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  • Sé más gentil papá

    Sé más gentil papá

    Aquí estaba en mi último año en la escuela secundaria, tenía dieciocho años y todavía era virgen. Ningún chico parecía interesado en mí y esto me dejó deprimida. Sé que no era la chica más bonita. Parecía emo, medía 1,60 y llevaba gafas. Básicamente también tenía el pecho plano. Pensé que mi vida amorosa iba a ser inexistente. Fue entonces cuando mi papá se interesó en mí. Creo que me escuchó hablar con mamá. Necesitaba que alguien me dijera qué hacer y hable con ella.

    Mi madre no fue de ayuda. Ella me dijo que fuera paciente y algún tipo vendrá. Estaba cansada de esperar.

    Un sábado, cuando mi madre se fue de compras, mi papá llamó a la puerta de mi habitación. Todo lo que tenía puesto era unos boxers. Pude ver su bulto claramente y me estremecí.

    Papi se sentó en el borde de la cama a mi lado. Dijo que no necesitaba esperar a que un joven se interesara por mí. Extendió la mano y puso su mano sobre mi pecho. Solté una respiración profunda. Siempre encontré a papá tan masculino. Tenía el cabello gris que lo hacía lucir distinguido, su cuerpo se veía fuerte y era velludo. Papi se inclinó y su boca encontró la mía. Forzó su lengua dentro de mi boca y terminamos teniendo un beso apasionado. Supongo que se podría decir que me rendí a mi padre ese día. Necesitaba que me enseñaran a hacer el amor.

    Papi me frotó el pecho durante unos minutos y luego me subió la camisa por la cabeza. No, mis tetas no se cayeron. Apenas tenía senos, pero mis pezones eran como piedras duras en mi pecho. A papá no parecía importarle. Se separó de besar mi boca y bajó su rostro hacia mis tetas. Pronto lamió y mordió mis pequeños pezones. Dios, eso era tan bueno. Estaba enviando escalofríos a mi coño.

    Papá logró quitarme los pantalones y casi me arrancó las bragas.

    «Te amo, hija», me dijo.

    Yo también quería a papi. Necesitaba que él me convirtiera en una mujer de verdad. Eso es justo lo que hizo. Una vez que ambos estuvimos desnudos, mi padre se levantó de la cama. Estaba su gran polla directamente frente a mí.

    «Chúpalo, cariño, hazlo», me dijo.

    Su polla estaba erguida y parecía tan gruesa. Me acerqué al borde de la cama e intenté llevármelo a la boca. Apenas podía tomar un par de centímetros. Papi me ayudó. Puso una mano en la parte posterior de mi cabeza y empujó hacia abajo. Estaba empujando esa polla gorda, tratando de bajarla más por mi garganta. Mis ojos comenzaron a llorar.

    Papi retrocedió. Él debe haber pensado que eso era todo lo que podía bajar. Me empujó sobre mi cama y luego separó mis piernas. Pensé que iba a tener un orgasmo en ese momento. Papá se subió entre mis muslos y sentí la cabeza de su polla sondear mi apertura. Él comenzó a empujarme. Dios, duele!! Tomó un tiempo, pero la polla de papá finalmente se abrió paso. Se sentía como si alguien me estuviera llenando con un bate de béisbol.

    Papi dejo su gran miembro inmóvil dentro de mí hasta que me acostumbré. Lentamente, comenzó a empujar dentro y fuera de mi pequeño agujero. Había estado esperando todo este tiempo y ahora mi padre se había llevado mi coño virgen. Papi levantó mis piernas y las empujó hacia mi pecho. Su polla se sintió enorme cuando pude sentir sus grandes bolas golpeando mi trasero. Hacían este ruido de bofetadas cuando la piel chocaba la piel.

    Solo recuerdo haber llorado mientras mi papá me daba de comer cada centímetro de su grueso poste. Me dolió pero fue un buen dolor. Quería que él me estirara para poder tomar fácilmente su polla de ahora en adelante. Estaba seguro de que habría más veces. Papá me lo dijo.

    «Ahora eres mía cariño, voy a tenerte cuando quiera».

    No lo dudé por un momento. Mi papá soltó mis piernas y yo envolví mis piernas alrededor de su espalda. Puse mis manos sobre su pecho peludo y papá me dio la puta vida. Había usado mis dedos antes pero esto fue totalmente diferente. Su gran polla estaba frotando fuertemente contra las paredes de mi coño. Al principio tenía pequeños espasmos. Pronto era una ola de sensaciones. Estaba llegando al clímax una y otra vez cuando papá me lanzó su semilla.

    Sabía que no estaba protegida y que papá no llevaba un condón. En ese momento no me importó. Necesitaba sentir a un verdadero hombre correrse dentro de mí. Papá gruñó y procedió a arrojar su semen caliente profundamente en mi cuerpo. Mis músculos reaccionaron y apreté su polla dura. Eso hizo que papá disparara aún más dentro de mi cuerpo. Sí, se me ocurrió que podría quedar embarazada. Estaba demasiado enloquecida en ese momento como para importarme.

    Papá me siguió follando durante al menos otros cuarenta minutos. Era como un animal salvaje que me fecundaba allí en mi cama. Estaba comenzando a marearme y me dolía la cabeza pero no quería que pare. Finalmente bajó la velocidad y sentí su polla deslizarse fuera de mi usado coño. Su semen salió de mi coño desvirgado. Me agaché y recogí un poco de su semilla en mis dedos. Me lo llevé a la boca y lo probé. Sabía un poco amargo. Creo que podría llegar a gustarme esto. Pasamos un tiempo abrazados el uno al otro.

    Papá dijo que mi madre nunca podría enterarse de lo que acabábamos de hacer. Dijo que habría más oportunidades para que los dos hiciéramos el amor como lo hicimos hoy. Él estaba en lo correcto. Cada vez que mi madre salía de la casa por unas horas, papá y yo estábamos haciendo el amor. Sé que fue incorrecto y estúpido, pero papá nunca usó un condón. Dijo que se sentía demasiado bien usando su polla desnuda para follarme. En realidad no me importaba. Si mi papá me dejaba embarazada, quería tener a su bebé.

    Me encantaba sentir su pene corriéndose en mi interior y cuando algunas veces frustrado por su trabajo se desquitaba conmigo y golpeaba mi trasero en el sexo.

    Con el tiempo se hizo más fácil que entrara la gran polla de mi padre. Supongo que me había estirado hasta el punto en que podía entrar fácilmente. Papi incluso ha usado su polla para follarme el culo. Solo lo hizo una vez. El dolor fue intenso pero él dijo que me acostumbraría con el tiempo.

    Ya no me preocupa si algún tipo se interesará en mí o no. La polla de papá es más que suficiente para satisfacerme ahora.

  • Viernes de trío y squirt

    Viernes de trío y squirt

    Hacía más o menos 1 mes que Ana y Alonso habían tenido un encuentro ellos solos. Yo estuve de acuerdo porque yo estaba hospitalizado de una cirugía electiva. En otro relato contaremos lo que pasó aquella vez. En esta ocasión contaremos la única vez que Alonso fue a nuestra casa. Hace tiempo Ana tenía la fantasía de que llegara yo a nuestra casa o a alguno de los hoteles de nuestros viajes para que la encontrara cogiendo y me integrara yo en ese momento para hacer trío.

    A mi me agradaba mucho la idea y había pensado en ponerla en acción en la primera oportunidad. Como yo había estado en recuperación de mi cirugía no habíamos salido mucho. Aquel día era viernes y había sido mi primera semana de regreso al trabajo. A eso de las 4 o 5 de la tarde aún me quedaban unas 2 a 3 horas por delante para terminar mis pendientes cuando entró mensaje al chat que Ana y yo manteníamos con Alonso, saludando primero y luego preguntando si teníamos planes para ese fin de semana. Inmediatamente, antes de contestarle le escribí a Ana para preguntarle si ella quería. Ella aceptó de inmediato. Le propuse invitarlo a la casa para que llegara desde las 7:30 y yo llegar a las 8 con la clara intención de encontrarlos ya en plena acción. Ana no lo dudó por un momento y se hizo el plan. Alonso aceptó y quedamos que él llegara a las 7:30 pero deliberadamente no le dijimos que yo llegaría hasta más tarde.

    Ana había estado en las últimas semanas intensificando su entrenamiento en el gym porque andaba pensando en competir en alguna categoría de fisicoculturismo y yo sabía que se sentía muy sexy y le excitaba mostrar su cuerpo cuando andaba en forma así que le pedí:

    -Yo te concedo tu fantasía pero tú concédeme una a mí.

    -Vale -dijo Ana.- ¿Cuál?

    -Quiero que salgas a quitar el candado de para que cuando llegue pueda entrar hasta la puerta y yo saber que cuando le abras la puerta estarás completamente desnuda.

    Ana rio bastante pero al final aceptó de buena gana.

    -Cuando calcule que Alonso va a llegar ya no te escribiré ni marcaré. Para ponerle algo de incertidumbre tanto para ti como para mí amor. Yo no sabré si ya estás cogiendo y tú no sabrás en qué momento llegaré.

    -Me parece perfecto y excitante.

    Yo anduve el resto de la tarde obviamente con excitación por la expectativa sin embargo, cuando llegué a las 8 pm, me estaba estacionando cuando entró mensaje de Alonso. Se había tenido que desviar para ayudar a un amigo en un contratiempo y apenas venía en camino. Pequeña desilusión pero nada que no pudiera repararse. Cuando entré encontré a Ana en ropa interior. Un conjunto de bikini coordinado de estampado de flores rojas sobre fondo blanco de Victoria Secrets que me encanta la forma en que contrasta contra el color de piel de Ana.

    -Me dejé esto para quitármelo rápido antes de abrirle pero pues ya ni modo.

    La verdad nos reímos un poco de la fantasía frustrada pero igual iba a haber sexo y con eso era suficiente.

    Resultó que lo de quitar el candado no hubiera funcionado porque cuando Alonso llegó no le encontró el modo al mecanismo de la reja de la calle y tuve que salir a abrirle para que pasara.

    Cuando entramos a la casa me encantó que Ana salió de la recámara a recibirlo aún en bikini. Era obvio que no iba a perder tiempo. Su actitud era de mucha seguridad. Evidentemente la ex citaba recibir al invitado en ropa interior y que le viera casi desnuda. Apenas hubo algunas salutaciones y Ana señaló una silla de la sala que no tiene descansabrazos:

    -Siéntate hombre, no te quedes ahí de pie.

    Alonso se veía un poco nervioso tal vez por ser la primera vez que estaba en la casa. Ana sin perder tiempo se sentó a horcajadas de frente a Alonso abriendo sus piernas para poder apoyar sus pies en el piso. Yo me senté a mirarlos pensando que Ana se lo iba a fajar como preámbulo pero en vez de eso, puso sus brazos sobre los hombros de Alonso y le preguntó:

    -Cuéntame, ¿cómo te ha ido?

    Al mismo tiempo comenzó a mover sus caderas para frotar su sexo contra la cremallera de Alonso que aún tenía su pantalón puesto. Él la tomó por las caderas para acompañar su movimiento y le dijo:

    -Bien traviesa, o ¿te refieres a la última vez que nos vimos?

    Ana ya jadeando sin inhibiciones le respondió:

    -Mejor di que la última vez que cogimos…

    Alonso tampoco estaba perdiendo el tiempo y empezó a besar la piel que le quedaba accesible del pecho de Ana. Sin dejar de jadear se bajó los tirantes del sostén para que pudiera bajar sus besos. Seguía moviendo sus caderas y frotando su pubis contra el cierre del pantalón de Alonso. Él con su cara fue empujando la prenda hacia abajo hasta que pudo chuparle los pezones. Ana le correspondió jalando primero la cara de Alonso contra su pecho para luego empezar a abrirle el cierre de los jeans. El miembro enorme de Alonso no tardó en quedar al aire haciendo ya gala de una perfecta erección. Pasaron solo unos segundos para que sin mediar palabra Ana le ayudara a hacer a un lado el calzón del bikini para penetrarla ahí mismo en esa posición. Después me confesó que se había masturbado varias veces por la tarde y estaba muy lubricada.

    En lo que ocurrió lo que les cuento yo ya me había desnudado para masturbarme mirando toda aquella acción.

    Ana se movió un rato en disfrute del pene de Alonso hasta que tuvo una buena, evidente venida y de pronto volteó hacia mí, haciendo contacto visual y sonriéndome sin dejar de jadear y moverse ensartada en aquella verga.

    De pronto se levantó y se dirigió hacia mí. Quedándose de pie, se inclinó para comenzar a darme una mamada.

    Entretanto Alonso se desnudó rápidamente y se acercó por detrás Ana y apenas bajándole un poco la pantaleta, la penetró suavemente pero sin más aviso que tomarla de las caderas. Ana soltó un intenso gemido pero se dejó querer. Personalmente me encanta en esa posición ser quien recibe el oral, mientras miro como la toman de su trasero y se la cogen y la hacen gemir.

    Acto seguido Ana me dio la espalda para sentarse sobre mi verga y empezar a hacer un oral a Alonso, que se había quedado de pie frente a ella. Ana hacía movimientos circulares sobre mi pene mientras Alonso le controlaba la cabeza tomándola con las dos manos mientras ella se llenaba su boca de lo poco que le cabía el enorme pene de él. Estuvimos así un poco y luego volvimos a alternar con Ana de pie e inclinada para hacerme el oral a mí y Alonso cogiéndosela desde atrás.

