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  • Lucía (Cap. II): Lucía estaba en sus días

    Lucía (Cap. II): Lucía estaba en sus días

    De no haber sido porque Lucía es la mujer más hermosa que he visto en mi puta vida, el hecho de que me degradaran en mi trabajo para convertirme en el ayudante de ella, sin duda me habría llevado a renunciar de inmediato. Sin embargo, la perspectiva de convivir de cerca con la bellísima Lucía, al ser su subalterno, (y claro, también pensando en lo mucho que necesitaba el trabajo), fue suficiente como para que aceptara el sitio que me ofrecían, sin que me importara parecer un novato, o peor, un incompetente.

    Así comenzó la historia con Lucía, esa mujer guapísima, de lindos ojos negros y deseables labios. Dueña de unas piernas fenomenales y un culito de apretadas y redondas nalgas, levantaditas sin duda por el ejercicio. Con sus 33 años, Lucía era divorciada, la mujer más codiciada de la oficina, pero igualmente, la más difícil de conseguir (había rechazado incluso las invitaciones que le habían hecho los güeyes más “caritas” del trabajo, esos que muchas veces alardeaban de ser todos unos “donjuanes”). Por supuesto que ella se daba cuenta del efecto que tenía en los hombres, pero contrario a lo que casi siempre pasa con ese tipo de mujeres, que acaban creyéndose unas divas, Lucía se comportaba siempre de forma amable con todos, aunque eso sí, guardando religiosamente esa distancia impersonal que le imponía a todo el mundo. Por esa forma de ser, fue que muchos comenzaran a calificar a la guapa Lucía como una “calientahuevos”, lo cual era totalmente injusto, pues ella jamás coqueteó con alguno de nosotros, para luego dejarnos picados con las ganas de cogérnosla. Debo decir que yo me incluía en ese grupo de jueces idiotas, como si fuera posible recriminarle el hecho estar tan buena y no compartirnos aunque sea un minuto de su cuerpo, solo porque se nos antojaba. Pero con el tiempo fui conociendo a Lucía, comprendiendo que aquél modo tan serio de tratar a sus compañeros, era una especie de armadura, una defensa que ella misma levantó en torno a sus sentimientos, tras haber sufrido las peores decepciones en una relación enfermiza con el que fuera su ex esposo y más tarde, con un cabrón que aprovechó su momento bajo para hacerle cosas bastante indecibles.

    El trato personal y cotidiano que propició nuestra relación de trabajo, fue dando paso a la amistad y a que Lucía poco a poco fuera bajando sus defensas cuando platicaba conmigo de asuntos privados, lo que me llevó a enamorarme de ella y a desearla al punto de desarrollar una irremediable fijación por su cuerpo, que me obligaba a masturbarme do o tres veces al día pensando en la sensualidad de sus deliciosos muslos cuando usaba esas faldas de oficinista que tan ricas le quedaban, o imaginando sus dulces y carnosos labios rodeando mi verga. Aquellos placeres en solitario constituían la única vía de escape a la atracción que la delicada figura de esa mujer y sus rasgos perfectos ejercían sobre mí. Así que nunca me habría imaginado que la buena suerte fuera a sonreírme y menos en medio de la peor racha de mi vida, permitiéndome coger con Lucía, primero en la oficina y luego en su propia casa. Tal hecho me parecía un sueño, tan sorprendente, que hasta tuve miedo de ser el motivo de una apuesta entre ella y alguna de nuestras compañeras, o en el peor de los casos, el objetivo de una de esas bromas crueles que le hacen a los pendejos como yo en internet. Pero por la mañana, al despertar en la cama de Lucía, con ella desnuda y abrazada a mí, tuve la certeza de que por fin aparecería la luz al final del oscuro túnel en el que se había convertido mi vida tras mi divorcio y mi precario desempeño laboral.

    A la mañana que siguió a la memorable noche, Lucía y yo salimos de prisa rumbo a la oficina y apenas hubo tiempo para que ella me presentara a su hija.

    Al llegar al trabajo, aparcamos el coche a un par de cuadras de nuestro destino, para que pudiéramos despedirnos a gusto, con un buen beso. –Perdona que no me acerque a ti de este modo durante el resto del día- Expresó Lucía, algo apenada, poniendo una carita de inocencia que jamás le había visto. –De hecho, creo que voy a pedirte que mantengamos la relación como hasta anoche- Me dijo, con eso que sonaba como a despedida –Bueno, eso solo va a ser así hasta que no haya nada formal entre nosotros- Me dijo, regalándome un último y breve beso.

    -“¿Nada formal?”- Me pregunté, antes de decirle a Lucía que estaba de acuerdo en que tomara esas precauciones en cuanto a lo que había pasado entre nosotros. Sin embargo, con aquellas palabras, más que alejarme, me había dejado claro que si yo quería seguir teniendo sexo con ella, o incluso intentar cualquier tipo de acercamiento que fuera más allá de lo profesional, tendría que pedirle que fuera mi novia, o algo por el estilo. Al menos eso supuse, al tratarse de una mujer que no se anda con medias tintas, pues tal como lo descubrí con el tiempo, con ella era “todo o nada”.

    Para mí, a pesar de que había pasado casi un año desde que me divorciara de Jennifer, la madre de mi hijo y mi mujer durante 15 años, no me había animado a comenzar alguna relación, principalmente porque soy un sentimental irremediable, que hasta unas horas antes, todavía guardaba la esperanza de recuperar mi matrimonio. Además, nunca fui muy hábil a la hora de ligar y mis ánimos estaban por los suelos. Pero tratándose de Lucía, pensé que debía dejarme de pendejadas y volver “formal” lo que fuera que hubiera entre ella y yo. Aun así, durante el resto de la jornada, las palabras “nada oficial” siguieron rondando mi cabeza.

    Ese día pasó como cualquier otro a los ojos de todo el mundo, con Lucía procurando tratarme como hasta antes de que cogiéramos, pero sin poder hacerlo del todo, pues constantemente, pasaba por detrás de mi asiento y me decía alguna cosa caliente al oído, o me sonreía, mordiéndose el labio de forma coqueta, contradiciendo por completo la petición que me había hecho antes de que subiéramos hasta nuestro cubículo y sorprendiéndome sobremanera, pues jamás se había comportado de esa forma seductora. Yo me creí el tipo más afortunado de la oficina y me resultaba imposible no hacer caso al constante cachondeo al que me sometía esa hermosura de mujer, mucho menos después de haber disfrutado de las delicias de su cuerpo, que si ya antes de tener sexo con ella, me volvían loco, ahora que las había probado, terminé excitándome de tal modo, que aquél día tuve que “jalarle el pescuezo al ganso” encerrado en el baño, al menos unas 5 veces.

    Cerca del final de la jornada, ya no tenía ninguna duda. Si Lucía necesitaba una relación seria, yo con gusto se la daría, con tal de tener a esa mujer solo para mí. Así que le pedí que me esperara en su coche a la hora de la salida. –Necesito preguntarte algo importante- Le adelanté, sabiendo de antemano que Lucía sentía debilidad por las cursilerías, como las románticas declaraciones de amor.

    Hacía tanto tiempo que yo no pasaba por algo semejante, que me sentía ridículo al pensar en lo que le diría a Lucía, e incluso debo aceptar que también me puse algo nervioso, como un chavito de secundaria que se le va a declarar a la morrita que le gusta. Así que más tarde, cuando me adelanté a la salida, como me lo había pedido Lucía, para no dar motivo a los chismes de oficina, me encontré con Filemón, el guardia que se encarga de cuidar durante las noches el edificio donde trabajamos, quien al verme, de inmediato me retuvo para charlar como muchas veces lo hacía, aunque esa noche de viernes yo lo único que deseaba era largarme y poder besar de nuevo a Lucía.

    Filemón, el guardia, era un buen sujeto, de esos que tienen anécdotas por millares y habíamos forjado algo parecido a una amistad, por lo que se me hizo algo “mala onda” cortarle la plática sin motivo aparente.

    -¿Otra vez tarde, Manolo?- Me preguntó el viejo, a quien le gustaba intercambiar impresiones conmigo de lo bien que se veía Lucía con tal o cual atuendo, pues como yo y cualquier hombre en la oficina, el vigilante del turno de la noche, tampoco era inmune a los encantos de tan espectacular mujer. Luego de liberar nuestro morbo, hablábamos de fútbol, las noticias y demás estupideces.

    -Así es, mi buen Filemón. Trabajando hasta tarde otra vez- Le respondí, extendiendo la mano para saludarlo.

    -Oye, Manolo- Dijo el hombre de unos sesenta y tantos años, gordito y canoso, haciendo una pausa para abrir la puerta del edificio con el botón que había para ello en el mostrador, pues en ese momento Lucía dejaba el edificio, sorprendida de encontrarme todavía ahí.

    Filemón y yo nos quedamos mirando el fabuloso culo de Lucía, quien se despidió del velador y de mí, como sin nada. Ese día, Lucía había asistido a la oficina con un pantalón negro, tipo sastre. Que hacía ver su redondo y levantado trasero completamente despampanante, lo que sumado a la blusa blanca y ceñida que había elegido delante de mí aquella mañana, se marcaba la tentadora curva de su estrecha cintura, convirtiendo el atractivo cuerpo de Lucía en el objeto de la mirada de Filemón y por supuesto, de la mía.

    -Cada día se pone más buena ¿No?- Le dije al guardia, soltando un comentario como tantas veces hice mientras los dos mirábamos pasar a la inalcanzable vendedora estrella de la compañía.

    -Sí… Cada día está más buena… ¿Qué tal se ha de dar sus sentoncitos con ese culo tan rico que se carga?- Preguntó Filemón, mirándome, como si supiera que yo era testigo de que “los sentoncitos” que se daba Lucía, son lo mejor del mundo.

    -Bueno, espero averiguarlo un día- Le respondí, haciéndome el pendejo. -¿Por qué no le preguntas a Martín? Dicen que él ya se la cogió- Le cuestioné a Filemón, aludiendo a uno de los jefes, que se había convertido prácticamente en una leyenda, pues se rumoraba que era el único con quien Lucía había salido una vez.

    El rostro del viejo dibujó una sonrisa que no auguraba nada bueno, como comprobé en seguida.

    -Mira, Manolo. Tengo una consulta que quiero hacerte- Expresó Filemón, recargándose en el asiento de su silla y cruzando los brazos sobre su abultada barriga, mirando luego hacia ambos lados, de forma ridículamente misteriosa. –Tengo un material… Ago que de seguro les interesará a los jefes… y yo creo que a ti también- Me dijo entonces, bajando la voz hasta ser un susurro.

    Por un momento tuve la impresión de que el viejo estaba por ofrecerme unos gramos de yerba, alguna pastilla de éxtasis, o una grapa de coca.

    -Venga, Fili- Le dije, de modo amistoso -Si estás metido en cosas del narco, o queriéndome vender droga, será mejor que te busques a otro para ofrecer tu “material”- Mi hermano mayor había atravesado varios infiernos en su juventud a causa de sus adicciones, quedando ciego y medio idiota en el camino, por lo que cualquier cosa que tuviera que ver con esto de las drogas, me ponía la carne de gallina.

    Filemón rio ante mi postura y al instante siguiente sacó su teléfono del bolsillo. Pulsó algunas veces en la pantalla y lo que mostró a continuación, me dejó son aliento.

    -¿De dónde sacaste esto?- Le pregunté, sintiendo un nudo en el estómago cuando quise arrebatarle el teléfono sin consegirlo. -¿Qué chingados… Fili…?- Pregunté, balbuceando. Repasando mentalmente el momento en que Filemón me vio subir con Lucía a nuestra oficina la noche anterior.

    El video que Filemón me había mostrado, dejaba ver claramente a Lucía, sin su blusa y sin su sostén, sentada en el escritorio del cubículo que compartía conmigo, sus finos dedos subiéndose la falda para recibir la mamada que le hice a su coño al arrodillarme delante de ella. Las pocas luces encendidas de nuestro lugar de trabajo y la buena calidad de la cámara de seguridad, hacían posible ver el hermoso rostro de Lucía expresando el placer de recibir mi lengua entre sus piernas. El guardia detuvo el video en ese momento.

    Sentí que el corazón me dio un vuelco. -¿De dónde sacaste ese video?- Insistí, preguntándole a Filemón, quien solamente se recargó nuevamente en su asiento, en un gesto de autosatisfacción.

    Filemón pareció no escucharme -¿Qué te parece el “material?- Me preguntó, con toda malicia, tallándose la verga con desenfado.

    -Vas a borrar esa madre, ¡Pero ya!- Amenacé a Filemón.

    ¿O qué… Manolo? ¿O qué?- Me respondió de vuelta, en tono retador.

