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  • Cariño filial con infidelidad

    Cariño filial con infidelidad

    Estamos celebrando el baile que viene después de un banquete de boda, la mía, después de un rato bailando, saque a mi hermano a bailar, noté como él se agarraba a mí, con toda la ternura del mundo, yo ya había bailado mucho con mi hermano a lo largo de nuestras vida, pero nunca me había tratado con tanto cariño y mimo, notaba como me acariciaba la espalda, como bajaba hasta casi mi culo, y volvía a subir para empezar de nuevo, acercaba su cara a la mía y con mucha suavidad, me besaba en la oreja, y muy quedito me decía ‘estás preciosa hermana’, yo juraría que se estaba excitando entre mis brazos.

    Pero, bueno no adelantemos acontecimientos. Yo soy Esperanza, todos me llaman Espe,

    Tengo 21 años recién cumplidos, de 1,65 de estatura, 57 kilos de peso, pelo largo casi rubio natural, todo lo demás, mis pechos y mi culo son de tamaño medio tirando a pequeño, pero yo estoy muy contenta con lo que tengo, son pequeños pero muy bonitos según me dicen.

    Mi hermano es Juan Luis, Juanlu para los amigos y familiares, es mayor que yo pero también tiene 21 años recién cumplidos me explico, somos mellizos pero él nació 8 minutos antes que yo, tiene como 2 centímetros más que yo, es casi rubio como yo, es fuerte, inteligente, y muy cariñoso.

    Cuando esta mañana me vio vestida de novia, no pudo por menos que abrazarme, y darme un beso diciéndome hermana estas real mente guapa, yo que lo conozco desde que nací, me di cuenta de que estaba un poco raro, no sé, como triste, pensativo, algo raro, pero no sé qué es lo que era.

    Mi novio, bueno mi marido es Pedro, de 24 años, alto, guapo, fuerte, tiene algunos defectillos perdonables, pero hay uno que no es perdonable, bebe demasiado, y cuando está en estado de embriaguez pierde los papeles, y luego cuando se le pasa no se acuerda de nada, llevo unos días con él un poco, bastante, enfadada pues el día de la despedida de soltero, según me cuentan, se pasó tres pueblos, pero el jura que no se acuerda de nada, yo sé que no miente pues no es la primera vez.

    Bien estábamos bailando, Juanlu, en un momento dado me dijo, Pedro está demasiado cargado, y había que ir pensando en quitarlo de en medio antes de que pierda los papeles y monte el numerito, yo me indigne muchísimo, porque mi hermano tenía razón, estaba muy cargado a pesar de que me había prometido que no bebería, como ya todo estaba dando a su fin le pedí a mi hermano, que no lo dejase solo, mientras que yo lo justificaba ante todos los invitados que quedaban, y al mismo tiempo me despedía de los mimos, teníamos habitación en el hotel donde estábamos celebrando la boda, nosotros, y sus padres ya que eran de otra ciudad, mis padres se marcharon, y mi hermano les dijo, que se quedaría hasta que todo finalizase, nuestro viaje de boda, “luna de miel” empezaría al dia siguiente por la tarde noche con un vuelo a Cancún.

    Cuando ya todos se habían marchados, entre Juanlu y yo llevamos a Pedro a nuestra habitación, ya en la habitación lo acostamos en un gran sofá, le quitamos el traje y la camisa y lo tapamos con una manta, en cuestión de minutos se quedó profundamente dormido, le pedí a mi hermano que me bajase la cremallera del vestido, antes de que se marchara, pues quería darme una ducha antes de irme a la cama, él lo hizo, pero me dijo que esperaría, hasta que terminase, y me fui a la ducha, cuando salí Juanlu estaba sentado delante de una mesita que había en la habitación, cuando salí y me vio se quedó, sin habla, yo me había puesto, lo que tenía preparado para mi marido en la noche de nuestra boda, braguita, sujetador, camisón, y bata todo de color blanco, bueno ya sabéis como son esas cosas, el sin poder hablar balbuceo que se marchaba, yo le cogí de la mano y lo hice que se sentara de nuevo en la silla que había estado.

    -Juanlu, tienes que contarme que es lo que te pasa, has estado durante todo el día muy ausente, muy raro, te conozco bien, y sé que algo te pasa, si es por mi boda, no te preocupes yo sigo siendo tu hermana, y estaré siempre para lo que tú quieras y cuando tú quieras, mi boda no tiene porqué alejarnos al uno del otro, yo voy a seguir contando contigo como siempre lo he hecho, y espero que tú lo hagas conmigo.

    -Mira Espe, que yo te he querido, que te quiero, y que te querré siempre es innegable, que yo siempre he contado contigo para todo y que lo continuaré haciendo, también es innegable, que tú además de nuestros padres, has sido siempre lo primero para mi, y lo seguirás siendo también es innegable, que yo también siempre he sido lo primero para ti, también es innegable, lo que no tengo tan claro es que esto último continúe siendo así.

    Por fin creí entender que es lo que le pasaba a mi hermano “tenía celos” su hermana, su niña, su confidente, su continuo apoyo, se había casado.

    -Tranquilo Juanlu tu continuaras siendo siempre lo primero para mi, pero eso no es todo a ti te sigue pasando algo y te ruego que me digas lo que es.

    -Mira, Espe entre nosotros nunca ha habido secretos, y aunque te enfades conmigo, yo lo entenderé, siempre he tenido un sueño o “fantasía” contigo y en estos últimos días me he ido dando cuenta que ese sueño o “fantasía” se hacía irrealizable, y ya a partir de hoy totalmente imposible, pero bueno.

    -Juanlu me vas a decir que es, o me tendré que enfadar.

    -Vale Espe, siempre he tenido el sueño o la fantasía de ser el primero en tu vida sexual, siempre he querido ser yo el que te desvirgara, y veo que eso se me va, eso es todo ahora ya sabes que es lo que me pasa, y si te enfadas lo entenderé.

    Mire para el sofá donde estaba mi marido acostado y borracho, en nuestra noche de boda, me mire a mi misma, como estaba vestida en la que debería ser la noche más feliz de mi vida, mire a mi hermano, que estaba triste y esperando una bronca por lo que acababa de confesarme, mis pensamientos llegaron a poner en una balanza a mi marido de unas horas, y a mi hermano de toda la vida, llegando a la conclusión de que mi hermano es el hombre que más quiero en esta vida, y que si yo se lo pidiera esa noche el, me haría la mujer más feliz de la tierra, ya que el tonto “por no llamarlo otra cosa” de mi marido no se encontraba en condiciones de hacerlo.

    -Juanlu cariño no te frustres, si ese es tu sueño o “fantasía” yo estoy dispuesta a hacerlo realidad esta noche.

    Juanlu dio un respingo, miro al sofá, me miro a los ojos, y con los suyos como plato me dijo:

    -Espe no bromees con eso, para mi es muy importante, lo hagamos o no lo hagamos.

    -Mira Juanlu yo con estas cosas no bromeo, y además desde este momento también para mi es muy importante, como no lo va a hacer, si quiero entregarte lo que he guardado durante toda mi vida para entregarlo en mi noche de boda, pues bien, esta es mi noche de boda, y después de haberlo pensado mucho, tu eres el hombre que más quiero en el mundo así pues aquí me tienes, pero trátame con cariño que soy más joven que tú.

    Juanlu miro de nuevo al sofá, se acercó a mi, me tomo en sus brazos, y con muchísimo cariño me depositó en la cama ”el supuesto tálamo nupcial” en ese momento le dije:

    -Espera un momento que voy a hacer algo que me recomendó mamá.

    Me ayudo y pusimos una sábana doblada en la cama para que no se manchase la del hotel, me había dicho mi madre, que como todas están en todo, él estaba bastante nervioso, le cogí una mano y tire de el para que se sentara en la cama a mi lado, le pase una mano por detrás de la cabeza y acerque su boca a la mía, dándole un beso (yo había besado a mi hermano en la boca muchas veces pero nunca de esta manera) mi lengua peleo por entrar entre sus labios y dientes, para buscar su lengua.

    Y cuando la encontré creí morir de placer, Juanlu temblaba, y con sus manos torpemente, me iba despojando de mis prendas, cuando me tenía totalmente desnuda, muy bajito le dije ‘que pasa, que no te gusto’, me miro como preguntando y continúe diciendo ‘tú eras el que quería desvirgarme, pues bien me tienes desnuda, en la cama, y totalmente entregada, y tu estas sentado y vestido’.

    Sus temblores aumentaron, como pudo se desnudó por completo, tenía ya la herramienta a reventar, miro de nuevo al sofá, y se dejó caer lentamente a mi lado, fue cuando le dije ‘olvídate del sofá’, y el con la lógica preocupación me dijo ‘y si se despierta’, yo para tranquilizarlo le dije, ‘si se despierta lo mandamos a la mierda, que es lo que se merece’, con sus manos como la pura seda empezó a acariciarme por todo el cuerpo, su boca después de la mía busco mis pechos, y disfruto de ellos como un bebe, continuo su viaje por mi cuerpo hasta encontrar mi más guardado tesoro, su lengua encontró refugio en su interior, Dios, como lo besaba, lo chupaba, encontró mi botoncito, que era muy pequeñito, pero que me transportaba al cielo, con sus manos acariciaba todo lo que alcanzaba de mi cuerpo, cuando empecé a sentir, descargas eléctricas por todo mi cuerpo, le cogí la cabeza con mis manos la apreté todo lo que pude para que entrase lo más posible dentro de mi, explote en un grandioso orgasmo.

    Se tumbó a mi lado, y me decía ‘te quiero hermanita, no te puedes ni imaginar lo feliz que me estás haciendo’, me miraba embelesado, me besaba la boca, los ojos, me acariciaba, con mucha suavidad por todo mi cuerpo, yo estaba extasiada, y entregada total mente, el con toda la ternura del mundo se fue colocando entre mis piernas, volvió a disfrutar de mis pechos con sus manos y su boca.

    Fue cuando le dije ‘ahora cariño, ya quiero ser tuya, ya quiero que seas el primero, ya quiero que poseas mi mayor tesoro, quiero que me hagas tuya para siempre’, el que volvía a temblar, tomo mis piernas y las coloco en sus hombros, quedando de esa manera su herramienta “de buen tamaño por cierto“ justo en la entrada de mi vagina, y con una mano la llevo hasta el sitio por donde tenía que meterla, cogió mi cara con sus manos, y me dijo perdóname por el daño que te voy a hacer, le tire un beso, cerré los ojos me mordí el labio inferior y con un gesto le di a entender que estaba lista para recibirlo en mis entrañas, él lo comprendió, y se fue dejando caer muy poco a poco se fue introduciendo dentro de mi, hasta que encontró mi verdadero tesoro, fue cuando muy despacio bajó mis piernas de sus hombros, me abrazo muy fuertemente, me beso en la boca, y me dijo, ‘gracias, cuando tú quieras’, lo abrace muy fuerte y le di a entender que ya era la hora, de un fuerte empujón, se coló hasta el fondo de mi vagina, fue cuando nos dimos cuenta los dos, que algo se había desgarrado en mi interior, nos fundimos en un abrazo y a los dos se nos escaparon alguna que otra lagrima, en cuestión de poco tiempo mi vagina se amoldo a su herramienta y dejo por completo de dolerme, empezó con un movimiento de mete y saca, que en muy poco tiempo hizo que en mi apareciera los síntomas de un nuevo orgasmo, el empezó a jadear y a intensificar sus movimientos, en un momento, entrecortadamente me dijo, ‘me corro hermana ¿Qué hago?’. Yo mire con rabia al sofá, me abrace fuertemente con manos y piernas a mi hermano, y le dije con todo el amor del mundo, ‘ahora cariño córrete conmigo y lo más adentro posible’, note como su cuerpo se apretaba al mío y como su miembro llegaba hasta el fondo de mi vagina, busco mi boca, y justo en el momento en que yo explotaba en un grandioso orgasmo, sentí como chorros de leche llegaban hasta mi útero inundando todo mi interior, y notando como llegaban a todos mis rincones, fue grandioso, nunca más he sentido tal cosa, ni después en mi vida marital.

    Quedamos exhaustos un buen rato, cuando nos repusimos, nos duchamos los dos, nos sentamos en el borde de la cama y lloramos, abrasados, lo hicimos de felicidad, luego él se marchó, yo ya más tranquila como pude lleve a Pedro a la cama, y me acosté junto a él, y le di vueltas a la cabeza, fue cuando me propuse que pagase por lo que me había hecho, o mejor dicho, por lo que no me había hecho.

    Me costó pero conseguí que se empalmara, le hice una paja y deje que se corriera encima, luego cogí un alfiler de los que damos las novias en ese día, y con cuidado me pinché un dedo, y le deje caer gotas de sangre en su glande, entre el semen y la sangre, lo deje para una exposición, espere un poco que aquello se secase, la idea era “contando con su mala memoria en las borracheras“ que durante la noche me había poseído, casi a la fuerza, y con el consiguiente desvirgamiento, y que para comprobarlo solo tenía que mirarse el, y mirar las sabanas, dé la cama, y me eche a dormir.

    Ya por la mañana, ‘cariño que paso anoche, que cogí un pedo que no me acuerdo de nada’, yo con cara de muy pocos amigos, “en parte fingida“ le dije ‘increíble que en nuestra noche de boda me hayas violado, abusaste de mi, yo, pero, bueno, como, si quieres entro en detalles’, ‘no, no’.

    ‘Por favor perdóname, estaba borracho, no sabía lo que hacía, pero que ocurrió’, y yo le conté, ‘abusaste de mí, me desvirgaste, y además lo hiciste sin condón, con las veces que habías dicho que de momento no queríamos niños, me hiciste mucho daño, y sangré mucho, has visto cómo está la cama, y tú te has visto como estas’, me rogó mil perdones, me dio un beso y se fue a duchar.

    Se marchó a llevar a sus padres, a su pueblo, diciéndome que regresaría sobre las 6 de la tarde, que lo tuviese todo preparado, porque a las 9,30 teníamos el vuelo, a Cancún, llame a Juanlu, y le dije que si quería comer conmigo, en 20 minutos estaba en el hotel, subió a la habitación y le conté toda la historia, nos reímos un poco, en un momento dado estando de pie uno, junto al otro, mi hermano me abrazo, me beso con toda la pasión del mundo, y me dijo ‘gracias jamás pensé que me consentirías tanto’, yo que estaba dispuesta a terminar de entregarme a mi hermano cogiéndole el paquete le dije ‘no es tan fácil todavía te queda una cuenta pendiente conmigo’.

    El extrañado y sorprendido me dijo ‘que es lo que queda por hacer’, ‘el culito’ le dije yo, ‘queee’, dijo el, yo le repetí ‘quiero que me desvirgues el culito, quiero acordarme de ti cada vez que lo haga por el resto de mis días’. Fue colosal, con que cariño me trato, como me lo hizo, y me rompió el culito, y lo disfrutamos los dos como locos, y después de varios meses “5” en concreto, nadie se ha enterado de aquello, y para más detalles todavía de vez en cuando lo busco, o me busca y gozamos como locos, chiiisss, que nadie se entere.

    Mi matrimonio funciona de maravilla, porque lo cortés no quita lo valiente, lo de mi hermano es cariño filial, con una pequeña infidelidad.

  • Luzma

    Luzma

    Plaza Satélite, verano del 94. Iba en mi coche, para hacer algún trámite bancario o alguna compra, cuando veo la carita muy cachonda de una niña que conducía su vehículo por el estacionamiento. Nos miramos, nos cachondeamos con la mirada, ella estaciona y se mete en una tienda departamental, y yo hago lo propio, la sigo pero en esos instantes de demora la perdí de vista. Me la jugué por dejarle mi tarjeta en su limpiaparabrisas, esperando que me llamara… Que un golpe de suerte necesario ayudara a que sucediera.

