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  • La seducción de mi madre (Segunda parte)

    La seducción de mi madre (Segunda parte)

    Aquí cuento la segunda parte de la primera a la cual llamé ‘La infidelidad de mi madre’.

    Cuando llegué a casa, lo hice pensando decírselo todo a mi padre, pero al saludarlos no sé porque, simplemente no pude hacerlo, ella atendía en casa con toda naturalidad y siempre con una sonrisa que hacía pocos meses por primera vez se la había visto, se notaba que estaba feliz y eso creo que era gracias a las buenas cogidas que había empezado a darle el Víctor, quien por cierto tenía 34 años, su esposa Sandra tenía 30, él como parte de sus aficiones se dedicaba mucho a los deportes y también trabajaba como instructor en un gimnasio, por lo que tenía mucha resistencia, creo que era por eso que podía tener muy bien atendida a su mujer y ahora a mi madre.

    La tarde del día miércoles se acercó Sandra a visitar a casa, me saludó de lo más normal y se acercó a conversar con mi madre, estuvieron en la sala y un rato en la cocina conversando bastante en secreto, mi padre en sus cosas, arreglando el jardín en ese momento, al rato le dijo a mi padre que saldrían de compras, mi padre ni caso les hizo, al salir yo las seguí tomando un poco de distancia, fueron a un centro comercial, se estuvieron probando ropa, y al rato aparece Víctor, eso me alarmó, pero inmediatamente al verlo me vino una tremenda erección, las ganas de hacerle pelea de ese momento se transformaron en excitación.

    Se saludaron de lo más normal y después de unos minutos mi madre miró su reloj, miró a la pareja, hizo un ademan como de aceptación, sonrieron los tres y se subieron al coche de Víctor y se fueron. Tomé un taxi inmediatamente y le dije que los siguiera, pero a la distancia. Finalmente llegaron a la casa de Víctor y Sandra y entraron. Pasados unos minutos envié un mensaje de texto a Sandra diciéndole que sabía dónde estaban y que hacían, ella me respondió: Que pensaba hacer al respecto? Me dio una tremenda bronca, pero mi respuesta fue que no haría nada con la condición que me deje ver que pasa ahí dentro.

    Me llamó inmediatamente, se empezó a reír y me dijo, que me acerque y que me abriría la puerta, mi madre y Víctor ya estaban en su habitación. Una vez dentro nos pusimos a ver la TV de la sala la videocámara instalada en su habitación, los dos estaban completamente y se comían la boca textualmente, él bajó y puso su cabeza entre sus piernas y empezó una sesión de sexo oral, mientras masajeaba sus nalgas, a los minutos ella levanta el culo y le dice: ‘saca el dedo de allí’, él le había metido un dedo en el culo mientras le hacía sexo oral, y después de lo que le dijo mi madre se decidió a continuar, no haciéndole caso. Una vez más ella se movió como forcejeando, pero él seguía con los lengüetazos y entrando y saliendo con su dedo, no le sacaba la boca de la conchita y el dedo del culo. Ella empezaba a moverse aún más intentando quitar el dedo pero él era más fuerte y seguía con sus movimientos, ella a pesar que forcejeaba no dejaba de gemir cada vez más fuerte junto a sus movimientos, arriba, abajo y a los costados una y otra vez, de pronto ella da un pequeño grito y le dice ‘dos dedos no!! Maldito te dije que me lo saques’, pero él continuaba, estaba clara su intención, pensaba meterle la pinga por el culo ese día.

    Sandra me miraba y se sonreía, a su vez empezó masturbarse viendo las imágenes, yo estaba con una erección tremenda, me saqué la pinga y empecé a masturbarme.

    Después de varios minutos de estar forcejeando con Víctor, mi madre se cansó, se notaba su respiración agitada y dejo de forcejear, sus movimientos eran mucho menores, casi nulos, simplemente se dejaba hacer y balbuceaba un ligero ‘no no por favor’, pero él no hacia el más mínimo caso, ella simplemente estaba entregada a su merced. Yo veía el video y me excitaba aún más esperando el momento que iban a taladrar a mi progenitora por ese pequeño agujero que posiblemente estaba intacto a sus 40 años.

    De pronto ella empezó a gemir muy fuerte y a tener espasmos, estaba teniendo un orgasmo, el seguía con su juego y continuo cerca de 30 minutos más, ella tenía uno tras otro orgasmo, habré contado unos 6 desde que tuvo el primer orgasmo, su cara era un poema, de pronto el separo su boca de su concha, la miró a los ojos, ella estaba como poseída, lo miro, se mordió los labios y sin que él le diga nada se volteó y se puso en 4 patas con la mejilla en la sabana.

    Él sonrió con cara de lujuria y coloco la punta de la pinga en la entrada del orto de ella, le abrió las nalgas con ambas manos, le dijo ‘prepárate’, y empezó a empujar, los ojos de ella se abrieron más, se agarró de las barras de la cabecera y empezó a recibir todo el miembro, él seguía empujando, se notaba que el falo iba entrando lentamente de pronto vi unas lágrimas en su rostro de ella, era un rostro que más que placer expresaba dolor nuevamente, sentí bronca, me paré para intentar ir a la habitación, pero Sandra me agarró de la mano y me dijo que no vaya, que espere y que mire.

    Nuevamente desistí y mi excitación pudo más que mi rabia, volví a mirar la cámara y él ya la tenía ensartada completamente, su cara de ella daba contra la cabecera de la cama, aun sabiendo del dolor que tenía ella, sin ninguna piedad ni remordimiento él empezó a embestir una y otra vez contra su culo, la cara de ella golpeaba una y otra vez contra la cabecera, gritaba con desesperación, pero él no la soltaba y seguía el mete y saca, plop plop plop sonaba la cama contra la pared, con una mano ella intentó pararlo, pero de nada sirvió, siguió unos minutos cuando de pronto él empezó a respirar muy fuerte, se estaba viniendo dentro de su culo y empezaba a parar las embestidas.

    Pasados unos segundos él se retiró, ella se echó en la cama dándose vueltas y tratando de tocarse el culo con mucho dolor, él la miro, se rio y le dijo: ‘así que nunca te habían dado por atrás’ y se fue al baño. Después de unos segundos que se calmó ella, él regresó y ella le dijo que era una bestia, él se volvió a reír, lo maldijo una y otra vez.

    Yo pensé que con eso se terminaría todo entre ellos, sin embargo él se acercó y ella instintivamente lo besó, en ese momento se cortó la transmisión, al parecer la cámara tuvo un desperfecto, Sandra me dijo que no hagamos nada, solo esperemos y que si quería podía retirarme o nos acercábamos a escuchar lo que pasaba en la habitación, pero sin mirar ya que la puerta estaba cerrada. Acepté su propuesta, nos acercamos y solo escuchamos muchísimos gemidos y los movimientos de la cama contra la pared, estuvieron así unos 45 minutos más a una hora.

    Yo no me aguanté y me hice por segunda vez otra paja escuchando e imaginando lo que pasaba en ese cuarto, pero esta vez antes de terminar Sandra se dio cuenta y me dio una mamada, hizo que termine en su boca y se lo tragó todo, yo disfrute eso, me dijo que ese era mi premio por ser tan buen voyerista y consentidor.

    Al terminar me fui sigilosamente, después de una hora más ella llegó a mi casa, mi padre había salido a comprar, yo estaba en la sala, me saludó de lo más normal y subió las escaleras rumbo a su habitación, pude ver que su caminar era diferente, lo hacía más despacio y se notaba cierto cojeo. Yo no hice preguntas y la vi subir las escaleras apreciando ese hermoso culo y sus caderas que se contorneaban mientras subía, ese hermoso culo piel canela que acababa de ser estrenado hacía poco.

    Esta fue la segunda parte, en poco subo la tercera, si quieren contactarme, mi correo es [email protected].

  • Mario (03 de 22): Marcos mi primo

    Mario (03 de 22): Marcos mi primo

    En el autobús me senté con sumo cuidado, era festivo y había poca gente, tenía que esforzarme para que no se notara que andaba despatarrado, y sonreí como un tonto recordado aquella gorda serpiente que me invadió rompiéndome el culo para siempre.

    Ya no era virgen, no había sentido placer alguno por el hecho en si de la penetración, pero no iba a renunciar a seguir experimentando, ahora si que podría participar en los juegos de Miguel y mi primo, si me lo pedían, al final no había estado tan mal y lo que siguiera sería cada vez mejor, o eso decían. También podía buscarme un chico que me gustara, que fuera como Robert, y él era como su Padre, igual de machote, pero no era para mi.

    Tenía que ver a Miguel antes de volver a casa, para desahogarme de lo que había pasado, y quizá llorarle mis penas, pero tampoco podía hacerle esperar al abuelo demasiado, era mejor enfrentarlo cuanto antes.

    Con el enfado de Miguel y mi primo supuse que estaba en la casa de sus padres, debajo de la nuestra, así sería más fácil.

    Me abrió su padre, desgreñado y aún sin afeitar, ni me saludo y dejó la puerta abierta, supondría que quería ver a su hijo, un hombre amargado por tener un hijo mariconcito que además quería ser niña, y un amigo que no lo era menos. Y me encaminé a su cuarto, las casas eran gemelas y su habitación caía justo debajo de la mía, no podía perderme.

    La pobreza, sin llegar a la miseria, se apreciaba en aquella casa lo mismo que en la mía, por eso Migue no la soportaba, se encontraba mejor en la de mi primo.

    Estaba tirado sobre la cama, vestido con ropa ligera.

    -¿No me has oido llegar? -le preguntaba al sentarme a su lado.

    -Mejor es no verle si no es necesario. -se refería a su padre.

    -¿No te ha ido bien? -se levantó y se sentó a mi lado abrazándome por los hombros.

    -¡Oh, me duele todo Migue!

    -Pero puedes andar aunque sea como una vieja rompiendo aguas.

    -No seas grosero, ¿qué tiene que ver lo que dices con mi estado? -me abrazó más fuerte y me besó la cara.

    -¿Fue bueno, o un salvaje contigo?

    -Fue amable Migue, todo un caballero y me trató con paciencia pero todo lo he hecho mal, no quiere volver a repetir, mi abuelo me matará.

    Miguel me retiraba el pelo de la cara a la vez que pasaba la mano por mis mejillas.

    -Cuéntamelo, siempre hay una solución para todo. -las lagrimas comenzaron a resbalar por mi cara. Migue me acariciaba consolándome.

    -No llores más Marito, quisiera estar en tu lugar para que no sufrieras.

    -¡Migue! Nos abrazamos y empezamos a llorar los dos.

    -Eres mi mejor amigo Migue. -y lloramos un rato hasta que no tuvimos otra cosa que hacer que mirarnos.

    Le conté todo lo que pasó a la noche a mi amigo, todo absolutamente, con todo detalle, veía cómo se asombraba al referirle el tamaño de la verga de don Guillermo y algunas de las risas que le provoqué. Después de los lloros llegaron nuestras risas incontenibles, alegres, querido salir de nosotros para aliviarnos, con algunos pasajes que le parecían mágicos me mandaba repetirlo.

    -Pero que borrachín eres, una cerveza de un trago, no te creo.

    -¿Y se quedó con tus braguitas de recuerdo?

    -No me digas que no te cabía en la boca, si te comes entera la de Marcos.

    -¡Oh Dios mío!, ese hombre es como un borrico?

    Y así seguimos, con muchas, muchas risas y alguna que otra lágrima más.

    -Me ha dado un montón de dinero, ¡quinientos euros!, me compraré el móvil como él quiere, necesito que me lo guardes, si lo ve mi abuelo lo perderá en el juego.

    -Oye! ¿Y si me compro un consolador con lo que me sobre, en la tienda de la esquina de las revistas los venden a escondidas. -Migue se tapó la boca para que su padre no le escuchara la risa.

    -¿Y para qué quieres tu un consolador a estas alturas?

    -¡Para qué va a ser! para prepararme el culito, no quiero volver a sufrir de esta forma otra vez. Uno que tenga vibrador y se sienta bien, te lo puedo prestar para que tu lo pruebes.

    -Ni hablar Marito, prefiero los consoladores naturales y tú también, un consolador es lo que su nombre indica, la verga de un macho es lo mejor, se de chicos del instituto que correrían para meterte su verga.

