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  • Mi despedida de soltero (sadonight)

    Mi despedida de soltero (sadonight)

    Faltaba un día para mi boda, y en lugar de descansar me dirigía rumbo a un hotel por Vallejo, me iba a ver con Cindy, ella dijo que me daría mi despedida de soltero y pues obviamente accedí.

    Subí a la habitación que me indico por teléfono y al entrar que grata sorpresa, estaba ella en la cama con unas botas de aguja un corsé negro y una tanga de cuero negra, ¡se veía deliciosa!

    C: ¿Hola como estas? ¡Te tardaste!

    L: Perdón, pero había tráfico, ¿y que es todo esto?

    C: Como ahora tendrás dueña, ¡prefiero despedir tu soltería con algo increíble!

    Se levantó de la cama y me ordeno quitarme la playera, yo la obedecí, comenzó a besarme pasionalmente al ritmo de una música de jazz, de pronto me sentó en el sofá reclinable y comenzó a morder mis pezones, sus mordidas eran rudas, me dolía, pero me gustaba, yo acariciaba sus ricas nalgas, ¡de pronto! ¡Comenzó a morderme todo el pecho y en el momento de adrenalina saco unas esposas!

    Me ordeno acostarme en la cama y yo la obedecí, me quito los pantalones y me amarro con las esposas, su lengua recorría mis pies hasta mi cara, sus ricos labios besaban todo mi cuerpo, saco mi verga ya dura de mi trusa y comenzó a chuparla, la chupaba como desesperada, tragaba toda de un solo golpe mientras sus manos apretaban mis testículos, era maravillosa la sensación.

    L: Cindy que rico lo haces mami

    C: ¿Te gusta? Es tu regalo de bodas.

    L: ¡Debería casarme más seguido jajá!

    ¡Siguió devorando mi verga por unos minutos más, después comenzó a insultarme palabras como pendejo, cabrón, hijo de puta y perro!, llenaban mis oídos, ¡se acercó a una mesa y saco una vela encendida y lentamente se acercó a mí!

    Besaba mi cuerpo y dejaba caer será sobre mí, el ardor era fuerte pero inmediatamente su lengua recorría la zona quemada, hizo eso en varias partes de mi cuerpo, en mis ingles fue más doloroso, ¡pero eso me la ponía más y más dura!

    L: ¡Que rico! pero ya basta!

    C: Ja jajá te acuerdas cuando te dije que me la sacaras de mi ano, ¡jajá es mi venganza!

    L: ¡Jajá eres una perversa!

    Se puso unos guantes negros y se subió a mi verga, comenzó a cabalgarme muy rico, su cadera se movía como licuadora sus tetas eran restregadas en mi cara, comenzó a darme de cachetadas, ¡los guantes que traía puestos me generaban más dolor y en cada cabalgada me daba una bofetada!

    Subía y bajaba de mi palo durísimo, se apoyaba en la luna de la cama para moverse más rico, esos movimientos me hicieron venirme, no pude evitar llenarle la vagina de leche, ella excitada también se escurrió en mí, pero no hubo tiempo de descansar inmediatamente se sacó mi verga y me quito las esposas…

    C: Tu turno papi, ¡hazme tu puta!

    L: ¡Sera un placer amor!

    Tome las esposas, le puse las manos en la espalda y la espose, el corsé negro que tría puesto tenía un cierre en sus tetas el cual abrí para dejarlas salir, esas hermosas tetas comenzaron a ser comidas por mí y decidí hacerle lo mismo con la vela, le dejaba caer será caliente en su pezón, ¡ella gritaba! Lo cual me incitaba a seguir haciéndoselo.

    C: ¡Me quema no seas cruel!

    L: ¡Cállate! ¡Ahora yo mando!

    La bese de forma violenta, ¡le mordí los labios con fuerza que le genere un pequeño sangrado! En la mesa había un “agarra pezón”, parecido a las pinzas de ropa, con violencia se los puse, ella gritaba y en ese momento le metí mi verga en su boca, la tome de las orejas y le comencé a follar su boca, me movía salvajemente, ella esposada y sometida de su tetas solo se quejaba como podía!

    L: Que rica puta, cómetela, cómetela toda puta, ¡uf!

    Seguí fallándole la boca con fuerza hasta que vi como una sustancia parecida a vomito salid e su boca, se la saque y le metí un chupón en forma de pene, atorándoselo de las orejas, ese rompe muelas no al dejaba hablar, la puse en cuatro y con un látigo comencé a darle de golpes, usaba ambas partes primero con la parte de plumas le sensibilizaba la piel y luego le daba un golpe fuerte, estuve haciéndole eso por unos minutos, su espalda ya toda roja y con pequeñas gotas de sangre me excitaba, mi lengua recorría su zona lacerada, al mirarla ella tenía un par de lágrimas en sus ojos, eso me prendió más!

    ¡Dejé descansar su espalda y comencé a darle de golpes en sus nalgas!, le daba puñetazo y latigazos, sus ricas nalgas ya estaban adoloridas, ¡decidí ser más violento y le abrí las nalgas para de un empujón meterle mi verga en su ano! ¡Me movía salvajemente ella gemía, decidí quitarle el chupón y sus gritos y lamentos me excitaban más!

    C: ¡Me duele ya basta, para por favor!

    L: ¡No! Eres mía puta, mía

    C: ¡Ah! ¡Me duele mi ano! ¡Ya basta!

    Sus quejidos me incitaban a darle con fuerza, le jalaba el cabello le daba de golpes en sus costillas, ella gemía de dolor pero el placer la hacía disfrutar el momento, justo cuando me iba a venir se la saque y fui directo a su cara, mi leche la llenaba toda, ella tragaba mi semen y se lamia los labios mientras mi manguera no para de sacar lechita caliente!

    L: ¡Uf! Trágatela amor trágatela!

    C: ¡Eres el mejor Luis!, no dejes de cogerme nunca!

    L: ¡Siempre serás mi puta nena!

    Descansamos un poco, al otro día con todo y moretones y adolorido le di el sí a mi mujer y eso dio comienzo a nuevas experiencias sexuales en mi vida.

  • No hay agenda con el urólogo

    No hay agenda con el urólogo

    ¡No hay agenda! Me respondía la señorita asesora del centro de salud a la solicitud de una cita con el médico el especialista el Urólogo, lo cual no era de extrañarse. Lo sorprendente seria que después de dos horas de camino y otras tres horas de espera para llegar el turno de atención me dijeran “Si Don Ricardo su cita para cuando la quiere” pero esa respuesta nunca la había escuchado y hoy no sería la excepción.

    Por lo que me retire calmadamente por una sencilla razón, la sonrisa de la señorita asesora que muy gentil y toda linda se disculpaba mientras me informaba el inconveniente, se llamaba Alexandra y su gentileza estaba en vuelta en una dulzura que era imposible para mi disgustarme con ella, además su juventud me hacía admirarla aún más, detallándola era una mujer de unos 28 años, de cabello largo negro igualmente delgada con una piel blanca y fresca propia de su juventud que me hacía imaginar su suavidad. Tal vez por eso el ir a pedir una cita se había convertido en un plan, que aunque desagradable por el resultado, era un recreo para el ojo porque no era la única chica bonita tan bien había otra asesora que se llamaba Lady Katherine quien se robaba más de una mirada por su cuerpo armonioso.

    Una señorita de unos 23 años, de cabello largo con iluminaciones, piel blanca y más bien alta, pero sus mayores atributos que no pasaban desapercibidos a pesar del uniforme era una contorneada cadera que hacia babear a más que un paciente. Y particularmente cuando me había tocado su atención de Lady Katherine me había me enfocaba en ver su blusa y no precisamente porque fuera bonita la blusa sino porque hacía ver unos generosos pechos que además entre botón y botón en su torso se hacía una pequeña abertura que permitía ver algo de su brasier blanco lo cual se me hacía agua la boca. Sin embargo Lady Katherine era un poco más seria que Alexandra o más bien presumida, era evidente que le gustaba llamar la atención por lo que era algo coqueta en su andar por los pasillos del centro de salud, generando una que otra mirada morbosa que no a muchas mujeres les caía en gracia.

    Volviendo a mi realidad me devolvía nuevamente a mi vereda en el campo sin la cita asignada como muchos otros pacientes, aunque a diferencia de la mayoría se podía decir que me devolvía un poco revitalizado como si me hubiera tomado a mis 57 años un par de pastillas de viagra, el problema es que no tenía con quien desfogar esa lujuria, solo con una masturbada a solas imaginando como seria fornicar con Alexandra y Lady Katherine dos terneritas que ameritaban ser parte de mi ganado de crianza. Y es que a pesar de mis años aun la herramienta estaba funcionando, solo que pedía a gritos una piel joven, delicada que pudiera acariciar con mis manos grandes y ásperas causadas por mi trabajo duro.

    Así pasaron varias idas y venires al centro de salud una veces me tocaba Alexandra otra veces Lady Katherine pero el día malo era que me tocara otra asesora o lo peor que me tocara un hombre esos días me tocaba conformarme con verlas a la distancia, sin embargo por fin el día menos pensado me asignaron la cita con el Urólogo para el dentro de un mes y menos mal no es que estuviera enfermo sino era el típico chequeo de rutina a mi edad. Así fue que espere mi mes que se me hizo eterno porque ya no tenía excusa para pedir turno en el centro de salud para ver a mis musas de mis fantasías sexuales pero llego el día y muy ansioso me fui para el centro de salud, al llegar una aglomeración de pacientes más que de costumbre muchos de los cuales estaban exaltados gritando improperios contra los trabajadores entre los que estaban mis terneritas lindas que calmadas que hacían lo que podían por seguir trabajando.

    Yo entonces me puse a esperar mi llamado enfrenté al consultorio mientras a bajo en el primer piso se escuchaba los insultos y protestas de los pacientes que en su mayoría eran de extracción humilde que solo tenía esta opción poco onerosa para ser atendidos en el sistema de salud. De repente se escucharon ruidos fuertes por lo que asome a las escaleras donde me di cuenta que la situación se salió de control las personas lazaban objetos y empezaron el vandalismo del centro de salud, una inmensa muchedumbre se había apoderado del recinto y entre la anarquía observe desde el segundo piso que Alexandra se escondía en un armario, mientras que Lady Katherine se convirtió en un objetivó de una turba de machos en su mayoría viejos que pretendía ultrajarla porque comenzaron a corretearla pero Lady Katherine ágilmente esquivo hasta subir al segundo piso en donde rápidamente actué y le dije; “Lady Katherine aquí” y termine adentro de un consultorio encerrado con Lady Katherine y la turba afuera tratando de entrar era evidente que no por mucho íbamos a resistir, y ella solo me dijo; “Gracias! Don Ricardo. Y ahora qué hacemos?” a lo que no supe que responderle porque solo era cuestión de tiempo para que rompieran la puerta y entraran para abusar de Lady Katherine, sin embargo ella vio el teléfono y marco para pedir auxilio al quien le dijo al otro lado de la línea bastante alterada; “Ayúdenme rápido que unos hombres se tomaron el Centro de Salud y me quieren Violar ahora!”.