    La verdad es que tuve miedo de lo que ese pendejo pudiera hacer con el video, así que traté de calmarme y solamente atiné a preguntarle cuántas copias tenía.

    -Solo una. La que tengo aquí en mi teléfono.- Respondió el guardia, sonriendo satisfecho –Cambié la cinta de las cámaras justo después que tú y Lucía se fueron anoche. Guardé la evidencia en mi celular y borré una hora de video más o menos. Ya sabes, gajes del oficio. Además es lo que haría cualquier amigo por otro ¿O no?

    Miré fijamente al viejo, queriendo adivinar si lo que me decía era verdad. -¿Cuánto quieres por el video?- Me decidí a preguntarle.

    -Mira, Manolo. Me lo he estado pensando mucho- Aseguró Filemón, como si en realidad hubiese estado cavilando sobre el asunto –Y he llegado a la conclusión de que este material no tiene precio.

    -¡Dime cuánto quieres por el puto video, chingada madre!- Le exigí, completamente fuera de mí.

    -No te ofusques, Manolo. Somos amigo ¿O a poco no? Yo haría lo que sea por ti… y por Lucy- Me aseguró Filemón, de forma burlona y dejando su asiento para acompañarme hasta la puerta, como lo haría en cualquier día de trabajo. –La neta, Manolito, es que no hay dinero que pague lo que pasó anoche ¿No crees?- Dijo el guarda, burlándose de mí cuando le dije la cantidad que estaba dispuesto a darle –Pero hay un favorcito que puedes hacerme- Filemón pasó su mano sobre mi hombro, supongo que para disimular ante las cámaras del vestíbulo que estaba casi forzándome a salir. –Puede ser que convenzas a Lucy de dejarme ocupar tu lugar- Soltó el guardia. –Solo una vez ¿Qué dices? ¿Puedes hablar con ella?- Jamás hubiera pensado que Filemón pudiera ser tan hijo de puta –Tienes hasta mañana, antes de que termine mi turno para darme buenas noticias, Manolo. No vaya a ser que mi material termine en internet, o en las manos del jefe Damián o el licenciado Orozco- Sentenció Filemón, aludiendo a mi jefe directo y al dueño de la compañía.

    La aseveración del vigilante me dejó sin palabras. No podía creer que Filemón fuera capaz de tal chantaje ¡Eso solo pasa en las películas porno! ¿O no?

    Repasé en mi mente todas las posibilidades que pude imaginar, buscando una salida, pero no encontré alguna solución. Por supuesto que jamás le pediría algo semejante a Lucía, no solo porque ella se negaría rotundamente a formar parte del grotesco plan de Filemón, sino porque podía estar seguro de que la perdería para siempre. El vigilante me tomó del brazo, decidido a sacarme del edificio: –Yo también quisiera recibir unos sentoncitos de Lucía, de esos tan ricos que se dio anoche contigo.

    Quise matar a golpes a Filemón. Supongo que él lo sabía, porque noté que empuñaba el mango de su pistola de descargas eléctricas mientras miraba mi reacción. En mi desesperación, pasé de la violencia al sometimiento, hasta que patéticamente le supliqué al vigilante porque me entregara el video, o que lo borrara. –Piensa en Lucía- Le pedí -Esto hará mierda su reputación y su carrera. ¿Cómo puedes ser tan culero?

    Pero él parecía disfrutar mucho con mis ruegos y no cedió la más mínima parte. –Ya sabes, mañana me dices lo que vamos a hacer, Manolo. Depende de ti. Solo convence a Lucy de hacer lo que pido- Dijo al final, forzándome discretamente a salir del edificio. –Yo nada más quiero ayudar. Así que ¿por qué no me ayudas tú también?

    Finalmente salí del edificio. Avancé cabizbajo las dos cuadras que había hasta llegar a donde Lucía había dejado su coche. Pude ver a lo lejos que ella estaba recargada en la puerta del conductor, atendiendo la pantalla de su celular. Me dirigió una sonrisa muy dulce cuando me vio caminando hacia ella y yo me maldije por ser un pendejo y maldije a Filemón por ser tan hijo de perra. Todo parecía desmoronarse delante de mí, justo cuando había conseguido llevarme a la cama a la espectacular Lucía, pero lo que más me dolía era sin duda, saber que había perdido mi única oportunidad de tener algo más con ella y todo por culpa de Filemón y su enfermiza necedad de cogerse a Lucía.

    -¿Por qué esa carita?- Me preguntó Lucía, dejándome las llaves de su coche.

    -No es nada- Le mentí, inventando luego cualquier pendejada para justificar mi semblante preocupado.

    -Tal vez estás de mal humor porque tienes hambre ¿Cenamos juntos?- Propuso Lucía, antes de entrar al coche por el lado del acompañante.

    -¿A dónde te gustaría ir?- Le pregunté, dando un resoplido para intentar calmarme, mientras daba marcha al auto.

    -Es viernes y mi ex pasará por Mary a las 10. Se la lleva a pasear casi todos los fines de semana- Dijo Lucía, refiriéndose a su hija adolescente, a quien había visto casualmente aquella misma mañana, que ahora parecía tan lejana. –Así que si no te importa, podemos cenar en mi casa. Pedimos pizza o algo y así me haces esa pregunta tan importante- Me dijo, con un dejo de infantil emoción. –A menos que quieras preguntarme ahora mismo. Sólo tienes que animarte.

    Tuve la certeza de que Lucía necesitaba de alguien que le diera afecto, antes que cualquier otra cosa. Necesitaba de un hombre que fuera más allá de la obvia atracción que a cualquiera le despertaba con su notable belleza. Comprendí que gracias a que yo jamás tuve el valor para intentar ligármela, ni aun cuando nos hicimos buenos amigos, fue que Lucía terminó eligiéndome para poder mostrarse en toda su fragilidad. Creo que nunca agradecí tanto mi poca habilidad con las mujeres. Y si para disfrutar de Lucía, debía de hacer a un lado el miedo ridículo de comenzar una relación tras mi divorcio, estaba más que feliz de hacerlo, así que se lo propuse en ese mismo momento.

    -Por supuesto que quiero- Respondió, lanzándose a abrazarse de mi cuello y luego de darme un tierno beso en la boca, puso su mano en mi pierna y me quedé maravillado con lo guapa que se veía a la luz de las lámparas de la calle. La expresión en sus grandes ojos negros parecía prometerme un nuevo comienzo y sus sensuales labios confirmaron las intenciones de la hermosa mujer, al dejarse besar profundamente durante un buen par de minutos y de una forma tan excitante, que terminé teniendo una fuerte erección.

    Entonces, como si me leyera lamente, sentí los dedos de Lucía abriendo mi cremallera.

    -¿Me dejas hacer una locura?- Me preguntó, en tono divertido, mordiendo luego su labio inferior.

    -¿No tienes miedo?- Le pregunté. Sorprendido por verla tan dispuesta a complacerme en plena vía pública.

    Como única respuesta, Lucía echó su largo cabello a un lado de su cara, se agachó hacia mi entrepierna y al instante siguiente, me dejó sentir los hábiles movimientos de su lengua, acariciando mi glande, lamiendo como si saboreara una paleta.

    Lucía encerró mi miembro entre sus carnosos labios y comenzó a subir y bajar al cabeza. Lo mamaba endemoniadamente bien, entreteniéndose a ratos para lamerme la punta, otras, llevando mi pene hasta el fondo de su garganta.

    -No cierres los ojos. Tienes que ver si alguien se acerca- Me dijo, mirándome hacia arriba, con su boquita embarrada de saliva y líquido preseminal.

    -Aunque quiera, no podría cerrar los ojos- Le respondí, acariciando su cabello –Me gusta ver cómo me lo chupas.

    -¿Sabes algo?- Me preguntó, haciendo una pausa con su boca. Se acomodó sentada a mi lado, rompiendo el glorioso momento, pero continuó masturbándome lentamente y con fuerza. –Hace mucho que fantaseaba con mamar tu verga en mi coche- Confesó, con esa sonrisa tan suya, entre la inocencia y la sensualidad. –Me gustas mucho.

    -¿De verdad?- Pregunté, incrédulo. –No hace falta que te diga que yo estoy loco por ti desde que te conocí. Así que ya podrás imaginarte las ganas que tenía de que hicieras esto. Tienes una boquita muy sexi.

    -Pues ahora la podrás tener cuando quisieras. Ahora que soy tunovia, si tienes ganas de que te mame, solo tienes que pedírmelo.

    Lucía volvió a besarme. Hacía tanto tiempo que una mujer no me daba a probar el sabor de mi propio instrumento en sus labios, que ni siquiera recordaba la última vez que Jennifer, mi ex lo había hecho.

    -¿Sabes lo que más me excita de esta fantasía que tenía contigo?- Me preguntó Lucía tras nuestro beso, envolviendo mi verga con sus delicados dedos. –Que cualquiera que vaya pasando se dé cuenta de lo que estamos haciendo.

    Reí, nervioso y excitado –Creí que no querías que se dieran cuenta de lo que pasaba con nosotros- Le dije –Además, nunca me imaginé que a una mujer tan seria como tú le gustaran las emociones fuertes.

    -Bueno, ahora ya soy tu novia y no me molestaría que alguien supiera que a tu novia le gusta chupártelo en el coche- Dijo, con su voz cachonda –Además, si por mí fuera, me montaría en tus piernas para que me cogieras aquí mismo- Dijo luego, lamiendo de forma ardiente mi boca. –Pero estoy en mis días y puedo ensuciar las vestiduras del coche- Completó, riendo.

    -No me importaría ¿Sabes?- Le aseguré, queriendo probar mi suerte.

    -Mejor relájate y déjame complacerte. Después de todo, te debo el oral que me hiciste anoche- Respondió, con tono coqueto, para al instante siguiente, volver a bajar su cabeza y seguir con la riquísima mamada que me estaba dando.

    Mientras Lucía me deleitaba con la fricción de sus labios en mi verga y la suavidad de su lengua paseando por mis bolas, pensé que Filemón podía irse a la mierda con todo y su video. Lucía era mía ahora y ningún chantaje pendejo, por comprometedor que fuese, me haría poner en riesgo lo que había comenzado a surgir entre Lucía y yo. Ya encontraría la manera de salir, ya habría tiempo de pensar en todo eso, Me dispuse a disfrutar lo que la hábil boca de Lucía continuó haciendo, mamando mi verga de una forma deliciosa, hasta tenerme a punto de eyacular. Sujeté entonces la oscura cabellera de esa lindura, que se veía incluso más bella con mi verga llenándole los labios. Empujé la cabeza de Lucía para clavar su boca hasta el fondo cuando sentí que me venía y ella no solo no se inmutó, sino que comenzó a frotar la parte de debajo de mi miembro con su lengua, de una manera infernal, hasta que su saliva, que escurría desde hace rato por mis ingles, se vio acompañada por mi semen, lo que llevó a Lucía a sorber ruidosamente, como si tratara de tragar lo más posible.

    Llegamos a la casa de Lucía una media hora después de que me sacara hasta la última gota de leche con esa mamada de locura que me había hecho. Al abrir la puerta nos encontramos en la sala con Mary, la linda hija de Lucía, acodada pecho tierra en un tapete, delante del televisor. A pesar de ser una chiquilla todavía, se notaba que la hija había heredado la preciosa genética de Lucía, pues era fácil ver que faltaba muy poco para que sus curvas florecieran, magníficas como las de su madre.

    Mary nos vio entrar sin dejar de masticar el bocado de palomitas de maíz que tenía en la boca. Me sonrió al saludarme. Sin duda, encontrarme dos veces el mismo día en su casa hizo que intercambiara una mirada de complicidad con Lucía, quien al momento, me invitó a pasar hasta la cocina, donde me acomodé en un banco cercano a la barra, justo en el mismo instante en que sonó el timbre, anunciando que el padre de María había llegado para llevársela.

    Cuando la bonita muchacha se acercó para despedirse, pude apreciar cuánto se parecía a Lucía, solo que claro, unos 20 años más jovencita y con el cabello lacio y castaño, en lugar de la oscura y ondulada melena que acentuaba el atractivo de mi nueva y sensual novia.

    Lucia sirvió un par de copas de vino, que bebimos mientras esperábamos a que llegaran con la pizza que habíamos pedido. Sentados cada quien a un lado de la barra de la cocina, charlamos durante un largo y agradable rato, que se vio interrumpido solamente por las insistentes llamadas de mi ex mujer, (todavía vivíamos juntos y a pesar de todo, llevábamos las cosas en paz) Jennifer, que no dejó de marcar mi número hasta que le envié un mensaje diciéndole que esa noche tampoco llegaría a casa.

