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  • Vecino adolescente curioso

    Vecino adolescente curioso

    En el primer trimestre de mi embarazo, un vecino de no más de 18 años empezó a espiarme cuando salía por las mañanas o regresaba del trabajo, cuando le comenté a mi esposo llegamos a la conclusión que seguramente me había visto o escuchado alguna vez cuando llevé a algún invitado a la casa, poco a poco fue siendo más atrevido en acercarse a mí y un día regresando del trabajo me saludó y me dijo que le estaba ayudando a su mamá a vender cosméticos para dama de catálogo; que si quería me dejaba uno, y sonriendo le dije que sí, me lo dejó y se quedó ahí estático esperando a que me bajara del auto, al hacerlo, a propósito le dejé verme entre las piernas bajándome lentamente del auto, sonriendo le dije: ‘si quieres de una vez escojo algo para encargarlo’, dijo que si de inmediato y entramos a la casa, lo senté en la sala y le dije que regresaba en un momento, fui a la recámara y me desnude, me puse solamente una bata cortita y me deje mis zapatillas, al llegar de nuevo a su lado, note que tenía una erección ya, y al sentarme de nuevo junto a él. Lo deje admirarme las piernas un momento, me acerqué a él y le dejé mostrarme el catálogo mientras ponía mi mano distraídamente sobre su pierna y poco a poco la subí hasta llegar a su verga y apretándola acerqué mi cara a la suya y suavemente le dije:

    -sé que te gusto y me da mucho gusto que sea así, le ha dicho a alguien más?

    -no, nadie sabe de mi fijación por ti,..

    Me puse de pie frente a él y le dije:

    -he notado que me espías cuando llego, especialmente cuando regreso acompañada…

    -Quieres saber que hago con mis amigos cuando los traigo a casa?

    Parada muy cerca de él, se notaba su nerviosismo de adolescente.

    -pues, pues… Sí, la verdad me da mucha curiosidad porque los veo salir muy contentos igual que tú cuando los despides…

    -ahhh, pues es que me dejan su lechita bien adentro de mi… Mi esposo me deja tener muchos amigos íntimos -apretando su pene sobre el pantalón le dije- mis amigos me desean a pesar de que estoy casada, y a los que traigo aquí a la casa son los de mayor confianza, has visto a un amigo que viene muy seguido, alto, moreno claro, de cabello ondulado?, es mi macho!, soy su hembra y hago lo que me pide… sexualmente y en la vida cotidiana, es mi pasión ese hombre; pero hablemos más de nosotros ahorita… -Dije avanzando un poco más hacia el abriendo mi bata me ofrecí a sus manos jóvenes e inexpertas, la vista tan cercana de mi cuerpo desnudo lo excito de inmediato y rápidamente me acerqué a bajarle los pantalones y sacarle la verga de su calzón, estaba erecto, muy erecto, lo deje acariciarme todo y me senté de nuevo junto a él tomando su pene entre mis manos- quieres darme tu lechita también?

    Empecé a masturbarlo mientras nos besábamos con pasión, podía sentir su cuerpo temblando de excitación, nuestras lenguas se trenzaban con lujuria mientras sus manos recorrían mi cuerpo, apretaban mis pezones con desesperación mientras mi mano se entretenía con su pene erecto, sentí la necesidad de mamarlo y baje mi rostro lentamente pasando mi lengua por su pecho y acercándome a su verga preciosa…

    Bese su falo por un momento y empecé a mamarlo con lujuria, siempre estar con un joven es algo especial porque son muy intensos, y este no era la excepción, empezó a empujar su verga en mi boca con intensidad y comenzó a gemir, pensé iba a venirse en ese momento pero haciendo un esfuerzo me separo de su verga y se agachó para recargarme en el sillón y me abrió las piernas acomodándose entre ellas y empezando a mamarme la raja…

    Era buenísimo! su lengua rápidamente encontró el camino para darme un orgasmo intenso y gimiendo como los me vine tremendo, ahora deseaba ser penetrada…

    Me acomode en el sillón abriéndole mis piernas en señal de invitación y él se apresuró a meterme su pene, apenas empezaba a moverme para darle mayor placer y sentí su venida abundante de chico virgen, se quedó frío viéndome buscando una excusa, tranquilo le dije moviéndome levemente para que sintiera, eso pasa al principio, ‘quieres practicarlo más conmigo para que mejores?’, le dije sonriéndole agradecida de recibir su semen virgen, su cara era de felicidad. ‘De verdad?’, me dijo viendo mi raja que empezaba a derramarse de su semen.

    -Sí, de verdad, me caes muy bien y si quieres te enseño todo lo que tienes que aprender…

    Lentamente nos pusimos de por y volvimos a vestirnos.

    Salió de mi casa con la misma cara que los amigos míos que él había visto antes…

     

  • Sola y con mi prima y alguien más

    Sola y con mi prima y alguien más

    Me llamo Eli, soy una chica de 22 años que trabaja junto a su familia y vivo en casa de mi mamá.

    Soy una joven de estatura media, con grandes pechos y un trasero considerable, piel blanca y pelo negro con ojos azules y una vagina carnosa y depilada y color con los labios rosaditos y deseosos de nuevas aventuras… Soy muy abierta me encanta experimentar con hombres y mujeres e incluso hasta sola.

    Esa noche al ser casi la media noche fui a dejar a mi madre a la casa de unas amigas y de inmediato me devolví a mi casa la cual estaría completamente sola. Al llegar me di una ducha y puse música para relajarme y cuando me termine de duchar salí del baño he inmediatamente encendí el televisor y puso un canal donde dan pornografía, el famoso canal Venus y las únicas prendas que tenía puestas eran un cachetero y un camisón mientras veía porno ya mi vagina se iba poniendo húmeda y decide ponerme creativa.

    Me fui hacia la cocina y me serví un trago de whisky y para mi sorpresa encontré un delicioso pepino y un banano, inmediatamente los tomé y fui a mi habitación por un preservativo y corrí de nuevo al sofá y continué viendo porno. Lo recuerdo perfectamente una chica rubia de baja estatura, con un gran culo siendo penetrada por 2 enormes y jugosos penes, me fascinaba ver cómo esa chica gritaba y se retorcía de placer al estar con esos 2 hermosos penes que no tenían un solo pelo y con unos huevos muy pero muy apetecibles.

    En ese momento estaba muy excitada y deseosa de un pene y me empecé a tocar y tocar hasta que no pude más y me quite el camisón y el cachetero quedé con mis tetas al aire y esos pezones rosaditos que estaban duros y paraditos y mi concha toda mojada y pidiendo ser penetrada así que le puse el preservativo al pepino y empecé a meterme suavemente y con la otra mano me lleve una teta a la boca estaba a punto de explotar empecé a gemir hasta que tuve el primer orgasmo explote tan rico que yo creo que hasta los vecinos escucharon mis gemidos y mojé todo el sofá para ese momento en la escena porno ya la chica se estaba comiendo las 2 deliciosas pollas a la muy perra ni le cabían en la boca y yo aún estaba súper caliente y empecé a chupar el banano me lo metía hasta la garganta y lo pasaba por mis tetas para ese momento en la escena porno ya la chica estaba llena de leche ya esas ricas pollas le habían dado lechita, yo deseaba que ese banano me diera leche pero solo me quedé con esas ganas de tomar leche…

    En ese momento apagué el tv y recogí todo lo que dejé mal acomodado, bote el pepino y obvio que me comí el banano, limpie el sofá de mis jugos y enseguida me puse el camisón y me fui a acostar, pero esa voz en mi cabeza me decía “metete los dedos, metete los dedos” y no me dejaba dormir entonces me empecé a tocar y a meterme los dedos, aún estaba muy caliente eran aproximadamente las 2:00 am cuando de pronto me entra un mensaje, era mi prima María una mujer muy pero muy hermosa muy rica…

    Continuará.

    Espero que les guste, soy nueva en esto y no sé mucho solo sé que me excita y decide compartir un poco de mis experiencias con ustedes.

    Así que espero sus comentarios, críticas y consejos.

    Muchas gracias.

  • Corte de luz, la excusa para darle a la sobrina

    Corte de luz, la excusa para darle a la sobrina

    Un imprevisto corte de luz totalmente casual, no así lo que siguió, totalmente causal, bien podría ser la génesis de esta historia. El corte de luz me dio (o nos dio) la excusa perfecta para hacer realidad la fantasía de la muchacha, para mí, un sueño acariciado en las sombras de lo prohibido.

    Caía la tarde de ese viernes lloviznado y caluroso verano, justamente cuando Loly, hija de un entrañable amigo, se estaba retirando de mi oficina para llevarle a su padre la documentación que había venido a retirar.

    Un imprevisto corte de luz no le dio tiempo siquiera a tomar el ascensor, con la poca luz de la pantalla de su teléfono móvil le sirvió para desandar el breve trayecto y llamar a mi puerta para avisarme del inconveniente. El silencio por esas horas es notable, por tratarse de un edificio donde casi todos los pisos son de oficinas comerciales y se había cumplido el horario laboral, la oscuridad de pasillos y escaleras sin luz de emergencia por la renovación del sistema, tampoco el encargado del edificio pues su horario culmina un rato antes de este percance.

    Mirando por la ventana es posible comprobar que no somos los únicos afectados, el corte de energía abarca un importante sector de la ciudad, consultada la empresa proveedora responde un mensaje grabado que indica “lamentamos informar que se produjo un corte generalizado que nos demandará varias horas en solucionarse, y las disculpas formales”.

    Por suerte la luz de emergencia de la oficina se encendió tan pronto como se produce el corte, como mi oficina está en el piso 19, bajar a oscuras es una riesgosa tarea, por lo tanto la única opción fue que se comunicara con su casa para avisar del percance y decirles que la única opción sería quedarse con su “tío”. Me pasa el teléfono para hacerme responsable por su integridad y proponerle quedarse hasta que regrese la energía eléctrica, que ella podría usar el cuarto que hace las veces de dormitorio, yo usaría el sofá de la recepción.

    La pequeña heladera solo tiene un pack de cervezas, unas gaseosas y barritas de cereal para amenizar la espera. Abrir la ventana es el único recurso para refrescarse, la luz de emergencia que viene del estudio crea una nueva imagen en el perfil de Loly, la silueta de sus voluptuosos pechos parecen agigantarse en la incipiente calentura. Absorto y perdido en mis eróticas fantasías no advertí que sonreía al observarme totalmente abstraído babeando placer al imaginarme sus tetotas.

    —Epa! Que te pasa tío? Te has perdido en mirarme las te…?

    —Ejem… bueno, perdóname, disculpa, me olvidé de…

    —Shhh!! No es para tanto. Todos los hombres me las miran, vos sos hombre…

    Este incidente demolió la distancia incestuosa, desde su adolescencia sufría en silencio la seducción voluptuosa de sus “gomas”, en más de una ocasión fui pescado infraganti llenándome los ojos de la erótica visión.

    La segunda ronda de cerveza habilita la relajación de pudores y recato, el corte de luz y la rubia espuma sirve para exculparnos del acto atrevido por cometer. El calor es la excusa, saca la remera, par de tetotas rozagantes amenazan rebasar los límites del soutién, la maliciosa sonrisa invita a seguir mirándola.

    —No me digas que te asustan?

    —Bueno… no sé, pero…

    —Deja las excusas, no soy tan ingenua como parezco, también tengo recuerdos tuyos non sanctos. Recuerdas esa noche del cumple de papá, que todos bien tomados se fueron a dormir?, me levante a la madrugada para ir al baño, dejaste mal cerrada la puerta de tu cuarto, y te vi dándole bien duro a mamá, la tenías encima pidiendo “acábame ya”, ahí fue la epifanía del sexo, el llamado que develó mi lado erótico más atrevido. La segunda vez, poco después, llegué más temprano del cole y los pesqué en la sala, la tenías en cuatro, dándole duro por el culo, nalgueándola y ella te pedía “métela, rómpeme toda…”. Me quedé paralizada, la escena excitándome a full, comencé a masturbarme a dos manos, acompañando los gemidos y las groserías que decía mi mamá, ahí tuve mi primer gran orgasmo, casi en el momento que tú te venías dentro de su culo. Escapé antes que notaran mi atrevida curiosidad.

    —No, no tenía idea de…

    —De… cuánto me calentaste a ver como el sexo de mamá te hacía lugar para comerse esta vergota!

    Remarcó que sabe qué, cómo y cuándo tener sexo, sus palabras se acompañaron con el frotamiento de mi verga, ésta reproduce y mejora el tamaño de la descripción.

    —Guauu, cómo se puso, necesitas un cariñito para olvidarte de todo. Desde pendeja sueño con hacer real la fantasía que me atormenta desde que te vi montar a mi mamá, después te pesqué haciéndole el culo y ahí ya no me pude aguantar, sé bien que notabas mi necesidad de estar cerca de ti, también que el miedo a no poder dominar tus deseos, buscabas mantenerte lejos.

    —Sí, no soy de mármol, me costaba mucho ocultar la excitación de verte cómo te me regalabas, y esas tetotas eran un pecado mortal que evitaba a toda costa.

