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  • Andanzas y devaneos de un empleado de telecomunicaciones

    Andanzas y devaneos de un empleado de telecomunicaciones

    Mi empresa me había enviado para ultimar los detalles del proyecto de telecomunicaciones de la zona, el día había sido agotador, los clásicos incompetentes técnicos locales me traían de cabeza tuve que volver a reconstruir el sistema y gracias a dios antes del anochecer. Me alojaba en un pequeño hotel, el mismo que otras veces, cada tres o cuatro meses este último año había tenido que ir a esa zona, pero todo estaba arreglado y en manos de la contratista para posteriores problemas técnicos. Nada más llegar al hotel llamé a mi mujer, me dijo que el niño estaba bien, y la niña la había llevado al pediatra, pero no había ningún problema, me dijo que el primer mes de los bebes era normal, le habían dicho. Tras las pertinentes llamadas a mi empresa me duché, ahora al menos podía relajarme. Me cambié de ropa, me quité la alianza de mi dedo y la guarde. Bajé y salude al conserje, el cual me dijo:

    — Me alegro de verte otra vez.

    — Lo mismo digo, pero será la última vez, a la tercera ha ido la vencida en el proyecto, pero bueno siempre es un placer pasar por aquí — conteste.

    — ¿A por carnaza? — me pregunto sonriendo.

    — Sí, a ver que depara la noche, aunque esto está muy solitario — dije.

    — No te quejes, las dos últimas veces tampoco te ha ido mal, quién fuera joven y apuesto como tú, yo ya tengo 63 años… — dijo el conserje.

    — Bueno, los has vivido yo tengo la mitad menos que tú, no te quejes, lo tuyo habrás tenido — le conteste, al mismo tiempo que salía por la puerta.

    Entré en el local de copas, había poco ambiente, música ochentera, un grupillo de maduras estridentes bailaban y hablaban jocosamente, como si rememoran viejos tiempos. Saludé al camarero y puse cara de hastío.

    — Es lo que hay tío, ya ves, la cosa está aburrida, ¿qué te pongo?

    — Vodka con limón… ya veo que hoy la peña tiene la pila de años — dije en tono sarcástico.

    — Cuarentonas, a medio camino de los 50… han salido de cena y ahora están de copeo. No es como la última vez que viniste, por cierto, ¿te llegaste a levantar a la choni esa la última vez?

    — Sí, me la soplé, no me quejo.

    De entre todas las maduras vi una que destacaba, era alta, su tetamen boteaba al bailar, su culo era marcado y armonioso. Sus movimientos eran ensayados, quería destacar del resto, su cara tenía esa sensualidad madura de los años, algo bizarra, de ojazos grandes y pómulos anchos, algo agitanada. Su mirada lateral se cruzó con la mía, entonces en un movimiento de cabeza hizo hondear su morena melena y dio unos pasos gimnásticos exentos de elegancia, pero que le daban ese morbo hortera, por la envergadura y apostura de ella, obviamente.

    — No pinta mal esa hembraca del medio, parece que baila como si fuera el último día de su vida — dije.

    — ja,ja, ja, ja. Qué bueno, tío, eres un puto original. No sé, no la conozco, por lo que he oído son de un pueblo cercano, las clásicas maduronas casadas despechadas que se desmelenan, ya llevan unas cuantas copas y dan rienda suelta. La verdad es que es una hembra muy brava y parece que pide polla a gritos — dijo el camarero.

    Seguí bebiendo, el camarero me invito a otra copa y fue a sus quehaceres. Ella me miraba disimuladamente, yo respondí a sus miradas, pasaron a ser intensas. Como quien no quiere la cosa se acerco a la barra a pedir bebida.

    — Veo que os lo pasáis bien, por cierto bonito vestido, te queda bien — dije en un primer acercamiento.

    Llevaba un vestido negro ceñido, con escote, se transparentaba algo con los focos del local por lo cual dejaban entrever un culazo entangado.

    — Gracias, el negro me gusta mucho, siempre realza.

    — Te invitó a una copa — dije

    Conversamos, no dejé de adularla, vi que tenía la marca de un anillo, aunque no lo llevaba, las amigas suyas venían a incordiar, querían ir a la discoteca, ella no vacilaba y les dijo que ya iría. Por fin se fueron, el camarero me miraba con complicidad y hacía signos de mansturbación con una de sus manos, le devolví la sonrisa. Ella se fue al lavabo, con paso largo intermitente intentando dar garbo, aunque sus zancadas eran desordenadas. Había dejado el bolso en la barra, saqué su cartera, salieron fotos de adolescentes, una chica y dos chicos, junto a ellos un hombre de cara babosa a medio afeitar, ella en medio. Su documentación ponía que se llamaba Rosa Heredia y tenía 46 años de edad. Volvió, volví a pedir bebida, charlamos, hablamos de gustos personales, los suyos eran ver la tele, los programas del corazón, los realitis, junto con las revistas de los famosos, lo cual se le notaba ya que hablaba con mucho entusiasmo de los famosos y la gente de la farándula, estaba locuaz, debido al efecto de la bebida. Dejé caer mi cartera al suelo, me agache, cuando recogía la cartera mi cara estaba a la altura de sus muslos, ella abrió las piernas, me dejo entrever un tanga con transparencias. Me vi triunfador. Dije de salir a fumar un pitillo, salimos. Una vez en el aparcamiento al lado del local la morreé con ganas, fue receptiva, olía a perfume barato y su boca tenía gusto a carmín mezclado con alcohol. Sospesé sus pechos, eran grandes y de buen tacto, no tarde en pasar la mano bajo la falda, le aparte el tanga y metí dos dedos directamente. Chorreaba. Ella me puso la mano en la bragueta. Sin más dilación dije de ir al hotel. Estaba dubitativa, me dijo, que a sus 42 años (4 menos que en su documentación) no podía ir como una joven. Le dije que esperara fuera, que tranquila, iría a pagar las consumiciones y después al hotel. Accedió. Entre a pagar el camarero riendo me dijo:

    — Llevas la cara llena de pinta labios, ja,ja, ja

    — Y en ya sabré a que sabe su coño — conteste

    — Está a punto la hembra, por lo que veo — dijo el camarero.

    — Su coño es mantequilla, y voy a consumirla sin dilación — dije en tono chulesco.

    El hotel estaba cerca, entramos, ella se mantuvo algo desapercibida ante el conserje poniéndose algo distante al lado del ascensor. El conserje me dio las buenas noches y que tuviera buena jodienda con la potra madura, y me dijo que “a esas se las puede meter hasta el fondo”.

    Y así fue, no se equivocaba el conserje, nada más entrar la dejé en pelota picada, solo con sus medias, sus pechos eran algo caídos de pezones morenos, su culo era tenso, no tenía celulitis. Nos pusimos en 69, ella succionaba mi rabo con ganas, me masajeaba los huevos, notaba su respiración pesada en mi polla; por mi parte yo lameteaba un coño viscoso combinándolo con su zona anal, también apetecible. Estábamos muy excitados, la volteé, ella puso las piernas en mis hombros y la pistoneé con ganas, gemía, ronroneaba; el coño emitía chapoteos, eso me puso más aún. Le hice unos bombeos a full, ella ya se vino estertoreando jadeos de orgasmo. Después que ella se viniera, terminé en su boca, le atenace la nuca y note como mi lefa entraba en su boca. Ella engullía, note espasmos en su pecho y boca. Quedé exhausto. Ella corrió al baño, noté como escupía y vomitaba. Al volver me dijo:

    — Eres un poco bestia, te has aprovechado

    — Pero lo has disfrutado, eso es lo que cuenta — conteste.

    — Tengo algo de sueño, me gustaría descansar algo — dijo ella.

    Quedamos algo dormidos, al cabo de una hora larga me desperté, ella estaba ladeada, pude ver su culazo, el agujero tenía posibilidades, se lo comí, ella despertó, balbuceo algo, la posicioné en postura perrito, ella aún emitía balbuceos, no entendí muy bien. Escupí en su ano, abrí sus nalgas y un pistoneo rápido dejé clavada media polla. Se quejó, pero se abrió con sus manos las nalgas y esa vez si, clave a fondo al mismo tiempo que le cacheteaba las nalgas hasta que enrojecieron, después cogí su cabellera y tuvo que arquearse. Le hice un anal a full. Gritaba como una posesa, pero se frotaba el clítoris. Me vine dentro de su culo de forma abundante. Volvimos a quedar exhaustos y dormidos. Me levanté, ella también, estaba algo resacosa. Se duchó y salió. Me pidió mi número de móvil, se lo dí, obviamente un número falso. Bajé, tenía que irme, el conserje había terminado su turno y se disponía también a irse. Nos miramos, le levanté le pulgar en signo de triunfo.

  • Mi hermano, mi amante

    Mi hermano, mi amante

    El mensaje que recibí en [email protected], decía:

    ‘Hola, Me llamo Gabriela, soy murciana, mido un metro sesenta y cuatro. Tengo 22 años, estoy rellenita, tengo el cabello negro y largo, mis ojos son color café, mis tetas son grandes, lo mismo que mi culo y mis caderas son anchas y dicen que soy guapa, aunque yo me veo resultona. Hace mucho tiempo que me toco leyendo relatos eróticos. Un día descubrí los suyos, me engancharon, los leí casi todos y decidí destrozar uno de ellos. Aun así espero que le guste.’

    **************************

    Había tenido a mi hijo Tinín hacía un mes. Ya anocheciera y estaba en mi cama, con el bebé durmiendo en la cuna. Estaba dispuesta a leer un relato suyo, Carolina, para ser más precisa. Llegó mi hermano Tony (Antonio) a mi habitación, y me preguntó.

    -¿Qué haces, Gabri?

    -Nada.

    Se metió en cama y leyó en la PC:

    -Todo empezó a las diez de la noche. Carolina era una joven de 20 años, alta, morena y delgada. Llevaba puesto un pijama de seda. Estaba sentada en un sillón de su casa dándole el pecho a su bebé. Llegó su suegro, un cincuentón, moreno y espigado. Venía algo contento. Miró para sus grandes tetas y para la leche que caía de la comisura de los labios de Tinín…

    Mi hermano (así nos llamábamos aunque era mi hermano de leche), paró de leer, y me preguntó:

    -¿Te ibas a masturbar leyendo este relato?

    Mentí.

    -No, leía para pasar el rato.

    -Nunca supiste mentir, Gabri.

    Me puse altiva.

    -¿Y si iba a masturbarme, qué?

    -Nada, pero nos podríamos masturbar juntos. El viejo y nuestra madre están en el balneario y tu marido no volverá de Nueva York hasta la semana que viene.

    -Eso todo ya lo sabía, pero no me veo tocándome contigo al lado.

    -Ya, somos hermanos de leche y bla, bla, bla. ¿Qué daño nos va a hacer tocarnos uno al lado del otro? Anda, sigue leyendo, yo cierro los ojos y no te miro mientras te haces un dedo, hermanita.

