Blog

  • Visitando a Cindy

    Visitando a Cindy

    Habían pasado unos meses desde que la relación de Elizabeth y Carlos terminó, yo estaba deprimido y me sentía culpable de la depresión de ella, pero la vida sigue y yo no podía dejar atrás mi adicción sexual.

    Cindy me escribió para tomarnos una cerveza en su casa, yo accedí gustoso ya que tenía tiempo de no verla, al llegar a su casa me recibió con un fuerte abrazo y me invito a su patio trasero. Charlábamos de lo sucedido con Eli y de mi esposa.

    Cy: ¿Entonces ya no se hablan?

    Yo: No, desde hace unas semanas me dejo de hablar

    Cy: ¡Que mal plan, pero cuerpo es cuerpo!

    Seguimos bebiendo y las horas se nos pasaron pronto, eran aproximadamente las 7:00 pm ¡cuando ella se sentó en el sofá se quitó sus zapatos y me pidió le masajeara los pies!, yo accedí gustoso sus pies me encantaban ¡hermosos arreglados! Una verdadera delicia.

    Yo: Me encantan tus pies

    Cy: ¡Lo sé!

    Yo: ¿Los puedo besar?

    Cy: ¡adelante!

    ¡Comencé a besar sus pies, me encantaba lamer sus deditos y besarlos toditos!, ella me miraba con una sonrisa pícara mientras yo me deleitaba con sus ricos pies.

    Comencé a acariciarle su pantorrilla o chamorro como lo conozca, su pegadísima licra azul me fascinaba poco a poco el calor fue subiendo al grado de comenzar a desnudarla. ¡Mis labios comenzaron a besar sus ricas piernas mientras ella gemía suavemente, yo me lance a sus ingles!

    Yo: ¡que rica esta ya te extrañaba!

    Cy: ¡Yo también a ti, me encanta hacerlo contigo!

    Yo: ¡Estas buenísima Cindy!

    Le quité su tanguita color blanco y comencé a lamer sus labios vaginales. Su delicioso olor me excitaba más y más, ella se quitó su blusa dejando su par de tetas al aire y listas para mi boca, subí recorriendo mi lengua por su abdomen y comencé a devorar sus pezones que eran adornados por un pirsin. ¡Ella me comenzó a quitar la ropa mientras su lengua recorría mi pecho, uf era delicioso como me lamia! La acosté en el sofá y la abrí de piernas y comencé a dejarle sentir mi puntita ella con ojos lujuriosos me miraba y se mordía su labio.

    Cy: ¡ah! Luis que rico!

    Yo: ¿La quieres adentro amorcito?

    Cy: ¡S! ¡Dámela papi!

    Yo: ¡Me encanta tu vagina depilada! ¡Toma mi nena recíbeme!

    Cy: ¡ah! ¡Si así métemela, métemela rico!

    Comencé a metérsela suavemente y es que, aunque su vagina ya conocía mi verga, siempre era como la primera vez. Tomándola de las piernas aumente mis movimientos mientras nos besábamos pasionalmente, su lengua y la mía se entrelazaban para acompañar mis penetraciones.

    Cy: ¡Así bebe dámela rico!

    Yo: ¡Tómala hermosa me encantas!

    ¡La puse en cuatro y comencé a besar sus firmes nalgas, dándole nalgadas y pequeñas mordidas, ella reclinándose sobre el brazo del sofá gemía riquísimo!

    Cy: ¡Que rico Luis dámela toda!

    Yo: ¡Si mi amor!

    ¡Apoyándome en sus caderas empecé a embestirla fuerte, tenerla en esa posición me encantaba, la tomé del cabello y con violencia se la dejaba ir bruscamente! ¡Ella gemía y me pedía más y más moviendo sus caderas al ritmo de mis movimientos!

    Cy: ¡Así amor que rico!

    Yo: ¡Que nalgas! ¡Estas buenísima Cindy!

    Cy: ¡Me vengo Luis!

    Yo: ¡Si mi amor yo también!

    Cy: ¡Lléname de ti, dame tu leche, la quiero!

    Yo: ¡Si mi amor! Tómala, tómala!

    ¡Ambos nos venimos juntos uf! Era maravilloso como se mezclaban nuestros fluidos y con nuestros movimientos el orgasmo era maravilloso.

    Nos quedamos recostados en el sofá unos minutos, nos besábamos y ella me pidió que la llevara a la cama, ¡el segundo round empezaría en minutos!

    ¡Ya desnudos totalmente ella con sus ricos pies comenzó a masturbarme, uf! Era riquísima esa sensación, ¡lo mejor que había sentido y es que sus pies me enloquecían! ¡Después de juguetear mi verga con sus ricos pies se lanzó a mamármela! Que ricas mamadas me daba, succionaba toda mi verga hasta podía sentir su garganta, ¡uf era la mejor mamando!

    Yo: ¡que rico! ¡Mamela así nena no pares!

    Cy: ¡Deliciosa verga!

    Yo: ¡Devórala corazón!

    Ella tragaba mi carne mientras yo tomándola de su cabeza prácticamente le follaba la boca. Dejo de mamármela solo para comenzar a cabalgarme parecía licuadora triturando mi pene! ¡Era lo más rico ver como sus tetas rebotaban y yo con mis manos apretándolas fuertemente! ¡Ella gemía y me miraba sonriendo, yo no dejaba de acariciarle sus nalgas y sus piernas! ¡Siempre me habían gustado demasiado sus piernas y por eso no me cansaba de apretarlas y recorrerlas una y otra vez!

    Yo: ¡Que rico nena muévete más, muévete rico!

    Cy: ¡Que dura la tienes! ¡Me encanta tan jovencito y que rico lo haces! ¡Eres de lo mejor que me ha penetrado!

    Yo. ¡Mamacita me vuelves loco! ¡Más que mi esposa!

    Ella se puso en cuclillas y se dejaba caer a sobre mi verga dura y húmeda de ella, sin sacarla se dio vuelta dejándome ver su espalda, la cual arañe con fiereza y también jale su cabello hasta casi tirarle unos cuantos. Antes de que lograra hacerme venir por segunda vez, ¡la puse boca abajo y comencé a penetrarla con fuerza! ¡Mis movimientos eran fuerte ella gemía de placer mientras yo arañaba su espalda mordía su oreja y jalaba su cabello y es que su coño apretaba tan delicioso mi verga que me excitaba demasiado!

    Yo: ¡Mi amor que rico aprietas!

    Cy ah! así dame así!

    Yo. Toma! Tómala!

    Cy: ¡Dios! ¡Que rico!

    Ante la excitación del momento se la saqué y la puse empinada en cuatro y comencé a meter mi punta en su ano, ella me pedía que no pero su cuerpo estaba ansioso de tenerla dentro. Comencé a empujarla apoyándome con mi mano ella gemía y apretaba su cama, ¡su culo aparte de hermoso era apretado y mis 6 cm de grosor apenas entraban!

    Cy: ¡Dios! ¡Me lástimas! ¡Está muy gruesa y grande me duele!

    Yo: ¡Si, pero te gusta! ¡Que rico ano tienes!

    Cy: Cabrón! ¡Dámela duro dámela fuerte!

    Yo. ¡Si tómala! Que rico, muévete, ¡mueve tu cuerpo hacia mí!

    Ambos nos movíamos a la perfección mi verga entraba casi por completo en su ano y ella hacia ruido como si fuese a vomitar, decía que sentía la comida en la garganta pero que no dejara de penetrarla con violencia, le jalaba el cabello y le pegaba con fuerza, ¡eso la excitaba más!

    Yo: ¿Mamacita te gusta? ¿Te gusta cómo te empalo?

    Cy: ¡Sí! Que rico! Voy a vomitar, ¡pero no la saques!

    Yo: Lo que digas amor, ¡gózala! ¡Disfruta mi verga!

    Mientras más hablábamos, más se excitaba y más se movía, de pronto! Comenzó a chorrearse como manguera, sus fluidos escurrían entre sus piernas y mojaban sus sabanas, uf! ¡Eso me puso a mil y como un toro mis embestidas aumentaron con violencia!

    Yo: ¡Cindy me vengo! ¿Te lo puedo echar en tu culo amor?

    Cy: ¡Ah! ¡Si mi amor lléname de ti!

    ¡Comencé avenirme dentro de ella! Era delicioso sentir como su estrecho ano bombeaba mi verga, de hecho, mi semen comenzó a regarse por sus nalgas, ¡era maravilloso esa sensación!

    Nos quedamos pegados como perros, poco a poco se la empecé a sacar, me nos quedamos acostados un rato y después me vestí y me fui casa.

  • La cueva de la meretriz

    La cueva de la meretriz

    Dejemos mi nombre en Fran, tengo 28 años, casi 29, y hace poco menos de un año que radico en Guadalajara, México; soy del norte del país.

    Me mudé, junto con otros compañeros de trabajo por ese motivo, trabajo, la oficina central fue cambiada de sede y pues… por aquí andamos.

    La historia es la siguiente, como dije, llegué a Guadalajara hace casi un año (es cuestión de días para que se cumpla) e inicialmente vivía en la zona centro, pero en semana santa me cambié de residencia con apoyo de la oficina a un edificio justo enfrente del edificio donde está mi trabajo.

    Durante las noches, mi roomie y su servidor, además de otro compañero de trabajo que es nuestro vecino en el edificio, solemos tomar cervezas y fumar mientras platicamos de cuestiones laborales o anécdotas. En una de esas noches vimos salir a una mujer, de no más de 31 años, hermosa, cuerpo escultural (va a gimnasio), morena clara, buen trasero, muy buen y bonito trasero, senos de buen tamaño, cabello castaño claro. La vimos embobados, ella solo se limitó a darnos las buenas noches.

    Me llamó la atención su atuendo y pensé «esta morra se dedica a rentar su piel» (por no decirlo de otra manera). Admito que puede haber hecho un prejuicio muy temprano sin siquiera conocerla, pero el tiempo me fue dando la razón: o ella salía y regresaba para volver a salir o pasaban por ella en diversos carros, diversos tipos, en ese momento hasta mi roomie y vecino me dieron la razón; y es que también he recurrido a pagar por sexo y las mujeres a quien les pido ese maravilloso servicio, y que Dios las bendiga siempre, llegan vestidas de esa manera tan provocativa: vestido ajustado, por encima de los muslos y con una bolso pequeño donde apenas cabe el teléfono, dinero, condones, maquillaje y quien sabe que otras cosas más.

    Un día en el departamento nos quedamos sin gas y cuando llegó el camión a ponerle al tanque subí a la azotea para abrir una llave y pudiera pasar a nuestro tanque, cuando terminó bajé y esta mujer iba saliendo desesperada de su departamento, la miré un tanto extrañado por su manera de actuar. Se dirigió a mi y me pidió que si le podía ayudar con una fuga que tenía en su baño. Obviamente accedí no sin antes decirle que en cuestiones de plomería soy un muerto, no sé absolutamente nada, me dijo que no había problema ya que no era un problema mayor.

    Entré a su departamento y la verdad es que me gustó el decorado: rústico, sin mencionar el aroma que era manzana-canela, ese olor me pone ¡ufff! Me llamó poderosamente la atención que esta mujer (aún no sabía su nombre) me preguntara si el decorado me gustaba, creo que había notado la expresión en mi rostro. Le dije que sí, así me gustaría tener mi departamento.

