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  • Otra madura de mi vida

    Otra madura de mi vida

    Este relato que voy a escribir es para que mi madura y caliente Marimar lo lea, pues me ha pedido ella expresamente que lo publique.

    Siempre he contado relatos de maduras conocidas y este por supuesto también lo es.

    Entre mis deseadas mujeres maduras conocidas siempre he tenido presente a Marimar, una mujer que conocí en mi juventud en uno de mis trabajos. Yo trabajaba en un  almacén y ella era la mujer que se encargaba de la limpieza de la casa de nuestros jefes. La planta baja era almacén y las dos superiores era donde ellos vivían por lo que Marimar como buena compañera entraba por el almacén para saludarme y hablar un rato conmigo. Yo siempre hacía por estar allí a las 10 de la mañana, a su hora de entrar a trabajar porque me ponía muy cachondo y no lo podía disimular. Ella como buena mujer lo notaba y me seguía el rollo. Mi timidez no me dejaba lanzarme por miedo al rechazo y la posterior vergüenza que tendría que pasar.

    Fui notando que ella empezaba a venir más arreglada, incluso empezó a venir muy sexy y se cambiaba arriba la ropa. Pasó de venir en chándal y con una camiseta de propaganda, a venir en mini falda con blusas escotadas o vestiditos y maquillada. Eso para mí no pasó desapercibido y pensé que ese cambio era por mis continuas miradas de veinteañero salido.

    Al cabo de poco tiempo la confianza dio paso a saludos más cariñosos con besos por lo que yo seguí mi acercamiento arrimándome cada vez más y ella, todo hay que decirlo, no oponía ninguna resistencia.

    Marimar es alta, rubia y delgada, sin grandes curvas pero muy guapa y muy sexy, además su forma de ser tan lanzada la hacía más apetecible si cabe.

    Ella que a sus 47 años estaba divorciada de un hombre que la había hecho sufrir mucho y con dos hijas ya mayores, una un año mayor que yo y otra con un año menos que yo. Ahora vivía con un hombre de casi 70 años pero con mucho dinero. Ella trabajaba por amor propio digamos, porque no le hacía falta.

    Nuestras conversaciones fueron subiendo de tono y mis manos al saludarla ya se posaban en su culete y lo sobaban mientras ella aceptaba gustosa el magreo y los cumplidos pero no pasábamos de ahí. Los dos lo deseábamos pero yo no iba a dar ese paso de momento.

    Un día me pidió que subiera con ella a ayudarla a mover un armario, subí encantado de hacerle el favor. Al llegar arriba me dijo que se iba a cambiar de ropa a la habitación de los invitados que tenía allí su ropa de trabajo.

    La habitación estaba a la izquierda del sofá donde me senté y ella entró quitándose la ropa que llevaba y se giró para ver si la estaba mirando, cosa que era indudable, mis ojos la devoraban y mi mano ya estaba para cuando se giró acariciando la polla por encima del pantalón.

    Ella sonrió como una zorra cachonda y se metió en la habitación dejando la puerta a medio cerrar. Me acerqué sin ningún disimulo y me apoyé en el marco de la puerta para verla desnudarse mientras mi mano izquierda pajeaba mi durísima polla. Me estaba haciendo un striptease espectacular de espaldas y se giró enseñándome su precioso cuerpo desnudo y me preguntó:

    -Te gusta lo que ves verdad?

    -Sabes de sobra que si Marimar, me pones muy loco.

    Acercándose con unos andares que nunca olvidaré, igual que una modelo en la pasarela, se acercó hasta mi diciéndome:

    -Necesito un hombre yaa!! El mío dejo de serlo hace años, bueno conmigo nunca lo ha sido. Sergio… Necesito follar contigo…

    Empezamos a comernos la boca como adolescentes entrelazando nuestras lenguas mientras su mano se introducía por debajo de mi pantalón de curro sobándome la polla por encima del bóxer. Yo pensaba que me corría yaa. Qué vergüenza habría sido pero no, Marimar me quitó la camiseta, bajó mis pantalones y se arrodilló mientras empezaba a bajar mis calzoncillos. Mi erección era brutal y mi polla salió de ahí mirando al techo, ella miro con cara de agradecimiento y me dijo:

    -Esto necesito yo!!