    No me disgustaba la dea, pero le dije:

    -Estás loco.

    -Todos estamos un poquito locos.

    Aquella noche llevaba puestos unos vaqueros y una blusa blanca. Yo no había provocado a mi hermano, así que le dije:

    -Vuelve a tu habitación, Tony.

    -Vuelvo, pero cuando regrese tu marido le diré que te haces dedos pensando en tu suegro.

    Me violentó.

    -¡Sabes qué eso no es verdad!

    -Yo sí, lo sé, pero tu marido no lo sabe.

    Me enojé, y le dije:

    -¡Eso se llama chantaje!

    -Eso se llama saber aprovechar la oportunidad.

    Tenía la cara dura cómo un zapato…

    -Está bien, leeré, pero no me voy a tocar.

    -Tendré que conformarme.

    Tony, que vestía unos vaqueros y una camisa azul, tiene dos años menos que yo, y es un figurín, moreno y muy guapo, se echó boca arriba en la cama y puso la mano encima del paquete. Yo, leí:

    -Miró para sus grandes tetas y para la leche que salía por la comisura de los labios de su nieto… ¡Qué suerte tienen algunos! Exclamó Antonio… ¡Papá!, lo reprendió Carolina… Antonio se sentó al lado de Carolina. No paraba de mirarle para las tetas. Carolina sabía que la esposa de Antonio había muerto dos años atrás y que su suegro llevaba dos años sin mojar ya que no pagaba por sexo, pero él no era así, tenía que ser por lo que había bebido… ¿Me está mirando para las tetas, papá?, le preguntó… No, las tienes preciosas pero estoy mirando para mi nieto… Encima sarcasmo, dijo ella…. Joder, hija. ¿Qué culpa tengo yo de que tengas unas tetas tan apetitosas?

    Tony sacó la polla, una polla gorda y larga y comenzó a masturbarse. Vi aquella preciosidad y me cayeron las babas. Salté un trozo de relato, para seguir leyendo:

    -Antonio apagó la luz y puso el video de Kong. Unos minutos más tarde, Carolina vio un bulto en el pijama de su suegro. Su perfume y el recuerdo de sus tetas lo habían excitado. Se empezó a poner cachonda. Se acurrucó al lado de su suegro, que le rozó el cabello con un dedo, y le dijo: Eres hermosa cómo una diosa… ¡Papá! Que estamos solos y juntitos en una cama, llevo dos meses sin nada y hace falta poco para excitarme. Carolina miró para el bulto de su suegro con descaro, el la vio, y le preguntó: ¿Si te pregunto una cosa no te enfadas?… No, dispare… ¿Me dejas probar la leche de tus tetas?

    Mi hermano estaba empalmado cómo un caballo, me miró y me preguntó:

    -¿Me dejas mamarte las tetas, hermanita?

    Con ganas de decirle que me sacara toda la leche que quisiera, y de mamársela, le dije:

    -¡Nooo!

    Seguí leyendo y mirando de reojo cómo la piel de la cabeza de la verga de mi hermano bajaba y subía y cómo se le hinchaban las pelotas.

    -¿Le quieres robar la leche a tu nieto?, le preguntó ella. Tienes mucha, le respondió él. Se quedó pensativa… Vale, mama, pero solo un poquito.

    Mi hermano vio que mis tetas estaban mojando de leche la blusa y volvió al ataque.

    -¿Me dejas mamártelas un poquito?

    Ya podía abalanzarse sobre mí y empezar a mamar de una puñetera vez y dejarse de hacer preguntas, tuve que volver a decir:

    -¡Nooo!

    El chulito se quitó la camisa, los vaqueros y los calzoncillos y vi su cuerpo de gimnasio. ¡Qué bueno estaba! El coño me empezó a picar, le dije:

    -Te machacas bien en el gimnasio.

    Tocándose de nuevo, me dijo:

    -Y en casa, en casa también la machaco.

    Hice cómo que no oyera lo que había dicho. Seguí leyendo.

    -Carolina se quitó la chaqueta del pijama y sus grandes tetas con areolas rosadas y grandes pezones quedaron al descubierto -mi hermano se incorporó e hizo saltar por los aires los botones de la blusa tirando con las dos manos y mis y tetas, al no llevar sujetador, quedaron cómo las de Carolina. No le dije nada. Sin tiempo no era. Seguí leyendo-. Antonio, comenzó a mamarlas -mi hermano me mamó las tetas-. Su boca se comenzó a llenar de leche calentita y dulce que golosamente saboreaba. Carolina estaba muy mojada. Sacó con su mano los 18 centímetros de la polla de Antonio y comenzó a masturbarlo. Antonio dejo de mamarle las tetas, y caliente cómo un perro llevó la cabeza de Carolina hasta su polla -mi hermano me cogió la cabeza y me la llevó a su polla-. Ya no aguanté más. Cerré la PC, metí aquella delicia en la boca, y con una docena de mamadas Tony se corrió en mi boca. ¡Qué rica estaba! Al acabar de tragar su leche, me echó hacia atrás y me quitó los vaqueros y las bragas, todo de un tirón. Mi coño, al que le crecieran los pelos desde que me lo afeitara para parir, estaba encharcado. Lamió, saboreó, y me dijo:

    -Está muy rico, es el más rico que como.

    Supe que no era el primero que comía en el momento el que su boca chupó con dulzura mi clítoris que ya sobresalía del capuchón. Mi hermano sabía que los mejores guisos se hacen a fuego lento, así que, lentamente, me lamió uno de los labios, después el otro, me metió la lengua en la vagina incontables veces, y al sacarla lamía de nuevo los labios y lamía de abajo arriba el clítoris. Su dedo pulgar acariciaba mi ano haciendo círculos y yo, lentamente, fui llegando. Le puse las manos en la cabeza y moví la pelvis de abajo arriba para que lo supiese, mi respiración se aceleró y mi hermano supo que me iba a correr. Me metió el dedo dentro del culo y apretó su lengua sobre mi clítoris, yo moví mis caderas alrededor y me derretí en su boca cómo un helado se derrite en un horno. Soy de las que al correrse no gimen como locas. Yo trato de hacer el menor ruido posible al correrme, pero también soy de las que echan muchos jugos al correrse. Ese día me corrí cómo un río y mi hermano se cansó de tragar.

    Tony, con voz cariñosa, mientras me reponía, me dijo:

    -Llevo desde los quince años matándome a pajas mientras pienso en ti. Pero jamás imaginé que fuera tan delicioso el sabor de los jugos de tu corrida.

    -¿A qué te supieron?

    -A gloria bendita.

    Me sentía halagada, le pregunté:

    -¿Y qué piensas que hacemos cuando te tocas?

    -Tengo una idea que se repite en mi mente mientras me masturbo. Estamos tú y yo sentados en esta cama, con las piernas cruzadas, frente a frente. Yo miro cómo te masturbas tú y tú miras cómo me masturbo yo y nos acabamos corriendo juntos.

    -¿Me estás pidiendo que me masturbe mientras me miras?

    -Sí, y masturbarme viendo cómo lo haces.

    Me gustó la idea. Nunca había hecho una cosa así, pero le dije:

    -Eres muy raro, hermano, todos los hombres que conocí pensaban en lo mismo, en meter.

    -Y yo también, pero lo de masturbarnos junto es una fantasía. ¿Lo hacemos?

    Mi cuerpo me pedía marcha, así que le respondí:

    -Vale, te voy a cumplir el capricho, pero después te vuelves a tu habitación que estoy jugando con fuego y puedo acabar quemada. ¿Vale?

    -Vale, hermanita, vale.

    Me senté en la cama, crucé las piernas y comencé a tocarme. Ya estaba muy mojada y mis dedos entraban y salían de mi coño produciéndome gran placer. Tony miraba para mi coño peludo y para mis tetas con areola negras abultadas hacia fuera y veía cómo de mis pezones salía leche en abundancia debido a la excitación de tocarme mientras me miraba mi hermano, de ver su mano bajando y subiendo por su polla mojada, de ver su cara de deseo… Ganas me dieron de mamársela de nuevo, de que me penetrara, de comerlo a besos. Lo deseaba cómo nunca antes había deseado a nadie… Pero así estuvimos unos diez minutos, mirándonos. Cuando sentí que me iba a correr, le pregunté:

    -¿Preparado?

    -Sí.

    Metí y saque con rapidez los dedos de mi coño. Mi hermanastro movió la mano de abajo arriba y de arriba a abajo con su verga bien apretada. Cada vez la mano se movía con más rapidez, hasta que después de un gemido, de su meato salió un chorro de leche que impactó con uno de mis pies, después salieron dos chorros más pequeños, y el resto bajó hasta donde su mano cogía la verga. Yo sentí el hormigueo en los pies, la explosión y viendo los ojos semi cerrados de Tony, tuve un orgasmo espectacular.

    Al acabar de correrme, me preguntó:

    -¿Me dejas lamer los restos de tu corrida?

    -¿Quieres lamerme el coño empapado con los jugos de mi corrida?

    -Quiero.

    -Lame, pero acaba pronto que si no acabas pronto me voy a poner malita de nuevo.

    Mi hermano hizo que me echara hacia atrás y me lamió el coño. Sintiendo su lengua lamer mi coño y mi clítoris, que estaba fuera de la capucha, me puse perra otra vez. Le cogí la cabeza con las dos manos y acabé llevándosela hasta mis tetas. Las mamó… A cada mamada me besaba y bebíamos juntos la leche. En nada estaba súper excitada. Mi hermano, con la verga tiesa. Me la metió. Me asusté y le dije:

    -¡Cuando te corras no lo hagas dentro!

    -No lo haré, sirenita, no te preocupes.

    -Me gusta que me llames sirenita.

    Le di la vuelta y me puse encima de él. Lo follé lentamente… Llevaba desde tres meses antes de parir sin follar y su verga estaba haciendo maravillas dentro de mi coño. De nuevo sentí que me iba a correr. Le dije:

    -¡Me voy a correr! ¡¡No te corras!!

    Mis tetas comenzaron a chorrear leche. Al correrme, de mi coño salió un torrente de jugos que bañaron la polla de mi hermano. Las contracciones eran tan fuertes que al cerrarse mi coño estrangulaba su verga. La sentí latir dentro de mí. Su leche calentita llenó mi coño. El placer de mi orgasmo se hizo tan grande que por primera vez en mi vida grité de placer. Al volver la calma, me di de cuenta que probablemente quedara preñada. Abofeteé a mi hermano. Le di con ganas.

    -¡Hijo de mala madre!

    Al pegarle, me excité y en vez de descabalgar lo seguí follando. El muy cabrón aún tuvo la cara de decir:

    -Métela en el culo, así si me corro otra vez no hay riesgo de que te quedes preñada.

    Lo volví a abofetear. Me ponía tanto darle, que creo que solo pegándole y con su polla dentro de mi coño, sin moverme, ya me correría.