    Me dirigió al baño y lo primero que vi fue una tanguita negra sobre el sanitario, pero reaccioné a tiempo antes que se diera cuenta a donde es que mi vista se había dirigido inicialmente; el piso parecía alberca pública y vi que tenía un par de fugas, una en la manguera del agua caliente del lavabo y la otra la del sanitario, el problema no era ese en sí, si no que por la estatura que ella tiene (es alta) no podía llegar a esos rincones, pensé en decirle «¿y si te pones de perrito como todos los fines de semana con tus clientes?», pero no… lo que quería era ayudarla y crear confianza, mínimo para una rebaja en la tarifa, ustedes saben. Cerré las llaves (yo soy chaparrito) y como ya había comprado las llaves para sustituirlas me pidió el favor de cambiarlas a lo que le dije «¿qué cosa de «no soy plomero» no entendiste?», en vez de molestarse me sonrió y me dijo «esto hasta un niño de kinder lo hace» a lo que respondí «un niño cuyo papá sea plomero»; me volvió a sonreír y me dijo que para todo tenía respuesta, además que mi acento le gustaba (no todos lo días se le dice a uno mi tierra en Guadalajara).

    Le sonreí y le pedí su teléfono para buscar un tutorial en YouTube, y sí, lo encontré… es casi el mismo proceso que cuando harás una instalación eléctrica (a eso sí le sé). Una vez que terminé de verlo le pregunté que si sabía dónde estaba su principal toma de agua, para cortar el flujo, ella misma fue la que lo cerró. Dejó la llave del lavatrastes abierta y la de la regadera para vaciar el agua de la tubería, después de eso me puse manos a la obra. Me di cuenta que ilustrándose uno aprende de estas cosas.

    Como 15 minutos antes que terminara me preguntó que si quería comer con ella, la verdad es que no podía porque tenía planeado ir al cine, aunque la salida era en «bola» con unos amigos de aquí. Me convenció con el hecho de que «no quería comer sola», la cosa es que solo me estaba haciendo del rogar y la otra es que no me quería ver tan obvio… como es que uno no se va a quedar a comer con tremendo ejemplar de mujer.

    Durante la comida nos conocimos mejor, se llama Miriam, lindo nombre para linda mujer, y como lo sospeché la primera vez que la vi, tiene 29 años. Estudia una maestría en MKT lo que generó muchísimo más de qué hablar ya que, al haber estudiado comunicación yo, generamos un ambiente muy afable de plática. En la tertulia me preguntó algo que se fue sin anestesia, «¿qué fue lo primero que viste en mi baño?» a lo que respondí de igual manera, directo, «tu tanga». Ella sonrió. A veces pienso que esa respuesta era la que ella quería, una muy sincera para abrirse, tanto fue así que me dijo «Fran, ¿sabes cómo me pago la maestría?», la vi con relativa tranquilidad y respondí «me imagino que trabajando», ella se estiró sobre la mesa, me tomó de la mano y me dijo «¿sabes en qué?», me quedé callado por un tres segundos (que sentí que fueron cinco minutos) y le dije «creo saber a lo que te dedicas, pero sería bastante prejuicioso de mi parte», «SI, FRAN, SOY UNA PUTA» respondió.

    Una vez aclarada la duda lo que hice fue preguntarle sobre el por qué de su confesión a mi, si apenas me acaba de conocer, su respuesta fue un tanto halagadora, «la primera vez que te vi me pareciste muy lindo, hubo otras ocasiones donde te escuchaba hablar con tus amigos en el pasillo y me di cuenta de lo mente abierta, perceptivo y receptivo que puedes ser, además que eres muy serio y sincero, de eso me pude dar cuenta cuando me respondiste lo de mi tanga, quería desahogarme porque nadie lo sabe, todo mundo me pregunta que sí como lo hago para pagar la maestría si no tengo un trabajo como debería de serlo…» la interrumpí y le pregunté «¿y qué es lo que les dices?», «que mis padres la pagan».

    Le pregunté que si como se sentía al respecto, me respondió que no le da pena hacer lo que hace, al final de cuentas a ella le encanta el sexo, disfrutar a sus clientes tanto como ellos a ella y recalcó, «¿por qué no sacarle provecho a esto?»

    Nos quedamos platicando como hasta las 8 de la noche, ya traía manchado el bóxer de tantas experiencias que me había platicado, yo solo la imaginaba. Tal vez ella esperaba que me le insinuara pero pues… no había con qué. Me animé a decirle «si algún día quiero contigo, ¿de cuánto es el chingazo?», su respuesta fue como escuchar el solo de guitarra de la canción «Seize the day», «Para el público, 5,500… para ti, es gratis, cuando quieras, guapo».

    Me quedé sorprendido con la respuesta también, sonreía y a la vez con cara de incredulidad… ella me veía con cara una cara llena de lujuria, se mordía los labios. En ese momento se levantó, fue su recámara y me trajo la tanga que tenía en el baño. Me la dio y me dijo «¿qué harás con ella?», la tomé tranquilo, deshice la forma en la que venía para verla su forma. La colgué de mi dedo y le di vueltas, cosa que a ella le dio risa, después de eso la olí y tenía ese olor encantador a hembra, se veían unas manchas blancas en la parte del puente, Miriam se dio cuenta y me dijo, «eso fue ayer pensándote».

    Me moví hacia ella, le di un beso tierno el cual correspondió y después todo se tornó en pasión y locura, le quité la blusa y el pantalón, su bra y el panty que tenía y le puse la tanga, la volteé para que se metiera bien ese hilo en medio de sus enormes nalgas, separé sus piernas y comencé a comerle sus labios. Estaba ardiendo, ya tenía muy mojada su cosita y la devoré como si fuera la última vez que lo haría.

    Miriam me detuvo y fuimos a su habitación, ella me acomodó en su cama, me dijo que me pusiera cómodo y que la esperara; me quité la ropa y, mientras llegaba, se despertó mi lado fetichista y buscaba si tenía algo aún más candente que esa tanga, y lo encontré; un liguero con tanga de color morado, no encontré un top que le hiciera juego. Me acosté en su cama e inicié a masturbarme con su liguero, cuando regresó ella fue la sorprendida al ver lo que hacía. Ni siquiera preguntó, se quitó la tanga, me quitó su liguero y se lo puso, buscó algo en su clóset y era el top que hacía falta.

    La tanga la recogí del piso, estaba caliente, húmeda, tenía un olor más de hembra. Me tomó de la mano y me llevó a su cama, esa mujer me tenía loco, no sabía por dónde empezar, pero ella si. Tomó mis huevos y empezó a tocarlos con sus uñas, luego con sus dedos; los tomó como si fueran canicas con sus manos y se los llevó a su boca, tomo mi pene y lo hizo hacia arriba mientras me masturbaba, acaricié su cabello mientras mi mirada estaba perdida en el techo de su habitación y justo en ese momento sentí la calidez de su lengua y cada vez me iba metiendo en su boca.

    No soy como varios de aquí que dicen que tienen 20 cm, la verdad no, uno tiene que se honesto con ustedes y con uno mismo; pero lo que tengo Miriam me lo comió tan rico, con lengua le daba vueltas a mi trozo, se lo sacaba y se lo metía a placer en su boca y al mismo tiempo me seguía acariciando las bolas.

    Se puso de pie y me abrazo, con el total de mi estatura puesto le llego a sus pechos, siempre a la altura de la circunstancias, y sentía su calor… antes de quitarse el top me dio su teléfono y me dijo que le tomara algunas fotografías, y lo hice. La hice posar de cualquier forma erótica posible pero siempre con su coordinado, así me excitaba más verla.

    Justo después de eso me pidió que dejará su teléfono, cuando volteé ella estaba en cuatro pero en ese momento no quise penetrarla, «no traigo protección», le dije, a lo que respondió que eso no importaba. Además de usar protección con sus clientes ella tomaba la pastilla por aquello que ocurriera un accidente en su «trabajo». Me subí a la cama de rodillas, hice la tanga a un lado y primero le metí un dedo en su tesoro que a la luz del sol que se colaba por la ventana estaba brilloso por los fluidos que desprendía, Miriam desesperada me pidió que ya la penetrara… y lo hice.

    Me aproximé a ella y le puse la cabeza a en sus labios babosos, empujé despacio pero el calor de su vagina me enloqueció y se la metí toda, ella solo soltó un ligero gemido. Posé mis manos en sus nalgas, ella se comenzó a tocar y la comencé a bombear. A ella le agradaba, a mi me agradaba, acariciaba sus nalgas al momento que aceleraba mi ritmo de vaivén, le dije que se recostara y así lo hizo, abrí mis piernas de tal manera que ella quedó justó debajo de mi y seguí dándole. Miriam estaba vuelta loca, mordía su almohada y con sus manos arrugaba las sábanas de su cama, dentro de ella sentí un chorro que su vagina producía, en ese momento soltó un largo gemido acompañado de un «así, chiquito».

    No lo sabe, pero eso despertó a mi otra personalidad que tengo durante el sexo, una agresiva en lo físico pero al mismo tiempo emocional, le di vuelta y me puse de rodillas, ella se me montó, la abracé de la espalda baja y ella a mi de mi cuello, ambos nos movíamos de manera muy coordinada, nos entendíamos a la perfección. Empujaba mi cuerpo hacia ella y la jalaba hacía mi, ella se hizo hacia atrás junto con otro largo gemido, este más potente que el anterior.

    Le seguí dando y cuando sentía que iba a terminar se lo dije, pero ella se aferró a mi y entre gemidos y gritos me pidió que terminara dentro, era tanta su pasión, y la adrenalina que tenía que continué hasta que la tomé más fuerte y justo en la salida del primer chorro pegué un grito y ella gritó, «¡Si, chiquito, lléname de tu leche, guapo!» En lo que terminaba y haber escuchado eso me provocó una sensación de estremecimiento en los huevos, algo que no había sentido a lo largo de mi vida sexual, llegué a ver estrellitas mientras llenaba a Miriam de mi leche.

    Quería salirme, pero no me dejaba, me tenía aprisionado con sus piernas. La situación me dio risa, yo estaba encima de ella mientras nos dábamos otro largo beso.

    Al final ya no fui al cine y de las múltiples veces que sonó su teléfono no contestó ninguna, dejó de trabajar ese día por mi, y es algo que hasta la fecha le he valorado. Esa noche la pasé con ella, cogimos otras dos veces más hasta que de plano ya no pude sostener otra erección.

    Han pasado 3 meses desde ese día y hasta la fecha cada sábado repetimos, quisimos ser discretos pero el sexo es tan bueno que no pudimos, al menos los vecinos no saben que es otro vecino quien se la está pegando… y si lo piensan, el que menos se imaginan.

  • Mi madraza

    Mi madraza

    Otra de aquella época entre mis dieciocho y veinte años. Mi abuela se fue de viaje y justo ese día me accidenté con una bicicleta, fracturándome el antebrazo derecho. Mi madre estaba ya de vuelta en casa y pudo auxiliarme. Terminé obviamente con el brazo enyesado o escayolado o como se diga. Ya en los días siguientes estuve solo en casa y me las debí ingeniar para comer y otras actividades. Mi madre regresaba de trabajar a la media tarde y en ocasiones la esperé para almorzar. Tres o cuatro días después me preguntó si me había podido duchar y le respondí que no.

    -Sí, supongo que se hará dificultoso, me dijo.

    -Es verdad… ni siquiera lo intenté…

    -Deberemos solucionarlo para que puedas higienizarte. Veremos la forma de no mojarte esa parte del brazo y seré yo quien te bañe.

    -Mamá. Es que… me avergonzaría…

    -Cómo? Oye: sé que ya no eres niño y físicamente te has desarrollado. Pero bueno, eres mi hijo y no ha de ser extraño volver a verte desnudo como cuando eras bebe…

    -Es que…

    -Ya. No seas tonto y preparemos la bendita ducha… que ya si no empezarás a oler mal… Ja!

    Preparó el baño, mi ropa y me llamó.

    -Si puedes ir quitándote ropa, hazlo… yo me pondré el traje de baño para no mojarme el vestido.