    -Ojalá Roberto se preocupara así por mí- Dijo Lucía, refiriéndose con cierta nostalgia a su ex marido. –Si no fuera porque los viernes pasa a recoger a Mary, creo que no habría vuelto a saber de él.

    Me detuve para no preguntarle el motivo de su separación y en lugar de eso, le respondí que ahora me tenía a mí para preocuparme por ella.

    -¿Sabes que eso es algo que me gusta mucho de ti?- Me preguntó, repartiendo por mitades el último trozo de pizza que quedaba. –Eres un hombre con el que una mujer quisiera tener una relación larga y no para una sola noche.

    Yo no supe si sentirme halagado o como un pendejo, pero pensé que Lucía tenía razón. Siempre he sido un tipo tranquilo y algo soso, la verdad y como además crecí viendo a mis padres en su matrimonio perfecto, supongo que de forma inconsciente buscaba tener algo así con una mujer. Lástima que fue eso mismo lo que terminó aburriendo a Jennifer.

    Así comenzamos a indagar en el pasado del otro. Lucía me confesó que yo era apenas el cuarto hombre en su vida. –Mi primer novio fue también mi primera vez. Tendría la edad de mi hija cuando tuvimos sexo, aunque él andaba por los 22 años- Me dijo riendo, algo apenada. –El segundo, Roberto, mi ex esposo… Por mucho, mucho tiempo, el único con el que estuve- Siguió relatándome. –Luego, un pendejo que me trató como a una ramera. Supongo que yo misma me lo busqué por querer vengarme de lo que me hizo Roberto- Continuó, hasta llegar a mí en su conteo. –Ahora tú dime tu número mágico.

    Le dije la verdad, pues se notaba que Lucía había sido sincera.

    -¡Vaya! ¿Diez?- Me respondió, abriendo mucho sus lindos ojos y luego bromeó diciendo que ella completaba mi “once ideal” (sí, por si fuera poco, a Lucía le gustaba el fútbol)

    -Lo mejor siempre llega al último- Le dije, estirando mi brazo sobre la barra para acariciar su mejilla.

    -Si te parezco la mejor de tus chicas, no quiero saber cómo estarán las otras- Respondió, riendo.

    -¡¿Qué dices?!- Exclamé de inmediato –Por dios, Lucía, eres por mucho, la mujer más guapa que he visto. Y no solo lo creo yo, también todos en el trabajo.

    -¡Pfff!- Resopló Lucía. –A mí solo me interesabas tú, desde el principio. Y como eres tan lindo, voy a tratarte muy bien todo el fin de semana.

    En ese momento, Lucía rodeó la barra que nos separaba, se acomodó entre mis piernas y comenzó a besarme, de ese modo ardiente que tiene de hacerlo. –Ven, que quiero enseñarte algo- Me dijo, tomándome de la mano para llevarme hasta la misma habitación donde habíamos pasado la noche anterior.

    Lucía es una mujer muy romántica, con una idea del amor y del sexo, hasta cierto punto algo cursi, pero por supuesto, también sabe cómo calentar a un hombre. Me pidió que cerrara los ojos en cuanto entramos a su cuarto y yo la obedecí. Sentado en el colchón, comencé a escuchar cómo ella rebuscaba en el interior del clóset. Luego, supe que se estaba quitando la ropa.

    -Es una pena que me haya llegado mi periodo justamente hoy. Pero eso no quiere decir que no te haré disfrutar- Sentenció y luego de unos pocos minutos de espera, me pidió que abriera los ojos.

    Entonces ví a Lucía mostrando toda su belleza, ataviada con un sensualísimo “baby-doll” de encaje y seda. Una pieza de lencería que ni mandada a hacer para destacar sus largos y torneados muslos, por estar hecho de modo que el borde tan solo alcanzaba a cubrir el triangulito de la tanga que llevaba, en la que sobresalía el borde blanco de su toalla femenina. La prenda tenía un tajo a un costado, que en cualquier momento me haría perder la razón. Los espectaculares pechos de Lucía no podrían verse más perfectos, apretándose uno contra el otro por el escote de encaje, que sostenido de sus finos hombros por dos delgados tirantes, dejaba adivinar las aureolas de sus pezones. Pero sin duda, lo que le daba un toque aún más excitante al asunto, era el detalle con delgados cordones, que dibujando equis por los costados del talle de Lucía, hacían de su cintura un verdadero milagro de tan delgadita que se notaba.

    Lucía había atado su cabello en una coleta a la altura de su nuca, lo que hacía verla en verdad preciosa. Se acercó a donde yo estaba, pasmado ante tal hermosura. Se arrodilló delante de mí y como si de una modelo profesional se tratara, me regocijó posando con su más cachonda sonrisa, desabrochando mi cinturón, al tiempo que me dejaba contemplar la línea que dibujaban sus tetas, de una forma tan irresistible, que no pude evitar llevar mis manos a tan glorioso lugar, amasándolas, estrujado, hasta que Lucía sacó mi miembro del pantalón y sin dejar de verme a los ojos, con esa expresión cachonda, acomodó mi verga erecta entre las deliciosas masas de sus pechos para masturbarme.

    Luego de un rato, me llevó a recostarme en la cama. Lucía abrió sus maravillosas piernas para montarse y comenzar a frotar su vulva en mi pene. Me sujetó de las manos y se inclinó para que la besara todo lo que quisiera.

    Al parecer no fui el único que se calentó de forma demencial con los atascados besos de lengua que nos dimos, y con la fricción de nuestros sexos, separados a penas por la tela de la tanga y la toalla íntima, pues en un momento, Lucía comenzó a dejar escapar unos excitantes gemiditos mientras yo le comía la boca de una forma casi obscena.

    -¿Por qué no te quitamos esto y me dejas penetrarte como dios manda?- Le pregunté, jugando con el hilo de su tanga, haciéndolo descender sobre la piel de sus firmes glúteos.

    -¿No te da asco?- Me preguntó, sin dejar de moverse sobre mí –Está saliéndome mucho… Así es mi primer día. Siempre que me baja…

    -Sólo quítate esto- La interrumpí, deslizándole la tanga hasta la mitad de sus muslos.

    La primera vez que cogimos, estando en la oficina, Lucía me había dicho que le gustaba ir arriba, así que mientras ella se despedía de su tanguita y su paño sucio de sangre, la esperé tumbado boca arriba en la cama, recibiéndola sobre mí a los pocos segundos, ansiosa por ensartarse en mi verga, pues en cuanto acomodó sus piernas a mis costados, me sujetó el miembro y lo encaminó a la estrecha entrada de su vagina.

    Puse mis manos en la riquísima cadera de Lucía y alzando mi pelvis, la penetré de un solo golpe, yendo hasta el fondo de su túnel, lubricado con el producto de su menstruación y los fluidos que su excitación le hacían producir. La hermosa treintañera, abrió su boquita cuando me sintió dentro de ella, e inhaló aire ruidosamente, como quien recibe una repentina sorpresa.

    -¿Seguro que no te molesta que lo hagamos así?- Me preguntó Lucía, comenzando a moverse para que la cogiera, despacio y muy firme.

    Yo solo le sonreí, la sujeté del cuello y empecé a darle, sintiendo cómo ella subía y bajaba el culo, de forma golosa, haciendo que mi verga resbalara dentro de su estrechísima vagina con tanta facilidad y de un modo tan excitante, que tuve que apretarme los huevos para no venirme a los 20 segundos.

    Como me lo había dicho Lucía la primera vez que cogimos, le gustaba más estar arriba, pues alcanzaba su orgasmo con más intensidad y rapidez. Cuestión que comprobé a los pocos minutos de tenerla montando, ensartándose mi miembro, gimiendo de una forma deliciosa, llevando mis manos a sus tetas, a la delicadeza de su cintura y a sus espectaculares muslos, marcados tenue y voluptuosamente por el ejercicio. Ver su expresión de goce cada vez que se venía fue una experiencia de las mejores, tan solo comparable con la deliciosa visión que me regaló, cuando un rato más tarde, cansada de tanto placer, Lucía se acomodó en el colchón en cuatro, para dejarse coger de perrito.

    Tomándola de la cintura, le di una cogida gustosísima. Lucía gritaba pidiendo más –Ay, papito, me entra mucho- Sollozó, mirándome totalmente cachonda por encima de su hombro, para extender sus brazos sobre la cama, de modo que sus pechos sobresalían por los costados de su figura, mientras sus hermosos glúteos chocaban contra mi cuerpo y su vagina, apretada como la de una jovencita, me invitaba a cada metida a verter mi leche en su interior.

    No sé cuántas veces cogimos esa noche, en la cama de Lucía, en su baño. Terminamos durmiendo a eso de las 5 de la mañana en uno de los sofás de la sala, totalmente exhaustos.

    Abrí los ojos unas dos horas después, sintiendo un desagradable sobresalto en medio de tanta felicidad.

    -“Filemón, hijo de perra”- Pensé, al recordar que el viejo me había dado un ultimátum para convencer a Lucía de ceder en su retorcido chantaje. Temí que al no presentarme al final de su turno, Filemón estuviera ya subiendo el video a internet, o enviándoselo a alguno de los directivos de la compañía. Tuve entonces la irrefrenable necesidad de ir a las oficinas.

    Me levanté, procurando no despertar a Lucía, pero sin conseguirlo.

    -¿A dónde vas?- Me preguntó, con sus bonitos ojos entrecerrados por el sueño postergado.

    -No tardo… Yo…- Dije lo primero que me vino a la mente –Olvidé por completo que tengo que llevar a mi hijo a su partido de fútbol.

    -Llévate mi coche- Ofreció Lucía, no sin dejar ver algo de decepción por mi repentina partida.

    Conduje a toda prisa aquella mañana de sábado, llegando en tiempo récord hasta el trabajo.

    Bajé del coche, preparado para lo que fuera, tan concentrado en lo que le diría a Filemón, que no noté, sino hasta que me encontré de pie frente a las puertas acristaladas del edificio, que en el lugar había al menos una decena de personas, entre policías, hombres de traje y un par de ¿Médicos?

    -No puede pasar, jefe- Se acercó a decirme uno de los policías, para en seguida mirar a uno de sus colegas y recriminarle que no hubiera puesto ya la cinta amarilla para delimitar lo que llamó “la escena”.

    Luego, todo pasó muy de prisa. Uno de los hombres de traje me señaló. Otro, se acercó para asegurarse que yo era el mismo que el de la foto que sostenía frente a sus narices. Un policía me esposó.

    -Queda detenido como sospechoso por el homicidio del señor Filemón Martínez- Sentenció alguien a mis espaldas.

    Lo que pudo ser el mejor fin de semana en la historia de la humanidad, se convirtió entonces en una pesadilla que ya contaré después.

    Saludos, camaradas

  • La hermosa ayudante

    La hermosa ayudante

    Un día soleado en Ciudad Celeste solo podía significar que sería un día de trabajo muy duro, en especial para la líder del gimnasio de la ciudad.

    Misty era una hermosa muchacha que acababa de cumplir los 18 años, su cabello de color naranja estaba arreglado en su peinado habitual, que consistía en una cola de caballo que sobresalia en el lado izquierdo de su cabeza.

    Su cuerpo ahora correspondía mucho más con el de una señorita de su edad, su condición como nadadora le había dado unas piernas largas y delgadas y una cadera estrecha, su trasero se volvió redondo y firme, y sus pechos crecieron hasta tener un tamaño similar al de sus hermanas.

    Como sus hermanas estaban de vacaciones en un crucero, ella era quién tenía que cuidar del gimnasio y sus Pokémon.

    Después de darle a todos su comida pokémon Misty se sentó en una silla para descansar un momento, por suerte el gimnasio estaba cerrado y no habia nadie que viniera por una batalla, pero tenía que asegurarse de que todo estaba en orden para el día de mañana.

    -¡El descanso se terminó! -dijo con cansancio antes de tomar una escoba y comenzar a barrer los pisos.

    Mientras tanto una furgoneta se dirigía hacia el del gimnasio y a un costado de esta se leía «Melvin, el mago más asombroso del mundo» y se estacionó justo en la entrada al gimnasio Celeste.

    Del lado del conductor de la furgoneta salió un hombre de cabello castaño, ojos grises y de unos 40 años de edad, usaba un sombrero de copa con banda verde alrededor de él, una chaqueta verde, una camisa blanca con rojo, una corbata naranja, pantalones blancos y zapatos negros. En su mano derecha sostenía una larga varita de color negro con una esfera púrpura en uno de los extremos.

    Caminó hasta la entrada del gimnasio y saco una foto que tenía en su bolsillo izquierdo, en ella estaba Misty con el cabello largo y usando un disfraz de sirena con un bikini de conchas, una cola de color azul claro y un ornamento de perlas.

