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  • Entre burbujas

    Entre burbujas

    Me quité la bata quedando en ropa interior. Me quité las pantaletas y me senté al borde de la tina de baño. Hice a un lado el sostén para poder acariciarme los pezones.

    Casi por instinto y sin pensarlo mucho, me abrí de piernas y comencé a acariciarme… ahí donde tanto me gusta… en esa zona tan íntima… esa zona que me hace explotar como mujer.

    Estaba en esa edad donde lo único que deseaba era explorar mi cuerpo y conocerme de forma más íntima. Saber qué es lo que me gusta sentir y lo que no.

    Fue entonces que tome mi lápiz labial y lo utilicé para estimularme, pensando que se trataba del pene erecto de algún chico guapo. Al tiempo que movía el lápiz labial dentro de mí, no dejaba de acariciarme los senos, que están bien desarrollados.

    Poco después me quité el sostén por completo y me metí en el agua jabonosa y llena de burbujas, que parecían festejar junto conmigo el placer de ser mujer.

    Volví a introducir el labial dentro de mí, esta vez un poco más adentro, imaginando que me hacían el amor. Aquel pequeño objeto entraba y salía rico dentro de mí, trataba de no hacer ruido para que no me escucharan, pues no vivía sola.

    Aun así, algunos gemidos escaparon sin poder controlarlos, ya que comencé a sentir que algo invadía mi ser. Si… estaba llegando al orgasmo al tiempo que mi cuerpo se estremecía.

    Finalmente me tranquilicé y me quedé un rato en la tina acariciándome todo mi cuerpo.

    Me estaba convirtiendo en mujer y no podía evitarlo… de hecho me encantaba la idea.

  • La primera vez que pude masturbar a mi tía

    La primera vez que pude masturbar a mi tía

    Esta historia es totalmente real e intentaré contarla lo más exacto que logre recordar, por ello cambiaré el nombre de los personajes y a mi tía le llamaré Ana.

    Todo comenzó en una fiesta familiar. Ana siempre fue una de mis principales fantasías, no era una súper modelo, pero a mí me encantaba, era más bien bajita, tetas pequeñas y un tremendo trasero que desde siempre me excitó demasiado.

    En aquella fiesta todo transcurrió normal, yo jamás esperé que podría pasar algo con ella, pero ese día todo cambiaría. Llegada la hora de dormir y comenzamos a acomodarnos en las camas que había disponibles, debido al poco espacio me tocó dormir en una cama en el suelo que estaba justo al lado de la cama donde estaba Ana, el solo hecho de estar cerca de ella me tenía a mil y por supuesto procedí a masturbarme, estaba ahí a un metro de ella masturbándome en silencio y, en mi calentura, sentí la gran necesidad de algo más, teniéndola tan cerca, yo necesitaba al menos ver algo (yo me había dado cuenta en otras ocasiones que ella dormía sin bra y sin pantalón aunque estuviese en casa ajena).

    Así que decidí intentar mover un poco la sabana para ver si, con un poco de suerte, lograba ver algo y sin pensarlo subí muy despacio la sabana y, en efecto, ahí estaba ante mi ese hermoso culo medio cubierto por una pequeña tanga blanca con un encaje rosa, para mí ese momento fue increíble, tanto tiempo imaginando ese culo y al fin lo podía ver, seguí masturbándome viendo ese trasero entre la obscuridad hasta que intenté mover un poco más la sabana y escuché su voz diciendo “¿Que buscas?”, francamente no se escuchó enojada pero en ese momento se me heló la sangre, no sabía qué hacer y torpemente solo le contesté “nada” y me voltee a intentar dormir.

    Por la mañana cuando desperté no estaba ella, la verdad no quería ni levantarme, pensé que ya les habría dicho a todos y esperaba el peor regaño de mi vida, sin embargo, llegado el momento tuve que salir y enfrentarme a lo que sucediera pero, vaya sorpresa, todo normal, nadie me regañó, al parecer Ana no dijo nada, entonces quedo en mi cabeza rondando la pregunta ¿le habrá gustado?

    Unos meses después hubo otra fiesta y todo similar, pero en esta ocasión sí busqué a toda costa acostarme cerca de Ana, cuando me puse a buscar donde acostarme encontré que ella estaba en una colchoneta muy larga recostada junto a otros primos, así que aproveche pues no sería extraño si había más primos ahí, me recosté justo a la izquierda de ella, el plan en mi mente era esperar una hora para asegurar que se durmiera Ana y yo acomodarme para tal vez solo tocar un poquito ese trasero.

    Seguí el plan y esa hora me pareció eterna, yo moría de ansias de tocar al menos un poco, cuando según ya se había dormido, hice un movimiento “natural” y posé muy levemente mi mano sobre su trasero, comprobé así que de nuevo tenía puesta una tanga, ya lo había logrado, al fin toqué ese trasero, como pude me acomodé y me empecé masturbar con una mano y con la otra sobaba suavemente su trasero, así estuve varios deliciosos momentos hasta que… ella se movió y volteo solo un momento para hacerme saber que estaba despierta, no sé si fue mi calentura pero yo creo que fue una mirada coqueta, para nada se vio molesta.

    Yo estaba demasiado nervioso y lo único que atiné a hacer fue poner mi mano sobre su espalda y la acaricie muy suavemente durante unos minutos a ver qué pasaba hasta que sucedió lo impensable, ese momento que cambio mi sexualidad para siempre, ella tomó mi mano y la puso sobre sus pechos, me guio lento sobre sus pechos pequeños y poco a poco comenzó a bajar mi mano pasando por su ombligo hasta llegar a un pedacito de tela y metió mi mano por debajo de su tanga, sentí una suave mata de bellos y de pronto una deliciosa humedad, caliente y suave, ella estaba escurriendo y comencé a masturbar su clítoris lento, no quería que el momento acabase jamás (para ese momento ya había olvidado por completo que había más gente en la habitación), metí mis dedos dentro de su vagina y comencé un mete saca, me fascinaba sentir sus líquidos saliendo de ella, Ana metió su mano bajo mi bóxer y también empezó a masturbarme, estuvimos varios gloriosos minutos hasta que sentí una contracción dentro de su vagina atrapando mis dedos y saliendo aún más fluidos de ella, Ana acelero el ritmo masturbándome hasta que a los poco segundo terminé en su mano, tomó mi esperma y se lo untó en las tetas, me sonrió y me dijo “ya duérmete”.

    Hasta aquí esta historia, si les gustó estaré encantado de continuar platicándoles todas las historias que viví con Ana durante dos fascinantes años, es mi primer relato y espero sus comentarios para mejorar.

  • Entre la viudez y el deseo (1)

    Entre la viudez y el deseo (1)

    Fue el hombre de mi vida, mi compañero en la intimidad, el padre de mis hijos. Parece que ayer falleció mi marido y una vez que todos los que vinieron al funeral se fueron me di cuenta lo sola que estaba. Los hijos son mayores y cada uno tiene su vida, mis amigas y familiares tienen sus propias parejas y también hacen su vida.

    En ese caso la viudez puede resultar muy dura. No sólo has de ser capaz de sobreponerte a la muerte de tu marido, sino también a afrontar una vida en soledad Y puede que esa perspectiva no te guste. Puede ser motivo suficiente para querer tener una nueva pareja tras la muerte de tu compañero.

    Pero puede servirnos de orientación el luto. El luto por la muerte de una persona cercana suele durar un año. Se entiende que en ese tiempo una mujer viuda ha tenido tiempo suficiente para asimilar el fallecimiento y para plantearse cómo enfocar su nueva vida. En mi caso no fue así, fueron más de cinco años y nunca pasó por mi mente tener una relación con otro hombre. Formó parte de la comunidad hebrea y los principios morales están muy arraigados, por lo que sentía la presión y oposición de siquiera pensar en buscar un nuevo amor o simplemente un compañero. Hay determinadas edades en las que lo que una mujer quiere no es un compañero de cama, sino alguien con quien ver la televisión por la noche y al que contarle cómo ha ido el día al llegar a casa. Es un amor al fin y al cabo, aunque probablemente diferente al que tenía con mi marido. Lo que importa no es la atracción física o una estabilidad sentimental, sino el compañerismo, la amistad y la confianza.

    Estuve casada con mi marido 29 años, toda una vida si le agregamos seis años de novios; ahora tengo 59. Él era mayor que yo, falleció casi a los setenta años. Estuve en terapia casi tres años pues el duelo se extendió más de lo normal. Tanto la terapeuta como algunas amigas me decían que me abriera a otras posibilidades, pues todavía no era tan mayor y me conservaba bien. A raíz de mi viudez algunos hombres se me empezaron a acercar, sin embargo, yo sabía lo que pretendían, por lo que mi rechazo era en automático. Me veían vulnerable e intentaban aprovecharse.

    Empecé a realizar actividades diversas para evitar la soledad y la depresión. Por ejemplo, asistía más tiempo al club para hacer ejercicio, salía de viaje con algunos familiares o me inscribía a talleres o cursos académicos. Y fue en un diplomado de Historia del Arte que conocí a un hombre. Le tocó impartir un módulo del diplomado, más joven que yo y divorciado. Se dio una relación alumna-profesor, me encantaban sus clases y en esa admiración me empecé a sentir atraída por él lo mismo que él hacia mí. A pesar de que era recíproco me negué en principio a sus invitaciones. Finalmente terminé por aceptar y empezamos a salir, yo me sentía incómoda de que me fueran a ver. Solo lo comenté con un par de amigas, las cuales no me juzgaron.

    No quería externarlo ni siquiera a mis hijos, a pesar de que a veces me decían que si yo tenía una nueva relación no me juzgarían. Pero no se los dije. Me hacía sentir muy a gusto la compañía de este hombre, me hacía reír mucho y eso relajaba el ambiente. Me sentí culpable cuando nos besamos por primera vez en un restaurante al que fuimos a cenar, sin embargo, con el paso de los días y de la convivencia lo fui superando. Todo eran besos y abrazos, hasta que en una ocasión me invitó a su casa, sabía porque lo quería, pero no me sentía preparada. Aceptó mi negativa y no insistió más. Eso me agrado de él, pues no me presionaba. Cuando cumplimos tres meses de salir me invitó a cenar a un restaurante. Yo me vestí con un vestido negro, un poco corto y cuando me vio quedó impactado, pues siempre me había vestido conservadoramente cuando nos veíamos. Debo decir que tengo muy bonitas piernas, por herencia y por el ejercicio que hago. Además soy alta, blanca, ojos color miel y el cabello rojizo. Esa vez, además de besarnos, llegamos a un poco más. Por ejemplo, sentí cómo una de sus manos buscaba acariciar mis piernas y yo se lo permití, me gustó la suavidad con que lo hizo, para después acariciar el interior de mis muslos y dejar su mano allí. Era una experiencia distinta, nueva, se la quería retirar pero me estaba gustando. El ambiente era propicio pues estábamos a la luz de las velas y todo era muy íntimo. Luego, nos juntamos más y empecé a acariciar una de sus piernas, y sin querer sentí su miembro. Estaba nerviosa. Lo tocaba discretamente y luego un poco más. Tenía un poco de pena. Después nos separamos u y empezamos a cenar.

    Nos dábamos uno que otro beso, mirándonos a los ojos. Hubo un momento en que él fue al baño y ya de regreso no pude evitar mirarle la entrepierna y detener mi mirada en su bulto. Ya sentados él volvió a acariciar el interior de mis muslos y yo acariciarle su pierna y de vez en vez tocaba su miembro. Hubo un momento en que pretendió acercar sus dedos a mi vagina y no lo permití, me dio pena, pues a pesar de mi edad estaba húmeda y me estaba excitando. Terminamos de cenar y nos retiramos. Cuando esperábamos que el valet parking nos trajera el auto me abrazo por detrás y sentí su miembro en mis nalgas. Me gustó esa sensación después de tanto tiempo, sentir en mi trasero un miembro, pero éste lo sentía muy grande, demasiado grande y muy duro.

    Ya en el automóvil nos dimos algunos besos y también me seguía acariciando con su mano mis piernas y el interior de mis muslos, hasta que hubo un momento en que, con innegable maestría, acercó sus dedos a la orilla de mis calzones, los hizo a un lado y buscó sentir mi humedad. Para eso bajó la velocidad del auto. No pude resistirme y deje que sus dedos empezaron a acariciar mi clítoris. Lo hacía con una delicadeza y paciencia que provocó el despertar de esa sexualidad que había permanecido casi muerta. Lo hizo de tal forma que no tuve problemas en tener un orgasmo, recuerdo haber gemido y no dejar de moverme.

    Ya estábamos por llegar a mi casa y en ese breve trayecto le acaricié nuevamente su pierna hasta llegar a su miembro, el cual ya estaba duro y grande. Se estacionó y me dijo que si podía entrar a mi casa, le dije que no, que eso si no podía hacer. Se me venía a la mente la recamara y la cama en la que había dormido con mi marido tantos años. No insistió, le dije que mejor programáramos un viaje, que eso sería lo mejor para hacer lo que deseábamos. Quedó satisfecho con mi propuesta. Luego nos dimos un beso largo y apasionado y mi mano nuevamente buscó su entrepierna. Miré su bulto y lo desee, hasta que no pude resistirme y empecé a desabrocharle el cinturón y el pantalón. Traía una trusa blanca y su miembro se miraba impactante, hasta que le baje un poco la trusa y saqué su miembro.

    Nunca había visto un miembro que no fuera el de marido, éste era diferente, tanto por el prepucio, pues el de mi marido estaba circuncidado, por cuestiones religiosas, como por el tamaño y el grosor. Lo acaricié con mis dos manos, sentía su humedad, y luego con el dedo índice acariciaba su glande y sentía como aumentaban sus fluidos, hasta que no pude más y me lo llevé a la boca. Tenía deseos de tener ese miembro en mi boca, había pasado por mi mente en el restaurante cuando le miré el bulto y luego cuando me lo pegó a mi trasero. Se lo mamé con deseo y gusto, suave sin prisa, como sabía hacerlo, con la experiencia de tantos años, como tantas veces se lo había hecho a mi marido. No quería que eyaculara, sin embargo, supuse que ya no podía y sentí como venía el flujo de sus entrañas. Fue espectacular como explotó tanto semen en mi boca, me gustó su temperatura y la fuerza con la que salió y seguía saliendo. Sentía que me ahogaba con tanto semen en mi boca, no sabía si tirarlo o qué por lo que preferí tragármelo.

    Nos despedimos y acordamos programar un viaje a la playa. Entré a mi casa. Luego me dirigí a mi recamara. Me desvestí y entre al baño a bañarme y bajo la regadera me cepille los dientes, sentía un sabor raro en mi boca. Miré la recamara, mi cama y debo confesar, me sentí culpable pero al mismo tiempo sentía como una energía poderosa había salido de todo mi cuerpo. Dormí profundamente, no quise pensar en nada, tal vez solo en el viaje que me esperaba.

     

  • Una esposa lleva el almuerzo y será ella la comida

    Una esposa lleva el almuerzo y será ella la comida

    Ella se llamaba Fibi tenía 30 años y vivía con su marido Ricardo de 45 años, ella era blanca, de 160 de estatura, 60 kilos de peso, cabello largo hasta la cintura, ojos café y una cara angelical. Ricardo por su parte era de contextura fuerte. Llevaban casi ya 15 años viviendo juntos, pero su marido últimamente había cambiado mucho, la trataba con rudeza y le pasaba las amantes sin ningún pudor ella con su personalidad dócil y sumisa no decía nada para no molestar a su marido hasta se tenía que aguantar las miradas morbosas de sus amigos los mecánicos donde trabajaba su marido y este no decía nada hasta parecía disfrutar de las miradas que sus amigotes le daban a Fibi y como esta todos los días le llevaba el almuerzo al taller se daban un buen festín de ojo.

