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  • Por curiosidad entré a ver y terminé con el culo abierto

    Por curiosidad entré a ver y terminé con el culo abierto

    Era una noche de verano en la que había ido como muchas veces buscando con quien follar, luego de andar por los jardines de Méndez Núñez que hay en el centro de mi ciudad, La Coruña, y no haber encontrado nada de mi gusto, fui como solía hacer muchas veces, a los aseos públicos que había en la plaza de Pontevedra.

    Eran sobre las 2 de la madrugada, sabía que allí los aseos públicos, de hombres y niños, estaban toda la noche abiertos. De todas las veces que fui, siempre los encontré abiertos, solamente quedaban cerrados por la noche, los aseos de señoras.

    Aquella noche al bajar a los aseos como había hecho en múltiples ocasiones, me encontré con que además de los aseos de niños y hombres, el aseo de señoras que quedaba en medio de ambos, también se encontraba abierto. Primero como solía hacer siempre, fui a los aseos de hombres, no encontrando a nadie en ellos, salí de ellos y fui al aseo de niños. Tampoco había nadie, así que pensé en esperar un poco mientras me fumaba un cigarrillo, a ver si bajaba alguien y tenía suerte.

    Salí del aseo de niños, para ir de nuevo al aseo de hombres y allí esperar un rato mientras fumaba un cigarrillo, pero al pasar por el aseo de mujeres, me dio la curiosidad y al ver que estaban abiertos, se me ocurrió entrar y ver cómo eran por dentro, ya que nunca los había visto.

    Entré en ellos, viendo que había 3 habitáculos con sus inodoros para sentarse, y al fondo había 2 lavabos con una pequeña repisa y un enorme espejo.

    Joder, aquello en comparación a los aseos de niños y hombres, estaban pero que mucho mejor. En eso estaba pensando mientras miraba como eran, cuando de repente veo que está entrando en ellos un hombre maduro, estaría rondando los 50 años. Era un hombre de buen ver y no estaba nada mal.

    Al principio quedé algo asustado y sin saber qué hacer. No sabía dónde meterme, así que quedé frente a los lavabos, mirando como entraba y cerraba la puerta de salida. Estaba paralizado mirando para él, viendo como entraba y después de cerrar la puerta, se acercaba a mí.

    Por supuesto que él me había visto bajar a los aseos públicos, y cuando iba a empezar a bajar, vio como yo entraba en los aseos de mujeres, así que ya vino derecho a donde yo había entrado. Por supuesto sabía a lo que yo había ido a aquellas horas allí. Así que ya no perdió el tiempo, vino derechito a donde yo estaba, y después de cerrar la puerta, se acercaba a mí.

    Vio que yo estaba algo asustado y me había quedado sorprendido al verlo, por lo que trató de tranquilizarme llevando un dedo a la boca, haciendo señas de que callara. Tranquilo susurraba acercándose a mí.

    Nada más acercarse, llevó su mano a mi entrepierna, empezando a acariciarme el paquete, viendo que yo no decía nada y me dejaba manosear. Se fue acercando cada vez más, y ahora ya llevaba la otra mano a mi culito, empezando a apretar los cachetes, viendo que yo no decía nada y me dejaba hacer.

    Sin dejar de manosearme los genitales, la mano con la que me apretaba los cachetes la fue subiendo por mi espalda hasta llegar a mi nuca, donde sujetándome con su mano, fue acercando su boca a la mía.

    Empezó mordisqueando mi labio inferior, notando él como mi respiración se aceleraba y yo seguía sin moverme ni decir nada, dejándome hacer. Solo cerraba los ojos notando como mordía mi labio inferior saboreando mi boca y su mano me acariciaba los genitales.

    ¡Ufff! Aquello me estaba gustando, hacía que mi cuerpo vibrara haciéndome sentir un gran placer. Notaba como la cara se me enrojecía y las orejas echaban humo a causa del calor que despedían.

    Después de morderme los labios y decirme entre jadeos ¡ufff maricón que bueno estás! Fue pasando su lengua por mis labios, presionando con ella hasta conseguir meterla en mi boca, e ir saboreando toda ella. Jugaba con mi lengua, saboreaba y chupaba mis labios, excitándome y calentando, consiguiendo que poco a poco me fuese entregando a él, en aquel sensual y caliente beso.

    Dios, aquel morreo que me estaba dando, me estaba excitando y poniendo caliente como nunca me habían puesto con unos besos. Aquello era cada vez más aditivo y excitante, no podía parar de besar aquellos labios y chupar y saborear aquella lengua.

    Puse mis manos sobre sus hombros, y cerrando los ojos, me fui entregando y dejando llevar por aquella excitación que sentía.

    El al ver cómo aquello me excitaba y me iba entregando más a él, llevó sus manos a mi camisa, y sin dejar de besarme y meterme la lengua en la boca, fue desabrochando uno a uno los botones, hasta conseguir quitarme la camisa.

    Mientras me iba quitando la camisa, llevaba su boca a mis pequeños e hinchados pezones, haciéndome estremecer de gusto, haciéndome soltar el primer gemido.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! Gemía llevando mis manos a su cabeza, mientras él chupaba mis pequeñas tetillas y mordía mis excitados e hinchados pezones.

    Una vez me hubo quitado la camisa sin dejar de torturarme, siguió avanzando en su cometido de ir quitándome la ropa, hasta conseguir desnudarme por completo.

    Fue subiendo con su boca por mi cuello dándome pequeños mordiscos, mientras deslizaba sus manos por mi abdomen acariciándolo, haciéndome temblar de tanto gusto y seguir soltando gemidos, mientras sus manos empezaban a aflojar el cinturón.

    ¡Dios! Yo estaba que me derretía de gusto, levantaba la cabeza mirando al techo de aquellos aseos, mientras me sujetaba a sus hombros sin dejar de gemir, temblándome las piernas, mientras él me aflojaba el cinturón.

    Una vez soltó el cinturón, empezó a desabotonarme el pantalón tejano que llevaba puesto. Tan pronto pudo meter sus manos por mi cintura, empezó a bajarme el pantalón y slip, dejando que mis genitales y polla quedaran al aire libre.

    Joder, tenía la polla que me explotaba. Estaba dura y tiesa a más no poder. Empezó a acariciarla mientras seguía torturándome con su boca mordisqueándome el cuello, mientras acariciaba mis pelotas e iba descapullando mi dura y enrojecida polla.

    Tan pronto agarró mi hinchada y enrojecida polla, solté un gritito abrazándome más fuerte a él, ¡ohhh ooohhh ohhh! Empezando a morder sus labios y comer su boca.

    ¡Ufff maricón que bueno estás! Estás caliente y gimes como una gatita en celo.

    Tienes ganas de polla, ¿eh?

    Claro que sí, claro que tienes ganas, por eso bajaste aquí en busca de una buena verga que te dé por el culo, ¿verdad maricón?

    No desesperes putita, aquí no nos van a molestar, tenemos todo el tiempo que quieras. Te voy a hacer mío, papi te va a hacer suyo, te va a dejar bien preñado este culito.

    Anda maricón, ve sacándome la polla, verás lo caliente que me tienes. Ya verás la verga que te va a hacer feliz esta noche, y dejar bien preñado.

    Temblando como un flan, llevé mis manos a su entrepierna, empezando a palpar y acariciar el bulto que tenía aquel maduro que tanto me estaba haciendo gozar.

    Fui bajándole la cremallera, mientras él se aflojaba el cinturón sin dejar de besarme, hasta que conseguí sacar la polla que aquella noche me iba a dar por el culo. Mientras él se bajaba el pantalón y slip, pude apreciar y acariciar la verga que tanto estaba deseando. El cabrón tenía una buena chota, era como una mazorca de maíz, grande y hermosa.

    Miraba para ella con lujuria y deseos, viendo como el glande rosado he hinchado, se asomaba por la piel del prepucio que la recubría. Llevé la mano a ella, empezando a acariciarla. Dios que placer me daba acariciar aquella verga, debería medir unos 17 o 18 centímetros. Luego le colgaban unas enormes bolas, que me tenían hipnotizado.

    Anda, agáchate y chúpala un poquito. Abre esa boquita y métetela en la boca me decía empujándome por los hombros.

    Haciendo lo que me pedía, me fui agachando y sujetando aquella mazorca con mi mano derecha, abrí la boca metiéndola en ella, empezando a chuparla con desesperación.

    La metía todo lo que podía en mi boca, mientras con mis manos acariciaba sus pelotas. Así así, abre la boquita y cómetela toda. Chúpala bien que ya verás cómo después te va a abrir ese culito tan rico que tienes.

    Después de estar un buen rato mamándole y chupándole la verga al papito que me iba a dar por el culo y preñar aquella noche en aquel aseo público de señoras, sujetándome por los brazos, me incorporó, y una vez puesto en pie delante de él abrazándome por la cintura, me sentó sobre la repisa de los lavabos.

    Así maricón, así, dijo empezando a quitarme los zapatos y sacarme el pantalón y slip por completo.

    Ahora vamos a preparar este agujerito para que puedas recibir en tu culito lo que tanto estabas deseando y buscando, cuando bajaste a los aseos.

    Me hizo recostar contra la pared y levantándome las piernas, apoyó estas sobre sus hombros, dejándome abierto de piernas, con la flor de mi culo totalmente expuesto.

    Escupiendo en su mano llevó la misma a la entrada de mi ano, donde empezó a pasar sus dedos. Primero pasó su mano untando mi hoyo con su saliva, para luego presionar con un dedo sobre él, haciendo que mi esfínter se abriera introduciéndose poco a poco en mi interior.

    ¡Ohhh! Suspiré al notar su dedo entrando en mi culo, haciendo que mi esfínter cediera y fuese dilatando, permitiendo la entrada a mi culito. Volvió a sacarlo, para seguido meterme 2 dedos en él.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! Gemí con más fuerza al notar como aquellos 2 dedos invadían el interior de mi culo, expandiéndose este y dilatando más mi esfínter.

    Así maricón, así, deja que se abra tu culo y puedas recibirme dentro de ti, me decía metiendo y sacando sus 2 dedos en mi culo, haciendo que este se abriera por completo.

    Ves maricón, mira como ya se abre tu flor y se traga mis dedos, decía metiendo y sacando los dedos en mi culo.

    Luego de dilatar y lubricar bien mi culo, poniéndose de pie, dejando mis piernas sobre sus hombros, y totalmente abierto de piernas y expuesto para ser sodomizado por su verga, colocó esta sobre mi ojete, e impulsando su pelvis a la vez que me sujetaba con sus manos por mi cintura, metió de una sola envestida toda su mazorca dentro de mi culito, haciéndome soltar un fuerte gemido, a la vez que me agarraba a sus brazos, inclinándome hacia él, mientras su verga se introducía por completo en mí.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! ¡ooohhh! Gemía notando como me abría el culo ensartándome en su mazorca.

    Ya maricón, ya está, ya la tienes toda dentro tuya. Ahora relájate y deja que se vaya dilatando y acostumbrando tu culo a la polla que esta noche te va a hacer feliz y dejar bien preñado.

    Se fue colocando mejor para darme por el culo, mientras empezaba a mover su pelvis, haciéndome que me agarrara fuertemente a sus brazos, sintiendo como me empezaba a follar, manteniéndome recostado sobre la repisa de aquellos lavabos de señora.

    Dios, que gusto me estaba dando aquel papito aquella noche en los aseos públicos de señoras, lo malo era la postura que tenía. No estaba nada cómodo, y por encima temía que aquella repisa no aguantara el trajín que el maduro aquel me estaba dando.

    De repente se escuchó un crujido, quedando una parte del lavabo medio escorado, cosa que hizo al papito que me estaba follando, parar y bajarme de donde me tenía dándome por el culo.

    Ven para aquí, dijo llevándome por el brazo a uno de los cubículos. Será mejor que nos pongamos aquí, dijo sentándose en el inodoro, haciendo que me sentara a horcajadas sobre él.

    Ven putita, ven a junto tu papito. Anda abre las piernas y siéntate en mi regazo, mientras te vas clavando sobre la polla.

    Y eso hice, abriéndome de piernas mientras me sujetaba a sus hombros, dejé que colocara su verga en la entrada a mi culo, empezando a sentarme a horcajadas sobre él, introduciéndose aquella mazorca de nuevo en mi culo, quedando totalmente ensartado en aquella verga que tanto me estaba haciendo disfrutar.

    Así maricón, así, deja que papito te haga disfrutar y te haga suyo, decía manteniéndome ensartado en su polla mientras mordía y besaba mis labios.

    Deja que me quite la camisa y note tu cuerpo pegado al mío, me decía mientras yo gemía moviendo mi culo clavándome más profundamente su verga en mi interior.

    Cuando quitó por completo su camisa, abalanzándome sobre su cuello, rodeándolo con mis brazos, incliné mi cabeza pegándola a la suya, y mientras impulsaba mi culo introduciéndome más profundamente su polla, llevé mi boca a la suya, empecé a morder sus labios, saboreando y chupando su lengua.

    Dios que gusto me estaba dando, el culo me ardía de calor, y los labios los tenía hinchados y enrojecidos de tanto morreo que me estaba dando.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto maricón! Gritaba una y otra vez el maduro dándome por el culo teniéndome sentado a horcajadas sobre él.

    Ya llevábamos un buen rato follando, y el calor que despedíamos, nos hacía sudar por todas partes.

    Yo gemía y cabalgaba como un loco sobre aquella verga que tanto me estaba haciendo disfrutar, cuando empecé a notar como un excitante y placentero gustito subía por mis pelotas, y recorriendo mi polla, explotaba en un delicioso orgasmo que me hizo eyacular empezando a largar trallazos de semen sobre el pecho y abdomen del maduro que me estaba dando por el culo.

    ¡Ohhh! Me corro, me corro, gritaba derramando mi leche mientras seguía cabalgando como un loco, sobre aquella polla que me daba por el culo y tanto me estaba haciendo disfrutar.

    ¡Ohhh maricón que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Gritaba el maduro notando como me corría sobre su pecho y abdomen, mientras era follado a horcajadas sobre él.

    Así maricón, así, córrete, me decía impulsándome con sus manos para que cabalgara más rápido sobre su polla, clavándome en lo más profundo de mis entrañas su mazorca.

    No tardó mucho en empezar a gritar el maduro que se corría, mi eyaculación hizo que apretara más mi culito, exprimiéndole más la poya, terminando por acelerar su venida.

    Ya maricón, ya me vengo, ya me vengo, gritaba empezando a soltar varios trallazos de esperma, dejándome el culo preñado de leche.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Gritaba mordiéndome el cuello mientras se derramaba en mi interior.

    Oh maricón que gusto. Que culito más rico y que placer me has dado, me decía terminando de eyacular dentro de mi culo.

    Me mantenía ensartado en su polla sentado a horcajadas sobre él, sin parar de besarme y acariciarme con sus manos.

    Sin dejarme levantar de su regazo, donde me tenía sentado a horcajadas, empezó a recoger de su pecho y abdomen el esperma de mi eyaculación, llevando luego sus dedos impregnados por mi semen, a mi boca. Anda maricón, prueba tu lechita, me decía metiendo sus dedos en mi boca, haciéndome que limpiara sus dedos y tragara el semen producto de mi eyaculación.

    Una vez nos levantamos y después de habernos limpiado un poco, empezamos a vestirnos y una vez estuvimos listos, abrió la puerta de aquel aseo público de señoras, y salimos ambos de allí, subiendo para la plaza de Pontevedra, donde nos despedimos marchando cada uno para su casa.

    Podéis contactar conmigo o escribirme a:

    [email protected].

     

  • Mario (20 de 22): Niños sin madre

    Mario (20 de 22): Niños sin madre

    Me esperaba con una enorme sonrisa en su cara y al entrar me cogió en los brazos, sin besarme, y me llevó al salón, me soltó y se quedó plantado mirándome.

    -¿Ni siquiera me saludas con una beso? -me cogió las manos y primero una, después la otra las llevo a sus labios.

    -Te besaría hasta gastarte la piel pero ahora quiero mirarte.

    Peru, durante este tiempo, había cambiado para bien, ahora se arreglaba la barba y se cortaba el pelo, había dejado las antiguas greñas y la barba demasiado larga olvidadas, también vestía mejores ropas.

    A mi vez también experimenté un importante cambio, me había cortado la larga cabellera y ahora lucía un moderno corte, el pelo me llegaba al cuello y me hacía parecer más delgado. Cuando me presente con el nuevo look a Guillermo le pareció bien, para ello me cogió del cabello y comprobó si podía sujetarme por él.

    Por lo demás, en el aspecto físico continuábamos lo mismo, quizá más maduros, Peru tenía veinticinco y yo veintitrés, aún éramos muy jóvenes.

    Me abrazó largamente, recordaba otros momentos con él, y no podía evitar temblar al sentirme querido y deseado.

    -¿Quieres tomar algo? -había roto el abrazo y me soltó las manos que aún seguía sujetando en mi espalda.

    -Solo un vaso de agua. -mientras volvía de la cocina miré a mi alrededor, tenía la sala ordenada y había cambiado aquel incómodo sofá circular por otro más cómodo y clásico, me quité los zapatos y me senté mirando hacia la ventana. Peru se sentó a mi lado, también había traído un vaso de agua para él.

    El deseo me empujaba a tocarlo, cuando dejó el vaso sobre la mesa no perdí el tiempo, aproveché el momento y corrí el cuerpo hasta quedar en contacto con él.

    Se quedó en esa posición observándome, sin moverse, podía notar la dureza de su muslo tocando el mío, miré su paquete ligeramente abultado y la tentación se me hizo insoportable.

    Peru debía esperar alguna señal de mi parte y finalmente me decidí y coloqué la mano sobre su bulto.

    -Deseaba que habláramos pero creo que antes necesito otra cosa. -me sujetó la mano y la apretó contra su bulto.

    -Tenemos tiempo de sobra para hablar y es mejor que lo hagamos cuando estemos relajados y tranquilos. -sin dejar de mirarme a los ojos se puso de pié y se bajó los pantalones, no llevaba interiores y el largo instrumento apareció impetuoso, se inclinó para sacarlos de los pies y metí la mano entre las piernas para tocarle.

    Tenía en mi mano esa inmensa y larga barra de músculo sin endurecer aún, pero que crecía más y más al sentir mi mano acariciarlo. Sentía una gran ternura al notarle palpitar en mis manos. Me gustaba notarle como aumentaba el tamaño y la suave piel que lo cubría.

    Peru se sentó a mi lado mientras se quitaba la camisa y empezó a tocarme lentamente retirándome mi ropa. Me puso de pié y él sentado me quitó el pantalón ceñido que llevaba y me sujetó de las nalgas.

    -Marito mío, culito delicioso. -tocaba y apretaba mis glúteos para empezar a explorar mi cuerpo subiendo las manos por la espalda. Entraba en seguridad y se volvía más atrevido en su toqueteo.

    Me gustaba recibir las caricias de sus manos y también de su mirada, cada vez más atrevido y audaz acercándome para posar los labios en mis nalgas. El calor de sus manos me hacía estremecer completamente, la sensación de entrega se apoderaba de mi al sentir la fuerza de sus manos recorrer mi cuerpo entero.

    La sensación de escalofríos, cosquillas, y esa agradable y placentera corriente que me provocaban sus dedos y los labios al recorrer mi piel hasta hacerme temblar, me acometían incesantemente.

    Después de un largo rato acariciándome y yo aprovechando para tener su polla en mi mano, me sentó en su regazo y unimos nuestras bocas para besarnos intensamente.

    Todo lo que pasaba era habitual y ya experimentado en otras ocasiones, pero lo vivía como si fuera la primera vez que un hombre me tocaba, y respondía a sus requerimientos lamiendo su lengua, peleando con ella en un dulce retozar por nuestras bocas.

    Respondía a la necesidad imperativa de comportarme como se esperaba de mi para satisfacer a un macho, mi Peru.

    Estaba tan embobado en sus besos que me estremecí al sentir el calor de su verga entre mis piernas, con mi culito pegado a su entrepierna, descansando, posado en el abundante vello de su pubis.

    -¡Ahhh! Peru, es tan largo que me sale por delante.

    -Exagerado, vidita linda, es muy normal. -no lo sentía como él decía, salía entre mis piernas y llegaba a verse tan largo lo que salía como el mío.

    -Es tan hermoso tu pene. -me moví y él lo sacó para dejarlo pegado a mis nalgas, mi piel estaba más fría que la suya y deliraba al sentir el calor de su verga pegada contra mis nalgas, al besarnos nos movíamos, a veces perdiendo el contacto y después volvíamos a juntarnos haciéndome sentir la dureza y largura de la verga.

    Me agradaba estar rodeado por su brazos y me dejaba hacer para sentir sus avances, y como me colocaba llevándome con sus fuertes manos para poderme besar y acariciarme a su antojo.

