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  • Gabriel y Jaime

    Gabriel y Jaime

    Resulta que había contestado yo a un anuncio en un sitio que no era para semana santa, para un interesado en hombres, pero novato en la situación, y que quería alguien (o algunos) con quien comentar esto que le había salido ahora, a los 49 años de edad. Pasó el tiempo, y ni me acordaba del asunto; contestó, y a partir de ahí, unos comentarios, otras cosas, en fin, que para ver una posibilidad de comportamiento o relación (había mencionado yo la penetración), pues le puse un relato, que es el siguiente. Parece que tuvo éxito, porque hoy me escribió diciendo que le había excitado y que se había masturbado, mirando mi foto, que es la última que te mandé, de las piernas etc.

    Jaime, Jaime. Pero en francés, me di cuenta, era j’aime, j’aime, amo, amo. Se lo estaba diciendo y nos sonreímos los dos porque la ocurrencia no era tan buena y acaso servía para romper el hielo. Habíamos hablado antes, más bien nos habíamos escrito, y como yo enseguida me pongo a encadenar una palabra tras otra para mi siempre era más fácil contar de todo, sin pararme a pensar en las consecuencias hasta más tarde, cuando me preocupaban las consecuencias.

    ¿Dónde quieres que vayamos? dijo Jaime.

    Donde tú vayas a estar más cómodo y luego sea más fácil limpiar, claro.

    Vamos al baño entonces.

    El baño olía a los productos de limpieza de todas las casas, pero era curioso ver la variedad de jabones que se colocaban en los lavabos. No es que yo fuera por ahí inspeccionando las costumbres de aseo de la gente, pocas visitas hacía yo, pero era cosa que me llamaba la atención.

    Si te pones aquí, empezamos, dije, situándolo delante del váter. Si estás calmado, en lo que se pueda, ya te dije que esta podía ser una prueba de lo que tú llamas mi guía. Empecemos.

    Le abrí el cinturón, desabotoné el pantalón, bajé la cremallera, desde atrás, tocándolo apenas, procurando que mis gestos no fuesen bruscos, sin que nada sonara demasiado. Vi que su respiración se alteraba un poco, lo cual debía ser normal, si no, aquello no tenía sentido. Le bajé los pantalones. Llevaba un slip, no había problema de que al bajarlo hubiera feos enredos de tela. Todo debería resultar agradable. Me junté a él. Habíamos acordado que yo no me quitaría nada de ropa. Me junté a sus nalgas, evitando también roces desagradables con el metal, sólo usando la tela y mi erección, que ya había empezado.

    Tenía curiosidad por ver si se había depilado. No, recortadito el vello, pero nada excesivo. Tenía buenas nalgas, que eran agradables al tacto. Yo le empecé a pasar las manos por las nalgas, recorrí la raja, me fui adelante, al pene, que se había retraído, el pudor. Respiré con él, susurré algunas palabras de las que se dicen para calmar a quien no puede, y sujeté entre dos dedos la punta de su pene, y fui de delante atrás el asta de su miembro. Me movía lentamente, con firmeza, y notaba que iba entrando la erección. No teníamos prisa. Cuando creció lo suficiente, fueron tres dedos los que lo sujetaban. Con la mano derecha ocupada en aquella acción, la izquierda se desplazó a su raja, que fui siguiendo con los nudillos, rozando el vello de mis dedos con su piel. Se estremecía un poco.

    Ahora podía sujetar con toda la mano su pene, que había crecido mucho, y empezaba a humedecerse. Yo ayudé con la crema que había traído, de buen olor y estupenda lubricación. Después de su pene, dejé caer un chorrito frío por sus nalgas. Me senté en el asiento que había en el baño, para mayor comodidad, pero todavía me daba él la espalda.

    Mientras seguía frotándole con la derecha, saqué con la izquierda el consolador pequeño que tenía preparado, ya limpio y embutido en su condón. Le añadí lubricante, y fui haciéndolo bajar por su raja hasta el ano. No me detuve allí, sino que volví a subir, repitiendo la acción hasta que la zona estuviera toda mojada. Había que ir despacio.

    Cuando me pareció que ya estaba preparado, metí el consolador en su ano, despacito, sólo la punta, dándole vueltas lentamente, notando si cedía; poco a poco él iba aumentando sus movimientos. Los dos callábamos. Metí más el consolador, que puse a vibrar. Entró con facilidad por su tamaño y el lubricante. La sensación, al ser la primera vez, sorprendía a Jaime, que movió un poco las manos. Pero recordó nuestro trato y no se movió más. No podía evitar moverse adelante y atrás, quería seguir disfrutando de aquella sensación que iba subiendo desde su ano por toda la columna vertebral, volviendo a su pene, henchido ahora, y que, tras un momento, estalló en una eyaculación generosa, mientras él se conmovía, gemía un poco, respiraba fuerte.

  • Ana la peluquera (III parte): Estrenando su culito o culote

    Ana la peluquera (III parte): Estrenando su culito o culote

    Luego de ese domingo donde volví a disfrutar con Ana, quedé con ganas de volverla a tener, un solo encuentro no me bastaba.

    Al día siguiente, lunes le escribí un mensaje cursi, donde le deseaba un bello día, un feliz comienzo de semana, pero lo que quería era ver a Ana nuevamente, saber que sentía, como dije le envié el mensaje sin esperanzas de que me respondiera, pero sorpresas me daba la vida, recibí a los cinco minutos un mensaje de texto donde me respondía: «gracias igualmente» pero con carita feliz.

    Le pregunto que como se siente, ya que como está se ve a kilómetros de distancia que se ve muy hermosa, respondiendo con un «gracias, si eres exagerado» respondiéndole que es cierto y que no me gusta mentir, sin perder tiempo le marqué atendiendo comenzando una amena plática:

    Yo: «Buenos días preciosa»

    Ana: «Gracias por lo de preciosa»

    Yo: «Es la verdad corazón»

    Ana: «Como amaneció sr. Alejandro?»

    Yo: «Ah caramba estas con tus amigas de la congregación o estás en tu casa con tu esposo?»

    Ana: «Estoy llegando a mi casa y mi esposo no está y si estuviera me daría igual»…

    Esto me animó a confesarme diciéndole lo siguiente:

    Yo: «Ana sabes que lo que ha pasado entre nosotros, ha sido muy especial…

    Cortando Ana mi discurso diciendo:

    Ana: «Señor Alejandro, yo entiendo pero sepa Ud. que soy una mujer casada, pertenezco a una iglesia…

    Cortando ahora yo diciendo:

    Yo: «Si pero ayer cuando estábamos en plena acto no pensaste en tu esposo y esa es la mujer que me gusta…

    Ana: «Entiéndame que eso no debió pasar»!

    Yo: «Pero paso! y no me arrepiento, me gustas y no voy a interferir en tu matrimonio ni en tu iglesia ni a divulgar lo que hubo entre nosotros exponiéndote al escarnio público»!

    Esto pareció tranquilizarla porque escuché su gran suspiro agradeciéndomelo.

    Ana: «Gracias señor Alejandro no sabe lo que significa oírle decir eso»!

    No la dejé terminar interrumpí para decirle.

    Yo: «Ana dime Alejandro tutéame después de lo que paso ayer entre nosotros yo te respeto y admiro mucho pero ese formalismo vamos a dejarlo para el público, tú me gustas y quisiera saber si vas a seguir afeitándome porque no quiero a otra peluquera por favor…»

    Ana: «Esta bien señ… Alejandro, disculpa Alejandro, por mi parte puedes contar con mis servicios y lo otro me gustaría hablarlo contigo personalmente…

    Yo: «Me parece muy lógico y correcto avísame o dime el lugar y hora»…

    Me colgó pero a los minutos recibí un mensaje donde me explicaba que se había caído la llamada y me pedía disculpas, le dije también por mensaje que no había problemas y que esperaba con ansías vernos.

    Pasaron los días y le envié un mensaje donde le explicaba que necesitaba afeitarme, cuadramos para vernos pero esta vez no un domingo sino día de semana. Como esa semana tendría el turno de la noche, donde salgo de la empresa a las 6 am y mis hijos estaban de vacaciones le pedí vernos a partir de las 7 am, accediendo Ana pero que no fuera en donde vivía. Cuadré con un amigo taxista, cuyo vehículo tenía aire acondicionado y por ende vidrios oscuros.

    Llegado el día, habíamos planeado encontrarnos en un sitio neutro al sector donde vivimos, llegué con mi amigo en el auto y me dirigí con Ana quién iba trajeada con un pantalón negro de vestir, blusa blanca de lino, zapatos cerrados bajos, se subió al auto dirigiéndonos al hotel, nos registramos y Ana estaba algo tensa, le pregunte sí deseaba algo de tomar y me dijo que no, yo pedí un whisky y puse música de mi teléfono para que Ana se relajase, comenzando un masaje por su cuello, el cual estaba duro, le pregunté nuevamente sí no quería un juguito o algo de tomar y me pidió un jugo natural del fresa, al llegar hago el gesto de brindar con mi vaso de whisky y su batido de fresa, siguiendo mi faena de masajista, sintiendo ya más relajada a Ana y su cuello, me dispuse a besarle su cuello en la parte de atrás sintiendo ceder sus piernas, menos mal que estábamos cerca de la cama ya que al sentir el desmayo en sus extremidades inferiores la empujé a la cama cayendo sobre su gran culo sintiendo mi pene erecto, le seguí besando su cuello, orejas, y con mis manos buscando sus pechos, la volteo para desabotonar su blusa blanca, se levanta un poco para hacerme fácil la tarea y procedo a quitarle la ropa y colocarla en los ganchos para no arrugarla y causarle problemas, se quedó sólo con el bikini blanco resaltando sus gruesas piernas, me dirijo a sus pechos a besarlos mientras Anita suspira y gime muy suave, le beso su pecho, cuello hasta llegar a sus finos labios fundiéndonos en un beso apasionado con lengua y demás, Ana me voltea en la cama colocándome boca arriba dirigiéndose a mi pene para bajarme el pantalón con zapatos, bóxer para tragarse mi pene, la tomo por sus tobillos para llevarme su gran cuca a mi boca, que olor a perfume, jabón con hembra recién bañada, succioné, mordí sus cachetes vaginales, metí mi lengua como penetrándola explotando rápidamente en un voraz orgasmo, inundando mi cara con sus abundantes líquidos, los cuales bebí como fruto de mi trofeo, le pasé la lengua por su culito no estrecho pero si apetitoso, queriendo zafarse, tomándola con mis brazos por sus glúteos como un luchador de lucha grecorromana para no dejarla ir, mientras le hacía círculos en su culo con mi lengua veo por el espejo que tiene los ojos blancos producto de otro orgasmo, me concentro y esmero más acariciando su clítoris lográndole dos orgasmos seguidos, con la respiración agitada, la volteo y acomodo para abrirle sus piernas y meterle mi pene en su vagina caliente, diciendo con palabras entrecortadas Ana:

    Ana: «Ale, me matas, que rico, papi no aguanto déjame descansar, ah ah ah ah ah…»

    No le oí, le tomé sus manitas con las mías, y comencé el mete y saca y hacer círculos con mis caderas, estaba poseído, su cuca hervía, parecía un manantial, Ana como pudo me bordeó con sus piernas a la altura de mi cintura como para evitar que me saliera de su cuca, apretaba muy fuerte mis manos, al rato sentí que no duraría mucho más diciéndole a Ana quien me hizo gestos con su cara que si… Y exploté dentro de ella… Con mi pene semi erecto aún dentro de ella a los pocos segundos una vez desinflado sentí como salió expulsado de su vagina, la cama era u lago de líquido y semen.