    -No quiero eso Migue, esos muchachos son unos parraplas y luego todo lo cuentan para presumir. En esto mi abuelo tiene razón. No quiero terminar como mi madre, follando con todo hombre de la ciudad, al punto de no saber quién la preño y la hizo un hijo.

    -No Migue, no, sobre todo quiero estudiar, tener un buen trabajo donde me respeten, y ganarme la vida con mi esfuerzo; el culo se lo daré al quien yo quiera, a los hombres que me gusten o al que me enamore.

    -Mi abuelo es de la misma opinión, no quiere que caiga como mamá. -Migue me miraba, dejándome hablar sin intervenir hasta ahora.

    -Siempre estás con tu abuelo de aquí para allá, no se preocupa de ti, ¿no te das cuenta? el puto juego lo controla y a ti te utiliza, solo tiene esa chatarra de coche, y el piso porque era de tu abuela y no lo puede vender, lo demás estarías bajo un puente.

    -No hables así de él, es lo único que he tenido aparte de mi abuela, cuando ella murió fue su caída, no tiene la culpa de que las cosas vayan mal.

    -¿De dónde ha sacado el dinero para estar toda la noche jugando? Ha llegado a casa hace unos horas solamente, borracho y despertando a los vecinos. ¿Porque serás tan bueno? ¡Dios, no te das cuenta de nada! Y eso que tú eres el inteligente de los dos, ¿así vamos a conquistar el mundo?

    -Voy a subir para verle, bueno y para que él me vea, estará tirado en una silla o en el suelo.

    -No te acompaño, no puedo ver a ese viejo tramposo, tampoco al mío, es que yo soy malo y odio lo que me rodea. Te guardo el dinero y compraremos tu móvil, del consolador ni lo sueñes, tienes que espabilar y buscar quien te de el placer que necesitas.

    ************

    Subí los dieciséis escalones con miedo, temblando. En el descansillo no se escuchaban ruidos y puse la oreja en la puerta, nada, todo estaba en silencio y cogí las llaves para abrir la puerta.

    Al principio me asusté, el cuerpo del abuelo permanecía entre la puerta de la sala y la cocina, tirado en el suelo y envuelto en vómito. Corrí espantado y me arrodille sin darme cuenta de que lo hacía sobre su vómito.

    -¡Abu, abu, estás bien? -giré su cara hacía mí y noté que estaba caliente. En principio no era algo grave, me levanté y llegué hasta el fregadero, cogí un paño y lo humedecí, para volver a arrodillarme y ponérselo en la cara limpiándole los labios, luego le golpeé con suavidad la mejilla.

    -¡Despierta abu, despierta! -antes de que abriera los ojos sentí su mano agarrotada sujetándome la muñeca.

    -¿Qué haces ahí mirando? ¡Ayúdame! -para mí era difícil levantarlo, pensé en llamar a Migue para que me ayudara, o inclusive a su padre, desistí al pensar en los gritos de mi amigo y que su padre me mandaría a la mierda.

    -Cógeme del cuello abu y haz fuerza. -ya lo tenía sentado con la espalda contra la pared. miré horrorizado toda la suciedad esparcida por el suelo. Primero tendría que limpiar todo aquello, desnudar al abuelo y limpiarlo antes de llevarle a su habitación, o mancharíamos toda la casa haciendo insoportable estar por el olor.

    Lloraba de rabia mientras arrodillado recogía el agrio devuelto, olía a rayos y abrí las ventanas para que entrara aire fresco, maldecí que no estuviera mi primo para ayudarme.

    Limpié el suelo y volvía a tenderlo en él para quitarle la ropa mientras él se quejaba y maldecía que nadie le atendía. Las lágrimas no me dejaban ver en algunos momentos pero conseguí dejarlo desnudo totalmente y lo limpie con una esponja, lentamente mientras lloraba impotente.

    A pesar de no tener mucha carne el abuelo pesaba una tonelada, su fibroso cuerpo pesaba como si fuera de plomo, entonces, por primera vez, me di cuenta de que el abu tenía un cuerpo que debió ser bello en su día y muy varonil, estilizado y aun conservaba el six pack, velludo en toda la superficie, le sujeté el pene flácido y largo como un pellejo para limpiárselo, y los testículos en la bolsa blanda y suave con pelos por todas partes.

    Con dificultad lo arrastré hasta su habitación y lo subí a la cama, le puse una sábana que lo cubriera y comencé a recoger la ropa para lavarla. En los bolsillos no tenía un solo euro, solo un papel de reconocimiento de deuda fechada esa misma noche, y su móvil de otras épocas que solo servía para recibir y hacer llamadas. Lo dejé sobre la mesilla y comencé a trabajar volviendo a limpiar aquel desastre.

    Terminé horas después rendido y agotado, el ano continuaba doliéndome, pensé que algo tenía mal, no me atrevía a ir al aseo, ni a tocármelo. Me tumbe un rato para recuperarme y desperté con los gritos que llegaban de la habitación del abuelo, eran las siete de la tarde.

    -¡Mario, Mario! -llegué corriendo, el abuelo estaba de pie al lado de la cama totalmente desnudo, parecía que no hubiera sucedido nada y lo pasado unos horas antes fuera una pesadilla.

    -¿Dónde está mi ropa?, no la encuentro por parte alguna.

    -La he lavado abu.

    -¿Quien te ha mandado hacerlo? -no cabía en mi cabeza que estuviera en ese estado.

    -Búscame algo para ponerme. -le ayudé a colocarse unos calzoncillos y camisa, al parecer era suficiente y se sentó agarrando el teléfono.

    -Lo sabía, presentía que lo lograrías, lo has hecho bien, ha quedado encantado contigo, nunca le vi de esta manera con otro chico.

    -Quería entender lo que me hablaba y no lo tenía muy claro.

    -¿Qué ha pasado abu, me asustas?

    -Le gustas al viejo zorro, ya lo tienes enganchado en el anzuelo, ahora todo será tirar del hilo sin romperlo.

    -¿Don Guillermo ha llamado?

    -Está muy contento contigo, ¡eres el mejor puto que ha follado!- me quedé perplejo mirándole, nunca me había tratado de puto y me dolió, pero los golpes también dolían, él bajo la mirada ocultándome los ojos..

    -Es igual, ya ha caído en la red y solo hay que comérselo.

    -¿Pagará mis estudios abu? ¿De verdad lo ha dicho?

    ¿Pagará lo que tú quieras si sigues haciéndolo bien. -no sabía si ponerme a reír, o a llorar, mi alegría era tanta que el dolor del culo lo tenía olvidado, hasta que me moví, y una mueca de dolor se asomó a mi boca.

    -¿Y como te ha ido a ti? El cabrón tiene una verga increíble y terriblemente destructora.

    -Bien abu, solo tengo un poco de dolor, creo que nada grave.

    -Desnúdate y ponte de rodillas, quiero verte. -aún no me había cambiado de ropa y me dio vergüenza que viera como había perdido las braguitas que él me compró. Enseguida se dio cuenta, estaba muy atento a mis movimientos, antes de que preguntara hable yo.

    -Quisó quedárselas de recuerdo.

    -Bien, no importa, eso es bueno. -te compraré muchas más, yo se lo que le agrada, tiene los mismos gustos que su padre.

    El abuelo me abría las nalgas para inspeccionarme el culo, con cuidado y como si se hubiera convertido en un diamante.

    -Solo lo tienes irritado, te ha hecho un buen trabajo, podría haber sido peor como a otros putitos que ha roto. -se levantó de la cama y buscó en un cajón de la cómoda revolviendo el contenido.

    -Estaba aquí, aún se donde dejo las cosas, aquí está, ya decía yo. -volvió con una cajita metálica.

    -Tengo que meterte los dedos, al principio te dolerá pero verás que maravilla, cura los culos como si fuera agua milagrosa.

    El contacto de sus dedos impregnado de aquello ya fue un alivio, y dolió mientras lo metía, luego como él decía, se produjo el milagro. Los dolores se aliviaron, de momento como si no hubiera pasado nada. mi culo había vuelto a ser nuevo y después de limpiarme con una servilleta los restos, el abuelito hizo algo inesperado, me dio un dulce beso en el ano y una palmada en el trasero. Me entregó la cajita para que yo mismo me aplicara dos veces al día, los dos siguientes los pasé algo mal para defecar, pero todo se arreglaba cuando me limpiaba y volvía a darme la crema.

    Cuando Marcos llegó para dejar a su hijo, el abu le envió a comprar comida para la cena, no habíamos comido nada en todo el día y yo moría de hambre. La cena la pagó mi primo y antes de marchar, ya en la puerta, la curiosidad le pudo.

    -¿Se puede saber qué es lo que celebramos y qué tengo yo que pagar? -el abuelo nos miraba y tardó en responder.

    -Mario ya encontró quien financie sus estudios, el mismo que hará que tu avances en tu trabajo, simplemente eso.

    No puedo decir mas, la felicidad me embargaba, porque al fin podría cumplir mis sueños costara lo que fuese, y también porque volvería a estar con don Guillermo, mi papi, lo más importante y secundario al mismo tiempo.

    *************

    Cuando le conté lo sucedido a Migue saltábamos los dos abrazados.

    -Vamos a comprar el móvil, tengo que dar el número al abu para que se lo pase a don Guillermo, por si vuelve a llamarme.

    -¿Ya estas animado a recibirle otra vez la verga? -me acaricio el culito sobre la tela y me puse rojo.

    -A veces pienso en ello, pero todo será a su tiempo, cuando él quiera.

    -Y de momento no te interesa estar con otro, alguien que la tenga más pequeña, un amigo de tu primo te ha visto en su casa y le gustas, es compañero de trabajo, también está muy bueno aunque siempre esté tocando.

    -Calla Migue, vamos a comprar lo que necesitamos. -para él era muy fácil hablar y gastar bromas, para mí había sido la primera vez y a él le follaba Marcos desde los trece años y ya estaba entrenado.

    Compramos lo que queríamos, Migue deseaba el mejor y yo me contenté con lo justo, el resto del dinero lo guardaríamos por si había otras necesidades, fuimos al cine y lo pasamos muy bien riendo todo el tiempo.

    Cuando regresamos rápidamente le dije al abuelo lo que me pidió don Guillermo.

    -Quiere que le pases mi número de móvil para poder esta en contacto. -no me preocupé más porque sabía que lo haría y muy rápido, lo que tuviera relación con su antiguo jefe le era sagrado.

    Estaba ya como nuevo, no me dolía nada y habíamos pasado por la universidad, a enterarnos de las condiciones e importe de las tasas, quería matricularme para hacer empresariales, o bien derecho económico, y estaba en duda, recabe toda la información para llevarle a don Guillermo y que me diera el importe de lo que costaba la matrícula.

    Salimos a la calle, yo contento y lleno de papeles, Migue con la cara larga.

    -¿Qué te pasa, por qué esa cara?

    -Esto es muy caro, yo no puedo pagar esa fortuna. -quise animarlo y entendía su preocupación, también yo la tendría si no fuera por don Guillermo.

    -No te preocupes, tenemos el dinero sobrante del teléfono y buscaremos ayudas, tiene que haber un sistema, o se lo pediré a…

    -No Marito, no hagas eso, por mi no te comprometas más.

    -No puede negármelo, a cambio le haré la mejor paja del mundo, una inolvidable mamada y que me folle hasta que me reviente la tripa, venga chico, anímate.

    Conseguí que alegrara la cara y eso era suficiente premio.

    -Tengo que pedirte un favor más sencillo, eso sí que lo puedes hacer.

    -¿Y qué es?

    -Que me recojas alguna ropa de la casa de Marcos, no toda porque volveré cuando se calme, hasta encontrar otra solución.

    -Lo haré, esta misma noche cuando vuelva de su trabajo pasaré por allí.

    Nos despedimos porque tenía que hacer cosas en casa, ayudarle al abuelo a limpiar y preparar la cena, teniendo vacaciones Marquitos le robaba mucho tiempo para sacarlo a jugar y atenderlo.

    La casa estaba sola y silenciosa y mientras trabajaba pensaba en don Guillermo, deseaba tanto que llamara, tenía que hablarle de la matrícula y pedirle su opinión sobre estudiar una carrera u otra y también pensaba en él, en que deseaba estar otra vez en su cama, ahora que el dolor se había ido quería repetirlo, mi culito me lo pedía y reclamaba, necesitaba verga que me llenara aunque volviera a hacerme daño. No encontraba la razón de ello, pero me había gustado.

