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  • Un hombre encuentra a su mujer y a su hijo teniendo sexo

    Un hombre encuentra a su mujer y a su hijo teniendo sexo

    Linda es una hermosa mujer de 39 años. Rubia, de curvas muy bien delineadas y una piel suave y clara. Es decir, es una mujer que llama la atención. Miguelito es su hijo de 18 años. Alto, de ojos azules, barba dura pero afeitada, cuerpo atlético y sonrisa que deleita a las mujeres.

    Linda tiene un matrimonio bastante rutinario con José. Su marido es un hombre común, trabajador y hace de las costumbres un culto.

    Un día, Linda entra al baño se encuentra con Miguelito bañándose. Ve el tremedo pene de su hijo y aunque se retira apresuradamente, queda esa imagen en su pensamiento. Pasan los días y la imagen la persigue haciendo que su bombacha se humedezca cada vez más. Comprende la dimensión de esa necesidad ye inicia un lento pero dirigido camino hacia su hijo, cada vez su ropa muestra más, sus sonrisas hacia el joven son más traviesas, su atención hacia él es mayor. Miguelito, por su parte hacía mucho tiempo que se fijaba en su madre y más de una masturbación era en su nombre. El joven se da cuenta, o imagina, el giro de su madre y también comienza un trabajo de seducción. Ante ese terreno fértil el asunto avanza rápidamente y una mañana que José se fue al trabajo, Linda entra en el dormitorio de su hijo en deshabillé traslúcido si ropa interior. Fue la campana que desató la locura. Miguelito se levanta ya con su importante verga muy endurecida y se muestra desnudo ante su caliente madre.

    Linda no espera más de un tirón se desnuda y se arroja sobre hijo. Esos dos cuerpos ardientes y en pelo, se friegan con desesperación, sus bocas se abren buscándose, las lenguas mutuamente las bocas las manos del joven recorren la espalda de su madre hasta llegar a las nalgas que aprietan desesperadas.

    La cama juvenil recibe a esos dos jadeantes cuerpos, el hijo recorre con sus labios toda la superficie del cuerpo de la madre, deteniéndose en cada orificio, en cada colina del cuerpo materno, sus labios besan, su boca chupa, su lengua lame esos rincones tan húmedos y fragantes, el aroma de hembra en celo enloquecen al joven. Murmullos de amor, palabras del sexo más duro y sucio suben de esas bocas, Linda pide, ruega, exige con las más fuerte palabrotas ser poseída por su hijo.

    El pene del muchacho la perfora con cierta violencia que encanta a Linda, siente que esa verga poderosa la llena, que ensancha su concha, que empuja el fondo de la vagina, que las bolas del hijo golpean los labios vaginales de su cuerpo. El hecho que sea su propio hijo la llena de más morbos, Por un instante piensa Qué puta y degenerada soy!!! y eso más la excita. El joven que ya tiene experiencia moldea su accionar para durar un poco más, ella desesperada de calentura no se limita, tiene dos orgasmos gigantescos, devastadores y pide más. Miguelito termina eyaculando en el fondo de esa concha tan caliente.

    La calentura no cesa, siguen fifando más y más, en ese momento se oye un grito:

    – Qué están haciendo!!! -Es José que ha vuelto. Por un momento queda paralizado.

    Linda aprovecha esa tensa calma y le contesta: – Mirá nos enamoramos con Miguel y estamos cogiendo. Esto va a seguir, así que tendrás que aceptarlo. Como lo sabemos solamente nosotros tres, queda en casa y si deseas también lo haré contigo, pero a Miguel no lo dejo. Si haces problemas te quedas sin nada.

    José lo pensó un rato mientras veía a su familia en un sexo desenfrenado, al final dijo: -Está bien, me sumo y se desnudó.

    Ahora Linda estaba en el limbo, Miguel por delante y José por atrás la penetraban con ganas y potencia.

    Eso lo podemos llamar felicidad familiar.

  • Mi comienzo en el incesto (IV)

    Mi comienzo en el incesto (IV)

    Cuando llegamos a la playa pusimos las toallas y las sombrillas y nos quitamos la ropa quedando en bañador, el bañador de mi hermano era algo ajustado, marcándose su pene y el de mi padre era más holgado, mi biquini en la parte de arriba hacía que mis tetas pareciesen más grande y abajo más de la mitad de mis nalgas se veía, mi hermano se fue directo al mar y papá se sentó, yo me tumbé en la toalla de espaldas.

    – Papi. ¿Me puedes poner crema solar por fii?

    – Sí, claro cariño. (Me empezó a echar crema por la espalda y yo me desaté la parte de arriba para que me pusiese bien, luego siguió con mis piernas, pero parecía que no se atrevía a poner en mi culo)

    – Papi. ¿Me puedes poner en mis nalgas? ¿No querrás que me queme ahí no?

    – Claro que no cariño, a-ahora te doy. (Me empezó a poner y creo que también aprovechó para amasármelos, yo estaba disfrutando y luego pareció darse cuenta de lo que hacía y paró)

    – Papi. ¿Me puedes poner bien la braguita del bikini?

    – Sí, hija. (Me lo fue poniendo bien y al llegar a la parte de mi vagina, no tuvo más remedio que tocarla, haciéndome gemir bajito, me pose a cuatro para que pudiese mejor y note su polla dura al dar para atrás, cuando acabó dejó unos segundos sus dedos dentro y ya luego los retiró por lo que me tumbé, me volví a atar la parte de arriba y me puse de frente)

    – ¿Me darías por delante también por fii?

    – Claro que sí cariño. (Dijo mirando mis tetas, empezó por mis piernas y luego subió a mis brazos, después se fue acercando a mis tetas y las echó crema y empezó a esparcirla, me ponía en toda la teta provocando que me excitase y me mordí un dedo para no gemir alto)

    – Papi, ten cuidado que mis pechos son sensibles. (Me miró y creo que me vio excitada, y parece que eso lo calentó más porque empezó a apretarme los pechos haciendo que gimiese más, además me apretaba los pezones y eso me ponía más, después de un rato paró y se fue a su toalla de espaldas, yo me levanté de la mía y me senté encima de él)

    – C-Cariño. ¿Qué haces?

    – Te voy a poner crema ya que tú me pusiste a mí y no acepto un no por respuesta.

    – Vale cariño. (Sonreí, me siento viendo sus piernas y le empiezo a poner en sus piernas y luego me giré y puse en su espalda rozándole a propósito mis tetas en su espalda y luego apretándolas en su espalda con la excusa de ponerle crema en el cuello)

    – Ahora te tienes que dar la vuelta y así puedo echarte por delante.

    – N-No hace falta cariño, ya lo hago más tarde yo.

    – Lo voy a hacer yo papi, por fiiii. (Le digo aun apretando mis tetas en su espalda y dándole varios besos en su mejilla y cerca de sus labios)

    – Está bien cariño, pero levántate.

    Lo hice y cuando se puso de frente se le veía su pene bastante erecto, yo como haciéndome tonta me puse de espaldas a él y me senté encima de su pene poniéndolo en medio de mis nalgas. Empecé con sus piernas y me bajaba para que notase bien mis nalgas, al acabar, me giré y me puse enfrente de él y nos miramos a los ojos, con una sonrisa le ponía crema y además me movía un poco encima de su pene rozándolo con la parte de mi bikini donde estaba mi vagina, mientras le ponía la crema en el pecho también hacía que se moviesen mis tetas provocando que mi padre las viera, notaba como se ponía más duro y yo seguía como si nada aunque yo también me estaba excitando y estaba mojando mi bikini de fluidos.

    Después de un rato miré a ver si miraba alguien y como había poca gente y estaban en sus cosas me moví más rápido provocando gemidos de mi parte y gruñidos de él y me sorprendió cuando coge mis tetas y las empieza a amasar, haciendo que yo vaya más rápido y nos corremos los dos juntos intentando no hacer mucho ruido, me fascinó que cuando se corrió seguía sujetándose de mis tetas provocándome mucho placer).

    – Ya está papi, ahora también me voy a tumbar. (Dije besándolo en el costado del labio, me levanto y me tumbo boca abajo en mi toalla. Papá parecía estar procesando lo que había pasado y justo mi hermano llegó todo mojado, viéndose muy atractivo)

    – Me apetece un helado. ¿Queréis uno?

    – Yo sí quiero, te acompaño hermanito. (Digo levantándome, él me mira y parece devorarme con su mirada)

    – A mi cogerme el que queráis.

    Nosotros asentimos y nos vamos a buscar una heladería. Cuando estamos lejos de papá, mi hermano me da una nalgada.

    – Que bien te ves en ese bikini, me encantaría arrancártelo y follarte ahora mismo.

    – Pues vas a tener que esperar a que volvamos hermanito.

    Llegamos a la heladería y el que atendía era un chico, cuando me vio no dejaba de comerme con la mirada. Mi hermano viendo eso, me sujetó de la cintura y me besó con lengua, me sorprendió pero le correspondí y pasé mis brazos por su cuello. Cuando nos separamos mi hermano me mordió el labio y luego miró al chico de forma arrogante.

    – ¿De qué quieres el helado mi amor?

    – Un cucurucho de vainilla y chocolate por favor.

    – Yo quiero también un cucurucho de turrón y una tarrina de vainilla y fresa. (El chico nos lo dio, mi hermano le pagó y nos fuimos)

    – Hermanito vaya escena acabas de dar, controla tus celos por favor.

    – Es que te estaba devorando con la mirada, seguro que hasta ya te imaginaba follando, yo solo estoy protegiéndote.

    – Sí claro. Vamos que se nos derretirá el helado de papa.

    Nos fuimos mientras comíamos el nuestro, al llegar donde papá le dimos su helado y seguimos comiéndonos el nuestro. Al acabarlo me tumbé y me puse a tomar el sol. Cuando ya estaba bastante acalorada me levanté y me fui a meter dentro del mar. Estaba metiéndome lentamente cuando siento unos brazos empujándome en el mar, cuando salí y me quité como pude el agua de los ojos vi a mi hermano riendo.

    – Maldito, no me vuelvas a hacer eso, me arden los ojos. (Digo golpeándole en el brazo)

    Me fui nadando hacia la parte más profunda e ignorando a mi hermano, cuando estaba bastante alejada me quedé flotando, después de un rato siento que alguien manosea mi trasero así que me pongo recta y al ver era mi hermano.

    – Deja mi trasero hermanito que estamos en público.

    – No creo que nadie me haya visto así que no te preocupes. (Dijo y me acercó a él cogiéndome de una nalga)

    – Nos van a ver hermano y papá va a extrañarse si nos ve así.

    – Relájate hermanita, papá está tumbado boca abajo, mira. (Dice y cuando lo hago él me empieza a lamer y morder un poco el cuello) ¿Ves? No hay nada de qué preocuparse.

    – He-Hermano no sigas haciendo eso. (Digo intentando no gemir)

    – Pero si lo estás disfrutando. No hay nada de malo en ello. (Dijo bajando a mis tetas)

    – Hermano, por fa déjalo, ya lo haremos en otro momento. (Digo mordiéndome el labio para no gemir)

    – Bueno, pero déjame chuparte los pezones. (Dice, me agarra de las dos nalgas y me sube un poco para que pueda llegar bien a mis pezones, por lo que no puedo callarme los gemidos, luego me pone a un lado el bikini, se saca su pene de su bañador y me mete su pene de una haciendo que gima más alto).

    – S-Solo ibas a chuparme los pezones. No ibas a follarme, nos van a ver.

    – Pero es que eres irresistible, además te tenía cogida y mi pene ya rozaba tu vagina.

    – Acaba rápido. (Él me sigue embistiendo fuerte mientras me chupa los pezones y me agarra fuerte de mis nalgas, no sé cuánto pasa cuando él se corre, yo ya había conseguido correrme dos veces. Me quita su pene de mi vagina, pero sigue agarrándome de mis nalgas) Suéltame ya, que quiero salir. (Me hace caso y me voy nadando hasta la orilla, al salir ya tengo bien puesto mi bikini y voy a mi toalla)

    Pasó lo que queda de día ignorando a mi hermano y siendo muy cariñosa con papi, cuando llegamos él primero que se ducha es mi hermano. Papi y yo nos quedamos en la cocina bebiendo algo. A la vuelta ninguno nos habíamos puesto la ropa quedándonos en bañador, así que cuando estaba intentando coger una cosa del armario de arriba, papi me podía ver las nalgas.

    – Papi, no puedo llegar. ¿Me ayudas? (Él sin decir nada llega hasta mí y poniéndose detrás de mi coge las galletas que quería, cuando las cogió no se movió de donde estaba y yo movía mi culito para despertar su pene, cosa que logré. Él me agarra con sus manos mis tetas y se acerca a mi oído)

    – ¿Mi nena quiere lechita? (Dijo mientras me apretaba los pezones)

    – S-Sí, dame lechita papi. (Me iba a bajar a chupar su pene pero justo mi hermano acabó de ducharse y nos tuvimos que separar, ahora era el turno de papi y antes de irse a la ducha me dio una nalgada a lo que sonreí)

    Me estuve comiendo unas galletas cuando llega mi hermano y me abraza, yo intentaba soltarme, pero no lo conseguí, me dio la vuelta y me hizo mirarle.

    – Venga hermanita, no sigas ignorándome por fa, nadie nos llegó a ver follando en el mar, así que no deberías preocuparte tanto.

    – Pero yo te había dicho que no quería, además luego hubo unos chicos que me estuvieron mirando bastante, creo que nos vieron.

    – Bueno, no creo que notasen que somos hermanos así que no te preocupes. (Dijo y me besó a lo que correspondí)

    – Bien, te perdono, pero evita hacer eso cuando hay tanta gente.

    – Está bien lo intentaré. (Me volvió a besar y mientras jugábamos con nuestras lenguas él me estaba agarrando las nalgas, cuando nos separamos le sonreí)

    – Papá ya va a acabar así que me voy a por mis cosas hermanito.

    Él asintió y me soltó, pero antes me dio también una nalgada, luego cogí mis cosas y cuando salió papi entré, me duche y luego salí al salón, me senté en las piernas de papi y él me abrazó, estuvimos los tres viendo una peli y al acabar nos fuimos afuera a cenar. Mi hermano quedó delante de mi y papi a mi lado, mientras pedíamos dejó una mano acariciando mi pierna y yo hacía como si nada, cada vez subía más y empezó a tocarme por encima de mi braguita haciéndome suspirar, mientras esperábamos estábamos hablando aunque yo no hablaba mucho porque papi metió dos dedos dentro de mi vagina. Me acerqué a su oído y mientras, presioné mis tetas en su brazo.

