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  • Follada por el culo

    Follada por el culo

    Son las tres de la tarde. Hoy, un día a principios de septiembre, me he decidió a tener mi primer contacto sexual con un hombre. Son las tres de la tarde, después de comer, y en una hora he quedado en encontrarme con ese hombre. Mis padres duermen, y ha llegado la hora de prepararme para mi primera vez. Tengo 23 años, y quiero perder mi virginidad.

    Estoy nervioso, y aún hay en mi cabeza dudas sobre si debería ir o no. Pero ya es demasiado tarde, todo estaba más que hablado, y es algo que tarde o temprano ha de pasar. No puedo luchar contra ello.

    Debajo de la cama, saco una pequeña caja cuadrada donde guardo todas aquellas cosas que quiero ocultar y que nadie encuentre. De dentro de ella, saco un tanga de color blanco que la semana pasada compré especialmente para esta ocasión, tal y como había acordado con el hombre de la cita.

    Su nombre es Antonio, un señor de 50 años que conocí en las redes y con el que desde hace más de unos meses he tenido contacto telefónico. Se ha ofrecido para quitarme la virginidad, y yo he aceptado.

    Después de ponerme el tanga y ajustármelo bien, me pongo el resto de prendas, una camiseta blanca y unos jeans vaqueros algo ajustados. Me abrocho el cinturón, y me aseguro mirando al espejo que mi ropa interior no se ve al agacharme, para lo cual ensayo poniéndome de cuclillas. Mis padres duermen, y intentando hacer el mínimo ruido posible, salgo de mi casa a pies puntillas.

    Voy nervioso, y no puedo evitar mirar a mi alrededor constantemente. Siento una mezcla de miedo e inquietud, ante el desconocimiento de lo que me espera. Por el camino, entro a un establecimiento supermercado. Antonio me había encargado comprar lubricante, y él me devolvería el dinero. No tiene en su casa y era necesario. Entro al establecimiento, y tras media hora buscando, encuentro un pequeño bote a un precio moderado, el cual era lubricante con base acuosa y textura de silicona. No entiendo de lubricantes, pero en la etiqueta se recomienda para relaciones anales. Siento vergüenza de pasar por caja, por lo que para disimular la compra tomo también una botella de agua y una tableta de chocolate.

    Salgo del establecimiento, y con ayuda del teléfono, me dirijo hasta la dirección de aquel hombre, no muy lejos de donde yo vivía. Camino nervioso, angustiado, y con mucho miedo, sintiendo a cada paso el roce del tanga que llevaba entre mis nalgas.

    Por fin llego al portal, y con timidez, llamo a la puerta. Al minuto pronto esta se abre, y tras ella, se encontraba Antonio, un hombre fuerte, algo grueso, con poco pelo en la cabeza, y un poco de barba. Al entrar, el me recibe sonriente, y me saluda.

    La charla no ha durado mucho, y tras unos saludos, y tal y como habíamos acordado, nos dirigimos directamente al cuarto. Entramos en él, y tras de mí, cierra la puerta. El silencio se hace por completo.

    Antonio se acerca a mí, y rodeándome con sus brazos, comienza a besar mi cuello. Las piernas me tiemblan, y siento como sus manos me acarician suavemente todo el cuerpo, la espalda, la cintura, y finalmente mi culo y mis nalgas. Puedo sentir el olor intenso de su colonia, un leve atisbo de su aliento, y el roce algo áspero de su barba sobre mi piel. Poco a poco, hace presión con sus manos, y me obliga a sentarme en el borde de la cama. Él, con su cintura a la altura de mi cara, comienza a desabrochar la cremallera de su pantalón. Desabrochado ya el pantalón, lo baja hasta sus rodillas, y deslizando hacia abajo su calzoncillo, deja salí a la luz su polla, la cual queda flácida delante de mi cara. Es larga, bastante gruesa, de un color muy oscuro, venas marcadas, y con bastante prepucio. Detrás de ella, una buena cantidad de pelo. Es la primera vez que tengo una polla delante de mis ojos, y a pesar de la ligera distancia, percibo un ligero olor proveniente de ella.

    Hemos acordado que no había ningún tipo de intercambio de fluidos, y que todo contacto sexual sería llevado a cabo con protección. Me pide que le pajee, por lo que estirando un poco mi mano, agarro su miembro, el cual desprendía un intenso calor, y comienzo a masturbarlo. El cierra los ojos, y yo sin dejar de mirarlo, veo y siento como poco a poco la polla empieza a ponerse dura, empezando a salir la puta de su pene por el extremo de su prepucio, de un color morado intenso. Sentía, el instinto de agacharme levemente para meterme la polla en la boca. Sé que él también lo estaba deseando, pero el acuerdo era no intercambiar fluidos, por cuestiones de seguridad. El sigue con los ojos cerrados, cara de deseo, y se escuchan sus suspiros.

    Ha acabado el tiempo. El momento ha llegado, y como macho no puede esperar más. Con mucha delicadeza me ayuda a levantarme de la cama, y empujando levemente mi espalda, me ayuda a ponerme a cuatro patas sobre la cama. Entonces, tirando lentamente hacia abajo, comienza a bajar mis pantalones. Mi culo depilado, llevando aquella tanga blanca, queda al descubierto, y él comienza a acariciarme sin quitarme ojo. Puesto a cuatro patas, no veo lo que pasar, pero sí puedo sentir el vibrar de su mano que indica que con la otra se estaba masturbando mirándome.

    Me acaricia mis nalgas, y con mucha delicadeza, baja mi tanguita hasta las rodillas. Mi ano queda visible, de color rosado, estrecho, y muy cerrado. Bajo el, mi pequeño pene, flácido, y diminuto al lado de su gran polla, cuelga sin ningún protagonismo ni interés. Siento como se aleja de mí, y a los pocos segundos, un tacto frío se posa sobre mi ano. Con la yema de su dedo corazón, aplica lubricante sobre mi entrada. Mi sistema nervioso se activa, y un escalofrío recorre mi cuerpo. Me gusta la sensación. El masaje con los dedos continúa durante unos minutos. Yo comienzo a jadear con la respiración profunda.

    Me vuelve a subir el tanguita. Le gusta verme con el puesto, y así será la follada. Me ayuda a cambiar de postura, y girando mi espalda, me pone boca arriba.

    – Abre las piernas.

    Yo obedezco, y mirando al techo, me abro de piernas y las elevo hacia arriba. Mi tanga penetra aún más en mi culo. Mi culo queda alzado, y el hilo atraviesa por mitad de mi ano. Él se coloca de rodillas delante de mí, con su pene duro apuntando hacia delante. Abre un condón, y sin dejar de mirarme, comienza a deslizarlo a lo largo de su miembro, hasta quedar perfectamente ajustado.

    Se acerca a mí, y aparta mi tanga hacia un lado. Sus testículos rozan con la entrada de mi ano, y haciendo presión hacia abajo, lleva la punta de su pene hacia la entrada de mi ano, en la cual ha añadido más cantidad de lubricante. Sé que pronto iba a ocurrir, por lo que decido relajarme y cierro los ojos. Tuve la sensación de que el tiempo se detenía, y que nada ocurría. Pero de pronto, sin esperármelo, siento una presión en mi ano. El pene ha comenzado a desvirgarme.

    Lentamente, después de sentir la presión, la polla empieza a entrar dentro de mi culo. Instantáneamente, un dolor indescriptible. Abro la boca y un pequeño grito de dolor sale de mi boca. El grito es agudo, de dolor y miedo. La polla había entado y me había feminizado. A él no le importa, y sigue deslizando lentamente su pene hasta mi interior hasta que toda su polla queda dentro de mí, llenándome por completo. Coloca mis piernas sobre sus hombros, y permanece en mi interior quieto unos segundos. Pasado ese tiempo, comienza a sacar su polla lentamente, sintiendo un dolor equiparable a la entrada. Cuando está a punto de salir, vuelve a empujar hacia dentro. La follada ha comenzado.

    Yo grito de dolor, sin sentir ningún placer físico, pero disfrutando mentalmente de haber cumplido mi sueño de ser follado por un macho, y estar siendo utilizado. La follada continúa. Yo grito y gimo de dolor. Él jadea, y sigue penetrándome, follándome a pollazos, cada vez con más fuerza y rabia, empujando agresivamente mientras sujeta mis manos sobre mi cabeza.

    Finalmente, con un empuje final, grita, y termina corriéndose dentro de mí. Jadeando, y sudando, deja caer su cuerpo sobre mí, aplastándome y descansando, aún con su polla en mi interior.

    Lentamente, saca su polla, algo flácida ya. Puedo ver como el condón se encuentra completamente lleno de semen, el cual colgaba por su peso de la parte delante. Mientras tanto, mi ano dolorido palpitaba, quemando, sintiendo como se baría y cerraba.

  • Victoria, mi puta personal

    Victoria, mi puta personal

    Llegué al negocio de Martín unos diez minutos antes de la hora de comer -casi eran las dos de la tarde- nunca me ha gustado llegar tarde a mis compromisos y hoy tenía una cita con él a la una en punto, el tráfico sin embargo jugó en mi contra y por más que quise no pude llegar a tiempo. Estacioné en el primer lugar que encontré y a toda prisa me dirigí al local, ya con la resignación del negocio perdido, pero de todos modos fui para ver si podía rescatar algo. Era una fábrica de ropa que tiene sus oficinas en la parte de atrás después del área donde está la mesa de corte.

    Liz, la secretaria me recibió como siempre muy amable diciéndome que don Martín ya se había ido a un compromiso, pero que la señora Victoria me podía atender, solo me anunciaba y en un momento me recibía. Tome asiento fuera de la oficina esperando que me atendiera, la última vez que había estado en ese lugar tuve una erección involuntaria frente de ella, creo que ella lo notó pues no dejaba de mirar furtivamente hacia mis pantalones, sin que supuestamente yo notara que me miraba, desde entonces ya no nos habíamos visto.

    Pasaron los minutos y se hicieron las dos de la tarde, la hora en que los empleados salen a comer solo nos quedamos Liz, Victoria y yo, Liz se disculpó y dijo que ella se iba a comer que ahora salía la señora. Ni bien se habían marchado todos los empleados y salió ella de su oficina vestida como casi siempre con pantalones pegados mostrando su rico trasero… ella sabe lo que tiene y lo sabe presumir.

    Nos saludamos, ante mi sorpresa no fuimos a la oficina ella quería ir a la mesa de corte para mostrarme una tela que había comprado con un color raro y quería que la viera para mandar pedir los cierres a ese tono, mientras Caminábamos a la mesa le pedía disculpas por el retraso y le trataba de explicar el motivo del retraso ella muy seria no me decía nada, cuando llegamos a mesa me empezó a decir que la tela estaba aquí o allá, en fin ella buscaba la tela agachándose entre rollos de mezclilla y mustang, de forma en que su trasero me quedara a la vista, como mostrando para ver mi reacción, eso me empezó a despertar…

    Mi imaginación empezó a caminar imaginando lo que haría con esa mujer si se diera la oportunidad… Cuando menos lo pensé ya estaba tras de ella, con una mano en su cintura pegando mis caderas a su trasero, y con la otra tocando su nalga, le dije al oído;

    —Victoria que ganas tengo de convertirte en mi puta esta tarde.

    Victoria se levantó muy de prisa, tal parecía que mis palabras la ofendieron en su ego de mujer casada, decente, giró su cara para enfrentarme sus ojos no tenían coraje, salía fuego por ellos, unas ganas de poseerla ahí mismo me tomaron en cuanto vieron ese rostro dispuesto a pasarla bien, yo la solté de inmediato dándole la vuelta la tome de nuevo por la cintura mientras me pegaba aún más a ella.

    —Victoria creo que la vamos a pasar muy bien aquí entre tus telas. Te daré un trato como no se lo he dado ninguna otra clienta, hoy dejaras de ser la señora Victoria, hoy te convertirás en mi puta, mi puta Vicky así te llamaré de aquí en adelante.

    Su rostro era un poema, los colores le iban y venían pero no se negó en absoluto, di unos pasos para atrás hasta llegar a la pared ella me siguió mirando mi entrepierna.

    —sabes desde el día que note tu erección bajo ese pantalón no he dejado de imaginarte, a veces mientras mi marido me folla imagino que eres tú quien lo haces, si hoy seré tu puta. –dijo mientras sonreía– así que espero sepas tratarme como tal, porque esto no se volverá a repetir…

    Me siguió hasta la pared en donde me recargue, se plantó frente a mí y su mano fue hacia mis pantalones buscó por encima del pantalón y acarició mi miembro por encima de la ropa.

    — Ya verás que se cómo tratar a una dama y convertirla en mi puta las veces que yo quiera, es más hasta sé que de ahora en adelante ya tu marido no será quien haga los pedidos de mercancías, por lo pronto acaricia y enséñame lo que sabes hacer.

    Su mano experta le gustaba tener el mando desabrochó mi fajo y desabotono mi pantalón mientras me miraba directo a los ojos, –para ese entonces mi mente viajaba por su cuerpo, recorriéndolo con la mirada, mis pensamientos iban un paso adelante y ya la habían desnudado lentamente–. Su mano dio un último apretón a mi miembro antes de bajar el cierre, cuando lo hizo tomó con sus manos la orilla de mis pantalones junto con los bóxer y de una sola vez los bajo ambos, libero mi creciente erección que gustosa recibía su buen trato.

    La tome del cuello olí su cabello y lentamente me acerque a ella, casi en un susurro le dije al oído.

    —híncate para mí, perra –no sé si fueron mis labios rozando su lóbulo o el tono de mi voz lo que provocó que su piel se erizara, de cualquier forma sabía que era mía.

    Mientras ella bajaba hasta quedar de rodillas frente a mí subió sus manos hasta el pene y término de endurecerlo antes de dar la primer lamida –ver el rostro de mi puta desde ese ángulo siempre me ha gustado, es un momento único, cuando antes de dar la primer mamada voltean para ver mi rostro y saber que me darán placer–, desde abajo su lengua fue subiendo recorriendo todo el tronco… sus manos se aferraban en mis nalgas, me deje llevar y entregue mi placer a su boca, mmmm que bien lo hacía, de verdad que Martín debería estar muy contento con ella. Una de sus manos volvió al frente, tomaba la base de mi falo y daba un jalón hacia arriba al tiempo que su boca bajaba por el tronco encontrándose a medio camino quería probar mi esencia, quería llevar mi sabor en ella –pronto lo obtendría–, luego quitaba la mano y tragaba todo mi miembro, su mano bajaba hasta los testículos dando pequeños apretones en ellos. Las ansias invadieron mi cuerpo y una necesidad se apoderó de mí, mis manos tomaron el ritmo, puse una mano a cada lado de su cabeza, y, empecé a jalar de ella haciendo que subiera y bajara a la velocidad que me apetecía, dejándola con toda mi erección dentro de su boca… sintiendo sus arcadas, dándole un poco de aire cuando sus ojos me decían que ya no podía aguantar, apenas jalaba un poco de el y le volvía a follar la boca, repitiendo esto todo lo que quise, la levanté y empecé a quitar sus ropas, mientras besaba su boca sintiendo mi sabor en ella, mi mano desabrochaba su brasier, ella levantó sus manos para poder sacar su playera por sobre su cabeza un par de pechos hermosos, firmes, tersos, sus pezones oscuros quedaron ante mí, los tome con mi boca sin remedio, con la mayor calma del mundo me los comí, los disfrute, disfrute de ellos como un niño que disfruta de un dulce… su pantalón no me di cuenta a qué hora cayó al piso, solo sé que cuando desocupe mi boca de sus pechos ella tenía los pantalones junto con sus bragas, enrollados en sus tobillos…

    —¿ya tienes prisa porque te folle?

