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  • ¡No me cabe!

    ¡No me cabe!

    Se me acercó y me preguntó con una sonrisa: —¿Te puedo acompañar? La había visto algunas veces en el restaurante de mi hermana, el cual los días de fin de semana se convierte en un club de baile. Se presentó con el nombre de Yaneli y según mi calculo y no estaba tan lejos de mi percepción, debería rondar la edad de 25 a 27 años. Era bastante alta, de un metro y setenta y sus zapatos de tacón le hacían ver mucho más alta. Quizá tendría un peso de unas 160 libras muy bien proporcionadas, pues era una agradable delicia mirar sus pechos y un trasero que de seguro hacía babear a cualquiera.

    Este día llevaba un vestido de color rosa encendido con un escote tan provocativo que medio pecho le quedaba expuesto y que prácticamente hipnotizaban a los de su alrededor. Tiene escultural cintura y a través de su vestido se podía ver el relieve de la ropa interior que usaba. Este día su prenda íntima era un bikini, el cual se translucía dependiendo el nivel de luz y que color de luz chocaba en semejantes y deliciosas caderas.

    Cuando me hizo la pregunta, tan solo le sonreí y me he levantado para cederle la silla. Solo me pregunté interiormente: ¿Habiendo tanto joven en el salón, por qué busca mi compañía si de seguro le doblo la edad? Bueno, en los últimos años esta es la edad promedio de las chicas que me he llevado a la cama. Hicimos una plática amena, donde la insinuación era que no importaba si yo estaba casado, ella no buscaba una relación a largo plazo, ella lo que buscaba era una aventura con un hombre casado que no supusiera en ningún momento compromisos. La verdad que le tuve que mentir que estaba casado, no le quise decir la verdad para no estropear las fantasías que ella creaba.

    No tuvo que pasar mucho tiempo para poner las cartas sobre la mesa, pues Yaneli creo que tenía ya todo en mente y bien calculado y, las tres margaritas que me dijo ya había consumido, como que aligeraban bastante sus pasos. En forma breve me dijo que era de descendencia dominicana, que trabajaba en el salón de estética de su madre, que tenía una pequeña hija de 4 años, pero que ese fin de semana su abuela se la había llevado a uno de esos parques famosos de la Florida y que disponía de toda la privacidad en su casa, pues ella debería de velar por el negocio de su madre.

    Tenía facciones bonitas, piel morena entre ese color que divide la percepción del latino común y la gente africana: un amigo del restaurante se refería a ella como la mulata. Hermosos ojos verdes, sonrisa perfecta con unos labios carnosos y su cabello ovalado tan negro como la noche y estéticamente muy bien cuidado. Obviamente yo no tenía dudas que la quería probar, pues antes a que ella llegara a ofrecerme su compañía la había visto de espaldas y había imaginado desnudarla. Realmente nunca pensé que se me acercaría, pues en realidad no imaginaba que llegaba a solas a este lugar y también miré el interés que despertaba y muchos jóvenes se le habían acercado. Yaneli había puesto la plática donde ella quería y me hizo la pregunta para ponerle sazón a la conversación:

    —Ya que tenemos un acuerdo de entera privacidad Tony, ¿cuál es tu fantasía sexual?

    —¡La verdad que me gustaría penetrar a una linda mujer como tú analmente!

    —¿Cómo? ¡Nunca se lo has pedido a tu esposa!

    —¡La verdad que nunca! Eso es un tabú para ella.

    La verdad que le mentía: no tenía esposa y a todas las mujeres con las que he estado en la cama, la gran mayoría les he hecho el sexo de los dioses griegos y a muchas a su gran mayoría les he hecho vivir orgasmos anales. Sabía que terminaríamos en la cama, pues Yaneli era muy abierta y con esas intenciones se me había acercado. Ella continuó diciendo:

    —La verdad que no tengo experiencia en el sexo anal, pero si gustas lo podemos experimentar y de esta manera cumples tu fantasía y yo aprendo más del sexo.

    —¿Estarías dispuesta?

    Ella me dio las coordenadas para llegar a su casa y me pidió que llegara a cierta hora específica, pues intuyendo cómo funcionan las mujeres, quería estar lista y preparada en todos los sentidos para lo que podría ser una buena faena. Habíamos acordado no usar preservativo, pues según ella se cuidaba a pesar de que desde que tuvo a su hija, ella se había esterilizado y no quería volver a salir embarazada que, incluso tomaba pastillas para no tener el más mínimo riesgo.

    Me fui del restaurante después de haberme dado una ducha en la oficina de mi hermana. Tomé una botella de vino de la cual nunca abrimos, pues Yaneli estaba tan caliente que no nos recordamos de abrirla. No estaba muy lejos del restaurante y solo me tomó diez minutos en llegar. Toqué el timbre y salió a recibirme y ya estaba cambiada. Podía darme cuenta de que se había dado una ducha y ella vestía una falda bastante corta y una blusa blanca donde podía ver esos hermosos pezones que se marcaban. Solo abrió la puerta y nos comenzamos a besar. Nos comimos a besos hasta que poco a poco me fui deslizando por su cuello. Yaneli solo jadeaba de placer y podía sentir como sus brazos morenos se erizaban. De aquella manera de beso en beso llegamos hasta el segundo piso donde estaba su habitación. Tenía velas encendidas con un aroma dulce muy agradable.

    Continuamos con los besos y llegué hasta esos hermosos pechos que estaban libres sin sostén por debajo de su blusa blanca. Me puse a mamarlos como un niño hambriento y le pregunté: —¿Te gusta que te los mamen delicada o bruscamente? Ella solo me contestó: —¡De las dos maneras! Me fui por sobre ella en la posición de misionero, pero aun vestidos y solo le descubrí esos hermosos melones que deberían estar en la medida D, y los mamé a placer hasta morderlos bruscamente. Cuando le removí la falda, podía observar unas pantis blancas estilo bikini, las cuales mostraban esa humedad donde sus jugos vaginales habían atravesado la tela. No se los removí, y sobre la tela delgada de su bikini le comencé a chupar su pepita, la cual estaba totalmente bien depilada y tenía un sabor saladito muy rico y un olor a perfume dulce como el aroma de las velas. Yaneli debería haber estado tan caliente, que se corrió tres minutos después de haberle masajeado su pronunciado clítoris con mi lengua.

    Le removí en su totalidad sus bragas y ella me asistió en removerle la falda. Continué con un oral más profundo donde también jugueteé con su perineo hasta alcanzar el agujero de su ojete. Yaneli solo jadeaba y solo logré escuchar entre palabras recortadas: —¡Tony, que rico mamas! Deslizando mi lengua en todo el contorno de su concha estaba, cuando me anunciaba que se venía de nuevo. Este orgasmo pareció ser mucho más potente que el primero, el cual terminó con una risa diciendo: ¡Wow, que rica corrida me has sacado! —Ven ahora es mi turno de comerme eso que quieres meterme en mi apretado culo. —me dijo.

    Por mas esta decir, que mi verga estaba tiesa en todo su potencial y segregaba como un jovenzuelo liquido pre seminal, que mi bóxer estaba tan mojado como el calzón de Yaneli. Me había parado a la orilla de la cama para removerme el bóxer y Yaneli se sentó a la orilla y comenzó a tomármelo con sus manos y esparcía todo ese líquido por toda mi verga. Antes de llevarse mi glande a su boca me dijo: —Tienes una hermosa verga Tony y no sé qué me gusta más de ti, si tu verga o esa carita de niño bonito que tienes.

    Comenzó con una mamada delicada hasta convertirse en una acción bastante agresiva donde intentaba que sus labios chocaran con mis testículos. Era bastante buena haciendo sexo oral, pues muy pocas chicas he visto que se meten toda mi verga en la boca hasta hacerla desaparecer y sostenerla de esa manera por largos segundos. Se la sacaba para tomar aire y lo hacía de una manera sofocante, pero luego repetía el mismo proceso. Mi verga estaba literalmente en su esófago. Ella hizo una pausa solo para decirme que me viniera a dentro. Yo estaba a punto de hacerlo, pero me sentí más libre de venirme cuando ella me lo pidió. Le dejé ir mi descarga ya prácticamente en su estómago, pues después que mi verga tomaba un estado más pasivo adentro de su boca, Yaneli me la siguió mamando hasta dejarla sin ninguna evidencia de mi esperma.

    Pasamos a ducharnos para limpiar las secreciones de nuestro sexo del uno del otro y en el baño Yaneli siguió con la faena de seguir mamando. En esta ocasión se concentró en mis testículos y llegó con toda la libertad de hacerme lo que llaman “rimming”. Me estimuló el ano con sus besos negros y de esa manera me la volvía a parar y yo hice lo mío también, le comí el culo donde intenté penetrar lo más que pude mi lengua. Intenté penetrarle ese rico culo que tiene y donde fue un tanto difícil, pues descubría que Yaneli estaba muy apretada de su ojete. Intenté dilatárselo con caricias, metiendo uno, dos y tres dedos y donde parecía disfrutar del proceso.

    Sin embargo, a pesar de que parecía dilatado, cada vez que intentaba meterle mi falo, este no se lograba meter. Se deslizaba para el norte o sur pero no lograba penetrarla. Nunca me había pasado esto y es por eso por lo que decidí escribir esta experiencia, pues nunca había encontrado a una chica tan apretada de su ojete. Ya me han dicho que tengo un pene bastante grueso, pero siempre había entrado incluso en chicas que son pequeñas, pero ninguna expulsaba mi glande de la manera que el ojete de Yaneli lo hacía. Alguien me decía que con los dedos uno obvio tiene más control, hay un hueso que se ayuda a sostener, pero mi verga logró entrar en un par de ocasiones, pero siempre se escurría del ano de Yaneli. Ella no mostró dolor alguno, de hecho, parecía gozar por los segundos que lo sostenía. Mi teoría es que tiene unos intestinos delgados y un esfínter reducido, que literalmente lo expulsaban cuando lograba penetrarla. Aceite no ayudó, de hecho, sentí aún más difícil la penetración. Eventualmente nos dimos por vencido y continuamos follando y donde Yaneli me montó a la inversa, dejando expuesto su hermoso culo a mi vista, donde aproveché de seguirle hundiendo mis dedos en su rico trasero, y es como ella revienta en un potente orgasmo, que literalmente humedeció hasta la cama.

    Como yo ya me había venido una vez con esa grandiosa mamada, continué dándole en posición de perrito y donde seguí penetrándole con mis dedos el ano y Yaneli se masturba el clítoris con sus propios dedos. No pasaron ni diez minutos cuando volvía a explotar:

    —Tony, me vengo, que rico, no pares, no pares… fóllame con todas tus ganas… no pares, no pares… Me vengo cariño, me vengo otra vez.

    Cuando Yaneli se recobró de potente orgasmo, me pidió que me acostara de espaldas sobre la cama, ella se vino sobre mí y me comenzó a hacer una rusa con sus dos enormes tetas. Creo que en algunos lugares le llaman el collar de perlas. Luego me pidió que yo me fuera por sobre ella y de igual forma, ella se sostenía sus tetas mientras mi verga se hundía entre ellas y de esa forma me llevó a mi segunda corrida.