    Después de varias alternancias de aquellas, Ana se sentó de frente a mí ensartándose solita en mi pene con sus piernas abiertas. Estaba mojadísima y yo sentía escurrir líquido desde su vagina. Alonso se acercó y apoyando su vientre contra la espalda de Ana comenzó a masajear sus pechos lo que fue correspondido con tremendos gemidos de ella que no tardó en venirse.

    Estuvimos un rato Alonso y yo acariciando a Ana mientras se recuperaba del orgasmo. Pasados unos minutos Ana se levantó y tomando a Alonso de la mano le dijo: «ven, cógeme acá» al tiempo que lo jalaba hacia el otro sofá. Se acostó boca arriba y abrió ampliamente sus piernas para recibir a Alonso que casi de inmediato la penetró y empezó a moverse. Yo me quedé desde el sillón masturbándome mientras los miraba coger.

    Alonso tiene un problema bueno. Le cuesta mucho trabajo venirse. Generalmente tarda y eso obra en beneficio de Ana que no tiene llenadera para los orgasmos. Se quedaron ahí. Alonso moviéndose y dando empujones entre las piernas gruesas color olivo de Ana. Yo veía como flexionaba los dedos de sus cuidados pies cada vez que Alonso empujaba dentro de ella. Ana acariciaba con sus plantas las pantorrillas de Alonso que a ratos se elevaba un poco para empujar con más fuerza. A veces dejaba caer su peso sobre Ana para usar sus manos en amasarle su trasero. Esa acción siempre desencadenaba un aumento en los gemidos de ambos. Llegó un momento en que sólo tenía cerrados sus ojos y se dejaba mover por los empujones de Alonso. En ese tenor Ana se vino 3 veces y de pronto Alonso bajó el ritmo y le preguntó:

    -¿Ya se vino lo suficiente señora? ¿Ya me puedo venir yo?

    Ana sólo extendió el índice de la mano con la que no tomaba el trasero de Alonso y alcanzó a mascullar:

    -Uno más y ya…

    Alonso se rio y reasumió su faena esta vez con movimientos más amplios y energéticos. Ana levantó sus piernas al aire. Fue delicioso ver como doblaba los dedos de sus pies en respuesta a los espasmos de placer. De pronto, comenzó a gemir con más fuerza, más rápido y comenzó a venirse ostensiblemente fuerte. Todo su cuerpo se endureció y se extendió en espasmos al tiempo que dejaba escapar un grito intenso de placer. Casi al mismo tiempo Alonso emitió un quejido por venirse dando una serie de empujones intensos entre las piernas de Ana. La escena fue tan deliciosa que terminé yo también por eyacular casi sin tocarme, sólo por ver la intensidad de sus orgasmos.

    Alonso se quedó un momento encima de Ana para luego incorporarse y sentarse en un extremo del sofá. Ana se quedó acostada subiendo sus piernas sobre las de Alonso que se dispuso a acariciarla despacio.

    -Sentí que soltaste agua calentita y fue lo que me hizo venirme. Nunca me había tocado un squirt es persona.

    Ana sólo sonrió. En efecto, en el hundimiento creado por su trasero había un verdadero charco de líquido cristalino. Prueba de la fuerza de ese último orgasmo.

    La verga de Alonso es particularmente enorme y siempre que Ana coge con él, no me deja tocarla en varios días de lo adolorida que queda. Bueno… No me deja penetrarla, porque orales…

  • Eva y su hijo Abel (3)

    Eva y su hijo Abel (3)

    No habíamos acabado, no, porque hasta ahora no habíamos hablado nada, nos comunicábamos con el deseo y la búsqueda de los cuerpos, no teníamos nada que establecer, todo estaba muy claro, a pesar de la oscuridad. Sin embargo, ahora, ahítos los dos, yo llena de él, él vaciado en mí, él erguido, yo sometida, de rodillas ante él, ahora teníamos que hablar de lo que había pasado, de lo que nos había pasado. Me levanté, yo no le llego más que al hombro, pero estaba a su altura. La sonrisa no me había abandonado en todo el tiempo, excepto cuando más concentrada estaba en satisfacerle. Le miraba sonriendo porque era mi hijo, y ahora –todo se iba convirtiendo sólo en ahora, no había tiempo que contara para nada– mi amante.

    –Mi rey -susurré- ven.

    Lo llevé de la mano a la cama. Bajé la colcha, la sábana y me acosté. Abel me acompañó. Nos tapamos con la sábana.

    –Abel, estoy… No sé cómo estoy, esta sorpresa me ha dejado sin palabras. Mi vida, mi rey, gracias.

    –Mamá, ya no podía esperar más. Más bien no podía aguantar más. Esto no es de ahora, es de años.

    ¿Sentía reparos? ¿Sentía vergüenza? En el coche sí, en este momento, frente a mi hijo, no; qué buen muchacho, qué hombre, qué bien me había tratado. Había esperado a que yo acabara antes, me había ayudado, sugerido y guiado en el amor y la pasión. No sabía cuánto tiempo había pasado, porque, recordad, yo vivía sólo el ahora.

    –Mi niño, te quiero, pero esto que estamos haciendo, lo que hemos hecho…

    –Tiene todo el sentido de dos personas que se quieren, mamá. Te miraba caminar por casa, te olía el perfume, te miraba las piernas, cuando te ponías al trasluz gozaba de tus pechos bajo la blusa. Te quería como madre y te deseaba como mujer. Me parecía que te estabas perdiendo en esta vida que llevas, sin que llegases a florecer, después de habernos dedicado la vida a todos nosotros.

    –Cariño.

    Besé a Abel en los labios. Qué más podíamos decirnos. Yo le había mirado cuando salía a correr, si alguna vez pasaba por su habitación y lo veía en calzoncillos, cómo me gustaba que se comprara aquellos slips del mercadillo. Cuando recogía la ropa, cómo olía y miraba, y me imaginaba a mi Abel y su bulto envuelto en el nailon. Y todo esto lo había callado tanto tiempo…

    Se lo dije. Puse el dedo en la boca indicando silencio y le conté cómo lo había adorado esta noche, lo que me había atravesado el cuerpo, cómo todo aquello que había sentido en silencio se había desatado en el silencio de dos cuerpos que se encuentran porque encajan y están hechos el uno para el otro.

    Besé a Abel en los labios y luego fui bajando por sus brazos, que me envolvieron dulcemente. Me acomodé sobre él, quitando la sábana, y primero besé sus pezones, me fijé en cómo se había depilado, y lo suave que estaba su piel. La lengua iba reconociendo el cuerpo desde este ángulo. Rodeé con la lengua los pezones, mojándolo como hacen algunos animales con los cachorros, para reconocerlos. Le iba dejando mi señal. Bajé las manos por sus costillas, contando, sin contar, perdiendo la cuenta y la idea de lo que estaba haciendo, porque empezaba a excitarme otra vez, notaba que mi chocho estaba empezando a mojarse, al estar sentada sobre su polla, me iba acomodando para que los dos gozáramos del movimiento. Pero eso era después.

    Sus costillas. Su pecho, que otra vez besé y lamí. Abel seguía quieto, mirándome en la oscuridad aliviada ahora porque nos habíamos acostumbrado un poco. No me hacían falta los ojos para estar con mi hijo, pero sí para invitar a que nos viera el deseo. Me levanté y subí la persiana un poco. La luz de las farolas llegaba tenuemente. Volví con él. Su rostro, más definido con la semipenumbra, me miraba sonriente. Se sentó en la cama y me atrajo a él. Me besó, entró con su lengua en mi boca, que esperaba anhelante. Me recorrió la boca y los labios, y él también me marcó como suya cuando se inclinó a mis pechos y me besó los pezones, tirando suavemente de ellos. Se me agitaba la respiración, el frío de la saliva y el calor de los cuerpos me daba la idea de estar en dos lugares a la vez. Volvíamos a besarnos con más pasión, a acariciarnos, sentados frente a frente. Nos acercamos y acomodamos, poniendo él sus piernas alrededor de mí, y yo las mías alrededor de él, por encima, con lo que la polla y la vulva se tocaban.

    Las manos acariciaban las espaldas, éramos –cómo decía mi primo Gabriel– el animal de dos espaldas. Un solo pensamiento nos llevaba. Ser una sola cosa. Cuánto tiempo nos estuvimos besando. Qué caricias y a dónde iban. Todas eran bienvenidas, todas llegaban en su momento.

    Al cabo de un tiempo nos separamos y acostamos. Abel me iba acariciando las piernas y besándolas de vez en cuando, puntuando el camino. Éramos de piel y agua solamente. Llegó a mis pies. Tomándolos en la mano me empezó a lamer los dedos y a chuparlos. Empecé a estirar las piernas, disfrutando de la visión de ellas al lado de mi hijo, que se deleitaba en mis dedos, que entrecruzaba con los dedos de las manos, y su lengua. Luego fue subiendo.

    Yo fui a su encuentro, y a mitad de camino nos besamos, y volvimos a separarnos para ver los lugares más alejados otra vez. Visité sus muslos, él los míos, estábamos en un espejo, donde todo se repetía, beso a beso, lametazo a lametazo, caricia a caricia.

    Hice que se echara boca arriba y me fui a su polla. Estaba erguida, pero yo sabía que podía conseguir algo más. Empecé a chuparle la polla, yendo ahora de la cabeza a la base, y sosteniendo otra vez la bolsa, notando el calor que desprendía. Le acaricié el pene, descubrí bien la cabeza y rodeé con la punta de la lengua el borde inferior, que quedó limpio y preparado para volver a mí. Chupé sus testículos, y noté los movimientos interiores, y cómo se iba poniendo tensa toda aquella zona. Él me había ido colocando en posición, y, sujetándome las nalgas, me bajó hasta que llegó mi chocho a su boca.

    Volvió a abrirme con delicadeza, volvió a recorrer con la lengua mi rajita, antes de sumergirse en mi vagina y llegar al clítoris otra vez, pero esta vez no paraba de subir y bajar por mi rajita, besando los labios, abriéndolos y cerrándolos, mientras paseaba sus dedos por mis nalgas y la raja entre ellas, y me acariciaba dulcemente el ano.

    Así estuvimos un tiempo que yo no sé precisar. Él iba creciendo, yo iba mojándome y moviéndome de una manera que se me había olvidado ya, pero que ahora resultaba fácil recordar.

    Por fin me separé de él, me giré, le besé, mezclando nuestros jugos, lamiendo para marcar y manchar. Me puse sobre él, me separé algo, y tomando su pene en la mano, lo dirigí a mi chocho que lo esperaba ansioso. Entró con la facilidad de llegar a lugar conocido. Yo iba subiendo y bajando, de rodillas me podía separar, y notar cómo entraba y casi salía su pene de mi vagina. Yo no sólo iba arriba y abajo, sino que también me movía hacia delante y atrás, notando toda su longitud, no demasiado largo, no un monstruo, sino compañero y ayudante en el placer, que él aumentaba moviéndose también y acariciándome los pechos.

    Vi que no iba a poder aguantar mucho más.

    Se lo grité

    –Me corro, Abel. Me corro.

    -Mamá, me corro contigo. Me corro.

    Y así llegamos a corrernos los dos a la vez, en otra feliz consecuencia de esta noche. Su leche fluía otra vez, ahora volviendo al lugar de donde él había salido. Se mezclaba con mis fluidos que se repetían en los espasmos que me venían. Yo abría la boca para respirar mejor y repetir su nombre. Él usaba mi nombre verdadero: Mamá.

    Esa fue la segunda vez que nos corrimos esa noche.

  • Cómo me casé con uno de mis profesores (Parte 1)

    Cómo me casé con uno de mis profesores (Parte 1)

    Me llamo Aranza, tengo 28 y soy mexicana. Me dedico profesionalmente al acondicionamiento físico desde que tengo 20 años, pero empecé en este mundillo desde los 15. Mido 1.67, soy de piel blanca y cabello castaño, bra 34b, 62 de cintura y 91 de caderas. Me considero una mujer atractiva, desde antes de cumplir la mayoría de edad ya atraía miradas de muchos hombres y algunas mujeres. Sí, mi pecho es pequeño, quizá demasiado, pero dejó de acomplejarme hace bastante tiempo. Mis caderas y mi cintura me hacen ver más mujer que otras mujeres más voluptuosas, a veces esa clase de cuerpos se ven hasta vulgares si me lo preguntan. Me considero guapa de cara, lo único que me disgusta es mi nariz, el puente es delgado, pero la punta de mi nariz es un poco ancha y, aunque me han dicho que me queda bien, la verdad es que es la parte de mi cuerpo que menos me gusta.

    Probablemente tenía un poco más de cintura en el tiempo que transcurre lo que estoy por contarles, también creo que era menos caderona. Lo cierto es que mi cuerpo no ha cambiado mucho desde entonces, definitivamente mi pecho sigue siendo el mismo.

    Pues bien, estaba en mi segundo año de universidad, tempranos veintes y la vida me iba de maravilla. Amaba mi carrera, a mi novio y mis amistades eran muy sanas. Nunca fui popular más allá de mi cuerpo, parecía ser lo único que le interesaba a externos a mis grupos sociales, pero lo cierto es que me gustaba bastante que fuera así, esa gente no me iba a procurar ningún bien.

