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  • ¡Qué noche de placer!

    ¡Qué noche de placer!

    Este sábado pasado con Silvina fuimos a Santa Fe, a un bar en Boulevard Gálvez. Ella vestía un vestido ajustado a su cuerpo, bien minifalda y hermoso escote, con sandalias de tacón negras. Me senté en una mesa a beber una cerveza y ella se situó en la barra. No tardó un hombre de muy buena presencia en acercársele a dialogar. Ella, muy sonriente entabló plática con ese galán de pelo oscuro, muy bien vestido deportivamente. Demás está decir que la conversación debe haberse derivado a una conquista bien recibida. Bebieron un par de tragos y se dispusieron a retirarse. Silvina le comentó algo y me miraron. Estaba programado lo que mi mujer le contaría a su reciente enganche. Me señalaron algo y salieron. Yo salí detrás. El departamento del hombre, que después sabría se llamaba Pablo, estaba a menos de una cuadra, por calle Balcarce. Vi que en el camino Pablo llamaba por su celular. Llegaron a la puerta del edificio y me esperaron. Allí, Silvina nos presentó y entramos. MI mujer le había relatado a su nuevo hombre que yo, por una intervención quirúrgica era totalmente impotente y que había derivado a la homosexualidad.

    Entramos, la parejita, delante de mí comenzó un gran espectáculo mientras se desnudaban. En ese momento sonó la llamada y entró un joven de una presencia espectacular. Pablo le dijo: – Hola Enrique, ese pollito es el tuyo, Silvina es para mí.

    Yo fijé mi posición: – Hazme todo lo que desees pero besos en la boca me dan asco…

    Nos desnudamos, lo acosté al borde de la cama hincado a su lado comencé a lamerle, mamarle todo su sexo. Lamía sus bolas, subí por esa vena que los penes tienen en su parte inferior, a todo lo largo, llegaba a su hermoso glande y después de lamerlo, golpear con mi lengua esa riendita que une el glande con el tronco, volvía a bajar disfrutando ese miembro que estaba hermosamente circuncidado. El glande era grande, bien formado, con sus bordes con un vuelo su alrededor, mucho más grande que su grueso tronco. Lamí y lamí, levanté sus caderas y seguí lamiendo su periné, hasta llegar al agujerito dorado de mí en ese momento macho. Mi lengua jugaba en su agujerito, volví a la verga se me esmeré en masturbarlo y mamar ese tronco hasta que con un quejido:

    – Estoy por acabar!

    Me metí esa cabeza en la boca y gocé recibiendo una catarata de semen, caliente, espeso, sabroso que devoré de inmediato.

    Comencé a jugar con mi lengua en su pecho con bastante vello varonil, chupaba sus tetillas, le acariciaba la espalda. Lo di vuelta y comencé a besarle y chuparle sus nalgas peludas, le abrí las nalgas y comencé una bárbara lamida de culo. Mojé con saliva mi dedo mayor de la mano derecha y comencé jugar en su agujerito. Enrique jadeaba, después de rozar la yema de mi dedo en su ano comencé a meter ese dedo en ese hermoso agujero. Demás está decir que mi verga estaba parada a mil. Me di vuelta y le ofrecí todo mi trasero. Me abrió desmesuradamente mis nalgas y acercándome ese hermoso y falo me lo fue introduciendo en mi culo. No fue en forma violenta pero si sin detenerse hasta que llegó hasta que sus pelos me frotaban la puerta, sus bolas se pegaban a mi periné. Mayor era mi gozo porque a mi lado, Silvina gemía y rogaba:

    – Qué hermosa pija tienes!! Cógeme fuerte!! Lléname la concha de leche!!! Préñame!! Rómpeme el ojete!! Teneme de puta tuya!

    Se imaginan, tener la tripa estirada por esa vergota y oír a tu mujer con es palabras? Estaba en el paraíso.

    Era tal mi calentura que eyaculé sin tocarme y sentí que con un ruido que no se si era un gruñido, un bufido o un alarido, Enrique me llenó el culo de leche.

    Se le fue achicando y me la sacó. Mamé esa esplendorosa verga, tenía sabores mezclado, a semen, a mis jugos y un pequeño gustito a… (a culo, me entienden?) que me enloqueció. Comenzamos a acariciarnos como en un dulce idilio, besé todo su cuerpo, sus muslos, su vientre, su pecho, sus transpiradas axilas. No sé cuál de los dos estaba más cliente. Enrique me pidió:

    – Métemela bien hondo.

    Abrí sus nalgas y le enterré mi verga en su hambriento culo.

    En realidad no tardé mucho en acabar dentro de su tripa.

    En eso se acerca Pablo: – Enrique, cógetela a Silvina, esté riquísima y es una puta calentona.

    Pablo me hizo abrir la boca y me metió su verga toda encastrada de su semen, de los jugos de mi mujer y qué se yo más. Estaba deliciosa.

    Después que Enrique llenó de semen a Silvina, nos vestimos y nos fuimos al coche, los dejamos acostados uno lado del otro y desnudos.

    Como intercambios teléfonos nos juntaremos en dos o tres semanas.

    Cuando llegamos a casa cogimos con Silvina, no hay otra cosa que me caliente más que cogerla con su concha llena de leche ajena

    El lunes le comenté Silvia que sentía un exquisito dolor sordo y excitante en el interior de mi vientre.

    Ella sólo sentía una molestia interna sin llegar a ser ese dolor.

    Llama por teléfono un médico que integra nuestro grupo de orgías, junto su mujer. Me explico que entre el recto y el colon hay una válvula que fue forzada y que en unos días se iría ese dolor. Rio y me dijo ahora no te salvas de nuestras vergas, jaja.

    Estoy esperando que llegue un nuevo encuentro par que me produzca el mismo dolorcito.

     

  • Fin de semana en Londres

    Fin de semana en Londres

    Nos encontramos en el aeropuerto Adolfo Suárez de Madrid, ella venía de Valencia y yo de Santiago de Compostela, íbamos a coger un vuelo a Londres, donde pensábamos pasar el fin de semana. Tanto ella como yo llevábamos una pequeña maleta con ruedas. Ella vestía un vestido verde que le daba por encima de las rodillas y calzaba unos zapatos marrones, yo llevaba puesto un traje gris con rayas negras, una camisa blanca, una corbata gris y calzaba unos zapatos marrones. Al verla quedé gratamente sorprendido, en fotos y por video conferencia era guapa, pero en persona era preciosa. Fui a su encuentro, le di un beso en la mejilla, y le dije:

    -Pensé que no vendrías.

    -Yo pensaba que el que no vendrías eras tú.

    Me voy a saltar el viaje en avión, más que nada porque no me gusta volar, y los recuerdos de mis vuelos nunca son gratos, aunque por un beso de Ariana volaría hasta el fin del mundo.

    Eran las ocho de la tarde cuando llegamos a la habitación del Tower Hotel de Londres, que estaba ubicado al lado del Tower Bridge. No era gran cosa, tenía una cama de matrimonio cubierta con una colcha blanca con una franja de color vino tinto a los pies, dos almohadas blancas y dos cojines del color de la franja, un mueble enfrente con una tele de plasma, una mesa, un sillón, una silla, teléfono, un aseo, una ventana con dos cortinas y poco más.

    Posamos las maletas, y le dije:

    -Sabes. Eres aún más bonita en persona.

    Bromeó.

    -Y tú aún más feo.

    -No digas eso, ya estoy nervioso…

    Se me acercó, y mimosita, me dio un beso, me mostró su sonrisa más dulce, y me dijo:

    -¿De verdad que te pongo nervioso?

    -Mucho, es qué eres tan, tan, tan, tan…

    Sin dejar de sonreír, me interrumpió.

    -Sí qué estás nervioso, sí. No entiendo cómo una mujer cómo yo puedo poner nervioso a un hombre tan experimentado cómo tú. Pensé que la que se iba a poner neviosa iba a ser yo. Habrá que hacer algo para quitarte esos nervios.

    Abriendo el nudo de mi corbata, le dije:

    -Soñé con este momento mucho tiempo. Nunca pensé tener a mi alcance a una mujer tan hermosa.

    Me quitó la corbata y la echó encima del sillón.

    -Eres un adulador.

    -Lo que soy es un privilegiado -quité la chaqueta-. Es muy extraño que una mujer enamorada comparta un poquito de su cariño con un hombre cómo yo.

    Comenzó a desabotonar mi camisa.

    -¿Por qué piensas que estoy enamorada?

    -Es de suponer. ¿No crees?

    -Si, creo que estoy enamorada de mi novio. Nunca había sentido nada así por nadie. Me gusta cuidar de él y apartalo de la gente que le pueda hacer daño, creo que eso es estar enamorada.

    -Te diría que me alegra oír eso, pero… Mejor no lo digo.

    Me quitó la camisa, y me dijo:

    -Dilo.

    -Te lo diré, me jode.

    -¿Qué te jode?

    -Que estés enamorada de él.

    Me quitó los zapatos, los calcetines y los pantalones, mientras decía:

    -Lo entiendo. Me gustaría decirte a ti lo mismo, pero a ti solo te quiero y te deseo.

    -Jode, pero dime siempre la verdad. Entre nosotros que nunca haya mentiras.

    Me empujó encima de la cama, se desnudó, vi su cuerpo, un cuerpo espectacular, y me dijo:

    -Me voy a dar una ducha.

    Me había calentado y me dejaba en boxers y con la polla dura.

    -¡Serás traviesa!

    Se dio la vuelta, meneó el culo, y sonriendo, me dijo:

    -Las cosas buenas se hacen esperar.

    Mientras estaba en la ducha puse un albornoz y pedí una botella de Rioja tinto. Al salir del aseo, solo con una toalla puesta, le ofrecí un copa de vino. Con su eterna sonrisa en los labios, me dijo:

    -Tú sin el vino no pasas

    -Hoy es un día de vino y rosas.

    -¿Rosas?

    -Sí, tu eres la rosa mas hermosa de mi jardín de sueños.

    -¿Por qué me dices esas cosas tan lindas?

    -Por que no sé decirlas mas hermosas.

    Al lado de la mesa, y junto a la cama, choqué mi copa con la suya, y le dije:

    -Por nosotros, muñequita.

    -Por nosotros, bobito.

    Bebimos un sorbo de vino, posamos las copas sobre la mesa y nos fundimos en un beso que deseé que fuese eterno, uno, por lo dulce, dos, por lo apasionado, y tres, porque me puso la polla dura cómo una piedra. El beso siguió en la cama. Echado a su lado le quité la toalla, mis manos acariciaron sus sedosas tetas y sus pezones. Ariana metió su mano dentro de mis boxers, cogió la polla y me la masturbó.

    -La tienes dura.

    -¡Cómo para no estarlo! Estoy acompañado por mi sueño erótico.

    Puso morritos, y me dijo:

    -No soy un sueño erótico.

    -Sí que lo eres.

    Con el dedo pulgar de mi mano derecha acaricié el capuchón del clítoris de arriba a abajo, de abajo a arriba y hacia los lados. Mi lengua hacía círculos sobre las areolas de sus grandes y hermosas tetas y lamía los pezones. Ariana, entre dulces gemidos, me dijo:

    -Muérdeme un poquito los pezones y las tetas, cariño.

    Mordí sin hacer daño. Ariana seguía masturbando mi polla y ya tenía la mano mojada de mi aguadilla.

    Bajé a su cuevita. La abrí con dos dedos y vi que estaba cubierta de babitas. La cerré. De su coñito salieron algunos de sus jugos blanquecinos y bajaron hasta el ojete. Lamí los jugos del ojete y del periné sin tocar su coño y bajé besando, lamiendo y acariciando el interior de sus muslos. Le cogí un pie, y lamí la planta haciendo círculos con la punta de mi lengua. Rompió a reír.

    -¡Me haces cosquillas!

    De su coño salieron jugos en cantidad. Dejé de lamer la planta, se la acaricié mientras besaba, acariciaba y chupaba cada uno de los dedos y entre ellos. De ese pie fui al otro e hice lo mismo, luego subí besando y lamiendo el interior de los muslos hasta llegar de nuevo a la cuevita, se la volví a abrir con dos dedos. Estaba perdida de jugos. Ariana, me dijo:

    -Cómela, anda, cómela. No me hagas sufrir más.

    -Más me hiciste sufrir tú a mi cuando me dijiste que por fin te corrieras en su boca.

    -Ahora es tuya, anda, cómela.

    -Date la vuelta.

    -Eres malo, eres muy malo.

    Se dio la vuelta. El interior de sus muslos y el ojete estaban mojados de sus jugos. Le abrí las nalgas y se lo lamí. Ariana se puso cómo una fiera.

    -¡Sigue, sigue que me corro!

    Le lamí la espalda por la columna vertebral hasta llegar al cuello. Luego me eché a su lado, le metí el dedo gordo en el culo y se lo follé con él. Ariana giro la cabeza, y me dijo:

    -¡Bésame, bésame que me voy correr!

    La besé y en nada comenzó a temblar, a gemir, y a querer devorarme la lengua con su boca. Tuvo un orgasmo bestial. Aún se estaba corriendo cuando le di la vuelta, metí mi cabeza entre sus piernas, y le comí el coño empapado. Mi lengua nadaba en sus deliciosos jugos, y más que iba a nadar, ya que al terminarse el orgasmo anal le comenzó otro vaginal o clitoriano, no se de que clase sería, pero tuve que taparle la boca con una mano u oirían sus gritos de placer en todo el hotel. Al acabar de correrse yo estaba empalmado cómo un burro y con unas ganas locas de meter, pero tenía que dejarla descansar. Me senté en el borde de la cama y acabé de tomarme la copa de vino. Ariana, me miró, y me preguntó:

    -¿Bebes tú solo?

    Se sentó en la cama, le di su copa y tomó otro sorbito.

