues todo su cuerpo se veía firme y torneado, sus pechos definitivamente eran más grandes que los de Ori sólo por un poco y su cintura estaba más curveada, junto con un trasero bien definido y firme. Llevaba una ombliguera blanca, lo cual dejaba ver su abdomen, no tan trabajado como el de Mishel, pero sí bastante plano y firme. Tenía dos tatuajes de flores en negro, uno en su muñeca derecha y otro en el antebrazo izquierdo. En resumen, era hermosa.

    En cuanto llegamos, extendí la mano para saludarla, sus uñas estaban un poco grandes y bien cuidadas, incluso en eso superaba a Ori. Nos presentamos y trate de hablar con ella, pero desde luego mi novia se acercó a nosotros y se colocó a mi lado.

    —Me alegro que hayas decidido finalmente venir, Jimena —dijo Ori con una sonrisa, aunque no sabía si lo decía con sarcasmo o no.

    —Oye, una semana en una casa con alberca no lo iba a dejar pasar —Jimena me miró y sonrió—. Además, ya era hora que me presentaras a tu novio.

    Sonreí como respuesta.

    —Sí, bueno, ya lo conoces —dijo Ori un poco seco—. Bueno, será mejor irnos, entre más rápido nos vayamos, más rápido llegamos.

    Tomó las botanas de mis manos y se dirigió al coche. Sabía que Oriana era mi novia, y realmente no pensaba hacer nada que no fuera estar con ella en este viaje, pero la mirada que me dio Jimena antes de darse la vuelta y dirigirse al carro no había sido normal. Se había mordido el labio inferior, me guiñó el ojo y me miró de arriba abajo. Sin siquiera quererlo comencé a sentir calor, y debo admitir que no podía dejar de ver el trasero de Jimena mientras iba hacia la camioneta.

    Durante el viaje nos la pasamos bastante bien. Habíamos decidido que Alex condujera, ya que Gerardo quería ir con Mishel para irse besando y toqueteándose, lo cual a varios de nosotros nos molestó un poco, pero al fin de cuentas era la camioneta de Gerardo, por lo que él podía hacer lo que quisiera. Ori había querido que nos sentáramos juntos, pero dado que yo era el único que sabía cómo llegar a la casa de mi tío, tuve que tomar el asiento de copiloto, dejándola a ella junto a Valeria, Gina y Jimena, lo cual no le agrado para nada. Lo más probable era que discutiríamos llegando a la casa. Desde luego, intenté mejorar el ambiente, poniendo cualquier canción que me pedían o poniendo alguno que nos supiéramos todos para cantar. Incluso en una que otra ocasión, Mishel y Gerardo detenían su besuqueo para unírsenos. No sé cuántos de nosotros lo admitiríamos, pero se veía que ellos dos se la estaban pasando bastante bien, prácticamente estaban teniendo sexo ahí atrás. Intentábamos disimular, pero en ocasiones Mishel o Gerardo gemían, llevados por la pasión, en ocasiones incluso lo hacían los dos. Era un poco incómodo, cierto, pero estaba seguro que no era el único que quería ver que estaba pasando allá atrás. En un punto del viaje, alcance a ver por el retrovisor a Mishel agacharse cerca de la entrepierna de Gerardo. Un par de segundos después oí la risita de Valeria y de Gina. Cuando volteé a verlas las cuatro chicas se reían, incluso Jimena se atrevió a mirar hacia atrás y luego volteó y asintió con una risita.

    —¿Qué sucede? —pregunté con un susurro y con una sonrisa, pues sospechaba porque mis amigas se reían.

    Valeria me dijo con la mano que me acercara y susurro a mi oído.

    —Mishel se la está chupando.

    Sin poder evitarlo mire a Gerardo, quien estaba con los ojos cerrados, su rostro demostraba que lo estaba disfrutando. Mi imaginación me traicionó, pues imagine de forma vivida a Mishel chupando el pene de Gerardo. Me excite un poco e instintivamente mire a Ori, quien se mordía el labio inferior con una sonrisa, pensaba lo mismo que yo. Aunque la sorpresa me llegó al ver a Jimena, me sonreía y se mordía la punta del dedo índice. Aunque…bueno, todos sabíamos lo que estaban haciendo allá atrás, era más una mirada de cómplice…esperaba.

    Regresé a mi asiento y Alex puso los ojos como platos en cuanto le dije lo que sucedía en la parte trasera de la camioneta. A modo de juego le dije que frenara de golpe, tarde un poco en convencerlo, pero gracias a nuestras amigas, logre convencerlo. Cuando lo hizo, todos lo esperábamos, menos los dos calientes de atrás. En menos de un segundo la cabeza de Mishel reapareció con la mano en la frente por el golpe y Gerardo se reacomodó en el asiento pues casi se había caído.

    —Perdón chicos —les dije con una sonrisa—. Es que casi nos pasábamos la salida.

    Desde luego que ambos me miraron con una ligera ira por cortarles el rollo, pero su enojo duró muy poco ya que entendieron que se pasaron de la raya un poco, aceptaron su culpa. Y la verdad es que no había mentido del todo, pues realmente casi no había visto la salida que teníamos que tomar para llegar a la casa de mi tío.

    Tardamos una media hora más para llegar, y después de nuestra broma Gerardo y Mishel se comportaron por el resto del viaje. Cuando llegamos mis amigos se quedaron impresionados, era una casa algo grande. La sala estaba tan pronto entrabas a la casa, a la izquierda se iba a las habitaciones de los invitados y a la cocina, a la derecha estaba la entrada al jardín donde había una enorme piscina y cerca de ahí estaba otro pasillo que llevaba a las habitaciones principales.

    Les di un poco de tiempo a mis amigos para que se familiarizaran con el lugar y de ahí comenzamos a dar las habitaciones. Mishel y Gerardo se irían juntos a una de las habitaciones de invitados, Gina y Valeria se quedarían en la segunda y lamentablemente Alex tendría que dormir en la biblioteca en el colchón inflable, pues todos insistieron que me quedara con Ori en la habitación principal y Jimena puso sus cosas en la habitación de mi primo antes de que alguien dijera algo.

    Una vez escogidas las habitaciones, mis amigos se apresuraron a dejar sus cosas. Ayude a Alex a inflar el colchón y en cuanto salimos Gina y Valeria ya estaban listas para meterse a la piscina. Valeria llevaba un bikini rosa con volandas lo cual dejaba ver su cuerpo de muñeca mientras que Gina se puso uno de cuerpo completo a rayas que además de marcar su figura, dejaba ver el espacio entre sus pechos y gran parte de ellos. Alex se quedó de piedra al verla y sin saber que decir.

    —¿Te vas a meter así? —le preguntó Gina.

    —¿Qué? ¡Ah! ¿A la alberca? No —dijo tartamudeando un poco.

    —Bueno, apúrate y te esperamos —contestó ella y tomando del brazo a Valeria para ir a la piscina.

    Alex la siguió con la mirada y luego se dirigió a mí.

    —Amigo, te debo una por invitarme a venir.

    —Si supieras lo que tuve que hacer para convencer a Ori —dije después de un suspiro.

    —De todos modos, gracias. Me voy a cambiar rápido. ¿Vas a venir con nosotros?

    —Voy a hablar con Ori, a ver si quiere ir, después los alcanzo.

    —Vale.

    Y dicho esto se metió a su “cuarto” para buscar su traje de baño.

    Me hubiera gustado que todos estuviéramos en la alberca tomando unas cervezas, pero era obvio que Mishel y Gerardo estaban en su cuarto terminando lo que empezaron en la camioneta, así que me dirigí a la alcoba principal a buscar a Ori. En el camino, me desvié al cuarto de Jimena para preguntarle si iba a ir a la piscina con nosotros, pero cuando llegue ella estaba en la cama, dormida. No la culpaba, el viaje había sido un poco largo, y en el camino había comentado que había dormido pésimo el día anterior. Cerré la puerta con cuidado y abrí la puerta de la alcoba principal. Había unas cuantas escaleras para bajar a la cama, ya que en sí la habitación estaba en lo que se podía llamar el “sótano” de la casa. En la cama me estaba esperando Ori con las piernas cruzadas. Se había quitado el pantalón y había dejado que su vestido que llevaba debajo la cubriera por completo; sin embargo, el vestido era algo corto y dejaba sus piernas completamente desnudas.

    —Alex, Gina y Valeria están en la alberca, ¿quieres ir?

    —No lo sé.

    —¿Por? —le pregunte mientras me sentaba a su lado.

    Tardo un minuto en contestar, pero cuando lo hizo una mueca apareció en su rostro.

    —Quería que estuviéramos los dos solos.

    —Amor, ya discutimos sobre esto. Además, son más tus amigos que los míos.

    —Sí, pero Mishel… —hizo una pausa y luego negó con la cabeza—. No, olvídalo.

    —¿Qué? ¿Qué sucede con Mishel?

    —Nada —dijo y se levantó—. Tienes razón, ya estamos aquí y debemos disfrutar y divertirnos con nuestros amigos. Déjame me cambio y nos vamos con ellos.

    En ese momento tomó el borde de su vestido y se lo quitó con un solo movimiento. Para mi sorpresa no llevaba sostén y me quede observando sus pechos desnudos. Al instante me llegó la imagen de Mishel haciéndole un oral a Gerardo y volví a sentirme excitado. Antes de que Ori caminara a su maleta, la tome por la cintura y la acerque a mí. Mi lengua busco inmediatamente su pezón y ella soltó una risita.

    —Amor, ahorita no. Nos pueden oír —contestó intentando alejarse.

    —Gina, Valeria y Alex están en la alberca —dije para luego chupar su pezón, ella ssoltó un pequeño gemido—. Mishel y Gerardo de seguro están haciendo lo mismo —volvi a chupar su pezón y pase mi mano sobre sus bragas—. Y Jimena está dormida.

    —Sí, pero la podemos desper…ohhhh —no deje que terminnara, pues metími mano debajo de sus bragas y comence a estimularla directamente—…podemos despertarla.

    Llevo su mano a la boca para cubrir el siguiente gemido, mientras yo continuaba masturbándola y chupando su pezón.

    —Sí quieres puedo parar —dije mirándola y comenzando a sacar mis dedos de ella.

    —No, no lo hagas —me dijo tomando mi mando y regresándola donde estaba—. Podemos hacerlo un rato.

    Sonreí y volví a chupar sus pechos, lo cual hace que empiece a gemir. Continue masturbándola unos momentos antes de quitarle las bragas y hacer que subiera una pierna sobre la cama. Me quitó la playera y me acoste sobre la cama para ponerme debajo de ella. Un pequeño grito salió de ella en cuanto mi lengua comenzo a explorar su vagina. En esta posición, ella subió y bajo su cadera, su mano izquierda estimulaba su clítoris y con la otra apretaba su pecho para luego taparse la boca para evitar que sus gemidos se oyeran.

    —Ay dios, sigue amor, así, así —me animó y sentí su mano pasar por mi cuerpo hasta llegar a la erección en mi pantalón.

    Su cuerpo comenzo a tener espasmos, indicación de que está a punto de llegar al orgasmo. Tome a Ori de sus piernas para hacer que bajara para poder meter mi lengua lo más que podía, disfrutando del sabor dulce de mi novia y luego la moví con rapidez para hacer que llegue al orgasmo. Sin poder evitarlo, Ori soltó un grito y se retorció por el orgasmo. Cuando termina se río.

    —Ahora te toca a ti —me dijo tomandome de la mano y haciendo que me levantara.

    Sin darme piedad, desabrochó mi cinturón y mi pantalón para quitármelo con deseo para luego lanzarme hacia la cama. Como si fuera una gatita se acercó a mi miembro, lo tomó con una mano y lo apretó suavemente.

    —Sabes —dijo pasando mi pene sobre sus labios y lamiendo un poco la punta—, quiera hacer esto desde que vi a Mishel comérsela a Gerardo en la camioneta.

    El hecho de que comenzara a hablar sucio me daba la indicación de que estaba completamente excitada, pues Ori solía ser una chica bastante tímida e introvertida, pero cuando estaba caliente solía tomar seguridad e incluso hablar así.

    —¿Y qué tal si se lo demuestras a él?

    Sonrió sacando la lengua y luego comenzó a lamer mi miembro de arriba abajo para luego metérselo por completo en la boca. Mis gemidos no tardaron en llegar mientras veía como sus labios subían y bajaban sobre mi tronco. Lleve mi mano hacia su cabello para sostenerlo, pero cuando lo hice fue cuando la vi.

    Jimena estaba en las escaleras del cuarto, mirándonos. Mi boca se abrió por la sorpresa, mire a Ori quien seguía chupándomela y luego a Jimena, quien se me colocó el dedo en los labios, pidiendo que guardara silencio. Cerré la boca y mire a mi novia en el momento que ella levantaba la vista y se sacaba mi miembro de la boca.

    —¿Todo bien?

    Quise mirar a Jimena en las escaleras, pero sabía que al hacerlo Ori la descubriría. Algo en mí quería decirle que nos estaba viendo, pero la mirada en Jimena…

    —No, todo bien, sigue.

    Ori sonrió y volvió a lo suyo. Volví a gemir, pues me gustaba lo que hacía, pero mi mirada regresó con Jimena. Ella me sonrió y se metió el dedo índice en la boca, intentando imitar la misma velocidad de Ori. Al verla me sentí más excitado, de cierta forma sentía que era Jimena quien me la estaba chupando y mis gemidos, y por ende el placer que sentía, aumentó. Jimena hizo una pequeña pausa para levantarse su ombliguera y levantar su sostén para dejarme ver sus pechos. Dioses, eran más hermosos que los de Ori. Desabrocho el botón de su pantalón y continuó chupándose el dedo índice mientras su otra mano hacia un lado su ropa interior y comenzaba a masturbarse.

    Estaba tan excitado que sentía que no podía más.

    —Ven aquí —le dije a Ori tomándola del pelo haciendo que se acercara hacia mí, procurando evitar que viera hacia atrás.

    Me acosté con la cabeza hacia las escaleras y le pedí a Ori que me diera la espalda. Levantó un poco el cuerpo y comencé a penetrarla mientras ella se sostenía sobre las piernas.

    —Ay, amor, jamás habíamos hecho esta posición —dijo y comenzó a gemir en cuanto mi pene comenzaba a entrar y salir de ella—. ¿Qué te pasa que estás tan…tan…ohh…ahhh…exci…ahhh…tado.

    A ella seguía gimiendo y hablando, pero mi concentración estaba en Jimena, quien ya se había quitado la playera por completo y se masturbaba mientras apretaba sus pechos. Sus ojos estaban clavados en los míos y su boca estaba abierta, claramente estaba disfrutando con lo que estaba viendo. Juraría incluso que intentaba gemir al mismo tiempo que Ori para disimular, pero yo alcanzaba a oír a las dos perfecto. Al ver su rostro de placer, imaginaba que era a Jimena, y no Ori, con la que estaba cogiendo y eso me hizo aumentar mi excitación y por lo tanto comencé a penetrar más duro y más rápido a Ori.

    —Ah… así, así, sigue, dame bien duro —dijo mi novia, pero lo hacía no porque ella me lo pedía.

    Inesperadamente Ori, se levantó y se acostó en la cama boca arriba. El movimiento me tomó desprevenido y por un momento creí que vería a Jimena, pero ella pareció adivinar a mi novia, pues se ocultó detrás del pasamano antes de que la pudiera ver.

    —Anda, quiero verte como me lo haces —me dijo tomando mi miembro y apretándolo ligeramente.

    Mire fugazmente a las escaleras, luego me coloque entre las piernas de Ori y volví a penetrarla. Su mirada me lo dijo todo, le estaba encantando lo que le estaba haciendo. Se mordía el labio para evitar gemir, pero un par de chupadas a sus pezones fueron suficientes para que volviera a hacerlo. Cerró los ojos para disfrutar lo que le estaba haciendo y ahí aproveche para volver mi mirada a la escalera. Ahora Jimena estaba completamente desnuda, tenía una pierna sobre el pasa mano, y se masturbaba sobre él. La visión aumentó mi calentura y vaya que Ori lo sintió, pues sus gemidos se convirtieron en gritos y su cuerpo comenzaba a tener los espasmos previos a un orgasmo. No tardó en llegar debido al castigo que le estaba dando. Cuando su cuerpo se retorció, mi pene salió de ella y me masturbe un poco mientras miraba a Jimena, quien se metió de nuevo el dedo índice en la boca.

    —Eso estuvo increíble —dijo Ori respirando entrecortado—. ¿Qué te dio?

    —Creo que…—comencé mirando a Jimena y luego a Ori— también me excitó lo de Mishel y Gerardo.

    —Quiero que me des por atrás. —contestó Ori levantándose de la cama y dirigiéndose hacia un mueble que estaba justo al lado del pasamano.

    Por un momento mi corazón se detuvo al pensar que descubriría a Jimena, pero de nuevo ella parecía saber lo que hacía, pues se volvió a ocultar a tiempo.

    —¿Qué esperas, amor? —me dijo Ori apoyada sobre el mueble, con sus piernas abiertas, dejando ver su entrada, goteando de su fluido.

    Me levante rápidamente y me acerque a ella. Le di un par de nalgadas y luego volví a penetrarla. Ahora ya no le importaba nada, comenzó a gritar sin ningún miramiento mientras continuaba entrando y saliendo de ella con rapidez. Su rostro estaba prácticamente pegado al mueble, por lo que me atreví a levantar la vista. Jimena volvía a estar en su posición, a tan sólo centímetros de mi rostro. Definitivamente hacía ejercicio pues todo su cuerpo estaba firme y torneado, sus piernas eran hermosas y sus pechos parecían caber en mis manos a la perfección, sus pezones estaban duros y estaba completamente húmeda. Había tenido un orgasmo.

    Al verla ya no podía más, su cara de placer me hacía estar cerca de correrme. Pasaba su lengua por los labios y me hacía desear que chupara mi miembro, quería jalar su cabello y chupar sus pezones, quería hacerle tantas cosas. Quería comerle su coño y hacerla gemir. Podía alcanzar a tocarla si sólo estiraba la mano, pero estaba a punto de llegar al orgasmo, ya no podía evitarlo.

    —Me…vengo —dije entrecortado.

    —Dámelo, lo quiero todo —dijo Ori empujándome y poniéndose de rodillas.

    Tan sólo me deje. Ella tomó mi miembro y se lo colocó entre los pechos para estimularme con ellos. Jimena se volteó y abrió su trasero para que pudiera ver todo de ella, incluso su trasero se veía firme, como un corazón, realmente quería hacerle tantas cosas. Pensando en esto me corrí y Ori chupo mi miembro hasta dejarlo limpio. Jimena tomó su ropa interior del suelo para colgárselo del hombro y se despidió con un guiño antes de salir.

    —Eso estuvo increíble —me dijo Ori.

    Su voz me trajo de nuevo a la realidad y la mire.

    —Sí, estuvo…wow —fue lo que alcance a decir.

    —De verdad estabas muy excitado —me respondió con una sonrisa.

    —Sí…no tienes idea.

    —¿Aún quieres ir a la alberca?