    Al cabo de un par de horas, yo estaba en mi negocio y suena el teléfono, atiende alguien y me llama, que es para mi. Yo no tenía en cuenta quién podría ser, y resulta que era ella, la misma chica que se había bajado de su coche luego de cachondearnos con la mirada, la que estaba enfundada en un ceñido vestido que le marcaba sus curvas de manera muy sugerente.

    Se presenta, me presento, y me dice que fue un lindo juego visual el que habíamos sostenido, nos reímos y me da su teléfono y me invita a una fiesta que tendría lugar en su casa el siguiente fin de semana. A la cual me dijo podría yo llevar un par de amigos si así lo quisiera.

    Llamé a Raúl para que me acompañara, y este llamó a su pareja, y fuimos los tres. Les conté en el camino como la había conocido, y se reían, y me preguntaban qué pensaba hacer, cómo la reconocería, y cómo actuaría. Les dije que eran muchas preguntas sin respuestas en ese momento, que al momento de llegar vería cómo sucederían las cosas, pero que en mi cabeza cabalgaba la idea de tener un rico momento sexual.

    Llegamos a su casa, que estaba situada por una loma, con una vista hermosa de la ciudad, una casa grande, amplia, que evidentemente no estaba terminada en algunos de sus sectores.

    Tocamos el timbre, y en pocos instantes nos abren la puerta, aparece una chica, de unos 27 años, de unos 160 centímetros de altura, con un par de pechos que llamaban poderosamente la atención, enfundados en un body rojo, y dejaba sus piernas al descubierto en la parte inferior, porque llevaba puesto un short de jeans, desgastado, con algunos cortes muy sugerentes.

    Le pregunté simplemente «sos vos?» y ella me repreguntó «eres tú?», enseguida le presenté a Raúl y a su gorda, los hice pasar, y sin mediar más palabras le comí la boca, a lo que ella respondió con un beso muy pasional.

    Nos abrazamos, y enseguida nos dimos la mano y caminamos por la casa rumbo a la sala, donde se llevaba a cabo la reunión.

    Nos presentó al resto de los invitados, y ahí estuvimos una media hora charlando. Pero en el ambiente se respiraba aire de novedad. Éramos unas 8 o 10 personas, y pocos conocían a otros. Luzma, así se llama esta mujer, invitó a 2 parejas que no se conocían entre sí, y a un par de amigas suyas, además de a mi, que llevé a otra pareja. Entonces, no había tanto conocimiento de los otros, lo que beneficiaba al aire que respirábamos.

    Entonces, Luzma me dice «quiero mostrarte el resto de la casa, va?», claro que va, vamos!!! Y nos fuimos, a dar una vuelta por la muy grande casa que tenía. Y ahí me explica que es casada, que su marido no la quiere, que se llevan muy mal, y que él no está viviendo allí, que por eso la casa tiene partes pendientes de construcción, que está a la venta, y mil cosas más, mientras alternábamos su relato con apasionados besos, tan apasionados como desconocidos éramos entre nosotros.

    Seguimos paseando por la casa, hasta llegar al jardín de atrás, desde donde se podía apreciar las luces de la ciudad porque estábamos en la ladera de una loma, la vista era hermosa.

    Ahí decidimos quedarnos, besándonos, tocándonos. Su body de lycra dejaba actuar a mis manos con total libertad. Se lo recorrí y le saqué una teta al aire, para poder comérmela, y le franeleaba la otra con ímpetu, mientras ella me abrazaba y me tocaba por todas partes.

    En breves instantes le desabroché su short, se lo bajé, y le desabotoné el body por debajo de las piernas, y quedó al descubierto una rica concha muy húmeda, en la que metí un dedo y empecé a pajearla.

    Acto seguido nos recostamos en el césped, húmedo por cierto por el rocío de la noche, y entre la humedad del pasto y la de la concha estábamos completamente mojados, acompañados por un tibio sudor que recorría nuestra piel.

    Le chupé tanto la concha que sus suspiros dejaban de serlo, para pasar a ser leves quejidos que trataba de disimular, porque si bien los invitados estaban algo lejos, tal vez podrían llegar a oír algo, y no queríamos…

    Sus leves quejidos iban in crescendo, seguí y seguí lengüeteando y pajeándola hasta que su orgasmo explotó en mi boca, me encantó, me encanta que las mujeres logren su orgasmo con mi lengua, en mi boca, es un placer tan grande, o tal vez mayor que mi propio orgasmo… me fascina!!!

    A mi siempre me gustó dar placer tanto como recibirlo, pienso que si uno da sin esperar recibir, la recompensa aún será mayor, y los placeres fluirán de un cuerpo al otro sin parar y los momentos serán infinitamente inolvidables.

    Tan inolvidable como esta historia que les estoy contando.

    Ella se tomó unos segundos para recuperar el aliento, y me tumbó al césped a mi, para regalarme una mamada de locos… que labios tan ricos, que lengua tan juguetona, que dientecillos tan sutiles para morderme, que manera de mamarme la verga tenía esta mujer, que momento tan placentero me regaló.

    Yo no quería venirme, no porque no me gustara que me tragara la leche está caliente hembra, sino porque no tendríamos tiempo para lograr un segundo round, los invitados estarían preguntándose donde andábamos y no queríamos levantar sospecha… ja

    Ella pensó lo mismo que yo, y dejó salir mi verga de su boca, me paré, y la abracé, la besé con muchas ganas, a la luz de la luna, con las luces de la ciudad como quietos espectadores de nuestro sexo al descubierto. Así como estábamos la levanté entre mis brazos, haciendo que colocara sus piernas alrededor de mi cintura, sentada sobre mi vientre, y así fue como la penetré, profundamente de un solo movimiento. Estábamos los dos tan calientes que mi pija entró en su estuche de una sola estocada. Sentada sobre mi, en el aire, así cogimos, luego caminé hacia una pared, para poder apoyar la espalda de ella y de pie seguir cogiendo, nuestros movimientos y nuestra pasión inundaba nuestra piel de sudor… no dábamos más!!!

    Entonces, decidí bajarla y encaminar nuestros pasos hasta el barandal del jardín, que daba a la colina, desde donde se veía la ciudad, ahí fue que ella se puso en cuatro patitas, ofreciéndome su sexo, y allí la volvía penetrar, para serruchar durante unos cuantos minutos más para vaciar toda mi leche en su concha…

    No habíamos medido el tiempo, no sabíamos cuánto tiempo llevábamos fuera de la reunión, pero no nos importó mucho.

    Nos vestimos, nos arreglamos y fuimos a la sala otra vez. Llegamos, nos miraron todos con pícaras sonrisas… Pero nadie decía nada.

    En un momento, mi amigo Raúl me dijo: «si querían disimular que habían cogido, para que los amigos de Luzma no se enteraran, tendría que haberse puesto el body bien, porque antes lo tenía que le tapaba toda la nalga, y ahora a se le puede observar la nalga en la rotura del short, fijate atrás»… y era cierto… jajaja, no nos habíamos percatado de ese detalle.

    Meses después, me encuentro en un bar, con un chico que había estado en esa reunión, pero del cual yo no me acordaba. El sí de mi, y me preguntó qué tal Luzma, que si la seguía viendo, y si había disfrutado del sexo con ella esa noche, y me acusó de «caradura», y que su marido ya sabía y me andaba buscando!!!

    Claro que nada era cierto, excepto que sí habíamos cogido. Luzma y yo iniciamos una relación de amantes luego de encontrarnos de casualidad por Satélite, de coche a coche, y ahí sí, empezamos a frecuentarnos. Me comentó que ya estaba formalmente divorciada, por lo que su matrimonio ya no existía, y me aclaró, por si quedaban dudas, que ya estaban separados la vez que habíamos cogido en su casa…

    La cité para ir a un bar, pasé por ella, y a medio camino paré mi coche, y nos empezamos a besar, saqué la verga y ahí mismo me la mamó magistralmente y esta vez sí, no dudé en llenarle la boca de leche calentita y se la comió toda… luego, nos fuimos al bar, donde pasamos un rato agradable y finalmente la llevé a su casa.

    Al otro día la voy a visitar, nos ponemos a besarnos en su sala, y otra vez quedamos en pelotas, y ella empieza a mamarme la verga y de repente interrumpe su acción. Y me pregunta: «vas a poder llegar al segundo?», a lo que contesté, inocentemente «no sé».

    No sé, repitió ella, y no volvió a mamarme la verga. Claro, quería sexo, quería penetración, por lo que pasamos a su recámara a seguir la acción. Nos volvimos a besar, y ahí seguimos… cogiendo salvajemente, en muchas posiciones, con mucha velocidad, con movimientos apasionados.

    Y llegamos juntos al orgasmo. Al primero, porque claro, esa noche nos echamos dos polvos más… el siguiente en el culo, luego de besarle todo, le comí el culito para relajarlo y dilatarlo y llenárselo de leche.

    Y el tercero, sí, el tercero se lo eché en la boca… y le recordé su pregunta inicial: «vas a poder llegar al segundo»? a lo que nos echamos a reír.

    Al día siguiente me mandó un mensaje de texto a mi radio, y decía «que rico me hiciste el amor anoche»… la llamé y le dije que estaba equivocada, que no habíamos hecho el amor, que habíamos cogido salvajemente… se rio y me dijo «entonces, vuélveme a coger salvajemente, amor mío»

    Y seguimos unos meses más, ella ya había iniciado otra nueva relación de noviazgo, y al poco tiempo me dijo de terminar porque se iba a casar, y que no quería perder su estabilidad amorosa. La comprendí… estaba enamorada, y con su novio, hacía el amor…

    Luego se casó, no permitió que tuviéramos una despedida de soltero.

    Igualmente le deseé lo mejor, se lo merece. Y ahora su marido tal vez también la coja salvajemente, o tal vez le haga el amor… habría que preguntarle a ella…

  • Sergio y Elena siguen entre fantasía y realidad

    Sergio y Elena siguen entre fantasía y realidad

    Las aventuras entre Elena y Sergio han evolucionado mucho, le he regalado un conjunto de ropa interior tal y como anticipé en la fantasía anterior, hemos tenido alguna experiencia en público con un cierto toque exhibicionista, ha habido un trio, bueno más bien hicimos el amor con público en una experiencia realmente surrealista cuya única conclusión es que Elena y yo somos capaces hasta de estar solos cuando no lo estamos. Creo que las mejores historias están aún por escribir, pero sobre todo por vivir, porque la vida es un sueño si eres capaz de hacerlo realidad.

    Un día cualquiera a las 9:00

    S: ¡Buenos días bichito!

    E: ¡Buenos días!, Tengo una sorpresa para ti, el miércoles que viene Jaime está de viaje de trabajo.

    S: Yo tengo otra sorpresa para ti

    E: Ah sí!! ya estas tardando

    S: El miércoles que viene has quedado para cenar con una antigua compañera de cole, Vanesa creo que se llama. Tienes que buscar a alguien que se quede con tus hijos porque no podrás subir a dormir a casa.

    E: Sergio, no puede ser, tengo que hacer muchas cosas, es una noche entera

    S: Bichito, es tu decisión, yo estaré el miércoles a las 19:00 en… Por cierto siento que tengas que coger el autobús pero es lo más discreto.

    E: De verdad que no puedo, sabes que lo deseo pero es que

    S: Perdona pero tengo una reunión, vamos hablando a lo largo de la mañana y se buena. No hagas nada que yo no haría. Un besito.

    No la deje contestar y la verdad es que durante todos los días que transcurrieron hasta el día señalado, tuve que esforzarme como nunca por evitar hablar del tema, sólo recuerdo un conversación por whatsapp en la que te termine diciendo: “Mira, la vida es un sueño si eres capaz de hacer realidad esos pequeños sueños”. Por fin llegó el miércoles y allí estaba yo, esperándote hasta que apareciste, la verdad es que había sido malo, ni tan siquiera te di la oportunidad de que llegaras tarde, el horario de los autobuses estaba controlado, el siguiente autobús hubiera sido demasiado tarde.

    E: Esto es una locura

    S: Si, lo es, pero me encanta

    E: ¿Dónde vamos?

    S: A ese sitio que te he comentado varias veces

    E: Es muy bonito, pero podíamos haberlo hecho más sencillo, sin tanto riesgo, si ir tan lejos

    S: Si, llevas razón, pero entonces no sería tan especial y además, ya sabes, contigo quiero cumplir todos esos sueños.

    E: Me estas volviendo loca, cada vez me cuesta más trabajo volver a mi realidad

    S: A mí también, pero que quieres que te diga, esto me hace levantarme por las mañanas con una ilusión que ya se me había olvidado.

    Así seguimos hablando hasta llegar a nuestro destino, un spa especialmente diseñado para una cita romántica, situado en un pueblo medieval a apenas 200 metros de la plaza mayor. Nada más llegar, cogí la bolsa de viaje, ella lleva otra, llame al número de contacto para que nos dieran la llave. El sitio era increíble, ya había estado antes con una amiga, aunque en aquella ocasión no pasó nada por varios motivos. La encargada nos enseñó las dependencias. Os lo describo, Una cocina, un salón-dormitorio con una cama adornada con pétalos de rosa, algún espejo cerca pero sin caer en el abuso. Cerca de la cama uno de eso muebles con forma ondular que facilitan la penetración, un sofá, un mesa y luego el cuarto de baño muy normal y una sala en la que había un jacuzzi y una sauna.

    Una vez se fue la encargada, comenzamos a besarnos, sabe que me gusta besarla a veces con los ojos cerrados y a veces con los ojos abiertos, sabe que me gusta ir despacio, que me gusta mimarla pero hoy estoy demasiado excitado, está viendo el deseo en mis ojos y no tardo mucho tiempo en desnudarla y en desnudarme, lleva aquel conjunto que la regale, y eso me da aún más ganas de estar dentro de ella. Estamos los dos desnudos. La cojo en brazos y te llevo a la cama, me pongo a tu lado y empiezo a besarte, no tardó mucho en llegar a su cuello, después a sus pechos, me encanta comerla los pezones los pezones y tratar de meter sus pechos en mi boca aunque no es posible, uno de estos días creo que no me voy a poder resistir y la voy a hacer un chupetón. Bajo hacia abajo, hasta llegar a su coño perfectamente depilado. Empiezo a jugar con su clítoris, no es la primera vez y ya sé cuál es la fuerza justa. Según juego con tu clítoris empiezo a meter un dedo por tu coñito, me encanta porque noto tu coñito más estrecho que el de la mayoría de las chicas que han pasado por mi cama últimamente, sigo comiéndote el clítoris, a veces mi lengua recorre todo tu coñito, a veces mi dedo entre y sale al mismo tiempo, a veces lo dejo dentro y lo hago girar en tu interior y a veces son dos los dedos que entran y salen de tu interior, así alcanzas 2 orgasmos prácticamente seguidos.

    Le doy la vuelta y mi lengua empieza a jugar con su cuello para volver a bajar despacio, siguiendo el recorrido de la columna, hasta alcanzar su culito, muerdo suavemente sus dos cachetes pero no tardó mucho en separar sus dos cachetes y acariciar tu coñito con mi lengua, pero hoy es el día de las sorpresas, ella no lo sabe, pero esta noche no va a quedar nada por hacer que yo haya hecho previamente con otra mujer. Empiezo a jugar con la lengua en su ano, da un respingo, creo que nunca le han hecho esto o no se lo esperabas, así seguimos, con uno de mis dedos entrando y saliendo de su coñito mientras mi lengua juega con su ano, hasta que alcanza su tercer orgasmo.

