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  • Aurora, su hijo y yo

    Aurora, su hijo y yo

    Aurora una señora recatada de 42 años, ella es arquitecta y esposa de Alberto un médico. Ambos viven en una zona residencial de casas que sin ser lujosas eran de buen ver para gente de clase media alta. Ella es mamá de dos hijos: Daniel de 20 que va al instituto y Matías de 12 en edad escolar.

    Si bien la edad se ha llevado su delgadez juvenil, a su edad tiene una figura bien conservada, poseedora de unas anchas caderas que le dan unas curvas perfectas para sus nalgas macizas y carnosos muslos que están para comérselos. Su simpático rostro de porte aristócrata le da un matiz de mujer seria y decente.

    Todo empezó una nublada mañana de invierno, era un martes cuando su hijo olvidó pagar la cuenta de internet. Aurora necesitaba verificar un pago de su cliente para ir de compras, y al no poder regañó a su hijo y éste para reducir la molestia de su mamá decide llevarla a un cibercafé.

    Mientras buscaban, cruzaron la zona residencial donde ellos vivían y entraron a un suburbio que estaba al frente donde vivían.

    A Aurora le parecía extraño el lugar pues nunca había estado allí puesto que siempre veía desde fuera esas casas pobres desde su auto mientras conducía al centro de la ciudad.

    Ambos caminaban en eso Daniel le señala una casucha que decía Cibercafé, en ese entonces yo me encargaba de ese negocio de mi padre y me encantaba atender sobre todo a mujeres como Aurora.

    ¡El cibercafé estaba medio vacío, era un lugar que más servía para videojuegos, allí había 5 chicos que estaban jugando y cuando vieron a Aurora se quedaron petrificados, nunca habían visto una señora alta y de buen porte entrar a un lugar como ese!

    Ella al ver los rostros de deseo ignoró a los chicos, ¡mientras caminaba los chicos la devoraban con la mirada!

    L: Buen día mi reina, ¿qué se le ofrece por aquí?

    A: ¡Eh queremos una cabina para mi hijo y yo!

    L: ¡Con gusto pase mi reina pase por aquí!

    A: ¡Gracias!

    A Daniel no le gustaba como miraban a su madre y en especial yo que desde un inicio intente chulearla.

    Estuvieron un rato en el lugar y después cuando se iban, Daniel volteó disimuladamente y me vio mirando con malicia las nalgas de su mamá.

    A Daniel le provocó ira, pero por alguna extraña razón sintió una deliciosa comezón en el estómago y dejó que su mamá volviera un par de veces más a ese lugar.

    Un día por casualidad tomó el celular que su madre que había olvidado en su sofá y mientras lo revisaba encontró un chat donde estaba yo chuleándola, pero en el último mensaje le dio una sorpresa:

    A: «Mira Mofo, eres un chico muy majo, ¿pero creo que debes buscar chicas de tu edad y no insistir en salir conmigo vale!»

    L: «Pero señora no es nada malo decir que usted es muy hermosa verdad?»

    A: «Para nada, mejor dejemos esto aquí ¿sí?»

    L: «Bueno señora, no perdería nada con invitarme a tomar un café»

    A: «Jijiji que gracioso eres muchachito… vale puede ser… te aviso chao»

    Daniel estaba muy molesto, puesto que era muy celoso con su mamá, pero a la vez sentía la comezón de aquella vez, y decidió un plan.

    Simuló que su pc se había malogrado le dijo a su madre que lo llevaría al ciber para que lo arreglara, acepte de buen gusto el trabajo para así frecuentar más seguido la casa de Aurora.

    Así un día mientras caminaba hacia el paradero para ir a su instituto se cruzó en el camino conmigo, por alguna razón decidió no ir y de regreso fue al ciber, al entrar vio un par de mocosos jugando, al notar que no estaba les preguntó y ellos le dijeron que les había encargado un rato que iba demorar.

    El decidió esperar y se sentó en la PC donde siempre se sentaba, al estar sentado se sorprendió que dejara mi PC abierta y vio una miniatura de video, lo que llamo su atención, fue en esa miniatura que tenía como fondo la sala de su casa, ¡la maximizó y vio en el video a su mamá en lencería y a un costado mi rostro que la espiaba desde su cuarto con una webcam!

    Mientras tanto en la casa, ¡me puse de pie para ir caminando hacia ella con mi verga al aire y acercándome por detrás me arrodille y le plante sonoros besos en sus nalgas duras y grandes!

    Mientras Aurora agachada terminaba de ajustar los portaligas en sus pantimedias, le hundí la cara en medio de sus carnosas nalgas, luego me pare y le arrime la verga entre sus cachetes provocando un sobresalto en ella mientras le decía cosas asquerosas al oído, les besaba el cuello y la nuca a mordiscos.

    L: ¡Esta buenísima señora!

    A: ¡Agh, eres un guarro!

    L: Que nalgotas y que piernas, ¡a todos le paras la verga!

    A: Basta, ¡acabemos con esto de una vez!

    ¡Después de un rato de arrimones con su verga en las nalgonas la mamá se dio vuelta y se incoó para llevar a la boca mis juveniles 21 cm!

    La chupaba magnifico, era una maestra en el arte oral, yo gemía del placer que las chupadas me generaban, ¡sabía que alguien nos miraría en la ventanilla de mi PC lo que no sabía es que era Daniel!

    La acosté sobre el sofá y levantando sus piernas la penetré lentamente, ¡mientras le mordía las tetas y el cuello!

    A: ¡Agh, apúrate, nos pueden descubrir!

    L: No me importa, ¡siempre quise cogerme a una de esta colonia!

    A: ¡Basta, no seas guarro!

    L: Disfruta mi verga señora, ¡imagina que rico seria que me encontraran ensartándote!

    Mientras me la cogía rico, del otro lado del monitor Daniel sudando y acariciando su verga, miraba lo puta que era su mama, ¡esa señora a la cual siempre escucho blasfemar de las mujeres de mi colonia, ahora estaba cabalgándome riquísimo!

    Sabía que era Daniel quien nos miraba por mi PC, mientras su mamá empinada movía rico su cuerpo, él se masturbaba degeneradamente a escondidas en mi local y no lo culpo su mama era una señora madura y riquísima además era una bomba sexual, ¡los pensamientos de incesto que tenía Daniel, estaban justificados y yo le ayudaba mostrando lo rico que era tener a su mama encima!

    L: ¡Muévete perra, que rico coges!

    A: ¡Ah, que rico, más dame más!

    L: ¡Seguro que tu marido no te coge rico!

    A: ¡Métemela, métemela!

    La penetré lentamente por el culo mi verga era grande para su apretado ojete, ¡comencé a embestirla suave para luego comenzar con el mete saca cada vez más rápido dándole brutales embestidas que hacen temblar los cachetes de sus nalgas!

    L: ¿Le gusta cómo le rompo el culo señora?

    A ¡aaagggyyy! ¡No tan duro por favor, despacio!!!

    L: ¿Te gusta zorra? ¿Te gusta cómo te rompo el culo?

    A: ¡Me encanta!! ¡¿Te morías por esto no pendejo?!!?

    L: ¡Desde que te vi chiquita!

    ¡Se escuchaba el ¡pop! de las estocadas que le daba contra el hermoso culo de la mama de Daniel, quien seguía mirando y ya se había corrido, ¡el muy degenerado disfrutaba por webcam como su mamá era mi puta!

    A: ¡Más papi, dame más!

    L: ¡Que culazo, esta no será la única vez perra, te cogeré cada que quiera, a partir de hoy eres mi perra!

    La señora apretaba riquísimo, su culo me daba un gran placer, ella comenzó avenirse riquísimo, sus líquidos salpicaban todo, yo los tomaba con mis dedos y hacia que me los chupara, ¡esa acción hizo que por la webcam Daniel se corriera nuevamente!

    ¡De pronto tomo fuerte el culazo de Aurora y en un movimiento frenético empecé a dar las últimas estocadas mientras bramaba y estrujaba las nalgas de la hermosa Aurora!

    L: ¡Toma leche señora puta!! ¡Siente como te lleno el culo de leche!!

    A: ¡Agg, si!!!

    L. Que rico, dios mío!

    A: ¡Ay papi, que rico me cogiste!

    Luego de reposar el rico orgasmo, tomé mi ropa y empecé a vestirme, Aurora no hablaba ni decía nada, solo respiraba agitada y tenía los ojos cerrados.

    Me acerque a la webcam y la apague para luego salir de la casa, en el camino me cruce con Daniel quien no me miro, pero lo notaba tenso y nervioso, la verdad me dio igual al llegar vi mi PC con la webcam maximizada y un chico me comento que Daniel estaba ahí mirando sospechoso, yo solo sonreí, ¡al final él fue quien miro como su mamá era mi puta, lo cual me causo más satisfacción!

    Aurora y yo cogimos unas veces más, siempre en su casa y siempre con la cámara encendida, de alguna forma lograba que Daniel mirara como me cogía a su mama, ¡mientras e satisfacía sus deseos incestuosos!

    Este relato va dedicado para mi amigo MAX LASSE, quien me dio unas ideas para el relato le mando un fuerte abrazo y Lety un beso.

  • El sobrino

    El sobrino

    Mario yo estábamos de vacaciones y fuimos unos cuantos días al chalet de su hermana mayor, que se había marchado de viaje y que nos pidieron ir a pasar unos días por aquello de regar el jardín, y bueno, aprovechar la piscina.

    Llegamos para el fin de semana, y nada más llegar lo pasamos de lo más entretenido, entre la piscina y la barbacoa, la verdad que estábamos de lo más animados, por no decir también, que andábamos desnudos todo el día, le cogimos el gusto a lo bañarnos desnudos en la piscina.

    Pues llegó un buen día, creo que el domingo, y allí que se presentó su sobrino para pasar noche ya que luego por la mañana salía de viaje con unos amigos a la playa.

    Nos pusimos a cenar, ya eran cerca de las 11, nos cenamos unas pizzas congeladas y al poco, nos acostamos. Nosotros estábamos en la habitación de su hermana y cuñado, la habitación más grande y lujosa, tiene baño propio hasta con jacuzzi y la terraza que comunica al resto de habitaciones.

    Antes de acostarnos, nos metimos en la bañera, enorme, y pusimos el jacuzzi, que ya era una tradición, todas las noches nos lo podíamos. Y claro, todas las noches acabábamos follando como locos, pero esa noche, al estar su sobrino, nos cortamos.

    Estábamos en el agua, y bueno, Mario comenzó a manosearme, a tocarme los pechos. Yo, muy sensual, le correspondí, acariciando por encima de sus muslos, pasando la mano por la ingle hasta llegar a su miembro duro para agarrarlo y sentirlo entre mis manos.

    Él comenzó a acariciar mi coño, a pasar los dedos por los labios, buscando el clítoris, hasta que enseguida lo encontró, comenzó a dar vueltas con un dedo mientras me metía otro.

    Me puse en pie y me senté encima, me metí su polla hasta lo más hondo de mis entrañas, mirándonos a los ojos, nos quedamos de tal manera que yo podía ver la puerta del baño, que estaba totalmente abierta, que daba justo a las vistas de la terraza y me sentí en la gloria, siendo penetrada por mi chico observando una maravillosa noche estrellada.

    Estábamos dándolo todo cuando vi algo, si, era el sobrino, estaba en la terraza agazapado y mirando, me quedé observando, a ver que hacía. Mientras, Mario se quitó de encima, se puso de pie y me ofreció su polla para que la chupase, me la puso delante a escasos centímetros, y no dudé en meterla en la boca, me la tragué y mientras la devoraba, vi como de nuevo el sobrino cambiaba de postura, quería ver mejor, pero esa vez le vi como no llevaba nada en la parte de abajo, se estaba masturbando mientras nos observaba.

    La verdad, es que aquello me excitó mucho, seguí chupándola mientras veía como aquí el sobrino se hacía una paja mirando, seguí hasta que Mario se corrió, dejé que soltase toda su leche sobre mí, calló por mi cara, goteando en las tetas. Al sobrino de Mario le estaba dando un gran espectáculo.

    Vi como el muchacho, cuando estaba a punto de correrse, se quitaba un calcetín para soltar la corrida ahí dentro, y mientras seguía corriéndose, en ese momento, que me caía el semen de Mario por mis tetas, hubo un momento que él y yo nos cruzamos la mirada, le vi y me vio. Me sonrió y le guiñe un ojo.

    Seguí chupándole a Mario, mientras él terminaba de limpiarse, con la polla de Mario entre mis labios, ya un poco flácida, observé como el chico se retiraba y con descaro me tiraba un beso.

    Al poco salíos del agua, nos secamos y no tumbamos en la cama, en silencio y muy agarrados hasta quedamos dormidos.

  • La fiesta privada de Santa

    La fiesta privada de Santa

    Este cuento comienza en una clara y fría noche de diciembre en Ciudad Verde de la región Kanto, pero esta no se trataba de una noche ordinaria sino que era Nochebuena.

    Mientras tanto la Oficial Jenny se encontraba haciendo su última ronda en las desiertas calles de la ciudad, ya que todo mundo estaba celebrando las fiestas en el cálido interior de sus hogares. De haberlo deseado la bella mujer bien pudo ahorrarse ese trámite y salir mucho más temprano, y nadie se hubiera percatado de su ausencia, pero su fuerte sentido de la responsabilidad se lo impedía de forma que decidió seguir patrullando hasta el final de su turno.

    – ¡Ya era hora! ¡Soy libre al fin! -suspiro la oficial aliviada en cuanto su reloj de bolsillo marcó las 10 en punto, oficialmente era el final de su turno, así que sin perder tiempo entró a la comisaría para registrar su hora de salida y tras despedirse del encargado del siguiente turno salió del lugar.

    Desde hace varios años ella y su íntima amiga Joy, la enfermera pokémon de la ciudad, solían realizar un pequeño festejo en estas fechas alternando sus lugares de trabajo para estas y en esta ocasión el lugar de la fiesta sería el Centro Pokémon «Ya voy retrasada, espero que Joy no se moleste» pensó con un poco de premura y aceleró el paso para llegar a su destino lo más pronto posible.

    Pero al dar vuelta en la principal avenida de la ciudad se percató de que frente al escaparate de una juguetería había un sujeto muy extraño, estaba vestido con un curioso traje de gala de color rojo con blanco, y estaba acompañado por un Delibird y una Jynx.

    -Discúlpeme caballero ¿Pero podría decirme que está haciendo afuera a estas horas de la noche? ¿Acaso se encuentra perdido? -preguntó la oficial al acercarse al extraño grupo, a ella no le gustaba desconfiar de los ciudadanos, pero tanto la apariencia como el comportamiento de aquellos individuos era bastante sospechosa como para pasarlo por alto.

    -Señor, le estoy hablando… -dijo la hermosa oficial al tocar el hombro del desconocido, quien hasta el momento parecía no haberla escuchado, pero en cuanto esté volteó a verla saco una especie de cascabel lleno de luces navideñas de su bolsillo y empezó a oscilarlo a la altura de sus ojos.

    -Se-señor ¿Qué es lo que pretende hacer? -preguntó Jenny con intriga y una pizca de miedo, pero por más que lo intentará ya no podía apartar su mirada del oscilante péndulo frente a ella y centrar toda su atención en su movimiento.

    Cada vez que el cascabel llegaba a un extremo la mente de Jenny se vaciaba más y más, mientras que el sonido de unas campanillas resonaba con mayor claridad dentro de su cabeza, ella aún podía sentir como su vista se nublaba por las bellas luces que se encontraban frente a ella hasta que…

    – ¡La, la, la! -repentinamente la oficial comenzó a cantar. El que en ese instante su cuerpo hubiera adoptado una antinatural posición firme, parecida a la de una muñeca, y que una sonrisa boba acompañara a su mirada perdida en el infinito eran señales de que la mujer estaba en un profundo trance.

    En cuanto el grupo se dio cuenta de ello Jynx usó sus poderes psíquicos para hacerla levitar, mientras que el pequeño Delibird se encargaba de abrir el saco que traía consigo y que parecía contener una especie de remolino multicolor, y colocarla frente a él. Fascinada por los brillantes colores la oficial no dudo en entrar al interior del saco, el cual de inmediato se cerró pero no sin antes comenzar a «escupir» el uniforme de la oficial junto con su ropa interior y zapatillas.

    -La primera invitada es toda nuestra ¡Hay que seguir adelante! -anunció el sujeto del traje antes de tomar las pantaletas de Jenny, y guardarlas en su bolsillo, antes de que él y sus pokémon desaparecieran.

    Mientras tanto en el otro extremo de Ciudad Verde la Enfermera Joy se encontraba frente a un espejo retocando su maquillaje, al parecer ella tenía la intención de verse lo más bella posible para su tradicional reunión con la oficial Jenny ya que en lugar de su habitual uniforme estaba usaba un bonito vestido color magenta que se ajustaba deliciosamente a sus curvas.

    «Jenny se está tardando mucho esta vez» pensó un poco preocupada cuando escuchó que alguien estaba tocando la puerta trasera del Centro Pokémon y su expresión seria cambio a una linda sonrisa.

    – ¡Espera un momento, por favor! -respondió la mujer de forma cantarina antes de levantarse de su lugar y dirigirse a abrir, no sin antes modelar una última vez frente al espejo para asegurarse de que su atuendo estuviera perfecto.