    A las siete mi abuelo no había regresado a casa, le dejé una nota y la cena ya preparada y salí para ir donde mi primo.

    Vive cerca de nosotros, una casa igual, en una barriada construída hacia cincuenta años por el padre de don Guillermo, viviendas humildes que le hicieron millonario según dicen.

    Tenía llave y abrí la puerta, escuché el ruido del agua de la ducha al caer sobre la cerámica, mi primo es muy descuidado y limpia poco, aún se amontonaban las latas de cerveza desde que se marcho Migue, residuos de comida pre cocinada en el mostrador de la cocina, me puse a recoger un poco el desastre mientras terminaba su ducha.

    Estaba en el fregadero limpiando los platos, el ruido del grifo no me dejaba oír otra cosa cuando me sentí sujetado por detrás abrazando mi cintura.

    -¡Ummmm! Que ricura de mujercita encuentro en mi casa. -me abrazó fuerte y sentí alguna gota de agua que le escurría del cabello, se agacho y me besó en el cuelo.

    -Hueles bien primito, rico como un pastel salido del horno. -ahora me mordió y me hizo daño.

    -Estate quieto Marcos, no he venido a jugar. -se apartó y retiró lo que había en el mostrador para sentarse allí mirándome trabajar.

    -Siempre tan arisco conmigo, en otros tiempos no eras así, cuando éramos pequeños querías jugar de mamá disputándole el puesto a Patricia y Miguel.

    -Tu lo has dicho, éramos pequeños y todo era jugar, ahora somos mayores, y tu padre de un niño.

    -Que es precioso por cierto, será como yo verdad. ¿No se me parece?

    -Mas guapo que tu. -dejó salir una risa gruesa.

    -Pero yo te gustaba más que Robert, también me veías guapo según decías.

    -Porque eras mayor que nosotros y un presumido, siempre tenías que salirte con la tuya.

    -O sea que te gustaba y aún te gusto, tu siempre me has atraído, más que Miguel y Patricia, pero estabas vedado y ahora parece que no, ya te han roto el culo y ha caído la barrera.

    -Estas diciendo tonterías como siempre, ayúdame en lugar de hacer el vago, seca esos platos al menos.

    -Si me das un beso te ayudo.

    -Vale, un beso y nada más. -Marcos salto del mostrador y se apresuró a venir rodeándome entre sus brazos, solo llevaba una toalla enroscada en la cintura, los pies descalzos y el pelo aun con chorreras de agua.

    -Párate, eso será cuando hagas el trabajo, no me fio de ti. -terminamos de recoger sin más problemas y pasamos a la sala.

    -Me dirás a que has venido, porque a fregarme los planos no ha sido.

    -Miguel quiere que le recoja alguna ropa.

    -Puedes recogerla toda y llevársela.

    -¿Pero qué os ha pasado? Antes lo pasabais bien.

    -Se cree muy especial y se molestó porque le metió mano uno de mis amigos, solo por tocarle el culo, se está volviendo muy delicado.

    -No me extraña, tus amigos tiene las manos muy largas, y tu le necesitas, si no para estar en la cama, para que te limpie la casa, está hecha un desastre, y deberías pagarle algo por su trabajo. -marchó a la cocina y volvió con dos cervezas en la lata.

    -Ten, te la has ganado por limpiar. -se sentó a mi lado mirando hacia mi, la toalla se escurrió ligeramente dejando que se le vieran los genitales. Marcos no es un Adonis, ni está esculpido de músculos, pero es varonil y guapo con cuerpo atlético y sin grasa en él por su trabajo en los andamios. Me sorprendí pensando lo bueno que estaba y me sonrojé.

    -Bueno, ¿y qué es lo te ha pasado que el abuelo no quiere soltar prenda? -guardé silencio mientras él sonreía malicioso.

    -¿El afortunado para quien te reservaba era don Guillermo?

    -No me preguntes lo obvio, lo sabes mejor que yo y desde hace más tiempo. -le di un golpe sin fuerza en el muslo desnudo y peludo como el del abuelo. Entonces dejó la lata en el suelo y me sujeto de la cintura.

    -Aún no me has pagado el beso. -miré sus tentadores labios que otras veces había besado, rojos enmarcados en su barba de varios días y sin razonar me prendí de ellos.

    Los recuerdos de nuestra niñez y juventud se agolpaban en mi cabeza, cuando me llevaba en sus hombros, a la espalda, y me hacía cosquillas y yo le perseguía para que siguiera haciéndolo, corriendo por toda la casa, escuchando de fondo los gritos de la abuela regañándonos.

    Cuando en la escuela partía la cara a los que me llamaban mariquita y nena, o me tocaban las nalgas, y luego me decía que no les hiciera caso, que era por envidia que tenían de mi porque era muy bonito. Cuantos recuerdos agradables la mayoría de ellos.

    El beso se prolongaba demasiado, ya nuestras lenguas jugaban y sus manos acariciaban mi espalda.

    -¡Oh Marcos! no podemos seguir.

    -¿Por qué no? ¿Porque somos primos?, ¿eso es lo importante para ti?, no seas estrecho, ya me has puesto muy caliente y no voy a parar, necesito a alguien, hace días que no follo y te deseo, siempre te he deseado y te hubiera follado desde eras un niño. -me había levantado la camisa y me acariciaba con las rudas manos el pecho.

    Sentía erectarse mi pene, en este momento deseaba y necesita a este macho aunque fuera mi primo, y también yo lo he deseado muchas veces, no soy mejor que él.

    -¡Oh Marcos!, más despacio me haces daño en la piel.

    -Si mi amor voy a ser suave y amoroso como tu quieres, se todo lo que te gusta, te observaba mientras follaba a Patri y Migue, veía como te tocabas y lo pasabas mal.

    -¿Me la vas a meter?

    -¿Si, no hay otro remedio?

    -¿No te conformas con una mamada?

    -A estas alturas no, y tu tampoco, deseas mi verga dentro de ti. Tenemos que copular para romper la barrera social que nos separa.

    Nos volvimos a besar largamente mientras le agarraba la polla y se la masturbaba lentamente, era una buena herramienta pero no era la de don Guillermo, esta me daría placer como a Migue. Quería que mi primo me follara ya.

    -Tienes que ser cuidadoso, aún no se me ha curado el culo del todo.

    Os paso el link del capítulo 1 para que lo podáis leer y enlazar la historia: ‘Don Mario (1): Don Guillermo’.

  • Juan y Gabriel (5)

    Juan y Gabriel (5)

    Nos miramos un momento, nos alegrábamos de vernos. Según subíamos a la habitación, en el ascensor, nos fuimos besando, qué importa si hay cámaras de seguridad. Entramos a la habitación más porque recuperamos el aliento para recordar los números.

    Nada más entrar, empezamos a besarnos otra vez. Le acaricié mucho la cara. Me encanta su barba y su manera de sonreír. No me importaba que raspara, me había acostumbrado a sentirlo mientras le besaba, y era parte de él; cuando lo recordaba en casa me venía un escalofrío, lo sentía muy cerca.

    Ahora sí estábamos cerca de verdad, y no de sueño. El deseo era el mismo. Fuimos en un beso por el pasillo hacia la cama. Nos tumbamos y seguíamos besándonos, las lenguas se entrecruzaban, los alientos se confundían. Tomé su cara entre mis manos y me quedé mirando, sonriente, agradecido por aquel momento, por aquel hombre que conocía hacía tan poco, pero que suponía tanto desde entonces.

    Tomé aire en ese momento, y él también. No dejó, sin embargo, de usar las manos, que me bajaron por la espalda, y se metieron bajo el pantalón, levantando el calzoncillo y acomodándose en las nalgas. Así sujeto me volvió a besar, y yo le respondí una vez más.

    —Vamos —le dije.

    Fuimos al baño, y allí desnudamos, el uno al otro, aprovechando esos momentos para admirar y tocarnos, comprobar que estábamos deseosos como las otras veces. Empecé yo a besarle el cuello, rodeándole para besarlo todo. Le desabotoné la camisa parándome en cada botón, lamiendo su pecho según iba bajando. Botón, beso, lametazo, pezón que adoraba y lamia y chupaba. Así se quité la camisa, besando desde los hombros hasta las manos.

    Él me levantó el polo, y me acarició con la mezcla de fuerza y ternura que me volvía loco, apretándome sin que yo pudiera quejarme porque era un placer que se añadía al toque, el saber la fuerza de Juan. Yo iba suspirando, siguiendo su recorrido por mi cuerpo, temblando de vez en cuando por un estremecimiento que señalaba los nervios en tensión.

    Le quité primero los zapatos, los calcetines, abrí el cinturón y quité el primer botón. Allí me detuve para mirarle a la cara. Dije su nombre porque me gustaba oírlo, le volví a besar la boca, me puse de rodillas, bajé la cremallera, y le quité el pantalón. Otra vez quería repetir la adoración anterior. Sólo con su calzoncillo, fui marcando con los dedos el contorno de su pene, que estaba semi erecto, mientras yo lo iba tocando para darle forma y vida. El tejido de su calzoncillo era fino, ajustado, me dejaba jugar con las manos con una sensación eléctrica de fuerza y poderío. Qué hermoso era aquel hombre. Subí a besarlo, y bajé a seguir disfrutando e intentando que él disfrutara conmigo. Yo no quería más que servirle.

    El calzoncillo estaba lleno de su pene, que yo movía a un lado, para apreciar en su envoltura, pues todavía no era la hora de abrirlo. Tiré del tejido hacia arriba, para marcar aún más las formas y fui recorriendo con los dedos sus muslos, hasta llegar a los lados de los testículos. Metí los dedos bajo el calzoncillo y toqué sus huevos, que estaban ardiendo. La lengua fue a intentar calmarlos, pero sin sacarlos; metí la lengua por el lateral e iba lamiendo sus huevos desde abajo, notando cómo Juan suspiraba y me acariciaba la cabeza.

    Lamí el contorno, su entrepierna, notando su olor, bebiéndolo. Iba tocando su polla, apretándola con la mano izquierda. Con la derecha fui a sus nalgas, visité la raja, me interné cerca del ano y sujeté el tronco bajo los testículos. Era hora de librarle de su prisión.

    Le bajé con cuidado el calzoncillo, admirando a la vez lo que iba descubriendo. El firme pene de Juan tan cerca de mis ojos, de mi boca. Libre de todo, desnudo, sujeté sus huevos con la mano izquierda y con la derecha paseé por su polla enhiesta.

    Apliqué el aceite a la polla y los huevos, que sintieron el calor y el frío alternado de mi mano, de mi saliva, del aceite, del aire que yo le soplaba para avivar ese fuego. Aceitado ya, tomé en la boca su polla y metí primero el glande, y lo apreté con cuidado, controlando que sintiera la presión hasta que deseara. Mientras bajaba y subía la mano por su pene, iba lamiendo y apretando con la boca la cabeza, que sentía mojándose, en mi, y del líquido que iba derramando él mismo. Todo lo aprovechaba yo para apretar y mamar.

    Apliqué las manos a sus testículos, suavemente tocando y acariciando. Me fui a su ano y con el vibrador pequeño que tenía en la bolsa de aseo, que había forrado con un condón y lubricado con el aceite, fui tocando toda aquella zona, mientras continuaba con mis mamadas. Juan se movía rítmicamente, me ayudaba a encontrar el mejor movimiento. Subí la mirada a su cara, cuando le fui acercando los dedos al ano, y, encontrándolo, fui abriéndolo con un dedo tentador, que entraba y salía poquito. Aceitado, le metí el consolador en el ano, viendo cuánto podía introducir, y qué le parecía.

    Un suspiro me indicó que todo iba bien. Seguí mamando, disfrutando del placer que mi hombre sentía. Aumenté la velocidad del consolador, para acompasarla a la de mis mamadas, y noté cómo se iba afirmando en el suelo, dispuesto para la acometida.

    Me agarró de la cabeza y me apretaba y movía fuertemente, con una violencia que a mí me encantaba. Adoraba a aquel macho que era mi amo en ese momento.

    Finalmente, con un grito contenido, se corrió un largo rato en mi boca, y, cuando me separaba para respirar, siguió eyaculándome en la cara, en mi sonrisa de orgullo. Seguí apretándole con las manos, hasta que me mandó parar, agotado, después de haber derramado su leche sobre mí.