    Un sábado que Fibi le llevo el almuerzo a su marido este se encontraba tomando cerveza con sus amigotes don Tiberio un negro de unos 50 años robusto y don pedro de unos 60 ella estaba sorprendentemente hermosa ese día llevaba un vestido de flores corto de tirantes y unas sandalias de plataforma que hacían ver unas hermosas piernas y un voluptuoso culo aun llevaba su cabello húmedo de la ducha que se había dado unos minutos antes apenas llegar y quedarse en la puerta del garaje los vejetes solo la miraban embobados su marido de un grito la hizo entrar y le dijo bueno es que te vas aquedar ahí todo el día ella dentro nerviosa ya que en particular en este día los viejos la estaban mirando de una manera más descarada apenas llegar donde estaba su marido en un viejo sofá este le quito la vasija de los almuerzos y la jalo hacia el para luego besarla.

    En la posición que quedo ella medio inclinada hacia delante le daba a los viejos una espectacular vista su marido apropósito con un brazo la hizo agacharse aún más cosa que hizo que su vestido se levantara y que los viejos pudieran ver atónitos como se asomaban unas braguitas negras y un principio de culazo. Después del morreo la sentó a su lado ella sonrojada miraba al piso sabiendo que esos viejos le estarían mirando el culo

    Por lo general don pedro y don tiberio dejaban el taller a la hora del almuerzo para dirigirse a sus casas pero al ver la hermosura como había llegado decidieron quedarse y seguir tomando cerveza cuando termino Ricardo de almorzar Fibi se levantó del sofá para marcharse pero don tiberio dijo Fibi acompáñanos un momento más y te tomas unas cervezas yo creo que Ricardo no se molestara ; ella dijo nerviosa no la verdad tengo que ir a asear la casa pero su marido la detuvo y dijo ya escuchaste a don tiberio no le harás ese desplante y con una risa burlona don pedro exclamo así es que se llevan los pantalones y le pasaron la bebida a Fibi a medida de que pasaban las horas se fueron calentando los ánimos y con una vieja radiola tiberio pidió permiso a Ricardo para bailar con Fibi esta no quería diciendo que no sabía pero su marido le dijo ya escuchaste levanta tu culo y baila así pasaba Fibi de mano de don tiberio a don pedro y el descaro era que ya las manos de los viejos pasaban por encima del vestido tocándole sin pudor el culo y su marido sentado en el sofá solo era un espectador más al ver esto los viejos se envalentonaban más y fue don Pedro que mientras Fibi bailaba con tiberio dijo a Ricardo sí que esta buena tu mujercita si esta rica la pendeja dijo Ricardo y no sol o eso es una mamadora de campeonato. Ya quisiera yo una así dijo don pedro pero aun viejo como yo ya no se le dan esas oportunidades.

    Así pasaba la tarde con Fibi como centro de atención y unos viejos más borrachos a medida que pasaban las horas. Fibi en una orilla del viejo sofá descansaba con sus piernotas juntas tratando de no mostrar más de lo debido ya que los viejos al frente no le perdían mirada un grito de Ricardo la saco de sus pensamientos cuando la envió a traer cervezas del refrigerador ella obedeció inmediatamente y cuando volvía con las botellas tuvo la mala fortuna que tropezó y cayó entre las piernas de don pedro vaciándole una de las botellas encima.

    Pero esta pendeja no hace nada bien dijo su marido y y levantándola del cabello le dijo no haces nada bien mira lo que has hecho ella solo empezaba a sollozar pidiendo disculpas don pedro usted dirá si le damos un castigo esto ilumino la cara de don pedro que vio la oportunidad para aprovechar la situación claro que si Ricardo esto merece un castigo déjeme darle unas nalgadas ya escuchaste ella decía no tú no puedes permitir eso bueno a las buenas o a las malas lo haremos y dicho esto la agacho de tal forma que le quedo dando el culo a don pedro a su lado don Tiberio tampoco perdía vista delo que estaba pasando todavía agarrada por el pelo por su marido que la tenía en un ángulo de 90 grados dijo a don Pedro proceda don pedro dijo sería bueno darle las palmadas con el culo expuesto a si claro dijo Ricardo y con la otra mano le levanto el vestido y apareció un culo redondo con unas braguitas bien metidas.

    Este empezó a castigarla con la palma abierta y esta empezó a llorar no por favor no eso es para que no seas tan torpe y luego de unas cuantas palmadas y cuando su culo estuvo rosado empezó a acariciarlo esto éxito a Ricardo que con la cara de Fibi en su entrepierna vio como crecía su miembro al ver las caricias del vejete en el culo de su esposa luego el viejo empezó a besar las nalgas de Fibi y Ricardo no aguanto más y se sacó el miembro le ordeno a Fibi abre la boca puta esta sumisa y sollozando se introdujo el palo de su marido y mientras esto pasaba don Tiberio ya se había sacado la polla un miembro de unos 20 cm y grueso con todo el descaro don pedro cogió las braguitas por el elástico y comenzó a bajarlas ella intento resistirse pero su marido la cogió con más fuerza del cabello para que no se resistiera luego de bajar sus braguitas hasta los tobillos vio por detrás un coñito depilado y rosado, mira tiberio que tenemos aquí y luego le abrió las nalgas y mira que culito se ve que Ricardo lo consiente mucho y jalándola un poco hacia atrás la acercaron a ellos haciendo que la polla de Ricardo se saliera de la boca de la joven pero este volvió a ocupar su posición mientras que ante Tiberio y Pedro ahora si quedaba el culo expuesto para ellos, que no perdieron tiempo ocupando sus orificios pedro introducía dos dedos por el culo y tiberio hacía lo propio con el coño luego de unos minutos de manoseo Ricardo no pudo más y se vacío en la boca de Fibi y la sostuvo para que se tragara todo su semen luego de esto tiberio se puso en pie y parándose donde antes estaba Ricardo levanto la joven para luego empezar a levantarle el vestido para quitárselo mientras Pedro estaba con su cara pegada al culo de Fibi esto hacia que ella empezara a gemir de pie y con las manos atrás con las piernas medio abiertas sosteniéndose y mientras Tiberio acababa de despojarla del sujetador y empezaba a chuparle las hermosas tetas con aureolas cafés y pezones grandes y dos dedos introducidos en el coñito su marido en el sofá miraba el espectáculo y festín que se daban los viejos con su esposa después de tanto chupar culo don Pedro se empezó a desvestir.

    Y cuando estaba listo giro a Fibi hacia él y la inclino hacia su entre pierna esto hizo que ella se enredara con las braguitas que tenía en sus tobillo y casi callera entonces don Tiberio se agacho y termino de quitarle las braguitas y luego empezó también a desvestirse mientras Fibi engullía la polla de pedro tiberio entonces miro a Ricardo y le dijo con tu permiso y dicho esto dirigió su enorme polla al coñito de Fibi quien al sentirse penetrada giro su carita hacia atrás en un gesto de dolor pero pedro volvió a voltear su cara y la volvió a introducir en su boca.

    Luego de unas envestidas de Tiberio este no aguanto más y se vacío en el coño de la joven simultáneamente pedro también se corrió en la boca de Fibi ella quedo a un lado en el piso también con espasmos pero cuando pensaba que ya había terminado la faena su marido la llamo ven acá ella obediente se acercó y el la hizo acostarse en el sofá se levantó el y alzándole las piernas le dijo que celas sostuviera en el pecho para que su culo y coño quedaran bien abiertos estando así se acercó Ricardo y puso la entrada de su polla en el culito de Fibi y fue penetrándola ella emitía unos chillidos cortos hasta que Ricardo hundió hasta los huevos y empezó en mete y saca que hacía que las piernas levantadas de Fibi le aplastaran las enormes tetas y después de varias estocadas se vació en el culo de Fibi y luego le ordeno irse a bañar a la casa…

  • Cata, mi jefa

    Cata, mi jefa

    Las relaciones laborales, debo decirlo, varias veces me acercaron a las relaciones sexuales.

    El caso de Cata es otro. Trabajábamos juntos en unas oficinas y ella era mayor. Yo andaba por los 25 y Cata 42. Era una señora de buena figura y vestía sobriamente. Siempre que usaba pantalones, los llevaba solo ceñidos por la cintura y hasta las caderas, cayendo libres desde allí. No le marcaban la cola, pero se adivinaba que era importante. Como con otras y otros compañeros, tenía una buena relación.

    El hecho de que ella estuviera algunos escalafones por encima, no impedía que conversáramos. Solía encargarme trabajos o gestiones y eso me llevaba con bastante frecuencia a su oficina. Era amable, conversadora y hasta a veces dicharachera. Sabía que era casada y que tenía algún hijo, menor que yo, que ya había decidido independizarse y vivir apartado del hogar. Por lo que ella y su esposo vivían solos. Nuestras charlas eran más que nada de temas laborales, aunque a veces se entremezclaban cosas de la vida cotidiana.

    Un día estaba yo ya almorzando (Disponíamos de una hora para hacerlo y relajarnos antes de continuar con el trabajo). Repito que estaba ya almorzando en el bufete cuando apareció y al ver que no quedaban casi lugares, se acercó a la mesa donde estaba.

    -Puedo sentarme contigo?

    -Seguro. Con mucho gusto.

    -Gracias. Como siempre muy amable tú…!

    -Pues lo que corresponde. Espero no haya comentarios en cuanto a que comparte con un subalterno, dije y sonreí…

    -Supongo que no…

    Seguimos conversando de lo que habíamos hecho en la mañana… lo que nos quedaba por delante… cosas laborales.

    Hasta que en un momento dado, dijo:

    -Bueno, bueno… ya basta de hablar de trabajo. Cambiemos de tema…

    -Como usted quiera…

    -Sí, hablemos de otras cosas… no se… digamos… sexo, dijo bajando la voz para no ser oída por los que estaban más cerca.

    La verdad me dejó sorprendido. Así que intenté seguirle la corriente como pude.

    -Bueno… yo… usted ya es casada, tiene no muchos pero algunos años más y solo por eso seguramente no sé si podría.

    -Gracias por lo de “algunos años más”. Son más que algunos pero te agradezco la galantería. Por otra parte el hecho de que seas soltero… no creo te limite. Ja!

    -Bueno… siempre algo hay…!

    -Pillos. Conozco a los de tu laya que se ponen el personaje de modestos! Ji.ji!

    -Para nada. Y repito lo de “algo” hay.

    -Te lo acepto!

    Seguimos hablando del tema y le conté algunas experiencias, salvo las de índole familiar. Abuela y madre no entraron obviamente en el relato. Sí le hablé de la señora Martha y de la profesora Rebeca sin dar nombres. La mención de estas experiencias con señoras mayores, me percaté, le despertaron interés. Me pidió más detalles y le di algunos. Tampoco era que debiera contarle todo. Acabábamos de entrar en el tema pero no por eso podía considerarla confidente. Y por supuesto le pedí que ella por su parte me contara algo.

    -Bueno… mi primera vez fue con un novio anterior a mi marido. Para ser el debut, nada especial según me di cuenta más tarde. Por supuesto en ese momento, fue la adrenalina de lo desconocido y digamos prohibido. Después conocí a Ernesto, mi esposo y tuvimos un noviazgo bastante apasionado, debo reconocerlo. Durante el matrimonio digamos que no me dejó de satisfacer. Después que nació mi hijo las cosas cambiaron un poco. Tal vez por el bebe o no sé porque, la frecuencia no fue la misma. No me quejo, pero no fue la misma. Debo reconocer también que estuve muy enfrascada en la crianza de mi hijo y seguramente eso influyó. Pero bueno, que ya te he contado demasiado y casi no me reconozco ventilando estas cuestiones. Igualmente me encantó hablar contigo y lo hice porque sé, estoy segura eres un caballero…!

    -De eso no tenga duda alguna…

    -Gracias. Volvamos al trabajo y en otro momento seguimos hablando…

    Y efectivamente seguimos trabajando hasta que llegó el final de la jornada y nos despedimos hasta el día siguiente.

    Al otro día volvimos a encontrarnos a la hora del almuerzo.

    -Debo decirte que la charla de ayer me redituó anoche…

    -De verdad…?

    -Tal cual. Tuvimos buen sexo en pareja y lo pasé bien. Bueno, hubo placer pero faltó la “explosión” final… Ya me entiendes.

    -Lástima…

    -No importa… ya vendrá. Luego vente a la oficina que debemos organizar un trámite.

    Más tarde fui hasta su despacho y ella, tras dejarme entrar, colocó el cartel de “NO MOLESTAR” en la puerta y la cerró con llave. Se usaba a veces cuando había cuestiones urgentes o más delicadas para tratar.

    -Gerónimo… debo pedirte un favor aunque no creo sea necesario: Sobre esto que trataremos, te pido la más absoluta reserva. Confío en ti y has demostrado lealtad y discreción, pero no puedo evitar pedírtelo…

    -Puede estar tranquila, Cata. Salvo cuestiones menores de afuera, no hablo de lo que se trata aquí dentro.

    Estaba parada delante del escritorio y desde allí me pidió que me acercara.

    -Real y sinceramente, no puedo esperar a terminar lo que mi marido dejó inconcluso. Ayúdame a cerrar ese “trámite”…

    Dejó caer su amplio pantalón, hizo lugar sobre el escritorio y se tendió de espaldas.

    -No me cojas por favor… solo quiero que me la acaricies y la chupes. Puedes?

    Me acerqué, tomé los calzones por el elástico y se los quité. Tenía una concha con bastante pelo, que separé hasta descubrir los labios regordetes. El primer lametazo la hizo temblar. Con el resto de las lamidas y las caricias de mis dedos se puso aún más en trance. A falta de otra cosa, mordió sus propios calzones con tal de ahogar gemidos. Se notó que el orgasmo había quedado cerca la noche anterior porque le llegó casi enseguida. Así acostada como estaba, se giró de costado. Tomó mi mano y me hizo llegar hasta ese costado del escritorio. Me bajó el cierre del pantalón y hurgó hasta liberarme la verga. Me la chupó de maravillas y me hizo acabar en tiempo record.

    Después pasé al baño para lavarme un poco y acomodar mis ropas. Ella entró, me dio un beso en la mejilla y se quedó recomponiendo su maquillaje y su aspecto en general. Yo tomé unas carpetas y salí del despacho fingiendo estar revisando folios con mucha atención. Durante el resto de la jornada no me volvió a solicitar y cada quien estuvo en lo suyo.

    Por un par de días no volvimos a coincidir a la hora del almuerzo. Recién el viernes nos juntamos a almorzar.

    -¿Cómo has estado? Me preguntó.

    -Bien… trabajando.

    -Sí, realmente han sido días atareados. Menos mal que ya ha llegado el ansiado viernes.

    -Uf… sí, sí. Tiempo de relajarse!

    -¿Tienes planes para el fin de semana?

    -Nada en especial. Salir con amigos probablemente…

    -¿No quieres venir a casa el sábado?

    -¿Yo? No. Si ni nos conocemos con su esposo ¿Cómo podría aparecerme así como así?

    -Bueno. Como invitado mío, claro. Le he hablado de ti y de lo útil y servicial que me resultas en las tareas… También suelo hablarle de los otros empleados, pero de ti le he hablado más…

    -Preferiría en otra ocasión…

    -Verás… Debo serte franca. Hace ya días que me viene rondando una idea, que más que idea ya es deseo y te involucra…

    -A mi???

    -Si. Pero bueno, tampoco es que te vaya a obligar a nada… es solo una locura mía!

    -Y puedo saber de qué se trata?

    -Eh… sí. No soy de andar con vuelta, así que te lo digo directamente: Hacer un trío con mi marido… Los dos para mí!

    -Cata… Va usted muy rápido. He hecho algún trío pero con pleno conocimiento de las personas involucradas… Es decir ¿Usted realmente me dice que su esposo aceptaría que sin más yo me presente en su dormitorio y dijera permiso me vengo a coger a su esposa?

