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  • Por fin la chica del chat cayó

    Por fin la chica del chat cayó

    Hola amigos, quiero invitarlos a que si quieren conseguir algo, en la vida, en cualquier plano, nunca dejen de perseguirlo, sean constantes y perseverantes.

    Esta historia me pasó a mi, hace muy poco, ya la estaba dando por perdida, hasta que finalmente tuvo sus frutos, ¡y que frutazo me mandé!

    Soy Matías, tengo 28 años, no tan agraciado, pero estoy bien dotado. Soy un chico que no he tenido buena suerte en lo general, y en todos los planos, sobre todo en el sexo.

    Hace 10 años conocí en una sala de chat, a una chica, una de tantas, pero ésta, es el motivo de mi inspiración, la que me inspiró a escribir esta historia.

    Ella es Faby, de 37 años, muy estupenda, le encanta hacer todo tipo de deportes y bailar.

    La conozco solo por fotos y algunos escasos videos. Tengo muchas fotos de su cuerpo y partes de él. Y ella muchas más de mi, de mi pecho y de mi verga, que según ella, es muy especial y le gusta.

    Ella tiene todo lo que me recetó el doctor: 1.69 de altura, estupendo físico, piernas hechas a mano, igual que sus ricas, esponjosas, blancas, suaves y casi redondas tetas.

    Es dueña de una tienda de ropa prestigiosa en su ciudad.

    Ya había estado casada una vez y no tuvo buena experiencia con el matrimonio. Ella misma reconoce que lo descuidó. No era buena para satisfacer a su marido. Y ahora estaba disfrutando su soltería, suave pero con libertad.

    De los 10 años que nos conocemos, nunca me había permitido conocerla en vivo, hasta llegué a pensar que me estaba mintiendo de su sexualidad.

    Vivimos relativamente cerca, a 20 minutos están nuestras ciudades.

    Yo, después de chatear unas cuantas veces, y conocerles sus fotos, quería puro culeármela, y desde el principio siempre le tiraba bromas de eso, pero ella me dejaba claro que eso era difícil. Pues ella me contó que había tenido muy malas experiencias cuando se reunía con los chicos del chat, no todos, pero bastaba con que se repitiera más de una vez. Tuvo problemas de acoso, allanamiento de morada, amenazas, y otras tonteras más. Yo la entendía.

    Pero mientras pasaban los años, yo insistía en que nos conociéramos, que ya llevábamos muchos años de chat y nada en persona.

    Los temas en el chat (Skype), tenían siempre un sesgo de sexualidad, mucho doble sentido y hablábamos todo a calzón quitado. Y eso era lo que más me gustaba.

    Por eso yo siempre le insistía en que nos conociéramos de una vez. Y ella le gustaba jugar con eso, me daba pistas para encontrar su tienda, y si lo hacía me ganaba el premio mayor.

    Pero me aburrí y desistí varias veces.

    A raíz de esto, también tuvimos algunas peleas, donde no nos hablábamos por mucho tiempo.

    Pero las reconciliaciones siempre traen algo bueno.

    10 años conociéndonos por chat, toda una eternidad. Ya éramos como matrimonio, pero sin vivir juntos. Teníamos tanto tiempo chateando y tanta confianza que parecía que nos conocíamos cada cm de nuestros cuerpos, como una real pareja, pero en la realidad no podía culeármela aún.

    Pero un día, tanto cántaro al agua, pero tanto tanto, que un día, la pillé volando bajo, chateando en horas de la tarde, más cerca de la noche, estaba a punto de cerrar su tienda, me escribió bien triste y algo asustada, yo le presté atención y la escuché. Había tenido problemas con su pareja, alguien no estable pero que compartían juntos momentos de pareja. Y yo, ni tonto ni perezoso, aproveché, una vez más, de tirarle miguitas de pan, apoyarla, prestarle mi hombro y escucharla. Pero por su puesto mis intenciones no han cambiado, cualquier motivo era razón suficiente para concretar mis deseos más carnales y profundos. Y sin tanta fe, como siempre, le ofrecí mi incondicional apoyo, y empezamos a conversar.

    Estaba bien complicada, no había tenido un buen día, se le había sumado otras situaciones en el día.

    Yo seguí con mi apoyo sicológico, estuvimos 20 minutos chateando, consolándola, y luego me dice: “claro, para ti es fácil decirlo, estás al otro lado de la línea.” Entonces, le digo: “es cosa que me digas donde estás y voy”. Y esta vez, me da otra dirección, y la busco el Google Maps y daba con algo más coherente que las anteriores. Y, ni tonto ni perezoso, agarro la moto y en 7 minutos estuve ahí, un local muy bonito de 2 pisos, y la única iluminación era al interior del 2° piso. Le escribo y le cuento que me encontraba abajo en la puerta, si es que era verdad esta vez. Y recibo un “OK, bajo”.

    MI corazón empezó a latir más y más. Pero no me hacía muchas ilusiones, ya había pasado por esto.

    La espera fue eterna, parecían horas y días. Hasta que veo acercarse en la penumbra, una silueta femenina, vestido, un chalequito corto y tacones medios. Si no fuera por la casaca de cuero y el cierre, mi corazón se me salía.

    Ella me mira, me abre y me hace entrar, me saludó como si ya nos habíamos presentado, como si fuese su hermano.

    Lo que ella no sabía, es que, mi corazón y mi verga no daban más de enormes.

    Yo estaba más que sorprendido, una por darme, por primera vez después de 10 años, su real dirección, y la otra por recibirme tan campante.

    Yo esperaba una presentación formal, inicial protocolar. Pero del saludo, me hizo pasar a su oficina-kitchenette-star, era como un mini loft.

    Al sentarnos a seguir conversando, como si nada, dejó pasar como 10 minutos y se da cuenta de lo que hizo, darme la pasada de conocernos. Se puso roja, más nerviosa de lo que estaba y se asusta. Yo hice lo que todos habrían hecho “Tranquila, tranquila, no soy ningún aprovechador ni delincuente.”

    Y nos pusimos a presentarnos y conversar de nosotros.

    Reconozco que fue un momento épico, emocionante y algo de miedo. Pero la conversa fluyó cada vez más suave y tranquila, los 10 años de chat hicieron lo suyo.

    Luego de la presentación y primeras conversas, le pedí permiso para invitarla a unos tragos y algo de comida para celebrar el encuentro. Pero ella no quería salir y me dijo que mejor pidiéramos que nos trajeran.

    A los 15 minutos llegaron los sours y sushis. Con los tragos aprovechamos de hacer un brindis por el primer encuentro.

    Y así nos tomamos la botella entera, y los sushis.

    Ya con mucha más confianza, no sentamos en un bajo sofá, y ella apagó algunas luces para que de afuera se viera cerrado, y no molestaran.

    Al verla ahí sentada, con sus piernas bien descubiertas, porque el vestido se le había subido un poco, deja ver gran parte de sus pantorrillas, con unas bellas y brillantes pantys o medias color carne y sus chalas de medio taco guinda seca.

    Después de 2 horas, de muy grata conversación, yo pasé a tocar el tema más sexual, recordarle que yo era el de la verga “especial”. Y que ya la tenía casi sin latidos.

    Al seguirme la conversa, ella se puso más cómoda, se sacó sus zapatos y puso los pies arriba sobre el sofá. Yo, ya recaliente, le piropeo sus pies y se los voy tocando. Me frenaron al tiro, pero el que la sigue, algo consigue.

    Por el chat, teníamos muchos, pero muchos juegos, uno de esos, que yo era kinesiólogo y que le podía hacer masajes. Entonces, le agarré sus pies y me los puse sobre mis muslos y me las di de masajeador. Ella agradeció mis manos, porque los pies estaban casi muerto de dolor.

    Yo seguí con mis manos, y cada vez las subía más y más, y arremangaba más su vestido, hasta llegarle a ver gran parte de sus muslos, donde está la marca o el refuerzo del calzón de la panty.

    Y sin pensarla tanto, le meto una mano bajo el vestido y llegué hasta sus caderas, agarrándola fuerte y la jalo suave hacia mi. Se me anduvieron enojando, pero nada que un beso no ablande o suavice asperezas.

    Me tiré a su lado y no paramos de besarnos, ella tímidamente, y yo calientemente.

    Mientras la besaba, empecé a recorrer su cuerpo y llegué a sus ricas tetas, sobre su ropa, Ella solo me acompañaba con los besos.

    Cuando ya vi que estaba todo pasando, y que no era rechazado, terminé por subirle todo su vestido y bajé mis manos a acariciarle su entrepiernas, que ya estaba tibiecita. Ella quiso cerrarse, pero no le di tregua. Entonces, meto mi mano bajo las pantys y me voy derecho a su conchita. Suspiros iban y venían, largos y cortos.

    En ese momento, se me estaba paralizando todo. Era la conchita más deseada que he tenido, la más rica y caliente.

    Metí una de mis rodillas entre sus piernas y se las empujé para que se abriera, y pude tocar sus íntimas carnes suaves y viscosas.

    Mi verga llevaba horas pidiéndome que lo sacara de ahí, que estaba a punto de estrangularse. Con un gesto técnico, levanto mis caderas y me bajo el pantalón y calzoncillo, y libero a Kong.

    Le tomo una mano a ella y se la pongo a Kong, y no me lo soltó más.

    Ya no tenía latidos ni instinto, estaba en modo automático, ¡era culear, culear y culear!

    Cuando terminé de sacarme calzoncillo y pantalón para disponerme sobre ella, me para y me pregunta, entre suspiros y tiritones, por condones. Me paré y metí la mano a un bolsillo de mi casaca y vuelvo a mi lugar.

    Rompiendo el récord mundial, me puse el condón y me tiro. Buscando con mis manos ya jugosas, pongo la punta y se lo meto suavecito. Sentí rasguños, apriete, gemidos, resoplos y relinchos. Volví a besar y nos fuimos de bamboleos.

    Debo confesar que no duré mucho. Ya tenía la carga al máximo y no pude esperar más.

    Y yo que me había jactado que era un amante profesional. Ahora quedé en ridículo. Me deshice en disculpas como un novato.

    Me sentía tan mal que ella se dio cuenta, y como buena pareja me dice “no te preocupes, a veces pasa”.

    No quise responder nada, solo silencié mi boca.

    Ella se paró y fue al baño. Luego me tocó a mí.

    Al volver, había 2 tragos nuevos y algo para picar. Y a la mitad de nuestros tragos, me pide que lo agarre y que la siga. Subimos al 2° piso, mitad sala exhibición y mitad bodega. Y al fondo una puerta blindada. Detrás de ella, un depto. de soltera, con una cama king y un ventanal a las estrellas. Puso música de Sade y seguimos con nuestros tragos y la conversa.

    Las bromas iban y venían de parte de ella. pero, aparte de sentirme mal, me ayudó a reivindicarme.

    Me tomé un sorbo más y me tiré a besarla, lenta y suavemente, para que creyera que solo lo hacía de buena onda. Pero ya sabía que los besos la vuelven loca. Entonces, la tiré para atrás de su cama y empecé de nuevo.

    La desvestí completa y jugué con ella casi media hora, le besé todo su cuerpo, tetas, panza, su rosadito chorito, hasta que me pidió “por favor”.

    Me puse otro condón y estaba vez la hice darme un festival de tiritones.

    Nos quedamos abrazados en la cama dándonos tiernos y suaves besos, como si fuésemos antigua pareja, hasta que me quedé dormido.

    No se cuanto dormí, pero me despertaron con el mejor de los ánimos. Ella había bajado a mi verga y me la estaba chupando entera, como a un helado. Y por supuesto Kong no es malagradecido. Pero yo seguí haciéndome el dormido. Y ella jugó todo lo que quiso. Hasta que subió, se dio vuelta, se puso de cucharita y solita se lo encajó, sin condón, y empezó a moverse. Eso me calentó completamente, pero quería ver hasta donde llegaba sin condón. Pero ella no paró, siguió su bamboleo, hasta que me vienen las ganas de descargar y la trato de sacar y le digo que estaba sin condón.

    Pero no dice nada y solo estira sus brazos hacia atrás mío y me agarra de las caderas y yo de las suyas, y siento como ella va perdiendo el ritmo que llevaba y me aprieta la cintura como si se estuviese agarrandose de un toro. Y hago la mejor eyaculada de mi vida, sin condón, sin semen, con la mejor mina del mundo y la mejor conchita. Ambos terminamos al mismo tiempo. Yo no dejé de soltarla, la tenía aferrada a mi.