    Vicki, ¿ya tus labios palpitan por mí? Espera!!! Todavía te voy a disfrutar un poco más.

    La tomé en mis brazos y la senté en la mesa de corte, abrí sus piernas para poder verla… di unos pasos para atrás, un lindo y depilado coño estaba ante mi, ansioso, con ganas, su miel ya empezaba a derramarse, unos finos hilos transparentes invadía sus labios… la recosté entre las telas recién cortadas, me hinque frente a ella… bese su sexo, saboree su sabor, acerque mi nariz para aspirar el aroma antes que mi lengua empezara a lamer, si en sus pechos lo hice con calma, ahí, ahí me entretuve el doble, Lamí lentamente su raja, subía mi lengua por cada parte de sus labios hasta alcanzar su clítoris, lo tome prisionero con mis labios, jale de el, apreté de el hasta lograr lo que buscaba… su espalda se arqueo sin que ella pudiera evitarlo, justo cuando ella gritaba, sentí la presencia de alguien, no me importó que nos vieran seguí chupando de su clítoris, un segundo orgasmo la tomo sin aviso sus manos se aferraron en mi pelo ahora ella marcaba mi ritmo y quería más, ella quería más, esto apenas era el comienzo, acelere mis movimientos, mientras ella le hacía señas a quien nos observaba, su mano le invitaba a sumarse a la reunión, sentí sus pasos aproximarse llegaron hasta mí, paro justo detrás mío y sus ropas cayeron junto a mi cuerpo, sentí una mano sobre mi espalda, como iba recorriendo mi piel, se agacho junto a mi y desde atrás su mano empezó a subir y bajar por mi falo, Victoria terminaba de nuevo y sus piernas se cerraron en mi cuello ahora era yo quien no podía respirar bien, sus caderas tomaron el ritmo, soltó mi cabeza, voltee para ver quien me masturbaba, Liz estaba ahí detrás mío aferrada a mi falo, se lo ofrecí a su boca le dio unas cuantas mamadas antes que Victoria me reclamara para ella, se volvió a tumbar en las telas, ayude a Liz, subiéndose en la mesa, rápidamente fue a sentarse sobre la cara de Victoria las observe un poco, como con su lengua exploraba la raja de Liz, mientras ella de rodillas disfrutaba y se dejaba querer. Liz me miraba todo el tiempo y vi como su cara se transformó al placer, esa mujer de cara de ángel pronto me dejó ver su rostro de lujuria y la verdad es que es hermoso.

    Mire a Victoria tumbada en la mesa con las piernas sobre el borde dobladas, con Liz en su rostro y su sexo expuesto…

    La tomé por los tobillos y los levanté hasta ponerlos en mis hombros, con gran un deseo guíe mi pelvis a la suya, las alinee en el lugar preciso y empuje dentro de ella, ambas lo sintieron, las dos gimieron, tal vez Victoria al sentir cómo la iba partiendo lentamente, de a poco, me gusta sentir como se va abriendo, tal vez ella intensificó sus movimientos en Liz, escucharlas a las dos al mismo tiempo me resultó…

    Espectacular, algo que supera mis más locos sueños, entre y salí de ella, esta vez la tome con furia, una vez tras otra, una cascada de emociones me embargo, Liz se inclinó hacia mí, nos besamos mientras Victoria le seguía explorando con su lengua, le provocó un nuevo orgasmo, sus dientes mordieron mis labios al momento del éxtasis, arrancarle un orgasmo a Victoria me hizo sudar, pensé que tal vez no lo lograría a tiempo…

    Logre sentir sus temblores, sus piernas se apretaron nuevamente en mi cuello, era una mujer llena de sorpresas, seguí penetrando y ella siguió temblando para mí, un temblor tras otro, deje de contar cuántos llevaba… una vez llegado el primer orgasmo se siguió con una cadena de ellos.

    Era insaciable, es única,

    Liz se daba sentones en el rostro de Victoria, como si quisiera que la follara con el rostro, lo restregaba y volvía conmigo para seguir besándonos. Salí de ella y jale a Liz claro que también la follaría la recosté boca abajo encima de Vicky ellas quedaron frente a frente, sus vaginas quedaron una sobre otra, mis manos tomaron las nalgas de Liz y las abrieron, esto iba a ser rápido ya no iba a poder aguantar mucho más, con una mano tome mi verga y la lleve a su caliente coño, me clavé en ella fuerte, sin piedad, su estrecho y joven coño me recibió encantado mis testículos pegaban entre las dos mujeres que estaban acostadas las manos de Victoria tomaron mis piernas buscaban aferrarse a mi trasero, Liz puso sus manos en la mesa no llegó a terminar salí de ella cuando sentí que no podía aguantar más la gire en la mesa ambas bajaron a mi señal, un par de perras a mis pies… abrieron la boca mientras cerraban los ojos, puse mi falo en la boca de Liz y le di mi primer chorro luego lo dirigí a Vicky y ambas recibieron gustosas mi caliente esperma…

    Terminamos de vestirnos justo a tiempo. Los demás empleados comenzaban a regresar de su comida.

    Cuando llegué a la oficina era la señora Victoria quien me recibía, ahora que me voy es mi Vicky mi puta quien me despide con una sonrisa.

  • Sola con mi prima y alguien más (Parte 2)

    Sola con mi prima y alguien más (Parte 2)

    Mi prima María es una chica muy guapa, hermosa en toda su palabra tiene unas grandes nalgas con unas piernas para morirse, con unas tetas muy grandes, pero un poco caídas claro lo normal, unos pezones color cafecito que al ponerse caliente se le ponen duros y muy paraditos, ella es gruesita, pero no gorda con un pelo rubio hermoso y una cara angelical, y unos labios de mamadora que no se imaginan y bueno si leyeron mi relato anterior saben cómo soy yo.

    Ella es muy carismática, muy simpática y a la vez muy inocente, pero al conocerla es todo lo contrario es una perra pervertida que le gusta que se la cojan y al igual que yo le gusta experimentar.

    Cuando sale se viste muy perra como esa noche que ya les contaré qué pasó.

    Esa noche al ser aproximadamente las 2:00 am recibí un mensaje de ella que decía:

    María: Prima estoy afuera de tu casa, me enteré que tu mamá no está. Que te parece si nos acompañas a un mirador nos tomamos algo y luego nos vamos para mi departamento que te parece? Estoy con unos amigos!

    Inmediatamente me entra esa espinita de que podría pasar, entonces me levante y me puse un hilo color negro y un bra igual al hilo negro y de encaje y me puse un vestido negro que dejaba ver la punta de mis nalgas. Me maquille rápido y me puse tacones y le respondí a mi querida prima.

    Yo: Claro prima enseguida salgo.

    Iba con los nervios de punta, no sabía que iba a pasar esa noche.

    Al salir vi un auto 4×4 con 3 hombres en los asientos traseros un hombre conduciendo y a mi prima adelante, ella se bajó del carro y me saludó andaba muy perrita con una enagua muy corta y una blusa por el ombligo y sin sostén ya andaba algo tomada entonces saludo a los 4 chicos que estaban en el auto y uno de ellos se pasó para la parte trasera del auto yo me monté en medio de 2 chicos…

    Parecía que ya llevaban rato de estar tomando, cuando llegamos a un mirador nos bajamos del auto y empezamos a tomar tequila con cerveza y yo ya estaba un poco ebria uno de ellos empezó a fumar hierba y le pedí un jalón y el accedió a darme una probada ya todos estábamos muy tomados y nos fuimos hacia el departamento de mi prima en el auto nos calentamos un poco mi prima empezó a besar al chico que conducía y el empezó a tocarle las tetas a mi prima y a meterle la mano por la enagua yo ya estaba muy caliente al ver esa escena y empecé a notar los bultos de los 2 chicos que iban a mi lado uno de ellos empezó a acariciarme una pierna he inmediatamente lo detuve y le dije que no le saldría barato.

    Los otros chicos y mi prima empezaron a molestar y a preguntarme cual era el precio y yo lo tomé como una broma y les dije 100 dólares y dejo que todos me manoseen, creí que no me iban a dar el dinero, pero me equivoque me dieron el dinero y me empezaron a tocar las tetas y mi vagina. Yo ya estaba mojada estaba muy caliente por la situación pero pensé que todo iba a acabar cuando llegáramos al departamento y no fue así mi prima los invito a pasar y ellos entraron nos sentamos en la sala para acabar unas cervezas mi prima se fue para el cuarto con el chico que conducía y después de unos 5 minutos la escuchamos gemir, se la estaban cogiendo y gritaba como una perra.

    Yo me calenté y empecé a tocar a un chico de los que estaba en la sala hasta que le saque el pene al frente de los otros 2 chicos yo estaba muy excitada en ese momento que se la empecé a mamar cuando me percaté uno me había subido el vestido y me la dejo ir me estaba penetrando mientras le hacía la mamada a su amigo cuando levante mi mirada para buscar al tercer chico lo tenía frente a mi con su enorme pene al aire no lo dudé y se lo empecé a mamar a él también, estaba consternada al tener 2 penes en mi boca y uno en mi vagina el que me estaba cogiendo me desprendió el vestido junto al sostén y el hilo ya había quedado completamente desnuda cuando me empezaron a follar duro y rico yo empecé a gemir como una perra en celo y mi prima salió junto al otro chico los 2 completamente desnudos y también empezaron a culear y empezamos a intercambiar era una gran orgia la que estábamos haciendo hasta que empecé a besar a mi prima y luego a chuparle esa deliciosa vagina toda mojada y llena de semen de la primer cogida.

    Luego de un buen rato de coger y tener varios orgasmos nos pusimos de rodillas mi prima y yo y al rededor se nos pusieron los 4 chicos empezamos a mamarlos hasta que se fueron corriendo en nuestras caras, bocas y tetas recibimos mucho semen luego mi prima y yo nos empezamos a besar y a comernos le íbamos a dar un show a los chicos después de limpiarnos el semen de nuestros cuerpos y rostros ya empezó a entrar la claridad ya estaba amaneciendo y los chicos se vistieron y se fueron, dijeron que querían que se repitiera mi prima y yo caímos en la cama rendidas completamente desnudas y nos quedamos dormidas…

    Espero que les gustara gracias por los comentarios en el relato anterior no los pude responder porque no sé cómo se hace, si me pudieran explicar se los agradecería…

    Y sigan haciendo comentarios porfa, acepto críticas y consejos para hacer cada día mejor los relatos.

    Gracias , besitos donde los quieran.!

  • Me convertí en mi madre (1): Películas japonesas (JAV 2)

    Me convertí en mi madre (1): Películas japonesas (JAV 2)

    Por el título a lo mejor piensan que esto es una señora que cuando se hace mayor comprueba que repite lo que decía su madre, y tiene los mismos gestos, y esas cosas que se suelen decir. Sin embargo, no es eso lo que voy a narrar. Es algo mucho más extraño, que después tuvo un final feliz, pero que podía haber acabado de otra manera, acaso no infeliz, pero extraña.

    Yo vivo con mi madre y mi padre en una casa normal, voy a estudiar, mi madre está en casa, cocina, limpia, no trabaja fuera. Mi padre sí trabaja fuera. Está hermosota mi madre, más alta y rellena que la normalidad de las japonesas. Mi padre, al que he salido yo en lo físico, es grandón, fuertote, porque trabaja en una industria semi pesada. Eso dice él, riéndose, que no es muy pesada y por eso aguanta allí, jaja. Los demás ya nos sabemos el chiste, y sonreímos solamente.

    Bueno, pues un día volví del centro escolar, donde hago una formación profesional, que depende de la fábrica de mi padre, y donde espero terminar el año que viene, a los veinte años. Mi madre había preparado algo de comer y tenía un paquete en la mesa que había llegado por mensajero. Mi madre es muy de pedir cosas y probar; no sale mucho, eso no. A algo de la comisión vecinal, por ejemplo. Es su relación social.

    En el paquete había un tarro y, en el tarro, té. Hasta ahí, todo bien. Me dijo mi madre que había visto un anuncio de este té, que fomentaba la empatía y el bienestar familiar. Le dije que eso sería un engaño publicitario, qué vergüenza, mamá. Si nada más llegar causaba disensión y… Pero como es gratis, dijo ella, el primer tarro… Bueno, a ver si está bien o son hierbajos del camino, dije yo.

    El olor no estaba mal, y luego el sabor tampoco era extraño ni nada. En fin, que a lo mejor resultaba y todo. Nos tomamos las tazas, tan ricamente, y cada uno se fue a hacer sus cosas. Yo, a estudiar, mamá a doblar toallas.

    La tarde y la noche transcurrieron como siempre, llegó mi padre, cenamos, vimos la tele, nos reímos con un programa más bien tonto, y a dormir, que hay que madrugar.

    ***

    Al despertarme me sentía un poco raro, como que no me encontraba bien, como un hormigueo por todo el cuerpo. Me levanté y vi a mi madre en el espejo, hola mamá… ¿Qué hace mi madre en mi espejo con mi pijama? Miré hacia abajo. Mi pijama. No mi cuerpo. Estiré los brazos. Qué manecitas. Esos dedos de los pies, ¿cuándo me los pinté? ¿Por qué no veo ahora? Claro, el pelo tan largo… ¡Mi madre! ¡Yo! Me llevé las manos a la cara, con expresión de asombro. Mi madre repitió el gesto en el espejo.

    Oí un grito, era yo, en otra habitación. Iba a salir corriendo cuando abrí la puerta de mi habitación. Me miré, llevaba puesto un pijama algo corto, pantalón y blusita con un gatito, que a mi madre le gustaba mucho.

    —¡Ah!, gritamos los dos a la vez.

    —Devuélveme mi cuerpo —me dijo mi madre.

    —¿Y el mío? —pregunté yo.

    O a lo mejor fue al revés, yo no sé quién era quién. Nos miramos más detenidamente, y pensamos también a la vez: el té. Ese era el causante de esta transformación.

    Pronto sonaría el despertador, se levantaría mi padre, había que pensar algo. Tras alguna deliberación, nos cambiamos la ropa, y fui a la habitación de mi madre.

    Mi padre se estaba levantando. Estaba entrando al baño. Yo le saludé, le dije cari, y corrí a la cocina, donde empecé a preparar el desayuno. Menos mal que se me da bien cocinar, y además mi madre me ayudaba. Mi padre tiene que salir mucho antes que yo, por lo que acabó y se marchó. Respiramos.

    —¿Y ahora qué hacemos?

    —Tú tienes que ir al instituto, yo tengo la reunión de las vecinas. No podemos quedarnos así.

    Me acompañó mi madre al dormitorio, para escoger la ropa. Un tanga me pareció que debía ser incómodo, sólo hilos, cómo se sujetaba aquello. Entraba por la raja del culo, apenas tapaba nada.

    —Pero mamá, qué es esto.

    —Nada, Yukio, tú déjame hacer.

    Me puso una braguita menos llamativa, pero aun así pequeña y reveladora. Se ajustaba a la vulva, y era como de lycra. El aspecto, la verdad, me gustó mucho. No sé qué sentía, pero el tacto era muy agradable, y el bultito era atrayente. Un sujetador que contuviera las tetas de mi madre, falda, blusa, y me indicó los zapatos que debía ponerme después, al salir.