    – Papi, eres malo, vas a hacer que me corra delante de mucha gente. (Dije en un susurro)

    – Solo estoy recompensándote por lo de la cocina, ya que no pudimos acabar, tú lo harás ahora. (Dijo con una sonrisa maliciosa, yo mientras gemía en su oído para provocar que su pene estuviese muy duro)

    – Papi, me encantaría otra cosa dentro de mí. (Dije y le di un beso en la comisura del labio y sonreí al ver que tenía su pene muy duro)

    Me volví a mi sitio y trajeron la comida, mientras papi me penetraba con sus dedos más rápido así que acabé cuando dejaron todo, intentando no gemir delante de todos me apreté a papi y apreté su mano en mi vagina. Cuando acabé separé mis piernas y él cogiendo una patata de su comida se comió la patata y mis jugos delante de todos. Mi hermano me miró sorprendido y yo también lo estaba, los demás no notaron eso y me alivió bastante, pero no imaginé que mi papi fuese tan pervertido. Después de eso comimos como si nada hubiese pasado. Acabamos y cuando papá pagó mi hermano se me acercó.

    – ¿Qué ha sido eso? (Dijo susurrándomelo al oído)

    – Yo también estoy sorprendida con eso, no me imaginé que pudiese tomarse mis jugos tan tranquilo delante de tanta gente. (Dije también susurrando)

    – Creo que tú me debes una gran explicación de esto, parece que has avanzado mucho con papá, espero no tener que ponerme celoso de él.

    – Tú también me seguirás teniendo tranquilo y ya en casa te diré todo.

    Él solo asintió y llegamos al bungalow, cuando llegamos le dimos las buenas noches a papá y yo le di un beso cerca de los labios y como mi hermano se había adelantado, me apretó una nalga y jugó un poco con una de mis tetas, luego me fui a mi habitación y al llegar y cerrar la puerta mi hermano no me deja moverme ya que me empieza a apretar un pecho y a penetrar con un dedo en la vagina.

    – Cuéntame todo.

    – Cuando llegamos a la playa tú te fuiste directamente al mar mientras nosotros poníamos nuestras cosas, al acabar yo le pedí a papi que me echara crema y me puse boca abajo, el al principio me ponía evitando mi culito, así que le pedí que me pusiese y de paso el me amasó mis nalgas, después de tanto amasar mis nalgas el bikini se me metió dentro y le pedí que me lo sacase, cuando lo hizo me rozó un poco la vagina con sus dedos. (Dije algo entrecortada y gimiendo)

    – ¿Así que papi disfruto de tus ricas nalgas y te tocó? (Dijo bastante excitado penetrándome más rápido y sacando su pene)

    – Sí y luego me di la vuelta y le pedí que me echase crema por delante, él lo hizo y dejó para el final mis tetas, cuando me echó crema en ellas me puso en todo y me las apretaba bien rico, además me estuvo apretando los pezones haciendo que gimiese más alto.

    – ¿Así te hizo? (Dijo y me apretaba las dos tetas y jugaba con mis pezones)

    – Mmm sí, que rico. Después le di yo también crema en la espalda apretando mis tetas a su espalda y cuando le puse por delante puse mi vagina encima de su pene que estaba muy duro y mientras le ponía en el pecho crema yo me movía de delante a atrás, cuando estaba muy excitada, miré a ver si alguien miraba y como todos estaban a sus cosas, me moví más rápido, provocando que papi gruñese y yo gimiese además que papi me cogió las tetas y se quedó así hasta que nos corrimos y me volví¡oí a tumbar en mi toalla.

    – Dios, mi hermana sí que es una putita. Me has calentado mucho, como hoy no me quisiste bajar la calentura por la mañana, ahora te voy a meter el pene en tu ano bien apretadito. (Lubricó su pene metiéndomelo un poco en mi vagina que estaba muy mojada y luego de una estocada me lo metió en el ano, haciendo que gritase un poco, él me empezó a penetrar duro y eso me encantaba, cuando de repente papi toca a la puerta)

    – Cariño, ¿estás bien?

    – Sí papi, so-solo me di en el pie con la cama no te preocupes. (Dije intentando que no me oyese gemir ya que mi hermano no dejaba de penetrarme)

    – Vale hija, ten más cuidado la próxima vez.

    – S-sí papi.

    Después de eso se fue y pude gemir en voz baja, mi hermano me estaba dando muy duro y además estaba jugando con mis pezones, luego nos llevó a mi cama y me puso en cuatro, él me siguió dando duro y además me estaba dando unas nalgadas. Después de media hora él se corrió y yo ya no sabía cuántos orgasmos llevaba, él me dijo que le limpiase su pene y lo hice chupando con muchas ganas, eso provocó que se le volviese a poner duro y me folló pero esta vez me dijo que me tumbase boca arriba y me penetró la vagina mientras me chupaba y mordía mis pezones. Así estuvimos hasta que él se corrió por segunda vez y nos fuimos a dormir.

  • Eva y su hijo Abel (4)

    Eva y su hijo Abel (4)

    Cuando me desperté, pensé que tendría que despertarme del sueño. Estaba Abel a mi lado, la cama no era demasiado estrecha, pero sí para dos personas. Daba igual. Estaba con el hombre que me había devuelto al sexo que hacía tanto no disfrutaba. Era mi hijo Abel. Era mi amante. Por lo menos lo había sido esa noche, que comenzaba a convertirse en día, como me indicaba la luz que empezaba a mancharlo todo desde la ventana. Ya no era una sombra, sino una figura definida, un hombre joven que respiraba a mi lado, serenamente. Hacía mucho que no lo veía dormir. Me quedé mirando al joven. Estaba tapado con la sábana, pero la levanté un poco para admirarlo. Yo no sabía que se había depilado bastante hasta aquella noche. Me encantaba la suavidad de la piel. El pelo, bien cortado, apenas el comienzo de la barba de ese día, sus pezones, que levantaban la cabecilla, su vientre plano, los muslos ahora relajados, y luego las venas de su pene, que observaba tranquilo ahora, inimaginable antes, y sus testículos, suaves y de un color que no distinguía en la media luz, oscuros. Las venas hacia el glande, ahora cubierto, que tanto me maravillaban ahora, azules, dormidas.

    Su olor era la mezcla del suyo y del mío, del semen y del desodorante, de mis jugos y los suyos. Estaba por su piel y por la mía, nuestro olor era ya el mismo, animales iguales.

    ¿Qué podía decirle ahora, cuando se despertase? Lo mismo que antes, que le agradecía este amor y este sexo que llevaba deseando años, claro que no con él, pero eso no me importaba. Los pensamientos de mucho antes volvieron: es mi hijo, cómo he podido hacer esto, y la respuesta era: es mi hijo, cómo podía no hacer esto. Aquello había tenido sentido, pero qué pasaría con la luz de la mañana, cuando se despertase el pueblo, el piso.

    No había ruidos en casa. ¿Habría vuelto mi marido? No había llamado al móvil para preguntar. No sabía si Eli, mi hija, había vuelto tampoco. ¿Qué nos había pasado esta noche a todos? ¿Despertaba a Abel o salía de la habitación a ver qué había? Miré al suelo y vi mi móvil. Una lucecita. Lo levanté y miré: Adán decía que como había estado con mi primo Gabriel se le había hecho tarde y se quedaba en la casa de la familia. Eli decía que se quedaba con una amiga… Estaba salvada por el momento. No sé de qué, pero esa era la sensación.

    Me levanté sin hacer ruido. ¿Cambiaba mi perspectiva desde la altura? No. Empezaba a sentirme rara, y no era por falta de sueño, sino por haber cumplido uno que no sabía que tenía (o que me faltaba). Estaba, como se ve, que no sabía ni quién era. Era la madre de aquel joven que había amado esa noche. Empezaba a sentirme algo mal, sobrecogida por lo que había hecho. Pero esta sensación me duró sólo un momento. Esta alegría que me había llevado demostraba que yo necesitaba algo así, y ¿quién mejor que mi hijo?

    Recogí la ropa tirada por el suelo, salí de la habitación y fui al baño. Oriné, me duché, me lavé bien. Tenía hambre. Fui a la cocina a preparar algo. Cuando estaba sentada, empezando a tomarme el café con leche, una mano en el hombro me sobresaltó. Naturalmente era Abel.

    —Buenos días, mamá.

    —Buenos días, Abel. ¿Quieres?

    —Sí, claro. Tengo mucha hambre.

    No le pregunté qué quería, porque lo sabía de toda la vida. Le preparé el desayuno como nunca se lo había hecho. Era la primera vez que desayunaba con un amante, y lo estaba celebrando. Sentados al lado, en la estrecha cocina de toda su vida, y casi toda la mía, comimos en silencio. Cuando acabamos, nos miramos a la vez.

    —¿Y ahora? —pregunté.

    Me besó. Estuvimos un rato besándonos despacito, tocándonos apenas los labios, y luego las manos subieron de la mesa a las caras, al pecho, a los brazos, a las otras manos. Abrí los ojos que había cerrado al principio, suspiré y dije:

    —Esto no tiene remedio.

    —No, mamá. Esto ya es así.

    Empezamos a besarnos otra vez. Ahora nos abrazábamos, nos acariciábamos, su pecho, mis pechos, yo sujeté su cintura, él me agarró las nalgas; mi albornoz, su calzoncillo y camiseta nos estorbaban. Nos fuimos desnudando a manotazos, yo no podía dejar de tocarlo, no encontraba lugar donde no deseara estar. Mientras nos desnudábamos seguíamos besándonos. Acabamos de librarnos de la ropa.

    De pie, le sujeté su pene, que volvía a estar erecto, dispuesto para otra vez. Yo estaba otra vez deseosa de tenerlo en mis brazos, de que me tuviera rodeándolo. Me besó los pezones, iba lamiendo y estirando en un doloroso placer que me movía de arriba abajo, que me levantaba del suelo. Yo toqué su pene más fuerte, iba desnudando la cabeza, que rodeé con los dedos. Me agaché para besarle la punta, y luego me lo metí en la boca, lamiendo el glande y ensalivando todo.

    Me levantó en peso, me sentó en la mesa de la cocina, apartando los platos y las tazas. Me acercó al borde, y, poniéndose de rodillas, me empezó a besar y comenzó el cunnilingus que estaba deseando. Su lengua expertamente me buscaba todos los rincones donde podía encontrar un nervio, y yo toda era el nervio que tocaba. Se me movían las piernas del gusto, mi culo se movía sin que pudiera evitarlo. El clítoris, que anoche me había llevado con su lengua al cielo, estaba tenso, esperándolo, recordando el placer, que volvió como una ola inmensa, llenándome de calor.

    Se levantó ahora él, y me penetró. Llegó hasta el final, y, por el camino, iba avanzando y retrocediendo, y afianzando su posición, llenándome de gusto por donde iba. Mientras tanto me tocaba el clítoris con el dedo, y luego lo tomó entre dos dedos que movía alternadamente. Estaba a punto, no podía más. Perdía el sentido, me recuperaba, despertaba desde lejos y me hundía en el sueño más placentero, donde abandonaba todo.

    —Me corro, Abel.

    Tenía que decírselo para disfrutar aún más de aquello. Me corrí como un río, un torrente, otra réplica del terremoto de la noche, movía las piernas, me agarraba a sus brazos con mis manos que querían arrancar en alas. No grité, suspiré desde tan profundo que me quedé sin aire, toda agotada. Un grito que no dije pero que me satisfizo como el de la noche.

    Mientras me estaba corriendo y respiraba con dificultad, noté cómo su leche me volvía a llenar, y él permanecía dentro de mí mientras nos abrazábamos.

    Nos habíamos vuelto a correr juntos.

  • Entre la viudez y el deseo (2)

    Entre la viudez y el deseo (2)

    Después de esa cena transcurrieron casi dos meses. Por razones laborales y familiares de ambos, nuestros encuentros no fueron tan frecuentes, máximo dos veces por semana. Seguíamos planeando lo del viaje. Ajustamos nuestros tiempos y programamos un viaje de una semana al mar. Me ilusionó saber que iríamos a un resort en el Caribe mexicano. Para esto me cuidé más, asistí más días a la semana al gimnasio.

    Cuando nos veíamos íbamos a cenar o a comer. Me llegó a proponer ir a su departamento pero me rehusé. No me sentía todavía preparada, a pesar del deseo y de que me complacía su compañía. Sentía todavía cierta culpa y me apenaba recordar lo que le había permitido que me hiciera en el automóvil y lo que yo le había hecho. Sin embargo, después de tantos años de no tener relaciones sexuales, el deseo surgía e imaginaba el primer encuentro sexual con Ricardo, aunque también aparecía la incertidumbre al no saber cómo reaccionaría.

    Con el tiempo me sentí más cómoda con él; me hacía reír mucho y su cultura y sensibilidad me cautivaban. En una ocasión estuve a punto de dejarlo entrar a mi casa pero no lo hice. Nos besamos con mucha pasión en el auto y la excitación creció mucho pero me supe controlar y le dije que tuviera paciencia, que sería mejor en otro momento y en otro lugar, no en mi casa. Lo aceptó y esa actitud me gustó, me demostró no tener prisa ni urgencia.

    Finalmente llegó el día del viaje. Acordamos de vernos en el aeropuerto. No sabía cómo vestirme; eso sí, quería agradarle. Pensé en una falda corta, en un vestido pegado al cuerpo o en unos pantalones ajustados. Pero también me apenaba pensar en eso: viuda y cincuentona. Sin embargo, tenía que superar mis miedos y sentimientos de culpa. Recuerdo que la terapeuta me había dicho que el pasado podía seguir intacto, pero que tenía que construir el futuro con las oportunidades que me ofreciera la vida. Y éste era el momento: saber que iríamos a un lugar cálido, acompañado de un hombre que me agradaba en todos sentidos, me motivaba y tenía que dar no un paso sino un salto.

    Opté por un vestido blanco que me había hecho, ceñido en la parte superior y suelto de la cintura para abajo, ni corto ni largo, apenas un poquito arriba de las rodillas. Dudé respecto de los zapatos, si tacones medianos o altos, pues si me ponía los altos corría el riesgo de verme más alta que él y llamar más la atención. Me vi en el espejo y la verdad me gustaba cómo me veía, un poco blancas mis piernas pero firmes todavía, tanto por el ejercicio como por la genética. Me veía como una mujer típicamente “culichi”, como les dicen a los originarios de la capital del estado de Sinaloa. Me recogí el cabello. Traté de ser coqueta, pero no vulgar: no me puse ajustador. Y como mis senos son pequeños no me importó.

    Cuando nos encontramos en el aeropuerto noté como brillaron sus ojos al verme, no esperaba verme vestida así. Desde que llegué al aeropuerto y caminé por los pasillos sentí la mirada de algunos hombres pero lo que más me llamó la atención es que me miraban jóvenes de 30 o 40 años. No pasaba inadvertida mi estatura de casi 1.80 con esos tacones, con mis pantorrillas torneadas, mis caderas anchas, acinturada y mis nalgas todavía firmes y redondas. Nos saludamos con un beso; me veía más alta que él pero mostró indiferencia. Nos encaminamos a la sala de espera, pues ya había hecho el chek in. Ya sentados, nos dimos la mano y me crucé de piernas. Sentía que hombre que pasaba cerca me volteaba a mirar mis piernas. Y eso que el vestido tampoco me quedaba muy corto. Pero él no se incomodó para nada. Mi marido, en ese sentido, sí era un poco celoso y no le gustaba que enseñara de más, aunque en realidad pocas veces lo hacía.

