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  • Amor en el frío

    Amor en el frío

    La tormenta de nieve y viento era terrible en Montana, Linda Harper, exitosa abogada de Chicago viajaba a visitar a su madre en Helena, por la Interestatal 90. Apenas pasada Billings, equivocó el camino, dejando esa ruta y tomando un desvío. Las ráfagas movían el automóvil, el camino se perdía por la nieve acumulada. Vio, a un costado del camino una luz que mostraba una cabaña.

    Melody Withman, acostada sobre una mullida alfombra blanca, vestida solamente con un babydoll casi transparente jugaba con sus dedos en su clítoris, mientras pensaba que otra noche dormiría sola en su cabaña. Un hogar calentaba y alumbraba el ambiente, haciendo un lugar muy acogedor. Sobre una mesa baja, algunos bocadillos, una copa y una botella de rico vino de California, la música suave y melodiosa.

    Linda, asustada, se acercó a la puerta de cabaña y llamó con cierta nerviosidad. Melody entreabre la puerta y al ver a la joven dice:

    -Pase mujer, que hace frío.

    Lida quiere explicar su situación pero sus miradas se cruzaron. Un chispazo, una descarga eléctrica, una verdadera explosión nuclear se produjo en esos ojos. Las dos mujeres quedaron en un verdadero shock.

    En un momento, Melody reacciona e invita.

    -Sáquese esa ropa húmeda y fría, le prestaré algo mío. Acérquese al fuego.

    Esas palabras hacen reaccionar a Linda que con sus ojos encandilados recorren el cuerpo semidesnudo de Melody:

    -Por Dios! Qué hermosa es!!

    Linda, cerca del fuego y sobre la alfombra se desnuda, Melody deja escapar unas palabras que le surgen roncas, casi gimientes:

    Cuánto me gusta!! Ojalá pudiera tenerla!!

    Linda escucha esas palabras y se estremece. Las palabras salen de su boca sin que se dé cuenta:

    – Me gustas.

    Son inconscientes que sus cuerpos y sus bocas se acercan, sus rostros serios de excitación, sus labios entreabiertos, sus mentes alejadas de todo razonamiento.

    Su beso es magnético, sus tetas se aprietan mutuamente, sus lenguas se enroscan, sus salivas se hacen una sola.

    Permanecen una eternidad así pegadas, luego Linda comienza a mover su boca y su lengua sobre el cuerpo delicado y perfectamente formado de Melody. Su cuello, sus hombros su pecho es recorrido con lentitud y deseo. Sus hermosas tetas son el inmediato objetivo de esta nueva amante. Llega a esos pezones rosados, delicados, a sus aureolas suavemente grumosas y atractivas. Melody solo puede susurrar y gemir quedamente. Las uñas delicadas y perfectamente manicuradas de Linda recorren sus caminos paralelos a la columna de Melody delineándola hasta llegar al comienzo de sus nalgas. Besa, lame, chupa esas erógenas carnes.

    Melody ha perdido la noción de tiempo y espacio, vive en un paraíso inconcebible. Linda abre con cariño esas nalgas y con su lengua, fina y puntiaguda comienza a jugar en el rosado orificio de Melody. Juega y Juega hasta dilatarlo lenta pero firmemente, lo penetra y juega en su esfínter provocando el primer orgasmo de Melody. Linda, al igual que su amante tenía experiencias lésbicas, pero nada se asemejaba esta sensación.

    Recorre el perineo, la entrada de la vagina, siente como Melody fluye su exquisito elixir, golpetea suavemente con su lengua el meato de la joven, un pequeño chorrito de orina escapa de Melody, Linda lo bebe con gusto y abriendo los labios internos con su sabia lengua llega al clítoris sobre excitado de Melody.

    Lo de la anfitriona ya no son movimientos, son espasmos, convulsiones que arrancan desde arriba de sus riñones y atravesando todo su vientre explotan al salir por su vagina. El segundo y espectacular orgasmo estalla en Melody. Linda quiere seguir regalando a su ya podríamos decir AMADA.

    Se besan, Linda lleva en su boca el sabroso gusto del sexo de Melody y ambas lo disfrutan.

    Es el turno de Melody, hace gozar a la hermosa visitante tanto o mejor aún que ella misma. El cuerpo de Linda es más que perfecto, su piel es de una suavidad increíble, su fragancia y su sabor son enajenantes.

    Después de varios orgasmos de las jóvenes, quedan abrazadas, fatigadas, felices y enamoradas sobre la alfombra. Sus susurros de amor, sus promesas. Sus confesiones mutuas las convierten en solo ser. Así, el sueño de la felicidad las vence y la mañana las encontrará aún abrazadas.

    Linda no volverá a su bufete de Chicago, a su madre la visitará dos semanas después, y ya como pareja formal de Melody

    Esa hermosa historia de amor seguirá…

  • 50 Schatten (Capítulo 1)

    50 Schatten (Capítulo 1)

    Frunzo el ceño con frustración hacia mí mismo frente al espejo. Maldito sea mi cabello, mi ropa y mi cara de zombie, y maldito sea Thomas Martínez por estar enfermo y someterme a esta terrible experiencia. Debería de estar estudiando para mis exámenes finales, que son la próxima semana, sin embargo, aquí estoy intentado cepillar mi cabello para que luzca controlado.

    No debo de dormir con el cabello mojado. No debo de dormir con el cabello mojado. Recitando este mantra varias veces, intento, una vez más, tenerlo bajo control con el cepillo. Pongo los ojos en blanco con exasperación, y miro al pálido chico con cabello castaño y ojos grises azulados demasiados grandes para su rostro devolviéndome la mirada, y me rindo. Mi única opción es dominar mi caprichoso cabello con gel, detesto el gel, pero si eso me hará lucir semi – presentable lo haré.

    Thomas es mi compañero de habitación y ha elegido el día de hoy, de todos los días posibles, para sucumbir a la gripe. Por lo tanto, no puede asistir a la entrevista que había quedado de hacer con algún magnate mega – industrial del que jamás he oído hablar para el periódico escolar. Así que me he ofrecido de voluntario. Tengo exámenes finales con los que quemarme las pestañas, un ensayo que terminar, los últimos arreglos de un proyecto y se supone que vaya a trabajar esta tarde, pero no, hoy tengo que conducir doscientos sesenta y cinco kilómetros hacia el centro de Seattle para reunirme con el enigmático Gerente General de Grey Enterprise Holdings Inc. Como un excepcional empresario, y muy importante benefactor de nuestra universidad, su tiempo es extraordinariamente preciso – mucho más preciso que el mío – pero le ha concedido una entrevista a Thomas. Una verdadera oportunidad, me dice él. Malditas sean sus actividades extracurriculares.

    Thomas esta acurrucado en el sofá, en la sala.

    -Santiago, lo lamento. Me tomo nueve meses conseguir esta entrevista. Tomará otros seis meses volver a programarla, y ambos nos habremos graduado para entonces. Como editor, no puedo dejar pasar esta oportunidad. Por favor –me ruega Thomas con su áspera y adolorida voz ¿Cómo lo hace? Incluso enfermo, se ve pícaro y hermoso, con el cabello negro café en su lugar y los ojos oscuros brillantes, aunque ahora estén rojos y llorosos. Ignoro mi punzada de simpatía inoportuna.

    -Por supuesto que iré Thomas. Deberías regresar a la cama ¿quieres algo de té o café?

    -Té, por favor. Aquí están las preguntas y mi mini grabadora. Solo presiona ¨Grabar¨ aquí. Haz notas, lo transcribiré todo.

    -No sé nada de él –murmuro intentando y fallando en suprimir mi creciente pánico.

    -Las preguntas te ayudarán. Debes de partir, es un camino largo. No quiero que llegues tarde.

    -De acuerdo, me voy. Regresa a la cama. Te hice algo de sopa para que calientes mas tarde. –Lo miro fijamente, con cariño. Solo por ti, Thomas, haría esto.

    -Lo haré. Buena suerte. Gracias Santiago… como de costumbre, eres mi salvavidas.

    Recogiendo mi mochila, le sonrió irónicamente, luego salgo directo al auto. No puedo creer que haya dejado a Thomas convencerme de esto. Pero entonces Thomas puede convencer a cualquiera de cualquier cosa. Será un periodista excepcional. Es elocuente, fuerte, persuasivo, argumentativo… y es mi amigo más querido.

    Los caminos están despejados cuando salgo de Vancouver, Washington, hacia Portland y la interestatal. Es temprano, y no tengo que estar en Seattle hasta las dos de la tarde. Afortunadamente Thomas me ha prestado su Mercedes CLK deportivo. No estoy seguro de que Cosmo, mi viejo VW Beetle, conseguiría hacer el trayecto a tiempo. Oh, conducir el Mercedes es divertido, y los kilómetros se desvanecen cuando pisó el acelerador al máximo.

    Mi destino son las oficinas centrales de la empresa internacional del Sr. Grey. Es un enorme edificio de veinte pisos, con cristales curvados y acero, una fantasía arquitectónica utilitaria, con las palabras ¨Grey House¨ escritas sutilmente en acero sobre las puertas delanteras de vidrio. Faltan quince minutos para las dos cuando llego, enormemente aliviado de no llegar tarde mientras camino hacia el enorme –y francamente intimidante –vestíbulo de cristal, acero y mármol blanco.

    Detrás del solido escritorio de mármol una muy atractiva y bien arreglada rubia me sonríe amablemente. Está usando una chaqueta grisácea y camisa blanca más nítidas que alguna vez he visto.

    -Estoy aquí para ver al Sr. Grey. Soy Santiago Steele representando a Thomas Martínez.

    -Discúlpeme por un momento, Sr. Steele –Ella enarca una ceja ligeramente mientras espero tímidamente en frente suyo.

    Estoy empezando a desear haber pedido prestado uno de los blazers formales de Thomas en lugar de usar mi chaqueta de cuero negra. He hecho un esfuerzo y me he puesto unos pantalones que no eran tan ajustados como a mí me gustan, ósea en este caso ¨formales¨, mis botas brama y debajo de mi chaqueta estaba una camisa cuello ¨V¨. Poniéndome a pensar que creo que parezco un tipo no se… raro. Entre todas estas personas formales. Para mí, esto es inteligente. Meto mis manos dentro de los bolsillos de mi pantalón, mientras pretendo que ella no me intimida.

    -Se espera al Sr. Martinez. Firme aquí por favor, Sr. Steele. Use el ultimo ascensor a la derecha, presione el piso numero veinte. –Me sonríe amablemente, divertida sin duda, mientras firmo.

    Me entrega un pase de seguridad que tiene la palabra ¨VISITANTE¨ estampada muy firmemente en el frente. No puedo evitar esbozar una sonrisilla. Sin duda es obvio que sólo estoy de visita. No encajo aquí, en absoluto, suspiro para mis adentros. Agradeciéndole, camino hacia la zona de ascensores más allá de los dos hombres de seguridad que están mucho más inteligentemente vestido que yo con sus trajes negros bien confeccionados.

    El ascensor me sacude con velocidad al límite hacia el piso numero veinte. Las puertas se abren y estoy en otro gran vestíbulo, nuevo, de cristal, acero y mármol blanco. Me veo frente a otro escritorio de mármol y otra joven rubia vestida impecablemente de blanco y negro que la verdad le sentaba muy bien, -oh cállate Santiago. Esta se levanta para saludarme.

    -Señor Steele, ¿Podría esperar aquí, por favor? –Señala a una zona de espera con sillas de cuero blanco.

    Detrás de las sillas de cuero hay una espaciosa sala de reuniones con paredes de vidrio y una mesa de madera oscura igualmente espaciosa, rodeada con al menos veinte sillas a juego. Más allá de ellas, hay una ventana que va desde el piso hasta el techo con una vista del cielo de Seattle que deja ver toda la ciudad hacia el SoundFour. Es una vista sorprendente y estoy momentáneamente paralizado por ella. Woow.

    Me siento, rebusco las preguntas en mi mochila y las reviso, maldiciendo para mis adentros a Thomas por no darme una corta biografía. No sé nada de este hombre al que estoy a punto de entrevistar. Él podría tener noventa o treinta años. La incertidumbre es mortificante y mis nervios vuelven a la superficie, poniéndome inquieto. Nunca he estado cómodo con las entrevistas cara a cara, prefiero el anonimato de una discusión grupal en la que puedo sentar inadvertidamente en la parte trasera de la habitación.

    Para ser honesto, prefiero mi propia compañía, leyendo una clásica novel británica, acurrucado en una silla en la biblioteca del campus. No sentado y retorciéndome nerviosamente en un colosal edificio de cristal y piedra.

    Pongo los ojos en blanco para mí mismo. Cálmate, Steele. Juzgando por el edificio, que es demasiado frio y moderno, presumo que Grey está en sus cuarenta: delgado, bronceado y rubio para encajar con el resto del personal.

    Otra elegante rubia impecablemente vestida sale de una gran puerta a la derecha. Respirando hondo, me pongo de pie.

    -¿Señor Steele?- pregunta la última rubia.

    -Sí

    -El Sr. Grey lo verá en un momento

    ¿Puedo tomar su chaqueta?

    -Oh, por favor. –Lucho para quitarme la chaqueta.

    -¿Le han ofrecido algún refresco?

    -Um… no. –Oh, Dios, ¿La Rubia Número Uno está en problemas? pienso para mis adentros.