    Me fui desabrochando el pantalón y como pude lo bajé. El slip me lo dejé y me fui quitando la camisa. En tanto ella regresó. Acostumbrado a verla de vestido, en bikini se me antojó que tenía físicamente mucho.

    -No te quitas todo? -me preguntó.

    -Me dejo el calzón…

    -Ya, ya. Igualmente deberemos lavar todo, dijo mientras sonreía.

    Me puse bajo la ducha que estaba deliciosa. Mantuve el brazo levantado y lo sostuve en la mampara para evitar que se moje. Ella me fue enjabonando la espalda, el pecho, todo…

    -Ya niño… que te quito esto para poder higienizarte todo. Y sin esperar respuesta me bajó el slip hasta los tobillos. Me quedé mirando el techo y a la expectativa de lo que vendría. Sentí el contacto de su mano y el jabón. Dejando corre agua me lavó a conciencia, corriéndome el prepucio para higienizarme mejor. Entonces lo que más temía empezó a suceder. Tanto frotamiento jabonoso me produjo una erección incontrolable.

    -Epa, dijo…

    -Ya, madre… que me avergüenzas más!

    -Solo dije epa!… y no veo a santo de qué has de avergonzarte. Eres humano, eres joven y lo que te pasa es natural…

    Se fue demorando en el lavado y yo cada vez más empalmado…

    -Gero… mi niño, mi bebe… tienes una bella herramienta. Bien me lo dijo tu abuela…

    -Qué???!!!

    -Bueno, bueno… yo lo sé. No te apenes ni culpes a tu abuela. Si ella me lo hubiera ocultado sí que me habría ofendido…! Además me tranquilizó saber que lo hayas hecho con ella. Me dio más tranquilidad, más seguridad…

    -Yo no quería… no sé si quería…

    -Tonto… supongo lo habrás disfrutado…

    -Sí, claro…

    -Ah, por cierto… doña Martha y la profesora Rebeca también quedaron conformes…

    -Eso también sabes!?

    -Claro, hijito… qué pensabas.

    Me sentí como un tonto. Mientras tanto ella me seguía frotando la verga y ya yo estaba que explotaba.

    -Mamá… ya déjala… está limpia!

    -Eh? Ah, claro… pero que dura se te puso! Tú que, por lógica, no puedes controlar esa erección y yo que vengo de abstinencia… Tampoco puedo ni quiero controlarme, mi niño… te la voy a chupar!

    -Mamá… por favor no…!

    -No, claro… aquí no porque estarás con ese brazo cansado…

    Tomó una toalla y me secó todo.

    -Ni me demoro en vestirte, dijo, ven… a mi habitación.

    Fuimos y me ayudó a recostarme. Se quitó el traje de baño. La verdad tenía unas muy hermosas tetas. Una mata de pelos apenas cubriendo la raja. Se dio la vuelta para mostrarme también el culo todavía y el firme par de nalgas que portaba. Mi verga se agarrotó! Se vino hacia mí que estaba a la expectativa y ansioso. Había tirado la vergüenza lejos. Me la estuvo sobando unos instantes. Vino con su lengua y le dio varias lamidas. Luego ya directamente se la engulló y entró a saborearla.

    -Mamá, voy a…

    Solo me miró para guiñarme un ojo. Solté la leche y realmente mucha. Era tanta que se le escapó por la comisura y la juntó con un dedo.

    -Deliciosa, bebe… me gustó mucho!

    Estaba tan cargado que la verga casi ni se me aflojó. Además de que mi mami me la siguió lamiendo y eso la mantuvo excitada.

    -No te pediré que te me subas porque no podrás apoyar el brazo. Mejor subo yo.

    Se me colocó a horcajadas e hizo jugar la cabeza de la pija en su entrada. Después la ubicó y se dejó caer para penetrarse.

    -Aaah! Cuanto tiempo si probar esto. Te adoró mi niño, te adoro!

    Se movía subiendo y bajando. Me cogía de maravillas y lo disfrutábamos… Las paredes de su vagina apretaban mi miembro y consentían cada vez más profundidad. Sentía el fuego en sus carnes hambrientas! Ella respiraba cada vez más rápido, más ansiosa. Cuando ya casi bramaba de placer se quitó de mí y en una fracción de segundo colocó su concha sobre mi cara, sobre mi boca. Saqué lengua hasta de donde no tenía para lamerla y penetrarla. Lamí y chupé hasta que aulló su orgasmo y una catarata de jugos me llenó la boca. Un delicioso torrente que no desaproveché en nada.

    Se tiró a mi lado aún con la respiración agitada para quedarse en reposo aferrando mi mano libre.

    -Hermoso fue parirte… pero más hermoso es que ahora entraras por donde saliste. Con mucho placer y ya sin dolor!

    -Hermoso que lo sientas así, mamita…

    Se volvió hacia mí para darme el primer beso en la boca. El primero porque nos quedamos besando. Con los labios cada vez más abiertos y las lenguas retándose a duelo. Mi mano sana se lanzó a sus tetas y con ella fue mi boca tras abandonar la suya. Se las chupé, sorbiendo y dando suaves mordiscos, lo que la volvió a poner en estado de deseo. Ya mi pobre y atareada mano izquierda bajó hasta la entrepierna mojada para que dos dedos le cogieran la concha. No solo ella se había vuelto a excitar. Yo también volví a quedar totalmente empalmado. Se incorporó para ponerse en cuatro patas arriba de la cama.

    -Prefieres arrodillarte o pararte en el suelo?

    -Parado… le respondí.

    Entonces giró y sacó el culo hacia afuera de la cama. El lecho era alto y entonces su sexo me quedaba a la altura justa. Otra vez me la tuve que manejar con la zurda que justamente no era de lo más diestra. Ella se dio cuenta y trajo una mano hacia atrás. Tomó mi verga y la apuntó a su concha. Después empujó hacia atrás para penetrarse. Cuando la tuvo dentro, apoyó las dos manos en la cama para impulsarse en un vaivén erótico y profundo. A cada retroceso suyo respondía empujando en una penetración profunda y placentera. Desde arriba le podía ver el ano chiquito y cerrado. Dejé caer saliva y se lo mojé. Con un dedo se lo froté, empujando despacito hasta insinuar la penetración. Cuando mi dedo venció la resistencia, se lo alojé culo adentro y empecé a jugarle lentamente. Gustosa arrancó otro movimiento de caderas, mostrando aceptación.

    -Ya te transformas en vicioso por el culito? Ya me demostrarás si con tu abuela aprendiste bien la lección!

    -Quiero mostrártelo ahora…

    Más saliva y jugos de su concha vinieron a reforzar la lubricación. Le apoyé la pija justo a la entrada e intenté empujar.

    -Ya sé que no puedes aferrarme por las caderas… Solo sostenla firme y yo me encargo.

    Así lo hice. Ella se separó bien las nalgas con ambas manos para luego venir hacia mí. La cabeza de la verga abrió las carnes y le invadió el culo. Se detuvo.

    -Si alguna vez lo hice, ya no me acuerdo y me duele un poquito. Vamos despacio!

    Empujó otro poco hacia atrás y su ojete devoró varios centímetros más de poronga. Fue hacia adelante y regresó por más, hasta que se la tragó toda. Desde arriba yo no hacía más que deleitarme con lo que veía: su culito hermoso enfundando y desenfundando mi verga. Además, claro, del placer que me daba el ajustado roce de sus carnes. Tal faena me fue llevando al borde cada vez más próximo de la acabada.

    -Te daré mi leche en la cola, le dije…

    Ella se quedó un momento quieta y con toda la verga enterrada en el ojete. Después volvió a ir y venir cada vez más rápido. Hasta casi sacarla para volver a encularse a fondo. Todo hizo que no aguantara mucho más y le soltara el polvazo! Cuando me sintió eyacular se pegó a mí, buscando la más profunda penetración y moviendo sus caderas. Gimió entre suspiros al alcanzar un nuevo orgasmo sin tocarse y solo por la penetración anal.

    -Me has dado la enculada de mi vida, amor… La sentí como nunca!!!

    Durante los días que mi abuela estuvo ausente, casi diría que me mudé a la habitación de mamá. Que dicho sea, la compartían ellas. Llegaba mami del trabajo, almorzaba, se duchaba y nos brindábamos al sexo. Algunas noches nos quedábamos dormidos hasta la mañana siguiente.

    Cuando la abuela regresó, todo volvió a la rutina conocida…

    Gerónimo68

  • Los inicios de mi relación sexual con mi madre (Parte 3)

    Los inicios de mi relación sexual con mi madre (Parte 3)

    Cuando me acosté en mi cama me quedé pensando en que habré hecho mal para que mi madre, mi amor cambiara tan repentinamente de ideas, ya que todo estaba bien en la mañana, pero luego pensé que no debía preocuparme tanto ya que obviamente ella sí quería continuar con la relación pero los estereotipos no la dejaban. Y por eso pensé en irme poco a poco, sin presión, esperando que su instinto animal predominara y no se pudiera resistir a tener sexo conmigo.

    Así que al siguiente día no ocurrió mucho y todo fue normal, pero la cosa cambió un día después ya que como como dije, eso fue lo que pensé, no lo que llevé a cabo, y es que no sé si así seamos los hombres o sólo yo pero tengo unas ganas de sexo tremendas.

    Por eso mismo, ya en la noche de ese mismo día me entraron las ganas y una tremenda erección, tenía las hormonas al mil y me hicieron ir al cuarto de mi madre, quien estaba viendo videos en el celular acostada en la cama (no porno si se lo imaginaban, ella ve videos con títulos súper llamativos y morbosos o de animales perritos, gatitos, etcétera). Llegué vestido pero se me notaba bastante la erección y para no ser tan obvio, solamente me incliné un poco como para ver qué estaba viendo pero realmente era para que al inclinarme mi pene tocara su brazo para ver cuál era su reacción. Y tuvimos un diálogo similar al que viene a continuación:

    – ¿Qué estás viendo?

    – Nada, ¿Qué haces despierto?

    – Pues es que no me dejas dormir (yo refiriéndome a la erección causada por pensar en ella)

    – Sí, ya perdón, voy a apagar esto y ya a dormir.

    – Ma, ¿sobre lo que pasó ante ayer…?

    – ¿Qué? ¿Quieres hablar de eso?

    – Pues sí, un poco, ¿qué va pasar?

    – Pues nada, ya dijimos qué sí y qué no la vez pasada y dijiste que estabas de acuerdo, no me intentes cambiar la jugada.

    – No, no, y sigo estando de acuerdo, pero me refiero a cómo y cuándo…

    – ¿Cómo y cuándo qué? ¿Cuándo lo podemos hacer?

    (Cuando me dio esa respuesta, me relajé un poco, estaba súper nervioso y con miedo de lo que me iba a decir, por eso no le pedí sexo directamente, no sabía cómo dirigir la conversación)

    – Sí

    – Pues cuando quieras, sólo que no esté muy cansada.

    – ¿Y estás muy cansada?

    (Se tardó en contestar, como que pensó la respuesta)

    – Sí, algo, hoy no

    – ¿Segura? Ve cómo me tienes. (Me pegué la ropa al cuerpo para que se marcara más mi pene)

    – Sí, ya lo vi, te sentí, ¿cómo no lo iba a sentir si me lo arrimaste en mi brazo?

    – Perdón madre

    – Sí, ya vete a dormir, mastúrbate y ya para que se te pasen las ganas, lo haremos otro día.

    – Bueno, pero por lo menos ¿me puedo masturbar aquí?

    – Bueno está bien, ándale pues y luego a tu cuarto.

    – Muchas gracias madre mía, y le besé la frente.