    -Jajaja… Perdón. Me reí un poco alto y mejor no llamar la atención. Me hizo gracia… Bueno, tampoco sería tan de sorpresa. Debo confesarte que lo estuve conversando y convenciendo… je-je.

    -Usted no deja de sorprenderme…

    -Verás, Gerónimo… No fui ni soy una libertina. He tratado de disfrutar y pasarla bien lo más mesuradamente posible. Pero soy ya una cuarentona y lo que no haga aquí ya no lo haré. Solo se trata de vivir, muchacho! ¿Qué dices?

    -Que tiene razón, pero… ¿Por qué yo…?

    -Porque ya me has demostrado que puedes satisfacerme y a su vez resguardarme de la chusma…

    -De eso no tenga dudas…

    -Bien… te recuerdo que sábado es mañana y la invitación sigue en pie…

    -Y… ¿cómo sería lo que tiene en mente?

    -La concha para mi marido y lo otro para ti…

    Me dejó aún más sorprendido. No podía creer que me estuviera ofreciendo el culo y fui por más.

    -Bien… solo una cosa: Durante la tarde, le pido que ponga el dichoso cartelito de NO MOLESTAR y me muestre lo que ofrece…

    -Ya decía yo que eres un pillo. Está bien… te dejaré ver aún a riesgo de que me dejes con las ganas. Si decides no ir mañana, digo…

    Terminó el tiempo de almuerzo y nos volvimos a meter en nuestras tareas. Como dos horas después sonó el intercomunicador y oí su voz: “Gerónimo. Puede pasar a mi despacho… por favor?”. Sin apuro dejé lo que estaba haciendo y me encaminé a la oficina. Viendo de reojo me dí cuenta que todos estaban metidos en sus tareas y ni registraban mis movimientos. Entré y Cata se paró para poner el cartel y cerrar.

    -Bueno… aquí estamos. Encárgate tú, dijo y me dio la espalda. Me arrimé y enseguida fui a palpar sus nalgas. El pantalón se sujetaba con un elástico, por lo que me resultó fácil bajarlo. El calzón negro de encaje resaltaba la blancura de sus carnes. Ese culo no sería ya tan joven pero se mantenía erguido… majestuosamente erguido. Palpé y acaricié otra vez, deslizando mi dedo por la ranura hasta acariciarle el ano. Sacó un poco la cola para facilitarme la tarea. Apoyé la punta del dedo como para comprobar la dureza del anillo que lo cerraba y comprobé lo apretado de aquel hoyo… Era un culo grande de nalgas pero pequeño de entrada.

    -¿Qué dices?

    -Que acepto…

    Levanté otra vez su calzón y su pantalón para que ella se los terminara de acomodar.

    -¿Puedo preguntar algo, Cata?

    -Dime…

    -No quiero ser bruto, pero… ¿Ha sido “profanado” ese “templo”?

    -Jaaajaja… Ocurrente! Puedes creerme o no, pero en todos estos años de matrimonio he logrado mantenerlo virgen!

    -Pero entonces su esposo me va a odiar!

    -Tendrá su recompensa. No será el primero pero luego lo dejaré entrar las veces que quiera…

    La verdad es que ya las dudas que tenía eran recuerdo. Quería coger ese culo y la cara que pusiese el marido no me importaban nada. Así que en la noche del sábado me preparé como para ir a dar un examen y fui directo a casa de Cata. Me recibió ella y me presentó a su consorte.

    -Él es Gerónimo… mi fiel ayudante y quién me facilita la tarea en la empresa…

    -Mucho gusto, dijo el señor y me tendió la mano.

    No era muy alto y hasta me pareció más bajo que Cata. Aunque claro ella llevaba tacones. Y por cierto estaba radiante. Esta noche ya sin pantalones y con un vestido a la rodilla, con la espalda descubierta.

    -Pasa y siéntate… dijo señalándome un sillón mientras ellos ocuparon el sofá.

    Así lo hice. Acepté una cerveza y empezamos a conversar de temas varios. El señor no parecía tenerme mal carácter ni encono… como si aceptara lo que vendría y la parte que me tocaría.

    La charla se fue haciendo cálida y hasta sugerente. Hasta que Cata se animó para acercarse al marido y besarlo. Él no se mantuvo pasivo, respondiendo al beso y acariciándole la espalda. Se acariciaron mutuamente mientras yo permanecía expectante. Todo se fue haciendo más intenso. Las caricias se hicieron atrevidas pero sin vergüenza a pesar de mi presencia. Las ropas empezaron a caer. Él se recostó en el sofá, en tanto Cata se inclinó para chuparle la verga. Así sin más. Yo para entonces me la sobaba por encima del pantalón. Después Cata colocó un almohadón en el piso para, desde ahí, seguir con la mamada. Casi sin darme cuenta también yo quedé en pelotas. Ella había dejado el culo apuntándome. Sin pedir permiso fui y le bajé la bombacha que aún tenía puesta. Sus nalgas me parecieron todavía más tentadoras que en la oficina. Se las separé y le mandé un par de lengüetazos. Arqueó como para ofrecerse más y aproveché para meterle bien la lengua en el ojete. Le descargué tanta saliva que la corría hacia los labios de la concha ya húmeda y ocupada por mis dedos.

    Rato después el esposo bajó del sofá y se tendió boca arriba sobre la mullida alfombra. Me quedé arrodillado para ver como ella lo cabalgaba para enterrarse la verga en la concha y empezar a moverse. Estaba todo como predeterminado y sabido. Como siguiendo un libreto. Nadie hablaba. Primero Cata se mantuvo erguida para cogerse lenta y profundamente con la pija del marido. Después se fue agachando para abrazarlo y besarlo levantando el culo y dejándolo expuesto. Entonces volví a mis ataques de lengua. Ya el culo era un charco de babas. Probé con el dedo medio de mi mano y la pude penetrar. Ella se movió de otra forma como para invitarme. Supe que era la hora. Le apoyé la verga y ella se aquietó. Empecé a empujar despacio y los músculos se abrieron. De repente ya tuve la cabeza dentro. Ella suspiró, lanzó un gemido y me desafió con cierto meneo de caderas. Con una estocada llena de ganas, le abrí el ojete para alojarle más de media verga en el ano y se quejó. Empezó a moverse despacio. Hacia adelante iba por la verga de su marido y hacia atrás por la mía… La tomaba por las anchas caderas para perforarla una y otra vez. Por momentos se movía para mí y por momentos para el marido. Nuestras vergas la penetraban una cerca de la otra y competían en dureza.

    -Cójanme los dos… así… sí. Quiero sentirme llena de vergas…!

    El esposo mucho más no podía hacer porque estaba aprisionado bajo el cuerpo de Cata y era ella la que manejaba los movimientos. Pero yo si… yo estaba libre a sus espaldas y con su recién desvirgado ojete a mi voluntad. Así que la cogí fuerte y profundo… a mi antojo. Entraba y salía por ese ano que me apretaba y estrujaba la verga. Poco a poco me iba poniendo más y más caliente. Tan caliente como estaban ya ellos. Así todo empezó a precipitarse. Primero sentí que el marido le acababa en la concha. Ella resopló un aparatoso orgasmo. Y yo, para no ser menos, le solté toda la leche en la profundidad de su caverna! Entonces el mundo se detuvo. Me retiré y de su culo escapó un hilo de lefa. Se levantó para sacarse la verga de su marido de la concha y se tiró a su lado en la alfombra.

    -Gracias… gracias a los dos por estos deliciosos momentos. Lo disfruté de verdad… Gracias Ernesto por darme el gusto… y a ti, Gerónimo, por venir a compartir con nosotros… Les propongo que apaguemos las luces del patio y nos tiremos a la pileta. Hace una noche maravillosa.

    Pasamos por las duchas y nos tiramos a la pileta. La luz de un ventanal nos daba cierta claridad. Nadamos y nos divertimos un rato mientras nos tomamos alguna cerveza más. El agua estaba de maravillas y nos mecía y acariciaba. Cata aprovechaba las idas y venidas para rozarnos con sus nalgas o sus tetas. Entre ese juego y el de las aguas, nos empezamos otra vez a excitar y al menos mi verga a tomar cierta dureza. Ella volvió a pasar nadando y me la rozó.

    -Creo que se viene una segunda parte… yo al menos estoy fresca y recuperada. ¿Ustedes?

    -Compruébalo por ti misma, dijo Ernesto y sonrió.

    Cata se le fue encima y obviamente con sus manos a la pija.

    -Ay, papito… ya está dura otra vez. Déjame que vea como está nuestro invitado.

    Vino hasta mí para aprisionar mi verga y mis bolas.

    -Por aquí también hay predisposición, parece. Salgamos…

    Salimos del agua y nos secamos. Después caminamos hasta dentro de la casa, bromeando y tocando nuestras partes. Una vez adentro, Cata nos llevó de la verga hasta el dormitorio. Bajó y nos las chupó alternadamente.

    -Esposo mío, dijo… llegó la hora de que entres por mi puerta de servicio. Y te propongo que dejemos a Gero que use la principal, la que legalmente te pertenece! Ja-ja!

    -Yo puedo esperar, respondí.

    Ella se subió a la cama en cuatro patas. Tomó un pote de lubricante de la mesa de noche para dejarlo sobre el lecho. Se abrió las nalgas y exclamó: -Ven, Ernesto!

    El hombre no se hizo esperar. Tomó el gel y le untó bien el culo. Con lo que le quedó en la mano se frotó la verga y se la masturbó para lograr más dureza. Después apuntó y entró. Así, sin aviso. Yo ya me estaba ubicando para dejarle mamar mi pija y la vi abrir los ojos…

    -Ay, mi amor… despacito!. Mi culito ya no es virgen pero aún duele…

    Él se calmó y fue más despacio. La verdad debo reconocer que de longitud nuestras vergas eran similares, solo que la de Ernesto era más gruesa. Entonces no era de extrañar que Cata sintiera la diferencia.

    -Deja que me acomode y ya te atiendo, Gero…

    Se movía para acomodarse y recibir mejor la ración de pija en el ojete. Hacía ciertos gestos que delataban la molestia y el dolor. Igualmente lo soportaba y Ernesto seguía empujando. Yo miraba y cada vez tenía la verga más agarrotada.

    -Uy… entró todita, dijo la dama. Cógeme despacito, Ernesto mío!

    Y la fue cogiendo mientras yo me acosté por delante de ella y le ofrecí mi miembro para que chupara. No se hizo esperar, haciéndome una lenta y deliciosa felación.

    -Ernesto: Quítala un momento y dejemos que Gerónimo se acomode. Quiero otra vez dos vergas en mi interior.

    Quedé boca arriba y ella vino a penetrarse. Una vez logrado ese cometido, Ernesto volvió al ataque y le calzó nuevamente su verga en la cola. Así, en trío nos fuimos acompasando para coger a ritmo sostenido. Nuevamente Cata marcaba el compás de las acciones y manejaba nuestras vergas con sus vaivenes. Me besaba, jadeaba, jadeaba y me besaba. Estaba como loca, como en transe.

    El primero en acabar fue el marido. Se la sacó y con Cata nos miramos. Nos miramos y nos entendimos. Me dejó salir y quedó en pose, levantando el culo. Penetrarla fue solo un trámite de tan lubricada que estaba. Prendido de sus caderas se la metí hasta el fondo de su ser. Ella misma se manoteó la concha para masturbarse febrilmente.

    -Dame tu leche que estoy acabando, me dijo

    Y mi leche se derramó una vez más, regando su orgasmo…

    Cuando me desperté, Cata dormía a mi lado y su esposo en el suelo sobre unos almohadones. Alguna mancha de semen se esparcía sobre la sábana. Cata yacía de costado y su culo estaba a centímetros de mi verga, que amanecía erecta. No fue más que verla y reaccionar. Le separé una nalga, empujé y entré. Se sorprendió y me sonrió medio dormida. Tiró su culo hacia atrás y me facilitó las cosas. Fue un polvo rápido pero estimulante. Después me retiré de su interior y la dejé dormir.

    El lunes nos volvimos a encontrar en el trabajo. Nos cruzamos apenas durante la mañana y no coincidimos para almorzar.

    Casi al final de tarde me llamo a su oficina y puso el ya famoso cartelito en la puerta. Pasé y vi en el monitor de su PC las imágenes de un video porno. Sexo anal más precisamente.

    -Te llamé recién porque no tuve tiempo antes. Además necesitaba prepararme. Puso sus dedos a la altura de mi nariz y sentí el olor a jugos de concha. Se había estado masturbando.

    -Debo decirte nuevamente que el sábado lo pasé genial… cumplí y me hicieron cumplir una fantasía maravillosa. Solo que hoy tengo que decir “eso fue todo”. Ya mi marido me dejó hacer y si esto continuara lo estaría engañando. Si tú quieres te ofrezco una despedida… ¿Me entiendes?

    -Por supuesto. Es totalmente comprensible y lo acepto como no podría ser de otra manera, Cata… Gracias por la confianza.

    -Toma, dijo y me alcanzó el gel lubricante. Se dio vuelta para apoyar el pecho en el escritorio y darme el culo.

    Le bajé los pantalones, le bajé los calzones y le di varias lamidas en el ojete. Le unté con mucho gel y literalmente la violé. Le ensarté la verga de un solo golpe y ella lo soportó entre ahogados gemidos. Llevé y traje mi pija por su ya habituado canal, hasta que mis huevos le escupieron toda la simiente.

    Pasamos al baño y mientras yo me lavaba la verga, ella se sentó a cagar leche. Me acomodé la ropa, le di un tierno beso y salí…

    Gerónimo68

     

  • Por correo: Juan y Gabriel (4)

    Por correo: Juan y Gabriel (4)

    Juan me había escrito un correo diciéndome que esperaba otro de mis relatos, que le excitaba leerlos. Yo, que estaba cansado aquel día, sin embargo puede ir encadenando estos mensajes para satisfacerle. Luego me dormí tranquilo, y él me envió una foto con su erección y también durmió bien. El trabajo bien hecho.

    Respirar cerca de tu oído primero, decirte que este momento lo llevaba esperando tanto tiempo. Te lamo el oído y te digo que te deseo, te miro, te beso los ojos, te beso ya la boca, tu lengua me contesta la invitación. Con los brazos rodeando tu cuello, me dejó colgar de ti.

    Me arrastro por tu cuello, te recorro como un mundo nuevo, sin mapas, sin más objetivo que saber dónde estás, entre todo lo que me convoca de ti. Estás en todo lo que veo y toco y te me escondes, jugando. Sigo en tu cuello, donde palpita tu sangre, que beso a distancia de la piel.

    Ahora bajo a tu pecho, me abro camino a besos cortos, repito el beso y sin embargo siempre es uno nuevo. Tus pezones me llaman a la lengua, que te quiere dar la tortura del placer. La saliva se me mezcla con tu sabor, sabes amargo, dulce.

    Pero a mi me gusta acariciarte todo, no quedarme en partes. Cómo puedo mezclar tu cuerpo en uno solo cuando voy por todas tus partes. Es imposible. Te beso el torso, los brazos, tus dedos en mi boca y luego los bajo a mis nalgas para que me las acaricien y las separen, para que me beses y me levantes, mientras te persigo ahora tus muslos, busco el aceite y te acaricio más, me pongo sobre ti y buscamos el número mágico, me meto tu polla en la boca, tus huevos que voy saboreando. Voy alternando, por fin me concentro en tu pene, que descubro, que rodeo con la lengua. Me muevo sobre ti, sigo contigo y tú en mi, hasta que te corres y tu semilla me llena la boca como otras veces y todas las veces que pienso en ti.