    La Rubia Número Dos frunce el ceño y le da una mirada a la joven mujer detrás del escritorio.

    -¿Le gustaría té, café, agua? –pregunta, volviendo su atención nuevamente a mi.

    -Un vaso de agua. Gracias –murmuro.

    -Olivia, por favor tráele al Sr. Steele un vaso de agua. –Su voz es severa.

    Olivia se levanta inmediatamente y se escabulle tras una puerta al otro lado del vestíbulo.

    -Mis disculpas, Sr. Steele, Olivia es nuestra nueva interna. Por favor, siéntese. El Sr. Grey lo verá en cinco minutos.

    Olivia regresa con un vaso de agua helada.

    -Aquí tiene. Sr. Steele.

    -Gracias.

    La rubia número dos camina hacia el gran escritorio, sus tacones haciendo eco en el piso de arenisca. Se sienta y ambas continúan con su trabajo.

    Tal vez el Sr. Grey insiste en que todas sus empleadas sean rubias. Me estoy preguntando ociosamente si eso es legal, cuando la puerta de la oficina se abre y un hombre afroamericano alto elegantemente vestido y cortas restas sale. Defectivamente me he puesto la ropa equivocada.

    Él se da la vuelta y dice a través de la puerta: -Golf, esta semana, Grey.

    No escucho la respuesta. Él se da la vuelta, me ve y sonríe, sus oscuros ojos arrugándose en las esquinas. Olivia ha saltado de su silla y llamado el ascensor. Parece lucirse al saltar de su asiento.

    ¡Está más nerviosa que yo!

    -Buenas tardes, señoritas. Voltea y al notarme de nuevo agrego y señor.-dice él mientras sale por la puerta deslizante.

    -El Sr. Grey lo verá ahora.

    -Sr. Steele puede pasar –dice la Rubia Número Dos. Me pongo de pie temblorosamente, intentando suprimir mis nervios. Recogiendo mi mochila, abandono mi vaso de agua y me abro paso hacia la puerta parcialmente abierta.

    -No necesita tocar, sólo entre. –Ella sonríe amablemente.

    Espero les gusten pueden escribirme en cualquier momento… [email protected]

  • Reencuentro con Deysi, mi ex

    Reencuentro con Deysi, mi ex

    Soy Adrián y hoy les contaré lo que me pasó este fin de semana que me encontré con mi ex Deysi, una mujer de unos 30 años, divorciada, con dos hijos. Ella estuvo andando conmigo hace algunos años, la conocí por una compañera de la empresa, cuando la volví a ver ella estaba con una minifalda de aquellas que emboban, sus piernas y trasero muy bien trabajados por el gimnasio y su cuerpo algo voluptuoso, después de dos hijos no podía esperar otra cosa.

    Coincidimos en un cumpleaños donde yo llegué pasada la medianoche, ella obviamente estaba ya algo picada y por cosas del destino al llegar le sentaron al lado de ella pues había una silla vacía… que podía hacer yo, sino más que buscarle conversación… empezamos a contarnos que fue de nuestras vidas, creo que quería embriagarse más y la fiesta era medio sana, me dijo: «La fiesta esta aburrida, vamos a un salsódromo…??». Respondí: «a sus órdenes su majestad» y salimos en mi camioneta al centro.

    Una vez en el local empezamos a bailar y la conversación cambió de tono: Le piropeaba el cuerpazo que se manejaba, le dije: “Te hizo bien dejarnos de ver». Ella acotó: «No creas, contigo todo era risas, me casé con un animal platudo, enojón, celoso, realmente un imbécil, me dejó por otra con dos hijos, en fin… mejor que se fue, jamás me hizo terminar, se me subía 5 minutos, se vaciaba y se largaba…». Le pregunté “hace cuanto que fue?” me dijo que hacía 3 años. Le pregunté: «y como haces con tus necesidades?» sonrió y dijo: «quédate con la duda».

    Después de una hora estábamos trenzando nuestras lenguas nuevamente, su cinturita en mis manos y mi armamento como lanza africana punteando su exquisito trasero, le dije: «Debemos irnos», acotó: «a donde me quieres llevar?», respondí: «A donde un espejo me regale tu belleza por dos». Ella sonrió y dijo: «Vamos antes que salga el sol».

    Llegamos a un hotel cercano a su casa donde más de una vez la hice aullar como loba, pensé: «1.70 fácil 80 kilos… podré levantarme esta hembra??» y aunque dudé ingrésanos a nuestro «Aquel viejo Motel». Al ingresar se paró frente al espejo, mientras se desvestía al ritmo de la música de un equipo de sonido que estaba ahí. Cuando quedó en calzoncito y brasier rojitos y rico me dijo: “Trae un vino…”.

    Salí a buscar el vinito y cuando volví a la habitación la encontré en la cama piernas abiertas masturbándose como loca… ¡¡que rica mujer!!

    Sus piernasas que fácil cada una hacia una de las mías, sus enormes senos y redonditos bailando al ritmo de su movimiento, su conchita toda depiladita y sus sensuales labios grandes que más de una vez me sacaron el semen de unas mamadas que jamás nadie más me hizo…!!

    Destapé el vino, me desvestí mientras ella seguía y me acerqué a la cama, me miro y sonrió maliciosamente, acerqué la botella a su boca y la dejé beber, sacaba su lengüita como lamiendo el pico de la botella, mi pene estaba a punto de reventar ¡que rica hembra!

    Empecé a rociar el vino en sus senos y los empecé a lamer ¡delicioso! Ella disfrutaba feliz de mis mordidas y besos, le dejo todos chupeteados los senos. Ella jadeaba y jadeaba hasta que terminó mientras yo hacía eso a la par que ella se masturbaba. Pensé: y si Rocío vino en su conchita y le busco un squirt?

    Y entonces empecé: bebí un sorbo del vino y empecé a rociarlo en su conchita, la que empecé a chupar como loco buscando el clítoris. Dijo: «así Adrián… extrañaba tu lengüita… hazme acabar…». Con mi mano derecha abrí su conchita y succioné a la par que acariciaba su rico clítoris con la punta de mi lengüita. Su clítoris cada vez más durito, ella se estremecía y jadeaba rico, cada jadeo juro que hacía que mi pene se ponga más duro, hasta que la vi terminar en mi boca… como antes!! Que rico sabor, toda mojadita. Me dije: esta mujer está caliente, no la debo dejar ir y entonces decidí que debía hacerla tener un squirt más…

    Rocié más vino en su boca y nuevamente adicioné más a su conchita, esta vez la recosté al lado de la cama y yo de rodillas en el piso empecé a besarle de nuevo su rico clítoris y con mi mano izquierda introduje un dedo en tremenda conchita y empecé a acariciar en sentido contrario al pubis cada vez más rápido, ella gritó y me empujó… no la solté, lo hacía cada vez más rápido y explotó… Dios, la princesa se metió una eyaculación de hembra que todo salto hasta la pared y gritó como puta ese rato, a la par que me arrancó medio cabello. Se estremecía rico, su cosita bien abiertita y mojada toda.

    Al tiro la puse en cuatro y pensé: la reviento ahora y de paso termino yo… al tenerla en cuatro metí mi pene, la embestía con fuerza mientras mi mano le masturbaba el clítoris y mi otra mano apretaba sus enormes senos. Ella gritaba más de la cuenta, pero no le di tregua, lo metía y sacaba muy muy rápido hasta que se vino una tercera vez. Aun guardo en mis oídos ese rico sonido que me regaló al terminar, me dijo «por favor me vas a matar» y decidí terminar.

    Me moví algunos pocos minutos más y la llene de mi leche, ella estaba como loca toda despeinada, con la piel de gallina y una sonrisa que imagino le durará buen tiempo!

    Después de esto me dijo: «Extrañaba esto de ti, por un segundo pensé que me embarazaría de tu lengua… esperaba que me des por atrás y me pidas subirme en ti…». Solo respondí: «Para que todo de golpe, si podemos venir mañana?». Ella sonrió y dijo «Si».

    El sol aclaraba el cielo y dijo: «Vamos, mis hijos no deben notar que no estoy». Salimos al tiro en el auto y la dejé en casa, todo el viaje me decía lo rico que lo pasó, le hice prometer vernos el fin de semana que viene, ella accedió.

    Llegamos, la despedí con un enorme beso y lenguazo incluido, me dijo: «Búscame más tarde» y lo hice, pero eso otro día te contaré, esta hembra necesitaba un hombre que la haga terminar y aquí siempre estaré yo…

    Saludos y a seguir disfrutando, total: «El que coge, coge y a esta hembra me la voy a comer un par de meses más!!!

  • Mi sobrino (Parte 4)

    Mi sobrino (Parte 4)

    Terminamos de follar y reírnos los tres, Amy (mi pareja), Mati (mi sobrino) y yo (Mario).

    Sabíamos que teníamos mucho camino por recorrer luego de ese gran primer trío. Pero no era fácil la situación. Más allá que con Amy tengamos la mente abierta y nos guste de todo en el sexo, Mati no dejaba de ser mi sobrino y los tres no dejamos de ser gente «común», con sus vidas armadas.

    Por ello, traté de actuar de lo más normal y digo «vamos un ratito a la pileta». Los dos aceptaron.

    Nos pusimos a nadar y a bromear en el agua, el clima se había distendido. Pero seguíamos los 3 desnudos, la excitación seguía en el ambiente…

    Salimos del agua y nos fuimos a las tumbonas. Mati no dejaba de mirar las tetas y el culo de Mati y cada tanto mi polla. Para mi sorpresa, el siguiente paso lo dio Mati, que dijo: «Tía, ya que entramos en confianza y saben de mis gustos, puedo probarme tu tanguita?». Nos quedamos helados, pero con brillo y excitación en los ojos Amy responde: «claro cariño, ten, póntela».

    Mati se pone la diminuta tanguita y se queda parado en pose de modelo: «y? cómo me queda?».

    La verdad que le quedaba pintada, Mati está completamente depilado, y tiene un culito redondo y formado.

    «Precioso!!!» gritamos ambos.

    Amy: «desfila para nosotros Mati!!!»

    Mati comienza a caminar, era muy femenino, cada paso, cada movimiento. Mi polla empieza a responder a lo que estaba viendo.

    Amy se empieza a acariciar el coño recostada en la tumbona y le dice «Mati, ven aquí, ahora como una gatita». Mati responde al instante. Se pone en 4 patas y comienza a caminar como una gata en celo hacia Amy. Llega a la punta de la tumbona y se relame. Amy vuela de calentura y se sigue tocando. «Aquí amor». Mientras se acaricia más el coño.

    Yo no perdía detalles y miraba acariciándome la polla, ya estaba a mil. Me acariciaba la polla y comenzaba a pajearme lentamente.

    Mati se sube a la tumbona, acerca su cara al coño de Amy y comienza a comérselo demostrando el hambre que tenía. Lamía desde el culo, subiendo por el coño, donde metía un poco la lengua para luego continuar subiendo y quedarse estimulando el clítoris. Amy volaba de placer, Mati sabía lo que había.

    Siguió comiéndolo el coño, repitiendo el recorrido una y otra vez; Amy estaba a punto de correrse.

    Mati tenía el culo en pompa, con la tanga de Maty metida bien adentro. Él sabía que lo estaba mirando, por lo que se lo abre con las 2 manos y me dice «no lo desees más, es tuyo tío». Era lo que quería escuchar. Me acerqué, mojé mi polla y el culo de Mati luego de hacerle a un lado la tanga (no se la quité, me encanta follar así). Acerqué mi polla a su agujerito, que dicho sea de paso, se notaba que no era virgen. Lo terminé de confirmar cuando con un movimiento certero, hace que la cabeza de mi polla desaparezca dentro de su culo. Me aferré a sus caderas, presioné y su culo se comió toda mi polla.

    Estaba en el cielo. Amy, con un hábil movimiento, se pone en 4, y le dice a Mati «quiero lo mismo que estás recibiendo». Mati, con mi polla en su culo, toma de las caderas a Amy y se la clava por el culo también. Amy grita de lujuria y placer.

    Empiezo a moverme, lentamente primero, Mati sigue mis movimientos. y los 3 comenzamos a bombear. Estábamos muy bien sincronizados. Amy, además, se metía 3 dedos en el coño. Comenzamos a bombear más rápidos, más, mas, mas, Amy gritaba, Mati también, yo lo nalgueaba. Zas, zas, zas!!! Y bombeábamos, si, si, si, mas, mas, mas!

    Aaaah Amy es la primera en correrse, la sigue Mati llenándole el culo de leche y por último, se la saco del culo a Mati y les grito que se arrodillen frente a mi. Me pajeo 2 veces para comenzar a largar chorros de leche en la boca y cara de Amy y Mati, que comienzan a besarse y limpiarse las caras lamiéndose compartiendo mi leche.

    Nos quedamos los 3 abrazados, disfrutando del sol.

  • Leslie la madura (Parte II)

    Leslie la madura (Parte II)

    Había transcurrido una semana desde que la bella Leslie y aquél desconocido chico de la calle empezaron su prohibida relación y también desde la primera vez que hicieron apasionadamente el amor.

    Los días pasaban normales, ella me trataba como a cualquier vendedor desconocido cuando nos cruzábamos por las calles de aquel vecindario de clase media, por lo que nadie nunca sospechó de algún favoritismo por mí.