    Y así nos quedamos dormidos de nuevo, tal cual, con toda mi verga adentro, palpitando sin parar, pero ya sin escupir.

    Cuando despertamos, eran las 6:30, todos pegajosos. Ella se fue al baño a ducharse y yo la seguí, para limpiarme y hacer pis. Pero al verle la silueta por el showerdoor, me metí y volví a culeármela. Pero ya no me quedaba nada.

    Ella salió primero, yo la seguí unos minutos más tarde. Al volver a la pieza, nos reíamos de todo, nos abrazábamos, nos besábamos y nos dábamos agarrones.

    Ella estaba casi lista vestida, se paseaba como si fuésemos matrimonio; sostén, calzones, pantys y a pata pelada, solo le faltaba meterse dentro del vestido.

    A mi me faltaba de la cintura para abajo. Pero Kong no se le agotaban las pilas, y viéndola pasearse así como si nada, me puse por atrás, le subí el vestido y le bajé las pantys, y a lo pollito pastando, me la volví a culear, sin condón otra vez.

    Luego ella se subió todo y así mismo se quedó, pasada a mi verga, por toda su conchita. Lástima que no me quedara ni una gota de lechecita, para dejarla impregnada.

    Nos despedimos como 10 veces, no me quería ir, no quería despertar de este tremendo sueño.

    Quedamos en que nos seguiríamos viendo.

    Y Kong y yo esperaríamos esos días con más que ansias.

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  • El viaje a la playa. Día 1

    El viaje a la playa. Día 1

    Esta anécdota sucedió el año pasado, mi esposo Fernando y yo decidimos ir a un viaje a la playa un fin de semana, yo con 23 años y el con 24, teníamos las expectativas de ir a un hotel para adultos, pensando que sería una aventura, aunque en realidad no fue lo que esperamos, si lo pasamos delicioso.

    Cuando llegamos al hotel, nos dijeron que aún no podíamos pasar a la habitación, pero que podíamos dejar en resguardo las maletas y hacer uso de las áreas del lugar, nos colocaron las pulseras de entrada y nos relajamos. Yo iba preparada, debajo de mi camiseta y de mi short de mezclilla, llevaba puesto un bikini listo para la acción; fui al baño y me quité la ropa y salí lista para ir a la alberca, igualmente Fernando se quedó en su short.

    Yo me sentía soñada pues habíamos hecho dieta y ejercicio y sentía que nos veíamos espectaculares, quizá no, pero yo que siempre he sido bajita de poco más de 1.50 metros, delgada, tez aperlada, con mi cabello negro largo hasta la espalda baja, me sentía muy sensual. Mis pequeñas pero firmes y levantadas nalgas lucían perfectas en la pequeña braga de color rosa que tenía puesta, en la parte superior, mis pequeñas tetas se veían bonitas dentro de los triángulos rosas del bra.

    Fernando se veía muy guapo en su short celeste, sus piernas largas pero trabajadas por jugar futbol y correr mucho, me encantaron, además, su piel morena se veía muy bien. Los dos caminamos hacia la alberca, nos sentamos en la orilla y comenzamos a mojarnos un poco. No podíamos aún pedir nada hasta que nos dieran habitación así que solo mirábamos, el lugar tenía muchos matrimonios, mayormente extranjeros que disfrutaban del Caribe.

    En la alberca que tenía una forma irregular y era bastante larga, había un grupo de personas jugando voleibol, entre ellos un matrimonio maduro, entre los 40 o 50 años, muy guapos y con cuerpos bellos para su edad; parecían extranjeros, nos invitaron a jugar, pero les dijimos que apenas estábamos calentando motores, ellos rieron y siguieron con el grupo.

    Fernando se metió y se sumergió en la alberca, me tomó de la cintura y me metió a la alberca, la cual era no tan honda, pero por mi estatura, me hundía un poco, así que el me abrazó y yo lo abracé pasando mis brazos por su cuello y mis piernas abrazando su cintura, el aprovechó y me tomó de las nalgas, con una mano dentro de mi braga apretando un poco, algo accidental pero que a mí me fascina. Mientras nos dimos un beso, el celular de mi esposo sonó, eran de recepción invitándole a ir por la tarjeta del cuarto.

    Fernando fue y me dejó en la orilla de la alberca, me dijo que regresaba con las maletas para irnos a instalar al cuarto. Mientras estaba sentada observando el lugar, que era muy bonito, con mucha vegetación, pero claramente modernizado, una chica estadounidense se acercó, comenzamos a platicar, me decía que le gustaba mi cabello largo y negro, ella era alta, cabello claro y tenía su cara y hombros de color rojo por el sol, en eso llegó su esposo, ambos platicaron, era su primera vez en México y estaban fascinados con el lugar y si gente, tenían 28 años ella y el 33.

    Mientras platicábamos me preguntaban si estaba sola o si quería jugar Voleibol, yo les dije que esperaba a mi esposo, ellos insistieron pero les comenté de mi estatura y la profundidad, ella me dijo que me ayudarían, pero como eran más altos que yo, su esposo me dijo que me colocara en sus hombros, y así lo hicimos, nos unimos al juego de voleibol, él me tomaba de mis tobillos y chamorros para no caer, y yo con una mano me sujetaba de su mentón y con la otra trataba de jugar, su esposa, me pasó el balón pero no alcancé a golpearlo, sentía como mi conchita se frotaba con la nuca de su esposo.

    Cuando el juego se ponía interesante, Fernando llegó, lo presenté a los nuevos amigos y les dijimos que iríamos a dejar las cosas y regresábamos. En el camino Fernando me preguntó por ellos, y dijo que estaría interesante ver si ellos eran igual a nosotros en lo “aventureros”. Le dije que fluyéramos con la vibra de ellos y así fue. Cuando regresamos a la alberca, comenzamos a beber como los demás, Fernando me colocó en sus hombros y el chico que conocimos, así como su esposa, comenzamos a jugar con la pareja madura que anteriormente nos había invitado.

    Tomábamos y jugábamos, no una muy buena combinación; en una jugada, Fernando intentó saltar y yo caí de sus hombros, el chico me tomó un poco arriba de la cintura, pero por el agua llegó un poco debajo de mis senos, sentí sus manos grandes levantarme, pero por el esfuerzo me pegó a él, sentí sus brazos y pecho con bellos, no lo niego, lo disfruté. Dejamos de jugar y nos fuimos a sentar a la palapa cercana dentro de la alberca, la chica a quien le diremos Emily y su esposo John, se sentaron con nosotros, en ocasiones su inglés nos dificultaba la charla, pero nada que las bebidas no pudieran ayudarnos a manejar.

    Pasó un rato y todos estábamos ya ambientados, Emily se sentó frente a mí, ambas chocábamos nuestras piernas, su esposo, John, la abrazaba por detrás, misma acción que imitó Fernando, aún no eran las 2 de la tarde y ya andábamos entonados en alcohol; el chico de la barra sacó una pistola de agua que tenía llena de una bebida, al parecer vodka, y le disparó a Emily en la boca, ella emocionada comenzó a brincar sentada, moviendo sus tetas que eran más grandes que las mías y que su top negro trataba de sostener, mi esposo y su esposo notaron los rebotes y no pudieron evitar no ver aquella maravilla.

    Después me disparó a mí, yo cerré antes la boca por lo que derramé un poco en mi pecho, Fernando haciéndose el chistoso, me giró hacia él y me lamió la bebida, un grupo que estaba sentado, así como Emily y John gritaron y aplaudieron como si estuviéramos dando un show, nosotros solo reímos. Así seguimos un rato, hasta que Fernando me dijo que quería descansar, les dijimos que nos retiraríamos a comer algo y luego a descansar para en la noche seguir, ellos hicieron lo mismo.

    Tras haber comido algo y dormido dos horas, Fernando y yo nos fuimos en la noche al antro del hotel, yo llevaba un vestido negro pequeño y mis sandalias del mismo color con tacón; Fernando igualmente se puso guapo con camisa y jeans, y nos fuimos a conectar la bebida.

    En el antro había mucha gente, pero tras haber bebido, nos ambientamos y comenzamos a bailar en la pista, la cual era algo oscura; mientras bailábamos, Emily me tomó por sorpresa pasándome sus manos por detrás y abrazándome como queriendo bailar, yo seguí el juego y sujeté sus brazos, John venía detrás, ambos ya se veían que habían tomado, Los 4 bailamos y seguimos bebiendo.

    Cerca de la 1 de la mañana, decidimos seguir bebiendo en cuarto, pedimos unas botellas y servicios. En la habitación, estábamos los 4. John sacó una moneda y la lanzó, dijo que escogiéramos un lado, así que Fernando eligió y perdimos, John de castigo me dijo que le bailara a mi esposo, nosotros reímos, pero por el alcohol, me paré frente a Fernando, él estaba sentado en la orilla de la cama, le bailé algo “sexy” entre risas y Fer me tocaba. Emily nos miraba y John disfrutaba del show.

    John volvió a lanzar la moneda y esta vez perdieron, les pedimos lo mismo y Emily le bailó igual. Después, volvimos a perder y de castigo nos pidieron un beso apasionado, lo hicimos. En seguida, perdimos de nuevo y como castigo John dijo que Fer me chupara un pezón, nosotros reímos, mi esposo no dudó, bajo mi vestido y me chupo mi pequeña teta, ellos se miraron como sorprendidos. Fer les dijo que ahora ellos debían repetirlo, Emily algo insegura solo miró a John, pero esté le subió la blusa y le bajó el brasier, dándole una chupada muy fuerte.

    Mientras subían de color los retos, John dijo que ahora de prendas, así lo hicimos hasta que los 4 quedamos desnudos. Yo no podía dejar de ver a John, era muy alto, su cuerpo era de gym, tenía bello en brazos, pecho y rebajado en su pelvis, su pene era grueso y algo largo, muy blanco y circuncidado; Emily tenía unas tetas grandes que se balanceaban cada que se movía, ella al igual que yo, estaba toda depilada.

    Fernando me puso de castigo que le bailara a John, él se sentó en una silla y me dijo que estaba listo, Emily comenzó a aplaudir. Yo me acerqué a John que tenía las piernas abiertas y su pene colgando; abrí mis piernas sobre la pierna derecha de él y sin tocarlo comencé a bailarle, sentía sus bellos en mi conchita que estaba algo mojada, él se acomodó su pene que estaba algo duro ya y lo puso sobre su abdomen, yo le cerré sus piernas y abrí las mías, me di la vuelta y me empiné un poco, el estaba fascinado y noté que su pene se endureció, él lo movía esperando rozar mi conchita.

    Me di la vuelta nuevamente y me acerqué a él, mis piernas abiertas al acercarme, hicieron que por mi estatura su pene rozara mi conchita, yo presioné mi conchita contra su verga que ya estaba dura y de color rosa, el me miró esperando que yo me la metiera, pero no lo hice.

    Emily se acercó y por la parte de atrás abrazó a John, me jaló con su brazo y me besó, lo que hizo que John quedara justo en mi pecho, el con la lengua lamió mi pezón; Fernando se acercó y se puso detrás de mí, me tomaba de la cintura y me pesaba, John aprovechó para tocar mis pechos pequeños, y después con su pulgar frotar mi clítoris.

    Sin darnos cuenta, ya estábamos empezando una orgía. John movía su pelvis esperando clavarse en mí, pero Fer le dijo que necesitaba condón, ninguno traía, así que Emily dijo que solo jugáramos, Fernando me levantó y me puso de espaldas a John, el me jaló y con mis piernas cerradas frotaba su pene entre mi conchita y mis piernas, podía ver como salía su pene y como me mojaba más y más, Emily fue por Fernando y lo llevó a la cama, ella lo masturbaba frotando su conchita que estaba de color rosa intenso sobre lo largo del pene de mi marido, él lo disfrutaba.

    John me levantó y me cargó hasta la cama, ahí me tumbó y comenzó lamiendo mis pies, luego bajó a mi conchita donde se detuvo un rato pasando su lengua de forma muy profesional, tanto que me mojé y él lo notó; miré a Fernando y tenía sobre él a Emily, aunque no la penetraba, parecía que si lo hacían. John, subió chupando cada parte de mi hasta mis tetas, luego mi cuello y podía sentir como se movía esperando su pene se me clavara, yo colocaba mis manos para que eso no pasara, pero él las sujetó y las puso sobre mi cabeza.

