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  • En el carro de su novio

    En el carro de su novio

    Gabriel era su novio llevaban apenas una semana de andar, él no era agraciado pero tenía dinero por eso ella estaba con él.

    Una noche estábamos tomando en su local de impresión que tiene, Cindy y yo ya teníamos unos tragos de más, les dije que me retiraba ya que al día siguiente tenía una reunión familiar desde muy temprano.

    Cabo se ofreció a llevarme, pero ella le dijo que me llevaría, así que nos fuimos. En el camino pasamos por más cervezas.

    Ella se estacionó una calle antes de mi casa y nos pusimos a tomar, ese día ella llevaba un mayo gris que todo se le transparentaba, yo estaba cachondísimo observándola, entre platica y platica le comencé a acariciar sus piernitas, ella al principio no decía nada y seguía hable y hable hasta que…

    -Oye ya deja déjame las piernas

    -Perdón pero me encantan

    -Si ya lo sé, pero ya tengo novio y estamos en su carro

    -Ley pero si ya hasta trio hicimos jjee

    -Pues sí, pero no quiero salirle con mamadas a Cabo

    -Ok vamos por otras cervezas…

    Fuimos por un si más y seguimos tomando, ella fue perdiendo poco a poco, mis manos no solo acariciaban sus piernas si no también subían hasta sus nalgas, me acerqué y la comencé a besar.

    Ella se resistió un poco pero después estábamos dándonos unos besos muy ricos, recliné el asiento de ella, le abrí su escote y comencé a besarle en medio de las tetas, mis manos acariciaban sus piernitas, estaba excitadísimo.

    Me volvía loco así que le fui bajando el mayó junto la tanguita, mi lengua comenzó a recorrer sus muslos hasta llegar a su depuradita vagina.

    Le lamia con desesperación ella se convulsionaba muy rico, mis manos levantaron su blusa y desabroché su sostén, mientras mi lengua entraba y salía de su ya húmeda vagina…

    -Ahhhh pinche Luis siempre te sales con la tuyas.

    -Mi amor sabes que me encanta cogerte.

    -Siii ahhhh estas chavito pero coges riquísimo…

    -Ummm mami

    Me bajé el pantalón y me subí encima de ella, la comencé a penetrar lentamente, mientras mi lengua saboreaba sus ricas tetas, ella mordía sus labios y me acariciaba el trasero.

    Yo me apoyaba en el volante del carro y se la metía más duro, nos besábamos pasionalmente, recliné el asiento del copiloto me recosté y ella se fue directo a mamármela. Me daba ricas chupadas, ella es una experta mamando.

    Con sus tetas también me acariciaba la verga mientras con sus lengua lamia mi cabecita, tragaba hasta que mi verga tocaba su garganta, yo la retenía unos 20 segundos ella solo tomaba aire y continuaba mamando mi carne…

    -Ahhhh chiquitea, asiii

    -Mmmmm que rico papiiii

    -Ufff asiii

    Ella se quitó el mayón totalmente, me dio la espalda y se subió en mí, ambos nos movíamos rápidamente mis manos apretaban sus tetas ella se apoyaba con la puerta y con el frente del carro para moverse más rápido…

    -Ahhhh, mi amor Luis!

    -Ahhhh Cindy, que ricooo!

    En medio del éxtasis abrí la puerta del carro, me salí y ella se empinó en cuatro acomodándose entre los dos asientos. Yo la tomé de la cintura y comencé a dejársela ir rápidamente, le agarraba del cabello y con la otra le daba nalgadas.

    Ella se movía más y más rico, yo la embestía fuertemente, ambos empezamos a escurrir, el éxtasis final llegó.

    Ambos nos corrimos juntos, mis fluidos y los de ella llenaban el carro de su novio de nuestro sexo, la llené de leche.

    Ella tuvo un gran orgasmo, terminamos y nos recostamos en los asientos a beber cerveza. Ella recibió la llamada de su novio, nos despedimos y quedamos en vernos nuevamente para coger.

  • Con Bere (2): Seguimos en nuestra aventura

    Con Bere (2): Seguimos en nuestra aventura

    Les comentaba de lo bien que la pasamos mi amiga Bere y yo, después de muchos chats calientes, el viernes no se conectó el lunes yo me la pasé bien ocupado y el martes siguiente la vi conectada y le digo “Hola Bere como estas, como te fue de fin de semana” me dice “fatal, aun me duele atrás, y estuve haciendo popo con sangre, en serio me lastimaste mucho” le digo pero que bien la pasamos no, y ella “la pasamos??? Si todo iba bien hasta que entraste por atrás, no manches no pensé que fuera tan doloroso, en serio a Karla (mi esposa) si acepta tener sexo anal” le digo “si al principio le dolía como a ti, ahora le duele menos, de hecho ya hasta goza, aunque no creas que lo practicamos tan seguido, pero si me deja de vez en cuando metérsela por atrasito. Por cierto cuando nos vemos otra vez para repetir la hazaña?”

    Me dice “esta semana no puedo, ya que con los problemas de mi esposo, voy a tener entrevistas de trabajo para ya ponerme a trabajar” le digo a fíjate que mi jefe quiere contratar eventualmente a una persona como tu perfil, si te interesa le comento a mi jefe” me dice “órale me avisas”. Pues que me pongo las pilas le comento a mi jefe que hay una persona con el perfil que requiere etc. etc., medio lo convenzo, la cita y se arreglan que solo estará 3 meses en la oficina pero que yo me iba a encargar de revisarle, que hasta mis ojitos brillaron jejeje.

    Bueno pues ella entro la presente con el cliente que iba a trabajar y las primeras dos semanas prácticamente se nos fue en trabajo y y ya estando en la oficina la tercer semana, me dedique a revísale los últimos pendientes, y el penúltimo día, mi jefe me encargo miles de cosas que empecé a revisarle pegado a las 9 de la noche a Bere. Vemos los últimos detalles y para las 10 pm ya le había revisado le digo “ por fin terminamos Bere, sé que no es mucha la paga pero al final de cuentas te saca de algún apuro” me dice “si muchas gracias no sabes lo agradecida que estoy contigo amiguito” le digo como ves si me lo demuestras con una mamadita jejeje me dice “pero aquí en la oficina no, que tal si entra alguien” le digo no hay nadie, tu sabes que desde las 9 estamos tu y yo solos, ándale solo una mamadita y ya, te prometo que no te la meto ni intento algo más” me dice está bien.

    En cuanto escucho el está bien, ya estaba con la verga afuera y ella jalándomela bien rico, con eso de que tiene unas manitas chiquitas, pues mi verga se ve más grande de lo que realmente es, le digo métetela a tu boquita. Y empieza a darme un rico oral, primero suave, me la chaquetea me lo besa, así dura un buen rato hasta que empieza a chaquetear fuerte con la verga en la boca, no aguanto y no le aviso pero la agarro de la cabeza y me vengo en su boca, ella trata de zafarse pero no lo logra y se pasa un parte, la veo y le planto un beso rico, cachondo como a todos nos gusta. Me dice “que bárbaro la traías atrasada, te salió muchísimo semen, hasta me pase un aparte” me levanto a limpiar el regadero y nos vamos ella sube a su auto y yo al mío y nos vamos a casa.

    El lunes siguiente la vuelvo a ver por el chat y me dice, “no manches llegue oliendo a semen, antes no se dio cuenta mi marido”, le digo pues se la hubieras llegado a mamar, no más falta que a el también le hayan hecho lo mismo que a mi jaja” nos reímos y le digo “bueno Bere cuando vamos otra vez al motel a pasarla rico” me dice “pues que te parece el jueves para recordar buenos tiempos, te veo en centro Max a la misma hora” y yo pensando por dentro “yea, segunda vez que voy a usar su culito”.

    Llego el jueves la misma rutina llego al estacionamiento de Home Depot de centro Max, busco su carro y no lo veo, espero por unos instantes y veo que llega. Al momento que se baja la veo con un vestido floreado, y como recordaran siempre resaltan sus tetas 38-C, nos saludamos cordialmente se sube a mi carro y partimos rumbo al auto hotel argos, en el trayecto que es muy corto le acaricio su piernas y trato de subir a su puchita y me quita la mano, me dice “espera unos minutos, no seas desesperado jiji”.

    Esta vez al entrar al motel ya no le dio tanta pena, nos asignan la habitación entramos lo mismo pagamos, pedimos unas aguas naturales condones, que aunque con ella solo los uso para el anal. Bere me dice que va al baño, sale nos fundimos en un beso que poco a poco se va haciendo mas y mas cachondo, le acaricio sus tetas su espalda su culo que aunque no es mucho, fui el primero en entrar por esos lugares. Le pido si se quita el vestido y me la vuelve a aplicar y me dice “cierra los ojos que me da pena”. Se quita el vestido queda en bra y tanga amarilla, y me dice “te bailo amor” le contesto que si.

    Me empieza a bailar cachondamente, la agarro y nos fundimos en otro beso mas prolongado, caemos en la cama, me quito zapatos, camisa pantalón y calzones y sigo besándola, le propongo hacerle un masaje, ella acepta. La volteo de espaldas y le pido si se quita el bra para no manchárselos y le pido se deje solo su tanguita, ella accede. Saco un aceite menen, y la lleno en la espalda la masajeo, le doy sus besitos y ella solo gemía, le bajo la tanga hasta las rodillas, y le unto aceite en sus nalgas y obvio en su culo, y empiezo a masajear la zona anal, ella da respingos pero gimiendo, me dice “me vas a dar por atrás” le digo si mi amor por atrás también, me dice “pero trátame con más cuidado que la vez pasada, ya que me quedo doliendo muchos días” le contesto “ no te preocupes lo tratare con cuidado”.

    La volteo y su puchita ahora mas recortada que la primera vez, le digo aquí merece un masaje con mi legua, empiezo a lamer la ingle, las piernas y paso a su rica puchita, que para estas alturas ya tenía el saborcito saladito rico, señal que se la está pasando bastante bien, me paso a chupar su clítoris, que rico se siente, ella empieza a gemir “ahhhh, que rico papi, me gusta que me chupes toda, sigo chupando con mas fuerza su puchita y empiezo a meterle un par de dedos, y ella gime y gime mas “así, sigue, así papi, me gusta sigue sigue no pares”. Cuando siento que se arquea y le sale un rico chorrito de su puchita que trago sin rechistar. Me dice “que bárbaro tenía mucho que no sentía así de rico, pero creo que ahora te toca porque tu verga se siente muy dura”

    Me paro en la cama, le pido si me la chupa de rodillas, que imagen, ella hincada, esa esposa que solo había cogido con su marido y que ahora esta hincada chupándose una verga que no es la de su marido. Sigue chupándome me dice “oye me gusto el 69 de la vez pasada, lo volvemos a hacer” y yo por supuesto, nos acomodamos yo abajo ella arriba y le chupo su clítoris ella se come mi verga los dos estamos mas que calientes. No se cuánto tiempo duramos en el rico 69. Le digo para, que te la quiero meter y si sigues chupándomela me voy a venir.

    Le digo mi amor te subes a tu verga, ella asiente con risita picara y porque no con cara de puta. Se sienta y se empieza amover riquísimos al ser ella muy chaparrita y delgada no pesa mucho, se inclina y empiezo a mamar ese par de tetas riquísimas, primero una, luego la otra, ella gime y se mueve mas y mas, y le empiezo a meter un dedo por su rico anito, ella se calienta mas porque siento su respiración mas agitada, la acuesto le pido si me la chupa un poco, ella sin chistar se la mete a la boca, me la mama un par de minutos y la acomodo para subirme arriba de ella. Le introduzco solo un poco, y ella me dice “métemela toda cabron”. Se la dejo ir hasta el fondo y la empiezo a bombear, una y otra vez, solo, se escucha en la habitación el “plas, plas, plas” la veo y tiene una cara súper cachonda.

    La acomodo de ladito y se la empiezo a meter primero suave, luego duro, luego suave, la acomodo de perrito, le doy su chupadita de panocha, siento que está escurriendo, me acomodo la verga y se la dejo ir y la expresión del “ahhhh” y a darle rápido, una y otra vez, bajando la intensidad, se la dejo al fondo, se la saco se la vuelvo a meter, y mis dedos juguetones le meten un dedo por el ano, siento que ella se calienta muchísimo mas le sigo dando, duro suave, cuando empieza como a temblar, me dice “terminooo” cae, yo encima aun con la verga dura, la voltee me subo arriba de ella de tal manera que quedara sus tetas entre mi verga y se la empiezo a tallar, una y otra vez, me la chupa un poco y cuando siento que termino se la metido en la boca y empiezo a vaciarme, la veo con cara de “sácamela cabron” se me va bajando en su boca, trata de escupir lo que le queda en la boca y me fundo en un beso con ella, lo más cachondo que pueda haber, un beso sabor a semen. Me hago a un lado y los dos sudando la abrazo y se acurruca conmigo, me dice “sabes tu siempre me gustaste, si cuando éramos estudiantes si me hubieras propuesto que fuera tu novia, hubiera dejado a mi novio, y no dudo que estaríamos casados”, le doy un beso y nos empezamos a cachondear.

    Le digo oye empezamos con las palabritas cachondas, ella con la verga en la boca me da a entender que si, le digo “que pensaría tu marido si te viera con la verga de otro, mamándosela, comiéndosela, probando mecos de otro”, ella contesta “me mataría y te mataría”. Le digo “putita mía, necesita tratamiento tu culito, voltéate que te lo quiero chupar” ella se para en el filo de la esquina de la cama, saco mi aceitito y le masaje sus nalguitas que aunque no es la típica chica nalgona, ya empinadita si se ven ricas, empiezo con un dedo, lengüita en su panochita, mi dedo entrando y saliendo, mas aceitito, dos dedos, ella puja un poco, veo que entra mas fácil que la primera vez, tres dedos y ella voltea a verme “hazlo con cariño mi amor” me enfundo la verga en el condón y le digo tu flojita y cooperando que te voy a coger por el culito, y empujo poco a poco, entra la cabecita de la verga “ y ella dice “no yaaaa, mejor sácala, ya me empezó a doler”

    le digo es que si vieras la imagen de mi verga en tu culo, me pedirías que te la meta hasta el fondo, empujo un poco mas y ella empieza a gritar “ayyyy, ayyyy” mas aceite y otro poquito le meto, ella sigue gritando y respirando muy rápido, mas aceite y hasta el fondo y ella “noooo sacalaaa, ayyyy, ayyy ay ay ay ya por favor sácala” le digo “ sabes que putita, ahí te voy a dejar para siempre mi verga, ese culo es solo mío, lo escuchaste solo mío, le prohíbo al puto de tu marido que te la meta por ahí, escuchaste puta” y ella “si, si pero sácala que me cago” le sigo dando sus metidas, poco a poco mas aprisa, cuando de repente se me sale la verga del culo y se escucha un mega pedo “prrrr” me pongo aceite en el condón, con rastros de caca y se la vuelvo a meter “ ella grita “ yaaa, yaaa, yaaa, no vuelvas a sacarla pendejo que duele muchísimo mas que cuando me la metiste” y la empiezo a bombear, ahora ella solo se queja, “ay, ay, ay, “ ya no grita como la primera vez, “veo que cada vez te gusta mas por el culito pinche Bere, trata de masturbarte así gozaras mas” y ella “ay ay ay “ y veo su manita en su panochita.

    Sin salirme de su culo la levanto un poco para que ella quede de perrito arriba de la cama, y ella se sigue masturbando “ay, ay, ay, no mames Ricardo, ya sácala por favor” al escuchar esas palabras me éxito más y le empiezo a taladrar el culo cada vez mas rápido y le doy sus últimas embestidas y me vengo en su culito, con la verga hasta el fondo del culito de Bere. Poco a poco siento que expulsa mi verga, agarro bien el condón, y me salgo y el típico “plop”. Cae desfallecida, voy por las toallitas y me limpio la verga los huevos y le limpio su culo, esta vez no había rastros de sangre, pura caquita, y claro su anito un poco rojo.