    Nos besamos tiernamente y nos dirigimos al baño, le enjaboné la espalda y con el jabón en mis dedos le introduje el dedo medio en su culo y comencé a estimularla, mientras le besaba su vagina, le metí el dedo medio, luego el anular, cuando ví que entraban sin dificultad nos secamos y fuimos nuevamente a la cama, le pase la lengua desde la vagina hasta el ano, mientras veía como Ana se erizaba todos los vellitos de su cuerpo, es decir tenía la piel de gallina, Ana se colocó en posición de perrito y yo con mi pene ya tieso lo fui introduciendo en su culo, Ana bufaba:

    Ana: «Ale si que rico! así me gusta papito»

    No lo podía creer! Ana le gustaba era tirar por el culo, esto me excitó mucho más poniéndome el pene mucho más duro, sin salir de su culo, me medio levanté, puse mis piernas a la altura de su cintura sujetándola por los hombros con una mano mientras con la otra le tomaba por su cabello corto, hacía movimientos circulares para no salirme de su culo, Ana estaba poseída diciendo:

    Ana: «Ale si rómpeme el culo así papito, me gusta, ah ah aaahhh, me vengo amor me gustaaa!

    Esto lo decía a todo pulmón, o sea gritando, mientras se metía un dedo en la vagina yo le empujaba fuertemente mi pene hasta que mis bolas chocaban con su cuca, era una imagen que disfrutaba viendo en el espejo, sus pechos ir y venir, Ana y yo sudados a pesar de tener el aire acondicionado a toda velocidad, ya no aguantaba más y le dije a Ana que me venía, dándome Ana el mejor regalo:

    Ana: «Si Ale dame tu leche, acábame bien adentro papi, si reviéntame ese culo amor, ahhh me vengooo!

    Y así llegamos los dos al orgasmo, para Anita sacarse mi pene que botaba las últimas gotas de semen para introducírselo a la boca y darme una buena mamada, aún con algo de inexperiencia pero con ánimo y como queriendo aprender a sacar esa puta reprimida que lleva por dentro, que no había sido saciada, le besé sus tetas, espaldas para irnos a bañar, charlar un rato, donde me confesó que desde que comenzó a tener sexo anal siempre le gustó pero que con el mal carácter de su esposo y su falta de vigor o dureza no la animaba, en cambio conmigo con sólo recibir mis mensajes ya su vagina comienza a lubricar, esto me gustó mucho y me dijo también que le gustó hacerlo en el hotel porque se sintió libre en alguna forma.

    Esa tarde al salir del hotel a las 13 h Aproximadamente y dejarla en la parada llegué a mi casa y dormí hasta las 21 h, despertándome aún cansado por tan placentera y agotadora faena.

    De aquí en adelante cuando se podía me iba con Ana al hotel, y luego como a los 2-3 meses fue perdiendo el pudor y al llegar y que a afeitarme me daba una buena mamada para luego terminar cogiendo de lo más rico, resultando ser una mujer bien caliente, tanto que cuando me la cogí con su prima política fue apoteósico.

  • Inúndame – Poesía gay

    Inúndame – Poesía gay

    Apuñálame con tu falo e inúndame por enfrente y por detrás

    Que tu elixir lechoso recorra mi garganta inundando mis tripas

    Báñame o déjame sucio de ti, desde mi cara hasta mis pies

    No dejes ningún rincón de mi cuerpo sin salpicar

    Recibir tu corrida me hace gozar

    No tienes que hacer nada: con mi lengua, mis manos y mis labios saciare mi sed

    Tu solo encárgate de descargarlo todo en mi interior, inundándome de placer.

     

  • La infidelidad de mi madre (Primera parte)

    La infidelidad de mi madre (Primera parte)

    Tenía 18 años y ya se habían hecho comunes los reclamos de mi padre hacia mi madre y escenas de celos que le hacía con cierta persona, entre ellas un amigo del grupo parroquial donde ella asistía.

    Me presento, mi nombre es Oscar, mi padre se llama Luis y mi madre Lucia, él es un militar de 60 años retirado, mi madre es mucho menor que el, tiene 40 años, yo soy el menor de sus hijos con 18, tengo un hermano mayor que es casado y no vive en casa.

    Mi padre como dije anteriormente es retirado y se dedica a labores de casa y a viajar. Mi madre asiste asiduamente a una iglesia católica de la cual es miembro y tiene un cargo, por consiguiente casi todas las semanas va a retiros y reuniones de convivencia (así le llaman ellos), pero mínimo desaparece de casa todos los viernes en la noche y vuelve los domingos en la noche después de sus retiros o convivencias espirituales.

    Cabe mencionar que mis padres ya hacía algún tiempo no dormían en la misma cama (él duerme en un dormitorio aparte) por lo que era fácil deducir que ya no tenían sexo (era comprensible por la edad de él).

    En mi casa cada dos semanas hacían reunión también donde asistían parte de los miembros de esa congregación, por lo que conocí a varios miembros, Víctor, un vecino nuestro, casado de 34 años de edad, Cristina, ama de casa de 43 años, Adela, también ama de casa de 33 años con una hija, Pablo, estudiante de derecho de 21 años y otros más.

    Cierto día escuche a mi padre reclamarle a mi madre insinuando que tenía algo con Víctor, miembro de la congregación a lo que ella se reía, se ofendía y decía que estaba loco, yo solo atinaba a escuchar.

    Me gusta siempre hacer viajes por lo que viaje de turismo a la selva central, una semana después justo al retornar uno un paro en la carretera, lo que me obligo a hospedarme en un hostal, grande fue mi sorpresa al encontrar a la esposa de Víctor, Sandra, compañero de congregación de mi madre en la recepción del hotel, y como había demasiada demanda por el paro, no tenía habitaciones. Ella le rogo pero ya estaba copado el hostal, yo la saludé y me explico la situación, al escucharla le dije a la recepcionista si podía hospedarse en mi habitación, me dijo que no bahía problema, cuando le comente que era habitación individual como que se incomodó, le dije que no se preocupe, nos acomodamos y el objetivo era solo pasar la noche.

    Vale recordar que la Oroya, pueblo en el que estábamos es un lugar muy frio, por lo que le propuse a teresa (así se llamaba) salir a tomar unos calentitos (tragos exóticos que calientan el cuerpo) ella acepto.

    Pasados varios tragos, le pregunte por su esposo Víctor y la congregación a la que asiste, como estaba algo mareada me dijo algunas cosas, entre ellas me comento los agasajos que se daba su esposo con mi madre, o sea que eran amantes y que ella estaba enterada de todo eso, yo no lo pude evitar pero antes que continuara le di un beso al que ella correspondió, fuimos a la habitación y seguimos besándonos, ya en la cama le quise sacar a ropa pero ella no permitió, me dijo que no pasaría nada más que los besos y que dormiríamos, le pregunte porque no se animaba si sabía que su marido la engañaba, ella me dijo que el a pesar de su engaño la tenía muy bien atendida y la hacía vibrar en la cama, por lo que no tenía necesidad de otro macho y que por su parte él podía acostarse con quien quiera, aparte que ella tenía una fantasía de ver a su marido haciendo el amor con otra mujer y otro motivo era que su marido le estaba pidiendo metérsela por el culo y ella tenía miedo de eso ya que está muy bien dotado según ella así que como que aparte de cumplir su fantasía también podía encontrar otra mujer a la que él le reventara en culo y así todos estarían felices.

    Yo le dije que era un cabron y que le contaría a mi padre, ella me contesto que no me metiera, que él se lo merecía porque ya no podía atenderla y menos dejarla satisfecha, incluso sabía que ya no dormían en la misma cama, le pregunte como sabia eso y ella me contesto que mi madre misma se lo había contado, ella se lo conto a su marido y ahí el muy pendejo empezó su cometido de acostarse con mi madre, el no asistía a esa congregación parroquial hasta que se enteró de eso, empezó a asistir y se encargó que lo colocaran en el mismo grupo que mi madre, debido a que ella y Sandra eran las mejores amigas, no le fue difícil entrar en confianza con ella.

    Sandra y Víctor tenían pensado satisfacer la fantasía de ella a costa de mi madre, ellas se reunían muchas veces en casa de Sandra, pasaban largas horas, se convirtieron en casi confidentes, entonces fue cuando decidieron que ya era hora de consumar su fantasía, un domingo por la tarde después de la misa decidieron ir a casa de ellos, mi padre ya estaba acostumbrado a no ver a mi madre todos los domingos ya que tenían sus reuniones de estudio o actividades después de misa y esas reuniones se extendían hasta pasadas las 7 u 8 pm, si no estaban ahí se iban de retiro desde los viernes hasta los domingos en la noche, era ya la rutina, aquella vez tenían todo preparado, me conto que habían puesto una mini cámara de video con memoria de varias horas, fue entonces que mientras me contaba eso, me mostro en su celular un video donde estaba todo, fueron los 3 a casa de Víctor y Sandra, mi madre no sospechaba los planes que ellos tenían, fueron muy directos a todo, apenas se sentaron en los sillones a conversar Sandra fue a preparar unos “refrescos” y echo al de mi madre un polvo de esos que sirven para excitar a las mujeres, era uno muy potente que había conseguido, después de unos minutos de haber tomado, ella empezó a sudar, su rostro se puso muy rojo, Sandra se le acerco y empezó a hacerle unos masajes, le dijo que estaba tensa y mi madre acepto, Víctor se fue unos minutos.

    Sandra hizo acostar a mi madre boca abajo en el sillón mientras la masajeaba, pero esos más que masajes fueron un manoseo, toques para excitarla aún más, como mujer ella sabía dónde tocar y excitar a mi madre, cuando ella empezó a soltar gemidos durante el masaje entro Víctor, se sentó frente a ellas y les dijo que continuaran, que no se hagan problemas por él, mi madre estaba tan excitada que prácticamente lo ignoro y Sandra seguía con su trabajo de prepararla y excitarla más, Víctor volvió a salir y en segundos sonó el celular de Sandra, ella es enfermera y supuestamente la llamaban de la clínica donde trabajaba aduciendo una emergencia, ella misma le dejo la posta a Víctor, mi madre intento ponerse de pie pero él no la dejo poniendo sus manos en su espalda, Sandra le dijo que se iría pero solo tardaría máximo media hora, que continúe con el masaje con confianza y que cuando vuelva empezarían sus supuestos estudios de su parroquia, ella se fue pero volvió a entrar por la puerta trasera en silencio.

    Víctor continuo con el manoseo de una forma magistral, esta vez ya era totalmente descarado y mi madre solo gemía una y otra vez, a las 10 minutos suena pero esta vez el celular de mi madre, ella estiro su brazo y contesto, era Sandra avisando que se había complicado y que no llegaría hasta la noche, pero que con confianza continúen y que hagan el estudio planificado, colgó. Ella le dijo a Víctor que era su mujer y que volvería en la noche, ella intento pararse pero él no la dejo y le dijo que terminaría el masaje antes de empezar los estudios, ella no dijo nada y callo, como ella estaba con un vestido enterizo algo suelto, él le dijo que para mejorar el masaje sería bueno si se lo quitaba, ella pregunto balbuceante si eso estaría bien, a lo que le contesto “claro que sí”, y antes que ella dijera algo le quito los dos sujetadores de los hombros y empezó a bajarlos.

    Ella hundió el rostro en los cojines del sillón y como instintivamente levanto un poco el cuerpo para que el pudiese quitar todo el vestido, y ahí la tenía solo con calzón y sostén boca abajo, ella no volteaba, seguía con el rostro escondido en los cojines, el empezó a recorrer su cintura, su cuello, acerco sus labios por detrás de sus orejas y le respiraba, le daba ligerísimos besos en el cuello, ella solo se dejaba hacer, en un momento ya ella no tenía el sostén, seguía en la misma posición, cuando empezó a bajar el calzoncito de a poquitos, ella con una mano intentaba que no se lo quite y con la otra trataba de apartar sin éxito su cuerpo, pero siempre en la misma posición boca abajo, a su vez el recorría con su boca toda su espalda, con la mano izquierda continuaba su manoseo excitador y con la otra bajaba la última prenda que ella llevaba puesta, entra jalones finalmente ella ya tenía la tanga en los tobillos, el empezó a masajear sus nalgas y puso sus labios en la abertura de su culo y le hizo un meso negro, ella grito NOOO y se volteo rápidamente como un resorte, hizo el intento de sentarse y sorpresa, él ya estaba completamente desnudo.