    En un movimiento John metió su cabeza en mi conchita, yo grite, pero el comenzó a besarme, entonces lo clavó directo, yo sentí lo fuerte que entró y por lo largo me dolió un poco, el me besaba y luego mi cuello, le dije al oído que saliera, pero él no hizo caso.

    Cuando la sacó, le dijo a su mujer que hiciera 69 conmigo, así lo hicimos. Fernando y John nos veían mientras nosotras nos divertíamos, luego John se acercó a su mujer y la comenzó a coger, Fer no se resistió e hizo lo mismo.

    John le dijo a Fer que le diera oportunidad de cogerme; estábamos tan calientes que ambos dijimos que sí, Fer se puso a coger con Emily, pero John me tomó de la mano y me llevó al baño, cerró la puerta y me colocó frente al espejo, ahí él se puso detrás y me comenzó a dar fuerte, me tocaba mis tetas y luego me apretaba la cintura, hasta que se inclinó y comenzó a masajear mi clítoris, yo estaba empapada, no podía sostenerme bien, como yo le quedaba muy abajo, me colocó sobre el lavabo que era amplio, ahí me comenzó a clavar nuevamente.

    John sacaba su verga y me pegaba con ella en la conchita, se notaba lo mojada que estaba por que levantaba hilos pegajosos, yo estaba muy excitada, de repente, John colocó mis pies en su pecho y sin perder el ritmo comenzó a darme más duro y seguido, hasta que noté que se quería correr, le dije que saliera pero no hizo caso, por la posición yo lo empujaba, pero antes de venir, hizo algo, me la sacó pero con su mano abrió mis pequeños labios de mi conchita y aventó su chorro sobre mí.

    No podía creerlo, mi conchita estaba completamente cubierta, el semen escurría y se veía la capa blanca espesa sobre mí, el temblaba, yo estaba prendida, el sin pensarlo, después de venirse me la volvió a clavar, metiendo su semen en mí; no supe que hacer, pero seguimos, luego me bajó y comenzó a masturbarse, el aventó otro chorro en mi boca.

    Al terminar, abrió la regadera y nos metimos a bañar, cuando estábamos adentro, sentí algo caliente en mi espalda, él estaba aventando un chorro de pipí sobre mí, yo lo empujé, pero el solo se río, nos lavamos y salimos. Fernando estaba dormido con la verga llena de semen y Emily a un lado con las nalgas cubiertas como un glaseado, nosotros nos colocamos en la cama y nos dormimos junto a ellos.

    Al día siguiente se fueron a su cuarto y Fernando y yo nos pusimos a platicar de la experiencia, al menos lo que recordábamos por culpa del alcohol, nunca le dije (hasta ahora), lo que había hecho John.

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  • Una Invitación Inesperada

    Una Invitación Inesperada

    Estaba en ese entonces en Ciudad de México, para bien o para mal, tuve la necesidad de rentar una habitación de un departamento, en la modalidad de rommie, debido a que me tuve que quedar a trabajar por una temporada en la ciudad, eso por allá del año 2022, recién finalizando la pandemia, un día de descanso, estaba aburrido, metido en la soledad de mi habitación, mientras que los compañeros de departamento, cada uno estaba en su habitación.

    Debo mencionar, que, ninguno de los rommies con los que convivía, tenía conocimiento de mi gusto o de la “otra vida” que tengo, así es que, dentro de lo posible, mantenía la mayor discreción en mis actividades, así es que, mientras estaba en mi cuarto, con mis audífonos puestos, estaba entretenido, viendo algunos videos de tipo pornográfico, así como leyendo algunos relatos eróticos, para pasar el tiempo, pero ya me estaba poniendo excitado con todo eso.

    Me puse a navegar en algunos grupos que tenía agregados en mi página de Facebook, entre los cuales, puse mayor atención a uno que era de Trasvestis y Transexuales de la Ciudad de México y Estado de México, leyendo las diversas publicaciones de los miembros del grupo, cuando leí una publicación reciente que me llamo la atención, que decía que era una chica TV, Estilista, que trabaja y vive en Ciudad Nezahualcóyotl, que era activa, me tome el atrevimiento de mandarle mensaje privado, el cual contesto en poco tiempo.

    La conversación fue iniciada por mi mensaje, esperando su respuesta, después, ella contestando y siguiendo el hilo de la conversación de la siguiente forma:

    Yo: “Hola, leí tu mensaje en el grupo, me intereso, yo radico por Iztapalapa, cerca del Metro Canal de San Juan, espero me permitas contactar contigo y si me lo permites conocerte”.

    Ella: “Hola, Que bueno, yo estoy cerca de la Glorieta del Coyote, en Ciudad Neza, me podrías mandar una tuya por favor, para saber con quién hablo”.

    Yo: “Si por supuesto, te envió foto mía, Gracias por contestarme”. Le envíe una foto y espere su respuesta.

    Ella: “Mucho gusto, no sé si te parece, pero me gustaría que nos viéramos hoy mismo, te invito aquí a donde vivo, podemos conversar y convivir un poco, si te gusta la idea, te veo después de las 3pm”.

    Me sorprendió gratamente, así como grandemente, la rapidez con la cual iba la situación, pero no le vi problema, a lo que le contesté:

    Yo: “Si, por supuesto, si no tienes inconveniente, al rato te veo, solo me organizo y con todo gusto llego a donde me digas”.

    Luego de eso, me mando un numero de celular, en el cual tenía su cuenta de WhatsApp, ya acercándose la hora convenida, Sali de donde rentaba, dirigiéndome inicialmente al punto de referencia que decía inicialmente en el mensaje, que era la Glorieta del Coyote, durante el trayecto, Ella me envió un mensaje y la conversación siguió de la siguiente forma:

    Ella: “Hola, ¿Me gustaría saber si nos vamos a ver?”

    Yo: “Hola, Si, de hecho, ya estoy iniciando mi camino hacia el Coyote, para que una vez llegue ahí, me digas a donde te puedo ver”.

    Ella: “Ah que bien, estaba esperando que me confirmaras, mira te voy a mandar la dirección, llegas directo ahí por favor”.

    Me envió la ubicación por medio de la app de WhatsApp, la cual no era demasiado lejos de donde me había dicho en un principio, después de algunos minutos de camino, llegue al lugar acordado, le mande mensaje, me contesto rápido, diciendo que le esperara y que ella llegaba por mí, pasaron si acaso 10 minutos, gire mi vista hacia mi derecha y fue entonces que la vi acercarse, me sorprendió, porque de primera impresión.

    Me recordó mucho en lo físico, a la persona con la cual había tenido mi primera vez, hace ya muchos años atrás, de primera vista fue de mi agrado, vistiendo un pantalón de mezclilla azul pegado, blusa femenina de color rojo con negro, con motivos floreados, tenis blancos, teniendo una figura de complexión delgada, con buena forma de pierna, de figura realmente femenina, no tenía busto, pero no le vi problema, de cabello teñido de güero, de mi estatura, si no es que un poco más alta, se acercó a mí, diciéndome:

    Ella: “Hola, un gusto conocerte”. Al decirme esto, se acerca a mí, me da un abrazo, le correspondo con el mismo afecto.

    Yo: “Hola, el gusto es mío realmente, me has gustado de primera vista, es agradable tener esta visión frente a mí”.

    Ella: “Me halagas, si gustas, vamos a comprar algo de tomar y vamos a donde vivo, para convivir un rato, te comento, que, en este momento, esta una de las personas con las que vivo, pero él no se mete ni dice nada, espero que no tengas inconveniente con eso”.

    Yo: “Esta bien, no tengo problema, vamos, tú me dices donde compramos y de ahí a donde me indiques”.

    Fuimos a una tienda, a unos pasos cerca de donde fue por mí, compre varias cervezas, algunas frituras, después empezamos a caminar hasta una puerta de un edificio que estaba cerca de la tienda, saco unas llaves, con las cuales abrió la puerta y pasamos al interior, me dirigió a unas escaleras, que subimos, entramos a un apartamento, no muy grande, pero tampoco pequeño, estaba sentado un hombre en una silla de una mesa de un comedor, que estaba entrando, comiendo algo.

    Al verlo, exclame en voz alta, “Buenas Tardes y buen provecho”, contestando esta persona que “Buenas Tardes, gracias”, saludando ella con “Ya volví” luego diciendo, “con tu permiso, voy a pasar con él, estaré en mi habitación”, llevándome a una puerta contigua a la puerta donde entramos, la cual daba acceso a una habitación, al entrar veo una cama matrimonial, bien tendida, un closet armable, lleno de ropa, algunos pares de calzado en el suelo, un tocador con su espejo y un sillón de dos plazas, ella me llevo directamente al sillón y me hizo tomar asiento, para luego decirme:

    Ella: “Permíteme un momento, me voy por unas cosas y regreso contigo”.

    Salió del cuarto, regresando pocos minutos después, con un par de vasos de vidrio, un plato y en envase de salsa picante, en el plato vacíe las frituras, vertiendo bastante salsa picante en las mismas, mientras ella, empezó sirviendo la primera dosis de cerveza en los 2 vasos, dándome uno de los vasos, tomando asiento junto a mí en el sillón, tomando un breve trago cada uno de su vaso y empezando a platicar, de inicio, sobre lo que trabajamos, gustos, comentando los temas para conocernos, entre los tragos constantes, se acabaron los 2 primeros envases de cerveza.

    La platica fluyo tranquilamente, con el paso del tiempo y los constantes tragos, ya algo más desinhibidos, por el alcohol circulando en nuestra sangre, ella deja su vaso en el suelo y me suelta la siguiente pregunta:

    Ella: “Sabes, desde que te vi, me surgió una pequeña duda, he estado poniendo atención al como eres y como te vez, tus acciones y gestos, así que responde ¿Que roll te gusta jugar en la cuestión sexual? Como tu pudiste leer en mi publicación, yo soy más activa”.

    Yo: “Bueno, he sido tanto activo como pasivo, aunque últimamente o más bien, regularmente he sido más pasivo”.

    Ella: “Oh mira, eso suena interesante, me parece por demás atractiva la situación a partir de este momento, entonces…”

    Termino de decir eso y se acercó a mí, tomando mi cara con sus manos y me empieza a besar, con bastante pasión, me deja de besar y agarro su vaso, terminando su contenido de un solo trago, haciendo yo también lo mismo, ella tomo tanto su vaso como mi vaso y los puso encima de la cómoda, volviendo a sentarse en el sillón, pone una de sus manos sobre mi pierna, la cual comenzó a acariciarla, acerco su cara a mi oído y me dijo susurrando en un tono cachondo.

    Ella: “Sabes, también desde que te vi al llegar, me gustaste mucho y ya que estamos aquí, los dos solos, encerrados, sin que nadie nos molesté ¿Porque no me dejas ver algo más de ti?”

    Luego de decirme eso, me paso su lengua en mi oreja, bajo por mi cuello, para luego, subir nuevamente a mi oreja, la cual empezó a lamer, mientras que, con su mano, acariciaba mi pierna, se pone ella de pie rápidamente, pone sus manos en mi cintura, indicándome con el movimiento de sus brazos para que me pusiera de pie, entonces, ella se pone en una posición detrás de mí, abrazándome por la espalda y empezando a llevarme paso a paso hacia la cama.

    Me fue llevando poco a poco, así abrazados, mientras que con cada paso, me hacía sentir su erección, cada que pegaba su cuerpo al mío, con todo propósito se pegaba más a mis nalgas, pudiendo yo sentir su verga a través del pantalón, cada que se rozaba en mis nalgas, me hacía sentir mayor curiosidad por verla ya fuera de su prisión de tela.

    Mientras ella seguía pasando su lengua por mi cuello y orejas, cuando por fin llegamos al borde de la cama, me hizo girar, poniéndome de frente a ella, empezó a besarme, pasando nuevamente su lengua por mi cuello, subiendo a mis orejas, volviendo a besarme, mientras que, con sus manos, de una forma hábil, desabrocho mi cinturón y el botón de mi pantalón, y con sus pies, con algunos movimientos que parecían ya practicados, logro quitarme mis tenis.