    Nos acomodamos y le veo su carita, ahí está ella esta ves pocas lágrimas en su corrido maquillaje, le digo “sabes una cosa, cada vez está mejor ese culito”. Me dice, me dolió mas cuando te saliste y me la volviste a meter, no lo vuelvas a hacer, si me la metes sácala hasta que te vengas. Nos acomodamos y ella empieza con sus manitas a jugar con mi verga, y mi verga como no es de hielo, reacciona y se empieza a parar poco a poco, le pido una chupada, se baja y me la empieza a mamar riquísimo, le digo “pues deja me pongo un condón, que ese culito quiere más” me dice que no, que ya normalito por su vagina, se sube arriba y quedo sentado en la cabecera de la cama. Así pues estarle mamando sus tetas, ella entra y sale riquísimo, se ve que le gusta, le digo ponte de perrito, me dice “no así quiero que terminemos” y ahí esta Bere, arriba abajo, una y otra vez yo pegado en su pezón, mordiéndolo, siento que ella como que tiembla me dice, “estoy terminado así quédate”, contrae su vagina contra mi verga y siento que escurre como nunca. Se sale y me dice “porque no has terminado con cara de coqueta, a no me digas que quieres en mi boca” y yo con un si. Dice “tratare de pasármelos a ver si puedo” ahí esta mamándome la verga como desespera, cuando llego la culminación un par de chorritos ella sigue mamando, hasta que poco a poco va perdiendo su virilidad mi verga, me muestra su boca y nada del poco semen por la tercer corrida del día.

    Nos fundimos en un beso y a cabron casi las 3 de la tarde, ella pasa al baño en chinga se enjuaga del cuello hacia abajo, yo solo el pito, porque luego mi vieja vaya a sospechar, nos vestimos y antes de salir de la cochera del motel, le doy un beso de lengua riquísimo, salimos del motel, la dejo en su carro y me largo a comer.

    Llego por un par de tortas por delta y me las voy tragando en el camino, llego a la empresa, casi casi nomas por la compu, haciéndome pendejo que tuve un imprevisto etc. etc.

    Espero poderles contar más de Bere y porque no de mi esposa también.

  • Desembarco en la playa del lavachochos

    Desembarco en la playa del lavachochos

    Salimos del cine. De la película no puedo opinar, puesto que Mario se pasó todo el tiempo acariciándome las tetas por encima de la camisa, incluso a veces metiendo una mano bajo mi sostén después de haber desabrochado un par de botones, y lo mismo el coño, adentrándose con sus dedos bajo mi falda y mis braguitas. Me puse muy caliente. Así que, una vez en la calle, le invité a mi casa a dormir. Bueno, sí, a follar.

    Nada más traspasar el umbral de la puerta, Mario se aferró a mi cuerpo, quiero decir, me abrazó estrechamente, abarcó con los labios toda mi boca, que invadió con su lengua; sólo se separó varios centímetros para poder sacarme la camisa por la cabeza, quitarme el sostén y lamerme las tetas en todas direcciones, deteniéndose en los pezones, que me parecía que hasta los saboreaba. Yo contemplaba sus succiones y mi excitación aumentaba, más, más. Al cabo, terminé por caer de rodillas ante Mario, y, teniendo su paquete hinchado ante mis ojos, no tuve más remedio que abrir la cremallera y liberar el enorme pollón de su encierro; tomarlo del tronco con una mano y llevármelo a la boca para mamar de él: «Humm, humm»; «Aah, ooh, sigue, si-gue; » Humm, humm». Mario se corrió en mi boca: un chorro de semen tibio y gelatinoso me inundó la dentadura.

    Alguno se preguntará: y ¿quién es Mario, le comes la polla al primero que se te presenta?; no, no, no, ¡faltaría más!: Mario y yo éramos novios, más o menos. Lo conocí mientras hacía tiempo para entrar a una biblioteca. Me fijé en él: alto, fuerte, media melena revuelta; vestía una camiseta roja de manga corta con el León de Judá seriegrafiado y un pantalón vaquero muy gastado y calzaba sandalias negras de piel. Tocaba su móvil. Miraba al frente. Volvía a tocar su móvil. Y una vez miró al lado. Y allí estaba yo: uñas de los pies pintadas de rojo sobresaliendo de mis chanclas playeras, pantaloncitos cortos vaqueros, camiseta de tirantes, labios pintados de rojo, cabello recogido en un moño sobre la coronilla; en fin, yo. Mario me preguntó algo, no recuerdo qué, luego mi nombre, «María», y se río. Luego coincidimos más veces. Luego me pidió salir; luego nos acostamos. No me olvidaré mientras viva.

    Aquella vez fue en invierno. Mario aún vivía con sus padres, bueno, eso decía, yo no los vi, decía que eran muy ancianos y que alguien se tenía que ocupar de ellos en ocasiones. Era invierno. Mario me sugirió que le visitara, ya que tenía interés en que leyera unas poesías que había compuesto; quería invitarme a merendar de paso. Le dije que sí, y me puse en camino. Estaba nublado y un viento de poniente muy desagradable hacia desear permanecer en casa, pero fui. Toqué su porterillo y me abrió sin preguntar. Luego subí al ascensor y di al timbre de su puerta. Mario me abrió enseguida, ataviado con una bata azul. «Hola, María, entra, ponte cómoda», me dijo. Yo le di un beso en cada mejilla alzándome de puntillas y entré. Olía a tabaco y a café, y el ambiente estaba caldeado. «¿Tu padre y tu madre?», pregunté; «Duermen», respondió; «¿Tan pronto?», pregunté; «Les di unas pastillas», susurró cómplice. Entendí entonces que Mario se proponía hacer algo conmigo que nunca antes me había propuesto, y que nada tenía que ver con la poesía, o sí. «Ven a mi cuarto, María, te voy a enseñar…»; «La polla», interrumpí; «Sí», admitió Mario.

    Entramos a su cuarto y nos metimos vestidos en la cama, bajo las mantas. Bueno, yo me había quitado el abrigo y un jersey, pero, sí, iba vestida; Mario bajo la bata no llevaba nada. Esto último quedó claro cuando metí una mano en su entrepierna para calentarme. «Mario, tu polla», dije, «qué dura está». Empecé a bajar y subir el pellejo, acaricié el glande con la palma de la mano; Mario soltó un resuello. Después Mario se incorporó, se quitó la bata y buceó bajo los cobertores. Sentí cómo desabrochaba mi falda, cómo me sacaba las braguitas por los pies, y note la humedad de su boca en mi coño. «O-ohh, Mario», gemí. Un dedo me penetraba mientras su lengua acariciaba arriba y abajo, a derecha e izquierda. Mario me estaba masturbando y lo hacía requetebién. «Mario, a-ahh, Mario», gemía yo más fuerte, mi corazón latiendo fuerte, mi respiración casi ahogada «Aaahhh, ¡o-oh!», me corrí. Entonces, Mario subió sobre mí y me metió la polla dura hasta el fondo. Yo me convulsionaba de placer, ya iba a correrme otra vez, me corrí otra vez. Mario tiró de mi sudadera hasta sacármela por la cabeza; quería ver mis tetas mientras se corría, mis tetas que se bamboleaban y vibraban como locas ante cada uno de sus empujes, que cada vez eran más violentos, más continuos, más… «Más, Mario, más»; «Ohh, ohh, ¡oughh!»: Mario eyaculó.

    Pero, vuelvo a aquel día del cine en que todavía Mario y yo éramos novios: esa noche fue la última en que se la chupé. Un día de ese verano pasó algo que cambió mi vida para siempre. Mario y yo habíamos ido a la playa del Lavachochos a refrescarnos y a tomar el sol, cuando una embarcación atestada de inmigrantes apareció de improviso en paralelo a la costa y embarrancó en un roqueo cercano. Sus ocupantes saltaron al agua como empujados por un resorte; llegaron a la orilla. Mario, de inmediato, echó mano a su mochila y sacó una pistola, que disparó varias veces al aire. Los inmigrantes, asustados, volvieron al mar, algunos, otros siguieron a la carrera. «¡Mario!», exclamé, «¡para!»; «Es mi trabajo, monina», me dijo. Yo me interpuse entre él y los inmigrantes. «¡Quítate!», gritó Mario. Sonó un disparo proveniente de otro lugar, y caí sobre la arena.

    Hay noches en que sueño con ese día, y despierto sobresaltada. Me dijeron que me hirieron, que fue una bala perdida, que uno de los africanos me auxilió al instante y que a éste fue al primero que detuvieron en cuanto quedé estabilizada. Ay, doctor Ahmed, le debo la vida.

    «Ay, doctor Ahmed, tóqueme el pecho, noto algo… como…»; «Querida, ya está bien de la broma»; «Ay, doctor Ahmed, pues ya me he desnudado…»

    Hago el amor cada día con Ahmed. Su prestigio sube como la espuma en la ciudad. Estoy tan orgullosa de él… Ahmed tiene la piel muy oscura; su polla es un ariete de ébano capaz de hacerme perder el sentido. Lo que más gracia me hace es ver cuando se la chupo su semen tan blanco pegado a mis labios.

  • Memorias inolvidables (Segunda parte): Miguel

    Memorias inolvidables (Segunda parte): Miguel

    Pegaso se había escapado de su casa. Así, con estas palabras: se había escapado. No se trata de que se fue, se cambió de vivienda o se despidió; no, nada de esto, sino que se escapó violentamente de su casa.

    Miguel Alcaraz Bohigues era hijo de Francisco de Asís Alcaraz de la Portilla y de Eloísa Bohigues Bohigues. La familia Alcaraz Bohigues no era una familia común, pero tampoco rara. Eran devotos de Nuestra Señora de la Merced y habían hecho resucitar una antigua cofradía de la Virgen de la Merced que tenía por misión que sus socios o cofrades visitaran a los presos y les trajeran obsequios fungibles, como tortas, pasteles, etc., cuando era el cumpleaños de algún preso, pues a todos los tenían fichados. Se trata de una familia con espíritu religioso y por lo mismo con una moral arcaica.

    Sus padres y sus hermanos —Eleuterio, Facundino, Mercedes y Rosario— lo querían. El mayor lo adoraba por lo dulce y servicial que era, Facundino el segundo hijo de la familia, que era casi de su edad, solo un año más, se comportaban con él como verdaderos amigos, las dos chicas, Mercedes y Rosario, lo adoraban por un sinfín de razones, Miguel, es decir, Pegaso es guapo y resultó ser el más guapo de toda la familia y sin defectos físicos. Ojos brillantes, mirada sincera y cariñosa, esbelto de cuerpo, bueno, lo era antes de los terribles acontecimientos, esbelto, fuerte, vientre plano, pecho de envidiar, cuello largo y la cabeza muy proporcionada para la edad que tenía, es decir, una cabeza de joven sonriente y simpático.

    Todas las amigas de Mercedes y Rosario estaban prendadas de su hermano, todas querían que les fuese presentado. Ellas, las amigas de sus hermanas, que eran mucho de espiar, observaban abusivamente todo lo que podían y más de Miguel, y decían: «es que hasta los andares los tiene muy sexys», «es que está para comérselo, aunque eso sea lo que una haga ya en toda su vida, de ahí a la muerte», «pero mirad cómo mueve el culo, es que tiene una gracia que anda sola» y otras lindezas por el estilo. A sus hermanas les agradaba que dijeran cosas bonitas de su hermano, pero sus amigas eran tan atrevidas que les preguntaban cosas verdaderamente obscenas: «¿Habéis visto a vuestro hermanito en pelotas?», «¡cómo debe estar, quién pudiera!». Hasta una les dijo un día:

    «—¿Quien le compra su ropa?

    — Pues él, quién va a ser…, —contestaban las dos a coro.

    — Esos jeans ajustadísimos y rotos le caen de bien…, hasta le marcan los huevos, que debe tenerlos considerables, —insistió.

    — Ya, deja tranquilo a mi hermano, mujer, déjalo ya, que se ponga lo que quiera, —contestó Mercedes».

    Pero al muchacho no le dio por las chicas que estaban enamoradas de él, además de que le caían muy gordas, pesadas, viscosas y pegajosas como lapas. El muchacho no les hacía ni puto caso a esas pendejas, aunque con sus hermanas era muy cariñoso, de hecho es al único hermano que le permitían entrar en su dormitorio, porque jamás se burló de nada de ellas. Le mostraban su ropa antes de ponérsela y él les daba su parecer, siempre con tanta moderación que, si alguna cosa no le gustaba, solía decir: «no es que me guste mucho, pero está bonito, si te gusta a ti es lo más importante». Si las veía felices y sorprendidas por sus palabras, él les decía: «ve, póntelo y te lo miro puesto». Es entonces cuando decía: «a simple vista no me gustaba, pero puesto es otra cosa, te queda bien, está perfecto, es bonito». Ellas se ponían felices. Esto era en casi todo, vestidos, zapatos, bañadores, braguitas.

    El nunca les pedía parecer a ella, se compraba sus cosas a pelo, es decir, iba a su estilo de tiendas para comprarse su estilo de prendas. Pero sus hermanas eran mujeres prendadas de su hermano y a veces querían ver cómo era su ropa interior, sobre todo cuando sabían que se había comprado algo al cambiar la estación. Si esto ocurría. Miguel, sin inmutarse, abría sus jeans, los bajaba a las rodillas y ellas observaban todo, porque unas veces eran bóxer largos de compresión, otras slips, suspensorios o tangas. Miguel para sus hermanas se daba la vuelta, pero no se dejaba tocar. Además, ellas ya habían ido con él a la playa y sabían que se bañaba en tanga hilo que le cubría un magnífico pene que se remarcaba en el minúsculo triángulo de tela de nylon. A ellas les gustó siempre el comportamiento sencillo, simple y liberal de Miguel. Lloraron desesperadamente cuando se fue, porque perdían, además de un hermano, un amigo y un confidente que las entendía a la perfección.

    Mientras el muchacho solo se mostraba como un liberal nunca hubo problemas de ninguna clase. Cuando dijo que era homosexual y salió del clóset para la familia, entró una preocupación en sus padres, sus hermanas ya lo imaginaban y sus hermanos se cachondeaban de él, era el objeto de su burla, pero Miguel lo soportaba. Soportaba a sus hermanos, hicieran lo que hicieran, porque eran sus hermanos. Con sus hermanas nunca fue motivo de conversación su homosexualidad, ellas seguían teniendo a su hermano, su amigo y confidente y les gustaba Miguel como era, siempre tan sincero y a la vez complaciente, porque las trataba bien y nunca las consideró menos que él. Sus padres fueron su pesadilla, más su madre que su padre. Su padre le arreó un sermón de padre y muy señor mío y pensaba que ya todo estaba resuelto. Hay padres que piensan que dan su parecer enfadados y a gritos y que eso es ley, pero cuando un hijo piensa: «mi padre está equivocado», viene la debacle de la autoridad paterna y de la obediencia filial.

    El problema más gordo era su madre. Ella sola ya parecía una brigada de investigación criminal. Todos los días, siempre que lo tenía delante, estuvieran o no presentes sus hermanos y hermanos, hacía su correspondiente inquisición con preguntas molestas, de esas que nadie contestaría ni en privado, como por ejemplo: «¿cuántos chicos has mirado esta mañana? Para curarte debieras no mirar a ninguno», «¿cuándo me haces caso y nos vamos al sicólogo que te he buscado a través de mi amiga Lucía que dice que es muy bueno?».

    Ya sabían todas las amigas de su madre el «problema sicológico» de su hijo: «era homosexual y había que curarlo, pero no se dejaba». Todas le recomendaron sicólogos, retiros, y un sinfín de soluciones, asegurando de todas todas su efectividad. Así que ya no hubo necesidad de salir del armario para nadie, porque su propia madre había roto el armario pieza a pieza y su hijo había quedado fuera, sin siquiera calzoncillos para disimular. Ya todo el mundo sabía que los Alcaraz tenían un hijo maricón y comenzaron en todas las casas las prevenciones de padres a hijos:

    «Que no te vea con él».

    «Las malas influencias, la culpa es de los padres».

    «Unos padres tan buenos y que les salga un hijo maricón…».

    «Si no queréis ser como el hijo ese de los Alcaraz, no vayáis con él».

    «A saber cómo serán los Alcaraz, al fin y al cabo, tarde o temprano, todo sale».

