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  • La virginidad de Eva

    La virginidad de Eva

    Un año después de nuestra noche de sexo, la señora Martha volvió a llamarme. Un año después de que mi abuela prácticamente me entregara a ella para satisfacerla en su viudez. Pensé que tal vez había sido largo el periodo y casi seguramente no había encontrado un compañero de su edad para hacer pareja. Me imaginaba esas cosas mientras me dirigía a su casa. Y que si de daba otra vez, me la volvería a coger. Contaré lo sucedido tal como lo recuerdo ahora y no tan de acuerdo a la menor experiencia de entonces.

    Toqué la puerta y me recibió. No había cambiado mucho. Solo algo más de maquillaje y siempre elegante.

    -¿Cómo estás, Gerónimo?

    -Yo muy bien… y usted?

    -Bien. Gracias. Pero pasa… pasa!

    Me invitó a sentarme.

    -¿Cómo están tu madre y tu abuela?

    -Afortunadamente, bien!

    -Y tú? Te has puesto de novio?

    -Mmm, no, digamos que no… nada estable!

    -Pícaro!

    -Jaja… ¿Y usted?

    -Yooo? No, para nada… sin alegrías de las que tú sabes y has sido protagonista…

    -Qué pena!

    -No te aflijas. Tampoco es por mí que te he llamado… Quiero hablarte de otra cuestión.

    -Dígame…

    -Verás: Tengo una sobrina que acaba de cumplir los dieciocho. Muy buena chica. Hija de un hermano mío que no conoces. Viven en un lugar bastante apartado. Sinceramente te digo, este hermano es un anticuado y casi la tiene encerrada. Si por él fuera, la niña envejece virgen! Te conozco, sé lo reservado que eres… y tampoco tengo que decirte lo que has hecho por mí… en fin. Que me gustaría que la conocieras…

    -Señora Martha… le agradezco la confianza, pero no está en mis planes ponerme en pareja o hacerme de una novia. Yo…

    -Tranquilo, entiendo… Tal vez soy una metida y atropellada, pero quiero que esa muchachita empiece a vivir. Ya en su momento te conté de cómo fue mi vida sexual. Un solo novio y marido. Sexo más bien escaso y bastante aburrido. Ya te dije que no me hubiese gustado me catalogaran de puta. Pero vamos… algo más de “alegría” no hubiese estado mal! Por suerte tu abuela te trajo a ti… Ja!

    -Gracias!

    -Bueno, mira… claro está lo que tú quieres… o mejor dicho lo que no quieres. Pero bueno, yo habré de convencer a mi hermano para que le permita a Eva venir de paseo algunos días a mi casa. No creo que se niegue. Y ahí vemos. Yo hablaré con ella, le explicaré cosas de la vida, sabré qué sabe y qué no… Lamentablemente no tengo fotos suyas como para que la vayas conociendo…

    -Pero usted… usted me dice que me la venga a cog… eh, a hacerle el amor así como así?

    -A coger, si… Ya te digo que veré de traerla, ser su compañera y hacer que disfrute. Me tiene mucho cariño…

    Pasaron un par de semanas y ya casi me había olvidado del tema. Entre mis estudios y otras cuestiones, me mantuve ocupado. Hasta que la señora Martha volvió a llamarme. Quedamos que ese sábado, cuando ya yo tuviese más tiempo, fuera a su casa.

    Así lo hice. Me recibió y estaba sola. Pensé que finalmente no le habían permitido traer a su sobrina, pero…

    -Gerónimo: ante todo quiero decirte que Eva, mi sobrina está aquí. Solo que he querido hablar otra vez contigo antes de presentarlos. Está en el último dormitorio y seguro no escucha. Hace ya unos cuantos días que llegó y tuve tiempo de conversar con ella. La situación es esta: es totalmente virgen. Sabe lo mínimo indispensable más lo que le fui explicando en estos días sobre el sexo. Te parecerá extraño para los tiempos que corren, pero así de… recluida podría decirse ha estado. Me arriesgo mucho a nivel familiar. No quiero ni puedo discutir con mi hermano. La he convencido para que pruebe el sexo por primera vez. Te repito que quiero que disfrute naturalmente, así que si tú aceptas estar con ella, será sin condón ni nada. Ya me he encargado yo de hacer las prevenciones necesarias. Ya sabes… Te repito lo de la virginidad como para que seas cuidadoso, si?

    Así las cosas, me pareció que no debía negarme. La opción de desvirgar a la chica no era para despreciar. Era una situación alocada y tentadora a la vez.

    -Está bien. Si usted quiere, me puedo quedar esta noche. El tiempo que sea necesario…

    -Te agradezco… llamaré a Eva!

    Martha se retiró por algunos minutos y regresó con su sobrina. Cuando Eva apareció me quedé congelado. Aquella chica era angelical. Menudita pero de cuerpo bien proporcionado, carita hermosa y un cabello rubio que le colgaba hasta la cintura. Parecía salida de una postal de poesía adolescente. Menudo “platillo” me venía a servir la tía Martha!

    -Eva, él es Gerónimo… Gerónimo, te presento a Eva…

    Me acerqué y nos besamos las mejillas. Martha fue breve y directa:

    -Bien… yo los dejo solos para que se conozcan mejor. Eva está tomando mi habitación de huéspedes por si desean más comodidad…

    Se fue y nos quedamos allí. Traté de entablar una charla. Eva era muy tímida pero poco fue entrando en confianza. Martha había hecho los arreglos y era obvio que terminaríamos en la cama, pero igualmente me costaba un poco avanzar. En pocas palabras no quería cagarla… Le ponderé su rostro y su cabello. Le pregunté si podía tocarlo y sonrío sonrojada asintiendo con la cabeza. Le acaricié el pelo y la cabeza. Eso pareció gustarle. Rocé su cuello y se estremeció. Besé la cabellera sobre la cabeza lo más tiernamente que pude. Se la recogí para dejarle el cuello al descubierto y besarlo. La abracé por detrás y acaricié su vientre, haciendo que soltara un suspiro. Le besé las orejas, se las rocé con la lengua y volvió a estremecer. Caí en la cuenta que todavía no le conocía la voz…

    -Quieres que vayamos a tu habitación?

    -Bueno, me dijo con una voz aniñada que me hizo parar la verga…

    La tomé de la mano, nos miramos, sonreímos y caminamos por el pasillo hasta la pieza que ocupaba.

    -No haremos nada que no quieras hacer. Más allá de lo que hayas acordado o hablado con tu tía. Si?

    -Si, está bien… Yo sé que ella me quiere y desea que esté bien…

    Ya en la habitación la abracé y me puse a besarla. Despacito hasta ir logrando que respondiera, que abriera los labios y que hasta recibiera mi lengua. De a poco se fue soltando. Aprendió rápido. La fui llevando hasta que quedamos acostados frente a frente. Me atreví con las caricias, yendo por su espalda y viniendo a sus tetitas. Tenía puesto un vestido tipo solera del que bajé los breteles para descubrir que no llevaba sostén. El par de tetas era de la medida justa. Bien redondos con areolas grandes y pezones pequeños. No dudé en besarlas y chuparlas. Siempre expectante a las reacciones de Eva. No hizo gran demostración pero tampoco rehusó el contacto. La seguí chupando, mientras lentamente bajada la mano por su cadera. Fui un poco atrás para abarcarle la nalga y se la acaricié. Cada vez la notaba menos tensa. No tuve dudas de que empezaba a disfrutar.

    -¿Te puedo desnudar? Le pregunte y me respondió que si con su vocecita apagada…

    Le quité por completo la solera y la dejé en calzones. Quedó acostada boca arriba mientras le fui deslizando la bombacha hacia abajo. Realmente era hermosa! Una matita de pelos rubios, casi una pelusa le cubrían lo bajo del pubis. Pausadamente le separé las piernas y la entrada al paraíso se me mostró a pleno. Deslicé las manos hacia la ingle y con los pulgares separé los carnosos labios para ofrecerle la primera lamida. Dejó escapar un gemido y se estremeció. Al transcurrir de las lamidas fue empezando a soltar sus flujos. Pronto se fue empapando y entró a retorcerse y suspirar hondo. Quizás no estaba muy informada, pero vaya si sentía! Mi faena de lamidas y chupones continuó. Continuó y cumplió su objetivo. En apenas minutos, todo su cuerpo se sacudió, las manos se le crisparon aferrando la sábana y un agónico gemido anunció la llegada del orgasmo. Después se aflojó toda y una sonrisa de sorpresa se le dibujó en la boca.

    -Bien?

    -Si… creo fue lo que tía Martha me enseñó que debía buscar…

    -¿Buscar? Ah, claro, yo no hice nada…

    -Ji ji… Si, claro que sí…

    -¿Y qué más te dijo tu tía?

    -Bueno… que si esto pasaba era mejor que fuera antes de desvirgar…

    -Interesante… entonces, ¿estás preparada?

    -Creo que si…

    -Creo debo quitarme la ropa… y tal vez luego recuerdes alguna otra indicación o idea que te haya dado tu tía…

    Me puse en pelotas y ahí más se me quedó mirando… o me la quedó mirando.

    -¿Algo más te recomendó tu tía Martha?

    -Me dijo que a los hombres les gusta que se la besen… ¿Tú… tú crees que eso me entrará?

    -Puedes darlo por segura… pero tranquila que iremos despacio…

    Me tiré boca arriba en la cama y a su lado. Le tomé la mano y la puse justo encima de mi verga. No atinó a nada…

    -Puedes acariciarla… le dije y sin soltarla le fui dando idea de cómo hacerlo.

    -¿Crees que puedes besarla?

    Nada respondió pero se acercó para darle algunos suaves besos en el glande. Le indiqué que usara la lengua y se animó a lamerla.

    -¿Puedes probar de meterla en tu boca?

    Tampoco respondió. Solo que abrió y la dejó entrar. Con esos contactos, la poronga se me terminó de endurecer y cobró tamaño. La chupaba, la lamía y la miraba crecer. No se la veía muy convencida de que tal miembro pudiera entrar en su conchita. Tendría que “trabajarla” muy bien. Cuando ya mi pija hubo tomado suficiente temperatura, decidí que era hora de avanzar. Detuve su labor sobre la poronga e hice que se recostara. Fui de nuevo a lamer y humedecer su conchita, aunque realmente humedad no le faltaba. Fue más bien para volver a hacerle levantar temperatura y abrirle los labios con mi lengua. Después fui subiendo por encima de cuerpo para coincidir y dejar la punta de mi verga justo rozando sus carnes más íntimas. Me incorporé un poco y tomando el tallo hice rozar la cabeza justo por la hendidura que manaba y manaba jugos. Todo estaba húmedo y lubricado. La verga separó los labios y le seguí jugando en un deslizamiento hacia arriba y hacia abajo… Entornaba los ojos y respiraba ya agitadamente. Hice la primera tentativa y encontré la entrada misma de su cuevita. Empujé un poco y apenas sintió la presión abrió los ojos y me aferró los brazos. Me detuve. Seguí jugando en su raja para hacerla excitar más. Le acariciaba los labios y el clítoris. Pude comprobar que eso le agradaba. Mi verga también chorreaba y le descargaba gruesos hilos de jugos. Apunté otra vez y empujé. Ahora si la cabeza ganó espacio y se fue vagina adentro. Pegó un respingo y se tensó como en estado de alerta.

    -¿Duele?

    -Un poco… es muy gruesa!

    -No, tranquila. No es tan gruesa y tu conchita es elástica. La recibirá. Tranquila y no te pongas tensa o se hará más difícil… Te la dejo ahí quietecita para que habitúes. Tranquila… no hay apuro.

    Después de un rato empecé a moverla muy despacio hacia adentro y afuera. Hasta que volví a arremeter y se la hice ir hasta la mitad. Hizo una cierta mueca de dolor pero no dijo nada. Volví a pujar y ya no me detuve. Se la puse toda y ya su virginidad empezó a ser recuerdo. Se la saqué solo para ver como respondía y noté un hilito de sangre en el glande. No le dije nada para no asustarla y me limité a penetrarla nuevamente ya sin tanta dificultad. Su conchita divina me recibía ya más distendida aunque su estrechez me jugaba a favor. Empecé a cogerla muy lenta y pausadamente. El dolor se tornó placer y daba muestras de entrar a disfrutar. Todo iba de maravillas. Solo como por presumir, le pregunté:

    -¿Quieres que te la saque?

    -No… estoy bien… creo que me gusta…

    -¿Crees?

    Bueno… se siente bien ahora!

    No más palabras. La niña estaba gozando y había que darle el gusto. Las entradas y salidas se hicieron más rápidas, más frenéticas. Los colores terminaron de entonarle las mejillas. Suspiraba y gemía. Seguramente fue instintivo, pero levantó las piernas y me las cruzó en tijera por arriba de las caderas. Indudablemente buscaba más penetración. Ya no le temía al grosor y pedía más. Así que las estocadas se hicieron más y más profundas hasta que mis huevos bombearon un torrente de leche y ella lo sintió.

    -Aaay… que calientita se siente!

    -Tienes que sentir como sabe…

    Rápido me le acomodé encima pero invertido. Mi verga le cayó en la boca y entendió. Se atrevió y me la chupó para quitar la lefa que quedaba y yo en tanto fui a meterle los dedos para masturbarla frenéticamente y provocarle una nueva descarga orgásmica. Después me dí la vuelta para acostarme a su lado.

    -¿Estás bien?

    -Si… más tranquila!

    -¿Estabas nerviosa?

    -Un poco… pero ahora estoy bien. Me gustó!

    -Me alegra mucho saberlo… Yo también estuve un poco intranquilo. No quería fallarte…

    -Por qué lo dices?

    -Bueno… porque la primera vez es importante y también es importante que sea satisfactoria…

    -Sí, claro…

    Más tarde volvimos a aparearnos y logré que vuelva a gozar. Ya muy de madrugada, me acompañó hasta la puerta y nos despedimos. Martha seguramente dormía ya.

    Una semana más tarde, la tía me llamó para pedirme pasara por su casa. Justamente era sábado y al anochecer fui.

    -¿Cómo has estado? Eva hace unos días volvió a su casa y me pidió te saludara…

    -Gracias… creo que cumplí con el encargo que me hizo…

    -Sin duda. Lo hiciste muy bien y fue bello, emocionante verlos coger…

    -Perdón?

    -Gerónimo, Gerónimo. Esta casa tiene sus secretos, puertas más, puertas menos y rincones. Y no podría haberme perdido esas hermosas escenas… tan calientes. Además de supervisar tu trabajo. Jajaaa!

    -¿Entonces?

    -Entonces te repito lo hiciste muy bien… Eva quedó encantada de dejar su virginidad de esa manera. Solo que yo me aguanté las ganas durante la semana, porque verlos coger me dejó caliente. Así que te pregunto si tienes un rato para mí esta noche…

    -Si usted lo pide…

    -Lo pido y ya no quiero esperar. Ven…

    Fuimos a su habitación, a su cama y me empujó para que cayera acostado de espaldas. Se desnudó rápido y se me vino encima, liberó mi verga y la entró a mamar. Sin dudas las ansias la consumían. Se fue mojando la concha con mis jugos y su saliva. Soltó mi pija para subirse a la cama en cuatro patas. Me paré detrás, apoyé la poronga en la entrada y empujé. Empujé, entré y arranqué a cogerla con fuerzas. Mis vaivenes y su paja en la concha, más la excitación acumulada, la llevaron a un rápido orgasmo.

    -Mmmm, que rico… lo necesitaba!

    -Un gusto servirla…

    -Oye… Tu abuela me preguntó un par de veces sobre lo que hemos hecho en la cama… y la muy ladina me juró que le cogiste el culo… ¿Es cierto?

    -Si…

    -Y… el mío… ¿te parece “cogible”?

    -Claro que si… me gusta!

    -Será el pago por los servicios prestados! Jijiji!

    Otra vez se puso en cuatro patas con el ojete bien tirado hacia atrás. Lamí su concha para cargar de su lubricante natural y lo llevé hasta el hoyo fruncido. Varias veces hasta mojarlo bien e incluso metiendo un dedo. Me paré para apoyar la cabeza de la poronga y empujar. Se abrió paso y ella se tensó.

    -Despacito que ese si es bien virgo…!

    -Cuando sienta que empuje usted haga fuerza como para cagar. Así se abre y yo entro…

    -Bien que sabes, eh… lo haré!

    Volví a embestir, ella hizo lo que le pedí y mi verga entró…

    -Ay, ay… me abriste el culo!!!

    -No deje que se cierre… ábralo

    Nuevamente me hizo caso y se la mandé toda adentro. Retrocedí y avancé por la estrecha canaleta.

    -Ay cómo se siente esto! Cógeme despacito pero no pares. Que se joda mi culo…!

    Y claro… la cogí con fuerza pero con estocadas lentas y profundas. Le terminó agradando y se puso como loca…

    -Así, así, dame más… ay como me está gustando… cógeme por favor y lléname de leche!

    Cuando sentí que me derramaba se la saqué casi toda y de un solo empujón se la coloqué hasta el fondo de su ojete. Una acabada copiosa la regó por dentro y se solté hasta la última gota de leche.

    -Ay, bebe… que delicia! Nunca pensé que me gustaría tanto. No te vayas todavía y junta más leche para la tía Martha…

    Tanto fue así que amanecí dentro de su culo vicioso… Lo que no supo porque no le dije, es que mientras cogía su culo pensaba en el de su sobrinita Eva…

    Gerónimo68

     

  • Julio y Sebastián

    Julio y Sebastián

    Sebastián metía una camisa en su mochila justo cuando su compañero de cuarto entraba en la habitación.

    — ¿Te vas a casa estas las vacaciones? —le preguntó Pepe, su compañero de cuarto, mientras se sentaba en su cama y lo miraba con cara triste.

    — Sí; he de ir a ver a mis padres —dijo Sebastián.

    Pepe asentía con su cabeza mientras miraba cómo Sebastián se pasaba los dedos por el largo pelo, enredándolos por entre los cabellos marrones:

    — ¡Joder, joder, joder, tengo que cortarme el pelo, —reflexionaba Sebastián murmurando de manera inteligible y Pepe le miró a los ojos extrañado.

    El tercer año de Universidad había sido muy duro y había dejado que su cabello creciera como unos 46 centímetros, según las mediciones de Pepe, por varias razones: una, casi por necesidad, ya que le preocupaban más los estudios que ir a una peluquería; otra, por desquite, pues siendo pequeño siempre había tenido el cabello muy corto, con corte al cero, ese había sido su estilo de peinado de verano y en el invierno lucía un pelo solo poco más largo aunque bien ajustado, porque su padre decía que era uno de los pocos cortes de pelo decentes que un hombre debía lucir, pues si había sido bueno cuando él estaba en el ejército, igualmente era bueno para su hijo; y otras, entre las que estaba el gusto de su novio con quien había roto no hacía mucho tiempo. En este momento, sabía Sebastián que, cuando llegara a casa, sus padres le comentarían lo de su pelo y le obligarían a cortárselo queriendo o sin querer, por lo que decidió echar manos al asunto antes de irse de vacaciones a su casa.

    Pepe, su compañero de cuarto, se rio entre dientes a causa de su decisión, pero le dijo:

    — Imposible, ¿dónde encontrarás ahora abierta una peluquería, amigo mío?

    — Ya tengo cita, —indicó Sebastián mientras ponía sus zapatillas en su mochila.

    — Muy inteligente; vale, vale, bueno, me voy, que tengas felices vacaciones y descansa.

    — Gracias, igualmente.

    Sebastián cerró la bolsa y se puso los zapatos. Abrió la puerta, salió del dormitorio, bajó las escaleras y caminó por la calle hasta la peluquería. No pensaba en nada, porque tenía demasiadas cosas en qué pensar.

    Nunca había estado en el particular asunto de peluquerías, porque de eso se había encargado siempre su padre, por lo que solo conocía bien una peluquería, la de su pueblo, jamás había entrado en otra. Esta le pareció que era una peluquería algo extraña: por un lado, era increíblemente retro, y por otro, también se había informado y le habían dicho que estaba atendida por un hombre realmente atractivo llamado Julio. Así que Sebastián decidió concertar una cita con el siempre famoso Julio mediante el teléfono, de otro modo no lo atendería.

    Al llegar, Sebastián abrió la puerta, y vio que solo había una persona en toda la peluquería, estaba sentada en el área de espera. Supuso que ese chico era Julio y saludó:

    — Buenas noches, ¿Julio?

    —Hola, debes ser Sebastián, le contestó el hombre.

    Se veía que era un tipo extremadamente atractivo: joven, fuerte, lucía un copete negro, vestía bata anudada con un botón y pantalones vaqueros negros que mostraban su bulto y su trasero bien redondeado.

    — Sí, soy Sebastián, contestó Sebastián sonriendo.

    Extendió la mano y el hombre la estrechó.

    — Soy Julio. Bueno, supongo que deberíamos empezar, así que toma asiento. Le dijo barbero haciendo un gesto hacia una silla de peluquero de piel sintética roja que parecía sacada de una película antigua y lo que más deseaba Sebastián era sentarse en ella, porque parecía extremadamente cómoda.

    Sebastián fue a la silla acompañadlo por el peluquero y tomó asiento acomodándose bien. Julio se colocó detrás de él.

    Julio, como todo peluquero que se precia de sí mismo, comenzó a jugar con el cabello de Sebastián, peinándolo con sus propios dedos para poder hacerse una idea de cómo se movía y con qué tipo de textura capilar se iba a enfrentar:

    — A ver, dime ¿qué quieres hacer con tu cabello hoy?, —preguntó Julio.

    Sebastián no reflexionó tras la pregunta, sabía que lo quería corto.

    —Bueno, te cuento, lo dejé crecer durante mucho tiempo. Ahora necesito un cambio…, —se encogió de hombros—, Aféitame todo.

    Se miró en el espejo de enfrente y no podía creer que esas palabras hubieran salido de su boca. Sabía que afeitarse no era un corte al cero; un corte al cero había sido el peinado más corto que casi siempre había lucido. Quería un cambio mayor, un cambio total y absoluto, por lo que se mantuvo en lo que dijo.

    Julio lo miró a través del espejo, sus dedos comenzaron a ralentizar el juego con sus cabellos:

    — ¿Por qué necesitas un cambio tan radical? A veces es mejor hablar y luego afeitarse, porque un cambio así amerita un tiempo para pensarlo.

    — Recientemente rompí con… mi novio; a él le gustaba mi cabello, lo amaba.

    Así de sencillo se confesó Sebastián, aunque estaba seguro de que sus padres habían sido un factor determinante, pero la razón por la que su cabello era largo no era solo porque él fuera perezoso, sino también por el amor de su ex novio por el pelo largo de los hombres. Por eso afirmó tajante:

    — Solo quiero que todo desaparezca. Volverá a crecer, sólo es pelo.

    Julio se resignó y asintió con pena:

    — ¿Estás seguro de que quieres que sigamos adelante?

    — Sí; estoy absolutamente seguro. Lo único que has de hacer es afeitarlo todo, —respondió Sebastián cruzando las manos sobre su regazo, decidido a no retroceder ahora.

    Julio pasó sus dedos por el cabello de Sebastián nuevamente, sacándolo un poco de la parte más larga para poder obtener una estimación aproximada de la longitud, y dijo muy pausadamente, mientras le mostraba el largo mechón:

    — Tienes una buena longitud… Es una pena…, tienes alrededor de 42 cms., así que…,

    Julio se quedó de piedra ante una decisión tan firme, mostrada por Sebastián.

    —No, no quiero donarlo de todos modos.

    Julio asintió y, apoyando las manos en los hombros de Sebastián, se cruzaron la mirada fijamente a través del espejo, y dijo de muy buen talante:

    — Está bien. Lo ataré y lo cortaré antes de que lo destruya del todo, ya que si es tan largo podría atascar los clippers de las maquinillas; luego, en un santiamén, cortaré el rastrojo, ¿te parece bien?

    —Sí, —asintió Sebastián con total acuerdo.

    Julio sonrió y luego se dirigió a su cajón y sacó una capa a rayas, la desplegó, se la colocó sobre Sebastián, todavía sin ajustara para anudarla. Regresó a su cajón y extrajo una tira para el cuello, puso el papel alrededor del cuello de Sebastián y luego cerró la capa, ajustándola cómodamente al cuello con el velcro.

    Sebastián se miró en el espejo, pensó que Julio se había puesto caliente y que estaba empezando a sentir los movimientos de excitación en su ingle.

    Julio detuvo su pequeño carrito rodante de metal, donde tenía sus juegos de tijeras y maquinillas, junto con varios instrumentos y un pequeña cortadora rastreadora de afeitar. Mientras Julio preparaba sus máquinillas, Sebastián vio la foto de una hermosa mujer rubia enganchada entre el marco y el vidrio del espejo de Julio:

    — ¿Es esa tu novia?

    Julio se rio entre dientes y sacudió la cabeza;

    — No, ¡qué va! Esa es mi hermana, Amy. Estamos muy unidos —se rio y añadió:— soy gay, así que definitivamente no voy a tener una novia al menos de momento.

    —¿De Verdad?, — preguntó Sebastián cuando Julio tomó un pequeño elástico de peinado y comenzó a juntar el cabello de Sebastián en una cola de caballo.

    — Sí, afirmó Julio y acompañó con la cabeza su sí.

    Julio tensó la cola de caballo de Sebastián para cortarla, no lo hizo porque sí, ni por alguna razón preventiva, sino que, siendo un excelente profesional, se estaba anticipando un posible cambio en los planes del hombre que estaba sentado en su silla.

    Sebastián miró la entrepierna de Julio y, para su sorpresa, notó que Julio estaba debatiendo con una erección en su entrepierna.

    — ¿Estás excitado?, —preguntó Sebastián.

    Julio se sonrojó y contestó humildemente:

    —Sí, tengo un chico muy caliente en mi silla.

    — ¿Ocurre esto con todos tus clientes? —preguntó Sebastián mientras se mordía el labio inferior un poco seductoramente, aunque no tan ostensiblemente.

    Julio sacudió la cabeza y dijo:

    —No, no me engancho con los clientes, no suelo hacerlo ni debo, pero a veces…

    — ¿Quieres hacerlo? Estoy limpio. Nunca he tenido ETS, —dijo Sebastián mientras miraba a Julio a través del espejo, sintiendo una sensación de emoción que comenzaba a recorrer todo su cuerpo.

    Julio asintió y respondió a la solicitud:

    —Nunca tuve ninguna clara oportunidad, y sí, claro que quiero hacerlo, ¿y tú qué?

    — Que me pones, claro que sí, —respondió Sebastián enseguida.

    Julio dejó sus tijeras en su carrito de metal y luego sonrió, mientras decía:

    — Lo afortunado de trabajar aquí es que hay cortinas en todas partes, y a nadie le importan los placeres sexuales de los otros.

    Fue al frente de la ventana principal que daba a la calle y cerró las cortinas.

    — Supongo que eres pasivo, pues yo soy activo, tú necesitas mi servicio, así que voy a ser el alfa.

    Sebastián se rio entre dientes y asintió con la cabeza, diciendo:

    — Soy un hombre de fondo, así que sé fuerte, dijo con sorna.

    Julio giró la silla rápidamente para que Sebastián no pudiera verse a sí mismo.

    — Quítate la ropa, que quiero ver crecer tu polla mientras te afeito la bonita y pequeña cabeza.

    Le quitó la capa a Sebastián y luego le quitó la tira del cuello. Esperó a que Sebastián se desnudara, pero no dejó de mirarlo.

    Sebastián terminó de desvestirse, agarró su polla y comenzó a acariciarla.

    —Chico malo, voy a hacerte mi puta calva, — dijo Julio con una sonrisa malvada y un tono ligeramente seductor.

    — ¿Listo?

    Sebastián asintió y su ritmo cardíaco se aceleró:

    — Estoy listo.

    Julio tensó la cola de caballo y luego comenzó a cortarla por encima de la cinta para el pelo. Solo hizo unos cuantos cortes para cortar el pelo. Julio sonrió y luego se lo entregó a Sebastián diciendo:

    — Quiero que mantengas eso a salvo. Quiero guardarlo.

    Sonrió y luego pasó sus dedos por el cabello de Sebastián

    — Mucho mejor; ahora estás empezando a parecer de nuevo un hombre real, —dijo sonriendo y revolviendo el cabello de Sebastián.

    Sebastián se sonrojó y se aferró a su cola de caballo, dándose cuenta de lo largo que había sido su cabello:

    — No había pensado que fuera tan largo mi cabello.

    — Bueno, ya no lo es, —dijo Julio mientras enchufaba sus maquinillas en la regleta de la pared. Después de ver que los ojos de Sebastián se ensanchaban, continuó

    — Mira, yo siempre digo que vayas con las tijeras más ruidosas y más antiguas. Los nuevos simplemente no hacen el mismo trabajo». Se pasó los dedos por el cabello de Sebastián y contra el cuero cabelludo del hombre, «verás lo que quiero decir en un segundo». Puso un archivo adjunto en «Quiero que esto me lleve algo de tiempo. Así que lo vamos a cortar lentamente. Comenzaremos con un poco más y luego iremos más cortos hasta que no quede nada». Agarró un puñado de cabello de Sebastián y tiró, «¿Cómo suena eso, puta?» Besó a Sebastián con fuerza por un breve momento.