    Me bajé el pantalón nada más ya que duermo sin calzón o cuando hace mucho calor desnudo, la mirada de mi madre fue directo a mi pene, lo cual me excitó mucho ya que como conté en la primera parte me gusta el nudismo y que me vean así, me agarré el pene como para empezar a masturbarme y me dijo:

    – Cierra la puerta, no vaya a vernos tu hermana

    Me di la vuelta, la cerré y continué masturbándome en frente de mi novia, como soy precoz no me quise ir muy rápido e iba haciendo pausas, ella se dio cuenta y me preguntó que por qué le tuve que contestar y además ya me sentía en confianza como para decirle ese tipo de cosas y me dijo «Hay hijo, hay amor, ya estaremos trabajando en eso después, yo te enseñaré, pero mientras sigue masturbándote viéndome». Cuando me lo dijo, pensé que obviamente le estaba gustando, así que me acerqué, le dije «déjame verte» y le quité las sábanas solo por la parte de arriba para descubrir su torso, me di cuenta que usaba un top sin brasier, con tirantes delgaditos y con la parte del pecho sin cubrir mucho, pero no importó ya que hice los tirantes a un lado para verle todas sus tetas, se las empecé a tocar y me encantó, me preguntó que si me gustaban, obviamente le dije que sí, que me encantaban y al parecer a ella también porque dirigió su mano a su vagina y se la empezó a tocar, así que pensé que ese era el momento y yo también llevé mi mano derecha a su vagina mientras me seguía masturbando con la izquierda.

    Yo la quise empezar a masturbar como fuese pero afortunadamente o desafortunadamente, tomó dos de mis dedos y solamente los estuvo frotando por fuera, yo se los quería meter pero no me dejó. Luego, ella tomó mi pene y me empezó a masturbar y yo con mi izquierda tocando su teta, así que ya los dos teníamos las manos ocupadas, mi mano derecha en su vagina y la izquierda en su teta y ella una en mi pene y la otra guiando a mi mano derecha. Eso me dio mucha excitación y me hizo eyacular instantáneamente pero ahora sí, eyaculé una buena cantidad y con fuerza, casi como la primera vez adentro de su vagina, sólo que esta vez lo hice encima de sus tetas y eso como que la tomó desprevenida pero me siguió masturbando y me lo apretó duro pero muy rico hasta que sacó la última gota de mí.

    Luego de descansar un poco, le dije que me había encantado y le di un beso en la boca, cuando nos separamos me dijo que a ella también pero que le avisara antes de eyacular, que ya me fuera a dormir en lo que ella limpiaba todo mi semen de sus tetas. Y la obedecí, me empecé a poner el pantalón para salir cuando veo que se levanta y se termina de destapar la cintura y me doy cuenta que el top que traía era en realidad algo como un baby doll pero sin transparencia ni nada, como que no era erótico, pero definitivamente dejaba ver bastante, además de lo que describí de sus tetas, le llegaba como antes de la mitad del muslo, así que enseñaba mucha pierna y cuando pasó adelante de mí, vi cómo sus nalgas se marcaban en esa ropita que parecía comprada en una tienda erótica.

    Eso me excitó mucho, que pensé en hacerlo otra vez, pero ya mi pene estaba flácido, me dolía un poco por cómo lo apretó y pensé que no iba a querer así que solamente me conforme con darle una nalgadita y decirle, «adiós madre hermosa».

    Y eso fue toda la tercera parte, o el tercer día más bien de sexo con mi madre.

    ¿Qué les parece lo nuevo que le puse que fueron como un guion con los diálogos, digo no son exactamente los mismos pero son lo que recuerdo, creo que ocupan mucho espacio pero dan una idea mejor de lo que sucede, qué opinan?

    Comenten si es que les gustó o disgustó, lo que sea, me interesa saber qué opinan, porque también, ya llegará la parte en la que les cuente a detalle esto pero he tenido las ganas de contárselo a un amigo, sólo que no lo he hecho porque creo que esto no es muy bien visto, igual por eso lo escribo aquí porque es mi única forma de contarlo «anónimamente» y se siente bien.

  • Yo soy la Paca

    Yo soy la Paca

    Me llamo Paca, a mis 23 años había decidido dejar el lugar donde vivía, no era ni más ni menos que un lugar campesino alejado de toda metrópoli urbana, campestre, de pocos habitantes, donde todas las labores eran dedicadas a lo rural, tenía esas ansias de aventura, de vivir, y a pesar de tener novio había decidido ir a la ciudad, por medio del delegado de la cooperativa, el cual me había conseguido un puesto de trabajo en una hacienda a un kilómetro de la gran ciudad.

    Pese a las exigencias de mi novio, decidimos cortar una relación de 5 años. Tenía esas ansias de desenvolverme en la ciudad, conocer gente, vivir esa sociedad actual, aquí me sentía estancada en un remoto lugar. Mi novio, era trabajado, auténtico virtuoso en el arte de la ganadería, el surcado de tierras áridas y poda con tijera a una mano, así como el ordeño a ambas manos. Cedió, no sin resquemor encolerizado y con reprimendas, como si yo fuera de su propiedad. El destino estaba escrito y partí. Aún recuerdo las peroratas de mis padres, enfrascados en ese pensamiento “la tierra es heredada y hay que cultivarla, lo hemos hecho generaciones”.

    Había leído revistas de moda, quería entrar en ese mundillo de la vida moderna, y no ese “mañana viene la siega, vendrá la máquina”.

    Soy corpórea, mi cuerpo está muy marcado; soy nervuda y sólida, de un tetamen generoso y altivo, de una estatura aceptable, morena de cara angulosa, mis ojos dicen que son como soles. Tengo un culo muy marcado y armónico, soy una mujer con un porte fornido, sin sobrantes musculares de grasa. Muy asentada en el suelo.

    Llegué a la hacienda, desde la cual se divisaba la ciudad, cosa que hizo que el corazón me diera un vuelco, vislumbraba lo ansiado, los vestidos, el ambiente, incluso ese día, mi primer día usaba uno de los tangas que había comprado por correo, incluso me había depilado toda; me molestaba el hilo en la raja del culo, no estaba acostumbrada, pero me sentía más moderna, más mujer, era una sensación de adoración a lo nuevo.

    Fui presentada en la hacienda, el único inconveniente es que durante unos días tendría que ayudar en las labores de jardinería y cuidado de animales, nada que ver con lo que estaba acostumbrada. Además Braco, el capataz te dirá lo que puedes hacer, ya lo he informado —dijo la señora.

    Esperé junto a las cuadras, no tardó en llegar una estridente moto, una Harley, tras ella una polvareda de tierra. Me miró tras sus gafas ahumadas, tenía un cigarrillo en la boca. Su bigote era blanco y espeso. Bajo de la moto con desenvoltura y se quitó el casco y dejo ver una cabellera canosa atada con una coleta. Era muy alto, su rostro era gastado, su frente llena de arrugas. Me escruto tras sus gafas y no tardo en ordenar a un mozo que limpiara a fondo la moto.

    — ¿Tú debes ser la nueva? — dijo en tono autoritario.

    — Sí… sí… — conteste algo nerviosa.

    Entró en la cocheras y mando ordenes, pude oír de su conversación con el jardinero que me mandara regar o algo en que estuviera atareada, el jardinero le dijo que sí, que encontraría alguna tarea para la Paca. Entonces el capataz en tono despectivo dijo “aquí ponemos ese nombre a las vacas”. El jardinero le rio la gracia, no estando seguro si yo lo había oído.

    — No te preocupes Paca, es algo particular el viejo, pero no es mala gente, quizá su tosquedad te habrá impresionado. A veces parece sacado de una película de pistoleros — dijo riendo — ahora ve a regar en el invernadero las macetas.

    Pasé medio día haciendo pequeños quehaceres y al caer la tarde me sentí observada por el capataz a lo lejos, salí del invernadero debido al calor, él estaba en la explanada a unos cincuenta metros, imponente y altivo mirándome de forma descarada. Me sentí incomoda. Aunque mi estupor fue cuando se abrió la bragueta, saco su generoso pene y orino de forma abundante, para después mirarme tras sus gafas ahumadas y dar unas sacudidas al pene. Escupió en el suelo y se fue.

    A la mañana siguiente fui requerida por el capataz, con aire arrogante me dijo que subiera en su moto, que tenía unos quehaceres en la otra finca. Incapaz de reaccionar y cohibida acaté. Notaba el calor del motor de la moto y el sonido del escape de la moto llenaba mis oídos. Me agarre a su chupa y la sensación de libertad era bonita. Paró ante una pequeña cabaña, se quitó las gafas y pude ver unos ojos de mirada cansada pero penetrante. Me dijo que entrara. Su seguridad me abrumaba, pareciera que todo estaba pactado de antemano. Una vez en la cabaña fui tumbada y fui gozada, parecía un toro salvaje, tuve que mamar a fondo, succionar huevos, me aplicó un cunnilingus denso y penetrante. Después me montó en misionero, emitía bufidos roncos al mismo tiempo que me comía la boca, tenía gusto a tabaco, su barba picaba. Se vino dentro de mi, yo también me vine, lo disfrute, pese a lo tosco de la situación. Nada más terminar se vistió y me dio prisa para irnos. Todo era cutre y hortera, pero no sé qué había en mí que no me podía negar.

    A la mañana siguiente era mirada de reojo por el personal de la hacienda, me sentía extraña. Nada más entrar el capataz a la mañana siguiente me llamo a su pequeña oficina. Cerró y se quitó los pantalones quedando su pene como un mástil. Tuve que mamársela un buen rato, me atragantaba, me atenazaba la nuca, al final descargo un líquido espeso en mi boca. Salí con la cara roja, al pasar al lado de un mozo de cuadra me dio un Kleenex y me dijo “quítate el sobrante de los labios” tras una risa conejera. Al tercer día otra vez fui llevada a la cabaña, allí me dijo:

    — Hoy me vas a poner el culo.

    — Nunca lo he hecho — exclamé.

    Y ese día recibí mi primera enculada, fue algo duro, pero lo gocé.

    A la mañana siguiente volví a ser enculada, esta vez en las cuadras, al terminar la jornada.

    Llego el fin de semana y por fin pude ir a la ciudad, fui de compras, todo me parecía enorme, inmenso, elegí unos grandes almacenes y compré un bañador a topos, tanga en la parte baja o como se diga, quería ir a la piscina que tanto había oído hablar en mi entorno, como si fuera un gran océano donde descargar esas ansias de juventud.

    Llegó el domingo, la semana entrante ya entraba en la casa, dije a una de las chicas del servicio si venían, sentían aprensión hacía mi persona. Incluso me llegó a contestar, que no iba con putones… insolente… la verdad. Incluso le enseñe mi bañador e hizo ascos.

    El domingo por la mañana ya estaba en una piscina, había ido con autobús, incluso en el recinto del complejo pude cambiarme. Me cambié en los vestuarios, salí, procuré menear el culo como si fuera una campana, notaba que mis nalgas iban acompasadas, una subía la otra bajaba, iba apechugada. Oí comentarios de mujeres casadas junto a los maridos, tales como “putón” o “puta verbenera”; en cambio los hombres me miraban, me hacía sentir mujer, el olor a cloro me molestaba algo, acostumbrado a ríos y charcas. Me tumbé en una tumbona y me puse unas gafas en forma de corazón que había comprado. Miré de forma lateral tras los lentes y vi que era observada, lo que me hizo sentir segura. Me sobresalto una cara negra, me pedía de forma amable el ticket de la entrada.

