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  • Las historias de Cindy (Cap. 2): Ex esposo

    Las historias de Cindy (Cap. 2): Ex esposo

    Soy Cindy y hoy voy a contarles la ocasión en la que tuve sexo con mi ex esposo estando mi pareja en el mismo lugar.

    Habían pasado unos meses de mi segundo divorcio, a mi ex le voy a llamar “Juan”, ene s entonces ya había empezado una relación con Fernando, un tipo que conocí y estando vulnerable empecé una relación con él. El caso es que llegamos a una fiesta y cuál fue mi sorpresa, Juan estaba ahí, también iba acompañado, resulta que era amigo del hermano de Fernando, yo no sabía qué hacer, nunca supe eso, solo que me sentí muy incómoda ya que “Juan” no disimulo nada y aunque no dijo que era su ex, ¡si aclaro que me conocía muy bien!

    Afortunadamente Fernando no le dio mucha importancia y empezamos a disfrutar la fiesta, como acostumbro a vestirme muy sexy, ese día no fue la excepción, mi vestido en tonos rojos arriba de la rodilla entallado, mis tacones blancos y un poco escotada, obviamente muchas miradas estaban en mí, pero Fer, estaba tan contento con su hermano que me descuido bastante.

    Caso contrario de Juan, que, pese a que llevaba s u nueva novia, no se me despegaba y aprovechaba cada momento para estar cerca de mí.

    J: ¿Cómo te ha ido?

    C: Pues, ¡no me quejo! ¿Y a ti?

    J: ¡Igual, con nueva nena!

    C: Si, ¡ya lo noté!

    J: ¡Pero nadie como tú!

    Sus comentarios me parecían fuera de lugar y más porque su novia no era tonta y se daba cuenta de lo que ocurría, yo trataba de ignorarlo, pero el buscaba la forma de ponerse en frente de mí, ya entrando la noche y con un poco de alcohol y molesta porque Fernando no me pelaba para nada, más que para manosearme, decidí ser reciproca con Juan, quien ya más tomado estaba insistente en bailar y bailar conmigo.

    Baile un par de piezas con él, el no desaprovecho la oportunidad de rozarme con sus manos y con su amiguito, que en otras ocasiones me había dado mucho placer, me deje querer, me abrazaba y me besaba la mejilla y los brazos.

    J: ¡Hay corazón, no sabes cuánto te extraño!

    C: ¿En serio?

    J: ¡Extraño todo de ti!

    C: ¡Pues cuando estábamos juntos, eso no parecía!

    J: Si, pero, había más cosas que nos unían, como las noches de placer, de solo recordar tu cuerpo, ¡uf!

    C: ¡Ya, espérate, tu novia está ahí!

    J: No me importa, ¡ella sabe que tú eres mi ex y a veces le eh dicho tu nombre mientras cogemos!

    C: ¡Que!!!

    J: Si, ¡le digo tu nombre pensando que es a ti a quien penetro!

    Su confesión más que molestarme me hizo excitarme y fantasear despierta, el que me conocía perfectamente supo donde darme, en el ego, el saber que soy deseo de otro, me pone a mil y él supo aplicarla.

    Pero aun así quise mantenerme firme, lo nuestro ya había pasado así que para evitar malos entendidos le pedí por favor al hermano de Fernando, si me permitía ir a recostarme un poco, alegando dolor de cabeza, el ya ebrio me permito ir a su cuarto, ¡donde corriendo fui prácticamente a esconderme de Juan!

    Ya en el cuarto me quite los zapatos y me estaba acariciando mis pies hasta que escuche la puerta, pensé que era Fernando quien tocaba, así que fui inmediatamente abrir, ¡pero me lleve una sorpresa cuando el que estaba atrás de la puerta era Juan!

    C: ¿Qué haces aquí?

    J: ¡Sabía que estabas aquí!

    C: ¡Que quieres, vete o nos meteremos en problemas!

    J: ¡No me iré, hasta sesear mi sed de ti!

    Inmediatamente se lanzó abrazándome fuerte, me apretaba las nalgas y me besaba muy apasionadamente, trate de alejarlo de mí, pero él me tenía toda aprisionada en sus brazos, ¡mientras besaba mi cuello y me acariciaba las piernas me tiro en la cama!

    J: ¡No sabes cuánto deseo esto!

    C: ¡Juan, nos van a descubrir, esto está mal!

    J: Ese wey está en su mundo, ¡se nota que no sabe la bomba que tiene ahora!

    C: ¡Ya para! y tu novia?

    J: Se fue, no tolero verte aquí, ¡y que le dijera lo rico que coges!

    Se despojó de la camisa y de su pantalón, la tenía parada como brazo de santo y muy dura y es que mi ex es de buen tamaño, ¡al verlo solo me recosté y permití ser su víctima!

    Su lengua empezó a recorrer mis pies, la subía suave por mis piernas, ¡levanto mi vestido y arranco mi tanga, como loco se lanzó a mi vagina que ya estaba húmeda y la comenzó a devorar!

    C: Dios, ¡que rico!

    J: ¡Extraño tu rico sabor!

    C: ¡Dios Juan, nos van a ver!

    J: ¡Que importa, no perdemos nada!

    Y honestamente tenía razón, Fernando me dio los suficientes motivos para estar en cama de su hermano con las piernas abiertas recibiendo sexo oral de otro, estaba segura que él seguía tomando y en lo suyo, ¡así que decidí entregarme bien a mi ex!

    Me quité el vestido y el brasear, lo subí para besarme muy apasionadamente con él, sus dedos entraban y salían de mi vagina, nuestras lenguas se enroscaban bien, ¡ambos sabíamos cómo hacernos gozar!

    C: Ya, métemela, ¡apúrate!

    J: ¡Me excita cuando te pones loca!

    C: ¡Y a mí cuando eres terco!

    J: ¡Uf, que rico, que rico entra!

    C: ¡Agh, si, así, métela!

    Me penetraba rico mientras lo abrazaba con mis piernas, sus manos recorrían de mis senos a mis pies, su lengua mi cuello y mis tetas, yo gemía y gozaba, ¡el imaginar que me descubrieran con el me excitaba muchísimo y me ponía más caliente!

    J: Chiquita ven, ¡cabálgame rico!

    Él se recostó y subí para dejarme caer en su rico palo, él me tomaba las tetas y también movía su cuerpo, yo empecé a cabalgar como nunca, me apoyaba en la luna de la cama para tener mayor velocidad, el gemía y se ponía más y más duro, ¡y yo de forma salvaje seguía moviéndome muy duro!

    J: ¡Ah, así, que rico, uf!

    C: ¿Te gusta?

    J: ¡Si, que rico, siempre me gusto tu forma de coger en esta pose, uf!

    C: Y a mii lo rico que es tenerte así, uf, ¡que duro!

    ¡No quería que se viniera aun, así que me puse en cuatro, el gustoso dándome de nalgadas, empezó a penétrame en es apose!

    J: ¡Uf, que nalgas, que rico aprietas!

    C: ¡Si, te gustan, uf!

    J: ¡Me encantan, agh, no sabes uf, cuanto las extraño!!!

    Se movía fuerte, la cama estaba ya toda revuelta, nuestros fluidos estaban regados por todas partes, ¡pero increíblemente nadie nos buscaba ni se percataba de lo que sucedía en el cuarto!

    J: ¡Cindy, eres la mejor!

    C: ¿Te vas a venir?

    J: ¿Quieres mi leche?

    C: ¡Si, dame tu leche, lléname de ti!

    Me tumbo boca abajo en la cama y el encima mío moviéndose majestuosamente me penetraba muy rico, el sentir en esa pose s u verga me ponía a mil, me jalaba el cabello, me mordía la oreja me arañaba la espalda, me mordía el cuello, ¡uf me estaba dando una riquísima cogida!

    J: ¡Cindy, me vengo, me vengo!

    C: ¡Si, dame tu leche, dámela!

    J: ¡Agh, nena!

    C: ¡Si, dios!

    ¡Empezó a chorrear muy rico en mi vagina, no paraba de sacar su leche caliente, yo estaba teniendo un orgasmo maravilloso, obvio también escurría de placer, nos retorcíamos haciendo más rico el orgasmo!

    Terminamos sudados y todos llenos de fluidos, nos besamos apasionadamente en lo que nuestros cuerpos se relajaban, en cuanto estuve más relajada le pedí que se fuera, ya que al parecer me estaban buscando, mi celular tenia mil llamadas de Fernando, ¡Juan se vistió y se despidió de mi dándome una nalgada!

    J: Que rico, igual esto no pasara otra vez, ¿o me equivoco?

    C: No, ¡sabes que no volverá a pasar!

    J: No importa, ¡al menos te cogí una vez más!

    Se fue burlándose, pero no me importo, arreglé a la cama, me fui al baño a limpiarme y salí de nuevo a la fiesta, ¡donde encontré a Fernando muy ebrio y pidiéndome ayuda para irnos!

    En otro momento lo hubiera mandado al carajo peor me sentía mal por lo que le había hecho y más en casa de su hermano, así que lo lleve a su casa y me quede con él, afortunadamente nadie se percató de lo sucedido.

    Espero les haya gustado.

  • Nerdy boy (3/3)

    Nerdy boy (3/3)

    Obsesión tortuosa.

    Los siguientes días fueron una combinación de miradas estresantes e incomodas entre mi compañera que me había escuchado en el baño y aquel alumno, quien nervioso se sonrojaba cada vez que me miraba en clase.

    No me sentía arrepentida de nada, todos mis planes y esfuerzos finalmente recompensaron, había sido una experiencia increíblemente excitante, aunque no habría terminado como quería. No podía dejar de pensar en la gran polla de mi alumno, y de lo frustrada que me hacía sentir el no poder haberla probado.

    Siendo sincera, no existía otra cosa que deseara más que comerme ese pene y montarlo como loca, pero había algo que me retenía. No, no era el remordimiento ni mucho menos ética profesional. El problema era el tonto precoz. Estaba tan desacostumbrado a su sexualidad, aunado a que le excitaba de sobremanera que mi estudiante, terminaba muy rápido.

    Día a día aquello se convertiría en una obsesión tortuosa, no había día que no pensara en él y su perfecta herramienta. Estaba completamente decidida a repetir la experiencia más excitante de mi vida e intentarlo de nuevo. Sería el siguiente viernes, ya lo había planeado todo, no importaba que tuviese que satisfacerme yo misma, ese pene sería mío.

    Entonces recordé algo que lo cambiaría todo. Sería de nueva cuenta aquella página web donde habría comprado los trajes de lencería que aun guardaba con recelo en mi armario. Sucede que en esa página me parecía haber visto una sección de juguetes para adultos que en esa primera vez no había visitado a profundidad.

    Sería perfecto, si encontraba algo de mi agrado podría estimularme yo misma sin importar que mi alumno terminara pronto.

    Sin pensarlo mucho, abrí mi portátil y entré de nuevo en esa página. Ahí rápidamente busque aquella sección de juguetes eróticos que no tardé en encontrar. Sin perder la prisa y con toda la ansiedad del momento comencé a navegar entre los productos. En poco tiempo me encontraba debatiendo entre la gran variedad de consoladores. Al final me decidí por un dildo en forma de pene realista con vibración incluida, lo compré, pagué con tarjeta y a esperar el envío.

    Ese día fue miércoles, estaba segura que me llegaría justo para el viernes y con ello cerrar mi plan perfecto. Sin embargo llegaría el fin de semana y me encontraría con la triste noticia que mi pedido se encontraba con demora y no llegaría sino la siguiente semana. Triste y resignada tuve que posponer mis planes de exhibicionismo y sexo otra semana más.

    En tanto la espera comenzó a hacerse de nuevo insoportable. Aquel pene artificial con el que planeaba sustituir al de mi alumno llegaba el lunes, sería desde ese día en que comenzaría la tortura. No veía la hora de probarlo era perfecto, del mismo tamaño y color que el de mi alumno, me tenté todas las noches a metérmelo y masturbarme con él, pero quería esperar, me quería poner tan caliente como sabía que estaría aquel chico.

    Naturalmente todo esa prórroga me estaba poniendo incontrolable e insoportable, sabía que el tiempo premiaría pero ya comenzaba a ser más de lo que podía soportar. Cada vez que entraba a la vieja bodega frente a aquel escritorio corroído y lo miraba, no podía evitar recordar y fantasear con los eróticos y excitantes momentos en la privacidad del salón de clases en soledad. Recuerdo que inclusive me llegué a tocar discretamente un par de veces por debajo del escritorio mientras esperaba las tareas resueltas de la clase.

    Estaba realmente ansiosa, la espera era larga, realmente quería y necesitaba masturbarme, pero el saber que aquel alumno estaría igual de caliente que yo, me mantenía firme en mi plan. Sabía que me deseaba tanto como yo a él, seguramente sería la primera mujer en su vida, que mejor, se habría saltado a todas esas niñas inseguras e inexpertas para tomar a una verdadera mujer, por demás experta en los secretos de la seducción y el placer.

    Tensión erótica

    Entre subidas y bajadas emocionales y casi al borde del colapso nervioso, por fin llegaba el día “D”. El tan ansiado día, finalmente viernes. Desde muy temprano me alistaba para que todo saliese perfecto. Intentaba no pensar mucho en lo que pasaría ese día, pues me ponía con los sentimientos insoportables.

    Pero me era imposible no fantasear, había esperado mucho por ese momento y finalmente sucedería.

    Ese día me envolví con lo más sexy de mi repertorio. Me vestí con el segundo conjunto de lencería erótica que había comprado, aquel de dos piezas tipo corsé, complementado con unas bragas de encajes transparente.

    Feliz me dirigía al trabajo luchando a cada segundo por contenerme aparentando calma y serenidad. Llevaba un vestido azul ligero de corte juvenil que me acentuaba la cintura moldeada con grandes esfuerzos a base de Pilates, yoga y crossfit. Calzando un par de zapatos altos de aguja siete centímetros en color salmón.

    En tanto, dentro de mi bolso escondido entre maquillaje documentos y artículos de oficina, se ocultaba mi nuevo juguete envuelto en una frazada que yo misma había improvisado. Aquella disparatada que cometía me ponía como loca, era una endemoniada estupidez de la que no podía creer ser partícipe.

    En ese juego, ese, como yo fundadora, moderadora y controladora parecía ser también, quien se hacía con la peor parte. Sucede que para ese punto la tensión que yo misma me había provocado me tenía fuera de mis cabales, en mi mente no había nada más que erotismo, sexo, excitación y seducción. Me había sometido a un régimen estricto y tortuoso excitándome con los recuerdos, fantasías y deseos para con mi alumno llevándome a niveles incontenibles. Cada viernes había sido peor que el anterior, y éste, me colocaría en el lumbral de mi resistencia física y mental.

    Llegando a clase no tenía más en mente que exhibirme a mi alumno, la materia y mi rol como institutriz que algún día deseara con pasión, ahora pasaría a segundo término, aquella clase sería un momento intimo entre él y yo, y llegaría tan lejos como nunca antes.

    Todas esas ideas me atormentaban mientras caminaba entre los pasillos del instituto rumbo al deplorable y aislado cascajo de aula. Una vez ahí me postré en mi silla con ruedillas tras mi fiel escritorio, ahí aguardé mi tiempo de actuar, pero algo extraño sucedía. Frente a mí, en la primera fila, aquel lugar predilecto de mi alumno, estaba vacío.

    No quise alarmarme, simplemente me negaba a creerlo, pese a que bien sabía las aptitudes de mi alumno respecto a la puntualidad, aún tenía esperanzas de que llegara con rezago. Esperé mientras transcurría el tiempo y comenzaban a entrar el resto de estudiantes, sin prisa y desganados, pero mi querido alumno no apareció.

    Estaba incrédula, enfada, realmente colérica. No solo por haber desmoronado mis planes, tampoco por lo excitada que estaba y el no poder desahogarme por fin. Estaba enojada por el hecho de que mi alumno había encontrado, de alguna manera, la forma de tomar el control y eso me sacaba de mi juicio y me ponía en un estado endemoniado.

    Pocas veces son en las que pierdo el control por mi carácter, pero cuando sucede, no existe cosa en la faz del planeta que pueda calmarme. Tenía ganas de abortar todo, quería salir del salón azotando puertas sin importar consecuencias, era como niña sin su dulce. Incontenible.

    Por supuesto que no lo hice, en cambio me puse de pie y recite mi clase preparada especialmente para ese día que debía ser especial, y que sin embargo pintaba para el peor viernes de mi vida. Pero en ese momento cambió mi actitud.

    Es muy excepcional que me enfade a esos niveles, pero tampoco puedo decir que me mantengo mucho tiempo así, por lo que a medida que exponía mi clase me relajaba nuevamente.

    Entonces el enfoque se tornó diferente hacía aquel adolecente. Regresando a mi silla, ya resignada y sin nada más que hacer, miraba el pupitre vacío de mi alumno mientras una sopa de sentimientos discordantes se aglomeraban sobre mí. Por una parte aún estaba enojada y frustrada, pero también, poco a poco se apoderaba de mí un sentimiento de melancolía y soledad.

    Aquel muchacho habría sabido, con alevosía o no, sacar de mí los sentimientos más profundos y negativos secuestrados por años. Primero el rechazo, pasando por frustración, enfado y ahora esta sensación de soledad y melancolía. Me hacía recordar la razón por la que en un inicio había creado este juego de seducción, el término de la relación con mi novio. No me sentía tan sola desde ese día y ahora regresaba ese sentimiento de rechazo, de aislamiento y de temor. Como polluelo caído del nido a la intemperie, ahora sin nada más que hacer, me sentía sin propósito, sin camino y con la tremada calentura que aún me cargaba no podía dar en cuenta lo que aún tenía en mi vida, fuera de esas cuatro paredes y ese viejo escritorio.

    Para mí y por mí

    Finalmente me resigné y me tranquilicé, por lo menos lo suficiente para retomar la cotidianidad y mundana vida que tenía antes de que apareciera aquel estudiante en mi vida. Ya con esa nueva perspectiva y otra actitud, continúe con mi trabajo.

    Sin embargo todos esos sentimientos que me seguían hostigando me impedían ignorar aquel pupitre vacío frente a mí, la lencería erótica que vestía bajo mi vestido y el vibrador de pene que ocultaba en mi bolso.

    Por todo eso, no podía tranquilizarme, de hecho, estaba tan excitada como nunca y no me podía controlar. Tras el escritorio, imaginaba que todo era mentira y que mi alumno estaría ahí, mirándome a través el escondite de mis piernas. Entonces comencé a tocarme.

    Ya sin miedo ni recelo y sabiendo que nadie me vería, me metí una de mis manos bajo mi falda. Mi cuerpo se estremeció. Realmente deseaba masturbarme hasta correrme, tenía que hacerlo, con mi alumno presente o sin él, ya no era un capricho. Lo necesitaba.

    Miraba detenidamente a cada uno de mis caudillos aprendices, esperando a cruzarme con la mirada da alguno. Pero estaba sola, y me sentía sola, omnipresente en aquel cuarto de estudio, era invisible, casi inexistente. Cada uno de mis estudiantes era completamente ajeno a mi presencia; algunos platicaban, otros repasaban apuntes seguramente de otras materias, algunos atendían a la práctica del día mientras escuchaban música, o en su defecto, dormitaban un poco.

    En tanto, mis dedos se infiltraban temblorosos sobre en mi braga intentando llegar a lo más recóndito de mi cuerpo, mientras observaba a mis alumnos, impropios a mí y a lo que sucedía bajo el escritorio. Sin ánimo pero con mucha excitación comenzaba a tocarme, relajando mi cuerpo, preparándolo para lo impensable, sin importarme nada, ni el lugar ni la compañía o bien, la carencia de ésta última.

    Me sentía terrible, como una fracasada, había perdido en mi propio juego, no servía ni como amante, ni como novia, ni como maestra, ni siquiera como mujer. Mi clase era un completo fiasco, hacía mucho tiempo que había perdido contacto con mis amigos más queridos, la mejor de mis relaciones amorosas había fracasado rotundamente, y el juego que tenía completamente controlado, ahora se me escapaba de las manos sin remedio.

    Sin embargo lo necesitaba, aquellas caricias que me estaba dando eran como un consuelo, como un abrazo de mí para mí misma, y con la tremenda calentura que me había recopilado a lo largo de dos semanas, funcionaba de maravillas.

    En el lecho de mi desánimo, al borde del llanto, desvanecí mi cabeza en mi mano libre que apoyaba sobre el escritorio con mi codo, completamente abatida por mi exagerada desdicha al tiempo que me masturbaba con la otra mano debajo. Alrededor no había reacción alguna, nadie lo sabía, mis alumnos continuaban en su mundo.

    A sabiendas que era yo lo único que tenía, metí mi mano bajo mis bragas y continúe tocándome mojando mis dedos con mis fluidos cuando me acariciaban dulcemente, lento, con delicadeza y cariño.

    Me perdí un momento pero nunca me distraje, siempre miraba con atención a mis alumnos, sabía que si me dejaba llevar por completo expondría un espectáculo a todo aquel presente.

    Era triste sentirme sola, pero al mismo tiempo aquel aislamiento me propiciaba ciertas comodidades, si, como el hecho de poderme masturbar frente a mi clase sin levantar sospechas. Sucede que sería solo yo la que podría animarme y que mejor manera que regalándome un buen orgasmo. El tiempo y el lugar serían punto y aparte.

    Decidida, repasaba uno a uno a mis adolecentes frente a mí con mi cabeza aún apoyada en mi mano. En tanto, por debajo, me masajeaba mi vagina por alrededor metiendo apenas un poco uno de mis dedos mara masajear mi clítoris desde adentro hacia afuera.

    Era perfecto, justo lo que necesitaba, estaba segura que me haría correr ahí mismo, no me importaba, había tiempo. Ahí me sentía, por fin, reconfortada y aquel regalo se aglomeraba poco a poco dentro de mí preparándose para estallar con todo furor.

    Lentamente comenzaba a meter aquel dedo juguetón cada vez más en la privacidad de mi húmeda oquedad. Pronto a aquel dedo del medio se le unió el índice, mientras el resto masajeaban con pasión mis labios mayores y un poco mis piernas que no dejaban de temblar cuando intentaban soportar el tremendo orgasmo que se avecinaba.

    En tanto, por encima del escritorio, ya comenzaba a evidenciar mi estado de clímax, mi mirada se me caía, mis ojos se entre cerraban y mi respiración se hacía más agitada. Pero no era lo físico, sino lo auditivo lo que me tenía preocupada, pues debajo mis dedos comenzaban a hacer ruidos pegajosos al empaparse de mi lubricación cuando mi respiración poco a poco comenzaba a convertirse en jadeos que ocasionalmente generaban uno que otro tenue gemido.