    Con sus manos, tomo mi playera por la parte de la cintura y de un jalón rápido, me la quito por completo, momento que aprovecho para acercar su cara y empezar a pasar su lengua por mi pecho, poniendo especial énfasis en chupar mis pezones, alternando entre uno y otro, también empecé a tocarle su cuerpo, pero aún tenía la mayor parte de su ropa puesta, la cual intente quitarle, sin mucho éxito realmente, así, cejando mi inútil intento, por lo que me deje hacer. No supe en qué momento fue, pero, mis pantalones ya me los había bajado hasta los pies, me sentí un poco desbalanceado y me quise mover, para tratar de acomodar mi ropa, en ese movimiento que quise hacer, ella aprovecho y con sus manos me empujo hacia la cama.

    Caí de espalda sobre la cama, sin decir ella nada y de un movimiento rápido, tomo con ambas manos mis pies y los levanto por completo a la altura de sus hombros, dejando ambos pies juntos en lo alto, los sostuvo con una mano en esa posición, mientras que con su mano que dejo libre, me saco el pantalón, jalándolo y pasandolo por mis piernas levantadas, hasta quitarlo por completo, dejándome solamente con el bóxer puesto.

    Luego de eso, se inclinó hacia abajo, mantuvo mis piernas en alto, sosteniéndolas con una de sus manos, mientras, que se acomodó, de tal forma que su cara, la dejo a la altura de mis nalgas, con una de sus manos, levanto mi bóxer y luego de haberlo hecho, con su mano, separo mis nalgas, dejando a su vista mi agujero anal, el cual al sentirse observado de esa forma tan inesperada, se frunció en respuesta, cuando noto esa reacción, dijo en un tono de voz juguetón, “Muy Bien, esto era a lo que me refería de que quería ver algo más de ti, estaba ansiando verlo, que rico se ve, ya quiero hacerlo mío”.

    Terminando de decir esas palabras, pude sentir como acerco su cara hacia mi entrepierna, empecé a sentir algo húmedo, lo sentí primero en mis nalgas y luego en mi anito, ella estaba lamiendo toda esa parte, me estaba dando un beso negro, pasando de manera muy deliciosa su lengua por todo mi agujero, percibiendo la sensación de la humedad de la saliva que iba soltando en él, pasaba su lengua por todo mi agujero, bajo por la raya de mis nalgas, subió hasta mis testículos, volvió a poner su lengua en mi culito, con esas intensas lamidas.

    Ya estaba consiguiendo que empezara a estar gimiendo de placer, siendo bastante insistente en estar lamiendo mi culito y en soltar una buena cantidad de saliva, me daba cuenta, porque era notoria la sensación de esa humedad, después de minutos de intenso y de delicioso placer, se quitó de esa postura, se pone de pie y me toma de la mano, haciendo que me levante de la cama y que tome asiento en la orilla de la cama.

    Una vez estuve sentado, ella se paró frente a mí y se empezó a quitar parte de su ropa, al poco tiempo, quedo únicamente en un calzoncito de tela ligera, del cual se percibía un bulto que aparentaba buen tamaño, ella noto que mi mirada estaba fija en esa zona en particular.

    Con un sencillo movimiento de su mano, saca de entre su calzoncito, un pedazo de carne, de al menos 18 cm de largo, de un grosor notable, se empezó a masturbar frente a mi cara y con cada movimiento de su mano de subida y bajada, la fue acercando a mi boca, hasta que metió la cabeza de su verga en mi boca, sin pensarlo mucho, comencé a mamarla, metiéndola hasta donde me era posible y chupándola por completo, entre los jadeos y gemidos que ella iba lanzando con mis constantes movimiento, pero no permitió que fuera mucho tiempo.

    Saco su verga de mi boca, me hizo levantarme de la cama nuevamente, pero ahora, me hizo ponerme en posición de perrito sobre la cama, sentí como con sus manos separo mis nalgas y vuelvo a sentir como su lengua pasa por mis nalgas, como está ensalivando profusamente e insistentemente mi agujero anal, que a diferencia de momentos antes, empecé a notar como intenta meter uno de sus dedos, el cual, para mi sorpresa se va abriendo paso, con cada movimiento de querer introducirlo y con las constantes lamidas que me estaba dando, se logra meter por completo, empezando ahora con un constante mete y saca de su dedo.

    Con ese constante mete y saca, me hace gemir nuevamente, por ese placer que estoy sintiendo, empiezo a sentir, como ahora está introduciendo un segundo dedo, de la misma forma, logro abrirse paso, ambos dedos, están dilatando sin vacilación y sin contemplación a mi culito, así como también no ha dejado de estarlo lamiendo.

    Pasados unos minutos de estarme dilatando con sus dedos, así como también, de estarme lamiendo sin parar mi culito y con ello, el estar gimiendo de placer, retira su cara y abre con sus manos por completo mis nalgas, dejando a su entera vista mi ano bastante lubricado, a lo cual dice: “Creo que ya estas lo suficientemente dilatado para recibirme, ven ponte de pie”, luego de decir de esto, me pongo de pie, me hace girarme dándole la cara, me da un apasionado y delicioso beso, para luego, aventarme sobre la cama, cayendo de espaldas, tomando ella mis pies, poniéndolos en alto y acomodándolos en sus hombros, veo como pone su mano en su boca y ensaliva sus dedos.

    Para luego bajar a su verga y ensalivarla, luego la acerco a mí entrepierna, bajando por mis testículos y siento como pone la cabeza de la misma en mi orifico anal, empezando ella a ir haciendo fuerza, ejerciendo presión, para meterla, consiguiendo de inicio que su cabeza logre perforar mi culito, logre vencer esa resistencia inicial que puso, abriéndose paso por mi dilatado anito sin mucho problema, soltando ambos un sonoro gemido de placer.

    Ya que tiene la punta dentro de mí, no tardo en empezar a ejercer más fuerza, con la constante presión que va ejerciendo, va consiguiendo que su verga vaya entrando de forma constante, logrando meterla hasta la mitad, luego la saco por completo, vuelve a ensalivarla y luego la volvió a poner en la entrada de mi culito, metiéndola de forma constante hasta la mitad, ejerció más presión y logro esta vez meterla por completo, soltando ella un delicioso gemido de satisfacción, para luego vociferar: “Que rico culito que te andabas cargando”.

    Para empezar a sacar su verga completo y meterla hasta el fondo, haciéndolo varias veces seguidas, entre nuestros gemidos y los susurros entre los que alcanzaba distinguir: “Que delicioso estas”, “Aprietas muy rico mi verga”, “La acabas de recibir por completo sin problema”, “Te quiero preñar”.

    Ni tardo en terminar de vociferar, saco su verga por completo, para luego, meterla de un solo golpe, dándome un embiste hasta el fondo, para sacarla nuevamente por completo, tomando con sus manos mis nalgas y abriéndolas por completo, viendo ella mi agujero anal, que a sus ojos debe de estar bastante abierto, luego de haber recibido su verga hasta el fondo, de haber sido perforado por su pedazo de carne, el cual me estaba dando tanto placer, teniendo a su vista mi anito abierto, dice ella en un tono juguetón y cachondo: “Se ve bien rico tu culito bien abierto, le voy a dar verga hasta que quede bien satisfecho”, sin mediar palabra más, mete su verga hasta el fondo de un empujón.

    Después, la saca solo un poco, metiendo de nuevo, empezando un constante mete y saca, esa constante penetración que a ambos nos provoca gemidos de placer constantes.

    En esa posición, con las piernas arriba, me ha estado cogiendo por un tiempo que ha parecido interminable, ella está disfrutando de mi culo sin parar, así como yo también, disfruto de ese rico pedazo de carne que perfora mi interior, dilatando mi agujero anal, el cual ha recibido con gozada satisfacción a ese intruso que llega bastante profundo en mi culo, entre el constante mete y saca, ella alcanza a vociferar: “Estoy disfrutando muchísimo de tu culito, ya casi estoy por venirme, así que por favor recíbelo”.

    Al terminar de decir sus palabras, empieza a meterlo y sacarlo con mayor rapidez, bastante mas fuerte, gimiendo con fuerza y resoplando, hasta que da un empujón hasta el fondo y puedo sentir como algo caliente inunda mi interior, mientras ella entre resoplidos y bufidos me da unas embestidas más, finalmente, saca su verga de mi culo, toma con sus manos mis nalgas y las abre, para tener a su vista mi culo, me imagino que bastante dilatado y hasta rosado de tanta verga que recibió, luego dice en un tono cachondo y juguetón: “Quedo bien abierto tu culito, hasta esta dejando salir unas cuantas gotas de mi leche, que rica cogida le di, espero lo hayas disfrutado”.

    Le respondo, todavía excitado: “Si, vaya que lo disfrute, me cogiste tanto, que todavía la sigo sintiendo dentro”, al terminar de decir eso, ella se acerca a mi y me besa con pasión, nos acostamos ambos en la cama y nos quedamos dormidos así, abrazados, algunas horas más tarde, todavía no amanecía, desperté con una sensación extraña en mis nalgas, voltee a ver, era ella, que estaba pasando su verga bien erecta por entre mis nalgas, pero eso quedara para después…

    MicifusARM

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  • Mi rica patrona

    Mi rica patrona

    Esta es una historia, quizás poco convencional, que tuvo lugar en mi entorno laboral. Para poneros en contexto: soy un joven (mido 1.70 m, de complexión delgada y moreno claro, sin nada extraordinario a la vista) que se caracteriza por una gran seguridad en sí mismo y una fluidez notable al interactuar con cualquiera.

    La protagonista de esta historia es mi jefa. Desde el primer día, me ha atraído enormemente. Siempre que he tenido la oportunidad, le he dedicado un cumplido o un comentario con doble sentido. Ella siempre respondía con una sonrisa cómplice, pero sin darme una respuesta verbal directa. Ella tiene 35 años, es de baja estatura y posee una figura muy atractiva: caderas prominentes y senos voluptuosos. Su vida personal era compleja: estaba casada, tenía dos hijos, un esposo y un amante.

    A pesar de la relación estrictamente laboral, ella siempre me tuvo una confianza inusual y me contaba detalles sobre su vida, incluyendo las decepciones con su amante, a quien describía como un hombre desatento y decepcionante, especialmente en la intimidad. Un asco de hombre.

    El inicio de este cambio ocurrió un día normal en el trabajo, un día de cobro. Me quedé hasta el final resolviendo pendientes de mi área. Recibí una llamada de ella, indicándome que fuera a su oficina, ya que yo era el último por cobrar. Fui de inmediato.

    Nos pusimos a conversar. Ella comenzó a desahogarse sobre una reciente pelea con su amante. Se quejaba de su falta de atención, sobre todo en el ámbito sexual, lamentando que él no la complacía cuando ella lo deseaba. Aproveché la apertura para preguntarle: “¿Para qué seguir ahí, siendo una mujer tan hermosa, con un cuerpo tan deseable?”. Por dentro, solo pensaba cuánto daría yo por estar en su lugar. Ella me confesó que era una persona muy “ardiente”, lo que desató un sinfín de fantasías en mi mente.

    Me contó que él ya la había engañado en más de una ocasión. Le sugerí: “¿Por qué no le haces lo mismo? Deberías disfrutar de lo que puedas”. Ella respondió que no le parecía correcto. Yo repliqué: “Tal vez no sea correcto, pero él no piensa en ti cuando te engaña. ¿Por qué deberías tú preocuparte por él?”. Me miró fijamente y preguntó: “¿Qué harías tú en su lugar?” No lo pensé. Fui directo y sincero. Le dije: “La verdad es que yo te tomaría sin descanso, en cualquier lugar que quisieras. Chuparía tu exquisito trasero, tus pechos y te haría mía una y otra vez.”

    Vi su rostro de sorpresa y me disculpé al instante: “Discúlpame, me dejé llevar”. Ella me tranquilizó: “No te preocupes, yo te lo pregunté”. Después, me comentó: “No entiendo por qué él no es como tú. Es lo que más desearía, y más aún, no lo entiendo cuando me arreglo siempre que salimos”. A continuación, tomó su celular y me mostró fotos recientes. Normalmente, ella asistía al trabajo de manera formal, pero en esas fotos vestía faldas cortas, escotes y minifaldas. En ese punto, mi erección era tan evidente que sentía que iba a explotar.