    Ya en el avión, sentados, yo en la zona de la ventanilla y él en medio, pero afortunadamente el pasillo vacío, crucé mis piernas y me levanté un poco el vestido cuando no me veía; a los pocos minutos empecé a sentir su mirada, y de repente acercaba su mano y me las tocaba. Lo hacía discretamente pues cada rato pasaban las personas del servicio y los pasajeros que iban al baño. Como veinte minutos antes de aterrizar, le dije que iba al baño. Pero antes me pidió que me acercara para decirme algo. Me acerqué y me preguntó “¿Te puedo pedir algo?”, yo le respondí que sí. Entonces me dijo en voz baja: “Ahora que vayas al baño quítate tus pantaletas, ponlas en tu bolso y cuando regreses, lo abres y me las muestras”. Primero no supe qué decir, después le sonreí de manera coqueta y con total aceptación. Fui al baño y no dudé: hice lo me pidió.

    Regresé al asiento, abrí el bolso discretamente y le mostré mi prenda. Sonrió y nos dimos un beso. Me senté y volví a cruzar las piernas. No dejaba de mirarlas. Al poco tiempo miré su entrepierna, y noté el tamaño de su bulto. Yo le miraba de reojo pero me daba pena tocárselo, no fuera a ser que me vieran los pasajeros o las aeromozas. Una y otra vez lo miraba discretamente.

    Aterrizó el avión. Cuando bajamos del avión sentí la calidez del ambiente pero también una sensación rara al no traer ropa interior. Ya en el taxi, rumbo al hotel, en el asiento de atrás, me acariciaba el interior de mis muslos y yo su entrepierna, pero sin tocar su miembro. Toda esta situación me resultaba nueva y sugestiva. Por ejemplo, no traer ropa interior y sentir sus caricias en mis piernas. En mis años de casada nunca pasó por mi mente andar sin ropa interior en la calle, y mi marido nunca me lo propuso.

    Llegamos al hotel, nos registramos y nos condujeron al cuarto. Tan solo entramos y estuvimos solos, nos empezamos a besar y abrazar. Yo supuse que iríamos a la cama, pero Ricardo me dijo que fuéramos al balcón del cuarto a mirar el atardecer. El sol ya estaba de color rojo incandescente. El mar caribe se contemplaba en toda su magnitud con su color turquesa. El espectáculo era increíble. De repente me abrazó por detrás, con sus manos rodeando mí cintura. Me gustó esa sensación, me sentía protegida. Pero inmediatamente sentí su miembro en mis nalgas; pero especial, supuse que por el material del vestido y no traer ropa interior. Empecé a excitarme al sentir como crecía su miembro y se ponía duro. De repente, frotaba mi trasero en su miembro al mismo tiempo que volteaba para besarle la boca.

    El atardecer caía ante nuestros ojos y la brisa marina humedecía nuestros cuerpos. No dejábamos de besarnos y la excitación crecía. Había dos tumbonas en el balcón, entonces me acercó a una de ellas y me dijo que pusiera mis rodillas en ella. Tomó mis caderas y me pidió que recargara mis manos, de tal manera que quedé en posición de cuatro, como le llaman.. Entonces levantó mi vestido y empezó a acariciarme mis nalgas, mis muslos y mis pantorrillas. Después el interior de mis muslos. A pesar de la humedad del ambiente me sentía un poco reseca. Recordé que traía un gel en mi maleta, pero no quería interrumpir este momento. Supongo que él se dio cuenta de mi resequedad y entonces acercó la punta de su miembro a mi vagina, la cual se empezó a humedecer con los fluidos suyos. Me penetro suavemente pero no totalmente y después se retiró y continuó con sus dedos hurgando mi vagina y luego mi clítoris, todo ello magistralmente, sin prisa y delicadamente. Y ante mis ojos, la inmensidad del mar. Mi excitación aumentaba, él lo sentía perfectamente pues identificó el instante perfecto y empezó a penetrarme.

    Indescriptible lo que estaba sintiendo, pues encontró el momento perfecto para sólo penetrarme. No me envestía, lo hacía suavemente…por lo que mi gozo se iba acumulando. Sentía el tamaño de su miembro y su erección firme. No dejaba de preguntarme si me dolía o si me sentía incómoda; también me preguntaba si me gustaba como lo estaba haciendo. Yo le decía que estaba bien y que no se detuviera. No sé cuánto tiempo estuvimos así. Me sorprendió que su miembro se mantenía rígido y sin la urgencia de eyacular. Entonces le dije que no se moviera, que se mantuviera quieto. Yo empecé a mover mis caderas en forma circular y él coordinaba el movimiento con sus manos en mis caderas. Me estaba gustando pero también me estaba cansando, hasta que, continuando con el mismo movimiento, sacaba un poco mi vagina de su miembro para concentrarme en su punta, del tal manera que sentí como su excitación aumentaba y como venían en camino sus fluidos. Explotó dentro de mí y sus gemidos no se detenían. Yo me excité pero no tuve un orgasmo, sentí demasiado semen en mi vagina. Sacó su miembro y yo me paré sin saber si ir al baño o qué, pues no tenía alguna toalla cerca de mí. Entonces su semen empezó a escurrir y caer una parte en el piso y otra a deslizarse en el interior de mis muslos. Como no tengo matriz, pues me operaron hace tiempo, el semen se me sale inmediatamente después de tener relaciones sexuales.

    Nos quedamos acostados en las tumbonas, un poco cansados, dormitando, mientras la luz se desvanecía sobre el mar y la oscuridad impedía mirarlo. Seguimos así, hasta que coincidimos en que teníamos hambre, había que ir a cenar. Me dijo que si nos bañábamos juntos, le dije que sí, aunque él se adelantó primero. Yo no lo había visto completamente desnudo, pero cuando lo vi debajo de la regadera me gustó su cuerpo, atlético, sin panza y con el abdomen marcado. Me había dicho que practicaba natación pero no imaginé que estuviera bien formado. Nos abrazamos y besamos desnudos, con el chorro de agua tibia sobre nuestros cuerpos. Después tomó el jabón y empezó a enjabonar mi cuerpo, deteniéndose en mis senos pequeños y luego en mis grandes nalgas, hurgándome de repente sus dedos en mi vagina o en mi ano. Después yo hice lo mismo y recorrí con mis manos todo su cuerpo, deteniéndome en su abdomen, en su pecho y en sus brazos. Después mis manos buscaron su miembro para enjabonarlo. Me detuve allí y le masajee suavemente el miembro hasta lograr poco a poco una erección. Por primera vez se lo miraba en toda su magnitud, estando desnudo. Me llamó la atención el prepucio pues me había acostumbrado al miembro de mi marido que estaba circuncidado. Lo abracé por detrás para acariciar de otra manera su miembro, con las dos manos, las cuales apenas alcanzaban para cubrirlo todo. Lo empecé a masturbar y sentir como crecía. Luego me di vuelta, me coloqué en cuclillas y me lo llevé a la boca mirando hacia arriba buscando sus ojos. Era un disfrute fenomenal tener ese miembro grande y erecto en mi boca. Así estuve unos minutos, después me concentré en su glande para lamerlo con mi lengua. Sentí como palpitaba y como venían sus fluidos, hasta que eyaculó en mi boca pero ya no con tanta fuerza. Acto seguido él hizo lo mismo y empezó a hacerme sexo oral, dándome una cátedra con su lengua en mi clítoris, provocando en poco tiempo un ligero orgasmo.

    Cuando nos empezamos a vestir para ir a cenar, Ricardo me dijo que me tenía una sorpresa, que me había comprado un vestido. Así que lo sacó de su maleta y lo extendió sobre la cama. Era de material satén, color fiusha, y que si no me incomodaba por lo corto, me lo pusiera para ir a cenar. Me lo puse, sí que estaba corto, como cinco dedos arriba de la rodilla, sin mangas, un poco ajustado a mis caderas. Me puse mis zapatillas, ahora mis muslos se notaban más, pero en ese ambiente, no me hizo sentir incómoda. Llegamos al restaurante y sentía las miradas de algunos hombres. Me sentía sensual y deseosa; gozosa y coqueta, como no me había sentido nunca. Cenamos delicioso, a la luz de las velas y con el ambiente caribeño. Antes del postre fui al baño. Y allí se me ocurrió algo. Me quité la tanga que traía y la guarde en mi mano. En el trayecto volví a sentir la mirada de los hombres, sentía que mis nalgas se movían un poco de más. Llegué a la mesa y le dije a Ricardo “Te tengo una sorpresa”, y abrió los ojos de más cuando le puse en una de sus manos mi tanga. No sabía qué decir, pero supe que le complació.

    Estábamos cansados, casi inmediatamente nos dormimos, no sin antes estar unos momentos en el balcón, contemplando el océano y dándonos unos besos. Nos fuimos a la cama y dormimos desnudos. Ya en la madrugada, dándole la espalda a Ricardo, me despertaron sus manos que me acariciaban mis caderas y mis piernas. Le dije que me abrazara y en cuando junto su cuerpo al mío sentí su miembro erecto en medio de mis nalgas; me empecé a despertar pues además se escuchaban las olas del mar a lo lejos. Me voltee y nos empezamos a besar. Entonces me dijo que me pusiera encima de él. Acomodé su miembro en mi vagina y sentí como se deslizó hasta entrar completamente todo, me dolió un poco, pero me gustó. Empecé a moverme, a cabalgar, con la experiencia de tantos años de casada y como sabía que le gustaba a mi marido, en círculos sobre la punta de su miembro, lo que generalmente provocaba una inmediata eyaculación, pero en este caso, Ricardo se mantenía firme, disfrutando de mis movimientos. Su miembro seguía erecto y duro, y la que ya no pudo fui yo, tuve un orgasmo intenso que me hizo gemir. Seguimos así pero por más que me movía no eyaculaba, hasta que me voltee en la posición de vaquerita invertida y empecé con mis movimientos en círculo y concentrándome en la punta de su miembro. Esta posición le gustaba mucho a mi marido, pues me decía que contemplaba muy bien mis caderas y mis nalgas, y casi de inmediato eyaculaba. Ahora, Ricardo no tardó en eyacular y en tener espasmo tras espasmo. Ya después me dijo también que le excitó mucho verme por detrás, con esas caderas y esas nalgas grandes. Nos volvimos a dormir. Yo desperté para ir al baño y de regreso tuve la oportunidad de mirar su cuerpo nuevamente. Acaricié su torso, sus brazos y su abdomen y le di un beso, lo que hizo que despertara. Nos besamos y luego yo empecé a besar su cuerpo y cuando llegué a su parte media, su miembro nuevamente estaba reaccionando. Lo tome con mis dos manos y lo empecé a masturbar hasta lograr una breve eyaculación. No sabía de donde sacaba tanta fuerza y energía. Claro, era 13 años más joven que yo.

    Nos bañamos y nos preparamos para ir a desayunar y después a la playa. Para el desayuno me puse un vestido floreado, largo pero ajustado a mis caderas y nalgas, pero antes de salir Ricardo me dijo que pusiera en la cama todos mis calzones, no sabía el porqué. Así que lo hice, los tomó todos y me dijo “Quiero que permanezcan en la caja fuerte hasta que nos vayamos”. Entonces le dije “Quieres que ande sin ropa interior todo el viaje?” sí, me respondió. Antes de salir del cuarto me dijo “Falta uno”, entonces me los quité y se lo di para que los pusiera todos juntos en la caja fuerte.

    Fue un viaje maravilloso. Así fue toda la semana, con tres o cuatro veces al día teniendo sexo y cumpliendo muchas fantasías. Un día, antes del regreso, me programó un masaje en el hotel, sólo que no estaban libres las masajistas mujeres solo un hombre. Yo no quería pero finalmente dijimos que sí. Duró más de una hora y en verdad resultó estupendo, con música oriental y aceites con fragancia exquisitas. Ya en el cuarto de masajes, apareció el masajista, me llamó la atención, un tipo muy atractivo, como de 40 años, de ojos verdes y como 1.90 de estatura, vestido de blanco. Me saludo, me preguntó mi nombre y mi edad y me dijo que me colocara boca abajo. Empezó a masajearme la nuca, luego los hombros y brazos y después la espalda, donde se detuvo más. Yo sólo traía una toalla alrededor de la cintura, cubriéndome mis nalgas y mi pubis. Después pasó a masajearme mis piernas, para luego llegar a mis caderas y nalgas. En algunos momentos masajeaba de más mis nalgas. Pero me sentía demasiado sensual que no me importó. El aceite se deslizaba muy rico en mi cuerpo y la fragancia era una delicia. De repente metió de más una de sus manos en el interior de mis muslos y deslizó suavemente sus dedos en mí coño. Pero después se retiró y se puso enfrente de mí, masajeando mi cabeza. De repente abrí un poco los ojos y me encontré con su entrepierna. Pasó por mi mente que con esa estatura y ese cuerpazo este joven estaría bien dotado. Siguió dándome masaje en la cabeza y en la nuca. Después me pidió que me colocara boca arriba y me dio una toalla para cubrir mis senos. Le dije que así estaba bien y empezó a masajearme nuevamente, los brazos, mi torso, mis piernas y mis pies. Antes de terminar me dijo que el paquete del masaje incluía el pubis afeitado, pero que preguntaría si estaría libre alguna masajista mujer para que me lo hiciera, pero que si no existía inconveniente él lo podía hacer. Me quedé pensando, sin embargo le dije que él lo podía hacer, que no había problema. Así que lo hizo, con mucho cuidado, con un aparato muy moderno. Se comportó muy profesional. Me dijo que no representaba la edad que tenía, que estaba muy bien conservada. Se lo agradecí.

    Pero el mayor placer vino después, cuando ese hombre se retiró, pues al poco tiempo, llegó Ricardo y me dijo que siguiera boca arriba. Me dijo que cerrara los ojos y de repente empezó a masturbarme con un consolador para demostrarme que si existía el punto G, pues habíamos hablado de este tema. Fue maravilloso, recuerdo haber gritado como loca. Ya de regreso en el avión, Ricardo me preguntó que a qué hora me había afeitado el pubis. Le dije la verdad, que venía incluido en el paquete y que el masajista lo había hecho. Sentí que esto no le gustó del todo. Luego me preguntó si era joven el masajista. Le dije que sí y se lo describí. En fin, confirmé que una mujer de mi edad y mi situación puede gozar y disfrutar del sexo y el erotismo, y que esto no es monopolio de las y los jóvenes.

  • Aventuras en Long Beach

    Aventuras en Long Beach

    Luego de estar en Boca Ratón, Florida, yo, Alfonsina Robersi, salí tipo 9 am hacia mi último destino de mi paquete turístico, Long Beach, donde sin duda, pasaría mis últimos 5 días en ese punto maravilloso de California, que era junto con Boca Ratón, uno de los lugares que quería conocer.

    Llegué alrededor de las 11:30 am, porque primero llegué a Los Ángeles en avión y luego por carro a Long Beach, sin duda, al llegar, me encontré en el paraíso, un lugar hermoso, que, sin duda, nunca imaginé ni en mis mejores sueños, unas playas hermosas, sin duda, me quedé loca con sólo verlas, hasta que legué a un hotel hermoso, quizá el mejor que haya estado.