    -¡A tu madre se la vas a meter en culo!

    No sé por qué, bueno, sí lo sé, tuve curiosidad por saber lo que se sentía con una verga dentro de mi culo. Para que no me tomara por una viciosa, le dije:

    -Dime que eres maricón y la meto en el culo.

    Mintió cómo un cabrón.

    -Soy maricón.

    La saqué del coño y, mojadita, la puse en la entrada del ojete.

    -Pídeme por favor que la meta.

    Mi hermano, suplicaba.

    -Por favor, hermanita, métela.

    Froté el glande mojado contra el ojete y me hice de rogar aún más.

    -¿Quién es la mujer que te trae loquito?

    -Tú, hermanita, tú.

    Empujé con el culo y metí el cabezón de la verga. Debió ser por estar tan excitada, que no me dolió, lo que hizo fue llenarme. La seguí metiendo hasta tenerla toda dentro. Era como si hubiera metido un supositorio gigante en el culo. Mis tetas no paraban de echar leche, esta vez era porque Tony no dejaba de amasarlas y porque las tenía tan llenas que echaban por fuera, lo que hacía que sus manos estuviesen pringadas de leche y los masajes fuesen deliciosamente sensuales.

    Metiendo y sacando sentí cómo mi hermano me llenó el culo de leche. Se moría por comer mis tetas. Trataba de incorporarse y mamar, pero le ponía las manos sobre el pecho y no le dejaba, lo tenía castigado. Se corrió sin alcanzar su objetivo. Al acabar de correrse, me dijo:

    -Mala.

    -No haberte corrido dentro de mi coño. Ahora estás castigado sin teta.

    -Podías haber dejado que te besara.

    -A ti en mi vida te daré un beso en la boca. Jamás conocerás el sabor de mis labios.

    Me hacía la dura. Lo malo fue que tenía unas ganas locas de correrme y por el culo me gustaba, pero así no me iba a correr… O la sacaba y me masturbaba o la metía en el coño y me arriesgaba a que me llenase de nuevo el coño de leche. La saqué y me iba a arriesgar. Eran muchas las ganas que tenía. Entonces fue cuando Tony me agarró las nalgas, y me dijo:

    -Córrete en mi boca, hermanita.

    En eso no pensara. Mi marido nunca me lo había pedido. Le levanté el castigo. Le di las tetas a mamar… Casi me corro. Después le puse el coño en la boca, moví mi pelvis de atrás hacia delante y de delante hacia atrás, y no tardé en llenársela con mis jugos. Mi hermano era un goloso. Le debían saber tan bien mis jugos cómo decía ya que tragando gemía más que cuando se corría. Acabé de correrme, y quedé con ganas de más. Baje mi coño a la altura de su verga, me senté sobre ella y lo follé, despacito, más aprisa, despacio de nuevo y a toda mecha después… Mi culo subía y bajaba, se movía alrededor… Lo follé bien follado.

    Esta vez, pasado un tiempo, me avisó.

    -Me voy a correr, hermanita.

    Demasiado tarde, yo ya me estaba corriendo. Volví a sentir la leche calentita de mi hermano dentro de mi coño. Nos corrimos juntos. Tanto temblaba yo cómo él. Le di mi boca y nos fundimos en un beso tan apasionado que cuando mi placer alcanzó su gradó máximo, le mordí el labio inferior y le hice sangre. Mi hermano me dio la vuelta, se puso encima, y sin dejar que se le bajase la verga me folló con tanta intensidad que al rato me corrí de nuevo. Esta vez al comenzar a correrme abrí los ojos y no veía nada. ¡Qué iba a ver! Mi hermano me había dejado los ojos en blanco.

    No quedé preñada, Tony tiene no sé qué en los espermatozoides. Para mí, cojonudo Tengo dos vergas a mi disposición. Ahora estoy pensando en hacer un trío con mi esposo y mi hermano. Se me hace la boca agua de pensar que voy a tener dos vergas dentro de mí. Mi marido quiere hacerlo con otra chica, pero por algo se empieza.

    **********************

    Espero que le gustara lo que he escrito. A mí lo que me gustaría es que hiciera un viaje a Murcia. ¿Se imagina para qué?

    Le mando una foto.

    Saludos, Gabriela.

  • Buenos días en fin de semana

    Buenos días en fin de semana

    Esto pasó hace unos minutos y no quería perder los detalles.

    Era un fin de semana cualquiera, yo dormía aún por el cansancio de la semana, me levantaba temprano, toda la semana, para ir al gym, ayudar a mi mujer a preparar los desayunos y los lunchs para los niños.

    Ahora, el fin de semana aprovechaba para despertarme un poco más tarde. Había escuchado a Laura, mi esposa, que había despertado y encendido la TV con un café caliente.

    Veía una serie española un poco cachonda y se escuchaban los gemidos, ya saben entre sueños, intentaba abrir los ojos para ver la escena de la protagonista, una morena de buenos pechos, pero mi sueña era más y prefería seguir dormido.

    Caí en sueño profundo nuevamente, hasta que sentí una lengua caliente en mi pija, estaba muy dura por la clásica erección matutina.

    Empezó a lamerla, succionarla, yo empecé a salir de mi sueño, abrí el ojo y vi que Laura estaba completamente desnuda en cuatro patas succionando, ensalivando, chupando y mirando hacia arriba a ver a qué hora abría los ojos.

    Se tocaba los senos con fuerza, apretando sus pezones, con la mano derecha, mientras jugaba con mi miembro en su boca. Lo hacía majestuosamente, ella sabía cómo hacerlo para venirme, no se como, pero ocultaba sus dientes por completo.

    Bajó la mano a su concha y empezó a masturbarse, solo para lubricarse.

    Casi nunca lo hacía; Prefería que yo la tocara y la hiciera sentir; pero estaba caliente y quería disfrutar con lo que veía y tenía en su boca.

    Yo le acariciaba la cabeza, su pelo rizado abundante, le empujaba un poco la cabeza para aumentar la presión.

    Siguió por 3 o 4 minutos hasta que me vine en su boca, escurría un poco de semen por sus comisuras. Saco su boca y subió hasta que me dio un beso de piquito, acto seguido me acerco sus bubbies, las empecé a lamer, mientras ella se acariciaba su clítoris con mi pene, gracias a la erección matutina aún estaba duro.

    Sabia como hacerlo se rozaba de tal modo que podía tener un orgasmo sin meter nada. Yo no me distraía, seguía en sus lolas, mordiendo succionando, jalando.

    Empezó a gemir, yo le mordisqueaba el pezón, con cariño, ella lo alejaba de repente, imagino que sentía dolor, me acercaba el otro mientras movía la cadera rítmicamente, cada vez más rápido.

    Mi erección empezaba a bajar así que le pedí que lo metiera y se viniera, no fuera ser que se bajara y la dejara a medias.

    Ella la metió hasta el fondo de su vagina, como para agradecer la chamba que le había hecho, dos, tres empujoncitos y lo saco.

    Empezó a subir sus piernas encima de mis hombros, veía venir su vulva, depilada con forma de corazón, poco vello, acercándose a mi lengua.

    Por fin llegó, la puso por completo en mi cara, mi lengua, estaba cabalgando mi boca, con la mano en la pared, sentía sus fluidos en mi nariz, en mi boca, llegó a faltarme la respiración por la presión que ejercía en mi cara con todo su cuerpo.

    Traigo barba cerrada de 2 días y me imagino que sentía bien la fricción en el clítoris.

    Laura empezó a moverse, como cuando estaba acariciando su clítoris en mi pene, despacio, en círculos cortitos, Yo movía mi lengua a su ritmo, subió la velocidad poco a poco, escuchaba sus gemidos, sus gritos después de 1 minuto. Yo apretaba sus nalgas, mordía su clítoris de vez en vez, lo que la hacía gritar más fuerte.

    Se vino en mi cara, dio brincos como si recibiera una descarga eléctrica, escurría su fluido por toda mi cara, mi barba, mi nariz. Era delicioso, tragué lo más que pude mientras ella se detenía, dando los últimos restregones en mi barba.

    Se detuvo, le di una nalgada de aprobación. No respondió, solo se fue deslizando para quedar acostada sobre mí. Me dio un beso de piquito y me dijo ‘Buenos días’.

  • Una tarde tranquila que se tornó noche intensa

    Una tarde tranquila que se tornó noche intensa

    Estando divorciado, vivía en una casa pequeña y muy tranquila. Tenía un perro al que cada tarde sacaba a pasear por una placita cercana. Un buen día me senté para descansar y ver a mi perro jugar. En un banco cercano había cuatro chicas hablando a voces y tomando refrescos. Hablaban y reían. De repente escuché claramente que una dijo: -Hoy me chuparía una buena verga! Y las demás soltaron la carcajada. No miraba directamente pero alcancé a ver que ellas sí miraron en mi dirección.

    Más tarde una de ellas se separó del grupo para acercarse. Parecía la más joven.

    -Me encanta su perro… es muy bonito!

    -Gracias. Si, es bonito y muy bueno!

    -Estamos con mis amigas pasando el rato…

    -Veo.

    -Desde aquí las escucho y me doy cuenta que usted debió haber oído lo que hablamos…

    -No presté atención, la verdad…

    -Yo fui la que dijo de chuparse una… un pene. Y no me parecería mal que fuese el suyo…

    Vaya que no se andaba con vueltas la chica e iba directo al grano. Me la quedé mirando y me sostuvo la mirada.

    -Verás. Ya estoy un poco grande para tonterías, niña. Mejor pégate la vuelta y regresa cuando seas mayor… si acaso!

    -Mayor? Mayor de cuánto? Yo ya soy mayor…

    -Jaaa-jaaa. Disculpa pero no puedo evitar reírme! Es que alguien con cuerpo de niña y cara de niña no puede ser otra cosa que… una niña!

    Llevó la mano al bolsillo trasero del jean y sacó una credencial… su cédula de identidad.

    -Vea mi año de nacimiento y haga la cuenta!

    Joder… claro que tenía 18 y más de 18 también.

    -Ya. Disculpa pero es que tienes aspecto de mucho más joven…

    -¿Y solo eso no me habilita para hacer lo que me apetezca?

    -Buen, bueno… no te irrites. Puedes hacer lo que te vengas en ganas, seguramente. Pero no creo que deba ser conmigo y solo conmigo. Ya puedes hacerlo con quien te plazca, mujer!

    -Y bien… quiero hacerlo contigo!

    -Por favor… déjalo ya, si?

    -Me puedo sentar…?

    -Y claro. Es un espacio público!!!

    -Ya… Ven chiquito, le dijo a mi perro y comenzó a acariciarlo.

    Las amigas se levantaron del asiento y la llamaron para que se les reuniera.

    -Vayan ustedes… yo me quedo un rato con este simpático perrito…

    -Si, claro… que lo disfrutes… al perrito!

