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  • Encuentro en un café

    Encuentro en un café

    —Y bueno —dijo mientras le daba un ligero sorbo a su Coca-Cola y me miraba con curiosidad— ¿cómo has acabado tú aquí? Cuéntame algo de ti.

    —Bueno es una historia complicada, no sé si te apetece oírla… —dije con desinterés mientras miraba los ojos marrones de Carlos (o así me dijo que se llamaba).

    —¡Oh, por supuesto que me interesa! ¿Para qué sino estoy aquí? Ja, ja, ja.

    —Vaya… yo creí que… para otra cosa. Debo haberme informado mal —dije yo con socarronería, y luego le sonreí.

    —Bueno sí, ya —dijo Carlos ruborizándose (¡ajá!, es tímido)— pero por algo hay que empezar. Por lo menos a mí me gustaría conocerte un poco antes de…— dejó la frase en suspenso.

    —¿Follar?— dije yo y me reí, con ganas.

    Carlos miró nervioso a su alrededor por ver si alguien nos miraba, pero nadie se había dado cuenta, pues yo ya había tenido suficiente cuidado para no decirlo tan alto que se pudiera oír desde las otras mesas.

    —Tranquilo hombre, nadie me ha oído. Sólo parecemos dos colegas que quedan a tomar algo en una cafetería. Además, ¿conoces a alguien aquí?, o ¿hay alguien que te conozca?— le tranquilicé.

    —No, ya, pero ten más cuidado, por favor. Es que… no quiero tener disgustos. Ya sabes— se disculpó.

    Carlos era un chico de 30 años que aparentaba 25. Pelo moreno corto con flequillo largo, ojos marrones de mirada penetrante y dientes perfectos. Era delgado pero no escuálido, aunque tampoco fornido. Tenía un cierto aire femenino, pero no mucho, y eso sí, nada de plumas, detesto eso (si hubiese sido así me hubiese ido nada más entrar). Vestía vaqueros azules y una camisa de cuadros de manga corta que le quedaba ceñida al cuerpo, y llevaba unas gafas de sol de espejo sobre la cabeza. Era guapo, o a mi me lo parecía.

    —Bueno dije, está bien — dije— te contaré algo de mi vida, pero no todo, jajaja, no te vayas a enamorar —se rio al oírlo—. Me acabó de separar de mi mujer, así que…

    —Pero yo creía que…— dijo con cara de sorpresa.

    —Sí, sí, tranqui, también me gustan lo hombres, soy bi— le tranquilicé—. De hecho para serte sincero, me gustan más las mujeres, los tíos solo me gustan unos pocos, de un tipo muy concreto, no cualquiera. No me gustan los machotes, ni tampoco los afeminados, en fin solo algunos,… como tú.

    — Vaya me siento alagado— dijo con una sonrisa.

    —La cuestión— seguí— es que después de 4 años casado, tenía muchas ganas de estar con un chico, así que por eso me apunté a la web. ¿Y tú, cuál es tu historia?

    —Bueno yo estoy sólo. He sido gay toda la vida, pero soy muy tímido para salir por ahí a conocer gente, y se me hacía más fácil a través de internet. No sé…

    —Te entiendo. Me gustan los chicos tímidos. Y dime, ¿has tenido pareja alguna vez?— pregunté curioso— Bueno, contéstame si quieres, si te resulta embarazoso o no quieres intimar tanto… lo entiendo.

    —No, no, yo fui el que quiso intimar, así que… jeje. Pues no, pareja estable no, solo un par de rolletes, sólo sexo. La mayoría de los tíos no quiere más. A mi la verdad no me hubiera importado intentar algo un poco más serio, pero no ha surgido.

    —A lo mejor yo soy el amor de tu vida— bromeé.

    —Tal vez— rio él.

    —Yo descubrí que me gustaban los chicos en la universidad. En la residencia de estudiantes conocí a un chico un año menor que yo, que me gustaba muchísimo. Me quedé bastante pillado por él, pero nunca pasó nada porque no se lo dije, a pesar de que estoy seguro de que era gay.

    —Qué lástima, ¿no?— la mirada de Carlos era sincera, era un chico sensible.

    —Pues sí, me he arrepentido toda la vida— confesé—. Además he de confesarte, que nunca antes he estado con un chico, esta es la primera vez…

    —No jodas…— exclamó sorprendido, y ahora sí, los de la mesa de al lado se giraron para mirar que pasaba.

    —Espero que no sea un problema…— le susurré, mientras los vecinos volvían a lo suyo.

    —No, es sólo que no me lo esperaba. Será un placer ser el primero, jajaja. Tendré cuidado contigo— dijo paternal.

    —Gracias —dije, y en ese momento nos quedamos callados unos segundos mirándonos. No fue un silencio incomodo, pero si extraño.

    —Bueno— dije yo— entonces ¿qué? ¿Follamos o no?— murmuré.

    —Caray que directo… — rio cortado.

    —Es que no te veo muy echado para alante, y veo que vamos a estar aquí toda la tarde jajaja.— le pinché.

    —Bueno, pero antes dime,… ¿qué vas a hacerme?— preguntó con una sonrisa traviesa.

    —¡Ah!, que quieres un anticipo… No creo que le convenga a un tipo tímido como tú levantarse en medio de una cafetería llena de gente, con una tremenda erección, o, peor aún, con los pantalones mojados.

    —¡Vaya fanfarrón!— dijo con presunta indignación— ¿crees que tu relato es tan excitante, como para conseguir eso?

    —¿Que te apuestas?— dije seguro de mi mismo.

    —Dejaré que me hagas lo que quieras… — soltó.— Lo que quieras…

    —Tú lo has querido— dije— Iremos a tu casa. Mientras subimos por el ascensor, quizás te acaricie el brazo o, quien sabe, tal vez el cuello. Abrirás la puerta de casa atropelladamente y me ofrecerás algo de beber, y yo te diré que lo único que quiero beberme es tu polla. Te empezaré a besar el cuello, recorriéndolo con la lengua de arriba abajo, entreteniéndome en el lóbulo de tu oreja cuando pase cerca. Se te erizará el bello de los brazos cuando te toque la espalda por debajo de la camisa. Te iré empujando hacia la habitación mientras te quito la camisa, botón a botón.— me detuve en mi relato y le acaricié la mano que tenía junto a su bebida. Tragó saliva.— Te quitaré la camisa y empezaré a deslizar mi lengua por todo tu torso, lamiendo tus duros pezones, mientras mi mano se acerca lentamente a tu paquete, y empieza a palpar el pene que pide a gritos ser liberado. Tú gemirás levemente. Desabrocharé el botón de tu pantalón y bajaré la cremallera, para luego liberar tu deliciosa polla de la prisión de los bóxer que llevas puestos. Comenzaré a frotarla con suavidad mientras mi boca ya se encuentra a la altura de tu ombligo; me acerco. Tú querrás que vaya más rápido, pero yo te haré sufrir. Recorreré con mi lengua tus ingles, y la base de tu babeante pollita. La tendrás dura como una piedra. Lentamente, en un agónico paseo triunfal recorreré toda la longitud del falo con la punta de mi lengua, por debajo, desde el escroto hasta la punta del glande. Una vez allí, como una montaña rusa que termina su lenta subida, descenderé introduciendo todo tu pene en mi boca, arrancando un brutal gemido de tu garganta. Sellaré mis labios alrededor de la base y sentiré las palpitaciones de tu verga en mi boca. Te la chuparé como no te la han chupado jamás, subiendo y bajando lenta pero enérgicamente, con cambios de ritmo, introduciéndomela de tanto en cuando, tan profundo, que estaré al borde de las náuseas, mientras tu pones tus manos en mi nuca y te deshaces de placer gimiendo como si fueras a morir. Entonces subiré hasta tu glande y me entretendré alli, chupando y lamiendo tu brillante glande, que pedirá a gritos descargar su pesada carga. Pero aún no. No te dejaré. Entonces con mi lengua jugaré con tu frenillo, recorriéndolo de arriba abajo, metiendo la puntita de la lengua por la uretra, mientras con la mano te hago una vigorosa paja. En ese momento, cuando tu ya no puedas aguantar más, me meteré tu glande en la boca y lo apretaré con mi lengua contra el paladar, para inmediatamente volver a metérmela toda en la boca hasta el fondo. Sentiré como entre las convulsiones de tu pene, el semen se abre paso hacia arriba, al tiempo que me aprietas la cabeza forzando un poco más tu polla dentro de mi garganta, hasta que tengo una arcada. Yo sentiré tu caliente esperma derramándose en el interior de mi boca como lava de un volcán incontenible. Me retiraré entonces lentamente con la boca bien llena de tu semen, para liberar tu exhausta verga, para, con un sencillo movimiento, tragármelo todo mientras te miro a los ojos.

    Carlos estaba congelado en su silla mientras me miraba con los ojos muy abiertos.

    — ¿Estas bien?— murmuré preocupado tras unos segundos.

    —Vámonos a mi casa— dijo cogiéndome de la mano y levantándose decidido de la mesa, sin parase a pensar en la tremenda erección que abultaba sus vaqueros y que no pasó desapercibida para casi nadie en el bar, donde la gente se giró para mirarnos entre risitas y susurros, y alguna que otra cara de desaprobación. Me importaba muy poco, iba a follarme a Carlos, y a quedarme bien a gusto.

  • El Lobo disciplinando a su putita (2)

    El Lobo disciplinando a su putita (2)

    Esta segunda etapa corresponde a la entrega y confirmación de su condición como sumisa y putita del señor Lobo. El escueto texto del whatsapp decía: te quiero ver, recibirás precisas instrucciones.

    Pormenorizado detalle de las condiciones a cumplir antes de que enviara por ella. Entre las instrucciones, estaba la obvia condición de hacer movilizarse por su casa con las bolas chinas colocadas y algún tiempo con el plug anal, tendría que aplicarse una micro enema dos horas antes, siempre es bueno tener ese conducto limpio y evitar sorpresas cuando le haga sexo anal.

    La incertidumbre de lo que suceda forma parte de la disciplina del aprendizaje, es la fase de “el amaestramiento”, donde la mujer cumple el rol de sumisión ante su señor, el mayor placer está en quien decide, ella recibe en la sumisión otro nivel de placer. No se pretende anular su poder como mujer y como hembra sino canalizarlo por la vía de permitirse su poder dentro del rol de sumisa, ella se entrega por completo a la voluntad del dominante, sin derecho a replicar, entrega a todas las actividades impuestas, con entusiasmo y sin dudar.

    Durante esta etapa del disciplinamiento los sentimientos quedan a un lado, es un acto netamente carnal, alternándose los castigos y las recompensas como parte del juego erótico consensuado. El amor es el sentimiento que deviene en el después, a posteriori de la actividad erótica, la pasión y el amor tienen lugar de satisfacer los instintos lujuriosos que ambos estamos dispuestos a vivir a pleno.

    Desde el auto que pasa a buscarla debe avisar cuando está en viaje, es en ese momento le indico quitarse la bombacha, ella desconoce que el conductor es de mi absoluta confianza, cumplirlo ante un extraño implica el juego de humillación, algo que la avergüenza fuertemente, pero al hacerlo se excita, y como se excita siente más vergüenza, entonces vuelve a excitarse y todo se vuelve una reacción en cadena. Nada más erróneo que asimilar sumisión con masoquismo, son modelos antagónicos, la sumisa disfruta el gusto por ceder el control al señor Lobo.

    Lola es una mujer con claridad conceptual, que durante el resto del día trabaja y se desarrolla con independencia, dispone de su tiempo libre, solo se transforma en sumisa por la convicción que su señor Lobo ha encontrado y desarrollado en ella la veta lujuriosa del deseo como ninguno antes.

    En el viaje recibió las últimas instrucciones, el “check in” de ingreso a los dominios de su señor, ingresar de forma discreta y callada, buscar al señor, dispuesta a ser aleccionada.

    El ritual de iniciación había comenzado con el ritual del hilo rojo y el bautismo de lluvia dorada, ahora en el segundo corresponde el de su entrega y la aceptación por parte del señor Lobo:

    La hice vestir con ropas donde deje claro el ofrecimiento de su cuerpo al señor Lobo y complacerlo en sus gustos, comportarse con humildad pero sin ocultar sus partes privadas, hablar en voz baja, mantener la cabeza baja en actitud de sumisión y obediencia, no corregir ni preguntar al Lobo.

    Sobre una mesa ratona había colocado una vela roja, única luz del cuarto, permanezco quieto de un lado de la mesa, Lola del opuesto, los brazos caídos a lo largo de su cuerpo, mostrando las palmas de sus manos al Lobo para responder al protocolo básico de aceptación:

    – Lola, aceptas someterte al señor Lobo?