    Siempre buscaba una excusa para ir a la casa de Leslie y hacíamos el amor como locos, pero siempre lo mismo, ella me lo chupaba, yo le hacía lo mismo a ella, luego la hermosa señora se ponía en cuatro pues sabía que me encantaba cogérmela en esa pose, mientras le agarraba sus nalgas y dejaba que me viniera sobre su cuerpo, siempre era igual, claro que por ese tiempo ella me obligaba a usar condón.

    En un sábado por la tarde, estaba con mis amigos en la “Casa Colorada”, una construcción abandonada que de día las parejas ardorosas de colegiales la usaban a modo hotel por un rato y que por las noches servía a drogadictos y alcohólicos de refugio, mis amigos eran mayores, la mayoría rondaba los 25 y 30 cuando apenas pasaba los 19.

    Hablaban de las mujeres del vecindario, de algunas actrices y del sexo oral, ¡de lo rico que era cogerse a una madura y del sexo anal!

    La conversación con mis amigos me puso cachondísimo, yo quería algo más de ella, algo que muchos tipos y chicos de su edad deseaban cada vez que veían pasar a esa hermosa y refinada señora, quería poseer todo el cuerpo y pues me faltaba el culo de Leslie, aún no le había pedido que me dejara metérsela por atrás, así que ya era el momento de decírselo.

    Fue el lunes, Leslie entraba a la tienda a hacer sus pequeñas compras, ese día ella iba con un pantalón fino tipo calzas, tacones negros y una blusa blanca escotada que tapaba su enorme culo, pero hacia verlo más parado y grande. Al pasar por la calle un ciclista que pasaba por ahí le chifló y le dijo -«mamacita, que rica estas», Leslie sonrío acostumbrada a los piropos, desde su juventud, por la forma de vestir de ella le parecía sorprendente la manera en que aún a sus 42 años, levantaba pasiones adondequiera que iba.

    Al entrar a la tienda se encontró con dos chicos Alfonso y Luis ambos de 18 años, ella les sonrío y les dijo «¿hola, chicos, ¿cómo están?». Ambos al verla sintieron el estómago vacío pues siempre habían deseado a Leslie secretamente, mientras ella escogía las compras ellos se turnaban para platicar con Leslie y mirar su imponente trasero, pues sobre la ajustada licra se podían adivinar los contornos de un calzón tipo bikini en (V) que se le incrustaban un poco entre las nalgas, más de una vez estuvieron tentados a tocarlo deteniéndose solo por el pensamiento y el castigo que sufrirían de parte de la señora.

    Saliendo de allí se cruzó conmigo y le ofrecí mis plantas en la esquina de siempre, pero mi cabeza estaba volando en la imaginación, me imaginaba a ella en cuatro, alzando su hermoso blanco y rechoncho culo hasta que vea su huequito posterior, me imaginaba introduciendo un dedo y luego dos conforme se iba dilatando, y luego acercando la punta de mi largo pene, penetrarla despacio, disfrutando el glorioso momento, para luego empezar a lanzar fuertes embestidas para finalmente derramar la cálida esencia de mi juventud en ese hermoso agujero posterior!

    Pero a todo eso me preguntaba si ella iba a aceptar, tenía dudas pues en uno de nuestros encuentros sexuales ella estaba montándose y le acariciaba las nalgas, hasta que traté de introducir un dedo por atrás, ella reaccionó y me sacó la mano de allí, me hice el que no pasó nada y ella se hizo la desentendida y siguió moviéndose encima de mí, pero aun así quería darle pro atrás, ¡así que decidí proponérselo!

    Al salir de la tienda, Leslie preguntó por una de sus plantas y luego de una mirada cómplice y disimulada me dijo: “Esta bien hijo, ¿por favor podrías llevármela a mi casa?” “como usted diga mi señora…”. Ninguno de sus amigos, vecinos ni vendedores que transitaban por esas limpias calles, se imaginaban lo que estaba pasando entre la esposa de Don Rafael Rubio, el ingeniero Petrolero y aquél chico desconocido, y ninguno de los dos hablaría de eso tal como se habían prometido.

    Una hora después estaba tocando el timbre de la casa, ella hizo que pasara y cerrando la puerta me recibió con un beso, fuimos a la sala y puse un video porno en el DVD, ella lo miró con cierto deseo, le comenzó a tocar primero desde el pecho hasta llegar a sobarme la verga sobre su short, estaban cómodamente sentados sobre el mueble grande de la sala, con sus caricias hizo que mi verga se parara con deseos de entrar en ella, entonces intentó bajarme el short y le dije que se espere, porque quería que viera algo del video.

    No pasó mucho para que ella viera lo que quería, en la cinta estaba la pareja de actores, él estaba encima de ella penetrándola por la vagina, cuando de pronto saca su miembro hace que ella se coloque en cuatro y en términos vulgares le dice que se la va a meter por atrás y claro la actriz lo aceptó con una sonrisa de complicidad y placer, y en seguida empezó a introducirle, lentamente, su verga por el ano de ella.

    Note que Leslie se quedaba expectante de este acto, pero no vi ningún temor en su mirada, sólo curiosidad, entonces me anime a decirle lo que deseaba:

    L: ¡Quisiera hacerte eso!

    Les: ¿Quieres metérmela por atrás?

    L: Sí, su culo es lo más hermoso de su cuerpo, y quiero tenerlo.

    Les: Pero me da miedo, dicen que es muy doloroso.

    L: ¿O sea que nunca se lo han hecho por atrás?

    Les: Sólo tuve una pareja sexual, y no, nunca dejé que me lo haga por allí.

    L: Pues entonces yo seré el primero, ¿me deja?

    Les: Tengo miedo, Luis, me puedes lastimar.

    L: Tendré mucho cuidado, ¿Qué dice?

    Les: … ¡Bueno, está bien, pero ten cuidado!

    L: ¡No se preocupe señora, le va gustar!

    Luego de eso fuimos a la habitación y empezamos a besarnos apasionadamente, las manos de Leslie recorrían mi delgado cuerpo, mi verga se paró como nunca antes y lo sobaba en mi vientre, le acariciaba los senos, y me las ingenie para sacarle el sostén por sobre su blusa, lo logre y sentí las preciosas tetas sobre la suave tela de la blusa, la bella y recatada señora estaba bastante excitada, gemía con desespero mientras que su joven amante le apretaba, sobaba y pellizcaba los pezones y todo el entorno de sus senos, luego baje mi mano derecha y alcance sus piernas, las separe buscando tocar su sexo por encima del pantalón licra y la masturbe sobre su prenda, con sus mis dedos medio e índice, era delicioso ella estaba a punto de estallar de placer, lo sabía por sus gemidos, Leslie agarró mi cabeza y la aplastó contra sus senos, luego me puso tras de ella y sobó mi verga sobre la suave y fina tela del ajustado pantalón como simulando una penetración.

    L: ¡Nena que rico!

    Les: ¡Que dura, uhm!!

    Luego comencé a bajar lentamente la calza y ella comprendió que debía ponerse en cuatro, la posición que más me gustaba y así lo hizo, con su calza bajada hasta su cintura me mostró su hermoso culo aún con su ropa interior puesta, pero era excitante ver como el calzón bikini se le metía en toda la raya de su culo, eso me dio una idea y empecé a acariciarle sus rechonchas nalgas, las estruje y apreté con ganas, como si las estuviera amasando, ella alzó más su trasero y luego cogió la parte superior de su calzón y lo jaló hacia arriba para que el hilo que estaba metido en su culo se sobara con las paredes y el hueco de su ano; esto la encendió, contorneaba su culo de un lado a otro y note como la prenda se empapaba con los jugos provenientes de su cálida vagina, me detuve nuevamente para terminar de quitarle las calzas dejándola en calzón y con los tacones puestos, luego la jale tirándola a la cama y tendiéndome sobre ella apunte la cabeza de mi verga hacia su vagina, hice a un lado su calzón y la introduje de un solo empujón!

    Leslie lanzó un pequeño grito de placer, no fue difícil metérsela pues ella estaba bastante mojada, un movimiento rápido de atrás hacia delante y por ratos me movía en círculos, ella estaba en cuatro y yo metiéndosela frenéticamente mientras le agarraba las nalgas y las usaba como asas para lanzarse con más fuerza en cada embestida, ella pedía que se la siga metiendo, que no pare,

    Les: ¡Así nene, que rico, uf!

    L: ¡Mamacita que rico, que nalgas, que piernas, uf!

    Les: Bebe me matas, ¡sigue así uhm!

    Hasta que no pudo más y entre gritos, gemidos y palabras algo incoherentes tuvo un abundante orgasmo que inundó mis testículos.

    Descansamos un momento, me puse detrás de ella, estábamos de costado, entonces tomé mi pene y empecé a sobarlo en medio de esas carnosas nalgas, Leslie entendió lo que se venía, y entonces tomé sus caderas y la puse en cuatro nuevamente.

    En la ventana con la persiana bajada que daba a su balcón vio reflejada mi imagen, observaba como su aprendiz la veía con ojos de deseo, con ardiente pasión y apretando duro los labios por la pasión.

    Sentía como le acariciaban la espalda y con sus manos el muchacho le apretaba y le acariciaba los senos, ante este escenario, la hermosa mamá bajo la cabeza y se entregó; le tome sus nalgas y empecé a amasarlas, eran suaves como el terciopelo y al estar agachada parecía un corazón enorme, «qué belleza de culo», no espere más, me acerque al orificio de su ano y lo lamí, pase mi lengua en ese agujero, era la primera vez que a Leslie le hacían algo así, a ella le gustó, me pidió que siga, pero no por mucho tiempo.

    Tomé mi pene con las dos manos, como siempre, y lentamente se lo introduje a la señora en su vulva húmeda. Desde esa posición podía ver fácilmente como entraba y salía mi pene envuelto en una suave humedad, retuve un poco la respiración, vi lo bien mojado que estaba mi pene y con un leve esfuerzo lo introduje lentamente en el culo de la señora.

    Ella reaccionó instintivamente, pero era tarde, la tenía dominada, no podía zafarse de él, la tenía ahora tomada por la cintura, sentía como poco a poco le metía mi enorme pija por el culo.

    No había dolor, el sobresalto no permitió que el dolor se presentara, ella no podía creer que ese muchacho desconocido actuara de esa forma tan básica, animal y deliciosa, Leslie sabía que no debía hacer resistencia alguna, pues dolorosa se podía convertir esa penetración, así que trato por todos los medios de relajar su cuerpo para sentir como ese hermoso manjar le entraba y le salía, la vista de la hermosa madura era impresionante, aquel culo blanco, grande y bien formado por las horas del gym latía!

    Les: ¡Agh, si, ahí!!!

    L: ¡Que rico culote señora!!

    Ella gimió mientras le penetraba las perfectas, gordas y apetecibles nalgas de Leslie, a cada centímetro que entraba producía en ella gemidos de gozo, mientras sentía la opresión que ese deseado culo le daba a mi verga.

    L: ¡Señora, señora, que rico me la estoy cogiendo ah!!!

    Les: ¡Ay mi niño coges bien rico!

    L: ¡Siempre quise cogérmela así!

    Les: Ah Así mi niño, así mi amor, ¡no pares! ¡NO PARESSS!

    L: ¡Ah señora!! ¡Cada vez que la veía me la quería coger!

    Les: Oh mocoso pervertido, ¡cójase a esta señora que tanto quería!

    L: ¡Quiero que sea solo mía señora!

    Les: ¡Si mi niño, soy solo tuya!!!

    Agilice mis movimientos, en un momento mi pene se salió del culo de Leslie, debido a la rapidez con la que lo hacía, ¡apunte de nuevo hacia su orificio anal poniendo mi glande apoyado en el ojete rosado de aquel blanco culazo y de un empujón la penetre y se lo metí de una sola estocada!

    Les: ¡Ah! ¡Más duro amor más duro!

    La hermosa y recatada esposa fiel de Don Sánchez le suplicaba a aquel desconocido chico que se la metiera por atrás.

    L: ¡Ah, señora, que nalgotas, que nalgotas!!!

    Estuvimos al menos 10 minutos con arremetidas y vaivenes, fue muy excitante, el culo de Leslie empezó a palpitar, mi verga y el esfínter palpitando sobre él hacía que su placer fuera enorme, ¡ya estaba al borde de la eyaculación y se lo hice saber!

    L: ¡Me corro señora, me corro!

    Les: ¡Oh sí!! Córrete mi amor, córrete!!!

    ¡Finalmente, eyaculé en el trasero de Leslie, en su culo como nunca antes lo habían hecho, chorro tras chorro saliendo de mi verga, dejándola bien llena de leche mientras seguía con leves movimientos hasta que al final dejé todo dentro de ella!

    Les: ¡Ay mi nene, que rico agh!

    L: ¡Uf, que culazo, agh!!!

    Leslie sintió el escozor de la leche caliente en su interior, quedamos exhaustos, satisfechos y nos dormimos unos minutos.

    Les: ¡Que fantástico, ni con mi marido gozo así!

    L: ¡Pues aquí estoy mi señora!!

    Les. ¡Que me digas Leslie o Les!!

    L: Jajá, lo siento, ¡a veces se me olvida!

    Leslie estaba boca abajo temblorosa, excitada, con sus blancas nalgas en popa y con su ano bien abierto lleno de leche chorreando.

    Al cabo de un rato nos metimos a bañar, ya estábamos en la regadera cuando ver a Leslie de espaldas a mí, con sus hermosas y respingonas nalgas rosadas hizo que otra vez la verga se me pusiera bien parada.