    Al llegar al hotel, dejé mis cosas en mi habitación, ubicada en el tercer piso, sin duda, con una vista al mar maravilloso, cuando, vi un gran barco, que estaba varado allí, no lo sabía, por curiosidad, fui a preguntar al lobby del hotel, claro, no había ningún tipo que hablase español, ahí usé un poco del inglés que se, pregunté a un empleado y me dijo que era el Transatlántico Queen Mary, si, ¡el Queen Mary! el mismo que salía en las películas de los 60, que ahora es un hotel museo, eso me supo decir en lo poco que le entendí del inglés del señor, así como no me gusta estar encerrada, salí a conocer ese lugar, claro, sin antes, ir a comer algo cerca de allí.

    Después de comer, recorrí las playas, hasta llegar al barco-hotel-museo, el Queen Mary, claro, tuve que pagar una entrada al museo, sin duda, en su interior, es espectacular, sin duda, el mejor barco que conocí, aunque sea en museo, en mi vida, mediante fotos, contaba cómo era la vida útil del barco, los camarotes que tenía, claro sin duda, me quedé fascinada del lugar.

    Mediante el recorrido, hacia mí, se acercó una chica, bien puesta, en algún momento, pensé que era empleada del museo, pero no tenía la identificación del mismo, aunque me habló primero en inglés, como no entendí bien, me habló en español, si, una norteamericana habla el español como si fuera su lengua nativa, me dijo que se llamaba Mary, justo como el transatlántico, ella era una chica rubia, de 1.80 m, casi de mi estatura (mido 1.82 m), flaca, siquiera de unos 30 años, pero que se le veía un buen cuerpo, en ese momento, me explicaba de cómo era el barco hace 70 años, que era después del Titanic, el más popular transatlántico de la época, que sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial de ataques nazis, y así, ella me explicaba todo lo que el barco fue en sus años de gloria.

    Caída la tarde, como era verano, anochecía más tarde, tipo 9 pm, salí del barco, a comer algo liviano, en ello, Mary, me saluda, creo que se dio cuenta que era nueva en la ciudad, y me acompaña al mejor restaurant de la zona, ambas pedimos los platos, la verdad, una comida exquisita, terminada la cena, ella se ofrece ser mi guía, me lleva a una discoteca muy conocida, yo, claro, sentí algo de nervios por sr nueva en el local, la verdad había gente de todo lado, raza, condición económica, así que comencé a divertirme, si, al ritmo de música electrónica, sin duda, Mary es una chica muy divertida, conversábamos de todo, que ella es guía turística, que en museo viene gente de todo el mundo, también le dique que yo hacía en mi país, y así entablamos una conversación linda y nacía una nueva amiga, hasta que..

    Eran más o menos la medianoche, cuando ella decide irse del lugar, porque tenía que trabajar al otro día temprano, así que decidí acompañarla, era una noche muy tranquila, ella me conversaba cosas muy personales, si, en su español fluido, le entendía todo, no sé por qué, pero toco el lado sentimental del ella, sin querer, cuando se paró un rato, me dijo, en su espanglish:

    Mary: No quiero hablar de eso Alfonsina, no he tenido buenas experiencias amorosas.

    Yo: Ok, tranquila, no hay problema.

    Luego reflexionó:

    Mary: Esta bien, te contaré,

    En eso nos sentamos en las butacas de una zona frente a la playa…

    Mary: Mira Alfonsina, yo tuve un chico que era lindo, guapo, pero por cosas extrañas, lo dejé, no sé por qué lo hice, pero, ya no sentía atracción por él,

    Yo: Mary, así es la vida, a veces, el amor entre 2 personas desaparece en el momento menos indicado, ánimo, pero, ¿Cuáles fueron esas cosas extrañas?, ¿Te fue infiel?, disculpa que sea curiosa, claro si no quieres contestar, no hay problema.

    En eso, Mary se queda pensativa un rato, hasta que…

    Mary: No me fue infiel, resulta que yo descubrí que… Alfonsina, (me miró a los ojos), Alfonsina, yo soy lesbiana, no me gustan los hombres, amo a las mujeres.

    En eso, ella se puso a llorar, yo la abracé, en ese momento,

    Mary: Gracias por entenderme Alfon

    Yo: Tranquila Mary, soy tu amiga y si quieres puedes decirme lo que quieras.

    En eso, ya más tranquila ella, me dice algo que:

    Mary: Alfon, le quiero decir algo, espero que no la tome a mal, pero, (me toma de las manos), me enamoré señora.

    Me alegré, pero mi subconsciente, algo me decía que eso no era todo.

    Yo: Ya vez, como el amor llegó a ti, y se puede saber de quién niña…

    Sonrió, me vio y me dijo:

    Mary: Me enamoré de (silenció un poco), de usted Alfonsina, me enamoré de usted. Usted me gusta mucho Alfon, estoy enamorada de usted desde hoy que la vi por primera vez.

    Sin duda, esa declaración me dejó petrificada, si petrificada, nunca una mujer me dijo que estaba enamorada de mí, ni en mis sueños, creí que atrajera a una mujer, en eso ella siguió:

    Mary: Si Alfonsina, me gustan las mujeres mayores, Ud., es de mi tipo de mujer, no solo la quiero, te amo Alfonsina.

    Mi reacción fue sin duda, de sorpresa total, no sabía que decir, estaba en un silencio sepulcral, que no sé cómo, pero supe decir esto:

    Yo: Mira Mary, es la primera vez que una mujer se me declara de esta manera, la verdad, me sorprendiste con tu declaración, me dejaste sin palabras, (fui un poco dura), niña, a mí me gustan los hombres, de todo tipo.

    En eso me paro, aduciendo que me iba al hotel, Mary hace lo propio,

    Mary: Si le ofendió, discúlpeme, no quise ser mal educada.

    Yo: Tranquila niña, la verdad, me sorprendiste con tu declaración, y no esperaba que sea amorosa, pero al menos, aunque me sorprendió, gracias por decirme lo que me dijiste, no muchas personas se atreven a decírselo a alguien con sinceridad, al menos te doy un abrazo.

    En ello Mary se me acerca y me abraza fuerte, sentí como sus sentimientos hacia mí se manifestaron en ese abrazo, ella poco a poco se separó y me dijo:

    Mary: Gracias por ese abrazo, de verdad, ahora, perdóneme, pero no puedo más.

    Cuando ella me planta un beso, si ¡un beso en la boca! me resistí, pero, no quería hacerle daño insultándola, era la primera vez que una mujer me besaba los labios, sin duda, unos labios finos y delicados, como la seda, no gruesos como tienen los hombres, no sé cómo, pero la lengua de ella, entró en mi boca, y decidí seguir su movimiento de labios, si quiera fue un minuto, hasta que ella, separó su boca de la mía, me dijo:

    Mary: te amo Alfonsina.

    Se despidió dándome un pico, se fue corriendo, no lo sé si por la prisa de que ya era tarde o del miedo a mi reacción.

    Yo mientras iba de regreso al hotel, estaba confundida, porque quería aventuras con hombres, tipo Daniel, Carlos, Juan, etc., pero no me imaginé, ni cerca, de que una mujer me besara y de la manera apasionada como lo hizo Mary, llegué luego de media hora al hotel, pensaba en como fui capaz de aceptar que una mujer me besara, eso me mantuvo en vela toda la noche.

    Durante la mañana, bajé a desayunar en el hotel, luego fui a la piscina donde tomé baños de sol, quedándome dormida, muerta por el insomnio, siquiera me desperté tipo 2 pm, cuando me pregunté:

    Yo: ¿Y si voy al transatlántico, a verla a Mary?, no sé, estaré jugando con fuego, pero, va, al diablo, voy a verla.

    Subí a mi habitación, me puse un vestido único, primaveral, color azul, que compré el día anterior, que me llegaba hasta un poco por encima de las rodillas, resaltando mis piernas tonificadas, al terminar de vestirme, me pregunté:

    Yo: ¿Por qué me visto así, atractiva, si voy a un museo, no a ver a un hombre?…

    Bueno, enseguida salí de mi habitación, fui a comer un poco, y partí al museo.

    Antes de llegar, me puse un poco tensa, primero no quería entrar, pero, tomé valor y entré, no vi a Mary, no sé por qué, será de la vergüenza de lo de ayer, o por otros motivos, pregunté al encargado del museo, me dijo que ella llegaba en una hora, porque se fue a atender un pendiente, así que le agradecí al tipo y fui a recorrer el museo, serían más o menos una hora, cuando escuché una voz:

    Mary: Sra. Alfonsina, buenas tardes.

    No sé qué, pero suspiré un poco, mi corazón aceleró sus pulsaciones, me puse tensa, volteé poco a poco y:

    Yo: hola Mary, pensé que no estarías aquí

    En eso, Mary me dijo que tenía un trámite urgente, pero ya estaba acá, no sé qué, pero en ese momento, ella se me acerca y me da un pico, algo en mi hizo que no lo rechazara, pero mi inconsciente me decía:

    Yo (inconsciente): ¿Por qué no tener una aventura acá?, con Mary?, No tengo nada que perder…

    En eso, me le acerqué a Mary, le di no un pico, sino un beso ella sabía besar bien, me imaginaba que estaba besando a cualquier hombre, pero no, era a una mujer la que estaba besando.

    Mary: Espera un rato, nos pueden ver los visitantes, ven, vamos a un lugar mejor que conozco.

    Yo: Si, es lo más decente, llévame entonces.

    Ella me tomó la mano, me llevó atrás del museo, a un lugar, tipo bodega, nos encerramos con llave, ella rodeó con sus brazos mi cuello y me besó, yo sin dudar, la abracé de la cintura, seguí su juego de besos, que sensación rara que sentía al no besar y ser besada por un hombre, cuando ella:

    Mary: Estás hermosa Alfonsina, te pusiste este vestido para mí. Te queda bien amor.

    Yo: Si mi reina, sabes, nunca he estado con una mujer, enséñame a estar con una, y sí, me vestí para ti.

    Ahí Mary me arrinconó en la pared, me besaba la boca, el cuello, no sé, pero mi reacción era como cuando estoy con un hombre, estaba excitada, no lo entendía, pero ella puso su mano en una de mis piernas, me la levantó y la entrelazó a su cintura, yo parada, prácticamente me abrió las piernas

    Mary: que ricas piernas tienes mi amor, por eso me gustan las mujeres mayores Alfi.

    Yo: en serio niña, mira, me siento rara, claro nuca estuve con una mujer.

    En ello, ella mientras me besaba, recorre con sus manos mis pechos, mis pezones estaban duros, por encima de mi vestido me magreaba mis tetas, hasta que una de sus manos, la metió debajo de mi vestido y tanga, acarició mi vagina,

    Yo: aahhhh si, sigue así cosita…

    Como estaba con su uniforme, blanco entro, blusa y minifalda, ya que hacía calor, por eso el blanco, mientras me magreaba la vagina, yo le apreté las tetas un poco,

    Mary: Ya vez, sabes estar con una mujer, nadie me acarició mis senos así, eres única niña.

    Yo: Es que tú me enloqueces gringa, me tienes caliente, nunca me calenté por una mujer.

    Cuando Mary se dio cuenta que era mucho tiempo de su ausencia, paró el magreo, y:

    Mary: Veámonos más tarde Alfonsina.

    Yo: Voy a tu casa o vas a mi hotel…

    Mary: Mejor donde estuvimos anoche, frente a la playa, a las 10 y media.

    Yo: Ok, a esa hora

    Ella me dio un pico y salimos de la bodega, acalorada y todo, yo me fui al hotel y ella a su trabajo, haya sido tipo 6 y media.

    Llegué a cenar al hotel, como era verano, aun no anochecía, fui a cenar un poco, en el hotel, llegué a mi habitación, y con ansias esperé hasta que sea hora de ir a mi “cita”.

    Tipo 9 y 45 pm, decidí tomar un baño, vestirme con el mismo atuendo como estaba en la tarde, pero, a diferencia de que, no decidí ponerme ni brazier y mucho menos, tanga.

    10 y 25 salí del hotel, llegué justo a tiempo, a mí me gusta ser puntual, pensé en encontrármela ahí, pero no estaba, así que decidí esperar, pasaban los minutos, ya eran 10 y 45, no llegaba, odio que sean impuntuales, hasta que me dije que si no llegaba a las 11 pm, me iba del hotel, pasaron los minutos, no llegaba, hasta que dije, me voy al hotel, cuando de lejos veo a una mujer que llegaba hacia donde estaba, y si, la distinguí, era Mary, no sé qué, pero puse una sonrisa picará, llego, me saludó con un pico:

    Mary: Hola mi amor, perdóname por no avisar que me demoraría, no me gusta ser impuntual, me quedé en mi trabajo hasta tarde.

    Yo: Amor, no me gusta que me hagan esperar, pero ya está, así que, ven para acá. Rodeo su cuello con mis brazos y le clavé tremendo beso, que ella no se resistió, Mary vestía camiseta blanca y minifalda que le llegaba hasta la altura de los muslos, muy provocativa la chica, mientras nos besábamos, ella me dijo:

    Mary: Amor vamos a un sitio que te gustará.

    Yo: Ok amor, llévame,

    Fuimos tomadas de la mano, llegamos a una casa cerca a la paya, habrán sido 2 cuadras del lugar de encuentro.

    Mary: Pasa, esta es mi casa.

    Era una pequeña pero elegante casa, me di cuenta enseguida que ella vive sola, la mantiene bien, tiene cosas bonitas, cuando le dije:

    Yo: Tu casa es linda, hermosa, bonita.

    Mary: Pero no más que tú.

    Ella me besó con una pasión desmedida, ambas nos acariciamos nuestros traseros, yo lo tengo más respingón ja jajá, cuando ella me da una nalgada, me dolió, pero no le dije nada.

    Mary: me gusta su trasero mi reina, es mío, cada vez que vengas acá, ya sabes dónde venir.

    Yo: De eso no tengas dudas, vendré a buscarte.

    No sabía lo que decía, cuando ella me lleva a su dormitorio, a su cama, me tumba en ella, me besa con pasión, cuando acaricia mis piernas,

    Mary: ¿Alfi, estas sin tanga, viniste preparada para mí?

    Yo: Claro amor, para ti vine así.

    Enseguida mete una mano en medio de mis piernas, me mira con una pasión desmedida y comienza a magrear mi vagina, a los lados, de arriba abajo, sentí un escalofrío que no pude más y comencé a gemir:

    Yo: aaahh aaahh ahhh siiii que rico

    Mary: Gime más mi vida, que tu vagina esta rica, deliciosa.