    Te sujeto las nalgas ahora, estás de pie, yo de rodillas. Te voy descubriendo el glande, mis labios besan los labios de tu polla, te acaricio las nalgas y meto un dedo en el ano, y tu polla en mi boca otra vez. Te limpio y rechazo crecer otra vez, te empalmas en mi boca y con una mano te acaricio y aprieto el pene mientras voy arriba y abajo y aprovecho para mover el dedo dentro de ti, explorándote, y tú ya estás dispuesto otra vez. Ahora tengo tus huevos en mi mano, tu suave peso que voy acariciando, apretando. Te contengo la corrida con los dedos, hasta que, hinchado, me pides que te suelte. Vuelvo a probar tu semen.

  • Confesiones en la playa (Parte II)

    Confesiones en la playa (Parte II)

    Subí al coche de Juan y durante todo el trayecto estuvimos en silencio. Él conducía sin dejar de mirar al frente. Yo miraba por la ventana sin saber qué decir. 

    Mi corazón latía tan fuerte que parecía que se me fuera a salir del pecho. No podía dejar de pensar en todas esas cosas que haríamos una vez llegáramos a casa.

    Cuando por fin Juan aparcó ya era de noche. Yo intenté salir del coche pero él me cogió repentinamente del brazo y me colocó otra vez en el asiento. Me giré sorprendida y le sostuve la mirada un instante. Se movió tan rápidamente que en un segundo ya tenía una de sus manos en mi pecho y la otra en mi pelo. 

    -No he podido decirte nada durante el trayecto porque estaba demasiado cachondo- me dijo al oído -pero una vez pases por la puerta de casa te juro que voy a hacerte lo que quieras y donde quieras. 

    Otra vez esa sensación entre las nalgas y el fluido que notaba como mojaba mis bragas. 

    -Creo que debería ser yo quien te hiciese lo que quisieras. Has hecho que me corriese en la playa.

    -Y haría que te corrieras en el coche si es lo que quieres. 

    Me vino la tentación de decirle que sí cuando él metió sus dedos dentro de la parte de abajo del bikini y luego en mi vagina mientras me besaba el cuello. Sin embargo, a pesar de las ganas que tenía de hacerlo allí mismo, me reprimí todo lo que pude y le cogí la mano para sacarla fuera de mí. 

    -Prefiero que hagamos todo eso cuando lleguemos a casa.

    Él cogió el volante con tensión pero sonrió. 

    Esa situación me producía un morbo increíble. No pude resistirme y me abalancé sobre él. Le besé y sin pensármelo dos veces puse mi mano por encima del tejido donde estaba su polla. 

    Juan se quitó el pantalón con sus manos levantando su pelvis y enseguida el bulto que había notado entre mis dedos se extendió liberado. Me sorprendió lo gorda que era. Ni muy larga ni muy corta pero con una anchura que hacía que me imaginara el placer que me produciría eso dentro de mi coño.

    Cogí el tronco entre mis manos y puse el glande entre mis labios. Bajé lentamente, metiéndome la polla hasta la mitad. Estaba algo nerviosa pero seguí. 

    Succioné un poco y escuché un gemido de Juan que hizo que me entraran ganas de tocarme. Estaba un poco incómoda en esa posición, así que dejé lo de tocarme para más tarde. Me puse a fondo en el tema y empecé a subir y a bajar mi cabeza mientras tenía su polla en mi boca. Eran movimientos suaves y lentos. 

    -Más rápido, Lucía. 

    Yo sonreí e hice lo que me pidió. Cogí con mi mano izquierda sus testículos sin apretar mucho y mojé mi mano derecha con saliva para agarrar su polla. Levantaba y bajaba mi mano mientras daba pequeños lametones al glande. 

    -Joder… Así… Sigue, sigue, no pares…

    Metí su polla en mi boca lo más profundamente que pude, hasta que me atraganté un poco. En ese momento él me cogió la cabeza e hizo que tocara el glande a mi garganta, haciendo que me dieran arcadas. 

    Yo me levanté tosiendo y con los ojos llorosos.

    -Lo siento, Lu… Me he pasado.

    -Tranquilo. Veo que te gusta que te la coma hasta al fondo…

    -Y que lo digas…

    Le sonreí, dejé mi cabello a un lado y esta vez me preparé para meterme toda su polla hasta tocar su pelvis.

    -¡Dios! Que bueno…

    Aguanté muy poco pero esta vez los movimientos fueron más rápidos y más profundos. Él gemía y cogía mi cabeza marcando el ritmo que él quería.

    -Voy a correrme Lu.

    Yo le acerqué mi lengua al glande y él se puso en una posición para que fuera directamente hacia mí mientras se daba las últimas sacudidas. El semen no tardó en derramarse por toda mi cara y mi lengua. Lo notaba caliente. Me relamí los labios mientras veía la mirada entrecerrada y complacida de Juan. Me tragué el líquido espeso y Juan me sonrío sorprendido. Tenía un sabor salado y fuerte pero no desagradable.

    -Creo que ya estamos empatados- le dije devolviéndole la sonrisa con malicia.

    -Eso ya lo veremos. 

    Más que una amenaza parecía una promesa de placer e indudables orgasmos compartidos. Algo que deseaba más que nunca.

  • Camila: la calentura puede más que la razón (2/?)

    Camila: la calentura puede más que la razón (2/?)

    Escena I.

    Habían transcurrido ya algunos días desde lo acontecido en casa de Pedro, y dicha circunstancia fue la primer cosa que vino a la mente de nuestra protagonista después de levantarse. Precisamente hoy se despertó temprano con la intención de dejar a un lado su apatía al respecto y, por fin, salir a buscar trabajo.

    Teniendo en cuenta la situación económica que atravesaba el país, sabía que tendría que tocar muchas puertas, o quizá, sólo quizá, sus encantos le ayudarían. No sería la primera ni la última vez que pasara, y por ello fue que se esmeró en arreglarse, tal vez un poco más que de costumbre. Apenas se desperezó, fue directo a buscar algo a su buró, y de él sacó una caja pequeña de color rosa, la cual tenía un nombre escrito en la parte superior, Pablo, y después se aprestó a calentar el agua de la bañera.

    Las duchas de nuestra protagonista son, indiscutiblemente, todo un ritual de sensualidad, particularmente en esta ocasión, porque para armarse del valor necesario para la tarea del día creyó conveniente emplear esencias aromáticas en la bañera, así como también unos pétalos de rosa. Definitivamente la joven no escatima al darse sus gustos.

    Enseguida, la joven verificó que la temperatura del agua fuese la adecuada introduciendo en la tina uno de sus pequeños y delicados pies, y al sentir que estaba en el punto exacto, procedió a sumergirse en el líquido. Comprobado lo anterior, se despojó de su pijama, quitándose el breve top rosa que traía puesto, dejando escapar así a sus voluminosos pechos; y deslizando sus cacheteros, del mismo color, por las sinuosas curvas de sus lascivos glúteos. Ya desnuda, entró a la bañera, con suma refinación.

    Ya dentro del agua, la espuma del jabón cubrió el curvilíneo cuerpo de la chica. Masajeó su lacia cabellera y acarició sus finos hombros, para luego resbalar sus tersas manos sobre ese par de apetitosos melones, cuyos pezones ya se encontraban erectos a causa del roce de sus manos. A continuación se dedicó a palpar sus marcadas piernas y sus pulcros pies, esto mientras estiraba una de sus piernas y se sorprendía de lo largas y estilizadas que son.

    Y para cerrar con broche de oro, pasó a la parte más íntima de su anatomía, su entrepierna, y magreó sus ricos glúteos con la espuma, que se sentían aún más suaves de lo que son por efecto de la misma. Se tomó el tiempo de darle unos leves apretones y no pudo evitar el sentirse orgullosa de lo duros que se habían tornado por el ejercicio que practica desde su adolescencia.

    Y por último, atendió el área del pubis, que estaba lampiña pues se depiló días antes, y notó que estaba caliente. Desde que despertó su cuerpo ya le pedía atención, y quién era ella para negársela:

    Kamila: “¡ay!, creo que me puse cachonda de nuevo. La verdad me quedé con ganas de que Pedro me metiera su vergota, ¡mmm! estaba tan rica, de no haber sido por su mujer, la hubiera gozado. ¡Ah!, me consentiré un poco, total, mi pá ignora que estoy desempleada, qué más da si me quedo un ratito aquí”.

    Lo que la joven no sabía era que su vecino del otro lado, Manuel, un otaku que vivía solo, la estaba espiando. No era la primera vez que sucedía, de hecho ya era algo rutinario, y esta vez se las había ingeniado para poner una cámara que permitiera grabar el interior del hogar de la chica, y justo ahora veía cómo es que Camila se daba su baño.

    Manuel: “Jajaja pinche cámara valió cada centavo, hasta en HD graba la cabrona. Ahora veamos, ¡oh! Pinche Camila, mamacita, cómo quisiera ser el afortunado que te coge. No, si yo te lo hiciera, ibas a gemir como nunca, ¡mmm! Seguro das unos sentones de lujo con esas nalgotas preciosa; eso o una rusa con esas chichotas, qué rico ha de sentirse que me la chaquetees con ellas, ¡uf!”.

    Al mismo tiempo, la joven comenzó a frotar sus bubis entre sí, mientras sentía como éstas se iban hinchando al contacto con sus resbaladizas manos. Sus pezones fueron pellizcados con suavidad y eso le arrancó gemidos de puro placer, e inmediatamente después bajó una de sus manos para acariciar su tierna panocha, que ya emanaba jugos de lo caliente que se encontraba. Con sus finos dedos abrió un poco sus labios y jugó con la entrada de su vagina, restregándolos con delicadeza de arriba a abajo por su clítoris, que se asomaba como un pequeño botón, a la par que sus piernas se contraían por el deleite que estaba experimentando:

    Kamila: “¡mmm!, quisiera algo más grueso y largo adentro de mí, mis dedos se sienten rico pero no me llenan como quisiera. Qué antojada estoy de una buena reata, ¡mmm! creo que ahorita aceptaría cualquiera, sí, cualquiera…”.

    Y súbitamente recordó lo que tenía en aquella caja: Pablo, su vibrador, el cual debía su nombre al primer amor de nuestra protagonista, aquel que tuvo durante sus años de prepa, que en su momento se tocará a detalle. Fue así que lo sacó y se aprestó a utilizarlo. En un principio lo frotó cuidadosamente contra su erecto clítoris y gozó su tacto, lo movía de arriba a abajo, sin prisa, disfrutándolo. Para acomodarse mejor, subió sus pies en la orilla de la tina y de esa manera tuvo una mejor vista de lo que se hacía.

    La presencia de ese artefacto tomó por sorpresa a Manuel, quien se relamió de gusto al verlo, y acto seguido liberó de su bóxer su ya rígida verga, y se la puñeteó con lujuria:

    Manuel: ¡no mames, pinche Camila! Estaba seguro de que eras bien golosa mamita, y no me equivocaba. Todo eso te vas a comer, ¡mmm!

    A la par de esto, la joven llevó el dildo hacía su orificio vaginal, el cual se abrió para dar paso a la gruesa cabeza de plástico de Pablo, que cabe señalar tenía forma de verga, dicho detalle fue el que más le gustó a nuestra protagonista desde que lo vio en aquella tienda en línea y motivo por el cual la prende tanto usarlo. Tan sólo lo sintió clavado en su interior, dejó salir un dulce y sensual gemido, y procedió a meter la parte restante. Metía y sacaba, con un ritmo lento, deleitándose con aquel juguete.

    Así estuvo unos instantes, hasta que creyó que esa masturbación necesitaba un poco más de intensidad y entonces, dando rienda suelta a su lujuria, la chica se salió de la tina y buscó la manera de colocar el vibrador sobre la tapa del inodoro, ya que era de esos consoladores que traen ventosas en lo que debiera ser los testículos. Una vez fijado en esa superficie, pasar una de sus piernas de un lado del retrete, e igualmente la otra, y se apoyó en el depósito del agua, preparándose para el libidinoso descenso. Optó por hacer una de sus poses favoritas: la vaquera. Este acto emocionó más de la cuenta al friki, que no daba crédito a lo que veía:

    Manuel: “¡ay Camilita! Hasta que se me va a hacer ver ese culote en acción, ándale, toma asiento putita, así, sigue así”.

    Simultáneamente, nuestra protagonista abría un poco sus redondas nalgas para comerse aquella reata de plástico, y se la fue metiendo despacio, hasta que se la comió entera, para a continuación comenzar a darse de sentones sobre él, los cuales le hacían gemir sonoramente. Aquellos glúteos vibraban por efecto de los sensuales movimientos de cópula de la ardiente joven, y no tardó en ser visible un notorio hilo de jugos blancos que bañaban las venas del tronco de aquella verga, que si bien era sintética, no menos cierto es que la estaba haciendo gemir tanto como una de carne.

    Y de esta manera se prolongó esa cogida al juguete por parte de Camila por unos minutos que parecían eternos, en los cuales aquel par de suculentas nalgas rebotaban con gran ímpetu arriba del consolador, mientras que la mano del mirón seguía el mismo ritmo en la puñeta que se hacía. En pocas palabras era como si ella estuviera botando semejante culote en el pito del friki.

    El pecaminoso momento se extendió hasta que la cachonda joven comenzó unos movimientos algo más lentos que pararon al meterse completo el vibrador, dejando sólo los huevos afuera, a la par de un arqueo de espalda muy sensual de su parte, tras lo cual dio un sonoro gemido, había alcanzado el orgasmo:

    Kamila: “¡ay sí, rico, mmm! Ay dame, dame, qué rica vergota papito, más, sí, más, ¡ah!

    Escuchar esos gemidos y ver aquellas jugosas nalgas devorar el vibrador causó el mismo efecto en el otaku, quien no pudo soportar más y jalando con firmeza su envarada verga comenzó ésta a escupir varios chorros de espesa leche que fueron a parar a un póster de un conocido personaje de un anime de ninjas, famoso por tener mucho relleno:

    Manuel: “¡ah, te pasaste de verga, Camilita! Tenía rato que no sacaba tantos mecos. ¡Uf! Que ricas se ven esas nalgotas, las quiero para mí. Necesito buscar la forma de acercarme a ti y cogerte, o mínimo que me la mames, no dudo que lo haces de maravilla, pinche culona, ¡mmm!”.

    Repentinamente, nuestra Camila recordó dos cosas: que sus cuentas bancarias ya estaban casi en ceros; y que había prometido a sus padres que les enviaría fotos suyas cuando estuviera en su flamante oficina, palabras que venía diciendo desde hacía meses, por ello fue que volvió en sí:

    Camila: “no, no, no. Qué cosas hago. Admito que estuvo muy rico y todo, pero debo ser responsable y apresurarme a salir ya. Casi perdí una hora aquí dentro. Por fortuna iré a confesarme pasado mañana, seguro eso me hace sentir mejor, más que nada por estas ideas que me invaden últimamente. Meterme con hombres jajaja ni que fuera una fácil. Yo siempre me porto bien. En todo caso, con unos rezos de penitencia me bastará, sí”.

    De manera que salió del baño y luego de secarse se dirigió a su clóset para ver las opciones que tenía para vestir, y se decantó, en primer lugar, por la ropa interior, misma que constaba de un conjunto de sostén y cachetero de color blanco, el cual se probó frente a un espejo de grandes dimensiones que tenía en su habitación, y la manera en que sus curvas resaltaban con esas prendas le provocó una mezcla entre diversión y arrogancia:

    Kamila: me paso, qué buena me estoy poniendo, cada vez me veo mejor. Ha valido la pena tanto sudor.

    Y en segundo lugar, para verse formal prefirió un leotardo blanco, ajustado obviamente, y unos leggings y saco de color azul marino, y para rematar unas zapatillas de tacón de aguja, altas y del mismo color, que acababa de comprar. Los había estado guardando para una ocasión especial y hoy era el día:

    Camila: ¡por fin!, estoy lista para salir y ver lo que el destino me depara, ¡de veras!