  • Mi reencuentro con mi amante

    Mi reencuentro con mi amante

    Comencé el día realizando algunas compras de insumos que me estaban haciendo falta en casa, mientras estoy realizando el pago siento que me llega un mensaje al celular, en cuanto puedo lo leo y era desde un teléfono que no tengo guardado y el mensaje dice: “Hola te puedo ir a visitar a tu casa?”, miro extrañada el mensaje sin darme cuenta de quién puede ser, por otro lado en mi cabeza me daba vueltas si responde o no; la curiosidad fue más fuerte, así que le envié un mensaje de respuesta: “Quién eres?”, al rato llega la respuesta, “Soy Roberto, disculpa seguros tienes mi número antiguo, cambié el número perdón”.

    Cuando llegué a casa y dejando las bolsas de las compras en la mesada, respondí el mensaje, “Si puedes venir será un placer”; pronto se me vinieron a la memoria los encuentros sexuales que tuvimos, después de tanto tiempo no se cuál podría ser su interés y le pasé la dirección.

    Mientras tanto me dispuse a guardar la mercadería que había comprado, acomodé algunas cosas, rocié desodorante de ambiente y me puse unas gotas de perfume; en eso sonó el timbre y era él Roberto.

    Nos saludamos como amigos aunque sabíamos que éramos algo más que eso, lo hice pasar y nos sentamos en el comedor, hablamos de muchas cosas, que habíamos hecho en todo este tiempo, y allí me enteré de la causa por la cual él se distancio de mi, sin que la separación haya sido en común acuerdo; Roberto dejo embarazada a una chica, la cual viven juntos actualmente, entendí perfectamente los motivos y me pareció perfecto; con lo cual en cierta manera no entendía las razones por la cual me venía a ver, algo no entendía del todo.

    Fui a la cocina y preparé un café, Roberto vino y sin rodeos le dije: “¿Me puedes dar las razones de tu visita?, ya que me parece que no viniste solamente a contarme que estas en pareja con un hijo”.

    Roberto puso cara de asombro y se quedó un minuto sin decir nada, respiro profundamente y me dijo: ”Andrea eres una mujer muy inteligente, y tienes razón no vine a contarte de mi vida, hacía rato que quería contactarme contigo pero por diferentes razones me fue imposible; y además no sabía cómo hacer para venir después de tanto tiempo”, a lo cual escuchaba y respondía con una leve sonrisa entendiendo su relato.

    Mientras servía el café él seguía hablando, y lo interrumpí taza de café en mano y mirándolo a los ojos, “Mira Roberto, no tengo nada que reprocharte, al contrario, las veces que tuvimos sexo por mi parte puedo decir que fue maravilloso, y aun a la distancia hay días que te recuerdo, pero bien; tu ahora tienes que cuidar de tu mujer y tu hijo, es lo que es ahora, por otro lado no quiero ser la causante de un problema en tu relación yo estoy tranquila no me falta nada, y sexo bien cuando se da se da, no me falta pero tampoco me sobra, no creas que soy una prostituta tampoco, tal vez intuyo que viniste para acostarte conmigo”.

    A lo que Roberto después de tomar el café, dejando la taza y acercándose hacia mí, me dijo “si Andrea te extraño muchísimo, pero jamás te tomaría como una prostituta y nunca jamás lo pensé de ti”.

    Me quedé mirándolo apoyada en la mesada, y él se me acerco devolviéndome la mirada, me toma por la cintura y le digo, “quieres que sea tu amante”, sin responderme, por la cintura me sienta sobre la mesada, lo rodeo con mis brazos por el cuello y nos besamos apasionadamente,

    Mientras con sus manos, levanta mi vestido acariciando mis piernas, me acaricio mi húmeda vagina por encima de la tanga, la cual corrió e introdujo un dedo dentro de ella, haciéndome jadear y separar más las piernas, le tomo la cabeza y lo llevo para que me la chupe y bese todos mis jugos.

    Después de un rico oral, lo ayudo a desabrocharse los pantalones, se baja su ropa interior y sacando su verga me la introduce por el costado de mi tanga, bombea salvajemente con ganas, sin sacar su miembro de mi interior me toma por la cintura y me pone de espaldas sobre la mesa de la cocina, bombeando sin parar, haciéndome tener ya el segundo orgasmo, me hace bajar de la mesa y me voltea de frente exponiendo todo mi culo frente a él con los jugos de mi vagina lubrica mi ano, y apoya su glande en la entrada, y empuja su verga introduciéndome su pene dentro mío, que me hace gritar de placer, con una de mis manos masturbo mi clítoris para tener un orgasmo, Roberto susurra en mi oído, me estoy por venir, y le respondo si papito venite ya.

    Su pene descarga gran cantidad de semen dentro mío y quedo apoyada sobre la mesa, recupero el aire, y voy al baño para arreglarme y lavarme un poco, vuelvo a encontrarme con Roberto, y le comento antes de despedirnos, lo rodeo con mis brazos, y le digo “Escúchame bien lo que te voy a decir, no tengo problemas de ser tu amante, pero eso sí, no descuides ni abandones a tu familia que ahora tienes, porque de lo contrario desaparezco de tu vida para siempre”

    Y despidiéndonos nos besamos hasta la próxima.

    Espero les haya gustado, si desean pueden escribir sus comentarios a: [email protected].

  • Encuentro en la universidad

    Encuentro en la universidad

    Alexa y Javier no se conocían. Se habían visto unas cuantas veces mientras caminaban entre los pasillos de la universidad. Jamás se habían dirigido la palabra y no tenían amigos en común, por lo que a ellos les sorprendió lo que sucedió aquel viernes en la tarde.

    Ambos tenían clase en el tercer piso de la facultad, al final del pasillo, donde casi no suele haber clase. Alexa tenía clase en el 318 y Javier en el 319. Aquel viernes pareció ser precisamente el día en que los profesores de ambos decidieron no llegar, los pocos compañeros que habían llegado a clase ya se habían marchado y los amigos de ambos se habían adelantado para aprovechar la tarde del viernes. Pero ellos se habían quedado afuera de los salones, en el pasillo.

    No se habían puesto de acuerdo ni nada por el estilo, tan sólo ahí estaban, mirándose entre ellos. Ambos estaban solos, ambos estaban aburridos, pero sobre todo ambos estaban calientes.

    A ninguno de los dos les pasó desapercibido las miradas que el otro le lanzaba. Javier se concentraba mucho en la ropa que traía Alexa: una blusa blanca de gatitos, acompañada por una falda negra que le llegaba a la mitad de las piernas y unos Vans negros sin calcetines. Por el otro lado, Alexa no podía dejar de ver los brazos ligeramente marcados de Javier, la silueta que tenía debajo de la camisa, de seguro había tenido una presentación en clase pues incluso llevaba una corbata, pero sobre todo se concentró en su rostro, quizá no era un adonis ni nada por el estilo, pero a ella le gustaba lo que veía.

    Se miraron unos cuantos minutos, sin decirse nada, luego tan sólo se sonrieron y ni siquiera lo preguntaron.

    Javier se acercó a ella y la besó de forma tan casual como si fueran novios. Ella le correspondió el beso y comenzó a restregarse contra él. Ambos se comían las bocas como si siempre lo hubieran hecho. Sus lenguas se juntaban y la temperatura de ambos aumentaba. Javier se detuvo un momento para ver a su alrededor. En el pasillo casi no había mucha gente y los pocos que estaban se encontraban casi hasta el otro lado, pero eso no significaba que no pudieran verlos. Como leyendo su pensamiento, Alexa lo tomó de la mano y ambos entraron al salón 318, ella sabía que pasarían al menos unas tres horas antes de que comenzara la otra clase, tenían bastante tiempo. Él tan sólo se dejó llevar con una sonrisa en los labios.

    Una vez ahí, cerraron la puerta y Alexa tomó una banca para poder atracar la puerta, en teoría no tendría que llegar nadie dentro de un buen rato, pero no estaba mal estar prevenidos. Javier la miró de espaldas a él y no se pudo resistir, se acercó a ella y la tomó del trasero para juntarla hacia él. Ella pareció agradarle, le gustaba que le dijera a lo que iba, se dio la vuelta para besarlo y morderle el labio, luego se separó en espera de ver qué es lo que haría.

    Javier la llevó junto al pizarrón para aprisionarla contra él mientras comenzaba a acariciar sobre su ropa interior mientras le besaba y mordía el cuello. Alexa se dejó hacer, disfrutando de su boca, luego ella comenzó a besar y morderle el brazo más cercano, metió las manos debajo de la playera de él para arañarlo un poco y pegarlo más a ella. Javier le hizo darse la vuelta para que su rostro quede pegado al pizarrón, luego levantó su falda por encima de su trasero para darle unas cuantas nalgadas y estrujarle el trasero, pero ella lo detuvo.

    —Llévame al escritorio —le pidió Alexa.

    Él obedeció, la tomó del cabello, la inclinó sobre la superficie, volvió a subirle la falda y siguió a nalgueándola. Ella relajó el cuerpo para ser castigada. Dejándola en esa posición, Javier tomó su ropa interior, la bajo hasta las rodillas, inclinó, beso sus nalgas poco a poco, le dio una ligera lamida a su entrada, que ya comenzaba a estar húmeda por la excitación, y luego soltó un par de nalgadas más, ahora más fuertes. Alexa disfrutaba las sensaciones que esto le causaba. Se puso de puntitas para poder recibir mejor su castigo y que Javier pudiera ver mejor su coño.

    La lujuria los invadía a ambos, tanto que apenas notaron cuando alguien llamó la puerta. Javier se detuvo, pero Alexa se quedó en donde estaba, el corazón de ambos se aceleró, ¿qué pasaría si abrían la puerta y era un profesor? Estarían en problemas. La adrenalina de ambos aumentó en cuanto intentaron abrir la puerta, por suerte la banca hizo bien su trabajo en trabar la puerta.

    —Ocupado —dijeron ambos.

    Por un momento pensaron que insistirían, pero escucharon como el invasor se iba. Quizá pensando que estaban en una sesión de estudio privado, o quizá sabía lo que estaban haciendo; de cualquier forma, volvían a estar solos. Y la adrenalina de casi ser atrapados los excitó aún más.

    Julián se arrodilló, observó el coño de Alexa, estaba húmedo, pero quería dejarlo aún más. Comenzó a tocarle las piernas recorriéndolas de forma muy lenta con toda la mano, las besaba aquí y allá, una mordida de vez en cuando. Alexa se estremecía por el contacto de él. Hizo un ademán de quitar las manos del escritorio para llevarlas al cabello de él, pero Javier se detuvo y le advirtió

    —No puedas quitarlas de ahí, si lo haces voy a parar —le gustaba lo que hacía, así que regresó sus manos donde estaba. Javier por su parte regresó con las piernas de ella, las recorrió con la lengua, subiendo poco a poco hasta llegar de nuevo a su trasero, el cual estaba algo rojo por las nalgadas, pero sobre todo sensible—. Te voy a dejar tan mojada que querrás que te coja por horas. —le dijo arañándole un poco la espalda.

    Javier apretó muy fuerte el trasero de ella, dejándole las marcas de su mano. Arañó sus piernas desde arriba hasta abajo. Tocó ligeramente su coño y lo acarició para luego arañarle de nuevo la espalda y jalarle un poco el cabello para morder y besar sus hombros.

    Alexa, completamente excitada, movió su trasero hacia a él para frotar y sentir como su erección crecía por lo que le estaba haciendo. Tomó sus manos para que fueran a sus pechos y tocaran sus pezones y que los apretaran sus dedos.

    En esa posición, Javier aprovecho para atrapar a Alexa contra el escritorio con su peso mientras seguía apretando sus pechos. Oprimió su erección contra el coño de ella y se movió como si le estuviera dando. Lento, para que sintiera como lo ponía, cuan dura estaba su erección sobre el pantalón. Una de sus manos soltó su pecho y fue hasta la garganta de ella mientras que la otra comenzó a masturbarla. La jalo hacia él para que la espalda de ella quedara contra su pecho y pudiera acercarse para besar y morder su hombro y parte de su cuello.

    Alexa se movió mimosa a su contacto y apiñó las caderas hacia él, no podía evitar gemir, pero temiendo que los descubriera, Javier le tapó la boca, cosa que a ella no le gustó, en su lugar giró la cabeza para que la besara y pudiera ahogar los gemidos que salieran de su garganta.