    -Nunca me había corrido así.

    -¿Así cómo?

    -Comiéndome el culo.

    -¿Te gustó?

    -Sí, mucho.

    -Me alegra saberlo.

    -Ahora quiero follarte yo a ti. ¿Me dejas?

    Bromeé con ella.

    -¿Sabrás follar a un hombre?

    Donde las dan las toman, me respondió:

    -A un hombre, sí, a un gatito como tú, tengo mis dudas. Ponte cómodo.

    Puse las copas vacías encima de la mesa. Me eché boca arriba en la cama con la polla tiesa. Subió encima de mí. Metió la polla en su coñito. Apoyó las manos en la almohada y mirándome los ojos comenzó a follarme lentamente.

    -Ahora vas a saber cómo folla una mujer de verdad.

    Me besó en el cuello y me lamió las orejas. Yo acaricié sus nalgas y sus caderas… Su boca me traía loco. No me besaba con lengua, solo me daba piquitos. Sus grandes tetas subiendo y bajando me excitaban casi tanto cómo sentir mi polla entrando y saliendo en aquel coñito mojado. No iba a durar nada. Se lo dije:

    -Me voy a correr, Ariana.

    -Lo sé.

    Paró de moverse y me dio las tetas a chupar, después me dio un beso con lengua, largo, largo, muy largo, mejor dicho, nos lo dimos. Comenzó a follarme de nuevo, pero al poco la que se iba a correr era ella, se detuvo de nuevo y volvió a darme las tetas a chupar. Era peor el remedio que la enfermedad, al mamarle las tetas sentía cómo su coñito apretaba mi polla. La paciencia no era una de sus virtudes. Me preguntó:

    -¿Nos corremos juntos?

    -Será un placer.

    Volvió a follarme lentamente, me volvió a mirar a los ojos, y me preguntó:

    -¿Cuánto me quieres?

    -Más que a mi vida.

    -Exagerado.

    Me besó.

    -¿Si no estuvieras casado te casarías conmigo?

    -¿Quieras que pida el divorcio?

    -¡No! Tienes una familia hermosa… Y, y. ¡Ay qué me corro! ¡¡Córrete conmigo!!

    Ariana se derrumbó sobre mí y se corrió cómo una bendita, esta fue una corrida dulce, sin gritos, con besos suaves, ternos. Así fue aquella corrida suya. Al acabar de correrse, me puse encima. Me dijo:

    -No te corriste conmigo.

    Le metí un modisquito en el labio inferior, y después le dije:

    -No me dijiste cuando.

    -Eso es verdad. ¿Me vas a hacer correr otra vez, gatito?

    -A eso voy, preciosa.

    -Dime cosas bonitas.

    Haciendo palanca con mi culo para rozar su punto G al penetrarla, le dije:

    -Eres más linda que una puesta de sol.

    -Dime que me quieres.

    -Te adoro.

    -Dame, fuerte.

    La follé duro. Los muelles de la cama cantaban la Traviata cuando Ariana me dio la vuelta. Quitó la polla del coño, y empapado, me lo puso en la boca. Se puso mandona.

    -¿De quién querías abusar tú, gatito?

    La cogí por la cintura con las dos manos y le lamí el ano y el coño. No tardó en decir:

    -Para, cielo, para que me corro.

    -El cielo es lo que estoy yo tocando con mis manos. ¡Córrete, muñequita!

    -¿A qué tu cielo, la muñequita, te ahoga con una corrida, gatito?

    -Cobardica.

    Se puso brava.

    -¡¿Cobardica yo?!

    Su coñito voló sobre mi lengua y mi nariz, hasta que se paró, apretó el culo y descargó en mi boca.

    -¡Bebe, gatito!

    Los jugos de sus corridas eran deliciosos, blanquitos, espesitos, calentitos y con un ligero sabor a orina. Me sabían a gloria bendita.

    Tendida sobre mí, al ratito, me preguntó:

    -¿Dónde quieres que la meta ahora? Pide y te complaceré.

    -Solo queda un sitio.

    Me vaciló.

    -¡Por ahí no!

    -¿No?

    -No, tengo cosquillas en los sobacos. Si acaso – la acercó al ojete-. Si acaso por aquí. ¿Quieres que tu gatita la meta en el culo, gatito?

    -Sí.

    Se le llenó la boca al decir:

    -El gatito me salió mariquita.

    La metió primero en el coñito. La sacó engrasada y la fue metiendo despacito. Con toda dentro del culo, me besó y me preguntó:

    -¿Te gusta mi culo?

    -Sí.

    -Me gusta que te guste.

    Me folló despacito. Sentía su coñito mojado rozar mi pelvis. Sus tetas desaparecían sobre mi pecho y su boca era un manjar que me dio todo el tiempo.

    Después de un rato largo, muy largo. Ya ardiendo, me dijo:

    -Estoy llegando. Dime cosas guarras e insúltame.

    La nalgueé.

    -¿A dónde estás llegando, puta?

    -¡Al cielo, mariquita!

    -¿No sabia que el cielo estaba lleno de mierda, viciosa?

    -¡Dame fuerte, cabrón!

    Le ataqué el culo con fuertes clavadas. Me corría sin remedio. Tuve suerte, ella también se corría. La quitó del culo, la metió en el coñito, y me dijo:

    ¬-¡Rómpeme el coño!

    Dicho y hecho. La follé a romper y algo se le debió romper dentro porque se corrió a chorros.

    Corriéndome con ella, esta vez dejé que se oyeran sus gritos. Que se enteraran cómo se corría una mujer de verdad.

    Nos quedaba todo el fin de semana y a fe que lo aprovechamos, podría ser la primera y la última vez que estuviéramos juntos.

    Quique.

  • Me gustaba una chica de raza negra

    Me gustaba una chica de raza negra

    Soy Juan, tengo 18 años, soy blanco como la leche, y vivo en un lugar donde hay gente de todos los rincones del mundo, todos los colores y razas.

    Me gustaba una chica de raza negra que vivía en la misma cuadra que yo, ella se llama Rosario, y tenía mi misma edad (18).

    Ese día después de la escuela la invite a mi casa a tomar algo y hacer tareas ya que estábamos en el mismo curso del colegio, quedamos en vernos después de la cena. Rosario llego con su mochila de libros y todavía en el uniforme del colegio. Entramos a la casa y le dijimos a mi madre que estaríamos en nuestra alcoba estudiando y haciendo tareas.

    Yo nunca había estado solas con Rosario, ella no sabía que yo gusta de ella y yo no sabía que ella gustaba de mí.

    Entramos en la alcoba, cerré la puerta y pusimos los libros sobre el pequeño escritorio donde regularmente hacia mis tareas. Nos sentamos en mi cama un momento a charlar sobre cosas en general, los amigos, el cine, las vacaciones, de todo un poco.

    En algún momento le comente lo bonita que se veía, así estuviese en el uniforme del colegio, Rosario me agradeció el cumplido, a los pocos segundo no pude aguantarme y sin decir mucho me le acerque y le di un soberano beso en su hermosa boca, Rosario trato de quitarme, pero no siguió y mi lengua paso la barrera de sus labios enroscándose con la de ella.

    Me cuestiono mi acción y le dije que no pude evitarlo, me disculpe y me levante de la cama, rosario me tomo de la mano y me sentó de vuelta, diciéndome que no me preocupara, me dijo que ella también gustaba de mí.

    Me jalo hacia ella y nuevamente nos empezamos a besar, las lenguas casi que se peleaban entre sí para ver cual se enroscaba más fuerte sobre la otra. Rosario se estaba calentando tanto como yo, virgen todavía, pensaba en que esa noche perdería la virginidad con Juan.

    Nos levantaos rápidamente de la cama, y despacio nos fuimos quitando las ropas que cubrían nuestros jóvenes cuerpos, yo mis jeans y camisa y ella su falda del colegio junto con la remera. Nos quitamos la ropa interior y mi pene de escasos 16 Cm quedo a la luz de los ojos de Rosario, lo mismo que el coñito oscuro de rosario a los ojos míos.

    Nos acostamos en la cama y sin preámbulos, sin conocimiento, sin experiencia, solo con las ganas de saber que yo estaría dentro de ella, empecé a penetrar suavemente las carnosidades de su virginal vagina.

    No teníamos ni idea de que hacer, solo estaba adentro, Rosario se movió un poco y yo empecé a moverme de arriba a abajo despacio, de lado a lado, en círculos lo que se me ocurriera, se sentía delicioso y Rosario gemía lo mismo que yo.

    Nos besamos y compartimos nuestras lenguas, mientras seguíamos moviéndonos aleatoriamente, el placer de se fue incrementando y uno detrás del otro nos corrimos, entre gemidos y abrazos, ahora sabemos que tuvimos unos orgasmos divinos.

    Ese verano Rosario y yo éramos una sola persona, disfrutamos el uno del otro y nos seguimos viendo por un año más, cuando ese amor de adolecente termino. Todavía nos vemos de vez en cuando pero solo nos sentamos a saborear un helado, ella de vainilla y yo de chocolate.

    FALS.

     

  • Tras bambalinas (Cap. 1): El misterioso admirador

    Tras bambalinas (Cap. 1): El misterioso admirador

    Era un bello día en Pueblo Rubello, en donde se estaba llevando un Concurso Pokémon, los participantes se lucían en el escenario, pero había una en especial que se llevaba los reflectores por su maestría con sus compañeros y por su inusual belleza. Dicha participante era nada más y nada menos que Serena, la hermosa peli miel que viajó con Ash por la región Kalos, su viaje por Hoenn no sólo la había hecho más fuerte y experta, también mucho más atractiva, ya que durante su estancia en la región sus notables atributos físicos se habían desarrollado.

    Sus pechos habían aumentado al menos en tres tallas su cintura se había afinado considerablemente y a pesar de que usaba un vestido elegante su trasero se destacaba gentilmente

    Sobra decir que muchos de los espectadores veían a la chica con deseo, pero entre ellos se encontraba un hombre joven de unos 18 años quien veía atentamente a la joven, al fin había encontrado a su objetivo.

    -Así que ella es mi objetivo -pensó mientras miraba a la chica.

    Dos semanas atrás región Kalos

    Se ve la imagen de Serena en una pantalla de video teléfono en la misma se ve a Palermo sentada en un amplio sofá tomando té.

    Ella es Serena – dijo la ex reina de Kalos- deberás traerla después del gran festival de Hoenn.

    No es lo que yo esperaba – respondió el joven azabache.

    Anthony -Palermo elevó una octava su voz – Ella no terminará vestida de croupier en un casino, no te servirá tragos vestida de Loppuny, no terminará como una maid y ni sueñes que ella terminará como tú bailarina nudista.

    -Ella será la sucesora de Aria como reina de Kalos- dijo Palermo

    -Disculpe mi atrevimiento – respondido Anthony haciendo una reverencia.

    La mujer tomó un nuevo sorbo de su té antes de mirar severamente a el aludido.

    -¿Sabes por qué te escogí para está misión Anthony?- dijo la mujer frente al videoteléfono.

    -Por qué soy el más capacitado para está misión en particular- le respondió Anthony

    -No -respondió- Está misión es tan fácil que hasta un idiota podría hacerla Y tú encabezas la lista

    -¡No lo arruines idiota! -terminó diciendo la mujer antes de terminar la llamada.

    Él sólo miraba la pantalla en negro con gran frustración.

    -¡Ya verás vieja bruja! -dijo Anthony viendo la pantalla – cuando termine tal vez te use de ama de llaves.

    Y así empieza la primer parte de mi plan -se dijo a sí mismo mismo mientras veía a Serena recibir el listón del festival.

    Una vez terminado el evento, donde la peli miel obtuvo su último listón, nos encontramos con la chica que se encontraba en su camerino pensando en lo que haría a continuación, faltaban 2 semanas para el Gran Festival y cuando el evento llegará a su fin, ella se tomaría unos días e iría a Kanto a buscar el chico del cual se enamoró y el recordar su último encuentro con el entrenador azabache la dejó soñando despierta un largo rato.

    Pero afuera de su camerino un jóven de cabello oscuro agradece a Arceus por la suerte que tenía, todos los asistentes y el personal ya se habían retirado del lugar, sólo estaban la peli miel y él, era la oportunidad perfecta de cumplir su misión y el no la iba a desaprovechar, así que entró al camerino de jóven.

    -Disculpe señorita, pero el evento ya terminó y debo pedirle que se retire – comentó sacando a Serena de su sueño.

    Disculpe me, me quedé pensando en algo… -intento contestar la peli miel pero fue interrumpida por el joven.

    -¡No puedo creerlo! Pero si tu eres Serena, la ganadora del concurso. Tienes que darme tu autógrafo, por favor.

    La chica se sorprendió un poco pero le dió una sonrisa al chico y comenzó a firmarle una hoja de papel.

    -Muchas gracias, señorita, ¿Pero podría pedirle otro favor?- preguntó el joven.

    La chica lo miro con duda ya que creía saber de qué se trataba, desde que llegó a Hoenn nunca faltaron los chicos que la invitaban a salir, pero ella los tenía que rechazar ya que su corazón ya tenía dueño, aunque en este caso lo lamentaría porque no podía negar que el joven era guapo, su cabello negro hacia un peculiar contraste con sus ojos azules, además de que era alto y algo musculoso.

    -¿Que se te ofrece -pregunto con cordialidad

    -Bueno mi nombre es Anthony, y yo quiero mostrarte a mi amigo, ambos queremos participar en los Concursos pero no tenemos ni idea, así que se me ocurrió que tal vez podrías ver nuestra rutina y darnos tu opinión.-

    -Claro no hay ningún problema- dijo la chica con amabilidad

    Mientras él liberaba a un Fennekin, el cual era diferente de los demás al tener un pelaje gris claro, era un pokémon shinny.