    Él consiguió aquella fotografía al comprársela a un vendedor ambulante y cada vez que la miraba recordaba aquella ocasión en que Misty fue su ayudante. Fue solo un día, pero el comenzó a tener sentimientos la chica que pronto se convirtieron en amor. Puso la foto en su bolsillo y llamó a la puerta, la cual tenia un anuncio que indicaba que estaba cerrado.

    Misty al escuchar que alguien llamo a la puerta dejo de barrer el suelo y camine hacia la entrada -¿Me pregunto quién podría ser? -se cuestiono-

    «Probablemente sea alguien que desea una batalla, pero tendré que decirle que debe vuelva mañana» pensó para sí misma mientras caminaba a la puerta para abrirla y al hacerlo espero ver a un chico queriendo una batalla, pero no había ningún niño esperando.

    Para su gran sorpresa la persona que tocaba era Melvin, el pobre mago que ella había ayudado hace algún tiempo.

    Por otro lado Melvin miró a Misty de arriba abajo «Realmente ha cambiado en estos últimos años, ya no es la linda chica que conocí, ahora es una hermosa joven»

    -¡Hola Misty! -saludo Melvin tomando su mano izquierda y besándola, lo que hizo sonrojar a Misty, ella esperaba que Melvin no lo notará, pero él lo hizo

    «¡Ella se sonrojo!» pensó para sí mismo y no pudo evitar sonreir.

    -¿Puedo entrar? -preguntó -Ha pasado mucho tiempo desde la ultima vez que nos vimos que tengo tantas cosas que decirte.

    -Claro, ¡Siéntete como en tu casa! -respondió cortésmente, dejandoló entrar en el gimnasio y guiándolo hasta la sala de estar, en la parte del gimnasio que ocupaba como su hogar, y se sentaron en el sofá.

    Ahi Melvin le contó a Misty sobre los grandes espectáculos de magia que había realizado en estos años, donde incluso su Exeggutor tenía un acto de hipnosis muy popular, lo cual hacia muy feliz a Misty al oír cómo su carrera había mejorado.

    -Imagino que tienes una nueva ayudante ¿No? -preguntó Misty con interés.

    -En realidad no, pero ¡Creo que he encontrado a alguien perfecto para serlo! -dijo Melvin.

    -En serio ¿Y quien es? -preguntó curiosa

    -¡Tú! -respondió el mago con sus enormes ojos brillando de la emoción y tomando las manos de la joven entre las suyas, provocando que ella se sonrojara.

    -Desde que nos conocimos tu me ayudaste a creer en mí mismo y desde ese entonces no he dejado de pensar en ti-dijo con dulzura -Traté de encontrar a alguien como tú, pero ninguna era tan perfecta como tú -cambiando a un tono triste.

    -Lo que te estoy diciendo es que me enamore perdidamente de ti ¡Y quisiera que viajaras conmigo como mi hermosa novia y mi ayudante! -exclamo el mago con un tono meloso.

    -Y qué me dices Misty ¿Quieres viajar conmigo y entretener a la gente de todo el mundo? -pregunto mientras se inclinaba sobre su rodilla izquierda, aún sosteniendo la mano de Misty entre la suya.

    Misty no sabía qué decir, Melvin le agradaba, pero sólo como un amigo. Ella tenía que cuidar el gimnasio mientras sus hermanas no estaban, además ella amaba a Tracey y no a Melvin, por lo que tendría que romper su corazón por el bien de los 2, aunque eso no evitaba que se sintiera un poco triste al hacerlo.

    -Lo siento mucho Melvin, pero mi respuesta es ¡No!, me agradas, pero sólo como un buen amigo -respondió -Además yo no puedo dejar el gimnasio mientras mis hermanas no están, así que tendrás que encontrar a alguien más para que sea tu asistente.

    -En verdad lo lamento, pero yo no puedo, espero que lo entiendas y que todavía podamos ser amigos -respondió Misty con sinceridad liberando su mano de la de Melvin y trató de salir de la sala de estar pero fue detenida por el mago, quien bloqueo el camino

    -¡Espera por favor Misty! Al menos déjame mostrarte lo mucho que ha mejorado mi magia -suplico el mago.

    Como ella realmente no quería volver a trabajar lo tomo como una oportunidad para descansar un poco y de paso hacer feliz a Melvin -Muy bien, pero sólo diez minutos -dijo Misty haciendo sonreír a Melvin

    El le pidió que volviera a sentarse en el sofá y preparó su espectáculo de magia, en primer lugar hizo aparecer un ramo de flores para Misty, que olía de maravilla y se lo entrego; su segundo truco consistió en usar su varita para realizar su truco de «Fuego Furioso», el cual tomo la forma del pokémon legendario Moltres, logrando que Misty le aplaudiera.

    Era la hora del ultimo truco -¡Exeggutor, yo te elijo! -dijo Melvin lanzando su Pokéball en el aire y liberando a su Exeggutor, quien empezó a bailar de felicidad al ver a Misty de nuevo, recordando lo amable que fue con Melvin cuando él era un Exeggcute.

    Melvin le ordenó a Exeggutor que realizará el gran final con Misty y este obedeció dirigiéndose a la chica y usando Hipnosis, sus ojos se pusieron amarillos y antes de que ella tuviera alguna oportunidad de reaccionar la miro directamente a los ojos

    Después de unos segundos los ojos de Misty perdieron toda vida, su rostro se quedo inexpresivo y ella se quedó sentada en completo silencio, esperando a que alguien le dijera algo, estaba totalmente hipnotizada.

    Melvin llamó a su Exeggutor de vuelta en su pokéball y la puso en su bolsillo, mirando a la hipnotizada chica con una sonrisa en su rostro, el sabia exactamente que hacer con Misty.

    -¡No pensabas que me iría con las manos vacías, verdad cariño!-dijo Melvin con aire de grandeza y tras aclararse la garganta se dirigió a Misty.

    -Misty ¿Puedes oírme? -preguntó

    -Sí -respondió, aun en trance

    -Muy bien, Misty a partir de ahora quiero que escuches atentamente lo que voy a decirte ¿Me entiendes?

    -Si, te entiendo.

    -De acuerdo, desde ahora eres mi hermosa ayudante y también mi novia – dijo Melvin -Tu y yo nos conocimos por primera vez en un carnaval cerca de Ciudad Oscura, en esa ocasión sentiste tanta pena porque mi última asistente se fue y tú te ofreciste a ser mi asistente -dijo contando su historia -Ese mismo día tu te enamoraste de mí y me dijiste que nos encontraríamos de nuevo cuando fueras mayor, y que esperarías con ansias este día.

    -Y ahora que estoy aquí lo dejarás todo por mí sin dudar y serás mi asistente para siempre ¡Ya que en todos estos años has estado locamente enamorada de mí! -exclamó, señalándola con su bastón mientras que una sonrisa pervertida y un enorme sonrojo surcaron su rostro -¡Además de que después de cada show tendrás sexo conmigo! ¿Has oído todo lo que te he dicho? -pregunto Melvin.

    -Por supuesto que he escuchado todo lo que has dicho, no tienes idea de cuanto te amo, mi mago -dijo Misty en un tono seductor a pesar de seguir en trance y le dirigió a Melvin una sonrisa coqueta que lo hizo sonreír y sus grandes ojos se pusieron forma de corazón.

    -Muy bien Misty. Entonces contaré hasta tres y al chasquear mis dedos, harás todo lo que te he dicho ¿Está claro? -el tenía que asegurarse de que al despertarla de la hipnosis ella no estuviera enojada con él

    -¡Sí, mi amor verdadero!- respondió Misty por última vez.

    -Está bien… 1 … 2 … 3 -Melvin contó hasta 3 y chasqueó los dedos, en ese momento la chica guiño sus ojos unas cuantas veces y los frotó como si estuviera dormida.

    -¿Dónde estoy? -preguntó un poco desorientada y buscó a alguien que le contestará.

    -Estás en el gimnasio Celeste -respondio el mago un poco inseguro por la reacción de la chica y temiendo que la hipnosis no funcionará y que esta descargará su furia sobre el, pero Misty miró a Melvin con ojos soñadores antes de decir -¡Melvin! -en un tono de felicidad absoluta.

    Frente a sus ojos estaba una sonriente Misty que para su sorpresa corrió a abrazarlo y a besar su rostro con amor.

    Melvin estaba tan feliz, no solo había logrado hipnotizar a Misty para ser su asistente sino también para amarlo. Pero sin duda se sentiría aún más feliz cuando estuvieran solos y muy lejos de ahí.

    -Ahora Misty -dijo un sonriente Melvin -Creo que deberíamos irnos y continuar con nuestro espectáculo de magia.

    -Tienes razón Melvin, permíteme dejarle una nota a mis hermanas y entonces estaré lista para irnos -contesto la pelirroja mientras buscaba una pluma y una hoja de papel.

    -Te estaré esperando en la furgoneta -dijo antes de besarla.

    Por su parte Misty comenzó a escribirle una nota a sus hermanas en la que les decía que se iba del gimnasio con el amor de su vida y que nunca volvería.

    Al terminar salió del gimnasio, cerró la puerta y colgó la nota cerca de la entrada, para que sus hermanas la encontraran en cuanto regresarán de sus vacaciones, y de inmediato se volvió hacia la furgoneta de Melvin.

    El ya estaba listo y esperando por ella, la condujo hacia el lado del pasajero, no sin antes abrirle la puerta para que entrará, y luego se subió a la camioneta para marcharse de ahí.

    El camino hacia la próxima ciudad fue largo, pero Melvin no se quejó en lo absoluto porque la chica lo estuvo besando durante todo el trayecto, mientras pensaba en lo mucho que disfrutaría de la compañía de Misty de ahora en adelante. Cuando finalmente llegaron a las afueras de Ciudad Carmín se detuvieron cerca del camino para preparar la carpa que tenían con ellos.

    Una vez que la carpa estuvo levantada Misty caminó hacia Melvin y besó su mejilla derecha

    -Eres tan asombroso en lo que haces, mi amor. Y creo que ya es hora de que tiré esta ropa a la basura y me ponga mi ropa de asistente ¿No?

    -Asi es, tengo algo muy especial que preparé solo para ti en cuando nos volviéramos a encontrar. Está en la parte trasera de la furgoneta dentro de una bolsa -dijo Melvin muy sonriente.

    Ella puso sus brazos alrededor de su cuello y lo besó en los labios con inusitada pasión, el de inmediato correspondió el beso y coloco sus brazos alrededor de la cintura de Misty, ambos empezaron a besarse apasionadamente, pero tuvieron que detenerse para preparar el espectáculo, ya que las personas empezaron a llegar.

    Mientras que Melvin empezaba a cobrar por el espectáculo, Misty caminó hacia la parte trasera de la furgoneta y entró para comenzar a cambiarse de ropa, después de haberle cobrado a la última persona, el mago sintió que alguien le tocaba la espalda y se volteó para ver a Misty de pie delante de él vestida con un leotardo blanco con aletas de Goldeen, guantes y zapatos blancos

    -Entonces ¿Cómo me veo? -preguntó la chica posando con una mano en su cadera y la otra en su cabeza.

    Aunque Melvin no contestó con palabras ya que prácticamente estaba babeando por como se veía Misty y por todo lo que le quería hacer, pero se controlo y la tomó del brazo para llevarla dentro de la tienda e iniciar con el show.

    Una vez que el espectáculo había terminado los 2 estaban en una habitación privada, con un espejo para maquillaje y una cama matrimonial, Melvin empezó a contar el dinero que tenían.

    Por lo que no se percató de que Misty, quién estaba detrás de él, lentamente comenzó a quitarse su escasa ropa, primero sus zapatos y luego el leotardo, revelando que no se puso ropa interior, y también se quitó la cinta de su pelo dejándola caer, pero decidió dejarse los guantes.

    Cuando Melvin terminó de contar, se dio la vuelta y se quedó muy sorprendió por lo que vio: Misty estaba desnuda frente a él, con su cabello suelto y usando los guantes, esa excitante imagen de inmediato hizo que su sangre se dirigiera a dos zonas de su anatomía, sus mejillas y su pene.

    Al mirar las prendas que estaban tiradas en el piso Melvin notó la ausencia de prendas íntimas -¡Que traviesa eres Misty! ¿Estuviste toda la función sin ropa interior? -pregunto el mago, pero la única respuesta de la chica fue señalarlo con el dedo para que viniera a la cama,

    El de inmediato empezó a quitarse la ropa, no quería hacer esperar a Misty en la cama, ella estaba muy contenta con lo que vio cuando Melvin se desnudo por completo. Ya que a pesar del evidente sobrepeso del mago su miembro erecto tenía un tamaño respetable.