    Se lo tendí, en su camiseta anaranjada lucía LIFEGUARD, era el socorrista de la piscina, me miró con simpatía y descaro, lo observé y se fue caminando a paso largo, mirada transversal, seguro de si mismo, al sentarse me dedicó una mirada de seguridad, su pose era altanera, negro como la noche, parecía un animal al acecho. Su compañero en contraste era blanco como la leche, pelo rizado, usaba gafas de cristal azul. Noté que charlaban, me miraban, me sentía el centro de atención. Volvió acercarse el negro, me hizo saber que si necesitaba nada se lo hiciera saber, me veía algo perdida.

    No me lo tomé a mal, era la verdad, me dijo que si quería al terminar la guardia ellos me enseñaban las instalaciones, mi nombre, Paca, le resultaba extraño. Accedí, vi como los dos charlaban, estaban algo nerviosos, cuchicheaban entre ellos. Al llegar su relevo de socorristas, como si les corriera prisa vinieron, está vez los dos, que me harían un pequeño tour o recorrido como llamo el blanco.

    Fui con ellos, éramos observados en el recorrido de la piscina por la gente, niños estridentes con berridos y chapuzones, mujeres cuarentonas con miradas despectivas. Bajamos una pendiente apartada y pasamos tras los motores de la piscina y entramos en un pequeño habitáculo, el negro dijo al otro al oído “es el único lugar factible, sin que se den cuenta”. El negro me dijo que me quedara en el pequeño cuarto, enseguida me enseñaba el sistema. Solo veía cuadros de electricidad y sonido de motores. Pude oír como discutían afuera los dos:

    — Tú estás loco se van a dar cuenta, además la tía tiene actitud pasiva, parece algo retraída — dijo el blanco.

    — No voy a desaprovechar una oportunidad así — contesto el negro.

    — Siempre que quiera, claro — dijo el blanco.

    — No ves que es carne de cañón, imbécil, pide a gritos polla — dijo el negro — por eso, ya que no cabemos los tres, entró yo primero y tú me cubres por si viene alguien.

    — Bueno, date prisa, entonces.

    Entro el negro, el blanco de sus ojos era venoso, me miraba con profundidad, se quitó la camiseta y vi su pecho musculado y negro. Me morreo, sentí gusto a saliva, cloro y olor penetrante a masculinidad. Me bajo la parte del bikini sin quitármelo quedando mis pechos a la vista, lo mismo hizo con el tanga, aparto a un lado quedando la rajita a la vista, me metió un dedo, estaba mojada, entonces metió dos. Se bajó el bañador y dejó a la vista una polla grande, nervuda descapullada y negra.

    — ¿Has probado nunca una polla negra?

    — No… no… — balbuceé.

    De repente entro el compañero, algo nervioso.

    — Hay moros en la costa, ¡empezad ya!

    — ¡Come un poco de polla negra, nena! — me dijo, al mismo tiempo que me bajaba la cabeza y me atenazaba la nuca.

    No podía abarcarla toda, me atragantaba, me venían arcadas, babeaba. Vi que el otro compañero se estaba masturbando mientras miraba nervioso por la rendija de la puerta.

    — ¡Métela ya! Nos van a pillar — dijo el compañero.

    Entonces el negro hizo que me girara y apoyara las manos en la pared ya que el sitio no daba para más. Noté que me apartaba el hilo del tanga y buscaba la altura adecuada para penetrarme.

    — ¡Bájate más Paca! No estoy a nivel de tu coño.

    Me incline un poco más y note que en un movimiento de abajo arriba era penetrada, quedo un momento parado.

    — ¡Dale ya! ¡pistoneala! — dijo apremiante el compañero.

    La embestida inicial hizo que pegara con la cara a la pared, apoye mejor los brazos y volví a sentir otra embestida. La notaba bien adentro. Empezó un alocado mete saca, estaba en frenesí histérico, me empezó a palmetear las nalgas, las abría y me embestía. En roncos bufidos decía:

    — ¡Toma! ¡Toma! ¡Por puta! ¡Flípala! ¡Toda adentro! ¡Aúpa!

    El compañero nos miraba y se pajeaba, suspiraba, sus ojos estaban en blanco. Yo gozaba como nunca, mi respiración era jadeante, empezaba a, grite DAME QUE ME VENGO YA. Entonces el compañero dijo al negro:

    — ¡No te fíes de la puta, no llevas forro, vacía afuera.

    Saco su polla y me abrió el culo, escupió sobre él y me penetro. Fue un dolor agudo, pero placentero, llegó a meterme medio polla y ya se vino de forma abundante con un rugido de león, mi coño también goteaba. Exhausta intente levantarme, pero el compañero me había introducido su polla en mi boca y deslefaba, note la viscosidad, el semen me llego a la garganta. Escupí lo que pude, vi que los dos se subían los bañadores y el negro se colocaba la camiseta. Me invitaron a salir, en un impulso di un beso en la boca al negro, tras el cual me escupió en la cara y me dijo “puta”. Se fueron, me quedé afuera, estaba mareada, me coloqué bien el bikini y el tanga, volví a hamaca. Pronto oí “mira la puta guarra” “no tienen decencia”. Note que me bajaba semen a través del tanga, también llevaba restos en los labios. Entré en la piscina, el tacto del agua era agradable. Pronto una voz me insto a salir, dos guardias de seguridad estaban de pie, al salir me instaron a abandonar el lugar por indecencia pública.

    La suerte no iba conmigo en cuestiones laborales y fui despedida de la hacienda por la también mencionada “indecente” que llevaban por montera. El día de mi ida el capataz me miró y escupió en el suelo.

    Encontré trabajo de camarera en un bar regentado por estibadores, de los cuales me acosté con unos cuantos. La semana posterior al nuevo trabajo y habiendo conocido a una chica me invito a un gang bang. No entendía la expresión, pero pronto me aclaró que era entregarse a un grupo de y hombres.

    Tuvo lugar en una nave usada por los estibadores del puerto. Se presentaron seis hombres, de entre los 20 a los 50 años. Mamé a todos, fui follada y enculada por casi todos durante toda la noche. Mi cuerpo estaba viscoso, apenas podía ver a través de los ojos de tanta esperma. Primero mamaba uno por uno, después tendida en una mesa fui penetrada, casi todos deslefaban encima de mi cuerpo, cara. Después, vinieron las enculadas. Gran experiencia.

    Al año volví a mi pueblo rural, llevaba un bebé con los mismos ojos que el capataz de la hacienda. Mis padres casi renunciaron a mi, aunque no llego la sangre al río, mi antiguo novio ni me hablaba. El señor de la cooperativo que me había encontrado el trabajo en la ciudad vino a verme y me dijo que le habían hablado de mi, que le sabía mal. Solo dijo, lástima que no hubieras vendido tu coño, te hubieras forrado.

    Quizá tuviera razón, pero me siento puta por devoción, convicción y decisión propia.

     

  • Maricarmen

    Maricarmen

    Hace años en mi pueblo paraba yo en una taberna para jugar la partida a las cartas con los amigos y tomar unos vinos, era la taberna del Rojo, así le llamaban al dueño porque era comunista. La taberna tenía los asientos hechos con troncos de eucalipto y las mesas con tablas sacadas de pinos, lo mismo que la barra. Era un sitio pequeño, no tendía más de diez metros de largo por seis de ancho y tenía una ventana que daba a la carretera.

    El Rojo era hermano de mi esposa y era un bicharraco, muy alto, tan alto cómo feo, era feo de cojones, y de cara. Su mujer, Marta, era guapa, cómo guapa era la hija, Maricarmen, la apodaban la Larguirucha, porque medía un metro setenta y cinco. Maricarmen era morena, de ojos color avellana, tenía media melena y un tipazo. Vestía casi siempre pantalones vaqueros tan ceñidos que parecía que cualquier día su prieto culo los iba a reventar, y cuando llevaba camiseta, siempre, pero siempre, se le marcaban los pezones en ella, unos pezones que eran cómo garbanzos. No era de extrañar que la tienda siempre estuviera petada de hombres. El Rojo usaba a su hija cómo gancho, y ella se hinchaba cómo un pavo al ver cómo los hombres la miraban con lujuria, todos menos yo. Yo iba a lo mío y sí, la miraba al entrar, pero después me olvidaba de ella, incluso cuando iba a la barra a pedir un vino, se lo pedía a mi cuñada, ya que el Rojo se sentaba con los clientes a jugar la partida a las cartas.

    Mi historia con Maricarmen empezó un día en que andaban en España con la campaña electoral de 1989. Llegué a taberna por la tarde para tomar un vino. La taberna estaba desierta, solo estaba Maricarmen, sentada detrás del mostrador. Mi cuñado y mi cuñada andaban de campaña.

    Se levantó, y con una sonrisa en los labios, y sin yo pedirle nada, me puso un vino tinto. Eché mano al bolsillo para pagarle, y me dijo:

    -Deja, hoy invito yo, tío.

    De pie, delante del mostrador, mirándola a los ojos, le pregunté:

    -¿Y eso?

    -Me apetecía hacerlo. ¿Te puedo hacer una pregunta?

    -Claro que sí.

    -¿Por qué no me miras cómo me miran los otros hombres?

    -Una porque estoy casado, y dos, porque eres mi sobrina.

    -No hay lazos de sangre entre tú y yo.

    -Cada uno es cómo es.

    -¿No te gusto?

    -No es cuestión de gustos, es cuestión de ética

    -Entiendo. Si cambias de opinión el sábado voy a estar en la discoteca del Ramal.

    -No sé bailar.

    -Yo creo que sí, creo que tienes experiencia suficiente para ponerme a bailar.

    Me tomé el vino antes de irme para coger mi Seat 1430 que tenía aparcado enfrente de la taberna, le dije:

    -Eres una cabeza loca, Maricarmen.

    -¿Vendrás?

    -No.

    Esto ocurrió en viernes, al día siguiente, a las once de la noche entré en la discoteca, costaba 1000 pesetas. Yo tenía derecho a una consumición y ellos a romperme la cabeza con el volumen de la música. Fui a la barra y pedí un cubata de ron. Aún no me lo había servido el barman cuando sentí una voz a mi espalda que me decía:

    -Has venido.

    Me giré y vi a Maricarmen. Vestía con unos pantalones vaqueros y una blusa blanca escotada que dejaba ver el comienzo de unas grandes tetas. Calzaba unos zapatos de tacón alto que aún la hacían más alta de lo que era, le dije:

    -La tentación era muy grande. ¿Quieres tomar algo?

    -No, acaba que nos vamos.

    La muchacha tenía prisa. De dos tragos acabé el cubata y nos fuimos. En el auto, le pregunté:

    -¿A dónde quieres que vayamos?

    -Sorpréndeme.

    Ya había hecho mis planes. Si las cosas salían cómo las pensara la llevaría a Xiabre, un monte que estaba a unos cinco kilómetros de allí. Encendí el coche para llevarla a un sitio del monte donde fuera a merendar varias veces con mi esposa. En él había un pequeño campo de hierba y un pequeño embalse.

    Por el camino me fue metiendo mano. Sin llegar a quitar la polla del pantalón me la puso dura cómo una piedra.

    Nada más parar el auto en el monte le metí un morreo que la dejé sin aliento. Sentí al besarla cómo temblaba ella y cómo le temblaban los labios. Estaba cómo asustada. Abrió la puerta del auto, y sonriendo con nerviosismo, me dijo:

    -Bañémonos en el embalse.

    Bajé del auto. Maricarmen se quitó la blusa y cómo no llevaba sujetador vi sus tetas grandes y redondas, con areolas casi negras y gordos pezones. Al quitar el pantalón y las bragas blancas con flores azules vi el bosque de vello negro que rodeaba su coño… Desnudos, nos metimos en el pequeño embalse por el lado que no cubría. Riendo, comenzó a chapotear en el agua para salpicarme. Me acerqué a ella con idea de follarla allí mismo. La besé de nuevo. Mi polla se metió entre sus piernas y rozó su coño calentito y mojado de jugos mientras la besaba, mejor dicho, mientras me besaba ella a mí bajando la cabeza, ya que era más alta que yo. Al rato le comí las tetas, unas tetas que estaban cómo mi polla, duras a no poder más. Maricarmen gemía. Estaba caliente, caliente es poco, estaba hirviendo. Cuando la quise penetrar se separó de mí, y me dijo:

    -Sin meter, solo besos y caricias.