    Pues bueno, ya estando en cuarto semestre, me tocó armar mi horario y oh, maldita sea, las horas se me acomodaban de tal forma que me tocaba clases con la profesora más perra de la uni (con la que ya había tenido problemas en el semestre anterior) o me quedaba hasta las cuatro de la tarde a tomar clase con un profesor diferente. Dejar en claro que me quedaría casi cuatro horas en la uni esperando sólo esa clase. Me decidí a tomar la clase de las cuatro, las cuatro horitas que me sobraban las podía dedicar a tareas en la biblioteca y, para ser sincera, me hacía falta, nunca se me facilitaba hacerlas en casa. Además, muchos compañeros de semestres superiores hablaban maravillas del Profesor Caleb. En especial aquellos que pertenecían a su grupo «privado». Trabajaban en investigaciones de bajo perfil junto a él y les recomendaba literatura artística y científica a todos ellos. Este grupo privado era, además, un símbolo de prestigio. Si te invitaba a unirte, es que algo estabas haciendo bien.

    Pues eso, recuerdo que las clases con él fluían muy bien y las dos horas se iban volando. A veces obligaba a alguien a participar tirando el plumón y haciéndonos pasar al frente o simplemente dialogábamos en clase de las lecturas que dejaba hasta tal punto que entrabas entendiendo un cuarto de lo que leíste y salías sabiendo el doble de todo lo que venía en ella. Además, era muy atento con todos, incluso los menos capaces de la clase, esos que participan con preguntas obvias. Tiraba tal respuesta que hasta llegabas a envidiarlos porque sus preguntas evidentes terminaban dando lugar a medio hora de explicación y diálogo constante. Esta se convirtió en mi clase favorita e hice de todo para que Caleb se fijase en mí, fantaseaba regularmente con cómo sería trabajar con él y sus alumnos, a veces sólo fantaseaba con nosotros dos hablando de basurilla intelectual. Estaba muy jovencita, no me juzguen.

    Así fue como llegamos a medio semestre y las cosas se pusieron un poco mejor para mí. Día con día me acercaba más a él y después de exámenes, tras darnos calificación, me pidió que me quedara después de clases. Hablamos cerca de una hora entera y terminó invitándome a unirme a su grupo de investigación.

    Fue en las sesiones estas que terminé enamorándome de él. Al principio simplemente eran ideas, después fantasías y después llegué al punto de pensar en él mientras me masturbaba. Me sentía mal después de hacerlo, él tenía treinta y tres años y recién se había convertido en padre de un bebé hermoso. Suponiendo que pudiéramos llegar a tener algo, destruiría su familia. Nunca pensé en escalar las cosas, me resigné a la masturbación e intenté dejar mis fantasías un poco de lado. No funcionó. Su piel morena, su cuerpo fornido y musculoso… su sonrisa y sus ademanes, todo estaba tatuado en mi mente, no me lo podía sacar de la cabeza.

    Fue en finales cuando fui a su oficina a hablarle sobre uno de los talleres a los que me quedaba en esas cuatro horas libres y me di cuenta de algo raro. Las persianas de su ventana estaban cerradas y las de la puerta también. Supuse que se habría ido temprano o algo, me di media vuelta y estaba por salir del pasillo de las oficinas cuando lo vi saliendo del baño, sus ojos rojos y toda la cara congestionada. Había visto a profesores llorando antes, pero nunca sentí el impulso de acercarme o nada, pero ahí estaba, corriendo para ver qué pasaba con Caleb.

    Le pregunté qué pasaba. Se limitó a darme una palmada en el hombro y me dijo que avisara que no iba a dar clases ese día. No me volteó a ver y su tono de voz era muy diferente al de siempre. Me asustó un poco, tan frío, casi enojado, nada que ver con el profe risueño que nos permitía bromear en clase y tiraba plumones a diestra y siniestra.

    Se metió en su oficina y me dejó sola en el pasillo.

    Hice lo que dijo, avisé a todo el grupo y estaba lista para llamar a mi madre para que me buscara, pero entonces me acordé de su cara. Sus ojos rojos, el hartazgo y cansancio. Ya había visto y sabido de veces en las que calmaba a estudiantes en crisis o les daba horas enteras después de clases cuando se acercaban con problemas. Me dirigí una vez más a su oficina y toqué la puerta con mucho miedo.

    Estaba temblorosa y preocupada. Si me corría de malas o si se descontentaba conmigo… Pero tardó poco en abrir la puerta.

    – ¿Está bien, profe?

    Le pregunté y entonces cerró los ojos y me sonrió soltando aire por la nariz.

    – Sí, sí, no te preocupes, Aranza, vete a casa temprano, aprovecha que te puedes ir a estas horas.

    – ¿Está seguro?

    – Sí, seguro, bonito fin de semana.

    Si dejaba pasar esta oportunidad no sería más que otra alumna, tenía que estar con él en el único momento en el que parecía vulnerable.

    – ¿Puedo pasar? – Pregunté y me hice un poco para enfrente.

    – Estoy ocupado, ahora, ¿es urgente o podemos hablar el lunes?

    – Es muy urgente, profe, perdón por molestar tanto.

    Me abrió la puerta sin decir nada y pasé rápidamente. Estaba oscuro en comparación a todas las veces anteriores. Prendió las luces en cuanto me senté en la silla y se sentó detrás de su escritorio.

    – ¿Qué necesitas, Aranza?

    Me quedé muda, no había pensado bien qué hacer ya estando dentro.

    – Nos dijo que si nos llegábamos a sentir muy mal podíamos hablar las cosas con alguien, dejar salir todo para pensar mejor después.

    – ¿Qué es lo que quieres hablar?

    – Lo digo por usted.

    Me desvió la mirada y suspiró antes de voltear a verme.

    – Eres alumna mía, Aranza, no creo que esto sea adecuado, ¿sabes?

    – No le diré nada a nadie, profe, lo juro.

    – Yo sé que no le dirías nada nadie, confío mucho en ti, pero sigue sin estar bien.

    – De verdad, perdón por insistir tanto, pero usted nos dijo…

    – Ya sé lo que dije, Aranza, no me empieces a sermonear con mis propias palabras. No puedes obligar a hablar a alguien que te está diciendo que no quiere hablar contigo, ahora, en serio, vete a casa y métete esta idea en la cabeza.

    La manera en que me lo dijo, cómo golpeó el escritorio con el dedo varias veces. Mis ojos se pusieron llorosos y la mandíbula me temblaba. Pude ver cómo, de un momento a otro, su expresión cambió y se puso de pie en cuanto comencé a levantarme.

    – Aranza… perdón, de verdad. No, no sé qué decirte, niña.

    – ¿Quiere que me vaya?

    – No, no es eso.

    Se volvió a sentar y se quedó viendo una pluma un buen rato.

    – No estoy enojado contigo. Es que estoy muy inquieto – otra vez, los ojos se le pusieron llorosos -, me voy a divorciar y acabo de tener a mi niño.

    ¡VICTORIA! La palabra divorcio me hizo dejar de lado el sentimiento de «la cagué» y pasé de un instante a otro a la felicidad pura. Pensaba que no tenía posibilidad alguna, me había equivocado. No demostré esto, claro, pero muy en el fondo me sentí la mujer más afortunada del planeta.

    Me contó su miedo de perder a Samuel (su hijo) y cómo es que estaba feliz de ser padre pero se arrepentía de haber tenido un niño con su mierda de esposa. Ya traían problemas desde un año atrás y pensaba que el bebé iba a ayudarlos aunque sea un poco.

    Me dediqué a escuchar y, eventualmente, yo misma empecé a llorar también. Quizá pasaron unos quince minutos en ello, pero parecieron horas.

    Cuando terminó de contarme y lo vi más calmado, le pregunté si podía abrazarlo. Dudó un poco, pero después me llamó con el brazo. Seguía sentado, me agaché un poco y rodeé su cuello con mis brazos, él me pasó su brazo derecho por debajo de la axila y me tomó de la espalda, su mentón en mi hombro. Lo escuché sollozar un poco y entonces acaricié su cabeza con una de mis manos, momentos antes de alejarme un poco, agacharme más y robarle un beso. Fue uno corto, pero lo disfruté bastante, sus labios carnosos, su barba mañanera rasposa… Me miró confundido, sus ojos bien abiertos y casi asustado, diría yo.

    – Déjeme ayudarlo – Le dije y me arrodillé frente a él y puse mis manos en su entrepierna.

    No me dijo nada, me tomó del brazo y me obligó a levantarme.

    – Ponle seguro – Me dijo.

    Rápidamente, me acerqué a la puerta y puse llave.

    Al voltearme, pude ver como Caleb se desabrochaba el cinturón y bajaba los pantalones, dejando ver un gran bulto debajo de boxers negros.

    Se sentó de vuelta en su silla y supe lo que se venía, sentado, comenzó a bajar sus boxers, revelando un pene que me dejó sin habla. Bien rasurado del pubis, un poco de vello púbico en los testículos tan grandes que parecían cerezas de las moradas y un miembro casi negro con una marca de nacimiento del lado derecho. Era grande, muy grande. Estaba semierecto y parecían ser unos diecisiete centímetros de verga. Lo que más me preocupo fue lo ancho, era monstruoso en ese aspecto. Su glande y su tronco eran, con diferencia, los más anchos que hubiese visto en mi vida en cuanto a grosor hablamos. Ni siquiera en las porno salían penes así.

    – Solo mámalo.

    Me acerqué, lo tomé con mi mano izquierda y me quedé impresionada con el peso de su verga. Palpitante y cada vez más duro, lo metí a mi boca. Me costó, sentí la piel de mis labios estirándose mucho y me dolió un poco, pero conseguí meterlo y mi lengua comenzó a trabajar ese glande mientras mi mano jugaba con sus peludos testículos. Cuanto más duro se ponía, más me costaba moverme, hasta el punto en que mover la cabeza de atrás a adelante era difícil, pero me estaba luciendo. Succionaba y lamía a partes iguales. A pesar del tamaño tan exagerado, su resistencia no era la que pensaba. Apenas había mamado durante unos cinco minutos cuando pude sentir una eyaculación demasiado grande siendo bombeaba a mi boca. Su esperma era fuerte, me raspó la garganta y dejó un fuerte olor en mi boca.

    Poco sabía yo el tipo de cogida que me esperaba.

  • Mi hijo ha suspendido y no puedo consentirlo

    Mi hijo ha suspendido y no puedo consentirlo

    -Señora López, su hijo no puede seguir así. Hablaba el tutor con Elena, la señora López, cuyo hijo había suspendido tres asignaturas ese trimestre.

    -Mi hijo ha estudiado mucho…

    -No lo creo señora López. Si su hijo hubiera estudiado mucho habría aprobado todas las asignaturas. Queda un solo trimestre y si suspende, tendrá que ir a los exámenes de septiembre y quién sabe si repetir curso…

    Elena asintió con la cabeza y tras darle una serie de consejos más, se levantó, dio la mano al tutor y salió por la puerta.

    Al llegar a casa su hijo estaba jugando con la consola. Evidentemente no es que hubiera estudiado mucho, pero tenía que cubrir a su hijo, lo quería mucho y era el niño mimado de mamá. A fin de cuentas su hermana le sacaba 5 años y ya iba a la universidad. Ya no era la niña de mamá, ahora solo le tenía a él.

    -Carlos, cariño, ¿qué estás haciendo?

    -Nada mamá. Jugando con la consola.

    -¿No estás estudiando? Ya sabía ella de sobra que no estaba estudiando…

    -No. He sacado buenas notas y…

    Ella le interrumpió.

    -Acabo de hablar con tu tutor y me ha dicho que has suspendido tres asignaturas. ¿Tú crees que podías engañarme?

    -Lo siento mamá. No sé qué me pasa. Estudio mucho y…

    Se puso tontorrón y unas lágrimas afloraron en sus ojos. Su madre le acercó la cabeza a su pecho y así le estuvo calmando.

    Más tarde Elena decidió darse una ducha. Estaban solos los dos. Su hija se había ido a la universidad, viviendo en el campus y su marido era ingeniero y pasaba largas temporadas fuera del país. Esta vez estaba en Dubai.

    Dejó que el agua mojara su pelo. Después de un momento, giró el chorro de la ducha y procedió a masturbarse con él. Hacía por lo menos un mes que no hacia el amor con su marido, era el tiempo que llevaba fuera.

    Ahogo sus gemidos para que su hijo no la oyera mientras estaba a punto de llegar al orgasmo.

    Después de correrse, siguió un rato más en la ducha tocándose los pechos y los pezones que ya perdían su erección.

    Salió del agua, se secó y se vistió.

    Preparó algo de cenar y así pasó un día más.

    ————————–

    El trimestre pasó rápido. Los exámenes concluyeron y las notas lo decían todo. Su hijo había vuelto a suspender tres asignaturas.

    Al día siguiente, recibió una nueva llamada del tutor.

    Era principios de junio y hacía calor, por lo que se puso un vestido ligero y ropa interior sexy, sin saber que iba a conllevar eso.

    De camino a la escuela se sintió mal. A fin de cuentas su marido casi nunca estaba y ella tenía que ser la que daba la cara cada vez que su hijo suspendía o hacia alguna trastada. Y últimamente habían sido varias veces ya.

    Recordaba la vez que le habían expulsado por enfrentarse a un compañero del curso superior. Dos días de expulsión y una falta grave en su expediente.

    Cuando llego a la escuela respiró hondo. Se echó el pelo hacia atrás y se puso a beber de la fuente que había en la puerta tratando de recuperar la compostura.