    – Sí, señor acepto, prometo ser obediente y sumisa putita, mi deseo le pertenece.

    – Servirás a mi voluntad, aceptas mis órdenes, servirás a mi placer?

    – Sí!, eres mi señor Lobo, seré tu sumisa putita, tu voluntad es mi voluntad.

    Sin previo aviso, una palmada en su mejilla, aceptó sin gesto ni acción de desagrado, acto seguido la muchacha tomó la rosa que trajo para el ritual, me la entrega en las palmas de sus manos, se arrodilla con las manos en la espalda. Mira como deshago la flor, pétalo por pétalo, los mira caer. – Del mismo modo que hice con la flor, haré uso de ti, ahora desnúdate.

    – Ese triskel que llevas en tu cuello es el símbolo de que me perteneces, lo llevarás mientras estés conmigo, toda tu me pertenece.

    Arrodillada, separa las piernas, inclina la cabeza hasta poner el pecho sobre la alfombra, inserto el consolador en su vagina, pongo mi pie sobre su espalda, acto de consolidar el derecho de propiedad, gesto fundacional de la obediencia de mi putita.

    Conserva la posición, postrada sobre el piso, ofreciéndose, paciente espera que me desnude, arrodillado tras de sus nalgas, pajeo el miembro para ponerlo en su máxima erección, retiro un momento el consolador de su vagina para humectarme en sus jugos, sin sacársela introduzco el consolador, ambos falos se mueven en acompasado ritmo.

    Retiro el miembro, dejando solo el consolador, apoyé la verga en el centro del ano, frotándolo en el hoyo, Lola colabora abriéndose los cachetes, la presión del glande sobre el esfínter se intensifica, despacio pero constante. Ella colabora echando el cuerpo hacia atrás, contribuye a que acceda a penetrarla, vencer la resistencia del anillo anal, un segundo envión y toda la cabeza se pierde en la oscuridad del ano, los cuerpos marcan el límite físico, la pasión el clima.

    El resto fue solo dejarme ir todo dentro del culito, enterrado a tope, ensartado en mi putita.

    – Muévete, vamos!!, mueve el culo, el Lobo necesita sentir que sucede dentro de ti, bien adentro.

    La orden va asistida con una sonora nalgada, la primera que marcó el tenor de la relación, abrirse con sus manos los cachetes, balancearse, echando hacia atrás las caderas, cerrar el esfínter en la intrusión, abrirlo en la salida, el vaivén de los cuerpos toma ritmo y cadencia, monto encima de sus caderas, aferrado a sus ingles, ella pone manos en la vagina para sostener el consolador, acciona el clítoris. Una sinfonía de gemidos y jadeos complementan el juego digital, la agitación de los cuerpos en la épica de las pasiones desatadas.

    La potencia del grueso miembro abriendo su recto se hace sentir, apura el juego digital para evitar que los gemidos le impidan pensar en el ariete que taladra su recto, el metisaca imparable adquiere tonos épicos, la potencia sexual del macho en el paroxismo erótico. Ella acelera el frenesí del toqueteo, sabe que no puede venirse sin permiso, retiene y regula su energía femenina hasta sentir las primeras convulsiones del Lobo accionando el ariete de carne, un par de golpes bruscos y profundos comienzan a lanzar el primer chorro de semen, bombear despacio, anclado en el tope de la intrusión completan la descarga. Los gemidos espasmódicos del pene se asocian a las convulsiones del orgasmo, sacuden, se agita apretada por la monta, enterrado en su carne. Espero que se diluyan los últimos latidos de ese orgasmo jadeante, sostengo la presión dentro del ano, hasta los últimos latidos.

    – No se salga señor!, quédate, necesito sentir el rigor de la autoridad de su verga en mí.

    Me sostuve arriba, montando a la dócil potranca, el señor Lobo había domado y sometido la voluntad y resistencia de su putita. Me salí despacio, retirando la hinchada cabezota de su esfínter, hasta me pareció que estaba descorchando una botella de espumante, en la salida arrastró algo del semen, quedé mirando el espectáculo, escurrirse mi hazaña láctea.

    – Vamos, qué esperas!, echa fuera mi leche, el Lobo quiere verla salir de tu culito.

    Hurga con los dedos, abriendo el anillo, pujando hasta que el blanco fluido se desliza fuera del hoyo, una ventosidad espumosa, emerge algo más del semen, disfruté ese final de fiesta. Agradece haberle dado la gracia de hacerle el culo.

    Nos dimos un baño de espuma, lavándome y disfrutando el resto de la noche, con un par de polvos incluidos y suculentas acabadas que sus agujeros.

    Aquí concluye esta etapa de iniciación, aunque el aleccionamiento como buena putita recién está por comenzar.

    Al señor Lobo y su putita le interesa conocer si te ha gustado [email protected] escríbenos.

    Lobo Feroz

     

  • Más que fútbol

    Más que fútbol

    Ellos son Héctor y Moisés, dos amigos de hace unos cuantos años, ambos casados pero sin hijo alguno. Héctor tiene 37 años, 1,75 m, complexión delgada, piel moreno claro y usa lentes. Moisés tiene 35 años, mide 1,70, delgado y de piel clara. Se conocieron el día que Héctor entró a trabajar a la constructora de la cual, Moisés ya era parte hacía un tiempo. Desde el primer día, ambos congeniaron muy bien, gracias a varios gustos que compartían ambos, entre ellos, el fútbol, Héctor es americanista de corazón y Moisés chiva hasta en la sangre. Esa pasión por el fut, los orilló a formar parte de uno de los equipos de la empresa, situación que ayudó a fortalecer la amistad entre ellos, creando un vínculo de confianza y comunicación más grande.

    Por supuesto, como en muchas amistades, el alcohol fue gran cómplice, en su relación, pero también fue un serio enemigo. Y es que en una noche de copas, justo después de un partido de fútbol, sus sentidos les jugaron una extraña pasada, perdiendo conciencia alguna y aventurándose por primera vez a probar del sexo homosexual. ¿Habrá sido correcto o tal vez un error? Sin duda, una interrogante que poco a poco ellos irían descubriendo.

    Hablemos de como inició todo… cierto viernes, se llevó a cabo la gran final del torneo de fútbol que organizaba la empresa para la cual Moisés y Héctor trabajan, y precisamente, el equipo en el que ellos estaban, es el que jugaría en dicho evento. Esa mañana en el trabajo fue peculiarmente distinta, a pesar de lo mucho que había por hacer laboralmente, se sentía mucha emoción por el encuentro; sus compañeros de equipo nerviosos intentaban planear las mejores jugadas, mientras que los del equipo contrario realizaban burlas sobre la “paliza” que les meterían.

    Dieron las seis de la tarde y el momento había llegado, todos se apresuraron a tomar sus cosas y salir rumbo al encuentro, que tendría lugar en un deportivo cercano a la constructora. Antes de comenzar el juego, Moisés y Héctor se dieron su tan acostumbrado abrazo de hermandad y salieron a la cancha. El partido transcurrió muy emocionante y reñido, al final, el encuentro favoreció al equipo de ellos, con un resultado de 4-3, y como era de esperarse, había que festejarlo, así que cada uno se despidió de sus familias presentes durante el juego y partieron a la celebración en casa de uno de ellos, llamado Mauro.

    Bastaron unos minutos para abastecerse de cervezas, alcohol, refresco, hielo y botanas y ahora sí, todo estuvo listo para festejar.

    Un poco de buena música, amenizó la noche, todos los presentes aún con adrenalina comentaron las mejores hazañas, los goles y todo lo ocurrido hacia horas atrás. Pasado el tiempo, algunos debieron retirarse a sus hogares, por lo que poco a poco la multitud fue haciéndose menos, quedando al final únicamente diez hombres, volviéndose algo un poco más íntimo, y con ello la plática cambio a temas más subidos de tono, como el sexo.

    El reloj marco las once y media de la noche, los últimos chicos en irse lo hicieron, esta vez, solo quedaron Mauro (el dueño de la casa), Moisés, Héctor, otro hombre llamado Joaquín y Camilo, quién continuó por mucho rato contando sus intercambios sexuales con su esposa e incluso, invitando a los demás a un encuentro sexual con ella. Hasta que un rato después se despidió de sus colegas, para ir a divertirse con su esposa y un viejo amigo.

    Los aún presentes continuaron bebiendo durante un par de horas más, Héctor y Moisés habían decidido quedarse a festejar por lo que esa noche no llegarían a sus casas. Después de un rato, Joaquín -uno de los presentes- se quedó dormido, fue entonces que decidieron que era mejor subir a descansar.

    La casa de Joaquín sólo contaba con dos habitaciones, por lo que esa noche había que compartirlas. Mauro llevó a Joaquín a su habitación, apoyado por Héctor y Moisés puesto que Joaquín apenas y podía detenerse. Una vez que le acostaron, Mauro les llevó a la recámara donde Moisés y Héctor descansarían, luego se despidió y se retiró a descansar.

    Este dúo, aún con cerveza en mano continuaron platicando un rato, bastante alcoholizados ya, la plática sexual de hacia un par de horas los había dejado con la hormona bastante encendida, ambos, no pudieron dejar pasar los comentarios de Camilo y su vida de pareja swinger, se preguntaron si serían capaces de aceptar aquella invitación, Moisés se dijo un tanto dudoso, Héctor de igual forma, aunque no reparo en comentar:

    -”Con lo prendido que ando ahorita, no le negaría un pedazo de esta a nadie. Ando bien filoso”- Agregó, retocándose su ya muy endurecido bulto, que Moisés no pudo evitar pasar desapercibido.

    -”Mira que yo ando igual compadre. Yo también me ando animando. ¡Deberíamos decirle que si!”- Le respondió Moisés.

    -”Apenas y como pa’ marcarle ¿Verdad? Segurito ahorita se la han de estar cogiendo bien rico y uno aquí sin un hoyo donde meterla”.- Agregó Héctor.

    -”¡Si mi hermano! Ahorita hasta tu culo es bueno, mira que se ve que mal, no estás”-. Sugirió Moisés.

    -”Jajaja, ¡Cállate compadre! Ese ni mi vieja se lo doy”- Concluyó Héctor.

    Continuaron varios minutos con aquella plática sexual, esta vez, más en confianza, ambos se sinceraron contando algunas de sus experiencias y fantasías propias; para sorpresa de los dos, Héctor confesó tener la fantasía de cogerse a un chico gay.

    -”Qué compadre, la neta dicen que aprietan y se mueven bien rico y que el oral, ni se diga.”- Argumentó Héctor.

    -”Pues alguna vez llegué a ver porno gay, y se ve que disfrutan como nadie teniendo una verga hasta adentro. Y ni pero ponen de que les den por el culo, y una mujer difícilmente se deja wey.”- Concluyó Moisés.

    -”¡Con tu permiso compadre!”- Añadió Héctor, tomó su celular, ingresó en el navegador, buscando alguna buena página de porno, tanta plática sexual le había dejado muy caliente y al no tener a su esposa al lado, no hubo más remedio que ver porno para calmar sus ganas.

    Moisés le miró soltando una risa, no dando crédito a que su amigo pareciera un jovencito de secundaria, se terminó su cerveza y se dispuso a recostarse, pero el morbo de lo que vería su amigo le hizo acercarse a él; para sorpresa suya, Héctor miraba un video de porno gay. De principio su expresión fue de total desagrado pero enseguida aquellas escenas le fueron provocando una inminente erección.

    Pasaron los minutos, nadie decía nada, solo se limitaron a observar el video, hasta que un momento después, Héctor no pudo más, colocó su celular en un banco frente a la cama, y sin tapujo alguno bajó un poco su short, dejando salir una verga erecta, de aproximadamente 20 cm, un poco gruesa, venosa y completamente depilada; “espero no te moleste” añadió, al tiempo que comenzó a masajearla.

    Moisés le miró atónito por algunos segundos, pues nunca había visto a un hombre masturbarse a su lado, al menos no desde la secundaria. Por un momento sintió la necesidad de imitar a su amigo, pero el pudor y la pena que tuvo le limitaron a solo seguir observando el video, al menos, hasta que Héctor se percató de ello, entonces le comentó que no tuviera pena por él, que eran amigos y que no se limitara, puesto que estaban en confianza. Moisés lo pensó por unos segundos, concordó con las palabras de su amigo y en instantes comenzó a bajar su short y bóxer, liberando su erecto miembro, media 18 cm aproximadamente, era un poco más delgada, aunque evidentemente más larga, y venosa, de igual modo, desprendía de su punta mucho presemen, este decidió tomar un poco con sus dedos, pero para sorpresa de su amigo, decidió llevar los dedos a su boca, probando así el sabor de su sexo.