    Le dije: “Es un tonto. Debería aprovechar que usas vestidos y falda para tomarte. ¡Es un completo tonto!”. Ella me preguntó: “¿Lo dices en serio o solo por hacerme sentir bien?”. Le aseguré: “Claro que no, es la verdad. Te lo juro”.

    En ese momento, tuve una idea y le dije: “Espera, tengo que ir al baño”. Como era día de cobro y solía ser corto, yo llevaba pantalones de chándal por comodidad. Al pararme de la silla, me estiré, dejando ver mi pene erecto. Fingí no darme cuenta, pero vi cómo ella lo miró y bajó la mirada. Fui al baño y regresé en menos de un minuto.

    Me senté de nuevo. Ella me pidió: “Cierra la puerta, por favor, que ya voy a pagarte”. Lo hice. Luego me preguntó cómo podría vengarse de su amante si nunca había hecho algo similar. Le dije que era solo cuestión de dejarse llevar, que la oportunidad llegaría en el momento justo. Me pagó y me pidió que le ayudara a subir unas cajas a su coche. Acepté.

    Mientras ella tomaba una caja del suelo, yo estaba justo detrás, de espaldas. Al girarme, “accidentalmente” rocé mi miembro erecto contra ella, empujándola ligeramente. Me disculpé de inmediato. Ella me dijo: “No te preocupes”, y agregó con picardía: “¿Qué traes en el bolsillo? ¿Una linterna?”. Me reí y le dije que no, que era mi pene y que no lo podía controlar. Me preguntó: “¿Y eso por qué? ¿Te acordaste de tu novia o qué?”. Le confesé que la verdad eran sus fotos las que habían provocado ese estado.

    Me miró fijamente y me preguntó: “¿En serio te gustó lo que viste?”. Yo le dije: “Obviamente. Estás espectacular”.

    Nos quedamos cara a cara. Ella se acercó a mí y, sin dejar de mirarme a los ojos, se arrodilló lentamente. Comenzó a bajar mi pantalón de chándal con calma, mientras yo apenas podía procesar lo que sucedía. Al liberar mi miembro, ella exclamó: “¡Qué rico!” (Mi pene mide aproximadamente 19 o 20 cm). Me ofreció una mamada espectacular. La tomé suavemente por la cabeza, guiándola para profundizar la penetración. Su lengua recorría mi pene de arriba abajo con una destreza excepcional. Estuve en la gloria por unos diez minutos hasta que le dije que se levantara.

    La recosté sobre el escritorio. Le quité la blusa y el pantalón de vestir, dejando a la vista un conjunto de lencería de encaje. Retiré su sujetador y comencé a besar y chupar sus pechos con ansia, tal como había deseado por tanto tiempo. Sus gemidos me excitaban aún más. Continué bajando hasta su intimidad. Percibí un aroma embriagador, delicioso y suculento. Aparte su tanga y comencé a lamer, al principio lentamente, mientras introducía mis dedos en su vagina.

    Después de un rato, intensifiqué el ritmo. Ella comenzó a retorcerse, al borde de un orgasmo. No me detuve hasta que se liberó por completo…

    Justo en ese momento, la puerta de la oficina se abrió de golpe.

    Avísenme si quieren segunda parte.

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  • La torna graduación

    La torna graduación

    Hola, soy Fernando, quizá ya has leído nuestras anécdotas, tengo 25 años y mi esposa Priscilla 24. Esta historia que recordamos pasó en la graduación de una de nuestras mejores amigas, Natalia. Yo soy alto, delgado, tez morena y cuerpo normal pero fuerte por el ejercicio; mi esposa es bajita y delgada, pechos y nalgas pequeñas, pero también buen cuerpo por el ejercicio. Natalia nuestra amiga es un poco más alta de Priscilla, blanca y de pelo chino, no es gorda, pero tiene caderas que la hacen ver muy curvy.

    Cuando estábamos en la fiesta, Natalia nos sentó con otros amigos y unos familiares, además estaba un maestro joven con su novia, ambos muy agradables, él parecía de unos 40 años máximo, delgado, blanco y claramente atleta pues su delgadez era de alguien que hace ejercicio, probablemente corredor o algo así, su novia, alta delgada también, con cuerpo de una mujer de 35, proporcionada y con un vestido que dejaba ver la hermosa piel que tenía.

    Durante la cena convivimos con ellos, nos comentó que tiene poco dando clases y se llama Alfredo, su novia se llama Liz, además bailamos y conforme avanzó la noche, la confianza se fue ganando entre los 4, sin contar que habíamos hecho el brindis, lo que condujo a estar más relajados.

    Tras bailar toda la noche con Priscilla, nos despedimos de todos pues Natalia nos dijo que iríamos a una fiesta después, era en una casa de un compañero de ella, que estaba sola y ahí habría más música y de bebidas, por lo que accedimos. Al llegar al lugar había mucha gente, todos graduados con sus amigos, nosotros nos fuimos a una mesa con Natalia y sus amigos.

    Mientras convivíamos Priscilla me pidió que fuéramos por su cambio de ropa, pues seguía en un vestido de noche en el cual se veía espectacular, yo le dije que se quedara así pues el color negro brilloso le contorneaba su delgado, pero bien proporcionado cuerpo, además me gustaba porque por lo delgado de la tela, cuando pasaba mi mano por sus nalgas no se sentía nada hasta que encontraba el cordón de la tanga que llevaba puesto, sin embargo, me dijo que se quería poner cómoda.

    Después de ir al auto, íbamos con una pequeña mochila con su ropa y un pantalón mío; los baños estaban llenos así que nos dirigimos a la casa, que estaba sola, pero adentro había mucha gente tomando; subimos al segundo piso y en un cuarto al fondo notamos que se veía tranquilo, porque además se suponía las escaleras estaban bloqueadas, pero lo ignoramos. Al llegar abrí la puerta despacio para confirmar que no hubiera nadie, pero el cuarto estaba muy oscuro, así que entramos y al parecer estaba solo.

    Caminamos despacio y aunque intentamos prender la luz no funcionó, nos acercamos a tientas a una silla que estaba pegada a la pared, y aunque a pesar de sentirnos solos, hablábamos despacio y con voz baja como previniendo que hubiera alguien por ahí y nos sacara. Priscilla me pidió bajar el cierre del vestido escotado, pero que en la espalda baja tenía un seguro, así lo hice; con la poca luz que había miraba como no llevaba sostén, sus pequeñas tetas brillaban con la luz que entraba de una ventana con persianas, se veía su silueta azul, después miré como quedó en tanga y no pude aguantarme, me bajé mi pantalón para cambiarme, pero antes de colocarme el otro me puse detrás de ella.

    Bese a Priscilla en el cuello, ella no dijo nada, con mis manos abrí sus pequeñas nalgas y después pase uno de mis dedos de abajo hacia arriba, ella me pidió parar por miedo a ser descubiertos, pero ya era tarde, yo estaba duro, mi pene latía por el nervio y las ganas, la giré y comenzamos a besarnos, ella me masturbaba despacio con sus manos; yo estaba doblado por lo alto y ella bajita que es, yo hice a un lado el triángulo delantero de su tanga y comencé a masajear su zona, ella estaba mojada y yo disfrutaba de su calor, de su aroma a mujer.

    Mientras nos besamos ella sacó mi pene del bóxer que llevaba puesto, y comenzó a frotarlo por su húmeda conchita, yo quería clavarla de una vez, pero ella disfrutaba de hacerme sufrir un poco, ella se sentó en la silla de madera, abrió sus piernas y me jaló con sus manos, comenzó a darme una mamada deliciosa, su lengua recorría todo mi pene, luego lo colocaba y me masajeaba con su lengua mi cabeza. Tras unos minutos decidí ahora ser yo quien se comiera ese manjar, pero cuando la levanté nos comenzamos a besar y a fajar delicioso, no notamos que la puerta se abrió y enseguida una luz del celular iluminó el lugar, solo escuchamos “perdón, perdón, no sabía que…”, era Alfredo, el maestro de Natalia.

    Sorprendido, Alfredo cerró la puerta de golpe y se quedó dentro, noté que, a pesar de lo sucedido, no dejaba de ver el cuerpo casi desnudo de Priscilla, ella se tapaba con un brazo sus pequeños senos y con la otra acomodaba su tanga, le pedí disculpas y traté de tapar a mi mujer con mi cuerpo, me guardé mi atributo que sobresalía por lo marcado de mi erección, él solo se rio y nosotros enseguida hicimos lo mismo. Al parecer se había equivocado, nos comentó que su novia dormía en un sofá que estaba en un cuarto pero que no recordaba cual cuarto, nosotros le comentamos que solo nos íbamos a cambiar pero que una cosa llevó a la otra.

    Alfredo ya iba con varias copas encima, se reía de una forma inquietante, como si estuviera disfrutando, pero a la vez no sabía si era real la situación. Le coloqué mi camisa a Priscilla y ella la lucía como una bata pues le quedaba grande, yo estaba en camiseta interior de tirantes y en mi bóxer, pero semi desnudos ambos. El maestro comenzó a platicar con nosotros, lo cual nos hizo vernos sorprendidos, hasta que lo soltó, “¿me dejarían verlos mientras se tocan?”, Priscilla me miró acelerada, yo lo miré y no supe si lo que escuchaba era real, así que confirmé “¿quieres que sigamos en lo nuestro mientras nos ves?”. Asombrado, pero avalentonado por la situación, Alfredo asintió con la cabeza.

    Le pedí que no se confundiera, pero el solo se rio, fingió estar jugando, así que solo reímos, Priscilla le pidió apagar la luz del celular, él lo hizo, pero continúo platicando; yo me acerqué a él para distraerlo en lo que mi mujer buscaba su ropa, pero por lo encandilado dijo, pueden mejor prender la luz de nuevo, Alfredo rápido lo encendió, mi mujer seguía en tanga y camisa que se transparentaba por la luz, dejando ver su silueta pequeña.

    Alfredo se acercó a ella fingiendo ayudar a buscar la ropa, yo me acerqué también, encontramos el pantalón de Priscilla y su playera, pero yo la abracé y le di un beso, ella se puso nerviosa. El maestro seguía ahí mirando, “sigan, sigan, por mí no se detengan”, nosotros reímos, pero yo seguía erecto y caliente, le dije a mi mujer en voz alta “si le hacemos caso al profe nos da puntos extra”, todos reímos, Priscilla entendió lo que buscaba, que diéramos un show, me acerqué a la puerta buscando a tientas la perilla y la cerré con seguro, regresé al lugar de Priscilla le dije “siéntese maestro”, el miró la silla que estaba ahí y nos miró.

    Comencé besando el cuello de Priscilla, le comenté que sería divertido, ella encantada me pasó sus brazos por el cuello, yo la tocaba de arriba abajo, levanté la camisa y ella se la quitó, sus pequeños pezones estaban duros, la luz hacía que su silueta se viera muy marcada; ella me bajó el bóxer se colocó en cuclillas con las piernas abiertas, Alfredo se movió el celular y nos enfocaba como reflector, sobre todo a mi mujer, yo tomé su cabeza con una mano y la guie en el ritmo mientras me comía mi verga que estaba dura, ella se tocaba con sus manos los pequeños pechos y bajaba hasta sobarse por arriba de la tanga negra que tenía puesta.

    Unos minutos después Priscilla se levantó y me dijo si así estaba bien, yo le dije que ya me había prendido y ahora teníamos que cumplir, Alfredo se rio. Priscilla buscaba otra silla, sin embargo, no se veía bien, aunque al notar esto, el maestro se levantó y le dejó el lugar, yo puse en 4 a Priscilla, quien no se opuso, yo me puse a comer su conchita que estaba muy mojada, tenía su sabor y como tenía cerrados mis ojos, no noté que Alfredo se acercó a Priscilla, él le acariciaba la espalda con una mano y con otra sostenía su celular con la luz hacía mi mujer.

    Ella gemía y no se oponía a que la tocara el maestro, hasta que él le apretó una nalga, ella se movió y yo me levanté, “es puro show, por favor no meta manos profe”, le comenté a manera de burla, pero de forma seca.