    Ahí los dos cuerpos hambrientos de placer completamente desnudos, al intentar levantarse ella de ahí él le coloca su dedo en los labios, ella respiro, con la mano izquierda hizo el ademan de cubrirse las tetas y la otra mano sobre el sillón, el directamente la beso, ella lo abrazo del cuello y correspondió el beso, textualmente fue un beso bastante ardiente por ambas partes, se estaban devorando, se notaba que ella estaba con mucha necesidad de sexo, fue ella la que directamente le cogió la pinga y se la coloco directa en la raja le dijo lo quiero ya hazlo!!!

    Él le abrió las piernas con ambos brazos y empezó el vaivén, ella correspondía el frenético movimiento de la misma forma, se hizo como un hermoso baile rítmicamente de ambos cuerpos, ella lo abrazaba con las piernas, arañaba su espalda, lo besaba y lanzaba gemidos todo el tiempo, por parte de él la cogia de las nalgas de forma muy firme y en cada embestida se la metía toda, cada cierto rato se contorneaba y le besaba las tetas mientras seguía con su movimiento de mete y saca, fue una escena muy buena y excitante, y a pesar que era mi madre la protagonista, si bien es cierto inicialmente sentí mucha bronca, me sentí muy excitado por lo que veía, tenía la pinga bien parada y a pesar que tenía a Sandra a mi costado preferí hacerme una paja antes que insistir con ella, fueron varios minutos que Víctor se estuvo cogiendo a mi madre, ella abrió las piernas y empezó a dar espasmos, echo la cabeza para atrás y sus gemidos fueron más fuertes e intensos, estaba teniendo un orgasmo, el seguía embistiendo y pasados unos segundos empezó a correrse dentro de ella, su intensidad empezó a bajar poco a poco hasta ambos quedar quietos y con los cuerpos pegados, se estuvieron besando sin separarse, en ningún momento se la sacaba de la concha, yo empecé a correrme también la la paja que me estaba haciendo y Sandra empezó a reírse, en ese momento apago el video de su celular.

    Fue así como fue el inicio de todo, ella me dijo que tenía varios videos y que ya habían cumplido muchas fantasías, me dijo también que si quería seguir viendo feliz a mi madre, que no me meta en eso y que me dedique a disfrutar de ver e imaginar eso, incluso me dijo que hasta podría ayudarla a tener sus encuentros sin que nadie sospeche, lógicamente le dije que no y terminamos la conversación ahí, pero me dejo pensando en que era cierto que mi madre se veía muy feliz estos últimos meses, una felicidad que hacía tiempo no le veía, tenía la posibilidad de decírselo a mi padre y terminar con eso, o callar y dejar que ella a sus 40 años pueda disfrutar de su cuerpo y realizarse como mujer, ser feliz, me entro ese dilema.

  • Open mine Barcelona (Parte 2)

    Open mine Barcelona (Parte 2)

    -Te gusta lo que ves eh? -Me dijo Pedro mirando mi polla medio dura mientras él se masturbaba.

    -Joder Pedro no creía que fuese tan fuerte -le dije.

    -Pues esto acaba de empezar, y recuerda que aquí la gente hace lo que quiere, nadie está obligado a nada, me dijo sin dejar de tocarse la polla.

    -Ya veo ya, dije yo embobado viendo como a un palmo de mi follaban como animales

    -Yo me bajo, me dijo Pedro, quédate si quieres

    -Si, me quedo un poco

    Pedro bajo y me quedé allí, ahora que no estaba empecé a tocarme yo también la polla, estaba súper cachondo nunca había visto tanta gente follando, estaba como hipnotizado, salí de allí y empecé a recorrer todo el espacio, ahora todos me parecían sexys, en otro rincón había un maduro follandose a un chaval mientras otro también se lo follaban por la boca, era una coreografía caliente y morbosa, me quedé mirando y tocándome, estaba súper caliente, en un momento dado el que se lo follaba saco la polla y le dijo al de delante que se cambiaran y así en un plis plas en de la boca paso al culo y el del culo a la boca… y allí me di cuenta, estaban follando a pelo, sin condón, sin protección, eso me extrañó y me excito más, follaban como animales, sudaban y suspiraban haciendo saber a todos lo bien que se lo estaban pasando.

    El que se estaba follando al chaval, sacó su polla del culo, me miró y me dijo: ‘quieres follártelo tú?’… Ahí reaccione, pero que estaba haciendo, de verdad me lo estaba pensando? Yo solo había ido a conocer el local y ahora estaba encendido pensando si meterla o no en ese agujero húmedo. ‘No no’ dije y me fui de ahi, baje abajo, necesitaba otra copa, mi polla no había bajado ni un centímetro y Pedro me lo hizo saber.

    -Jejeje A tu polla le está gustando este sitio eh? -Me dijo

    -Si tío, me he puesto muy caliente, pero no he hecho nada eh?

    -Tranquilo aquí cada uno hace lo que quiere, y lo que se hace aquí dentro se queda aquí dentro, me dijo.

    -Oye Pedro, he visto que follaban sin condón

    -Bueno, somos mayorcitos, cada uno hace lo que quiere y acepta las consecuencias, me dijo

    -Bueno eso es verdad, me tomaré otra copa, le dije

    -Yo también, dijo llamando al camarero

    -Y José dónde está? Pregunté

    -Ha ido a mear, pero está tardando jejeje, que disfrute

    -Qué bueno que seáis así, sin celos ni malos rollos

    -Bueno la vida está para disfrutarla, dijo, mira esos dos, como la disfrutan, dijo señalando una pareja enfrente de nosotros que se morreaban

    -Si, no tardarán en follar, le dije

    -Hablando de follar, voy a ver qué hace José, dijo levantándose

    -Ok

    Me quedé allí mirando como la pareja sin ningún pudor ya se mamaban las pollas, de pie y por turnos, primero uno y después el otro y así durante bastante rato, mi polla volvía a estar dura, pero no quería tocarme, me daba vergüenza que pensasen que era un mirón, seguí con mi copa, allí, solo un buen rato más, José y Pedro no volvían, pensé en irme, había visto bastante y me había gustado, incluso pensé en que a Luis igual le gustaría. El tiempo pasaba, la pareja ya follaba con descaro delante mío, yo cada vez más caliente y ahora ya sí pensando que me tenía que ir. Ellos no volvían pero no quería irme sin despedirme, no sabía que me encontraría, pero me armé de valor y fui a buscarlos, pero primero tenía que ir al wáter, tenía que descargar las copas.

    Entre en el wáter y la situación que me encontré me dejó helado. Pedro sentado en el suelo, apoyado en la pared de un meadero, un tío de pie enfrente de él apuntando hacia su cara, Pedro me miró, después miró al hombre, ‘venga dámelo’ le dijo y el tipo empezó a mear en la cara de Pedro, instintivamente este abrió la boca y empezó a tragar el pis de ese hombre, me miraba , y yo no podía apartar la vista de esa imagen, al mismo tiempo escuche un suspiro a mi derecha, gire mi vista y en una de las cabinas abiertas estaba José apoyado en el wáter con la cabeza casi metida dentro mientras otro tío lo follaba, ‘Si si si dame así, métela toda’, mi polla me dolía de lo dura que estaba, entre el alcohol, lo que había visto y esa situación, estaba que reventaba de morbo, mire a Pedro que había dejado de tragar, el me miró, mientras escuchábamos como José no dejaba de gemir, y nos reímos, si Pedro y yo nos reímos con complicidad, qué fuerte todo…

    Pedro se levantó se apoyó en el urinario y ofreció su culo al hombre que se le había meado, este no hizo de rogar y sin preámbulo y sin condón, le metió su polla, sin prisas, poco a poco, pero sin parar ni un segundo… ‘Veniros aquí’, grito Pedro para que José le escuchara, este enseguida salió de la cabina y me vio.

    -Te lo estás pasando bien? -Me dijo

    -No tanto como tú

    Porque no quieres, me dijo apoyándose al lado de Pedro, se besaron y algo cuchichearon, el tío que le seguía, volvió a metérsela y allí estaban los dos apoyándose en los meaderos uno al lado del otro mientras se los follaban, yo ya me pajeaba sin vergüenza, mirando y disfrutando de la acción que mis amigos estaban disfrutando, me acerque un poco más, podía escuchar el chapoteo de las pollas entrar en su culo, el olor a sudor era fuerte y el de meados aún más, olor a macho en celo, José se giró y me miró, ‘Acércate’ me dijo… ‘Estoy bien aquí’, le dije sin dejar de pajearme, ‘Venga acércate’, volvió a insistirme… y lo hice, me puse entre ellos, mirando con eran follados como animales, y Pedro lo hizo, acaricio mi pierna, suavemente, después con más firmeza tiro de ella acercándome más a él, me miró, miró mi polla y… la cogió, yo no reaccione, estaba demasiado caliente para pensar, me la pajeo un par de sacudidas y se la metió en la boca, me la empezó a chupar con ganas, con vicio, con ansias y yo lo disfrute, joder como mamaba mi amigo, de pronto José también me acarició en señal de que también quería y ahora sí, ahora fui yo quien se la ofrecí…

    CONTINUARÁ

  • Desestresándome con mi secretaria

    Desestresándome con mi secretaria

    Soy Adrián tengo 38 años y trabajo en una constructora donde tengo una gerencia de área. Esta vez les traigo mi experiencia con Sandra, la secretaria que me asignaron por parte del directorio para que sea ‘mi mano derecha’.

    Sandra tiene 55 años, es muy atractiva, un trasero y senos grande, labios muy bien delineados, quizás 1.65, piel blanca y cabello ondeado, unos tacos que se esforzaba porque cada día sean más altos que el del día anterior, pero que delineaban sus piernas y traseros que de espaldas está mejor que cualquier treintona que conozco, yo no me fije mucho en ella pues había cada joven espectacular en la empresa y yo ya andaba con una de arriba para abajo.

    Al grano: era sábado y yo estaba demasiado agotado, llevaba tres días sin dormir y ella me alcanzó un café a mi oficina. Le dije necesito una cerveza y me dijo: en la sala del directorio hay wisky te preparo una copa? Le dije: Si por favor, ella me dijo: te entro derrame en el ojo, me mire en el espejo y estaba más rojo que semáforo. Ella acotó: tienes que desestresarte… Que te gusta hacer? Comenté: El sauna me hace mucho bien, pero perdería tres horas y aún no acabo estos informes. Ella dijo: vamos, yo conozco uno bonito, de ahí regresamos y yo te ayudo a terminarlo. Dude y respondí: ok pero solo dos horas.

    Eran las 6 pm y cogí mi camioneta, al llegar y preguntar la tarifa me dijo: 15 Lucas cada uno pero tenemos una oferta: por 60 alquilan habitación matrimonial, masaje e ingreso al sauna. Sandra dijo: tomemos el masaje. Entonces pague la habitación e ingresamos…

    Ya en la habitación me dijo: cambiémonos rápido y vamos por los masajes, se cambió y se adelantó a los masajes. Hasta ese momento no le vi ni los tobillos. Al darle alcance en él sauna la vi recostada y ya la masajeaban, su trasero sobresalía, grande y bien redondito, me recosté en la camilla de al lado y también empezaron conmigo, ella no traía brasier. Después de 20 minutos salimos a la cámara de vapor, ahí recién repare que Sandra tenía una silueta bastante agradable, se había colocado de nuevo su brasier y le alabe su busto: «que bellos senos y esas pecas los hacen re tentadores», ella acotó: Solo eso te gusta? Así pasó como una hora entre risas y chistes que hacíamos…

    Tomamos 3 cervezas cada uno, las que me picaron rápido pues estaba agotado y le dije: me adelantaré a la habitación, me dijo: vamos, también me movió la cerveza. Ella se paró y caminó delante mío, qué tal silueta, su cuerpazo era espectacular, una madura muy buena y pensé: «Me la comeré hoy, podré?». Al llegar a la habitación entre a la ducha y empecé a bañarme, le dije: «necesito que me jabones la espalda», ingreso a la ducha, yo ya no traía nada encima pero ella aún tenía su bikini, me jabono y me pidió que hiciera lo mismo y se sacó su bikini, no la toque, pero el que te cuento ya estaba más prado que soldado de guardia presidencial…

    Salimos de la ducha y le dije: recostémonos un rato a lo que ella accedió, pero me dijo: pide dos cervezas más, las pedí, mientras nos secábamos y yo me deleitaba con su cuerpazo llegaron las cervezas, ella abrió la cama y se metió dentro, hice lo mismo y ella me preguntó: te desestresaste? Le dije que algo. Entonces se apegó a mi cuerpo, sentí sus nalgas rozando mi pene, la abrace y acaricie sus senos grandes y pecosos que me embobaron en la sala de masajes, sus pezones café oscuro y grandes que a medias dejaban ver la lámpara se veían exquisitos para morderlos.