    Esas palabras hicieron clip en mi cabeza y pensé; “Lady Katherine ya sabe que la van a violar, y porque no puedo ser el primero en su destino” y entonces tome por primera vez el primer turno en atención y me acerque por detrás de ella mientras seguía dando información por teléfono y con la mirada lujuriosa clavada en su cola provocadora y paradita la tome rudamente del cabello solo dándole tiempo decir sus últimas palabras por el teléfono “Me violan” para doblarla a la fuerza contra la camilla del consultorio y a pesar que trato de forcejear Lady Katherine le ganaba en fuerza por lo que fue fácil arrancarle su blusa donde todos los botones brincaron, luego aún más fuerte y rápido le quite el pantalón dejándola en solo ropa interior para ese momento ya estaba deleitándome manoseando su piel fresca y suave mientras que ella no paraba de gritar “Don Ricardo por favor déjeme” “Deténgase!” pero los gritos de afuera del consultorio de la turba que decían; “Suelten a esa perra!” “Es hora de castigarla” me animaron apurarme con el rejoneo y brioso le quite sus tangas blancas corneándola con mi verga que la hizo pronunciar sus primeros gritos agudos, que solo me llenaron de ímpetu para penetrarla desarrollando un empuje frenético que en segundos se doblego la ternera lo cual me dio tiempo de coger, espichar y saborear sus tetas que eran firmes voluminosos de pezón grande que solo fue cuestión de voltearla para chupárselos, para ese momento ella trataba de resistirse pero era solo meterle más fuerza e intensidad al hundirle mi verga para que ella se entregara y comenzara a gemir borrando sus lágrimas de su rostro y teniendo un orgasmo la cual la hizo retorcerse apunta de espasmos como una ramera, dándome la satisfacción completa y además de llenarla apunta de una eyaculación apoteósica que no había tenido en 57 años.

    Y justo a tiempo porque la puerta cedió y de inmediato que sacaron de encima de Lady Katherine que aun aturdida por mi embestida fue literalmente devorada por la turba de machos. Yo solo me subí el cierre vi la ropa interior de Lady Katherine tirada en el suelo la cual recogí como recuerdo y medio de la algarabía escuche a Lady Katherine decir; “Basta! No más!…” Y luego al bajar las escaleras escuche su grito agudo y profundo que retuvo el centro de salud y no era de un pinchazo de jeringa sino de verga era un hecho “La había penetrado otra vez. En ese momento las cosas en el primer piso aún no se calmaban estaban robándose las cosas, mientras yo muy sediento me fui al baño a tomar agua para recuperar fuerzas y al mirarme al espejo del baño me acorde de Alexandra sin mucho pensar me fui a la farmacia que estaban también robando y encontré un viagra el cual consumí ahora tenía una nueva ternerita por capturar lo cual tenía la ventaja de saber dónde estaba escondida, y muy sigilosamente aprovechando el desorden me fue al armario donde estaba Alexandra y le dije; “Alexandra vamos es hora de irnos” pero fue salir del armario cuando se percató que era imposible y ala tratar de devolverse vorazmente la tomo entre mis brazos mintiéndome a dispensario donde al ser más chica que Lady Katherine me resulto aún más sencillo dominarla y con mucho placer a pesar de que con dulzura y algo de ingenuidad aun Alexandra me decía; “Don Ricardo que hace?” a lo cual le respondí; “Voy apropiar tu cuerpo Alexandra” lo cual la altero pero impero mis ganas y con arrojo le arranque cada prenda hasta dejarla desnuda permitiéndome lamer su cuerpo su piel delicada la cual me excito pronto para castigarla con mi herramienta que erguida se clavó en la humanidad de Alexandra la cual no le quedó más remedio que ceder a mis caprichos, segundos que fueron muy fogosos hasta que termine y solo fue cuestión de recoger sus interiores mientras Alexandra solo lloraba desconsolada para marcharme al llegar a la sala de espera me encontré con algunos que habían terminado en el consultorio de arriba con Lady Katherine y me decían irónicamente; “Que buen servicio el que se prestó en el consultorio de arriba” “Toda una profesional” refiriéndose al servicio prestado por Lady Katherine, a lo que conteste también sarcásticamente; “Por fin hubo agenda abierta y aquí abajo Alexandra también tiene agenda” y en menos de nada los pacientes fueron a pedir turno con Alexandra también, mientras que yo me marchaba entre el alborotó a mi vereda pensando; “Valió la pena esperar por esa agenda con Alexandra y Lady Katherine, creo que ya no necesito chequeo con el Urólogo” y luego pensé; “Y qué tal que las haya preñado?”.

  • A gatas sobre el colchón

    A gatas sobre el colchón

    Me coloqué a gatas sobre el colchón, 
    mientras que tú, puesto en pie, me mirabas;
    usaste los brazos, me acariciabas
    la espalda, los hombros; qué sensación. 

    Te acercaste, te bajaste el calzón; 
    la polla aún arrugada me mostrabas. 
    Deseosa, la punta llené de babas;
    reaccionaste, pronto vi tu erección. 

    En la boca me entró todo el cipote;
    tú, te oí, juraste, gemiste, jadeaste;
    ¡ay, madre!: sólo pensé en darme el lote

    con tu ardiente hierro; vibraste, empujaste;
    lamí el frenillo, el glande: «ahh, qué machote»;
    rugiste, te ibas; chupé, me llenaste. 

  • Luego de la fiesta

    Luego de la fiesta

    No fue un día muy diferente al resto aquel en el que lo hice con mi padre.

    Llegué a casa un poco borracho. La fiesta, que le dije a mi padre que asistiría y que probablemente me quedaría toda la noche en casa de un amigo, fue aburrida. Así que fue parcialmente culpa mía que volviera temprano o que regresara.

    Esperaba que mi padre estuviera dormido, así que dejé todas las luces apagadas y caminé en silencio por la casa, pero, por supuesto, me detuve cuando vi la luz que entraba por debajo de la puerta de su habitación. Curioso, probablemente ya pensando que papá estaría haciendo algo sucio, abrí en silencio. Mi padre no se movía, dormía en la silla que estaba en el lado opuesto de la puerta, así que solo podía ver su espalda. Cuando me acerqué, lo vi en la computadora.

    Un video de dos chicos follando. Más raro que eso, era un video titulado «El padre le enseña a su hijo quien manda». Todo mi cuerpo se debilitó y tembló. Y algo se agitó dentro de mis pantalones. En lugar de girarme, mis pies me acercaron más a él. Su pene estaba fuera, flácido y con una cabeza marrón.

    Mi padre tenía unos 44 años. Todavía tenía rastros de un cuerpo atlético que ganó en sus primeros 20 años, pero ahora rara vez iba al gimnasio. Piel blanca y cabello negro, a veces no podía creer que todavía no hubiera encontrado a otra mujer, ya que era más guapo que yo.

    Yo sacudí su hombro.

    «Papá, despierta».

    Cuando mi padre abrió los ojos lentamente, mi mano estaba en su polla. Estoy seguro de que se tomó poco tiempo para entender lo que estaba pasando, porque su rostro se volvió hacia la computadora y mi mano en su polla, y sus ojos se volvieron enormes. Pero aguanté mi inseguridad y seguí acariciando su pene.

    «Te excitan estas cosas», dije, mientras tomaba su polla y la acariciaba como si no pudiera soltarla. Su miembro comenzó a levantarse mientras yo subía y bajaba mi mano.

    Vi como la polla de mi padre crecía entre sus piernas. Continuó hasta el punto de que sentí un extraño deseo, me puse de cuclillas y use mis dos manos para masturbarlo, él de repente gimió y unos minutos después ya estaba chupando bruscamente su pene. Él sostuvo mi cabeza y me ayudo, todo sucedió muy rápido.

    «Lo haces muy bien»

    «Chúpalo, hijo. Sí, así».

    Yo me sentía orgulloso por sus palabras y escuchaba sus gemidos aumentar.

    Papá me miró como un sueño hecho realidad.

    El me hizo levantarme y comenzó a besar mi cuello, lo que me dio un escalofrío. Respiro fuerte en mi oído y, sobre todo, inhaló mi olor.

    «Ahh! papá». Fuimos hasta su cama, mi polla se frotaba en su vientre con el movimiento que nos llevó lentamente al lugar donde lo haríamos y donde me dijo que pensaba en mi constantemente.

    «Eres un chico tan grande ahora».

    Las manos de papá sentían mi culo insistentemente, explorando lo que más deseaba. Entonces le dije que no estaba preparada porque siempre me atrajeron las chicas y solo tuve relaciones solo con mujeres. Asintió y mientras se quitaba la ropa yo me preparaba para él. Culo arriba, estilo perro.

    Un dedo en mi apretado agujero me hizo saltar. «No te preocupes, no voy a hacerte daño».

    Ahora mi padre estaba metiendo su lengua en mi interior, poniendo su cara entre mis nalgas. Me dijo que sabía muy bien y le di las gracias con torpeza, mientras sus manos fuertes dejaban marcas rojas en mi trasero por los golpes que le dio. Yo era tan claramente su objeto en ese momento, objeto de mi propio padre

    Papá me extendió en la cama, su lengua lentamente se abrió camino a través de mis bolas y polla. Su boca era caliente. Me gustó tanto que casi me corrí, pero le advertí y se detuvo en el momento adecuado. Me tomó el culo con sus enormes manos y lo abrió una vez más. Lo escuché escupir y más tarde sentí la sensación de humedad en mi agujero. Se frotó la saliva con un dedo y realizó movimientos circulares.

    Gemí

    «¿Qué pasa, hijo?» Él dijo. «¿Puedes sentir lo mucho que te amo? ¿Es eso?»

    Miré hacia abajo entre mis piernas y vi la brillante punta de mi polla en la que se filtraba un poco de líquido que cayó sobre la cama, haciendo una marca húmeda. Otro fue justo detrás de esta. Mientras miraba fijamente, me lamí los labios. Papa se detuvo Y algo nuevo presionó mi culo, más grande que su dedo, más duro que su lengua. Cerré los ojos con anticipación.

    La presión me hizo pensar en cómo se sentiría una chica al ser follada, y me pregunté si mi padre estaba disfrutando. Supuse que si, ya que era mucho más apretado que cualquier putita. Quería que mi viejo disfrutara.

    «Vamos, papá… puedo soportarlo».

    No sabía si eso era verdad. Mi agujero se abrió para la cabeza y me entro cada centímetro que mi padre puso dentro de mi, dedos presionaron sobre mi piel, me quedé quieto. No sabía qué hacer a continuación, me estaba follando. Su larga y dura polla entró un poco, papá comenzó su entrada y salida.

    Cerré los ojos con fuerza, mordiendo la almohada. Mi cuerpo agradeció el sexo, ni siquiera me importó quien hizo el trabajo de hacerme sentir así, simplemente lo disfruté. Mi papá me golpeó el culo, dejando una buena impresión de su palma. Sus manos tocaron cada parte expuesta de mi cuerpo.

    Le devolví la mirada, cuando las estocadas se hicieron más rítmicas y me acostumbré al doloroso placer de ser frotada en la próstata a través de mi culo. Papá me miro y me dijo cosas sucias, lo que me animó. Empujé mi trasero, tomando todo. Gracias a Dios, nadie vivía con nosotros, alguien probablemente nos escucharía si caminaban por fuera de la habitación, tal vez de la casa.

    Papá se dio cuenta de que estaba en necesidad y me dijo que podía masturbarme. Así que lo agarré, tratando de masturbarme mientras el me follaba.

    -«Hijo a partir de ahora lo haremos todos los días»

    -«Mmm ahhh aaaa siii siiii haré lo lo… que quieras papá»

    Luego saltó sobre mí, cayó sobre la cama y me cogió de costado, levantando mi pierna con su mano derecha. «Oh, Dios, hijo ahora eres mío», dijo. Sus palabras me volvían loco. Su cosa se deslizó dentro y fuera muy rápido, lo que no me permitió pensar racionalmente en absoluto. Moví mis muslos tratando de seguir su velocidad, invitándolo a seguir follando. Era lo mejor que me había pasado. La culpa y la vergüenza podrían joderse en este momento.