    Cuando saca su mano de mi entrepierna, me quita mi vestido, dejándome completamente desnuda, no llevaba brazier, con su boca recorre todo mi cuerpo, chupa mis tetas:

    Mary: que grandes son tus senos mi vida, me encantan,

    Chupa mis pezones, me excitó al máximo, luego ella siguió con su boca rodeando mi cuerpo, hasta llegar a mi zona V:

    Mary: you pussy is beauty

    Yo: si cómela toda

    En eso, comienza con su lengua a jugar con mi clítoris, nunca en mi vida, una mujer me hacía sexo oral delicioso, lo hacía bien, mejor que mis amantes masculinos, sentí su lengua meterse un poco en mi vagina, eso me dio una sacudida excitante, seguía ella jugando con mi clítoris, hasta que mi cuerpo tembló de lo rico:

    Yo: ahhh siii rica, sii, siii, me vengo mi reina, que rica estás aaahhh siii

    Ella aparta su cabeza de mi zona V y me mandé una tremenda corrida, que parecía q estaba haciendo pipí, sin duda, una corridaza que ni mis hombres me la han hecho cuando me cogían.

    Mary: se nota que eres excitante mi amor, que rico que te viniste, inundaste mi departamento con tus jugos Alfi…

    Yo: ahora me toca a mi comerte todita.

    Me levanté, besé a Mary en los labios, la acosté, le quité toda su ropa, me di cuenta que al igual que yo, no traía nada, nunca en mi vida imaginé que iba a hacer sexo oral a una mujer, a comerme una vagina, que la verdad, la tiene muy rica, depilada, así como me gusta que mis amantes tengan sus aparatos reproductores,

    Yo: que rica vagina que tienes Mary, la verdad, nunca en mi vida, he hecho sexo oral a una mujer, a un hombre si, pero no a una mujer.

    Mary: tranquila tú, solo acércate y vas a disfrutar mucho.

    Con duda, me acercaba a la conchita de Mary, ella con su mano, puso mi cabeza en su vagina, y comencé poco a poco a chuparla, nunca pensé que en mi vida iba a comerme una vagina, recordaba cuando me masturbaba, acariciaba mi clítoris y así me venía, así que comencé a chupar la misma, cuando, ella comenzó a tener convulsiones, sin duda, se estaba viniendo:

    Mary: aaahh que rico, fuck me Alfi, yess, yesss

    Yo: nunca pensé comerme tu vagina está riquísima,

    En ese instante, ella también se corrió, si, llenando mi rostro con sus jugos, quedando ella extasiada, llena completa.

    Subí a su boca, nos besamos con tanta pasión, ahí recordé que, en un video lésbico que vi, tenían una pose, de tijerita, fui a hacerle esa pose a Mary, le abrí las piernas de ella, crucé con las mías, y era la primera vez que mi vagina se ponía en contacto con otra vagina, en definitiva, tenía sexo con una mujer.

    Yo: esta pose te gusta Mary

    Mary: si Alfi, sin duda ya aprendiste a cogerte a una mujer, así que fuck me Alfi, fuck

    En eso, nuestras vaginas se comenzaron a frotarse, despacio, luego ya de manera más rápida, sentí su clítoris rozar con el mío, ambas parecíamos que nos estábamos penetrando, pero no era más que un simple roce, que se convierte en más intenso, ella sin duda, comenzaba a venirse, porque yo la embestía más rápido, no sé cómo, pero yo también comencé a sentir espasmos en mi cuerpo, me hacía para atrás, como señal que me venía.

    En eso, Mary me acuesta, abre mis piernas, eleva mi pierna derecha, con mi pie a la altura de su oreja, y me comenzaba a tirar, no sé, pero imaginé que me estaban penetrando, nuestros clítoris chocaban rico, sin duda, era la primera vez que una mujer me hace el amor, que rico que me embestía cuando sentimos temblores:

    Yo: me vengo, Mary, sii, sii siiii

    Mary: yo también me vengo, yes, yes, fuck me, yesss aaaahhh

    Ambas nos temblamos, no lo creía, ambas eyaculamos rico, que mojamos la cama de Mary, cansadas de tremendo espectáculo, que por primera vez fui participe, mi vagina estaba totalmente mojadita, de lo rico que cogí con Mary, ella se me acerca, nos besamos de la manera más rica y deliciosa, hasta que Mary, puso su cabeza en mi pecho, nos abrazamos así, hasta quedarnos dormidas…

    Fueron más o menos las 2 y media de la mañana, cuando me despierto, fui al baño, saliendo del mismo, ella vino hacia mí, otra vez me besó e hicimos nuevamente el amor, ella, una joven llena de energía, otra vez se tiraba a una señora cuarentona como yo, sin duda, lo disfruté rico, lo hicimos hasta quedar abrazadas y dormidas otra vez.

    Tipo 5 am, me desperté, buscaba mi ropa por la habitación de Mary, hasta que la encontré debajo de su cama, me vestí, agitada y cansada salí de su casa, como ya estaba de día, por el verano en Long Beach, el sol sale a las 4:30 am, caminé derechito al hotel, al llegar ahí, tomé un duchazo rico, mi vagina estaba bien húmeda, y sorprendentemente, hinchada, sólo la sentía así cuando un hombre me penetraba duro y rico, que me costaba a veces, cerrar bien mis piernas, pero recordé que me cogió una mujer, bueno, con eso, me fui a la cama y dormí toda la mañana, recordando la cogida que tuve con Mary.

    Al despertar, tipo 2 pm, no sé, y sin querer queriendo, recordaba a Mary, la primera mujer con la que tuve sexo real, pero también recordé a mi difunto esposo, a mis hijos que tuve con él, también a mis amantes que tuve en el tour, y así, descubrí yo misma que… por igual… me gustan los hombres y las mujeres.

  • El culo de Carina

    El culo de Carina

    Carina era la gordita del grupo de amigas. Esas que uno se solía encontrar en la disco o algún otro sitio los sábados por la noche. Siempre terminaba bebiendo sola y viendo como las otras bailaban con ocasionales festejantes o novios de turno. A mí me había llamado la atención. No era para nada fea. Solo excedida de peso. Mucha teta y mucho culo, más algo de barriga.

    Una de esas noches decidí acercarme. Cerveza en mano fui hasta el lugar donde estaba sentada y la saludé.

    -Hola… ¿Puedo hacerte compañía?

    -Hola. Sí, claro…

    -Te han dejado sola…

    -Ja-ja. Si, las chicas se divierten…

    -¿Hace mucho que son amigas?

    -Desde que comenzamos la escuela secundaria. Y lo seguimos siendo una vez que la terminamos.

    Así la charla continuó con temas diversos. Tenía una conversación interesante y variada. Me contó que trabajaba, vivía sola en un departamento pequeño que estaba arreglando y decorando a su gusto. Estaba consiguiendo reproducciones de pinturas y con ellas iba vistiendo las paredes.

    -Que bien… yo en el mío solo tengo un perchero!

    -Jajajaja! Deberías empezar con algún cuadrito. Deben ser una tristeza tus paredes…

    -Si. La verdad no me da por eso… Con que la cama esté pronta para recibirme y la cocina se encienda para hacer café… ya me conformo!

    -Qué loco…!

    -Debería pasar por tu departamento para darme aunque más no sea una idea. A lo mejor me inspira!!!

    -Me estás sugiriendo que te invite?

    -No… solo era una broma. Pero si se presenta la ocasión, paso a ver…

    -¿Quieres ir ahora?

    -Nooo… Si estamos aquí en la salida sabatina, conversando tranquilos…

    -Podemos seguir conversando igual… No sé tú, pero ya yo puedo darme por satisfecha. He salido, escuchado música, bebido lo que normalmente bebo y… si no te hubieses acercado estaría bostezando de aburrimiento! Si quieres caminamos y en unos minutos llegamos a mi hogar dulce hogar. No está lejos…

    -Como quieras.

    Se acercó a una de sus amigas, que estaba bailando y le avisó que se iba. Salimos a la calle. La noche estaba muy agradable. Caminamos algunas calles y enseguida llegamos. La verdad es que su departamento era pequeño pero cómodo y decorado con buen gusto y dedicación.

    -Quieres tomar algo… un café?

    -Preferiría algo más fresco…

    -Bueno. Creo que me quedan un par de cervezas frías…

    Me contó que solo había tenido un novio y que la cosa no había funcionado. Que solía envidiar a sus amigas por sus éxitos sentimentales y que a veces se sentía sola. Le respondí que los éxitos no pasaban solo por ahí y que tal vez sus amigas no tenían toda la felicidad que aparentaban.

    -Gracias por haberte acercado. Hacía ya mucho tiempo que no estaba acompañada por un chico… y que fuese él quien se acercara! Ji ji!

    -Para nada. Lo pasé bien conversando contigo…

    -Tienes novia?

    -No. Actualmente estoy solo…

    -Somos dos solitarios! Jaja…!

    -Se podría decir que sí…

    Sinceramente ya las perspectivas habían cambiado. Ya me había invitado, ya estaba en su casa y ya no me parecía tan descabellado terminar cogiéndomela… Hasta ahí no aparecía posibilidad de llevar la charla más al terreno de lo sexual. Así que opté por una alternativa que tal vez podía aparecer chocante para con ella…

    -Te digo una cosa y por favor no te sientas agredida. Siempre que te veía quedar sola mientras tus amigas bailaban, se me ocurrió que tal vez fueras lesbiana… perdón

    -Jaaajaaa! Nooo… no te mortifiques. Las cosas se han venido dando así, pero no por lo que supones. Prefiero los hombres… de verdad que los prefiero. Aunque…

    -Aunque?

    -Bueno… en tren de confesiones, una vez y solo una vez nos involucramos con Gracia, esa amiga a la que le comuniqué esta noche que me estaba yendo.

    -Si?

    -Fue solo una vez que estábamos algo borrachitas, excitadas y solas. Y simplemente se dio que nos tocamos para aliviar nuestras necesidades, nada más… Cuando estuvimos otra vez sobrias y conscientes nos morimos de vergüenza. Pero al final lo tomamos con humor…

    -Interesante…!

    -Te parece interesante?

    -Claro. No puedo dejar de imaginármelo…

    -No te repulsa pensar en dos mujeres masturbándose?

    -Para nada… me resulta excitante!

    -Mmmm… y que otras cosas te resultan excitantes?

    -Aún a riesgo de ser otra vez rudo y ya que preguntas: tus pechos me resultan excitantes…

    -Me halagas!

    -Me encantan y ya voy más lejos… me encantaría verlas, tocarlas y besarlas!

    -Todo eso?

    -Salvo que tu pongas límites! Jajaa!

    Ni me contestó. Solo tomó su camiseta por debajo y se la fue quitando hacia arriba. Apareció libre de corpiño, un estupendo par de tetas como melones.

    -Te gustan?

    -De vista si… no sé si pueda hacer alguna otra comprobación…

    -Hazlo…

    Me acerque para tocarlas y por supuesto no pude abarcarlas a cada una con una mano. Tetas grandes con pezones pequeños como me gustaban. Pezones que se pusieron duros apenas les di las primeras lamidas. Se las chupé mientras las acariciaba y masajeaba.

    -Te puedo invitar a un sitio más cómodo? -preguntó…

    -Como gustes…

    Directo a su dormitorio fuimos en un corto viaje. Una vez allí, Carina se quitó la pollera y quedó en calzones. El culo se reflejó en un espejo y me devolvió una imagen tentadora. Era grande y gordo pero se lo veía firme. El pubis era más bien pequeño bajo su pancita y rodeado de gruesos muslos. Se sentó en la cama y yo a su lado. Volví a mi trabajo con sus tetas. Pronto hice que se recostara para estar más cómodos. Le chupé los pezones en tanto mi mano avanzó a recorrer parte de su cuerpo. Toqué su concha por arriba del calzón. Se lo empecé a correr hasta mitad de los muslos. Luego mi mano hurgó y encontró los labios depilados de su diminuta concha. Era todo suavidad. Fui bajando besos por su vientre, sin escalas hasta quedar lamiendo los labios vaginales. Gorditos y apetitosos. Lamí justo en el centro para separarlos. Se estremeció entre suspiros y jadeos. Sentí que se había humedecido y decidí que era hora de entrar. Subí por entre sus muslos abiertos hasta quedar justo con mi verga tocando su entrada. Ella supo lo que venía.

    -Cógeme despacio, por favor. Hace mucho que no me cogen y además tengo poca experiencia… poco uso!

    Llevé mi mano abajo y me agarré fuerte la verga para hacerla jugar y ganar espacio entre los labios. Empujé y se le escapó un gemido al sentirse penetrada. Seguí pujando despacio por entre las paredes aún cerradas. Sus uñas se clavaron en mis espalda y me detuve. Retrocedí hasta dejar solo la punta dentro. Insistí en el empuje y ya no me detuve hasta bien allá adentro.

    -Ay!… la siento como la primera vez… me dolió un poquito pero me encanta tu verga…

    Me fui moviendo lento para ir y venir por su canal. Le besaba las tetas y también los labios. Su conchita se sentía apretada y prácticamente me exprimía la pija…

    -Me gustaría que te pusieras en cuatro patas para cogerte mejor…

    -Vas a hacerme perrita?

    -Siii… bien perrita y te voy a coger mucho…

    Se acomodó y al segundo la volví a penetrar a fondo.

    -Ah! Parece que se siente más profundo. Siento que me abres la conchita…

    -Tu conchita es divina y me encanta cogerla…

    La agarré fuerte por la cintura y la entré a coger con movimientos rápidos. Ahí nomás abajo, su culito parecía palpitar. Fui con un dedo y se lo acaricié. Me lo mojé para probar penetrarlo.

    -No, por favor… Nunca lo hice por ahí!

    -Solo el dedo… para masajearte y excitarte.

    -Tengo miedo…!

    No insistí más, fui con el mismo dedo a buscar el clítoris. Entre el ritmo de mis embestidas y la velocidad del masaje, pronto llegó al orgasmo. La liberé para que se tirara en la cama y caí a su lado…

    -Eso estuvo genial… no es lo mismo una buena cogida que las caricias del bidet!

    -Jaaa… ¿Eso te remediaba?

    -Algunas veces… tampoco soy ni he sido adicta…

    -¿Mucho miedo de que te duela la cola?

    -Si… te cuento algo. Mi amiga, la que viste esta noche cuando le dije nos íbamos, Celeste se llama… Bueno, ella lo pasó mal. Un amante ocasional, un bruto, entró en su ano y le produjo un desgarro. Sufrió mucho y yo la acompañé en esos días. La ayudé con unas cremas y pudo ir sanando. Igualmente: lo noté muy sensible a las caricias, pero me asustó cuando quisiste penetrar.

    -Entiendo. Seguramente, opino, a tu amiga le tocó justo una bestia, un bruto que ni idea debe haber tenido. Tiene que ser muy brusco y bruto para lastimarte así sin más…

    -Puede ser. Pero yo me quedé con ese miedo y no quiero…

    -Está bien, está bien. Por mi no temas. Si yo te algo hago será para darte placer y no lo contrario. Se lo he hecho a algunas mujeres y sé que en principio duele y molesta. Hay que ser muy delicado, nada más…

    -Gracias por entenderme… Voy hasta el tocador. Ya vuelvo…

    Me la quedé mirando mientras se iba y sus nalgas se movían al compás. Le había jurado no lastimarla, pero ese culo se veía prometedor. Debía contenerme o medir muy bien los pasos a seguir.