    Empecé a moverme detrás de ella y mi pene ya estaba re mojado y duro, ella se hacia la dormida, yo entendí que no podía dejar que eso pase y la puse de pancita y empecé a besar su espalda, cuello y a bajar hasta sus deliciosas y carnosas nalgas a la vez que acariciaba su cabello, qué tal cinturita, ancha pero demasiado rica para su edad. Ella sonreía muy pícaramente, ahí entendí que era yo era la mosca en la telaraña. Me levante y acerqué mi pene a su conchita, la que ya estaba lubricada y con bello bien cortadito, quise ponerme un preservativo que había en el velador. Ella me dijo: «Sácate eso, no me gusta», me sorprendió eso y dudé… Me dijo: no tengo nada si eso te preocupa, soy viuda hace 6 años.

    Entonces decidí penetrarla, metí mi pene lentamente y sentí que traía la concha algo cerrada, demore un poco y le dolió al ingresar. Me dijo: «hace mucho que nadie me toca… Hazlo suave bebé», después de unos minutos tenía todo mi pene dentro, empecé a moverme rápido y ella jadeaba, la levante y puse en cuatro. Ella me dijo: no te vengas todavía… No lo haré bebé respondí, la embestí con toda mi fuerza y la giré, la puse el filo de la cama y piernas al hombro empecé a darle duro. Sus pantorrillas bien formadas las besaba como loco en mis hombros, su concha era un manjar, que rico resbala por ahí mi pene, trence mi lengua a la suya. Ella tenía unas uñas del tamaño de navajas y empezó a marcar mi espalda.

    Entonces la levante al aire con sus piernas abrazadas a mi espalda y yo agarrado de sus nalgas y le reventé la concha por 5 minutos más, ella estaba re mojada. Me canse pero sabía que esta hembra dentro de poco terminaría y entonces la baje y me acosté en la cama, la senté en mi pene y levantando sus nalgas con mis manos la suspendí en el aire, cada embestida sacudía sus blancas y bellas tetas de lado a lado, ella se las agarraba para no botarlas mucho. Su chucha chorreaba y ella jadeaba y jadeaba y me pedía que no pare.

    Dios, que rica hembra me comí esa tarde…!!! La recosté y nuevamente de perrito le metí todo mi pene, me prendí a sus caderotas con una mano y con la otra jalaba todo su hermoso cabello y dejaba mi pene ahí unos segundos y me movía de lado a lado, abrí sus nalgas y mire un ano cerradito que juré abrir como hoy reabrí su conchita. Debo confesar que me encanta abrir anos y este no se me escapará. Al moverme así sentía el fondo de su conchita y ella se volvía loca al hacerle eso, no sé, se volvió a venir y me dijo: «voy tres… Tú?». Yo todavía. Entonces te toca indicó, se separó de mi y me pidió recostarme. Así lo hice, puso sus bellos labios en mi pene y lo masturbo y beso como creo jamás lo hicieron. Lo hacía muy rápido y empecé a vaciarme en su cara, le gustaba eso, mientras más salía más lo pajeaba y chupaba.

    Que rico final. La recosté a mi lado y le dije: ahora si estoy desestrezado…. Ella sonrió y dijo: «Yo no, tenemos que volver mañana». Sonreí y le prometí que si. Dormimos y así empezó una relación con ella que poco a poco les contaré. Me la comí en mi oficina mil veces, en el baño también, en mi carro y hasta en el pasadizo de mi casa en alguna fiesta de mi esposa a la cual Sandra también llego…

    Saludos y ya pronto les traeré más…!!!

  • Filomena a mi pesar

    Filomena a mi pesar

    Parece que fue ayer y ya llevamos un año juntos, a ella la veo algo aburrida con esa cotidianidad que da el día a día; ella que siempre ha sido tan alegre y vivaracha por eso y porque creo se lo merecía la invite a cenar y proponerle lo que es su ilusión, algo que le diese ese chute de vivacidad. A sus 43 años y sin hijos ha vivido siempre en ese aura de juventud y diversión constante.

    Por mi parte soy divorciado, padre de tres hijos y tengo 58 años. La conocí en unas vacaciones, -siempre viajo solo, ya hace 10 años que estoy divorciado- gracias a uno de esos compañeros latosos que siempre conoces en esos hoteles, compartíamos la misma profesión, abogados. Rondaba la cuarentena y estaba casado con una pecosa y huraña mujer, tenían dos estridentes niños. Tomábamos alguna copa, era latoso, cargante y simplón. Una tarde me dijo de ir a tomar unas hamburguesas solos, no me apetecía mucho pero por deferencia acepte.

    Allí estaba ella, la que ahora es mi pareja; entre olor de fritanga, humo y ruido de platos estaba tras la plancha tirando perritos y hamburguesas. Tenía esa apostura tosca y hablaba casi a gritos con sus compañeros. De estatura alta, tetona, culo contorneado y subido; era muy recia. Su cara era angulosa, sus ojos tenían profundidad de mirada, pómulos marcados, boca sensual; llevaba el pelo recogido y en su cabeza una gorra roja. Me cayó bien, ante mi asombró el latoso amigo la conocía, me la presentó. Se llamaba y se llama Filomena. Hubo risas estridentes y afectuosas por parte de ella. Nos hizo la especial con queso con patatas fritas y cola. Ya de regreso al hotel le dije que era una mujer curiosa, que pareciera que se conocieran, y él, como si le corriera prisa decirlo manifestó “me la he calzado unas cuantas veces, fue fácil, al llegar mi mujer estuvo con jaqueca, la conocí la misma noche que llegamos, ella tenía el día libre, estaba en la misma hamburguesería donde trabaja charlando con sus compañeros, la invité a unas cervezas, a la hora me la levanté y me la cepillé en la playa; a la mañana siguiente mi mujer aún no estaba recuperada, me llevé a los niños a la hamburguesería, ella fue muy atenta, me informó que ya terminaba su turno y tenía unas horas libres por la tarde. Dejé los niños con la animadora del hotel y esa vez me llevó a su apartamento; allí jodimos la maldita tarde, es cañera la hembra”. Por fin a la mañana siguiente se marchó con su plebe, no sin antes despedirse con un puño cerrado chocado contra el mío, era un gilipollas de premio.

    No pude abstenerme y volví a la hamburguesería esa misma noche, fui recibido de forma simpática por Filomena, incluso tuve el valor de invitarla a beber algo, desde detrás de la humeante plancha se tomó una coca cola light de lata. Me tomé unas cervezas, el local iba a cerrar, ella ya barría el local en zig, zag a golpe de escoba. Otro hombre se acercó a mí, tendría unos 35 años y con voz de orgullo ofendido y como si las palabras le explotaran en la boca me dijo “no querrás pisarme la tía, viejo”.

    Me fui, al caminar hacía el hotel, al cruzar el paso de cebra vi como Filomena estaba en el coche con el iracundo personaje que me había tratado de vejestorio. Esa misma noche solicité los servicios de una profesional -25 años, negra, su tarifa 80 euros- y saqué todo lo que llevaba dentro acumulado.

    A la mañana siguiente si fue la vencida, mi Filomena se mostró simpática y muy deferente, le dije si al terminar su trabajo quería venir a cenar. Acepto, incluso me puso el doble de Kétchup en la hamburguesa especial. Y sí, esa misma noche ya tuve el honor de follar con ella, fue receptiva y diligente y no solo esa noche, todas las siguientes hasta el fin de mis vacaciones. Se me entregó con todo.

    No lo dude y al final le propuse que se viniera conmigo a la ciudad. Quedó encantada, le gustaba mucho el cine, donde hay tiros, sangre, acción; se desvivía por las revistas del corazón, los realitys show de la televisión, conocía todos los personajes, sus vidas.

    Volviendo donde hemos empezado esa noche la llevé a cenar –langosta- y cuando bebíamos una copa de vino desnudé mi alma:

    —Muchas gracias por este año que llevamos juntos, no pensé que aguantaras, te doy las gracias de corazón.

    —Yo te quiero mucho y sabes que hago lo que sea por ti —dijo ella.

    Yo nunca le había reprochado esos escarceos en las vacaciones, ni siquiera las había nombrado, a veces ella rememoraba sus juergas y salidas, sin nombrar sus amantes ocasionales.

    —En vista de ese aniversario quiero que te des un pequeño homenaje — dije yo.

    —Ya veo que esas conversaciones que a vecesss tenemos te han puesto berraco —contesto ella, y no eran ni más ni menos que juegos sexuales con otros, jóvenes, juergueros… no sabía que quisieras eso.

    —Filomena, ya no somos niños, y sí, quiero eso —contesté.

    —¿Cómo qué?

    —La verdad es que quiero verte tumbada y gozada por otro, ya sea un chulo, un macarra o el mecánico del vecindario, tenía pensado hacer una escapada al pueblo costero a unos kilómetros de aquí. Te lo mereces, darte ese pequeño homenaje, sé que tú también lo deseas.

    —Si lo quieres así, así será… —contesto ella.

    A la noche siguiente ya en un apartamento desnuda ante el espejo ella se estaba acicalando, sus pechos con sus aureolas oscuras aún con pequeño deterioro de caída se mantenían turgentes -quizá porque nunca había sido madre-, su culo ovalado conservaba también armonía siendo prieto, su coño depilado la complementaba muy bien. Se pintó los labios, se perfilo las cejas, había ido a la peluquería y lucía su media melena morena como una leona. Yo esperaba ansioso fumando en el cuarto con una cuando ella salió del baño y empezó a vestirse. Empezó por ponerse las medias negras en sus piernas desenrollándolas hasta llegar a sus enérgicos muslos. Buco ropa interior, dudaba.

    —Eres una mujer muy aguerrida, he disfrutado mucho contigo este año, pensaba te cansarías de mi, nosotros solos, no te has aburrido, o eso creo, vamos.

    —Para nada, ya sabes que te quiero, estamos mejor solos, nunca he tenido instinto maternal para poder formar una familia —dijo mientras rebuscaba en sus sostenes y bragas.

    —Veo que has elegido un vestido negro muy acorde a la ocasión —dije.

    —Sí, aunque es ceñido y hay que elegir bien lo que te pones debajo, ya que marca mucho.

    —Yo no me complicaría la vida buscando, no me pondría nada debajo, vas de caza —dije en tono morboso.

    —¿Te gustaría?

    —¡Me encantaría! —exclamé.

    Se puso el vestido, la verdad es que le marcaba cuerpo, el escote ponía de buen humor, esos dos puntos provocativos de los pezones lo complementaban muy bien, por la parte baja el vestido llegaba bastante más arriba que las rodillas insinuando los muslos; terminó calzándose unos zapatos de tacón que si ya de por si ella alta la elevaban casi a mi metro ochenta y cinco.

    Llamé a un taxi, el chófer al abrirle la puerta no le pasó desapercibido su falta de ropa interior (hacer un aclaratorio que Filomena estando acostumbrada a salir conmigo y vestirse elegante nunca se había desenvuelto con esa elegancia femenina con esos vestidos y a veces descuidaba sus movimientos, ya que antes de estar juntos siempre usaba vaqueros y camisetas). Nada más entrar le pregunté donde había ambiente, ya que no hay nada mejor que preguntarle a un taxista. El hombre de mi edad más o menos en tono sonriente dijo:

    —Qué tipo de ambiente ¿señorial, de cena, de baile formal, de juerga… —esta última la dijo en tono levemente morboso.