    Javier la tomó por la cintura y la llevó hasta la ventana del otro lado del salón. Estas ventanas eran grandes y daban una vista directa a la zona conocida como Islas, una especie de parque que estaba a la mitad de la universidad. Una vez ahí, Javier hizo que Alexa se inclinará para que su rostro quedara contra el vidrio. Se arrodilló y lamió su coño mientras abría la bragueta de su pantalón. Su pequeño amiguito estaba duro y deseoso de conocer a Alexa. Continuó lamiendo su coño un poco más y luego se levantó. Estaba tan excitado, pero quería ver el rostro de ella mientras se la cogía, hizo que volteara para que pudiera besarla mientras restregaba su miembro contra ella, el cual resbaló con facilidad debido a que su vagina estaba tan empapada gracias al estímulo que ella había recibido, pero aún no se disponía a entrar.

    —Hay que ser muy silenciosos —le susurró al oído.

    Ella no dijo nada, sólo lo miró. En esa mirada demostraba el deseo de ella de que se la metiera de una vez, sin ser suave.

    Al ver su deseo, Javier la tomó de la cadera con una mano mientras que con la otra la obligó a inclinarse un poco más. Apuntó la punta de su pene al coño de ella y la metió con un fuerte empujón, ella gimió, pero él la sacó totalmente con rapidez, no quería ponerse fácil, luego la volvió a meter con fuerza y ella y el vidrio resintieron la embestida.

    Javier tomó su cabello con una mano y comenzó a cogerla, primero lento para que disfrutara cada centímetro que entrara en ella, luego aumentó la velocidad para darle de nuevo un par de nalgadas, ya que parecía que le encantaban, mientras veía como su verga entraba y salía de Alexa. Ella gemía al sentirlo dentro, abrió la pierna para recibirlo ya que quería sentirlo aún más dentro.

    —Ufff, me tienes tan excitado —dijo Javier, quien soltó su cabello para tomarla de las caderas con ambas manos y embestirla con más fuerza.

    Luego levantó un poco la blusa de Alexa, dejando sus pechos al aire y para que él pudiera ver su espalda desnuda mientras continuaba cogiéndola en esa posición

    Mientras tanto afuera, a nadie se le ocurría mirar hacia arriba, de hacerlo, podrían ver como follaban a Alexa junto con sus pechos aplastados contra el vidrio. Pero sobre todo verían como ella disfrutaba aquella verga dándole duro.

    Unos minutos después, Javier se sintió un poco cansado de la posición. Así que me salió de Alexa para darle la vuelta y que quedara espaldas al vidrio. La besó, luego bajó y chupó sus pezones. Ella abrazó su rostro para que continuara, pero en vez de eso, él se agachó y colocó la pierna izquierda de Alexa sobre su hombro para poder a comerle el coño mojado, algo difícil con la falda en sus ojos; pero a pesar de eso, su lengua exploró toda su entrada y su mano izquierda le arañaba la pierna derecha.

    A pesar de que le estaba gustando lo que le hacía, la posición era muy cansada para Alexa. Por suerte, ella logró ver una silla cerca del escritorio. Entonces, empujó a Javier sobre ella para que se sentara, luego se dio la vuelta para bajar el cierre de su falda y que ésta resbalara. Javier se deleitó con el pequeño espectáculo, antes de que Alexa se diera la vuelta, dispuesta a cabalgarlo. Él se acomodó en la silla y abrió su pantalón para que su verga no estuviera tan limitada por el espacio del cierre. Luego la levantó para que Alexa se pudiera empalar en ella. Entró con facilidad, su coño estaba más que húmedo y sin ningún preámbulo, Alexa comenzó a subir y bajar sobre él y disfrutar de su herramienta, sus pechos rebotan frente a él y lo invito a que los chupara, pero llevado por sus instintos, Javier los mordió, dejándolos más duros de lo que estaban. Mientras Alexa lo cabalgaba con maestría, Javier tomó su trasero y lo apretó. Tomó uno de sus pezones entre los dientes, para jalar ligeramente y luego chuparlo. Alexa tan sólo gozaba la sinfonía de la flauta de su amante, desabotonó su camisa para poder arañarle el pecho mientras jalaba su corbata para hacer que la besara. Javier se acercó para besarla mientras que sus manos obligaban a Alexa a moverse en círculos sobre él.

    —Levántame —pidió ella.

    Javier obedeció, la tomó de su trasero y la aprisionó contra el pizarrón. En esa posición hizo que subiera y bajara sobre él. Lo que estaba detrás de Alexa se iba borrando mientras su espalda se restregaba en la superficie. Mientras le seguía dando contra la pared, Javier mordió su cuello y le beso el hombro. Luego bajo su rostro para chupar sus pezones. Agarró una de sus piernas para que se enredará detrás suyo y pueda agarrarla mejor. Alexa lo abrazaba por el cuello, dejando que él la moviera como quisiera. Le gustaba lo que hacía y no quería parar. El éxtasis que sentía no tenía igual.

    —Quiero terminar sobre el escritorio —le susurró ella al oído cuando se sintió cansada por la posición—. Acuéstame sobre él.

    Antes de obedecerla, Javier primero la bajó para que poder besarla un poco y meter sus dedos en ella. Quería sentir lo húmeda que estaba, él se sentía cerca de venirse, así que quería darle a ella un poco más de placer. Aflojó un poco el nudo de la corbata para tomar sus manos, juntarlas y cerrar la corbata sobre ellas. Ella no se quejó ni dijo nada, en sus ojos se veía que le gustaba. Una vez amarrada, Javier la cargó y la colocó encima del escritorio, llevó sus rodillas hacia su pecho para que pudiera comerle el coño con libertad. Alexa se retorció de placer, su coño estaba completamente sensible después de haber tenido la verga de Javier dentro, así que su lengua se sentía mucho mejor ahora, tanto que la hizo gritar un poco, pero ella se tapó la boca para evitar que el ruido hiciera que alguien fuera al salón a averiguar qué era lo que pasaba.

    Cuando terminó de comerle el coño, volvió a abrirle las piernas para penetrarla con firmeza mientras Alexa se masturbaba al mismo tiempo, atacando su clítoris a la misma velocidad que él le daba. Mientras le seguía dando, el escritorio se movía debajo de Alexa. Javier colocó la pierna izquierda de ella sobre su hombro derecho para poder alcanzar y apretar uno de sus pechos, esto sin dejar de darle con un ritmo que la estaba volviendo loca. Alexa tomó la mano de Javier para que recorriera su cuello hacia abajo mientras no paraba de gemir. Javier llegó hasta su clítoris y comenzó a tocárselo con decisión. Ambos se miraron a los ojos, Alexa apretando los labios para evitar gritar por el placer. En ese momento Alexa arqueó la espalda y utilizó su pierna para meter la verga de Javier hasta el fondo. El orgasmo le recorrió el cuerpo y su coño se contrajo sobre el miembro de Javier. Apretó más sus labios para evitar soltar el grito y cerró los ojos para poder disfrutarlo por completo. Javier tan sólo sentía como le apretaba más el pene, mandándole descargas eléctricas por el cuerpo.

    El orgasmo de Alexa terminó y su espalda volvió a estar sobre el escritorio. Miró a Javier con una sonrisa y le dijo:

    —Quiero que te vengas sobre mí, dámelo todo.

    Sus palabras lo animaron, Javier se colocó ambas piernas de Alexa sobre los hombros para poder darle mejor, ahí aprovechó para abrazarlas y arañarlas un poco, en esa posición sintió a punto de venirse.

    Alexa volvió a taparse la boca para evitar un nuevo grito, entre gemidos le pedía que se viniera sobre ella, que lo estaba esperando. Momentos después Javier salió de ella y se corrió sobre su vagina y un poco en el abdomen. Alexa la recibió, disfrutando de la sensación que le causaba sobre la piel mientras se acariciaba sus pechos.

    Ambos se quedaron ahí, retomando su respiración. Luego se miraron, sonrieron y rieron. Lo habían hecho como si se hubieran conocido desde siempre, pero ni siquiera sabían el nombre del otro.

    Finalmente Alexa se levantó del escritorio, le pidió ayuda a Javier para quitarse la corbata de las manos y luego tomó su ropa. Javier se arregló, no podían saber que habían cogido, quien sabe qué les harían si lo descubrían, pero algo le decía que no habían sido los primeros en hacerlo en la universidad.

    Alexa se limpió la corrida de él antes de ponerse su falda y Javier, como un caballero, tomó el pañuelo y le limpió los restos de plumón que Alexa tenía en la espalda. Ella agradeció el gesto.

    Cuando ambos estuvieron vestidos y arreglados, salieron del salón, el pasillo seguía vacío, pero decidieron no tomar riesgos y caminaron hasta las escaleras. Javier bajó el primer escalón, él tomaría esas y Alexa bajaría por las otras escaleras que había del otro lado del pasillo.

    Ambos se miraron una última vez, se dieron un último beso y agradecieron aquella experiencia.

    Esa fue la única ocasión que pudieron hacerlo, por varias circunstancias no tuvieron la oportunidad de repetirlo. Siempre tenían clase o se iban con sus amigos, pero ambos consideraban que fue lo mejor, mantenerlo como un recuerdo.

    Seguían encontrándose en el pasillo, cuando lo hacían se guiñaban el ojo, señal de que ambos compartían aquel secreto entre ellos, y cada que se veían, les llegaba el recuerdo de sus cuerpos juntándose, algo que muy dentro de ellos, volvía a excitarlos.

  • Aprovechándome de mi jefa de diseño

    Aprovechándome de mi jefa de diseño

    Me dieron ganas de contarles más experiencias que he tenido, hoy les voy a contar lo que sucedió con una amiga, bueno en realidad era la jefa del área donde yo trabajaba, su nombre es Hillary siempre me gusto, es chaparrita mide 1,50, tiene unas buenas nalgas y es blanquita.

    Ella traía broncas con su pareja que también es mi amigo, ese día en especial estaba ella muy enoja obviamente por problemas con ese tipo, pero se veía buenísima una licra negra que se transparentaba y una blusa sin tirantes ni mangas, tuve muchas erecciones mientras estábamos en el trabajo, total que en la tarde ella se acercó y me dijo:

    H: ¿Oye quiero un trago, vamos al Kings?

    Yo sin dudarlo y mirándola de arriba abajo le conteste:

    L: ¡Mejor compramos unas y vamos a tu depa, ya que ando corto de dinero!

    Ella acepto y así pasamos por unas cervezas y empezamos a embriagarnos en su depa, me conto sus broncas con su pareja, ¡sus sospechas que tenia de él y la confesión que abrió mi mente y mi colmillo, que tenía más de 3 años sin sexo!

    Ella se desahogaba y me preguntaba si había algo de malo en ella, yo sarcásticamente le decía que no, que ella estaba súper, sabía que tenía que ser listo, así que mientras la escuchaba le daba más cerveza hasta que al parecer ya estaba lista para ser mía.

    H: ¿Oye soy bonita?

    L: ¡Claro que lo eres!

    H: ¿Oye, tengo bonito cuerpo?

    L: ¡Obviamente, estas buenísima!

    H: ¿Así? estás jugando conmigo!

    L: ¡Claro que no, que no te haría, día y noche no saldríamos de la cama!

    Ella me miro me sonrió y yo sin dudarlo comencé a acariciarle sus piernas, sus brazos y de repente puse mi mano en su conchita, solo vi cómo se erizo me miro y comenzamos a besarnos, mientras nos besábamos le agarraba ese riquísimo trasero mientras ella repagaba su pepita en mi verga, la leve a su habitación nos desnudamos mutuamente, yo todo acelerado agarre sus nalgas con desesperación y comencé a morderlas como si fuera mi última comida, ¡mientras ella jadeaba muy excitantemente!

    L: ¡Que ricas nalgas, que estúpido tu marido por no comérselas!

    H: ¡No digas eso, no hables de él!

    L: ¡Es verdad nena, que rica estas!

    ¡La acosté en la cama y baje a chuparle su pepita depilada y blanca, ella se retorcía riquísimo y me dijo, -yo también quiero chupar…, me levante y nos acomodamos para un delicioso 69, me di cuenta que era una come vergas deprimida ya que se tragaba mi pito como si nunca hubiera comido!

    L: ¡Hillary que rico lo chupas!

    H: ¡La tienes enorme! ¡Apenas si me entra!

    ¡Sus chupadas eran deliciosas, yo no podía creer que mi jefa me estuviera dando una rica mamada, yo me daba gusto lamiendo sus labios vaginales y metiéndole mis dedos, su vagina estaba caliente y humedísima, lista para mi verga dura!