    «Muy bien señor.» Sebastián respondió con una sonrisa.

    Julio empujó la cabeza de Sebastián hacia abajo para que su barbilla se presionara contra su pecho, y luego encendió las recortadoras. Los recortadores cobraron vida en la mano derecha de Julio cuando se paró detrás de Sebastián con una sonrisa pícara. «Ahora es tu momento de dar marcha atrás, puta. ¿Lo harás?»

    Sebastián no podía ver lo que estaba pasando, porque no estaba frente al espejo, pero de todos modos negó con la cabeza.

    «Bien», dijo Julio mientras tomaba su mano izquierda y tomaba un pedazo de cabello de la parte superior de la cabeza de Sebastián, lo alzaba, tomaba las tijeras y presionaba el metal frío contra la frente de Sebastián antes de moverlos a través de la sección larga de Pelo, cortando el pelo a una pulgada del cuero cabelludo. «No hay vuelta atrás ahora», dijo cuando terminó esa sección, tirando el pelo en el muslo de Sebastián.

    Julio agarró otro trozo y lo recortó también, esta vez el cabello cayó en el regazo de Sebastián, justo al lado de su polla que ya estaba completamente erecta. Sebastián trató de quitárselo para poder comenzar a masturbarse.

    «No puedes mover eso. Déjalo ahí». Julio advirtió mientras recortaba otra pequeña sección.

    Sebastián dejó caer los mechones de cabello mientras Julio caminaba hacia el frente de Sebastián y lo montaba a horcajadas.

    Julio presionó sus labios agresivamente sobre los de Sebastián y cortó otra sección. La franja de cabello cayó y aterrizó sobre el hombro de Sebastián, y luego se deslizó por su espalda. Disfrutó la sensación de ser humillado y castigado, todo factorizado en que le encantaba cuando la gente jugaba con su cabello.

    «Te ves mucho mejor con el pelo más corto, tan sexy. No puedo esperar a ver tu cabeza calva y frotar mis manos sobre ella». Julio dijo que las podadoras reclamaban el resto del cabello de Sebastián, dejando solo una pulgada alrededor.

    Todo el cabello terminó en el regazo de Sebastián, en su hombro, o cerca de su trasero, o en el piso.

    Julio apagó los recortadores y luego pasó los dedos por el pelo corto de Sebastián, rasguñando suavemente el cuero cabelludo de Sebastián, al que Sebastián presionó contra sus dedos, deseando más. «Es hora de afeitarte realmente». Julio sacó el accesorio de sus antiguas podadoras y luego se detuvo por un momento.

    Sebastián se sentó allí preguntándose qué demonios estaba pasando y por qué esto no continuaba, pero no pasó mucho tiempo hasta que Sebastián regresó de la habitación con un trípode y una cámara, «Quiero filmar esto. ¿Puedo?» Julio preguntó mientras acunaba la barbilla de Sebastián en la palma de su mano.

    Sebastián asintió, «Hazlo».

    Julio colocó el trípode con facilidad y encendió la cámara: «Ahora, mejor quédate quieto. Mira directamente a la cámara». Agarró la cara de Sebastián y la colocó en un ángulo para que hubiera una clara imagen de sus emociones y la cara durante el proceso.

    Julio sonrió, se paró detrás de Sebastián, y luego volvió a encender las tijeras, acercándolas a la frente de Sebastián y dejó que el ruido de la vibración llenara la habitación mientras las retiraba, quitándose esa sección hasta un simple rastrojo. Se detuvo en la coronilla de la cabeza de Sebastián y llevó la máquina vibradora hasta la nuca de su cuello y las levantó lentamente. Repitió este movimiento una y otra vez.

    Los pelos se asentaron en los hombros de Sebastián y también cayeron contra sus pezones erectos, y Sebastián intentó no correrse con toda su fuerza por la sensación y la humillación, como

    Julio continuó a un ritmo rápido quitándose el resto de la longitud.

    Cuando todo el tiempo se fue, Julio apagó las podadoras y sonrió mientras pasaba sus manos por el rastrojo haciendo que Sebastián se estremeciera, «Eso te gusta, ¿no?» el bromeó

    Sebastián trató de no correrse, «Sí-si-si-síiii».

    Julio lo miró fríamente, agarrando sus orejas e inclinando su cabeza hacia atrás para poder mirar a la cara del otro y luego dijo con severidad: «¡¿Sí, qué?»

    «Sí señor.» Sebastián dijo mientras miraba sus manos que doblamos en su regazo.

    «No te atrevas a joderte cum». Julio advirtió con una voz severa y fría mientras sacaba una navaja de afeitar y una toalla. Se colocó la toalla sobre el hombro, sacó la cuerda y comenzó a afilar la hoja. Puso la maquinilla de afeitar recta en su estación y se dirigió a la parte posterior de la tienda e hizo un poco de espuma de afeitar. Regresó unos minutos más tarde con espuma de afeitar fresca y rápidamente comenzó a usar el cepillo de tejón con movimientos circulares para aplicar la espuma a la cabeza de Julio. Julio recogió su navaja de afeitar y luego le advirtió a Sebastián: «Quédate quieto. Necesito afeitarme tan cerca, y no quiero arruinar tu bonita y pequeña cabeza». Blandió la navaja de afeitar y lentamente comenzó a afeitarse contra el rastrojo, limpiando su hoja después de cada golpe. Cuando terminó, la cabeza de Sebastián estaba cubierta de un exceso de espuma, por lo que tomó una toalla húmeda y caliente y limpió el exceso de espuma.

    Julio miró y admiró su trabajo durante un segundo antes de girar la silla para que Sebastián pudiera mirarse a sí mismo.

    Sebastián se quedó sin aliento y sonrió mientras miraba en el espejo su pálida cabeza desnuda, realmente le gustaba.

    Julio sonrió mientras guardaba todo el equipo, «Eres una belleza. Tienes una cabeza muy bonita cuando no tiene pelo». Julio dijo mientras apagaba la cámara. Se sentó a horcajadas sobre Sebastián y se pasó la mano por el cuello. Sebastián se estremeció y gimió, se agarró y se frotó la polla. «Tu sucia puta». Julio dijo mientras sacaba su propia polla de su bragueta y untaba su pre-cum sobre la cabeza calva de Sebastián. Él sonrió y continuó frotando su pre-semen en el pálido cuero cabelludo sin pelo de Sebastián. «Te gusta cuando froto esa cabeza y cuello perfectamente lisos, ¿eh, mi pequeño esclavo calvo?» Continuó frotándolo, «Te afeité la cabeza muy bien, ahora está perfectamente suave». Suspiró y luego miró todo el pelo en el suelo, «Sabía que debajo de ese pelo repugnante había un niño hermoso».

    Sebastián se tambaleó tratando de mantenerse calmado.

    «Esto será una señal para todos de que eres un esclavo y que eres mío». Julio dijo mientras se quitaba la camisa. Se bajó los pantalones, «Todos los cuatro en mi silla y me apoyé contra su parte trasera para que pudiera ver ese bonito trasero».

    Sebastián hizo lo que le dijeron y se arrodilló en la silla, envolviendo sus brazos alrededor de la espalda, presentando su culo.

    Julio frotó su polla en la cabeza de Sebastián y Sebastián gimió, antes de que Julio tomara un condón, deslizándolo antes de agarrar un puñado de espuma de afeitar, lo frotó en su polla y luego lo empujó por el culo de Sebastián mientras deslizaba su lengua por la nuca de su cuello. . Agarró las orejas de Sebastián de nuevo y se apartó para ver la cara de Sebastián, «Cum. Cum para mi esclavo. Cum cuando te lo ordene».

    Sebastián arrugó la cara y luego roció su semen en la silla, antes de que Julio tirara de la cabeza de Sebastián por las orejas y se metiera en su trasero.

    Julio se retiró unos momentos más tarde y miró a Sebastián a los ojos. «Calvo te mira bien. Está esquilado, afeitado y perfectamente liso. Mi sexy esclava calva, y ahora la gente lo sabrá». Suspiró y sonrió. «Será mejor que te vuelva a follar, y me gustaría invitarte a cenar ahora».

    Sebastián sonrió. «Esperaba que dijeras eso… Llamaré a mis padres y les diré que volveré tarde a casa. Quiero eso. Sería perfecto». Entregó la cola de caballo como si fuera un sacrificio y Julio la tomó y sonrió, «Creo que mantendré esto».

    Sebastián sonrió y asintió en respuesta.

    Nunca más tuvo que visitar a un barbero diferente.

  • Semana Santa en la finca de mis suegros

    Semana Santa en la finca de mis suegros

    De nuevo por aquí para contar los últimos acontecimientos de mi vida, el relato que viene a continuación me ocurrió la semana santa pasada.

    Aprovechando que era semana santa, mis suegros quisieron hacer una reunión familiar en la cual estarían la mayor parte de sus seres más allegados. Yo por mi parte me puse feliz pues hacía mucho tiempo no iba a Medellín y aunque lo más lógico era que tendría que interactuar con mi cuñado Luis, no le vi mucha importancia pues era obvio que lo que pasó entre los dos no volvería a pasar.

    La reunión familiar se llevaría a cabo los días jueves, viernes y sábado santo, pero mi esposo y yo quisimos aprovechar desde el lunes para visitar con más calma y aprovechar el aire puro de la finca donde vivían mis suegros. La finca es más bien una casa campestre muy hermosa y grande, la cual cuenta con muchas habitaciones una zona de baño enorme y es el sitio donde decidió mi suegro don Carlos, irse a vivir después de una vida de negocios en el sector ganadero.

    Él es un hombre de 60 años que a pesar de su edad se conserva muy bien, alto y vigoroso, y aunque la verdad casi no hemos tenido tiempo de dialogar por su carácter fuerte y sus ocupaciones me ha parecido un tipo algo machista y algo malgeniado, nada que ver con mi suegra doña Adriana una mujer abnegada y muy elegante pero sumisa, la típica mujer de hogar tradicional, la cual para sus 55 años ya se veía algo disminuida y la cual se encontraba en silla de ruedas debido a un tratamiento que recibía por una cirugía de cadera.

    Preparamos maletas, y viajamos el lunes a primera hora, llegando a la ciudad de Medellín y de allí abordar transporte y llegar de sorpresa a casa de mis suegros. Al momento de llegar solo estaba doña Adriana con su enfermera particular, (muy joven y bonita por cierto) y Gladis la señora encargada de las labores de la casa y que llevaba más de doce años trabajando con ellos.

    La felicidad de mi suegra no se hizo esperar, de inmediato no instalo en una de las mejores habitaciones y pidió a la empleada a preparar una deliciosa bandeja paisa. Estuvimos charlando mucho rato luego yo subí a mi habitación a ducharme y ponerme un poco más cómoda, mi esposo hizo lo mismo y bajamos de nuevo y en ese momento llego mi suegro el cual se mostró muy efusivo al ver a su primogénito.

    -Pero que sorpresa hijo, que alegría, Daniela como estas, veo que el llano les ha sentado muy bien.

    -Si papa las cosas nos han salido como las planeamos y afortunadamente la fortuna y la dicha están de nuestro lado.

    -Si suegro, pero ustedes también están muy bien y la finca está mucho más hermosa. Esa piscina se ve deliciosa jajajaja.

    -Claro Danielita está a tu disposición.

    Estuvimos hablando mucho rato los cuatro, de todo tipo de cosas, de la cirugía de mi suegra de lo bien que se conservaban ambos etc. Luego, cenamos y decidimos ir a descansar para el día siguiente continuar la charla. Ya mi esposo y yo subimos al cuarto y desempacamos y acomodamos nuestra ropa y nos dispusimos a dormir no sin antes tomar mi sagrado vaso de agua.

    Al día siguiente nos levantamos a eso de la 8 am y bajamos ya la empleada estaba sirviendo el desayuno y aprovechamos para hacerlo juntos los cinco con la enfermera. Luego nos fuimos las mujeres de compras y a hacer un poco de mercado y a que mi suegra se des estresara. Mi esposo aprovecho y salió con su padre a ver un ganado y unos caballos que tenían en las pesebreras. Estuvimos casi todo el día, en la ciudad recorriendo cuan centro comercial vimos, llegamos a la finca eso de las cuatro y los señores aun no llegaban mi suegra llego algo agotada y se acostó y yo me quede en el corredor hablando con la enfermera la cual genero mucha química conmigo.

    A eso de las 6 llegaron algo pasados de trago pero era algo normal en dos personas que no se veían hace mucho, cenamos mi suegra medio comió algo y pidió los calmante y se fue a su habitación a descansar, al rato mi suegro hizo lo mismo, yo acompañe a mi esposo a la habitación él se durmió sin ducharse y decidí bajar a charlar con Mónica la enfermera. Estuvimos como una hora hablando. Luego subí a mi habitación me duche y me puse de pijama un short cachetero rosado y un top blanco. Baje tome mi vaso de agua y cuando me iba a acostar y me disponía a tomar mi celular para escribirle a mi hermana recordé que lo había dejado en la habitación de Mónica.

    Baje y me dirigí a su alcoba, la puerta estaba entreabierta y de imprudente entre sin decir nada y fue mi peor error, allí estaba ella de rodillas haciéndole un oral a mi suegro, no se cual cara fue la peor la de él la de ella o la mía.

    -ayyy pe-perdón es que deje mi celular.

    Fue la única estupidez que se me ocurrió decir mientras Diana se ponía en pie y don Carlos acomodaba su erecto pene que era algo fuera de lo normal por su tamaño. De inmediato salí de espaldas y cerré la puerta, pero no subí a mi cuarto sino que me quede en la sala muy apenada y sin saber qué hacer.

    Pero a los pocos segundos llego mi suegro, con cara de vergüenza sin camisa ya con su pantalón acomodado pero sin poder ocultar su erección y con mi celular en la mano.

    -Aquí está tu celular Danielita, y disculpa por lo que ocurrió no pensamos que alguien fuera a entrar.

    Yo tenía mi cara roja de la pena y mi cabeza agachada estire la mano para recibir mi móvil y le dije:

    -No suegro la culpa es mía por imprudente y no se preocupe que por mi parte no ocurrió nada.

    -Eso espero mi niña, eso espero.

    Me dijo que no tenía por qué estar apenada, que lo dejara como un secreto entre los tres. Yo lo mire y aun nerviosa no pude decir nada pero mi vista me engaño y se dirigió a su bulto, el tomo mi mentón con una de sus manos me alzo la cara y me dijo:

    -¿es un secreto?

    -Siiiii señor claro que si.

    Medio sonreí y el me miro de arriba abajo llevo su mano a mi cintura y me entrego mi celular.

    -Ahora ve a dormir Danielita, que te puedes resfriar, está muy descubierta.

    Yo me mire y ver mi ropa y su mirada me puso más nerviosa de lo que estaba y solo pude decir hasta mañana suegro, y salí a paso ligero rumbo a mi habitación. Ese noche casi no dormí por lo incomodo de la situación y al día siguiente no sabía que iba a hacer y con qué cara iba a ver a mi suegra mi suegro y a diana, pero cuando llegue donde ellos estaban reunidos conversando y organizando la reunión que se aproximaba, note que ellos estaban actuando como si nada y la enfermera me saludo con beso en la mejilla.

    Luego cuando tuvo la oportunidad de hablar a solas con migo, pude ver su angustia, la cual calme diciéndole que por mi parte eso no había ocurrido, pues la verdad no soy quien para criticar y juzgar a nadie. Las cosas siguieron normalmente y poco a poco fue empezando a llegar la familia, llegaron hermanos de ambos señores sus hijos etc. La parte más incómoda para mí fue ver llegar a mi cuñado Luis el cual vino con su novia, su saludo fue muy efusivo hacia mi e incluso con una de sus manos alcanzo a acariciar parte de mis nalgas sin que nadie lo notara.

    Ya para el jueves santo estaba reunida la familia en su totalidad, pero yo me la pasaba con mi esposo, diana, y mi suegra evitando ver a la cara a mi suegro y quedarme a solas con mi cuñado. El día era caluroso y decidimos ir a la piscina a tomar el sol y jugar un rato en el agua, yo me puse un bikini algo pequeño de color negro y las mujeres que había en la casa aprovecharon también para darse una soleadita. Pero no llevábamos ni media hora cuando la mayoría de hombres ya están metidos en el agua, la verdad empecé a sentirme incomoda con tantas miradas pero para no hacer un desaire convencí a diana que fuéramos nadar un poco y así entre el agua evitar tantas miradas.

    Mi esposo por su parte prefirió irse a leer el periódico y a descansar pues no era alguien a quien le gustaran ese tipo de planes, ya en la piscina resultamos jugando voleibol hombre contra mujeres y todo fue diversión, pero al mucho rato cuando diana tuvo que ir a continuar con el cuidado de mi suegra yo decidí salir del agua e irme a ducha duchar y cambiar en los baños de la alberca para no mojar el piso de la casa, pero justo cuando me estaba a punto de empezar a cambiarme sentí como me tomaron por la cintura, era mi cuñado Luis.

    -Que haces Luis suéltame hay mucha gente y cualquiera puede venir.

    -Shittt, tranquila cuñada ellos están en lo suyo y mi novia está muy entretenida, estas muy rica cuñadita.

    De inmediato empezó a besar mi cuello y sentí como su pene crecía en mi cola, yo trate de calmarlo pero él estaba muy caliente y me metió a una de las duchas, me volteo me recostó contra la pared mientras ponía su mano en mi entrepierna e intentaba besar mi boca.

    -Nooo Luis nooo, para.

    -Ya deja el drama cuñadita, yo sé que tú quieres, no entiendo como mi hermano te deja tanto tiempo sola.

    Acerco su cuerpo al mío y yo traté de separarlo pero fue inútil, el continuo besando ya mi cuello y parte de mis senos mientras con su mano abría paso entre mi tanga de baño y mi vagina, apoderándose de ella con sus dedos, luego y al ver que yo ya estaba a punto de ceder se separó un poco y bajo su pantaloneta dejando su pene listo para metérmelo, corrió mi tanga a un lado yo abrí mis piernas para que me lo metiera más fácil, pero cuando lo estaba acomodando, escuchamos voces y pasos, él se retiró rápidamente y yo acomode mi tanga.

    -Ves lo que pasa Luis quédate aquí y no salgas hasta que yo no me vaya.

    Salí de ahí me metí a la ducha de enseguida me puse el short y sin ducharme salí, topándome el pasillo con unas primas de ellos. El reto del día trascurrió con calma y la noche paso sin inconvenientes.

    Al otro día, viernes la reunión se llevaría a cabo en horas de la noche y todo estaba dispuesto para fiesta familiar empezaron a llegar meseros etc. Mi suegra estaba feliz pues al fin estaba reunida toda la familia en mucho tiempo y era digno de celebrar, las horas fueron pasando el patio de la casa estaba adornado de tal forma que todos pudieran tomar, bailar y comer con tranquilidad.

    Todos empezaron a reunirse en la sitio destinado vestidos de forma muy elegante yo me puse un vestido rojo con un escote amplio y una abertura a un lado de la pierna sin sostén y una tanga del mismo color del vestido, baje con Carlos y nos hicimos en la mesa donde estaban mis suegros y diana junto con unas hermanas de doña Adriana eran las 7 pm y ya se empezaban a ver personas pasadas de trago pero a eso de la 8 empezó el baile yo baile unas cuantas piezas con mi esposo, con los tíos, también estaba ya algo pasada de tragos, mi suegro por su parte estuvo muy amable y servicial con todos , a las 10 pm y cuando los tragos y la música hacían ya estragos en muchas personas, mi suegra llamo a su esposo y le dijo.

    -Amor porque no sacas a bailar a diana y a Danny mira que la mayoría de hombres ya están borrachos y se van a aburrir las niñas, Luis esta pasado de tragos y esta además concentrado en la nueva novia.

    -Jajajaja -todos los que estábamos en la mesa nos pusimos a reír, mi suegro miro a Diana y la sacó a bailar, ella me miró con algo de vergüenza y yo hice como si nada, mientras ellos bailaban yo me tome un par de tragos más y ya el sereno y el licor me estaban golpeando, mi marido ni hablar prácticamente estaba doblado en la mesa junto con sus tíos y primos al poco tiempo llego mi suegro y dianita, descansaron un par de canciones y luego don Carlos empujado por su mujer me saco a bailar, yo estaba ya algo más que mareada, pero no tanto como para no aceptar.

    Salimos, recuerdo que era un merengue algo viejo.

    -¿Si estás bien Daniela?

    -Si claro suegro un poco mareada pero no como para caerme jajaja.

    -Jaja, tranquila que no te dejo caer, está muy bonita mi niña, ese vestido te queda muy bien.

    -Gracias suegro ahí se hace lo que se puede jajaja.

    -Mira que todos no han parado de mirarte, que fortuna la de mi hijo, lástima que sea tan descuidado con trigo, ¿o me equivoco?

    -Por qué lo dice suegro, él es así pero, está muy pendiente de mí. Es todo un caballero.

    -Pero yo siendo él no me emborracharía y te dejaría sola jajaja yo a su edad no me perdía nada, jajaja.

    -Jajaja, que cosas dice suegro, además usted no esta tan viejo, y por lo visto no se pierde aun de nada jeje.

    El me miro, y sonrió.

    -¿Lo dices por lo del otro día, Daniela?

    -Nooo nooo suegro, eso no fue, que pena.

    .Jajaja no te preocupes, al contrario haz guardado muy bien el secreto.

    -Tranquilo suegro yo no tengo por qué contar nada de lo que vi.

    -Eso está muy bien, pero mira, se acabó el disco sigamos con el otro.

    -Si claro don Carlos.

    -Y a propósito ¿qué fue lo que alcanzaste a ver ese día?

    -Ayy suegro como me pregunta eso jaja.

    Me puse algo nerviosa y trastabille un poco, el me tomo por la cintura y sonriendo me dijo.

    -No te asustes solo es por bromear jajaja.

    -Jaja yo se suegro.

    Y para no dejarme apenar más por el lance una frase al aire refiriéndome a lo que paso ese día.

    -Igual pude ver dos cosas ese día, bueno tres jajaja.

    -Siiii, ¿y cuáles si se puede saber y no te da pena?

    -Para nada suegro, la primera que diana estaba algo atragantada jajaja, la segunda tenía por qué estarlo, y la tercera que usted estaba muy mirón esa noche jajaja.

    No sé si fue por el efecto de los tragos que dije eso pero cuando reaccione a la metida de pata ya era tarde y no me iba a retractar.

    -Jajaja, ¿te parece que tenía por qué estar atragantada? Pero si hablamos de mirones tú también lo estabas jajaj , pero no voy a negarlo Danielita, quien no va a mirar tremendo ejemplar como tú. Y más como estabas esa noche.

    Bajo un poco su boca a mi oído y me dijo.

    -En parte tu tuviste la culpa de que mi erección tardara en desaparecer esa noche, y mírate hoy estas hecha toda una hembra.

    No sé qué fue lo que paso pero, sus palabras lejos de enojarme y apenarme hicieron fue ponerme un poco nerviosa e inquieta.

    -Vea pues suegro, y se va a terminar la canción y la charla esta amena jaja

    -Podemos seguir con la otra, no le veo problema mi niña.

    Yo agache la mirada, y le respondí

    -ningún problema suegro.

    -Muy bien mi niña, ¿y Diana te ha mencionado algo?

    -La verdad, hablamos del tema, pero no lo volvimos a tocar para evitar.

    -Ese día se encerró y no me quiso abrir más la puerta, jajaja

    -¿Cómo así suegro usted la busco después de eso?

    -La verdad Danielita y espero que no te incomodes con lo que voy a decir, pero después de verte así como estabas mis ganas de hacer el amor aumentaron, y fui a buscar a Dianita de nuevo. Pero al no abrirme, pensé en ir a tu cuarto, jajaja eso fue broma.

    Yo me puse muy nerviosa pero al ver su risa, me calme un poco.

    -Ayyy suegro que cosas dice me va a hacer dar más vergüenza de la que me dio ese día.

    -Jajaja, en verdad te dio vergüenza se te notaba, pero no debiste ponerte así, mira que yo lo tome con calma y eso que me cogiste con los pantalones abajo literalmente jajaja.

    -Jajaja y bien abajo suegro.

    La canción termino y yo muy sutilmente dije que quería algo de tomar pues tenía calor y fuimos a la mesa. Allí estuvimos hablando y tomando unos tragos más hasta que a doña Adriana le dio por ir a descansar y le pidió a diana que la llevara al cuarto, mi suegro por su parte decidió ir a ayudarla, pues la enfermera estaba también algo mareada, yo le hable a mi esposo para ver si nos íbamos a descansar pues ya era tarde y la mayoría estaba ya o borracha o con sueño, él ya estaba tan borracho que solo paro su cabeza y la clavo de nuevo en la mesa. En ese momento llego un primo de ellos ya muy ebrio y me invito a bailar y yo por no hacer un desplante acepte.

    Pero, empezó a decirme un poco de cosas, mientras bailaba que me empezaban a indisponer.

    -Mi primo, si tiene mucha suerte, ¿Daniela, es que te llamas?

    -Si Daniela ¿y por qué dices que tiene suerte?

    -Pues mira que mujer más buena la que tiene, cuando quieras te invito a mi finca y la pasamos bien rico.

    -Creo que este muy pasado de tragos y lo mejor es que te vayas a sentar.

    Intente zafarme y dejarlo ahí parado e irme a mi mesa, pero me apretó contra él y bajo su mano a mi cintura.

    -¿Qué hace? ¡Suélteme!

    -Tranquila, no te alborotes y relájate.

    Bajo su mano hasta mis nalga y me apretó más contra él, yo muy asustada pero, mucho más enojada le la mano y le dije que me respetara, lo deje ahí parado y me fui a la mesa. Para tratar de disipar las cosas y e insistirle a mi esposo para que se levantara, pero fue inútil, ya las tías y la demás gente de mi mesa se había retirado y solo quedamos mi marido y yo.

    Pensé irme y dejarlo ahí de lo enojada que estaba, pero, sería muy mal visto. Por lo que me senté y tome otro trago, pero el dichoso primo no hacía más que mirarme y me empezó a incomodar, pensé llamar a mi cuñado pero, eso sería peor, por lo que opte por ir a ver si mi suegro me ayudaba a subir a Carlos.

    Entre a la casa, en dirección de la habitación de mis suegros pero me topé con el saliendo de su cuarto.

    -Suegro, que pena venir a buscarlo, pero es que su hijo está totalmente dormido, ¿me ayuda a subirlo al cuarto?

    -Claro, mi niña, pero yo pensaba seguir la reunión ¿ya te vas a dormir?

    -Pues si es que ya todos están o borrachos o dormidos y hasta cansones.

    -Ahhh, pero yo estoy bien mi niña y tu estas aún muy sobria o no.

    -La verdad estoy algo mareada don Carlos.

    -Vamos y estamos un ratico más yo despacho los músicos y ya te ayudo a entrar a mi hijo, para que duerman, si es que lo dejas jajaja.

    -Pues ese ya se durmió hace rato suegro, será dormir yo también.

    -Ese muchacho nunca fue bueno para el licor mi niña, espero que si para lo otro, jaja

    -¿Y qué es lo otro suegro?

    -Jajaja para el sexo mi niña.

    -Ahhhh jajajaja si claro que sí.

    -Bueno contigo cualquiera lo seria, es más si yo fuera mi hijo te llevo a algún lado, alzo tu vestido corro tu tanga y jummm. Jajaja

    Yo pare lo mire y no sé por qué no reaccione igual que con el otro tipo, al contrario algo contrariada y sorprendida pero, con voz picara le respondí.

    -Jummm suegro pero que imaginación, la suya y además quien le dijo que llevo tanga puedo tener un short o algo mas jaja.

    Seguí caminando y él se quedó callado. Me senté a esperar el despacho los músicos meseros etc. Todos los demás se fueron a sus cuartos, Luis con su novia los tíos los primos en fin. Mi suegro me pidió el favor que mientras el llevaba a mi esposo viera que los meseros medio organizaran para al día siguiente vinieran por todo. Menos mal ya tenía casi todo listo y cuando el bajo de nuevo ya se estaban despidiendo.

    Yo estaba ya recostada contra la baranda del corredor tomando un vaso de licor y viendo ir el carro con los meseros, y mi suegro me hablo, listo Danielita, allá quedo tu galán. Yo me gire y le dije.

    -Gracias suegro ahora si a dormir.

    -Jaja, si señorita, tomate el trago vamos jajaja.

    Yo lo mire y por molestar le dije que a donde. Él se rio y respondió que a salir de una duda.

    -¿Cuál duda suegro?

    -La que me dejaste hace unos momentos.

    -¿Cual?

    -Me dijiste que tal vez no llevabas tanga y pues me quede muy intrigado.