    —Bueno… ahora estamos solos, tengo diecinueve, y tengo estas “cosotas” que te hacen hervir el deseo (se las toma en las manos y me las pone en mi cara). No me vas a despreciar… nooo lo hagas!…

    Estaba exultante, exhibiendo esas tetotas, que por ser delgada parecen más grandes. Me tomó una mano para ponérsela encima de su teta, presiona para que se la apriete.

    —Vamos, vamos, me gusta que me las aprietes. No se rompen, totalmente naturales, apriétalas!!

    Cubro las cúpulas con temor de estar haciendo algo impropio, ella levanta las copas del soutién para sentir el calor de mis manos. Sentir latir sus carnes trémulas hacen revivir a un muerto, las caricias se transforman en apretadas, lamerle los pezones, estrujando y hasta mordiendo sus carnes elevan su excitación, aprieta mi cabeza contra sus pechos, echa la cabeza hacia atrás. Sentir la turgencia de sus pezones presa de mi glotonería la sube la calentura de ambos a tope.

    La tensión del momento y sus gemidos urgen ser mitigados, se me olvidó el respeto por la relación familiar, tomarla en brazos, barrer el escritorio con el brazo y sentarla sobre él. Había elevado las piernas, permiten quitarle el pantalón en rápido movimiento, las feromonas que emana su sexo embriagan, adormecen los últimos vestigios de honestidad, hice a un lado el frágil triángulo de tela y sumergir mis dedos en la cálida humedad de su sexo, fue ingresar a la esencia divina del placer erótico.

    Separé sus piernas, aspiré el aroma de hembra hasta aturdir mis sentidos, conecte mi boca a su clítoris, lamiendo sus labios, tironeándolos con los dientes, gritando de placer arquea su espalda, eleva la pelvis, me incrusta la cara en su sexo. Succionar el clítoris crea la armonía celestial, trastornada y perdida se pierde en el inevitable orgasmo, nuevamente suspira profundo, arquea la espalda, contrae sus músculos, cierra los ojos, agitado gemido y se deja flotar en un mar de estrellas. Disminuyo el ritmo de lamidas para sentir como un segundo orgasmo se está gestando dentro de mi nena.

    Apoyó las manos para elevar las nalgas y permitir que saque la bombacha, la dejo en mi cuello a modo de collar, sentir ese divino aroma de mujer en celo supera y anestesia la culpa. Mis gruesos dedos inician la caricia, recorriendo entre los labios, arriba y abajo, girando, entrando y saliendo de su conchita, dos dedos hacía arriba acariciando y buscando el esquivo punto G en el cielo vaginal.

    El orgasmo no se hizo rogar, el combo explosivo de boca y dedos la condujo dócil hasta detonar en su vagina e irradiarse por todo el cuerpo, las piernas tensas, temblando como bandera en día ventoso, colocadas sobre mis hombros favorecen la renovada exploración bucal de sus alucinantes sensaciones, casi sin solución de continuidad sobre los últimos latidos de éste estalló otro más, y otro hasta dejarla exhausta, tumbada sobre la espalda procesando la agonía del clímax, se deja arrastrar por la liberación repentina y placentera de las tensiones, entregada al dominio de la boca de su hombre.

    Disfruta este momento de gracia, silencio, solo la sonrisa transmite la satisfacción del trabajo bucal, repuesta del éxtasis, pudo articular palabra.

    —Ahora te necesito dentro -señala, tocándose la vagina.

    —Hmmm… Tengo un problema… no tengo forro (condón)

    —Y… no es problema, me la metes y no te vengas adentro…

    La calentura hizo fácil el sí, solté el cinto, pantalón y calzón, en mis tobillos, traje su cuerpo hasta el borde, casi colgando del escritorio, los talones en mis hombros y las caderas balanceándose recibieron los primeros embates de mi pija, exultante y erecta como pocas veces, esta pendeja me había llevado al extremo de mi excitación.

    El fragor de los momentos vividos impedían las sutilezas, solo fue apoyarla entre los labios, apretarme a sus nalgas y mandarla toda dentro. El golpe sorpresivo la estremeció gratamente, disfrutó la brusca penetración, alaba el grosor de miembro, disfrutamos la realización de nuestras fantasías, viviendo ese momento mágico, fue como tocar el cielo con las manos.

    La prisa por saciar la calentura no se compadece con prolongar el disfrute, la eyaculación impera y sorprende, el momento de venirme hace los primeros amagues. La prisa por venirme se impone, bajarla de la mesa, hincada ante su macho, pajea y mama sin parar, soporta sentirse atorada por los acelerados embates dentro de su boca.

    —Me viene, nena me viene!

    Hace la pausa para largar el primer chorro de semen, acompaña moviendo muy despacio su mano sobre la pija para terminar la descarga. Salgo de su boca, se escurre un hilo de semen, lo recoge con el índice y me regala la imagen de verla como se deleita lamiéndoselo.

    —Voy a lavarme, estoy chorreando jugos. Esperame en la cama, por favor no te pajees, tu putita necesita otro polvo.

    En la cama retomamos el camino del disfrute, nuevamente ella llegó varias veces, yo solo una, jugamos en varias posturas, sobre todo ella encima para poder prolongar más el placer de hacerle sexo, sobre todo cuando la ponía encima dándome la espalda para poder jugar con los dedos en el ano, sentirlo como se fruncía y retaceaba cuando era el pulgar el que se atrevía a penetrar el sitio prohibido.

    Nuevamente al momento de venirme ella vino a socorrerme, poniendo la boca para recibir el lechazo. La noche nos recibió abrazados, haciendo cucharita fue la forma sutil de continuar el placer de compartirnos.

    En la madrugada volvió la energía eléctrica, la luz me hizo despertar del letargo del guerrero, acariciar sus carnes era el desafío mañanero de la potente erección que se produce luego de una noche de sexo, la dureza juguetona de la pija entre sus nalgas la sustrae de los brazos del sueño. Pone su mano atrás para comprobar la turgencia que busca un lugar entre sus nalgas.

    —Cómo estamos hoy, qué dura la tienes papi.

    —Sí, cuando despierto la tengo siempre así, y con una pendeja como vos… Estoy súper caliente quiero cogerte!

    —Bueno, si me lo pedís de ese modo…, también yo. Pero recuerda, no puedes venirte dentro, me dejas tu leche acá, en la boca.

    Se puso boca abajo, abrió las nalgas, no hacía falta mucho juego, fue sencillo, la cogida previa la había preparado para mi pija, entró fácil, penetrando su concha y jugando en la colita con un dedo le hizo alcanzar bien rápido el orgasmo, seguí dándole hasta llegar al segundo.

    —No quiero vaciarme en tu boca, quiero tener el final feliz dentro. Este culito necesita ser estrenado, permite que sea el tío quien te lo haga y no tendremos problemas si me vengo dentro.

    —Ja! Vos no, pero si el dedo entraba tan ajustado, no quiero pensar que lo que será tener esta poronga dentro de mi culito.

    —Tranqui, voy a ser cuidadoso, ten confianza, te lo voy a cuidar.

    Todas las mujeres saben que las promesas masculinas bajo el efecto de la calentura prescriben tan pronto comenzamos excitarnos, este caso no sería la excepción.

    Sentía temor y codicia por recibirme, voltea boca abajo, a cuatro patas, empinando el culo. Mi boca recorre la vagina y el anillo anal, separa los cachetes mientras gime en voz alta, con los dedos recorro el clítoris llevando la humedad de la vagina para lubricarle el ano.

    —Tranqui, voy a estrenarte este dulce tesoro nena.

    Estremece cuando le escupí en el centro del ano, con un dedo comienzo el metisaca para dilatarlo, gime y contonea el culo, una sonora palmada en las nalgas excita, el dedo mayor dentro de la vagina y el pulgar frotando el clítoris, nueva escupida en el ano y dos dedos hurgando en el marrón, los aullidos de dolor y sorpresa.

    —Quietita, pasa, pronto sentirás placer.

    —Duele tío…

    Volví a acariciar su conchita, se pone tensa, puedo sentir el orgasmo creándose dentro sus entrañas.

    —Sí, sí, tío. Otro dedo, quiero otro dedo, muévelo.

    El orgasmo se produce tumultuoso, aprovecho la distracción coloqué el pene en el centro del ano, me mando dentro haciéndola gemir de placer y dolor al mismo tiempo. Podía sentir mis latidos apretados en los suyos, desocupé los dedos de la vagina para abrirle los cachetes.

    —Tócate, pon tu mando en la vagina, tócate.

    La cabeza del pene había entrado toda, tocarse distrae y mitiga el dolor de la penetración, desciende el volumen lastimero de gemidos, aproveché para moverme dentro de su culo.

    —Tócate más fuerte. Ya la tienes toda dentro.

    Me movía con prudencia, que su ano se amigara con la cabeza de la verga, jugando a media potencia, insistía en calmarla haciéndole creer que me tenía todo adentro.

    —Dame más fuerte, más fuerte, tu nena quiere más…

    —La tienes toda dentro. -Desconfía, echó su mano atrás para comprobarlo.

    —Hmm… tengo solo la mitad, ufff y como duele

    —Vamos guachita! Ciérrate, apriétala como buena putita. Quiero abrirte el cofre nena putita. Toma, toma!!

    Nalgada mediante, de un golpe se la metí toda, el gemido llenó su garganta, apuró el toqueteo vaginal para apaciguar el dolor anal. Dominada y controlada por mi cuerpo cubriendo el suyo, bombeo haciéndole sentir el grosor, dilatando el esfínter, lo cierra, apretándome en la intrusión, aflojándose en el retroceso.

    —Bien, bien, lo está haciendo muy bien mi nena putita.

    Comenzó a moverse, agitándose debajo de su macho.

    —Tío estoy llegando, estoooyyy… me vengo, me vengooo…

    —Qué bueno, qué bien, te lo has ganado por ser bien putita.

    Mientras sigue corriéndose es mi tiempo, aguanta el zarandeo de su macho moviéndome, las nalgadas ponen ritmo de garche a sus gemidos, la otra mano colocada en su sexo, busco el clítoris para distraerla mientras me muevo con renovado ímpetu la poronga dentro del maltratado ano.

    Elevó el torso, apoyó las manos en la cama para aguantar el vendaval de empellones de pelvis, soportar la pija bien a tope. La contingencia de darle duro me hace gemir como un animal en el colmo de su excitación, el momento de venirme se acerca, imposible demorarme mucho más en el goce del ano virgen, los movimientos intensos y nerviosos estimulan la brusquedad de mis actos.

    Loly, grita, emite lastimeros gemidos producidos por la poronga abriendo sus cantos, mis dedos jugando en su vagina no pueden disimular la tremenda apertura del hoyo.

    —La puta madre, no puedo aguantar más. Me voy, me voooy dentro pendeja putita. Siénteme…

    Enterrado a fondo, comienzo a eyacular, bien a fondo, moviendo solo lo necesario para facilitar la descarga de leche caliente.

    —Hmm, qué rica, qué rica. Siento tu leche dentro, qué calentita, hmmm…

    Habiendo vaciado mi calentura láctea, permanecí enterrado en ella, disfrutando los últimos latidos. Sin sacarla, comencé a mover la mano en su vagina, agitando los dedos dentro de la cueva, su calentura acelera los tiempos, se vino fácil. Disfruté ese orgasmo antes de retirar la pija de su ano, ya no más virgen.

    Me retiré de su ano, arrastrando vestigios de la profusa acabada, quedamos tendidos, de costado, acoplados, haciendo “cucharita” la dureza del miembro perdiendo algo de turgencia frotándose en la raya, mi mano tratando de apretar el volumen de su teta. La calma comienza a controlar la agitación del intensivo acto, disfrutamos del bien ganado éxtasis por la gran cogida.

    —Nena, no te relajes demasiado, antes de irnos quiero repetirlo.

    Mi pierna sobre la suya, una mano sujetando sus cabellos y otra apretando su tetota, frenaron el intento de escape.

    —Esto recién comienza…

    Esta fue la historia propiciada por un causal corte de luz, ahora el dilema moral es entre, esto nunca pasó y el tengo muchas ganas de repetirlo, final tan abierto como quedó el ano de Loly. [email protected]

    Lobo Feroz

     

  • Doña Clara y su criada Celia

    Doña Clara y su criada Celia

    A sotavento el barco cabeceaba algo, la mar picada de los días anteriores hacía presagiar una ligera calma. Los cinco integrantes de la tripulación ya estaban cansados, querían llegar a puerto. Todo era un cúmulo de problemas, por una parte en Solandia habían subido a bordo la señora Clara y su asistenta tras una breve negociación con el Capitán. Había insistido la señora Clara que le reclamaban en su país de forma urgente. La necesidad de que embarcaran se les hacía imprescindible. Los baúles precintados de la señora habían sido subidos a cubierta y almacenados, por orden expresa en su camarote.

    Doña Clara era una mujer aburguesada, a sus 45 años conservaba ese aura de distinción de gran dama. Había enviudado hacía dos años. De estatura alta, complexión corporal robusta, pero nervuda, con unos grandes pechos y un culo moldeado redondo y aún subido para su edad. En contraste su criada Celia no pasaba del metro y medio y no pesaba ni cuarenta kilos. De cara agraciada, rubicunda con unos pechos como limones y un culo pequeño.