    Sin duda me llevaría al orgasmo ahí mismo y no me podría controlar ni disimular. Entonces paré, inhale profundamente y me saqué la mano de mi coño intentado normalizar mi respiración. Estaba tan caliente que lo primero que hice fue lamerme mis dedos empapados en mis flujos vaginales para limpiarlos.

    Era insoportable, no podía aguantar un segundo más y aun debía esperar casi media hora de clase. Estaba temblando de ansiedad, mi corazón bombeaba fuertemente y mi vagina se llenaba de esos poderos torrentes de sangre que la inflamaban haciendo salir a mi clítoris de su escondite, pidiendo al fin ser atendido como se debe, como tanto tiempo lo había hecho esperar.

    Como pude esperé, intentado distraerme y perder el tiempo en mi teléfono móvil o en mis apuntes. Esporádicamente y casi inconscientemente me tocaba por debajo de la falda mis mojadas bragas intentando prolongar mi tortura un minuto más.

    Finalmente mis alumnos comenzaban a terminar el trabajo del día, aliviada de que la espera terminaría, les revisaba uno a uno sus trabajos y les daba bandera verde para poder retirarse. No revisaba nada, no me importaba si estaban bien o no, lo que quería era que terminara aquel tormento sexual.

    Mejor regalo

    Tras mi último estudiante alisté mis cosas dentro de mi bolso, me acomodé la ropa interior y tras una veloz revisión me encaminé a la puerta apresurada a salir de ahí. Pero no pude, la nostalgia me engulló por completo.

    Mirando el asiento de mi mejor estudiante no pude evitar fantasear con lo que debía suceder ese día, me sentía realmente caliente como nunca, necesitaba masturbarme ya mismo, no podría hacer otra cosa hasta hacerme correr a borbotones justo ahí.

    Entonces regresé sobre mis pasos caminando lentamente, mientras en mi mente se desenfrenaba una bestial guerra intentando dominar mis impulsos sexuales, tratando de no pensar impúdicamente a medida que me acercaba paso a paso de nuevo a mi escritorio. Ahí perdí.

    Me senté en mi silla, y me quedé así por un momento. Todo estaba en calma, solo se escuchaban los sonidos clásicos de cualquier escuela a lo lejos; risas, arrastre de sillas, maestros alzando la voz y nadie parecía acercarse, nadie lo hacía, lo sabía. El encargado de limpieza no llegaría sino hasta el otro día por la mañana, no había excusa. Estaba sola.

    Con la mente en blanco y una conciencia derrotada, separé mis piernas, no me ocultaba, ya no tenía que hacerlo. Sin más me subí el vestido hasta la falda y deslicé mis bragas para descubrir mi coño. Sin más me chupé mis dedos y comencé a tocarme.

    Decidida y sin prejuicios para con mi impúdica sexualidad, me estimulaba como mejor sabía hacerlo, de inmediato mi coño me le agradeció relajando cada musculo de mi ser lánguidamente, dilatándose, lista para lo que venía.

    Estaba tan estimulada que no tardé mucho en meterme un par de dedos de una sola vez en aquella húmeda cavidad, tan mojada que aquel par entraba sin problema alguno.

    En ese momento recordé aquel juguete escondido en mi bolso que aún guardaba para hacer su acto. Sin pensarlo mucho me apresure a sacarlo de su envoltorio aterciopelado, lo tomé delicadamente, y sin perder la inercia me lo metí delicadamente en mi boca para comenzar a chuparlo como si mi vida dependiera de hacer el mejor trabajo oral posible. Lo chupaba como si fuese real, como si fuese el pene de mi alumno que tantas ganas tenía de comérmelo. Realmente tenía la calentura a tope, no podía estar más sofocada, así que me metí el dildo en mi vagina lenta, pero firmemente.

    Aquella acción me provocó un pequeño escalofrió acompañado de un sutil estremecimiento que me hizo eyacular un poco de fluido en mi intimo interior, arrancándome un entrañable gemido, desgarrador e incontenible.

    Entonces escuché un ruido, me sobresalté, cerré mis piernas con mi dildo aún dentro de mí y me bajé el vestido para ocultarlo. Creí que sería el de limpieza, pero sería solo mi paranoia, nadie pasaba por ahí y lo sabía.

    No muy convencida de mi privacidad, me puse de pie para asomarme por la puerta, solo para comprobar de que aquel pasillo estaba desierto. Regresé a mi lugar aprovechando para deslizar los tirantes de mi vestido para hacerlo caer hasta mis pies, dejándome solo con mi lencería fina en medio del salón vacío.

    De regreso a mi tarea, separé mis piernas y sin medirlo mucho me volví a meter mi dildo lentamente, sacándolo de nuevo y de regreso sin importarme los ruidos que esto llegará a provocar.

    El silencio se hacía presente, tan solo acompañado por el pegajoso sonido de mi coño estrujando aquel plástico de pene, mi respirar era exaltado, y mi corazón bombeaba fuertemente, podía sentir mi vagina deseosa de seguir hasta hacerla estallar, pero me detuve.

    Quería hacerlo bien, no dejaría nada en mi mente, me desinhibiría por completo, estaba decidida. Entonces me levante de nuevo, tomé mi juguete completamente lubricado con mis jugos vaginales y lo coloqué sobre el escritorio aferrándolo con la succión de su base.

    Estaba vuelta loca, enseguida lo coloqué me giré para sentarme en él, separando un poco mis piernas para deslizarlo hasta dentro de mí. Con mis pies de puntillas, bajaba y subía cabalgando el gran pene empotrado en el vértice del escritorio haciendo las más deliciosas y satisfactorias sentadillas de mi vida, moviendo mi pelvis de adelante hacia atrás en cada arremetida provocando que mi espalda se arquera, haciéndome gozar como nunca.

    En ese momento supe que terminaría allí mismo, así que apreté fuerte mi abdomen y mi culo para meterme duro y profundo el dildo que cabalgaba haciendo rápidas repeticiones arriba y abajo, aferrándome fuertemente con ambas manos para ensartándomelo una y otra y otra vez, hasta que poco a poco comenzaba a sentir contracciones en mi vientre hasta mi vagina, mientras mi respiración se cortaba, sofocada, obligándome a gemir y jadear como cachorrita. Entonces me llevé las manos a mis pechos y los estrujé firmemente sobre mi traje de lencería erótica que tanto me fascinaba sin parar de subir y bajar cada vez más rápido, hasta que de pronto mi coño por fin explotaba entre mis piernas, arrancándome un profundo y desgarrador gemido incontenible, mientras mi coño chorreaba a borbotones entre contracciones musculares que llegaban hasta mis piernas tambaleantes al intentar concebir y sostener tremendo orgasmo sobre ellas, haciéndome caer completamente derrumbada al escritorio sobre mi espalda.

    Por fin mío

    Al abrir los ojos, por fin regresé a la realidad. Después de ese orgasmo prolongado desde semanas atrás, finalmente retomaba mi vida. Ahora podía respirar aliviada de nuevo.

    Sin más, me vestí, guardé mi juguete de regreso en mi bolso y salí de allí. Aliviada, ligera y alegre, me encaminé de regreso a casa dejando aquella intensa experiencia atrás.

    Después de mi más reciente experiencia sexual bajé un poco el ritmo, ahora me tomaba las cosas con más calma evitando pensar en aquellas situaciones que se habrían convertido en mi adicción. Ya con la mente fría y alejada del ambiente que me llevaría a sufrir a flor de piel todas esas sensaciones, comenzaba a reanudar mi vida con normalidad.

    El siguiente lunes regresaba al instituto completamente diferente. Atrás había dejado los vestidos cortos, la ropa interior erótica, a la mujer endemoniada y seductora. Decidida estaba en concentrarme en mi trabajo, en mi pasión y en mí misma. O eso planeaba.

    De nuevo en posición frente al puñado de desventurados adolecentes poniéndose a prueba de resistencia en mi bochornosa clase, alistaba el material de estudio para cerrar temas rumbo a la recta final del ciclo escolar.

    Postrada en mi asiento de siempre no podía dejar de notar aquel lugar predilecto de mi alumno favorito. Pese a la hora, él aún no llegaba. No tenía planes para con él, pero la nostalgia estaba presente.

    Poco pasó, y cuando me disponía a iniciar clase sin él, por fin llegaba. Con sus clásicos pantalones entubados, zapatos deportivos y su camiseta de algún personaje de videojuegos o superhéroe de comics. Caminaba, siempre mirada abajo evitando contacto con cualquiera, directo y apresurado a su pupitre.

    Sonreí. No sé si de alegría, entusiasmo, pena o por mera ironía. Sin más me planté frente al salón e inicié con lo mío intentando no prestarle mayor interés. Concentrada en mi labor docente, evitaba contacto visual. Ahora me parecía estar actuando como él, tímida, apenada, retraída y con la mirada al suelo. Reí de nuevo.

    El día continuo con normalidad; tareas, trabajos, revisiones y eso. Al final, llegado el turno de aquel estudiante, me extendía su cuaderno para la respectiva rubrica de revisado. Lo tomé, y sin mirarlo en ningún momento le pregunté sobre su ausencia al pasado viernes. –Estaba enfermo. –Respondía apenado. –Te extrañe. –Le respondí casi susurrando para evitar que alguien más escuchase.

    Tras media vuelta, se marchó sin decir nada, pero visiblemente abochornado.

    No sé por qué lo dije, no iba con mi personalidad, no estaba en mis planes, se me salió, inconscientemente, quizá sinceramente, desde la parte más amorosa y dulce que aún conservaba en mi interior.

    Los días pasaron y las clases se hacían más abrumadoras, se acercaban los exámenes finales y todo mundo estaba intentado hacerse con apuntes o cualquier información que les fuera de utilidad.

    Por eso mismo la relación con mi inocente aprendiz había cambiado, ya no eran esas toxicas insinuaciones sexuales, ahora era más profesional aunque con la misma intimidad. Una mezcla entre la maestra noble y amable a quien tenerle confianza, y la misma maestra sexy dueña de las más profundas y eróticas fantasías. Me gustaba. Tenía lo mejor de ambas partes de mí. Mi pasión y mi lujuria.

    Un día, terminando la clase noté como mi alumno repasaba como loco unos apuntes. Sabía que serían de otra materia, aplicado como siempre ya habría terminado con todo respecto a mi temario se refiere, recién había recibido y calificado con excelencia su material del día.

    La mayoría ya había terminado con la tarea que les había dejado para el final de esa hora, salvo algunos pocos que aún se les complicaba. Me acerqué a su lugar, me incliné un poco y le cuestioné sobre su apuro con una sutil sonrisa y mi natural coquetería femenina.

    Apegado a su actitud antes descrita, me respondía su preocupación para aprobar otra materia, entre titubeos y visible sofoco. No tardé en darme cuenta que aquel problema derivaba de la física, ciencia que se me da muy bien, por lo que sin dudarlo me ofrecí a ayudarlo.

    Así, juntos resolvimos uno de sus temas de estudio, suficiente para que pudiese resolver el resto por sí solo. Tiempo pasó, y sin darnos cuenta estábamos solos de nuevo en el aula. Lo notaba temeroso y asustado de que pasarán aquellas actitudes dominantes y sexuales. Tan solo le sonreí y me alejé para alistar mis cosas dentro de mi bolso.

    Sin más, el ingenuo estudiante remedó mi actitud y ambos salimos del aula. Al final del estrecho pasillo, nos despedimos. Con naturalidad y cierta ternura me acerqué a él y nos despedimos con un beso en la mejilla, asegurándome que la mayoría de los presentes nos vieran hacerlo.

    Sí, definitivamente habría cambiado mucho en esos últimos días. Ahora sentía que por fin lo tenía, que por fin era mío, pero de otra forma. Que puedo decir, soy así.

    Despedida de año

    Esos últimos días transcurrieron así, sin novedades. El chico había cambiado mucho, lo notaba más relajado, incluso se había tomado la confianza suficiente de acercarse a mí para pedirme algunos concejos más de aquella clase que tantos dolores de cabeza le provocaba.

    En uno de aquellos días me animé a ofrecerle parte de mi tiempo para apoyarlo con sus problemas académicos. Al término de las dos horas reglamentarías que me pertenecían, me arrimé una butaca a la suya y le cuestione sobre sus inquietudes.

    Mi mente estaba fresca y pura, lo juro, no había maldad alguna, pero claro que no me pasé por alto sus miradas indiscretas, desviándose al escote de mi blusa que revelaría un poco más de lo correcto debido a un botón rebelde que se había desprendido.

    En un principio me parecía divertido, pero ponto recordaba aquellas sensaciones que tanto me gustaban y entonces comencé a coquetear con él, solo un poco.

    Pronto se nos escapó el tiempo, viendo la hora me puse de pie y me senté por un instante sobre su libreta para proponerle repetir aquella improvisada clase de tutoría, el siguiente día. Apenado, aceptó.

    Sin planearlo mucho, el día siguiente sería ni más ni menos que un viernes, y no cualquier viernes, sería el fin de la última semana de todo el ciclo escolar.

    Aquello me tenía nadando en un mar de emociones. No podía evitar sentirme triste y nostálgica al saber que ya no lo vería más, quizá por ello es que me comportaba de esa manera con él.

    Sabiendo que aquellos juegos, las miradas, las sonrisas, decepciones y sentimientos estarían por terminar, en mí interior me sentía de nuevo como una fracasada, no sé por qué, pero regresaban los mismos sentimientos de cuando había terminado la relación con mi novio. Me sentía exactamente igual.

    Entonces me convencí, estaba decidida a culminar y cerrar toda aquella experiencia como se merecía. Sin dudarlo, desde muy temprano alistaría todas mis cosas para aquel día especial. Regresarían los vestidos, la lencería y los tacones altos. Sin olvidar lo más importante, aquel pene artificial que tantas alegrías y satisfacciones me había dado.

    Ese día, me puse un vestido muy corto y ajustado color morado, debajo por supuesto vestiría aquel último conjunto erótico, el de encajes y listones, con las pantimedias unidas que dejaría mi coño al descubierto. Me puse una bragas transparentes y finalmente me envolví en un abrigo ligero color negro y me calcé un par de zapatos abiertos de tacón alto.

    Llegando a mi área de trabajo, me sentía increíble; alegre, viva, capaz de todo, segura, y muy poderosa. Desfilaba como modelo en pasarela rumbo a mi entrañable escritorio, cuando mi alumno me miraba desde su puesto. Al cruzar nuestras miradas le esbocé la más sincera y seductora sonrisa desde lo más profundo de mi ser y comencé con mi trabajo.

    Aquella clase sería solo de repaso, pues la siguiente semana sería el examen final para no ver a nadie nunca más, incluyendo a mi alumno favorito. Por ello no desaprovecharía un solo momento. Tan solo habiendo regresado a mi asiento me puse en posición tras el agujero de mi escritorio abriendo un poco mis piernas. Sin contratiempos, el ingenuo adolecente daba inicio a los juegos que tanto nos gustaban.

    Todo era perfecto; las miradas, las emociones, los juegos y todo eso. De cuanto en tanto, me tocaba para ponerme el cien, justo cuando mi aprendiz me espiaba. Marchaba de las mil maravillas. Entonces la clase terminó y aquel joven se apresuraba a estudiar aquellas otras ciencias que no se le daban tan bien. Por mi parte terminaba con mis apuntes para dar cierre de curso.

    En esas estábamos cuando de pronto mi vista se desviaba de mis apuntes. Por debajo continuaba jugando con mis piernas, pero algo me hiso querer saber la reacción de mi alumno. Sucede que yo daba por hecho que me estaría espiando, pero no era así, en cambio se encontraba completamente concentrado en sus propios apuntes.

    Tiempo atrás eso me habría sacado e mi buen juicio, pero ahora me gustó. Me quedé viéndole perdidamente. Esa capacidad que tenía de concentración y perder todo contacto con el resto del mundo, en cierta manera le envidiaba.

    Entonces sucedió. Sin quitarle la vista un solo segundo, bajé mi mano hasta mi entrepierna y comencé a tocarme. Esta vez ya no era necesario imaginarme a mi alumno en una banca vacía, pues ahí estaba, y aunque no me estaba viendo de alguna manera sabía que me pertenecía. Aún sin la necesidad de tener absoluto control sobre él, su tiempo era mío y al terminar esa última hora de clase seguiría siéndolo.

    Fue en ese momento, cuando aquellas caricias de placer que mis dedos ejercían en mi sexo cobraban sentido. Por fin esas sensaciones tenían un cometido, una razón más allá de hacerme correr como loca. Ahora me tocaba con verdadero placer, por fin de estar ganado en mi propio juego.

    Eran justamente esas caricias, las que inundaban de éxtasis todo mi cuerpo al tiempo que observaba al distraído de mi súbdito y confidente. Masajeando mi clítoris bajo el escritorio, poco a poco sentía que me haría venir en cualquier momento. Podía sentir como mis dedos se humedecían más con esas sensaciones cálidas, mojando mis bragas cada vez más.

    En ese Instante terminaba la clase. Justo a tiempo, ya comenzaba a perder la cordura. Enseguida mis alumnos salían, excepto por aquel chico retraído completamente sumergido en sus letras y palabras.

    Sobre él

    Sin mediar palabra me levanté de mi silla con ruedillas para reposarme de nueva cuenta está vez sobre el escritorio, justo frente a él. Ahí le cuestioné sobre él, acerca de su día, y de cómo la pasaba en sus estudios. Él respondía, tímido como siempre, como si tuviese un límite de palabras por vez.

    Me le quedé viendo seriamente un momento, y mientras me respondía, lentamente comencé a separar mis piernas frente a él. Lógicamente se puso nervioso, pero no me detuve. Sin desprender mis ojos un solo segundo de su mirada, pronto mis piernas quedaban completamente abiertas frente a él, dejándole las puertas del escenario abiertas de par en par que púdica apreciar todo el espectáculo de mis bragas transparentes que de poco servirían para ocultar mi coño húmedo.

    Resistiéndose un poco, desesperadamente intentaba bajar la mirada a sus apuntes. No se lo permití. Le ordené directamente y con toda claridad que se levantara a cerrar la puerta del aula, de inmediato el indefenso y domesticado a base de erotismo y seducción obedecía sin objeciones.

    Se puso de pie sin decir palabra, y con la mirada al suelo se encaminó a paso lento directo a la puerta para cerrarla. Por mi parte, descendí del escritorio tras de él, y a sus espaldas me bajé el vestido de un movimiento dejándolo caer al suelo para quedarme solo con aquella erótica lencería en medio del salón de clase. Está vez por fin con mi alumno favorito.

    Enseguida de cerrar la puerta el joven daba media vuelta, solo para encontrarse con la maestra de sus sueños en la lencería más sensual que jamás pudiese haber imaginado, postrada sobre un par de tacones altos y nada más.

    Nos miramos, el pobre se congeló, podía ver como su respiración se agitaba, sudaba y comenzaba a temblar un poco. Sin darle tiempo le ordené que se sentara en mi silla, detrás de mi escritorio. A paso lento y sin voluntad suficiente para mirarme a los ojos, me obedecía.

    Esperé, y en cuanto se puso en la posición indicada me di media vuelta para acercarme a él. Mirándolo intimidantemente me bajé las bragas de una sola vez y se las avente delicadamente en su regazo. Enseguida me senté de nueva cuenta sobre el escritorio, pero esta vez en su otro extremo para quedar frente a él, y sin apresurarme me le abrí de piernas tanto como pude, arrimándome un poco para que mi coño quedase fuera del borde.

    Entonces le pedí que acercara su cabeza, se la sujeté con delicadeza y se la estrujé en mi húmeda vagina para que comiese de ella.

    Fue un poco gracioso, porque no sabía cómo hacerlo, pero estaba tan caliente de por fin estar disfrutando de las delicias de aquel joven, que su inexperiencia no fue impedimento alguno para hacerme disfrutar.

    Sintiendo como su principiante lengua descubría las nuevas texturas de mi mojada vagina, me lleve las manos a la cabeza y me desenrede el cabello para dejarlo suelto, arqueé mi espalda y me desvanecí en sus estimulantes lameteos.

    Ya puesta al punto con semejante preámbulo, me reincorpore apartando su rostro de mi vagina. Entonces le ordené que se pusiera de pie y se bajara los pantalones. Con la misma frialdad con la que lo escribo ahora mismo.

    Sin refunfuñar ni un poco se apresuró a hacerlo luchando con sus prendas, hasta que finalmente lograba bajarse los pantalones con todo y calzoncillos.

    De inmediato pude ver su larga tranca bien parada y enfilada para darle una buena chupada. Y no me resistiría un solo segundo más. Bajé del escritorio, me puse de rodillas frente a él y sin más me llevé aquel glorioso pene a mi boca para engullirlo de una sola vez.

    Como una loca se lo chupaba a lo largo de su prolongada extensión, gozando desesperadamente como si alguien me lo fuese a arrebatar de la boca en cualquier momento. En ese instante volteé arriba para mirar el rostro de fascinación y éxtasis de mi alumno mientras le hacía ese excelente trabajo oral, cuando comencé a ver en su expresión que aquello no duraría mucho.

    Pero no me importó, continué haciendo el mejor sexo oral de mi vida, cuando comenzaba a sentir aquellas contracciones en el pene de mi mejor aprendiz que hubiese deseado tener. Entonces aquel tierno adolecente terminó eyaculando en mi boca, sin que yo parase de chupársela orillándome a tragarme toda su leche como loca.

    Por mera piedad, finalmente me sacaba su pene de mi boca bajo sus agónicos alaridos orgásmicos que me imploraban que terminara los tortuosos estímulos de mi lengua.

    Quizá él ya estaría más que servido, pero para mí sería solo el inicio. Apenas haciéndolo terminar, tomé mi bolso y sin perder prisa saqué de él, mi juguete favorito. Entonces tomé posición nuevamente en el escritorio frente al chico y sin más comencé a masturbarme frente a él.

    Tras una veloz chupada a mi propio pene de plástico, empecé a introducírmelo lentamente en mi ya completamente mojada vagina, y no paré sino hasta habérmelo metido por completo. Enseguida continúe estimulándome como mejor sé, con toda intención de hacerme correr a chorros frente a mi querido súbdito.

    Sin embargo algo me hizo detener. No, una vez más no fue mi conciencia, ni mi moral, ni la mirada atónica de mi compañero quien respiraba agitadamente temblando de ansiedad frente a mí. Se trataba de su enorme polla. Sí, no pude dejar de notar que pese a haberle estrujado hasta sacarle todo su relleno, aún permanecía firme y erecto listo para lo que fuese, como esperando recibir mi chorreante coño que se conformaba con uno artificial teniendo el real justo al frente.