    Entonces empezó a lamerla desde los huevos hasta la punta, una y otra vez, hasta qué de repente se la metió en la boca empezando una mamada cómo nunca antes me habían hecho. Le hice saber entre jadeos de placer que mi corrida era inminente y ella siguió cada vez más rápido hasta que mi polla estalló en su boca con una corrida brutal de la que ella no desaprovechó ni una gota tragando toda mi leche con gusto.

    -Buuff!! Siento haberme corrido tan pronto Marimar. Joo!! Uumm!! Es que vaya mamada me has hechoo!! Uummm!!

    Entonces separándose de mí me dijo:

    -Sabes donde vivo no?

    -Si claro.

    -Pues Fernando está de viaje toda la semana, así que pasa por tu casa a coger lo que necesites y si quieres vente a la mía y follamos, esta corrida era necesaria antes de empezar a follar esta tarde.

    Salí a las tres del curro y fui a casa a por algo de ropa de casa y a ducharme, en la ducha recordé la mamada y me masturbé otra vez, no pude evitarlo, mi polla crecía a cada momento.

    Fui a su casa decidido a darle todo lo que quiera con gusto, que pedazo de mujer madura!! Iba pensando que la follaría una y otra vez y a mis 20 años eso era posible…

    Yo era guapete y con buen cuerpo, no de gimnasio pero sin gota de grasa debido a mi trabajo, ojazos azules que siempre han sido mis aliados y mucho morbo en mi forma de mirar, sobre todo a mujeres mayores que yo.

    Llamé al timbre ya empalmado y sentí el ruido de unos tacones acercarse, Marimar abrió la puerta mirándome y haciéndome el gesto de entrar con el dedo índice.

    Buuaaahh!! Estaba espectacular, jamás la habría imaginado así vestida. Llevaba una malla roja por pantalón con unos tacones altos y en la parte superior un top blanco que transparentaba sus preciosos pezones erectos.

    No me pude contener, había pensado hacerlo despacito y no pude.

    Me lancé sobre esa mujer deseosa de mí como un animal, la cogí por los muslos y la levanté llevándola en aúpas por el recibidor y entrando en el salón comiéndole la boca y quitándole el top como animal en celo… Ella se dejaba entre unos susurros que me decían:

    -Siii!! siii!! Follame Sergio!! Follame cabrón!!

    Buuahhh!! Esas palabras solo conseguían animar al animal y eso es lo que ella quería.

    La apoyé contra la pared y sim tocar el suelo con mis pantalones y calzoncillos por los tobillos empecé a empotrarla como un toro… Se la metí de golpe y su coño recibió mi pollón chorreante, Que pedazo de hembra!!

    Ella gritaba y gemía de placer mientras la embestía brutalmente contra la pared, entonces hice girar nuestros cuerpos apoyando yo mi espalda en la pared y sujetando a ella con mis manos por debajo de los muslos le dije:

    -Relájate y disfruta ahora Marimar que voy a hacerte gozar como buena puta que eres!!

    Entre gemidos de placer y ya sudando me decía:

    -Siii!! Sii!! Follame como quieras!! Necesito que me folles ahora Sergio!!

    La levanté con mis brazos y comiéndole las tetas le dije:

    -Ahora veras Tuu!!

    La dejé caer encima de mi polla durísima de golpe hasta pegar con mis huevos y la volví a levantar con los brazos volviendo a dejarla caer hasta abajo. Marimar gritaba al principio de dolor y placer pero después de varios minutos su placer al caer en mi polla era inmenso. Así estuvimos más de 10 minutos a un ritmo tranquilo, entonces Marimar apoyando sus codos en mis hombros me empezó a ayudar y a subir e ritmo de los pollazos al caer.

    -Creo que nunca he tenido algo tan duro y de tan buen tamaño a la vez tan dentro… Aahhh!! Uufff!! Me corro cabrón!! Siii!! Aahhh!! Oohhh!! Ufff!!