    – ¡Buenas noches Jenny! Está vez tardaste… -saludó tranquilamente al abrir la puerta, pero ella no tardó en darse cuenta de que aquella persona no era Jenny, sino un hombre vestido con un traje rojo que no dejaba de oscilar un pendiente de colores frente a sus ojos

    De la misma forma en que había pasado con Jenny la enfermera rápidamente cayó en un profundo trance, aunque a diferencia de su amiga ella abrió la puerta de par en par para dejar entrar a su singular invitado, y una vez que estuvo adentro no dudo en darle un cálido abrazo y unir sus labios en un inesperado pero profundo beso.

    Después de unos minutos en los que Joy y aquel extraño sujeto se besaban con pasión una molesta Jynx usó sus poderes para separarlos y de forma brusca meter a la chica dentro del saco de Delibird, quien al igual que su compañera ya estaba harto de esperar.

    – ¿Que no pueden ser más amables? ¡Espere toda mi vida por este momento y ustedes lo arruinan! -reclamo el misterioso sujeto mientras arreglaba su traje, recibiendo miradas furiosas de los pokémon que no dejaban de reclamarle.

    – ¡Ya lo sé! Nuestro tiempo es limitado y aún nos faltan más regalos que recoger, así que vámonos de una vez -dijo después de sacar su reloj y desaparecer del lugar junto a los tipo Hielo.

    Ciudad Celeste, Región Kanto, algunos minutos después…

    Justo como cada año Lily, Violet y Daisy, las hermosas y famosas «Hermanas Fantásticas» de Ciudad Celeste, eran las invitadas de honor de la elegante fiesta de Navidad que se celebraba en la alcaldía de la ciudad.

    Pero en esta ocasión las 3 hermanas estaban en la sala del gimnasio, usando reveladora ropa interior, y esperaban con impaciencia a su hermana menor, a quien como era costumbre habían enviado a realizar las compras y recoger los vestidos que usarían en la fiesta.

    -Ya sabía que no debíamos encargarle esto a la enana ¡Nunca puede hacer algo bien! ¡Es por algo que las «Hermanas Fantásticas» sólo somos 3 y no 4! -inquirió Lily sumamente molesta mientras cruzaba sus blancas y torneadas piernas, dejando ver que las uñas de sus pies estaban pintadas del mismo color rosa que su cabello, y recargando su rostro en una de sus manos.

    -En está ocasión concuerdo contigo, a esa pequeña y fea Poliwag ni siquiera le importa que lleguemos tarde a la gala -respondió Daisy, igual de molesta que su hermana, y jugando con su cabello rubio.

    -Hermanas, tranquilas. Sí seguimos así le saldrán arrugas a nuestros hermosos rostros. Además es nuestra culpa por no mandarla más temprano -intervino Violet haciendo a un lado su largo cabello azul, normalmente ella era quien menos solía molestar a su pequeña y menos agraciada hermana, pero ciertamente la tardanza de Misty estaba acabando con su paciencia.

    Las 3 hermanas estaban al borde de la desesperación cuando escucharon que la puerta se estaba abriendo y finalmente Misty entro al lugar, sin embargo la expresión de la chica estaba vacía y sin emoción, aunque ninguna de sus hermanas se dio cuenta ya que les importaban más las tres cajas de cartón rojo que ella sostenía en sus manos.

    – ¿Qué fue lo que te retraso tanto, enana? -preguntó Daisy, quien fue la más rápida, y tomó la primera caja, pero al no recibir respuesta de su hermana menor simplemente le dio la espalda.

    -Misty ¿Cómo se te ocurrió tardarte tanto? ¡No ves que apenas tenemos el tiempo exacto para llegar a la fiesta! -le reclamo Violet mientras tomaba su caja.

    – ¡Mas te vale que lleguemos a tiempo! ¡Si no fueras nuestra hermana ya verías lo que te pasaría! -grito Lily tomando la última caja y dándole un ligero empujón a su hermana más joven, quien seguía estática en su lugar y no mostraba ninguna clase de emoción, mientras abría el paquete al mismo tiempo que sus hermanas.

    Pero en lugar de encontrar sus vestidos las chicas se dieron cuenta de que las cajas estaban llenas de fascinantes e intermitentes luces de colores, colores tan hermosos que las hacían olvidar su enojo y que no desearan otra cosa más que seguir mirando. Incluso podían escuchar un coro de villancicos salir de las cajas, hasta que estas comenzaron a vibrar, y de su interior salió un grupo de listones de colores que envolvieron los sensuales cuerpos de las hermanas, sin que estás pusieran la menor resistencia, y lentamente las llevaban al Interior de las mismas.

    Mientras que sus hermanas eran metidas en el interior de las cajas Misty veía la bizarra escena sin hacer absolutamente nada, su mirada estaba perdida y una perturbadora y boba sonrisa estaba dibujada en sus facciones, no fue hasta que las cajas se hubieran cerrado que ella se agachó para recogerlas y caminar hacia la entrada de su hogar.

    -Hiciste un buen trabajo -saludo el misterioso sujeto de rojo cuando la líder de gimnasio, sin decir una sola palabra, le entregó las cajas que contenían a sus hermanas y este a su vez se las dio a Delibird para que las metiera en su saco.

    «¿Y ahora qué haré contigo? Ya que tu no estabas en la lista» se preguntó el sujeto del traje rojo, absorto en el dilema en que se encontraba, cuando Jynx sacó un pequeño bolso, que tenía en su interior una especie de polvillo dorado, por lo que tomó un poco y lo soplo sobre Misty.

    Aquel misterioso polvo comenzó a envolver el cuerpo de la pelirroja transformando sus habituales tenis en unas zapatillas rojas de tacón alto, cubriendo sus piernas con unas pantimedias y sustituyendo su ropa con un reducido vestido rojo con tres pompones de algodón que simulaban botones, sus manos fueron cubiertas con guantes con bordes afelpados y finalmente su habitual coleta fue adornada con unas delicadas campanillas adornada con lazos verdes y rojos.

    – ¿Por qué hicieron eso? Saben muy bien que él sólo quería a las «Hermanas Fantásticas» junto con la Enfermera Joy y la Oficial Jenny de esta ciudad y ella tampoco es de mi agrado -reclamo el misterioso hombre pero Delibird sacó un gigantesco calcetín navideño, en donde la tipo Hielo/Psíquico metió a la chica, y le ponía una etiqueta que decía: «Para Tracey».

    – ¡Que buena idea tuvieron chicos! ¡Ese es el verdadero espíritu navideño! -exclamó alegremente el sujeto del traje rojo antes de mirar una vez más su misterioso reloj y ver que ya eran las 10:30

    -Aún tenemos muchas cosas por hacer y no nos queda mucho tiempo -dijo con un toque de nervios en su voz y mirando a los pokémon, si quería reunir a todos los objetivos que le solicitaron debía darse prisa.

    -Creo que lo mejor será que nos dividamos ¡Delibrid tu ve a Pueblo Paleta en lo que yo y Jynx esperamos hasta que recibamos la señal de que los objetivos estén en posición! -decidió y el tipo Hielo/Volador asintió antes de salió volando a toda velocidad con rumbo al pequeño poblado de Kanto.

    Minutos más tarde…

    Pueblo Paleta, un pacífico y pequeño pueblo ubicado en el suroeste de Kanto, era conocido por ser el lugar en donde estaba el Laboratorio Pokémon del famoso Profesor Samuel Oak, y que en estas fechas se caracterizaba por las sobrias celebraciones navideñas que hacian sus habitantes.

    Pero en una de las casas más alejadas del pueblo el ambiente era todo menos sobrio y pacífico ya que la fuerte música inundaba la casa desde el inicio de la tarde y cada vez sonaba con mayor volumen, mientras que las mujeres que había en su interior podían beber a sus anchas.

    – ¡Qué gran fiesta Delia! -dijo una mujer de cabellos castaño claro y ojos azules que respondía al nombre de Caroline, la esposa de Norman y la madre de May y Max, y en esos momentos su rostro estaba muy ruborizado señal de que estaba algo bebida.

    -¡Tu… hip… si sabes… como planear… hip… una fiesta! ¡No como… hip… las aburridas… reuniones a las… que Norman… hip… insiste que vayamos cada año!

    – ¡Gracias querida! ¡Es… hip… agradable tener… un poco de… hip… compañía en Navidad! -respondió Delia con una sonrisa.

    – ¿Que… hip? -pregunto Caroline, quien debido a lo estridente de la música no pudo escuchar a su anfitriona, y tambaleándose trato de acercarse.

    – ¡Olvídalo… hip! -respondió la madre de Ash antes de tomar una botella más y beber directamente de ahí

    – ¡Oh, oh! ¡Creó qué…hip… he bebido… hip… de más! -mencionó Johanna, la madre de Dawn, al trastabillar un poco cuando se disponía a tomar otra botella, aunque repentinamente un fuerte golpeteo se proveniente de la puerta la hizo perder el equilibrio y caer al suelo.

    – ¡Me lleva Giratina! Deben ser… hip… los tipos vecinos ¡Los que me llamaron hace… hip… rato! -grito Delia al tratar de ponerse en pie para abrir la puerta.

    – ¿Los aguafiestas… hip… de hace rato? -preguntó Grace, la madre de Serena, quien gracias a estar acostumbrada a consumir los vinos de su natal Kalos estaba un poco mejor que sus amigas y se levantó para ayudar a Delia.

    – ¡Correcto! ¡Esos… hip… mismos! -respondió la madre de Ash al pasar su brazo por el hombro de Grace y juntas abrir la puerta, pero en lugar de encontrarse con cualquier vecino molesto vieron a un Delibird que cargaba un enorme saco.

    – ¡Miren chicas… hip… Santa vino temprano… hip… este año -anuncio Delia al ver al pequeño pokemon y haciendo que las dos mujeres se acercaran como pudieran para ver al tipo Hielo/Volador.

    – ¿Y qué… hip… nos trajiste pequeño? ¡Hemos sido buenas niñas… hip… este año! -dijo Delia inclinándose un poco para tomar el pico del pokémon.

    – ¡Y también… hip… estamos muy buenas! -comento Grace con picardía tomando sus impresionantes pechos con una mano y usando la otra para tocar con descaro el trasero de Delia, quien sonrió con gusto.

    – ¡Así es! ¿Qué regalo… hip… nos has traído? -preguntaron Caroline y Johanna al mismo tiempo, después de acercarse como pudieron, y al igual que sus otras amigas lo miraban con curiosidad, lo cual el pokémon aprovechó para abrir su saco y tomar una especie de pistola de juguete, la cual apunto contra ellas, y sin dudarlo accionó un fuerte destello de luz que dejó a las mujeres en trance.

    Debido al efecto de todo el alcohol que las mujeres habían ingerido la hipnosis las hizo caer al suelo totalmente inconscientes, lo cual era un inesperado contratiempo ya que ahora el pokémon tenía que meter a las mujeres una por una dentro del saco y esperar a que este las «procesara», aunque para su buena fortuna la magia del saco era tan grande que en cuanto salieran para ser entregadas ellas estarían sobrias y aún hipnotizadas.

    Después de esperar casi media hora, el saco finalmente comenzó a expulsar las prendas de las mujeres dispersándolas por todo el lugar, por lo que Delibird extrajo del saco un teléfono antiguo para comunicarle al sujeto del traje rojo

    – Delibird ¿Asumo que ya cumpliste con tu misión? -pregunto el sujeto del traje rojo recibiendo un asentimiento del pokémon

    – ¡Muy bien amigo! ¡Entonces adelántate y ve por el siguiente objetivo, te alcanzaremos ahí! -sin embargo el pokémon reparto no tardó en cuestionarse el por qué de esa repentina decisión.

    -El objetivo aún no ha llegado ¡Y él es el único que tiene la información que necesitamos! -respondió el extraño sujeto, lo cual hizo enojar al tipo Hielo/Volador, él estaba trabajando mucho más que él y Jynx y eso no le parecía justo.

    – ¡Te juro que valdrá la pena! ¡Te daré doble ración de la comida pokémon que tanto te gusta! -aclaró el sujeto de traje rojo, pero eso no basto para convencer al pokémon, quien le exigía que su ración debía ser mínimo el triple.

    – ¡Esta bien, tú ganas! Será el triple ¡Así que date prisa y nosotros te llamaremos cuando tengamos a los objetivos asegurados! -tras esa promesa Delibird corto la llamada y se disponía a seguir con su trabajo cuando se percató de que sus últimas víctimas habían dejado mucha comida sobre la mesa, por lo que pensó que no estaría mal tomar un pequeño refrigerio antes de partir.

    Eran pasadas las 11 de la noche cuando el pokémon reparto estaba sobrevolando el área fronteriza ente Kanto y Johto, la cual era conocida como la Ruta 27 y colindaba con las Cataratas Tohjo, lo cual dificultaba mucho el acceso y era la razón por la que el área estuviera llena de exclusivas cabañas en donde las celebridades podían festejaban sin temor a ser encontradas por la prensa o por sus fanáticos.

    Y justamente en el interior de una de las más lujosas y escondidas cabañas del área llamada «El Paso de Articuno» se encontraban Cynthia y Diantha, las Campeonas de Sinnoh y Kalos respectivamente, junto a Lorelei del Alto Mando de Kanto y Johto disfrutando de una agradable velada.

    El acogedor fuego de una gran chimenea iluminaba la estancia y le daba un agradable calor, mientras que la mesa que estaba en el centro de la sala estaba bien abastecida de los platillos y postres más exquisitos del mundo, pero por desgracia el surtido de coloridos vinos espumosos que había en la cava ya había sido consumido.

    -Cynthia ¿Crees que tarde mucho en llegar el champagne que ordenaste? -preguntó Lorelei de forma inquieta y jugando con la copa vacía que sostenía en sus manos.

    -Imagino que ya no debe tardar -contestó la rubia con su habitual tranquilidad mientras movía su largo cabello a un lado.

    -Y yo solo espero que el repartidor no sea indiscreto ¡No me escape de Kalos para que algún idiota chismoso arruine mi noche de diversión con mis queridas amigas! -comento Diantha con una expresión de fastidio en su rostro, pero eso hizo sonreír a sus acompañantes.

    – No te preocupes por eso, querida. Los repartidores de ese lugar son pokémon, así que no creo que ellos sean muy indiscretos – respondió la rubia con dulzura al acercarse a la pelinegra y tomar su rostro con las manos, ambas Campeonas se miraban fijamente acercándose la una a la otra, cuando el suave golpe de alguien tocando la puerta las interrumpió.

    Un poco frustrada por que el servicio decidiera llegar en el momento más inoportuno posible Cynthia se dirigió hacia a la puerta para recibir a un alegre Delibird, quien le mostró una botella que ella supuso era del fino champagne que había solicitado.

    – ¡Muchas gracias amiguito! «Aunque pudiste haber tardado 5 minutos más» -dijo Cynthia mientras le entregaba un poco de comida pokémon a modo de propina antes de cerrar la puerta.

    -¡Señoritas, por favor preparen sus copas! ¡Que la fiesta continua! -dijo Cynthia alegremente mostrando la botella en sus manos y con la ayuda del destapacorchos que Diantha le proporciono pudo destapar la botella, pero en lugar del habitual chorro de espuma lo que salió de la botella fue un potente chorro de un colorido gas que rápidamente lleno la habitación.

    Delibird, quien no se había movido de su lugar, pudo escuchar a través de la puerta como las tres mujeres tosían sin control antes de comenzar a reír a carcajadas de forma que irrumpió en la habitación con tranquilidad en donde las tres campeonas estaban revolcándose de la risa en el piso, así que con algo de dificultad pudo introducirlas dentro del saco. Después de terminar con su trabajo, y de paso arrasar con la comida que encontró a su paso, fue cuando el pokémon Hielo/Volador recibió una llamada del hombre del atuendo rojo

    – Finalmente el chico bueno llego y gracias a la agradable sorpresa que le dejamos por fin obtuvimos lo que queríamos. ¡Lo malo es que ya no tenemos hay tiempo! ¡Te necesitamos ahora en Ciudad Carmín! -al oír aquello el pokémon no tuvo más necesidad que la de salir a toda velocidad.

    Debido a un muy inusual retraso el barco en que viajaban la profesora Aurea Juniper, la Profesora Burnet y la Profesora Ivy junto a Sophie, la asistente del Profesor Sycamore de Kalos, y Zyra, la subdirectora de la Fundación Æther, arribo a Ciudad Carmín en Kalos 20 minutos antes de la Navidad, a pesar de ello todas estaban realmente emocionadas por haber recibido una invitación para la elegante fiesta de Navidad que organizó el afamado experto pokémon Samuel Oak.

    – ¡Esto es tan emocionante! -menciono Zyra al descender del barco, era la primera vez que la voluptuosa mujer visitaba otra región que no fuera su natal Alola, por lo que miraba con total atención todo a su alrededor

    – ¡Es verdad, el profesor Oak es una verdadera celebridad en el ámbito Pokémon! ¡Siempre quise conocerlo en persona! -menciono Sophie de manera cortés, aunque en el fondo estaba algo intimidada por estar rodeada de tantas personalidades de la investigación pokémon.

    -Tranquilas chicas, el profesor Oak es una muy buena persona -afirmó la Profesora Burnet al darse cuenta de los nervios de Zyra y Sophie -Aunque sinceramente espero que no tenga el mismo problema con la sidra que tiene su primo.

    -Eso no es nada, mi querida Burnet ¡Por el que debes preocuparte es por su nieto! ¡Ese chico se vuelve loco con un poco de alcohol! -menciono la profesora encargada de las Islas Naranja.

    -Es curioso que menciones eso Ivy, según recuerdo disfrutaste mucho el apasionado beso estilo Kalos que te dio ese chico usando la vieja excusa del muérdago el año pasado -menciono la Profesora Juniper de forma pícara, después del cual hubo un breve momento de incómodo silencio que terminó con la risa general de todas las mujeres.