    Se alejó un metro y apago las luces del pasillo, y solo iluminaba la luna y una que otra lámpara del jardín. Mientras se me acercaba de nuevo yo me quede quieta esperan que me dijera que era broma, pero en lugar de eso se me acerco como a 30 cm tomo el vaso de mi mano se dio un sorbo y me lo dio de nuevo, se agacho un poco y me dijo.

    -¿Que llevas bajo el vestido?

    -Ayyy suegro que pregunta.

    -Solo dime mi niña.

    -Eso se lo dejo a la imaginación.

    Hazle mi vaso y tome el resto de licor, él se rio, y en forma de susurro me dijo.

    -pues lo voy a averiguar.

    Y mientas me dijo eso poso su mano en mi cintura y entre besos y mordiscos en mi cuello me preguntaba…

    -¿Me deja averiguar?

    -No suegro que hace, mejor váyase a su alcoba.

    El omitiendo mi respuesta, bajo su mano a la abertura de mi vestido tomo mi pierna y comenzó su ascenso, mientas su boca se apoderaba más y más de mi oreja y su otra mano de mi cintura ya sobre mis nalgas, al llegar con su mano a mi cadera por debajo del vestido sintió el hilo de mi tanga, la cual levanto y deslizando toda su palma se apoderó de mi entrepierna, metiendo luego su dedo del medio entre mis labios vaginales causándome una escaramuza y un pequeño.

    -Auuuush, don Carlos ¿qué hace? Mmmmm

    -Lo que no te hizo mi hijo Danielita.

    -Nooo por favor suegro no sigaaa

    -Shiiiit calmate que ya estas mojadita.

    Yo puse mis manos en su pecho fingiendo sepáralo pero ya sentía el placer de sus dedos en mi cosita el con su otra mano bajo las tiras del vestido en mis hombros dejando mis senos expuestos a él, luego los manoseo y posteriormente me los empezó a chupar y lamer mientras mi empapada vagina sentía sus dedos cada vez más adentro, después saco su mano de mi entrepierna y zafó su correa, su pantalón y su bóxer para dejar ver ese pedazo de carne que me había dejado inquieta unas noches atrás, yo lo mire. Y me mordí los labios, el levanto mi vestido a la cintura y abriendo mis piernas se posiciono entre ellas.

    -ves como se hace mi niña.

    Metió su mano y corrió mi tanga a un costado, yo levante una de mis piernas e incline mi cadera hacia su pene, él lo tomo con una mano y lo llevo a la entrada de mi vagina, sentí como su glande rosaba mis lubricados labios, el intento metérmelo de un golpe pero su tamaño no se lo permitió.

    .No suegro esto es una locuraaa.

    Le dije mientras me acomodaba, habría más mis piernas y con una de mis manos corría más mi tanga para que me lo metiera más fácil, apoye mis codos sobre la baranda y el tomo con ambas mano mi nalgas y me levanto, yo acomode mis piernas a su alrededor y sentí como ese enorme pene se abría paso entre mi vagina sintiendo como me recorría centímetro a centímetro causándome un grito de placer el cual tuve ahogar mordiéndome los labios.

    -Ahhhh mmmmm por dios suegro ufff.

    -Te gusta mi nuerita rica. Ahora vas a saber que es un pene de verdad.

    Y sin más ni menos lo saco hasta la mitad y lo clavo con más fuerza chocando con fuerza mi pared pélvica, para luego meter su lengua en mi boca y ahogar de nuevo mi grito de placer incontenible, el cual era más placentero con cada embestida que me daba.

    -Mmmm mmmm mamacita que rico metértelo mi niña.

    -Que rico que me lo mete usted suegrooo.

    -Lástima que estén todos los cuartos ocupados mi niña o si no te daría clavo toda la noche.

    Yo empecé a sentir contracciones y aumente el movimiento de mi cadera y apreté su pene con mis labios vaginales lo que causaba en él un placer similar al mío, solo que yo no pude aguantar más y deje estallar mi orgasmo.

    -Ahhh ahhhh mmmm siiii que deliciaaa don Carlooos.

    El continuaba sus embestidas aceleradas cada vez más hasta que un minuto más tarde dejo salir una enorme cantidad de semen que lleno mi interior.

    -Que buen polvo mi niña espero que te haya gustado,

    -Suegro me encanto, pero eso estuvo mal.

    Le respondí mientras lo besaba.

    -Tienes razón mi niña la próxima ves lo hacemos en una habitación y mucho más tiempo.

    Yo me baje acomode mi tanga, mi vestido y le respondí.

    -De usted depende suegro, ahora me voy a dormir.

    -Así será mi niña.

    Me dio una nalgada y yo me retire sonriendo. Subí a mi cuarto me limpie y me acosté al lado de mi marido solo con mi tanga manchada con el semen de su padre.

    A las diez de la mañana del me levante, desperté a mi esposo, u cuando bajamos casi todos ya estaban en la piscina, el día era hermoso y soleado lo cual hizo que convenciera a Carlos de que fueranos un rato a nadar y tomar el sol. Subí a la habitación tome un vestido de baño azul pero este era de dos piezas, solo que no era tanga si no cachetero pues no quería llamar mucho la atención.

    Llegamos, allí estaban todos, hasta mis suegros pero ellos estaban en un kiosco junto con la mayoría, tomaban algún aperitivo, otros estaba tomando sol en las banca, Carlos y yo fuimos a la piscina y nadamos un rato allí estaba dianita y uno que otro niño. Yo me puse a charlar con ella y al rato salió mi esposo y se fue donde su hermano a tomar una cerveza el cual estaba con su novia y otros primos. Luego mi suegra le hizo señas a Diana para que fuera y yo me quede esperado que regresara con mis codos sobre el bordo mirando al kiosco donde estaban ellos.

    Al momento de estar sola sentí que alguien nado hasta mi lado y cuando salió y se hizo cerca de mí, pude ver que era el primo borracho de mi marido, que la noche anterior se había querido pasar de listo conmigo.

    -Hola casi cuñada, que pena lo de anoche, pero estaba algo tomado.

    -Algo, yo diría que muy tomado y muy pasado mmmm ¿Cómo es que te llamas?

    -Andrés, casi cuñada jaja,

    -Si eso Andrés que mal rato el de anoche.

    El me miro algo enojado pero con una sonrisa algo irónica, y con voz arrogante me dijo.

    -¿A qué mal rato te refieres, al que te hice pasar yo o al que pasaste con mi tío, tu suegro?

    Yo me impresione de tal manera que sentí como mi rostro cambio de mal humor a un nervosismo que me dejo sin aliento.

    -¿aaa que se refiere? No se dé qué me habla.

    Pues sucede que ayer cuando todos se acostaron yo decidí salir a fumarme un porro y cuando estaba a punto de prenderlo me encontré con una escena que me quito las ganas de fumar. Tu sabes de que hablo ¿Daniela es que te llamas?

    Definitivamente había visto lo que paso con mi suegro la noche anterior, yo me puse algo nerviosa pero, fingí que todo era producto de su borrachera.

    -Ahhh ya, o sea que ¿que viste? Definitivamente estabas muy borracho. Y además fumado.

    -No te hagas la tonta, tú sabes muy bien de que hablo, pero no discutamos eso aquí. En 10 minutos me voy a ir a mi habitación te espero allá más o menos en 20 minutos, para que charlemos de lo que paso anoche entre mi tío y tú.

    -Ni loca voy a caer en su juego, haga lo que tenga que hacer y no me joda.

    Estaba que me moría del miedo y la angustia, pero trataba de disimular mi terror.

    -Está bien casi cuñada ya queda en tus manos, no creo que a mi tía Adriana le caiga muy bien la noticia o a mi primito Carlos. Tú decides

    Yo, lo mire con ganas de darle un golpe, pero agache mi cabeza, y luego mire al sitio donde estaban todos sin saber que decir. El aprovechando mi desconcierto y que en la piscina solo estábamos él y yo y algunos niños, y la posición en la que estábamos para meter una de sus manos en el agua y acariciar mis piernas por detrás y llevarla a mis nalgas y darles un apretón.

    -¿Qué hace, suélteme?

    Le reproche mirando el piso para que nadie notara mi cara de frustración.

    -Lo que no me dejaste hacer anoche, ¿Daniela es que te llamas? ese culo esta de infarto, ahora ya sabes en 20 minutos te espero en mi habitación, es la que esta enseguida de la tuya.

    Y palmoteando mi cola, salió de la piscina y se fue hacia la casa. Yo me quede allí como 5 minutos muy confundida y sin saber qué hacer, pensé en contarle a mi suegro, pero no quería tocar el tema, salí del agua y estuve unos momentos al lado de mi marido pero prácticamente sin decir nada, pensé no ir pero el estúpido sonaba muy seguro de contar. Y cuando ya habían pasado los 20 minutos, me incorpore y le dije a mi esposo.

    -Amor voy un rato a mi habitación, tengo mucho dolor de cabeza, creo que es migraña.

    -Te acompaño, mi vida vamos.

    -No amor pues como quédate con tus padres, además tu sabes cómo me pongo de mal genio, más bien voy me tomo algo y me recuesto un momento sí.

    -Está bien mi vida, si me necesitas me escribes al cel.

    -Si amor, no vemos ahorita.

    Le di un beso y salí a ver como convencía a Andrés para que guardara silencio, entre a la casa subí las escalas y entre a mi cuarto para ponerme un short y una blusa antes de ir donde estaba el maldito, pero cuando buscaba en el closet sentí que abrieron la puerta, y al mirar vi a Andrés parado allí.

    -Hola casi cuñada, pensé que no vendrías, y escuche ruido y mira eres tú.

    -Si Andrés, pero, por favor podrías salirte que antes debo hacer algo. Además alguien podría venir y verte acá.

    El me miraba de arriba abajo, con una sonrisa burlona

    -Pero, igual Danielita, eso tiene solución, es mas ya que no has ido a mi cuarto y como ya paso el tiempo que te di, entonces voy a hablar con mi tía.

    Dio la vuelta y sin decir más empezó a caminar.

    -Esperaaa, está bien, hablemos, vamos a tu cuarto.

    Él se detuvo, se paró de nuevo en la entrada de la puerta, y respondió.

    -Así está mejor, pero pensándolo bien podríamos hablar aquí, o ¿tienes algún problema?

    -Nooo, para nada, ¿pero, si viene alguien?

    -Eso tiene solución Danielita.

    Entro a mi alcoba, cerró la puerta y puso pasador, yo lo mire asustada y solo le dije.

    -Dígame de una vez que quiere o cuanto quiere y listo.

    -Tú sabes que yo no quiero dinero mujer.

    -¿Entonces qué quiere que haga? Pero rápido porque no me puedo demorar

    Él se fue acercando a mí y yo retrocedía con cada paso que el daba, mirándolo de arriba abajo con miedo y desprecio, ese cuerpo escuálido y mal cuidado solo cubierto por su pantaloneta de baño, y blanco como la leche, esa cara de drogadicto y mirada depravada. Que con cada paso se acercaba más, yo solo retrocedía hasta quedar recostada en la pared y el a mi frente a escasos 30 centímetros.

    Tu sabes que es lo que quiero, y si estás aquí es porque me lo vas a dar, no te hagas la inocente que yo se lo puta que eres.

    Puso una de sus manos en mi entrepierna acariciando mi vagina y subiéndola por mi vientre hasta mis senos, allí tiro mi sostén hacia abajo dejando al descubierto mis pechos.

    -Ves que ricas tetas tienes, termina de quitarte ese sostén.

    -No, por favor así no, acá no.

    -¡Que te los quites!

    Yo lo saque por mi cabeza dejando libres mis senos, él puso ambas manos sobre ellos y empezó a pellizcar mis pezones, luego corrió a besarme pero yo gire mi cara, el beso mi mejilla, mi cuello y bajo hasta mis tetas y pezones los cuales se empezaban a poner duros por su manoseo. Yo solo cerré mis ojos y gire mi cara, puso sus manos en mi cintura y empezó a bajar mi cachetero de baño abruptamente dejándomelo casi sobre las rodillas.

    Me tomo por la cintura y me tiro sobre la cama, dejando solo mis pies sobre el suelo se arrodillo termino de sacar mi short cachetero y me abrió las pierna, yo imagine que me iba a penetrar al instante y pensé que pronto acabaría, pero en lugar de eso clavo su cabeza en medio de mis piernas, y empezó a lamer y chupar mi vagina, dándome unos lengüetazos que me hacían estremecer, con su lengua lamia mi clítoris para luego chuparlo con sus labios, yo ya me mojaba de placer.

    -mmmm ssss no mas masss

    Le decía mientras movía mi pelvis y agarraba las sabanas con mis manos, a ese momento mis piernas estaba ya más abiertas y mis pies sobre la cama, subió sus manos a mis senos y los masajeo mientras me chupaba desde mi huequito hasta mi clítoris, yo ya me retorcía de placer y justo en ese momento mi esposo intentó abrir la puerta, y al ver que no abría toco y me llamo.

    -Amor, Dany ¿estás bien? Ábreme.

    Yo me asuste, pero al tiempo sentí adrenalina, intente pararme pero, no me dejo, el seguía llamando.

    -Amorrr amorr

    Andrés saco su cabeza y se puso de pie, bajo su pantaloneta dejándome ver su pene de tamaño normal pero, a punto de reventar y húmeda. Se arrodillo sobre la cama en medio de mis piernas y poniendo sus manos a ambos costados de mi cabeza se agacho y me dijo.

    -Dile algo para que se vaya.

    Yo en medio del susto, del placer y la adrenalina le hable a mi esposo.

    -Amor deja el ruidooo, que muero de la migraña, déjame solaaa.

    -Está bien amor lo siento.

    Mientras yo le hablaba su primo besaba mis tetas y mi cuello y con la punta de su pene rosaba mi vagina y cuando mi marido en medio de su terquedad me pregunto que si quería una pasta para el dolor de cabeza y yo le iba a responder Andrés se acomodó y metió su pene de un solo golpe causando que mi respuesta sonara con un quejido de placer.

    -Nooo oh dejemee solaaa

    El tapo mi boca con una de sus manos, mientras empezaba su mete y saca, mi marido se alejó, y yo abrase con mis piernas su cadera para empezar a moverme al rimo de sus penetraciones, él se deleitó con mis senos mi cuello y logro al besarme y ser correspondido, a pesar de que no era el hombre físicamente más agradable y me estaba chantajeando había logrado calentarme con sus artimañas y sus penetraciones, pero el clímax aumentaba con cada clavada que me daba y palabra que me decía.

    -Que puta más rica eres, ahí mamacita, ¿te gusta cómo te lo meto? Dime pues. Pedazo de puta deliciosa.

    Sus palabras en lugar de ofenderme me calentaban más, al punto que de tanto decirme todo tipo de vulgaridades al ritmo de sus lamidas, besos y penetradas, yo tome el control y me gire quedando sobre él, e inicie un galope mientras le respondía.

    -Siiii, me encanta, esto es lo que querías ya soy tu zorraaa.

    El mientras magreaba mis senos empezó a realizar espasmo y a acelerar su respiración y sus quejidos,

    -Uffff siiiii casi cuñada te voy al llenar esa cuquita de mi semen,

    Y diciendo eso dejo salir sus chorros de semen en mi interior, algo que no me importo y en cambio hizo que yo acelerara mis movimientos y venirme también, luego de terminar me baje y me puse en pie.

    -¿Contento Andrés, ya tuviste lo que querías? Espero que estés satisfecho, no estuvo mal verdad. Ahora por favor ponte tu prenda y sal de mi habitación. De pronto vuelve Carlos y es mejor que no sospeche,

    Él se puso de pie, se me acerco y mirándome toda de arriba abajo, sonrió y respondió.

    -Que rico culeas Danielita, si yo fuera el primito te daría verga todos los días.

    Tomo su pantaloneta del piso y me paso la mano por mi vagina.

    -Ufff esta tan rica que toca repetir.

    Y salió del cuarto como si nada aun desnudo y con la pantaloneta en la mano, yo medio sonreí y de inmediato organice todo, me di un duchazo, me puse un short de jean y una blusa blanca y baje a la piscina para pasar el resto del día con todos. Ya más calmada y sin la presión del chantaje y la calentura, no podía creer que hubiera tenido sexo con un sujeto tan desagradable, el cual no tenía nada que ver con el resto de la familia pues su aspecto era de drogadicto.

    El resto del día paso con total normalidad, luego la noche y al día siguiente, casi todos se despidieron y se marcharon, solo quedamos en la casa, mi esposo y yo, mi cuñado y su novia Andrés y su madre y por supuesto la enfermera, la empleada y mis suegros, ya era domingo ya al día siguiente saldríamos para nuestra casa, todo iba bien yo vestía lo más recatado posible para no llamar la atención y no me despegaba de mi esposo y mi suegra, ese día estuvimos descansando pues la rutina había sido pesada, y más para mí. La noche llego y los que quedamos no pusimos a jugar cartas y otros juegos de mesa para matar tiempo, ya a las 9 de la noche todos mostraban signos de cansancio por lo que la mayoría se quiso ir a dormir a excepción de mi suegro, Luis, Andrés y mi esposo que quería seguir jugando una partida más al compás de unas cervezas.

    Las mujeres nos fuimos a acompañar a mi suegra a su habitación para luego irnos a dormir ya que los hombres pretendían seguir en su juego, estuvimos charlando mientras ella se dormía y luego salimos cada una para su habitación y allí yo me duche y me puse una pijama color salmón, de short cachetero y la blusa de tiras. Me recosté a chatear un rato con mi hermana, mientras subía mi esposo, como a las tres horas llego haciendo mucho ruido, demasiado ebrio y con ganas de hacer el amor, yo le pedí que se duchara pues estaba muy brusco y sudado lo que hizo que se enojara y saliera del cuarto.

    -¡Me voy a dormir en la sala, así no te incomodo!

    -Espera amor solo te pido que te duches y ya.

    Salió y cerró la puerta de un golpe, yo espere en mi alcoba algo enojada y preocupada por su actitud, pero a los pocos minutos salí a buscarlo y cuando llegue estaba totalmente dormido en un mueble, trate de despertarlo pero fue inútil, por lo que decidí por lo menos traerle una manta para cubrirlo del frio, subí a mi cuarto y tome una y la baje, lo cubrí y subí en busca de mi dormitorio, pero en mitad del pasillo me topé con Luis y Andrés quienes bajaban de la terraza en un estado de alicoramiento igual o peor que el de mi esposo.

    -Hola cuñadita, ¿Qué haces levantada a esta hora?

    Yo me puse algo incomoda al ver cómo me miraban ambos, por lo que les medio respondí que ya me iba a dormir que hicieran lo mismo.

    -¿Mi primo esta acostado ya? -Me pregunto Andrés.

    -Obvio si, y con permiso que me voy a dormir.

    -Pero que genio cuñada, ¿más bien por qué no nos acompaña a tomarnos el último trago en la sala?

    -Como se te ocurre más bien deja la bulla que vas a despertar a todos.

    -Shitttt, si primo deja la bulla que tu cuñada te pega.

    -Jajajajaja

    Ambos se rieron y yo ya enojada le respondí.

    -No seas ridículo Andrés, y ya váyanse a dormir.

    Su cambio totalmente y paso de la risa al enfado y de forma irónica y manipuladora me dijo:

    -Pero que cambio de actitud Danielita, si antes habías estado muy complaciente.

    Yo lo mire algo asustada, y Luis me miro de una forma extraña y me pregunto:

    -¿Cómo complaciente uyyy eso sí? quiero saberlo jajajaja

    -Jajajaja -respondió Andrés.

    -Si ella estaba muy formal con nosotros, ahí ya se estas en tus días.

    La conversación se me estaba complicando por lo que decidí cambiar de tema y no complicar más las cosas, pero fue peor.

    -Ayy no chicos ya en serio dejen la bobada, más bien ya que están aquí ayúdenme a subir a mi esposo que está dormido en la sala.

    -¿En la sala, mi hermano está en la sala, pero si el subió a buscarte? Ah ya se por eso estas levantada. Pero sabes que te ayudamos si brindas con nosotros, ¿qué dices?

    -Está bien suban a mi esposo y luego brindamos, los espero.

    Me entre a la habitación a esperar que subieran, pero a los pocos minutos subieron ellos solos de nuevo.

    -¿Y Carlos que paso, no lo trajeron?

    -No Danielita esta privado, pero mira trajimos la botella.

    -No, el trato era que lo subían.

    -Pero no se pudo cuñadita, así que a brindar.

    -No chicos en serio no está bien.

    -Ya, es solo un trago y nos vamos.

    Mi cuñado me tomo de los hombros y me sentó en la cama, mientras el primo ajustaba la puerta. Luego sirvieron las tres copas de aguardiente y me pasaron una, yo no me la quería tomar pero ellos insistieron hasta que lo hice.

    -Listo chicos ya, ahora si por favor salgan.

    -Pero deja el afán cuñada.

    -Si Dani, deja el afán, además es temprano son las 12 apenas.

    -No chicos en serio, no es muy bien visto que ustedes estén aquí en mi habitación y mi esposo durmiendo en la sala, así que o salen ustedes o salgo yo.

    Pero, al ver que ellos ni se inmutaron, decidí ponerme en pie y salir del cuarto en busca de mi esposo, y cundo iba en mitad de la habitación Andrés me dijo:

    -No espera no es para tanto, baja la guardia, solo queremos charlar un rato y todos se durmieron tu eres la única despierta, y si te parece incomodo que estemos aquí pues vamos a la sala con Carlitos. ¿Qué dices?

    -Si cuñadita además mira que mañana ya cada quien toma su rumbo y no hemos tenido tiempo de compartir. ¿O es que en serio te incomoda tanto nuestra presencia?

    -No, no es eso es que por donde lo miren está mal visto, e ir a la sala es casi lo mismo, y a eso le agrego que ustedes se metieron a mi cuarto y yo en esta pijama.

    -Pero por mí no hay problema cuñadita esa pijama te queda hermosa, ¿o tú le ves algún problema primo?

    -No, yo no le veo ningún problema, el problema es que no dejo de ver el problema, jajajaja

    Ambos se rieron y yo en medio de la charla también sonreí y al ellos ver mi sonrisa me dijeron.

    -Ves que no tiene nada de malo, es más tomémonos de a cinco copas y te prometemos que nos vamos, ¿Qué dices?

    Yo los mire con algo de incredulidad, pero, para no causarme más problemas y no parecer tan grosera acepte.

    -Listo está bien, pero dejamos la puerta abierta y hablamos de cosas serias.

    -Listo cuñis trato hecho, abre pues la puerta y hablemos de política. Jajaja

    -No, tampoco de política pero si de economía – dijo Andrés.

    Yo abrí la puerta y riéndome respondí

    -Jaja no hablemos de religión, jajaja

    -Si está bien de religión, ¿Luis no te parece un sacrilegio que Carlitos este en la sala dormido pudiendo estar al lado de esta diosa?

    -Jajaja, totalmente de acuerdo.

    Yo los mire y sonreí.

    -No sean cansones en serio. Más bien tomemos la segunda porque si no, no acabamos.

    Luis se paró tomo la botella de la mesa de noche y nos sirvió, yo me senté de nuevo en la cama y tome el trago junto a ellos.

    -¿Oye Dany tú tienes cirugías? – me pregunto Andrés.

    -Si claro, de nariz. ¿Por qué parece que tuviera más?

    -No, solo curiosidad.

    -Qué curioso ¿y quieres saber algo más?

    -Mmmm ¿Qué te gusta usar más tanga o cachetero? – pregunto Luis.

    -Tanga- le respondí.

    -¿Y qué tienes puesto en este momento? – Dijo Andrés

    -Ahh no esas preguntas están muy pesaditas jaja es como si yo les preguntara lo mismo a ustedes.

    -Pues yo tengo bóxer blanco. -Dijo mi cuñado.

    -Y yo no tengo – replico el primo.

    Mi cuñado y yo nos reímos

    – ¿en serio no tienes?

    – No casi no me gusta usar, ahora respóndenos tu Dany.

    Yo los mire y con algo de maldad les dije.

    -Tanga.

    -¿De qué color? -Dijo Luis

    -Adivinen jajajaja.

    -No seas mala Dany

    -¡Ah quieren saber adivinen!

    -Está bien pero si adivinamos nos muestras.

    -Jajaja, está bien.

    Respondí segura que no adivinarían pues eran color aguamarina. De inmediato empezaron a decir colores, rojo, negro, azul, rosado etc. Pero no pudieron adivinar.

    -Ninguno así que perdieron jajaja.

    -No seas así por lo menos dinos el color.

    -Está bien son de color agua marina.

    -¿Aguamarina ese color no existe. -dijo mi cuñado

    -Además que nos garantiza que si sea ese color jajaja

    -Yo se los garantizo -les dije

    -¡Y como es ese color? -Dijo el primo

    Yo solo los miraba y me reía y ellos seguían insistiendo así que tome las copas y serví de a trago.

    -Este es el tercero, solo faltan dos -les dije mientras me lo tomaba de un sorbo.

    Luego me puse de pie fui y medio ajuste la puerta, regresé me pare frente a ellos tome un lado de la pretina de mi short cachetero y lo baje dejando ver una parte del hilo de mi tanga.

    -Este es el color agua marina jaja ¿contentos?

    -Pues, más que contentos encantados jajaja.- dijo el primo

    -Bueno chicos, no más preguntas, tomémonos los dos últimos y a dormir.

    -No seas así, sigamos con las preguntas.- dijo Luis

    -No señorito. No ves que se pueden acalorar jajaja

    -Pues nos desacaloramos – dijo Andrés.

    -Jajaja. Es que te vas a meter a la piscina? Le conteste yo.

    -Jajaja, no es mala idea, si nos motivas nos metemos a la piscina. – dijo Luis.

    Yo me reí, pues me pareció divertido hacerlos meter a esa hora en la helada piscina, pero no quería seguir con ese jueguito, que de hecho ya estaba saliéndose de control, entonces les respondí.

    -pues me gustaría verlos tirarse a la piscina con ropa y todo, pero no veo como más motivarlos por lo tanto dejemos así.

    -como que no tienes más como motivarnos? Si eso te sobra cuñadita, hagamos algo, nos quieres ver metidos en la piscina, entonces te damos dos opciones.

    -a ver cuáles serían las opciones? Según tú!

    -pues mira es muy sencillo, te hacemos una pregunta y si nos la respondes nos metemos a la piscina pero, si no la quieres responder pues te damos la opción de hacer otra cosa.

    -Mmmm ya, otra cosa? tan fácil pata ustedes jaja. A ver y cuál sería la pregunta? ya que, los veo tan curiosos.

    -yo hago la pregunta -dijo Andrés.

    -A ver casi cuñada pero respondes solo con la verdad, te dejarías comer de nosotros dos?

    -uuuhhh, que pregunta más pasada primo, jajaja pero, esta buena. Responde cuñadita. Jajaja

    Yo me puse súper nerviosa y alterada dije que no respondería ese tipo de preguntas. De inmediato Luis sirvió la cuarta copa, y me la pasó.

    -está bien Dany si no quieres responder entonces aceptas la segunda opción?

    -qué cosa tendría que hacer?

    -pues o respondes o nos dejas echarte un trago de aguardiente en tu ombligo y en tu cuello y nosotros lo lamemos?

    Su propuesta me dejo sin palabras y a la vez me hizo sentir un poco de morbo. Yo tome el trago entero de nuevo y este me hizo efecto dejándome un poco mareada. Los mire y sonreí.

    -ustedes están muy pasados jaja, pero, el agua de la de la piscina los va a calmar. Acepto pero por favor sin sobre pasarse.

    -listo, entonces no se diga más yo me pido el ombligo por lo tanto a ti Andrés te toca el cuello. Acuéstate Dany.

    -shit habla más bajo Luis vas a despertar a todo, además no veo por qué me tenga que acostar.

    Por fortuna el resto de los habitantes estaban tan agotados por los anteriores días de trasnocho que nadie se percataba de lo que estaba pasando.

    -Dany, pues es que sobre acuestas no se te va a regar el licor ni en tus senos ni en tu tanga, jaja tú decides aunque si quieres con gusto te limpiamos? jajaja.

    -Mmm está bien, pero solo con la boca.

    Me acosté sobre la cama y ambos se arrodillaron al lado, me subí un poco la blusa para descubrir mi ombligo y me cogí el pelo para que no se untara de licor, luego sentí como Luis dejo caer un poco en mi ombligo y Andrés en el huequito de mi cuello haciéndome sentir un placer y un pequeño escalofrío en mi cuerpo, placer que aumento al sentir los labios y la lengua de ambos lamiendo mi cuello y mi ombligo, ellos por su parte empezaron solo con su boca pero a los pocos segundos sentí como una mano de mi cuñado acariciaba mi muslo y Andrés ya no solo lamia el huequito de mi cuello si no que subía hasta la parte inferior de mi mentón.

    Aunque ese no era el trato yo permití que continuaran un poco más, pues se sentía rico. Pero, luego empecé a sentir como la mano que tenía mi cuñado en mi muslo empezaba a levantar una de las mangas de mi short y tocaba el triángulo de mi tanga, y el primo por su parte llevaba su lengua a la parte superior de mis senos, y con una de sus manos corría la tira de mi blusa por uno de mis hombros.