    Estuvimos cogiendo hasta las tres de la mañana, ella habrá logrado de unos cinco a seis orgasmos y yo me vine tres veces en toda la noche y le eché un mañanero antes de despedirme cuando nos duchábamos. La verdad que esta morena está deliciosa, pero no logro entender como mi verga no se podía sostener adentro del culo de ella. ¿Alguna teoría?

    Desde ese día no la he visto… no sé si ha llegado al club de mi hermana el último fin de semana, pues yo no tuve tiempo de ir. Quizá fue decepcionante que no me pude coger el culo de Yaneli como hubiese querido, pero esa sensación de cómo su culo expulsaba mi verga, era una sensación también deliciosa y adictiva.

     

  • La tropa loca

    La tropa loca

    Reencuentro con un amigo de la preparatoria, con el cual había tenido varios morreos, pero hasta esta vez pudimos agasajarnos completamente.

    Cuando estudié preparatoria, en el grupo de tercer año había una ‘bolita’ más o menos grande que para todo hacíamos reuniones y excursiones y nos la pasábamos muy bien, no se trataba de parejas, sólo amigos, era baile entre todos y paseos en bola, aunque si se daban las condiciones podía haber algo más, pero sin compromiso… (Sí, más de una compañera quedó embarazada y en dos casos hicimos colecta para pagar el aborto). Nos hacíamos llamar La Tropa Loca, porque nos sonaba bien ya que había un programa de televisión con ese nombre y también de éste tomó su nombre un grupo musical que tuvo sus triunfos con música de rock y después se pasó a la onda grupera.

    Felipe, al igual que yo, pertenecía a La Tropa Loca y nos gustábamos, al grado de que me pidió que perdiéramos juntos nuestra virginidad, ¡y casi logró convencerme! pues daba unos besos riquísimos y sus manos sabían acariciar muy bien. Recuerdo cómo jugaron sus dedos con mi clítoris mientras yo le acariciaba el pene sobre el pantalón y entre beso y beso me pidió perdernos de los demás en un paseo que hicimos al parque nacional de Los Remedios. En ese momento estábamos bastante separados de los demás, yo le quería decir que sí, pero pudo más mi relación con Saúl, con quien llevaba un año de novia y meses después me desvirgaría. El asunto es que le dije que no, pero para ese momento ya me estaba metiendo también mano en las chiches, y yo en el pantalón, y aunque me tenía calentísima me pareció un abuso de su parte (y no de la mía, ja, ja, ja), lo que hizo que yo reaccionara en sentido contrario.

    —¡No, Felipe, no debo! –le dije fuertemente, apretando mis manos.

    —¿Por qué no? Sé que tú también quieres, lo siento en mi verga… —dijo mientras entrecerraba sus ojos mostrando placer.

    En ese momento me di cuenta que yo seguía con mi mano en su pene y la tenía mojada con presemen por habérselo apretado y jalado con lo airado de mi respuesta. Pero luego la confusión fue mayor ya que saqué rápidamente la mano e instintivamente cubrí mi cara con ella y percibí el olor del presemen con el que me había mojado yo misma el rostro, me quedé oliendo profundamente la palma de mi mano y él ya me estaba chupando un pezón. ¡Me había sacado la chiche mientras yo me enervaba con el olor que tenía en mi mano y en mi cara!

    —¡Déjame! –le grité y lo aventé, pues volví a sentir que Felipe estaba abusando de mí.

    —Perdóname, pero yo creí que tú estabas sintiendo tanto deseo como yo —me dijo al notar mi ira.

    —Sí, siento igual, pero no debo… —contesté suavizando el tono —Tal vez después, me gustas —dije al acercarme y le di un beso en los labios.

    Si él estaba sorprendido y perplejo por lo contradictorio de mi comportamiento, yo lo estaba más. No pude advertir en ello mi futuro comportamiento de ninfómana y el fuerte peso que ya tenía Saúl en mi vida, a quien conocían y envidiaban, pues, aunque él estudiaba su segundo año de una carrera científica, algunas veces convivía con nosotros, mis compañeros lo veían como un ejemplo de deportista y estudioso y mis compañeras quedaban impresionadas, y enamoradas, al trabar unas cuantas palabras con él. Felipe y yo tuvimos otros escarceos y volvimos a prometernos que después habría oportunidad de hacer el amor. Por lo pronto ambos quedamos sin perder el virgo.

    También hubo otro muchacho, de apellido Soto, de La Tropa, con quien me sentí atraída y me mamó las tetas varias veces, pero no hubo más pues él era muy tímido. Recuerdo que yo me levanté el suéter y la blusa para excitarlo y obligarlo a acariciarme el pecho. Él lo hizo y muy bien, pero al igual que los demás sabía que yo tenía un novio a quien amaba mucho y por ello ninguno logró coger conmigo. “Dicen que sólo eres una puta calientavergas”, me contaban mis amigas que los muchachos se expresaban así de mí. Sí, me calentaba fácilmente y sentía que los quería, pero deseaba que Saúl fuese el primer hombre en mí. Estoy segura que si ya no hubiera sido virgen, me hubiera tirado a Felipe y a otros cinco más de La Tropa.

    Lo que sigue, sucedió hace más de tres décadas. Me había quedado de ver con Eduardo en un café, para irnos después a oír música a su departamento, es claro que oír la música era un pretexto para escuchar nuestra propia composición melódica de jadeos, gritos y susurros al hacer el amor… Opté por tomar un taxi y legué media hora antes pues el tráfico era fluido. Así que decidí irme a la librería cercana para pasar ese tiempo. Al entrar a la librería, me topé cara a cara con Felipe. Nos reconocimos de inmediato como si el tiempo no hubiese transcurrido y ambos mostramos alegres por eso.

    —¡Qué linda estás! —me dijo abrazándome y dándome un beso, que le correspondí con otros dos, el segundo en sus labios.

    —Tú no te quedas atrás, sigues muy apuesto.

    —Vamos a tomar un café, si tienes tiempo.

    —Sí, pero se me antoja que antes caminemos por Las Fuentes Brotantes, para recordar nuestra época de estudiantes —refiriéndome a un sitio donde acostumbrábamos ir con La Tropa Loca, le dije con el fin de alejarnos de allí.

    —¡Vamos, pero a ver si no recordamos demasiado…! —contestó con evidente gesto de lujuria.

    —Tal vez no estaría mal. Recuerdo que dejamos algo pendiente… —dije para hacerle ver lo que yo quería, y Felipe también, pues se le iluminó más la sonrisa.

    —¿Qué te parece si yo digo a dónde vamos? —dijo Felipe cuando abordamos su auto.

    —Sí, si quieres cierro los ojos para no ver a dónde me llevas —le dije, dándole un beso y tomando su pierna muy cerca de aquello que empezó a crecer bajo el pantalón hasta llegar a mi mano, con la que simplemente hice espacio para que se expandiera bajo ella.

    Circulamos hasta llegar a la salida de la ciudad, donde están varios hoteles de paso. En el trayecto lo besaba en la mejilla sin soltarle el pene, al cual le daba varios apretones. No se sentía de gran tamaño, pero sí muy antojable. Al bajarnos del auto en el estacionamiento de la villa que nos habían asignado, ¡me cargó para introducirme en la recámara! Me dio un beso de lengua y me depositó en la cama.

    —Diez años después, pero te cumpliré tu deseo, “nuestro deseo”, corregí —le dije sentándome en la cama y le aflojé el cinturón.

    —Sí lo desee entonces y lo deseo ahora —asintió y procedió a desvestirme.

    Ya no dijimos gran cosa, dejamos que nuestras manos y labios actuaran: prenda menos que despejaba algo de piel, piel que era cubierta de besos y lengüetazos. En el momento en que quedé sólo con brasier y pantaletas me lamió la parte superior de las chiches, bajó los tirantes y cuando quedaron al descubierto tomó una en cada mano y se puso a mamarlas alternadamente mientras decía “¡Qué hermosas están!” Yo miraba su trusa que parecía carpa de circo, metí la mano en el hueco que estaba entre sus piernas y le masajeé los huevos, que tampoco eran grandes, pero Dios no los diseñó para que también crecieran con el deseo… Con trabajo, pero le bajé la trusa liberando el pene que resorteó con la maniobra y la prenda resbaló al suelo cubriendo sus pies. Después giré el brasier para desabrocharlo fácilmente por el centro, desprendí su cara de mis tetas y me puse a mamarle el pene, jugué con su prepucio y sus huevos, lamí el tronco y me metí una por una sus bolas; él seguía de pie con la cara volteada hacia arriba y con los ojos cerrados “¡Qué rico!”, gritaba y yo le contestaba “Sí, lo tienes muy rico” y seguía chupando y saboreando su presemen. Me puso de pie, me abrazó con una sola extremidad y con la otra mano me bajó las pantaletas, las cuales se deslizaron para cubrirme los pies. Se apartó de mí para verme completamente desnuda, y yo lo miré a él, noté que estaba en muy buena forma y me relamí los labios adelantándome al banquete que me daría. Me volvió a cargar para depositarme en la cama, me abrió las piernas y su lengua probó los líquidos que mi vagina habían estado segregando desde media hora antes, cuando acaricie su pene sobre la ropa. No sé si yo he corrido con mucha suerte o si todos los hombres saben cómo usar su boca en una mujer, particularmente al recorrer la cavidad bordeada por cuatro labios, sorbiendo delicadamente el clítoris, pues éste también fue el caso: ¡me hizo venir varias veces! Hubiera dado igual felicidad haciendo un 69, pero no podía pensar en nada más, todo mi ser estaba concentrado en el chupeteo goloso que me daba Felipe y escuchar la manera en que su boca saboreaba mis jugos, mis manos aprisionaban su cabeza para que él no dejara de dar combustible a mi alma que viajaba al cielo…

    Pasaron como quince minutos y se incorporó para darme un rico apachurrón. Del brilloso glande escurría un hilo viscoso manifestando el deseo que tenía de penetrarme. ¡Su miembro se deslizó en mi interior con suma facilidad! Puso una mano en cada una de mis tetas, me besó en la boca e inició el movimiento del amor y con ello un tren de mis orgasmos. En poco tiempo sentí el calor de su semen y me vine una vez más. Lo exprimí con mi perrito y se derribó hacia la cama tomando grandes bocanadas de aire. Sí, quizá estaba en buena forma, pero se vació casi por completo. Nos abrazamos y dormimos un buen rato.

    Al despertar, me bajé a limpiarle el falo, los testículos y la entrepierna con mi lengua. En poco tiempo despertó con el órgano bien templado y me subí en su cuerpo para darle un beso con sabor a la consumación de nuestros deseos aplazados por tantos años. Mientras nos besábamos me introduje su falo; me senté y empecé a cabalgarlo y venirme una y otra vez en tanto que gritaba “¡Qué rico estás, mi amor!” y él, tomando mis caderas gritaba “¡Gózalo, Tita, salta mucho que tus chichotas me están haciendo feliz con su baile!” hasta que logré sentir otra vez el fuego de su semilla llenando mi vagina y caí sobre él. Descansamos entre caricias, disfruté cómo viajaban sus manos de mi espalda hasta mis nalgas. Vi la hora en mi reloj, que había dejado en el buró y dije “Pues ha sido un verdadero placer volver a verte, pero ya tengo que regresar a casa.”