    Entonces no me resistí más. Me saqué el dildo, lo aventé por ahí, me baje del escritorio y sin medir distancias me senté en la polla de mi alumno. Separé mis piernas y las introduje en los orificios que dibujaban los apoyabrazos de la silla y sin más me empalé en la larga verga de mi alumno.

    Aquello sería lo mejor que hubiese imaginado, al fin logrando mi cometido después de tanto tiempo, me dotaba de las más deliciosas sensaciones físicas y sentimentales en lo más recóndito de mi ser, hablando en ambos sentidos.

    Así, comencé a moverme como podía en tan precaria posición. No me importaba. Me ensartaba su pene fuertemente mientras le restregaba su inocente cara en mis tetas obligándolo a besármelas y chuparme los pezones.

    Aquello me estaría llevando al clímax del momento, pero quería más. Me levanté de nuevo y me di media vuelta, de inmediato me dejé caer otra vez en su pene, esta vez de espaldas y tras ensárteme comencé a hacer las más deliciosas y placenteras sentadillas moviendo mi cintura y arqueando mi espalda para hacerme venir.

    En ese momento sentí, por fin, aquel glorioso y entrañable orgasmo a punto de salir y hacer estallar mi coño a borbotones. Entonces aceleré el ritmo, me movía tan aprisa como podía aferrándome con uñas y dientes al escritorio frente a mí, empujando férreamente mi culo al gran pene de mi confidente alumno, mientras sentía mi vagina dilatarse más y más, hasta que al fin explotaba entre gimoteos y alaridos de placer fascinantes que me hacían temblar mis piernas y brazos salpicándole en todas las piernas de mis jugos.

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  • El secreto de mi marido

    El secreto de mi marido

    Somos una pareja de 32 años cada uno. Luis. Mi marido, es delgado, 1.65, tez canela. Yo (María) delgada, 1.65, pechos pequeños, cadera amplia, tez morena. Siempre fuimos muy cachondos; de hecho lo llegamos a hacer en la oficina donde trabaja Luis; pues es contador.

    Por un tiempo Luis y yo nos apagamos en cuanto a sexo se refiere. Tanto que aunque el me viera desnuda y yo verlo con su erección matutina; pues nada de nada.

    Platicamos acerca de esta situación, pensando en hacer más u otras cosas.

    Luis sugirió que hiciéramos un trio o intercambio de pareja; que tal vez con eso vuelva la llama.

    Lo pensé y lo pensé durante mucho tiempo, hasta que me decidí en aceptar; pero ante poner la regla de «Quisiste que cogiéramos con otras personas, aguántate» por aquello de los celos, que era casi seguro que yo me encambronaría al ver a mi marido con otra.

    Después de hablarlo, Luis comento que conocía a una pareja desinhibida que podría introducirnos a lo que sería una nueva experiencia.

    Cuando los conocí. Pensé que tal vez sería un error; ya que la esposa del amigo de Luis (Flavio) es bisexual.

    Luna es delgada, senos medianos, casi nada de trasero, tez blanca, de 1.60 de estatura.

    Flavio, algo corpulento, de 1.70 de estura, tez moreno claro.

    Sin más preámbulos, ellos nos dijeron que no había que temer en cuanto al cambio de pareja, que para algunos era lo más normal y que si no quería cualquiera de los dos hacer nada, que lo entenderían.

    Eso medio un poco más de confianza.

    Luis se acercó a Luna, le dijo algo al oído y comenzó a meter mano bajo la falda, acariciándole toda la pierna a la mujer.

    Yo. Lejos de enojarme; algo dentro de mi empezó a ponerme nerviosa y excitada a la vez.

    De pronto quede helada al ver a mi marido besarse con Flavio. Si! Se estaba besando con otro hombre. Mi marido? Como?

    En eso Luna se me acerco para tranquilizarme. Entre tocaba mis piernas empezando por la rodilla, al igual que mis pechos.

    Yo aun seguía atónita viendo a Luis y a Flavio darse tremendo faje.

    Al darme cuenta de que Luna besaba mi cuello, mis mejillas, hasta casi llegar a mis labios, trate de detenerla, pero un calor que sentía en mi entrepierna me detuvo antes.

    Como si fuera una muñeca, me deje desnudar por aquella mujer. La verdad jamás había pensado en estar con otra tipa y menos tener sexo con ella.

    Luna me decía al tiempo que metía la lengua en mi oído.

    -Déjate llevar. Te prometo que te va a gustar.

    Casi sin darme cuenta empezaba a gemir.

    Luis le bajo el pantalón a Flavio, sacándole la verga y así sin más se la empezó a mamar!!

    Luna. Por su parte se apoderaba de mis erectos pezones obscuros, paseando su lengua al rededor.

    Luego, subió a mi boca y sin esperarlo voluntariamente, la estaba besando tan cachonda que ahora era yo la que acariciaba su cuerpo.

    Ahora bajo a mamarme la concha y uuff! Que sensación tan placentera. Lo hacía mejor que mi marido.

    Se tomaba el tiempo para besar mis labios vaginales, metiéndome la lengua y recorrer con la misma cada rincón de mi ahora mojada pucha.

    De la excitación cerré los ojos y como ella dijo. Me deje llevar.

    Me deje caer sobre el sofá donde estábamos. Pronto sentí su vulva en mi cara y como si lo hubiese hecho antes, le devolví cada beso, cada lengüeteada que me daba en la panocha.

    Su sabor me fascinaba, su liquido entre salado y dulce me volvían loca.

    Casi no paraba de mamarle la panocha a Luna.

    Ahora nos acomodamos. Me dio otro beso lleno de lujuria y excitación, para volver a mis pechos.

    En eso volteo a mirar a aquellos maridos lujuriosos.

    Flavio estaba clavando a Luis, como si fuera una mujer.

    Mi esposo gemía como si fuera una puta.

    Jamás olvidare esa escena que para mi era de gays.

    Luna bajo a seguir disfrutando de mi concha que se contraía por aquel orgasmo al ver a dos hombres cogerse vez primera y delante de mí al igual que por esa lengua juguetona de mi nueva amiga.

    Flavio. De un grito por su orgasmo le lleno el culo a mi marido de su leche.

    Al término Luis se levantó a darle otro beso a su amigo. Siendo mi esposo quien penetrara el culo de aquel hombre.

    Luna no dejaba de jugar con la yema de su dedo en mi clítoris.

    Yo solo la tomaba de los cabellos para que me diera más placer.

    Ella se sentó como dándome a entender que le regresara el favor.

    Así lo hice.

    Insisto. Su aroma vaginal, su sabor me ponían a tope en cuanto a excitación se refiere.

    Después de un momento. Luna me pidió que abriera más la boca e introdujera mi lengua en su vagina simulando una penetración.

    Woo!! Me llenó la boca con sus jugos. Gustosa me los trague.

    Ahora nos dispusimos a descansar un poco.

    Luis termino dentro de Flavio y los cuatro nos dispusimos a tomar un descanso.

    Luna me propuso que atendamos a los maridos; obvio, ella con Luis y yo a Flavio.

    No me había percatado de la verga de Flavio, pero era más gruesa que la de mi marido.

    Gustosa le mamaba la pija al amigo de mi marido.

    Al recobrar la erección. Flavio quiso dármela por el culo.

    Con suavidad me la dejo ir por mi ano.

    Luego de que se acostumbró mi culito a su verga, comenzó a moverse cada vez más rápido.

    Luis estaba a un lado follándose a Luna por la vagina, apretándole los pechos, ella gemía de placer de una forma muy acalorada.

    Pronto Flavio me hizo sentir un rico orgasmo; por lo que me acomodo boca arriba, mamándome la pucha.

    Subió mis piernas al hombro y me dio el mete y saca de verga en mi vagina.

    Luego se puso encima de mí fundiéndonos en un rico beso.

    Nosotros en lo nuestro y Luis y Luna en lo suyo.

    Aunque estaba concentrada en el placer que ahora sentía con Flavio, podía escuchar los gemidos de Luna.

    Duramos cerca de 30 minutos el placer de los cuatro y como si estuviéramos perfectamente sincronizados; tanto ellos como nosotros, terminamos al unísono.

    Yo me quede acostada, cuando Luna me hizo el 69 para que nos limpiáramos cada quien la concha de la otra.

    Luis y Flavio hicieron lo mismo, hasta que cada quien termino en un tercer orgasmo con menos tiempo de duración.

    Una vez vestidos los cuatro, nos dispusimos a tomar unas copas, cenar algo y cada quien a descansar.

    Luis y Flavio se despidieron como cualquier amigo, pero yo; yo le di un beso en la boca a Luna, que correspondió de un modo rico.

    Al quedarnos solos Luis me confeso que es bisexual desde la escuela. Que le encanta sentir una verga en su culo y viceversa.

    Por mi parte me agrado la experiencia de tener una vagina en mi boca.

    Pasamos buenos tiempos con Flavio y Luna.

    Pero cada quien tomo su rumbo.

    Ahora juntos, Luis y yo somos una pareja bi…

  • Un hermano ayuda a su hermano

    Un hermano ayuda a su hermano

    A principios del año pasado, mi hermano mayor tuvo un grave accidente automovilístico. Se golpeó hasta el punto en que pasó varios meses en el hospital y luego varios más en rehabilitación física. Todavía no se había recuperado completamente cuando lo enviaron a su casa vacía; se había divorciado de su esposa un año antes de estrellarse.

    Una semana después de que llegó a casa, me detuve en su hogar para dejar sus compras, ya que ir de compras era algo que no estaría haciendo por algún tiempo gracias a su espalda en mal estado. Cuando terminé de guardar los comestibles para él, lo escuché decir algo desde la sala de estar.

    «¿Huh?» Pregunté mientras caminaba por el comedor.» Estaba guardando tu comida».

    «Acabo de comprar una porno, ¿tienes prisa o puedes quedarte y verlo conmigo?», Preguntó.

    “Déjame tomar un refresco ¿Quieres uno?”, Pregunté, dándome la vuelta y volviendo a la cocina.

    «Por favor», respondió.

    Regresé a la sala de estar justo cuando la advertencia «FBI» terminó de mostrarse cuando se abrió el menú del DVD para la película. Él seleccionó reproducir; El habitual «bla, bla» que nos animaba a defender nuestro derecho a comprar pornografía pronto fue reemplazado por una chica bonita que lo hacía con un hombre de mediana edad. A medida que pasaba el tiempo, un hombre más joven, supuestamente el hijo del hombre de mediana edad, la penetro por detrás. Mientras la acción continuaba, sentí los movimientos de un bulto en mis pantalones.

    «Es una lástima», dijo mi hermano cuando el hombre de mediana edad bombeó su pene sobre las tetas de la chica. “Con mi brazo derecho enyesado y mi hombro izquierdo jodido, ni siquiera puedo masturbarme. Pero siéntete libre de hacerlo».

    «Está bien», le dije.»Puedo esperar hasta llegar a casa».

    «¿Supongo que no podría convencerte para que me saques la polla?», Preguntó. «Creo que podría ser capaz de masturbarme con la punta de mis dedos».

    Agarré la hebilla de su cinturón y la desabroché. La acción me puso completamente erecto, sorprendiéndome. No soy gay, nunca había sido más que un poco curioso. Mi erección comenzó a doler cuando desabroché los pantalones de mi hermano y saqué su polla flácida sobre estos pantalones cortos. Levantó el culo, y le bajé los pantalones y el bóxer. Volví mi atención a la pantalla del televisor cuando él buscó su polla flácida con su brazo menos herido.

    «Maldita sea», murmuró después de varios minutos. «Además de los antidepresivos, creo que mi diabetes me impide tener una erección y ni siquiera puedo tener un buen agarre para lograr que cobre vida».

    «¿Huh?», Pregunté, me había impresionado la mujer que lo hacía con un «padre» y su «hijo» en la pantalla del televisor.

    «No puedo levantarlo», dijo. «¿Hay alguna manera de que me ayudes un poco porque ni siquiera puedo agarrarme?»

    «¡Eso es de enfermo!», Respondí mientras mi bulto se tensaba contra mis jeans. «Además no soy gay».

    «¡Oye hermano!», Gritó mientras me miraba a los ojos, «No te enojes, sé que no eres gay. Es solo que ha pasado más de un año desde que arrojé una carga, desde antes del accidente, y es frustrante no poder ni siquiera conseguir una erección».

    Miré hacia abajo involuntariamente, las puntas de sus dedos intentaban acariciar su pene flácido. Sin pensar más allá de mi miembro cada vez más dolorido, me acerqué y con cautela tomé su miembro en mi mano. Era suave y flexible y se movió un poco ante mi toque. Retiró su brazo cubierto de yeso cuando comencé a acariciar lentamente su herramienta. Volví la vista hacia el televisor mientras me desabrochaba el cinturón y me desabrochaba los jeans para darle a mi furiosa polla algo de espacio muy necesario. Vimos la acción en la pantalla durante varios minutos más.

    «Esto no está funcionando», dijo mi hermano mayor después de un rato. «¿Supongo que no considerarías besarlo y lamerlo hasta que se ponga duro?»

    No quería hacer algo tan desagradable. Mi boca estaba terriblemente seca mientras tomaba un sorbo de refresco. A pesar de mí oposición, me encontré de rodillas con la cabeza entre sus piernas, mirando su serpiente semidura directamente. Usé mis hombros para abrirle las piernas un poco más. «Te voy a ayudar», mi aliento genero una brisa caliente hacia su pene.

    Mi lengua se movió, la punta tocó la polla de un hombre por primera vez. Su miembro volvió a retorcerse en mi mano, animándome a lamerlo desde la punta hasta el saco de nueces y volver a subir. Escuché a mi hermano gemir, el sonido hizo que mis labios se abrieran para meter su pene lentamente.

    Pensando en cómo me gustaba la boca de mi novia en mi polla, hice una «v» con mi lengua y la usé para mantener la presión en la parte inferior de su polla mientras la bombeaba dentro y fuera de mi boca. Lentamente, su polla se hinchó y la saque de mi boca, aunque mi mano continuó acariciándola.

    «¡Oh, por favor, no te detengas!» “Por favor, ha pasado un año. No me correré en tu boca. Te lo diré antes. ¿Solo me la chupas, por favor?».

    Lo miré a los ojos mientras su polla volvía a mi boca. Él no lo sabía, pero no tenía la intención de dejar de chuparlo. Solo necesitaba que pidiera que no soy gay, solo lo estoy ayudando a aliviar su acumulación de esperma. Me balanceé arriba y abajo sobre su miembro, la mano coincidía con los movimientos de mi boca, mientras mi otra mano acunaba suavemente sus bolas y acariciaba suavemente. Una gota o dos de pre-semen de sabor desagradable se filtró en mi boca, me concentré en la tarea de ayudar a mi hermano mayor con su problema.

    «Oh hombre, me voy a correr», respiró hondo. “Por favor no te detengas, déjame correrme en tu boca. ¿Por favor? Mi esposa nunca lo hubiese hecho. Oh… «.

    Cuando sentí que su saco de nueces se tensaba y su polla palpitaba, supe que estaba a punto de soltar su carga. Su buena mano envolvió la parte posterior de mi cabeza a pesar del dolor que debió haberle causado. Sus caderas se levantaron del sofá cuando una espesa y pegajosa corriente de semen de sabor desagradable golpeó el fondo de mi garganta. Me atragantó, tragué porque no tenía otra opción. El segundo disparo de esperma rodó sobre mi lengua, sin la fuerza del primer disparo. A diferencia de las películas y las innumerables historias, no tuve problemas para tragar su semen con muy poca fuga de mis labios. Pensé que debía ser un espectáculo o algo así mientras sostenía su polla en mi boca hasta que las pequeñas convulsiones finalmente se detuvieron. Dejé que el miembro nuevamente flácido se deslizara entre mis labios, usé mi lengua para limpiar los pequeños restos de esperma que quedaban en si pene.

    «¡Oh hermano!», Respiró hondo mientras yo me volvía a poner los pantalones. «Oh hermano, simplemente no sabes lo que esto significa para mí».

    «Solo olvídalo, ¿de acuerdo?», Pregunté. «Solo olvídalo», repetí, completamente disgustado con lo que acababa de hacer, con cuánto lo disfrutaba, absolutamente disgustado con cuánto quería volver a hacerlo.

    «Oh, maldita sea, lo siento mucho», dijo. «Oh, mierda, lo siento».

    Al ver la angustia en sus ojos, no pude evitarlo. Me deslicé entre sus piernas nuevamente y comencé a lamer y provocar el pene flácido.

    «¿Qué?» Murmuró antes de que lo viera cerrar los ojos.

    No sé lo que estaba pensando, no sé a quién estaba imaginando entre sus piernas. Su miembro se endurecía lentamente mientras mi boca trabajaba en él. Mientras mi lengua jugaba con su pene, su respiración se hizo mucho más rápida y su pene saltó a la máxima dureza en mi boca. No pasó mucho tiempo antes de que volase otra carga en mi boca. Nuevamente lamí su polla flácida.

    «Levanta el culo», le dije mientras le levantaba de nuevo sus pantalones.

    «¿Cómo puedo pagarte?», Preguntó. «Simplemente no sabes cuánto necesitaba eso».

    «Estoy seguro de que pensaré en algo», respondí, sintiéndome como un pervertido incestuoso. «Seguramente lo haré».

  • Una abrupta verdad: Alec y Bobby (Parte 4)

    Una abrupta verdad: Alec y Bobby (Parte 4)

    – ¿Qué es eso tan grave, Sasha? -Alec levantó la ceja sorprendido de escuchar el diminutivo que hacía mucho su hermano había dejado de usar-¿o prefieres Aleksandr?

    – Claro que no, Vlad, sólo que no acostumbras ser tan simpático -Alec sería inocente, incluso distraído, pero no era nada tonto-, además, tú no eres de los que está con un hombre más de una noche y es la segunda vez que te veo con el amigo de Bobby, ¿puedo suponer que por ahí van tus buenas noticias?

    – Ja, por fin empiezas a ver más allá de tus narices, hermanito. Sí, -suspiró-, me enamoré de Santi… sólo lo quería para mantenerte vigilado, porque cuando te enamoras, pierdes la cabeza -la cara de Alec parecía un tomate, pero Vlad le hizo un gesto para que no se enojara-, pero resulta que el que perdió la cabeza fui yo -rio.

    – Pues ya ves, yo estaba seguro que tarde o temprano te llegaría el momento de un amor de verdad y no tanta cosa que te ha pasado en la vida -Alec se levantó y antes que su hermano pudiera decir nada, lo abrazó como hacía años no lo hacía, era su hermano y lo amaba como a su vida, pero no se dejaba querer, ahora que le daba una oportunidad la aprovecharía. Sin embargo, Vlad se limitó a aferrarlo fuerte y disfrutar un rato el abrazo.

    – Bueno, pero ¿qué era eso tan grave, Sasha? -le preguntó cuando decidió que ya había tenido suficiente cariño fraternal por el momento.

    – Cierto -el rostro de Alec pasó de una alegría casi eufórica a la seriedad absoluta, como siempre que hablaba de negocios-, mi daga familiar no está. La tuya sí está, de hecho, según lo que sé, no falta absolutamente nada más que eso.

    – ¿Seguro? -Vlad se levantó inmediatamente y se dirigió a su habitación, revisó todo bien, luego regresó totalmente serio-, no falta nada, pero alguien usó la impresora 3D… para imprimir un arma.

    *-*-*-*-*

    Por lo que le informaba Amber, todo iba saliendo a pedir de boca: Bobby entretenía a Alec lo suficiente para que él pudiera hacer lo que quisiera y Vladimir estaba tan cegado con su nuevo “amor” que había bajado la guardia a tal punto que no vería venir nada hasta que le impactara en toda la cara.

    Ahora que todo estaba cuadrando, sólo necesitaba ingeniárselas para que Alec fuera al sitio que quería y que nadie echara las cosas a perder, aunque tenía un as bajo la manga que no dudaría en usar si la necesidad lo ameritaba. Pero antes de poder hacer nada tenía que verificar que Francisco, ese gordo inoportuno, no apareciera en mal momento y, además, culminar los preparativos, que, cómo no, incluirían una daga más que armas de fuego, no podía ser de otra manera, si la idea era vengarse. Aunque, más que venganza, para ser sincero consigo mismo, era simple y llanamente las consecuencias de lo que le habían hecho antes, no puedes pretender que la serpiente que estás provocando no te muerda y era su hora de morder como nunca antes.

    Sin embargo, no entendía era cómo se las había apañado para que hasta los imprevistos le salieran mejor que bien, pero bueno, no pensaba quejarse, además, ya casi todo estaba resuelto, lo que faltaba era cosa de tiempo, tiempo que casi no tenía, pronto Francisco regresaría y la manera más sencilla de evitar que molestara era mantenerlo fuera, pero también para eso tenía una solución, aunque no quería recurrir a ella porque no quería implicar a demasiada gente en su plan.

    No, no confiaba ni en Amber, que era su melliza, como para contar con alguien más. Es cierto que el dinero compra lealtades, pero cuando se trata de lealtades, son tan frágiles como el dinero que las paga, así que no, evitaría tener que recurrir a alguien más. Siempre se ha sabido que el que promete fidelidad por dinero, por dinero traicionará, así que impensable.

    – Lo que pediste ya fue entregado y ensamblado, hermano, preguntan los del lugar si necesitas algo más -le dijo su hermana, que atendía el teléfono.

    – No, sólo necesito llevar a “ese” al lugar, pero ellos no lo pueden resolver, dales las gracias y los motivos para no decir nada de lo que hicieron, vieron u oyeron -contestó Valerius sin el menor ánimo, la espera le aburría.

    *-*-*-*-*

    – Sasha, ¿estás seguro que revisaste bien? -era la enésima vez que Vlad le preguntaba y ya estaba por tirarle la urna de la daga a la cabeza, si no lo hizo fue porque estaba muy ocupado intentando sacar alguna huella dactilar, pero no había ninguna, sólo evidentes señas de guantes de cuero y los rastros donde la habían limpiado cosa que era obvia porque no estaban ni sus propias huellas.

    – Que sí, Vlad, he revisado bien, pero a menos que alguno de los dos seamos noctámbulos, la daga no debería haber salido nunca de aquí, sabes muy bien que me compré otra para no tener que volver a usar esta maldita cosa, no desde…

    – Basta, no hace falta que lo digas -afortunadamente a Vlad tampoco le gustaba tocar el tema-. La impresora tampoco tiene huellas y quien fuera se trajo su propio computador porque en los registros del nuestro no aparece el arma, aunque sí aparece en la impresora como el trabajo más reciente, pero tampoco guardó fecha ni hora de la impresión, debí haber fijado esa opción cuando la configuramos -se lamentó su hermano.