    Le levante las piernas para un rico patitas al hombro, no use condón y mi verga entraba riquísimo, ella lanzaba pequeños gemidos mientras cerraba los ojos, me movía normal, mis manos acariciaban sus piernas y sus nalgas, ella me abrazaba y me besaba el cuello, ¡la puse de cucharita y mientras besaba su espalda mi macana entraba y salía más fuerte!

    L: ¿Te gusta hermosa, te gusta lo que te hago?

    H: ¡Si Luisito, síguele así!

    L: ¡Desde que te conocí te quería coger!

    H: ¡No seas mal hablado y mejor síguele nene!

    ¡La puse de perrito, se la daba duro y suave lo que la hacía gemir tan fuerte que sentía que se escuchaba hasta la calle, le daba pequeñas nalgadas y sin que se diera cuenta graba lo que acontecía, ella movía deliciosamente su cadera, se empinaba todita y mi verga entraba por completo!

    H: ¡Que rico, nunca me había cogido tan rico!

    L: ¡Te mueves riquísimo, que abandonada te tienen!

    Me acosté y la subí encima de mí, ella movía su cadera bien rica como una licuadora, yo apretaba sus tetas y ella me arañaba de placer, ¡métemela toda!, ¡no pares por favor!, me gritaba toda extasiada.

    Yo me movía también, la apretaba las piernas, la besaba, le mordía sus pezones, la estaba cogiendo como nunca nadie lo había hecho, ¡esa sumisa resulto tan fiera que no creía que estuviera dándose sentones arriba de mí!

    H: ¡No le vayas a contar a nadie, será secreto!

    L: ¡Como tú digas, sabes que siempre te obedezco en todo!

    H: ¡Que rico lo haces, me voy a venir!

    ¡Ella comenzó a moverse como loca, sus caderas hacían que su vagina devorara mi verga de una forma tan rica que yo igual comencé a sentir que me venía!

    L: ¡Así jefa, muévete, muévete rico!

    H: ¡Dios mío, que placer, no pares!

    ¡Sentí como se vino y me mojo todo, eso me excito más, así que aprovechando que estaba todo lubricado la empine y se la metí por el culo, sentía como mi verga era exprimida por un culo virgen y ella gritaba, pero al mismo tiempo me agarraba para que no se la sacara!

    H: ¡Me duele, dios mío, pero que rico se siente!

    L: ¡Jefa que culo más apretado, me exprimes todito!

    H: ¡Luis, me matas, me matas!

    ¡Ella seguía escurriendo del orgasmo que sentía al tenerme en su culo, yo le daba de nalgadas y le apretaba sus tetas!

    L: ¡Hillary me voy a venir!

    H: ¡Si hermoso, lléname de ti, lléname!

    ¡Sin dudarlo me vine en su culo! un grito excitante salió de su boca, ella se dio vuelta y metió mi verga en su boca, la lamia y limpiaba todo el semen que aun salía, yo gemía del placer que eso me provocaba, terminamos en su cama abrazados y me dijo, ¡quiero más!, yo sonreí y entonces cogimos toda la noche oral vaginal y anal fue la orden de la noche.

    Al día siguiente nos despertamos, hicimos de desayunar y cuando estábamos en la mesa llego su pareja y nos dijo, -como les fue ambos sonreímos y contestamos. ¡Muy bien!…

  • No me gusta el sexo

    No me gusta el sexo

    Me llamo Catalina y soy una joven de 19 años, de cabellos negros y lisos, soy atractiva y de buen cuerpo. Tengo unos ojos verdes que me dicen, matan con la mirada. Pero tengo un problema conmigo misma, no puedo con el sexo, me congelo, y me da pánico.

    En esta ocasión particular de la que voy a escribir, llegué de una cita con mi novio en la cual otra vez no pude seguir más allá del beso y toqueteo, me congelo y me toca salir casi que corriendo.

    Llegué a casa, por la puerta de atrás y me fui a cocina donde me serví un vaso frio de cerveza lite, y me dirigí en mi zozobra a ver televisión en la sala de la casa.

    No me había percatado, pero al entrar a la sala estaba Juan el esposo de mi madre viendo un partido de futbol en la tele. Mi madre no estaba, era noche de cartas o algo así, y solo estábamos mi padrastro y o en la casa. Nos saludamos y me senté un rato a ver el partido con él.

    Me preguntó que si todo estaba bien, que porque de regreso tan temprano, le dije que sí que todo estaba bien, pero él notó que no era así y me pregunto qué pasaba, me volví para irme a mi habitación pero insistió que le contara a ver si podía ayudar.

    Me senté ora vez y llorando le conté lo que me pasaba, como me congelaba cuando era el momento de tener sexo con mi novio, que Jorge mi novio se había puesto de mal genio y me había dicho cosas horribles.

    Me quedé callada, y Juan, el esposo de mi madre me empezó a tocar la espalda para calmarme, no entiendo como Jorge te trato así.

    “No me agrada el sexo” le dije, se sorprendió con mi expresión, «No me gusta el sexo», confesé. Allí estaba, por fin había admitido a alguien cómo me sentía.

    Se me quedó mirando y seriamente me dijo: “tal vez no has practicado el sexo con alguien que te enseñe como es y como disfrutarlo”.

    Estaba Juan, coqueteando conmigo, aunque apuesto, es el marido de mi mama. La charla me había puesto algo caliente pero no para tanto. Juan me cogió de la cabeza y acercándola a la suya, me dijo que él tal vez podría ayudarme, que hacía rato me deseaba, pero por respeto a mi madre no había hecho ningún movimiento. Que si yo lo permitía el me enseñaba a tener placer.

    Mis pensamientos una maraña de sensaciones que solo me hacían sentir más caliente, pero no podía ser, esto no podía estar pasando.

    Me levanto del sofá y parado junto a mí me pidió me desnudara, quería verme, me acaricio por encima, mis pequeños senos se irguieron con mente propia, sus partes privadas se hinchaban debajo de su pantalón, sentía el sudor bajar por entre la rajita de mis nalgas, Caminamos hacia una de las alcobas y admirando mi culo, me decía que bello lo tenía, y eso que no me había desnudado todavía.

    Me agarro las nalgas por detrás y me pidió permiso para desnudarme, me quito el top, y acaricio mis senos, bajo sus manos por mi estómago mientras yo sentía su verga detrás de mí entre el pliegue del pantalón, Desabrocho mi pantalón y bajándolo suavemente rozo mis inglés, rozando levemente los vellos de mi empanadita, y siguiendo hasta que levante los pies para pudiese quitarme el pantalón. Quede solo en mi tanguita blanca ya que no utilizo brassier.

    Se levantó recorriendo mis piernas hasta mis caderas y de un solo golpe rompió la delgada tanga quedando yo desnuda como llegue al mundo, un poco crecidita y sensual pero igual de desnuda.

    Me volteo y viéndome de frente bajo su boca a cerrar sus labios sobre uno de mis pezones, que levantándose subió y lo saludo, sus manos en mi espalda bajaron y sus dedos pasaron por el espacio que entre mis nalgas hay, la otra por delante sobo los labios de mi vagina, toco mi clítoris con un dedo y con otro toco el ojete de mi culo. Estaba mojada, súper mojada.

    Juan bajaba su lengua hacia mi ombligo y de allí paso a mi coño, me tense un poco, nunca había tenido una boca y lengua traviesa en mi coño, me dijo me relajara y abriendo mis piernas con sus brazo, yo todavía parada, acaricio mis labios inferiores con su lengua, que corrientaso tan verraco, mis rodillas se volvieron gelatina pero permanecí erguida. El caliente aliento de su boca acariciaba mi coñito. Su lengua mi gallito, y sus manos como de pulpo me tocaban mi culo.

    Sentí como un orgasmo que ni masturbándome había sentido, llegaba a mi ser, subía por mis piernas acercándose a mi coño, me deje caer sobre el sofá, y el siguió dándome lengua, hasta que ya me deje ir, y permití que mi padrastro me hiciera venir.

    Su boca de anguila y lengua de oso hormiguero latigaban mi clítoris, mi gallito saltaba, mis líquidos vaginales copiosamente mojaban su barbilla y el sofá. Me había corrido como un huracán de pasión y arrechera como nunca había sentido.

    Ahora no quería parar, necesitaba que me penetrara con esa verga erecta que veía entre sus piernas, grande, larga, gruesa, hermosa.

    Extendí mi mano, y la agarre, lo atraje hacia mí, y mirándolo a los ojos me la fui comiendo, saboree su sudor y sentí la delicadeza de la piel de su corona. Pase mi lengua por su ojo ciego y la sentí vibrar en mi boca. La saco y me volteo, me puso en cuatro sobre el sofá, se colocó detrás de mí y me dijo que iba a salir de esta experiencia queriendo y adorando el sexo, coloco la cabeza de su verga a la entrada de mi vagina, y dándome una palmada en mi nalga, me dijo que le pidiera me la metiera. “Métemela, métemela ya, quiero saber cómo se siente, quiero saber por qué no me gusta el sexo, o si me va a quedar gustando, métemela ya”.

    Juan, apunto y sabiendo que no era virgen, la metió de un solo golpe, que rico se sentía, empezó a darme con ganas, adentro, afuera, adentro afuera, que delicia, como había podido pensar que esto no me gustara. Mi padrastro me estaba penetrando, su verga la misma que mi madre disfrutaba estaba dentro de mí, que sensaciones, que emoción tan pasional.

    Un nuevo orgasmo se fue subiendo por mis entrañas, su miembro brincaba y al mismo tiempo nos corrimos, que delicia.

    Terminamos mamados sobre el sofá. Yo quería que la próxima salida de mi madre fuera muy pronto.

  • Un pequeño polvo con mi madre

    Un pequeño polvo con mi madre

    Esta historia no es tan larga como la experiencia con mi tía con la cual aún hago cosas ricas, les dejo el link al final del relato para los que no lo han leído lo puedan leer. Esta pequeña experiencia fue con mi mamá, como dije antes mi mamá y mi tía son hermanas.

    Desde chico al igual que con la ropa interior de mi tía también olía la de mi mamá cuando se podía y ella la dejaba olvida en el baño, crecí y por los estudios universitarios me fui a vivir con mi tía ya que la universidad me quedaba más cerca.

    Todo pasó en unas de mis vacaciones universitarias, ya estando en casa con mí mama un fin de semana que mi padre salió por su trabajo se fue desde viernes temprano y no regresaba hasta el martes.

    Como quedamos ella y yo solo en casa la tarde del viernes termino normal, pero en la noche comenzó a llover muy fuerte y con relámpagos mi madre me pidió que la acompañara que se sentía muy sola yo acepte a dormir con ella; estando mirando la tv ella de repente me hace una pregunta algo extraña

    -¿Cuántas chicas has coronado en la universidad? ¿Me imagino que eres un galán y ya has llevado a varias a la cama? Aprovecha la universidad ya luego consigues a una mujer para que sea tu esposa.

    – mamá que esas preguntas pero si ya he estado con varias chicas, estoy hablando con una y pienso pedirle que sea mi novia.

    – Oh eso está bien hijo

    Ella comenzó a tocarme el pene por encima de la pantaloneta con la cual estaba y me dijo

    -tienes buena herramienta para las chicas.

    Yo entendí que ella estaba caliente y dejaba que ella tocara y le dije:

    – Quieres verlo.

    – Si -me contesto.

    Me bajé y quité toda la pantaloneta incluyendo el bóxer quede totalmente desnudo frente a ella y quedó mi pene ya algo erecto.

    – Oh hermoso -me dijo- Voy a verlo más de cerca y tocarlo.

    Comenzó a tocarlo y de un momento a otro ella se desvistió quedando también desnuda pera luego seguir tocando mi pene el cual se ponía más duro y erecto o hermoso cuerpo toda desnudita me fijo en su vagina y vulva hermosa peluda me éxito aún más como sus tangas quedaron cerca las cojo y comienzo a oler y lamer y ella paso de estar tocando mi pene a metérselo en la boca empezando así hacerme un rico sexo oral esto duro ella mamándome el pene y huevos lo hacía tan sabroso que me vine en su boca y cara ella como si lo apeteciera se lo trago y se limpió el de la cara con su mano y lo saboreó y tragó.

