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  • Las historias de Cindy (Cap. 4): Ericka, Cristian y el salón

    Las historias de Cindy (Cap. 4): Ericka, Cristian y el salón

    Soy Cindy y hoy voy a contarle un rico momento sexual que tuve en un salón de fiestas, el tipo con quien lo hice, pues aun no entiendo porque cogía con él, pero a lo hecho pecho y mejor les cuento lo que sucedió aquel sábado de octubre.

    En ese tiempo él y yo entablamos una “relación” y le pongo en comillas ya que yo me dejaba querer y pretender por otros y el hacía lo mismo, Cristian fue mi compañero en la prepa y honestamente siempre fue muy equis para mí, pero la vida es una ruleta y termine siendo su “novia”.

    Fuimos a la fiesta de Érica, una amiga que cumplía años y lo celebraría con un reventón en un salón por Dr. Vertiz, así que con Cristian llegue puntual a la cita.

    La fiesta estuvo muy amena, alcohol y música, viejos amigos, el baile y los buenos momentos. Cristian es típico hombre que le gusta exhibir lo que trae y yo no era la excepción, me arrimaba su pito, me apretaba las nalgas, al principio me moleste un poco, pero con alcohol y ambientada, poco a poco permití su acercamiento y acepte ser su trofeo!

    Nos besamos muy apasionadamente, el me metía mano por debajo de mi falda, yo también el acariciaba su verga, que era comparada con algunas otras que me eh comido, muy normal, de unos 14 cm, pero bueno, ¡ya estaba con él y me estaba dejando querer!

    Alrededor de las 1:30 am, todos empezaron a irse, él y yo seguíamos en el faje, yo ya había olvidado donde estaba y el desde hace un rato, nos fuimos a la mesa del rincón, ahí nos besábamos ya sin nada de pudor, me besaba el cuello, sus manos entraban por debajo de mi falda y mi blusa, me apretaba las tetas, yo también metía mi mano a su pantalón y le acariciaba la verga, ¡me tenía toda caliente y solo quería gozar!

    Me levanto la blusa, yo no traía brasear, me comenzó a lamer las tetas, lo hacía muy rico, o yo estaba muy excitada, el chiste es que me encantaba sentir su lengua en mis pezones.

    C: ¡Ah, mi amor, nos van a ver!

    CR: ¡No hay nadie, mmm!

    C: ¡Que rico, sigue, chupa más!

    CR: ¡Me excita tu perforación, se siente riquísimo!

    Cristian saco su verga ya bien dura y se recostó un poco en la silla, yo subí mi falda a mi cintura hice a un lado mi tanga y me ensarté suave!

    ¡Apoyándome de la mesa lo cabalgué rico, el me mamaba las tetas y me mordía los pezones, yo me movía más y más rápido!

    C: ¿Te gusta papi?

    CR: ¡Eres una diosa!

    C: ¡Goza, gózame!

    CR: ¡Si, aj, Cindy!!!

    Estaba yo tan metida en el acto que cuando menos me di cuenta, Érica estaba sentada observándonos atentamente, al verla me cohibí inmediatamente, me zafe de Cristian y me tape los senos, él también se cubrió, Erika solo se rio y dijo “continúen, hagan de cuenta que no estoy”, ¡pero la verdad no me sentía cómoda así que me levante y fui al baño!

    Ya un poco más en sí, sabía que tenía que irme, así que salí ara buscara Cristian, pero al salir del baño, inmediatamente Cristian me jalo a la cocina, me beso como loco y sus manos manosearon todo mi cuerpo, ahora no levanto mi falda, me la quito de un solo golpe, de igual forma lo hizo con mi blusa, mí tanga sufrió el mismo destino, ¡quede solo en zapatillas! ¡Él también se quitó su camisa y yo le ayude quitándole lo demás hasta quedar desnudos totalmente!

    Inmediatamente se bajó a darme un oral, su lengua lamia y entraba fuerte en mi vagina, yo gemía y agarraba su cabeza para que nos e despegara de mi vagina, su lengua me daba muy rico, ¡la enrollo como taco y disimulo un pene, que entraba y salía rozando e inflando mi clítoris!

    C: ¡Agh, si Cristian, así!

    CR: ¡Goza, mmm que rico!

    Después de hacerme mojar más, ahora yo me baje a su pene, se lo mamaba duro, mi lengua le daba unas lamidas muy grandes, me dejaba llevar por mi excitación, mordiéndole su glande y sus testículos, con mis tetas lo empecé a masturbar haciéndole la que llaman aquí como “rusa”, el gemía rico, yo más me prendía la verlo así y más le mamaba la verga!

    CR: ¡Cindy dios, que rico!

    C: ¡Mmm, así, goza!

    CR: ¡Mami eres la numero uno!

    C: ¡Lo se cielo, lo sé!

    Puso unos manteles en el piso y me puse en cuatro, el me lamio las nalgas y me golpeo rico, luego me penetro suavemente, ¡su verga estaba durísima y aunque no era tan grande m hacia gozar rico!

    C: ¡Agh, si, así!

    CR: ¡Estas buenísima, uf, aprietas rico!

    C: ¡Si, agh, dame, dámela!

    CR: ¡Tómala es tuya, uf!

    Él se recostó sobre esos manteles y lo cabalgue invertida, dándole la espalda, ¡el me apretaba el cabello mientras mi movimiento de cintura lo hacía gozar!

    Me agachaba un poco hacia sus pies para estimularlo mejor, el me apretaba las nalgas y me las arañaba, ¡la verdad estábamos cogiendo riquísimo!

    C: ¡Cristian sí que rico!

    CR: ¡Nena, me matas!

    C: ¡Agh, papi!

    CR: ¡Esto es la gloria!!!

    Pero al abrir mis ojos dios mío, ¡Érica estaba de nuevo ahí observándonos! Estaba parada en la puerta mirando como cabalgaba a Cristian, pero esta vez fue diferente, se notaba su cara de excitada, ¡se acariciaba los senos y cerraba los ojos bajando sus manos a su vagina!

    Esto me excito más, Érica seguía observando como cogía con Cristian, él no se había dado cuenta aun, pero yo miraba fijo a Érica y me apretaba las tetas, ella se acariciaba y mordía sus labios, yo me acariciaba mis tetas, me apretaba los pezones y seguía devorando la verga de Cristian.

    CR: ¡Cindy que rico coges!

    C: ¿Te gusta, te gusta lo que hago?

    CR: ¡Me encanta!

    C: ¡Si, goza, mira como lo hago!

    ¡En realidad, esas palabras más que para Cristian eran para Érica que ya tenía su mano dentro de su licra y se masturbaba mirando como cogía con mi novio!

     Me levante y en cuclillas, me daba sentones en Cristian, dándole la espalda a Érica, pero mirando ocasionalmente para ver que hacía.

    C: ¿Te gusta, te gusta mi cuerpo?

    CR: ¡Mami, me encanta, dios!

    C: ¿Me quieres coger?

    CR: ¡SIEMPRE NENA, UF!

    C: Jajá, si lo sé, ¡desde hace tiempo!

    CR: ¡Es que eres un demonio sexual, dios!

    Esas palabras fueron para Érica y sabía que la contestación de Cristian seria la misma que la de ella, ¡nuevamente volteé hacia ella y comencé a moverme con más fuerza!

    ¡Ella estaba en el estaxis al igual que yo! Cristian no pudo resistir más y termino viniéndose en mí, mirándonos fijamente, Érica y yo terminamos juntas, que orgasmo! ¡Fue muy rico ver cómo me miraba, eso me motivo a coger más rico a Cristian!

    ¡Yo no había tenido experiencias lésbicas, pero la verdad quería cogerme a mi amiga, pero bueno ya más tranquila y ya vestida y sin que ella se diera cuenta nos fuimos de ahí, Cristian nunca se dio cuenta y creyó que él me había hecho gozar, sin saber que fue mi amiga la que me motivo!

    ¡Espero les haya gustado, nos vemos pronto, saludos Cindy!

  • Mi familia es testigo de mi oscuro deseo (Parte 2)

    Mi familia es testigo de mi oscuro deseo (Parte 2)

    Era la primera vez que mi mamá y yo coincidimos en este tipo de reuniones y mis primos y tíos no paraban de aplaudir y empezaron a soltar comentarios explícitos acerca de las dos.

    Mi mamá seguía teniendo un cuerpo muy cachondo con esas piernas que a Dios gracias heredé y el verla totalmente expuesta a las miradas de todos me excitó mucho, decidí entonces improvisar y antes de que se detuviera la música me desnudé completamente y al verme hacer eso los hombres se pusieron de pie y se quitaron el traje de baño también.

    Mi mamá hizo lo mismo al tiempo que mi prima se acercaba a mi esposo pidiéndole ayuda para desnudarse, era obvio que ella y él terminarían cogiendo por cómo se veían, él la «ayudó» a quitarse el bikini (más bien era un acto descarado de mi prima ofreciéndose a mi esposo) y las tres desnudas regresamos a nuestros lugares…

    La verga de Tony es el centro de atracción de todas las mujeres en la reunión, su tamaño y grosor provocaron suspiros y comentarios atrevidos pero Tony volteando a verme se frotó su pene y dijo:

    «Ven Marie, acaríciame lo que es solo tuyo amor…»

    Mi mamá nos vio entendiendo que éramos una pareja ya y asintió mostrando orgullo por su hija al estar con tan bello ejemplar humano…

    Sintiéndome la mujer más afortunada de la noche avance feliz hacia mi macho negro y al llegar a su lado él se puso de pie y abrazándome de la cintura posamos para todos, varios primos y aprovecharon para retratarnos así, desnudos como estábamos, tomé la verga de Tony con una mano y dejé que nos tomarán fotos con sus celulares para dejar constancia de mi macho y yo juntos.

    Voltee a verlo y nuestras miradas se encontraron, había deseo, mucho deseo entre nosotros y queríamos que todos lo supieran, lentamente me hinque frente a él acariciando su enorme verga negra y los demás invitados así como mis primos y tíos se acercaron a nosotros para vernos mejor en acción…

    Tomé su vergota con ambas manos y acerqué mi boca a su tolete, empecé a verlo lentamente mientras lo masturbaba con ambas manos y saqué mi lengua para pasarla por todo ese enorme tolete, lo chupé y lo besé con lujuria hasta que alcanzó su erección completa y cuando lo sentí durísimo, Tony me tomo de la cabeza y me llevó a mamarlo…

    Lo empecé a meter en mi boca, solamente me cabía una tercera parte, las mujeres miraban hipnotizadas mi mamada admirando la enorme verga de Tony quien me acariciaba la cara mientras yo luchaba por meterme más de ese tolete en la boca…

    Sentí la mirada de mi familia observando cómo tragaba la enorme verga negra, alcancé a escuchar a mis primas decir: «no le cabe! quién la viera!, tan inocente que se veía…»

    Mirando a mí alrededor, me puse de pie y senté a Tony en la silla dispuesta a dejarme clavar su pene hasta adentro! Vi a mi mamá sentarse en la verga de mi primo mientras se besaban y ella empezaba a mover sus caderas dándole placer a mi joven primo…

    Mi esposo y mi prima estaban besándose con lujuria mientras ella se acomodaba sobre sus piernas para dejarse clavar la verga de mi marido que tenía ya un condón puesto…

    Justo cuando la iba a penetrar mi prima lo detuvo y volteando a verme, me preguntó, mientras le quitaba el condón: puedo? Quiero sentir como se viene dentro de mí…

    -Adelante! Dije divertida, solo si te embaraza no te quejes… Jajaja, seré tu socia si eso pasa, dijo dejándose clavar mientras mi marido le mamaba las tetas…

    Tony me tomo de las caderas y regresé mi atención a mí macho negro mientras me decía:

    «Siente mi verga penetrarte profundo, piernuda cachonda…»

    Mi familia completa estaba atenta a lo que estaba pasando con nosotras tres y nuestros machos, pero por el momento su atención estaba en nosotros dos, me acomodé lo mejor que pude y me deje ensartar poco a poco mientras gemía como loca sintiendo ese enorme falo entrar en mi velluda vagina…

    Besé a Tony con verdadera ansia mientras sentía como mi vagina era llenada a tope por su verga, apenas llevaba la mitad adentro y ya sentía mi útero ser rozado por la punta de su pene, seguí metiéndome su venir mientras él me pellizcaba con fuerza los pezones, puse los ojos en blanco mientras gemía y casi grito cuando sentí tres cuartos de su verga dentro de mí,

    Empecé a girar las caderas con fuerza mientras le decía: sí, sí, dámela Tony! Dámela todaaa!!

    El placer que me daba era indescriptible!, sentirme llena de él era lo mejor que había sentido en mi vida, ni la verga de Israel o Balam podían compararse con el tolete negro que me perforaba la raja!

    Necesitaba complacerlo, hacerlo sentir que era su puta! el solo hecho de estar desnuda con él me ponía caliente!, busqué sus manos para ponerlas sobre mis tetas y siguiera pellizcándome los pezones con fuerza!

    Tenía ya más de tres cuartos de su enorme verga dentro y podía sentir claramente como mi vagina se expandía para poder recibirlo… En un movimiento brusco, me penetró totalmente y grité con tus mis fuerzas al sentir su calor dentro de mí, moviendo las caderas como loca y besándolo con pasión empecé a tener un orgasmo que me hizo derramar como nunca, mis tíos no perdían detalle y mis primos y primas seguirán comentando explícitamente como su prima casada recibía una verga negra tan grande dentro de la raja…

    -Me vengo, me vengoooo!!! -Grité incontrolablemente mientras Tony aumento sus embestidas y lo sentí endurecerse aún más mientras sus dedos apretaban con dureza extrema mis pezones y empezó a venirse en chorros hirviendo llenando mi raja de su semen de hombre negro que recibí feliz de saberme complacida y seguí moviéndome unos momentos para aumentar su placer…

    Lentamente terminamos de movernos y volteando a ver a los demás vi a mi mamá mamar a mi joven primo hasta que se vino en su boca y ella se tomó su semen…

    Mi marido y mi prima no estaban, volteando a buscarlos uno de mis primos me dijo: se metieron a la casa, se fueron a una recámara después del primer palo a solicitud de ella…

    -Ah ok -dije asintiendo mientras me ponía lentamente de pie desensartándome de la verga de Tony y dejando ver a todos el semen de él escurrir por mi entrepierna…

    Ya de pie, Tony se puso de pie también y abrazándome me dijo al oído: vamos adentro, quiero darte toda la noche!

    Feliz de escuchar eso, le dije: si mi amor, vámonos a seguir gozando nuestro placer… Mi madre se levantó y tomando de la mano a su pareja nos dijo: podemos unirnos?

    -claro, dijo Tony recorriendo el cuerpo desnudo de mi mamá en digno de aprobación, vamos!

    Los demás, familia e invitados siguieron la fiesta no sin antes llenarnos de comentarios atrevidos, uno de mis primos me preguntó que si me gustaría embarazarme de Tony y le dije sonriendo y guiñando un ojo:

    … Esa es la idea

    Continuará.

  • Un encuentro en la mente de mi ama

    Un encuentro en la mente de mi ama

    -Pero mírate, vestida igualita que en mi relato de La profesora Silvia.

    -Ya te mencioné que me suelo vestir así.

    Me senté enfrente de ella.

    -¿Y bien qué te parece?

    -No eres para nada como te imaginaba hablando contigo. Eres más…

    -No lo digas. No me voy a describir. Cada lector y cada seguidor tiene una imagen distinta de mi. Es parte del juego. Uno me ven mayor, otros más joven… Todos me ven preciosa.

    -Lo eres.

    -Gracias. Dime, ¿Crees que nuestros lectores pensaran que esto es real o una fantasía?

    -Es una fantasía. Estamos dentro de tu cabeza, solas las dos.

    -Cierto. Es algo que sabemos nosotras dos, que todo esto es falso. Pero las sensaciones que les voy a provocar, las sensaciones que te voy a provocar, son reales. Tan reales como las sensaciones que ya te estoy provocando al introducirte en mi relato. Te pongo perraca, como les gusta decir a ellos.

    Silvia tomó un sorbo de café.

    -Eres muy divertida. Por un lado disfrutas viéndote a ti misma siendo utilizada y humillada hasta el extremo, pero por otro lado, la sensación que me das es que nunca te has atrevido a dar el paso, a hacer lo que realmente desea tu cuerpo…

    -Hago…

    -Cosas de crías. Puedo detallarlas, pero los lectores ya lo saben. Es lo que me tiene desconcertada. Tienes unos deseos increíblemente fuertes. Cuando te introduje en el relato no me pusiste ningún tipo de límite. Y mírate ahora, estás aquí.

    -Solo en tu cabeza.

    Volvió a tomar un sorbo de café.

    -¿Te gusta el café? No te lo he preguntado, así que no sé si esto es real o no lo es. Un Cola cao para mi, por favor.

    -Y luego la niña soy yo.

    -Ja, ja. Cuando me preguntaste porque te compartas como una sumisa respecto a mi, ni si quiera me preguntaste en que lo noto. ¿Quieres saberlo?

    -Está bien, cuéntamelo. ¿Por qué crees que me comporto como tu sumisa?

    -Eso solo lo preguntas porque estamos dentro de mi cabeza. ¿O lo preguntas porque yo quiero que lo preguntes?

    -No te entiendo.

    -Mira lo que has hecho durante nuestras conversaciones. Haces lo que yo quiero que hagas. Aceptas mis sugerencias como si fueran órdenes. Órdenes de tu ama. Hasta este encuentro le dijiste que sí.

    -Solo es una fantasía.

    Volvió a tomar un sorbo de café

    -Eres un cielo. Sé que te me repito mucho, pero lo eres. También te puedo asegurar que te has abierto como nunca antes he logrado hacerlo con nadie.