    Con calma, pero con una sonrisa pervertida en los labios Melvin se unió con la chica, que lo esperaba emocionada y comenzaron a besarse apasionadamente

    Mientras se besaban, el puso sus manos en los firmes pechos de Misty y comenzó a apretarlos suavemente, recorriendolos y dándols ligeros pellizcos antes de jugar con sus excitados pezones, lo cual le saco varios gemidos de placer a la chica.

    Mientras que Melvin se encargaba de disfrutar sus pechos, Misty tomo la excitada polla del hombre y sujetandola con mucho cuidado y devoción, empezó a masturbarlo, moviendo suavemente su mano, cubierta por el guante de seda, de arriba hacía abajo cada vez con mayor velocidad, el placer que Misty le estaba dando era el mayor que Melvin había recibido en su vida, por lo que no pudo contenerse mucho más y termino corriéndose sobre los guantes de Misty.

    Cuando dejaron de besarse Misty comenzo a lamaer el semen de Melvin de sus guantes con lujuria, disfrutando por completo el sabor y saboreando hasta la última gota. Cuando los guantes quedaron completamente limpios ella giró su cabeza hacia el miembro semi erecto de Melvin para llevárselo a la boca, y al mismo tiempo colocó su coño húmedo en la boca del mago, antes de comenzar a chuparle la verga.

    -¡Oh Misty! ¡Lo haces… muy bien! -dijo Melvin disfrutando el placer que Misty le daba comiendole la polla, aunque él no quería quedarse atrás y comenzó a lamer el ya húmedo coño de la chica, deleitandose con el sabor de los fluidos de su virgen vagina.

    «Porque no la hipnotice el día en que la conocí» se preguntó de repente el hombre, aunque eso ya era cosa del pasado. Ahora lo único en lo que debía pensar era en el placer que Misty le estaba dando, en como la chica lo estaba llevando al paraíso al recorrer su verga con su lengua dentro de su húmeda boca y en el delicioso sabor de los fluidos que salían de su concha, en los dulces gemidos que salían de su boca cada vez que sacaba su ardiente miembro para recuperar el aliento.

    Después de unos cuantos pero excitantes minutos, ella ya no pudo aguantar más y llego al orgasmo llenando la cara de Melvin con sus fluidos, los cuales el comenzó a saborear con gusto, mientras que su pene recibía el trato que ninguna otra mujer le daría jamás.

    Permanecieeon así unos minutos más hasta que Melvin finalmente lo soltó todo dentro de la boca de Misty, ella se tragó con gusto hasta la más pequeña gota de semen, disfrutando por completo de su sabor ligeramente salado y al terminar de tragar fue cuando Misty pensó que era el momento perfecto para que el hombre que amaba la hiciera totalmente suya.

    -Melvin ¿Podrías hacer algo especial para mí? -le preguntó Misty a su amante

    -Claro que sí Misty ¡Haria cualquier cosa por ti, querida!-respondió con la esperanza de que el momento del gran final hubiera llegado.

    -¡Quiero que me folles y tomes mi virginidad! -suplico la chica, causando que el sonriera antes de besarla.

    -Por supuesto Misty, sera un placer ser el hombre que te convierta en mujer -respondio.

    La pelirroja estaba tan feliz al escuchar esa respuesta que de inmediato se colocó a 4 patas y se abrió lo mejor que pudo esperando a Melvin, quién con una mezcla de nervios y excitación empezó a metar la punta de su pene dentro de la húmeda y virgen vagina de Misty.

    -¿Estás lista mi amor? -pregunto el mago, quién apenas era capaz de contener su deseo.

    -¡Si! ¡Por favor hazme tuya, mi amado mago! ¡Follame y hazme tu mujer! -suplico la pelirroja.

    El lentamente empezo a ingresar en la intimidad de Misty, y gracias a la humedad causada por el tratamiento previo encontró poca resistencia, hasta que sintió la virginidad de la chica y se detuvo por un momento

    «Melvin ¡¿En verdad caerás tan bajo para tomar la virginidad de esta chica hipnotizada?!» se dijo así mismo -¡Por supuesto! -exclamo victorioso, mientras daba el empujón final para romper el himen de la chica.

    El se detuvo un momento, para dejar que su amante se acostumbrara al tamaño de su pene dentro de ella, y lentamente comenzo a embestirla, sintiendo la embriagante sensación de como el interior de Misty apretaba su miembro y ambos vinieron al mismo tiempo.

    Melvin empezó a moverse lentamente en el interior de Misty, extrayendo delicados gemidos de ella.

    -Asi mi mago, ¡Soy toda tuya! ¡Tómame! -dijo la pelirroja entre eróticos gemidos de placer.

    -Estas tan apretada, ¡No puedo creer que en verdad seas virgen! -contesto el aumentando la velocidad de sus embestidas y tomando sus pechos entre sus manos.

    -¡Me guarde… sólo para mí… verdadero amor! -respondió ella entre jadeos de excitación, y tras oir aquella revelación, una nueva ola de deseo se apoderó de él y tomó con firmeza las caderas de la chica y aumentó el ritmo de su embestidas, ya no le importaba en lo absoluto ser delicado.

    -¡Asi mi amor! ¡Dame du-duro! ¡No pares! ¡Estoy a punto de correrme! -respondio ella moviendo sus caderas de manera frenética.

    -¡Yo también me corró, mi dulce golden! ¡Pronto te llenaré de mi semen!

    -¡Si, mi amor! ¡Asi… más duro… más rico! ¡LLENAME CON TU LECHE! -excalmo la chica totalmente dominada por el placer, mientras el dejo que su semen llenará por completo el útero de Misty, quién a su vez liberó un gran gemido, ambos habían alcanzado el orgasmo.

    Ambos se quedaron en esa posición por un momento, los 2 estaban agotados y necesitaban recuperar energías. Por su parte Melvin estaba eufórico como nunca en la vida, tal vez no fue de la manera mas correcta pero Misty era suya para siempre.

    El sacó su verga del coño de Misty dejando escapar un poco de semen, el cual adorno la concha de la chica, antes de acostarse sobre la cama para recuperar el aliento y Misty con algo de dificultad puso su cabeza en el pecho de Melvin, tirando de las sábanas alrededor de ellos para cubrirlos y también recuperar el aliento

    -¡Eso… fue… increíble! ¡Se… sintió… fabuloso… tenerte… dentro… de… mi, mi mago! -confeso Misty con la respiración entrecortada.

    -Lo sé, y sólo… piensa… en… que… vamos a… hacer esto… después de… cada… espectáculo -respondio el en las mismas condiciones.

    -¡Lo sé! ¡No puedo esperar a que me hagas tuya todos los días! ¡Y lo mejor de todo es que algún día quedaré embarazada! ¡Sere feliz de que ser la madre de tus hijos! -exclamo eufórica.

    Y a Melvin le gustaba la idea de ser padre algún día y de tener a Misty como esposa, en ese momento el realmente sería feliz, pero por ahora estaba contento de tener una hermosa ayudante y novia

    -Buenas noches, mi hermosa Goldeen -dijo el poniendo su brazo derecho alrededor de la chica.

    -Buenas noches, mi amado mago -respondio ella al poner su mano derecha en el pecho de Melvin

    Ahora Melvin y Misty viajarán alrededor del mundo esparciendo magia y amor.

  • Ejecutiva hot

    Ejecutiva hot

    Ya les platiqué de Ericka la compañera sexy que me cogí, pues aqui les traigo un nuevo encuentro sexual con ella!

    Habían pasado unos meses desde que me la comí, nos escribíamos muy seguido. Ella se ponia celosa y me reclamaba cuando me veia con Cindy y con Eli, de hecho Eli le contó lo que pasó entre nosotros y mas me reclamaba, que como seguia saliendo con ellas y a ella solo la utilicé, yo aprovechaba eso ya que le sacaba fotos de su rico cuerpo.

    Me invitó a su departamento a «cenar» asi que acepté. Al llegar su puerta estaba abierta y me dijo que pasara, yo entré y de inmediato ella me dijo que entrara a su cuarto al entrar vaya sorpresita, ella estaba acostada con una lencería negra muy excitante.

    -Ven aqui papi! te estaba esperando.

    -O… oye pero que pasa aqui porque esta asi??

    -No te gusta jeje, porque puedo quitarme lo que traigo si quieres

    -Claro que me gusta pero no pensé que seria tan rápido esto

    -Pues ya te estas tardando papi!

    Sin decir mas me lancé sobre ella, comencé a besarla salvajemente mientras le acariciaba sus piernas, le mordia los labios y su cuello.

    Ella me mordia a mi, mientras poco a poco me fui quitando la ropa, los besos eran muy intensos, de pronto comence a jugar con sus pechos duritos y firmes, los apretaba suave y luego duro, jugaba con sus pezones mientras ella me acariciaba el pene.

    Yo seguí dándome gusto con sus pechos, se los comencé a chupar, lamía los pechos que sabían rico y mordia suave sus pezones. Ella gemía y me acariciaba con sus pies, yo seguía comiéndome sus tetas mientras mi mano llegaba a su jugosa vagina.

    Comencé a bajar mi lengua por en medio de sus pechos hasta llegar a su pelvis, la cual se estremecía cada vez que mi lengua la rozaba. Le quité la tanga y comencé a comer de su tesoro, ella se convulsionaba de placer, tenia su conchita rasurada asi que se sentia suave, comencé a jugar con su clitoris y mientras le metia un dedo con mi lengua la hacia seguir gimiendo de placer.

    -Ahhhh! Luuuiiis, asii que ricoo agh

    -Mmmmm que concha mas ricaa

    Después de juguetear un rato con su jugosa vagina y lograr que tuviera un orgasmo, me puse de pie. Ella se acomodó en tipo perrito y comence a chuparmela.

    Como desesperada comenzó a tragar mi verga que poco a poco se fue poniendo dura, yo observaba como comia mis 20 cm de carne venosa, me gustaba como su lengua jugaba con mi cabecita y con sus dientes raspaba desde la cabecita hasta mis bolas, era un oral riquísimo que admito logro que me viniera…

    -Aghhh Erickaaaaa! aghhh

    -Mmmmm que rica lecheee agh mmm sabrosa

    Se tragó mi leche, mi verga explotaba como manguera y ella con su boquita abierta recibía mi blanca lluvia y tambien se metia la punta a su boca para tragarla directamente.

    -Mmmm! que rico Luis! me encanta tu leche!

    -Aghh! eres una sucia nena! comete mi verga que esto apenas empieza!

    Después de acomodarnos ambos en un rico 69 y estimularnos mutuamente, la puse en cuatro y con mi verga bien firme comence a penetrarla, ella movia su cadera lo cual me hacia sentir muy rico, yo le acariciaba su nalgas y sus ricas piernas.

    Ella se movia mas rapido lo cual me llevo a darle de golpes en las nalgas y jalarle su cabello.

    -Ahhh! que rico! muevete nena! debora mi vergaa!

    -Aghh! papiiii! que rico cogess, metemelaaa! metemelaa!

    Me acosté en su cama y ella invertidamente comenzó a cabalgar, sus movimientos eran como una licuadora me hacia gritar de lo bien que devoraba mi verga con su coño, yo mientras le daba de nalgadas y agarraba sus manos para enterrarle mejor mi verga…

    -Aghhhh! papiiii!

    -Asiiii! uff! Erickaa! asi!

    -Papiii me vengo me vengooo!

    Ella comenzó amoverse como terremoto se dejaba caer en mi palo tan rapido y fuerte que incluso se escuchaba como nuestras partes chocaban de pronto un chorrro salio de ella y sus convulsiones y gritos aumentaron.

    -Ahhhh! Luiiiis! ayyyy!

    -Asi nenaa! mojamee! mojame

    Ella tuvo un orgasmo y quedó como inmobil pero yo aun no terminaba, la acosté boca arriba y le levante las piernotas, agarrandola de sus pies comencé a darle tremendas penetradas mientras me comia sus tetas.

    Gemia y trataba de mover sus caderas pero el orgasmo la había dejado un poco debil, yo segui penetrandola fuertemente, le levante las piernas y me las puse en mis hombros, me levantaba y dejaba caer sobre ella, la velocidad de mis movimientos aumentaba.

    Yo le mordia su cuellito y a veces le jalaba el cabello, su cama temblaba y el cuarto estaba lleno de gritos de ambos. Finalmente combinando nuestros movimientos me vine dentro de ella.

    -Aahhhh! uffff! nenaaa!

    -Aghh! damelaa! llename de tii!

    -Tomalaa! toma tu lecheee!

    -Aghh! llenameee! llenameee!

    Me vine como manguera, la llene toda de hecho al sacársela mis líquidos escurrian de ella, reposamos unos minutos y seguimos cogiendo toda la noche, la cena nunca llego pero lo que si llego fue una confesión.

    -Oye te puedo confesar algo Luis!

    -Que paso nena?

    -Quiero hacer un trio contigo?