    Le doy la vuelta, le beso, pongo la almohada bajo su culito, acerco mi polla a la entrada de su coñito, la meto un poquito, la miro a los ojos y me dejo ir hasta dentro de un solo golpe, veo sus ojos abiertos, no ha gritado pero no se esperabas esto, le digo algo, ella sabe que la dije, al mismo tiempo empiezo a entrar y salir con mucho recorrido y cada vez más rápido, así hasta que alcanza otro orgasmo. Decido parar un poco, me salgo, la hago bajarse de la cama, le doy un beso muy suave en los labios al tiempo que la doy la vuelta y la inclino sobre la cama, está a cuatro apoyada en la cama y una vez más mi polla se introduce en su coñito y empiezo a entrar y salir mientras le doy unos azotes, ella se ha vuelto a correr y yo vuelvo a estar apunto, no sé como pero aguante. Creo que es el momento de que sea ella quien tome las riendas porque es cosa de los dos.

    Le doy la vuelta, la cojo de la mano y la llevo al mueble, nunca recuerdo su nombre, me tumbo y la miro a los ojos mientras la digo, “hazme el amor, soy tuyo” Elena se pone sobre mí y se introduce mi polla, empieza a subir muy lentamente, a girar sobre mi pene, a besarme a comerme el cuello, a morder mi labio, todo mientras sube y baja sobre mi polla. Sus ojos me lo dicen todo, esa mirada me vuelve loco, ver como se balancean sus pechos me lleva casi al estasis, escuchas su voz mientras me mira y mientras hacemos el amor me obliga a cerrar los ojos a tratar de distraer mi mente para no correrme como un adolescente. Noto que ella va rápido, me noto muy duro, sé que se va a correr, me mira a los ojos y me dice “vamos córrete conmigo, no te aguantes”. No puedo más y ambos nos corremos a la vez, confundiéndose nuestros gritos en uno solo. Elena cae sobre mi pecho, con mi pene todavía en su interior, seguimos besándonos, diciéndonos cosas que son sólo nuestras, así seguimos durante varios minutos.

    Al final nos levantamos y nos duchamos juntos, fue una ducha tranquila, con muchas caricias que volvieron a ponerme en forma, pero era hora de otra cosa y así te lo dije, viendo en tus ojos que mi negativa a volver a hacer el amor te ha descolocado pero eso es parte de esta noche tan especial, descolocarte.

    S: Vamos a vestirnos, hay que cenar,

    E: jooo

    S: Tranquila, la noche es larga (mientas salimos, abro la maleta y Elena empieza a vestirse)

    E: Sergio, ¿hay que cenar?

    S: Si, jajaja, hay que cenar. Por cierto, ponte esto (mientras te doy un paquete)

    E: ¿Y esto?

    S: Un regalo, ábrelo

    E: Ostias!! Es precioso, te has pasado, esta vez te has pasado mucho

    S: Póntelo, hoy eres mi chica

    La verdad es que te queda de maravilla, todo merece la pena contigo, tu mirada dice cada vez más cosas que me encanta ver, que me encanta buscar. Salimos y fuimos a un restaurante de la plaza, tras pedir la cena:

    E: De verdad eres la leche

    S: Tu sí que eres increíble, por cierto, se me había olvidado esto (mientras saco un paquete)

    E: Pero Sergio, más cosas, esto ya es demasiado

    S: No te preocupes, ya no hay más. Por cierto, no lo abras, ve al baño y ábrelo allí.

    Te quedas blanca, creo que sabes lo que es pero no estoy seguro, me miras a los ojos, te levantas, te acercas hacia mí, me das un beso muy dulce mientras tu mano me soba ligeramente el paquete, me dices “mi niño quiere jugar un poquito pues su chica dice que a jugar”. Te giras y vas hacia el baño.

    Este relato tiene una parte de realidad y una parte que es fantasía pero hoy estoy de niño malo, acabo de tener una conversación con Elena que me ha puesto muy caliente, bueno ya lo estaba mientras escribía esto, me ha puesto aún más caliente y tengo que decirla 3 cosas:

    1º) Buenos días bichito

    2º) Perdona que deje el relato a medias pero tengo que ir a casa a poner fin a este calentón yo solito ya que tú no puedes y otra no me apetece (ya se lo que te he dicho)

    3º) Si te estás preguntando como acaba el relato o que son esos regalos, te propongo que vayas buscando como te escapas, no hay porque esperar a la fecha que te he dicho, puede ser antes.

  • Espectacular encuentro

    Espectacular encuentro

    Hacía ya más de 2 años que conocía a esta mujer, para ser exacto, diré que conocía aquella voz, pues nuestra relación existía sólo en un «videochat» y a través de e-mail.

    Su voz es sugerente. Si por la voz se puede hacer un dibujo de una persona, podría decir que es una mujer culta, educada y elegante, a la vez es muy, muy morbosa. La imaginaba alta, morena y delgada. Tal vez madura, de unos 39 o 40 años. Muy bien hecha y segura de su valía.

    Por otra parte, era capaz de aparcar momentáneamente su coqueteo elegante y fino para convertirse en un auténtico animal bravo, una auténtica gata en celo capaz de llevar a un hombre al más fascinante orgasmo tan sólo con escucharla pedir… «Síiii… rómpeme el culo… uffff… siiii… la imagino dentro de mi culo… siento tu polla cómo me abre el ano…»

    Frases así, en viva voz, gimiendo, jadeando en mis oídos es mucho para no explotar en un orgasmo monumental. Cámara Web en mano, mientras masturbo mi polla y ella mira y habla, sobretodo, habla cuando las convulsiones de mi cuerpo avisan del inminente orgasmo… «sí… eso es… córrete en mi boca… dame tu leche… ummmm… suéltala toda en mi lengua… qué gusto me das…tengo tu esperma en mis labios y quiero besarte… mis dedos están en mi ano…tengo dos dedos dentro de mi culo… quiero que sea tu polla… me corro yo también… ahhhh… siii… ahhhhh… ahhhhhh», los gritos ensordecedores de una hembra en pleno éxtasis de placer resuenan en mis tímpanos y sin tiempo, apenas, de haber eyaculado esa voz vuelve a ponerme la polla dura y deseosa de penetrar aquel cuerpo que sólo puedo imaginar, de obedecer sumiso, cuantas órdenes me quiera imponer pues dichoso, yo podría hacer realidad mi gran ilusión.

    Tras numerosos encuentros con la webcam y su inseparable micrófono, tras decenas de e-mail sentí la necesidad de proponerle un nuevo encuentro, esta vez real. En persona.

    Ella no quería, de ningún modo, que aquella relación pasara la línea de lo virtual, de esta forma no había riesgos, ni desengaños… era todo muy limpio. Pero yo me resistía a no acariciar aquellas manos, a no escuchar en directo aquella voz, a no poder mirar directamente a los ojos de aquella mujer cuya voz me trasladaba a un mundo nuevo, bello y flotante, ingrávido… Tan sólo deseaba verla, tomarla de la mano, abrazarla quien dice un segundo, mirar a sus ojos y una sola vez, siquiera, besar con mis labios los labios que tantas veces imaginé. Apenas rozarlos, apenas mimarlos con la mejor caricia de mis propios labios. No solo era deseo, no solo era lujuria… era también admiración, era pasión por una mujer apasionante.

    Por fin el día llegó, desde luego, tras mucha insistencia y mil promesas de que tan sólo el encuentro sería formal, no más allá de lo que ya he explicado. Ni un beso más que los de rigor en las mejillas… una charla entre amigos de no mucho más de 30 minutos, conocernos, ponerle una cara a esa voz y nada más. Me sentía como el día que fui a recoger mi diploma de ingeniero, me sentía como el niño que va a hacer su Primera Comunión, ilusionado, nervioso, asustado… embriagado.

    Las horas no pasaban, golpeaba mi reloj «Se habrá parado?», llegó la hora convenida, me presenté en la cafetería a la cual ella llegaría minutos más tarde. Ella me reconocería a mi pues me había visto mil veces por la cámara, conocía mi cara y mi cuerpo hasta lo más escondido del mismo. Conocía a la perfección cada pliegue de mi polla, el brillo de mi glande, el tamaño del mismo y las venas que me lo recorren, lo conocía flácido y lo conocía erecto, lo había visto eyacular chorros de semen que me había hecho lamer… conocía mi ano, lo conocía tan bien como si fuese suyo; cerrado y seco… lo conocía lubricado pues ella, con su voz, dirigía mis dedos para que untasen aceite lubricante por todo mi ano, lo conocía penetrado por mis dedos, por mi vibrador… lo había visto cien veces abierto, dilatado… enrojecido por el roce de una polla artificial que me penetraba hasta lo más profundo mientras ella daba alaridos de placer «síii… mete el vibrador hasta el fondo… qué morbo me das… muévelo… sácalo… que se vea el ano abierto…»

    Estaba ensimismado con los pensamientos de aquellas tantas conversaciones cargadas de erotismo, de morbo y placer, recordaba su voz, deseaba tanto escucharla de nuevo…

    «Hola Pedro.» Imposible confundirla, no sabía si eran mis oídos que me engañaban o si, por el contrario… Sí, sin duda, alcé la vista y ante mi había una mujer casi como siempre la había imaginado, elegantemente vestida, con una mirada serena y una belleza que emanaba del interior de aquella hembra que se escondía tras la ropa de paseo.

    Se sentó a mi lado, no dejaba de mirarme no dejaba de mirarla, estaba frente a mi, mi ilusión se cumplía. Unos segundos de charla trivial, unas palabras cortésmente pronunciadas y por fin, «Bueno, aquí me tienes. Esto es todo cuanto soy» dijo ella con humildad y tono suave. «Y tanto que sí, eres tal como te imaginaba, eres lo que tu voz refleja.»

    Tras diez minutos recordando nuestras conversaciones, me recriminó, simpática, que no le había dado los dos besos de cortesía al mismo tiempo que acercaba sus mejillas a mis labios. Sentí que explotaría de placer, sólo besarla en las mejillas era lo más en ese momento. Aproximé mis labios a su mejilla derecha, lentamente los apoyé en su piel suave y un hechizante perfume penetró en mi interior trasladándome a nuevo estado, apuré ese primer beso y pude sentir el calor que se escapada del interior del cuerpo de aquella mujer, con mis labios aun apoyados en su piel, pensé en la proximidad de su cuello, besarlo sería mi perdición, no hacerlo mi locura… Instintivamente movió la cabeza, esperando mi segundo beso en su otra mejilla… de nuevo nuestras miradas se cruzaron y pudimos adivinar el deseo de ambos en los ojos en los que nos reflejábamos, brillantes y profundos. Creo que ambos pensábamos, deseábamos lo mismo, con lentitud exasperante llegué a posar de nuevo mis labios sobre su otra mejilla, la misma piel… la misma sensación.

    Ella, mientras yo besaba por segunda vez aquella piel de su cara, puso su mano en mi nuca, acariciando levemente la base de mi cabello…ejerció una sutil presión acercándome más mis labios a su piel y susurró en mi oído «Te deseo… Dios cómo te deseo Pedro…» y diciendo esto, furtiva y hábilmente, ladeó su cara hasta acariciar, con una levedad atronadora, sus labios carnosos y hambrientos con mis labios desesperados por el roce de aquella marea de sentimientos y sensaciones que se agolparon en mi interior. Fue un beso suave, ligero, corto como un instante… electrizante como el relámpago… luminoso como un cometa… me quedó apenas el sabor de su lápiz de labios… la esencia de la gran mujer que tenía enfrente, de la hembra que tras ella se agazapaba.

    Sus ojos brillaban, no sé si de emoción o de deseo, tal vez ambas cosas eran ciertas. Mis ojos, mi cuerpo vibraba como la tensa cuerda de un guitarra a la que han arrancado su nota más profunda con la magistral caricia del maestro. Era más, mucho más de lo que hubiese pensado en mis sueños más optimistas sobre nuestro primer encuentro.

    Comenzamos de nuevo a charlar, recordamos muchas de nuestras conversaciones. Era poco el tiempo que teníamos y sin decirnos nada, ambos decidimos que aquella conversación versara, en exclusiva, de aquello que tanto nos unía, ambos queríamos aflorar el deseo que nos tenemos en una conversación comprimida por el tiempo y en un lugar público en el que era del todo imposible pasar de las palabras a nada más. Mayor acumulación de deseo irrefrenable era imposible.

    Cierto es que tanto María como yo, podríamos haber hablado de cualquier otro tema que no fuese sexo, formación humana, espiritual y cultural no nos falta a ninguno de los dos, pero deseábamos hablar, cara a cara, de aquello que tanto nos excitaba y debíamos hacerlo en menos de 30 minutos, tal vez 20. Nos impusimos ese límite de tiempo por deseo expreso de ella, ambos temíamos que prolongar la cita podría crearnos un conflicto entre el corazón y la mente, era arriesgado y yo no quería, bajo ningún concepto, contradecir a aquella mujer que, aunque sea de un modo virtual, me enseñó una nueva dimensión de mi vida. Era, es tanto el respeto y aprecio que le tengo que ni se me pasaba por la mente dar un paso en falso, nada que ella no quisiera hacer.

    Comenzó ella a recordarme que tenía unos pechos perfectamente cuidados, «¿Te acuerdas de las veces que me has dicho que deseabas besar mis pezones?» decía. Y tanto que lo recordaba, ella sabe muy bien lo mucho que deseo besar cada rincón de su cuerpo que, hasta ese día imaginaba y apenas podía degustar por una foto que me había enviado por correo y en la que se la veía de espaldas.

    Se quitó el abrigo que portaba sobre sus hombros y me permitió ver su figura recortada por un entallado vestido que marcaba con nitidez las formas de su cuerpo, los deseados y abultados pechos mostraban una perceptible erección de sus pezones. «No llevo sujetador, quería que tuvieses la ocasión de verlos o intuirlos sin nada que los oprima.» Decía mientras tenía los brazos abiertos para retirarse las mangas del abrigo.

    La forma de aquellos pechos, sus pezones duros y marcados que llamaban mi atención, mi imaginación e ilusión me permitían intuirlos desnudos, podía percibirlos en su máximo esplendor… Ella rebuscó en su bolso y sacó un sobre, acercándose mucho más a mi mostró una fotografía en la que la podía ver completamente desnuda de cintura para arriba, podía ver sus senos medianos y sus pezones coronándolos, mi erección era imposible de parar, no podía ni quería pararla, mi excitación iba en aumento al tiempo que deseaba poder parar el tiempo allí mismo y congelar a cuantas personas se encontraban en la cafetería en aquel momento para poder abrazar y besar a aquella mujer que estaba a mi lado.

    Siguió mostrándome fotografías, pude verla completamente desnuda, su pubis semidepilado, perfectamente cuidado. Sus labios vaginales abiertos mostrando la cabeza del clítoris que tanto deseaba lamer… su ano, su ano abierto con un dedo dentro que lo penetraba. Cómo deseaba que aquel dedo fuese mío, que fuese mi polla la que entraba y salía de aquel orificio que tanto placer le daba a ella y tanto placer podría darme a mi.

    Deseaba besar, lamer… mordisquear aquel cuerpo… deseaba sentirlo por entero… mi polla luchaba por salir de su encierro, las palpitaciones de mi corazón eran ostensibles y podía sentirlas en la punta de mi glande, debía estar crecido y deseoso de ser acariciado y besado por la dama que estaba a mi lado, tan cerca estaba que, por instantes, su pecho, su teta derecha rozaba mi brazo y mi mano por encima. Era grande la lucha que mantenía con mis propios instintos por no dejar que mi mano se escapase a abrazar aquellas tetas que me estaban poniendo fuera de mi control.

    Aprovechando que estábamos en un espacio poco visible por el resto de personas y que en la mesa de al lado no había nadie, María se acercó más si cabe a mi cuerpo, retiró su brazo de encima de la mesa y lo llevó a su propio muslo, reposando allí su mano y permitiendo que su pecho, su teta, descansase definitivamente sobre mi mano que estaba inmóvil con la palma apoyada en la mesa y sintiendo el roce del pezón duro sobre el dorso de la misma. Sentí que me correría en ese mismo momento, pero me contuve.