    Escena II

    Camila se apresuró a salir para llegar a su entrevista de trabajo y evitar ser impuntual, porque sabía que eso es clave para poder obtener un empleo. Después de un viaje sin mayor relevancia, arribó a la recepción del lugar que había visto en un grupo de cierta red social, e inmediatamente pasó con la recepcionista, quien le dijo que en un momento la atendían. Momento que se convirtió en media hora, y a pesar de su evidente enfado, decidió esperar:

    Camila: ¿Qué pensará esta gente? Tengo cosas qué hacer y ya estoy harta. Ya debería estar en el gym. Definitivamente tendré que quemarlos en el grupo, ¡ya lo verán!

    Pasaron unos minutos más, y haciendo acopio de paciencia siguió esperando, hasta que escuchó una voz proveniente de una de las oficinas del lugar que le pidió pasar, y la cara de nuestra Camila cambió de colores al notar que el entrevistador era una mujer. No es que ella menosprecie a su propio sexo, al contrario, siempre ha considerado a las mujeres como muy capaces, sin embargo sabía que hacer uso de sus encantos sería más difícil, mas no imposible.

    Ya dentro, la chica se presenta con esa señorita, de piel blanca, piernas muy largas y de buen trasero. Tras el saludo de rigor dio inicio la entrevista, la cual empezó con el pie izquierdo ya que, como se mencionó anteriormente, Camila es una recién egresada que no había trabajado nunca en su vida, y en las preguntas salió a relucir su edad y nula experiencia, mismas que en estos tiempos donde se pide tener mínimo 25 años cumplidos y 10 de experiencia laboral se convirtieron en un impedimento para que obtuviera la vacante.

    En consecuencia, la joven se dio cuenta que la entrevista era un asco, y decidió que de alguna manera tiene que defenderse, y por ello probó mordiéndose su labio inferior, para ver si existía alguna atracción por parte de la entrevistadora, a lo que ella sólo sonrió. Dada la ineficacia de su primer intento, decidió jugar su última carta. Le pareció buena idea descalzarse una de sus bonitas zapatillas y ya con su pie libre, lo fue acercando a las piernas de la encargada de RR.HH. quien en un primer momento ni se inmutó, al sentir la suave caricia de parte de la joven. Pero cuando nuestra protagonista pasó su pie sobre la entrepierna de aquella bella dama, y comenzó a mover sus pequeños dedos encima de la abultada vagina de ella, ésta se mostró nerviosa y decidió terminar abruptamente la entrevista con el típico nosotros le llamamos. Camila algo desilusionada salió del lugar y pensó en lo ocurrido:

    Camila: no debí ir tan lejos, ahora sí no me escapo de confesarme. Además a mí las mujeres no me gustan en lo más mínimo, nada como un buen… hombre.

    Saliendo de la oficina, la joven tomó el transporte para regresar a su casa. Y al bajar del mismo, emprendió la caminata rumbo a su hogar, sabiendo que aún le quedaban dos calles. Casi al final de la segunda, sintió que alguien la tomó del brazo para llevarla a un callejón sin salida. Ella estaba muy asustada, porque no pudo ver quién la retenía, sólo sabía que era un hombre. Asustada le preguntó:

    Camila: ¿qué quieres de mí? Déjame, por fis. No seas malo.

    A lo que él no respondió, y simplemente lo ve sacar su teléfono y mostrarle un video en la pantalla. En ella se observa una voluptuosa mujer dándose placer a sí misma, y esa mujer no es otra sino ella, y entonces el sujeto rompió el silencio:

    Desconocido: cálmate y escucha. Si no quieres que esto sea publicado en redes sociales, vas a tener que hacerme una chaqueta, aquí y ahora.

    Al escuchar esa petición, Camila se quedó algo confundida, porque la tomó por sorpresa, era algo raro, definitivamente; y a la vez pensó que esa voz ya la ha escuchado antes. Y en respuesta ante aquella atrevida orden, ella reaccionó tirándole el teléfono y éste se estrelló contra el suelo, y a la vez le contestó, con un tono algo enérgico:

    Camila: ¡Cómo te atreves a pedirme eso, marrano! Ni se te ocurra que lo voy a hacer, idiota.

    Desconocido: ¡chingá! Apenas acababa de sacar mi teléfono a crédito, ¡che madre!

    El tipo hizo caso omiso a la solicitud de nuestra protagonista y la sujetó para ponerla contra la pared, y una vez en esa posición, empezó a frotar levemente su ya algo rígida verga contra las ricas nalgas de la joven. Mientras esto sucedía, ella pudo recordar a quién pertenecía esa voz:

    Camila: ¡ya sé quién eres! Eres Manuel, el vecino rarito, no lo niegues.

    Manuel: ¡eh!… eso no importa en este momento. Limítate a decirme si me harás lo que te dije. Ni siquiera tienes opción, así que coopera y será mejor para ambos. Eso sí, te aviso que tengo varias copias del video en mi computadora, listas para compartirse. De manera que, o aflojas, o te quemo, ¿cómo la ves?

    Tras pensarlo unos instantes, la joven resolvió que no quería que su familia, ni círculo social, se enterara de lo que hacía a solas. Por tanto, pasó una de sus manitas hacía su espalda y se topa con el jeans del friki, y tras bajarle el cierre y buscar en su bóxer, se topó con la verga semierecta, la cual comenzó a masajear, y honestamente se sorprendió por el grosor y tamaño que fue tomando, luego de sus delicadas caricias, sin duda era un instrumento nada despreciable, y consecuentemente su caliente naturaleza afloró.

    Ya más desinhibida, pasó su suave mano por el tronco de esa reata hasta llegar a la rosada cabeza, que ya estaba bien pelada y reluciente por el hacer de la joven, situación que hizo gemir al otaku, y cómo no, si Camila es una verdadera profesional en consentir un palo, en mayor medida porque en verdad disfruta hacerlo. Pasaban los segundos y ella seguía jaloneando aquella reata, pasando sus deditos desde los huevos hasta la punta, y Manuel pensaba que era tal cual lo había imaginado, o probablemente mejor.

    Tras unos minutos de puñetear el pito del chico, notó cómo esa verga se puso aún más tiesa, y de repente ella sintió al ansioso joven tomar sus leggings para bajarlos, liberando las nalgotas de nuestra protagonista, hasta la mitad. Sólo las observó por unos instantes y Camila pensó que no se iba a conformar con la chaqueta y que se la iba a dejar ir hasta los huevos, o más bien eso era lo que ella deseaba en ese momento, puesto que su panocha ya estaba jugosa y lista para albergar en su interior aquel trozo de dura carne, y ya se estaba inclinando hacía el frente para recibirla.

    Sin embargo, Manuel optó por otra cosa: quitó la mano de Camila y se la siguió jalando él solo, hasta que se escuchó un ahogado gemido de parte del friki, y la chica sintió que una serie de chorros de espesos mecos fueron a dar al canal que divide esos deliciosos glúteos, bañándolos en su caliente leche. Una vez terminado, ella le increpó:

    Camila: ya tienes lo que querías, ahora dime, ¿borrarás los videos?

    Manuel: lo pensaré. Igual y si te pasas un día por mi departamento cambie de opinión.

    Camila: ¡Cabrón!

    Ya cuando se retiraban, el friki no podía creer que una de sus fantasías sexuales se había cumplido de esa manera tan fácil, y pensó que debía sacarle más provecho a la actitud tan proactiva de la muchacha; en cambio, ella se limitó a subir el leggings y seguir con su camino, algo sorprendida por el acontecimiento tan surreal que había sucedido ahí, y con el semen aún escurriendo entre sus suculentas nalgas.

    Escena III

    El resto de la semana la suerte de nuestra bella protagonista no cambió, y se llegó el sábado. Ese día se despertó a eso de las 09:00, dado que no acude al gym esos días. Apenas se levantó y se entró a bañarse. Una ducha simple, por no batallar, y al salir de ahí se dispuso a ir a la cocina por un poco de cereal, y al abrir el refrigerador se dio cuenta que el cartón ya estaba vacío:

    Camila: ¡qué mal plan! No hay leche. Y con esta hueva que me cargo.

    Y muy a pesar de su flojera, decidió ir a la tienda, tal cual se había cambiado, con su ropa de casa, misma que consiste en unos diminutos shorts de lycra que con dificultades albergan esas nalgotas que tiene y un top delgado sin bra debajo, que apenas y cubre sus pezones. En definitiva anda muy escasa de tela, pero es por el calor tan intenso que hace en su ciudad, no vayan a pensar mal. Saliendo de su casa, se dirigió hacia la tiendita más cercana, la de don Erick, un señor viudo, ya entrado en años, y algo desaliñado, valga la aclaración.

    Camila: buenos días don Erick, ¿cómo le va? Mire, se me acabó la leche y quería ver si cabe la posibilidad de que me fíe un litro, por fis.

    Don Erick: buenas… las tengas, Camilita. La verdad chamaca tú me caes muy bien y estás muy bonita y todo, pero eres bien mala paga. Échale un ojo a mi libreta y date cuenta de todo lo que me debes.

    Camila: ¡ay! Jajaja no sabía que fuera tanto, este mes sí me excedí. Pero no sea malito, mi pá pronto me va a depositar y le juro que en cuanto lo haga, le pago.

    Don Erick: como te repito si por mí fuera lo haría, pero tú sabes que de esto vivo, y como soy viudo y estoy solo tengo que vivir de algo. Aunque, por otro lado, ya te dije que eres muy bonita y pues… ¡nah! Mira, te voy a ser bien sincero, me gusta mucho tu cuerpecito y te podría perdonar la deuda si tú a cambio me haces un favorcito, ¿cómo la ves, lindura?

    Camila: ¿a qué clase de favor se refiere?, dígamelo.

    Don Erick: quiero que me hagas una rusa con ese par de melones que te cargas, ricura. Allá atrás tengo un cuartito que nos puede servir, ándale, anímate, dale a este pobre viejo una alegría.

    Camila: ¿qué le pasa viejo rabo verde? yo no soy una cualquiera, ni que le debiera tanto como para hacer algo así.

    Don Erick: bueno, si contamos las naranjas de la última vez, la deuda es de $3,000. Creo que es suficiente como para demandarte penalmente por incumplida y de seguro hasta a la cárcel vas a ir a dar, ¿qué opinas de eso, linda?

    Kamila: ¡eh! está bien, acepto, pero quiero que me descuente todo, sin trampas.

    Don Erick: claro que sí, soy un hombre de palabra, pero ándale, vamos, que ya me anda.

    Luego de convencer a la joven, don Erick se asomó para comprobar que nadie estuviera husmeando y puso el letrero de cerrado. Posteriormente pasó a Camila a un pequeño cuarto, el cual ella notó algo descuidado, con basura como latas de cerveza o refresco, y ropa que muy probablemente no estaba limpia. La higiene no era el fuerte del viejo, pensó, pero ya estaba ahí y ni modo. Ambos entraron a la pequeña habitación y el tendero ansioso tomó de la mano a la joven y la llevó a la improvisada cama, que no era más que un tablón y unos bloques de cemento, y giró a Camila y se dispuso a lamer su oreja. Ella sintió algo de repulsión por la edad, y el olor, de aquel señor, sin embargo sabía que no tenía otra alternativa más que dejarse hacer por él.

    A continuación dirigió su vetusta lengua al delicado cuello de la chica, quien no puede evitar estremecerse al sentir aquel órgano. Y después él se desesperó y bajó hasta llegar a los redondos senos, los cuales apretó con sus rudas manos, degustándolos con el tacto, para luego sacarlos de su prisión y sentirlos en directo. A Camila le fue imposible no excitarse por las ansias que le mostraba el tendero, así que por su propia voluntad gira su rostro hasta quedar pegado al del anciano, y empieza a darle un apasionado beso francés, tanto que ella misma mete su lengua y comienza esa lucha con la del viejo, con tanta intensidad que logra despertar su rancia reata.

    Ya erecto aquel palo, ella por su propia voluntad bajó la bragueta y lo sacó, y sonríe para sí misma, con una gran lujuria, al sentir que las venas de aquella verga, justo como le encantan, mientras que con una de sus suaves manos envuelve el tronco y comienza a jalonearla levemente.

    Kamila: ¡mmm papi! para tu edad te conservas muy bien, ¡eh! Mira nada más qué tiesa la tienes, aparte bien dotado ¡mmm!, qué buena verga tienes.

    Don Erick: gracias mija, tú no te quedas atrás, mira cómo me la pusiste con tus manitas, qué deliciosa estás.

    Luego, Camila se dio la vuelta y quedaron frente a frente, y ella se dejó alzar el top y quitar el bra, para descubrir ese par de apetitosas tetas que el cirujano se encargó de darle. Ya desnuda de la parte superior, don Erick se apresuró a lamer esas redondeces con fruición, mientras ella seguía con la puñeta. El viejo se alegró al ver que aquellos pezones se endurecieron a la menor provocación de su parte y ella lo invitó a llevarse uno a la boca, lo cual no dudó en hacer, y fue así como la chica se unió al concierto de gemidos, ya que el anciano sabía hacerlo de una manera más que decente. Y así siguió hasta dejar esos melones relucientes de saliva, listos para más.

    A pesar del gran placer que experimentaba, don Erick decidió que ya era hora de que la joven se arrodillara para cumplir con lo pactado, por tanto la tomó por los hombros y le indicó que se fuera agachando, y así terminó ella frente a su verga, que apuntaba directamente a sus enormes tetas. Esta escena fue por demás cachonda: una reata completamente tiesa frente a un par de redondos pechos dispuestos a satisfacerla. Acto seguido, tomó su enhiesto pitote y lo golpeó suavemente en una de las tetas de Camila, quien se limitó a verlo, y cuando se proponía hacer lo mismo con la otra gemela, nuestra protagonista sorpresivamente tomó cada teta con una mano con el fin de abrirlas lo suficiente para que aquella reata quedara justo en medio de esas montañas de carne.

    Don Erick no cabía de la impresión, tener sepultada su vergota entre esos melones era todo un espectáculo, y con mayor razón cuando la caliente joven apretó sus tetas para luego iniciar un movimiento de arriba abajo con ellas, mismo que hacía que la reata del viejo gozara la suavidad y dureza de esas gemelas. Camila se sintió aún más excitada al sentir el roce de ese tieso pito contra sus voluptuosos senos, y se sorprendía de lo dura que se le podía poner a un anciano con la suficiente motivación.

    Sin embargo, la edad del viejo tenía que hacerse notar sí o sí, y justo cuando la lujuriosa muchacha pensaba en dejarlo que se la cogiera, sintió los espasmos de esa verga y la consecuente salida de unos pocos pero fuertes chorros de rancia leche, que acabaron en su mentón y pechos. De esa manera terminó el encuentro entre estos dos dispares amantes:

    Kamila: ¡gracias don!, me llevo mi leche y borre mi deuda, que ya quedó bien pagada.

    Don Erick: ¡y vaya, chiquita! Sí que eres buena. Puedes venir a pedir fiado cuando quieras, mientras me pagues así.

    Camila: la verdad prefiero pagar en efectivo, no es como que me gusten estas cosas.

  • Modelos traga leche

    Modelos traga leche

    Esta es una historia real, nada raro si hablamos sobre cómo llegar a desfilar en las grandes pasarelas, tener tu gran oportunidad como modelo, subir escalones, triunfar y todo eso. Sobra decir que desde muy joven no he parado de ir de casting en casting, como modelo en pequeños desfiles e incluso he rodado algunos cortos para estudiantes de universidad.