    —Ammm, sí, hay unas cuantas cervezas en el refrigerador. Podemos tomarnos algo con los chicos, ¿no crees?

    —Vale —dijo levantándose y limpiándose la corrida que le había quedado en los pechos—. Me voy a bañar para limpiarme y luego vamos ¿de acuerdo?

    —De acuerdo.

    Sonrió y se dirigió al baño que estaba del otro lado del cuarto.

    Por mi parte, me acosté en la cama y mire hacia las escaleras. Ahora que estaba lucido me di cuenta lo que había pasado. Había estado pensando en otra persona mientras estaba con Ori. ¿Qué había hecho? Estaba mal, no podía hacerle eso a ella. También lo había hecho Jimena estaba mal, ¿que mirarnos mientras lo hacíamos? Necesitaba hablar con ella, realmente no podía dejar pasar esto.

    Oí la ducha correr en el baño y a Ori cantar unos segundos después.

    Lo peor de todo era… que una parte de mí lo había disfrutado, quizá demasiado.

  • Uf, esa boda

    Uf, esa boda

    Nunca he sido muy afecto a acudir a fiestas familiares y mucho menos a bodas y funerales; huyo de ellos como alma que lleva el diablo para evitar las charlas y cuchicheos de familiares a los que casi nunca frecuente y que sienten que los lazos de sangre les da el derecho de inmiscuirse en mi vida de maneras no muy agradables en la mayoría de los casos. Ocasionalmente, alguien muy cercano se muere, se casa, se divorcia o decide celebrar lo que se le pegue la gana y es en esos momentos en que no me puedo escapar de la presión social y termino acudiendo a regañadientes.

    Debo aclarar que tengo siete tías por el lado materno, 3 por el paterno y un tío que rara vez visita nuestra ciudad desde que se mudó hace alrededor de 20 años. Todas mis tías, son un amor hasta el punto en que se ponen su gorrita de la santa inquisición y empiezan a acribillarme con preguntas relacionadas con matrimonio, hijos y cosas en las que aun no me he puesto a pensar. No me lo dicen abiertamente pero el hecho de que esté ya muy próximo a llegar a los 30 años, les provoca algún tipo de inquietud morbosa que a mi en lo particular me parece bastante irritante, y esa es una de las causas por las que las evito siempre que puedo. La otra es que simplemente soy un antisocial y un hijo de la chingada.

    Ese día tan especial se casaba mi hermana menor. Ese simple hecho lo convertía en un compromiso ineludible. Los padres del novio habían insistido en que la boda se llevara a cabo en un hotel de lujo de un destino turístico cercano a nuestro lugar de residencia y habían alquilado habitaciones para los familiares más allegados, entre ellos, yo. En esa ocasión, mi novia Elena me acompañó al evento a pesar de que no ha tenido el suficiente contacto con mi familia para sentirse cómoda. Ella de por sí es un poco distante en cuanto a relaciones familiares, y ya que ambos vivíamos en una ciudad que quedaba a tres horas de la casa de mis padres, no había tenido mucha oportunidad de convivir con ella.

    El caso es que estábamos ahí sentados leyendo distraídamente la comunicación en nuestras redes sociales, alejados de la mesa principal y con algo de molestia por la actitud que Elena había tomado hacia la familia, cuando vi a una mujer escultural enfundada en un vestido blanco entallado que hacía resaltar su prominente figura y unas bonitas piernas que se contoneaban a cada paso de una manera casi musical. Mi novia, absorta en su celular, no notó la admiración que me provocó la súbita aparición de esa bella mujer, la mirada la recorrió hasta ver su sonrisa abierta de par en par y sus ojos brillantes y expresivos posados en ¡mí!

    – Mario. – Gritó a través de la música mientras agitaba la mano en señal de saludo.

    – Hola.- Contesté yo un poco confundido. Sentí que me había cogido infraganti en mi valoración de sus atributos físicos y ni siquiera sabía quien era. A su lado, un señor de aspecto serio le seguía en silencio.

    – ¿No me recuerdas, primo? Soy Magda. – Dijo cuando finalmente llegaron a nuestra mesa.

    – Ah, ¡Magda! – Dije genuina y gratamente sorprendido. Magda vivía en la casa contigua a la nuestra cuando nuestro tío aún no se cambiaba de ciudad. Ella era 1 año mayor que yo y siempre nos habíamos tenido mucha confianza, nos contábamos nuestras travesuras y la verdad me sentí muy triste cuando se fueron porque de verdad le apreciaba, fuera mi prima o no. El tiempo se encargó de enfriar la relación y sólo sabía de su vida de vez en cuando, si mi madre lo sacaba a colación. Supe por ella que se había casado hacía unos 4 o 5 años.

    – Claro, tonto. Soy tu prima “Magalena” – Me dijo mientras me daba un leve manazo cariñoso. Así le decía de pequeña para que se enojara y aún lo recordaba.

    – Qué gusto volver a verte. Mira, te presento a mi novia Elena. – Ella sonrió y saludo a mi novia. Quien solo se limitó a dibujar una media sonrisa sin tratar de ocultar su mal humor.

    – Este es mi marido, Julio. ¿Les molesta si nos sentamos con ustedes?

    – Mucho gusto, Julio. No. Para nada. – Dije parándome para saludar al marido. Un hombre algo corpulento y ligeramente pasado de peso con una incipiente barriga cervecera.

    Magda se sentó en la cabecera de la mesa a mi lado derecho y su esposo en la siguiente silla. Era una mesa rectangular de 6 lugares y los demás lugares estaban vacíos ya que nos hallábamos en un extremo del salón alejados del jolgorio. Podía decirse que éramos del club de los amargados. La mesa tenía un mantel largo que caía casi hasta el piso. De reojo, volví a posar mi mirada en las piernas de mi prima mientras se acomodaba y comprobé que mi primera impresión había sido correcta. Tenía una hermosa figura ya en el umbral de la madurez que le da a la mujer ese toque misterioso y excitante. Su vestido le llegaba un poco arriba de las rodillas y en la parte superior, sin mangas, con un escote generoso por el que se asomaban apenas un par de bellezas de buen tamaño. No era ni por asomo la chiquilla flacucha que se despidió de mi con lágrimas en los ojos a principios de julio de hacía 20 años ya.

    El mesero se acercó a servirnos de beber. Ella pidió un vaso de vino mientras su esposo pedía un whisky en las rocas que apuró rápidamente.

    La velada transcurrió de una manera mas amena para mí. Me agradaba la compañía de Magda y recordar nuestras locuras de niños. Mi novia seguía excluyéndose de la charla y asentía con frases cortas cada vez que la queríamos meter en la conversación. Julio, por su parte, estuvo participando en nuestra conversación hasta que descubrió un afecto bastante cercano con los vasos de whisky en las rocas que seguían fluyendo con demasiada rapidez.

    En algún punto empezaron a tocar música mas bailable y aproveché para invitar a Elena, mi novia para bailar y así sacarla de su aburrimiento. Ella, amablemente declinó diciendo que se sentía cansada. Magda a su vez, invitó a su marido, quien le dijo que no tenía ganas de bailar, pero sugirió que bailara conmigo, su voz sonaba ya algo atropellada y no pude dejar de notar una mirada de preocupación en el rostro de mi prima cuando lo escuchó hablar. Magda, levantándose del asiento, me tomó de la mano y me condujo a la pista de baile. La noté un poco trastabillante y tomé nota de que ya llevaba al menos 3 vasos de vino. También tomé nota de que sus piernas lucían espectaculares a un escaso metro de mí, y me pareció que no llevaba medias lo cual le hacía ver mas sexy si cabe.

    Estuvimos bailando algunas cumbias por un buen rato, sonriéndonos a falta de conversación ya que la música estaba bastante fuerte. De vez en cuando nos tomábamos la mano para girar en la pista y en un par de ocasiones la tomé de la cintura para facilitar el giro.

    De pronto la música cambió de ritmo y empezaron las baladas mientras las luces de la pista se hacían mas tenues. Indeciso, me quedé ahí esperando si deseaba seguir bailando o decidía regresar a la mesa. Sin decir palabra, se acercó hacia mí, lo suficiente para que la abrazara y empezáramos a bailar lentamente. Sentí su mano en mi pecho mientras ágilmente me apoderaba de su cintura sentí su respiración agitada por el esfuerzo del baile y acerqué mi rostro a su cuello. El olor de su perfume era embriagante y tenerla ahí entre mis brazos me pareció un momento sumamente agradable y… erótico. Me moví ligeramente para que no sintiera la erección que empezaba a sentir por la proximidad de su cuerpo. Realmente sentí que la canción había durado tres o cuatro segundos solamente. Alrededor de nosotros quedaban bastantes parejas enfrascadas en sus propios momentos de romanticismo y complicidad, y un poco mas lejos, mis escrúpulos que me decían que no debía estar sintiendo eso con mi prima, y con mayor razón si considerábamos que cada uno de los danzantes tenía una gran posibilidad de ser nuestros parientes. Afortunadamente para mí, la siguiente canción resultó ser una romántica de nuevo y abrazarla, ejercí un poco mas de presión sobre su cintura, a lo que ella no dijo nada y se acomodó para recibir la fuerza de mi abrazo. Dejé escapar un par de suspiros que se dedicaron a vagar por su cuello y en algún momento sentí o creí sentir que su respiración se hacía mas profunda. En algún punto habíamos dejado de conversar y solo nos quedamos en silencio disfrutando del baile y la melodía. De nuevo me di cuenta de mi erección, pero esta vez no me retiré. Seguramente había sentido muchas erecciones similares en su vida y entendería que un hombre no puede ir en contra de su naturaleza, así que me dejé llevar.

    Para cuando empezó a sonar la tercera canción romántica, ni siquiera hicimos el intento de separarnos en el interludio entre esta y la anterior. Estaba gozando intensamente esta inesperada sorpresa y, mientras girábamos en la pista, me sorprendí a mi mismo evaluando la posibilidad de arrancar un beso de esos labios entreabiertos, aprovechando que sus ojos estaban cerrados y su cabeza girada ligeramente hacia mí. Estaba inclusive analizando cual era la parte mas oscura de la pista y cual sería el mejor momento para intentarlo.

    De pronto, sentí un contacto vigoroso en mi hombro. Me sentí descubierto y sobresaltado, esperando encontrar la mirada furiosa de mi novia o el puño de Julio estrellándose en mi rostro. Con cara de culpabilidad voltee a ver y me encontré con el rostro sonriente de mi tía Andrea, tía de ambos por línea materna.

    – Hola Mario, ya vi que llegaste muy bien acompañado a la fiesta, picarón. – Me dijo volteando a ver a la mesa donde se hallaba Elena.

    – Hola tía, ¿cómo estás? – Dije tratando de ocultar mi descontento ante su inoportuna intervención a mitad de la pista.

    – Creo que ya huele a boda, ¿verdad Magda? – Dijo volteando a ver a mi prima quien solo sonrió.

    – No es para tanto, tía. Apenas nos vamos conociendo. No sé si ella vaya a ser la indicada. – Dije. Era extraño que quisiera justificar ante mi tía o Magda la importancia que Elena tenía o no en mi vida.

    – Bueno, los dejo. Espero que nos la presentes antes de irte. – Dijo mi tía balanceándose un poco mientras se alejaba.

    Quise volver a tomar a Magda de la cintura para continuar el baile cuando terminó la canción. Ella se apartó un poco y me dijo que quería regresar a la mesa. Nos salimos de la pista, no sin antes mentarle mentalmente la madre a mi tía Andrea quien seguía recorriendo las otras mesas buscando a nuevas víctimas a las cuales fastidiar.

    Regresamos a la mesa donde Elena seguía entretenida jugando uno de los juegos de su celular, y Julio seguía haciéndole los honores a su nuevo vaso de whisky ya sin las rocas. Su mirada se notaba vidriosa y con ese gesto vacío y la sonrisa pendeja que delata a los borrachos. Había cambiado Noté la incomodidad de Magda y pretendí que no pasaba nada. Nos sentamos en silencio y saqué mi celular para revisar mis nuevas notificaciones, solamente para poder entretenerme en algo. En algún punto le pregunté a mi novia si estaba bien y me contestó con un lacónico si que no supe interpretar. Magda seguía callada, escuchando la perorata de Julio que no logré entender del todo hasta que se quedó callado mirando hacia el horizonte de donde seguro esperaba que salieran mas vasos de whisky con cubos de hielo incluidos.

    Me sentía culpable por la súbita seriedad de Magda. Supuse que se habría sentido incomoda por percibir mi excitación o tal vez le incomodó el suspiro que en algún momento debió haber sentido en su cuello. De cualquier manera, me sentí mal y me recriminé por haber actuado de esa manera tan inconsciente. Lo peor de todo es que aún me sentía caliente, excitado, con la imagen de las bonitas piernas de mi prima, y la sensación de su cálido cuerpo apretado junto al mío, pero, sobre todo, el embriagante olor de su perfume inundando mi nariz. Acerqué mi mano a la pierna de Elena discretamente y ella la tomó con firmeza y me la volvió a colocar en la mesa. Supuse que no habría demasiada acción entre nosotros esa noche y solo suspiré en mi interior.

    De pronto sentí un leve contacto en mi pierna, casi imperceptible y supuse que Magda se había cambiado de posición y había tocado ligeramente mi pierna. Iba a mover mi pierna mas alejado de ella cuando volví a sentir el contacto leve. Su marido seguía distraído, mas borracho cada vez y la gente a nuestro alrededor se había empezado a retirar. De reojo, miré a Elena que seguía absorta en su teléfono y finalmente posé mi mirada en el rostro de Magda que parecía mirarme de forma enigmática. Dejé mi pierna en la misma posición y sentí ese nuevo roce de lo que parecía ser su pie en mi pantalón. Con discreción, moví mi pie hacia ella y me encontré con el suyo. Ninguno de los dos hizo intento por retirarlo y ninguno demostró alguna emoción en el rostro.

    Un poco mas envalentonado, seguí moviendo mi pie en su dirección. La sensibilidad a través de mi zapato era nula así que decidí cambiar mi juego ahora que sabía que ella también estaba participando. Me aproximé al borde de la mesa y metí mis brazos entre mis piernas por debajo del mantel. Para un observador casual parecería que estaba meditando o en posición de descanso, aunque muy poco habitual. Lentamente moví mi mano derecha por debajo del mantel hasta que pude acariciar lo que parecía ser su rodilla. Esperé una eternidad con mis dedos rozándole su piel ligeramente para retirar mi mano en caso de que hubiera equivocado las señales, pero de nueva cuenta, no se quitó. Esta era la señal que necesitaba y, estirándome un poco más, logré acariciar su pierna un poco arriba de la rodilla. Era lo mas que me podía estirar sin levantar sospechas, pero con eso bastaba para que mi pene dejara de quejarse bajo mi pantalón. Empezamos a hablar de cosas triviales, detalles de nuestra niñez a la vez que Elena pretendía que nos escuchaba y Julio, bueno, continuaba siendo Julio. Así duramos un poco mas de 5 minutos hasta que mis manos empezaron a perder sensibilidad. En un punto, Elena se levantó y me comentó que se sentía mareada y que saldría a tomar un poco de aire. Le propuse acompañarle, pero se negó diciendo que no era necesario.

    Durante este intercambio, Magda movió su silla hacia adentro de la mesa y su pierna se desplazó por mi mano hasta que esta quedó justo encima de su entrepierna. Un poco sorprendido pero manteniendo mi misma cara sonriente empecé a acariciarle su vagina por encima de su ropa interior. Parecía que estaba usando una tanga y a sus extremos se sentían los vellos de su pubis mojados por la excitación. Como pude moví un poco mas mi mano y mi dedo rozó sus labios hinchados y húmedos. Magda apretó los labios ligeramente para no dejar escapar un gemido pero me sonrió como invitándome a continuar con mi encomienda. Le empecé a acariciar el clítoris con mi dedo en un frenético movimiento que solo ella y yo podíamos notar. Julio balbuceaba algo relacionado a las canciones que cantaban antes contra las de ahora con voz pastosa mientras su esposa disfrutaba de lo lindo a medio metro de él, con el dedo de su primo dándole el placer que seguro no le daría su embriagado esposo esa noche.

    De pronto la sentí tensarse y mi dedo sintió sus flujos correr a través de el. Era un fluido abundante y caliente, y esta vez no pudo evitar que un gritito escapara de sus labios.

    Julio volteó a verla extrañado pero ella le hizo un gesto de que no tenía importancia, que se había golpeado con la mesa mientras me derramaba los vestigios de su placer en mi mano. Con mirada suplicante, me pidió que parara y yo a regañadientes obedecí, no sin antes llevar mi mano discretamente a mi boca como acariciando mi bigote, para poder oler esa rica esencia de mujer excitada.

    Continuará?

  • Viernes, 28 de junio de 2019

    Viernes, 28 de junio de 2019

    En donde yo nací suele decirse que el día de san Pedro y su víspera no se va al mar, porque san Pedro sale a pescar e imprevisiblemente siempre se pesca a alguno para el otro mundo. Eso suele decir mi abuela materna que es más buena que el pan, pero muy supersticiosa. Descartado por consiguiente el mar.

    A tanto llega la superstición de mi abuela que enciende un cirio por las ánimas, otro por cada uno de sus nietos. Eso es a diario y convierte aquel espacio de sus rezos en una especie de ermita del ocultismo, oscura y humeante con olor a parafina quemada. Pero de vez en cuando hace de las suyas con nosotros, porque si se entera que un nieto suyo sale en sábado a ver chicas, coge una naranja, la parte por la mitad y a una mitad le clava una aguja para que la chica se haga daño. A mí me tiene frito. Como conoce mi afición por los chicos —porque ella lo sabe todo—, cuando salgo —ella sabe que suelo salir en viernes y no sé ni cómo se ha enterado—, ese día apaga mi vela con un trozo de madera de cuatro puntas para que no tenga luz, es decir, que no pueda ver y no encuentre a mis amigos.

    Todas mis cuitas con mi abuela materna es porque mi padre y yo vivimos en casa de ella desde que mi madre, esposa de mi padre e hija de mi abuela, se fue con otro hombre. Entonces mis abuelos la desheredaron a favor mío. Mi padre ha sido siempre muy querido por su suegra y ella no le dejó que se fuera de casa, a fin de tener siempre en su nieto sobre quien mandar. En realidad mi casa queda detrás de la suya porque mi abuelo, antes de morir, la dividió y le dio a mi padre esa mitad que en realidad es mía, pero nosotros vivimos con mi abuela desde que murió mi abuelo, solo yo tengo el estudio en la otra mitad. Para que no apague mi vela con sus manías supersticiosas, le digo que no voy a salir o como hice el viernes pasado con todo lo que ocurrió y que voy a contar.

    El viernes pasado le dije la verdad. Primero llamé a Dolphis para saber qué pensaba hacer en este día. Me dijo que no tenía nada que hacer, que si yo tenía algún plan.

    — No tengo plan, ¿tú tienes alguno?, —le pregunté.

    — Mira yo ya estoy en pelotas, porque estoy a punto de salir a mi piscina, si quieres venir…, incluso puedo avisar a Zalo también

    — No estaría mal, pero igual molestamos a tus padres y todo eso, —me excusaba educadamente.