    Después de ese momento para romper el hielo la comitiva de Investigadoras caminaron rumbo al sitio dónde el último mensaje del asistente del Profesor Oak les había indicado que serían recibidas para poder ir hacia la Alcaldía de Pueblo Paleta, en donde la fiesta se llevaría a cabo.

    Sin embargo en cuanto llegaron al Centro Pokémon de Ciudad Carmín, todas notaron de inmediato que algo estaba mal, el lugar estaba completamente vacío, ya que ni siquiera la Enfermera Joy estaba presente.

    – ¿Que está pasando aquí? ¿Esto es una clase de broma? -preguntó Juniper ligeramente asustada, mientras que sus demás compañeras revisaban el lugar sin dejar de llamar a Joy.

    – ¡Chicas vengan a ver esto! -grito Zyra haciendo que todas irrumpieron en lo que parecía ser la oficina de la Enfermera Joy, la cual tenía la decoración típica de la época y una botella de sidra sin abrir junto a varias copas, pero que a su vez tenía indicios de haber sido desordenada hace poco tiempo.

    – ¿Qué es lo que pasó aquí? -pregunto Sophie levemente inquieta antes de darse cuenta de que tanto las prendas de varias Enfermeras Joy y Oficiales Jenny estaban tiradas en el suelo.

    – ¿Y qué rayos es esto? -anunció la profesora Ivy al acercarse a lo que parecía ser un saco simple saco de lona sobre el cual había una nota de la enfermera Joy.

    Cuando la atractiva encargada de las Islas Naranja toco el saco, tratando de tomar la nota, todo se volvió un caos ya que en ese instante este se abrió y una potente fuerza de succión lleno la pequeña oficina, atrayendo a todas las investigadoras hacia su interior sin que ellas pudieran hacer algo para resistirse o defenderse.

    Aquel saco se sacudió de forma frenética y unos instantes después empezó a expulsar las prendas de todas las mujeres, dispersándolas por todo el lugar, fue entonces cuando el sujeto del traje rojo apareció junto a Delibird y Jynx y saco su reloj para ver la hora por última vez.

    – ¡Las 12 menos 5! ¡Logramos encontrar a todos nuestros objetivos a tiempo! -exclamó el misterioso hombre con orgullo, ese era el momento de terminar con los preparativos finales para la maravillosa fiesta que estaban a punto de tener, y en cuanto su reloj marco las 12 en punto este procedió a absorberlo junto a los pokémon.

    Inmediatamente aparecieron en un magnífico e inmenso salón que en sus extremos contaba con unas impresionantes fuentes de agua, en las que incluso un Wailord sería capaz de nadar sin ningún problema, a lo largo de este había un gran número de amplias mesas llenas a rebosar de deliciosa comida y bebidas, un impresionante y bien adornado árbol de Navidad decoraba el centro de la estancia y en el fondo, justo de donde ambas fuentes se originaban, había un enorme pedestal de roca con un trono en el centro.

    El trío de exhaustos viajeros observó maravillado el mágico lugar en donde se encontraban, todos los preparativos estaban listos para dar inicio a la fiesta, lo único que hacía falta eran los invitados y estos estaban a punto de aparecer.

    -¡Ho ho ho! ¡Veo que todos se esforzaron mucho y lograron justo a tiempo! -anuncio la alegre e imponente voz de un hombre, quien repentinamente apareció a sus espaldas mientras la gigantesca puerta a sus espaldas se abría para permitir la entrada de varios pokémon, quienes alegremente tomaban asiento.

    Y dicho hombre era un individuo alto y de prominente barriga que usaba un pantalón y un saco de brillante gabardina roja, este último con una franja de felpa blanca en el centro, un cinturón de cuero negro rodeaba su cintura y se encargaba de mantener el atuendo en su lugar, sus manos estaban cubiertas por unos guantes blancos y unas botas negras completaban su atuendo. A pesar de que su rostro estaba cubierto casi en su totalidad por su tupida barba blanca y unas pobladas cejas, el hombre estaba sonriendo, y era muy fácil saber quién era.

    – ¡Hicieron un trabajo excelente chicos y gracias a ustedes esta bella fiesta es posible! ¡Ho Ho Ho! -anuncio Santa Claus tomando los hombros de su nuevo asistente y dirigiéndolo hacia el pedestal donde estaba el árbol de Navidad para que todos pudieran verlos.

    – Mis queridos pokémon, como ya deben de saber está noche es Navidad y como un gesto para demostrarles mi agradecimiento por ayudarme a cumplir nuestra misión decidí realizar esta celebración para todos ustedes -anuncio el barrigón barbudo mientras los aplausos de decenas de pokémon inundaban el lugar.

    -Pero esto no sería posible sin la invaluable ayuda de nuestro más reciente colaborador, uno que todos ustedes conocen muy bien y que sé que todos aprecian mucho. ¡Mis queridos pokémon denle un fuerte y bien merecido aplauso al mejor Doctor y Criador Pokémon del mundo, quien trabajó muy duro para traerles unos hermosos regalos! ¡Denle un fuerte aplauso a Brock! -en cuanto Santa dijo eso tomo el sombrero que estaba en la cabeza de su ayudante para dejar ver el moreno rostro de quien fue el líder de gimnasio de Ciudad Plateada y el acompañante por excelencia de Ash Ketchum.

    -Así que sin nada más que decir, no perdamos el tiempo ¡Y que empiece la fiesta! ¡Ho ho ho! -anuncio Santa antes de tomar el cascabel que le dio a Brock y empezar a repicarlo de forma suave, lo cual provocó que el saco de Delibird comenzara a abrirse hasta formar un impresionante arco.

    -Bueno Brock, te dejo a cargo de coordinar la actuación de nuestros bellos regalos. Y una vez que todos terminen de comer puedes tomar todas las fotos y vídeos que desees y si lo deseas jugar un poco con ellas -le indicó Santa con alegría antes de que su voz se volviera más firme y fuerte.

    -Pero ya sabes las reglas: Nada de sexo. Imagino que al igual que yo no quisieras que ninguna quede misteriosamente embarazada, cumple con los términos de nuestro acuerdo y no tendré problemas en darte como regalo los objetos que tanto deseas -inquirió el hombre barbón antes de retirarse al pedestal en donde estaba su trono mientras que el moreno hacia lo mismo pero en dirección hacia el recién creado arco.

    Las primeras en salir del arco fueron lo que parecía ser un ejército formado de unas 20 Enfermeras Joy, quienes vestían un diminuto conjunto rojo de minifalda y un ajustado top, botas a medio muslo y unos sombreros rojos de Santa, y unas 20 Oficiales Jenny, quienes usaban un conjunto idéntico al de sus compañeras pero con la única diferencia de que este era color verde esmeralda.

    – ¡Prepárense para servir en las mesas de buffet! ¡Todos nuestros invitados deben estar satisfechos! -les ordenó Brock a las chicas.

    – ¡Cómo usted ordené, capitán Brock! – respondieron las mesmerizadas chicas al unísono y sin tardanza se dirigieron hacia las mesas para comenzar a servir el banquete.

    Las siguientes en salir fueron las campeonas y las investigadoras, quienes usaban un ceñido traje de camarera de un rojo brillante y unos guantes, medias rojas de reja junto con los habituales sombreros de Santa completaban su atuendo, además de que todas tenían en sus manos bandejas con botellas de sidra, para sus demás compañeras, o jugo de bayas para los pokémon rodeadas de varias copas de cristal.

    – ¡Recuerden mantener las copas de los invitados siempre llenas! ¿Entendieron?- indicó el moreno a su nuevo regimiento.

    -¡Por supuesto, capitán Brock! ¡Escuchamos y obedecemos! -exclamaron alegremente para comenzar a dispersarse por todo el lugar.

    Las siguientes en aparecer eran las hermanas de Misty, quienes vestían idénticos disfraces de sirenas, muy similares a los que usaban en sus espectáculos.

    -Bueno el jefe en persona las pidió para esta tarea y como ustedes serán las encargadas de entretenerlo tendrán que hacer cualquier cosa que el les diga -explico Brock mientras ellas asentían y se dirigían a toda prisa hacia el trono de Santa.

    Y para finalizar Delia, Grace, Johanna y Caroline salieron del arco luciendo atrevidas y juveniles indumentarias que les daban un aspecto similar al de un cuarteto de idols. Las madres de Ash y May lucían pequeños y muy ceñidos vestidos con varios adornos infantiles, de color rosa y amarillo respectivamente. Mientras que las madres de Dawn y Serena usaban minifaldas junto con unos ajustados y pequeños tops con manga larga, que apenas cubrían sus voluptuosos pechos y dejaban su abdomen al descubierto, del mismo estilo infantil que sus amigas pero en colores azul y morado.

    -Su trabajo es el de ser el entretenimiento que amenice la fiesta, así que tendrán que estar en donde todo mundo pueda verlas -indico el criador señalando el pedestal donde estaba el árbol de Navidad como el mejor punto para que realizarán su actuación.

    – ¡Muchas gracias, capitán Brock! ¡Así lo haremos! -respondieron las hermosas «milf» al mismo tiempo de forma adorable, antes de besar las mejillas del moreno, y salir a toda prisa hacia el escenario.

    De esa forma la música comenzó a sonar y la fiesta comenzó por lo que el criador decidió sentarse en la mesa más próxima, junto al Delibird y la Jynx que lo acompañaron en aquella extraña aventura, para disfrutar de la celebración al igual que los pokémon de Santa.

    Hacia cualquier lugar que miraras sólo podías ver felicidad, mesas enteras llenas de Delibird, Jynx, Piplup, Machoke y Machamp eran eficientemente atendidas por las camareras más hermosas del mundo, mientras que todas las cuadrillas de Ponyta, Rapidash, Stantler y Sawsbuck eran atendidos en sus establos por un grupo de Enfermeras Joy, al igual que la manada de Lapras que disfrutaba de la fuente.

    Del lado de Santa las «Hermanas Fantásticas» de Ciudad Celeste le ofrecían con total descaro sus jóvenes cuerpos al hombre barbudo, al mismo tiempo que acariciaban su panza y su barba, todo al ritmo de la versión de «Jingle Bell Rock» que las madres de Ash y sus amigas bailaban y cantaban con entusiasmo.

    A medida que la fiesta iba avanzando el calor y la magia presentes en el ambiente sumados al efecto del alcohol que las hipnotizadas humanas debían consumir, lentamente comenzó a desinhibirlas y era una situación de la que tanto el anfitrión como sus invitados se aprovecharon para divertirse.

    En el área de los establos un pequeño Ponyta comenzó a lamer la comida que por accidente su ligeramente ebria cuidadora tiró encima de sus pechos, causando una cascada de placenteras sensaciones y eróticos gemidos en la hipnotizada Enfermera Joy que a su vez le daban envidia de sus compañeras y la curiosidad de los pokémon.

    De forma que al poco tiempo las ebrias mujeres comenzaron a despojarse de sus bellos atuendos y colocar la comida de los pokémon directamente sobre sus desnudos cuerpos, todo para cumplir con la orden de satisfacer a sus invitados y obtener placer al mismo tiempo, los pokémon de forma inocente comían la comida que se les ofrecía y se sentían felices de las reacciones de alegría que esto le causaba a sus amables cuidadoras, aunque también había algún que otro pokémon que atraído por el seductor aroma que manaba de las excitadas vaginas de las humanas acercaban sus hocicos a aquellas regiones para lamerlas.

    Y en las diferentes mesas la situación no era muy diferente, ya que las alcoholizadas y elegantes camareras insistían de darle de comer directamente en la boca a los Machoke y Machamp, lo cual ocasionaba múltiples roces del cuerpo de las humanas con los brazos de los tipo Lucha.

    Mientras que en la fuente los adorables Lapras, quienes rápidamente se hartaron de comer, comenzaron a jugar entre ellos y con las chicas encargadas de cuidarlos de forma que en muy poco tiempo ellas, y todos quienes estuvieran en las mesas más cercanas, terminaron con sus vestidos totalmente empapados lo cual resaltaba todos sus atributos.

    Casi al mismo tiempo el resto de los invitados se congregaban frente al escenario observando con detenimiento la brillante actuación de las hipnotizadas madres, quienes impulsadas por las constantes ovaciones de su público cada vez cantaban a mayor volumen y sus bailes se volvían cada vez más frenéticos y eróticos.

    Algún ocasional chorro de agua, proveniente de las fuentes, caía sobre el escenario creando bellos arcoíris y mojaba las ya ajustadas ropas de las intérpretes, quienes a petición de su público y para evitar enfermarse, comenzaron a despojarse de sus prendas al ritmo de la música, haciendo gala de sus mejores atributos y movimientos en el proceso, hasta quedar completamente desnudas.

    Mientras que Brock una vez que comió y bebió lo suficiente para recuperar sus energías empezó a recorrer toda el lugar en compañía de Jynx y Delibird, con una cámara de vídeo y una fotográfica en sus manos, con la intención de inmortalizar todo lo que sería un crimen olvidar: como a Cynthia y Diantha besándose pasionalmente en el regazo de un abochornado Machamp que sostenía los traseros de ambas Campeonas entre sus manos, un pequeño Deerling lamiendo el coño de la tímida Sophie, a Lorelei nadando desnuda junto a los Lapras, Zyra compitiendo con sus colegas acerca del tamaño de sus pechos, el espectacular baile de la madre de Ash y sus hermosas compañeras y un sin número de excitantes recuerdos más.

    Después de tomarse una fotografía con cada una de las chicas que ayudó a capturar, a excepción de las hermanas de Misty quienes ahora estaban desnudas y besando al anfitrión de la fiesta y él les respondía tocando sus cuerpos con descaro, y de tomar a la sensual Profesora Ivy en sus brazos para tocar su cuerpo con descaro Brock se disponía a seguir viendo el espectáculo cuando se percató de algo que no había visto antes.

    Por encima del escenario había un enorme reloj con campanas de bronce y que al marcar las 2 de la mañana a comenzó a entonar una musical melodía, en un principio el doctor pokémon no le tomo mucha importancia hasta que se dio cuenta de que con cada campanada las chicas comenzaron a desaparecer.

    – ¿Que está pasando Santa? -pregunto el Doctor y Criador Pokémon visiblemente preocupado al ver como Ivy desaparecía de sus brazos y quedándose únicamente con el revelador atuendo que usaba.

    Al voltear a ver a su anfitrión Brock se dió cuenta de que el trono en donde estaba se había convertido en una enorme cama, en donde las «Hermanas Fantásticas» ahora estaban luciendo vaporosos baby doll rojos.

    – Lo siento Brock, pero es hora de terminar la fiesta. No olvides que aún debo cumplir mi principal labor y para ello tengo que devolverlas a los lugares donde las capturaste -explico Santa Claus mientras acomodaba su traje

    – ¿Y ellas recordarán algo? -preguntó el moreno con una justificada inquietud, ya que la mayoría de sus víctimas lo conocían y no deseaba que ellas lo persiguieran.

    – Absolutamente nada, la hipnosis es tan poderosa que ellas y el resto del mundo solo creerán que se divirtieron de más en sus respectivas celebraciones, y en el peor de los casos despertarán con una leve resaca.

    – ¿Y por qué ellas no desaparecieron? -pregunto con una pequeña gota de reproche en su voz mientras señalaba a las hermanas de Misty, quienes comenzaban a besarse entre ellas.

    -Bueno un anciano de mi edad requiere de una buena compañía y ayuda. Además de que estas preciosuras han encabezado mi lista negra por años, así que hasta la próxima Navidad me encargaré de enseñarles buenos modales.

    -Y ya que me hiciste el favor de hipnotizar a su hermana menor no será muy difícil hacerle creer que sus hermanas se ganaron un nuevo alrededor del mundo -explico Santa con una sonrisa.

    -Y de hecho tú también debes volver a tu hogar -menciono el hombre de barba blanca al tomar un pequeño saco de su cinturón y tomar un poco de polvo plateado para soplarlo sobre el moreno, quien sintió como su cabeza le daba vueltas y todo desaparecía en un torbellino de color.

    Al abrir los ojos el doctor y criador pokémon despertó dentro de su habitación en el gimnasio de Ciudad Plateada, todo lo sucedido la noche anterior parecía ser un fantástico sueño, y el que le doliera tanto la cabeza no le permitía ni siquiera estar seguro de si aquello fue real o no.

    Hasta que el inusual brillo de algo sobre su mesa de noche llamó su atención, el no tenía ningún objeto brillante en sí habitación así que rápidamente se levantó y descubrió una pequeña caja envuelta con papel de colores y que tenía una nota.

    Estimado Brock

    Nuevamente te agradezco por tu sensacional idea de la fiesta y por toda la ayuda que me diste la noche de ayer, jamás había visto a mis pokémon tan felices y estoy seguro de que ahora se esforzaran mucho más de ahora en adelante, por lo que de ahora en adelante tomaré tu brillante iniciativa como una nueva costumbre navideña a la cual siempre serás bienvenido como mi invitado de honor, aunque eso no excluye nuestro acuerdo inicial donde deberás encargarte de mantener saludables a mis pokémon.

    También he decidido darte los objetos que me pediste, aunque te recuerdo que su efecto no es permanente (de hecho tiene un máximo de 24 horas con cada objetivo) así que úsalos con cabeza y mucho cuidado. Mis pokémon y yo te deseamos que tengas una feliz Navidad y esperamos verte de nuevo el siguiente año.

    Atte. Santa Claus.

    PD: Todas las fotos y vídeos que tomaste están guardados dentro de tu Pokégear, el cual me tomé la molestia de actualizar, también decidí grabar los vídeos en DVD y las fotos en un álbum los cuales encontrarás bajo tu almohada ¿Espero que no te importe que me quedara con algunas copias?