    Al levantarse, algunos chicos se quedaron mirándola. La verdad es que era una mujer muy atractiva. No había llegado aún a los 40 y estaba en esa fase donde atraía tanto a jóvenes como a hombres adultos. Y con ese escote que llevaba no ayudaba demasiado a pasar inadvertida.

    Llegó a la puerta del tutor y tocó la puerta dos veces.

    -Pase por favor.

    Entró y saludó al tutor.

    -Siéntese por favor.

    Ella obedeció.

    -Como sabe su hijo ha vuelto a suspender y tendrá que repetir curso. Llevará un año de retraso y veremos si no acumula alguno más aún.

    -¿Pero no podría presentarse en septiembre?

    -No lo creo. Su hijo ha terminado mal el curso y por sus notas no creo que sea posible que se presente en septiembre.

    Ella empezó a sudar. Gotas de sudor caían por su escote. El tutor se fijó en ello.

    Se puso más nerviosa aún y miró alrededor buscando una fuente como la que había en la entrada.

    -¿Tiene calor? Espere un momento.

    El tutor salió al pasillo y volvió con un vasito de cucurucho lleno. Ella se lo bebió de un trago.

    Ya más tranquila le preguntó si no había algo que pudiera hacer para que se presentara a los exámenes de septiembre.

    -Bueno, pensándolo bien, dijo mirando su escote, podríamos llegar a un acuerdo.

    -¿Cuál? Preguntó Elena ansiosa.

    -Lo primero me gustaría ver sus bragas.

    -¿Qué dice? ¿Está loco?

    -¿Quiere que su hijo pueda presentarse a los exámenes de septiembre? ¿Si? pues déjeme ver sus bragas.

    -Es un usted un enfermo, pero no quiero que mi hijo repita. Se levantó y se subió el vestido dejando ver sus bragas rosas.

    -Ahora dese la vuelta. Enséñeme su culo.

    Ella hizo lo que le pedía y se giró.

    -Está usted buenísima, pero no es suficiente.

    -¿Qué quiere cerdo pervertido?

    -Enséñeme las tetas.

    Se bajó los tirantes del vestido y el sujetador enseñándole los pechos. Eran preciosos y el tutor babeaba.

    Se levantó de la silla y se acercó a ella.

    -Tendremos que ayudar a su hijo para que apruebe ¿no?

    Ella no dijo nada. Él se sentó en su regazo y agarró primero su pecho izquierdo.

    -Así me gusta Elena, es muy obediente. Tiene unos pechos preciosos.

    Jugó con él un rato y finalmente se lo chupó. Después hizo lo mismo con el otro mientras ella giraba la cabeza para no verlo.

    Acabó sobándole los dos con fuerza. Los agarró con sus manos sudorosas y los empujó hacia arriba y abajo y finalmente los relamió con ganas.

    Ella se fijó en que estaba empalmado. No sabía que haría a continuación, pero solo se levantó y volvió a su silla.

    -Bueno, pues tengo que consultarlo con el consejo escolar. Ya sabe, si su hijo podrá presentarse en septiembre.

    Elena le miró mientras se volvía a colocar el sujetador y subirse los tirantes del vestido.

    -Esté pendiente del teléfono. Quizá la llame en un par de días.

    Se levantó para darle la mano pero ella no le hizo caso. Abrió la puerta y salió del despacho.

    Casi iba corriendo por el pasillo. Quería salir de allí lo antes posible. Un par de jóvenes se la quedaron mirando.

    Llegó a casa y se quitó el vestido. Se desnudó y se fue a la ducha. Se sentía sucia, pero por otro lado el cabrón del tutor la había puesto cachonda.

    Agarró la alcachofa y se masturbó como había hecho el otro día. Se restregó bien arriba y abajo de su coño y luego se pasó el chorro por el clítoris. Su hijo no estaba en casa por lo que pudo gemir bien alto cuando se corrió.

    Se sentó en el suelo y cerró el grifo. Estaba muy cachonda. Salió de la ducha, se sentó en la taza del váter y volvió a masturbarse.

    Estaba terminando de secarse, cuando su hijo volvió.

    -¡Mamá! Ya estoy en casa.

    Al principio no le contestó.

    -¡Mamá! ¿Dónde andas? ¿Estás en casa? ¿En tu cuarto tal vez? ¿Estás con un ligue en la cama? ¿Estás follando?

    Al oír eso, ella salió del baño.

    -¡Carlos! ¿Qué te he dicho de ese lenguaje?

    -Lo siento mamá. Pensé que estarías…

    -Se dice hacer el amor y no follar. Además yo no tengo ligues. Sería incapaz de acostarme con otro hombre que no fuera tu padre…

    -Está bien, está bien.

    -He ido a ver al tutor de nuevo. Hemos estado hablando para ver si puedes presentarte a los exámenes de septiembre.

    -¿Y qué te ha dicho?

    -De momento nada. Tiene que consultarlo con el consejo escolar. Me llamará en un par de días.

    Su hijo se la quedó mirando. Llevaba puesta solo la toalla.

    -Ah, de acuerdo. Ahora tengo que ir a mi cuarto. Dijo esto y se fue derecho a el.

    Cuando cerró la puerta su madre le dijo:

    -¡A ver qué haces ahí! Sabía de sobra que iba a hacerse una paja. Era normal, no tenía novia y estaba en edad de ello. No se dio cuenta de cómo la había mirado y que iba a hacerse la paja pensando en su madre.

    Salió de su cuarto después de unos minutos algo azorado.

    -¿Has dejado todo bien? ¿Ninguna mancha?

    -Si mamá. ¿No creerás que me bebo la leche en la cama? Tengo un posavasos y el bocadillo lo como en la mesa.

    No me refería a ese tipo de manchas, pensó ella. Pero que inocente es mi hijo. No se imagina que sé que se la menea en su habitación.

    ————————–

    Pasaron dos días y casi se había olvidado del tutor, cuando sonó el teléfono.

    -¿Diga?

    -¿Señora López? Soy el tutor de su hijo. He estado hablando con el consejo escolar y la verdad es que… no tienen muy claro que su hijo pueda presentarse en septiembre. Quizá otra visita pueda hacerles cambiar de opinión.

    -Está bien. Si no hay otra forma…

    -¿A las cuatro le vendría bien? No tengo a nadie a esa hora.

    -A las cinco me viene mejor.

    -De acuerdo. Traiga algo de ropa… ligera. Ya sabe.

    Llegó a las cinco menos cinco. Unos chicos, dos chicos y dos chicas estaban sentados en las escaleras. Se paró frente a ellos.

    -Hola chicos, quería preguntaros una cosa. Dijo agachándose frente a ellos. ¿Conocéis al tutor de la clase 3C?

    -¿La clase 3C? No. ¿Tú lo sabes? dijo mirando a la chica que tenía a su lado.

    -El de la 3C es Nacho. Le contestó la chica.

    -¿Y que tal es el tal Nacho?

    -Es un poco capullo. Contestaron a la vez los otros dos. Se rieron un rato. Elena se dio cuenta de que los chicos miraban sus muslos ya que al estar agachada y con ese vestido corto, se le veía casi todo.

    Le dio las gracias y se levantó. Los chicos se miraron como diciendo que buena está y las chicas les dieron unos golpecitos en el hombro.

    Elena entró en el despacho sin llamar. El tutor la esperaba sentado en su silla.

    -Vamos a hacer lo que usted quiera. No quiero que mi hijo repita curso.

    -Es un usted muy comprensiva señora López. Esta vez algo sencillo. Vaya quitándose la ropa.

    Nacho se levantó y echó el pestillo a la puerta. También corrió la cortina.

    Cuando se giró, Elena estaba completamente desnuda ante él. Se la quedó mirando fascinado. Tenía un cuerpo de modelo increíble.

    Se acercó a ella y la besó en los labios. A ella le dio un poco de asco, pero no pudo hacer nada para evitarlo.

    Bajó la mano hasta su culo y comenzó a sobarlo mientras la comía la boca. Elena empezaba a excitarse. Cerró los ojos y pensó en su hijo, todo lo estaba haciendo por él.

    Después de magrearla un poco más, le pidió que se sentara en la silla.

    Se bajó los pantalones y calzoncillos. Ella pensó que iba a follársela cuando se puso frente a ella, pero agarró su pene y lo colocó entre sus tetas. Iba a hacerse una cubana.

    Le indicó que empujase sus tetas con sus manos hacia dentro y luego él también hizo lo mismo, mientras empezó a mover su polla entre sus tetas. Comenzó a gemir.

    -Ah, ah, ah, señora López. Como me pone.

    Ella no decía nada. Solo empujaba sus tetas con las manos y se dejaba hacer.

    -Vamos a ver si podemos arreglar lo de su hijo. Ah, ah, aaaah.

    Empezó a acelerar los movimientos. No creía que fuera a durar mucho.

    Se fijó en que unas gotas de líquido preseminal asomaban por su glande. Ya casi estaba. No tendría que aguantar mucho más esa tortura.

    -Ah, ah, aaaah, me corrooo. Señora López, me corrooo.

    Varios chorros saltaron a su barbilla, escote y cayeron por su pecho. Debía hacer bastante tiempo que no se corría por el volumen de su semen.

    Siguió bombeando un poco más, hasta que terminó de soltarlo todo. No se dejó dentro ni una gota.

    Sacó la polla de entre sus tetas y se quedó de pie, como un tonto frente a ella.

    Dio la vuelta a la mesa y abriendo el cajón, sacó un paquete grande de clínex y se puso a limpiarse la polla.

    Luego le pasó la caja a ella.

    -Tenga, límpiese.

    Ella se limpió bien y acabó dejando la caja sobre la mesa.

    Mientras se vestía, Nacho el tutor comenzó a hablar:

    -Ahora hablaré con el consejo escolar, señora López. Por supuesto que su hijo podrá presentarse a los exámenes de septiembre.

    Se levantó y el tutor con la polla aun fuera le dio la mano a Elena. Esta vez ella si se la dio.

    Salió de la escuela corriendo y casi se choca con algunos alumnos.

    ————————-

    El verano pasó relativamente rápido. Ella ayudó a su hijo con los estudios. No quería por nada del mundo que volviera a suspender y tuviera que repetir curso.

    Durante el mes de agosto y aprovechando algún día que su hijo no estaba, tuvo sexo por videoconferencia con su marido. Cuando llegaba al orgasmo veía la cara del tutor, pero disfrutaba bastante. Estaba ansiosa por volver a probar la polla de su marido.

    Llego el 1 de septiembre, fecha de los exámenes. Acompañó a su hijo a la escuela segura de que iba a aprobar todo.

    Tras unas horas de exámenes, su hijo salió muy contento. Estaba claro que aprobaría y que la pesadilla había acabado.

    Pasaron los días y llegó el 10 de septiembre. Eran las 8:30 cuando sonó el teléfono. Todavía no se había levantado. Su hijo se había quedado a dormir en casa de un amigo.

    Medio dormida contestó al teléfono.

    -¿Si, quién es?

    -Señora López, soy el director de la escuela. La llamo para comunicarle una mala noticia. Su hijo no ha aprobado las tres asignaturas por las que se presentaba.

    -¿Qué está diciendo?

    -Ha estado a punto de aprobar, pero ha sacado un 4,5 por lo que tendrá que repetir curso.

    No podía creer lo que estaba oyendo. Había estudiado mucho y ella había estado con él todo el tiempo. Sin duda habían hecho trampa para que no aprobara.

    -¿Y no hay nada que yo pueda hacer…? dijo con un hilo de voz.

    -Si pudiera estar aquí… sobre las 10, podríamos hablar sobre ello y veríamos que podríamos hacer, dijo el director muy serio.

    Ella aceptó en el acto. Tendría que vejarse otra vez, pero lo aceptaba. No quería que su hijo repitiese y perderle probablemente en algún internado.

    A las 8:45 se levantó como un resorte. Se duchó, desayunó y se arregló bien, Se peinó a conciencia, se pintó los labios, se puso su mejor ropa interior y un vestido morado bien ceñido. Sus curvas se acentuaron aún más.

    Llegó a paso decidido a la escuela. El director le había dicho que pasara primero por el despacho del tutor.

    Tocó la puerta y este la invitó a pasar.

    -Espere un instante. Llamó por teléfono al director y este les dijo que podían pasar a su despacho.

    Entró primero Elena. El director era un hombre gordo de unos 55 años.

    -Señora López, encantado de conocerla. Conocerá que la situación de su hijo es bastante, digamos, difícil, así que espero que lo entienda y podamos llegar a un acuerdo.

    -Estoy dispuesta a llegar a un acuerdo.

    El director se levantó de la mesa y se acercó a ella. Oyó como el tutor echaba el pestillo a la puerta como había hecho en su despacho.

    Hizo lo mismo que el otro, se bajó pantalón y calzoncillo. Una polla morcillona, morena y sin circuncidar asomaba frente a ella.

    Se agacho frente a él, la cogió con una mano y empezó a menearla arriba y abajo. Cuando creció un poco más, la descapulló, se la metió en la boca y comenzó a chuparla. A su marido le encantaban las mamadas que le hacía, por lo que el director no tendría queja.

    Enseguida se excitó. Elena aceleró el ritmo de la mamada, pero enseguida el director la hizo parar.

    Iba a correrse si seguía así.

    -Ahora por favor desnúdese. Era educado y todo.

    Obedeció y se quitó el vestido y la ropa interior. Él la dejó sobre la mesa.

    -Dese la vuelta y apoye la pierna sobre la silla. Nacho, sujeta la silla.