    Acercándome a su oreja le dije:

    —Buscamos marcha como dicen los jóvenes

    —Va muy elegante la señora —dijo el chófer sin perder detalle por el retrovisor hacía Filomena.

    El morbo de verla a ella así y que ya impactara nada más empezar la noche era parte de ese poder adictivo. Me acerque a la oreja del conductor y por lo bajo le dije:

    —Voy a que me la follen.

    Nos dejó frente a un local cuyo rótulo luminoso se podía leer BACHATA CLUB. Bajamos, pagué al taxista y hubo una mirada de complicidad entre los dos.

    El local estaba animado pero la concurrencia no era mucha. Era un local cutre, con decorado de dudoso gusto estético, en medio había una pista de baile donde unas ocho o nueva parejas bailaban; en la barra los clásicos cuarentones observadores. Pedimos unos mojitos, mis gafas se empañaban y mi calva empezaba sudar, señal inequívoca que la confabulación había empezado, Filomena se dio cuenta de mi excitación y tras mirarnos salió a bailar. Sus movimientos eran desgarbados, no se le notaba estilo, aunque para mi eso era un plus. Pasado un cuarto de hora empezó a tener moscones que bailaban con ella alrededor, algunos entablaban breves palabras, otros miradas feroces de magreos oculares. Empezaba a serla comidilla cotillera, muchos tenían la vista puesta en ella, las luces al darle a contraluz insinuaban de forma descarada su cuerpo.

    En ese momento aparecieron lo que a primer golpe de vista se denominan los playboy de zona. Uno lucía coleta y perilla, era alto, descamisado, en su pecho lucía una gran cruz de oro falso, en sus orejas llevaba pendientes. Pisaba firme con toda la planta del pie en el suelo, su cuerpo estirado al máximo, con una mirada retadora hacía Filomena. El otro no era alto pero lo parecía, rapado, con bigote, un tatuaje asomaba en su cuello y piercing en ambas orejas y en las cejas. Enervado y con decisión luciendo una camisa hawaiana, donde también asomaban varios collares se encaminó también hacía la pista. Los dos macarras de perímetro tendrían veinte y pocos de años. Me entraron ganas de orinar próstata ya no es lo que era. En la hilera de urinarios había dos hombres, oí como decían:

    —¿Has visto a la puta esa?

    —Si, tiene meneo la hijaputa, viene a por carnaza —contesto el otro.

    —Va desbragada y sin sujetador, es carne de cañón.

    —Ya le han echado el ojo los Cortana, esos cabrones se tiran a todas las asequibles.

    Salí, y efectivamente, eran cazadores natos, ya estaban bailando y cuchicheando con ella, los otros que en principio se le habían acercado ya habían sido descartados. Bebieron los tres en la barra, en un momento tras unas breves y aparentes eufóricas palabras de ella, ellos me miraron de forma penetrante, despectiva con aires de superioridad con una leve sonrisa socarrona entre ellos. Filomena se me acerco, me dijo:

    —¿Cuál?

    —Jóvenes si son, la verdad, será un plus para ti.

    —Tiene 28 el de la coleta, el otro 18 recién cumplidos. Creo que elegiré el de la coleta.

    —Parece que tiene tablas, por su porte, ahora bien, incluso puedes ir con los dos, sé que no hablamos mucho del pasado, pero ¿has hecho tríos?

    —No, la verdad es que no.

    —Buena ocasión  dije tajante.

    —Yo no… no est… estoy segura —dijo al mismo tiempo que fue al lavabo.

    Los dos no dejaban de mirarme en ese instante, se levantaron y vinieron hacía mi, su porte achulado con risotadas entre ellos me causó impresión, ese descaro la verdad es que me ponía, y mucho. Se sentaron y el de la coleta dijo:

    —¿Qué tal viejo?

    —Ya ves, aquí mirando el ambiente.

    —Tu vieja va de rabo, descarada la cabronaza y nosotros llevamos buena onda, de la buena sabes, viejo. Somos primos, vamos siempre juntos, ella la vieja, nos ha dicho… que tú, viejo, el que quieras para ella, pero digo yo, una tipa que va sin ropa interior pide polla a gritos, por eso por qué no nos lo montamos con mi colega el p primo… Sabes arriba mismo del bareto vivo yo, dime, viejo.

    Al decirme esto se inclinaba hacía adelante, su cruz tintineaba sobre la mesa, al mismo tiempo que miraba a su joven primo de reojo. Me incliné también hacía adelante, aguantándole la mirada y dije:

    —Por mi no hay problema, creo que sabes manejar una mujer.

    —No lo dudes, viejo. Me tiro a mucha piva, mi primo recién empezando, es bueno enseñarle, ya veras, nos va a flipar la ostia puta —dijo, al mismo tiempo que chocaban sus puños con el primo en señal de victoria.

    Se levantaron y volvieron a la barra, esperando que Filomena saliera. Al salir me miró, le levanté el pulgar y después con el dedo medio y el índice marcando claramente “dos” volvió hacía la barra. El camarero vino y me trajo el ticket de bebidas de ellos. Pagué.

    Al piso de arriba se podía acceder desde la trastienda del bar, lo comprobé cuando ellos empezaron a caminar hacia esa dirección. El de la coleta iba delante con Filomena, paseaba su gloria de la gente, cruzando la pista de baile, quería mostrar su presa, el primo detrás. Me levanté y fui tras ellos. Me miraron de reojo, supongo que Filomena les había aclarado que quería estar presente, ya que no se inmutaron. Llegamos a una escalera interior con pintadas en las paredes y los peldaños llenos de colillas. El mayor de ellos le había levantado el vestido y la tenía agarrada por el culo mientras iban subiendo, veía como las nalgas de Filomena subían y bajaban. Me dijo el mayor, que me dejarían la puerta abierta, era el 3 puerta 2. Las escaleras me agobiaban. Vi como entraban en la habitación. Descansé y encendí un Camel. Esperé unos 10 minutos, para asimilar la situación.

    Entré, había un pequeño recibidor en el cual colgaba un cuadro de un Cristo, el mismo que el mayor de ellos llevaba colgado de su cuello, un pequeño pasillo me llevo a un pequeño salón, una vez allí ya vi a los tres desnudos, pude ver la nuca con la coleta del mayor que estaba comiendo la boca a Filomena y tenía atenazadas sus nalgas; el joven delante mirando y pajeándose con una polla nada desestimable; el mayor cuando supo que había entrado se ladeo, vi su polla de grandes dimensiones en una erección ya sería con unos testículos colgantes. Me miró despectivo y altanero señalándome con un ladeo de cabeza un decrepito butacón.

    La habitación olía a cerrado, a tabaco y a macho. En el suelo había la ropa de ellos y no solo la de ese día, el ventilador estaba puesto a todo trapo, las ráfagas de aire se movían por toda la habitación. Sospesó los pechos de Filomena, tiró de sus pezones. Filomena estaba receptiva y algo insegura a simple vista. Me senté en el butacón, y nada más sentarme enfrente de mi le hizo dedo en el coño y con el coño subiendo y bajando, paso a dos dedos, podía oír el chapoteo del coño, la volteo y le abrió las nalgas metiendo dedo en su zona anal. Miró a su primo ignorándome a mi y dijo:

    —Está mojada de cojones, encima tiene el culo petado.

    —Para ser viejota la cabrona no está nada mal —dijo al mismo tiempo que se pajeaba con furia y velocidad el joven.

    —Despliega el sofá cama primo —ordeno el de la coleta.

    Desplegado el sofá cama Filomena fue sentada en el borde de él, nada más estar en esa posición el mayor le dio rabo en la boca, apenas lo abarcaba, la atenazó de la nuca y se lo metió hasta el fondo, a Filomena le entraron arcadas, sacó la polla, ella respiraba con dificultad. En ese momento me bajé los pantalones, llevaba empalme y empecé a pajearme. Se cogió los testículos con una mano y hizo los puso en la boca de Filomena. El primo, mientras se pajeaba dijo:

    —¡Dios! ¡La ostia puta, me correré sin haberla probado!

    —¡Yo le hago el coño y tú le follas la boca, primo! –dijo el mayor.

    Filomena, jadeante fue colocada en horizontal en la cama, su cabeza en el borde del sofá cama con su nuca al borde, fue abierta de piernas en tijeras por el mayor y el primo le puso por fin la polla en la boca para follársela, mientras el mayor la penetrada por el coño. Filomena se vio avasallada por vagina y boca. No tardó en echarle la lefa dentro de la boca, el otro le daba caña de la buena por su coño. Vinieron estertores de corrida, en la boca de ella, con sus mejillas hinchadas y sus ojos llorosos, falta de respiración tuvo que tragar la corrida; por la otra parte, la vaginal, fue bombeada hasta la terminación seminal dentro del coño. Ella gozó, ya que los chapoteos sonoros era un signo evidente que se había venido, aunque, con una polla dentro de su boca no podía exteriorizar sus emociones. Me corrí, mi lefada me llego a la barbilla.

    Quedo tendida en la cama, de su coño salía lefa y de su boca salió vomito con semen. Ellos se fueron uno tras otro al baño para echar una sonora y larga meada. Por mi parte cogí los Kleenex del bolsillo y me limpié el semen. Al salir ellos, Filomena, pidió ducharse, se sentía sucia. Mientras tanto el mayor hacía un análisis de la batalla:

    —Viejo, tu vieja se ha corrido de la ostia puta ya que mis huevos están mojados, y tú, bueno, estás con la polla fuera y has lefado a tu edad, puto viejo, eres un voyeur de cojones.

    —¡La puta ostia, he hecho tragar a la hijaputa toda mi puta lefa!  has visto como le he machacado la puta boca? —dijo el primo.

    —Ahora después de que el viejo nos invite a fumar la remataremos, la yegua quiere estar limpia, he visto que tiene el culo hecho, se merece encule, ya que ese orto no solo caga — ijo el mayor mirándome retador.

    —Sí, tiene el culo hecho, ya me vino con el rodaje hecho, usadla a vuestro gusto, quiero que goce y al mismo tiempo verla usada como genero a consumir —dije.

    —¡¡Yo también quiero cepillármela!! —exclamó el joven.

    En ese instante salió Filomena, estábamos fumando, pasó ante nosotros ausente, iba a vestirse, pero, el mayor le dijo:

    —No hemos terminado, ahora comerás culo y serás enculada como dios manda.

    El mayor con tono autoritario dijo a su primo que se pusiera en cuatro, junto a él. Los dos con el culo al aire les fue comidó su culo hasta el fondo, hasta donde llegaba la lengua de Filomena, como si los follara con la lengua, al mismo tiempo Filomena me miraba y yo, con polla en mano, pajeándome le insinuaba que, acatara. Gozaron de la lamida del culo de Filomena, les pasaba la lengua por los testículos y profundizaba en el recto hasta el máximo. Tras la lamida fue tumbada por el joven en misionero, la pistoneaba como un jabato, parecía un taladro en una pared adentro afuera, ritmo salvaje, bufidos, ronroneos, se corrió dentro. Filomena lo gozó, estertoreó en una corrida largahacionora. Se corrió en la vagina. Yo me volví a correr, mi corrido me llegó a la cara.

    Tocaba el turno del encule por parte del mayor, fue puesta en cuatro nada más terminar su primo, empleó el semen del coño para lubricar el culo, entró a rabiar, sus ojos estaban en trance, la empotró hasta el fondo, ella chillaba como una posesa, él por su parte la cogió del pelo haciendo arquear su espalda y a gritos de “hia, hia, so puta, flípala” se corrió en su mismo culo. De su coño goteaba semen y flujos, había gozado.