    Tenía las hormonas revolucionadas, algo propio de mi edad, y bajo el chorro de la ducha caliente la tomé de sus caderas y la volví a penetrar frenéticamente por el culo, pues no sabía cuándo iba a tener otra oportunidad, así que la aproveché al máximo.

    L: ¡Que rico culo, agh!

    Les: ¡MI amor, dios mío!

    L: Uf, que rico, aprieta, ¡aprieta mi verga!

    Les: ¡Luis, que rica verga, agh!!

    Mientras me la cogía, la hermosa madura recordaba aquella primera vez que sorprendió a aquel chico de la calle pajeándose en la ducha, pero esta vez él, le comía a besos el cuello y la oreja para luego desde atrás sodomizarla a gusto penetrando salvajemente el carnoso culo de esa hermosa y recatada esposa que gemía de placer y recibía nuevamente de su joven semental intermitentes chorros de leche, mientras ahogaba sus gemidos en el vapor de la ducha.

    L: ¡Mi señora, eres una mujer excitante!

    Les: ¡Mi amor tienes que irte, ellos pronto llegaran!

    L: ¡Espero poder hacértelo de nuevo!

    Les: ¡Sabes que soy tuya!

    El haberle sido infiel a su esposo despertó en Leslie la puta que llevaba dentro, desde ese día cuando ella se queda a solas hemos cogido tantas veces, satisfaciendo todas nuestras fantasías, que nadie en su familia ni su vecindario lo ha sospechado hasta hoy.

    El humor de la señora Leslie desde ese día cambió para siempre.

    Unos meses después me contacto con un amigo que me metió a trabajar y enseñar las artes gráficas, a lo que hoy me dedico, ¡ahí fuimos compañeros de trabajo ya que ella era vendedora de medio tiempo y hasta apenas hace poco le di su regalo de 50 años!

  • Mi sobrino (Parte 5): Llega Matilde

    Mi sobrino (Parte 5): Llega Matilde

    El resto del día pasó bastante tranquilo. Algo de piscina, sol, algunas cervezas. Amy (mi esposa) y Mati (mi sobrino) estuvieron todo el día juntos. Algo estaban planeando.

    Llegó la noche y nos aprestábamos a cenar. Yo ya había preparado la cena y la mesa estaba lista. Amy y Mati dijeron que querían cambiarse y subieron a los cuartos del chalet. Se demoraron más de la cuenta, por lo que pensé que se estaban echando un polvo antes de cenar.

    Al cabo de 20 minutos, baja Amy vestida para el infarto: una minifalda roja ajustada que marcaba su hermoso culo, un top también ajustado, medias con portaligas; esta noche seguía la joda.

    Se detiene en el último escalón de la escalera y me dice “Amor, esta noche quiero presentarte a Matilde”.

    Mi sorpresa fue mayúscula cuando vi bajar a Mati, Matilde, vestida casi de manera idéntica a Amy. Sus piernas eran perfectas, la minifalda le quedaba calcada, el top hasta parecía que ocultaba unas pequeñas tetas. Tenía los labios pintados de rojo furioso y concluía con una peluca morena súper real. Era una hermosa mujer.

    Solo atiné a aplaudir y decirle que estaba preciosa, divina, hermosa.

    Ambas bajaron el último escalón tomadas de la mano. Luego Amy la abraza y recorren el salón moviendo el culo y contoneando sus cuerpos. Que par de mujeres!

    Amy nos invita a centrarnos a la mesa. Mati lo hace con movimientos cada vez más femeninos.

    Por momentos Amy le da de comer en la boca a Mati (Matilde) por momentos lo hago yo.

    Por momentos Amy besaba a Mati. Mati me besaba a mi y yo a Amy. La mesa estaba servida

    Yo ya estaba súper caliente. Y como habíamos follado a la tarde, me había tomado un Viagra para la noche. Tenía la polla que me reventaba el pantalón.

    Luego de terminar la cena, Mati me dice: “tío, siéntate en el sofá”. Obedecía al instante.

    Amy pone música y comienzan un show lésbico impresionante. Se besaban, se tocaban y acariciaban sus cuerpos. Comenzaron a quitarse la ropa, hasta quedar ambas en tanga y sostén. Ufff que culos!! Que tetas!

    Yo, ya desnudo no dejaba de acariciarme la verga. En ese momento se acercan ambas gateando para comenzar a chuparme la pija entre las 2. Una de cada lado. Para recorrer el tronco, llegar a la cabeza y besarse co lengua con la cabeza de mi pija en el medio. Ufff que placer!!! Quería llenarles la boca de leche.

    Amy se pone de pie, se coloca un arnés y le pide a Matilde que se ponga en 4. “Hoy quiero follarte yo, bebé”. Mati obedece con ganas. Abre su hermoso culo con sus manos esperando la polla de Amy. Con un poco de saliva humedece su nuevo falo y comienza a clavárselo lentamente. Primero la cabeza, luego el tronco y con un empujón más fuerte lo clava al fondo!!! Ahhh que rico! Mati gritaba de placer.

    Amy me dice: “amor, es hora que me claves, no crees?”

    Mmmm música para mis oídos.

    Me pongo de pie, primero le ofrezco mi pija en la boca para que me la chupe Amy. Lo hace con lujuria sin dejar de bombearle en el culo a Mati. Mientras me la chupa, estiro mi mano para pajear un poco a Mati. Esta que revienta su polla.

    Se la sacó a Mati de la boca y voy atrás e ella. La tomo por las caderas y le digo “concha o culo”.

    Amy “concha por favor”

    Me acerco y se la clavo de una en el cuño. Ahhh que placer el culo de Amy! Lo amo!

    Amy: ahhh hijo de puta! Me encanta!!! No pares!

    Comenzamos los dos a bombear con fuerza.

    Mete saca, mete saca, mete saca. Más rápido! Ahhhh siii siii

    Mati se pajeaba fuerte. Pero con la punta de los dedos, como si estuviera acariciando su clítoris.

    Más más más. Gritaba como loca. Dame más!

    Nos corrimos los tres juntos. A los gritos. Sin guardarnos nada.

    Estas dos mujeres iban a dejarme seco. Por suerte el Viagra iba a darme más cuerda para esa noche…

     

  • Resultó ser prostituta

    Resultó ser prostituta

    A veces los buenos polvos tienen que ser trabajados, es decir, tienes que estudiar a la presa, analizar las posibilidades, tener el tino de estar en el momento indicado y esperar que la presa ponga algo de su cuota para que ello ocurra.

    Cuando se es hombre, somos los que debemos de estar pendientes de identificar las situaciones que se presentan y son pocas las veces en que la mujer cambia el rol de presa y toma el papel de cazadora.

    Como ya les eh contado, Aidé mi compañera madura algo alborotada y de vida más que licenciosa, era deseada por la mitad de los chicos del trabajo, mientras que la otra mitad ya se había acostado con ella.

    Una vez que inicié a tener sexo con ella, ya no pude parar, se volvió un tipo de adicción y aunque en ese tiempo también me follaba una que otra buena nena, esa ninfómana de verdad era una maestra

    Una oportunidad me la crucé muy de mañana, yo salía con dirección a universidad mientras que ella recién llegaba con un rostro que denotaba muchas copas de cerveza encima, ¡sin mencionar las ropas que traía puesta!

    Una minifalda de cuero bastante reveladora, la blusa roja, los zapatos de taco y una de sus pantimedias que se había colocado mal, que asomaba por debajo de la basta de la minifalda hacían suponer que no había tenido tiempo para vestirse bien.

    Estaba yo ese día en unas cabinas públicas de Internet, pues mi computadora se había malogrado y tenía que hacer un trabajo para un cliente algo urgente.

    Alquilé una máquina en un cuarto que estaba destinado para eso y en donde había una máquina que permitía hacer llamadas telefónicas al exterior a bajo costo.

    Me encontraba a la mitad de mi trabajo cuando la veo entrar, su mirada seductora, sus caderas envueltas en su minifalda negra, ¡inmediatamente logro quitar la atención de mi trabajo y me dediqué solo a mirarla!

    Como les comenté, es normal que el hombre vea a su presa y haga los intentos de capturarla, pero esta vez la situación cambió completamente.

    Se acercó donde yo estaba con la intención de pedirme un lapicero, para ello se acercó por mi lado izquierdo, y el lapicero estaba al extremo derecho.

    Cuando iba a dárselo, la muy pendeja colocó su cabello cerca de mi rostro, sus senos a la altura de mi espalda y con su mano derecha cogió el lapicero, eso me excitó mucho, terminó de hablar y para devolverme el lapicero repitió el mismo movimiento, pero esta vez había una nota que dejó junto al lapicero.

    Cuando se fue la abrí y la leí: ‘Te espero en 5 minutos en la panadería’, sin pensarlo dos veces grabé mi trabajo en una memoria, acomodé mis cosas en mi mochila, pagué el tiempo alquilado y me fui.

    Cuando llegué allí estaba ella, bebía una cerveza lo más probable por la cruda, al verme sonrió y me dijo:

    A: ¡Sabía que vendrías!

    L: ¡Me dijiste que venga y eso hice!

    A: ¿Qué estabas haciendo?

    L: Un trabajo para un cliente potencial y tú?

    A: La verdad me la pase de loca toda la noche, pero no quiero llegar a casa, ¡no quiero que el viejo me moleste!

    L: ¿Y que se te ocurre?

    A: Voy a casa de mi hija mayor, no hay nadie, ¿me acompañas?

    L: ¡Bueno, vamos!

    Aidé parecía estar ebria aun, me decía cosas sin sentido, pasamos a comprar unas cervezas, al llegar a casa de su hija, dejamos las cervezas en la mesa, ella tomo mi mano y me llevo al dormitorio de su hija.

    Adentro, ella fue la que tomó la iniciativa, mi experiencia en prostíbulos me hacía suponer que ella había sido una prostituta, se desenvolvía como tal, se quitó la ropa, y quedo completamente desnuda, como si me tratara de un cliente.

    Algunas compañeras del trabajo decían que ella, tiempo atrás, se dedicaba a cobrar por sexo, ósea, era prostituta y no puedo negar que así se comportaba, esa vez era diferente, las veces anteriores se comportaba más sumisa, ¡pero ese día era todo un volcán!

    Me senté al borde de la cama y se arrodilló delante de mí cogió mi verga con las dos manos, me confesó que de todas las pingas que se había comido la mía era tal vez la más linda pues era perfecta, larga, gruesa y agradable, no como otras que eran pequeñas, o delgadas o cuya apariencia espantaban hasta a la puta más barata en busca de dinero fácil.

    La cogió y me tendí en la cama, desde allí veía como la llenaba de caricias con la lengua, era toda una experta en esa materia, se la metía toda dentro de la boca, la succionaba, la pasaba por su rostro, de vez en cuando me daba una mordida juguetona para salir del éxtasis y no eyacular.

    L: Uf, Aidé ¿qué traes?

    A: ¡Nada, solo quiero comerte!

    L: ¡Pues lo haces maravilloso!

    A: ¡Calla y disfruta bebe!

    Me tuvo largo rato así, al estar yo echado en la cama, se trepó sobre ella con la intención de colocar su concha sin pelos a la altura de mi cara, al inicio dudé un poco, pues me acordé de todas las pingas que esa concha se había comido, pero la lujuria pudo más y le metí la lengua lo más hondo posible, ¡entramos en un 69 que nos hacía gozar a los dos de placer!

    La posición tomada era propicia además para lamerle el ano, cosa que hice inmediatamente, de manera torpe al inicio, pero con el pasar del tiempo fue gustándole cada vez más por lo que luego empecé allí mismo a meterle los dedos al ano, también a la vagina, ¡causando en ella una excitación que la hacía gemir de placer como aquella vez que cogimos en su carro!

    A: ¡Mmm, mi vida, sigue, agh!

    L: ¡Me encantas, que rico culo y que rico te mojas!

    Cambiamos la posición, se puso en cuatro dándome la espalda, entregándome ese coño tan dulce y depilado, su vagina rosadita era una invitación al pecado, ¡a la lujuria a olvidarse de los prejuicios y dar rienda suelta a la pasión!

    Puse mi verga cerca de su vagina, la humedecí con sus propios jugos, y una vez lubricados los dos, se la ensarté de golpe, para que sintiera que no sería como las veces anteriores, que esta vez gozaría como nunca, ¡como ningún otro hombre la había hecho gozar!

    El mete y saca era espectacular, la muy perra colaboraba pues de vez en cuando apretaba su vulva para atrapar mi pene, cada vez que hacía eso, ¡se levantaba con la intención de tenerme dentro y no dejarme salir! Se volvía a acostar, y la seguía penetrando cada vez con más fuerza, el sonido de mis muslos chocando con sus nalgas parecían aplausos a un polvo tan bueno que nos estábamos metiendo.

    L: ¡Aprietas riquísimo nena!!

    A: ¡Dámela, agh, uhm, si, así, agh!!

    Terminamos esa posición y se dio vuelta, lista para recibirme otra vez, en esta oportunidad la penetración fue más calmada, veía en su rostro unas lágrimas, no sé si de dolor o de placer, ¡pero no tenía escrúpulos para detenerme!

    Levanté sus piernas sobre mis hombros, la fuerza con la que entré en su vientre la hizo desprender un grito de dolor, fue tan profunda que el dolor lo sintió a la altura del estómago y no me quedo más que sacarla porque no lo podía soportar.