    No obstante, la vida seguía, las contrariedades, aunque no se olvidaban, se atenuaban con el paso de los días. Miguel salía con sus amigos y amigas y en su casa no había problemas porque todos eran hijos de «buenas familias». Es cierto que algunos amigos habían dejado la pandilla a causa de Miguel, porque en su casa les habían puesto tantas precauciones que se fueron por otros derroteros. El grupo que se mantenía fiel no buscaba el sexo, sino divertirse, ir al cine, pasear juntos, contarse historias y ellos y ellas, sin haberse definido como novios de nadie, estaban felices. Eran gente normal, solo que la mamá de Miguel había distorsionado algunas mentes y los que eran de casas cercanas a la de Miguel y conocidas eran los que se habían separado. Quedaba del grupo de gente de la periferia, menos conocidos, que no habían oído hablar distorsionadamente de Miguel, ni de Nicolás ni de Justino, ni de Aureliana, ni de Fanny, ni de Julieta, ni de Sebastián, ni de Manolo.

    Pero ellos llegaron a saber más y resulta que sin que se dieran cuenta, ni se comentara, Nicolás siempre se ponía al lado de Fanny y, sin que se percatara nadie, muchas veces se cogían de la mano, lo que llegó a ser muy natural y, aun dándose cuenta, nadie en el grupo comentaba nada, porque eran más íntimas Aureliana y Julieta, también algo más íntimos Justino y Manolo, ambos jugadores de futbol en un equipo de su barrio. Manolo y Justino eran los deportistas, y siempre hablaban con el grupo de deportes. Los invitaban a ir a ver sus partidos y el grupo en pleno asistían. Solo mirando desde atrás del grupo, se notaba que Nicolas y Fanny se besaban cada vez que uno de sus amigos metía gol. Pero lo mismo ocurría con Aureliana y Julieta, pero lo normal es que las chicas se besen por cualquier cosa, pero también se abrazaban Miguel con Sebastián. Algunas veces se abrazaba todos, pero como se sentaban en la misma línea esa alegría por el gol o la buena jugada de sus amigos la manifestaba con el que estaba al lado, lo que ocurría es que siempre estaban al lado las tres parejas. Ellos miraban todo el partido y esperaban a la salida a Justino y a Manolo. Pero en el campo, cuando se retiraban los jugadores, siempre Justino y Manolo salían juntos y con sus brazos por encima de los hombres del amigo. De modo que se iban definiendo cuatro parejas.

    Un día Miguel, Sebastián Justino y Manolo fueron a recoger a Nicolás a su casa, porque les pillaba de camino para ir a la casa de las chicas. Nicolás no estaba en casa y no había dormido allí. Su madre les dijo lo primero y una hermana les dijo que seguramente estaría en casa de Fanny, porque últimamente iba muchas veces allí. Ellos no pensaron nada, sino lo normal que quería a la chica y estaban próximos a definirse como novios, lo que habían ido notando como cosa que iba emergiendo del grupo como muy natural. En efecto recogieron a Julieta y a Aureliana que vivían muy cerca una de la otra en la misma manzana y se fueron todos a casa de Fanny. Llamaron a la puerta y salió a abrir Nicolás con una toalla atada a la cintura. Salió de esta guisa porque había escuchado que eran ellos y tantas veces habían ido los ocho juntos a la piscina que nadie se extrañaba de nada.

    Se acomodaron en la sala y salió Fanny sonriente, preguntando si querían tomar algo:

    — El café lo podéis hacer vosotros mismos, ya conocéis la cafetera y os entretenéis mientras nos vestimos, que acabamos de ducharnos.

    Ellos no querían pensar nada, pero les estaba insinuando que se habían duchado juntos, lo que daba a pensar que también habían dormido juntos. Pero no hicieron caso, porque los amigos no urgen, los malintencionados entienden más de lo que ha ocurrido, los amigos buenos entienden lo que se les dice y ahí acaba todo. Había llegado Nicolás cuando estaban haciendo café para todos en la Nespresso y pidió uno. Entraba con su pantalón abrochado y pecho descubierto, la camisa en la mano. Es guapo este Nicolás, no tanto de cara, pero de cuerpo sí, muy bien hecho. Es que Nicolás era asiduo diariamente del gimnasio. Enamoraba más a los chicos que a las chicas, pero Fanny se había enamorado de él y los adelantó a todos. Se puso a explicar:

    — Muchos veces vengo a hacer compañía a Fanny, porque se van sus padres a sus asuntos y se queda sola, entonces vengo a hacerle compañía.

    Como todos le miraban como tontos sin hacer preguntas, continuó:

    — Es que…, bueno, parece…, no, no…, es que nos queremos.

    Todos saltaron de alegría y lo felicitaron.

    — No es que seamos novios, porque sois los primeros que sabéis esto, pero parece que congeniamos, vale, es que congeniamos mucho.

    — No tienes que dar explicaciones, eres libre y Fanny también, sois nuestros amigos, vuestra vida nos importa en la medida que vosotros queráis que nos importe, —discurrió Miguel y todos estaban de acuerdo.

    — Claro, quizá no lo habéis notado, pero Julieta y yo congeniamos bastante, claro que es diferente a vosotros, pero también nos estamos enamorando, —dijo Aureliana.

    — Buscábamos una ocasión para decíroslo y mira esta es; lo que pasa es que nosotras en nuestras casas somos amigas y es normal que se acuesten dos amigas, a nadie se le ocurre pensar nada; en ese sentido lo tenemos más fácil, —añadió Julieta.

    Se miraron a la cara los cuatro chicos y entonces se dieron cuenta que estaban emparejándose Miguel con Sebastián y Justino con Manolo. Justino dijo:

    — Eso es lo mismo que en el vestuario, Manolo y yo nos duchamos bajo el mismo chorro; y… sí, yo lo quiero y Manolo dice que me quiere, —explicó Justino.

    — Yo no digo que te quiero, es que te quiero de verdad, —espetó Manolo.

    Todos se pusieron a mirar a Sebastián y a Miguel. Miguel comenzó a mover su mano de forma negativa y espetó:

    — No, no penséis en nosotros, yo soy gay, claro, creo que lo sabéis, pero todos os estabais emparejando y quedábamos nosotros que hemos hablado más entre nosotros, pero no hay nada de nada.

    Añadió Sebastián:

    — Ahora que os habéis declarado todos de modo espontáneo, tengo que decir que yo también soy gay, pero no he tenido nunca nada con nadie y siempre he procurado ocultarlo; de verdad que Miguel y yo no somos amantes, ni queridos, ni novios, pero lo podríamos ser, porque ¿quién queda del grupo para que lo desbarate? Además, lo amo…

    Todos aplaudieron y Miguel le dio un beso a Sebastián como nadie de los presentes había visto uno en la realidad, metió su lengua dentro de la boca de Sebastián y lo obligó a alternarse entre ellos, largo beso, hasta que se cortaba la respiración. Todavía luego de dejar el beso se quedaron con las dos puntas de la nariz y mirándose a los ojos, luego juntaron los caras cerrando los ojos y se sentían entre sí. Todos los demás, incluso Fanny que acababa de llegar, estaban con la respiración atragantada de ver semejante beso y posturas. Sebastián y Miguel se dieron un abrazo y sonrieron ante los demás cogidos por la cintura.

    — Casi se me corta la respiración, —dijo Nicolás.

    — Aprende a besar, —dijo Fanny desde detrás de Nicolas.

    Todos habían estado estupefactos. Salieron a tomar algo y a pasear y se sentaron en la terraza de un bar emparejados y todos se miraban con sonrisa de complacencia. Ese mismo día, en un momento en que se adelantaron al grupo paseando junto al mar, era una tarde preciosa. Sebastián le dijo a Miguel:

    — Yo no he hecho nunca el amor con nadie, estoy solo en casa, ¿quieres que cenemos juntos y pasamos la noche juntos?

    — No tengo ningún problema contigo, te amo, Sebastián, hace tiempo que quería decírtelo, —contestó Miguel— pero yo he estado en un sauna gay y allí con no sé quién he perdido la virginidad. Me gustó, pero cuando he ido allí algunas veces a buscarlo, no lo encontré y desistí de ir más. Lo he perdido de vista.

    Esa noche cenaron y fueron luego a la casa de Sebastián, durmieron juntos muy poco tiempo, se durmieron ya al hacerse de día, porque pasaron la noche intentando hacer el amor hasta conseguirlo. Era necesario aclarar muchas cosas, lo único que sabían por las veces que habían ido a la piscina con sus bañadores slip es que la polla de ambos no era pequeña, porque marcaba bien, aparte que de alguna manera se habían visto en las duchas de la piscina ocasionalmente y quizá alguna vez intencionadamente.

    La noche pasó rápido, los dos muchachos sabían que entre ellos había algo y tenía que pasar algo. Además, querían hacer cuanto más mejor. Comenzaron a explorar. Primero se besaron de nuevo como sin saber cómo ellos gozaban de un largo y profundo beso. El besó encendió lo que faltaba a la pasión para ayudarse mutuamente a desnudarse. Ambos se quedaron en slip. Se miraron y el bulto que los dos tenían dentro del slip sobrepasaba la capacidad de este de preservarlo. Ponto se dieron cuenta que sobraba el slip y cada uno, mirando fijamente al otro, iba desplazando su slip hacia las rodillas empezando por la zona de los glúteos y al ir estirando obligó a despejar la zona púbica, el pene y el escroto. No tardó ya de salir el slip, pues con un ligero ejercicio del pie se lo quitaron y lo dejaron en el suelo, donde estaba el resto de la ropa. Se miraron lujuriosamente y babearon ya de solo verse.

    Avanzaron un par de pasos y se dieron un cuerpo con el otro, se abrazaron apretadamente, se volvieron a besar y sus manos se posaron sobre el pene del compañero. Se miraron a los ojos mientras acariciaba cada uno el pene y el escroto del otro. Y aquí desapareció la curiosidad y dio pase al amor. Querían hacer el amor. Se metieron sobre la cama. No sabían cómo hacer lo que sí sabían qué se hace. Hacía falta que uno se pusiera terco. Fue Miguel quien se puso de espaldas a la cama, mientras Sebastián de costado lo miraba extasiado. Miguel, que ya había aprendido en el sauna gay, le indicó que se pusiera encima de él pero al revés. Sebastián entendió lo que era un 69. Miguel puso la polla de Sebastian en su boca y Sebastián lo imitó, chuparon, succionaron, lamieron polla y bolas y gimieron…; gimieron fuerte, en alta voz e intensamente. Sintieron espasmos como cuando se masturbaban y casi a la vez ambos derramaron todo el contenido de su propio esperma en la boca de su compañero. Degustaron, tragaron y algo se les escapó. Les gustó y pensaron repetirlo más veces, la noche era larga…

    Se pusieron juntos y pudieron besarse con sabor y olor a semen ajeno. Les gustó más.

    — Pensé que no me gustaría el semen de otro hombre, —dijo Sebastián.

    — ¿Habías probado el tuyo?, —preguntó Miguel.

    — Muchas veces; tú ¿no?, —respondió Sebastián.

    — Ya sabes que no soy virgen, replicó Miguel.

    — Pues… yo quisiera perder mi virginidad aquí, hoy, contigo, —suplicó Sebastián.

    — Tú me mamas la polla, yo te preparo el culo para hacerte el menor daño posible, no sé si lo haré bien, pero lo procuraré y luego, si no te arrepientes, te tomo tu virginidad a cambio de mi corazón.

    La respuesta de Sebastián fue un beso de lo que había aprendido con Miguel. Luego dijo:

    — Miguel, me encuentro muy bien contigo, como si toda la vida hubiera estado contigo, me gusta tu cuerpo, tu piel, tu tacto y el cariño con que haces todo, ¿por qué será que me parece que me he enamorado de ti?

    — Creo que estamos hechos el uno para el otro, —respondió Miguel.

    Hicieron el amor. Miguel que estaba de espaldas a la cama provocó otro 69 como el anterior y Sebastián, mientras le mamaba la polla a Miguel, sentía el placer de las mordidas y lamidas que su compañero le daba a su culo. Le entró un especial placer cuando Miguel le metía la lengua alternando con sus dedos en su culo y exclamó:

    — Para Miguel que me voy…

    Miguel aprendió ese día que no debía tener prisa en dilatar el culo de su compañero, sino dar tiempo para que el cuerpo asimile los tocamientos sin que transmita totalmente al cerebro las sensaciones. Así lo hizo Miguel y llegó a meter cuatro dedos, el medio y el anular por delante y junto a ellos el índice y el meñique. El dedo pulgar sirvió de frontera para que no entrara la mano entera. Sebastián ya gemía, pero la lentitud y destreza de Miguel, frenó el desborde del apasionamiento con lo que la maceración del ano resultó placentera.

    Miguel le pidió que se pusiera como para sentarse sobre su polla y poco a poco fue entrando con auténtico placer y sin grave dolor. El pequeño dolor que sentía Sebastian pronto se convertía en placer. Una vez introducido del todo, Miguel hizo un esfuerzo descomunal para levantar el peso de Sebastián y hacer que saltara, sacando un poco la polla del culo y volviéndola a meter al dejar que se sentara de nuevo. Por fin ambos cogieron el ritmo y el sudor que estaba sufriendo Miguel fue compartido por Sebastian, ambos entraron en el esfuerzo acompasado hasta el momento en que Sebastián exclamó:

    — ¡Qué me voy!, ¡ahora…!, ¡sí!, ¡me vooooooy!, ¡aaaaaah!

    Llenó el pecho y abdomen de Miguel de semen caliente. Miguel recogió con su mano y comía de él. Sebastián una vez le quitó su mano y se la puso en la boca para saborear su propio semen, pero al tocar con su lengua la mano de Miguel, este se vino invadiendo las entrañas de Sebastián de su propio semen. Luego Sebastián cayó extenuado sobre el pecho de Miguel y se besaron. Sebastián agradeció a Miguel que se tomara su virginidad y Miguel le agradecía a Sebastián la confianza. Ambos se juraron amor eterno y proyectaron cómo iban a realizar sus sueños.

  • Sodomizado de nuevo por el portero del edificio

    Sodomizado de nuevo por el portero del edificio

    Hacía unas semanas que ayudaba a vender libros de cocina a un amigo, me daba una pequeña comisión por cada libro que le vendía. Además de esa manera andaba entretenido, ya que no tenía trabajo, y si vendía algún libro, pues era una pequeña ayuda para los pequeños vicios que tenía.

    La venta por supuesto se realizaba puerta por puerta, por lo que había que entrar a los edificios, e ir piso por piso, ofreciendo el libro, que era de cocina gallega-asturiana.

    La primera semana, había ido con él, de esa manera veía como lo hacía y como debería realizarlo yo, al menos si quería tener algo de éxito. Empezaba una zona de la ciudad, y entrando en los edificios, subíamos al último piso, y desde ahí íbamos puerta a puerta, bajando, hasta haber ofrecido el libro a cada vecino.

    Solíamos dejar el libro un día para que pudieran ojearlo, luego teníamos que volver a pasar a recogerlo, y si había suerte y el libro les había gustado, pues terminar de venderle el libro.

    Al segundo día de estar yendo con mi amigo por los pisos vendiendo los libros, cuando terminamos, me pasó unos cuantos libros a mí, diciéndome que al día siguiente iría yo solo. Comenzaría por la zona de cuatro caminos, que eligiera yo donde comenzaba y que terminara la calle que eligiera.

    Así que comencé desde cuatro caminos hacia el principio de la calle Fernández Latorre, y dejaría para el final la parte que quedaba junto al centro comercial de El Corte Inglés, que era donde había los edificios más altos.

    Cuando llegué al principio de la calle Fernandez Latorre, quedaban 4 grandes edificios que quedan al comienzo de la calle Alfonso Molina, esa calle luego queda sin edificios, ya que está el viaducto que pasa por delante de la iglesia de San Pedro de Mezónzo. Así que también aproveché a ir a esos edificios. Además, que eran grandes edificaciones, y había muchas viviendas.