    Se corrió una vez y no la deje parar entonces una corrida brutal mojaba mi polla y hacia que mi corrida se retrasase más. A punto de reventar la puse encima de un pequeño taquillón y la follé fuerte y rápido sintiendo al menos dos corridas suyas más hasta que reventé dentro de si coño mientras ella se corría otra vez…

    No hay que decir que esa semana follamos como locos. Marimar como ella decía lo necesitaba y yo lo gocé, pasada esa semana de sexo desenfrenado me dejó muy claro que había sido una cosa puntual que los dos queríamos hacer y que en ese momento se acababa y seguiríamos siendo buenos amigos y compañeros, ella no podía arriesgarse a que Fernando se enterara.

    Yo le dije que no se preocupara por nada que de mi boca nadie lo iba a saber y que me encantaba como mujer y como persona y que siempre iba a respetar su vida.

    Algún polvazo más echamos en el almacén porque nuestra atracción era evidente y no lo podíamos evitar.

    Por circunstancias de la vida nos dejamos de ver de repente, ella dejó de trabajar y yo seguí con mi vida de joven alocado.

    Con el paso de los años hemos vuelto a vernos por Facebook y otra vez hemos empezado a hablar y hemos intercambiado los móviles que antes no existían.

    Poco a poco hemos vuelto a quedar, ahora Fernando es un anciano dependiente y ella a sus 68 años sigue estando estupenda. Yo a mis 42 también me conservo medio bien, no estoy gordo y luzco una calva morena y los mismos ojazos.

    Entonces decidí que quería volver a seducirla, yo actualmente tengo algo parecido a una pareja, digo parecido porque también es una zorra que me quería follar de joven y como entonces no pude porque ella era una pedazo de zorra que estaba buenísima y tenía otras miras y no a un joven, aunque ahora sé que le llamaba la atención por lo que me ha dicho.

    Al final ha sido ella la que ha venido a mí y yo la acepté gustoso, se ha acoplado en mi casa pero para mí solo es un cuerpo que me follo cuando quiero. Quiera ella o no.

    Entonces empecé a tontear con Marimar de nuevo y ella respondía a mis tonteos gustosa por lo que decidí atacarle a saco. Ya se me había vuelto a meter su recuerdo entre ceja y ceja y quería volver a tener ese cuerpazo que todavía conserva entre mis brazos.

    Entonces un día chateando, como había confianza le pregunté:

    -Que? Como te va la vida sexual? Necesitas que te eche una mano ya sabes jajaja!!

    Y me contestó algo que para nada me esperaba:

    -No tan bien como a ti por lo que leo… jijiji!

    -Que? Por? No me jodas que me lees los…

    -Sii!! Relatos de sexo con maduras y he deducido quienes son ellas… Eres un cabronazo Sergio!! Jijiji! Te has follado a medio barrio y todas de mi edad para arriba…

    -Sii!! Así me gustan las mujeres, no puedo evitarlo.

    -Eres un cabronazo Sergio y me encanta que lo seas… Así no tengo que pensar en mi edad contigo. Me he puesto muy cachonda leyendo tus relatos Sergio…

    -Me alegro Marimar. Para eso los escribo…

    -No has escrito lo que tuvimos

    -No lo he hecho porque sabía y deseo que haya segunda parte. Luego lo leerás completo y te tocarás como buena zorra que eres Marimar.

    -Oyeee!!

    -Quee?? Es mentira?

    -Para zorra la que tu tienes en casa!! Anda que…

    -Tu misma lo has dicho, es una puta zorra y como tal la trato. Antes era la bollazo calientabraguetas y ahora es mi zorra. No merece nuestra atención, tu puedes venir a mi casa a follar conmigo aunque ella esté.

    -Ah sí? Como ha cambiado no?

    -No has preguntado porque tengo a esta zorra en casa?

    -Sii!

    -Pues ya tienes tu respuesta. O qué?

    -Sisi, vaya respuesta. No pensaba yo que podía llegar a ser tan sumisa.

    -Pues si, yo tampoco lo hubiera pensado pero así es, su hijo la ha arruinado y ahora la tengo aquí por compasión y porque la chupa muy bien jajaja!!

    -Que capullo eres!! Jijiji!!