    Como yo llevo uniforme, no había problema para vestirme o vestirse. Acabó pronto. Se quejaba de lo áspera de la ropa interior, eso sí.

    Por fin desayunamos más tranquilos; sonó el timbre. Mi amigo Kiro venía para ir juntos. Le dije, al abrir la puerta:

    —Ara voy, pérame un momento, tío.

    Pero, como se lo dijo el cuerpo de mi madre, Kiro se quedó sorprendido, de modo que inmediatamente tuve que decir:

    —Eso es lo que le oí decir a Yukio ayer, ¿no? Le dije que cuidara su lenguaje, que hay que ser más educados y vocalizar.

    Un sudor se me iba y otro se me venía. Vaya día. Aparecí y me fui con su amigo, o apareció y se fue con mi amigo. Como empezara Kiro a hablarle de tías… No quedaba otro remedio, no se podía faltar a clase, en el centro son muy estrictos.

    Una vez solo me senté en el escalón de la entrada, y lancé un gran suspiro. Me di cuenta de que con las piernas abiertas no quedaba muy de señora. Ay, lo que me faltaba todavía por sufrir.

    Me quedaba tiempo para ir a la reunión de las vecinas, lo de la fiesta del barrio. Un trámite, me había dicho mamá. ¿Qué podía hacer en esta situación tan increíble, tan poco esperable, como de película? Meditar, considerar cómo de repente puede cambiarle a uno la vida, o a una, y cómo se enfrenta uno a estas situaciones novedosas. Podía considerar las profundas repercusiones que este cambio, de hacerse perpetuo, comportarían en mi vida. Pero, como tengo casi veinte años y estaba en el cuerpo de mi madre, no me quedó más remedio que irme corriendo al dormitorio a mirarme en el espejo. Según iba corriendo me iba levantando la falda.

    Frente al espejo consideré la figura de mi madre de otra manera, ya no como la autora de mis días, sino como una mujer no mayor, y de buen ver. Piernas bien, quizá algo delgaditas para mi gusto, tetas muy bien, el pelo bien peinado ahora y no como al levantarse (o levantarme); me bajé la falda y me puse a ver lo que antes llamé el “bultito”. La vulva estaba situada en su sitio, hasta ahí todo bien. La braguita modelaba el bulto que vi que estaba depilado todo alrededor. Se cuidaba mi madre. Con precaución separé la parte superior de la braguita y miré. Estaba oscuro. Me tuve que bajar la prenda, y qué bien estaba aquello, pliegues, pieles, labios. Fui abriéndola con dos dedos y noté un poco de fresquito entrando al interior. Me mojé un dedo y lo pasé por la rajita, oh.

    Oh, fue lo único que se me ocurrió. Qué era aquello que se me subía al pecho, a la cara, qué calor. Un puntito que fui explorando más era el clítoris, y lo fui tocando, agasajando, y él me respondía con una celeridad no habitual en mi cuerpo (el que había prestado, no éste, éste no sé cómo funcionaba). Por seguir probando, fui tocando y adquiriendo mayor velocidad hasta que me tuve que acostar en la cama y, sin pensar, me toqué los pechos, me acaricié los pezones, tiré de ellos, y me corrí con un gusto que no sentía desde nunca, porque aquello era estreno. Me quedé un rato respirando rápido, con los ojos cerrados, y luego los abrí, agradecí a la naturaleza aquella distinción que me había dado o prestado, y me di cuenta de que era la hora de ir a la reunión. Qué carrera me pegué.

  • Una hija rebelde y un padre severo

    Una hija rebelde y un padre severo

    12 de la noche de un día cualquiera. La habitación estaba pintado de rojo, en la pared del altar había un pentagrama invertido. Sonaba música de Gorgoroth. Sobre el altar había dos pergaminos, uno con las peticiones, a la izquierda, y otro con las maldiciones a la derecha, una vela blanca a la izquierda y otra negra a la derecha, una campana y un cáliz mediado de absenta. Olía a incienso y en la pared había cuadros oscuros.

    Gregorio, un cuarentón, muy alto, agraciado físicamente, cirujano de profesión, vistiendo una túnica roja, encendió la vela negra, que estaba a su izquierda, luego la blanca, que estaba a su derecha y comenzó el ritual…

    Tres días antes.

    Judith, la hija de Gregorio, era una muchacha de 22 años, alta, rubia, de ojos azules… Era un cuadro de Kim Bassinger, cuando Kim era joven, solo que Kim Bassinger no se había quedado postrada en una silla de ruedas a los 18 años tras sufrir un accidente de tráfico en el que había muerto su madre.

    Judith, adoraba a su padre, y después de haberla abandonado su novio el amor que sentía por él aún se acrecentó.

    Una noche, después de haberse ido la mujer que la cuidaba, Gregorio, empujando la silla de ruedas llevó a su hija a la habitación. Allí le quitó las zapatillas, levantó las sábanas y la colcha, la cogió en brazos y la puso sobre la cama. Judith, le dijo:

    —Duerme conmigo, papá.

    Gregorio, quitándole la blusa, le respondió:

    —¿Tiene mi angelito miedo de algo?

    —No, papá, quiero tenerte cerca de mí.

    Gregorio, bromeó.

    —¿No querrás ser una niña mala?

    —¡Quién pudiera aunque solo fuera mover las manos!

    —No pierdas la esperanza.

    —No creo en milagros divinos, papá, estoy paralizada de cuello para abajo y así moriré.

    —No, si yo puedo remediarlo.

    —No puedes, papá, y lo sabes.

    Acabó de quitarle a ropa y la dejó en camiseta y bragas, bajo las que tenía un pañal, la tapó, y le dijo:

    —Que descanses, hija —Judith, rompió a llorar—. No llores, hija, no llores que me partes el alma.

    A Judith le había entrado un bajón.

    —Para vivir así es mejor morir. Ojalá estuviese legalizada la eutanasia.

    Gregorio tenía que consolarla.

    —¡No digas eso, ángel mío!

    —No soy un ángel, soy un trozo de carne muerta.

    —Eres una mujer y muy bonita.

    Gregorio la volvió a besar en la frente.

    —Dame un beso en los labios, papá.

    —¡Hija!

    Judith, bajó la cabeza, y le dijo:

    —Ves cómo soy un trozo de carne muerta.

    Gregorio le levantó el mentón con un dedo y besó a su hija, Judith, le metió la lengua en la boca. Gregorio dejó de besarla, y le dijo:

    —Traviesa

    —Dame otro beso, por fa.

    Gregorio vio sonreír a su hija y la volvió a besar en la boca. Al acabar de besarse con lengua, Judith, vio el bulto en la entrepierna de su padre, y le dijo:

    —¿Algún día haremos el amor para que disfrutes tú y pueda sentirme yo mujer de nuevo?

    —No, hija, no. Te lo hará otro y volverás a sentir.

    Volvió a sonreír. El estado anímico de Judith había dado un giro de 180 grados.

    —¡Andaaa! Sabía que mis besos gustaban a los hombres, pero no sabía que los volvía locos.

    Gregorio la volvió a besar en la frente y le dijo:

    —Qué descanses, hija.

    —Te quiero mucho, mucho, mucho, papá.

    —Y yo a ti, hija. Mi amor por ti no tiene límites.

    Al llegar a su habitación, Gregorio levantó el teléfono, marcó un número, y una voz, le dijo:

    —¿Ya te decidiste, Gregorio?

    —Sí. ¿Que tengo qué hacer?

    —Te mandaré por fax las cosas que necesitas y las palabras que tienes que decir. Más debo de advertirte una cosa, una vez que empieces tendrás que hablar con ellos y te pondrán una condición para que tu hija vuelva a ser la que era.

    —Cumpliré esa condición.

    —Más te vale, de lo contrario perderás tu alma y tu hija seguirá cómo está.

    Tres días después. 12.30 de la madrugada,

    Al acabar el ritual, Gregorio, fue a la habitación de su hija vestido con la túnica roja, se la quitó y se quedó en pelotas. Judith, dormía, la besó en la frente y despertó.

    —¿Qué pasa, papa?

    Gregorio encendió la luz de la lámpara de la mesita de noche, Judith vio a su padre desnudo y empalmado, sonrió y le dijo:

    —¡Uyyy que salido me viene el diablillo!

    Gregorio, serio cómo un palo (la condición que le impusieran para que su hija volviese a recuperar la movilidad era que copulara con ella), besó a Judith con lengua. Luego le quitó la camiseta y rindió pleitesía a sus tetas, unas tetas redondas, grandes, con bellas areolas color carne y pezones gordos y grandes, le rindió pleitesía con besos, caricias, chupadas y lamidas… De las tetas bajó a su ombligo, después le quitó las bragas y el pañal y le comió el coño, un coño rodeado de vello rubio… Le lamió los labios vaginales, se los chupó, le folló la vagina con la lengua, le levantó el culo con las dos manos y le lamió el ojete y el periné, luego pasó su lengua desde el ojete al clítoris y lo chupó y lo lamió.

    Judith, exclamó:

    —¡Papá!¡¡Siento tu lengua!!

    —Disfrútala, hija.

    —¡Es un milagro!

    —Algo parecido, hija, algo parecido.

    Judith sabía que su padre había hecho algo para que volviera a recuperar la sensibilidad, pero no hizo preguntas, estiró los brazos y le cogió la cabeza con las dos manos… Sintió como su coño se mojaba, como sus pezones se ponían duros… Pasados unos minutos, levantó la pelvis y se vino en la lengua de Gregorio, diciendo:

    —¡¡Me corro, papa!!

    Gregorio siguió los movimientos de la pelvis sin separarse ni un segundo del clítoris. Al acabar de correrse y echarse su padre a su lado, le llevó las tetas a la boca y le dijo:

    —Cómelas, papá, necesito que me las comas.

    Gregorio, empalmado a más no poder, comiéndole las tetas a su hija, le metió dos dedos en el coño y la masturbó, Judith, le cogió la polla y se la meneó… Al rato se corrían los dos, aunque antes le dijo Judith a su padre:

    —¡Córrete conmigo, papa!

    Gregorio le llenó la mano de leche a Judith y ella le llenó a él os dedos de jugos. Luego, Judith se lamió la leche de la mano y Gregorio se lamió y chupó los dedos pringados de babitas.

    Se desató la lujuria, Judith subió encima de su padre y lo folló con arte, ahora despacito, ahora aprisa, ahora se paraba y le daba las tetas a mamar…

    —¿Te gusta lo que te hago, Gregorio?

    —¡Me encanta, hija!

    —Llevaba tanto tiempo deseando hacer esto que me gustaría estar así horas…

    —Horas, va a ser mucho, ángel mío.

    —Pues mientras aguantemos… Quiero que me tarde en venir.

    Ni un cuarto de hora tardó Gregorio en decirle:

    —¡Sácate de encima que me voy a correr!

    —Dámela. Quiero que estemos juntos para siempre.

    Gregorio comenzó a correrse dentro del coño de su hija. Judith, al sentir la leche calentita dentro de su coño, explotó:

    —¡¡Dameee, papá, daaame!!

    Se corrieron jadeando cómo si fueran dos fieras… Al acabar, con la leche dentro de su coño, Judith, se lo puso en la boca y se la hizo tragar. Acabó de correrse, y sin descansar se la mamó a su padre hasta que se la puso dura otra vez. Jugó con ella en la entrada del culo, empujó y poco a poco se la fui metiendo. Con ella dentro, le dijo:

    —No sé si estoy soñando, pero si sueño no quiero despertar hasta que rompa el día.

    No estaba soñando, pero le quedaba toda una vida para poder hacerlo.

    Quique.

  • Rodeada de jóvenes preparatorianos

    Rodeada de jóvenes preparatorianos

    Uno de los programas de la compañía donde trabajo consiste en buscar talento en universidades y preparatorias, por medio de becas estudiantiles se trata de generar profesionistas competitivos para trabajar aquí cuando se gradúen; dos veces al año hay que asistir al campus de uno de esas escuelas a dar orientación vocacional y me fue encomendada la plática para una de esas universidades que tienen preparatoria también, en el estado de mi embarazo -6 meses-, solo pedí me fuera proporcionado transporte porque empezaba a ser cansado manejar, llegué temprano al campus, que era donde yo había estudiado también preparatoria y la universidad, y pase a saludar a algunas personas del área administrativa.

    Tenía puesto un vestido negro sin mangas a medio muslo, zapatillas negras altas y nada más, me resistía a dejar mis atuendos cachondos a pesar de lo avanzado de mi embarazo, y no pensaba desaprovechar la oportunidad de ofrecerles a estos jóvenes en su último año de preparatoria la oportunidad de conocer a una milf intensa…

    Me acompañaron al salón del grupo y entramos provocando expectación por parte de los alumnos… y alumnas

    El profesor del grupo me presento como una ex alumna de la institución y puso una silla al frente del salón para que me sentara.

    Despidiéndose salió y me dejó sola con todos ellos, el silencio era de expectación… Note que varios de ellos no dejaban de verme las piernas y algunos más estaban con la mirada fija en mi vientre…

    Escribiendo mi nombre grande en el pizarrón los dejé admirarme las nalgas un momento mientras giraba sonriendo y caminaba hacia la silla…

    Al sentarme deje que mi vestido subiera al límite de mis muslos y cruzando las piernas lentamente les dije:

    -llámenme Mariela por favor, estoy aquí para guiarlos en lo que necesiten…

    Varias manos se levantaron inmediatamente y fui respondiendo sus preguntas alegremente mientras me daba cuenta que las miradas de varios de ellos no se separaban de mis piernas y fue una de las alumnas la que finalmente acertó a preguntarme:

    -Mariela, que significa la pulsera que traes en tu tobillo?

    Descruzando las piernas y abriéndolas lo suficiente para dejarles ver mi raja velluda que contrastaba con la tanga blanca que traía puesta, moví distraídamente mi tobillo separando aún más las piernas y les dije:

    -Ah! buena pregunta, al terminar la plática los que estén interesados en saberlo se pueden quedar un momento y con todo gusto les explico…

    Acariciándome el tobillo mientras abría explícitamente las piernas para no dejar dudas de la naturaleza de esa explicación…

    Terminó la plática vocacional y despidiendo a los que se marchaban (que eran casi todas las mujeres) voltee de nuevo al interior del salón y me fui cuenta de que se habían quedado 6 hombres y dos mujeres…

    Caminando de nuevo a mi silla les dije:

    -acerquen sus sillas porque esto es más íntimo…

    Rápidamente formaron un semi círculo alrededor mío y empezando a excitarme le pedí a la alumna que me había preguntado que cerrara la puerta del salón con seguro…

    Rápidamente lo hizo y regreso a su lugar roja de excitación, podía verle en su cara que tenía genuino interés en su pregunta.