    Podía sentir que iba a ser el mejor orgasmo incluso antes de tenerlo. Pero luego sentí que la explosión venía de mis bolas y mi polla lanzo esos chorros de leche blanca, hasta el punto en que se convirtió en un flujo transparente, más débil y más líquido. Mi padre frotó suavemente mis pelotas y el área entre ellas y mi trasero.

    Cada parte de mí se sentía amado, gire la parte superior de mi cuerpo y miré a su cara y lo besé, mientras él me la metía de la manera más romántica desde que comenzó esta loca experiencia, me encantó aún más. Sabía que se estaba esforzando, tenía la cara roja y sudaba La fricción de los golpes y el agujero que envolvía al miembro de mi padre era tan buena como cuando comenzó.

    Esa noche miré a los ojos de mi padre mientras se corría en mi vientre. Me besó y se echó encima de mí. Ninguno de nosotros quería decir nada, así que solo lo toqué y lo acaricié como si fuera un novio que realmente necesitaba atención. Susurré cosas bonitas mientras sus labios chupaban mis pezones, y deseaba poder estar en su cabeza en ese momento, para saber lo que estaba pensando mientras me dejaba tocarlo como si estuviera cuidando de él.

    En un momento dado, puso su cara en mis hombros, brazos alrededor de mí como esos grandes abrazos que solía darme cuando era pequeño, y su nariz olfateó mis axilas. Lo miré, solo para ver su intención en esos ojos, no estaba interesado en apartar la vista del pequeño lugar debajo de mi brazo. Le dije que probablemente no estaba oliendo tan bien, pero él me dijo que tenía el mejor olor del mundo. Abrí el área que tenía más de unos pocos pelos, pero a mi padre no le importó.

    A la mañana siguiente, me desperté con el pensamiento de que había eyaculado mi padre dentro de mi boca y mi trasero. No fue un sueño. Ahí estaba, desnudo en su habitación y en su cama, sintiendo una constante punzada de dolor en mi ano. Papá se había despertado antes .Miré alrededor de la habitación vacía y solo parpadeé. La puerta se abrió y su cara me sonrió.

    «Buenos días, hijo. Me voy al trabajo. El desayuno está listo. ¿Estás bien?»

    Se suponía que la última pregunta no significaba nada, pero los ojos de papá cambiaron de alguna manera, mientras me miraban. Sabía que podría destruirlo si no utilizaba las palabras correctas.

    «Te estaré esperando» le dije.

  • Relato real de mi primera vez como chica tv

    Relato real de mi primera vez como chica tv

    Mientras me terminaba de maquillar con mucho cuidado, delineando cuidadosamente mis ojos, me preguntaba cómo era posible que estuviera en esta situación: labial intenso y brilloso, pestañas postizas dobles, peluca larga castaña, base de maquillaje y rubor, toda una princesa, sí, pero en realidad un arquitecto de 44 años, esperando al hombre que me haría mujer por primera vez.

    Con los nervios a tope, las manos temblando, di el último toque a mis labios y revisé nuevamente el último mensaje de texto que tenía recibido, Diego llegaría en cualquier momento a mi cuarto de motel. Me había dado instrucciones claras de cómo recibirlo, así que me fijé en el espejo para comprobar que estaba lista: baby-doll blanco muy pegadito, con una tanga con encajes y listones, también blancos y unos tacones plateados de 15 cm, como toque final un tocado como de novia que había encontrado en una tienda de disfraces… me sentía toda una recién casada a punto de entregar su virginidad.

    Caminando con mis altísimos tacones, me dirigí hacia la puerta del cuarto, con el corazón latiendo apresuradamente, lista para obedecer las instrucciones de este hombre con el cuál llevaba más de seis años chateando: tenía que salir a abrir el portón del cuarto, para que cuándo llegara el taxista me viera, vestida de putita esperando a su macho.

    ¡Que nervios! pensé mientras el portón iba subiendo lentamente después de activar el botón de apertura, nunca me había atrevido a exhibirme así en “público”, así que cuando terminó completamente de abrir, ahí me encontraba yo, un profesionista exitoso y casado, vestido de mega zorrita con mis taconazos y en lencería blanca. Finalmente el taxi arribó, con un señor ya de edad avanzada manejándolo, y que con sorpresa me vio y bajó rápidamente la mirada, mientras Diego bajaba del auto y le decía en voz alta: ¿linda la putita no?

    El taxista hizo mutis y apresuradamente se alejó del cuarto, mientras Diego me observaba en el quicio de la puerta con una mirada cargada de lujuria. Se acercó a mí y me dio un beso apasionado, que me hizo derretirme: ¿qué tenía este hombre ya maduro, mucho más maduro que yo, que me hacía sentir como una adolescente? El beso continuó mientras sus manos acariciaban mis nalgas casi desnudas, mientras me decía: que linda noviecita, estás preciosa.

    Cerrando la puerta del cuarto, comenzó el proceso que terminaría con mi virginidad, besos lujuriosos, miradas encendidas, me sentía como una nena sexy y deseada; Diego con su virilidad a top desde el momento que llegó me dejó claro que él era el hombre, el señor, mi macho, con su miembro de tamaño mucho mayor al mío, dejándome claro que comparado con el suyo, lo mío era solamente algo lindo y femenino. Muéstrame tu cosita amor, me ordenó con mirada segura, mientras yo hacía a un lado mi tanguita, para mostrarle mi pequeño miembro, erecto ya pero sin alcanzar siquiera los 11 cm; mmm que linda cosita, me dijo mientras la acariciaba suavemente, ya viste que chiquita se ve al lado de la mía, me decía ronroneando, sabiendo lo mucho que me excitaba tenerla muy pequeñita, de nena.

    Muéstrame como te has estado preparando para mi amor, me ordenó con voz firme pero suave; así que procedí a ponerme en cuatro puntos, mientras yo pensaba ¿cómo has pasado Marisol, de ser una chica tv de closet que solo se vestía como hobby, a estar abriéndote el culo y metiéndote uno, dos y finalmente tres dedos frente a un hombre? ¿Cómo has pasado de decir que solo te gustaba vestirte y nada de hombres, a estar en lencería, excitadísima, lista para tu primera penetración?

    Feliz de haberle demostrado a mi hombre que había estado preparándome para él, me volteé con una mirada entre sumisa y libidinosa, mientras me volvía a dar un beso apasionado, al tiempo que casi sin darme cuenta, colocaba una almohada en el piso y me tomaba de los hombros para posicionarme de rodillas frente a él; sin decir palabras, se desabrochó la bragueta y me puso su miembro frente a mis labios: ponme un condón amorcito, y ya sabes que hacer. Así que con algunos leves forcejeos, procedí a colocarle el condón y de inmediato su mano guio mi cabeza hacia su verga, comenzando a mamársela como una loca.

    Diego me empujaba la cabeza para que intentara abarcársela toda con mi boca, pero era complicado, mi falta de experiencia y su tamaño, me provocaban leves arcadas por lo que preferí mamársela despacio y con calma, pasando la lengua a lo largo y hacia la cabeza. ¡Cómo me encantaba chupársela!, eso me hacía sentir tan femenina, arrodillada, vestida de novia, saboreándolo completamente, como tantas veces me habían hecho a mí, pero esta vez yo era la nena, de rodillas, sumisa, comiéndole el miembro a mi hombre, dándole placer.

    Después de chupársela durante un buen rato, Diego me levantó anunciándome que era el momento de proceder a limpiarme a detalle, antes de ensartarme a fondo: mencionó que ya estaba lista pero quería dejarme bien limpiecita para que ambos disfrutáramos aún más la cogida que me iba a poner. Yo seguía sin poder creerlo, la forma en la que me dominaba, me ordenaba, simplemente lo obedecía sin pensarlo, quería que me metiera la verga, quería disfrutar mi primera vez.

    Tantas conversaciones sobre feminización, las fantasías de salir vestida, de ser dominada se estaban volviendo una realidad; tantos años en los que Diego poco a poco, pacientemente había ido socavando mis temores, mis negaciones y me había ido convenciendo de que él era el hombre que me iba a hacer mujer, el primer hombre que me iba a meter la verga en mi ano virgen, vestida de lencería blanca, vestida de novia, el hombre que me iba a hacer vibrar de placer como una verdadera hembra.

    Diego procedió a preparar metódicamente todo lo necesario para limpiarme por dentro mediante un enema, para luego inyectarme por atrás un litro de solución de agua con glicerina, hasta quedar yo completamente llena, momento en que hábilmente retiró la cánula y me insertó un tapón en el ano, al tiempo que decía: apriétalo y consérvalo adentro amor, mientras yo lo obedecía contrayendo mis esfínteres y sujetándolo solamente con mi culito.

    Después del proceso de limpieza, que me hizo sentir totalmente dominada, Diego siguió con sus sorpresas: acuéstate sobre la cama Marisol, pon una almohada para que estés cómoda y abre las piernas para que pueda verte el culo; en silencio asentí y me coloqué como me indicaba mi macho, abriendo la piernas, en posición de perrito con mis tacones puestos sobre la colcha. Colocada así, seguía recordando cómo había conocido a este hombre y como me enloquecía que me dominara por chat, y la primera vez que me mostré frente a él por webcam, esa misma ocasión en la que por primera vez me metí un dildo, sorprendiéndolo esta vez yo por primera ocasión. Ya para esos tiempos, no había ninguna duda de que me iba a meter la verga, solo faltaba ponernos de acuerdo cuándo sería.

    Mientras estaba en esa posición, escuchaba a Diego utilizar el lavabo y mover objetos. Luego se acercó y me ordenó abrirme las nalgas con las manos para exhibir impúdicamente mi intimidad: sentí algo fresco que me untaba alrededor del ano: es crema de rasurar mamita, te lo voy a rasurar para que se te vea espectacular cuando esté metiéndote la reata. ¡Qué morbo!, pensé, pero no dije nada mientras Diego con mucho cuidado me iba rasurando completamente el culo, mientras me decía: qué lindo agujerito, parece una boquita, mientras yo no podía creer la forma tan tremenda en la que este hombre, de amplia experiencia, me estaba feminizando deliciosamente.

    Aunque no me lo veía, me imaginaba que el espectáculo que le daba: en cuatro, medias y tacones sobre la cama y luciendo el culito totalmente rasurado, seguramente era una visión de lujuria para mi hombre. Toda una nena ofrecida para ser sometida y penetrada por primera vez; una nena que al mismo tiempo era un hombre casado, lleno de ocupaciones y responsabilidades, en ese momento olvidadas ante el momento en el que por fin sería convertida en un nena completa, dejando a un lado las fantasías de chica tv de closet y pasar a ser la mujer de un hombre, poseída por un macho, preocupada sólo por entregar su cuerpo y darle placer a ese hombre, y dejando –por una vez la preocupación sobre si podía cumplir con sus deberes de hombre (erección, tamaño) ya que en esta ocasión Marisol sólo sería usada por el culo, sería desflorada y se adentraría por primera vez en los placeres del sexo anal.

    Diego procedió de nuevo a indicarme como me debería comportar antes de que me ensartara: te voy a meter un juguetito amor decía, antes de insertarme un pequeño dildo lubricado sobre mi rasurado agujerito, quiero que chupes cuando te diga y luego lo liberes, guiándome a través de la técnica que me había enseñado vía remota en varias ocasiones de sexo telefónico , para abrir el esfínter cuando entraba y cerrarlo cuando iba saliendo, para darle mayor placer a mi hombre, a mi marido, porque así era como me convertía en su mujercito, adicto a su verga y dispuesta a hacer todo lo necesario para complacerlo, como me había repetido una y otra vez.