    Cuando iba comenzar esos edificios, recordé que en el número 1, que era un edificio de 12 alturas, fuera donde me diera por el culo Jaime, en 2 ocasiones, y que en ese edificio trabajaba de conserje en la portería del edificio, Pepe, que también me había sodomizado en casa de Jaime, la primera vez que fui. Así que fui primero a ese edificio, esperando que el conserje se acordara de mí, y no me impidiera ofrecer el libro por los pisos. Además, si tenía suerte, hasta podría ser sodomizado de nuevo por el portero.

    Miré el reloj y ya marcaban las 12 del mediodía, cuando caminaba para entrar en el edificio donde Jaime y el portero me habían dado por el culo. Nada más entrar ya me topé con el conserje. Hola, me dijo a modo de saludo, en esos momentos recordé que se llamaba Pepe, y viendo la sonrisa con la que me recibía, recordé la enorme y larga polla que tenía aquel hombre y lo bien que me había follado.

    Le respondí al saludo a la vez que me empezaba a poner rojo como un tomate. ¡Dios! Tenía una sonrisa y mirada de lujuria, que me hizo estremecer a la vez que mi polla empezaba a ponerse dura.

    Sabía que me había reconocido, aquellos ojos que me miraban sin pestañear me estaban desvistiendo con solamente la mirada. Tartamudeando y rojo como un tomate maduro, le dije que estaba vendiendo libros de cocina, y que si podía subir para dejar al que estuviera interesado un ejemplar para que lo ojearan y luego volver por él y vendérselo si le interesaba.

    Vaya vaya, ¿tú no eres el amigo de Jaime? Me dijo.

    Sí, soy Dani, y estuvimos en casa de Jaime hace unos meses, le contesté, bajando la vista al suelo, mientras le hablaba.

    Me alegra volverte a ver. Esperaba que volvieras a hacerme alguna visita, pero… No volviste. Yo creí que te había gustado lo que hicimos en casa de Jaime.

    Muerto de vergüenza, le dije que sí que me había gustado, pero que me daba vergüenza venir. Volví otra vez con Jaime, fue un día que me encontró en el cine, y esa noche me trajo a su casa, pero que cuando había marchado a las 7 de la mañana, él aún no estaba.

    Bueno no te preocupes, cuando tú quieras repetir lo que hicimos en casa de Jaime, ya sabes donde encontrarme. Por cierto, ya sabes que Jaime ya no vive aquí, lo destinaron a Madrid. Bueno el apartamento sigue siendo suyo, pero él no está.

    No, no lo sabía, le contesté.

    Bueno, ahora cuéntame como es lo de ese libro de cocina.

    Le expliqué un poco por encima, terminando por decirme él, que lo que podíamos hacer es que yo le dejara unos cuantos libros, y que él se encargaba de ofrecérselo a los inquilinos. No te preocupes ya verás cómo te vendo alguno.

    Estuve de acuerdo, y luego de dejarle unos cuantos libros, quedamos en que, al día siguiente, por la tarde a última hora, pasaría de nuevo por allí.

    Fui con él hacia donde estaba la conserjería y después de dejarle 5 libros, quedé en volver el miércoles, a última hora de la tarde.

    Muy bien, me dijo el portero llevando su mano a mi culito. Y si quieres y te apetece, podemos hacer algo más, tienes un culito que me encanta, me decía magreándome el culo con su mano. Mira como me pones, decía cogiendo mi mano y llevándola a su entrepierna.

    Yo todo ruborizado y empezando a estar excitado, palpé con mi mano aquel bulto que tenía en medio de sus piernas el portero, recordando la larga polla que se gastaba el muy cabrón.

    Dios, que escalofrío recorrió mi cuerpo al palpar aquel órgano sexual. La boca se me hacia agua. Si el cabrón del portero seguía con aquello, me iba a correr en los pantalones. Ya me temblaban las piernas y solo le estaba manoseando su órgano sexual mientras él no paraba de magrearme metiéndome mano.

    Acercó su boca a mi cuello, y mientras me mordisqueaba y lamía el lóbulo de la oreja, me decía, tranquila putita, no tiembles, déjame quitarte esa calentura y ganas que tienes, ya verás cómo vas a disfrutar. Vas a vender unos cuantos libros, y además vas a poder ir bien preñadito y satisfecho.

    El muy cabrón del conserje no paraba de mordisquearme el cuello y el lóbulo de la oreja, mientras me susurraba al oído todo lo que me iba a hacer, a la vez que con sus manos me estrujaba el bulto que crecía en mi entrepierna.

    Menos mal que estábamos en el cuarto de la conserjería, si no, cualquiera que entrara o saliera del edificio, podría pillarnos en aquella situación. Claro que, si no fuese así, el portero no se atrevería a hacer lo que estaba haciendo. Y el muy cabrón se estaba aprovechando que estábamos en el cuarto de la conserjería, se notaba las ganas que me tenía, y lo excitado que estaba.

    No dejaba de magrearme y mordisquearme el cuello y el lóbulo de la oreja, gruñía y susurraba lo bueno que estaba y las ganas que me tenía. Cada vez iba un paso más, de estar magreándome el paquete y culito con sus manos; con la izquierda me abrazaba y sujetaba por la entrepierna, sobando mi paquete que cada vez estaba más duro, mientras con la derecha, sobaba mi culito de forma desesperada; fue cuando llevó su mano derecha a mi cinturón, y empezó a aflojármelo, hasta que consiguió su objetivo.

    Tranquilo, tú estate quieto me dijo, al ver mi nerviosismo por ver como me intentaba bajar el pantalón. No tengas miedo, aquí estamos seguros. Dio un par de pasos hacia la puerta, llevándome abrazado a él, sujetándome por la entrepierna, y empujando la puerta de la conserjería, cerró la misma para que no nos fueran a sorprender.

    Sin haberme soltado, empezó a desabrocharme el pantalón de manera desesperada, hasta que consiguió desabrocharlo por completo, cayendo este a mis tobillos. Sin perder tiempo, de un manotazo tiró de mi slip, bajándolo hasta dejar mi culito y genitales al aire libre, y mientras este iba cayendo hasta llegar a mis tobillos, con la misma mano levantó mi camisa, dejándola sobre mis hombros.

    Joder, ya me tenía prácticamente desnudo frente a él, y totalmente expuesto para hacer de mí, lo que quisiera.

    No se como hizo, pero cuando pude darme cuenta, el portero ya tenía su verga de fuera y empezaba a restregarse por mi culo. Me arrimó a la mesa que había en el cuarto, y apoyándome el pecho sobre ella, me inclinó, quedando totalmente expuesto y mí culito listo para ser sodomizado.

    Quédate así y no te muevas, que vamos a follarte este culito tan rico que tienes, putita.

    Anda abre bien las piernas y relájate, anda, se bueno maricón, que lo estás deseando y yo tengo los cojones que me revientan.

    Pasó sus dedos impregnados con su saliva por mi culito, y luego de lubricar mi entrada con ellos, colocó la punta de su verga en la entrada a mi ano, y de un empellón, me enterró más de media polla en el culo.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! ¡ooohhh! Grité al notar como su verga entraba en mi cuerpo, abriéndome el culo.

    Sujetándome por las caderas, volvió a darme otra envestida, terminando por enterrarme toda aquella enorme verga en mi cuerpo.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! ¡ooohhh! Grité al sentir como me había metido toda su polla hasta los mismísimos cojones. Me había abierto el culo, enterrando toda su virilidad en lo más profundo de mis entrañas.

    Calla maricón, no chilles tanto que vas a alarmar a todos los vecinos, me decía rodeando mi cintura con su brazo, manteniéndome pegado a él. Tranquilo que ya la tienes toda dentro, me decía llevando sus manos a mis ingles, levantándome con ellas, a la vez que empujaba más su pelvis, encajándome más su polla dentro de mi culo.

    ¡Dios, que culito tienes pedazo de maricón! ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto se siente! ¡ooohhh que gusto da abrirte este culito, mariconazo! Lo tienes calentito y suavecito, me decía manteniéndome levantado en el aire con su polla enterrada en mis entrañas, mientras me sujetaba por las ingles, manteniendo su polla metida en mi culo, y sus cojones pegados en la entrada de mi ano.

    Así maricón, así, vamos a preñarte este culito, te voy a dejar la semilla en esta barriguita que tienes, me decía acariciándome con sus manos el abdomen, mientras me dejaba apoyar los pies en el suelo de la conserjería.

    Ay dios, que gusto me estaba dando el hijo de puta del portero, estaba que ardía de lujuria. Notaba sus cojones pegados a la entrada de mi ano, y su enorme tranca como me abría el culo, llegándome hasta la boca del estómago.

    Mientras empezaba a bombearme lentamente, metiendo y sacando su polla abriéndome una y otra vez el culo, con su mano acariciaba mis genitales y polla.

    Te gusta maricón, te gusta que te den polla por el culo. Mira como tienes la polla dura, cabrón. Decía el cabrón del portero sin dejar de darme por el culo.

    El muy hijo de puta, con sus caricias y meneo que le estaba dando a mi polla, al ritmo de sus enculadas, me tenía excitadísimo. Si no paraba de menearme la polla, no iba poder aguantar mucho. Ya mi polla no dejaba de gotear semen, y con aquella mano acariciando mis genitales y polla, iba a explotar.

    Para, para que me vas a hacer correr, le dije.

    Pues córrete maricón, estás caliente, ¿eh? Decía pasando su mano por mi polla, notando como estaba toda pringada de líquido preseminal.

    Mira como disfrutas, tienes toda la polla mojadita. Te gusta que te den polla y te sodomicen, ¿eh maricón? Pues no te preocupes, que tu macho te va a hacer gozar y dejar bien preñada.

    Volviéndome a sujetar por las ingles, me levantaba en el aire, introduciendo su verga en mi cuerpo hasta la mismísima base, haciéndome gritar de tanto placer que me estaba dando. Notaba sus pelotas pegadas a mi culo y como su pelvis me golpeaba cada vez que me envestía. Escuchaba el sonido de su pelvis golpear mi culo con cada envestida que me daba, plof, plof plof, y como mi pantalón colgaba cada vez más junto a mis pies, e iba escurriéndose junto al slip, hasta que terminaron por salir de mis piernas junto a un zapato que me había salido del pie.

    El portero al verme libre del pantalón y slip, sujetándome por las ingles, me levantó aun más, dejando mi pecho y cara pegada a la mesa, abriéndome más de piernas, a la vez que aumentaba sus envestidas, ensartándome salvajemente su polla en el interior de mi culo,

    Yo gritaba y gemía, notando como la polla del portero profanaba mi cuerpo una y otra vez a un ritmo endiablado. Hasta que noté como me empezaba a correr, ¡ohhh! ¡ooohhh ohhh! Me corro, me corro, gritaba soltando varios trallazos de leche, mientras el portero seguía profanando mi culo, ensartándome una y otra vez su verga y abriéndome en canal.

    Así maricón, así, córrete, córrete y deja que te preñe tu macho.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Oh maricón como me gusta cuando aprietas el culito, decía el portero sin parar de follarme, hasta que noté como sus dedos se clavaban en mi carne, sus envestidas eran más profundas, y su polla empezó a palpitar empezando a eyacular dentro de mi cuerpo.

    Me corro, me corro, ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Gritaba el portero derramando su leche en el interior de mi culito, dejándome preñado con su esperma.

    El portero dejando que su polla fuese soltando sus últimas gotas de semen en el interior de mí culo, se tumbó sobre mi espalda, y mordiéndome la nuca, me susurraba lo bueno que estaba y lo mucho que le gustaba.

    ¡Ay maricón que bueno estás! Como me gusta preñarte este culito tan rico que tienes. Quiero follarte más veces, putita. Quiero que cuando tengas hambre de polla, vengas junto a mí para que te preñe este culito tan rico que tienes, me iba diciendo mientras me mordisqueaba la nuca y sus manos me acariciaban la polla, genitales y vientre.

    Una vez recuperamos el aliento, y la respiración se fue normalizando, el portero terminando de sacar su polla de mi culito, se irguió, dejándome levantar de la mesa donde me tenía recostado.

    Una vez me pude poner de pie y darme la vuelta, se apoderó de mi boca, y mientras me morreaba, me susurraba si me había gustado la follada que me había dado.

    ¿Te gustó, mi putita?

    Sí, le contesté.

    Pues mañana cuando vuelvas, te haré disfrutar otra vez, te volveré a preñar este culito tan bonito y apetecible que tienes. Y no solo mañana, si no que cuando tu quieras y tengas ganas, quiero que vengas a verme. Quiero que seas mi hembrita y disfrutes con la polla de tu macho.

    No quiero que mi hembrita pase hambre, yo te preñaré todas las veces que haga falta.

    Una vez nos limpiamos y me pude vestir, quedé con él para el día siguiente ir a recoger los libros o posible venta, y como estaba viendo, a ser follado de nuevo por el portero del edificio. Cosa que no me desagradaba, ya que me gustaba ser sodomizado por aquel macho, me gustaba ser su hembrita como él me decía.

    Abrió la puerta de la conserjería, y sobándome el culito, nos despedimos hasta el día siguiente a última hora de la tarde.

    Podéis escribirme a:

    [email protected]

  • Mariela

    Mariela

    1. Nunca me ha gustado viajar en fin de semana fuera de la ciudad donde resido. Regularmente tiende a ser un fastidio debido a que es justamente en esos días cuando hay más demanda de vuelos y, por consiguiente, es más difícil el lidiar con la gente, las maletas, los espacios reducidos y en general el hecho de que te están robando los días en que te dedicas a descansar haciendo lo que se te pegue la gana.

    Pero al ser dueño de una pequeña compañía de servicios, si tu cliente mas importante te dice que tienes que asistir a una reunión de emergencia, tú vas. Sin chistar.

    Aunque sea en sábado a mediodía. Aunque sea en la Ciudad de México y se halle a miles de kilómetros de tu ciudad, tú vas.

    Y yo fui.

    Ahí estaba en el cuarto de hotel en las tempranas horas de la tarde, aburrido como un ostión. Para colmo no había temporada de futbol y toda la programación que había en los canales del hotel era competencia para ver que canal era el más aburrido.

    Tenía sed y en mi mente se dibujó la imagen de un tarro sudoroso de cerveza con el líquido ámbar y un poco de espuma en la cima. Lo saboreé en la mente y recordé que, al registrarme, el encargado había comentado que tenían un restaurant bar anexo al hotel pero que estaba abierto al público donde seguramente podría beber un par de ellas antes de que cerraran.

    Me puse unos jeans, una camisa deportiva y unos zapatos informales y bajé al citado bar. Era un lugar agradable, de luces tenues con el nombre en la entrada, Restaurant Bar del Sol. Me hizo recordar la canción Peor para el Sol de Sabina y sonreí. “Todos los hombres con alma de depredador deberíamos escuchar esa canción al menos una vez por día” pensé mientras entraba. El lugar estaba bastante más concurrido de lo que yo había anticipado, sin estar a tope, tendría unos 40 o 50 comensales en total. De todos ellos, ella era la que resaltaba por encima del resto. Estaba sentada en uno de los taburetes de la barra, haciéndole el amor a una bebida que llevaba abstraídamente a sus labios y la bebía con lentitud. Usaba una minifalda negra y una ligera blusa roja, su atuendo era demasiado atrevido para ser una mujer puritana y quizá un poquito conservador para ser una puta. Al menos de las que cobran. Era lo que se dice un bombón apetecible y lo justo para un viernes por la noche.

    Era morena clara, con unas piernas preciosas y una sonrisa que derramaba sensualidad, de labios carnosos, y una abundante cabellera oscura, una sonrisa que seguramente ocultaba un buen cumulo de pasiones y secretos que no deben dejarse libres antes de las ocho de la noche. Era bajita, sus pies descansaban sobre el taburete y se balanceaban de una manera rítmica y, hasta cierto punto, sensual. “Como si le estuviera haciendo el amor al taburete” pensé mientras me acercaba a ella tratando de lucir mi mejor sonrisa de conquistador.

    A mis 45 años me sentía bien conservado y con la suficiente prestancia para jugar el juego de la seducción sin tener ningún tipo de complejos. Mis sienes canas y mi mirada madura eran parte del paquete que tenía por ofrecer y lo aceptaba como tal. Mi experiencia en las lides amorosas era un plus para aquellas mujeres que estaban dispuestas a pasar una noche conmigo. O varias.