    Comenzó a caer la tarde y ella jugaba con el perro y charlaba…

    -Verás… veo que te has encariñado con mi mascota, pero se hace tarde y debo regresar a mi casa…

    -Entiendo. ¿Vives lejos?

    -Eh… no, no muy lejos.

    -¿De verdad no quieres que te acompañe?

    -Mejor que no… Ya me has demostrado tu mayoría de edad, pero tienes aspecto de niña y no puedes ir mostrando tu cédula a cuanto chismoso ande por ahí… Ellos verán a una niña y a lo que supondrán es un depravado que la lleva! Mejor vete tranquila a tu casa, si?

    -Es que… vivo con mi madre y justo hoy sé que la visita su novio. Tú no tienes cara de degenerado, pero él…

    -Lo siento… deberías haber ido con alguna de tus amigas!

    -Ninguna de ellas me puede llevar a su casa…

    – Igualmente creo que tu madre, a pesar de que esté con su novio, se preocupará de que no vuelvas a casa…

    -No pido quedarme toda la noche. Solo hasta la hora en que se hayan recluido en la habitación… Al menos hoy que puedo!

    Ya comenzaba a anochecer. Caminaba despacio como alargando el camino. En el fondo tal vez no me disgustaba tenerla de compañía pero temía el costo. Lo de los chismosos no era tan así porque no me relacionaba mucho con la gente que vivía cerca. Además se hacía de noche y la calle estaba despoblada. Tal vez lo de la madre fuera cierto, pero…

    -Si prometes no hacerme ningún lío, puedes venir un rato a mi casa… solo un rato

    -Ningún lío… prometido.

    Llegamos. Dejé a mi perro en su lugar y serví un par de refrescos. Tomó un par se sorbos y se acercó. Tocó mi vaso en señal de brindis pegada a mí. La mano libre se le escapó hacia mi bragueta.

    -Debo darme una ducha… y vas de prisa, le dije.

    -A mí también me hace falta… ¿Me llevas?

    Por primera vez le sonreí para aceptar. De todas maneras creo que hubiese ido igual a bañarse conmigo.

    -Tú primero, le dije…

    Entró al baño ya desprendiendo sus pantalones. Cuando los bajó pude apreciar el culo que tenía. Ni grande ni chico. En su justa medida y forma. Me alegré de haberla traído. Debajo de la camiseta no llevaba corpiño. Las tetas también estaban justas. Todo armonioso. Diminutamente armonioso. Abrió el grifo para recibir el chorro de agua tibia.

    -Está deliciosa… ven!

    -Báñate. Quiero verte!?

    Se mojó bien para ir enjabonándose despacio. Se frotó largamente los senos y bajó a la entrepierna… Dejaba correr el agua por todo su breve cuerpo. Yo en tanto me había ido desnudando.

    Me alcanzó la esponja para pedirme que se la pasara por la espalda. Me puse a la retaguardia y fue más caricia que frotamiento. Después pasé las manos hacia adelante con destino a sus tetas desafiantes. Por diferencia de altura, mi verga le daba casi en la cintura y no entre las nalgas. Igualmente se la hice jugar como jugó mi mano en su monte apenas velludo y bajando hasta donde se habrían los labios de su conchita. Recuperó la esponja y se dio vuelta para bañarme. Espalda y frente… en el frente se aferró enseguida a mi miembro para sobarlo y masturbarlo de a poco.

    -Creo que ya estamos bañados, dijo con una sonrisa.

    -Seguramente, le respondí.

    Nos secamos…

    -Tiene sentido vestirnos o envolvernos en toallas? -preguntó

    -Seguramente no, dije… y tampoco quiero que camines. Conozco mejor el camino. Ya estaba convencido, entregado y decidido. Me la cogería.

    La levanté en brazos y comprobé su liviandad. Me la llevé a la habitación para depositarla gentilmente en mi cama.

    -Hoy me chuparía una buena verga, repitió como en la plaza y se rio.

    Me acosté mirando al techo. Enseguida se acercó, me la tomó en una mano, se la introdujo en la boca y deslizó los labios en una lenta caricia. Lo repitió varias veces, acompañando la chupada con juegos de lengua. Le pedí que nos acomodáramos para hacer un “69” y así le podría retribuir las atenciones en su concha. Nos chupamos largo rato hasta que decidí que ya me la quería coger. La fui corriendo despacio para que abandonara la posición y la mamada.

    -Oye niña… que con chupadas esto no lo arreglamos y quiero cogerte. La prudencia indica que te pregunte si debo cuidarme yo o te cuidas tú…

    -No te preocupes… quiero tu leche!

    -Segura?

    -Totalmente!!!

    A mi juego me llamaron. Me monté, orienté y penetré arrancándole un largo suspiro. Un poco atrás y nuevamente adelante ganando profundidad hasta que mi pubis hizo tope en el suyo. La había penetrado toda haciéndola gemir. Empecé el quita y ponga, yendo y viniendo por su estrecho canal. Ella ni se amilanó ni quedó pasiva. Se movió debajo mío buscando más contacto. Le di espacio para no sofocarla porque su cara quedaba por debajo, donde comienza mi pecho… en tanto sus piernas trataban de abrazarme allá por mis rodillas.

    -Que divina verga me estoy comiendo… dame más… más!

    Apuré más y más el ritmo. Ella jadeaba y se aferraba como podía a mi cuerpo! La cogí y me cogió alocadamente…

    -Ahí viene… ahí viene… aaaah! Me hiciste acabaaar!!!

    La tomé y la acomodé en la cama. Ahora apoyada en sus rodilla y levantando la cola. La vagina le rebalsaba de chorreantes fluidos. Estaba tan resbalosa que de un solo empujón la ensarté otra vez de un certero vergazo. Bien agarrada por las caderas, fue presa fácil de mis empellones. Se la saqué y se la puse aceleradamente, bombeando fuerte hasta que mi leche saltó desde los huevos hasta lo profundo de su concha… De lo que quedaba no dejó nada: porque enseguida se liberó para chuparme la pija hasta dejarla limpia. No pude evitar pensar, lo que me hubiese perdido si no aceptaba dejarla venir.

    -Cuando te vi en la plaza, estuve segura de que terminarías cogiéndome… segura. Hacía mucho que no cogía y me encantó! Llamaré a mi madre. Ahora quiero quedarme… Es una hermosa noche!

    -Te dije que solo un rato…

    -Por favor…

    -Y qué cuento le pondrás. Ya se viene haciendo tarde!

    -Le diré que quedo en casa de una amiga!

    -Pero me dijiste que…

    -Ya lo sé, ninguna puede llevarme a su casa… pero mi madre no lo sabe o acaso supone que sí!

    Llamó y con mucha candidez y voz inocente le comunicó a su madre lo que me había dicho le diría. Que sí, que estaría bien y que se cuidaría.

    -¿Tienes hambre? Tengo un par de emparedados…

    -Sí, gracias!

    Comimos y bebimos algo. Me dijo que no estaba bien lo de vociferar en la plaza lo de chuparse una verga, que no acostumbraba a esas guarradas. Pero sí era cierto que esta tarde se sentía con ganas y ahora se las estaba calmando. Me confesó que no había tenido tanto sexo o demasiadas veces. Siempre con muchachos algo mayores que ella. Que algunas veces se había sentido disminuía por tener un cuerpo pequeño, comparado con el de otras mujeres…

    -Tienes un cuerpo hermoso y proporcionado… No te apenes y cuídalo!

    Se acercó y me besó. Dejamos los vasos a un lado y nos seguimos besando.

    -Me cogerás otra vez?

    -Tú qué crees?

    -Que si no me coges te cojo yo!!!

    Me empujó y me dejé caer de espaldas. Nuevamente se adueñó de mi verga para chuparla y darle lengua. Cuando la tuvo lista, se subió a horcajadas y haciéndola jugar en su entrada, la oriento a su sexo para penetrarse. Jugaba subiendo y bajando. Erguida, se sobó las tetas, moviéndose en círculos para frotarse sentir la penetración. Los vaivenes fueron cada vez más rápidos, más intensos y el resultado fue otro aparatoso orgasmo! Se dejó caer hacia adelante para apoyar su cara en mi pecho. Mi verga seguía dura en su interior.

    -Hola… me llamo Guadalupe, dijo…

    -Jaja… si, claro… me mostraste la cédula!

    -Si, claro, es verdad… hombre incrédulo!!!

    Reímos juntos y abrazados. Aún satisfecha, movía su cintura al sentir todavía mi dureza en su interior. Se apoyaba en mí como dormida pero no detenía su juego pélvico.

    -Cuántos culos te cogiste?

    -Quién dijo que me cogí alguno???…

    -Ja… No te burles!

    -No sé… algunos, creo. Y… a que viene?

    -Viene a que te gusta mi culito y… creo no te apenaría cogerlo!

    -No se… no me lo has presentado.

    Se quitó de encima de mí y se tiro boca abajo. Arqueó la pelvis para alzar las nalgas y se separó los cachetes. Me asomé para acariciar y contemplar el bello panorama. Diminuto y cerrado el ano. Fruncido de pequeños pliegues era una velada invitación… Con el primer contacto de mi lengua, se estremeció toda. Me hice cargo yo de separar sus nalgas para dedicarle un intenso juego de caricias linguales. Poco a poco se iba dilatando. Cargué mi dedo medio con mis flujos y los suyos, lo llevé hasta su orificio y lo acaricié, patinando en el lubricante que formé con mi saliva. Presioné y la delicada carne se abrió para mí. Despacito empecé a masturbarle el culo y logrando que se fuera excitando cada vez más. Ella acompañó mis movimientos haciendo lo suyo: subiendo y bajando la cola para ir al encuentro de mi dedo.

    -Recuéstate, me dijo…

    Me quedé boca arriba, con la verga enhiesta. De espaldas a mí se arrodilló en la cama cabalgándome. Separó las nalgas con su mano para rozarse el culo con el falo duro. Yo en tanto lo sostuve fuerte y Guadalupe apoyó e intentó la penetración. Pero falló porque la verga resbaló y terminó en su conchita. Volvió otra vez y ahora sí pude ver como la punta de mi pija se abría paso, siendo devorada por ese culito virgen. Sintió dolor y quedó quieta.

    -Despacio, tranquila… tómate tu tiempo, le advertí.

    Se levantó para quitárselo, pero quedó frotándose el ano en la verga. Volvió a presionar para hacer que otra vez mi falo la invadiera. Lo hizo jugar un poco y pujó de nuevo. Ya la cabeza y un trozo más estuvieron en su interior. El sube y baja era lento y medido. En cada bajada se iba tragando una porción más grande. Transpiraba y gemía pero no desistía. Finalmente y tras dura tarea, se la entró toda ella solita.

    -Duele?

    -Un poquito, pero me acostumbraré.

    Se soltó las nalgas para apoyar las manos en la cama. Así tomaba impulso para el delicioso juego de entrar y salir.