    ¿Te gusta el tacto de mis tetas? Me preguntó mirándome a los ojos. «Es poco el tiempo que tenemos y esto lo máximo que podemos hacer, aprovéchate.» Me dijo mientras hacía más presión con su teta sobre mi mano y colocando el pañuelo que llevaba al cuello de forma estratégica tal que ocultaba lo que sucedía entre mi mano y aquella teta que la aprisionaba, me dijo con un hilo de voz «Acaríciame, tómala en tu mano, por favor, estoy deseándolo.» Mi mano volteó sobre sí misma y se abrazó a aquella teta y a aquel pezón que tantas y tantas veces había soñado. La fina tela del vestido de María era apenas perceptible y sentía aquella teta en toda su dimensión y tersura. Ella dejó escapar un gemido ahogado, tragó saliva y me besó en la mejilla, casi en mi oído de forma que sentí su gemido penetrando en mi cuerpo como una descarga tal de adrenalina que me hizo apretar con fuerza controlada aquel pezón lo que le provocó un nuevo gemido y un estremecimiento que le obligó a juntar las piernas, los muslos como queriendo contener un orgasmo que parecía estar a punto de salir del interior de su cuerpo.

    Con ese movimiento su mano que descansaba en su muslo, se desplazó hasta apoyarse en mi pierna, provocando en mi una reacción similar a la suya, deseando que aquel accidental aterrizaje de su mano en mi muslo fuese lo suficientemente prolongado como para que me acariciase con pasión.

    Cierto es que aquello no se hizo esperar y mientras acariciaba su pecho y sin apenas despegar sus labios de mi mejilla su mano corrió veloz hasta encontrar el abultado regalo que tenía en aquellos momento entre mis piernas. «Dios cómo te deseo, Pedro…» me dijo mientras su mano recorría mi polla por encima de mi pantalón, aquello me iba a enloquecer, perdería el control y no podría evitar que me corriese como un adolescente.

    Movía su mano con fuerza y velozmente de arriba abajo recorriendo toda mi polla, buscando mis huevos y como queriendo sacarla de su escondite, pero allí no era posible.

    Creía morir de placer, estaba a punto de correrme cuando ladeó su cuerpo arrebatándome su teta de mi mano, retiró su mano de mi polla y subiendo su muslo sobre el ancho sillón que compartíamos, colocó su abrigo sobre el mismo tapando lo que fugazmente pude ver como una pierna y un muslo precioso que estaba coronado por unos ligueros que sujetaban sus medias un poco más arriba del centro del mismo. Rápidamente el abrigo tapó todo lo que era visible ante mi desconcierto y decepción. Su mano vino a buscar la mía y la condujo hasta el muslo que quedaba sobre el sillón, justo a la altura del liguero de forma que pude sentir el tacto de la media así como su piel suave y caliente casi a la altura de su ingle.

    Allí me soltó la mano, me la dejó libre, al tiempo que decía «Nos queda poco tiempo, he de marcharme pronto.» Mientras me miraba con unos ojos profundos y brillantes que invitaban a que mi mano explorase aquel nuevo terreno, sus labios denotaban una gran excitación y su mano, la misma que me había llevado hasta sus muslos buscaban entonces el cierre de mi cremallera. Miré alrededor, me percaté de que nadie nos miraba y que no estábamos a la vista de nadie. La miré a ella que en un movimiento imperceptible de su cabeza me invitaba a que pusiese en marcha mi mano…

    Apenas dos segundos habían transcurrido cuando sentí el calor de su mano que había logrado hacerse con mi polla a la que acariciaba ya fuera de su escondite tapada apenas por el abrigo de María que nos servía de improvisado parapeto. Mi mano ávida de sensaciones subió el corto trecho de muslo que restaba hasta llegar a sus braguitas… no las encontraba, todo cuanto podía acariciar era su muslo y su piel cada vez más suave y caliente, sus carnes que a cada centímetro que recorrían mis dedos se volvía más y más blanda y de pronto, una sensación indescriptible de calor y humedad, la certeza de haber alcanzado el punto que ambos deseábamos, apenas unos vellos recortados y depilados me confirmaban que aquello que mis dedos rozaban eran los labios vaginales de María.

    Acerqué más mi cuerpo al suyo, su mano masturbaba mi polla suavemente, retiró la piel dejando mi glande al descubierto y entornando los ojos comenzó a acariciarlo con soberbia maestría. Para entonces mis dedos habían llegado hasta la humedad más íntima de aquella hembra que estaba entregándose al placer, los labios que tapan su vagina se habían abierto para recibir la visita de mis dedos que los recorrían de arriba abajo arrancándole sordos gemidos de placer. Uno de mis dedos se desplazó unos centímetros y acarició un clítoris abultado que denunciaba con claridad una excitación descontrolada. «Fóllame con tus dedos… hazlo ahora…» me dijo al oído mientras cerraba sus ojos y suspiraba tan cerca de mi que sentía su aliento contra mi mejilla…

    Introduje un dedo en su vagina y ella me mordió el lóbulo de la oreja, «Sigue… sigue… Siii… cómo me gusta… me voy a correr si sigues así… siiii…» Me decía.

    Casi no nos importaba la gente, aunque estábamos seguros de no ser descubiertos.

    Introduje otro dedo en su vagina, sus jugos me recorrían la mano, estaba impregnado de aquellos lujuriosos lubricantes que deseaba lamer y beber… el aroma de los mismos jugos estaba impregnando el ambiente y esto todavía nos excitaba más y más. El movimiento de su mano sobre mi polla era cada vez más rápido y violento, estaba al borde de mi orgasmo y luchaba denodadamente por evitarlo. Aquella mano me apretaba el glande desnudo con tanta pasión que las sensaciones me estaban enloqueciendo, era tan intenso que por momentos me arqueaba la piernas intentado amortiguar el placer que me daba.

    Con mis dedos perfectamente lubricados quise hacer realidad mi sueño, así que lentamente bajé uno de ellos hasta ubicarlo cerca de su ano. Tal vez ella no deseaba aquella maniobra aunque un movimiento certero de su cadera me indicó que lo deseaba tanto como yo, aquel movimiento logró colocar su ano en la posición perfecta para que yo hiciese una ligera presión sobre el mismo. Lo sentía redondo y duro, perfectamente dibujado y apenas tenso… mi dedo comenzó a acariciarlo provocando en María una intensa respiración que a duras penas ahogaba unos gemidos que eran cada vez más elocuentes. Por un momento temí que liberase aquellos gritos y gemidos de placer que nos hubiesen puesto en apuros dado el lugar en el que nos encontrábamos.

    Su cuerpo estaba en tensión tal vez sujetando un orgasmo que, para ambos, era cada vez más difícil controlar. Mi dedo logró abrir ligeramente el ano de aquella hembra que pedía más, con suavidad mi dedo se fue abriendo camino por el estrecho túnel que había deseado tanto explorar, sentía con nitidez cómo el ano se abrazaba a mi dedo y como el calor de aquella cueva envolvía mi dedo, sus jadeos anunciaban un inminente orgasmo al tiempo que pedía más… «Me estás volviendo loca. Ponme otro dedo, por favor Pedro…» me decía.

    Saqué mi dedo de su ano y con mucha suavidad junté un segundo dedo, el corazón y el índice comenzaron su camino hacia lo más profundo de su culo, su ano engullía goloso mis dos dedos que no tuvieron problema en perderse hasta el fondo. Comencé una intensa danza de mis dedos en su interior, sus convulsiones eran ya muy evidentes y comencé un movimiento intenso pero lento, le introducía mis dedos hasta el fondo y volvía a sacarlos para volver a introducirlos de nuevo hasta su interior.

    De reojo vimos que aparecía una pareja y que se encaminaba hacia donde estábamos nosotros. Ella guardó mi polla en mi pantalón y lentamente movió las caderas hasta que mis dedos abandonaron la cueva que hasta ese momento los albergaba.

    Habían transcurrido unos 45 minutos desde nuestro encuentro y ella dijo: «Qué lástima Pedro, podía haber sido algo bestial. Hemos de marcharnos. Tal vez en otra ocasión podamos culminar esto.»

    Yo era consciente de que, en efecto, debíamos irnos a mi me quedaban varios centenares de kilómetros para regresar a mi casa y ella tenía que irse a su casa que, por cierto, yo no sabía si estaba cerca o lejos de aquel lugar.

    Era nuestra despedida y este era el trato al que habíamos llegado, por respeto a ambos, así sería. Pagamos nuestra cuenta y salimos del local.

    Ya en la calle le pregunté si podía llevarla a algún lugar pues mi coche estaba estacionado en un callejón próximo y aunque no conocía la cuidad ella sería la guía. Me dijo que no, que eso sería la perdición y que había una parada de taxis en la esquina de enfrente de aquella plaza.

    «Bueno María, nuestras circunstancias son estas y así hemos de aceptarlo. Eres una extraordinaria amiga y una gran mujer. Ambos sabemos o creemos que estamos hechos el uno para el otro pero la vida nos puso a cada uno en un lugar distinto y…» Me miró y sus ojos esta vez indicaban tristeza entremezclada con los deseos y la lujuria vivida minutos antes. Transmitían paz y seguridad, como siempre, pero se habían entristecido.

    «Somos dichosos de todas formas porque hemos llegado a conocernos y a respetarnos, esto de hoy ha demostrado que nos apreciamos y queremos de verdad, somos conscientes de esas circunstancias y hemos sido suficientemente maduros para saber hasta donde debemos llegar. Esto, sin duda, permitirá mantenernos juntos aunque estemos lejos.» Respondió ella.

    Parecían dos discursos ampliamente meditados pero no era así, se trataba de la realidad de nuestros sentimientos y la aceptación de nuestras circunstancias. Al fin y al cabo, ambos superábamos en bastante la treintena y teníamos nuestras vidas montadas de forma que ninguno queríamos renunciar a ellas. Tal vez si hay una nueva vida podamos reencontrarnos si no es así, tal vez una vez al año podríamos volver a tomar un café juntos.

    María se acercó y me besó en la mejilla, no fueron dos besos sino uno, largo y sentido que ya marcaba la despedida. Aquel beso reflejaba que esto quedaba inacabado y muy a nuestro pesar debíamos dejarlo así hasta nueva ocasión. Cuando separó sus labios de mi piel, la tome de una mano y acercando esta a mis labios la besé como quien besa a una reina, aunque lo parezca, no fue una cursilada sino la forma que más podía reflejar la fascinación y respeto hacia esa mujer. No hice reverencia, no era necesario pero de buen grado la hubiese hecho pues tanto la dama como la ocasión así lo merecieron.

    Ya no dijimos nada más, lentamente su mano se separó de la mía y una mirada penetrante y triste nos despidió sin palabras, ella tomó rumbo a la parada de taxis. Yo me quedé unos segundo más admirando la extraordinaria elegancia de María, su paso señorial, firme y seguro. Aprecié entonces que llevaba unos zapatos negros de tacón, la parte de sus piernas que el abrigo dejaba ver eran delgadas y oscurecidas por las medias que portaba… una sonrisa se reflejó instintivamente en mi rostro cuando ella llegó al cruce y se volvió hacia mi. Levantó su mano en señal de despedida y desapareció entre la gente. Me di media vuelta y me dispuse a buscar mi auto que estaba en una callecita cercana, apenas a 50 metros a la vuelta de la esquina de la cafetería a cuyas puertas me encontraba. Con paso lento traté de ordenar mi mente.

    Al torcer la esquina, amparado en la tenue luz que apenas alumbraba la calle encontré mi coche tal como lo había dejado y me encaminé a él, recordé los momentos intensos, intensísimos que acababa de vivir y no daba crédito a mi suerte por haber conocido a esta extraordinaria mujer.

    El aroma de ella había quedado impregnado en mis dedos, al sacar un cigarrillo y llevármelo a los labios pude percibir de nuevo la intensidad de aquella hembra en mis propios dedos. Me sentía afortunado.

    Encendí aquel cigarro y como el deportista que hace ejercicios de calentamiento, me dispuse a entrar en mi auto sabiendo que me quedaban horas de conducción. Respiré aquel aire de la ciudad en la que vivía aquella mujer que, Dios sabe cuándo volvería a ver. Quería llevarme conmigo cuanto mayor número de recuerdos mejor.

    Escuché pasos tras de mi, unos pasos firmes que anunciaban que se acercaba alguien apresuradamente, por instinto miré hacia atrás y vi la silueta de María que avanzaba hacia mi iluminada apenas por la luz de la plaza donde la había dejado hace un minuto. Al reconocerla caminé hacia ella y ella aceleró el paso de forma que ya corría en mi busca, llevaba el abrigo abierto y unas lágrimas le corrían mejillas abajo.

    No dijo nada, no dijimos nada. De un salto se abalanzó sobre mi y la tomé en mi brazos, no pude articular palabra, de un empujón me apretó contra la pared y nuestros cuerpos se fundieron en un abrazo bestial, sus labios buscaron los míos y refugiados en la oscuridad de aquella calle me besó con inusitada pasión, se desbocó como una yegua huye del fuego y antes de que yo pudiese siquiera pensar, su lengua se había trenzado con la mía en un nudo que me llevó a una vorágine de sensaciones increíbles.

    Su cuerpo aprisionaba el mío, el cigarrillo que acababa de encender había caído al suelo y mis brazos recorrían la espalda de María con tanto deseo y calor que ya no sabía ni donde estaba su abrigo, ni mi auto ni nada…

    Sentía sus pechos apretados contra mi pecho, sentía sus pezones punzantes contra mi cuerpo y sus caderas apoyadas contra las mías que buscaban con un movimiento, más que violento intenso, el roce con mi polla que crecía de forma veloz.

    Su lengua recorría toda mi boca, su mejilla aún estaba húmeda de aquella lágrima que la había recorrido segundos antes y pude ver una sonrisa dibujada en sus labios, «No te podía dejar ir así, sin más.» Fue lo último que dijo. Volvió a juntar sus labios con los míos y su lengua se perdió de nuevo por dentro de mi boca buscando el roce de la mía.

    Sus brazos recorrían mi espalda, mi nuca y mis mejillas, sus caricias me transportaron de forma que parecía que iba a perder el sentido.

    Sin saber muy bien cómo, me encontré en un amplio salón apenas iluminado por la temblorosa luz de la leña ardiendo, en el centro de aquella estancia unos amplios cojines y mantas que invitaban a tumbarse en ellos y gozar de las bondades de esta vida.

    La figura de María se dibujaba en la oscuridad por los fugaces reflejos de aquel fuego intenso que ardía en el hogar, dejaba caer su abrigo al suelo, se volvió de espaldas y con un gesto me indicó que bajase la cremallera de aquel vestido ajustado que llevaba colocado.

    Sin nada que lo sujetase, el vestido se deslizó por el cuerpo de María cayendo irremediablemente al suelo de aquella estancia, dejando ante mi la espalda desnuda de aquella mujer tan deseada, su culo que minutos antes había estado penetrado con mis dedos y las medias y zapatos que eran las únicas prendas que se mantenían sobre su piel.

    Estaba atónito, no sabía ni como había sucedido pero estaba allí en una casa desconocida, acogedora y en un ambiente embriagador que me estaba transportando al infinito.

    María se volvió hacia mi, en su mirada se adivinaba que era ella quien llevaría la iniciativa, por supuesto que yo me dejaba hacer. Pude ver sus tetas, sus pezones alumbrados por el chispeante fuego… pero no me dejaba tocar, ni acariciar, solo admirar. Antes de darme cuenta estaba yo totalmente desnudo frente a ella, pues ella misma se había encargado de despojarme de mi ropa.

    Por señas me hizo acostarme sobre los cojines, boca arriba, esperaba que ella hiciese lo mismo pero no. Se perdió de mi vista por unos segundos y al poco volvió. No sabía adonde había ido, tan solo pude ver que traía algo que dejó sobre el sofá más próximo. Yo seguía tumbado mirando al techo de la estancia cuando ella puso sus pies, sus zapatos a cada lado de mi cabeza. Podía ver sus coño a escasos centímetros de mis ojos, ella se mantenía de pie y miraba mi polla que estaba deseando ser mimada y acariciada por ella.