    Mi placer aumentaba con cada movimiento que hacían, pero cuando la mano de Luis ya rozaba la parte interior de mi tanga y tocaba mi vagina la boca de Andrés ya estaba a punto de apoderarse de uno de mis pezones. Yo reaccione y de inmediato me retire y quede arrodillada sobre la cama y acomode mi pijama.

    -ven como son pasados, pero ahora si a bajar esa calentura en el agua.

    -en serio Dany? Sigamos

    Jajaja no, ese era el trató y hasta se pasaron. Bueno los quiero ver pues yo, ya les cumplí. Ellos se pusieron de pie y su erección era evidente.

    -tienes razón, vamos a la piscina y allá nos tomamos el último trago.

    -si primo vamos, primero las damas.

    Yo me puse unas sandalias y salí sin hacer ruido, ellos salieron detrás. Llegué a la sala, mi esposo dormía profundamente le di un beso y salí rumbo a la alberca.

    -bueno los veo. Patos al agua Jajaja.

    Ellos se miraron y antes de lanzarse al agua, me dijeron.

    -pero aún falta una copa y una pregunta.

    -si yo sé, pero primero lo primero.

    Sin dudarlo se tiraron a la fría piscina, yo solo me reía al verlos en medio del agua y emparamados de frío. Se acercaron a la orilla y me invitaron a meterme con ellos. Yo sólo tome la botella serví las tres últimas copas se las entregue, y les dije que me hicieran la última pregunta, a lo que Luis respondió.

    -está bien, si no respondes la pregunta te metes con nosotros al agua.

    -ok, pero hazme la pregunta.

    -te gusto la forma como te lamimos ahorita?

    -Jajaja, y si no respondo tendría que meterme al agua?

    -si cuñadita, pero siendo considerados contigo, te vamos a dejar quitar el short. Jajaja.

    -no pues tan considerados.

    Tome el último trago el cual ya me tenía muy mareada, los mire y lentamente baje mi short hasta mis tobillos, me los saque, lo tome en mis manos, mientras ellos solo miraban y tragaban saliva. Me les acerque y estando al borde de la piscina Sonreí y les dije:

    -si me gusto, pero ya este era el último trago, así que ahí los dejo. Jaja.

    Di la vuelta y me fui a la casa, subí a mi cuarto, me puse el short, cerré la. Puerta con seguro y me acosté algo mareada y excitada. A los pocos minutos sentí cuando subieron e intentaron abrir mi habitación, pero no pudieron yo solo reía y sentía algo de ganas de dejarlos entrar. Pero decidí dejar las cosas así.

    Al poco tiempo me quede dormida, y desperté a las 6 am, me levante me duche y me puse un jean azul descaderado y una blusa ombliguera de color rojo, unas tangas blancas y un sostén del mismo color, baje y desperté a mi esposo para que mis suegros no lo encontrarán ahí, él se levantó muy apenado con migo, subió se ducho y bajo, pues aunque el vuelo de nosotros saldría a las 5 pm, queríamos dejar todo listo y estar relajados el resto del día.

    Era un día muy soleado y el calor era fuerte, a las 8 de la mañana bajaron todos a desayunar, yo miraba a Luis y al primo y me reía, ellos cuando nadie nos veía me miraban de forma picara. Mónica y la novia de Luis sugirieron que sería bueno tomar un poco de sol y disfrutar de la piscina, me convidaron para que fuéramos y mi esposo buscando la forma de disculparse con migo, dijo que si, que sería chévere que fuéramos. A pesar de que él no es de sol.

    Desayunamos y esperamos a que pasara un poco y fuimos a tomar un poco de sol, yo aproveche para estrenarme otro vestido de baño que aunque era más pequeño de lo normal estaba perfecto para broncearme un poco. «en mi foto de perfil lo tengo puesto.» Las chicas también se pusieron unos trajes muy pequeños lo que causo admiración hasta en mi suegra.

    -miren que ramillete de flores tan lindo.

    Dijo mi suegra mientras mi suegro la llevaba en la silla rumbo al el kiosco de la alberca. Llegamos nos aplicamos la crema bronceadora y nos acostamos mi suegro le dijo a Carlos que si jugaban parques entre los cuatro y el ahí mismo se fue a jugar. Luis y Andrés aparecieron al ratico con unas cervezas micheladas y nos dieron a todos.

    -¡chicas vamos a jugar un ratico voleibol en el agua! -Nos dijo Andrés.

    Yo la verdad no estaba muy animada por lo que les dije.

    -no muchachos gracias, pero a ustedes dos como que les encanta meterse a la piscina, jajaja

    Ellos me miraron y se rieron, las chicas no entendieron pero igual se rieron. Y mientras mi esposo y mis suegros jugaban parques y tomaban cerveza yo me asoleaba y los demás jugaban, estuve un buen rato ahí y al ver que ya había obtenido un bronceado parejo me metí al agua, pero ya el juego había terminado. Por lo que pude nadar un poco mientras los demás tomaban cerveza en una esquina de la alberca, luego me les uní y nos pusimos a conversar de bobadas, hasta que las chicas quisieron salir a tomar sol a lo que Luis dijo.

    -pero, si estamos pasando bueno amor, quédense un rato.

    -no amor ya tenemos frío y además mira que Dany ya está morenita mientras que nosotras nada, más bien queden se acompañándola mientras Mónica y yo nos bronceamos. -dijo la novia de mi cuñado mientras ella y Mónica se retiraban a las camas de sol.

    Yo me quede ahí algo incomoda, pues estaba sola con ellos.

    -oye Dany, y te nos escaparte anoche. -Dijo Andrés. Yo me estaba tomando un trago de cerveza y solté la risa.

    -que cruel eres cuñada como te vas a quitar el short y dejarnos ahí metidos y parados, jajaja.

    -ahh, el trato era cinco tragos y cumplí. O no?

    -si casi cuñada, pero no puedes negar que la pasabas bueno, y querías seguir. O no? -dijo Andrés

    Los mire me reí y me fui nadando hacia el otro lado de la piscina, al llegar allá recosté mi espalda en la pared y me apoye con los codos sobre el bordo de la piscina, ellos llegaron al instante, y se ubicaron cada uno a mi lado.

    -te gusta jugar, verdad Daniela?

    -a que te refieres con jugar Andrés?

    -pues que siempre nos dejas con la duda y te vas. Jaja

    -ummm, pues es que esas cosas no se preguntan. Más bien por qué no vamos a jugar con los demás?

    -no cuñadita, tengo una mejor Idea porque no jugamos aquí y ya?

    -y a que jugaríamos cuñadito?

    -a que tú, te quedas quieta.

    Y de pronto sentí como la mano de luis tocaba mi vientre, y la de Andrés sobaba mi pierna.

    -que hacen, nos van a ver?

    Tranquila cuñadita aquí no nos pueden ver, mira que te metiste en la boca del lobo, yo gire mi cuerpo para ver donde estaban mi esposo y mis suegros, y evidentemente de donde ellos estaban solo nos podían ver del cuello para arriba.

    -ves no hay por qué temer. Jaja

    Sentí una mano ahora en mi cola y la otra metiéndose por debajo de mi sostén de baño.

    -no más chicos por favor!

    Intente salir del agua pero, Andrés me tomo por la cintura.

    -quédate quieta ese es el juego, mamacita.

    Luis levanto la tira del bikini que se metía entre mis nalgas y acaricio Mi vagina mientras. Yo miraba a donde estaban los demás, metió uno de sus dedos en mis labios vaginales y empezó a meterlo y sacarlo, por su parte Andrés acariciaba mis pezones.

    -ahhh shhhh ya chicos no sean así, paren.

    Les decía. Mientras abría mis piernas y paraba mis nalgas.

    -Mamacita deliciosa te lo quiero meter ya. Qué tal si hacemos sándwich contigo mmm?

    -Acá no por favor.

    Por fortuna aunque no veían lo que pasaba dentro del agua, si podían notar los movimientos extraños y eso hacía que Luis y Andrés se contuvieran de penetrarme ahí. La mano de Andrés bajo por mi vientre levanto mi tanga y se adueñó de mi clítoris. Yo intentaba no moverme pero era imposible y movía mi cadera de una forma más acelerada cada vez más.

    -ves como disfruta primo?

    -si, pero ya quiero clavarte Dany.

    De pronto mi cuñado saco sus dedos de mi cosita y los llevo a mi huequito Del culo y comenzó a hacer círculos en él y a intentar meterlo suavemente, yo estaba a. Punto de reventar con un orgasmo, sintiendo como Andrés masajeaba mi clítoris y Luis tocaba mi culito.

    -Me van a hacer venir acá chicosss parennn, ustedes ganan.

    Ellos con cara de satisfacción se miraron y aceleraron sus movimientos, causándome un orgasmo que me hizo retorcer de placer. Mire hacia donde estaban mis suegros, mi esposo y la empleada y solo les podía ver parte de su cabello, pues estaban tan entretenidos jugando que ni se acordaban de nuestra existencia, las chicas estaban prácticamente dormidas acostadas boca abajo sobre la banca de sol.

    -ves como estas de caliente cuñadita, te gusta?

    -si obvio si, pero aquí no es peligroso.

    Andrés se metió en medio de mi y la pared de la piscina, quedando frente a mi, subió sus manos por mi vientre y subió mi sostén y se adueñó de mis senos.

    -que haces Andrés nooo.

    Le dije en vos baja mientras él tomaba mis pezones, yo solo miraba muerta de susto a donde estaban los demás.

    -ya deja el drama que lo estas disfrutando en tus ojos se ve que estas hecha una perra en celo.

    Sumergió su cabeza y con su boca se apodero de mis tetas, y empezó a chupar mis pezones hasta donde más podía aguantar su respiración, Luis se paró justo detrás de mi puso ambas manos en mi cintura tomo ambos lados de las tiras de mi tanga de baño y la bajo hasta mis rodillas.

    Yo muy excitada pero, al mismo tiempo muestra del susto intente tomar mi tanga pero Luis toma mis manos y no me lo permitió, luego metió su mano de nuevo entre mis nalgas, acaricio mi huequito mi vagina y metió nuevamente esta ves dos dedos en mi culito, causando un gemido de parte mía.

    – Ahhhhh.

    Andrés dejo de chupar mis pezones y acerco su boca a mi rostro, lamió mi cuello y metió su mano en mi entrepierna diciéndome.

    -mucho miedo casi cuñada?

    Yo, ya hecha una zorra, metí mi mano entre su pantalonera de baño tome su pene y lo jalé a mi vagina, con mis pies acabe de sacar mi tanga la cual floto a mi costado, abrí mis piernas guíe su pene a la entrada de mi vagina y le respondí.

    -después del gusto que venga el susto.

    Y mientras decía eso bese su boca y me deje caer sobre su pene, el algo sorprendido por mi reacción empezó a bombearme lentamente, mientras Luis sacaba sus dedos de mi colista y colocaba su pene en la entrada de mi culito para empezar a meterlo puso sus manos en mis hombros y me penetro con fuerza conllevando a que los tres diéramos un gemido al unísono.

    -Ahhhhh.

    -uffffff

    -mmmmhhh

    Yo estaba empalada y llena de placer y mientras ellos me bombardeaban yo me dejaba llevar por el placer olvidándome del reto del mundo, los tres estábamos tan excitados que el primero en acabar fue Andrés, seguido de Luis quienes dejaron mis orificios llenos de su semen.

    -rico el rapidito! -Dijo el primo mientras subía su pantalonera.

    -delicioso, lástima que te vayas hoy cuñadita.

    Yo los mire aun con ganas de mas, y les dije que, era una Lasta que hubieran acabado tan rápido. Me acerque al oído de Luis y le dije algo. Tome mi tanga me la puse y salí rumbo al kiosco. Aunque lo que había ocurrido momentos antes en la piscina sucedió en minutos. Yo lo había disfrutado, pero también había pasado los límites del descaro y me sentía una mujer sucia y fácil.

    Le dije a mi esposo que me iría a preparar mi equipaje pues ya estaba algo cansada, el solo me dijo que si, que al rato me alcanzaba.

    Salí hacia mi habitación y me quite el traje de baño me metí a la ducha y me bañe, pero cuando estaba aplicándome el jabón líquido se abrió la puerta de la ducha y entraron los chicos totalmente desnudos.

    -nadie vio que venían?

    -no cuñadita

    Me arrodille y tome el pene de ambos y empecé a chuparlo uno a uno hasta que al poco tiempo estaban duros y firmes, me puse de pie y bese mi cuñado, Andrés se arrodillo y abrió mis nalga y empezó a lamer mi cola, mientras Luis disfrutaba mi boca mi cuello y mis tetas yo me sentía en el paraíso. Luego con mis manos baje a Luis hasta mi vagina y ambos quedaron arrodillados a mis pies y lamiendo y chupando toda mi zona genital.

    -siiiii siii que rico, lo hacen ahhhh. Soy su puta.

    Y diciendo esto deje que mis fluidos llenaran la cara de Luis. Ellos se lucieron de pie me llevaron a la cama y mientras yo me acostaba sobre mi cuñado y era penetrada por mi vagina, Andrés me perforaba esta vez por mi cola y tomaba mi cabello y con cada embestida, halaba mi cabello, Luis india su pene en mi vagina y chupaba mis senos allí acabamos los tres en un nuevo orgasmo. Yo quede exhausta tirada sobre la cama llena de semen y ellos bajaron para disimular. Al rato me puse en pie y me organicé para salir s tomar el vuelo rumbo a Villavicencio.

  • Eva y su hijo Abel (5)

    Eva y su hijo Abel (5)

    Pasaron unos días, en que la tensión entre nosotros se fue calmando, sin desaparecer. Nos encontrábamos por el pasillo, nos besábamos, nos acariciábamos, nos tocábamos al descuido, sin decirnos nada, sonriendo y recordando en mi caso.

    El siguiente fin de semana íbamos a estar solos otra vez, porque Adán visitaba el pueblo, iba a atender el huerto que tenía allí; en realidad creo que lo que quiere es no estar en casa, simplemente estar por ahí fuera. Eli había quedado con unas amigas para ir a la capital de la región, a ver tiendas. Eso decía, pero, como antes, yo dudaba.

    A mí me daba igual qué motivos tuvieran, lo importante era que me quedaba sola con Abel. Me duché largo tiempo, estuve frotándome e imaginándome a Abel conmigo, aproveché para inspeccionarme con los dedos, acabar con la depilación que me quedaba pendiente, y luego pintarme los labios un poco. Me acordé del perfume que me habían regalado para Reyes, y me puse unas gotitas. Me encantaba aquel aroma. Todo esto era como si fuese un día de fiesta.

    Al salir del baño vi que Abel estaba en el salón. Me acerqué a él, me agaché y le besé la boca; él notó mis labios pintados, les pasó la lengua, se manchó un poco, le lamí yo su lengua pintada de mí, sus labios con mi sabor, y así estuvimos un momento, mientras yo me arrodillaba en el sofá, poniéndome sobre él, sentándome en sus muslos.

    Yo me había puesto un vestido ligero, sin mangas, y una braguita tanga que me resaltaba los muslos, me hacía las piernas largas. Ya presumí de ellas en otra ocasión. Por delante me encajaba perfectamente, me hacía, creo, unas piernas y culo bien monos, y el monte de Venus estaba resaltado, todo suavecito. Todo esto, por si acaso. No sólo quería atraer a Abel, también quería sentirme sexi yo misma.

    Sus manos se dirigieron a mis nalgas inmediatamente, me acariciaban suavemente, con la punta de los dedos, yendo a tocar el elástico de la braga y tirando un poco para luego soltarlo y que me diera un azotito.

    Yo me iba moviendo sobre sus muslos, sentándome o levantándome un poco para acomodarme e irme acercando a su entrepierna, que notaba iba tensándose.

    Me sujetó ahora por la cintura, mientras me besaba más fuerte, y me miraba sonriente cuando se separaba, volviendo a besarme otra vez. Qué delicia estaba sintiendo invadirme el cuerpo. Se me ponían los pezones duros, se destacaban bajo la tela, y fue allí donde empezó a chuparme, a través del vestido, mojándome por fuera mientras yo me mojaba adentro. Me sujetaba suavemente con los dientes y luego, como pidiendo perdón, me lamía otra vez, o subía a mi boca, a estar besándome un largo rato.

    Sus manos subieron a mis pechos, llegó y apretó con los pulgares mis pezones, que respondían a su toque, a su llamada. Frotaba la humedad de su saliva contra mis pezones, no protegidos por la tela.

    Me susurró:

    —Vamos a la cama, estaremos más cómodos.

    Asentí con la cabeza, nos levantamos y fuimos de la mano por el pasillo. No a su habitación. A la mía, a la cama de matrimonio. Para qué íbamos a estar incómodos, pudiendo tener la cama grande. En la puerta nos volvimos a besar, yo me colgaba de su cuello, me iba separando y juntando los labios con los suyos, nos dábamos piquitos y sonreíamos.

    Se inclinó un poco y me levantó; entré en sus brazos como recién casada. Me llevó, dejándome caer suavemente en la cama, y se me quedó mirando.

    —¿Qué es, cariño?

    —Te estoy admirando, mamá. Estás preciosa.

    —Gracias, mi niño, debe ser por ti. Por eso me arreglé hoy.

    —Gracias a ti.

    Se acostó a mi lado, seguimos besándonos y empezó a desnudarme. Por suerte, lo que llevaba no era difícil de quitar. Arriba, y fuera vestido. Me puso boca abajo y me levantó los pies, que comenzó a besar y lamer, metiéndose mis dedos en la boca y dando gruñidos de satisfacción. Empezábamos el ritual.

    Yo seguía con mis braguitas, hice gesto de sacármelas, pero me lo impidió.

    —Luego.

    Siguió ocupado con mis pies, y después se fue a mis muslos, que acarició suavemente. Miró por la habitación, no encontró lo que quería, se fue sin decirme nada, y volvió enseguida con una botellita. Era un gel, que me extendió por las piernas, y fue acariciando hasta hacer que me la absorbiera la piel. Me sentía especialmente sensible, húmeda, consciente de cada roce, con la cabeza en la almohada, el pelo me tapaba la cara, y Abel se extendía por mis piernas, que me enviaban la electricidad de su toque al resto del cuerpo.

    Ahora había llegado a mi culo, que tomó entre las manos y comenzó a besar, mientras también me aplicaba el gel y firme pero suavemente me daba un masaje.

    Con la lengua me fue recorriendo la braguita, se me erizaba el pelo, me daban escalofríos, por la mezcla de su lengua y su toque, del gel y su saliva. Me separó la braga del culo, metió la lengua por la raja y me fue bajando la lengua por el camino hasta mi ano, donde se detuvo, ensalivando mi hoyito. Me tomó en sus manos y me levantó, culo arriba, para bajarme la braga, que me dejó en los muslos, donde se me tensaba deliciosamente, y me llegó a la vulva, desde abajo. Yo temblaba de la espera, notaba sus manos sujetándome fuerte, y luego su lengua incansable que me lamía por dentro y por fuera, me separaba los labios, entraba a visitarme por todos mis lugares, compartiendo su saliva y mis jugos, mientras yo me movía del gusto, y suspiraba Abel, Abel, olvidando quiénes éramos él y yo, pues sólo éramos dos amantes entregados.

    Él seguía vestido, y ahora me dejó en la cama, de rodillas, con mi culo hacia él, y se puso de pie para desvestirse. Veía yo su entrepierna hinchada, y cómo su cuerpo joven se desnudaba fácilmente, ante mi admiración, porque yo seguía en la cama, pero le miraba desde aquella posición; no me dio tiempo a cambiar, porque volvió a la cama y siguió acariciando.

    Me retiró la braga, y cuando yo iba a bajar el culo me lo impidió, sujetándome con la mano, y, poniéndose delante de mí, me agarró y puso ahora de espaldas, con mi vulva hacia arriba, él de rodillas seguía lamiendo, chupándome el clítoris mientras yo enlazaba mis piernas alrededor de su cuello, y él se hundía en mí. Mis manos, en la cama, me sujetaban en la contorsión placentera; luego, hundiendo los codos, se me fueron a mis tetas, donde pellizcaban mis pezones.

    Me empezaba a mover rítmicamente, aumentando la velocidad porque el calor también subía, desde mi chocho hasta el último rincón de mi cuerpo. Mis muslos se tensaban alrededor de su cuello, y él me sujetaba y abría más la vulva, me comía todo el chocho vorazmente, se ayudaba de los dedos que entraban y salían.

    Me fue bajando a la cama, y, ya acostada, siguió él chupando y sorbiéndome, mientras iba explorando mi vagina con un dedo, luego dos, y comenzó un mete y saca frenético. Yo gemía de gusto, y le pedí más, más, tres, y con tres dedos en mi chocho me movía a su ritmo incansable, cada vez más hasta que me fui perdiendo en un torbellino que no conseguía detener, y con más violencia me llevaba a donde desembocar, desde su boca y sus dedos por mi chocho a mi boca que gritaba una sola vocal, todo mi nombre y mi mundo, aaahhh. Repetí el grito con cada sacudida del orgasmo, de los orgasmos que me recorrieron el cuerpo entero no sé cuántas veces. Me estuve corriendo un tiempo infinito, sujetando la cabeza de mi hijo, que seguía fuertemente dándome placer hasta que no pude más y le indiqué que parase, le supliqué, porque me sentía morir, con una muerte deseada, en la agonía del placer que me derretía.

    Estuve respirando fuerte mucho rato, mientras Abel me lamía de cintura hacia arriba, para volver a poner sus manos sobre mis caderas y quedárseme mirando. Yo le miré con el amor mezclado de madre y amante, sonriendo en el olvido que me había dado el sexo, contenta yo sola con él, abandonada a mi hijo y a sus deseos.

    Abel se me acercó, puso su boca al lado del oído y susurró:

    —¿Te gustó?

    Asentí con la cabeza, volviendo a sonreír con el abandono que me poseía desde que habíamos entrado en la habitación.

    —Sí, mi amor, me encantó. Y quiero devolverte este favor. Ven aquí, que te muerdo.

    Le lancé una dentellada sonriente, y vi cómo le brillaban los ojos. Eso me excitaba más. Recuperada, me dirigí a sus labios y los besé, y luego los mordí, sin obtener sangre, pero eso ya vendría luego, le dije. La misma mirada, ahora con un temor y un deseo mezclados.

    Le ataqué el cuello, chupando fuertemente, deslizando las manos por sus hombros, mientras le volvía a besar con fiereza, atacando y retirándome, sin darle tiempo a contestarme, dominando yo a mi hijo, contestándole como él me había respondido antes. Le olí el pecho, donde se concentraba su sangre, en su corazón. Vagamente me llegaba mi propio olor de hembra, el perfume que me había puesto, se confundían con mi respiración en su vientre, donde había llegado y me refrescaba como un animal en su pradera, mi lengua en su ombligo, donde habíamos estado unidos; subí las manos a su pecho, y mientras le besaba su tenso vientre alcancé los pezones, y clavé las uñas en la piel alrededor, sólo advirtiendo de mi poder.

    Abel todo estaba en tensión, la electricidad de mi deseo se juntaba con la seguridad de ser la presa, y yo su cazadora. Le perseguí por la espalda con las manos que eran garras ya, mis uñas le raspaban la espalda, muy despacio, mientras le decía, acercándome a su pene:

    —¿Te gusta? ¿Te gusta así, Abel? Dímelo.

    Quedó dudando un segundo, mirándome con asombro, pero se rindió ante mis poderes recién descubiertos:

    —Sí, te adoro, hazme lo que quieras. Te quiero follar.

    —Espérame, que yo te diré cuándo. Yo mando ahora.

    Le di la vuelta, me senté sobre él, le rocé con las uñas nuevamente, bajando por la columna, apretando a veces con los dedos, tensa y poseída, mientras él se entregaba. Me senté sobre sus muslos y le abrí las nalgas. Deslicé el dedo por la raja, llegué al ano, que primero masajeé y luego abrí con un dedo, él volvió a quedarse tenso, expectante. Aquello fue un aviso nada más, no era lo que yo quería en ese momento. Desplegaba mis posibilidades como mis alas.

    —Soy tu diablesa, Abel. Te poseo para siempre.

    Le toqué el pene, y comencé a frotarlo, suavemente, duramente, almacenando y soltando las ganas que tenía de él.

    —Me vas a follar cuando yo te diga, Abel.

    —Cuando tú digas, mi ama.

    Otra vez boca arriba, a horcajadas sobre él, sujetándome a su pene como si lo cabalgara, le tomé las manos, elegí dedos, los lamí, me los llevé a la vagina, moví la mano de mi hijo para indicarle los lugares, le ordené apretar, que no parara, y me obedeció como buen hijo. Él me masturbaba mientras yo le lamía los pezones, con fuerza le apretaba, y luego le soltaba.

    Le mandé detenerse y me quedé mirando su cara. Me bajé a besarle suavemente.

    —Penétrame, éntrame, invádeme, fóllate a tu madre, Abel.

    Entró en mí porque se lo mandé y lo deseaba, como yo. Yo le esperaba sobre él, dirigí su pene y me sentaba y levantaba gozando de su pene tan erecto. Le miraba fijamente, observando sus gestos, sin callarme yo nada de lo que sentía, fóllame, sigue así, la mano, yo me iba masturbando mientras él me penetraba. Me di la vuelta para sentir más sin ver. Me corrí agarrada a sus piernas. Él se corrió unos segundos después de mí.

    Me estaba acariciando el culo, y abriéndome las nalgas, cuando se abrió la puerta.

     

  • Mario (06 de 22): Con don Guillermo 24 h (1)

    Mario (06 de 22): Con don Guillermo 24 h (1)

    Me di cuenta de que el tiempo había pasado y se nos hacía tarde. Marcos aún no había salido de mi y comenzaba a quedarme sin respiración soportando su peso.

    -Saca la polla y déjame que vaya al baño para limpiarme.

    -Déjame un momento más, tu culito es el mejor lugar para guardar mi espada.

    -Hoy es viernes, tienes que recoger a Marquitos y acompañarme.

    -Pero eso no tienes prisa, el abuelo no te dirá nada si vas conmigo. -hizo un movimiento y su verga comenzó a salirse, apreté el culo para evitar que saliera el semen y mancharle las sábanas, también para que estuviera en mi interior el mayor tiempo posible, me gustaba sentirme lleno de leche, como cuando me lavaba el recto y me metía el agua tibia hasta sentirme bien lleno.

    -Tu te marcharás después de la cena y entonces quedaré solo con él, o sea que arrea rápido. Nos damos una ducha corta y nos vamos.

    -Pero no tengas tanta prisa, compraremos comida hecha en el camino y así no trabajarás.

    -¡Oh Marcos, qué perezoso eres, ya he dejado la cena lista, por eso temo que el abuelo se ponga a cenar sin que hayamos llegado.

    -De cuerdo, siempre tienes razón. -sin mas abandoné la cama y marché al aseo, me confirmaba lo lleno que me había dejado, los chorros de leche que expulsé sentado en el wáter. Gustaba el placer de sentir salir el líquido de mi, abriendo el ano poco a poco.

    El baño resultó rápido como yo quería y salimos a la calle.

    -Oye Marito, que va a pasar contigo si Migue vuelve a mi casa. andábamos a largos pasos, yo casi tenía que correr para seguirle.

    -Qué tendrás quien cuide de tu casa y de Marquitos.

    -Sabes que no me refiero a eso, quiero seguir follando contigo.

    -Nadie ha dicho que no lo hagamos, pero veremos cuándo y cómo si no tienes suficiente con Miguel. -dejé escapar una risa y él me acompañó con una gran carcajada.

    El abuelo había puesto la mesa y comenzamos a cenar, conversaron entre ellos, sobre el trabajo de mi primo y el lugar donde ahora estaba montando, con su cuadrilla, un andamio.

    Mi primo laboraba en una empresa de materiales de construcción y maquinaria de obras, por supuesto de don Guillermo, concretamente colocando andamios para fachadas y sostenimiento de hormigonado en plantas de viviendas o industriales. El abuelo le había colocado allí cuando abandono el estudio a los dieciocho.

    Después de la cena marcharon padre e hijo, Marquitos pasaba los fines de semana con su papá y así el abuelo descansaba. Por mi parte me puse a recoger la mesa antes de marchar a la cama. Supe que mamá no vendría esta noche porque él marchó a la cama enseguida sin ver la tele.

    **************

    Cuando llegamos D. Guillermo nos esperaba en la cocina, como en la otra ocasión había dado fiesta a los criados y estaba solo en la casa. Lucía como si hubiera salido de la piscina en ese momento, vestido con un pantalón corto y holgado, de tela fina hasta las rodillas y una camisa de flores por fuera del pantalón, todo ello terminado con unas chanclas havaianas de color negro.

    Entró primero mi abuelo que se apartó a un lado de la puerta para dejarme paso, Don Guillermo le ignoró y sonriente se acercó a mi.