    -Jajaja!! Sii, con los años he ido a más… Bueno que Marimar? Para cuando la segunda parte?

    -Cuando quieras, yo lo estoy deseando. Sigues siendo el fiera de aquel entonces?

    -En eso creo que he mejorado en calidad. Ya me dirás tú. No?

    -Tu que tal? No creo que hayas mejorado, para mí fue inmejorable Marimar

    -Jijiji!! Que bobo eres… Yo estoy en desuso, la tuya fue la última polla que entró en mí…

    -Qué me dices?

    -Sii!! Así es. Qué triste no?

    -Noo!! Me encanta volver a poner en marcha los chochitos.

    -Jajaja!! Seguro que sabes como…

    -No lo dudes, no leíste el relato con mi tía?

    -Si claro… Es cierto también Sergio?

    -Tu qué crees Marimar? Pues claro, si una mujer merecía disfrutar de mí, desde luego que es mi tía. Ella me ha dado todo, no me ha faltado de nada y yo quería que a ella tampoco le faltara algo tan importante como el sexo. Además mi tía siempre ha sido un pedazo de señora y créeme si te digo que siempre me ha puesto cachondo. Mis primeras pajas eran todas por y para ella hasta que conseguí que lo hiciera conmigo y poder disfrutar haciéndola gozar de placer cada día que podíamos. Para mi es algo muy especial de lo que nunca me he arrepentido y ella tampoco.

    -Me encantó tu relato, no sé cuántas veces me he corrido leyendo esos párrafos llenos de respeto y placer mezclado. Buuff!! Me encantó Sergio, como cualquier aventura sexual de las has escrito en el blog. Estoy deseando leer lo nuestro.

    -Yo estoy deseando hacerlo para poder escribirlo. Habrá que hacer algo especial por ti bellezón.

    -Te digo algo luego. Vale bollito?

    -Siii. Espero deseosa tu mensaje Sergio y mucho más deseosa el momento de volver a estar contigo. Estoy volviendo a sentir como se estremece mi cuerpo y mi coñito pide guerra sólo de pensarte… ufff!!

    Cuanto tiempo sin sentir esto y sólo de pensarlo.

    -Cuando tu cuerpo y el mío se vuelvan a encontrar vas a sentir fuego, pero no te preocupes que lo tendré controlado a base de lametazos Marimar. Uufff!! Estoy empalmadísimo yaa!

    -Y yo mojadísima cabrito!! Ummm!! Dios! Me estoy tocando Sergio. Uumm!! Uumm!!

    -Yo también me estoy masturbando Marimar mira como estoy le dije y le mandé una foto de mi erecta polla.

    -Jodeerr!! Mi hombre!! Que ganas de tenerte aquí ya!!

    -Las mismas que yo de estar contigo dije mientras me vestía y salía de mi casa a por el coche sin dejar de escribir a Marimar cosas que la calentaban cada vez más hasta que se corrió un par de veces y yo simulé correrme también mientras conducía de camino a su casa, cosa que ella no sabía.

    -Que corrida!! Buuff!! Te llamo en un par de horas, vete acostando a tu marido.

    -Uummm!! A sus órdenes! Jajaja!! Voy a dar de cenar y a acostar al vejestorio…Te espero mi amor… Ven pronto!!

    Su casa estaba a más de 1 hora de la mía por lo que ella pensaba que la llamaría antes de ir para allí, por lo que el factor sorpresa lo tenía conmigo y eso es importante.

    Llegué a la calle donde vive y la llamé, empecé a ponerla caliente pidiéndole sexo telefónico a lo que accedió no de muy buena gana pues quería mi presencia, no mi voz.

    Fui a su jardín para verla a través del gran ventanal de su salón y le dije:

    -Marimar, no creo que hoy pueda ir, tendrá que ser otro día, ya me perdonarás.

    -Jooo!! Pues vale, su no se puede, no se puede, dijo enojada y comprensiva a la vez mientras yo la observaba desde fuera. Estaba preparada para la ocasión con un pijama de seda de minifalda corta y con gran escote, por supuesto sin ropa interior y con un batín abierto por encima a juego con el pijamilla. Buuff!! Pensé, lo que me espera esta noche.