    Levantó un poco su pierna izquierda y abrió un poco sus labios. Pensó que la lubricaría un poco o la masturbaría, pero no, la penetró sin más. No estaba muy mojada.

    -Aah, gimió ella.

    -Tranquila señora López, así, sin resistirse.

    Empujó un poco más hasta que entró toda.

    -Aaah, me duele un poco.

    -Tranquila, tranquila, ya se va adaptando.

    Comenzó a bombear y ya estaba húmeda. La sentía toda entrando y saliendo. Su barriga chocaba contra su culo mientras el tutor sujetaba la silla. Los empujones la movían un poco. Estaba disfrutando como una loca. No quería disfrutar pero lo hacía.

    Cerró los ojos y se concentró en su marido y en su hijo. Tuvo visiones lujuriosas en las que follaba con su marido y luego con su hijo mientras que el gordo del director se la follaba.

    Ya cerca del orgasmo, el tutor la besó en la boca.

    -Estoy a punto señora López. Me corro, me voy a correr. Si, si, ya llega, ya llega.

    Ella se corrió primero, no pudo aguantar los gemidos y se corrió como una loca. Pero siempre pensando en su marido y su hijo. Luego lo hizo el director.

    -Aaaah, Elena, me corrooo. Por una vez la llamó por su nombre. Aaaah. Me encantan las madres que colaboran como usted aaaaah.

    Terminó de bombear y se salió de ella.

    -Ha sido muy generosa, dijo recuperando la respiración. Hay pocas madres que sean como usted. Sin duda subiré la nota de su hijo y así aprobará.

    Ella asintió pero no dijo nada.

    -Acompáñela a las duchas Nacho. Que se limpie bien.

    El tutor la llevó hasta las duchas que tenían solo para el personal.

    Ella se duchó delante de él porque el tutor no se iba y se hizo una paja delante de ella el muy guarro.

    Cuando se corrió ella ya había terminado de ducharse. Cogió la toalla que le había dejado en el toallero, se secó y se vistió.

    -Gracias por todo Elena, le dijo el guarro del tutor. Espero que volvamos a vernos.

    Cuando subió por la escalera se encontró con el director que la saludó y le volvió a repetir lo mismo.

    Ella no dijo nada y salió de allí casi corriendo.

    Estaba segura de que aquello no volvería a pasar aunque tuviera que sacar a su hijo de aquella escuela.

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  • Recuerdo de la juventud

    Recuerdo de la juventud

    Por el último año he venido chateando con una amiga de mi infancia, pues de hecho estudiamos juntos en primaria y nos volvimos a encontrar de nuevo en los pasillos de la escuela en la secundaria. Realmente ella no era una gran amiga, pues es menor que yo unos dos o tres años. Con la que, si tenía una relación más que amistad, era con su hermana mayor de nombre Gaby. En ese tiempo yo tenía 18 años al igual que Gaby y su hermana Chanel comenzaba la secundaria. Por esas casualidades y por lo que trama el destino, ella me encontró por estas redes sociales muy populares hoy en día.

    Después de chatear por algún tiempo hemos llegado a tener más confianza o recobrar en algo la que ya teníamos en aquellos años. Hace algunas semanas atrás me confesaba que ella nos espiaba cuando en algunas veces llegaba a la habitación de su hermana cuando nos dábamos tremendas cogidas. Al igual me contó de lo que las chicas hablaban de mi y que por lo menos ella sabía que del grupo de esa época, por lo menos unas siete admitían haber cogido conmigo. Los nombres que me dio lo corroboraban, pues en realidad con todas ellas e inclusive con otras que ella no mencionó, porque nunca lo supo o no recordaba sus nombres.

    Las pláticas por los últimos días venían dándose así, lo que me hizo intuir que Chanel en todo ese morbo creado alrededor de todo aquello, realmente buscaba más que recordar: Debo decir que Chanel es una mujer ahora de 49 años, es viuda desde hace 3 años atrás, tiene solamente una hija, vive holgadamente, pues su marido se encargó de que nada le faltara al él morir de complicaciones renales, así que mi amiga Chanel vive una vida placentera y quizá lo único que le hace falta, es un poco de afecto del género masculino y lo más probable una buena dosis de sexo, pues últimamente todas sus pláticas conllevaban al tema: Ella me hizo una confesión bastante cruda al respecto:

    – Sabes… -me decía. Recuerdo el día que te cogías a mi hermana. No podía creer como esa enorme cosa que tu tienes, se metiera en el culo de mi hermana. No sabia si jadeaba de dolor o de placer, pero debió haber sido placer, pues la siguiente tarde te la volvías a coger y ella como una puta entregándote el culo de nuevo.

    Si Chanel había visto esto, también fue testigo de cómo su hermana me la mamaba y como su hermana tenía esos orgasmos múltiples cuando le chupaba su clítoris. Chanel sin yo saberlo, me conocía igual que todas esas muchachas que me cogía por ese tiempo. No dudé en preguntarle:

    – ¿Y qué hacías ahí? ¿De dónde nos mirabas?

    – Ese día no había ido a la escuela y ustedes solo llegaron y se olvidaron de que yo estaba ahí en mi habitación. Han dejado la puerta entreabierta y lo he visto todo. Por lo menos en tres ocasiones.

    – ¿Has hablado de esto con tu hermana?

    – Si… cuando estábamos en la universidad le confesé que yo los espiaba. Y nuevamente en estos días que te he encontrado.

    – ¡Mira que recuerdos me has llevado hoy!

    – No solamente yo te miré, también Connie lo hizo cuando te cogías a sus hermanas las gemelas. Ella me lo contó primero y aquello fueron esas imágenes donde Connie y yo nos masturbamos recordando lo que habíamos visto.

    – ¡Me sorprendes! Nunca imaginé que me hablaras así de algo muy íntimo tuyo.

    – Tony, ya estamos viejos… los dos sabemos lo que tenemos y lo que queremos.

    – ¿Y qué es lo que tú quieres?

    – Verdaderamente que ya tengo un buen tiempo de no dar una buena follada. Últimamente me he venido conformando con los juguetitos y nada más. ¡Tengo unos siete años de que no me han dado una buena follada!

    – Pensé que tu esposo había muerto solo tres años atrás.

    – Si, pero recuerda, que debido a sus problemas renales no podía funcionar al 100. La última follada fue por esas cosas del destino con alguien que solo lo miré un día hace un año atrás, pero nada extraordinario.

    – ¡Dijiste una buena follada hace siete años!

    – Si… pensé que mi marido me engañaba, pues no teníamos sexo como años antes. Nunca imaginé que debido a su enfermedad no podía funcionar. Esa fue la excusa para ponerle lo cuernos con un compañero de trabajo. No me arrepiento, pues la verdad lo volvería hacer… nunca me habían follado como la que me dio ese compañero. De hecho, me recordaba de ti. Estaba muy bien dotado y tenía una muy buena pinta. Fue el único que me ha pedido el trasero y que por la gran cogida que me había dado, no se lo pude negar. Me despojó de lo único virgen que me quedaba a los 42 años.

    – ¿Por qué me cuentas todo esto?

    – Sabes Tony, he visto como lo hacías con mi hermana y quizá yo lo haya gozado igual que ella. Siento que te conozco en la intimidad, pues cuando le partías el culo a mi hermana, todavía tengo ese recuerdo tan vivo de cómo movías el culo dándole y como tus testículos chocaban en sus nalgas: ¿Por qué debería tenerte pena?

    Verdaderamente me sorprendía el nivel de confianza con que me hablaba, pues nunca nadie antes se comunicada de esta manera conmigo sin antes haber cogido conmigo. Siempre que hablo con Chanel son pláticas mínimo de 30 minutos y siempre llegamos a hablar de algo sexual. A sus 49 años ella sigue siendo atractiva; un poco mas llenita que en aquellos años de nuestra juventud, pero creo que todo su peso se concentra en sus glúteos. No la recordaba bonita, pues no me fijaba en ella por la edad y todas las chicas que me cogía, nunca me dieron tiempo de mirar a chicas como Chanel. Ahora ya de mayores, es Chanel quien se mira mucho mejor que su hermana, pues Gaby tiene tres hijos y se mira mas gruesa y Chanel que siempre fue llenita sin llegar a esos extremos de gorda, hoy se mira juvenil y con mucho vigor. Se viste modestamente, pero me gusta como le quedan los pantalones y unos vestidos ceñidos que a veces se pone. Ya hace un par de semanas atrás se me metido la idea de intentar cogérmela. Ya tenía tiempos de no estar con una mujer cercana a mi edad.

    De la misma manera que ella fue abierta conmigo, de la misma manera la sorprendí yo con mi propuesta: Solo esperé a que ella llevara la plática a ese nivel de calor que regularmente creo le gustaba navegar. Se lo dije de una manera en forma de broma a través de una plática en video, pues ella vive a unas cinco horas de donde yo vivo.

    – Mira Chanel, tu me has visto a mi desnudo, yo solo te he imaginado desnuda.

    – ¿A poco te has tomado el tiempo de imaginarme desnuda? Un hombre como tú, a pesar de tu edad, de seguro le salen mujeres por todos lados. No dudo que te hayas vuelto un caza cunas.

    – Bueno, no te niego que he tenido mucha suerte, pero hoy que te he vuelto a ver, tengo esa curiosidad de verte desnuda.

    – ¿Solo verme o quieres algo más? Ya estamos viejos para el romance Tony y contigo eso de romance es algo imposible lo supongo. Dime lo que quieres y déjame pensarlo que lo más probable es que te diga que sí.

    – ¿Me gustaría verte desnuda?

    – ¿Aquí, por la internet?

    – ¿Envíame una foto si te sientes más cómoda?

    – Tony, porque no mejor te vienes para Orlando y haz conmigo lo que tú quieras.

    Mi respuesta fue la de un sí, sin ninguna duda y después de haber terminado la conversación, 20 minutos después me enviaba una docena de fotos en poses provocadoras hasta pasar de lo semidesnuda a una total desnudez. Me pareció que tenía un cuerpo deseable, con unos pechos que obviamente tenían la experiencia del bisturí, pero se le miraban unas nalgas de las que comencé a fantasear desde ese momento.

    Dos días después estaba tocando su puerta y nos habíamos dado muchos abrazos y besos como nuestro primer encuentro 4 meses antes en mi casa. Me presentó a su hija que es tan linda como ella y que convenientemente este mismo día la hemos ido a dejar al aeropuerto rumbo a Nueva York. Tan pronto nos hemos subido al vehículo Chanel me hizo una propuesta tentadora:

    – Mira, maneja tú y yo quiero hacer una de las mías que he venido pensando desde que dijiste que venías.

    – ¿Y eso qué es?

    – ¡Quiero manártela mientras regresamos a casa!

    Así sucedía. Por varios tramos de aquel viaje, se había agachado por sobre mis piernas y donde yo le facilité que mi verga se liberara, para que Chanel tuviera acceso a ella. Fue una mamada incómoda, pero que satisfacían las fantasías de mi amiga de la infancia. Llegué empapado de su saliva a su casa y donde nos desnudamos sin muchos preámbulos y me pidió directamente que le penetrase su conchita. Sabía que estaba de por mas de sobrecaliente, pues al bajarle las pantis aquellas estaban tan mojadas de sus propios jugos vaginales. Mi verga se hundió a medias en su abertura y solo jadeo cuando sintió parte de mi paquete adentro de su cavidad. Me hizo saber que sin lugar a duda era la verga más grande que había tenido adentro, que la idealizada de aquel tipo que según ella le había dado la mejor cogida hace siete años, no se comparaba al pedazo de carne que ahora invadía sus entrañas.

    – ¡Eres increíble Tony! La recordaba grande, no tan gruesa, pero sentirla es otra cosa. ¡Duele, pero que rico dolor!

    De hecho, Chanel se sentía apretada. Y la verdad que con el tiempo mi verga se ha reducido en lo larga, pero he sentido que se ha engrosado más. En posición del misionero se la he empalmado hasta adentro, donde mis testículos colgantes chocan con su perineo, se escucha ese chasquido de mi verga entrando y saliendo de esta rica panocha que Chanel mantiene sin ningún vello. Tiene labios gruesos y de un clítoris pronunciado más grande que el promedio. La piel del monte venus es tersa; no se ha afeitado, es un proceso delicado de cera. Le mamo las tetas de un pezón café de medio tamaño y de forma redonda. Sus tetas son el trabajo de un cirujano plástico pues se miran y se sienten firmes como una piedra. No ceso de chocar con su pelvis y Chanel lleva un ritmo acelerado que presiento está a punto de venirse. Ella hace pausa y me pide que la ponga de perrito. ¡Qué gran culo tiene Chanel! A pesar de su edad, se nota que hace ejercicio, pues sus muslos son firmes y sus glúteos son una roca. No le observe extrilla algunas. Se pone a la orilla de la cama y veo como cada centímetro de mi verga se hunde en esa rica cavidad. Comienzo por juguetear con mis dedos su ano y mi pulgar se hace camino con toques circulatorios para hundirlo en su ojete. Todo mi pulgar se hunde y le hago ese mismo movimiento que siente su concha con mi verga, se lo meto y lo saco y sé que Chanel se masturba el clítoris a la misma vez. Ella jadea, grita, me dice que se lo abra más y le doy con más ímpetu con mi verga y mi pulgar que le ha dilatado de tanto entrar y salir su esfínter. No aguanta más y observo ese temblor en sus piernas, brazos y los músculos de sus glúteos. Entre sus jadeos logro escuchar: ¡Que cogida más rica papacito!