    -Vaya, se te ve mejor que el otro día cuando marchaste, supongo que todo ha ido bien. -no me dejó tiempo para contestarle y me sujetó por los brazos elevándome para quedar a su nivel

    No esperaba el beso que me dio en ese momento, ¿uno simple y delicado en la cara o los labios?, ¡no!, sus labios abarcaron toda mi boca y tuve que abrirla para que metiera la lengua y rebuscara hasta localizar la mía, había empezado a cobrar color, avergonzado de que me besara de esa manera delante de mi abuelo, pero lo peor fue cuando me bajó el pantalón y metió los dedos para acariciarme el ano con ellos.

    Pensaba que me moría ante semejante humillación.

    -Llegué a creer que le había roto a su nieto el otro día, ya sabe la verga que gasto, pero veo que está mejor que nunca. -en ese momento su risa me pareció ofensiva y que el abuelo riera con él fue la gota que rebosó el vaso, no necesita dar a conocer esos detalles íntimos entre los dos.

    -No le veo la gracia don Guillermo, creo recordar que no me quejé. -volvió a besarme, pero esta vez eran besos más normales en las mejillas y la frente.

    -No te ofendas pequeño, era una broma, y te dije que habías sido muy hombre y valiente. -entonces volvió a hablarle al abuelo.

    -Ya puede marchar, Marito estará seguro, yo lo cuido.

    -Tengo que hablar con usted don Guillermo. -el hombre enarco las pobladas cejas y se río por lo bajo.

    -¡Ay! don Roman, otra vez el juego. -no parecía molesto.

    -En privado por favor.

    -Entonces sígame al despacho. Marito, si lo deseas puedes ir a la piscina y ves como está el agua.

    Los dos se fueron y seguí su consejo, era tarde y el sol ya estaba my bajo, pero hacía calor y lo habíamos tenido sofocante y abrasador todo el día.

    No había traído traje de baño y pensé meterme en el agua con la braguita de volantes nueva que el abuelo me había entregado, no llegaba a comprender su insistencia en tener que usar una prenda de chica y con tan ridículos volantitos. Me quité toda la ropa y me metí en el agua de cabeza sin pensar. Estaba más caliente que fría para mi gusto.

    Nadé dos largos seguidos, hasta que Guille apareció con una cerveza en una mano y un cigarrillo en la otra, se detuvo en el borde de la piscina mirándome. Me pareció un gigante visto desde esa posición. Mi abuelo había evitado verme y escogió otro camino para salir de la casa.

    -Entra en el agua papi, está caliente y rica.

    -Si hace un rato he estado nadando y me voy a acorchar.

    -No importa, ¿tienes miedo?, te hago una carrera. -comencé a reír y nadé hasta una zona donde hacía pie en el fondo. Así distantes nos mirábamos el uno al otro, él fumando y yo salpicando agua que no llegaba hasta él.

    -No tengo bañador y no voy a ir a buscarlo.

    -Yo tampoco, estoy desnudo, mira. -salté para viera mi culo sin bañador.

    -Venga métete, no te hace falta bañador, y nadie nos verá. -indudablemente era imposible que alguien nos viera, por la situación de la casa alejada de otras, y por el alto muro de piedra y verdor que rodeaba el conjunto.

    Dejó la lata de cerveza sobre una mesa y apagó el cigarrillo, lentamente y con algo de desgana se quitó la camisa, el pantalón corto y también el bóxer quedando totalmente desnudo, impresionante como un enorme oso peludo. Se tiró con fuerza y de cabeza y nadó con velocidad hacía mi, evité que me alcanzara nadando para la zona más profunda.

    -No me alcanzarás papi, nado mejor que tu y llegaré antes al otro lado. -pero no era cierto y antes de llegar al final me había sujetado por un pie sin dejar que avanzara.

    -Suéltame, eso es trampa. -luché y pataleé para que me dejara libre, pero su mano era como una argolla de acero cerrada sobre mi tobillo tirando de mi hasta que me tuvo a su lado casi agotado, me abracé a su cuello y nadó hasta sujetarse en la escalera lateral.

    Allí continuaba sujetándome por la cintura, respirando agitado.

    -No pensaba que tenías tanta fuerza con lo pequeño que eres. -dejé de luchar para abrazarme a su cuello enfrente de él, y le rodeé las caderas con la piernas.

    -Papi, estas fatigado. -me le quedé mirando y busque sus labios con los míos besándole con ternura.

    -¿Se ha ido mi abuelo?

    -Consiguió lo que venía a buscar, ¿no es necesario aquí?

    -Le has dado dinero otra vez, se lo gastará esta misma noche en el juego.

    -El dinero es para gastarlo y disfrutarlo pequeño.

    -Pero en casa tenemos necesidad a veces y eso no es muy justo.

    -No te preocupes por eso, tu yo vamos a divertirnos durante un día. -junté mi mejilla con la suya y me dejé manejar por él, me colocó en su espalda subido y así nadó hasta volver a hacer pie.

    -Estás muy fuerte papi. -le besaba la espalda sintiendo el calor de su cuerpo pegado al mío, a pesar de estar dentro de agua. Cuando llegamos a lugar seguro me descabalgue de la espalda, pero seguido le abracé con los brazos rodeando la cintura por detrás de él. Mi pija se perdía entre sus piernas y su potente culo quedaba a la altura de mi vientre contra él lo apretaba.

    Tiró de mi mano y me puso delante de él.

    -No voy a consentir que un mocoso como tú me meta su pollita, esa labor me la reservo. -me revolvía entre sus brazos riendo sus palabras.

    -¡Cómo eres papi! ¿Quieres follarme aquí? ¿En el agua?

    -No, ahora no, además quiero cenar algo, vamos a la casa. Le he dicho a la cocinera que dejara preparados unos emparedados antes de que marchara y seguro que ha dejado comida para siete días.

    -Me muero de gusto por comer los emparedados de Justa.

    Al salir del agua me alargó una toalla y nos secamos, después se colocó el pantalón y recogió del suelo el bóxer y la camisa que había dejado tirados.

    -Colócate la braguita será ropa suficiente con el calor que hace. -se me quedó mirando un momento y sin esperar se dirigió hacia la casa seguido por mí, al entrar manipuló en el mando del aire acondicionado para bajarlo.

    -Tampoco quiero que te congeles. Vamos a preparar la cena.

    -Déjame a a mí, se dónde están las cosas en esta cocina. -había visto miles de veces, tanto a Justa como a mi abuela disponer la comida preparada en la nevera gigante, y sabía donde estaban los utensilios.

    -Esta bien lo dejo a tu cargo. -desapareció sin decir a donde iba y regresó cuando tenía preparada la mesa y la comida. Nos sentamos en el mismo lateral, uno al lado del otro. Había traído consigo una carpeta de plástico y dos pastillas que colocó a su lado.

    Me llamaba la atención la profusión de pelos que tenía en el muslo y le pasé la mano por él.

    -Eres muy peludo papi. Mírame a mi casi no tengo.

    -Es por herencia genética, mi padre lo era y Robert los tiene también. Tómate esta pastilla con un poco de agua. -miré indeciso lo que me señalaba, resultaba muy pequeña, algo mayor que una lenteja y de su forma, de color rosa brillante, no esperó a que yo lo hiciera y a su vez cogió la otra, de diferente color y se la tomó él.

    -¿A que esperas? No es un veneno ni una droga. -a pesar de todo, como soy aprensivo a tomar pastillas, y procuro no hacerlo, seguía dudando.

    -¿Para qué sirve?

    -Es una tontería que lo pases mal como el otro día si puede evitarse, eso te relajara y te dilatará el ano, la mía es para tenerla más dura y así te entrará más fácil sin causarte dolor, o sea que tómala ya. -cogí el vaso de agua y sopesé la pastilla en la lengua durante unos segundos antes de tragarla.

    -Imagino que te habrás lavado bien el culito, por dentro. -le veía preocupado por que mi y eso, de alguna manera, me animaba.

    -Mi abuelo me ha enseñado cómo hacerlo.

    -Bien, bien, pues ahora a comer un poco y luego seguiremos.

    -Guillermo, quiero hablar contigo, creo que tenemos que hacerlo. -él ya estaba comiendo el primer emparedado con ganas y dando largos tragos de cerveza de su vaso.

    -¿Y de qué debemos hablar? -no paraba de comer y me ponía nervioso.

    -De nuestro trato. -sacó una pequeña risa y sin responder terminó el emparedado y cogió el segundo.

    -Tu y yo no tenemos trato alguno, lo tengo con tu abuelo.

    -Eso no me vale, no es justo, necesito confirmar que vas a pagarme la carrera y al terminar me darás un trabajo en tus empresas, eso es lo que mi abuelo me ha dicho que le prometiste, quiero que tu me lo asegures. -sin dejar de comer me miraba como si mi actitud le divirtiera.

    -Luego hablamos, ahora come o terminaré los emparedados. -se me habían quitado las ganas de comer aquellos emparedados tan ricos, pero por no llevarle la contraria cogí uno y me lo llevé a la boca.

    -¿Está rico eh? -se limpió los labios y agarró un tercero, comía a toda prisa como si tuviera un hambre canina y terminó la cerveza, entonces se levando y fue a la nevera a por otra.

    Una vez empezado a comer sentí el placer por la comida y dejé de pensar para atender esa necesidad, aunque no debía comer mucho, también mi abuelo me había advertido del peligro de ingerir abundante comida estando en mi situación a la espera de que don Guillermo me utilizara.

    Terminé mi emparedado y bebí de mi vaso, me había servido una cerveza como él.

    -Ya está, no voy a comer más.

    -Tu te lo pierdes, están exquisitos yo voy a coger otro, y no te pongas nervioso, voy a escuchar lo que propongas, si quieres puedes empezar a hablar.

    -Cinco años don Guillermo, me darás el dinero para los estudios los cinco años que durarán mis estudios, y después un trabajo en una de tus empresas, a cambio haré todo lo que desees durante ese tiempo. -hablaba atropelladamente queriéndolo sacar todo de golpe

    -Me quedé mirándole expectante, deseando averiguar las ideas que pasaban por su mente, él solo me miraba hasta que soltó una enorme carcajada y deposito lo que aún no había comido y tenía en la mano en el plato.

    -¿Y si fallas un año, o dos? ¿Y si no eres capaz de terminar? ¿Qué haremos entonces?

    -Eso no sucederá se lo prometo, serán cinco años solamente. -se quedó serio y recogió la carpeta de plástico que había traído.

    -Ya que has puesto tus condiciones, voy a ponerte yo las mías. -esperé con la boca abierta queriendo saber sus condiciones, las iba a aceptar por muy difícil de cumplir que fueran.

    -Primero no volverás a llamarme don Guillermo, con Guillermo será suficiente y en nuestra privacidad, papi, como tu quieras. Segundo, además de la carrera que elijas tienes que aprender dos idiomas, alemán e inglés, por este orden de preferencia. -sentía que la oportunidad se me brindaba, y también rogaba para que dejara de sumar más condiciones.

    -De acuerdo haré todo eso. -me apresuré a responder.

    -Entonces sellemos el trato. -me extendió su mano grande y peluda, ahora sonriente como siempre era.

    -¡Ah!, una cosa más, ¿cómo me darás el dinero para los gastos?, no quiero que se lo des a mi abuelo. -entonces abrió la misteriosa carpeta de plástico y extrajo una hoja de papel de tamaño mayor y otra más pequeña.

    -Eso no es complicado de hacer. Rellenarás este impreso y con una fotocopia de tu DNI lo llevarás a mi banco, aquí tienes la dirección y el nombre de la persona por la que tienes que preguntar, ya he hablado con ellos y saben lo que tienen que hacer.

    Al principio me quedé un poco sorprendido, después molesto, lo había tenido todo previsto antes de empezar a hablar y me había dejado pasar este mal momento. Me entregó los papeles junto con la carpeta.

    -Creo que lo vas a conseguir, eres un buen negociante, e inteligente también, ¿has pensado lo que vas a estudiar? -comenzó a retirar los platos y llevarlos al fregadero, me levanté para ayudarle y al separar el culo del asiento sentí una sensación en el vientre de necesidad por ir al aseo.

    -Empresariales o económicas, y prefiero empresariales, ¿a tí que te parece?

    -Es la mejor opción si vas a ser un trabajador mío. -la opresión en el vientre me aumentaba y se había trasladado al culo, empecé a ponerme rojo, avergonzado por lo que estaba sucediendo, no tenía que haber comido el emparedado.

    -Guillermo, lo siento pero tengo que ir al aseo, siento que… -me miró con las manos en jarras, en sus caderas, y soltó una risotada.

    Puedes ir si quieres, pero seguramente es el efecto de la pastilla, se te está relajando el culito, ahora llega la segunda fase de tu preparación, vamos a la habitación.

    -Tenía unas ganas de defecar espantosa, hasta el punto de que el culito se me abría solo. -llegamos a la habitación y le escuchaba ruidos de risa bajitos, divertido por mi sofoco y verguenza.

    -Quítate las braguitas y arrodíllate en la cama. -hice lo que me pedía pero sintiendo que me iba a salir la mierda de un momento a otro.

    Guillermo recogió una caja que tenía sobre una mesa y se aproximó a la cama, tiró todo el contenido de la caja a mi lado, había dos plugs negros de distinto tamaño, una caja metálica redonda, un paquete de preservativos y otro de toallitas húmedas.

    -¿Supones para qué es esto verdad?

    -Se lo que es.

    -Pues te explico, vas a llevarlo puesto toda la noche, cuando te lo meta dejaras de sentir esa sensación de no controlar el ano, su función es para que los nervios del esfínter se vayan acostumbrando a lo contrario que hacen, está previsto que su función sea permitir salir los residuos, vamos a hacerles entender lo contrario y admitan que te entren cositas

    A la vez que me iba hablando enfundó el plug más pequeño en un preservativo, y de la caja metálica cogió con los dedos una pasta de más consistencia que una crema normal.

    -Ahora tranquilo, no te va a doler y puede que algunas veces al moverte notes lo que tendrás dentro, y te puede llegar a causar placer. -se colocó en mi retaguardia, yo temblaba como un flan, podía sentir como depositaba la densa crema en el hueco del ano y por el grosor, adivine que me metía el dedo pulgar para empujar la crema al principio del recto, pero prácticamente ni le sentía, tenía el ano casi dormido.

    Cuando empujó el plug para que me entrara solamente sentí una pequeña presión y después como me limpiaba el culo con las toallitas húmedas.

    -Ahora a dormir, o a ver la televisión, lo que desees, tenemos que levantarnos temprano para ir al monte y me acompañarás. -me cogió una mano y me la llevó a mi trasero para que viera como me quedaba insertado el plug.

    -Gracias Guillermo, ahora no siento ganas de defecar.- volvió a reírse de mi ignorancia.

    -Porque tienes el culito relleno precioso y el plug está haciendo su función, o eso me ha dicho el médico de la empresa que he consultado.

    -¿Puedo dormir contigo, a tu lado?

    -Antes tendrás que ir al baño a lavarte los dientes. -me puse de pie, sentía la presencia de algo extraño en el culo, pero no dolor ni siquiera molestia, solo al caminar lo sentía más, nada desagradable.

    Habíamos vuelto a la cama, Guillermo se había metido desnudo completamente yo, por un extraño pudor, con las braguitas, me pegue a él y le abracé el pecho.

    -¿Me quieres Guillermo?

    -Me diviertes, me gusta hablar contigo, escucharte, y sabes que te deseo.

    -Voy a quererte mucho papi, tu me gustas cada vez más. -le pasé la mano por el poblado torso y le besé el brazo que tenía cerca de la boca.

    -Es como si me estuvieras follando.

    -¿Qué dices?

    -Mi culo, lo siento lleno. -se volvió hacía mi y me rodeó con los brazos, bajé la mano entre los dos hasta llegar a su verga, la tenía crecidita y bastante dura. La acaricié el capullo húmedo de precum y bajé hasta los testículos, estaban muy duros, formado como uno solo en la bolsa.

    -Has tomado la pastilla para nada, no me la puedes meter con el culo ocupado.

    -Podemos hacer otras cosas, ¿no crees?

    -Me gustaría chupártela hasta sacarte la rica lechita papi. -a medida que hablábamos su verga se iba agrandando, la sentía crecer y endurecerse por segundos, no dejaba de pasarle la mano y los jugos le escurrían haciendo que resbalara muy bien por el tronco duro.

    Me colocó una mano en el cuello y la otra en la nuca, y me fue empujando para que bajara la cabeza, él sabía lo que quería y también como dirigirme, sin ser brusco y solo empujando ligeramente pero con mando, yo como puto sumiso obedecía, a pesar de que me abrazaba a su cintura, deseaba sentir los vellos de su vientre, de su pecho en mis labios, su verga se deslizaba dura y caliente en mi mano.

    -¡Mama! -gruño terriblemente excitado y sin perder el control. -Guillermo estaba urgido, quizá excitado por haber estado tanto tiempo con mi culo en sus manos.

    Con una mano sostenía mi nuca y la otra la utilizó para orientar la punta de la verga a mi boca.

    -¡Chupa ya! -y era una orden que obedecí con prontitud entregado y sometido a mi macho.

    Metí el capullo en la boca y fui bajando metiendo más y más, con algo de prisa, sin poderla degustar como quisiera, entonces retiró la mano con que agarraba su verga y empezó a acariciarme la espalda buscando mi culo.

    -Quítate la braguita y deja que te toque el culo. -resulto difícil pero me saque la tela y me giré colocándome arrodillado, con el culo elevado y a su alcance.

    No sabía lo que pretendía hacerme, mi culo estaba ocupado por el plug que me había puesto, empujo el aparato para meterlo más, no se podía y estaba todo en mi interior, entonces lo sacó un poco y comenzó a moverlo.

    Empecé a disfrutar lo que me hacía, lo meneaba buscando tocarme zonas internas inexploradas de esa manera, gemí sin dejar de mamarle la polla, él tiraba precum abundante y a mi también me salían chorritos cada vez que tocaba algún punto en mi interior que me hacía estremecer.

    Tenía ya la mayor parte de la verga metida e hice un esfuerzo para introducírmela entera, el me ayudaba empujando mi cabeza, sin obligarme y sin dejar de mover el diabólico aparatito que tanto placer me daba.

    Así estuvimos un tiempo, entre estremecimientos los dos, cuando soltaba el plug llevaba la mano a mi polla y me envolvía los huevos con los jugos que yo mismo expulsaba, otras veces acariciaba mis nalgas como quien moldea una vasija de barro, y yo mama que te mama comiéndole todo el jugo que le salia.

    Le abría las piernas totalmente entregado a sus caricias y él no soltaba mi nuca, con los dedos engarfiados en mi cabellera, a veces me tiraba del pelo para sacar la polla un pedazo, y volvía a empujarme, a mandarme como quería que se la chupara.

    Lo mío eran como pequeñas corridas, largas pero no muy fuertes, otras veces si lo eran, como un orgasmo continuo que me volvía loco.

    Al final sentía como tiraba más precum y me llenaba la boca sin poderlo tragar, cayendo por mi barbilla sobre su poblado pubis.

    -Me voy a correr en un momento.

    -Si dame tu leche papi, espero por ella para comerla.

    -¿La quieres en la boca?, es mucha la que va a salir.

    ¡Oh sí, en mi boquita mi amor? -empecé a pajearle a la vez que le chupaba con fuerza la cabecita del glande y él ahora me dejaba libertad para hacer a mi voluntad, seguía con su mano manejando mi culo, mis pelotas y la verga, con la otra se agarraba con fuerza a las sábanas sintiendo que le llegaba el orgasmo, le temblaba el abdomen y empezó a respirar con ruido hasta que explotó.

    Fue una explosión al principio, un chorretazo de semen me lleno la boca y salió de ella con fuerza hacia fuera, siguieron otros más, con tanta potencia como el primero, y cuando pensaba que había terminado, otra serie de contracciones le vaciaban la leche caliente que me llenaba la cara, el pelo y su bajo vientre.

    Seguí chupándola un poco más haciendo que entrara con facilidad en mi boca envuelta en el semen, hasta que se quejó por la extrema sensibilidad del glande, lo tenía rojo y gigante con su gran boquita abierta.

    Adoraba aquella belleza de verga que me llenaba más que la de Marcos, era jugosa y no tan dura.

    -Ya vale goloso, me la vas a desgastar.

    -Esta tan rica papi. -me permitió que siguiera lamiéndole el vientre y los testículos, recogiendo parte del precioso líquido que había caído y después una ducha rápida para volver a la cama, a dormir pero bien abrazadito a mi osito grandote…

    Me daba cuenta de la diferencia entre mi primo y Guillermo, pudiera ser por la edad, pero mi hombre, después de follarme o correrse, quedaba tranquilo y feliz, no como mi primo que acababa de descargarse y quería volver a empezar.

  • La primera vez que tuve sexo con otro hombre

    La primera vez que tuve sexo con otro hombre

    En este relato, cuento la vez que tuve sexo por primera vez con otro hombre. Yo siempre había tenido sexo con mujeres y nunca había tenido en mente tenerlo con hombres.

    Me gustan, me encantan y me fascinan las mujeres por muchas cosas. Aunque me gusta leer relatos de sexo entre parejas hetero, transexuales, gay y bisexuales.

    El día que tuve sexo por primera vez con un hombre, se trataba de un amigo que recién había conocido, fue cuando fui a su casa a dejarle un pedido de tarjetas de presentación que me había pedido.

    Después de qué las revisó y dio su visto bueno, platicamos por varios minutos de diferentes temas, hasta llegar al sexo. Me preguntó si había tenido sexo o algún acercamiento con otro hombre, a lo cual le respondí que no. Soy Buga (sinónimo de hetero) y me gustan las mujeres, por la suavidad de su piel, por sus curvas, sus tetas redondas duras y suaves al igual que sus nalgas.

    El me respondió: la verga (sinónimo de polla) también tiene curvas y está suave al igual que los webos (testículos).

    A cada respuesta mía diciendo que no me interesa nada con hombres, el me daba una respuesta a favor del sexo gay.

    Con esta plática, poco a poco me fui calentando como hacía tiempo que no lo hacía.

    Ya no recordaba tener una erección en la que me doliera la verga de lo dura y tiesa que la tenía, queriendo salir del pantalón.

    Con la conversación que teníamos, poco a poco me fue llevando a donde él quería.

    Yo trataba de qué no se me notará que me estaba excitando, y no sé si lo logré o él se sintió muy seguro de tenerme enganchado. Sin más se levantó y me tendió la mano y me dijo vamos a mi recámara. No puedo explicar por qué me levanté y le di la mano.

    Tirando por mí, me hizo ir delante de él. Me tomó por la cintura pegando mi trasero a su pelvis y así unidos me llevó a su cama.

    Entrando me puso frente a él, me besó la cara y cuando llegó a mis labios, quedé sorprendido sin saber qué hacer. No sabía que era lo que yo sentía aparte de excitación. No supe qué hacer cuando puso sus labios sobre los míos.

    Sin saber porque, abrí la boca y el me dio un beso bien plantado. Metió su lengua y la frotó contra la mía.

    De momento sentí asco de tener la lengua de otro hombre dentro de mi boca, y al mismo tiempo sentía el morbo y mezcla de placer y excitación al ser besado por un hombre.

    Así de pie uno frente al otro con las bocas y lenguas unidas, me fue desvistiendo. Yo me encontraba en un letargo de placer y solo me dejaba hacer, sentía sus dedos recorrer mi espalda mientras su lengua recorría mis dientes, sintiendo su verga dura dentro de su pantalón pegada a mi pubis.

    Su aliento me quemaba, yo estaba que me derretía, cuando sentí como mi pantalón cayó a mis tobillos. Me quedé solo con una tanga blanca.

    No me di cuenta en qué momento se bajó junto con su bikini el suyo quedando con la verga bien erecta. Me hizo darle la espalda y me pegó a él, en ese momento, puso su verga en la unión de mis nalgas y piernas, sobre la tela de mi tanga, y pude sentir su dureza y calor, pero lo que más pude sentir fue el tamaño enorme que tiene.

    Mientras me besaba la comisura de los labios, cuello y parte alta de la espalda, una mano me pellizcaba los pezones y con la otra dentro de la tanga me agarraba la verga bien parada. Me decía: que ricas nalgas tienes, siente como me tienen estas ricuras mientras me frotaba su verga entre las piernas y nalgas, yo no sabía qué hacer, solo me dejaba llevar.

    En un momento de escasa lucidez quise separarme, vestirme e irme, pero por otro lado quería sentir más de ese placer morboso, solo atiné a decirle que no, que ya me iba.

    El riéndose, me volvió de frente a él y me dijo tú quieres probar esta y señaló su enorme verga, la cual por primera vez vi. Era de piel color apuñonada, con un glande que parece punta de flecha no muy grande. Después del glande el tronco es algo más grueso que el resto del tronco, debía de medir unos 19 o 20 centímetros. Tan solo ver ese monstruo me quedé hipnotizado y solo puede alzar la mano hacia su verga y por primera vez toqué una polla ajena.

    Yo pensaba, esto no me va a entrar y si lo mete me va a partir el culo por la mitad.

    Me dijo sin sentarse, termina de quitarte los pantalones, calcetines y zapatos, y cuando me inclino para sacarme todo lo que me indicó, sentí como me puso la punta de su verga en la entrada de mi culo, sobre la tela de mi tanga, sentía como si quisiera meterla con todo y tela, notaba como su líquido pre seminal mojaba la tela.

    Cuando terminé y me levanté, el seguía con su verga en la misma posición y me decía en el oído: después de esta noche tú sólo vas a venir a que te vuelva a coger.

    Me acostó boca arriba en su cama y el encima de mí, empezando a besarme por la cara, boca, orejas, cuello, pecho, tetillas y estómago, hasta llegar al elástico de la tanga, la cual bajo dejando mi verga bien parada. Me sacó la tanga, y abriéndome de piernas se coloca entre ellas. Sin tocar mi verga con sus manos la metió en su boca y me dio una de las mejores mamadas que recuerdo.

    Fue bajando hasta llegar a mis pelotas las cuales metió una por una succionándolas, bajó luego por el perineo pasando su lengua y mordisquearlo hasta llegar al ano. Ahí metió la lengua en mi culo, lo saboreo, lo disfrutó y penetró con su lengua.

    Yo me sentía entre nubes ya que todo era nuevo para mí, y es que ninguna mujer me hizo nunca algo así.

    Se incorporó sentándose sobre mi pecho, puso su verga frente a mi boca, yo quise negarme, pero algo que ni yo mismo entiendo hizo que abriera la boca. La metió y me dijo que la chupara.

    Primero fue un mete y saca despacito, para poco a poco ir incrementando la velocidad, e ir metiéndola toda. La primera estocada me hizo tener arcadas y tuve que limitar la profundidad con mis manos en sus caderas. Se retiró y vi cómo se colocaba el condón. Tomó un tubo de lubricante poniéndose a todo lo largo de su verga.

    Yo miraba como hipnotizado. Me hizo volverme boca abajo y puso también lubricante en mi culo al tiempo en que metía un dedo, luego dos y tres. Me hizo volverme y puso mis piernas sobre sus hombros, nos veíamos mutuamente mientras puso su glande en la entrada de mi culo y me dijo ábrete las nalgas para que entre más fácil.

    Así lo hice. Con el primer empuje que dio entró todo su glande. Yo di un brinco acompañado de un grito de dolor, a lo cual me dijo flojito y cooperando, dio otro empuje y entró la mitad, yo sentía dolor y limitaba su empuje con las manos.

    Hizo el mete y saca despacito, estando así durante un rato. Cuando vio que ya no sentía molestias dio otro empuje y me la metió toda, quise zafarme, pero me tenía bien agarrado. Se quedó quieto un rato, mientras me decía: que rico culo tienes. ¿Está bien apretado y caliente, siente mi verga dentro de ti, sientes? ¿Me preguntó varias veces y me decía te gusta? Yo no contestaba solo veía la cara de placer que tenía y nuevamente empezó el mete y saca despacito. Me decía siéntelo, disfrútalo y gózalo.

    Fue incrementando el movimiento y velocidad hasta que dejé de sentir dolor, solo sentía una pequeña molestia por decir placentera.

    Cambiamos de posición y quedé montado en él, a lo cual me dijo mueve las nalgas y llevé el ritmo, mientras él me agarraba de las nalgas y me daba unos golpes en ellas. El primero me tomo por sorpresa y me molestó un poco y sin darme tiempo a decir algo me dio el segundo, tercero y así. No puedo decir que sentía con cada nalgada, pero dejó de molestarme.

    Cuando se cansó de cogerme así, me hizo poner a 4 patas quedando de perrito sobre la cama.

    Así me dio unas cogidas profundas y rápidas, mientras me daba nalgadas, a la vez que me preguntaba ¿te gusta? ¿te gusta cómo te estoy cogiendo? ¿Te gusta cómo te meto la verga?

    Yo no decía nada, solo me dejaba llevar por el momento.

    Me puso otra vez con las piernas en sus hombros y me cogió no sé por cuánto tiempo, minutos u horas, a mí se me hizo una eternidad. De repente sentí como aceleró el movimiento y me dijo me vengo, me vengo.