    Se arrodilló, sus muslos tocaban mis mejillas, su coño estaba rozando mi nariz y de pronto, abriendo ligeramente sus piernas se sentó sobre mi rostro manteniendo una corta distancia, la suficiente para dejarme respirar.

    El aroma de su intimidad llegó con fuerza hasta mi nariz y mis labios comenzaron a besar aquellos labios vaginales que se había acercado tanto que golosamente buscaban mi lengua. Pronto comencé a besar aquellos labios mientras María movía lentamente sus caderas proporcionándose el placer del roce con mis labios.

    Mi lengua salió en busca de profundizar más aquel manantial de placer y comenzó a lamer desde la entrada de su vagina hasta el clítoris abultado que deseaba explotar en un orgasmo fascinante.

    María comenzó a gemir y jadear como lo hacía siempre en el videochat, sus gemidos eran cada vez más fuertes e intensos y mi lengua cada vez lamía con más y más fuerza aquellos labios y aquel clítoris que me estaban siendo regalados.

    María se apoyó sobre sus manos y después sobre sus codos, se acercó más a mi polla y comenzó a lamerla con su lengua, comenzando por el frenillo y bajando hasta mis huevos que estaban deseando expulsar la carga que había estado conteniendo hasta ese momento.

    Esta nueva postura de María consiguió que mi lengua pudiese ampliar su recorrido, así que en cuanto pude, llevé la punta hasta su ano, comencé a lamerlo y a golpearlo con la punta endurecida de mi lengua, ella gemía y gemía mientras se metía mi glande en su boca, aflojaba el ano como pidiendo que mi lengua lo penetrase. Yo sabía por sus comentarios anteriores que esto la hacía gozar como una posesa y estaba dispuesto a vaciarme en su placer ignorando el mío, pues su orgasmo sería tan gratificante para mi como el propio mío.

    Adelantó un poco sus caderas de forma que su ano quedó en la vertical de mi lengua, me ayudé de mis manos para abrir aquel precioso culo y tener ante mí aquel músculo que tanto placer le daba a su dueña. Mi lengua incrementó la presión sobre este y poco a poco se fue haciendo hueco para entrar dentro de aquel culo tan deseado. María ya no ocultaba sus gritos, se convulsionaba y retorcía de placer. «Síiii, por favor… No pares… sigue… aughh… aahh…»

    Mi lengua entraba cuanto podía en aquel cuerpo de hembra y mi polla estaba siendo brutalmente lamida por una lengua experta que no tardaría mucho en hacerla explotar.

    Yo trataba de contenerme, inexplicablemente lo estaba logrando, en condiciones normales ya me habría corrido hace rato pero esta vez lo estaba controlando.

    Mi lengua seguía penetrando aquel ano que cada vez estaba más inundado de mi propia saliva, mi lengua lo recorría por todos lados, desde el exterior hasta su interior, notando el suave tacto del esfínter anal, mi lengua entraba no sólo de punta, sino totalmente desplegada ayudada, sin duda, por la dilatación y flexibilidad del ano de María. Esto me permitía lamerle el interior sin dejar ni un milímetro.

    De pronto ella comenzó un desenfrenado ritmo, sus gritos eran ya ensordecedores, de un salto se dio la vuelta y se colocó apuntando mi polla a su ano. Se sentó sobre mi glande y mi polla entró de un solo golpe hasta el fondo de su esfínter lo cual le arrancó un gemido que me puso fuera de mi «Aaaauuughhh… aaagggghhhh…»

    Se sentó sobre mi polla que ya no alcanzaba más en aquella profundísima penetración. María comenzó a mover sus caderas de forma que sus círculos lograban una amplia zona por donde mi glande rozaba su preciado culo y notaba como su ano cada vez se dilataba más y más. Aquel gemido tan impresionante fue el anuncio de un orgasmo intenso al que llegó de forma súbita.

    Acercó su boca de nuevo a mi y me besó. Percatándose de que aún no me había corrido se sacó la polla de su culo y comenzó a lamerla con un ritmo enloquecido, «Me corro… María… me corro…» Le dije, pero ella siguió y siguió lamiendo y chupando… «Ahhh… aaaa» y un inmenso chorro de esperma salió disparado de mi polla hacia su cara, sus labios, su boca y su lengua fueron inundados por aquella primera descarga, rápidamente y con mucha habilidad, sabiendo que aquella primera descarga sería acompañada por nuevas descargas y que mientras estas se sucedieran mi orgasmo estaría en lo más alto, se introdujo de nuevo la polla en su ano recibiendo allí parte de mi leche caliente que estaba expulsando en un orgasmo tan intenso y largo que me tenía casi inconsciente.

    Mientras seguía mi eyaculación ella me besó y sentí mi propio esperma en mis labios, en mi lengua, era tal la lujuria y la borrachera de placer que nos tenía poseídos que no me importó lo más mínimo lamer su lengua y sus labios mezclados con mi propio esperma, al contrario, esto me produjo una excitación añadida que prolongó unos segundos más el fantástico orgasmo que estaba sintiendo mitad en su boca mitad en su ano.

    Aquel beso y aquella sensación de su culo impregnado de mi leche la puso a ella, de nuevo, en estado de trance y con su lujuria más desbocada aun. Me hizo darme la vuelta tumbándome, esta vez boca abajo, me tomó de las caderas y me hizo poner con el culo en alto.

    Mi polla babeaba aun restos de mi leche y había perdido parte de su erección tras el fabuloso orgasmo que acababa de tener. Volví a perder de vista a María, escuché unos ruidos que no supe identificar y de pronto sus labios comenzaron a besar mis nalgas, sus dedos a acariciar mi culo y mi ano… la sensación era genial. De pronto sus labios comenzaron su camino hacia el ano que sus dedos acariciaban. Comenzó a besarlo con esos labios carnosos y húmedos, sentía cada roce como un chispazo que recorría todo mi cuerpo y me obligaba a dejar escapar pequeños suspiros. Su lengua humedeció mi ano, aquella lamida intensa y rápida me hizo subir enteros en la temperatura de la excitación que me estaba proporcionando.

    Mi polla comenzaba a reaccionar aunque aún tenía los ecos de mi anterior orgasmo punzando en mi glande.

    Sus lametones cada vez eran más fuertes e intensos, su lengua trataba de penetrar en mi culo y esto me estaba poniendo fuera de mi, cada vez que sentía que su lengua avanzaba unos milímetros en mi interior, mi corazón latía con más fuerza.

    Se ayudaba de sus manos que abría mis nalgas. Dio un nuevo lametazo y se separó mirando mis nalgas abiertas por sus manos y mi ano húmedo por su saliva. «Qué ganas tenía de gozarlo en directo.» Dijo. «Es tuyo, tómalo.»

    Así puso un dedo en el centro de mi ano y presionó suavemente hasta que este se abrió y permitió su entrada hasta el fondo. Comenzó un suave movimiento circular dentro de mi ano que me estaba extasiando. Antes de pensarlo ya tenía dos dedos dentro de mi y sus caricias iban acompañadas de lamidas que me obsequiaba con su lengua…

    Tres dedos me había colocado dentro de mi cuando me dijo «Quiero verlo totalmente dilatado, sabes que es lo que más morbo me da de nuestras conversaciones. Verte el ano abierto por el vibrador que me enseñas.»

    «Ábrelo, está listo para que lo abras cuanto quieras.» Le decía yo, lamentando no tener allí mi vibrador para obsequiarle con esto que tanto placer le proporcionaba.

    Movió sus dedos, los tres dentro de mi ano, los movió con fuerza, haciendo círculos como queriendo expandir aquel orificio más y más. De pronto sentí un líquido algo frío y resbaloso, me estaba poniendo un lubricante. Aquel líquido chorreaba por entre sus dedos hacia el interior de mi culo que estaba muy abierto. Parte del mismo chorreaba por mis huevos y comenzó a lubricar también mi polla que ya estaba crecida. La sensación de aquel líquido entrando en mi ano era algo supremo.

    «¿Te gusta? Puedes degustar lo que tanto has deseado. ¿Quieres?» me dijo, yo no sabía a qué se refería pero a todo decía que sí.

    Sacó sus dedos de mi ano, los tres y dijo «Qué preciosidad. Tienes un ano que me da taaanto morbo…» mientras se incorporó, se colocó tras de mi y mientras acariciaba mi ano con sus dedos, sentí como algo más grande que los dedos que me habían penetrado se apoyaba en la entrada de mi ano.

    «Te voy a follar Pedro. Siente cómo te follo tu culo que tanto morbo me da.» Y diciendo esto comenzó a presionar sobre mi ano que fue dejando entrar aquello tan grande como sus tres dedos pero que era una sola pieza.

    «Es mi vibrador, ¿te acuerdas que te dije que tenía un vibrador con correas? Pues te estoy follando con él.» Me dijo.

    Yo sentía como aquella polla artificial entraba en mi interior, lentamente, primero un poco, al cabo de unos segundos tenía como 5 o 6 cm. Dentro de mi. Ella seguía presionando suavemente, sabía cómo hacerlo, la sacaba un par de centímetros y la introducía de nuevo alcanzando un poco más su objetivo. «Mide 18 cm. Y quiero metértela entera.» Decía con una voz cargada de lujurioso vicio. Ya hacía un rato que el hombre romántico y la elegante mujer habían quedado aparcados para dar paso a una pareja de amantes cargados de deseo y desenfreno. Nos comportábamos como auténticos viciosos.

    Su polla de látex estaba prácticamente entera dentro de mi, no sé si cabía o no, pero lo estaba consiguiendo. Comenzó un movimiento rápido que me introducía aquella polla hasta el fondo y me la sacaba de nuevo hasta la misma entrada de mi ano.

    Así estuvo dándome como cinco intensos minutos, echaba más lubricante y embestía con pasión «¿Te gusta?… me excita… dímelo… quiero oírte gozar mientras te follo…» decía con un tono de voz que denotaba su intensa excitación.

    «Siiii… me gusta María… cómo me gustaría que esa polla fuese auténticamente tuya… fóllame… síiiii… no pares…» Le respondía yo que sentía no sé cuántas sensaciones distintas a la vez, incapaz de controlarlas e identificarlas…

    Tomó mi polla con su mano y comenzó a masturbarme, su polla de látex estaba totalmente metida dentro de mi. Al cabo de unos segundos la sacó y miró mi dilatadísimo ano. Lo besó, abierto de par en par como estaba, enrojecido y húmedo de saliva y lubricante. Lo lamió su lengua llegaba hasta casi lo más profundo sin ninguna dificultad, sus dedos se perdían por dentro con gran facilidad y quiso meter su mano entera aunque esto ya no lo logró. Pero sí los cinco dedos puestos en forma de cono.

    Me hizo darme la vuelta de nuevo y pude verla con aquella polla atada a su cintura, estaba para comérsela, antes de que yo pudiese hacer ningún movimiento, se sentó sobre mi polla y se la introdujo en su vagina. Se quitó aquella polla de látex y la dejó a nuestro lado.

    «Fóllame tú ahora, fóllame a tope, macho mío que deseo tener un orgasmo más…» pidió mientras cabalgaba sobre mi polla totalmente endurecida. Literalmente saltaba sobre mi polla, la veía acariciarse sus tetas. Qué gran olvido. Me incliné y comencé a besarlas a lamer sus pezones y ella siguió acariciándoselas, una mano se le iba hacia su ano mientras no dejaba de cabalgar sobre mi polla. «Me voy a correr, qué gusto me das… siii… ahhhh… qué gustouugg…» Entonces pensé en tomar la iniciativa, tomé la polla de látex con mi mano, y con un ligero esfuerzo la coloqué a la entrada de su ano.

    Sus ojos brillaron, aminoró el ritmo de sus embestidas y permitió que se la introdujese lentamente, yo notaba como iba entrando por su ano ya que mi polla estaba en su vagina y la separación entre ambos conductos es mínima. La introduje unos ocho o nueve centímetros y ella comenzó de nuevo una imparable carrera.

    Los movimientos eran difíciles evitando que se saliera cualquiera de las dos pollas que María tenía en su interior. Un grito desgarrador, alucinante y cargado de placer salió de su garganta: «Ahhh… siiii… aufggg… ahhh», a la vez que mi polla expulsaba un chorro caliente de esperma en el interior de aquella vagina ardiente.

    Sus labios se separaron de los míos y su lengua abandonó el nudo que mantenía con la mía, sus respiración agitada era lo único que quedaba de aquel magnífico orgasmo que habíamos sentido ambos. Sentí frío y abriendo de nuevo los ojos pude ver que estaba con mi espalda pegada a la pared, María me miraba y el cigarro humeaba junto a las ruedas de mi auto. Sin duda, esta mujer me hace soñar.

  • Mi mujer y su amante, ahora me toca a mi

    Mi mujer y su amante, ahora me toca a mi

    La historia es la siguiente: a mi novia y a mí nos gusta mucho el sexo y siempre nos comentamos nuestras fantasías cuando tenemos relaciones. Por lo general imaginamos que estamos con otra chica o chico o más gente.

    Un día, ella susurrándome que cosas le haría a una chica mientras cogíamos, se le escapó “como la otra noche”. Yo le pregunte: “¿Cómo, como la otra noche?” ella se puso colorada como un tomate y no sabía que decir. Después de tantas idas y venidas me termino confesando que tenía una mujer amante y que se sentía mal por no habérmelo dicho nunca que si quería en forma de resarcir su infidelidad podía organizar un trío con ella. A lo que le respondí que solo con una condición, que ellas hicieran todo lo que yo les diga sin peros ni objeciones. Ella toda compungida aceptó sin discusiones.

    Paso el tiempo y aquella promesa parecía haber quedado en la nada hasta que una noche volviendo del trabajo la encuentro a ella vestida con el short y la remerita que tanto me calientan, ya que ambas cosas le quedan bastante sueltas como para poder meter mano fácilmente.

    Entro la saludo con un beso en la boca y una buena agarrada de culo como de costumbre, me dice que esta la comida lista y que me tenía una sorpresa. Fuimos para el comedor y oh sorpresa! Sentada en una esquina se encontraba una chica que no tenía idea de quien era. Ella me la presenta, su nombre era María, nos sentamos y comenzamos a cenar mientras ellas me contaban de donde se conocen, como se conocieron, etc. etc. De a poco fui sospechando y concluyendo que María era su amante con lo que empecé a llevar la conversación hacia temas sexuales y note como ambas se miraban con lujuria en ciertos momentos, es más me percate que ellas se estaban rozando con sus piernas sus entre piernas así que comencé a acariciar la pierna de mi mujer para ver hasta dónde estaba llegando el pie de María dándome cuenta que estaba dentro del short!!!

    Ya con mi pija que explotaba dentro del pantalón tome la mano de María y la coloque sobre mi bulto para que me la sobara. A mi mujer le cambio totalmente la cara, explotaba de celos. Le dije: “ahora es mi turno, como habíamos quedado, no?” y ella con cara de vergüenza me contesto que sí. Así que las agarre a las dos de la mano y las deje en el sillón grande, yo me senté en otro y les dije que empezaran a hacerse lo que siempre hicieron besarse, acariciarse, tocarse, penetrarse, todo! no había terminado de decir eso que las dos ya estaban metiéndose mano dentro de la ropa y yo saque mi pija y empecé a pajearme y disfrutar de semejante show.

    Le dije a ella que quería ver cómo le chupaba el culo a María, así que María se bajó las calzas que tenía puestas y se abrió las nalgas para facilitar la chupada. Mi pija estaba que explotaba. Era hermoso ver como mi mujer chupaba ese culo con tantas ganas y de a momentos acercaba un dedo para penetrarlo. Le dije que siguiera, que quería ver más adentro ese dedo y que le metiera más. María gemía como loca y le decía: “siii! Como vos sabes mi amor!!!” y ahí no más grito tan fuerte debido al orgasmo que estaba experimentando por los cuatro dedos que estaban entrando en su culo. Saber que habían estado juntas me ponía más a mil.