    Celia cumplió su misión perfectamente, cada vez que el corpulento marinero pasaba revista a los pasillos se las ingeniaba para evitar que revisara el contenido de los baúles, un requisito necesario a toda tripulación de a bordo indispensable. Doña Clara, había conseguido que los otros tres marineros le subieran la mercancía, su exigencia hacía ellos era autoritaria, apenas los volvió a saludar, solamente cruzaba algunas palabras con el capitán, ya que había tenido la deferencia de embarcarlas en un barco sin pasajeros.

    Al atracar en el puerto franco de Sislaya las autoridades pertinentes hicieron muchas preguntas al capitán sobre un material sustraído en Solandia, se trataban de joyas pertenecientes a la corona de dicho país. El capitán sospecho de los baúles, pero se guardó ningún comentario y no mencionó que llevaba dos pasajeras a bordo. Eran conocidos y amigos del capitán y por esas se escapó de su registro. El capitán empezó a sospechar que le hubieran pagada esa suma de dinero por llevarlas en un barco vacío y con esa explicación extraña asegurando que eran objetos personales los baúles.

    Levantaron anclas en Solandia de regreso a fin de trayecto. El capitán reunió la tripulación que aparte de él se componía de cuatro miembros: Sulango, un ex presidiario de 38 años, de porte macarrónico y salvaje. Tarasio, de 25 años que se enroló hace unos años después de salir del correccional. Pantaso, de 40 años, mecánico venido a menos por su fuerte adicción a la bebida. Por último Euclides, el vigilante de camarotes, de 51 años, su estatura rozaba los dos metros, llevaba un diente de oro, el capitán lo enrolo hacía diez años, no sé sabía de su vida, pero sí de su voracidad femenina.

    El capitán ordeno un registro al camarote de la señora en su presencia. Los marineros se miraron, esa misma mañana Doña Clara había paseado por la proa con aires de reina y grandeza. Euclides se sintió ofendido en su fuero interno por no haber sospechado las risitas y dejado hipnotizar por la diminuta criada bobalicona.

    Bajaron al camarote, el capitán llamó. Salió Celia.

    —Soy el capitán, salgan del camarote, ordeno registro.

    —¿Qué pasa aquí? —dijo doña Clara.

    —Colaboren y salgan, soy la autoridad pertinente.

    —Esto es una intromisión, una vergüenza —exclamo doña Clara.

    —¡Qué salgan ya, colaboren, no hagan que usemos la fuerza!

    Doña Clara y Celia salieron asustadas, esperaron en el pasillo. Procedieron al registro y con unas tenazas abrieron los baúles. El capitán ojeó el contenido y dijo:

    —Serán recluidas en otro camarote, en dos horas como autoridad que me confiere el barco tendrá lugar el sumario en el salón de actos.

    Fueron llevadas a otro camarote por Sulango y Euclides, una vez dentro Sulango miró a doña Clara al mismo tiempo que se ponía la mano en su bragueta y exclamo:

    —¡Hijaputa!

    A las dos horas eran llevadas al salón de actos y martillo en mano el capitán dijo:

    —Como autoridad pertinente que me confiere el mando voy a dictaminar sentencia.

    —Esto es un atropello, declaró mi culpabilidad, pero no de… —dijo entre balbuceos doña Clara.

    —¡Callen y no me interrumpa más!

    Doña Clara y Celia cabizbajas entre lágrimas la última, aunque doña Clara intentaba guardar la compostura

    —Dictamino qué, los baúles volverán a su lugar de procedencia y, las acusadas, doña Clara por robo y la señorita Celia por complicidad serán sancionadas a: señorita Celia, por haber engañado al marinero Euclides, será tumbada y gozada por el mismo. A doña Clara, principal acusada, será tumbada y gozada por la tripulación, incluido Euclides. Se hará de la forma que más oportuna crean los marineros, pudiendo utilizar las diferentes vías, ya bien bucal, vaginal y anal, las orejas o el ombligo. Se procederá a dicha sentencia en el plazo de tres horas en este mismo salón. Se levanta el tribunal y no se admite recurso por parte de las acusadas.

    Fue una sentencia dura, doña Clara no pudo aguantar el llanto. Tarasio las acompaño otra vez a su camarote, antes de cerrar la puerta les dijo:

    —¡Lávense, no nos gustan las putas sucias!

    Antes de las dos horas Celia fue reclamada, doña Clara no cabía en si misma, todo era incertidumbre, quién le había mandado meterse en este tipo de negocios, mal aconsejada, claro. El tiempo no pasaba, se mordía las uñas. Se oyeron pasos, era el mecánico del barco, llamado Pantaso, fue el más comunicativo y consolador, le aliso la cabellera y le dio un beso en la boca a doña Clara, apestaba a alcohol.

    —Tiene que colaborar señora, bien mirado si fueran repatriadas allí sería peor.

    Doña Clara apenas podía caminar, al entrar en el salón la impresión fue enorme: Celia era penetrada por Euclides, ese diminuto cuerpo estaba abierta en tijeras y una gran polla le entraba y le salía, Euclides ya estaba en los últimos bombeos de la follada, doña Clara pudo ver como el grandullón ya estertoreaba y emitía gemidos guturales para quedar parado en seco, vio como sacaba su pene de la vagina de su criada, el coño de Celia goteaba semen. Celia parecía un ser sin peso, sus ojos en blanco. La voz del capitán fue tajante:

    —Siguiente, procedan.

    La desnudaron el ex presidiario Sulango y el joven Tarasio, quedo completamente desnuda, sus senos eran grandes y algo caídos, no iba rasurada.

    —Para su edad es una buena yegua, el tetamen algo caído y lleva mata de pelo en su coño, tendremos que arreglar eso —dijo Tarasio con ojos voraces.

    Tarasio la agarro por la espalda mientras Sulango pasaba una cuerda haciendo un nudo corredizo en cada seno, quedando unos pechos atados y tensionados.

    Fue tumbada sobre la mesa hasta el borde y atadas las manos con los brazos extendidos. Y las piernas abiertas también atadas, pero con un margen no muy tensionado de las cuerdas, para que pudieran tener movimiento arriba y abajo.

    Sulango se quitó la ropa, su miembro erecto de dimensiones considerables se acercó a la cara de doña Clara y le restregó el glande por la nariz, los ojos, la frente y las mejillas. Por su parte baja doña Clara notó que le hurgaban sus conductos.

    —¡Tiene el culo cerrado la hijaputa! —exclamo.

    A doña Clara le fue introducido el miembro en su boca, no podía apartarla, le faltaba la respiración, Sulango la dejo que cogiera respiración, miró a su compañero, el cual había ido a por la manguera. Doña clara aterrada vio como era introducida en su ano y no tardo en sentirse llena, su barriga se hincho. Sulango no dio tregua, le volvió a introducir el miembro en la boca, lo volvió a sacar para que respirara, su esfínter le estallaba, la manguera ya no sacaba más agua pero estaba estancada en el conducto anal sin dejar que ella la expulsara. Tarasio empezó a bramar, la saco otra vez y le restregó los testículos por la cara sudorosa de ella, los ojos de Tarasio inyectados en sangre mirándola. La introdujo en su boca al mismo tiempo que le hacía la pinza en su nariz, bramo, jadeo como un búfalo. A doña Clara le vino una bocanada de líquido espeso que tuvo que tragar. Le entraron arcadas, Sulango aún con respiración acelerada tenía ya la polla fuera. Tiró de la manquera y del culo de doña Clara salió un chorro a presión de líquido.

    —Vía libre al conducto anal, ha tirado hasta mierda la gran diva —exclamo Tarasio.

    El mecánico y Euclides ejercían de espectadores, el capitán en calidad de la ley estaba atento.

    Doña Clara no tardó en ser gozada por Taranto vía vaginal, las embestidas del joven la hacían balancearse, la vagina tuvo que ser envaselinada por falta de lubricidad, así como su zona anal, la cual le fue imposible a Taranto profanar. Dejo toda su simiente en el coño de doña Clara. Era turno del mecánico, pero su grado de borrachera empezó a pasarle factura. Euclides volvió a entrar en acción, con otro empalme, a sus 51 años era todo un jabato. Sulango le lubrico el ano y le mantuvo dos dedos dentro para dilatar. Euclides dijo que iba a probar el encule, era profanación, lo que le daba ese extra plus. Y la entró a full de un sablazo sonoro para bombearla una y otra vez. Doña Clara gritaba con toda su alma, cuanto más gritaba más adentro se la metía hasta que también se corrió dejando el semen en su culo. Doña Clara estaba reventada, sudorosa, roja, exhausta. Sulango la remato en otro anal, si ya de por si estaba escocida, volvió a dejarla más aún si cabe. También se corrió dentro, para después orinar en la cara de doña Clara.

    Doña Clara y Celia, al haberse recuperado, sobre todo la señora, fueron obligadas a la mañana siguiente a limpiar el salón, ya que como bien les dijo el capitán: “aquí no somos cerdos”.

    Esa misma noche fueron dejadas en el puerto de llegada completamente desnudas. Encontradas por el guardia de turno fueron llevadas a comisaría y en primera instancia tratadas como vulgares prostitutas.

     

  • Continuando con los masajes

    Continuando con los masajes

    Luego de lo relatado en un día agitado, falta el resto del masaje el cual Susana me dijo quédate aquí que ya regreso.

    La esperé relajada desnuda boca arriba sobre la camilla, con mis ojos cerrados y entre dormida, cuando siento que se abre la puerta y aparece Susana con un Negro también con el delantal de la empresa de masajes; mi cara de asombro y tratándome de cubrir mi cuerpo con las manos, “Tranquila Andrea” me dice Susana, Germán viene a complementar la sesión contigo, ambos se quedan dentro del salón, y Susana me recuesta con suavidad, y comienza a masajearme las sienes, el cuero cabelludo y la cabeza con todo el cuello, placer pleno si los hay, mientras Germán comienza a masajearme los pies, Susana en un momento comienza a besarme muy suavemente, y bajar sus manos a mis tetas, le respondí el beso, y Germán subiendo sus manos a mis muslos, en eso que abro los ojos, no sé cómo hizo Susana estaba desnuda, solo le veía la parte superior, sus tetas al acariciar las mías las tenía en la cara, así que comencé a besárselas y a pasarle la lengua por ellas, Germán ya estaba a la altura de mi húmeda vagina, y comenzó a meter dedo, todo muy delicado, yo le facilite la tarea separando mis piernas, luego pasó a besarme y chuparme la concha, tenía una lengua de los dioses, sabía muy bien cómo hacerlo, ya había tenido un orgasmo.

    Susana me coloca con la cabeza colgada de la camilla, y ella se coloca con sus piernas abiertas en mi boca, obviamente, le bese y le pase la lengua a su vagina húmeda tanto o igual como la mía, Germán seguía chupándome y besando mi clítoris, me encontraba en éxtasis total, luego de un rato Susana deja de sobarme las tetas y satisfecha de que le chupe su vagina, observo que Germán toma el lugar de Susana, deja caer su pantalón, y observo su enorme miembro negro totalmente erguido, se coloca detrás de mi yo siempre con la cabeza apenas colgada de la camilla, pasa sus testículos por mi cara, duros y gordos, totalmente depilados, los beso, me los coloco en la boca, con la mano le manotee el pene, durísimo y comienzo a pajearlo, hasta que Germán se coloca de forma para meterme su verga en la boca, se la devoro, no me entra toda en la boca por lo larga, para que entre su diámetro tengo que abrir más de la cuenta la boca y me ahoga con sus movimientos, por momentos me la deja y tengo que aguantar las arcadas, con lágrimas en los ojos, Susana después de mis dos orgasmos que tuve en su boca se aparta, coloca su vestimenta y de oficio y se va, dejándome sola con Germán.

    Después del oral, y de tomar un poco de aire, Germán pasa a la otra punta de la camilla sin decir palabra, toma de mis tobillos y me atrae hacia él, coloca mis piernas sobre sus hombros y me penetra un grito ahogado sale de mi boca, y me introduce todo su miembro dentro mío, puedo sentir su glande golpeando en mis ovarios, como nunca, jadeo y me retuerzo de placer, de la hermosa pija negra, como ninguna otra tuve para mi sola, Germán sabe moverse con ritmo, mis movimientos lo ayudan perfectamente, me toco y pellizco las tetas lo cual me éxito bastante. En eso siento que su pene esta por estallar y pronto toda la leche me la deja adentro de mi concha.

    Me quedo talmente agitada y en éxtasis recostada sobre la camilla, lo veo a Germana que me sonríe en señal de aprobación, y le devuelvo el gesto, miro para su entrepierna y su pija está lejos de estar flácida, miro que va a cambiarse y le digo, “Oye Germán, me parece que te estás olvidando algo” él me mira extrañando, y procedo a bajarme de la camilla, con mis pies descalzos sobre el suelo, me tiro con el pecho sobre la camilla, y con mis ambas manos abriendo mis nalgas, mirándolo a Germán a los ojos y sin hablar, entiende el mensaje, deja sus ropas sobre el suelo, y viene hacia mí, se apoya en mi espalda y siento todo su trozo de carne caliente refregándomela en mis nalgas, mientras me besa el cuello y yo jadeando y diciéndole así, hacerme tuya así.