    Sentí cantar al chotacabras mientras veía su cuerpo de ninfa bajo la luz de la luna. Si no podía follarla la saborearía. Me agaché y lamí su coño. Abrió las piernas y no tuve que hacer mucho… Con la lengua entrando y saliendo de su coño y lamiendo su clítoris, descargó una corrida espectacular. Caían sus jugos mucosos cómo en una pequeña cascada cae el agua. Sus piernas temblaban. Yo estaba cómo en un sueño, cuando me dijo:

    -Lo siento, tío.

    Al acabar de correrse, bajó la cabeza. Estaba avergonzada. Sin decir palabra echó a andar hacia el coche. Fui tras ella. Sentados en los asientos, abrí la guantera y saqué una botella de vino tinto y dos vasos.

    Maricarmen, al ver que se me había bajado la polla, se sintió mal.

    -Lo siento, debí decirte que quería jugar solo con besos y caricias.

    Serví dos vasos, le di uno, y le dije:

    -Tranquila. ¿Sabes hacer una mamada?

    -No, nunca antes había estado con un hombre, pero me gustaría aprender a hacerla.

    -Yo te enseño.

    Bebimos los vinos. Salimos del auto, cogí una manta en el maletero y la eché sobre la hierba. Me eché boca arriba sobre ella, y le dije:

    -Ven.

    La polla la tenía baja. Se echó a mi lado.

    -¿Qué hago?

    -Cógela, métela en la boca y chupa.

    Hizo lo que le dije y al ratito la polla estaba tiesa. Solo podía meter en la boca la mitad. Le dije:

    -Lame mis pelotas, aprieta la polla y mueve las manos de arriba a abajo y de abajo a arriba.

    Aprendía rápido y le estaba gustando, ya que al salir aguadilla del meato gemía cómo si se la estuviera comiendo a ella. Poco después, le dije:

    -Mete la polla entre tus tetas y fóllamela con ellas.

    Maricarmen se sentó sobre mí y después me hizo la cubana más dulce de mi vida, no porque la supiera hacer sino porque su coño mojado sobre una de mis piernas se movía al compás que yo le marcaba con mi polla aprisionada entre sus tetas. Acabó soltando las tetas y derrumbándose sobre mí mientras su coño volvía a desbordar, esta vez sobre mi pierna izquierda. Volvió a decir, esta vez a mi oído:

    -Lo siento.

    Al acabar de correrse, me dijo:

    -Métame la puntita, tío.

    Tampoco quería que lo hiciera a contra gusto. Le pregunté:

    -¿Estás segura?

    -Sí, tío, aunque después me arrepienta.

    Siempre fui un goloso respecto a las corridas de las mujeres, y si eran copiosas cómo las de mi sobrina me volvían loco, por eso le dije:

    -Antes me gustaría volver a beber de ti. ¿Quieres correrte en mi boca de nuevo?

    -Sí, tío, me encantaría.

    Le di la vuelta y le volví a comer el coño. Mi sobrina, fuera por la novedad, o por lo que fuera, en nada se volvió a venir. Esta vez, sí dijo:

    -¡¡Me corro!!

    Al acabar la dejé descansar. Ya sabía que me dejaba meter y me lo tomé con calma. Fui al coche y cogí la botella de vino, sin vasos ni hostias. Me senté sobre la toalla y a morro le mandé un trago. Se la ofrecí y le mando otro trago bastante generoso. Puso la botella sobre la hierba y me preguntó:

    -¿Qué te parezco cómo mujer?

    -De lo más sexy, si no lo más sexy que me he encontrado.

    Se le dibujó una sonrisa en los labios.

    -¡¿De verdad?!

    -Tan cierto como que hay día y noche.

    La besé y le comí las tetas, bien comidas, tan bien comidas que cuando dejé de comérselas tenía los pezones que parecían pitones.

    Al meterle la cabeza de la polla en el coño se quejó:

    -¡Ay! Me duele.

    La saqué y le lamí por vez primera el periné y el coño. Sin decirle nada se dio la vuelta y se puso a cuatro patas.

    Le lamí y le follé el ojete con la punta de la lengua. Volvieron los gemidos, y las ganas de ser penetrada.

    -Métela un poquito.

    Le volví a meter la cabeza. Ya no le dolió tanto. La saqué y jugué con la cabeza de mi polla en la entrada de su ojete. Me sorprendió al decirme:

    -Métemela un poquito en el culo.

    Le metí la cabeza y le volvió a doler.

    -¡Ay! Saca, saca.

    Se la saqué. Le comí el coño y el culo. La puse perra, perra, perra. Tanto como para decirme:

    -¡Métemela donde quieras, pero métemela!

    Le metí la cabeza en el coño, se la quité y se la metí en el culo. Después se la metí en el coño hasta la mitad. Entraba apretadísima, pero ya no se quejaba. Acabé por clavársela hasta el fondo. Gemía, pero sus gemidos no eran de pre orgasmo. Dejé de acariciar sus nalgas y de coger sus caderas y llevé mis manos a sus tetas. Me volvió a sorprender.

    -Sácala y métemela en el culo.

    -¿Hasta el fondo?

    -Hasta el fondo.

    Apretando sus tetas se la fui clavando en el culo. No sé si le dolía o no, lo que sé es que después de llegar al fondo, en el momento que empecé a sacársela le comenzaron a temblar las piernas y de su coño volvió a salir una pequeña cascada de jugos mucosos. Había tenido un orgasmo anal. No acabara de correrse y se la clavé en el coño… Le acabó un orgasmo y le comenzó otro, y otra vez a desbordar. No pude aguantar más, la saqué, le di la vuelta y se la metí en la boca. Maricarmen, temblando se fue tragando mi leche pastosa y calentita.

    Ahí tuve que descansar yo. Pero había despertado el monstruo sexual que llevaba dentro mi sobrina… Hasta las dos de la madrugada se corrió tantas veces que la última vez que se corrió casi no soltó jugos. La había dejado seca.

    No se arrepintió de haber follado conmigo. De hecho repitió varias veces, incluso después de echar novio y después de casada.

    Quique.

  • Mi esposa me dio por el culo

    Mi esposa me dio por el culo

    Era muy difícil para mí pensar en que alguien me diera por el culo. Nunca se me hubiese ocurrido, con todo y que lo escuchaba en video en las redes, de boca de algunas amigas vacilando pero nunca imaginé que lo permitiría.

    Pasé la adolescencia, los noviazgos y luego ya maduré y me casé.

    ¿Y cómo fui convencido de dejarme hacer?

    Estaba tranquilo en cama, mientras Susana, mi mujer me pegaba una mamada de esas que solo ella saber dar, cuando sentí como me metía sin avisar un dedo en el orto. Me sorprendió y me molestó tanto que no pidiera permiso como el hecho de ser penetrado, pero me quede quieto y la dejé, la sensación de sorpresa, paso a una sensación placentera que incrementaba el placer de la mamada que me estaban haciendo. Paso de un dedo a dos dedos ya tres esa misma tarde. La cosa estaba sintiéndose delicioso. En otras ocasiones pasamos a mangos de cepillo y pequeños consoladores que ella, Susana traía a la cama. Así disfrutamos los dos por mucho tiempo.

    Un día Susana se le ocurrió comprar sin decirme nada un arnés con un falo de silicona largo y grueso,

    Esa afortunada noche, Susana llego de su trabajo, cenamos algo, se ducho y luego nos metimos en la cama, su cuerpo se veía estupendo debajo del claro satín de su sexy pijama, yo como siempre estaba solo en mis boxers.

    Mientras se terminaba de preparar para acostarse me miraba de lado y me tiraba uno que otro guiño y besos, la veía algo picarona, me avisaba que la íbamos a pasar rico en un momento.

    Se acercó a la cama se sentó en su lado y abriendo su mesa de noche saco una bolsa negra de terciopelo, la fue abriendo despacio, yo no sabía que había en la bolsa, la abrió finalmente y saco de ella un arnés completo con correas y un a verga que válgame dios. Jamás habíamos usado algo así, igualmente yo ya tenía erección de puta madre. Lo puso a un lado y quitándome los boxers con una mano, con la otra agarro mi duro miembro y se lo metió en su preciosa boca. Mientras yo le sobaba la cabeza y tocaba sus senos que colgaban de su pecho, los pezones rígidos y achocolatados me invitaban a que los disfrutara.

    Susana, se metió mis huevos en la boca, los mordió suavemente, los apretó, paso sus dedos por mi culo, salte un poco se sentí rico el roce s de los dedos por el área perianal, se metió sus dedo en la boca y luego lo introdujo suavemente en mi trasero. Al rato me puse encima de ella y baje por su abdomen hasta llegar a su depilado coño, pase mi lengua por su clítoris, solo olía al jabón de jazmín de nuestra ducha, enterré mi cara entre sus piernas y me comí ese divino coño como si fuera la última vez.

    Se corrió deliciosamente, yo todavía estaba empalmado, duro y arrecho. Me dijo me pusiera en cuatro, que iba a jugar con mi culo, se agacho y empezó a morderme las nalgas, me lamio y luego metió su lengüilla en mi ano, la hacía brincar suavemente excitando los nervios de entre mis nalgas. Cogió algo de lubricante y aceito mi ano con un dedo y luego dos, con la otra mano jaloneaba mi verga.

    No sé en qué momento se había puesto el arnés, solo me di cuenta que lo tenía puesto cuando la sensación de sus dedos desapareció para ser remplazada por algo un poco más duro y con una fuerza detrás de él. Despacio metió, la cabeza del consolador y suavemente me fue empalando, hasta tenerlo todo a dentro, era algo extraño y duro, un poco más grande de lo que estaba acostumbrado, Susana, estaba cumpliendo su fantasía de cogerme un hombre, empezó a sacarlo y meterlo suavemente, para luego acelerar mientras me pajeaba con una mano mi entumecida verga.

    Ya con las dos manos en mis caderas empezó a darse gusto y a darme duro y rápido,

    Mi culo estaba en fuego, las sensaciones eran increíbles, estaba que me corría, siendo culeado, por mi Susana, le dije que me iba a venir y más duro me dio, me jalo la verga rápidamente con una mano hasta que me vine estruendosamente. Cogió mi semen en su mano y lo metió en su boca para luego darme un beso don compartimos el fruto de su acelerada arrechera, al haberme culeado.

     

  • Trío con las amigas

    Trío con las amigas

    Esta es una de las mejores experiencias sexuales que me han pasado y no porque fuera un trio con dos mujeres, sino porque era con dos de las mujeres que más me han gustado y excitado en esta vida.

    Erika ya me había dicho que le gustaba Cindy y que quería un trio entre nosotros, yo también buscaba la ocasión, pero no se podía, hasta que quedamos en tomarnos unas cervezas.

    Fuimos al departamento de Erika ella traía una minifalda negra luciendo sus piernonas una blusa café escotada y sus botas, Cindy llevaba una licra café y una blusa negra, los tres estábamos tomando y platicando, reíamos y hablábamos de todo hasta que la temperatura subió.

    Erika y yo comenzamos a besarnos, Cindy nos miraba y sonreía, yo le acariciaba las piernas a Erika, Cindy estaba confundida, pero seguía mirando hasta que me lancé a besarla.