    Terminó la jodienda y fuimos invitados a abandonar el lugar -decir tiene, que me volví a correr. Ellos se limpiaron sus pollas goteantes en el vestido de Filomena. No le dieron opción a ducharse. Bajamos las escaleras y desde mi móvil llame al número de taxi que nos había acompañado. Nada más entrar en el taxi con la poca confianza que habíamos tenido, me dijo:

    —¿Bien servida, no? Apesta a macho y a semen.

    —¿Si quieres rematarla, tú mismo? —dije en tono retador.

    Ni corto ni perezoso se paró a medio camino que nos separaba de donde nos alojábamos, saco de la guantera un preservativo (durex love sex sensitive) ya que me dijo “no me gusta follarme guarras sin forro” y la jodió en un follada conejera rápida. Al llegar me dio el preservativo llena de lefa para que lo tirara y me regalaba el importe de la carrera, ya que me dijo qué: “la puta lo valía”.

    Al entrar ella me dio su impresión de que había sido una experiencia placentera, diferente, pero dura. Se ducho. Cuando llegó al dormitorio le hice el anal con ganas y rabia, me corrí. Disfruté.

    Estoy con mis nietos en la celebración del cumpleaños de los gemelos, mi hija me dice que soy, a pesar de estar divorciado de su madre, el mejor padre que una hija pueda tener. Estoy confuso, o eso creo…

     

  • Después de un largo tiempo

    Después de un largo tiempo

    Pasó un largo tiempo que no salí con ningún hombre, no había nada que complete mi interés como mujer; me dediqué a mi trabajo, mis estudios y salir con mis amigas, y además a dedicarme a mí; a la salida del trabajo fui a una tienda y me compré unos conjuntos de ropa interior que me encantan, un body con portaligas (no sé para qué, pero me gustó) y un portaligas con medias negras, si bien en ese momento no tenía con quien usarlo, no hay que dar nada por descartado, una nunca sabe.

    Cuando salgo de la tienda suena el celular y era mi amiga Mariana, me dice si no quería acompañarla a ella a una fiesta el sábado, me toma por sorpresa no sé fiesta de que, en principio me niego ya que no conozco a nadie, pero me vuelve a insistir y al final le acepto la invitación, le consulto algunos detalles de la fiesta más que nada para saber cómo ir vestida; sería una fiesta elegante me respondió.

    Ya que estaba de compras comencé a mirar algunos vestidos, me encanto uno de color negro con un tajo en la pierna, me lo probé y me quedaba bien, era entallado, me encantó y lo compré, por la compra el vestido venía acompañado de una bijou no era algo del otro mundo, un collar que acompañaba y el conjunto estaba en sintonía.

    Llegado el sábado y después de una semana intensa me quede haciendo fiaca en la cama, pero recordé la fiesta y todo lo que tenía que hacer así que salte, desayune ligeramente, me pedí un turno para la peluquería, para la tarde, así que aproveche a depilarme, luego me di una duchita, y acomodé las prendas de la noche sobre la cama, el vestido, mi ropa interior y los zapatos de taco. Unas horas antes comencé a cambiarme y una vez lista llame a Mariana, a ella le faltaba, pero me dijo venite a mi casa así nos acompañamos, así que llame a un radio taxi y salí rumbo a su casa.

    Llegamos a la fiesta, de a poco fue llegando la gente, recordé que de la emoción de estar en la fiesta, no sabía de qué se trataba, así que le pregunte a Mariana de que era la fiesta, y la respuesta fue, “déjate llevar Andrea y disfruta”; elegimos una mesa nos sentamos las dos juntas y como todas la mujeres no parábamos de hablar y de criticar algunas vestimentas, mi cruce de piernas era un tanto llamativo ya que con el tajo del vestido buena parte de mi pierna derecha quedaba a la vista, saboreando un rico trago Mariana se me acerca al oído y me dice, “¿te diste cuenta como aquel hombre te está observando?”, le respondí “si pero no le devuelvo la mirada, no me quita los ojos de encima, se debe creer que soy una cualquiera”, no Andrea fue su respuesta, “aquí no viene gente pensando en levantarse chicas, además, estas muy atractiva amiga”, le respondo “Ay Mariana, mira lo que dices…!!, me haces poner colorada”.” Anda amiga me dice Mariana, relaja y disfruta del evento, tal vez quien dice que…”

    Con cara de asombro la miro a mi amiga y le digo “¿Que estas insinuando?, cambiemos de tema por favor; paso la camarera y pedí otro trago pues lo estaba necesitando mientras mi amiga se reía, levanto la vista y el hombre en cuestión me hace una sonrisa, me quedo mirándolo un ratito, y por cierto es muy apuesto, hasta que la camarera me acerca el trago y me hace bajar a la realidad, en eso suena una música, muchos salen a bailar, y mi amiga me dice que vio a una amiga suya y me pidió permiso para ir a charlar a su mesa, me quede observando el entorno, y en eso el hombre en cuestión se acerca y me dice, “disculpa, ¿quieres salir a bailar?”, “oohh disculpa, s siii si por supuesto” fue mi respuesta, miro a la mesa donde estaba mi amiga y me guiña un ojo con una risa burlona.

    En verdad me gustaba, hacía mucho que no disfrutaba de una fiesta así, y sentirme atraída por un hombre después de tanto tiempo, mucha gente bailando y la pista un tanto pequeña para tanta gente; en eso sin querer Roberto el hombre que me saco a bailar, roza su miembro por mi pierna, el cual me hizo humedecer mi entrepierna ya que era de un tamaño considerable, seguí bailando como si nada hubiese pasado; me disculpe un rato y fui al baño, y allí la volví a ver a Mariana y le comente, su respuesta fue, “anda aprovecha es un hombre apuesto, no te detengas, lo mereces eres una mujer bella”. Salí del baño y en el estrecho pasillo lo encuentro a Roberto, y me dice, “podríamos ir a un lugar más tranquilo, ¿qué dices?”, si le respondo, espera un minuto, le avise a Mariana que me iba con él de la fiesta y aplaudió, pero sin antes decirme, “Mañana quiero detalles” riéndose.

    Me llevo a su departamento a tomar un café, hablamos de que hacíamos cada uno y en realidad me estaba gustando, sentada en un sillón y con el tajo del vestido Roberto no dejaba de mirarme las piernas, levante las tazas como hacemos por lo general las mujeres aunque no estemos en nuestra casa, Roberto seguía hablando, y no tuve mejor idea, sin decir nada, me baje el cierre del vestido y lo deje caer delante de él, quedando en la diminuta ropa interior que llevaba puesta, Roberto quedo boca abierta, quedo sin palabras, se acercó así mi, nos abrazamos y nos besamos, me dijo ven y me llevó a su dormitorio, me desabroche el sostén, el comenzó a acariciarme las tetas, y pellizcarme los pezones, tire la cabeza hacia atrás mientras me besaba el cuello, le fui desabrochando la camisa y le desprendía los pantalones, y le saque el box, su verga estaba erguida y se me hizo agua la boca, me arrodille y se la tome con las manos, le pase la lengua por el glande, y me lo devore, me lo puse todo en la boca, me ahogaba y comencé a mamarlo y a masturbarlo, se la chupe y me la trague mas, en un rato me pare y lo bese en la boca, me saque la tanguita y me recosté en la cama con las piernas bien abiertas y masturbando mi clítoris, Roberto sin más se subió sobre mí, y no tardó mucho en insertarme su trozo de carne dentro mío, haciéndome dar un grito de placer, comencé a mover las caderas al ritmo, mientras él bombeaba y me besaba las tetas, yo jadeaba y gritaba de placer, en un momento salió y me levanto las piernas y me penetro nuevamente, la podía sentir bien profundo como me gusta, me dijo entre jadeos me vengo, si le dije, venite que yo también voy a tener un orgasmo, y levante las caderas y grite aaahhh y me lleno la concha de leche como hacía mucho tiempo no tenía.

    Nos dormimos desnudos abrazados, me desperté al rato al escuchar un ruido, mire por la ventana y estaba amaneciendo, me levante así desnuda, y fui a la cocina y estaba Roberto preparando un café, hola le dije, me miro y me dijo ponte un abrigo Andrea mira como me pones; mmm le digo que rico, y apoyándome en la isla de la cocina le digo ¿y por qué no lo usas?, con lo cual se colocó en mi espalda y me beso el cuello, me sobo las tetas, y con su mano tomo su miembro y me lo refregó entre mi culo y mi raja haciéndomela desear, le suspire úsalo, y untándome el ano con mis jugos vaginales, apoyo su glande en mi culo, y fue de a poco empujando, así le digo, así penétrame, y me la fue introduciendo, grite aaahhh, aaahhh así la quiero toda, que rico así, mientras Roberto no paraba de moverse, me toque el clítoris y tuve dos orgasmos, hasta que su semen inundo todo mi culo como nunca.

    Me bañe me arregle volvía a mi casa y la llame a Mariana, después que escucho mi relato me confesó que ella había arreglado la salida con Roberto, pues me dijo que una hembra como yo no podía estar sola. Nos seguimos viendo pero eso se los cuento en la próxima.

    Espero les haya gustado, si desean pueden escribir sus comentarios a: [email protected].

  • La despedida de coronel

    La despedida de coronel

    Me dirigí a su departamento, me vestí tan sexi como pude, con mis medias color carne, mi minivestido blanco que tanto le gustaba que me pusiera y con una lencería blanca que me combinaba muy bien.

    Llegue puntal a la cita, él ya me estaba esperando, tenía una cerveza en la mano, yo me acerque a él y lo bese muy apasionadamente, el me acariciaba las piernas y el trasero, “las voy a extrañar” me dijo mientras sus manos apretaban fuerte mis glúteos, continuábamos besándonos muy apasionadamente, yo acariciaba su espalda, el subía poco a poco su mano acariciándome las nalgas muy rico.

    Subió mi vestido y lo dejo hasta mi cadera, también bajo los tirantes dejándome en mi tanga y brasear, me besaba el abdomen y su lengua lamia mis muslos no cubiertos por las medias.

    F: ¡Que cuerpo más rico Moni, te voy a extrañar!

    M: Yo también Fer ¡te extrañare!

    Coronel se iba a casar, pero dejo claro que su esposa no lo compartiría y él ya quería sentar cabeza, así que me pidió la despedida. Fue tan buen amante. Que acepte coger la última vez con él, además su rica verga ha sido de las más ricas que me eh comido en la vida.

    Me pare arriba del sofá dejándole mi vagina en su cara, el hizo a un lado mi tanga y comenzó a lengüetearme, su lengua entraba y salía riquísimo, yo levante mi pierna para que lamiera desde mi anito, mi clítoris se endurecía gracias a las chupadas de Coronel, me apretaba las nalgas y me follaba con su lengua.

    L: ¡Que rico papi síguele amor!

    C: Que vagina más deliciosa, la extrañare.

    L: ¡Sigue lamiéndola papi, síguele!

    Después de estar chupándome y lograr que me mojara demasiado, se desnudó totalmente, ahora yo me senté y él se paró sobre el sofá dejándome su rica y grande verga justo en mi cara, me sonrió y con una mirada me ordeno comer su animal.

    Yo comencé a lamerle la cabecita y darle chupadas mientras mis manos acariciaban sus testículos, lo introduje dentro de mi boca lentamente, él me tomaba fotos diciendo que serían para el recuerdo, comencé a devorarla por completo, sus 25 cm me ahogaban de placer, le apretaba las nalgas para meterla más y más a mi boca, el gemía y me felicitaba por lo que hacía.

    C: ¡Que rico mami, que rico te la comes!

    L: Sabes riquísimo amor.

    C: De verdad que echare de menos estos momentos contigo.

    Se bajó del sofá, me levanto las piernas, dejando mies pies a la altura de sus orejas y me penetro fuerte, me la deja ir con toda su fuerza, me sacaba el aire de su fuerte movimientos, pero me encantaba sentir su dureza dentro de mí

    L: Así dámela que rico, me encanta como coges.

    C: ¡Ah nena dios mío qué coño tienes!

    L: Es tuyo por siempre ¡cógeme papi!