    Esta vez me pidió que me echara, lo hice en la misma posición cuando empezó a chupármela y fue ella la que se sentó sobre mí.

    L: ¿Te lastimé?

    A: ¡Es que no sabes cómo me ha ido en la semana!

    L: Tranquila, ¡ahora hazme lo que gustes!

    A: ¡Eso haré!

    Era la primera vez en la tarde que ella tomaría la batuta en la faena, sus movimientos eran coordinados, las caderas en forma circular, las piernas de arriba hacia abajo, y yo de vez en cuando cogiéndola de la cadera con la intención de detenerla y meterla una embestida que la haga acordarse de que el que estaba debajo no era uno más, sino el compañero de trabajo que la estaba haciendo gozar.

    Sus movimientos eran cada vez más rápidos, lo que estaba acelerando mi proceso de excitación, no quería aun eyacular, la saqué de donde estaba, la tumbé nuevamente en la cama pues allí debía estar ella, si la dejaba tomar el control pensaría que era uno más en su lista de conquistas, pero no quería que fuera así.

    La penetré nuevamente, le hice poner sus piernas alrededor de mi espalda, y con un poco de esfuerzo la levanté, la tenía ahora pegada a mí, unida con brazos y piernas a manera de gancho, yo la cogía de las nalgas para mantenerla así, la penetración de esa forma era más profunda, el dolor y placer que le causaba eran cada vez más notorios lo que no impidió que ella terminara en un satisfactorio y prolongado orgasmo.

    A: ¡Agh, papi, me duele, pero sigue, ay mi vientre uf!

    L: ¡Uf, si, goza chiquita, goza!!

    Yo aún tenía fuerzas y vitalidad para continuar, ¡seguir dándole por la vagina sería repetitivo así que opté por su otro orificio!

    Su ano se notaba que había recibido muchas pingas en esa semana e historia, era un ano ajetreado, se abría fácilmente a la penetración, pero como ella dijo, ¡la mía era la verga más rica que se había comido!

    Humedecí su ano con la humedad de su vagina, la fui untando como también a mi verga, puse la cabeza a la altura de su orificio con la certeza de que entraría sin problemas, y la empujé con fuerza con la intención de que le duela, no para hacerle daño, sino para hacerle saber que no sería uno más en su lista sino alguien diferente, alguien especial, el chico que la deseaba desde hacía mucho y que había hecho su sueño realidad.

    L: ¡Que rico culo!

    A: Despacio amor, ¡despacio!

    L: ¡Uf, aprieta magnifico, será mejor que te prepares amor!

    A: ¿Para qué?

    Comencé a embestirla salvajemente, le daba nalgadas y le jalaba el cabello, ya no me podía mentir más, ella era una puta y así la trataría, sin consideración alguna, la arremetida hizo que soltara algunas lágrimas, nunca pensé que los gemidos de las películas pornográficas los escucharía en persona, su manera de gemir, de respirar mientras cachábamos me hacía recordar a las actrices de ese tipo de películas.

    La primera posición para el anal fue ella apoyada sobre sus brazos y piernas, como aun podía seguir la faena, me senté al borde de la cama para que se sentara encima de mí, se daba tremendos sentones la muy puta, ¡mi verga la estaba empalando y sus gemidos me la ponían más y más dura!

    L. Te gusta nena?

    A: Me lastima, pero me encanta, no la saques, aunque llore, ¡no la saques!

    La puse de perrito y como toro la embestía brutalmente, incluso un par de golpes le di en su espalda, la arañaba, le jalaba el cabello de forma violenta, yo estaba excitadísimo, ¡ella también se movía para hacer más placentero el momento!

    L. Toma perra, toma!

    A: ¡Asi, agh, soy tuya, soy tu puta!

    L: ¿Si puta, quien es tu señor?

    A: ¡tu nene, tu eres mi señor, cógete a esta puta, por el culo, aj!

    L: ¡Este culo ahora me pertenece, uf!

    En unos cuantos movimientos sentí que estaba por terminar, la vieja zorra se dio cuenta por mi respiración, se puso de pie, se arrodilló delante de mí y con esa característica costumbre de las películas recibió todo mi semen en la cara, en el cabello, en los senos, metiendo luego las últimas gotas que salían a su boca, y terminando luego metiendo mi verga a su boca para darle el último placer de la tarde.

    L: ¡Uf, mamita rica, uf!

    A: ¡Sabes a gloria papacito!

    Era delicioso verla jugar con mi verga, su cara llena de semen, embarrada toda en esa leche calientita y espesa que saboreaba con tanto placer, se notaba que los disfrutaba, recogía un poco de leche de sus pechos y se lo llevaba a la boca, ¡lo disfrutaba enormemente!

    Descansamos un momento pues su hija estaba por llegar, nos vestimos, ella se lavó la cara y se humedecido el cabello, le agradecí por la tarde de placer que me regaló esperando que me invitara a vivir una nueva experiencia, pero al terminar me dijo que eran $500, que dejara el billete en la mesa, y que si no tenía me daba una semana para conseguirlo, porque de lo contrario, ella misma se encargaría de correr el rumor entre sus ocasionales clientes de que era gay, que no podía mantener una erección y que no servía para nada.

    Pero yo respondí mostrándole fotos y videos de nuestros encuentros anteriores, diciéndole que a su marido le llegarían, le advertí que no se volviera a meter conmigo y que esa sería la última vez que la vería, que le daba una semana para irse del trabajo, ¡que de puta le iría mejor!

    Si de algo me sirvió esa experiencia fue saber que mi intuición no me había fallado. Esa actitud inicial era la de una prostituta que lejos de pararse en una esquina o poner su anuncio en el periódico, apelaba a sus vecinos o compañeros para convertirlos en su clientela, la que iba creciendo día a día sin salir, literalmente, ¡de casa!

  • Me masturban y me quitan la tanga en el cine (1)

    Me masturban y me quitan la tanga en el cine (1)

    Una disculpa por haberlos dejado tanto tiempo sin saber de mis travesuras.

    Les agradezco a todos los que se han puesto en contacto conmigo por mensajes a mi número y correos, gracias por escribirme y darme unos minutitos de su tiempo, siempre trato de contestarles a todos.

    Bueno entrando en la anécdota me sucedió hace unos días, para ser más exacta un martes, por suerte en mi última semana de exámenes. Les contare que soy una chica universitaria que estudia en C.U. por lo que siempre utilizo metro para poder llegar a mi facultad.

    Días antes a ese martes había recibido un correo de un hombre de casi 40 años que había leído uno de mis relatos donde narró cómo le había vendido una tanga usada a un hombre.

    El punto es que él también estaba interesado en adquirir una prenda, le explique cómo era la dinámica y el accedió para vernos, me pidió que usara la tanga durante 3 días, y que le mandara fotos y videos haciendo mientras estaba en diferentes lugares por ejemplo en baños públicos, baños de la universidad, probadores, en mi casa etc.. El punto es que si han leído mis otros relatos me imagino que saben que me excita mucho el hecho de saber que alguien siente placer al verme, cada vez que ese hombre me pedía fotos no podía evitar que la tanga quedará empapada de mis fluidos al pensar cómo se masturbaría mientras veía como cumplía lo que me pedía, me prendía mucho imaginar cómo es que el la olería cuando la tuviera en sus manos.

    Como toda putita sumisa yo hacía lo que él me pedía incluso masturbarme con el riesgo de ser descubierta por alguien ya que me gusta gemir mucho, era increíble la facilidad con la que mis dedos se metían en mi vagina por lo excitada que me ponía estar en esas situaciones y más en lugares públicos.

    Una noche antes a nuestro encuentro me escribió y me pidió que fuera vestida con un top y una faldita pequeña, para que pudiera quitarme la tanga más fácil. Y así lo hice, ese martes tenia examen a las 9 am y a él lo vería a las 11 am en una plaza que está saliendo de metro Miguel Ángel de Quevedo, tristemente vivo a 2 horas aproximadamente de la universidad, por lo que tuve que salir temprano de mi casa, realmente por las prisas no sentía mucho frío ya que iba muy destapada, sobre todo por la faldita, antes de salir de casa me mire frente al espejo y me di cuenta que bastaba con agacharme un poco para dejar ver mi culito ya que la falda quedaba aún más corta por culpa de mi culo, metí más la tanga entre mis nalgas para que se impregnara aún más con mi esencia.

    Al llegar al metro comencé a sentir más calor, sobre todo entre mis piernas. Aborde en la línea A, la verdad el hecho de tener 3 días cumpliendo las ordenes y fantasías de aquel hombre me tenía muy caliente, así que quise sentirme aún más puta y decidí no subirme a los vagones exclusivos para mujeres, tenía ganas de que tocaran mi piel y así fue, como era temprano había mucha gente apenas y alcance a subir al metro; las puertas no cerraban y un chavo de mi edad más o menos aprovechó para meterse y quedó justo detrás de mí; yo sentía como iba cargando su mochila con su mano; entonces poco a poco fui acercando mi nalga a su mano, ya con el tren en movimiento daba pequeños saltitos para que mi falda se subiera y nuestras pieles estuvieran en contacto, él entendió lo que yo buscaba y comenzó a tocarme, bajo su mochila al suelo y ya con la mano libre empezó a buscar meter sus dedos entre mi culo hubo un momento en que dejó de tocarme pero solamente fue para llenarse de saliva los dedos y que entrarán fácil en mí, así nos fuimos varias estaciones hasta que ya caliente quería sentir el tamaño de su verga por lo que tomé su mano y la pase enfrente de mi para que me abrazara tocando mi pubis y yo tuviera oportunidad de arrimar mi nalga contra su verga, debo de confesar que eso me excita mucho, me excita demasiado sentir el tamaño de una verga en mi culo.

    Ya con su mano enfrente levanto mi falda y empezó a jugar con mi vagina empezó a meter un dedo y remataba tocando mi clítoris, en ese momento ya estaba muy húmeda me hubiera encantado que se sacara su verga ahí mismo y me la clavara hasta el fondo; al salir de la última estación así para llegar a la terminal me gire y empecé a tocar su verga por encima del pantalón mientras mi lengua jugaba con su oreja y respiraba sobre su cuello para calentarlo más, al llegar a Pantitlan me dijo que lo acompañara al resto de su ruta pero solo intercambiamos teléfonos ya que íbamos a líneas diferentes, pero no se fue sin que le diera un beso lo más sensual que pude, para que me recordara todo el día y tuviera más ganas de buscarme.

    Hasta aquí la primera parte de este relato gracias por leerme espero no haberlos aburrido, pronto subiré la segunda parte.

  • Amigos con derecho en el trabajo

    Amigos con derecho en el trabajo

    Este va a ser mi primer relato de esta índole, espero les guste.

    Edgar es un técnico en publicidad, trabaja en una empresa de venta y su principal tarea es visitar a sus clientes y organizar los productos de su marca. Él es un tipo normal, alto con algo de sobrepeso, nada fuera de lo común.

    Su jefe un tipo que siempre se la pasa al teléfono cuadrando cualquier negocio, su día a día es rutinario, despierta temprano, nunca le ha costado levantarse a primera hora, se levanta sin despertar a su esposa ni a su hijo, que en la madrugada camina a la cama de sus papas, va al baño, se sienta a leer relatos eróticos y se hace una paja de costumbre. A sus 40 años es algo que hace todos los días que va a trabajar. La vida sexual en casa es lo que se definiría normal. Una o dos veces por semana, a veces una vez por semana, a veces cada 15 días. Todo depende del ánimo de ambos. Luego una ducha rápida, se viste toma sus cosas y sale al trabajo.

    Si no tiene que salir a hacer alguna visita, en el trabajo será simplemente vaciar información, hablar con los compañeros. Al finalizar la jornada se retira a su casa. De vez en cuando le daba el aventón a la secretaria del jefe, una señora se 40 años, que en su momento debió ser un monumento, y que ahora conserva unos grandes senos operados, una cara risueña unas grandes piernas y nalgas, y por el descuido, un vientre algo abultado.

    Las conversaciones de regreso del trabajo eran normales, las parejas, los niños, el salario, etc. Un día ella llegó con un cuento que no iba a creer. Ella cuenta que para el día de las madres la empresa le regaló un masaje relajante en un local cerca del trabajo. Al llegar al sitio la atendió un señor, dice ella que contemporáneo, que la atendió educadamente. Le dio una toalla y le dijo que se desvistiera y que se acostara boca abajo en la camilla.

    Me dice que el masaje fue súper relajante, con música y hasta olores a incienso. Pero que debido al roce de las manos del masajista empezó a sentirse más caliente de lo que esperaba. Cuál fue su sorpresa que al momento de masajear sus piernas las manos iban subiendo poco a poco hasta rozar su vagina. Cosa que la puso tensa pero no dijo nada.

    Las manos del masajista bajaban y subían suavemente por su cuerpo, frotaban fuertemente sus piernas, rozada la parte baja del cachete de sus nalgas, haciendo que ella suspirara, el masajista apretaba en las zonas donde sentía la tensión y pasaba suavemente las manos por el interior de sus piernas, acercando los dedos cada vez más a su vagina que quería ser tocada. El altercado paso un par de veces más y ella sintió que se mojaba y que empezaba a gemir suavemente, relajándose y entregándose a las sensaciones. Hasta que en el último intento ella cerró las piernas, que de pronto pensó en que esa era una invitación de la oficina y que no podía seguir haciendo eso. Así que se terminó el masaje y ella se vistió y se fue con el cuerpo relajado pero con la mente y su vagina pidiendo sexo.