    A María le chorreaba la mano de la dulce miel de María. Ahora les dije que quería que María hiciera lo mismo con mi mujer. Sabía que ella no se dejaba meter muchos dedos, pero en esta ocasión no iba a ser así. María empezó chapándose un dedo y metiéndolo. Mi mujer gozaba como loca. Le dije que cuando lo sintiera dilatado meta otro y María enseguida metió otro. Tenía tanta calentura que quería que le metiera dos de una y lo hizo. Mi mujer gritaba de dolor y placer, creo que ella no sabía cuál era más fuerte. Ya tenía 4 dedos en su dilatado culo. Creo que María se dejó llevar y le metió el quinto sin dudar con lo que se le termino metiendo toda la mano en el culo de mi mujer!!! No lo podía creer!!! Tremendo fisting estaba presenciando con mi mujer y su amante!

    De la calentura que tenía la saque a María, le agarre la cara para que me chupara el culo mientras ensartaba a mi mujer con mi pija por el culo súper dilatado que tenía. Era increíble cómo le bailaba mi pija, es más ella se ve quería gozar más y se metió un par de dedo más y luego tres lo que me puso más a mil todavía. Entre esa visual y la lengua de María en mi culo empecé a darle más rápido y más fuerte a mi mujer. Ella gritaba por el goce que le estaba dando el orgasmo que estaba teniendo y yo no aguante más y les acabe a amabas en la cara mientras se besaban y chupaban para tomar cada gota de leche que les caía. Ufff! Que placer!!!

    Quedé rendido en el sillón y ellas siguieron besándose y acariciándose.

    Espero les haya gustado.

  • Una sumisa en el camino de Santiago

    Una sumisa en el camino de Santiago

    Hace unas semanas mi amo me pidió que me reservara una semana de mis vacaciones para estar juntos. En un principio dudé. Nuestras relaciones de amo y esclava se limitaban a pasar unos buenos ratitos en habitaciones alquiladas, después cada uno a su casa.

    Poco a poco fui haciendome a la idea de dejar una semanita a mi familia y pasarla con mi amo. En cuanto se lo comenté vi en su rostro señales de alegría. Aquel día le hice muy feliz y no me echó cera caliente en los pezones cuando llevaba las pinzas.

    La excusa para pasar fuera diez días fue un curso de inglés que subvencionaba mi empresa. No podemos decir no al inglés y mucho menos a la disciplina inglesa (chiste fácil, lo siento)

    En nuestra siguiente cita mi amo me comunicó dónde iríamos de vacaciones, yo pensaba que sería un lugar de la costa o como mucho las Baleares, pero no, mi sorpresa fue mayúscula cuando me comunicó que haríamos un tramo del Camino de Santiago

    -Mira sumisa, no abras la boca si no es para chuparme la polla- empezó mi amo, con un tono de voz que no admitía réplica alguna- haremos el camino, no te quejarás, cargarás con tu equipaje y este esfuerzo fortalecerá tu disciplina, para mi será más placentero y tu llegarás a unos niveles más altos de sumisión.

    Con la mirada supliqué permiso para hablar. Unos ligeros cachetes me indicaron que primero tenía que chupar.

    Empecé a pasar la lengua por sus huevos, le encanta y se muestra más clemente, luego le chupé la polla de arriba a abajo, de abajo arriba, demostrando mi habilidad parar tragarme su polla entera. Me sacudió violentamente la cabeza, y se corrió en mi boca. Le limpié con la lengua, como tenía por costumbre y entendí que tenía su permiso para hablar.

    – Amo empecé- aun de rodillas y con las manos atadas- se me hará muy difícil hacer el camino con usted, caminar todo el día y cumplir como a usted le gusta.

    – Por qué putita?- replico mi amo- te gusta pasarlo mal, te gusta que use tu magnifico culo, el caminar será un ejercicio estupendo.

    – Después de caminar no podré servirle amo- contesté a la desesperada.

    – Sí que lo harás putita- contesté- porque si no ya sabes lo que te espera. Pasaremos por bosques de abedules y avellanos y siempre podrás elegir la vara con la que deseas ser azotada por la noche. Te recuerdo que eres mi esclava y estás siendo insolente.

    Sabía que había sido insolente, sabía lo que me merecía y esperé lo que vendría a continuación.

    Empezó a golpearme las nalgas con la mano, de momento no había usado el temido cinturón, yo no me movía y procuraba no lanzar gemido alguno. Empezó a tirarme de los pezones y a comprobar si estaba caliente.

    Muy a pesar mío estaba húmeda. Nunca entenderé porque me ponen los azotes y que me tiren de los pezones pero no lo puedo evitar. Después empezó a golpear suavemente mi coño completamente abierto.

    No puede aguantar más y empecé a suplicar que me dejara chuparle otra vez o que por favor me follara con lo que fuera un nabo, un pepino, una zanahoria…

    Me soltó y empecé a lamerle con una zanahoria metida en el culo. Empecé por los pies, seguí rápidamente al interior de los muslos hasta sus huevos, le encanta que me ponga un huevo en la boca, y después el otro, continué por su culo para finalmente acabar con un homenaje a su gran polla.

    Acabamos la sesión.

    Iba a ir al camino con mi amo

    Pero a efectos prácticos debíamos cambiar alguna de las normas que regían nuestros encuentros.

    En primer lugar y sintiéndolo mucho, la norma de ir sin bragas siempre que mi amo estuviera presente no la podía cumplir. Andar unos veinte kilómetros diarios sin bragas produce un gran escozor, llagas y otras lesiones que imposibilitan cualquier cosa que se quiera hacer después.

    La segunda norma consistía en que las ataduras siempre las llevaba yo. En este viaje no podría usar ni esposas ni correajes con candados para atarme puesto que añadirían mucho peso. Decidí que con unos cuantos metros de cinta de seda ya nos arreglaríamos.

    La tercera norma es el uso del collar. Cada vez que me encuentro con mi amo me pongo un collar de perro. Soy un poco presumida y tengo de varios colores para que combine con la vestimenta, en todos ellos pone o puta, o sumisa, o cualquier nombre con el que mi amo se digne a nombrarme. Para ir por la calle me tapo el collar con un foulard. En el camino no podía ser, hace mucho calor y no se pueden llevar pañuelos.

    Finalmente me decidí por un sencillo collar negro con las letras de puta chapadas en oro. Me lo podía poner al revés y mi amo accedió a que podía llevar escondida la correa del collar debajo de mi camiseta.

    Otra de las normas es que mi amo tiene todo el derecho a exhibirme si a él le complace. Esta cláusula en una gran ciudad no es demasiado humillante porque siempre estás rodeada de desconocidos.

    Lo bueno que tiene el camino es que se hacen muchas amistades pero que caminas con las mismas personas, los mismos días y más o menos el mismo número de kilómetros.

    A mi amo le encanta que le dé el tanga húmedo en el metro o que enseñe las tetas al camarero que nos sirve en el restaurante, normalmente son personas anónimas, pero claro rodeada de conocidos es distinto. Finalmente decidimos que me exhibiría sólo ante una persona por día.

    Finalmente la norma de la vestimenta también la suavizamos. Para andar durante el día siempre que llevara el collar, podía vestir lo que me pareciera más adecuado. Por la tarde, una vez limpia y perfectamente depilada debía ponerme el vestido negro de tirantes sin nada más.

    El tema del calzado fue más duro de negociar. Mi amo quiere que vaya con zapatos de talón siempre que esté con él. Entiendo que es mi amo y tiene toda la razón pero no se puede andar con talones de diez centímetros por caminos de pueblo.

    – Muy bien putita- contestó- no quieres llevar zapatos de puta, pero sabes que eres una puta.

    -Sí amo soy una puta pero no puedo romperme los tobillos y seguir caminando- replique.

    Entiendo pero para no llevar talones debes pagar una prenda, y ahora mismo sabes que mereces diez azotes por replicar. Rápidamente me cogió la pierna para escribir en la suela de mi zapato diez azotes.

    Decidí no ser más insolente, fui rápidamente al lavabo del bar. Me desnudé y me pinté en las tetas diez azotes. Me hice una foto y se la mandé. A continuación con el cepillo que siempre llevo en el bolso me pegué diez veces por la parte de las púas (de esta manera el culo queda más rojo) y le envié otra foto de mi culo enrojecido.

    Cuando llegué a la mesa que compartíamos estaba más calmado. Me recordó que no debía borrarme el castigo escrito en las tetas hasta el día siguiente. Ya lo sabía y me limité a bajar la mirada.

    Al final llegamos a un acuerdo y me permitió usar unas sencillas chanclas de goma por la tarde siempre y cuando mi manicura estuviera impecable.

    – De todos modos putita- me dijo mi amo- a la próxima insolencia vas a chupar la polla de quien yo te diga, cuando te diga y donde te diga.

    – Si amo – repliqué con un ligero temblor de excitación.

    Le besé los zapatos y nos despedimos.

    Empezaríamos el viaje el próximo jueves.

  • Mis días como voyeur

    Mis días como voyeur

    Soy un hombre como cualquiera, que al ver pasar a una linda mujer, voltea las veces que sean necesarias para verle el culo o las piernas.

    Bien. Esto me paso hace unas semanas.

    Todo comenzó un sábado, en el cual fui a visitar a unos tíos en una zona popular de gente medio refinada.

    Mi prima y yo coincidimos en llegar a visitar a aquellos familiares; ya que ella se casó.

    Como tenía algo de ropa en la que era su recamara, fue para cambiarse.

    Pronto fui al lugar secreto para volver a espiarla como cuando niños.

    Comenzó por quitarse un pantalón negro de vestir, para dejar al descubierto unas piernas bronceadas y torneadas, traía una pantaleta negra tipo licra.

    Al quitarse su camisa blanca, notaba un sostén del mismo color, transparentando sus ricos pechos.

    Ahora se sentó en su cama para quitarse su calzón; abriendo sus piernas, mostrando una vagina semi depilada, se revisó como cuando un hombre revisa su barba. Ahora se puso otra panti; pero de color café, se puso unas medias de color natural, se puso una falda roja; acompañada de una blusa negra, con chaleco.

    Al salir de la recamara, rápido entre para llevarme su pantaleta sucia, entrar al baño y hacerme una rica paja, disfrutando del aroma en sus pantis.

    El martes. Fui a una cena con unos amigos.

    La esposa de este amigo, realmente tenía un bello cuerpo por el resultado de varias horas en el gym.

    Ese día, iba con un vestido corto color crema, que hacían conjunto con el color de su piel. Esa noche brindamos demasiado en casa de este amigo, producto del éxito que tuvimos en un buen negocio que habíamos cerrado.

    Él se notaba algo animado con su mujer. Cada que podía le metía mano por debajo del vestido. Pronto comprendí que debía darles cierto tiempo para su disfrute; por lo que fui al baño. Quise tardar un poco para que los ánimos de la pareja se calentaran.

    Salí sin hacer ruido y así poder apreciar el cachondeo.

    Efectivamente fue así.

    Ella se encontraba recargada en la pared, en lo que él le alzaba el vestido, acariciando su chocho.

    Como pudo, le bajo la parte de arriba para sacarle sus pequeños pechos, mamándoselos, con calentura. Fui para su recamara, buscando sus pantis sucias.

    Regrese para seguir disfrutando del show. Ahora él la tenía empotrada con el culo para arriba, dándole de lengüetazos en la vagina. Ella no hacia ningún tipo de ruido.

    Lleve su prenda a mi nariz, imaginando el penetrante aroma del que su marido disfrutaba.

    Cuando él la penetro, yo me puse su calzón en mi falo, dándome una fuerte masajeada.

    Consciente de que aquello era nada más que un rapidín; trate de terminar antes que mis amigos.

    El gusto por ver a la esposa de mi amigo y socio me ayudo para terminar pronto.

    Deje la prenda de mi amiga y haciendo ruido en la puerta del baño. Tiempo que ellos pronto se acomodaron como si nada hubiese pasado y así seguimos la charla y el brindis.

    El jueves. Ese día quise hacer algo distinto. Como mi cuñada se había quedado unos días en la casa; decidí espiarla.

    Mi cuñada es guera, tamaño mediano, pechos grandes, culo grande y bonitas piernas.

    Al igual que en casa de mis tíos, hice un orificio para así poder ver a esa rica cuñada.

    Espere a que ella se me tiera a bañar. Me encanto la forma en la que se enjabonaba su hermoso cuerpo, sus tetas bailaban al compás de la tallada. Pude verle su vagina peluda, sus nalgas algo gelatinosas, pero apetitosas.

    El chiste era que por vez primera me atreví a espiar a mi linda cuñada. Fue algo raro, porque hallaba más satisfacción en espiar mujeres y masturbarme, que estar con ellas.

    Viernes. Ese día fue; creo yo el mejor día.

    Mi sobrina llego a quedarse ese fin de semana.

    Hice exactamente lo mismo que con mi cuñada.

    Mi sobrina es de piel canela, tetas pequeñas, trasero mediano. Yo creo mediría 1.60. La verdad estaba algo chaparra.

    Con impaciencia, deje que pasara mi esposa.

    Ella algo parecida a mi cuñada, en cuanto a cuerpo.

    Como mi mujer entra a trabajar antes que yo, le deje libre el baño para la ducha.

    Aunque es normal ver a mi mujer en cueros, me excitó mucho el poder espiarla.

    Luego, entro mi cuñada.

    Y al último entro mi sobrina.

    La muy inexperta en cuanto al sexo, se atrevió a masturbarse en mi baño y lo mejor es que no me lo perdí.

    Sus dedos se paseaban por los labios vaginales, sobando su clítoris. Que rica pantalla tenía frente a mi.

    Su mano fue para apretarse un seno, luego el otro, poniendo un pezón en medio de los dedos.

    Sus ojos cerrados y su gesto de placer, hizo que tuviera el mejor de mis orgasmos en cuanto a esa semana que casi terminaba.

    Desde entonces y cada que tengo oportunidad practico el voyerismo.

    Obviamente cuando no me masturbo, la beneficiada es mi querida esposa…

  • La visita de mi sobrina

    La visita de mi sobrina

    Bueno otra vez aquí, esta vez les voy a contar mi última aventura con una de mis sobrinas, si tengo 42 años, me conservo bien aunque ya mi cabello escasea, pero ese es otro cuento, yo vivo en mi apartamento y tengo bastantes comodidades, no me puedo quejar, mi trabajo me ha dado para vivir muy bien.

    Entremos en materia, había hecho una pequeña reunión en mi apartamento e invité a una par de amigos son sus señoras, la idea era compartir un poco y hablar de bobadas, eran las horas de la tarde y mi hermana llegó de improvisto, llegó sin avisar y con ella venía mi sobrina Catalina, o sea su hija, Cata, como le decimos, es una niña pequeña de estatura, tal vez mide 1 metro con 55 centímetros, tiene 18 años y tiene un cuerpo muy bien proporcionado, ella está muy linda y con su cuerpo pequeñito se le acentúan sus curvas, tiene un culito precioso y unos senitos pequeños pero se le ven preciosos, tiene una carita de yo no fui, que deja con la boca abierta a más de uno.