    — No seas marica, Daniel, nunca me han dicho mis padres nada cuando venís, al contrario, les gusta que no vaya por ahí; pero es que, además de eso, mis padres no estarán y quisiera invitaros a los dos a cenar, la opípara cena que está preparando mi madre.

    Me dijo que Zalo le estaba contestando por whatsApp, que esperara un momento y me diría. Al minuto me dijo que Zalo estaba a punto de llegar para pasar la velada junto a la piscina. También me dijo que sus padres se iban a ir con amigos para dejarle en libertad con sus amigos. Tengo que añadir que los padres de Dolphis son muy liberales y suelen hacer intercambio de parejas con otros amigos; algo parecido ocurre con los padres de Zalo, según ellos me cuentan.

    Este viernes pasado, el 28 de junio, le había dicho a mi abuela que me quedaba, pero lo que no sabía ella es que iba a llamar a mi amigo Dolphis, chico de su plena confianza simplemente por ser hijo de María Luisa, para ir a su casa o que viniera a la mía. La verdad es que cuando mi padre está en casa no necesito hacer tanta peripecia, solo le aviso a él que me voy y él luego no sé cómo se las arregla con mi abuela.

    Concertado todo le dije que iba a ir a casa de Dolphis. La casa de mi abuela queda cerca de la casa de Dolphis. Mi abuela llama a la mamá de mi amigo para decirle que yo voy a ir y que nos controle. Los padres de Dolphis son tan liberales que no le dicen a mi abuela que no, ni le contradicen para que se quede tranquila.

    Con mi abuela contenta, me puse un short y una camiseta de tirantes y me fui contentísimo a la casa de Dolphis. Cuando llegué a la casa, llamé al timbre, no me respondía nadie, ni nadie abría por la puerta principal. Pensé que estaría en la piscina y me encaminé hacia allí dando la vuelta a la casa. Hay una portezuela que tiene una anilla fuera muy disimulada y tirando de ella, se abre. Una vez dentro, si no se espera a nadie se saca la anilla y se deja dentro. Entré en el área de la piscina. Allí en los cojines del salón estaban Zalo y Dolphis en una posición de 69 chupándose la polla el uno al otro. Di un grito avisando que había llegado y los dos amigos dejaron de chuparse y me miraron.

    Lo siento, Daniel, —se disculpó.

    Yo no dejaba de mirar a los dos adorables pollas enrojecidas y a sus dulces culos y me animé. Solo dije:

    — Ahora vengo, voy a cerrar.

    Fui a la portezuela, metí la anilla a la parte interior y me fui de nuevo a la piscina. Allí seguían mis amigos capándose sus pollas. Dejaron de mamarse y me habló Dolphis:

    — Fue mi culpa, debí haber cerrado la puerta o esperar que llegaras, pero no me podía aguantar. Bueno, por suerte nos descubriste y ya sabes el plan, —reaccionó Dolphis.

    — Veo que te interesa. ¿Te gustaría jugar con nosotros, Daniel?, —preguntó Zalo.

    — Claro de síiiii, me va a gustar mucho» —contesté aceptando su oferta.

    Me quité la camiseta y el short de baño y me uní a ellos. Miré fijamente el estado de las dos pollas que hacía tiempo que no veía. Tanto Zalo como Dolphis tienen sus pollas más grandes que la mía, aunque no tanto como la de mi amigo Janpaul. Aún así, eran impresionantes. Daniel sabía que ese día estaba destinado a ofrecer su culo. Vi que Dolphis puso una generosa cantidad de aceite en su polla y la acarició hasta untarla bien. Ya sabía yo que Dolphis sería el primero en follarme.

    Me dijeron que me recostara de espaldas en el cojín del salón mientras Dolphis metía su polla bien engrasada en mi dulce trasero. Zalo se arrodilló junto a mi cabeza y me dio a comer su polla. Yo, tras mirar la cara de Zalo para sonreírle, volví mi cara hacia su polla y la engullí. Está buena la polla de Zalo. Zalo se inclinó y se metió mi verga en su boca. Suspiré mientras Zalo me chupaba la polla y pensé que no había cosa mejor que esto. Una polla en el culo, otra polla en mi boca y una tercera, la mía en la boca de Zalo; era el cielo otra vez, como lo había sido en la fiesta de Ismael, de lo que nada sabían Dolphis y Zalo pero que un día lo aprenderían. Zalo jugó con los pezones del muchacho, mientras yo le chupaba su pene.

    Ya estaba yo a punto de correrme. Luego sentí que el cuerpo de Dolphis se ponía rígido justo antes de disparar su semen en mi trasero. Debía de haber sido el primer semen del día de Dolphis, ya que yo podía sentir la fuerza de la eyaculación cuando los flujos de semen inundaron mi recto. Apreté mi esfínter alrededor de la polla de Dolphis en un esfuerzo por sacar cada gota de la semilla del macho y fui recompensado por mis esfuerzos. La polla de Dolphis palpitó sin cesar una y otra vez y explotó en mi trasero.

    Dolphis me folló lentamente, consiguiendo que su polla se calentara en mi culo caliente. Zalo gimió con mi polla que se estaba corriendo en su boca. Mantuvo la polla de Zalo en mi boca mientras Zalo disparaba chorro tras chorro de esperma por la garganta de su amigo. Eso desencadenó un orgasmo en mí que me hizo estallar mi corrida en la boca a Zalo. Los dos nos chupábamos los penes en la boca hasta que se ablandaron y se salieron de las nuestras bocas.

    Fue buena la primera partida, estábamos sonriendo, mirándonos como quien dice «ahora qué». Los tres seguíamos con nuestras pollas semi duras, pero enhiestas. Fue entonces cuando  Zalo me pidió:

    — Ahora me toca a mí, fóllame, Daniel.

    Entonces yo me moví entre las piernas de Zalo y metí mi polla en su culo receptivo, mientras Dolphis me ofrecía su polla para que se la chupara. Esta vez entré en el culo de Zalo, y Dolphis en mi boca. Los tres descansamos de follarnos tan intensamente y ya estábamos pensando en nuestra próxima ronda.

    Yo tenía unas enormes ganas de continuar y no me costó mucho tiempo dar la vuelta a mi hermoso y bien formado trasero, ponerlo bien levantado en el aire invitando a la enorme polla de Dolphis. Dolphis no me decepcionó y pronto me dio una verdadera paliza a mi magnífico trasero metiendo y sacando su polla de mi culo con la mayor de las violencias. Dolphis me verdaderamente me violó.  Luego Zalo y yo nos pusimos en la posición de 69 de costado al suelo, y Dolphis aprovechó su momento para follarnos el culo. Los tres nos retorcimos y follamos hasta que todos explotamos en orgasmos. Zalo y yo nos llenamos nuestras bocas con el sabor familiar del semen justo cuando Dolphis me inyectó otra descarga de semen en mi trasero.

    Los tres permanecimos en la misma posición durante varios minutos mientras nuestras pollas se desinflaban y se salían de sus receptáculos. Dolphis sugirió nadar para refrescarnos y los tres nos metimos en la piscina. Nos relajamos unas horas y Dolphis sacó la cena que había dejado su madre preparada, también sacó unas cervezas. Antes de que terminaran el día, es decir, antes de medianoche, demostramos nuestro poder de recuperación propio de nuestra edad y estábamos listos para volver a comenzar, ahora bien alimentados y con unas cuantas cervezas en el cuerpo.

    Se fueron a la hamaca. Dolphis colocó a Zalo en la hamaca sobre su espalda. Dolphis me pidió que le metiera mi verga en el culo a Zalo. Dolphis se puso detrás de mí y me volvió a follar.

    — Vamos a acabar con Zalo, —susurró Dolphis.

    Salí del culo de Zalo y disparé mi semen en sus abdominales y en el pecho. Sorprendentemente Dolphis no descargó en mi culo, pero también regó con su semen el cuerpo de Zalo. Zalo ya estaba cubierto de semen cuando Daniel lo masturbó y le hizo correrse sobre sobre su propio cuerpo, mezclando los tres tipos de semen. Zalo frotó toda aquella mierda en su cuerpo como si fuera una loción corporal. Nos volvimos a meter en la piscina y luego nos pusimos los bañadores.

    Tomamos otra cerveza y les conté lo ocurrido el fin de semana anterior. También compartí con ellos que iría a la escuela de peluquería. Zalo y Dolphis me imploraron que los invitara a una de las fiestas gays de Ismael. Ellos me dijeron que les gustaba que se juntara de vez en cuando con ellos y que deberían hacerlo de nuevo pronto. Yo estuve de acuerdo y dijo que me gustaría, también que les avisaría para la próxima fiesta de Ismael. Los tres nos veíamos muy inocentes sentados junto a la piscina justo cuando llegaron a casa los padres de Dolphis, que hasta se alegraron mucho. Venían sudorosos y allí mismo se quitaron todas sus ropas y se metieron en la piscina. Nosotros tres nos fuimos a la cocina a tomar unos refrescos.

    Esa noche nos quedamos a dormir con Dolphis en su cama. No hace falta que cuente más, cualquiera adivina lo que seguimos haciendo.

    Nos levantamos al día siguiente tarde y de golpe los tres en la piscina desnudos. Se asomó la mamá de Dolphis y dijo:

    — Daniel, tu abuela ya sabe que te quedas aquí a comer y cenar, que ya llegarás el domingo.

    — Zalito, hijito, tus padres han tenido que salir al pueblo para ver a tu tía María Ignacia y no regresarán hasta el domingo, así que ya sabes, te quedas como Daniel hasta el domingo.

    — Dolphis, papá y yo nos vamos hasta el domingo, os dejo cosas preparadas en el frigorífico.

    — Gracias, mamá, — dijo Dolphis

    — Gracias, señora, — dijimos al unísono Zalo y yo.

    Nos abrazamos los tres, pensando en qué tarde y qué noche hemos pasado.

  • Marcela, el arnés y yo

    Marcela, el arnés y yo

    Ya había estado con Marcela varias veces, me la presento María Mercedes un día el cual no recuerdo donde ni cómo.

    Marcela es una flaca espectacular, con unos bellos senos y un disposición a disfrutar muy chévere, de un hablar cantarín y pegajoso. Muy sexy la Marcela.

    Yo ya sentía algo más de confianza con ella y decidí tratar algo con ella que ambos disfrutáramos.

    Nos encontramos a eso de las 3 pm, y nos fuimos a mi apartamento, directo a la alcoba donde sin miramientos y con una calentura nos desnudamos y nos metimos a la cama, solo se dejó sus sandalias de correítas que le subían entrecruzadas sobre la pantorrilla.

    Nos abrazamos un rato, besamos y tocamos por todos lados, yo soy d eso que piensa que la mujer debe disfrutar más o igual que uno, me baje y me empezó a comer su delicioso coño, Marcela le gusta que se la coman, esa pepita deliciosa que tiene entre sus piernas, en la parte de arriba de sus labios inferiores es como lamer una colombina de fresas.

    Jugamos delicioso, y decidí preguntarle de que le parecía de utilizar un arnés y desquitarse conmigo, al disfrutar darle a un hombre por el culo, sus ojos se abrieron de la emoción y me dijo que listo hagámosle, claro era mi culo no el de ella, el que iba a sufrir un rato.

    Saque de mi maletín de vendedor un arnés de silicona en color piel, con unas correas gruesas de color rojo. Lo tomo en sus manos y me miro, se levantó sobre la cama y levantando una pierna le puse un lado del arnés luego el otro y así quedo armada con un poderoso miembro masculino de 18 cm de largo por 4 de diámetro. Brillaban sus ojos, y se encontraba bastante acelerada. Le pregunte como quería cogerme que estaba para que hiciera conmigo lo que quisiera.

    Me puso en cuatro, escupió sobre mi ojete del ano, le dio un beso, lo lamio un momento deliciosamente, y dijo: -Este culo tuyo, mi amor va a ser mío y te lo voy a romper.

    Unto con lubricante el poderoso falo , se arrodillo detrás mío, como si fuera a rezar, y coloco la cabeza del reverendo vergon ad portas de mi ojete, fue empujando , un poco , el dolor en i culo se hacía cada vez más grande, me aguante y puje para ayudarle a entrar, lo siguió metiendo hasta que lo tuvo todo adentro, se inclinó sobre mi espalda y con suaves palabras al oído dijo –Ahora voy a saber yo lo que culiarse un culo, y tú vas a sentir lo rico que se siente, toma!! Y lo saco y metió de un solo trancazo, en principio solo dolor pero ya después de un minuto y de su mano paseándome al mismo tiempo las sensaciones de placer hicieron su aparición.

    Marcela estaba entusiasmada, no dejaba de bombear, con su otra mano se pellizcaba los duros pezones de sus bellas tetas, me la saco y me jalo hacia el baño, donde parado delante del lavamanos me ordeno subiera una pierna al mueble, y de una me clavo esa verba en el culo, parada detrás de mí. Estaba enloquecida disfrutando el someterme a una culiada majestuosa.

    Mientras tanto su mano izquierda me masturbaba, me sacudía mi miembro hasta que me vine sobre el lavamanos. Ella saco de mi culo su ya sobre utilizada verga, se la quitó y corrimos a la cama donde con sus boca y manos logro revivir mi verga, la cual luego se hundió en las entrañas de su depilado coño hasta que nos vinimos entre risas y gemidos. Algún día tal vez lo repitamos.

  • Lo que pudo haber sido (Parte V)

    Lo que pudo haber sido (Parte V)

    Sé que no he publicado en algo de tiempo. Aquí la continuación de la historia, pese a que dije que terminaba en la cuarta parte. Una vez más, va dedicado a Ana.

    Después de aquella faena, nuestra vida continuó con sus perversiones. Mi esposa Elena, había contratado a una prostituta para mí y me había visto coger con ella. Incluso se unió. Ella me había puesto los cuernos en nuestra luna de miel y aquello me había excitado muchísimo. No había secretos entre nosotros. No había nada que no estuviéramos dispuestos a hacer el uno por el otro.

    Amaba conversar con ella y no teníamos pudor de nada. Cuando salíamos y ella veía a algún tipo con buenas pintas, bromeaba conmigo y reíamos imaginando el paquete que tendría. De igual manera, si nos cruzábamos con una mujer de buenas curvas, imaginábamos cómo sería coger con ella.

    Claro, yo sentía celos cuando eso sucedía, porque sabía que la puta que tenía por esposa me pondría el cuerno a la primera oportunidad… cosa que me excitaba en sobre manera.

    Sin embargo, por cerca de medio año, nos contentamos sólo con nosotros mismos. A mí me encantaba pegarle cuando lo hacíamos y ella disfrutaba de mi maltrato. Hubo ocasiones en que se me pasaba la mano. Ella nunca se quejó o me detuvo. Conocíamos nuestros roles: yo era el amo y ella mi esclava. En un momento, ella me confesó que le excitaba que la forzaran y me alentó a que, si en algún momento ella se negaba a coger conmigo, la violara. No saben cuánto me excitó aquello.

    Pese a todo, había cosas a las que ella no se atrevía o no le gustaba. Yo anhelaba hacer cochinerías, pero ella no daba su brazo a torcer en ese aspecto. Lo único que logré en un punto fue que me orinase encima mientras lo hacíamos en la regadera. Claro, sí o sí se tragaba mi semen o, en caso de que se lo ordenase, lo compartía conmigo.

    De todo lo que hacíamos hay mucha tela de donde cortar y mucho que contar; sin embargo, hubo sucesos dignos de mención que se merecen unas líneas.

    Por motivos de trabajo, viajaba constantemente a distintos lugares de Baja California y también a algunos estados, principalmente a las ciudades más grandes del país, como Monterrey, Guadalajara y la capital. A mitades de abril de ese año y poco antes de semana santa, me mandaron a Ciudad Juárez a un curso que duró cinco días para regresar justo cuando comenzaban los días de asueto que dan en el gobierno federal debido a las festividades.

    Regresé a casa un miércoles a media tarde, completamente agotado del viaje y algo molesto por los distintos controles de los aeropuertos. Elena me recibió con un beso que me indicaba que estaba completamente caliente, pero cuando correspondí, me detuvo.

    – Hoy te tengo una sorpresa muy especial – me dijo mirándome a los ojos completamente divertida. Yo le sonreí

    – Y, ¿a qué debo tanta atención? – pregunté intentando acercarla a mí y manosear su bello trasero. Nuevamente me detuvo.

    – No, no, no mi amor – se negó con una seducción que me invitaba a tomarla por la fuerza e intuía que eso era lo que quería – Mañana podrás hacerme lo que quieras, pero hoy no.

    – ¿Entonces por qué el recibimiento tan caluroso? – inquirí y como respuesta ella tomó las llaves de nuestro carro

    – ¿Confías en mí? – me respondió con picardía

    – Por supuesto

    – Entonces, súbete – me ordenó y encendió el carro.

    Reticente, pero con mucha curiosidad, decidí dejarme llevar. En el trayecto, me preguntó sobre cómo había estado mi viaje, si estaba cansado y cosas así. Durante el camino paramos en un cajero automático y noté que sacaba de su cuenta unos cuantos miles de pesos. Para cuando me di cuenta, estábamos en la colonia Cacho, que es una zona de dinero en la ciudad de Tijuana. Nos detuvimos en una casa bastante grande. Cuando iba a preguntar de qué iba todo aquello, me interrumpió y me susurró: “lo vas a saber en unos momentos” y me besó con mucha lujuria.

    Ella bajó del coche, sonriente y divertida ante mi desconcierto y confusión. Intrigado ante todo el misterio, mi mente divagaba ante un sinfín de posibilidades sobre lo que pudiese significar todo esto. Justo cuando Elena tocaba el timbre, la puerta se abrió y salió un niño pequeño seguido de una mujer baja y de piel morena, que saludo a Elena con un asentimiento de cabeza y sin mediar palabra, se alejó dejándonos la puerta abierta.

    Elena entró con naturalidad en aquél caserón, que contaba con un amplio patio y un garaje para 4 carros. Cuando llegamos a la estancia interior nos recibió una mujer a la que yo le calculé unos cuarenta y muchos, gorda y de rasgos toscos, pero ataviada de una manera que indicaba que era la señora de la casa.

    – ¡Elenita! – exclamó en cuanto nos vio y saludó a mi esposa con un beso en la boca que me dejó completamente perplejo – ya pensaba que no ibas a venir, pero estuvo bien que llegaras tarde, porque Juanita se retrasó, pero ya se llevó al niño.

    – Si, los acabamos de ver salir – contestó Elena tomándola de ambas manos como a una vieja amiga

    – Ya venía yo a asomarme, porque no escuché la puerta cerrarse, pero era por ustedes – comentó pese a que la puerta seguía abierta y me dirigió una mirada inequívocamente sensual – Y este hombre tan apuesto ¿quién es?

    – Te presento a mi esposo – respondió Elena tomándome de la mano – Pablo

    – Mucho gusto Pablo. Soy María Eugenia – dijo la mujer acercándose a mí y tendiéndome una de sus manos y añadió – es mucho más guapo de lo que nos habías contado.