    Pasa sus manos por mi vagina totalmente húmeda y lubrica mi ano, ni loca me perdía que me haga la cola con esa hermosa verga, no me lo pensaba perder, toma su pija con la mano y la apoya sobre la puerta de mi ano, toma mis tetas por detrás, y empuja para introducirme su pija dentro mío, lo cual lo va logrando, entra todo el glande, y va abriéndose camino, todavía falta el resto, a medida que empuja con su mano tapa mi boca para ahogar mis quejidos, aaahhh, aaaahhhh, ya puedo sentir sus huevos contra mi culo, ya la tengo toda, y comienza a bombear plaf plaf, después de un rato de bombear estalla toda la leche en mi interior.

    Posteriormente abone la sesión con mucho placer, satisfecha y relajada, y me fui con el pensamiento que en algún momento volveré por más.

    Espero les haya gustado, si desean pueden escribir sus comentarios a: [email protected].

  • El huésped de Cuba

    El huésped de Cuba

    Bien hoy les contaré un relato de cuando un cubano me partió muy rico.

    La casa en la que vivimos es muy grande ya que tiene cuartos de sobra, una ocasión en una crisis que tuvimos, decidimos rentar cuartos. Tuvimos de todo, mujeres locas, sacerdotes, maestros, luchadores, futbolistas e incluso personas extranjeras.

    Entre ellas estaba Joao un cubano que vino aquí para ser profesor de natación. Era alto, media como 1.90 cm, estaba musculoso por donde lo vieras, desde que lo vi me gusto demasiado, era un sueño para cualquier mujer!

    Estaba enloquecida por ese tipo, me vestía muy provocadoramente y aunque era obvio que él también me traía ganas, no pasaba por mi cabeza que estuviera con él, ya que ambos respetábamos a la gente que rentaba los cuartos.

    Una ocasión, me quedé sola en casa, bueno “sola” ya que Joao estaba en su habitación, me puse mi blusón transparente, con mi diminuta tanga de encaje y sin bra y le fui a pedir ayuda.

    L: ¿Hola Joao!, oye me podrías ayudar a cargar unas cosas?

    J: ¿Si… claro pero que haces vestida así?

    L: ¡Tengo un poco de calor, bueno vamos a mi habitación!

    Al entrar miro hacia todos lados y me miro, luego cuando estaba a punto de decirme algo ¡me lancé sobre él y lo comencé a besar!, el al principio trato de alejarme, pero poco a poco fue cediendo ante mis besos y caricias.

    Lo tire en mi cama y como una loba salvaje comencé a desnudarlo, ¡le quiete su camiseta y dios mío! Unos músculos muy marcados, un rico abdomen de lavadero, mi lengua recorría todo su abdomen, sus fuertes pectorales, mordía sus pezones, le besaba el cuello, el solo acariciaba mis piernas, pero tenía unas manotas tan grandes que me apretaba muy rico.

    Me quite el blusón, el de inmediato comenzó a apretar mis tetas, las apretaba tan rico que se ponían duros los pezones, tenía una boca tan grande que metía prácticamente toda mi teta en ella, se quitó el pantalón y su trusa y ¡dios mí, una verga tan grande y negra!, jamás había visto una así, incluso dude en continuar, pero ya era demasiado tarde.

    Sin exagerar era una verga de unos 28 cm, de alto y de unos 5 cm de grosor, comencé a lamerla como paleta, el me acariciaba el cabello y me pedía que le besara su culito, yo lo hice, llevaba mi lengua de su ano a la cabeza de su verga, con mis tetas lo masturbaba y al mismo tiempo metía su cabecita en mi boca.

    J: ¡Que rica mamada das!

    L: ¿Te gusta cariño?

    J: ¡Me encanta hermosa!

    Empecé a tragarla como anaconda, no llevaba ni la mitad y ya me estaba ahogando, el me apretaba la cabeza y movía su pelvis, el maldito me estaba torturando la garganta, pero me encanta sentirla en mi boca, paso unos minutos para que el muy sinvergüenza eyaculara dentro de mi boca, un tremendo chorro de semen inundaba mi garganta, mis papilas gustativas estaban confundidas, el chorro salpico por completo mi cara, pero a pesar de tremenda eyaculación su erección aún estaba potente, me acostó en la cama, me arranco la tanga y comenzó a devorar mi húmeda vagina!

    ¡Tenía una lengua enorme, me daba unas lamidas que parecían penetradas, su lengua era otro pene!, succionaba toda mi concha y además mordía riquísimo mi clítoris!

    L: Bebe que rico, ¡dios mío me vas hacer venir!

    J: ¡Chica tienes una concha tan rica!

    L: ¡Ah, ah, ah dios mío, que rico!

    ¡Era el mejor sexo oral de mi vida, esa lengua lamia desde mi ano a mi profundidad de mi vagina, mis fluidos comenzaron a brotar, él los tomaba como agua y seguía lamiéndome enterita, el orgasmo era riquísimo!

    L: ¡Cubanito! ¡Que rico lames!

    J. Chica, te quería coger desde que llegue a esta casa!

    L: ¿De verdad?

    J: Claro que sí, hembras como tú, ¡me recuerdan mi país!

    L: ¡Ya métemela!

    J: ¿Ya la quieres?

    L: ¡Si mátame con tu anaconda!

    ¡Él se levantó y me alzo las piernas, tomándome de los pies levanto mis piernas doblándolas hasta que mis rodillas tocaban mi frente, comenzó a meter la puntita, dios! Eso era suficiente para hacerme gritar, el lamia mis pies, y mis pantorrillas, me decía como le fascinaban mis piernas, poco a poco la introdujo mas, mis gritos de placer seguramente se escuchaban en toda la casa, él se movía como un dios, yo estaba a su merced y solo me quedaba jadear como perra por lo que estaba recibiendo.

    L: ¡Así papi, me matas!

    J: ¡Qué coño más rico tiene!

    L: Ay papacito, me matas, ¡tu rico animal me va a matar!

    J: ¡Que buena hembra eres, goza chica goza!

    ¡Me abrió las piernas y comenzó a penétrame “¡Normal”, pero dios mío!, su bestia me lastimaba, era tan grande que me estaba haciendo sufrir y gozar, apretaba mis piernas y mordía mis tetas, ¡nos besábamos mientras el empujaba tan rico que yo gritaba demasiado!

    L: ¡Dios mío que rico!

    J: ¡Ah mami eres una caliente!

    L: ¡Métemela, métemela más!

    J: ¡Toma, toma, es tuya!

    Me cargo y me penetraba mientras caminaba en la habitación, yo me aferraba a su cuello, ¡el me recargo en la pared y me penetraba ferozmente!

    J: ¡Chica, toma, toma mi banana!

    L: ¡Me matas, que rica banana! ¡Ah, uf, dame más!

    Se sentó en una orilla de la cama y me pidió que me diera sentones, ni tarde ni perezosa yo lo obedecí, me dejaba caer y su banana casi entraba por completo, el me acariciaba las nalgas, me daba de golpes en ellas, se recostaba un poco para que su verga entrara más, yo ya estaba sintiendo tan rico que no me podía controlar, sabía que me vendría por segunda vez y a chorros, acelere la fuerza y velocidad de mis sentones, el me apretaba las tetas, la excitación era tanta que me comencé a venir en chorros, gritaba y gritaba y me retorcía como gusano!

    L: ¡Joao! ¡Que rico me vengo!

    J: Mójame, ¡mójame mamita!

    L: Ah, ¡me voy a secar!

    J: ¡Saca todo chica, sácalo!

    Increíblemente el seguía durísimo, me puso a mamarle su verga nuevamente, me encanta el sabor de nuestros fluidos combinados, le lamia las bolas, las entrepiernas, el me apretaba la cabeza y metía su verga en mi boca como si me fuera a follar, la lamia como paleta, le daba pequeñas mordidas, lo acosté en la cama y con mis pies comencé a masturbarlo, ¡el me apretaba las tetas y me pedía que lo masturbara más fuerte!

    J: ¡Así chica, que ricos pies!

    L: ¡Que bestia tienes ahí?, no se viene!

    J: ¡Esta en eso chica, continua!

    Después de no tener excito masturbándolo y me refiero en lograr que se viniera, me puso en cuatro, nuevamente su lengua entraba y salía de mi vagina, mi ano también era comido, sus dedos comenzaron a acariciar mi ano, los estimulaba muy rico, sabía que me penetraría por ahí y aunque eso me asustaba, ¡no se lo iba a impedir!

    L: ¿Lo vas a meter ahí?

    J: Solo si tú quieres

    L: ¿Serás amable?

    J: ¡Voy a tratar de serlo!

    L: Entonces es tuyo, ¡solo no seas tan cruel!

    J: ¡No te arrepentirás chica!

    Empezó a introducir su cabeza, apenas llevaba como 5 o 6 cm y yo ya sudaba, sentía como si me estuvieran torturando, el me acariciaba las nalgas y las abría para que su bestia entrara más suave, escupía en su verga para que esta estuviera más resbalosa, yo ya no podía abrir los ojos, él ya estaba prácticamente con la mitad dentro de mí, el aire se me iba, no quería moverme, ¡el dolor era inmenso y mordía la almohada para no gritar y desmayarme del dolor!

    J: ¿Quieres que me mueva?

    L: ¡Me vas a matar!

    J: ¡Que culo más apretado tienes chica!

    Me tomo de los hombros y empezó a sacarlo lentamente, sentí un pequeño alivio, pero cuando estaba respirando, la metió de sopetón, yo casi me desmayo, mis gritos eran como si me estuvieran torturando, me tomo de la cadera y comenzó a moverme al ritmo de él, yo lloraba y gritaba, la verdad estaba a punto de huir, pero de pronto el dolor desapareció, un rico placer que comenzó en mi pelvis prácticamente anestesio mi cuerpo, yo deje de llorar y comencé a moverme, el me hizo a un lado el cabello y me pidió que lo mirara.

    J: ¿Te gusta chica?, quieres que siga?, ¿o ya te la saco?

    L: Si me gusta, ¡continua y no la saques hasta que te vengas dentro!

    Él me sonrió y comenzó a embestirme fuerte, me daba de nalgadas y pequeños tirones de cabello, yo me inclinaba para hundir mi cara en mi colchón, no quería que mis gritos alertaran a nadie, él se movía majestuosamente, ¡mi culo ya estaba todo abierto y su verga seguía triturándome las entrañas!

    L: Que rico papi, ya no me duele, hazlo más y mas

    J: ¡Chica me vas hacer llegar!

    L: ¡Chorréate dentro, lléname de semen!

    J: ¡Como usted diga!

    Tomándome de la cintura, aumento los movimientos de sus penetraciones, yo también me movía para hacerlo sentir mejor, sentí como se estaba inflando, sabía que venía lo más rico, yo también estaba a punto de chorrear por tercera vez, apretándome el cabello fuerte suspiro y comenzó a chorrearse dentro de mi culo!, al sentir la fuerza de su eyaculación, yo también comencé avenirme, el orgasmo era rico, su leche no paraba de salir y ya escurría por mis piernas, mi vagina y mojaba todas mis sabanas!

    L: ¡Papi! ¡Que rico, dame leche, dámela!

    J: ¡Oh! Que rico, ¡me dejas seco!

    L: ¡Si amor, dámela, es mía, solo mía!

    J: Que chica más loca, ¡toma tu líquido!

    Que rico orgasmo, cuando termino de chorrear aún estaba dentro de mí, parecíamos perros que no podíamos despegarnos, poco a poco la saco, eso me genero también un muy rico placer, me deje hacer en la cama, mientras el besaba mis nalgas y mi espalda.

    L: ¡Que rico, Joao eres una maquina!

    J: ¡Jamás había cogido una chica tan rica como tú!

    L: ¡Ojalá no sea la última!

    Reposamos besándonos muy rico, cogimos rico unas ocasiones más, en total 6 horas sin parar de coger, terminé toda adolorida, no quería levantarme, me hice la enferma para no tener sexo con Luis.

    Unos meses después el regreso a cuba, lo bueno es que próximamente iré para allá y el me dará asilo, jajá y algo más.

    Saludos su amiga Lety

  • Bettina y su culo redondito

    Bettina y su culo redondito

    En la oficina se trabaja normalmente hasta las 18, pero siempre debe quedar alguien hasta la 20 por si hay algún llamado importante, y lo hacemos en forma rotativa entre todos.

    Puntualmente a las 18 cuando todos se retiran llega Bettina, la chica de la limpieza a poner orden y prolijar la oficina para que al otro día a la mañana luzca perfecta.

    Bettina es una joven de unos 19 años, estudiante de comercio y medirá 1.60, cabello pellirrojo y es muy delgada, casi sin tetas pero con un culito redondo y muy sexy.

    Me encanta mirarle el culo mientras hace sus tareas, a veces intercambiamos algunas palabras pero nada más que eso.

    Pero la última vez que me toco quedarme hasta a las 20 apareció Bettina con un pantaloncito corto infartante que le dejaba medio culo fuera del pantalón

    En un momento le comente que me encantaba su culito que me deleitaba observándolo cada vez que la veía.

    «Si tanto te gusta una pena que no me lo has dicho antes y te deleitabas más», y sin decir una palabra más se sacó el short quedando el culo al aire para mi regocijo total.

    -Así te gusta más? -Me pregunto sonriente…- por una pequeña propina podrías usarlo y no solo verlo -me dijo mientras se reía moviendo el culo en forma provocativa.

    Mi verga ya estaba dura bajo mis pantalones y no dude un segundo en aceptar su propuesta.