    El caso es que llegó mi hermana con su hija y se sentó a conversar y a departir con nosotros, como ni novia no estaba entonces se dedicó a atender la reunión y pasar pasabocas y servir los tragos, como ya sabrán mi trago favorito es el tequila, así que yo era el único tomando tequila y los demás bebían cerveza o Whisky. Mi sobrina mientras tanto se había sentado frente a mí, no me había fijado bien en ella pero al pasar los minutos me di cuenta que venía vestida de manera espectacular, traía una camisa blanca, mejor una camisita blanca, porque para ella todo es diminuto, como su camisa era blanca se podía ver un poco a través de la tela y se notaban sus senos pequeños y sus pezones se destacaban por su color café, también tenía puesto un jean como o usan ahora las niñas, descaderado y dejan ver todo su ombligo y sus caderas preciosas, ahora algunas niñas también dejan ver un poco sus pantaletas o por lo menos el inicio de ellas, Catalina no era la excepción, su cara de niña buena solo hacía pensar que era una tesorito divino, apenas reparé en ella tuve la sensación de querer comérmela toda, ella me miró y se levantó de su asiento y me dijo, «tío quieres que te ayude en algo», yo solo le dije que no había necesidad que todo estaba servido y que no hiciera nada, cuando dio la vuelta para dirigirse a la cocina me quedé mirándola y pude ver su culito, tiene una cola paradita y unas caderas anchas para su cuerpo, se veía fenomenal, mis pensamiento no fueron nada buenos para con ella, pero pronto me olvidé de ella y seguí conversando con mis amigos.

    Al pasar los tragos el ambiente se fue calentando y dejamos de estar sentados y ya nos paramos por toda la sala y conversábamos animadamente, chistes van y chistes vienen, los tragos se acababan y cada uno se iba sirviendo por su propia cuenta, en un momento dado entré a la cocina para partir algunos limones para mis tequilas, sin darme cuenta entré a la cocina y sin darme cuenta mi sobrina estaba un poco inclinada tratando de servir no sé qué cosa, yo pasé por detrás de ella y mi guevo sin querer chocó contra su culo, al sentir su culo mi guevo cobró vida, pero inmediatamente pedí disculpas y pasé rápidamente hacía la parte de la cocina donde se encontraban las cosas que yo quería, mi sobrina solamente me sonrío y me dijo, «la cocina es un poco pequeña tío», yo le dije que así eran los apartamentos de hoy en día, ella seguía inclinada hacia adelante y su culito se veía muy provocativo, tomé las cosas que necesitaba y otra vez tenía que pasar por donde ella estaba, así que con mis manos ocupadas, fui pasando despacio y esta vez coloqué mi guevo bien pegado a su culito, se lo restregué un par de segundos como para que ella se enterara de que yo estaba pasando, mi sobrina lo que hizo me dejó perplejo, se inclinó un poco más y sacó su cola y me pegó totalmente a mi guevo, ella tenía que sentir mi guevo en su culo, pero no dijo nada, solo bromeo y me dijo medio en broma y medio en serio, «si vuelves a pasar por aquí te voy a estripar con mi culo», yo solo le dije, «con esa culo que tienes, seguro que lo puedes hacer», mi guevo estaba empalmado completamente y mi cabeza me daba vueltas, no podía ser, mi sobrina no me dijo nada y yo había podido poner mi guevo en su culito, que rico, pensé.

    La reunión siguió y cada vez estábamos más contentos, mi sobrina entraba y salía de la cocina, ahora era ella la que servía los pasabocas y atendía a los invitados, mientras tanto su mamá estaba sentada en la sala conversando con las señoras y toda parecía normal. Se me acabó la guarnición de limones y me dirigí a la cocina, cuando voy entrando mi sobrina se vuelve a inclinar como para no dejarme pasar y poner como obstáculo su lindo culo, el solo hecho de ver ese culito se me volvió a parar mi guevo y como ya tenía mis buenos tragos en la cabeza no lo pensé, pasé muy despacio y al pasar mi sobrina me obstruyó el paso con su culo, quedé atrapado por su culito, la tomé por la cintura y le restregué mi guevo un poco descaradamente, ella no dijo nada, solo se reía y yo seguía pasándole mi guevo por su culito, imposible que ella no lo sintiera, me dijo: «ves tío no te dejo pasar», yo solo le dije, «no hagas trampa, así casi no puedo pasar mi linda», sin querer me tocó pasar con un poco de esfuerzo y dejarla quieta, mi nenita estaba jugando y al parecer le gustaba hacerlo, pensé, yo estaba nervioso y al mismo tiempo estaba muy empalmado, rápidamente hice lo que tenía que hacer y me tocaba volver a pasar, ella me dijo, «por aquí no vas a pasar tío», en tono de risa, «ya veremos le dije», me dirigí a pasar y ella me fue dejando pasar pero cuando estaba pasando volvió a poner su culito en mi guevo, esta vez se lo restregué sin ningún pudor, ya sin pena, le arremetía su culito con mi guevo y ella también hacía su parte, coloqué lo que llevaba en las manos a un lado y la volví a tomar por las caderas para poder manejarla y estrechar mi guevo contra su culito, la cosa ya era descarada, sentí que su respiración estaba agitada y la mía ni hablar, le dije al oído, «¿te gusta?», ella solo asintió con la cabeza, uno de mis brazos fue bajando hacia delante y coloqué mi mano en su entrepierna, empecé a recorrer su cuevita por encima de jean, ella me tomó la mano y me dirigía hacia donde quería que la tocara, mi guevo seguía empujando hacia delante y ella con su culito hacia atrás para sentir bien mi guevo, subí un poco mi mano y la empecé a meter por arriba del jean para poder tocar su cuquita, ella se pegó a mi cuerpo para dejar pasar mi mano, mi mano fue bajando y se encontró con su mata de vellos púbicos, los acaricié un poco y traté de seguir adelante pero la estrechez hacía imposible la labor, se inclinó un poco hacia adelante y mi mano pudo pasar a tocar cuevita, mis dedos recorrieron toda su cuquita y con sus flujos mis dedos se deslizaban deliciosamente, tenía una cuquita pequeña, mi mano la ocupaba toda, le trataba de meter un dedito pero por la posición era muy difícil , le dije, «lástima que no hubieras venido con faldita», me preguntó, «¿para qué tío?», «para poder tocarte mejor mi linda», me respondió, «tío esto no está bien, tu eres mi tío y no debemos hacer nada», pero no se quitaba de ahí y mis dedos seguían jugando, le dije:» ponte una falda que quiero hacerte de todo», «no tío, no podemos», Catalina jadeaba y arqueaba la cabeza hacia mí, estaba entregada y le encantaba, le volví a decir, «cámbiate de ropa, ve y busca una faldita que hay en la ropa y te la pones», «no tío que va decir mi mamá», «le dices que se te regó algo», enseguida la solté y le volteé un copa de tequila llena en su entrepierna, quedó completamente mojada, le volvía decir: «ve, mi amor a mi cuarto y busca una faldita que hay para jugar tenis que han dejado aquí», enseguida mi sobrina salió de la cocina y fue hasta donde su mamá y le comentó lo que había pasado, después se dirigió a mi cuarto.

    Ya todos estábamos un poco pasados de tragos, hasta mi hermana, que pocas veces toma, la noche era larga, pensé, me quedé esperando que mi guevo se calmara un poco para poder salir de la cocina, decidí entonces ir al baño y hacer como si tuviera ganas de entrar, así lo hice y nadie notó nada extraño, entré al baño que también tiene una puerta hacia mi cuarto y cerré la puerta, de verdad no lo había pensado, pero la otra puerta, la que da hacia mi cuarto estaba medio abierta, me asomé un poco y estaba mi hermana con mi sobrina, ella le buscaba entre mis ropas alguna prenda qué ponerle, por fin encontró la faldita que yo la había dicho y mi hermana dijo: «Jaime es el colmo, tiene ropa de sus aventuras aquí, ponte esta falda y luego sales», mi hermana salió y dejó a Catalina sola, yo me quedé observando desde donde estaba sin que me vieran, Catalina se fue quitando su jean y quedó en pantaletas, eran negras, o como le llaman ahora «Hilo Dental», se paseó un rato así y yo la veía como un lobo a su presa, sin ponerse la falda todavía se dirigió al baño donde yo estaba, cuando me vio se asustó uy me dijo, «tío, qué haces aquí, mi mamá puede venir en cualquier momento», se veía hermosa, su triángulo era divino, yo le tape la boca y la entré al baño, cerré la puerta y me arrodille entre sus piernas, mi boca quedó a la altura de su cuquita y empecé a pasar mi cara por su cuevita, ella me decía, «no, tío, no, déjame, nos pueden agarrar, mi mamá me mata», yo no le hacía caso, aparté su tanga y pasé mi lengua por sus pelitos y su cuquita, ella solo decía que no, que por favor no, pero no hacía nada, me tomó la cabeza y empezó a dirigir, yo solo chupaba su cuevita, ella gemía y decía que no, no sé en qué momento me entró la razón y decidí que era mejor no correr riesgos, le dije que entrara al cuarto y se pusiera la falda y saliera, ella salió corriendo y así lo hizo, mientras tanto yo cerré con seguro la puerta del baño que da a mi cuarto y me quedé unos segundos esperando a que todo se calmara y nadie sospechara nada, cuando decidí salir, en encontré con mi hermana en la puerta, «por qué te demoras tanto Nacho, estoy que entro al baño hace rato, los tragos me están ya mareando», yo solo le dije, «tranquila Julia, estaba haciendo cosas que nadie puede hacer por mí», en tono de broma, me dirigí a la sala y la gente seguía en el mismo plan, es más me pareció que había más gente, pero eso no me importaba, busqué con mi mirada a mi sobrina y estaba conversando con una amigo, ella me miró y bajó la mirada como apenada, decidí que era mejor dejarla un rato tranquila, de todas maneras la faldita se le veía muy bien.

    La reunión siguió y ya los tragos habían hecho su efecto, algunos estaban dormidos y otros estaba enfrascados en conversaciones políticas que nunca tienen fin, mi hermana se había ido a dormir en uno de los cuartos y me había recomendado a Cata, yo no estaba tan pasado de copas, pero los demás parecía que si, en un momento no vi a Cata y decidí ir a buscarla, no la encontré, le pregunté a mis amigos pero ya todos no servían para nada, solo uno estaba medio despierto pero estaba muy tomado, sin pensarlo me dirigí a la cocina y ahí estaba Cata, estaba preparándose algo de comer, me miró y me dijo: «tío, fue una locura, esto no debió pasar, yo no soy así», me acerqué a ella y le dije, «tranquila mi amor, tu no eres una cualquiera, simplemente esas cosas pasan y punto, además tus hormonas están revoltosas y punto», «no tío, lo que pasó es que cuando entraste la primera vez y me rozaste la cola, yo sentí muy rico y me dejé llevar después, eso no está bien, tu no me debes tocar», yo la interrumpí, «tranquila mi niña, no pasa nada, además esto es lo más rico que hay en el mundo, ¿o no?», «si, tío pero esto no lo debo hacer contigo, tu eres mi tío y yo soy tu sobrina, esto es incesto», yo le dije: «si mi amor, pero con una niña tan hermosa como tu cualquiera se vuelve loco, con ese cuerpo que tienes me imagino que ya lo has hecho muchas veces», me dijo: «no, tío no muchas, pero siempre me pongo así cuando me tocan la cola», «cómo así mi amor», «si tío, la otra vez en un bus un señor se me arrimó y me tocó el culo como lo hiciste tu», «¿y tu qué hiciste?», «nada lo dejé hacer, porque me daba una vergüenza que todos se dieran cuenta», «y cómo fue, cuéntame», «ay tío, me da vergüenza», «mi amor con lo que hemos hecho hoy, conmigo no tienes por qué volver a tener vergüenza, cuéntame, te gustó», «ay tío, no hagas hablar», «cuéntame mi amor, esas historias me encantan ya tienes que contarme, no me dejes así», «bueno, está bien, hace unos días salí del colegio un poco tarde y se subí a un bus para ir a mi casa, no sé en qué momento se llenó el bus y quedé en la parte de atrás, de pronto es que siento que alguien se me acerca por atrás y me empieza a rozar la culo yo no le di importancia pero de pronto sentí un bulto pegado a mi culo y cada vez se restregaba más en mi culito, yo miraba para todos lados y no sabía qué hacer, tenía mucha gente cerca y no quería que nadie supiera que estaba pasando, el señor seguía apoyándose y me colocó los brazos como tu hiciste, como llevaba falda el me empezó a tocar por todos lados, pero como yo llevaba cachetero no creí que fuera hacer nada, pero hizo como tú, me metió las manos y me tocó toda, me fue tratando de bajar el cachetero y yo no lo dejaba, pero lo bajó un poco y se sacó su guevito y me lo puso en el culo, yo no sabía qué hacer, pero al ratico acabó y me dejó toco untado mi culo de su leche, me dio un asco tío», «ah, pero te gustó», «si, un poco tío, pero no se lo vayas a contar a nadie, mi mamá me mata», mientras mi sobrina me contaba sus desventuras mi guevo estaba como un riel, me acerqué a ella y le pasé la mano por el culo «es que tienes un culito precioso mi amor», mi mano acariciaba cada cachete de su suculento culito, ella se dejaba hacer, pero me decía. «no tío, no empieces otra vez», me arrodillé otra vez y metí mi cabeza por delante de su falda y empecé a chuparle su cuquita por encima del bikini lo aparté un poco y mi lengua fue directo a su cuquita, estaba muy mojada , ella abrió las piernas y me dejaba hacer, le bajé el bikini y se lo fui quitando, cuando se lo quité me levanté y se lo mostré, le dije: «mira, este es mi trofeo», «no tío, no te puedes quedar con él, qué le voy a decir a mi mamá», «no sé mi amor, pero este es mío y pasé mi lengua por su panty, justo donde quedaba su cuquita, estaba lleno de sus fluidos, ella me dijo: «tío no seas cochino», le dije: «me encanta tu sabor, y ahora quiero comerte toda», «no, tío, no sigamos, esto es una locura, por favor tío, no sigas», pero ya era demasiado tarde, mi sobrina no tenía interiores y el camino estaba abierto, la senté en mis piernas, ella me daba la espalda, le restregaba mi guevo en su culito y ella trataba de no dejarse hacer nada pero sin mucha convicción, le levanté un poco después de haberle sobado por todos lados, sus piernas, su cuquita y por supuesto sus senitos, pero no había tiempo para más, yo me la quería culear, le levanté un poco y me saqué mi guevo ella se dio cuenta de lo que iba a pasar y me dijo:

    «No tío, no me lo metas, por fa, no lo hagas», era por hacerse la difícil, porque no hacía nada por levantarse e irse, «mi amor, quiero culear contigo y la vas pasar delicioso», ella solo decía que no, pero estaba esperando que se la metiera, poco a poco le fui acercando mi guevo a su cuquita, ella me dijo: «no, tío, con cuidado, tienes que tener cuidado, me puede doler, pero mejor no lo hagamos, si quieres te lo chupo, te hago lo que quieras, pero no me lo metas», «ya mi niña, ya va entrar, ya no hay paso atrás te voy a culear bien rico y vas a disfrutar muchísimo, después me lo chupas bien rico», mi guevo se fue acercando a su entradita, hice que abriera muy bien las piernas y mi guevo tocó su cuquita, el primer contacto fue delicioso, ese calorcito, esa humedad, mi guevo encontró su huequito y como estaba muy lubricada y en esa posición mi guevo entró un poco, ella gimió y echó su cabeza para atrás, se entregó totalmente, la tome por la cintura y la fui sentando en mi guevo, poco a poco mi guevo entró, hasta que quedó totalmente adentro, ella sintió que estaba completamente adentro y me dijo: «tío es muy grande tu guevo, es muy grande, me estas abriendo mucho y mi cuquita no creo que aguante, me vas a matar», yo no dije nada, solo le daba besitos en el cuello y con una mano te tocaba sus senitos, y con la otra dirigía mi guevo al tiempo que le frotaba su pepita, ella jadeaba cada vez más, «tío me matas, tío eres un degenerado te estas culeando a tu sobrina de 18 años», esas palabras me enloquecieron aún más, «tío yo solo tengo 18 años, tío me estas matando», yo empecé a subirla y bajarla en mi verga, mi verga entraba toda y se la volvía a clavar toda, en cada embestida ella gemía más fuerte, jadeaba y movía su cabeza para un lado y para el otro, las embestidas eran fuertes, hasta que le dije que ella misma se levantara y se volviera a sentar encima de mi guevo, se fue acomodando y así lo hizo, mi guevo entraba y salía, era todo un poema, solo le veía su culito y pensaba, «por aquí también», pero estaba en el cielo, Cata había pasado varios orgasmos, eso era seguro, había mucho flujo por mis piernas y por las de ella, se debía haber venido muchas veces, pero no estaba yo para contar cuántas veces, estaba llegando a mi limite y el pregunté si se cuidaba, «no tío, no creas que lo he hecho muchas veces, pero quiero que acabes dentro de mí, quiero sentir tu lechita dentro de mí», yo estaba loco pero no para tanto, imagínese mi sobrina embarazada, decidí disminuir las embestidas para no acabar y le dije que debía chupármelo un rato, ella estaba entregada y me dijo, «tío nunca lo he hecho pero me enseñas», yo ya estaba que me corría, así que le la fui sacando y le dije que debía arrodillarse en el piso y chuparme el guevo quería acabar en su boquita, el morbo era total, ella se levantó y se acomodó como le dije, su cabeza inclinada sobre mi guevo, al tiempo que podía ver sus piernas abiertas acurrucada y podía ver su cuquita abierta por mis embestidas, su pequeña cuquita estaba abierta en las dimensiones de mi guevo, en ese momento quería chuparle su cuquita pero primero quería que me chupara mi guevo decidí levantarme y dejar que si sobrina se metiera mi guevo en si boca, así lo hizo, me dijo: «tío, nunca he hecho esto, es sabor es.», no la dejé terminar, le metí mi guevo en su boca y le dije: «Chúpalo como una chupeta cuidado con los dientes, chupa mi amor», ella se dejó llevar, yo le manejaba la cabeza, mi guevo entraba y salía como si fuera su cuquita, fui acelerando y mi guevo estaba a punto de estallar, le dije: «chupa, chupa mi amor, chupa y se la dejé adentro», mi guevo estalló en una acabada bestial, mi leche salía por su boquita y ella trataba de que mi guevo no se le saliera, la tomaba con las dos manos, una acabada fenomenal, que delicia y con mi sobrinita, que mejor, su carita me miraba, sus mejillas estaban coloradas de la excitación, decidí que esa carita merecía un premio así que la acosté en el piso, le abrí las piernas y me dispuse a chuparle su cuquita otra vez, me metí entre sus piernas y su cuquita todavía estaba abierta, le chupe su cuquita deliciosa y ella jadeo, de arqueó y casi se desmaya.

    La levanté del piso, nos dimos un profundo beso y le dije, «quiero seguir así toda la noche, mi amor», ella solo me dijo: «yo también tío, yo también».

     

  • La mano del bus (I)

    La mano del bus (I)

    Me llamo Carlos y tengo 20 años, soy hijo único y muy cuidado, y engreído por mis padres, ellos están atentos a todos mis gustos y preferencias, confían mucho en mí y siempre me dan mis caprichos; soy muy mimado. Hace algún tiempo miraba mi cuerpo y note que me estaba saliendo cinturita, y eso a mi me agradó, pues iba aclarando mi sexualidad ya que nunca había probado una chucha ni tampoco una verga, no sabía si era hombre o mujer, pero me gustó notar en mi cuerpo esa característica, mis pezones se volvieron muy sensibles así como mi piel, que tenía un color muy bonito, por la calle a veces volteaban a mirarme, creo que mis nalgas son agradables y más de uno me mira en donde estudio, yo estudiaba todo el día en un instituto técnico, y tenía pocos amigos, como yo era muy tímido me costaba empezar amistades nuevas; salía del instituto y no paraba hasta llegar a mi casa. La movilidad era muy complicada para mi, siempre los buses iban muy llenos y apretujados.

    Un día salí un poco tarde del instituto, espere largo rato el bus, y cuando este llegó venia cargado de mucha gente, me acomodé al centro del vehículo, no podía ni moverme ya que estaba muy apretujado, sentía el calor muy fuerte, más o menos a mitad del viaje, sentí que una mano empezó a tocarme el culo, yo no podía ni alejarme, tampoco voltear hacia atrás, era tanta la gente que ni eso se podía, y tuve que aguantar, esa mano recorría mis nalgas de arriba y abajo; las apretaba rico, su dedo del centro empezó a tocarme mi ojete, era mi primera caricia a mi culo y… eso me estaba gustando, me dejé hacer todo lo que viniera de esa mano; cuando la gente empezó a bajar, la mano desapareció, yo miraba a quien pudo haberme hecho eso, pero no tuve éxito, cuando me toco bajar, hice una última mirada, pero tampoco; al llegar a casa encontré una nota de mis padres que iban a llegar tarde; yo estaba arrecho, un olor a putito que no podía, fui al cuarto de mama escogí una tanga y me la puse quería sentirme putito.

    Al día siguiente estuve muy atento en el bus, al salir de mi casa observé y venia casi vacío, me senté tranquilo; al terminar las clases y cuando ya estuve en el paradero, era muy difícil saber quién era el pervertido; subí y me acomode al centro, no sé si quería encontrar a quien hacia esas cosas o si quería sentir de nuevo esas manos; pero ahí me puse; cuando se llenó más el bus, volví a sentir esa mano fuerte, enérgica y arrechante, yo ya no intente saber de quién era, solo quería sentirla, y ese día venia sin trusa, sabía que lo iba a sentir, y empezó su trabajo de arriba abajo, y creo que se dio cuenta que no traía nada, que se esmeró en sus apretaditas de nalga, su dedo del centro se puso más duro y quería meterse por la tela del pantalón, lo sentía muy arrecho, yo paré el culo y él me ajustó su manaza, que ricooo… eso duró poco ya que la gente empezó a bajar y se hacía notar, me quedé con más ganas, así llegué a casa muy arrecho, allí estaban mis padres, los saludé y me fui a duchar, cené y a dormir soñando con esa mano o su verga de qué tamaño seria; tenía ganas de verga, me di cuenta que me gustaban las pingas y no las chuchas.

    Esa noche desarrollé los trabajos del instituto, hasta muy tarde, cuando fui al baño note que la puerta del cuarto de mis padres estaba entreabierta y fui a cerrarla cuando veo que mi madre le mamaba la verga a mi papá, si que era una verga grande y gruesa, y la mía chiquitita.

    Papa: déjame meterla a tu ojete.

    Mama: No me duele mucho, y tú la tienes muy grande…

    Ellos estaban en ese dilema hasta que papa gano y la puso de a perrito, le echo gel al culo y zas se la enchufó de un solo golpe… Mi culo se estremeció y la verga de papa gozaba con el culo de mama y ella de tanto mete y saca empezó: ‘más mas mas quiero más, métela más adentro’. Je je yo me sonreía, el placer lo acompaña al comienzo el dolor pero después viene lo rico… Me fui a la cama a soñar como sería mi primera vez y mi primera verga en mi culo.

    Al día siguiente al ir al instituto, observaba a la gente en el paradero y después en el bus, me senté tranquilo, no había muchos pasajeros; cuando llegue fui a mi aula, estuve con los amigos y al terminar las clases, fui al baño y me saqué la trusa, y como fui con buzo deportivo muy suelto, quería como el día anterior sentir más caliente esa mano del bus; salí al paradero siempre mirando, pero no había nada raro, me subí en el más lleno, me coloqué al centro donde estaba más apretado, cuando de pronto sentí que algo se apretaba a mi cuerpo, no era una mano, era una pinga, gruesa y caliente, tuve un poco de temor, no quise voltear por eso, pero me gustaba sentirla sobre la ropa, estaba tan rica que inconscientemente me bajé el buzo un poco, lo suficiente para que me meta la mano, pero no fue la mano, fue una pinga descomunal, recta y larga, caliente y venuda; me la puso entre las nalgas y sus manos en mi cintura apretándome a su cuerpo; yo me dejé quería pinga mucha pinga, el bus hizo el resto nos movíamos a su ritmo…

    De pronto oigo su voz en mi nuca: ‘Vamos a bajarnos, dame tu mano, ven…’ Yo hice lo que pidió, estábamos a dos cuadras de mi casa y recién pude verlo y era un tipo de raza negra, muy negro y corpulento, y atractivo; me gusto y lo seguí

    Yo: donde me llevas

    El: a mi cuarto y hace tiempo te tengo ganas putito.

    Nos fuimos y al llegar a su cuarto él empezó a besarme la boca, metía su lengua como culebra hasta mi garganta

    yo: sigue besándome esta rico…

    Él: me gustas mucho mariconcito y te va a gustar lo que vas hacer esta noche conmigo.

    Yo: no puedo quedarme toda la noche solo un rato.

    Él: me llamo Félix y tú?

    Yo: Carlos, pero sígueme besando, sácame la ropa y cáchame.

    Félix: Si toma mi verga y chúpala.

    Era una pinga negra muy negra y larga y ancha, no era cabezona pero rica, era mi primera verga que chupaba; él empezó apretar mis nalgas y sus dedos entraban y salían de mi ojete… que rico era todo eso; con su otra mano apretaba mis pezones y los chupaba… Mas ricooo.

    Hasta que yo no pude más y le dije

    Yo: Félix ya métela muy dentro muchooo dentro.

    Él no se hizo de rogar y sus 32 cm. de verga entraron en mi virginal culo… despacio… despacio… muy despacito y cada centímetro que entraba abría mis pliegues y yo los gozaba era mi primera pinga en mi culo… ‘sigue mete mete más…’ pedía yo y cuando ya estuvo toda dentro empezó a moverla en círculos y saca y casa y mete y mete muy rápido, demasiado rápido que perdía la noción donde estaba y yo buscaba su boca, su geta inmensa, el metía hasta su lengua, su mano apretaba mis pezones y sus cadera mi culo, sus piernas aprietan mis muslos era un experto cachando y yo quería que me cache mucho… hasta que me vine y su mano agarro mi leche y la paso por mi cuerpo, pero él no llegaba todavía y siguió moviéndose con un ritmo increíble, volví a correrme y nuevamente mi leche la rego en mi cuerpo, y de repente… ‘yaaa me corrooo que rico culo…’ se venía y me llenaba las tripas de leche… termino en mi culo y espero que se desinfle un poco y cuando la saco y si que era enorme…

    Yo: me gustó Félix.

    Félix: te volveré a cachar otro día.

    Yo: ya no ya, solo una vez contigo y nada más…

    Me vestí y así me fui, oliendo a leche de negro y la mía, llegue a casa y encontré una nota de papa ”Hijo nos fuimos al cumpleaños de tu tía no venimos hasta mañana” Yo de haber sabido me hubiera quedado con el negro.

    Me fui a mi cuarto. Me fui arrecho a mi ducha y luego a dormir… Mañana será otro día.

  • Drogada le pasé mi pack a mi hermano

    Drogada le pasé mi pack a mi hermano

    Hace poco encontré por accidente ‘(incidente)’ esta página.

    Es mi primer relato que aprovecho como confesión y empezó hace 3 semanas que llegue a esto; leí y algo cambio, saben. No como cambiar literal sino que mis sueños y fantasías que me reservé hasta darme cuenta que no soy la única perversa.

    No soy virgen, ni mucho menos. Soy del tipo más bien tímida o al menos así me consideran mis compañeros. Me llamo Leo, empiezo mi primer ciclo de uni en la carrera de administración en Guanajuato, México, bellísima ciudad aunque soy de un municipio no lejano. En la ciudad vivo con mis hermanos Germán (25) y Tali (27), yo soy la tercera pero tengo dos hermanas menores que aún viven en el pueblo con mis papás.

    Para no hacer tanto rollo les digo que desde hace ya varios años fantaseo y veo vídeos xxx. He espiado a mi hermano en el baño, en su cuarto aunque solo breve igual que a mi hermana, por curiosidad, vaya, y morbo. Así es, soy inquieta aunque guardo las apariencias.

    Hace aproximadamente 3 meses que recién llegábamos de vuelta del pueblo salimos entre hermanos a un pequeño bar cerca de la casa. Germán y Tali que ya llevan tiempo viviendo aquí me invitaron a familiarizar mi nuevo ambiente. Tomamos unas cervezas y nos regresamos a la casa. Germán se metió a bañar y Tali me invito un cigarro (aunque sabe que no soy de fumar). Me dijo luego.

    -A que eres todavía buena por mis papás, tranquila yo ya pase por eso pero estando solos sin que me llamen la atención estoy más a gusto. Hago y deshago, Germán ya se la sabe!

    – jajajaja Tili (así le digo) yo no soy tan buena como me veo, de hecho creo que hasta te sorprendes!

    T: ajaaa! Mandar pack no te cuenta Leonora!!! Eres una santurrona y es fácil saberlo. Te contaré mi secreto pero no debes decirle a nadie.

    Yo: dime loca, ya estas ebria!

    T: jaaa déjame, ni he tomado. Germán y yo hemos probado cosas y no es sexo por si lo piensas. Te daré un poco peeero me prometes qué afuera de aquí no tomaras nada de esto, tamos!!

    Yo: mmmm me gusta la mota, duermo súper a gusto.

    T: no niña, eso no. Vente.

    Me iba a su cuarto detrás de ella pensando y oyendo la música que tenía Germán en la ducha, recuerdo perfecto qué era «Altura» de Rosalía. Ahí Tali me dijo que fumara casi normal como si fuera cigarro.

    T: que conste que no quiero fallas después, sé que no eres pendeja y mejor porque si no ya te regreso con mis papás. Esto es aquí y solo aquí. Ni le digas a Germán.

    Yo fumé de la pipa, en segundos se me erizo el pelo. Me sentí igual, aparentemente y se me hizo nada a comparar con los efectos de la mota.

    T: mi peque, te has visto? Y ves cómo nos mira Mani? Se le vuelan los ojos!

    Yo: es hombre, que esperabas? Hasta mi papá una que otra vez. A decir verdad lo tomo como algo instintivo.

    T: papaaa? Nmbre! Jajajaja ya lo sé. Yo les desvisto, digo, los he visto.

    En verdad me agarro en curva, no sé si era verdad o coña.

    T: quítate la ropa. Te voy a prestar una pijama.

    Se deshizo de aquel pantalón mezclilla y luego seguía fumando. Yo indecisa la seguí.

    T: le mandare una foto tuya a mani, seguro se la pones bien dura jajajaja

    Yo: nooo pendeja, nooo.

    T: que se la jale bien, yo le cache una foto mía que capturó de insta, es muy cabron!

    Yo: pues tu mándale tu culo! (admito qué me sentía cada vez más caliente)

    T: perra, entonces te reto a robarle una foto tú, ahorita aprovecha que ya está dormido en la bañera. Y es más, ten mi teléfono y déjate de excusas. Yo la borro.

    Fume un poco más y sentía como cada vez podía hacer más cosas, me calentaba el morbo.

    En un descuido le tome foto a Tali a ella le daba igual estar en ropa interior, la amenace en mandarle mejor esa pero ni siquiera le importaba. Ahí me dijo que me faltaba mucho por experimentar cosa que enseguida reprimí solo porque sí.

    Yo: mis tetas no se comparan a las tuyas, y si he visto a maní mientras se baña, y lo escuche como cogia con Wendy.

    Recordar me termino de poner hot y más animada. Entonces decidimos mandarle foto pero solo de nuestras tangas. 5 minutos después contesto. Salió del baño y en bata se sonrió y dejo a propósito lo que le cubría. Tali le dijo pelado y lo mando a su cuarto.

    Ahí empezó la complicidad. Ya me había gustado!

    Yo me sentía con ganas de coger pero ahora ya tenía realidades qué antes eran fantasía.

    Continuo este relato de cómo le mande foto de mis tetas a mi hermano cuando estuve drogada…

    Después de esto nada fue más excitante!