    —¡Gracias, el mío fue mayor! Lástima que tengamos que irnos, pero dame tu teléfono antes, que quiero verte de nuevo.

    —¿Sólo verme?

    —Amarte, hasta quedar yerto, disfrutar de tu pecho hasta que mis mandíbulas se desencajen y quedar con el cuerpo bañado de tu sudor y oliendo a tu aroma.

    Nos vestimos y salimos, hasta que estuvimos en el auto pudimos actualizarnos sobre nuestras respectivas vidas. Me dejó a una cuadra de mi casa, tal como hacía con Eduardo. Le di un beso en la mejilla, bajé y le dije adiós.

    Aún no llegaba Saúl, mi hermana ya le había dado de cenar a los niños, así que en cuanto llegué se despidió de mí. Me fui directo al baño para asearme y que el olor a sexo se atenuara un poco, sólo un poco, porque Saúl se excita cuando me huele así, quizá cree que es porque tengo ganas de que me haga el amor.

    ¿Y Eduardo? Al día siguiente, cuando llamó, le dije que tuve que ir con una amiga quien la estaba pasando mal y no pude avisarle a tiempo. Sí, hubo más encuentros con Felipe.

  • Hija adoptiva

    Hija adoptiva

    David y Brenda habían descubierto a temprana edad que no podían tener hijos, por lo que adoptaron a una niña de un país asiático. La pequeña Mai Lian llegó a ellos cuando ambos tenían cerca de 29 años. Mai era una niña pequeña de 3 años. La criaron como propia, y ella llevó una vida familiar muy feliz con sus padres adoptivos. Cuando Mai cumplió 18 años, David y Brenda tenían poco más de 44 años. El mundo de David y Mai se derrumbó cuando Brenda murió por una grave enfermedad.

    David y Mai se acercaron bastante después del suceso. David observaba a la joven de 18 años mientras caminaba sensualmente por la casa. No estaban relacionados con la sangre, y esto no hizo que las erecciones que ella le dio fueran menos tabú. David estaba contento con quedarse en casa y mirar a Mai. No tenía ganas de salir, deseaba a su hija adoptiva cada día más. Hoy fue un día tan especial, Mai salió de la ducha envuelta en una toalla. David estaba durmiendo la siesta en el sofá, y Mai entró en la sala de estar usando solo su toalla.

    Mientras David yacía acostado, su larga y gruesa polla estaba bastante dura. «¡Debe estar teniendo un sueño!» Mai pensó, mientras revisaba el gran bulto debajo de la sábana. Ella continuó mirando su polla, sintiendo su coño humedecerse de deseo. Mai deslizó su mano debajo de su toalla y sintió su coño gotear. Pasó una de sus largas uñas pintadas de rojo a lo largo de su raja húmeda y gimió suavemente. Cuidadosamente deslizó la sábana de su padre, y miró su magnífico bulto mientras se apretaba fuertemente contra sus calzoncillos. Su pene sobresalía. Mai estaba asombrada y emocionada por lo grande que era. Lentamente se deslizó hacia el piso y se inclinó hacia la dura polla de su padre dormido.

    Ella lamió suavemente la enorme cabeza del pene, y él gimió suavemente. Estaba dormido, pero su polla estaba muy despierta. Mai deslizó cuidadosamente sus calzoncillos hacia abajo, hasta que su enorme polla y sus grandes bolas quedaron totalmente desnudas. Ella comenzó a lamer arriba y abajo a lo largo de su polla. Moviendo su lengua húmeda a lo largo de la sensible polla. David gemía suavemente cada vez que su lengua lamía la punta de su pulsante pene. Mai tomó la gran cabeza del pene en su boca. Su lengua se arremolinaba magníficamente alrededor de la cabeza del pene. David se despertó y miró hacia abajo mientras su encantadora hija asiática chupaba diligentemente su palpitante polla.

    «Oh Mei», gimió. Observó cómo su largo cabello negro azabache y sedoso se movía mientras ella movía su pequeña boca hacia arriba y hacia abajo por su rígida polla. Podía sentir su maravillosa lengua húmeda mientras trabajaba alrededor de su grueso y palpitante pene. La toalla de Mai cayó y sus pequeños senos quedaron totalmente expuestos. David miró los hermosos y pequeños pezones rosas que había imaginado en su mente tantas veces. Eran incluso más bonitos de lo que había fantaseado, si eso era posible. Estiró la mano hacia sus pequeños senos, y sus dedos pellizcaron los pezones erectos de color rosa. Mai gimió suavemente mientras devoraba ávidamente su enorme polla. Los 21 centímetros estaban enterrados en su garganta, y David empujó suavemente contra su hija. Ella olía muy bien.

    David gimió y gritó «Me voy a correr, ahora» Mai lo miró y pudo ver la lujuria en sus ojos. Ella lo chupó más rápido y más fuerte. David empujó salvajemente, y ella retiró la boca de su polla. Mai agarró su gruesa polla con ambas manos y comenzó a frotarla furiosamente. Su boca se movió hacia sus bolas, y comenzó a chuparlas suavemente. Su mano se deslizó hacia arriba y hacia abajo por su polla, haciéndolo empujar contra ella. Cuando él gimió en voz alta, ella colocó su boca sobre la cabeza de su miembro. «Hija, sí, oh Mai», gritó. Su caliente y pegajoso semen disparó en la boca de su hija con gran fuerza. Mai se atragantó un poco cuando el fluido caliente le salpicó la garganta.

    Ella se tragó con avidez todo el semen pegajoso y dulce de su padre, y continuó ordeñando su polla con su maravillosa boca. Ella chupó hasta la última gota de esperma de la polla, y rápidamente la sacó de la boca. Mientras se paraba, David podía ver su exquisito y hermoso pubis. No era muy grueso, y podía ver la bonita piel rosa de su coño caliente. David la atrajo hacia él y le separó las piernas ampliamente. Él comenzó a besar el delgado cabello negro entre sus piernas. Podía oler su coño caliente y goteante. Su lengua se deslizó entre sus apretados labios rosas. Mai gimió cuando él comenzó a follar su raja húmeda con su lengua. «¡Oh sí, papá!» ella gritó.

    David vio su clítoris hinchado y húmedo, y comenzó a chuparlo suavemente entre sus labios. Mai gimió y empujó su coño contra su cara. David continuó lamiendo su dulce y jugoso coño. Se maravilló de lo hermosos que eran los labios rosa. Extendió el agujero del coño ampliamente separado con los dedos, y miró dentro del agujero rosado y húmedo. Él metió un dedo profundamente en ella. Mai gimió y llegó al clímax. Su pequeño cuerpo se sacudió y tembló, y ella gimió ruidosamente. «¡Mi papá, mi propio papi!», gimió. David sorbió sus jugosos jugos vaginales ruidosamente, saboreando su dulzura. Mai lo sostuvo por la cabeza, apretando su coño contra su boca.

    David chupó su clítoris y la masturbó con el dedo hasta que se vino. Mai luego apartó el rostro de su padre de su maravilloso coño. «¡Házmelo papá!» ella rogó. Ted la sentó en el sofá, separando ampliamente las piernas. Él frotó su cabeza de polla hinchada contra su raja apretada y húmeda. «¡OH sí, empújalo dentro de mí, haz que duela!» ella gimió. David empujó su polla profundamente en su coño. Mai gruñó en voz alta cuando su larga y gruesa polla destrozó su coño. Ella envolvió sus piernas alrededor de él, sosteniéndolo profundamente dentro de ella. Mai gruñó y su cuerpo tembló bajo el de su madre. Ella llegó al clímax, y su coño apretó con fuerza la gruesa polla de su padre

    David gimió y comenzó a follarla fuerte. Su polla se deslizó dentro y fuera de su coño apretado y húmedo, mientras él frotaba su clítoris con su dedo. «Oh, sí ‘, gimió. Ted gruñó cuando su semen se echó a chorros en su coño caliente.» ¡Oh sí, lléname! «, Gimió. David continuó bombeando en su coño, llenándola con su semen caliente. Mai llegó al clímax de nuevo, gruñendo ruidosamente Ted tomó sus bonitos pezones rosas en su boca y comenzó a trabajar en ellos con su lengua «Oh, sí…» gimió, mientras él mordía su pequeño pezón. David bombeó las gotas restantes de su semen en ella, y luego rápidamente quitó su polla de su apretado coño. La jaló hacia arriba y sus bocas se encontraron.

    David deslizó su lengua en su boca, besándola apasionadamente con un beso francés. La lengua húmeda de Mai encontró la suya, y gimieron mientras exploraban la boca del otro con sus lenguas. La polla de David se frotó contra su coño mojado mientras continuaban besándose.

  • Cruising on the rock

    Cruising on the rock

    Con mi amigo Quique solemos hacer todas las semanas nuestras excursiones en bicicleta. No hacemos carreras, pero sí nos vestimos con el culotte de ciclista. Ambos tenemos varios, pero uno lo tenemos igual, un azul oscuro con amarillo al lateral y la inscripción de una marca conocida sobre el amarillo en letras grandes y en vertical. Este lo usamos poco, porque como es igual, siempre queremos distinguirnos; sin embargo es el que nos ajusta más, porque fue el primero que compramos hace tres años, además, marca necesariamente mejor el paquete. Por todo eso nos gusta más, pero variamos con los otros. Yo tengo un hermano menor que yo, que es gay como yo, de nombre Isaac y es bastante afeminado. Isaac quiere que se lo regale porque una vez me lo vio puesto y le gustó como se notan los huevos y la polla. Pero no se los doy porque no le va eso de hacer ejercicio con bici, aunque que la suya es mejor que la mía.

    A lo que vamos. Por cierto, me llamo Rubén y al igual que Quique tengo 19 años, que cumplimos él el 8 de septiembre y yo el 12 del mismo mes. Ambos fuimos concebidos en sendas folladas que se dieron nuestros respectivos padres en el puente de la Constitución Inmaculada estando en los Pirineos de Andorra, donde se conocieron los cuatro esquiando. Ya se hicieron amigos.

    Hace dos semanas mi amigo Quique y yo decidimos usar el culotte de marras. Recuerdo que cuando salí de casa, bicicleta en mano y con los tirantes puestos sin maillot ni camiseta, verme dentro del culotte apretado, me hizo sentir muy a gusto y algo orgulloso, muy propio de mí que me gusta ser exhibicionista. Me empalmé, por supuesto, pero me monté en la bicicleta y me fui a casa de Quique que ya me esperaba en la puerta de su garaje hablando con su padre. Quique me vio sin maillot y se lo quitó para dárselo a su padre.

    — Ya te decía yo que está haciendo mucho calor, —le dijo su padre.

    Me acerqué, nos saludamos y su padre nos dio las obvias recomendaciones paternas. Quique a todo contestaba:

    — Sí, papá.

    Decidimos arrancar y, mientras nos podía ver el papá de Quique, yo seguía a mi amigo hasta las afueras de la ciudad. Una vez enfilados en el carril bici seguimos todas las normas hasta cierto lugar donde tomamos una carretera no muy señalizada ni con línea media y nos pusimos uno al lado del otro. Íbamos hablando y solo pasó un coche que venía por detrás y nos arrimamos al lado, luego seguimos hablando.