    No me detengo y le sigo dando hasta que su orgasmo ha culminado y llega lo relajante de su explosión. Me pide que quiere cabalgarme y lo hace a la inversa y deja ver ese majestuoso culo que tiene. Se da unos sentones y apenas puedo ver que mi verga aparece y desaparece. Su vagina segrega mucho fluido y toda mi pelvis está lleno de sus jugos. El chasquido de esta fricción se toma un volumen mayor. Chanel mueve bien sus caderas y tiene una manera muy sensual de hacerlo. Mientras tanto ella me lo insinúa: ¿Te quieres follar esa colita mi amor? – de tanto repetirlo, insinuándome de todas las maneras posibles que quiere que le dé por el culo, me hace explotar con una potente eyaculación. ¡Qué lindo es ver como mi esperma le rebalsa la cavidad a Chanel!

    Tan pronto mi verga se puso pasiva de tremenda cogida, ella no esperó tiempo para seguir con un oral donde Chanel probaba sus propios jugos. Me invadió con su lengua mi culo y en cinco minutos después mi verga tomaba de nuevo altura y potencia. Ella hizo una pausa y sacó una regla que tenía en un gabinete: 24 centímetros. – dijo… – y tienes de grosor 5 centímetros. Definitivamente tienes una verga grande… lo más rico, que ese grosor estimula que es maravilla.

    Sin mucho preámbulo, solo le dio una breve mamada a mi verga y en posición de cabalgata ella misma tomó mi verga y se la apuntó a su rico y apretado ojete, mientras ella observaba mi gozo al verle hacer aquello. Poco a poco se la introdujo, con alguna dificultad al principio, pero con la seguridad y experiencia de una mujer de 49 años. En minutos comenzó una cabalgata que en momentos parecía que el jinete era el salvaje. Se metía aquellos 24 centímetros a placer y solo hizo pausa para ponerse a la inversa y dejar que yo viera tan rico espectáculo al ver mi verga entrar y salir de ese rico ojete. Me pidió algo que muy pocas mujeres lo han hecho: ¿Puedes filmarlo con mi celular? Quiero conservar este momento, así como tengo el recuerdo cuando culeabas a mi hermana. – me dio su celular ya listo y comencé a filmar ese momento, del cual yo tengo una copia también. Mientras cabalgaba también se masturbaba y su orgasmo fue explosivo y quedó ausente en shock por un momento. Su ano me apretaba sin control alguno, ella no respondía y cuando lo hizo lo hizo a carcajadas: Tony, con esa verga matas a cualquiera… que rico orgasmo anal me has provocado.

    Por el susto que me llevé al verla en ese estado tan extremo, pues había visto orgasmos así en muchas chicas, pero no tan extremos como el que conllevó Chanel ese día. Tuvo dos orgasmos igual de potentes ese día, pues parecía que realmente gozaba del sexo anal y de esa manera me hizo acabar 4 veces ese día. Siempre dándole por ese hermoso culo que tiene.

    Hoy que volví hablar con ella, me dijo que Gaby había visto el video. Chanel me ha dicho que su hermana al igual que ella idealizaban ese momento de la juventud y dice que Gaby le había dicho, que nunca desde ese día que me la culeé en su habitación y que su hermana nos había espiado, desde ese día no había tenido una verga tan potente, que le hubiese dado tanto placer por el culo. De esta manera, es cuarta vez que me cojo a dos hermanas, aunque en esta ocasión, décadas tuvieron que haber pasado.

  • Las travesuras de Andrea

    Las travesuras de Andrea

    Este relato pasó hace algunos atrás; hacia mucho que no nos juntábamos con mis amigas así que un sábado la llamé a mi amiga Mariana, y le dije que quería juntarme así pasábamos una tardecita noche juntas, ella fue juntando a las demás y arreglamos para vernos; fuimos a la casa de Cecilia, y pasamos un muy buen rato todas juntas, hablamos de nuestras cosas, de los trabajos, de hombres por supuesto, de nuestras vidas, y además comimos y tomamos algo.

    Ya entrada bien la noche nos fuimos retirando, yo me fui con Mariana ya que estamos relativamente cerca, así que ella me podía acercar a casa, pero ella en el coche me comenta, “Andrea vamos a pasar por la zona roja ya que estamos cerca, para ver un poco aquello”, “bueno dale le respondo” y ambas nos reímos con una sonrisa pícara.

    Para los que no lo saben, la zona roja es un lugar donde travestis ofrecen sus servicios, las chicas están en la avenida con ropa provocativa y otras casi desnudas dependiendo la época del año, los autos pasan y los que frenan arreglan una tarifa.

    Nosotras tomamos por la avenida en cuestión y a medida que íbamos llegando veíamos la cantidad de autos, y a todas las chicas en la vereda o en la calle, mi amiga bajó la velocidad y fuimos pasando despacito por la vereda, no era la idea detenernos, solamente queríamos mirar, las chicas nos saludaban, otras nos tiraban besitos, otro por allí casi al final sacó su pene bastante grande y nos saludó con su miembro; cosa que a nosotras nos causó mucha gracia y nos sorprendió ya que no lo esperábamos.

    Mi amiga me dejó en casa, pasé por el baño y me desnudé, solamente me puse una remera y me acosté, no podía dormir daba vueltas, en realidad me daba vueltas esas chicas en la cabeza son mujeres por fuera, pero ocultan esa parte de hombre y que algunas como quien nos saludó tiene su miembro muy bien desarrollado; me masturbé pensando en eso, y tuve un rico orgasmo, recién allí me tranquilicé y me quedé dormida; a la mañana siguiente desperté había traspirado durante la noche y tenía mi entrepierna totalmente húmeda, tal vez soñé cosa que no recuerdo muy bien, entré en la ducha y me saqué todo el sudor.

    Por la tarde encendí mi notebook, y busqué algunas páginas de travestis, vi sus fotos algunas exuberantes tetas y unos cuerpos bellísimos, quede atraída por una chica llamada Naty, hermoso y bellísimo cuerpo, y una miembro no largo pero si gordo, solo verlo me comencé a tocar y estaba húmeda totalmente.

    Anote su teléfono en mi celular y la llame, y me atendió con una voz suave y delicada, diría que para nada creería que es hombre, si no fuera porque vi sus fotos, averigüé su tarifa y le solicite un turno para el día siguiente, después que corte quede nerviosa, agitada y hasta me cuestione me dije “Andrea estás loca realmente”, por una cuestión de pudor no se lo contaría a nadie, ni siquiera a mi amiga Mariana. Al día siguiente me duche, y repase la depilación, me puse crema para el cuerpo, y elegí mi mejor conjunto negro una tanga diminuta y un corpiño ajustado, cosa que se me noten y resalten mis tetas, un jean y una blusa y salí para mi encuentro intimo con Naty; llegue a la dirección toque timbre en su departamento le di mi nombre y me abrió la puerta, subí por el ascensor y llegue a su puerta, llame y me abre ella, y me dice “pasa mi amor”, previo me miro de arriba abajo, y nos dimos un piquito, me guio al dormitorio y me hizo dejar la cartera en una silla, y me fue guiando, me tomo la cintura y lo abrace por el cuello, con su vos suave me dijo:

    Naty: relájate mi amor que la vas a pasar muy bien.

    Yo: si no lo dudo, sos hermosa -le digo.

    Naty: Gracias tú también no te puedes quejar.

    Y acariciándome la cola me dice, ‘que linda que sos’, y nos besamos, yo cerré los ojos y me deje llevar, nos dimos un rico beso de lengua muy suave, mientras Naty comenzó a desabrocharme la blusa; me olvide de aclarar que Naty estaba con un baby doll rojo transparente y una tanguita diminuta, sin bra dejando ver sus bellísimas tetas.

    Ambas nos besamos por el cuello y nos tocamos las tetas mutuamente, Naty se fue quitando su baby doll, y yo me quite el corpiño, aprovechando Naty en sobarme las tetas, en un suspiro me dijo al oído, ‘no sabes cómo te voy a coger’, a lo que le respondí ‘espero que sí que me cojas toda, es lo que vine a buscar’.

    Me fue desabrochando el jean y me lo quite lo más rápido que pude, y nos acostamos en la cama, yo quede de espaldas, y Naty me puso sus tetas en la boca, y tomándoselas con ambas manos me dijo, “toma chúpalas”, y se las chupe con ganas le bese y le mordí los pezones, ella estaba en lo mejor del goce, y depuse ella comenzó a besar mis tetas, mientras que con mi pierna le fui rozando su pene que estaba durísimo y la quería poner bien excitada, ella no dio más y me baja la tanga, y comienza a devorarse mi conchita, le pasa bien la lengua me abre los labios y me mete los dedos, así un buen rato y le acaricio la cabeza mientras gozo de lo mejor.

    Posteriormente viene hacia mí, y le digo ahora me toca a mí, la pongo de espaldas le termino de sacar su tanga, y le tomo la pija con las dos manos, gorda y hermosa me la pongo en la boca y se la chupo toda, le masaje los testículos y me los pongo en la boca, le paso la lengua por todo su miembro hasta llegar al glande y me lo devoro, lo siento en la garganta, Naty me empuja la cabeza y me ahoga para tenerlo todo bien adentro, cosa que me entra todo en la boca rozando con mis labios sus testículos.

    Me hace levantar, y me dice “como te gusta la pija Andrea, ponte en cuatro”, me pongo en cuatro al borde de la cama, y le levanto bien el culo, me chupa los jugos de mi orgasmo, toma su pene con una de las manos y apoya su glande en mi vagina húmeda y sedienta, y me la entierra toda bien hasta el fondo, yo comienzo a jadear y gozar mientras Naty bombea y la mete y la saca, así un rato y me la deja adentro toda sin moverse, y escucho que me dice, “te gusta?”, yo en un hilo de voz le respondo, “si amor así me gusta”, comienza a bombear nuevamente y me dice grita putita que te gusta, aaahhh, aaahhh , aaaahhhh, hasta que siento que se está por venir y descarga toda su leche en el preservativo que se había puesto.

    Me dejo car en la cama, Naty parece querer más, me da unas buenas nalgadas que me hace arder la cola, ella se acuesta de espaldas y me dice, “ven, siéntate que vos querés más pija”.

    Me levanto de mi posición y me acomodo arriba de Naty dándole la espalda, acomoda su pija en mi culo, y voy bajando, hasta que la siento adentro, ella dice ”aaaahhhh así nena, así muévete que rico”, me dejo caer y me entra todo en el culo, con mis manos me toco y me sobo las tetas, y por momentos me masturbo metiéndome los dedos en la concha; cogemos así un bien rato hasta que siento su leche caliente en mi ano.

    Terminamos el turno, paso al baño, me limpio, me cambio le abono el servicio y antes de irme me dice, “sos terrible Andrea que lindo que coges, no pierdas el teléfono, ven cuando quieras antes llámame”, si dale le digo, me cogiste muy rico me gustó mucho, y nos despedimos con un beso.

    Espero les haya gustado, si desean pueden escribir sus comentarios a: [email protected].

  • El ginecólogo de la familia

    El ginecólogo de la familia

    Ser ginecólogo y tener buena onda suele ser un coctel apetecible para las mujeres de la familia. Mantener una actividad física activa y hacer deportes con mis amigos vertiginosamente me distanció de mi esposa que apostó más a las series y a los pochoclos y se “retiró” de la vida sexual. Al menos conmigo, vale la pena aclararlo.

    Durante mi trayectoria en la ginecología he vivido muchas instancias que me pusieron entre la espada y la pared y en varias oportunidades pude hasta haber perdido el empleo y el prestigio por algún polvo acalorado en el consultorio. Hace tres meses me pasó algo inesperado con la hija de mi esposa, que volvió de Australia con algunos problemas y muy pero muy caliente y no tuve más remedio que cogérmela. Cada tanto me llama para hacerse un chequeo y dejo que disfrute de mi pija porque la chupa con unas ganas y una calidad que no hay manera de resistirse. La calienta chuparla y es un volcán. Es adicta a la leche y da gusto verla desesperarse por cada gota de semen que se le escaba de la boca cuando le eyaculo con ganas.

    Por qué no reconocerlo con Yanina he tenido mejor sexo en estos tres meses que con su madre en mis 25 años de casado con su madre. Yanina tenía 10 años cuando la conocí, ahora a los 35 es una hembra a pleno y voy a cogérmela hasta que ella decida cortarla. No tengo nada que perder, mi matrimonio naufraga desde hace una década y a mí no me importa nada.

    Cuando Yani cumplió los 35 hizo un festejo con sus amigas en casa y vino la hija de la hermana de mi mujer. Una bomba, tenía 27 años. Se llamaba Lorena pero le decían Peque, porque no medía más de 1.60 pero sus curvas eran perfectas. El culo sobresalía porque tenía las piernas flacas y unas tetas bien marcadas, no muy grandes pero con los pezones que le sobresalían.

    Los viejos casados de matrimonios fracasados tenemos ese paraguas protector de “serle fiel” por tantos años a una misma mujer. Así que mientras pude le mire bien las tetas y el culo a esa pendeja infernal, que no era mi sobrina, pero me decía tío y eso casi me provoca una erección. Tenía un culo redondo, bien paradito que se balanceaba en cada movimiento.