    Todo estaba listo y dispuesto, el momento había llegado, me movió ligeramente, me retiró el juguetito y me anunció que ahora sí, me iba a meter la verga: ya no había marcha atrás, ahí estaba yo, con mis rodillas y manos sobre la cama, mi tanga enrollada en una de mis piernas muy cerca de mis plateados tacones, lista para recibir el miembro duro de este hombre, mi hombre, mi marido, el primero que me iba a poseer, que me iba hacer una mujercita penetrándome una y otra vez: que nerviosss pensé, pero al mismo tiempo estaba consciente de que lo quería adentro de mí.

    Diego se posicionó y colocó la punta de su miembro en la entrada de mi virginal agujero: ahora sí amor, abre el culo como te dije, mientras yo obedecía y lo abría para que lentamente su cabeza ingresara en mi ano: cuanta ansiedad, la boca reseca, lista por fin. Poco a poco y con maestría Diego fue insertando más y más su reata en mi ano, poco a poco lentamente, yo jadeando, entrando despacito, deteniéndose, luego siguiendo, hasta que por fin abrió mi ano totalmente y pasando la mitad de su verga, terminó enviándola hasta el fondo de mi, casi sin dolor: ya la tienes toda adentro mamita, me dijo con delicadeza

    Así que ya la tenía adentro, ya era una nena, que momento tan emocionante, prácticamente sin dolor había perdido mi virginidad, así que procedí a disfrutarlo, gimiendo cada vez que Diego la sacaba casi en su totalidad y luego me la ensartaba nuevamente hasta el fondo, mientras yo abría y cerraba mi culo para apretarle la verga cuando iba de salida. Linda imagen debería ser: el señor arquitecto, maduro, dueño de sí mismo, pero ahora vestido con lencería y tacones, tocado y velo de novia, maquillado como una joven debutante, recibiendo las embestidas de un hombre de más de 50 años que se la cogía pacientemente, disfrutando la espera de más de 5 años que tardó en hacerme mujer, su mujercita o más claramente… su mujercito.

    Le pedí jadeando que usara la posición que más fantasías me había arrancado: patitas al hombro papi, por favor; con un ligero sonido de plop provocado por su verga saliendo de mi ano retiró su rígido miembro, y procedió a moverme con rapidez colocándome de espaldas y tomando mis piernas por los tobillos. Estando así abierta, dominada, completamente a su merced, procedió a ensartarme de nuevo, colocando mis tobillos sobre su hombros al momento de la primera penetración: que tremendo, pensé, que rico se siente, gemía mientras me la metía una y otra vez y veía mis tacones bamboleándose sobre sus hombros en cada metida de verga, mi sueño mi fantasía cumplida: mis bellos tacones balanceándose sobre los hombros de mi amante, mientras me sodomizaba bombeándome el culo una y otra vez, y yo soltaba grititos de placer en cada ocasión que su verga chocaba con mis redondas nalgas.

    Totalmente feminizada, sometida, me sentía realmente como una hembra, capaz de volver loco de placer a su hombre, capaz de disfrutar una buena cogida de su macho; me tocaba estar del lado contrario, sintiendo lo que sentían mis conquistas, siendo perforada por mi hombre, mientras Diego me la metía riquísimo, también disfrutando el someterme y hacerme suya por vez primera, disfrutando por primera vez ese culo que tantas veces había descrito como magnífico.

    No sé cuánto tiempo estuvo cogiéndome así, pero ya el dolor había desaparecido totalmente, y yo totalmente feminizada, simplemente disfrutando la tremenda cogida que me estaba dando mi marido, comenzaba a entender porque muchas mujeres se enamoran del primer hombre que las posee, porque se enculan de forma impresionante de su primer macho: Diego, pensaba, me encantas, me fascina como me la estas metiendo mi amor.

    En plan de hembra fue cuando decidí tomar un poco la iniciativa, en ese momento me sentía como una verdadera diosa del sexo, lujuriosa, de cimbreantes caderas y largas piernas, un verdadero culazo como constantemente me adjetivaba mi hombre: papi, me dejas montarte, le pedí con voz suplicante pero decidida. Diego se colocó en el borde de la cama, frente al espejo, y yo, titubeante y casi resbalándome al caminar con mis tacones, me dispuse a empalarme yo sola sobre su enorme verga que estaba comenzando a volverme adicta.

    Con cuidado me comencé a ensartar yo sola esa tremenda estaca, con algunas dificultades, por lo resbaladizo que tenía el ano, no alcanzaba a metérmela bien; Diego con la verga totalmente parada, me dejaba hacer; por fin, me pude posicionar y de un solo golpe me dejé caer: que delicia, sentía la verga hasta adentro y estaba gozando como nunca, el espejo me devolvía la imagen de una hembra vestida de novia, con una sonrisa de lujuria y satisfacción, enrojecida de placer, disfrutando su primera cogida

    Era increíble, yo una chica tv de toda la vida, siempre negando que me gustaran los hombres, montando a un hombre como toda una putita, disfrutando de su verga, que me estaba metiendo yo sola; en esa posición su verga me llegaba hasta un punto de éxtasis inaguantable, estaba disfrutando el sexo como nunca lo había hecho, solo que ahora yo era la nena, la putita, a pesar de ser todo un hombrecito casado, aquí estaba de nena, de novia, gozando a mi amante como si toda la vida hubiera estado haciendo el amor a los machos.

    Me quedaba claro que a pesar de lo mucho que lo hubiera negado en el pasado, estaba realmente gozando la verga de este hombre, de este señor que me estaba feminizando a pasos agigantados; subida en su verga, me daba vueltas sobre él y me dejaba caer, mientras mi cabellera se agitaba sobre mi rostro y disfrutaba en el espejo esa lujuriosa escena. Ahora me lo estaba cogiendo yo, y eso me hacía sentir putísima, toda una zorra, apretándolo y agitándome como una pequeña licuadora, que cogida pensé, que delicia, que rico, Diego mi amor.

    Finalmente mi hombre decidió tomar nuevamente la iniciativa y me guió hacia la cama, colocándome sobre mis espaldas, con una mirada cargada de pasión y lujuria total. Me tomó de los tobillos y con fuerza me comenzó a ensartar de nuevo, sus testículos chocando continuamente sobre mis duras nalgas; de pronto Diego me tomó las piernas y salvajemente me las echó totalmente hacia atrás, con lo que cada embestida me llegaba hasta lo más profundo. Ahora sí me estaba cogiendo de forma salvaje y yo sentía su verga totalmente mientras veía mis tacones estar prácticamente encima de mis propios hombros.

    No puedo describir fielmente con palabras la sensación, pero Diego me estaba haciendo totalmente hembra, mi pequeño y diminuto pene se agitaba en cada arremetida, flácido pero con un delicioso escurrimiento muy femenino, me estaba poseyendo completamente, sometiéndome una y otra y otra vez con su dura verga, prácticamente doblada sobre mí misma, sintiendo todo el peso de su cuerpo.

    Cada metida de verga me llegaba hasta lo más profundo, y yo estaba disfrutando por primera vez sin tener mi cosita parada, una sensación nueva pero altamente disfrutable. Me levantaba en vilo, y en cada acometida yo trataba de cerrar el culo para que Diego disfrutara, como yo lo estaba disfrutando, una y otra y otra vez: nunca me había sentido tan femenina en toda mi vida.

    Finalmente mi hombre, cansado de la dura faena que me estaba haciendo, con más de dos horas continuas metiéndome la reata, pidió descansar; la noche se venía encima y él tenía que retornar a su lugar de origen, después de finalmente haberme desvirgado.

    Me besó despacio, mientras yo me sentía una nena enamorada de mi macho, totalmente despeinada, sudorosa, ya casi sin labial ni brillo en los labios, totalmente satisfecha de esa primera vez que había sido como la había soñado, como una verdadera novia en su noche de luna de miel.

    Me compuse un poco para despedirlo, mientras él me señalaba una prenda que había dejado en la cama: te la pones corazón? Me dijo con esa voz que no indicaba dudas, era una orden y quería verme con esa malla chiquita que imitaba unos jeans que había dejado encima; de inmediato me los puse mientras se cambiaba y llamaba al taxi para que viniera a recogerlo.

    Me arreglé el cabello, me puse labial y brillo nuevamente, un poco de rubor, los jeans me quedaban como una segunda piel, resaltando mis duras y paradas nalgas, producto de tantas y tantas horas de ejercicio. Me puse unos tacones plateados muy altos y lo esperé mientras se desocupaba.

    Quiero que me despidas cuando llegue el taxi, con el portón abierto, que te vea de nuevo el taxista, lo deliciosa que te ves – me ordenaba mientras mi corazón latía aceleradamente de nuevo de pensar en exhibirme frente a un desconocido, pero totalmente decidida a obedecerlo.

    Como terminé así? Pensaba mientras salía del cuarto con pasos vacilantes, vestida como el sueño de cualquier hombre: la mallita que me había dado Diego, muy embarrada, blusita corta rosa, larga cabellera, tacones altísimos, una hembra muy nalgona, muy zorra, cogida por primera vez, totalmente feminizada, a despedir a mi macho, un señor maduro que me dio verga por más de dos horas.

    En el momento que Diego me vio, nuevamente la lujuria encendió su mirada, y me beso largamente recargada sobre la pared, mientras dejaba su equipaje en el suelo y sus manos recorrían mi trasero febrilmente, apretándome con fuerza mientras su lengua taladraba mis labios de forma masculina y dominante, todo ello a la vista del taxista y con el portón abierto.

    Estoy segura que estuvimos a segundos de que me volviera a meter la verga, ahí afuera, en la cochera, pero quizás recordando la travesía que aún le faltaba, me soltó y se despidió de mi: adiós corazón, fue una delicia hacerte mía por fin.

    Mientras se alejaba y el portón se iba cerrando de nuevo, pensaba nuevamente: cómo es que terminé así? Cómo es que Marisol, travesti de closet de toda la vida, finalmente había entregado su culo a ese hombre mayor? No lo sabía, y no lo sé aún, lo único que sé, es que me tiene solo pensando en él y en cuando me la va a volver a meter de nuevo.

    Le he pedido a Diego que la próxima vez me saque a la calle para que me vean. Él me dijo que lo haría y que debería vestirme tal y como lo hice para despedirme, sólo que debajo de la mallita no deberé usar ropa interior y que no deberé esconder mi cosita entre las piernas sino ponerla hacia arriba, para que se note mi condición, sobre todo si me excito. Ahí les contaré.

    FIN

  • El Kelvin y sus desventuras

    El Kelvin y sus desventuras

    Malditas las ganas que yo tenía de ir a pintar ese apartamento de mis padres que tenían en la zona costera, pero siendo hijo único no me quedaban más cojones, como decían ellos, dicho apartamento sería mío el día de mañana. De buena gana hubiera enviado un pintor, pero mis padres erre que erre, lo que podía hacer uno mismo no tenía el porqué pagar.

    Así que aproveché que mi mujer y los niños habían salido de viaje a ver a mi suegra, la cual había quedado viuda. Con treinta y tres años y mi posición de ingeniero informático todo me chirriaba, había tenido que pedir una semana de mis vacaciones en la empresa que trabajaba. Así que allí estaba, intentado pintar las putas paredes. Pronto me cansé y contrate una cuadrilla de pintores que en un día (un puto día) me la pintaron.