    Pasaron varios minutos, ninguno decía nada, pues la tensión de estar ambos demasiado cerca semidesnudos y además, masturbándose, era ciertamente incómodo, por lo que solo se limitaron a masturbarse viendo videos, intentando saciar sus instintos. Poco tiempo después, Moisés, tal vez inconsciente por el alcohol, la calentura y la cercanía de su amigo, hicieron que lentamente fuera acercando una de sus manos hasta la pierna de Héctor, la posó sobre esta y se quedó mirándolo unos instantes, este, no realizó ningún comentario, le miró fijamente, sin tampoco poner objeción alguna, al contrario, tomó la mano de Moisés y la fue subiendo levemente hasta colocarlo a la altura de su pene, fue ahí que Moisés se detuvo inquieto, los nervios se adueñaron de su ser, algo dentro suyo le hacía ir por más, pero el miedo a algo más le detenía, <<no era buena idea, no era gay>> se cuestionó, pero cuando estuvo a punto de retirar su mano, Héctor le sorprendió haciendo lo mismo, acercó su mano al miembro de Moisés, lo tomó y aprisionó con su mano, le apretó varias veces, Moisés le imitó.

    Continúo el silencio, ambos solo se miraban expectantes a la situación; la cercanía de sus cuerpos generaba una fuerte tensión, ninguno daba crédito a lo que estaba empezando a ocurrir pero la curiosidad por ir más allá los alentaba.

    Segundos después, el video pasó a segundo plano, ya no le miraron, ambos se despojaron de sus camisetas, era evidente el calor en sus cuerpos, no dejaron de mirarse, ambos sentían una extraña necesidad de intentar, pero no sé atrevían, solo se limitaron a continuar masturbando al otro.

    -“¿No quieres probarla?” preguntó Héctor a Moisés, al tiempo que elevó un poco su cadera, ofreciéndole su viril miembro a su mejor amigo, quién se sorprendió ante aquella pregunta, se quedó pensando un instante, pero el morbo ganó, así que se fue agachando poco a poco hasta que su cara quedó a escasos centímetros de aquel pene; le miró y olfateó unos segundos, cerró sus ojos como en síntoma de desagrado, abrió su boca y lo metió un poco, sacándolo inmediatamente después del roce con su lengua. Se detuvo a pensar si aquello era correcto, pero esta vez, Héctor le tomó del cabello, mirándole a los ojos, le sonrió, en ese momento Moisés se sintió con más calma y de nuevo metió el pene en su boca, esta ocasión por más tiempo y suavemente fue probándolo todo. Una vez que lo tuvo todo dentro, no pudo evitar sentir ascos, se detuvo unos segundos y de nuevo reanudó lo que hacía, ahora parecía tomar un ritmo propio, lo metía y sacaba de su boca, evidentemente con mucha torpeza.

    Después de unos minutos se detuvo, reincorporándose en la cama; Héctor miraba un tanto satisfecho lo que su amigo le había hecho, pero era precisamente Moisés quién no quería quedarse con las ganas, se puso de pie, con la verga bien erecta se dirigió al costado de Héctor, mirándole fijamente, con ciertos gestos le indico que era su turno para probar por vez primera de un miembro.

    Al igual que su amigo, Héctor sintió pena de animarse a realizar por vez primera sexo oral gay, instantes después, algo en su mente le hizo pensar que se trataba de su mejor amigo, y que no estaba demás probar, si este ya lo había hecho, lo menos que podía hacer era corresponderle, de modo que tomó aquel pene, lo masajeó un segundo y después lo fue acercando a su boca, al tenerlo en los labios, un escalofrío recorrió todo su cuerpo, respiró profundamente y se animó a llevarlo a su boca. Giró su mirada al celular, casualmente en dicha escena un chico le realizaba oral a otro, por lo que Héctor decidió que era buena idea seguir sus movimientos, para causarle placer a su amigo. Moisés volteó su mirada al techo disfrutando la situación, acarició suavemente el cabello de su amigo y no reparó en mencionarle lo bien que estaba haciendo su trabajo. Algunos minutos más tarde, Héctor se detuvo, sacó el miembro de su boca, lo masturbó un instante más y después lo soltó, se colocó de pie delante de amigo.

    Ya de frente, ambos se miraron estáticos, habían roto una barrera entre ambos, lo cual les hacía preguntarse qué pasaría enseguida, era propio dejar aquello de jugarle al heterosexual curioso y acostarse a dormir, o por separado continuar masturbándose hasta eyacular y saciar sus ganas o bien, dejarse llevar por la situación hasta ver a dónde llegaban sus instintos.

    -“Creo que este vídeo ya no lo vamos a necesitar”- Añadió Héctor al tiempo que giro inclinándose hacia al banco para tomar su celular, acción que fue aprovechada por Moisés que no dudó en acercarse y acariciar una nalga de su amigo, este giró inmediatamente mirándolo fijamente, pensó que Moisés intentaba ir más allá y tal vez eso ya no era de su agrado, pero al mismo tiempo, la sangre comenzó a recorrerle el cuerpo en especial en su pene que comenzó a dar pequeños movimientos. Moisés se percató de aquello y justo cuando Héctor se puso frente a un pequeño mueble frente a la cama, decidió acercarse y sin pena tocarle ambas nalgas, acto seguido se colocó detrás de él comenzando a rozarle su pene sobre ellas.

    Dicha situación fue un choque para ambos que parecían disfrutar ese momento, por un instante, Héctor indeciso intentó apartarse de su amigo, pero este, le aprisionó colocando sus manos sobre su cintura y recargándolo ante el mueble; segundos después, Moisés comenzó a realizar una serie de movimientos emulando una penetración, a los cuales Héctor no consentía del todo, los nervios le invadían, se notaba en el temblar de sus piernas y lo agitado de su respiración, no tenía pensando perder la virginidad de su ano, pero la curiosidad le ganaba a todo impedimento. Pasaron los minutos, la poca resistencia en Héctor hizo que Moisés fuera avanzando sutilmente, tomó de nuevo las nalgas de Héctor y esta vez comenzó a separarlas, provocando así un libre contacto de su verga con el estrecho y rosado ano de su amigo.

    -“¡No wey! ¡No te pases!”- comentó molesto Héctor, apartándose de su amigo. El juego había llegado muy lejos y eso, al menos Héctor ya no lo iba a permitir. De modo que tomó su bóxer y su short, luego de colocárselos salió de la habitación bastante molesto.

    Moisés se quedó atónito, se acercó al borde del colchón y se sentó, se quedó pensando en lo ocurrido en aquellos instantes, sin duda el alcohol combinado con la calentura, les había jugado una mala pasada, y a causa de ello estaban a punto de perder su amistad.

    <<¿Qué iba a ocurrir ahora?>> Se preguntó Moisés.

    Las dudas, cuestionamientos y posibles afirmaciones rodearon su cabeza. Pasaron los segundos, quizá minutos y Héctor no volvía, era evidente que se había roto una barrera en su amistad y ahora esta se encontraba a prueba. ¿Qué podría pasar después?

  • Encuentro (Parte II)

    Encuentro (Parte II)

    Como en el relato anterior ‘Encuentro (Parte I)’, quedamos en vernos nuevamente, después de algún tiempo por razones personales de ambos, de todas formas, manteníamos conversaciones por el móvil.

    Acordamos en vernos en el estacionamiento del shopping, el mismo de la vez anterior, cuando vi la camioneta de él, una sonrisa broto de mis labios, me le acerque sigilosamente mirándole a los ojos, nos besamos sensualmente, y con mis brazos lo rodee por el cuello, no sin preguntarle “¿cómo estás corazón?”, a lo que me respondió “muy bien bebé”.

    Me invito a subir, y nos fuimos, quedamos en ir al mismo hotel de la primera vez, con mi mano le acariciaba la pierna, y de tanto en tanto cruzábamos miradas, llegamos e ingresamos al hotel, y rocé su miembro con mi mano; lo noté a punto.

    Ya dentro de la habitación nos besamos apasionadamente, con pasión entrecruzamos las lenguas, noté su calentura y su excitación, como pudimos nos fuimos quitando las ropas, él se colocó detrás de mí, apoyando todo su miembro, y más cuando observó el conjunto que me había puesto, una ropa interior de color rojo, con una diminuta tanga, lo cual lo puso como un toro en rodeo.

    Le pase mi brazo por la nuca mientras besa mi cuello, y con sus manos acariciaba mis pechos, “así papito, me gusta” le respondí en un aliento entrecortado; me di vuelta repentinamente para besarlo, introdujo su lengua en mi boca, y con sus manos recorría mi cola, “aaaahhh, así tócame toda, quiero ser tuya” le dije.

    Tome su bóxer y se lo baje, liberando su miembro, bese todo su pecho, mientras me dejaba caer de rodillas, bese su abdomen, y llegue a su miembro, lo tome con las manos y recorrí sus testículos con mi lengua, no le sacaba los ojos de su rostro, lo cual lo ponía bien salvaje, me lo puse en la boca y se lo chupe, mientras lo masturbaba de tanto en tanto, él tomo mi nuca y me lo introdujo todo de un golpe, ahogándome no pudiendo evitar alguna arcada.

    Me tomo de un brazo y me llevaba a la cama, espera le dije, saque de la cartera un pote de crema, y se la di, con la mirada entendió el mensaje, mientras me quite el corpiño, y la tanguita, me acomode en cuatro patas al borde de la cama, y me fue besando la cola introdujo su lengua en mi ano, mientras podía sentir un inmenso placer, le pedí “haceme la cola papi, no doy más”, me unto con la crema y me introducía sus dedos, lo que me hacía dar jadeos, y el corazón palpitando a mil.

    Pude sentir su glande, coloque mis caderas en pompa, y en un agggg, fue introduciendo su miembro, con lo que me hizo dar un grito y lo ahogué contra la cama, él bombeaba rico, sus manos en mis caderas y yo en pleno placer “ahahaha, así papi” lo cual lo ponía bien caliente, “así me gusta dale dale, no pares”, con mis manos apretaba mis tetas, lo acerque con mi brazo y nos dimos unos besos de lengua mientras me bombeaba.

    Me susurra al oído “estoy por venirme”, “si mi amor, dame toda tu leche papi, la quiero toda”, de repente un chorro caliente siento en mis entrañas, caí rendida y agitada sobre la cama, él podía escuchar su respiración acelerada, como pudo se fue al baño, yo por mi lado disfrutando el momento.

    Cuando él salió del baño, me acaricia la cola y me dice, “anda, pasa al baño a limpiarte”, le respondí con una sonrisa, me dirigí al baño, fue inevitable sentir el semen que corría por la pierna, cuando salí me lo quede mirando recostado sobre la cama, su miembro se le fue parando, su mano comenzó a jugar con él, y entendí el mensaje, me abalance sobre él y tome su miembro con mis manos y mi boca, era todo mío y no tenía pensado perderlo, me dijo, “vas a lograr que llegue al orgasmo” y le dije “eso quiero papito, que llegues pero en mi boca”, no pasaron dos minutos que me estaba llenando la boca de leche, se la mostré y me la trague toda y le limpie todo su pene con mi lengua.

    Espero les haya gustado, si desean pueden escribir sus comentarios a: [email protected].

  • El abuelo (Parte 8)

    El abuelo (Parte 8)

    En mi graduación estuvieron mis padres, mis tres hermanos, el mayor y el menor y mi hermana, mis abuelos y cómo no, junto a ellos estaba Anselmo.

    Comimos en un restaurante de Madrid al que mi padre gustaba ir. Ese día quería pagar mi abuelo, Anselmo y mi padre, ganó la apuesta mi padre, diciendo que yo era su hijo y era deber suyo. Ese día era jueves. Mi abuelo nos emplazó a todos en su casa para el domingo. Allí estuvimos todos. Allí mismo Anselmo los emplazó a todos en L´Hospitalet.

    Pero de jueves a domingo, había dos días que era necesario aprovechar, son palabras de Anselmo, y nos dirigimos en un coche alquilado a La Granja de San Ildefonso. Mi madre se quedó con mis abuelos y mi padre aprovechó esos días para sus negocios. Anselmo invitó a mis hermanos a venir con nosotros, mi hermana prefirió quedarse para verse con unas amigas y mis hermanos se vinieron con nosotros. Anselmo quería que fuéramos al Parador, pero sabedor de mis gustos, buscamos online un hotel más modesto en Valladolid. El viernes, como habíamos salido temprano, lo primero que hicimos es visitar el Palacio real de la Granja, que yo conocía pero Anselmo y mi hermano Vicente Luis, el que me sigue, no conocía; sin embargo, Antonio Miguel, un año mayor que yo, conoce casi toda España, porque ese no para su culo en casa. Por la tarde salimos en el coche en dirección a Valladolid. En casa a Antonio Miguel lo llamamos Tony o Tonymi y a Vicente Luis lo apodamos Vicen.