    Entonces decidí calentarla diciéndole que ya tenía escrita la primera parte del relato y que si quería se le podía leer a la espera del posterior desenlace.

    -Uuyy!! Si? Es verdad? Ya lo tienes escrito hasta aquí? Estoy deseando escucharlo de tu voz. Uumm!!

    Empecé a leer lo arriba escrito mientras ella escuchaba sentada en el sofá con una v copa en una mano y la otra en su entrepierna. Según iba leyendo y contándole lo caliente que me tenía y las ganas de estar con ella.

    Marimar se tocaba y gemía c como una loca, corriéndose por primera vez mientras gemía y gritaba de placer. Yo ya muy cachondo no aguantaba mucho más y le dije que se quitara toda la ropa. A lo que me contestó:

    -Como sabes que estoy vestida? Tienes cámaras o qué? Jijii!

    -Que te quites la ropa por favor Marimar.

    -A tus ordenes capitán!! Jijiji!!

    Se quitó muy despacio la ropa mientras yo me masturbaba ella me dijo:

    -Por qué no dices nada??

    -Porque me voy a correr pensando en tu cuerpo desnudo. Cuerpazo que tienes muy bien conservado no? Como se nota el ejercicio, todavía tienes ese culito duro como una roca. Buuff!!

    -Pero? Me lo estás viendo o qué? Vaya imaginación… jijiji!!

    Entonces toque el timbre de su casa y ella asustada dijo:

    -Llaman al timbre, te tengo que dejar.

    -No te pongas la ropa, abre la puerta desnuda.

    -Estás loco?

    -Si. Por tu cuerpo ahora mismo le dije mientras volví a tocar el timbre. Abre la puerta así que soy yo boba.

    -Si claro!! No te creo.

    -Ah no? Ahora voy a llamar otra vez, esta vez con los nudillos y daré tres golpes.

    Entonces toqué. Toc, toc, toc!!

    -Que capullo eres!! Estas aquí!!

    Vino a abrir desnuda, entré levantándola del suelo cómo nuestra primera vez y la volví a empotrar contra una pared.

    Nos corrimos los dos y nos reímos, nos sentamos y fumando un cigarrillo entre risas pensábamos en lo que íbamos a hacer esa noche.

    Marimar se adelantó tomando la iniciativa y empezó a lamer todo mi cuerpo sensualmente hasta llegar a mi polla, disfruté cada lametazo que me dio gustosa por el cuello, orejas pecho, ombligo, muslos y para rematar estaba delante de una polla tiesa que deseaba ser engullida por esa boquita

    No tardó en empezar una mamada espectacular subiendo y bajando sus labios por el tronco duro de mi rabo…

    Yo disfrutaba como un enano salido mientras ella hacía con deseo y maestría a la vez. Cuando notó que mi corrida era inminente paró y me zorreo como una puta de lujo por encima mío antes de darme la espalda y clavarse mi polla en su chocho ya chorreante de flujos suyos y mi anterior corrida. Me cabalgo la polla sentándose contra mí con fuerza gritando de placer, gimiendo como una puta barata a gritos se corría mientras me insultaba pidiendo más.

    Me levanté y la agarré con fuerza poniéndola contra el sofá con el culo en pompa mientras me suplicó que por ahí noo!!!

    -Nooo. Tranquila, eso más tarde le dije mientras la follaba el coňo a lo bestia dejándole dentro una corrida bestial…

    .Que buenoo!!Mi hombree!! Te necesitaba!! Me has hecho sentir mujer de nuevo. Uuff!!

    Lo que nos queda todavía está noche al menos.

    Pasamos una noche que os podéis imaginar y repetimos varias noches durante un tiempo pero luego yo decidí desaparecer de su cama para caer en la cama de otra madura seguramente…

    Solíamos escribirnos pero ella siempre me pedía que fuera y yo no accedía cosa que sentó mal y empezó a contar a algunas de mis maduras lo que escribía aquí de mis aventuras con ellas.

    Menudo favor me ha hecho, se ha corrido la voz por aquí y me estoy follando a todas las que me apetece.

    Espero os haya gustado y calentado, os contaré más aventuras más adelante.