    Sosteniendo firmemente la carta Brock sonrió con orgullo y sin perder ni un solo segundo abrió su regalo de Navidad, en donde efectivamente estaba lo que más deseaba en este mundo, así que después de revisarlo lo guardo en el interior de su bolsillo.

    Lo cual resultó ser una excelente decisión ya que en ese instante Croagunk entró en su habitación, gracias a la magia de Santa el pokémon boca tóxica no pudo salir de su pokebola la noche anterior para interferir con su misión, pero aun así el tipo Veneno/Lucha intuyo todos los actos pervertidos que su entrenador realizó mientras estaba encerrado.

    De forma que algunos minutos después una ambulancia salió a toda prisa del Gimnasio de Ciudad Plateada en dirección al Centro Pokémon llevando a Brock en ella tras recibir una lluvia de Puyas Nocivas de su pokémon.

    – ¿Qué fue lo que hiciste esta vez Brock? -pregunto la Enfermera Joy de Ciudad Plateada entre risas, la luz que entraba por la ventana indicaba que ya era de noche.

    -A estas alturas ya debes de tener el récord mundial por ser la persona que ha soportado más ataques tipo Veneno y debe ser por eso que te recuperas tan rápido-señalo la hermosa joven de cabello rosa al revisar el expediente médico del moreno mientras este tomaba uno de los objetos que aún estaba en su bolsillo.

    -Sin embargo para estar segura de que te recuperaras por completo tendrás que pasar la noche aquí, así que se necesitas algo no dude… -trato de decir la Enfermera pero se detuvo repentinamente al darse cuenta de que su paciente comenzó a oscilar un cascabel lleno de luces navideñas frente a sus ojos, por más que lo intentaba la chica no podía dejar de mirar el péndulo hasta que sus ojos quedaron vidriosos y vacíos.

    -Por favor permítame ayudarlo a recuperarse y usar mi cuerpo para satisfacerlo, Amo Brock -pidió Joy con una sonrisa mientras tocaba su cuerpo con ansias.

    «Por esto adoro la Navidad, muchas gracias Santa» pensó Brock antes de comenzar a disfrutar de su verdadero regalo de Navidad, uno que le prometía que su vida sería mucho más feliz y emocionante de ahora en adelante.

    Fin

     

  • Aprobé dos exámenes

    Aprobé dos exámenes

    Para los que no me conocen me presento: me llamo Larissa, tengo 18 años, mido 1.50, soy blanca, delgada, de cabello castaño lacio poco más debajo de los hombros, tengo senos grandes pero para mi edad y mi cuerpo creo que está bien, trasero normal, redondo y paradito, no es la gran cosa pero si me gusta, y mis piernas las tengo bien torneadas y un poco rellenitas, y para mi gusto es mi principal atractivo, pero como he dicho en el otro relato, dejo que los demás juzguen.

    Esto que les voy a relatar me pasó con de una forma extraña pero excitante a la vez, así que espero que les guste.

    Hace unas semanas fue época de los exámenes parciales en la preparatoria donde estudio, por lo que me pase todos los días estudiando y pasaba poco tiempo con Antonio (mi novio). Algunas veces iba a mi casa y me ayudaba a estudiar mientras mi madre o mis hermanos hacían otras cosas ahí en la casa, pero cuando nos quedábamos solos unos minutos ya sea en la sala o en el despacho de mi padre aprovechábamos para besarnos y acariciarnos; obviamente a él le gustaba más acariciarme mis piernas cuando me ponía minifaldas o mis pechos por encima de la ropa que traía puesta.

    Así pasaron los días hasta que llego el día del último examen que tenía, era un viernes, y para mala suerte de nosotros (Antonio y yo), ese día él iba a salir de la ciudad por cuestiones familiares y duraría fuera alrededor de 2 semanas, y desgraciadamente no teníamos tiempo ni lugar de pasar un buen rato solos pues por yo mis exámenes y él por arreglar esas cuestiones por las que tenía que salir de la ciudad.

    Ese día como los demás, Antonio paso por a mi casa para llevarme a la preparatoria para presentar el examen. Yo me puse esa vez una minifalda de mezclilla poco ajustada a medio muslo y un top blanco, sin escote pero dejaba ver bien mi vientre. Antonio todo el camino me fue acariciando los muslos, con su mano me subía más la minifalda y podía así acariciármelos por completo. Yo abría poco mis piernas para que me acariciara la parte interna de mis piernas, ya que me gusta que me acaricien ahí. Cuando nos tocaba un alto, Antonio aprovechaba para lanzarse sobre mí y besarme con pasión, mientras su mano la subía ahora a uno de mis pechos y me lo acariciaba muy bien sobre mi top. Cuando otra vez nos tocaba el siga de nuevo me acariciaba los muslos, mientras yo le hacía lo mismo, solo que le acariciaba yo su pene sobre su pantalón, lo que le gustaba a él.

    Llegamos al estacionamiento, como a las 4 de la tarde, había pocos carros aun, pues cuando eran días de exámenes se suspendía todo el día de clases, solo se iba a presentar el examen, por lo que cuando mucho duraría las 2 horas que daban para terminarlo. Aprovechamos que había pocos carros y nada de movimiento ahí y nos comenzamos a besar con pasión, pues ya eran días que no podíamos hacer cositas y al menos aprovecharíamos cada momento que estuviéramos juntos. Su mano izquierda subía por mi muslo derecho, llegando a mi cintura, para llevarlo a mi parte trasera y acariciarme por completo mis nalgas, pues traía puesto una tanga con un delgadísimo hilo dental. Esas caricias nos fueron calentando más, nuestros besos iban en aumento y nuestras lenguas se devoraban una a la otra, hasta que unos segundos después Antonio separa sus labios de los míos y baja su cabeza, mientras con la mano que me acariciaba mi muslo y trasero me toma ambas manos y me las sube, poniéndolas encima de mi cabeza, sobre el respaldo del asiento. Sin soltármelas, lleva su boca a mis pechos y comienza a morderlos y lamerlos por encima de mi top. Rápidamente mis pezones comenzaron a resaltar, pues no traía sostén y la delgada tela de mi top permitía mostrarlos muy bien. Ahí Antonio le daba a mis pezones más mordidas, jalándolos y soltándolos, varias veces. Yo gemía y apretaba con mis manos la suya, la cual aún me las sujetaba arriba.

    Yo: Ayy ahhh mm ahhh -salían gemidos de mi boca.

    Antonio suelta mis manos y vuelve a poner esa mano en mis muslos, subiéndome lo más que puede mi minifalda, mientras sigue comiendo mis pezones por encima de mi ropa. Yo con mis manos arriba, me aferro del respaldo, sintiéndome completamente poseída por él, sintiendo mis pezones ser tratados con gran pasión por sus dientes y lengua y mis muslos ser acariciados tan bien y tan rico por su mano.

    Lo malo fue que empezó a llegar más gente y con todo nuestro pesar, tuvimos que dejar ese asunto. Pero fue ahí cuando se me ocurrió una idea. Me salí del auto y le dije a Antonio que me siguiera; el salió y me acompaño, tomados de la mano y yo con la parte del top que cubren mis senos húmedo y algo transparente; lo bueno que nadie me vio así, pues mis pezones estaban muy parados y se veían poco a través de la tela húmeda. Nos dirigimos a la parte trasera de la preparatoria, a una bodeguita, para mi mala suerte estaba cerrada con candado, pero aun así lleve a Antonio a un costado de ese cuarto, quedando entre la pared de la bodeguita y el muro de la prepa, en un pasillo de unos 5 metros de largo. Como todavía faltaba gente por llegar, ese lugar estaba aún muy solitario.

    Yo: Mi amor, voy a devolverte el favor que me hiciste en tu carro -le digo sonriente.

    Sin decir más lo recargo de espaldas contra la pared y lo beso con pasión, metiendo mi lengua dentro de su boja, jugando ahí, mientras bajo mi mano derecha a su pene y por encima del pantalón se lo acaricio y masturbo levemente. Ambos gemimos y nos excitamos antes ese encuentro y nuestros besos suben de tono, más apasionados. Luego me separo de él, le sonrió y me hinco de cuclillas, bajo el cierre de su pantalón y meto mi mano ahí, sacándole su pene que ya estaba tan grande y que parecía reventar. Se lo masturbo un rato.

    Yo: Mi amor, que bien lo tienes, mmm, se me antoja chupártelo como si fuera una paletita de chocolate.

    Antonio: Mm Larissa hazlo bebita, mámamelo así.

    Sin decir más lo tomo y me lo llevo a mi boca, se lo empiezo a lamer todo, desde su base hasta la punta, donde ahí le doy varias lamidas rápidas, lo que lo excita. Luego me lo meto todo a mi boca y comienza chupárselo, mientras mi otra mano juega con sus testículos. Meto su pene hasta mi garganta y ahí gime Antonio, para sacármelo de nuevo y lamerle la cabecita, mientras con la mano derecha lo masturbo y mi otra mano sigue en sus testículos. Se lo chupo, mamo y lamo varios segundos, sintiendo en mi boca y en mi mano como está a punto de estallar su pene, listo para vaciarse en mi.

    Antonio: Ahh ah Larissa. Ahhhh si siii… eres muy… buena… en esto… ahhh sigue… no pares… ahh.

    Mis mamadas aumentan de fuerza y esta vez me lo meto varias veces a mi boca, haciendo él movimientos de caderas y con una mano tomándome de la cabeza, marcando sus movimientos. Me atraganto un poco al sentir parte de la cabeza del pene penetrarme la garganta pero sigo en mi trabajo varios segundos más.

    Antonio: Ahh Larissa, mi amor… me vengooo…

    Me saco la mayor parte del pene de mi boca, dejando la punta dentro. Continúo masturbándolo hasta que estalla y un gran chorro de semen llena mi boca, saliendo poca cantidad de mi boca y cayendo sobre mis rodillas. Al sentir que se vacía por completo me trago el semen de mi boca y luego le limpio con mi lengua su pene, que esta tan sensible que se estremece al contacto de mi lengua, haciéndolo gemir.

    En ese momento escuchamos un ruido cerca, rápidamente me levanto y me limpio la boca con un pañuelo que saco de mi bolso y llevándome a la boca una pastilla de menta, para evitar el olor de Antonio, mientras él se acomoda rápido el pantalón. Nos asomamos y por fortuna no vimos a nadie. Reímos ante ese pequeño susto y salimos del pasillo tomados de la mano.

    Antonio: Gracias Larissa, me gusto lo que hiciste y mucho.

    Yo: De nada mi amor, te tenía que devolver el favor que me hiciste en tu carro.

    Antonio: Pero te quedo debiendo amor, me diste más de lo que esperaba.

    Yo: Mmm tal vez, pero ya luego veremos cómo me pagas el favor.

    Antonio: De acuerdo mi amor.

    Me acompaño hasta el salón donde iba a presentar el examen, nos despedimos de un beso tierno y quedo en pasar por mi en 2 horas, aunque dijo que tal vez llegaba un poquito más tarde. Le dije que no había problema, que aquí lo esperaba platicando con mis amigas. Nos dimos otro beso y se fue.

    Entre al salón y me senté hasta atrás, como siempre, y ya estábamos todos, unos 40 alumnos. Entra unos segundos después el profesor de Lógica con los exámenes. Era un hombre moreno, alto, cabello lacio pero con gel peinado hacia atrás, de unos 38 años, delgado, ni feo ni guapo. Paso a cada asiento donde estábamos para entregarnos el examen; al llegar conmigo me contemplaba, sonriéndome levemente. Yo le correspondí de la misma forma, pero luego su mirada se dirigió a mis piernas, pues las tenía cruzadas y mi minifalda se había subido un poco más arriba de medio muslo. Seguí sonriéndole y se retiró, pero hasta ese momento me di cuenta que tenía unas gotitas del semen de Antonio en mi rodilla; creí que el profesor lo había visto y no supe que hacer, aunque como ya se estaba secando no creo que supiera de que eran esas gotas.

    En fin luego de que nos dio los exámenes el profesor, quien por cierto se llama Cesar, nos dijo que ya empezáramos a contestar. Al ver el examen, no sé si porque estudie o porque le paso algo al profesor, vi que estaba muy fácil las preguntas y rápidamente empecé a contestar, aunque eran cono unas 50 preguntas. Estuve contestándolas y a veces volteaba hacia el profesor, quien sentado en su escritorio me veía seriamente; su mirada me confundía y mejor seguía contestando. Varias veces veía que el profesor me miraba y eso no me incomodaba, más bien la mirada que me lanzaba me ponía algo nerviosa. Pasaron como 40 minutos cuando ya algunos comenzaron a terminar el examen, se paraban y lo dejaban en el escritorio, despidiéndose del profesor. Ya quedábamos como 10 cuando termine de hacer el mío y me dirigí hacia al escritorio para dejar mi examen. Me despedí del profesor.

    Él: Espere señorita Pearl, quiero que me espere para platicar con usted.

    Yo: ¿De qué profesor?- le pregunto confundida.

    Él: Es algo delicado señorita Pearl y mejor espéreme en mi oficina. Está en riesgo su estancia en la institución. ¿Me explico?

    Yo: Esta bien profesor, lo espero en su oficina -le contesto ya un poco más nerviosa.

    Camino a su oficina y voy pensando que paso, si vio las gotas de Antonio en mi pierna, que aunque no se podía distinguir tal vez sospechaba de algo. Entre a su oficina, dejando la puerta abierta. Veía como los demás profesores se despedían para retirarse, igual las secretarias. Después de unos 15 minutos llego el profesor Cesar con los exámenes, poniéndolos en un mueble junto a un librero. Entro y cerró la puerta con seguro; esto ya no me estaba gustando mucho. Se sentó en el escritorio, mientras yo me encontraba sentada en una silla frente a él.

    Él: ¿Sabe por qué está aquí señorita Pearl?- me pregunta cruzándose de brazos.

    Yo: No, no lo sé profesor- le contesto lo más tranquila que puedo.

    Él: ¿No lo sabe?

    Yo: No, no lo sé.

    Me mira fijamente a los ojos.

    Él: ¿Qué tenía hace rato en su pierna señorita?

    Yo: ¿En mi pierna?- me sorprende su pregunta.

    Él: Si señorita en su pierna, aquí mismo- señalándome con un dedo mi muslo.

    Yo: Ah… ya… si. Vera profesor, antes de entrar a su clase me tome un jugo de guayaba y me cayó un poco ahí. Me lo tome tan rápido que de seguro se me salió un poco y me cayó ahí- le dije con seguridad.

    Él: ¿Esta segura señorita?

    Yo: Segura profesor

    Se para y camina alrededor de mi.

    Él: ¿Sabe que le pasa a cualquier alumno que haga dentro de esta institución, de mucho prestigio en la ciudad por cierto, actos inmorales?

    Yo: ¿Cómo… cómo dice? -me atrapó, pensé.

    Él: ¿Sabe lo que es una conducta inmoral?

    Yo: Claro que lo se profesor, no soy tonta.

    Él: Entonces, ¿lo que estaba haciendo hace rato con su novio junto a la bodega como lo llamaría usted?

    Ni modo, este hombre ya me había atrapado, pero trate de seguir negándolo.

    Yo: No sé de qué habla, el solo me vino a dejar y…

    Él: No mienta señorita Pearl -me interrumpe- la vi haciéndole sexo oral a su novio, y le tome una foto para que no lo niegue, ¿quiere que se lo muestre?

    Estaba hecho; el ruido que escuchamos Antonio y yo cuando habíamos acabado nuestro jueguito lo había hecho el profesor. Y además tenía una foto de nosotros. Ya no podía seguir negándolo más.

    Él: Fui a la bodega a buscar unos lápices y escuche sus ruidos señorita Pearl, pero como estaban tan entretenidos no me escucharon.

    Yo: De acuerdo profesor, es cierto.

    Él: Yo creo que a sus padres no le van a gusta esa fotografía señorita, y usted tendrá que buscar otra escuela.

    Yo: ¿Cómo dice?

    Él: Pues si señorita, esto que hizo es inmoral y no es permitido que lo haga aquí, mostrándose en público.

    Me quedé pensando unos segundos, mis padres no podían enterarse de eso.

    Yo: ¿No lo podemos arreglar?

    Él: Jajaja, no señorita, no acepto sobornos, no me vendo con dinero.

    Yo: Profesor… ¿Le gustó lo que hicimos mi novio y yo?

    Él: ¿Perdón señorita?

    Yo: Usted fácilmente podía haber venido con el director y repórtame, pero en vez de eso se quedó viéndonos. Le gustó lo que vio, ¿cierto?

    Él mi miraba a los ojos y una leve sonrisa comenzaba a dibujársele en los labios.

    Yo: ¿Lo ve profesor? Le gusto lo que vio.

    Él: ¿Adónde quiere llegar señorita?

    En ese momento me paro y me pongo frente a él.

    Yo: ¿Cómo vio que tenía gotas en mi pierna?, de seguro le gustan y por eso me las vio, ¿o no?

    Él: Sigo sin entenderla señorita.

    Yo: No quería sobornarlo con dinero profesor.

    Él: ¿Entonces?

    Yo: Use su imaginación profesor.

    Él me mira y se acerca más a mí. Su mano derecha se dirige a mi hombro izquierdo, acariciándolo, para luego bajar su mano a mi seno izquierdo, el cual solo agarra.

    Él: Mi imaginación es mucha, señorita, y no sé si le guste.