    – De nada sirve llorar sobre la leche derramada, hermano, cambia la configuración y esperemos no necesitarla -en eso sonó un correo electrónico en su teléfono, lo revisó y le resumió a su hermano-: no hay entradas ilegales, de hecho, sólo hay entradas y salidas nuestras.

    – ¿Cómo sabes que son nuestras? -Vlad podía ser muy suspicaz cuando era necesario.

    – Porque se registraron con nuestras huellas y todavía tenemos todos los dedos de las manos, -rio Alec, estaba bien ser algo desconfiado, pero tampoco a los extremos.

    – Entonces, por fuerza fue alguien que entró con nosotros -Vlad hizo un esfuerzo por recordar-. El día que me dijiste que no estaba tu daga fue el primer día que traje a Santi y antes nunca se me habría ocurrido traer a nadie a casa -dijo finalmente.

    – Y yo siempre soy el más descuidado, pero antes de Bobby, jamás había traído a nadie a casa antes, no a esta casa, al menos. Además, yo me di cuenta del robo una semana antes de decirte, así que tu Santiago no pudo ser.

    – ¿Te das cuenta de lo que estás diciendo? -Vlad estaba demasiado serio y ni siquiera le dio importancia a lo que Alec había dicho de Santiago.

    Alec miró a su hermano, repasó sus palabras y entonces ató cabos. Vlad se dio cuenta que Alec comprendía porque empalideció hasta quedar más blanco que un papel.

    La mente de Alec volvía a ese momento que había jurado olvidar, a ese instante en que, contra el consejo de su hermano, le dio acceso total a su casa a ese chico hermoso, de cabello castaño oscuro casi negro. Una cara que reflejaba tanta ingenuidad como si todavía estuviera en la infancia con esos hermosos ojos azules que se asombraban hasta de las cosas más pequeñas. Flaco, sí, pero no malnutrido y algo enano pero encantador. Valerius había significado su primer amor realizado, era el primer chico al que le decía algo, era el primer hombre con el que estaba sin amenazas ni coacción, pero en algún momento todo se torció cuando ciertas personas de cierta organización decidieron que estaba bajando su nivel por andar de enamorado.

    *-*-*-*-*

    Era bueno no tener que soportar a Alec, era atractivo, sí, pero era protector y cariñoso y él no quería protección ni cariño, él sólo quería dinero y silencio. La verdad, el cuerpo de Alec le gustaba mucho, su pene era más que bueno, pero el joven como tal no le interesaba lo más mínimo; había aprendido a usar sin involucrarse, además que Alec no era más que un “cliente” más, es decir, una persona a la que desfalcar y desechar cuando le empezara a limitar los billetes.

    Para colmo, ya era tarde, lo esperaba Elliot y no podría entretenerse más, es cierto que él lo apoyaba en su “negocio”, claro, le convenía porque Bobby compartía los lujos que podía darse con él.

    – Hola, mi sensual Edward -Elliot lo recibió con un beso y un abrazo, aunque Bobby le recordó que no debían exponerse así en público, pero la verdad es que esos besos lo tenían loco. Así que después de regañarlo por la imprudencia, lo llevó a un callejón y le dio un beso con todas las ganas que tenía acumuladas.

    – Elliot, no me digas mi nombre, sabes que mis clientes creen que me llamo Bobby y nunca se sabe, ¿sí? -Bobby quería dejarle claro el tema, aunque también sabía que no era justo con ese chico pedirle que no expresara lo que sentía, así que volvió a besarlo.

    Pasaron una buena tarde: fueron al cine, comieron en un restaurante de esos bonitos y discretos y luego se fueron a un hotel de los refinados. Edward estaba contento de no haberle prometido nada a Alec, porque quería estar con su novio y que él no lo molestara, al menos por una noche, ya era suficiente con sus papás intentando saber dónde se metía cada escapada que se daba.

    *-*-*-*-*

    “Mi amado Sander,

    sabes que esto ya ha llegado demasiado lejos. Hace un par de meses, un día que fui a tu casa para tenerte una linda sorpresa cuando llegaras, descubrí quién eres en realidad, al menos, tu trabajo real. No sé, ni me interesa, si me has mentido en cuanto a tu nombre o a lo que sientes por mí, porque cuando estoy entre tus brazos siento que no es así, que eres sincero, que realmente me amas, aunque no sepas cómo ser un asesino y un amante a la vez.

    No te preocupes, no necesitas serlo, es más, no debes serlo. Sé Alexei con tu negocio, Sasha con tu hermano y Sander conmigo. Me explico: haz en tu trabajo lo que tienes que hacer, que bastante bien te pagan por ello; con tu hermano sé el amigo que siempre ha necesitado, el apoyo fraterno que nunca admite querer; yo sólo necesito poder amarte, me da igual lo demás.

    No te he dicho nada porque me da miedo, no por ti, sé que no me harás daño, sino porque si alguien más se entera que lo sé, puede que me usen para intentar manipularte, pero en este momento yo voy un paso delante de cualquiera, porque no se esperan que yo esté pendiente de cualquier artimaña para no caer en trampas.

    Aunque hay algo que debes saber: pase lo que pase, siempre te amaré.

    Tuyo,

    Vali.”

    Alexei, estaba tirado en su cama leyendo y releyendo la vieja carta que se había jurado no leer nunca. Lo que había pasado con Valerius era una barbaridad, pero ya con esto llegaba a ser una verdadera monstruosidad. Si tan solo ese día él hubiera podido hacer algo, su querido Vali no habría caído en una trampa muy bien disimulada a menos que conocieras al jefe de Francisco.

    Con un suspiro, Alec se levantó de la cama, guardó la carta en el sobre que había caído a sus pies el día que conoció a Bobby y se dio cuenta que tenía una decisión pendiente y no era nada fácil. Aunque no era tan complicada como recordar aquel maldito día, memoria que no estaba dispuesto a revivir, no todavía.

    *-*-*-*

    Vlad sabía que la noticia había sido dura para su hermanito, también sabía que Alec no tendría la menor idea de cómo manejar el asunto y que lo mejor era darle un tiempo solo, al final él llegaría por sí mismo a la mejor solución del asunto, como siempre hacía. Alec cuando quería podía ser el hombre más brillante del mundo, por algo tenía tan buena fama en el negocio.

    Pero no sólo su hermano tenía el corazón revuelto, Vlad había decidido darse la oportunidad de amar a Santi, de quererlo sin usarlo, de simplemente aprovechar este hombre que le daba su corazón y darle él el suyo… o al menos intentarlo. Nunca antes lo había hecho y no sabía cómo se hacía, pero tenía clara una cosa: no podía mentirle. No era justo con Santi que amara a un chico rudo sin saber lo que realmente era.

    – Hola, guapo -lo saludó con un buen beso en cuanto hubo cerrado la puerta de la entrada. Otro de los miles detalles que Santi tenía con él y que al final de cuentas le encantaban aunque él pretendía hacerse el insensible, pero era obvio que su chico no se lo tragaba ni de broma.

    – Tenemos que hablar -fue escueto, directo y poco claro, tal como él mismo estaba en ese momento, todo un desastre de emociones y sentimientos. Santi lo vio un poco sorprendido, pero lo volvió a besar y esperó no haber metido la pata.

    – Santi -suspiró Vlad mientras tomaba una de las bebidas que su chico ya tenía servidas-. Está pasando algo grave: parece que Bobby robó algo muy importante de casa de Alec y no tenemos idea de sus intenciones ni motivos. Perdona que te lo diga así de directo y fuerte, pero no conozco otra forma de decir las cosas y no sería justo mentirte, especialmente porque se trata de tu amigo de la infancia.

    – Mi amor -a Vlad se le revolvió el alma y todo se acomodó en su sitio con solo escuchar eso-, gracias por decirme las cosas claras, mi papá -señaló una foto de la pared-, siempre dice que lo importante se dice sin rodeos.

    Vlad estaba pensando besar a su novio otra vez, pero antes le picó la curiosidad (aunque ni siquiera cuando investigó a Santi se interesó por su familia) y decidió dar un vistazo a la foto de la pared. Decir que sufrió un ataque de tos es poco, el pobre casi se desarma tosiendo y tuvo que fijarse unas cuantas veces, pero el cincuentón obeso y calvo que le sonreía desde el marco de la foto era indudablemente su jefe, Francisco.

    En ese momento casi se desmaya, Santi lo ayudó a sentarse en un sillón y, cuando Vlad logró reponerse un poco, le dijo que no tenía idea que era hijo de su jefe. Si ya Vlad se sentía confundido, la reacción de Santi lo terminó de descolocar: se reía y con ganas.

    – Con todo lo que me has investigado, pensé que sabrías quiénes eran mis padres, aunque ahora que sé que trabajas para papá, tal vez tú me puedas decir a qué se dedican en su empresa, porque por no saber, no sé ni dónde está su oficina.

    – Pues -mientras hablaba, Santi se sentó sobre él y ahora Vlad lo besó para tomarse algo de tiempo antes de contestarle-: en lo que trabajamos nosotros, lo mejor que te puede pasar es que no sepas lo que hacemos ni dónde.

    – Mira que eres malo -Santi le hizo un mohín que terminó en otro beso, con algo de manoseo incluido-, pero mejor ven a cenar, luego ya seguiremos hablando de esto.

    Santi no pudo evitar una sonrisa de alegría sincera porque al final de cuentas su flamante novio resultó ser el gran apoyo y soporte que él necesitaba en ese momento, al punto que ni siquiera se interesó por lo de Bobby, quería estar con él y no le importaba lo demás.

    *-*-*-*-*

    Valerius creía que su hermana, aunque fuera por miedo, le era leal, pero la verdad era otra, Amber siempre había ido a su bola y, de momento, colaboraba con su mellizo simplemente porque le divertía, pero no podía mentirse a sí misma y la verdad es que sus amigos habían empezado a importarle y a ganarse un lugar en su corazón. Se sentía un poco en conflicto, porque Bobby y Santiago habían llegado a importarle y presentía que el plan de su hermano no terminaría precisamente con un “comieron perdices y fueron felices”.

    Al final Amber tomó una decisión: por mucho que quisiera a su hermano, era un idiota cruel y sádico, así que ella velaría por la gente que le importaba, aunque tuviera que traicionarlo y hasta verlo en la cárcel… otra vez.

    Sin embargo, había algo más que preocupaba a Amber: Claudia. Es cierto que ella y Alec no se llevaban y que desde que Bobby salía con él la chica se había alejado por el bien del grupo. Pero una cosa es no querer compartir con Alec y otra desconectarse incluso de ella, vamos, que pensaba que eran cercanas y tenían una amistad al margen de sus amigos en común. Debía haberla llamado unas tropecientas mil veces, pero sólo saltaba el buzón de voz, tenía siglos de no conectarse en redes sociales ni mensajería instantánea, era como si estuviera muerta y nadie lo supiera. Cosa que habría sido posible si su hermano Valerius le hubiera tomado ojeriza, pero por su conducta, parece que no la tomara en cuenta en sus planes.

    *-*-*-*-*

    Estaba sentado en la terraza de una cabaña admirando el paisaje montañoso del norte de Inglaterra mientras fumaba su pipa y sorbía su té acompañado de unas galletitas que algo tenían pero lo volvían loco, no podía parar de comerlas. Todo iba según su plan: Alec y Bobby estaban en un romance tonto; Santiago tenía a Vladimir comiendo de su mano, cosa que pasó de chiripa, pero le venía de lujo. Aunque siempre le quedaba la posibilidad que Amber no se dejara dominar, pero lo podría compensar fácilmente; la última ficha del ajedrez era Francisco, que él mismo había contratado para un trabajito que en realidad no necesitaba, lo que Francisco no sabía era que él también le estaba pagando a la víctima para que no se dejara matar, así que podría conseguir más tiempo si era el caso, aunque no quería tener que deber ese favor.

    Con una sonrisa tranquila la mente de Valerius volvió a aquel día que no podía quitarse de las retinas: el día en que Alec le marcó la cara y cambió su vida para siempre. Claro, que Alec jamás sabría lo que pasó, porque aunque se lo contaran no lo aceptaría jamás. En realidad era bastante sencillo, Francisco estaba al tanto de su relación con Alec y los encubría, pero al jefe de Francisco no le hizo ni pizca de gracia y, pese a todas las precauciones que él tomaba, un mal día el propio Francisco lo subió a su automóvil, le vendó los ojos y le dijo que lo llevaría con Alec. No era la primera vez que Alec lo mandaba a llevar así y no le generó desconfianza, pensó que sería una sorpresa más de las que su novio tenía con él y se dejó llevar.

    Lo bajaron del auto y lo llevaron a rastras, con cierta violencia, pese a que no se resistía y lo tiraron al suelo. Mientras él intentaba quitarse la venda, oyó un poco lo que sucedía a su alrededor e intentó entender lo que pasaba:

    – Jefe, ¿qué pasa aquí? -decía un muy agitado Alec que apenas lograba imponer su voz sobre algo que sonaba como el choque de metales y los gritos de gente vitoreando un espectáculo de sangre.

    – Bueno, es parte de tu entrenamiento -le contestó un tipo que no era Francisco y, para colmo, parecía divertirse de lo lindo, cosa que confirmó al quitarse la venda de los ojos y ver su sonrisa demente-, acordamos que matarías a todo tipo que te pusiera enfrente, así que ahora tienes que matar a cualquiera que yo diga, aunque sea alguien que acabamos de “reclutar” y no sepa lo importante de su colaboración. Deja ya de pensar tonterías y prepárate, mira que ya lo armaron y espero que le hayan explicado bien lo que debe hacer -miró hacia Francisco, que negó con la cabeza- ¿no le dijeron nada? Bueno, casi que mejor, a veces es sano improvisar.

    A Valerius le habían dado un cuchillo de caza y, por algún motivo, un trozo de madera que luego descubrió que se suponía que era un escudo para que entretuviera a Alec, que bien sabía él lo capaz que era con un cuchillo en la mano.

    Nunca lo reconocería, pero tuvo que vomitar un par de veces antes de poder hacer frente a lo que pasaba. Y le bastó un vistazo para saberlo todo: Alec y él tendrían que pelear a muerte o los tipos que los rodeaban con armas pesadas los matarían antes de poder decir “mierda”. En resumen: o uno mataba al otro o morían los dos. Lo peor de todo era ver a su novio bañado en sangre como carnicero en matadero en una pequeña área rodeada de tablas y tipos armados que dejaban en claro la situación, tampoco es que las vísceras ayudaran demasiado. Además, Alec tenía tenía un cuchillo gigante atado a su mano, Valerius descubrió después que se llama daga, pero era evidente que a Alec le provocaba una repulsión tan profunda como el asco que tenía por la situación.

    De repente sonó una especie de silbido que por la pose que tomó Alec dedujo que era la señal para empezar la pelea, también pudo ver por el rabillo del ojo que provenía de un silbato de plata que tenía el que llamaban Jefe, aunque era tan esmirriado y poca cosa (incluso comparado con el propio Valerius) que no lograba soplarlo con la fuerza necesaria para que silbara decentemente.

    Para su suerte, resultó tener buenos reflejos, aunque pensándolo bien después, Alec tampoco lo estaba atacando en serio, porque, aunque evitó el golpe con su improvisado escudo, también era cierto que no iba dirigido a su cuerpo, sino a algún punto cerca de su cabeza. Estuvieron así un buen rato hasta que el Jefe volvió a sonar el silbato y detuvo la pelea momentáneamente para pedir sangre. En ese momento exacto cuando Valerius vio la cara de Alec: solo vio odio y asco y fue entonces cuando, por primera vez, Valerius sintió miedo, sus nervios colapsaron un instante y eso bastó.

    No entendió a tiempo que Alec no lo miraba a él, sino al Jefe que estaba detrás de él y, de la nada, Alec sacó un segundo cuchillo de su pantalón y se lanzó contra él, pero no se quitó a tiempo porque el cuchillo llamaba toda su atención. Demasiado tarde se percató que la intención de Alec era simular que lo atacaba mientras lanzaba el cuchillo. Y lo logró, su treta funcionó, el cuchillo se enterró limpiamente en el pecho del Jefe, pero no evitó a Valerius a tiempo y la daga le hizo un feo corte en la cara, que duraría para siempre.

    Lo que Valerius no esperaba era la reacción de las demás personas: al ver al Jefe herido de muerte, Francisco se acercó a él, que se había sacado el cuchillo del pecho y se desangraba lentamente, le arrancó el silbato del cuello y dio tres vibrantes llamados. Inmediatamente unas cuatro personas se acercaron a ellos, Alec se dejó hacer, así que él tiró su cuchillo y su leño al suelo y dejó que intentaran sanar la herida de su cara, al igual que los otros revisaban a Alec, que no tenía más que unos pequeños rasguños superficiales.

    Resultaba evidente que Francisco se dio un ascenso y controlaba la situación, llamó a alguien, un tal Vladimir que resultó ser el hermano de Alec del que había oído muchas cosas, pero nunca había visto. Francisco le dio instrucciones en voz baja, Vladimir asintió, se acercó a él, se aseguró que el sangrado estuviera controlado, y lo llevó a una casa. Le dio ropa para que se cambiara y fueron a un hospital para que le trataran la herida, mientras tanto, de camino, le dijo que debía decir que todo había sido un accidente, que estaba preparando comida y se cayó llevando el cuchillo en la mano y se cortó con la caída. También le recomendó que no volviera a ver a su hermano, ya que Francisco había dado orden de matarlos a los dos si sabía que se habían vuelto a ver.

    En cuanto empezaron a atenderlo en el hospital, Valerius vio a Vladimir pasarle un fajo de dinero tremendamente grueso a una enfermera y se retiraba disimuladamente. Y no volvió a saber de él hasta mucho tiempo después, de hecho, cuando ya estaba casi terminando los detalles de su plan y tuvo que hacer calzar algunas cosas para no tener imprevistos.

    *-*-*-*-*

    Alec ya se estaba asustando: hacía un mes que Francisco no molestaba en lo más mínimo, ni un encarguito pequeñito ni nada, está bien que cuando quería podía ser una gran persona, pero ya esto era demasiado… a menos que estuviera haciendo un trabajo personalmente, claro. Lo preocupante es que Francisco nunca se había alejado tanto tiempo sin avisar del todo.

    Por otro lado, su hermano no estaba para pensar en trabajos ni en nada que no fuera su Santi, lo que era bueno, porque al final de cuentas los dos eran chicos de carne y hueso y tenían derecho a sentir, amar y, sobre todo, ser amados. Ahora bien, él no predicaba con el ejemplo, porque de Bobby sabía que había pasado un mal evento algunos años atrás, un diminutivo (Bobby) que bien podría no ser su nombre real, que era amigo de Santi y que le había robado su propia daga. Y lo peor de todo es que Alec no se había animado a preguntarle nada al respecto, no había tenido el coraje de confrontarlo, más que nada, porque no quería saber que ese chico tierno y dulce fuera otra cosa.

    Un buen día, Vlad invitó a Santi a comer en su casa y, por algún motivo que no dijo, quería que estuviera él mas no Bobby, era extraño, pero su hermano estaba tan cambiado, que todo era posible. Su hermano iba mejorando porque cuando llegó con su novio llevaban unas cajas de pizza, su punto débil, que Vlad conocía muy bien.

    – Hermanito -le dijo un sonriente Vlad, lo que era poco común y maravilloso a la vez-, hay algo que debes saber respecto a este muchachito que me puso de cabeza -un tierno abrazo acompañó sus palabras, mientras Santi y Alec ya comían sin parar.

    – ¿Es tan importante que lo sepa? -le preguntó Santi entre bocado y bocado.

    – Sabes bien que sí, lo hago por ti, para cuidarte -le respondió Vlad, luego se dirigió a su hermano-: Santi es hijo de nuestro jefe, Francisco.

    – No-me-jo-das. No-me-jo-das -fue todo lo que pudo responder Alec-, ¿lo sabe todo? -Vlad negó con un gesto- muy bien, entonces tendremos que protegerlo bien… y entre menos sepa, mejor -sentenció Alec, a lo que Vlad asintió seriamente, aunque sin abandonar su radiante sonrisa.

    Terminaron de comer, vieron una peli y luego Santi se fue a dormir una siesta, momento que aprovecharon los hermanos para hablar de la situación con más detalles.

    – Sasha, sé que no debí decirle que trabajamos para su padre, pero cuando lo descubrí no lo pude evitar -se disculpó Vlad.

    – No te preocupes, mejor que sepa que conocemos a su padre, así no tenemos que mentir, al menos no tanto, aunque no sé cómo lo tomará el jefe… que, por cierto, hace como un mes está ilocalizable.

    – Sí, eso me preocupa también -le confirmó su hermano-. Dejó una nota en su casa diciendo que él y su esposa estarían fuera dos semanas, pero ya llevan el doble y sabemos que es algo serio cuando se lleva a Caterina, porque no es algo que un Vor pueda resolver por la fuerza ni usando sus contactos.

    – Exacto, eso es lo que me tiene pensando, me da igual que estemos vinculados a él por ser Vory… -entonces se dieron cuenta que metieron la pata.

    – ¿Qué es un Vory? -dijo un medio somnoliento Santi.

    – Oh, crap! -Alec soltó un juramento en inglés-, mira, Santi, cuñadito, antes de decirte nada necesito que me expliques algo.

    – ¿El qué? -preguntó Santi sin dudar, ni protestar por el trato cariñoso.

    – No lo metas en esto… -le advirtió Vlad.

    – Él ya se metió, probablemente desde que nació -le replicó Alec antes incluso que Santi pudiera protestar-, además, si lo vamos a proteger, mejor que sepa cómo colaborar.

    – ¿Igual que Valerius? -Vlad volvió a su postura defensiva y eso no le hizo ni pizca de gracia a su hermano.

    – No, mejor que Valerius, además, hay cosas demasiado serias en juego, no solo tu corazón, como pasó antes, sabes muy bien el lío en que estamos metidos -Alec también podía ser horriblemente cruel cuando tenía que serlo.

    Santi no sabía qué pensar, veía la discusión como un partido de tenis, pero no sólo eso, Alec estaba demasiado tenso: flexionaba los brazos de una manera nerviosa, no era intimidante, era como si no supiera qué hacer; Vlad, por su parte, no se movía mucho, pero tenía una vena muy marcada en el cuello y le palpitaba otra en la sien. Él mismo estaba nervioso, muy nervioso, sabía que su Vlad era capaz de matar, que su cuñado tampoco debía estar muy lejos de eso y que su padre era un violento, además, que la palabra Vory no le era del todo extraña, sabía que la había escuchado alguna vez cuando su padre hablaba de sus negocios rusos, pero no lograba recordar el significado.