    – Hola, buenas noches. ¿Cómo estás? – Dije sonriendo. Ella volteó a verme sin despertar mayor interés en su mirada.

    – Bien, gracias. Acá tratando de hacer que esta tarde de viernes valga la pena. – Dijo tomando un nuevo trago a su bebida.

    – ¿Te puedo invitar una bebida?

    – Si quieres y te apetece no te quito la intención. – Dijo.

    – Me llamo Jaime, mucho gusto. – Dije extendiendo mi mano.

    – Mis amigos me dicen Mariela. – Dijo extendiendo la suya. Su saludo fue firme pero femenino. Su mano delicada se sentía bien en la mía.

    – Mucho gusto, Mariela. ¿Te puedo preguntar porqué estás sola esta noche?

    – No estoy sola. Vine con mi marido. – Dijo sonriendo. Mi sonrisa se acalambró y mi brazo se quedó a medio camino de hacerle una seña al cantinero.

    – Disculpa… no sabía que venías acompañada… – Me sentí como un estúpido sin saber qué decir.

    – ¿Y ese pequeño detalle te va a prevenir de que completes todo este acto de seducción? – Me dijo guiñando un ojo y girando el taburete hacia mí. Al hacer esto, su minifalda se levantó y logré mirar una rica mata de vellos entre sus piernas. Me pareció que no traía ropa interior y mi verga dio un bote dentro de mis jeans.

    – No, es que no quiero que tu marido…

    – ¿Acaso lo ves por aquí? – Dijo volteando a ver hacia el resto del lugar. – Te doy cinco minutos para que me convenzas de que vale la pena tener tu compañía. Cinco minutos. – Una vez dicho esto, levantó su vaso vacío hacia el cantinero, haciendo la seña de que le trajera otro trago.

    – ¿Te gusta la infidelidad? – Pregunté aun desconcertado.

    – Depende de lo que llames infidelidad. – Dijo e hizo una pausa. Yo permanecí en silencio esperando el resto de la explicación. – Si para ti, eso es engañar a tu pareja, no, no me gusta. El matrimonio debe basarse en la confianza mutua, si no se lo lleva la chingada en un dos por tres.

    – Y que otra cosa puede significar? – Dije tratando de recuperar un poco de mi aplomo.

    – El acto de estar con otras personas que no sean tu pareja. – Dijo acercando sus labios a mi oído en un susurro. Su perfume inundó mi nariz, era un olor delicioso y sensual.

    – Entonces ese…

    – Cuatro minutos. Te quedan cuatro minutos. – dijo señalando su reloj en la muñeca izquierda. Al decir esto, tomó el vaso que el cantinero le ofrecía. – El señor paga. – Dijo, señalando hacia mi. Yo asentí y el cantinero se retiró en silencio haciendo la seña de que llevaría la cuenta.

    – ¿Entonces ese es el concepto que si te gusta? – dije y tomé su mano en un gesto que la tomó por sorpresa, pero después de verme un momento, decidió no retirarla, aun.

    – Bueno, hay muchas cosas que me gustan, sería demasiado tonto poner todo lo que me gusta en usa sola oración.

    – A mi me gusta una mujer que me sorprenda, que me ayude a sacar los deseos mas profundos que un hombre puede tener…

    – Y que deseo puede tener un hombre que no sea meter el pene en una vagina…?

    – O una boca. – Le interrumpí viendo descaradamente sus labios carnudos y apetitosos.

    – O tal vez otros lugares. – Dijo sonriendo incitantemente.

    – Tal vez. – Dije llamando con mi brazo al cantinero.

    Ella guardó silencio en lo que el adusto empleado se acercaba a nosotros.

    – De qué cervezas tienes? – Pregunté. El hombre señaló el otro extremo de la barra donde estaban las cervezas de tarro. Era una hilera de cinco o seis dispensadoras.

    En un impulso, me incliné para tener una mejor visión de los dispensadores, dejando mi cuerpo encima de la ardiente morena. Empecé a enumerar las diferentes marcas mientras mi mano se deslizaba por debajo de su minifalda hasta lograr tocar su vagina con mis dedos. Como sospechaba, no traía bragas y la mancha oscura que se miraba desde mi posición era una bundante mata de vellos ensortijados y húmedos. No supe si estaba excitada por nuestra conversación o ya estaba caliente de por si, pero me agradó notar que, aunque se sorprendió al inicio, aguantó estoicamente el avance de mi mano sin perder la sonrisa y con el vaso de bebida, una paloma, firmemente sujeta en su mano. Tardé una eternidad en decidirme en escoger una marca mientras la dedeaba de lo lindo sin que el cantinero, ni los demás concurrentes se dieran cuenta. Al final escogí una Pacífico ante la mirada impaciente del cantinero.

    – Vaya con el atrevido. – Dijo Mariela. – Creo que debería ruborizarme. – remató mientras me guiñaba el ojo.

    – Hay deseos que no tienen que ver sólo con el pene, hermosa. – le dije a mi vez, mientras metia mi dedo con su olor en mi boca y le guiñaba el ojo discretamente.

    – Al final solo se trata de meter algo en algo. – Dijo Mariela girando de nuevo su taburete hacia la barra.

    – Creo que meter algo en algo es el justo premio de lograr que las pasiones se alineen, lo importante es el preámbulo. Lo que nos lleva hasta ahí. – Dije, tratando de sonar filosófico sin ser pomposo.

    – ¿Como atacar a una mujer sin permiso? – Dijo Mariela con su rostro alejado de mi.

    – Como indagar que es lo que hace que una mujer se prenda y excite, así como estas tú excitada ahora. – Dije en mi defensa.

    Mariela le dio un nuevo trago a su bebida, la contempló a contraluz y finalmente volteó a verme.

    – ¿Qué es lo que tú quieres, Jaime? – Dijo volteando finalmente a verme.

    – Tratar de ver a donde nos lleva la no…

    – Deja las palabras baratas para otro tipo de mujeres, sólo te di cinco minutos y ya van cuatro.

    – Hacerte el amor. – Dije tratando de sonar seguro de mi mismo.

    – Eso no es algo que se logre en una noche, cariño. En una noche se puede agasajar, besar, cachondear, coger, mamar, hasta dar por el culo, pero hacer el amor requiere mucho mas que un simple acostón de una noche.

    – Entonces quiero cogerte. Meterte la verga en esa rajita deliciosa y hacerte venir unas cuantas veces para ganarme el derecho de venirme en ti…

    – Muy bien, por allí hubieras empezado. Me molestan los hombres que no saben decir lo que quieren y se andan por las ramas para llegar al guayabo.

    – Me dio risa su ocurrencia y su juego de palabras. Era una mujer ardiente, inteligente y seductora, además de guapa. ¿Qué más podía pedir además de que no hubiera llegado acompañada de su marido?

    – Muy bien. Permíteme un momento. – Dijo e hizo una señal hacia el fondo del bar.

    Un señor de unos treinta y cinco años, moreno, sonriente, se acercó a nosotros hasta quedar junto a Mariela. Ella le tomó con confianza su brazo y le dijo:

    – Amor, el señor se llama Jorge y me invitó un trago.

    – Mucho gusto, Jorge, – Dijo extendiendo su mano para estrecharme la mía.

    – No, me llamo, Jaime. Mucho gusto. – Dije a mi vez. Me sentía un poco desubicado, pero sonreí de la misma forma.

    – Bueno, como sea. Resulta que Jaime, me metió la mano entre las piernas y me estuvo acariciando mi raja peluda mientras pedía una cerveza. – dijo Mariela con la misma seriedad como si estuviera dando el estado del tiempo.

    Sentí que me puse de varios colores al mismo tiempo. Aquello era de lo más insólito y me quedé esperando el puño del esposo de Mariela en mi cara, o una sarta de improperios por mi atrevimiento. El sólo sonrió y dirigiéndose a su esposa le preguntó:

    – ¿Y te gustó?

    – No puedo decir que me desagradó. Fue excitante e inesperado. Me gusta lo excitante e inesperado. – Dijo Mariela acariciando el brazo de su marido.

    – Asi le dicen a tus puterías ahora. – Dijo el marido.

    – Jajaja, si tu lo dices cielo. Como ves, ¿te gustaría que Jorge nos hiciera compañía?

    – Jaime… – Corregí. Ella pareció no escucharme.

    – Si a ti no te molesta, a mí tampoco corazón.

    – Bueno, Jorge. Solo queda una última pregunta. Si la contestas bien, tu nos dices que tienes en mente.

    – ¿Cuál es esa pregunta?

    – ¿Te molesta hacerlo sin condón?

    – Creo que no. – Dije. Por lo regular eran las mujeres las que insistían con el condón por aquello de mas vale prevenir que amamantar. – No me desagrada hacerlo sin condón. Creo que lo disfruto más.

    – Bueno, entonces qué tienes en mente. – Dijo Mariela.

    – Bueno, yo tengo una habitación en este hotel. ¿Qué les parece si subimos una botella a mi cuarto y nos ponemos de acuerdo?

    – Para coger?

    – Para cualquier cosa menos hacer el amor. – Dije acariciando su pierna.

    – Entonces guíanos a tu guarida, tigre.

    Y sin decir nada más, se levantó y empezó a caminar hacia la salida con un paso lento y sensual, haciendo que sus caderas navegaran entre el mar de gente que iba entrando al bar y que invariablemente volteaban a verla para admirar esas bonitas piernas y ese atuendo de puta o en su caso, de ama de casa caliente en viernes por la noche.

    “Me han traído hasta aquí tus caderas, no tu corazón” tarareé en silencio mientras le seguía haciendo una seña al marido una vez que le di el número de habitación al cantinero.

    2.

    Una vez que pedimos un servicio a la habitación, tequila, soda de toronja y hielos, así como un 12 de cervezas, subimos a mi habitación que se hallaba en el piso 8 del hotel. Era un bonito hotel con amplias habitaciones y pasillos alfombrados, ubicado en el Centro Hotelero de Santa Fe, ya en el Estado de México. Mi habitación tenía un balcón que daba hacia la calle principal de donde se escuchaba ya el jolgorio de la vida nocturna, risas, sonidos de claxon y una que otra mentada de madre.

    Como una niña pequeña, Mariela fue directo al balcón asomándose para poder ver a los transeúntes 8 pisos debajo de ella. Al agacharse, sin darse cuenta, o tal vez dándose cabal cuenta de lo que hacía, nos dio un espectáculo a su esposo y a mi, de sus ricas piernas, terminando en su rica raja peludita cuyos labios apetitosos se apretaban golosamente en medio de sus piernas. Me acerqué a donde se hallaba para admirar el panorama también y aproveché para tomarla de la cintura, como si la protegiera de una eventual caída, aunque mi intención era más bien tocar ese cuerpo tan rico que se ofrecía ante nosotros. Ella siguió absorta mirando a la calle mientras apuntaba con su dedo, hacia la esquina donde iban caminando una pareja de homosexuales con una vestimenta extravagante.

    Poco a poco, mi mano bajo por la parte de atrás de su falda, explorando su trasero firme hasta detenerse al final de ella, donde sentí el húmedo contacto de su rajita. Con mi dedo corazón empecé a rozar toda la extensión de esos labios vaginales abultados y sentí cómo su cuerpo se tensaba ligeramente sin abandonar la posición en la que se encontraba.

    Lentamente la fui penetrando con mi dedo y empecé un rico mete-saca, mirando hacia la calle al igual que ella. Nadie que nos pudiera ver podría sospechar lo que hacía con ella a excepción, claro está de su esposo que nos contemplaba desde el interior de la habitación. Ella respondió moviendo sus nalgas hacia mí, tratando de sincronizar su movimiento con el mío al a vez que abría más sus piernas para facilitar mi movimiento. Cuando lo logró, de sus labios escapó un largo suspiro que hizo que mi verga se pusiera en estado de alerta, lista para la batalla. Así estuvimos un buen rato hasta que sus gemidos se hicieron mas intensos y sus movimientos mas frenéticos. Cuando sentí que estaba a punto de venirse, saqué mi mano, me hinqué ante ella y metí mi cabeza entre sus piernas abiertas para rozar su rajita abultada y mojada con mi lengua. Estaba abierta ante mi como una fresca almeja, destilando jugos que caían golosamente en mi boca abierta. Ella se inclinó aún mas y pude finalmente rozar sus labios vaginales con mis labios y mi lengua en un beso deliciosamente sexual. Me dediqué a lamer su clítoris con maestría y lograba escuchar sus gemidos a pesar de tener mi cabeza presa entre sus temblorosas piernas. Seguramente las personas que caminaban a un lado del hotel podrían oírla teniendo una rica sesión de sexo oral prácticamente al aire libre.

    Cuando sentí que ya había recibido suficiente de mi lengua, y consciente de que su rajita era un charco lleno de sus jugos y mi saliva, empecé a rozar su clítoris con mi dedo mientras seguía rozando su vulva con mi lengua y eso fue todo lo que necesitó para que estallara en un orgasmo de antología, mi boca recibió una cantidad de líquido caliente, y oloroso que parecía que estaba orinando mas que alcanzando el clímax.

    “Cabrón, me matas, me vengo, me veng, ahhh” – gritó mientras se convulsionaba y apretaba aún mas mi cabeza entre sus piernas.

    Dejé mi lengua vagar por toda la extensión de su rajita hasta que sentí que ya estaba mas relajada y, a regañadientes, me retiré de ese paraíso mojado y excitado que había devorado con gusto.

    Así como estaba, me bajé los jeans y mi ropa interior y puse mi glande en la entrada de su rajita. Mariela brincó de gusto al sentir la presencia de mi pene buscando abrirse camino entre los pliegues de su vagina. Estaba completamente abierta y no tuve dificultad en entrar y cogérmela. Se sentía delicioso, entrar con un ritmo semi lento mientras ella se balanceaba en el barandal del balcón. Giré la cabeza y vi que su marido se había sacado la verga y se la jalaba pausadamente mientras nos veía sin perder detalle de la cogida que le estaba dando a su esposa.

    Cogí sus senos por detrás por encima de su delgada blusa, eran pequeños pero firmes y tenían sus pezones erguidos y duros también. Tome nota mental de que también los chuparía mas tarde y sentí que mis huevos empezaban a dar aviso de una venida inminente. Le acaricié y empecé a cogerla mas rápido y mas profundamente, a lo que ella reaccionó, empujando sus nalgas hacia mi para hacer mas profunda la penetración. De nueva cuenta empezó a gemir con pequeños gritos que podían se oídos hasta la calle si alguien estuviera atento a nosotros. Pienso que eso también era parte de la excitación que sentíamos ambos, de hacerlo tan cerca de la multitud y a la vez tan lejos.

    Sentía mi pene ya a punto de explotar dentro de ella y la cogí de la cintura para prepararme. Estaba aguantando lo mas que podía para ver si ella lograba tener otro al mismo tiempo o antes que yo cuando…

    Tocaron a la puerta. “Maldición” pensé para mí mismo. “Alguien se quejó con el hotel”.

    De mala gana me salí de la rajita tan rica de Mariela, me levanté los jeans como pude y fui a la puerta, ya resignado a encontrarme con un administrador de gesto hosco para cuestionarme por los ruidos y cuando abrí la puerta,

    Era el botones del hotel que traía las bebidas que habíamos pedido. No supe si el suspiro que di fue de alivio o de resignación ante el hecho de que me había perdido de una super corrida en esa cuevita mojada que había dejado con asuntos pendientes en el balcón.

    El botones, un muchacho de unos 25 años, delgado y alto, con cara de timidez pero ojos perspicaces, se quedó viendo a Mariela, que nos veía desde el fondo de la habitación, aún con su minifalda y su blusa desarreglada por mi toqueteo. Con seriedad, puso los vasos, el hielo en la hielera, los refrescos y la cerveza en la mesita de centro de la habitación y finalmente me dio a firmar un recibo que tomé y dejé sobre la misma mesa.

    En todo este proceso, el joven no le quitaba la vista de encima a Mariela. Su esposo estaba del otro lado de la habitación fuera del campo de visión del botones.