    Yo: Me gustara si con esa imaginación suya se arregla esto, me da esa fotografía y olvida este problema –le digo mientras tomo esa mano suya y la aprieto más contra mi seno.

    Él: De acuerdo señorita, entonces si quiere esa foto, hágame lo que le hizo a su novio, se ve que usted es experta en trabajos orales ¿o no?

    Yo: Mmm profesor -le digo acercando mis labios a los suyos- no se imagina, pero usted dirá.

    Me acerco más y nos besamos con pasión, abrazándome el de la cintura y yo de su nuca con un brazo, mientras con mi mano derecha agarro su pene por encima de su pantalón y comienzo a masajéaselo, que se va poniendo cada vez más duro. Luego sin pesarlo más me agacho hasta quedar hincada frente a él y le desabrocho su pantalón, hasta que cae y se atora debajo de sus rodillas, con todo y boxers. Tomo su pene y me lo llevo a la boca, para chupárselo y lamerle su tronco que está muy duro. Tomándoselo luego con una mano comienzo a meterlo y sacarlo de mi boca mientras él comienza a desabrocharse la camisa sin quitársela. Se agacha un poco y estirando sus brazos, con sus manos, me soba mis pechos por encima de mi blusa, cuyos pezones se paran ante sus caricias, excitándome mucho. Comienzo a succionar más su pene, metiéndomelo todo y con la mano con la que se lo agarro lo comienzo masturbar, a la vez que con mi otra mano le acaricio su abdomen que por cierto está muy bien trabajado.

    Él: Mmm vaya que si eres una putita, que rico mamas bombón -me decía entre jadeos.

    Se lo continuo mamando y lamiendo por unos segundos más, hasta que él me toma de las axilas con sus manos y me levanta, y volteándome me sienta sobre su escritorio, en la orilla. Ahí de nuevo nos besamos mientras con sus manos me toma mis pechos, por debajo de mi blusa, y me los aprieta con algo de fuerza, haciéndome gemir entre los besos. Luego se agacha, besándome y lamiendo mi cuello varias veces, para después seguir bajándose más y con sus manos, subirme mi blusita, el cual trate de quitármela pero él me lo impidió, diciendo que no me quitara la ropa por si había alguien se acercaba a la oficina, así que solo me la sube y me la deja encime de mis pechos, los cuales quedan al aire, mostrando mis pezones tan duros como piedritas.

    Se agacha más, entre mis piernas que las tengo abiertas y mi minifalda se sube por completo, mostrando ya una parte de mi tanga blanca. Acerca sus labios a mis pechos y comienza a lamer y chupar mi pezón izquierdo mientras que me recargo hacia atrás con mis manos sobre el escritorio y dejo caer un poco mi cabeza hacia atrás, cerrando mis ojos, sintiendo como mis pezones están sin defensa ante esa lengua y esos labios que los devoran si piedad y sus manos acariciándome los muslos, haciéndome gemir varias veces.

    Yo: Ahh ahhmmm mmmm ahhh así… muérdelos…

    Tras dejarme mi pezón bien duro y rojo de tantas lamidas y succiones, que parecía que me quería arrancar mi pezón de mi seno, ahora se dirige a mi otro pezón y me lo trata de la misma forma. Ahora si dejo caer por completo mi cabeza hacia atrás, aun sosteniéndome con los manos hacia atrás sobre el escritorio. Siento mi pezón ser succionado y jalado por sus dientes, dándole algunas lamidas, lo que me hace gemir ya más intenso y arqueando mi espalda, para darle más libertad a su boca en mis pechos.

    Unos minutos después se para frente a mí, con mis piernas abiertas; se acerca y lleva sus manos a mi minifalda, levantándola hasta mi cintura, donde la deja. Luego toma mi tanguita y la jala, juntándome las piernas para poder quitármela. Una vez que me la quita me acaricia mis piernas, desde las pantorrillas hasta los muslos, donde se entretiene más tiempo acariciándolas.

    Él: Que suavidad de tus piernas putita, que rico se sienten tus piernas, su suavidad y firmeza me calientan más -decía si dejar de mirarme las piernas.

    Yo solo lo veía y sonreía al ver como se excitaba con mi cuerpo, eso siempre me excita, que se calienten y exciten con mi cuerpo. Le quiñaba y lamía mi labio superior, invitándolo a que siguiera dándome placer, un placer más intenso. Luego jala una silla hacia él y se sienta justo frente a mi y, tomándome de los muslos, me abre las piernas y pasa sus manos por debajo de mis muslos, llevando su cara a mi sexo, comienza a lamer y chupar mi vulva y clítoris, tras darle lamidas a mis muslos. Esta vez me dejo caer más sobre el escritorio, recargándome sobre el mueble con mis codos y los antebrazos, sintiendo su lengua empezar a hacer maravillas en mi clítoris y sus labios mordiéndolo suavemente, jalándolo un poco, mientras sus manos acarician mis caderas. Hace que mi cuerpo se sacuda y mi espalda se arquea al sentir esas delicias. De mi boca salen gemidos.

    Yo: Uy así así… así me gusta… ahí ahí así siiii ahhh mmmm

    Mi profesor hace movimientos rápidos y cortos hacia los lados lamiendo mi clítoris y otras veces mis labios vaginales, abriendo mi orificio vaginal, dándome un gran placer. Mis gemidos ahora son más fuertes y entrecortados, mi respiración es agitada y ahora mi espalda se arquea más, a la vez que ahora él me toma mis manos con las suyas y nos aferramos fuertemente con ellas, varios minutos más mientras me daba tremendo placer.

    Después, poniendo sus manos en la parte trasera de mis muslos, levanta mis piernas, juntándomelas, y me las agarra por mis corvas, quedando mi vagina y mi ano justo frente a él. Ahora lleva su lengua a mi ano y comienza a lamerlo, sintiendo su rostro chocar con mis nalgas. Su lengua era experta y poco a poco iba abriendo paso en mi agujero anal, llevando mis manos hacia arriba, agarrándome de la orilla del escritorio arriba de mi cabeza, mientras él seguía sosteniéndome las piernas por las corvas. Gimo con intensidad, la punta de su lengua acaricia un pequeña parte interna de mi ano, el cual comienza abrirse más.

    Yo: Sii ahhh mmm dale dale mmmm ahhhhh… hazme venir…

    Su lengua continúa haciendo maravillas en mi ano, hasta que con una mano me sostiene las piernas del mismo lugar de donde me las había estado sosteniendo, y con el dedo índice y de su otra mano derecha, comienza a ejercer presión en mi ano, mientras ahora comienza a lamer mis labios vaginales. Poco a poco mi ano sede y sus 2 dedos comienzan a penetrarlo, sintiendo mi orificio anal irse abriendo poco a poco, sintiendo mi cuerpo ser invadido por un calor y de un placer que me hace lanzar varios gemidos agudos mientras sus dedos van entrando por mi ano hasta que este los absorbe por completo. Una vez que me los metió por completo, comienza a penetrármelo suavemente mientras movía sus dedos en círculos, así hasta ir acelerando la penetración, que ya iba siendo más fuerte y rápido, mientras su lengua y labios ahora lamían y succionaban mis labios vaginales. Creí morirme de placer, ese hombre sabía lo que hacía y me estaba dando un placer tan intenso, tan fuerte. Ahora con mis manos me agarraba mis pechos, apretándolos y jalándome los pezones. Ya mis gemidos eran intensos y él intensificaba más las penetraciones en mi ano cada vez que gemía más fuerte.

    Él: Mmm si bebe sii, ¿te gusta verdad putita? ¿te gusta cómo te estoy tratando?

    Yo: Ahh siii ahhh… aaahhh Ahhhh mmmm ahhh.

    Así estuvo un rato más hasta que saco sus dedos de mi ano, dejándolo abierto, y de nuevo lleva su lengua ahí, metiéndola ya sin ningún problema a mi agujerito anal, haciendo presión con su cabeza para meter su lengua lo más que podía. Esto me hace estremecer aún más. Ya mis manos no saben a dónde ir, mis pechos, mi cabeza, mi boca para acallar mis gemidos. Luego de cogerme el ano con su lengua se endereza, llevando los dedos con los que me penetro a mi boca para que los chupara. Los chupo y mi sabor anal no me desagrada, así que se los chupo como si fuera su pene el que tuviera entre mis labios.

    Él: Mmm pequeña, que rico sabe tu culo, que sabor. Vamos putita, pruébate, embriágate con tu sabor. –me decía mientras veía como le chupaba sus dedos con pasión.

    Ya después se para de nuevo mi profesor, y de su bolsa de su pantalón saca un condón, para ponérselo rápidamente. Luego con las manos me separa las piernas y tomándome de la cintura me jala hacia él, quedando mis caderas en la orilla sobre el escritorio. Pasa sus antebrazos por debajo de mis piernas, de nuevo de mis corvas, sosteniéndomelas, y acerca su pene a mi sexo. Poco a poco comienza a penetrarme mientras ahora con mis manos me agarro de la orilla del escritorio por los costados de mi cadera. Él comienza a penetrarme con más fuerza; yo veo en sus gestos como disfruta la penetración y yo también, quien empiezo a gemir conformé va aumentando sus embestidas. Puedo sentir claramente sus testículos chocar ya con fuerza chocar con mis nalgas y su pene meterse hasta donde puede dentro de mi y también como empieza a endurecerse más.

    Él: Uff putita que rico se siente tu vaginaaa

    Yo: Si me… gustaaa. Ahhh ahhhh sentir… tu pene… dentro de mi… ahhhh…

    Él: Ahh y que preciosos se ven… ahh tus pechos… moverse… ahhh…

    Sus penetraciones se hacen más fuertes por lo que mis pechos realmente se movían muy fuerte hacia todos lados y sentirlos así realmente me excitaba, apretando con mis manos más fuerte la orilla del escritorio de donde me aferro. Mi espalda se arquea y ya también mi nuca, quedando la parte superior de mi cabeza sobre el escritorio, pues el placer que invade mi cuerpo con esa increíble penetración es intenso así como lo son ya mis gemidos.

    Estuvo así otros cuantos minutos penetrándome muy bien, hasta que saca su pene y tomándome de la cintura me gira sobre el escritorio, quedando ahora boca abajo sobre el mueble y con mis piernas hacia el piso, en una posición parecida de perrito. Siento su manos acariciar y apretar mis glúteos varias veces, para después sentir su lengua y labios en ellos. Se hinco para lamer mi trasero y también me los mordía, lo que me hacía gemir, entre placer y dolor, mientras sus manos acariciaban mis muslos.

    Él: Que traserito tienes putita, me encanta, que culo tan espectacular- decía mientras me seguía lamiendo y mordiendo mi trasero.

    Yo solo gemía sonriente ante sus palabras y sus caricias orales ahí, para que después de nuevo se pare y ahora sí, pegándose a mí, de unos cuantos intentos, logra penetrarme de nuevo mi vagina con todo su pene, ya sin ningún problema, pues tengo las piernas muy poco separadas. Él me toma de mis nalgas y empieza a darme clavadas fuertes con su pene, mientras yo, recargada con mi cuerpo sobre el escritorio y con mis brazos hacia los lados, de nuevo comienzo a gemir. Ahora son mis nalgas las que tiemblan cada vez que el cuerpo de mi profesor choca contra el mío, dándome unas penetraciones muy profundas. Ambos gemimos, pero yo más fuerte, y él solo me decía -«si putita, gime, me gusta escucharte gemir, me excitas»-. Esas palabras y sus fuertes penetraciones realmente me excitaban y ya mi respiración era rápida y agitada, haciendo que mis fuertes gemidos se entrecortaran. Mientras continuaba penetrándome, con sus dedos me separa un poco mis nalgas, viéndome por completo mi ano.

    Él: Mmm putita… que rico… culito tienes… quiero darte por ahí…

    Yo: Ahh ahh… ¿te gusta… mi culito?… ahhh ahhhhh

    Él: Siii… quisiera darte… por ahí…

    Yo: SI por favor… ahhh ayyy ahhhh… dame por… ahiii. Cógeme por mi ano… -decíamos entre gemidos.

    Mi profesor acerca de nuevo la silla en la cual se había sentado, y tomándome de la cintura me pega hacia él, de espaldas, abrazándose de mis pechos, los cuales aprieta y masajea a su antojo, lo que me encanta. Se acerca a la silla y se sienta, para después jalarme y hacerme sentar de espaldas sobre él. Agarra su pene, y lo apunta hacia mi ano, yo me voy sentando sobre su enorme pene, que poco a poco, con leve presión, comienza a meterse en mi ano. Gimo fuerte al ir sintiendo como su enorme miembro va abriendo mi estrecho orificio anal., hasta que me decido y decido dejarme caer de sentón. Todo su pene queda dentro de mi ano, haciendo que ambos gimamos fuertemente, estremeciéndose todo mi cuerpo, como si me estuvieran dando toques eléctricos. Me dolió un poco metérmelo de un sentón, pero a la vez me gusto la sensación que me produjo. Ahora empiezo a moverme para sentir su pene penetrarme: levanto y bajo mi cuerpo, con mis piernas abiertas y el pegadas, aunque el también mueve levemente sus caderas, mientras que de nuevo se abraza a mis pechos y me los agarra con sus manos y sus dedos se entretienen con mis pezones. Yo me sostengo con mis manos de los respalditos que tiene la silla a los costados. Ahora con una mano mi profesor acaricia mis pechos y con su mano derecha, bajándola por mi cuerpo hasta mi sexo, empieza a masturbarme, jugando con mi clítoris a su antojo. Esto ya es para rematarme: su pene abriéndome y penetrándome todo mi ano y sus dedos estimulando mi clítoris tan maravillosamente varios segundos.

    Yo: Ahh ay ayayy ahhhh que rico ahhhh mmm ahhh…

    Ahora cambiamos un poco la posición: él ahora abre sus piernas y yo soy quien las junta, haciendo la penetración anal más estrecha y por lo mismo más rica. También es él quien empieza a mover sus caderas, pues con ese placer tan intenso que siento he perdido fuerzas para moverme, recargándome sobre él quien me abraza y me lame el cuello y mi oreja izquierda. La mitad de su pene entra y sale sin dificultad de mi ano, embistiéndome con fuertes penetraciones. Mis gemidos ya no pueden ser más intensos, y sacando fuerzas me enderezo y me inclino hacia delante, recargándome con mis manos sobre una mesita que estaba frente a mí. Apoyándome sobre ese mueble, empiezo a mover de nuevo mis caderas, sintiendo su pene adentrarse más aun, mientras él ahora lleva sus manos su nuca, disfrutando de la penetración mientras gime.

    Él: Ay putita así así… ahhh ahhh. Que rico mueves tu culito…

    Yo: Ayy ahhh…  te… gusta? Ahhh ayy ahhhayy…

    Él: Ahhh si putita… ahhhh

    Muevo más mis caderas, haciendo que su pene toque cada rincón de mi orificio anal, dejando caer mi cabeza lo más que pueda hacia atrás, restregando mi ano contra su pene, en una penetración profunda y deliciosa. Él también empieza gemir fuerte al igual que yo, sin soltarse la nunca con sus manos, y yo siento que ya estoy teniendo un fuerte orgasmo, por lo que muevo mis caderas más fuerte, hacia todos lados, sintiendo su pene romperme mi ano, pero el placer que me hace sentir eso es mucho más fuerte y no detengo mis fuertes movimientos. Mi profesor empieza a gemir ahora si más fuerte, enderezándose un poco.

    Él: Me vengo putita… me vengo…

    En ese instante siento que él se estremece, siento por debajo de su condón que se ha venido, y yo también, pues tuve un rico orgasmo. Ambos agitados y gimiendo levemente ahí, él abrazándome y yo recargada con mi espalda sobre su torso, mientras me acaricia suavemente mi vientre y mis pechos con sus manos. Así estuvimos unos segundos descansando, hasta que me paro, sacándome lentamente su pene de mi ano y me hinco frente a él. Tomo su pene y comienzo a quitarle su condón, que está lleno de su semen. Acerco mi nariz y lo huelo.

    Yo: Mmm que rico huele -le digo aun poco agitada.

    Él: Trágatelo putita, quiero ver cómo te lo tragas -me dice también exhausto.

    Yo: Deme la cámara con mi foto y me lo trago -le digo cerrándole un ojo

    Toma su pantalón y de su bolsa saca su cámara, enseñándome la foto, para después darme la cámara. Sin más que decir llevo el condón a mis labios y lo vacío en mi boca, tragándome todo su semen, que aún estaba tibia. Mi profesor sonríe y ríe al ver cómo me lo tragaba.

    Él: Eres toda una putita ¿eh?, tan seriecita que te ves. Hasta parece profesional por como mamas y te mueves. Te lo tragaste todito.

    Yo: Jajaja le dije profesor que usted diría si soy o no buena para esto -le digo ya parándome y acomodándome la ropa que nunca me quite y poniéndome mí tanga.

    Él: Vaya que si, pareces toda una experta, es más quédate con la cámara también, no solo con la foto, creo que te lo mereces.

    La cámara era muy buena y con mucha tecnología, calculé que valía más de $4000, así que me sentí ahora si como una golfa a la que le pagan por sexo, pero no me importo.

    Yo: Gracias profesor, nos vemos, cuídese -le dije ya para salirme de su oficina.

    Él: Adiós putita, a ver si repetimos esto de nuevo.

    Volteo mi mirada hacia él, sonriéndole.

    Yo: Solo si me fotografía haciéndome travesuras profesor, mientras no ¿ok?