    Luego me dice ‘ven chúpame mi casita que esta mojada esta noche eres mi amante olvidemos todo parentesco’. Apenas ella dijo eso bajo y la pongo en posición para un 69 y comienzo a chupar su culo y deliciosa vagina peluda era un juagar con mi lengua en su culo y vagina ella ya estaba muy mojada y era rico tomarme esos deliciosos jugos.

    Después tome posición para penetrarla la pose en cuatro pero se la metí por ese delicioso culo ella pego un pequeño grito de placer y empiezo el mete y saca mientas con mis manos jugaba con sus tetas y vagina meto y saco meto saco de su culo hasta que llego al punto de venirme pero no antes de ella venirse primero de lo excitada que estaba, lo saco y su culo queda chorreando, jugamos un rato ella me masturbaba y yo a ella hasta que estuvo dura para penétrale su vagina comienzo a penétrala mientras chupo sus tetas hermosas y sabrosa, mete y saca cambiábamos de posición y seguía hasta terminar dentro de ella lo saco ella lo chupa un rato ya luego nos abrazamos hasta quedar dormidos ya al otro día nos despertamos nos dimos otro polvo nos baños juntos y ya el resto de días seguía durmiendo con ella pero no pasó nada y yo no la obligue a nada solo la acompañaba a dormir y no hablamos más de lo que paso esa noche solo una un rato de desfogue que se dio y paso entre los dos y que nosotros mismos quisimos que pasara.

    Espero les guste es muy corto.

    ———————-

    ‘Lindo amor por mi tía’.

  • Primer trío de mi ex

    Primer trío de mi ex

    Todo inicio con el morbo de verla a ella con otro hombre, batallé para que aceptara, hasta que puso unas condiciones.

    Empecé a buscar candidatos y se los mostré a ella pero no le llamaron la atención, hasta que apareció uno prometedor, ella y él comenzaron a platicar y él a hablarle de sexo y de cómo sería el encuentro.

    Ella no se decidía por temores y el qué dirán, yo le mostraba vídeos y fotografías de intercambios y tríos para que se excitara y aceptara.

    Todo pasó en 1 mes aproximadamente, recuerdo que era un domingo, yo estaba en la recámara y ella en la sala, cuando entra ella y dice ‘ya vamos a lo que quieres, ya me decidí, si lo que quieres es verme coger vamos a hacerlo, el amigo nos espera’.

    Yo venía de trabajar y no me había bañado, ella ya estaba arreglada, recuerdo que traía puesto un pantalón ajustado, una blusa ligera, tacones y aretes, y una tanga muy chica y bonita.

    Me sorprendí pero inmediatamente dije que sí, nos subimos al carro y agarramos camino para el encuentro, ella y el quedaron de verse en un restaurante de mariscos, en el trayecto ella me recordó sus condiciones, coger con condón, ella no tomaría alcohol, ella decidiría hasta donde llegar y que no la dejaría sola.

    Llegamos al restaurante y él ya nos estaba esperando, nos saludamos y al sentarnos él lo hizo a lado de ella y yo a lado de él, comenzamos platicando y pedimos algo ligero de comer, nada de alcohol, estuvimos como una hora en la charla y mi esposa dice que va al baño, de pronto recibo un mensaje en mi celular y era de ella donde me decía que si quería hacerlo.

    Al regresar ella del baño me levanto yo para ir también, hago como que entró pero me quedo observándolos a ellos, y miro como le acaricia sus piernas y su cabello, le mando mensaje a ella para decirle lo que vi y ella me contesta que eso no fue nada, que la estuvo acariciando las piernas todo el tiempo y hasta le tocó su vagina por encima de la ropa, regreso yo a la mesa y ella me dice que si nos vamos, ella y él ya se habían puesto de acuerdo.

    Él nos pide ir en nuestro carro porque llegó en taxi al restaurante, aceptamos y el sube en la parte de atrás y le digo a ella que suba a con él, yo manejando y le preguntó a él a dónde iríamos, él me va diciendo por donde vaya y veo por el retrovisor que va acariciando a mi esposa y ella a él, llegamos en pocos minutos a un motel que el eligió, entramos con todo y auto a una habitación.

    Entramos a la habitación y él me dice que estaría bien coger una hora, pide servicio a la habitación, pero sólo quisimos agua y el pidió condones, como yo no me había bañado en casa les comento que lo voy a hacer, me meto al baño y salgo otra vez porque se me olvidó el cepillo y veo cómo el desnuda a mi esposa dejándola sólo en tacones, regreso al baño pero salgo otra vez y el ya la tenía en la cama y le estaba mamando su panocha, regreso nuevamente al baño para terminar rápidamente, cuando salgo la veo a ella acostada boca arriba y el dándole de mamar su verga.

    Me seco rápido y él se sube a la cama, se recuesta boca arriba y le pide a ella que le mame su pene, ella sube a la cama y comienza a acariciar su pene y luego a metérselo a su boca, yo subo a la cama también y comienzo a acariciarla, él le dice que se meta más la verga, que se la mame más profundo y ella sigue chupando pero ahora como él lo pidió, se la traga toda en su boca y se la saca despacio, ella dirige a mi sus ojos y yo vuelto loco viéndola, con una tremenda erección.

    Después de unos minutos él le dice a ella que me la chupe a mi, yo me recuesto boca arriba y ella se acerca y comienza a chupar mi pene, ella me mira y sigue mamando mi verga, yo la veo y luego veo a él como abre el sobre de un condón, lo saca y se lo coloca en su gran pene, yo con una gran erección, pero veo la de él y era tremenda, pone sus manos en el culo de mi mujer y le separa sus nalgas, y veo cuando acerca su pene a su vagina y la penetra, ella hace un movimiento para zafarse de su penetración y pone su mano en su vagina, ella gime de dolor y placer por la embestida que le dio el amigo, ella me mira con cara de excitación y yo no aguanto más y llegó en su boca, ella continua chupando mi pene y limpiando mis fluidos hasta que por el tamaño ya no tengo mi pene en su boca, me levanto de la cama para ir al baño y el continua cogiéndose a mi esposa, dándole duro y ella gimiendo de placer.

    Salgo del baño y veo que él la pone boca arriba y le pone una almohada bajo sus nalgas, acto seguido le separa las piernas y se coloca el entre ellas para inclinarse y penetrarla, deja caer su cuerpo sobre ella y comienza a darle una gran cogida, dándole duro y entrando y saliendo de ella a gran velocidad, después de unos minutos de coger en esa posición empiezo a oír como ella gemía con gran excitación y se puso colorada, veo como empieza a chorrearse y a tener un orgasmo tras otro, pasados otros minutos oigo que él dice que va a llegar también y después de su orgasmo detiene la cogida.

    Se quedan exhaustos unos minutos sobre la cama y luego se sientan, comenzamos una plática y el comenta que le gustó el sabor de la panocha de mi mujer, ella comenta que le gustó cómo se la cogió, y otras cosas, decidimos darnos un baño ella y yo, pero también lo invitamos a él.

    En el baño comenzamos a acariciarla y chuparle sus pechos, continuamos hasta que ella nos dijo que estaba muy caliente, así que él dijo que quería cogérsela otra vez, nos salimos del baño, nos secamos y le pidió a ella que se acostara boca abajo, el subió a sus piernas y abrió otro condón, se lo puso y acercó su pene a las nalgas de mi esposa, veo como las separa y desaparece su verga entre ellas, veo la cara de placer de mi esposa y le preguntó por qué? Que si la tiene ensartada por el culo, ella me dice que sí, que ni le dolió a pesar del tamaño de la verga del amigo.

    El ensartó por el culo a mi vieja y ni batallo por lo caliente que estaba ella, se la siguió cogiendo en esa posición por un buen rato hasta que dio un gemido al llegar a su orgasmo, mi esposa estaba bien mojada y súper excitada por la cogida que le habían dado, yo estaba bien excitado así que puse a mi mujer boca arriba, le separé las piernas y la penetre, no tarde mucho en venirme por lo excitado que estaba.

    Ya pasada la excitación nos vestimos y salimos de la habitación, él se fue con nosotros y lo dejamos en un Oxxo, mi esposa y yo continuamos nuestro camino platicando ella como se sentía, decía que sentía su culo grande, y se sentía diferente, llegamos a nuestra casa y ella se fue a trabajar esa noche, yo no dejaba de pensar y recordar esas imágenes, es fecha que no olvido como vi que se la cogió ese amigo.

    Esa fue la primera vez, luego les cuento otras ocasiones.

  • Mi hijo me hace su esclava (I)

    Mi hijo me hace su esclava (I)

    Mientras el avión aterrizaba, mi cabeza daba vueltas pensando una y otra vez en lo acontecido en los últimos días. Tras años de soportar indiscreciones de mi marido, finalmente decidí abandonarle. No fue nada fácil. Me quedé embarazada de mi hijo Manuel a los 16 años y he dedicado toda mi vida a cuidar de él, de mi casa y de mi marido. Siempre fui consciente de que mi marido me era infiel, pero por mi hijo decidí quedarme a su lado. En la actualidad Manuel tiene 20 años y trabaja en Santiago como recepcionista nocturno en un hotel mientras se saca sus estudios en la universidad.

    Decidida a abandonar a mi marido, decidí irme con mi hijo y vivir con él mientras buscaba algún empleo en la isla. Le llamé y le dije que quería visitarlo, vacié nuestra cuenta corriente (ridículamente escueta) y me fugué a vivir mi nueva vida junto a mi hijo.

    Ya en el aeropuerto, busqué a mi hijo con la mirada. Allí estaba, un muchacho guapo, moreno, alto (1,85) y, según comprobé, con un buen cuerpo. Yo soy morena, no muy alta (1,60), bastante atractiva, con unos pechos generosos, buenas caderas y un culito duro ya que desde que mi hijo se hizo mayor ocupaba mis aburridas tardes de ama de casa en el gimnasio.

    Llegamos a su piso, un apartamento bastante pequeño debido a los gastos de Manuel pero suficiente para los dos (aunque él pensaba que estaría sólo una semana, si mi hijo notó algo extraño en que llevara dos maletas para una semana no dijo nada), decidí dejar para más tarde mi situación y le pregunté por los estudios, el trabajo y las chicas (típico de madre ¿verdad?). Mientras estábamos hablando del tiempo que habíamos estado separados sonó su teléfono móvil…

    -Hola papá ¿qué tal-. Mi corazón se paró de golpe. Me puse en pie y colocándome frente a mi hijo empecé a gesticular para que no le dijera a su padre que estaba allí.

    Mi hijo me miraba extrañado.

    -No, mamá no me ha llamado-. Respiré aliviada.- ¿Ha pasado algo?

    Manuel me miraba muy serio.-Vale papá, cuando sepa algo te llamo. Un beso. Adiós.- Y colgó.

    -Mamá, ¿qué has hecho? Papá dice que has vaciado la cuenta y te has ido de casa.

    Con lágrimas en los ojos le conté a mi hijo todo lo que había pasado durante tantos años y que él era la única persona en la que podía confiar.

    – Mañana mismo empiezo a buscar trabajo, te lo prometo. Después de pagar el billete me queda poco más de mil euros del dinero que cogí, tómalos para los gastos mientras busco como colaborar.

    Manuel me abrazó y me dijo que me tranquilizara, que me entendía y que ya averiguaríamos como mantenernos.

    – Mientras busco trabajo, puedo ocuparme de la casa, así no tendrás que preocuparte nada más que por el trabajo y tu carrera.

    Y así comenzó la convivencia con mi hijo. Todos los día salía a entregar curriculums y me había registrado en todas las App de empleo que mi hijo me enseñó, pero pronto descubrí que encontrar trabajo con 20 años de experiencia de ama de casa y sin saber hacer literalmente nada no iba a ser fácil.

    Dos meses después, la situación con Manuel había cambiado, casi no llegábamos a final de mes y estaba siempre malhumorado, incluso empezaba a hablarme de malos modos, a lo que yo debido a mi culpa en la situación sólo bajaba la cabeza sumisa.

    Ese día llegué llorando a casa tras el centésimo rechazo en una entrevista, me quité la ropa con rabia quedándome sólo con una camiseta roja y unas braguitas negras me quedé dormida en el sofá. Me despertó la puerta de casa y me levanté sobresaltada. Manuel había vuelto de la universidad y aún no había empezado a prepararle la comida. Me lo encontré en el pasillo mirando a la cocina y cuando se volvió sentí un estremecimiento al encontrarme con su mirada.