    “Tío, me dijo Yani que sos ginecólogo”. Le conté que sí, que trabajaba el departamento de ginecología y obstetricia y que toda mi carrera me dediqué a lo mismo. Me llamo Rubén, tengo 55 años pero realmente no los parezco. Sigo jugando al tenis y nadando dos o tres veces por semana y la incursión en el runing hizo que me estilizara como cuando tenía 35 años. Mientras Lorena me hizo la pregunta se había inclinado hacia mí para que le prestara atención y desde arriba pude ver cómo se le endurecían las tetas cuando se las miraba.

    “Me gustaría pedirte un turno, me dijo Yani que sos especial con la familia”, me disparó mientras con una mano se abrió un poco el escote y asomaron unos pezones duros. “A veces me duelen un poco”, me dijo y la pija se me puso como una piedra. Iba a excusarme pero preferí valorar la calentura y dejar que esta pendeja llegara hasta donde quisiera. “Te espero mañana a las 13”, y le di una tarjeta con la dirección sin dejar de mirarle esos pezones perfectos. Unas tetas que cuando juntaba los brazos daban ganas de sacar la pija ahí nomás y metérsela en el medio.

    “También me duele acá” me dijo y me agarró su mano para apoyársela en la entrepierna. Estaba empapada. Para evitar sospechas la froté lo más que pude pero sin ningún movimiento brusco y nadie advirtió los pequeños temblores que le provocó mi nudillo contra el clítoris. Me seguía apretando la mano contra su bombacha y gemía casi en silencio pero con la suficiente agudeza para que yo lo notara. “En cinco minutos andá para el baño que está cerca de mi cuarto, arriba”, y le froté más la conchita que le hervía de la calentura. Me paré y encaré por la escalera para el baño. En el comedor estaban todos muy entusiasmados con un karaoke así que nadie advirtió nada de lo que había pasado entre Lorena y yo. Tenía la pija tiesa, me dolían los huevos de la revolución hormonal que esa pendeja me había provocado. Cuando entré al baño y la saqué del calzoncillo estaba completamente erecta. Cuando todavía no había podido empezar a mear sentí un abrir y cerrar de puerta sigiloso y el ruido de la traba de la puerta.

    Lorena tenía el escote más abierto todavía. Se paró detrás de mí y empezó a masturbarme. Con su otra mano me acariciaba la espalda y bajaba hasta encontrarse con mis huevos. “Tenés lindo culito tío” y al fin pude soltar el primer chorro de pis. Ella siguió acariciándome el pene muy suavemente hasta que terminé y empezó a sacudirlo como para que no quedaran más gotas. Se arrodilló en el costado del inodoro y me la empezó a chupar. Se la metió casi de un saque hasta la garganta y estuve a punto de explotar. “Hoy quiero tu leche. Mañana en el consultorio me hacés los chequeos correspondientes”.

    Y me la empezó a mamar con ganas, cada cinco o seis vaivenes con su cabeza, se la enterraba hasta la garganta y con la lengua me chupaba los huevos. “La quiero toda”, me dijo y con la otra mano me empezó a estimular el culo y la reacción fue instantánea. Cuando se la metió otra vez hasta la garganta le descargué toda mi leche. Ella se quedó quieta, los ojos se le pusieron vidriosos y recién cuando sintió que ya le había descargado toda mi esperma comenzó a subir con su lengua por todo el miembro hasta dejarlo limpito. “Te veo mañana tío, exquisita tu leche”. Y salió del baño con el mismo cuidado con el que había entrado.

    Pase la noche algo nervioso, varias veces me desperté al palo y tuve que ir al baño para tratar de aflojarla haciendo pis. Tenía mi última paciente a las 11 y me había liberado la tarde por si “se complicaba” con la hija de la hermana de mi mujer. Cuando le abrí la puerta casi me caigo de espaldas. Se había puesto tacos y un vestido de algodón pegado al cuerpo que le marcaba todas las curvas. No tenía corpiño y pude advertir una diminuta tanga que le marcaba las caderas. Cuando llegó a la camilla se apoyó con las dos manos separó las piernas y me dijo. “A veces me duele cuando me cogen por el culo”. La pija se me puso tiesa al instante y se me marcaba en el guardapolvo.

    Me paré detrás de ella y con las manos le separé un poco más las piernas. Tenía los muslos suaves y un vello apenas imperceptible. Le levanté un poco el vestido y su culo quedó al descubierto. Era un espectáculo. “Te voy a revisar, vos decime si te duele y yo paro”. Unté uno de mis dedos en una de las cremas lubricantes que tenía a mano y lentamente empecé a meterle el dedo en el culo. Ella gemía y apretaba los cachetes del culo cuando sentía que mi dedo estaba a punto de entrar y lo aflojaba cuando lo sentía adentro.

    Con la otra mano le empecé a manotear las tetas y cuando le pellizqué los pezones su culo se dilató instantáneamente. Puse un poco más de lubricante y le metí otro dedo más y soltó un grito que me puso más dura que antes la pija. Mientras le estimulaba el agujerito del orto saqué mi pija y la cubrí de lubricante. “Si te duele me decís y probamos otra técnica” le dije cuando apoyé la cabeza en su flor dilatada y caliente. Con los tacos, su culo había quedado en posición ideal para mi pija y cuando sentí que la cabeza había entrado y ella empezaba a gemir como una loca le di un empujoncito suave hasta quedar con el miembro clavado hasta el fondo y mi sobrina gimiendo como una loca.

    Estuvimos bombeando unos cuantos minutos. Yo quería parar para no eyacular tan pronto pero no pude resistir. “Llénamelo de leche tío, quiero que chorreen las piernas, enterrámela más hasta el fondo, quiero sentirla toda adentro y empezó a bombear hasta que sintió mi chorro caliente en sus entrañas. “Que rico tío, sabía que me ibas a curar”. Me dijo sin sacarse la pija del culo.

    Con un movimiento suave se arrodillo y empezó a chupármela. “Además de putita, soy chanchita”, me dijo y logro que se me pusiera otra vez tiesa y erecta. Tengo una pija ancha y apenas le entraba hasta el fondo cuando la erección era plena. La levanté de los hombros y la acosté en la camilla y empecé a cogérmela hasta que sentí que llegaba al orgasmo por los temblores, los gemidos y esa relajación posterior de los orgasmos. “Dámela en la boca”, me imploró. “Quiero tomártela toda como en el baño” y le llené la boca de leche. “Qué rica leche tenés tío, me vuelve loca, tenía razón Yanina, sos especial con la familia”.

  • Mi ingenua Any (III): Despedida de soltera

    Mi ingenua Any (III): Despedida de soltera

    Bueno, una vez más les hablaré de Any, mi amiga con la que he tenido encuentros sexuales desde que la conozco y saben hoy cumplió 1 año de que se casó y se me vino a la mente el día que le organizaron su despedida de soltera junto con su novio (ahora su esposo), yo ya me la había cogido muchas veces cuando él estaba con ella y ni cuenta se daba y ese día no fue la excepción.

    Su despedida fue en el bar «La Chilanguita», uno al que íbamos muy seguido y ella lo escogió para celebrar que se iba a casar, Luisa su amiga me invito ya que según yo solo era un muy buen amigo de Any, obviamente no quería perderme la oportunidad de salir con ella por última vez, así que acepte y llegue a la cita.

    Había amigos de ambos y la neta ni me aburrí ya que ambos tenían amigas solteritas y sabrosonas con las que baile y platique, pero confieso que a quien más deseaba era a Any, ese día lucia muy rica, tenía sus tacones con un minivestido negro escotado que no dejaba nada a la imaginación, mientras su futuro tormento se embriagaba ella me aventaba miradas coquetonas y cada que estábamos sentados, acariciaba mis piernas con sus pies, debo confesar que me excitaba que lo hiciera ya que pensamientos locos invadían mi cabeza, «y si me la llevo» me decía mientras observaba como bailaba sensualmente cerca de mí.

    Las horas pasaron, la mayoría de los muchachos ya estaban muy tomados y su novio igual, así que se dio la oportunidad de que pudiera bailar con ella.

    L: ¿Así que te casas?

    A: Sí, ¡la verdad me conviene!

    L: ¿Así y por qué?

    A: ¡Porque es adinerado y me deja hacer lo que yo quiera!

    L: ¡Jajá te pasas, me gustaría una última vez contigo!

    A: ¡A mí también, ya que después va a hacer muy difícil!

    Como en todos los antros ya muy de madrugada todos están bailando, aprovechaba para darle sus arrimones y acariciarle su trasero mientras estábamos bailando, confieso que me excite así que cuando nadie se dio cuenta la jale hacia la zona de los baños

    Ahí comencé a besarla muy cachondamente, ella no me rechazo y también me beso de la misma manera, con mis manos comencé a acariciarla mientras de reojo observaba que nadie nos viera, para mi suerte había un cuarto a lado de los baños, era una bodeguita y estaba abierta, la tomé de la mano y nos encerramos allí, empezamos a fajarnos muy calientemente, parecíamos desesperados ya que nos mordíamos y apretábamos muy salvajemente.

    A: ¡Mi vida, ya quería comerte!

    L: Yo también nena, ¡estas bellísimas!

    A: ¡Hagámoslo aquí, no me importa que me vean, te quiero dentro de mí!

    L: Claro que, si bebe, será mía, ¡siempre serás mía!

    Comencé a besarla de pies a cabeza, le levante su vestidito y baje su tanguita para darle sus chupadas, chupaba y besaba sus labios vaginales de una forma suave y rica que ella gemía muy excitantemente mientras me apretaba de la cabeza.

    A: ¡Luis, así que rico!

    L: ¡Extrañare tun jugosa pucha!

    Me clave en su vagina un buen rato, lamia y también mordía todo su tesorito, ella me levanto y se dispuso a comerse mi verga, ¡me bajo el pantalón y el bóxer y comenzó con chupadas de cabeza y testículos muy ricas que hicieron que se me pusiera bien dura!

    L: ¡Nena, que rico, devóratela!

    A: ¡Extrañare tu verga hermosa!

    Siguió con su habilidad lingüística chupando mi verga y tragándosela toda mientras yo le tomaba fotos y le jalaba el cabello para que entrara mi verga en su boca totalmente, era una garganta profunda, a lado de mi había una silla de las mismas del antro, la senté en ella y le levante las piernas, me agache un poco y comencé a darle pito, ¡ella ya estaba mojada y prácticamente en la posición que estaba le entraba toda mi verga!

    A: ¡Así bebe, cógeme, que rico lo haces!

    L: Eso amor, pídemela, ¡pide tu comida!

    A: Dámela rey, ¡soy tuya!

    Ella gemía pero con el ruido de afuera nadie nos escuchaba, cambie de posición ahora yo me senté, la cargue de frente a mí y le deje ir mi verga mientras me devoraba sus tetas, mordía sus pezones y también acariciaba su clítoris, ella estaba gritando como loca, la voltee para que se diera sus sentones mientras yo le apretaba las nalguitas y al mismo tiempo se las arañaba, tire un cartón al piso y la puse de perrito, esa posición es mi favorita, se la metía rápido y lento mientras ella gemía y me pedía que le diera más!

    A: ¡Así nene, cógeme, que rico, cógeme!

    L: Si, eres mi perraza, ¿te gusta mi verga?

    A: ¡La amo! ¡me gusta que me mate, me gusta que me cojas, no me importa ese pendejo yo seguiré cogiendo contigo!

    ¡Nos venimos al mismo tiempo, chorros salían de los dos, que el cartón se empapo, pero todavía no terminábamos, la tome del cabello y la baje a mi verga para que me la mamara, mientras yo la grababa, ella se comía mi verga que poco a poco estaba tomando dureza nuevamente, la puse empinada sobre la silla y comencé con besos negros, comencé a estimular su culito para darle por ahí!

    ¡Mi lengua entraba y estimulaba su ano, ella me pedía que ya se la metiera, pero yo la hacía desearla más!

    ¡Ya bien preparada comencé con la puntita, eso a ella le encantaba que le meta la puntita por el culo, poco a poco fui empujando más hasta llegar a la mitad!

    A: ¡Bebe, amo tu verga, dios mío mi culo!

    L: Tu culo? Dirás mi culo, ¡tu cuerpo es mío!

    A: Perdón señor, ¡castígame todo por eso!

    L: ¡Devorare tu culo bien rico por última vez mi perrita!

    Me movía con fiereza que le metí toda adentro y en serio, mis 21 cm estaban totalmente adentro, estaba empalada de mi verga, ella gritaba y comenzó a llorar, pero me pidió que me moviera, yo lo comencé a hacer, la tome de las nalgas y empecé a embestirla para que se comiera mis 21 cm por el culo, ella gritaba y lloraba, ¡pero de placer!

    A: ¡Ay me duele! pero no me la saques, muévete más, ¡métemela más!

    Apretaba mi verga tan deliciosamente que solo podía seguir metiéndola, cambiamos de posición a ella parada agarrada de la silla mientras yo grababa y le seguía dando en el ano, sentí como escurría por su vagina así que llevé mis dedos a ella, le acariciaba el clítoris y le metía mis dedos tan ricos que ella estaba prácticamente desvanecida.

    ¡Yo siempre me vengo adentro de ella, ella adora eso, seguí y vi cómo se vino en mi mano, me empapo de su jugo mientras mi verga destrozaba su ano, en eso su celular sonó, excitado le pedí que contestara, y era su novio, ella le dijo que estaba en el baño que ya iba a salir mientras yo le jalaba el cabello y seguía dándole por el culo, su novio estaba borrachísimo así que ni se olio que su mujer estaba ensartada en mi verga!