    Me levanto del sofá y elevo mi pierna entrelazándola con su brazo, me cogió de esa forma, nos besábamos salvajemente mordiendo nuestros labios, con su mano izquierda me tomaba del trasero para empujármela hasta el fondo, yo parecía garza parada en una pata, después apoyándome en el brazo del sofá me incline, el me abrió las nalgas y me la metió muy fuerte, me jalaba el cabello y me daba de nalgadas, sus manos acariciaban mis piernas envueltas en esas medias color carne, yo me movía para sentirla mejor.

    C: Te mueves bien rico Lety, que mujer.

    L: Tú también lo haces muy ricos, dame más amor, ¡dámela toda!

    Él se recargo en el brazo del sofá, yo me dejaba caer en su palo duro, el me apretaba las tetas y besaba mi cuello, se acomodaba de forma que su verga entraba totalmente en mí, eso me prendía más y más.

    L: Bebe que rico, que verga más dura.

    C: ¡Muévete hermosa muévete!

    Los dos estábamos tan excitados, que nos venimos juntos, el me lleno mi vagina de su semen, chorros y chorros de fluidos empapaban nuestros cuerpos, el orgasmo fue riquísimo pero el segundo round apenas iba a comenzar.

    Me llevo cargando a su cama, ahí me puso boca abajo y comenzó a lamerme desde mis pies a mi cuello, su lengua me ensalivaba las piernas, mis nalgas, mi espalda, sus manos apretaban cada parte de mi retaguardia, con sus dedos comenzó a jugar mí ya muy estimulado clítoris, metía de dos a tres dedos en cada acercamiento, su boca besaba mis pechos y sus dientes me marcaban todo el cuerpo.

    C: Que rico cuerpo hermosa, me encanta tu espalda.

    L: ¡Ah bebe, eres magnifico!

    Me puso en cuatro en la cama, me tomo de las nalgas y las abrió, comenzó a masajearme con su dura verga en medio, ya mojada me penetro, pero esta vez muy suave, la puntita me estimulaba mi clítoris, mis gemidos invadían su habitación, poco a poco introdujo su gran verga en mi vagina, sus embestidas subían de nivel, yo me empinaba totalmente incluso con mis propias manos abría mis nalgas para que entrara por completo.

    L: Así bebe que rico, dios mío, dámela rico, así.

    C: Eres única, ¡muévete hermosa muévete!

    La fuerza de sus embestidas me tiró en la cama, el me penetraba subiéndose totalmente en mí, me abrazaba para apretarme las tetas y su boca mordía mi oreja, que rico, su verga entraba por completo en mí, me sentía empalada, sentía que iba a vomitar, yo le mordía el brazo él lo hacía con más fuerza.

    L: Que rico amor, me matas, ¡me matas!

    C: Te gusta mi verga nena, ¿la vas a extrañar?

    L: Si la extrañare, extrañare todo de ti.

    Comencé a chorrearme nuevamente, estaba teniendo un rico orgasmo, el me jalaba el cabello y eso me hacía venirme más, la cama se llenaba de mi líquido, pero Coronel aún estaba durísimo.

    C: Súbete nena y abre el culo.

    L: ¿Me la vas a dar por ahí?

    C: ¡Si te lo voy a destrozar!

    Él se acostó y yo abriendo mi culo me dejó caer en su verga durísima y roja, su verga entraba y me lastimaba, pero al mismo tiempo me daba tan grande placer.

    C: ¡Que rico culo, aprieta chingón!

    L: ¡Bebe me destrozas!

    C: ¿Te gusta mi verga en tu culo?

    L: Si guapo, dámela, ¡empálame con tu verga!

    Yo cabalgaba su palo, mi ano se iba abriendo con cada movimiento, el me mordía las tetas y me empujaba su verga, eso me generaba tipo nauseas, sentía que vomitaría, el dolor era fuerte, su verga de 25 cm me estaba destrozando, pero no podía dejar de moverme y querer más.

    C: ¡Así, muévete amor, muévete Moni!

    L: ¡Papi dámela, me lastimas, pero me gusta!

    C: ¿De quién eres?

    L: ¡Tuya, soy tuya, puedes cogerme cuando gustes!

    C: ¡Vale, lo hare con gusto!

    Sentía como su verga se estaba inflando, yo movía más y más mis caderas, el con sus manos me levantaba y dejaba caer, también apretaba mi clítoris, tenía doble satisfacción, lo mordía del cuello, el me apretaba todo, sentí como sus huevos se inflaban.

    C: ¡Lety me voy a venir, me voy a venir!

    L: ¡Lléname de ti, lléname!

    Comenzó a venirse, parecía una manguera, me llenaba toda que incluso escurría por mis piernas, el gritaba y se movía riquísimo, yo me corrí por tercera vez y también me movía fuertemente, terminamos exhaustos en la cama, nos besábamos ya más suave, mi ano me dolía a mil, pero la sensibilidad que tenía me hacía tener tremendo placer.

    Cogimos un par de veces más, lo hicimos por toda su casa, llegue en la madrugada a casa toda adolorida, ya nunca más lo volveré a ver, pero jamás olvidare su rica verga y como me hacía gozar riquísimo.

    Saludos su amiga Lety.

  • Adictas al embarazo

    Adictas al embarazo

    Clara es una mujer de 34 años, aproximadamente 1.67 de altura, esbelta de cuerpo, y muy ocupada con su trabajo. Es contadora pública al igual que su madre, con la cual vive aún a su edad junto con su hijo Leonardo (Leo), quien cursa la universidad.

    Su hijo es un poco más alto que ella, fibrado de cuerpo sin exageraciones. Desde que Clara se quedó embarazada a muy temprana edad, su vida ha girado en torno a su hijo, la escuela y posteriormente a su trabajo. La reprimenda por parte de su madre Rocío, la había dejado traumatizada.

    Y es que para Rocío, había tenido que dejar de lado todas sus aspiraciones cuando el patán que la había llevado a una fiesta de la universidad la embriagó hasta dejarla inconsciente y embarazada. Aun así, ella era una milf en toda regla, una mujer preciosa, aunque bastante recatada al vestir. Todavía seguía siendo fértil y bastante deseada por colegas y clientes, sin embargo su amarga experiencia la habían cerrado a la sexualidad.

    Ellas siempre tenían que trasladarse de la pequeña comunidad en que vivían a la ciudad próxima en donde realmente desempeñaban su vida laboral, para después regresar a la apacible y modesta casa que rentaban desde hacía años.

    La noche que inició todo, Clara apenas había terminado el trabajo que la tuvieron sin dormir los días pasados, fue a la cocina a prepararse un té, para después tratar de relajarse viendo su telenovela nocturna, la cual tenía muy abandonada.

    Debido al cansancio acumulado y a la caliente y relajante bebida, terminó por dormirse en el sofá de tres plazas que se encontraba frente al televisor.

    Su sueño de por sí era pesado por naturaleza, pero también por ésta última, despertó algo confusa y con muchas ganas de orinar. Se dirigió al baño en el segundo piso lo más aprisa que le permitía su cuerpo adormilado y deseoso de regresar a dormir.

    Terminada la urgencia, se dirigió hacia su cuarto el cual se encontraba pasando el de su hijo Leo, y había abierto la puerta de su habitación, cuando un fuerte gemido la distrajo. Parecía provenir del cuarto de su madre al final del pasillo. No podía creerlo, después de tanto tiempo y sobre todo, de tanta disciplina de trabajo y recato, ella, su propia progenitora, para quien su existencia era un error que le había costado sus sueños, por fin le había valido todo y metido a un extraño a la casa.

    Sería mentir si se dijera que el primer pensamiento que llegó a su mente fue el ruido que podría despertar a Leo, mismo que idolatraba la figura de su abu, como él siempre la llamaba. No. Lo primero que pensó fue en los fluidos que empezaban a depositarse en su panty, la cual resguardaba esa peluda y casi virgen panocha que ahora perfumaba todo el ambiente a su alrededor.

    Se acercó sigilosamente, los gemidos iban en aumento y su nerviosismo aceleraba su corazón, lo cual era provocado por el espionaje improvisado de las correrías nocturnas de su madre. La luz del cuarto se filtraba por debajo de la puerta, además de no estar cerrada, lentamente la abrió un poco, sólo lo necesario para poder ver y escuchar mejor. Lo que oyó fue una bomba emocional que no se esperaba para nada.

    -Ah, agh, ah, ayyy, síí, ¡sigue, por favor sigue! Ah, ayyy, ah, aughhh.

    -¡Vamos abu! ¡Eso, así! Aprieta más abu, muévete más, sí. ¡Qué delicia!

    -Ah, no tan rudo, agh, ten cuidado con el bebé, aaayyy.

    El plas plas de sus carnes chocando se escuchaba como acompañamiento a los gemidos y bufidos de ambos. De pronto el golpeteo de los cuerpos se dejó de escuchar y Rocío le comenzó a reclamar.

    -No te detengas, sigue por favor, ya casi llego.

    -Lo siento, pero no has hecho ni dicho nada de lo que te ordené, te aprovechaste de lo rica que estás para que se me olvidara, por eso me voy abu.

    -No…

    -Entonces, ¿harás lo que te pedí?

    Leo acercó su miembro a los labios de su abuela, evitando que pudiera haber cualquier tipo de roce entre ellos, volvió a pasarlo de nuevo, tratando ahora de que el sentido del olfato de Rocío aspirara el olor mezclado de ambos sexos expeliendo de ese instrumento de carne, dejando finalmente que lo saboreara un poco. Por fin acercó sus labios a los de ella, haciendo una finta de besarla y en su lugar lamió su mejilla en la parte que todavía no se manchaba de su corrido maquillaje que bajaba a causa del exceso de sudor y lágrimas derramadas, tal vez producto de la lloradera previa, precisamente había sido por fin desflorada de su culo virgen por su querido nieto.

    Los labios de Rocío tremulaban, signo evidente de su indecisión, por último, él la incorporó para tenerla de pie mirándole fijamente a los ojos y sin que se diera cuenta, empujar sus caderas lo suficiente hasta rozar su glande de su verga por la pegajosa piel de su vagina bañada en fluidos.

    -No hagas eso por favor, sólo sigue, yo, yo…

    -Dilo o me iré, creo que no es como me prometiste, tendré que seguir con ya sabes quién.

    -No, ya te dije que no te aproveches de ella, y más ahora que…

    -Última oportunidad.

    Leo introdujo sólo la punta, talló lentamente el glande en su entrada goteante y penetró sólo un poco más para que saboreara su segunda boca de lo que se estaba perdiendo, y obligarla a que cediera a su deseo y poseerla completamente. No sólo quería tener poder sobre su cuerpo, sino también sobre su mente y lo más importante, sobre su voluntad.

    -Soy únicamente tuya y para siempre…

    -Y, ¿qué más? (en susurro), ¿vas a seguir obligándome a usar esa cosa tan horrible de nuevo?

    -No, ya nunca te obligaré a usarlo, siempre será a pelo.

    -¿y te atreverás a utilizar algo que vaya contra mis deseos?

    -Jamás. Nunca usaré de nuevo ningún método anticonceptivo, todos y cada uno de mis óvulos que aún posea se convertirán en nuestros futuros hijos… Por favor, sigue, ya no puedo más.

    -Falta lo último, dime, ¿acaso te estoy obligando o lo haces por tu propia voluntad?

    -Es mi deseo que así sea… ¡Ya por favor! (Leo negó con la cabeza, indicándole que faltaba lo más importante).

    -Tú eres mi dueño, mi macho, mi nieto y el único cogedor que necesito.

    -¿Era tan difícil?

    -Yo… Yo…

    No le dio tiempo a contestar, se introdujo en su interior abruptamente y levantándole su pierna izquierda, el ritmo de sus caderas era infernal al principio, para después levantarla totalmente en ancas. En tanto ella había aprovechado para atrapar a su hombre con brazos y piernas, convirtiéndose en una enredadera humana, evitando que se pudiera escapar. Pasaron a una lentitud pasmosa, pero con mayor profundidad en la penetración. Este ciclo de cambiar las velocidades de la cogida se repitió en varias ocasiones, deteniéndose apenas antes de que ella pudiera alcanzar el clímax en cada ocasión.