    – Muchas gracias. – Le dije una vez que hubo terminado. – Ahora, para la propina tienes dos opciones.

    El muchacho me vio con cara de desconcierto, sin saber qué decir.

    – Te puedo dar una propina de 100 pesos, o ¿prefieres que nuestra amiga te de una rica mamada?

    El muchacho me miró sorprendido y volteó a ver a Mariela, a la vez que yo lo hacía. Si esto la sorprendió, no dio el menor indicio de que así fuera y siguió sonriendo esa sonrisa cachonda que tanto me agradaba.

    – No entiendo señor…

    – No hay nada que entender, muchacho. O cien pesos o la mamada pero tienes 10 segundos para decidirte. – Le dije mientras tomaba la cartera para sacar el billete.

    – La mamada. Quiero que me la mame. – Dijo apurado y temeroso de que se hubieran agotado los 10 segundos.

    – Mariela, ya sabes que hacer. Dije haciéndome a un lado para que se acercara al joven. – Te recomiendo que te vayas bajando el pantalón…

    Mariela, obediente, se acercó al joven y le abrió el pantalón del uniforme, hincándose frente a él, le bajó su truza y, como un resorte, saltó su verga como si tuviera vida propia apuntando a la cara de Mariela como si se estuviera ofreciendo como voluntario para su felación.

    La chica tomó el pene del muchacho, ya completamente erecto y lo acarició con su mano en un suave movimiento. Era un pedazo de buen tamaño, no estaba circuncidado y se agitaba en su experta mano. El joven la veía con una mezcla de temor, sorpresa y excitación sin saber aún qué había hecho bien para merecer tan rico premio.

    Mariela se metió la verga del joven en la boca, y con una gran delicadeza, fue devorándolo mientras le daba delicadas chupadas al glande. Finalmente, el botones cerró los ojos y se dejó llevar por esa excitante emoción de una mamada inesperada.

    Poco a poco, Mariela fue intensificando su movimiento a la vez que acariciaba los huevos del muchacho, su cabello alborotado, sus ojos semicerrados y ese gesto de puta en celo, eran un poema erótico. Era una excelente mamadora y mi verga se empezó a poner dura de nuevo.

    Me puse detrás de ella y empecé a acariciar sus tetas de nuevo. Me fascinaba sentirlas en mis manos, como dos pequeñas palomas temblorosas que se agitaban al contacto de mis manos. Pellizqué levemente sus pezones y volteó a verme en un gesto de aprobación aun sin soltar la verga del afortunado botones.

    Lentamente le empecé a desabotonar la blusa hasta que finalmente se la quité por completo. Sus pezones estaban duros, parados, excitados. Si no estuviera comiéndose la verga de nuestro amigo, me hubiera lanzado a devorárselas ahí mismo.

    De pronto el botones empezó a gemir de manera incontrolable abriendo los ojos enormemente. Fue el tiempo suficiente para quitar mis manos de sus senos, antes de que explotara en una venida brutal en su boca, de la comisura de sus labios empezó a caer su semen en las tetas que segundos antes estaba acariciando yo.

    Mariela dejó unos segundos mas el pene en su boca, asegurándose de que no perdía nada de la acción hasta que el muchacho se calmó y dejó de temblar. La chica le dio una última chupada a todo el tronco y el glande antes de dejarlo libre finalmente. Lo vio con ojos de deseo y le dedicó una ligera sonrisa.

    El joven se volvió a acomodar su pantalón y dándole un apresurado “gracias” se lanzó en pos de la puerta junto con el carrito de servicio vacío.

    Una vez en la puerta, lo acompañé y le di los cien pesos de propina guiñándole el ojo.

    – Muy bien. Aquí no pasó nada. ¿Está claro?

    – Si señor. Pierda cuidado.

    – Si tienes un compañero que quiera venir a ver como está la fuga del baño en una o dos horas, dile para que esté listo.

    – ¿Cual fuga del baño? – Dijo el botones, perplejo.

    – La… fuga… del… baño. – Dije guiñándole el ojo de nuevo.

    – Ah, claro. Entiendo. – Dijo y se marchó.

    Mariela estaba acostada en la cama para cuando me di la vuelta. Su marido le chupaba las tetas con diligencia, limpiando la leche del muchacho. Ella tenía aun puesta su minifalda y me acerqué tomándola de la cintura para quitársela junto con sus altos zapatos de tacón. En un dos por tres, estaba completamente desnuda y a nuestra merced.

    Me metí entre sus piernas le empecé a comer de nueva cuenta su rajita. En esta posición era mucho mas fácil para mi hacerlo ya que se abría ante mi cuando abrió sus piernas por completo. Su vagina rozada se veía completamente expuesta y empecé a chuparla con diligencia. Voltee a verlos y su esposo había terminado de limpiarla. Estaban enfrascados en un ardiente beso, seguramente degustando los restos de semen que le hubiera podido quedar en su boquita mamadora.

    La acomodé en el borde de la cama mientras me quitaba el pantalón y la ropa interior de nuevo y de un empujón la volví a penetrar. La posición no era ideal porque tenía que doblar las rodillas para estar justamente a su altura y no quería acostarme encima de ella para no estar tan cerca a su marido. Como pude me acomodé y empecé a cogerla entrando lo mas profundo que mi postura lo permitía. Tenía los huevos hinchados por causa de tanta excitación y necesitaba desahogarme. Su esposo se quitó finalmente y me acosté encima de ella en la posición de misionero mientras continuaba penetrándola sin misericordia.

    Nuestros rostros quedaron a unos centímetros y escuché sus jadeos y gemidos como música celestial. En un impulso, me acerqué a su boca y le di un beso largo y profundo con mi lengua buscando la suya con desesperación. Estaba consciente de que era la misma boca que había recibido una carga brutal de semen hacia apenas unos minutos, pero no me importó y seguí atacando su lengua con la mía mientras seguía cogiéndola con un bamboleo delicioso.

    – ¿Estás gozando, putita? – Le dije con una voz gutural cargada de deseo.

    – Hmmm. Si. – Gimió ella.

    – Dímelo. Dime que te gusta que te coja. Me encanta que te portes como puta en la cama.

    – Ahh, si dame esa verga, cabrón. Me encanta que me cojas, ahh, que rico., que rico.

    – Así me gusta. ¿Quieres que me venga dentro de ti?

    – Sii, por favor, quiero sentir tu lechita caliente en mi, dámela toda, por favor, me vengo…

    – Yo también. Dije. Era casi como un rugido o gemido. Estaba ardiendo y mis huevos pedían, imploraban alivio. Ella se convulsionó en mis brazos cuando empecé a chupar su pezón con desesperación

    – Ayy cabrón me vengo, me vengo… Agggggghhh

    En un concierto de gemidos, nos vinimos los dos al mismo tiempo. Yo deposité mi carga dentro de su rajita, temblando de placer al verla con sus ojos entrecerrados disfrutando de su orgasmo igual que yo el mío. Fueron unos segundos en los que pasó toda la gama de emociones por nuestro cuerpo y pareció que éramos un solo cuerpo temblando y gimiendo por la interminable gozada que poco a poco fue desvaneciéndose.

    Mariela me besó en los labios. “Gracias”musitó. “Ha sido algo delicioso”

    – Y lo que nos falta aún. Alguien quiere una cerveza. Dije a lo que ambos asintieron. Ella me hizo la seña de que quería una paloma y el simplemente una cerveza.

    Miré el reloj del buró de la cama. Eran apenas las 10 y media y la noche seguía poco a poco ofreciéndonos promesas de una velada espectacular.

    Continuará.

    ********************

    Este es un relato dedicado a una colega que se prestó a ser la musa de esta historia basada en su excitante personalidad. Ejecutiva MX, espero que disfrutes tanto leerlo como yo disfruté el escribirlo.

    Dark Knight

    [email protected]

  • Una noche de copas locas

    Una noche de copas locas

    Eli esa morenita que hasta hoy es mi amiga, voy a contarles la vez que me la di aprovechando que estaba sensible.

    Ya les conté de cuando me la comí en el baño de la casa de otra amiga, pues esta vez fue distinto. Habían pasado como tres semanas de eso, ella me contó que tenía muchos problemas con su novio y que finalmente la llevó a cortar con él en ese momento.

    La vi tan mal que la invité a salir el fin de semana para que se distrajera un poco del mal momento que atravesaba, fuimos a comer, al cine, a pasear por reforma y finalmente cenar, ir a bailar y tomarnos unos tragos, todo estaba de maravilla, ella reía y se notaba mas tranquila, bailábamos y tomábamos, la noche estaba muy buena.

    Conforme pasó el tiempo ella se soltó mas, bailábamos pegaditos, le acariciaba sus piernas se me sentaba en las mias, nos dábamos besos, hasta que le propuse irnos.

    -Oye deberíamos irnos a otro lado no?

    -Asi? y a donde me vas a llevar.

    -Jeje a que te relajes un rato.

    -Suena interesante, vámonos pues.

    -Ok nena lo que digas.

    Nos dirigimos al hotel mas cercano, en la habitación nos besábamos muy pasionalmente, nos desnudamos mutuamente y sin perder tiempo nos acomodamos en un 69 delicioso.

    Yo lamia y metia mi lengua en su conchita y ella comenzaba devorando mi cabecita y lamiendo el tronco como paleta, yo llevaba mi lengua hasta su ano y lo lamia mientras mis dedos jugaban con su clitoris.

    Ella metia y sacaba mi verga de su boca mientras sus tetas acaricaban y masturbaban toda mi reata parada…

    -Eli, que rico nenaa, sigueee…

    -Luis, que rica verga tienes, no recordaba que fuera tan grande.

    -Pues devorala jeje…

    -Sii, me la voy a comer toda.

    Estuvimos mamando por un rato mas hasta estar totalmente empapados de saliva, la acomodé en la cama y le levanté las piernas, comencé a penetrarla lentamente mientras besaba sus pantorrillas y sus pies.

    Ella movia un poco su cuerpo lo cual generaba mas placer en ambos, mis movimientos aumentaban y yo la acomodé en patitas al hombro, me encantaba y excitaba mucho tenerla en esa pose, mi verga dura entraba y salia fuerte y luego suave, ella me besaba y acariciaba la espalda, apretaba muy bien mi verga, yo besaba sus tetas de pezon oscuro y ella movia su cintura para darme placer…

    -Aghh, Luiiii asii mmmm

    -Eli, que rico aprietasss

    -Aghh bebe no pares, metemelaa agh

    -Toma verga amor tomaaa

    Me acosté y la puse a cabalgarme, ella movia muy rico su cuerpo, yo acariciaba sus piernas y sus nalgas, ella se movia rapido batia deliciosamente mi verga con su vaginita, tambien se dejaba caer de sentón lo cual generaba que mi verga entrara casi por completo, ella se mordia los labios y yo jugaba con su vagina con mis dedos para darle mas placer

    -Ahhhhhh Luissss asiiii ahhhh

    -Mmmm nena que rico muevetee uff

    Ella se acomodó en cuatro, yo tomé su cadera y se la empecé a meter despacio, mientras mis manos acariciaban sus piernas hasta llegar a su cuello, subi la intensidad de mis penetraciones. Ella se inclinaba un poco lo que generaba que apretara mas rico, yo apretaba sus nalgas y para darle mas duro me apoyé de su hombro con una mano y de la otra le doblé el brazo.

    Aunque suena un poco violento esto la excitó mucho, gritaba y movia todo su cuerpo, me excitaba ver como me pedia mi verga y como me volteaba a ver con su mirada de placer…

    -Luiiii cogemeee asii damelaaa damelaaa

    -Mmmm toma toma mi verga nenaa

    -Asiii papiii aghhh

    Si gozalaaa goza mi vergaa

    Esto se ponia mas y mas rico, me senté en la cama y ella dandome la espalda se dejaba caer de ricos sentones, yo la tomaba de la cintura para acelerar la velocidad, mi verga ya raspaba todo su interior.

    Ella gritaba yo le jalé el cabello con violencia para dejarla caer mas rico sobre mi verga, que se ponia dura conforme a sus movimientos, de pronto sus gritos inundaron el cuarto y senti como mojaba toda mi verga, ella se convulsionaba de palcer y sentia como su vagina palpitaba

    -Ahhhhh mi amor me vengooo ahhh

    -Sii muevetee mueveteee llename de tus jugos, Eliii

    -Aghhh Luiiiii

    Ella terminó de venirse y de orgasmearse, de pronto se lanzó sobre mi verga y comenzó a chuparla nuevamente. Yo me acosté en la cama y disfruté como limpiaba sus fluidos de mi palo, mientras sus ricas tetas masturbaban mi verga, de pronto me pidio que se la diera por el culo, yo no lo dude, la puse en cuatro nuevamente.

    -Metemela bebe hazme tuya por ahi

    -Claro bebe ahora disfruta de mi verga

    -Metemela despacio por favor

    -Ahi va mi amor

    -Aghhh des.., paaa.ciooo

    Tomalaa ahhh

    -Aghhh dueleee ufff uff

    -Aghh que rico culo Eli

    -Aghhh Luis que ricooo

    Comencé a meterla y sacarla rapido apoyándome de sus nalgas las cuales golpeaba mientras ella gritaba al sentirme en su culo, ella movia un poco su cadera lo cual generaba mas placer, sus grito y caras que hacia me excitaban mucho y generaban que la embistiera mas y mas fuerte…

    La fuerza de mis penetradas la hacian gritar, le arañe la espalda y le jalaba el cabello, muevete muevete le decia yo mientras ella se inclinaba un poco y apretaba mas mi verga de pronto no pude mas y me vine dentro de ella..

    -Aghhh Eliii ahhhh

    -Aghhh lecheeee que ricooo aaahhh

    -Toma mi lechee es tuyaaa

    -Ahhhhh Luissss

    Le llené todo el culo con mi leche, le tomé fotos de como la habia dejado toda abierta y oliendo a mi verga, reposamos un rato, pedimos unas chelas al servicio y continuamos cogiendo, al otro dia me agradecio por lo bien que lo paso y quedamos en volverlo hacer…

  • El renacer de Norma

    El renacer de Norma

    Soy nueva en esto de los relatos, no me presento porque no es necesario espero no les moleste, les digo que no es necesario porque la historia que les compartiré es de una chica llamada Norma la cual pasó por momentos de alegría pero sobre todo de dolor y que justo en el momento más inesperado le tocó pasar por un hecho que le cambio la vida para siempre, saquen sus conclusiones.

    Norma es hija única de un matrimonio de clase media por lo cual siempre fue consentida por su padre aunque su madre era un poco estricta, aunque si en algo ambos estaban de acuerdo era en que Norma tenía que estudiar para ser una mujer independiente, si bien sus calificaciones no eran perfectas tenía un buen promedio el cual le alcanzó para recibir una beca en enfermería lo cual decidió estudiar.

    Al cumplir la mayoría de edad entró a la universidad en donde todo iba de maravilla hasta que conoció a Horacio, un chico miembro de una pandilla el cual en realidad no era gran cosa pero para ella era muy lindo en varios aspectos, los primeros días solo se lanzaban miradas pero después de unos días se acercaron y cruzaron palabras haciendo que en poco tiempo ella se enamorara por primera vez.

    Una tarde mientras platicaban inesperadamente llegó el padre de Norma a recogerla después de clases, dio un grito el cual asustó a Norma, ella de inmediato lo miró y sin despedirse salió corriendo para subirse al auto de su padre, unos minutos después su padre comenzó a cuestionarla sobre quién era ese chico a lo cual ella respondió que era su amigo pero su padre le hizo saber que no estaba de acuerdo con esa amistad.

    Los días pasaron aumentando la vigilancia de su padre que al ver que no dejaba de verse con ese chico la amenazó con quitarle sus privilegios pero a ella no le importó, en contra de los deseos de su padre Norma se hizo novia de Horacio, ella estaba convencida de que él era el hombre de su vida por lo que unos días después de que se hicieran novios tuvieron su primera relación sexual que también fue la primera vez de norma.