    Pude ver su cara mientras se venía dentro de mí, eyaculando el esperma en el condón.

    Cuando acabó y una vez se recuperó, se salió de mi culo, se quitó el condón, y yo me limpié los restos de lubricante.

    Nos recostamos y me pidió que pusiera la mitad de mi cuerpo sobre la mitad del suyo y que lo abrazara mientras el con una mano me agarraba una nalga.

    Después de unos minutos me levanté y me vestí. Mientras él, se ponía una bata y me acompañaba a la salida.

    En plena puerta, estando en el pasillo, me agarra de una nalga, me atrae hacía a él, me da un beso y me dice te hablo, y cerró la puerta.

    Durante la siguiente semana solo de recordar la cogida que me dio, me hacía tener una erección, y por consecuencia me desquitaba con mi esposa. Llegó el momento en que tuve que hablarle por teléfono para pedirle que me diera otra cogida.

    Desde esa vez me considero bisexual y me gusta disfrutar del sexo con mujeres y hombres por igual. Con los hombres es variable el rol, puedo ser inter, activo o pasivo.

    Soy maduro de 56 años, moreno claro, 1:73 y de complexión delgada, vivo en la ciudad de México.

    ******************

    Este es el relato que me envió un lector, el cual me pidió que le publicara dicho relato. Solo he corregido algunos pequeños detalles, dejando el resto tal y como lo ha escrito él.

    Espero que sea de vuestro agrado.

    Podéis contactar conmigo o escribirme a:

    [email protected].

  • Follando con el novio de mi hijo y…

    Follando con el novio de mi hijo y…

    Tengo una vecina que es asidua leyendo esta página de relatos eróticos. Ella siempre leía los relatos heteros, los de infidelidad, dominación y orgías. Por amistad en una conversación le descubrí la página y se hizo asidua. Un día me pregunta:

    —Janpaul, ¿esos relatos escritos por un tal Janpaul en CuentoRelatos son tuyos? ¿Eres tú ese Janpaul?

    Evidentemente me puse colorado, no porque yo sea gay, que eso lo sabe de hace tiempo y siempre me decía «qué buen novio harías de mi hijo», pero yo tenía mis novios ya antes de ponerme a vivir allí, sino porque ya sabe lo cochino que soy. Cuando compré las dos viviendas del 7º piso, ella que vivía en el 6º y se ofreció a ayudar. Aunque no fue necesario, nos hicimos amigos y un día le conté toda la historia y es cuando me dijo que su hijo también era gay.

    Me hice amigo de su hijo, se llama Ismael, porque solo es dos años menor que yo, pero nunca nos enamoramos, entre otras cosas porque yo ya tenía novio y mi novio le sobrepasa en tipo, hermosura y nivel cultural, además de que yo amo mucho a mi pareja. Pero invitamos varias veces al hijo de mi amiga, a venir con nosotros a la disco y por fin tuvo su novio. Se llama Luis, un chico medianamente bien, no era una escultura, pero mejor que el 70% de la población masculina gay.

    Ismael es bien coqueto, tiene un culito que llama la atención y resiste las embestidas cuando lo follan sin quejas pero con unos gritos muy afeminados y graciosos. Lo sé porque mi novio y yo hemos follado varias veces con él. Pero hoy no voy a contar historias mías, sino que la mamá de Ismael, Rosalinda, la vecina del 6º, me dijo:

    — Quiero contar una historia que me pasó anteayer, pero sabes que yo no le doy bien a la pluma, ni escribo en ordenador que solo miro y leo, pero yo te la cuento y tú la escribes, la pones y te callas. Hazlo como si fuera tuya.

    — Cuenta conmigo, haré lo que pueda y deba, pero te la pongo como tengo costumbre.

    Y comenzó a contar.

    ***** ***** *****

    Desde siempre he sabido que mi hijo es gay y jamás me ha extrañado, sino todo lo contrario, era feliz precisamente por eso. Así se lo decía a mi marido:

    — No vamos a perder un hijo, igual ganamos dos, porque Ismael se va a quedar a vivir aquí en casa con Luis.

    — Bueno, me parece bien, prefiero que no estemos abandonados, porque si se van, igual nos olvidan, —decía mi marido.

    Conversaciones como estas las teníamos continuamente, porque los veíamos tan enamorados uno del otro y casi siempre viniendo a nuestra casa los fines de semana. La verdad es que en casa de Luis, no es que lo despreciaran o no lo quisieran, pero no esperaban que se hiciera un novio. Y ya no es para ellos lo mismo, les parecía bien que fuera gay, pero con pareja ya no. Por el contrario yo estoy feliz.

    Yo tengo una costumbre que mi marido me ha querido corregir siempre, pero yo soy impertérrita (así me lo dijo) y no puedo, la verdad es que tampoco quiero. Mi costumbre es escuchar a hurtadillas a todo el mundo: si en el super descubro a dos contándose sus cosas, me entretengo mirando en el stand para saber qué dicen. Si viene a la finca un nuevo vecino, soy la primera en enterarme y reviso cielo y tierra para saber de su vida. Tú me comprendes, porque nos hemos hecho amigos gracias a mi costumbre, por eso pienso que no debe ser tan mala si me produce amigos… ¿No te parece?

    Bueno a lo que voy es que he vigilado desde el primer día a mi hijo y a Luis, su novio. Me he hecho la desinteresada pero, cuando se meten en su cuarto, desde el primer día que he estado escuchando sus conversaciones, sus relaciones y se dan cada sesión de sexo, que no veas, hasta yo me corro con solo escuchar sus gritos y gemidos desde la puerta.

    Están de verdad enamoradísimos. Un día, al poco de hacerse novios, entraron en la habitación, dejé pasar un tiempo y me fui descalza y con solo mi bata me fui a la habitación de al lado que usamos para visitas. Se oye todo muy claro, aunque no se puede ver. Pero yo había puesto en el toldo de la terraza-balcón donde queda su puerta un espejo en el que se veía su cama que es lo que a mí me interesaba. Desde al lado y cerca de la salida al balcón podía ver. Me senté en un sillón abatible y escuchaba todo lo que decían. Primero hablaban de varias cosas, luego bebían whisky, porque yo limpio la habitación y lo remiro y descubro todo, pero lo dejo todito igual que estaba, para seguir entrando.

    Me gusta oler los calzoncillos de mi esposo, los suspensorios de mi hijo. Casi nunca huelen a orina pero siempre a semen. Me gusta el olor a macho. Últimamente huelo incluso los slips de José, esos me apasionan, los huelo, me los restregó por la cara, los chupo, meto un dedo por donde se acomodan su pene y sus huevos y me lo llevo a la boca, succiono todo el macho que queda impregnado ahí. Y suspiro, y se me pone húmeda mi concha, y me la toco y me la vuelvo a tocar y me la masturbo y me viene mi orgasmo con el slip de Luis en mi clítoris y lo siento y lo deseo y cierro los ojos y mi imaginación escapa.

    Tengo siempre curiosidad por ver cómo hacen el amor mi Ismael y Luis. Mi hijo se manifiesta como muy pasivo y deseoso. Primero se besan apasionadamente y yo me pongo junto al cristal por el que miro y lo beso igualmente como si besara los genitales de ellos, hasta que veo cómo mis babas discurren cristal abajo. Pero sigo mirando y se besan y se pasan la lengua uno al otro. Pero…, ¡cómo de enamorados están! ¡Nunca pensé que dos chicos gays se pudieran amar tan intensamente! Siempre había pensado que se hacían un polvo rápido y hala, a la calle. Pero estos hijos míos, perdón, es que Luis es ya como mi hijo, ellos me han demostrado que el amor entre ellos es verdaderamente real, lo hacen muy pausadamente y lo disfrutan más que yo con mi esposo, que es un aburrido. Mi esposo viene, me levanta la ropa, ni me desnuda, me la mete, me folla rápido, suelta sus jugos y saca su polla. Luego se pone a roncar. Disfruto más viendo a mis chicos que follando con mi esposo.

    Luego de besarse apasionadamente se van desnudando, pero, no, no se desnudan, cada uno va desnudando al otro, se quitan la camisa, se acarician el pecho, aprietan sus pezones, se los besan, lamen y succionan como si fuese a salir leche de ellos. Y se les ve cómo cierran los ojos de placer con la cara levantada hacia el techo de la habitación. Luego se desabrochan los pantalones; el cinturón lo tiran por cualquier parte como hicieron con la camisa, luego se bajan la cremallera, a veces los dos al ritmo, otras uno se adelante, se descubren sus paquetes, los acarician por encima de sus interiores, se chupan la mano porque ya están húmedas, seguro que del pre semen que ha pasado a sus manos, se bajan los pantalones a los tobillos, se descalzan y se sacan los pantalones que tiran lejos como si fueran una pelota de fútbol. Es todo muy apasionante.

    Con sus interiores puestos, descalzos y sin más ropa, siguen besándose pasando sus manos por todo el cuerpo. ¡Cómo acaricia Ismael el paquete de Luis…!, como quien quiere llevarse una sorpresa cada vez. Luis va metiendo sus manos por detrás de la cinta del jocks y acaricia sus nalgas. Es entonces cuando comienza a poner sus dedos dentro del agujero del culo, atraviesa el ano, da vueltas masajeándolo y mete y saca. Ismael suspira y la polla que está acariciando va creciendo. Ismael desnuda del todo a Luis sacándole su slip. Luis se sitúa detrás de Ismael y se apresta a meter su polla en el ano de Ismael sin quitar el jocks, acierta al rato, mientras se besan uno detrás y otro delante y por fin entra la polla de Luis por el culo de Ismael y llega al fondo, grita Ismael y ruge Luis, luego gime Ismael y sigue rugiendo Luis e inician un movimiento, el mete y saca, como si estuviera follando una vagina. Y los veo por el cristal cuánto disfrutan largo rato los dos.

    Gritan mucho, se dicen burradas, se hablan en femenino, puta, zorra, maldita, maricón, zángano, jodida polla, y se los van repartiendo indiscriminadamente. Mi hijo soporta muy bien los tratamientos en femenino. Mientras Luis lo folla, él insulta a Luis que aguanta perfectamente los hijo de puta que Ismael le suelta.

    Cuando veo que ya ha descargado uno dentro del otro y el otro se corre fuera a donde le llegue, salgo sigilosamente y me voy a mi cama, con mi concha totalmente húmeda, en la cama me agarro mis tetas, me acaricio mis pezones y sigo masturbándome hasta volver a tener mi orgasmo, mientras tanto mi esposo duerme y ronca sin parar y sin enterarse de nada.

    Pero el miércoles pasado que estuve viéndolos como te he contado y como he hecho tantas veces, se levantó mi esposo temprano el jueves y llamó a Ismael para que le acompañara a su taller que necesitaba ayuda. Ya habían quedado la víspera. Se fueron a la cocina para desayunar y yo me adelanté y ya estaba preparándoles algo. Mi esposo estaba refunfuñando y no sabíamos por qué y mi hijo estaba brillante, feliz y con ganas de trabajar, y eso que tenía necesariamente que estar cansado. Desayunaron y se fueron. Yo volví a acostarme para dormir como una hora más, me hacía falta. A la hora aproximadamente sentí ruidos y me imaginé que era Luis. Me levanté para prepararle el desayuno, me puse una bata encima del cuerpo anudada suavemente con un cinturón.

    Mientras estaba preparando unos huevos rotos con chistorra que sé que le gustan, se me aflojó la bata sin darme cuenta. Puse los huevos y la chistorra en el plato tan inconscientemente que había colocado la chistorra en medio de los dos huevos. Luis lo vio, me sonrió y cogió el bote de mayonesa y puso una chorretada de mayonesa justo en la punta de la chistorra. Ni haciéndolo adrede le podía salir tan bien la chorretada. Me miró sonriente y de pronto se puso muy serio mirándome de arriba abajo. Fue entonces cuando me di cuenta de que tenía la bata abierta. Me iba a anudar de nuevo y se levantó a toda prisa y me la quitó dejándome desnuda.

    Me contempló con ojos deseosos y ávidos de lujuria y me dijo:

    — Pero, Rosalinda, qué lindo cuerpo tienes, pareces una chiquilla, ni me imaginaba…

    — No me ofendas, que no es para tanto…, tú si lo tienes de verdad bello, me gustas, —dije sin medir las palabras.

    — ¿Cómo sabes de mi cuerpo si no me has visto nunca desnudo del todo?

    — Bueno, bueno, intuición que tiene una, que ya es experimentada, —le dije acercándome hacia él.

    Me pareció que no iba a reaccionar o que iba a dar un paso atrás, pero me preguntó:

    — ¿Quieres juego?

    — Yo sí, pero no creo que tu puedas…, —respondí

    — ¿Por qué dices eso, Rosalinda?

    — Porque a un chico gay no le van las mujeres.

    — Y… —empezó muy zalamero, quitándose la camiseta— ¿quién te ha dicho a ti que yo soy gay?

    — Ahora no te me pongas tonto, que eres el novio de mi hijo…

    — ¿Acaso el novio de tu hijo tiene que ser necesariamente gay?

    — Y si no, ¿qué va a ser?, —y ya me tenía los dos brazos rodeándome el cuello y sus labios junto a los míos.

    — Podría ser bi… bisexual, ¿sabes qué es eso?, —contestó susurrando mientras me besaba en los labios muy sensualmente.

    Cuando me había dado la lengua, espontáneamente la acepté y le crucé la mía. Me dio un fuerte escalofrío en todo mi desnudo cuerpo. Le lamí y mordí el lóbulo de la oreja y le susurré al oído:

    — ¿Sabe Ismael que eres bisexual?

    — Sí; lo sabe, también sabe cómo nos espías cuando hacemos el amor y cómo nos miras por el espejo que has puesto…

    Se me aflojaron las piernas y me desplomaba. Luis me cogió de los brazos y la cintura y me sentó en un sillón. Yo me tapaba mis genitales y Luis separó mis manos para contemplarme. Yo estaba aturdida.

    — Mira, mamá —me gustó mucho que me llamara mamá—, sabemos que tu esposo es frío y que pasas mucha abstinencia. Casi desde el primer día nos dimos cuenta y nos gustaba que nos vieras. Ismael te ama con toda su alma y sufre porque tienes un marido solo para servirlo, pero no te hace gustar el sexo ni te muestra amor, solo se descarga él y ni se interesa de más. Eso suele pasar. Pero no sufras, también me gustan las mujeres y tú, mamá, más que ninguna otra que haya conocido, porque me gustan maduras, experimentadas y ansiosas…, como tú, mamá.

    Me animé al escuchar estas palabras y casi por instinto, le bajé el pantalón ancho que llevaba y no estaba atado sino solo se sujetaba con el elástico. Vi su polla tan cerca que no pude hacer otra cosa que metérmela entre las manos para acariciársela y también su gran escroto con dos pelotas duras en su interior. No me atrevía a levantarme ni a ponerme delante de él de rodillas por si no respondían mis piernas que las sentía con hormigas en toda su extensión.

    — Chúpalas, cariño, —me dijo.

    Me las puse a la boca. Para que estuviera más cómoda, se adelantó y pude tener mi espalda bien acomodada. Chupé su polla, y me iba masajeando yo misma mi clítoris y metía dedos hasta dentro. La polla de Luis llegaba hasta mi glotis, a veces me faltaba aire, Luis lo notaba y me alejaba un poco la cabeza para que respirase y la volvía a meter en mi boca. Estaba dura, muy dura y le pedí que me follara. Me tomó de las manos, me puso de pie, me llevó a la mesa y me reclinó sobre la mesa, tras quitar los platos del desayuno. Justo estaba a su altura y me comenzó a penetrar. La metió del todo y se agarraba a mis tetas, pellizcándolas con toda su mano, una en cada teta y me iba besando toda mi cara, frente, ojos, mejillas, nariz, boca y barbilla. Yo me pude incorporar y me agarré a su cuello, crucé mis piernas por su cintura apoyando los talones en sus voluminosas nalgas, mientras él me dio la vuelta para apoyar sus nalgas en la mesa y comenzó a follarme. Largo rato lentamente. Luego lo fui inclinando sobre la mesa y lo tumbé del todo espalda sobre la mesa y comencé mis movimientos casi en vertical. Iba follando mi coño y yo me sentía feliz hasta que gritó:

    — ¡Que me voy!, ¡que me corro!

    Me levanté mi cintura y salió su polla de mi coño, me senté encima de sus muslos y comenzó a eyacular chorros de semen que me llegaron hasta le cabeza, el cuello mis pechos y mi abdomen. Luego se puso a reír de una manera muy extraña, mirando al dintel de la puerta del comedor. Me di la vuelta y allí estaba mi hijo Ismael viendo lo que estábamos haciendo. Me puse a temblar y quería irme. Luis me amarró fuerte de mis muñecas y no pude escapar. Entró mi hijo, me miró con cara sonriente. No sabía si era de contento o de rabioso. Una sonrisa que también podía ser de deseo. La polla de Luis estaba junto a mi concha cruzándola por fuera y dura. No supe si se había vuelto a despertar su polla o nunca se había dormido. Mi hijo delante de mí se desnudó. Se puso en mi espalda, su pena acariciaba mis nalgas y me metió un dedo en el culo. Perdí entonces la resistencia y me metió otros dos. Alargó el brazo, agarró el bote de mayonesa se untó los dedos y me los pasó por el culo. Yo estaba tan sorprendida que no sé qué estaba pasando. Ellos se miraban y sonreían. Mi hijo por detrás giró mi cara y me besó apasionadamente dándome su lengua y yo le di la mía. Vi entonces que le guiñaba el ojo a Luis y de pronto los dos al mismo tiempo me empalaron uno por el coño y mi propio hijo, el fruto de mis entrañas, hijo de un extraño para él que desconoce porque mi marido tiene su semen estéril y no lo sabe, ambos a la vez me empalaron y a la vez de modo rítmico se pusieron a follarme cada vez más duro. Se corrió mi hijo en mi culo. Luego, mientras Ismael me besaba, se corrió dentro de mí vagina Luis. Nos incorporamos y nos tiramos los tres como una gavilla sobre el sofá.

    — Mamá —dijo Ismael— tienes espacio con nosotros, no hace falta que te escondas, te queremos con nosotros, deja que papá ronque tranquilo y haz tu vida con nosotros.

    — Rosalinda, mamá, no te preocupes, si quedas embarazada, queremos el hijo como nuestro, seremos nosotros los papás y tú lo criarás como su querida abuelita.

    Ya llevo tres noches con ellos en su cama, habitualmente tienen sexo todas las noches y yo llevo tres noches teniendo sexo con los dos. Mi hijo dice que no puede follarme en mi concha, por detrás imagina que soy Luis. Están decididos a dejarme embarazada y yo comienzo a desearlo también.

  • Mario (07 de 22): Con don Guillermo 24 h (2)

    Mario (07 de 22): Con don Guillermo 24 h (2)

    Desperté y Guillermo estaba mirándome, sin moverse pero con los ojos abiertos, en algún momento de la noche había roto nuestro abrazo pero estábamos tocándonos.

    -Desayunaremos en la cafetería de la gasolinera cuando vayamos a buscar las motos. -mientras hablaba estaba jugando con mi largo cabello, y en ese momento pensé que igual debería cortármelo, para que no me hiciera parecer tan nena. Me estiré y al juntar las piernas con fuerza me di cuenta de que aún tenía dentro de mi el plug anal.

    -¡Oh papi!, no podemos quedarnos un poco más, se está tan bien en la cama.

    -Se hace tarde bebé, luego hará mucho calor en la montaña para andar en moto, además tienes que quitarte el taponcito que tienes metido en el culo y ver como está, nos ducharemos para ir a la gasolinera. -me abracé a él reconociendo que tenía razón.

    -¡Ay! papi, te ha crecido la barba. le había besado y su barbilla me raspó la mejilla.

    -Me afeitaré a la vuelta, ahora arrodíllate y enséñame el culo. -me dispuse para lo que deseaba y sentí como movía el objeto.

    -Igual te hace un poco de daño al sacarlo. -fue tirando de él despacio y solo sentía la presión al salir la parte gruesa forzándome el esfínter, hasta que pasó lo de más diámetro, luego se deslizó él solo.

    -Te ha quedado un buen boquete, después de la ducha te metes abundante crema, de esta misma que es mejor, ahora es el momento de que el culito descanse.

    Supe que me había introducido el dedo pulgar pero solo cuando lo movía, estuvo unos segundos haciendo fuerza y se dio por satisfecho de lo que veía.

    Se ve precioso y rojito, ahora lo tienes preparado para recibir toda las vergas que desees y las disfrutes. Te llevas todo esto a tu casa cuando marches, y usas el plug alguna vez, no creo que necesites emplear el grande.

    Sus palabras anterior se me habían quedado grabadas, “tenía el culito preparado para recibir las vergas que deseara”, o sea que no me consideraba su amante exclusivo.

    -Guillermo, ¿deduzco que no te importaría que otros hombres me follaran? -jajaja, sonó muy fuerte su risa.

    -Tu culo es tuyo y mi verga es mía, pero si estás con otros, y no usas protección, tendrás que pasar de vez en cuando por el laboratorio. -había quitado el condón del plug y dejó este dentro de la caja, sin más se encaminó al baño dejándome con el culo en pompa.

    Por simple curiosidad me llevé la mano al culo, lo sentía como dormido, no tan abierto como dijo Guillermo, pero comprobé que podía meter los dedos sin esfuerzo, los cuatro haciendo pico de pato. El plug había hecho su trabajo durante la noche.

    Mientras me lo acariciaba con cierto temor, explorando las nuevas cualidades de mi ano, seguía pensado en las palabras que dijo, Guillermo no parecía ser celoso y desearme en exclusiva, si que era algo dominante y exigente en todos los sentidos, y era lógico que deseara cierta seguridad en sus relaciones, no le veía hombre de usar profilacticos para follar.

    Cuando entré en el baño salía de detrás de las mamparas de la ducha, con todo el cuerpo chorreando agua de los abundantes vellos.

    -No te entretengas y ponte la crema como te he dicho, en ese armario tienes todo lo que puedas necesitar, desde toallas, hasta elementos para tu limpieza rectal, y si te falta algo me lo pides.

    Se lavó la boca y se secaba muy rápido. Cuando terminé y volví a la habitación estaba ya vistiéndose, uno de esos trajes con mucho cuero y colores, típicos del motorismo, ajustado a su escultural cuerpo, debajo solo llevaba un slip y camiseta de tela fina.

    -No creo que te valga uno de los trajes de Robert, ya lo compraremos otro día.

    -No es necesario, y no te preocupes por mi, no pienso montar en moto. -me miró ajustándose la chaqueta.

    -Es divertido, te gustará y te hará más fuerte, hay que trabajar duro para dominar estas máquinas. Hoy solo me harás compañía y luego ya pensaremos, hay motos ligeras para muchachos y te será fácil controlarla.

    Todo lo que estaba sucediendo con Guillermo, lo veía cada vez más raro, me pagaría los estudios durante mucho tiempo, quería que en algunas cosas, y de alguna forma, me integrara en su vida, estaba dispuesto a gastar dinero y su tiempo en mi, aunque con modales, algunas veces bruscos, se preocupaba de mi bienestar, como lo que había hecho a la noche, renunciar a su placer de follarme para enseñarme como tratar a mi culo y prepararlo para que no me doliera se lo agradecía.

    Todo me sonaba a campanas de gloría, y pensaba si no sería un sueño del que despertaría, para encontrarme como decía el abuelo, ofreciendo el culo en la calle por unos euros a quien lo quisiera tener.

    Me pellizqué, el culo precisamente, antes de ponerme las braguitas, no tenía otras, el liviano pantaloncinto y la camisa. El dolor me advirtió que todo era real y no soñaba.

    En el garaje montamos en uno de los elegantes y caros coches que estaban estacionados, un jaguar rojo de ensueño con los asientos forrados en piel, de dos puertas con el techo fijo. Conocía a la perfeccion que tenía una buena colección de ellos, así como diferentes motos, tanto él como su hijo sentían furor por los vehículos potentes, caros y detonantes.

    En la cafetería de la estación de servicio nos sirvieron el desayuno mientras hablaba con el gerente sentado en nuestra mesa, también este negocio le pertenecía, como el diez por ciento de todos en la ciudad, en la misma tenía cuatro o cinco más, toda una red de gasolineras, pero él vivía en el mundo como si nada tuviera valor, embutido en ese traje carísimo, y algo ridículo al mismo tiempo para una señor mayor.

    Recogimos el todo terreno, ya enganchado al remolque con tres motos, ¿para qué querría tantas?, le atendía el hombre que a menudo le acompañaba custodiándole, comentaban que hoy no tenía que acompañarle, que yo me encargaría de avisar si fuera necesario, y el hombre le entregó una bolsa, que después vería, contenía botellines de agua y fruta.

    El monte propiamente dicho empezaba a unos diez kilómetros de la ciudad, hasta llegar al aparcamiento del parque regional era zona llana, luego comenzaban los caminos rurales, de tierra sin asfaltar, y después el monte lleno de temibles riscos, sumamente peligros para el deporte que Guillermo y Robert practicaban.

    Estacionó el vehículo y destrabó una de las motos bajándola del remolque, se colocó un casco en la cabeza.

    -¿Te animas? Te doy una vuelta para que veas el entorno. no corres peligro alguno, deja de ser tan prudente, se un poco loco. -accedí de mala gana y me subí detrás de él sujetándome con fuerza.

    El camino de tierra batida iba recto y liso hasta unos dos kilómetros, allí ya tenía que comenzar el ascenso y resultaba complicado seguir con pasajero de paquete.

    A veces aceleraba y la moto rugía escandalosamente dando un pequeño salto.

    -¡Yuuuupi! ¡Aquí vamos!, gritaba y y reía con euforia. -en esos momentos yo me sujetaba más fuerte a su cintura sintiendo el golpe del aire en la cara y el revuelo de mis cabellos al no llevar casco puesto.

    Cuando llegamos al final del camino transitable se detuvo.

    -Ten las llaves del coche, no te ira mal andar de vuelta los dos kilómetros y será un agradable paseo para hacer hambre. Al lado de la ermita, en el parque, tienes un bar por si te aburres, voy a rodear el monte y volveré por el otro lado. -no me pidió mi opinión y me dejó abandonado en ese desierto lugar.

    Esperé un momento antes de comenzar a andar, para mirarle subir el sendero empinado cubierto de piedras, algunas salían disparadas al rodar sobre ellas. Seguía pensando que era un deporte peligroso, más que los que acostumbraba a ver.

    Lentamente inicié el camino de vuelta, el paisaje era hermoso y el horizonte sin fin si mirabas hacia el sur y el oeste, al norte y este las montañas que Guillermo había comenzado a ascender.

    En el parking solo estaba nuestro coche y avancé hacía una de las esquinas, detrás de un grupo de grandes y frondosos cipreses se hallaba la pequeña ermita, un poco más lejos la pequeña casita con el cartel de “Merendero de la suerte”, curioso nombre que tendría su lógica explicación, aún no estaba abierto y una chica delgadita y joven estaba limpiando las mesas de la terraza y la zona verde, me miró con curiosidad y me hizo un gesto de saludo con la cabeza.

    Enormes y potentes aspersores regaban distintas zonas, solo quedaba a salvo el espacio de columpios y juegos de recreo para niños.

    Me senté en uno de ellos y saqué el móvil, aún no lo tenía controlado y quería quitar aplicaciones.

    Me aburría sobremanera aunque había comenzado a llegar público, familias para pasar el día al aire puro del campo, ocupaban los lugares destinados para hacer fuego y preparar sus comidas, algunos excursionistas bajaban de vuelta y se metían en el bar, en eso pasaba las dos largas horas y media que Guillermo empleó para hacer la vuelta del monte.

    Escuché el ruido inconfundible del motor de su moto y fui hacia el coche. No venía muy sucio, polvo blanco que deslucía el brillante y colorido cuero.

    -Dejó la moto apoyada y se retiró el casco.

    -¿Te aburriste?

    -No, había una exposición de pintura de grandes genios y así he pasado el tiempo.

    -¡Ja, ja, ja! -su risa soñaba escandalosa.

    -Venga, ayúdame a subir la moto. -me acerqué y me sujetó de la cintura mirándome la cara.

    -Eres hermoso. -sin importarle que nos vieran me besó la boca, su boca que se sentía abrasadora y caliente.

    -Nos van a ver papi.

    -Sentirán envidia, ¡qué se jodan! -y volvió a besarme con fuerza exigente y dominante para que le devolviera el beso. -cuando me soltó miré a nuestro alrededor, por fortuna no había nadie aunque ahora estaba concurrido de coches.

    -Vamos a tomar algo al bar y ya bajamos. -caminé a su lado mientras se sacudía el polvo de la ropa mientras andábamos.

    -Voy a hablar con Paco y lavarme la cara. -se aproximo para decirme en secreto susurrando en mi oreja. -Y a mear que ya no aguanto.

    -Yo me senté en una mesa mientras esperaba, el sol comenzaba a quemar y escogí una de la zona verde a la sombra de un árbol.