    -Soy así.

    -No me lo creo. Cuando pregunto a los amos y a las sumisas que hacen o dejan de hacer, los amos lo relatan con gusto, con placer, las sumisas como si no pudieran creer lo que están escribiendo, como si en lugar de ser ellas las protagonistas les pasase a otra persona…

    -¿A todas?

    -Incluso las más guarras dejan caer cierta incomodidad en sus escritos. Pero estamos hablando de tí. Me cuentas cosas, yo las cojo, y te humillo públicamente con ellas. Y te masturbas con eso. Eso tiene un nombre. Pero no soy tan mala como aparento ser. Voy a cortar aquí, y si quieres seguir jugando, es decisión tuya y sólo tuya.

    Bebí un sorbo de mi cola cao.

    -Así que quieres publicarlo. Y luego aseguras que no eres mi sumisa. Por cierto, ya se lo dije…

    -¿A quién?

    -A mi parte que duda. Yo soy quien escribe, la diablesa que te ha domado. Ella es un trozo de pan, incapaz de escribir lo que desea escribir. La que te mando el relato fue ella. Yo le dije que lo publicaremos tal cual.

    -¿Cómo si fuerais dos personas?

    -No, nada tan complicado. Soy su máscara, la que se pone para escribir. Pero no pienses que es una santa, es aún más terrorífica que yo.

    -Pero no la gusta como la hace sentir, por eso te creo.

    -Chica lista. ¿O quizás yo sea la lista sea yo? Hum, pero no viene al caso preocuparse por eso…

    Bebió un sorbo de leche.

    -Vamos a empezar a jugar. Aquí y ahora, simplemente besa el pie de tu ama.

    -¿Aquí? ¿En la cafetería? ¿Delante de toda esta gente?

    -No me importa lo que piense la gente… Palabras tuyas, no mías. Sabes lo que van a pensar cuando publiquen esto, te lo deje bien claro. Que más te da lo que piensen estos cuando no te importa lo que piensen los otros. Al final todos son gente y van a pensar lo mismo – se acercó a su oído para susurrarla. – Que eres mía

    -Eres diabólica

    -No, sólo juguetona. Y ahora, vamos, no le hagas esperar a tu ama, es de muy mal gusto.

    Silvia miró a su alrededor. Habían fijado el encuentro en un lugar público para no llevarse sorpresas degradables. Ella podía ser él. O nadie. A pesar de todos los mensajes que se habían intercambiado, ella la conocía como nadie, y ella en absoluto. Había acertado hasta en como toma el café.

    Pero aunque venía preparada para una sesión privada, no pensaba que iban a comenzar de esta manera.

    -¿Demasiado duro? Lees mis relatos, mis sumisas virginales se tragan meadas para el segundo párrafo y yo solo te estoy pidiendo que me beses el pie.

    -Delante de toda esta gente.

    -Es solo una fantasía.

    -Pero que inocente eres. Esa parte es la que más me gusta de ti. Y ahora haz lo que te pide el cuerpo de una vez.

    Silvia se levantó al fin, se arrodilló ante su ama, la quitó el zapato que llevaba y la besó los pies.

    -¿Y vosotros que miráis? Buscaos a vuestra propia sumisa.

    -¿No hacen nada?

    -Claro que no. Estamos en mi cabeza, ¿Recuerdas? Pero me preguntan mucho si mis relatos son reales o fantasías. Por cosas como esta, supongo. Chicos, si alguno tiene ganas de pajearse, el lavabo está por allí.

    -Han ido tres. – comentó divertida.

    -Y solo por ver a una chica besar un pie. – Moví la cabeza disgustada. – Pero siéntate de nuevo. Aún no hemos acabado.

    -¿Hay más? – preguntó Silvia volviendo a su asiento.

    -Ya me conoces. Mira lo que te voy a meter. – la mostré la escobilla del retrete. – Nuevecita, recién comprada de los chinos.

    -Te dije que no me meto eso ni loca.

    -Ya, ya… Pero deberías de ver la cara que has puesto. Chicos, siento decepcionaros, pero no se lo voy a meter.

    -¿Pero eso entra? – preguntó uno.

    -Claro, míralo en internet. Es un juguete bastante usual.

    -Pues a mi no me parece nada de usual. – Replicó Silvia.

    -Lo sé, lo sé. Es fascinante lo que se meten las mujeres, ¿Verdad? Y pensar que tú solo has tenido pollas, dedos y vibradores.

    -No es tan… Lo dices como si tuviera algo de malo.

    -Solo si quieres verlo así. Pero esto si que te lo vas a meter, recién compradas del súper.

    -Son verduras.

    -Tengo fetiche con ellas, ya te lo comenté.

    -¿Y no pensarás que lo haga aquí? ¿Delante de todos estos?

    -No, claro que no. Delante de todos esto te voy a poner esto. – La mostré una correa.

    -Ni loca

    -Ya lo has hecho.

    -En privado.

    -Pues ahora en público.

    -¿Y me harás caminar a cuatro patas como una perra?

    -Cuando estés lista. Y aún falta un poco bastante para ello. Y ahora sé una buena chica y déjame ponerte esto.

    Silvia se retiró el pelo del cuello.

    -No me puedo creer que me esté dejando hacer esto.

    -Lo que yo no me puedo creer es que no lo hayas hecho antes con nadie.

    Lo palpó, miró a un lado, a otro, se mordió los labios… Tenía el corazón a mil por hora.

    -Vamos. Aún tenemos cosas que hacer, Kitty.

    Y ambas, ama y sumisa caminaron a través de la puerta…

  • Las clases con el nuevo profesor

    Las clases con el nuevo profesor

    Todo empezó en el comienzo de cursada del primer cuatrimestre. Rocío se dedicaba a continuar su secundario. Todo empezó normal, compañeros de diferentes edades, profesores de edad regular, todo común.

    Las clases empezaron con Informática, la hora siguiente era de Lengua y Literatura. El primer mes lo comenzó una profesora que por motivos personales dejó de dictar clases. Luego de varios días sin profesor, llegó Sebastián. Joven, buen mozo y soltero.

    Rocío se sentaba en la tercera fila en el segundo banco, tenía la vista justa en dirección al profesor. Miradas iban y venían constantemente.

    Rocío, de 26 años medía 1,67, curvas marcadas, y un poco de panza que para nada le molestaba, más bien sabía disfrutarla con cualquiera con el que estuviera, pelo castaño, unos 95 de tetas que no tenía nada que envidiarle a nadie y un culo que más de uno disfrutó de darle unas buenas nalgadas.

    Sebastián rondaba los 38 años, medía no más que Rocío, flaco, con unos ojos marrones que cautivaban a cualquiera, y una verga que se llevaba más de un suspiro cuando la veían.

    Un día el profesor pidió le recordaran el llevar un libro, fue una buena oportunidad para Rocío de entablar una conversación con él fuera de clases. El mensaje llegó, y el con un corto “gracias” respondió. Rocío notó que tal vez no era lo que imaginaba.

    Pasaron los días y Sebastián se encargaba de avisarle a ella por medio de un mensaje todas las cosas relacionadas con la clase, le pedía a Rocío que se encargue de todos los asuntos que requerían ayuda. Ya sea el sacar fotocopias, avisar al resto si él faltaba. Y cuando ella participaba en clases, el resaltaba sus logros más que al resto.

    Cuando Rocío le conto a sus amigas, estas le dieron a entender que era obvio que algo más pasaba. Ella empezó a arreglarse, maquillarse y cada que podía le mandaba un mensaje a Sebastián con cualquier recordatorio tonto sólo para tener una excusa para hablarle.

    Un día casi finalizando la cursada, y el favor del profesor para con los alumnos dando permiso de estudiar para otras materias en su hora, notó a Rocío fuera de su clase, junto con otros compañeros, estudiando algo nerviosos.

    Sebastián salió para el baño, en ese mismo momento Rocío recibió un mensaje con una sola palabra, “SEGUIME”. Disimuló como pudo y dejando el papel que estudiaba en el banco, fue en dirección de él.

    Llegó a uno de los baños clausurados y él la esperaba en la puerta, sin decir nada se metió y Rocío con los nervios normales fue detrás de él. Volvió a cerrar la puerta, el baño no era grande ya que era para que sólo una persona se metiera dentro.

    Rocío lo miro, y siendo obvia su pregunta pero queriendo disimular, le preguntó porque estaban ahí.

    – Creo que ambos sabemos lo que pasa, ¿O me equivoco, Rocío? -Dijo y ella un tanto anonadada lo miró.

    – Si, pero creo que acá no puede pasar nada, podría entrar alguien profe, sabe que es arriesgado.

    – Tuteame, Rocío. No me trates más de usted. -Exclamó Sebastián al mismo tiempo que hablaba, llevaba su mano a la cintura de ella.

    No le dio el tiempo a responder, se acercó a Rocío que en ese momento, ella se sentía como una niña, le temblaban las piernas y apenas podía respirar, la besó. Ambos continuaron el beso mientras Rocío rodeaba la espalda de él con sus manos. Sebastián no lo dudó y bajó sus besos a su cuello mientras Rocío tomó el botón del jean y lo desabrochó, al mismo tiempo él le sacó la remera, ella con su mano le acariciaba por encima del bóxer su verga que para ese momento se encontraba a media asta y él le basaba las tetas corriéndole el corpiño como podía.

    En el primer momento de lucidez, ella pidió parar. -Date vuelta y cerrá la boca. -Gimió el mientras colaboraba en darla vuelta y bajando su pantalón junto con la tanga de un tirón, escupió su mano y mojó su verga. Para ese momento la concha de Rocío ya estaba más que húmeda, con una mano guio los 20 cm de verga a su agujero y con la otra le tapaba la boca. Rocío empezó a sentir las estocadas cada vez más violentas y no dejaba de gemir notando como sus piernas se le aflojaban. Él continuando el mete y saca llevó la otra mano al cuello y lo apretaba, mientras que con la mano, antes en su boca, comenzaba a darle nalgadas en ambos cachetes del orto. Tirados sobre el lavatorio, Sebastián no dejaba de decirle que él iba a ser el encargado de sacarle cualquier tipo de nervios que sintiera.

    Rocío se dio la vuelta y terminando de sacarse el pantalón se sentó sobre el lavatorio, abriendo lo más que pudo sus piernas, el profesor introdujo su verga caliente nuevamente en la conchita húmeda de ella sintiendo como se acercaba el primer orgasmo.

    -Profe no aguanto, me vengo. -Dijo ella mientras las primeras gotas aparecían. Entre medio de jadeos incesantes, Sebastián la siguió penetrando con más fuerza, cuando notó que ella empezó a chorrear, sacó su pene y llevó su mano al clítoris masajeando este con fervor logrando que Rocío llegara al clímax por completo, mojando con su eyaculación parte del pecho y de la verga del profesor.

    A Sebastián le gustaba ser violento, a Rocío eso le calentaba. La bajó del lava manos tomándola de la colita del pelo y de un tirón la arrodilló en el suelo.

    – Te dije que de acá no te vas hasta no haberme sacado las ganas que te tuve desde el primer día, putita. -Reclamó dándole un azote en el trasero que hizo dar un pequeño grito de dolor a Rocío.

    Sacó del bolsillo del pantalón un gel lubricante a bolilla y comenzó a pasárselo por el agujero del culo, Rocío suspiró por el frío de este líquido y se asustó por lo que venía, sin contemplación alguna metió su verga en el agujero del culo, automáticamente cubrió su boca para no gritar sintiendo como se perforaba todo su esfínter. -¡Para, me duele, duele mucho, detente! -Sebastián haciendo oídos sordos, siguió penetrando hasta ver como la concha de Rocío volvió a largar chorros de eyaculación. Llevó las manos a sus tetas para apretar estas mientras certeros manotazos iban dirigidos a su rostro. Rocío gemía ante tanta calentura, las piernas le temblaban.

    Él sacaba la verga del agujero del culo para penetrar su concha, y así a cada rato.

    – ¡AH, AH, SI, ASÍ! Como aprieta mi verga esa conchita, que rica sos Rocío, ¡Dios!. -Exclamó sintiendo que se estaba por correr.

    – Date vuelta y chupame la pija. -Ella sin negarse en absoluto, se dio vuelta y al momento que estaba por engullir esa tremenda caña, él la tomó de la cabeza y sin darle tiempo a nadie se la metió hasta el fondo.

    Rocío tosía sin poder frenarlo, sentía como perforaba su garganta y como le faltaba el aíre. La tomo de la coleta que tenía hecha y la hizo subirse al lavamanos de nuevo. Esta vez hizo que pusiera las piernas sobre el espejo y quedando con la cabeza en el aire, tomó con sus manos su rostro y le introdujo su verga otra vez, le penetraba la boca sin ninguna clemencia, Rocío respiraba como podía, las arcadas eran más fuertes, la saliva corría por su cara, por sus ojos. Mientras Sebastián no hacía más que darle cachetadas en las tetas mientras seguía follándole la boca. Cuando no aguantó más, penetró lo más profundo que pudo la boca de esta y se quedó allí vaciando su verga dentro de la garganta de ella, Rocío sin más tragó como pudo toda la leche caliente que el depositó, y mientras intentaba recuperar el aire lamía todo el miembro de él.

    – ¡Que delicia! Me encanta, me encanta que te portes así de trola.

    Rocío bajó de donde estaba para poder lavarse, y vio que él seguía frotándose la pija. Cuando abrió la canilla para limpiarse, el de un tirón la hizo arrodillarse.

    – ¡Ay! ¡¿Qué haces!? -Exclamó algo confundida cuando Sebastián apuntó su falo hacia aquel rostro lleno de restos y comenzó a orinarle la cara, la boca y deslizándose por las tetas de esta. Rocío con algo de asco pero caliente por el morbo de la situación recibió gustosa todo.

    Cortó la meada de golpe y la dio vuelta.

    – Abrite bien la conchita pendeja. – Dijo esperando la reacción de ella que no tardó ni dos segundos que ella predispuesta llevó sus manos a su cajeta y la abrió lo más que pudo, él sin aguantar y tomándola de la cintura para que no se moviera la ensartó lo más profundo que pudo y empezó a largar el resto de meo dentro de su conchita. Rocío gimió por el calor que sintió y cuando terminó de humillarla, sacó la verga y ella relajó el cuerpo largando por su vagina y con gemidos de por medio, la orina caliente que el profesor le había depositado.

    Cayó rendida al suelo a causa de tanto manoseo, él cambiándose y dejando unas cosas en el lavabo le pidió que se limpiara y volviera a la clase. Sin poder creerlo, Rocío se acomodó lo más que pudo y cuando todo estaba en orden salió a escondidas del baño y llegando a la clase se sentó como si nada hubiera pasado.

    Ahora ambos sabían que esas miradas escondían una complicidad que iba más allá de lo prohibido, que iban más allá de un simple profesor y su alumna.

  • La niña de papá

    La niña de papá

    Mi destino fue fijado cuando decidí ir a la universidad en otra ciudad. Mi madre estaba demasiada paranoica para permitirme quedarme en un dormitorio a cinco provincias de distancia, así que llamó a mi padre por teléfono y lo convenció para que me quedara con él mientras estaba estudiando.

    No lo había visto en ocho años y esperaba que se negara con vehemencia, pero no fue así. Me hablaba mientras mi madre me miraba y me decía cuánto me había extrañado y que realmente estaba ansioso por que viniera para quedarme con él. Quería preguntarle por qué, si me había extrañado, rara vez llamaba y nunca venía a verme, pero no podía con mi madre parada allí mirándome y escuchando.

    Eso estaba en mi mente cuando el avión aterrizó, dejándome una sensación rara en la boca. Las señales aparecieron cuando fuimos conducidos como ganado fuera de la jaula. Cuando pasé por la terminal, la primera persona que vi en un extremo fue mi padre con un bonito traje a rayas.

    Era delgado con el pelo canoso y tenía una sonrisa unida a sus labios. Se veía muy diferente del hombre con la barriga gorda que volvía a casa borracho todas las noches solo para gritarle a cualquiera que se interpusiera en su camino. Me acerqué a él rápidamente y cuando nuestros ojos se encontraron, sonrió ampliamente y de repente corrió hacia mí. Él me abrazó tan fuerte alrededor de la cintura que me levantó. Cuando me bajó, aún estaba sonriendo.

    «Papá, te ves diferente», le dije.

    Él sonrió e hizo un giro dramático para mí. «¿Te gustan los cambios que he hecho, cariño?» preguntó mientras ponía una pose.

    Me reí y aplaudí con sus payasadas. «Me gustan mucho los cambios, solo espero que vayan más allá del cambio físico».

    Mi padre, repentinamente serio, me miró a los ojos. «He cambiado mucho, Brittany, y creo que te van a gustar todos los cambios que mi psicólogo y yo hemos trabajado en los últimos ocho años».

    Asentí. «Bueno, en ese caso, papi, creo que quiero ver mi nuevo hogar ahora», le dije.

    Él volvió a sonreír, me tendió el brazo y, cuando me sostuve de él, me acompañó hasta el área de recogida de equipajes. Me estaba riendo todo el tiempo y todos los pensamientos de que él no viniera a verme salieron volando de mi cabeza. Recogimos mi equipaje y, mientras tiraba de la correa de mi bolso rosa sobre mi hombro, mi padre fingió dolor cuando recogió las dos maletas.

    Me reí de nuevo y cuando terminó de jugar, salimos del aeropuerto y entramos en el estacionamiento donde se dirigió a un Audi negro. Era un lindo auto, pero lo que realmente estaba viendo era a la mujer pelirroja que estaba en el asiento del pasajero. Mi padre me abrió la puerta para que me metiera en el asiento trasero y procedió a guardar mis maletas en el maletero sin ninguna explicación. Me subí al asiento y me arreglé la falda.