    -Peru, cariño, vas a tener que meterla, muero por sentirla dentro de mi.

    -impulsivamente tiré el pompis hacia atrás incitándole a que actuara, pero en lugar de meterla me daba tremendos empujones deslizando la polla por el canal de mis nalgas.

    Me gustaba y daba placer el roce de su polla aunque yo quería más y dejé que el hombre siguiera con su placer, porque Peru gemía cuando me torturaba de esa manera, soltaba abundante precum que hacía que la verga resbalara sobre la entrada del ano.

    No paraba de temblar emocionado, notando su tremendo deseo de mi cuerpo y como se preparaba para conseguir tener la polla dura y caliente con el roce para que luego yo la sintiera mejor cuando me penetrara.

    De pronto se bajó de la butaca y se colocó de pie, me tomó del brazo y me guió para que me arrodillara teniendo su polla enfrente de la boca, la cogió y me frotaba los labios con el glande sin permitir que la comiera a pesar de abrir la boca, y ensalivé mis labios para que la verga resbalara al golpearme con ella.

    Cuando se cansó de jugar de esa manera y habiendo renunciado ya a chuparla, de golpe la empujó obligándome a abrir la boca y a aceptar que la metiera. La envolví con mis labios y dejé que él actuara.

    Peru gemía y daba empujoncitos al sentir como mi boca la aceptaba, el precioso glande palpitaba entre el paladar y la lengua, hasta que lentamente y con seguidos movimientos me la iba metiendo, sin forzarme y facilitando que yo pudiera tragarla.

    La sentía muy al fondo de mi garganta, con todo su cuerpo esponjoso alojado en mi, y mi mentón pegado a los testículos que me golpeaban la barbilla cada vez que Peru se movía follándome con suavidad la garganta.

    Tenía la boca llena de él, de mi macho, intentando darle el mayor placer que pudiera, soportando las leves arcadas que me producía, pero gozando sus dulces gemidos.

    Como la mamada se prolongaba empecé a masturbarme la polla, y a acariciarme el ano para no perder la intensidad de mis ganas, él guiaba mi cabeza y la orientaba para follarme sin dejar de suspirar.

    Cuando elevaba los ojos le veía mirar como su pene recorría el camino de entrar y salir de mis labios. Me gustaba tanto seguir, obediente y sumiso hasta el más mínimo detalle, las instrucciones de sus manos, los movimientos que hacía para que yo obedeciera.

    A veces todo transcurría en silencio, salvo los sordos murmullos y goteos que salían de mi boca, acompañados por sus placenteros gemidos y su actitud de macho decidido a dirigir y disfrutar a su hembra.

    Lo mismo que me había dirigido para arrodillarme ante su polla, lo hizo para que que me levantara, me retiró la verga de la boca y me guió para que me tumbara en el sofá. En esos momentos él era mi dueño y yo solo obedecía sus mandatos, fueran de viva voz o con gestos. Se tumbó a mi lado de frente, mirándome a los ojos.

    -¿Te gustó Marito?

    -Tu polla me vuelve loco, adoro mamarla amor, me gusta mucho, si quieres sigo mamando hasta que te salga la leche.

    -De acuerdo, pero ahora nos pondremos para que yo también te la pueda chupar. -no permitió que yo me moviera y cambió de posición, cuando tuve su polla cerca de mi boca empecé a lamerla, pero ahora acariciara su redondo y duro culito y le lamía también los huevos.

    Peru centraba más su interés en chuparme el ano y de vez en cuando los testículos y el pene, de todas las maneras me daba tremendo goce, pero sobre todo cuando me perforaba el ano con la punta de la lengua y me lo besaba muy fuerte.

    Hasta que fueron sus dedos los que empezaron a meterse en mi, yo ahora le chupaba mas despacio, no quería que se corriera, no de momento antes de que me hubiera follado el culo, me tenía bien sujeto pasando los brazos por mis piernas, cruzadas sobre las nalgas para que no me moviera.

    Me iba preparando y gozando de comerme el ano, sorbiendo la saliva que le salía de la boca deslizándose en la raja de mis nalgas.

    -Que rico tienes el culo mi amor. -y no dejaba de explorarme con los dedos y la lengua, mis gemidos le animaban a continuar hasta que se cansó y volvió a levantarse y cambió de posición, se puso mis piernas en los hombros y el culo sobre sus rodillas llegando con la punta del pene a mi ano.

    -¿Estás bien? -me miraba muy emocionado y con la cara roja, húmeda por lo que me había estado haciendo en el culo.

    -Si mi vida, dame ya tu rica verga. -sin más apuntó su duro pene y al tocar mi entrada empezó a empujar. Me miraba lujurioso, con la mirada encendida y conteniéndose para no meterla de golpe, me hacía notar que era él quien mandaba y que ahora, aunque quisiera, no podría evitar que me penetrara.

    Se había apuntalado con la mitad de la polla metida y se disponía a meterla entera dando unos empujones de cadera. Después empezó la locura, el placer enorme que me daba con su verga. Estuve mucho rato disfrutando, Peru había aprendido muy bien a contenerse y hacer que aquello durase.

    -Me voy a correr amor. -no necesitaba tocarme el pene, solo sentía como su polla me rozaba el interior del culo, haciendo que chorreara de semen antes de empezar a sentir los espasmo del orgasmo.

    Sentía como me alcanzaba en la cara el semen que despedía de la polla, y a la vez como él aceleraba sus embestidas y luego se me clavaba para eyacular en mi. Le miré para enviarle una sonrisa, había sabido ser un macho y hacerme feliz siendo su hembra.

    Después de ducharnos y sin vestirnos volvimos a estar en el gran sillón, mientras él me abrazaba y acariciaba mis glúteos, me quedé adormilado abrazado a él.

    Me sentía muy a gusto de esa manera, abrazado por mi amante pero se levantó y me trajo una bata suya para que me pusiera.

    -Podríamos seguir follando y tu viniste a que habláramos. -había venido a charlar, de acuerdo, pero también a pasar ese delicioso rato con él, me entregó un beso y marchó a llenar los vasos de agua.

    -Guillermo me ha encargado que lleve la implantación de nuevos productos para añadirlos a la actividad de la empresa constructora, calderas e instalaciones de calor y nuevos elementos para baños. -no era un asunto nuevo, Guillermo me había estado instruyendo en sus trabajos e ideas desde meses atrás.

    -Pensé que lo estaba iniciando él, por los numerosos viajes a Alemania e Italia que hace.

    -Así es, las grandes lineas la tiene trazadas, pero necesita que alguien lo desarrolle en su totalidad. Me tiene bastante preocupado y no paro de analizar la forma de acometerlo con la menor inversión posible.

    -Si quieres puedo ayudarte, mi labor en la red de concesionarios está muy adelantada. -bebió un trago de agua y se levantó para ir hasta la mesa del comedor donde tenía un montón de papeles y documentos junto a un ordenador portátil.

    -No quiero que me ayudes, mira tu trabajo, no descansas cuando llegas a tu casa, necesito que me asesores, que me escuches lo que tengo pensado y me digas si tiene sentido. -me había exaltado al hablar y dejó el cuaderno y el lápiz que había cogido de la mesa.

    -Conforme, solamente deseaba tomar alguna nota.

    -No hace falta Peru, lo tengo dado tantas vueltas que lo está vivo en mi cabeza, solo tengo que dejarlo salir.

    Le hablé largamente del proyecto, de como lo veía encajando en la actividad general de la constructora, fue un largo monólogo al que Peru daba su conformidad sacudiendo la cabeza.

    -Lo tienes medido al milímetro, algo siempre falla y es difícil estar en todo, pero me parece correcto, ¿ya se lo has expuesto a Guillermo?

    -Primero deseaba saber tu opinión. Tengo miedo a fallarle y tu lo hiciste muy bien, si a ti te parece correcto entonces se lo mostraré.

    En esos momentos Peru ya conocía algo de mi estrecha relación con Guillermo, y pienso que podía hasta sospechar la verdad. Llevaba más de un año haciéndome acudir a sus reuniones con los gerentes de sus lineas de negocio, y al cónclave anual de gerentes.

    Aunque cada linea de sus negocios funcionaba independiente, Guillermo aprovechaba las sinergias que la cooperación entre ellas pudieran ser beneficiosas para el conjunto.

    En esas reuniones me mantenía a su lado, como oyente que no intervenía en nada, pero era obvio que se hablaban entre ellos de lo que mi presencia pudiera significar.

    -No vas a fallar Marito, el jefe te lleva preparando durante mucho tiempo para que hagas bien tu trabajo, todos los gerentes somos conscientes de que ocuparás su lugar cuando el falte o se retire.

    Aunque Guillermo nunca me había dicho nada a ese respecto, también sospechaba que eso era lo que pensaba, de momento. Si lo que me encomendaba resultaba exitoso sería así, Guille no admitía los fracasos, y aunque sabía muy bien que siempre se daban problemas, exigía soluciones rápidas.

    Lo que también había mandado a su notario fue preparar un extenso poder a mi favor para que, en caso de que él faltara, pudiera ocupar su lugar en el funcionamiento de las empresas exclusivamente.

    -He pensado pedirle a mi primo quitándole de la instalación de andamiajes, tu ya lo conoces, sabe formar y mandar equipos, lo quiero para los montajes de instalaciones y mantenimiento, pero también necesito un ingeniero, yo no soy técnico y tu sabrás mejor lo que necesito para mi trabajo, en eso me puedes ayudar. El resto lo obtendré aprovechando el personal de la constructora y así ahorraremos.

    Esa tarde se la robé a Peru, le obligue a pensar y trabajar duro en detallar los aspectos que se me escapaban y que deseaba incluir en mi exposición ante Guillermo.

    Ahora que trabajaba para él, sabía de su inquebrantable tesón para valorar cada detalle antes de decidirse a exponer su dinero. Aunque mis planes le parecieron bien añadió nuevos detalles, me pidió que lo expusiera ante una reunión de gerentes para que ellos también aportaran sus conocimientos.

    Las largas conversaciones mantenidas con él durante cinco años me rendían la utilidad que antes no apreciaba. Sin darme cuenta Guillermo había conseguido enseñarme mucho de lo que él conocía por su experiencia.

    Al final tuve asignados los fondos que el proyecto requería, y el personal para llevarlo a cabo. A Marcos le encantó su nuevo cargo, mejor valorado y con mayor sueldo, buscó entre los hijos de los empleados, muchachos jóvenes e inquietos, con valía y conocimientos demostrados, para contratarlos y añadirlos al personal de la constructora.

    Peru me ayudó a seleccionar el ingeniero apropiado a los fines de la labor, y empezamos a trabajar, primero formándoles y enviándoles a Alemania e Italia donde los prepararon, tuve que acompañarlos en alguna ocasión, pero de eso mayormente se encargó Manuel, mi flamante y nuevo ingeniero asesor técnico.

    Llevábamos trabajando un año y todo se iba desarrollando según lo previsto, aunque con pequeñas correcciones sin demasiada importancia cuando surgió un viaje a Italia, debíamos resolver ciertas dudas en el montaje de una línea de sanitarios que estaban dando problemas con las válvulas de vaciado. Acompañaba a mi primo en ese viaje para resolver otros problemas contractuales.

    Había terminado mis reuniones y mientras esperaba a que Marcos finalizara el suyo en la fábrica volví al hotel donde nos hospedábamos, estábamos en Milán y pensé en dar una vuelta por la ciudad para volver a reencontrarme con ella, la había visitado varias veces y no la conocía en profundidad, claro que una ciudad es muy difícil conocerla en detalle.

    Di vueltas y vueltas paseando despreocupado cuando me llamó Marcos, se iba a queda a comer en la fábrica para finalizar su trabajo y yo decidí a hacerlo en un restaurante para continuar después mi paseo turístico.

    Cuando regresé al hotel aún no había llegado mi primo, me di una ducha y me senté para analizar la documentación con los acuerdos que llevaba para que los viera Guillermo.

    Compartíamos la misma habitación con dos camas, la noche anterior había llegado tan cansado que después de cenar, y a pesar de que Marcos quería que saliéramos, me tumbé en la cama y me quedé dormido al momento. Ahora me encontraba mejor a pesar de haber estado andando.

    Cuando mi primo llegó se dejó caer en una cama sin llegar a saludarme. Miré su musculoso cuerpo como lo estiraba mientras se contorsionaba sacándose el pantalón y la camisa.

    -¡Qué jodidos y retorcidos son estos italianos! -exclamó antes de volverse a levantar y sentarse sobre ella mirándome.

    Continuaba observándole y deseándole al mismo tiempo, había empezado a cuidarse y ya no bebía tanto, la adiposidad de su barriguita se había evaporado y ahora era todo músculo cubierto de negro vello, noté como mi polla respondía al estimulo que le transmitía mis ojos.

    -¿Será tan difícil hacer lo que les pido? Todo un problema por un taponcito de plástico. -parecía realmente molesto.

    -Lo importante es que hayas averiguado cual es el problema, ahora prepárate para la cena. -se marchó al baño mientras yo continuaba descifrando mis documentos pero tenía la cabeza en otros asuntos, esperaba que Marcos se portara como todo un macho esta noche.

    Salió del baño secándose el cuerpo con la toalla y ya no podía centrarme en nada que no fuera aquella estatua de carne recién bañada.

    -Porque peguen esa pieza no pasaría nada, evitaríamos que se pierda en la mayoría de las ocasiones en los montajes. -me miró y veía que no le prestaba atención a lo que decía, que solo miraba su espléndido cuerpo de macho exhibiéndose para mi, sonreía con picardía al acercarse.

    -Piensas en otras cosas, no me atiendes. -solo tenía ojos para su hermoso pene moviéndose como un badajo de campana, acompañado por sus inseparables amigos redondos y enormes que seguían el mismo movimiento de la polla enfundada en piel dorada.

    Tiró la toalla sobre la cama y se acercaba peligrosamente.

    -Teníamos que viajar más a menudo y compartir la habitación, anoche no tenías ganas y ahora no puedes quitar los ojos de mi verga.

    Sin pensarlo más caí de rodillas frente a él, le sujeté su polla pendulona aún, la metí en la boca y comencé a chuparla. Era hermosa, venosa y gorda, con el tiempo se le volvía más gruesa y se le marcaban más los nervios y las venas, me gustaba aquel cilindro que terminaría convertido en veinticinco centímetros de dura carne.

    Me apoderé de su pija y jugué con mi golosa lengua en su glande. Chupaba su polla en toda la extensión a la vez que Marcos sujetaba mi cabeza haciendo presión para que su verga me entrara, un poco desesperado cuando aún no la tenía dura totalmente.

    Con mis manos tomaba sus testículos y los estiraba hacía mi boca para pasarlos por los labios, a veces me dejaba que sacara su polla y se los comía con ganas tirando de ellos con los labios.

    Marcos me tomó por los hombros y me ayudó a levantarme, me dio la vuelta y me apoyó el cuerpo para que sintiera su polla ya bien tiesa contra mi culo.

    -Me gustaría que mis muchachos pudieran verme ahora, como el jefe se arrodilla para chuparme la verga y como me follo lo que algunos de ellos desean.

    Me acariciaba el abdomen y comenzó a bajarme los calzoncillos, lo único que tenía puesto, me empujó con brusquedad haciéndome caer en la cama donde había tirado la toalla, me sujetó de las caderas para colocarme en la situación que deseaba.

    Me separó las nalgas y ensartó la lengua entre ellas comenzando a lamerme el culo, arañándolo con los dientes y la incipiente barba del día de una manera impresionante. Yo estiré el brazo y le cogí la polla empezando a masturbarle, eso le estimulaba y le gustaba porque se acercaba más para que llegara a sus huevos.

    Estuvo un buen rato mamándome el culo y a veces la pija, hasta que pensó que que ya me tenía a punto, sin cambiarme de postura apoyó la cabecita de la polla en mi culo y lentamente fue penetrándome hasta que sus cojones le impidieran seguir. Tenía dentro de mi su imponente rabo de veinticinco centímetros.

    Se sujetó a mis hombros y comenzó a follarme de forma salvaje con su tremenda fuerza hasta hacerme pensar que me destrozaría el culo con sus avances brutales, yo me dejaba hacer tan a gusto ya que me encantaba esa manera que tenía mi primo de follarme.

    Me separaba las nalgas con las dos manos para mirar como su tremenda polla entraba en mi culo y como salía además de facilitar así la penetrada de polla.

    Pasó una mano por delante y me sujeto la verga comenzando a masturbarme.

    -Así, primo, así dame duro, quiero que me folles fuerte. -me tiro del pelo para que moviera la cabeza y me mordió la oreja.

    -¿Así primito puto?, ¿así quieres que te coja? – me la clavaba hasta el fondo haciendo que jadeara y gimiera, como una auténtica puta, como verdadera perra.

    Cuando comenzó a correrse me sacó la polla y los torrentes de leche me cayeron en las nalgas y la espalda, recogió el semen con la mano izquierda y me llevó a la boca, con la otra mano no cesaba de pajearme muy rápido. Ya estaba para terminar y entonces volvió a enchufarme la verga de un golpe fuerte. Y me comencé a correr sin poder aguantar más.

    Caí rendido en la cama y él encima mío con la verga aún dura en mi culito y jadeando muy fuerte.

    -!Marcos¡ Marcos, quiero que me atiendas lo que voy a decirte. -mi primo estaba de costado mirándome de frente, ya se le había bajado la calentura y su verga volvía a estar floja.

    -Dime primo mariconcito, ¿quieres más verga putito.

    -Quiero hacerte una advertencia, no me importa ser tu puta, tu mujerzuela en la cama, es más, me encanta esa manera tuya de tratarme, pero deseo que tengas en cuenta una cosa, no voy a tolerar que pongas en riesgo mi mando y auroridad ante los trabajadores. No juegues con fuego para no quemarte.

    -Pero si es verdad, a todos no los puedes despistar y saben tus preferencias sexuales, a varios no les importaría follarte.

    -No me importa lo que ellos puedan opinar, pero tu no debes darles disculpas para que me pierdan el respeto, en caso contrario no me va a temblar la mano para devolverte a montar andamios, u ordenar que te preparan la cuenta.

    Mis palabras habían sonado duras, ásperas, y era lo que quería, ponerle en su lugar, hacerle ver que era su jefe, marica o no, y por mucho que me gustara la verga, yo era el que mandaba en la empresa.

    -Esta bien ¡joder!, no era más que una broma, una forma de hablar.

    -Lo mío es una forma de explicarte como quiero que me trates cuando el personal esté delante.

    Subimos después de cenar en el mismo comedor del hotel, al principio Marcos estuvo molesto y mostraba su enfado guardando silencio a pesar de que yo le hablaba durante la cena.

    Cuando entramos en la habitación sus ganas de seguir follándome habían superado a su enfado.

    -Para hace la paces, ¿qué tal si me das una mamadita, no se me quitan las ganas de follarte? -no pude responderle por la llamada entrante en mi móvil, miré la pantalla y se trataba de Guillermo, recibí la llamada con la desazón de que algo malo sucedía.

    -Marito, tienes que coger el primer avión y venirte.

    -¿Qué sucede Guille?

    -Se trata de la familia de Robert, el avión donde viajaba Shizu y sus padres se ha perdido.

    ****************

    Pasaron tres meses hasta que Guillermo dio por concluida su estancia en Japón, El aeroplano particular de los padres de Shizu se había perdido en el mar y las autoridades aún no habían podido localizar los restos.

    Se suponía que había sido tragado por las aguas por su propio recorrido, en el trayecto entre Hong Kong y Tokyo, el seguimiento del vuelo había finalizado al sobrevolar Taiwán. Tres meses más tarde continuaban las pesquisas sin suerte.

    Guillermo no llegaba solo, En Japón había dejado a un desbastado Robert y se traía a los dos muchachos con él, Jesse de cinco años y Swan con tres.

  • Llevando a mi amiga

    Llevando a mi amiga

    En la universidad es donde uno suele vivir más experiencias para contar en su vida, yo no soy la excepción. Esta ocasión era tarde de noche en la universidad, recibo la llamada de una amiga que me pregunta si aún estoy en el campus, le respondo que sí y ella me dice que necesita un aventón a su casa, yo le digo que sí, pero que nada es gratis en esta vida, los dos reímos.

    Mi amiga (que llamaré Fer) la conocí a través de mi hermano, es de esas personas con las que te sientas a conversar y siempre tendrá algún tema peculiar del cual charlar. Cabe mencionar que ya con el tiempo y tocando el tema del sexo supe que ella nunca había practicado sexo, y yo como buen amigo me ofrecí como profesor (jejeje, ella había comenzado a practicar sexo oral conmigo dentro del vehículo que tenía en aquel entonces y también dentro del campus universitario, en algunas aulas, en uno que otro estacionamiento y así.