    -Jejeje, me parece bien y con quien mas

    -Jeje contigo y con Eli

    Pero esa historia erótica la contaré después…

     

  • Sensualidad universitaria

    Sensualidad universitaria

    Me introduje en ella, mi pene resbalaba rico una y otra vez mientras Andrea gemía.

    Andrea estaba abierta de piernas y gustaba de acariciarse el clítoris mientras la penetraba.

    Sus uñas perfectamente arregladas brillaban y combinaban con el color de sus pezones

    Me encantaban los gestos que hacía mientras gemía, inclusive había momentos en que ella sonreía de lo rico que estaba sintiendo mientras le hacia el amor rico.

    Sus gemidos se hicieron mas intensos cuando me tomo por la mano derecha,…

    Andrea estaba teniendo su primer orgasmo de la tarde; me encanto ver como se estremecía con mi pene dentro de ella y su mano acariciándose.

    Me la imagine por un momento sola, teniendo su momento de placer al ver como se acariciaba el clítoris y los pezones.

    Quizas debería comenzar por el principio, tal vez se pregunten quien soy y con quien estoy. La verdad es que estaba con una amiga de la universidad que me pidió el «favor» por así decirlo, ya que no completaba para su colegiatura. No me sorprendía, la colegiatura en esta universidad es muy cara, ya que es supuestamente de prestigio.

    Yo de hecho tengo novia, pero Andrea fue muy hábil y me sedujo. Me invito a su casa con un pretexto tonto y apenas me di cuenta se me presento vestida con lencería negra y tacones.

    Acto seguido comenzó a besarme y acariciarme en la entrepierna

    – Por favor Erick, solo por esta vez, necesito de tu apoyo

    – Ah… este… si… bueno… está bien – Alcance a decir

    – Gracias Erick, solo podía pedirle esto a alguien de confianza.

    Espero que no pienses que hago esto todo el tiempo y con quien sea. Es solo que en esta ocasión no me administre bien y se me juntaron muchos gastos.

    – Te entiendo, no te preocupes, no le diré a nadie

    Fue cuando hice a un lado su pantaleta para humedecerla y probar su intimidad.

    Después de que tuvo su primer orgasmo le pedí que se volteara.

    Me puse detrás de ella, la tome por la cintura, hice a un lado su cabello negro y le bese el cuello. Mi pene erecto descanso por un momento en medio de sus nalgas.

    Con mi mano en su espalda le indique que se inclinara hacia adelante. Mi pene se acerco a ella y con su mano me ayudo a entrar en su «cuevita» húmeda. Comencé a tomar ritmo dentro de ella mientras volteaba a verme de reojo a través de sus anteojos.

    – ¿Rico? – Le pregunté mientras le hacia el amor a esta chica tan guapa

    – Si Erick, rico… ahhh… ahhh,si, me encanta… cógeme, cógeme – Me respondió de forma agitada y cachonda

    Mientras la penetraba, no deje pasar la oportunidad de acariciarle las nalgas y el ano, al tiempo que su hermoso trasero chocaba con mis muslos. Podía ver como mi pene erecto y húmedo desaparecía por completo dentro de ella y aparecía victorioso para después volver a desaparecer.

    Disfrute mucho haciéndole el amor de perrito hasta que finalmente me vine en su interior, poco después mi semen comenzó a salir de su vagina escurriendo poco a poco. Estábamos tan sudados y sucios que nos duchamos antes de irnos.

    Viéndolo en retrospectiva fue un error haber accedido a su «petición» porque paso algo que ninguno de los dos había previsto: Nos enamoramos.

    Nuestro primer encuentro sexual surgió a raíz del apoyo económico, pero era obvio que eso ya habia pasado a segundo plano.

    Siempre nos despedíamos prometiéndonos que ya no haríamos esto, pero más temprano que tarde ya estábamos en algún lugar desbordados en pasión.

    Al entrar en la habitación Andrea se dirigió al baño. Tardo un poco pero al salir, traía puesta su lencería de color negro tal como me gusta:

    Se acerco a mí, me besó y me dijo:

    – Traigo unas ganas de que me cojas Erick que ya no aguanto. Me humedecí en clase pensando en ti, en que me hacías tuya.

    – Te pusiste lencería – Dije sonriendo

    – Si Erick, quiero complacerte

    Aproveche su cercanía para besarla y acariciarle las nalgas, esos dos motivos tan sugestivos que ella usa para seducirme.

    La lleve a la cama y la abrí de piernas suavemente. Quería demostrarle cuanto me gustaba usando solo mis labios y mi lengua en su vagina y así lo hice hasta que la llevo al borde del éxtasis.

    – Hazme tuya Erick, por favor… Ahhh… ya no aguanto – Alcanzaba a decirme entre jadeos eróticos

    Admito que ya llevaba un buen rato disfrutando del sabor de su vulva, como si estuviera saboreando una fruta viscosa; mi lengua alcanzaba a entrar en su cavidad y a ella le encantaba.

    Me coloque sobre ella y la volví a hacer mía en la posición de misionero, viéndonos a los ojos, diciéndonos cuanto nos gustábamos y nos gustaba disfrutar del sexo juntos.

    – Me encantas Andrea

    – Y tu a mi Erick, mucho… me encantas – Me decía de forma agitada mientras la penetraba

    Poco después me senté en medio de la cama y ella se sentó sobre mi, la posición perfecta para tomarla por el culo y besarle los pechos.

    Andrea se movía de arriba a abajo mientras mi pene erecto resbalaba rico dentro de ella.

    Por whatsapp también teníamos nuestros momentos eróticos

    – ¿Sabes que estoy haciendo en este momento? – Escribió Andrea

    – Mmm no ¿que haces?

    – Estoy en el sillón completamente desnuda acariciando y masturbándome pensando en ti ¿gustas?

    – Me encantaría, pero hoy no podre irnos

    – Tu te lo pierdes, estoy teniendo orgasmos muy ricos. Aquí voy a estar por si cambias de opinión

    Ahhh… ahh… ah…

    Sin duda que fue una relación muy intensa la que tuve con ella.

    El más afectado por esta aventura fui yo, porque inevitablemente empecé a comparar los gemidos de mi novia con los de Andrea… su cuerpo… sus senos… todo.

    No se cómo decirlo, Andrea era más sensual, como que gemía más rico… más mujer.

    Me afecto tanto que, un día mientras le hacia el amor a mi novia se me salió el nombre de Andrea.

    Al terminar me pregunto molesta quien era Andrea.

    Finalmente hice lo que debí hacer, le platique todo y terminamos. Poco tiempo después inicie una relación formal con Andrea, pero meses después también terminamos.

    Nos dimos cuenta que lo nuestro solo era atracción física.

    Y tal como lo había imaginado, me quede sin novia y sin amiga. Después de todo lo que vivimos era difícil estar juntos como si nada hubiera pasado.

    La lección fue dura para mí, el hecho de que te guste mucho alguien no significa que sean compatibles a largo plazo. No lo leí en ningún lado… lo viví.

    FIN

  • Las obesas follamos más

    Las obesas follamos más

    Que soy una mujer obesa
    dicen con mala intención;
    pero no presto atención, 
    pues eso a mí no me pesa. 
    Siempre que un hombre me besa, 
    es porque yo se lo pido, 
    después retoza en mi nido. 
    Mi cama queda deshecha, 
    cuando un par de polvos me echa:
    ¡ay, si es que hay tanto salido…!

    Son dos columnas mis piernas, 
    fuertes y bien esculpidas;
    mis tetas grandes, subidas, 
    de carnes fofas y tiernas, 
    como de venus eternas;
    mi culo prieto y redondo:
    penetra, verás que es hondo;
    de niña la cara tengo;
    mi coño, ya te prevengo, 
    sin vello, mondo y lirondo.

    En la playa, en bañador, 
    ay, que sólo es de una pieza, 
    que casi hasta la cabeza
    me cubre, un tío seductor
    se acercó y dijo: «Hola, amor»;
    dije: «Hola, ¿quieres mi toalla, 
    quieres algo mio, canalla?;
    «Quiero tu cuerpo desnudo, 
    sólo pensarlo mi nudo
    en mi pantalón estalla».

    Fuímos juntos al vestuario, 
    burlando la vigilancia;
    era un hombre con prestancia, 
    pronto se tornó ordinario, 
    vulgar como un telediario, 
    y me desnudó sobándome, 
    y me penetró besándome:
    «Ough, ough, ough», yo oía su resuello, 
    lamia mi oreja y mi cuello:
    «¡Ay, amor, qué bien estás dándome!».

    Cuando ya se iba a correr:
    «Cielo, ah-hazlo fue-ra», jadeé;
    dijo: «En tu culo», y acepté. 
    Me volteé; venga, a meter,
    hasta hacerme estremecer. 
    Me horadó con gran pasión;
    que hasta grité «¡Ay, cipotón!»:
    dentro fuera dentro fuera, 
    y más, mucho más quisiera:
    ¡mi ano!, su eyaculación.

    Hay algo que se ha de explicar:
    más follamos las obesas
    que las remilgadas esas
    que tanta dieta y entrenar, 
    y tanto de sí cuidar, 
    no se enteran que sus figuras 
    nunca serán esculturas:
    el tiempo las estropea:
    ahora eres guapa, ahora, fea. 
    ¡Folla y vive, no hay ataduras!

    ¡Ay de mí, ay fatalidad!, 
    a un hombre he enamorado, 
    uno que ayer me he follado;
    quiere quedar, ¡qué crueldad!, 
    ¡y quiere formalidad! 
    Le hice tan buena mamada, 
    que hasta yo quedé extrañada:
    tanto semen expulsó, 
    tanta dureza y duró… 
    Le diré que estoy casada. 

    Ya mismo termina el poema;
    ocho estrofas, ni una pena:
    acabará en la novena. 
    No digas que cambio el tema, 
    que esto no es ningun teorema, 
    que es sólo una historia gruesa
    de una fémina algo obesa. 
    De la letra un alma nace, 
    al cabo un fantasma se hace; 
    quizá te la ponga tiesa…

    Tu excitación es la mía, 
    y creo que ya me estás viendo;
    mi vestido está cayendo:
    destapo mi lozanía;
    mi aliento en tu cercanía, 
    en tu regazo sentada, 
    de tu amor necesitada;
    mis tetas frente a tu boca, 
    «saboréalas, ven, te toca»;
    después seré yo follada.

  • La amiga de mi hermana

    La amiga de mi hermana

    La amiga de mi hermana tenía alrededor 18 años, pertenecía al grupito duro de la escuela, alborotadores, y bulliciosas. Yo un joven de 26 años dormía después de un duro día de trabajo.

    Una noche llegaron a nuestra casa ya un poco tomadas y continuaron su rumba, colocaron algo de música americana y merengues y siguieron haciendo ruido, mientras el resto de la casa dormía, incluido yo.

    Me despertó el ruido y decidí salir a decirles algo, salí al pasillo y me acerque despacio a la sala de nuestra casa. Estaban bailando, brincando y divirtiéndose sin importar que el resto durmiera, eran ya más de la medianoche. Le baje el volumen y les dije que se callaran, por un momento hubo silencio, me voltee y me regrese a mi alcoba.

    Ya en mi cama de vuelta y tratando de reconciliar el sueño, sentí como la puerta de mi alcoba sonaba como si estuviese siendo abierta, espere un momento y sentí la presencia de alguien junto a mi cama, prendí rápidamente la lámpara de la mesa de noche, y la vi, era una de ellas, una amiga de mi hermana, se veía hermosa, rubia de ojos azules, y de un cuerpo moldeado seguramente por el ejercicio.

    Se sobresaltó la chica, al verse sorprendida por la luz, llevaba puesto una faldita corta que dejaba ver sus moldeadas piernas y un top estrecho que cubría sus pequeños pero puntiagudos senos, Se notaba la dureza de sus pezones detrás de la diminuta prenda.

    Le pregunte que hacia allí, que quería que si no era suficiente con despertarme con el ruido de su rumba. Ante esta pregunta, se sentó al borde de la cama y cubriéndose con la cobija se metió junto a mí, dándome un beso acompañado de su dulce lengua, el sabor a ron y Coca-Cola, llenaron mi boca y nariz. Mientras tanto su mano bajo por mi pecho hasta llegar a mi pantalón de pijama, el cual empezó a bajar hasta que me lo pudo quitar con la ayuda de sus pies, levante mi trasero para que bajaran fácilmente y espera a ver que pasaba.

    Bajo su cabeza, hasta llegar a mi pene, el cual cogió entre sus labios y me empezó a dar una mamada espectacular, recorrí sus piernas hasta llegar a sus mojaditos pantis, y corriendo un poco la tela, le acaricie su preciado tesoro, sus labios vaginales tiernos estaban listos para ser acariciados y manoseados por mis dedos.