    «Encantado de conocerte, Brittany», dijo la mujer mientras se daba la vuelta.

    Tenía una voz irritantemente aguda y apenas quería responder, pero tampoco quería ser grosera. «Mucho gusto, señora, aunque no tengo idea de quién es», le dije.

    «Tu padre debe haberte contado todo sobre mí, soy Rachel, su prometida», insistió.

    «Nunca me dijo que estaba comprometido», admití.

    Ella hizo un puchero y se dio la vuelta. Volví a mirar a mi padre, que acababa de cerrar el maletero y caminaba de regreso al asiento del conductor. Cuando se sentó, cerró la puerta y se inclinó para besar a Rachel en la mejilla. Ella se estremeció, pero le permitió que lo hiciera. «¿Qué pasa?»

    «Tu hija nunca ha oído hablar de mí», se quejó.

    «Lo siento, debo haberlo olvidado», explicó.

    Rachel continuó haciendo pucheros, pero en lugar de tratar de hacerla feliz, mi padre sacudió la cabeza y encendió el auto. Sonreí ante la indiferencia de mi padre cuando salimos del estacionamiento y salimos a una calle casi vacía. Fue un largo viaje hasta la casa de mi padre y en algún lugar a lo largo del camino, debo haberme reclinado y dormido.

    No recordaba haberlo hecho, pero debo haberlo hecho porque lo siguiente que recordé fue que mi padre me sacudió para despertar en el oscuro garaje de su casa. Me senté atontada y supuse que Rachel ya había entrado en la casa ya que estaba sola con mi padre sonriente. Su sonrisa se iluminó cuando dejé de bostezar y le devolví la sonrisa.

    «Estuve tentado de dejarte dormir para siempre, hija, te ves como un lindo angelito cuando duermes», me dijo mientras me despeinaba el pelo.

    Me reí. «¿Un ángel perfecto?» Pregunté mientras me bajaba del asiento solo para saltar a los brazos de mi padre. «Creo que acabo de bajar del cielo», le dije mientras me dejaba en el suelo.

    «Qué bueno que mantuviste tus alas porque ahora estás en mi cielo», respondió sin perder el ritmo.

    Deslicé mi brazo por el de mi padre y caminamos juntos por el amplio garaje, a través de una puerta abierta y hacia una cocina grande y luminosa. La cocina estaba pintada de un amarillo suave y cuando mi padre soltó mi brazo para hacer algo en el mostrador, pensé en mi madre diciendo que una cocina siempre se ve bien en cualquier tono de amarillo.

    Sin embargo, el color que mi madre había elegido era llamativa, no se veía muy bien con la madera oscura y siempre lo había odiado. Sin embargo, el color elegido por mi padre era más neutro, y se veía mejor. Incluso con el piso, que tenía un patrón marrón, rojo y negro de hermosos azulejos, se veía bonito y cálido en la habitación.

    Inmediatamente me gustó el lugar y me deslicé cómodamente en una de las sillas altas que estaban al lado del mostrador que daba a la sala de estar. Mi padre me sonrió desde el otro lado mientras apresuradamente hacía sándwiches para lo que supuse que sería nuestro almuerzo. Lo que me sorprendió fue que recordaba mis ingredientes favoritos cuando mi madre, que me veía todos los días, no podía.

    Estaba esparciendo mostaza sobre jamón y queso mozzarella mientras se preparaba para poner pepinillos en forma de cara sonriente. Me estaba dando una de las rodajas de pepinillo cuando Rachel apareció de nuevo con un bikini muy corto y chanclas. Su cuerpo coincidía con su voz. Era pequeña en estatura, con ojos azules opacos, piel pálida y una sonrisa estúpida.

    «Ustedes dos pónganse al día ahora, estaré en la piscina si me necesitan», dijo.

    Mi padre apenas la miró mientras masticaba el pepinillo que me había dado, pero él asintió con la cabeza y ella salió de la habitación después de mostrarme una sonrisa brillante. Le devolví la sonrisa, pero estaba más interesada en mi padre.

    «¿Cuánto tiempo han estado comprometidos?» Yo pregunté.

    Mi padre me miró con humor en los ojos. «Nunca he estado comprometido con Rachel, cariño. ¿Es eso lo que te dijo?» preguntó.

    Asentí. «Bueno, si no estás comprometido, ¿cuánto tiempo has estado con la muñeca Barbie?» Pregunté e inmediatamente deseé poder recuperar las palabras.

    Sorprendentemente, mi padre se echó a reír. «He estado con ella tres años y, a veces, me resbalo y la llamo Barbie. Es por eso que se tiñó el pelo de un rojo tan horrible en primer lugar», admitió.

    Me reí entonces también. «No puedo creer que hayas recordado cómo hacer mi sándwich favorito cuando incluso mamá se olvida».

    «No puedo olvidar nada de ti, cariño. No estuve cerca tanto tiempo que tuve que crear una imagen permanente de ti en mi mente», me dijo mientras se deslizaba en la silla a mi lado y me entregó uno de los sándwiches

    «Estoy muy contento de que no estés comprometido con esa muñeca Barbie, papá», le dije mientras mordía mi emparedado. «Quiero decir, ella es el opuesto de mamá con su voz profunda, su comportamiento serio, pero no veo por qué debería apoyarte».

    Mi padre guardó silencio.

    Lo miré y dejé mi sándwich. «Lo siento, ¿estoy hablando de algo demasiado personal?» Pregunté con ojos de disculpa.

    Mi padre sacudió la cabeza aunque no parecía muy seguro. «Es solo que ni siquiera estoy seguro de por qué Rachel me atrae. Quiero decir, es pegajosa y volátil, y propensa a explotar de celos por la más mínima provocación».

    «Tal vez te atrajo eso porque mamá no peleaba por ti y simplemente te dejaba solo para lidiar con tus problemas mientras me criaba», dije seriamente.

    «Yo fui quien se fue», respondió sin mirarme.

    «Eso no es lo que quise decir», traté de explicar. «Quise decir que mamá te había dejado ir y que la muñeca Barbie probablemente no te dejará, sin importar lo que hagas».

    Mi padre me estaba mirando. «¿Cuándo te volviste tan analítica en las relaciones?» me preguntó con una mirada extraña en sus ojos.

    Me encogí de hombros cuando comencé a masticar de nuevo. «Algunas cosas sobre tu pequeña niña han permanecido igual, pero muchas cosas sobre mí han cambiado y mutado para crear la mujer que ves ante ti», le dije.

    Él se rio y me alegré porque esa mirada que me había estado dando era inquietante. «¿Me dejarás segur llamarte cariño ahora que mi pequeña se convirtió en una mujer adulta y perspicaz?»

    «¡Por supuesto!» Dije. «Me hace sentir que estoy en casa».

    «Estás en casa, cariño», me dijo mi padre mientras me abrazaba y me apretaba. Cuando me dejó ir, continuamos con un almuerzo muy delicioso y habíamos terminado hablando durante una hora cuando Rachel finalmente regresó.

    ***

    Más tarde esa misma noche, estaba en mi nueva habitación admirando todas las cosas que mi padre sabía que amaría. Había una cama enorme, un bonito armario a pesar del vestidor, paredes de color blanco, un techo muy alto y un asiento junto a la ventana a un lado de la cama.

    La habitación olía a menta y vainilla y me enamoré tan pronto como entré. Ya había cenado e incluso me había bañado en la enorme bañera que estaba en mi propio baño privado. ¡Mi propio baño privado!

    Caminaba por la habitación con la bata puesta, admirando todas las cosas bonitas de la habitación, cuando noté el espejo de cuerpo entero escondido en un rincón junto a la cabecera de la cama matrimonial. Me acerqué a él, me quité la bata y comencé a repasar todas las cosas sobre mi cuerpo que habían cambiado desde que era una niña.

    Mi piel tenía el mismo tono bronceado que había tenido desde pequeña, pero había desarrollado caderas redondas que se estrechaban hasta unas piernas delgadas y senos muy grandes y redondos. Mis pies y manos eran pequeños y, por supuesto, mis ojos eran los mismos a menos que los miraras de cerca. Eran grandes y de un gris muy profundo con cejas perfectamente arqueadas y unas lindas pestañas.

    Me guiñé un ojo mientras me daba la vuelta con la bata todavía aferrada a mis brazos. La bajé un poco mientras miraba por encima de mi hombro y eché un vistazo a mi trasero redondeado. Estaba tan ocupada cuando la puerta se abrió y mi padre entró parcialmente solo para cubrirse los ojos.

    «Lo siento, cariño, solo quería darte tu leche», dijo nervioso mientras blandía el vaso frente a él.

    Rápidamente me puse la bata mientras intentaba no reírme. Estaba un poco avergonzada, pero mi padre parecía que nunca había visto a una mujer desnuda y eso me pareció bastante divertido. Lo cerré. «Es seguro mirar ahora», dije con calma.

    Descubrió sus ojos lentamente y me miró. Cuando me vio cubierto de felpa, exhaló y se relajó un poco. «Voy a tener que recordar tocar la puerta», dijo. «Lo siento mucho», reiteró como si no le hubiera creído.

    «Está bien», le aseguré. «Fue un error», le dije mientras le quitaba la leche y la bebía. Hacía calor y sonreí.

    «Recuerdo que nunca podrías dormir sin un vaso de leche tibia», dijo suavemente mientras me miraba con una sonrisa tímida.

    «Sigue siendo cierto», le dije mientras tomaba otro sorbo. «Si vuelves en quince minutos, puedes entrar».

    Entonces sonrió y se relajó por completo. Me abrazó por tercera vez ese día, pero me abrazó más tiempo que las anteriores y lo disfruté porque podía oler su perfume. «Regresaré en quince minutos, cariño».

    Luego salió de la habitación y cuando escuché que la puerta se cerraba, puse el vaso en la mesita de noche y me quité la bata. Me volví a mirar en el espejo y miré hacia abajo cuando mis muslos y mi estómago se enmarcaban perfectamente. Mi coño parecía un gran montículo de vello negro rizado debido a la forma en que estaba parado, pero tenía la forma de una ‘y’ perfecta.

    Dejé de mirar esa parte y me puse un camisón que mi madre me había regalado para mi decimoctavo cumpleaños y me deslicé debajo de las acogedoras mantas que había apilado en mi cama. Tenía tanto espacio en la cama, podía estirarme por completo y que ninguna de mis extremidades tocaban el aire.

    Estaba en el cielo y sorbiendo mi leche tibia, cuando escuché pasos y un chasquido cuando se abrió la puerta.

    Mi padre se asomó con cautela primero y entro caminando de regreso a la habitación que yo llamaría mía durante al menos cuatro años. Se había cambiado su propia ropa a un par de pantalones de pijama negros y sedosos y un top a cuadros de la misma tela. Sus pies estaban desnudos. Me sonreía brillantemente por el hecho de que le había dado permiso para entrar.

    Se acercó al lado de la cama que tenía el espejo y el vestidor y me miró tan brillantemente que podría haber jurado que vi estrellas en sus ojos.

    «¿Quieres que te lea una historia?» preguntó.

    Me reí. «No, papi, solo dame un beso», le dije.

    Se inclinó y besó mi frente suavemente. «Buenas noches, mi ángel», dijo cuando enderezó las sábanas de mi cama y se levantó.

    «Buenas noches, papi», le dije mientras le sonreía.

    Satisfecho, mi padre se apartó de mi lado, apagó la luz y cerró la puerta mientras se deslizaba por el pasillo. Escuché sus pasos bajando por el pasillo y me quedé dormida antes de que pudiera terminar mi leche tibia.

    ***

    Me desperté en medio de la noche, porque escuchaba sonidos extraños. Escucho a mi padre gemir y, asumiendo que tenía algún tipo de dolor, me levanté apresuradamente y salí de la habitación. Me apresuré por el pasillo hacia el sonido, pero en la dirección opuesta a su habitación y me asusté más cuando se hizo más fuerte. El sueño que había estado teniendo, acerca de que mi padre tenía una conversación con mi yo de ocho años sobre el sexo, fue exprimido de mi cabeza cuando la urgencia de la situación se hizo cargo.

    Llegué a la sala de estar en poco tiempo, pero encontré un sitio muy diferente al de mi padre retorciéndose en el suelo y gimiendo de agonía. En cambio, su pijama estaba en un montón en el suelo y estaba sentado en el sofá con las piernas abiertas y los ojos cerrados mientras tiraba de su pene hinchado.

    «Oh, Brittany, cariño», dijo claramente entre sus murmullos.

    «Dios», dejé escapar antes de dar la vuelta y apresurarme por el pasillo hacia mi habitación. Estaba en mi habitación, sentada en la cama al estilo indio y mordiendo mis uñas recién cuidadas cuando mi padre entró en la habitación usando solo sus pantalones de pijama.

    «¿Estás bien, mi ángel?» él me preguntó.

    «Estabas murmurando mi nombre, papi,» dije incrédulamente.

    Mi padre permaneció en silencio.

    Sacudió la cabeza. «Si», admitió suavemente.

    Me mordí el labio inferior. «Entonces estabas fantaseando sobre mí mientras te masturbabas», le dije solo para aclarar los hechos.

    Suspiró mientras se sentaba en mi cama. «Estaba pensando en ti y lo que vi fue cuando estabas mirándote desnuda en el espejo», me dijo. «Me desperté con una erección y fui a la sala de estar para sentir alivio. No pensé que pudieras escucharme», dijo mientras sus ojos rogaban mi perdón.

    «¿Cómo estaba en tu fantasía?» En lugar de todas las otras preguntas, me decidí por esta.

    Mi padre parecía confundido y luego sonrió. «Te veías hermosa».

    Asentí, sin saber exactamente por qué había preguntado. «Quizás sea mejor que los dos volvamos a dormir», dije aturdida.

    Mi padre asintió y se levantó para irse con los ojos desviados y la sonrisa desaparecida. «Buenas noches, cariño», dijo.

    «¿No hay beso de buenas noches?» Pregunté.

    Se congeló. Me miró para asegurarse de que hablaba en serio, supongo, y cuando no vio humor en mis ojos se inclinó para besarme. Esa vez, sin embargo, no estaba apuntando a mi frente y le permití besarme donde quería. Su beso aterrizó en mis labios y cerré los ojos para sentir la verdadera pasión que estaba escondida en ese beso.

    No era la forma en que un hombre besaba a su hija y lo reconocí, ya que ni siquiera era la mitad de inocente de lo que mi padre quería creer. El sentimiento de su beso permaneció en mis labios incluso después de que él se separó y se paró cerca mí mirándome mientras disfrutaba el hormigueo que había causado. Ese sentimiento recorrió todo mi cuerpo cuando me encontré con sus ojos penetrantes.

    «Creo que lo disfrutaste», dijo.

    «¿No lo hiciste?»

    Él sonrió. «Lo hice, pero me temo que solo me ha hecho querer más de ti, cariño».

    Extendí mis brazos hacia él. «Toma todo lo que quieras».

    Su sonrisa se iluminó cuando volvió a sentarse en la cama, me subió a su regazo y comenzó a besarme nuevamente. Sus besos fueron todos intensos y hambrientos como si nunca hubiera sentido algo similar a lo que estaba sintiendo en ese momento. Me hizo pensar que Rachel no había estado haciendo su trabajo correctamente y que ya no era un misterio por qué habían estado juntos durante tres años y todavía tenían hogares separados.

    Durante mucho tiempo, nos besamos cuando sentí que la erección de mi padre crecía debajo de mí y mi coño se humedeció por solo pensar en lo grande que tenía que ser. Quería mirar, pero mi padre no me dejaba ir ya que sus grandes manos me acariciaban lentamente. Moví mis caderas para que mi culo redondeado se frotara contra su erección y, aunque sentí que se endurecía, apartó sus labios de los míos y dejó de tocarme.

    «¿Qué pasa, papi?»

    Mi padre me miró de forma extraña. «¿Eres virgen?»

    «No», admití mientras apartaba los ojos.

    Frotó la piel debajo de mi cabello, sabiendo que eso siempre me relajaba. «¿Disfrutaste tu primera vez?»

    «No», le dije de nuevo mientras volvía a mirarlo.

    «¿Qué tenía de malo?»

    «Fue demasiado rudo», le dije.

    Mi padre asintió «Él no sabía cómo tratar a una virgen», concluyó mientras me daba un beso rápido pero profundo en mis labios. «Ahora tienes la oportunidad de sentir a un hombre de verdad, ¿lo quieres?»

    Asentí ansiosamente, aunque ningún sonido saldría de mi boca.

    Mi padre sonrió con una mirada perversa en sus ojos. «Acuéstate», ordenó.

    Hice lo que me dijeron.

    «Ahora solo cierra los ojos y disfruta», dijo suavemente.

    Yo también hice eso y sentí sus cálidas manos tirando de mi delgado vestido incluso mientras separaba mis piernas. Cuando mi vestido estaba alrededor de mi cintura, dejó de empujarlo y sentí que besaba mis muslos mientras sus largos dedos jugaban un poco con el pelo de mi coño. Su lengua jugaba con el pelo mientras su dedo medio se abría paso lentamente dentro de mí.

    Gruñí y pude escucharlo reír contra quitó el dedo y quitó la boca de allí. Abrí los ojos para verlo chupando sus dedos y gimiendo de placer al probarme. Sonrió cuando me vio mirándolo y eso me puso más húmeda.