    Solo me quedaba descansar esa semana, y claro, me dije que allí mismo me quedaba. Hacía un calor de espanto y fui a la playa, era domingo. La playa siempre me había parecido de segunda, un lugar hortera y vulgar. Ese fin de semana tuve una familia al lado donde yo siempre me solía poner cuando acudía a dicho lugar de niño. Estaba formado por cuatro miembros, un puto gordo de cara roja y dos adolescentes estridentes, aunque la que marcaba la diferencia era la mujer, por su porte.

    Hembra sólida, de estatura considerable, facciones marcadas, tetona, culazo marcado, prieta de carnes, su mirada era de pantera, se la notaba relamida, caminaba como una gran diva, con su paso sólido, largo y pisando fuerte.

    Oí que me llamaban por mi nombre, no era ni más ni menos que Kelvin, un antiguo conocido de mi padre. Kelvin había trabajado esporádicamente para mi padre los veranos. Era negro, aunque había venido de niño, tendría la cuarentena larga de años. Siempre me había sido simpático conmigo, algo cargante, pero buena persona. Aún me acuerdo cuando limpiaba los jardines de la urbanización, en un rincón echaba una meada, yo nunca había visto una polla negra y me impresionaba, ese rabo negro de tamaño considerable junto con unos testículos también grandes.

    — ¡Cuánto tiempo Álvaro! — dijo en tono exclamatorio.

    — ¡Hola Kelvin! ¿Qué te cuentas? — dije al mismo tiempo que nos estrechábamos las manos.

    — Ya ves, he pintado el apartamento del viejo, ya lo conoces.

    — Sí, desde luego, no cambiara nunca, lo vi no hace mucho y a pesar de sus años sigue igual.

    — Pues sí, no te equivocas, sigue dando el clavo, pero bueno, ya se sabe los viejos.

    — Me alegro, entonces. ¿Aprovechas para disfrutar de la playa, por lo que veo?

    — Bueno, digámoslo así, aunque esto está muy aburrido.

    — Pues sí, mucha familia de los alrededores que digamos.

    — Poca cosa que pillar, entonces — le dije con una sonrisa socarrona, ya que sabía por mi padre que era un gran mujeriego y no desperdiciaba ninguna oportunidad.

    — No te creas, alguna cae, sin ir más lejos hace dos semanas cayó una — contesto en tono orgulloso.

    — ¿Y ahora, nada a la vista? — contesté.

    — La tienes allá — dijo mirando hacía la familia de nuestro lado.

    — Tiene meneo del bueno la jamona — contesté.

    — Pues sí, el año pasado ya le tenía ganas, pero me la levantó un chulito.

    — ¿No me digas? — contesté sorprendido.

    — ¡como lo oyes! Así, tal cual, incluso se la tiró a escape — contesto en tono vehemente.

    — No entiendo — dije

    — Pues ella encontró media hora para pasar desapercibida, se encontraron tras la duna, al lado de los matorrales y allí se la cepilló. Fue polvazo, yo lo vi, le dio tunda de polla en poco tiempo, ni siquiera se quitó el bikini, se tumbaron, ella se abrió y el hijoputa chulango le metió chorra a fondo, pude ver como el pollazo del tío, le entraba y salía. Gemía como una puta. Le descargo y cada cual por su lado. Ella la hijaputa volvió con los suyos. ¿Cómo te has quedado? Fue tal cual lo vi — dijo con entusiasmo.

    Tras la charla quedé algo confuso, pero con ese espíritu de iniciativa para poder tener ese aliciente. La hembra lo valía. Madurona, encima me miraba de soslayo. Kevin se dio cuenta, no era tonto, como buen ligón de maduras que era. Empleando su lenguaje (y siendo sincero me molaba) le pregunté:

    — ¿Qué edad puede tener la jaca?

    — Ejemplar de 46 — me dijo en tono convincente.

    Entre chapuzones escandalosos de los chicos y ajetreo de poca gente transcurrió la tarde. A última hora la gente ya recogía y se marchaba, los vecinos no fueron menos. Ella, al pasar me dedico una mirada lateral con movimiento de cabeza que movió su cabellera morena recogida en un moño. Ella iba tras el grupo, los cuales ya llegaban al coche. Volvió atrás, pude apreciar que les decía que volvía por la toalla y la bolsa que había dejado, que empezaran a colocar las cosas en el maletero. Pasó con paso erguido delante de nosotros, de la bolsa saco un cigarrillo. Se dirigió hacia nosotros, y a mi concretamente me dijo si llevaba fuego. Se lo di y dije como quien no quiere la cosa:

    — Ya ha terminado la tarde, mucho calor, también nos vamos.

    — Prefiero los lunes, no hay tanta gente que moleste — contesto ella con tono engolado al mismo tiempo que me miraba a los ojos con profundidad, al mismo tiempo que daba la vuelta y con un golpe de cadera hizo que su culo se moviera en vaivén.

    Quedé impresionado del descaro de ella, Kelvin quedo mirándola fijamente y me dijo:

    — La tienes, que suertudo, claro, con tu cuerpo, joven y guapo. Yo que no me lo pensaba, ya que seguro que has pillado el sentido de lo que te ha dicho. A mi ni se ha dignado a mirarme. Me pone la tía montón, tengo la polla tiesa — me dijo al mismo tiempo que se ponía la mano en su paquete.

    La verdad es que yo también estaba palote, enrabado mi pene me explotaba. Dejó a las claras que a la mañana siguiente allí estaría.

    Por la noche salimos a tomar unas copas con Kelvin, me llevó a una especie de local de baile anticuado, donde se servían licores baratos y dulzones. Iba como un dandi. Yo me aburría, todo eran matrimonios maduros. Kelvin entablo conversación con una pareja, eran extranjeros, pero llevaban años veraneando en la zona. Me resultaba aburrida la conversación ya que apenas entendían nuestro idioma. El hombre debía tener sus cincuenta largos años, ella en apariencia cuarenta y muchos, incluso Kelvin me confirmó que tenía 48. Era delgada, pintarrajeada, teñida de rubio, con gafas, sus pechos eran centrifugados, de piernas algo esqueléticas y aparentaba un culo pequeño bajo su vestido hortera con estampados veraniegos. Pasó la noche, el marido bebía como un cosaco, estaba ebrio. Kelvin se ofreció a acompañarlos con mi coche. Acepte, con la condición de que no me vomitara dentro y poder ir de una puta vez a dormir. Maldecía por haber ido con el puto coche. Nada más entrar quedo dormido en la trasera junto a su mujer. No tardó en despertarse y viniéndole pequeños hipos y arcadas.

    — Párate al lado del malecón en ese lado apartado — me dijo Kelvin.

    Salió el hombre, yo le ayudé a incorporarse, se arqueó y vomitó. Volvió a incorporarse tambaleándose al coche. Kelvin y la mujer hablaban, ella tenía risa conejera.

    — Mira, salimos un segundo nosotros mientras él se recupera y de paso ya mato dos pájaros de un tiro — dijo Kelvin.

    — No entiendo — dije.

    — Pues que aprovecho que el tío no te vuelva a vomitar y yo al mismo tiempo voy a calzarme la mujer, me la trajino en la arena mientras tú cubres que no venga ni se despierte — dijo Kelvin en tono mandón.

    Ellos bajaron tras el malecón, el hombre había quedado dormido otra vez. Pasado un cuarto de hora encendí un cigarrillo y paseé. Oí ronroneos y gemidos junto con esos golpes sonoros prolongados del plof, plof, plof. Se la estaba tirando en misionero, ella con el vestido subido, él con los pantalones y calzoncillos bajados hasta los tobillos de ella con embestidas potentes. Podía ver como en cada mete sus nalgas se contraían y tensaban, la clavaba hasta el fondo y después en el saca, la desenterraba toda y volvía a empujar con fuerza. Pude volver a ver esa polla grande y los testículos de Kelvin, eran encomiables ambos. Las tacadas se volvieron más continuas y rápidas.

    El ruido de chapoteos delataba el clímax. Kelvin empezó a embestir como un toro bravo, mientras ella estertoreaba jadeos y empezaba a emitir pedos vaginales. Era evidente que eran los últimos adentros afuera, la lechada no tardaría en realizarse. Kelvin empezó una serie de jadeos guturales al mismo tiempo que gritaba “Toma, toma, toma; por puta, por viciosa, por…” y en un bufido potente dejo toda la simiente en el coño. Ella emitió un suspiro largo quedando tendida, las manos que había arañado la espalda y las negras nalgas de Kelvin quedaron inertes. Kelvin, sin más preámbulos se levantó, ella intento darle besos, pero él lo único que hizo fue limpiarse la polla aún goteante en el hortera vestido de ella.

    También cogió las bragas de ella que estaban al lado de ellos en la arena y se las metió en el bolsillo. Ella estuvo un rato tendida abierta de piernas con el vestido subido, estaba exhausta; de su coño goteaba lefa. Kelvin me vio, me miro con complicidad y orgullo. Subí y vi que el hombre intentaba incorporarse en el coche. Llamé a Kelvin, vinieron los dos, ella despeinada y quitándose la arena del vestido, intentando secar la mancha al mismo tiempo. Había cuchicheos, ella pareciera que buscara algo. Entonces pregunté:

    — ¿Nos vamos o pasa algo? El tío empieza a despertarse.

    — No, nada, simplemente busca sus bragas, podemos irnos — me contesto.

    Los dejamos en una urbanización donde residían, él tambaleante y ella llevándolo por la cintura.

    Ya de vuelta y llevando a Kelvin a su casa tuvimos conversación machorra.

    — Follas de miedo, Kelvin, con decisión, contundencia y ganas. Me has puesto el rabo tieso, la intensidad de esta jodienda me ha dejado asombrado.

    — Procuro darlo todo, no desaprovecho oportunidades, aunque me sabe mal no haberte hecho partícipe, un trío hubiera estado bien, pero había que vigilar al marido.

    — Bueno, sería un placer, otra vez será, aunque quizá con tu apostura ante la mujer que he podido observar a valido casi más que el trío.

    — Me gusta ser el que lleva la iniciativa, tengo orgullo de macho si lo dices por el final de la jodienda de esta noche.

    — Me ha impresionado esa soberbia al final, le has esquivado el morreo y encima te has quedado con sus bragas.

    — Sí, me gusta dejar claro que lo hago porque lo valgo. Y las bragas, pues me gusta coleccionarlas, son como trofeos.

    Al día siguiente volvía a estar en la playa, expectante y algo nervioso. Para más pesar el apartamento de mis padres estaban los operarios de la electricidad, en caso de tener suerte habría que buscar alternativa. No adelante acontecimientos, ya que me suponía que tendría que ser, en caso de triunfar, algo a escape, de veinte minutos.

    Apareció al cabo de una hora, altiva, con gafas de sol, apechugada, mirando al frente, como si paseara en una pasarela de moda. Y lo más importante: Sola. El corazón me dio un vuelco, y más cuando vi que se ponía a pocos metros de donde yo estaba. Se quitó el pareo, ante mi deleite ese día iba entangada, pasó a mi lado provocativa hacía el mar, me dio la espalda y vi las nalgas separadas por el tanga, algo en caída pero apetecibles; meneo el culo como si fuera una campana. Fui tras ella a darme un chapuzón, nadé a su alrededor, demostré mis dotes de piscina cuando era universitario. Vi que me miraba penetrante, su rostro se reflejaba en el agua, salimos, su pelo mojado le daba un aspecto salvaje. Fue a su bolsa y volvió a pedirme fuego, me caían sus gotas e mis manos. Se tumbó en la arena. De repente vi a Kelvin, venía decidido, con su toalla roja en contraste con su piel negra; se sentó en la arena a mi lado. El hijoputa venía a incordiar. Ella miró de soslayo hacía nosotros. Kelvin le sonrió, acto seguido me dijo:

    — Me he tomado el día libre

    — Ya veo, vienes a ver… — dije

    — Bueno, los lunes me encargo de la caseta del pequeño muelle, me da algo de tranquilidad, el patrón tiene su día libre también y solo debo vigilar.