    Siguiendo con la ocasión en cuestión, ese día tenía clases hasta las 10 de la noche, le dije que me esperara frente a la facultad donde estaba y que de ahí nos iríamos, al salir ahí estaba y nos saludamos de beso en la mejilla y partimos hacia el vehículo, sé que de camino ella me dijo algunas cosas a las que honestamente yo no preste mucha atención, en mi mente solo estaba cuadrando la ruta que tomaría para que el camino fuera más largo y así disfrutar de una de esas mamadas que conmigo había aprendido a hacer (aprendió muy bien, dicho sea de paso).

    Al salir del recinto universitario yo quería que comenzara inmediatamente, pero me dije a mi mismo, “tranquilo, deja fluir las cosas” (jejeje). Comenzamos a hablar de cosas triviales como el porque no tenía novio y como le estaba yendo en la uni y cosas así, ella me decía que no quiera estar en una relación por el momento y que la uni era una mierda pero que ahí iba.

    Cuando considere era buen momento tomé su mano y la puse sobre mi pene que estaba erecto de tanto pensar cómo hacer para que me lo comenzara a mamar, ella me pidió que lo sacara, pero que no me lo mamaría, mientras lo sacaba le pregunté qué y eso por qué? Ella me dijo que no tenía ganas de leche en ese momento, yo no dije nada y ellos comenzó a masturbarme. Ya al cabo de unos minutos me tenía prácticamente rogándole que me comenzara a dar una mamada a lo que ella me respondió ”jaja sabía que la pedirías, pero tranquilo déjame disfrutar el momento”. Quería hacerme rogar más, ya cuando se lo pedí más y más entonces me dijo “está bien, pero si me la echas en la boca te daré un bofetón” y yo le dije que estaba bien, que no se preocupara. Ella muy gentilmente bajó su cabeza hacia mis piernas y comenzó con la mamada, lo hacía lento, lo cual me desesperaba más, y al tratar de sujetar su pelo y guiar la mamada ella me dijo que no, que la dejara a ella hacerlo, que se sentía bien el tenerme sumiso y sentir ese poder.

    En el camino a lo lejos vi una patrulla de policías haciendo sus famosos “peajes” y le dije “no te levantes, hay policías al frente” ella siguió con la mamada mientras pasamos rápidamente y que suerte no me hicieron parada. Ya estábamos cerca de su casa y yo quería venirme en su boca, así que comencé a dar vueltas a manzanas de los alrededores, no sabría explicar que provocó la subida del morbo, si el ella exigirme que no me viniera en su boca y yo tener toda la intención de hacerlo o el estar dando vueltas donde había personas en las calles, pero la sensación de que me vendría pronto ya estaba y comencé a guiarle la mamada sosteniendo su nuca, ella sin dejar de mamar emitió un sonido como de queja, como queriendo decir “ya te había dicho que me dejaras” pero no puso oposición esta vez y yo comencé a venirme en su boca y por montones, ella sin parar la mamada no se quejó, solo en silencio recibió todo el semen que expulsaba (que fue mucho) y casi choco al intentar doblar en una intersección al mismo momento que eyaculaba, ella hizo el intento de retirarse cuando sintió que frene bruscamente pero yo no se lo permití y le presione la cabeza para que no se despegara de mi pene, ella muy sumisa se quedó pegada a el y yo estaba en la gloria.

    Ya al terminar de eyacular le libere la cabeza y ella se levantó me miró al tiempo que se refrescaba la cara con sus manos y yo le pedí, “sigue un poco más”, ahí como toda una estudiante obediente bajo su cabeza rápidamente y siguió succionando un poco más, yo aproveche para hacerle una foto, la cual ella se enteró de su existencia (yo se la mostré) mucho tiempo después y me dio el permiso de conservarla. Después nos detuvimos a conversar un poco más, le dije que me había encantado y que me causaba risa su advertencia del principio y que había terminado en beberse todo el semen sin derramar ni una gota, ella sonrió y me dijo “cállate idiota”. La deje frente a su casa y seguí mi camino hacia la mía.

    Al día de hoy sigo hablando con mi amiga Fer, ella ya no es virgen, y me ha contado una que otra cosa de las que ha experimentado y hecho, yo le he pedido que me dé muestra de lo “excelente mamadora” que se ha vuelto, pero aún me tiene en lo que le gusta, que le rueguen.

    SU VERSIÓN:

    Pues así son las cosas.

    Tengo un amigo que es a mi parecer muy interesante. Es medio exhibicionista y hasta medio pervertido. Lo conocí gracias a un amigo yo le digo Shema, este niño es todo un personaje. Y bueno nos hicimos amigos y llegamos a compartir ciertas intimidades gracias a que él es muy insistente y yo pues admito que no pongo mucha resistencia, odio decir que no. So a que se debe tanta introducción? Resulta que gracias a él aprendí a hacer el sexo oral, el cual yo juraba que nunca haría, pero admito que es bueno haber cambiado de opinión porque ahora soy muy buena en ello, según me han dicho. En fin un día le pedí a mi amigo que me llevara a casa, y el accedió, hombre al fin no lo iba hacer de gratis y yo lo sabía pero porta mi. Le dije que si que no importaba porque aja no es algo nuevo.

    En fin estábamos en su vehículo camino a mi casa y él me dice que le haga una mamada… Wao que raro, pensé, me hice un poco de rogar porque de alguna manera me sube el ego que me rueguen y más ese tipo de cosas. En fin, ya me tenía convencida y lo comencé a masturbar hasta que logró que le hiciera el oral. Admito que me sentí súper perra cuando el comenzó a gemir, más porque en ningún momento detuvo el vehículo, si todo fue en ruta a mi casa. El sabor del semen no es de mi agrado so, le pedí que no me lo echara en la boca pero él no le importó, cuando ya estaba en el acto, sentí que freno de golpe y me asusté porque dije «niño pero controla tu excitación» luego me explico que era una patrulla de la policía que estaba cerca y que no me levantara para evitar problemas, so seguí con mi oral, de la nada siento que me aprieta el cuello y su pene entra completo hasta mi garganta y el muy perro eyaculo en mi boca, justo lo que le pedí que no hiciera.

    Pero en fin ya echada no se va a desperdiciar y procedí a tragármela. Me dio ganas de darle un bofetón por su desobediencia a lo que le pedí pero aja ya estaba hecho. Me dice que siga un poco más antes de llegar a casa y pues yo le seguí.

    Mi querido Shema ya se casó y hasta tiene un niño hermoso muy parecido a él, a veces pienso (saldrá igual de cuero que su papá). A veces hablamos y él me dice que quiere que le dé la última mamada como despedida y para comprobar que tan buena me he vuelto, pero es divertido dejarlo con las ganas.

  • El viudo don Felipe

    El viudo don Felipe

    Sara, fue una señora a la cual yo respetaba y apreciaba mucho, fue muy importante en mi juventud, como una segunda madre, pero tristemente falleció por una enfermedad fuerte.

    Yo me sentía con la responsabilidad de ver por su familia, así que a sus dos hijas y a su marido don Felipe, trataba de echarles la mano en lo que podía.

    El más afectado era don Felipe, ya que las nenas como sea ya empezaban a hacer su vida aparte, entonces yo lo visitaba casi diario, para cenar con él o ayudarle en los quehaceres de la casa, pero a pesar del dolor que tenía lo morboso no se le quitaba, yo acostumbro a usar ropa muy ajustada ya que me encanta enseñar, pero a él lo miraba con mucho respeto, jamás me paso por la cabeza algo loco con él, pero el si me miraba las nalgas, ¡era tan obvio que no podía ocultar sus erecciones!

    Aun así, yo lo sobrellevaba, me sentía con la necesidad de hacerlo, de que no le faltara atención ni nada.

    Pasaron tres meses y una noche me llamo con urgencia que estaba en cama y con fiebre, sin dudarlo fui a su casa, incluso Luis se molestó un poco, pero eso a mí no me importo, ¡yo quería ir a ver a don Felipe!

    L: ¿Que le paso don Felipe?

    F: ¡Nena, es que me duele mucho la cabeza y tengo fiebre!

    L: ¡Tranquilo, ya estoy aquí!

    F: Gracias, ¡eres un amor!

    ¡Le cheque la fiebre, le di unas pastillas y le prepare sopa, como buena enfermera le di de comer en la boca, todo iba muy bien, don Felipe se veía mucho mejor así que empezamos a platicar y platicar, la plática era muy amena, el señor resulto culto e interesante, me contaba de como era su juventud, del semental que fue y de que Sarita siempre estuvo feliz con su desempeño, yo entre risas y miradas me fui saliendo del tema, pero él no me dejaba!

    L: Bueno don Felipe, ya me voy

    F: ¡Espera Moni, no te vayas, la plática esta interesante!

    L: Jajá, sí, ¡pero me tengo que ir!

    Cuando me levante de su cama para salir, el me tomo fuerte del antebrazo y me miro muy libidinosamente, yo trate de soltarme, ¡pero increíblemente tenía mucha fuerza!

    F: ¡Hermosa, no te vayas, necesito que me ayudes más!

    L: ¿Pero a qué?

    F: ¡Necesito que me calmes mi apetito sexual!

    L: ¡Jajajá, pero que cosas dice don Felipe!

    F: ¡En serio, no sabes cómo me siento desde que mi Sarita se fue, como ardo de ganas de una buena hembra como tú!

    Mientras decía eso su mano acariciaba mis nalgas, las apretaba con fuerza, yo trataba de detenerlo, pero no quería ser tan brusca con él, su mano empezó a acariciar mi entrepierna, sus dedos rosaban mi vagina, su cara de morbosidad me asustaba un poco, ¡pero él estaba decidió a tenerme en su cama!

    F: ¡Que hermosas nalgas, grandes y duras, siempre me gustaste chamaca, no sabes cuantas pajas te eh dedicado!

    L: ¡Señor! Pero que cosas dice y suélteme, usted no está bien, ¡esto no está bien!

    Poco a poco comencé a ver por debajo de sus sabanas como una erección de un buen tamaño empezaba a formarse, el seguía acariciando toda mi parte baja de mi cuerpo, en un giro inesperado me tomo la mano y por encima de las sabanas la puso en su verga, las sabanas ya estaban mojadas por los fluidos seminales del viejo, pero lo que me llamo la atención era lo dura que estaba.

    F: ¡Que pasa Moniquita, no tienes ganas de que te monte, de que veas que a mis 57 años aun soy un toro!

    L: ¡En serio, esto no está bien!

    F: Tranquila, nadie lo sabrá, piensa que es un favor para mi difunta esposa, ella hubiera querido que siempre gozara, ¡ella me dejaba gozar y seguro me hubiera permitido tenerte en cuatro!

    L: ¡No diga eso, apuesto a que no me dura ni un round!

    F: ¡Adelante bebe, acepto tu reto!

    Pensé que lo más conveniente era espantar al señor para que se viniera rápido ya que las sabanas me hacían pensar que faltaba poco para que se viniera en seco, así que me quite la blusa dejando mis tetas al aire libre me baje la licra dejándome solo la tanga y me subí en él, mis nalgas masajeaban su verga que estaba durísima, le daba besos en el cuello, y le permitía acariciarme todo el cuerpo, de pronto el bajo la sabana dejándome sentir una verga dura y grande al bajar la mira uf, era un monstro! Una rica verga de unos 21 cm y gruesa como de unos 6 cm estaba ahí, al verla trague saliva, no podía creer que este viejo tuviera tan rico animal y disponible para mí, el me miraba con orgullo, sabía que con eso prácticamente me acaba de convencer.

    F: ¿Qué te parece bebe, te gusta?

    L: ¡Don Felipe, no sabía que fueras tan dotado!

    F: ¡Sarita no te lo dijo, jajá me quería solo para ella!

    L: ¡Uf, la tienes del mismo tamaño que mi marido, pero la tuya es más gruesa!

    F: ¡Ven chiquita, dale unos besitos por favor, ven sé que no te decepcionara su sabor!

    Me tomo de los brazos y me empujó hacia su verga dura, comencé acariciándola con mi cara, luego con mis dos manos comencé a masajearla, le empecé a dar pequeñas lamidas, como si fuera un buen dulce, era tan gruesa que apenas si podía meterla en mi boca, pero aun así su cabeza era succionada por mí, le lamia desde sus testículos los cuales mordía y saboreaba de lo grande que estaban, ¡hasta el buen y duro tronco que presumía el muy rabo verde!

    F: ¡Que rico chupas mamacita, sigue así por favor uf!

    L: ¡La tiene muy bien don Felipe, esta rica su verga!

    El me tomo de la cabeza y empezó a follarme la boca, apretándome con fuerza su verga entraba más de la mitad, yo apenas si podía respirar, el movía toscamente su pelvis, su verga ya estaba llena de mi saliva yo apenas si podía abrir los ojos y respirar, pero la forma en que me daba en la boca me hacía humedecerme mucho.

    Después de follarme la boca por unos minutos me tomo de las manos y tomo mi cadera, puso su rica arma justo en mi vagina y empecé a dejarme caer suavemente en él, su bestia empezó a entrar en mi vagina, sentía como me habría poco a poco, mis gemidos empezaron a salir como sirenas de policías, el jadeaba como perro, el desgarre que sentía era excitante, fue entonces que sentí sus testículos chocar conmigo, no podía creer que me había metido todo su animal, el sonriendo me dijo ¡que rica pucha, ahora veras lo que es bueno! Entonces tomándome de las piernas empezó a moverse con fuerza, lo hacía tan fuerte que me levantaba, yo no cabía del placer que me daba y también empecé a cabalgar su verga, me movía al ritmo de sus embestidas, ¡me mordía las tetas con fuerza y me daba de nalgadas!

    F: ¡Que rico nena, muévete, muévete!

    L: ¡Don Felipe que rico coges, que verga dios!

    F: Me recuerdas a mi Sarita, ¡me decía lo mismo cuando se la daba!

    L: ¡Con razón siempre estuvo contigo, dios!

    Seguí moviéndome con fuerza, el señor se movía también muy bien, se incorporó un poco para besarme, su lengua entraba en mi boca y sus labios apretaban los míos, sus manos se deleitaban con mis tetas que tenían los pezones erectísimos debido a lo que me hacía don Felipe.

    Me pido le diera la espalda y lo cabalgara de esa forma, yo obedecí y le puse mi rico trasero para su deleite, el miraba como su tronco entraba y salía de mi vagina, me acariciaba los pies y los besaba, también me apretaba las piernas y me daba de nalgadas ¡así nena, muévete rico! me decía mientras yo cabalgaba su delicioso tronco.

    Sentí como su pene se inflaba, yo también sentí que estaba a punto de llegar y comencé a moverme como loca, el hacía lo mismo, su verga me rasgaba riquísimo, en eso una explosión de semen invadía mi vagina, chorros y chorros eran expulsados de su rica verga, yo me movía para recibirlos y sentir más rico, el gemía y gritaba ¡que rica puta! Mientras su leche me llenaba toda por dentro.

    Me quedé recostada disfrutando el orgasmo y cuando creí que todo había terminado, él se puso de pie y tomándome de las nalgas empezó a hacerme un rico sexo oral

    F: ¡Que rica vagina, depilada y llena de leche, me encanta bebe!

    L: ¡Ah, don Felipe, que rico, uf!

    F: ¡Pero que clítoris más sabroso, eres un majar Moni!

    L: ¡Así bebe, cómeme, soy tuya!

    F: ¡Eso mismo me decía mi sarita cuando me la comía, gracias por ser como ella!

    Sus dedos ahora entraban y salían, era un experto en la masturbación, yo estaba gimiendo como loca y pidiéndole más, no podía dejar de pensar en que diría Sarita si me viera en su cama con su marido y jadeando como perra en brama, poco a poco el viejo logro tener otra erección.

    ¡Prepárate bebe, quédate a así! Me dijo mientras me ponía en cuatro y sentía su verga entrar en mí, en esa pose el viejo entraba todito, me tomaba de la cintura y me daba de nalgadas, ¡que ricas nalgas!, me decía mientras me embestía con fuerza!

    L: ¡Así don Felipe, uf que rico, que rico!

    F: ¡Me encanta que grites nena, goza, goza a un verdadero hombre!

    L: Mas, dame más, metedla hasta que me empales bebe.

    F: ¡Déjame jugar tu culito también hermoso!

    Empezó a meterme un dedo en mi culo mientras seguía penetrándome, la sensación era maravillosa, yo solo podía jadear y babear de lo excitada que estaba, de pronto de uno pasaron a ser tres dedos, ¡mi culo empezó a dilatarse gracias a lo que él hacia!

    F: ¡Pero que rico culito, se dilata bellísimamente!

    L: ¡Uf, que rico, dios!

    F: Tranquila bebe, tú goza, ¡déjame tu culo a mí!

    L: ¿Lo vas a meter por ahí?

    F: ¿Me dejarías ensartarte por ahí?

    L: ¡Si hermoso, métemela en mi culo, pero suavecito, quiero sentirla ahí!

    Me abrió las nalgas y empezó a entrar con trabajo en mi culo, yo gritaba hasta groserías de sentir como me abría el canijo, su cabeza ya estaba a adentro, ¡tomándome del cabello empezó a introducirla todo lo que mi culo le permitía!

    F: Uf, que culo más estrecho, ¡que rico!

    L: Ah, me matas, que rico

    F: ¡Resiste bebe, uf, viene lo más rico, no importa que me ensucies, entrará todo!

    L: Agh, ¡que rico y sucio eres bebe!

    F: ¡Dime don Felipe cariño, eso me pone a mil!

    L: Don Felipe, ensártame toda, uf, duele, ¡pero hazlo!

    Empezó a meterla y sacarla con fuerza, me daba apretones de cabello y nalgadas, yo no podía creer que un viejo de 57 años me hacía como quería, yo que me sentía una rompe vergas, ¡estaba siendo sometida deliciosamente por un semental experto!

    Me empino todita y mientras seguía empalándome con su bestia, sus manos fueron a jugar a mi vagina, era un tremendo doble placer, sus dedos hacían maravillas en mi concha y su verga me habría mi ano con todo.

    F: Moni, eres un buen culo, uf, ¡ni Sarita ni otras me habían dado tanto placer uf!

    L: ¡Don Felipe, eres un dios sexual, uf, ni mi marido coge así!

    F: Enséñale bebe, él debe ser tu dios, ¡ahora te estoy mostrando el camino!

    L: ¡Cógeme siempre, quiero ser tu aprendiz, uf!

    ¡Don Felipe seguía parchándome delicioso, yo gemía y jadeaba, mi vagina chorreaba sus dedos y mi ano se abría más y más, solo quería seguir siendo ensartada por ese viejo!

    Me acosté y me levanto las piernas, antes me mordió los pezones y me beso, poco a poco metió su verga en mi ano en esa pose, uf, era muy placentero como me penetraba en esa pose, mi culo ya estaba abiertísimo y el besaba mis piernas y mis pies.

    ¡Seguía empujándome con fuerza, yo estaba a punto de venirme otra vez, el señor me cogía riquísimo y mi cuerpo lo disfrutaba!

    L: ¡Así, que rico papi, así!

    F: Uf, nena, me matas, ¡que culo!

    L: ¡Dámela bebe, dámela!

    F: ¡Me vaciare en ti nena!

    L: ¡Hazlo, quiero tu leche, quiero tu semen en mi culo!

    F: ¡Si nena tómalo por ser tan buen con este viejo!

    Él se movía muy fuerte, yo igual, lo abrasé con mis piernas y ambos movíamos nuestras pelvis, el me besaba y mordía yo igual a él, no lo soltaba quería seguir con su verga, aunque ya ni podía respirar, empecé a sentir como se inflaba, ¡como sus testículos se inflaban y su verga se ponía durísima!

    F: ¡Dios bebe, me vengo, me vengo!

    L: ¡SI, así, dámelos, dámelos!

    F: ¡Ah! Lety!

    L: ¡Dios, que rico, ah!

    Una segunda explosión de líquido blanco salía de don Flipe, su leche llenaba mi culo, pero la cantidad era demasiada que empezó a escurrirme por mis nalgas hasta caer en las sabanas.

    Mientras eso pasaba nos besábamos con pasión, el orgasmo era maravilloso, ambos nos retorcíamos como lombrices, mi vagina también empezaba a expulsar liquido de satisfacción y don Felipe lo recibía con sus manos y lo probaba.

    El me saco su verga que aún estaba durita, entonces yo me lance a mamársela, me devoraba a su bestia limpiando con mi boca los fluidos del acto anterior, el solo gemía con fuerza, ¡mis mamadas le triplicaban el orgasmo le exprimí la leche que aún le falta y la trague como una loca sedienta!

    F: ¡Moniquita que rico, uf, me has hecho gozar en serio!

    L: ¡Es usted un animal, que rico me cogió!