    Después de eso, volvió a bajar y comenzó a lamer mi coño muy lentamente mientras intentaba tragar mis jugos que ya se había acumulado. Estaba chupando y haciéndome temblar cuando su lengua se deslizó dentro y fuera de mi coño. Cuando terminó de chupar, pasó mucho tiempo besando diferentes partes de mi coño e incluso eso me hizo temblar. Después de muchos besos, lamió mi coño muy rápido y comenzó a chuparlo suavemente.

    Fue fantástico para mí y me corrí muy rápido después de eso. Incluso cuando bajé esa primera altura, su lengua empujaba más profundamente dentro de mí y tomó su dedo y frotó mi clítoris palpitante. Él estaba gimiendo y en poco tiempo me estaba corriendo de nuevo y gimiendo.

    Todavía estaba superando eso cuando mi padre levantó la cabeza y me sonrió mientras lamía mi coño. Sin decir una palabra, me puso en una posición sentada y me quitó la bata por la cabeza, despeinándome el pelo. Me alisó el pelo y todavía me acariciaba la cara cuando me dio un dulce beso.

    Me sorprendió que fuera tan apasionado cuando todo lo que mi madre podía hablar era lo frío que era hacia ella, incluso poco después de casarse. Todavía estaba sonriendo cuando se alejó de mí, por lo que dudaba que estuviera pensando en algo más que en mí cuando se deslizó lejos de mí para quitarse los pantalones.

    Era enorme. Estoy segura de que mis ojos se abrieron porque mi padre comenzó a reír. «No te desmayes ahora», dijo.

    «No lo haré, papi, pero es grande».

    Alzó las cejas. «Tu amigo la tenía pequeña, ¿verdad?»

    «Comparado la tuya, era pequeña «, le dije.

    Se rio de nuevo mientras se sentaba muy cerca de mí. «¿Te gustaría tocarla, cariño?» él me preguntó.

    «Sí», dije mientras la alcanzaba. Se acercó un poco más a mí para que pudiera ponerla en mis manos y cerró los ojos mientras la frotaba suavemente. «¿Te estás divirtiendo tanto como en tu fantasía?» Yo pregunté.

    «Oh, mucho más», respondió mientras abría los ojos y me miraba. «Acuéstate», susurró.

    Rápidamente obedecí su orden susurrada y me estiré y él estaba encima de mí con la misma rapidez. Frotó su erección sobre mi coño mojado por unos momentos mientras gimió y sonrió para sí mismo. Solo cerré los ojos y lo disfruté, pero fue justo en ese momento que sentí a mi padre sostener mi cadera y empujar profundamente dentro de mí su pene.

    Jadeé cuando mis ojos se abrieron de golpe y él gimió en respuesta a las paredes de mi coño succionando su miembro. Cuando comenzó a empujar, estaba segura de que me lastimaría, pero nunca lo hizo y se detuvo más de una vez para besarme. Por alguna razón, estaba segura de que estaba haciendo una pausa para asegurarse de que aún estaba consciente y estaba agradecida por la atención adicional.

    Cuando él disminuyó la velocidad y comenzó a ser un poco más suave, comencé a disfrutar la sensación de él dentro de mí. Él gimió más y lo incentive cuando comencé a arquear mi cadera para meter más de él dentro de mí. Eso lo excitó tanto que juro que gimió mientras empujó un poco más fuerte, pero no más rápido.

    Me reí por el sonido que hizo y, aunque estaba segura de que no podía haberme escuchado, me sonrió y siguió haciendo lo que estaba haciendo. Gimió de nuevo y yo me reí a carcajadas mientras se humedecían mis ojos y temblaba por la intensidad de mi próximo orgasmo. Grité y él gimió más fuerte que yo cuando me corrí, y poco después sacó su miembro palpitante de mí con una mirada determinada en su rostro.

    «Chúpalo, quiero correrme en tu boca», me dijo.

    Me levanté rápidamente a pesar del hecho de que todavía estaba tambaleándome por mi propio orgasmo y lo atraje hacia mi boca. Estaba palpitando y él me estaba mirando como si fuera a estallar en cualquier momento y esa mirada me hizo querer probar su semen. Lo metí lentamente en mi boca, centímetro a centímetro, y lamí la punta de su pene suavemente mientras probaba lo que creía que era su pre-semen. Gemí de placer por el sabor y se mordió el labio mientras me miraba porque mis ojos nunca dejaban de mirarlo.

    Chupé más de él más allá de mis labios y pasé mis dedos suavemente sobre la pequeña parte de su pene que quedaba fuera. Mientras lo observaba, sus ojos rodaron hacia la parte posterior de su cabeza y dejó escapar un gemido que era medio gruñido y medio gemido. No pasó mucho tiempo después de que explotó en mi boca y bebí hasta la última gota de su líquido de sabor salado. Después de eso, mi padre y yo nos acostamos en los brazos del otro y nos quedamos dormidos con sonrisas en nuestros rostros.

    * * *

    A la mañana siguiente, me desperté un poco exhausta, pero feliz. Mi padre ya había despertado, pero no tenía prisa por levantarme del lugar donde había experimentado un cielo que no sabía que existía. Escuché la voz de mi padre riéndose desde la sala de estar donde lo había encontrado masturbándose conmigo en sus fantasías y me senté.

    Desnuda, salí de la habitación, caminé hacia su voz y lo encontré por teléfono con alguien. Me sonrió apreciativamente mientras yo daba un giro para él y me incliné. Mi padre se reía de nuevo y el sonido me hizo sonreír felizmente. Luego me entregó el teléfono y le dije hola a mi madre.

    «¿Hola?»

    «Hola, querida», saludó la voz profunda de mi madre. «¿Cómo estuvo tu vuelo?»

    «Estuvo bien, me puse un poco mareado, pero sobreviví», respondí cuando mi padre se sentó y abrió su bata, estaba desnudo debajo.

    «¿Y cómo fue tu primera noche sin mamá?» ella preguntó.

    Mi padre estaba erecto otra vez y comenzó a frotar su polla hinchada allí mismo en el mostrador de la cocina. «Fue agradable, mamá», le dije al teléfono mientras esperaba que mis jadeos no llegaran al teléfono. «Creo que realmente me gustará vivir aquí», dije y lo dije con todo mi corazón, alma y cuerpo.

    «Es bueno escucharlo», me dijo mi madre mientras me acercaba a papá para masturbarlo con mis propias manos.

    «Mamá debo colgar ahora, debo hacer unas cosas» Dije mientras movía mi mano de arriba hacia abajo sobre el miembro de papá y el gemía suavemente.

    «Está bien, te llamare más tarde, cuídate».

  • Sometiendo a Berenice

    Sometiendo a Berenice

    B: ¡Ya basta!

    L: ¡Te dije que no jugaras conmigo!

    B: ¡Me lastimas, además mi marido nos encontrara!

    L: ¡No me importa, para que me seduces!

    Berenice la amiga de mi mujer estaba en mi balcón siendo penetrada por el ano por mi verga, pero como empezó todo?

    Después del rico trio que hicimos con Paula, tuve una noche más con ella, la muy loca le había encantado mi verga y quería probarla nuevamente, yo le di y me di el gusto de estar con ella, después de esa magnífica noche de sexo, ella comenzó a cambiar mucho y ser muy grosera y burlona con todos, su “marido” como ella le decía a su novio, le había metido ideas y ella estaba tan en la baba, ¡que obedecía ciegamente!

    La fiesta de una amiga de ellas la celebraríamos en nuestra casa, todos asistieron puntual, Bere llego con su gala, ella soberbia como últimamente actuaba, vestía un minivestido rojo y zapatillas abiertas, ¡el vestido tan ajustado que sus ricas y grandes tetas lucían majestuosamente!

    Desde el minuto uno, ella y su pareja estaban de burlones, además de que el maldito les tiraba la onda a todas y quería sentirse más que yo, Bere me decía al oído cocas como: “la tiene grande” “que rico me coge” “se va a coger a Lety”

    Yo ignoraba sus palabras, Lety no sabía que yo ya me la había cogido, así que no quise exhibirme ni hacer un escándalo, ¡así que me fui alejando poco a poco de la fiesta!

    Me salí a fumar al balcón que da a la avenida, ya eran más de la 1 am así que casi no pasaban carros, mientras fumaba reflexionaba las acciones de Bere, cuando de pronto ella apareció y burlonamente me dijo:

    B: Que, ¿te incomoda mi “marido”?

    L: ¡Jajá, para nada!

    B: ¿Entonces qué haces aquí?

    L: ¡Eso no es asunto tuyo y mejor metete antes de que tu wey venga!

    B: ¡Jajá, te incomoda que te diga que me coge rico!

    L: La verdad no, ¡me vale madres lo que te haga!

    B: Si así fuera, ¡no estarías aquí!

    L: ¡Hay nena, que loca te has vuelto!

    B: ¡Y tú que niñita!

    La verdad por más que trate de evadir sus provocaciones no pude y justo cuando se iba a salir la tome de la mano y con fuerza empecé a besarla, ella me manoteaba, pero yo no la soltaba, con mis manos empecé a apretar sus tetas y sus piernas.

    B: ¡Ya basta!

    L: ¿Eso querías verdad?

    B: ¡Déjame, loco!

    L: ¡Loca tú, anda me querías, me tienes!

    Me baje el pantalón y saque mi verga firme y dura, ¡con mucha fuerza la obligue a ponerse de rodillas y ella disque no queriendo abrió la boca solo para ser follada con violencia!

    L: ¡Así perra, toma tu verga, este si es una verga!

    Ella trataba de empujarme, pero no podía, seguía follando fuertísimo la boca, la música de la fiesta opacaba los ruidos, así que, con más violencia, ¡le empujaba mis 21 cm!

    La puse de pie nuevamente solo para arrancarle su tanga roja, le baje el cierre de su escote para cómeme sus ricas y grandes tetas, mientras mis dedos entraban en su húmeda vagina para jugar con su clítoris!

    B: ¡Luis basta, ya!

    L: Que ricas tetas, ¡apuesto a que no se las come así!

    B: ¡Luis, ya!!!

    L: ¡A leguas se nota que es un pendejo, que tú tratas de engrandecer!!

    B: ¡Basta maldito!

    L: ¡Y lo único que has engrandecido es esta!

    B: ¡Ah!!!

    La penetre con fuerza, como estaba parada mi verga la lastimo un poco, pero no me detuve, le mordía las tetas y la penetraba fuerte, con una mano en su nalga y otra en su espalda la tenía sometida en la barda del balcón, ¡no me importaba que nos vieran o que alguien de la fiesta nos encontrara solo quería gozar a Bere!

    L: ¡Eso perra, gime como la perra que eres!

    B: ¡Agh, ah, uf!

    L: Vez, ¡tú eras la que necesitaba una verga de verdad!

    B: ¡Ya no digas nada, solo cógeme!!

    L: ¡Jajá, eso putita, pídeme, pídeme verga!

    B: ¡Dámela papi, dámela!

    La puse viendo la barda, ella se empino un poco y abrió sus nalgas para mostrarme como escurría de placer, le di un par de fuertes golpes en sus nalgas y un muy fuerte jalón de cabello, ella gritaba, ¡pero me miraba como perra en brama!

    L: Como te atreves a compararme con un pendejo, ¡ahora te castigare!

    B: ¡Perdón, agh!

    L: Eso no basta, ¡ahora te mostrare quien manda perra!

    ¡Con una gran fuerza y sin estimularla mucho, le empecé a penetrar su rico culo, Bere gritaba y gemía delicioso, yo victorioso sonreía mientras mi verga ya entraba por completo en el apretado ano de Bere!

    Seguía dándole con mucha fuerza, le daba de nalgadas y le jalaba el cabello, creo que un par de mirones observaron la acción, yo estaba enloquecido y cegado, ¡solo quería hacerle grande su ano!

    B: ¡Me lastimas, Luis!

    L: ¡Sí que rico, uf!

    B: ¡Nos van a encontrar!

    L: ¡Que importa, que vean lo puta que eres!

    B: ¿Pero tu mujer?

    L: Jajá, uf, crees que no sabe cómo soy, total una mancha más al tigre, pero a ti, ¡a ti si te da miedo ese bastardo!

    ¡Más fuerte la penetraba a cada palabra que intercambiábamos, la idea de que me encontraran prácticamente violándola me excitaba amucho, ella aun quejándose movía riquísimo su cuerpo, se empezó a ensartar sola y a pedirme más verga en su culo!

    B: ¡Agh, más, métela, así, más!

    L: ¡Que rico culito, uf!

    B: ¡Más rica tu verga amor!

    L: ¡No soy tu amor, soy tu amo, tu señor!

    B: ¡Si, agh, si amo!

    Ella empezó a escurrirse muy rico, sus fluidos resbalaban en su hermosa pierna, yo le mordía la oreja y la empalaba más fuerte, ¡hasta casi sentir que me venía!

    L: ¡Me voy a venir perra!

    B: Dámela amo, ¡dámela!

    L: ¡Eso perra, pide tu leche, pídeme leche!

    B: ¡Agh, dame leche, la quiero, dámela!

    L: Eso ya viene, ¡ya viene!!!!

    Le empecé a llenar su ano de semen, ella gemía y gozaba el orgasmo que nos habíamos provocado mutuamente, le daba de nalgadas, jalones de cabello y cachetadas, ¡le estaba mostrando que ella era mi puta!

    Cuando termine ella solo se acomodó, yo me quede su tanga en mi bolsa y empecé a fumar nuevamente, ella con los ojos llorosos me exigía una disculpa, yo la mire y la bese a la fuerza, salí del balcón, pero antes de entrar de nuevo a la fiesta, ¡le pedí que se fuera o le diría a su maridito lo perra que era!

    ¡Ella tomo a su marido y se fue, esa es la última vez que la vi, nunca más supe de la rica Berenice!

  • Historia de una venganza

    Historia de una venganza

    A mis 37 años estaba arruinado, me había dejado llevar por un veterano empresario que tenía un olfato de sabueso para desplumar a la gente, de forma ingenua invertí y lo perdí todo. Mi mujer me recordaba a diario que teníamos dos hijos, que por qué tiré todo el dinero inconscientemente en un negocio inmobiliario que ella nunca vio claro. En estas estaba pensando mientras el gin tonic descansaba en mis manos. Había sido invitado a la fiesta en deferencia a la amistad que nos unió durante esos dos años. Él había tenido mejor suerte y sabido invertir mejor. Tal era el cabreo de mi mujer que tuve que ir con mi sobrino y un amigo suyo, ya que ella decidió quedar en casa.

    Al verla sentí que el furor de la rabia hacía hervir mi sangre; la señora García, la esposa del que me desplumó estaba también en la fiesta. Apenas la conocía, sabía que era una madura de 45 años, ingenua, fiestera y relamida. Tenía afición por la bebida, a veces cuando el hijoputa de su marido no estaba con ella — como era el caso esa noche — se pasaba de frenada con las copas. El García la mimaba, le daba todos los caprichos. Mi mujer la veía cuando iba a buscar a sus hijos adolescentes de la escuela de pago, claro está “viste como si tuviera 18 años, sus hijos hasta se avergüenzan, me han dicho que es la comidilla de los chismorreos, y nosotros nos viene justo vestirnos y llevara a los nuestros a la escuela pública”. La sra. García estaba dotada de unas grandes tetas, un culo definido subido redondo y medianero; era de mediana estatura, siempre llevaba tacones altos; media melena teñida de rubio, de pómulos marcados, ojos almendrados, boca pequeña con labios carnosos. Esa noche llevaba un vestido que le marcaba cuerpo, pintada como un loro. Hablaba con la otra gente con risa nerviosa y dicción engolada. Sus gestos eran amanerados. El tiempo que la miré se zumbó como si nada dos mojitos. No era una mujer cañón, pero tenía esa sensualidad hortera bizarra.

    Ángel es mi sobrino, debido a sus malas compañías había salido de la trena, por un simple robo en un coche en una noche de juerga, con la mala suerte que era el automóvil de un magistrado. Para escarmiento le habían impuesto la pena de dos semanas, para que aprendiera. Vivaracho, altanero, guapo; a sus 22 años, sin haber querido estudiar ni trabajar, no sabía qué hacer con su vida. Mi hermana me dijo que ya no sabían qué hacer con él, que era buen chico pero era su carácter. Hacía dos días que había salido de la trena, sin dinero y aburrido le dije si quería venirse conmigo, al menos había bebida y comida gratis; acepto con la condición de poder traer a un amigo suyo, para ser más exactos, “el pulga” un colega de andanzas de su edad; pequeño de estatura, feo de narices, pero no feo de que tuviera alguna anomalía corporal sino de naturaleza: sus ojos pequeños, cejijunto, orejas grandes, nariz ganchuda, su pelo siempre graso como si se lo untara de aceite.

    Seamos sinceros, el que me invitó ya me avisó que estaría la mujer del que me había arruinado económicamente, pero que no me preocupara, que la señora estaba al margen de los negocios de su marido y yo apenas la conocía de vista y de oídas… En un arrebato de ira vi mi oportunidad de desquite, era poco honesto de mi parte: pero mi cuerpo me lo pedía. Como gancho usaría a mi sobrino. Hablé con el del tema y me dijo que no me preocupara, que si “era como me la pintas tío, la ‘jamelga’ caerá”.

    El plan de acción se desarrollaba a las mil maravillas, mi sobrino — tras la quinta copa de ella — la abordo en plan de chico angelical simpático.

    — ¿Cómo lo ves pulga? — le pregunté.

    — La tía parece un pavo real, je, je, je — contesto — y no veas lo parlanchina que está, no para de dar palique a Javi.

    — ¿No te gusta?

    — Ya ves, la hijaputa tiene polvo, creo que va a colaborar — dijo el pulga en tono marrullero.