    Alfredo se hizo un poco hacia atrás, pero se bajó el pantalón y sacó su verga, como era muy delgado, su verga se veía larga, delgada y de cabeza rosa, Priscilla lo miraba de arriba abajo, pero no dejaba de gemir mientras yo le metía un dedo y acariciaba su culito.

    Mientras nosotros disfrutábamos de la adrenalina, el maestro se masturbaba y nos veía cual perverso que era, no aguantó y se acercó a Priscilla, sin tocarla, se colocó muy cerca esperando ella tomara la iniciativa para hacer algo, sin embargo, ella no hizo nada, yo me prendí y la clavé, Priscilla soltó un grito ahogado, y como estaba en 4, la verga de Alfredo le quedaba justo en su cara, yo le daba fuerte y en ocasiones notaba como la cara de mi mujer topaba con el trozo de carne del espectador.

    En una envestida Priscilla abrió la boca y Alfredo no dudó en colocar su miembro ahí, tomé la cabeza de mi mujer y la empujé; ella comenzó a mamar su verga, lo disfrutaba pero se hacía la fuerte, después, el hombre levantó el celular y se inclinó hacia adelante, mientras Priscilla se ahogaba con la verga larga, el con la mano pasó de tocar sus pechos hasta frotar el clítoris, eso la hizo venirse y me llenó de sus deliciosos jugos, me hice hacia atrás y miré tan maravilloso espectáculo, Priscilla se puso de pie y sus piernas temblaban, estábamos sudando y llenos de jugos, Alfredo preguntó tambaleándose si podía hacerlo con ella, mi mujer y yo nos miramos y le comentamos que no teníamos condones, a lo que respondió que tenía la vasectomía pues era divorciado y tenía 2 hijos.

    Yo tomé a Priscilla y mientras me la pegué de espaldas a mi pecho, la comencé a clavar y le respondía a Alfredo que lo mejor era solo así, el no dijo nada y se sentó en la silla ya sin nada de pantalón y masturbándose rápidamente. Mientras yo le daba a mi mujer, ella gemía, pero por su altura era algo complicado, poco a poco, fui acercando a Priscilla a la silla donde estaba sentado el maestro, la fui empujando hasta quedar de frente al hombre, él se inclinó un poco y comenzó a lamer sus pezones. De pronto sentí como sus dedos ya estaban en la vagina de mi mujer y entre cada ensartada rozaban mis testículos por accidente, así que tomé los brazos de mi esposa y los coloqué en los hombros de Alfredo.

    El hombre tomó de la cintura a mi mujer para sostenerla, besaba su cuello y sus senos, yo no podía dejar de clavar en la estrecha conchita que estaba más que mojada, entonces miré y Priscilla se estaba besando con el hombre.

    Salí de mi mujer y despacio retrocedí, le quité el celular de la mano a Alfredo y este tomó a mi mujer, la fue colocando hasta que de frente la sentó sobre él, ella frotaba con su pelvis y su vagina mojada la larga verga de aquel hombre, sin embargo, en un movimiento y por lo lubricada que estaba su concha, la verga resbaló y la ensartó, Priscilla comenzó a moverse para zafarse pero aquel hombre la sostuvo y no la dejó salir, así que yo me acerqué y comencé a besar el cuello por detrás de mi mujer, ambos tocábamos su cuerpo que era mucho más pequeño que el nuestro, y poco a poco haciendo círculos y subiendo y bajando Priscilla comenzó a tomar a aquel hombre.

    Yo estaba demasiado caliente que mientras me masturbaba no aguanté más y me corrí en la espalda de mi esposa, el semen escurrió por tanto sudor y llegó a sus nalgas, y conforme se movía sobre la verga de Alfredo, noté que el semen estaba en el culo y caía también al pene del maestro.

    Miré las expresiones de aquel hombre y supuse que se quería correr, así que tomé a mi mujer y la estiré hacia atrás, la verga se salió y aunque Alfredo sostenía de la cintura a Priscilla, ya no pudo meterla de nuevo y cuando lo intentó soltó un chorro de leche que calló hasta la cara de Priscilla, su abdomen y un poco en la conchita que estaba abierta y quedo cubierta por tanto semen que tenía.

    Descansamos y tras unos minutos nos limpiamos los tres, nos cambiamos en silencio hasta que Alfredo dijo “gracias, no saben lo feliz que me han hecho”, nosotros solo lo miramos y sonreímos. Ya cambiados, bajamos a la fiesta, había puros jóvenes borrachos y la novia de Alfredo seguía dormida así que nos pusimos a platicar en unas sillas de plástico mientras tomábamos cerveza hasta que amaneció.

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  • Mi casa se descontroló (2): Cogí con mi esposa y mi hijastra se unió

    Mi casa se descontroló (2): Cogí con mi esposa y mi hijastra se unió

    En la historia anterior les conté como fue el inicio del descontrol en casa, me había cogido a mi hijastra Sofía y a la niñera Valentina en un trío monumental.

    Durante el resto de ese día traté de mantener distancia con Sofía, sobre todo cuando Claudia, mi esposa, llegó a casa. Trataba de actuar con normalidad, como si nada hubiese ocurrido.

    Sofía no podía ocultar su deseo; cada vez que cruzaba alguna mirada conmigo, sonreía o se mordía los labios. Esas pequeñas actitudes llenaban de morbo mi cabeza, y la verdad es que quería cogérmela de nuevo.

    Se hizo la noche, cenamos los tres juntos, y después nos quedamos viendo una película. Sofía estaba perdida en su celular. Mientras yo trataba de concentrarme en la pantalla, no podía evitar preguntarme si estaría escribiéndose con Valentina, tal vez fantaseando con lo que había pasado. Solo pensarlo hizo que mi erección volviera a aparecer, dura y urgente.

    Tuve que levantarme a buscar un vaso con agua a la cocina. Al darme vuelta, noté que Sofía también se levantaba, pero anunciando que se iba a acostar. Saludó a Claudia, luego se acercó a mí, me dio un beso en el cachete y me susurró al oído: “hoy quiero verte, no cierres la puerta”. Su voz, cargada de deseo, hizo que mi pene se endureciera aún más.

    Volví al sillón, tratando de disimular frente a Claudia, quien no parecía notar nada… hasta que se acurrucó a mi lado. Puso sus piernas sobre el sillón y apoyó su cabeza en mi pecho, sin dejar de mirar la película.

    La situación me volvió loco; mi verga estaba dura y Claudia parecía divertida por ello. Se inclinó un poco, y con la mano comenzó a acariciarme sobre el pantalón. Sus dedos abiertos recorrían toda la zona, cerrando el puño en los puntos más sensibles.

    No podía resistirme. Con una mano acariciaba su cabeza y con la otra saqué mi pija del pantalón, dejándola expuesta frente a su rostro.

    Claudia, entre nerviosa y excitada, susurró: “acá no… vamos al cuarto”. Sonreí ante su audacia y aceptación, nos levantamos, apagamos la tele y nos dirigimos hacia el cuarto.

    Al ingresar, Claudia me miró con esa mezcla de nervios y deseo que me volvía loco. Se acercó lentamente, se agachó, y apoyándose sobre mis piernas, comenzó a quitarme el pantalón y el bóxer, dejando mi verga al descubierto. Apenas la vio, la tomó con sus manos, con delicadeza al principio, mientras sus ojos brillaban de excitación. Luego, sin avisar, la llevó a su boca.

    El contacto de sus labios y lengua me hizo arquear la espalda. Empezó despacio, jugando con la punta, luego subiendo y bajando, acariciando cada centímetro con una mezcla de hambre y ternura que me volvía loco.

    Mis manos se enredaron en su cabello, guiándola un poco, disfrutando del calor de su boca y de la forma en que me miraba mientras lo hacía.

    Cada vez que subía, cada movimiento, cada suave succión me hacía respirar con dificultad. Sentía como mi cuerpo respondía a todo lo que ella hacía, y la urgencia de cogérmela se mezclaba con el placer intenso de tenerla ahí, completamente entregada a mí.

    El sonido húmedo de su boca y sus pequeños gemidos me retumbaban en la cabeza. Su lengua jugaba con el tronco y luego descendía, llenándose la boca, mientras yo no podía evitar soltar gemidos profundos y llenos de deseo.

    Claudia se puso de pié, se desnudó completamente y se tumbó en la cama, las piernas abiertas y su respiración ya acelerada por la anticipación.

    Yo la miré unos segundos antes de inclinarme sobre ella, mi boca acercándose a su concha húmeda. Sus gemidos suaves me guiaban, y no podía resistirme a saborear cada centímetro de su piel.

    Mientras mis labios y lengua la recorrían, levanté la vista un instante… y la vi. Sofía estaba parada en la puerta, descalza, con un shortcito y una blusa blanca, observándonos. Su respiración era contenida, los ojos brillantes de deseo.

    Un escalofrío me recorrió, pero en lugar de detenerme, seguí chupándole la concha a Claudia, escuchando sus gemidos mezclarse con los míos. Sofía, al notar que su presencia no me incomodaba, lentamente, metió su mano dentro del short y comenzó a tocarse mientras nos miraba.

    Claudia arqueaba la espalda cada vez que mi lengua entraba en ella, y yo sentía cómo su excitación me volvía aún más loco. Cada gemido de Claudia, cada suspiro de Sofía al tocarse frente a nosotros, hacía que mi cabeza se llenara de pensamientos sucios.

    El morbo que tenía en la cabeza era tan intenso que se me ocurrió algo. No quería que Claudia supiera que Sofía estaba observando, así que le dije al oído: “No te muevas, quiero hacer algo distinto”.

    Claudia me miró sorprendida, pero la excitación brillaba en sus ojos y se dejó llevar sin dudar. Saqué de su mesita de luz el antifaz que usa para dormir y se lo indiqué. Su cara, ya llena de placer, era un poema; se lo puso rápidamente y sonreía mientras respiraba con fuerza.

    La di vuelta sobre la cama y la coloqué en cuatro. Los suspiros de Claudia eran incontrolables. Miré a Sofía, que seguía tocándose en la puerta, y con un gesto de dedo le hice señal de entrar en silencio. Ella se sonrió, se desnudó dejando la ropa tirada en la puerta y se acercó como quien sabe exactamente lo que quiere.

    Bajé de la cama, dejando que Claudia se acomodara hasta el borde, y comencé a chuparle el culo y la concha con una mezcla de delicadeza y hambre. Sofía se acercó en silencio y comenzó a chuparme la pija, tratando de hacer el menor ruido posible.

    La escena era un festival de lujuria: mientras mi boca recorría cada rincón de Claudia, mi verga desaparecía dentro de la boca de Sofía, La excitación era tan intensa que Claudia no pudo contenerse: soltó un squirt poderoso, sus piernas temblaban y sus gemidos se llenaban de desesperación y placer.

    El momento era perfecto. La urgencia de cogerme a Claudia era imposible de ignorar. Todo el cuarto estaba cargado de deseo y morbo, un juego sucio y extremo que nos tenía a los tres al borde de la locura, listos para cruzar cada límite que se nos ocurriera.

    Giré a Claudia ligeramente, aún en cuatro, y la penetré de golpe, sintiendo cómo su cuerpo se arqueaba y sus gemidos explotaban en la habitación. Cada embestida era intensa, fuerte y llena de hambre, haciendo que sus caderas se movieran al ritmo de mis golpes.

    Claudia gemía desesperada, su respiración entrecortada, sus manos aferrándose a las sábanas mientras yo no soltaba su culo ni un segundo, alternando entre empujar profundo y acariciarle la espalda y las nalgas.

    Sofía se puso a un lado, descalza y desnuda, con las piernas abiertas, tocándose mientras nos miraba con deseo voraz. Sus suspiros suaves se mezclaban con los gemidos de Claudia, creando una sinfonía sucia de excitación y lujuria. Cada vez que miraba a Sofía, verla tocarse mientras nos veía coger aumentaba aún más mi placer, haciéndome querer embestir con más fuerza, con más ansias.

    La necesidad de cogerme a Sofía también era imposible de ignorar. Saqué mi verga de la concha de Claudia y comencé a cogérmela con los dedos con ritmo. Le guiñé a Sofía para que entendiera. Ella no tardó; se acercó, se arqueó un poco hacia abajo, y dejó su conchita lista para que la penetrara.