    F: ¡Espero lo repitamos la próxima semana, espero uses lencería!

    L: Lo pensare, ¡me hare un espacio para usted y su amigo jajá!

    F: ¡Es tuyo hermosa, gracias por complacerme, Sarita te lo agradecerá en donde este!

    Él se dio vuelta y se quedó dormido, yo me vestí y llegue a casa a ducharme, no podía dejar de pensar en que un viejo me dio una tremenda cogida y obvio esa no sería la última.

    Saludos su amiga Lety.

  • Ser mamá es una ventaja (Final)

    Ser mamá es una ventaja (Final)

    El semen… Desde joven había desarrollado una obsesión por probarlo, me encanta su olor, sabor y textura, cuando conozco a alguien que me gusta, de inmediato imagino como sabrá su leche, cuánta les saldrá cuando se vienen y empiezo a excitarme solo de imaginarme desnuda con ellos.

    Estar desnuda con tres hombres negros es alucinante, y cuando recibí la primera descarga de leche de uno de ellos en mi boca esa noche la Mariela caliente que vive dentro de mi despertó después del nacimiento de mi bebé…

    Le di un besito en el glande a la verga de mi primer macho de la noche y voltee a ver al otro invitado, me paré y me acosté en la cama abriéndole las piernas en señal de invitación y Tony le dijo:

    -Adelante! métesela a esta mujer que es la mexicana más caliente que he conocido…

    -Si amigo no espero nada -y se acomodó entre mis piernas y me las subió apoyando mis tobillos en sus hombros mientras ponía su enorme verga en la entrada de mi raja velluda…

    -Mmmmm… -Suspiré caliente- métela hasta adentro! -le dije mientras nuestras miradas se encontraban y se cargó a besarme dándome su lengua mientras sentía como su verga iba entrando profundo en mi vagina, cuando llegó hasta el fondo, sus manos apretaron mis pezones con dureza, me calenté más y empecé a mover las caderas encontrando esa barra inmensa que me estaba penetrando tan rico, empecé a gemir y él se enderezó lo necesario para extender sus brazos apoyándolos a la lados de mi cuerpo mientras yo gemía y los otros dos nos veían coger como novios…

    -Zas! -sonó una tremenda bofetada propinada por él, iba a decir algo cuando sonó otra en pleno rostro haciéndome girar la cara de la fuerza y emití un gemido intenso…- Me vengo!

    -Zas! Zas!… -Seguía abofeteándome con dureza mientras me penetraba salvajemente, lo que me puso aún más caliente!

    -Sigue, sigue, castígame! soy una putaaa!! -Moviendo las caderas como loca empecé a venirme entre gemidos y cachetadas! (Me di cuenta de cuánto gozaba el sexo duro en ese momento).

    Tomándome del cuello con ambas manos, empezó a apretarlo durísimo mientras yo lo tomaba de las caderas y movía mi raja desesperadamente y cuando empecé a sentir que me faltaba el aire lo jale con ansias y sentí su semen derramarse en mi vagina mientras empezaba a perder el conocimiento…

    Desperté rodeada de ellos tres que me acariciaban el cuerpo a placer mientras estaba desmayada, voltee a ver a Tony y tenía una mirada similar a la de Israel cuando me cogió por primera vez… (‘Relato de mi primera infidelidad’), se acercó acariciándome la cara y me dijo:

    -Te atreverías a ir a la fiesta anual de tu compañía acompañada de tu esposo y encontrarme ahí para dejarlo y pasar la noche conmigo?

    -Mmmm… -Me quedé pensando un momento, en ese evento, todos los directivos de la compañía estarían presentes, y sabían que acababa de tener un hijo (que pensaban era de mi marido obviamente)… Si lo hacía, todos en mi trabajo confirmarían lo que seguramente ya se platicaba en los pasillos de la compañía: que era una señora caliente muy dispuesta…

    Volteando a ver su enorme verga ya erecta y a centímetros de mi raja y acariciándole su tolete le dije:

    -sí, si eso quieres, lo haré, pero quiero un favor en consecuencia…

    -Dime -dijo el acomodando su vergota en la entrada de mi raja mientras me ponía boca arriba y le abría las piernas recibiéndolo golosamente…

    -Quiero un hijo tuyo! quiero que todos sepan que me metiste la verga y me embarazaste! Mmmm… -Sentí como me penetraba lentamente mientras decía:

    -Eso quieres? eso te daré! Un hijo de color! para que dondequiera que vayas sepan que te deje mi semen bien adentro…

    -Sí -moviéndome despacio para recibirlo todo en mi raja- iremos a eventos los tres: mi marido y yo contigo, todos de darán cuenta que el hijo es tuyo…

    Tony empezó meterme la verga más duro y rápido y yo trataba de seguirle el ritmo con mis caderas, ufffff…. Me estaba partiendo en dos!

    Con Tony tenía todo lo que una mujer caliente puede pedir: un hombre guapo, con una verga enorme de verdad y dispuesto a metérmela siempre… Para presumir en público!

    Israel era mi lado oscuro, pervertido, él sabía sacar mis más bajos deseos y manejaba la sexualidad a tope para que le diera placer a él o quién me lo pidiera…

    Y con Balam, mi lado de milf caliente salía a flote, me encantaba que se dieran cuenta que era mi niño dispuesto, que me lo cogía siendo mayor que él…

    Las combinaciones son infinitas! estando casada tenía todo lo que deseaba y más… Mi marido me aceptaba así, caliente y puta. Me encantaba la idea de ir a reuniones donde pudiera coincidir con alguno de mis tres machos y dejarles claro que eran ellos quienes tenían preferencia sexualmente sobre mi marido, que supieran que soy una mujer muy caliente que tiene relaciones con ellos enfrente de mi marido…

    Tony empezó a gemir y aumento sus embestidas dentro de mi raja y comencé a venirme gritando:

    -si mi amor! Dámela! Damelaaa!

    Tony empezó a venirse riquísimo, sentí claramente su semen caliente entrar en mi raja llenándola a tope de ese líquido de placer de mi macho negro…

    En ese momento me di cuenta de que uno de sus amigos tenía mi celular en la mano y estaba transmitiendo todo en uno de mis grupos de Whatsapp del trabajo…

    Era el grupo de mis empleados! de los que supervisaba yo en todas las tiendas y ahora me acababan de ver coger con mi hombre negro…

    Iba a decirle algo cuando sentí a Tony empujar de nuevo su vergota dentro de mi raja y me hizo poner los ojos en blanco de placer! adoraba la resistencia de este negro! Me echó otro palo sin sacarla de nuevo! Me concentré en sentir su vergota dentro de mi, cuando pensé se iba a venir me la sacó y puso la punta de su pene en mi ano esperando respuesta…

    -Anda! Métela yaaaa! -Gemía yo la de placer esperando sentirlo penetrarme analmente! Se acomodó de nuevo y empezó a meterme su enorme verga en mi anito… Entre gemidos y gritos logró meterla completa y empezó a moverse delicioso, yo tenía los ojos en blanco desde que empezó a meterla y solo atinaba a decir:- más! Más! Dámela todaaa!

    Ese orgasmo que me dio llenándome el ano de su semen lo pudieron ver los empleos míos en todas las tiendas desde Tijuana hasta Mérida! vaya que si iba a ser el tema de conversación de todos ellos…o ellas, la mayoría eran hombres en mi área pero había también algunas mujeres en el grupo que supervisaba en mi trabajo…

    Al recuperar un poco el sentido y ver que lo que transmitimos había finalizado, Tony me saco su enorme verga del ano semi erecta todavía y me dio un beso tierno diciendo:

    -eres muy buena Mariela, me gustas de verdad y me hace feliz que te guste tanto estar conmigo y mis amigos.

    Volteando a verlos le confirmé:

    -sabes bien que me encanta tener relaciones con hombres vergones y te agradezco por considerarme para esta locura de recibir a más de tus amigos, lo haré sin duda feliz pero el saberte parte de mi vida me da mucho orgullo, tu, siendo tan guapo y atractivo, eres sin duda el hombre más codiciado que me ha dado placer, y sí, tendremos un hijo para que todos sepan que en algún punto me hiciste tuya…

  • Papo, mi hombre (Parte I)

    Papo, mi hombre (Parte I)

    Papo quiere me ponga tetas. Me lo repite a diario, nada más despertar, mientras me hace el amor, cuando nos duchamos.

    -Mírate nenita -dice mientras me besa el cuello frente al espejo y frota su verga por la raja de mi culo- eres una muñequita, ¿lo ves?, eres preciosa, imagina dos ricas tetitas aquí -señalando mi pecho- te vas a ver deliciosa mi nena…

    Mi nombre es Sasha, tengo 19 años, soy travesti. Papo es mi hombre, un señor de 67 años con quien he vivido los momentos más intensos y ricos desde que me vine a su casa. Desde hace dos meses me prostituyo, Papo se encarga de conseguir los clientes y de cuidarme, yo de complacerlos. Siempre quise dedicarme a eso, a ser puta y he tenido que esperar a cumplir los 18 para salir de casa, convivir con Papo, convencerlo de que me dejara hacer lo que me gusta y finalmente con mis rabietas y morritos hacerlo.

    Papo no me ayuda por el dinero, tiene de sobra para mantenerse, lo hace porque para él soy una niña y -a niñas como yo hay que complacerlas- Yo lo amo y lo he elegido como mi hombre, los demás son simples clientes a quienes atiendo y de quienes me beneficio sexual y económicamente. Y el negocio va viento en popa.

    Descubrí mi homosexualidad a los 15 pero jamás me gustaron los chicos de mi edad. Siempre me fijé en hombres mayores, maduros, en el cole me enamoré de varios profesores, y es que los veía tan machos, tan ricos que muchas veces me encerraba en los aseos y me masturbaba fantaseando con ellos. Cuando creí que estaba listo para estar con un hombre acababa de hacer los 17 y a punto de acabar el cole. Y tales fueron mis deseos que conseguí a uno para que me desvirgara. Yo iba a por todas pero aquel profe no estaba muy seguro, le supliqué y hasta le firmé una hoja en blanco pues creía que iba tener problemas al estar con un alumno. Finalmente accedió y una tarde de inicios de junio me llevó a un pequeño estudio donde conocí el sexo en estado puro. Y duro.

    Recuerdo que regresé a casa todo adolorido pero satisfecho. Me decidí por Artes y me matriculé en la universidad. Mis padres me alquilaron un mini apartamento cerca de la facultad y tuve relaciones con un par de compañeros que si bien suplían mis necesidades, no me llenaban plenamente. Entonces coloqué un anuncio en una página gay buscando a maduros activos y dotados. Recibí muchos mensajes, entre ellos el de Papo. En un principio me lo tomé a broma. ¿Un señor de 65 años ofreciendo sexo a un putito de 18? Quedé con algunos en un café cerca de la universidad, de todos ellos me gustaron tres con quienes me fui a la cama. Cuando le cité a Papo lo hice más por ponerlo a prueba que por querer abrirme de piernas para él. Pero me di con la piedra en todo el morro.

    Papo llegó puntual y su figura no fue indiferente para aquellos que estaban en el bar. Un hombre muy viril, porte fascinante, delgado, muy intelectual, manos enormes, olor embriagador y como si eso fuera poco, detallista. Me trajo un regalo. Yo le había comentado que me gusta vestir de mujer en la intimidad, que travestirme es mi debilidad, nunca imaginé que su sorpresa fuese un delicioso conjunto de lencería que esa misma tarde lo usé para él.

    Papo es un tipo encantador, delicado y muy inteligente. La charla no solo se dirigió al sexo -que también- me habló de muchas cosas y ya idiotizada con ese encanto luego de tocar temas de arte, literatura, filosofía, le sugerí irnos a mi apartamento. Me gustó y no había excusa para no conocerlo más íntimamente. Al llamar al camarero, Papo muy diligente pagó el consumo y me cruzó una mirada y una sonrisa de deseo que me flaquearon las piernas. Caminamos el corto trecho hasta mi casa y lo hice subir. Sus exquisitos modales me seguían idiotizando -o debo decir ya, enamorando- esperó a que yo le permitiera sentarse. Le ofrecí colgar su chaqueta y algo de beber. De broma me pidió un wisky pero se conformó con un vaso de agua. Soy fumadora y le pregunté si eso le molestaba. Por cortesía me dijo que no y hasta me aceptó un cigarro. Fumamos y el cruce de miradas aumentó. Yo ya estaba mojadita y me atreví a sentarme muy junto a él y a acariciar su pierna. Papo pasó el brazo por mi cuello y le ofrecí mi boca. Su beso me supo a miel quemada y a necesidad de hacerme mujer. Papo estaba muy excitado y procedí a sacarle la verga por la cremallera que ya había bajado hace rato. Su mano me paró en seco.

    -Quiero que te travistas niña bella -dijo sin parar de darme picos y de lamer mis labios- Ve y ponte lo que te di.

    Abrí la bolsa y mi cara relució ante tan bello conjunto. Lo adoré. Papo se magreó la polla por encima del pantalón y me hizo un gesto de acatar su orden. Aquello se ciñó a mi menuda figura exquisitamente y me solté el cabello -lo llevo largo hasta media espalda- me retoqué con maquillaje y me calcé unos tacones aguja imposibles pero preciosos y que hacían conjunto con la lencería. Me di carmín rosa y brillo, estaba bellísima.

    Papo enloqueció al ver a su niña hacerle un pase privado y admirar mi delicada figura de mujer con polla.

    -Siempre creí que la mujer perfecta debe tener rabo -dijo al ver que lo traía engarrotado y fuera del tanga- eres preciosa, Sasha, si me lo permites quisiera tener el privilegio de hacerte el amor y mi mujer.

    Papo esperó a que su niña lo desnudase y caí rendida ante su majestuosa verga. Nunca vi nada igual ni tuve el placer de tener algo así para satisfacerme.

    -¿Cuánto te mide ésta belleza? -pregunté obnubilada por el grosor y longitud. Estaba de rodillas y asía sus gordos testículos con mis dos manos.

    -No lo sé -dijo avergonzado- no me lo he medido nunca. Supongo que veintidós, quizá algo más…

    Papo me acariciaba el cabello y lo hacía en cola sujetándome para que yo disfrutase de su sabor. Chupé el glande con delicadeza, lamí el frenillo, repasé sus venas hinchadas con mi lengua y finalmente engullí lo que pude de su portentosa verga. Papo suspiraba y seguía sujeto a mi cabeza. Su preseminal brotaba ya incesante por esa rajita enrojecida que ávida succioné. Me supo saladito y rico. Mamé media verga pues no me cabía más. Y me propuse -se lo dije después de hacerme el amor- que acabaría tragando toda esa polla así se me fuera la vida en ello. Papo rio encantado.

    Yo estaba ya mojadita, dispuesta y receptiva. Antes de la cita me había hecho un enema y estaba lubricada.

    -¿Me llevas a la cama, amor? -dije en susurros. Papo me puso en pie, nos morreamos y me levantó en sus brazos. Lo dirigí y entramos al cuarto. Con mucho cuidado me posó en la cama y se colocó encima de mí. Lo vi hermoso y abrí las piernas a la vez que le entregaba el tubo de gel para que lubrificara su sexo.

    Papo me miró extrañado y entendí.

    -¿Crees que todo esto -dije agarrando su verga y huevos- lo voy a desperdiciar dejándome encular con condón? Tú eres mi hombre, soy tu niña y como tu mujer que soy quiero que esta noche me hagas el amor, me dejes preñada y me conviertas en tu esposa. Ámame y no acabes nunca mi vida…

    Papo se refregó el tarugo con gel y yo me puse saliva en el ano, levanté mis piernas hasta sus hombros y lo llevé a la entrada. Papo, mi bello Papo dio un empujón y me dolió. Lo cogí de la cabeza y le pedí que me besara mientras me penetraba. Volvió a empujar y me taponó el ojal, dilaté y entró por completo. Gemí y lloriqueé no por el dolor -que es parte motivante en el sexo anal- sí por la pasión de amar a quien me estaba usando y llenando con su cuerpo. Papo no paró de chupar mi lengua y yo de suplicarle que me diera a beber de su boca. Su saliva bajaba hacia mi lengua y su verga embestía mis entrañas con ansiedad. El misionero es la postura ideal para quedarse embarazada y para ser sodomizada por quien amas, y yo ya lo estaba amando. En Papo vi al marido, al amante, al maestro y yo quería un marido como Papo. Mi bello Papo.

    En cuanto aceleró me morí de gusto y sin tocarme el orgasmo brotó de mi verga. Papo lo miró extasiado y deseoso de probar mi leche. Solo tuvo que agacharse un poco y sin sacar su verga de mi recto recogió con su lengua mi orgasmo. Se lo bebió!…

    Me abracé a su cuello, morreo asfixiante y mis entrañas se llenaron de su cálido néctar masculino. Quedé preñada de Papo, marcada por mi hombre y futuro esposo. Qué bello es desear y ser deseada, qué bello es embarazarse de quien amas.

    La verga de Papo palpitante seguía soltando esperma y yo con una felicidad total seguía exprimiéndola con contracciones anales hasta dejarlo seco, la quería toda, toda su leche, toda su esencia viril, todo el semen contenido en sus huevos, toda para mí sola.

    -Soy tu mujer Papo -dije feliz- Te A-M-O mi vida. ¿Quieres ser mi marido?…

    CONTINUARÁ…

     

  • Adictas al embarazo (Parte 2)

    Adictas al embarazo (Parte 2)

    Ese día se encontraba bastante contrariada, por un lado el cansancio que se lo achacó al intenso trabajo, y por otro, el intenso fuego que se iba despertando en su interior y que cada vez la llevaban a un estado no antes conocido por su cuerpo.

    Se recostó en el sofá para ver la televisión, para esto se preparó un buen café y se acercó lo último de sus golosinas favoritas. No tenía apenas energías para nada más que eso. Durante un buen rato se dedicó a ver la programación del momento, descubriendo algo que la dejó impactada.

    En los últimos canales, se encontraban los especiales de paga individual o de paquete, como generalmente son los xxx y los de pago por evento. Anteriormente estaban bloqueados, sin embargo, ahora estaban al alcance de sus ojos, eran todos los del sistema de TV, sin excepción alguna.

    A pesar de la gran pesadez de su cuerpo, sin apenas darse cuenta llevó su mano al interior de su panty, suavemente escaló la cúspide del placer, dulce, delicada y lentamente. La caldera de la lujuria recién descubierta estaba a su máxima intensidad, pero por más que quisiera, las fuerzas no le alcanzaban para poder aminorar esa calentura que la consumían por dentro.

    Pasaron los minutos, ella se encontraba extendida por completo, su mano buceaba entre las aguas íntimas de su ser íntimo, en tanto su otra mano acallaba los hipidos ocasionales que deseaba no se escucharan, a pesar de encontrarse completamente sola.

    No se podría decir cuánto tiempo transcurrió. Al llegar su orgasmo no fue tan fuerte como ella lo había sentido horas antes, viendo, oliendo y siendo parte indiscreta del acto carnal entre su madre y su hijo.

    Si bien ya le pesaban los párpados, el suave y relajante clímax logrado le hacían cabecear, por lo que en un intento de desperezarse cogió una galleta y se la comió, dándose cuenta por último, que la mano con la que había agarrado el postre era la misma con la que había navegado hasta su dulzón bálsamo genital, llevándose parte de sus propios fluidos entre las chispas de chocolate que tanto le gustaban.

    Fue lo último que recordó, durante el resto del día la pasó durmiendo.

    Leo llegó de la universidad con comida comprada, encontrando a Clara dormida plácidamente. La TV encendida y sintonizada en el canal xxx y el café frío con casi todas las galletas favoritas de su madre en el plato.

    Apagó el televisor, recogió la comida a la cocina y llevó a su mami al cuarto. La depositó sobre la cama y la desvistió. Como sabía muy bien, ella tenía el sueño muy pesado, era prácticamente imposible despertarla de forma convencional. Se necesitaría de un ruido muy fuerte y de zarandearla bastante para que apenas pudiera abrir los ojos, aunque esto no era garantía de que lo hiciera consciente, bien podría volver a cerrarlos para seguir durmiendo.

    La panty y la camiseta larga y delgada eran sus únicas prendas, no fue difícil dejarla desnuda, entregada a cualquier acción lúbrica de su parte.

    La dejó unos instantes para volver con un bote de vaselina y lubricante a base de agua. Se desnudó y se subió en la cama materna.

    Comenzó besando sus mejillas, su frente, sus párpados, los lóbulos de sus orejas y a los labios bucales los acarició con los suyos, para después repasarlos de lado a lado con la punta de su lengua, humedeciéndolos, humectándolos con saliva.

    Bajó a su cuello y levantándola un poco pudo ver la base de su nuca, en donde había dejado su marca la vez anterior.