    -¡Es muy hermoso!- contestó la chica viendo al pokémon que se acercó lentamente a ella, mientras abría sus brazos para poder cargarlo.

    -Bueno, comenzaremos nuestro acto, Fennekin usa Hipnosis en Serena-

    En cuanto el joven pronunció la orden los ojos del pokémon se tornaron de un color morado y se clavaron en los orbes azules de la chica quien no pudo reaccionar y rápidamente cayó bajo el influjo del ataque psíquico.

    -Buen trabajo Fennekin, regresa- dijo el mientras lo devolvía a su pokebola, y se acercó a su presa quién estaba parada con los ojos vidriosos y su mente en blanco, esperando sus órdenes.

    Anthony rodeo a Serena quien estaba inmóvil completamente indefensa.

    -Ahora entiendo el interés de Palermo en ti – dijo dulcemente el azabache mientras tocaba suavemente los senos de Serena por sobre la ropa – eres simplemente perfecta.

    Tras mirar los pechos de la peli miel el chico levantó con cierto descaro la falda de la chica revelando una sencilla prenda de algodón de color blanco,

    -Tendremos que trabajar un poco en tus gustos preciosa – dijo Anthony un poco decepcionado-esa no es la ropa íntima que usaría una reina-

    Al bajar su mirada y observar sus torneadas piernas, enfundadas en aquellas medias negras, el sonrió un poco. -Pero tampoco estás tan perdida, sabes cómo resaltarlas.

    -Bueno suficiente preámbulo- dijo Anthony -empezamos con el espectáculo

    -Escúchame muy bien Serena, desde este momento estás en un profundo trance y totalmente bajo mi control, pero no te preocupes vamos a divertirnos mucho. Desde ahora me obedeceras sólo a mí, soy tu nuevo Amo y seguirás cada orden que te de. ¿Lo entiendes?

    -Sí… -respondió Serena sumida en el trance

    Desde este momento tu eres mía, tu nuevo propósito ya no es sólo ser la mejor coordinadora y performer, también eres una obediente esclava que me obedecerá en todo. Repítelo, por favor.

    -Mi propósito no solo es ser la mejor coordinadora y performer, también es ser tu esclava y obedecerte en todo… -respondido Serena a las instrucciones

    ¡Excelente! Seguirás siendo la misma de siempre pero con el nuevo propósito que tú Amo te ha dado. Salgamos de aquí.

    -Sí, Amo… -respondio Serena

    Muy bien, cuando aplauda vas a despertar pero te sentirás atraída hacia a mi y aceptarás de inmediato cualquier propuesta o petición que te haga, y cuando estemos a solas y yo te diga «dulce como la miel» volverás a ser mi esclava ¿De acuerdo?-

    -Sí, Amo…- respondio nuevamente

    El joven dio un sonoro aplauso que despertó a Serena quien se sonrojo al ver al hombre frente a ella.

    -Oye Serena ¿Te gustaría venir a mi casa a cenar?- preguntó con una fingida timidez.

    -Claro Anthony- contestó la chica con una sonrisa y un sonrojo en su rostro.

    -Vamos- contestó el joven mientras le extendía la mano, que Serena con un poco de pena aceptó, para salir del lugar.

    Ambos caminaban por la calle tranquilamente tomados de la mano y todos los que los veían los tomaban como una pareja de novios común y corriente, mientras ella le contaba sobre sus aficiones y gustos.

    Cuando finalmente llegaron a su destino, donde él se apresuró a abrirle la puerta e invitarla a pasar con una pequeña reverencia, la peli se sonrojo por la caballerosidad de su acompañante y entró a la casa sin dudarlo. Una vez adentro Serena pudo ver que todo estaba perfectamente arreglado, se trataba de un lugar muy cómodo y agradable, cuando Anthony la llamó.

    -Oye Serena, olvide mencionarte que no soy muy bueno en la cocina y no tengo nada preparado ¿Te importaría hacer la cena? -dijo Anthony con fingida pena

    -No hay ningún problema, sólo dime dónde están los ingredientes- replicó la chica mientras se dirigía a la cocina.

    Mientras la peli miel cocinaba alegremente, el no le quitaba los ojos de encima al redondo y hermoso trasero de la chica, a pesar de que la vestimenta de Serena era algo inocente permitía ver que poseía un cuerpo digno de una diosa, y él sólo debía esperar un poco más para verlo en todo su esplendor.

    Al terminar de cocinar Serena llamó a su anfitrión diciéndole que la cena estaba lista, él se apresuró a llevar la comida a la mesa, y ayudar a la chica a sentarse, lo cual ella le agradeció con una sonrisa, para comenzar a degustar la cena.

    -Serena, esto es lo más delicioso que he probado- la halago el chico ocasionando un gran sonrojo en la aludida, quien complacida le contestó.

    -Muchas gracias, me alegro de que te haya gustado. -respondio Serena

    «- Esto es fantástico, no solo es preciosa también cocina de maravilla, sin duda será una buena esclava, pero ya hora de probar el verdadero postre»- pensó Anthony una vez que terminaron de comer, y la ayudó a levantarse.

    -Bueno Anthony, muchas gracias por invitarme pero debo de irme- contestó Serena una vez que se levantó de su asiento.

    -¿No te gustaría quedarte aquí? Debe de ser muy aburrido quedarte siempre en un Centro Pokémon, además no es seguro que una chica ande sola tan tarde.

    Ahora la peli miel no sabia que pensar, a pesar de que ese chico le agradaba bastante apenas lo conocía, aceptar una cena era una cosa pero dormir en su casa era algo que consideraba que era muy inapropiado, pero por alguna razón no podía decirle que no a ese chico, acaso le gustaba tanto como para no quererse ir…

    -«No pienses esas cosas Serena, aunque Anthony te guste tu amas a Ash.-«En… verdad… lo lamento, m-me… en-encantaría quedarme pe-pero y-yo tengo que irme- contestó la peli miel luchando contra la sugestión y evitando mirar al chico a los ojos para no sentir su voluntad flaquear.

    -Bueno, lamento escuchar eso- el chico estaba asombrado por la fuerza de voluntad de la performer y por esa razón estaba decidido a hacerla suya -Pero al menos permite acompañarte al Centro Pokémon, no quiero que te pase nada.

    -N-no… gracias, t-tu ya… estás en… casa, y-yo pu-puedo… cuidarme sola- refuto Serena tartamudeando cada vez le costaba más pronunciar la siguiente palabra, rechazar sus caballerosos gestos, ignorar esos ojos azules que la veían con intensidad.

    -Bueno Serena, no puedo ir en contra de la voluntad de una dama y menos de una tan dulce como la miel…- en el momento en que Anthony mencionó la frase gatillo, los ojos azules de Serena perdieron su brillo y la chica quedó inmóvil.

    -Sígueme Serena, vamos a mi habitación- ordenó con firmeza sabiéndose dueño de la situación.

    -Sí, Amo- contestó sumisamente la peli miel para seguir al chico

    Continuará…

  • El Intelectual don Alejandro

    El Intelectual don Alejandro

    La noche era cerrada, las calles desprendían ese misterio nocturno, esa parte de la ciudad apartada de todo el bullicio escondía recónditos lugares. Entró en un pequeño local, su paso era largo, erguido y con solemnidad que le daba esa canosa barba cuidada y señorial; se había anudado un pañuelo al cuello, iba bien vestido, pero informal; coqueto, de físico proporcionado y elegante. A sus 60 años Álvaro mantenía una apostura soberbia. Se sentó en el taburete de la barra y pidió un Whisky. Tras unas miradas fugaces vio varias parejas de chicos, unos, a no muchos metros de él estaban acaramelados, otros directamente iniciaban toqueteos y al rato subían al piso superior. El decorado del bar era chillón, tras la barra había la bandera de seis barras con los colores rojo, naranja, amarillo, verde, azul de la bandera estridente tras la barra le llamó la atención. Sintió la necesidad de orinar, entró en el baño, tras él y bajándose la cremallera para ponerse en el urinario contiguo al suyo se encontraba un chico de unos 25 años. Su aspecto era afeminado, de movimientos exagerados, su pelo estaba teñido de rojo y verde, era bajito y llevaba maquillaje exagerado, de mal gusto, le daba ese aspecto de maricón con pluma; sus pantalones verdes le marcaban el pequeño trasero. Álvaro noto la mirada subrepticia del joven y en un gesto espontaneo, pero adrede, hizo un pequeño paso atrás dejando ver su pene aguantado por pulgar y indice e imposible de abarcar todo a una mano. Notó la mirada disimulada, pero penetrante.

    Una vez más en la barra vio como el joven se acercaba a él con fingida casualidad caminando como si llevara tacones.

    — Hola, tú no eres de por aquí — pregunto con seguridad aparente.

    — Cierto es, he venido a tomar una copa, me gusta conocer lugares — dijo Álvaro con aplomo cortes.

    — Ya tío, no sé… supongo que el rollo te va a pesar de tus años — dijo con ese tono algo desdeñoso.

    — Veo que me achacas mi madurez.

    — Para nada tío, no te rayes, incluso molas, eres un tío chulo. ¿ Buscas?

    — Tú mismo, chico — dijo Álvaro.

    — ¿Qué te va?

    — Está claro que soy beta, activo, y no defraudo. Hay habitaciones arriba por lo que he podido observar. Pago peaje y vamos a la cuestión — dijo Álvaro.

    — Ok, nunca me lo he hecho con uno de tu edad.

    Subieron arriba, nada más entrar en el pequeño habitáculo habilitado para dichos menesteres se comieron la boca, Álvaro en un primer lance agarro le agarró las nalgas. Se desnudaron.

    — Eres gay oso — observo el chico al ver su vello blanco

    — Soy tradicional — contesto Álvaro mientras descapullaba su glande.

    — ¡Menuda tranca viejo!

    — Veo que la tuya está bien izada también. ¿Te ves capaz de abarcarla con la boquita nena? — pregunto al mismo tiempo que el chico empezaba una mamada intentando tragar toda la polla y emitiendo sonidos guturales — . Mejor ponte a cuatro y vemos ese culito tuyo lo que depara.

    Se puso en posición de perrito y Álvaro le abrió las nalgas para lametear el culo, succionar sus huevos y chupar su polla. Viendo el conducto factible y palpitante afianzo su postura y se puso en posición de embate no sin antes escupir sobre el ano. Tensó su cuerpo y en arqueo de caderas para atrás posicionó el glande en el conducto anal empujando de forma ligera hasta medio miembro. La volvió a sacar y está vez la acometida fue rápida, seca y hasta el fondo en un elástico y elegante movimiento haciendo lanzar un aullido de gozo y dolor al chico al mismo tiempo que pedía un tiempo muerto a gritos.

    — ¡¡Joder tío, avisa que con la chorra que gastas necesito más engrase!! — dijo entre aullidos el chico.

    Se levantó y fue al bolsillo de sus pantalones sacando un tubo de vaselina y se untó su zona anal. Volvió a coger posición, afianzo con seguridad sus rodilla y se abrió las nalgas con las dos manos invitando a un nuevo ataque. Está vez si, a la segunda fue la vencida, pudo batear el culo con grandes metes sacas, con bravura y estilo no perdiendo el ritmo hasta que entre rugidos y bufidos descargó toda su simiente en el conducto anal. El chico pudo observar que había eyaculado y goteaba su glande, estaba tendido de espaldas, el semen le salía a borbotones de su ano. Entonces Álvaro volvió a abrir sus nalgas y lamer el semen que el mismo había echado para después morrear al chico y traspasar de boca la lefa.

    — Eres un puto vicioso — exclamó el chico — me has dejado bien petado, encima me haces comer tu lefa.

    — Las mariconas necesitáis que os traten como a tales — dijo Álvarez mientras se vestía.

    A la mañana siguiente Álvaro Espinosa Buenavida daba una gran conferencia en la universidad sobre los fundamentos de la física y química ante un abarrotado pabellón universitario dejando asombrados por su capacidad discursiva, argumental y conocimientos de dicha materia. El decano estaba encantado desde el primer momento en que acepto su invitación.

    — Para nosotros a sido un honor tenerte hoy aquí, la comunidad universitaria a vibrado con tu presencia. Mil gracias una vez más, don Álvaro — dijo el decano.

    — Ha sido un placer, además somos viejos amigos, cómo no iba a hacerte esa deferencia viniendo de ti, por cierto cómo sigue tu cadera.

    — Bien, aunque no puedo hacer esfuerzos, me operaron apenas hace treinta días, como veras — contesto enseñando las muletas — por cierto, este mediodía almuerzas con mi familia.

    Entre aplausos y pequeños comentarios por parte de los alumnos Álvaro se retiro custodiado por el decano y tomando un taxi se dirigieron al almuerzo familiar. Una vez allí lo deleitaron con una comida exquisita.

    — Y bueno Álvaro, cómo están los tuyos.

    — Bueno, os informo, voy a ser abuelo por tercera vez y es que los valores de una familia se miden por sus miembros— dijo con un deje de orgullo.

    — Como decano de la universidad que soy, debo decir, que sí, influye, los parámetros familiares, esbozan una manera de ser, una cultura digamos — dijo el decano.

    — Ya veo que sois una familia unida, se os ve también y os agradezco, a tu mujer y a tus hijas y a ti ese honor de compartir esa felicidad, lástima que mi profesión me obligue a estar tan lejos.

    — Hoy tenemos mucho que contarnos, está noche he pedido permiso a mi familia para nosotros, aún a nuestra edad nos merecemos eso — dijo en tono sarcástico.

    — Os lo merecéis los dos, tomaos vuestro tiempo y recuerda que la operación es reciente — dijo la esposa.

    — No te preocupes,

    Hicieron las despedidas pertinentes, la mujer del decano junto con sus dos hijas, sus correspondientes maridos y tres niños. Como prometió el decano a las diez hacía acto de presencia en el Hotel que se alojaba Álvaro, abajo les esperaba un taxi el cual les condujo a una reservada zona de la ciudad.