    Lo curioso de todo esto es que nos tomaban por abuelo y nietos y así lo indicaban, pero yo corregía «no, es mi novio». No se lo creían, nos tomaban por bromistas. Así que todo era muy divertido. Mis hermanos se partían de risa a causa de mi desfachatez, y así lo pasábamos más divertido. Por la mañana había conducido Anselmo y yo me había sentado al lado; por la tarde le preguntó Anselmo a Tony si quería conducir y este se puso feliz, mis hermanos se sentaron delante y Anselmo y yo detrás. No le dejé tranquilo a Anselmo, porque muy sigilosamente le abrí la bragueta y metí la mano. Él sonreía y mi hermano entendió lo que yo hacía y me dijo:

    — Déjale tranquilo, Janpaul, déjale que descanse, —y se reían de mí.

    Nunca habíamos estado tan juntos mis hermanos y yo. Es cierto que Anselmo como que nos unía, parecíamos cuatro hermanos, si exceptuamos la edad, lo que ya habían superado mis hermanos. A lo largo del viaje ellos bromearon considerando a Anselmo uno de nosotros, ya no encontraban extrañeza en nuestra situación y eso me alegró mucho. Llegamos a una estación de servicio, llenamos el depósito y merendamos en la cafetería. Continuamos luego a Valladolid, al hotel, nos acomodamos y salimos para cenar con la idea de ir luego a Capuchinos, una sauna que nos dijeron que era formidable. Era una sauna muy común, sin nada de extraordinario. Pero tiene cabinas de masaje, con lo que todos teníamos que pasar por allí que para eso habíamos ido. También había tres tipos de sauna: turca o de vapor, terma o de temperatura de 50º y finlandesa o sauna seca. También tiene cuarto oscuro y sala de TV.

    No era tiempo de calor, pero no hacía frío, parece que iba a hacer unos bonitos días y relajarse en la sauna era la mejor de las ocurrencias. Mientras estábamos cenando, íbamos comentado sobre la sauna y mi hermano Vicen, el menor, guardaba un sospechoso silencio de un extremado rigor. Por eso, cuando salimos de cenar, en un momento en que Tony y Anselmo tenían una amena conversación entre ellos; me tomé a Vicen del brazo y le pregunté:

    — ¿Qué te pasa Vicen?, ¿por qué estás tan reservado?

    — Es que… yo… no he traído ninguna clase de ropa para bañarme.

    — No necesitas nada, Vicen, te darán toalla.

    Se me quedó mirando. Recién había cumplido los 18 años y había estado siempre en las faldas de mi madre. Preguntó:

    — ¿Todo es con toalla?

    — No; si hay mucha gente mantienen la toalla puesta, lo haremos nosotros, pero la toalla más nos servirá para sentarnos, por higiene. Las duchas no tendrán puerta o serán múltiples y el jacuzzi o piscina no es para entrar en bañador.

    — ¿Desnudo?

    — Digamos que discretamente sí, sin espectáculo, con naturalidad. Vamos a limpiar bien los poros del cuerpo.

    — ¡Qué vergüenza!

    — ¿Vergüenza, por qué?

    — Es que…, mi polla no es tan grande como la tuya…

    — ¿Crees que a mí me preocupa eso? Lo que deseo es el bienestar que notarás luego.

    — Se me ha olvidado el pijama y ponerme calzoncillos.

    — Si te sientes más cómodo duermes con el calzoncillo de hoy y mañana vamos a comprar o calzoncillos o un jean para que no necesites ropa interior.

    — Yo sé que tú no usas…

    — Desde los 12 años.

    — ¿Por qué?

    — Porque me molesta tanta ropa envolviendo la polla y los huevos.

    — Es que un día se burló de mí Tony porque no tenía la polla grande y…

    — Y ¿qué?

    — Me insultó y me dijo si yo era chupapollas, lameculos y varias cosas más.

    — Todos hemos pasado por eso, no hay de qué preocuparte; mira ahora tu hermano cómo se porta de bien con Anselmo y conmigo…

    — Es que Anselmo es tan diferente…

    — ¿En qué sentido?

    — Anselmo te quiere, es culto, sabe conversar, tiene educación, es respetuoso y a nosotros nos estima de verdad…, porque eso de que venga todas las semanas a casa a saludar a los papás y siempre con algo… entre manos; eso no tiene precio, eres un suertudo…, mmh…, si yo encontrara un novio como ese te aseguro que sería el más feliz del mundo.

    — O una novia… ¿no?

    — No; es la primera vez que lo voy a decir: me atraen los hombres, pero en mi caso los de mi edad más o menos…

    — No…, no sabía…, lo tenías muy oculto…

    — Lo sabe solo mamá, que se lo imaginaba, y se lo tomó muy bien, me dijo que si iba a ser gay que aprendiera de ti, que se estudia, se saca provecho y se lleva una vida ordenada sin escándalos. Me echó el sermón y me dijo que se lo diga a papá…, pero no me atrevo.

    — Díselo cuando regresemos a Madrid, yo estaré contigo, papá te ayudará mucho y te comprenderá, te lo aseguro por propia experiencia, yo lo hice al revés, primero lo supo papá y luego me ayudó a decírselo a mamá.

    — ¿Tony también viene a la sauna?

    — Supongo que sí, no sé…

    — Pero él es homófobo…

    — ¿Tony homófobo? De ninguna manera, es más bien bromista, le gusta provocar, él incita, es quisquilloso e incitador, pero no tiene maldad, yo sé que nos adora, igual que Laura, ella también pincha de vez en cuando para hacer saltar, pero es muy amorosa y está a favor nuestro. Ella es la que me dice alguna vez que mola mucho eso de tener un hermano gay.

    — A mí ella no me molesta, me regaña, piensa que es mi segunda madre…

    — Y lo es, ¿quién te cuidaría si te faltara mamá?

    — Eso sí.

    — Pues eso vale más que el oro, y se siente tu hermana, mayor que tú, es la sustituta de mamá, ¿Comprendes eso?

    — Voy comprendiendo, siempre me da tirria, porque es una mandona.

    — ¿Acaso tú no eres muy caprichoso?

    — ¿Ahora te vas a poner tú como ella?

    — No, pero en familia tenemos lo que necesitamos para ser alguien en la vida y hemos de cuidarla. ¿Ves lo que hizo ayer? Pudo haber venido con nosotros, una habitación para ella, ir a donde quisiera…, ¿qué hizo? sacó la excusa de visitar amigas que no tiene ninguna, para estar con mamá y la abuela, las necesita para soportar a tres hermanos, un chulo, un perfecto maricón, un tímido y un cuñado mayor que su padre. ¿Crees que es fácil eso? Hoy hablará con mamá de nosotros y mamá le dirá cómo hacer; hablará con la abuela y ella apuntalará lo que le dice mamá. Laura quiere entendernos bien a los tres para comportarse adecuadamente.

    — ¡Joder! ¡Pobre Laura! ¿Todo eso ha de soportar? Y yo sin enterarme.

    — No te hagas problemas de nada, no pienses más en todo eso, ama, ama a los papás, a Laura, a tus hermanos y prepárate para amar a lo que te salga en esta vida…

    Lo cogí de la mano y adelantamos un poco porque nos habíamos retrasado con respecto a Anselmo y Tony.

    — ¿De qué estabais hablando con tanto interés?, —preguntó Tony.

    — Ya estamos, hemos llegado, ahí es, —dijo Anselmo cuando faltaba una manzana para cortar la curiosidad de Tony—. Voy a pagar yo y ahí dentro no se discute nada —siguió diciendo—, si necesitáis algo, lo pedís.

    Entramos y pagó todo. Abrió cuenta de barra en el bar y nos fuimos a las taquillas. Como teníamos que pasar por el bar nos invitó a una copa. Anselmo y yo nos quedamos en la barra y Tony con Vicen se fueron a sentar en una mesa. Aproveché para comunicar a Anselmo el asunto de mi hermano Vicen y no se extrañó nada, como si lo supiera.

    — Me temo que Tony es bisexual.

    — No me digas…, ¿te lo ha dicho él?

    — No; pero el tiempo te lo dirá. Él va a necesitar mucho cuidado por nuestra parte, porque si encuentra una chica y se enamora, tendrá que serle fiel o su matrimonio se convertiría en un rotundo fracaso.

    — Tengo ganas de mamártela, ¿nos vamos?

    — Vamos a la sauna húmeda primero.

    Salimos y nos fuimos a cambiar los cuatro, cada uno dejó lo suyo en una taquilla y nos envolvimos con la toalla. Antes de entrar, Anselmo dijo:

    — Cada uno que vaya donde se encuentre más a gusto, no nos esperamos para nada unos a otros hasta que el cansancio nos mande para el hotel, cuando uno diga ¡basta!

    Entramos los cuatro y no había nadie. Me senté junto a Anselmo porque imaginaba que mis hermanos saldrían pronto y así fue. Nos quedamos solos, porque tampoco había otra gente en ese momento. Entonces me puse de rodillas frente a Anselmo y le cogí la polla para acariciarla y me la metí en la boca. Lamí, lamí y lamí, besé y la puse tiesa. Anselmo comenzó a delirar, pero por experiencia yo sabía que le iba a costar la llegada del orgasmo y ya me había preparado a la resistencia. No me dejé cansar, sino que descapullaba el glande y le pasaba suavemente la lengua por la flecha y seguía lamiendo. Creció y después de largo rato se puso erecta, se puso a tope y yo seguí hasta que escuché un gemido más fuerte y ayudé con mis manos para masturbar al tiempo que lamía y besaba el glande descapullado. Habría transcurrido algo más de un cuarto de hora y entre mi esfuerzo y el calor de la sauna estaba empapado. Ambos estábamos empapados, pero yo ilusionado y Anselmo entrando en los últimos espasmos de su orgasmo, sus contracciones y estremecimientos eran muy notables y se le escapaba con gemidos cada vez más fuertes. Anselmo ya no tenía costumbre de avisar que se iba a correr, porque yo lo adivinaba y así fue, preparé mi boca y metí toda la polla en ella y la cerré para sentir los golpes de su eyaculación.

    Noté que no había perdido energía y me puse feliz. Tragué su leche, no saqué la polla de mi boca para no dejar que se bajara y continué con mis manos masturbando y cuando me pareció que era el momento, me levanté, me senté sobre los muslos de Anselmo y me abracé a él cogiéndome de su cuello, para levantar mi culo y encaja su polla en mi trasero. Poco a poco fue cediendo mi culo gracias a la humedad del ambiente y comencé mi danza, en eso que entraron mis hermanos, pero yo estaba de espaldas y no los vi y me di cuenta que eran ellos porque el descarado de Tony se sentó al lado de Anselmo, y miraba curioso todos mis movimientos sin decir media palabra. Yo había frenado un poco al verlo, pero como me miraba y no decía nada, seguí. Por el contrario, Vicen se colocó en la otra esquina y nos miraba, se tocaba su polla y se comenzó a masturbar suavemente. Entonces le dije a Tony:

    — Ve allá, que tu hermano te necesita para que le des una buena mamada.

    Yo sabía que Anselmo tardaría en correrse y mi hermano Tony mirando no me hacía ningún favor. Se fue, se puso en cuclillas delante de Vicen y se puso su polla en la boca, poniéndose a mamarla. No sé cómo lo hizo, pero el chico se puso a gemir y gritar como una putilla. Parece que eso le agradó a Tony y le acariciaba los muslos y las caderas. Por fin Vicen se corrió gritando y sin avisar. Era la primera vez, según nos dijo luego, que le mamaban su polla.

    Por nuestra parte, los gritos de Vicen animaron a Anselmo y entró en sintonía, comenzó con sus estremecimientos, moviendo todo su cuerpo impulsado desde sus caderas y se corrió dentro de mí. Lo besé, me besó y estuvimos un rato abrazados y besándonos. Parece que entró alguien, pero cuando me enderecé para sentarme, no había nadie, lo que si me quedé mirando es cómo Vicen se la estaba mamando a Tony. De allí nos fuimos a la zona de duchas y nos sentamos un momento para descansar. Fue entonces cuando Vicen dijo que era su primera mamada y la primera vez que se la habían mamado.