    Con cuidado, despacio, para que Claudia no notara su presencia, se la metí a Sofía. No podía embestirla con fuerza, pero el solo hecho de estar adentro, sentirla cálida y húmeda, me volvía loco. Sofía suspiró bajo mi toque y cada roce hacía que su excitación creciera, igual que la mía.

    La temperatura en la habitación se disparaba. La excitación era tal que Sofía no pudo contenerse: soltó un squirt que me bañó la pija con sus jugos. Antes de que pudiera reaccionar, Claudia, totalmente entregada y llena de placer, también me bañó la mano con su propio squirt.

    El morbo era un descontrol absoluto. Estaba cogiendo con mi esposa y mi hijastra, ambas gimiendo y suspirando, temblando, mientras sus fluidos se mezclaban con mi calor.

    Ya no podía más, le dije a Claudia que se bajara de la cama y se arrodillara, pero que mantuviera el antifaz puesto. Quería acabarle en la boca y ella, completamente entregada, accedió sin dudar.

    Se puso frente a mí, y Sofía, aún deseosa de mí, se acercó también, manteniendo distancia para que Claudia no notara su presencia. La escena era gloriosa: dos bocas abiertas, expectantes, y yo, con la pija dura, comenzando a pajearme rápido mientras jadeaba, perdiéndome en el placer de verlas así.

    El primer chorro de leche fue a la boca de Claudia, la siguiente descarga fue en la de Sofía. La sensación fue impresionante, fue una acabada más intensa que la de la mañana con Sofía y Valentina.

    Ambas tragaron cada gota, sin desperdiciar nada. Claudia, un poco más atrevida, después de tragar, agarró mi verga y me la chupó un poco más para dejarla completamente limpia.

    Sofía aprovechó ese instante para levantarse y dirigirse hacia la puerta. Antes de irse, se dio vuelta y nos miró: vio a Claudia chupándomela mientras yo no podía apartar la mirada de ella. Me lanzó un beso al aire y se marchó.

    Claudia dejó de chuparme, se sacó el antifaz y me miró con una mezcla de lujuria y satisfacción. Yo la devolví la mirada, lleno de deseo y morbo, mientras ambos respirábamos agitadamente.

    Después de tanto desenfreno, ambos nos bañamos, dejando atrás los restos de nuestro placer compartido. El agua caliente recorría nuestros cuerpos, suavizando la tensión y el morbo que todavía nos recorría.

    Terminados, nos secamos y nos metimos en la cama. Nos abrazamos, cuerpos pegados, respiraciones entrecortadas, todavía sintiendo la intensidad de la noche.

    El cansancio era absoluto, pero también había una satisfacción que nos mantenía sonriendo entre suspiros.

    Fue una noche intensa, llena de placer, lujuria y morbo descontrolado. Nos dejó exhaustos, pero a mí, más que a cualquiera, porque había tenido el privilegio de cogérmelas a ambas, sintiendo su entrega y excitación a cada instante.

    Sabía que esto no iba a terminar acá, más cosas pasarían, entendí que podía cruzar muchos limites, y vaya que los crucé.

    Mi casa se volvió un descontrol.

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  • Experiencia con operador central autobuses

    Experiencia con operador central autobuses

    Mi experiencia fue en el año 2015 en la central poniente.

    Yo trabajaba en los andenes y en una temporada me tocó trabajar en el turno nocturno.

    Un operador llegó y se estacionó por qué su próxima salida sería a las 5 am y era diciembre y hacia frio él me dijo que cuando terminara, podría quedarme en el autobús para refugiarme del frio, yo terminé mis labores y le toqué para que entrar, era un autobús de 2 pisos.

    Cuando me metí él estaba en la parte de abajo mirando porno en una de las pantallas y yo me senté a lado y recosté el asiento, no dije nada yo ya medio cabeceando, me percate que el se estaba masturbando ya con la verga de fuera, no dije nada ni me exalte, pero sentí una sensación de excitación instantánea.

    Cómo a los 10 minutos el tomo mi mano y me la puso en ese miembro erecto y húmedo, así estuvimos como otros 10 minutos hasta que el reclino su asiento y me deslizó hacia la parte de su abdomen el me pasaba su verga por el rostro mientras me acaricia mi cabello y oídos, ese olor yo ya estaba muy muy excitado y cuando lo coloco en mis labios yo abrí mi boca y me la metí toda, no sé en que momento yo ya estaba haciendo un sexo oral como experto, el agitado bajo su pantalón hasta los tobillos y yo besaba sus bolas, chupaba ese delicioso trozo de carne, me hinque y seguí chupando, sin hacer contacto visual con él en todo ese tiempo.

    Se levantó se sacó el pantalón y me desabrochó el pantalón y me bajo todo y me saco todo pantalón y bóxer, me sentó y empezó a mamar mi verga, súper dura, mis bolas, cuando sube mis piernas y empieza a lamerme el culo, wow una sensación increíble así estuvo como 20 minutos de repente lo vi como ya tenía 2 dedos adentro sin ninguna molestia.

    Yo casi explotaba y se detuvo se levantó fue como a una tipo guantera y saco un lubricante y un paquete de condones, obvio sabía lo que quería y yo también lo deseaba.

    Se lo chupe de nuevo, se le puso dura una vez más y se puso el condón, me puso lubricante en el culo el bastante en su pene, le levanto los puedes los coloco en sus hombros y lo coloco en la entrada de mi ano, me dio un beso y poco a poco fue empujándolo, sentí como deslizaba poco a poco, hasta que sentí sus bolas con mis nalgas ahí se quedó un par de minutos hasta que me acostumbrara a su verga y empezó a bombearme tan rico mientras me jalaba la verga.

    Me lo saco él se sentó, me volteo y me lo volví a meter dando la espalda de cuclillas sobre el asiento con las piernas separadas subiendo y bajando así por 15 minutos más hasta que explote en una venida épica y al poco tiempo se vino a pesar del condón pude sentirlo como se llenaba.

    Fue una de las mejores experiencias, no repetimos ya que yo me salí de trabajar y ya no coincidimos pero, nos veíamos como si nada hubiera pasado.

    Actualmente tengo 34 años soy de CDMX y quisiera vivir otra experiencia con un hombre maduro o joven activo.

    Saludos, espero les guste.

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  • Conversaciones privadas en una app de citas (1)

    Conversaciones privadas en una app de citas (1)

    4 homosexuales que se ganaban la vida vendiendo su cuerpo en una app de citas, se convirtieron en mis mejores amigos sin darme cuenta. Me gané su confianza y me permitieron quedarme con todas las capturas de sus conversaciones. Se van a divertir muchísimo con este material privado que tengo para ustedes. Les regalaré 2 conversaciones breves por cada publicación. Mis amigos son venezolanos, así que encontrarán palabras un poco extrañas.

    Fragmento de conversación N.º 1:

    Persona 1:

    Me dejaste en visto varias veces.

    Te dije para vernos en el galpón.

    ¿Ya no te gusto, dime?

    ¿Qué te pasa, hermano?, mi tiempo vale.

    Persona 2:

    Nos conocimos ayer y ya pareces una vieja psicópata.

    Amárrate.

    Fragmento de conversación N.º 2:

    Persona 1:

    De verdad me gustaría verte, pero no tengo pasaje.

    Déjame reunir para el pasaje y voy a verte.

    ¿Te parece?

    Persona 2:

    Mi madre, ¿no tienes ni para un pasaje? Mayor pelabolismo el tuyo, vete pa la verga.

    Si te gustaron las conversaciones, no te pierdas las próximas, estaré publicando muy seguido.

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  • Mi hijo, Vanessa y su vecina Emma

    Mi hijo, Vanessa y su vecina Emma

    Mientras follaba todo lo que podía, mi hijo pequeño seguía obsesionado con su amigo Pablo y sus problemas con el alcohol, su mente iba urdiendo un plan retorcido, en el que el sexo iba a ser fundamental, pero mejor que el siguiente paso que dio nos lo cuente él:

    Cuando, durante su encuentro sexual, mi madre le sacó a mi amigo que sentía cierta atracción por una de las vecinas de su abuela, llamada Emma, al quedarme a solas llamé a la abuela de mi amigo, con la que había tenido un tórrido encuentro sexual, ella se mostró sorprendida por el hecho de que le preguntara por ella, pero me prometió presentármela, pocos días después me llamó para decirme que fuera al día siguiente a su casa y que ella estaría allí, acepté.

    Al día siguiente me presenté en casa de Vanessa, al abrir la puerta pide ver que ella llevaba un vestido transparente muy ajustado, me mando pasar y me llevó al salón donde había una chica con pinta de simpática, llevaba unos pantalocitos cortos y bien ajustados que dejaban ver un par de buenas piernas y una blusa muy ajustada que marcaba un par de buenas tetas, normal que a mi amigo le gustara.

    Vanessa nos sirvió una cerveza y algunas cosas para picar, y nos pusimos a conversar de nada, pero en una charla simpática y agradable, hasta que Vanessa dijo:

    -Creo que es mejor que deje a solas a los tortolitos.

    Y se disponía a salir, Emma que hasta ese momento había estado sentada en el sofá, se puso de rodillas sobre este y sonriéndome dijo:

    -Siento curiosidad por ver lo buenorro que estas sin camisa, y sin consultarme me comenzó a desabrochar los botones.

    Yo me quedé sorprendido, ella me desabrochó la camisa y llamó a su vecina:

    -Vanessa, veo que este chico es mucho macho, igual debemos de ocuparnos de él las dos

    La aludida volvió rápidamente al salón y Emma dijo:

    -Tu amigo está muy bueno, deberíamos de follarnole las dos

    Yo estaba alucinando entonces Vanessa dijo:

    -Nunca he participado en un trio.

    -Simplemente déjate llevar, respondió Emma, estoy seguro de que él tiene caña para las dos.

    Ante mi sorpresa se levantó la blusa rosa que llevaba, y luego se la quitó, debajo llevaba un sujetador rosa, también con figuritas, luego hizo lo mismo con su pantalocito, dejando al descubierto unas bragas rositas con rayas, mientras su amiga se quitaba la ropa Vanessa me acariciaba, desde detrás del sofá, sus tetas, apenas tapadas por el vestido comenzaron a rozar mi cabeza, mientras ella me decía:

    -Cariño a las dos nos apetece gozar de ti, ¿Crees que podrás hacerlo?

    -Lo hare, o moriré en el intento, le respondí, pero quiero hacerlo con las dos, sois divinas.

    En ese momento Vanessa llevó una de sus manos hacia mi polla y se puso a acariciármela por encima del pantalón, está por supuesto se puso dura rápidamente, mientras Emma seguía desnudándose, se quitó primero el sujetador y después las bragas, quedándose completamente desnuda, una vez más comprendí a mi amigo, esa mujer desnuda parecía una diosa. En ese momento Vanessa me dijo:

    -¿Te has fado cuenta del culo que tiene mi amiga?, Acaríciaselo.

    Vanesa llevaba razón el culo de Emma era una delicia comencé a sobárselo, mientras Vanessa me desabrochó del todo la camisa, y después se lanzó hacia mis pantalones, me los desabrochó y me los bajo, sin moverme del sillón hasta que mi polla se quedó al aire, cuando estuvo libre se puso a masturbarla, me tuvo un rato hasta que, como teniendo una inspiración le pidió a Emma que le ayudara a desnudarme, entre las dos lo hicieron rápidamente y cuando estuve completamente desnudo Vanessa preguntó a su vecina:

    -¿Esta buenorro, o no?

    Desde luego que lo está, respondió esta.

    En ese momento Vanessa se lanzó sobre mi polla y se puso a chuparla, parecía que la presencia de su amiga le daba más morbo a la situación, hasta que poco después me sacó la polla de su boca y mirando a su vecina le dijo:

    -¿No te apetece esta polla?, Chúpala tu un rato.

    Y mientras su amiga lo hacía Vanessa aprovechó para desnudarse del todo, en ese momento ya estábamos los tres desnudos. Pero en ese momento Vanessa parecía muy hambrienta de polla y le dijo a su amiga:

    -No puedo aguantarme más mis ganas de follar.

    La hizo sacar mi polla de la boca de Emma, y después tumbarme a mi sobre el sofá, mientras le decía a su vecina:

    -Mira cómo se folla.

    Emma se sentó en el respaldo del sofá y se puso a mirar, mientras la madurita, se ponía sentada de espaldas tanto a ella como a mi y se sentaba sobre mi polla, que con la ayuda de una de sus manos introdujo dentro de su coño, mientras su joven vecina decía:

    -Que zorra eres Vane.