    Mi posición era más elevada que la de ellos porque mi silla estaba en la tarima que da a los profesores oportunidad de ver de manera global al grupo al estar más elevado ese lugar, ellos estaban cerca de mi pero sus miradas quedaban exactamente a la altura de mis piernas…

    -Así que quieres saber que significa mi pulsera en el tobillo? -le dije nuevamente a mi joven amiga- Es una pulsera HW, miren -dije cruzando nuevamente las piernas dejándoles ver mis muslos completamente- tiene el as de picas también…

    Viendo como todos tenían la mirada fija en mi tobillo dije al tiempo que descruzaba las piernas dejándolos verme de cerca entre ellas…

    -Es un símbolo que significa que soy una hot wife, una mujer casada sw… -La mirada de todos se fijó en mi en síntoma de incertidumbre. Riendo añadí- significa que me acuesto con otros hombres además de mi marido… y con mujeres si me gustan! -dije guiñándole el ojo a la joven que cada minuto estaba más inquieta en su lugar…

    Uno de ellos se paró frente a mi y poniendo sus manos en mis rodillas me encaro diciendo mientras abría mis piernas…

    -y que se necesita para coger contigo? -mientras acariciaba mis muslos y yo le acariciaba su cabeza en señal de aceptación…

    -Solo pedirlo… -Le dije abriendo mis piernas a tope y diciéndole- quítame la tanga!

    Los demás se notaban muy excitados también y uno de ellos dijo:

    -Pero estás embarazada Mariela, está bien?

    Tomando las manos del alumno al terminar de quitarme la tanga y poniéndolas en mi vientre respondí:

    -Este bebé es la prueba de mi condición de milf… No es de mi marido!

    -Pero… De quién es entonces? -pregunto la alumna intrigada…

    -Es de mi amante de planta! todos saben de quién es menos mi marido… -Dije divertida de ver sus caras- él no lo sabrá hasta que el bebé cumpla 5 años, es nuestro pacto y él está de acuerdo!

    Volteando a ver a el alumno que estaba enfrente mío me di cuenta que ya se había sacado la verga y erecto chino estaba se masturbaba viéndome la raja velluda frente a él…

    Continuará…

  • Open mine Barcelona (5)

    Open mine Barcelona (5)

    —Madre mía Luis, que hemos hecho Luis, que hemos hecho? Perdóname se me ha ido de las manos —le dije abrazándome a él.

    —Tranquilo, no pasa nada, lo hemos hecho los dos —me dijo apretándome más hacia él.

    —Esto es una locura, y todo eso que me has contado, era por el morbo o es verdad?

    —Es verdad amor, todo es verdad —me dijo.

    —Pero como me has engañado así? Y yo sin darme cuenta, no sé, todo esto me parece irreal.

    —Tenemos que hablar —me dijo.

    —Joder y tanto que tenemos que hablar…

    *******************

    Si queréis que continúe la historia, hacérmelo saber. Gracias.

  • La profesora de autoescuela (III)

    La profesora de autoescuela (III)

    La habitación aún no estaba iluminada con el sol de la mañana, estaba en posición fetal, apretó su cuerpo contra el mío, se movía de una manera que proporciona un placer hermoso. Me hice la dormida, si parece que duermo es mucho mejor, mientras me imaginaba que todo lo ocurrido fue un sueño.

    – Buenos días -No respondí. En vez de eso, me apreté más contra ella. Aquella noche habíamos jugado más duro que de costumbre, cosas diferentes.

    – Respóndeme -Sus manos me acariciaban la espalda, pasó los dedos de una mano lentamente entre mis nalgas y con la otra buscaba a tientas el baja vientre, no la detuve hasta que alcanzando mi raja, presionó provocando su abertura. Estaba disfrutando con eso y la dejé seguir. Me abandoné a este delicioso preliminar y ella se animó, me estremecí de gusto. Aquel juego me había excitado e irritado a la vez.

    – Me has despertado con ganas de jugar y provocando, ahora vas a pagar las consecuencias, puedes empezar oliéndome el coño y trata de recolectar suficiente saliva para después limpiármelo, ¿qué te parece? -Susurré, apoyando mi frente contra la de ella. Cerró los ojos y suspiró mientras le acariciaba un lado de su cara.

    – Bien… Pero… ¿tal vez?

    – Bien… ¿qué?

    – Siiii… Ama -Estaba confusa.

    – Has de saber que ahora me perteneces, calla y obedece, sé una buena perra y saca esta parte perversa y viciosa que tienes.

    No respondió de inmediato, acercó temblorosa su nariz para que la alegría iluminase mi rostro. Estaba atrapada por mi lujuria. La agarré del pelo, separé los muslos, pegó la boca sacando la lengua, aparte con mis dedos los labios hinchados, lamía vigorosamente hasta que de nuevo con un brusco e incontrolado orgasmo inundé su boca. Me tumbé a su lado, ataqué su boca despacio. Saboreé el gusto salado de su lengua y me deleité degustando mis propios sabores.

    – ¿Estás bien?

    – Estoy loca – . Asintió sonriente, levantó la cara de mi pecho y acarició mi mejilla. Las dos nos revolcamos sobre la cama dejando marcas de sudor y líquido vaginal, olía a nosotras a SEXOOO!!!

    – Tengo que ir al baño, no quiero mojar la cama -dijo de pronto Marta.

    La seguí y puso cara de sorpresa cuando entré con ella, le propuse que se contuviera y se colocase de pie encima de la repisa que hay al pie de la bañera.

    – Ponte en cuclillas y ya puedes mear.

    – No entiendo…

    – ¿No tienes la vejiga llena?

    – Oh… sí… está… pero es que de esta manera.

    – Querida… ¿Alguna vez has tocado el coño de otra mujer cuando esta orinando?

    – Oh… no.

    Ignorando su súplica coloqué la palma de la mano sobre su vagina, la hice temblar cuando le di golpecitos. Aún tenía resto de cera entre los vellos del pubis. No pudo contenerse por más tiempo, ni un segundo más, la orina caliente mojó mi mano, su chorro salpicó mis pechos y cuando descendió por mi cintura se mezcló con la mía. Apoyada en la pared para no caerse, su coño se contraía en espasmos. Nos dimos una ducha y sin más salí. La esperé en la cocina, entró envuelta con la toalla de baño, yo estaba desnuda, me gustaba andar así por casa y más que en los últimos días de primavera los calores ya se hacían notar.

    – Lo de antes, nunca… yo -Me acerqué y le di un beso en la mejilla.

    – Estabas confusa, no pienses más.

    – Sííí, ya… Ama.

    – Bueno pues ya lo has hecho. ¿Te ha gustado?

    – Ha sido diferente.

    – Está bien. Te gusta el café recién hecho.

    Mientras se hacía, le entregué de nuevo el collar y que se colocase un delantal, tapaba solo la parte delantera. Salí a la terraza, se podía estar en ella desnuda sin ser vista, aunque no me importaba, le indiqué que podía empezar a servirme, ella lo haría en la cocina cuando yo terminase. Cuando ella terminó le di instrucciones punto por punto de como recoger la cocina, cambiar la ropa de la cama y limpiar el cuarto de baño. Y me puse a tomar el sol, cuando dijo que había terminado.

    – Túmbate a mi lado a tomar el sol, te ira bien tienes el culo muy blanco.

    Sonrió nerviosa, la tranquilicé que nadie nos podía observar. Se tumbó, le unté la espalda con crema solar, al llegar al culo, le di unas palmadas. Nos quedamos recostadas un buen rato, según ella nunca había tomado el sol totalmente desnuda, con Adela lo tomamos a menudo. Al rato hice que se volteara, le daba el sol por entero en su cuerpo, me senté en la hamaca y unté con crema de nuevo mis manos para jugar con sus pezones, acaricié su vientre y cuando alcancé el pubis, recogió las piernas doblándolas por las rodillas, los dedos rozaron su sexo, apreté con la palma de mi mano aplastando sus abultados labios externos. Repetí de nuevo, hasta que suspiró, seguidamente deslice por el centro de la grieta íntima y ya húmeda el dedo índice, roce el orificio de su ano, reaccionó al roce de mi uña, se cerraba y abría, como espasmos. Coloque el dedo entre los dos orificios, justo donde la piel es tan sensible, clavando mi uña hasta que dio un respingo.

    Mis dedos empezaron a masturbarla, se abría y enseguida dejó ver el suave rosado de sus paredes internas.

    – Veo que mi instinto no me falla. Estas disfrutando.

    – Sí… Ama… Haces que todo resulte tan… diferente -Sus labios temblaban y le puse un dedo mojado en su boca, lo chupó.

    – ¿Te masturbas?

    – Si.

    – ¿A menudo?

    – A veces depende mi estado de ánimo, pero cuando hablamos por teléfono siempre.

    – Bien. Me gustan las conchas bien dispuestas. Veo que la tuya está más que dispuesta. Los labios están inflamados y tu clítoris se sale. Tócatelo. Sóbalo mientras yo te pajeo. Sus dedos, en combinación con los míos, le hicieron acabar en 3 o 4 minutos.

    – Tienes instinto de sumisa y de puta. Es una excelente combinación.

    Sin darnos cuenta la mañana había volado. Marta me había expuesto su intención de ir a su piso para separar y recoger ropa de los armarios. Logré aparcar cerca de su casa y al pasar frente una tienda de ropa me paré para mirar el escaparate, quise entrar. Ella se excusó que se adelantaba para airear el piso, entré yo sola. Habían dos jóvenes eligiendo y probándose, la dependienta muy amable, me invitó que mirase y si necesitaba algo allí estaba, escogí un top de tirantes y un pantalón.

    – ¿Deseas probarlo?

    – Sí por favor.

    – Ok, usa el probador del rincón está libre, si necesitas algo.

    – Gracias -Unos minutos más tarde…

    – ¿Sí? ¿Te está todo bien?, ya estoy por ti.

    – No estoy segura. ¿Puedes venir y ayudar?

    – Por supuesto.

    – Gracias -Frente el espejo, me encantaba cómo me quedaba ese conjunto, pero el pantalón no me termina de ajustar. Cyr, así se llamaba ella, se puso detrás.

    – ¡Oh, te ves genial! Qué lindo cuerpo que tienes.

    – Gracias -respondí.

    Estaba a mi altura, aunque sin los zapatos de plataforma seguro la harían más baja, tenía el pelo largo rizado pelirrojo, sujetado por detrás con una pinza, no era muy agraciada de cara, de piel blanca, pecosa, llevaba una camisa semitransparente que hacía adivinar el sujetador, una falda abierta a medio muslo y ajustada a un trasero respingón, todo blanco, le calculé por los 40. Su voz melosa, su amabilidad, la manera de posar sus manos sobre mis caderas ajustando el pantalón, había algo que la hacía diferente y a la vez resultona. No había más clientes en la tienda, cuando ella salió a buscarme otra talla, abrí del todo la cortina y me quedé solo con el tanga.

    – Toma pruébate esta… -Su voz tartamudeó al verme. Se quedó al lado de la cortina. Me miraba fijamente los pechos.

    – Tienes un hermoso cuerpo… -balbuceó

    – ¿Qué quieres decir con eso? ¿Te gustan? -respondí haciéndome la tonta, mientras con las manos levantaba mis pechos. Seguía sin moverse con la prenda en la mano, la cogí y la colgé. Con movimiento rápido tiré de ella hacia mí, la besé bruscamente en los labios, se echó hacia tras y cerró los ojos. Le cogí las manos y se las acerqué a mis pechos. Sus manos los acariciaron suavemente, las mías la abrazaban por debajo la cintura, arqueando la espalda presionaba mis caderas contra las suyas.

    – ¿Te gustan?

    – Mucho -Sonreí coqueta por el cumplido.

    En aquel momento entró alguien y ella salió presurosa. Creí que no era el momento oportuno y me vestí, además estaba Marta esperándome. Cogí una tarjeta de la tienda donde me apuntó un teléfono.

    – Llámame cuando quieras, vuelve, tendré cosas nuevas -Se acercó para darme dos besos en la mejilla, una de mis manos bajó por su espalda acariciándole una nalga, una sonrisa.

    – Gracias, por descontado volveré.

    Empezó enseñándome el piso, un sobreático, en su habitación tenía ya cajas preparadas alguna ya con ropa, la habitación de Bel, la hija menor, la de la hija mayor, según ella la otra Marta, en esta habitación un marco en la que creí reconocer a la persona que aparecía en la foto. Marta mostró cierto enojo al abrir el armario.

    – Desde luego mira que se lo dije, si ella no viene pronto irá todo fuera.

    – ¿No tendrá tiempo?

    – Para lo que quiere lo tiene -Vi en su cara la expresión de estar enojada. Pasamos al salón, continuó hablándome de su hija. Sus comentarios como se dice coloquialmente la ponían de vuelta y media. Traté de cambiar de conversación, sobre la ropa que había visto en la tienda y la amabilidad de Cyr.

    – Tengo sed tienes algo fresco.

    – Creo que en la nevera hay cervezas.

    – Me apetece, mientras miramos la ropa, al igual me gusta algo.

    – Mi ropa por la talla no creo -Soltó entre risas.

    Entramos en la habitación de la otra Marta, era la primera después de la sala comedor. Cogí el marco y me fije de nuevo en la foto, no quise preguntar tiempo tendría, pero me era familiar su cara. Descolgó ropa, me probé un par de camisas, alguna prenda aún con la etiqueta de no haber sido usada, al igual que piezas de ropa interior que estaban en un cajón. Del alto del armario bajó una caja, de las que sirven para guardar ropa, estaba atada y con cinta adhesiva, a pesar de exponerle mis reparos se empeñó en abrirla, en su interior dos cajas más, en la primera entre 15 o 20 bragas y tangas de diferentes tipo, color y tamaño, por cierto una braga culote del tamaño XXL.

    – Parecen trofeos de caza -Solté yo, entre risas.

    Cara de sorpresa y mutismo total por su parte. Y en la otra caja la sorpresa fue aun mayor, una variedad de artículos y juguetes eróticos.

    – ¿Para compartir o para uso propio?, desde luego serán interesantes las relaciones de tu hija.

    – Siii, la verdad es… que no sé.

    – Menuda colección, a cual más excitante -Ella quieta observando como yo colocando sobre la cama, vestimenta erótica, un par de consoladores, un arnés, plug anal, pinzas, bolas chinas, paleta azotadora, una fina cuerda… Me separé un poco analizando sus reacciones. Era obvio que yo disfrutaba con la situación y ella se ponía por momentos más nerviosa.

    – ¿No te preguntas que clase de adicciones sexuales tendrá tu hija?

    – Desde luego especiales -Dijo, sonriendo tímidamente.

    – Todos los ingredientes necesarios para ciertos juegos. ¿Deseas tú, algo especial? -Le susurré al oído.

    – Eres una cabrona despiadada.

    – Sí, tienes toda la razón, soy una cabrona, pero te gusta que lo sea ¿no?

    – Sí… Ama, me gusta -Cerró los ojos y dejó escapar un suspiro.

    – ¿No querrás ser menos lujuriosa que tu hija? -Se encogió de hombros y al ver que no contestaba.

    – Te hice una pregunta. Lo mínimo que espero es una respuesta.

    – Oh, joder, sí Ama. Yo… hacer…

    – ¿Hacer qué? No tenemos prisa. ¿Verdad? -Le puse dos dedos bajo la barbilla obligándola a levantar la mirada.

    – Ufff… no, solo pensar me pone nerviosa.

    – Que piensas que es lo que te pone nerviosa.

    – Ciertas ganas de probar, acatar tus deseos y hacerlo placentero -Su respuesta me dio pie hasta donde podría llegar su sumisión e incluso humillación.

    – Para mí desde luego es un placer.

    – Qué tal si te vistes con ropas de tu hija y me das un pase. Será divertido.

    – ¿No entiendo que quieres decir? ¿Un desfile?

    – ¿Vas a hacer todo lo que te diga?