    – Bueno, lo que quiero saber, Santi, es qué tanto amas a mi hermano, porque si no tienen futuro, lo mejor es que no sepas nada, te alejes y nos olvidemos de todo, pero si de verdad quieres algo serio, yo pondré todo de mi parte para que tengan un futuro juntos -Alec no pretendía nada más que aclarar sus intenciones, pero sucedió algo que no esperaba.

    Al escucharlo tan determinado a proteger su corazón tantas veces roto, Vlad no pudo reprimirse y se lanzó sobre su hermano, pero no fue el único, Santi también se sintió querido como pocas veces en su vida, nunca nadie le había dicho que le preocupara lo que él sentía o quería y no quiso evitar agradecer el gesto. Al final Alec terminó abrazado por las dos personas que más le importaban en ese momento, porque en el fondo de su corazón, tenía muy claro que no sentía ya nada por Bobby, ese chico lo había usado, lo supo en cuanto relacionó que él era el único que había podido robarle la daga, además, el chico siempre buscaba algún pretexto para sacarle dinero y tenían menos vida sexual de lo que Alec jamás imaginaría para un noviazgo.

    – Mira, Alec -le dijo Santi cuando se separaron y volvieron a sus asientos-, eres la primera persona, después de Vlad, que realmente se interesa por lo que yo quiero y siento y te diré lo que quieres saber -le dio un pico a su novio antes de continuar-: amo a este hombre con toda mi vida, siento un cariño impresionante por ti, porque jamás pensé que podría sentir algo así por nadie, pero, más que todo, quiero saber quién demonios es mi padre, ya no es tanto el amor o el cariño, es ansia por la verdad.

    – ¿Sigues pensando que es lo mismo que cuando Valerius, Vlad? -le recriminó Alec con cierto reproche.

    – Sasha, definitivamente no es como con él, empezando porque es mi chico y no el tuyo, pero sí, la situación merece una explicación.

    – Vor, o el plural Vory, son las mafias rusas que surgieron cuando cayó la U.R.S.S. y quedó un vacío de poder, la Federación Rusa lucha seriamente por desaparecerlas, pero están infiltrados hasta en la policía y ya tienen también alguna influencia internacional, se pueden comparar con las mafias italianas o hasta las de Estados Unidos que tanto se ven en las películas -finalmente aclaró Alec.

    – ¿Y mi papá tiene que ver con eso, no? -Santi no solo era lindo, era listo, cosa que Vlad ya sabía.

    – Correcto, él es el jefe de un Vor desde hace cinco años, yo tuve que ver con eso, es cierto, pero la cosa es que desde que nosotros nos vimos metidos en eso siempre ha sido nuestro jefe -continuó Alec.

    – No te contaremos cómo llegamos ahí -intervino Vlad antes que su novio pudiera siquiera intentar preguntar algo-, pero sí te diré que no somos unos santos, tú sabes que yo he matado y Alec también ha tenido que hacerlo, debemos obedecer en todo a tu padre, nos guste o no… a menos que queramos que nos mate.

    – Genial, ya sé la verdad y no me gusta nadita -admitió Santi, lo que fue un alivio para los dos hermanos, que no querían que preguntara demasiado-. Pero hay algo que no entiendo: ¿qué tiene que ver Bobby en todo esto?

    – Eso es algo que nosotros mismos quisiéramos saber -admitió Alec-. Tengo que reconocer que no sé nada de él, ni siquiera sé si se llama Bobby, si es un diminutivo o qué es. Mi hermano tenía razón: cuando me enamoro pierdo la cabeza, pero la verdad, ya no siento nada por él, no desde el robo.

    – Bueno, no te culpes, Sasha, ya lo que pasó, pasó, ahora lo importante: ¿qué vamos a hacer? -lo centró su hermano, como siempre que Alec se derrumbaba.

    – Yo tengo una pregunta más -acotó Santi-: ¿puedo ayudar en algo?

    Vladimir lo atrajo hacia sí, lo sentó en su regazo y le zampó un buen beso, de esos en los que se da hasta el alma. Cuando se separaron Santi se quedó sentado sobre su chico y volvió a ver a Alec.

    – ¿Qué sabes de tu amigo? -quiso saber Alec- ¿es quien dice ser?

    – Pues yo lo conozco desde que me acuerdo, pero -se sinceró el muchacho- la verdad es que no siempre le hemos llamado ‘Bobby’, pero no recuerdo su nombre real, lo siento.

    – No te preocupes -lo consoló Vlad-, tal vez Bobby sea un diminutivo, nada más. Lo importante es qué pretende robando la daga de mi hermano.

    – Engañarme es tan sencillo… -suspiró Alec- pero sé muy bien que no le conté nada de esa daga, es más, recuerdo que le dije que no preguntara nada, si Vlad lo sabe es porque estaba allí, no porque me guste hablar del tema.

    – Da igual, sospecho que no me va a gustar saberlo -Santi de nuevo demostraba su capacidad de deducción-. Lo curioso es cómo carajos pueden ese tipo, el tal Valerius, y Bobby tener algo en común.

    – Esa es una excelente pregunta, pero no tengo idea de por dónde empezar a averiguar -Alec se sentía superado por la situación.

    – Sasha, nosotros sólo sabemos hacer una cosa: trabajar. Tomemos esto como un trabajo más, nada más que respondemos ante ti y no ante mi suegro -risas de todos-. Si el jefe te diera una foto de Bobby, te dijera que se llama así y que necesita saber todo de él, ¿qué harías?

    – Seguirlo, saber dónde vive y preguntarle a sus vecinos, saber dónde estudia y ver qué puedo averiguar ahí -dijo Alec ceñudo, pero captando la idea de su hermano.

    – Entonces, ¿qué prefieres? ¿vecinos o profesores? -le dijo Vlad con una sonrisa de confianza.

    – Esa es fácil, Vova -le dijo Alec con tanto cariño, que usó el apelativo que tenía prohibido-, prefiero mil veces un profesor a un chisme.

    – Bueno, entonces, mi Santi -Vlad se volvió a su novio-, tendrás que darme al menos la dirección de Bobby.

    – Eso no es problema, has ido un millón de veces: vive frente a mi casa -Santi sonreía un poco-. Pero si tú irás a su barrio y ¿Sasha? -dudó al llamarlo así, pero no quería ser formal con alguien a quien tenía tanto aprecio, sin embargo, Alec le sonrió con confianza-, Sasha irá a la universidad, y yo haré algo que ninguno de los dos puede hacer -dijo con una sonrisa traviesa.

    – ¿No pensarás ir con sus padres, verdad? -le dijo Vlad un poco nervioso.

    – Claro que sí -Santi sonreía abiertamente-, se supone que soy el mejor amigo de Bobby, así que puedo ir con sus padres, fingir nostalgia y averiguar cualquier cosa extraña que ellos hayan visto.

    El plan se perfilaba brillante y muy eficaz, pero en ese mismo momento entró un mensaje en el teléfono de Alec que provenía de Francisco: indicaciones para un encuentro con personas que tenía que entrenar.

    *-*-*-*-*

    Cuando Alec llegó al sitio, se encontró con dos personas a quienes no conocía de nada junto con Francisco, lo que lo alivió un poco porque su jefe estaba bien y eso significaba menos problemas para él. Pero antes que nada, quería poner las cosas en claro:

    – Jefe, en el automóvil está mi hermano, pero no está solo -Alec sabía que debía ser sincero porque no estaba seguro de si estas personas son de confianza.

    – ¿Quién lo acompaña? -quiso saber Francisco.

    – Santiago y hay algo que debes saber, sólo te adelantaré que ya está al tanto de lo que hacemos, aunque no conoce detalles.

    – Muy bien, parece que no hay nada oculto entre cielo y tierra, lo que no sé es cómo demonios lo averiguó, pero bueno, Pietro y Nikol son de confianza, que vengan los dos y solucionemos esto.

    Alec llamó a su hermano y les dijo que podían entrar, que no habían peligros, que Francisco quería verlos. Vlad y Santi entraron, aunque el chico estaba algo nervioso porque era la primera vez que se venía envuelto en algo así y no atinaba a comportarse.

    – Papá -lo saludó Santi-, perdón, imagino que no quisiste que me mezclara con todo esto, pero lo descubrí de casualidad.

    – Eso ya lo veremos después, Aleksandr me informó que hay algo que querías decirme y, por las caras que veo, asumo lo que es -Francisco quería poner los puntos sobre las íes-: mi pequeño Santiago, ¿Vladimir es tu novio?

    – Sí, papá -Santiago fue valiente y tenía determinación, lo que impresionó a los dos hermanos, que conocían bien a su jefe, pero lo que hizo Francisco dejó a las cuatro personas presentes totalmente descolocados: Francisco se relajó, dejó su postura amenazante y abrazó a su hijo de una manera tan sincera y amorosa como jamás se podría pensar en un Vor de su nivel.

    Después de un rato, Francisco decidió soltar a su hijo y su rostro cambió como si se hubiera puesto una máscara: era odio puro, ira y, muy en el fondo, miedo.

    – Como mi hijo, mi único hijo derrame una sola lágrima por tu culpa… -el arma en el pecho de Vlad (lo más alto que podía colocarla) fue muy elocuente, incluso para alguien de su tamaño.

    – No se preocupe, Jefe -Vlad retrocedió con calma y tomó la mano de su chico, pero sin quitar la vista de los ojos de Francisco-, la única forma que eso pase es porque conseguí que me maten.

    – Muy bien -Francisco sonreía, miró a su hijo y notó su sorpresa-: no me mires así, sé que eres gay desde que tenías 3 años, he tenido tiempo para procesarlo y si he sido duro contigo es para que cuando lo admitieras pudieras ser fuerte, porque la vida es cruel -pero estaba allí por algo, así que se puso serio-. Pero tenemos negocios y no me gusta para nada hacer esto, se trata del novio de Alec y tu amigo, Santiago, así que supongo que preferirás irte.

    – No, papá, esto no son negocios -parece que la educación de Francisco había dado frutos-. Esto es familiar, si es con Alec o con Vlad, es conmigo. Es cierto, soy un niño bonito, nunca he necesitado ni hacer un pequeño trabajo para pagarme un capricho, tampoco tengo idea de lo que todos han tenido que hacer tan solo para sobrevivir, pero no quiero mentiras y me da pánico el pensar en tener que usar un arma, pero hay otras cosas que puedo hacer, como darles el apoyo que necesitan en medio de todo esto.

    Habían un chico y una chica presentes y la chica se aclaró la garganta mientras el chico revisaba algo en su teléfono y parecía no gustarle mucho.

    – Sí, sí, ya sé, no tengo mucho tiempo, mi esposa se molestará porque dejé la asignación por estar con mi hijo, pero me vale, es posible que incluso no se lo diga, total, no es su asunto. En fin, a lo que vine: Bobby. No es un trabajo, no hay que hacerle nada, pero estoy en una asignación con Caterina, nos encargaron desaparecer a una persona, pero resulta que es un viejo amigo y me contó que le pagaron para que me evadiera y no se desapareciera ni se dejara que yo lo matara hasta que fuera el momento oportuno y que eso sería cuando se empezara a hablar de la desaparición de un tal Bobby, me llamó la atención el nombre, cotejamos datos y resultó ser el novio de Alec.

    – Menudo brete -fue todo lo que Vlad pudo decir, pero la mirada que cruzaron los tres chicos le confirmó a Francisco que aún enamorados y distraídos no había nada que se les escapara fácilmente.

    – Imagino que ya tienen una estrategia, porque veo que algo se olían, ¿me equivoco? -los tres asintieron-, muy bien, ya saben, necesitamos que no los descubran porque simplemente se trata de estar preparados para lo que pueda suceder -más carraspeos de los desconocidos-, sí, ya voy. Decía, es imprescindible que no los reconozcan y si el novio de Bobby empieza a preguntar cosas cuando nunca lo ha hecho, sería un poco extraño, así que les traje refuerzos, que además necesitan entrenamiento físico, sus grandes talentos no incluyen disparar armas, aunque espero que no lo necesiten. Pietro -el joven hizo un gesto de saludo- y Nikol -esta vez fue la chica quien saludó, aunque era un poco obvio-, estos son Alec, Vladimir y mi propio hijo Santiago. Estas son sus órdenes: Alec queda a cargo -levantó una ceja al ver que Vlad no protestó-, lo que él mande, es como si yo mismo lo indicara, ¿entendido? -asentimiento general, pero Francisco, que tenía prisa, atrajo a su hijo hacia sí-, Santiago, quiero que aprendas a manejar un arma, necesitas defenderte, pero quiero que no te involucres en el trabajo sucio, eres mi todo, recuérdalo -lo volvió a abrazar y Santi entendió por fin que no era que su padre no lo quisiera, era simplemente que no sabía expresarlo-. Alec, quiero todo, especialmente lo de mi hijo, por lo legal, ¿queda claro?

    – Sí, señor -le respondió Alec, totalmente impasible, como siempre que tenía que trabajar.

    – Muy bien -Francisco se dignó obsequiarles una sonrisa y se largó antes que nadie pudiera decir nada. Lo curioso es que era más bajo que cualquiera de los presentes, pero todos le tenían una especie de respeto que no tenía nada que ver con el miedo.

    – Vlad, les daremos tu casa, ¿de acuerdo? -su hermano asintió, total, no la necesitaría: viviría con Santi, ya fuera en casa de su jefe o en casa de su hermano-, llévalos, que se acomoden y se coman algo, nos vemos en dos horas en mi casa, tengo que llevar a mi cuñado a la policía.

    – ¿Pero…? -Pietro no se atrevió a cuestionar a Alec abiertamente.

    – Ya oíste al Jefe -le dijo Alec con una sonrisa-: Santi necesita un permiso legal para portar armas y es allí donde tenemos que iniciar el proceso. Además, yo sólo soy un simple instructor de tiro -les guiñó un ojo y salió de allí con Santi.

  • Las historias de Cindy (Cap. 3): Fernando

    Las historias de Cindy (Cap. 3): Fernando

    Me llevo a su departamento, era el típico departamento de hombre soltero y fiestero, él tenía dinero y siempre andaba de viaje, me gustó mucho su forma de ser conmigo y por eso le di la oportunidad de entablar una relación.

    Soy su amiga Cindy y hoy les cuento una rica ocasión de sexo con Fernando, ¡mi novia al que le puse los cuernos con mi ex!

    Habíamos ido a Mundo E, después de una excelente noche de baile, alcohol y música, acepte ir con él a su departamento.

    Ya en el Departamento, él puso muisca de Jazz mientras me daba un rico masaje de pies, creo que a todos les gustan mis pies ya que los besan y se mueren por tocarlos, bueno su masaje era tan rico que empezó a excitarme, los empezó a besar. Su lengua recorría desde mis talones, pasando por la planta de mis pies y en medio de mis dedos, me excito mucho sentir su lengua en ellos, subió sus manos acariciando mis piernas, y levantándome la falda, cerraba mis ojos y disfrutaba el momento.

    F: ¡Cindy me encantas!

    C: Y tú a mí, ¡me gusta cómo eres!

    F: ¡Quiero hacerte el amor!

    C: ¡Pues adelante, hagámoslo!

    Nos desnudamos mutuamente, él tiene un cuerpo más o menos atlético, brazos fuertes, llenito, pero no bofo, él estaba encantado con mi cuerpo, lo tocaba como si nunca hubiera tocado una mujer, sus manos apretaban mis muslos mi cintura y mie pechos, eso me excitaba más.

    Comencé a besarle todo su cuerpo, mi boca recorría sus pies hasta su cuello, dándole pequeñas mordidas a sus pezones, ¡me sentía una leona ya que de verdad le tenía ganas a ese hombre!

    C: ¡Me encantas nene!

    F: ¡Y tú a mi cielo!

    C: ¡Déjame probarte más!

    Antes de ponerle el condón, decidí probar su verga, era de unos 14 cm, pero era gruesa como nunca había visto una, su redonda cabeza me parecía un apetitoso panque, lo chupe como paleta, recorrí la vena que tienen los penes desde su inicio a su final, también chupe sus testículos y un poco su ano, ¡me estaba dando gusto con su amiguito!

    El solo gemía y me acariciaba la cabeza, su respiración se aceleraba, fue entonces que lo introduje a mi boca, apenas si cabía, aun así, bajaba y subía rosándole con mis dientes, ¡con mis dedos le apretaba los testículos, los cuales a veces también mordía, pero me interesaba más tener su gorda verga dentro de mi boca!

    F: ¡ah, Cindy, dios mío!

    C: ¡Que rica, me encanta!

    F: ¡Sigue, así, dios!

    C: ¡Me la voy a comer toda!

    Comencé a mamársela rapidísimo, mi boca estaba agrandándose por las dimensiones de su cabezón, una y otra vez, más rápido y más rápido, ¡hasta que de pronto su leche empezó a llenarme la boca!

    ¡Gemidos fuertes salían de él, estaba caliente y sabía muy dulce, yo la probé y escurrí por mi barbilla, esa acción lo hizo sacar más y salpicarme la cara, de verdad me encanto haberlo hecho venir!

    F: ¡Que rico, mamacita eres una experta!

    C: ¿Te gusto cariño?

    F: ¡Dios, me mataste de placer!

    C: Si, ¡saboree tu explosión jajá!

    F: ¡Bueno, ahora sigo yo, ven acuéstate!

    Me acostó en la cama y me abrió las piernas, inmediatamente sentí su lengua pasar por mis entrepiernas, lo hacía suave y rudo al mismo tiempo, mordía mis muslos y me apretaba los pechos, ¡poco a poco fue acercándose a mi tesoro!

    Sentí como su lengua lamia mis labios vaginales, con sus dedos apretaba mi clítoris y abría mi vagina para meter su lengua, como si fuera gato la lamia rápido y luego la succionaba toda, yo me retorcía, ¡que rico oral me daba!

    C: ¡agh, si, ah!

    F: ¡Sabes delicioso nena!

    Siguió chupándome riquísimo, sus manos apretaban mis nalgas y mis tetas, yo le lamia los dedos de la mano, con su otra mano, rosaba mi ano e introducía sus dedos en mi vagina para darme más placer, gemía como loca, ¡me retorcía mucho debido al rico placer que sentía y fue así que logro hacerme sentir un orgasmo!

    En lo que superaba el rico placer, él se acomodó el condón, había conseguido pararse de nuevo, ¡y estaba listo para penetrarme!

    F: ¡No sabes cuánto deseaba esto!

    C: ¡Uf, si, hazlo!

    F: ¡Abre las piernas amor, ábrelas!

    Obedecí su mandato y fue entonces que el apoyándose en mis muslos empezó a introducir su verga gorda en mí, al principio me dolió un poco, pero gracias a la humedad en mi vagina, ¡pronto fue camino fácil para él y empezó a moverse!

    ¡Me la metía riquísimo y como la tenía gorda me daba un muy rico placer, yo cerraba los ojos y me perdía totalmente en gritos y apretándome las tetas, el levanto una de mis piernas y la cruzo y estando yo de ladito me apretaba las nalgas y me arañaba la espalda!

    C: ¡Dios que rico!

    F: ¡Mamacita aprietas genial!

    C: ¡Que verga, que verga!

    F: ¡Ah, mami!

    Me tomo delas dos piernas y sin sacármela él se puso de pie y me orillo a la cama y ahí cargo me levanto de las piernas en una pose tipo carretilla, se movía magnifico, ¡solo mi espalda estaba en la cama y la manera de penétrame me hacía gritar y gritar!

    ¡El tipo era bueno cogiendo, me cargo y camino alrededor de la cama penetrándome y mordiendo mis tetas, me puso también empinada sobre su gran ventanal, no sé si me vieron por fuera, solo sé que me encantaba sentir su gordo amigo dentro de mí!

    C: ¡Papi, así, así!

    F: ¡Puta madre, que rico!

    C: ¡Agh, me matas, me matas!

    F: ¡Cindy eres la mejor!

    Que rico, se sentó en la orilla de la cama y me puso a darle sentones, que rico era ser penetrada por esa verga, me apretaba las tetas y me jalaba el cabello, ¡eso me ponía aún más caliente!

    ¡Me puso de perrito en su cama, el con una pierna de rodillas y la otra doblada, me penetro, mientras me daba de nalgadas y se movía riquísimo, yo me chupaba los dedos y le pedía más y más!

    C: ¡Fernando, mas, dame más, agh!

    F: ¡Uf, uf, Cindy, Cindy!

    C: ¡Qué? ¡agh, mas, más!

    F: ¡Me vas hacer venir!

    C: ¡Dios y tú a mí!

    ¡Sentí como su verga se inflo y se hincho más de lo que estaba, yo grité y me moví como loca, también me estaba chorreando, él no se detenía se movía salvaje mientras su leche caía en el condón, quería sentirla, pero era demasiado tarde, solo sentí su palpitación y sus fuertes movimientos!

    F: ¡Madre mía, si!

    C: ¡Papi!!!

    Después de ese rico acto nos quedamos acostados besándonos y charlando de lo sucedido, cogimos un par de veces más casi hasta el amanecer, ¡pero tristemente esa fue la última vez que lo vi ya que otro hombre llegaría a mi vida!

    ¡Con cariño Cindy!

  • Diario de una chica trans: ¿Cómo es mi orgasmo?

    Diario de una chica trans: ¿Cómo es mi orgasmo?

    ¿Cómo es el sexo para una chica trans?

    Es una pregunta difícil de responder, porque cada cuerpo es diferente y cada persona siente de una manera distinta a las demás. Por eso, creo que lo mejor es que te cuente cómo es el sexo para mí, y cómo he ido descubriendo por a poco a disfrutar de un cuerpo que cada vez siento más mío.

    MIS TORPES INICIOS

    Lo primero que debo confesarte es que mis inicios sexuales fueron bastante torpes, imagino que como los de todo el mundo, aunque el caso de ser una chica trans hace que todo resulte un poco más complejo. Por ponerte un ejemplo, si la adolescencia es una etapa en la que muchas personas se sienten inseguras sin razón alguna, imagínate cómo era añadirle a eso el estar en pleno proceso de transición, temer las burlas, la incomprensión y el rechazo.

    Es por ello que al principio encontré cierto refugio en las redes sociales y los chats, donde podía controlar qué contaba sobre mí y qué mostraba a los demás. A través de una cámara de poca calidad, mis noches se llenaron primero de conversaciones subidas de tono, desnudos parciales e intensas sesiones de masturbación. Para que te imagines mi baja autoestima, baste decir que aunque quienes estaban al otro lado de la cámara sabían que yo era una chica trans, jamás les mostré mi sexo, y a la hora de acariciarme siempre me ocultaba por las sábanas de la cama. A lo sumo, si había confianza, sacaba mi mano manchada con mis propios jugos, y me dedicaba a limpiarla con pequeños lengüetazos hasta que quien me miraba estallaba en una intensa eyaculación (método infalible de acelerar el que acabaran, por cierto).