    — Haber avisado antes, joder, —decía Tony— si tienes una polla maravillosa, encaja perfectamente en la boca y resulta muy agradable, por cierto que tu leche es tan rica y dulce que la podría mezclar con chocolate.

    Nos reímos todos de la parida, pero yo sabía lo que eso iba a significar en Vicen para su autoestima.

    — Que haréis vosotros esta noche, porque estaréis cansadísimos con el lote que os habéis dado, —dijo Tony.

    — Cuanto más se folla, más ganas se tiene de follar, ¿no sabías eso?

    — Sí, si lo sabía… —se puso a mirar a Vicen— ¿has escuchado? Ellos en la cama se lo van a pasar bien.

    Vicen se sonrió sin mirar a nadie de frente.

    — ¿Qué te pasa, Vicen? —preguntó Tony.

    — A mí nada, —respondió Vicen.

    — Entonces…, ¿tú y yo vamos a ser los tontos del equipo?, —dijo Tony.

    — No sé…

    — No sabes…, yo sí lo sé.

    **********

    Al día siguiente vi a mis hermanos dicharacheros, más amigos que nunca los había visto, felices, desayunaron como mulas y en un momento vi que Tony alargó la mano sobre la mesa y la puso sobre a mano de Vicen abrigándola y Vicen le sonrió.

    En estas circunstancias hay que entender sin preguntar. Ellos no se enteraron que yo los había visto tomándose de la mano. Anselmo no necesitó ver nada porque es largo en sus predicciones. Mis hermanos habían encajado y se hicieron más amigos de lo que lo habían sido hasta la fecha. Tony comenzó a proteger en todo a Vicen y Vicen estaba en todos los detalles para con Tony.

  • Seducida por sus piropos

    Seducida por sus piropos

    Hace tiempo que no escribo nada porque mi vida cambió y ya no me resulta fácil sentarme a escribir, pero decidí que esta historia debía publicarla. Esta publicación también es de mis épocas de adolescente. Les recuerdo algunos datos sobre mí, me llamo Claudia, delgada de cabello largo, ensortijado y negro, 1,65 m, y mis medidas 92-57-90, y para los que leyeron mis antiguas publicaciones saben de chica me atraían más los maduritos que los chicos de mi edad.

    Mi cambio físico de niña a mujercita se hizo muy evidente cuando cursaba el tercer año de la secundaria, en realidad esos cambios de contextura femenina al principio me incomodaron porque no estaba preparada para ello ya que de pronto empecé a ser piropeada y que me alaben determinadas partes de mi cuerpo. Eso fue solo al principio, cuando asumí que les gustaba a los hombres empecé a aceptarlo, al fin y al cabo era algo normal de la vida.

    Como les decía me sentí incomoda al principio pero mucho más con mi primer piropo… fue al mediodía yo regresaba sola de la escuela siempre volvíamos caminando del colegio con mis compañeras, pero ese día me atrasé en la salida y caminé sola a mi casa un señor mayor al pasar al lado de él me dijo: “Quisiera ser agua para poder rozar tu cuerpo cuando te duchas”

    Me sentí turbada… incomoda… molesta ya que no entendía como ese señor que podría ser mi padre me decía eso, empecé a cruzarme varias con él pero solo me piropeaba cuando estaba sola cuando estaba acompañada sus ojos me miraban como devorándome. El tiempo fue pasando y empezaron a gustarme sus piropos, pero lo que más me gustaba era que sus piropos no eran repetitivos, siempre tenía uno nuevo para mí, adulaba mi cuerpo y eso empezó a gustarme y yo sonreía cuando lo hacía.

    El tiempo pasó y terminé mi secundaria, y con ello mis cruces con “mi caballero enamorado” pero durante mi último mes de clases no lo vi y el no pasar más por su casa hacia que no volviésemos a vernos. Igualmente intenté ver si podía volver a cruzarlo varias veces pasé por su casa pero no lograba verlo. Podría ser mi padre, pero el no verlo me obsesionaba, tenía alrededor de 40, fachero, elegante, alto 1,80 cabello castaño con algunas canas cuerpo musculoso lo que lo hacía por demás interesante

    Un sábado a la mañana fui a una clínica, a cuidar a la mamá de Karina, una amiga mía, la mamá había sido operada el día anterior, estuve con ella toda la mañana y luego me reemplazaría Karina y a la noche se quedaría su tía… me quede con ella hasta las 18 h., cuando terminó el horario de visitas a las 18 h, ella se quedaría a cuidarla hasta que llegase su tía a las 22 h que pasaría la noche con ella.

    Salí de la clínica y entre a mirar vidrieras en un en shopping. Llevaba mi cabello negro suelto, maquillados mis párpados, labios con un rouge rojo pálido y con cadenita de oro con una medallita que me había regalado mi abuelo. Tenía puesta una remera roja con breteles y escote recto que si bien no mostraba nada lo ajustado de ella insinuaba mis buenos senos, redondos y parados y una minifalda negra, levemente ajustada que marcaba mis caderas, mi cola parada y mis piernas torneadas dejándolas al descubierto más allá de 10 cm sobre las rodillas y unos zapatos abiertos también negros de taco alto con plataforma

    En mí recorrida recibí un par de piropos algo soeces al rato un chico me siguió intentando levantarme, como no me gustó intenté por todos los medios que se fuera, él insistía y yo no sabía ya como espantarlo, hacía rato que ni lo miraba ni le pedía que se fuese, simplemente lo ignoraba, cuando una voz dijo:

    R- Te están molestando Claudia

    Me di vuelta y la voz era la de “mi madurito príncipe azul” (el de los piropos), lo mire me derretí al verlo y sonreí diciendo

    C- No… ya se iba

    Cuando quedamos solos dijo:

    R- Puedo seguir siendo tu guardaespaldas… digo… si queres

    C- No creo que te guste mirar vidrieras…

    R- Nada me molesta si eso me permite estar a tu lado.

    C- Gracias… ¿Cómo te llamas?

    R- Rodrigo… y vos tenes otro nombre

    C- Marcela

    R- Hummm, se ve que tus papás sabían que ibas a ser hermosa y te pusieron nombres que estuviesen a tono con tu belleza

    Seguimos caminando, charlado y riendo, él llevaba un jean azul y una remera blanca de cuello en V que le marcaban los pectorales, media 1,82 m., cabello castaño lacio, con algunas canas, ojos entre celeste y gris, cara hermosa de delicados rasgos, sexy divertido y agradable.

    Recorrimos el shopping y luego me invito a cenar, iba a aceptar pero ya eran cerca de las 20 h así que fuimos a comer una hamburguesa y a tomar un helado

    Mientras más estaba con él más me enamoraba, yo no estaba de novio y él era viudo desde hacía 7 años, su esposa cuando murió estaba embarazada de 4 meses, hablamos de muchas cosas, nos fuimos conociendo, el tiempo volaba, miré la hora y dije que debía irme a casa porque dije a mis padres que estaría en casa cerca de las 22 h.

    Salimos por una calle lateral al shopping y caminamos, Rodrigo me llevaría a casa en su auto, me quedé mirando una vidriera luego entramos a ella y dije:

    C- Ay que hermoso top (era semitransparente, pancita al aire y escotado mostrando senos), pero mi padre no me dejaría usarlo

    R- Es entendible, si yo fuese tu padre tampoco te dejaría usarlo

    C- ¿Y si fuese tu novia o tu esposa?

    R- Solo lo podrías usar conmigo.

    Quedaba una cuadra para llegar al establecimiento donde tenía el auto cuando me tomó de la mano, sentirla en mi piel me hizo estremecer, subimos al auto y 3 cuadras dije:

    C- Dejame en la esquina así evito preguntas de mis papis y chusmerío de las vecinas

    Rodrigo no me quiso dejar sola y dijo que iría detrás mío para cuidarme, antes de llegar me pidió vernos al día siguiente para pasear y almorzar juntos, lo cual acepté, nos despedimos con un beso en la mejilla pero muy cerca de la comisura de mis labios que sacudió mis fibras más íntimas, me bajé y camine esas cuadras con Rodrigo detrás de mi unos 20 metros.

    Llegué a casa le conté a Karina lo que me había pasado y le dije que me cubriese porque al día siguiente saldría con él y yo dije que mañana iría a la clínica. Cuando me levanté la mañana había amanecido un tanto fresca, no sabía que ponerme, quería llevar algo para aparentar no ser tan pendeja, pero de última decidí que lo mejor era ser yo misma, no tenía sentido vestirme o maquillarme como alguien mayor, así que llevé mis ojos y labios maquillados mi cabello suelto una remera rosa pálido de mangas cortas con un escote que permitía ver las nacientes de mis senos, un jean celeste muy ajustado que insinuaba mi cola parada y una camperita para cubrirme del fresco y que mis papis no viesen el escote de mi remera que por momentos según mis movimientos dejaba el borde fucsia de mi corpiño, y zapatos cerrados de taco alto.

    Salí de casa y fui al encuentro de Rodrigo, él me estaría esperando a cuatro cuadras donde paraba el colectivo, yo me sentía extraña, una mezcla de excitación, nerviosismo, no sabía cómo actuar si aparentar madures para que él no se sintiese mal junto a mi o ser simplemente yo misma; y decidí eso mostrarme tal y como era si al fin y al cabo él me empezó a piropear siendo más pendeja.

    Al llegar él me estaba esperando dentro del auto, nos dimos un beso en la mejilla y fuimos a Lujan, caminamos tomados de la mano fuimos a la basílica, caminamos a orillas del río, fuimos a almorzar, me encantaba estar con él, era sensible, dulce, tierno, tanto como para sentirme enamorada. Abruptamente y a eso de las 14 h salimos del restaurante casi a las apuradas, empezó a levantar mucho viento y el cielo oscureció, cuando llegamos al auto empezó a llover y cuando llegamos a la ruta debimos parar porque ya la lluvia era torrencial y no se veía nada, salimos de la ruta y nos detuvimos a un costado esperando que la lluvia parase.

    Estuvimos parados en ese lugar unos 20 minutos, charlamos un poco noté como sus ojos se clavaron en mi escote, el cual al no tener puesta la campera mostraba las nacientes de mis senos y los bordes fucsia de mi corpiño, lo miré y dije:

    C- ¿Te gustan?

    R- Todo en vos me gusta… sos hermosa

    C- Me encanta oírte decir eso porque vos también me gustas.

    Nos miramos a los ojos su cara se acercó a la mía, su boca se depositó en mis labios y nos besamos en la boca, mi cuerpo se estremeció, su lengua entró en mi boca, sentí mis pezones erguirse, el beso fue cada vez más apasionado, podía sentir mi tanguita mojada, no podíamos detenernos, el beso era cada vez más intenso y sus manos por sobre mi remera magreaban mis senos, la lluvia luego de esos 5 minutos se aplacó y volvió a asomar el sol; pero entre nosotros se desató un intensa e irrefrenable tormenta de pasión lo que evidentemente solo la iba a calmar un encuentro íntimo, me pregunto si estaba segura y mi respuesta fue un beso apasionado.

    A unas pocas cuadras de allí había un hotel alojamiento, parecía un jardín con césped y arboleda, entramos a la habitación, nunca había ido a un hotel, la habitación era hermosa, con una luz en el ambiente tenue y música suave. Me quedé mirando la habitación, sentía una mezcla de excitación y temores, no sabía y si podía siendo alguien con poca experiencia satisfacerlo en la cama.

    Me abrazo por atrás y besó mi cuello, mis pezones respondieron a sus besos endureciéndose enseguida, me recostó en la cama mis pies en el piso, él los tomó y me quitó los zapatos, se pero delante de mí y dijo:

    R- Sos hermosa…

    Se arrodilló delante mío y sus manos por sobre el pantalón se deslizaron juguetonas y sensuales por mi vagina, luego fue subiendo lentamente mi remera acariciando y besando cada centímetro libre de mi vientre, mi boca gemía, mi cuerpo se revolcaba de placer y mis manos jugueteaban con su cabello, al llegar a mis senos, quitó por completo mi remera, besó mis senos sobre mi corpiño fucsia e instantes después lo retiró de mi cuerpo tomó mis senos con sus manos, los besó… los lamió… se apoderó de ellos… mi cuerpo disfrutaba cada incursión de su boca, y mis gemidos demostraban sin equívocos el placer que ello me provocaba..