    Al contarle, Edgar se la imaginó desnuda sobre una camilla disfrutando como le hacían el masaje. Y tuvo una erección. Al estar sentado pensó su amiga no se daba cuenta. Sin embargo, Emilce, como no tenía que fijar su mirada en el camino, pudo observar el bulto en el pantalón que iba creciendo cada vez con cada detalle que daba del relato.

    Luego de ese relato las conversaciones entre ellos cambiaron a un punto más sexual, mas picante, primero con lo habitual de sus encuentros, luego con lo que le gusta y lo que no.

    Un día Edgar decidió no llevar auto al trabajo ya que tenía que hacer unas visitas y el parking era una tortura. A media mañana suspendieron las visitas por una reunión de trabajo. Al finalizar la jornada le dijo a su amiga que podrían irse juntos caminando un buen tramo para evitar el congestionamiento del transporte público, así siguieron hablando. Una parte del trayecto pasaron por una zona conocida por tener más número de moteles.

    – Oye Edgar – dice Emilce – deberíamos aprovechar y pasar por uno de esos moteles y poner a prueba todo lo que hemos hablado.

    – Deja de decir tonterías – dijo Edgar – Recuerda que soy casado y conoces bien a mi esposa. No tientes mira que ganas no me faltan de probarte.

    – Tu esposa no se va a enterar – respondió con una sonrisa pícara – o por lo menos no de mi. ¿Qué pasa, te gusto?

    – si quieres entramos y te demuestro las ganas que te tengo desde el cuento del masaje.

    Ambos rieron, ella lo tomó de la mano y entraron a un motel. Sin pensarlo mucho, pagaron la mitad cada uno. Luego siguieron a la habitación que le asignaron. Al entrar se miraron nerviosos.

    – Primero quiero que sepas que lo que acá pasa acá se queda – Dijo Emilce.- Así que quédate tranquilo que tu esposa no se va a enterar.

    – Vale, quiero que sepas que quiero que esto no joda la buena amistad – Dijo por otro lado Edgar – sabes que eres mi amiga y confidente para muchas cosas.

    – Tranquilo, si quieres hacemos un pacto, nos damos la mano y decimos nada de romper la amistad y nada de ponerse celosos.

    – Hecho – Dijeron ambos dándose la mano.

    Ambos querían darse una ducha por separado, el entro primero luego ella. Al salir se sentaron en la cama con las sabanas hasta la cintura, esperando quien empezaba.

    Fue Edgar quien dijo:

    – Voy a romper el hielo de una vez.

    Y se lanzó a sus piernas, quitó las sabanas y metió su cabeza entre sus piernas. Lo que encontró le sorprendió bastante. Tenía la vagina completamente depilada. Él la tomó por los muslos le dio un seco beso en los labios de la vagina. Ella se quedó mirando a Edgar, no podía creer que le iban a hacer sexo oral, nunca le ha gustado como los hombres hacen eso. Pero se dejó llevar.

    Edgar lamió sus labios, un par de veces hasta que Emilce fue abriendo las piernas poco a poco para darle cabida, ya al haber lamido repetidas veces los labios tenía ese manjar expuesto ante él. Así que la tomó de sus muslos y metió sus cabeza de lleno por en la vagina, taladrando el clítoris con su lengua, de vez en cuando bajaba a la entrada de su vagina y metía la lengua hasta donde pudo. Pudo sentir como su boca se llenaba de jugos con un sabor exquisito. Con las manos tocaba piernas, torso, esos senos operados, llegó a pellizcar un pezón.

    – Ey, no – Decía Emilce entre suspiros y gemidos – Me duelen después que me puse implantes. Apriétame fuerte los senos me gusta más.

    Edgar no respondió, siguió en lo suyo. Hasta que Emilce en un suspiro dijo.

    – Mi turno

    Empujo el rostro de Edgar. Hizo que se parara y sentada en el borde de la cama tomo su pene le bajo el prepucio y lo engulló. Edgar Gimió de placer. Con una mano bajaba y subía desde la base del glande hasta el rozar el pubis, con la otra masajeaba lentamente los testículos. Edgar con ojos abiertos como platos solo lograba gemir por lo bajo y seguir viendo como le hacían el mejor oral que le hayan hecho. La lengua de Emilce daba vueltas por su glande. Hubo un momento en que ella puso las manos sobre su torso, él tomó su pene con una mano y con la otra marcaba el ritmo. Ella apretó sus nalgas y luego rozó su ano. Edgar apretó las nalgas por la sorpresa.

    – Déjate llevar – dijo Emilce – te va a gustar.

    Pero Edgar aprovecho que la había soltado para acostarla en la cama y penetrarla diciendo.

    – Si sigues con el oral me vas a hacer acabar y quiero sentir que tan caliente tienes la vagina.

    Ella abajo, subió sus tobillos a los hombros de él y disfrutó el bombeo por un rato. Luego ella dijo que quería estar arriba, lo cabalgó mientras magreaba sus senos. Ella se quedó arriba y le dio la espalda. El disfrutaba jalando el cabello.

    Después de un buen rato cambiando de posiciones entre perrito, ella arriba de lado y ya bien sudados ella dijo que la penetrara de misionero y que le avisara cuando iba a eyacular. El subió la revolución del bombeo y le aviso entre gruñidos

    – Me vengo

    – Vente papi – respondió Emilce

    Se vació dentro con todo lo que tenía acumulado con un gruñido

    – no te pares sigue papi.

    El dio unos rápidos bombeos que lo llevaron al éxtasis que no había sentido cuando escucho un gran gemido y sintió que lo apretaban fuertemente.

    Con una respiración entrecortada se dieron un tierno beso corto en la boca y se separaron para respirar mejor.

    Continuará…

  • Trío en el hotel

    Trío en el hotel

    El hotel no estaba lleno aquella noche. Era temporada baja y los pocos turistas que estaban alojados ahí estaban recorriendo los lugares turísticos de la ciudad, al menos la mayoría. Miriam había llegado aquella mañana y se encontraba en el bar del hotel. Estaba sentada frente a la barra, utilizando un vestido de satén de seda plateada sin espalda,  se había pintado las uñas rojas para llamar más la atención. Iba a ligar, eso era obvio, por ello se había puesto ese vestido; sin embargo, no había nadie interesante en el bar, salvo por dos personas.

    La primera era una chica rubia. Parecía venir de vacaciones con sus amigos, se veía de la misma edad que Miriam. Llevaba una blusa de tirantes blanca, un pantalón de mezclilla roto que acentuaba su cadera bien definida; se veía bastante sexy y sobre todo se veía que tenía muy buen cuerpo. Sus pechos eran un poco más grandes que los de Miriam y tenía una cinturita bastante torneada.

    Miriam la observaba mientras tomaba de su bebida. La chica también la volteaba a ver de vez en cuando y sonreía con nerviosismo, lo cual a Miriam le gustó. Cuando estaba a punto de ir a hablarle fue cuando llegó él. Era un chico un poco mayor que ella, tenía barba, una camisa y un short de color café, un típico turista de playa, pero vaya que llamó la atención de Miriam. Ese chico había llegado un par de minutos antes que ella al hotel, Diego creía recordar su nombre cuando llegó a registrarse. No lo había visto bien en ese momento, pero ahora frente a frente sí que lo consideraba muy atractivo.

    Diego igual parecía venir con algunos amigos, así que Miriam simplemente lo veía mientras hablaba con ellos. Pasaba su vista de él a la chica, alcanzó a oír como la llamaban por su nombre: Andrea.

    Miriam observaba a ambos y un deseo se encendió en ella, podía acercarse a Andrea y hablarle, estaba segura que podía convencerla, ella le regresaba las sonrisas de forma nerviosa, lo cual le agradaba a Miriam; por otro lado estaba el chico, Diego, ahora comenzaba a verla y le sonreía, notaba sus ojos dirigirse a sus piernas y al escote de su vestido. Podía tener a cualquiera de los dos, lo difícil era elegir.

    Diego pareció finalmente armarse de valor, dejo de hablar con su amigo y se acercó a la barra a ella.

    —Diego —saludó él ofreciéndole la mano.

    —Miriam —respondió ella con una sonrisa.

    Parecía que había un ganador.

    Comenzaron a hablar. No hablaron de nada serio, pues ambos sabían que era lo que buscaba el otro; sin embargo, Diego no apresuró las cosas, además se veía que quería jugar un poco. Le preguntó acerca de que le parecía el país, comentando que él ya lo había visitado un par de veces antes, qué era lo que más le había gustado y cuánto tiempo pensaba a quedarse. El gesto le gustó a Miriam, no era tan directo como otros que habían intentado hablar con ella, pero estaba claro que no ocultaba sus intenciones.

    Mientras contestaba, Miriam le pasaba la mano por el brazo, como una especie de invitación. Diego, con un poco más de seguridad, colocó su mano sobre la rodilla de ella y se acercó a susurrarle al oído.

    —¿Sabes? Hueles bastante bien.

    Miriam se rio ante el cumplido y Diego aprovechó la oportunidad para acariciar su muslo un poco, aun tentando el agua.

    Le invitó un trago y ella aceptó. Mientras continuaban hablando, la mano de Diego no se había vuelto a mover, por lo que Miriam decidió darle más entrada. Se acercó un poco más a él, haciendo que sus piernas se tocaran. Al hacerlo, su vestido se levantó un poco más y como lo esperaba, Diego bajó la mirada para poder ver su piel tersa debajo. El muslo estaba más expuesto, unos cuantos centímetros más y casi podría ver su ropa interior.

    —¿Puedo decirte algo? —preguntó Diego.

    —Claro, dime —respondió ella.

    Sin dejar de tocar su pierna, Diego la tomó de la cintura y la acercó para susurrarle al oído.

    —Tienes unos labios muy bonitos.

    Miriam volteó a verlo y él aprovechó para darle un ligero beso, luego se alejó un poco con una sonrisa, jugando con ella desde luego.

    —Vaya, y tú los tienes bastante suaves —contestó ella con una ligera sonrisa.

    Un cabello cayó de su frente y Diego utilizó su mano libre para quitárselo y de paso acariciar su mejilla. Miriam sonrió y cerró los ojos Diego aprovechó para darle un beso en la mejilla.

    —Te queda muy bien ese vestido.

    Ella sonrió, ahora ya estaba siendo directo. El juego había subido de nivel y eso le gustaba.

    —Es un vestido sin espalda —comentó ella colocando las manos sobre el banquillo, invitándolo a que la tocara en esa parte.

    La curiosidad hizo el resto, Diego colocó su mano en la espalda de ella y comenzó a acariciarla. Lo hizo con la punta de mis dedos, bajando desde su hombro hasta la espalda baja. Al llegar a la mitad, notó que no llevaba brasier, la sorpresa duró un segundo, pero continuó hasta llegar a la espalda baja y acariciar ligeramente su cadera, pero sin ahondar aun en ella. Al sentir su contacto, Miriam sonrió y acarició su barba, estaba bien cortada y no picaba, aparentemente solía cuidársela bien. Llevada por el deseo, se acercó a él y lo beso con más pasión, le gustaba como besaba, de forma dominante. Sabía lo que hacía y eso hacía que la prendiera. Miriam tocó su pecho firme con sus manos, sentía sus músculos debajo de su playera.

    Diego le regresó el beso, colocó su mano en su cintura para atraerla un poco más, sus cuerpos se juntaron y luego regresó a tocarle la espalda para dejársela marcada con sus uñas. Miriam comenzó a sentirse excitada por cómo la tocaba, dejo que su mano volviera a tocarle las piernas, ahora subiendo un poco más allá de su muslo hasta casi llegar a su pelvis, sintió sus uñas arañándola ligeramente. La mano de Diego subió un poco más su vestido, como jugando con él, por un momento creyó que se lo iba a subir ahí a la mitad del bar con los pocos testigos que había. La idea hizo que comenzara a sentir la humedad en su entrepierna. Lo deseaba. Pero detuvo su mano y le susurró al oído.

    —Si quieres subirlo más deberíamos buscar un mejor lugar —dijo acariciando sus brazos.

    Sin siquiera esperar una respuesta, ella se levantó, lo tomó de la mano y lo guio hacia la salida del bar.

    Mientras caminaban, Diego observaba la piel tersa y firme de la espalda de Miriam, le encantaba. Miraba sus curvas mientras caminaban y sin poder resistirse, metió su mano por el vestido para poder sentir su piel. Ella se río ante su contacto. Pasaron justo al lado de Andrea y notó como sus ojos no se despegaban de ellos. Le sonrió ligeramente y ella bajó la mirada apenada. Su mirada no había demostrado que estaba celosa o enojada por que Diego le había ganado; Miriam conocía esa mirada perfecta. Ahora la pregunta era si se atrevería.

    Miriam llevó a Diego a un pasillo, pasaron cerca de una maceta grande y se quedaron en una esquina, aquel lugar estaba completamente oculto por la decoración y macetas más pequeñas, pero desde ahí ellos tenían una visión perfecta por si alguien se acercaba. El lugar perfecto para que nadie los pudiera ver.