    – Si Ama.

    – Vamos, que lo harás muy bien -Mientras yo salía para el salón, le indiqué que se pusiese también alguna prenda de las encontradas en las cajas. La oí resoplar, seguramente se debatía el aceptar una proposición quizás humillante o cautivada por el juego.

    – ¡Te ves muy elegante! Un traje chaqueta color azul y zapatos de tacón alto. Le ordené darse una vuelta por el salón, yo sentada en un sillón. Parada frente a mí, hice que abriese la chaqueta, un sujetador color gris perla, eran de esos que se abren por adelante. Siguiendo mis órdenes se lo desabrocho, dejando a la vista sus tetas. Se levantó la falda, apareció un liguero color en conjunto con el sujetador, braga y medias negras.

    – Sácatela y entrégamela -Tiró con los dedos de la braga de encaje. Yo seguía sentada, las colocó en mi mano, me las llevé a la nariz inhalando profundamente, estaban ligeramente húmedas.

    – Muy bien, date la vuelta, tira de la falda para arriba y muéstrame ese culo -Disfrutaba con la visión y se agitó cuando pasé mis manos sobre la curva de las nalgas, apretando la parte más carnosa. Por detrás mis dedos acariciaron la piel de sus muslos, las ingles y por último se colaron entre los pliegues de su sexo. Empezaba a excitarse cuando se inclinó y separó más las piernas.

    – Tranquila, puedes salir y volver con otro modelito.

    Volvió con un vestido entero negro más corto, seguramente por la talla se ajustaba de tal manera que marcaba con exageración todo su cuerpo, medias, zapatos negros y unos guantes blancos de seda, además se había colocado un collar de la caja. Respiré hondo cuando la vi. Me levante y me situé detrás de ella. Puse mis manos en sus caderas, acerqué mi cara a su cuello, la besé desde la base hasta llegar a su oreja.

    – No sabía que fueses así de puta, vamos a comprobar la puta que eres.

    Media respiración entrecortada y obedeció. Continué dándole instrucciones, palabras groseras y calientes. Tal como le pedí para mí libertinaje y su obediencia, se desprendió solo del vestido, debajo llevaba un body rojo, separó las piernas, arqueó la espalda, con las manos enguantadas jugueteó con sus pechos y se frotó el coño. Miré la imagen que se estaba desarrollando, como si yo no existiera, se pasaba un dedo por los hinchados labios marcados sobre la tela del body, gemía, arqueando la espalda, con la otra mano levantaba una teta hasta su cara con intención de chuparse el pezón. Abría la boca y sacaba la lengua, me miraba jadeando y con gestos de placer.

    – Te gusta masturbarte delante de mí.

    – Si, podría decirse que sí -Mientras seguía haciéndolo lentamente.

    – Ni se te ocurra correrte. Sigue… ¿Te queda claro?

    – Siii… Ama. No me correré -Se le notaba nerviosa, seguramente al ver que yo no me inmutaba sentada, le detuve la masturbación antes de que se corriese, le indique darse la vuelta, le golpeé las nalgas con la mano abierta y que saliese de nuevo. Estaba disfrutando llevándola al límite, al quedarme sola deslicé lentamente mi mano hasta meterla dentro de mi tanga, mi dedo empezó rápidamente acariciar mí coño ya bastante mojado, estaba excitada.

    Por tercera vez se repitió el pase. Parecía una colegiala. Con una minifalda plisada de cuadros escoceses, mostrándome toda la pierna y medio muslo, una blusa blanca ajustada donde a punto de reventar los botones, se le marcaban los pezones.

    – Estás muy guapa vestida así. Pero por Dios ¿qué puta eres? -Busque en el equipo de música un CD, puse uno de canciones románticas latinas y cuando empezó a sonar…

    – Baila y desnúdate para mi -Empezó a moverme al ritmo de la música, me miraba insinuante, rebelde, sus caderas se contoneaban, movía los brazos y se acariciaba con sensualidad, el cabello, el pecho, la cintura…

    – Puedes empezar a desnudarte.

    – Ven y házmelo tú si quieres… –respondió con una sonrisa.

    – ¿Qué has dicho, zorra? -Se encogió de golpe al verme levantar con la mirada encendida

    – Nada, no he dicho nada…

    – ¿Quién eres? -Me puse delante de ella.

    – Tu sumisa, mi Ama -De golpe tiré de la camisa arrancándole los botones, tiré después de la falda y cuando cayó por su propio peso al suelo, dejó al descubierto una de las prendas de lencería que había en las cajas. Un body erótico de tiras de piel para motivar prácticas de bondage y dejarse dominar. Las tiras mantenían en alto los pechos pero dejándolos al descubierto, también sujetaban la braguita de malla con apertura en la entrepierna. Ahora tenía un motivo más, agarré un pezón y lo retorcí, duro, más duro, hasta que gritó, con la mirada perdida.

    – Dios, me duele… por favor.

    – Me gusta cuando me suplicas. Ruega un poco más.

    – Por favor, por favor, Ama -Me detuve, la hice colocar de rodillas, empujando su cabeza se colocó a cuatro patas, le indiqué seguirme y nos dirigimos a su habitación. Se paró en la puerta. Era su habitación.

    – ¡Joder, entra! -Le di una bofetada en el culo y luego la empujé directamente hacia adentro. Le prometí recuerdos, calientes, sucios y rudos que nunca olvidaría. Pasé a la habitación de la otra Marta, miré la foto era ella, recogí de encima de la cama alguno de los juguetes y el marco.

    – Inclínate sobre la otomana y las manos en el suelo -Mientras le indiqué el gran cuadrado de cuero, empujando su espalda hasta que estuvo boca abajo, con las manos a un lado, los pies plantados al otro. Le até las manos y por debajo pasé la cuerda para hacer lo mismo con los tobillos. Coloqué frente la otomana un espejo de pie y apoyado el marco con la foto de su hija.

    – Presta atención. Mantén la cabeza en alto, quiero ver cada reacción que haces, cualquier lágrima, cualquier expresión que hagas. Quiero poder ver esa cara, tus jodidas emociones mientras me odies. Mira a tu hija al igual le gustaría verte de esta manera. ¿Lo entiendes?

    -Oh, Dios mío… sí lo entiendo -jadeó, ligeramente. A través de las cortinas la luz de la tarde había oscurecido rápidamente, un trueno retumbó presagio de tormenta.

    Arrastré el azotador lentamente, suavemente, por su espalda y las nalgas, se le erizaba la piel. Di un paso atrás, golpeé rápidamente entre la tela del tanga y su piel, la punta rozando su muslo. Apareció una pequeña marca roja. Ella gimió y sin darle tiempo a reaccionar seguido de unos más, pasaba de una nalga a la otra, un chillido.

    – No me gustaría oírte chillar y no pienso parar hasta que aceptes lo que yo quiera sin rechistar. Voy a hacer de ti una sumisa obediente -Le coloqué la mordaza de bola. Entre azote y azote le acariciaba las nalgas para calmarle un poco el dolor. Cuando le puse bien rojo, le abrí las piernas un poco más y con mi mano deslizándola despacio por entre las nalgas, roce la entrada del ano y baje hasta su coño.

    – Estas muy mojada. Puta. ¿Te gusta que tu ama te azote?

    Poco a poco su resistencia la abandonó. Me acerqué a la cocina y volví con unos cubitos de hielo. Se los enseñé y soltó una súplica ahogada por la mordaza, después de pasarlos por sus calientes y rojizas nalgas, le abrí los labios de su coño y acerqué el hielo a su clítoris. La ignoré, temblaba y se sacudía, cuando se lo introduje. Pronto un líquido mezcla de agua y de sus flujos se deslizó por los muslos, con la uña del dedo corazón tracé una línea hasta su ano, empecé a hacer círculos, presionando sobre el agujero. Derramé lubrificante y no costó nada que entrase, así que pasé a introducir otro. Cuando por fin tres de mis dedos follaron su culo, jadeaba, movía el trasero lo que le permitía la postura adelante y atrás al ritmo de mis embestidas. Estaba excitada y creí que la penetración anal apenas le había causado una ligera molestia y aprovechando la dilatación cogí un plug, sin preámbulos se lo inserté de una sola vez.

    – Te gustan los juguetes de tu hija. ¿No es así? -Movía la cabeza de un lado a otro.

    Recogí un consolador más grande y se lo introduje lentamente en su coño. Dejé pasar unos minutos con ellos puestos para que su cuerpo se adaptara a estar lleno y amenazando con azotarla si tan solo uno se salía. Me eché un poco hacia atrás para contemplar sus dos agujeros llenos. A través del espejo observaba su cara, alguna lagrima resbalándose por su mejilla. Marqué suavemente con las uñas arañando la espalda y las nalgas. Cuando ya parecía relajada, consideré que los consoladores ya no la molestaban, cogí el de su coño y lo deslicé fuera casi por completo, luego de nuevo hacia adentro y lo activé en su velocidad. Gimió de puro placer.

    – Oh, esto te gusta mucho, ¿no? -Con los ojos cerrados y lo que le permitía la mordaza, gemía y gruñía. Así que sin más preámbulos lo puse máxima intensidad. Su cuerpo se tensó de inmediato y sus gemidos se elevaron. Cuando aprecié que se acerca a su orgasmo lo apagué del todo, rápidamente giró su cabeza, gesto de sorpresa y mirada de impotencia. Aproveché para soltarle la mordaza.

    – ¿Qué pasa? ¿Por qué lo has parado?

    – Pues porque aún no quiero que te corras… y cállate zorra.

    – No me hagas esto, déjame… estaba a punto…

    – Cállate… No olvides, yo soy la dueña de tu cuerpo.

    – ¡No me puedes hacerme esto! ¿Por favor Ama? – Estaba excitada, movía las caderas y rebelde, no parecía dispuesta a callarse por las buenas. Cogí el azotador y sin darle tiempo a reaccionar, descargué un azote sobre su culo. Se retorcía y suplicaba, pidiendo que parara. Al segundo azote dejó de protestar, solté el azotador, tenía mucho cuidado de que no le quedasen más marcas que el enrojecimiento de las mismas, estaban calientes y rojizas. Los consoladores se habían salido casi por completo, pero no me importaba, era buen momento para quitárselos. Le desaté las manos y los tobillos, me quedé a la espera. Quería ver como reaccionaba, en realidad pensé que se levantaría enfadada y montaría un espectáculo. Pero me sorprendió quedándose quieta.

    – ¿No te vas a levantar?

    – No me lo has ordenado Ama, lo siento sin su permiso.

    Su respuesta me sorprendió aún más. Me quedé unos momentos observándola mientras ella sollozaba sin cambiar de postura. Sin mediar palabras le ayudé a levantarse, con un dedo sobre sus labios le indiqué que guárdese silencio y que se tumbase en la cama. Me desnudé y me senté en la cama a su lado y le acaricié la mejilla secando las lágrimas. Acerqué mis labios a los suyos y le di un beso al que respondió de inmediato buscando mi lengua con la suya, el beso seguía y subía de intensidad. Los brazos nos rodearon, mientras nuestras piernas se cruzaban. Mis pechos se aplastaban contra los de ella y nuestros pubis se rozaban, de pronto noté una mano que bajaba hasta por mi vientre.

    – ¿Ahora qué quieres?

    – ¿Puedo Ama? Tengo muchas ganas… por favor… Ama.

    – Bien puedes.

    En seguida noté sus dedos jugando con mi clítoris, lo cual hizo que inconscientemente se me arqueara la espalda. Sus manos me empujaron hasta tumbarme boca arriba. Sus labios se deslizaron por mi cuerpo, deteniéndose en mis pechos mordisqueándolos y lamiéndolos por turnos. Tras un rato llevó su boca a mi pubis y lo beso, para después meter la lengua y lamerle el clítoris. No sabría describir la forma en que lo hacía pero me estaba volviendo loca, en algún momento sentía pequeñas punzadas que mezclaban una subida de la intensidad del placer, me lo mordía.

    – Para puta. Lo haces muy bien, eres una guarra de primera. Pero quiero un sesenta y nueve.

    – Si Ama -Nos movimos sobre la cama hasta quedar ella debajo y yo encima, la cara de cada una contra el coño de la otra.

    Empezamos a comernos mutuamente. Yo estaba desesperada por correrme y porque se corriera y creo que ella también, porque cada vez nos lamíamos con más pasión, con más velocidad y con más fuerza. Introduje mis dedos en ella y comencé a follarla con fuerza a lo cual ella correspondió haciendo lo mismo. Mi boca la devoraba y mis dedos se movían rápidamente, cuando de repente noté que un dedo húmedo rozaba mi ano. Un escalofrío me recorrió cuando noté que me penetraba con él. Comenzó a moverlo al tiempo que me follaba con la otra mano y me lamía el clítoris con su lengua. El orgasmo me sobrevino llenando de convulsiones mi cuerpo y haciendo que mis movimientos para con ella se hicieran más salvajes y provocaran el inicio del suyo. Fueron sus gemidos los que más llenaron la habitación. Hasta que por fin llegó la calma y la relajación total. No sé el espacio de tiempo que pasamos acurrucadas la una en los brazos de la otra.

    – ¿Cómo estás? -Susurré, apoyando mi frente contra la suya. Cerró los ojos y suspiró.

    – Me siento bien. Pero… ¿crudo tal vez? No sé -Me besó suavemente y se quedó allí, respirando conmigo.

    – Exacto, eres mía, aunque a veces me asusta, cuando disfruto al ser tu dueña.

    – Pero me hiciste sentir increíble.

    Me tranquilizó. La sostuve contra mi pecho, con los brazos envueltos alrededor de su cabeza. Ella gimió y se aferró a mi cintura. Nos quedamos así, en silencio. Fuera en la calle llovía intensamente, lejos el sonido de la tormenta.

    – Puedo pedirte un favor Marta.

    – Pídeme lo que quieras, soy tuya.

    – Muy apretado -Mientras ajustaba el arnés alrededor de su cintura.

    – No, está bien.

    – Estás lista, Marta.

    – Si, Noa.

    – Fóllame.

     

  • Memorias inolvidables (cap 19): Los 30 días antes de la fuga

    Memorias inolvidables (cap 19): Los 30 días antes de la fuga

    Hacía tiempo que Miguel escribía su diario. Generalmente era sucinto, pero desde la muerte de Sebastián comenzó a multiplicar las líneas. Este es el resultado que consta en su diario, que me entregó él mismo para que supiera su vida anterior. He escogido solamente los últimos 30 días, omitiendo aquello que no tiene trascendencia, ya que algunos días escribe tres o cuatro páginas contando minuciosamente todo lo acontecido.

    **********

    23 de mayo (miércoles)

    Hoy he discutido con mis padres. Aguardaron que mis hermanos se fueran para llamarme a capítulo. Mi padre me dijo que tenía que tomarme la vida en serio. Mi madre que tenía que dejar de ser marica. Les pregunté si tomarse la vida en serio era ser hipócrita y ocultar lo que en realidad yo era. Solo me contestaron que era un desvergonzado, que ni con sicólogo había conseguido corregirme. La discusión fue larga, pero de lo mismo no salíamos. Solo que mi madre cada vez gritaba más, mi padre repetía lo mismo: que la vida hay que tomarla en serio y yo estaba como un alocado, unas veces contestaba, otras callaba, otras tapaba mi cara con mis manos. En realidad no entendía a mis padres, sigo sin entenderlos. Llegó Facundino y me salvó la vida. Todo volvió a la falsa normalidad.