    Los gemidos de esta eran inmensos, pero yo, que estaba tumbado no pude dejar de fijarme en Emma, que como ya he dicho parecía una diosa, llevé una de mis manos hacia su cuerpo y comencé a acariciar su vientre, después le dije:

    -Acerca tu coño a mi boca, quiero comértelo.

    Ella no se hizo de rogar y puso su coño encima de mi boca. Abrí mi boca, saqué mi lengua y me dispuse a comerme ese coño que parecía tan delicioso, y efectivamente nada más meter mi lengua en el interior de ese coño sentí un sabor delicioso, ella por su parte nada más sentir mi lengua se puso a gemir mientras decía:

    -Tío comes muy bien el coño, nunca me lo habían hecho así, vas a conseguir que me vuelva loca de gusto.

    Sus gemidos parecían demostrar que esto era así, pero en ese momento Vanessa tubo un capricho:

    -Amor follame a cuatro patas.

    Y se puso a cuatro patas, dándome la espalda, Emma entendió que eso nos obligaba, al menos de momento a interrumpir nuestra comida de coño y se hizo a un lado, yo me puse de rodillas detrás de Vanessa, y se la metí de golpe, Vanessa paso a gemir de una manera brutal.

    -Mientras hacía esto Emma se puso detrás de mí, me beso de una manera muy ardiente en la boca y me decía:

    -Mi amor, dale fuerte a la zorra de Vanesa, hazla revolverse de placer.

    Eso me animaba a seguir follando con ella, hasta que fue la propia Vanessa la que le dijo:

    -Dime vecinita, ¿Te apetece ocupar mi lugar?

    Emma no se hizo de rogar y se cambió de lugar con Vanesa, yo estaba en la misma posición, pero mi polla pasó de entrar en el maduro y caliente coño de Vanessa, al ardiente y joven de Emma, en cualquier caso, era una delicia follar con las dos, cuando mi polla entró en el coño de Emma, esta comenzó a gemir de una manera increíble, mientras Vanessa se había puesto de pie, encima de donde estábamos follando y comenzó a decir:

    -Es una delicia vera dos jóvenes tan hermosos como vosotros follar, ninguna mujer de mi edad debería perderse este espectáculo.

    Noté como Emma se corría, pero yo seguí follando, Vanessa abandonó su posición y se puso detrás de mí y sin que yo dejara de follarme a su vecina, ell me acariciaba el culo y me decía:

    -Venga cariño, vuelve loquita a esta zorra.

    Seguí follandomela y Vanessa nos propuso:

    -Cambiar de postura.

    Y siguiendo su sugerencia yo me tumbé en el sofá y Emma se puso encima de mí, y comenzó a cabalgarme lo hacía con ansias, no hacía falta que nadie le animara, pero Vanessa lo hacía, diciéndole:

    -Venga Emma, tienes una buena polla debajo de ti, no vas a encontrar muchas así, disfrútala

    Mientras oía esto, Emma seguía cabalgándome de una manera impetuosa, yo estaba disfrutando, experimentado cosas que no pensaba que existieran, hasta que vi que me iba a correr, Vanessa se dio cuenta y ordenó a Emma bajarse de mí y tumbarse en el sofá, luego me ordenó a mi ponerme de pie encima del vientre de Emma y masturbarme, no me había dado tres meneos cuando me corrí y mi leche regó el coño de Emma.

    Después los tres nos sentamos en el sofá relajados, entonces Vanessa me preguntó:

    -¿Lo de que tenías una idea para apartar a mi nieto del alcohol, es verdad o era solo una forma de que te ayudara a follar con esta chica?

    -Para nada, dije yo, aunque me encanta lo que acabamos de hacer, pero he pensado que, si aficionamos a tu nieto al sexo, podemos hacer que deje el alcohol.

    Se puede intentar, dijo Vanessa, supongo que tendría que hacerlo Emma, yo soy muy vieja para gustarle y a demás soy su abuela.

    -Bueno si es por eso a mí no me importa, dijo Emma, pero lo de ser su novia se me hace mucha responsabilidad.

    Tu Vanessa no eres vieja, eres una madura muy sexy, y si erres su abuela y supongo que es difícil, pero eso no es un obstáculo insalvable, dije yo.

    -Bueno dejémonos de ideas locas y ya que estamos follando, sigamos follando, dijo Vanessa, y dirigiéndose a Emma, añadió, de momento ocupémonos de poner esta polla como se merece.

    Me hicieron tumbarme sobre el sofá y las dos se pusieron de rodillas a la altura de mi polla, y sacando sus lenguas comenzaron a darme lametazos.

    Después Vanessa animó a Emma a meterse mi polla en la boca y ponerse a chupármela, poco después era Vanessa la que lo hacía, ante este tratamiento mi polla se puso a mil, n ese momento Vanessa, haciendo el papel de maestra me ordenó ponerme de pie, mientras ellas se tumbaban en el sofá con las piernas alzadas, dejando sus coños bien abiertos, se acariciaban sus sexos y me dijo:

    -Venga cariño, métesela a esta chica, antes de de se convierta en la novia de tu amigo y te de reparos.

    No era momento de pensar en cómo sería mi relación con Emma si se convertía en la novia de mi amigo, era el momento de follar, sí que introduje mi polla dentro del coño de esa diosa.

    Ella se puso a gemir mientras decía:

    -Desde luego tu polla es increíble, me estas volviendo loca de gusto.

    Yo seguía follando a Emma, mientras Vanessa nos miraba, en un momento dado llevo una sus manos hasta su coño y se puso a acariciárselo, ero no tenía bastante, así que metió uno de sus dedos en el interior de su coño y se puso a masturbarse, sus gemidos eran intensos.

    Mientras yo seguía dando placer a Emma, que gemía de una manera muy fuerte, Vanessa se ofreció a cederle su lugar para mi polla, pero ella dijo:

    -Cariño cuando te corras m lo cedes, pero creme se disfruta muchísimo viéndoos follar.

    Yi seguí follandome a Emma hasta que finalmente se corrió. En ese momento, se la saqué y me dirigí hacia donde estaba Vanessa, ella al verme delante de ella me dijo:

    -Ahora me toca a mí, tu mira Emma, veras el morbo que da.

    Yo se la metí dentro de su coño, que, con sus caricias, y al parecer al vernos follar se había puesto muy húmedo, tenerla dentro era increíblemente placentero, así que me dispuse a moverme en su interior, mientras ella decía:

    -Desde que soy una puta vieja estoy disfrutando más del sexo que de joven.

    Emma al principio solo miraba, pero como había hecho Vanessa con anterioridad, llevó primero su palma de la mano encima del coño, y después introdujo uno de sus dedos en su interior, mis dos mujeres parecía que estaban en una competición a ver quien gemía más fuerte, y eso me encantaba, hasta que finalmente Vanessa se volvió a correr, fue entonces cuando dijo:

    -Creo que te deberías follar a Emma por el culo.

    -Podría ser interesante probarlo, dijo la aludida.

    Se bajó del sofá y se puso a cuatro patas, a continuación, me dijo:

    -Mi culo esta preparado, me puse de rodillas detrás de ella y a pocos centímetros de su trasero.

    -Espera un poco, dijo Vanessa.

    Y levantándose también del sofá vino hasta donde yo estaba, agarró mi polla y la condujo hasta la entrada del culo de su vecina, después dijo:

    -Adelante.

    Yo al oírla empujé mi polla y la introduje en el coño de Emma, esta al sentirla comenzó a gemir, se notaba que mi polla no era la primera que visitaba este lugar, Vanesa al vernos dijo, dirigiéndose a mí:

    -Adelante cariño, tienes una buena yegua para cabalgarla, dale fuerte.

    Me pareció un buen consejo y comencé a moverme hacia delante y hacia detrás, mientras ella gemida de una manera brutal y decía:

    -Me vuelves loca de placer, te adoro.

    Yo seguía dándola, moviéndome hacia delante y hacia atrás, ella tenía un culo muy acogedor, mientras Vanessa, nuevamente comenzó a acariciarse e coño, en medio de unos gemidos muy fuertes, parecía que se le iba la vida en ellos, y decía:

    -Cabrones habéis sacado mi vena voyeur, me estoy muriendo de gusto viéndoos.

    Yo seguía follando el culo de Emma y ella gimiendo, se me ocurrió meter tres de mis dedos en su interior, vi que lo tenía muy húmedo, como si fuera una fuente, esto aumento mis ganas de seguir follandomela, quería que ella tuviera el mejor momento de su vida, y parecía que lo estaba logrando. Finalmente, no pudo más y dijo;

    -No puedo más me voy a correr.

    Dio un gemido brutal y una inmensa humedad invadió su coño, yo sin dejar de follar su culo, llevé mis dedos a su boca y los lamí, era un sabor increíblemente delicioso, pensé en sacársela, pero ella me dijo:

    -Mi amor, tu no te has corrido, a mi me has llevado a la gloria y yo quiero llevarte a ti, sigue follando mi culo hasta que te corras.

    Seguí sus indicaciones, así que me movía hacia delante y hacia atrás, hasta que sentí que me iba a correr, lo grité, pero ella me incitó a terminar dentro de su culo y cuando lo hice un verdadero río de leche inundó su coño.

    Fue en ese momento cuando se la saqué, entonces Vanessa dijo:

    -Desde luego este chuco a tenido una idea genial, si alguien puede reconducir los problemas de mi nieto hacia el alcohol hacia el sexo, eres tú cariño.

    ¿Aunque me guste su amigo?, preguntó Emma riendo.

    De esta forma los tres nos habíamos puesto de acuerdo en intentarlo, faltaba lo difícil, llevarlo a la práctica.

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  • En penumbras

    En penumbras

    Terminé de ducharme, me envolví en una toalla, y salí a mi dormitorio, la habitación tenía una iluminación tenue, el sol apenas la iluminaba.

    Me paré frente al espejo, el pelo aún húmedo caía por mis hombros, toqué mi pierna, que estaba descubierta por el tajo que formaba la toalla, sin dejar de mirarme en el espejo, solté la toalla y la dejé caer, quedé completamente desnuda, y contemplé mi cuerpo.

    Despacio fui acariciándome las tetas, las recorrí completamente, apreté mis pezones, los cuales no tardaron en ponerse duros, me salivé los dedos y moje mis areolas, delicadamente fuí bajando mi mano, acaricié mi ombligo, formé círculos dentro de él con el dedo índice.

    Mientras me miraba, mordía mi labio inferior, seguí bajando, y apenas con la uña, acaricie dándome un leve cosquilleo y llegar al monte de venus, recientemente depilado, tocarme la piel suave me hizo dar un leve gemido, acaricie mi labio inferior y superior, completamente húmedos, los lleve a mi boca, y como si fuera un labial, pase mi dedo en toda su superficie, con el sabor de mis fluidos, me costaba tener los ojos abiertos y verme mientras mi mano derecha seguía sobándome las tetas.

    De a poco fui recorriendo toda mi vagina, decidí sentarme al borde de la cama, y separar bien las piernas, apoyé mi brazo derecho sobre la cama, y me acomodé para seguirme viendo en el espejo. No daba más, me introduje el índice delicadamente en la conchita, lo cual me hizo gozar y dar gemidos, ah, aah, aaah.

    Recordando tal vez algún encuentro, me escuche diciendo, así, asii, aaah, que rico, ver mi cara de goce en el espejo, me excitaba más, y me toque más intensamente, tocándome el clítoris e introduciendo el dedo.

    Estaba a punto de llegar a un orgasmo, dejé de tocarme las tetas y me aferré a un costado de la cama, y el orgasmo llegó, acompañado de un profundo grito. Mi mano quedó húmeda totalmente por mis fluidos, los cuales saboreé, y vi mi cara de satisfacción en el espejo; quedé recostada agitada, el corazón a mil, pero feliz y sin culpa.

    En cuanto me repuse, pase por el baño y me alisté un poco, busqué lencería para ponerme, mientras me colocaba la tanguita y el soutien negro de encaje me veía en el espejo, prometiéndome que no será la última vez que lo haga. Gocé de acariciar y sentir mi cuerpo, disfrutando el momento.

    Espero que les haya gustado.

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