    Luego su boca fue en busca de la mía y nos besamos con intensa pasión, luego dijo:

    R- Ay chiquita… sos hermosa, quiero disfrutar cada centímetro de tu cuerpo, penetrarte y hacerte mía, desde que te vi por primera vez sos mi obsesión, pero antes de hacerte mía quiero recorrer todo tu cuerpo con mi boca

    C- Si mi amor es hermoso poderte sentir en mi cuerpo te amo y te deseo con todas mis fuerzas, quiero ser tuya…

    Nuestras lenguas se unieron en un apasionado beso de lengua, para luego con sus besos y caricias bajar por ni cuerpo, volvió a saborear mis senos, yo me sentía en otro mundo, siguió bajando por mi vientre, desprendió mi jean, bajo el cierre, quitó de mi cuerpo el jean acarició mis muslos y besó mi vagina sobre mi tanga húmeda, luego la retiró dejando libre de ropa todo mi cuerpo y besó mi húmeda y depilada vagina a la que le dio leves besos, mi cuerpo se estremecía y mi boca no paraba de gemir, luego su lengua entró en mi vagina y su lengua lamió y se apoderó de ella en medio de mi cada vez más intensos gemidos y me sentí enloquecer de placer porque nadie me hizo vibrar de esa manera, y tuve mi primer orgasmo, mi cuerpo convulsionó de manera intensa lanzando mis jugos vaginales que él saboreo deseoso.

    Cuando mi cuerpo se calmó, sus besos volvieron a recorrer mi cuerpo, descendiendo por cada una de mis piernas, esto me excito muchísimo, a tal punto que le pedí que me penetrara y el respondió:

    R- Si chiquita… hacerte mía es lo que más deseo en el mundo… hace dos años que lo deseo.

    Nos besamos enloquecedoramente, luego me miró a los ojos y volvió a acariciar mi cuerpo suavemente y besarme, mi cuerpo se llenaba de pasión, sentí su miembro erguido en la puerta de mi vagina empezó a frotarlo sobre mi concha humedecida y empezó a penetrarme suavemente haciéndome sentir su pene dentro de mi ser, lo sentía entrar y sentía como mi ser lo iba devorando, y lo tuve todo dentro mío cuando nuestros vientres se unieron y su voz dijo:

    R- Al fin sos mía…

    C- Si mi amor es hermoso ser tuya

    Sentía su pene entrar y salir de mi cuerpo en forma suave, mi cuerpo sentía un placer inmenso, me sentía explotar, la pasión me invadía, mis gemidos invadían la habitación y dijo:

    R- Así princesa, es hermoso tenerte así y sentirte mi mujer.

    C- Si papi… me encanta estar así con vos me encanta ser tu mujer

    Nos besamos apasionadamente, me sentía plena de tener su pene recorriendo mi vagina, sus movimientos se aceleraron, yo aferraba su cuerpo con mis manos y el momento que estábamos viviendo era de locura y pasión, no me pude contener más, mi cuerpo estalló en un infernal orgasmo… un orgasmo de placer infinito y mi cuerpo se agitaba sobre la cama cuando su pene exploto lanzando su cálido semen en mis entrañas, mis piernas se entrelazaron a su cuerpo, la pasión y la lujuria nos invadía, ese momento fue hermoso, me sentía feliz de poseer a Rodrigo y tener al hombre que durante 2 años me hizo sentir mujer con sus piropos, ahora era su mujer en la cama.

    Cuando nuestros cuerpos se aquietaron nos acariciamos y besamos nuevamente, me sentí feliz al escuchar en mi oído palabras de amor, nos fuimos a duchar juntos, sus besos su caricias volvieron a excitarme. Fuimos hacia la habitación y dijo:

    R- Aun tenemos tiempo casi dos horas ¿quieres que nos quedemos?

    C- Si quedémonos hasta que nos echen… quiero ser tuya de nuevo papi

    Sus besos y caricias volvieron a enloquecerme, hubo un intenso beso de lengua, para luego ir bajando por su cuerpo con besos y caricias hasta llegar a su miembro que aún no estaba muy tieso, mis besos, caricias y lengüetazos lo activaron nuevamente, empezó a gemir, más aun cuando su pene ingreso totalmente en mi boca, ahora su pene había vuelto a endurecerse, nuestros cuerpos giraron hasta que mi vagina quede a disposición de su boca, su lengua entro en mi vagina yo estaba muy excitada, sentía que estaba a punto de tener otro orgasmo, mi boca abandonó su pene y lo monté introduciendo su pene en mi caliente vagina, apenas lo hice mi cuerpo estalló en un nuevo orgasmo.

    Cuando mi cuerpo se calmó empecé a cabalgar sobre él, sus manos recorrían mi torso hasta llegar a mis tetas, acariciarla suavemente, pellizcar mis pezones y dijo:

    R- Princesa sos una delicia de mujer

    C- Si papi esto es hermoso quiero ser tu mujer por siempre… te amooo

    Era hermoso estar así, sentir su miembro tan dentro de mí moverme para satisfacer en plenitud mis deseos y dije:

    C- Me encanta papi tenerte así y ser tu hembra

    R- Es hermoso tenerte así y si sos una hembra deliciosa

    Él se incorporó un poco, sus manos aferraron mis nalgas, me detuve unos instantes, el mamó de mis senos y pellizcó suavemente mis pezones, eso me excitó más aún, era hermoso sentir su miembro viril dentro de mí entrando y saliendo, el placer y el gozo nos invadía y dije:

    C- Por favor papi… dame tu semen… mi vagina y yo lo deseamos

    R- Voy a cumplir con creces tu pedido pero deseo cambiar de posición

    C- Lo que quieras papi, lo que estoy viviendo hoy es hermoso

    Me hizo poner en cuatro, me sujetó con sus manos por mis caderas y volvió a introducir su pene, la sensación de gozo era indescriptible, su pene entraba y salía con facilidad mi vagina esta empapada por mis jugos vaginales, yo gemía y gritaba por el intenso placer que sentía y dije:

    C- Por favor papi… acábame… quiero sentir tu leche dentro mío

    R- Ahora vas a ser mía, disfrutemos este momento

    Segundos después los dos explotamos en miles de convulsiones en un delicioso orgasmo, su cálido semen inundó mis entrañas, mi cuerpo vibraba desde lo más profundo de mi ser.

    Cuando nuestro cuerpo se aquietaron nos acostamos en la cama, me acote de costado, él me tomo por la cintura sentí su pene en mi cola sus besos en mi cuello, su boca repitiendo “te amo”, segundos después el llamado del teléfono y una voz que decía… ”acabó su turno”, nos duchamos y regresamos luego de haber vivido un intenso domingo de amor y sexo. Pero lo nuestro solo duró 2 meses más, creo que la diferencia se edades contribuyó en nuestra separación.

    Espero les haya gustado.

  • Sergio, el amigo de mi esposo

    Sergio, el amigo de mi esposo

    Les voy a contar sobre Sergio Iván, él era un amigo de mi esposo, tuve una serie de aventuras sexuales con él y se las voy a compartir.

    Era el año 2016, Luis trabajaba en una empresa en el sur de la ciudad, siempre me hablaba mucho de Sergio, (antes de continuar quiero aclarar que, para este año, ya éramos más liberales y ya nos compartíamos mutuamente) Luis y Sergio ya habían tenido sexo con la mayoría de sus compañeras, pero nunca me había invitado a un trio con ellos.

    Llego la fiesta de fin de año y fui con Luis, estaban todos sus compañeros y finalmente se me hizo conocer en persona a Sergio, era atractivo, muy alegre, conversador, me cautivo desde que lo vi, noté que el también no dejaba de mirarme y como tiene o tenía buena relación con mi esposo, me alagaba cada que podía, “que hermosa es tu esposa”, “en serio que guapa eres Monique”

    La fiesta se tornó más amena, entre tragos y baile poco a poco todo subió de ánimos, yo ya hablaba con el como si nada, lo abrazaba, bailaba con él, llego un momento donde nos quedamos en la mesa platicando mientras Luis andaba baile y baile con sus amigas.

    S: Me ha contado Luis que ambos participan en tríos e intercambios

    Yo: Así es, nos gusta tener sexo con otras personas

    S: ¡Uy! ¿Y porque no te ha llevado con nosotros?

    Yo: No lo sé, algo te conoce jajá

    S: ¡Me ha de tener envidia! de que cojo mejor que el jajá!

    Yo: ¡estaría bueno comprobarlo!

    Nos quedamos mirando cachondamente, le sonreí y me fui al baño, para llegar ahí tenía que pasar por unos almacenes, cuando me dispuse a regresar, al pasar cerca de un almacén me jalaron con fuerza hacia uno de ellos, ¡mi sorpresa y emoción fue ver que era Sergio! Comenzó a besarme con pasión, yo gustosa accedí acariciándole su espalda, ¡el sin dudarlo acariciaba mi vagina por encima de mi pantalón!

    S: ¡Estas buenísima, te traigo muchas ganas!

    Yo: ¿Por qué?

    S: Te he visto en fotos y videos y se ve que coges delicioso, además que cuerpo tienes, ¡qué suerte tiene Luis!

    Nos besábamos pasionalmente, el me levanto la blusa, yo no traía sostén, comenzó a besarme mis tetas de una forma tan rica, ¡como nunca nadie lo había hecho!

    Yo: Que rico, que lengua más juguetona

    S: ¡Que tetas más ricas, no me imagine que fueran tan sabrosas!

    Estábamos en un cuarto un poco pequeño, lleno de papeles, el me dio la vuelta y yo me apoye en un anaquel que estaba ahí, me besaba la espalda y mi cuello, yo cerraba los ojos y gemía suavemente, con sus grandes manos acariciaba mis nalgas por encima de mi pantalón, escuche como bajo sus pantalones, al darme vuelta para mirar ¡puta madre! ¡Era una verga muy rica, grande de cómo 20 cm, pero con una cabeza gruesa!

    S: ¡Enséñame que tal la chupas, los rumores dicen que eres una maestra!

    Yo: Con razón Luis no me dejaba estar contigo, ¡teme que me guste más tu verga y no lo culpo!

    S: Jajá, que Luisito tan envidioso, ¡yo le comparto a mis amigas y él no te quiere compartir conmigo!

    Me puse de rodillas y comencé a chuparle su rica verga, ¡dios mío! ¡Apenas si me entraba en la boca, la lamia como paleta, le besaba los testículos, él me tomaba de la cabeza y me llevaba a donde quería ser chupado por mí! ¡Me estaba deleitando con su palo, era delicioso y duro, me pido que abriera lo más que pudiera mi boca, me tomo de la cabeza y comenzó a empujarla, yo la tragaba con esfuerzo, sentía que me ahogaba y me costaba respirar por la nariz, que verga! La empujaba y de alguna forma ya tenía la mitad dentro de mi boca, ¡que rico!

    S: ¡Que rico mamas! ¡Eres una maestra del oral!

    Seguí ahogándome un rato más, yo estaba encantada pero adolorida dela boca, me puso de pie, y me bajo el pantalón y la tanga, comenzó a lamerme las piernas y las nalgas, ¡yo ya escurría de la excitación!

    S: ¡Que nalgas!

    Yo: ¿Te gustan?

    S: ¡Eres una diosa, puta, pero diosa!

    Levanto mi pierna, y comenzó a penetrarme suavemente, me dolió un poco por lo cabezón que estaba, ¡pero ya dentro uf! Era riquísimo, nos besábamos y movíamos juntos con su mano acariciaba mis nalgas y se empujaba más rico

    S: ¡Que vagina más apretada, Moni que rica eres!

    Yo: ¡Así que dura, me destrozas!

    La adrenalina de ser encontrados me excitaba más, lo mordía con fuerza del cuello, ¡el solo me empujaba más fuerte su verga!

    S: ¡Que rica mujer! ¡Si Luis me viera ahorita!

    Yo: ¡Coges más rico que el!

    S: ¡Jajá con razón no te dejaba estar conmigo!

    Yo: ¡Soy una traidora!

    ¡Me dio la vuelta, me abrió las piernas y apoyándose en mis nalgas me la dejo ir muy deliciosamente, yo movía mis caderas para sentir esa tremenda verga mejor! Que rico se sentía y es que yo amo demasiado a mi esposo, pero no voy a negar que Sergio coge mejor, yo gemía del placer que sentía, el me mordía los hombros y se movía fuerte.

    S: ¡Moni que ricas nalgas, muévete puta muévete!

    Yo: ¡Que rico! me matas amor me matas!

    Me empine lo más que pude mientras él me daba de nalgadas, no me importaba que nos fueran a descubrir, sabía que Luis estaría molesto, pero no me importaba, ¡solo quería seguir siendo empalada por Sergio!

    Yo: ¡Así amor, que rico, que rico!