    Noté cierta satisfacción al ver la receptividad de la sra. García para con mi sobrino, incluso era el centro de atención de ella. Javi estaba en su puta salsa. De pronto vino el anfitrión del evento, conversamos un rato. Sabía que era un inconveniente y en primera instancia que mi sobrino trajera el pulga lo había visto un imprevisto debo reconocer que era un alivio saber que mientras estaba yo ocupado él podía vigilar a mi sobrino.

    — Es una lástima que no hayas traído a tu mujer — dijo el anfitrión.

    — Ya sabes cómo está el tema, tiene una crisis, no es fácil de asimilar nuestra posición ahora — conteste.

    — Sabes que me sabe mal lo que te ha pasado, pero somos amigos y bueno, si has podido llevar a tu sobrino… — dijo el anfitrión.

    — Si, tu siempre me has ayudado en lo que has podido, no te reproches nada, los negocios son una mierda… quieres ser un emprendedor y te dan hostias — conteste.

    Fui llevado a un despacho y en un desfogo de sinceridad el anfitrión me consoló diciéndome que si conseguía capital no dudara en acudir a él. Noté el vibrador de mi teléfono, menos mal que la charla fue corta. La verdad es que el amigo se preocupa mucho por mi. Nada más salir, me adentré entre la gente y no vi ni a mi sobrino ni al pulga, pensé en el móvil, miré y tenía un mensaje de Whatsapp del pulga “¡¡¡er cabronaso ja se la ha yevado fuera tamos en el jardín!!!”. Busqué la puerta de salida a dicho jardín, costo algo pero la encontré. Solo vi el césped iluminado, vi como el pulga me hacía señas al fondo en un recodo con la pila de su móvil. Fui donde me indicaba, el pulga estaba algo alterado. Me dijo que mirara a través de los cipreses. Era una pequeña planicie apartada del chalet, rodeada de cipreses en medio un tanque de diesel y un foco que iluminaba los contornos. El lugar era magnifico, nadie iba a venir, lo más seguro es que solo fuera usado para el personal de mantenimiento — pensé. Me alegré de tener el IPhone que había comprado cuando mi economía me lo permitía, mientras el del pulga salto el aviso de batería el mío marcaba un 97%. Ideal. Lo levante y en modo video enfoque. Vi como estaban de pie, mi sobrino noto mi presencia, le hice una seña con la mano que se pusiera más en plano. Se situó justo enfrente de nosotros. Perfecto. Le levanté el pulgar en señal de aprobación. Ella estaba de espaldas a nosotros. Empezó a morrearla abrazándola, ella estaba dubitativa pero colaboradora. Hundió su cabeza en el pecho de mi sobrino al mismo tiempo que este le levantaba la falda dejando a la vista un culo entangado. Mi sobrino nos miró con sonrisa oblicua. Era un culo muy sensual, sin celulitis, en el medio de la raja llevaba el hilo del tanga, delgado, todo incrustado dentro de la rajadura que separaba las nalgas. Con sus manos mi sobrino aprisionó los dos glúteos y las estiró hacía el exterior…

    Se oyeron ruidos en nuestra trasera, el pulga dijo que había alguien.

    — ¡Me cago en la puta! — exclamé — ¿ Quién coño anda ahí?

    — Nnno ssé, pero viene hacía nosotros — contesto el pulga.

    — Tranquilos, soy el guarda, no tenéis porque asustaros — dijo una voz que venía con la luz de una pila —. Ya hace un rato que estaba en la otra parte. Incluso os puedo cubrir por si viene alguien, que no vendrán, pero por si acaso.

    Entonces tras nosotros vislumbramos un hombre calvo de unos 60 años. Mi sobrino hizo ademanes de que pasaba, le levanté el pulgar que todo bien haciéndole entender que había otro más.

    — Ha empezado el espectáculo — dijo el guarda por lo bajo — ese chico sabe lo que se hace. ¿Inmortalizando el momento? — dijo mirando el móvil — Lastima que no sepa manejarlos, estos chismes son de lo más interesante. Pero seguid con lo vuestro… como si no estuviera.

    El sobrino siguió, la volvió a morrear, esta vez la aparto el hilo del tanga y nos mostró en culo en su poderío, su entrada anal estirada. Pasó a dedearla, podíamos ver como el dedo entraba y salía entres sus piernas, ella susurraba estaba en otro mundo. Fue entonces cuando le cogió los pechos y los saco del vestido dejando el sujetador en la parte baja. En una maniobra de poderío la giro, quedo de frente a nosotros, su cuello ladeado su mirada al vacío. Hizo que ella arqueara su espalda mostrando sus opulencias. Sus grandes pechos con aureolas negras quedaron colgando tensados por la ropa, y en otro alarde de demostración por la parte trasera mi sobrino los movió agarrándolos por la parte baja, los subió, los bajo, los bamboleo de derecha a izquierda. Le lamía el cuello, ella estaba en trance, entonces mi sobrino nos miró y dijo:

    — Podéis acercaros, está en trance — mientras le metía la lengua en una oreja.

    Sin dejar de filmar traspasé los cipreses, los otros dos me siguieron, el pulga se me adelantó dirigiéndose a la pareja. Entonces tuve que advertir:

    — ¡Para! ¡Para! Todos estamos empalmados pulga, pero creo que podemos hacerlo en batería — dije exaltado —. No vayas a joder la marrana.

    — Pe… Pero qué dices… ¿No ves que nos la podemos…? — dijo en tono ansioso.

    — Lo haremos uno tras otro… — contesté

    — Es lo más sensato y prudente — opinó el guarda.

    Ahora mirábamos la escena a pocos metros de distancia, receloso, pero acatador el pulga quedó a mi lado y dije a mi sobrino que continuara. Mi sobrino la hizo tumbarse y él se bajó los pantalones saliendo una polla generosa aumentada por el empalme, se arrodillo y abrió las piernas de la sra. García en tijeras apartándole el tanga a un lado y quedando una raja abierta depilada visible. Entonces ella empezó a advertir que había más gente alrededor, con su mirada confusa y ojos llameantes murmuró incoherencias, al mismo tiempo mi sobrino alineó su polla con el coño y embistió de una tacada sonora, cogida por los tobillos bien abierta empezó a bombearla. Ella empezó a gemir, estaba aturdida. Los mete sacas eran sonoros, el coño emitía chof, chof, chof. Nosotros tres estábamos callados, el pulga ya se abría la bragueta, la cual le hice un primer plano y volví a filmar a mi sobrino. Entonces vino el éxtasis de los dos, el pistoneo de mi sobrino era más intenso, su rostro se contrajo, apretó las mandíbulas y en un estallido gutural empezó a correrse. Ella estertoreaba, las ultimas embestidas fueron electrizantes y frenéticas quedando estático al final. Pasados unos segundos miró a cámara y levantó el pulgar, se puso de pie; del coño de ella salía semen.

    — ¡Dios! ¡Cómo folla esta juventud! — exclamó el guarda — en poco tiempo la ha despachado.

    — Siguiente — dije, al mismo tiempo que el pulga se despojaba de sus pantalones y calzoncillos al mismo tiempo que intentaba caminar hacia ella trabándose.

    La sra, García intentaba incorporarse al mismo tiempo que balbuceaba:

    — ¡No! ¡No! Yo… no…

    El pulga con su polla erecta de tamaño mediano tirando a pequeño se sentó a horcajadas sobre ella y puso la polla en medio de los pechos de la sra. García y los apretó. Empezó a mover su cadera adelante atrás con la cara desencajada. Aceleró el movimiento, ella pataleaba, la respiración de el pulga se volvió más intensa, rugió. Estaba excitado, en su punto álgido, de un brusco movimiento se reincorporo y se puso en posición boca abajo con la polla a la altura de la boca de ella, apoyo las manos en el suelo y introdujo el pene en la boca de ella al mismo tiempo que se levantó con los brazos para después dejarse caer en la boca de ella. Así una y otra vez. La cara de ella estaba enrojecida, sus mejillas se contraían en los mete y se dilataban en los saca. Le estaba follando la boca de una manera bestial. Yo transpiraba, mi polla me estallaba. Procuraba mantener el plano del móvil sin movimientos bruscos. En la noche se oía el bullicio al fondo de la fiesta y los gruñidos de el pulga ¡gr…! ¡gr…! Seguidos de los ¡plaf! ¡plaf! ¡plaf! que emitía cada embestida en la boca. Era evidente que de un momento a otro iba a correrse, los ojos de ella estaban vidriosos, le salía moco de la nariz. Hubo cinco tacadas últimas y se corrió. Ella intento coger respiración, su boca estaba llena de semen, el pulga ya se incorporaba y buscaba sus pantalones. La sra. García semisentada nos miró, un hilo de lefa le salía de la comisura de sus labios. Aproveche para hacer zoom al IPhone y dejarlo en primer plano.

    — ¡Te toca, tío! — me dijo mi sobrino — yo voy a filmar, déjame el móvil.

    — Primero el guarda — conteste sin levantar la cabeza de la pantalla del móvil.

    — Si no os importa yo prefiero pajearme — contesto el guarda, mientras se sacaba una polla erecta de su bragueta.

    Di instrucciones a mi sobrino del funcionamiento del video de alta calidad del IPhone y me dirigí hasta ella aprovechando mi turno, ella no podía reincorporarse, parafraseaba consigo misma, me arrodille en el suelo, le abrí las piernas, tenía el coño que rebosaba lefa, llevaba el tanga a un lado; con el ansía que provoca la excitación se lo quité y se lo introduje entero en su coño para que quedara taponado. La volteé y la puse a cuatro patas. Solo quedaba el conducto anal para usar.

    — Me encuentro fatal — murmuro la sra. García.

    — Aguanta que es el último round — le conteste mientras cogía una posición adecuada a la trasera del culo.

    La excitación me hacía tener la cabeza hinchada como llena de agua, los miré a ellos, mi sobrino filmando, el pulga fumaba y el guarda con su cara contraída ya empezaba a pajearse. Abrí las nalgas de par en par, el orificio quedo a la vista. Miré hacía ellos y dije:

    — ¡Tiene el culo hecho la puta! — al mismo que embestía para adentro.

    Di un primer bombeo de entrada, para tantear la profundidad, me habían entrado unos 10 cm de los 17 que gasto. Volví a sacarla, escupí sobre el ano y con toda mi alma la empotré. Quedó encallada a fondo. Saqué otra vez y empecé a pistonear. Ella daba bramidos y alaridos. El corazón me latía a 1000 por hora. Seguí bombeando sin compasión. Los brazos de ella no le aguantaron, mordió el polvo del suelo. Me corrí como un semental de raza. Dejé la lechada dentro de su culo. Me incorporé, entonces se acercó el guarda excitado al mismo tiempo que se masturbaba dejando la corrida encima del vestido de ella.

    Terminado el espectáculo analice la situación. La incorporamos amablemente y le pusimos bien el vestido.

    Dos semanas más tarde tenía montado el video (con las caras tapadas, obviamente) y era enviado al señor García.

     

  • Paula la traicionera

    Paula la traicionera

    Paula la amiga de mi esposa, la flaquita cara de zorra que es muy complaciente, la hice mía por un buen tiempo, solo iba a su casa para darle verga, ambos guardábamos el secreto, Lety no tenía que enterarse de que su amiga se comía la verga de su marido casi todos los días, así que pactamos guardar en secreto nuestras relaciones sexuales.

    Pero hace un par de semanas salió con la gran noticia que se iba a casar, lo cual me dio gusto por ella y pena por él, ya que ella fiel no es y es una mujer que ha comido muchísimas vergas y vaginas, pero bueno, ¡allá él!

    Paula comenzó a cambiar mucho y era notorio, hasta que apenas hace un par de días la cite en un bar, como muestra de buena fe y amistad para ayudarle con lo de su boda!

    P: ¡Hola, gracias por querer ayudarnos!

    L: ¿Somos amigos no?

    P: Claro Luis, ¡eres un tipazo!

    L: ¡Te confieso que te extrañare!

    P: ¡Ya amigo, eso debe quedar en el pasado!

    L: ¡Ok, creo que es lo mejor!

    P: ¡Claro que lo es!

    L: ¡Bien dime que necesitas y ya te digo en que te apoyo!

    Mientras charlábamos, pedí un six de cervezas, ella dudosa pero accesible tomaba y brindaba conmigo, la charla fue tomando más tiempo, Lety en ese momento estaba de viaje así que no me preocupaba la hora, así que seguí tomando con ella, sin darnos cuenta ya llevábamos 5 six, ¡yo ya estaba ms cerca d ella y por debajo acariciando sus ricas piernas!

    P: ¿Oye que traes?

    L: ¡Nada nena, continuemos!

    P: ¡Pero me estas acariciando jajá!

    L: ¿Que, no puedo?

    P: ¡No, ya estoy comprometida!

    L: ¡Jajá y yo casado y aun así cogíamos diario!

    Seguimos tomando hasta que la empecé a besar, mis manos acariciaban su cuerpo, ella poco a poco se dejaba llevar por el momento, me besaba y me agarraba la verga por encima del pantalón, ¡mis dedos ya acariciaban su clítoris y su rica e húmeda vagina!

    Ella reacciono y me dijo que la llevara a casa de su mama, en el camino su novio le hablo, ella le invento que estaba con su mama él le dijo que la esperaba en su casa, pero como estaba ebria se negó, ¡mientras todo eso pasaba yo le arrimaba mi verga y seguía manoseando a la futura esposa!

    Antes de subir al carro empecé a besarla muy apasionadamente, al principio ella se resistió, ¡pero después fue cediendo hasta el punto que me bajo el pantalón y me empezó a hacerme un rico oral!

    ¡Ahí en el rincón del estacionamiento nos encontrábamos, Paula me daba un rico oral, yo estaba parado en la puerta del copiloto y mirando para otros lados, su boca disfrutaba cada uno de mis 21 cm, yo le acariciaba la cabeza y no le permitía dejar de mamármela!

    L: ¡Agh, que rico mamas!

    P: La voy a extrañar, ¡él no la tiene tan grande!

    L: ¡Cuando gustes es tuya nena!

    P: ¡No, por eso quiero comérmela por última vez!

    L: ¡Entonces hagámoslo bien!

    Ella seguía mando tan rico que mi verga empezó a ponerse más y más dura, sus manos apretaban mis testículos y jugaban con ellos, me mordía la cabecita, el tronco y mis testículos, ¡uf que rico oral me daba!

    ¡La chamba era tan perfecta que sin darme cuanta comencé a venirme, ella recibía mi leche y la tragaba, lamia mi pene apasionadamente y saboreaba cada parte de mi verga palpitante!

    P: ¡Que rica leche papi!

    L: ¡Paula, eres una mamadora de primera!

    P: Gracias bebe, ¡pero ahora quiero más!

    L: ¡Jajá eres insaciable nena, vamos a mi casa!

    Aprovechando que Lety no estaba la lleve a casa, inmediatamente nos fuimos a la cama, la desnude como loco y empecé a comerme su concha, ella estaba humedisima, mi lengua disfrutaba de sus labios y de su clítoris, se lo succionaba y le daba ligeras mordías, ¡poco a poco se inflo más y más!

    P: ¡Agh, Luis que rico!

    L: ¡Extrañare tu rica concha!

    ¡De pronto recibió una llamada, era su prometido, ella apenas podía hablar!

    P: ¡No, ya llego, uf, es que vine a ver a Lety!, no amor, agh, ¡no necesito que vengas por mí!

    ¡Mientras ella hablaba mis dedos entraban con fuerza, ella se retorcía del placer que le daba, me daba orgullo escucharla hablar con su futuro esposo mientras yo disfrutaba de su rica y apretada vagina!

    ¡Antes de que colgara el teléfono, le levante las piernas y se la deje ir suave, ella lanzo un suspiro muy rico, al parecer el tipo le pregunto qué le pasaba ella le dijo que estaba en el baño, empecé a moverme fuerte, le besaba los pies y los muslos, la acomode de ladito para morderle el cuello y sus tetas, ella colgó y empezó a moverse riquísimo!

    P: ¡Agh, casi me descubre!

    L: ¡Jajá, disfruta la despedida nena!

    P: ¡Me encantas, dámela, uf, que dura!

    L: ¡Es tuya nena, gózala, gózala toda!

    Me acosté y ella empezó a cabalgarme, se movía riquísimo, le mordía os pezones y le apretaba las piernas, se daba de sentones en mi verga, se estaba empalando solita, ¡sus movimientos me daban el más rico placer que hay en la vida!

    La acosté boca abajo y como inyección le di mi verga, le jalaba el cabello mientras estaba encima de ella, me movía fuerte, ¡sentía más apretada su vagina, que empezaba a escurrir del rico placer que le generaba al moverme!

    P: ¡Papi, ¡Así, agh

    L: ¡De quien eres nena?

    P: ¡Agh, tuya, agh!

    L: ¡Si, me encanta que lo digas!

    P: ¡Me vengo, me vengo papi!

    Paula empezó a chorrearse riquísimo, me encantaba como palpitaba su vagina, mi verga le daba fuerte, le apretaba las nalgas, su orgasmo me hacía gozar mucho!

    L: ¡Eso mamacita, que rico!

    P: ¡Luis!!!

    Se la saque y la empine, use sus propios fluidos como lubricante en su ano, ella con la cara en la almohada movía riquísimo sus nalgas, hasta que le puse la puntita en su ano, ¡ella reacciono!

    P: ¿Qué haces?

    L: ¡Esto será mío también!

    P: ¡Pero ahí ya solo será de mi marido!

    L: ¡Jajá, no nena, aquí también quepo yo!

    ¡El empuje fuerte y su ano empezó a crecer apretando mi verga de una forma majestuosa!

    P: ¡Agh, no, sácala!!!

    L: ¡Uf, que apretada, que rico!