    Bettina se acercó a mi escritorio y sin aviso previo me puso su culo en la cara y yo aproveche a besarlo y chuparlo a mi gusto mientras que mis manos recorrían su conchita húmeda

    Mientras lengüeteaba su hermoso culo intenté meter mis dedeos en su concha pero Bettina me freno y me dijo que era virgen y que el trato era para usar su culo cuanto quisiera pero no su conchita rosada y húmeda que aun nunca había sida penetrada.

    Mientras metí un dedo en su apretado agujerito me baje los pantalones dejando en libertad a mi verga endurecida y a punto de explotar.

    Mientras mis dedos lubricados con saliva y los jugos de su concha abrían y relajaban es culo preparándolo para recibir mi verga no deje de masturbar a Bettina hasta que acabo en un orgasmo estremecedor.

    Ahora si era el momento justo, sentado en mi silla de trabajo senté a Bettina sobre mi apuntando mi verga al agujerito ya dilatado y listo para meterla.

    Lentamente entre gemidos y grititos toda mi verga entro en el culo hermoso y delgado de Bettina que se retorcía en espasmos de dolor y placer al sentir mi verga abriéndose camino en su interior.

    Una vez que estaba toda dentro, Bettina comenzó un suave movimiento de subir y bajar y en cosa de minutes explote en su culo llenándolo de semen espeso y caliente.

    Mi verga se relajó aun dentro del culo de Bettina que al pararse dejo escapar un chorro de semen que le caía entre su piernas.

    Pero aquí no se terminó la fiesta pues Bettina se arrodilló y comenzó a chupármela desaforadamente disfrutando de una mezcla de sabores a culo y semen.

    En pocos minutos mi verga estaba dura nuevamente gracias a la gran mamada de Bettina que pidió otra vuelta de culo, pues se quedó con ganas de más…

    Esta vez lo hicimos de parados, la apoyé en el borde del escritorio con las piernas abiertas y un poquito doblada hacia adelante, así dejaba Bettina ante mis ojos eses culo perfecto que pedía a gritos: ‘¡métemela ya!’

    Así que le apoyé la punta de mi verga que entró con facilidad y lentamente el resto hasta que mis huevos golpearon el culo de Bettina.

    Ahora yo la bombeaba adentro y afuera follando ese culo espectacular hasta a acabar nuevamente dentro de el apretando a Bettina contra mi cuerpo.

    Jadeantes pero contentos y satisfechos saqué mi verga flácida del interior de Bettina que pese a toda la follada aún tenía el culo apretado y estrecho.

    Nos separamos y Bettina corrió al toilette a lavarse mientras yo me vestía nuevamente.

    Bettina volvió con una sonrisa de satisfacción y de haber gozado una culeada de lujo dándome un dulce beso en mis labios.

    Saqué de mi billetera 100 euros y se los puse en el bolsillo de su short que aún estaba en el piso.

    Le ofrecía a Bettina que si terminaba de limpiar la oficina así desnuda para que la observe un poco más y me deleité con su cuerpito delgado, la invitaba a cenar lo cual acepto con alegría.

    Lo que pasó después de la cena se los cuento otro día…

    Comentarios con gusto al [email protected].

     

  • Eva y su hijo Abel

    Eva y su hijo Abel

    Me llamo Eva. Igual que los demás nombres de esta historia, no es el verdadero, pero, total, no creo que estéis leyendo esto por la precisión. Vivo en una localidad que no sé si es más que pueblo, pero menos que ciudad y que tuvo mucha más población y ahora es de esa España vaciada que sale de vez en cuando en la tele.

    Mi marido es de un pueblo que sí reconoce serlo. Llevamos casados ya muchos años, y la rutina es la normal, ahora que mi hija y mi hijo se han ido fuera a estudiar, y no hacemos demasiado. Cuando vivía mi madre tenía más ocupación, pero ahora, lo confieso, no hago casi nada de provecho. Yo creo que eso me da las migrañas. Que a lo mejor son dolores de cabeza nada más, que a veces me han dado hasta como mareos, yo creo que de los nervios, y aquella noche me dolía bastante la cabeza, no para irme a acostar, pero sí para estar molesta y sin ganas de nada.

    Era final del verano, mi hijo Abel estaba con nosotros antes de volver a la universidad, y mi hija estaba con unas amigas (la verdad es que creo que estaba con un novio, pero no sé). Bueno, pues estábamos a final del verano y en el pueblo de mi marido había fiestas, como siempre. Como siempre íbamos allí a comer con la familia, ver el baile, que a mí me gustaba, pero mi marido nunca me sacaba, y sólo animábamos a los niños pequeños de la familia a que salieran, y así me podía mover un poco yo, si no, qué vergüenza. De todas formas, mi marido estaba desaparecido, yo suponía que en el bar.

    Me enrollo de mala manera. Había también aquel año un desfile de carrozas, como se habían hecho en el pueblo hacía muchísimo tiempo, y estábamos en la calle esperando que pasaran, comentando los disfraces, lo bien que resultaba, lo ingenioso del tema… La verdad es que aquella fantasía me gustaba.

    De no ser por el dolor de cabeza que me tenía medio de mal humor, lo hubiera pasado mejor. Pero, en fin, cualquier cosa es buena para distraerse. Abel estaba detrás de mí, no había mucho sitio en la acera, y yo me quejé algo del dolor. Abel me sujetó por los hombros y me dio un masaje corto, que la verdad es que me sentó muy bien, me sentí más relajada. Era una sensación rara la de que me tocaran, porque mi marido (que se llama Adán) hace ya mucho que ha decaído en sus atenciones conmigo. Quiero decir que no follamos. No sé si se ve que el tema me molesta, ¿verdad? Entiendo que pasa el tiempo y no se puede esperar tener el mismo ímpetu que cuando éramos jóvenes, pero yo creo que no estoy muy mal, siempre he tenido buen tipo, no me considera guapa de cara, pero mi cuerpo se mantiene bien, no tengo gorduras excesivas, una barriguita que yo considero hasta atractiva… en fin, que ya veis que me pongo a desvariar.

    Abel me dio el masaje y a mí se me arregló algo el cuerpo, me empezó un calorcito agradable que fue a parar de los hombros a mi vagina. O a mi chocho, vamos. Que no sé expresarme sino así, o doy vueltas o entro por la puerta para adentro con la caballería. Me iba y venía el calor que notaba en los oídos, no sé si os ha pasado alguna vez. Unos latidos que no eran del corazón, sino de todo el cuerpo que se iba desperezando, despertando después de tanto tiempo.

    Aquel calor me hizo hasta sonreír, y preocuparme, porque era mi hijo el que me estaba produciendo aquel gusto, y eso no estaba bien, para algunas cosas tenía que haber un límite… Eso pensé, pero el calor que se iba apoderando de mí, con el movimiento nuevo que estaba experimentando, y los líquidos que empezaban a fluir por donde antes había desierto… Ese calor fue el culpable. Se me iba hasta aflojando el dolor de cabeza, me mejoraba la circulación… Pero, claro, eso me estaba pasando a mí, ¿estaba malinterpretando a Abel? ¿Y si a mí me ocurría todo aquello y el origen era todo mental mío, y el chico en realidad era un buen hijo sin más?

    Me preguntó si me sentía mejor. Qué voz tiene el chiquillo, que me sobrepasa una cabeza, qué voz más suave, me resonó en todo el interior como si me fueran dando un lengüetazo que no acababa, no sé expresarme mejor. Sí, mucho mejor, se me quebraba la voz. Erguí un poco la espalda, ahora no me molesta tanto la cabeza, es aquí donde está peor, dije señalando las sienes, porque, efectivamente, allí se había concentrado la lucha contra el fuego, me parecía. O estallaba o me desmayaba.

    Y entonces Abel, con dos dedos por cada lado, me tocó las sienes y me fue dando masajitos en redondo, con lo cual yo tuve que cerrar los ojos, porque si no me iba a dar cuenta de la situación que era imposible, y a lo mejor me despertaba o yo qué sé, y querían mantener ese momento de calor que me iba recorriendo y me iba despertando el deseo dormido, a la vez que me calmaba, extrañamente se iban combinando las dos sensaciones en mi cuerpo abandonado a las manos de mi hijo. Mi cuerpo soy yo, claro, así que no era otra cosa en medio, era yo con mi hijo, gozando de la sensualidad del momento.

    Di un paso atrás. No sabía a qué distancia estaba Abel, pero estaba cerca, y supongo que él dio un paso adelante, hasta tocarme las nalgas. Un bulto que noté me indicó qué intenciones eran las suyas, que no era un detallito con su mamá, sino que la erección era de hombre que buscaba hembra. Menuda erección, no es porque sea mi hijo. Me rocé con su pene, intentando, ahora que tenía los ojos abiertos, mirar a todos lados, menos a donde me interesaba. No me iba a dar la vuelta, que quedaría raro con el desfile pasando. Abel había dejado las manos libres, y a mí también.

    Seguí, aprovechando que la luz no era mucha, rozándome el culo con su polla, despacito, recuperando el sentido del tacto en aquella zona, bendiciendo el verano que me hacía llevar un pantalón ligero, y a él un pantalón corto deportivo. No me importaba nada lo que nos rodeaba, sólo quería tocarlo, así que eché las manos atrás y le toqué la polla, subiendo y bajando por toda su altura, dentro del pantalón, que estaba a reventar. Me imaginé el slip que habíamos comprado en el mercadillo, estilo speedo, tenso con aquel miembro.

    Así estuvimos no sé cuánto tiempo, el tenso, duro, y yo derretida, derritiéndome. Luego, cuando acabó el desfile, tuvimos que volver a la casa de la familia. No había mucho más que hablar. Mi marido tenía el coche viejo, con lo que yo, mencionando la jaqueca, dice que me iría a casa, que Abel me llevaba en el coche más nuevo (no era gran cosa, pero era más nuevo).

    Abel conducía. No nos dijimos nada durante el principio del trayecto. A mí me daba vergüenza y temor. Las intenciones estaban claras, pero y ahora, ¿qué hacíamos? Llegando ya cerca de casa me atreví y le puse la mano en el muslo. Abel… empecé. Mamá, dijo él. Yo moví la mano sin accidente hasta su entrepierna, voluntariamente, quiero decir. Noté su pene, el bulto de sus huevos debajo, la tela tan lisa del pantalón… Aparté la mano y fui por el muslo a la rodilla, sólo por darme un respiro, como el que tomaba él de respirar agitado. Mantuve la mano en su muslo hasta que llegamos y aparcamos. Sin accidente había sido el que yo le tocara, sin accidente quería llegar a casa.

    Salimos del coche sin decir palabra, y fuimos al ascensor. Yo no sabía qué hacer; o sí, pero no cuándo. Se cerraron las puertas y me rodeó la cintura con sus brazos, desde atrás. Me acerqué, noté el calor de su cuerpo que volvía a quemarse con el mío, mientras, repitiendo la posición de hacía un rato que me parecía ya siempre habíamos tenido. Se inclinó un poco y le oía respirando cerca, me olía el pelo, fue bajando mi niño hasta la nuca, y me besó allí; donde se concentraba todo el deseo que llevaba yo aquella noche, donde se formó el centro de mi mundo, donde se fundía todo mi cuerpo y quería salir por ese punto que él había tocado. Me estremecí.

    Llegamos a casa. Abrimos la puerta, y no encendimos la luz. Qué extraño el piso sin gente, de noche, qué ajeno. Frente a frente, le toqué el cuello, nada más cerrar la puerta, le atraje a mí, busqué sus labios y empezamos el beso más dulce en muchos años, solamente los labios al principio, pero luego las lenguas se fueron abriendo paso y estuvimos largamente besándonos y acariciándonos, hasta que se fueron acompasando las respiraciones y llegaban a ser una sola.

    Sin encender las luces, sólo con la que venía de la calle, entramos, en silencio, en el nuevo piso, donde todo era diferente y yo no reconocía nada. Me llevó a su habitación, no sé si por no estar donde yo había estado con Adán. En su cama, tendidos lado a lado, seguimos besándonos, y él me iba acariciando los pechos ahora por vez primera, me sujetaba la cintura, me acariciaba los muslos, que a pesar de la ropa notaban el suave tacto de sus manos. Yo le besaba los labios, la cara, el cuello, me atreví un poco con el borde de su polo, toqué sus muslos que usé para sujetarme y no caerme de la nube en la que me iba flotando.

    Le levanté el polo y besé sus pezones, mientras él daba un respingo y gemía un poco, animándome así a que siguiera. Ahora era yo quien estaba en sus pezones, como él de niño había estado en los míos. Yo no pensaba ya, sino que me dejaba llevar por el ritmo que íbamos descubriendo, que iba surgiendo entre los dos. Le quité del todo el polo, aspiré su aroma, el desodorante que conocía desde hacía años, y el otro olor que no conocía, y que sin embargo era tan cercano, el del hombre al que ahora me entregaba.