    La corrí un poco hacia mí, y sacando la lengua me comí eso tan deliciosos que la amiga de mi hermana tenía entre sus piernas, sus gemidos, salían deformados al tener su boca llena con mi pene.

    Ella soltó mi miembro y dándose la vuelta, corrió sus pantis de lado y se sentó de una sobre mi duro falo, consiguiendo metérselo hasta el fondo de su apretada vagina, hasta el fondo de un solo golpe.

    Esta chica aunque algo ebria, se movía precisa y rápidamente, creo se corrió varias veces ella solita. Ya para entonces mi cuerpo y sentidos estaban súper excitados y no paso mucho tiempo en que el placer se apoderó de mí y tuve un orgasmo maravilloso con esta jovencita que se movía encima mío.

    Termino de moverse, dejo que mi ya en vía de extinción erección, se aflojara y saliera de su apretado coñito, se acostó un rato junto a mí, y pidiendo disculpas por la rumba se regresó a la sala. Hasta ahora no se su nombre ni lo pregunte. Ahora espero que me vuelvan a despertar alguna noche para poder repetirlo otra vez.

    FALS.

     

  • Dante y Trevor (Parte 1)

    Dante y Trevor (Parte 1)

    Los hermanos Allerton quedaron gratamente sorprendidos cuando divisaron desde la última curva del camino Rowley Hall. Atesoraban Dante y Trevor Allerton un persistente buen humor que el sofocante y largo viaje no había conseguido disipar; así pues, la entusiasta acogida por parte de Mr. Woodworth, a la que se sumó con grandes aspavientos Archibald, fue celebrada por los tres muchachos entre equipajes y perros de caza, animales tan considerados en el condado como la ilustre familia que durante generaciones había ocupado la propiedad.

    La invitación, formalmente enviada por Mr. Woodworth tras su reciente visita a Hayburn, se materializaba ahora bajo la lluvia durante aquella tarde estival. La mundana y pulida educación que la anciana señora Allerton había procurado a sus nietos les había llevado a recorrer meridionales villas amuralladas, fragantes bazares, decadentes ciudades y remotos desiertos, pero la brillante campiña junto con los esplendorosos bosques limítrofes a Rowley Hall, revelados por Archibald durante un corto pero gracioso paseo, causaron inusitada impresion en los visitantes que regresaron a la mansion satisfechos, descansados y hambrientos.

    HAYBURN

    Archibald Woodworth, bello, inteligente y rico, había cursado con éxito su primer año en la prestigiosa escuela de Hayburn. Desde su llegada, el fácil trato de Archibald había facilitado a profesores y alumnos abrir sus corazones al nuevo residente, y los Allerton no tardaron en brindarle todas las comodidades y pertenencias de las que disponian en sus estancias para ofrecer bienestar y holgura. Pocas semanas bastaron para mudar las rutinas de los hermanos, convirtiendose Archibald en necesaria compañia para Dante y Trevor Allerton.

    Despues de largas tardes de estudio llegaban las esperadas, dilatadas noches, intensas veladas que Archibald acortaba con historias y lecturas. Acostumbrado a cautivar con sus refinados modales y acertada conversacion no sospechaba que la fuerza de la juventud añadia proporcion y gracia a su cuerpo, encantos a su personalidad y un acalorado sentimiento, oculto armamento que la camaraderia detonaba sin que él pudiese controlarlo. Y asi, ajeno al magnetismo que ejercia, brillaba Archibald noche tras noche en el dormitorio de los hermanos, mientras estos, deleitandose con la presencia del amigo, se acomodaban en la cama escondiendo los secretos de la virilidad que maduraba entre las sabanas.

    Finalmente, Archibald se acomodaba entre ellos dispuesto a leer en voz alta las ultimas paginas del relato elegido, caía rendido al calido lecho que los hermanos ofrecian gustosos y, protegido y arropado por vigorosos brazos, se abandonaba al sueño.

    MR. WOODWORTH

    Octavio Woodworth acababa de cumplir los cuarenta, creia haber vivido todo y saber todo lo que tenia que saber. Se lamentaba con frecuencia, cuando la luz del ocaso se mezclaba con las primeras tinieblas de la noche, de no disfrutar en aquella casa de una orientacion propicia para ver la puesta de sol desangrandose sobre muebles y alfombras, tiñendo la sala a la hora del atardecer. A Octavio Woodworth le encantaba aquel momento sembrado de melancolia que aprovechaba para observar el vuelo de los pájaros, el azote del viento sobre la madreselva del jardin o la humeante taza de te junto a la chimenea encendida. Dulce momento que tambien dedicaba a la memoria de su esposa, evocando su voz mezclandose con la melodia del piano que tanto amaba. De aquel dichoso pasado conservaba nitidos recuerdos de prolongados viajes y fogosos encuentros, la existencia de Archibald y el legado de Rowley Hall.

    Los nublados pensamientos de Mr. Woodworth se desvanecieron al advertir las siluetas de los jovenes paseantes en el jardin esclareciendo el paisaje con sus camisas blancas. El aniñado aspecto de Archibald, de palida piel y cobriza melena mitologica, contrastaba con la atezada belleza de los gemelos. Eran Dante y Trevor afines en altura y complexion, herederos de la exotica naturaleza de su madre y del aristocratico porte de Lord Allerton, singular pareja conocida por la espontanea excentricidad que mostraban sin reparos en los selectos salones del continente.

    Mr. Woodworth dedicó unos minutos más a considerar la apariencia de los gemelos, acabó su copa de jerez y, despues de haber recompuesto su figura ante el espejo, bajó a presidir la cena dominado por un insospechado y vivaz buen ánimo, atusandose la seductora y cuidada barba antes de entrar al salón.

  • La tranquila Lucia se vuelve una perra (1)

    La tranquila Lucia se vuelve una perra (1)

    Lucia era una mujer de 24 años que no era muy activa sexualmente pues así había sido guiada desde su educación.

    Su cuerpo era pequeño y delgado pero con unos senos y un culo bastante llamativos, sin ser grandes, generaban mucho morbo además de unas piernas muy bien formadas. Llevaba un mes trabajando en un call center donde la mayoría de sus compañeros eran hombres, le gustaba su trabajo y lo único que le costaba era llegar temprano.

    La noche anterior había tenido un momento en el metro que la tenía bastante turbada, de vuelta a casa un hombre no se le había despegado todo el viaje refregándole el pene cada segundo, la cosa había quedado ahí pero ella no pudo evitar excitarse pensando en eso, quizá por eso al otro día despertó tarde, casi sin tiempo de alistarse, acostumbraba a ponerse el brazier antes de salir pues le incomodaba mucho, con el afán olvido este paso.

    Pensó que esto no era problema pues sus senos no eran muy grandes y si bien su blusa blanca era muy delgada, llevaba una chaqueta que evitaba se le vieran los pezones. Cuando llego al trabajo quiso sentarse pero el supervisor lo evito diciéndole que tenían una actividad de relajación previa al trabajo, fue a la sala con sus compañeros y vio que una mujer iba a coordinar juegos , el primero era correr en círculos mientras una pelota pasaba de mano en mano. Lucia inevitablemente tuvo que quitarse la chaqueta, sus pezones no se veían pero pronto reaccionaron tras la mirada de algunos de sus compañeros. Desde ahí el juego siguió pero muchos de sus compañeros solo la miraban a ella, como sus senos rebotaban cada salto para atrapar el balón y sus pezones sobresalían cada vez más.

    El supervisor vio lo que sucedía y decidió llamarla a la oficina, la hizo pasar primero para mirarle el culo y cerró la puerta.

    Qué quieres Lucia, dijo Bravo el supervisor

    Cómo así no entiendo la pregunta

    Qué quieres viniendo a mostrarle los pezones a tus compañeros

    Lucia se puso roja y puso inmediatamente sus brazos en los senos, saberse mirada la ponía demasiado nerviosa.

    El supervisor le ordenó que quitara los brazos de ahí y le pidió que se pusiera de pie en frente de un espejo que había en la oficina

    Qué ves

    A mi… no se

    Yo solo puedo ver tus tetas, eso querías viniendo así?

    No no perdón, fue un accidente, salí muy rápido y no encontré mi brasier, venía con chaqueta pero…

    Debo comprobar eso

    Cómo?

    Debo saber que tienes bragas y no estás mojada, de lo contrario sabré que solo viniste a que te follen.

    Lucia se bajó un poco el pantalón por el costado y mostró que llevaba bragas negras debajo. El supervisor se acercó y la miró fijamente, era un hombre alto y a Lucia siempre le había parecido guapo

    -Y quieres acaso que yo compruebe sino estas mojada, le dijo mientras la agarraba del pelo enviándola hacia atrás y le sobaba los senos un par de segundos

    O prefieres ir al baño y traerme tu tanga para saberlo.

    Lucia estaba quieta y sorprendida y lo estuvo hasta que un azote en el culo la despabilo, fue hacia el baño asustada porque sabía que tan pronto el supervisor le cogió los senos la tanga había quedado muy mojada.

    Saberse observada y luego ser tratada con esa fortaleza la había puesto muy cachonda, se quito la tanga y la envolvió rezando para que el supervisor no notara su humedad.

    Llegó a la oficina y se la dio a su supervisor que inmediatamente la desamarro y la empezó a palpar hasta llegar a una zona empapada

    Qué te tiene así?

    Nada, no sé, se lo juro no fue mi intención

    Qué

    Mojar mi tanga, dijo suavemente.

    El supervisor la volvió a coger del cabello y le puso la tanga en su cara mientras se la restregaba y le decía

    Así huelen las perras como tu que vienen a provocar y no a trabajar.

    Decía mientras Lucia se dejaba hacer sorprendida y nuevamente excitada

    Me las quedo, no es más vuelva a su trabajo.

    Lucia se fue de la oficina muy trastornada, salió hacia el baño, entró y se dio cuenta que sus pezones eran cada vez más notorios, se bajó el pantalón y empezó a secar su vagina pero cada momento estaba más húmeda así que decidió irse de vuelta a su puesto. Antes de sentarse nuevamente todas las miradas estuvieron sobre ella, cuando llegó no se pudo concentrar hasta que acabó su horario.

    Cogió su chaqueta y dudó en ponersela pero el calor que iba a sentir en el metro no le permitió. Cuando llegó al vagón decidió ubicarse en las puertas. Su culo estaba pegado a la puerta y sus tetas eran observadas por un par de hombres, esto le hacía mantener los pezones en punta, además de pensar constantemente que tras unos acontecimientos que no lograba entender aún, ya no tenía tanga. Pronto el metro se lleno y un hombre quedó justo al frente de ella quien le sonrió amablemente, el movimiento los hacia fraccionar como si de un baile se tratara. Lucia no lo evitaba y quizá por eso el hombre se animó a meter su mano debajo de la blusa y empezó a sobarle los pezones con una maestría que hizo que Lucia empezará a gemir suavemente

    Mira la puta que me vine a encontrar.

    Le dijo el hombre que le empezaba a pellizcar un pezón con fortaleza, haciéndola retorcer del dolor. Lucia se llevó la mano a la boca para no gritar. El hombre cambio de pezón, Lucia estaba a punto de tener un orgasmo, pero la realidad la despertó y una parada del metro hizo que se tuvieran que mover, Ella se acomodó la blusa rápido y vio que esta era su bajada, dudo un momento pero se bajó, el hombre también dudo pero sólo atino a darle una sonora nalgada, mientras ella bajaba, Lucia inmediatamente sintió como mas líquido salió de su ya mojada vagina. Hoy había descubierto lo que le generaba ese trato, dos azotes que habían tenido el mismo resultado.

    Camino las dos cuadras para llegar a su casa con rapidez y con la chaqueta puesta para que sus padres no sospecharan nada, llegó y los saludo rápido para encerrarse en su cuarto, tan pronto lo hizo fue al espejo y se quitó la chaqueta, no era la misma que había salido esa mañana. Sus pezones seguían marcados, se bajó el pantalón y vio como su vagina estaba brillante, se quitó la blusa y se sorprendió lo irritado que tenía los pezones, el hombre en el metro se los había espichado con fuerza. Lucia se los empezó a sobar y fue inevitable empezar a gemir, no se había masturbado hace años pero hoy tenía que hacerlo, recordó cómo la había tratado el supervisor y bajo la mano a su vagina, se acarició el clítoris y antes de que eso la hiciera acabar se metió dos dedos en su vagina, siempre había sido muy estrecha pero tanta humedad los hicieron entrar fácil, con la otra mano se sobaba las tetas que le habían ocasionado todo, no aguanto mucho y tuvo un gran orgasmo que la hizo temblar y por fin acabar ese día extremo.