    Saludos.

  • Me masturban y me quitan la tanga en el cine (2)

    Me masturban y me quitan la tanga en el cine (2)

    Continuaré con mi experiencia más reciente. Te invito a buscar la parte 1 de este relato está en mi perfil.

    Después de haber sacado mi lado de putita con ese hombre en el metro continúe mi camino con la mente y el cuerpo caliente; en mi camino a la universidad pero ya en otra línea del metro aprovechando que había mucha gente en el vagón metí mi mano en mi culito para acomodar la tanga jejeje ya que el chavo que me había manoseado minutos antes la había metido mucho en mi culito y lastimaba un poco, aunque a cada paso que daba y al sentir ese dolorcito recordaba como me había metido los dedos en la vagina, sentía como escurría mis jugos por mis piernas, incluso por un momento llegué a sonrojarme un poco al pensar que las personas que iban sentadas podían ver como caían por entre mis piernas

    Justo al escribir esto me imagino lo sensual que hubiera sido si una chica bi o lesbiana hubiera visto mis jugos, los hubiera tomado con sus dedos y llevado a la boca. Disculpen pero es una pequeña fantasía que algún día quisiera realizar.

    Llegué a la universidad y todo transcurrió con normalidad, pero aún no se me bajaba la calentura yo creo que era porque mi periodo estaba por llegar y cuando pasa eso me pongo muy muy caliente.

    Por fin llegó el momento en que vería a ese hombre de 40 años que días atrás me había logrado someter haciéndome cumplir todos sus antojos y por el cual mi vagina había estado mojada gran parte de esos 3 últimos días. Salí de la universidad y caminé hacia la avenida más próxima para tomar un taxi y poder llegar al metro miguel a, detuve al primer taxi que vi y me subí, decidí comportarme en esos minutos de trayecto, pensé en darle una buena vista al chof de mis piernas y lo que resguardan dentro de ellas pero decidí guardar mi calentura para más tarde.

    Llegué a la plaza y fui directo a la taquilla del cine, ahí habíamos acordado vernos, me sorprendió bastante cuando lo vi para tener 40 estaba muy bien conservado, se veía muy apuesto se notaba que tenía seguridad en sí mismo y segundos más tarde lo comprobé tan pronto me acerque a saludarlo busco mis labios para besarlos mientras ponía una mano sobre mi culo, era sorprendente como solo un beso volvió a activar mi calentura.

    Para asegurarnos de que no hubiera gente en la sala compramos los boletos ahí mismo escogimos una película para niños y como era temprano no había más que una mamá con su hija en la sala sentados en medio, obvio nosotros escogimos los lugares de hasta arriba para estar más cómodos.

    Ya en la sala continuamos con ese beso pero ahora la situación era diferente, al estar sentados comenzó a agarrarme de la cintura, diciéndome al oído que le excitaba mucho lo delgada que estaba, que si no fuera por la señora ahí en la sala me haría gritar de placer, entre cada beso y cada halago que me hacía me iba mojando más, en medio de un beso intenso en el cual nuestras lenguas se buscaban con ansias tome su mano y la lleve un poco más abajo de mi cintura me moría de ganas por sentir de nuevo unas manos en mi culo.

    -es una de mis zonas más eróticas.

    El acuerdo había sido que podía masturbarme para que se llevara la prenda tan húmeda como él quisiera, y vaya que no lo desaprovecho, después de que baje su mano para que tocara el borde de mi culo; él la fue moviendo y llegó hasta mi vagina, cuando por fin sus dedos tocaron mi clítoris por encima de mi tanga mordí ligeramente sus labios mientras gemía suavemente.

    Después de unos minutos tocándome por encima de mi tanga; me pidió que me recostara sobre él y así lo hice recargue mi espalda sobre él facilitando el acceso a todo mi cuerpo, en esa posición aprovecho para subirme la blusa que llevaba y dejar mis tetas libres ya que no me había puesto sostén, en cuanto vio mis pezones expuestos comenzó a tocarlos dándoles ligeros pellizcos; de inmediato mis pezones se pusieron más erectos de lo que ya estaban, como buena putita deje que me tocara como quisiera, fue súper rico escuchar lo mucho que le gustaban mis tetas por lo proporcionadas que están.