    Quique me dijo:

    — Llevó condones.

    — Yo también, siempre los llevó, —le dije.

    — Dentro de tres kilómetros o todo lo más cuatro hay un camino de tierra y piedras y conduce a un lugar de cruising.

    — ¿Encontraremos a alguien con el calor que hace?, —pregunté.

    — No he venido nunca, me he informado bien y dicen que siempre hay chicos, —me contestó.

    — A probar suerte, pues. —dije.

    — Dejaremos las máquinas abajo, donde hay un taller pintado en rojo, porque a partir de allí hay piedra y pueden malograrse las ruedas; solo nos pedirá dos euros, —así se explicó Quique y yo estaba conforme.

    Seguimos la carretera y al final había un camino. Doblamos por allí y el tramo estaba bien al comienzo, pero pronto se ponía feo, con piedra y en cuesta. Al poco divisamos el taller pintado de rojo y, llenos de ánimo, nos dirigimos allí. Nos asomamos y apareció una persona mayor sonriente. Tras el saludo, Quique le dijo:

    — Queríamos dejar las bicicletas aquí para caminar un rato, ¿es posible?

    — Oye, chaval, ponlas ahí enganchadas a continuación de las otras, —dijo el caballero.

    — ¿Cuánto es?, —preguntó.

    — Dos euros por cada bicicleta o una mamada, —contestó el hombre con una amplia sonrisa.

    — Tome 4 euros, lo segundo ya veremos al bajar, si las bicis están bien, —añadió Quique.

    El caballero se sonrió y nos miraba con deseo. Mi amigo Quique es rubio y guapo, muy guapo, con una mirada atractiva, sus ojos son marcadamente verdes como los de su padre. Yo soy más común, tengo pelo castaño y, aunque no soy feo, tampoco soy tan guapo como Quique, es que él es que enamora solo con verlo. Ambos tenemos cuerpo atlético, porque vamos al gym, hacemos bici cada sábado y jugamos a basquet. Él tiene los pies algo más grandes que los míos y eso me gusta, sobre todo chuparle cada dedo, pero a él le gusta más mi culo, carnoso, redondeado y de prominentes nalgas. A estas alturas ya no hace falta decir que Quique es gay y al igual que yo también ha salido del closet. También lo hicimos la misma semana, el mismo día y a la misma hora. Fue en Formigal, tras una jornada en la que quedamos cansados de tanto esquiar. Nos habíamos quedado los dos en una habitación, nuestros padres estaban en una suite para los cuatro y sus hermanas Juani y Lea con mi hermano Isaac estaban en otra para los tres. Mi hermano mayor Leandro no viene a nada por su chica, lo tiene esclavizado. Tras desnudarnos —en eso no teníamos ningún problema—, nos metimos juntos a la ducha, el vapor llenó todo el baño y nosotros seguíamos bajo el agua tocándonos todo el cuerpo. Luego, para vernos mejor, salimos desnudos a la habitación y nos secamos, nos abrazamos y nos besamos. Entonces no sabíamos besarnos todavía y nuestros besos eran simplones. A besarnos aprendimos viendo porno gay. Nos tumbamos cada uno en su cama, pero Quique se vino a la mía y se puso encima de mí.

    — ¿Lo hacemos?, —preguntó.

    — Métemela, —dije acariciando su polla.

    — ¿Estás seguro?, —volvió a preguntar.

    — Claro, por eso nos han puesto juntos; nuestros padres están los cuatro en la suite, ¿para qué? Seguro que follan y se intercambian.

    — ¿Tú crees?, —preguntó con los ojos muy abiertos.

    — Seguro que sí, —le dije.

    Le costó, pero me la metió hasta el fondo y se corrió abundante. Me hizo un poco de daño, pero el placer fue mayor, sobre todo cuando comenzó a bombear con un mete y saca esplendoroso motivado por las cochinadas que yo le iba diciendo: «puto, maricón, mete fuerte la polla, párteme, lléname» y otras lindezas. Quedamos sudados para ir de nuevo a la ducha.

    En la noche lo volvimos a hacer y nos follamos los dos uno al otro. Conversamos y quedamos que lo diríamos a nuestros padres en el desayuno. Nos íbamos a esquiar y madrugamos, las hermanas de Quique y mi hermano prefirieron quedarse en el hotel durmiendo. Estábamos desayunando los seis y dije mirando a mis padres:

    — Me parece que soy gay…, no, no, no me lo parece, es que soy gay y me gustan los chicos…, bueno… de momento me gusta uno más que todos…

    Mis padres y los padres de Quique se miraban y cuando mi padre iba a contestar se le adelantó Quique de cara a sus padres:

    — Yo quería también deciros que soy gay y me gusta un chico que se llama Rubén.

    Allí mismo me estampó un beso en la cara, me puse rojo, pero le devolví el beso en los labios, dulces besos.

    Nuestros padres ya no dijeron nada. Solo nos miraban, se miraban y sonreían. Llegando a casa mis padres compraron dos bicicletas y los padres de Quique nos regalaron los primeros equipos de ciclista para invierno.

    Ahí estamos ahora, nos queremos mucho, no somos novios sino amigos y nos estábamos encaminando a un cruising para buscar con quien follar, sin pensar que a la noche yo me quedo en casa de Quique y seguro que nos follamos como es costumbre. Pero como yo no conocía el cruising y Quique tampoco había que probar.

    Salimos del taller, nos encaminamos cuesta arriba, me bajé los tirantes y Quique hizo lo mismo. Le dije:

    — Me voy a quitar el culotte porque con el sol que hace se me marcará mucho. Me lo quité y me lo puse al cuello colgando por la espalda. Quique hizo lo mismo y anduvimos desnudos todo el camino hasta llegar al bosque donde ya vimos algunas parejas en acción. Nos adentramos hacia el fondo donde me dijo Quique que había un acantilado que daba al mar. Salió un chico y se insinuó. Quique le dijo:

    — Somos dos, necesitarás otro.

    Ni corto ni perezoso silbó fuerte y apareció otro chico más o menos como nosotros, también desnudo. El primero llevaba shorts y se llamaba Esteban. Sacó de su bolsillo dos condones, le dio uno a su compañero al que llamaba Arturo. Le quité el condón de las manos porque lo noté nervioso y se lo coloqué. Esteban se lo puso él mismo. Había un árbol caído y sin ramas en los costados y me puse agachado, dándole el culo a Arturo y apoyando mis manos en el árbol. Poniéndole el condón supe que acabaría pronto. Quique hizo lo mismo que yo. Ambos chicos fueron muy considerados y nos comieron el culo para facilitar la entrada. Arturo metía su lengua hasta dentro, ese era un buen lameculos, le daba a todo el entorno de mi ano y con lo sensible que soy me daba un extremado placer. Estaba yo delirando y gimiendo y grité:

    — ¡Ahggg! ¡¡Métemela, cabrón, que te vas a correr sin metérmela, no seas tan maricón!!

    ¿Qué le había dicho…? Me la ensartó toda de una vez. Ahí grité desesperado. Pero el chico esperó hasta que dejara de gritar y me acomodara su polla en mi culo. Al momento gritaba Quique y yo sentí alivio. Arturo me folló bien, pero acabó pronto. Mientras Esteban follaba a Quique, Arturo y yo mirábamos cómo sudaban y le pregunté a Arturo si estaba cerca el acantilado. Me dijo que sí y que si quería yo me acompañaba. Cuando acabaron Esteban y Quique nos fuimos los cuatro al acantilado. Ya tenía yo más ganas y al borde del acantilado me puse a masturbar mi polla. Los otros tres hicieron lo mismo y nos masturbamos los cuatro de frente y sobre la pequeña playa nudista que había bajo el acantilado. Pregunté por donde bajar y me contestó Esteban:

    — Dando la vuelta por donde habéis venido, justo al lado del taller pintado en rojo hay una senda muy buena y se llega allí.

    Preguntó Arturo:

    — ¿Habéis venido en bici? Pienso que sí por el short que os cuelga del cuello.

    — En efecto, hemos dejado las bicis en el taller, —dijo Quique.

    — ¿Habéis pagado?

    — Sí, —contestó Quique sucintamente.

    Yo añadí:

    — Sí, pero le hemos prometido que si las bicis están bien le daríamos una mamada.

    Esteban hizo una mueca de desagrado y nos encaminamos hacia el taller tal como íbamos, desnudos. Nos contó de regreso Esteban que ellos dos no pagan nunca, y se van turnando en las mamadas, que no le importaba lo que hicieran los demás, pero eso de pagar y mamar polla era excesivo. Nos lo dijo riéndose mucho y nos hizo reír con sus gestos, indicándonos que casi nadie paga porque todos prefieren darle una mamada, ya que tiene una polla grande que está muy buena.

    Al llegar revisamos las bicis y estaban bien y limpias. Esteban le dijo al señor del taller:

    — Atiende, Fernando, Arturo y yo ahora tendremos un poco de prisas porque nos vamos a enseñarles a la playa. Antes yo te doy la mamada que te debemos, luego, al regresar, ellos vienen aquí y te pagan lo prometido.

    Me daba la impresión de que el tal Fernando se puso feliz y estaba de acuerdo. Nos pusimos el culotte sin subirnos los tirantes, con los cascos y las rodilleras seguimos a Esteban. Yo iba detrás de Esteban, Quique y Arturo se retrasaron unos metros conversando. Al final llegamos juntos. Dejamos las bicis en el suelo y sobre ellas nuestra ropa y cascos y nos echamos al mar. Nos tumbamos un rato al sol y volvimos al mar como unas tres veces, porque el sol picaba mucho. Yo tenía deseos de cascármela y se lo dije a ellos. Fuimos donde estaban las bicicletas y me daban un condón pero preferí sacar dos de los míos y le di uno a Quique. Los chicos se agacharon, se pusieron en cuatro y nosotros detrás de rodillas, luego para penetrarles me levanté y le subí a Esteban su culo cogiéndole de las caderas y acerqué mi polla a su agujero, luego poco a poco se la fui metiendo. Quique se dio más prisa con Arturo. Acabamos extenuados. Nos metimos al agua y salimos a secarnos para ponernos de nuevo el culotte.

    Llegamos al taller, nos besamos y nos despedimos. Fue entonces, al pasarme su número de móvil, cuando nos confirmaron que Esteban y Arturo eran novios y vivían juntos. Como nos preguntaron sobre nosotros primero Quique y luego yo les dijimos que también éramos novios, pero cada uno vivíamos en casa de nuestros padres. Entramos al taller y Fernando nos dijo:

    — Me gusta la gente que cumple su palabra.

    Se dejó caer aquella cosa que hacía de pantalón y apareció la polla más grande que había visto yo en toda mi puta vida. Larga, gruesa, húmeda…, mmmh… ¡Había polla para los dos! Nos pusimos de rodillas lamiendo y mamando aquella polla con verdadero placer. Por fin se corrió, nos lo echó todo por la cara y me corrí dentro de mi culotte, salió mi lefa por la lycra afuera y Quique se rio porque le había ocurrido lo mismo. Fernando alababa nuestra mamada y nos dio una manguera para lavarnos, por supuesto que mojamos el culotte, tanto Quique como yo. Nos calzamos y y con el culotte mojado. Mojados, se marcaba toda la anatomía. Fernando nos hizo pasar a so oficina y nos abrió dos latas de cerveza, sacó cacahuete tostado y unas rodajas de chorizo.