    -Volvió enseguida y la muchacha venía tras él. -era rubita con el pelo recogido en una coleta y la cara sonrosada.

    -Qué quiere tomar. -me preguntó con voz infantil.

    -Tu qué has pedido. -le pregunté a mi vez a Guillermo.

    -Un refresco de te.

    -Tomaré lo mismo. -la muchacha se quedó un instante mirándome.

    -¡Ah! El es Mario, amigo de Robert, y ya ves parece que no le gusta la montaña. -me puse un poco rojo y la muchacha también.

    -¿Tendrá ganas de que regrese?

    -¡Va! En poco tiempo volverá a marchar, pero bueno, Mario me hará compañía. -parecía que don Guillermo era asiduo de ese lugar.

    -Un día les pediré que preparan una paella y comeremos aquí, es buenísima y a Robert le encanta, a ti también te va a gustar.

    Comencé a pensar que Guillermo, a pesar de lo que era, y lo que le rodeaba, ya pensaba que se iba a quedar muy solo con la marcha de Robert.

    Pero seguía sin entender lo nuestro y su interés en mantener sexo conmigo, el podría tener a quien quisiera, chicos y chicas, mujeres, hombres, a los hubiera usado desde el primer día y no le habrían hecho trabajar tanto, y además yo hubiera estado a su lado sin haber llegado a ser amantes, solo hubiera tenido que hablarme.

    Nos sacaron un plato que me dijo que era oreja de cerdo y me animó a que comiera, y me gustó aunque al principio me resistía a comer algo con ese aspecto.

    Llegamos a la gasolinera y su hombre de confianza estaba esperando, se hizo cargo del todo terreno y las motos, también de la bolsa con botellas de agua y frutas que no habíamos probado, y regresamos a casa.

    -Mientras me doy una ducha prepara la comida, busca en la nevera, además de los emparedados de ayer habrá otras cosas.

    Encontré pollo preparado y frío que solo tuve que poner en el microondas un minuto, ensalada sin aliñar y sándwiches que sobraron la noche pasada, con eso teníamos bastante, aunque empaquetado había otra comida preparada.

    -Lo tienes todo dispuesto, como una ideal amita del hogar.

    -Siempre lo hago en mi casa, estoy acostumbrado y no me coge de sorpresa. -había sacada unas cervezas pensando que sería lo que tomara.

    -Voy a por una botella de vino, esto merece la pena. -sacó dos copas enormes y descorchó la botella sirviendo el rojo liquido.

    Comimos con ganas, también yo tenía hambre, alabó como había preparado la ensalada, se le notaba jovial y feliz.

    -Le has dicho a la chica del bar que Robert volverá pronto. -no paraba de meter comida en la boca, dejé el tenedor y le miraba esperando la respuesta. Su cara cambió ligeramente y se atirantó.

    -¿No te lo había dicho?

    -La semana que viene estará aquí viene con algunos de los compañeros que van a estudiar con él, quiere darles una fiesta. -sentía una tristeza inmensa y profunda, Robert se alejaba más y más, nuestras vidas se separaban sin remedio, en realidad ya lo estaban, qué pensaría si supiera mi relación con su padre, yo mismo había cavado el enorme foso que nunca tendría un puente que lo salvara.

    Guillermo se limpió la boca, bebió un largo trago de vino mientras me miraba estudiándome.

    -Quiere que vengas a la fiesta, me ha insistido para que te localice y te lo diga. Será el próximo sábado, luego sus compañeros marcharán a sus ciudades, tienen que prepararse para regresar a Chicago y comenzar sus estudios.

    -¿De verdad quiere que yo esté en ella?

    -¿Por qué te extraña? Habéis sido amigos desde niños, él te aprecia y querrá despedirse, se va para una larga temporada.

    +++++++++

    Pensaba en ese momento, y no me lo explicaba, ¿cómo era posible que Guillermo, siendo tan inteligente y de mundo, nunca se hubiera dado cuenta de lo que yo sentía por Robert, y que y llegue a pensar que él sentía hacía mi?

    Posiblemente fueran cosas de niños, juegos y sentimientos infantiles nada más pero que nosotros tergiversamos para nuestro interés y conveniencia.

    Su madre, más sensible si lo había adivinado. Su alma de mujer había sabido, desde que éramos pequeños, la atracción que sentíamos.

    -Vamos mi precioso niño, tenemos que bañarnos, ya es tarde.

    -No mamá, un ratito más, quiero jugar con Marin.

    -Mañana volverá, doña Rosa lo traerá cuando venga a trabajar, ahora despídete y se obediente.

    Robert obedecía, como hacía siempre, era innato en él, y antes me abrazaba y me besaba los labios, quizá por la costumbre de hacerlo también con su madre y con don Guillermo. Era un niño bueno y cariñoso.

    Ya entonces yo le abrazaba más fuerte, queriendo que ese contacto no se rompiera.

    +++++++++

    -El lunes pásate por el banco como te he dicho, pides que te den dinero y compras algo de ropa para la fiesta, también para tu casa y algo para tener aquí y que puedas cambiarte, ropa interior sobre todo.

    Supuse que tenía razón, si debía pasar alguna noche en su casa, algo tendría que ponerme. Asentí con la cabeza y continuamos comiendo. Sobró comida otra vez, pero ahora tiró lo que había sobre la mesa a la basura, se me rompió el corazón, esa comida nos hubiera venido muy bien en mi casa al día siguiente.

    -Vamos a tomar un poco de sol y nadar. -lo mismo que ayer no tenía nada para ponerme, fui tomando nota mental de lo imprescindible que debería comprar y traer a esta casa: un bañador, braguitas y slips, alguna camisa, y poco más.

    Desnudos nos colocamos en tumbonas, el sol picaba y pronto empecé a sudar, miré a Guillermo y le vi dormido. Para no quemarme cambiaba de postura, tostándome como un pollo, de espaldas y de cara al sol.

    Decidí buscar una crema solar en la casa, Guillermo me había dicho que en aquel armario del baño había de todo, y no se si eso era cierto, pero parecía las estanterías de una farmacia, con multitud de cajones con el frente de cristal para saber lo que contenían.

    En uno de ellos se observaban distintas boquillas, que era fácil deducir, servían para la limpieza rectal, el abuelo me había enseñado a hacerlo con el flexo de la ducha sin más, las fui cogiendo una a una, las había muy curiosas y de distintos grosores, también cantidad de fármacos que no sabía para que servían, cremas y colonias, un buen surtido de todo y escogí una botellita azul de plástico, “defensa solar 30”.

    Volvía a la piscina, Guillermo estaba despierto peo somnoliento.

    -¿Te has marchado de excursión?

    -Tenía que buscar una crema para el sol. -le mostré lo que llevaba.

    -Tenía que haber pensado en ello, tienes la espalda y el culito rojos, túmbate que te la doy. -me tendí en la hamaca y él se colocó a caballo, sin sentarse, cobre mis piernas. Sentí el frio de la crema, muy líquida, al caer sobre mi piel y luego sus manos repartiéndola por ella.

    Volvió a tirar más, en este caso en la hendidura de mis glúteos e instintivamente abrí las piernas, empezó a pasar la mano y con la punta de los dedos acariciaba mi ano. No podía evitar contraerlo y relajarlo según avanzaba en sus caricias.

    Tienes el ano muy sensible, no necesitarás mucho estímulo para empezar a gozar con lo que te toque en esta parte del cuerpo.

    -¡Ummmmm! Sabe rico papi, sigue, no te detengas. -pero no me hizo caso y solamente extendió la crema por la rendondez de mi culito y las piernas.

    -Eso será para más tarde. -seguimos tomando el sol, nadando y jugando en la piscina hasta que Guillermo decidió que fuéramos a la casa.

    No me decía nada pero yo lo adivinaba, por las repetidas veces que le observé tocarse la polla, como a veces se le endurecía y en nuestros juegos la metía entre mis piernas haciendo movimientos de coito a punto de penetrarme sin hacerlo.

    -Tu culo redondo es una provocación.

    -Es tuyo cuando lo quieras papi.

    -Quiero gozarte bebé, dártela bien por el culo.

    Entramos en su habitación tirando las toallas en el suelo y quedándonos desnudos.

    -Ve al baño y lávate bien. -sabía lo que tenía que hacer, adivinaba que de esta no me salvaba, que era la hora de la verdad, de sentir toda la masculinidad del hombre deseoso, desesperado por la espera, perforándome el trasero.

    -Voy a tomar algo mientras te preparas.

    Iba a estrenar una de aquellas boquillas y escogí la que tenía la punta como una bolita, delgada y de unos doce centímetros, le vi buscar entre los fármacos y luego me dejó solo. Resultaba sencillo quitar el cabezal de la ducha y colocar la boquilla, le pediría que me regalara una para llevarla a mi casa.

    Lavarse con aquello era una autentica delicia, me aplique una crema y la tenía dentro notando solamente como se deslizaba en mi culo, hacía el vaciado lento, aguantando el agua cálida en mi vientre. Una vez limpio me introduje con los dedos aquella crema espesa, y dejé para el final secarme mi hermosa cabellera, sin emplear el secador.

    Me esperaba sentado en una butaca al lado de la ventana, la cama seguía con la ropa revuelta. Me miró entre serio y divertido, de arriba abajo, de abajo arriba, y me puse las manos delante de mis genitales.

    -No seas bobo, ja, ja, ja. Acércate. -estaba totalmente desnudo, se acariciaba con una mano la polla, a veces la utilizaba para coger el cigarrillo, fumar y volver otra vez a cogerse la verga en una caricia suave, para mantener la tensión sexual, los cubitos de hielo tintineaban contra el cristal del vaso que, cuando no fumaba se llevaba a los labios.

    Guillermo resultaba un dios del Olimpo hecho hombre, el cuerpo curtido y duro, la sonrisa difusa pero continua en la boca, las piernas estiradas para que la verga sobresaliera.

    -Arrodíllate. -ahora teniéndola mas cerca, el fulgor del rojo glande deslumbraba.

    -¿Te gusta mi polla? -incliné la cabeza asintiendo.

    -Demuéstraselo adorándola. -avancé la mano, el retiró la suya, la sujete delicadamente con dulzura y me incliné sacando la lengua.

    -No la chupes, solo quiérela, dale besos.

    -Así, así en la punta.

    -Ahora coge la baba que le sale, con el dedo, solo con el dedo, cómelo. -yo actuaba como un autómata siguiendo sus órdenes, todo lo contrario a lo que mi boca deseaba, llenarse de aquella polla exuberante en su grandeza.

    -No la toques con las manos. -había dejado de fumar y colocado el vaso sobre la mesita cercana. Se sujetaba con fuerza en los brazos de la butaca y tiró el cuerpo hacia adelante abriendo las piernas, podía verle el perineo cubierto de negros vellos, y su ano semi oculto bajo el manto de pelo.

    -Los testículos puedes lamerlos.

    -¡Oh si! Intenta meter los dos en tu boca.

    -Si lo haces rico. ¡Ahhhh!, besa…, bésame la verga otra vez, acaríciala por tu cara. -de su polla, ahora tremendamente dura y poderosa, manaba un río de baba, pero no me atrevía a lamerlo, esperaba atento sus órdenes.

    Me sujetó del pelo y tiró para que colocara el rostro entre sus genitales.

    -¿La notas como desea ya tu culito? ¿has visto cómo la pones? -después de unos segundo restregándome la cara por su pubis, me sentó en su regazo.

    -Díme que te gusta mi rabo, que no hay otro igual.

    -Si papi, no hay verga como la tuya.

    -¿Deseas que te la meta? -sentí un escalofrío de deseo y el ano me comenzó a palpitar.

    -Quiero tu verga papi.

    -¿Por dónde la quieres? -estaba sentado sobre ella y palpitaba furiosa, rebelándose de que la tuviera aplastada.

    -Por el culito papi, mi culito la quiere, toda, toda ella.

    Guillermo actuaba ahora en automático, con movimientos bruscos y excitado, su delicadeza y suavidad se había evaporado, se levantó conmigo en sus brazos y me llevó hasta la cama, no me depositó, me tiró como si se desprendiera de mi y luego se tiró aplastándome bajo él.

    -Dame el culo, ven. -me movía como a un muñeco, tiro de mis caderas y me dejó arrodillado, él detrás y aplastó la verga en mi culo.

    -Te la voy a meter duro, no te quejes y déjame gozar, me sujetó de los hombros y me llevó hacía él, la verga entre mis piernas me dañaba los testículos.

    Sabía que ahora no habría piedad, tenía que arreglármelas solo ante aquel macho sediento por meter su rabo en mi culo. Agarrado a mis hombros se movía, buscando encontrar el agujero donde meter aquella inmensidad.

    Pensé que había tomado algo que lo demenciaba.

    -Espera papi, espera, ya me coloco yo. -hundí el pecho en la cama y elevé el culo dejándolo a la altura de su verga, y las manos las llevé a mis nalgas para abrirlas y dejarle mi culo expedito, temeroso y a la vez deseoso de ser perforado.

    -¡Ahhhh! Sí, si ya te encuentro. -la verga había hecho diana, sin tocarla con la mano, ella misma había encontrado el camino. Sentí un ligero dolor cuando el gordo glande penetró como si me desgarrara pero no, continuaba tirando de mis hombros, llevándome con fuerza hacia él y consiguiendo que el enorme cíclope fuera horadando mi culo.

    -Ya te tengo clavado, ya no vas a escapar. -sentía expandirse mi ano, mi recto, mi tripa como se hinchaba, y aunque no era una fuerte clavada, si lo era muy intensa y continua.

    Estaba dentro de mi, aquel vergón terrible estaba llenando mi tripa, haciéndomela crecer, era la segunda vez, pero diferente, ahora no sentía aquel dolor terrible, tampoco la inmensa felicidad, me concentré en relajarme mientras Guillermo ahora, sin considerarme, iniciaba una sucesión de movimientos laterales, forzándome a que mi culo se adaptara a su monstruo.

    -¡Ahhhhhhh! ¡Ahhhhhhh! ¡Ahhhhhhh! -largos gemidos me salían sin poder evitarlos.

    -¡Te gusta, eh, te gusta1 -no iba a decirle que eran de dolor. Me atacaba muy duro entrando y saliendo, sacando y metiendo aquello que antes me parecía divino y ahora me castigaba el culo.

    Y de repente todo cambió. Algo que tocaba a veces me daba placer, el culo no me dolía, la sensación era excitante y placentera.

    -Así papi, ahora está bien, sigue, sigue. -nos habíamos encontrado al fin y para bien.

    -Sabia que te gustaría, a todos los culos les gusta mi polla, toma la verga de tu macho, siente quien te controla.

    Se movía sin pausa, ahora como máquina perforadora, después profundo y fuerte, diez o quince minutos de duro folleteo que me gustaba haciéndome también gritar, y pedirle más, con palabras que de otra forma me avergonzarían pronunciar.

    Me sujetó del pelo y tiró de mi.

    -Dame la boca, necesito besarte. -elevé a cabeza para que llegara a mis labios, me los mordió de forma rabiosa, luego los paso con la lengua y me soltó el pelo dejándome caer.

    -Ya eres un puto, mi puto para lo que yo quiera.

    -Si papi, si, tu putito, tu mujercita, tu amor, dame fuerte, dame más.

    -¡Ayyy! que gusto papi, que verga más rica amor. -aquello era diferente a la primera vez, era un placer inenarrable e increíble, puro deleite, y mi culo se contraía abrazado a su tremenda polla.

    -Me voy a correr papi, lo siento papi. -sin tocarme sentía correr la leche por los conductos seminales engordando mi polla.

    -Correte ya, que yo voy.

    Sin pretenderlo fue sincronizado, a la vez que él me llenaba de semen, yo me vaciaba del mío, los dos temblando entre angustias de placer sensible y mórbido, contrayendo nuestros cuerpos para que saliera hasta la última gota de semen.

  • El Ayudante (Cap. 1): Yoga con Seung Yeon

    El Ayudante (Cap. 1): Yoga con Seung Yeon

    Abrió la puerta de la pequeña sala de ensayos, no sin antes dar una mirada a ambos lados del pasillo y darse por satisfecho al ver que no había nadie más rondando por allí. Sin más el alto ejecutivo ingresó a la sala, que si bien era pequeña en comparación con los demás cuartos de prácticas con los que contaba la empresa, era bastante amplia de por sí y bastaba para albergar hasta cinco integrantes cómodamente. Puso un pie dentro, siendo recibido por el fino y reluciente piso de color gris oscuro, y al fondo de la sala se la encontró a ella. Allí estaba Seung Yeon, la líder de CLC, sentada de piernas cruzadas en una silla con el respaldo pegado a la pared contraria a la puerta, celular en mano, aparentemente en plena sesión de selfies. Su exquisita figura se reflejaba en los enormes espejos que cubrían las paredes, mientras el equipo de música del salón se encontraba encendido y una canción instrumental sonaba a volumen bajo.

    «Espero no haberte hecho esperar mucho, tenía que hablar unas cosas con el staff.» Habló en perfecto coreano aunque aquel no fuera su idioma nativo. Cerró la puerta tras de sí, asegurándose con un movimiento rápido y disimulado de ponerle traba, y comenzó a caminar hacia ella, su mirada nunca despegándose de la morocha que hasta ahora no se había dignado a verle, apreciando con sus ojos la curvatura de su fino cuello hasta sus hombros, aquella tentadora piel bronceada seduciéndolo a lo prohibido.

    «Hmh, señor Ayudante.» No le dirigió mirada al saludarlo, continuando con lo que hacía en su aparato celular. «Está bien, no tengo más de diez minutos aquí. Sólo encendí el equipo para no aburrirme,» Su afilada mirada al fin se posó sobre él, aquellos ojos azabaches que aún parecían reflejar sospecha y distancia en ellos. Y a pesar de esto, de todo su grupo, Seung Yeon había sido la más abierta a recibirlo cuando fue presentado como el nuevo ‘Ayudante personal’ para CLC. Un término a libre interpretación para quién lo escuchara, pero su trabajo, en general, era bastante sencillo y directo. Simplemente lidiar con las personalidades y necesidades de las Idols, ayudarlas en lo que pudiera, darles contención, consejo y confianza. «¿Todo en orden con el mánager? Las chicas me dijeron que tenemos este tiempo a solas para charlar con usted, pero al parecer ellas siguen en la práctica de baile por orden de nuestro mánager.» La morocha finalmente hizo a un lado su móvil, dejándolo dentro de una pequeña cartera que descansaba en otra silla a su lado.

    Ante la mención de su mánager, el ‘Ayudante’ sonrió de lado. Sí, cuando Cube Entertainment le contrató, obviamente el mánager de CLC había dejado clara su disconformidad, pues las tareas que ahora tenía él se supone recaían en el representante o mánager del grupo. No importaba, su cargo ahora de alguna manera sobrepasaba al del ofendido empleado, o al menos eso definía sus contratos y salarios. «Ningún problema, Seung Yeon, no te preocupes. Pero como dijiste, tenemos algo de tiempo para nosotros, pero no demasiado, así que vamos, de pie.» El Ayudante sonrió amable, aplaudiendo una sola vez con entusiasmo.

    La joven líder simplemente alzó una ceja, antes de suspirar leve y hacer caso al pedido. Se levantó y aprovechó para desperezarse, estirando sus extremidades y aflojando sus músculos. «¿Qué vamos a hacer? Me dijo que trajera música pero no especificó para qué era.» Su voz aquejada por los estiramientos, sin darse cuenta de cómo el hombre recorría su cuerpo discretamente con la mirada. Llevaba puesto un conjunto cómodo para entrenar, apenas un top gris ajustado y una calza deportiva negra pegada a sus piernas y retaguardia, con 3 líneas blancas trazadas a cada lado, y calzado deportivo. Las curvas de la morocha eran obvias con esa ropa, su amplio busto resaltando cuando decidió estirar su espalda, los finos músculos de su abdomen descubierto dándose a ver. Luego seguía aquella deliciosa curvatura de sus tonificados glúteos y piernas cuando decidió voltear su cuerpo de un lado a otro. Ninguna de las sugestivas curvas de su cuerpo pasaban desapercibidas por el Ayudante, aunque ella no lo notara.

    «Yoga.»

    «¿Yoga?» Ante la simple respuesta la fina mirada de la talentosa Idol se fijó en él nuevamente, con claro cuestionamiento en sus ojos. «Ya veo, aprendió que me gusta el yoga, ¿Eh? Hizo su tarea señor Ayudante~» Sus labios se curvaron en una simple sonrisa. Pero acompañada de esa mirada tan naturalmente seductora que poseía, era más que suficiente para volver loco a cualquiera. Pero no aún, debía controlarse. Sabía que esa actitud juguetona de la joven adulta era sólo parte de cumplir con su deber como líder, de tratar de integrarlo a él. Sí, Jang Seung Yeon no sólo era un excepcional talento para esta industria, sino también una excelente líder para su grupo y empresa.

    «Es un pasatiempo que curiosamente compartimos, Monkey.» Contestó, con el mismo tono juguetón que había utilizado ella, comenzando a desvestirse de su traje habitual.

    «E-espere, ¿¡Q-qué demonios cree que hace!?» Seung Yeon desvió sus ojos a la pared, usando sus pequeñas manos como escudo para evitar lanzarle una furtiva mirada.

    «No pensarás que voy a acompañarte haciendo yoga con esta ropa, ¿Verdad? No te preocupes, que vengo preparado para la ocasión.» Primero desabotonó y quitó su camisa, luego desabrochó su cinturón y procedió a quitarse los zapatos y el pantalón. Bajo su ropa formal llevaba, curiosamente, una musculosa y pantalones deportivos cortos. Terminó por sacarse los calcetines y le sonrió de vuelta a la Idol.

    «Está loco, no pienso hacer yoga con usted, señor Ayudante, ¿Y por qué demonios va vestido así?»

    «Yoga, ya te lo dije. Yo también lo practico, de hecho me jacto de ser un muy buen instructor.» La chica sólo arrugó el ceño y su mirada se tornó más peligrosa y fría de lo habitual. Dios, sí que le encantaba cuando ponía esa aguerrida expresión, le hacía desear más el momento en que finalmente la sometiera y aquella fiereza se convirtiera en lujuria y pasión. «Monkey, vamos. Esto es parte de nuestro trabajo para habituarnos el uno al otro. Además, por tu forma de vestir me imagino que te esperabas hacer algún ejercicio o algo por el estilo juntos.»

    «Sí, puede que esperara hacer algo físico ya que me pidió traer música, pero no hacerlo con usted.» Sus carnosos labios se movieron en una pequeña mueca de disgusto, su mirada implacable a pesar de que el contrario le sacara unas cuántas décimas de centímetros de altura. Se cruzó de brazos y su cuerpo acompañó esta postura defensiva descansando su peso en una pierna; pero el Ayudante no hacía otra cosa que encontrarla más y más sexy a cada segundo que pasaba.

    «Entonces, ¿Qué te parece si bailas una canción? Que eso te ayude a distender tu cuerpo,» Sonrió y caminó hacia ella, su sonrisa ladina ampliándose al ver como la morocha daba un paso hacia atrás, como insegura de lo que haría. Pero él simplemente la rodeó y continuó caminando hacia el avanzado equipo de música en la pared. «Vamos, algo con energía para que puedas sacarte la tensión y luego te relajes con el yoga. Ya te lo dije, yo sólo voy a instruirte un poco. Tengo un método muy divertido que estoy seguro que te encantará.» Presionó repetidamente uno de los botones del aparto hasta que fue a dar con la canción ideal para lo que quería. «Sabes que amo verte bailar, Seung Yeon, no hay nadie como tú para eso.» Sus palabras honestamente halagadoras parecieron desarmar sólo un poco su postura defensiva. «Te diré algo; Hazlo, y te daré una golosina del extranjero que he traído para compartirte. Pero sólo te la daré si me acompañas en esto y te portas bien.» Se volteó y volvió a sonreír amable hacia ella.

    «¿Quiere que me molesten luego por comer dulces sin permiso o qué? No sé a qué está jugando, pero no me gusta nada.»

    «Seung Yeon, esto sólo es para ayudarte, ya te lo dije. Nadie se va a enterar de que comiste un dulce, te lo prometo. Tómalo como un premio luego de que hagas esto por mí, ¿Sí?»

    «¿Y dónde está el dulce?»

    «En la maleta. Entonces, ¿Trato?»

    La morocha suspiró con pesadez, antes de ir hasta su pequeño bolso y sacar un elástico para su cabello, atándose la suave y bien cuidada melena oscura en una simple coleta. «…Ponga la maldita canción que quiere y terminemos con esto.»

    «¡Esa es mi Seung Yeon! Pero espera, que tengo algo más.» Caminó hasta el maletín que había dejado en el suelo cerca de la puerta de entrada, y sacó algo del mismo. Seung Yeon intentó dar un vistazo a esos afamados dulces de los que hablaba, pero no logró ver nada desde su posición. El Ayudante entonces volvió hasta ella y le ofreció el objeto.

    «¿Qué se supone que es esto?» La afilada mirada de la Idol se posó en la tela que ahora tenía en sus manos. Era obvio lo que era, un simple antifaz negro para dormir, de esos que cubrían tus ojos por completo. Lo que no entendía era su propósito en todo esto.

    «Será parte de nuestra actividad, bailarás con eso puesto.» Posó su mano sobre el hombro descubierto por el top de la Idol, sonriendo. «Vamos, que ya perdimos mucho tiempo con tanta charla.» La morocha le dirigió una última mirada de sospecha, antes de arrugar su nariz un poco, lo suficiente para demostrar su disgusto, y colocarse el dichoso antifaz, acomodando la cola de su cabello sobre el elástico de la prenda para dormir.

    «¿Feliz?»

    «Casi,» Presionó suave con la mano que aún descansaba en el hombro desnudo de la chica. «Ahora baila, que pondré la canción.» Tomándola por ambos hombros con sus manos, aprovechando para dar una delicada caricia con sus pulgares a la clavícula de la chica, la movió hasta el centro del salón antes de separarse de ella y presionar el botón de Play en el equipo de música.

    Seung Yeon conocía la canción, que comenzaba lenta, y, a pesar de no poder ver nada, su cuerpo comenzó a moverse por inercia propia, siguiendo el ritmo con movimientos sugestivos pero perfectos en su ejecución. Sí, ella era perfecta para esto. Talento natural mantenido por una gran dedicación, esfuerzo y amor a la música.

    El ayudante sólo podía ver como cada curva de su sugerente cuerpo se realzaba con cada movimiento, sus tonificadas piernas mostrando la tensión de los músculos en sus muslos y pantorrillas con cada fino giro o seductora sentadilla. Sin poder evitarlo relamió sus labios al ver como por un momento sus brazos se pegaron a su cuerpo y abrazaron su amplio pecho mientras se abría de piernas hacia él.

    Aprovechando como Seung Yeon estaba tan metida en el baile, como era de esperarse siendo esta una de sus pasiones, el hombre se acercó al sistema de calefacción del cuarto y aumentó la temperatura un poco más. Lo suficiente para crear un ambiente ligeramente sofocante y encerrado.

    El Ayudante negó con la cabeza casi sin poder creerse como tenía a la líder de CLC haciéndole un baile prácticamente erótico y personal, antes de que el ritmo aumentara y la parte más intensa de la canción comenzara a resonar por los parlantes de la sala, y con esto se intensificaran los finos movimientos de la talentosa Idol. Una danza poderosa, intensa y seductora que se le daba a la perfección a la Main Dancer de CLC. Se podía notar a simple vista como su bronceada piel comenzaba a perlarse con sudor, aunque su respiración se mantuviera a un ritmo espléndido incluso llegando al final del tema.

    «Dios, eres increíble, Seung Yeon.» Apenas unas palmas de felicitación mientras se acercaba a ella una vez terminó la canción, la morocha inflando su pecho de aire antes de soltarlo en un lento suspiro para acomodar su respiración.

    «… Supongo que sí es divertido, vendar tus ojos para hacer esto.»

    «Aún no te los saques, Seung Yeon,» Con voz firme, el Ayudante detuvo las manos de la Idol con las propias antes de que pudieran llegar al antifaz. «Ahora el yoga. Distiende tus músculos.» Sus manos se movieron a los brazos de la chica, sintiendo el calor de su cuerpo y la deliciosa humedad de su piel perlada por el sudor. Acarició los músculos de sus brazos como si de un masaje se tratara, presionando suave con sus pulgares, soltándola antes de que tuviera oportunidad de sentirse incómoda.

    «¿Quiere que haga yoga con esto puesto en mis ojos?» A pesar de que su fina nariz estaba algo cubierta por el antifaz, aun así pudo notar el pequeño y lindo ceño fruncido en ella, muestra clara de su indignación.

    «Lo haremos así para afinar más los ejercicios de Yoga.» Sonrió aunque ella no pudiera verlo, y continuó. «Además, cuando llegue la hora de probar el dulce, tus sentidos estarán más que agudizados para saborearlo como se debe.» La tomó con una mano de la parte posterior del cuello, sus dedos acariciando la raíz de su cabello. «Vas a ver cuánto más te gusta así. Ahora empieza a regular tu respiración.» Y la soltó de nuevo, antes de que pudiera decir nada.