    -Me encanta sentirla… esto me va a gustar más de lo que imaginé!

    Subía casi hasta la punta y se dejaba caer lentamente. Desde atrás tenía yo una vista privilegiada y una sensación única.

    Le pedí que descansara. La hice salir y apoyarse de rodillas en el borde de la cama con la cola hacia afuera.

    -Ahora quiero cogerte yo!

    La tomé de las caderas y muy despacio la volví a penetrar. La fui cogiendo gentil y profundamente. Después aumenté el ritmo pero solo le jugaba media verga. Gemía y se retorcía en la cama! Cuando la excitación me fue ganando, la penetré profundo un par de veces y me desagoté en sus interiores. Caímos de costado y me la quedé abrazando por detrás sin sacarle la verga. Mi mano se ganó entré sus piernas para masturbarla, haciéndola otra vez acabar en un movido orgasmo. Mi verga algo más floja seguía en su ano. Seguramente la sentía más cómoda. Se movía en un vaivén ayudado por el lubricante de la lefa que le había soltado. Ronroneaba gustosa. Tras varios minutos de jueguito mi pija fue reaccionando y ella lo percibió, aumentando la velocidad de las penetraciones. Logró su cometido haciendo que el falo endurezca nuevamente. La aferré por las caderas para manejar yo la nueva enculada. Ese pequeño ojete ahora se amoldaba goloso al grosor de mi verga y me la cogía a gusto. Chiquito pero glotón!

    La mañana nos sorprendió cogiendo, con lo que nos quedaba de fuerzas. Le ofrecí un generoso desayuno y se despidió, saliendo de mi casa muy disimuladamente.

    Geronimo 68

  • ‘Eso’, mi dulce tormento con el marido de mi hermana (II)

    ‘Eso’, mi dulce tormento con el marido de mi hermana (II)

    El martes, Álvaro me violó repetidas veces. Nada más despertar me ordenó a gritos ir hasta su cama. Apenas si podía tenerme en pie, pero era mi marido y le debía respeto. Estaba empalmado y su orden fue servirle de váter pues quería orinar. Meó en mi boca y tuve que beber esa lluvia entre arcadas. «Eso» procedió a copular mi boquete nada mas haber acabado de mear. Me dolía horrores y aguanté como pude hasta que vomitó su esperma dentro. «Esto de venirme en el culo de mi puta me encanta», decía complacido en mi dolor. Le preparé el desayuno y me obligó a comer en el suelo, como una perra, a cuatro patas y tomando la comida solo con la boca. Perdí peso pero engrosé en caderas. Sentía cómo al amarre de «eso» se enanchaban y tornaba en afeminamiento delicioso. Estaba dando cuerpo de chica y no era para menos con las empaladas brutales y las palizas que cada vez aumentaban en dureza.

    Mi marido tuvo la genial idea de someterme a media hora de bofetadas. Fue terrible y acabé con sangre en la boca. Álvaro trajo su cinturón y me dio de latigazos por todo el cuerpo cuidándose de no dejar marcas visibles. Los cardenales estaban escondidos bajo la ropa. Me ató de manos y se cebó por todos lados. Sufría y lloraba pero acababa botando como una perra, con placer en ese dolor y humillación sufridas.

    «Eso» se encargaba de borrar el dolor al entrar en mis entrañas y embarazarme una vez más.

    Me las apañaba como podía para no faltar a clases pero en cuanto las terminaba, corría a representar mi rol de esposa sufrida pero feliz. Álvaro se las sabía todas y sabía que mis padres no regresaban nunca hasta pasadas las nueve de la noche. Si comía algo, lo dejaba tirado todo por la cocina, la mesa, el salón para que yo hiciera las veces de doméstica. Nada mas llegar a casa me poseía. El agobio me suponía un estado febril mezcla de odio y adoración hacia ese ser que nada más acabar de golpearme, me brindaba la pasión que una hembra necesita para sentirse útil.

    El miércoles falté nuevamente pues era nuestro último día a solas. Tendría que esperar cuatro largos días de abstinencia para volver a ser su querida muñeca hinchable. Nada más escuchar que mis padres cerraban la puerta yo ya sabía bien lo que hacer.

    Álvaro como de costumbre se despertaba con urgencias sexuales y su perrita a un costado de la cama esperaba impaciente la dosis de orina, que al final me encantó y que he hecho parte de mi dieta diaria. Mi marido despertó y al verme dispuesta me tiró del cabello y me agitó fuertemente dándome golpes contra el somier acolchado. Se incorporó y sus puntapiés fueron a parar en mi vientre y en el culo pues tuve la original idea de ceñirme unas braguitas de Carla para serle más notoria y sexy. No le gustó que usara la lencería de su reina y acabó dándome tremenda azotaina hasta que volvieron a aparecer los cardenales en mi espalda, pecho, vientre y piernas. «Eso» agarró grosor y Álvaro, el dueño de la bestia genital me tomó de golpe y en seco haciéndome dar alaridos de dolor. Mis gritos lo cabrearon y cogiendo las bragas que me había quitado me las metió en la boca y me la tapó con su grosera mano, también me tapó la nariz y sentí el dulce sueño de la asfixia. El asta estaba internada en mi recto dando sablazos bruscos, mi límite se agotaba y me soltó. Pude sacarme la braga de la boca y tomar ese aire que siempre me pasó desapercibido. Estaba amoratado y a punto de perder el sentido.

    Empecé a llorar y al acomodar mis pies para aguantar las embestidas pisé algo espeso. En ese lapso mínimo de pérdida de consciencia había tenido un orgasmo. De mi clítoris colgaba un hilillo de semen, fruto de la bestialidad de mi marido.

    Álvaro me la sacó de golpe y forzándome a inclinarme ante él me dio de pollazos en la cara, lanzó lapos de espesa saliva en mis ojos y me restregó «eso» por ellos. Me ardía el culo. Entonces agarró su cinturón y me lo colocó cual collar y cadena al cuello, la hebilla es gruesa y me hizo un poco de daño. Tiró de ella y me obligó a caminar a cuatro patas por toda la casa, mostrándomela como si fuese nueva para mi. Uso maneras muy infantiles para hacerme ver lo tonta que era. «Ésta es la cocina -decía-, mírala bien, co-ci-na. Éste es el salón perra estúpida, sa-lón. A ver, repite conmigo, -saaaa- y yo -sa-, eso, ahora -lóóón- y yo -lón- Muy bien putita, ves?, no eres tan tonta como pensé. Ven, ahora te voy a mostrar lo que tu Dueño te va a hacer y que te va a gustar muchííísiiimooo…

    Me sentía tan humillada que quise acabar con todo, pensé en largarme y desaparecer, en contar todo a mi familia y largarlo a él, en ir a la policía y denunciarlo, pero no podía ni siquiera odiarlo. Estaba enamoradísima de Álvaro, además, él me hizo mujer. Cómo ser tan malagradecida y perderme el gozo de su pasión?

    Me llevó hasta el cuarto de baño. -Mira bien hija de puta, esto se llama baño, aquí -dijo señalando el váter- meamos y cagamos la gente, las perras como tú están para limpiar donde nosotros nos sentamos y si ves, está sucio. Con tu lengua vas a limpiar el váter para yo poder cagar mientras tú me ordeñas la verga, por cierto perra, te has cepillado ya los dientes? A mi respuesta negativa me lanzó tal bofetada que sentí el sabor de mi propia sangre, tuve que tragarla pero otra bofetada me cayó y desestabilizado me volqué al suelo. Entonces sus patadas fueron violentas y una me llegó a los testículos. Me retorcí y hecho una bola humana aguanté la tunda como buena esposa. Al incorporarme metió mi cabeza en el váter y me obligó a lamerlo y limpiarlo. Lamí el borde circular, aquel que baja y soltando la palanca echó agua y me obligó a beber de ella. -Ves? esto es otra cosa, buena perra. Ahora te cepillas los dientes y me haces una buena mamada que hoy no te quiero dejar preñada, harta debes estar de ser inseminada por un macho de verdad, hoy te vas a beber toda mi producción, y éste -dijo agarrado a sus huevos- va a ser tu alimento en todo el día. Ve y cepíllate zorra que esa boca huele a lo que voy a hacer aquí sentado.

    Se sentó impasible y yo tomé mi cepillo para colocar el dentífrico pero mi marido me lo pidió. Se lo entregué y se lo restregó por el culo, lo metió en el agua del váter y me lo devolvió. Ahora sí podía cepillarme.

    Jamás pensé caer tan bajo y estar tan feliz. La humillación, el maltrato, el dolor, mis lágrimas, el placer de ser mujer y ser sodomizada por aquel que amaba locamente. Era eso, seguro, me volví loca y no coordinaba nada. Lo amo, amo a mi violador. Y lo miraba por el espejo, él cagando tan plácidamente y yo amándolo a través del reflejo que me brindaba una figura viril, tan él, tan hermoso, es lindo, estoy enamorada, lo amo, qué placer saberme suya y disfrutar de su sexo, de «eso» tan rico y grande, de embarazarme con su esperma. Acaso mi hermana Carla gozaba igual que yo de nuestro marido?

    Qué más me iba a hacer, qué suciedad tenía en mente para complacerme? Acabé de cepillarme y me arrodillé. Le lamí los pies descalzos metí mi lengua en cada comisura de sus dedos, lo adoré y besé sus fornidas piernas, subí, y llegué a su hombría que estaba dentro de la taza. Se apresuró a sacarla y me la ofreció.

    Al engullir el falo no sé por qué me dieron arcadas. Intenté mantener la compostura y continuar en mi obligación. Chupé, lamí y mamé «eso». Me la metí hasta la garganta pero no pude continuar ni contener el vómito. Vomité encima de él. Y fue cuando realmente tomé consciencia del peligro que tenía en ese juego. Álvaro bien me podía hacer algo grave. Acaso debía cortar con ello y encararme a él o a mi hermana y confesar y armar un despelote en la pareja, que Carla se separara de un maltratador, de un enfermo, yo desaparecer, contárselo a mis padres, que me amarré con mi cuñado y que ahora me viola y me maltrata consentidamente? Nadie en su sano juicio me iba a dar la razón, yo me presté a ese juego, fui yo quien le suplicó ser vejada, humillada, ser su mujer.

    Álvaro al ver el estropicio que le causé y mi miedo a su brutal reacción se incorporó pues había acabado de hacer lo suyo, se limpió el culo, echó agua y por primera vez actuó como un amante lujurioso. No le importó que estuviera toda pringada de pota por cara y pecho. Me agarró de la barbilla, se inclinó y me dio un beso que a día de hoy lo recuerdo al detalle. Al acabar de hurgar mi cavidad bucal y de hacerme una limpieza de encías con su lengua, me levantó la cara, nos miramos a los ojos y me dijo «TE AMO, MARICÓN». Inmediatamente se cogió «eso» y se masturbó en mi cara. Se pellizcó los pezones, me acarició la cabeza tiernamente, continuó pelando a «eso» y expulsó tal cantidad de dulce de leche que me llenó la boca con ella. Entre espasmos me ordenó que no la tragara aún y acaté su deseo, recibí todo el semen con la lengua afuera cual platillo redondeada en el centro para que no cayera ni una sola gota de tan preciado líquido. Mi marido se estrujó bien la verga y la gotita que quedó en la abertura del glande la recogí con la punta de la lengua.