    – Ni le digas, que se le sube – bromeó mi esposa

    – Y, ¿cómo es que se conocen ustedes? – pregunté intentando ser lo más políticamente posible

    – ¿Elenita no te ha contado? – preguntó extrañada María Eugenia

    – De hecho, no sabe nada el pobre – confesó mi esposa, riendo con singular felicidad – y hoy viene llegando de Cd. Juárez.

    – ¿No me has contado que cosa? – le pregunté con cierta molestia a Elena

    – ¡Pensé que sabía! – exclamó María Eugenia – Ay, Elenita, ¿segura que no va a haber problema?

    – Ninguno, espero – contestó Elena con un deje de inseguridad mirándome a los ojos y cuando iba a replicar sobre mi desconocimiento María Eugenia me interrumpió

    – Pásenle y nos ponemos cómodos – nos invitó e hizo amago de ir a cerrar la puerta, pero Elena la detuvo.

    – No, yo ya voy de salida – comentó pícaramente Elena. Removió algo de su bolsa y sacó el dinero que antes habíamos sacado del cajero y se le entregó a María Eugenia – 3 mil, como habíamos acordado

    – Con lo guapo que está tu esposo, me gustaría dejártelo gratis – comentó María Eugenia – y de hecho pensé que te quedarías

    – ¿Qué es todo esto Elena? – pregunté completamente desconcertado y algo enojado ante la situación que, comenzaba a comprender de qué iba

    – Mi amor, tú me dijiste que podía engañarte, ¿recuerdas? – me preguntó tomando mi paquete con descaro y yo me puse rojo ante el descaro de hacerlo frente a una persona desconocida, pero no se lo impedí

    – Pero…

    – Pues la verdad es que te he estado engañando con el esposo de Maru – me soltó como si tal cosa – Ya llevamos casi dos meses…

    – Tres, corazón – corrigió Maria Eugenia con una sonrisa nada propia de una mujer que se sabe engañada por su marido y menos teniendo a la amante en frente, la cual, era mi esposa.

    – ¿Tres? ¡Qué rápido! – se sorprendió mi esposa – Bueno, el punto es que, Maru, así como tú, es una cornuda consentida y le excita muchísimo toda la situación

    – ¡¿Perdón?! – exclamé con la poca dignidad que me quedaba

    – Eso es cierto – confirmó Maru – estoy chorreando como grifo ahorita – añadió señalándose la vagina

    – Así que, yo quise darte un pequeño regalo de compensación por los cuernos que te he pintado – continuó con una sensualidad que hacía que comenzara a calentarme y con algo de culpa – Mi amante me vendió a su esposa por una pequeña cantidad y yo quiero que me pongas el cuerno con ella.

    – ¡¿Qué?! – exclamé – A ver… a ver… a ver…

    – Esta vez no voy a estar presente – explicaba mi esposa – Mañana te espero con las piernas abiertas y la piel dispuesta a cualquier castigo que me quieras impartir por ser tan puta.

    – Veo que le agarras el gusto a esto de ser cuckqueen – aportó Maru, que nos miraba con evidente lujuria

    – Aun no, pero estoy experimentando – contestó me esposa – pero debo confesar que, aunque no me gusta, si estoy caliente

    – Le vas a ir agarrando el gusto corazón, verás que sí – dijo Maru

    – Además, lo vas a disfrutar mucho – dijo Elena y se acercó a Maru para pellizcarle un pezón y jalarlo hacia el suelo, haciendo que ella se doblara y callera hincada ante mi esposa – porque ella es más masoquista que yo, como podrás ver – y parecía ser cierto, pues sólo escuché salir de la gorda mujer un suspiro de sorpresa ante el súbito acto de violencia hacia su cuerpo y más, porque se quedó a los pies de mi esposa para después recibir un fuerte golpe en la cabeza con la mano abierta de mi esposa. Sólo sonrió

    – Siéntete libre de hacer lo que quieras conmigo Pablo – me dijo Maru – me encanta que me peguen y me humillen.

    – También le gustan las cochinerías y ese tipo de cosas – acto seguido la tomó del cabello con fuerza alzó su cara, Maru automáticamente abrió la boca y Elena escupió en ella – Así que podrás hacer con ella todo lo que no has podido hacer conmigo…

    Yo estaba completamente paralizado ante toda la situación y no había atinado a decir más que exclamaciones monosilábicas, pero lo cierto es que estaba bastante excitado. Aun no sabía que pensar de todo aquello y necesitaba tiempo para procesarlo.

    Elena soltó bruscamente la cabeza de Maru y se dirigió a mí con paso seguro, pero su semblante denotaba preocupación.

    – Más te vale que no me cambies por ésta zorra, porque en verdad está en un nivel mucho más arriba que yo y sé que a ti no te importa el físico – me soltó y me besó con pasión durante un largo minuto – Y más te vale que mañana vengas y te cojas a la puta de tu esposa y la castigues por engañarte – y cuando estaba por responderle me interrumpió – Disfrútala hijo de tu puta madre. Te espero mañana en la casa. Prometo contarte todo, ¿ok? – acto seguido me dejó plantado en la puerta, con Maru hincada a mis pies y se fue.

    Me quedé petrificado intentando asimilar todo aquello. Mi esposa me engañaba desde hace tres meses con el marido de la mujer que se encontraba a mis pies; no sólo eso, ella misma le había pagado para tener sexo conmigo y ambas lo habían consentido. No sabía si sentirme suertudo, manipulado o desdichado.

    Mi primer impulso fue seguirle y obtener respuestas, pero me contuve. Con toda la determinación que me fue posible juntar, decidí dejarme llevar por la situación (cosa bastante complicada, debido a todo lo que estaba experimentando). Afortunadamente Maria Eugenia tomó un poco la iniciativa.

    Ella era una mujer gorda. Iba ataviada con un vestido vaporoso de diferentes colores y estampado hindú. Tenía el cabello negro y las uñas pintadas de rojo. Las tetas eran pequeñas y caídas. Las piernas eran gordas y potentes. Un poco más baja que mi esposa, con un trasero inmenso y marcado por la celulitis. En resumen y para ser honestos era fea… Bueno, quizá lo atinado era decir que no era para nada bonita, pero tampoco era un ogro. Simplemente ella no era de las mujeres por las que volteas por la calle. Una señora común y corriente.

    – ¿Quieres tomar algo? – me preguntó aun de rodillas

    – Sí por favor María Eugenia

    – Dime Maru, por favor ¿Qué te gustaría tomar? – preguntó sin moverse de su sitio

    – ¿Qué me puedes ofrecer Maru? – quise saber

    – ¿Por qué no pasamos y me dices? – sugirió y comenzó a levantarse, no sin mucha dificultad, a lo que la ayudé y me agradeció el gesto.

    Pasamos a una sala amplia y de concepto abierto. Los muebles se notaban carísimos y todo tenía cierto aspecto de rancho lujoso. Maru se dirigió a un mini bar instalado junto a una barra que dividía una suntuosa cocina de la estancia. Comenzó a enlistarme su contenido y me decidí por una copa de vino de uno de los viñedos más reconocidos del Valle de Guadalupe. Maru me sirvió generosamente una copa y ella hizo lo propio. Me invitó a la sala y ella se acomodó en el extremo de un lujoso sillón de dos plazas. Me senté junto a ella.

    – Imaginaba que pasaríamos directamente a la acción, pero veo que estás algo incómodo y te estás muriendo de curiosidad o confusión, ¿me equivoco? – comentó con un buen humor que me resultaba extraño, aunque después descubriría que ella era así normalmente. Yo sólo asentí con la cabeza mientras tomaba un sorbo de vino – Así que, pregúntame lo que quieras, sin tapujos

    – ¿Es en serio que eres cuckqueen? – fue lo primero que se me ocurrió y, siendo honestos, tenía curiosidad sobre el tema, pues no es tan común encontrarse a una mujer así. Yo seguía algunas cuentas en twitter de mujeres que lo eran, pero jamás imaginé tener a una frente a mí

    – ¿Esa es tu primera pregunta? OK… Sí y lo disfruto mucho – comentó divertida ante mi asombro – Y, además, masoquista, ¡imagínate! – soltó una carcajada divertida y me golpeó amigablemente el hombre con el dorso de la mano – Mi marido dice que es la combinación ganadora.

    – ¿De verdad?

    – Sí – contestó segura dándole un buen trago al vino que sostenía

    – ¿Desde cuando eres así?

    – ¿Cómo? ¿Cornuda? – preguntó y asentí – La verdad no sé desde cuando me pone el cuerno aquél cabrón, pero ya son años. Nos casamos muy jóvenes. El me trataba mal, me pegaba mucho, más cuando llegaba borracho. Poco a poco fui descubriendo que disfrutaba que me tratara así… me gustaba mucho, mucho. En una de las tantas veces, cuando llegó borracho, me dio una verdadera madriza, tan fuerte que casi terminamos en el hospital, pero, en esa ocasión, sin tocarme ni nada, tuve uno de los mejores orgasmos de mi vida. Él lo notó y desde entonces, me trata peor.

    >>No imagines mal, me encanta. Poco a poco nos fuimos adentrando en todo esto del bdsm y casi en automático él se volvió mi amo y yo su puta. Aun y todo, yo sospechaba que me engañaba, pero nunca dije nada hasta que un día le noté varios chupetones mientras lo hacíamos y el cabrón cínico ni siquiera lo negó. Al contrario, me soltó una buena cachetada y me dijo: “Si pendeja, vengo de cogerme a otra vieja, ¿tienes algún problema?” y como no respondí me siguió cogiendo y yo me dejé. También tuve un orgasmo muy intenso en esa ocasión, al saberme cornuda. A partir de ahí, me fue perdiendo cada vez más el poco respeto que me tenía. Ya no se preocupaba de ocultar el perfume de las otras mujeres o los chupetones. Se iba días. Yo me masturbaba imaginándolo con otra mujer. Cuando estaba conmigo me trataba como una chacha y me golpeaba, pero me gustaba mucho que lo hiciera.

    >>Nunca le reclamé nada y por ende él lo siguió haciendo – comentó divertida – Hasta que, en una ocasión, que llegó borracho y tenía sus manos hurgando en mi concha, se descaró completamente y me preguntó si le amaba. Yo le dije que sí, pero me preguntó que si lo amaba a pesar de que me había engañado muchas veces y le dije que lo amaba sin importar qué. Notó que me mojaba más en cada ocasión que mencionaba sus infidelidades.

    >>Pronto se volvió más cínico, hasta que comenzó a traer a las otras a la casa y si la vieja era perversa, nos montábamos el trío. Lo fuimos hablando y él sabe que me excita que me ponga el cuerno. Establecimos límites y reglas, aunque son pocas. También me sigue maltratando porque sabe que me encanta y hace que las otras mujeres me dominen y también me peguen. La mayoría de las veces son prostis y se mosquean un poco porque yo estoy aquí. También me ha prostituido algunas veces. Hoy es otra de ellas.

    Hizo una pausa para tomar otro sorbo de vino y yo apuré mi copa de un trago. Ella lo notó y fue por la botella de vino para rellenar las copas.

    – ¿En serio te excita que te engañe? – pregunté completamente anonadado de la facilidad con que me contaba todo aquello

    – Bastante corazón – me aseguró soltándose coquetamente un poco el vestido y volviéndose a sentar en el sillón una vez hubo servido el vino – No veas la de veces que me he masturbado viéndolo coger con otras viejas. O recibiendo los golpes de ambos mientras me humillaban y se burlaban de mí… Ufff, de acordarme me mojo… mira – y con el mayor descaro del mundo su subió el vestido y me mostró una concha inmensa, con tres perforaciones, completamente depilada y chorreante de flujos. Se comenzó a tocar

    – ¡Wow!

    – ¿Ya más tranquilo? – me preguntó sin dejar de tocarse y mirando descaradamente al bulto que tenía en mi pantalón – Sé que apenas me acabas de conocer y que es mucho que asimilar… De hecho, entendería si quieres seguir conversando, pero yo muero por tener una verga dentro y, por lo que veo, te prendió lo que te estoy contando…

    – Todo es muy fuerte…

    – Mira – se acercó lentamente a mí y comenzó a desabrocharme la camisa que portaba para después seguir con el pantalón. Yo me dejé hacer – Te lo vuelvo a decir: sé que no me conoces y que no estoy tan bien como tu esposa, pero te aseguro que vas a tener los mejores orgasmos de tu vida con esta gorda y fea mujer – tras decir esto, sacó mi inhiesto miembro al aire y le dio un beso a la punta – Vaya, la tienes bonita…

    Comentó para al instante siguiente engullir mi verga por completo. ¡Qué delicia! Que una mujer haga eso se agradece. Ella permaneció unos segundos con su nariz pegada a mi abdomen, para después salir por completo y volver a tragársela hasta la base. Sentí una de sus manos acariciar con delicadeza mis huevos. Era una muy buena mamada.

    A pesar de que estaba disfrutando completamente del oral que me estaba dando Maru, no podía dejar de pensar en Elena. La muy zorra me había estado pintando cuernos y no me había dicho nada, cuando esa fue una de las pocas condiciones que le había impuesto.

    Si, aquello me excitaba, pero me molestaba. Mucho. Aun a esas alturas, encontraba difícil de comprender y asimilar ésta paradoja y continuaba con la dualidad de disfrutarlo y sufrirlo. Por supuesto, yo mismo me lo había buscado y tenía la obligación de mantener mi palabra. Cornudo consentido… ¡Vaya hombre estaba hecho!

    Por otro lado, Elena había tenido el gesto de retribuirme de la misma manera. Me había conseguido a una mujer afín a mis tendencias y me invitaba a pagarle con la misma moneda: serle infiel con su consentimiento. Y, eso, me tenía al borde del orgasmo. Si algún hombre tiene la ventura de encontrarse con una mujer cuckqueen, valórenla como el más grande tesoro.

    Había muchísimas cosas que ignoraba y moría por saber, pero estaba claro que, en ese momento, con la boca de una mujer atragantándose con mi verga, no iba a poder hacer mucho. Lo que sí podía hacer era disfrutar del estupendo regalo de mi esposa y desquitarme por entero de lo que me había hecho ella a mí.

    Maru seguía con su mamada y me estaba llevando al quinto cielo. En un momento, cuando ella se sacaba por completo mi miembro de la boca y escupía sobre él, me levanté para desnudarme por completo. Fue rápido y sencillo y le ordené seguir. Obedeció al instante y volvió a engullir mi pene con verdadera gula.

    Al poco rato, cómo me sucede cuando estoy recibiendo un buen tratamiento oral, comencé a descarriarme un poco. Jalé de su cabello con fuerza para marcar yo el ritmo de la mamada. A veces lento, a veces muy rápido. En otras le hacía tragar en totalidad mi verga para dejarla pegada a mí y después soltarla con brusquedad para que tomase aire. Por momentos tomaba su cabeza y la mantenía firme para yo follarle la garganta. Sé que para ellas no es nada agradable y es precisamente por eso que me encanta hacerlo. Para mi deleite, Maru disfrutaba con aquello, pues sonreía cuando la situación lo permitía y se dejaba hacer dócilmente, pese a que mis jalones y movimientos eran bruscos.

    Tras unos diez minutos así, estaba por venirme. Maru lo intuyó y tragó nuevamente mi verga hasta el fondo y no la dejaba salir mucho, pero yo quería otra cosa. Se la saqué por completo, para ordenarle que abriese la boca y me masturbé frenéticamente sobre su cara. Instantes después, aventé toda mi lefa sobre su cara y gran parte dentro de su boca. Ella lo recibió todo feliz. Le embarré el semen que había caído fuera de su boca por toda la cara y le solté una amigable cachetada.

    – Elena me dijo que te gusta lo sucio – comentó tras tragarse mi corrida sin ningún reparo y relamiéndose

    – Lo que yo quisiera saber es toda la historia – solté jadeante y dejándome caer en el sofá

    – No sé si me corresponda a mí contártelo todo – dijo dubitativa aun de rodillas – pero supongo que se lo puedes preguntar a Elenita mañana

    – Para ser honesto, me gustaría estar al tanto para ver qué más me oculta o si me está mintiendo – comenté después de meditarlo un poco

    – ¿No confías en ella? – preguntó Maru

    – Lo hago, pero nunca está de más – le aseguré

    – Ya me había comentado Elenita que eres un poco así – soltó Maru

    – ¿Así cómo? – quise saber con un fugaz brote de ira

    – Me dijo que te gusta hablar mucho y analizar todo – respondió Maru divertida

    – Pinche vieja…

    – Pero está bien – intentó tranquilizarme – cada quien es diferente y yo me puedo acoplar. Es un buen cambio de hecho

    – ¿Qué cosa? – pregunté algo perdido

    – Pues siempre sólo me cogen, me maltratan y ya – explicó Maru recargándose en mi rodilla – me gusta y mucho que lo hagan… el sentirme un vil pedazo de carne o un simple objeto… mmmm… me mojo… pero hay veces que también quiero sentirme distinta y tú me estás haciendo sentir distinta.

    – ¿Cómo es eso? – pregunté

    – Pues es la primera vez que alguien se interesa en saber cómo es que llegué al extremo en el que estoy con Valentín

    – ¿Así se llama tu esposo?

    – Si, aunque todos le decimos Vale – me explicó. Tomó nuevamente su copa de vino y la apuró de un solo trago. Seguía a mis pies. – Además de que sigues queriendo hablar conmigo y saber más de mí

    – Eso tenlo por seguro – me incliné para tomar mi copa

    – Además, tenemos que esperar a que se te vuelva a parar – comentó señalando mi flácido instrumento – A menos que quieras que te lo levante – sugirió pícaramente

    – Antes quisiera saber cómo es que empezó todo esto

    – ¿No te rindes verdad? – comentó con cierto hastío, pero sonriente – Te propongo algo corazón – me dijo incorporándose un poco y acariciando mi pene con delicadeza – Déjame intentar parártela, porque de verdad estoy muy caliente y necesito que me cojan duro

    – Si me das diez minutos…

    – No puedo esperar tanto – añadió dándole un beso – Elena me dijo que también te gusta maltratarla…

    – ¿Qué tanto sabes de mi esposa y de mí? – quise saber

    – ¿Eso es un sí? – preguntó insistente a lo que yo asentí – En ese caso, aquí me tienes corazón, muéleme a golpes, trátame como la puta que soy. Y si eso no te la pone dura, ya me encargaré yo…

    – Lo que quiero saber – le interrumpí con algo de impaciencia – es cómo hemos terminado aquí los dos y que respondas a todas mis preguntas. Ya después de eso hacemos lo que quieras

    – Y si me niego, ¿me sacarías las respuestas a golpes? – sugirió con lívido

    – ¿Acaso quieres que te golpeé?

    – Por Dios corazón, te lo estoy rogando

    Se levantó y con un simple movimiento se despojó de su vestido bajo el cual estaba completamente desnuda. Lo primero que me llamó la atención fue que tenía ambos pezones perforados y un tatuaje cerca de las costillas que decía claramente “puta de Vale”. Al observar su prominente panza y sus pequeñas tetas, me di cuenta de que tenía marcas de azotes y algún moretón aquí y allá, además de algunas señales inequívocas de que le habían apagado algunos cigarros en la piel.