    Él solo se carcajea y yo me salgo de la oficina, satisfecha y contenta, pues comprobé que ya me estaba haciendo toda una experta y que eso resultaba muy bueno realmente pues ya sé cómo satisfacer a todo hombre que este conmigo. Antonio pasó por mí a la hora que acordó y lo acompañe al aeropuerto donde tomaría su avión. Como llegamos unos minutos antes, nos estuvimos en su auto dentro del estacionamiento, muy tranquilo por cierto, haciendo más travesuras. Ya se imaginaran que tipo de travesuras… ¿o no?

    Gracias por leerme, espero les haya gustado.

    Espero sus comentarios a [email protected].

    Besos, buen inicio de semana.

  • De esposo a mariposita

    De esposo a mariposita

    Hace unos días he iniciado una nueva vida de la mano de mi Dueña, Alteza. Gracias a Ella me he ido dando cuenta de cosas que ante me parecían normarles, cuando realmente no lo eran tanto dada mi naturaleza sumisa.

    Contactamos brevemente por gmail ya que enseguida Mi Ama me pidió que le diera o, si no la tenía, que me crease una cuenta de Skype. Lo entendí como una orden. No tarde en darle mi nick para, que si lo deseaba, me invitase. Pensaba que tardaría horas o días en hacerlo. Inmediatamente tenía el aviso de que Alteza me había escrito. Me invadió la ilusión, aunque en el fondo pensaba que duraría poco, como otras tantas veces.

    – Cambia la imagen que tienes por la que te he enviado – ordenó después de un breve saludo. Cambié la que tenía de una foto mía con corsé y medias negras por una en la que me reflejaba mejor: una chica arrodillada, inclinada hacia delante, apoyando el torso sobre las rodillas y los brazos extendidos hacia atrás y las manos sobre las nalgas. Delante de la cabeza, apoyada en el suelo, se ve las piernas de una Ama con botas de altos tacones y el cuero brillante que le cubre los gemelos. Una de las piernas descansa sobre la espalda de la esclava y con una mano sujeta una fusta, tocando el extremo también la espalda de la sumisa (es la imagen que aparece en éste perfil).

    – Ya Alteza – dije enseguida.

    – Quita ese nombre y pon mariposita. Es lo que eres -. Lo cambié y así se lo hice saber -. Eres marica, ¿no? – se lo confirmé. Me iba preguntando y le iba respondiendo. Me hacía sentir realmente sumiso, ansioso por entregarme a Ella y que me aceptase. Le dije mi edad, que estoy casado y con dos hijos, chica de 27 y chico de 23. También le informé que mi esposa no comparte esto y que sabe que me gusta.

    – Dile que se ponga – ordenó.

    – Alteza, no está en casa y preferiría que ella no se entere, no quiero meter a mi familia en esto.

    – No te das cuenta que tu esposa es una bruja, te utiliza y te menosprecia por no aceptarte cómo eres -. Me preguntó cuánto tiempo llevábamos casados. Le respondí que treinta años. Me decía que en ese tiempo ella debería aceptar lo que soy y que mi naturaleza sumisa tenía que salir.

    Al rato llegó mi esposa y me vio hablar por Skype. Se enojó y se encerró en la habitación. Ahí se me calló el mundo. Se lo dije a Mi Ama y me dio indicaciones de cómo arreglarlo. Entré en la habitación dispuesto a hacer lo que me había ordenado, pero me rechazó y me dijo que saliera de la habitación.

    – Desnúdate y duermes en el suelo, fuera de la habitación. Así la bruja verá cuando se despierte que se ha portado mal contigo y te perdonará – dijo Alteza.

    Le dije que no podía hacer eso, que me verían mis hijos desnudo y que se extrañarían. Me daba vergüenza y ellos no debían enterarse de lo que soy.

    – Mejor, si te ven durmiendo en el suelo se pondrán de tu lado. Les dices que la bruja no te trata bien y que por eso lo haces – volví a decirle que no podía hacerlo -. Has perdido 30 años y vas a perder más si no haces lo que te ordeno.

    En ese momento no me vi capaz de hacerlo y corté la comunicación. Se me estaba yendo de las manos y yo quería a mi esposa.

    Al día siguiente, saludé a Alteza por Skype, convencido de que no me respondería. Me equivoqué. Enseguida me preguntó si se había solucionado. Al responderle que no, que mi esposa estaba molesta, me dijo que la bruja no le llegaba ni a los tobillos, que ella no entendía mi naturaleza y que estaba siendo egoísta.

    – ¿Dónde has dormido? – preguntó

    – En otra habitación, Alteza

    – Te ordené que lo hicieras en el suelo, desnudo, que así lo arreglarías.

    Volví a decirle que no podía permitir que mis hijos me vieran en esas circunstancias.

    Seguimos hablando, exponiendo mis miedos y Mi Ama, llena de paciencia, me dirigía hacia una nueva vida.

    Me dio la indicación de cómo debía presentarme ante ella, de rodillas y posición de adoración. A la vez insistía en mi condición de mariposa, maricón. Me hizo ver que si yo era mariposa mis hijos eran capullos, aun cuando se me hacía extraño y humillaba, reconocí que ese trato que les daba me rebaja y me hacía dar más entrega a Ella, a la vez que acentuaba mi sumisión. Entendí lo que me estaba diciendo.

    A partir de ese día me ordenó dormir en una habitación distinta a la de la bruja, siempre debía permanecer desnudo. Solo saludarla con un escueto «hola» por la mañana y un «adiós» por la noche. Aunque eso ha cambiado desde que informé a Mi Dueña que la bruja no responde a mis saludos. Ahora no debo dirigirle la palabra.

    Lógicamente, no puedo tener sexo con la tirana ni masturbarme. Tengo la orden de hacerme de un cinturón de castidad.

    Mi Ama, me ha hecho escribir diez veces, ante mi insistencia que amo a mi esposa, «eso no es amor, eso es costumbre». Y ha penetrado en mi, hasta el punto de decirle a Mi Dueña que me doy cuenta que no debo verla como mi esposa.

    – No se esfuerza por darte lo que necesitas, por dejarte ser lo que eres. La tirana tiene que estar fuera de ti. Quiero que escribas diez veces «La bruja debe salir, yo obedezco y me debo a Mi Ama». Y así lo hice. Eso afianzó que, aunque compartamos el mismo techo, la bruja estaría fuera de las paredes de mi habitación y de lo que había tenido con ella durante 30 años.

    El dominio de mi Dueña ha ido creciendo en pocos días. No permite que tenga ningún vínculo con la tirana, siempre estoy desnudo sin importar que me vean los capullos y mucho menos la bruja. Ladro cuando Alteza me lo ordena, para que se oiga por la casa y se invada de alguna forma de Su poder.

    Me ordena hacer las tareas domésticas solo con un medio delantal sin que tampoco importe la presencia de mis hijos que, por cierto, me miran con expresión de extrañeza y empiezan a esquivarme. Me ordena hacer limpieza a altas horas de la noche. De hecho, llevo unas noches que solo duermo 2 o 3 horas. Y, desde hoy, siempre tengo que lucir con collar de perro, comer en un cuenco en el suelo comida de perro.

    La verdad, es que no sé si eso podrá afectar a mi salud. Los perros comen y duermen en el suelo, hacer vida de perro, supongo.

    En estos días he estado poniendo pegas a Mi Dueña, anteponiendo tabúes y formalidades que me ha ayudado a ir venciendo. La verdad es que no sé hasta dónde va a llegar esto, solo depende de Alteza el nuevo rumbo que ha tomado mi vida, mi nueva vida y, como dice Mi Dueña, nueva Ama. Diría que es el bautizo con Mi Diosa.

    Ayer avanzó más, tiene el control de mi gmail, de la cuenta que tenía en ésta página. Ha creado una nueva para nuestros relatos. Tengo la impresión que también es para nuestras cosas. Ha creado un perfil que me parece maravilloso, aunque no es a mi a quien debe agradar, si no a Excelencia, Mi Dueña. Tiene mi número de móvil, algo que nunca antes había tenido nadie en éste ámbito.

    Ayer también me ordenó escribir estas palabras para publicarlo aquí. Por supuesto, antes tengo que enviarle éste escrito para que lo supervise y dé Su aprobación, si es que desea darlo.

    Termino diciendo que, empiezo una vida acorde a mi condición, dejando atrás los últimos 30 años, perdidos por la costumbre de vivir con la bruja, expuesto siempre ante los capullos con mi desnudez y, desde ahora, con collar. Orgulloso de haber convertido la humillación y vergüenza en el honor de complacer a Mi Dueña, Alteza.

  • La secretaria madura

    La secretaria madura

    Aidé era la secretaria de los jefes de mi trabajo, una mujer madura de 47 años de edad, su cara ya mostraba el pasar del tiempo, pero en contraste su cuerpo aún era digno de admirar, una tetas grandes y firmes, una cintura deliciosa, unas nalgas grandes y duras y unas piernas de concurso!

    Ella estaba frente a mi lugar, así que diario me daba mi taco de ojo, desde que al vi la verdad se me antojo mucho, intercambiábamos miradas y sonrisas, ella coqueta cruzaba sus piernas para que el viera sus ricos muslos, o se agachaba frente a mí para enseñarme las tetas, ¡el mayor tiempo la tenía parada gracias a la seducción de la madurita!

    N viernes todos los compañeros quedaban de acuerdo para ir a bailar, ese día tuve una ligera discusión con Lety, así que no quería llegar temprano a casa, Aidé se acercó a mí para invitarme a su salida.

    A: Hola Luis, oye fíjate que vamos a ir a bailar y por unas cervezas, ¿gustas ir?

    L: ¿Por dónde van?

    A: ¿Aquí a unas calles, hay un barcito con música sonidera para bailar, te animas?

    L: ¡Si voy como tu pareja si, jajá!

    A: Jajá, que muchachito, ¡pero todos vamos de solteros jajá!

    L: Ah, entonces me apunto, ¡a ver si me concedes unas cuantas piezas!

    A: ¡Sera un gusto guapo!

    En el bar estaba ella y unas tres compañeras más, también un compañero con quien convivía mucho y un par más, en total éramos siete, pedimos unas cubetas de cerveza y comenzamos a brindar por una semana de trabajo exitosa, la salsa y la cumbia comenzaron a sonar, inmediatamente la elegí para bailar, su meneo era bueno, bailaba muy bien, pensamientos indecentes cruzaron mi mente “si así baila como a de coger”, ¡solo la miraba y sonreía!

    L: ¡Qué bien bailas!

    A: ¡Gracias, tú también sabes moverte!

    L: ¿Imagino que así eres para todo?

    A: ¡Jajá, pues algo así!

    ¡Continuamos con el baile, no solo baile con ella si no con las demás y eso solo para disimular mis ganas de parchármela!

    Aidé sabe cómo seducir, ella traía un vestido entalladísimo con una abertura en la pierna que al sentarse me mostraba su buen torneado muslo, me giñaba el ojo y me acariciaba la pierna, ella también quería estar conmigo, lo notaba y lo sentía, poco a poco los demás se fueron del lugar quedando ella y yo solamente.

    A: ¡Qué bien me la he pasado!

    L: ¡Yo igual, eres una excelente bailarina y compañera!

    A: Eres un amor, ¡qué lindo!

    L: ¡Y tú eres un primor y una belleza!

    A: Bueno, ¿me acompañas por un cigarro?

    L: ¡Claro, yo también quiero uno!

    Nos salimos a fumar, ya habíamos pagado todo y la verdad ambos estábamos esperando que alguien tomara la iniciativa, mientras fumábamos un silencio se apodero de ambos, eso me dio la señal para ser yo quien tomara la iniciativa.

    L: Aidé, mira espero no lo tomes a mal, ¡pero quisiera estar contigo en la cama ahorita mismo!

    A: Uf, que directo jajá, ¡pero soy casada!

    L: ¡Yo también y lo sabes, por algo sigues aquí!

    A: Como crees, ¡estoy esperando a que me marquen y vengan por mí!

    L: Bueno entonces ya me voy, ¡no te quiero comprometer!

    A: Oye espera, ¡caminemos hacia la avenida por favor!

    Ella me tomo de la mano y caminamos a la avenida y de sorpresa ¡me planto un tremendo beso, yo lo acepte mientras acariciaba su cintura, su lengua entraba muy rico a mi boca, sus labios carnosos apretaban los míos muy rico!

    A: ¡Perdón por ser grosera allá, pero es que me conocen!

    L: Te entiendo, ¡que rico beso!

    A: Vamos al hotel que está en la esquina, ¡claro si gustas!

    L: ¡Sera un honor, vamos!!!

    Al estar en la habitación ella me recostó en la cama y con un poco de música me comenzó a hacer un striptease, sus movimientos eran magníficos, su ropa caía por toda la habitación, yo me excitaba la ver como se desvestía, se acercó para que le quitara el brasear, el cual me aventó a la cara, yo como pero olfatee el olor de sus tetas que olían a dulce, ella sonrió y puso su trasero en una tanga frente a mí!, yo lo apreté y le di un par de besos a su ricas y duras nalgas, bajándole su tanga con mis dientes!

    Ya una vez desnuda ella me quito mi camisa ay comenzó a besarme el pecho, me lamia los pezones y los mordía rico, ¡como pulpo apretaba desde sus ricos muslos a sus duras nalgas!

    L: ¡Estas buenísima Aidé!

    A: ¡Me gustas mucho cariño!

    L: Que cuerpazo, que rica vagina, ¿me dejas comerla?

    A: ¡Adelante, es tuya!

    La acosté en la cama, ella abrió sus piernas dejándome su vaginita húmeda y depilada, empecé besándosela y aricándola con las yemas de mis dedos, luego le daba pequeñas lamidas desde sus entre piernas pasando por su pelvis y llegando a sus labios vaginales.

    ¡Enrole mi lengua y lamia su clítoris, los movimientos de mi boca levantaban su pelvis, su clítoris estaba infladísimo y líquidos de placer salían llenándome la boca!

    L: ¡Aidé sabes riquísimo!

    A: ¡Agh que buen mamador eres!

    L: ¡Tienes una vagina apretada y jugosa!

    A: Sigue, ¡menos habla y más chupadas!

    La empecé a follar con mi lengua, le apretaba la cadera para empujarla hacia mi boca, también de vez en cuando lamia su culo, parecía una aspiradora tragándome la concha de la veterana, ¡pero no podía dejar de comerme su rico tesoro!

    A: ¡Agh, cariño me voy a venir!

    L: ¡Si, que rica!

    Aidé se corrió riquísimo, se retorcía como lombriz, había logrado hacerla sentir un orgasmo solo con mi lengua, su vagina palpitaba en mi boca y la llenaba de su venida!

    L: Que rico bebe, ¡pero ahora te toca mamármela!

    A: ¿Ah, así de plano?

    L: ¡Yo también quiero gozar!

    A: A ver déjame verte, ¡dios mío!!!

    L: ¿Que nena?

    A: ¡La tienes enorme, uf, que verga, dios mío Luis, eso no me va a caber!

    L: ¡Jajá veras que si amor, tu éntrale!

    Aidé empezó a acariciarme con sus tetas y su mano, apretaba mi verga muy rica y la masturbaba delicioso, me apretaba los testículos y los pellizcaba, no dejaba de piropear lo grande de mi verga, hasta que comenzó a chuparme la cabecita, lo hacía maravilloso, la succionaba y la lamia, recorría desde mis testículos hasta la cabecita, juagaba con mi glande, lamía fuerte el tronco, lo hacía como si fuera una paleta, luego como aspiradora metía toda mi verga a su boca!

    L: ¡Uff, Aidé que rico!

    A: ¡Me encanta tu verga papi!

    L: ¡Chúpala, chúpala rico!

    A: ¡Es un rico manjar!

    L: ¡No pare nena, no pares!!!

    La tomé de la cabeza y comencé a follarle la boca, ¡no la dejaba respirar! ¡Me movía fuerte y bruto, mi verga ya estaba hasta sus anginas, pero Aidé en lugar de agitarse, más seguía saboreando mi verga! Continúe follándole la boca hasta que su silaba escurría, mi verga ya estaba toda babosa, sus pezones estaban durísimos, ¡era tiempo de penetra a la rica madura!

    L: Ven mami acuéstate, ¡abre las piernitas!

    A: ¡No uses condón, métela así!

    L: ¡Es arriesgado pero lo hare!

    Le comencé a meter la verga suave, su vagina era estrecha y apretaba riquísimo, me moví solo dándole la puntita, Aidé cerraba los ojos y movía su pelvis, poco a poco fui introduciendo mi verga acercándome a sus tetas para mamárselas al mismo tiempo.

    Levante su pierna para cruzarla y que entrara así, se la besaba y le apretaba su muslo y sus nalgas, Aidé se movía también muy rico, luego levante sus dos piernas poniendo sus pies en mi cuello, la embestía con fuerza, ¡la madura solo gemía y se retorcía para apretar más rico mi verga!

    L: ¡Nena muévete, que piernas, me encantan!

    A: ¿Te gustan mucho?

    L: ¡Siempre quise térnelas así!

    A: ¡Agh, que rico!

    L: Todos los días que las veo me excitan, ¡a veces me eh masturbado pensando en ti y en tu cuerpo uf!

    A: ¡Dios mío, agh, pues déjame toda acabada!

    Puse sus piernas junto a su cara, me puse de pie y se la clave fuerte, ella gemía fuerte y se apretaba las tetas, me apoyé de sus pies para dejársela caer con mucha fuerza, ¡el sonido generado me excitaba más y más dura se me ponía!