    — Ha cambiado mucho esta zona — dijo Álvaro.

    — Sí, pero te gustará, hay placeres que con el tiempo se vuelven más asequibles, digamos — contesto el decano mientras subían a un quinto piso con el ascensor.

    Álvaro se había acicalado su barba blanca y la cabellera leonina, caminaba con paso largo tras el renqueante decano. El decano pulso el timbre y les abrió un chico con pantalón estrecho, sin camiseta y con arnés en el pecho. Entraron, el recinto era un piso enorme, las luces eran cálidas y la música relajante. Pasaron delante de ellos dos hombre más, muy afeminados. Al fondo del piso fueron recibidos por el promotor, un hombre de mediana edad, con bigote y aspecto rudo pero afable. Les invitó a sentarse y tomar un whisky.

    — Rebosa masculinidad, se palpa un ambiente sugerente — dijo Álvaro.

    — Sí, lo he escogido para ti — contesto el decano.

    El decano se levantó y dirigió al promotor, el cual hablaba con los dos chicos que antes pasaron ante ellos.

    — Ahora estaba diciendo a los chicos que es un honor tener a su amigo, uno de los grandes fornicadores pese a su edad.

    — La verdad es que sí, ha partido mucho culo, rebosa energía y como veras es elegante, por eso quería algo especial, como te dije.

    — Tengo un chaval exótico y aún con el culo cerrado, solo ha practicado mamadas, pajeado y eso. Ha venido hace poco, apenas veinte años. Podéis ir al reservado, pronto lo veréis, espero lo disfrutéis — dijo guiñando un ojo.

    Pasaron al reservado, era espacioso, con un gran sofá cama, olía a limpio. No tardó en entrar un chico de rasgos occidentales, bajito y de aspecto andrógino, por vestimenta solo llevaba una camiseta y unos slips. Con una voz aflautada les dijo si querían tomar algo, pidieron ambos whiskys.

    — ¿Qué te parece Álvaro?

    — Algo frágil, pero es de carne fresca, digamos

    — Me han asegurado que no le han metido nunca rabo. Quiero que lo disfrutes.

    —¿Y tú? No lo vas a…

    — Mi operación… ya sabes, me gustará saber que lo has gozado.

    — Detalle de tu parte, aunque puedes verlo por ti mismo, sabes que no me siento intimidado ante espectadores, hago lo que tenga que hacer sin ningún rubor, y lo sabes…, es más, el chaval me pone, ya llevo rabo al rojo vivo — dijo Álvaro sin establecer ninguna linea de corrección en cuanto al lenguaje.

    Entró con sendos whiskys, su paso era de pajarito, amanerado y resultaba cursi, apretaba el culo y extendía la mano al servirles como una camarera barata en su primer día de trabajo. Se pusieron a beber, Álvaro le dijo que se acercara y se sentara sobre sus piernas. Actuó con naturalidad y bajo el culo hasta descansar sobre las piernas de Álvaro.

    — Eres audaz la verdad, chaval, no me importa cual sea tu nombre, pero sabes estar y mantenerte. ¿Eres gay de convicción? No, supongo que es curiosidad, a tu edad, aún siendo jóvenes lo tienen claro — dijo solemne Álvaro.

    — Si… si, no entiendo mucho… pero me molan los tíos, la verdad es que he hecho no muchas cositas, como pajitas, mamaditas, uste ja sa… sabe…

    Álvaro y el decano se miraron con media sonrisa de complicidad y Álvaro dijo:

    — Procedo.

    — Un honor poder contemplarlo — dijo el decano.

    Se apartaron otra del sofá en su parte más larga donde quedaba terreno, como una cama grande, Álvaro se lo sentó en sus piernas otra vez.

    — Tiene uste el pelo y la barba muy blancos — dijo el chaval.

    — Saca la lengua — dijo Álvaro con ojos voraces.

    Sacó la lengua y Álvaro la succionó con su boca, al mismo tiempo que iba al bulto del slip.

    — Llevas polla envarada, chico.

    — Es lo que me pasa cuando estoy con chicos… no sé…

    Álvaro le comió la boca al chaval ardientemente, chupones, saliva, besos a presión, el joven correspondía.

    — Quítate la ropa, dijo Álvaro, mientras él se desnudaba, quedando un pecho velludo cano y un pene de considerables dimensiones rodeado de una mata de vello púbico blanco. Por su parte el joven se desnudo de forma fácil, solo su camiseta y el slip, tras el cual salto un pene de no muchas dimensiones erecto en su totalidad.

    — Tiene uste una gran polla, nunca había visto una tan grandota.

    — Supongo que no es la mejor para un desvirgamiento, pero una buena maricona nunca olvida su primera enculada, te quedará marcada, sé de lo que hablo, pero, es inolvidable. Sabrás lo que es ser desvirgado por un activo dominante.

    — Sí, señor… es… no…

    — Ponte en cuatro patitas y te cotejo ya…

    Obediente se puso a cuatro patas, fue masajeado, piernas, espalda, para al final abrirle las nalgas y besuquear los lados anales, succionó testículos y al final le metió lengua en el ano todo lo profundo que pudo; el chaval gozaba, ronroneaba de gozo. Álvaro, le hizo mamada también en su parte trasera con la polla tensionada, metió dedo en su zona anal y dijo al chaval:

    — Muy cerrado, busca vaselina, es un desvirgamiento con todas las de la ley — dijo de manera excitada y apasionada.

    El decano fue al baño y todo estaba preparado, encontró la vaselina ( de marca) bien a la vista, la llevo a Álvaro, el cual embadurno la entrada anal y metió dedo, mientras decía:

    — Hagamos el 69

    — ¿Qué es eso?

    — Uno encima de otra chupando ambas pollas, es hora de que me comas rabo, mientras te dilato.

    Y así transcurrió, el joven arriba mamando polla que no podía abarcar y Álvaro metiendo dedo en zona anal previamente envaselinada. Un dedo, dos dedos, intento tres, no abarcaba. Se impaciento, sus ojos estaban fuera de órbita y ya lo posicionó en postura perrito. Alineó el glande y lo entró, quejidos del chaval, se impacientaba Álvaro. Puso más vaselina y atacó en 5 cms de polla; gran berrido por parte del chaval (estaba en erección el chaval). Volvió a coger posición y atacó con ligera embestida, hubo aullidos. Álvaro estaba entre el deseo y las ganas. Tocaron a la puerta, el decano acudió:

    — ¿Todo bien? o

    — Sí, no hay problema, hay más gente por el tugurio, pregunto.

    — No, le respondieron, tiene barra libre.

    El decano hizo gesto de aprobación a Álvaro, el cual embistió a fondo tras un largo y berreante grito del chico, se la había clavado hasta el fondo. Aguanto la posición con respiración profunda por parte del joven y volvió a atacar en bombeo uniforme, ágil y veloz. A grito pelado aullaba el joven. El decano tenía su polla fuera y se masturbaba. Álvaro estaba fuera de sí, embestía como un león y gritaba “hijo puta” “ya la tienes toda” “aprovechala” “eres cerrado de cojones” “ te ha tocado, hijoputa”. Al mismo tiempo le pegaba en las nalgas se las abría, estaban rojas de cachetazos. Vino el orgasmo y se corrió dentro del ano, un suspiro largo y estridente, el chaval, había lefado también. Quedaron tendidos, el decano tenía sobre su barriga la lefa de su paja. El chaval quedo exahusto, era un ser sin peso, abierto su culo y lleno de de semen. Como norma Álejandro le comió en culo donde había dejado su lefa, recogió algo y lo morreó acto seguido.

    — Ya eres una maricona, sabes — le dijo Álvaro.

    Se levantó Álvaro, echo una soberana meada en el baño y le dijo decano que ya era hora de dejar la plebe analfabeta y volver al mundo actual.

    A la mañana siguiente Álvaro era informado que era abuelo una vez más, siendo despedido efusivamente por la familia del decano. A continuación fue al mostrador de quejas del aeropuerto por la falta de información en cuanto a maletas y pasajes, dejando claro ante el encargado que si creía oportuno al llegar a su país tendrían la correspondiente denuncia.

     

  • Mi fiesta de cumpleaños

    Mi fiesta de cumpleaños

    Ese cumpleaños fue muy bueno e inolvidable, ya me la había pasado celebrando y terminé en mi casa con dos de mis mejores amigas sexuales Cindy y Eli.

    Estábamos tomando y bailando nos acariciábamos entre juego y juego las miradas picaras de los tres acompañadas de risas y toqueteos.

    Subimos a mi recamara, yo sabia que venia lo bueno, fui al baño a preparar mi verga y al salir vaya sorpresa! Eli y Cindy se estaban besando pasionalmente, ambas me miraban y sonreían mientras se comian los labios.

    Yo observé el acto, ambas tenían minivestidos por lo que sus manos comenzaron a acariciarse la piel, Eli le bajó el vestido de la parte de las tetas y comenzó a chuparsela, Cindy me sonreia, después de un solo movimiento Cindy le quitó el vestido a Eli dejándola con bra y tanguita.

    Eli se acostó y Cindy la comenzó a besar desde los pies hasta llegar a su boca, yo entré en acción quitandole el vestido a Cindy, le baje la tanga mientras ella se la quitaba a Eli, comence a lamerle su conchita a Cindy mientras Eli gemia de las mamadas que recibía de parte de Cindy.

    Ellas se acomodaron en un 69, se lamían sus conchas mientras yo me desnudaba al verme desnudo ambas se acomodaron para mamar mi verga, las lenguas húmedas de ellas lamían mi tronco y chupaban la cabeza, yo metia mis dedos en sus húmedas vaginas, los labios de ellas.

    (L) MMMM Aasiiii

    (E) Sabrosooo

    (C) Que rico pito Luis

    Yo me acoste en la cama, Eli se dirigio a mi cara y me puso su concha mientras Cindy me mamaba la verga, mi lengua jugaba con el clitoris de Eli, la morenita jadeaba y se movia Cindy se comia mi verga, la morenita se acomodo como si fuera un 69 y comenzó a mamarme la verga mientras se besaba con ella.

    Cindy se subio y dejo caerse en mi verga mientras Eli mamaba mi verga y la conchita de Cindy, ella empezaba a cabalgar yo mamaba la concha de la morenita ellas se besaban y Eli mamaba las tetas de ella, cambiamos ahora Eli me cabalgaba y Cindy mamaba las tetas y me ponia su conchita en mi cara para comermela.

    (E) Ahhhh que ricooo

    (C) Me encantaaan

    (L) Asii nenas asi

    Las puse en cuatro, mientras se la metia a Eli mis dedos entraban en Cindy, ellas movian sus caderas yo penetraba a ambas con fuerza, las dos mas ricas que eh conocido estaban siendo comidas por mi, cambie ahora era Cindy quien recibia mi verga y Eli mis dedos.

    (C) Ahhhh Luisss

    (E) Ahhh papiiii asi

    (L) Son las mejores

    Eli se acosto y abrio las piernas, Cindy se le subio encima de ta forma que sus conchas rosaban, comenzaron a rasparse deliciosamente, yo comence a meter mi verga en medio de las dos de tal forma que con cada movimiento penetrara a ambas.

    (L) AGHHH ESTOY EN EL CIELOOO

    (C) Aghhhh me encatass coganmeee

    (E) Uff ahhh chicos me matan

    Nos movimos rapidamente los tres jadeábamos y gritábamos, ellas se besaban mientras yo seguia metiendo y sacando hasta que nos venimos juntos sus liquidos se mezclaban y ambas recibian mi leche

    (L) Ahhhh nenaaaasss aghhh

    (E)Ahhhh¡ asiiii¡

    (C) Uff que ricoo me encanta esa sensacion ahhh

    Me recoste mientras ellas limpiaban mi verga con su boca, se besaban muy rico, cogimos un par de veces mas casi hasta el amanecer, ya en la mañana nos despedimos y prometimos hacerlo nuevamente.

  • Mariela (Final)

    Mariela (Final)

    3.

    Descansamos unos 15 minutos, en lo que nos tomábamos una bebida. La mejor cerveza que he probado ha sido después de una ardua sesión de sexo. La degusté al mismo tiempo que Mariela y su esposo tomaban sendos vasos de tequila preparada. Ella permanecía desnuda recostada en toda la extensión de la cama y su esposa la acariciaba con ternura como cuidando su mas preciado tesoro.

    El tesoro de Mariela, todavía escurriendo mi semen por su entrepierna se veía apetitoso de nuevo y mi verga empezaba de nuevo a dar señales de vida. Me acerqué y me senté en el borde la cama acariciando sus piernas también. Habiamos comenzado bromeando y en algún punto, la broma derivó a que a ella le gustaba que la encularan salvajemente. La verdad es que el sexo anal no es algo que me atraiga sobremanera ya que considero que es mucho más apetecible una vagina con un sabor de hembra caliente, que un culo, aunque se trate de uno como el de esa belleza que reposaba en mi cama.

    Acerqué mi rostro al de ella y le planté un beso húmedo y lleno de pasión. Ella me correspondió con la misma intensidad y me rodeó con sus brazos. Nuestras lenguas se hallaron en medio del beso y se tocaron en un frenesí calenturiento. Recorrí las paredes de su boca con mi lengua vigorosamente y pronto mis manos tocaron sus senos pequeños pero sexys. Endiabladamente sexys. La apretujé un poco mas de lo debido y abrió la boca dentro de la mía para dar un gritito, pero no se quitó por lo que seguí con mi cometido de seguir masajeando sus tetas. Mientras yo hacía esto, su marido se había animado finalmente a participar en nuestro juego y se plantó entre sus piernas para penetrarla. Con los restos de mi semen dentro de su rajita, fue fácil para el deslizarse por ese terreno ya explorado. Ella sintió el embate de la verga de su marido y dejó de besarme para poder gemir a gusto.