    Diego no esperó. Empujó a Miriam contra la pared para comenzar a besarla, ahora sin contener su lado salvaje. Sus lenguas comenzaron a danzar en sus bocas y sus labios luchaban para superar al otro. Tomó su pierna y la levantó para poder acercarla más a él. Los besos hacia que Miriam lanzará ligeros gemidos, su cuerpo estaba aplastado contra la pared y esa presión hizo que su temperatura aumentara. Diego comenzó a atacar su cuello, adivinando como ella le gustaba ser besada. Descargas eléctricas bajaron por su cuerpo y ella se agarró de la camisa de él para apretarlo aún más contra ella.

    Fue ahí cuando la notó. Andrea estaba oculta detrás de la maceta grande que estaba en el pasillo, mirándolos. Miriam no dijo nada, tan sólo la contempló, en su mirada se notaba la lujuria que crecía en ella mientras los observaba, se estaba mordiendo el labio y sus manos comenzaban a danzar sobre su cuerpo. No había escogido un buen escondite, pero Miriam lo agradecía, pues al saber que estaban siendo observados la prendía más.

    Diego tomó sus manos para colocarlas por encima de su cabeza y obligándola a volver a ponerle atención. Esta acción hizo que el vestido de Miriam se levantara por accidente y mostrara su ropa interior. Diego acarició todo el cuerpo de Miriam, desde su cuello hasta bajar a sus piernas. Soltó las manos de Miriam y ella no las bajó.

    Desde ahí, Diego hizo contacto visual con Miriam, ella, mordiéndose el labio, levantó ligeramente la pierna y Diego comenzó a acariciar su piel desde abajo hacia arriba. Pasó por su pelvis, la tocó sobre sus bragas y continuó subiendo, acarició su abdomen, su pecho y apretaba el vestido contra ella para que sintiera el satín en su cuerpo. Todo su contacto hacía que se estremeciera, que gimiera y le susurraba que le encantaba. Se mordía el labio para evitar gemir fuerte, después de todo aun podían atraparlos en el pasillo, se contenía, pero no demasiado para que Andrea tuviera un excelente espectáculo.

    Miriam tomó por el rostro a Diego y continuó besándolo, el gruñía de placer y sintió sus fuertes manos apretarle los pechos, de nuevo haciendo que el satín abrazará la piel alrededor de sus pezones. Miriam, sin dejar de besarlo, abrió los ojos y miró a Andrea. Ella también apretaba sus pechos casi igual como Diego lo hacía con ella. La excitación que sentía era abrumante y con las caricias de Diego hacía que aumentara. Tenía la sospecha que quería volverla loca para que le pidiera follarla tan bien que hasta tendría que rogárselo.

    Continuando con lo suyo, Diego le jaló el cabello hacia atrás para hacer que se arqueara ligeramente y dejara su cuello completamente expuesto. Mientras lo besaba y mordía ligeramente, Diego empujó su cuerpo contra ella, ahora más fuerte. Sus pezones completamente duros quedaron aplastados contra el pecho de él, lo cual envió más descargas a todo su cuerpo; por si fuera poco, Diego había colocado una de sus piernas entre las de ella. Su muslo se restregaba sobre su vagina empapada, estimulándola aún más. Gimió contra su oído, fuerte y claro mientras él continuaba restregando su pierna contra su entrada y la pegó lo más que pudo contra ella. Casi sentía que podía llegar al orgasmo ahí mismo, el roce del cuerpo de Diego y la suavidad de la tela de su vestido en todo su cuerpo la volvían loca de placer.

    Miró de nuevo a Andrea y cruzaron miradas. Ya no importaba que estuviera oculta, aun Diego no la había notado, pero Miriam notaba la mirada salvaje que tenía. Deseaba que le hiciera lo mismo, estaba segura que quería que aquel hombre se restregara contra ella de la misma forma como lo hacía con Miriam en aquel momento. Esa mirada la llevo al borde del orgasmo.

    En ese momento algo vibró entre sus piernas y ella soltó un grito de placer. La vibración atacaba su clítoris por encima del pantalón de Diego y sus bragas. Diego no pareció notarlo, Miriam clavó sus uñas en sus brazos y sintió como el orgasmo estaba a punto de llegar. Él se separó y sacó su celular del bolsillo, el mismo que había estado entre sus piernas unos segundos antes.

    —Mierda. Disculpa, necesito tomar esta llamada, es algo importante del trabajo —dijo él al ver la pantalla.

    Miriam se quedó contra la pared, intentando recuperar el aliento. Le habían negado un orgasmo, y por un momento consideró decirle que no a Diego por darle más importancia a esa llamada que a ella, pero estaba tan excitada y le estaba encantando cómo la tocaba que lo pensó dos veces.

    —Te espero en mi cuarto. No tardes mucho —dijo ella sacando una de las llaves de repuesto que le habían entregado en la recepción.

    Diego tomó la llave, miró el número de habitación y sonrió.

    Miriam lo vio alejarse por el pasillo mientras contestaba y se acomodaba su erección en el pantalón.

    No podía esperar a sentirla dentro. Pero había algo más para hace amena la espera.

    Se acomodó el vestido y se dio la vuelta. Andrea no se había movido de su posición. Dio un par de pasos atrás, como queriendo irse, pero Miriam le sonrió y caminó hacia ella de forma lenta y de forma sensual, como una cazadora acercándose a su presa.

    Andrea, completamente nerviosa, se acomodó un poco su ropa y también se acercó a ella.

    —D-disculpa, no era mi intención espiarlos así. Es sólo que…bueno no…

    Andrea bajo la mirada, completamente apenada, pero vaya que a Miriam le atraía eso. Le levantó el rostro con un dedo y la miró a los ojos.

    —No pasa nada. Él y yo nos la estábamos pasando bien, y si tú también lo hacías no veo ningún problema.

    Su mirada se iluminó ligeramente, para Miriam la veía como bastante inocente, quizá porque le daba un poco de pena, pero Miriam notaba una chispa salvaje en sus ojos. El pulgar de Miriam trazó los labios de Andrea y ella sonrió nerviosa aún.

    —Perdón. Me gustaba lo que veía, era bastante guapo y…

    —Tienes una sonrisa muy bonita —dijo Miriam sonriendo también y la tomó por la cintura para acercarla a ella.

    —G-gracias —contestó ella dejándose hacer. Colocó sus manos sobre los hombros de Miriam y la miró a los labios. Luego río nerviosa—. No sé si…

    —No tienes por qué estar nerviosa. Cierra los ojos y déjate llevar.

    Miriam se inclinó y la besó. Andrea cerró los ojos y le regresó el beso con pasión. Miriam sentía en sus besos cierta dulzura, pero sobre todo notaba la experiencia que tenía.

    Andrea se separó un poco y la miró, sonriendo ligeramente.

    —¿Qué hay de ese chico?

    —Es sólo un amigo, dudo que le moleste compartir —contestó Miriam.

    Y volvió a besarla mientras sus manos fueron a su trasero para apretarlo, pegándola totalmente a ella. Sintió como la cadera de Andrea la buscaba y el beso se intensificó. Andrea, con un poco más de confianza y excitación, tomó los pechos de Miriam para apretarlos ligeramente mientras sus besos pasaban de la mejilla al cuello y luego bajando hacia la piel que se veía entre el vestido, aquel punto justo antes de sus pechos.

    —Cariño, creo que debemos ir al cuarto si queremos seguir esto.

    Andrea levantó la mirada algo sorprendida, pero dejó que Miriam la tomara de la mano para ir por el pasillo hacia el ascensor. Una vez dentro, Andrea comenzó a tocarse sobre su pantalón, luego toma a Miriam de la mano para jalarla hacia ella, ahora es Andrea quien toma la iniciativa y tomó su trasero mientras la besaba. Miriam dejó que ella hiciera todo, pues estaba explorando su cuerpo como lo había hecho Diego, sintió como alzó tu vestido y con una fuerte nalgada agarró su trasero con firmeza. Parece que la chica había aprendido algunas cosas interesantes.

    El elevador se detuvo y las puertas se abrieron, por un momento Miriam sintió decepción porque Andrea se había detenido, pero antes de que cambiara de opinión o algo, la tomó de la mano y se fueron directo a la habitación de Miriam.

    Dentro de la habitación había una cama grande, Miriam sabía que iba a tener compañía y quería tener la mejor experiencia, se alegraba que esa compañía fuera Andrea.

    Andrea la tomó de la mano y la llevó hacia la cama, ella se colocó espaldas al lecho y acercó a Miriam para besarla. Miriam atacó su boca con deseo, le gustaba ahora que Andrea había tomado más confianza y dejaba que su lujuria la controlara. La tomó por la cintura por debajo del pantalón, tocando el elástico de sus bragas, la levantó para subirla a la cama, Andrea se quedó de rodillas encima del lecho y se alejó un poco. Miriam no se lo preguntó, tan sólo tomó su blusa y se la quitó para dejarla solo con brasier, luego fue a sus pechos. Tomó con la mano uno de ellos mientras que al otro le dio pequeños besos hasta casi llegar a su pezón, mordiéndolo un poco juguetona. Andrea abrazó el rostro de Miriam para apretarla contra su pecho mientras gemía ligeramente por las sensaciones que le provocaba.

    Mientras sostenía su pezón con los dientes, sus manos bajaron hacia el pantalón de Andrea para desabrocharlo. Soltó su pezón y comenzó a besar su abdomen mientras le bajaba el pantalón lentamente, sintiendo la suavidad de sus piernas, cuando la prenda quedo atrapada en sus rodillas, la empujó contra la cama para que se acostara y pudiera quitárselo por completo.

    Cuando Miriam lanzó el pantalón hacia el otro lado del cuarto. Andrea se quitó brasier frente a Miriam, se mordió el labio y lanzó su sostén a un lado de la cama. Los pezones de Andrea estaban completamente duros y levantados al aire.

    —Alguien tiene prisa —Miriam sonrió sintiendo de nuevo como su vagina comenzaba a fluir por al ver el cuerpo de Andrea desnudo.

    Miriam se quitó los tirantes del vestido y movió ligeramente su cuerpo para que resbalara, dejándola completamente desnuda. Se dio la vuelta y deleitó a Andrea quitándose las bragas mientras movía su trasero contoneándose. Cuando terminó, se arrodilló en el suelo y gateó hacia ella para después subirse a la cama y comenzar a besarla.

    Al estar debajo, Andrea no podía moverse mucho y mientras Miriam chupaba y besaba sus pechos, la mano de Andrea se dirigió al coñito mojado de su amante para poder masturbarla con delicadeza. La cadera de Miriam se movió, buscando la mano de Andrea para que le diera más placer, y al hacerlo comenzó a gemir justo directo al oído de Andrea. Pero Miriam quería darle la oportunidad a ella de ser la que guiara, así que la tomó de la cintura y la hizo girar para que ella quedara arriba. Andrea se quedó sorprendida por un momento, pero Miriam colocó sus manos en la espalda de ella para atraerla. Los pechos de Andrea quedaron justo en posición perfecta para que se los chupara y eso hizo mientras le rasguñaba la espalda.

    Andrea continuó estimulando la entrada de Miriam mientras se deleitaba con sus pechos, Miriam sintió como dos de sus dedos entraban en ella, dejó de chupar los pechos de Andrea un momento para dejar que el gemido saliera de su garganta y luego continuó mientras los dedos de Andrea exploraran dentro de ella con delicadeza, entrando y saliendo a un ritmo que la estaban volviendo loca. Abrió las piernas más para poder recibirla mucho mejor, mientras regresó a su boca para poder besarla más.

    En ese momento la puerta de la habitación se abrió y cerró. Andrea se separó de Miriam y ambas vieron a la entrada. Diego estaba parado a unos cuantos pasos de la cama, su rostro mostraba la sorpresa, pero en su pantalón demostraba la enorme erección que de haberse bajado minutos atrás ahora debía estar más fuerte debido a la escena frente a sus ojos.

    —¿Qué? —preguntó él con una sonrisa.

    —Ya era tiempo de que llegaras —dijo Miriam con una sonrisa y levantándose un poco para mirarlo, pasó un brazo sobre el cuello de Andrea y le dio un beso en la mejilla—. Ella es Andrea.

    Con cuidado, Miriam se levantó y caminó directamente hacia él y tomó su camisa.

    —Vas muy vestido. Andrea, ayúdame a ponerlo más cómodo.

    Andrea se mordió el pulgar de forma lujuriosa y también se acercó.

    —Un placer —dijo Diego cuando ella se acercó. Sin pensarlo, la acercó a él y comenzó a besarlo. Andrea le respondió el beso mientras comenzaba a desabrocharle la camisa.

    Miriam, al ver que Andrea se encargaba de la camisa, se arrodilló frente a Diego y le bajó con habilidad tanto el pantaloncillo como el bóxer debajo. La erección salió disparada hacia arriba y Miriam la vio con alegría, tenía muy buen tamaño.

    Diego dejó de besar un momento a Andrea para que pudiera quitarle la camisa, mientras lo hacía, acarició la mejilla de Miriam. Ella, sin responderle, se metió su miembro en la boca, pero la sacó casi de inmediato, él la había hecho sufrir en el pasillo, ahora le tocaba a ella hacer lo mismo. Comenzó a lamérselo desde la base hacia arriba, muy lentamente mientras lo miraba a los ojos. Notaba en su mirada y su expresión que quería que se la chupara, Andrea había terminado de desnudarlo y la mano de Diego se dirigió a su coño sin dejar de mirar lo que hacía Miriam.