    Maru se me quedó viendo mientras yo la miraba de arriba abajo. A pesar de que no tenía ni cinco minutos de que había eyaculado, me calentó ver su cuerpo lastimado y mi verga comenzaba a despertar nuevamente. Si, Maru era gorda, pero se notaba a todas luces que le encantaba ser maltratada. Hipnotizado ante todo aquello, atiné a ordenarle que diera una vuelta para verle las nalgas. Ella lo hizo lento, sensual. Cuando estaba completamente de espaldas a mí, se inclinó completamente dejándome ver toda su intimidad y se abrió las nalgas por un par de segundos. Se incorporó lentamente y se encaró nuevamente hacia mí. Para terminar, se jaló un poco los anillos que tenía en los pezones y se mordió el labio inferior sensualmente.

    – ¡Vaya! – exclamó con una felicidad inusitada – Tenía mucho sin que a alguien le excitara mi cuerpo – dijo al ver que mi verga apuntaba nuevamente al cielo

    – Cualquiera que tenga tres dedos de frente se excitaría con tu cuerpo – le aseguré, pero mi mente seguía en otro lado – Si quieres que te coja, dime lo que quiero saber – sentencié poniéndome de pie

    – ¿No aflojas verdad? – comentó con lujuria comiéndose con los ojos mi verga

    – Ni un poco

    – Muy bien. De todas maneras, tú eres el que manda aquí… y déjame decirte que pocos a pocos hombres se les para al ver una gorda – aceptó resignada y se sentó en el sofá – ¿Qué quieres saber?

    – ¿Cómo es que mi esposa conoció a tu esposo y cómo fue que se hicieron amantes?

    – No conozco muy bien la historia, pero lo que sé, te lo cuento desde mi perspectiva

    >>Verás, Vale se dedica a importar y exportar maquinaria pesada para obras de gran magnitud. Es por eso que usualmente está fuera, además de que tiene una flotilla de camiones que se encarga de transportar mercancía. Pero, últimamente ha estado mucho aquí. Supongo que el trabajo así lo requería. Hay temporadas que se ausenta meses.

    >>Un día, mientras él desayunaba y me tenía atragantada con su verga en la boca bajo la mesa, me comentó que había estado cogiendo con otra mujer y que ese día la iba a traer a la casa, para que la conociera. Yo, con sólo esa declaración, ya estaba como agua para chocolate, porque tenía rato que no traía a nadie. Digo, no dudo que no me engañase, pero es más bonito cuando conoces a la amante, en este caso, tu mujer.

    >>Esa noche, cenamos los tres juntos, ellos como pareja y yo como cornuda. Platicamos amenamente y surgió una muy buena vibra entre tu esposa y yo. Ya con unas copas encima, tu mujer se desinhibió e hicimos un trío. Sobra decir que entre los dos me metieron una paliza tremenda, la cual, no tengo que decirte, disfruté muchísimo. De ahí, tu mujer venía cada que podía y cogíamos los tres juntos. Sólo una vez mi esposo me impidió participar y ellos se metieron a nuestro cuarto. Yo sólo me pude masturbar escuchándolos gozar.

    >>Como habrás visto en la entrada, a tu mujer también le gusta maltratarme y lo hace cada que puede. Me encanta. Es dura. Además, hace feliz a mi marido y eso es lo que importa. Obviamente mi Vale también le pega, pero eso es algo que compartimos tu esposa y yo: somos masoquistas. Eso sí, ella no aguanta tanto como yo. Pero me gusta la perversidad de tu esposa. Es caliente e imaginativa. Sumisa y muy zorra.

    >>En una de las veces que vino, hablamos de ti y nos dijo que sabías que ella era una zorra y que consentías que te pusiera el cuerno. Eso a mi marido le fascinó y quiere montarse una mini orgía con los 4. Elenita se negó en un principio, pero prometió que te lo plantearía. Vale sugirió que primero tú me cogieses a mí y ya después veríamos lo demás. Después de mucho hacerse del rogar, tu esposa aceptó y aquí estamos. Resumidas cuentas, eso es todo.

    – ¿Entonces tú tampoco sabes mucho? – pregunté tras un momento de silencio que Maru me concedió

    – Detalles más, detalles menos, eso es todo lo que sé corazón – sentenció Maru acariciándome cariñosamente la pierna

    – ¿No te da miedo de que Vale se enamore de alguien más y te deje? – le pregunté tras otro momento de silencio.

    – Siempre – respondió con total naturalidad – pero no puedo hacer mucho. A veces se encapricha con alguna tipa, pero después de un rato se aburre y las bota. Siempre regresa a mí. Aunque ahorita anda encaprichado con tu mujer.

    – Eso es lo que a mí me preocupa – comenté algo turbado y aun con cierta urgencia de conocer todos los pormenores.

    – No tienes de que preocuparte guapo. Vale se va a hartar en algún momento de Elena y se buscará otra – intentó tranquilizarme Maru, acariciando mi verga, la cual seguía dura como una roca – Incluso te puedo asegurar que tiene otras dos o tres amantes por ahí, además de tu esposa.

    – ¿No te preocupa que te contagie algo con tanta mujer que se coge? – quise saber

    – Siempre nos revisamos y hace que las viejas que tiene se revisen – me aseguró con tranquilidad – tenemos un doctor de confianza y, de hecho, ya revisó a tu mujer hace poco. Lo que me recuerda que tenemos que agendarte una cita con él, para verificar que estés sano y limpio. No te preocupes, el gasto corre por nuestra cuenta

    – Gracias – atiné a decir, aun sumido en pensamientos oscuros y con un brote de inseguridad surgiendo en mi interior – ¿Crees que mi esposa esté encaprichada o enamorada de tu esposo?

    – Lo dudo. Tú estás muy guapo y se ve que eres cariñoso y atento. Se nota a leguas que la amas. Vale es un carbón hecho y derecho. Macho, culero y feo – me explicó Maru – pero tiene una verga muy grande y un aguante que pocos hombres poseen. Yo creo que es la principal razón por la que tu esposa sigue con él.

    – ¿Más grande que la mía?

    – Bastante corazón, 25 cm y gruesa como bate de béisbol – comentó y aquella declaración me cohibió de manera significativa, pues no tenían nada que ver con mis 18 cm, que en ese momento sentía que eran 10 – ¿Por qué les interesa tanto a ustedes el tamaño? Realmente no importa tanto… o bueno, yo pienso de esa manera.

    – Supongo que es una cuestión de casi todos los hombres – respondí taciturno y cohibido, aunque con la masturbación que me estaba haciendo delicadamente Maru, me tenía duro – Lo que me preocupa es que Elena me deje por él o por algún otro que la haga disfrutar más que yo.

    – ¡Qué inseguro! – exclamó Maru dándole un beso muy tierno a la punta de mi verga – Mira, ella es una zorrita, eso no lo podemos negar. Pero creo que te ama. Tanto, que se deja engañar. Es tu esclava, tu puta y además te está teniendo la confianza de contarte todo esto. Si se va a buscar verga, es porque le gusta y no puede quedarse quieta, por más sexo que tengan entre ustedes. Pero, eso tú ya lo sabes y le has dado tu consentimiento. Eso habla bien de ambos.

    – No puedo evitarlo la verdad – comenté meditando todo aquello y me dolía admitir que tenía mucha razón en lo que me decía.

    – ¿Quieres saber alguna cosa más o con lo que te dije fue suficiente? – me preguntó incorporándose, pero al instante se colocó a cuatro y levantó su trasero

    – Por lo pronto, creo que es suficiente – comenté acercándome a ella, dispuesto a penetrarla por fin – Quiero saber más, pero tengo toda la noche para interrogarte – le solté una buena nalgada, quizá algo dura, pero ella solo gimió de gusto

    – Eso era lo que yo quería desde un principio – añadió como en un ronroneo después de gemir ante otra nalgada aún más fuerte que la anterior. Fue delicioso golpearla.

    – ¿Dónde la quieres? – pregunté restregándole mi carajo en la vulva

    – Donde quieras mi amor, tú mandas – me dijo casi en un gemido abriéndose las gigantescas nalgas, dejándome disponible también su culo y apoyándose en el sillón. Coloqué mi verga a la entrada de su culo

    – ¿Te molesta que lo hagamos sin condón? – pregunté mientras lubricaba mi pene con los flujos de su vagina y haciendo intentos de clavársela en el ojete

    – No, sin problema – me aseguró moviendo su trasero sugerentemente – y si quieres terminar dentro, tampoco hay problema, estoy operada.

    Cuando logré meter el glande en su orto, se la clavé entera y ella sólo suspiró. La tomé de las caderas e imprimí mi más frenético ímpetu desde un inicio. Aquello la hizo sonreír y noté que se jalaba los aros de los pezones con una de sus manos. Al poco rato, con una de mis manos le tomé del cabello y la jalé con brusquedad hacia mí, haciendo que se arqueara un poco. Con mi mano libre le solté un buen cachete en el rostro, que ella recibió gustosa. No disminuí el ritmo y aproveché para escupirle en el rostro. Maru gemía como una golfa.

    En ocasiones, nalgueaba su inmenso trasero con fuerza y ella ni siquiera se inmutaba. Pronto, me di cuenta que mi verga salía algo manchada de su mierda y eso me enardeció aún más. El olor de sus excrementos inundó la sala. Bajé una de mis manos a su vagina y no me extrañó encontrarla completamente mojada.

    Tras diez minutos así, estaba por venirme. Se lo comenté a Maru y su única respuesta fue: “lléname el culo de semen cabrón”. Comencé a azotarla con fuerza mientras la seguía penetrando. Me sorprendía que parecía no notar mis golpes, pese a que los descargaba con dureza. Instantes después descargué mi segunda corrida dentro de su ojete y me despegué. Mi verga salió completamente cubierta de mierda, aunque aún dura y goteando de semen.

    Lo que hizo a continuación me dejó alucinado. Al notar lo sucio de inhiesto miembro, volteó y sin ningún asomo de asco me dijo: “perdóname corazón, ahorita te limpio” y cuando imaginaba que iba a ir al baño o a la cocina por algo, se acercó a mí y engulló completamente mi verga llena de su mierda. En menos de dos minutos, la dejó limpia y reluciente de babas. Si tenía dudas, aquello me ganó completamente. Encarrilado ante el descubrimiento, tomé su cabeza y la guié hacia mi culo. Entendida, ella lamió sin reparo mi ojete durante un par de minutos, en medio de los cuales, me solté un largo y sonoro pedo. Ella no hizo ningún comentario ni se detuvo en algún momento. ¡Qué pedazo de mujer!

    – Mi mujer no me mentía – comenté mientras ella seguía comiéndome el ojete – Te gustan las guarradas y lo sucio

    – Me excita mucho – me confesó despegándose de mi culo y permaneciendo hincada. Me soltó una nalgada amigable – Así que me puedes usar de W.C. si gustas, que me como todo

    – Lo dudaría, pero acabo de ver la evidencia – sonreí ante las posibilidades que eso me abría

    – Elenita me dijo que a ti también te gustan ese tipo de cosas – me comentó a la expectativa

    – Tengo fantasías que me gustaría experimentar, pero ella no me ha dado el gusto

    – Pues te dio el gusto, pero conmigo, jajajaja – soltó cómplice con una risa sincera y yo también reí con ella

    – En un ratito voy a tener ganas de mear – comenté sugerente

    – Pues espero que no quieras ir al baño, porque el baño soy yo – contestó sonriente y observó con lujuria mi verga que no perdía su dureza – Veo que sigues en pie de guerra

    – Y quiero volverme a llenar de mierda, así que ponte a cuatro otra vez, por favor – le pedí con educación

    – ¡Vaya! Todo un caballero – exclamó divertida mientras se acomodaba – Una se puede acostumbrar a eso… Mmmmm… – suspiró cuando le solté una nalgada. Otra y otra más – Y a eso también…

    Se la clavé nuevamente en el culo, el cual seguía abierto. Entré con facilidad y comencé con un ritmo normal. Le soltaba de vez en cuando una que otra nalgada, pero ella ni se inmutaba. Eso me desconcertaba, puesto que lo hacía cada vez más fuerte. Maru sólo gemía y soltaba pequeños “Oh” cuando las recibía. Por momentos, aumentaba el ritmo y lo disminuía.

    – ¿No te duelen las nalgadas que te doy? – le pregunté sin dejar de penetrarla

    – Un… poco… – me respondió gimiendo. ¡Zas! Otro azote a sus nalgas, pero ella apenas gritaba – probablemente por lo gordo que… ¡MMMM!… lo tengo no me duele tanto. Además, no me estás pegando tan fuerte…

    – Si te estoy azotando con todas mis fuerzas – comenté y descargué un golpe con todas mis fuerzas. Sus nalgas ya estaban rojas.

    – Lo noto… mmm… pero es que me gusta – me confesó jadeante – Sí me… ¡Ahh! duele, pero me gusta… ¡Sí!

    Continué la dura azotanía y ella me exigía más y más fuerte. Estaba al borde del orgasmo con aquella mujer. No sólo le estaba machacando las nalgas, sino que me pedía más. Volvía a tener la verga llena de sus excrementos. Aquello me estaba llevando al cielo.

    Sin pedirle permiso, saqué completamente mi miembro de su ojete y se la clavé de una por la vagina, a lo que ella estalló en un orgasmo que me empapó los pies. Aumenté mi ritmo disfrutando de su encharcada vagina. Disminuí los azotes, más no los detuve ni bajé su intensidad y lo que más me agradaba es que se dejaba hacer. Tras unos diez minutos de una jodienda increíble, volví a llenarle de semen.

    En aquella ocasión, mi verga comenzaba a perder su tamaño, pero eso no impidió que Maru limpiase nuevamente la mierda, semen y flujos que la cubrían. A pesar de que seguía perdiendo dureza, estaba completamente inflamado y excitado. Cuando mi verga quedó limpia, le ordené a Maru que se sentase en el sofá con las piernas abiertas a lo que ella obedeció.

    Completamente excitado, me lancé a devorar la sucia vagina de la gorda mujer que estaba dispuesta a complacer todos mis deseos. Sin importarme la suciedad, intenté limpiar su gruta, tal y como ella lo había hecho conmigo, así como corresponderle el placer con mi lengua. Pese al asco que todo aquello conllevaba, disfruté degustando sus flujos, mi semen y su mierda.

    Por otro lado, nunca había conocido a una mujer perforada y sentía una creciente curiosidad por estirar y juguetear con sus anillos. Lo hice y el primero fue el de su clítoris. Estiré un poco hacia afuera y luego hacia los lados, pero sabía que tenía que ser delicado. Con los que adornaba sus labios no fui tan condescendiente, pero ella jamás se quejó, muy al contrario. Gemía y pegaba mi cara a su encharcada vagina.

    Maru, amasaba sus pequeñas tetas y estiraba sus pezones continuamente mientras suspiraba de placer ante mi mamada. De pronto, sin avisarme, un chorro saltó a mi rostro, indicándome que se había vuelto a correr. Enardecido, introduje dos dedos en su vagina mientras seguía lamiendo su clítoris. Ella gemía. Agregué un tercero y poco después un cuarto. Nunca me mostró molestia alguna.

    Estaba en algo parecido a un trance. ¿Sería posible? Sin importarme si le hacía daño o no, comencé a mover mis dedos de manera frenética dentro de su vagina. Volteé mi cabeza hacia su rostro y la noté excitadísima. Sin apartar mis ojos de los suyos, moví con más fuerza mis dedos y ella me sonrió mordiéndose el labio inferior. Con mayor seguridad y con algo de dificultad, empujé para introducir toda mi mano dentro de su concha. ¡FINALMENTE!

    No podría explicarlo, pero, tuve un orgasmo, pese a que mi verga estaba completamente flácida. Maru gimió fuerte ante la intrusión, pero fue más de placer que de otra cosa. Yo estaba tratando de disfrutar de todas las sensaciones que percibía. Comencé a mover mi puño lentamente y estiré un poco más su clítoris. Lo retorcí levemente. Maru tuvo otro orgasmo más prolongado, pero soltó poco flujo.

    Quería extender el momento lo más posible. De pronto, sentí la mano de Maru asir mi muñeca y ella misma mover mi brazo con rapidez. Comencé a penetrarla con fuerza tal y como ella me lo pedía y comenzó a gemir con más fuerza. Yo estaba alucinado. Continué así cerca de cinco minutos y Maru volvió a tener un orgasmo intenso, momento en el cual retiré mi mano de su interior.

    Inmediatamente le di a chupar tres de mis dedos que ella absorbió al instante y lo demás se lo restregué en el rostro. Ella, dispuesta, seguía con las piernas abiertas mirándome. Volví a bajar para meterle nuevamente mi puño, el cual entro con facilidad y la violé nuevamente por unos instantes así, para después sacarlo. Tomé dos de mis dedos y se los inserté en el culo y salieron llenos de mierda. Se los di a chupar y me los limpió sin ningún asco.

    Maru seguía expectante a lo que yo quisiera hacer y yo estaba excitadísimo. Descargué tres buenos golpes con mi mano extendida sobre su vulva y ni siquiera cerró sus piernas. Dos más y una buena retorcida de su clítoris. Apenas gimió. Sonreía y sostenía sus piernas abiertas con sus manos. Yo estaba como un toro y duro nuevamente.

    Le propiné dos fortísimas cachetadas para penetrarla nuevamente, pese a que ni siquiera encontré resistencia en su concha. Aun así, continué y tiré de los anillos que había en sus pezones. Eso pareció encantarle. Yo imprimía un ritmo frenético.

    – ¡Jala más fuerte, por favor! – me rogó mientras torturaba sus pechos

    – ¿Así? – pregunté jalando duramente sus pezones

    – ¡Más fuerte! – exigió casi fuera de sí y traté de cumplir sus exigencias, temiendo hacerle daño – ¡Sin miedo, hijo de tu puta madre! – y volví a tirar con miedo de rasgarle el pezón, pero ella seguía pidiendo más – ¿Es que eres maricón? ¡Fuerte!

    Con ímpetu, comencé a dar fuertes tirones, como si se tratase de las riendas de un corcel y ella comenzó a gemir. Aumenté el ritmo de mi penetrada mientras seguía estirando sus pezones al máximo. Debo decir que, por momentos, sentía que le iba a desgarrar el pezón, pero afortunadamente no sucedió. Maru se notaba excitadísima y en varias ocasiones soltó un chorro corto, pero con una presión fuerte. Imaginé que fueron pequeños orgasmos.

    En ocasiones, alternaba los tirones con cachetadas a su rostro o golpes en sus tetas, a lo que ella exigía que lo hiciese con más fuerza. Seguimos así cerca de veinte minutos y para esas, Maru tenía la cara y las tetas rojas. De pronto, ella comenzó a convulsionarse y estalló en un orgasmo intenso, que no alcancé a percibir. Imagino que, de puro placer, poco después comenzó a orinarse encima de mí, lo cual, lejos de molestarme, me excitó y disfruté el sentir el calor de su líquido amarillo.

    Aquello fue un éxtasis que pocas veces he experimentado y fui yo quien estallé en un orgasmo que me nubló completamente la vista. Me dejé caer sobre ella, jadeando y disfrutando aún. Ella me abrazó por las nalgas, mientras yo sentía cómo seguía expulsando semen.