    Para ella fue una experiencia dolorosa puesto que Horacio no se preocupó por hacerla disfrutar, pero ella creía que había sido maravilloso porque lo hizo con mucho amor, con la estricta vigilancia de su padre casi no tenían tiempo para verse después de ese encuentro, pasaron los días hasta cumplirse un mes en el cual norma tuvo varias discusiones con su padre por no dejarla seguir con su relación libremente.

    En varias de esas discusiones el padre de Norma se sintió mal físicamente aparentemente a punto de sufrir un infarto pero Norma no le hizo caso por consejo de Horacio, Horacio le decía que no le hiciera caso, que su padre solo hacia eso para separarlos, aunque norma adoraba a su padre seguía los consejos de Horacio el cual trataba de convencerla para que creyera que sus padres no la querían.

    Una tarde Norma después de varios días de sentir nauseas al mismo tiempo de no tener su periodo desde hace tiempo muy preocupada tomó la decisión de comprar una prueba de embarazo, el terror se apoderó de ella al ver que la prueba era positiva, ¿Cómo le iba a decir a sus padres si odiaban a Horacio? Sin salir de su recamara entre llanto estuvo pensando toda la tarde como se los diría.

    La mejor idea que tuvo fue decírselo primero a su madre, después de todo ella también era mujer y la terminaría comprendiendo, al salir de la universidad solo le dio un beso a Horacio para luego irse de prisa a casa, al llegar buscó a su madre que estaba en su habitación arreglando unas camisas del padre de Norma, se armó de valor sin pensarlo mucho le dijo de golpe a su madre que estaba embarazada.

    Sin que se diera cuenta su padre iba entrando a la habitación escuchando la fuerte noticia, su padre se puso como loco gritando ¿Por qué me hiciste esto? Norma defendió su amor y aseguraba que no se arrepentía de nada, su padre estuvo a punto de golpearla pero un malestar lo detuvo mientras que Norma le decía que se iría a vivir con Horacio, su padre cayó al piso de fea manera pero Norma no le creía.

    Pasaron varios minutos hasta que norma se empezó a preocupar por su padre mientras su madre lo abrazaba llorando, Norma le tomó el pulso dándose cuenta que no tenia trató de reanimarlo mientras le pedía a su madre que llamara una ambulancia, pese a todos sus esfuerzos ni ella ni los paramédicos pudieron hacer nada, se arrepintió amargamente de no haberle creído y se culpaba por la muerte de su padre pese a que la autopsia reveló que padecía una afección en el corazón.

    Unos días después de la muerte de su padre Norma buscó a Horacio para contarle la noticia de su embarazo, el al verla lo primero que le dijo fue que ahora si ya iban a ser felices sin que el viejo estuviera molestando, ella le pidió que no hablara así de su padre y que respetara su memoria, el de mala gana aceptó su petición mientras que Norma le decía, te tengo una buena noticia, Horacio la escuchó con atención.

    ¡Vas a ser papá! Le dijo con mucha emoción, pero Horacio le contestó de inmediato que estaba loca que él no quería tener hijos y que seguramente ni era de el porque solo lo hicieron una vez, Norma decepcionada no podía creer lo que acababa de oír, pero lo peor fue cuando Horacio le dijo que buscara al verdadero padre porque él no quería saber nada de ella y ese niño.

    Quedándose sola en plena calle empezó a llorar mientras la gente la miraba con asombro, pasaron varios días en los cuales se enteraron ella y su madre que su padre dejó muchas deudas y la casa hipotecada estando a nombre de sus padres debía seguir siendo pagada, el mundo se les iba encima mientras que la primera solución que encontraron fue vender el auto junto con unas joyas que ambas tenían.

    Con eso apenas cubrieron las principales deudas quedando solo la hipoteca además de unas cuantas menores, Norma tuvo que dejar la universidad para buscar un trabajo pero nadie la quería contratar, sin saber que hacer se sentó en una banca de un parque donde descansaba un hombre mayor, ese hombre al verla llorar le preguntó que le pasaba y Norma le contó su situación.

    Sorpresivamente ese hombre le dijo que el tenia un local de flores en el mercado el cual ya no podía atender por su edad, el le propuso que ella lo atendiera y que a él solo le pagara una renta mensual, pero Norma no sabía nada de flores por lo que ese hombre se ofreció a enseñarle todo lo que sabía además de recomendarla con las personas que le vendían a él las flores.

    Sin duda ambos ganarían pero Norma lo estuvo pensando bastante rato, hasta que pensó que ese hombre se lo enviaba su papá desde el cielo y aceptó, cuando le contó a su madre ella no estuvo de acuerdo ya que pensaba que su hija se merecía algo mejor, pero a Norma no le importó, al día siguiente se levantó temprano para irse al mercado donde ya la esperaba aquel hombre.

    Al principio fue muy difícil para ella pero después de un tiempo aprendió todo lo que tenía que saber tomando las riendas del negocio, ahí conoció a un hombre llamado Román, era un hombre de 43 años aproximadamente, de 1,80 de estatura, delgado, cabello negro, nada guapo, el cual trabajaba para un hombre que era dueño de varios locales del mercado y él era el encargado de cobrar la renta.

    Todas las mujeres hablaban mal de él catalogándolo como un acosador pero con norma era muy amable además de que ella no tenía que pagarle la renta a él, cuando Norma estaba por cumplir los cinco meses de embarazo una tarde mientras vendía sus flores se sintió muy mal al punto de que tuvieron que llamar una ambulancia para llevarla al hospital, al llegar le hicieron varios exámenes.

    El ultrasonido reveló que su hijo venia con un problema en la columna el cual le impediría caminar, de nuevo sintió que el mundo se le venía encima pero no se rindió, siguió adelante con su trabajo y pagando las deudas de su padre que ahora eran suyas, así llegó el día en el cual nació su hijo cumpliéndose el diagnostico del médico, desde ese día todo fueron hospitales y trabajo para Norma.

    Con mucho esfuerzo logró comprar el local mientras se ganaba la envidia de muchas personas al igual que la amistad de otras tantas, con el tiempo comprobó que lo que se decía de Román era cierto, el intentó comprarla con regalos y promesas de riqueza pero ella nunca cedió, así pasaron diez años en los que norma poco cambió no físicamente pero si mentalmente se convirtió en una mujer con madures mental.

    Físicamente Norma es una mujer de 1.65 de estatura, tez blanca, cabello negro que apenas le llega a los hombros, sus senos copa 36 c, sus piernas carnosas sin imperfecciones pero sobre todo unos ojos grandes color esmeralda que hipnotizan al verlos, usa ropa holgada ya que prefiere ser discreta después de todos estos años nadie volvió a tocar su cuerpo ya que juró no volverse a enamorar a pesar de que más de uno le ha confesado su amor.

    Aunque se negaba a aceptarlo su corazón palpitaba por un chico que trabajaba como cargador aunque no estaba enamorada de él se atraían mutuamente, una mañana cuando ella estaba vendiendo notó que su mejor amiga la cual vendía al lado de ella estaba muy distraída por lo que le preguntó que tenia, sin decir nada la tomó de la mano para llevarla al fondo de su local, ¿te acuerdas que necesitaba dinero para la operación de mi mamá?

    Si ¿qué pasó? Pues le pedí prestado a don Román ¿y qué pasó? Pues me dijo que si me acostaba con él me los regalaba, viejo asqueroso dijo Norma molesta e indignada pero se sorprendió al escuchar a su amiga decir que de asqueroso no tenía nada, sin más detalles le confesó que le había gustado mucho estar con él, Norma no lo podía creer y muy molesta se fue a su local sin querer saber más del tema.

    Para norma su amiga se había vuelto loca y lo comprobaba con el pasar de los días al verla platicar entre risas con ese hombre que ahora le causaba repulsión al verlo, su amiga era muy diferente a norma físicamente, apenas pasaba el 1.50 de estatura, morena, poco agraciada, con unos kilos de más, no dejaba de mirarlos cuando sonó su celular, era su madre para decirle que su hijo había sufrido un accidente en el colegio y estaba en el hospital.

    Cerró su local ante la mirada de todos para irse de inmediato al hospital, al llegar estaba su madre con la maestra de su hijo esperando noticias, cuando Norma preguntó que la pasó a su hijo nadie supo que contestarle, justo en ese instante salió el doctor con malas noticias, su hijo tiene fractura de cráneo además de una hemorragia cerebral por lo cual necesita cirugía de inmediato.

    Al ser un hospital privado exigían pagar un anticipo por la cama mas la mitad de la costosa cirugía aparte de todos los exámenes que ya le habían hecho, con lo que tenía en la tarjeta de debito apenas cubría lo necesario para que atendieran la emergencia, varias horas después terminó la cirugía con éxito lo cual tranquilizó a norma, esa noche la pasaron en el hospital Norma junto a su madre que no se quiso ir.

    La mañana siguiente Norma le dijo a su madre que se fuera a descansar a su casa para que más tarde regresara a cubrirla mientras ella también pudiera descansar, así lo hicieron cuando llegó su madre Norma se fue a descansar a su casa, después de un buen baño intentó dormir pero la preocupación por la nueva deuda impidió que así lo hiciera, al día siguiente sabiendo que su hijo estaba bien cuidado le pidió a su madre que se fuera a casa a descansar.

    Norma en lugar de quedarse en el hospital fue a tratar de conseguir el dinero para pagar la deuda, fue a varios bancos a pedir un préstamo pero en todos le pedían una propiedad como garantía y tardarían un tiempo en aprobar el préstamo, con los intereses tan altos Norma decidió ir a pedirles un préstamo a sus conocidos del mercado pero todos le daban como respuesta un no tengo.

    Los días pasaban mientras ella seguía buscando quien le prestara el dinero de la deuda que cada día era más grande, tenía su negocio muy descuidado así que decidió atenderlo y así poder ganar un poco de dinero que mucha falta le hacía, sin dejar de pensar cómo conseguir el dinero trató de hacer como si nada pasara, su amiga al darse cuenta que estaba muy distraída le preguntó.

    ¿Qué tienes amiga? Pues ya sabes necesito dinero para pagar la cuenta del hospital, su amiga de inmediato le dijo que le pidiera a don Román pero Norma de inmediato dijo que nunca haría eso y es que siempre había estado orgullosa de todo lo que consiguió sin la ayuda de un hombre pero sobre todo con su dignidad intacta, pero su amiga le dijo que tratara de conmoverlo contándole su situación para que no le pidiera nada a cambio.

    Norma seguía con su negativa de pedirle algo a aquel hombre que poco le faltaba para ser un monstruo ante sus ojos, al día siguiente estando en el hospital el doctor se acercó a Norma para decirle que daría de alta a su hijo después de más dos semanas de estar internado, la cara de norma se convirtió en evidente preocupación, al contarle al doctor su problema el trató de confortarla pero al mismo tiempo le hizo saber que mientras más tardara mayor seria la deuda.

    Teniendo en mente las palabras de su amiga luchando contra su orgullo se decidió a ir a casa de don Román para hablarle sobre su problema como dijo su amiga, con paso lento se fue caminando hasta la casa de don Román, en su cabeza solo se imaginaba como decirle las cosas para que el comprendiera su situación, ya estando en el portón de aquella casa donde moraba Román tocó el timbre en tres ocasiones.

    Al no recibir respuesta decidió irse pero justo cuando daba la vuelta la puerta se abrió dándole paso a Román que al ver que se trataba de Norma quedó sorprendido, espere Normita ¿en qué le puedo servir? Norme le dijo que necesitaba hablar con el de algo muy delicado, pase Normita le dijo el pero ella no quería entrar ya que sabía lo que pensarían de ella si la vieran salir de aquella casa.

    Prefiero hablar aquí le dijo Norma lo cual él aceptó sin decir nada, Norma comenzó a contarle su problema tal como se lo aconsejó su amiga, el escuchaba atento sabiendo a donde iba a llegar la situación, en conclusión dígame cuanto necesita dijo Román interrumpiendo a Norma, al decirle la cantidad Román se sorprendió mientras Norma seguía hablando diciéndole que por favor le prestara el dinero y le diera la oportunidad de pagárselo.

    Mire Normita a mi no me preocupa ni me interesa el dinero, yo se lo puedo dar sin problemas pero así como usted necesita de ese dinero yo necesito otras cosas que usted ya bien sabe que son y más cuando usted me rechazó tantas veces, si usted quiere ese dinero yo se lo doy pero solo quiero a cambio un buen rato con usted, Norma llena de furia le gritó que era un monstruo haciéndole saber cuánto se arrepentía de haber ido.

    Frustrada, furiosa así se fue Norma a su casa conteniendo las lagrimas hasta entrar a su habitación donde lloró hasta quedarse dormida, la mañana siguiente la despertó el teléfono, era su madre que le informó que ya estaban por dar de alta a su pequeño hijo, no te preocupes mamá más tarde voy con el dinero para pagar la cuenta dijo Norma con mucha seguridad de lo que decía.

    Se dio un baño para luego vestirse con un pantalón de mezclilla azul, una blusa blanca, con un sueter café con botones al frente, su ropa interior era unas pantaletas negras con un brasier del mismo color nada sexys, su calzado eran unos flats negros, tomó su bolsa para luego salir con dirección a la casa de don Román, iba llena de coraje decidida a todo sin pensarlo ni por un segundo.

    Al llegar tocó el timbre en repetidas ocasiones, estaba desesperada con la intención de que todo terminara lo antes posible, don Román abrió la puerta esta vez sin amabilidad preguntó, ¿Qué se le ofrece? Norma poco a poco perdió la decisión que llevaba y con voz baja dijo acepto su proposición, sorpresivamente don Román le dijo que después de todos los insultos del día anterior no quería saber nada de ella.

    Muy sorprendida Norma se quedó muda con las palabras de don Román, cuando estaba a punto de cerrar la puerta Norma le impidió hacerlo, discúlpeme dijo Norma en voz baja pero aquel hombre no estaba satisfecho, ¿Qué dijo? No la escuché, perdóneme dijo esta vez con voz más fuerte pero sumisa, ni en sus mejores sueños habría pasado algo así, pase dijo don Román con una sonrisa.

    Con la mirada al piso lo siguió directo hasta su habitación, ni siquiera observó la casa solo miraba la espalda de aquel hombre que caminaba triunfante, al entrar a aquella habitación no podía dejar de preguntarse si estaba haciendo lo correcto, siéntese Normita dijo señalándole la cama, así lo hizo mientras el servía un par de bebidas ofreciéndole una a Norma, no gracias no bebo dijo ella.

    Solo una la noto muy nerviosa con esto se va a relajar, ella tomó el vaso en sus manos pero al no haber bebido nunca por poco se ahoga con el primer trago, Román la ayudó para que se le pasara el malestar, cuando estuvo recuperada de nuevo le dio el vaso diciéndole como debía beber, lentamente bebió hasta terminar la bebida, después él le pidió la copa para dejarla sobre un buró.

    De ese mismo buró tomó una botella de aceite, se paró frente a Norma para arrodillarse después, ella estaba muy desconcertada ante la situación pero solo observaba lo que él hacía, le quitó los zapatos para luego ponerse un poco de aceite en la mano, después se frotó las manos para luego tomar el pie izquierdo de Norma, comenzando con un masaje con delicadeza, para norma fue muy sorpresivo.

    La sensación era muy agradable para Norma que cargaba con mucha tensión desde hace años, después de un rato volvió a aplicar aceite en su mano para luego pasar al otro pie, poco a poco Norma se fue relajando dejando de pensar en la situación en la que se encontraba, cuando terminó con ambos pies se subió a la cama quedando tras de Norma, le quitó el sueter sin que ella dijera nada.

    Comenzó con un masaje en el cuello liberando mucha tensión que ahí se encontraba, al intentar masajear los hombros se dio cuenta que la blusa le estorbaba por lo que decidió quitársela mientras que norma permanecía dócil y sumisa para sorpresa de Román, siguió con el masaje hasta que decidió que era tiempo de dar otro paso, se hizo a un lado para dejar que Norma se acostara.

    Dese la vuelta por favor le pidió lo cual ella hizo sin perder tiempo, el desabrochó el brasier para luego dejar caer una gran cantidad de aceite a lo largo de aquella blanca espalda, comenzando con el masaje lo cual se convirtió en la gloria para Norma, después de un rato estaba tan relajada que se estaba quedando dormida, de nuevo dio un paso más girándola boca arriba pudo apreciar ese par de senos de pezones rosados.