    Íbamos besándonos sin hablar nada, sin luz, y sin embargo nos entendíamos, y nos veíamos con una claridad cegadora. Ahora él me iba desnudando, quitando la blusa, soltando el sujetador, me acariciaba los pechos, acercaba su boca a mis pezones que ya le esperaban erectos, ansiosos como toda yo. Me chupó. Yo gemí, sin poder evitarlo, pues ya no era pensamiento, sino sensación. Qué suaves, qué delicados, qué duros sus besos, su forma de chuparme las tetas, cómo me acariciaba todo el cuerpo, de arriba abajo. Siguió un tiempo así, hasta que por fin, de mutuo acuerdo, sin que tampoco ahora dijéramos nada, nos separamos y empezamos a desnudarnos. Tiramos la ropa al suelo, él me paró cuando iba yo me había quedado en bragas, un modelo que se ajustaba mucho, y que yo prefería a la braga de abuela, que destacaba mi culo, del que podía presumir, y que cubría mi vulva depilada, que a pesar de todo yo me mantenía dispuesta siempre no sé para quién o qué, pero siempre con la ilusión de verme en el espejo y decirme no estás tan mal. Eva.

    Me paró no para que no siguiera, sino porque quería desnudarme él. Estábamos de pie, vi que tampoco se había quitado su slip, tirante con su polla tiesa. Se agachó y me sujetó las nalgas con las manos, mientras me paseaba los labios por mi triángulo, mullido y húmedo. Sacó la lengua y me lamió desde fuera, rodeando el borde de la braguita a la vez que introducía las manos debajo de ella para acariciarme las nalgas, llegando a acariciarme con los dedos la raja, y bajando desde el ano a la vulva desde atrás. Yo gemía como nunca había hecho con Adán, siempre recatada, y ahora abandonada a esta comunicación sin palabras.

    Me siguió lamiendo hasta que me bajó la braguita, y entonces me visitó el contorno de los labios, y finalmente entró la punta de la lengua, que fue recorriendo mi rajita, ayudándose de los dedos que me iban abriendo poco a poco. Yo no entendía, pero agradecía, la lentitud con que mi hijo me iba haciendo suya; en vez de atacarme y hacerme suya con voracidad estaba disfrutando como me hacía disfrutar a mí, como si el tiempo se hubiera acabado para los dos, no existiera más, y por eso teníamos todo el tiempo del mundo. Fue aumentando la velocidad de los lametones, subió las manos a mis pechos, que acariciaba y apretaba alternando un placer con otro.

    Su lengua ahora entró en mí, fue buscando por el laberinto de mi cuerpo y me llegó al clítoris, que atacó con una dulzura que me hacía estremecer de gusto. Me rodeaba y se iba, me extraía de mí y me devolvía a sus hombros, donde yo había apoyado las manos. Fue aumentando la velocidad y la potencia de su lengua, y yo mis convulsiones, mis temblores, hasta que, casi cayéndome sobre él, moviéndome toda porque toda yo era ya esclava de su lengua, me corrí.

    Esa fue la primera vez que me corrí con mi hijo aquella noche.

  • La profesora de autoescuela (II)

    La profesora de autoescuela (II)

    Marta de momento no admitió en voz alta que le gustaba, pero nos dio a entender que tenía tendencias sumisas y su necesidad de equilibrarse en el filo del dolor y el placer. Aceptó en expandir los horizontes de sumisión, en sus idas y venidas con la excusa de la venta del piso, los encuentros se repitieron. Las dos veces siguientes estuvimos las tres. Ahora hacía dos semanas que Adela había marchado a su país, problemas familiares la reclamaron. Cuando recibí una nueva llamada de Marta, desde que yo estaba sola, nos comunicábamos casi a diario. Llamadas cálidas, calientes por todas partes. Era todo el contacto que podía obtener a través del teléfono. Aquel día cambió la conversación, todo mi cuerpo se sonrojó y sentí que mis pezones se tensaban, empujando contra mi camiseta. El calor brotó entre mis piernas mientras las retorcía, frotando mi coño contra sí mismo.

    -Hola, cielo, ¿cómo estás?

    -Hola -tratando de mantener mi voz tranquila.

    -Estoy contenta de escucharte.

    -Es un placer oírte -presionando mis rodillas juntas

    -¿Qué pasaría si te dijera que te deseo? Que no puedo esperar más para ser solo para ti -Su voz ahora era más profunda, suave pero áspera. Cerré los ojos, reclinándome sobre los cojines y extendiendo automáticamente mis piernas.

    -Yo también estoy pensando en ti. Estoy aquí para ti, nunca lo olvides. Tú quieres ser mía.

    -Sí… Oh, Dios mío, te deseo… quiero entregarme a ti…

    -Me alegra que hayas dicho eso -susurré-Puedo apreciar cuán empapada estás.

    -Inhaló bruscamente.-Y… sí, yo solo… uffff… me hiciste mojar justo ahora. ¡Mierda!

    Me di vuelta lentamente sobre mi espalda, extendiendo mis piernas de nuevo, tocando ligeramente mi coño empapado. -¿Sabes cuántas veces he pensado tenerte aquí? -le susurré.

    -Me da miedo cómo me haces sentir. Estoy tan encendida. Que no puedo creer cómo reaccionaría ante ti…

    -Dime, estoy sola. ¿Quieres venir?

    -Sí… sí, por favor. Quiero… tengo que venir.

    En un plato de la balanza estaba Adela y en el otro la Marta espléndida, sueño de fantasías más exigentes, cuerpo deseado. No pude negar mi reacción, llevaba varios días sin tener relaciones, solo las mías en solitario y estaba deseando utilizarla. Mis sentidos estaban a toda marcha, híper conscientes de lo que me rodeaba, las sensaciones físicas me recorrían, y por supuesto, ELLA. Estaba orgullosa de haber servido a una maestra como Adela, me había proporcionado placeres desconocidos, pero ahora ella podría ser mía, deseaba manejarla a mi antojo, ansiaba su posesión, domesticarla. Fui al aeropuerto a buscarla, y allí mismo decidí empezar el juego. Llegué un poco antes y me escondí. Desde mi posición pude apreciar la cara de sorpresa al ver que no estaba para recibirla, miraba de un lado a otro intentando localizarme, transcurridos unos minutos sonaba mi móvil, se repitió en dos ocasiones más, no respondí, empezaba a moverse con cierto nerviosismo, transcurrido casi una media hora, volvió a llamarme, mientras se había sentado en la cafetería.

    -¿Dónde estás? -su voz se oía nerviosa.

    -¿Estás decepcionada por no estar para recibirte?

    -Sí… No, pero…

    -Tranquila, estoy aquí, no te muevas, te estoy viendo -Levantó la vista para intentar localizarme.

    -Hace ya rato que he llegado, ¿dónde estás?

    -Por tu voz creo que estas emocionada y deseosa por verme.

    -Sí… sí… tú también ¿no? tengo muchas ganas de verte.

    Sin más preámbulos y con voz enérgica: -Ponte de pie y date una vuelta sobre ti misma -Quería apreciar mejor como iba vestida, vestido túnica estampado camisero, zapatos de talón, medias y una chaqueta sobre los hombros. Me quedé unos instantes observándola.

    -Escúchame bien, no busco ni ser tierna y ni gentil.

    -Pero… que quieres decir -Su voz se quebró, aguda y se movía nerviosa.

    -Ahora entra en los lavabos que tienes al lado derecho y despréndete de toda tu ropa interior. Quédate con las medias. Te espero.

    -Pero… que quieres…

    -No pienso repetírtelo, es simple, te lo ordeno ¿quieres o no quieres?

    -Yo… sí… pero… -estaba inquieta. Unos instantes más y lentamente se encaminó hacia los lavabos. Dulce rendición pensé para mis adentros. Salió con la mirada baja. Me incliné y la besé suavemente en los labios, sonriéndole. Su rostro ligeramente sonrojado, su mirada a veces penetrante, ahora era dócil. Me encantaba haberle provocado aquella reacción.

    -¿Cómo estás, mi amor? -Susurré, apoyando mi frente contra la de ella. Cerró los ojos y suspiró mientras le tocaba un lado de su cara.

    -Me siento bien, cariño. Pero…

    -Mírame, ¿por qué tan tímida, Marta? Pensé que ibas alegrarte por verme de nuevo.

    -Sí… pero es solo que algunas cosas que… -Levantó la cabeza y me miró a través de las gafas y de la cortina de su cabello.

    -Escucha. Creo que lo hablamos y que las cosas que hacemos ó haremos son producto de necesidades mutuas.

    -Sí, por supuesto, sé que tienes razón. Lo siento -De repente, sus manos estaban en mi cintura, tirando de mí hacia ella, abrazándome y al poco besándome.

    -Muy bien entonces, estás de acuerdo, todo arreglado.

    -Sí…

    -Te ves hermosa.

    -Gracias… Sí…

    En el parking y ya dentro del coche. Le besé la mejilla suavemente. -Buena chica -le susurré al oído, la lengua jugando en su oreja, los dedos acariciando su cuello-Muéstrame que no llevas nada debajo del vestido.

    -Por favor… ahora y aquí… -Su voz estaba llena de preocupación.

    Le entregue una botella de agua que llevaba en el coche. -Bebe un poco.

    -Gracias.

    -Quieres que mis manos, mi lengua, mi boca cuiden de tus pechos, tu sexo o ese bonito culo que tienes.

    -¿Quieres cuidarme? -El agua había ayudado.

    -Sí, quiero cuidarte. Yo sé lo que necesitas.

    -Sí, tienes razón, es que a veces me asustas…

    -Pues deja ya de asustarte -Levantó lentamente la falda del vestido y me mostró su coño desnudo. Separó las piernas, mientras le pasaba una mano por la parte superior del vestido y pellizcándole uno de sus pezones.

    -¡Oh, Dios! -exclamó. Había cerrado los ojos. Subí una mano por sus muslos, sobrepasé el límite de las medias, acaricié el incipiente vello del pubis, recorrí su raja con un dedo, notando como se humedecía, hinchados los labios, la humedad empezaba acumularse. Se removió acomodándose en el asiento, favoreciendo el avance y entrar dos dedos directamente en su coño. Se apretaba envolviéndome los dedos. La gente pasaba, pero no prestaban atención. Jadeaba y se movía, separando más sus piernas, una invitación a explorar, una solicitud de más, pero de golpe mi mano se apartó. De ninguna manera podía limitarme a un ámbito tan reducido como el coche.

    -¿Cómo eso? Estás temblando -Mientras pasaba la mano por su cabello y la deslizaba alrededor de su garganta, los delicados músculos se contrajeron.

    -¡Joder! -chilló tragando saliva. Después nos quedamos en silencio por unos momentos.

    -Serás buena para mí -Dije con los dientes apretados.

    -Sí… lo seré y será un placer servirte, Noa.

    Nada más salir del parking le dije que abriera la guantera, envuelto en papel de regalo había un collar de bondage donde colgaba una correa, quería dejarle constancia de su posición. Me miró sonriendo, se lamió los labios y se lo puso.

    -Te gusta. Vas a ser complaciente, ¿verdad?

    -Sí, sí, lo seré, Noa.

    -A partir de ahora dime mejor, si Ama.

    -Si, Ama.

    Con aquellas palabras aceptaba su posición, saber que ella era mía, que tendría su control, que estaba para servirme. Durante el trayecto la conversación se limitó a cosas vanales. Nada más entrar en casa, la empujé con mi cuerpo contra la pared, la besé bruscamente, su lengua se fundió contra la mía. Mis manos se movieron por el costado de su cuerpo, levanté el vestido acariciando sus muslos. Había estado esperando algo así durante tanto tiempo, fantaseando, preguntándome, esperando, deseando. Ahora la tenía para mí sola, así que debería dejar de perder el tiempo.

    -Oh, qué Marta tan traviesa. Esto te está excitando, ¿no es así? -Mientras le indicaba entrar en la sala. La empujé contra el borde de la mesa, me miraba con desconfianza.

    -Date la vuelta, inclínate sobre ella, tira del vestido y muéstrame ese culo -De pie y con el estómago apoyado en ella. Se subió lentamente la falda, hasta que la colocó sobre sus caderas. Ahora en exhibición ante mí en toda su gloria. Su trasero maduro, de curvas redondas, cubiertas por las medias sus piernas y sus muslos, firmes tensados por la posición, acaricié la parte más carnosa, era un culo delicioso.

    -¿Cómo estás, mi amor? -Susurré, apoyándome contra su espalda. Suspiró cuando mis manos se deslizaron sobre la tela del vestido acariciándole los pechos.

    -Me siento bien… Ama

    -Pon las manos en la espalda y apóyate contra la mesa -Lo tenía todo preparado y antes de que se diera cuenta, le había esposado las muñecas y con una fina cuerda las uní a una de las argollas del collar. Ayudada por mis pies le obligué a ensanchar sus piernas, con otras argollas fijé los tobillos a las patas de la mesa. Se abrieron las nalgas, revelando el agujero desnudo de su ano, el corte sonrosado de los labios vaginales y el incipiente vello alrededor, pasé un dedo por sus pliegues y su cuerpo tembló. Intentó darse la vuelta para mirarme pero empujé su cara contra la mesa. El sonido de mi mano cuando impacto en una de las nalgas, llenó la habitación, le había golpeado con fuerza y firmeza. Dejó escapar un gemido, una vez más repetí, golpeando de lleno en la otra, sus manos instintivamente trataron de proteger su parte expuesta, cuando de nuevo golpeé.

    -Serás buena para mí, ¿verdad, Marta? -Tiré de la cuerda que unía sus manos con el collar

    -Sí, Ama -Con voz aguda y nerviosa. Me senté detrás de ella, en silencio, observando. Después de un tiempo ella se movió inquieta.