    Cuando acabamos aquel aperitivo, parimos en las bicis y llegábamos a mi casa con el culotte seco, a las tres de la tarde, pero muy felices. Nos duchamos rápido y le di uno de mis shorts y nos metimos en el comedor donde estaba toda mi familia acabando de comer. Nosotros, felices, comimos como nunca; la verdad es que teníamos hambre.

  • Open mine Barcelona (4)

    Open mine Barcelona (4)

    Todos nos giramos, allí estaba él, desnudo, con la polla en la mano, mirándonos, mirándome.

    -Hazlo, quiero verlo –dijo.

    Todos callábamos, desde cuando estaba allí? Que había visto? Estaba claro que bastante, su polla lo delataba, pero esa situación… nuestros amigos y yo follando, lo habría visto todo? Pero porque estaba allí? Yo no entendía nada. Todos seguíamos callados, inmóviles, los dos osos no debían entender la situación, pero sabían que algo raro pasaba… Luis se adelantó, se acercó a mí y me besó, mirándome a los ojos lo volvió a decir:

    -Hazlo, déjale que te folle a pelo, sin condón, disfruta.

    Pero… no me salían las palabras.

    -Sssfff no hables, no pienses, sólo hazlo, me volvió a decir -y mirando al oso le dijo- fóllatelo.

    Este no se lo pensó, metió su polla en mi culo de golpe, sin miramientos, a saco, mi grito lleno el espacio, mi espalda se puso rígida, su polla se quedó dentro de mi, esperando que mi culo se acostumbrará, yo no dejaba se mirar a Luis y él a mi, mirándonos con la polla del oso metida en mi culo.

    -Tú quién eres -le preguntó el oso a Luis.

    -Es su pareja -soltó de pronto Pedro- y es la primera vez que lo ve así.

    -Pues creo que lo verás más veces, porque es de lo nuestros -dijo el oso empezando a bombearme el culo.

    -Eso espero -dijo Luis.

    Todos se concentraron en mi, sobre todo Luis a quien me apoyé para aguantar las embestidas que el oso me daba… ‘disfruta’ me decía Luis sin soltarme, ‘disfruta…’.

    Yo me concentré en sentir la follada del oso, lo hacía fuerte, haciéndome sentir su polla rozar las paredes de mi culo, recreándose en sacarla y volverla a meter, haciéndome suspirar y gritar, queriendo cada vez más…

    -Nadie me la va a chupar -dijo Luis de pronto.

    Pedro y José enseguida se agacharon y empezaron a comerle la polla, con ansia, metidos en la situación, se la pasaban el uno al otro, babeando la y chupándola, huevos, polla, culo, se lo comían todo y la cara de Luis lo evidenciaba.

    -Mira cómo me follo el culo de tu pareja -le dijo el oso sacándola y metiéndola entera.

    -Dale caña, dale fuerte -le decía Luis embobado mirando esa polla que me desgarraba.

    -Te gusta amor? -Me pregunto Luis.

    -Sí, me encanta, la siento a tope aaaggg.

    -Así me gusta, que disfrutes, vaya pollón tiene eh? Te está follando a tope.

    -Siii uuugggffff -yo casi no podía hablar.

    De pronto el oso la sacó, sentí el vacío en mi culo… ‘quieres probarla?’. Escuche al oso preguntar, me giré pensando que me hablaba a mi, pero lo que vi fue a Luis arrodillado y chupando la polla que acababa de salir de mi culo.

    -Te gusta? Esta buena?

    -Sí, pero métesela y dame más -le dijo Luis.

    El oso me la volvió a meter, dio tres empujones y la volvió a sacar para dársela a Luis, este la engulló al máximo, entera.

    -Vaya par de cerdos sois -le dijo el oso.

    -No lo sabes bien -contestó Luis sonriendo.

    -Voy a follármelo y preñarlo bien -dijo el oso.

    -No no, preñarme no -dije yo volviendo a sentir el miedo al peligro.

    -Siiifff solo te preñara si tú quieres, tengo que decirte que es lo mejor amor -me dijo Luis dándome un beso.

    -Es peligroso Luis -le dije ya suspirando de la follada que me volvía a dar el oso.

    -Disfruta, y no te cortes, no te cortes porque yo esté aquí… -entonces cogiendo mi cabeza con las dos manos y acercando la suya a la mía, acercándose al máximo y mirándome a los ojos me dijo: -a mí me encanta que me preñen, que me llenen el culo de leche, sentir como la polla convulsiona dentro de mi culo, y las envestidas son cada vez más fuertes, sé que es peligroso, pero no puedo evitarlo, me encanta que me preñen…

    Yo me quedé perplejo, de verdad habían salido esas palabras de la boca de Luis? De verdad era él quien me hablaba? Mi cuerpo no reaccionó, empecé a sentir cada vez más fuertes los empujones que el oso metía en mi culo, cada vez sus gruñidos eran más fuertes, y Luis seguía mirándome a los ojos.

    -Uuufff tío me voy a correr, uuuffff lo quieres o no? –Dijo.

    Yo no sabía qué hacer, miraba a Luis que me afirmaba con la cabeza, yo suspiraba, el oso gruñía…

    -Sí, sí, dámelo, dámelo todo, préñame –dije.

    El oso empujó fuerte, tres embestidas y una más fuerte quedándose dentro, suspirando, gruñendo, descargando dentro de mi culo…

    Salió poco a poco de mí, quedando solo su capullo dentro se paró, suspiro y la termino de sacar, se la acerco a Luis…

    Límpiamela, le casi ordenó, Luis no se lo pensó y chupo esa polla con esencia de mi culo y leche del oso, la succiono y desgasto, dejándola limpia y brillante. Después se acercó a mí y me besó, mezclamos nuestras lenguas apoyándonos el uno en el otro.

    Continuará.

  • Eva y su hijo Abel (2)

    Eva y su hijo Abel (2)

    Mis piernas, que no están mal, sin falsa modestia, carnositas y bien torneadas, el tobillo quizá está al borde de ser grueso, pero el conjunto está muy bien. Eva, deja de dar vueltas.

    Las piernas se me estaban derritiendo, el vientre tenía convulsiones pequeñas, irregulares, como las sacudidas después del terremoto. Me fui dejando caer al suelo apoyada en los hombros de Abel, que seguía de rodillas. Así que allí estaba yo, húmeda, sorprendida, agitada desde dentro por el deseo que había quedado satisfecho en aquel momento de explosiones, y mientras me desmoronaba fui sujetándome más del cuello de mi hijo, que me sujetó por la cadera, la cintura, me envolvía, tenía las manos apoyadas en mi espalda.

    El grito que tenía necesidad de echar desde el balcón, para que me dejara de atormentar se me había quedado dentro y me había recorrido toda, ese grito de estoy harta, quiero hacer algo más, ése lo había largado ya en este orgasmo, en esta corrida sin palabras.

    Miré a Abel. No habíamos hablado todavía. Dije su nombre, sonreí y me di cuenta del cambio que esta sonrisa suponía en mi vida. El grito callado me había abierto la puerta, y abierto los ojos a mi deseo. Abel repitió Mamá. Volví a besarlo como antes, despacito, suavemente, porque no tenía fuerzas para mucho. Respiré mientras tanto un poco mejor, y el corazón se me serenó.

    ¿Pensaba en lo que habíamos hecho? ¿Era malo? Sí, pensaba, no era malo, era mejorable, eso sí. ¿Por qué no aceptar aquella felicidad que me había atacado de repente, una noche de fiesta en el pueblo?

    Más recuperada seguí besándolo, y le pedí que se levantara. Se puso de pie. Su pene seguía desafiando el slip, turgente, lleno de sangre y deseo, y, sin embargo, tranquilo en su majestad orgullosa. Me pongo así porque es mi hijo, me parece. Pero estaba hermoso mi hijo con su pene erecto. Me puse de rodillas a adorarle, y, sujetándolo por atrás, paseando los dedos por su espalda y sus nalgas, sin bajarle el calzoncillo, fui sintiendo primero en las mejillas luego en los labios su polla. Mi lengua fue a su encuentro, delimitando su forma bajo la tela, humedeciendo la columna de su pene, el capitel del glande. Mi dios estaba tenso, y yo seguía con mi entrega. Le bajé el slip, que cayó al suelo y él apartó con un movimiento de los pies, y estaba allí como antes, sonriendo también.

    Me acerqué a su polla y empecé a lamerle, él estaba ya húmedo y preparado, el glande entró en mi boca como si fuera esperado, si le hubiera estado esperando toda la vida. Con las manos tomé sus testículos, y sujeté la bolsa, acariciándola y sopesándolos, acariciando su depilada suavidad, que me estremecía a mí y también a él. Iba metiendo su polla en mi boca todo lo que podía, hacía tanto que no lo hacía con Adán. No comparaba, no se trataba de eso. Con un esfuerzo que me dejaba sin poder respirar entró todo su pene en mi boca, mi hijo se movía y me empujaba atrás y adelante, con movimientos certeros; estábamos moviéndonos sin palabras porque no nos hacían falta. Él empujaba, yo cedía y contraatacaba, sacaba la polla de mi boca y volvía a lamerla entera, desde su base, me hundía a sus testículos y me los metía en la boca, alternando, probando todos sus sabores.

    Volví, porque me lo dijo el instinto, a su polla, que, toda húmeda, introduje en mi boca después de lamerle el glande. Sólo veía su sombra en la habitación oscura, pero su sombra potente me llamaba, era mi dios y me quería. Chupé apretando un poco, combinando sus empujes con mis retiradas, hasta que noté que, desde los pies, comenzaba para él también una eyaculación que yo esperaba como bendición. Me llenó la boca de su semen cálido, me llenó de Abel, me llenó mi hijo amado, de quien no esperaba esto, y sin embargo me había hecho esta noche esperarlo todo de él.

    Esa fue la primera vez que mi hijo se corrió conmigo esa noche.

  • Bettina ya no es virgen

    Bettina ya no es virgen

    Desde esa noche en que Bettina me vendió su culo me hice adicto a él, y no había día que no pensara en ese culo redondito con su agujerito chiquito y apretado y mi verga, mis dedos y mi lengua entrando en sus profundidades.

    Ya no tenía que esperar mi turno de trabajar hasta las 20 de la noche para culearme a Bettina, ahora nos encontrábamos fuera de la oficina y lo hacíamos en mi departamento y a veces en hoteles especiales que agregaban a la culeada una acción extra.

    Pese al pasar de las semanas y de disfrutar de su culo en todas las posiciones imaginables no había forma de convencer a Bettina de dejarse coger como dios manda y dejar esa ridícula virginidad de su concha rosadita y mojada que conservaba con tanto ahínco.

    No entendía si era temor o un verdadero deseo de conservar su conchita intocable por el momento.

    Por cuestiones de trabajo tenía que viajar de Barcelona a Madrid por unos días y se lo conté a Belinda pues su culo descansaría unos días sin la presencia de mi verga en su interior.