    Norma estaba entregada ya por completo por lo que ni siquiera se preocupó por cubrir sus senos, Román dejó caer un hilo de aceite desde los pezones hasta el ombligo provocando que se pusieran erectos, el estaba tan excitado que su pene casi salía disparado de entre su pantalón, empezó a masajear esos senos que en instantes se pusieron duros, Norma estaba sintiendo algo que nunca había sentido.

    Román no pudo contener el deseo de lamerlos provocando que Norma se estremeciera, dando pequeños gemidos, desabotonó el pantalón de ella para bajarlo junto con la ropa interior, a Norma pareció no gustarle cubriéndose con una mano los senos y con la otra esa vagina cubierta de bellos, Román no hizo nada para evitarlo, solo se puso de pie en el piso para quedar frente a ella, dejó caer un hilo de aceite en las piernas de Norma para luego masajear una con cada mano, se arrodillo para luego poner las piernas de Norma en sus hombros, ella no sabía lo que iba hacer solo lo miraba mientras el retiraba la mano de ella de su vagina, para luego lamerla suave de arriba abajo, Norma no esperaba nada de eso.

    El empezó a lamer el clítoris en círculos lentamente, norma no tardó en sentir lo que para ella era nuevo ya que nunca había tenido un orgasmo, sin que ella lo pudiera evitar comenzaron a salir gemidos de su boca, lo cual le hizo saber a Román que era momento de dar un paso mas, se detuvo para de inmediato poner el dedo medio en la entrada de aquella vagina ardiente, lo metió de un golpe.

    Norma se arqueó mientras salía un fuerte gemido de su boca, ese dedo comenzó a entrar y salir cada vez más rápido, en un instante ya eran dos dedos dentro de ella, aumentando su velocidad de manera frenética, los gemidos de norma ya eran gritos sin control, de pronto empezó a decir ¡me voy a orinar! ¡me voy a orinar! Hasta que de ella salieron grandes chorros de un líquido mientras que su cuerpo se sacudía de su boca salían palabras que no se entendían.

    Mientras aun seguía con los dedos dentro de ella con la otra mano se desabotonó el pantalón dejando salir un pene de gran tamaño firme como barra de acero caliente, Norma no pudo verlo pero cuando sacó los dedos de su interior acomodó ese pene lleno de venas en la entrada vaginal, de un solo empujón lo metió por completo haciendo que el cuerpo de Norma se volviera a arquear soltando un grito mas.

    Sus movimientos empezaron de inmediato provocando que norma sintiera que se volvía loca, sus músculos estaban tan tensos que sentía fuertes calambres, las embestidas de Román eran muy fuertes, Norma sentía perder la conciencia mientras que la boca de Román se apoderaba de los senos de norma lamiéndolos y mordiéndolos dejando los dientes marcados en uno de ellos pero a Norma pareció no importarle.

    Un plap plap plap se escuchaba en cada embestida, ambos cuerpos estaban empapados en sudor mientras Norma se sentía muy cansada el seguía embistiendo cada vez más rápido, hasta parecer una maquina que entraba y salía, Román se dio el tiempo de sacar su pene para masturbarse soltando una gran cantidad de semen sobre el abdomen de Norma, ambos estaban rendidos.

    Acostados uno junto al otro observaban el techo en silencio, hasta que poco a poco Norma se levantó para miran con asombro el pene ya flácido de Román el cual le pareció enorme, si te quieres duchar ahí está el baño dijo Román, así lo hizo Norma que aun no se reponía de lo sucedido, al salir Román le dio un cheque con más de lo que ella le había pedido, esto es más de lo que le pedí dijo ella.

    Te lo mereces Normita eres todo una hembra, después se salió para que ella se vistiera, después de vestirse Norma salió de la habitación bajó a la sala donde estaba Román y extrañamente le dio las gracias para luego salir de prisa, justo cuando ella salía iba pasando el chico que le atraía, al verlo ella bajó la mirada para seguir caminando hasta donde pudo tomar un taxi para llegar a tiempo al banco a cambiar el cheque.

    Ya con el dinero en su cuenta se fue al hospital, pagó por fin para luego irse a casa con su hijo y su madre, la cual por cierto le cuestionó donde consiguió el dinero pero solo le dijo que fue un préstamo, después de ese día la vida de Norma ya no fue la misma, espero que les agrade mi relato y que no sea tan largo hasta la próxima.

  • Cabaña (Parte 3)

    Cabaña (Parte 3)

    Ya era hora de comer y nuestros estómagos ya lo resentían, gruñían a causa del hambre, y más porque hasta donde estábamos ya empezaban a llegar unos aromas muy sugerentes provenientes desde dentro de la casa, tomamos nuestras ropas para vestirnos antes de entrar a la casa mire como te ibas poniendo la ropa interior, acabamos de amarnos y ya me estaban dando ganas de no dejarte poner la ropa…

    Me viste las intenciones y me aventaste la ropa, nos tomamos de la mano y nos dirigimos corriendo hasta la cocina, te di una pequeña nalgada antes de sentarnos.

    No se si era el hambre de ese día, pero los aromas que salían de la cocina invitaban a comer, a comer a lo desfajado.

    Juanita es una estupenda cocinera y nos agasajo con una carne en su jugo, frijoles y tortillas recién hechas, nopales, y unas quesadillas deliciosas, una refrescante agua de piña, con un toque de hierbabuena y un poco de limón. Tal vez el sexo sea el motivo de esta hambre porque tanto tú como yo comemos como si tuviéramos días sin comer, casi no hablamos.

    Tiene también unas ricas galletas caseras de nuez y chocolate como postre que una vez terminada la carne empezamos a probar son deliciosas. Antes de que Juanita se vaya le preguntas.

    -Juanita tienes mas galletas?

    -no señorita, son todas pero si gustan les preparo mas.

    Sonríes ante una idea que tienes y le contestas

    -gracias Juanita yo quiero intentar hacerlas ¿puedo?

    -si claro aquí tengo las cosas.

    Empezamos a mezclar las cosas en un tazón mientras nuestras manos van jugando con los ingredientes, mis manos llenas de harina buscan tus piernas, nalgas y cuello, tus manos me llenan de harina varias partes de mi cuerpo…

    Mas que seguir la receta nos dedicamos a llenar de harina nuestros cuerpos, jugamos con los ingredientes y al final tenemos pedazos de chocolate y manchas de harina en la mayor parte de nuestra piel. Cuando conseguimos tener una masa mas o menos decente hacemos las bolitas que serán las galletas y las ponemos en un refractario para meterlas al horno. Las dejamos cocinando y subimos al cuarto para bañarnos antes de regresar a casa.

    En el cuarto nos encontramos con una botella de un vino tinto (se que no te gusta mucho, pero hoy lo compartiremos) acompañado por queso crema cubierto de una mermelada de naranja y nuez, junto con una deliciosas galletas saladas. Tomamos una copa mientras nos damos un festín de galletas.

    Poco a poco la ropa va cayendo de nuevo al suelo.

    Tomo un poco de queso con una galleta y la embarro en la comisura de tu boca, el lugar perfecto para empezarte a besar. Cuando estamos completamente desnudos me tiro en la cama, pero tú, no te mueves de tu lugar, esperas a que me acomode y empiezas a dar una vuelta frente a mí… mostrándote, exhibiéndote… me gusta mucho verte es casi como una devoción. mi dedo te índica que te acerques, caminas hasta mí, lento, provocadoramente, y te subes en la cama, te incas a la altura de mi cintura un pie a cada lado, y con un movimiento rápido te clavas en mi falo, abres la boca al sentirte invadida, te mueves a tu ritmo buscando tu placer, mis manos juegan en tus pechos… mis dedos aprietan tus pezones, en un movimiento mis manos toman tu espalda, y te tumban sobre mí. Firmemente te abrazo sin salir de ti, el ritmo es mio ahora, mi cadera se alza un poco y empiezo a bombear rápidamente, aguanto el ritmo hasta sentir en mi oído tu orgasmo. Mis manos sueltan tu espalda para tomar tus caderas, empujo de ellas hasta posarte sobre mi cara… te sientas sobre mi boca y lentamente mi lengua empieza a tomar tus fluidos, beso, lamo, paso una y otra vez mi lengua por ti, busco entre tus pliegues hasta encontrar esa pequeña protuberancia llamada clítoris, y lamo sobre el, mis labios lo aprisionan y tiran de el, lo sueltan vuelvo a lamer, de nuevo mis labios una y otra vez repito el proceso hasta que tu espalda se arquea, y tus manos toman firmemente mis cabellos, marcas el ritmo, cada vez Jalas mas fuerte de mi cabello y tus caderas se mueven con desesperación vuelves a terminar y doy una ultima lamida antes de que te levantes.

    Me paro en la orilla de la cama, y en cuatro, te acercas hasta alcanzar mi erección… te doy una nalgada (siempre es un rico placer ver mi mano pintada en tu trasero), seguida de otra antes de tomar tus caderas firmemente y clavarme en ti, pongo mi peso en tu espalda para alcanzar tu oído, bajas un poco por la presión y cuando llego a tu oido te susurro:

    — eres mi perra…

    Te dejas caer en la cama con los pies en el suelo mientras vuelvo a ponerme en pie, pongo mi dureza entre tus nalgas te doy un par de arremetidas fuertes de esas que te enloquecen, me enloquece ver como te agitas y pides más, pero esta vez ya no alcanzaras a llegar, mi placer está por culminar…

    Salgo de ti y con unos fuertes tirones de mi mano eyaculó sobre tu espalda y nalgas, mi leche caliente te llena hasta alcanzar parte de tu pelo, otra imagen para guardar de recuerdo tu espalda llena de mi, tu culo embarrado por nuestra esencia.

    Volteas con una sonrisa en tu boca mientras trato de recuperar el aliento. Me acuesto a un lado tuyo y en cuanto nuestras respiraciones se normalizan caminamos hasta el baño, mi leche recorre tu cuerpo ahora para abajo.

    Entramos al baño y pongo a llenar la tina… agrego un poco de hierbas aromáticas y jabón espumoso, al tiempo que la tina se llena, quiero volver a ver tu cuerpo solo en esa fina lencería que me gusta, te la pones para mi así con todo y leche en tus nalgas, con nuestras manos nos exploramos como si no nos conociéramos, como si fuera la primera vez que hacemos ese recorrido, nos besamos hasta quedar sin aire… la tina ya esta lista entro en ella, te ofrezco mi mano, te quitas las bragas y entras en la tina, tu espalda en mi pecho, nos quedamos abrazados así un buen rato, mientras nos tomamos otra copa de vino y un poco de queso. te lavo el pelo con calma me doy el tiempo de masajear tu cabeza, poco despues enjabono tu cuerpo es un rito muy íntimo que nos damos, que disfrutamos, nuestras manos ahora solo enjabonando nuestros cuerpos, yo te baño y luego tu me bañas, no se como describirlo pero es algo que nos une, casi se podría decir que es amor, algo que hace de esta relación algo especial.

    Tu ropa está un poco sucia, no mucho pero aun así te ofrezco un pans de los que tengo en el closet, jajaja tu cara ante la idea de ponerte un pans es simplemente genial y me das una nalgada en forma de reproche. Y vuelves a poner tu short y antes de que te pongas el brasier… Empiezo a enrollar un poco de cuerda entre tus pechos, hoy llevaras eso de ropa interior, terminas de ponerte la demás ropa. Salimos al balcón para mirar la ciudad, a ti siempre te a gustado como se ven las luces de la ciudad desde esa zona.

    Se hace tarde y debemos volver además el fresco de la noche ya se nota en tu cuerpo. Te recuestas en mi pecho y preguntas

    — y si nos quedamos a dormir?

    Me aparto de ti y caminó hasta la recámara sin decir nada, tu vista me sigue en silencio. A veces el silencio dice mucho.

    Poco después nos estamos despidiendo de Juanita, nos damos prisa y dejamos a Juanita en la puerta.

    Nos alejamos poco a poco de la casa. Como no querer esta casa aquí hemos pasado incontables días entregados uno al otro.

    Quien sabe si algún día volvamos.

    El trayecto de regreso, lo hacemos en silencio, solo sintiendo el frío aire que hace, te abrazas fuertemente a mí. Llegamos a donde nos encontramos en la mañana te bajas de la moto, ambos estamos serios, nos despedimos con un beso en la mejilla como dos buenos amigos, prometiendo un café cuando nos volvamos a encontrar, o una cerveza dependiendo el clima…

    Pero sabemos que es mas como una promesa al aire, sabiendo que esa cita tal vez nunca llegue. Un café que posiblemente ya nunca nos tomaremos juntos…

     

  • Mi hijastra Joselyn

    Mi hijastra Joselyn

    Me llamo Javier Guzmán, tengo 40 años de edad y soy de Cuba, lo que les voy a contar a continuación es verdad. Me casé con Estela una hermosa mujer de Kentucky, Estados Unidos que es donde vivo actualmente. Estela era estéril y por eso decidimos adoptar a una niña que pusimos por nombre Joselyn que es como se llama mi madre.

    Joselyn tenía 4 años cuando estela murió víctima de un cáncer tuve que hacerme cargo de mi niña solo. Todo era muy diferente sin Estela, tenía que trabajar y después ocuparme de mi niña por las tardes después de la escuela nos íbamos al parque, al cine o a comer comida rápida ya que yo no cocinaba. Llegábamos a la casa y ella siempre me pedía que me metiera a bañar con ella, para mí era algo normal, pues no la veía con malos ojos.

    El tiempo pasó y Joselyn ya con 18 años. Su cuerpo había cambiado mucho… bastante diría yo era ancha de caderas con un tremendo culo, también tenía muchas tetas para su corta edad. Me preocupaba que mi niña tuviera alguna rara enfermedad y por eso la lleve al médico para que la revisara, me dijo que era algo normal, que había niñas que desarrollaban más cuerpo que otras. Me sentí más tranquilo y nos fuimos al cine, con una gran emoción.

    Pese a que no era mi hija de sangre, pues siempre lo supo desde que cumplió 10 años, me quería mucho y me decía daddy de cariño. Se sentaba en mis piernas aun cuando ya era grande, pero a mi no me molestaba todo lo contrario me sentía súper orgulloso de haber criado a una gran niña. Nos pasábamos horas viendo televisión y después nos íbamos a dormir.

    Una noche cuando me metí a bañar, oigo que tocan la puerta y me pregunta que si puede usar el baño que le urge hacer pipí. Salí con un poco de jabón en los oídos todavía, pasa le dije y me volví a meter a la regadera. Cual va siendo mi sorpresa! cuando escucho que me pregunta ‘daddy me puedo bañar contigo, como cuando era pequeña?’ Fue un no rotundo, y se puso a llorar salí y le dije que esos eran otros tiempos que las cosas habían cambiado.

    Me dijo muy enojada que yo era un mal papá y que si también la rechazaba como en la escuela por su cuerpo, pues muchas chicas le hacían bully. ‘Claro que no mi niña como se te ocurre y para que veas que no miento anda entra a la tina’ le dije. Se quitó su mini short y su blusa color azul y dejó caer dos par de tetas enormes blancas como la nieve con un pezón muy pequeño pero una areola enorme color rosada.

    Aquello que estaba viendo me dejó muy sorprendido, pues su cuerpo era aún más grande de lo que pensé, ‘quiero que me enjabones como lo hacías antes y me laves todo el cuero daddy’ me dijo. ‘Ok’ le dije y empecé a enjabonar semejante cuerpo, sus tetas eran tan suaves, y sus nalgas también y su coño se veía pequeño para semejante masa corporal. No me pude contener y mi pene se puso dura.

     Mi pene es bastante grande y no la pude ocultar, ‘daddy que es eso?’ me pregunto muy sorprendida! ‘Ahh no es nada mi niña es un miembro masculino’. ‘Pero eso se ve enorme daddy’ me dijo. ‘Si un poco’ le conteste. Aquello se estaba poniendo cada vez más intenso pues la siguiente pregunta que me hizo me dejó en shock. ‘Lo puedo tocar daddy?…’

    Continuara!