    -Marta, lo tengo todo planeado para ti, mantén el culo bien levantado -Pasé los dedos por su trasero enrojecido, notando el calor donde había impactado. Deslicé la mano entre sus muslos, curvé los dedos y la humedad me los envolvió, frotando suavemente su clítoris, mis dedos empujando más dentro de ella. Saqué los dedos de su túnel empapado y golpeé de nuevo con fuerza. Marcas rojas sobre la piel blanca. Tiré de su cabello, levantándole la cara, jadeaba ¿placer o dolor? Con humedad en los ojos, le susurré al oído.

    -¿Te gustó eso?

    -Sí… Ohh, ohhh, gracias.

    -¿A quién perteneces, Marta?

    -Ohh, Dios mío, a ti, eres mi Ama -gimió suavemente.

    -Veo que te gusta, ¿disfrutas?

    -Oh Dios, por favor… por favor… mi Ama.

    -Lo estás haciendo muy bien. Aunque yo decidiré. Tu dolor y tu placer están en mis manos.

    Trató de mirar hacia atrás pero solo pudo echar un vistazo. Cuando con gesto juguetón deslicé un azotador por sus nalgas, empezó a retorcerse, moviendo las caderas de lado a lado, quizás para que no pudiera obtener un buen golpe. Pero pasando el azotador entre sus muslos, golpeé por primera vez la parte delantera. Su respiración se detuvo.

    -Estas temblando, Marta. ¿Cómo es eso?

    -Estoy un poco nerviosa… Ama, nadie me había azotado así.

    -¿Que necesitas? ¿No te gusta? -Mientras golpeaba de nuevo.

    -Si…

    -¿Si, que?

    -Si… mi Ama. Realmente no sé lo que necesito.

    -Hagámoslo más agradable -Llevaba ya en aquella posición un buen tiempo. Me incliné entre sus piernas, observé el brillo entre los labios le daba la humedad de sus flujos. Por lo que deslizando el pulgar por su mojada vulva lo introduje en ella. Salió empapado, tracé una línea hasta su ano, dejando allí toda la humedad recogida. Mis dedos volvieron a su coño y usando tres recogí todo el fluido que pude, simplemente tomaba lo que tenía fuera. Los llevé de nuevo a su culo y empecé a hacer círculos con uno solo, frotando la carne externa de un color rojizo fuerte, presionando sobre el agujero, que se abría y cerraba. No costó casi nada que entrase, así que pasé a introducir el segundo, alojándolo dentro. Sus terminaciones nerviosas se dispararon rápidamente, su esfínter se contrajo alrededor de los dedos, su respiración se aceleraba cada vez más mientras tensaba los músculos de sus piernas. Mientras follaba su culo, jadeaba. Estaba excitada por la penetración. Su cuerpo se tensó y sus gemidos se elevaron.

    -Te gusta esto también, ¿has practicado?

    -Oh… Dios, por favor… Sí.

    -¿Con alguien o tu sola? ¿Con qué?

    -Si… yo sola… no te miento. Con los dedos o algún objeto.

    -Y por favor ¿Qué? -En ese momento saqué los dedos.

    -Por favor Ama -Por un momento se quedó inmóvil, después giró su cabeza-¿Por qué has parado?

    -Porque aún no quiero que te corras… y cállate zorra.

    -No me hagas esto, deja que me corra, estaba a punto…

    -No y cállate.

    -No me puedes hacer esto, estoy demasiado excitada…

    No parecía dispuesta a callarse por las buenas. Envolví mi mano con su cabello obligándola a incorporarse a pesar de su posición, las manos y pies atados obstaculizaban sus movimientos. Arrastré mi boca alrededor de la oreja, luego por su cuello. Bruscamente le arranqué la parte superior del vestido, saltaron los botones, al aire sus pechos, las caricias en sus ya duros pezones los tensaron aún más. Me desprendí de la camiseta y del sujetador, la abracé por la espalda. Y mientras lo hacía, me sorprendió al notar que mi coño se mojaba. Empezó a gemir y con ligueras protestas, cuando con una mano le palmeé los pechos, con la otra mano envuelta alrededor de su frente evitaba que se retorciera demasiado. Al mismo momento que presioné con fuerza un pezón, hundí los dientes en ese punto sensible donde el hombro se curva hacia el cuello, marcándola, haciéndole soltar un suspiro de llanto. Sus caderas se arquearon más y apretó las nalgas contra mí.

    -Estarás un poco asustada pero desde luego te noto muy cachonda.

    -Creo que sí, Ama.

    -Seguro que estas emocionada y ansiosa por lo que pueda venir.

    -Un poco, sí… Ama.

    -Es una pregunta muy simple. ¿Dime por qué estás aquí, Marta?

    -Quiero estar a tu merced, siendo tu sumisa… Ama.

    -¿Estás lista para más?

    -Creo que sí, Ama.

    -No voy hacerte más daño del que no puedas soportar, te lo prometo.

    -Yo… yo quiero…

    Mientras se balanceaba de un lado a otro lentamente frotando el borde de la mesa y suspirando en voz alta. Le ordené inclinarse de nuevo. Se volvió a mirarme, confundida. En respuesta, le agarré del pelo y le obligué a bajar. Trató de levantarse, pero la sostuve en ella. Tiré del resto del vestido, quedando completamente desnuda, solo el collar, las medias y los zapatos.

    -Si quieres ser una sumisa, te voy a tratar como te mereces, ¿de acuerdo?

    -Sí… Ama, lo que tu decidas…

    Posé una mano sobre nalgas, hinqué los dedos, abriéndolas. Derramé entre ellas un relajante untándole la entrada del ano y el interior con el dedo, unté bien un plug anal, creí conveniente hacerlo por el tamaño.

    -¿Qué es eso? -preguntó con voz trémula, cuando notó algo grueso y duro presionando la entrada.

    -Vas a tener el honor de estrenarlo -Mientras presionaba con la punta el orificio. Éste cedió. Me estaba costando contenerme y no introducírselo de golpe, pero sabía que no podía hacer tal cosa. Necesitaba hacerlo poco a poco lentamente, dejar que el ano se fuera relajando y acomodando, que asimilara el tamaño y el grosor.

    -Ohhhh. Por favor… No podré… ¿Por favor?…

    -Sé que podrás, relájate.

    Lo extraía un poco para volver a hundirlo, cada vez más dentro, más duro, más grueso. La otra mano le acariciaba el clítoris presionando contra el tierno botón buscándole un alivio. En el momento que entró abriéndola por completo, soltó un suspiro de llanto, luego el plug se adelgazó de golpe y permitió que el ano se cerrara sobre él. Tardo unos momentos en recuperarse.

    -¿Ya está? ¿Eso es todo? -preguntó con un deje de irritación y a la vez de desafío.

    -No te preocupes, todavía no.

    Verla así… expuesta, vulnerable y entregada por completo al placer estaba consiguiendo que mis bragas se empaparan, necesitaba algo más. Acerqué un silloncito y la fui sentando sin sacarle el plug, le sujeté las muñecas en los reposabrazos y le mantuve las ataduras de los pies. Se movía para acomodarse su cuerpo intentaba absorber toda la sensación.

    -¿Cómo se siente?

    -Ummm… no estoy segura… incomoda… Ama.

    -¿Duele?

    -No… Ama… No… es como, no sé cómo describirlo. Se siente extraño.

    Me senté sobre la mesa delante de ella, con las piernas abiertas frente a su cara.

    -Me vas a lamer y luego me lo vas a devorar, ¿lo deseas, Marta?

    -Sí… Ama, lo haré lo mejor que pueda -susurró desesperada.

    -Sé que lo harás -Mientras le sacaba las gafas. Deslicé las piernas abiertas sobre sus hombros, su cabeza quedó entre ellas.

    -Abre tu puta boca y ya puedes empezar -le ordené.

    Sin suavidad ni pausa. Lamía la tela mojada de la braga, el roce de su lengua me provocaba escalofríos. Cuando miré hacia abajo y la vi, con la cara pegada en mi entrepierna, los ojos cerrados con gesto de concentración, moviéndose al ritmo de las lamidas que me prodigaba. Con los dedos aparté a un lado la tela de la braga y con la otra agarré de su cabello, empujé la cabeza, estrechándola aún más en mi intimidad, movía las caderas, me lamía, se deslizaba a lo largo de los labios, provocando su apertura, me devoraba. Cerré los ojos, gemí, para terminar restregándole mi coño por toda la cara mientras me vaciaba. Ella, estaba enrojecida y sin aliento, con la lengua hacia afuera.

    -Oh, mierda -gimió, su cabeza meciéndose hacia adelante y hacia atrás.-Voy a correrme. Oh, mierda, sí… -murmuró ella, finalmente su voz se convirtió en un gemido agudo.-Oh Dios -Se mordió el labio y tragó saliva. Tiré de su cabello hacia atrás. Sus ojos se abrieron, miedo, excitación. Entre sus piernas abiertas se apreciaba su coño inundado, mojando la tapicería del silloncito.

    -Sabía que te gustaría esto puta, porqué estás jodidamente mojada.

    -Oh, mierda. ¿Me ha gustado?

    -Quien te dio permiso.

    -Por favor, Noa. Estaba tan cerca.

    -Te hice una pregunta.

    -Noa, por favor, Ama. Lo siento… perdóname… no sé si merezco un castigo

    -Mírame, no te di permiso ¿verdad?

    -No… Ama -Estaba mirándome, intentando leerme. Le abofeteé la cara sin previo aviso.

    -Baja los ojos -gruñí. Tragó saliva y bajó la mirada. Salté de la mesa, observándola, disfrutando de su tensión mientras le soltaba las ataduras de las manos y de los pies. Sentada, inquieta, con una mano se colocaba el cabello detrás de la oreja.

    -Puedes levantarte y aprieta bien las nalgas para no poder el plug -Lo hizo, de inmediato. Le acaricié el pelo y los hombros, sus ojos vidriosos y una forzada sonrisa, se mordió el labio. La agarré por el pelo y la obligué a arrodillarse, tirando de la correa, gateando, se retorcía incómoda, no sé si le gustaba algo tan humillante, tan degradante. Pero el hecho es que a mí me encantaba. Sus movimientos lentos y sinuosos, seductores. Sus muslos se frotaban entre sí, pechos colgando, las caderas balanceándose y en el aire su culo tratando de mantener el plug. Gateando hasta la habitación, el plug estaba a punto de salirse y termine de sacárselo.

    -¡Levántate! -Tirando de la correa. Le di una palmada en el culo, dejando de nuevo una huella rosa en la nalga. Se tambaleó a un lado de la cama, le di la vuelta y la empujé para que cayera sobre el colchón, aterrizando de espaldas. Empujé sus piernas hacia atrás, haciéndolas doblar en la rodilla y con correas de cuero até las muñecas a los tobillos, las piernas separadas, abiertas, una almohada debajo de ella, culo arriba. Podía verlo todo, su coño rosado, húmedo, el ano aun palpitando por la presión del plug. Sobre la lámpara de pie de la habitación coloque un velo de color rojo, apague el resto, quedó en penumbras y de color rojizo.

    -Hoy Marta, además de sumisa te convertiré en mi puta -Mientras aproveché para desnudarme del todo.

    -Lo que desees, mi Ama, mi sumisión está para satisfacer tu placer.

    -Eso es, querida, así será -Quería placer, ¿dolor?… bien, eso era lo que yo quería darle. En esta ocasión no serían unas pobres prácticas de humillación. Probaría su capacidad, rozaría sus límites. Le coloqué una mordaza de bola, que aceptó su colocación.

    Con las dos manos oprimí sin piedad sus pechos. Pellizqué con fuerza los pezones hasta ponerlos duros y tirar de ellos como si quisiera juntar un lado con otro. Por la expresión de la cara le dolía, emitía gemidos. Pasé a su coño, el cual abrí con dos dedos. Tras encontrar el clítoris se lo pellizqué fuerte, ella se debatió sobre la cama en un intento de escapar a la tortura. Entonces sintió algo que la hizo encorvarse por completo por el dolor y lanzó un ahogado grito, lo que le permitía la mordaza. Le había atrapado el clítoris con una pinza, supongo que la sensación se le hizo insoportable y empezó a mover las piernas en un desesperado intento de que la pinza se soltase, pero más bien lo contrario, estaba bien sujeta. Gimoteaba y se retorcía. Aguantó las que le puse en los pezones unidas por una cadenita, tiré de ella, una lágrima resbaló por su mejilla. Le aflojé la mordaza.

    -Quítame la pinza de abajo… por favor.

    -No estás en disposición de pedir favores. De todas maneras así no se piden las cosas, puta. Si tu resistencia ha llegado al límite pídeme que pare, pero hazlo de la forma adecuada.

    -Por favor mi Ama. Tu puta no puede aguantar más la pinza de abajo. Haré lo que sea, pero te ruego que me la quites.

    -Muy bien guarra… pero que conste que no aguantas nada -Antes de quitarle la pinza la retorcí un poco. Quería darle a entender que el tormento pararía en realidad cuando a mi me diese la gana. Con la mirada me lo agradeció y cuando le dije que no quería oírla gritar, abrió la boca aceptando de nuevo la mordaza de bola.