    Hay muchas chicas guapas… perfectas, dispuestas a todo. No hay más que ir a un casting de modelos. Tengo 19 años, mido 1,79 cm., 90 de pecho, soy delgada (talla 38-40), tengo un pelo bien cuidado y bonito (castaño claro, liso y largo) y un rostro aniñado con cierta picardía, sería el sueño de cualquier tío de la calle, pero en un casting de modelos soy una más… Hasta hoy yo no he querido seguir el juego de chupar para trabajar… pero después de 5 años de pasarela en pasarela creo que valgo lo suficiente para que se me tenga en cuenta, me lo merezco y si tengo que chupar un par de pollas para demostrarlo no voy a ser yo quien se haga la mojigata.

    Y digo bien, sobre todo chupar, porque follar es más complicado, hay que encontrar un rato largo, el sitio adecuado… Chupar es aquí te pillo y aquí te mato. Si no eres tú será otra la que se meta la polla adecuada en la boca. Chupar es fácil, no implica más que meterse algo en la boca, todo el mundo lo hace al menos tres veces al día (comer, vamos), no hay que darle mayor importancia, chupar es sólo chupar. Lo malo es que mientras en la penetración el tío está pendiente de no pillar algo… cuando nos meten la polla en la boca les da igual ponerse condón… lo importante es que chupes, cuanto más mejor. Y luego, ¿cómo no tragar?, es inevitable, no les puedes decir, «eh, tío, sácala, que no quiero que la corrida me llegue al estómago». Es así, las mamadas a cambio de favores acaban corriéndose en tu boca y tragando, mientras el tipo agarra tu cabeza contra su polla. Y así uno tras otro… así es la vida, cualquier modelo que despunta un poco tiene unos cuantos litros de semen en su estómago, miente la que diga lo contrario, o no tiene ni puta idea de cómo funciona el negocio.

    Al fin lo entendí después de innumerables castings a los que acudí sin que siquiera me recibieran. La fila de chicas siempre es eterna, y al final, pasado un cupo, dejan de recibir más modelos. Es frustrante, acudir casting tras casting sin que ni siquiera te vean. Así decidí entrar por la puerta trasera, es decir, tratar de colarme en alguna fiesta VIP, y hacerme ver por los diseñadores y la gente que mueve los hilos.

    Cada tres meses se celebra una selecta fiesta VIP del mundillo de la pasarela en la Villa Pausell, en Barcelona. Allí están todos los que tienen algo que decir en la moda en España y parte de Europa. Todo el mundo sabe que es allí donde se hacen amigos y se cambian las agendas. Llegué en taxi y me acerqué a la entrada de la finca. La fila de gente que entraba era continua, dejaban sus coches a los aparcacoches e iban pasando. Había tres tíos que iban identificando a los invitados, tres moles con los que ni me planteé hablar. Mientras, entrando y saliendo había chicos del cátering, llevaban bandejas y cosas así, me acerqué a uno de ellos, un chico joven, no tendría más de 18.

    – Oye chico, perdona (le dije con mi mejor sonrisa)

    – ¿Si?

    – He perdido la entrada… ¿me ayudas a entrar?

    – ¿Como?

    – Cuélame porfa, es que no encuentro mi entrada…

    Entonces llamó la atención de otros dos camareros que estaban a escasos metros. Los tres tenían algo clónico, además del uniforme de camarero… todos con el pelo al cero, muy delgados…

    – ¿Quieres entrar? (Dijo uno de ellos)

    – Sí, claro… (Respondí)

    – Ven por aquí.

    Los tres me llevaron por un lateral de la finca, uno sacó una llave y abrió una puerta por la que entramos los cuatro… la puerta daba a un largo pasillo y al final se veía el trajín de la cocina, ¡ya estamos dentro!

    – Jo, gracias tíos… (Les dije)

    – Espera… (Uno de ellos, el que abrió la puerta, se bajó la cremallera y se sacó la polla, estaba flácida, bueno, más bien morcillona)… ¡chupa!

    – Pero… oye, te agradezco que me dejéis entrar pero… (Les dije)

    – O chupas, o estás fuera.

    Miré a los otros dos, todos me miraban con auténtico deseo. Sólo me quedaba esperar que esos dos se contentaran con mirar como se la chupo a su compañero, porque empezar la noche con tres mamadas me parece muy gore… ¡Vaya espectáculo!, yo todo peripuesta con vestido de noche, jugando con las pollas de tres camareros.

    – Vale… (Me agaché), pero sólo se la chupo a uno, vosotros dos mirad.

    Me acerqué a su bragueta y cogí con mis manos la polla morcillona, erecta debía ser un monstruo.

    – Jeje, la tienes… dormida (le dije medio en broma para quitarle hierro a la situación).

    Me la metí en la boca y empecé a chupar, que remedio. Se le empezó a poner dura por segundos, tuve que sacármela poco a poco porque estaba cogiendo un tamaño considerable, hasta el punto en el que sólo pude tener el capullo dentro de la boca. Entonces el tío empezó a tirarme del pelo, me la saqué:

    – ¡No seas bruto tío, no me jodas el peinado…! (le dije)

    Cuando me quise dar cuenta los otros dos tenían las pollas al aire y se estaban pajeando a pocos centímetros de mi cara. Estaban muy excitados, ya las tenían pringosas.

    – Venga, Javier, córrete de una vez que nos toca (dijo uno de ellos).

    No supe que decir… supongo que es el precio de la entrada a la fiesta, tres mamadas… así que sólo podía dejarme llevar y chupar sin pensar más en ello. Agarré de nuevo la polla del tal Javier y seguí con mi chupe.

    – Oye, avisa cuando te corras ¿eh? (le dije)

    Nadie contestó. Al poco se corrió, apretó mi cabeza contra su polla y me tragué hasta la última gota. Apenas pude reponerme cuando ya tenía enchufada la polla del siguiente chaval, minutos después se corrió y así uno tras otro, se la chupé a los tres mocosos y me tragué sus tres corridas. Apenas había empezado la noche y yo ya había cenado tres raciones de semen.

    No nos dijimos nada cuando terminó, los tres chavales se fueron por la puerta donde habíamos entrado, y yo seguí pasillo adelante. En cuanto empecé a cruzarme con personas dentro de la casa me di cuenta de que necesitaba urgentemente ir al baño, todos me miraban sorprendidos, tenía el maquillaje corrido por rebozarme entre pollas, saliva y semen. Está comprobado, el maquillaje aguanta una mamada, pero tres es demasiado.

    Cuando entré al lavabo vi el estropicio que llevaba en la cara, tenía restos de semen por la barbilla y apenas quedaba pintalabios en mi boca… empecé a restaurarme, por suerte el peinado y el vestido no tenían rastros. Mientras que me afinaba el maquillaje escuché algo raro en una de las cabinas del WC, parecía una chica vomitando, no le di mayor importancia. Pero al rato me llamó la atención una respiración masculina dentro de la misma cabina… Me acerqué y miré por la rendijita que queda entre la puerta y la cabina, y pude ver claramente como no era una chica normal vomitando, sino la supermodelo Laia Verde haciéndole una comida de lo más bestia a un conocido director de cine, él le metía la polla tan fuerte y tan dentro que le acaba produciendo arcadas. Gruesos hilos de saliva resbalaban por los labios de Laia… era una escena increíble, digna de la más bestia película porno, salvo por quien era la chica… el rostro más repetido y codiciado de la publicidad y la moda en este país.

    Saqué mi móvil, enfoqué el objetivo y empecé a grabar video… joder, este video valdría millones. El director de cine se la sacó de la boca, y se corrió en su cara, dejó su rostro completamente emborronado por grumos de semen. Grabé todo lo que pude. El salió raudo, ni se fijó en que yo estaba ahí (disimulando retocarme el maquillaje), ella salió con la cara hecha arroz con leche, se acercó al espejo y se miró. Yo no dije nada, como ignorando la situación. Ella se empezó a lavar la cara… yo aproveché para salir, tan contenta, tenía en mi móvil un video por el que alguien pagaría millones.

    Llegué a un gran salón donde había decenas de personas, mucho de ellos famosos de primera línea, sobretodo del mundo de la moda, el cine y la televisión… Sentado en una mesa, rodeado de amigos estaba Carmelo Azorín, el diseñador que más me interesaba, hablando amigablemente con su círculo más cercano. No tenía ni idea de cómo atacarle… como acercarme a él y presentarle mis respetos para trabajar en para su firma. Estaba dispuesta a cualquier cosa… cualquier cosa. Entonces vi como el tipo que estaba sentado a su lado se levantaba de la mesa rumbo a la barra, le seguí.

    – Hola, ¿eres amigo de Carmelo? (le dije)

    – Sí… ¿por qué?

    – Bueno, soy modelo, me gustaría hablar con él…

    – Ahh, ya entiendo (me miró de arriba abajo), eres guapa, tienes buen cuerpo… ¿quieres que te lo presente?

    – Claro, sería genial, creo que podría colaborar con él en el próximo desfile…

    – Bien, te lo voy a presentar, pero antes acompáñame a ver si en otro sitio tienen zumo de piña, aquí se ha acabado.

    – ¡Muy bien! (dije entusiasta)

    Subimos unas escaleras hacia la planta de arriba, él intentó abrir alguna puerta, cualquiera… pero estaban cerradas. Estaba claro, no íbamos en búsqueda de ningún zumo de piña. Yo estaba casi segura de que se me querría follar, y no podría negarme, estaba a un paso de conocer a Carmelo. Al fin una puerta se abrió.

    – ¿Cuántos años tienes?

    – 19, llevo modelando desde los 14… hice un anuncio de Leche Pascual…

    – Entiendo (no parecía interesarle)

    – ¿Cuántos años tienes tú? (le pregunté para romper el hielo)

    – 43 (dijo serio)

    Se sentó en un sillón y yo me quedé mirándome como tonta. Entonces se bajó la cremallera y se sacó la polla. En fin, mi cuarta polla me esperaba. Me arrodillé sobre sus pies y empecé a pasar la lengua por su polla.

    -Estás muy buena, y como no empieces a coger fama ahora… irás cogiendo años y nada de esto habrá servido de nada.

    Me ofendió un poco que tratara de convencerme con esas palabras, joder, yo iba a chupársela de todas formas, no hacía falta que me recordara que los años pasan y que ya no tengo 14 años. Yo seguía con los preliminares, acariciándole la polla y pasándole la lengua.

    – ¡Trágatela de una puta vez!

    Obedecí, empecé a chupar. Así estuvimos 20 minutos. Estaba realmente cansada de la postura… no sabía qué hacer, quería que este tío se corriera cuanto antes para terminar. Entonces alguien abrió la puerta, yo paré de chupar, pero él me agarró la cabeza y no me dejó que me la sacara de la boca. Era un amigo suyo, sólo pude ver que era un tipo gordo, se sentó en el sillón de enfrente.

    -Al fin te encuentro Oscar, joder… (Dijo el gordo)

    -¿Qué pasa?, estoy relajándome un poco.

    -Yo me quiero ir enseguida… no aguanto estas fiestas, ¿tienes lo mío?

    -Lo siento, aun no lo tengo, espera a mañana, ¿vale?

    -Joder, ¿tú de que vas?, acordamos que me lo darías hoy… me estoy enfadando de veras, cojones.

    -Tranquilo, mañana lo tendrás, relájate.

    Entonces el tipo al que yo se la estaba chupando, el tal Oscar, me agarró la cabeza hacia arriba, sacando su polla de mi boca, y me hizo una señal para que se la chupara al gordo. Qué remedio, por lo menos Oscar no se había corrido…

    -¿Quién es esta? (dijo el gordo)

    -Una modelo de 16, deja que te relaje un poco, y mañana te doy lo que te debo.

    Me halagó que me restara tres años. Me acerqué de rodillas a la bragueta del gordo, me daba bastante asco, tenía pinta de ser un gordo sudado, con dedos gordos y pelos salvajes en las cejas… Abrí su cremallera y le saqué la polla, la tenía gruesa, igual que él. Entonces se levantó, se bajó los pantalones, me cogió, me llevó hasta un mueble, me puso de espaldas, me bajó las bragas y me la intentó meter torpemente. Yo no daba crédito, estaba a punto de ser follada por aquel gordo sudoroso… vaya nochecita, espero que después de tanto sacrificio pase algo bueno.

    Pero el gordo estaba demasiado enfadado con Oscar, y si no le consolaba una mamada, tampoco una simple penetración, empezó a metérmela por el culo, y de una enculada tuve toda su polla en los intestinos. Me dolía a rabiar… y así me folló durante un buen rato. Tardo tanto en estar satisfecho que mi culo empezó a estar perfectamente lubricado, y la polla a veces salía completamente y volvía a entrar como si fuera la vagina. De repente el gordo se cansó, o eso pensé yo, me la sacó, me puso de rodillas, me metió la polla en la boca y se la chupé. Su polla estaba asquerosa, llena flujos y algo de sangre… hasta que empezó a correrse, y como ya sabéis amiguitos, no era momento de andarme con escrúpulos, así que me tragué todo el semen del gordo.

    El tipo se levantó los pantalones, y se fue sin mediar palabra. Oscar seguía en el sofá pajeándose alimentado por el morbo de la escena… se levantó y se acercó a mi, que seguía de rodillas.

    – Abre la boca.

    Le hice caso, abrí la boca de par en par mirándole a los ojos, y se corrió lanzando todo su semen sobre mi lengua. A estas alturas no me preocupaba tragar el semen de otro tío, ya eran cinco corridas en el estómago y yo aún no había probado ni un mísero canapé. No, yo no estaba molesta, aunque reconozco que el gordo me había hecho daño, casi nunca había hecho sexo anal porque si quieres ser modelo tienes que mimarte el cuerpo… el sexo anal es demasiado gore, luego no te puedes sentar a gusto en dos días…

    – Estas hecha una piltrafa, así no te puedo presentar a Carmelo (dijo Oscar)

    – Dame sólo unos minutos para que me retoque el maquillaje, ¿vale?

    – Te espero en la mesa de Carmelo, acércate bien maquillada y os presento.

    Oscar salió de la habitación. Me di la vuelta y me miré en el gran espejo que presidía la habitación. Madre mía… parecía una puta, tenía el vestido hecho un harapo, rasgado por las cornadas del gordo, y lleno de saliva, sangre y semen. Para arreglar este estropicio no bastaba con maquillarme un poco… no podía presentarme a Carmelo como un putón de orgía. Regresé al baño, y empecé a limpiarme un poco, apenas miré lo que me rodeaba, pero enseguida vi a dos modelos en similares condiciones.

    – No puedo tragar ni una corrida más, de veras, voy a vomitar (dijo una de ellas)

    – ¿Cuántas corridas llevas? (le respondió otra)

    -Tres.

    -Yo cinco (dije yo)

    -Joder, ¿a quién persigues?

    -A Carmelo Azorín, ¿y tú? (dije)

    -A Raul Orventu (para los no entendidos, otro diseñador de altísimo nivel).

    -Oye, ¿me podéis cambiar el vestido? Sólo será un momento… es que estoy a punto de llegar hasta Carmelo, pero mi vestido está rasgado y lleno de semen.

    -¿De qué es la sangre?

    -Me la han metido por el culo, a lo bestia… no veas que daño.

    -Joder, eso duele.

    -Entonces que, ¿me lo cambias un rato?

    -¿Qué me das a cambio? (dijo una de ellas, la más decidida)

    -Es que… aquí no tengo nada.

    -Pues como comprenderás…

    -Espera, tengo un video que he grabado antes, lo tengo en el móvil, sale Laia Verde comiendo una polla en plan heavy. Te paso el video si me dejas tu vestido.

    -A ver, enséñamelo.

    Puse el video en mi móvil, no se lo ponían creer, era de lo más gore.

    -Pásamelo por Bluetooth!! (Dijo una de ellas)

    -No, mejor a tu amiga, es que yo tengo una 90, y tú apenas tienes pecho.

    No pareció ofenderse, la otra chica se quitó el vestido e hicimos el cambio.

    – ¿Cuántos años tenéis?

    – Yo 18 (dijo la que antes se había tragado tres corridas).

    – Yo también

    – ¿Y tú no has tragado nada hoy?