    Sabía muy bien que su abuela no se lo notaría, rara vez mostraba esa parte del cuerpo, ya que era difícil verla tanto por las prendas que ella usaba como por su larga cabellera. El chupetón marcaba propiedad, antigüedad y amor. Volvió a repasar un poco la ventosa, en su abu el chupetón se encontraba en el inicio de cada muslo por el lado interno, haciendo de decoración recibidora al dueño carnal de la hembra.

    Sus hombros fueron besados y acariciados, así como sus brazos y dedos. El nítido olor de su cabello recién lavado fue aspirado, rememorando tiempos pasados, vistas indiscretas recreadas. Con las puntas de su cabello envolvía su enhiesta vara, la cual ya desprendía los primeros fluidos pre seminales, mismos que cual fijador se asentaba entre cada uno de esos finos cabellos.

    Se sentó a poca distancia de ella, admirándola por completo en cada uno de sus gestos y movimientos, su polla erecta, amoratada y desesperada por entrar, de acurrucarse en esa gruta acogedora, caliente, maternal, misma que se había convertido en su hogar.

    Apenas habían pasado algunas horas desde la última vez que la había penetrado y vaciado todo lo que su abu no le había extraído. Para él no importaba que tan cansado se encontraba, incluso podía sentir algo de molestia, ya que en poco tiempo había entrado en una y en otra vagina. Tanto su abu, como su madre eran su adoración.

    Había veces en que su abuela no regresaba hasta muy tarde, por lo que entre la siesta de la tarde y el sueño nocturno, podía dejar a veces una cantidad de esperma bastante considerable, a veces su adorada y cariñosa mami parecía absorber toda esa cantidad completa y glotonamente.

    Ignorándolo ella por completo, cada vez que ella se bañaba, esta cantidad de semen escapaba desapercibida, excepto esa mañana que no supo identificar que era y que por la intensa actividad masturbatoria había logrado sacar de una sola vez tal volumen que guardaba desde hacía varios días, entre los bichitos disparados previamente por la madrugada y los cadáveres de días pasados que no habían logrado ni entrar a su útero ni salir en las duchas pasadas.

    Sabía que los había estado espiando, sus gemidos aunque se camuflaban entre los berridos y alaridos de su abu, no fueron ajenos a él. Eso lo calentó, por primera vez la familia completa compartía ese íntimo momento de goce, de placer, de amor, de pasión. Cuando llegó a la puerta de su mami ella estaba terminando de auto complacerse. Instantes más tarde se quedó dormida, rendida y ajena al mundo, tiempo que aprovechó para entrar no sólo en su recámara, sino también en ella, dejándola millones de regalos imperceptibles.

    Regresó de los momentos nocturnos en ese mismo lecho. Se abalanzó sobre su cuerpo, se prendió a esas sabrosas tetas coronadas con esos pezones duros y calientes, bajó por su vientre en constante crecimiento y por fin su lengua se apoderó de sus amorosos labios prohibidos.

    El clítoris se encontraba listo, crecido, sus labios se hallaban calientes, mojados y un poco pegajosos por la sesión solitaria.

    Los líquidos fueron succionados y lamidos, cada parte de carne expuesta besada, lamida, mordida cariñosamente, el perineo repasado múltiples veces preparando la sesión de hoy, de nuevo lo intentó, toda la longitud de su lengua se internó entre los pliegues de sus benditas y carnosas nalgas. Ya eran varios los intentos por ensartarla analmente, pero hasta ahora no había podido llegar a traspasar el límite impuesto por el poco uso sexual. Cada que él intentaba algo, apenas era soportable para ella la intrusión, cada intento parecía cerrar más esos pliegues que lo separaban de la gloria.

    Por muy pesado que tuviera el sueño, un intenso dolor era suficiente para despertarla por completo y llevar toda la situación a situaciones inciertas, mismas que no deseaba provocar, sabiendo que al final le podría demostrar su profundo amor que los llevara a disfrutar mutuamente, sólo era cuestión de paciencia.

    La haló un poco para subir sus piernas lo suficiente como para tener acceso a su bien cerrado y prieto culito que se negaba a ser atravesado por la verga filial. Por muy hijo que fuera, era la última frontera que se le negaba.

    Volvió a la rutina, con el lubricante ahogó sus dedos para internarlos en su anito, introdujo uno y luego de unos minutos comenzó con el segundo. Apenas si la punta del segundo podía entrar, los quejidos de Clara se empezaban a escuchar, los párpados se arrugaban y su cuerpo era más difícil de manipular ya que ella hacía movimientos de escape ante la intrusión.

    De nuevo volvió a rendirse, untó algo de vaselina a modo de bálsamo entre los pliegues, besó varias veces ese cerrado hoyito, cerraba las piernas de ella, aprisionando su cabeza entre esos pasmosos muslos, sintiendo esa misma y primera sensación del mundo exterior al nacer.

    Era demasiado para él, con el resto de los productos en sus manos los aprovechó masajeándose su desesperado pistón, éste como la concha de su mami se encontraban encharcados de fluidos propios. Deseaba sentir la piel de sus piernas, los pliegues de su negado culo, el tibio aliento de su boquita, todo ello sobre la piel de su glande, de su tronco, de su escroto, pero ya no podía soportarlo más. Necesitaba volver a entrar, sentir ese calor que la calmaba y lo desesperaba simultáneamente.

    No lo pensó más

    Lo llevó hasta la entrada y se introdujo de un sólo empujón de cadera, le quemaba por dentro y por fuera, la sensación destruía cada pizca de cordura que pudiera tener. Era como tener una comezón desesperante que necesitaba rascar, rascar con el interior de su madre. Embalsamar con sus fluidos, adormecer con su perfume de hembra fértil, y descargar esa quemante carga de ADN que tantas veces había entregado.

    Las acometidas eran intensas, rápidas, profundas, exasperantes. El roce de ambos sexos irradiaba olores propios de un afrodisíaco.

    Los movimientos rápidos comenzaban a mover el cuerpo de Clara, los plops y plas de las pieles chocando entre sí, los blorps de ambos jugos genitales salpicando y lubricando el amor físico de un hijo por su madre eran cada vez más audibles, más violentos. La resistencia de Leo estaba llegando a su límite. Su visión ya era borrosa y le faltaba el aliento.

    De pronto, un inconfundible grito lo detuvo en seco.

    -¡Qué estás haciendo, Leo!

    El susto fue enorme, tanto que lo llevó a terminar copiosamente de manera inesperada. La cantidad mermada por tanta actividad no fue obstáculo para que el placer avasallara al miedo de las consecuencias.

    -¡Deja de estar haciendo travesuras y regresa a hacer tu tarea!

    El sudor frío lo recorrió, así como una pequeña corriente eléctrica por toda su espina dorsal. Había quedado sobre ella, mirando a la almohada sólo sosteniéndose apenas para no aplastarla con su peso. Se incorporó un poco y la vio. Seguía dormida, su cuerpo perlado por el sudor de ambos la hacían ver más luminosa que de costumbre tras impactarse los rayos del sol sobre ella.

    La explicación más aceptable era que el fuerte ajetreo le había provocado a ella el que su mente se confundiera entre la acción real y la continuidad lógica del sueño en el que se encontraba.

    Mareado por el esfuerzo, salió de su interior, se sentó al pie de la cama y con sus manos acarició los pies de su progenitora suave y cariñosamente, más como un acto para relajarse a sí mismo que como una forma de cariño, esto mientras que se recuperaba.

    Una vez repuesto, volvió a la rutina, con un paquete de toallitas húmedas limpió cada poro de su piel lo mejor que pudo, perfumó el cobertor con algo de aromatizante en spray y la volvió a vestir con las mismas prendas a su amadísima madre.

    La arropó bajo las sábanas y la dejó descansar con la puerta abierta para que el perfume sexual se diluyera al escaparse al resto de la casa, a final de cuentas, el olor a sexo cada vez se hacía más natural al interior de ese hogar.

    Al llegar su abuela, Leo ya tenía la comida servida, serían las cinco de la tarde y la casa se encontraba impecable, no es que necesitara mucho arreglo, pero debía darle una vista aceptable para justificar el estado de su mami.

    -Hola abu, ¿cómo te fue?

    -Si no fuera esta la situación, te contestaría que perfectamente. Sin embargo, no fue así.

    -¿Y eso?

    -A pesar de que me pagaron, a pesar de que no tuve contratiempos en la secretaría, a pesar de que no tuve ningún problema y a pesar de toda la buena suerte que tuve al encontrar tantas ofertas en el supermercado. ¡Fue increíblemente agobiante! Todo el día me ha estado palpitando la panochita, cada tanto tenía que atenderla.

    Es insufrible, ¿qué me has hecho que no puedo quitarme este ardor? Es como si llevara una picazón continua que sólo tu leche y tu verga me pudieran calmar.

    -Sólo lo que me es natural. Amarte hasta el extremo, en todo tiempo y en todo lugar. Somos uno divididos por el tiempo y por las circunstancias.

    -¡Por favor! ¡Ya no lo soporto! ¡Métemela ya!

    -Primero comamos, tengo mucha hambre.

    -¡Eso puede esperar!

    Rocío se recogió la falda e intentó bajar sus bragas, pero su nieto se lo impidió. No porque no quisiera, sino por tres razones. La primera era que se encontraba exhausto y le era imposible para ese momento lograr una erección decente; La segunda era que no había probado alimento en un buen tiempo, y; la tercera era que su abuela se daría cuenta del olor materno del que todavía no se libraba.

    Su abuela no cedía, por lo que Leo se arrodilló ante ella y bajo con lentitud sus bragas, encargándose de masajear la zona muy bien antes de quitar la prenda. Una vez que las retiró por completo, introdujo la punta de su nariz entre los labios encharcados de efluvios, inundando sus cavidades nasales con el olor de hembra madura y necesitada de verga.

    Tras esa pequeña libertad, envió a su experta lengua y ávidos labios a satisfacerla.

    De vez en cuando bajaba hasta las rodillas, lamiendo cada parte de piel en el camino, en tanto sus dedos se introducían buscando esas protuberancias nerviosas en la intimidad de su vagina. Las manos de Rocío necesitaban agarrar la cabeza de su nieto. Las piernas por momentos flaqueaban y dejaban de sostenerla. Sabía lo que necesitaba, pero debía obedecer a su cogedor en todo, por más que se quemara por dentro.

    Fue un combate extremo, clítoris contra lengua, los cuatro labios vaginales contra los dos bucales, fluidos vaginales contra saliva. La pelea fue reñida, pero el ganador arrasó. La salvaje gruta incestuosa ganó un intenso orgasmo y perdió la pelea completamente bañada en sus caldos.

    Comieron ya más tranquilos, pero no así calmados por completo, la lujuria seguía a flor de piel, sin embargo las actividades hogareñas y el cansancio acumulado los dejó estáticos en sus respectivos dormitorios.

    A la mañana siguiente, Clara salía del baño después de la micción matinal. Mientras veía que su madre bajaba silente las escaleras.

    La siguió sin dejarse ver, desde el pie de las escaleras pudo verla arrodillada en el suelo, pegada a la pelvis de su nieto, era obvio que había devorado la verga de Leo. El movimiento de atrás hacia adelante era inequívoco, la mamada mañanera de la tierna abuela quería extraer por sí misma la leche fresca y espesa, tal y como le gustaba.

    Leo debía sujetarse de la mesa con una mano por la violencia de su abu al cabecear. No duró mucho, en un momento él había sujetado con la otra mano la cabeza de ella, pegándola lo más posible a su pubis, entregándole toda su carga láctea en esa boquita de zorra lechera que tanto le hacía disfrutar.

    En veces anteriores la llegaba a guardar en su boca, la saboreaba lo suficiente y la vertía sobre una taza, para luego agregarle un sabroso café o su preferida, leche de vaca. Podía diferenciarla de la de Leo por su espesor y color. Hervía por dentro de solo ir por la cocina, haciendo, hablando y bebiendo su mezcla láctea enfrente de su hija, quien ignoraba la delicia de desayuno que ella podía darse a expensas suyas. Mientras ella alimentaba a su hijo, ella podía alimentarse de su nieto.

    Rocío se descorchó, su rostro completamente rojo y casi sin aire era la visión perfecta para él. Todavía con su glande podía recoger las gotas escurridizas que podían escapar o que ya no podían ingresar a la boca de su linda y tierna abuela y llevarlas a las comisuras de los labios para que ella con su lengua pudiera aprehenderlas y reclamarlas como premio a tan exhaustivo amor. Enteramente satisfecha y feliz se erguía y bamboleante llegaba hasta una silla, se sentaba y lo llamaba para que ella pudiera seguir pasando su desinflada pija sobre su cara.

    Sostenía con el pulgar y el índice y hacía como si de lápiz labial se tratara pasando el glande por los labios, depositando las últimas gotas seminales sobre estos y humectándolos. Pequeños besos y visitas fugaces de sus otros dedos a su pucha llevaban líquidos panocheros a su pinga que le refrescaban y revivían.

    Ella al ver que volvía a la acción se levantaba y sin dejar de coger esa vara caliente, se inclinaba sobre la mesa y paseaba el glande por entre la piel de sus nalgas y la parte alta de sus muslos, lo obligaba a pararse de puntas para que se apoyara en su espalda y pudiera subir y bajar ese pistón por el canal que hacía de línea divisoria a sus carnosas nalgas. Finalmente, ya sintiéndolo duro por completo, lo llevaba a su agujerito trasero y se empalaba sola, saboreando la entrada de carne y la semilla que aún guardaba en su gruta lingual.

    El movimiento empezó lento y profundo, su garganta resbalaba la carga blanca para llevarla a su cruel destino.

    Los gemidos imparables surgieron y ni la mano de su nieto pudieron apagarlos por completo. Los jugos de ella anteriormente depositados en esa roja pieza de placer hacían fácil la penetración anal, el tamaño de la dilatación alcanzado por ella era bastante, pues cada vez sería más importante no molestar los aposentos de su bebé tan violentamente como a ella le gustaba disfrutar.

    Las embestidas aumentaron, el ritmo se volvió endemoniado, él tuvo que despegarla de la mesa para que no fuera a golpear su vientre contra ella y dañar al bebé. Los pies de Rocío se resbalaban en el piso por el charco de flujo y su aliento con olor a semen podía olerse ya en la cocina por la fuerza con la que exhalaba.

    Los dos se vinieron, primero ella e instantes después él al sentir los músculos anales apretándole al entrar en ella. Se salió más por inercia al trastabillar, dejando caer un reguero de esperma de un muy abierto y palpitante culito, propiedad de una dulce abuelita.

    Clara yacía en el primer escalón, incapaz de moverse y respirando todo ese ambiente cargado y oloroso a sexo.

    Esa semana, cada que Rocío se perdía de vista, Clara la encontraba pegada a la polla de su hijo, ya fuera la boca, la concha o el culo, no podía pasar un día sin ensartarse por donde fuera, mientras que ella no podía despegar sus manos de su pucha, flagelándose a sí misma y deseando internamente cambiar lugares con su madre.

    El colmo fue el sábado por la noche, había subido a su habitación unos minutos, al bajar pudo verlos como en el sofá su hijo penetraba a su abuela mientras que con el pulgar de su mano masajeaba su clítoris. Hizo ruido, emulando que bajaba las escaleras, pero no pudieron detenerse. Ella debía hacer acto de presencia.

    -¡Qué hacen!

    Leo propinó un fuerte envite que lo volvió a petrificar sobre el cuerpo de su abu. No podía parar de correrse, en tanto que Rocío había logrado tener en tiempo récord un orgasmo demoledor.

    Su rostro reflejaba sorpresa y enojo, pero no por encontrarlos cometiendo incesto, sino porque deseaba ser parte de él. Su almeja estaba babeando, su panty se hallaba completamente mojada y las partes internas de sus muslos comenzaban a dejar deslizar por ellos los fluidos.

    Tardaron un poco en recomponerse, de sólo percibir sus olores, pudieron percatarse del nuevo olor que se abría paso entre los ya existentes. Clara no podía ocultarlo, ya no quería ocultarlo, pero así como deseaba con todas sus fuerzas unirse a esa barbarie desesperante de amor filial, también la embargaba el miedo y la duda.

    Leo se acercó a ella, la desprendió de su camiseta larga y delgada, le desabrochó el brassier y le bajó la panty hasta lanzarla por los aires. La recostó sobre la alfombra. Besó su vientre ya no tan plano, sobó esas hermosas tetas suaves como flanes y pasó varias veces su glande por sobre su monte de venus, dejando los fluidos de su abuela y de él sobre los pelos hirsutos de la majestuosa gruta que custodiaban.

    Bajó el glande a la entrada, el meato de este toco el de ella antes de enfilarse completamente dentro del túnel que ya conocía muy bien.

    -¡Espera!

    -¿Qué sucede?

    -El condón… póntelo. No podemos, no debemos.

    -¿Por qué? ¿A que le temes? ¿Acaso crees que tengo algo?

    -¿Y si me preñas? Sería algo espantoso.

    -¿Acaso sería una carga? ¿Te pesaría igual que yo lo hice?

    -¿Cómo?

    -Lo sé. Cuando era pequeño… era una carga para ti. Te desesperaba que no podías volver a ser una adolescente normal, como tus demás amigas.

    -No me refiero a eso, no te das cuenta de que sería algo que…

    -Sí, lo sé. Sé perfectamente a lo que te refieres. Pero ten por seguro que yo no me voy a detener por eso, los querré igual. Aún si eso pasara, yo seguiría aquí con ustedes, cuidando de todos. Porque su vida no existiría de no ser por este acto, bien o mal, existiría. Y puede que ello conlleve un dilema ético. Pero para mí sólo es un acto de amor, entre ustedes y yo.

    Porque más allá de esta lujuria incontenible, por esta atracción irrefrenable que me ha llevado a tener el coraje de llevar esto a la realidad. Existe un amor incontenible que es casi imposible que quepa dentro de este ser, siendo tan inmenso que tengo que hacerlas partícipes de él.

    Leo no dejaba de entrar, de presionar, de embestir. El movimiento de sus caderas era lento, imperceptible, pero constante.

    -Mira mami. ¿No te has dado cuenta? ¿No lo has sentido dentro de ti?

    Estas tan ensimismada en el trabajo, en tus labores domésticas, que ni siquiera te has percatado de que llevas un hijo mío desde hace casi cuatro meses ya.

    Siéntelo, está creciendo dentro de ti. Es parte de nosotros, es parte de este amor, de este deseo. Porque no importa como nazca. No será diferente de los demás. El que seamos madre e hijo no cambia nada, sólo aumenta un poco las posibilidades a las que todos estamos expuestos.

    El mundo está tan contaminado, que ahora las posibilidades se han multiplicado para todos, cualquiera puede tener un hijo afectado de algo, todos tenemos algo. Nadie es perfecto, pero al menos, esta familia tiene algo que ninguna otra tiene. Por encima de cualquier problema que tengamos, nos queremos irremediablemente.

    Nosotros nunca dejaremos de querernos, de amarnos, de procurarnos. Porque a final de cuentas: SOMOS UN SÓLO SER.

    Hubo un momento en el que la abuela, tú y en gran parte yo, éramos un solo individuo, aun cuando ya éramos parte de un proyecto de vida individual. Nos encontrábamos ocupando un sólo espacio. Porque antes de que nacieras, mientras esperabas en el vientre de abu, yo ya estaba en tu interior, como un ovulo sí, pero ya existía, apenas, pero ya estábamos juntos.

    Hemos compartido la vida desde hace muchos años y este es el momento en el que aun cuando ya ocupamos espacios diferentes, es ahora cuando volvemos a unificarnos en una sola entidad, ya no biológica, sino familiar, mental, amatoria.

    Son de las pocas mujeres que pueden llegar a presumir que ustedes mismas hicieron literalmente a su propia familia. Este pene que está en tu interior es tuyo, tú lo fabricaste y me lo diste. Todo lo que es, todo lo que contiene lo hiciste y guardaste en este mismo lugar al que vuelve. Toda la leche que fabrico lo hago con los testículos que tú me otorgaste, todo es tuyo, nada es ajeno a ti, y si me dejas demostrártelo, siempre estaremos unidos.

    -Yo no estoy segura. Tengo miedo de que…

    -No te preocupes hija. Todos estamos aquí, no es necesario que te contengas, esta atracción no es más que el reclamo de la carne que se extraña.

    Hasta que el tiempo disponga, seguiremos juntos.

    -¡Síííí!

    Continuará…

    Reitero mi agradecimiento a todos los que me leen, a sus valoraciones tan preciadas y a su apoyo continuo.

    Espero que sea de su agrado, el borrador ya estaba publicado desde ayer en mi blog, pero este es el que publico aquí, más no la versión final.

    Muchas gracias a todos, estén pendientes de mis próximas publicaciones.