    -Voy a follarte duro, te sentirás llena, te lo aseguro -Aprovechando la lubricación y la dilatación cogí de nuevo el consolador anal y sin apenas preámbulos se lo inserté. Le mostré un doble dildo, que después de lubrificarlo y de introducir en mi vagina uno de los extremos, me coloque entre sus piernas, gemía lo que le permitía la mordaza y se retorcía contra mí. Aumenté la presión ligeramente y me miró. La lujuria brilló en su rostro. Como podía movía sus caderas para que estuvieran alineadas con las mías presionando hacia adelante. Las acometidas, eran fuertes, profundas, cada vez más rápidas. Un par de bofetadas y una charla sucia, la mantuvieron en un estado de constante excitación.

    -¡Eres mía! -Dije con los dientes apretados. Tiraba de las pinzas de los pezones, las retorcía y las golpeaba. Pasé mi mano hasta su garganta y seguí bombeándola. Jadeaba, retorcía sus caderas contra mí, nada que hacer excepto tomar su maldito castigo, delicioso. Cerró los ojos, apretando los músculos de sus muslos. Si seguía con esto, se iba a correr pronto. Fue intenso, ella con evidencia de que se había corrido, yo me alejaba después del tercer orgasmo. Los labios externos de Marta, rojizos e hinchados, brillantes por la humedad continuaban con espasmos. Acostada a su lado, admiré mi trabajo y sabía que había más por hacer.

    -¿Estás bien? -Pregunté en voz baja, mientras le quitaba la bola de la boca. Las babas resbalaban por su barbilla. Ella asintió, en silencio. No le pregunté si se había divertido, pero lo sabía, por el olfato, los fluidos y los sonidos.

    -Noa ¿puedo preguntarte?

    -¿Que?

    -Perdón… mi Ama. ¿Me va a seguir lastimando?

    -Sólo hasta que aprendas a ser una buena sumisa.

    -Aprenderé… lo prometo, haré lo que sea, lo que usted pida mi Ama.

    -Seguro lo harás puta, pero para eso aún falta -Mientras tiré tensando la cadena de las pinzas. Le pregunté si le dolía, si podría aguantar sin morderse los labios

    -Mi Ama, si vas a seguir ¿puedes ponerme de nuevo la bola?

    -De acuerdo puta, pero deja de lloriquearme -Le coloqué de nuevo la mordaza y le extraje el plug del culo, se estremeció, sus nalgas temblaron. Sus ojos se abrieron como platos cuando prendí una vela y se la acerqué. Se agitó nerviosa y contuvo la respiración, las primeras gotas de cera cayeron y se deslizaron sobre la línea que separa las ingles de los muslos.

    -No te muevas si no quieres que apunte mal -dije sonriéndome.

    Dejé recuperarla un poco, contrajo su vientre cuando nuevas gotas cayeron sobre el incipiente vello púbico, hacía casi un mes se lo había rasurado yo misma. Apretaba con fuerza los dientes en la mordaza. No pude evitar acercar mis labios a los suyos y besarla levemente. A pesar de sus ojos cerrados unas lágrimas aparecieron en su rostro.

    En ese momento, abrí la pinza de su pezón izquierdo. Su cara se transformó en una mueca de dolor y un ahogado gemido brotó de su garganta. Cogí el maltrecho pezón y lo pellizqué suavemente para que recuperara su forma. Alguna lágrima cayó por su cara. Bajé la cabeza hasta su pecho y le lamí el pezón para calmárselo, aunque sabía que lo tendría dolorido un buen rato, hice lo mismo que con el otro. Seguidamente sus pezones recibieron las primeras gotas de cera. Se movía a pesar de sus ligaduras y para darle a entender que no lo hiciera. Coloqué otra vela encendida entre los muslos, apoyada en la zona del perineo.

    -Mante las piernas abiertas, tu misma si te mueves -Nuevas gotas sobre el pubis.

    Estuve observándola, no podía definir en aquellos momentos su mirada, rabia o dolor, aceptación o placer. Le desabroche la mordaza, un reguero de babas salieron entre los labios.-Ooooh joder -gimió.

    -¿Estás bien? -Pregunté en voz baja. Ella asintió, en silencio.

    -Te has portado muy bien, no me lo hubiera esperado de ti.

    -Sí… Ama, entregarme a tu sumisión no me ha importado -Dijo con los ojos llorosos

    -Deseas algo, ¿qué te gustaría?

    -Ama… tengo miedo… por lo que tengo entre las piernas.

    -No te gusta su calorcito -Gotas de cera empezaban a deslizarse a lo largo de la vela rozando los labios vaginales y se acercaban a la entrada del ano.

    -Preferiría el calor de tu coño frotándose con el mío.

    -Eres una zorra ansiosa, está bien -Apagué la vela.

    -Si, mi Ama, soy una zorra ansiosa.

    Me enderecé golpeándole primero una mejilla y después la otra, pasé los dedos por los rojizos e hinchados labios vaginales y con la uña rasgué una línea hasta la entrada del ano.

    -Ohhh joder… por favor -Me miraba fijamente a los ojos.

    -¿Por favor que zorra?

    -Por favor… Ama. Necesito más. Por favor.

    -Me gusta cuando me suplicas -Mientras tiraba de ella por la cintura, las ataduras le impedían moverse libremente, separé aún más sus piernas y colocándome sobre ella, frotando con placer los dos coños, me sentía a gusto.

    Ella me sonrió y dijo: -Te gusta, ¿no?

    -Sí, que sientes tú -le respondí

    -Ama… Mucho placer en mi sumiso coño.

    -¿Te estas acercando? -Mientras tiraba de sus pezones con fuerza.

    -¡Sí! Gritó apretándose contra mí tan fuerte como podía.

    -¡Córrete, puta!… deja que tu coño se corra dentro del mío -Se retorcía, apretaba fuerte.

    -¡Siiii! Uuufff… -Estaba gimiendo cada vez más y respiraba profundamente, golpeaba con fuerza contra mi coño.

    Me gusta prolongar el placer, quería retrasarlo pero fue inútil.

    Flujo vaginal corría entre nuestras piernas. Cuando me aparté a un lado ella estaba como desmayada. Pasados unos minutos le solté las manos, se recuperó en silencio, besó mi frente, me abrazó y acurrucó la cabeza entre mis pechos. Me gustó tenerla así, me sentía poderosa en su mente y en su cuerpo, me había encantó dominarla. Finalmente, en mis brazos se quedó dormida y sus labios pegados a un pezón.

    Dulce rendición.

     

  • Gutu el español

    Gutu el español

    No sabía su nombre solo sé que le decían ‘Gutu’ un chico alto atlético de buen ver, él es de España y siempre me llamaba la atención cada vez que pasaba a su lado y me gustaba como me miraba hasta que entraba a mi casa.

    Una noche llegue tarde ya que se me junto el trabajo Luis no estaba así que me apresuraba porque quería llegar pronto a casa, en eso escuche su voz…

    G: ¡Hola! ¿Cómo estáis?

    Yo: ¡Ho… ola! ¡Bien aquí corriendo!

    G: Jeja, si ya lo noté, gustáis que os acompañé, ¿para que lleguéis segura a tu casa?

    Yo: Ok está bien

    Caminó a mi lado, faltaban como 3 calles para llegar y tomamos confianza, hablamos de las veces que nos mirábamos en la calle, al llegar a mi puerta se despidió y yo le invite a pasar ya que me había interesado lo que decía.

    Yo: Ja jajá así que ya llevas tiempo observándome?

    G: Si, ¡te sigo la pista para cuidarte jajá!

    Yo: ¿Así? cuidarme de quien eh? ¡Jajá!

    G: ¡De cualquier don juan!

    Yo: ¡Pero quien me cuida de ti!

    G: ¡Jajá, si verdad!

    Nos miramos fijamente y comenzamos a besarnos, besaba riquísimo, yo traía mi vestido rojo, así que el acariciaba mis piernas, yo le traía muchas ganas así que le permití acariciarme, me besaba el cuello y sus manos grandes apretaban mis piernas, subió su mano a mi abdomen hasta acariciar mis tetas yo lo agarraba de sus piernas.

    De pronto todo acelerado me despojo del vestido dejándome solo en tanga, me recostó en el sofá y comenzó a saborear mis tetas, sus mordidas eran riquísimas mientras sus manos bajaban lentamente mi tanga, bajo su lengua desde mis tetas hasta recorrer cada parte de mí, paso por mi abdomen, mi pelvis, mis piernas, hasta llegar a mis pies y volvió a subir, ¡se quedó justo en mi vagina y comenzó a comérsela!

    G: Que rica vagina, ¡me pregunto si me la puedo devorar!

    Yo: ¡Si, hazlo!

    G: ¿Pero si tu marido llega?

    Yo: No importara, ¡hazlo!

    Comenzó a lamerme por fuera, insertaba lentamente su lengua en mí, movía la cabeza para masajear mis entrepiernas, jugueteaba con mi clítoris, sus manos acariciaban mis tetas y apretaban mis pezones, yo le lamia sus dedos, el levanto mis piernas y se tragaba mi vagina, su lengua me estaba dando tremendo placer.

    Yo: ¡Así, que rico, así!

    G: ¡Sabes deliciosa, que rica mexicanita

    Yo: ¡Continúa nene, continua!

    Sus dedos entraban y salían, yo me retorcía, la idea de que Luis nos encontraría me excitaba más y más, yo no sabía su nombre así que le gritaba! “así Gutu, así” era un mamador experto me hizo sentir un rico orgasmo.

    Yo: ¡Ah, nene, así, que rico!

    G: ¡Jajá que bueno que te gusto porque ahora vas tú!

    Yo: ¡Claro, con gusto!

    Se desvistió rápidamente dejando al descubierto una rica y dura verga, se sentó y yo me agache, comencé a besarle sus ingles, mi lengua saboreaba esa parte, el me miraba fijamente yo lleve mi lengua a su cabecita, le daba delicadas lengüeteadas mientras mis manos acariciaban sus bolas, ¡comencé a devorarle poco a poco su verga dura y gruesa!

    ¡Me excitaba mucho empecé a tragarme su carne como loba, el me tomo de la cabeza y me empujaba su verga hasta casi llegar a mi garganta!

    G: ¡Eso es perra! comedla, ¡uf!

    Seguí devorándome su carne, mis tetas las tomo y metió su verga en medio de las dos, yo apretaba con mis manos mientras comía la cabecita.

    Yo: ¡Que rica verga, me encanta!

    G: ¡Si perra, devórala!

    Me puse de pie, el continuo sentado, me subí en el viéndolo frente a frente y comencé a meter su verga en mi vagina, el me besaba y mordía, yo me daba sentones rápidos, él me tomaba de las nalgas y acompañaba mi velocidad, estaba excitadísima, sin sacarme su verga me volteo, yo me daba sentones fuertes en esa verga rica, el con sus dedos tocaba mi clítoris, ¡yo gozaba no me importaba que mi marido entrara en cualquier momento!

    Yo: ¡Así papi, dámela, dámela así!

    G: Uf nena muévete, ¡que ricas nalgas tienes ah!

    Me acostó en el sofá y levanto ms piernas, las acomodo en sus hombros y con fuerza me la dejo ir, su verga entraba y salía con fuerza, el me besaba las piernas mientras yo sentía como estaba llegando al clímax, ¡besaba mis pies y con más fuerza me penetraba yo gritaba de placer hasta que no pude más y me vine!

    Yo: Ah, ¡dios mío!

    G: ¡Sois una perra!

    El seguía durísimo me levanto me inclino sobre la orilla del sofá y aprovechando que estaba mojado de mí, ¡me abrió las nalgas y me la empezó a meter suavemente por mi culo! su verga, me dolía un poco, el me apretaba las nalgas y empujaba más hasta que sentí su pelvis en mis nalgas!

    ¡Su verga estaba totalmente adentro, me dolía mucho estaba totalmente empalada, el comenzó sacarla lentamente, me agarro de los cabellos y comenzó a moverse como un toro salvaje, yo gritaba me dolía mucho, pero mientras más aumentaba su velocidad el dolor se transformó en placer, yo gozaba su verga en mi culo!

    Yo: ¡Mi culo! ¡Ah, papi, me duele!

    G: ¡Tómala perra, goza mi polla!

    Yo: ¡Mi culo, dios mío!

    G: ¡Tu rico culito mexicano ahora es mío, ahora seréis mi puta personal!

    Sus movimientos me hacían gozar, “Gutu” era salvaje eso me encantaba, seguía dándome duro me arañaba, me golpeaba y me jalaba el cabello, ¡era su puta hacia lo que quería con mi culo!

    ¡Pronto sentí como se inflo y como una manguera me lleno de leche!

    Yo: ¡Que rico papi, ah, dios mío!

    G: ¡Tomad tu lechita, zorra tómala!

    Yo: ¡Si, dámela, que rico, dámela toda!

    ¡Me lleno todita! me quede recostada en el sofá, él se sobaba su verga mientras reía, nos vestimos ya que eran casi las 12 y Luis llegaría!

    G: ¡Adiós! nena espero hacerlo nuevamente!

    Yo: ¡Uf ojalá nene!, ¿oye y cómo te llamas?

    G: Para ti soy “Gutu”, ¡adiós mexicanita!

    Saludos su amiga Lety.