    -No te la tragues aún, amor -dijo con una voz erotizante y delicada- Me sentí dichosa y mi felicidad era tal que no me dolía nada. Álvaro, mi amado marido salió del cuarto de baño pero regresó al momento con una copa.

    Continuará…

  • El día que le abrí el rico ano a mi mujer

    El día que le abrí el rico ano a mi mujer

    Soy Adrián y les contaré lo rico que abrí a mi mujer, una morena espectacular que enamoré y luego al hacerla mi esposa de lo más rico disfruté.

    Alina tiene 30 años, mide 1.68 m y tiene un cuerpo bastante buen formado, sus senos algo exuberantes, labios carnosos, cabello ondulado y un trasero que son la envidia de mis amigos, con toda la delicia de curvas que se maneja no llega a ser más rica que su espectacular madre, pero eso es algo que otro día te contaré.

    Aquel día teníamos que salir a celebrar un mes más de enamorado, creo que era nuestro cuarto mes, para ese momento todavía no había tenido a Alina en la cama, aquella ocasión decidí invitarla a bailar Salsa, algo que me permita abrazarla y apegar ese cuerpazo al mío, ella se puso bella como cada vez que salíamos: un pantalón que apretadito le delineaba el espectacular trasero que tiene un escote que resaltaba los senos en los que me encanta hacer unos rusos espectaculares, Dios que hembra!!! Su cabello alborotado y unos tacos que resaltaban sus deliciosas pantorrillas que más de una vez aluciné en mis hombros.

    Llegamos al salsódromo y ahí pedí vino, todos sabemos lo rico que las endulza y lo más rico que las afloja. Llevábamos dos jarras de vino y varios cigarros, le dije: -Te gusto el vino? -Está delicioso. -No tanto como tú amor!!. Ella me dijo: invítame otra jarra más… le dije: -¿Si te me caes?, mejor vamos a un privado para disfrutarlo ahí… y ella accedió.

    Salimos del local y aborde un taxi al cual pedí me lleve a nuestro nuevo y futuro matadero de todos nuestros fines de semana, al llegar me dieron la llave y control remoto, ingresos a la habitación y ella acotó: Voy al baño. Serían las 4.00 am y yo sabía que tenía poco tiempo, ya su madre le estaba timbrando desde hace rato.

    Apenas salió del baño me acerqué y empecé a desvestirla, ella se mostraba dudosa pero accedía, le saque la blusa y mordí la gloria: Unas tetas espectaculares con las que más de una vez me he pajeado, le mordí los pezones y ella se quejaba, pero sabía que quizás este momento no se volvería a dar, pues la relación no era de lo más sólida que digamos, la recosté en la cama de pancita, desabotonando su pantalón se quedó en un hilo exquisito color rojo, que jugaba de lo mejor con su sostén, al tenerla en esa pose que resaltaba tan enorme culo hice a un ladito su tanguita y empecé a meter mi lengüita, le incomodo, sentí su vergüenza, pero al abrirle las nalgas noté su ano cerradito y virgen, lo que me puso el pene al rojo vivo, pensé que ya estaba abierta, yo sabía que ella había tenido por ahí su pareja antes que yo, lamí y lamí y ella estaba cada vez más mojada, la volteé para chuparle la conchita y al abrirle las puertas encontré su Chuchita bastante velluda, igual la abrí con mis manos y metí mi lengüita, le chupe y succione la conchita por algo de 5 minutos de todas las formas que sabía y empezó a arrancarme el cabello, me quiso apartar y noté que estaba terminando, apreté sus nalgas contra mi boca y la sentí terminar, ella arañó toda mi espalda y cuello mientras terminaba, apenas terminó subí a besarla y acerqué mi pene a su húmeda concha, lo empecé a acariciar de arriba hacia abajo y lo metí, su concha era grande, se notaba que la habían roto hace mucho, aunque se hacia la tímida o inocente pude notar que su concha estaba bastante abiertita, me quede pensando: Cuantos se habrán tirado a tan rica morena? En fin, ese ano virgen hoy será mío, decidí romperla por atrás antes que alguien se me adelante, la puse en cuatro después de comerme Tan rica chucha, ella se arqueó rico. Sus tetas Colgaban ante mis embestidas con mi pene que cada momento mientras pensaba en que le rompería el ano se ponía más duro…

    Mientras la penetraba empecé a humectar su ano con saliva y a masajearlo mientras le penetraba su enorme chucha, empecé a notar que le gustaba y entonces metí suavemente mi dedo masajeando y ensalivando a cada instante su ano. Después de hacerla terminar en pose de perrito con su concha más abierta que portal de la Catedral saque mi pene y empecé a meterlo por su ano, lo acerqué y ella quiso escapar.

    Dijo: por ahí no Adrián, le dije: Dámelo mi amor, baje mi boca y empecé a chuparle la concha de nuevo., que abierta y mojadita me destrozaba la calma cada vez más, noté su confianza y lo intenté de nuevo, acerqué mi pene con más decisión y empecé a meter su cabecita, alternando con descansos de 1 minuto, después de 6 descansos mi pene estaba todo en su cerradito ano, ella gemía fuerte y me apretaba con sus uñas la piel, su anito apretaba también muy duro mi pene y eso me enfermaba la calma cada vez más, empecé a meterlo y sacarlo todo y noté que al sacarlo esa delicia de ano quedo alguito abierto, decidí tomarle una foto a como quedó y esa foto cada vez que la veo le pone como loco y me hace ponerla en cuatro y reventarle el ano cada vez más, ella estaba exhausta y la verdad, hecha una puta, se movía como una Diosa en la cama, ahí no te que esta morena la sabia mover.

    Termine de romperle el ano por 15 minutos más alternando entre algunas poses y decidí llenarla de semen, me vacié en el culo de Alina y lo más rico es que la vi terminar al darle por atrás como dos veces más, me recosté a su lado y le pedí: – Amor, quiero que te depiles la conchita para mí, te haré disfrutar cada vez más Rico bb, ella me dijo: – Lo que quieras mi rey, ¿qué me hiciste que me volviste loca? Que rico lo haces y por ti lo haré…

    Después de eso le propuse alquilar un cuarto y accedió y no tienes ni idea lo que le hice en ese cuarto! pero eso es algo que otro día te contaré.

    Alina es mi hembra, mi puta, mi novia, mi mujer y yo su dueño!!!

  • Los inicios de mi relación sexual con mi madre

    Los inicios de mi relación sexual con mi madre

    Antes que nada me gustaría aclarar unos puntos para que sepan si les interesa el relato:

    – Mi madre no es modelo, tiene mejor cuerpo que la mayoría de señoras de su edad pero no el de una modelo. Sus tetas son grandes y un poco firmes, culo tonificado y más o menos grande, pero tiene una panza un poco grande, no está gorda, sólo es la panza. Es entre morena y blanca, mide 1.67m más o menos. Se peina de fleco y me encanta su pelo y peinado.

    – Es un relato real, así que por favor, sólo comentarios serios.

    – Si no te gusta el incesto y sólo estás para descalificar, por favor no lo leas.

    – Es un poco largo ya que esto empieza unos cuantos años atrás, pero traté de colocar sólo los puntos clave. (Uno no tiene sexo con su madre de la noche a la mañana)

    Dicho esto, les empezaré a contar cómo empezó todo:

    Soy un joven y como a todo joven de 18 años, desde hace un tiempo me entraron muchas ganas de tener sexo pero desafortunadamente nunca he tenido la oportunidad porque no soy muy bueno coqueteando con las chicas y no hay muchas en mi escuela, prácticamente es escuela de hombres. (Literalmente con las mujeres que he “practicado” mis habilidades sociales son las maestras o las de atención escolar, porque no hay mujeres en mi salón)

    Buscando “solución” a eso, encontré el porno y ahora soy muy adicto, he explorado varias cosas como ponerme condones, hacer un masturbador, obviamente ver videos, imágenes y ese contenido de diversas categorías, y más recientemente he puesto porno cada vez más cerca, en mi celular como fondo de pantalla, algún programa en mi computadora y cosas más de “alguien adicto al sexo”.

    Un día cometí la estupidez de tomarle fotos a mi hermana semidesnuda (que está más o menos buena) y se dio cuenta, le dijo a mi mamá y ella me empezó a regañar, me pidió que le enseñara las fotos en mi celular para ver si era cierto o no (porque obviamente yo alegaba que no era cierto), le enseñé algunas babosadas cuidando que no se viera nada de mi porno y luego de un rato me dejó.

    A partir de ahí no comentó nada más a excepción de que me dijo “algún día cualquiera te pediré tu celular y me tendrás que enseñar lo que hay ahí”, en cuanto me lo dijo limpié mi celular para que no descubriera que era un total pervertido. Pasaron varios días, meses incluso y nunca me lo pidió realmente, sólo me seguía diciendo eso, así que le dejé de hacer caso y me dejé de preocupar, volví a llenar mi celular con porno.

    Lo anterior sucedió en el periodo escolar y cuando llegaron las vacaciones me decidieron meter a un centro deportivo o algo así, donde una de las actividades era natación y al parecer ahí no había mucha “censura”, ya que por ejemplo las regaderas no tenían cortina ni nada, veías a los hombres bañándose y caminando desnudos, los vestidores de las mujeres tenían muy pobre separación con el de los hombres entonces literal si sólo te asomabas por la puerta las podías ver a todas desnudas y viceversa y era normal.

    Era mi primera vez que visitaba un lugar así, no me sentía muy cómodo ahí, pero decidí no tocar el tema y acostumbrarme. Llego un día en el que un amigo me acompañó ahí y le dije cómo me sentía, me dijo que era normal y que no me preocupara, de cierta forma me animó a desnudarme y eso hice. Cuando me encontraba completamente desnudo con algunos hombres al lado y unas mujeres viendo me sentí un poco vulnerable y a la vez liberado e inclusive excitado, me gustó mucho esa sensación y desde ahí empecé a tener deseos de ser nudista.

    Además de eso, lo más relevante que ocurrió en esas vacaciones fue que las cosas se arreglaron con mi madre, ya no me decía nada de revisar mi celular ni nada y la relación mejoró. Terminaron las vacaciones y me fui del centro deportivo, pero me seguía gustando la idea de ser nudista y pues obviamente mi familia no lo iba a aceptar, así que decidí empezar siendo nudista en la casa a escondidas, primero cosas muy leves como unos 5 – 10 min sin nada, luego ya empecé a dormir desnudo o por lo menos sin nada en la parte de abajo y cuidando que la ropa que me quitara quedara escondida debajo de las sábanas para que no se dieran cuenta.