  • Un festival de lluvia dorada

    Un festival de lluvia dorada

    ¿Qué pasaría si te mearan seis o siete personas en la cara uno tras otro? ¿Y si fueran todos a la vez los que te orinaran a todo tu cuerpo desnudo? Y si uno te mete su polla hasta tu boca y te corre su meada por tu garganta? ¿Te puedes imaginar a dos follándote la boca y el culo y, antes de dejarte su semen, se vacían su vejiga de orina dentro de ti? ¿Te imaginas que tú haces lo mismo en cada uno de ellos? ¿Cómo crees que está el piso? Anímate y verás.

    El año pasado falleció la tía que, a falta de padres, me crio. Yo estaba viviendo con ella para cuidarla, labor que no me impedía tener un trabajo a tiempo completo, porque por la mañana la levantaba, la aseaba y, sentada en su silla de ruedas, me la llevaba a mi trabajo, ya que no impedía nada en un lugar discreto de mi oficina. Me la llevaba a casa a comer y luego la acostaba hasta la hora de cenar. Tras el deceso y los funerales decidí que por fin era hora de tomarme unas vacaciones. Llevaba cinco años con esta tarea por amor a mi tía. No me había provisto de ningún tipo de folleto de viajes ni turismo. Me puse en camino por la autopista desde Murcia hasta donde llegar a pernoctar y de allí hacer mi plan, no me gusta planear en casa. Había pensado en conducir mi Honda Jazz hasta que me cansara y busqué un lugar para acampar. Llegué a Tarragona norte y salí de la autopista para encontrar un camping.

    Había un camping en las afueras de la ciudad, cerca del mar. A finales del verano oscurece hacia las nueve. Saqué la fiambrera y me dispuse a cenar y luego a dormir, pero no estaba cansado. Entonces me acosté en mi tienda y me masturbaba perezosamente, tanto que ni siquiera me corrí, y eso que me iba acariciando continuamente ambos huevos; lo que sí hacia fue degustar el saladito de mi presemen. Miré porno en mi móvil. En eso que escuché un pitido indicando que tenía un mensaje en uno de los sitios de contactos. Era un chico mayor muy guapo con el nombre de contacto «2cerdobastardo2». Leo el mensaje y decía:

    — Caliente. Soy un cerdo por haber jugado con mi culo. Mira donde estoy «culo8caliente”.

    El nombre de «culo8caliente» es mi nombre de contacto.

    Lo particularmente interesante fue que estaba muy cerca. Después de unos cuantos mensajes quedó claro que estaba en el mismo camping. Fui a visitarle. Tenía una gran caravana. Envié un mensaje para decir que estaba afuera. Cuando abrió la puerta todo lo que pude ver fue su enorme cuerpo masculino cuya silueta quedaba enmarcada en la entrada con nada más que una toalla anudada a su cintura.

    Entré sin decir una palabra. Tan pronto como la puerta se cerró me abrazó y me besó profundamente. No nos habíamos mentido en el chat, tal como se describió, así apareció. Es muy poco más alto que yo y de mejor constitución. No es que yo sea pequeño, mido 1,90 m. de altura y mi peso es de unos 85 kilos, él es uno o dos centímetros más alto y de peso le faltaría poco para los cien kilos.

    — Te reconocí por tu anterior foto de perfil. Me alegro de que me hayas contestado, —dijo con voz grave y sonora.

    — ¡Ya somos dos!, —dije.

    — De momento, —gruñó.

    Pensé que se refería a que como su polla es tan grande y me arrepentiría de haberle contestado. Eso necesitaba comprobarlo. Me agaché y agarré su paquete a través de la toalla que tenía anudada por la cintura. Lo primero que noté fue lo duro que era. Cuando lo acaricié me di cuenta de que también era enorme. Nunca es demasiado grande para que yo me arrepienta. Debe de haber sentido mi alegría porque rompió el beso y se rio.

    — ¿Te gusta? Tal vez deberías echar un vistazo más de cerca, —su voz ronca y profunda hizo que mis rodillas se doblaran y las dejara caer en el piso quedando arrodillado.

    Dejó caer la toalla al suelo y una salchicha de 25,4 cm. me saludó. Me sonrió la idea de que esa cosa se me metiera por el culo. Me arrodillé y lo sostuve a la altura de los ojos. Era una hermosa polla sin circuncidar, con las pelotas bajas y colgando. «Oh, sí —pensé— estas iban a ser unas buenas vacaciones». Lamí sus bolas con olor a almizcle y saboreé su pellejo.

    Le recogí el prepucio dejando el glande al descubierto y metí la cabeza del pene dentro de mi boca. Él suspiró. Sabía salado.

    —Tu polla sabe un poco a orina, tío. Caliente, caliente estás.

    — Oh, ¿te gusta eso? —Me miró a los ojos.

    Me encogí de hombros tímidamente y sonreí con una sonrisa traviesa.

    — Excelente, —dijo.

    Comenzó a gemir mientras chupaba yo su tranca.

    — Vamos a divertirnos. ¿Te gustan las sorpresas?, —preguntó y yo lo miré con curiosidad.

    — Sí, por supuesto, —dije.

    Cerró los ojos y asintió. Volví a chuparle la polla. Tan pronto como me metí la cabeza de su polla por mi garganta, sentí que se bamboleaba un poco. «Oh, mierda —pensé—, ¿ya se está corriendo? Tragué y abrí mi garganta para recibir una explosión. ¡Entonces sí que llegó una ráfaga! Un fuerte chorro me atravesó la garganta. Al principio no podía creer lo duro que se estaba corriendo. Sólo me llevó un momento darme cuenta de que no se estaba corriendo en absoluto. Se estaba meando en mi boca y yo lo tragaba por la garganta. Tosí y jadeé.

    Gritó de risa mientras su chorro de orina se ralentizaba y empapaba la parte delantera de mi camisa. Estaba furioso.

    — ¡¿Qué carajo es esto, maldito imbécil?!

    — Dijiste que te gustaban las sorpresas.

    Mi enfado se desvaneció rápidamente al pensar en lo caliente que era esta escena. En realidad yo soy un gran meón, pero no estaba preparado para eso en ese momento, así y todo admití en voz alta:

    — En efecto, sí, supongo que lo pedí.

    ¡Puta maldita!, aquello era encantador para acompañar su buen aspecto. Esta fue la primera vez que realmente miré a mi alrededor. La caravana era tan grande como mi apartamento, que no es mucho decir, supongo, es muy espaciosa, tan grande como un autobús urbano.

    — ¿Vives en esta cosa todo el año?, —pregunté.

    — Sí, este es mi hogar por ahora. He hecho un acuerdo con la empresa en la que trabajo, a cambio de los meses de vacaciones que me deben y días festivos trabajados, tengo mi año sabático y estoy recorriendo Europa.

    Mientras me contaba estos detalles laborales, con sus manos me iba quitando sutilmente mi ropa. Tan delicadamente lo hizo que no quedé nada incómodo.

    — ¿Siempre en la carretera?, —le pregunté.

    Se encogió de hombros, diciendo:

    — A veces.

    Se puso detrás de mí. Me manoseaba mis hombros y mi espalda. Me incliné hacia adelante junto al sofá mirando hacia el área de entrada donde habíamos estado de pie. Puse mi vientre sobre la mesa que estaba fría y lo sentí. La lujuria en mi cuerpo estaba ardiendo, de modo que el frío de la mesa era un contraste muy bienvenido. Las manos gigantescas del hombre no paraban de suavizar mi espalda cada vez yendo más abajo hasta que llegaron a mis glúteos. Me abrió las nalgas y empezó a lamer mi agujero. Sentí el rastrojo de su barba en mi culo y su lengua caliente que se adentraba en el agujero de mi culo. Su barba me hacía cosquillas y su lengua me proporcionaba placer

    — ¿Quieres que use un condón? Estoy limpio y me revisan continuamente, —me alegró que me lo preguntara.

    — Yo también estoy limpio. Me gusta a pelo. —Gruñó de satisfacción como respuesta.

    Empezó a frotarme el culo con lubricante. No sé de dónde sacó la botella, pero no me importó. Sentí frío en mi apretado pliegue. Me metió un dedo en el culo. Gemí como dándole la bienvenida.

    Sentí una sensación de frescor cuando trabajaba con un segundo dedo. Operaba con los dedos en círculo, aflojando mi agujero. Luego metió un tercer dedo y cuando los sacó sentí un chorro de lubricante fresco que había volcado en mi recto. No estaba bromeando con eso, sino que me sentí agradecido porque vi la polla gigante que me iba a poner. Tenía cuatro dedos hasta el segundo nudillo trabajando una y otra vez.

    — ¿Estás listo para esto? —Su voz ronca me hizo el culo deseoso como si mi agujero tuviera hambre.

    — Si me vas a follar lentamente, por supuesto que estoy listo.

    Sacó sus dedos y los reemplazó por la cabeza de su verga dura y gorda. La cabeza se deslizó fácilmente. Entraba y salía lentamente, Un poco más profundo con cada embestida. Mi agujero se sentía caliente. Estaba empezando a golpear mi próstata. Gemí una y otra vez. Empujó más y más profundo hasta que, ¡pum! Me dolía todo de una vez.

    — ¡Ack! ¡Joder, joder!

    Mi cuerpo se sacudió.

    — Vale. Pararé un segundo, —dijo.

    Yo estaba un poco avergonzado por comportarme como un adolescente virgen. Su gran polla había encontrado el final de mi recto y estaba buscando el segundo esfínter.

    Se inclinó hacia delante y empujó suavemente. Mis tripas parecían moverse alrededor de esa gigante polla invasora. Tras un minuto, siguió empujando. Oh, joder, sí, ahora sí. Ahora estaba dentro. Volvió a follarme lentamente más y más profundo. Sabía que con un hígado tan paciente como el de este tío iba a ser capaz de follarme hasta las pelotas. Sacó algunos centímetros y empujó varios centímetros más. Estaba perdiendo mi habilidad para hablar. Lentamente salió y sentí que el aire frío entraba en el agujero de mi trasero.

    Se rio y dijo:

    — ¡Mira, ya estás abierto! Me echó una cantidad de lubricante directamente en la boca del culo. Sentía frío ahí dentro. Pero la sensación fue rápidamente reemplazada por una polla caliente. Me estiró el culo. Sabía que estaba agarrando su polla. Era capaz de llegar tan profundo como lo había hecho con bastante rapidez. Su ritmo aumentó.

    Ahora me estaba follando en toda regla. Me agarré a la mesa y sentí que mi polla se balanceaba con cada embestida que me propiciaba. Estábamos sacudiendo la caravana como es lógico. La suspensión daba un ligero chirrido con cada empuje. Cerré los ojos y me dejé llevar ya por la carrera que habíamos emprendido. Mi aliento iba al ritmo de las embestidas de la polla invasora en mis tripas y el vaivén de la caravana.

    De pronto el balanceo de la caravana se puso fuera de nuestro ritmo. Abrí los ojos y casi me da un infarto. Oí la voz de mi compañero desde detrás de mí que se hacía eco de una afirmación anterior:

    — Dijiste que te gustaban las sorpresas.

    Yo estaba desnudo, tendido sobre una mesa con una enorme polla en el culo, frente a alguien que nunca había visto con los brazos llenos de bolsas de supermercado. No sabía qué hacer. Literalmente me quedé sin palabras.

    La intrusa figura que tenía ante mis ojos me miraba con una expresión extraña como quien pregunta: «¿qué haces tú aquí?». Luego miré al tipo que aún tenía sus más de 24 centímetros metidos en mi trasero. Se rieron un tanto jocosamente y escucho:

    — Ya veo, Danilo, que lo tienes jodidamente bien amarrado. Ni te voy a preguntar dónde lo encontraste. —Decía mientras señalaba hacia mí.

    Estaba yo confundido con todo lo relacionado con este recién llegado. ¿Debería liberarme y huir? ¿Quién era este? ¿El esposo? ¿El novio? Ni siquiera podía saber el sexo de esta persona. Tartamudeó un poco y dijo:

    —Pues fíjate bien, nena, mira lo que me siguió a casa.

    En este momento sentía que me había convertido en una especie de perrito cachorro perdido. Estaba totalmente confundido. Sin embargo mi compañero no hizo ni el menor intento de sacarse la polla de mi culo.

    Me sujetó para sostenerme sobre la mesa, y pude sentir su duro pene ablandarse en lo más profundo de mí.

    — ¿Cómo te llamas, forastero? —Preguntó ella (creí que era ella).

    —Eh, uh, hola. —De repente no lo sabía—. Uh, Jaime. Eso, soy Jaime.

    Sentí una sensación de calor en mi trasero que me hizo reaccionar, jadeé por falta de respiración momentánea y gemí. Podía ver detrás de mí a Danilo (ahora ya sé su nombre) que estaba sonriendo de oreja a oreja.

    Ella se veía incrédula

    —¡Danilo! Estás meando en él ahora mismo, ¿no?

    Danilo lo confirmó sin palabras como si fuera un niño de 5 años sabiendo que se estaba saliendo con la suya con algo malo. Y la presión del arroyo se detuvo para decir:

    — A él le gusta.

    Continuó con el diluvio caliente, no pude evitar estar de acuerdo audiblemente. Danilo continuó:

    — Éveli, este es Jaime. Jaime, ella es Éveli.

    Éveli parecía dudosa y dijo:

    — Así que Jaime, ¿eh?

    Era difícil concentrarse porque Danilo había vuelto a llenar mis intestinos. Volvió a empezar.

    — Jaime, ¿te gusta el pis?

    Sonreí tímidamente y asentí con la cabeza. Levantó las cejas e inclinó la cabeza. Finalmente, al dejar los comestibles, ella hizo algo que yo no esperaba en absoluto. Se bajó la cremallera de los vaqueros y sacó un pene que me regaló a mis ojos. Sorprendido, no sabía qué hacer. Ella vio mi confusión y dijo amedrentando:

    — ¡Abre tu boca, coño!

    Abrí la boca y ella se puso de puntillas para poder meterme la polla flácida en mi boca que estaba abierta en espera de la nueva polla. Me agarró de la nuca y empezó a reírse. Luego desató una tormenta de orina. Tragué tan rápido como pude, traté de dejar que me cayera directamente por la garganta, pero de nuevo me cogieron desprevenido. No pude evitar jadear. Su polla se estaba poniendo dura. Tosí un poco más y algo de la orina de Danilo salió por su pene blando. Oí a Danilo detrás de mí.

    — Sujétate un segundo, Jaime.

    Me apreté el culo tan fuerte como pude. Sacó su enorme pene blandengue y lo reemplazó con un dedo. Oí un crujido detrás de mí, pero no podía girar la cabeza porque Éveli me lo impedía agarrada a mi pelo. Sentí que algo duro tocaba la parte de atrás de mis piernas y escuché a Danilo diciendo:

    —Está bien, caga.

    Cumplí con el mandato.

    Expulsé el enema de orina caliente confiando en que lo iba a atrapar en algo. ¡A la mierda! ¿No era una casa rodante? Una copiosa cantidad de líquido salía de mi trasero, paré un momento y de nuevo otro chorro salió. Oí que lo recogieron en una especie de cubo. ¿Ella había estado allí esperando todo el tiempo a que Danilo me follara? Lo mismo que la botella de lubricante…, todo para mí era un misterio. Todos nos reímos.

    Todo lo que hacíamos era tan ridículo… ¿qué otra cosa podíamos hacer sino reír?

    — Vale. Jaime, ¿estás listo? No he terminado y he estado aguantando esto durante media hora.

    Sonreí y dije:

    —¡Joder, sí!

    Abrí la boca sin que me dieran instrucciones. Otra vez se puso de puntillas para situar su polla lo suficientemente alta junto a mi boca abierta y con ansia. Esta vez tenía su polla a media asta, así que me la tragué en la garganta y asentí con la cabeza y con un ligero:

    — Vale.

    Ella suspiró aliviada y el cuartel de bomberos se volvió a encender. Pude mantenerme esta vez como un tipo bravo mientras meaba directamente en mi estómago. Sentí la tensión en su glande que ya se estaba relajando, el amarre de sus manos en mi cabeza también se aflojó. Ella se retiró y yo tomé un gran respiro y di unas bocanadas como recogiendo aire.

    — ¡Bien, bien! ¡Eres bueno en eso!, —exclamó ella.

    — Gracias, guapa, —dije tímidamente.

    Ahora la veía mejor. La notaba más fluida en cuanto al género o en cuanto a los trans o cualquier otra cosa. En algún punto intermedio. Su aire es femenino, pero su ropa ni siquiera era particularmente femenina. Su voz era alta, pero no exagerada.

    ¡Puta mierda!, no me importa que fueran tan sexys como la mierda y totalmente pervertidos. Yo estaba emocionado. Me di la vuelta encima de la mesa y me puse tumbado sobre mi espalda. Había estado tanto tiempo en esa mesa que parecía mi plataforma personal. Éveli extendió la mano y agarró mi escroto con fuerza y se inclinó hacia adelante para besarme. Danilo se rio:

    — ¡Para que podamos quedárnoslo!, ¿no es así?, Ya lo estás mimando.

    — Oh, hermano.

    Mientras ellos contemplaban su satisfacción y su futuro entretenimiento, mis pensamientos volvieron al cachorro de perro perdido. ¡Ajá! De acuerdo, si meterse con una variedad de humanos sexys es lo que está pasando, ¡yo quiero ser el perro callejero adoptado!

    — Jaime, realmente me gustaría follarte un poco más, —dijo Danilo.

    Aquello tenía un aire humorísticamente formal considerando lo que acababa de pasar.

    — Danilo, yo también disfrutaría eso, aunque te pediría que no te corrieras en mi culo, —le dije.

    Se veía decepcionado. Pero yo continué:

    —Preferiría mucho más que entraras en mi boca para que me lo tragara, —dije esto y su rostro se iluminó.

    — Gracias, Jaime. Estoy dispuesto a cumplir con esta petición. Sería un privilegio ver cómo te comes mi tranca.

    Éveli volvió con menos andrajos:

    — ¿Qué estáis haciendo vosotros dos, idiotas? Danilo, métele la polla en el culo mientras yo le follo su boca.

    Me reí de su descaro. Con su nuevo atuendo se habían transformado una vez más, pude ver que Éveli era baja pero aparentemente más alta ahora, muy delgada. Como ambos estaban ahora desnudos como yo, vi que estaban cubiertos de tatuajes. De vestir no llevaban ropa, a no ser que contemos las joyas como vestidos. Llevaban una fina cadena de plata alrededor de la cintura, al estilo de los 90; me alegré de ver que volvían a épocas de gloria, y oh, sorpresa, ambos iban con tacones altos, él con botas vaqueras, ellas con zapatos rojos de chica de cabaret. Esto fue definitivamente femenino y también me demostró por qué ahora es más alta. La polla larga y delgada de Éveli estaba dura. No era enorme, pero sí muy bonita. Danilo engrasó su polla de monstruo gordo que parecía estar pulsando más fuerte que antes.

    Puso mis tobillos sobre sus hombros y me introdujo con cautela su verga. Sabía hasta dónde podía llegar antes de tener que ir más despacio. Podía sentir el delicioso calor de la fricción en mi trasero. Sonreí mientras miraba a la bella Éveli. Se sonrieron cuando Éveli situaba sus pelotas sobre mi boca que yo las besaba y lamía. Acaricié esa polla dulce hasta que la necesité en mi boca. Danilo no perdió el tiempo trabajando con ese monstruo espeso en mi interior. ¡Me sentí muy lleno!

    Puse la polla de Éveli en mi boca y me sentí aún más lleno. Desde ambos lados me llenaban. Estaba empalado para llevar a la brasa, como un pollo rostizado. Me cogieron al unísono y me llenaron al mismo tiempo. Luego, alternando mis ojos arriba y abajo, estaba en la más alucinante visión sexual que jamás hubiera imaginado ver. Cuando me vino el impulso, que apenas me di cuenta, me entraron ganas de mear. Dejé salir unas gotas que eran como agua, por así decirlo. De inmediato se colocó una boca cerrada en mi polla, me abrazaba fuerte la polla con los labios. No sé cuál de las dos bocas era. Al fin me di cuenta que Éveli lo había adivinado y cuando mi orina empezó a salir, me apretó fuerte la polla, deteniendo el flujo.