    Bettina reacciono con una expresión de tristeza pero al cabo de unos segundos me pregunto por qué no la llevaba conmigo a Madrid y saltándome alrededor entre besitos y carcajadas trataba de convencerme

    Así que en medio de la jarana le tire… «te llevo si me das tu conchita a cambio».

    Se hizo un largo silencio y no me contestó ni que si ni que no, se sentó en un sillón y se quedó pensativa ante mi repentino ofrecimiento.

    Al cabo de unos minutos se paró y me dijo:

    -Rubén estoy lista ya para darte mi virginidad, confió en ti y sé que me cuidaras.

    Les voy a ahorrar los días que pasaron hasta el viaje entre culeadas y culeadas.

    La primera noche en Madrid luego de que finalizara todas mis reuniones nos encontramos a cenar en un bonito lugar frente a nuestro hotel.

    Al finalizar la cena le pregunté si estaba lista lo que asintió con la cabeza, pagué la cuenta y fuimos a nuestra habitación.

    Mientras subíamos en el ascensor me contó que se masturba más de una vez por día y últimamente pensando en mi polla e imaginándola dentro de su coñito caliente y de solo pensarlo acababa.

    La bese largamente mientras mis manos recorrieron su cuerpo entre suspiros y gemidos…

    La tomé de la mano y fuimos al dormitorio. La desnudé y ella me desnudó a mí, nuestros cuerpos ya eran conocidos el uno con el otro, pero como siempre se me endureció rápidamente al ver su cuerpo delgado y juvenil frente a mí.

    Nos acostamos y entre besos y toqueteos nos pusimos en un 69 que esta vez fue especial pues no como siempre esta vez mi lengua entró en su coño un par de centímetros abriéndolo un poquito, además del juego de lengua sobre su inflamado clítoris, acompañando esto con un dedo metido en la profundidad de su mini culito que ya he follado y abierto en tantas ocasiones.

    Pasado unos 10 minutos de 69, Bettina explotó con un orgasmo que me llenó la cara de jugos calientes que lamí hasta la última gota.

    Ya era el momento…

    Puse a Bettina de espalda y abrí sus piernas casi 180 grados, me puse un condón y lo lubriquó con una gran cantidad de gel KY.

    Puse la punta de mi polla en la entrada de su concha y le pregunte «estás lista para recibirla».

    Su respuesta fue una gran sonrisa y un ‘Siii!’

    Empujé un poco y con mucha dificultad la cabeza de mi polla entro en ese volcán caliente en erupción.

    No era fácil. Bettina se movía pues le dolía un poco y yo no sabía si metérsela de un golpe y listo o ir avanzando centímetro a centímetro hasta romper su himen y entrar en la profundidad de su concha ardiente.

    Pero no hubo necesidad de tomar decisiones pues Bettina en un movimiento brusco e involuntario hizo que mi polla se hundiera en su cuerpo hasta el final.

    Pegó un grito y las lágrimas corrían por su rostro, un pequeño hilo de sangre manchó las sábanas de la cama, me extrañó, pero no fueron más que unas gotas, imaginé mucha más sangre al perder la virginidad.

    La cosa que yo estaba dentro de ella y la besé hasta que se tranquilizó sin moverme y sin sacarla. Lentamente comencé a moverme afuera y adentro follandola por primera vez en su coñito apretado e hirviente. Bettina se retorcía entre gemidos de placer y dolor pero gozaba cada instante…

    Estaba a punto de acabar y la saque de su conchita caliente y me saque el condón y acabe sobre su estómago un chorro impresionante de semen caliente y espeso. Rápidamente Bettina pasó sus dedos por el semen llevándoselo a la boca y lamiendo sus dedos lo que quedo en su estómago yo se lo esparcí sobre sus pezones que estaban salidos y duros y se los chupe mordiéndolos un poquito entre grititos y gemidos.

    Sentía mi polla ponerse dura nuevamente entre sus piernitas y en forma instintiva la frotaba entre sus labios vaginales y el culito. Cuando estuve listo para otra vuelta puse a Bettina en 4 patas y me puse otro condón y comencé a follarla nuevamente en esa posición dogy que tanto me gusta, metiéndosela profundo hasta que mis huevos golpeaban su culo.

    Los suspiros y gemidos de Bettina se volvían cada segundo más intensos y cuando le puse un dedo en su culo explotó con otro orgasmo, se le doblaron las piernas y cayó boca abajo en la cama, sacando mi polla de su coño.

    Aún estaba dura y no había acabado, así que así, como estaba, boca abajo, abrí con mi mano su culito, me saqué el condón y se la metí en el culo lentamente, abriéndolo al paso de mi polla en su interior.

    Cuando estuvo toda dentro, le pedí que apretara y aflojara el culo y así, sin moverme, sentí ese movimiento de aprieta y afloja. Había leído sobre esto y me encantó la sensación de su culito apretando mi polla caliente, hasta que acabe llenándole el hoyito con mucho semen pastoso.

    Se la saqué del culo, la hice volverse y se la metí en la boca, estando ella acostada y yo arrodillado sobre ella. Me lamió los huevos y la polla por un largo rato, y en un momento, sin previo aviso, me metió un dedo en el culo!

    ¡¡¡Mira vos la niña que sorpresa me dio!!! ¡La verdad que me gustó!

    Comentarios a [email protected].

     

  • Juguemos fútbol con Andrea, el objetivo meter un gol

    Juguemos fútbol con Andrea, el objetivo meter un gol

    Muy puntual llegué al aeropuerto era casi las 3:00 pm el vuelo salía casi a las 8:00 pm rumbo a Brasil, yo era uno de los camarógrafos seleccionados para la trasmisión de la Copa América de futbol, por lo que estaba muy entusiasmado como siempre pues por ser uno de los camarógrafos con mayor experiencia siempre me tocaba ir a estos eventos, los cuales se trabajaba pero también se gozaba.

    Al llegar al aeropuerto espere al resto de la comitiva que por cierto era bastante numeroso entre técnicos, camarógrafos, asistentes, realizadores, presentadores y etc… Pero fue inevitable no darle atención a Andrea la jefe de deportes no solo por ser una de las que iba coordinar y mandar sino también por su belleza que más de uno le alegraba el día, y no era para menos la Mona como le decíamos de cariño los más cercanos por ser rubia, era una mujer alta de cuerpo armoniosos pero no flaca más bien llenita, que la hacía tener unas patotas bien jamonudas que combinaban con sus brazotes, pechotes por no decir que era pechugona y su cara bonita de ojos claros verdes, la convertía en una mujer muy deseable.

    Un motivo más para que el viaje fuera agradable pues estaba garantizado recrear el ojo, y es que la parte maluca del paseo era que todos íbamos sin pareja, o sea era casi dos meses de cero sexo a no ser que uno fuera a donde las putas o como diría los brasileros “Busetas”, pero la verdad yo no era uno de esos aunque ganas no me faltaban porque habían cosas que no había chuleado o hecho y que solo una cualquiera podría hacer. Me refiero a esas fantasías cochinas que a veces llegan para dañar el buen juicio, pero en fin esta vez no creo empezando porque tendría que comprar preservativos y eso no lo cubren los viáticos jajaja.

    Al llegar el calor de Salvador de Bahía se hizo sentir se sudaba estando quieto. Era mortificante! pero igual tocaba trabajar a mí me tocó con la Mona para envidia de muchos por lo que prepare la cámara para las trasmisiones en directo, las cuales iban hacer en distintos puntos de la ciudad todo entre lo normal del itinerario, pero el segundo día me llamo la atención un individuo que había visto el día anterior de aspecto muy desagradable era un mulato de la región, alto, robusto, de apariencia rustico y desaseado, tanto que su olor lo sentía a distancia.

    Este hombre siempre usaba un esqueleto verde con una pantaloneta blanca con chanclas, por lo que me hacía fácil identificarlo entre toda la gente que nos rodeaba en las trasmisiones pero igual era uno más de todas las personas que se arrimaban para curiosear y salir en la Tv pensaba yo, pues al día siguiente nuevamente estaba allí con la misma ropa o los mismos trapos, y al otro día igual así fue cuatro días seguidos para el quinto estaba acompañado de otro hombre o hombrecito porque era de un metro medio más o menos, pero también de apariencia grotesca y durante toda la trasmisión no hacían más que mirar y señalar a la Mona era obvio que la estaban morboseando porque además parecía que se burlaban. Sin embargo no le di importancia siempre en esas trasmisiones hay uno que otro patán. Lo importante es que aun nadie incomodaba la trasmisión.

    Para el sexto día hubo una novedad había más multitud al lado de la trasmisión pues jugaba Brasil por lo que se estaba volviendo difícil poner orden, de pronto sentí ese mal olor cerca era el individuo ese del esqueleto verde estaba justo detrás de mí todo hablando con el otro individuo el cual no veía pues estaba espaldas mío, lo que hizo que pudiera escuchar apartes de lo que hablaban entre ello: “Mire esa mona rica” “Que tal las tetas, provocativas” “que talla de sostén será?” “No sé pero es grande de vaca lechera jajaja…” “Con esas tetas se hace fiesta” “Uhy si rico una pajarusa” “Rico fornicar una mona así”.

    Era evidente que estaban hablando de la Mona y no precisamente en buenos términos, pero no para menos estaba vestida de jeen con una blusa ajustada blanca que se moldeaba perfectamente a su voluptuosidad de sus pechos con un escote V que aún mas estimulaba, hasta a mí que de reojo también me deleitaba mirando severas tetas que me hacía pasar saliva, porque había que reconocerlo las tetas de la Mona se veían jugosas! Luego cuando estaba por terminar la trasmisión entre la euforia y los caticos de los hinchas escuche: “Se va ir esa monasa sin ordeño.” “Vamos a ordeñar” ”Ordeñar?” ”Si ordeñar, orde…”

    Y de repente vino el alboroto de los hinchas que saltaba al ritmo de los caticos, yo perdí la referencia de los individuos pues me preocupé fue por la cámara, de repente escuche el grito de la Mona voltee rápido entonces observo entre la multitud una mano grande y morena que estaba espichando una teta de la Mona y otras manos aparecieron con el mismo fin por lo que como pude la alcance a la Mona para protegerla, pero mientras que la sacaba de la multitud a la Mona hasta el carro que nos trasportaba, escuche tres quejidos más de la Mona, al llegar a la seguridad del carro note que la Mona estaba consternada mientras se acomodaba su blusa nuevamente, no supe que decir fuera de preguntarle estúpidamente: “Mona está bien?” Ella airada brava como buena santandereana me dice: “Humberto esos malparidos me manosearon. Gracias por salvarme!”

    No dije nada más sin embargo al mirar por la ventanilla del coche observo pasar a los dos individuos, que mirando hacia adentro del carro se enfocaron en la Mona. Entonces pensé yo “Esos fueron, esos fueron, los que tocaron a la Mona”. Luego muy alterada observo que la Mona hace una llamada a la jefe máxima, para explicarle la situación diciéndole: “Claudia imagínate que al finalizar la trasmisión fui atacada por unos hinchas que entre la multitud aprovecharon para meterme mano” “Si estoy tranquila” ”Si señora voy a poner el denuncio”.