    Yo aproveché para empezar a comer sus tetas que tanto se me antojaban. Deslicé mi lengua por sus dos montes dejando un rastro húmedo de saliva en ambos. Luego tomé su pezón del seno izquierdo y le acaricié con la punta de mi lengua. Mariela gemía incontrolable de nuevo, no supe si por mis caricias en sus tetas o por el pedazo de verga que su marido le estaba penetrando en su rica vagina hinchada de tanto placer.

    Jugueteé con los pezones de uno a uno y luego los empecé a acariciar y a mordisquear levemente con mis dientes. Esto la puso a mil y empezó a gritar ya super caliente

    – Si, soy tu puta, chúpame las tetas así, méteme la verga mi amor, quiero mas verga, ven dámela corazón, aggg uff.

    El marido se salió de su dulce cuevita de pasión y, haciéndome a un lado, se la ofreció para que le diera una mamada. Ella, ni tarda ni perezosa, se puso en posición de perrito en una orilla de la cama y se la empezó a mamar como si no hubiera un mañana.

    Yo me puse detrás de ella, donde se me ofrecía su rajita mojada y escurriendo semen y in poco mas arriba, el culo, ignorado hasta entonces. Movido por el morbo y la curiosidad, apunté un poco mas arriba y empecé a presionar en la abertura de su ano. Ella dio un pequeño saltito al sentir la presión, pero una vez pasada la sorpresa, se movió hacia mi para facilitar la penetración. Tomé con mi mano un poco del semen que escurría de su vagina y lo puse en la entrada de su ano junto con una abundante ración de saliva. Me volví a posicionar detrás de ella y esta vez logré entrar en su hoyito trasero. Mi pene se sintió la presión en las paredes de su ano y sentí una descarga de placer recorrer todo mi cuerpo, era delicioso sentir esas paredes estrechas y la sensación de presión en todo el tronco de mi miembro dentro de ella.

    En este punto, su marido pujaba y hacía gestos de placer ante la rica mamada que estaba recibiendo de parte de su cachonda esposa. Desde donde estaba no podía apreciar a plenitud cómo se la tragaba, pero a juzgar por los gemidos del marido, estaba recibiendo un trato de reyes por decir lo menos.

    Ella empezó a tocarse su rajita, excitando su clítoris con su dedo mientras yo le daba por el culo; sus dedos se movían con furiosa rapidez en su pequeño botón rodeado de la espesa mata de vellos que lo cubría y se empezó a estremecer en el preámbulo de un nuevo orgasmo, y mi verga empezó también a hacerle segundo, anunciando la inminente llegada de una nueva venida cuando de pronto, tocaron a la puerta.

    En un par de segundos sopesé si seguía hasta venirme o atendía el llamado de la puerta y opté por lo segundo. Me salí de su culo y, poniéndome una bata de baño, me acerqué a entreabrir la puerta.

    Era un muchacho vestido de botones o asistente del hotel. Con cara de extrañeza, le pregunté por el motivo de su visita y me comentó que le habían reportado que había una fuga en el baño.

    De pronto recordé al muchacho anterior, a quien le había dicho que mandara traer ayuda y lo dejé pasar. Era un muchacho mas corpulento que el otro, pero un poco mas desaliñado, y por qué no decirlo, bastante más feo que el anterior. En su plaquita de identificación decía simplemente Manuel y parecía entusiasmado por las aventuras que seguramente su amigo ya le habría contado.

    4

    Con una mirada tímida, Manuel entró en la habitación oteando hacia adentro, donde Mariela se había puesto boca arriba pero aún con las piernas abiertas, ofreciendo una panorámica exquisita de su rajita peluda y de su culo recién explorado por mí. Miraba con curiosidad al muchacho mientras le acariciaba la verga a su marido con suavidad.

    – ¿Dónde está la fuga, señor? – Preguntó sin dejar de mirar la entrepierna de Mariela.

    – Creo que está aquí. – Dije acercándome a la cama y señalando la vagina de la chica, que aun tenía unos hilos del semen que había dejado yo unos minutos antes.

    – No entiendo…

    – ¿Qué crees que puedas hacer al respecto? – Le dije mientras recorría la cama para quedar a espaldas de Mariela.

    – Es que no sé…

    – ¿No se te antoja? – Le dije apremiándolo. El muchacho se acercó a Mariela y le acarició la pierna. Ella le dedicó una sonrisa y un guiño provocador que hizo que el joven se envalentonara más aun.

    – No te preocupes, nadie va a decir nada acá. – Dijo el marido finalmente. Casi no había participado en la plática pero, supuse que se estaba desesperando ante la timidez de Manuel.

    Mientras el muchacho se animaba, tomé la cabeza de Mariela y la giré hacia atrás, quitándome la bata que me había puesto. Ella abrió la boca entendiendo mis intenciones y se la metí simulando el movimiento como si me la estuviera cogiendo, a la vez que seguía masturbando a su marido con su mano derecha.

    Manuel se animó y se bajó el pantalón hincando su rodilla en la cama para acercarse a Mariela. Cuando lo hizo, me sorprendió el tamaño de su instrumento. Era gordo y largo con el glande completamente cubierto, como los que de pronto aparecen en las películas porno. De verdad era una verga enorme y tanto el esposo de Mariela y yo nos volteamos a ver, aunque los dos guardamos silencio y volteamos a ver la cara que pondría Mariela al sentir semejante animal dentro de ella.

    Acto seguido, Manuel se plantó en medio de sus piernas y enfiló su enorme verga a la vagina de la chica. Al sentir el glande y una parte del tronco entrar en su hoyo ya humedecido por tanto jugo, semen y saliva, Mariela dio un pequeño brinco y se sacó mi pene de su boca por un momento.

    – Ay cabgon, qué gica vegga. – Dijo atragantándose con su saliva. – Yo la volví a tomar por la cabeza para que me la siguiera chupando. Estaba a punto de venirme y me dolían ya los huevos, esperando que los liberara de su sufrimiento pero el tamaño de la verga de Manuel había captado mi atención y había dejado de enfocarme en mi placer por un momento.

    En un momento, solo se escuchaban los ruidos de la mamada, la masturbación y el ariete de Manuel entrando en Mariela, junto con los gruñidos del esposo y un poco después de Manuel que aceleró su movimiento, penetrando mas profundamente a Mariela ante el beneplácito de esta.

    Resoplando afanosamente, el esposo de Mariela, dijo:

    – Vamos muchacho, creo que ese culo está muy desatendido, ¿porqué no le das un poco de verga?

    Los ojos de Mariela se abrieron y voltearon a ver a su marido, no supe si de sorpresa o de excitación. Lo cierto es que Manuel, obedientemente, se salió de la rajita de Mariela y, levantándole un poco las piernas, le metió la punta de su pene con lo que ella dio un pequeño gritito. Quitándose mi verga de la boca, grito con voz ronca cargada de excitación

    – Si cabrón, dame por el culo, Toooda, ya, anda. – Incorporándose para tratar de ver el tamaño de Manuel, quien ni tardo ni perezoso, se acomodó y terminó de encularla.

    Mariela hizo un rictus de dolor mezclado con satisfacción, pero aguantó estoicamente la estocada de Manuel, retorciéndose en la cama. Empezó a gemir al sentirla y abandonó definitivamente mi verga. No me quedó mas remedio que seguir jalándomela yo solo viendo aquella excitante película porno en 4D.

    – ¿Te gusta que te la meta por el culo? – Dijo Manuel ante nuestra sorpresa. Era dueño de la situación y Mariela se contorsionaba como una serpiente en fuga gimiendo ante los embates de la verga masiva en su culo. En un punto, el joven se la logró meter por completo y la estuvo cogiendo durante unos cinco minutos. El esposo y yo nos quedamos como espectadores mudos al ver a la pareja profundamente unidos tanto en sus sexos como en el ritmo de sus gemidos y el mete saca del feo muchacho dentro de nuestra caliente zorrita.

    Sin decir “agua va” Mariela dio un nuevo alarido y se tensó hacia arriba cerrando fuertemente sus ojos. De su rajita empezó a correr un chorro de sus jugos, que fueron a caer justo en el chaleco que todavía portaba Manuel.

    – Ay cabrón, me vengo, me vengo, qué rico, así cogemeeee, asii, ayyyy. – Siguió diciendo ante el incontenible chorro que salía de su interior. Era tanta la emoción que le producía ese momento que por su mejilla escurrió una lagrima hasta perderse en la almohada que tenía bajo su cabeza.

    Manuel siguió cogiéndola un par de minutos mas hasta que estalló dentro de ella, rugiéndo como un poseido al sentir la proximidad de su orgasmo.

    – Ayy puta, me vengo, ayy que rico culo tienessss. – Dijo al venirse.

    Mariela se levantó y prácticamente se abalanzó para tragarse aquel monumental pedazo de carne que le diera tanto placer y, sin contemplaciones, se lo metió en su boca hasta donde pudo.

    Estaba sudorosa por el esfuerzo, en la posición de perrito, tenía su cola y su rajita volteadas hacia nosotros y su culo aún seguía abierto después de haber sido penetrado por Manuel, y su leche escurría de manera copiosa, resbalando por el perineo hasta mojar de nuevo su peluda vagina.

    La tentación fue muy fuerte y me puse detrás de ella para darle por su rajita. No tenía intenciones de competir contra la sensación que le había provocado el enorme cipote de Manuel así que me contenté con el premio menor, que me recibió con regocijo. Su marido se dio la vuelta y ella cogió su pene para masturbarle mientras se la seguía comiendo a Manuel, que increíblemente, ya se había recuperado casi hasta su tamaño normal.

    Ahí estábamos casi a la 1 de la mañana con una chica deliciosa dándole placer a tres vergas a su disposición. Mientras lo pensaba, me imaginé que si hubiera estado el otro botones, todavía le hubiera podido dar al menos una buena jalada como a su marido. Era una escena endemoniadamente erótica y aunque Mariela estaba de espaldas a mi, podía adivinar su cara de puta mientras degustaba aquel pedazo de verga a su disposición.

    Mi pene empezó a hincharse dentro de ella ante la inminente llegada de un nuevo orgasmo de mi parte. Apuré el paso, deseoso de venirme en esa cuevita húmeda, pero Manuel empezó a resoplar ruidosamente y Mariela, se separó de mi, se sacó la verga de Manuel de su boca y la abrió para que el muchacho se viniera encima de ella. Adivinando su intención, el joven se vino con un grito igual de gutural que la primera vez y una andanada de semen cayó en la cara, los ojos, el cuello de Mariela mientras ella sacaba la lengua para tratar de capturar algo de su corrida en su boca. Yo me subí hincado a la cama y, blandiendo mi verga con mi mano, la apunté hacia su cara también y mi copiosa corrida cayó limpiamente en su boca y en la zona alrededor de sus labios. A mi lado, su esposo empezó a gesticular y, apuradamente me quité a tiempo para que su propia venida, cayera en las tetas y el abdomen de su esposa. En un santiamén, estaba cubierta por completo de semen con tres miembros flácidos y agotados a su alrededor, goteando leche como recordatorio de la increíble escena de sexo que acababan de protagonizar.

    Mariela se empezó a esparcir el semen por todo su cuerpo y puso una abundante cantidad en sus manos para acariciar su clítoris y sus labios vaginales con ella.

    Yo me acerqué a ella, y limpiando una de sus tetas con la cobija, le empecé a chupar sus pezones, mordiéndolos como había notado que le gustaba. Su marido me hizo segunda con la otra teta y, Manuel, no queriendo quedarse atrás, le empezó a meter un dedo en el culo.

    – Ay si cabrones, así, ayy me gusta, dame dedo, asii, soy una putaaa, ay

    Empezó a gritar de nueva cuenta. Su calentura me hizo perder la compostura y le di un tremendo chupete en su teta. La sentí revolverse debajo de mi, y cuando se puso tensa de nuevo, me retiré para ver de nueva cuenta su rostro en éxtasis al sentir una nueva oleada de placer recorrer su cuerpo.

    Finalmente se derrumbó en la cama con los ojos cerrados y una expresión de relajación en su rostro. Su cuerpo seguía empapado de semen, y estaba sudorosa, con el pelo revuelto y una gran mancha cárdena en la parte superior de su seno, pero seguía siendo un poema exquisitamente erótico.

    – ¿Quieres dormirte, corazón o te quieres ir? – Le dijo el esposo acariciando su empapado cabello.

    – Si no le molesta a Jorge… – respondió ella suavemente aun con los ojos cerrados.

    – No me molesta. – Dije ya sin ánimo de corregirle por mi nombre.

    – Genial. Muchas gracias, Jaime. Eres un encanto. – Dijo finalmente abriendo los ojos y guiñándome mientras se acomodaba en medio de la cama. Yo me acosté junto a ella y su marido del lado opuesto. Volteó a verme y acercó su boca a la mía. No me importó que tuviera restos de semen aun en su cara y la besé con pasión, aun con todo ese beso me supo a gloria.

    – Hace tiempo que no hacemos un trío al despertarnos. Veremos qué pasa mañana – Dijo cerrando los ojos.

    Y abrazándome con ternura se quedó profundamente dormida.

    Dark Knight ([email protected])

  • Mi querida suegra (Parte 1)

    Mi querida suegra (Parte 1)

    Comenzaré mi relato contándoles un poco antes de el gran día, ya llevo un buen tiempo saliendo con mi novia, casi 7 años, así que mi relación con mi suegra es muy buena, ella es una mujer madura de 45 años morenita algo llenita pero con un hermoso culo el cual le heredó a la hija, ella es viuda y actualmente tiene una pareja pero al parecer no la satisface en ningún aspecto.