    — ¿Estás molesto? Te recuerdo que tuve oportunidad con ella — dijo en tono silencioso.

    — Eres un mujeriego nato, la verdad, aunque ella creo que empieza a sospechar y me vas a echar al traste el tema — dije algo molesto.

    Ella volvió a levantarse, cruzo ante nosotros altiva y segura, volvió a menear el culo con golpes de cadera. Se dirigió al herrumbroso chiringuito volviendo a pasar con supremacía. Ahí no tuve ninguna duda que algo pasaría. Incluso cuando Kelvin le dijo a ella:

    — Si quieres algo más fresco para beber estamos en la caseta del muelle.

    — Quizá en media hora — contesto segura de si misma.

    Fue la palabra definitiva, Kelvin me invitó a levantarme y ir a dicho lugar, unos 200 metros al final de la playa. Constaba de una cochera con aparejos náuticos, un cuarto y un pequeño comedor con un viejo y raído sofá. Olía a salitre de mar. Mire por la pequeña ventana del comedor y la vi a ella caminando decidida frente a la caseta. No cabía ninguna duda que la suerte estaba echada. Hembra a las puertas y trío a la vista. Kelvin por su parte también miró y sus ojos se volvieron voraces. Sin dudarlo se quitó el bañador — ya llevaba un empalme considerable en su gran polla — y se sentó en el sofá con las piernas abiertas. Entro ella algo perdida. Yo le abrí la puerta, entró. Miro a Kelvin, el cual dijo:

    — Supongo que no vas de rollo sensual, amoroso y todas estas mandangas y he dado por hecho que valía ir directo al grano — mientras se meneaba la polla.

    — ¿Qué te hace suponer eso? — contesto ella algo impresionada al ver su polla.

    En ese momento me abalancé sobre ella y la morreé, al mismo tiempo que le tocaba el culazo. Fue receptiva y Kelvin volvió a hablar.

    — Despelótala, me gusta ver a la tía que me voy a follar en pelota picada.

    Así lo hice, estaba desesperado, al poco tiempo ella mamaba a los dos en el sofá, iba turnando las pollas, una blanca y la otra negra; mientras chupaba una pajeaba la otra, hasta que Kelvin se levantó y mientras ella me mamaba él, le abrió las nalgas, hizo dedo en el coño, le comió el culo y coño. Notaba la respiración de ella en mi polla, la succionaba a fondo. Kelvin dijo que pasáramos al cuarto, ella de pie, nos pusimos en posición de perrito — por indicación de Kelvin — y ella nos comió el culo, huevos y mamó polla. Kelvin fue el primero en empotrarla, le tenía ganas a la hembra. Misionero clásico y bombeos a rabiar. Dejó su lefa en toda la cara de ella. Como un autómata la volví a montar, la besaba, notaba la lefa de Kelvin, me daba igual. Deslefé dentro de ella. Era un coño grande y húmedo, el cual se podía bombear a toda velocidad.

    Quedamos algo cansados, el calor y la corrida. Decir que ella se vino con ganas, mojó coño con Kelvin, yo la rematé. Al cabo de media hora, ella se disponía a irse, pero Kelvin le pidió el culo, se lo dio, la enculó con ganas, a fondo; ella berreaba, ronroneaba, suplicaba. El Kelvin la enculó en posición perruna, le tiró del pelo, la penetró hasta el fondo con su enorme polla terminando en su espalda. Quedó exhausta, al verla como un ser sin peso tendida en la cama y intentando incorporarse me entraron ganas. Sí, volví a la carga, también la enculé en misionero con las piernas muy altas apoyadas en mis hombros. Jadeaba, todos sus conductos habían sido usados. Me corrí una vez más, busqué su cara, la aparto, le deslefé en el pelo, en las orejas. Quedó cubierta de lefa.

    Tras la batalla se dispuso a marcharse. Verla desnuda, con el tetamen generoso algo caído, su coño depilado aún goteaba mi semen. La habitación ya no solo olía a salitre, también a sudor, semen, a macho y hembra: a sexo. Se puso la parte da arriba del bikini, busco la parte da abajo pero no la encontró de ninguna manera. Se enfadó a ver quién la tenía. Ante la imposibilidad de encontrarla y que ya empezaba a oscurecer opto por ponerse el pareo. Vimos cómo se marchaba, ni una despedida. Solo como sus pasos quedaban marcados en la arena.

    Un mes después en mi bandeja de entrada del correo electrónico pude leer:

    “Querido Álvaro, en primer lugar saluda a tus padres, espero que se encuentren bien de salud y a tu familia la cual no conozco. Solo decir, que fue un placer volver a verte y te envío archivo adjunto de recuerdo”.

    Abrí el archivo adjunto del correo electrónico en el cual había fotografiado un tanga bañador de color negro con un texto: “Aún huele a coño, es uno de los trofeos que he disfrutado más y tuve el placer de hacerlo contigo.”

    Mi mujer me llamo, la cena estaba lista.

  • Noche loca (Parte 1): Adrián

    Noche loca (Parte 1): Adrián

    Soy Monique Leticia López, tengo 34 años y soy casada desde los 24 años, siempre fui muy recatada aun teniendo un buen cuerpo, era muy tímida y me costaba trabajo salir con chicos, ¡me casé en 2009 con Luis y todo parecía color rosa hasta el día que llegué a mi casa y lo encontré dándole a su amiga por atrás! Fue muy doloroso, a partir de ahí cambié, le puse el cuerno con mi amigo y aunque lo disfruté aún estaba dudosa de lo que hacía y hoy les cuento una de las primeras veces que comencé a volverme una fácil, ¡una zorra, una puta!

    Era el año 2013, tenía problemas con mi esposo, ya estaba harta y para no discutir más salí con mi amiga Paula a un bar, ese día me quise ver coqueta, unos leggings negros ajustadísimos mis zapatos abiertos una blusa escotadísima y chamarra de piel, ¡así salí de la casa!

    Llegamos al bar y pedimos una cubeta, tomábamos platicábamos y bailábamos, yo estaba prendidísima, quería olvidar todo con una borrachera, quería olvidar sus infidelidades y las mías, así que decidí perderme en alcohol. No muy lejos, dos mesas adelante, estaban dos tipos que no dejaban de vernos, uno era alto y el otro gordito, yo bajita la mano los incitaba al bailar, moviendo mis caderas y jugando sensualmente con Paula, hasta que uno se acercó y nos preguntó…

    D: Hola soy Diego, nos gustaría bailar con ustedes

    P: Esta bien amigo, ¡pero somos dos eh!

    D: No hay problema nosotros igual

    Él se puso a bailar con mi amiga y yo con su amigo de nombre Adrián, era alto, tenía una cara de pervertido que no podía con ella, por su parte adrián era llenito canoso y muy aventado, después de unas cuantas bailadas se pasaron a nuestra mesa y pidieron más cervezas. Estábamos muy divertidos, nos reíamos de todo, ¡ellos comenzaron tener más confianza nos abrazaban y nos arrimaban sus armas! Yo trate de evadir eso haciéndole la plática a Adrián, pero Paula estaba ya en pleno faje con diego, Adrián comenzó a acariciarme la pierna…

    A: Que hermosa eres, ¡que excelente cuerpo tienes preciosa!

    Yo: ¡Gracias! ¡Pero soy casada!

    A: ¿Y una chica casada que hace sola aquí embriagándose hasta mas no poder?

    El me besaba los brazos y sus manos ya estaban en mi ingle de pronto quise cortar eso con un baile, pero para mí mala suerte tocó música de reggaetón, ¡si esa música donde se pone el trasero en el pene del hombre, esa misma!, Me dejé llevar bailaba sensualmente con él, sentía como su miembro se endurecía, eso me motivaba a bailarle más, mis nalgas masajeaban su pene y el me acariciaba suavemente, eso me calentó mucho, pero mi cabeza me decía que era casad y tenía que huir.

    Entre al baño y me moje la cara, estaba respirando tratando de controlar mis sensaciones cuando mi amiga entro…

    P: ¡Oye que nos invitan a su casa a tomarnos unas chelas!

    Yo: ¡Pero tengo que llegar a casa!

    P: Solo un par, ¡además me cayeron bien!

    Yo: A mí también, ¡pero Luis me va a estar llamando! No quiero más broncas

    P: ¿Apaga tu celular solo unas chelas y que nos lleven a la casa como ves?

    Yo: ¡Hay amiga está bien!

    Llegamos a la casa, yo tenía el presentimiento que algo más pasaría, su casa era la típica de hombres solos, ¡todo hecho un desastre y con olor a cigarro basura y putas! Pero bueno pusieron música de jazz y nos dieron una cerveza y charlamos un rato, pero Diego y Paula ya intercambiaban besos, ¡eso me puso muy nerviosa ya que Adrián me estaba queriendo besar! Yo firmemente lo rechacé y entre al baño.

    Al salir ya no vi a Paula y Diego, pero inmediatamente escuché sonidos de cama, ¡puta! Me dije a mi misma, ¡esta ya está cogiendo con el!, sabía que él no descansaría hasta tenerme desnuda, cuál fue mi sorpresa, Adrián salió de la nada y me abrazo por atrás, esta vez no me pedía nada, solo me besaba el cuello y me acariciaba las piernas repagándome su pene en mis nalgas.

    Yo: ¿Qué haces?

    A: ¡Chiquita que buena estas! ¡Me enloqueces!

    Yo: Pero soy casada, ¡esto no está bien!

    A: Ya nena déjate llevar tranquila, ¡sé que lo quieres!

    El me besaba la espalda y me acariciaba las tetas, yo no oponía resistencia alguna, el sentir como s endurecía me excitaba y la adrenalina me invadía totalmente, ¡sentí como se bajó los pantalones y como dejo su enorme verga suelta en mis nalgas repagándomela el muy puerco!

    Yo: ¡No! ¡Soy casada esto no está bien!

    A: Que sabrosa estas, ¡déjame metértela poquito por favor!

    Yo: Soy casada esto no es correcto, dios mío que grande!

    A: También lo deseas, déjame penetrarte amor, ¡déjame hacerte gozar!

    ¡Bajo mi licra junto con mi tanga, sus manos como pulpo apretaban mis muslos y mis nalgas, su lengua recorría mis piernas hasta perderse en medio de mi par de grandes nalgas, yo estaba excitadísima y solo podía gemir, sabía que en cualquier momento seria penetrada por su verga grande flaca y dura!

    Me reclino sobre el brazo del sofá, ¡me abrió las piernas un poco y puso la cabecita en la punta de mi vagina!

    A: ¿La quieres a dentro mami?

    Yo: No… no lo sé! ¡Dios mío!

    Empezó a empujármela suavemente, yo cerré mis ojos y sentó como el me penetraba, me apretaba mis nalgas y me mordía el cuello “que rica estas” me decía mientras comenzaba a moverse, sus movimientos me excitaban más, la tenía grande y dura no muy gruesa, pero si dura, ¡yo comencé a moverme también para hacer más rico el momento!

    A: ¿Leticia que rica estas o como te digo Moni?

    Yo: ¡Ah! ¡Dime como quieras!