    Ella no se disgustó, mientras Erika se quitaba su blusa y su bra, se lanzó a acariciarle las piernas a Cindy, las manos de Erika subían desde sus pantorrillas hasta las nalgas firmes de Cindy quien por su parte me despojaba de la camisa.

    Nos fuimos a la cama yo le quitaba la blusa a Cindy y nos continuábamos besando mientras Erika me despojaba de mis pantalones y mi trusa, acostamos a Cindy entre los dos, la desnudamos, besábamos todo su cuerpo desde sus pies hasta su frente. Erika la besaba deliciosamente mientras yo me perdía en sus ricas tetas.

    E: ¡Ya quería estar con los dos!

    C: ¡Que rico, no esperaba esto, pero que rico!

    L: ¡Es un sueño! tenerlas a las dos aquí

    ¡Ya desnudos los tres ambas comenzaron a chuparme la verga! la lamian delicioso al mismo tiempo se besaban, yo estaba en la gloria dos mujeronas mamándome mi verga, yo gozaba. ¡Erika acomodó su vagina en mi cara y yo comencé a chupársela y Cindy continuaba comiéndose mi verga!, la tragaba completa mientras Erika le acariciaba las tetas y se las chupaba.

    L: Cindy sigue mamando ¡uf que rico!

    E: ¡Cindy eres la mejor!, me encantan tus tetas

    C: Son unos calientes, ¡pero que rico!

    Ahora le comía su concha a Cindy mientras Erika devoraba mi verga, observaba como Cindy besaba a Erika y le comía las tetas, hicimos un trenecito yo se la chupaba a Cindy, Cindy a Erika y Erika a mí, estábamos con la boca ocupada mientras ellas comenzaban a escurrir ¡me preparé para penetrarlas!

    Acosté a Cindy y le levante las piernas se las abrí y se la deje ir suavemente mientras Erika le besaba sus tetas, yo con mis dedos estimulaba su clítoris, puse a Cindy en patitas al hombro y mientras se lo metía Erika daba mamadas a mi verga y a su pucha.

    E: ¡Saben delicioso!

    C: ¡Ah Luis!

    L: ¡Cindy bebe que rico coño!

    Cambie y ahora era Erika quien acostada recibía mi verga mientras Cindy empinada en un 69 con ella lamia nuestras partes, ¡pase a ponerlas en cuatro! Ambas se juntaron y primero penetraba a una y con mis dedos estimulaba a la otra ¡mientras ellas se besaban!

    E: ¡Que rico Luis Cindy son los mejores!

    C: ¡Ah! Erika tú también eres fabulosa!

    L: ¡Las dos lo son nenas!

    ¡Ellas decidieron tijeretear un poco! Se entrelazaron y juntaron sus vaginas, ¡sus movimientos eran ricos y mientras yo les daba verga en la boca y tomaba videos y fotos!

    C: Dios ¡que rico!

    E: ¡Mami muévete que rica pucha!

    ¡Las acosté una encima de la otra y mientras sus vaginas seguían raspándose yo metí mi verga en medio con nuestros movimientos podía penetrar a las dos al mismo tiempo, dos ricas vaginas húmedas juntándose y comiendo mi verga!

    C: ¡Ah! Luis así!

    E: ¡Me encantan!

    L: ¡Nenas son las mejores!

    E: ¡Que rico! ¡Así! ¡Muévete tú también Cindy!

    C: Gózame nena!

    Nuestros movimientos subieron de intensidad hasta que ya no aguantamos más y nos venimos, ¡yo me vine en sus vaginas!, mientras ellas se juntaban y salían sus fluidos.

    E: ¡Ah! que rico!

    C: Llénanos de leche!

    Reposamos un rato y continuamos cogiendo, a veces cogía solo con una, mientras la otra miraba y a veces ellas cogían y yo miraba, fue una noche maravillosa y los tríos que tuve con ellas fueron ¡maravillosos!

  • El mejor amigo de mi papá

    El mejor amigo de mi papá

    Una tarde llegué a casa y encontré a mi viejo en la sala tomándose un par de rones con un señor que no conocía, un hombre maduro, canoso, pero se veía en forma y muy bien puesto. Mi padre me lo presentó como su amigo, un amigo que yo no había conocido antes. Me quedé mirándolo un poco más de lo normal, el tipo podía ser mi padre, pero estaba bueno. No sé por qué pensé de esa manera y en ese momento.

    Charlamos un rato de cosas vanas, y muy generales, al rato me despedí y me fui a mi alcoba en la parte de atrás de la casa. El amigo de mi padre siguió visitándonos a menudo, nos mirábamos, sobre la mesa de las cenas, los almuerzos y demás. Me excitaba cuando lo tenía a mi lado, los labios mudos de mi vagina, solo atinaban a temblar y humedecerse cada vez que lo tenía cerca.

    Uno de eso días, ya unos meses después de conocerlo, llegó a casa, tocó el timbre y preguntó por mi padre, mi padre no estaba, así que me dijo que necesita unos papeles de la oficina en casa de mi papá, le permití seguir y él siguió hacia el estudio donde lo escuché abrir y cerrar cajones buscando lo que necesitaba.

    Al salir le invité a sentarse y conversamos sobre trivialidades, no sabía cómo seducirlo. Se levantó para irse, lo acompañé a la puerta, y cuando se volteó para darme un beso de despedida, volteó mi rostro y le di un beso en la boca. Se apartó, me miró y me agarró por la cintura y me comió mis labios, mi lengua, que beso, que beso.

    Cerramos la puerta, y besándonos caminamos por el pasillo hacia mi alcoba, cerramos la puerta y seguimos besándonos y tocándonos por todos lados, a donde nuestras traviesas manos llegaran.

    Nos recostamos sobre el sofá de mi alcoba, y lentamente, mientras me besaba el cuello y los hombros me fue quitando el pequeño vestido que llevaba puesto, luego me quitó mi brasier, que liberó mis pequeños senos, los cuales acarició dulcemente mientras me mordía los pezones. Que rico se sentía.

    Bajó sus manos por mi abdomen, siguiendo hasta mis piernas, muslos, rodillas, me tocaba por todos lados sin siquiera prestarle atención a mi caliente coño. Sus dedos se metieron entre mis interiores y rozaron los labios depilados de mi vagina. Yo solo le agarraba la cabeza y pasaba mis manos por su espalda.

    Mi coño parecía una destilería desbordante de miel y jugos de cuca joven.

    La tensión era fuerte también no sabíamos en que momento mis padres regresarían a casa.

    Nos pasamos a la cama, me acarició mi cabellera, mientras con la otra mano jugaba con uno de mis erguidos pezones. Me besaba y ya bajaba la mano hacia mis húmedos calzones, pasó la mano por encima frotando lo que ya había tocado por debajo de la fina tela.

    Metió los dedos entre la tela y la piel y me fue liberando del candado que esa ropa semejaba. Bajó su cabeza, inhaló el olor de mi coño, y lamió suavemente sobre esos labios que a gritos sordos pedían ser lamidos, comidos, mordidos.

    Mis piernas temblaban, los dedos de los pies apuntaban hacía la pared del frente tensos, pero la sensación de sus labios y lengua sobre mi coño era inimaginable.

    Encontró mi clítoris y le dio un latigazo de lengua, lo mordió, grité, y me cubrió la boca con su mano, le mordí los dedos, mientras seguía recibiendo el sabroso sentir de sus caricias en mi vagina.

    Se fue subiendo hacia mi rostro, besándome todo pequeño espacio de mi piel, llego a mis parlantes labios, me besó y me dijo que me iba a penetrar, sacó él mismo su pene de entre sus ropas, y acercó ese falo de placer a la boca de mis vaginales labios, metió la cabeza y siguió un poco más fuerte hasta tenerme empalada en su sexo.

    Me empujaba con su verga, dura como una piedra, y al mismo tiempo suave como un pétalo de una rosa, yo gemía suavemente, mi coño no lo soltaba, y él seguía dándome deliciosamente.

    Acelero sus movimientos y yo movía mi cadera al unísono, ambos estábamos ya casi al borde de venirnos, el ruido que producíamos era casi nulo, esperaba ser sorprendida por mis padres, y aunque no soy una menor, todavía vivía en casa a los 21 años. Seguimos acelerando y le dije que se viniera dentro de mí, nos venimos juntos y el lleno de su caliente liquido las entrañas de mi vagina, mi útero sentía el golpe de su cabezote, mientras seguía metiéndomela duro y más rápido.

    Caímos rendidos y no podíamos tomarnos nuestro tiempo ya el riesgo de ser descubiertos era muy grande, nos levantamos, y entre beso y caricia nos vestimos, y salimos hacia la sala, en ese momento llego mi padre y el amigo muy rápidamente le dijo que acababa de llegar a buscar los papeles y que ya se tenía que ir, se volteó, me guiñó un ojo, y se fue, dejándome satisfecha y con ganas de volver a hacerlo con el amigo de mi padre.

  • Chocolate por mis agujeros

    Chocolate por mis agujeros

    Les cuento, desde que me he acostado con mis ‘amigos’ negros en mi cabeza rondaba la idea de probar hacerlo con ambos a la vez, quería probar doble penetración de majestuosas pijas, saber qué se siente tenerlas dentro al mismo tiempo, las películas porno interracial que he visto me calentaban y acrecentaban el querer coincidir con ellos en una buena sesión de sexo.

    Había dos problemas, Toby no sabe que ya tuve sexo con Josh, si bien Toby es degenerado en la cama, muchas veces me había dicho que no quiere compartirme con otra persona al mismo tiempo, es un tanto celoso, sabe que no solo me folla él, es más, en ocasiones se lo hacía recordar, varias veces tuve sexo con él después de haber sido cogida por mi jefe, en cambio Josh es más tranquilo, era el más fácil de convencer, el único detalle es que Toby no se entere que ya había tenido relaciones con Josh, eso es para evitar problemas entre ellos y ni siquiera sé porque importa eso siendo que Toby también se acostó con Valeria y esta con Josh, o sea, nos cogimos todos.

    Para poder acostumbrar mi cuerpo al posible hecho de estar con ambos, fui a comprar de un sex-shop el dildo doble XXL, una vez que llegaba a casa, antes de dormir, le ponía el preservativo lo lubricaba en abundancia e iba probando posiciones para poder meterlo todo, me costó tener ambos a la vez en principio, iba probando por el ano y luego metía el otro en la vagina, me era más incómodo así, me resultaba más placentero meterlo primero en la vagina y el otro después por el ano, luego de la primera semana pude sentir que ya era más fácil la penetración, para la segunda semana ya me lo metí todo y me masturbaba hasta llegar al orgasmo con mi juguete, mi cuerpo flexible ya no sentía incomodidad alguna, estaba lista para ser perforada por ellos, a pesar de tener mucha experiencia de sexo, sentía algo de temor estar con ambos a la vez, aguanto súper bien sus penes de forma individual, pero los dos a la vez ni me imaginé, ni siquiera sabía si podría convencer a Toby de hacerlo con Josh, la imaginación casi no me dejaba pensar en otra cosa que no sea coger con ellos.

    Ya tenía todo para poder cumplir con mi deseo, solo bastaba convencer a ambos para hacerlo, llamé a Josh y le pedí si podíamos vernos porque quería charlar con él, nos encontramos en el centro, le hablé de otras cosas antes, le pregunté si él ya había hecho trío, si que opinaba de eso y me contestó que nunca lo había hecho, pero que si se da, no tendría problemas, «te animás a hacerlo conmigo?» le pregunté, «la verdad que ya me había imaginado hacerlo contigo» me respondió, eso me sacó una sonrisa de oreja a oreja, «y con quién haríamos?» preguntó, «quiero que me lo hagan con Toby» contesté, se quedó callado, y me dijo que él no tiene problemas, pero que a Toby no sabía si le agradaría la idea, «le voy a convencer» le dije.