    Para contarles bien lo sudedio les contaré como fue que empece a fijarme en ella, un día estábamos su hija y yo en la sala viendo TV, en eso me dieron ganas de ir al baño, estando en el baño comienzo a hacer lo mio, y de repente miro ahí en una repisa una bola de ropa y saliendo algo de encaje, me acerco e inspeccionó al parecer mi suegra no tenia mucho que había salido de bañarse y dejó su ropa en el baño, al desenvolver si ahí estaban unos calzones muy muy sexys de encaje, en ese momento mi mente empezó a imaginar un sin fin de cosas las tenia en mi mano y sin pensarlo las lleve a mi nariz, la verga se me puso al 100 tenían un olor exquisito incluso estaban mojadas, y sin dudarlo empecé a jalarmela, recordando ese culo de esa señora era la primera vez que fantaseaba con mi suegra, me vine como no tienen idea y si los manche no se me ocurrió nada más que dejarlos casi como estaban y salir como si nada pasara, salí del baño y regrese a la sala nadie noto nada, empecé a tranquilizarme, pero cuando menos vi mi suegra entraba al baño por su ropa y si salió con ella, yo me puse pálido pues si los habia dejado muy manchados, ese día puse excusas para irme temprano a casa, y esa noche tenía miedo de que ella se diera cuenta de lo que hice y me expusiera con mi novia pero a la vez también me exitaba mucho el pensar en esos calzones y en ese culo me volví a jalar el ganzo como loco esa noche.

    Hasta ahí todo parecía normal al parecer no se dio cuenta de lo que hice, pero ahora cada vez que llegaba ya la miraba, ya no la veía como antes como mi suegra, sino como una mujer que me quería comer, a veces le miraba el culo cuando cocinaba y ponía pretexto de ayudarle para poder verle, siempre con precaución de que no lo notarán su pareja y su hija, incluso dos veces aproveche para rozarla haciendolo paracer un accidente, lo que nunca me di cuenta hasta el día que sucedió lo mejor, es que ahora casualmente siempre que iba yo justo a la hora que llegaba se metía a bañar y simpre casi diario dejaba su calzones en el baño, con lo cual siempre aprovechaba para ir olerlos y venirme en esos calzones que creo ya conozco todos.

    Esto siguió así y mi obsesión empezaba a crecer, yo estaba bien con su hija como les había contado ella también tiene un buen culo pero esta obsecion era de esas sexosas, mi obsecion por una mujer madura….

    Un día cuando mi suegra estaba a punto de meterse a bañar se me ocurrió ir y dejar mi celular para grabarla mientras se bañaba, ya había bajado una aplicación en caso de que lo encontrara no se diera cuenta que la estaba grabando y fingir que se me olvido, lo deje escondido y sali a la sala con mi novia, fueron los 30 minutos más largos de mi vida, yo pensando y si lo ve y si se da cuenta y le dice a su hija, por fin oí la puerta yo corrí al baño cerré pause la grabación y guarde el celular, espere y cuando alzó la mirada otro calzoncito ahí en la regadera a pesar del miedo y todo se me puso al 100 y como de costumbre los dejé llenos de leche, salí con mi novia y me pregunto te sientes mal vi que corriste al baño, yo aproveche y le dije que si que mejor me iba a mi casa y después nos veíamos, llegue rápido a mi casa y en mi cuarto comencé a ver ese video, no podía creer lo que veía que cuerpo y hasta parecía que posaba y que hacía esos movimientos a la cámara, como si supiera que la estaban grabando, lo pensé pero dije no estas loco, segui disfrutando del video, otra vez me quedé seco…

    Continuará…

    @3lVaQuero

     

  • Vacaciones con mis amigos y mi novia (Parte 2)

    Vacaciones con mis amigos y mi novia (Parte 2)

    El primer día estuvimos todos en la alberca, Gerardo y yo preparamos la carne mientras los demás brincaban a la alberca y se lanzaban agua. Intentaba relajarme, pero lo que había pasado aun me preocupaba. Miraba a Jimena en su bikini azul marino, recordaba como hacia unas horas atrás ella nos había visto a mí y a Ori mientras teníamos sexo. Desde luego que mi novia no sabía nada, pero me preocupaba lo que había pasado. Había deseado tanto a Jimena en ese momento. Intentaba decirle con la mirada que necesitábamos hablar, pero ella ni siquiera me prestaba atención, chapoteaba en el agua con Mishel y Gina, sin ninguna preocupación. Tendría que hablar con ella cuando estuviera a solas.

    La carne estaba casi lista y las cervezas casi se habían acabado. Deje a Gerardo a cargo de la carne mientras iba al refrigerador por más alcohol, cuando lo abrí me sorprendí que ya casi no hubiera tampoco, necesitábamos ir por más después.

    Tome un par ya que no quería que se acabaran y cuando me di la vuelta Jimena estaba en la entrada de la cocina, toda mojada. Su súbita aparición casi me hizo soltar las cervezas y ella sólo se rio.

    —Parece que viste un fantasma.

    —No, no… sólo que… me espantaste.

    —Claro —dijo mirándome y luego a las cervezas—. Yo ya no voy a querer, de hecho vine por un refresco.

    —Sí, sí. Claro —contesté haciéndome a un lado para que abriera la puerta.

    Ella se inclinó, dejándome ver su espalda empapada y su cabello mojado. Me le quede viendo tanto tiempo, pensando en todo. Su espalda también tenía unos cuantos lunares y tenía ligeramente el traje de baño marcado en su piel…No, debía de dejar de pensar en eso.

    —¿Todo bien? —preguntó levantándose y abriendo su refresco.

    —¿Qué? Sí, sí. Tengo mucho en que pensar.

    —¿Es acerca de Ori? —dijo tomando un sorbo.

    —No, bueno sí, algo así.

    —Creo que deberían terminar

    Su comentario me dejo de piedra y sin poder hablar.

    —Créeme, he sido su amiga mucho tiempo y… bueno, a veces se pone un poco loca con las relaciones. Se apega mucho y suele ser controladora, incluso ha llegado a manipular a sus novios.

    —Sí, ya lo creo que sí —en realidad esa forma de pensar ya lo tenía desde hace meses atrás. Comenzaba a molestarme la actitud de Oriana en muchas cosas, quería que hiciéramos todo juntos, casi no le gustaba que saliera con nadie que no fuera ella y prácticamente era muy dependiente de mí y comenzaba a hacerme daño…

    Un segundo.

    —Espera, ¿por qué me dices esto? —pregunte sorprendido.

    Jimena sólo levantó los hombros.

    —Me caes bien. Sí, quizá Ori es mi amiga, pero a veces también ha llegado a molestarme un poco.

    —¿No lo dices por lo que paso?

    Ella me miró como si no supiera de lo que hablaba.

    —¿Qué?

    —Lo de hace rato, cuando tú…ya sabes.

    —La verdad no sé de qué estás hablando.

    Cerró la puerta del refrigerador y se dio la vuelta para irse pero yo la tome del brazo para detenerla.

    —Nos viste —le dije en un susurro—. A Ori y a mí mientras lo hacíamos.

    Ella se quedó callada unos momentos, luego sonrió y contestó.

    —En serio, no sé a qué te refieres.

    La solté más sorpresa que por creerle. Jimena sólo le dio otro sorbo a su refresco y salió de la cocina. Sin poder evitarlo la mire, su traje de baño se había metido entre sus piernas, dejando ver su trasero por completo, con su dedo índice se ajustó la braga sin dejar de caminar. Yo me quede parado sin saber qué pensar. Estaba seguro que no lo había imaginado, sabía que ella nos miró, se masturbó frente a nosotros y se había escabullido antes de que Ori la descubriera. ¿Por qué lo negaba? ¿Qué clase de juego era ese? ¿Y acaso se acomodó su traje de baño porque sabía que la miraba?

    En ese momento Alex entró, preguntándome donde estaban los platos para la carne. Regresando a la realidad lo ayude a preparar la mesa de afuera.

    El resto del día intente relajarme, aunque me costó mucho trabajo. Seguía pensando lo que me dijo Jimena y trataba de descubrir algo en su mirada que me diera alguna pista, pero quizá incluso había imaginado el coqueteo que me estaba haciendo cuando nos conocimos. Quizá si lo había imaginado todo.

    Para la noche decidimos irnos a comer a un restaurante y dar un paseo a uno de los parques de la ciudad. Había bastante actividad, pues habían puesto una pequeña feria regional, de esas que tienen unos cuantos juegos mecánicos pequeños y juegos de destreza. Fue una noche bastante divertida, aunque hubo unas cuantas excepciones. Ori me jalaba a juegos que no me gustaban y se quejó cuando me subí con Mishel a las tazas locas, a pesar de que ella se mareaba con facilidad y terminaba vomitando. Incluso en un juego de destreza llegue a ganar dos peluches, de los cuales le di uno a Ori y otro a Valeria. Minutos después, mi novia me había separado del grupo para discutir del por qué le había regalado el otro peluche a Valeria, lo cual terminó en ella ignorándome por completo cerca de una hora y sin querer subirse a nada más.

    Cuando regresamos ella se fue directamente a dormir, sin darme la oportunidad de poder hablar sobre lo que había pasado, incluso en la noche alcance a oírla llorar.

    Las cosas mejoraron en la mañana, decidí sorprenderla con un desayuno en la cama. Cuando llegue a la cocina me encontré a Gerardo haciendo exactamente lo mismo que yo planeaba.

    —Buenos días —me saludó.

    —¿Qué hay?

    —¿Huevos? —me preguntó levantando el tazón donde los estaba batiendo.

    —No, gracias. Le hare un sándwich a Ori y de paso me hare uno.

    —Ahhh, el viejo truco de hacerle el desayuno, se enojó mucho anoche ¿no?

    —No tienes idea —respondí buscando los ingredientes para preparar el sándwich y note de nueva cuenta que se estaba acabando nuestros alimentos—. ¿Y tú? ¿Qué intentas enmendar?

    —No, esto es una recompensa para Mishel. Anoche estuvimos haciéndolo como locos y vaya que se esforzó.

    —¿Lo hicieron en la tarde y todavía en la noche? Vaya, que aguante —comenté mientras colocaba el pan en la tostadora para que se dorara un poco.

    —Oye, si tienes una novia tan buena como la mía tienes que aprovechar. ¿Qué me dices de ti y de Ori? ¿Lo hacen muy seguido?

    —Ammmm, pues sí, algo —respondí cruzándome de brazos y recargándome en la barra.

    —Déjame decirte que ella tiene buen cuerpo también —dijo comenzando a freír los huevos—. Y es bastante bonita también.

    Por alguna razón me daba la impresión que a Gerardo le gustaba mi novia, inesperadamente, no sentí celos.

    —Sí, lo es. Y también Mishel, también es…atractiva.

    —Lo sé —me dijo y me giñó un ojo—. Oye, ¿tenemos planes para hoy?

    —Pues…—dije mirando el refrigerador—. Necesitamos ir por más comida, no compramos la suficiente cuando venimos para acá.

    —¿Te puedo proponer algo? —me preguntó sirviendo los huevos en un plato y poniéndoles un poco de sal y pimienta—. ¿Qué tal si los demás van por las compras y tú, yo, Mishel y Ori nos quedamos a platicar?

    —¿Platicar?

    —Sí, Mishel y ella son buenas amigas desde hace años, pero tú y yo apenas y hablamos. Si nuestras novias son amigas no veo por qué nosotros no podemos serlo.

    Considere su propuesta por unos momentos. Tenía razón, de todos en la casa, casi no sabía nada ni de él ni Mishel, tampoco sabía nada de Jimena pero eso era porque apenas la acababa de conocerla. Su propuesta se me hizo interesante y accedí.

    —Excelente, le iré a decir a Mishel, justo ahora —respondió con una sonrisa y llevándose el desayuno con él.

    Regrese a mi cuarto con el desayuno de Ori, lo cual la puso de mejor humor que la noche pasada, pero decayó un poco en cuanto le dije la propuesta de Gerardo. Sentí que me quería decir algo, pero no encontró las palabras para decírmelo.

    Cuando los demás despertaron, nos reunimos todos para desayunar, salvo Ori y Mishel, quienes al ya haber desayunado, se fueron a la sala a hablar. Mientras comía, miraba a mi novia y a su amiga, parecían discutir de algo, desde mi punto de vista Ori intentaba convencerla de algo, pareció tomarle mucho tiempo, pero al final pareció hacerlo. No sabía que era, pero en cuanto terminaron de hablar Mishel habló con Gerardo, quien mostró una cara de decepción al hablar con ella.

    Quería preguntar qué había pasado, pero sentía que no era de mi incumbencia.

    Para medio día hable con Alex, Gina, Valeria y Jimena para explicarles cómo podían llegar al supermercado más cercano, salvo que estaba algo lejos. Tardamos cerca de media hora en tener una lista de todo lo que necesitamos ya que cada uno agregaba cosas a la lista para hacer nuestro viaje más ameno.

    Cuando los cuatro se fueron, Gerardo, Mishel, Ori y yo nos sentamos en la mesa principal. Los hombres de un lado y nuestras novias frente a nosotros. Comenzamos a hablar y aprendí muchas cosas de ambos. Llevaban dos años juntos y eran la primera pareja abierta que tenía cada uno. Mishel trabajaba en una televisora como secretaria y Gerardo llevaba un tiempo siendo manager en una agencia de publicidad. A Gerardo le gustaba el rock clásico y a Mishel el reguetón. Y ambos ya estaban planeando vivir juntos.

    —¿Pero saben lo que más me gusta de ella? —preguntó Gerardo—. Lo sexy que siempre se viste.

    —Ahora entiendo porque siempre quieres coger con ella —dije a modo de juego.