    Pero llegó un día en el que mi madre entró a mi cuarto y me desperté, afortunadamente no se dio cuenta y me quiso levantar quitándome las sábanas. Fue cuando descubrió que no tenía nada debajo, tomó mis prendas y dijo “¿te duermes sin nada debajo?” yo me seguí haciendo el dormido y sólo sentí cómo puso mi ropa encima de mi pene y luego me tapó con las sábanas para salirse y regresar unos cuantos minutos después con la misma rutina para simular que nada había pasado.

    Yo creí que me iba a regañar por hacer eso pero no, lo cual me dio confianza para seguir haciéndolo y fueron varias veces las que sentí que me alcanzaba a ver desnudo. Pero llegó un punto en el que el hecho de que mi madre me viera me empezaba a excitar más que si alguna otra persona me viera. Empecé a pensar sexualmente en que mi madre me viera, solo en que me viera, en ese entonces no me llamaba mucho la atención tener sexo con ella, sino solo exhibirme. Y por ello empecé a ser menos discreto, no me tapaba, me dormía totalmente desnudo, hacía que se me parara antes de que ella lo viera, etc.

    Pero llegué ya a hacerlo mucho más directo en cierto sentido, ya que yo tengo horarios opuestos a mi familia por el turno de mi escuela, así que cuando mi madre trabaja, yo me estoy alistando para la escuela. Así que como tengo la casa sola por unas horas, decidí ser nudista en esas horas, siempre cuidando que no me descubrieran si llegaban antes o algo así alguien de mi familia.

    Lo único en lo que no pensé fue en qué hacer si alguien llegaba repentinamente, y de repente escucho que alguien sube las escaleras rápidamente, de la misma manera pensé en qué hacer y mi solución fue ir al baño, es una perfecta excusa, ahí me visto y salgo como si nada, pero justo estaba de camino cuando veo que mi madre es la que está subiendo así que me tranquilizo y actúo como si nada y ella hace lo mismo, sólo me dijo “se me olvidó algo”, entró a su cuarto y rápido salió y se fue.

    A partir de ese día algo dentro de mi cabeza cambió que me hizo ver a mi madre con otros ojos, en la escuela hay una maestra más o menos de la edad de mi madre y que tiene mucho mejor cuerpo que ella, pero por alguna razón empecé a pensar que mi madre estaba casi tan buena como mi maestra, además de que sus uniformes eran muy parecidos, saco, camisa pegadita y falda (en el caso de mi maestra) o pantalón (en el caso de mi madre, pero aun así se le marcan rico sus nalgas).

    Después, llegó un día cuando nos vimos en la noche me dijo que quería platicar conmigo, empezamos una plática boba y después me dijo que qué me ocurría, que por qué últimamente andaba desnudo y así, le dije que pues me gustaba el nudismo y blabla, me dijo que que estaba bien pero que procurara que nadie me viera y lo mismo me dijo de la masturbación, que estaba bien si lo hacía pero en privado y que procurara no ver las películas que muestran el sexo como en realidad no es.

    Esa conversación me puso demasiado nervioso y ya la quería terminar así que le di el avión y no continúe diciéndole algo. Pero después me di cuenta que era la oportunidad para intimar más y al día siguiente me armé de valor para preguntar que a qué se refería con las películas que muestran el sexo como no debe ser, me dijo que pues son películas que muestran a las mujeres todas operadas, super maquilladas, penes enormes y todo eso.

    Como en esos momentos ya estaba muy excitado y ya pensaba muy morbosa y sexualmente en mi madre, decidí “seducirla” y empecé por acariciarle una teta con mi mano y decirle “tetas como estás”, me quitó la mano y me dijo “pero las mías no son operadas” a lo que respondí “parecen, se ven muy bonitas” y sólo sonrío para después decirme que me fuera a dormir, yo estaba muy caliente y como no sé seducir, me lancé como animal y le toqué su vagina. Me intentó quitar el brazo con poca fuerza y después con bastante fuerza y reiteró que me fuera a dormir, entendí claramente que no quería sexo y me resigné.

    Dormí en mi cuarto después de masturbarme un poco pensando en lo ocurrido y en cómo le iba a hacer para disculparme y lograr tener sexo pero no pude llegar a una solución.

    Para no empeorar más la situación dormí vestido completamente y me despertó al día siguiente, se dio cuenta que tenía ropa y me dijo que lo que ocurrió ayer estaba mal, que no podíamos tener sexo, que eso está fuera de los límites, yo me disculpé con ella, le dije que me dejé llevar y después quise retomar la discusión así que le empecé a insistir que explicara bien sus razones para no tener sexo conmigo, apliqué un poco de ingeniería social y le empecé a decir que no me quería porque mi pene era pequeño o porque estaba feo y así (lo cual no es cierto, tengo pene promedio 15 cm y no soy DiCaprio pero tampoco estoy feo), lo cual creo que ablandó bastante la situación me empezó a decir que no que no era cierto que no era por eso. También le dije que mi papá no se la cogía nunca que disfrutara de su hijo y cosas así, y pronto empezó a ceder, dejó de refutar y la empecé a tocar, primero sus grandes tetas, después puse mi mano en su cintura, ella en mi pene, nos empezamos a tocar mutuamente y ocurrió el primer beso.

    A partir de ahí me desvistió, me masturbó un poco y me preguntó que si ya sabía quitar un brasier, obvio le dije que no, que era virgen, que ella sería la primera mujer en mi vida, que me enseñara y cosas bonitas que comenzaron una plática muy sexosa y rica mientras la desvestía.

    Ya cuando nos encontrábamos desnudos la puse en cuatro en la cama y me empezó a decir cosas muy puercas como “qué se siente que tu propia madre te quite la virginidad” o “te deberías de poner condón, pero ya así” que son las que más me excitaron e hicieron que la penetrara inmediatamente.

    Como en ese momento era virgen y no estoy circuncidado, cuando le metí mi glande me empezó a “doler” un poco pero eso funcionó para que no eyaculara tan rápido, bueno no ayudó mucho porque luego de unas cuantas veces terminé eyaculando adentro. Fue lo más más placentero que había sentido en toda mi vida, se los juró su primera vez debe ser con su madre y deben eyacular adentro es una sensación única, de mucha energía y excitación.

    Me incliné para abrazarla y tomar sus tetas y le dije “qué rico creampie”, me dijo “¿qué es eso?”, le expliqué que era lo que acababa de hacer, dejarle todo mi semen adentro. Se quitó y cuando mi pene salió puede ver parte de mi semen adentro, le dije que se pusiera boca abajo y empecé a abrirle su vagina para ver cómo había quedado, intenté tomar mi celular para tomar un video o foto y enseguida me pegó en la mano y me dijo “nada de eso!!”. Definitivamente no quería hacerla enojar así que la obedecí. Nos paramos, nos abrazamos y nos dimos un beso, luego me dijo “vísteme”, y la empecé a vestir, cuando llegue a la parte del brasier me dijo “Ya ves ya sabes desabrochar y poner un brasier, y yo ya sé una palabra más, está relación va a funcionar”. Nos terminamos de vestir y en eso di el beso que había soñado tanto (bueno, no soñaba con dárselo a mi madre, pero sí a una mujer), ella puso sus brazos en mis hombros y yo mis manos apretando sus ricas nalgas.

    Al término del beso me dijo “Ya me voy que se me hace tarde”, empezó a caminar afuera de mi cuarto y le di una nalgada, sólo volteo un poco, como de perfil, sonrío y siguió caminando.

    Eso ha sido todo por el momento, escriban sus comentarios sean buenos o malos, si el relato es bien aceptado contaré qué ha sucedido después.

  • Dante y Trevor (Parte II)

    Dante y Trevor (Parte II)

    Archibald había consolidado más el hábito del retraso que el empeño de la puntualidad durante el último trimestre en Hayburn, y en la espera Octavio Woodworth ofreció vino a sus jóvenes invitados. Mr. Woodworth había pensado en una cena informal, pero la atmósfera era pesada en el recargado comedor, tapicerías y cuadros colmaban la estancia haciendo que los cincelados perfiles de los Allerton resaltaran entre los nublados retratos familiares. Mr. Woodworth celebró la demora de su hijo que le daba un buen margen para interpretar su papel de anfitrión, traspasando los limites de la cordialidad, palmeando las espaldas de los hermanos, palpando los antebrazos de Dante, deslizando suavemente su mano midiendo el costado de Trevor mientras se acomodaban junto al fuego, y el breve contacto dejó en las manos de Octavio Woodworth una huella invisible, el calor corporal de Trevor filtrándose a través del jersey merino de color rojo, el ajuste de las costuras medidas en Savile Row sobre los hombros de Dante. No descuidó la atención del buen gusto que los Allerton habían previsto para la reunión. Los hermanos lucían las prendas con distinción, sabiéndose bellos sin exhibirse, y eso provocó en Mr. Woodworth una reservada admiración que la resplandeciente presencia de Archibald desbordó cuando entró al comedor ataviado con uno de los equipos de caza del propio Octavio W.

    Era medianoche, y el calor del fuego, el vino y las risas de los muchachos habían compuesto una deliciosa primera noche en Rowley Hall. Dante y Trevor habían resultado ser tan encantadores, ingeniosos y cultos como había descrito Archibald a su padre. Mr. Woodworth sabía que era el momento de retirarse y dejar a los amigos que degustaran las horas de la madrugada, deseando descanso y buenas noches dejó con una sonrisa radiante a los tres comensales y subió con cierta dejadez hasta su dormitorio. La habitación estaba fría, aun así no quiso ponerse el pijama como acostumbraba, dejando que las sabanas rozaran directamente su piel. Una cálida sensación lo arrebujaba, el bienestar de la cama, la felicidad de tener a su hijo en casa, la jovialidad del encuentro. Sin apenas darse cuenta, su mano, colocada sobre el vientre, bajó hasta la entrepierna, y dejó que las imágenes se dibujaran con exactitud: Los ocultos pezones de Trevor, evidentes gracias a la fina textura de la lana; los rotundos brazos de Dante, forzando ligeramente las mangas de su camisa blanca. El cuarentón Octavio W. no podía creer que estas imágenes le llevaran a sentir lo que sentía, como la excitación mojaba sus dedos y secaba su boca, y echando hacia atrás la cabeza plantándola firmemente sobre la almohada, se abandonó a la jerga que incontrolablemente empezó a articular su lengua… pajote, pajote, pajote sobre la cara de estos Allerton.

    Abajo en el comedor sólo el crepitar del fuego rompía el silencio. Mientras Trevor quitaba las botas a Archibald, Dante dejaba que la vibrante luz de las llamas formara sombras sobre la dorada belleza del querido amigo en su regazo. Los Allerton precisaban, tanto como respirar, desnudar a Archibald, despojarlo de las ropas de caza del atractivo Octavio Woodworth.