    24 de mayo (jueves)

    Después del triple fracaso de ayer me he ido al sauna para buscar aquel chico que me gustó y pensar en él me consuela en mi tristeza.

    He pasado mala noche. Me sonaban por mi cabeza los gritos de mi madre y las monótonas palabras de mi padre. Los tres fracasamos. Mi padre no salía de su razón fundamental, «tomarse la vida en serio», como si ser gay fuese tomarse la vida como una broma. Si yo quisiera hacer lo que mi padre desea podría hacerlo tranquilamente, todos hay que lo hacen y hasta pienso que hacen bien para sí, aunque no deja de ser una hipocresía más. Yo podría decir, «Vale, papá, me has convencido, me tomo la vida en serio», luego disimularía mi orientación, es decir, volver a meterme en el closet. Mis padres me comprarían un coche, yo podría ir por la noche a discotecas gay entras poblaciones que no me conoce nadie, follar en un hotel con quien me dé la gana, buscar una chica con quien sufrir una temporada, incluso casarme y cuando ya me valga por mi mismo, mandar todo a la porra, desgraciar a la chica, y si por debilidad hay algún hijo, abandonar a todo el mundo que no quiera admitirme por mi orientación y acabar siendo un puto desgraciado.

    La verdad es que lo único que quiero es ser yo mismo, ahora y después y siempre y no engañar a nadie.

    Mi padre fracasó conmigo y yo he fracasado con mi padre. El tercer fracaso es el de mi madre. Sus gritos solo molestaron mis oídos. Cuando calló al llegar Facundino me alivié, creo que mi padre también se alivió.

    25 de mayo (viernes)

    Mi madre no se cansa. Cada día me suelta un sermón. Hoy ha sido horrible. Me ha dicho que voy por mal camino y que me iré al infierno. Creo que sido desafortunado en mi respuesta:

    «Mira, pues, que bien; a mí que me gusta estar caliente siempre, el infierno quizá sea lo mejor».

    Mi madre no suele entender los dobles sentidos de las cosas. Me ha contado Mercedes que estaba ayudando a mi madre en la cocina que, cuando entró mi padre para prepararse un vermut, mi madre repitió mi respuesta quejándose de tener un hijo tan pecador que prefiere el infierno. La reacción de mi padre ha sido escandalosa, se le ha caído la copa que llevaba en su mano del golpe de risa que le ha dado.

    Mi madre se ha quejado de la risa de mi padre y él le ha contestado: «Eloisita, yo me he calentado muchas veces en mi vida y me he metido en el infierno siempre, que es donde mejor se está, ahí siempre te callabas».

    Para mi madre como si hubiese dicho rositas blancas.

    26 de mayo (sábado)

    De nuevo he ido al sauna. No encuentro a ese chico. He cambiado de horas, he ido dos horas antes y me he quedado hasta la medianoche. Pero él no ha llegado.

    Lo peor es que estás allí y por una parte te tientan y por la otra te entran ganas. De piedra no soy. Y el refrán dice: “tantas veces va el cántaro a la fuente, que al final se rompe”. Yo soy el cántaro, la disco es la fuente, y al final me rompo. Y me rompí.

    Estaba en la sauna de vapor. Llevaba ya casi una hora y ya me faltaba algo. Casi que me había dormido. Estaba con la toalla doblada sobre el escalón arrimado al rincón, mi espalda contra la madera del respaldo pero mi hombro y mi cabeza en la esquina arrimados como quien está cansado y dormitando. Por mi cabeza rondaban las cosas de mi casa que me hacían sufrir. De pronto se abre abruptamente la puerta y me asusto. Miro y han entrado dos chicos, había un viejo en las gradas de enfrente, y una pareja de mayores toqueteándose en la parte opuesta a la mía. Me han mirado. Se han sentado en la grada inferior a la mía, justo delante. Se han puesto a mirar a la pareja que jugaban a tocarse y no sé qué más harían. Se han sentido aludidos y se han ido. A la vista de esto, el viejo, por temor o por sentirse aludido se ha ido igualmente. Yo lo estaba dudando, pero ellos se volvieron hacia mí y me sonrieron.

    — ¿Quieres?, dijo uno de ellos descaradamente.

    El otro me decía que sí con la cabeza y sonriendo.

    — ¿Qué os gustaría hacer?, —pregunté.

    — Si quieres lo hacemos, y se levantó a sentarse a mi lado.

    Se había sentado directamente sobre la madera sin subirse la toalla. Le indiqué al otro que se la diera y lo hizo, se sentó más arrimado.

    — Vas bien armado, —dijo.

    El otro se levantó toalla en mano, la acomodó frente a mí en la grada de abajo y se puso de rodillas, miró mi polla y dijo:

    — Eso son 19 por lo menos.

    — 19 con 6, —respondí formal y serio.

    — Nos ganas a los dos y me gustaría probarla, —dijo el que estaba delante.

    — ¿Cómo?, —pregunté.

    — No te hagas de rogar…, —replicó.

    — No me hago de rogar, —pruébala.

    — Y yo ¿qué?,— dijo el otro.

    — Me pongo de costado, me comes el culo para prepararlo y luego me metes la tuya, mientras este me la mama y luego me lo cojo.

    — Eres firme, —dijo el que estaba a mi lado.

    Ya no hubo más palabras en todo el tiempo. Me tumbé sobre la toalla de costado mirando al que me la mamaba y el otro se puso detrás. Me hicieron delirar. El que me la chupaba, era vulgar, de vez en cuando notaba una dentellada, pero no hice caso. Lo que él deseaba es que se me levantara a tope y lo consiguió pronto. De vez en cuando se metía sus dedos en el culo. El otro lo tenía entre mi cuerpo y la pared y me estaba comiendo magistralmente el culo.

    Cuando el primero se cansó de mamarme la polla se me puso delante con el culo a mi vista. Mojé un dedo con mi saliva, lo metí en su culo, gimió, pero entró fácilmente. Le indiqué que se acomodara con las manos en la pared y me levanté para meterle polla en su culo, lo hice lentamente. A continuación el otro me la metió a mí y ya estaba el tren formado. Iniciamos acompasadamente el cha cha cha y la verdad que lo gocé, el primero gemía, yo suspiraba y el que estaba detrás de mí berreaba. Noté que la puerta se abrió un par de veces y se volvió a cerrar. Se iban y nos lo dejaron todo para nosotros. Allí nos descargamos la mugre que llevábamos dentro. Parece que ellos estaban también enfurecidos con el mundo. Me puse encima de la toalla para no tirar la leche al suelo. Nos sentamos, no nos dijimos nada, solo escuché que dijo el que me había follado:

    — Me toca.

    Ya teníamos las pollas endurecidas porque nos las estuvimos manoseando. Hicimos lo mismo, yo en el centro follándome al que antes me había follado a mí y me la metió y entró fácilmente. El otro me dio rabiosamente por el culo. Los tres estábamos muy abiertos de culo y totalmente dispuestos. Al acabar los tres, me dejaron sentado y se fueron. Solo me dieron un beso cada uno al irse, pero no dijeron nada. Me parecieron raros. Pero también pensé que habían hecho lo que buscaban.

    Yo seguí allí, entre mis cejas estaba el rostro de aquel chico que tanto deseaba y miraba a la puerta cuando veía una sombra. Miraba fijo y cada vez tenía que concluir que no era él. A medianoche pasada me salí del vapor. Ya llevaba horas allí y me notaba algo molesto y sediento. Dejé la toalla sucia y al salir recogí otra para entrar en el bar a tomar algo antes de regresar a casa. Pedí un gyntonic y un agua con gas. Me tomé el agua para poder saborear luego el gyntonic. A la media hora me estaba duchando y en la máquina de la salida y saqué un agua para beberla regresando a casa. El próximo sábado iré más tarde porque los sábados cierran casi a las 4 de la mañana.

    27 de mayo (domingo)

    No quiero echar más culpas a nadie, solo quisiera que me dejaran tranquilo, pero insisten y me quieren hacer capitular. Estos esfuerzos debieran haberlos hecho hace diez o doce años en mi despertar sexual, cuando para mí era un problema que no me dejaba dormir eso de que me gustaran los niños. Entonces besaba a los niños y todos decían: “Qué niño más lindo y educado”. Después me gustaba ver la pichula de los niños cuando íbamos a orinar y ya no decía nada, era ya mayorcito, luego no salía con chicas y eso que tenía amigas, pero eran de conversar y solo salía con amigos para bañarnos, hacer deporte, es decir esas cosas en las que de alguna manera podía observar culos y alguna polla. Lo referí en mi casa y me dijeron: «Eso es cosa de la edad y se pasa pronto». Fue mi padre y mi madre aseveraba como una abobada. Luego mis hermanos me decían marica, maricón…, lo decían sin ira, les contaba a mis padres y me decían: «No los hagas caso». No hice caso siguiendo el consejo. Más tarde sentí que las cosas se me agravaban, ya no sabía a quien decir y luego supe que yo soy homosexual y no puedo ser de otra manera, entonces salí del closet y se armó la de san Quintín y me han hecho pasar las de san Amaro.

    No quería o no buscaba que me sanaran mi mal o que me tranquilizaran, pretendía que me aconsejaran cómo actuar, pero no le dieron importancia hasta que no me declaré homosexual. Luego fueron remedios falsos que no sirven para orientar adecuadamente la vida de un adolescente.

    Solo me quejo de que me sentencien sin buen juicio y sin escucharme; tampoco me gusta ser yo el único culpable. Si lo hubieran considerado importante cuando preguntaba de pequeño y en mi primera adolescencia, se hubieran enterado de la verdad. Algo me transmitieron ellos que no fue lo que elegí, ¿por qué tenía que elegir yo sufrir desprecios y desconsideraciones, sobre todo de las personas que yo pensaba que me querían?

    Lo de mis hermanos para conmigo se arregló pronto y se hicieron más cariñosos conmigo, al menos comprensivos. Mi hermana Mercedes me ha encontrado triste y me ha pedido que le acompañe a la Iglesia. Ya me aburre todo, pero si me lo pide Mercedes ¿qué le voy a hacer sino acompañarla? Me he vestido guapo, porque ella siempre va bien chula. Me ha cogido del brazo como si fuera su novio y nos hemos sentado en un banco como es costumbre de ella. La misa ha sido como siempre, pero el cura ha dicho que «no juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados», luego ha dicho que nunca sabemos por qué las otras personas actúan de una manera determinada y les debemos respeto aunque no comprendamos. Vaya que eso me ha gustado e iba al clavo de lo que me pasaba.

    Al salir le he preguntado a mi hermana Mercedes si había entendido, y me ha dicho con claridad que es lo que no hacen mis padres conmigo. Hubiese querido hablar con el cura, pero no me he atrevido, ¿qué podría decirme? No lo sé, pero en coherencia adiviné la respuesta que les daría a mis padres: que me dejen tranquilo. Pero que va, cada día que pasaba era peor.

    28 de mayo (lunes)

    Está haciendo ya un calor de mierda. Lo único que da gusto es quitarme toda la ropa y meterme en el agua. La piscina municipal no permite que nos desnudemos del todo para bañarnos. Ni siquiera los niños. Yo suelo usar un bañador tipo speedo de 4 cms. de lateral, pocas veces uso en la piscina mi Brave Person de 1 cm. de lateral, porque me deja muy marcada la polla y me llamaron la atención una vez. También me llamaron la atención cuando utilicé uno de 4 cms. en azul muy claro. Me dijeron que transparentaba demasiado. Así que me compré uno de azul oscuro y sé que luzco bulto, pero que se fastidien. Suelo ir a la piscina casi a diario; en el mes de mayo voy por la tarde, ya en julio iré por la mañana que hay menos gente a ver si me dejan tranquilo.

    También se metió mi padre con mi bañador, porque le había dicho mi madre no sé qué cosas que decía la gente. Sé que mis hermanos usan lo mismo que yo y otros muchos, porque les he dado la tienda online donde los he comprado, pero se meten conmigo, antes por mi pene que se marca mucho y ahora por no sé que cosas, porque nadie las aclara. Tengo ganas que Mercedes quede libre de sus tareas universitarias y podamos irnos a la playa, allí nadie me dice nada y este año, ya se lo he dicho a ella, iremos a la playa nudista. Ella está de acuerdo.

    29 de mayo (martes)

    ¡Qué aburrimiento de madre que tengo! A estas alturas me pregunta si sigo yendo al sicólogo. Sabe que no, porque no le pido dinero para las consultas. Qué empeño en perseguirme, peor que la Gestapo de Hitler. Un día voy a tener que amenazarla con denunciarle por acoso. No sé si tendré valor de hacerlo, pero me gustaría.

    30 de mayo (miércoles)

    Esta mañana ha concluido sus clases el profesor de Ecología. Me atreví a hablar con él porque en sus clases era muy claro. Le dije que yo era homosexual, pero no sabía si eso era una enfermedad, una cosa propia de mi naturaleza o un asunto de mala o inadecuada educación. La respuesta fue luminosa:

    «La homosexualidad no es una enfermedad en ninguno de los casos. No es tampoco una opción a no ser que uno esté loco y quiera ser un incomprendido en este mundo. La educación podría afectar algo, pero jamás es la causa. Si una persona es homosexual, una educación afeminada podrá hacerlo un homosexual afeminado o hacerle pensar como medio hombre, pero todo esto es en realidad falso. La homosexualidad es una orientación que se ha dado en nuestra naturaleza. Son orientaciones sexuales la heterosexualidad, la homosexualidad, la bisexualidad, la transexualidad y muchas maneras de ser que se van y se irán descubriendo. Nunca ha interesado este estudio, se ha dado por hecho que todo lo que está fuera de la heterosexualidad es deformación, enfermedad o transgresión social. Gran error. La naturaleza presenta estas diferencias y se dan en las personas. Lo mejor es no hacer caso a lo que dicen y seguir viviendo tranquilamente y pacíficamente como se es. Si haces caso a las opiniones de la gente es probable que enfermes o te suicides. No seas tonto y haz tu vida aceptándote como eres».

    Se extendió más, pero para mí era suficiente. Como profesor lo había visto ecuánime y enterado de todo, sabía lo que se llevaba entre manos. Seguí sus consejos.

    31 de mayo (jueves)

    No ha pasado nada extraordinario. Clases normales, un examen y a casa a estudiar para el examen de mañana. A estas horas estoy cansado. Me voy a acostar ya.

    1 de junio (viernes)

    Hoy ha sido una sorpresa el examen. El profesor estaba por peteneras. No quiero decir que me ha ido mal. Creo que me ha ido bien, porque las preguntas eran de sentido común. Con lo difícil que ha hecho la asignatura durante todo el curso, el examen ha sido como agua refrescante de la ducha.

    Hoy en la tarde no he salido, he parado por casa desde después de comer. Me ha pedido Mercedes que salga a pasear con ella y con Rosario, las chicas lo necesitan, necesitan compañías y los hermanos no las cuidamos. Me dediqué a ellas y estoy contento por eso.

    3 de junio (domingo)

    Ayer sábado, Rosario se fue a casa de una amiga y allí permanecerá hasta esta noche. Mercedes se ha quedado a pintar. Es buena chica, pinta mal, pero es su afición y la respeto. Pero nunca le digo que pinta bien, siempre le digo que su estilo es muy suyo, que es como no decir nada.