    Ori no se rio, pero Mishel y Gerardo sí. Pero debía admitir que Gerardo tenía razón. En esa ocasión Mishel llevaba un suéter de lana delgado el cual llevaba abierto para mostrar un crop top deportivo marca Calvin Klein y un short de tela bastante corto, todo en color negro. De nuevo alcanzaba a ver la orilla de su tatuaje, pero no podía discernir que era.

    —Digo, tampoco Ori se queda atrás —comentó Mishel—. También tiene lo suyo.

    —Ya, Mishel, que me pones roja —respondió mi novia poniéndose un poco roja.

    —Y nuestros chicos tampoco están mal —continuó Mishel ignorando a su amiga—. También son de buen ver.

    Gerardo y yo sonreímos, él me ofreció su puño y sin querer negárselo, lo choque.

    —Y yo sé lo que me chico tiene debajo de esa ropa, pero apuesto que el tuyo tampoco está tan mal —continuó Mishel

    —Mishel… —dijo Ori un poco nerviosa.

    —Tengo una idea, ¿qué tal si jugamos un juego?

    —Mishel… —dijo Ori tomándola del brazo.

    —¿Qué clase de juego? —pregunte con genuina curiosidad.

    En vez de contestar, Mishel se acercó a Ori y le susurró algo al oído. Ella esperó un poco antes de responder.

    —Vale, en ese caso está bien.

    Mishel sonrió y se levantó de su asiento para dirigirse a su cuarto. Aproveche para ver el resto de su atuendo, realmente el short que traía era muy corto, ni siquiera llegaba a la mitad de sus muslos y estaba demasiado pegado a su piel, dejando ver por completo sus piernas, para rematar, llevaba unos calcetines azul marino bastante cortos y unos tenis negros. Daba la sensación que estaba desnuda.

    —¿Todo bien, amor? —le pregunte a Ori alcanzando su mano.

    —Sí, todo bien —respondió ella con una ligera sonrisa.

    Creí que había visto algo en su mirada, pero antes de que pudiera contestar Mishel regresó con una baraja y tomó de nuevo su asiento.

    —Todos aquí sabemos jugar poquer ¿cierto? —todos asentimos y ella comenzó a barajar—. Muy bien, entonces no tengo que explicar el juego. Haremos un par de rondas, pero ¿qué les parece si le ponemos un poco de sabor a esto?

    —¿Quieres apostar dinero? —pregunte.

    —No. Haremos los siguiente —dijo repartiendo cinco cartas a casa uno—. El que pierda en cada ronda deberá de quitarse una prenda, pierde el primero que quede desnudo ¿Qué les parece?

    Abrí la boca por la sorpresa, sin saber que decir. Gerardo tomó sus cartas y miró a su novia.

    —Me gusta la idea —miró a ambos y me dio un golpe amistoso en el brazo—. Vamos, ya nos conocemos entre nosotros, hay confianza.

    —Es que…no lo sé —dije mirando a Ori, pero ella parecía un poco incomoda por la situación—. ¿Qué dices, amor?

    —Pues…—vi la duda en sus ojos unos momentos, pero luego tomó las cartas en la mesa y las observó—. Intentemos, quizá sea divertido.

    Me sorprendió que ella aceptara, pero si ella quería no le veía nada de malo. Por lo que tome mis cartas y comenzamos a jugar.

    Jugamos la versión sencilla del poquer: cinco cartas en la mano, cambiabas las que no querías y tratabas de formar alguna de las manos ganadoras.

    La primera en perder fue Mishel, tanto que decía que quería jugar como para ser la primera en perder. Pero se notaba que tenía experiencia en este juego, pues se quitó primero los tenis y los lanzó lejos. Gerardo se quejó, pues esperaba que perdiera algo más revelador, pero ella se defendió que así eran las reglas del juego. Las siguientes tres rondas tuve bastante suerte, logre ganar las tres, haciendo que Ori y Gerardo perdieran su calzado (en venganza por lo que había hecho Mishel) y este último perdió también la chamarra que traía puesta.

    Perdí los zapatos en la siguiente ronda y los calcetines después, pero lo compense al lograr que Mishel se quitara el suéter que traía y Gerardo se quitó el cinturón del pantalón. Después de que Ori también perdiera los calcetines, Mishel detuvo el reparto de la baraja y todos la miramos.

    —¿Qué les parece si ahora es el ganador el que decide lo que se quita el perdedor?

    Todos nos miramos, sin saber qué pensar. Estábamos en un punto de no retorno, pues lo que fuera que perdiéramos revelaría bastante, pero la adrenalina de ganar y la expectativa de lo que estaba pasando me hizo aceptar. Gerardo aceptó de inmediato y Ori poco después, un poco reservada.

    Las cartas se repartieron y en cuanto vi mi mano supe que iba a perder. Intente bluffear y hacer que los otros se retiraran, pero mi jugarreta no funcionó y vencieron mi mano, siendo Ori la ganadora.

    —Vale, entonces te debes quitar la playera, amor —me dijo bastante orgullosa de haber ganado.

    Sabiendo que no podía zafarme de esta, me levante y me quite la playera. Mishel se mordió el labio y me sonrió.

    —Vaya, vaya. Sí que te conseguiste un novio bastante bueno, Ori —dijo y rio.

    Creí que mi novia se enojaría con ella por el comentario, pero también rio y asintió.

    —Y mira que lo puedo tener así cuando yo quiera.

    Me senté en mi lugar con sorpresa pues Ori estaba dando señales de seguridad, y sólo había una razón por la que se ponía así. Quizá no era el único que la expectativa del juego lo había alterado.

    Siguiente ronda. Gerardo nos destrozó con un full, pero la que tenía peores cartas era Mishel.

    —Vale, amor —dijo Gerardo tomando un sorbo de la última cerveza que se había quedado en el refrigerador—. Afuera ese short.

    Mishel tan sólo sonrió y se levantó, pero en vez de sólo quitárselo hizo algo que me sorprendió. Nos dio la espalda y comenzó a mover su cuerpo de un lado a otro. Me quede hipnotizado al ver su trasero moverse de un lado a otro de forma lenta y rítmica. Tomó los bordes de su short y poco a poco lo fue bajando, dejando ver su ropa interior negra con encaje. Finalmente el short llego al suelo y lo lanzó con la punta del pie hasta el otro lado de la sala.

    Comencé a sentir calor y un poco excitado por la situación en general. Mira a Ori y ella parecía también un poco acalorada. No sabía lo que estaba pasando, pero me estaba gustando.

    Gane la siguiente ronda y le dije a Gerardo se quitara la playera para compensar lo que le había hecho a su novia. Él, a modo de juego, se quitó la playera como si fuera una especie de stripper, bailando ante las palmas de su novia, al final lanzó su playera a la cara de Mishel, quien la olió por un momento y luego la lanzó al piso riendo.

    Continuamos con el juego. Mishel volvió a ganar y lamentablemente Gerardo y Ori perdieron al no tener siquiera un par con el que defenderse. Por un momento creí que tomaría venganza contra su novia por quitarle el short, pero mi sorpresa fue grande cuando miró a Ori.

    —No te muevas.

    Mishel se levantó de su asiento y se colocó atrás de Ori, ella, sorprendida, colocó sus brazos a un lado, sin saber qué le iba a hacer su amiga. Mishel tomó los bordes de la playera de Ori y los fue levantando poco a poco, dejándonos ver su abdomen hasta llegar hasta revelar sus pechos enfundados en un brasier rosado. Sin aun quitarle la playera, Mishel junto un poco los pechos de mi novia para hacerlos parecer más grandes, Ori soltó un suspiro de gozo en respuesta. Por mi parte comenzaba a tener calor y a estar excitado. Mishel apretó una vez más sus pechos antes de finalmente quitarle la playera a Ori.

    —Vale, ¿seguimos? —dijo regresando a su asiento.

    La temperatura en el ambiente estaba aumentando y no sentía frío a pesar de que ya no tenía playera.

    En la siguiente ronda Gerardo me devolvió el favor y me hizo quitar los pantalones, dejándome sólo con mi calzoncillo. Mishel y Ori rieron en cuanto vieron la ligera erección que tenía y un poco avergonzado me volví a sentar lo más rápido que pude. Mi novia se vengó al ganar la siguiente ronda y hacer que Gerardo también perdiera el pantalón.

    —Amor, tú también estás igual —comentó Mishel al ver la erección de su novio. Se mordió la uña del pulgar, sonrió y rio un poco.

    —Tú me pones así —dijo él con una sonrisa y volviendo a sentarse.

    Tanto Gerardo como yo necesitábamos mejorar nuestro juego, si volvíamos a ser los últimos en las siguientes rondas perderíamos el juego. Para nuestra suerte, Ori perdió la siguiente ronda, perdiendo el pantalón y dejándola en ropa interior. Ahora ya entrada en confianza, se quitó el pantalón de una forma muy parecida a cómo lo había hecho Mishel, lo cual aumentó más el calor que sentía.

    Inesperadamente y para mi buena suerte, gane la siguiente ronda, siendo Mishel la perdedora. Me detuve antes de que pudiera decir algo, sólo le quedaba el crop top y las bragas para poder quitarse y se me hacía un poco descortés desnudarla frente a su novio. Miré a Gerardo y el sólo me dio permiso con la mano.

    —Adelante amigo —dijo con una sonrisa.

    —De acuerdo, ammm, Mishel, quítate el crop top.

    Ella sonrió de forma picara y tomó el borde del crop top y lo levantó. Finalmente pude ver el tatuaje entre sus pechos, tenía unos cuantos lirios en la base del contorno y encima de las flores había la cabeza de un antílope cuyos cuernos subían por sus pechos hasta el inicio de éstos. Pero el tatuaje perdió importancia, pues fueron sus pechos los que llamaban mi atención eran medianos, pero se veían bastante firmes y bien definidos, su piel blanca hacia resaltar sus pezones rosados, que, para mi sorpresa, estaban levantados. Mishel tomó sus pechos entre las manos y los masajeo y apretó un poco, luego volvió a tomar su crop top y terminó de quitárselo, lanzándolo junto a su short.

    —Una más y pierdo —comentó con una sonrisa.

    Yo por mi parte no podía parar de ver sus pezones y sus pechos, me estaba excitando como nunca lo había hecho. La situación en general era bastante fuera de lo común, y ver a Mishel desnuda me trajo de nuevo a mi mente la imagen de Jimena desnuda.

    —Vale, chicos, esta puede ser la última ronda —comentó con una sonrisa y barajeando las cartas.

    Estaba a punto de comentar que a Ori aun le quedaba su sostén y sus bragas para jugar, pero algo en mi entrepierna me distrajo. Mire hacia debajo de la mesa y vi el pie de Ori buscando mi miembro, abrí la boca para decir algo, pero cuando su pie encontró lo que buscaba y comenzó a masajear, tan sólo pude levantar la vista a mi novia, quien se mordía el labio inferior con lujuria.

    Mishel repartió las cartas y tomé mi mano intentando concentrarme lo más posible, pero Ori masajeaba más y más mi erección, aumentando mi respiración y haciendo difícil pensar en algo. Un ligero gemido sonó a mi lado y cuando volteé a ver a Gerardo alcance a ver su cara de satisfacción, al bajar la vista mire el pie de Mishel haciendo lo mismo que Ori. No lo podía creer, ¿habían planeado hacer esto desde un principio?

    Los cuatro intentamos continuar con el juego, pero estábamos muy concentrados. Me atreví a mirar a Mishel, tenía una mirada aún más lujuriosa que Ori.

    —Tengo…un par de sietes —dije sin pensar. No había cambiado cartas, había jugado la primera mano que me habían dado, no podía concentrarme en lo que hacía.

    —Par de cincos —dijo Mishel

    —Par de tres —contestó Gerardo.

    Ninguno de los dos cambió cartas tampoco. Al parecer no era el único.

    —Creo que perdí —comentó Ori dejando las cartas en la mesa boca abajo, sin siquiera mostrarlas.

    Sin que yo le dijera, llevo sus manos al broche de su sostén y lo desabrochó mirándome con aquella lujuria. El sostén se cayó al suelo, dejando ver sus hermosos pechos.

    —Ups —dijo ella, su pie dejó de masajearme y desapareció debajo de la mesa.

    Mishel seguía en lo suyo, mordiéndose el labio y mirando a Gerardo, quien ya tenía los ojos cerrados y se estaba dejando hacer.

    Una mano tomó mi miembro y mire abajo. La cara de Ori apareció entre mis piernas y me sonrió.

    —Estoy temblando —me dijo y lamió la tela de mi ropa interior, haciendo desear que mi pena fuera lo que lamiera—. Fue un buen juego.

    —Vaya que lo fue —susurre sin saber qué más decir. Yo también temblaba por la excitación de lo que había pasado.

    Ella no dijo nada más, tan sólo metió su mano en mi calzoncillo, apretó mi pene y comenzó a masturbarme. Mis gemidos de placer no tardaron en llegar, me atreví a ver a Mishel y a Gerardo quienes seguían en lo suyo. Sentí como Ori apartaba mi ropa interior y sacaba mi miembro quien se alegró del tremendo encierro en el que estaba. Ahora ella utilizó sus dos manos para estimularme, primero lento y luego más rápido. En un par de ocasiones se detuvo por unos segundos y lamió la punta, haciéndome desear más.

    Finalmente Mishel pareció no soportar más, se subió a la mesa y gateó como si fuera un gato hacia su novio, lanzando las cartas por todos lados. Cuando llegó con él, se inclinó para darle un par de besos en el abdomen y luego tomar con los dientes su ropa interior, Gerardo se levantó de su asiento. Mishel saco el miembro de su novio y comenzó a chupárselo como si fuera una hambrienta. Verla haciéndolo en vivo y no imaginándomela como lo había hecho en la camioneta aumentó aún más mi excitación y al parecer también a Ori, pues se metió mi miembro por completo sin ningún aviso. Al parecer el juego nos había excitado a todos, pues sentía que era el mejor oral que Ori me había dado, incluso llegue a considerar que ambas estaban compitiendo, pues cuando Mishel había aumentado su velocidad y comenzar a hacer un ruido de chapoteo con su boca, mi novia se esforzaba más. Quizá si estaban compitiendo, o quizá Ori se estaba excitando más al oír a Mishel. Cual quiera que fuera el caso, si seguía así haría que me corriera. Saque mi miembro de su boca e hice hacia atrás en mi silla para que pudiera salir.