    P: ¡Me duele, uf, uf!

    L: ¡Respira, ahorita con el movimiento se te quita!

    ¡Empecé a moverme fuerte, ella gritaba y se mordía el brazo, yo disfrutaba de la empinada y traidora amiga de mi esposa, el verla en cuatro y como mi verga le destrozaba el ano, me hacía sentir el mejor!

    Las fuerzas de mis embestidas terminaron por tirarla en el suelo, donde seguí dándole fuerte, ella gritaba y se lastimaba por mi piso, pero yo no me podía detener, ¡estaba como toro y ella solo gemía y gritaba!

    P: ¡Agh, Luis, me duele, me lastimas!

    L: ¡Perdón, pero ya es tarde!

    P: ¿Qué hago?

    L: ¡Pues muévete mensa!

    Paula obedeció lo que le dije y empezó a moverme el culo, lo hacía tan rico como cuando bailaba, mi verga estaba siendo ahora triturada!

    L: ¡Paula, así mueve!

    P: ¡Te gusta papi?

    L: ¡Que culo!!!

    P: ¡Agh, me gusta, agh, así, dámela!

    ¡Seguí penetrándola fuerte, nos besábamos y le mordía todo lo que estuviera cerca de mí, mis testículos empezaron a inflarse, era la señal que yo estaba a punto de terminar!

    L: ¡Me vengo, uf, te los voy a echar!

    P: Si, dámelos, ¡quiero tus mocos!

    L: ¡Eso nena, toma, uf, toma!!

    P: ¡Si, dios mío!!!

    Empecé a llenarle su culito de semen caliente, nos retorcíamos disfrutando el orgasmo, ¡le había dado su despedida de soltera a la traidora amiga de mi esposa!

    L: ¡Estuvo rico nena, pero me duele decirte que eres una traidora!

    P: ¿Por qué?

    L: ¡Traicionaste a Lety y tu futuro!

    P: ¡Jaja, mejor bésame!

    ¡Ahora estoy esperando el día de su boda!

  • Paty y su tesoro

    Paty y su tesoro

    Hace muchos años que mi historia con Paty inició. En un principio, el principio de los eventos, ella estableció una relación cercana con Pepe, un gran amigo mío. Con el tiempo ellos se hicieron amigos sexuales, pienso que por la curiosidad y apetito erótico de Paty. En esos días ella tenía apenas alcanzada la mayoría de edad y nosotros 4 o 5 años más.

    Una buena noche, pasaron por mí en auto: mi amigo, Paty y una prima de ella. Sólo salimos a dar la vuelta en el auto y beber un par de cócteles de lata. En algún momento empezamos a fajar, cuando estaba ella a plena cachondez, comencé a masturbarla, mis dedos hábilmente se colaron entre sus jeans, tanga y deliciosamente atacaron sus labios y clítoris empapados. Me di cuenta de su orgasmo por el dulce y cachondo suspiro que profirió en mi oído. Continuó con lo que su caliente mente le indicaba, mamarme la verga cómo ella sólo sabe, un verdadero placer. Terminé en sus manos, jugó con mi lefa caliente, sonriendo, con un gesto de niña traviesa, con una mirada pervertida.

    Mi amigo no logró nada con la prima, la chica estaba contrariada y al parecer se había molestado con el ambiente en el auto. Paty, nuestra heroína, le dijo a su prima: – Bueno, entonces te cambio al chofer. Mi amigo sonrió y de inmediato orilló el auto, intercambiamos lugares y cada quién a lo suyo, yo a conducir, mi amigo a disfrutar y Paty a mamarle la verga con mucho esmero.

    Pasaron los meses y en otra noche de buena suerte tuve interacción sexual con mi amiga querida. Salí de mi entrenamiento de futbol americano y pasé a visitar a mi amigo. Estaban en la recámara, viendo una película, entre la charla salió a relucir que acababan de coger. Paty me dijo que la habían pasado bien y me ofreció coger con ella, allí, con mi amigo por testigo. Accedí pero preferí coger sobre la alfombra, buscando un poco de privacidad. Ese fue nuestro último encuentro sexual por varios meses. Un par de años después salimos a caminar juntos, habíamos coincidido en la caminata vespertina. Mientras caminábamos recibí una llamada de emergencia de la empresa donde trabajaba como jefe del área de IT, y le pregunté que si podía acompañarme, prometiéndole salir a cenar después de atender el asunto. Llegamos al lugar y me apliqué a resolver el problema. En cuanto regresé al primer piso por ella, ambos vimos la oportunidad de darnos placer. Comenzamos a fajar rico, pude disfrutar de tocar sus grandes nalgas y lamer sus tetas. Con los dedos hice que dos orgasmos doblegaran sus rodillas, pegada a la pared. Una vez que recuperó el aliento, desabotonó mi pantalón y hurgó en mi ropa para poder sacar mi vega que le gustaba mucho. Me dio una mamada riquísima, sentía que me iba a reventar la verga de las duras chupadas me ponía. Cuando sentí que eyacularía, la levanté y recargué en la pared nuevo, le bajé de nuevo la tanga y puse la punta de la verga debajo de su clítoris y en medio de sus labios. Tomé su mano y le indiqué que masturbara, le dije al oído que me quería dejarle la leche en su tanga, y nos masturbó, usó mi glande como vibrador, casi terminamos al mismo tiempo. Limpiamos lo que teníamos que limpiar, acomodamos lo desacomodado y nos fuimos.

    Llegó el día de mi cumpleaños, nos reunimos en casa del amigo antes mencionado, él, Paty y una chica también vecina de ambos. En una oportunidad, Paty y yo nos escabullimos al cuarto de lavado. Esta vez, el alcohol me había desinhibido, comenzamos el escarceo erótico por unos minutos, disfruté sus tetas y sus nalgas, mientras ella me agarraba la verga que pulsaba entre sus dedos inquietos, me hinqué, boté el cinturón y demás ajustes del pantalón para bajarle cómodamente las prendas que se interponían entre nuestras carnes. Tuve en mi mirada su deliciosa pucha depilada, esa vista me invitaba a comerla, a lamerla, a disfrutar el sabor de sus jugos. Me lancé sobre ella, estando ella de pie y con la ropa a medio muslo, como pude, hice llegar mi lengua a su clítoris, colecté sus jugos en la punta de mi lengua, su delicioso sabor invadió mi boca. Su piel estaba suave, muy suave, se sentía que no tenía mucho tiempo de haberla talado para mí. Se vino deliciosamente en mi boca, una y otra vez. Me levanté y la besé con mi boca cubierta con mi propia saliva y los jugos de su pucha, me dijo al oído: – Ponte aquí. Indicándome que tomara su lugar. Se hincó y comenzó a mamarme la verga como siempre, delicioso. El alcohol me tenía en “modo jefe”, maliciosamente, cuando estaba por venirme, firmemente la sujeté de la nuca con una mano y con la otra acariciando su mejilla y eyaculé en su boca. A ella no le agrada comerse mi leche, intentó zafarse pero soy bastante fuerte. Se rindió, recibió mi jugo en su totalidad, hasta la última gota posible. Se incorporó con la boca cerrada y una mirada de sorpresa. Escupió en el lavadero y me dijo: -¡no me gusta comerme los mecos!, – no te los comiste, Respondí. Regresamos a la sala con los otros amigos.

    Esa fue nuestro último encuentro por años.

    Charlamos largo rato por teléfono, después de un reencuentro casual. Quedamos en ir a coger sin ningún tipo de compromiso. Llegó el día y la hora; en cuanto estuve fuera de su casa de inmediato le mandé un mensaje indicándole que estaba afuera esperando. Cuando salió me impresionó su apariencia, muy diferente a su juventud, descuidada para ser precisos. Se había dejado crecer el abdomen y no reparaba en su forma de vestir.

    Francamente, mi libido se estremeció. Pero ya estaba allí. Me comporté como un caballero. Se subió al auto, me saludó efusivamente: – Hola, ¿cómo estás? Con un beso en la mejilla y un abrazo. –Bien Patito, bien. Le decía patito de cariño. Extendió la mano derecha hacia mí mientras me decía de manera alegre y relajada: -Toma, por si quieres ocuparlo; dándome un lubricante en un frasco gris, pequeño y de letras rojas. ¡Pff! su actitud y el regalo me dispararon la libido hasta el cielo. Me iba a dar una sesión de sexo anal sin haberla pedido. Buscaba cobre y encontré oro.

    Llegamos al hotel, los dos íbamos muy prendidos; en el camino venía frotando su pucha y tetas en las calles solitarias, la había besado intensamente, al menos 4 veces le dije al oído que tenía ganas de cogérmela duro. Llegamos al hotel y entramos a la habitación, comencé a desnudarla apenas después de llegar a la cama. Nos desnudamos y nos dirigimos a la bañera. Allí pude ver su regordete cuerpo; la idea de destrozarle el ano era lo que me mantenía en pie. Bajo la regadera la abracé por la espalda, sobando sus tetas y alcanzando intermitentemente su vulva mojada, su clítoris duro. Enjaboné su espalda, puse jabón en mis manos y frote el hueco de sus nalgas, con la punta del dedo índice tallé directo en su ano, despacio, ella suspiraba. Le pregunté si le gustaba, me dijo que sí. Me agazapé a un costado suyo y le metí dos dedos de la mano derecha en la pucha, con el dedo pulgar frotaba su clítoris y al dedo enjabonado que frotaba la entrada de su recto, lo empujé hasta el nudillo, ella sólo gemía y gemía. Comencé a darle duro con los dedos metidos en los dos huecos, ella separaba cada vez más las piernas y doblaba las rodillas, como queriendo sentir mis dedos más y más dentro. Le saqué el dedo del culo por completo, sólo para meterlo de nuevo allí pero acompañado del dedo medio, dio un chillido leve pero definitivamente era por placer. Se vino un par de veces. Terminamos de bañarnos y nos dirigimos a la cama, la recosté en la esquina de la cama y me abalancé sobre esa depilada y fresca panocha, la saboreé cómo cuando tenía ella 20 años. La hice venir un par de veces más, se relajó un buen rato, se había revolcado tanto con los impactos orgásmicos que estaba aturdida. Cuando juzgué estaba repuesta, la acomodé de tal manera que estando acostada en la orilla, podía mamarme la verga estando yo de pie. Sin decirle nada, tomé su nuca y la empujé hacia mi verga. La chupó relajadamente, mientras empecé a frotar su clítoris, empapándola de nuevo. Me la cogí por la pucha con ahínco, quería dejar mis ansias primero, para estar más tiempo disfrutando de su recto apretando mi verga, con la segunda erección.

    Charlamos por unos minutos después de haber dejado llena su pucha con mi lefa. Cuando me sentí energizado de nuevo, froté su pucha unos segundos, ella notó en mi mirada que era hora que me entregara su deliciosa dona de chocolate. Con la mano hice presión entre sus muslos, como indicándole que los separara más. Bajé mis dedos más allá de su entrada común, comencé a deslizar mis dedos en su salida -que ahora sería una entrada nada común para mi pedazo de carne-. Apenas sentí su esfínter rendirse y darme su calor mi mente cambió, sólo quería dilatar ese culo con mi verga, ¡y lo quería ya! Busqué el lubricante, mientras ella se acomodaba de nuevo en la esquina de la cama; me puse lubricante en todo el chile, que se me puso duro de sentir la suavidad del gel. Me acerqué y le dije que subiera las piernas y se separara las nalgotas que poseía. Sin pudor, sin remilgos lo hizo, le gustaba sentirse una puta, le gustaba enseñarme el culo y dejarlo expuesto para mi verga ansiosa. Apunté mi glande en su culo y empujé sin compasión. Gruñó de dolor, hizo muecas, intentó separarme con la punta de los dedos pero no lo logró, tenía bien sujetadas sus piernas y no pesaba sacar mi verga de ese recto. La vista era perfecta, su esfínter triangular estrangulaba el contorno de mi verga. Como dos piezas de lego. La sensación era deliciosa, las paredes de su intestino no dejaban un espacio suelto a todo lo largo de mi fierro. Poco tiempo se necesitó para que el dolor se retirara y se transformara en placer. Cuando noté las sensaciones que invadían su cerebro comencé a bombearla, despacio, quería extender yo también mi placer.

    Le estaba dando a medio gas cuando entre jadeos dijo: -Aún siento que me cago… ahh… pero sé que no es… Le dije: – Eso que no te preocupe, no me importa si me unto tu mierda, me excita. ¡Eso la prendió aún más! Comenzó a gemir como una puta loca, me pedía más y más, su ano se movía junto con mi verga. El show ya era mucho, tuve un orgasmo de competencia. Mientras llenaba su recto con semen caliente le pregunté: -¿sientes mi leche mi amor? ¿Cómo te llena? Y en un grito de placer me respondió: ¡sí! Si…

    Empujé más mi verga dentro de ella. Quería dejarle la leche lo más dentro posible. Saqué mi verga medio dura, y pude ver cómo salían los mocos blancos de su ano. Ella sólo dejó caer sus piernas, se cubrió la cara con las manos y riendo me dijo: -jajajaja estoy mareada-.

  • El baile de Navidad

    El baile de Navidad

    Este cuento inicia en una fría y nevada noche de diciembre, una semana antes de Navidad, en el pintoresco Pueblo Vaniville de la región Kalos, eran cerca de las 10 de la noche cuando finalmente la nieve dejo de caer y la luz de la luna comenzó a iluminar el pueblo, todos sus habitantes parecían estar completamente dormidos con excepción de una persona.

    Una chica de tez clara, bella cabellera del color de la miel y un par de impresionantes ojos azules que miraba el familiar paisaje nocturno de su pueblo natal desde la ventana de su habitación antes de correr las cortinas y sentarse frente a la laptop que había en su mesa de noche

    Y dicha chica se trataba nada más y nada menos que de Serena, la hermosa y talentosa performer que soñaba con convertirse en la Reina de Kalos y brindarle felicidad a la gente, y que recientemente había decidido volver a su región natal para luchar por la corona una vez más después de haber recorrido varias regiones.

    Después de prender su laptop la chica comenzó a revisar su perfil de Pokevisión, hace algunos días había participado en un Performance y para su grata sorpresa logró ganar su primera llave con una facilidad apabullante, por lo que su bandeja de entrada estaba repleta con los amables saludos y felicitaciones de sus admiradores e incluso con algunos mensajes llenos de propuestas indecorosas, las cuales por supuesto ignoraba por completo.

    Pero en ese momento lo que tenía su total atención eran las diversas invitaciones que le habían hecho para asistir a varias fiestas con motivo de las celebraciones navideñas y que la ponían en un terrible dilema por no saber a cuál asistir.

    Por un lado estaba la invitación que venía de su amigo y compañero de viajes Ash Ketchum, quien la invitaba a Pueblo Paleta para una reunión con sus demás compañeros de viaje, y por el otro estaba la formal invitación que le había hecho Aria para asistir a una exclusiva gala de Performers organizada por Palermo.

    Por experiencia propia Serena sabía que las reuniones con los amigos de Ash eran muy divertidas, ya que a lo largo de sus diferentes viajes y en otras reuniones parecidas había conocido a varios de ellos e incluso había viajado junto a algunas de las anteriores compañeras del chico volviéndose grandes amigas.

    Sin embargo no todo era perfecto, ya que había un pequeño detalle que le molestaba mucho de aquellas reuniones: No importaba lo que ella o las amigas en común que tenía con Ash intentarán, las cuales no sólo estaban al tanto de sus sentimientos por el sino que también intentaban ayudarla siempre que podían para conquistar al atolondrado entrenador, jamás era capaz de conseguir un momento a solas con el chico.

    Usualmente sus planes eran frustrados por la gran cantidad de amigos del muchacho, la cual parecía ir en aumento año con año, y quienes de manera constante se robaban su atención al desafiarlo de diversas maneras que iban desde juegos de mesa hasta batallas pokémon; Y cuando no eran los chicos era el insaciable estómago de su amado que ansiaba devorar el banquete o algún desastre causado por la gran variedad de pokémon del chico de Kanto.

    Y tampoco podía admitir que le agradaba del todo soportar a varios de los chicos después de haber consumido algunas copas de alcohol, ya que el año anterior ella, May, Dawn y Misty tuvieron que esconderse dentro del armario para que unos ebrios Gary, Shota, Stephan y Clemont dejaran de coquetear con ellas.

    Por otro lado le hacía mucha ilusión aceptar la invitación de Aria y pasar un buen rato con la Reina de Kalos y algunas de sus amigas performer, sin embargo la invitación decía que debía llevar a un chico como pareja. Ella sabía de sobra que tanto Ash como Clemont estaban demasiado ocupados para poder acompañarla y si algo de algo estaba segura es que no iba a ser la única que llegará a la fiesta sin un acompañante.

    La chica estaba pensando seriamente en que decisión tomar cuando una tenue alarma le informó que acaba de recibir un nuevo mensaje privado y la saco de sus pensamientos «Espero por Arceus que no sea otra invitación» pensó la chica antes de abrir la notificación y darse cuenta de que era un mensaje de parte de su amigo Tierno.

    Si bien eso la incómodo un poco ya que sabía que el bailarín se había enamorado locamente de ella durante su primer viaje por Kalos, razón por la que tenía que rechazarlo continuamente, pero ya habían pasado varios años desde aquello y en verdad tenia curiosidad de saber que había sido de la vida de su amigo así que decidió darle una oportunidad y abrió el correo.

    – ¡Oh vaya! ¿Pero qué es esto? -se preguntó Serena al ver que el correo de Tierno no tenía ninguna felicitación o alguna de sus clásicas declaraciones de amor, de hecho no había ni una sola palabra en el correo, su único contenido era un archivo multimedia.