    – Disculpa si te lastimé – alcancé a decirle, aun recostado sobre ella, una vez que se hubo tranquilizado mi respiración. Mi verga seguía goteando semen, fuera ya de su vagina y completamente flácida

    – No tienes por qué disculparte – me reclamó algo molesta – Pero bien me advirtió Elena que eras así

    – ¿Así cómo? – quise saber

    – Que siempre te andas disculpando – me explicó – No tienes por qué hacerlo. Tú eres el amo aquí. Es tú placer el que importa. Grábatelo. Yo soy sólo una puta.

    – Eso no es cierto…

    – Si es cierto – me interrumpió – Soy una puta, que fue vendida por su amo. Él me vendió a ti, por lo tanto, tengo que satisfacerte. ¿Te excita pegarme? Pégame, para eso me pagaron. No tienes que disculparte corazón. ¿Quieres que me trague tus meados, que me coma tu mierda? Mi amor, yo soy tu W.C. personal – lo dijo con tal firmeza que me sorprendí – No tienes por qué pedir perdón. Además, eso habla de que no eres un buen amo…

    – ¿Perdón? – repuse ofendido

    – Corazón, con ese tipo de cosas, tu autoridad se ve afectada – me explicó – Deberías de ser más duro. Tener más sangre fría. Sí, debes de ver por la seguridad de tu pareja, pero a esta puta le gusta el maltrato. Golpéame.

    – Pero siento que me excedí un poco en cómo te traté…

    – ¿Excederte? – exclamó con evidente hastío – Lo que me has hecho apenas son caricias a comparación de lo que me hace Vale. ¿Y si te excediste qué? Que te valga madres. Pero te reitero, tú eres el que manda, yo no soy quien para juzgar. Incluso, creo que debería ser castigada por tener el atrevimiento de haberme orinado o haberte insultado… haberte hablado así…

    – Pero si me ha encantado. Es más – comenté y a manera de ejemplificar mi gusto por aquello, le di un buen sorbo a sus muslos y un buen lametón a su vagina, limpiando un poco de toda la orina que había ahí.

    – ¡Ay mi amor! – exclamó – ¡Qué rico! Y que rico que te guste también

    – Elena jamás habría hecho eso ni nada de lo que hiciste antes – comenté refiriéndome a ella cuando se comió su propia mierda.

    – Al principio a mí tampoco me gustaba – me contó mientras yo me sacudía la verga, salpicándola del poco semen que seguía goteando – pero Vale me obligaba… al final me terminó gustando… me hace sentir más perra… más sucia… más humillada…

    – Ojalá Elena pensara así…

    – No tiene por qué pensar así. Simplemente tiene que hacerlo. – dijo Maru – Oblígala, ella es tu puta, ¿no es así? Ella debe de hacer lo que tú le mandes. Y si no lo hace, castígala.

    – Pienso que debe de haber un consenso y que todos tenemos límites – me defendí – Y creo que ese es el límite de Elena

    – Si… y no – comentó y se acomodó mejor en el sofá – Tienes razón en parte, pero cada quien habla de cómo le va en la feria. A mí me gusta cómo me trata Vale y he visto cómo otros amos tratan y educan a sus esclavas, pero, es cierto, cada quien es diferente. Podrías intentarlo de todas formas.

    – Eso sí puede ser una opción – convine y sentí la necesidad urgente de mear – Veré que hago en ese aspecto.

    – Yo sólo estoy opinando, te reitero, tú eres el que manda aquí – se disculpó – Probablemente no debería desafiar tu autoridad ni criticarte.

    – Está bien. No me molesta, al contrario, acepto la crítica constructiva – la tranquilicé – ¿Pues qué te hace Valentín si dices que lo mío son caricias? – pregunté con curiosidad incorporándome y dejándola tendida en el sofá, el cual, quedó hecho un verdadero cochinero

    – Me castiga – contestó como si fuese algo obvio – y muy fuerte. Si gustas, tenemos fustas, látigos y demás cosas. Él siempre las usa y no se anda preocupando si me lastima de más o no. ¿Ves todas estás cicatrices? – me preguntó y se señaló el cuerpo entero con un orgullo palpable. Yo comencé a notar más marcas de las que había observado en un inicio. Tenía el cuerpo plagado de ellas – La mayoría me las hizo él

    – ¡Son muchísimas! – exclamé acercándome a ella y tocando algunas de ellas

    – Y las que me faltan – comentó con deseo y aquello me gustó – Me gusta que sea así de duro y bruto.

    – Algunas son de quemaduras de cigarro, ¿verdad? – pregunté señalando algunas marcas en su panza y en sus tetillas, pero había otras más en sus brazos y muchas más en sus piernas

    – Si, le gusta hacer eso a veces y que sus amantes lo hagan conmigo – rio con nostalgia y verdadera alegría – Y también le gusta amarrarme, azotarme, asfixiarme…

    – ¿Cuántas veces has terminado en el hospital? – quise saber al escuchar lo inverosímil de la situación

    – Unas cuantas – me confesó recordando divertida – La más brutal fue cuando tomó un palo de escoba y mientras estaba amarrada y suspendida, me molió a golpes como si fuera una piñata. Terminé con tres costillas rotas, algunas lesiones internas y muchos moretones.

    – ¿En serio? – sorprendido ante la brutalidad – ¿Y sigues con el tipo?

    – Por su puesto – me aseguró como si la pregunta fuese una ofensa

    – Eso ya es demasiado – comenté anonadado

    – No corazón – me soltó sugerente – Yo lo disfruto enormemente

    – Entonces, ¿si yo quiero, puedo agarrar un palo de escoba y molerte a golpes? – pregunté como si aquello fuese un absurdo, pero ella me miró con un brillo de perversidad en los ojos

    – Por supuesto mi rey – me dijo con una seguridad pasmosa – aunque preferiría que no lo hicieras, porque la recuperación es algo lenta y tardada, pero si sientes el impulso, adelante…

    – ¡No puedes estar hablando en serio! – exclamé estupefacto, no obstante, notaba que lo que me decía era verdad – Ya entiendo por qué decías que lo mío sólo eran caricias a comparación de lo que te hace tu marido

    – Y si se me permite sugerir, yo no quiero caricias, quiero verdaderos golpes – me miró a los ojos con verdadera determinación y lascivia, lo cual me sorprendió, pero me hizo saltar de alegría internamente

    – Muy bien – dije intentando asimilar todo lo anterior – Si te portas adecuadamente, veremos si lo hago

    – A tus órdenes mi amor – dijo sugerentemente abriendo un poco sus piernas – Sólo por esta noche, así que aprovecha.

    – Lo haré, lo haré – le aseguré maquinando ya varias cosas que se me habían ocurrido de momento – Es más, en aras de todo esto… – comenté agarrando mi pene flácido y sacudiéndolo un poco – Abre la boca

    Ella, obediente, se hincó y abrió su boca con una sonrisa. Solté mi orina y ella la recibió con verdadero deleite. Tragaba lo más que podía, pero, al no detener su flujo, la empapaba y se desbordaba. Para más humillación (aunque creía que no había nada que yo hiciera que la hiciese sentir de esa manera) empapé su cabello y todo su cuerpo. Para terminar, llené su copa de vino con un buen chorro de mi agüita amarilla, aunque me guardé un poco para después.

    Mientras soltaba las últimas gotas sobre ella y observaba con deleite como ella se relamía, se apoderó de mí cierto furor por comprobar mis límites, así que intenté meterme en el papel de amo sádico. Sin que ella se lo esperase, golpeé su rostro con el dorso de mi mano, lo cual le partió el labio.

    – Ahora sí estamos hablando – dijo sin poder reprimir una sonrisa, mientras se limpiaba la sangre con un dedo

    – ¿Eso es lo que quieres mujer? – pregunté intentando sonar enojado, pese a que no lo estaba

    – De eso pido mi limosna corazón – añadió con una cara que difícilmente puedo describir

    – ¿Por qué desperdiciaste mi preciada orina, zorra? – le increpé con ferocidad y al momento siguiente introduje cuatro de mis dedos en su boca, impidiéndole hablar. Ella intentó zafarse de mi agarre, pero tomé su cabello y tiré de él con fuerza para sostenerla. Me había metido en un papel distinto. – ¿Por qué no respondes perra? ¿No te han dicho que es de mala educación quedarse callada cuando se te está exigiendo una respuesta? – aproveché el momento y le di dos buenas cachetadas, mientras seguía con la otra mano metida en su boca. Ella intentaba hablar, pero no podía y logré ver una mirada divertida en sus ojos. Tras un par de minutos de esfuerzo en lo que ella se retorcía, la solté – Y bien puta…

    – Lo siento Señor – se disculpó jadeante y lascivamente, pero con una leve sonrisa – No volverá a suceder

    – Esto merece un castigo – sentencié y azoté tres veces sus tetas con violencia – pero no cuento con los instrumentos necesarios. ¡Trae lo que sea que tengas para esos fines!

    – Enseguida – obedeció poniéndose de pie y corriendo a cumplir mi orden

    Un minuto después trajo una maleta de viaje que abrió a mis pies. Ella se hincó y colocó sus brazos a su espalda y agachó la cabeza. Se le notaba feliz y yo sonreí con malicia. Maru estaba bien entrenada. Al observar el contenido de la maleta me di cuenta de que había muchísimas cosas: pinzas metálicas y de madera, fustas, látigos, esposas, cuerdas, cables, consoladores de todo tipo, tapones anales, bolas chinas, mordazas, correas… en fin, todo un surtido de artilugios.

    – Muy bien putita, me has dicho que te gustan que te castiguen – comenté revolviendo el contenido intentando decidirme por alguna cosa que hacer – Y cómo te la has pasado criticándome, seré especialmente severo.

    – ¿Puedo correrme mientras me castigas? – me preguntó sin levantar la mirada

    – ¿Vale controla tus orgasmos? – quise saber

    – Usualmente si

    – ¿Por qué me estas pidiendo permiso ahora, si antes ya te has corrido muchas veces? – pregunté con severidad

    – Pues… – balbuceó y sonreí al poder haberla atrapado un poco

    – Contesta con sinceridad

    – No sabía cómo serías – comenzó a explicarse aun con la cabeza gacha – Si sólo serías un hombre más, si serías un amo… No lo sabía, hasta ahora… Me corrí porque lo necesitaba y porque quería darte un pretexto en caso de que lo quisieras. He cometido un montón de cosas que mi amor y amo no me permite hacer…

    – Por mi puedes correrte las veces que quieras, cuando quieras – le dije tras un breve momento de cavilación – y ya que estamos en éstas… Sólo tengo unas cuantas cosas que quiero dejar en claro: 1) siempre quiero la verdad, por más ofensiva o cruel que sea. Si te pregunto algo, me respondes con honestidad; 2) si hay algún límite que no deba cruzar, me lo dices. De igual manera si tienes alguna palabra de seguridad, házmela saber. ¿Entendido?

    – Si señor – contestó

    Le ordené ponerse de pie y con las manos a los costados. Tomé un látigo corto de muchas tiras y lo agité un poco. Usualmente, hay maneras de provocar dolor sin hacer mucho daño a la piel y eso requiere cierta práctica. Una de las reglas básicas es siempre cuidar a tu contraparte, pero por alguna extraña razón ella no quería miramientos ni precauciones. De prueba estaba su cuerpo lleno de cicatrices. Así que me dispuse a lastimarla en toda regla.

    Empecé con algo ligero, pero sin tener mucho cuidado. Azoté fuertemente sus tetas, sus muslos, su panza, su espalda y sus nalgas. Tal vez, diez azotes en cada zona, para calentar. Y ella los aguantó estoica. Ni siquiera gimió.

    Recuperé de la maleta un látigo un poco más largo y de igual forma, con muchas tiras de cuero. Repetí el castigo sólo que aumenté los golpes a 15 en cada zona. El aire restallaba con cada uno de mis movimientos y ahora si logré sacarle algunas quejas, pero no se movió ni hizo amago de protegerse, lo cual me indicaba que suprimía muy bien sus instintos naturales y que de verdad gozaba con el dolor.

    No pude evitar acercarme a ella por detrás y azotar con mi mano duramente sus nalgas, ya maltrechas por los azotes de la jodienda previa aunado a los golpes del látigo que acababa de recibir. Golpeé con furia y fuerza desmedida ese gigantesco y gordo culo hasta que mi mano me ardió. Toqué bruscamente su concha y nuevamente la encontré encharcada. Le introduje un par de dedos, jugueteé un poco en su interior y me retiré para continuar.

    Dejé de lado los látigos y cogí las numerosas pinzas metálicas que encontré y me dediqué a adornar sus tetas. Maru suspiraba cada vez que colocaba una, pero la notaba al borde del orgasmo. También encontré unas pesas pequeñas que se adaptaban perfectamente a los aros que tenía en los pezones o en la vulva y decidí estirar todos.

    Cuando hube terminado con las tetas, como me sobraban pinzas, coloqué algunas en sus labios vaginales y cerca de su clítoris. Ella ya gemía, pero soportaba muy bien todo aquello. Revolví nuevamente la maleta hasta dar con una vara de las que se utilizan para el “canning”. Sé que son muy dolorosas. Sonreí.

    Feliz de tener un culo que anhelaba ser destrozado, comencé a golpearla con la vara en las nalgas. Fue la primera vez que la escuché gritar. Sin pedírselo, comenzó a contar los azotes. Cuando llevaba quince, temblaba y berreaba de dolor. El siguiente golpe blandió el aire de lo fuerte y alcancé a ver sangre instantes después sobre sus nalgas. Maru cayó de rodillas, pero al instante se recargó en el sillón, manteniendo el culo bien parado.

    – ¿Quieres que me detenga zorra? – pregunté dubitativo ante el estado de sus nalgas y escuchar sus sollozos.

    – No… No – me dijo y me imploró – por favor sigue… sigue…

    – Estas sangrando – apunté como que no quiere la cosa, pero descargué otro golpe, el cual hizo que gritara de dolor

    – ¿Eso que importa? – me dijo cuándo hubo dejado de gritar – Por favor, sigue…

    Como respuesta le arreé dos golpes seguidos tras los cuales vi más sangre y cuando descargué un tercero, Maru estalló en un orgasmo intenso, soltando una cantidad inmensa de jugo. Se dejó caer al suelo y comenzó a temblar, completamente ajena a todo y gimiendo. La escena era extraña y decidí adornarla orinándole nuevamente encima mientras disfrutaba del orgasmo. Casi ni lo notó. Esto último fue particularmente complicado, debido a que tenía una erección considerable y debo confesar que estuve a punto de correrme con todo lo anterior.

    Maru se recompuso un par de minutos después y volvió a colocarse con el culo en pompa. Las pinzas seguían lastimando su piel en donde las había colocado y las pequeñas pesas hacían su parte. La sangre seguía brotando a gotas sobre las líneas marcadas en sus posaderas y le conferían un color más rojo, si cabe. Incapaz de contenerme un segundo más, abrí sus nalgas y la sodomicé con furia, con toda la intención de hacer temblar las pinzas. Ella gemía con cierto dolor, pero aguantaba como una campeona.

    Mi lado sádico afloró más y comencé a azotar su espalda con brío mientras mi verga se llenaba de sus excrementos. Maru gemía se retorcía ante cada golpe de la vara, pero con la otra mano la tenía bien sujeta. Por momentos, se pedorreaba y expulsaba pequeños pedazos de mierda añadiéndole una presión curiosa a mi penetración.

    Tras cerca de veinte azotes en su espalda, dejé a un lado la fusta y la tomé por sus inmensas caderas. Aumenté el ritmo de mi penetración, soltando esporádicos azotes sobre sus muslos y nalgas. Continué así cerca de diez minutos y sentía cerca mi orgasmo. Maru lo intuyó e intentó apretar su esfínter, acompasando mis frenéticos movimientos con su cadera. Exploté y morí. Una muerte chiquita.

    Cuando salí de su culo, casi inmediatamente succionó mi verga para limpiarla, cosa que agradecí. El verla tragar su propia mierda casi me hace tener otro orgasmo. Una vez “limpio”, le ordené ponerse de pie frente a mí para después azotar con mi mano sus tetas con toda la intención de así removerle las pinzas. Ella sonrió con sorpresa al primer golpe y gimió cuando al segundo logré retirar cuatro. Azoté a placer sus pequeñas ubres, feliz de escucharla gemir de placer ante mis duros manotazos. Cerca de veinte golpes después, sus tetas estaban libres y descolgué la pesa que estiraba sus pezones.

    No tuve ni que ordenarle que haría lo mismo con su vulva, pues se recostó en el sofá y me abrió las piernas de manera obscena, lo cual casi me la levantó de nuevo. Repetí el proceso con las pinzas en su vagina, la cual disfruté enormemente azotar, ya que se encontraba encharcadísima, pese a estar completamente lastimada en todo el cuerpo.

    Para culminar esa parte de la faena, le impuse mamarmela hasta que la tuviese erecta nuevamente y, una vez así, llevarme al orgasmo en menos de veinte minutos. Aquello sólo lo logró al meterme un par de dedos en el culo y aplicar sus mejores técnicas orales. Había amenazado con azotarla nuevamente en las nalgas con la vara si no lo lograba, pero aquella mujer, pese a haberse librado del castigo, me pidió que sí la azotase, sólo que con mis propias manos. Le pegué hasta que tuvo un nuevo orgasmo.

    La noche continuó con una jodienda de antología que me dejó exhausto, pero no quisiera extenderme más de lo que ya lo he hecho. Quizá relate lo que sucedió en el resto de la velada en un relato aparte. Sólo puedo decir, que no dormimos hasta casi las cinco de la mañana y despertamos cerca de las tres de la tarde del siguiente día.

    Maru me preparó una comida deliciosa a base de mariscos en un santiamén que me hicieron recuperar un poco las fuerzas y las ganas. Me hizo prometerle que volvería a joder con ella e hizo hincapié en que le gustaría estar ella sola conmigo, lo cual me pareció extraño.

    Completamente agotado, llegué a mi casa rozando las seis de la tarde. Enteramente saciado de sexo, lo que anhelaba eran respuestas por parte de mi esposa. No la encontré en ningún lado hasta que bajé al sótano que teníamos acondicionado para nuestros gustos.

    Lo que encontré ahí continuará en el siguiente relato, junto con nuestras aventuras… ahora, ambos cornudos, aunque atino a decir que mi cornamenta era muchísimo más abultada que la de ella…

    Felices pajas.

  • Mi profesora, mi compañero y yo (Parte 2)

    Mi profesora, mi compañero y yo (Parte 2)

    En el pasado, le había contado a Sasha sobre mis dudas de sexualidad. Me gustaban las mujeres, pero siempre tenía erecciones más fuertes al ver penes y me lamía los labios constantemente al verlos.

    Fue un sábado cuando Sasha me llamó, el corazón me latía a mil por segundo, esperaba que Caleb dijera que no a tenerme en un trío, no después de haber intentado forzar a Sasha.

    «Pues… dijo que sí. ¿Todavía quieres hacer esto?», Me preguntó Sasha a lo que respondí sin dudar que sí.