    S: ¡Te mueves fantástico, que mujer eres!

    Yo: ¡Soy única e irrepetible, cógeme!

    S: ¡Me voy a venir nena!, me vengo!

    Yo: ¡Descárgala dentro por favor!

    ¡Comenzó a chorrearse con gran potencia, parecía que me estaba orinando! Que rica sensación, yo también escurría, gemíamos ya sin preocuparnos si nos escuchaban, reposamos unos minutos y salimos, primero yo y después el, Luis seguía con sus amigas, Sergio solo me sonrió y se fue con Luis.

    ¡Este fue la primera vez que tuve sexo con él, lo miraba bailando con las compañeras y mientras yo estaba llena de leche sonriendo en mi silla! Sabía que venían más aventuras.

    Su amiga Lety.

  • Más que fútbol (2): En la oscuridad de la noche

    Más que fútbol (2): En la oscuridad de la noche

    Apenas se colocó su short y bóxer, Héctor salió apresurado de la habitación, confundido, cabreado con su amigo por haber intentado sobrepasarse. Bajó rápidamente las escaleras dirigiéndose a la sala, buscó entre el desastre de la borrachera alguna cerveza sin abrir pero no la hallo, de modo que se acercó a la cocina, abrió sin hacer ruido el refrigerador, tomó una lata y se dispuso a tomársela. Recargó su cuerpo contra la barra que divide la cocina del comedor, mientras bebía con mucha insistencia, se cuestionaba lo ocurrido, no aprobaba haberse comportado como un puberto con su mejor amigo, y mucho menos que este se haya atrevido a más, sin duda sabía que no era culpa solo de Moisés, sino de ambos por haber llegado a tanto. En un ‘flashback’ volvió a su mente lo de aquel momento, sintió de nuevo la boca de su amigo en su pene, e incluso el tenerlo detrás de el con su pene rozando sus nalgas, por ello, su miembro comenzó a despertar de nuevo, Héctor sintió la sangre calentarse de nuevo, pero detuvo todo pensamiento, abrió sus ojos, de un trago se terminó la cerveza y abrió el refri sacando una nueva, esta vez cuando estuvo a punto de abrirla pensó en Moisés, sabía que él también lo estaba pasando mal en esos momentos, e incluso el ver salir enfurecido de la habitación a su amigo y tardar en volver podría hacerle sentir miserable.

    El afecto que siente por él pudo más, así que no tomo una cerveza sino dos, y se aproximó de nuevo a la habitación; al entrar, lo primero que vió fue a su gran amigo Moisés recostado en la cama en forma circular, era evidente lo mal que se sentía, Héctor se acercó sentándose al borde de la cama, colocó una mano en la cintura de su amigo y le habló por su nombre. Inmediatamente Moisés arrepentido le pidió perdón, pero antes de que pudiera decir algo más, Héctor le dio una lata de cerveza, agregando que no era culpa suya sino de ambos porque así lo habían querido. Se dieron un afectuoso abrazo de amistad, que siempre acostumbran, y comenzaron a beber su cerveza. No decían más nada, solo bebían, haciendo ciertamente de ese, un momento incómodo; una vez que ambos terminaron su cerveza, decidieron que era buena idea dormirse, y así evitar ponerse mal con lo ocurrido.

    La madrugada avanzó, ambos cayeron en sueño profundo, hasta que inconscientes sus movimientos hicieron que sus cuerpos quedarán totalmente cerca. Héctor movió su cadera y sin querer quedó justo en la pelvis de su amigo, quién de inmediato despertó abrumado, alzó su cabeza suavemente y notó que su amigo se encontraba profundamente dormido, así que no le preocupó. Transcurrieron unos segundos y la circulación de Moisés comenzó a agitarse, de nuevo tenía a su disposición las nalgas de su amigo, algo le decía que se animara a tocarlas, pero eso desencadenaría un nuevo conflicto; luego de pensarlos por pequeños instantes movió su mano acercándola ligeramente a la cadera de su amigo y la posó en ella.

    Se quedó quieto expectante a la reacción de su amigo, quien no se inmutó, ni mucho menos; Moisés detuvo su mano por unos instantes, pero enseguida, cuando estuvo a punto de apartarla, Héctor giró una de sus manos colocándola en la nalga de su amigo y presionó, para que la pelvis de Moisés quedará aún más repegada a sus nalgas.

    Moisés se sorprendió, pero al mismo tiempo su morbo se puso al cien, su verga erecto al instante y comenzó a refregarse a su amigo, oprimió bastante sus cuerpos para después comenzar a moverse de adelante hacia atrás. Héctor lanzó un pequeño gemido que asustó a Moisés, por un instante creyó que se había molestado, pero por el contrario, Héctor gimió por gusto ante aquella situación.

    Instantes después, Héctor movió un poco su cuerpo, quedando ligeramente volteado, de modo que su cara quedará frente a la de su amigo, ambos se miraron fijamente, nuevamente estaban cayendo en el mismo juego; suavemente fueron acercando sus caras sin decir nada, de pronto quedaron prácticamente pegados, sintieron la respiración del otro, y se prendieron más, enseguida y sin pensarlo acercaron sus labios dándose un tímido beso, solo un par de segundos y se separaron rápidamente. Fue un choque tremendo, jamás lo habían hecho.

    Antes de que Moisés se pensará de nuevo en que había hecho mal, Héctor deslizó su mano entre las sábanas hasta tocar el bulto de su amigo, le dio un ligero apretón y después metió su mano entre las prendas para poder sentirlo a flor de piel, sujetó un instante y enseguida comenzó a masturbarlo por varios segundos, hasta que sintió la necesidad de volver a probarlo, de modo que inclinó su cuerpo hasta llegar a la pelvis de su amigo, Moisés bajó sus prendas y apartó las sábanas, Héctor miro de nuevo el erecto miembro de su amigo, y luego lo llevo a su boca una vez más, esta ocasión ya no le disgustaba tanto el sabor, al contrario, parecía disfrutarlo, tanto, que sin querer utilizó uno de sus dientes provocando dolor en Moisés; pasaron los minutos y ambos gozaban de la ocasión que incluso Héctor fue realizándolo cada vez mejor, hasta que Moisés colocó la mano en su hombro, detendiendolo, si continuaba así, Moisés estaría a punto de eyacular y no se lo permitiría sin antes el también haber disfrutado, así que cambiaron posiciones, ahora Héctor se sentó sobre la cama recargándose en la cabecera de la misma, Moisés por su parte se hincó a la altura de las piernas abiertas de su amigo, luego bajo su cuerpo hasta que su cara quedará de frente al pene de su amigo, y lo ingresó en su boca, comenzó a lamerlo dejándose llevar por aquel momento.

    Héctor alzó la mirada y notó las nalgas de su amigo quedar expuestas, lo que le excitó aún más que el sexo oral que estaba recibiendo; flexionó su espalda un poco, tratando de que sus manos pudieran alcanzar las nalgas, y cuando lo logró comenzó a sobarlas y de vez en cuando pasó un dedo por el ano de su amigo, quién al sentirlo, gimió suavemente. Después de algunos minutos, Héctor tomó por el mentón a Moisés, alzándole la cara, nuevamente sus miradas hicieron conexión, los dos movieron sus cuerpos hasta que Moisés quedó encima de Héctor y volvieron a besarse, esta vez no se apartaron al sentir sus labios, por el contrario, disfrutaron la situación; sus manos se balancearon por el cuerpo del otro, y siguieron así por unos minutos más.

    En la habitación se percibía mucha adrenalina sexual, ambos habían perdido toda compostura, solo se dejaron llevar por lo que su instinto necesitó en aquella noche.

    -“¡Quiero metértela!”- Repuso Héctor un tanto expectante a la reacción y respuesta de Moisés, quién evidentemente dudó de aceptarlo, le argumentó el miedo que sentía a no disfrutarlo o a que le lastimara, a lo que Héctor contestó que no tendría de qué preocuparse y que trataría de hacerlo con todo el cuidado y precaución necesarios, es así que Moisés aprobó nervioso, pero solo con la condición de que Héctor después también se dejará penetrar, este último dudo un segundo pero después aceptó a probarlo por una vez.

    Héctor se apartó de la cama, y busco entre sus cosas, por suerte, siempre cargaba unos cuantos condones en su mochila por precaución. Tomó uno, tirando los demás sobre el colchón, le abrió y comenzó a ponerlo en su pene, enseguida miro a Moisés, este lo entendió perfecto, había llegado la hora, así que se dio la vuelta hincándose sobre colchón, bajo sus codos hasta reposarlos sobre la cama quedando prácticamente en posición de “perrito”; Héctor por su parte sintió una fuerte sensación de cosquillas en su cuerpo al ver a su mejor amigo frente a él, casi empinado ofreciéndole el culo esperando el momento en que le metiera su verga, así que no pasaron varios segundos y Héctor comenzó a masturbarse, sin dejar de tocar las nalgas de su amigo, las fue separando de a poco y también acercándose él. Una vez que estuvo muy cerca apunto su verga a la entrada.

    -“¡Despacio!”- suplicó Moisés, Héctor palmeó sus nalgas haciéndole sentir calma y que todo estaría bien, luego empujó un poco, Moisés lanzó un grito ahogado y se retorció, Héctor entendía dicha situación por lo que no intentó hacerlo de nuevo, al contrario, escupió saliva en su pene, otro poco en sus dedos y los llevó hasta el ano de Moisés, hizo movimientos circulares, tratando de dilatar el culo y a su vez estimularlo para aminorar el dolor. Segundos más tarde volvió a intentar introducir su verga, ahora recorrió toda su raya con su miembro por algunos segundos, hasta centrarla en aquel rosado ano, y así, poco a poco fue metiéndola, despacio, suave, tratando de no lastimar a su amigo, quién, con cada segundo que entraba en su ano, no paró de gemir e incluso gritar, olvidando que no estaban solos, pero sin importarle más nada. Movimientos más adelante, Héctor ya tenía toda su verga dentro de Moisés, esperó un par de segundos y después comenzó a moverse, le gustó, evidentemente su amigo tenía un culo muy estrecho, apretado y eso le otorgaba mayor estimulación, cerró sus ojos, se dejó llevar. Moisés en cambio, parecía no disfrutar tanto de aquella situación, pero se aguantó sus ganas de quitarse, solo colocó sus manos sobre la pelvis de su amigo, empujándolo, tratando de no dejarlo entrar al fondo, pero Héctor, quería, y sin más remedio tomo las mandos de su amigo y las apretó contra la espalda baja de su amigo, ahí las detuvo y continuó penetrándolo, Moisés instantáneamente agachó su cuerpo, recargando su cuello sobre el colchón, y Héctor está vez comenzó a moverse con mayor rudeza, prácticamente olvidando que a quién penetraba era a su mejor amigo. Continuó por varios minutos más, hasta que la fricción del culo sobre su pene comezabron a arrojarle espasmos, el momento de eyacular se acercaba, pero sabia que al hacerlo, le sería imposible que Moisés introdujera si quiera un dedo en su culo, y había acordado previamente también dejarse penetrar, así que sacó el pene del culo de su amigo, palmeó ligeramente y lo invitó a ponerse de pie, Moisés se quedó un instante recostado, intentando regenerarse, tratando de aliviar el dolor, llevó una mano a su cadera, la detuvo ahí y dio un pequeño grito. Respiro profundamente y después se puso de pie, Héctor que notó las expresiones en su amigo, se acercó, frente a frente solo intercambiaron miradas, ahora no hubo beso, solo un abrazo de aliento de parte de Héctor.