    Entonces colgó la llamada y me dice: “Vamos a una comisaria Humberto” Lo cual solo hice caso y le dimos la orden al conductor que tampoco decía nada, al llegar a la comisaria la atención no fue la mejor pues toco esperar en principio 2 horas para que un funcionario que hablara español nos tomara la denuncia o el reporte como decía ellos, pero era evidente que poco o nada les importo por el contrario la Mona solo les alimento el ojo y el morbo porque el agente le decía: “Señora que va reportar un roce en una multitud de personas, eso pasa todo el tiempo en los estadios” Haciéndole fruncir el rostro a la Mona, estaba brava y le contesta: “Señor agente no fue un simple roce, me agarrón los pechos” y el agente le contesto relajado: ”Pero fue circunstancial por la multitud seguro no fue adrede” Y más brava la Mona le contesto: “No es así los muy malparidos lograron meterme la mano en mis escote eso fue premeditado”.

    Su repuesta me dejo atónico y me hizo pesar algo sínico” Los Hijos deputa tuvieron éxito” Pero el agente fue más cruel: “En serio! Y cuantas manos fueron Señora?” Y enfurecida la Mona contesta: “Para que pregunta eso? Se está burlándome de mí” Y el agente le contesta burlonamente: “Para dejar constancia en el reporte, pero le sugiero que no use esos escotes tan provocativos” Y quién dijo miedo la Mona brava dijo:” Ahora fue culpa mía, ustedes son el colmo!” Y azoto la puerta de la oficina marchándose y detrás iba yo como borreguito sin decir nada porque sabía que podía salir regañado, por lo que lo mejor fue solo dejar terminar el día.

    Al día siguiente todo fue solo un anécdota claro que en voz baja también era el chisme de corredor que despertaba el morbo de los técnicos, camarógrafos, etc… por lo que me buscaban para que les contara mi versión y les alimentará el morbo pero hubo una conversación de uno de los técnicos el más jovencito llamado Alirio me preguntaba: “Cucho y la Mona brava con la manoseada? La escucho gritar? Que tal sus gritos?” A lo que conteste: ”Pues Alirio sí, pero porque pregunta eso” y Alirio me contestó diciéndome: “Porque imagínese esa bravura de la Mona en la cama. Toda una Leona, oh no cucho?”.

    Preguntas y respuestas que me sorprendieron quitándome el sueño esa noche. Pero el fin de semana permitió dejar el tema en el pasado al llegar el Lunes comenzaban las trasmisiones nuevamente y por supuesto estábamos más alertas. La Mona al final hizo caso al agente y más tapadita iba a las trasmisiones, por lo que había que reconocer que se bajaba la tensión pero también se perdía el recreo al ojo, pero bueno unas por otras.

    Sin embargo nuevamente note la presencia de los individuos el del esqueleto verde que aparentemente no tenía nada más que ponerse y la del hombre de metro y medio igual con la misma ropa de la semana pasada, esta vez no los pedí de vista siempre estuve pendiente de sus movimientos, pero no pasó nada salvo que observe al mulato grande el del esqueleto verde hablar con nuestro conductor y se reía lo que me dejo más curioso, por lo que le pregunte al final de la trasmisión a Renato quien era el conductor: “Lo vi hablando con un individuó de camisa esqueleto verde, lo conoce?” Renato me contesto: “no señor es un drogadicto, indigente que me estaba pidiendo dinero”. Bueno y tocaba creerle porque me iba mentir, ahora entendía su mal olor por lo menos de ese individuo.

    La noche llego y estábamos invitados a un tour por la ciudad por lo que Renato fue a recogernos alrededor de las 8:00 pm, yo salí primero toco esperar a la Mona pero valió la pena a salir me deslumbro su belleza tenia puesto un vestido de lino ligero, corto que dejaba ver su bonita silueta y por primera vez sus lindas piernas que en realidad eran patotas un par de perniles jamonudos un vestido muy apropiado para temperatura de la ciudad.

    Entonces subimos al coche yo delante de copiloto de Renato y la Mona atrás, curiosamente vi a Renato nervioso tanto que tuvo problemas para poner andar el coche pero no le preste atención al rato en medio del recorrido Renato recibió un mensaje, él se detuvo y lo contesto, yo le pregunte: “Don Renato todo bien?” El solo me dijo: “Si señor bien” y seguimos luego comenzamos a subir por una calle que era una loma, una calle que en la medida que íbamos subiendo era más estrecha y oscura por lo que la Mona se inquietó al igual que yo y le pregunto a Renato: “Para donde vamos Sr. Renato?” El contesto algo tartamudo no muy seguro: “Eeeee… señora vamos vamos mmm a un mirador que se ve toda la ciudad”.

    El silencio se apodero del coche yo no le había creído y la Mona al mirarla fue evidente que pesaba lo peor y sutilmente tomo su teléfono, seguro iba a pedir ayuda y ojalá hubiera alcanzado por que al llegar a la cima de la calle había una casa de lata y salieron los dos individuos que había visto todos los días el mulato de camisa esqueleto verde que escuche que llamaron Fred y el hombre bajito le decían Topo, y me termine enterando de la peor forma por que inmediatamente se acercaron Fred me apunto con el arma y me dijo: “tranquilo no queremos héroes acompáñeme” y el topo hizo lo mismo con la Mona solo que el muy atrevido le toco la cola para hacerla entrar a la casa.

    Ella reacciono pero fue peor porque el Topo ahora apunta de pellizcos en la cola la hizo entrar, luego la sentaron en una silla de madera le gritaron a la Mona “cállese cállese!” Porque la Mona no paraba de pedir que no nos hicieran nada y que querían? Pero ellos tenían claro que querían y yo también sabía que querían. De inmediato la habitación fue llenándose de más hombres del barrio que fueron rodeando a la Mona que casi no me permitía verla bien pues a mí me amarraron en otra silla en el otro extremo de la habitación. Luego se me acercó Fred y me dice: “Necesito que narre un partido y que lo haga bien” Cual partido pregunte yo. Entonces Fred sínicamente me responde: “El reto del barrio vs la mona” y añadió “hágalo bien por el bien suyo!”. Y me entrego un micrófono para el trabajo.

    Luego se desato el infierno empecé a escuchar muchas voces a la vez: “yo primero a comer” y coro que decía: ”violación, violación!!!” y escuche las suplicas de la Mona “No! Por favor! No me toquen” .Y entre la multitud viene Fred y me dice: “No lo escucho narrando el partido”. Y entonces me toco y comienzo a narrar: “El juego acaba de comenzar se acercan dos atacantes por los extremos, buscan abrir el arco contrario encuentran resistencia de la Mona pero hay gran ansiedad de los atacantes por tirar por lo que observo que entre dos están forcejeando con la Mona para abrirle su defensa que es fuerte porque son dos patotas grandes y jamonudas pero terminan abriendo se filtra un tercer jugador por el medio es Fred va tirar tiene la artillería lista está en línea de gol, tiro, tiro! Muy duro y gol, y goolll… gol… gollll lo metió Fred.”.

    Y si para ese momento Fred había penetrado a la Mona después de una lucha por abrirle las piernas termino logrando su objetivo, para ese momento la Mona no podía hacer nada solo gritaba infructuosamente y yo tenía que seguir narrando: “Fred decide seguir atacando el arco de la Mona y la castiga con múltiples disparos, que anima las tribunas. Mientras que la Mona solo puede gritar por ayuda pero no hay más fichas para que la defiendan de los ataques solo le queda ceder terreno y dejar que se lo metan. Luego el jugador Fred acusa casación por lo que es cambiado y entra el Topo a la misma posición y en el primer tiro, metió el gol y gol y gol, gol, gol, goolll, cero y van dos, el partido va 0 a 2 perdiendo la Mona que es la visitante pero aún falta partido y el Topo sigue tirando a la Mona que poca resistencia ofrece más cuando también están atacando otros jugadores su delantera voluptuosa, literalmente le estaban sacando la leche a la delantera de la Mona haciéndole una jugada rusa.

    Cuando termina el Topo obligan a la Mona que cambie de posición a un cuatro dos donde la Mona estaba en cuatro y otro jugador un centro campista en dos, le estaba haciendo sus primeros tiros a la Mona y adentro! gol, y goolll… gol… gollll el partido va 0 a 3 perdiendo la Mona, esa pose termina por facilitarle las cosas al equipo local y se acerca un libero para meter un gol simultaneo por el otro frente de ataque que termina rompiendo las redes de su garganta y termina por haber dos goles seguidos gol, y goolll… gol… gollll el partido va 0 a 4 perdiendo la Mona, pero todos el resto del equipo quería su gol por lo que comienza una arremetida de disparos y ataques a la Mona donde uno tras otro van metiéndole su gol, y goolll… gol… gollll. La Mona sometida por los contrarios termina por meterse un autogol, pues se escucha sus primeros gemidos la Mona se había entregado golazo!!!

    El partido terminaba 0 a 13 perdiendo la Mona” Los jugadores están exhaustos pero el topo se acerca y me dice: ”Que buena narración, su paga está ahí”. Se refería a la Mona que estaba tirada en el suelo desnuda bastante trajinada pero aún se veía provocativa, era una invitación a un extra-tiempo con la Mona, lo pensé por unos segundos y ataque. Abrí las piernas de la Mona pues sus enormes piernotas encima de mis hombros tal como había fantaseado y le pegue un severo taponazo que la despabilo, pero estaba muy doblegada y dejo que la liquidara a punta de verga por un buen rato pude quitarme el estrés del partido goleándola.

    El partido acabo al final 0 a 14 perdiendo la Mona.

  • Esposa exhibicionista (relato corto)

    Esposa exhibicionista (relato corto)

    Les comparto una vivencia de hace algunos años. Desde el momento en que dimos rienda suelta a nuestras fantasías, cada vez que se puede, a mi esposa le gusta exhibirse ante la gente, en esta ocasión le tocó a los afortunados repartidores de gas que no se esperaron tener tan grata sorpresa para deleite de su vista.

    Como todos los días y la rutina del trabajo, a despertarse temprano y alistarse para iniciar bien el día, toco que se acabó el gas y nos tuvimos que bañar con agua fría, pero como era tiempo de calor pues no importo mucho pero si nos afectó a la hora de preparar el desayuno, así que ese día decidió quedarse en casa y no salir a su rutina de ejercicios para esperar que nos surtieran el gas, como era tiempo de calor aun así fuera de mañana se sentían fuerte los rayos del sol, mi mente rápido me traiciono y le comento, deja tontos a los repartidores y ella ni se lo pensó, fue inmediatamente a escoger la ropa que se pondría y a pedirme mi visto bueno, de ropa interior escogió una tanga negra de encaje que por la parte de atrás se dibujaba sobre la ropa un triangulito hermoso, y el sostén a juego negro de encaje que con mínimo esfuerzo se veían sus hermosos pechos con todo y su pezón, de pantalón escogió un pantalón levi´s que dibuja muy bien sus caderas y de blusa una que deja sus hombros al descubierto y era completamente transparente, únicamente las costuras eran lo que podían ocultar más de su cuerpo, así que prácticamente estaba desnuda de la cintura hacia arriba.