    A: ¡Que malo eres!

    L: ¡Aunque seas su esposa, nunca dejaras de ser mi mujer!

    Comencé a hacerlo más rápido hasta que me vine en su culo, me exprimió todo que necesite unos minutos para recuperar aire, fue una sesión riquísima, como nunca antes la habíamos tenido, nos arreglamos y planeamos nuestra salida, ella salió primero y yo ya no regrese a la mesa, cuando llego a su casa me escribió y me pidió que fuéramos amantes, que yo me la podía coger cuando quisiera, y que me amaba¡! lo último sé que no es verdad, le encanta ponerle conmigo, pero no está enamorada de mí!

    ¡Pero eso me sirvió ya que ella prácticamente es mi esclava sexual y cada que quiero voy a su casa a tirármela!

    ¡Pronto les contare más de mi perrita Any!

  • Yo, Carmen la puta (Parte 3)

    Yo, Carmen la puta (Parte 3)

    Soy Carmen nuevamente, continúo después de un tiempo sin poder escribir con esta mi historia. Si no habéis leído las anteriores de ‘Yo, Carmen la puta’ os invito a hacerlo. Os deseo, como siempre, lo mejor.

    Un año, un largo y duro año, había transcurrido desde la primera vez que tuve que recurrir a prostituirme, y tuve una cita cobrando con un cliente. Ese día marcó un antes y un después. Nunca más podría volver a ser una mujer normal después de haber puesto la mano para cobrar un dinero a cambio de ser usada. Supongo, que ese fue el día en el que realmente empecé a considerarme a mí misma una prostituta. Mi primer día de puta.

    Desde ese día, mi vida diaria volvió la normalidad, y nada había cambiado. Sin embargo, yo no era la misma. Cuidaba a diario de mi hija y de mi madre, y compaginaba las labores del hogar con mi trabajo en la tienda, el cual me permitía sobrevivir de la mejor manera que podía. Además, sumado esto, ahora tenía un dinero extra. No ejercía la prostitución a diario, pero aproximadamente una vez al mes, mi putero, el mismo que me había concertado la primera cita, cuya relación con él empezó con una mamada, me buscaba trabajo. Una vez al mes, negociaba y me alquilaba por una noche como puta de compañía.

    En este año de desde que tuve mi primera vez, fueron un total de 9 citas las que tuve. El dinero ganado, como siempre, era compartido con el hombre que me buscaba la cita. Siempre era así, era el quien recibía el dinero de parte de cliente, y quien cuando la ocasión encartaba me hacía llegar mi parte. La dinámica, y el perfil del cliente, no cambiaron mucho. Solían ser señores maduros, desde 40 a 60 años, necesitados de compañía, y que no buscaban en mi nada más allá que descargar de la manera más primitiva. Era la definición de dinero fácil. Era desagradable entregarme a esos hombres, babosos, que me ansiaban, pero sólo tenía que chupar una polla y abrirme de piernas para que me follasen no más de cinco minutos, que era lo único que solía aguantar. Yo volvía a mi casa de madrugada, tomaba una ducha para eliminar de mí cualquier rastro de hombre, y mi vida cotidiana volvía a la normalidad.

    No había ninguna perspectiva de cambio, y el plan era seguir con mi vida de ama de casa por la mañana y de puta casualmente para ganarme el pan. Sin embargo, un bruco cambio en mi vida, que en este y en próximos relatos os compartiré, me llevó al hundimiento. Por primera vez, mi putero, me ofreció trabajar en un prostíbulo. Sería allí, en se lugar, donde por primera vez conocería lo que es ser humillada.

    Una tarde, recibí una llamada de él, de Jorge, mi putero.

    Jorge: Hola Carmen, ¿qué tal estas?

    Carmen: Bien, has encontrado algo para hoy?

    Jorge: No pero, me gustaría quedar contigo, y hacerte una propuesta que creo que puede interesarnos a los dos.

    No me gusta hacer estos relatos especialmente largos, por lo que os resumiré lo ocurrido aquel día. Tras dejar todo preparado en mi casa a la mañana temprano, y acabar la jornada de mañana en la tienda, como de costumbre cuando nos veíamos, Jorge me recogió y me llevo hasta su casa. Allí, estuvimos hablando largo y tendido, y por primera vez, después de contarme sus intenciones, terminó follándome y dándome un billete de 50 a cambio. Después de todo aquel año, un simple polvo a cambio de ese dinero era algo que estaba dispuesta a permitir. Su propuesta, era simple. Quería que entrase a trabajar como puta ciertas jornadas en un pub de carretera, en el que estaría esperando a los clientes que acudiesen al local. Era, en apariencias externas, un bar de copas donde se ofrecían espectáculos eróticos, pero que de manera negra ofrecía a sus clientes habitaciones privadas a sus clientes en lo que disfrutar de chicas como yo. Él me prometió que todo que el dinero ganado sería para mí, y que todo seguiría de igual manera a como había sido hasta entonces. Pobre, e ingenua de mí en aquel momento.

    Llegó la primera noche, en la cual acudiría a aquel prostíbulo. Era un sábado por la noche, y debía de acudir a aquel lugar, local con forma de hostal a las afueras de mi pueblo, el cual anunciaba su nombre en la noche con un letrero de luces fluorescentes. Sin tener como acudir, decidí llamar a un taxi, el cual me trasladó hasta el lugar indicado. Yo salí de mi casa, vistiendo unos pantalones vaqueros corrientes, y una camiseta negra, así como una pequeña rebeca de lana para combatir el frío de aquella noche. Era una noche de lluvia, y cuando el conductor me dejó en la puerta, mostrándome una sonrisa que me hacía pensar que él conocía el motivo por el que me encontraba allí, corrí hacia la entrada del local, de puerta de madera blanca, a la cual llamé presionando el timbre.

    Enseguida, un hombre de unos cuarenta años acudió a recibirme, y abriéndome la puerta, me invitó a pasar. Era un lugar de paredes rojas completamente cubiertas de terciopelo. A la derecha del recibidor, una pequeña sala con barra de bar donde un par de hombre tomaban una bebida. Al fondo, un pasillo, iluminado con una tenue luz anaranjada, con una serie de habitaciones, aparentemente de tamaño pequeño. El hombre que me recibió, que resultó siendo el gerente del local, me condujo hasta la parte de arriba del edificio, donde además de otra serie de habitaciones, se encontraba su despacho. Allí, fumando un cigarro, y después de preguntarme mis datos, me contó las condiciones bajo las cuales trabajaría allí.

    Tenía que permanecer siempre en la habitación la cual me fuese asignada, trabajar a jornada completa, y atender a todos los clientes que llegaran durante mi jornada de trabajo. Empezaría esa misma noche. Los clientes no eran seleccionados, y eran ellos los que elegían con que chica quería estar al llegar al local. Debía de asegurarme, que ellos se fueran contentos con el trato recibido, e intentar de alguna forma hacer que volviesen a visitarme otro día. Eran las 12 de las noche, y yo, sin firmar nada, acepté. Acto seguido me condujo hasta la habitación que se me había asignado, situado en la esquina del pasillo inferior. Era una habitación pequeña, sin lavabo, con una cama no demasiado grande y una pequeña mesilla de noche donde guardar mis pertenencias. La ropa que tenía que vestir, estaba preparada sobre la cama. Nunca había llevado ese tipo de indumentaria, pero desde entonces sería mi uniforme de trabajo en aquel lugar del que no podría escapar en mucho tiempo. Después de dejarme sola, me desvestí la ropa que llevaba puesta, y me puse las prendas que me habían dejado. Un vestido rosa ajustado de licra, un cinturón blanco, y medias de rejillas. Debajo, ningún tipo de sujetador, lo que marcaba mis pezones debajo del vestido, y un pequeño tanga blanco de hilo que quedaba completamente metido dentro de la raja de mi culo.

    Con esa ropa puesta, y después de pintarme los labios de rojos, permanecí esperando en la estancia. En la mesa de noche cercana a la cama, todas mis pertenencias, y un pequeño bote de lubricante. Hacía calor, y mi vagina, la cual estaba un poco penetrada en la parte inferior por el hilo, sudaba así como mis axilas. Estaba nerviosa, y no sabía lo que sucedería.

    A las 2 de la madrugada, ya con mucho sueño, llegó el primero de los clientes en aquel lugar. Era un hombre con apariencia de 40 años, con algo de pelo, y barba de dos días.

    Yo: Hola, buenas noches.

    Él: Hola.

    Tenía el gesto serio, no volvió a decir ni una palabra. Nada más entrar comenzó a quitarse el cinturón, bajarse la cremallera, y quitarse la camisa, hasta quedar completamente desnudo delante de mí, con su torso peludo, sin que ni siquiera me hubiese dado tiempo a sentarme en la cama. Se acercó a mí y me metió la polla en la boca, después de yo abrirla al verle venir. Puso sus manos sobre mi cabeza, y comenzó a mover la cintura, follándome la boca. Me la metió completamente flácida, y en un par de instantes se puso completamente dura dentro de mi boca. Después de unos minutos, la sacó su polla de mi boca. Me tumbó sobre la cama, levantó mi vestido, y tiró hacia debajo de mi tanga. Yo alargué la mano para coger el bote de lubricante, y con los dedos coloqué un poco sobre mi vagina. Él se colocó el condón, y tras ponérselo, se dejó caer sobre mí, para comenzar a penetrarme. Era un hombre un hombre aún en buenas facultades, y permaneció más de 20 minutos penetrándome, hasta que finalmente terminó corriéndose. Al terminar, y tras vestirse, él se fue de la habitación, permaneciendo yo dentro.

    Después de eso, y tal y como era mi deber, volví a vestirme, y dejar la habitación como si nada hubiera ocurrido, esperando a mi siguiente cliente. Pasaron las horas, y nada cambiaba. El tiempo para mí pasaba lento, y no sabía en qué momento volvería entrar un hombre a follarme. El sueño y el cansancio se apoderaban de mí, y daba por terminada la noche, cuando de pronto, la puerta volvió a abrirse. Esta vez, era un chico joven, que no aparentaba más de 22 años. Era más bien alto, sin nada de barba, y no muy bien peinado. Parecía algo bebido, y tenía la mirada perdida. Estaba nervioso, y parecía algo altera.

    Él: Hola, como estas, te sienta muy bien esa ropa, puta. ¿Me vas a divertir esta noche?

    Yo: Hola…

    Dije algo asustada por su forma de mirarme y su risa perversa. Él se sentó en la cama, y metiendo su mano en el bolsillo, sacó un paquetito blanco. Dentro, un polvo blanco, el cual, sacando una tarjeta de crédito, comenzó a esparcir sobre la mesa. Me di cuenta de que era droga. Acercando la nariz hasta la mesa, comenzó a esnifarla. Al terminar, se dirigió a mí…

    Él: Toma, quiere probarlo?

    Yo: No, gracias.

    Dije sin saber qué hacer. En ese momento se levantó, y cogiéndome del pelo, me obligó a poner la cara sobre sobre la mesa donde lo había hecho.

    Él: vamos, lámelo perra.

    Estaba paralizada, y no sabía cómo reaccionar, por lo que con mucho miedo en el cuerpo, el cual no me dejaba moverme, comencé a lamer la mesa, percibiendo algo el sabor de aquella sustancia. Mientras con una mano me apretaba contra la mesa, con la otra sacó su polla y comenzó a pajearse. Retiró mi cara de la mesa, y poniendo su polla sobre mi cara, me ordenó meterme sus testículos en la boca.

    Él: vamos, cómeme bien los huevos hija de puta.

    Me metí sus testículos en la boca, sintiendo como su piel llenaban por completo mi cavidad. Su polla era muy grande. Jamás había visto una de tal tamaño, y probablemente midiese más de 20 cm. Estaba completamente depilado, y mientras le lamía los huevos no paraba de pajearse e insultarme.

    Cuando se cansó, decidió que era el momento de follarme. Me dio un pollazo en la cara al sacármela, y tirando de mi ropa, me dejó completamente desnuda, cogiendo mi tanga y forzándome a metérmelo en la boca. Acto seguido me agarró de los hombros, y con fuerza me tiró sobre la cama, cayendo sobre ella boca abajo. Sabía que tenía la intención de violarme, pero no pude hacer nada paralizada por el miedo. Me di cuenta de que no se había puesto el condón, y que se disponía a penetrarme sin él, por lo cual el miedo se apoderó de mí completamente e intenté evitarlo, pero él me agarraba con fuerza desde atrás y nada pude hacer. En ese momento, y separando mis nalgas, colocó la punta de su polla sobre el agujero de mi ano, y haciendo fuerza, me metió su polla por el culo. Era la primera vez que me follaban el culo, y el dolor fue insoportable, por lo que no pude evitar gritar de dolor.

    -Ahhh…

    Mis gritos no parecieron molestarle, y con fuerza y sintiendo el roce con mis paredes, me violó el culo penetrándome bruscamente. Estuvo cinco minutos rompiéndome, mientras yo lloraba, cuando, al estar a punto de correrse, sacó su polla de mi culo y me penetro por la vagina, dándome unos últimos pollazos y comenzando a correrse dentro de mí, dejándome completamente preñada. Lentamente la sacó, y mientras que yo tumbada y muy dolorida, y con el semen saliendo de mi coño, él se fue sin decir nada.

    Fue la primera vez que me forzaron.