    – No, a mi sólo se me han corrido en la cara, tengo suerte…

    – ¿Cuántas corridas en la cara?

    – Sólo 2, de los puertas… si no… no entro.

    La chica que me dejó el vestido se quedó en bragas y sujetador, no estaba dispuesta a ponerse mi vestido. Yo me dirigí al gran salón para que Oscar me presentara a Carmelo, pero cuando llegué ya no estaban, ni en la mesa… ni en ningún otro lugar. Me senté en la barra, parecía que el mundo se me venía encima. Entonces apareció Oscar, ¡pensé que ya no venías!, corre, ven… me agarró del brazo y me subió de nuevo al piso de arriba, hasta una nueva habitación. Cuando abrió me quedé sorprendida, ¿un casting?

    En la habitación estaba Carmelo y otros 15 tíos más, sentadas frente a ellos había 2 modelos con las que me he cruzado mil veces en castings. Oscar tomó la palabra.

    – Bueno, ya podemos empezar, os recuerdo las reglas, esto es un bukkake, nada de penetración, somos 17 tíos contra 3 tías. Vosotras tenéis que pajear y mamar como mejor sepáis hasta que los 17 nos corramos, tenéis que guardar el semen en vuestras botellitas, aunque nos corramos en la boca tenéis que escupir todo el semen en vuestra botellita. Al final, la que más semen haya recolectado deberá beberse las 3 botellas, y habrá ganado.

    Me preció una tontería de pregunta pero tuve que hacerla…

    – ¿Qué habremos ganado?

    – Jajaja (rio Carmelo), 10.000 euros.

    – Yo preferiría desfilar en Gaudí con tus diseños (le respondí)

    Los 17 tíos se descojonaron al unísono.

    – Tranquila, si ganas hablaremos…

    Oscar me dio una botella de litro vacía, las otras dos chicas ya tenían las suyas. Allí todo el mundo parecía que sabía lo que tenía que hacer, todos los tíos se quitaron la ropa, los 17. Y nosotras hicimos lo mismo, una vez todos desnudos las chicas nos mezclamos entre los tíos. Nuestra posición natural fue tener dos pollas agarradas con las manos y una en a boca… Así sólo nos llegaba para 9 tíos, los otros 8 se iban contentando con tocarnos mientras se pajeaban a nuestro lado… era muy difícil mantener el equilibrio con tanta polla golpeándote por todos los lados, de hecho el único apoyo que me ayudaba a no caer era la polla que tenía en la boca.

    Empezaron a pasar los minutos y allí nadie se corría. No tengo ni idea de cuánto tiempo pasó hasta que el primero se corrió, fue con otra chica, ella aguantó toda la corrida en la boca (sin apenas respirar, para no tragar nada), y en cuanto el tipo le sacó la polla de la boca ella escupió todo el semen a la botella. Yo empecé a pensar ¿para qué hago esto? ¿realmente quiero ganar?… pues sí, no tengo ni idea si Carmelo hablará conmigo después de esto, pero si puedo ganar 10.000 euros… mejor será aplicarse. Los míos empezaron a correrse. Uno, otro… Así pasaron casi dos horas, yo ya tenía 7 corridas en mi botella, y dos de ellas fueron gigantes… casi pensé que no podría aguantar todo el semen en la boca… ¡iba a ganar!

    Entonces me tocó la polla Carmelo, que hasta ese momento se había limitado a mirar desde un sillón. Me halagaba que me eligiera a mi para correrse… Pero fue muy lento, tanto que cuando todos se habían corrido, yo aún seguía chupándosela. Todo el mundo miraba. Por fin se corrió Carmelo… ni mucho ni poco, lo normal, escupí el semen en la botella. Agghh, la botella olía tanto a semen que me daban arcadas, no podía más… como envidiaba a aquella chica del baño que se quejaba porque sólo había comido 3 pollas…

    – Tenemos una clara ganadora, con casi un litro de semen en su botella… ¿cómo te llamas? (me dijo a mi).

    -Nayeli (le dije).

    Entonces miré las botellas… la mía estaba casi llena, y las de mis compañeras estaban por la mitad. Entonces entendí que me tendría que beber 2 litros de semen, un litro de mi botella y dos medios litros de mis compañeras…. saldría de esa habitación haciendo la digestión del semen de 24 tíos (5 de antes y 17 de ahora).

    Echaron los dos litros de semen en una gran botella, y le añadieron algo de leche para que no pareciera puré de semen… Me pusieron en medio de la habitación y empezaron a corearme. Empecé a beber… me costó mucho, el semen se me resbalaba por las comisuras de mis labios. Tenía todo el cuerpo pringoso, me salía el semen hasta de la nariz. Jamás nadie puede imaginar lo que se siente al beber un litro de semen de seguido… pero para mi desgracia yo debería beber 2 litros. Ya es difícil beber 2 litros de agua de un tirón… imagina 2 litros de semen. Cuando terminé todos aplaudieron. Oscar me tiró un sobre abultado (con 10.000 euros en billetes de 500).

    A las chicas nos sacaron a rastras de la habitación, mientras que los tíos se vestían tranquilamente. Nos llevaron a un baño limpiáramos todo el pringue, las tres en una bañera normalita, y teníamos que lavarnos deprisa… querían zanjar este tema cuanto antes y que nos fuéramos de allí.

    – Vaya cutres de bañera (dijo una de las chicas), otras veces nos dejan jacuzzis

    – ¿No es la primera vez que haces algo así? (le dije)

    – Que va, esta es la cuarta. Desde que cumplí los 18 no paro de mamar en bukkakes, así llevo casi un año.

    – ¿Has ganado alguna vez?

    – Jajajaja, ¡ganar dice!… a nosotras también nos pagan 10.000 €. Cada vez meten en el grupo a una pardilla para que trague. Seguro que te llaman para más bukkakes, y tal vez sin tragar… siempre hay una prima que llega de nuevas y traga.

    – Vaya… Pero esto es una forma de que te conozcan, Carmelo me ha visto de cerca. (Dije, intentando sacar la parte positiva del tema).

    – si pero cuando te ponen a tragar en bukkakes significa que con el tiempo te van a ir descatalogado. Yo también quería ser modelo… hice mis pinitos, mejor será que consigas hacer bukkakes, se gana más que malviviendo de modelo aficionada.

    Entonces entendí que llegaba algo tarde a esto de tragar semen. Si antes hubiera empezado a chupar tal vez ahora tendría una oportunidad, pero con 18 el bukkake ya es legal, y sólo te queda tragar litros y litros de semen, sólo trabajo escupiendo corridas en botellas.

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  • Un vecino perverso, se aprovecha haciéndome de todo

    Un vecino perverso, se aprovecha haciéndome de todo

    Le llamaban Tino, por Florentino, vivía en el mismo edificio que vivía yo. Yo sabía que solía tener relaciones homosexuales, era un depravado sexual, al que le gustaba cazar jóvenes y follárselos. Lo había sabido por mi vecino de puerta, el cual era unos años menor que yo, con el que solía salir y tener relaciones sexuales. Un día me había contado lo de este vecino, incluso en una ocasión me vino a buscar a casa para ir a junto este vecino para mantener relaciones sexuales los 3. Le dije que no, y todo quedó ahí. No me gustaba mi vecino Tino, era mayor, tenía unos 67 años, pero además lo que menos me gustaba de él, era la cara de perverso, y sobre todo su gordura, tenía un barrigón de esos que llaman la atención. Hasta que un día en el que coincidimos ambos en el ascensor, me pidió si podía acompañarlo que quería hablar conmigo.

    Al principio dudé, e iba a decirle que no, pero… él se dio cuenta de que iba a negarme, y sin cortarse un pelo me soltó: Te conviene, solo quiero hablarte de Luis; Luis era mi vecino de puerta, con el cual solía salir y mantener relaciones sexuales; quedé pensando, y mientras el ascensor iba subiendo, le dije que bueno.

    Bien, así me gusta, me dijo. Te espero arriba en los trasteros dentro de 30 minutos, no me falles, te lo digo por tu bien.

    Bajé en mi piso, dejando que siguiera subiendo mi vecino Tino en el ascensor. Entré en casa y quedé pensando, preocupado por saber que sería lo que querría de mí. Tino no sabía que yo era homosexual, al menos eso pensaba yo, pero el cabrón se había enterado por mi otro vecino, Luis, que fue quien le habló mía, y lo que solíamos hacer los 2.

    En casa no había nadie a esas horas, por lo que fui al baño, y después de orinar y lavarme, miré el reloj, y a los 25 minutos, volví a salir de casa. Llamé el ascensor y subí al último piso, que era donde estaban los trasteros.

    Abrí la puerta que da acceso a estos, encaminándome hasta el trastero de mi vecino Tino.

    No hizo falta que llamara, ya tenía la puerta entornada, por lo que la abrí un poco y lo llamé, ¡Tino!

    Pasa pasa, se escuchó la voz de Tino.

    Abrí de todo la puerta para entrar, viendo que ya venía él hacia ella. Me puso la mano sobre el hombro, y mientras me hacía pasar, cerró la puerta.

    Quedé mirando todo lo que tenía en el trastero, llamándome la atención lo limpio y recogido que lo tenía. No pude fijarme mucho más, porque al momento él se puso a hablarme.

    Bueno, Dani, te estarás preguntando qué es lo que quiero de ti. Supongo que ya te darás cuenta; en esos momentos, yo movía la cabeza diciéndole que no lo sabía; bueno pero seguro que lo sospechas, o al menos deberías intuirlo, dijo mirándome a los ojos. Claro que tenía mis sospechas, pero eso no se lo iba a decir.

    Pero bueno, voy a ir al grano y no me voy a andar con rodeos, dijo arrimándose a mí. Me puso una mano sobre el hombro, y va y me suelta de sopetón, se lo que haces con Luis, y quiero que lo hagas conmigo.

    En esos momentos me puse rojo como un tomate maduro, no sabía que hacer o decir, me había quedado mudo.

    No te pongas colorado, me decía bajando la mano que tenía sobre mi hombro por la espalda, hasta posarla en mi culo.

    Me gusta el culito que tienes, decía, apretándome con su mano el culo a la vez que lo manoseaba.

    Di un paso atrás intentando zafarme, tropezando con una silla, quedándome atrapado entre la pared y el vecino que no se despegaba de mí, siguiendo con su mano sobre mi cadera.

    No te asustes, yo sé perfectamente lo que hacéis tú y Luis, y sé que te gusta. Así que lo que quiero es que me dejes probar tu culito, quiero follarte este culito tan sexi que tienes. Sino ya sabes… No creo que te guste que se sepa lo que hacéis ambos.

    Que hijo de puta, el muy cabrón me estaba chantajeando. Sin saber que hacer, quedé parado allí arrinconado entre la pared y mi vecino, que no dejaba de manosearme el culo.

    Como el muy cabrón, veía que ya me tenía en sus manos, sin dejar de magrearme el culo, llevó la otra mano a mi entrepierna, agarrándome los genitales y la polla que ya se me empezaba a empalmar, sabiendo que no iba a protestarle.

    No te preocupes, que esto quedará entre nosotros. Además, sé que te gusta y lo estás deseando, mira como estás de empalmado, me decía apretándome la polla y genitales.

    Tenía razón, me estaba poniendo cachondo, cada vez estaba más caliente y excitado, y el cabrón del viejo, no paraba de magrearme, excitando aún más.

    Tranquilo tontito, tranquilo, tu solo déjame a mí, que yo sé lo que te gusta, y te garantizo que lo vas a disfrutar, me decía magreando el culo con una mano y con la otra frotándome los genitales y polla, sabiendo que ya me tenía en sus manos.

    Como veía que yo no me movía ni hacía ni decía nada, siguió avanzando en sus intenciones, pegándose a mí, acercó su cara a la mía, intentando llevar su boca a la mía, pero en el momento que iba poner sus labios sobre los míos, giré la cabeza, pegando su boca sobre mi cara.

    En ese momento sin soltarme el paquete y culo que me seguía magreando, me susurró, no te resistas, que sé que lo estás deseando. Ya verás cómo vas a disfrutar, te voy a hacer gemir y gozar como a Luis.

    ¿No te dijo como lo hago chillar de gusto?

    No, le contesté moviendo la cabeza.

    Pues tú tranquilo y no te resistas, ya verás cómo vas a disfrutar, me susurraba pasando la lengua por mi cara, llegando al cuello, donde empezó a morderme.

    Ahí ya caí rendido, solté un leve gemido a la vez que me estremecía, empezándome a temblar las piernas de tal manera, que tuve que sujetarme a él.

    Ves cómo te gusta, me decía intensificando el magreo y los mordiscos en mi cuello.

    El muy cabrón había dado con mi punto más débil y sensible, dándose cuenta de cómo me estremecía y excitaba aquellos mordiscos, el hijo de puta me estaba haciendo temblar como un flan.

    Si al final me vas a salir toda una hembrita, y vas a estar deseando que te de por el culo, ¿verdad que sí putita?

    Yo no decía nada, solo podía abrazarme a él mientras emitía leves gemidos sin dejar de temblarme las piernas.

    Mi vecino no perdió el tiempo, al ver como me tenía, llevó sus manos a mi cintura, y sin dejar de darme mordiscos en el cuello, empezó a aflojarme el cinturón, mientras me seguía susurrando, querías hacerte el difícil y lo estabas deseando, ¿eh putita?

    Mira cómo tiemblas y estremeces. Te mueres de ganas porque te dé por el culo, ¿eh maricón?

    Ya me había aflojado el cinturón, y prácticamente me tenía desabrochado el pantalón, mientras yo seguía aferrado a él, temblando y gimoteando cada vez más fuerte.

    Así maricón, así, no te resistas y déjate llevar, ya verás como hoy vas a chillar de placer, me seguía susurrando, mientras empezaba a bajarme los pantalones junto al slip.

    ¡Oh que gusto! Decía acariciando mis genitales y polla, ¡ufff maricón que bueno estás! Estás caliente y salido como una perra en celo, ¡eh maricón!

    Anda, no pierdas tiempo, ve sacando mi garrote mientras yo te voy desnudando, me decía empezando a desabotonarme la camisa.

    Anda maricón, ya verás como vamos a disfrutar, decía llevando su boca a la mía y ahora sí, apoderándose de ella. Te resistías y lo estabas deseando ¿eh tontito? Con lo bien que lo vamos a pasar los 2.

    Dios, yo no daba desabrochado el pantalón a mi vecino, entre los nervios, el tembleque que me estaba haciendo pasar, y ahora su lengua metida en mi boca saboreando toda mi cavidad bucal, no terminaba de desabrocharle el pantalón. Y joder vaya pedazo de lengua que tenía el gachó, si seguía metiéndome la lengua, me iba llegar a la boca del estómago, joder si la polla la tiene como la lengua, me va a reventar el culo, pensaba yo.

    Con bastante trabajo, por fin pude terminar de desabrocharle el pantalón, excitado por el morreo que mi vecino Tino me estaba dando, mientras iba desabrochando mi camisa.

    Nervioso y excitado, empecé a meter mis manos por dentro de su pantalón, buscando su polla. Toqué el calzoncillo empezando a palpar, notándole un bulto considerable, el muy cabrón estaba que se salía de empalmado que estaba. Joder vaya bulto que se le notaba al cabrón del viejo, metí la mano por el elástico del calzoncillo, tirando para abajo. Al momento salió la verga quedando sobre mis manos. Dios que sensación tuve en esos momentos, al tener sobre mis manos aquel pedazo de pollón, no podía verle la polla, pero lo que estaba tocando, me estaba dejando impresionado, la notaba gorda y de muy buen tamaño, le debería medir unos 17 o 18 centímetros, y unas bolas enormes, sobre todo comparado con lo que yo tenía.