    Volvió y se notaba que se había higienizado. Yo estaba boca arriba y con la verga en alto, sin haber acabado aún y esperando el momento.

    -Que torpe soy, dijo… Acabé, gocé y me fui. Mira cómo te dejé!

    -No importa. Hay tiempo… ¿me la quieres tocar?

    -Sí, claro…

    Se acostó a mi lado y sus manos regordetas envolvieron mi miembro para acariciarlo. Jugó un rato con él hasta que, casi tímidamente se animó a besarlo. Lo lamió para luego abrir la boca y dejarlo entrar. Poco a poco fue encontrándole la vuelta a la mamada y me la hizo disfrutar.

    -Si no estás acostumbrada a sentir el gusto del semen… no dejes que te acabe en la boca…

    -Tranquilo: lo he probado…

    Así las cosas, siguió con su tarea. Hasta que logró su cometido y solté todo. Recibió todo lo que pudo y el resto lo juntó después. Se portó como una verdadera heroína y se tragó toda la leche. Después vino a acostarse a mi lado y me abrazó.

    -Gracias por esta noche…

    -Gracias? Para nada… gracias a ti ya que somos dos los que lo estamos pasando bien…

    Luego de descansar un rato, le pedí que se acostara boca abajo. Empecé a besarla en el cuello y bajé por la espalda, acariciando sus abundantes nalgas.

    -Quiero jugar con mi lengua en tu cola… quiero darte placer… no temas…

    Amasé las carnes haciendo que los cachetes se separaran y se juntaran. Las dejé separadas para llegar con mi lengua hasta aquel huequito rosado y virgen. Lo fui lamiendo y acariciando con mi lengua. Empezó a arquearse y retorcerse en señal de aprobación. El placer estaba. Ella, por si sola vino con su mano para masturbarse la concha y aumentar el goce, en tanto pegaba su grueso culo contra mi cara. El apretado anillo se iba aflojando. La punta de mi lengua atinaba a penetrarlo. La ayudé a que se apoyara en las rodillas y el ojete quedó más expuesto. Un charco de saliva le corría por entre las nalgas y le bajaban a la concha para ayudarla a lubricar los dedos con que se acariciaba. Estaba en un pico de excitación. Mi dedo medio volvió a intentar la caricia anal y esta vez no fue rechazado. Lo movía en círculos, frotando y resbalando en la humedad. Humedad de saliva y de los jugos que juntaba de mi verga dura. Cada vez fui aumentando la presión del dedo. Ella parecía haber perdido el temor. Aflojaba y apretaba el ano como en espasmos. El ritmo de sus dedos en la concha era febril. Se masturbaba con reales ganas mientras gemía apagadamente. Pude apreciar que en esos minutos, tuvo dos o tres orgasmos. Estaba dilatando y aproveché. Presioné algo más y pude meter la primera falange del dedo en su ojete. Sin darle tiempo a reaccionar, le masturbé el agujero con movimientos cortos y lentos. Dilataba y apretaba. Movía las caderas.

    Era buena señal. Hundí más el dedo para seguir jugando en su culo. No hubo reproches, solo jadeos y suspiros. Tras hacerle jugar por un rato el dedo, en vistas que no lo rechazaba y la calentura iba en aumento, me atreví a intentar la penetración con dos dedos. Otra vez junté líquidos de mi verga, me metí los dedos en la boca e hice una especie de melaza que dejé caer en la raja para que resbalara hasta la entrada misma del ano. Al del corazón sumé el índice y fui a buscar nuevamente la entrada. Muy despacito fui empujando, en una delicada operación. Me alegré de tener dedos finos. El ojete se abrió ahora más fácilmente y volví a ingresar. Todo con mucho cuidado y delicadeza. No quería echar a perder todo por apresuramiento. Con apenas las primeras falanges adentro, retomé el trabajo de masturbación. Yendo y viniendo, logré la dilatación deseada.

    Ella sin duda disfrutaba de la, hasta hace poco, impensada invasión de mis dedos. Intuía que había perdido el miedo y gozaba la paja anal que le brindaba. Minutos después, me incorporé para quedar de rodillas tras ella. Saqué los dedos y le refregué la cabeza de mi verga, la apoyé y empujé. El ojete, dilatado por la tarea previa, me permitió entrar casi sin forzar nada. Entré y jugué con la pija como jugaba con los dedos. Su trabajo de masturbación tampoco se detuvo y los meneos de cadera ayudaron a la penetración. Ya la tenía, ya estaba dentro de ese culazo y dispuesto a gozarlo. Siempre con un lento empuje, no paré hasta metérsela toda.

    -Creo que lo supe cuando comenzaste el jueguito con tus dedos o acaso desde que me lamiste. Nunca pensé que tendría el valor de dejarme coger por el culo. Pero no me arrepiento: me estás haciendo gozar y me encanta sentirla bien adentro… Dame más, que yo con mis pajas ya perdí la cuenta de los orgasmos que tuve. Los sentí hasta en la cola!

    Se la saqué solo para volver a gozar el momento de atravesar el umbral de su culo y ver mi verga perderse en la profundidad. Entonces la cogida se hizo intensa, honda y frenética… hasta que acabé como un animal en lo más profundo de su cueva.

    -Acaso le cuente a mi amiga cómo me lo he pasado y no me crea lo que he disfrutado por lo que ella sufrió.

    Celeste, la amiga lo supo y es un capítulo aparte…

  • Papi plantó su semilla

    Papi plantó su semilla

    Al vivir en una granja solo con mis padres, no tengo mucha vida social. Pensé que las cosas podrían cambiar ahora que cumplí dieciocho años. Una cosa sé, mi papá me ha estado mirando extrañamente. Un fin de semana mi mamá conducía para visitar a su hermana. Solo seríamos mi papá y yo durante los próximos días.

    Esa primera noche me fui a la cama temprano. En algún momento de la noche me desperté. Creí haber escuchado algo.

    «¿Eres tú papá?» Yo pregunté.

    «Sí, soy yo. Vine a ver cómo estás».

    Mi papá se acercó a la cama y se sentó. Finalmente me di cuenta de que estaba totalmente desnudo. Papi retiró mi sábana. Estaba usando mi camisón.

    «He estado pensando en ti, Isabella. Ahora que ya has crecido».

    Sentí los dedos de mi papá tocando mis bragas. Odio decirlo, pero me estaba excitando. Vivía en una granja alejada de la ciudad, no había tenido una relación cercana con otro hombre que no fuese mi papá.

    «¿Alguna vez pensaste en mi?» Mi papi preguntó.

    «Pienso en ti todo el tiempo.» Pronto pensé que papá quería decir algo más.

    Papi comenzó a bajarme las bragas. Estaba húmeda abajo. Tener a mi papá tocándome así no ayudaba mucho. Papá empujó un dedo dentro de mí. Me estaba poniendo muy emocionada. Unos minutos más y papá se unió a mí en la cama. Pude ver mejor su cuerpo desnudo. Su polla estaba dura entre sus piernas.

    Separó mis muslos y bajó la cabeza. Sentí que la lengua de papá me lamía por todas partes. Empecé a hacer ruidos. Se sintió tan bien. A los pocos minutos de eso estaba empapada. Papi se puso de rodillas. Podía sentir la punta de su polla en mi apertura. Lentamente la empujó.

    Se sintió como una sacudida eléctrica dentro de mi coño. Papi extendió los brazos envolviéndome. Me dio de comer su polla. Papi se sintió enorme. La metía lo más profundo que podía. Todo lo que sabía era que necesitaba la polla de mi papá ahora. Levanté mis piernas y las envolví alrededor de su espalda.

    Fui penetrada por mi papá. Estaba teniendo sensaciones que nunca antes había sentido.

    «¡Por favor papi, fóllame fuerte!» Prácticamente estaba gritando, nunca había sentido tanto placer.

    Papi empujó su polla dentro de mí. Era como si estuviera tratando de estirar mi apretado coño. Papá me preguntó si estaba usando anticonceptivos. Le dije que no. Unos minutos más y papá se retiró. Se colocó cerca de mi cara.

    «Ábreme la boca, Isabella», me dijo.

    Abrí y mi papá me roció con su semen. Había mucho de eso. Estaba en mi cara y en mi garganta. Traté de tragar tanto como pude según sus órdenes. Finalmente, papi disminuyó la velocidad. Frotó su polla sobre mis labios. Usé mi lengua y boca para limpiar su polla.

    Cuando terminó, me limpié con unos pañuelos.

    «Si volvemos a hacerlo, es posible que no pueda controlarme».

    Estaba bastante seguro de que volveríamos a tener relaciones sexuales. A la mañana siguiente me levanté primero. Estaba en la cocina preparando el desayuno. Mi papá entró desnudo. Se paró detrás de mí, sus manos estaban sobre mis hombros. Él comenzó a besar mi cuello. Podía sentirme excitada de nuevo. La polla de mi papá estaba presionando contra mi grieta.

    Papi me movió hacia el mostrador de la cocina. Me dijo que doblara la cintura y me sostuviera contra el mostrador. Me subió la bata de baño. Sabía que estaba expuesta a mi papá. Sentí su pomo duro descansando en los labios de mi coño. Me empujó de nuevo. Pude resistir los avances de mi papá. Lo quería como él me quería a mí.

    Empujó todo el camino. Grité mientras tomaba cada centímetro de la larga polla de papá. No podía creer lo excitada que estaba por mi papá. Me penetro duro esa mañana. Podía sentirlo sacándola casi por completo y luego golpeándome profundamente con su pene. Papi pasó la mano por debajo de mi bata de baño. Estaba apretando mis tetas. Mis pezones ya estaban duros.

    Se podría decir que éramos como dos animales en celo esa mañana. Mi papá comenzó a gruñir. Me di cuenta de que se estaba acercando. Esta vez no se retiró. Tenía más esperma para darme y me disparó profundamente en el vientre. Todo lo que podía pensar era que me iba a quedar embarazada. No estaba segura de cómo me sentía al respecto.

    Papi terminó en mi. Cuando sacó su pene, semen goteaba de mí hacia el suelo. Rápidamente volví corriendo al baño. Cuando regresé tuve que preguntar.

    «¿Por qué te corriste así en mí?»

    Dijo que se dejó llevar. Mamá ya no le daba sexo. Extrañaba correrse dentro de una mujer.

    «¿Qué pasa si te dejo embarazada, Isabella?» Él me preguntó.

    Le dije que me preocupaba que mamá se enterara. Me dijo que no me preocupara por mamá. Sé que fue estúpido, pero me lo quité de la cabeza. Hasta que mamá regresó, papá me cogió sin usar preservativo .Tengo que admitir que me encanta la sensación cuando papá salpica su semen en mi apretado coño.

    Una vez cuando estaba en la cima. Estaba saltando arriba y abajo sobre su polla. Estaba frotando las palmas de sus manos contra mis pezones y perdí el control.

    «¡Déjame embarazada papi!»

    «¡Quiero a tu bebé!»

    Papi me lo dio bien esa vez. Podía sentirlo chorreando su semen profundamente dentro de mí. Mamá regresará hoy. Papá y yo estamos tratando de idear un plan para que podamos tener sexo juntos. Sé con certeza que soy adicto a tener la polla de mi papá enterrada profundamente en mi.

  • Un vecino perverso se aprovecha haciéndome de todo (Parte 2)

    Un vecino perverso se aprovecha haciéndome de todo (Parte 2)

    Joder, no podía creerlo, mi viejo vecino, me decía que aquello solo era un aperitivo, que solo acabábamos de comenzar. Y allí estaba yo, tumbado sobre una colchoneta, amarrado de pies y manos, habiendo sido sodomizado y ultrajado, en el trastero de mi viejo vecino, Tino.

    Miraba como se levantaba después de terminar de darme por el culo, y el muy hijo de puta, me dejaba allí amarrado, abierto de piernas, con el culo abierto y preñado de semen, al igual que mi abdomen y pecho, con la polla semi flácida, reposando sobre mi pubis.

    Miraba para el viejo viendo como seguía de empalmado. La polla se veía dura y tiesa, parecía que no se había terminado de correr, colgándole los cojones como si fuera un toro de Miura. Dios, aquel viejo depravado y perverso, iba a acabar conmigo. Iba a destrozarme el culo.

    Miraba desde allí tumbado y amarrado, como el viejo cogía otros consoladores, y guardaba los que antes había usado. Dios, abrí los ojos a la vez que un escalofrío recorría mi cuerpo, al ver como echaba mano a aquel enorme consolador. Si me metía aquello por el culo, me iba a reventar. Tenía el culo bien abierto y dilatado después de la follada que me había dado, pero no creía que aquello me pudiera entrar por el culo.

    Con una sonrisa en la cara, se acercaba a mí, trayendo en sus manos 2 consoladores, uno aquel monstruo que me tenía impresionado, y otro más pequeño, pero también bastante grueso.

    No te asustes, maricón, solo vamos a probar. Estoy seguro de que ahora tu culo va a poder con mi consolador favorito. Ahora ya estás bien abierto y dilatado, y estoy seguro de que lo vas a soportar, tu culo va a poder con él. Sabías que tu amigo, Luis, también puede con él. Se pone en cuclillas y se lo va tragando todo por el culo el muy mariconazo. Le gusta estar ensartado en él, mientras me come la polla y se traga toda mi corrida. Al muy maricón le encanta beberse mi lechita mientras le abren bien el culo, le gusta estar bien ensartado por todos sus orificios.

    Ya te enseñaré fotos de él, otro día te enseño las fotos y vídeos que tenemos grabados, verás cómo chilla y se retuerce el muy maricón.

    Se colocó junto a mi culo, y así amarrado como estaba, empezó a hurgar con sus dedos en mi ano. Mira como se abre, decía metiendo 2 dedos en mi ojete. Parece un chocho pequeño, mira mira como abre la boca pidiendo comida, decía metiendo y sacando sus dedos en mi culo.

    Dejó de meterme los dedos, empezando a untar el consolador más pequeño, pero bastante grueso. Primero vamos a probar con este, cuando consigamos metértelo, probaremos con mi favorito, ya verás cómo lo vas a disfrutar.

    Una vez tuvo untado el consolador, lo empezó a pasar por la raja de mi ano, parándose en la entrada, presionando cada vez un poco más. Poco a poco mi esfínter se iba abriendo más y más, hasta que, en una de las veces, me entró la punta de aquel consolador, ¡ooohhh ooohhh! Suspiré mientras soltaba un fuerte gemido, al notar como aquel consolador vencía mi esfínter, penetrándose en mi culo.

    Ya maricón, ya, mira cómo te ha entrado. ¿Ves cómo tu culo se dilata y se traga el consolador? Ahora vamos a metértelo todo, vamos a hacer que tu culo se acostumbre a él y se vaya dilatando.

    Empezó a meterlo y sacarlo, haciéndome dar leves gemidos, mientras me iba follando con aquel grueso consolador, el cual se iba deslizando por mi interior, impulsado por la mano de mi viejo vecino.

    Una vez me tuvo bien dilatado y el culo suficientemente abierto, dejó enterrado en lo más hondo de mi culito aquel consolador, y poniéndose de pie, volvió a rebuscar en el armario, donde extrajo una cámara fotográfica.