    El me penetraba fuerte, me besaba la espalda y sus manos apretaban mis nalgas, sin sacármela él se sentó en el sofá y me pidió que me dejara caer en sentones, yo obedecí y lo hice así, cabalgaba su verga apretando mis nalgas y al mismo tiempo moviéndolas, el gemía del placer, ¡eso me prendía más y seguía moviéndome como licuadora!

    A: ¡Que rica mami, muévete rico, eres una diosa!

    Yo: ¡así que dura la tienes me encanta!

    A: ¡Cómetela perra cómetela!

    Me puso en cuatro en el sofá y me penetro con violencia, el sonido de sus testículos chocando me prendía, ¡los gemidos de Paula se escuchaban y me excitaban más!, ¡qué noche dios y que rico, le estaba siendo infiel a Luis nuevamente y lo estaba disfrutando mucho, el me penetraba tan rico, yo estaba toda empinada recibiéndolo y gozando a ese desconocido!

    A: ¡Eres una diosa, que culo!

    Yo: ¡Así papacito dámela toda! Que rico lo haces.

    A: ¡Me vas hacer venirme nena, que apretada estas, dios mío!

    Yo: ¡Que pene más rico, cógeme amor cógeme!

    ¡El me monto bien rico unos minutos más de pronto sentí como se convulsionaba y me llenaba de leche, lo peor es que no traía condón!, pero yo me comencé a mover mis caderas para hacerlo gozar más!

    Yo: ¡Que rica leche dámela, dámela papi!

    A: ¡Dios que rico!

    El quedo agotado, yo me desnude completamente, quería más mientras lo besaba, le acariciaba su pene, lo tire en la alfombra y comencé a basarlo pasionalmente, baje por su pecho y me fui directo a su pene, el cual comencé a chupar, ¡lo chupaba como paleta y me lo tragaba todo! Él se retorcía como lombriz y eso me excitaba más.

    A: ¡Nena que chupadora eres, me matas!

    Yo: Disfrútalo bebe, ¡me encanta tu palo!

    A: Mámamela nena, que buena y puta eres, ¡la mejor sin duda!

    Seguí mamando su verga y cuando estaba decidida montarlo, Diego me tomo del brazo, Paula comenzó a besar a Adrián, Diego me acaricio el trasero me tomo de la mano y me llevo a su cuarto, ¡solo veía como paula cabalgaba a Adrián y supe que la noche sería muy larga!

    Su amiga «Lety».

  • Noche loca (Parte 2): Diego

    Noche loca (Parte 2): Diego

    Diego a diferencia de Adrián era más tosco en todo, cuando me tomó de la mano y me llevó a su cuarto, sentí un poco de repugnancia, pero mi excitación y mis grados de alcohol me impedían detenerme.

    D: ¡Mamacita que rica estas, dios mío que hembra!

    Me tiro a su cama, y subió sobre mí, puso su verga en mi cara, la tenía gruesa, pero de unos 15, pero aun así no se veía tan mal, la ponía sobre mi cara mientras me tenía sometida con sus piernas, el olor era a fluido mezclados, al parecer no uso condón con Paula por eso olía así, me apretó el cabello violentamente y me dijo que abriera la boca, yo la abrí y comenzó a meterme su gruesa verga, con trabajos entro la cabeza, era gruesa pero cañón, yo no podía ni respirar, como el habrá hecho Paula? Me preguntaba mientras él me sometía y me la empujaba más y más.

    D: Que rica puta eres, me fascinas que rico, trágatela, trágatela, ¿seguro tu marido no te coge rico? ¡Disfruta perra!

    Sentía como mi piel se rasgaba y entonces decidí juguetear su cabeza con mi lengua, el gemía de la sensación que le daba, finalmente me la saco de la boca, tome un poco de aire y le pedí él se acostara, lo hizo e inmediatamente comencé a besar su verga, se la mame más suave más delicadamente, eso lo prendía más, el me miraba ay me decía una que otra peladez, pero mi trabajo oral lo tranquilizaba.

    Yo: ¡Que gruesa nene, te gusta como la chupo eh!

    D: Si amita que rica boca, ¡eres una diosa!

    Yo: ¡Si lo soy! ¡Aprovecha tu oportunidad guapo!

    Seguí devorándole su cosa hasta cansarme, después me dispuse a cabalgarlo, pero el de forma violenta me tomo de la cintura y me la dejo ir toda, ¡que dolor! Pero que rico al mismo tiempo, tarde solo unos segundos en acostúmbrame a su tranca y comencé a moverme, me movía como si estuviera bailando, el gemía y me apretaba las tetas, yo me mordía los labios y gemía también, que rico era esa verga gruesa, sentir como me arañaba por dentro me aceleraba más, el convencido de que me estaba gustando comenzó a jugar con mi ano, ¡yo lo permití estaba tan excitada que no le pude negar nada!

    Yo: ¡Así Diego que rico, cógeme, cógeme!

    D: Si mamacita te gusta, ¿te gusta mi verga?

    Yo: ¡Sí! Es muy rica, dámela hasta venirme

    D: ¿Y me prestas tu culito?

    Yo: Es muy gruesa, me lastimaras, ¡además eso es de mi esposo!

    D: Pobre cornudo, ¡pues ahora será mío perra quieras o no!

    Me acostó salvajemente y me levanto las piernas hasta que mis rodillas chocaron con mi frente, ¡que patotas tienes nena y que culo más estrecho se te ve! Comenzó a ensalivarlo con su mano, esa acción me dio un poco de asco, pero igual ya era demasiado tarde para huir, poco a poco me la fue empujando, yo sentía como me rompía de atrás y es que Luis ya me la había hecho, pero no la tiene tan gruesa, yo casi lloro del dolor, ¡la tenía casi por completo dentro de mí!, y el sonriendo me besaba las pantorrillas y los pies!

    D: ¡Que rico culo, aprieta maravilloso!

    Yo: ¡Me duele, sácala ya!

    D: ¡Ni madres! ¡Eso te pasa por infiel jajá!

    ¡Se movía salvajemente, poco a poco el dolor se convirtió en gozo, yo gemía de lo rico que la sentía, el con sus dedos jugaba mi clítoris, la sensación era magnifica, yo ya también me movía para sentir más rico la penetración, él me decía que era su puta! Y que siempre lo seria, me la saco de forma violenta y me jalo del cabello, él se puso de pie y me puso en cuatro a la orilla de la cama.

    D: ¡Que nalgotas! ¡De verdad que eres de lujo Mony!

    Yo: Métemela por favor, ¡me duele!

    D: ¡Eso es puta! Pídemela, pídeme tu comida

    Yo: Dámela, ¡métemela en mi culo!

    Comenzó a penétrame suavemente, me acariciaba la espalda, yo estaba en la gloria, ¡mi ano estaba siendo lastimado por otra verga y no la de mi marido!, me empujaba ara atrás, el me tomo del cabello y se movía salvajemente, yo estaba ya toda extasiada y el placer era de lo mejor.

    Yo: Así papi, así dámela ya, ¡dámela toda!

    D: Eso Mony, ¡pídela pídemela!

    Yo: Dámela toda papi, que rico

    D: ¡Que piernas! Tómala toda en tu culo

    Me olvide por completo de mi marido, esa verga era genial, me lastimaba y me daba mucho placer, yo mordía las almohadas arañaba las sabanas, ¡pero no lo dejaba que me la sacara!

    Yo: ¡No la saques, aunque grite no lo hagas!

    D: ¡Que perra dios me estás haciendo gozar de lo rico!

    Yo: Gózame nene, ¡gózame!

    El me la metía con todo, era de carrera larga ya llevábamos varios minutos en esa pose de pronto no resistí más y me comencé a chorrear, mi orgasmo era maravilloso, ¡con mis dedos me masajeaba mi vagina para aumentar la sensación!

    Yo: ¡Que rico! me vine nene me vine!

    D: Yo también me vengo, ¡la quieres puta! ¿La quieres en tu culo?

    Yo: ¡Si, dámela, dámela ya!

    Comenzó a llenarme el culo de leche, uf era tiquismo yo me retorcía como lombriz y gritaba, el me jalaba el cabello y gritaba también, nos quedamos pegados como perros por un rato, ¡ya más recuperada salimos de la habitación besándonos salvajemente!

    De pronto Paula se acercó a mí y me empezó a besar, ¡ellos se sentaron en el sofá para disfrutar del siguiente show!

    Saludos su amiga “Lety”.

     

  • La hija de mi capataz (Parte 1)

    La hija de mi capataz (Parte 1)

    Me llamo John Morris, tengo 50 años de edad mido 1.70 y peso 65 kg, soy un hombre de color y lo que les voy a contar sucedió hace apenas unos meses. Primero tengo que remontarme a los comienzos y cómo fue que obtuve esta fortuna que hoy poseo.

    Trabajé como mayordomo para un hombre muy rico, en Los Ángeles California su nombre era Steve Kurt. Nunca se casó por lo cual nunca tuvo hijos, la única familia que tenía era una hermana que también murió antes que él. Siempre fue un hombre amable conmigo, nunca me faltó al respeto y casi siempre me llamaba hermano de cariño, trabajé para don Steve más de 30 años. Conocía todos sus gustos tanto de mujeres como de comida.

    Era un hombre apuesto y a pesar de su edad (80 años) siempre estaba acompañado de una chica mucho más joven que él. Don Steve era un mujeriego por lo cual creo que nunca se casó siempre le gustó su libertad como él decía… un día se escuchó un grito. Venía de su habitación la chica con la que estaba gritaba no se mueve. Don Steve acababa de fallecer no había nada que hacer, se hicieron los preparativos para el sepelio y todo fue como el pidió algo muy íntimo.

    Los únicos presentes éramos la servidumbre y su abogado de toda la vida. Pasaron los días y una mañana el abogado de don Steve me llama cita a su oficina, me dice que era un asunto muy importante. Al día siguiente llegué a la oficina a la hora acordada, y me dijo que era hora de abrir el testamento, como don Steve lo había pedido una semana después de su fallecimiento.

    -Ok y para que quiere que esté yo presente -le pregunté.

    -Porque tú eres el heredero -me respondió.

    Aquella respuesta me dejó con la boca abierta, no lo podía creer como era posible que un hombre blanco le haya dejado toda su fortuna a su empleado negro me pregunté en mis adentros, le dije al abogado que aquella me parecía una muy mala broma de su parte.

    -No es ninguna broma -me dijo- usted es el heredero legítimo de toda la fortuna de mr. Steve -como él le decía.

    -Y de cuánto dinero estamos hablando -le pregunté.

    -Son más de 100 millones de dólares -me dijo- y son todos suyos cuando quiera.

    Me fui a la mansión convencido de que todo era un sueño del cual tendría que despertar en cualquier momento. Al día siguiente cuando me alistaba para salir de la mansión pues ya no había nada que hacer allí, el abogado ya me esperaba en la sala…

    -a donde cree que va -me pregunto.

    -Pues me voy a México donde siempre quise vivir.

    -Pues váyase pero llévese su fortuna con usted tome esto son los papeles que lo acreditan como el legítimo dueño de todo lo que ve.

    Sí era verdad no me lo estaba soñando ni imaginando, le dije al abogado que vendiera la mansión y que tomará una buena parte por su trabajo.

    -Tranquilo -me dijo- ya don Steve me pago por adelantado mucho dinero.

    Ya estaba todo listo para mudarme a México en un pueblo que se llama San Pablo del Monte. La primera vez que llegue al pueblo todo mundo se sorprendió al verme, pues no era normal ver a un hombre de color por esos rumbos.

    -Qué le parece el lugar -me pregunto el guía.