    No dijeron más nada, pero Héctor sabía que llegaba la hora de cumplir, se giró hacia la cama colocándose boca arriba sobre el borde del colchón, al haber visto la reacción de su amigo, creyó que tal vez así no sentiría tanto dolor e iba a poder mirarle a la cara. Tomó sus piernas y las acercó a su estómago, Moisés se paralizó apreciando aquella escena, su mejor amigo, abierto de piernas, ofreciéndole su culo peludo como toda una puta, <<como una puta>> esa sensación electrizó todo su ser, la sangre le subió a su cerebro y fue así que se acercó hasta él, se agachó un poco flexionando sus rodillas, tomo las caderas de Héctor con sus manos y jalo su cuerpo lo más que pudo hacia el, ahora volvió a mirar el culo de su amigo, lanzó un par de escupitajos que esparció por todo ese culo con sus dedos, recordando lo doloroso que era decidió estimular primero, luego se puso un condón y así, la dirigió hasta la muy velluda cavidad de su amigo, fue introduciendo poco a poco cada centímetro, Héctor inició una serie de gemidos y gritos que fueron necesarios apagar con la mano de Moisés que le colocó encima para así, evitar mayores ruidos y ser descubiertos. A Héctor le dolía, pero no quería parar, por supuesto Moisés no pararía, solo sintió toda su verga dentro de su amigo y comenzó a moverse incrementando su intensidad, de igual forma, olvidando que es la primera vez de su amigo. Colocó sus manos en los hombros de su amigo, empujando su cuerpo contra el suyo, está ocasión acercó sus labios a los suyos, evitando así, que Héctor pudiese quejarse en absoluto. Continuó penetrándolo por varios minutos. El sudor se hizo presente en ambos, su cuerpo ya desprendía el calor, pero el deseo fue creciendo. Moisés retiro la verga del culo de su amigo, ambos se acomodaron de tal forma que sus nalgas se cruzaron, las piernas de Moisés quedaron a un costado de las costillas de Héctor y de igual forma las piernas de Héctor en el cuerpo de Moisés. Sus vergas y testículos chocaron entre sí, y ambos comenzaron a masturbarse. En ocasiones, era Héctor quién tomaba ambas vergas y las sacudía de arriba a abajo. Moisés, por su parte, tomo las piernas de su amigo, las acarició y luego llevo los dedos de los pies de su amigo a su boca, y comenzó a chuparlos, situación completamente placentera para Héctor, quien no dudó en imitarle y de igual forma chuparle los dedos de los pies a Moisés.

    Minutos más tarde, volvieron a enfocar su atención en sus vergas demasiado erectas y a punto de estallar. Esta ocasión bastaron solo unos segundos, para después ambos arrojar chorros de semen sobre sus cuerpos, ambos se unieron entre sí en un fuerte gemido, la situación era un clímax total, el orgasmo de los dos fue tremendo, que al término se quedaron estáticos por varios minutos, hasta intentar reponerse de aquel momento.

    Luego de limpiar los restos de semen sobre su cuerpo, ambos se colocaron sus bóxer y volvieron a recostarse, esta ocasión metiéndose bajo las sábanas. En un principio cada uno en un extremo del colchón, ninguno se dirigió palabra alguna, se encontraron inmersos en un silencio un tanto incómodo, hasta que después, Héctor acercó su mano a la de Moisés, y una vez que estas se conectaron las apretaron fuertemente, de inmediato se miraron de nuevo, luego de una sonrisa de parte de cada uno, como por inercia se acercaron de nuevo, rodeándose con sus manos y volviendo a besarse apasionadamente, con deseo.

    Esta vez, ninguno de los dos estuvo lo suficientemente preparados para ser penetrados por segunda vez en la misma noche, solo se limitaron a continuar los besos, abrazándose e instantes después ambos cayeron en un profundo sueño del cual no despertaron hasta la mañana siguiente.

    Alrededor de las ocho de la mañana, el primero en abrir los ojos fue Héctor, colocó sus manos en su cabeza, la cruda era evidente, se levantó y miró a su amigo quién aún dormía, mientras lo hacían recordó lo que había hecho en la madrugada, lejos de disgustarse o cuestionarse por ello, sonrió, se puso de pie, colocándose sus prendas y salió de la habitación, rumbo al baño, al salir de ahí decidió buscar a su amigo Mauro, llamó a la puerta pero no contestaron, tomó la manija y abrió suavemente, pero dentro de ella solo dormía Joaquín plácidamente, completamente desnudo, se sorprendió pero no le dio mayor importancia.

    Bajo las escaleras y fue que Mauro le saludó, platicaron brevemente hasta que decidieron salir y buscar que desayunar para bajar la cruda.

    Al poco rato Moisés despertó, dando un pequeño salto cuando encontró a Joaquín al lado de la cama mirándole fijamente. Este último se disculpó y alegó que le había sorprendido encontrarle desnudo, que solo había ingresado por ropa la cual no tenía en la mano, se dio la vuelta, la sacó de su clóset y salió de la habitación. Moisés se quedó pensativo ante la presencia de Joaquín, esa mirada daba mucho qué pensar y ciertamente en algún momento ya se había cuestionado las preferencias de este pero al igual que otras veces no le dio importancia, por el contrario se puso a recordar lo vivido la noche anterior y un vuelco en su estómago le hizo casi ponerse erecto de nuevo, hasta que se preguntó porque Héctor no estaba ahí, así que se puso su ropa y salió a buscarlo.

    Joaquín estaba en la cocina tomando agua, al mirar a Moisés se puso rojo pidiendo de nuevo perdón, Moisés estuvo a punto de contestarle, cuando aparecieron Héctor y Mauro con el desayuno.

    Durante el desayuno, los cuatro platicaban las hazañas del día anterior, de nueva cuenta como todo hombre, Héctor y Moisés ponían atención a sus amigos como averiguando si no fuesen descubiertos por alguno de ellos la madrugada anterior, de manera especial, Moisés ponía mayor énfasis en Joaquín y en sus posibles ademanes, este al percatarse de la mirada de Moisés miraba rápidamente hacia otro lado evitándole.

    Cerca de las doce del mediodía, Héctor y Moisés salieron de casa rumbo a las suyas. Esa tarde Héctor y Moisés lo pasaron cada uno con sus esposas, no intercambiaron mensajes ni recordaron lo hecho esa noche, incluso, tampoco lo mencionaron en días posteriores en el trabajo, y mucho menos hubo acto de insinuación alguno. Su amistad continuó tan grande como siempre e intacta como si nunca hubiesen roto cualquier barrera.

    Aunque, bien dicen, el que lo hace una vez, lo hace dos veces, pero, ¿Será que eso aplicará en ellos y estarían dispuestos a llevar su amistad a otros límites?

    Eso, es otra historia…

     

  • La cuidadora

    La cuidadora

    Era invierno, las tardes entre semana cuando volvía a mi pueblo tenía que ir a afeitar a mi abuelo que no veía y estaba enfermo. Por ello tenía una cuidadora, una señora casada con marido y dos hijas, una ya en pareja. Ella algo más de 40 y yo 23. Morocha, pelo por los hombros, lacio, ojos negros. Siempre usaba jeans ajustados que le marcaban muy bien sus glúteos. No muy gorda, pero no flaca, con pechos interesantes digamos 95. Yo 1.83 no llegaba a 80 kilos, flaco, ojos marrones y castaño de pelo lacio corto.

    Una de esas tardes llegó y la encuentro bañando a mi abuelo, pero no podía del todo con él. Voy al baño y la ayudo. Lo vestimos y casi de casualidad quedé detrás de ella luego de dejarlo en la cama para dormir la siesta. Yo estaba empalmado y se pegó casualmente a mí. Yo me fui contra el ropero e instintivamente puse una mano en sus pechos para no caer.

    Salimos de la habitación y me preguntó si me podía ayudar con algo mientras bajaba la vista al bulto entre mis piernas. Yo le sugerí aprontar un mate (bebida que se toma con una bombilla por donde pasa el agua caliente) y nos dirigimos a la cocina. Cuando llegamos deje que pusiera el agua en la caldera y cuando estaba ocupada, me acerque por detrás y cerré la canilla apretándola contra el fogón.

    Dejó la caldera, se dio vuelta y nos empezamos a besar. Luego ella me soltó, me separó y tomó el control de la situación exigiendo ver que tenía para ella entre mis piernas, dejé caer el pantalón y el sleep negro y quedó a su vista un pene de 23 cm x 5. Ella lo vio y sin decir nada se arrodilló y empezó a lamer y tragar lo que podía hasta que decidió parar. Entonces le dije que yo también quería ver pero mejor ir al cuarto de huéspedes que estaba pegado.

    Mientras caminaba, se sacó el buzo y desprendió la camisa y el soutien, cuando se dio vuelta se dejó caer en la cama. Me lancé sobre ella a chupar con ansiedad sus senos. Luego ella se bajó y puso sus pechos con mi pene entre ellos y empezó a chupar de nuevo. Le pedí para penetrarla y me dijo que tenía miedo porque él marido la tenía muy pequeña. Entonces siguió chupando hasta que se tragó toda la leche. Prometiendo que al otro día me daría lo que le había pedido.

  • Sergio el amigo de mi esposo (II): El antro

    Sergio el amigo de mi esposo (II): El antro

    Un short ajustadito y pequeño, unas medias negras, mis botas y mi blusa escotada, esa fue la vestimenta elegida para salir esa noche.

    Luis y unos amigos con sus respectivas parejas saldrían a bailar y beber a un nuevo bar cerca de la casa, generalmente yo no voy con él a menos que hagamos un intercambio o algún plan sexual, pero ese día acepte solo porque me lo encontraría a él, Sergio Iván.

    Llegamos puntual a la cita, éramos 4 parejas en total y Sergio él solo, tomábamos y bailábamos, ¡aunque Luis aún se mostraba negativo al quererme dejar convivir con Sergio! Se ponía en medio de los dos o me mandaba por algo a la barra, ¡me quedaba claro que él le tenía mucha envidia o coraje ya que hasta con cualquier tipejo de calle me ha visto coger y con su compañero se ponía muy loco!

    ¡Pero si dé algo me eh valido los últimos años es que consigo lo que quiero y en ese momento quería coger con Sergio!

    Esperamos que se armara la batucada y entre señas nos dirigimos a una parte entre la salida y las mesas, no había nadie inmediatamente nos comenzamos a besar, el me apretaba las nalgas y me acariciaba las piernas, ¡me encanta como te ves con medias! Me dijo mientras sus manos me apretaban los muslos.

    S: Que rica te ves nena, ¡ya te quería manosear!

    Yo: ¡Me vestí así para ti!

    S: Si lo sé, ¡eres una provocadora!

    Yo: ¡Quiero excitarte papi!

    ¡Ahí en ese pasillo!, el con desesperación se desabrocho el pantalón y sacó su arma, dios mío, yo comencé a acariciársela mientras miraba para todos lados, había una repisa del lado derecho, ¡yo me recargué en ella mientras él me quitaba el shortcito y me rompía las medias para poder hacerme a un lado mi tanga!

    S: ¡Que ricas nalgas, me enloquecen!

    Yo: ¡Nos van a descubrir!

    Me dio unas ricas lamidas en mi conchita humedecida y agarrándome de mi cadera comenzó a penetrarme, al igual que la primera vez el dolor fue solo al principio, la humedad de mi vagina ayudaba a que entrara más rico.

    Yo: ¡Nos van a ver!

    S: ¡No me importa, quiero cogerte!

    Sus movimientos eran ricos, yo gemía y el ruido de la música disfrazaba mis gritos, el me besaba el cuello, su respiración era tan excitante que yo solo podía seguir húmeda.

    Yo: ¡Así papi, así!

    S: ¡Lety que rica, que rica eres!

    Volteaba mi cabeza para darle pequeños besos, pero muy pasionales, el mordía mi oreja y me daba de nalgadas, ¡el saber que nos podrían ver me excitaba más y más!

    ¡De forma precipitada me puso en cuatro en el suelo!, comenzó a embestirme violentamente, me jalaba el cabello, yo gemía del placer, sentía que en cualquier momento me vería Luis, pero no podía dejar de mover mis caderas

    S: ¡Que rico te mueves nena, muévete rico, muévete!

    Yo: ¡Que verga! ¡Dámela toda, dame tu leche!

    S: ¿Quieres mi leche nena, la quieres dentro de ti?

    Yo: ¡Si dámela amor, lléname de tu semen!

    Comenzamos a movernos, sabíamos que no podíamos hacer más, ambos sudábamos y gemíamos del esfuerzo que hacíamos por acelerar el éxtasis.

    S: ¡Me vengo amor!

    Yo: ¡Si dámela, dámela así!

    S: ¡Tómala, nena que rica vagina!

    Yo: ¡Leche, dámela toda, que rico se siente!

    Se quedó pasmado detrás de mí por un rato, yo puse mi cara en el suelo para tomar aire, nos pusimos de pie y nos fuimos a la mesa, los chicos seguían baile y baile, aunque Luis me veía raro.

    Nos despedimos de los chicos agradeciendo tan magnifica velada, en el auto Luis estaba muy serio

    Yo: ¿Qué te pasa?

    L: ¿Coge rico Sergio verdad?

    Yo. ¿De qué hablas?

    S: Jajá crees que no me di cuenta, ¡si te vi en cuatro gritando que te diera!

    Se me quedo mirando, pensé que habría algún conflicto, me miro y me beso pasionalmente, ¡el verme con su amigo lo excito tanto que cogimos en el carro y me pido cogerme a su amigo frente suyo!

    Saludos su amiga Lety.