    Tras mi visto bueno de la elección de ropa que había escogido para esa mañana, me fui a trabajar y esperar la hora en que mi esposa me llamara o me mandara mensajes para saber qué es lo que ocurrió. Me platico que al abrir la puerta venían 2 señores, el chofer y su ayudante, el cual al voltear a decir buenos días, se quedaron con la boca abierta al ver a mi muñeca abrirles la puerta para que pudieran entrar, y ella al verles su cara de sorpresa, la muy coqueta se acomodó la blusa frente a ellos bajándose la blusa por sus hombros desnudos, y haciéndoles pasar para que nos surtieran el gas, una vez terminado mi muy atenta esposa les ofrece un refresco para que se quiten poquito el calor, y ellos no se negaron, para acompañar el refresco mi esposa se agacho sin doblar las rodillas para sacar de la parte baja de la despensa un paquete de galletas que les ofreció, y al hacer esto, de su pantalón se asomó el hermoso triangulo del tanga que llevaba y que ellos adivino que no pasó desapercibido. Cuando el chofer (que era el más viejo) termino su bebida aclaro que iba a recoger la herramienta y por el ticket para cobrar el servicio, el joven se quedó en medio vaso y mi esposa apresuro a servirle más para aprovechar y coquetear un poco con él, animosa le saco platica hasta que el en un momento de calentura le dijo lo bien que se veía, y lo simpática y agradable que era.

    Acto seguido por una sonrisa más insinuante mi esposa agradeció el cumplido y le pregunto que sí que era lo que más le gustaba de lo que estaba viendo, y el joven le dijo que desde que abrió la puerta no ha podido dejar de observar todo su cuerpo y que el momento que le gusto más, fue cuando se agacho por las galletas, y cuando termino de decir esto ella se voltio a darle la espalda y con sus dos manos tomo la orilla de la tanga de los dos lados y la alzo para que pudiera verla de nuevo, cuando el joven termino su bebida de un solo trago se encamino rumbo a la cocina para dejar los vasos vacíos y mi esposa lo intercepto pegándose a él y quitarle de sus manos sucias los vasos, y al hacerlo ella le dice que sus manos son de hombre trabajador por lo rasposas y lo bien que se deben sentir sus caricias, inmediatamente él se abalanzó sobre ella queriendo besarla pero ella no le permitió hacerlo en sus labios, y en su defecto le ofreció su cuello y tomando sus manos las llevo una a sus nalgas y otra a sus pechos estuvieron un rato así y luego ella se puso de espaldas a el pecho de él joven, para que pudiera meter sus dos manos, ella en este punto le pedía que lo hiciera bajo la blusa y ella se desabrocho también el pantalón para dejarle camino abierto a que pudiera tocarle sus tanguita y si tenía suerte permitirle meter sus dedos.

    Ella por su parte, acariciaba por encima del pantalón el miembro del joven sin sacárselo, ya que de un momento a otro podía entrar el chofer a cobrar su nota, cuando lo oyeron acercarse, mi esposa se metió a la cocina a componerse la ropa y quitarse un poco lo acalorada del momento, pago lo que se debía y terminaron de recoger sus cosas y se marcharon, mi esposa agradeció con un simple gracias sin darle importancia a lo sucedido y que nos imaginamos que al arrancar ellos en su camión el joven platico a su compañero la experiencia vivida. Y al yo llegar a la hora de la comida, ella me mostro sus pezones erectos aun y las marcas que sus rasposas manos le habían echo, así que en lugar de comer nos echamos un polvo de lo más excitados que estábamos.

    Esta fue otra historia vivida y que aún hoy nos llena de pasión. Saludos.

     

  • Mi ingenua Any (II): Primera vez

    Mi ingenua Any (II): Primera vez

    Ya les hablé de ella anteriormente, ella no era mi novia, pero es mi funda desde hace casi 5 años y hoy recuerdo la primera vez con ella, como ya se los dije ella tiene ese no sé qué, que hace que te la quieras coger toda la noche, como también ya se los comenté en mi anterior relato siempre que nos vemos tenemos sexo.

    Recuerdo que era sábado y estábamos en un bar ahí por la Plaza Central, ella lucia bien, un short azul, unas medias negras que dejaban ver su torneadas piernonas y una blusa escotada que me tuvo excitado todo el rato, ya teníamos unas copas de más, así que planeábamos irnos ya, ¡pero yo quería más!

    Entre besos y fajé, me había deleitado toda la tarde con su hermoso cuerpo, estábamos besándonos cuando le dije que nos fuéramos a otro lado a seguir tomando.

    L: Oye, ¿ya vámonos a otro lado no?

    A: ¿Así? y adonde me vas a llevar nene?

    L: Pues no sé, ¡se me ocurren muchos lugares!

    A: ¡Pues yo voy contigo a donde sea jajá!

    L: ¿segura? porque entonces te llevare y no te podrás quejar!

    A: ¡sí, no me importa, vámonos!

    ¡Nos salimos del bar, pase por unas cervezas y la lleve al motel que estaba cerca, ella al principio estaba temerosa no quería entrar, entonces le dije que ella había aceptado, después de hacerse del rogar por un rato, entramos!

    Finalmente, la tenía en una cama y es que desde que la conozco quería follarla con todo, finamente me vengaría de todas sus provocaciones.

    A: ¡Oye es que tengo que decirte algo!

    L: ¿Que pasa cariño, que tienes?

    A: Es que yo quiero estar contigo, ¡pero soy virgen y tengo miedo!

    L: ¡Tranquila, no pasa nada, déjame todo a mí!

    Empecé a besarla con pasión y al mismo tiempo acariciaba su cuerpo, ella gemía en mi oído, eso me excitaba demasiado, comencé a desvestirla, primero la blusa, después le quite el short que traía y solo le deje sus medias ya que obviamente le llegaban a los muslos y verla así, me excitaba! la acosté y comencé a besarle sus pechos, ella se mordía el labio y gemía, mientras mi mano bajaba a su vagina!

    L: ¡Any, no sabes cuánto te deseaba!

    A: ¿Bebe, en serio?

    L: Claro amor, ¡te quería tener así desde hace tiempo!

    Se la comencé a acariciar mientras me desnudaba yo también, le levanté las piernas y comencé a chuparle su vagina que tenía un sabor exquisito, ella se retorcía y gemía demasiado, eso me excitaba, le abrí sus labios vaginales y comprobé que efectivamente era virgen, le seguí lamiendo su vaginita mientras mis manos apretaban sus tetas, ¡ella lamia mis dedos de una forma tan rica que me quedaba claro que oral si había hecho!

    L: Que rica vagina amor, ¡nuevecita y exquisita!

    A: ¡Que rico me lo haces nene, que bueno que mi primera vez es contigo!

    Me puse de pie y le pedí sexo oral, ella decía que nunca lo había hecho, no le creí debido a que me lamio los dedos muy rico! pare mis 21 cm frente a su cara y ella comenzó a tragar mi cabeza, al principio como que le dio asco pero después se clavó, besaba y lamia mi verga como si fuera una paleta, introducía más de la mitad de mi verga en su boca, yo le acariciaba la frente, ella me miraba con unos ojos que me ponían a mil, me acosté en la cama y ella ya devoraba por completo mi verga, acariciaba mis bolas y las mordía, lamia todo mi pali, ya me lo había dejado todo babeado, al mismo tiempo yo jugaba sus ricas y firmes tetas, las apretaba y le pellizcaba los pezones con violencia, sus mamadas eran tan ricas, que la tome de la cabeza y empecé a meterla y sacarla de su boca,

    L: Nena, ¡que rica boca tienes!

    ¡Ella no podía ni hablar, apenas si podía respiras, pero el cómo me la raspaba con sus dientitos, me la ponía súper dura!

    ¡Me prepare para penetrarla, ya que ambos estábamos mutuamente estimulados y listos para la copulación! yo quería estrenarla sin tapujos así que no use condón, obviamente ella ya estaba excitadísima y no se negó, le abrí las piernas y lentamente le metí mi verga, ella gemía y me pedía que lo hiciera despacio!

    A: ¡Luis, despacito, dios que rico!

    L: Déjate llevar, ¡déjame quitarte lo virgen!

    Mi verga comenzó a perforar su himen, poco a poco se abría para recibir mi durísimo palo, ella me apretaba y me arañaba, gemía fuertísimo, yo era tierno con su conchita, no se la deje ir toda, le metí solo la puntita y agarrándomela empecé a jugar en su concha, la cabeza de mi verga jugaba su clítoris, esto la ponía más cachonda, me miraba y se mordía los labios, ¡se apretaba sus tetas y soltaba ricos gemidos!

    A: ¿Me la vas a dejar ir toda?

    L: ¡Solo si me la pides!

    A: Dámela, ¡méteme tu verga papi!

    L: ¡Pídela mejor!

    A: ¡Por favor, hazme tuya, penétrame, hazme mujer!

    La empecé a penetrar más fuerte, mi verga entraba en su húmeda vagina virgen, ella me abrazaba con sus piernas, yo acariciaba sus muslos que tanto me encantaban, le levante las piernas, se lo hacía lento hasta que sentí un chorro en mi verga, ya estaba toda mojada, comencé con movimientos lentos mientras acariciaba y besaba sus tetas, la agarre de patitas al hombro para penetrarla más a fondo ya que mi verga entraba solo a la mitad, sentía como mordía mi pene tan fuerte que me ponía más loco, la puses encima de mí, la cargaba y dejaba caer para que le entrara toda y así fue, ella gritaba y comenzó a mover su cadera con movimientos riquísimos que me hacían enloquecer.

    A: ¡Así, que rico, así Luis, dámela, así!

    L: ¡Que rico aprieta tu vagina, mamacita me encantas!

    A: ¡Tienes una verga que me encanta!

    L: ¡Tómala es tuya, devórala con tu concha!

    Cabalgaba delicioso, mis manos apretaban sus ricas piernas, mordía sus tetas, nos besábamos muy apasionadamente, de repente ella se vino y tuvo su primer orgasmo, estaba casi desmayada, la puse de perrito comencé con el mete y saca, ahora más rápido, ella se movía mientras yo le apretaba su clítoris y sus tetas. ¡Le daba de nalgadas y le jalaba el cabello, con la fuerza que desbordábamos nos caímos de la cama, ahí seguí cogiéndola con fuerza!

    A: ¡No pares, que rico se siente!

    L: ¡Aprietas bien rico, si muévete!

    A: ¡Sácamela cuando te vayas a venir, no lo hagas adentro!

    L: ¡Lo intentare nena, es que se siente riquísimo y no sé si pueda controlarme!

    Seguí metiéndole mi verga y estábamos totalmente excitados, ella me pedía que los echara afuera, pero esas palabras me excitaban y entonces más duro me ponía y más rápido se lo hacía, la puse de cucharita y seguía yo a mi ritmo hasta que ya no aguante más y me vine a dentro, ella también se vino por segunda vez, ¡ambos gritamos de placer!

    A: ¡Sácalos afuera, dios mío!

    L: ¡Any, que rico, toma todo mi semen!

    A: ¡Me vas a embarazar!

    L: ¡Te tomas la pastilla, que rico me mojas y aprietas mi verga!

    Nos quedamos abrazados un buen rato y aunque tuve temor de que haya quedado embarazada, no fue así, ¡desde ese día se volvió mi amante!