    La puse boca abajo y abrí sus piernas un poco, luego abriendo sus nalgas puse mi cabecita en su vagina, me recosté encima de ella y abrazándola la ensarté de un solo golpe, me movía fuerte, ella apretaba sus nalgas y movía su pelvis, parecíamos lagartijas cogiendo, le besaba la espalda, y el cuello, la madura también me besaba y me tomaba de la mano, me excitaba ver lo dura que se ponían sus nalgas al apretarlas, seguí dándole en esa posición hasta que empoza a mojarse y gritar más.

    La puse de perrito y ¡dios mío! Que culazo se le veía, la tome de las nalgas y la penetre despacio, me movía suave metiéndola y sacándosela por completo, sentía su clítoris como rozaba mi tronco, ella babeaba y me pedía más duro y más rápido, la obedecí y comencé a embestirla fuerte, ¡ella también movía sus nalgas lo que hacía una presión más rica en mi pene!

    A: ¡Ags, así que rico, que rica verga!

    L: Aprietas maravilloso, ¡sigue moviéndote corazón!

    A: ¿Te gusta papi?

    L: ¿Me encanta y a ti?

    A: Me encanta también, ¡que rica verga y coges riquísimo!

    En eso ella empezó a correrse por segunda ocasión, parecía lombriz moviendo sus nalgas en mi verga, yo disfrutaba cada movimiento de Aidé, ¡el verla si me la ponía más dura y más la penetraba!

    A: ¡Bebe que rico, que rico siento!

    L: ¡Eso chiquita, goza mami, goza!

    A: ¡Ahora te voy a hacer venir cabrón!!!

    L: ¡Uf, si mami, hazme tuyo!

    Me acosté y Aidé subió en mí, comenzó a darse de ricos sentones mirándome fijamente y luego me cabalgo delicioso, su vagina se movía riquísimo, se inclinaba a besarme los pezones dándome unos buenos sentones en esa pose, movía muy bien su pelvis, ¡yo cerraba mis ojos y disfrutaba el momento apretando sus ricas tetas!

    L.: Mamacita que rico, te mueves deliciosamente, ¡estas triturando mi pito!

    A: ¿Te gusta mi amor? ¡Te dije que te haría venir!

    L: ¡Sigue reinita, sigue!

    A: ¡Agh, que dura, ah!!!

    Aidé empezó a moverse más rápido, mi verga sentía un apretón maravilloso, yo gritaba y seguía apretando las tetas de Aidé, ella como licuadora trituraba mi verga, yo no aguante más y comencé a llenarla de leche!

    L: ¡Mamacita que rico, uf!!!

    A: ¡Agh, papi, dios que rico!

    L: ¡Aidé me encantas, dios!!!

    A: Mas leche, ¡quiero más!!

    El orgasmo fue riquísimo, ella también se corrió una tercera vez, nos recostamos abrazados, nos besábamos y respirábamos controlando la aceleración.

    Salimos del hotel ya casi a las 7 am, toda la madrugada no la pasamos cogiendo, la llevé a un taxi me despedí con un beso muy rico y me fui para mi casa, al llegar Aidé me mandó un mensaje que decía “que rico, quiero más de ti”

    A partir de ahí nos volvimos amantes y aprovechábamos cada momento para coger, estuviera quien estuviera y fuera donde fuera, pero eso se los contaré después.

  • Eli, una deliciosa madura (Parte cuatro)

    Eli, una deliciosa madura (Parte cuatro)

    Habían pasado varios meses desde nuestro último encuentro. Por distintas razones no tuvimos ningún tipo de contacto. En fin, lo importante es que pasó. Una de las particularidades es que pienso en ideas sobre coger con ella, las planeo y las ejecuto. Mientras esperaba que saliera del negocio donde trabajaba, aproveché la oscuridad de la calle y tomé el lubricante, y me puse una cantidad generosa en la verga. Salió del local y abordó mi auto, nos besamos calurosamente para después dirigirnos a nuestro centro sexual preferido. Voy a saltarme hasta la escena en la que ya estábamos en la habitación. Le di pocos besos y le quité la ropa, yo sólo me bajé la bragueta del pantalón y me saqué la verga pre-lubricada. Me senté en la esquina de la cama, la tomé de la cintura y la puse de espalda a mí, le dije: -siéntate. Obedeció sin chistar, sólo que apunté mi verga en su culo. En cuánto noté que estaba en el lugar y ella dio un pequeño gemido, con ambas manos jalé su cadera hacia mí, metiendo mi verga de un jalón en su recto, su ano no presentó resistencia.

    Ella jadeaba y se retorcía, con sus manos trataba de levantarse para sacar mi carne de la suya, pero no la dejé, le dije al oído que se relajara, que ya iba a pasar el dolor. Aceptó lo que le estaba pasando pero seguía gimiendo de dolor… Comencé a sobar sus tetas, mientras le decía al oído: -Eres mía. Me gusta darte placer mi amor. Voy a vivir siempre en tu mente. Sé que hasta hoy has disfrutado tanto del sexo y soy el primero en cogerte el culo… ¡Ella jadeaba más y más! Poco a poco el dolor se redujo hasta mezclarse con placer, su mente estaba envuelta en sensaciones.

    En cuanto sentí que me traicionaba mi verga al querer reventar, la puse de pie y la llevé a la bañera, bajo el agua caliente la masturbé, le chupé la pucha, me la mamó, etcétera…

    Esta vez pasó algo extraordinario: nos pusimos lubricante, en las partes a detonar, y tuvimos un delicioso menú de posiciones que permitían bombearle el culo a pedir de boca, estar en la orilla de la cama es una maravilla. Tomé sus piernas, las levanté y las junté, dejando a la vista su pucha empapada y pujante, y su ya relajado y lubricado culo. Eliza estaba completamente entregada, con el toque de mis yemas sabía cómo acomodarse, qué hacer. Toqué sus caderas y se acercó más, subió la cadera, poniendo sus rodillas casi en su frente, separó con sus maduras manos sus nalgas y me dijo: – ya cógeme el culo, mi amor. Y méteme ese trozote… No me hice esperar, escupí copiosamente en mi verga, para hidratar el lubricante, y le metí la verga de un jalón. Le estuve dando un buen rato, con las piernas en mi frente, luego a la derecha y al final a la izquierda… legó mi momento de llenarle el recto de pecaminoso extracto… ¡pff delicia!

    No le saqué la verga, me quedé de pie disfrutando las imágenes de una bella y madura mujer, extasiada, rendida ante mi. Le dije: -Qué rico tenerte así, rendida. Con mi verga en tu culo. Y me respondió: -Me encanta sentirme así, como una vulgar cerda. Que ha sido cogida por el culo. Me gusta sentir mi recto lleno de tu leche y tu verga. Esta extraña sensación de placer y dolor. El tener que ir al baño porque tengo la sensación de cagar y sólo es tu lefa la que escurre de mis adentros…

    ¡Wooow! Eso me puso la verga de nuevo al 100. No se la había sacado siquiera cuando ya estaba de nuevo violentando la naturaleza de su esfínter, bombeándole duro otra vez, los pliegues de su ano se convirtieron en una cresta que se movía al compás de mi falo entrando y saliendo. Haciéndola revolcar y morder las almohadas…

    Nos perdimos de vista por largo tiempo. Pero hubo una segunda vuelta…

  • Atroz

    Atroz

    Durante años, las personas han tenido diversos gustos en el ámbito sexual. Algunos refugiándose en fantasías, incluso, otros han buscado la manera de satisfacer lo inimaginable, realizando audazmente el logro de estas mismas. ¿Y por qué no? Si lo imaginas; tal vez se podría conseguir.

    Lo que a continuación viene, es una historia meramente ficticia; inspirada de algunos videos de internet, que en lo personal, me parecieron dignos de uno o más relatos. No sé si alguien los haya visto; pero si eres sensible, te pido que detengas la lectura, o si el morbo de ver de qué trata, puedes dejar un comentario sin ofensas. Es una historia que para algunos seria fuerte…

    Boss. Es el nombre de nuestro protagonista; o mejor dicho, antagonista.

    Boss. Un hombre de escasos 28 años, padre de dos niños de 6 y 3 años de edad. Felizmente casado con una buena mujer, quien lo procura aun con el mas mínimo detalle.

    Pero, su ímpetu sexual, le hacía querer tener más aventuras.

    Su gran deseo hacia otras mujeres llegaba a ser un tanto obsesivo, con tal de satisfacer sus deseos.

    Hasta ahora había logrado conquistar a unas cuantas mujeres; tanto en su lugar de trabajo, como a una que otra de la región.

    Siendo un tipo normal de cuerpo, estatura 1.65, tez morena, con un buen acento en cuanto a vocabulario.

    Pero. Su mayor obsesión era Julia.

    Julia. Poseedora de un cuerpo casi perfecto desde los pies, hasta la cabeza. Con 1.70 de altura, piel canela, ojos rasgados tipo asiáticos y de 20 años de edad. Universitaria, hija de familia.

    Una mujer que sabía sacarle provecho a los hombres, y claro. Solo mostrando un poco más de carne, no había quien no le quisiera hacer favor alguno; con tal de disfrutar tan exquisito cuerpo.

    Boss. No tuvo ojos para nadie más, esa bella chica vivía a la esquina siguiente de donde él.

    Desde que la conoció hizo todo por llamar su atención, pero Julia no le veía caso, como para darle un pequeño deleite.

    Boss siempre se las arreglaba para verle, aun estando vestida con ropas holgadas. Pero a Boss se le hacía agua la boca al imaginar esas carnes que ocultaban aquellas prendas. Tampoco le quitaba la mirada cuando esta pasaba; ya fuera en short o en minifalda, misma que ella usaba para lucir en fiestas o reuniones, siempre de amigos.

    Boss juro asimismo que Julia seria de él, de una o de otra forma; tanto que aun en sus más bajos instintos sería capaz de probar cada parte de ella.

    Sin duda estaba poseído por la obsesión de tener a Julia entre sus brazos.

    El día fatal para la mujer llego…

    Julia se encontraba arreglándose como era de costumbre para asistir a una fiesta más con sus amigos. Amigos que la esperarían con ansia para embriagarla y así poder poseerla. Julia sabia de esto; pero aun así pensaba divertirse.

    Minifalda negra, botines negros, un chaleco acompañado de una camisa blanca y chamarra negra.

    La vestimenta perfecta; al menos para esa noche.

    Boss, pasaba por ahí, con el objetivo de ver a la chica. El solo se conformaba con verla salir y que vestimenta usaría para la ocasión.

    Sin darse cuenta la mujer de que el hombre la fisgoneaba, esperaba ansiosa la llegada de uno de tantos pretendientes para llevarla.

    Boss se acercó, preguntando de una manera disimulada e inocente si esperaba a alguien, o si le podría ofrecer un aventón.

    La chica, un tanto desesperada por la tardanza de aquel amigo, acepto subir al carro de aquel hombre.

    Julia: No te importa llevarme hasta el lugar de la fiesta?

    Boss: Para nada. Aparte iré por un cuñado y la dirección de donde iras me queda de paso.

    El no podía dejar de verle las piernas de reojo; por lo que cegado por la obsesión, llevo a Julia por otro camino.

    Julia: Creo que te pasaste. ¿Sabes qué? Aquí me bajo.

    Deteniendo el auto y con cierto enfado la chica emprendía el descenso, hasta que…

    Boss: Oye! Se te cayó algo en el asiento.

    La chica con cara de enfado asomo la cabeza para buscar lo que según había caído.

    Julia: ¿Dónde está…? ¿Que se me cayó?

    Boss: Entra un poco más para que veas… Creo que es tu celular.

    Julia, casi entro de nueva cuenta al auto cuando… Zaz! El puño de Boss casi se incrusta en la mandíbula de la chica, ocasionado que esta cayera desmayada por aquel fuerte golpe.

    Rápido Boss, la acomodo y la llevo a una localidad cerca de donde se encontraban en un baldío, en completa obscuridad.

    Sin sosiego alguno, Boss la bajo del auto. No sin antes montar una manta, simulando una cama.

    Pronto sus manos recorrían el cuerpo de la mujer inconsciente, hurgando por sus partes íntimas.

    Al querer besar los labios de la chica, noto pronto el sabor de la sangre saliente, producto de golpe propinado minutos antes.

    Esto lo volvió como una bestia.

    Descaradamente comenzó a desnudarla con mucha rudeza, a besar y morderle, tanto las piernas como sus pechos.

    El dolor despertó a Julia; quien pedía que se detuviera, pero Boss ya estaba muy fuera de sí.

    Acto seguido la victima trato de escapar de su captor.

    Pero la fuerza del hombre pudo más. Conteniéndola con un brazo.

    Entre cachetadas, insultos y amenazas, el disfrutaba como su querida y deseada victima pedía que la soltara; pero esto hizo que Boss le siguiera golpeando.

    Boss: Cállate maldita perra! Ahora serás mía y apagaras el deseo que siento por ti. Calla!

    Aun así, la chica seguía pidiendo ayuda y que aquel vecino le soltase, prometiéndole no denunciarlo, ni hablar del asunto.

    Ofuscado. Boss comenzó a estrangular a Julia.

    Poniéndose morada. Ya sin fuerzas, simplemente Julia. Murió.

    Viendo lo que había hecho. Boss siguió con lo que le había sido interrumpido.

    Siguió mordisqueando las piernas de la chica, hasta llegar a su vagina.

    Su lengua recorría cada centímetro; así como el poco grosor de la misma.

    A pesar de haber fallecido, esa parte reaccionaba como si aún tuviese vida.

    La lengua del violador y asesino limpiaba gustosamente la sangre de la cara de la mujer.

    Al término decidió abrirle la boca para profanarla con su erecta verga. Acomodadas en 69, Boss disfrutaba por vez primera los fluidos de la recién fallecida.

    Ahora la acomodo sobre sus rodillas a modo que sus redondas nalgas apuntaran hacia arriba.

    De dos golpes, pudo penetrar el cuerpo inerte de su presa.

    Ohhh! Que placer sentía aquel maldito; tanto que sus ojos se hallaban totalmente en blanco, su lengua de fuera, disfrutando el sabor de la sangre.

    Saliéndose unos segundos del ahora cadáver, volvió a tomar impulso y penetro la vagina de su vecina. No conforme, siguió golpeándole aquel bello rostro, insultándola y volviéndola a ahorcar.

    Sus manos bajaron a sus bien formados y gentiles senos para apretarlos con desesperación y fuerza.

    Sus dientes arrancaban parte de los labios de aquella infeliz mujer.

    Habría pasado no más de una hora, profanando aquel cuerpo sin vida, cuando pronto salieron los disparos de semen, dentro de aquella cueva sin vida.

    Habiendo hecho esto. Boss quedo mirando el cuerpo de Julia, tendido sobre esa manta blanca, con rastros de sangre.

    El aire soplaba cada vez más frio.

    Pero, ni eso, ni la culpa de lo ocurrido, hicieron que el hombre volviera a degustar del cuerpo de su víctima.

    Sus clavadas eran de lo más rudas que podía; tanto que si la chica estuviera viva no soportaría tanta rudeza o en su defecto el dolor.

    De nueva cuenta su boca, su vagina, su culo, eran profanados a gusto y control de ese hombre de familia. Aparentemente cachondo, pero respetuoso con los demás.

    Una carcajada se levantó en el ambiente.

    Era nada menos y nada más que Boss, expulsando su segundo orgasmo.

    Pasaron casi 60 minutos, cuando el cuerpo de la chica empezaba a mostrar aspectos del rigor mortis.

    Aun así, vendría la tercera violación al cadáver.

    Enfermizo, deplorable, atroz para una persona como Boss.

    En ese instante no le importaba nada en el mundo. Solo el hecho de poseer a su más grande fantasía. Julia.

    Pero. ¿Qué caso tenía el haberla matado para saciar sus más bajos instintos? Eso jamás lo sabremos.

    Con apenas en control de movimiento con la difunta, vino el tercer y último disparo de semen; disparo que casi lleno la boca de la que alguna vez fue una hermosa mujer.

    Limpiando todo rastro de su cuerpo. Boss, limpio solo la vagina de la joven. Que a pesar de haber fallecido de una manera escalofriante reacciono como si hubiese tenido placer alguno.

    Con maestría Boss se deshizo del cuerpo, llevándolo a lo más profundo de donde se encontraban y así nadie sabría del paradero de la chica.

    Todo limpio, todo como si nada hubiese pasado, el hombre regreso a su casa con su familia, disfrutando de una rutinaria, pero feliz y tranquila cena.

    El trofeo más duradero de Boss; aquella tanga color roja, manchada de fluidos y sangre de la inocente Julia.

    Si notas varias faltas de ortografía, te ruego me disculpes.

  • El placer de ver a una mujer teniendo un orgasmo

    El placer de ver a una mujer teniendo un orgasmo

    Estando en la universidad me tocó estar en la casa de una amiga con su madre y hermana presentes debido a que la casa era algo grande y que habían tenido visitas logré estar a solas con mi amiga, no podíamos encerrarnos en el cuarto porque sería muy evidente, pero por alguna extraña razón pensamos en meternos al baño si alguien se acercaba simplemente contestaría que estaba ocupado y que tardaría un rato en salir, pero por suerte no llegó ese momento.

    Entramos al baño y empezamos a besarnos ya para ese tiempo ya tenía un poco de practica en cómo besar los pechos de manera efectiva y hacer un sexo oral que si bien no era muy bueno tampoco era malo. A decir verdad no hice nada distinto que en otras ocasiones ya hubiese hecho.