    —Vamos al sofá —le dije y le di un beso.

    Ella no dijo nada y me siguió. Gerardo paró a su novia, con un rápido movimiento le quitó las bragas, le dio un par de nalgadas fuertes y luego la tomó de la mano para llevarla al jardín. Acosté a Ori sobre el reposa brazos del sofá y alcance a ver como Gerardo hacia lo mismo con Mishel en una tumbona que había afuera. Tenía la misma idea que yo, quería agradecer a mi novia por la mamada que me había hecho. Abrí las piernas de Ori y comencé a comer su coño. Realmente estaba muy excitada, pues toda su entrada estaba mojada y no tardo en comenzar a gritar, llevada por el placer. Momentos después, los gritos de Mishel se hicieron escuchar. Ahora me sentía en una competencia contra Gerardo, para ver quien hacia gritar más a su novia, el pensamiento me hizo esforzarme más. Metí mi dedo medio y anular en Ori, mientras mi lengua castigaba su clítoris.

    —Ahh… así, así, no pares…que rico mi amor…me encanta…me encanta —me decía jalando mi cabello.

    Continúe unos momentos antes de sentir los espasmos de Ori, indicando que casi llegaba al orgasmo. Finalmente llegó y todo su cuerpo se retorció por el placer. Me levante y frote mi miembro en su vagina, esperando que me lo pidiera.

    —Por favor, no me hagas esto, te quiero dentro de mí —me dijo con deseo.

    Los gemidos de afuera aumentaron, volteé a ver a Gerardo y a Mishel, ella montaba a su novio con gran destreza, la tumbona bajo ellos se movía ante el movimiento de caderas de Mishel, Gerardo tan sólo se sostenía de la silla mientras dejaba que su novia le diera placer. Llevado por la excitación entre en Ori, tome una de sus piernas para tener un mejor agarre y comencé con un movimiento de vaivén lento para ir aumentando la velocidad poco a poco.

    —Ahhh…así…hazme tuya amor…no sabes lo bien que se siente.

    Animado por sus palabras, aumente mi velocidad, quería hacerle sentir tanto placer que no pudiera levantarse. Regresé mi mirada afuera, donde Mishel se encontraba en cuatro mientras Gerardo le daba de perrito. Mishel volteaba hacía nosotros y su mirada volvió a recordarme a Jimena.

    —Dame duro…dámelo todo…quiero sentirla hasta el fondo —dijo Mishel.

    Sus gritos aumentaron, pues al parecer Gerardo si le estaba dando bastante duro, yo no quería quedarme atrás. Tome a Ori de la cintura y la penetre lo más duro que pude, sus gritos de placer se compararon con los de Mishel, seguramente ver a su amiga disfrutar le había infundido ánimos.

    Sentí el orgasmo llegar casi de improviso, estaba tan concentrado que no me había percatado lo cerca que estaba a punto de llegar.

    —Me…me vengo —le dije a Ori sin bajar la velocidad con la que la penetraba, pues quería disfrutar hasta el último segundo.

    —Hazlo amor…lo quiero todo —dijo apretando sus pechos.

    Apenas logre salirme de ella para terminar en su cuerpo. El orgasmo fue increíble, como nunca lo había tenido. Incluso sentí que duró más de lo habitual.

    Ori se quedó ahí unos momentos, recogiendo lo más que pudo mi corrida de su cuerpo y luego usando su mano para tomar los restos de mi miembro.

    —Eso estuvo increíble —dijo con la voz entrecortada.

    —Sí, sí que lo fue —dije con una sonrisa.

    Mire hacia afuera. Mishel estaba acostada bocabajo, con una enorme sonrisa y tratando de recuperar la respiración, la corrida de su novio sobre su espalda. Gerardo se había recostado en la tumbona, realmente se notaba cansado y cómo culparlo, Mishel se veía que era mucha mujer para una persona.

    —Necesito un baño —comentó Ori como si nada.

    —Sí, creo que yo también —ambos estábamos sudando y no me había dado cuenta.

    —Iré al baño a limpiarme, ahora regresó.

    Se levantó, me dio un beso y se fue por el pasillo hacia los cuartos de los invitados, pues el baño de ahí era el más cercano. Por curiosidad revisé sus cartas que aún seguían en la mesa, ella nos hubiera ganado sin lugar a dudas, tenía una tercia de reinas.

    Apoye mi pierna sobre el respaldo del sofá. Me había cansado, pero vaya que había sido buen sexo.

    —Se nota que a ambos les gustó —dijo una voz a mis espaldas.

    Espantado y por instinto me di la vuelta y cubrí mi miembro con las manos. Jimena estaba en la entrada con unas cuantas bolsas de papel llenas de comida.

    —¡Jimena! ¿Cu-cu-cuánto tiempo llevas ahí?

    Ella no respondió, tan sólo sonrió. Se dirigió al lugar donde estaban mis pantalones junto con mi ropa interior y me los lanzó.

    —Me adelante a los demás porque quería cambiarme y hacer algo de ejercicio. Voy a regresar para distraerlos un poco. Tienen unos cinco minutos.

    Abrí la boca para decir algo, pero ella tan sólo me guiñó el ojo y salió por la puerta.

    Me quede ahí parado sin saber qué hacer. ¿Cuánto había visto? Era la segunda vez que lo hacía, y la segunda vez que me veía desnudo. ¿Acaso había vuelto a imaginar esa mirada de deseo antes de que se fuera?

    No, no era el momento de pensar en eso, mis amigos estaban a punto de llegar y acabamos de tener sexo, necesitábamos limpiar y ponernos ropa. Me coloque los pantalones y fui a buscar a Mishel y a Gerardo, les mentí que había recibido un mensaje de Alex y ambos saltaron de la tumbona para poder vestirse y ayudarme a limpiar el desastre en la mesa.

    Para cuando nuestros amigos llegaron los tres estábamos sentados frente al televisor como si toda la tarde hubiéramos estado ahí. Ori salió de la ducha como si nada hubiera pasado y se unió a Alex, Jimena, Gina y Mishel para jugar con las mismas cartas con las que habíamos jugado nosotros; claro, ahora sin perder prendas.

    Gerardo y yo preparamos la comida y sentí que nos habíamos vuelto más amigos; pues habíamos visto la novia del otro desnuda y habíamos cogido uno al lado del otro.

    Me hizo comentarios acerca de lo buena que estaba Ori y yo le hice un par de comentarios iguales acerca de Mishel. Continuamos hablando un poco mientras mi mirada regresaba a Mishel, me había gustado demasiado verla desnuda e incluso una parte de mí se preguntaba si le hubiera pedido a Gerardo hacerlo con ella me hubiera dejado. Realmente una parte de mí deseaba a Mishel, tenía un cuerpo hermoso, era atractiva…y se veía que sabía coger bastante bien.

    Descarte la idea de inmediato, estaba con Ori y no podía tener esos pensamientos.

    Mi mirada se dirigió a Jimena, aun no sabía qué pensar acerca de ella, pero sentía que tenía unas intenciones ocultas. El juego seguía en la mesa, pero ella desvió un momento la mirada para verme, me dirigió una sonrisa cómplice y luego regresó su atención al juego.

  • Laura es una señora a quien su marido la menospreciaba

    Laura es una señora a quien su marido la menospreciaba

    Una tarde de sábado, estaba Carlos platicando cerca de su negocio ubicado por barranca del muerto, más tarde llego una amiga de él, una señora de unos 45 años guapa y muy agradable, de nombre Laura, estuvimos platicando por un rato más, eso sí, yo no perdía la ocasión de poder mirar su escote pues portaba una blusa que dejaba a la vista sus bellos pechos de piel blanca, así que podía imaginarme unos pezones rosados, en la conversación empezó a hacerme preguntas más personales, lo cual me permitió darme cuenta de que no le era indiferente, así que me mostré abierto a ella. Al cabo de un rato, ella se retiraba, así que me ofrecí a acompañarla, nos dirigimos al metro, cuando le pedí que continuar un momento más la plática, ella acepto y nos dirigimos a un café cercano.

    Empecé a seducirla, le dije lo que realmente me hacía sentir al estar platicando con ella. Ella me decía que eran mentiras, que no me seguiría el juego, entendí que la estaba incomodando así que decidí cambiar el tema de conversación. Llego un momento en el cual Laura, abrió sus sentimientos conmigo, me dijo que había ido a buscar a Carlos con el fin de platicar su situación, quería desahogar un problema que tenía con su esposo y que no pudo hacerlo porque yo me encontraba ahí. Le pedí una disculpa y me disponía a despedirme cuando ella dijo que aceptaba mi disculpa a cambio de escucharla. Ella comenzó a explicarme que sus problemas tenían que ver con el sexo. Desde hace un tiempo sus relaciones eran ya poco frecuentes, cuando ella intentaba tomar la iniciativa, su esposo le daba excusas y en otros momentos en el que lograba seducirlo aparentemente, él eyaculaba pronto y le decía que era su culpa, pues no sabía cómo seducirlo, se apartaba y se dormía, dejándola con ganas.

    Ella había tratado de buscar la manera de poder lograr revivir la llama, pero su esposo siempre le daba vuelta al asunto o simplemente se enojaba y le dejaba de hablar.

    Le dije que quizá su marido tendría que hacerse alguna revisión médica, podía tener algún problema, pero tal vez era difícil para él aceptarlo. Laura me respondió que ya se lo había planteado pero que él lo rechazaba.

    Antes de despedirnos le dije suavemente y estrechándole la mano, que no sabía la razón por la cual su marido no le hacía el amor, pero definitivamente ella no era el problema.

    Pasó el tiempo y un sábado recibí una llamada, era Laura, platicamos y en un momento me preguntó por el comentario que le hice al final el día en que nos conocimos, me dijo que ella llegó a pensar que su problema con su marido era porque ya no era atractiva, le dije que era falso, que ella era una encantadora y sensual mujer, sinceramente yo había tenido una erección al estar platicando con ella, ella dio una carcajada y me preguntó si todo lo que le decía era cierto, le pregunte si podíamos vernos y así platicar con más confianza, aceptó y fui por ella, la traje al departamento donde vivía, estando en privado ella me preguntó si la encontraba sexy, tomé su mano, la puse en mi pecho y le pregunté:

    – ¿Sientes la palpitación agitada de mi corazón?

    -Si eso no es prueba suficiente, entonces…

    Enseguida baje su mano hasta mi verga, que ya se encontraba erecta. Laura se sonrojo pero reaccionó dándome un masaje suavemente, entrecerró sus ojos invitándome a besarla, sus labios rosados y carnosos eran una delicia, su cuerpo es estremecía de placer, solté su mano para tomar su cabeza y poder acomodarla en el sofá en el cual estábamos sentados, su cabello ondulado y sedoso lo desacomodaba con mi dedos, le quite el saco que llevaba, traía puesta una blusa negra semitransparente, pase las yemas de mis dedos por encima de su blusa, apenas tocando suavemente la tela, pero suficiente para transmitirle mi calor, poco a poco fui quitándole la ropa hasta dejarla completamente desnuda, ella apenada me decía que no sentía mucho agrado por su propio cuerpo, le conteste de manera firme que no debería menospreciarse, le dije que me dejara mostrarle lo que su cuerpo me podía hacer sentir, la bese nuevamente pero esta vez con fuerza, besé su cuello, sus senos, mordí sus pezones, llegue a su vientre y con la punta de mi lengua empecé a explorar el terreno, al llegar a su pubis hacía más presión con mi lengua, avisándole que sería el invasor antes que mi verga, cuando introduje mi lengua en ese lugar tan delicado y delicioso, ella se estremeció y me tomó de la cabeza fuertemente, abrió sus piernas para que pudiera introducirme más. Quizá el tiempo que llevaba sin sexo hizo que se viniera pronto, pero no deje que se apartara.

    Durante unos minutos pude disfrutar de un delicioso manjar, me aparte y deje que ella tomara su turno, empezó a quitarme la ropa y cuando me quitó la trusa, me dijo asombrada que le gustaba lo que veía, en seguida se lo metió a la boca y me dio placer durante unos minutos, ella me pidió que se lo metiera ya, que necesitaba sentirlo, así que me acomodé y poco a poco le fui metiendo mi miembro ella me abrazó con fuerza, empecé a bombear con más velocidad y fuerza, yo podía sentir su calor interno intenso, ella se gemía y se contorsionaba de placer, nuestro sudor se iba mezclando al correr el tiempo, nos besábamos con mucha intensidad, acariciaba su pechos y los besaba con fuerza, ella me gritaba que siguiera, que le gustaba mi carne, después de unos instantes, ella me avisó que ya se iba a venir, así que aumente mi ritmo hasta hacerla gritar con fuerza, sin dejarla tomar aliento y sin desprenderme, me giré para que ella ahora tuviera que montarme, la alzaba y la dejaba caer con fuerza, así nuevamente ella loca de placer gritaba, me pedía con más fuerza, podía yo sentir como me apretaba, me tenía loco de placer, en un momento le di todo lo que tenía, ella meme hizo presión con sus manos y se dejo caer teniendo otro orgasmo, una vez ya más relajados, me dijo que lo había disfrutado mucho, le pregunté que si le había quedado claro el punto.

    Durante algún tiempo estuvimos viéndonos y disfrutando del rico placer que sentíamos…