     

  • Una mamá adoptiva con tetas gigantes (Parte 3)

    Una mamá adoptiva con tetas gigantes (Parte 3)

    Cuando entré al baño Paula estaba enjabonada de pies a cabeza, me metí a la regadera y le dije que si quería ayuda. ‘Está bien -me dijo- enjabóname toda mi niño’, eso me prendió aún más. No perdí tiempo, mis manos se abalanzaron sobre esas dos enormes ubres y empecé a ponerle jabón como loco, le puse shampoo y acondicionador en el pelo.

    Después de un rato lavando semejante cuerpo, le pregunté que si quería depilarse la vagina. ‘Como crees! -me dijo- nunca lo he hecho…’, ‘siempre hay una primera vez’ le conteste, ‘está bien pero no me vayas a cortar con el rastrillo’ me dijo.

    La depilé todita y su piel quedó suave como la seda, tomó mi brazo y se lo metió entre las piernas, se movía de atrás para adelante. Que rico se siente me dijo, nunca había sentido unos brazos tan fuertes agarrándome las tetas y las nalgas! Así estuvimos por un buen rato hasta se vino todita.

    Después de eso le pedí que me hiciera una rusa…. una rusa para los que no saben, es que te pongan el pene entre sus tetas. Aquello era un espectáculo digno de una película erótica, la levante y la puse en cuatro y empecé a mamar ese enorme culo.

    No me podía contener era hermoso sus nalgas eran un manjar las apretaba, las golpeaba, las masajeaba. Me empezó a mamar el pene con gran destreza. Ahora ya estás aprendiendo le dije, ahora me toca a mi mamarte esas tetas que me tienen loco por su tamaño. Si son todas tuyas has con ellas lo que quieras me dijo! trataba de metérmelas a la boca cosa que era imposible, chupaba esos pezones sin compasión.

    Como queriendo ver una gota de leche materna algo que no pasaría, pero a mi me excitaba eso, pensar que yo era su bebé y que tenía que amamantarme. Nos salimos de la ducha y nos fuimos a la habitación, su cuerpo estaba pidiendo a gritos ser poseído, nos besamos apasionadamente como si fuéramos marido y mujer. Quiero que me hagas tuya como nunca lo han hecho me dijo, la empecé a penetrar y me di cuenta de que esta vez estaba más relajada, la puse en cuatro y le empecé a dar golpes en las nalgas con mi pene de 20 cm.

    Quiero que me la metas duro me dijo, quiero sentirla toda dentro de mi que no quede nada afuera, así lo hice y después le pedí que quería metérselo por el ano. Hay mi niño esa cosa me va a matar como crees que eso va a entrar por allí, pero si eso es lo que quieres está bien lo que pida mi hombre, eso si que me excito nunca pensé que mamá paula fuera tan perra y pervertida. Mi pene no entraba y le dije que se relajara que así sería más fácil. Por fin entro y aquella sensación era única, me moví despacio para que ella disfrutara como yo lo hacía, la tome por la cintura y empecé a metérselo cada vez más rápido.

    Acabamos los dos al mismo tiempo y eso me dejó fulminado.

    Así fueron mis días con mamá Paula una mamá adoptiva de tetas gigantes que también le gustaba por el ano.

    ¡Fin!

  • El nuevo proyecto

    El nuevo proyecto

    Tras la confesión de Ericka de querer un trío conmigo y con Eli, no dejaba de pensar en lo rico que seria, dos mujeres muy ricas para mi, uff y es que desde que en mi cumpleaños me la comí junto con Cindy, me queda claro que Eli es muy buena en eso, y Ericka está en los casi 40 y quiere experimentar.

    La suerte que me sonríe muy seguido, decidió que el nuevo plan de ventas fuera llevado por nosotros tres, quedamos en reunirnos en casa de Ericka para empezar a desarrollar el proyecto, pero Ericka no disimulaba sus intenciones, me abrazaba, abrazaba a Eli, le acariciaba las piernas, Eli poco a poco comenzó a dejarse querés por ambos, unos minutos después Ericka saco una botella de Vino y nos ofreció, brindamos por el proyecto, pero el calor del momento hizo comenzar otra charla.

    (E) Y es es verdad que ambos ya hicieron un trio?

    (EL) Jajajaja amigaaa de que hablas jajaja

    (L) Ay Ericka que cosas dices

    (E) No se hagan, yo se que ustedes tienen relaciones sexuales jejeje

    (EL) jajajaja ya estas tomada

    (E) Claro que no y si quieres se los demuestro, estoy consciente de todo lo que hago y digo

    (L) Haber demuéstralo

    Una vez que le dije eso, ella inmediatamente se lanzó a besar a Eli, la besaba muy rico, Eli sonreía pero acompañaba el beso con ricos movimientos de su lengua, Ericka acariciaba la espalda de Eli y me miraba retadora, yo solo miraba la escena y me quedaba claro que ella iba en serio

    (E) Ya viste ves como estoy consciente de lo que hago.

    (EL) Haber ahora bésalo a el jaja

    (E) CON GUSTO

    Me comenzó a besar pasionalmente, yo admito que inmediatamente comencé de pulpo, acariciaba las firmes nalgas de ella, ella me abrazaba con fuerza, en eso sentí como Eli nos abrazaba a los dos, nos unimos en un beso de tres, nuestras lenguas se retorcían en nuestras bocas, las manoseos por todos lados y la temperatura cada vez aumentaba más.

    Las tome de la mano y las lleve a la recamara de Ericka, ahí los tres acostados en la cama seguíamos en el faje, comenzamos a desnudarnos entre los tres, yo quitaba el mayon a Ericka mientras ella despojaba de su falda a Eli, quedamos totalmente desnudos y comenzamos lo bueno.

    Me acosté en la cama y ellas besaban mi cuerpo, sus lenguas recorrían todo, Eli fue la primera en empezar a lamer mi tranca, Ercka besaba la espalda de Eli, las caricias y los besos entre ellas me endurecían más y más mi verga, entonces ambas comenzaron a lamerme mis testículos como si fueran gatas, las manos de ambas masturbaban mi verga mientras yo las observaba y acariciaba sus caras, pero fue Eli quien comenzó a chupar mi verga, como solo ella lo hacía, succionaba todo mi palo mientras Ericka acariciándose los senos ponía su conchita en mi cara y se acomodaba para un 69 conmigo pero al mismo tiempo para ver de frente a Eli y besarse deliciosamente.

    (L) UHHH nenas asiii

    (EL) Ericka comamos esta deliciosa carne uhmm

    (E)Si esta sabrosísima pero me encanta tener aquii

    Ambas mamaban y saboreaban mi verga mientras se besaban, yo mamaba la conchita de Ericka, cambiamos de pose Eli se acostó y Ericka se lanzó a su concha, la comenzó a mamar cual se estuviera alimentando, Eli jadeaba, el sexo oral que le estaba dando Ericka la tenía loca, mientras yo mordía las nalgas de Ericka y como mi verga bien dura comencé a dejársela caer, ella gemía pero no dejaba de mamársela a Eli, Eli se mordía los labios me miraba con ojos de borrego a punto de morir, eso me motivaba para embestir ferozmente a Ericka.

    (EL) haaa Erickaaa asiii diooos

    (E) AHHHH Luiiss cogemee así metemelaaa Eli sabes deliciosooo amor ahggg

    (L) Ufff que rico aprietas que húmeda estas, lamela bien porque después sigue ella

    Ericka se subió sobre la cara de Eli mientras yo levantaba las piernas de Eli y comencé a dejársela ir, suavemente, Ericka no dejaba de gozar ya que cabalgaba la cara de Eli, mientras yo le deja ir mi verga también con todo.

    Puse a Eli en cuatro mientras Ericka estaba mamando las tetas de ella, yo preparaba mi penetración acariciando las ricas nalgas de Eli, Ericka se puso detrás de mi y me empujó hacia Eli, ella me aventaba hacia ella parecía que nos perforaba a los dos, el ver a Eli en cuatro y gimiendo excitaba mucho a la milf, le apretaba las nalgas con tal fuerza que mascaba sus manos, la arañaba, yo acompañaba y parecía títere de ella, solo escuchaba lo que susurraba.

    (E) Así te gusta te gusta como te cojo perraaa ufff desde hace tiempo te quería tener así, dándote rico, eres una perraaa muy rica uhgg

    (EL) Si asi mamiii metemelaaa usa a Luis y metemelaaa aghhhh

    (L) Uff chocas esto es delicioso

    (E) Ahora coganme a mi ricooo

    Ericka acostó a Eli y se entrelazo de ella dejando sus vaginas juntas, yo pare las nalgas de Ericka y comencé metérsela, mis embestidas generaban que su vaginas se rozaran lo cual prendía a las dos, el ver la cara de ambas sus gritos y como se besaban salvajemente me ponía durísimo.

    (E) Luis asiii dios Elii eres maravillosaaa

    (EL) Que ricooo los dos son deliciosos

    (L) yaa chicas ambas son un manjar, gocen gócenla

    El movimiento combinado de los tres géneros que Eli se viniera, sus gritos nos excitaban mucho a Ericka y yo nos besábamos y nos movíamos salvajemente haciendo el orgasmo de Eli más placentero, Ericka hizo a un lado a Eli y quedo pecho tierra en la cama, Eli me besaba y yo embestía durísimo a Ericka, mis huevos chocaban delicioso con ella mis manos jalaban su cabello mientras Eli mordía el cuello de ella.

    (E) Ahhh me vengooo ahhh

    (L) Si nenaaa mojameee ufff

    (EL) Siii’ llegaaa llega amor

    Ericka retorciéndose y gritando mojaba la cama Eli mordía el trasero de ella y me empujaba fuerte para que no se la sacara, yo no tardaba ya en venirme, así que me la saque y las arrodille.

    (L) Nenas se portaron bien tengan su premio

    (EL) siiii lecheee

    (E) no te olvides de mi

    Comencé a venirme en sus caras, chorros salían de mi y ellas sedientas bebían el néctar de mi palo, sus caras se llenaban de blanco y mientras en sus bocas saboreaban el sabor de mi semen, se besaban para intercambiarlo, puff eso me prendía más y más chorreaba.

    Después los tres nos recostamos mientras con toallas húmedas limpiaban sus caras, Eli recibió llamada de su pareja y tuvo que irse dejándonos con ganas de más.

    (E) Eli eres una ricura amor, espero tener la oportunidad contigo nuevamente

    (EL) tú lo haces maravilloso, me encanto nena y será un gusto estar encamada otra vez contigo

    (L)Ojala me inviten chicas jeje

    Nos despedimos de ella y por lo calientes que estábamos Ericka y yo seguimos cogiendo hasta el amanecer, salí de su casa sabiendo que nuevas experiencias y noches así iban a llegar.