    – ¿Qué me habrá enviado? -se preguntó con curiosidad mientras descargaba el archivo e intentó hacer memoria de la última conversación que tuvo con Shauna. Recordó que su amiga le había comentado que después de ayudar al Profesor Sycamore a resolver todo lo referente al incidente con el Team Flare, el chico se había dedicado a componer algunas de las canciones que bailaba en compañía de sus pokémon, las cuales le valieron la reputación de un famoso DJ.

    Una vez que termino la descarga el vídeo este comenzó a reproducirse en pantalla completa, primero una bella tonada comenzó a llenar la habitación haciendo que Serena se perdiera en la música y que sus ojos se fijaran únicamente en la pantalla, la cual seguía en blanco hasta que apareció la imagen de una cajita musical que comenzaba a abrirse.

    Una vez abierta el ritmo de la canción cambio ligeramente, aunque seguía siendo igual de hermosa, y lentamente toda la atención de la chica estaba centrándose en la delicada figura en forma de bailarina que estaba en el centro, una figura que era idéntica a ella.

    En cuanto la chica se percató de ese detalle una extraña sonrisa se dibujó en sus bellas facciones y desde ese momento su mirada no pudo despegarse de los gráciles movimientos de la bailarina: Serena finalmente estaba bajo la influencia de aquella melodía y sin que se diera cuenta un poderoso mensaje subliminal estaba grabándose en lo más profundo de su mente.

    Durante varios minutos la performer continuo cayendo bajo el influjo de aquella canción, reforzando aún más el mensaje que había en ella, hasta que finalmente se detuvo y como si se tratara de un placentero sueño Serena se despertó, la chica estaba algo cansada pero había algo que debía hacer de inmediato, algo que necesitaba con desesperación, así que prendió la cámara de su laptop para comenzar una videollamada.

    – ¡Serena! ¡Qué gran sorpresa es verte de nuevo! ¡Estás más hermosa que nunca! -exclamó un entrenador de complexión robusta, cabello oscuro peinado en tres puntas y que usaba una camiseta negra con el dibujo de un Vanillite azul oscuro, sonriendo mientras trataba de disimular un notorio sonrojo.

    – ¡Hola Tierno, a mi también me da mucho gusto verte! Y muchas gracias por el halago, tú también te ves muy bien -respondió la chica amablemente y con un tenue sonrojo en su rostro -Por cierto, recibí tu linda caja musical ¡Y ha sido lo más lindo que me han dado en mucho tiempo! ¿Cómo podría agradecerte?

    – ¡Me alegro de que te haya gustado, lo hice especialmente para tí! Y no te preocupes por eso Serena, ver tu hermosa sonrisa es pago suficiente para mí -dijo el chico aumentando aún más el rubor de la chica y haciendo que se viera aún más hermosa.

    – Mu-muchas gracias Tierno, eres muy lindo. Pero en verdad me gustaría hacer algo para agradecerte por tu lindo obsequio. No seas tímido ¡Haré lo que me pidas! -exclamo la ruborizada chica con determinación, lo cual hizo sonreír al entrenador bailarín.

    -Bueno… Sí lo pones así creo que si hay algo que podrías hacer… Verás, muy pronto habrá un baile de Navidad en Ciudad Santalune… Y si no te molesta quisiera que fueras como mi pareja -dijo Tierno de forma nerviosa como si temiera una negativa, pero la performer le sonrió con ternura.

    -Tierno… ¡Por supuesto que me encantaría ir como la pareja de un chico tan dulce como tú! -respondió Serena alegremente -¿Y a qué hora es el baile? Necesito verme guapa -dijo guiñándole un ojo a su interlocutor, quien no pudo evitar sonrojarse.

    -Entonces te veré en Nochebuena a las 8 de la noche en la fuente Roselia -dijo el chico a lo que su cita acepto complacida antes de dar un leve bostezo y pedir permiso para ir a dormir, lo cual terminó la conversación.

    «Parece que la fase 1 funcionó mucho mejor de lo que esperé, no tienes ni idea de lo ansioso que estoy para que ya sea Navidad, mi linda muñeca» pensó Tierno con una sonrisa de perversa satisfacción mientras apagaba su computador.

    Desde aquella llamada el tiempo había pasado volando por lo que el día tan esperado por el entrenador bailarín finalmente había llegado. De forma que unos 10 minutos antes de la hora pactada Tierno ya se encontraba en el famosa fuente Roselia, ubicada en el centro de la ciudad y repleta de las muchas parejas que asistirían al baile, a pesar de estar sumamente nervioso el chico estaba seguro de que no le dejarían plantado y justo cuando el reloj de la ciudad marco las 8 en punto el tiempo pareció detenerse en esa plaza cuando una hermosa joven hizo su aparición llamando la atención de todos los presentes.

    Un elegante y ajustado vestido de seda roja se ajustaba a sus impresionantes curvas y a sus pechos para hacerlos lucir sin necesidad de mostrar más de lo necesario, unas medias negras y unas zapatillas rojas de tacón hacían que sus torneadas piernas se vieran aún más largas y deseables de lo que ya eran. Un moño de color rojo adornaba su brillante y sedoso cabello color miel y una muy ligera capa de maquillaje hacia que su rostro se viera mucho más hermoso que de costumbre.

    E ignorando las decenas de miradas que se posaban en ella, de deseo en el caso de los hombres y de envidia en las mujeres, Serena caminó directamente hacia la fuente Roselia, en donde había localizado a la única persona que le interesaba en ese momento, a la que estaba decidida a sorprender a cualquier costo.

    -Hola Tierno, tarde tanto en arreglarme que por un momento creí que no llegaría a tiempo -lo saludo Serena antes de depositar un suave y efímero beso en su mejilla – ¿Y dime qué te parece? ¿Te gusta como me veo? -pregunto mientras se llevaba un dedo a la boca y un ligero sonrojo de pena adornaba su rostro.

    – ¡Me encanta! ¡Serena te ves preciosa! -afirmo el chico haciendo que sus brillantes ojos azules se iluminarán y una sonrisa de absoluta felicidad se dibujara en su rostro, había logrado su objetivo de agradar al chico.

    -Muchas gracias Tierno, eres muy lindo. Y tú también te ves muy guapo -señalo la chica al tomar nota del elegante smoking que usaba Tierno.

    -Muchas gracias Serena, aunque veo que ya se nos está haciendo un poco tarde. Así que si me lo permite, mi bella madeimoselle debemos irnos -pidió el bailarín haciendo una leve reverencia y tomando su mano para besarla.

    -Sera un verdadero placer, mi caballero. Por favor haga el favor de guiarme -pidió antes de tomar el brazo del chico y comenzar a caminar rumbo al parque en donde se celebraría el evento.

    Ambos se detuvieron en la entrada del lugar para admirar la decoración de lugar, notando los diferentes arreglos con motivos navideños situados a lo largo de la que sería la pista de baile y algunos adornos de muérdago situados en los extremos de esta, el ambiente del parque no sólo era hermoso y festivo también tenía un toque romántico. Y al ver que las primeras parejas comenzaban a congregarse en la pista de baile Tierno le extendió su mano a Serena, quien sin necesidad de más palabras y con una gran sonrisa, la aceptó de inmediato.

    En cuanto la música comenzó ambos chicos se tomaron de las manos y una de las manos del bailarín se colocó en la delineada cintura de la performer, fue en ese momento cuando Tierno se dio cuenta de que el vestido de su compañera dejaba su espalda prácticamente al descubierto, lo cual lo hizo sonreír, mientras que la chica correspondió aquel movimiento tomando el brazo de su pareja.

    Para Serena el resto de la velada resultó sumamente encantadora, no podía negar que tenía cierto parecido con la fiesta de baile a la que asistió durante su primer viaje, aunque con la diferencia de que ahora no tenía que lidiar con los torpes y robóticos pasos de Clemont ni con los erráticos movimientos de Ash. En esta ocasión estaba en los expertos brazos de alguien que no sólo amaba bailar tanto como ella y que además era muy bueno haciéndolo, además de sentir como el compás de la música y las manos de Tierno recorriendo suavemente su cintura guiaban sus pasos.

    – ¡Muchas gracias por esta fabulosa noche Tierno! ¡Me la pasé increíble! -exclamo Serena totalmente emocionada una vez que el baile llegó a su final y tomo el brazo de su acompañante para caminar juntos hacia la plaza central -Desearía que pudiéramos seguir bailando, pero ya es muy tarde y tengo que ir a mi hotel o mi mamá se preocupara -dijo con cierta ansiedad al ver que el reloj marcaba las 2 de la mañana.

    -Espera Serena, aún podemos divertirnos mucho más -mascullo Tierno al ver que su pareja planeaba irse, sin saber que aquel baile era sólo la primera parte de su plan y que la auténtica diversión estaba por iniciar, por lo que tomó su mano y la atrajo hacia el -Hoy es Navidad y debemos de disfrutarla, además aún queda bastante noche para poder divertirnos «mi muñeca de cuerda».

    En cuanto Tierno pronunció aquellas palabras los ojos de Serena se agrandaron y se tornaron vacíos y vidriosos mientras que toda expresión desapareció de su rostro, y al mismo tiempo todo pensamiento que hubiera en su mente se desvaneció por completo para ser sustituido por la imagen de ella misma como si fuera la bailarina que giraba en la caja musical que el bailarín le había mandado y le hacía recordar algo muy importante, algo que no debía olvidar.

    «Eres una muñeca de cuerda y quien te dio cuerda es tu único y verdadero Amo… Obedecer a quien te dio cuerda es todo para ti… Tierno fue el que te dio cuerda… Tierno es tu Amo, tu único Amo… Eres el juguete de tu Amo, eres el juguete de Tierno… Eres una muñeca al servicio de tu Amo, al servicio de Tierno… Tu única razón de existir es la complacer y obedecer a tu Amo… Debes obedecer a Tierno sin importar que… Debes hacer feliz a Tierno»

    Mientras Serena se encontraba asintiendo cada una de aquellas indicaciones y aceptándolas como si fueran una verdad absoluta Tierno veía la escena extasiado, el brillante plan que había trazado desde hace tiempo para conquistar a Serena estaba funcionando a la perfección

    «Y con esto inicia la siguiente fase de mi plan, una que voy a disfrutar mucho» pensó el bailarín con malicia antes de dirigirse hacia la chica -Serena ¿Puedes escucharme? -en el instante en que la performer escuchó su voz sacudió un poco su cabeza, saliendo de aquel trance, y su mirada se iluminó mientras su rostro se cubría de un lindo rubor y una auténtica sonrisa, pero lo que de verdad entusiasmo al chico fueron las palabras que dijo a continuación y las cuales nunca olvidaría:

    -Por supuesto, Amo Tierno ¿En qué puedo servirlo?

    – Por ahora acompáñame, mi linda muñeca aún nos falta mucha diversión -indico Tierno mientras le extendía su mano y ella de inmediato la tomó y comenzaron a caminar hacia la casa del chico, la cual estaba vacía ya que los padres del bailarín constantemente estaban de viaje por sus negocios, pero aun así abrió la puerta de su habitación y la hizo entrar en ella.

    -Ya es tiempo de comenzar a disfrutar de esta Nochebuena, mi querida muñeca. Así que déjate dominar por la música y bailemos un poco más ¿Qué te parece? -el chico había dejado a Serena en el centro de la habitación y se había acercado a su laptop para poner algo de música y disimuladamente prender una cámara de vídeo que inmortalizaría todo lo que estaba a punto de suceder, pero a diferencia de las tranquilas y románticas melodías que habían puesto en la plaza, estas eran melodías juveniles que invitaban a bailes mucho más cercanos y sensuales.

    -Me encantaría bailar mucho más, Amo Tierno -respondió la chica con entusiasmo antes de que él se acercará a la abrazará por detrás, al notar ese movimiento Serena ladeó un poco su cabeza para sonreírle a su pareja y darle a entender que estaba de acuerdo y podía comenzar cuando lo deseara.

    Siguiendo el ritmo de la música las manos del bailarín comenzaron a envolver la cintura de la chica, al mismo tiempo ambos doblaron sus rodillas ligeramente y de manera sincronizada empezaron a mover sus caderas al mismo tiempo para balancearse en círculos.

    Las manos del chico comenzaban a subir por el suave abdomen de la performer, quien sonreía de felicidad, y siguiendo el ritmo de la canción hacia que sus caderas y su trasero se movieran en forma de círculos al mismo tiempo que su cuerpo se movía de lado a lado y sus piernas lo hacían suavemente de arriba hacia abajo sin dejar en ningún momento de doblar sus rodillas, dando lugar a un erótico ritmo que su pareja siguió sin ningún problema. Las manos y el pecho de Serena se movían al ritmo de la música, haciendo movimientos giratorios y fluidos, mientras que las manos del chico continuaban con su recorrido hacia arriba hasta llegar finalmente a su destino: los pechos de la performer.

    En cuanto Tierno comenzó a sostener los prominentes pechos de la chica entre sus manos, deleitándose con su tamaño y su suave textura, ella ladeó ligeramente su cabeza para ver el rostro de su Amo y sin necesidad de alguna orden alguna lo beso en los labios. Fue un beso muy corto, dulce y algo torpe, ya que ninguno de los dos tenía mucha experiencia en ese aspecto, pero de forma gradual estos se volvían cada vez más largos y pasionales al mismo que los toqueteos del bailarín se hacía más descarados y ella colocaba su trasero justo encima de la entrepierna del chico sin dejar de moverse en ningún momento.

    Desde que conoció a Serena hace varios años no había pasado una sola noche en que Tierno no soñara con probar el sabor de los carnosos y apetecibles labios de la chica y con poder tocar ese fenomenal cuerpo del modo en que lo deseará, pero como un milagro de Navidad aquello finalmente había dejado de ser un simple sueño para convertirse en una excitante realidad.

    Durante varios minutos ambos amantes continuaron en aquella posición hasta que el ritmo de una nueva y más erótica canción comenzó a inundar la habitación, de forma que las manos del chico finalmente soltaron los pechos de la performer y volvieron a su cintura mientras que ella se volteaba para quedar frente a él.

    Por un breve instante ambos se veían directamente a los ojos, tomando nota del rubor y la excitación que había en el rostro de su pareja, hasta que Serena tomo la iniciativa al poner sus brazos sobre el cuello de Tierno para acercarse y besarlo nuevamente lo cual el aprovechó para bajar sus manos y tocar con total descaro el desarrollado trasero de la chica.

    -No sólo tus pechos y tus labios son increíbles, mi linda muñeca, también tu trasero lo es -dijo el entrenador bailarín, en cuanto sus labios y los de Serena se vieron obligados a separarse para recuperar el aliento, remarcando cada una de sus palabras con algún pellizco o cariñosa nalgada.

    -Estoy muy feliz de que el cuerpo de su muñeca sea de su agrado, Amo Tierno -dijo ella con dulzura mientras sus manos recorrían el pecho del chico, de arriba hacia abajo, antes de voltearse y hacer un movimiento que dejo al chico sin palabras.

    -Por favor continúe jugando con mi trasero, mi Amo -pidió la performer después de agacharse y apoyar sus manos en el suelo poniendo sus nalgas, aún cubiertas por su vestido, frente a la entrepierna del chico.

    -Si lo pones de esa manera no puede decirte que no -afirmo Tierno con una sonrisa pervertida mientras tocaba el trasero de la chica con el mayor morbo y descaro posible -Además así podré saber si en verdad cumpliste la orden que te di ayer -dijo recordando que hace 2 días había llamado a Serena para asegurarse de que la chica no hubiera olvidado su cita y aprovechando la oportunidad decidió añadir un bello detalle que sin duda haría su momento de gloria aún más majestuoso: Serena tenía que usar lencería.

    -Por supuesto que lo hice Amo Tierno, mi única razón de existir es obedecerlo y hacerlo feliz -respondió ella con una sonrisa de satisfacción al sentir como el bailarín estaba levantando su vestido, acariciando sus piernas en el proceso, antes de detenerse lo cual sorprendió mucho a la performer

    -Tranquila muñeca, simplemente creo que lo mejor es que tú seas quién lo haga ¡Serena quiero que te quites tu bonito vestido para mí de manera sensual y al ritmo de la música! -ordeno el chico antes sentarse en el borde de su cama con el fin de presenciar el espectáculo con la mayor comodidad.

    -Si, mi Amo. Lo que tú órdenes -respondió la chica con una sonrisa provocativa al momento de incorporarse mientras movía sus caderas de manera sensual y llevando sus manos hacia sus hombros para comenzar a bajar los tirantes de su vestido mientras le dedicaba al chico una mirada llena de lujuria.

    Con gran parsimonia la parte superior de su vestido comenzó a caer para revelar sus bellos pechos apenas cubiertos por un insinuante sujetador de media copa, del mismo color que sus ojos, mientras los frotaba con sus manos de forma coqueta antes de comenzar a acariciar su vientre y bajar hasta su cintura para desprenderse totalmente de la prenda.

    Una vez que el elegante vestido cayó al suelo Serena decidió darse la vuelta y se agachó para mostrarle a su Tierno sus tiernos muslos y sus bien formadas nalgas apenas cubiertas por la diminuta tanga, a juego con su sostén, que usaba y se levantó para deleitar a su dueño con su figura. Moviendo suavemente su cintura al ritmo de la música y acariciándose con pasión al compás de cada nota.

    -Es suficiente mi muñeca ¡Por fin llegó la hora de comenzar con la verdadera fiesta y de que te entregues por completo a tu Amo! -declaro el bailarín con una mezcla de alegría y excitación mientras la performer obedientemente se le acerco con sugerentes movimientos de caderas, pasando sus manos sobre sus esplendorosas curvas y acariciándose, mirando fijamente a los ojos de su Amo y adivinando lo que pasaba por su mente en aquellos momentos.