    Seung Yeon así lo hizo, desacelerando el ritmo de su respiración, comenzando a inhalar y exhalar lentamente, guardando silencio; ya familiar con los ejercicios de yoga.

    «Eso, te quiero en perfecta paz y tranquilidad…» Su voz continuaba con aquella natural firmeza de una persona que tiene el poder, pero se expresaba en un tono de voz mucho más bajo, casi susurrando cerca de la tremenda mujer frente a él. Comenzó a rodearla a paso silencioso, posándose detrás de ella, llevando sus manos a masajear los hombros de la morocha delicadamente. «Así, Seung Yeon, muy bien…» Sus expertos dedos se movieron al fino cuello de la muchacha, dedicándole tersas e íntimas caricias que disfrazaba como parte del masaje.

    «¿Estás seguro de que, hmh, sabes lo que haces?» Su forma de hablar dejó de tener aquel tono de respeto, tal vez un desliz de su parte, pues su cuerpo se tensó por unos segundos luego de que se le escaparan las palabras de su boca. Un fino suspiro escapó de sus labios, mientras ladeaba un poco la cabeza dejándose hacer por las expertas manos de su Ayudante que, ciertamente, la estaban llevando a relajarse y a sentirse más en confianza. Bueno, para eso estaba él, para mantenerla satisfecha y contenta, ¿No?

    Sin embargo, él no podía dejar escapar aquella leve falta de respeto sin más, o perdería su posición de poder con ella. «Silencio, Seung Yeon. Hablarás cuando yo te hable, sólo para responderme.» El Ayudante acercó su rostro, inclinándose un poco por la diferencia de estatura, aspirando el delicioso aroma a mujer que expedía a una distancia segura. Bajó sus manos por los hombros de la chica, recorriendo el largo de sus brazos hasta llegar a las muñecas, dedicándoles un pequeño masaje a las mismas. «Esto es para que te relajes, para ayudarte. Si no colaboras no sirve de nada…» Y el Ayudante tuvo que apretar su mandíbula cuando sus manos al fin llegaron a tocar la cadera de la morocha, siendo esta la primera vez que lograba hacer algo tan osado con ella. Miró hacia abajo, y casi se le escapa una carcajada al ver el evidente bulto en su pantalón, a centímetros de la espalda baja, desnuda, de la morocha. Que perfecta elección de prendas había hecho la Idol para esta ocasión, sin darse cuenta. «¿Entendido, Monkey?» Y se permitió inclinarse un poco más, bajando con sus manos hasta llegar a aquellos deliciosos muslos, apretándolos suavemente.

    «Sí, supongo…» La respiración de la joven se había entrecortado un poco, pero más allá de eso, no hubo gesto de rechazo alguno. Perfecto.

    «Así me gusta,» Terminó por ponerse en cuclillas, sus manos bajando por las seductoras piernas de la líder de Crystal Clear, su rostro quedando justo frente a la redonda y firme retaguardia de la inocente Idol. El Ayudante volvió a negar con la cabeza para sí mismo, masajeando suavemente las pantorrillas de la joven y con su mirada clavada en aquellas amplias y tonificadas nalgas, a centímetros de su cara.

    «… ¿Señor Ayudante? ¿Vamos a hacer algo más aparte de estarme manoseando tan descaradamente?» La cabeza de la morocha se movió a su izquierda y luego a su derecha, como si intentara buscarle con acusadora mirada, aunque obviamente no podía ver nada.

    «Seung Yeon, ¿No aprendes, verdad?» Se había vuelto a parar y habló contra el oído de la joven, con tono firme y seguro, acción que envió ligeros escalofríos por el cuerpo de la morocha. Pero lo que terminó por sorprenderla fue la suave y juguetona nalgada que recibió y le hizo escapar un suave gritito, tensando su cuerpo por unos segundos. «Que guardes silencio a no ser que te hable, ¿No fue eso lo que dije?»

    «… L-lo siento.»

    «¿Cómo?»

    «Lo siento. Es que no hemos hecho nada más aparte de ejercicios de respiración. Ni una asana.»

    «¿Cómo vamos a hacerlo si aún estás tensa?» Devolvió sus manos a la cintura de la chica, un tanto sudorosa después del baile y ahora por el evidente calor que comenzaba a encerrarse en el cuarto. «Inclina tu cuerpo hacia delante, así. Levanta los brazos, quiero tu torso y brazos paralelos al suelo.» La sujetó firme, hundiendo suave sus dedos en el firme y entrenado vientre de la Idol.

    Siguiendo su instrucción con controlada respiración, la joven de cabello azabache se dejó guiar por las manos que tomaban su cintura, sin tomar en cuenta la posición en la que quedaban.

    «Muy bien, así.» Seguidamente sus manos fueron a descansar en la espalda de la chica, ladeando su cabeza mientras la devoraba con la mirada. Cuánta gente mataría por poder estar así con la afamada Seung Yeon. Y él la tenía así, a su merced, toda para él. La sostuvo así unos cuantos minutos, mientras las canciones seguían pasando desapercibidas por ambos, apenas como un ruido ambiental de fondo. «Las piernas rectas. Mantente firme, que trabaje tu abdomen.» Llevó sus manos en una caricia suave hasta el vientre plano de ella, notando como sus músculos se tensaban por el ligero esfuerzo de la postura. Soltó un suspiro suave, mirando de nuevo el aquel notorio bulto que sobresalía en su pantalón.

    «Ahora… el perro boca abajo. Separa las piernas. Las manos al suelo, tu columna recta.» La mantuvo sujetada de su cintura por un par de minutos, aún detrás de ella en esa posición comprometedora. Su miembro estaba a milímetros de tocar la cola de la Idol. «Mantén la postura, firme.» Como si eso estuviera probando, dio unas cuántas palmadas a los muslos de la morocha, testeando los músculos que estaba haciendo trabajar. Luego se separó un poco, sin decir nada, y acomodó como pudo el evidente paquete de su pantalón. Pero luego de pensarlo unos segundos, decidió sin más sacarse el pantalón y el bóxer slip negro que traía puestos. Silenciosamente los dejó a un lado en el suelo, y con alivio se permitió tocar su semi-erecto y grueso miembro recién liberado. Lo tomó de la base con una mano y volvió a ubicarse pegado a la retaguardia de la Idol, que aún estaba en cuatro patas. Se masturbó suave y lento, queriendo disfrutar más que nada del momento, flexionando sus piernas para que su gorda barra de carne quedara suspendida sobre la cola de la joven.

    Tenía un buen tamaño y aún estaba semidormido. Incluso los huevos que colgaban bajo su miembro eran grandes y pesados, conteniendo amplias cantidades de su fértil semilla lista para bombear a chorros. Sonrió, moviendo un poco su verga para que hilillos de líquido preseminal comenzaran a caer sobre la tela de lycra negra que abrazaba la retaguardia de la despistada Idol. Tuvo que limpiar el sudor de su frente, tal vez por el calor de la subida calefacción, o por el propio calor del momento. Lo que estaba haciendo era muy peligroso. Pero increíblemente estimulante a la vez.

    «¿Cómo vas, Monkey? ¿Aguantas?» Usó aquel apelativo cariñoso para no levantar más sospechas.

    «Sabe que esto no es nada para mí.»

    «¿Ah sí?» Sonrió de lado, saboreando el momento de ver como su transparente fluido recorría el negro y ajustado pantalón deportivo de la joven, dejando una exquisita mancha sobre sus amplias nalgas. «Esto es un trabajo de dos, tienes un buen instructor.» Relamió sus labios, acariciando su ahora firme y duro falo, moviéndolo sólo a milímetros de los tonificados glúteos de la muchacha.

    «Sí, como diga, señor Ayudante. ¿Ya terminamos? Hace mucho calor.»

    «Sólo unas posturas más, creo que ya estás bastante más relajada.» Embadurnó su mano con el líquido preseminal que aún brotaba de su verga, antes de llevar la misma a tomar firme la cintura de la chica, mientras que con la otra controlaba a su engordada verga para que no tocara el cuerpo de la joven por descuido. No quería que le sorprendieran aún. «Pero tienes razón, creo que está siendo más calor. Aunque está bien para el yoga.» Acarició con su mojada mano la cintura de la chica, queriendo marcarla con su esencia. «Recuéstate en el suelo boca arriba, te quiero recta.» La dejó separarse, viendo como sumisamente le seguía la corriente, ignorante de lo que realmente estaba pasando. Suspiró al ver su rostro de nuevo, aquellos labios carnosos remarcando su desinterés ante el momento, sus mejillas particularmente regordetas, al menos para una idol, y por ello jodidamente sexys, y su nariz perfecta. Masturbó su miembro mientras se paseaba alrededor de ella, dejando que toda su persona, tanto su olor como su presencia masculina, inundaran los sentidos de la chica. «Ahora ve separando brazos y piernas de tu cuerpo. Eso, lentamente. Continúa con ese ritmo de respiración.»

    «¿Así? ¿Todo lo que pueda?» Sus labios mostraban ahora una pequeña mueca, seguramente preguntándose qué clase de asana era esta, o tal vez ante el aire que comenzaba a viciarse con el aroma a cuerpos y fluidos.

    «Así, perfecto. Eres muy flexible, como es de esperarse de la líder de CLC.» No pudo verlo, pero estuvo seguro de que la muchacha rodó los ojos ante ese comentario. «Unos minutos así, y cambiamos.» Masajeó su gorda verga arrodillándose a su lado, dejando caer más líquido preseminal sobre los grandes pechos de la chica aún cubiertos por el top. Podía ver como un hilillo de aquel fluido transparente aún se conectaba a su glande con la prenda de la Idol, y eso le fascinaba de una morbosa forma.

    «Bien, levántate. Postura recta, piernas separadas, los brazos pegados al cuerpo.»

    «… ¿Así?» Nuevamente le daba la espalda, haciendo caso a todas sus indicaciones sin rechistar. La famosa celebridad tenía un cuerpo de locura, pero no podía negar que lo que más le encantaba era su rostro. Pero bueno, su tonificada y entrenada cola estaba en un firme segundo puesto en su lista.

    «Así Seung Yeon, muy bien.» Llevó sus manos a la cadera de la joven, separando a su vez las manos de la propia Idol de su cuerpo. «Iré subiendo con mis manos, quiero que vayas levantando tus brazos a medida que lo haga.» Comenzó a recorrer cada lado de su cuerpo con las manos, notando como ella seguía al pie de la letra su movimiento, elevando sus brazos como le había indicado. Pasó sobre los pechos de la joven, aunque sólo fuera de lado, y continuó hasta llegar a sus axilas, húmedas con sudor.

    «¡M-me hace cosquillas!» Pareció evitar una risa mientras su cuerpo se removía, y aunque el hecho le pareció muy lindo, no podía dejar escapar la oportunidad.

    «Qué te dije antes, Seung Yeon.» No fue una pregunta. Sin esperar respuesta le dio una sonora nalgada que hizo temblar el pequeño pero curvilíneo cuerpo de la chica, haciendo que la Idol pegue un saltito del susto.

    «… ¡L-lo siento! ¿P-pero usted no de-«

    «Ya lo has hecho varias veces.» Y otra nalgada, tomándola del abdomen con su mano libre para que no perdiera el equilibrio ni pudiera escaparse. Un gritito se escapó de sus labios en respuesta al abuso, pero nada más. Se movió para ver su rostro y pudo ver como la joven se mordía su labio inferior.

    «Lo siento, mi Ayudante…»

    «Eso espero.» Le dio una caricia a su cola, apretando suavemente, abarcando con su mano todo el amplio de su tersa carne, degustando con sus dedos aquella firmeza pero suavidad a la vez de un culo tan perfectamente entrenado. «… Bueno, Monkey. Creo que lo has hecho muy bien, a pesar de todo. Ya puedes dejar la postura pero no te quites el antifaz.»

    Suspirando leve, la joven de bronceada piel bañada en sudor descansó en una postura más cómoda, dedicando una caricia a su retaguardia castigada. «Ahora va a darme mi dulce.»

    «¿Eso crees? ¿Te lo has ganado?» Se separó de ella e hizo un ademán de ir por su maletín y abrirlo, volviendo a ella con las manos vacías sin siquiera haber tocado el maletín. Un claro teatro pues no existía la tal golosina que le había prometido, al menos no de la manera que la sexy Performer esperaba.

    «¡Claro que me lo he ganado! Malo. Ha sido muy malo conmigo, yo le he hecho caso en todo.» Y un tierno puchero se dibujó en sus labios.

    «Mi linda Monkey… Tienes razón. Te ganaste la golosina. Arrodíllate.»

    «¡Sí!» Sonriendo, hizo caso sin titubeo alguno. Dejándose caer delicadamente de rodillas en el suelo, sus manos descansando sobre sus perfectas piernas mientras, sin darse cuenta, ponía su rostro a la altura de una enorme barra de carne frente a ella que la esperaba, expulsando sin cesar un flujo transparente de la punta.

    «Ahora, lo que te debo decir es que tiene un sabor muy peculiar. Puede que no te guste al principio, pero de verdad es muy bueno. Te dará muchas proteínas. Se lo he dado a otras Idols y al final les termina encantando.»

    «¿Se lo dejo probar a alguna más del grupo?» Aquel inocente puchero volvió a aparecer en sus labios, mostrando su indignación. Su nariz, por otro lado, parecía olfatear el fuerte hedor de su verga. Si llegó a reconocer aquel olor a fluidos preseminal y sudorosa carne, no lo evidenció para nada.

    «Por supuesto que no. Guardé la primera porción para ti. Eres su grandiosa líder después de todo.» Masajeó su semi-erecta verga justo sobre la cara de la Idol, el miembro comenzando a despertarse más y erguirse luego de haberse controlado durante los minutos anteriores. Pero ahora, teniendo la inocente carita perlada de sudor de Seung Yeon frente a su el, era imposible que no se pusiera dura y grande para ella.

    «Más le vale, señor Ayudante, ¿Y qué es eso que me gotea en la cara? Espero que no sea su sudor, o lo meteré en problemas.»

    «Nh, estoy dejando caer un poco del líquido de la golosina en tu cara, pero aún no puedes probarlo.» Su líquido preseminal comenzaba a adornar el rostro de la Idol, con finos hilillos del líquido transparente colgando de su nariz y recorriendo su mejilla.

    «¿Eh? ¿Por qué no? Es mi premio.» La aun aparentemente rebelde Idol alzó una de sus manos hasta su rostro con la intención de tomar aquel desconocido fluido pegajoso y probarlo con su boca, pero fue detenida al instante al sentir una mano tomando el lateral de su cuello, con sutileza pero firmeza al fin.

    «No, Sung Yeon.»

    «… Bien.» Pareció arrugar su naricita de nuevo, pero no renegó más que eso.

    «Tan obediente, nhm, te has ganado el dulce, abre grande la boquita, vamos.»

    «¿Aah~?»

    Gruñendo levemente al estarse masturbando y sintiéndose a punto de venir, tomó con su mano libre el mentón de la joven Idol. «Recuerda… nada… de sacarte el antifaz…» Gimió suave, teniendo a la gran Seung Yeon de CLC de rodillas y con la boquita abierta, salivando preparada para lo que venía, dispuesta a recibir su leche caliente. «Así lo degustarás mejor…» Y con un gruñido final, su verga casi morada por tanto jugueteo y excitación, liberó un tremendo chorro de caliente semen directo a la boquita de la morocha. La cantidad de su espesa corrida pareció sorprender a la chica, que intentó como pudo tragarse todo el blanco y caliente líquido que se vertía a borbotones en su boca, atragantándose por un momento.

    Con su sudoroso cuerpo temblando por el clímax, el Ayudante no pudo contenerse más y tomó de la nuca a la sexy morena, antes de jalarla hacia él y hundir su verga en la boca de la Idol, su miembro aun lanzando chorros de su rica y abundante semilla. «Trágatela toda, sin morder.» Suspiró, arrugando su cara con gozo mientras miraba como la Idol luchaba por tragarse cuanto podía, tanto de su leche como de su verga, ni siquiera llegando a comerse la mitad de su enorme miembro. Pero estaba bien, era un inicio y podría mejorar. Lo importante es que ahora podía ver sus carnosos labios envolviendo lo que podía de su carne, podía sentir la deliciosa calidez y humedad del interior de su boca, y hasta podía sentir su traviesa lengua jugueteando con aquel bocadillo como buscando degustarlo por completo y a la vez dar con su forma.

    Por su parte, la chica llevó sus manos a las piernas desnudas del hombre que la estaba casi ahogando con aquel caliente y espeso líquido y aquella dura y cálida barra que estaba por desacomodar su mandíbula, haciendo un débil intento por separarse. Pero le fue imposible al sentir otra mano en su cabello que sólo la hizo tragar unos cuántos centímetros más de aquel duro y venoso falo, que, curiosamente, estaba igual de caliente que la lechita que le estaban dando de beber, ¿Sería un postre a comer caliente? Sabía que los extranjeros eran muy raros con sus dulces, así que intentaría no quejarse hasta comerlo todo.

    «Mgh, mhm, mgh…» Sonidos húmedos y atrevidos comenzaron a resonar por la sala a causa de la Idol que movía su cabeza rítmicamente, comiéndose sin descanso todo lo que podía de aquella carnosa golosina.

    «Degustalo bien, Seung Yeon…» Suspiró, contemplando su obra y aún sin liberar su firme agarre de la cabeza de la chica. Semen comenzaba a brotar por las fosas nasales de la Idol, al no poder con la fuerza de su corrida. También caían hilillos mezcla de su semilla y saliva por la comisura de sus carnosos labios. Pero su orgasmo ya llegaba a su fin. Respiró agitadamente, sin soltar la cabeza de la joven ni dejarla separarse de su verga. «Es un sabor exótico, ¿lo notas? Es único, pero aprenderás a que te guste.» Llevó una de sus manos a sacar mechones de cabello que se habían pegado al rostro de Seung Yeon por el rejunte de sus combinados fluidos que ahora aceitaban su cara, mientras movía su cadera adelante y atrás a un ritmo lento, introduciendo cada vez un nuevo centímetro de su dura verga que la joven Idol podía ir tragando con cada nueva y suave embestida. Exquisito, sí. Aquel orgasmo había sido tremendo, había valido la pena guardarse el tiempo en el que había oído el interés de Cube Entertainment por sus servicios. Ya se había hecho fama de lograr que las Idols con las que interactuaba lograran mejores desempeños y actitudes, aunque realmente nadie supiera sus métodos. Bueno, aquí había una muestra.

    Y ya estaba sintiendo como su verga empezaba a recuperarse para un segundo round, pero ya no tenían mucho más tiempo. Retiró lentamente la barra de carne aún erecta de la boca de Seung Yeon, disfrutando de verla respirar agitadamente, con hilillos de espesa saliva colgando de su boca hasta su miembro, tomando bocanadas de aire luego de que casi la ahogara con su semen y verga.

    Su cara bañada en sudor, saliva y semen, la volvía incluso más sexy que antes. Se le estaba antojando más Seung Yeon y eso no era bueno, no por el momento. «A ver, saca la lengua que has dejado mucha golosina afuera. Te la debes tomar toda, Monkey.» Vio como ella arrugaba un poco el rostro, pero no soltó queja alguna antes de abrir grande su boca y sacar su cálida lengua para dejarse hacer.

    Dejó que su húmeda verga se paseara por el mentón, labios y nariz ajena, recolectando lo que quedaba de su semen antes de volver a meter su miembro en la boca de la morocha, disfrutando de como la Idol removía su lengua por todo su glande buscando atrapar todo el fluido antes de cerrar su boca y hacer un sonoro aunque disgustado trago para terminarse la lechita, como toda buena señorita.

    «Usted dijo que sería una pequeña dosis, no toda la golosina.» Sonaba indignada, aunque al verla relamerse sus labios no sabía si ese era el caso.

    «Si te hubiera dejado tomar sólo un poquito como querías hacer, el sabor te habría chocado y no habrías querido tomar más,» La sujetó de su nuca de nuevo, y tomando su miembro por la base comenzó a restregarlo por la carita angelical pero viciosa de la sexy morocha, sonriendo de lado al ver como sólo se dejaba hacer, con sus manos posadas en sus muslos tranquilamente, esperando a que termine. Y lo que más le encantaba era que hasta que no le diera la orden de quitarse el antifaz que cubría sus ojos, no haría ademán de intentar sacárselo ella misma. «¿Pero, te ha gustado?» Esta sesión la había vuelto muy obediente, y lo aprovecharía.

    «Es un sabor muy raro, muy calentito, ¿Y es salado? O muy agrio, ¿Por qué dice que es una golosina? Y fue demasiado, no quiero ganar calorías extra tomando tanto de eso,» La dejó hablar tranquilamente mientras frotaba su glande contra las fosas nasales y nariz de la chica, ya simplemente gozando del momento, notando como olfateaba nuevamente el fuerte hedor de su barra de carne, arrugando un poco el ceño. «No creo querer volver a probarlo.»

    «Hmh, pero la vas a volver a tomar. Te la vas a tomar toda como hoy.» Se animó a darle unos golpecitos con la verga en su nariz y luego en su cara, sonriendo ante el sonido que hacía su miembro al rebotar repetidamente contra la mejilla de Seung Yeon. Luego pasó a darle suaves golpecitos con el glande a sus húmedos labios, que estaban haciendo puchero ante su aparente orden. Sí, ella aprendería a degustar su verga con gozo, ella y todo CLC.

    *************************

    Notas finales:

    Hola y gracias por darle una oportunidad a este proyecto mío. Antes de seguir, quiero aclarar algunas cosas de esta historia.

    Estos relatos seguirán a un personaje conocido como El Ayudante en sus aventuras por la industria del K-Pop intentando llevarse a la cama a cuantas Idols pueda. Procuraré poner el nombre de la celebridad en el título junto a su grupo para que ustedes puedan buscarla si así lo desean y darse a una idea de su aspecto físico. Demás está decir que estas historias son sólo ficción creadas por mí, y no reflejan en nada a la persona real de la que estoy escribiendo. Todas ellas, además, son mayores de 18 años.

    Lo segundo es con respecto al hombre que protagonizará la historia. No quise usar a un Idol masculino u otra persona real para esto, por lo que me decidí a crear un personaje llamado simplemente el Ayudante. Este personaje está descrito de una forma tal que tú mismo podrás darle una imagen a sus facciones físicas, más allá de algunas cosas que quedarán especificadas en el fic. Básicamente, quiero que tú puedas imaginarte a tu gusto como es físicamente el personaje.

    Por último, la historia constará de capítulos individuales enfocados a una sola Idol (por ahora, puede que en el futuro me anime a escribir un trío, la esperanza no se pierde) que el Ayudante intentará hacer caer. Por ejemplo, este primer capítulo está puramente enfocado a la Idol SeungYeon del grupo CLC, y el siguiente seguramente sea de ella también, para dar final a su «arco» en la historia. Ya el tercer capítulo se enfocará en otra Idol, y así.

    Si conoces algo de K-Pop, me gustaría escuchar sugerencias de otras Idols femeninas que les gustaría ver aparecer en esta historia, aunque ya tenga algunas en mente.

    Eso será todo. Realmente estoy interesado en ver si hay un público para un relato de este tipo, por lo que apreciaría mucho saber sus opiniones.

  • Días de verano con mi tía Graciela

    Días de verano con mi tía Graciela

    En los meses de verano, el calor en mi país se hace sentir bastante, por ese entonces tenía dieciocho años y de vacaciones de la universidad, así que me fui a visitar a mis familiares que viven lejos de la ciudad, un pueblo de campo tranquilo, cuando llegué a la casa de mi familia se encontraba solamente mi tía Graciela, el resto de la familia se fue a ver a otro familiar que vive más lejos y está pasando por un delicado momento de salud.

    Graciela es una persona espectacular, marcó en buena parte lo que soy ahora y me enseñó muchas cosas, de las que mujeres tenemos que saber, ella se alegró en verme me halagó lo grande que estaba ya que hacía mucho que no me veía.

    Luego de llegar y acomodar mis cosas, me cambie para estar más cómoda, me puse una musculosa sin brassier y un mini short de jean, lo primero que hizo mi tía al verme fue tocarme las tetas, que hermosa que estas Andrea, lo grande que estas, mira las tetas que tienes, cosa que me hizo ruborizar y mi tía reírse, hablamos de nuestras cosas, de la familia, y almorzamos algo liviano, como hacía mucho calor, después del almuerzo nos fuimos a recostar para luego salir a caminar; mi tía se desvistió y quedo en corpiño y bombacha, yo solamente levante mi musculosa cubriéndome las tetas, y desabroché el short, mi tía me comenzó a preguntar sobre los hombres y si tenía novio, le dije que no, que no me había fijado en ningún chico; a lo que ella me respondió yo a tu edad ya tenía locos a los chicos, ven acuéstate a mi lado y comenzó a hablarme de lo que tendría que saber al momento de estar con un hombre.

    Yo solamente sabía por lo que mi madre me había hablado, okey vamos a la parte practica me dijo, relájate y comenzó a acariciarme la panza a recorrer mi ombligo, mientras me daba besos en la mejilla, de a poco comenzó a subir la mano y me acaricio las tetas, lo que me hizo agitar, mis pezones se pusieron duros, y los pellizco suavemente, luego beso mi boca, me dijo como debería besar, y fue bajando su mano y toco mi conchita, que estaba húmeda, y le dije hay tía me gusta, si todo esto te van hacer los hombres, y me siguió besando, toco mi clítoris y me encanto, y pronto introdujo un dedo en mi conchita virgen, susurrándome al oído, si quieres puedes gritar, cosa que hice y pronto tuve un orgasmo.

    Nos dormimos un rato, y cuando nos despertamos me dijo mi tía vamos a la cañada?, cosa que le dije que si vamos, antes de irnos, me ayudo a depilarme la entrepierna, y me dijo debía hacerlo ya que a los hombres les gusta mas así toda depilada, me aconsejo que hacer y que utilizar.

    Nos pusimos ropa cómoda y salimos a la cañada, es un bello y hermoso lugar, mucha arboleda frondosa, y con un río que cruza, formándose alguna playa sin arena obvio, mas al fondo se formaba un cañadón con una cascada de agua y algunas rocas, Graciela me dijo, ven vamos al agua, le recordé que no llevábamos traje de baño, me miro y sonrió mientras se desvestía, anda ven, no hay nadie, ambas nos desnudamos y nos tiramos al agua, y nadamos hasta la cascada, parecía una imagen muy sexy; tomamos algo de sol así desnudas, y mi tía me dijo otra cosa que debía saber era hacer un oral, yo le pregunte qué es eso?, nunca escuche hablar, okey debes saber incentivar las partes del hombre con tu boca además de las manos, y él te incentivara tu vagina con la boca también, la mire con asombro.

    Recuéstate me dijo mi tía y separa bien las piernas, ella se puso de rodillas frente a mi concha y comenzó a pasarle la lengua, era más lindo y hermoso que cuando me la toco, mientras yo con la mano le acariciaba su vagina con mi mano, a lo que mi tía dijo estas aprendiendo rápido chiquita, me hizo gritar y jadear de placer; cuando termino me dice, bueno ahora te toca a ti, cosa que hice mientras ella acariciaba mi cabeza, y veía como mi tía se movía, cuando finalice me dijo lo hiciste muy bien, estas aprendiendo, volvimos al agua y nos cambiamos para volver a la casa.

    A la noche salimos a dar un paseo por la ciudad, fuimos a un boliche a tomar un trago y se armó un baile, yo me quede mirando, mi tía la estaba pasando bien con uno que la saco a bailar, luego desapareció de mi vista por un largo rato, yo me quede disfrutando de la música, después de un tiempo llego mi tía, y nos fuimos a casa, me entere en el trayecto lo que había pasado, ella estaba saliendo con ese hombre, y cuando desapareció me dijo que le fue a chupar la pija, la mire con asombro, llegamos a casa y me dio detalles.

    Antes de irnos a dormir, fue a la heladera, tomo una zanahoria y la pelo, le dio forma de pene y me explico cómo era, y me dijo como debía hacerlo, ella lo ponía en la boca, le pasaba la lengua y fui mirando todo como hacerlo, luego me toco hacerlo a mí, mientras ella lo sostenía, hizo que me arrodillara y coloco la zanahoria a la altura de la entrepierna, por momentos me lo introducía hasta el fondo y me hacía ahogar, así aprendí a chupar la pija.

    Pasamos las semanas riendo y disfrutando de los día yo fui aprendiendo todo lo que ella me decía, la despedida fue un tanto triste, pero la noche antes dormimos juntas y desnudas, nos tocamos y nos acariciamos, no era amor, era afecto y simpatía por ambas, a ella le debo lo que soy ahora y lo que aprendía, tal vez muchos no compartan las maneras pero fue una persona que me marco y se lo agradezco muchísimo.

    Espero les haya gustado, si desean pueden escribir sus comentarios a: [email protected].