    -Muy bonito -le dije- parece que la gente es muy amable.

    -Así es -me respondió.

    Llegamos a la finca y no me equivoqué. Compre la finca y los antiguos dueños me preguntaron que iba a pasar con los empleados.

    -Pueden seguir trabajando aquí -les dije.

    Al día siguiente llegó Ramiro que era el capataz, y con él venía su familia.

    -Este es mi hijo Ramirito y ella es mi esposa Jacinta, y esta es mi hija Jovita.

    Cuando vi a su hija, mis ojos brillaron, no media más de 1.60 pero tenía las tetas y el culo más grande que jamás había visto.

    -Mucho gusto yo soy Jovita a sus órdenes patrón -me dijo…

    Continuará!

  • Singin’ in the rain

    Singin’ in the rain

    «Pero ¡qué te has creído, Mario!»; «Tía, Lita, no te pongas así»; «En mi cuerpo yo decido, yo soy la que digo quién entra en mi coño y quién no, y tú, desde luego, ¡ni se te ocurra!»; «Lita, tía, si follas con otros, ¿por qué no conmigo?, ¿qué más te da?, ¡total, un cuarto de hora de nada!, ¿qué te estoy pidiendo?, ¡tía, lo necesito!…»; «¡Te he dicho que no, y es no, follo con quien me da la gana, y tú no estás en mi lista, así que… aire!».

    Mientras esta discusión tenía lugar en el barrio, frente al portal de un bloque de viviendas, otra escena se desarrollaba unos pisos más arriba:

    «Ahh, ohh, ahh»; «Ough, ough, uff». Rechinar de muelles. «Ahh, Jorge, Jorgito, vamos, có-rre-te, no puedo más». El cabecero de la cama va a hacer que la pared se derrumbe… «Ough, voy, vo-y, ya, ya, Dunia, te quiero-ooohhh». El semen de Jorge bañó la vagina de Dunia; los espermatozoides, raudos, partieron en pos del óvulo. «Ah, Jorge, ansío tanto que me preñes»; «Sí, Dunia, tenemos el día entero para nosotros…»; «Sí». Dunia, salió de debajo de Jorge, empujándole con suavidad, y se levantó de la cama. Jorge, ya recostado, la miró: su cuerpo ancho le gustaba; fijó los ojos, ahora que iba de espaldas hacia la puerta del dormitorio completamente desnuda, en el culo de Dunia, provisto de nalgas carnosas que vibraban a cada paso que daba, en la hendidura oscura como un estrecho desfiladero entre dos montañas: ahí querría estar él todo el día, con la polla metida dentro, caliente, humedecida del sudor de Dunia, y, de vez en cuando, cuando la naturaleza se lo pidiese, progresar en el interior, penetrar, sentir el gustillo en el prepucio y seguir, y llegar, y correrse oyendo las exhalaciones de placer de su mujer.

    «¡Jorge!», llamó Dunia desde algún lugar de la casa; «¡Dime, amor!»; «¡Que voy a salir a la calle, voy a comprar cervezas, casi no nos quedan, y con este calor…, no tardaré!»; «¡Muy bien, amor, aquí te espero, en la cama!». Jorge oyó el chancleteo inconfundible de los pasos de Dunia y el portazo.

    Mario volvía de mal humor a su casa, pero antes quiso entrar en la tienda de chinos: tenía sed, la mañana se iba volviendo cada vez más calurosa conforme se iban acercando las horas centrales del día; además el viento terral que soplaba no ayudaba: era un viento tan caluroso que abrasaba hasta a los pajarillos. Estaba cerca de la tienda cuando la vio. Ella iba vestida con un ancho vestido de verano con tirantes y calzaba con brío unas chanclas playeras; las tetas, grandes, se le movían tanto con sus contoneos, arriba abajo, a derecha a izquierda, que Mario se excitó muchísimo. Así que se acercó, la mujer pasó por su lado y él se desplomó.

    «¡Eh, muchacho, qué te pasa!», dijo Dunia inclinándose sobre Mario que estaba tumbado sobre la acera; «Oh, creo que nada, es el calor, gracias, señora»; «No me llames señora, que todavía soy joven, oye, ¿te ayudo?, ¿dónde vives?»; «Cerca, no, ya puedo yo…». Mario, tras hacer un gesto de que se iba a incorporar, volvió a tumbarse. «Que va, no puedes chaval, deja que te ayude». Y así fue como Mario se vio agarrado por la cintura por una exuberante mujer que le acompañaba hasta su casa, y que al cabo, después de quedarse a solas con ella, convenció para que follaran juntos. Más o menos sucedió de esta manera:

    Cerraron la puerta. «Oy, chico, qué estudio tan molón tienes, espera, ve al sofá, te llevo agua…, toma…, sí, hace calor…, vaya, hijo, cuerpazo tienes…, ¿que me quite la ropa yo?, ¡qué cara tienes!…, bueno…, sólo un ratito, las tetas…, Oy, sí, sigue chupando, oy…, me estás poniendo, jijiji…, ¡follar!, ¿quieres follarme?, debes estar loco…, sí, entiendo que lo necesites pero…, estoy casada…, eso es…, ¿es tu polla?…, chupmm, chupmm, chupmm…, espera…, ahh, ahh, qué bien, ahí, sí, sigue, sigue…, espera…, métemela ya, tengo el coño supermojado…, ahh, ahh, más, más, ahh, ahhh, ¡ahhhh!».

    Entretanto Jorge, esperando a Dunia, se había dormido.

    Sonó el timbre como un disparo a bocajarro en los oídos de Jorge; despertó sobresaltado; se levantó protestando: «Voy, voy, Dunia, otra vez, las llaves, qué mujer olvidadiza, voy». Se puso lo primero que encontró: una camisola de su mujer que le tapaba hasta la mitad de los muslos, nada debajo. Mientras abría la puerta, con los ojos cerrados, todavía protestaba: «Dunia, siempre lo mismo…»; «Hola, Jorge». Esa no era la voz de su mujer; abrió los ojos: «Ah, hola, Lita». Lita y Dunia se conocían porque habían trabajado en el mismo restaurante, hasta que éste cerró; Lita era más joven que su mujer, muy delgada, rasgos orientales, pues, según ella decía, era adoptada, aunque sin papeles que lo demostraran; tenía Lita unos atributos femeninos difíciles de valorar a simple vista, es decir, era complicado decidir si estaba buena o no según los dictados de la moda, pero, si uno se fijaba bien, era hermosísima: figura esbelta, un tono de piel tostado, diríase que dorado; unos rasgos faciales finos: ojos rasgados, nariz pequeña, boca ancha, con labios remarcado y dientes muy blancos y pequeños; verdaderamente resultaba muy atractiva; tenía Lita unas piernas bonitas, bien formadas, diríase que sus piernas eran atléticas; tenía el culo marcado, sin sobresalir, y las tetas las tenía pequeñas, firmes, diríase que cabían dentro de una boca bien abierta. «Hola, Lita», saludó Jorge; «Oye, Dunia… ¿no está?, habíamos quedado para ir a la playa». Jorge se fijó en el pareo que vestía Lita, anudado a la altura de sus menudas tetas, dejando desnudos los hombros y el cuello. «Dunia ha bajado a comprar cervezas, ¿dices que había quedado contigo?, ¡qué raro!»; «¿Raro, por?»; «Porque habíamos planeado quedarnos hoy todo el día en casa»; «Ah, bueno, me habré confundido de día, ¿ibais a estar follando todo el día?», preguntó Lita, picarona; «Pues sí, más o menos», soltó Jorge. Y Jorge se empalmó, de pronto. Puede que a causa del recuerdo de Dunia y él follando hace escasos minutos, puede que a causa de que Lita avanzara una pierna y ésta quedara totalmente expuesta a la mirada de Jorge: una pierna terminada por abajo en unos dedos con las uñas pintadas de rojo sobre unas chanclas playeras, y por arriba en la telita de la braga del bikini, en el pliegue de la ingle que anunciaba el cálido y sabroso tesoro que se ocultaba.

    «Oye, ¿eso?», dijo Lita señalando el bulto; «Eso, ¿qué?», reaccionó Jorge; «Debemos bajar la inflamación», rio Lita. Jorge, de sopetón, la agarró del antebrazo, tiró de ella hacia dentro y cerró la puerta. La condujo así agarrada hasta el cuarto de invitados; Lita se dejaba. Una vez ahí, desnudó a Lita tirando del lazo del pareo, se desnudó él sacándose la camisola por la cabeza, y entonces la besó en los labios. Se besaron largamente, juntando las lenguas. El cuarto de invitados apenas tenía muebles, y una cama pegada a una pared, un colchón a secas, sin sábanas ni almohada, les sirvió para aliviarse. Jorge metió la cabeza entre los escurridos muslos de Lita, le metió la lengua en el coño sin depilar, y lamió y lamió sintiendo el cosquilleo del rizado vello púbico en la barbilla. Lita ya respiraba agitadamente a los pocos minutos; Jorge la oyó, sacó la lengua y hurgó con dos dedos en la rajita: los sacó mojados y olorosos, era el momento. Montó sobre Lita y le metió la polla profundamente; Lita gimió sensualmente. Entonces llegó el momento de mover el culo; adelante atrás, con fuerza, porque ver a Lita debajo suya jadeando de gusto le animaba a seguir, más, y más, porque ver el rostro de Lita contorsionado de placer era lo mejor que le había sucedido últimamente, porque correrse él y Lita, juntos, a la vez, no ocurría todos los días.

    «¿Cómo follas tan bien?», preguntó Lita en voz baja, acurrucada en los brazos de Jorge; «¿Te ha gustado?»; «Mucho»; «Supongo que es la experiencia…, la vida en pareja tiene inconvenientes, pero siempre se arreglan follando, y, a base de muchos inconvenientes y de muchos arreglos», Jorge guiñó un ojo, «se adquiere mucha práctica»; «Se folla bien en pareja…»; «Ni lo dudes, Lita, y ahora vete, en cualquier momento llegará Dunia, aunque supongo que jamás sospecharía que nosotros…»; «Sí, me voy, Jorge, gracias».

    Dunia volvió. Jorge dormía. Dunia le despertó: «Jorge, Jorge, ya he llegado». Jorge se levantó. Fue a la cocina. Dunia, en ropa interior, estaba abriendo dos latas de cerveza. Se besaron. Bebieron y calmaron la sed. «Jorge», dijo Dunia, «hace demasiado calor, ¿qué te parece si dejamos lo de que yo me preñe para otro día?, además, puede que con el de esta mañana ya…»; «Sí, está bien, lo dejamos…, comemos algo fuera y… no sé, vamos al cine, que se está fresquito, no está mal el plan, a comer y al cine con mi hermosa mujer», bromeó Jorge; «Dan singin’ in the rain en el Albéniz», propuso Dunia; «I’m singing in the rain…», cantó Jorge.

    En el barrio anochecía. El calor se iba retirando y la brisa procedente del mar refrescaba las calles. Lita salió de su casa a sentarse en un banco de la placita a fumar tranquila. Mario pasó frente a ella, y ya pasaba de largo cuando ella le llamó: «¡Mario!». ¿Qué le pasaba a Mario, ya no quería nada de ella? «Es que hoy he follado». ¿Ah, si, y quién era ella? «Bueno, me he liado con una mujer casada, y quiere repetir». Pero ¿qué le sucedía, eran celos o quizá…, qué había cambiado para que ahora Mario le atrajese tanto? «No, no quiero estar en ninguna lista». Pero ¡no comprendía que…! «Mario, te ofrezco mi amor exclusivo».