  • Las chicas de la universidad

    Las chicas de la universidad

    La universidad fue un lugar fabuloso de mi vida, 5 años de estudio, amigos, amigas y algo de fiestas.

    La vida de estudiante era interesante, los cursos una novedad y muy diferente del estudio de bachillerato y los que atrás dejamos como niñatos. La vida sexual que tanto esperaba no era como las fantasías le hacen creer a uno. Si, de vez en cuando se conocía una chica, con ganas de tener sexo son complicaciones, el ejercicio deportivo de la relación sexual.

    Estaba ya yo en mi segundo año de Universidad, y tenía una amiga llamada Margarita. Margarita era una chica jovial, alta por encima del promedio, atractiva, unos bellos senos y unas caderas alucinantes. A margarita no le gustaban las relaciones permanentes, era ella mi amiga y además mi amiga con derechos.

    Un fin de semana de esos en que la mayoría de la gente se iba a sus casas a disfrutar de una u otra fiesta nacional o religiosa, Margarita y yo entre otros nos quedamos en el pueblo donde se encuentras nuestra alma mater. Ese sábado, Margarita me invito a una fiesta, así que fui a relajarme un rato, pensando en irme a casa temprano ya que el domingo quería ir a trotar temprano.

    Llegue a la casa donde se realizaba la fiesta, entre buscando a margarita y me encontré con solo chicas en la fiesta, parece no habían más muchachos en la velada. Yo conocía a varias de las compañeras de universidad.

    Me encontré con Amparo, una chica con la reputación de comerse lo que se le antojaba. Una belleza amazónica de ojos vivaces y sensuales. Amparo se me acerco y sin ningún preámbulo, sin ningún hola o como estas, me agarro por el cuello y me beso en los labios fuertemente, me agarro de la mano y me llevo al cuarto de alguien en la casa, me acostó sobre la cama, y aviso a los que estaban afuera, dejando la puerta abierta que si alguien quería ver podía ver lo que me iba a hacer.

    Me deje llevar, y Margarita y otras 7 chicas se metieron al cuarto a ver que iba a pasar. Margarita estaba cerca así que la agarre y la bese al mismo tiempo que me desnudaba. Ya amparo estaba desnuda y, Margarita también empezó a desnudarse, wow, dos chicas para mí y una audiencia, esto era una nueva experiencia.

    Amparo también se volvió sobre sí misma y agarro a una chica llamada Lucia la jalo así sí misma y la beso deliciosamente, esto me puso a mil, que estaba pasando.

    Margarita y Lucia se acercaron más y acariciándome desde el pecho a los huevos me agarraron la verga para luego besarla, chuparla y mamarla como si se fuese a acabar el mundo. Mientras amparo me besaba, me acariciaba y daba órdenes a las otras dos. Lucia dejo mi verga y comenzó a lamer el bello coño de Amparo, entre más lengua le daban más fuerte me besaba. Amparo quito a mis amantes y se sentó a ahorcajadas sobre mi cadera, empalándose en mi duro miembro. Al mismo tiempo Margarita se sentó en mi rostro y me ofreció su depilado coño para que me lo comiera y lamiera hasta hacerla venir.

    Al rato le dije a Lucia que se pusiera en cuatro y rápidamente la penetre por su hermosa vagina, la cual mojada como un rio vibraba de tanta excitación.

    Le di hasta que me corrí, las otras chicas en la cama se acercaron y limpiaron mi semen de los labios inferiores de Lucia.

    Al mirar a mi alrededor note como las otras chicas que aunque no participaron activamente en la pequeña orgia, se estaban masturbando , algunas sobre sus mojados pantalones, otras sobre sus pantis y otras con sus desnudas vaginas al aire dándose dedo, al igual que como algunas de ustedes que leen esto lo están haciendo.

    FALS.

     

  • ‘Eso’, mi dulce tormento con el marido de mi hermana

    ‘Eso’, mi dulce tormento con el marido de mi hermana

    Álvaro siempre fue muy atento conmigo. Su esposa es mi hermana Carla y aún de novios ya follaban en casa. Mis padres lo consentían pues es la mimada. Claro, yo me mordía el deseo porque me gustan los hombres y no podía llevar como ella a mis ligues, meterme en mi cuarto y dejarme empotrar. Si lo hacía, tenía que ser en moteles y con discreción. Esa atención extraordinaria de Álvaro traía cola, y vaya cola…

    Al casarse la parejita se vino a vivir a casa y yo me cruzaba con mi flamante cuñado todas las mañanas, él mostrando sus atributos al aire y yo babeando por ese colgajo venoso que para colmo le llegaba casi a la rodilla. La muy perra de Carla debía gozar rico con todo eso. Por las noches otro tanto. Si salía al baño, allí estaba ese animal sexual echando lluvia a chorros, si estaba en la cocina ahí que podía seguir comiendo amargo al admirar su tremendo paquete ceñido a esos bóxer ajustados. Carla se despertaba toda radiante y acababan morreándose sin pudor delante de todos. Mis relaciones eran escasas, si había suerte regresaba «caminando raro» y si no, me tocaba tirar de dildo y pajote.

    Carla viaja cada semana por trabajo y Álvaro se queda solo de lunes a miércoles. Pues resulta que esa «cola» que traía con sus atenciones hacia mí, no era sino su deseo de empotrarme y ponerme del revés con esa cosa monstruosa pero deliciosa.

    Ese lunes no tenía clases. Me quedé en casa y desperté a las ocho. Mis padres se suelen marchar a las siete al negocio y me levanté ganoso. Estaba empalmado así que salí desnudo para darme marcha en la ducha con un buen enema y luego jugar con mi dildo que apenas tiene 19 centímetros. Álvaro estaba igual de desnudo que yo y ese vigor se notaba ansioso por desatascar cañerías. Al muy cerdo le mide 24 gruesos y venosos centímetros, algo como dos latas de refresco juntas, es una bestialidad. Y digo cerdo porque en la cama lo es con diferencia, te hace de todo, no se inhibe de nada y repite como esos sementales que montan a varias yeguas al día.

    Yo, no es que sea muy viril que se diga, pero intento disimular mi estupor cuando veo cosas como la suya. Álvaro se acabó de rasurar y al girarse su verga me rozó la pierna. Temblé pero mantuve la compostura hasta que mi amado hermano político me la ofreció con descaro. Me tomó de la muñeca y puso mi mano en «ESO».

    Me derretía con solo sentir las palpitaciones de «eso» y más al masturbarla suavemente. Empezó a crecer y crecer hasta que recurrí a mi otra mano para conseguir mantenerla firme. Álvaro estaba encantado con el masaje y con los ojos cerrados gozaba de mi manualidad. Lo vi hermoso y sin pensar en las consecuencias me puse de rodillas ante su majestuosa tranca imposible y me la puse en la cara, sus huevos en mi mentón y todo el tarugo sobrepasaba mi cara unos cinco centímetros sobre mi cabeza. Abrí los labios decidido y chupé ese capullo enrojecido con ansias de puta. Álvaro dio un respingo pero me sujetó de la cabeza y me obligó a tragar media verga. Dentro, mi lengua masajeaba su frenillo y mi saliva acumulada empezó a brotar por las comisuras, babeaba y poco a poco fui tragando más.

    Aún no me hacía el lavado rectal y temí que si me cogía, la iba a cagar -literal-. Pero el lujurioso sodomita no estaba para esperar más y en cuanto la presenté a su vista toda pringada de saliva y mi cara bañada en ella, me agarró como agarrar una maleta y en sus fornidos brazos me llevó hasta su cama. Peso 52 kilos en contra de sus 95 que lo convierte en un armario.

    Me botó en la cama y se montó encima mío para dejar su taladro en mi cara. Sus cojones en mi boca y yo que me los metí para mamarlos. El muy cabrón se giró al contrario y acabamos en un 69 de vértigo donde «sufrí» el acoso de su boca en mi pequeño clítoris y en el marrón estrecho pero dispuesto a dilatar con esa lengua deliciosa. Me corrí en minutos, en su boca. Álvaro se bebió mi semen y se giró nuevamente.

    Entre mis piernas levantadas a sus hombros colocó «eso» en mi agujerito y vació gran cantidad de lubricante que regó mi zona. Se agarró el capullo y me lo ensartó decidido a traspasar el ojal aún sin dilatar por completo. Mis huesos cedieron a la presión y quedé taponado por ese glande amartillado que me desbarató la voluntad y el esfínter entero.

    Me dio como a hembra, como si fuese Carla, su mujer, que justo antes de dejarme preñado llamó para ver cómo había amanecido su rey. Su rey me estaba hinchando a verga y batiéndome las entrañas, cosa que a ella no hace. Su rey con una desvergonzada actitud habló como si estuviese lavando platos y se despidió sin más para acabar la faena y «embarazar al putito de la casa».

    Extasiado como estaba y a punto de venirme nuevamente, Álvaro, mi ya marido empezó a escupirme en la cara y a pegarme. Sus bofetadas, lo reconozco, me excitaron, y su saliva me la procuré en la boca para degustar su sabor. «Eso» estaba en su máximo esplendor y sus palpitaciones aumentaron considerablemente. La tensión era evidente. Estaba por largar todo la producción de sus huevos y lo iba a hacer en mi interior.

    Me ardía la cara por sus golpes pero suplicante le rogué que volviera a pegarme. Era masoquista (?) Álvaro no reparó en delicadeza y me plantó una ráfaga de bofetadas, pellizcos en mis pezones, azotes fuertes en mi vientre y culo, tirones de cabello y un estrujamiento doloroso de testículos que me sacó hasta el alma por la raja de mi clítoris.

    Los moretones en mi delicada piel empezaron a ser más visibles y mi cara enrojecida con la marca de sus dedos me hicieron temer que mis padres se dieran cuenta. Álvaro estaba fuera de sí y me partió un labio con una formidable bofetada. Hizo puño y cerré los ojos. El golpe me cayó en un costado y me retorcí de dolor. Su verga aún mantenía el ritmo en mi ya anestesiado ojete.

    Los improperios fuertes y los golpes me hicieron venir una vez más entre lágrimas y todo adolorido, humillado y feliz recibí la riada interminable que me dejó «embarazada» de él, del marido de mi hermana y mío también.

    Fue un milagro que no me destripara con «eso» que al salir de mi destrozado interior estaba reluciente. Mi reacción inicial fue ver a «eso». Estaba limpísima, sin rastro de materia fecal y lo mejor es que me la ofreció para que acabara de ordeñarla con mi boca. Amé al animal y adoré al maltratador que me hizo sentir mujer por primera vez en mi vida.

    Conozco bien a mi flamante marido y sé lo que le gusta. Esa tarde y luego de comprobar que el maltrato físico no era visible con ropa y que el desgarro en mi labio era ínfimo, me entregué varias veces a «eso» convencido de que desde aquel día ya no soy Daniel. Mi nombre es Daniela y tengo 24 añitos muy femeninos gracias a «ESO» y al dueño de «ESO», mi marido en la intimidad.

    Esa noche volvió a poseerme. Se pasó a mi cuarto y me abusó en el suelo. Para no hacer ruido me puso cinta americana en la boca y continuó con el trato humillante y vejatorio. Me aplastaba los huevos y se complacía en mi desesperación. Me daba puñetes en las mejillas, me pateó en el vientre, se subió encima pisando en mi espalda y dio saltos. Pero a la hora del amarre, todo era pasión. Me embarazó ocho veces ese día. no pude ir al váter en una semana y cuando lo hice fue como estar meando. Tenía el ojal como un boquete, tanto que en mis febriles descansos no deseados cuando se cogía a mi hermana, pude complacerme con mi propia mano, me entró entera.

    No es posible que adore a mi maltratador, pero soy suya, lo amo con pasión y no puedo contárselo a nadie. Me he convertido en un objeto para él, me gusta que me humille y me pegue, me siento muy mujer, sé que está mal pero no me resisto a perderlo. Me suele halagar diciéndome que soy su esposa, que me ama y que precisamente por eso me disciplina y yo me derrito al escucharlo. que procede mal por que a las esposas como yo hay que amarlas de esa forma. Y yo me siento bien, muy bien siendo tratada así.

    Al día siguiente las violaciones fueron a más y más fuertes los golpes. Pero eso lo contaré en una segunda parte que espero les guste a los lectores. Me siento fenomenal. Llevamos ya seis semanas en continua actividad y tengo mucho que contar, es mi manera de soltar esta ansiedad que tengo dentro porque no quiero que acabe, yo lo amo con mi vida y Álvaro me ama igual.

    Si alguien puede ayudarme estaría encantada de recibir sugerencias. Mi correo es: [email protected] Estaré gustosa de leerlos. Un beso a todos y hasta la segunda parte de mi relato.

    ¡Te Amo Álvaro!