    Yo me fui ayer en la tarde otra vez al sauna a buscar el chico que me hace cosquillas en el estómago y que no lo encuentro nunca. Pienso que si no cejo en mi empeño un día aparecerá. Lo malo es que siempre hay quien quiere marcha y me resulta difícil evitarlo. Y eso me pasó.

    Entró un tío grande envuelto en la toalla y se sentó no lejos de mí. Se sentó sin desenvolver la toalla. No apoyaba su espalda en la pared. Me miró un par de veces por varios segundos, las otras miradas fueron muy rápidas y yo lo observaba por el rabillo del ojo, pero las dos más largas también lo miré. Dicen que a la tercera es la vencida y me miró y lo miré fijo y le dije: «¿Sí?» y ya no le quité la vista de encima, aunque de él se podrían hacer por lo menos tres personas como yo, porque estaba fornido, grande, grueso que no gordo, porque tenía el vientre plano pero me lo imaginé encima de mí y yo derritiéndome de la presión de su peso. Me gustó cada vez que me miraba y me quedé mirándole hasta que me volviera a mirar. Lo hizo y me dijo con una voz muy fina, nada que ver con la forma de su cuerpo: «¿Lo hacemos?». Le contesté: «Ganas tengo».

    Se levantó, se me arrimó, olí su cuerpo, me gustó su olor fuerte, tanto que se distinguía incluso dentro de la sauna. Se quitó la toalla y la soltó sobre el escalón a mi lado. Miré su polla, magnífica, al menos 24 cms., gruesa, muy gruesa. Detrás una bolsa grande que sobresalía a la polla. Me gustó también. Entonces hice lo que él esperaba, tomé cada cosa con una mano y mientras acariciaba sus huevos gordos, fui acercando mi cara a aquella polla. Sentado al borde de la ancha grada me la metí en la boca y le di mi mamada larga como la sé hacer, hasta que de tanto acariciar sus bolas y pasarle la lengua por el frenillo se vino dentro de mi boca. No le di tiempo a que me la metiera dentro de mi garganta. Se sonrió y se sentó a mi lado. Me besó y buscaba su semen en mi boca, solo pudo encontrar su sabor, no más, ya lo había convertido en mi propiedad.

    «¿Te ha gustado?», me preguntó. «Sí, mucho», le contesté. «¿Quieres más?», insistió. «Sí, por el culo», le dije. «¿Quieres que te folle?», preguntó. «Sí, me encantaría», le dije poniéndole la mano sobre su cintura. Y dijo: «Pero me prometes que luego te toca a ti, que mi culo es muy apretado y tu polla es la adecuada». «Por supuesto, lo haré», acaté con deseo.

    Fue decirle esto y me tiró sobre el escalón, me levantó de la cintura para que le diera mi culo y mis hombros quedaron sobre la madera y mi cara también, de modo que podía ver lo que hizo. Nada, no hizo nada, sino escupir sobre mi culo unos cuatro sopapos que noté abundantes en saliva y me la metió de golpe. Grité y le dije: «Suave». Desde este momento actuó como caballero. Y folló mi culo con ganas y me iba dando placer por cada vez que metía su polla hasta el fondo y descargó toda su lefa en mi vientre. Me derrumbé sobre el escalón y el tío se derrumbó encima de mí. Ahora sí pensaba que me iba a derretir; me sentía aplastado por su peso.

    Al poco tiempo me dijo que antes de seguir me invitaba a una copa en el bar. Al entrar otro oso le dijo: «¿Dónde encontraste esto?». Respondió: «Ahí, en el vapor, y la mama bien, ¿sabes?». Le dijo el otro: «Y yo ¿qué?». «Tú esperas, que le debo una», respondió.

    Tomé un whisky y el tío se zampó con su amigo dos copas de ron en seco y de inmediato salimos los dos para ir a una cabina, el otro, su amigo, nos siguió. Cuando nos dispusimos, el tío se agarró de la pared y suerte que, teniendo un cuerpo tan grande, las nalgas eran una mierdecita y pude meterle mi polla. Sí, es cierto que su culo es apretado. Pero recordé lo que él me hizo y escupí igualmente abundante sobre su culo y presioné fuerte hasta que entró. Me dolió tanto el tirón que noté cuando entró mi polla por su culo que pensé que me había desgarrado el prepucio al descapullar el glande. Su amigo lo agarró, lo agachó más para ayudarme y le puso la polla en la boca para que se la mamara. Luego, su amigo el convidado, por encima de la espalda del que yo follaba, me besó y probé el sabor fuerte de caña, el ron que se le había quedado en la boca y resultaba sabroso. Eso me ayudó a eyacular y lo hicimos a la vez volviendo loco a mi compañero. Creo que los tres nos volvimos locos al final porque nos pusimos a cien y nuestros movimientos eran muy acelerados. Nos sentamos a descansar y quedaron ellos dos juntos, porque yo me metí en el rincón mirándolos y no les importó. Se follaron los dos y cuando acabaron, se me juntaron para saber mi parecer y me pillaron masturbándome. Ambos se agacharon a mamármela y me ayudaron a eyacular. Nada se desperdició. Golosas sus bocas que se hubieran comido mis bolas si me despisto.

    Salimos los tres a las duchas y nos vestimos. Juntos salimos a la calle y nada, como si fuéramos las personas más formales del mundo, ellos hablaban de sus negocios y yo escuchaba. Fue lo más grato y extraño que me había pasado hasta ese momento.

    Tarde estoy escribiendo esto. Son las 3:37 ya pasado el domingo.

    4 de junio (lunes)

    Hoy no tenía otra cosa más que estudiar, me levanté tarde, pero he estudiado toda la tarde y parte de la noche.

    5 de junio (martes)

    Hoy he sufrido otro examen. He acabado exhausto, me consta que me ha ido bien. Pero estoy para meterme en las cama. Me he ido al baño después de comer y me he masturbado para poder dormir un rato. Me levanté a estudiar, para el examen de mañana.

    6 de junio (miércoles)

    Éxito en mi penúltimo examen. De este profesor uno no se puede fiar, o lo tienes muy bien o lo tienes muy mal, no le valen las medias tintas. Pero lo tenía preparado de todo el curso, ayer hice un repaso y puedo decir que lo he hecho muy bien. El último examen será el lunes 11 de junio, a las 10 de la mañana. Hay tiempo para prepararlo.

    7 de junio (jueves)

    Otra vez la misma monserga. Mi madre no se cansa. Viene a decirme que si ya he decidido dejar de ser gay. Es la primera vez que pronuncia esta palabra, antes era maricón o marica. Me parece que voy ganando terreno o es que se quiere congraciar para que le diga que no soy gay. Le he dicho muy educadamente: «Mamá me falta un examen difícil, es el lunes, deja que lo haga y luego hablamos, pero no me vengas con la misma historia siempre porque me impides estudiar con tranquilidad». Se fue refunfuñando, pero no supe lo que decía ni pensaba.

    8 de junio (viernes)

    Hoy me he levantado a las 6 de la mañana. Me he duchado, allí me he masturbado bajo el agua. Me he ido a desayunar. Como todavía no se había levantado nadie, he acabado pronto. He dejado los vasos en la pila, para que sepan que ya he desayunado y no me moleste nadie. Antes de las 8 ya estaba estudiando y me he levantado al cuarto para las dos. He ido al comedor, me he tomado una cerveza y he esperado que vinieran a comer los demás.

    Después me he ido de nuevo a estudiar, dos veces más me he masturbado esta tarde, pero a las 9 de la tarde-noche, ya me lo había repasado todo y lo dominaba. Me queda mañana en la mañana y domingo para darle un postrer repaso.

    9 de junio (sábado)

    Después de estudiar toda la mañana, he ido al comedor y hemos departido todos los hermanos con buena onda. Al que me levantaba, ha intentado mi madre hablar conmigo. Me he tapado los oídos y me he salido del comedor. No sé que decía mi padre. No he escuchado a nadie y me he ido en bicicleta hasta la playa. No iba a bañarme pero me han entrado ganas porque el mar estaba buenísimo. He ido unos metros adelante donde empieza la nudista. Y me he metido en el agua desnudo, he nadado, y me he secado al sol, sentado sobre la bici. Me he vestido y de regreso a casa para arreglarme un poco e ir a la sauna a buscar al chico. Me llevado de nuevo un fuerte fracaso. Me he cansado y me he regresado a casa.

    ¿Dónde encontraré a ese chico guapo, con quien tan bien me lo pasé? Me estaba desanimando, pero en plenos exámenes no puedo venir otra vez mañana.

    10 de junio (domingo)

    Hoy ha comido en casa el chico que pudo ser mi cuñado, era amigo de Mercedes y todos pensábamos que acabarían siendo novios, pero antes de iniciar el noviazgo, el chico se fue al seminario y va para cura, no sé que cosa le han hecho que sin ser cura viste de cura. Pero eso quiere decir que está próximo. Me lo ha explicado Mercedes cuando me ha pedido que la acompañe a misa a buscar a Ovidio. Durante la misa, lo he visto ayudando vestido casi como un cura. Mi hermana me ha dicho que el próximo año lo será. Al acabar la misa y quitarse los ropajes ha venido donde nosotros y mi hermana muy reverenciosa lo ha saludado y él le ha dado dos besos. Luego me ha saludado igual con un abrazo y dos besos, diciendo: «Somos hermanos».

    En casa, mi hermana me ha pedido una camiseta de las mías para que se la pusiera Ovidio, porque de negro estaría muy molesto. Le ha bromeado y le he sacado una que tiene como dibujo la viñeta de una polla frente a un culo. Me ha protestado, me he reído y le he dado otra, blanca, muy fresquita y sin inscripciones.

    Ovidio nos ha contado de su último viaje a Roma y luego a Londres a una misión. Mi hermana estaba encandilada con él y yo pensando qué buena pareja hubieran hecho.

    11 de junio (lunes)

    Por fin he acabado con todos los exámenes. Después de comer me he encerrado en mi habitación para dormir, me he despertado a las ocho para ducharme y cenar. En todo el mes es el primer día que me pongo a ver la televisión en casa junto con todos. A mi lado se han sentado las dos chicas, Mercedes y Rosario. Luego hemos salido todos los hermanos y solo los hermanos a dar un paseo para tomar algo en una terraza. Mi madre ha protestado porque no podía salir a esas horas y Facundino le ha contestado: «Mamá, no queremos que vengas con nosotros, que vamos a contar chistes verdes». Todos nos hemos reído, pero mi madre ha gritado: «¡¡Cochino!!».

    12 de junio (martes)

    Le he dicho a Eleuterio si se venía a la nudista en bici. Me ha respondido que no podía, que él no ha acabado los exámenes. Lo ha escuchado Facundino y se queda mirándome. «Te lo iba a proponer también a ti», le dije. Corriendo se ha ido a ponerse su short y le he dicho gritando: «Coge tu mochila con tu pareo que yo llevo el mío».

    Hemos nadado. Mi hermano como va con frecuencia con sus amigos a la playa tiene marca de sol y el culo blanco. Hoy le he embadurnado de bronceador el culo como cuatro veces para que se le ponga algo más moreno. Noto que a Facundino le gusta cuando le toco el culo al ponerle bronceador y se empalma hasta ponerle buena erección. Pero eso no significa otra cosa, pienso yo, sino que solo responde a la sensación del tacto.

    13 de junio (miércoles)

    Hoy me ha pillado mi madre por delante. Estaba esperándome. Me ha soltado un sermón sobre el cielo y el infierno y me ha dicho que yo iría al infierno. Solo le he contestado que con ella al lado ya estoy en el infierno. No he cenado, ni hambre tengo. Me voy a dormir. Cada vez que mi madre me sale con sus peteneras, viene una cadena de masturbaciones no pensadas, es propio de mi nerviosismo, pero si alguien ha de ir al infierno que sea ella. Se lo merece más que nadie.

    14 de junio (jueves)

    Hoy he madrugado temprano y me he ido a la playa sin decir nada a nadie. Me he comprado un bocadillo.

    He llegado muy tarde a casa. Solo Facundino ha podido verme, porque he entrado a su habitación para que mañana no me molestara nadie.

    15 de junio (viernes)

    Facundino me ha traído el desayuno y Mercedes la comida. Mi padre ha venido a verme y me ha dicho que fuera a cenar al comedor. He obedecido. Las cosas van muy mal.

    16 de junio (sábado)

    Invité a Facundino para que me acompañara a la sauna. Como siempre a buscar de nuevo al chico que tenía entre cejas. Se lo expliqué y le hizo ilusión acompañarme. Le había dicho que, si yo iba solo, me vería obligado a follar con otros y no me hacía eso. Lo comprendió, pero a la vez él sentía curiosidad porque había oído hablar de la sauna, pero nunca había estado. Yo le conté la verdad, se lo conté todo y se sintió contento y agradecido de mi confianza hacia él. Solo me hizo jurar que no diría a nadie que había venido conmigo. Lógicamente, se lo juré y le dije además que hay cosas en nuestra vida que solo importa a los que las hacemos o las vivimos y que si yo se las había contado es porque confiaba en él. Sí me puedo fiar totalmente de Facundino.

    Mientras íbamos hacia allí me contó que Rosario le había comentado que le gustaba mi polla porque es larga. Le dije que también me lo había dicho a mí. Luego añadió: «¿Sabes porque ha roto con todos sus novios?». «No, no lo sé», le respondí. «Dice ella, que no le van los hombres», dijo Facundino. «¿Qué?, ¿cómo lo sabe?», insistí muy extrañado. «No sé cómo lo sabe; tampoco yo sé cómo lo sé, pero me van los chicos, como a ti», respondió medio avergonzado. Solo pude exclamar «¡Pobre mamá!

    No encontramos a mi chico, tampoco apareció. Facundino me ha confesado que es virgen y vino para saber qué hacer. Me ha pedido que folle con él. Lo abracé y le dije que si persistía en su pensamiento que me lo dijera otra vez. Pero hoy no.

    17 de junio (domingo)

    Hoy, invitados por Eleuterio, hemos ido los cinco hermanos a la playa. Hemos ido en el coche de Eleuterio y nos ha llevado a la nudista. He llamado la atención en privado a Eleuterio y me ha dicho que lo había hablado con ellas y que estaban de acuerdo. Me ha dicho que ellas se bañarán en biquini, que iban a estrenar biquini nuevo y se apeaban definitivamente de los bañadores y que les había parecido bien venir aquí porque seguro que no conocerán a nadie y nadie podrá decir nada a nuestra madre. Me he callado y me he disculpado. Me ha puesto la mano en el cuello y me ha dicho: «No eres el único que sufre con mamá, a todos nos toca algo y las chicas ya están hartas, ellas también quieren escapar de su red». Entonces entendí que venir con sus hermanos a la nudista era como un desquite, por eso las había notado tan felices. La verdad es que recatada solo es Mercedes, aunque es la mejor de todos los hermanos; Rosario es más viva y ya va por el tercer novio que se deja plantado.

    Hemos pasado un día muy bueno. Rosario no se ha puesto el sujetador de su bikini. Nadie le hemos dicho nada, ni hemos manifestado sorpresa. Lo que me ha sorprendido es que una de las veces que yo entraba en el agua. Rosario se ha venido conmigo y me ha dicho: «De los tres hermanos, eres el que más larga y gruesa la tiene; yo he mandado a paseo a mis novios, porque tienen la pichula muy pichulina que casi no se ve. ¿Me dejas tocar la tuya?». «Tócala a tu gusto», le he dicho. Ha intentado masturbarla, pero Eleuterio venía hacia nosotros y lo ha dejado. Luego hemos nadado los tres. Rosario nada muy bien, parece un pez.