    Lo único que Serena necesitaba entender en ese momento era que tenía que seducir a Tierno, ella necesitaba seducir a su Amo de cualquier forma que estuviera a su alcance y estaba dispuesta a hacer todo lo que él le pidiera para lograrlo. Esa era su obligación y también su único deseo: Deseaba a Tierno y quería desesperadamente tener sexo con él.

    De forma que en lugar de acostarse en la cama decidió tumbarse encima del chico, de forma que el pudiera acariciarla plenamente y del modo en que deseara, mientras ella hacia lo mismo para deshacerse de la ropa que aún se aferraba al cuerpo de su único Amo.

    Mientras que para Tierno todo aquello era una sensación increíble. El por fin sentir el calor y la suavidad de la piel de la mujer que siempre deseo, y aún más sabiendo que ella estaba totalmente bajo su control y dispuesta a satisfacer todas y cada una de sus fantasías, mientras ella se encargaba de arrojar su camisa lejos.

    Cuando las manos de la performer bajaron a su entrepierna para desabrochar su pantalón el bailarín pudo sentir como su pene alcanzaba un tamaño que jamás había tenido antes y ella también lo notó. De forma que tras por fin deshacerse del pantalón y los bóxer del chico logró liberar su erecto miembro, quedando momentáneamente impresionada por su tamaño, así que suavemente lo tomó con su mano y por el influjo de la erótica música que inundaba la habitación y el mensaje subliminal que seguía dominando su mente comenzó a masturbarlo. El único pensamiento claro en la mente de la performer era que el placer de su Amo era su propio placer

    Algunos minutos después el chico decidió que era momento de probar otra cosa, así que suavemente la empujó por los hombros hasta que su cabeza estuvo a la altura de su erecto pene, de forma que Serena lo miró a los ojos y de inmediato comprendió cual era el nuevo deseo de su Amo, así que a pesar de no haber hecho nada parecido en su vida, comenzó a lamer la punta con timidez.

    Para Tierno el primer contacto de la lengua de su esclava con su glande fue simplemente espectacular, era notorio que Serena no tenía ninguna experiencia para ello sin embargo el incontrolable deseo que tenía por complacerlo hacia que ella deseara aprender lo más pronto posible.

    – ¡De verdad tienes talento para esto Serena! ¡Me cuesta creer que es tu primera vez haciendo una mamada! -exclamo el bailarín mientras la cabeza de ella realizaba cuantiosos movimientos alrededor de su pene, por lo que para recompensar su esfuerzo decidió sostener los pechos de la performer entre sus manos, disfrutando de sentir la calidez de aquellas perfectas esferas de carne junto con el tacto del encaje de su sujetador, antes de liberar uno de sus pechos y acariciar su ya erecto pezón con una mano, mientras con la otra tocaba y estrujaba su pecho aún cubierto por el sujetador.

    De vez cuando en cuando el chico dejaba que alguna de sus manos dejará sus pechos para recorrer sus piernas, aún cubiertas por sus medias de seda negra, o para manosear sin ningún descaro su hermoso y apenas cubierto culo. Pero lo que más sorprendía a Tierno era que cuando Serena notaba su mano sobre sus nalgas ella las levantaba lo más que podía para facilitar sus caricias, aunque sin dejar en ningún momento de succionar su miembro.

    – ¡Se-serena… es… ho-hora de… tu leche! ¡Asi… que… to-tómala toda! -indico Tierno entre gemidos al llegar a su primer orgasmo de la noche y soltando una enorme cantidad de semen caliente dentro de la boca de la performer, que instintivamente abría aún más su boca para acumular la mayor cantidad posible de semen en su boca antes de tragarlo.

    – ¡Eso estuvo delicioso, Amo Tierno! ¡Deseo más de su sabroso semen, por favor! -suplicó la hipnotizada chica mientras sacaba su lengua para lamer sus labios y limpiar los restos que no pudo tragar y que quedaron alrededor de su rostro, dando como resultado una erótica postal.

    -Muy bien preciosa, si tanto lo deseas te daré más de mi semen -en el instante en que Tierno dijo eso el rostro de la performer se iluminó y sin tardanza abrió nuevamente su boca -Pero en esta ocasión lo haré en un lugar diferente -dijo mientras se acercaba a ella y la besó con ternura y pasión.

    Y ella no tardó en corresponderle con la misma intensidad, mientras sus lenguas bailaban frenéticamente dentro de la boca del otro, las manos de la chica acariciaban con delicadeza el pene y testículos de su Amo, los cuales habían vuelto a su tamaño natural, con la intención de estimularlo y que alcanzará su máximo una vez, pero el tampoco perdía el tiempo ya que estaba quitando la diminuta prenda que protegía su intimidad.

    -Amo… Tierno… Yo… Yo soy virgen -anuncio la chica cuando sus labios se vieron obligados a separarse para recuperar el aliento, su rostro reflejaba una mezcla de excitación y timidez que la hacían lucir preciosa, pero en su mirada podía notarse un poco de ansiedad.

    Ella sabía muy bien que era una muñeca de cuerda, un juguete al servicio de su Amo y que obedecerlo era su única preocupación, pero al mismo tiempo una débil voz en lo más profundo de su cabeza le pedía que se detuviera, estaba dudando en sí entregarle su virginidad a su Amo o al chico que aún amaba cuando un movimiento de Tierno la sobrepasó.

    Al notar la leve confusión que había en el mirar de la performer él se dio cuenta de que una parte de ella aún se negaba a ser dominada y luchaba por ser libre, pero no iba a permitirlo, durante años había soñado con ese preciso momento y ahora que estaba tan cerca de lograrlo no iba a permitir que nada lo arruinara así que sus manos comenzaron a acariciar suavemente la zona intima de la chica.

    Sus dedos recorrían los labios de la chica con la mayor delicadeza posible, siguiendo sus delicados contornos hasta encontrar lo que buscaba: El clítoris de Serena. El cual comenzó a rodear con sus dedos y apretarlo ligeramente para hacer excitar a su pareja e intentar que el deseo y el placer se encargarán de doblegar su voluntad. Era cierto que no era ningún experto, ya que él también era virgen, pero hacia todo lo posible para hacerlo bien y parecía que su plan estaba funcionando ya que el coño de su muñeca se sentía cada vez más y más húmedo.

    -Es la hora de que finalmente seas mía, Serena -dijo el bailarín tomando la iniciativa y poniendo a la excitada performer en posición horizontal antes de colocarse encima de ella y con mirada lujuriosa introdujo su pene dentro de la virgen vagina. Debido a la excitación que ambos sentían así como al creciente flujo de líquidos que procedían del coño de la chica, el himen de esta no tardó mucho en romperse.

    En cuanto esa barrera desapareció para siempre Serena emitió un pequeño grito de dolor, pero Tierno rápidamente la besó con pasión y comenzó a manosear sus pechos con la intención de tranquilizarla y darle un breve respiro antes de empezar a copular.

    Una vez que dolor desapareció la chica fue poseída por la lujuria y empezó a corresponder las acciones de su Amo con la misma intensidad haciendo que el placer que ambos sentían fuera deliciosamente intenso. La chica ya no se resistía ni un poco, sino todo lo contrario, ya ella se movía sin parar buscando la forma en que tanto ella como su dueño pudieran sentir más placer.

    -Con-continúe… Ahhh… Amo Tierno… ¡Si-siga… Ahhh… fo-follandome, po-por favor! ¡Más… Ahhh… rico… más… Ahhh… duro! -suplico la performer entre gemidos de placer y eso excitaba mucho a Tierno, quien comenzó a besar su cuello y sus tetas con gran pasión al mismo tiempo que aumentaba la velocidad y fuerza de sus embestidas.

    Serena era la chica con la que siempre había soñado y ahora era suya, completamente suya. La hermosa, tierna y elegante Serena, la chica que muchos le dijeron que era inalcanzable para alguien como el, ahora estaba siendo penetrada por él, acababa de tomar su preciada virginidad y ella no sólo lo estaba disfrutando sino que también le suplicaba por más

    – ¡ME-ME CORRO… AHHH… SERENA! ¡LO- LO HARÉ… AHHH… DENTRO! ¡ME… CORRERÉ… DENTRO.. DE TI! -exclamo el chico después de varios y placenteros minutos al sentir que ya no podía contenerse más y estando a punto de llegar al orgasmo más placentero de su vida.

    – ¡YO… TAMBIÉN… AHHH… ME CORRO… AMO! ¡PO-POR… FAVOR… HA-HÁGALO… AMO TIERNO! ¡LLENÉ… El… AHHH… COÑO… DE SU… Ahhh… MUÑECA CON… AHHH… SU… SEMEN! -suplico la performer, dominada por el placer y la lujuria, mientras que el descargaba todo su placer en el húmedo interior de su pareja tal y como ella lo pidió.

    Cuando Tierno finalmente saco su pene del interior de Serena se percató de como su semen salía en abundancia de su coño, aunque eso no le extrañaba del todo, había esperado tanto por ese glorioso momento que al parecer sus descargas sobre Serena fueron mucho más abundantes de lo que eran cuando se masturbaba pensando en ella, pero la chica también había producido grandes cantidades de jugos vaginales por lo que las sábanas de Tierno estaban impregnada de fluidos sexuales mezclados y unas gotitas de sangre.

    Pero por esa noche había sido suficiente, debido al baile en la plaza y a todo lo ocurrido en la habitación ambos estaban cansados y llenos de sudor, por lo que se miraron de manera cómplice y tras sonreírse, se besaron por última vez en aquella velada y se quedaron dormidos.

    Tomar la virginidad de Serena sin duda fue el mejor regalo de Navidad que Tierno pudo haber recibido, pero lo que más ilusionada al bailarín era que está escena se repetiría tantas veces como él lo deseara ahora que la performer era su obediente muñeca sexual. Aquella Navidad no era el final de una fantasía sino el comienzo de una nueva y divertida realidad y con ese alegre pensamiento en su mente el chico cayó profundamente dormido a lado la mujer que siempre deseó.

    Ciudad Santalune. Un año después…

    Faltaban unos cuantos minutos para que las manecillas del reloj marcarán la medianoche y todo mundo estaba dentro de sus casas para celebrar las fiestas en el cálido interior de sus hogares, muchas personas aún disfrutaban del banquete o hacían el tradicional brindis navideño, pero en el interior de una de las casas todo era diferente.

    En el interior de una habitación Serena, la actual Reina de Kalos, estaba usando un ajustado y diminuto corsé de color rojo con adornos de peluche blanco en el borde inferior y en el escote que resaltaba sus considerables pechos y su fina cintura. Una diminuta tanga roja y un juego de guantes y medias, a juego con el corsé, completaban el sensual atuendo.

    Pero lo más impresionante era que la performer estaba arrodillada en el suelo sosteniendo un erecto y gordo pene con sus manos antes de introducirlo en su boca y comenzar a lamerlo con absoluta veneración. Por la expresión que había en el rostro de la chica saltaba a la vista que ya tenía algo de experiencia en ese aspecto y que al parecer disfrutaba mucho de ese sabor, lo cual no podía tener más encantado al afortunado chico que recibía ese tratamiento de ensueño.

    -Lo haces muy bien cariño, es asombroso que con las pocas veces que lo hemos hecho ya seas tan buena -dijo Tierno con petulancia mientras tomaba la cabeza de la joven y lentamente comenzó a empujarla para que su miembro pudiera entrar aún más adentro de su boca, lo cual ella aceptó con una linda y pervertida sonrisa, mientras el recordaba todas sus experiencias sexuales con la performer.

    Después de haber tomado la virginidad de la hermosa performer en la Navidad pasada él no había dudado en aprovechar la más mínima oportunidad para ponerla nuevamente bajo su control, de forma que en más de una ocasión sus videollamadas con Serena terminaban con la chica modelando provocativos conjuntos de lencería, realizando sensuales stripteases o masturbándose alegremente para él. Eso sin olvidar la fabulosa ocasión en la que poseyó sin misericordia el delicioso y estrecho ano de la chica para celebrar su coronación como la nueva Reina de Kalos.

    -Muchas gracias mi Amo, me alegro que sea de su agrado -respondió la chica con dulzura para sacarlo del mundo de los recuerdos antes de continuar con su labor mientras que en su mente no paraban de repetirse las palabras que habían cambiado el sentido de su vida.

    «Ella era una muñeca de cuerda y Tierno era su Amo, ella era su juguete y debía obedecerlo sin importar que, ella solo deseaba obedecer y hacer feliz a su Amo… Era una muñeca de cuerda, un juguete de su Amo… ¿Un juguete? Ella no era un juguete ¡Ella era Serena, la Reina de Kalos!»

    Por primera vez en el todo el tiempo que Serena había sido controlada por Tierno ella estaba consciente de lo que estaba haciendo y de todo lo que el chico que alguna vez creyó su amigo le había obligado a hacer, la ira y la humillación que sentía la obligaron a hacer lo primero que se le ocurrió para desquitarse.

    Todo el placer que Tierno había sentido hasta ese momento fue sustituido por el agonizante dolor de la fuerte mordida que Serena le acababa de dar a su pene y de inmediato comprendió que la chica ya no estaba bajo su control.

    -Se-serena, yo… -el chico trato torpemente de disculparse cuando la chica se puso de pie, pero ella ni siquiera lo escuchaba ya que toda su atención estaba puesta en su pene, el pene que ella acababa de morder, y el que ahora que podía recordar le había dado los momentos más placenteros y divertidos de su vida.

    Aquella experiencia le abrió los ojos y le hizo comprender que había un sin número de hombres que al igual que el bailarín harían lo que fuera para poseer su cuerpo, y ella no dudaba que si se lo proponía sería capaz de encontrar una polla mucho mejor y más grande que la de Tierno para satisfacer sus deseos carnales. Pero el sabor, olor y la forma de aquel erecto miembro estaban profundamente grabados en su subconsciente, todo lo que ella conocía sobre el placer estaba relacionado con aquella polla y sabía muy en el fondo que por más que lo intentará no sería capaz de vivir sin ella.

    Así que mientras el chico continuaba balbuceando disculpas que no le interesaban en lo más mínimo ella extendió su mano para acariciar con cariño su pene, intentando reparar de alguna forma el daño que le había causado, y para callar al bailarín decidió sellar sus labios con un lujurioso beso.

    -Se-serena -balbuceo el chico atónito por lo que acababa de pasar, hace un momento la performer lo miraba con odio y ahora lo besaba sin dejar de tomar su pene, no entendía en lo más mínimo lo que sucedía y cuando se dispuso a preguntar ella puso un dedo de su mano libre para silenciarlo.

    -Eso ya no importa Tierno. Lo hecho echo está y no hay vuelta atrás -menciono la Reina de Kalos con una expresión de seriedad que el chico no era capaz de leer hasta que está se transformó en una dulce sonrisa.

    -Tal vez no el método que usaste no fue el más ético, pero no hay duda de que lograste tu objetivo y siendo honesta en verdad lo disfrute, lo disfrute mucho -menciono ella con un aire casual que confundió aún más al bailarín antes de darle un lujurioso beso francés.

    -A pesar de todo me hiciste sentir el cielo y experimentar un placer que jamás pensé que pudiera ser real -dijo esas palabras de forma tímida, como si estuviera considerando algo, antes de contestar

    -Por eso creo que la única forma que tengo para agradecerte es la de cumplir tu deseo. Yo… ¡Yo seré tu juguete! ¡Seré tu muñeca de cuerda y mi único propósito será el de obedecerte y hacerte feliz! -exclamo Serena con una auténtica sonrisa de felicidad que hizo que el chico sonriera de inmediato e intentará acercarse, pero ella lo detuvo en seco.

    -No tan rápido, ya que tengo algunas condiciones: La primera es que a cambio de ser «tu muñeca» quiero ser la única que tenga tu pene, no estoy dispuesta a compartirlo con nadie más, así que si tienes a algunas otras muñecas más tendrás que dejarlas -exigió ella de modo serio pero sin dejar de sonreír.

    Era obvio pensar que con aquella tonada el podía tomar a cualquier chica que deseará, pero eso era algo que nunca se le ocurrió por la sencilla razón de que Serena era la única mujer a la que deseaba y su respuesta era obvia.

    -Como ahora entiendo porque he gastado tanto dinero en lencería, a partir de hoy tú serás el encargado de comprar todos los accesorios que «tu muñeca» necesite para complacerte y también quiero que tengamos un hogar propio en donde pueda servirte sin que nadie nos moleste. Esas son mis condiciones, así que tú decides.

    -Acepto tus condiciones, mi linda muñeca -respondió alegremente y lleno de expectativas sobre lo que podía suceder de ahora en adelante.

    -Esa fue una sabía decisión, Amo Tierno -dijo ella con una mezcla de alegría, ternura y lujuria mientras hacía a un lado su tanga para dejar expuesta su zona íntima y colocarla frente al pene del chico.

    – ¡ASÍ QUE POR FAVOR DEME SU PENE, AMO TIERNO! ¡FOLLE A SU MUÑECA DE CUERDA! -imploro la Reina de Kalos del modo más lujurioso que Tierno jamás había soñado lo cual fue suficiente para sonreír y unir sus labios con los de Serena una vez más, mientras su miembro penetraba el rincón más íntimo de la joven, un lugar que le pertenecía y le pertenecería sólo a él para siempre.

    La perseverancia y el deseo que Tierno había sentido por Serena durante tantos años por fin era recompensado: La chica que más amaba y deseaba finalmente era toda suya por su propia voluntad y ese sin duda fue el mejor regalo de Navidad que jamás pudo haber recibido.

    ¿Fin?