    LOS PRIMEROS PLACERES

    A medida que mi transición fue avanzando, y a medida que yo misma me iba volviendo más segura de quién era, me fui acostumbrando a relacionarme fuera de la ficción de Internet. Pese a todo, aún sentía cierto miedo de mostrar mi cuerpo tal y como era, por lo que en mis primeros contactos físicos me volcaba en complacer a la otra persona, muchas veces sin ni siquiera molestarme en desvestirme.

    Me da incluso algo de vergüenza contártelo, pero tuve un novio que nunca llegó a verme desnuda. Cuando estábamos a solas, yo siempre tomaba la iniciativa y no le dejaba reaccionar, me lanzaba hacia su entrepierna, sacaba su pene y, como si de un juego se tratara, procuraba hacer que aquel juego durase el máximo tiempo posible. Al principio siempre iba muy despacio, dándole pequeños besos o usando mis uñas para arañarle (suavito, ojo), pero cuando intentaba tocar mi sexo, mi boca se movía con un espectacular frenesí que incluso a mí me sorprende, y le hacía retorcerse de puro placer, de tal modo que enseguida olvidaba sus intentos de acariciar mi intimidad. Aquel baile dulzón de suaves besos a los que seguían los fogosos movimientos de mi lengua y mis labios se iba sucediendo a lo largo de la tarde, hasta que el pobre chico ya no podía más y me suplicaba que acabase con él, cosa que yo hacía encantada, tragándome su carga sin mayores problemas y sintiéndome la mujer más feliz del mundo por haberle provocado un rato tan grande de placer.

    Tardé en darme cuenta de que no es el dar placer a otros lo que te hace más mujer, y al menos me alegra haber estado ese tiempo con un chico que fue dulce y cariñoso.

    DESCUBRIENDO MI CUERPO

    Estaba ya en la universidad cuando empecé a disfrutar de mi cuerpo de una manera que me resultó cautivadora. La culpa fue, si es que por disfrutar se le puede echar la culpa a alguien, de un compañero con el que sentí una gran conexión desde el primer momento, y con el que poco a poco fui ganando una complicidad que terminó, como no podía ser de otra manera, en la cama.

    Yo ya había tenido algunas experiencias, aunque no demasiado memorables, por lo que le planteé una serie de normas que no se podían negocias:

    Primero, yo era una mujer, por lo que mi sexo podía tocarse y mirarse, pero en modo alguno no iba a ser el centro de nuestro encuentro. Segundo, yo no iba a penetrarle (de hecho, con el tratamiento hormonal me resulta muy difícil tener una erección completa), y de hecho no tenía ningún interés en hacerlo. Tercero, si me iba a penetrar (y yo esperaba que sí, qué diablos, que ya me merecía una alegría después de tanto haberme dado a otros), más vale que fuera con cuidado y no se creyera que aquello era una película.

    Creo que fui un poco borde al explicar todo aquello, pero él lo entendió y se adaptó perfectamente a lo que le pedía, que a fin de cuentas creo que no era tanto: simplemente que me tratase como la mujer que soy.

    ¿Te cuento cómo fue? Me da un poco de vergüenza que pienses que soy una tonta romántica, porque para nada soy una de esas chicas que se enamoran por el simple hecho de que les den un beso o un le enciendan unas velas… pero reconozco que aquello fue especial. Y lo fue porque hizo algo que yo no me esperaba, y era que me dedicase el mismo tiempo y esmero que yo tantas veces había tenido con otros chicos.

    Obviamente, después de lo que habíamos hablado, los dos sabíamos que yo no había ido a su casa para jugar a la Play, pero la forma en que me recibió y me trató no mostraba diferencia a la de otras veces en las que habíamos quedado. Al entrar en su cuarto, se mostró cariñoso, pero sin ser baboso, y con un poco de música, unas caricias por aquí y un botón desabrochado por allá, acabé desnuda y sobre su cama, donde él dedicó un buen rato a darme un masaje. Un masaje que me volvió loca, para qué engañarnos, porque cuando sentía sus manos recorriendo mis pechos, bajando por mis caderas o apretando mis piernas (que son una de las partes de mi cuerpo que más me gustan, y por eso me encanta que me las toquen y acaricien), lo único en lo que podía pensar era en que quería tenerlo dentro de mí.

    Para mi sorpresa, en un momento abrió mis nalgas, dejando al descubierto la abertura de mi cuerpo por el que yo tanto deseaba que él se escurriera, y bajando lentamente su boca hacia ella, comenzó a lamerla con un mimo y un cariño que me enterneció (y que provocó una de esas erecciones a medio lograr que de vez en cuando me asaltan). Al principio, su lengua tan solo tocaba con la punta, realizando una leve caricia que provocaba más cosquillas que placer, pero poco a poco fue empleando toda su lengua, dando lugar a una sensación de húmedo placer que fue recorriendo mis piernas. A veces, su lengua penetraba dentro de mí, avivando una sensación de deseo que no dejaba de crecer, aunque rápidamente retrocedía y volvía a dedicarme aquellas húmedas caricias que me iban lubricando.

    Yo me hallaba en una nube, y no volví a la realidad hasta que noté que su índice, recubierto de lubricante, se introducía cuidadosamente dentro de mí, dejando mi interior tan empapado como la parte externa de mi trasero. Imagino que su intención había sido meramente lubricarme, pero yo estaba tan excitada que comencé a moverme sin esperar a que quisiera introducir otra cosa, agitándome hacia delante y hacia atrás, disfrutando de aquella parte de él que ya estaba en mi interior.

    Al principio no hubo respuesta por su parte, supongo que porque le cogió por sorpresa mi ímpetu, pero tan pronto se repuso introdujo sin dificultad un segundo dedo, y comenzó a ejecutar una serie de lentos y agradables movimientos que rápidamente se sincronizaron con los míos. Una sensación potente crecía dentro de mí, y todo me importaba muy poco: tan solo deseaba seguir con aquella salvaje agitación hasta que explotara. Sin embargo, él me paró, se detuvo unos momentos a darme un beso y me mostró su sexo, potente y viril, preparado para continuar con nuestros cariños.

    Nunca me ha gustado que me penetren desde atrás: me gusta ver el rostro del hombre que me hace suya, y al que yo hago mío, así que incorporé para ponerme en una postura más cómoda en la que pudiéramos observarnos mutuamente. Fue entonces cuando me di cuenta que mi sexo no había sido indiferente a todo lo que pasaba, y pese a su leve tamaño estaba cubierto de mis propios jugos, que había ido segregando lentamente. Al verlo, él me ofreció un pañuelo y no le quiso dar más importancia, seguramente por lo que le había comentado, aunque veía que miraba con sorpresa las gotas destiladas que iban cayendo por mi cuerpo.

    Llenándome de un valor que no sabía que tenía, le dije: “¿Sabes?, si quieres, puedes limpiármelo tú…”. Y cuando fue a coger el pañuelo que me acababa de entregar, yo lo alejé de su mano y le dije: “…con tu boca”. Obediente, se agachó y durante unos momentos puso todo su afán a dejarme bien limpia, degustando cada gota de néctar que tocaba su boca.

    Una vez hubo acabado de limpiarme, se introdujo dentro de mí con una mezcla de deseo y delicadeza, preocupándose por un lado de no hacerme daño mientras iba venciendo la escasa resistencia que mi cuerpo podía presentarle, pero deseando por otro introducirse en lo más profundo de mí. Notando su deseo, mis piernas le enredaron y le hicieron llegar a su destino, tras lo cual mis brazos se enrocaron alrededor de su cuello y mis dedos se hilaron con su cabello, manteniendo su cabeza a la altura necesaria para poder observarnos en todo momento.

    Y aquí es donde llega lo mejor, al menos para mí: él sentía todo el placer alrededor de su sexo, y sin duda esa es una magnífica sensación. Sin embargo, cuando están dentro de ti, el placer se distribuye de otra manera: son olas de calor que te recorren, una sensación de que tu cuerpo ya no te pertenece y en cualquier momento va a levitar, hasta que se produce una explosión que no está relacionada con una eyaculación y que tampoco pasa de forma inmediata, sino que se prolonga durante unos interminables minutos, hasta que se desvanece para… ¡empezar a formarse de nuevo!

    Por dos veces me inundó aquella increíble sensación, y cuando estaba decidida a ir a por la tercera, el pobre chico me abrazó con todas sus fuerzas y simplemente se derramó dentro de mí. No le dio tiempo a avisarme, aunque tampoco le habría dejado retirarse, pues pocas sensaciones hay más agradables que sentir los últimos estertores de un orgasmo mientras el esperma aún cálido escapa goteante de tu cuerpo.

    Sin aire, totalmente cubiertos de sudor, me miró sin saber muy bien qué decir ni hacer. Yo le di la espalda y, sin más, le dije ofreciéndole mi trasero aún goteante: “¿No habíamos dicho que me ibas a limpiar?”.

  • La seducción de mi madre (Cuarta parte)

    La seducción de mi madre (Cuarta parte)

    Después de estar cogiendo por varias horas, mi madre volvió a la habitación donde estaban hospedados, mi padre estaba durmiendo y yo decidí esperarla fuera de la habitación, cuando la vi que volvía me acerqué y la agarré de un brazo. “Tenemos que hablar” le dije.

    Fuimos a mi habitación, le pregunté si había estado cogiendo, a lo que ella me respondió que si, volví a preguntar por qué lo hacía, acaso no tenía ninguna consideración con mi padre? ella respondió que sí, pero que era algo que escapaba de sus manos, me dijo que la entienda, que mi padre ya hace años que no le daba una buena culeada, es más, ni siquiera la culeaba, en su rostro se notaba algo de preocupación y hasta remordimiento.

    —Hijo, compréndeme, me da pena por tu padre, pero no pienso dejar de hacer esto, es una nueva experiencia para mí y muy placentera, he probado cosas que jamás antes había probado, tengo que confesarte que a la edad que tengo es la primera vez que tengo un orgasmo, tu padre jamás se preocupó por eso, muchas veces solo llegaba borracho y me cogia un par de minutos y ya, a pesar de eso lo amo, ha sido el único hombre en mi vida hasta hace poco, pero lo que estoy experimentando ahora no pienso dejarlo, así te duela, lo siento… ahora dime ¿aun piensas decírselo a tu padre?

    Yo solo la escuché y pensaba en como podría detener eso, lo que si era seguro es que lo de ella con el vecino era puro placer, pensé que si ella podría satisfacer eso simplemente dejaría de buscarlo, mi padre definitivamente no podría darle eso que ella buscaba y se me pasó un momento por la mente que siendo el otro hombre de la casa, debía ser yo quien se la coja así todo quedaría en secreto, pero no me animé a decírselo en ese momento. Finalmente le dije que no diría nada por el momento, que sea muy discreta en lo que haga, pero a su vez le dejé claro que no estaba de acuerdo con lo que ella hacía.

    Al escuchar mi respuesta ella me miró directo con alegría, sonrió, me dio un beso en la mejilla y me dijo «eres un sol» y hasta se atrevió a preguntarme si la ayudaría a encubrir sus salidas, a lo que respondí que no (aunque ya lo estaba haciendo). Nos despedimos, ella salió se dio media vuelta y cuando se disponía a caminar me atreví a darle una nalgada, ella se sorprendió un poco, volteó la cabeza hacia mí, me dio una sonrisa y siguió su camino, mientras caminaba observe su culo y como lo movía. No pude evitar tener una erección mientras la miraba, a partir de ese momento empecé a pensar como podría hacer para poseerla y a su vez evitar que siga culeando con el vecino.

    A la mañana siguiente les propuse a mis padres pasear por todos los días los 3, ella no quiso, le dije en secreto que tendría las noches para hacer lo que ella quiera, las mañanas y las tardes serian nuestras, finalmente ella aceptó.

    Durante el trayecto ella estaba mensajeándose por el whatsapp, me imagino que con Sandra, yo me hacia el desentendido. Una vez volvimos del paseo les pregunté que harían en la noche, mi padre dijo que solo descansaría en el hotel, mi madre dijo que quería ir a tomar unos tragos, mi padre mismo me propuso que la acompañe, yo acepté y ella gustosa, él ni se imaginaba que la estaba mandando al matadero.

    Nos encontramos a las 9 pm, bajamos al bar, conversamos un poco, le pregunté que pensaba hacer esa noche, ella respondió “tú qué crees?”. Minutos después aparecieron Sandra y su marido también a tomar unas copas, ella me dijo que ya era hora de irme, que me avisaría cuando ya hayan terminado, yo le dije que no me iría, ella se enfadó un poco, pero no pudo hacer nada, simplemente me quedé con ellos.

    Las copas pasaban e iban haciendo su efecto en los 4, empezamos a bailar, yo con mi madre y Sandra con su marido. En un momento Sandra me agarra de la mano y cambiamos de parejas, en ese momento Julián y mi madre empiezan a bailar muy pegados, ella se voltea y él empieza a sobarle toda la pinga en el culo, ella empieza a moverse rítmicamente junto a él. Sandra empezó a hacer lo mismo conmigo.

    Finalmente proponen irnos a seguir en donde estaban hospedados ellos, habían cambiado su habitación por otra más grande y cómoda tipo mini departamento, nos fuimos para allá, una vez entramos mi madre y Julián fueron directamente a la habitación y cerraron la puerta con seguro. La pendeja de Sandra una vez que entraron se fue a la cocina y trajo un par de tragos más, me pregunto: “quieres mirar o escuchar?”, yo le dije que no encendiera las cámaras, ella se rio con una carcajada y brindamos.

    Al rato empezó el ruido de la cama contra la pared una y otra vez. “Salud” me dijo ella. En ese momento aprovechando el efecto de los tragos la levanté y la tiré en el sillón, la besé y le saqué directamente la falda que tenía puesta «qué haces imbécil» me reclamó, yo no dije nada simplemente seguía manoseándola y quitándole todo, la abrí de piernas y se la metí toda de golpe. Ella empezó a moverse junto conmigo y estuvimos en ese vaivén varios minutos, al rato se la saqué sin haber terminado y dirigí mi boca hacia su conchita rica y empecé a darle sexo oral, ella se dejaba hacer. Después de varios minutos estalló en un orgasmo y volví a metérsela nuevamente.

    Al costado seguían escuchándose los movimientos de la cama mientras nosotros cogíamos en el sillón, cuando de pronto me vine dentro de ella, le empecé a llenar toda la concha de semen. “Sácalo! Sácalo!” gritaba ella, mas yo se la metía mas profundo y no se la saqué hasta dejar la última gota dentro de ella.

    Nos vestimos y a los minutos mi madre salía con Julián de la habitación, se les notaba felices, Sandra y yo no hablábamos, nos despedimos. Al salir le dije a mi madre que vayamos a mi habitación, que teníamos que hablar de lo sucedido. Ella fue conmigo, al entrar la pegué a mi cuerpo y la besé, estaba extremadamente excitado.

    —Hijo que haces?! —preguntó ella a viva voz.

    Yo no podía más, solo quería poseerla, la cogí de las nalgas, la levanté y la senté sobre la mesa que tenía en la habitación, le levanté la falda que tenía puesta, me disponía a arrancar su calzón, pero vi que no lo tenía puesto, le pregunté y me dijo que Julián tenía por costumbre quedarse con sus interiores cada vez que cogían. En ese momento no me importó, ella también estaba muy excitada, nos miramos a los ojos, me bajé los pantalones hasta las rodillas, mi pene parado rozando a la entrada de su concha, nuestras miradas unidas frente a frente sin parpadear, juntamos nuestros rostros, nuestras narices rozaban sin llegar a besarnos, nuestras respiraciones muy agitadas, en ese momento se la metí, y empezamos ahí, ella sentada sobre la mesa, yo de pie entre sus piernas, empujaba y jalaba una y otra vez. Ella me cogió de las nalgas y empujaba hacia ella en cada penetración, no decíamos una sola palabra, simplemente lo hacíamos. En ningún momento dejamos de mirarnos a los ojos hasta que después de varios minutos empecé a descargar todo dentro de ella, sin dejar de mirarnos ella dijo:

    —¿Qué hemos hecho? ¿Te das cuenta? ¡¡¡Soy tu madre!!!

    Yo no respondí, solo se la saqué, la cogí de la mano y la invité a que se tendiera en la cama, ella se dirigió, se sentó y empezó a llorar, la abracé, ella puso su rostro en mi pecho, no dijimos nada. Fueron varios minutos de silencio. Me levanté y le traje un vaso con agua “esto no debe volver a pasar” me dijo. La cogí del mentón y le levanté el rostro, le di un pequeño beso, ella no respondió en ese momento. Instintivamente nos empezamos a quitar el resto de ropa, ella me vio la pinga que nuevamente se había puesto dura, me la cogió y empezó a masturbarme. Para eso ambos ya estábamos completamente desnudos, la volví a tomar del mentón y volví a besarla, esta vez sí correspondió al beso. Sin decir una palabra la recosté en la cama, recorrí todo su cuerpo, su cuello, sus pechos, su culo, todo, empecé a masturbarla, lamí su concha húmeda mientras tocaba sus pechos.

    Después de varios minutos subí mi rostro junto con el suyo, la besé, con una mano acariciaba sus pechos, con la otra acomodaba la pinga para metérsela y empezamos nuevamente, entraba y salía, ella ponía una mano en mi pecho y con la otra recorría mi cuerpo también. En un momento entrelazamos nuestros dedos de ambas manos una a cada lado y la penetración se volvió más dura, ella se movía junto conmigo, no solo recibía placer, sino que se esforzaba de darlo. Sin desviar nuestras miradas seguimos hasta que nuevamente terminé dentro de ella, terminamos abrazados como si fuésemos dos enamorados. En ese momento le propuse que termine lo que tenía con el vecino y que sea yo quien la satisfaga sexualmente, ella respondió con otro beso, lo que entendí como una respuesta positiva.

    Ya era casi de mañana, por lo que nos vestimos y fue a su habitación, aun nos quedaban varios días de vacaciones.

    Si desean contactarme, mi correo es [email protected].

  • Cuatro contra una

    Cuatro contra una

    Estaba llena de semen y recostada a kilómetros de casa y aunque no sabía porque acepté eso, solo sabía que tenía que irme antes de que regresaran a sesearse más.

    ¡Pero como terminé cogida y llena de semen en ese taller, pues se los voy a contar!

    Regresaba a la Ciudad de México después de un evento en Guanajuato, iba todo bien, ¡pero de repente cruzando la última caseta mi carro empezó a fallar! Me moleste mucho ya que según lo habían checado en Guanajuato y me dieron atole, pero bueno, decidí caminar un poco ya que me había alejado muchísimo de la caseta, ¡mi suerte no podría ser peor cuando vi mi celular sin pila! Caminé una buena distancia hasta que vi un letrero que decía que el pueblo estaba muy cerca, corrí un poco y es que mi ropa no me dejaba hacerlo, unas zapatillas, pantalón de vestir entalladísimo y mi saco que debajo tenía una blusa blanca escotadísima, la verdad no pensé que no eran formas de vestir y menos en un pueblo desconocido, ¡pero necesitaba mi carro!

    ¡Finalmente llegué al dichoso pueblo y luego de caminar por algunas calles encontré un taller mecánico!

    Me acerque temerosa, pero necesitaba ayuda así que toque la puerta y vi a cuatro hombres, pero no como el típico cliché de pueblerino que manejan en mi país, eran tipos educados incluso su vestimenta era buena, tenían uniforme y no ropas llenas de grasa –en que le podemos ayudar señorita –me dijo el mayor de ellos, un señor con cabellos canosos y de buena forma de vestir, al verlo tuve confianza –mi carro se quedó parado, está a unos 15 minutos de aquí”.

    El señor amablemente llamo a uno de sus muchachos de nombre Jeremías y le ordeno que me acompañara hasta el lugar y compusiera mi carro, eso me dio mucha alegría, subimos a una camioneta y llegamos hasta donde estaba mi carro.

    Después de darle una revisada y tratar de echarlo andar, me dijo que estaba mal del motor y tenía que llevarlo hasta su taller, ¡no me quedo de otra más que regresar mientras el arrastraba mi carro con la mini grúa de atrás!

    Llegando al taller me invitaron a sentarme y me regalaron una botella de agua, la desesperación me invadía, ya quería que acabaran, pero nada mas no, de pronto vi como empezaron a beber unas cervezas y platicar entre ellos, no dejaban de mirarme, me sonreían degeneradamente, yo sonreí apara ser cortes, ¡de pronto el señor de pelo cano se acercó a mi empezamos a conversar!

    G: ¿Y cómo una hermosa mujer como tu anda sola por la carretera?

    L: Jajá, gracia por lo de hermosa, ¡es que vengo de un expo en Celaya!

    G: Mi nombre es Gabriel, soy el dueño de este taller, ellos son Jeremías, Leo y Tomas, ¡para que no tengas ningún miedo!

    L: ¡No tengo miedo, solo prisa jajá!

    G: ¿Gustas una cerveza?

    L: Pues no quisiera, pero estoy estresada, ¡está bien!

    Me ofreció una de lata, yo la tome desesperadamente, él sonrió y me dio otra, esa la tome más despacio y empecé a relajarme, mientras mi carro quedaba don Gabriel me hacia la plática, honestamente me hacía reír y me interesaba mucho lo que decía, ¡la historia de ese pueblo y la historia de su ex esposa!

    L: Jajá, ¡qué buena platica y que sabio salió usted!

    G: ¡Uhm, gracias hermosa!

    L: ¡Solo tengo una duda, su esposa no era celosa!

    G: ¡Nena, mi mujer y yo éramos swinger!

    L: ¡No!!! ¿En serio?

    G: ¡Si, lo fuimos hasta antes que ella enfermara de cáncer, o sea tengo 4 años sin ir a un club!

    L: Pues le confieso que mi esposo y yo, ¡también somos swinger!

    G: ¡Mira nada más, qué casualidad jajá!

    Lo mire coqueta, honestamente el hecho de saber que fue swinger me daban ganas de probarlo, él no se quedaba atrás inmediatamente su mano acaricio mis piernas, y se juntó más a mí, me endulzaba el oído, tratando de generar una excitación en mí, ¡me abrazo y me susurro al oído!

    G: ¡Si gustas te puedo mostrar lo bueno que soy!

    L: ¡No pierde el tiempo eh!

    G: ¡Una ricura como tú y además swinger, hay que aprovechar!

    L: Jajá, ¡pues como que si lo necesito!