    Así maricón, así, pálpala, pálpala bien que ya verás cómo te va a abrir el culo, vas a chillar como el maricón de tu amiguito. Al maricón le encanta que se la meta por el culo, y le de bien fuerte. Estoy seguro de que a ti también te va a gustar, decía sacándome la camisa, quedándome desnudo de cintura para arriba y con el pantalón y slip sobre los tobillos.

    Y allí estaba yo, desnudo con el pantalón y slip sobre los tobillos, delante de mi vecino Tino, encerrado en su trastero, con su polla en mis manos acariciándosela, a punto de ser ultrajado por él. El muy cabrón, ya había dado caza a otro joven al que dar por el culo. Iba meterme su polla por el culo y follarme hasta la extenuación. Tenía que domar aquel potrillo hasta que cayera rendido a sus pies y le obedeciera siendo un buen sumiso.

    En esos momentos pude verle la polla, quedando con la mirada fija en ella, mientras la acariciaba con mis manos. Joder, vaya pedazo de polla que tenía el cabrón, me había quedado hipnotizado mirándola mientras no dejaba de acariciarla.

    ¿Te gusta lo que ves? Me decía viendo como me había quedado hipnotizado mirándole la polla.

    Levanté la cabeza mirándole a los ojos, sin dejar de agarrarle la polla acariciándosela, y sin poder abrir la boca para decir nada.

    Tranquilo maricón, no te asustes que no muerde, pero eso sí, ya verás cuando te la meta por el culo cómo vas a chillar, notando cómo te abro el culo. Al principio todos os asustáis, pero luego estáis deseando que os la metan por el culo y os hagan gritar mientras os follan dejándoos bien preñados.

    Anda, agáchate y abre esta boquita que quiero que la pruebes, me decía apoyando sus manos sobre mis hombros, empujándome para que me agachara.

    Me agaché y abriendo la boca, llevaba aquella polla que, en breve, me iba a dar por el culo, dejándome abierto y bien preñado.

    Metí la verga de mi vecino en la boca, empezando a chuparle el glande, a la vez que él, acariciaba mi cara mientras me iba diciendo entre suspiros: Así maricón, así, ves como te gusta, ¡ufff que boquita! Así así, abre bien esa boquita, y chúpala toda, chúpala que es toda para ti. Te la vas a comer hasta los cojones, me decía mientras seguía acariciando mi cara.

    Dios, aquella era demasiada polla para mi boca, era imposible que tragara más de la mitad, por lo que yo solo me limitaba a chuparle el glande, acariciarle los genitales, y cuando la sacaba de la boca, pasarle la lengua por el prepucio. Pero el muy cabrón de mi viejo vecino, no se iba a conformar, el muy cabrón, poniendo sus manos en mi nuca, me ordenaba que abriera bien la boca que me la iba a tragar hasta los mismísimos cojones.

    Empujando mi cabeza a la vez que impulsaba su pelvis, me hacía tragar su polla hasta chocar sus genitales con mi cara, golpeando mi barbilla igual que golpea el badajo la campana.

    Así maricón, así, abre bien esa boca y traga hijo de puta, me decía. ¿Te gusta la polla eh? Pues toma polla maricón.

    Dios, los ojos no paraban de llorarme, la saliva y bilis salían por la comisura de mis labios y nariz. El depravado de mi vecino metía su verga en mi boca con tanta furia y fuerza, que me llegaba hasta las amígdalas, haciéndome abrir en vómitos.

    Después de un buen rato donde me estuvo follando literalmente la boca, me ordenó poner de pie y que me sacara los zapatos y me quitara toda la ropa. Quítate todo y quédate totalmente desnudo, te quiero en pelotas, decía desnudándose él también.

    Le obedecí quedándome como me había ordenado, totalmente desnudo, incluso los calcetines me había quitado. Esperaba allí de pie, desnudo, empalmado como un burro, rascándome con la mano la pierna mirando como se iba despelotando él.

    Dios, miraba como le colgaba la polla y pelotas, mientras se desnudaba, sintiendo un escalofrío recorrer mi cuerpo. Sabía que aquello que le colgaba, me la iba meter por el culo. Aquello me daba algo de temor, pero me excitaba y calentaba a la vez.

    Una vez terminó de desnudarse, sentado en la silla, me ordenó que me acercara. Ven para aquí, que quiero ver ese agujerito que tienes.

    Me puse enfrente de él, agarrándome mi viejo vecino por la muñeca, ordenándome que abriera las piernas mientras colocaba mi mano sobre su hombro. Ven para aquí, mariconcito, y abre bien las piernas. Así, así, pon las manos sobre mis hombros, y acércate me decía quedándome a horcajadas sobre él.

    Tenía sus piernas en medio de las mías, haciendo que me quedara totalmente abierto de piernas delante de sus narices.

    Empezó a acariciar mis genitales y agarrar mi polla descapullándola, mientras la iba acariciando y mirándome a los ojos. Te gusta ¿eh maricón? Mira como estás de empalmado, me decía manoseando la polla y genitales. Y estos pezoncitos, mira que duritos y excitados los tienes, decía llevando su boca a ellos lamiéndolos y mordisqueándolos.

    Después de manosear mis genitales y descapullar mi polla manoseándola, llevó sus manos a mis cachetes, empezando a acariciar y apretar los glúteos, mientras susurraba lo bonito y sexi que era mi culito, ¡ufff maricón! Que culito más bonito y sexi tienes, cada vez que te veo en la calle y veo como mueves el culito al caminar, me vuelves loco, ¡ufff que ganas tenía de tenerte así delante mía! Me decía acariciando y manoseando los cachetes de mis nalgas.

    Vamos a ver este agujerito, decía llevando su mano a mi culo. Empezó a pasar sus dedos por la raja de mi culo, tanteando mi orificio con sus dedos. Presionó con uno de sus dedos el agujero de mi ano, haciendo que este entrara un poco, haciéndome estremecer a la vez que soltaba un quejido, ¡ahhh! Exclamé al notar como su dedo abría mi culo dándome un pinchazo al abrirse mi esfínter introduciéndose una parte de su dedo.

    Bueno maricón, bueno, tranquilo que no pasa nada. Estás bien cerradito, vamos a tener que lubricarte y dilatar un poco este agujerito, decía llevando su mano a la boca impregnando de saliva sus dedos. Volvió a llevar su mano a mi culo, y luego de untarme con su saliva varias veces, volvió a presionar con un dedo introduciéndolo de nuevo en mi culo.

    ¡Ahhh! Volví a quejarme, al notar entrar su dedo. Esta vez lo metió por completo, empezando a girarlo dentro de mí. Sacaba y metía el dedo e iba presionando las paredes de mi ano, haciendo que mi esfínter se fuese dilatando. Cuando ya entraba y salía su dedo con facilidad, incorporó otro dedo al proceso de dilatación, haciendo que volviera a quejarme, ¡aaahhh ahhh! Exclamé notando como se abría más mi ano, introduciéndose un segundo dedo.

    Tranquilo maricón tranquilo, relájate y deja que te vaya dilatando, ya verás como después te va a gustar cuando te meta la polla por el culo. Vas a chillar de gusto, vas a chillar como tu amiguito, Luis. El maricón chilla, pero luego se retuerce de gusto. Lo mismo que vas a hacer tú, cuando tengas mi polla dentro de tu culo.

    Después de abrirme bien el culo con sus 2 dedos, me ordenó que sujetara su verga con mi mano, la colocase en la entrada a mi ano y me fuese agachando mientras se iba introduciendo su polla en mi culo.

    Pasando mi mano por detrás de mi espalda, agarré su polla con mi mano y colocando la cabeza en la entrada a mi ano, me fui sentando sobre sus piernas, mientras aguantaba su polla con mi mano.

    Noté como mi esfínter se iba abriendo, y aquella polla se iba introduciendo en mí. Dios, iba agachándome despacito, notando como aquel monstruo se iba introduciendo, abriendo mi culo en canal. Gritaba cada vez que su polla se introducía un poco más, ¡ohhh! ¡ohhh! Me quejaba cada vez que su polla se introducía, abriéndome el esfínter, dilatándose cada vez más.

    Así maricón, así, iba animándome el viejo mientras su polla iba invadiendo mi cuerpo profanándolo. Cuando ya casi había entrado el glande, el viejo vecino, sujetándome por las caderas, impulsó su pelvis a la vez que empujaba con sus manos mi cuerpo hacia abajo, haciéndome soltar un alarido, al notar como su verga se introducía casi por completo dentro de mi culo.

    ¡Ohhh ooohhh ohhh! Exclamé en un grito de desesperación, al notar entrar aquel garrote que me introducía en el culo.

    Dios, que dolor me había causado, me había quedado rígido y paralizado. Intenté levantarme, pero el muy cabrón no me dejaba, me tenía sujeto por la cintura con sus manos, y ahora llevaba su cabeza, apoyándola en mi hombro, tratando de inmovilizarme.

    Tranquilo mariconcito, tranquilo. Ya ya, ya pasa, relájate que ya va a pasar, me decía al oído mientras me iba dando mordiscos en el cuello.

    No puedo, no puedo, lloraba yo suplicando que me dejara levantar. Me está haciendo mucho daño, le dije.

    Aquella era demasiada verga para mi estrecho culo, y el muy cabrón no me había dilatado suficientemente.

    Como veía que no daba soportado la polla en el culo, dejó que me levantara, y ordenándome esperar, se levantó de la silla, fue hacia el armario que tenía contra la pared, descorrió la puerta de este, dejándome alucinado viendo lo que allí se veía. Tiró una colchoneta de espuma al suelo, pudiendo ver que ancladas a la pared había unas correas a media altura, y más abajo, había otras correas algo más cortas. También se podía ver toda clase de juguetes sexuales, llamándome la atención la colección de consoladores que allí tenía. Joder, había un consolador, que era enorme, era monstruoso. Debería ser ancho como mi muñeca, y joder que grande era, si aquello te lo meten por el culo, te dejan empalado como si fueras un pincho moruno.

    Me ordenó tumbar sobre la colchoneta, quedando boca arriba. Estaba algo nervioso, ya que no sabía que es lo que iba hacerme. Vi que cogía un tubo de crema lubricante, y como tanteaba los consoladores cogiendo 2 de ellos.

    Se puso de rodillas junto a mí, y después de colocarse a horcajadas sobre mi pecho, me ordenó que estirara los brazos, empezando a sujetármelos con las correas que estaban ancladas en la parte de abajo de la pared. Yo como un idiota, no dije nada, dejando que me inmovilizara sujetándome los brazos a aquellas correas.

    Una vez me tuvo sujeto los brazos a aquellas correas, echó mano a las que estaban ancladas más arriba y que eran mucho más largas, empezando a sujetarme las piernas con aquellas correas. Me sujetó amarrándome por los tobillos, de tal forma que, al ir regulando la correa, hacía que las piernas se me fuesen levantando, quedando totalmente levantadas y abierto de piernas. De esa manera, mi culito quedaba totalmente expuesto y preparado para ser sodomizado.

    Una vez me tuvo bien amarrado, me dijo: Así maricón, así no te me vas a mover, y ahora vamos a lubricar y dilatar bien este culito, ya verás como ahora tu culo va a tragarse mi polla, y estoy seguro de que mi consolador favorito, también lo vas a soportar.

    Joder, estaba empezando a sudar de pánico, no se atrevería a meterme aquel consolador enorme, por el culo.

    Estaba tumbado y amarrado como si fuese un pollo asado, y sin poder moverme, y lo que era peor, en manos de un viejo depravado que iba hacerme de todo.

    Empezó a acariciarme los genitales y menear la polla para que fuese animándome, mientras iba hablando para que me fuese tranquilizando, ya que había visto la cara de pánico que se me había puesto.

    Tranquilo mariconcito, tranquilo. Estate tranquilo que no te voy a hacer daño, no quiero hacerte sufrir, solo quiero hacerte disfrutar y que goces mientras te doy por el culo.

    Empezó a morderme los músculos internos de las piernas, haciendo que diera varios gemidos al notar como mordisqueaba mis músculos que están pegados a las ingles. Luego siguió mordisqueándome el escroto y perineo, haciéndome soltar más gemidos, para por último llevar su lengua a mi ojete, haciéndome retorcer de gusto.

    ¡Ohhh! ¡ohhh! ¡ooohhh! Gritaba gimoteando por el gusto que me estaba dando el muy cabrón del viejo. Dios que pedazo de lengua tenía, con sus manos abría mi ojete, metiendo la punta de la lengua en él.

    Te gusta ¿eh? Mira como chillas y gimes como una perrita en celo, ¿eh? Pedazo de maricón.

    Metía su lengua en mi culo, mientras jugaba con sus dedos abriendo mi esfínter, y una vez lo tenía abierto, introducía su lengua, llegándome tan adentro, que me hacía retorcer de gusto y gemir como una puta.

    Ahora vamos a introducirte un consolador, así dilataremos más este culito de puta que tienes, es como un chochito virgen.

    Cogió el consolador, y luego de untarlo con el lubricante que tenía, empezó a introducirme aquel consolador por el culo, haciéndome soltar más gemidos, ¡ohhh! ¡ooohhh ooohhh! Gemía notando como me abría el culo y me follaba metiendo y sacando el consolador de mi culo, haciendo que mi ano y esfínter se fuesen dilatando y me abrieran bien el culo.

    Después de probar los 2 consoladores que había cogido, pegándose a mí, llevó su verga a la entrada de mi ano, empezando a introducir su falo en él.

    Dios, ahora si que me había tragado su verga de una sola estocada y sin sentir dolor alguno. Ahora me había lubricado y dilatado perfectamente, y su polla me entraba sin ningún problema.

    Así maricón, así, ¡oh que calentito estás! ¡oh que bien se siente! Ay que gusto, ay que gusto, gritaba metiendo y sacando su verga de mi culo.

    Notaba como entraba su polla golpeando sus pelotas la entrada de mi ano, sonando con cada golpeteo, el chof, chof chof, de su polla entrando en mi culo y como su voluminosa barriga, frotaba mis genitales, cada vez que me culeaba.

    Mi cara era todo un poema, me estaba derritiendo de gusto, la pobre de mí polla no paraba de gotear semen, con la fricción que su panza le daba a mis pelotas y polla, no tardaría en correrme.

    Y así fue, antes de que me preñara de semen, mi polla estalló empezando a derramar todo el esperma por mi abdomen y pecho.

    ¡ohhh me corro! Me corro, me corro, ¡ooohhh! Gritaba eyaculando sobre mi abdomen y pecho, mientras mi viejo vecino me seguía dando por el culo, allí tumbado y amarrado por las correas que me mantenían sujeto.

    Así maricón, así, córrete. Mira que orgasmo has tenido, pedazo de maricón, vaya corrida que te has largado, decía sin dejar de taladrarme el culo con su polla.

    El hijo de puta del viejo tenía un aguante descomunal, mi culito ya estaba que echaba humo, y él seguía dándome por el culo sin piedad alguna.

    Después de un buen rato de haberme corrido yo, empezaba el viejo a apurar sus envestidas, notando que su corrida era eminente, y dando unas fuertes envestidas, empezó a gritar que se corría. Ya maricón ya, ya me corro, ya me corro, gritaba empezando a soltar varios trallazos de leche regando mis entrañas.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! gritaba dejándome preñado el culo con su semen.

    Dios, los 2 estábamos sudando, pero al cabrón del viejo, la polla no se le bajaba, la seguía teniendo dura y metida en mi culo.

    Echado como estaba sobre mí, empezó a morderme los pezones sin sacarme la polla del culo, luego fue subiendo a mi cuello, a la vez que me susurraba, tranquilo maricón, tranquilo que esto es solo el comienzo, decía mordiéndome el cuello haciéndome estremecer. Aun vamos a seguir dándote por el culo, esto es solo el aperitivo, me decía el hijo de puta de mi viejo vecino.

    Continuará…

    Podéis escribirme a:

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