    18 de junio (lunes)

    Es la hora del desayuno. Estoy en el comedor. Intento desayunar en paz y en silencio. Se presenta mi madre que sale de la cocina. Están todos mis hermanos alrededor de la mesa sentados en sus respectivos sitios. Mi padre ha acabado su desayuno y contempla a sus hijos. Mi madre mira a mi padre y dice: «¿Qué miras tan feliz?». Mi padre contesta: «A mis hijos todos juntos, son mi alegría». Dice mi madre: «Vaya que sí, ¿qué alegría puede haber con la desgracia que nos ha correspondido tener?». «Esa cosa que está frente a ti, mira a tu hijo maricón, míralo», respondió mi madre.

    Dijo muy seria Mercedes: «Mamá, ¿por qué mortificas a Miguel de esa manera?, ¿no sabes que a la vez nos mortificas a todos nosotros?». Respondió mi madre: «¿A vosotros?, ¿es que sois también maricones? «Yo, sí, mamá, yo soy lesbiana», respondió Rosario. «Eso queda bien para las chicas jóvenes pero un buen hombre lo arregla todo», respondió mi madre.

    Se dirigió a mí con dedo amenazador: «Una semana tienes de tiempo, o dejas esas ideas tuyas de ser maricón o te vas de esta casa, hasta el sábado te doy de tiempo. Si no te corriges en esta semana, no te aguanto más, el domingo no quiero verte en en esta mi casa».

    Yo callé. Mi momento se me acerca. Eso lo tenía claro. Oigo a Mercedes que protesta: «Esta no es solo tu casa, mamá, es casa de papá, de todos nosotros, somos familia». «Tú, cállate, descarada, esta es mi casa, ¿entendido? ¡¡¡mi ca-sa!!!». «Pero, papá, di algo», dijo Mercedes. Mi papá lloraba callado, como un canalla que se había quitado los pantalones en favor de su mujer.

    Me he levantado y me he ido todo el día fuera. Cuando salía, oigo a Rosario que dice: «Si se suicida Miguel, tú serás la culpable y papá contigo; te denunciaré y testificaré contra ti».

    He regresado hoy muy tarde. En mi habitación me he encontrado un bocadillo y una gaseosa de medio litro. Como tenía hambre, me lo he comido y te escribo esto, diario mío, para que sufras conmigo.

    21 de junio (jueves)

    Los hermanos hemos ido otra vez a la playa juntos. Gracias a ellos he comido bien. Los dos días anteriores he comido lo que mis hermanas me dejan en mi dormitorio sin saberlo mi madre.

  • Fuerte olor a polla

    Fuerte olor a polla

    Txemi es un chico de 28 años, bastante delgado, que vino de prácticas donde trabajo. Al principio era bastante tímido pero con los días fuimos conectando hasta terminar hablando de nuestras intimidades y gustos sexuales.

    Me contó que tenía un problema que le acongojaba bastante y es que su polla olía bastante fuerte y eso, estaba convencido que ahuyentaba a las chicas. Yo, por mi parte le comenté que me gustaba estar atada en la cama o totalmente pasiva (inmóvil) y dejar mi cuerpo a disposición. Estas conversaciones fueron el catalizador para que hoy, Txemi y yo seamos pareja.

    Sobre su fuerte olor a polla, me comentó que lo vieron varios especialistas y que no tenía ninguna enfermedad o cosa rara, simplemente era una persona muy nerviosa que además sudaba mucho (cosa que comprobé por cómo quedaban las sábanas) por lo que el sudor dentro del prepucio quedaba condensado y eso provocaba tan fuerte olor. Además la polla de Txemi expulsaba bastante líquido pre seminal, lo cual potenciaba más el olor. Hay que decir que Txemi expulsa bastante de ese líquido (por lo que más tarde pude comprobar). Al final la cosa quedó en que tenía que lavarse tantas veces como fueran posibles al día.

    Referente a mi “quietud” sexual, Txemi me dijo que aunque había tenido muy pocas relaciones sexuales, si que le daba mucho morbo “usarme” a voluntad y quitarse así el estigma de haberse matado a pajas durante tantos años.

    Antes de acostarnos por primera vez, recuerdo que estábamos en la cafetería de un amigo (que solía “usarme” de vez en cuando con otros colegas que, dicho sea de paso, al estar atada y vendada, nunca supe quiénes eran. Pero de eso se trata, de sentir el temperamento de cada uno a la hora de penetrarme y sobre todo cuando se corren.

    En fin, ese día estábamos hablando de su fuerte olor a polla (se notaba que le atormentaba) y le dije que fuéramos al servicio y que ahí me dejase comprobar el olor. Entramos en el servicio de señoras y nos metimos a un reservado. Txemi se bajó los pantalones dejando ver un abultado paquete escondido en sus gayumbos con una tremenda mancha de líquido (pre seminal). Me puse de rodillas y efectivamente, al acercar la nariz, comenzó a entrar por mis fosas nasales un potente olor a polla. El olor era nuevo para mí y me excitó, tanto que de forma instintiva comencé a besarle y lamerle el bulto. Al mismo tiempo la mancha de líquido pre seminal comenzó a hacerse más y más grande. Literalmente era como si se estuviese meando dentro de sus gayumbos. Su verga comenzó a ponerse dura, entre beso y lametones, en los gayumbos comenzó a tomar forma una musculosa verga. No pude aguantar más y se los bajé. Ante mis ojos apareció una gruesa verga de cuya punta emanaba un constante y viscoso líquido.

    Realmente la verga de Txemi apestaba a polla, unida a esa constante fuente de líquido viscoso que salía del nabo, me invitaba a saborearlo. No pude contenerme y me metí toda aquella tranca en la boca. Se la chupé como nunca antes le había chupado la verga a nadie. Era un verdadero manjar llevarme a la boca aquella mezcla de olor y líquido pre seminal. Ambos sabores eran fuertes, penetrantes y hasta dominantes. Si, dominantes. Traté de aferrarme a sus nalgas pero por desgracia, Txemi estaba desculado. Se nota que lo que le faltaba de culo lo sustituía (y con creces) con su carnosa tranca.

    En ese preciso instante Txemi, sin saberlo se convirtió en mi Amo. Se la chupé con tal frenesí que Txemi me cogió de los pelos para dominar mi cabeza y hacer de mi boca una gruta donde poder meter y sacar su suculenta tranca. Literalmente me folló la boca y, sin miramiento alguno, comenzó a correrse. Los huevos de Txemi (que son gigantescos) comenzaron a echar una generosa cantidad de leche en cada pulsación. Eyaculó tal cantidad que lo único que pude hacer era tragar, respirar, tragar, respirar y tragar todo el semen que emanaba sin parar. En un momento pensé que se estaba meando dentro de mi boca pero no era así, sus eyaculaciones eran feroces. Cuando terminó me pidió disculpas, me dijo que perdió el control y se había dejado llevar por lo bien que se la había chupado.

    Entonces me puse de pie, y aun babeando semen por la boca le dije que precisamente ese era el tipo de hombre que yo buscaba, un macho que se dejase llevar por sus instintos más primarios y que ahora más que nunca estaba decidida a poner mi cuerpo a disposición. Posteriormente pude comprobar que el apetito sexual que en Txemi despertó era tanto o más que el mío.

    Al día siguiente quedamos en mi casa para follar. He de reconocer que en toda la noche no pude pegar ojo. Pensaba en su fuerte olor a polla, en su constante manantial de líquido pre seminal, en sus voluminosos huevos, en su rolliza verga, en ese abultado paquete, en la tremenda cantidad de semen que tragué. Hasta llegué a pensar que tragar tres veces al día todo aquel espeso y cuantioso semen sería más que suficiente para reemplazar las comidas. Vamos que en vez de vegetariana me convertiría en una “semen-tariana”… ja… ja.

    Al día siguiente, por la mañana en el trabajo Txemi metió algo en mi bolso. Al mirar dentro vi que eran sus gayumbos pero lo peor fue que de mi bolso comenzó a emanar un tremendo olor a polla. Joder, no pude resistirme y fui al servicio y sin pensarlo comencé a olisquear los gayumbos como si fuera una perra. Txemi sin saberlo estaba marcando territorio y yo con un instinto inusual comencé a lamer toda la mancha que estaba en la tela, una mezcla bastante suculenta de sudor de polla, sudor de testículos, abundante líquido pre seminal y restos de gotas de pis. ¡Osti!, sí que me di un buen atracón, vamos que dejé la tela de los gayumbos limpia y reluciente.

    Eso sí, cuando salí del servicio, de mi boca emanaba un tufillo a verga que lo notaron todos en el trabajo. Me miraban como un bicho raro. Txemi se reía y me decía, te lo dije, mi verga huele que alimenta. Le di un juego de llaves para que entrase al piso ya que no abriría al estar en la cama preparada.

    Llegada la noche, a la hora concertada, me tumbé en la cama. Me até las muñecas y los tobillos (ya tenía bastante práctica para hacerlo yo solita). El largo de las correas eran lo justo para que mi cuerpo quedase en forma de “X”. No me puse una venda, acostumbrada a no abrir “nunca” los ojos.

    Txemi llegó justo a la hora acordada. Entró, cerró la puerta con llave y se desvistió en el pasillo. Entró suavemente a la habitación y se quedó un rato mirándome. Yo no decía un “mu”. Estaba acostumbrada también a guardar un silencio sepulcral. Txemi subió a la cama. Pensaba que (como todos los chicos) me poseería al instante pero no. Se puso de pie y comencé a sentir su liquido pre seminal caer sobre mi pubis. Comencé a sentir cómo el pubis se estaba literalmente encharcando de su líquido. Luego comenzó a subir y su líquido caía ahora sobre mi ombligo. Luego sobre mis pechos. Cada pecho comenzó a ser anegado del constante líquido que emanaba de su polla. Luego lo dejó caer sobre mi cara, me dijo que abriera la boca y sacase la lengua. Obedecí y al momento sentí en la lengua el persistente líquido caer sobre ella e invadir mi boca. Tragué sorbo a sorbo aquel líquido sagrado.

    Sin previo aviso, Txemi se puso entre mis piernas para emplazarse encima de mí. Comenzó a rozar la punta de su nabo contra mi clítoris. Notaba poco rígido su nabo el cual comenzó a introducir en mi excitado y húmedo coño. Tal como imaginaba su nabo no estaba del todo duro. Más bien blandengue pero, cuando metió todo el trozo de carne dentro, comencé a sentir cómo su polla iba tomando volumen y dureza al punto de sentir que me estaba embutiendo. Dejó caer completamente su cuerpo encima del mío. En ese momento comencé a sentir sus embestidas. Al principio eran suaves y constantes. Txemi gemía en mi oreja de una manera que parecía más bien un gruñido. Su mano se aferró con fuerza a mi cuello, sometiendo finalmente todo mi cuerpo.

    La experiencia era alucinante, mientras me follaba, los gemidos de Txemi comenzaron a tornarse diferentes, como si se estuviese transformando en otra persona, al mismo tiempo sus embestidas habían alcanzado un ritmo frenético. Sus gruñidos se hicieron roncos, fuertes como el de un hombre de las cavernas y con la mano fuertemente aferrada en mi cuello, su verga me estaba embistiendo tan fuerte que literalmente estaba destrozando todo lo que encontraba dentro. Sus gemidos se hicieron tan penetrantes, como alaridos. Txemi se había convirtiendo en un auténtico hombre de Neandertal. Su cuerpo y alma vibraron al unísono, ya no era él, era un ser que había surgido de su interior. Y mi cuerpo era el vehículo que le permitió volver a sus orígenes más ancestrales, a la prehistoria. Mi Neandertal me follaba como la fiera en la que se acababa de convertir. No era violento pero sí que era una indómita bestia follándose a una hembra sin piedad, sólo para satisfacer sus instintos y reventando mis entrañas con su devastadora verga.

    Osti, eso sí que era sometimiento absoluto. Txemi se dejó llevar hasta los límites de su naturaleza animal y yo era ni más ni menos la hembra que le permitía sentirse él mismo, entre gruñido y alaridos, y una furiosa verga que arremetía sin parar dentro de mí. Fui poseída hasta el éxtasis. Entre tanto placer salvaje, mi Neandertal amante hundió la verga hasta el fondo y con unos desorbitados gemidos en mi oreja, comenzó a eyacular derramando ingentes cantidades de semen en mis entrañas. Descargaba tanto semen que parecía que se estaba meado dentro. Sus contracciones eran bestiales ya que las acompañaba con tremendos gemidos colmando a la vez mi útero con su torrencial semen mientras su cuerpo no paraba de convulsionarse.

    Literalmente perdí el sentido de mí misma. Me sentí “empalada” por su durísima y bestial verga. Ya no era yo, era otra cosa, un ser diferente, Txemi me hizo volver a mis orígenes más primitivos. MI espíritu era tan troglodita como el de Txemi. Poco a poco acabaron sus contracciones corporales, sus gemidos, sus eyaculaciones. Soltó mi cuello y ese fue el indicativo de que Txemi estaba volviendo a ser él, un hombre del siglo XXI. Comenzó a besarme con pasión mientras su cuerpo se relajaba y su verga, totalmente inmóvil y muy dentro, comenzó a perder grosor.

    Me besaba y besaba diciéndome lo mucho que agradecía la tremenda experiencia que acababa de experimentar. Se relajó tanto que se quedó dormido encima de mí. Menos mal que Txemi es escuálido y eso me ayudó a quedarme dormida con mi posición corporal en forma de “X”.

    Al día siguiente despertamos a la vez. Su verga ya no la tenía dentro pero las sábanas y hasta el colchón estaban encharcados de tanto semen y sudor. Nos volvimos a besar (yo estaba con los ojos cerrados) y entonces volví a sentir su verga introducirse en mi vagina. Estaba más dura que la noche anterior y me la clavó hasta el fondo. Mi cuerpo quedó tieso y comenzó a vibrar alocadamente a la vez que Txemi comenzó a embestirme sin miramientos. Vamos a lo bestia. Esta vez sus gemidos no fueron tan desgarradores pero sus embestidas sí que volvían a ser salvajes. Su verga arremetía contra mi útero como si quisiera pulverizarlo, joder Txemi, no pares nunca, me decía a mí misma, no pares te lo pido, te lo imploro, joder… Finalmente dejó caer su cuerpo encima del mío y comenzó a eyacular. Las pulsaciones de su dura verga eran colosales, sentía cada una de ellas a la vez que derramaba ingentes cantidades de semen.

    Terminó de convulsionarse y sus besos dejaban paso otra vez al Txemi cariñoso y tierno que es.

    Nos duchamos, cambié las sábanas y puse algunas toallas debajo. Txemi preparó el desayuno y entre arrumaco y arrumaco, se le volvió a poner dura. Le hice una buena mamada hasta que se corrió, tragándome toda su generosa leche. Le dije entonces que ya había desayunado. Desde ese día, desayuno su semen, como con su semen y ceno su semen. No necesito más alimento que ese y Txemi, bueno, Txemi ha convertido mi cuerpo en el santuario donde invocar al Neandertal que vive latente en él.

    Estoy convencida que su fuerte olor a polla es el olor de ese Neandertal en el que se convierte cada vez que me posee.