    Ella llevaba un pantalón ajustado y una blusa ligera. Empecé a besar su cuello mientras ella me decía que no podíamos hacerlo porque estaba su familia y conocidos pero por lo general no me gusta escuchar sus palabras cuando estoy besando a una chica, por lo general escucho más su respiración, sus suspiros y leves gemidos que salen de su boca (es como música para mis oídos), así que continúe besándola, alce su blusa y empecé a besar sus pechos a morderlos, me centre en sus pezones, empecé a lamer sus pechos como sus pezones de abajo hacia arriba, succionándolos con la boca, mordiendo ligeramente sus pezones, no nos quitamos del todo la ropa y para ser sinceros lo que yo quería era que disfrutara.

    Entonces fui bajando poco a poco besando su abdomen hasta llegar a su pantalón para poder desabotonarlo y bajarlo a mediación de las piernas. Como tenía una tanga muy diminuta no me fue difícil hacerla a un lado y empezar a besarle la entrepierna pasando mi lengua repetidas veces hasta que empecé a escuchar la aceleración de su respiración que reflejaban el grado de excitación comencé a lamer su clítoris con movimientos lentos de arriba hacia abajo, mientras que mis manos acariciaban sus nalgas, mis movimientos eran los mismo que en otras ocasiones había hecho no había nada fuera de lo normal excepto la pequeña excepción de que alguien nos podía descubrir, cualquier conocido de ella pudo haber ido al baño y descubrirnos.

    Seguí lamiendo de forma más rápida y alternaba besando su entrepierna, mientras que con una de mis manos acariciaba uno de sus pechos y apretando ligeramente su pezón, de tal manera como si hiciera una bolita con un papel, de repente jalaba y apretaba con un poco de fuerza su pezón. En menos de diez minutos realizándole un poco de sexo oral y acariciando con mis manos su cuerpo, ella empezó a gemir de una manera más intensa, agarro mi cabello con sus manos y presiono mi cabeza hacia ella como si quisiese que le diera más.

    Sus piernas se abrieron más tratando de obtener una mayor estimulación por parte mía. Yo por mi parte seguí moviendo mi lengua y apretando su pezón, sus ligeros gemidos forzados a no ser más ruido del que hacían eran controlados con una de su mano, mordiéndosela para evitar ser descubiertos hasta que al final ella saco ese suspiro que indica que ya ha terminado.

    Al arreglarnos para salir del baño me dijo que había sentido un cosquilleo intenso dentro de ella una sensación que nunca había sentido antes, que sentía como su cuerpo y sus piernas se tensaban mientras que por dentro sentía como su sexo palpitaba, las ganas que tenia de gritar eran fuertes pero que logro controlarlos mordiéndose un poco. Al intentar caminar se dio cuenta que le temblaban las piernas y que las sentía débiles. Todo esto es lo que disfruta y siente una mujer al tener un orgasmo.

    *******************

    En caso de haberles gustado este relato háganmelo saber para seguir publicando más contenido de las experiencias que me han tocado vivir y de las cuales iré contando.

    Soy un fanático de dar placer a la mujer y como tal alguien con mucha experiencia en ofrecer orgasmos a lo más bello que existe en este mundo que es la mujer.

    Mi correo es [email protected] y tengo un libro llamado ‘El arte del orgasmo’ y estoy próximo a escribir otro libro que habla de cómo volver a tu mujer multiorgásmica.

    Hasta la próxima y espero con ansias tus comentarios.

  • Elena la ganadera

    Elena la ganadera

    Los ronquidos la despertaron, iban al unísono, pensó que debía ser la primera hora de la mañana porque en aquel momento se oían los primeros ruidos de los camiones. Cuando abrió los ojos vio que el brazo peludo rodeaba su cintura, la mano regordeta en uno de sus dedos lucía un ostentoso anillo de oro falso con una cabeza de león. Notaba como en su espalda la barriga en cada ronquido se hinchaba y se contraía. Se dio la vuelta y observo una calva reluciente, de sus orejas salían pelos y bajo la chata nariz destacaba un bigote de morsa blanco, su pecho y barriga eran velludos así como su pubis, bajo la cual yacía un pene semiflacido. Tenía la boca seca, intentaba despejar su cabeza pero le dolía. Notaba restos de semen reseco en su cara y pechos. Se levantó de un salto, al incorporarse de su coño le cayeron restos de semen al suelo. Las dos camas individuales habían sido juntadas y en el otro lado roncaba otro individuo, era grandote, cara redonda y lucía media calva canosa, entre sus piernas un miembro flácido generoso en grosor. Busco su corto vestido de la noche anterior, pudo encontrarlo en un rincón de la habitación, sus medias en el otro rincón, sus zapatos debajo de la cama, lo único que le faltaba era su ropa interior. Opto por irse deprisa, la habitación tenía el ambiente cargado, olía a tabaco, a sudor y a sexo.

    Elena el día de su veintisiete cumpleaños las cosas (por ser cosas) no le salieron como se esperaba, se sentía mortificada y pensaba que quizás era hora de volver a tener una relación “estable”.

    Despeinada y ojerosa con los generosos pechos boteando salió al pasillo y subió al piso superior ante la mirada de dos camareras de pisos que estaban limpiando.

    — Ni los buenos días ya, ¿has visto con que soberbia nos ha mirado? — dijo una de las camareras — ¿De dónde sale la pava esta ?

    — De la 309, la habitación de esos dos asquerosos — contesto la otra.

    — La verdad es que apestaba macho que no veas, hay gente para todo. ¡Puta asquerosa!

    — No te quepa ninguna duda — dijo al mismo tiempo que sequía barriendo.

    Al llegar a su habitación se miró en el espejo, estaba horrible, sus ojeras, sus labios pintados corridos. La noche anterior había celebrado su cumpleaños con su familia, se había pasado de copas, después había cogido el último bus a las tantas, había llegado al hotel a deshoras. Se vistió deprisa, con el vestido que tenía reservado para esa noche, le sentaba bien, provocador, pero valía la pena. Elena era de baja estatura, pero corpórea, de grandes pechos turgentes y espaldas anchas, su culo armonioso subido espigón tirando a grande la complementaba bien en ese cuerpo robusto, sin grasas ni protuberancias antiestéticas. Tenía la cara de su madre, angulosa de pómulos marcados, nariz pequeña y mentón saliente. Sus ojos negros saltones le daban esa vivacidad eléctrica en la mirada.

    Se duchó y se puso el tanga de hilo y el sujetador a juego, soltó su media melena morena con mechas. Se puso el vestido escotado con falda corta y bajó al bar. Su cuerpo felino se insinuaba a través del traje ceñido, se sentía segura de si misma, era la dueña de la noche. El ambiente estaba aburrido, solo unas parejas de mediana edad y unos estrafalarios maduros vestidos con traje barato en la barra. La primera opción y su cansancio en primera instancia le hicieron por optar por el apuesto camarero, fue elección errónea, ya que se percató de que su novia lo esperaba en la misma barra. Bebió un Gin Tonic y analizó sus posibilidades. Eran pocas. Por descartes de la concurrencia solo quedaban los dos personajes de la barra.

    Una hora más tarde ya hacía deslefar a uno de ellos mientras el otro grandullón salía del baño. No aguantó la mamada, y en tres subes y bajas con la mano vació en una abundante corrida. El grandullón sin más dilación la montó a galope tendido tras el cual no tardó en emitir sonidos guturales y se vino dentro. Al rato al quedarse dormida noto como la volvían a montar uno tras otro, y está vez vaciaron sobre ella.

    Ya era de día tenía que ir de compras, se ducho y se puso el chándal rosa. Hizo unas llamadas a su familia y a Ester. A las once bajo para ir al centro.

    En el mismo momento que bajaba los dos personajes de la habitación 309 estaban en la barra del bar, enseñaban al veterano barman un sujetador uno y el otro un tanga.

    — ¡Pues si! Vaya puta noche de cojones — decía el gordo al barman en tono gravemente alto — como te decía, ¡nos la tiramos! No veas, la hostia puta.

    — ¡Qué puta suerte, joder! — contesto el barman — no todos los días se pilla una jamelga joven ¡ Qué suertudos, la hostia puta, joder, joder y joder, no me lo puedo creer!

    — Y no veas, el cabronazo — dijo el grandote mientras miraba al gordo — ¡ya se corrió en la mamada! Cuando yo salí del baño ya echaba la lechada. Y no veas como estaba de buena la hijaputa. ¡Le metí dos polvazos! ¡je,je,je,je!

    Elena procedía de una pequeña región ganadera, se había criado entre ganado, hasta no hacía mucho ordeñaba vacas junto a sus padres. Tuvo novio — también ganadero — hasta los veinticinco años. Sus diversiones eran en irse a otro pueblo cercano los fines de semana y los domingos por la noche volvían. Con el paso del tiempo a Elena este tipo de vida no la complementaba, necesitaba más vivencias gracias a la llegada a su casa del mundo virtual de un ordenador. A sus veintitrés años descubrió el mundo del sexo a través de una pantalla. Junto con su novio quiso experimentar esas nuevas oportunidades del sexo que se le hacían nuevas. Pero su novio carecía de esa iniciativa de cara al sexo y se mostraba ajeno, sin esa iniciativa, por lo cual todo se hacía monótono. Elena solo habiendo conocido a su novio trabajador y bonachón novio le llego la oportunidad con la llegada de elementos externos novedosos como fue la llegada de un nuevo comprador de mercancías de la ciudad, el cual cada semana enviaba algún camión para la carga de leche. No nos extenderemos mucho en detalles sobre está época y solo diremos que después de una vida rutinaria Elena en momentos puntuales era tumbada y era gozada por los camioneros.

    El cambio radical de su vida llego a los veinticinco años en un día de tormenta veraniega, fue el día en que conoció a Ester.

    Ester tenía 42 años, alta, delgada, de labios carnosos, cara ruda y gastada, morena de pelo corto. Venía con un todoterreno. Se excusó que se habían perdido con la tormenta, estaba de excursión y era incapaz de encontrar el camino de vuelta. Su madre la hizo pasar, incluso la invitó a café. Estaba mojada, era un día de perros. Ester se deshizo en alabanzas hacía la granja, dijo que envidiaba esa vida rural ganadera, les dijo que gente joven como Elena era la que hacía honrar la profesión de ganaderos. Su madre acogió con agrado dichos elogios y le dijo que el cabeza de familia no estaba, pero que Elena le indicaría el camino ya que ella debía atender otros quehaceres. Momentos después Elena se encontraba con Ester en el todoterreno indicándole el camino.

    — ¿Te gusta este trabajo, no te aburres aquí? — preguntó Ester.

    — La verdad es que no hay mucho donde ir, a no ser la granja, el pueblo más cercano está a 15 kilómetros, ¿usted es de aquí, no?

    — No, del más cercano a la ciudad, a unos 30 kilómetros.

    — ¿A qué se dedica? — pregunto Elena.

    — Masajes, doy masajes. Y llámame Ester, hay confianza. La verdad es que he venido para hacerte una propuesta de trabajo, me han dado referencias de ti.

    — ¿Quién? No sé quién puede… estoy asombrada — dijo incrédula Elena.

    — Uno de por allí, no tiene importancia, solo decirte que conduce un camión, a veces os lo pasáis bien, digamos — dijo al mismo tiempo Ester con una mirada de complicidad.

    — ¿Qué tipo de trabajo es eso?

    — Masajes relajantes con… ya me entiendes… no te hagas la tonta…

    — ¡Yo no soy una puta!

    — Nadie ha dicho eso, digamos que es un poco como ordeñar una vaca — dijo Ester en tono sarcástico — y voy a pagarte, podemos hacer una prueba, ¿qué respondes? — dijo al mismo tiempo que llegaban a la carretera y le daba una tarjeta —. Este fin de semana puedes venir.

    — Bueno… me tienta, la verdad… igual vengo… Bueno, vendré.

    Elena se paso las noches mirando videos de masajes, incluso llamó a Ester, la cual a modo de cursillo didáctico se conectaron vía skype en pleno masaje con clientes. La proposición de Ester le tentaba, ya casi habían roto con su novio y ese fin de semana sería una buena excusa.

    Elena se presentó al atardecer al lugar convenido. Era un local de tres piezas — recibidor y dos habitaciones con sus baños —, no lo que se pensaba ella, solo estaba Ester.

    — ¡Cuánto me alegro de verte Elena ! Ponte la bata blanca, a modo de debut vendrá un buen cliente, es algo exigente, pero le he dicho que hoy será gratis, creo que lo harás bien, has puesto interés.

    Elena se puso la bata blanca como le había indicado Ester — debajo solo sujetador y tanga — y empezó a calentarse las manos como le había aconsejado.

    — ¿Qué pide este cliente? — pregunto Elena.

    — Le gusta un buen completo, la paja, la mamada, el testicular y el beso negro. ¿Será demasiado, quizás?

    — No, tengo ganas de probar.

    — ¡Así me gusta!

    A la media hora llego el cliente, le había informado que era el encargado de una de una de las fábricas y que cada fin de semana venía. Tenía 54 años, alto, con perilla canosa y barriga cervecera, velludo, de cara hinchada y mirada de cerdo.

    Entraron, nada más entrar se desnudo y se tumbo en la camilla, su cipote ya apuntaba al techo, sus huevos peludos colgaban.

    — ¡A la faena, nena, a ver si me relajas! — dijo en tono viril.

    Empezó con un masaje torácico, hasta llegar al interior de los muslos como había visto en los videos, el pene parecía tener vida propia, solo iba dando bandazos.

    — Vamos a pasar a la espalda — dijo Elena.

    — No continua así, empieza por ahí abajo — dijo con mirada de cerdo.

    Elena empezó como en la granja, con una maniobra de ordeño, se unto las manos y cogió el pene de dimensiones considerables por su base, al mismo tiempo que con el pulgar y el índice amarraba los testículos tensándolos. El ritmo cardíaco del hombre aumento, con la boca cerrada empezó a exhalar gruñidos. Elena se abrió la bata. Los ojos de cerdo del hombre empezaban a ser cristalinos. Elena empieza un sube y baja mientras atenaza los testículos mientras el hombre suspira y le hace señas de querer quitarle el sujetador. Elena se saca los pechos que quedan tensados por el sujetador en su parte baja. Continua el pajeo, el hombre murmura:

    — ¡B-b-b-boca! ¡P-p-por favor, booca! — dice mirándola a los ojos.

    Elena le abre el pequeño agujero del glande con el pulgar y el indice y le mete la lengua. De forma inmediata el hombre emite un mugido de satisfacción. Le pasa la lengua por tronco de arriba abajo y después la engulle con la boca; no puede abarcarla toda. Pero en un cabezazo como ha visto en las películas se la incrusta hasta la campanilla. Resuena en la habitación ¡gak! ¡gak! de la garganta de Elena, se la mete en la boca una y otra vez, hilillos de saliva van deslizándose por el pene.

    — ¡Ohhh! ¡Mmmmm! ¡Ahhhh! ¡Qué bien lo haces cabrona! ¡Sigue! ¡Sigue! — dice el mismo tiempo que Elena le masajea los testículos con la otra mano — ¡¡Cómo me gusta!! ¡¡Joder, joder y joder!! — grita mientras ahora Elena le succiona los colgantes testículos uno por uno en sonoros chupeteos — ¡¡Dios!! ¡¡Dios!!

    Elena es consciente que lo tiene a su merced, está segura de si misma. Las manos peludas del hombre se aferran desesperadas a la camilla de masaje. Aprieta los dientes.

    — ¡Cómeme culo! — dice el hombre levantando las piernas y cogiéndoselas por las rodillas con sus manos quedando dobladas al aire.

    Elena abre las nalgas y tras una mata de vello blanco asoma el agujero anal. Lo lametea de arriba abajo, estira todo lo que puede la lengua y la mete en el conducto y una vez allí mueve la punta. El hombre puede ver como los ojos de Elena asomando arriba se de sus testículos y polla, son como las de una gata acechando. El corazón del hombre empieza a retumbar. Pumba, pumba, patoom. Elena en esa posición le pajea la polla. La respiración del hombre se vuelve larga y cansada.

    — ¡¡Ohhh!! ¡¡Ahhh!! ¡¡Vo-vo-voy a… Voy…!! ¡¡Voy a correrme!! ¡¡Me… me… me… me!! ¡¡Me corrooo!!

    Elena vio como el primer chorro le llegaba al ombligo del hombre, acelero la paja y puso la polla en vertical, entonces hubo una segunda corrida potente que describió un arco para caer sobre el pecho velludo. La tercera descarga fue de menos magnitud quedando los restos en las manos de Elena. Tras un largo suspiro del hombre se hizo el silencio. Elena volvió a subirse el sujetador y atarse la bata.

    Ester estaba eufórica.

    — Me ha dicho que ha sido impresionante el cliente. Que eres una jabata. Me ha dicho que ha disfrutado como un berraco. Pones pasión y eso me gusta. ¿Qué maniobra has empleado para que descargara?

    — Beso negro profundo intenso con pajeo a la par con ritmo acelerado.

    — Se habrá corrido bien…

    — Si, ha dejado una buena lechada — dijo Elena mientras se lavaba las manos y hacía gárgaras para quitarse los molestos pelos de la boca.

    Había sido un fin de semana agotador, el domingo tenían previsto salir temprano a tomar algo aunque a última hora un maduro marinero había solicitado doble presencia de masajistas, así que con la puerta cerrada el último cliente ya deslefaba; Elena, se ocupó de sus testículos y Ester recibía una lechada bucal.

    Entre las dos el fin de semana habían hecho 30 servicios. Las manos de Ester estaban agarrotadas y la boca acalambrada, había pajeado, dedeado culos, mamadas y comidas de culo de todos, los tipos de pollas eran grandes, pequeñas, peludas, depiladas; así como los huevos y culos… Pero estaba satisfecha. Al término de la jornada se dirigieron a tomar unas copas.