    Ahora vamos a inmortalizar este momento, decía, colocándose delante de mi culo, del cual asomaba la base de aquel consolador que me había introducido. Voy a sacar unas fotos para que veas lo maricón que eres, y lo sexi y excitante que te ves con el culo abierto, siendo follado por el consolador.

    No podía creerlo, además de chantajearme y darme por el culo, el muy hijo de puta ahora iba a sacarme fotos, allí tumbado y amarrado, abierto de piernas con un consolador introducido por el culo.

    No te preocupes, solo son para el recuerdo. Me gusta tener fotos de mis conquistas, así puedo recrearme con ellas. Claro que siempre se pueden enseñar sino te portas bien y no me dejas seguir dándote por el culo. Seguro que valen una pasta, ja ja ja, se reía el muy cabrón.

    Después de sacar varias fotos desde distintas posiciones y con el consolador unas veces introducido en su totalidad, y otras introducido hasta la mitad, empezó a excitarme mordiéndome las tetillas y retorciéndome los pezones, mientras con su mano me iba insertando el consolador en mis entrañas, haciendo que mi polla se fuese poniendo morcillona.

    Ves maricón como disfrutas, decía torturándome allí tumbado y amarrado. Ahora vamos a meterte mi consolador favorito, me decía empezando a morderme el cuello y los labios, haciéndome gemir y retorcer de gusto, por lo que aquellos mordiscos me excitaban.

    Ya verás maricón, ya verás como te va a gustar sentirlo dentro de ti. Te vas a estremecer de placer cuando sientas como te abre el culo y se introduce dentro de ti.

    Llevando su mano al consolador que me tenía introducido en el culo, lo sacó, empezando a escurrirse por mi ano, parte de la corrida que había dejado dentro, cuando me había follado eyaculando en mi interior.

    Llevó el consolador a donde había dejado los otros 2 que había usado conmigo, cogiendo luego aquella enorme polla que era el consolador favorito de mi viejo vecino, y que tanto me había impresionado a mí.

    Empezó a lubricarlo untándole de aquella crema que tenía, y una vez lo tuvo listo, llevándolo a mi ano, empezó el mismo proceso que había realizado cuando me había introducido el otro consolador en el culo.

    Dios, sentía como me lo iba restregando, notando que era muchísimo más grueso, y que aquello iba a ser muy difícil su introducción en mi culo.

    Estaba nervioso, temiendo que aquello me hiciera daño, y a la vez estaba excitado y caliente, deseando que el hijo de puta del viejo de mi vecino me volviera a follar y abriera el culo. El muy cabrón sabía mantenerme excitado y caliente, deseando que me dieran polla, preñándome bien preñado.

    Empezó a presionar con aquel monstruo mi ojete, cada vez que lo pasaba por la raja de mi culo, pero aquello, aunque presionaba, no me entraba ni un poquito. Hasta que noté en una de las ocasiones como empujaba más fuerte, empezando mi esfínter a ceder a la presión, dejando que se introdujera la punta de aquel monstruo.

    ¡Ohhh ooohhh ohhh! Exclamé dando un fuerte gemido mientras abría los ojos como platos, quedando con la boca abierta jadeando, la respiración entrecortada, al notar como mi esfínter se abría dejando que la punta de aquel monstruoso consolador invadiese mi culo.

    Dios, aquello me iba a romper el culo. Notaba mi ano súper abierto, siendo invadido por aquel gigantesco consolador.

    Ya maricón ya, ya se abre tu culo. Ahora relájate y deja que se vaya introduciendo mientras se va dilatando y acostumbrando, me decía.

    Después de esperar unos segundos en los que estuvo acariciándome el abdomen y vientre, animándome a la vez que esparcía por mi cuerpo el semen de mi corrida, empezó a empujar el enorme consolador, mientras mordía mis pantorrillas e iba diciéndome: Así maricón, así, relájate y deja que se vaya abriendo el culo, me decía empujando el consolador que poco a poco se iba introduciendo en mí.

    Dios mío, notaba como mi culo se iba dilatando y abriendo cada vez más, introduciendo el hijo de puta de mi viejo y perverso vecino, aquella monstruosidad por mi ojete, haciéndome gimotear mientras abría los ojos como platos sintiendo como me iba invadiendo el cuerpo aquel enorme consolador.

    ¡Ohhh ooohhh! ¡ooohhh! Para, para, le pedía, sin dejar de gimotear, notando como aquello me iba abriendo el culo cada vez más.

    Pero el hijo de puta no paró, siguió introduciéndome aquel monstruoso consolador, hasta que ya no iba más. Así, así maricón, ves como sí te ha entrado, decía, sacándolo un poco para volver a empujar, introduciéndolo hasta llegar al tope de mi culito. Al ver que ya no iba más, me lo dejó allí enterrado, y después de acariciarme los cojones y menearme la polla para ponérmela dura, mientras con la otra mano iba acariciándome el abdomen hasta llegar a mis pezones, los cuales pellizcó hasta dejarlos excitados y duros, se levantó a por la cámara fotográfica, volviendo a sacarme fotos desde distintos ángulos.

    Oh que maravilla, decía sacándome las fotos. Que excitante y sexi te ves, así tumbado y todo abierto con ese consolador introducido en el culo. Y esa cara de placer que pones, ¡oh que maravilla!

    Yo no paraba de gimotear, notaba mi culo lleno y súper abierto, me sentía como un pavo relleno. Aunque estaba caliente y excitado, deseaba que me sacara aquel consolador del culo. Aquello me iba dejar bien abierto y dolorido el culo, prefería que me follase y dejase bien preñado de leche, que estar así ensartado por aquel consolador.

    Pero el cabrón aún me tuvo un buen rato soportando aquel consolador metido en mi culo. Después de sacar las fotos que le dio la gana, empezó a excitarme metiéndome mano. Apretaba y retorcía mis pezones mientras mordía mis labios y me besaba metiéndome su larga lengua en la boca, saboreando mi saliva. Luego puso su verga en mi boca, haciéndome que se la chupara, hasta que, por fin, empezó a sacarme el consolador del culo.

    Dios que sensación noté cuando por fin sacó aquello de mi culito. Notaba el culo abierto como si acabara de parir. Justo en el momento que terminó de sacarlo, poniendo sus manos sobre mis ingles, llevó su lengua a mi ojete, metiéndome la lengua en él.

    ¡Ohhh ooohhh! ¡ooohhh! Grité notando como su larga lengua entraba por mi culo.

    Dios que gusto me había dado aquello, me retorcía y gemía como un poseso.

    Te gusta, ¿eh maricón? Decía después de sacar su lengua de mi culo. Te retuerces como una culebra cuando te meten algo por el culo. Pero no desesperes, que ahora te volveremos a preñar este culo tan caliente y sexi que tienes, dijo dándome 2 cachetadas con su mano.

    Se puso de pie recogiendo el consolador, para seguido empezar a soltarme las correas con las que me mantenía amarrado.

    Cuando por fin pude estirar las piernas y sentirme libre de aquellas correas, respiré aliviado.

    Di la vuelta en la colchoneta y poniéndome de rodillas, empecé a incorporarme poniéndome de pie. Tenía los músculos de las piernas y brazos entumecidos por la posición en que habían estado tanto tiempo. Me agaché para recoger mi ropa, cuando justo en ese momento, mi viejo vecino, me abrazaba por la espalda, susurrándome al oído mientras me abrazaba, espera mi linda putita, espera susurraba mordiéndome el cuello. No ves que aún no hemos acabado, decía llevando sus manos a mi entrepierna mientras me tenía abrazado por la espalda.

    Noté su verga y pelotas pegadas a mi culo, y como él manteniéndome sujeto con sus manos, iba restregando su polla por mi culo, hasta que encontró mi agujero, introduciéndome de una estocada su verga en el culo.

    ¡Ohhh ooohhh! Gemí al notarme ensartado de nuevo por su polla. Esta vez me había metido la polla sin ningún problema, mi ojete estaba bien abierto y dilatado.

    Empezó a bombear su pelvis culeándome, mientras me mantenía allí inclinado, sujetándome con sus manos por mi entrepierna.

    Espera maricón, espera que aún tenemos que volver a preñarte este culo, no me vas a dejar así, decía dándome por el culo.

    ¡Ohhh que culo más rico! ¡ufff maricón que rico culito tienes! ¡ohhh como me gusta! Gritaba dándome por el culo.

    Dios, yo ya no podía más, las piernas me temblaban, si no llego a estar sujeto por sus brazos, hubiese caído al suelo. Menos mal que el perverso e inagotable del viejo de mi vecino, se dio cuenta de que si no me sujetaba me caería al suelo, por lo que paró de darme por el culo llevándome a donde estaba la silla en la que se sentó, me hizo dar la vuelta quedando frente a él, y cogiéndome por los muslos de las piernas, me ordenó abrirlas y que me sentara a horcajadas sobre su regazo.

    Así maricón, así, ahora levántate que te la voy a meter y follarte así sentadito.

    Me levanté obedeciendo lo que me había ordenado, y así abierto de piernas a horcajadas sobre su regazo, dejé que colocara su verga en la entrada a mi ano. Tan pronto noté la punta de su polla en la entrada de mi ojete, empecé a agacharme, introduciéndome la verga de mi viejo y perverso vecino.

    ¡Ohhh ooohhh! Gemí sujetándome en sus hombros mientras me sentaba a horcajadas sobre él y su polla se introducía en mí.

    Así maricón, así. Ahora mueve tu culo, me decía sujetándome por la cintura con sus manos, mientras me iba mordiendo el hombro y cuello.

    Así, así, mueve el culo, ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Gritaba mientras yo subía y bajaba cabalgando a horcajadas sobre su regazo, ensartándome una y otra vez su polla en el culo.

    Yo sudaba y gemía mientras me daba por el culo, sintiendo su polla taladrarme una y otra vez, rozando en cada metida mi próstata, haciéndome que me abrazara a él, gimoteando sin parar a causa del gusto que me daba su polla cada vez que tocaba mi próstata, y sus dientes mordían mi hombro y cuello, ¡ooohhh! ¡ooohhh! ¡ooohhh! Gimoteaba sin parar.

    Solo se escuchaban mis gimoteos, los bufidos del viejo dándome por el culo, y el sonido de su polla entrando en mi culo.

    Los 2 estábamos sudando sin parar, yo ya en lugar de subir y bajar, me deslizaba por su regazo ensartándome una y otra vez la polla en el culo, soltando gotas de semen continuamente, hasta que el incansable y perverso del viejo, empezó a gruñir clavándome sus dedos en mi cintura haciéndome mover más aprisa, y mientras me mordía en el hombro, noté como su polla empezaba a escupir semen dentro mía, llenándome con su esperma mientras iba eyaculando, dejándome preñado el culo con su leche.

    Me corro maricón, me corro, me corro, ¡ooohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Gritaba eyaculando dentro de mí.

    Justo en el momento que él empezaba a eyacular, al notar yo el primer chorro de esperma derramándose por mis entrañas, empezaba yo también a correrme, eyaculando por segunda vez, ¡ooohhh! ¡ooohhh! ¡ooohhh! Gritaba a la vez que lo hacía él, abrazándome mientras me mordía los labios y movía mi culo a toda la velocidad que podía

    Una vez terminamos de eyacular soltando todo el semen, quedamos así abrazados mientras íbamos recuperando la respiración. El viejo no paraba de besarme y morderme por todas partes, susurrándome lo bueno que estaba y lo mucho que le había gustado darme por el culo.

    Ufff, maricón como me ha gustado darte por el culo, esto tenemos que volver a repetirlo, me decía besando y mordisqueándome por todo el cuerpo.

    Una vez repuestos, dejó que me levantara de su regazo, saliendo de mi culo la polla del viejo que aún estaba algo dura y tiesa, escurriendo parte del semen con el que me había preñado.

    Dios, tenía el culo bien abierto, hasta podía notar como se iba escurriendo el semen por mis piernas. Joder, vaya follada que me había dado mi viejo y perverso vecino. Me había dejado para el arrastre. Me pasó una toalla con la que nos limpiamos un poco los 2, para luego empezarnos a vestir.

    Una vez vestidos y recogido el trastero, nos fuimos ambos de allí. Se podía notar el olor que había y que llevábamos impregnados en el cuerpo, sobre todo yo que aún llevaba en mis entrañas su esperma e iba notando como se iba escurriendo, manchando mi slip.

    Cogimos el ascensor yendo cada uno para su piso, no sin antes quedar para otro día, y después de despedirnos y ser manoseado y sobado por mi viejo vecino, abrí la puerta de mi casa entrando en ella. Desde que había salido para ir con Tino, mi viejo vecino, habían pasado casi 2 horas y media. Iba que olía a semen por todo el cuerpo, el culo dolorido y bien abierto, y sobre todo bien pero que bien follado.

    Las consecuencias de este día, las sabría a la semana siguiente, que fue para cuando me ordenó que quedáramos, Tino, mi viejo y perverso vecino, y además de perverso, chantajista.

    Podéis escribirme a:

    [email protected].

  • Mi papá y yo colaboramos (JAV 1)

    Mi papá y yo colaboramos (JAV 1)

    Resumen de películas japonesas (JAV).

    Papá está enfermo, de algo que no sé cómo se llama, pero que lo tiene postrado en casa. No da ningún problema, el pobre, sólo está allí acostado en el futón, y le damos puré y agua y le tenemos que lavar y cambiar el pañal. Sigue igual que siempre, salvo eso y no hablar; el médico ha dicho que estas enfermedades son así, y que con las medicinas en dos o tres semanas mejorará y volverá a la normalidad. Espero que sea así, porque, aunque no da un ruido, y no parece que esté sufriendo más de lo que es estar sin poder hacer nada, da pena que un hombre todavía no muy mayor esté así.

    Bueno, pues el caso es que yo aquella mañana de sábado, que no tenía que ir a clase (estoy en la universidad y tengo la suerte de no tener que viajar demasiado), estaba limpiando la habitación con la aspiradora, mientras mamá preparaba la comida, andando de acá para allá buscando ingredientes y abriendo cajones, con lo que siempre aparecía o desaparecía delante de la puerta de la habitación. Es un poco desorganizada, mi madre.

    Yo, como estábamos en casa, me había puesto unos calcetines largos, hasta más arriba de la rodilla, y una minifalda de cuadritos. Unos me protegían del frío, y la otra de la impudicia. Son cosas como de película, ¿verdad? Bueno, que yo estaba pasando la aspiradora y andaba alrededor de papá, que miraba y callaba. Otra cosa no podía hacer. Iba dando vuelta por la habitación y, naturalmente, a veces pasaba cerca de él, que miraba desde abajo; o bien me tenía que inclinar poco o mucho para mover algo, o tocar algún botón de la aspiradora.