    «Pues te quiero dejar claro algo, Óscar».

    Ya sabía lo que se venía encima. Me dijo que no dejaría que por ninguna razón le hiciera daño a Caleb, que estar en un trío era cosa de confianza y no de celos, agresividad o envidia. Me dijo que tendría que usar condón, incluso aunque Caleb no lo hiciera. Después de lo que sentí fue un regaño, vino la parte más blanda.

    «Vente el otro sábado con la mente abierta, Óscar, vamos a pasar un buen rato los tres, ¿está bien?».

    No me dio tiempo para responder y colgó.

    Cuando por fin llegó el día, estaba aterrado. El enorme pene de Caleb me intimidaba, la idea de ponerme nervioso y no poder ponerme duro o de que ella lo prefiriera me aterraba. Aun con todo ello, llegué a la hora acordada ese sábado. Llamé a la puerta y nadie respondió. Pocos segundos después recibí una llamada de Sasha.

    «Está abierto». Pude escuchar el sonido de su culo aplaudiendo y su voz resbalaba.

    Abrí la puerta y en ese momento un fuerte grito salió de un cuarto al final del pasillo, aquel donde los vi juntos por primera vez. Me acerqué y me asomé y vi a Sasha nalgas arriba con Caleb encima de ella, su pene enterrado en lo profundo de su ano, ella estaba boca abajo con el culo levantado y él estaba de tal manera que le pisaba la cara con el pie a la vez que subía y bajaba las caderas y su pene se asomaba y se escondía en el ano de Sasha. La expresión de Caleb me hizo sentir excitado al instante. Era placer puro, estaba sonrojado y tenía marcada una vena en la frente. Las manos de Sasha apretaban con fuerza las sábanas y su cabeza estaba hundida en ellas con el pie de Caleb en su nuca, no la dejaba respirar. Finalmente, Caleb echó una mirada a la puerta y me vio y entonces le quito el pie de la nuca a Sasha y la hizo bajar su culo hasta que estuvo acostada boca abajo totalmente. «ya llegó» le dijo y levantó sus caderas como si fuera a dejar de penetrarla, Sasha apenas y estaba recuperándose cuando Caleb dejó caer sus caderas una vez más, metiéndole su tronco entero en el ano y haciéndola gritar de dolor y placer.

    Sasha tenía el rostro congestionado y caminó con la respiración agitada hasta la puerta, Caleb se quedó sentado en el borde de la cama viéndola caminar hacia mí. Abrió la puerta de golpe y antes de darme cuenta Sasha me estaba besando con sus carnosos labios, gruesos y rojos como ningunos otros. Me pasó las manos por el pecho y yo le acaricié la espalda suavemente, pero apenas empecé ella se separó de mi y se sentó junto a Caleb.

    Empezaron a besarse frente a mi y solo interrumpieron su beso cuando Sasha me dijo «encuérate». Y eso hice, me quité el suéter, la playera y tarde un buen rato en quitarme los zapatos, me temblaban las manos de lo nervioso que estaba y para cuando me quité los pantalones Sasha y Caleb estaban acostados otra vez. Ella me llamó con la mano y me jaló el brazo cuando estuve lo suficientemente cerca. Quedé en medio de ambos y Sasha volteó a ver a Caleb con una mirada que gritaba sexo. Ella me echó un brazo encima y con la mano estrujaba fuertemente el pene de Caleb que ahora tocaba mi pierna y podía sentir su líquido preseminal caliente. Caleb me echó la mano encima y comenzó a masturbarme, antes de que pudiera retirarme él y Sasha empezaron un beso de tres y, antes de darme cuenta, nuestros labios se unían en un intercambio de pasión que me hizo sentir raro al principio, nunca había besado a otro hombre, pero me dejé llevar y sentir los labios de Caleb y los de Sasha a la vez me hizo sentir más excitado que nunca. Caleb usaba su mano de manera experta, subía y bajaba a lo largo de mi pene y con el meñique estimulaba mis testículos de tanto en tanto. Sasha cortó el beso y me separé de Caleb únicamente cuando él mismo dejó de besarme.

    «Ponte condón» me dijo Sasha a la vez que se paraba encima de la cama y se ponía de cuclillas sobre el enorme y grueso pene de Caleb hasta que su glande entró en su vagina. No tenía puesto condón y a ninguno parecía importarles. Me levanté de la cama y saqué los condones de mi pantalón tirado. Me puse uno y me acerqué a ellos. Sasha ya estaba gimiendo de placer y tenia las manos apoyadas en el pecho de Caleb.

    «Mételo en mi ano» me dijo y se abrió un poco la nalga izquierda con una mano. Su culo era perfecto y parecía que el espacio entre sus nalgas era el lugar más apretado de la existencia. Pero su ano… era grande. Mi pene se deslizó sin mayor dificultad y tardé un poco en acomodarme en buena posición. Sasha se dejó caer sobre el pecho de Caleb, mismo que la tenía agarrada del cabello y mantenía la cabeza de nuestra profesora pegada a la suya en un beso que se extendió minutos. Cuándo se separaron, Sasha me dijo «muévete más». Y empecé a menear mis caderas torpemente. Caleb en cambio estaba mete y saque sete y saque y parecía no tener problema para moverse en esa pose.

    Pasaron unos minutos y Sacha parecía responder sólo a cuando Caleb se movía. Poco a poco, comencé a perder la erección por los nervios.

    «A ver, deja le enseño». Dijo Caleb y me empujó fuera de Sasha, se la quitó de encima y me dijo que me acostara. Eso hice. «Móntalo», le dijo a Sasha a la vez que le daba una fuerte nalgada que hizo una ola de carne en sus nalgas. Sasha hizo eso, me montó como lo estaba haciendo con Caleb y mi pene entró sin el mínimo esfuerzo, dejó salir un gemido suave a la vez que mi pene entraba. Me sentí en el paraíso y verla encima de mí con sus hermosos senos y esas areolas rojas y sus pequeños pezones… Lo siguiente que siento es cómo un peso extra se me pone encima y escucho a Sasha gritar mientras Caleb le hunde el pene en el ano. Sasha gritaba a la vez que sonreía y se le salían unas pocas lágrimas. «Cállate, Sasha, deja le explico».

    «Mira, estira una pierna y agárrala de la cintura y mete tu otra pierna en medio de las mías. Así puedes moverte bien sabroso aunque haya otro en la vagina». Habiendo dicho eso, procedió a moverse como yo debía haberlo hecho y Sasha parecía tener espasmos a cada embestida de Caleb, el tronar de sus nalgas al chocar contra sus huevos y piernas es uno de los sonidos más placenteros que he llegado a escuchar y los gemidos de placer de Sasha lo acompañaban a la perfeccion. » Hazle así», me dijo y sacó su pene del ano de Sasha, misma que meneó un poco sus caderas anchas cuando el grande de Caleb salió de su ano, haciendo un viscoso sonido y empezó a levantarse pero Caleb la puso nuevamente sobre de mí. «Quédate asi, amor», le dijo. Amor… puta madre, eso me dolió. La dejó montándome y se puso encima de mi, y frente a Sasha, sus testículos parecían putas naranjas y me quedaban por encima de la frente, su largo tronco recorría toda mi cara y su glande me quedaba a la altura de la clavícula. Sasha tomó el pene de Caleb y se lo llevó a la boca. Y yo mientras movía mis caderas y sentía los huevos de Caleb acariciándome el cabello.

    Finalmente, me decidí a hacerlo. La raíz de su tronco me quedaba cerca de la boca y de estar viendo su pene y fingir que no está ahi a aunque sea probarlo, decidí probarlo. Podía sentir un fuerte olor que, supuse, venía de haber entrado en el ano de Sasha y estaba en lo correcto, cosa que no hizo más que excitarme. Dios, me estaba dominando, y me encantaba. Sasha me dio un beso en el cuello, dejando caer el pene de Caleb entero sobre mi cara, me hizo un poco de daño, pero seguí lamiendo y ella no tardó mucho en unirse y nuestras lenguas se cruzaban por momentos a la vez que recorrían el pene de nuestro amante común.

    «No mames, no mames» dijo Caleb y su pene cada vez palpitaba más. «Aguantame» dijo Sasha y rápidamente se paró, dejando salir mi pene, se abrió de piernas frente a Caleb sobre la cama de tal forma que sus rodillas me quedaban a los lados de la cara y su pubis y vagina sobre mí. Caleb metió rápidamente su pene en la vagina y ya ahí dejo salir una larga carga de esperma, tan grande que sus huevos se contrajeron y pude ver cómo su tejido blando del pene se ponia rígido y venoso durante largos treinta segundos de eyaculación intermitente.

    Me disculpo por la mala ortografía y fallos, escribo esto desde el celular.

  • Una mamá adoptiva con tetas gigantes (Parte 2)

    Una mamá adoptiva con tetas gigantes (Parte 2)

    Cuando Laura salió de su habitación, aquello que vi me dejó boquiabierto! Tenía puesto una blusa sin manga y con escote de color blanco, y un short color negro de tela fina. Sus senos si que eran grandes que digo grandes… ‘GIGANTES’ pero sus nalgas no se quedaban atrás. Aquel short estaba a punto de reventar por el tamaño de su culo.

    Se sento en el sofá y me pregunto que si era muy atrevido lo que traía puesto claro que no le dije y empecé con mi masaje. No lo podía creer, desde atrás podía ver como su brassier muy apenas podía contener semejante par de carnes. Mi miembro empezó a creecer y me empeze a poner muy nervioso, era la primera vez que estaba con una mujer de verdad, las otras veces solo fueron revistas que veía escondido de las monjas y los curas.

    Me temblaban las manos y sudaba frío, cada que recorría su hombro cuello y espalda. Termine con la parte de arriba y le pregunté si quería que continuara. Si no te molesta seguirle dando masages a esta vieja gorda me dijo, no para nada aparte, no estas gorda eres una BBW y eso que es me pregunto. Big beautiful women! O sea mujer grande bonita. Hay que cosas dices Jonatan si soy una vieja culona y tetona. Pues a mi me pareces atractiva! Cállate muchacho no sabes lo que dices, soy tu mamá, si pero no de sangre le dije. Aparte me gustan mucho tus enormes tetas y tu gran culo. Bueno y tú porque no tienes novia? Es qué hay algo que no sabes mamá Laura! Que es mi Niño, tengo un pene muy grande. Como que muy grande acaso eres un burro? Pues casi mamá Laura, quieres verlo? Mamá Laura se volteó y sus ojos se llenaron de asombro! Vaya que si es grande mi niño, hace cuando que la tienes así? Desde los 15 años mamá Laura. Mmmm la puedo tocar? Bueno si no te molesta. Laura empezó a tocar ese pene de 20”cm lo apretaba y acariciaba. Mamá Laura hay algo más, qué pasa mi niño! Es que me gustan mucho tus enormes tetas, son muy grandes y eso me excita mucho. Tu lo crees? Bueno entonces toma mi niño. Laura se quitó la blusa y el sostén, sus tetas cayeron casi hasta su hombligo eran dos par de tetas blancas pecosas con una enorme areola rosada y un pequeño pezon.

    Me abalancé sobre ellas como un pequeño, sediento de leche. Empecé a chupar a succionar, no me alcanzaban las dos manos para una sola teta. Después fui a su enorme trasero y empecé a masajearlo lo apretaba fuete, la puse en cuatro y la empeze a nalguear. Empeze a ver cómo su nalgas iban cambiando de color, me dijo que quería chuparla! Ok no hay problema le dije, empezó a chupar y trataba de metérsela a la boca. Seguimos así por un buen rato, yo mamando sus tetas y ella tratando de meterse mi pene en la boca. Hasta que me dice que quiere que se la meta. Aquello me excitó aún más, pues estaba a punto de poseer a una madura tetona y culona. Se aseguró de lubricar bien su vagina, pues nunca antes había tenido una verga tan grande dentro de ella. Se puso en cuatro y me pidió que fuera cuidadoso con ella.

    Empeze a empujarla poco a poco, pero no quería entrar, de tanto insistír entro… y me dolió mucho. Veía como sus enormes nalgas blancas rebotaban en mi pene. Hicimos todas las posiciones posibles, ella gemía de placer y yo disfrutaba de su cuerpo maduro, no me cansaba de chupar ese par de senos blancos y pecosos. Descargue toda mi leche y ella quedó sadisfecha.

    Al día siguiente cuando volví de la universidad, Laura se estaba bañando, y tenía la puerta abierta…

    continuará!

  • Mi viaje a España

    Mi viaje a España

    El siguiente es un relato que escribí junto a un amigo que conocí en esta página, ambos nos deseamos y escribimos un relato que a nuestro modo de ver, sería justo como podrían las cosas si llegamos a conocernos, la amistad que surgió de esta página me ha hecho honestamente se una gran amiga de este hombre español…

    Autores:

    JulioG y Ejecutiva Mx

    Julio:

    Fue una sorpresa recibir el mensaje de Mariela diciéndome que viajaría a España por trabajo y que quería verme y conocerme

    La verdad es que el poder leerla y escribirnos ha sido una caliente experiencia. El compartir fantasías y experiencias ha provocado que surja poco a poco una agradable complicidad. Ha hecho que nos conozcamos. Y el compartir esas intimidades nos ha facilitado saber que compartimos unos gustos muy parecidos en lo que a sexo se refiere. Por eso al leer la noticia de su viaje no pude evitar sentir una punzada en mi entrepierna. Provocó que mi imaginación volara pensando en poder hacer realidad las fantasías comentadas en nuestras calientes conversaciones. Las pulsiones en mi miembro iban en aumento. Conocer a una mujer tan desinhibida como ella me atraía. Tenia la certeza de que lo pasaríamos bien. Así que enseguida busque billete de avión a Madrid y le confirme que nos veríamos en la fecha que me proponía. Tenia ganas de ver su escultural cuerpo. La deseaba.

    Mariela

    Los demás pasajeros no me quitaban la vista de encima cuando llegue a formarme para abordar el avión, fingiendo que revisaba mi tel celular los dejé admirarme a placer y mis pensamientos regresaron a lo que venía pensando desde que salí de casa: me iba a encontrar con un hombre caliente en España y seguramente sería poseída por el durante todo mi estadía en Madrid, mi velluda raja empezó a humedecerse solo de pensar que iba a probar semen español por todos lados… Tocó mi turno de entrar en el avión y una sobrecargo pareció tomar especial interés en mi llevándome casi de la mano a mi lugar y ofreciéndome todo tipo de ayuda, yo le sonreí dándome cuenta que no dejaba de admirarme las piernas y al darle un beso muy cerca de sus labios de agradecimiento noté como dio un respingo y se puso roja de excitación, al sentarme y buscar el cinturón del asiento, ella se dió cuenta que mi velluda vagina quedaba casi descubierta al subirse el vestido hasta el mismo límite de mis muslos, rápidamente se acercó y me ayudó a abrocharlo mientras yo rápidamente ponía mis manos sobre las suyas

    dejándolas exactamente sobre mi vagina haciendo presión suavemente para que ella pudiera sentir mi parte íntima desnuda y cuando nuestras miradas se encontraron de nuevo me acerque de nuevo a ella dándole un beso intenso en su boca que ella respondió con lujuria mientras sentí su mano acariciar descaradamente mi vagina…

    Si necesitas ir al baño me avisas, dijo ella en una franca invitación a tener algo más entre las dos… Claro!, le sonreí sellando nuestra cita a encontrarnos más adelante a medio vuelo en el baño…

    Julio:

    Llegó la víspera del dia tan esperado. No paraba de pensar en Mariela. Eran muchas las ganas que tenia de verla. Para distraerme me puse a leer relatos en la web en la que coincidimos y mi sorpresa fue que descubrí un nuevo relato de Juani. Con ella también habia intercambiado muchos mensajes, y teníamos bastante complicidad. Fue ahi, cuando la leí, cuando me vino a la mente que también ella vivía en Madrid. Se me ocurrió ponerle un mensaje de que estaría por su ciudad. Así, sin más. La sorpresa fue que casi me contestó al momento. Me proponía vernos. Joder esto si que era casualidad. Quedar con dos mujeres el mismo día. La verdad es que podria combinarmelo por horarios. Mariela llegagaba a la tarde. Y mi vuelo llegaba muy temprano a la capital. Le dije que si. Su respuesta fue rapida. No tenia que preocuparme por el transporte. Me recogeria en el aeropuerto.

    Así que tras uno de los vuelos que mas largos se me han hecho llegue a Madrid con ganas de devorar a Juani primero y luego a Mariela.

    En cuanto me vió Juani me hizo una señal. Rápido la vi. El recibimiento fue muy casto, ya que ella esta casada, y me pidió que fuéramos discretos en público. Nos dirigimos rápido a su coche y una vez dentro si que se desató la pasión. No me contuve. Nos besamos enlazando nuestras lenguas con una ansia desmedida. Nuestras manos se metieron bajo la ropa del otro. Ella estaba muy mojada. La empecé a masturbar mientras ella abria mis pantalones y acto seguido se puso a chuparmela sin mediar palabra

    -Joder Juani, mmm… Que gusto. Siiii. Sigue nena. Siii. Como me gusta.

    Le subí el vestido dejando parte de su culo descubierto. Se lo empecé a acariciar buscando su ano. Lo llene de mi saliva. Y le fui metiendo un dedo como pude, aunque la postura no me daba mucho juego.

    Mientras sentia como sus labios, su lengua, me daban un placer exquisito.

    Joder como estaba disfrutando con la boca de Juani en mi miembro. Menudo recibimiento.

    Mariela:

    … Debiamos haber volado ya por más de 4 horas cuando me levanté rumbo a los baños del avión en la parte trasera, me había tocado un asiento casi hasta adelante y había otros baños cerca pero decidí exhibirme para los demás pasajeros mientras caminaba rumbo a la parte trasera del avión.

    Mi amiga sobrecargo estaba en la parte trasera del avión y me vió desde que me pare, camine orgullosa de mostrar mi cuerpo ante los demás pasajeros y pude darme cuenta que los pasajeros hombres no dejaron de admirarme las piernas y el resto de mi cuerpo apenas cubierto por ese vestido semitransparente que no dejaba nada a la imaginación, la sobrecargo no perdió detalle de eso y se mostró ansiosa de que llegara hasta donde estaba ella, meneando las caderas y sonriéndole a todos avancé hacia ella que al tenerme cerca me condujo hacia el baño de mujeres y sin decir palabra me tomó de la mano y entrando ambas cerró rápidamente la puerta, ella era una rubia un poco más alta que yo pero con un cuerpo más frondoso, piernas parecidas a las mías y senos de tamaño normal, aunque con unos ojos azules que brillaban de excitación al verme y me dijo: que pedazo de tía eres! Desde que subiste al avión te vi y me gustaste!, tengo algunas amigas mexicanas pero ninguna tan atractiva como tú, dijo desnudandome con la mirada sin soltarme las manos, me llamo Eva y tu?