    -Perdóname Manuel, he tenido un día duro y me he quedado dormida, ahora mismo te preparo algo.- Le dije sonriendo con timidez.

    -Un día duro… No sólo tengo que mantenerte sino que no haces lo único que tienes que hacer.

    -Perdona hijo, yo…

    -Cállate de una puta vez! Me paso la noche trabajando en ese puto hotel, duermo dos horas y me voy a clase y cuando vuelvo ni siquiera tienes preparada la comida para que pueda dormir un poco, estudiar y vuelta al trabajo. Y encima me encuentro que además de no hacer nada estás durmiendo!

    -Pero hijo, esta mañana…

    De repente me agarró del brazo y me puso contra la pared.

    -¿Para eso te pago esta ropa? ¿Para que en lugar de ir a las entrevistas te la pongas para dormir?

    Puso sus manos en el cuello de mi camiseta y de un tirón me la rasgó dejando al aire mis pechos. Manuel se quedó mirándomelos y ví algo en su mirada que no me gustó.

    -Manuel, por favor!

    La bofetada me cogió de improviso, me llevé una mano a la mejilla ardiente y lo miré asustada, con los ojos bañados en lágrimas.

    -Ponte de rodillas.

    -Hijo, ¿pero qué dices? yo…

    -Ponte de rodillas, está claro que no sabes hacer nada, por eso nadie te contrata, pero yo se algo que seguro que sabrás hacer y me servirá como pago por tener que mantenerte.

    Temblando me puse de rodillas, sabiendo lo que iba a pasar aunque sin poder creérmelo. Mi hijo se bajó los pantalones ya apareció ante mi su polla, una gran polla de unos 20 centímetros totalmente erecta.

    Manuel, esto no puede ser, soy tu…

    Segunda bofetada. Esta vez no dijo nada más, sólo se me quedó mirando.

    Alargué la mano sollozando, agarré la polla de mi hijo y empecé a pajearlo. Al cabo de unos minutos me apartó la mano.

    -Pon las manos a tu espalda y abre la boca puta.

    Obedecí y al momento la polla de mi hijo empezó a entrar en mi boca, mis labios atraparon esa tremenda herramienta y empecé a mamar su polla lo mejor que sabía. Sin pretenderlo, lo humillante de la situación, la dominación y las palabras de mi hijo empezaron a hacer que mi cuerpo reaccionaba y empecé a notar mi coño palpitar y mis pezones a endurecerse. Nunca había experimentado el sexo de esa manera, mi marido sólo me follaba de vez en cuando y siempre de forma rutinaria y todas estas sensaciones nuevas empezaron a hacerme efecto. Mi hijo al darse cuenta de la dureza de mis pezones y de como una de mis manos se dirigió hacia mi coño húmedo de forma instintiva sonrió, me agarró de la parte de atrás de la cabeza y empezó a follarme mi boquita con violencia.

    -Eso es puta! joder como la chupas! eres una experta joder!- Me gritaba mientras me violaba la boca, metiéndola hasta mi garganta. Yo estaba salivando, mientras mi mano frotaba violentamente mi coño y jadeaba como una perra.

    Sin previo aviso, se separó de mi, apuntó su polla brillante por mi saliva y empezó a descargar chorros de semen violentamente sobre mi cara. Notaba su semen espeso y caliente chorreando mi cara y aguanté sin moverme, mirándole a los ojos hasta que terminó.

    -Muy bien puta, ya has encontrado trabajo. Ahora ve a limpiarte y hazme la comida de una puta vez.

    Me levanté sin decir palabra, fui al baño y me miré en el espejo, sonreí al ver mi cara y mis tetas llenas de la leche de mi hijo, recogí buena parte con mis dedos y empecé a lamérmelos mientras me masturbaba hasta que me corrí como hacía años que no hacía, imaginando lo que me esperaba con mi nuevo trabajo como puta de mi hijo.

    Al día siguiente desperté totalmente confundida. Mi hijo había abusado sexualmente de mi y sabía que tendría que hablar con él o incluso volver con mi marido y olvidarlo, pero por otro lado la dominación que Manuel ejerció sobre mi me excitaba cada vez que lo recordaba. Fui al salón de casa pensando en todo esto cuando vi encima de la mesa unas prendas de ropa y un folio con instrucciones de mi nuevo «amo».

    -«Buenos días puta. Esta es tu ropa para hoy, solo esta ropa y nada más. Y procura que todo esté limpio y la comida preparada cuando llegue.»

    En la mesa únicamente había un tanga negro, una camiseta también negra que mi hijo parecía que había recortado y unos de mis zapatos de tacón negros. Me desnudé y me puse la ropa que Manuel me había preparado y fui a observarme a la cristalera que teníamos en la entrada. El efecto era increíble, la camiseta me quedaba estrecha, sin sujetador y mi hijo había recortado la camiseta para que la parte baja de mis tetas estuviera expuesta. Me giré y observé mi culo, totalmente estilizado por el uso de los tacones. Empecé a excitarme viéndome así vestida, rememorando la polla de mi hijo en mi boca e imaginando lo que me esperaría cuando llegara a casa. Mandé a la mierda el tabú de que fuera mi hijo y decidí vivir esta experiencia como él quisiera.

    Con mi nuevo «uniforme» comencé mis tareas de ama de casa. Apenas había dejado la comida preparada y me había sentado a descansar un poco, el corazón se me paró al escuchar a mi hijo abriendo la puerta de casa. Me levanté y me dirigí al pasillo, crucé mis brazos detrás de mi espalda y me quedé bien quieta esperando a mi amo.

    Manuel entró en casa y al verme me dirigió una mirada de arriba a abajo sonriendo con sus ojos llenos de lujuria. Joder, la mirada que me echó hizo que empezara a calentarme.

    -Muy bien Maribel- noté que evitaba llamarme mamá- veo que está todo impecable.

    Y avanzando hacia mí alargó sus manos y pellizcó mis pezones. Todo mi cuerpo se estremeció, noté mi coño vibrar y un ligero gemido escapó de mis labios. Mi hijo empezó a rodearme mientras yo mantenía mi postura. Ya detrás mío empezó a darme azotes en el culo mientras yo intentaba mantenerme impasible. Volvió a ponerse en frente de mi.

    -Desnúdame puta-. Ordenó.

    Empecé a desnudarlo, acariciando su cuerpo mientras lo hacía. Cuando saqué su camiseta, miré sorprendida su torso, estaba muy definido, mi coño ya estaba totalmente mojado mientras bajaba mis manos sobando sus abdominales hacia sus pantalones. Me arrodillé delante de él, desabroché su pantalón y lo bajé a la vez que sus slips y su tremenda polla saltó como un resorte hacia mi cara. Cuando terminé de desnudarlo sacó una bolsa de la mochila que llevaba a clase y me ordenó que fuera a su habitación.

    Al entrar en su habitación me agarró por la cintura, me giró hacia él y empezó a besarme. La sorpresa me duró apenas un segundo, abrí mi boca y dejé entrar su lengua mientras nos fundíamos en un apasionado beso. Después me sacó la camiseta y me soltó un par de azotes en cada teta golpeando mis pezones. Jadeé como una perra con cada uno de ellos. Dios, con 50 años empezaba a descubrir lo mucho que me gustaba que abusaran de mi cuerpo.

    -Échate en la cama.

    Me tumbé mientras él buscaba en la bolsa y sacó un consolador negro bastante grande y me lo lanzó.

    -Vamos puta, empieza a follar tu coño con tu nueva polla- me dijo mientras se masturbaba delante de mi.

    Yo ya estaba fuera de control, quería ser su puta y no quería que su dominación sobre mi acabara nunca. Aparté el tanga a un lado mientras lamía ese tremendo juguete y suspirando empecé a introducírmelo lentamente en el coño que en aquel momento estaba completamente chorreando. Empecé a meter y sacar aquella polla, jadeando de placer sin apartar la mirada de mi hijo mientras se masturbaba observando a su madre jodiéndose a si misma con un consolador.

    -Menuda puta estás hecha, como lo disfrutas. Vamos aumenta la follada, quiero ver cómo te corres.

    Y así lo hice, empecé a follarme a más velocidad, jadeando cada vez más fuerte mientras notaba como mi coño se humedecía cada vez más, hasta que estremeciéndome violentamente empecé a gritar mientras me corría.

    -Muy bien Maribel, ahora date la vuelta y ponte a cuatro patas-.

    Le obedecí y me puse de espaldas ofreciéndole mi culo a mi hijo. Él se acercó, me quitó el consolador y empezó a follarme el coño con el aparato desde atrás.

    -Oh joder! eso es amo, folla a tu puta-. Ya no pude seguir resistiéndome a entrar en su juego con mis palabras. Manuel seguía follando violentamente mi coño con el consolador mientras me daba dolorosos azotes en mis nalgas. Debía tenerlas ya al rojo, pero cada azote me hacía gemir más y más de placer.

    De repente mi hijo paró y ya iba a protestar cuando sentí su tremenda polla atravesar mi coño de una sola embestida.

    – Ohh Dioooss!-. Grité sorprendida mientras mi hijo empalaba a su madre con su gran polla mientras seguía azotándome con fuerza. No podía creerme que el mejor polvo de mi vida me lo estuviera proporcionando mi propio hijo, pero no tenía tiempo para pensar en eso, pues mi cuerpo empezó a temblar incontrolable mientras el segundo orgasmo de la tarde me llegó mientras mi hijo me follaba salvajemente. Exhausta, me dejé caer sobre la cama, mi hijo metió sus fuertes manos debajo de mis caderas e irguió mi culo para seguir follándome.

    Cuando se cansó de esa postura su tumbó a mi lado.

    -Cómeme la polla, zorra-. E inmediatamente empecé a saborear mi corrida de la polla de Manuel. Tras unos minutos me ordenó que me montara encima de él y le cabalgara. Me puse a horcajadas sobre él, encajé su polla en mi coño y empecé a cabalgar a mi hijo mientras observaba como mis tetas botaban.

    -¿Te gusta tu nuevo trabajo, puta?-. Me preguntó mientras sujetaba mi cara con su mano.

    -Si Manuel, me encanta mi nuevo trabajo-. De repente Manuel me abofeteó con fuerza en la cara y sujetándome de nuevo la cara me dijo.

    -Mientras estés trabajando, dirígete a mi como amo o señor, pedazo de zorra-.

    -Me encanta mi nuevo trabajo amo, me encanta que me folles mi amo, me encanta correrme con tu gran polla-. Le contesté mientras seguía disfrutando de su polla y del dolor de mi cara, mientras mi hijo me pellizcaba los pezones y azotaba mis tetas fuertemente.

    Mi tercer orgasmo no tardó en llegar. Apenas estaba terminando de notar sus efectos cuando mi hijo me levantó y me puso de rodillas en la cama mientras se ponía de pie y acercaba su polla a mi boca. Inmediatamente engullí aquel trozo de carne a cuatro patas y empecé a moverme para que su polla llegara hasta mi garganta mientras miraba hacia arriba buscando sus ojos. Manuel me sonrió malévolamente.

    -Puta, veo que te gustó que te follara la boca-. Y me agarró de la cabeza y empezó a follar mi boca mientras mi coño volvía a humedecerse.

    Jadeando, Manuel siguió follando mi boca hasta que la sacó, se separó un poco de mi y empezó a masturbarse frenéticamente.

    -Mírame a la cara puta, y abre la boca. No apartes la mirada o lo lamentarás-. Y soltando un grito empezó a descargar su leche caliente sobre mi cara y mi boca. Joder, como me gustaba notar su semen caliente y espeso chorreando por mi cara.

    -No cierres la boca, zorra-. Y con sus dedos empezó a recoger su semen de mi cara y a metérmelo en la boca. Cuando su gran corrida estuvo dentro de mi boca me ordenó que me lo tragara, era algo que nunca había hecho, aunque tampoco se habían corrido nunca en mi cara y había descubierto que me ponía a mil, así que lo tragué todo y me relamí sin apartar mis ojos de los suyos. Complacido mi hijo empezó a salir de la habitación.

    -Voy a comer, cámbiame las sabanas que quiero dormir un poco antes de ir a trabajar.

    Más contenta de lo que había estado en mucho tiempo empecé a preparar la cama de mi amo.

    Continuará…

    Espero recibir sus comentarios a [email protected], no busco sexo ni encuentros, no doy cam, solamente comentarios.

    Espero les haya gustado, buen fin de semana, besitos.