    Finalmente, Miriam se metió la verga de Diego a la boca por completo y comenzó a chupársela utilizando una mano para ayudarse a sincronizar. Él comenzó a gemir y disfrutar de su boca mientras apretaba uno de los pechos de Andrea con una mano en una especie de abrazo por la espalda. Miriam continuó mamándosela, apretaba un poco de vez en cuando para hacerlo desear más, cuando lo hacía, el cuerpo de Diego se retorcía de placer, era justo cuando lo soltaba e iba lo más profundo que podía.

    Mientras continuaba el oral, Diego volteó el rostro de Andrea para besarla y en la posición en la que estaba podía llegar sin ningún problema a la entrada de ella y comenzó a masturbarla. Mientras que su otra mano tomó a Miriam por el cabello para hacer que se la chupara al ritmo que él quisiera. De vez en cuando se oía como la boca de Miriam hacía un ruido de chapoteo y los gemidos apagados de Andrea mientras Diego metía sus dedos en ella. Así duraron unos cuantos momentos antes de que Miriam se cansara de la posición y decidiera levantarse.

    —Tengo una idea —dijo Diego.

    Miriam se limpió la saliva que escurría por su boca y miró a Andrea, ambas asintieron.

    Diego tomó a Andrea de la mano y la llevó hacia la cama, la sentó en el suelo con la espalda pegada a la cama, luego tomó de la mano a Miriam para hacer que se acostara encima de la cama bocarriba. Acercó su pene a la boca de Andrea para que lo chupara, mientras que tomó de las piernas a Miriam para acercarla a él. La lengua de Diego comenzó a lamer el mojado coñito de Miriam mientras que movía la cadera para que Andrea no tuviera que moverse, prácticamente follándole la boca.

    Miriam nunca había experimentado esa posición, pero oír el sonido de la verga de Diego entrar en la boca de Andrea mientras éste le comía el coño como un hambriento la hizo excitarse aún más. Las manos de Miriam se aferraron a las sabanas y al cabello de Diego y ambos comenzaron a gemir; ella por la lengua que le ataca el clítoris sin piedad, él por las chupadas que le estaba dando Andrea.

    —Quiero que te corras dentro de mí —dijo Miriam mientras movía las caderas de arriba abajo para sentir mejor la lengua de Diego—. Lo quiero dentro, y luego quiero ver cómo te corres dentro de Andrea.

    Al oírla, Diego se detuvo y la miró.

    —Tus deseos son órdenes.

    Diego se levantó y ayudó a Andrea a hacer lo mismo. Luego jaló a Miriam por las piernas para poder acercarla hacía él, después movió su pierna derecha a su hombro, apuntó su verga hacia la entrada de Miriam y la penetró, lentamente. Miriam soltó un grito de placer al sentir como se abría para recibirlo, pero Diego, para torturarla un poco, se salió y luego volvió a entrar con una fuerte embestida. Comenzó a penetrarla con fervor, utilizando su pierna como soporte para cumplir su deseo y darle el orgasmo que merecía.

    Mientras, Andrea se acercó a los labios de Miriam y comenzó a besarla, bebiendo los gemidos que salían de su garganta, pero la necesidad de tenerla cerca, la obligó a sentarse detrás de ella y Miriam se recargó en su pecho, aplastando sus senos. Desde esa postura, ambas podían ver como Diego entraba con fuerza y salía de la vagina de Miriam, quien estaba completamente excitada. Andrea, abriéndole más las piernas a Miriam, se la ofreció más a Diego y acarició con precisión su clítoris haciendo que Miriam soltara pequeños alaridos de placer.

    Diego continuó penetrando a Miriam mientras veía los pechos de ésta subir y bajar, el ambiente apenas se estaba calentando. Tomó a Miriam por las caderas para poder acostarse él en la cama, dándole la oportunidad de Miriam para que lo montara. Una vez que Miriam se introdujo el pene de Diego, comenzó a subir y bajar con destreza, Diego tomó las piernas de Andrea para acercarla a su rostro y tener la oportunidad de comérsela.

    Ambas gimieron, disfrutando de la lengua y de la verga de Diego, mientras ambas hacían contacto visual y disfrutando de las expresiones de placer de la otra. Miriam acercó un poco a Andrea hacia ella para poder saborear sus labios y tomar sus pechos entre sus manos. Al no poder moverse muy bien, Diego detuvo a Miriam para que él pudiera marcar el ritmo y hacer que sus caderas se movieran en círculos. Este movimiento mandó una descarga por el cuerpo de Miriam, quien gritó al sentir el orgasmo llegar.

    Andrea intuyó lo que pasaba, así que se apartó del rostro de Diego para poder contemplar el orgasmo de Miriam. Un fuerte grito nació desde su pecho, subiendo por su garganta hasta su boca mientras el clímax la hacía tener varios espasmos en el cuerpo. Su vagina se cerró sobre el pene de Diego, quien percibió que también a punto de venirse. Miriam sintió como la corrida de Diego la llenaba por completo, notando las fuertes manos del joven cerrarse sobre su trasero.

    Cuando acabó, Miriam se levantó ligeramente y sintió como la corrida de Diego, junto con la suya, se escurrió entre sus piernas. Sin darle tiempo de respirar, Andrea la recostó contra la cama.

    —Denme un minuto —dijo Diego acostándose a un lado de ella, masturbándose para evitar que la erección se perdiera.

    Pero ellas no le prestaban atención. Andrea se abalanzó contra Miriam y arremetió contra sus labios. Ésta última intentaba acercar más el cuerpo de su amante con deseo, sintiendo como los pechos se apretaban contra los de ella, subiendo y bajando como su respiración.

    Miriam bajó un poco el rostro para que los pechos de Andrea estuvieran a la altura de su boca y de esta forma podía darles pequeños besos y chupar sus pezones. Al mismo tiempo, la mano de Miriam se dirigió a la vagina de Andrea. Recorrió su monte de Venus y desde ahí alcanzó a sentir con la punta de los dedos su hinchado clítoris. Bajó los dedos un poco más y sintió la humedad y calidez de su vulva. Con esta invitación, Miriam introdujo el dedo medio en Andrea y sintió como se abría paso con facilidad dentro de ella. Al sentir las caderas de Andrea buscando su mano, Miriam acompañó su dedo medio con el anular. Andrea gimió ante el contacto, sus caderas se movieron de atrás hacia adelante, haciendo que los dedos de Miriam llegaran más profundo y sintiera más placer. Al hacerlo, Miriam comenzó a estimular el hinchado clítoris de Andrea con el pulgar. Buscó la boca de Miriam mientras ella aumentaba el ritmo, ella contestó aumentando la presión en su clítoris y besando su cuello. Andrea comenzó a gritar y moverse más rápido sobre ella. La mano de Miriam se llenó de fluido, Andrea se había corrido sobre ella.

    Tratando de recuperar la respiración, Andrea cayó a un lado de Miriam bocarriba, mientras ésta se daba la vuelta para verla. Miriam sintió de inmediato la mano de Diego tomar su tobillo y jalarla un poco. Sintió una nalgada, ella se río y lo levantó un poco para que le diera un par más. Luego se dio la vuelta y lo besó atrayéndolo hacia la cama, mientras lo hacía, llevó la mano de él hacia la entrada de Andrea. Los dedos de Diego resbalaban con facilidad, Andrea tomó también su mano y lo invitó a que la penetrara con los dedos, sintiendo los dedos de Diego más grandes que los de Miriam.

    Diego se concentró en Andrea. Acercó su boca a la de ella, le dio un par de besos, luego bajó y mordió sus pezones ligeramente, luego bajó más y comenzó a comerle el coño. Sabía delicioso, lleno de sus fluidos y comió como si fuera un hambriento. Andrea volvió a gemir y Miriam se acercó a ella, masturbándose con lo que veía y luego se acercaba a darle unos cuantos besos a Andrea antes de continuar castigándose su propio coño.

    Diego dejó de comerle la vagina a Andrea y se arrodilló frente a sus piernas, deleitándose con el cuerpo desnudo de Andrea, lista para ser follada. Su miembro estaba tan erecto como cuando estaba haciéndolo con Miriam. La punta de su pene jugó en la entra de Andrea y ella se mordió el labio, gimiendo ligeramente.

    —Quiero que me lo pidas —dijo él restregándose contra ella.

    —No seas así, dámelo —pidió ella con un ligero puchero.

    Miriam sonrió y se sintió más excitada al ver la cara de súplica de Andrea. Sus dedos continuaban dentro de ella, mojándose cada vez más.

    Diego metió la punta de su pene, Andrea gritó al sentirlo, pero Diego la sacó y ella puso cara de protesta.

    —Quiero que me lo supliques.

    Metió un poco más de la punta. El coño de Andrea era un poco más estrecho que el de Miriam, por un momento estuvo a punto de metérsela toda, el calor y la humedad dentro de ella se sentían fantásticos, pero de nuevo sacó su miembro y volvió a restregarse contra ella.

    —Por favor —pidió Miriam mordiéndose el labio y poniendo el rostro de inocencia como si pedía un dulce.

    —Dime cuanto lo quieres.

    —Mucho, por favor.

    Miriam observó como la verga de Diego desaparecía lentamente en el coño de Andrea. Diego sintió como se abría ante él, recibiéndolo con gusto y Andrea soltó un gemido al sentir como abrían las paredes dentro de su estrecho coñito.

    —Vas a tenerlo todo —dijo Diego al sentir como su miembro llegaba al final del dilatado coñito y comenzó a penetrarla de forma lenta para disfrutarlo como se merecía.

    Andrea comenzó a gemir, sincronizándose perfectamente con sus movimientos. Mientras tanto, Miriam continuaba masturbándose a su lado, mirándolos. Diego la tomó por brazo para acercarla hacia la vagina de Andrea para que viera en primera fila como la penetraba; al hacerlo, Miriam aumentó el ritmo de sus dedos al sentirse más excitada. Miriam, llevada por esta excitación, se acercó al rostro de Andrea y colocó sus piernas a ambos lados de ella. Andrea, sabiendo lo que le pedía, comenzó a comerle la vagina. Al verlas, Diego tomó las piernas de Andrea y se las colocó en los hombros para que la penetración fuera más profunda. Los gritos de Andrea, fueron apagados al estar metiendo su lengua dentro de Miriam.

    Diego se detuvo un momento, le pidió a Miriam que se bajara de Andrea. Luego tomó a Andrea de la cadera y la alzó para colocarse detrás de ella. Restregó su pene contra ella mientras hacía que su espalda tocara el pecho de él y pudiera alcanzar y apretarle los pechos.

    —Dámelo, por favor —pidió Andrea.

    Con eso, Diego apuntó su miembro directamente a su coño, empujándola hacia adelante para ponerla en cuatro y penetrarla con fuerza para que haga ruido cada que su trasero chocaba contra la pelvis de él. En esa posición, Diego le dio un par de nalgadas y continuó con sus movimientos de vaivén.

    Miriam, aprovechando la posición, reculó debajo de ella para poder besarla y masajear su clítoris.

    —Dime cuánto lo estás disfrutando.

    —Me encanta. Me encanta —respondía Andrea entre jadeos.

    Diego alentó el ritmo de las penetraciones para hacer que Andrea disfrutara tanto su miembro como la mano de Miriam. Le dio a otra nalgada y Andrea respondió con un gemido y chupando los pechos y pezones de Miriam. Luego Diego continuó con el ritmo acelerado, haciendo que Andrea gritara de placer, acercándose más a él para recibirlo mejor. Diego la tomó del cuello para jalarla un poco y hacer que se arqueara. Aumentó la velocidad, sintiendo como estaba a punto de correrse de nuevo. Andrea gemía en esa posición, Miriam apretaba uno de sus pechos con una mano mientras la otra atacaba el clítoris de Andrea.

    Volvió a gritar, resultado del orgasmo que le recorría el cuerpo. Su vagina se cerró en el miembro de Diego, haciendo que se viniera de nuevo, llenándole todo el coño de su corrida. Andrea cayó sobre Miriam, completamente exhausta. Diego cayó al lado contrario y se río.

    Miriam besó a Andrea mientras la corrida de Diego caía desde su coño hasta las piernas de Miriam.

    Andrea se separó y miró a Miriam.

    —Vaya.

    —¿Te divertiste? —le preguntó Miriam.

    —Como no tienes idea.

    —¿Y tú? —le preguntó a Diego mirándolo.

    Él respondió levantando el pulgar, se veía completamente exhausto.

    —Una de ustedes es suficiente para un hombre, ahora imagínate ambas.

    Andrea y Miriam se rieron y continuaron besándose.

    A la mañana siguiente desayunaron juntos y dieron un paseo por la ciudad. Mientras turisteaban se besaban, a veces Diego y Miriam, otras Miriam y Andrea y desde luego Andrea y Diego.

    La mañana y la tarde fue amena, lamentablemente Diego debía partir en la noche debido a la llamada que había respondido la noche anterior, un asunto de su trabajo. Miriam y Andrea se despidieron de él repitiendo lo que habían hecho. Seguramente Diego dormiría como un bebé en el vuelo de regreso.

    Andrea fue la siguiente en irse, su vuelo estaba programado en la tarde, así que ella y Miriam aprovecharon toda la mañana volviendo a follar.

    Cuando se fue, Miriam regresó al bar, pidió la misma bebida que hace dos noches y esperó. La había pasado bastante bien con Diego y Andrea, pero ella iba a estar en la ciudad unos cuantos días más, quizá volvería a encontrar un poco de diversión pronto.