    Éveli dijo:

    —Tengo que orinar de nuevo. Respiré hondo, la agarré de sus delgadas caderas hacia arriba y la ayudé a ponerse sobre mi cuerpo para que, con mayor comodidad, situara su polla en mi boca, ya que su boca estaba sujetando mi meada. Ambos estábamos con nuestras pollas en boca del otro. ¡Estábamos bebiendo en 69! ¡Eso era de locos! Ni siquiera se me había ocurrido que eso podría ser algo realizable ni que formara parte del sexo. Entonces completamos la trifecta. Danilo empezó a mear en mi culo otra vez. Esto fue una profusión de orina. ¡Me tragué todo ese oro que me regalaron por arriba y por abajo!, aunque en verdad fue en horizontal, de este a oeste. Esta vez no hubo ni el mínimo problema, aunque mi vientre estaba más lleno que antes, yo suplicaba a los dioses para no vomitar. Éveli detuvo su meada y sacó su polla de mi boca el tiempo suficiente para que yo pudiera respirar. Luego empezó a follarme la garganta en serio. Danilo, tampoco se dejó llevar por el ritmo. Con cada uno de sus empujones era un chapoteo descuidado de agujero suelto y orina salpicada. Imperaba la gloria de la emoción. Danilo gimió.

    — ¡Oh, joder! Esto es la gloria.

    Éveli estaba atravesando mi garganta y de seguro que yo no hablaría al menos en cuatro días, pero así y todo yo estaba feliz, además, sus bolas golpeaban mi nariz y me ofrecían lo que nunca había experimentado una follada nasal a sus afeminados testículos.

    Yo deseaba que los dos se corrieran. Incluso en mi locura altamente excitada tenía suficiente ingenio para saber cuándo me estaría comiendo las dos descargas de semen que vendrían como complemento a la orina que me bebía. Levanté la mano y tiré suavemente de las pelotas de Éveli. Ella entendió y me follaba más rápido. Mi cara se estaba poniendo roja. ¡No podía respirar! Le metí un dedo en el culo y ella se inclinó hacia atrás. Gracias, tuve suerte de acertar, porque recibí una dosis de oxígeno. Recuperé mi dedo lo suficiente para lamerlo llenándolo de saliva y aún escupirlo y volver a ponerlo en su apretado esfínter. Lo metí entero. Con eso Éveli me soltó:

    —¡¡Uhhhhh!!

    Exclamó ella otro fuerte grito incomprensible, como un rugido de leona celosa, y estalló en mi boca una ráfaga de semen dulce en forma de palo de Kung fu shaolin. Estaban ocurriendo tantas cosas. Era delgada, pero el sabor de su semen era increíble.

    Danilo estaba tan emocionado por lo que veía que se ralentizó al follar. Creo que tenía miedo de que me soplara el fruto de su orgasmo demasiado rápido en el culo después de prometerme que él también me daría de comer. Éveli se desplomó de cansancio. Danilo no tenía nada que ver con eso, pero le dijo:

    — ¡Éveli, sé una buena anfitriona y dale al hombre tu culo!

    Su cogida estaba casi a un ritmo lento y constante ahora. Mi agujero nunca sería el mismo después de esto. Tuvimos que parar un minuto. Estábamos todos exhaustos pero tan emocionados por follar que era un acertijo saber lo que iba a pasar detrás de una cosa a otra. Danilo me sacó su polla con un plop muy audible, seguido de un chorrito de orina caliente y ya usada. Me estabilicé cuando me bajé de la mesa. Me paré por primera vez en lo que parecía una vida entera. Parte de la orina de Danilo salía de mi trasero que de vez en cuando bostezaba. Danilo llenó unos vasos grandes con agua. Nos dio un a Éveli y otro a mí y otro que se bebió él mismo. Con una sonrisa de mierda, volvió a llenar los vasos una vez que se habían vaciado y luego en otra ocasión. No podía beber un tercer vaso porque mi barriga aún estaba llena de orina de Éveli. Él y Éveli bebieron otro vaso para mi sorpresa. Éveli recogió la botella de plástico de lubricante que ahora vi que es tan grande como una botella de champú.

    Vertieron algo de este gel claro que ahora sé que era J-Lube en la palma de su mano e hicieron una demostración de arquear la espalda y hacer de su culo caliente un extremado resbaladizo. Dos dedos entraron y luego tres. Éveli tiene las manos pequeñas, pero me sorprendió un poco lo rápido que se estaba ensanchando el agujero. Cuatro hasta los nudillos. Mi polla estaba dura otra vez. Más fuerte. ¡Ese pequeño espectáculo me puso en marcha! Danilo puso una toalla en la mesa mojada con orina e hizo un gesto para que volviera a mi posición.

    Me subí al banco y me acosté donde había estado. Éveli me siguió y se puso en cuclillas sobre mi pene con fuerza. Me miraba a los ojos mientras se inclinaba sobre mi pene duro como una roca. Éveli bajó hasta que yo tenía unos 7,5 centímetros de profundidad, para mi sorpresa, simplemente cayó en una caída libre para llevar mis 18 pulgadas a la raíz. Todo ese pis y agua estaba haciendo se efecto.

    Si no tuviera que orinar tanto, me habría corrido inmediatamente. Los ojos de Éveli estaban medio cerrados mientras me arrullaban.

    — Casi me metes tu maldita carga caliente en mi dulce culo de puta, ¿no?

    Asentí sin poder hablar.

    —¿Por qué no me das ese coraje? Sabes que lo quiero.

    Y se puso a subir y bajar, todo el tiempo haciendo lo mismo, subir y bajar.

    — Uhhhh. —Tartamudeé—. No puedo. Tengo que mear de nuevo.

    ¡Arriba se levantó y volvió a caer!

    — Oh, ¿eso es todo? ¡Dame eso primero entonces!

    Me senté a verla cara a cara y me besó profundamente. Le di la vuelta a Éveli hasta que se acostó sobre la mesa. Danilo se divirtió con todo esto y se sentó a acariciarse como si todo esto fuera sólo un espectáculo para él. Sin dejar nunca que mi polla se saliera del precioso culo de Éveli, enrollé sus piernas sobre sus hombros.

    Estaba yo de rodillas y mi polla apuntaba hacia abajo. Respiré profundamente y me relajé. Oí un grito ahogado de Éveli cuando mi polla se sacudió con un chorro de orina dorada. Sólo lo dejé pasar. No me importaba si se desbordaba de ese dulce trasero. No me importaba si estaba incómoda. Después de esa brutal cogida de garganta tal vez me sentía un poco sádico. La venganza es una puta perra.

    Estaba orinando de verdad ahora. Me di cuenta de que la última meada que hice ni siquiera era una meada completa. Había sido demasiado duro y demasiado excitado para dejar que todo saliera a la luz. Le subí las piernas a Éveli para que su torso estuviera aún más vertical. Tenía un galón de orina para dar y todo se le estaba metiendo en las tripas a Éveli, ¡maldita sea la puta que me parió! Éveli me miró suplicante. Le di una sonrisa de caricatura. Se revolvió sobre sí misma ajustando su espalda y su vientre y pareciera que abría otro pasillo para aceptar mi chorro de orina.

    Estaba haciendo lo mejor que podía para llenar ese también. Éveli comenzó a parecer un poco incrédula esperando que la corriente de orina se detuviera en cualquier momento. No lo fue. Su vientre se distendió un poco y sentí que la presión en mi vejiga se relajaba.

    —Ahhhh. Eso está mucho mejor, —suspiré.

    Luego saqué mi polla medio dura de su húmedo y descuidado agujero.

    Danilo seguía divirtiéndose viéndonos. Su gruesa voz de barítono dijo:

    — ¡Quiero un poco!

    Se acercó para bloquear la contrapresión de su intestino inundado. Con torpeza le ayudé a llegar sus pies de tacón alto al borde de la mesa. Danilo se dispuso a recostarse de espaldas en el banco junto a la mesa y abrió la boca. Yo estabilicé a Éveli mientras me agachaba sobre el borde de la boca de Danilo.

    Éveli se quitó la mano de su culo y vació sus intestinos con la fuerza de un recipiente volcado. Una pinta tras otra se vertió en la codiciosa boca de Danilo desde el culo de Éveli, que se derramó por toda su cara y acumuló un charco húmedo debajo de la mesa. No pude evitar estar un poco orgulloso del lío que hice con estos extraños íntimos.

    El arroyo se convirtió en gotas y Éveli vio el desorden en Danilo y mi cara se llenó de orgullo y comencé a reírme. Todos nos unimos. Esto era sexo de cerdos tal como en realidad me gustaba. ¡Diversión! ¡Alegría! ¡Pura obscenidad! Mi polla estaba volviendo a su justa dureza. Quería follarme la mierda del culo caliente de Éveli. La levanté y me envolví las piernas alrededor de su cintura. Mi polla se deslizó en ese fantástico agujero de un solo trago.

    Puse a Éveli en el sofá y empecé a follar de verdad. Sentí a Danilo hurgando mi agujero por detrás. Oh, sí. Sólo estaba probado un cargamento y quería tragarme el suyo también. Estaba hundiendo mi polla en ella tan profundo como podía. Pensé que Éveli estaba acostumbrada a ser follada por el gigantesco tronco de la polla de Danilo y que yo no me iba a acercar. Todo lo que tenía para ofrecer en el asunto era entusiasmo. Si los arrullos de Éveli fueran una indicación de que lo estaba haciendo bien. Podía sentir a Danilo poniéndose en posición detrás de mí.

    Esta vez no fue tan amable como antes. Todavía estaba pegajoso con el lubricante, el pis y la lujuria. Estaba preparado. Me adentré lo más profundo que pude en la dulce Éveli y Danilo comenzó su propia embestida en mi enorme trasero. Cuando salía de Éveli, Danilo me penetraba más profundamente; cuando embestía a Éveli, Danilo aún me clavó más profundamente. Nos convertimos en una maldita máquina furiosa.

    Por fin sentí un hormigueo desde abajo de la tierra y en lo alto del aire que me caía como un relámpago lento.

    —¡¡Unngh!! Yo soy gah! ¡Ya voy, carajo!

    Con mi furioso follar y mis tripas invadidas por un pene colosal estaba teniendo uno de los mayores orgasmos habidos por mí hasta la fecha. Avisé a Éveli:

    — Me corro, nena, me corro, guapa, me corro…, me corro…

    — Córrete, maricón, y lléname. ¡Joder, sí, Jaime! Lléname. ¡¡¡Lléname hasta arriba!!!

    Solté toda mi lefa como in soplo y fue saliendo de mi pene a borbotones y con ganas. Había venido para pasar un rato y ahora estaba metiendo una sarta de historias para no dormir en este dulce trasero.

    Danilo se animó. Estaba inspirado, me sacó de Éveli y me tiró en el sofá. Me estaba metiendo los veinticinco y pico centímetros enteros de su olla dentro de mí, metiéndome sus pelotas en el coxis… Me encontraba en un delicioso resplandor post orgásmico siendo usado por una polla mágica. Abrí los ojos para ver una siniestra sonrisa en la cara de Éveli. Puso un tacón alto junto a mi cabeza hacia arriba y bajó su trasero hasta mi cara. Le di un lengüetazo a ese hermoso agujero que me había dado tanto placer y le dirigí hacia ella un gruñido, ella dirigió mi propio falo hacia mi boca hambrienta. Me estaba facilitando mi propio semen. Lo lamí y chupé con avidez mientras cagaba un copioso pastel de crema fabricado por mis propios huevos. Lo comí con absoluta alegría. Justo cuando estaba lamiendo los últimos rastros de mi semen que quedaban en su culo, Danilo le ordenó que se apartara. Mientras ella se movía, él ocupó su lugar.

    Sacudió su polla con furia. Sus bolas oscilantes prometían entregar aún más de lo que yo anhelaba. Ignoré el nuevo sentimiento de vacío de mi culo abierto. Disparó una chorretada grande de semen a mi boca. Éveli me ayudó a llevarlo a la boca. Éveli recogía el semen con la lengua y lo iba acercando a mi boca, era el semen de Danilo. De nuevo disparó y esta vez llegó directamente a mi lengua. Luego otro y otro. Seguí comiendo chorro tras chorro. Fue el mayor depósito de semen que he visto en un hombre. Era tan gruesa la pasta seminal que casi se podía masticar. Me tragué cada grumo que cayó en mi boca.

    La siempre vigilante Éveli conocía mi excitación y usaba sus dedos y lengua para poner cualquier grumo de semen errante en mi boca hambrienta. ¡¡Estaba en el cielo!!! Todos caímos en un montón. Después de unos instantes, convertimos el sofá de la mesa mojada en una gran cama sobre la que todos nos acostamos.

    Pasó como media hora y nos quedamos dormidos. Éveli dijo:

    — «Oh, no, nos hemos bebidos como unos cinco litros de agua. Tengo que orinar de nuevo.

    En mi aturdimiento dije:

    — Lo conseguiré. je, je, je.

    Éveli se sentó. Me enrollé sobre mi vientre y puse mis labios alrededor de su polla flácida y comenzó a orinar. En mi interior me reía. Éveli quedó aliviada y contenta. Danilo se rió en voz alta y dijo:

    — Yo también lo necesito.

    Con eso me metió la polla en el culo un par de centímetros y empezó a mear. Mientras me llenaban de nuevo por los dos extremos, me acordé de que habían bebido mucho. Y me dije a mi mismo:

    — Oh, chico, te has metido muy metido en este asunto. Lo has de arreglar que la venganza es una puta perra.

    Pasé el resto de mis vacaciones con ellos, yo en mi tienda hasta que la plegué porque acabé durmiendo en la caravana, porque estábamos todo el día enviándonos mensajes de texto y citándome para que fuera a la caravana. Así que mejor me trasladé. Después de un par de meses de estar con ellos, mandé mi trabajo a la mierda y con la herencia que me había dejado mi tía la difunta vi que podía vivir bien, recorriendo Europa.

    Bueno, déjame acabar así. Si ves un Honda Jazz rojo remolcado por una gran caravana que huele ligeramente a orina, ven a pedir un vaso de agua. Incluso puedes regresar a devolverlo cuando termines. No te arrepentirás.

  • El Ayudante (Cap. 4): Comiendo a Seungyeon II

    El Ayudante (Cap. 4): Comiendo a Seungyeon II

    El Ayudante dejó que la sexy morocha se acostumbrara a su tamaño, sintiendo como ese apretadita intimidad se engullía con gusto todo su miembro. Apoyó sus brazos en el escritorio, a cada lado del rostro de Seungyeon, y comenzó embestirla con una fuerza que hizo rechinar y tambalear el escritorio.

    Y Seungyeon sólo pudo abrazarse y aferrarse más a él, comenzando a gemir y gritar ya sin poder controlarse, mientras su cuerpito era embestido contra el escritorio que, a pesar de verse tan moderno y firme, parecía listo a sucumbir en cualquier momento con la fuerza con la que se la estaban follando. No pasó mucho, apenas unos cuántos minutos, hasta que sus ojos se nublaron en placer de nuevo y su cuerpo empezó a temblar con el preámbulo de un nuevo orgasmo. Cerro sus ojos, arrugando el puente de su nariz y apretando su mandíbula en una mueca de placer, mientras sentía su cuerpo invadido por oleadas de goce sexual, viendo luces y flashes antes de volver a correrse contra el cuerpo de aquel hombre desnudo que la penetraba, comprimiendo su miembro entre las paredes de su intimidad mientras su curvilíneo cuerpito convulsionaba por el delicioso orgasmo.

    El desnudo hombre sólo disfrutó de como la vulva de la mujer en sus brazos parecía casi exprimir a su verga, y tuvo que resistir la tentación de seguir sus embestidas hasta llenarla con su semilla. No, aún quería disfrutarla un poco más. Rodeando la delgada cintura de la Idol con un brazo la cargó, separándola del escritorio, dejando su pequeño cuerpo empalado con su miembro hasta la base, comenzando a caminar hacia el gran ventanal de su oficina. Allí la acomodó de espaldas contra el vidrio, tomándola de sus firmes muslos para sostenerla.

    La morocha soltó un pequeño gritito ante el contacto de su húmeda espalda con el frío cristal, y esto pareció devolverla a la realidad luego de aquel nuevo orgasmo que había vivido momentos atrás. Mordió su labio inferior al notar la nueva posición, girando a un lado su cabeza para ver hacia el exterior. Estaban en uno de los pisos más altos, y las luces nocturnas de la ciudad le hicieron sentir un hormigueo en el estómago, junto a una nueva excitación que acompañó demasiado bien el placer del sexo. Claro, era un vidrio espejado y nadie podía espiarlos desde fuera, pero la sola idea de que en ese momento alguien la estuviera viendo a ella desde otro edificio era suficiente para acelerar su corazón.

    «Mmh, tu coñito acaba de apretarse un poco más, ¿Te gusta la idea de ser observada?» Murmuró junto a su oído antes de atrapar el lóbulo de su oreja entre sus labios, chupando suave y comenzando a mover su cadera para empezar a darle embestidas lentas pero firmes. «Alguien allí fuera podría estar viéndonos.»

    «Aah, Ayudante-… ¡Mmgh!» Comenzó a gemir nuevamente, aferrándose a la espalda de su Ayudante mientras empezaban a embestirla contra el cristal de aquel enorme ventanal. No pasó mucho tiempo antes de que el vidrio comenzara a empañarse con la humedad y calor que emanaban sus cuerpos. «Ayudante, ¡Mmhn!» Rodeó la cintura ajena con sus torneadas piernas y se abrazó a su cuello, pegando su cuerpo al contrario todo lo que podía mientras la penetraban incansablemente. El lascivo sonido que hacían sus cuerpos bañados en sudor al chocar con cada embestida acompañaban los altos gemidos que escapaban de entre sus carnosos labios.

    «Seungyeon, te ves hermosa así,» Arrugó el entrecejo y abarcó con sus manos todo lo que pudo de las apetitosas nalgas de la Idol, apretando firme su carne con las manos, hundiendo sus dedos en esa suave piel mientras la embestía contra el ventanal, moviendo a ritmo incesante su cadera. «Me encanta tenerte de esta forma.»

    Poco a poco, todas esas fantásticas sensaciones se unieron y fueron creciendo dentro de ella. La idea de que alguien allí afuera pudiera estar observando como tenía sexo caliente y desenfrenado, como simples animales en celo. La sensación de sus cuerpos húmedos de sudor pegados el uno al otro, rozándose entre sí mientras él le susurraba al oído palabras indecentes que la hacían sentir aún más sucia. El darse cuenta de lo zorra que era por dejarse dominar de esa forma por aquel hombre que ella misma había dejado que se acercara a su preciado grupo, y cuánto le gustaba eso. Y, por supuesto, ese pedazo de miembro venoso y caliente, su postre favorito, que la estaba empalando sin piedad, entrando y saliendo de ella como si no hubiera mañana. «Se-señor Ayudante, mmmh, me, me… ¡Mmhn! De nuevo yo, por favor, mmh, me vengo, me vengo, me-nhh vengo, por favor, ahhn, por favor, por favoor,» Sus gemidos y voz fueron acallándose hasta volverse un suplicante susurro apenas con un hilo de su voz, que era todo lo que le quedaba, mientras lágrimas caían por sus regordetas mejillas. Cerró sus ojos viendo estrellas y colores de nuevo antes de llegar al clímax por tercera vez esa noche, su cuerpo acompañando las oleadas de placer con espasmos uno tras otro en lo que era el orgasmo más increíble de su vida.

    Él la sostuvo firme con sus brazos, dedicándole tiernas caricias a su espalda mientras la sentía temblar contra su cuerpo. Su miembro fue nuevamente presionado por la fuerza del orgasmo, y apretó la mandíbula resistiéndose a correrse él también, gotas de sudor deslizándose por su rostro. Calmó el ritmo de su respiración, besando la frente sudorosa de la joven Idol que se abrazaba y colgaba a su cuerpo como un koala, retirando lentamente su miembro de su rica y mojada intimidad. Sin dejar de sostenerla de sus torneadas piernas, la separó del empañado ventanal para llevarla de nuevo hasta el escritorio, dejándola esta vez boca abajo sobre el mismo.

    «Ah, ah, ahh,» La morocha jadeaba intentando recuperar su aliento con su cuerpo extasiado de placer, por lo que nunca se esperó que ese enorme y gordo miembro volviera a penetrarla, su cuerpo todavía sensible por las increíbles oleadas de placer que había experimentado nuevamente en tan poco tiempo. «¡Mmmh!» Mordió su labio inferior intentando reprimir un nuevo gemido. Se aferró a los bordes del escritorio con temblorosas manos, mientras su Ayudante la montaba por detrás, embistiendo sin descanso contra su cuerpo, empujando su verga hasta lo más profundo de su intimidad. Había quedado de puntitas en el suelo, recargada con su pecho sobre el escritorio, y podía sentir una firme mano apoyada sobre su espalda, dejándola por completo atrapada entre ese enorme cuerpo y el mueble. Inesperadamente sintió una sonora nalgada que le hizo recorrer un delicioso escalofrío por su espalda, haciendo que levante su colita para recibir más de ese trato. Y en respuesta, una nueva nalgada, algo más fuerte pero igual de rica. Con esto ya no pudo acallar más sus gemidos, que volvieron a resonar por toda la oficina. Dejó caer su cabeza sobre la superficie del escritorio, boca abierta y lengua afuera, totalmente extasiada y al borde de perder la consciencia, con sus sentidos totalmente nublados por el placer. Así sólo se dejó hacer; como la buena Idol que era para su querido Ayudante.