    G: ¡Vamos a mi cuarto está en la parte de arriba!

    L: ¿Y los chicos?

    G: ¡Ellos se quedarán trabajando!

    Acepte a tener sexo con ese hombre, ya en su habitación el tipo fue muy pasional, me quito la ropa con besos y caricias, eso me prendió poco a poco, sentía sus labios recorrer todo mi cuerpo, su lengua iba por mi cuello, ¡bajando por mi espalda hasta perderé en medio de mis nalgas!

    ¡El señor era bueno, me estimulaba rico son su lengua y sus manos, el sexo oral era maravillosos, la formad e masajear mi clítoris y estimular mi ano, yo ya estaba jadeando de placer!

    L: ¡Gaby, que rico!

    G: ¡Que cuerpazo, que coño, mami que rica!

    Me acosté en su cama, ¡él se quitó la trusa y dios! Una verga de unos 20 cm colgaba de su pelvis, la llevo directo a mi cara, yo la saboree como dulce, dándole pequeñas mordías y besándole la cabeza, ¡poco a poco se fue endureciendo más!

    Le mostré lo buena que era mamando, tragaba toda de un solo golpe, le apretaba sus testículos y le bajaba el cuero con mis dientes, él estaba fascinado, ¡gemía y gritaba del placer que sentía!

    G: ¡Mamacita que rico!

    L: ¡Uhm! ¡Que deliciosa!

    G: ¡Agh!, ¡nena, me matas!

    L: ¡Si, grita nene, goza!

    Después de hacerlo gozar con mi boca, comencé a cabalgarlo, lo hacía rápido, honestamente quería calar su resistencia, mis mejores movimientos de cadera los sacaba a relucir, el me apretaba las tetas y las mordía, gemía y también se movía rico, ¡yo estaba fascinada con su trabajo y ver como resistía me excitaba aún más!

    Me puse en cuatro y el me penetro fuerte, su deliciosa verga me empalaba deliciosos, el tipo me daba de nalgadas y grababa el momento, yo se lo permití además jamás volvería a verlo, movía mi cuerpo también para sentir más su dureza, el aguantaba mucho, gemía, pero no se venía, ¡eso me ponía más y más a mil!

    L: ¡Así papi, así!

    G: ¡Agh, nena, dios!

    L: ¡Que rico coges, sigue, sigue!

    G: Que nalgas más ricas, ¡que diosa!

    Me acosté y e me cogió de misionero, me besaba el cuello y la boca, me apretaba las tetas, se movía riquísimo, ¡era más alto que yo por ende me encantaba apretarlo con mis piernas y mover mi pelvis!

    ¡Me levanto las piernas y me hizo unas patitas al hombro, que rico era sentirle su verga así!

    Finalmente, don Gabriel termino muy rico, una explosión de leche calientísima me inundo mi vagina, el orgasmo fue maravillosos, nuestros cuerpos sudados aun palpitaban del placer sentido.

    G: ¡Mamacita que rico coges!

    L: No me decepcionaste, ¡eres un semental!

    G: ¡Jajá, gracias, me recuerdas mucho a mi Tere!

    L: ¿Por qué?

    G: ¡Era una canchera como tú!

    L: ¡Jajá, gracias por el halago!

    G: ¡Oye, me gustaría hacer contigo lo que hacía con mi Tere!

    L: ¿Así? ¿Y qué hacías?

    G: ¡Más que decirlo me gustaría que me dejaras hacerlo!

    L: ¡Jajá, vale, acepto!

    Pero no sabía que al decir eso, acepto empezar una orgia, ¡Gabriel se levantó y abrió su puerta y los muchachos Jeremías, Leo y Tomas entraron a la habitación!

    Yo cubriéndome me quede anonadada e incómoda cuando ellos empezaron a desnudarse, ¡los tres con caras de morbo se agarraban sus vergas y se acercaban a mi siguiendo las instrucciones de Gabriel!

    G: ¡Vamos chicos, como con Tere!

    J: ¡Gracias don Gaby!

    Leo: ¡Es usted un buen jefe!

    T: ¡Que rica mujer, esta buenísima!

    L: ¿Que hacen? ¡Espérense!

    Los tres hombres se lanzaron directo a mi como bestias, Tomas se lanzó a mis tetas, Jeremías me empezó a lamer los pies y Leo me besaba la boca, Gabriel se reía y grababa todo, yo lo miraba un poco asustada, no sé si era una violación o no, ¡pero no podía impedir que los chicos siguieran aprovechándose de mí!

    Gabriel me arrodillo en la cama y me puso las manos atrás y mientras me agarraba, sus tres muchachos me daban su verga en la boca! Eran vergas de un tamaño aceptable de 17 a 22 cm, ¡Tomas era el que la tenía más grande y era el que me follaba la boca, Jeremías me ponía su verga en mi oreja y Leo me la ponía en los ojos!

    ¡Los hombres parecían ya conocerse bien ya que se turnaban con la mirada para follarme la boca, Gabriel me besaba el cuello y me empujaba más a las vergas, yo no sabía si llorar o gozar el momento!

    J: ¡Que rica boca, uf!

    T: ¡Dios eres una puta exquisita!

    Leo: ¡Don Gaby, déjenos metérsela!

    G: ¡Ok, penétrenla rico!

    Tomas el de la verga más grande se acoto y entre Leo y Jeremías me sentaron en él, yo grite al sentir su animal entrar y salir, mientras les mamaba la verga a los dos, ¡y Gaby me chupaba las tetas!

    G: ¡Eso mami, déjate llevar!

    Leo: ¡Chupas magnifico uf!

    J: ¡Sigue, síguele putita!

    Comencé a dejarme llevar y a mover mi cuerpo, la verga grande de Tomas me encantaba, ¡también tener dos vergas en mi boca me ponía más y que Gabriel me estuviera mamando las tetas y mi cuerpo era un extra a esa onda de placer!

    L: ¡Ah, uf, si, agh!

    T: ¡Muévete mami muévete!

    L: ¡Que verga más dura, uf!

    Tomas se puso de pie y sin sacármela me levanto, Jeremías se acostó y Tomas me pasó a su verga, ahora me movía encima de Jeremías en un tipo perrito, ¡pero Tomas aun quería ensartarme y mi culo fue su nueva víctima!

    Con un poco de saliva me ensarto rápido, yo grite, pero al abrir la boca inmediatamente Leo me metió su polla, ahora los tres me follaban duro, uno en cada orificio. ¡Mi vagina, mi ano y mi boca eran penetradas por su feroz hombría, Gabriel se reía y se masturbaba, yo gozaba riquísimo, mis gemidos lo demostraban, los tres chicos se turnaban hora mi ano era de Leo y mientras Jeremías seguía en mi vagina ahora mi boca era llenada por Tomas!

    T: ¡Así, mama, que rico, que culo más apretado y que manera de mamar!

    Leo: ¡Aj, que culo!

    J: ¡Muévete mamacita muévete!

    G: Si mi amor, goza, ¡goza como lo hacía mi mujer!

    Las palabras de Gabriel me excitaban más, comencé a ser yo quien tomo la iniciativa, mamaba la verga de Jeremías, Tomas gozaba de mi vagina y Leo seguía en mi culo.

    Gabriel también volvió a tomar fuerza y me penetro mi culo, Leo y Tomas me metían la verga en mi vagina, tres vergas dentro de mí, era un placer monumental!

    L: ¡Agh, si, dios, que rico!

    Leo: ¡que rico mi amor!

    T: ¡madres, que rico!

    G: Que culo más rico, ¡come delicioso!

    La rutina fue la misma un y otra vez, me sentía una puta de primera, la reina del sexo, nunca antes cuatro vergas estaban dentro de mí, fluidos y diferentes sabores inundaban mi boca y todo mi cuerpo, ¡el ver como disfrutaban y grababan el momento me hacía cogérmelos más rico!

    Todos nos corrimos rico, Tomas fue el que más leche me dio, en mi boca, ano y vagina, Leo también chorreo muchísimo y don Gabriel ni se diga, ¡demostró que era un excelente semental!

    J: ¡Dios que rica hembra!

    T: ¡Nunca me habían hecho gozar tanto!

    Leo: ¡Me dejaste seco amor!

    G: Mamacita gracias, ¡por recordarme a mi Tere!

    L: ¡Uf, que rico, que experiencia, me dejaron pegajosa jajá!

    Pero no termino ahí, una vez descansados, cogí con cada uno individualmente, estuvimos así toda la noche, a mí ya me ardía a la vagina y me dolía mi ano, además de que la boca la tenía seca y seca, pero estos hombres eran insaciables, en especial con Tomas, ¡cogía riquísimo y su verga era un majar!

    Finalmente me dejaron en un sofá toda llena de semen y se fueron a su casa, Gabriel me dijo que ya estaba mi carro y que no tenía ningún costo, ¡me dijo que podía dormir un rato y que si me iba solo cerrara bien!

    Me metí a dar una ducha de lavadero, me vestí e inmediatamente salí del lugar, sabía que regresarían y me cogerían otra vez, ¡adolorida por todos lados y sin dormir me dispuse a regresar a casa!

    Ese cuarteto, aunque no lo planeaba me encanto y quisiera volver a tener otro así y admito que Gabriel y Tomas me dejaron impactada.

    ¡Saludos su amiga Lety!

  • Follada en el cuartel

    Follada en el cuartel

    Hoy les traigo esta historia que me sucedió las navidades pasadas, mi nombre como saben es Maribel, tengo 49 años, y tengo dos hijos una chica y un chico. Empezare diciendo que mi hijo a su edad es un poco rebelde, y siempre ha querido hacer lo que él quiere aun pasando sobre mi autoridad y la de su padre, así que sin decirnos más, se enlistó en el ejército, yo no estaba muy de acuerdo en que lo hiciera y siempre se lo había dicho. Unos días antes de navidad llamo a casa diciendo que se saldría del ejército cuando terminara el año, ya que no era lo que esperaba.

    El día de navidad fui por mi hijo al cuartel, y le pregunte a uno de los que aguardaban la entrada por él y me informo que mi hijo había sido castigado por mal comportamiento, pero que me dejaría pasar a verlo, me indico una puerta a lo lejos y me dirigí a ella y llame, eran eso de las 5:00 de la tarde, me abrió otro soldado y le dije.

    «Buenas tardes, uno de sus compañeros me ha dicho que viniera aquí para ver a mi hijo»

    «Buenas tardes señora, soy el cabo Ramirez»- me dijo el tipo y percibí que había estado bebiendo y lo seguía haciendo tanto por su aliento a alcohol y por las botellas de cerveza que estaban en una esquina

    «Supongo que su hijo es aquel» dijo mientras le señalaba.

    «Si, ese es el capullo de mi hijo»

    Seguía enfadada y a Ramírez le hizo mucha gracia que le llamara capullo así que muy amablemente me indico que podía hablar con mi hijo pero a través de los barrotes de la celda porque él no podía salir.

    Me acerque a la celda mientras Ramírez se mantenía cerca de la puerta de entrada al barracón que servía de calabozos.

    «Que haces aquí mama»

    «¿Tu qué crees?, hemos venido a cenar a casa de los abuelos y como solo está a 30 kilómetros de aquí he querido venir a verte»

    «Esto es una mierda mama, estoy hasta las pelotas»

    «Pues no haberte alistado al ejército, si me hubieras hecho caso no estarías aquí como un estúpido»

    Desde luego odiaba el ejército y nunca había disimulado mi opinión por los miembros que lo integraban a los que consideraba unos vagos, borrachos y maleantes.

    Charle con mi hijo unos 15 minutos y durante todo ese tiempo pude percibir como el cabo Ramírez me lanzaba miradas mientras se tomaba algunas cervezas más, yo llevaba un vestido algo ajustado, de color azul.

    Cuando me despedí de mi hijo fui hacia la puerta y le dije adiós a Ramírez pero no pude salir porque estaba cerrada, me volví y le pedí a Ramírez que la abriera. Ramírez se levantó de la silla, las cervezas habían hecho efecto en él y ya estaba algo más que achispado.

    «Pero ya se va señora, quédese a tomar una cervecita conmigo, hombre»

    «Venga niñato, ábreme la puerta y vete a dormir la mona, menuda panda de gentuza que están hechos los militares, por suerte mi hijo se larga ya de este zoo».

    En aquellas palabras estaban resumidos todos los pensamientos que tenía acerca del ejército y de sus integrantes, a la mala bestia de Ramírez aquellas palabras no le gustaron y animado como estaba por el alcohol me contesto.

    «Ya sabía yo que la madre de este bastardo debía ser una puta con la boca sucia, solo de una puta puede salir un hijo de puta como su hijo señora».

    Le di una bofetada pero Ramírez ni se inmuto, era mucho más fuerte que yo así que el manotazo ni le inmuto.

    «Vaya, así que la señora quiere guerra, pues está bien, la tendrá»

    Me dio un bofetón que casi me tira al suelo.

    «Quítese el vestido»

    «Maldito cabrón, te voy a meter preso, te voy a meter una denuncia que te vas a cagar jodido despojo»

    Recibí otro fuerte tortazo de Ramírez.

    «Muy bien, pero eso será cuando yo la deje salir de aquí jodida cerda»

    Asustada ante la situación comencé a gritar y a golpear la puerta pero Ramírez se reía.

    «Puede gritar cuanto quiera, en este cuartel solo estamos nosotros y los de guardia y el cuerpo de guardia está en la entrada del cuartel así que nadie la va a escuchar ni va a venir a ayudarla»

    «Ahora se lo voy a repetir, quítese el vestido»

    Estaba muy asustada, veía que nadie podía ayudarme y sabía perfectamente que aquel cabron medio borracho podía matarme, así que mirando al suelo deslice los tirantes de mi vestido por mis hombros y los solté, dejando caer el vestido hasta mis pies y quedando en ropa interior ante mi hijo y el cabron del cabo Ramírez.

    «Por favor, no me haga daño, déjeme en paz, prometo no decir nada»

    «No se preocupe señora, vera como al final le gusta, además quiero que sepa que todo esto es culpa de su hijito, es un sinvergüenza, escaqueado y caradura que se ha tirado de baja prácticamente todo su compromiso, cobrando por estar en casa mientras sus compañeros curraban, aquí somos todos una gran familia señora y su hijo nos ha estado jodiendo»

    Mire a mi hijo sin decir nada, aunque odiaba el ejército tampoco había estado de acuerdo con su forma de comportarse allí, no me gustaba que se diera de baja.

    «Ahora desnúdese por completo»

    Ramírez seguía tratándome de usted como le habían enseñado en el ejército a pesar de lo que me estaba haciendo.

    Esta vez no rechiste, estaba resignada y mirando nuevamente al suelo me desabroche el sujetador y baje mis braguitas hasta los tobillos tapándome como pude con los brazos.

    «Ummm, vaya con mama, ¿has visto como lleva tu madre el chochete depilado?, ya decía yo que usted tenia pinta de viciosilla»

    «Pero no se tape hombre, con lo buena que esta debe enseñar ese cuerpo que dios le ha dado, venga, deme la mano»

    Ramírez se acercó a mi y aparto la mano con la que tapaba mis pechos, luego cogió la mano con la que me tapaba mis partes bajas y me llevo más cerca de la celda donde estaba mi hijo, me paso la mano por encima de la cabeza y me hizo dar un par de vueltas sobre mi misma para verme completamente desnuda y no perderse ningún detalle.

    «He de reconocer que me ha dejado gratamente sorprendido, tenía pinta de estar buena pero no tanto, tiene un culo bien firme (dijo esto mientras me daba un cachete en el culo), el chochete depilado como a mi me gusta y lo mejor de todo esas preciosas tetazas».

    Además veo por sus pezones que esta cachonda.

    «Como te atreves cerdo, es por el frio que hace aquí» le conteste

    «Suelta a mi madre hijo de perra, déjala en paz, te voy a matar»

    Ramírez no hizo más que reírse

    «No tienes ni media torta payaso, te dije que te ibas a acordar de mi toda tu vida y ya lo creo que lo vas a hacer, además no vas a ser el único» dijo mientras me guiñaba un ojo.

    «Dese la vuelta y agarrase a los barrotes de la celda de su hijo»

    No me moví y Ramírez me dio otro bofetón

    «Creía que ya habíamos dejado las cosas claras señora»

    No me quedo otro remedio que obedecer y me agarre a los barrotes de la celda, Ramírez se arrodillo detrás de mi, en esa postura y con mi ano totalmente a su disposición lanzo su boca a por él. La lengua de Ramírez comenzó a hacer circulitos en mi culo, y no podía hacer otra cosa que soportar aquella humillación y reprimir mis lágrimas, poco después Ramírez comenzó a lamerlo de arriba abajo para posteriormente colocarse en su centro y tratar de violarlo, empujando hacia dentro.

    Comencé nuevamente a rogar sin parar y las lágrimas a caer por mis ojos pero Ramírez continuo:

    «Abre más las piernas cariño», me dijo sacando un momento la cara de mi culo

    «No, por favor, no sigas por favor, no».

    «¡Abre las piernas o ya sabes lo que te toca».

    Comprendí lo que tenía que hacer sino quería recibir otro golpe.

    Así que obedecí y quedo a la vista mi coño perfectamente depilado y brillante por la saliva que caía resbalando de la boca de Ramírez pasando a mi culo y luego por mi coño hasta el suelo.

    Ramírez metió una mano por debajo de mi y comenzó a tocar mi coño,

    «¡¡¡AAAYYY!!! No, por favor. ¡¡Nooo!!», grite a la vez que levantaba la cabeza y cruzaba mi mirada con la de mi hijo mientras tensaba todo mi cuerpo.

    Era uno de los dedos de Ramírez, que se había metido entero por mi coño.

    «Umm, tu mama esta mojadita, se nota que tu padre no sabe cómo hacerla gozar».

    Con un dedo totalmente clavado por mi coño, Ramírez uso su pulgar para jugar y masajear mi clítoris.

    Así en esa postura, con la lengua en el culo, un dedo en mi coño y otro dedo en mi clítoris, tarde 5 minutos en tener un orgasmo, trate de reprimirlo con lágrimas en mis ojos pero no pude y se me escaparon algunos gemidos.

    Tras mi orgasmo, Ramírez hundió su cara en mi coño y empezó a lamer mi entrepierna como un perro sediento ante su tazón de agua

    «Al final le ha gustado, jajaja, ya lo sabía yo».

    «Basta ya, no sigas, déjame marchar y no le diré nada a nadie, por favor». Implore

    «Ya veo que es usted tan egoísta como su hijo, ósea que usted se corre y pretende dejarme a mi aquí tirado con mis pelotas llenas de amor, no pensara que va a irse de este cuartel sin sentir en ese maravilloso chochete depilado como le entra una buena polla hasta el fondo»

    «Por favor, no me folles, te lo pido por favor, déjame ya»

    «Mira que eres pesada, todo el rato con lo mismo, pero bueno, esta vez voy a darte una oportunidad pero claro me tendrás que dar algo a cambio sino quieres que te folle dado que ahora mismo estoy viendo tu chochete y no me puedo resistir a pensar lo bien que me lo voy a pasar cuando tenga mi polla ahí dentro».

    «Basta yaaaa, maldito cerdo hijo de puta, déjame yaaaa»

    Ramírez me azoto varias veces el culo y luego me giro bruscamente haciendo que le diera la espalda a mi hijo y pudiera ver cómo me había quedado de rojo el culo tras los azotes de Ramírez.

    «Usted no aprende, no me extraña que su hijo sea así dado que usted no tiene ningún respeto ni disciplina pero no se preocupe que esto es un cuartel y va a salir de aquí sabiendo obedecer órdenes, voy a follarla el coño y como siga portándose mal también por aquí» al mismo tiempo que decía eso intento meter un dedo por mi culo.

    «No por favor, te la chupare, pero no me hagas nada más»-

    «Jajaja muy bien, así me gusta que sepa quién manda aquí y a quien debe tener contento para que se porte bien con usted, está bien, póngase de rodillas y de lateral, quiero que su hijo vea bien como mi polla entra en la boca de su madre»

    Obedecí sin más y Ramírez se quitó el uniforme a toda velocidad dejándose únicamente las botas y los calzoncillos puestos, sin duda eso lo había aprendido en el ejército.

    Ramírez se puso a hacer posturitas delante de mi mostrándome su musculado cuerpo

    «¿A que estoy bueno señora?»

    «Mucho, estas muy bueno, cariño»- había decidido agradarlo para que aquella situación terminara cuanto antes

    «Ves cómo le pongo a tu madre capullin, pues veras cuando vea mi fusil», no había terminado la frase cuando se bajó rápidamente los calzoncillos dejándonos ver una polla morcillota y colgante de buenas dimensiones a pesar de su flaccidez.

    No pude evitar abrir los ojos ante aquel instrumento, Ramírez se me acerco con su polla en la mano

    «Espero que sea buena comiéndose una polla».

    «Sí, sí, yo te la como, pero no me la metas por favor».

    «Ahora quiero que mire a su hijo y le diga a él como me la va a comer».

    Mire a mi hijo y sin apartar mi mirada de él, le dije:

    «Se la voy a comer hasta el fondo, me tragare su polla enterita, como una paleta»

    «Jajaja así me gusta señora que le explique bien las cosas a su hijo y tu capullo prepárate para ver como mi polla desaparece entera en la garganta de tu madre, vas a ver que mis huevos le golpean la barbilla y como esos ojazos me van a mirar con cara de zorra que está gozando de una buena polla mientras me la chupa».

    Ramírez cogió una silla y se puso a unos 2 metros enfrente de mi con su polla descansando sobre su muslo derecho.

    «Tome señora, aquí está su cena de nochebuena, venga a gatas como una gatita y demuéstreme que es una experta tragadora de pollas o me enfadare y ya sabe lo que pasara si me enfado»

    Me acerque gateando hasta Ramírez y situé mi cabeza entre las piernas del cabo dirigiendo una larga mirada a su polla, alargué la mano y agarre la polla de Ramírez situándola justo enfrente de mi boca di un pequeño impulso hacia delante y sin más me metí mas de la mitad, la polla de Ramírez al sentirse en mi boca comenzó a crecer de inmediato y en apenas unos segundos se puso dura como una espada, tuve que sacármela de la boca ante la sorpresa puesto que aquella polla en erección debía medir unos 20 cm, Ramírez me agarro de la nuca y dijo

    «Venga señora, toda para adentro y quiero que me mire a los ojos»

    La polla de Ramírez volvió a entrar en mi boca y mis labios apretaban con toda la fuerza aquella barra de carne que penetraba en su interior y en esa postura comencé a chupar la polla de Ramírez una y otra vez la sacaba de mi boca para volvérmela a meter sin apartar mis ojos de los del cabo.