    Me di cuenta de que mi faldita de cuadros no era lo más apropiado para la tarea cuando te miran desde el suelo, porque los ojos de mi papá se abrían mucho, y su boca también. Le pregunté si quería agua, asintió y le di un poco, sujetándole la cabeza, y bebió ávidamente. Al irle dejando bajar la cabeza vi que se me quedaba mirando la blusa, o más bien el escote, pues con el gesto y la postura se me veían las tetas, ya que no tenía sujetador; como estaba en casa…

    Pobre papá, la sed que tenía. Yo seguí con mi tarea, y papá con la suya de observación.

    Al acabar, (que hay que ver lo que hay que moverse y agacharse e inclinarse para recoger el cable y los accesorios, porque el muelle del cable se estropeó hace poco, y no se pulsa un botón y ya está)… Al acabar, digo, me dijo mamá que por favor aseara a papá, que seguro que estaba sudado. Esa impresión si que daba, desde luego. Parecía que el pobre había estado haciendo un esfuerzo.

    Lo destapé, le abrí el pijama y le fui pasando un paño húmedo, y parece que eso le aliviaba el calor. Me di cuenta de que tendría que quitarle el pañal, para que no se escociera y estuviera sequito. Lo destapé del todo, y le bajé el pantalón y quité el pañal. Estaba algo mojado, sí. Se lo quité del todo, y me puse otra vez con el paño. Una cosa noté, y es que si bien antes mi papá hacía algún ruido, ahora se había callado, o más bien el sonido era como sordo, y como de más adentro.

    Según pasaba el paño, claro, tuve que limpiarle sus cosas. No sé qué palabra usar, esas cosas que tienen los hombres. Noté también que cuando las tocaba el sonido aumentaba un poco. Lo que también aumentaba era su cosita. Bueno, yo he estudiado y sé que se llama pene. Su pene crecía, y no es que antes estuviera pequeñito, era como si hubiera estado esperando. Miré con curiosidad al pene y la cara de papá. ¿Estaban relacionados? Me parecía que sí, con lo que decidí hacer algún experimento más.

    Una vez que estaba lavadito del todo, y bien fresquito, tomé el pene con la punta de los dedos, y lo moví un poco. Sí, aumentaba de tamaño. Aprovechando la situación, y mirando de vez en cuando hacia la puerta, porque mi madre iba y venía por allí delante y a mí me parecía que no se iba a tomar bien aquello, sujeté ahora con la mano entera el pene, y fui moviéndola de arriba abajo, lo que parecía tenía efecto automático en mi papá. Diría que el sonido era más alegre, no sé cómo explicarlo. Seguí, y la verdad es que cuando iba moviendo una mano, la otra se me fue, sin darme cuenta a mi cosita, bien tapadita con las braguitas, pero que ahora estaban mojadas. ¡Debía haber relación entre mis cosas y las suyas!

    Por interés científico puse gran empeño en destaparme un lado de mi vulva y tocarme por esa zona e incluso adentro, ese granito del placer que llaman. kritoris, me parece. Estaba muy atareada yo, y también empecé a tener calor, con tanto movimiento. Me parecía que estaría más cómoda de rodillas sobre mi papá, que así, a un lado, y eso hice, mirando otra vez con cautela por si mi mamá (que golpeaba una cacerola con denuedo) se interesaba por el estado de mi papá. Él estaba bien irrigado, se veía, por cómo iba aumentando el pene, y que la circulación iba bien. No hablaba, pero se expresaba perfectamente.

    Para evitar incomodarme, me quité la braguita y me puse (no me daba vergüenza ya) enseñándole el culito a papá. Bueno, la verdad es que no es culito, es un culo bien formado, que no sé hacer twerking, pero está redondito y firme. Me puse como digo y, mirando el pene de papá, lo tomé en la mano y seguí con los movimientos. Con la otra mano, a lo mío. El calor iba en aumento, creo que para mi papá también.

    Me pareció que debía fomentar la relación paterno-filial y decidí, (mirando la puerta otra vez), subirme a ver cómo se podía hacer el trabajo de dos en uno. Me subí al pene de papá y el pene entró, entró, entró, y yo abrí mi cosita y mi boca también se abrió, como la de mi papá. Recuperó un poco el movimiento, y yo ayudé, sin saber cómo, pues todo parecía natural.

    Cada vez íbamos más rápido, no sé cómo nos poníamos de acuerdo, y más y más rápido y profundo él, y yo más rápido y alto para bajar más, ayudando, hasta que otra vez le cambió el sonido, y algo noté que le subía por el pene y se me desparramaba por dentro, y yo, con el dedito en el krítori me vi como metida en un tsunami en mi costa, y no tuve tiempo de subirme a una montaña, y me quedé un momento sin respiración, y mi papá también, pobrecito.

    Un rato no pude hacer nada más que estar allí, y mi papá tampoco se movía más que en la parte superior del pene, y yo lo notaba dentro y un poco sí que me movía, no quiero mentir. Después, con cuidado, me levanté, me sequé como pude, limpié otra vez a papá y, ya sequito y con su talco y su pañal, le volví a tapar.

    El médico ha dicho que papá ha experimentado un cambio para mejor notable, casi inexplicable de lo rápido que ha sido. Papá me mira y yo lo miro, y pienso que ha sido por la ciencia y la colaboración científica entre los dos.

    Estoy deseando volver a colaborar con él.

  • Cómo me casé con uno de mis profesores (Parte 2)

    Cómo me casé con uno de mis profesores (Parte 2)

    Su gruesa verga aún palpitaba en el interior de mi boca, su esperma era tanto que sentía cómo salía un poco dentro el ínfimo espacio que había entre mis labios y su pene. Lo saqué con mucho cuidado de que no tocara mis dientes, recién había hecho eyacular al hombre de mi vida, no quería arruinarlo con un error tan tonto. Caleb estiró el brazo y tomó un pañuelo de una cajita que tenía sobre el escritorio, me lo dio y, al verme limpiando algunos restos de esperma de mis labios, me acarició el cabello con ternura.

    La mirada de Caleb era de puro placer, tenía los párpados un poco caídos, la respiración muy agitada y su pene no dejaba de tener violentos espasmos. Me pregunté si, quizá, me había enamorado de un hombre bien dotado, pero sin habilidades para el sexo. Me sentí iluminada durante unos segundos, pensando que podría enseñarle a gozarme y a disfrutar del sexo como debía hacerlo un ser humano, me sentí superior a su esposa también. Y toda esa idea se vino abajo al momento.

    – Perdona que fuera tan rápido. Llevo siete meses sin eyacular.

    SIETE MESES… No dije nada, me seguí limpiando el esperma de la boca, pero mi expresión lo dijo todo. Era demasiado, más de medio año sin liberar tensión sexual. ¿Qué carajos le pasaba?

    – Desde el tercer mes de embarazo de Jacqueline no me deja hacerle nada… y me niego a masturbarme, ¿por qué tengo que hacerlo teniendo una mujer? Es patético.

    Pude ver cómo su mirada cambiaba y parecía ligeramente molesto. Estaba pensando en ella.

    – No hablemos de ella, profe, déjeme ayudarlo a recuperar esos meses.

    Caleb volteó a verme y acarició mi mejilla con cariño. Su palpitante pene seguía duro, aún quedaba trabajo por hacer.

    – No me hables de usted, Aranza, creo que ya pasamos ese límite.

    Dijo antes de ponerse de pie y quitarse la camisa delante de mi al mismo tiempo que se sacaba los zapatos con los pies. Treinta y tres años y su cuerpo era mejor que el de mis compañeros. Su abdomen marcado, bien definido y formado de manera proporcional a su pecho, sus pezones marrones eran pequeños, sus areolas grandes. Sus brazos musculosos y venudos, sus hombros anchos y esas piernas tan marcadas. No era tanto el volumen de su cuerpo, sino lo hermosamente formado que estaba. Era simplemente embriagante ver esa figura, sin mencionar que, de por sí, ya lo veía con ojos de amor.

    Miré arrodillada cómo se desvestía hasta el punto de que lo único cubierto de su cuerpo eran los pies por sus pantalones caídos, en cuanto los tiró a un lado, estuve ante lo que llevaba deseando desde hace tiempo. Me ofreció las manos para levantarme, tiré el pañuelo al bote de basura y se las di. Me ayudó a ponerme de pie y, paso seguido, me preguntó.

    – ¿Segura que quieres hacer esto? No te sientas obligada nada, niña.

    Me acerqué a él, le puse una mano en el pecho, la desliza por todo su abdomen, bajé por su pubis hasta llegar a su verga.

    – Llevo queriendo esto desde hace meses, Caleb.

    – Déjame ayudarte, entonces.

    Tomó mi blusa de la parte baja y tiró hacia arriba mientras yo levantaba los brazos, mi pecho cubierto por el bracier blanco que llevaba ese día. Me rodeó con los brazos sin dejar de mirarme a los ojos y lo desabrochó con facilidad, dejando mis pequeños pechos expuestos. Me sentía avergonzada. Había visto a su esposa un par de veces por la uni. Una mujer muy dotada de pecho. Me sentí inferior a ella, una de las peores sensaciones que he tenido en mi vida. Eran ganas de darme la vuelta, de llorar y algo raro en la boca del estómago.

    – Están preciosas.

    Me dijo antes de encorvarse un poco y empezar besar y mamar mi pezón derecho. Su mano derecha jugaba con mi teta izquierda mientras su derecha desabotonaba mi pantalón, todo al mismo tiempo que su lengua y sus labios le daban amor a mi seno.

    Comenzó a tirar de mis pantalones hacia abajo y desvió su mirada hacia mis ojos, hacia mi sonrisa de placer y emoción. Yo misma comencé a bajar mis pantalones y las bragas al mismo tiempo, quitando también mis converse en el proceso, dejando mi cuerpo completamente desnudo con excepción de mis calcetines cortos. Sentí un poco de vergüenza. Luis (mi novio) y yo teníamos planeado hacer algo dos días después, por lo que pensaba ir a depilarme el pubis y ano al día siguiente, tres semanas de vello púbico cubrían mi, de otra forma, suave y placentera piel.

    Sus manos se movieron hasta mis caderas, me tomó con fuerza hasta el punto en que me dolió un poco y me subió a su escritorio, dejando mis nalgas sentadas en el borde y mis piernas colgando. Se acercó a su cajón, lo abrió y sacó una caja de condones XXL dorada.

    – Equis Equis Ele…

    Dije en voz alta y me volteó a ver mientras sacaba un condón de su empaque.

    – Es más por lo ancho que por lo largo, no te preocupes.

    ¡Si era lo ancho lo que me preocupaba! Comencé a respirar agitadamente ante el pensamiento de ser penetrada por un monstruo como aquel. Si mi boca me había dolido, no quería ni pensar mi vagina…

    Frente a mí, deslizó su pene dentro del condón y, tomándome del hombro, acercó su verga hasta mi temeroso agujero.

    – ¿Eres virgen, Aranza?

    – No, profe.

    – Perfecto.

    Se acercó a mí y me dio el primer beso de amantes que tendríamos. Lo recuerdo perfectamente. Su mano en mi hombro, una de mis manos en el escritorio, apoyada sobre una laptop y la otra en sus costillas izquierdas. No hubo lengua, simple movimiento de labios y las suaves caricias que me daba en el hombro y cuello con su mano. Cuando nos separamos, yo fui la que inicio un beso más, lo rodeé con mis brazos y él simplemente me puso las manos en las piernas y dejó que me explayara durante, probablemente, más de dos minutos. Cuando acabé, esperaba ser penetrada por el pene más grande y doloroso de mi vida, pero en cambio, Caleb comenzó a besar mi cuello, bajó por mis pechos, mi abdomen y fue entonces que llegó a mi pubis.

    – Perdóneme por no depilarme.

    – Ya te dije que no me hables de usted.

    Después de decir eso, comenzó a lamer y besar mis vellos púbicos, no importándole nada, hasta que llegó a mi vagina. Se agachó un poco más, lo suficiente como para poder poner mis piernas encima de sus hombros y se enderezó. Mi vagina quedaba expuesta totalmente.

    – Está perfecta, Aranza, rosadita…

    – ¿Te gusta?

    – Me gusta, me gusta mucho.

    Sin decir más, hundió su cara en ella. Su lengua, comparada con la de mis otras parejas sexuales (hombres jóvenes), era gentil, más grande, pero menos agresiva que la de todos los chicos con los que había tenido sexo. Su lengua se movía lentamente y dejaba salir de tanto en tanto saliva para lubricarme bien. Era la mejor mamada que me habían dado en mi vida, la manera en la que raspaba gentilmente mis paredes vaginales… Sin embargo, lo mejor estaba por venir. Pasó una mano por debajo de mi pierna e introdujo el dedo medio a la vez que, con la boca, retiraba el capuchón de mi clítoris y lo mamaba. Su dedo, al igual que su lengua, era gentil y lento, llevándome poco a poco al orgasmo. Pasó el tiempo lentamente, cada segundo me acercaba más y más al squirt que tanto deseaba expulsar, pero fue entonces que conocí un poco de Caleb que nunca había imaginado. Hasta ese punto, mi fantasía era realidad, la gentileza, el cariño, todo.

    – No grites, Aranza.

    Después de decir eso, su dedo comenzó a moverse de manera violenta, rápida y retorcida en mis interiores. Yo me agarré con fuerza al borde del escritorio con las dos manos y mordí el interior de mi boca en un intento por no gritar. Su expresión era muy maliciosa y a la vez excitante. Le gustaba verme preocupada, esforzándome por no dejar escapar ninguna muestra de placer.

    – Aguanta, hermosa, ya te siento salir.

    Cuando dijo eso, no pude evitarlo. Me mordí con la fuerza que me saqué sangre de la boca. Llevaba quizá veinte segundos sin respirar, mordiéndome y aguantándome las ganas de gritar. El squirt más grande que haya soltado en mi vida bañó la cara de Caleb, mismo que abrió la boca para recibir un poco de ello en la boca.

    No era mi primer squirt, pero sí el primero ocasionado por otra persona que no fuera yo.

    Caleb se puso de pie, me tomó de las sienes y me dio un beso en el que metió un poco de mi propia corrida al interior de mi boca. Lo tragué sin pensarlo y abrí la boca para demostrarle que podía hacerlo sin dificultad.

    Caleb se agachó un momento, recogió su bóxer, lo enrolló bien y me lo entregó.

    – Está preciosa – Me dijo mientras acariciaba mis labios vaginales -, pero también chiquita. Muerde esto antes de que lo meta.

    Me puso su bóxer en la boca y se acercó a mí con intensión de penetrarme.

    Sentí su glande acariciando mis labios, amenazante y duro como él solo. Caleb me miraba con expresión dominante. Nada que ver con mi profesor cariñoso. Me tomó de las caderas, me dejó rodear su cuello y me volteó a ver a los ojos mientras su pene entraba en mi vagina.

    Era dolor puro. Cero placer. Un pene con un contorno de casi 17 centímetros estaba entrando en mi vagina. No iba a entrar todo, obviamente, pero no esperaba que desde el glande la cosa fuera tan difícil. Entró, pero en cuanto lo hizo un clic sonó dentro de mi vagina, nada parecido me había pasado antes. Después de ello, las caderas de Caleb se movieron lenta, pero constantemente a mi interior, hasta el punto que más de la mitad de su pene estaba dentro.