    «Yeeun,» La llamó sin dejar de embestir a la líder de su grupo, afirmando sus manos en la espalda de Seungyeon mientras la misma balbuceaba suaves gemidos de placer. Hacía un buen rato que había visto a la rubia ya despierta y sentada en el sofá, presenciando la mayor parte de aquella caliente sesión de sexo con la morena. Había sido un silencioso espectador de lo que estaba aconteciendo, al menos hasta el momento.

    Sólo entonces la joven de cabello corto y rubio hasta sus hombros se levantó de su posición en el sillón, cubriendo su desnudez con lo que, asumía, era la camisa descartada antes por el Ayudante, cuando se desnudó frente a ella tan descaradamente. La aferró sobre su pecho, mientras caminaba a paso lento hasta el par que continuaba con su desenfrenada sesión de sexo. Su afilada mirada, si bien continuaba reflejando aquel evidente disgusto hacía él, también parecía desprender un nuevo y curioso brillo en ella.

    «Mhn, Yeeun, tal como te había dicho antes,» Y le dio una nueva nalgada a Seungyeon, que sólo gimió y estrechó un poco más su vagina ante el abuso. «Tu líder y yo nos hemos vuelto muy cercanos.»

    La rubia no respondió de inmediato, simplemente arrugó un poco más el puente de su nariz. «Cerdo asqueroso.» Abrazó un poco más la camisa contra su cuerpo, susurrando sus palabras, mirando de reojo como su desnuda líder, perlada en sudor, meneaba su trasero contra la cadera de aquel odioso hombre por cuenta propia. «Mentiste. Dijiste que te alejarías de ellas.» No se atrevió a alzar demasiado la voz, tal vez por miedo a llamar la atención de Seungyeon, aunque suponía que eso sería imposible, su querida líder estaba demasiado ida en aquel pecaminoso acto como para siquiera registrar su presencia, ¿Además por qué tendría que avergonzarse? Si era la propia Seungyeon quien estaba siendo empalada por esa enorme cosa mientras gemía como una zorra.

    «Ngh… sólo hasta que pudieras ver y entender, lo bien que nos llevamos las chicas y yo. Además fue tu líder quien entró aquí a buscarme.» Tomó un puñado de la larga melena de la morocha y la obligó a levantar su cabeza del escritorio, haciendo que la sexy Idol suelte un leve quejido que rápidamente se perdió entre más gemidos. «Dile, Monkey, dile lo bien que nos llevamos tú y yo.» Y una nueva nalgada con su mano libre, para acompañar sus palabras.

    «Ah, ah, mhh, Yeeun-nhm,» Seungyeon, con su rostro perlado en sudor, con mechones de cabello rebelde pegándose a su piel y su boca abierta cantando sonidos de puro placer, apenas si pudo abrir un poco sus ojos para ver a su rubia amiga. Aunque su mirada no pareció enfocarse en ella realmente, perdida en el goce del sexo. Su mente estaba nublada por la satisfacción, por el éxtasis sexual, y ya ni siquiera podía formular una frase coherente. «Yeeun, ¡Ahh! ¡Sí, sí!» Reducida a nada más que palabras sueltas que acompañaban el ritmo de las embestidas recibidas.

    La rubia sólo tragó saliva al verla de esa forma, devolviendo su mirada a aquel detestable hombre, notando como los músculos de su trabajado torso se remarcaban y relucían bajo el sudor, y cómo las venas de sus brazos se detallaban aún más mientras sujetaba firme el cuerpito de su líder. Todos esos signos eran clara indicación de que estaba cerca de venirse, podía verlo, y esta vez no iba a contenerse como lo había visto hacer antes cuando estaban contra el ventanal. «Por favor…» Con mirada suplicante, la rubia se mordió el labio inferior, luchando contra las ganas de simplemente darle una bofetada a ese detestable hombre para borrar esa odiosa sonrisa de su rostro. Conociéndolo, eso sólo le gustaría, lo calentaría más. «Por favor, ¿No te corras dentro de ella?» Más un pedido, un ruego, que una demanda. Un pequeño puchero con sus labios acompañó sus palabras, intentando convencerlo al menos con su lado más tierno. No quería que llenara con su semen a su amiga tal como había hecho con ella horas atrás, a pesar de la increíble experiencia que había resultado ese acto para ella.

    «Ngh,» Gruñó como respuesta y la miró con evidente molestia, las venas en su cuello y frente marcándose más, sintiéndose cerca del clímax, subiendo la intensidad de sus embestidas.

    La rubia sólo pudo sentir un ligero escalofrío recorrer su delicada espalda, la humedad en su propia intimidad haciéndose más caliente y evidente cuando la miraron de esa forma.

    «Bien…» Arrugó el puente de su nariz y liberó de su agarre a la morocha, dejando que su cabeza vuelva a descansar sobre el escritorio mientras la embestía con incluso más fuerza, si eso era posible. «Arrodíllate.»

    La mirada que recibió de parte de aquel dominante hombre le dejó muy claro que no iba a esperarla por mucho. Así que Yeeun hizo caso de inmediato, todavía sujetando la camisa contra su pecho intentando ocultar lo que podía de su desnudo cuerpo. Quedó de rodillas frente a él, mirándolo todavía con el puchero en sus labios, pero atreviéndose a arrugar un poco su entrecejo como señal de protesta.

    «Mhh,» Sacó su mojado y palpitante miembro de la morocha, tomándolo por la base antes de ubicarse frente a la arrodillada rubia que le miraba con ojos suplicantes y una pequeña mueca adornando su hermoso rostro. Y así se corrió. Se corrió con fuerza sobre su carita angelical. Bañó su rostro, parte de su cabello y hasta sus hombros y pecho con su espesa y abundante semilla, que salió disparada a chorros sobre ella.

    La rubia apenas alcanzó a cerrar los ojos, arrugando más el puente de su nariz, antes de recibir el primer facial de su vida. Sintió aquel pegajoso y caliente fluido blanco caer sobre su frente, nariz y mejillas, mientras escuchaba como el Ayudante gruñía y gemía con la voz ronca de placer. Como tentando la situación y ese hombre que decía odiar, separó apenas sus rojos labios, abriendo sólo un poco su boca, sintiendo como la leche caliente se vertía sobre ella. Apretó un poco más sus muslos entre sí, frotando suavemente contra su mojada entrepierna, intentando calmarse.

    «Nnhh, linda nena.» Gruñó, masturbando su miembro antes de pasarlo por la carita de la orgullosa Idol, embadurnándola todavía más con su caliente semilla. «Abre más la boquita, eso,» Fue calmando su respiración, jadeando suavemente, mientras empezaba a introducir primero el glande y luego unos cuantos centímetros de su barra de carne dentro de la boca de la rubia, que lo recibió con una mueca aún más pronunciada en su rostro, pero no se atrevió a separarse. Estaba aprendiendo. La sujetó del mentón con una mano, metiendo un poco más de su verga dentro de su cavidad bucal.

    «Anghh,» Abrió sus ojos, reprochando con su afilada mirada, pero sin separarse, recorriendo con la lengua su sudorosa carne impregnada en los jugos de su líder. No era un sabor tan desagradable como había imaginado en un inicio, al menos no al grado de querer hacerla vomitar. Así que le dejó hacer su pequeño show, de todas formas todo había terminado ya, ¿No? «Mghh,» Dejó sólo una mano sosteniendo la prenda con la que intentaba cubrirse de forma ya descuidada, llevando la otra a tomar de la base aquel enorme miembro, todavía grande a pesar de haberse corrido. Lo apretó suavemente, notando como su manita no era suficiente para rodear por completo el grueso de ese robusto pedazo de carne. Lo sostuvo así unos minutos, antes de empezar a separar su cabeza lentamente todavía sin dejar de verlo a los ojos. «Aah,» Tomó una bocanada de aire jadeando, antes de relamerse los labios, bajando la mirada con aparente indignación a esa pesada verga que sostenía con su pequeña y fémina mano, moviéndolo despacio de un lado hacia el otro, recorriendo cada contorno y curvatura con sus ojos.

    «¿Te gustó, nena?»

    «Eres odioso,» Arrugó un poco más el ceño sin dejar de ver atenta la barra de carne caliente y bañada en fluidos que estaba sosteniendo, ¿Por qué estaba tan dura aún? Acababa de correrse con tanta abundancia y fuerza, y aún parecía estar tan rígida y lista para más. «Y esta, esta cosa, es tan desagradable como tú.» Finalmente la soltó, y para su sorpresa el miembro no cayó vencido entre las piernas del Ayudante, sino que se mantuvo firme y erecto frente a ella. Y eso la hizo tragar saliva, subiendo el calor de su cuerpo y mojando más su intimidad.

    «Mmh, me calienta verte arrodillada y cubierta de mi semen, Yeeun.» Giró su cabeza para mirar a la morocha, que en algún momento había ido quedado sentada en la alfombra con la espalda contra el escritorio, aparentemente dormitando, su pecho subiendo y bajando en una lenta respiración.

    «Eres un, un pervertido y asqueroso.» Tomó con sus finos dedos del semen que todavía bañaba su rostro y lo llevó a su boca para probar su salado sabor de nuevo, alzando su vista para ver al rostro del Ayudante, reprochándole con la mirada mientras se relamía los dedos embadurnados en su semen uno a uno. «¡Cerdo! ¡Demonio sexual!» Seguidamente limpió su cara del espeso semen con ayuda de la camisa en sus manos, ya sin importarle el cubrir su cuerpo desnudo.

    Y él simplemente soltó una jovial risa al escucharla, para nada ofendido. «Ciertamente jamás me habían llamado así.» Y sonrió ladinamente, masturbando su miembro con una mano mientras la miraba con ojos hambrientos, como un lobo mira a un cordero. «Pero tú también estás caliente, hermosa. Te calentaste al vernos a tu querida líder y a mí…»

    «¡Pervertido! ¡Odioso!» Terminó de limpiarse y tiró la camisa a un lado con fiereza, finalmente mostrando su cuerpo desnudo mientras le dedicaba una mirada de enojo y un puchero con sus labios. Y ante esto el Ayudante ya no pudo resistirse más, gruñendo antes de tomarla del posterior de su cabeza para obligarla a levantarse, atrapándola en un lujurioso y caliente beso, invadiendo la boca ajena con su lasciva lengua. Y le correspondieron, le correspondieron con ganas mientras se abrazaban a su cuello como pidiendo más.

    «¡Amnhh!» Abrió grande su boca para recibir a la juguetona lengua de su Ayudante, que comenzó a explorar lascivamente cada espacio de su cavidad, colgándose del cuello de ese odioso hombre, notando como la abrazaban y sostenían firme de su cintura. «Mhhn, ¡Asqueroso, ah, cerdo! Ah, ¡Me besas a pesar de haberme dejado toda pegajosa con tu semen!» Le recriminó e insultó al separarse, mientras jadeaba recuperando su aliento, gimiendo suave cuando bajaron con húmedos y hambrientos besos por su cuello. «Mhn, cerdo, pervertido…» Y se aferró todavía más al formidable cuerpo que tenía el hombre más odioso que había conocido, mientras ladeaba su cabeza para dejarle mejor acceso a su piel. Ese mismo hombre que ahora la estaba atacando con besos y lamidas, prácticamente comiéndosela con su boca. Cerró sus ojos, mordiendo su labio inferior para evitar soltar más gemidos.

    «Ngh, me vuelves loco Yeeun.» Susurrando a su oído, la cargó abrazándola de su cintura, comenzando a caminar hacia el sofá.

    «¡N-no, No!» Apartó un poco su rostro para mirarlo, nuevamente haciendo ese infantil puchero con sus labios y con ese extraño y travieso brillo adornando sus ojos. «Vamos… al ventanal…» Y desvió la mirada hacia el cristal donde antes lo había visto tener sexo con tantas ganas junto a su líder.

    El Ayudante se detuvo mirándola un tanto sorprendido, pero casi de inmediato volvió a sonreír de lado antes de voltearse para encarar hacia el lugar pedido con ella en brazos, besándola lujuriosamente todo el corto camino. Iba a ser una larga y placentera noche, más de lo que ya la había sido.

  • Betty la nalgona

    Betty la nalgona

    Ya les conté de Betty una compañera buenísima con la que di un curso y de ahí me fui a darle verga, ahora les contare otra historia con ella y es que Betty si esta en mi top de viejas riquísimas, sus ricas piernas morenas y su enorme trasero, además de la forma tan rica que coge y es, ¡por eso no podía cogérmela solo una vez!

    Esa ocasión ella me visito en mi oficina, eran como las 7:30 pm y ya solo estaba yo y el vigilante ya que los demás salían las 6:00 pm, ella lucía una minifalda naranja enseñando sus deliciosas piernas, también una blusa escotadísima que me paraba el palo solo de verla.

    B: ¡Todavía tardaras, es que ya es tarde!

    L: ¡Lo siento nena, la chamba es la chamba!

    B: ¡Si, pero quería unas chelas, ahora que hago jajay!

    L: ¡Relájate y todo pasara rápido!

    Yo concentrado en mi trabajo, pero no podía dejar de mirarle las piernas y sus ricas caderas, ella las cruzaba y me enseñaba de mas, ella disfrutaba excitarme, yo ya quería terminar para salirme con ella y cogérmela, ¡pero el trabajo se complicaba!

    B: ¡Tranquilo Luis, deja te doy un masaje!

    L: ¡Es que esto no queda, está bien nena, lo necesito!

    Comenzó masajearme los hombros, la verdad masajeaba muy rico, el estrés empezó a desaparecer en cada movimiento de sus delicadas manos, ¡además el sentir como me pegaba su cuerpo empezó a excitarme más!

    L: ¡Que rico, Betty sí que sabes relajar!

    B: ¡Cuando mi novio llega a si, lo calmo con eso!

    L: ¡Y con que más jajá!

    B: ¡Jajá, con final feliz!

    L: Uf, ¡espero me des a mí también jajá!

    B: Jajá, aquí, como crees, ¡jajá!

    Charlando y masajeando paso de relajarme a excitarme, entonces yo con mis manos le empecé a acariciar las piernas, ella no me decía nada solo sonreía, mis manos se deleitaban con esas piernas y poco a poco subían a su cadera.

    Ella volteo la silla y se me sentido encima, comenzamos a besarnos y acariciarnos mutuamente, nuestras lenguas jugaban y mis manos ya estaban debajo de su falda.

    L: ¡Me prendes mucho Betty!

    B: ¡Luisito, aquí no, sabes que es peligroso!

    L: ¡Ambos amamos el peligro y lo sabes!

    Me quite la camiseta ante la irada atónita de ella quien volteo hacia la puerta, yo seguí acariciándola y besándole el cuello, mi verga empezó a endurecerse y ella al sentirla inmediatamente se dejó llevar, le quiete su blusa y su sostén, empecé a devorar sus ricos pechos, ella me acariciaba el cuerpo y mis manos hacían lo mismo con sus nalgas, estábamos perdidos y excitados, ella me empezó a bajar el pantalón junto con mi bóxer y saco mi verga que ya estaba durísima por lo acontecido minutos antes.

    L: ¿La vas a meter a tu boca?

    B: ¡No sé! ¡Qué tal si me ven!

    L: ¡La cámara apunta a otro lado y el vigilante no sube hasta que me voy!

    B: ¡Jeja, que adrenalina, entonces déjame devorarte!

    Empezó hacerme un rico sexo oral, me lamia los testículos y metía todo lo que podía a su boca ¡que rica! ¡Decía mientras mi verga era engullida por ella!

    Estuvo chupándomela por unos 10 minutos, el placer que me dio hizo que me olvidara que me podían ver, ¡en ese momento solo quería montar a esa hembra!

    L: ¡Ven mamacita, ponte aquí!

    B: ¡Luis, nos van a ver!

    L: ¡No me importa, déjame levantarte tu falda!

    L: ¡Eres un cabron!

    ¡La recline sobre mi escritorio y levante su falda hasta la cadera, haciéndole a un lado su tanga empecé a penetrarla, mi verga entraba poco a poco mientras mordía sus hombros!

    B: ¡Que rico!

    L: ¿A eso viniste verdad?

    B: ¡Si, quería tenerte dentro!

    L: ¡Jajá, uf, que rico mami!

    Empecé a moverme fuerte, mis penetradas eran fuertes que ella se aguantaba las ganas de gritar, yo no cerré la puerta, sabía que nos podían ver, pero eso me excitaba más, le apretaba los pechos y jugaba sus pezones, ¡le mordía el cuello y le daba de nalgadas!

    B: ¡Así bebe, así!

    L: ¡Betty, que ricas nalgas!

    B: ¿Mejor que las de Lety?

    L: ¡Uf, ahí se van jajá!

    En una maniobra extrema la puse en cuatro arriba del escritorio y yo subí detrás de ella para darle de perrito, ver su enorme trasero me la ponía más dura, apenas si cabíamos en el escritorio, ¡pero ahí estaba dándole de perrito y de nalgadas!

    L: ¡Betty, mamacita, que rico!

    B: ¡Agh, uf, ah, dios!

    L: ¡Toma, recibe mi verga!

    B: ¡Si, que rico, uf!

    Ella se agarraba de la computadora y mi silla para no caerse, yo me agarraba de la barda y le empujaba toda mi tranca.

    ¡Estuve dándole así unos minutos más, ella se aguantaba las ganas de gritar el escritorio empezaba a hacer ruido, eso generaría que subiera el vigilante, pero en vez de parar más le daba a Betty!

    B: ¡Luis que rico, así, así!

    L: ¡Betty, dios, eres un majar!

    B: ¡Bebe, cógeme, cógeme!

    L: ¡Si mi amor, lo que digas!

    Decidí que lo mejor era sentarme y ponerla a brincar en mí, incline mi silla un poco y la puse, a que se diera sus sentones, ella como experta empezó a brincar sobre mi verga, ¡le tome la cintura y acompañe sus sentones!

    El rico cuerpo que tenía, al verlo todo sudado me puso más duro, ¡así nena! ¡Le dije mientras la apretaba para que mi verga entraba enterita en sus entrañas!

    B: ¡Luis, que rico, dios mío!

    L: ¡No grites, nos escucharan!

    B: Eso trato, pero esto es riquísimo!

    Ella movía delicioso sus nalgas, veía como devoraba mi verga, ruidos se escuchaban afuera, pero yo solo quería seguir penetrándola.

    Se volteo de frente, acomodándose para cabalgarme rico, empezó con sus movimientos en lo que yo me comía sus pezones y su cuello.

    ¡Cabalgaba muy rico, se apoyaba del respaldo de la silla para moverse rico, sus nalgas eran apretadas por mis manos y sus tetas ya eran de mi boca!

    B: ¡Así Luis, dios, que rico!

    L: ¡Betty, eres fabulosa!

    B: ¡Uf, que rico, me matas cariño!

    L: ¡Muévete nena, me gusta como lo haces!

    ¡Ambos nos movíamos riquísimo, la oficina comenzó a oler a nuestros sexos, eso no impedía que siguiéramos cogiendo rico en mi silla!

    ¡En el éxtasis de la movida, ella recibió la llamada de su novio y mientras hablaba con el yo le daba verga a la infiel nalgona!

    ¡Si amor ya no tardo! ¡Le digo al cornudo mientras mi verga entraba y salía con más fuerza!

    B: ¡Bebe casi me cachan!

    L: ¡Que rico, me excito eso, hay que hacerlo más seguido!

    B: ¡Me daría igual si me cacha, jajá, uf!

    L: ¿Segura?

    B: ¡Solo me lo cojo y ya, uf!

    L: ¡Que rica zorra, eres genial nena uf!

    Entre la plática y los movimientos mi excitación llego al límite y expulse chorros de semen en su vagina, ella también se vino en líquido, ¡me mordía los brazos para n gritar y le jalaba el cabello a la nalgona!

    B: ¡Si, que rico es esto!

    L: ¡Nena, uf, que rico, uf!

    El orgasmo fue maravilloso, los dos nos quedamos reposando pegados como animales, respiramos un poco y empezamos a acomodarnos las ropas y limpiar mi oficina.

    ¡Ni siquiera terminé el trabajo, salí con ella directo al Hotel, donde seguía recibiendo llamadas de su novio, mientras le daba de perrito o me mamaba la verga!

    Esa noche fue maravillosa, llegue a las 4 de la mañana a casa, donde mi esposa ya estaba súper dormida ni cuenta se dio de que había llegado.

    Betty fue un rico culo que me comí, y les contare más de ella próximamente!