    Jugueteaba con la lengua en el capullo de la polla de Ramírez mientras chupaba con todas mis fuerzas tratando de extraer el jugo de su polla lo antes posible.

    En esa postura, las manos de Ramírez cogieron con fuerza mis dos tetas, pasando los pezones entre sus dedos, magreándolas y masajeándolas con fuerza mientras con mi boca me esforzaba por satisfacerle.

    «Bastante bien, es buena y se nota que tiene experiencia chupando pollas pero quiero que entre más adentro, quiero verla desaparecer por completo»

    Le miraba a los ojos e intentaba metérmela lo más dentro posible de la garganta, hasta que aparecían las primeras pequeñas arcadas.

    «Muy bien señora, así, siga intentándolo que usted puede, aquí en el ejército confiamos en nuestros compañeros y yo estoy seguro de que usted puede tragarse mi polla hasta los cojones»

    Ramírez soltó mis tetas y con sus dos manos sujeto mi cabeza, apretándola contra su polla, aquella polla iba desapareciendo poco a poco, centímetro a centímetro dentro de mi boca, me resistía y trataba inútilmente de echar atrás la cabeza, pero la fuerza de las manos en mi nuca era muy superior y seguía siendo forzada a tragar toda la polla de Ramírez.

    «Vamos tonta que ya casi esta, mi polla está desapareciendo en tu boquita»

    Sorprendentemente lo logre, engullí por completo la polla de Ramírez y tras mantener toda la polla de Ramírez en mi boca durante unos segundos me acostumbre puesto que a pesar de que el cabo soltó mi cabeza, seguí moviendo mi cabeza de adelante y atrás, la polla de Ramírez salía y entraba en mi boca una y otra vez hasta que sus pelotas chocaban con mi barbilla, la mantenía en mi boca unos segundos y luego la sacaba.

    «Bravo, ya sabía yo que lo lograría, jajaja, mira escaqueado, mira, que te parece la mamona de tu madre, te gusta ver mi polla enterrada hasta los huevos en la garganta de tu madre, ¿verdad que si?

    Luego agarre la polla de Ramírez y comencé a pajearla con una mano mientras con la otra le masajeaba los cojones y aprovechaba para llevármelos a la boca y lamerlos y desde allí volvía a subir hasta la punta del miembro de Ramírez.

    «Siiii, muy bien, señora, sí, me voy a correr y quiero que se lo trague todo, hasta la última gota, si lo hace podrá largarse»

    Puse cara de asco pero no dije nada, me limite a meterme la polla de Ramírez 2 o 3 veces más en la boca hasta que descargo sus pelotas en mi boca, Ramírez metió su polla en mi boca y no la saco, se corrió de forma tan abundante que el semen se me salía por las comisuras de los labios a pesar del empeño que ponía en tragar, algunas gotas cayeron en el suelo y hice ademan de vomitar cuando Ramírez me saco la polla de la boca.

    «Uyyy, casi, lo ha hecho muy bien pero no se lo ha tragado todo así que ahora le voy a meter la polla hasta dentro.»

    «Nooo, has dicho que si te chupaba la polla me dejarías en paz, me he tragado tu asqueroso semen, que más quieres hijo de perra»

    Ramírez me soltó otro bofetón

    «Yo le prometí que la dejaría si se tragaba hasta la última gota de mi semen y hay varias en el suelo por lo tanto usted ha roto el pacto y no yo, ahora vuelva a ser tan buena chica como cuando se comía mi polla o me enfadare mucho»

    Ramírez agarro la silla y se sentó de frente a mi hijo, de cara, luego me cogió de la mano, intentaba zafarme y algunas lágrimas caían por mis mejillas pero Ramírez no se detuvo, me sujeto de las caderas, era muy fuerte así que me alzo y me dejo caer sobre su polla, la cual se enterró por completo en mis entrañas, me la clavo hasta la empuñadura.

    «Le gusta verdad señora, nótela dentro y no se le ocurra portarse mal»

    No me moví, no golpee a Ramírez ni intente levantarme para sacarme la polla del interior de mi coño, simplemente me quede quieta.

    El cabo empezó a subirme y bajarme por las caderas, su polla se clavaba con fuerza en mi coño.

    «Perdona que sea tan mal educado, te estoy privando de lo mejor del espectáculo, espera y veras»

    Me ordeno que me levantara y me girara a mirar a mi hijo, luego me pidió que me sentara sobre su polla, no hice nada y Ramírez me pellizco en el culo con fuerza, no deje de mirar a mi hijo mientras agarrando la polla de Ramírez apunte hacia mi gruta y me senté sobre ella, en esa posición Ramírez volvió a cogerme de las caderas y a subirme y bajarme.

    «¿Ahora mola mucho más verdad capullo?, ahora puedes ver las tetazas de mama subir y bajar al ritmo que marca mi polla en su chochete»

    Volvió a meterme la polla de un golpe y me dejo quieta con su polla metida hasta el fondo, al mismo tiempo que amasaba mis tetas.

    Luego se levantó y me ordeno que me pusiera a 4 patas, yo ya no me negaba a nada pensé que querría follarme al estilo perrito pero no era exactamente así y cuando Ramírez rozo con la punta de su polla en mi agujerito del culo, volví a salir del trance en el que estaba inmersa.

    «No por favor, no me hagas eso por favor, tu polla es muy grande y me va a doler mucho».

    «Jajaja, que te parece lo que opina tu mama de mi polla capullin, dice que es muy grande»

    «Afloje el culete señora, vera como una vez que la tenga dentro me pide que no la saque, jaja»

    «Por favor, por favor, no, no, no», le seguía rogando girando la cabeza hacia Ramírez para suplicarle.

    Ramírez abrió mis enrojecidas nalgas y coloco su polla a la entrada de mi esfínter al mismo tiempo que comenzaba a ejercer presión sobre el.

    «NOOO» gritaba

    «Por el culo no, me lo vas a romper»

    Pero Ramírez seguía a lo suyo, la presión ejercida por su polla sobre mi agujero continuaba poco a poco, el cabo movía sus caderas adelante y atrás hasta que su glande traspaso mi culo, poco después el tronco de aquella polla también traspaso, abrí los ojos como platos y comencé a gemir.

    «Joder señora he de reconocer que esto es una sorpresa, no pensé que a su edad tuviera el culito más estrecho que una niña de 18»

    Ramírez siguió presionando y milímetro a milímetro su polla se hundía en mi culo hasta que sus pelotas chocaron contra mi pubis.

    «Premiooo para la señora, hasta los huevos, un buen culo como dios manda, espero capullo que tengas una buena panorámica de mi polla taladrando el culo de tu madre, este espectáculo es por y para ti»

    Ramírez seguía sin atender a mis súplicas y aunque saco su polla de mi culo apenas hube sentido algún alivio, Ramírez volvió a colocar su polla en mi entrada trasera y de un solo golpe me la volvió a meter hasta los huevos.

    Nuevamente volvió a sacar su polla completamente de mi culo para volvérmela a meter hasta el fondo pero en esta ocasión ya no me queje sino que un largo gemido salió de mi boca, a pesar de todo aquel hijo de puta me estaba empezando a hacer gozar.

    «Veo que ya empieza a disfrutar como cuando le comí el culete y la masturbe, va a disfrutar de una buena enculada, le voy a follar el culo hasta que usted pida más»

    Mientras Ramírez me la metía y sacaba del culo me azotaba el culo como a una potrilla, luego se incorporó y esta vez me dijo que apoyara mi cara contra el suelo, su tono esta vez había sido más amable y aun así obedecí al instante.

    «Esto ha sido un calentamiento ahora sí que viene lo bueno señora, esto es que le DEN POR EL CULO A BASE DE BIEN».

    En esa postura las manos de Ramírez cogieron con fuerza mis caderas y comenzó un veloz mete y saca por detrás, mis quejas habían desaparecido y mis gemidos de dolor se habían transformado en gemidos de placer cada vez más intensos

    «Ahora dígale a su hijito lo que siente señora, ¿le gusta que le den por el culito o no? Venga responda», me dijo mientras seguía clavándomela hasta el fondo.

    «aaahhh, aaahhh, aaahhh», gemía ahora abiertamente.

    «Díselo a tu hijo o paro de inmediato». Justo en ese momento Ramírez se detuvo y saco su polla de mi culo

    «Nooo, no pares ahora cabroooon», dije mientras me corría nuevamente.

    Ramírez todavía saco completamente unas cuantas veces su polla de mi culo para volver a metérmela.

    «La está gustando verdad señora».

    «Eres un cabrón, yo no quiero correrme pero no puedo evitarlo»

    «Pues si no quería ya se puede ir»

    Ramírez se detuvo pero ahora era yo la que se echaba atrás y adelante para que la polla de Ramírez perforara mi culo.

    «jejeje mira capullin, ahora es tu madre la que me folla a mi, jajajaja»

    Justo cuando termino la frase entro alguien, Ramírez y yo nos giramos, el que entro tuvo que ver a mi hijo al fondo de la celda mientras en primer plano tenia al cabo Ramírez follando por el culo a una señora a cuatro patas.

    «¿Pero qué coño es esto?»…

    Había entrado otro soldado (que después supe le llamaban García), llevaba el brazalete de guardia, al parecer aquel también estaba de guardia y se había pasado desde la entrada para ver cómo le iba a su amigo.

    «Joder, ¿qué haces?, como la madre de este mamón tardaba tanto vine a ver qué pasaba, ¿qué coño haces?, las has liado buena»

    «Cierra la puerta y cállate, esta señora es una buena compañera no como su hijo y no va a decir nada, cierra y apúntate a la fiesta y acércame una cervecita, no veas como he gozado follando a esta señora por todos sus agujeros delante del mal nacido de su hijo»

    García miró detenidamente a mi hijo, y asintiendo con la cabeza dijo:

    «Supongo que a tu madre no le importara que me quede ¿no crees?», dijo cerrando nuevamente con llave la puerta por dentro.

    «Señora, este es mi amigo García y también es muy amigo de su hijo así que debe portarse también con el cómo conmigo»

    «Jódete mamón, no pienso hacer nada»

    «No me gustaría volver a empezar con lo mismo señora, creía que ya había aprendido las ordenes básicas y sobre todo a obedecer»

    Comprendí que si no obedecía volvería a recibir una bofetada, así que me puse de rodillas frente a García mientras este terminaba de desnudarse y bajarse los calzoncillos, al igual que su amigo Ramírez, García tenía un cuerpo musculado y una polla de grandes dimensiones, algo más corta que la de su amigo pero bastante más gruesa y García ya la tenía dura y apuntando hacia mi cara.

    «Bueno señora, veamos si es tan buena como dice mi amigo, siempre ha sido algo exagerado, tendré que comprobar personalmente si es buena comiendo pollas»

    Al mismo tiempo que decía esto agarro con su mano mi teta derecha y me dio un pellizco fuerte, comprendí que al igual que Ramírez, si no obedecía a García este me castigaría.

    «Venga señora abra esa boquita»

    García comenzó a golpear mis mejillas con su polla obligándome a abrir la boca, no me resistí mucho y abrí la boca para dejar que esa polla entrara como un coche entra en un garaje

    «Mmmmhhh, qué boquita más deliciosa tiene señora, ya podían ser todas las guardias como esta, jajaja, ahora métesela hasta el fondo, no quiero ver ni un centímetro de mi polla fuera de esa boca»

    «Cagggbrommm» le dije con la boca llena de polla.

    La verga de García estaba disfrutando con la mamada que le daba, abría mis mandíbulas todo lo que podía y aunque me la tragaba entera de largo no podía con el ancho

    «La madre del capullo es una chupapollas de primera, tú oblígale a que se la meta bien al fondo que yo he tardado pero al final lo ha logrado»

    «De momento quiero que no salga de tu boquita ni un milímetro de verga» me dijo García

    La polla de García estaba bien dura y lucía todo su grosor, forzándome a abrir tanto la boca que parecía se me iba a dislocar, no era tan larga como la de Ramírez, pero desde luego era realmente gruesa.

    García me cogía con fuerza de la cabeza y empujaba su polla hasta dentro de mi boca arrancándome arcadas una y otra vez, pero no cejaba en el intento de follarse mi boquita como una bestia.

    «¡¡¡Mmmmggg!!! ¡¡¡ngggooo!!! ¡¡¡baggttaaa!!!».

    Mis gritos eran constantes a cada embestida de García hasta que en una de esas embestidas su polla desapareció por completo en mi boca, García me sujetaba con fuerza por la nuca mientras yo trataba inútilmente de respirar con la boca llena de verga

    «Mira, ahora sí que la ha tragado de verdad»

    «Voy a poner algo de musiquilla» dijo Ramírez mientras enchufaba la radio que había en la sala, puso una emisora de música electrónica y empezó a bailar mientras bebía cerveza»

    «Oye, mira, mira a tu madre como se come mi verga, noto como le llega hasta la campanilla, jajaja»

    García me tomo del pelo y enfilo su durísima polla, nuevamente a mi garganta y nuevamente la verga de García se hundió hasta el fondo de mi garganta haciendo que mi nariz chocase con su vello púbico.

    García comenzó a follarme la boca al ritmo de la música, agarrándome del pelo sacaba y metía su polla hasta el fondo de mi garganta al son de los compases de la canción que sonaba en la radio, lo cual le hacía mucha gracia a Ramírez.

    «Jajaja, tu madre la chupa con mucho ritmo» dijo Ramírez

    No me había dado cuenta al sentir una polla clavada en mi garganta hasta el fondo y no pude ver como Ramírez había dejado de bailar y se había situado de rodillas detrás de mi, comenzó a sobar mi culo y con su dura estaca de nuevo en pie de guerra cerca de mi culo, se puso de tal manera que fui yo misma la que cuando trate de apartarme de García que había vuelto a meterme su verga por completo en la boca me eche hacia atrás y sola me clave la polla de Ramírez por el culo, hasta el fondo.

    Mi cara en ese instante denotaba todo, mis ojos abiertos como platos, la saliva impregnando completamente mi nariz y barbilla mientras García me seguía manteniendo la verga clavada hasta el fondo.

    Trataba de liberarme de las dos pollas que me penetraban sin ningún éxito, García sacó su polla de mi boca de un tirón, dándome algo de tregua

    Ramírez mientras, mantenía su polla clavada nuevamente en mi culo hasta los huevos y volvía a dolerme bastante.

    «Sácamela de ahí, sácamela de ahí por favor»

    «Ya sabes lo que tienes que hacer si no quieres que te folle el culo, me tendrás que dar algo a cambio, como antes, pídeme por favor que te folle el coñito»

    «No pienso pedirte que me foll? Mmmppphffff!!».

    Nuevamente la verga de García se me metió por la boca hasta el fondo, las manos de Ramírez me sujetaban por las caderas mientras su polla entraba y salía de mi culo, hasta el fondo y hasta casi sacarla, hasta el fondo y? Así una y otra vez.

    Simultáneamente García seguía follándome la garganta, metiéndomela hasta el fondo y luego sacándomela, disfrutando aquellos 2 de mi cuerpo a su total disposición.

    Así estuvieron un rato, tras el cual como mis gemidos de dolor fueron sustituidos por gemidos de placer.

    Ya no cabía duda estaba disfrutando comiendo una enorme polla y siendo enculada.

    «Sucia puta, basta ya, no eres más que una puta, malditos hijos de puta parar ya, los voy a matar a todos, se lo diré a mi padre, a la policía, cabrones»- grito mi hijo desde la celda

    «¿Que se lo vas a decir a tu padre?, uyyy que miedo, jajaja y ¿también a la policía? Y que le vas a contar, ¿que tu madre nos follo delante tuya?, seria ella la que tendría que denunciarnos y no creo que lo haga por los gemidos de placer que estoy escuchando» le dijo García.

    Las manos de Ramírez se metían por delante y masajeaban mi coño y empujándome hacia atrás para empalarme más a fondo, en un momento García sacó la polla de mi boca, lo cual aproveche para mirar a mi hijo y decirle

    «Tú no vas a decir nada y mucho menos a denunciar nada, todo esto es culpa tuya, sino te hubieras alistado en el jodido ejército no estarías aquí y yo tampoco y sino fueras un idiota como tu padre habrías tenido los cojones para cumplir con tu compromiso sin darte de baja como una niña jodiendo a tus compañeros, tu les has jodido a ellos y ellos me joden a mi, muy bien por cierto, así que deja de lloriquear, ya podrías ser tu o tu padre la mitad de hombres que estos 2 cabos, estos sí que tienen cojones y bien gordos»

    «Vamos cabrones fóllenme el coño, por favor se los pido, lo estoy deseando joder, métemela por delante, necesito sentirme follada de verdad, quiero sentirme bien llena y no como con el pichafloja de mi marido».

    «Eso está hecho cariño, vas a ver lo que es sentir el coño llenito», me respondió García tumbándose en el suelo con su polla apuntando hacia arriba.

    «Vamos, venga aquí señora que va a ver lo que es una buena follada, súbase y a cabalgar vaquera»

    Ramírez dejo que me levantara y me puse de rodillas sobre García, dejándome caer sobre la gruesa polla que se abrió paso como un cuchillo en la mantequilla hasta que quede completamente sentada sobre el pubis de García y con aquella polla enterrada por completo en mis entrañas, comencé a saltar sobre aquella polla, primero despacito y luego como una loca muerta de deseo.

    «Siii, follame, follame cabron, menudo cuerpo tienes, estos son músculos y no los del pazguato de mi hijo y mi esposo, estos son cuerpos, esto son pollas, dame fuerte, follame duro cariño, hasta dentro»

    «-Aquí Charlie para Delta-«

    El walki que llevaba García estaba sobre su ropa tirada en el suelo y empezó a sonar, lo tome mientras no dejaba de botar sobre la polla de García y se lo di.

    «Toma cariño, sigue follándome y contesta»

    «Aquí Delta»

    «Joder tronco, donde coño estas, el sargento se está empezando a rallar porque tardas mucho»

    «Estoy en los calabozos, Ramírez y yo nos estamos follando a la madre del escaqueado»

    «Si venga, y yo estoy aquí con la Rianna que me la está chupando»

    «mamón, sino te lo crees vente para acá y deja de joder» dicho esto apago el walki y siguió contemplando como mis tetas subían y bajaban al ritmo que yo marcaba al cabalgar sobre su polla.

    «Toma polla por el coño hasta el fondo cariño, te voy a dar toda la que quieras»

    Ramírez se puso detrás de mi y me empujo la espalda hacia delante, García me agarro de los hombros con sus manos mientras Ramírez apuntaba su polla a mi culo y en uno de mis botes aprovecho para clavármela, al notar 2 pollas en mi interior comencé a jadear como una autentica puta.

    «¡¡Aahhhh!!, cabrones me están machacando y me encanta, que bien follan, retiro todo lo dicho del ejército, con militares como ustedes a mi no me importaría alistarme pero en vez de ración de combate a mi tendrían que darme mi ración de polla, jajaja»

    «Jajaja no se preocupe que puede venir todas las veces que quiera, aunque su hijo se largue del ejercito usted puede venir a visitarnos y a pasar revista a nuestras pollas»

    Ramírez comenzó a follarme el culo como un loco, clavándome la polla hasta el fondo, sujetándome con fuerza por la cintura y forzándome a reclinarme más sobre mi cuerpo mientras García me follaba al mismo tiempo el coño.

    La doble penetración fue realmente fuerte, gemía a cada embestida en mi coño o en mi culo mientras comencé a comerme la boca con García, las pollas de aquellos 2 entraban y salían a toda velocidad de mis agujeros y gemía más y más, en ese mismo momento apareció el que había hablado con García por el walkie al que al que llamaron el cabo Díaz.

    Cuando entro vio un sándwich con Ramírez y García y en el centro a mi con sus pollas clavadas por completo en el fondo de mis 2 agujeros.

    «Cagón la puta, si decías la verdad so mamón»

    «Genial, otro cabo para mi solita, ven aquí cielo, necesito otra polla en mi boca»- le dije a Díaz

    «Jujuju, menuda puta hemos despertado en usted señora» me dijo Ramírez mientras seguía martilleando mi culo.

    Díaz no dijo nada, simplemente se acercó, se bajó la bragueta y me metió su polla en la boca.

    Tenía todos mis agujeros ocupados por una polla y gozaba como una perra, estuvimos 5 minutos follando los 4 hasta que Ramírez me la saco del culo, luego García salió de mi coño y le dijeron a Díaz que me la sacara de la boca, este se extrañó pero obedeció.

    «Bueno cariño, tu tenías razón, el ejército está muy bien, me ha encantado venir a verte para disfrutar con estos cañones» le dije a mi hijo mientras sonriente miraba las 3 pollas que tenía delante de mi.

    «Ahora chicos a formar, que voy a pasar revista a la tropa»

    Ramírez adivino mi intención y se rio al tiempo que mandaba a sus compañeros formar

    «Señora, la tropa está formada, ahora es toda suya»

    Sonreí y me arrodille ante las pollas de Ramírez, García y Díaz

    «En descanso, firmes, arrr, apunten»

    Cuando dije esto los 3 sonrieron y agarraron sus pollas dirigiéndolas a mi cara

    «Carguen» los 3 comenzaron a pajearse con fuerza frente a mi cara

    «Fuego»

    Y abrí la boca, al instante Ramírez empezó a descargar su leche en mi boca, uno, dos, tres chorros cayeron completamente dentro de mi boca que se iba llenando, García también disparo su semen a mi cara, cuatro, cinco, seis y el semen seguía llenando mi boca, Díaz, siete, ocho y nueve aunque con mucha menos puntería que sus amigos ya que su semen impacto en mi boca pero también en mi cara, mi frente y mi nariz.

    Lo trague, lasciva, caliente, me pase la lengua por la boca degustando los proyectiles disparados sobre mi boca.

    Luego me extendí el semen de mi cara por toda ella, como una puta sucia y vulgar.

    «Muy bien trabajo tropa, ahora hay que limpiar el armamento»

    Una tras otra las metí en mi boca hasta dejarlas completamente limpias.

    «Bueno chicos ahora tengo que irme, desde luego que ha sido un placer conocerlos y deben estar satisfechos pues me han hecho cambiar mi opinión sobre los militares, en cuanto a ti hijito, mañana nos veremos, no dirás nada de esto a nadie o me ocupare de que mi tropa te enseñe a obedecer.

    Me puse el vestido sin ropa interior y ni siquiera me limpie los restos de semen que había esparcido por mi cara.

    «Chicos, ahora tengo una cena, quédense con mi ropita interior como regalo, si se portan bien tal vez el año que viene Papa Noel les traiga otro regalo»…

    FIN.

    Espero les haya gustado, espero sus comentarios a [email protected]. Besos