    Ya en mi dpto. de vuelta, escribí a Toby al WhatsApp, le pregunté que tal estaba y otras cosas antes de mi propuesta, «te puedo proponer algo?» le pregunté, «si, qué cosa es?» contestó, «ya sé que no es de tu agrado, pero quiero que vos me cumplas esta fantasía que tengo» le escribí, «decime» contesta, «mira Toby, mi deseo es estar contigo y Josh al mismo tiempo, quiero un trío con ambos, querés?» le pregunté, tardó casi 20 minutos en responder «no, no quiero compartir», «seamos maduros, sabés que no cojo solo con vos cómo para que me digas que no querés compartirme, tengo sexo con varios, pero si cambias de opinión, avísame, a Josh le gustó la idea» le contesté, «claro que a él la va a gustar para poder cogerte, mi respuesta es no», ni siquiera se imagina que Josh ya se alojó dentro mío en varias oportunidades.

    Esa semana empecé a pensar cómo convencerlo, en una de esas noches masturbándome con mi doble dildo XXL, se me ocurrió enviarle una foto metiéndome el consolador hasta el fondo, «se ve rico, pero no caeré» fue su respuesta, seguí pensando que hacer, primera vez que debo suplicar a un hombre para que me coja en trío, ya me estaba molestando eso, en ese momento pensé que si le enviaba fotos mías con mi jefe cogiendo, tal vez de pichado acepte para no quedar atrás, «nunca dejaste que te penetre sin condón y a él le dejas hasta que termine dentro tuyo» contestó, tiene razón, nunca le permití a él que me lo haga sin protección, muchas veces incluso se enojaba por no poder hacerlo, la situación ya me cansaba, pero tenía razón, no sé porqué no quería que me eyacule adentro, les soy sincera, tiene el cuerpo descomunal, su pija es enorme, pero de rostro es más feo que pegarle a la madre, creo que por eso no dejé que me llene adentro.

    Ya había encontrado su talón de Aquiles, si quería conseguir mi objetivo debía sacrificar la protección con él, después de pensarlo me decidí «si aceptas voy a dejar que me penetres sin protección y eyacules donde quieras, ambos me lo harán sin protección, quiero sentirte adentro dándome tu leche» le escribí, «donde quiera?» contestó, ya sabía adónde iba, pero no lo había considerado, recordé que muchas veces me repetía que quería que le chupe hasta eyacular y que me lo trague, no tenía ni tuve problemas para hacerlo con otros, ni siquiera la primera vez que lo hice, he hecho muchas cosas en la cama, me cogieron personas mayores, jóvenes, me han eyaculado el ano, la vagina, la cara, la espalda, cuello, tetas, incluso me orinaron por todo el cuerpo, ya no había cosa que podría no hacer, pensé un rato y le escribí «si, donde quieras podrás terminar, total los pienso secuestrar durante todo el fin de semana, tendrás muchas partes donde eyacular», «tragarás semen por primera vez» contestó, dijo eso porque para no tomar su esperma, le dije que nunca lo hice y que no me gusta, le mentí para no hacerlo, «los espero el viernes, no traigan mucha muda, no será necesario, todos desnudos y encerrados en mi habitación, otra cosa, yo voy a controlar la penetración, nada de dureza» escribí, «está bien, vos sos la anfitriona» contestó.

    En esa conversación me mojé toda, estaba empapada de calentura y era apenas miércoles, todos los días me masturbaba pensando en el fin de semana, les juro que me mojaba a chorros mientras lo hacía, muchas veces por noche, casi ni dormía, todo el tiempo estaba excitada, acalorada hasta el punto de que me frotaba el clítoris cada vez que iba al sanitario de la oficina.

    Llegó el viernes, salí al mediodía de la oficina, llegué a casa, me desvestí, me depilé para que mi vagina esté presentable, me puse cremas, en fin, me estaba preparando para estar espléndida a la noche, como a las 17 horas, me preparé tragos, estaba tomando ya una buena cantidad, luego de 5 minutos más o menos, llegaron mis sementales, les abrí la puerta, les pedí que hagan lo posible para que no los vean o en todo caso, que los vean pocos, es que siempre estoy sola, nadie me ve en pareja y es obvio que mis vecinos podrían pensar cualquier cosa, aparte mi mamá va a visitarme cada tanto y me molestaría que le comenten que tengo amigos de color, a ella no le gustan, o sea, no le gustaría que me encame con ellos.

    Una vez que entraron, les ofrecí de lo que estaba tomando, les pedí que se sientan cómodos, que se saquen la ropa y se duchen, ellos me miraban de pies a cabezas, yo tenía puesto mi babydoll y una lencería chiquita, no eran visita, no podía esperarlos vestida de nena buena, sabíamos que es lo que pasaría, Josh estaba en extremo callado, en tanto Toby se desvestía sin problemas delante de mí, mientras se aseaban, llevé los tragos a mi habitación esperé que salgan totalmente desnuda tirada en mi cama, Toby fué el primero que salió, se sentó a mi lado y sin mediar palabras empezó a apretarme los pechos y tocarme la vagina, mis manos fueron directo a su pene que ya estaba más que erecto, me recosté bien en la cama, él recorría mi cuerpo con sus manos y lengua hasta llegar a mi entrepierna y hacerme sexo oral, empecé a gemir en cada lamida, Josh se estaba tardando y Tobi parecía que estaba decidido a ser el primero dentro de mi vagina, fue subiendo por mi vientre llegando a mis senos con mordiscos y lengua llegó a mi cuello, en ese momento ya estaba súper mojada, su pene estaba perfilado en la entrada de mi vagina, lentamente fue penetrándome hasta meterlo todo, me levantó las piernas sobre sus hombros y me la hundía cada vez más al fondo, cerré mis ojos disfrutando de placer, se sentía más rico sin preservativo, en plena profunda penetración abro los ojos y tengo el pene de Josh por mi rostro, lo agarro y empiezo a chupársela mientras Toby me la sigue metiendo, sus arremetidas se hicieron más intensas al igual que mis gemidos, en un gran suspiro Toby fue corriéndose dentro y llenando mi vagina con el rico néctar de semen, algo que él siempre me reclamaba en cogidas anteriores, pude ver en su rostro satisfacción al hacerlo «te gusta que te llene la vagina de semen puta» me decía en tanto seguía sus contracciones dentro mío, yo asentía con mi cabeza mientras se la seguía chupando a Josh, aunque la palabra puta no me gusta no dije nada porque ese papel era el que realmente estaba haciendo en ese momento, si, estaba de puta enredada con ellos.

    Toby se sale de mi, podía sentir el semen correrse hacia mi ano, aproveché para acariciarme el clítoris, Josh subía sobre mí y me la metió rico, sabía que estaba por llegar al orgasmo, entre el mete y saca no me aguanté y en medio de gemidos de placer llegué a mi orgasmo, trataba de salirme de Josh por la sensibilidad de mis partes, pero me apretaba contra él, estiré la sábana y la mordía mientras él iba eyaculando en mi mojadísima vagina, estaba en ese momento agitadísima, sabía que Toby ya estaba para continuar, tienen mucho aguante y se recuperan rápido, Josh sacó su pene y Toby me puso de cuatro y me la fue metiendo por el culo, le abría las nalgas con ambas manos para poder meterlo más, entró todo y me lo hundía fuerte tomándome con fuerza de la cintura con una mano y estirándome del cabello con la otra, tenía nuevamente el pene de Josh en la cara, se la chupaba y gemía en cada penetración de Toby, paré y me salí de él, subí sobre Josh y me lo metí en la vagina, Toby volvió a tomarme del pelo mientras volvía a penetrarme el culo, sentí algo de incomodidad al principio, ambos enormes penes estaban adentro de mis agujeros, con bombeos suaves mi cuerpo asimiló y ya no sentí nada más que placer, ambos me cogieron rico, Toby me daba duro y yo cabalgaba sobre Josh en un concierto de gemidos, el placer era más que absoluto, Toby se sale y me pongo de espaldas a Josh para que pueda disfrutar de mi ano, me recuesto sobre él de espaldas ya con su pene en mi culo y de frente Toby me la mete quedándonos cara a cara gimiendo, comenzamos a besarnos y en cada estocada parecía que llegaría de vuelta, algo sublime qué pasó es que los tres casi terminamos al mismo tiempo, primero llegué yo y sentí que Josh estaba eyaculando en mi ano y seguido Toby nuevamente en mi vagina y no pude evitar orinarme toda sobre ellos, sus penes y la forma en que me estaban cogiendo me hizo tener esa reacción, me recosté totalmente sobre Josh, volteé la cabeza y también lo besé, Toby me sobaba los pechos y apretaba los pezones, estaba totalmente anestesiada en brazos de ellos, me apreté los pechos y me pasaba lengua por los pezones ante la mirada de Toby que aún seguía en lo más profundo de mi canal vaginal, eran apenas las 23 horas del primer día que compartí con ellos mi fantasía, nos salimos de la cama, yo no paraba de sonreír, estaba más que dispuesta a seguir toda la noche así, entre a ducharme, me pasaba el jabón por mis partes, estaba súper abierta y el esperma corría por mi entrepierna, me encanta sentir eso.

    En tanto ellos se aseaban, recordé una película porno que vi en una de mis incontables visitas a moteles en donde la actriz hacía terminar a sus machos en una copa y luego se la tomaba, ya saben entonces, era algo que también quería probar con ellos, aprovechando y sabiendo que ambos eyaculan muchísimo cada vez que lo hacen, entonces fui a la cocina, traje una copa de vino cargado, Toby fue el primero nuevamente en venir a mi, lo recosté a mi lado y subí sobre él que ya estaba endureciéndose con él solo hecho de verme desnuda, lo besé y le pedí que me ponga de cuatro y me haga suya de vuelta, nuevamente empezamos a tener sexo y cuando estaba ya por eyacular, me salí y le hice terminar en la copa de vino, él ya sabía mi idea, se recostó cansado en la cama y al volver Josh, me volví a colocar de cuatro y mientras me penetraba, miraba fijamente a Toby, lo estaba disfrutando, le gustaba ver mientras Josh me hacía gemir, «te gusta cómo me cogen negro?» le pregunté mientras gemía apretándole el pene, cuando Josh aceleró su penetración, me salí e hice lo mismo que con Toby, puse su esperma en la copa, me levanté y mirando dolos me fui tomándolo junto el vino… es raro, pero estaba exquisito la mezcla de ambos con el vino tinto… lo saboreé hasta el final… tocándome los pechos y con cara de satisfacción.

    Solo puedo resumir que ese fin de semana nos pasamos cogiendo y en exceso, dejé que terminen donde quieran y hasta me tragué varias veces semen, tanto mi ano como la vagina estaban súper dilatadas y llenas de fluidos, ni a mi jefe le di la hora esos días, me estaba llamando de tanto en tanto, yo feliz cumpliendo mi fantasía, en realidad nunca fue mi idea terminar cogiendo con un hombre de color, mucho menos con dos al mismo tiempo, pero debo reconocer que el tamaño del pene que tienen, me enloqueció hasta el punto de ser casi adictivo en mi vida ahora, con eso no estoy diciendo que disfruto solo con ellos la penetración, siempre disfruto del sexo, en mi grupo de hombres no hay quien no sea rico, pero tampoco me acosté con quien tenga el pene chico, gracias al destino siempre me ha puesto enfrente a personas de buen «corazón» jajaja!, si mi familia se enterará de mis cosas sería fatal, más si saben que me acosté con gente de color, ahí si se arma el drama, pero por lo bien que me va, nadie sabe de nada de mis aventuras, señal de que lo estoy haciendo muy bien.