    Mariela, me llamo Mariela dije soltando sus manos y tomando su preciosa carita hacercandome y dándole un beso intenso donde nuestras lenguas se fundieron en una…

    Su mano bajo rápidamente hacia mis piernas y me subió el vestido, recargandome en el lavabo abrí un poco las piernas y le dije: te gusta? Mientras sentía sus dedos penetrarme la raja profundo y empezar a moverse mientras seguíamos besándonos, justo cuando emitió un gemido ahogado al sentir sus dedos entrar profundamente en mi vagina empapada tocaron a la puerta…

    Esta ocupado!, dije entre gemidos de placer provocados por Eva, escuché cómo se alejaban y continuamos lo nuestro, me senté en el lavabo abriendo mis piernas ofreciéndome a ella y diciéndole al abrirme los labios de la raja que a estas alturas estaba destilando líquido blanco en abundancia: mamamela!…

    Julio:

    Juani siguió durante un rato mamandomela de una forma sublime. Me acariciaba con su lengua y sus labios sobre la polla de una forma extraordinaria. A la vez que con sus manos jugaba con mis huevos y el troco de mi miembro. Me proporcionaba un placer extremo.

    -Para Juani. Vas a hacer que me corra.

    Se separo un segundo de mi mirsndome y me dijo:

    -Eso deseo Julio. Te quiero en mi boca. Correte en ella y goza. Damelo ahora

    Y de nuevo se metio mi pene en su boca apretando aún mas sus labios. Acelero sus movimientos. Su cabeza subia y bajaba cada vez mas rápido. Hasta que me hizo explotar en una corrida tremenda. Salieron chorros de mi polla llamándole la boca, hasta el punto de salirsele mi semen por la comisura de los labios.

    -Joder Juani que gusto. Mmm… ¡Dios! Ha sido barbaro. Como la mamas. Como he disfrutado.

    – Pues ahora más. Nos vamos al hotel. He reservado una habitación para nosotros. Asi que preparate que

    Quiero mirecompensa. Se limpió los restos que le quedaban por los labios. Me plantó un beso descomunal con el que saboree mi propia esencia y arrancó el coche rumbo al hotel.

    Una vez que legamos, en le mismo ascensor Juani me metió la mano hasta tocar de nuevo mi verga. Su contacto me hizo reaccionar de inmediato. Consiguió su objetivo.

    – Veo que te alegras de nuevo. Mmm…

    Y cogiendome de la mano nos fuimos a la habitacion. Fue entrar y al quitarme la ropa casi me arranca los botones de la camisa. Enseguida quedamos en ropa interior. Ella estaba super sexi con la lenceria negra y las medias. Se subió a la cama y abriendose de piernas me pidió que la follara.

    -Venga follame. Si ahora. Hazlo. Metemela. La deseo dentro. Estoy muy caliente.

    No hizo falta más. Le baje el tanga de un tirón. Le pase los dedos notando su humedad. Me puse el preservativo. Y se la meti de golpe. Joder que mojada que estaba. Mi polla entro deslizándose facilmente por sus jugos segregados. Enseguida entablamos un ritmo de embestidas que nos iba provocando unos jadeos cada vez mas altos.

    Me gustaba como follaba esta mujer. Era muy escandalosa. Casi gritaba con cada empujón de mis caderas. Me pedia que se la metiera bien adentro. Me alentaba con sus palabras. Y eso me enardecia más y más. Hasta que ella empezó a temblar. A estremecerse a gritar mi nombre. Y acto seguido se tensó llegando a un clímax tremendo apretando mi culo contra su cuerpo. Atrayendome al fondo de su vagina. Extrangulando mi polla con sus musculos interiores y haciendo que me derramada de nuevo dentro de ella.

    Fue sensacional. Me llevo de nuevo al paraiso haciendome explotar gozando al maximo

    Mariela:

    Eva no perdió tiempo y se agachó enfrente de mi raja velluda que estaba caliente y muy mojada ya por la excitación… Cuando metió su lengua profundamente en mi vagina empecé a gemir sin remedio, siguió mamandome sin quitarme la vista de encima, sus azules ojos contestaban tanto con mi velluda raja que estaba vaciandose de mis fluidos blancos cómo la leche que ella provocaba emitiera yo

    Acariciandole su cabeza empecé a sentir el orgasmo intenso que me llenaba el alma en estos momentos y con un grito ahogado dije: me vengo! Dejándome ir contra su rostro en un movimiento involuntario pero caliente provocando que por el reducido espacio en el que estábamos chocará su espalda con la puerta del baño provocando que está se abriera y dejándonos así a la vista de la compañera de Eva que estaba parada afuera del baño esperando que saliéramos, Eva incada con su rostro entre mis piernas y sus manos sosteniendo mis nalgas, la mirada que le dediqué fue la de una mujer que acaba de tener un orgasmo intenso y está agradecida con quién se lo acaba de dar, sonriéndole apenas pude decirle: holaaaaa tímidamente y ella me sonrió y volteó a ver a Eva quién empezó a pararse sin dejar de sostenerme las nalgas me dijo: faltas tú, quiero lo mismo nena!, Parandome frente a ella cambiemos de lugares y guiñando un ojo a su amiga le dije: si quieres esperamos y te damos lo mismo!, cerrando la puerta del baño de nuevo y acercando mi cara a la vagina de Eva…

    Julio:

    Una vez relajados despues del intenso clímax Juani se levanto para darse una ducha. Cuando escuché el ruido del agua no me lo pense y me fui directo al baño. Me metí en la espaciosa ducha para refrescarme en su compañía.

    La abracé desde atras metiéndome bajo el chorro del agua. Acaricié especialmente sus pechos que me encantaban. Sus pezones reaccionaron poniendose muy duros. Segui besando su cuello mientras una mano se dedicaba a acariciar su coño. Me centre en su clítoris. Y sus suspiros no tardaron en aparecer. Apagué el grifo y repartí jabón por todo su cuerpo. Luego ella hizo lo mismo conmigo. Ahora nuestras manos resbalaban por nuestra piel mientras nos besabamos. Nuestros cuerpos se frotaban deslizandose suavemente el uno contra el otro.

    Eso y sus caricias en mi pene provocó mi nueva erección. Siguió tocandome hasta la puso durisima de nuevo.

    -Follame otra vez Julio. Damela. Quiero sentirla.

    -Date la vuelta.

    Así lo hizo sujetandose a la griferia. Y tal como estaba atraje sus caderas hacia mi haciendo que se inclinara un poco y guié mi polla a su coño. Se la fui introduciendo poco a poco. Queria ahora sentirla. Sentir como su calidez envolvía mi miembro. Y joder como me gustaba. La fui penetrando despacio. Disfrutandola. Agarrando sus pechos desde atrás. Pellizcando sus pezones. Presionandolos gradualmente. Y acelerando mis movimientos. Ensartandola con mi dura verga una y otra vez. Provocandole gemido tras gemido. Ella se volvia cada vez mas escandalosa. Eso me excitaba. Sus gemidos, sus palabras soeces pidiendo más y más. Hasta que note como se agarraba con fuerza al grifo. Bajaba la cabeza. Y empezo a gemir de una froma descomunal y moviendose de forma rapida alcanzando su explosión de placer. Cuando se fue relajando yo segui follandola mas y mas rapido. Agarrado a sus caderas y clavando mis dedos en su piel. Clavandome en ella. Hasta que senti como descargaba todo mi semen en su interior. Me vacie gustosamente dentro de ella derramando toda mi leche

    -Mmmmm… deliciosa nena

    -Si nene como me gustas así. Mmm… Ha sido rico. Muyyyy rico…

    Mariela

    Acerqué mi rostro a la vagina depilada de mi nueva amiga y empecé a darle lo mismo que acababa de recibir de su parte, metí mi lengua lo más profundo posible y empecé a darle placer con mis labios y lengua en su rajita, ella empezó a gemir casi al instante lo cual me calentó aún más y decidí meterle los dedos también en su ano para aumentar su placer mientras le mamaba como poseída caliente como estaba ya deseando sentir su orgasmo en mi boca…

    Poco a poco la lleve a ese punto donde una mujer se deja ir debido al placer experimentado y recibí con gran alegría sus jugos mientras ella se venía de forma cachonda mientras yo permanecía en cuclillas disfrutando al máximo ésta aventura en el aire… Si Julio pudiera verme!, deseaba tanto conocerlo después de intercambiar tantas notas y comentarios, de repente una idea cruzó mi mente…y sí dejaba que me fecundara el español caliente? No sé que pensaría el de esto pero la idea empezó a agradarme mucho… Regresar a México con su semilla en mi vientre empezó a calentarme mucho, deseaba tener un hijo con cada uno de mis machos, con Israel, Balam, el negro Tony y ahora con este español caliente… Deseaba tanto embarazarme de ellos y después que quién los conociera supiera que tenía un hijo de ellos era mi más pervertida idea y segura estaba a mi marido lo calentarla cómo a mi saberme embarazada de ellos, quería tener un hijo de mi amigo de color para que todos se dieran cuenta que me habían metido una verga negra larga y gruesa, y tener un hijo guerito de mi amigo español sería el complemento perfecto para mostrar lo caliente y puta que soy…

    Julio:

    Despues de como follamos en la ducha quedé rendido. Nos secamos y nos tumbamos en la cama. Necesita descansar un poco. Mire el reloj y me puse una alarma por si acaso. No queria llegar tarde al encuentro con Mariela. Cuando sonó y me desperté encontré una nota de Juani. Decia que no podia retrasarse para no levantar sospechas y que tuvo que marchar, que lo habia pasado genial y que volviera a avisarla si viajaba de nuevo a Madrid.

    Asi que me arreglé y llamé un taxi de vuelta al aeropuerto a recibir a Mariela. Estaba deseando encontrarme con ella. Me apetecía muchísimo. Busque la zona de llegadas y alli esperé. Por suerte no llevaba retraso el vuelo. Así que la espera fue corta. En cuanto la vi aparecer se me aceleró el corazón. Llevaba un vestidito muy ajustado y sensual. Juraría que no llevaba sostén. Se le marcaban los pezones. Estaba sexy. Levante el brazo haciendole señales y enseguida me reconoció. Nos fundimos en un fuerte abrazo y un profundo beso con los que note todo el calor de su cuerpo. Fue una primera sensación muy caliente.

    Tras varios comentarios sobre como nos habían transcurrido nuestros vuelos nos dirijimos en busca del taxi que nos llevaría a su hotel.

    Ya en el taxi no perdimos el tiempo y nos besamos con un beso humedo e intenso. Nuestras manos buscaban tocar nuestras pieles. Nos acariciabamos con ansia. Amasé sus pechos por encima de la tela. A la vez que sus piernas. La situación me estaba calentando mucho. Ella también estaba activa subiendo su mano por mi pierna. Hasta posarla sobre mi abultada entrepierna acariciando con intensidad mi pene. Notó como estaba de duro y consiguió endurecerlo más haciendo que me pusiera muy cachondo. Mis manos se metieron bajo su vestido y buscaron llegar a su vagina. Queria darle placer. Tambien la notaba excitada. Pensaba encontrarme con unas braguitas o un tanga. Pero mi sorpresa fue poder llegar directamente a su coño. El descubrir que no llevaba ropa interior hizo que palpitara mi polla y ella lo notó bajo su mano. Yo pude apreciar su humedad y que tenia un coño peludito. Meti mis dedos en él entrando fácilmente por su gran humedad. Estaba muy mojada. Saberlo me excitaba. Empecé a masturbarla. Mis dedos empezaron a moverse rápido, para luego centrarme en su clítoris. Lo note durito. Y lo acaricié despacio al principio, para ir presionandolo progresivamente. Note como su excitación crecía. Como aguantaba sus gemidos para que no nos oyera el taxista. La bese para que apagara sus gemidos en mi boca. Y segui acariciandola, tocandole su botón del placer hasta que note como se removía

    Empecé a masturbarla. Mis dedos empezaron a moverse rápido, para luego centrarme en su clítoris. Lo note durito. Y lo acaricié despacio al principio, para ir presionandolo progresivamente. Note como su excitación crecía. Como aguantaba sus gemidos para que no nos oyera el taxista. La bese para que apagara sus gemidos en mi boca. Y segui acariciandola, tocandole su botón del placer hasta que note como se removía en el asiento. Empezaba a tensar su cuerpo. Sabia que estaba a punto. Y acabó explotando en una corrida tremenda que llenó mi mano de sus jugos a la vez que me apretaba contra ella ahogando los gemidos de su clímax contra mis labios.

    Mariela

    Llegamos a Madrid y me despedí de mi nueva amiga española no sin antes intercambiar números de teléfono y prometemos encontrarnos en México en cuanto pudiéramos para seguir lo que habíamos iniciado en el baño… Salí del avión bajo la mirada lujuriosa de los hombres que viajaban y se habían dado cuenta de que algo había pasado entre la bella sobrecargo y yo….

    Caminé orgullosa de mostrar mi cuerpo con mi atuendo sensual lista para encontrar a Julio, estaba decidida a dejarme embarazar por él, regresar a México fecundada por el pondría a mi marido loco de celos por no haber podido estar presente cuando el depositara su semen dentro de mi vagina

    Y me dejara lista para ser mamá de un pequeño español…

    Recogí mi equipaje y salí a la sala de espera dónde lo vi ahí parado esperándome, nos saludamos y nos fundimos en un beso caliente largo como se los dan los amantes o parejas que se encuentran de nuevo…

    Julio

    No se si el taxista nos llego a ver mientras provocaba y masturbaba a Mariela. Pero la situación me calentó muchísimo. Estaba muy excitado tras ver como ella alcanzaba su delicioso orgasmo. Asi que le pedi que metiera su mano en mi pantalón.

    -Quiero que ahora me lo hagas tu Mariela. Dame placer nena. Estoy a tope. – le susurre al oido.

    Ella no se hizo de rogar. Desabrocho mi cinturón y luego los botones de los vaqueros. Amaso la dureza de mi polla por encima de mis boxers. Noto como se endurecia más bajo su tacto. Me estaba poniendo muy cachondo. Y cuando metio su mano buceando bajo la fina tela notando el calor de su mano la sensación que recibí fue sensacional. Me gustaba como me acariciaba. Empezó a tocarme. Suave y también apretandola hasta que la saco de su escondite. Se la quedó mirando por un instante y enseguida la abarcó con su mano subiendo y bajandola. Con ello consiguió excitarme sobre manera. Y de repente sin previo aviso noté como sus labios se posaban sobre mi glande. Engullo de golpe mi polla. Se la tragó toda con avidez. Note la calidez de su boca envolverla. Eso si que era delicioso. Siguio chupandomela metiendosela cada vez mas profunda.

    -Mmm… no pude reprimir un gemido ahogado mal disimulado.

    Mariela

    Caminamos abrazados cómo novios hacia la calle y tomamos un taxi rumbo a mi hotel, en cuanto arrancó, Julio y yo empezamos a besarnos con el ansia que tiene una pareja que quiere estar ya desnuda compartiendo todo…

    Empezó a recorrer mi cuerpo con sus grandes manos mientras nos dábamos la lengua sin parar en un beso francés delicioso, al llegar a mis pequeños senos pudo comprobar que no traía bra, mis pezones estaban erectos a tope por la situacion y entre gemidos moví mi mano hacia su entrepierna deseosa de acariciar la primera verga española que me iba a penetrar por donde quisiera…

    Justo cuando mi mano llego a su pene, sentí como el de daba cuenta por las caricias suyas llegado hasta mi velluda raja que estaba caliente, empecé a lubricar en abundancia y con ello mi sexo empezó a oler muy fuerte en señal de preparación para ser penetrado

    -apuesto a que el conductor del taxi podía oler perfectamente mi raja caliente-, sus dedos llegaron a mi clítoris y empezaron a acariciarme de manera experta, casi grito al sentir como lo apretaban dando un placer inmediato, se acercó a mi oído diciéndome:

    Te voy a dar mi semen en donde quieras toda la noche…

    Besándonos con lujuria, ahogue un gemido intenso al sentir el primer orgasmo de Mariela en tierras españolas…

    Continuará

     

  • Mi esposa, su amiga y yo (Parte 2)

    Mi esposa, su amiga y yo (Parte 2)

    Como recordaran del anterior episodio, le rompí el culo a Rosana, y ya mi esposa lo había experimentado también. Después de bañarnos y descansado nos levantamos a comer algo en la cocina donde todos desnudos cocinamos algo y luego nos sentamos a comer.

    Terminamos y Erika con Rosana me llevaron a la alcoba, donde me dijeron era mi turno de disfrutar del sexo anal, y de perder mi virginad. Las mire con ojos de incrédulo a lo que estaba oyendo, Rosana se sentó en el borde de la cama, mientras Erika, mi Erika mi esposa estaba pensando en encularme. Me acostó bocabajo sobre la alfombra del piso y me empezó a acariciar la espalda mientras con la otra mano con un trapito humedecido con jabón de baño me pasaba los dedos entre las nalgas hasta frotarme el ojete del culo, el cual enjabono y limpio de más por unos minutos.

    Luego empezó a besarme las nalgas hasta llegar al ojo de sus deseos, y lamio mi ano, lo cosquilleo con su lengua y cuando estaba bien húmedo y relajado empezó a meter uno de sus dedos, no se cual, mis nalgas se cerraban y el esfínter apretado como protegiendo mi masculinidad no cedía, su dedo siguió intentando hasta que logro meter un poco y siguió metiéndolo hasta que lo tuvo todo dentro de mi culo. Este ya estaba más relajado y la sensación aunque extraña era placentera, no podía creer que estaba siendo penetrado.

    Erika invito a Rosana a meter sus dedos y entre las dos disfrutaron de mi cola. Un momento después dejaron mi ano y me ordenaron ponerme a cuatro puntos sobre la cama. Erika tenía otra sorpresa para mí, saco del closet un arnés con un falo de aproximadamente 12 a 14 Cm y como de 2 a 4 dm de grueso. Me dice “Ahora vas a sentir la delicia que nosotras sentimos al ser enculadas”.

    Erika, se puso el arnés, se le veía muy extraño, pensé en que así se debía ver un transexual, lo agarro y lo pajeo mientras lo lubricaba, y entre ella y Rosana me decían todo tipo de sandeces sexuales, como me iban a violar y a hacer pedir más.

    Me lubrico mi ano, y procedió a meterme la puntita del juguete, Rosana mientras se masturbaba al mismo tiempo que jugaba con mi verga. La punta del consolador penetro mi ano, causándome un dolor no esperado y la natural reacción a expulsarlo pero Erika lo mantuvo y empujo otro poco,

    Se sentía raro, pero a la vez ya lo estaba disfrutando, Rosana me dijo, “ya te lo vas a comer todito”, Erika empujo y el falo se metió todo en mi trasero, ya no me dolía y el placer empezaba a ser muy bueno, Erika se movía, metiéndolo y sacándolo , gemía ella con su excitación y Rosana me pajeaba al mismo tiempo que ella se daba dedo, aunque parecía una eternidad me culiaron solo varios minutos hasta que los tres nos venimos deliciosamente, ruidosamente, Rosana recogió mi semen en su mano y se lo ofreció a Erika quien se lo trago todito para luego darme un soberano beso.

    Nos levantamos y caminamos a la ducha donde por segunda vez nos bañamos y acariciamos.

    Rosana se despidió, me abrazo y me susurro al oído, mañana vengo a darte yo.