    Volvió a detenerse en las profundidades de ella, sacándosela rápidamente. Rocío creyó que volvería a torturarla con lo mismo, sin embargo, no fue así. La sentó en la cama, con las piernas sobre el suelo y empujando su torso sobre el colchón, enterró su lengua en su intimidad, a veces ayudada por dientes y labios, la llevaba de nuevo a escalar el punto sin retorno del orgasmo para detenerse en seco. Rozaba de manera apenas perceptible con su pulgar el clítoris, desesperándola. Sentía esa sensación irritable de estar al filo de todo, quedándose en el limbo.

    Iba a volver a protestar, pero antes de poder hacer sonido alguno, él la sujetó de los pies, levantándoselos en el aire para echar sus pantorrillas al hombro y detener el peso de sus piernas, para insertarse de nuevo en su caverna líquida. El vaivén demencial la hizo poner su mente en blanco, toda la existencia a su alrededor se desvanecía, únicamente existía el placer. Los gemidos se hicieron música, el plaf plaf de sus carnes indicaban el ritmo de su éxtasis. Volvió a detenerse una vez más y Rocío ya no lo soportaba.

    -¡Por favor, ya no me hagas esto!

    Leo colocó las piernas de su abu en su cintura, una a cada lado, se inclinó sobre su cuerpo y apoyándose sobre el colchón, agarró su teta y se la llevó a la boca, chupo con fruición, dobló su cuerpo lo necesario para reiniciar la cogedera y no soltar su presa de la boca. El reinicio fue un poco lento hasta que el ritmo fue tal que Rocío tenía que agarrarse de lo que fuera para que los embistes no la fueran alejando del alcance de esa tranca que tanto placer le brindaba y no se perdiera la profundidad con la que llegaba, ya que la aventaba de a poco cada vez que entraba en ella.

    Ahora sí, su venida fue bestial, los sonidos guturales e ininteligibles parecían uno sólo, su garganta se desgarraba a causa del grito final que lanzó al sentir el potente chorretazo de esperma abriéndose paso por su cérvix y encontrar el espacio saturado de una incalculable cantidad de semen de esa noche y de los días pasados, y por supuesto, del embrión que crecía en esa cámara de lujuria.

    Leo a pesar de sentir una sensibilidad pasmosa, se obligaba a seguir el mete y saca lo más posible, tratando de que las caderas sin control de su abu no lo sacaran de esa gruta que ya le pertenecía. Sin embargo, el descontrol de sus propias caderas, y la intensa explosión de sensaciones e hipersensibilidad, la llevaron a perder el contacto, sus glúteos y piernas ya no la obedecían, había algo en su interior más fuerte que le hacía perder toda respuesta motriz, el éxtasis era tal, que le hizo perder el conocimiento mientras lanzaba un chorro líquido por su concha.

    Se derrumbó junto a ella, y a pesar de no estar consciente, varios de sus músculos tremolaban casi fantasmagóricamente.

    Pasaron unos minutos y volvió en sí. Leo trataba de tocar su panocha encharcada, pero cada que lo intentaba instantáneamente su pelvis se contraía en un espasmo huyendo del contacto. Estaba hipersensible, babeaba un poco, y todo el maquillaje que se había aplicado se encontraba corrido en todo su rostro. Al ver las reacciones que tenía, no le quedó de otra que conformarse con caricias leves sobre sus erectos y también hipersensibles pezones, sobre su piel, sobre su rostro y cabello.

    Afuera de la habitación, Clara estaba toda pegajosa de las piernas y panocha. Sus dedos se encontraban ahogados en flujo y su boca no podía detener la saliva que se le había escapado en su estruendosa venida. Fue una suerte que los sentidos de su madre e hijo se encontraran completamente obnubilados por su propia corrida y no escucharan el agudo chillido de ella, esfuerzo casi infructífero de querer ahogar un sonoro grito de su placentera acabada.

    Se fue a su habitación graciosamente, pues caminaba todavía con las pantys en sus muslos, parecía que cada fuerza restante en su cuerpo se le iba en huir de la escena antes de ser descubierta.

    Despertó a las nueve de la mañana, se oían voces provenientes de la planta baja, se levantó y vistió con una bata gruesa que utilizaba para el invierno. Se sentía sucia y pegajosa, pero sobre todo, a donde se dirigiera la seguía el olor inconfundible a concha, a hembra recién corrida.

    Quiso meterse a bañar ates de bajar, pero el rechinar de la puerta del baño la delató. Inmediatamente la voz de su madre le pedía que bajara sin dilación.

    -Clara, hija. ¿Ya terminaste las declaraciones de la señora Pérez y de la abarrotera?

    -Sí mamá, están sobre la mesa del teléfono.

    -No las veo, baja antes de que entres al baño, necesito que me las des porque ya me voy a la secretaría.

    Para sus adentros, Clara recordaba las imágenes de la noche anterior, los sonidos y los olores embriagantes de sus sexos. En voz baja, casi entre dientes, enojada y temerosa de que pudieran descubrir su espionaje, se decía: “Que te las dé, bien que le diste las nalgas a mi niño y encima…”

    Bajo lentamente, pero tuvo que apurarse ante la arenga de su madre que la apuraba en la puerta de salida.

    Pasó por enfrente de Leonardo y se abocó en la búsqueda de los papeles. Sabía que los había dejado en esa mesa, pero tampoco los encontraba. No podía ser, todo su trabajo y el dinero del mes estaba en esos papeles. Recogió el largo cabello que le estorbaba en la cara al agacharse y ver si no se habían caído.

    Fue a la pequeña sala y los encontró en el sofá. Los acomodó bien en sus respectivos folders y los entregó a su madre.

    Roció salió apurada a la cochera, Leo se ofreció a abrir el portón de la cochera y salió tras ella. Clara se disponía a subir al baño y tomar un buen regaderazo, cuando le pareció escuchar un gemido casi apagado. Se acercó a la puerta y los vio, su niño tenía a su abu atrapada entre el auto y su cuerpo, le había levantado la falda de tubo que llevaba, dejando a la vista unas señoras bragas de encaje y transparencia, nada que ver con las pantaletas que en muchas ocasiones también le había tocado lavar de su madre. Leo metió la mano en la pendra e introdujo unos dedos en aquél chocho, un pequeño respingo delató su aún sensible coño.

    -No, por favor no, todavía sigo muy alteradita. Mejor espera, no hagas que me vuelva a mojar, voy a ir oliendo feo.

    -Al contrario abu, ojalá siempre pudiera oler tu perfume más natural.

    Sacó los dedos apenas húmedos, los llevó a su boca y los pintados labios fueron humedecidos por sus caldos íntimos. Parecía brillo labial, lo cual no duró mucho, pues ella se los relamió enseguida, ya se había acostumbrado a saborear sus efluvios y empezaba a disfrutar de ello.

    Se hincó enfrente de ella, besó su monte de venus y bajó la falda. Al levantarse aprovechó para asir la mano derecha de su abu y llevarla a su entrepierna.

    -Trata de no tardarte abu, vamos a estar esperándote siempre así.

    Leo llevaba una erección considerable, manejó la mano de su abuela para que no sólo la tocara, sino que recorriera toda su longitud, cerrara la palma alrededor del enhiesto falo y sopesara las grandes bolas recargadas de más leche.

    Rocío se zafó y se subió al coche. Lo arrancó y salió en cuanto su nieto dejó abierto el portón por completo. Antes de enderezar el auto sobre el camino, con sus pupilas dilatadas y mordiéndose el labio inferior, volvió a echarle un vistazo a Leo y luego arrancó a toda prisa, como queriendo huir, para no bajarse a pecar en plena calle.

    Clara volvió a mojarse, su instinto materno le recriminaba el estar cayendo en la lujuria, en el deseo, en el pecado. Se aterrorizó de pronto, se vio sola con él, deseaba que ya se fuera a la clase de las once en la universidad como lo arcaba su horario, pero aú faltaba tiempo. Corrió escaleras arriba antes de que su hijo terminara de cerrar el portón y se encerró en el baño, cerrando con seguro.

    Estaba ya dentro de la bañera, esta era rodeada con una mampara semi transparente de color rosa, pero antes de poder abrirle al agua caliente, se espantó al llamado de la puerta. No podía ser otro que Leo.

    -Mamá, perdona que te moleste, pero es que ya no puedo aguantar más, déjame entrar al baño, que me voy a hacer encima.

    De repente los recuerdos se agolparon en su mente, lo primero que rememoró fue la primera vez que de pequeño llegó una noche a su cuarto porque se había hecho en la cama. La vez que había aprendido a ir al baño sólo y la vez que había prorrumpido en su cuarto para dormir esa noche con ella por miedo al monstruo de abajo de la cama.

    Salió de su micro templo con el siguiente llamado a la puerta.

    -Vamos mamá, por favor.

    Salió de la bañera tan únicamente vestida con la panty, quitó el seguro y se metió rápido a la bañera, apenas tuvo tiempo de cerrar cuando por fin Leo entraba al baño. Por la mampara pudo ver como su hijo extraía su miembro al tiempo que ella abría la llave del agua, haciéndola lanzar un pequeño alarido del susto al sentir el frío del agua sobre su piel.

    -¿Estás bien mamá?

    -Sí, es sólo que está muy fría el agua.

    Clara se quedó absorta en su pene, el agua se empezaba a calentar y fue cuando abrió el agua fría para atemperar y que se dio cuenta del olor, todo el baño apestaba a panocha materna. A una concha que había exudado fluidos al espiar como follaban sus propios madre e hijo, abuela y nieto.

    -Como que huele raro mamá.

    -¿Cómo a qué?

    -No tengo idea.

    -Ha de haber una fuga en la base del excusado, o tal vez se necesite purgar el desagüe.

    -Eso debe ser.

    Leonardo salió una vez se lavó las manos, en tanto Clara no podía apartar sus manos de su gruta, primero al tratar de opacar el olor lúbrico, y una vez fuera su hijo, porque la sensación de su piel le era necesaria, su mente había escaneado cada milímetro de la tranca de su hijo, su glande cabezón, el tronco grueso y algo largo, aunque debido a la mampara, sólo se había percatado de la silueta, más tuvo que reconstruir la imagen completa de lo visto en la madrugada. Las venas saltadas, el color violáceo del glande, los pelos hirsutos cubriendo esas bolas grandes y pesadas, seguramente ya se habría recargado, ya traía dentro toda esa leche con la que quería regar el interior más profundo de su útero.

    No lo podía creer, su lubricidad le había ganado a su instinto de madre, aquella fuerza que era superior a cualquier otra en el universo, había perdido ante la real fuerza de la existencia, la lujuria, la fuerza originaria de la vida. Fue increpada por aquella madre en su interior, la cual estaba horrorizada, pero tal vez no tal vez sólo eran las últimas defensas antes de caer.

    Trató de que predominara el agua fría para poder volver a su centro, a su vida de madre abnegada y buena, y lo estaba logrando, cuando de su interior sintió caer una plasta que resbalaba primero por sus labios vaginales, para deslizarse con el agua por sus muslos hasta llegar a sus pies y fugarse por la coladera. Se preguntó qué era eso. Irónicamente se respondió a sí misma, que muy posiblemente era el tapón de su olvidada castidad después de un hijo.

    Tardó bastante bajo el agua, lo suficiente para quedarse sola en casa. Tras vestirse, fue a la cocina a prepararse el desayuno.

    De la noche a la mañana, toda su vida había dado un cambio completo de trescientos sesenta grados. Se encontraba finalizando su desayuno, y entonces lo pudo sentir, el estómago lo sintió un poco revuelto, sintió unas agruras bastante fuertes y por último, no pudo detenerlo, todos sus alimentos regresaron de su estómago al piso.

    Continuará…

    Muchas gracias por llegar hasta aquí.