    Después de que sus manos jugaran con mis tetas un buen rato ya sin ningún pudor movió mi tanga para que mi rajita estuviera libre y él pudiera tener acceso completo para meter sus dedos cosa que se facilitaba ya que estaba muy húmeda, era una situación muy excitante ya que sabía que no podía gritar como normalmente acostumbro eso me provocaba aún más, él se dio cuenta de mis pequeños gemidos y empezó a tocar mi clítoris con mayor habilidad logrando que me corriera de los más rico; jamás me había venido tan rico como con sus manos, todo mi cuerpo se estremeció después de ese orgasmo.

    Sabía que tenía que devolverle el favor así que en cuanto me recupere un poco me gire y empecé a tocar su verga por encima de su pantalón mientras él acariciaba mi cabello, me sorprendió lo gruesa que se sentía esa verga, mi calentura en ese momento fue tanta que instintivamente desabroche su cinturón y desabotona su pantalón para poder sacar su verga y darle una mamada, ya con su verga fuera del bóxer empecé a masturbarlo con mi mano, apretando ligeramente su pene lo que hacía que salieran pequeñas gotas de líquido preseminal que mi lengua gustosamente probó; ya con mi lengua en su glande comencé a moverla en círculos para después meterme su verga y hacer que llegara hasta al fondo de mi garganta, estuve chupando su verga por varios minutos mientras una de mis manos tocaba mi clítoris, hasta que sentí como su pene se empezaba a estremecer terminando por llenar mi boca con su espera, sentir mi boca inundada con su leche fue tan delicioso que después de tragarme toda su leche volví a meter su verga a mi boca para dejársela limpia como buena perrita, toda esta experiencia fue muy placentera para mi, ya con su verga limpia y guardada en su bóxer; se hincó delante de mí y dio unos pequeños lengüetazos en mi clítoris, se tomó unos breves momentos para pasar su lengua por mis labios vaginales pero el momento más rico con su lengua fue cuando la uso para penetrarme.

    Después de que su lengua entró en mi vagina fue quitando poco a poco mi tanga, cuando ya la tenía entre sus manos la llevó a su nariz y suspiró profundamente, para terminar guardándola en la bolsa de su pantalón.

    Salimos un poco antes de que la película terminara, yo salí sin tanga, con las tetas excitadas y él con un pequeño recuerdo de mí y su verga llena de mi saliva.

    Espero les haya gustado, pronto subiré más historias. Gracias por leerme.

  • La llené de mi semen caliente

    La llené de mi semen caliente

    Johana es una excelente bailarina, la conocí allá por el 2012, cuando decían que el mundo se iba a acabar, en esa época estaba recién casado y siempre quería sorprender a mi mujer con algo, lo que fuera.

    Lety siempre ha bailado muy bien, de hecho, fue parte del grupo de bailarinas de Luis Miguel, pero luego de ser acosada por miembros del staff, ella decidió retirarse de eso. En esa época me interesaba aprender a bailar, quería sorprenderla, así que me metí a unas clases de baile donde Johana era una de las maestras.

    Johana tenía un cuerpo perfecto, media 1.60 cm, piernudisima, ojos verdes, tetas de caso 100 cm, unas tremendas nalgas de unos 110 cm y su color de piel caucásico la hacían ser la más deseada de la clase y eso que había unas cuantas más que también estaban buenísimas.

    Siempre trataba de quedar con ella de pareja, de alguna forma me las ingeniaba para que terminara bailando con ella, ¡tomándola de la cintura y mirando sus hermosos ojos y por supuesto su rico trasero!

    L: ¡Baila muy bien!

    J: Gracias, pero háblame de tu, ¡no de usted!

    L: Perdona, ¡bailas espectaculares!

    J: Tú también vas tomando paso, ¡sigue así!

    De alguna forma conseguí su Facebook y su Whatsapp, no había día que no le mandara un mensaje de buen día o alguna imagen agradable para ella, me encantaban sus contestaciones, me estaba dando entrada y yo tenía que aprovechar esa oportunidad

    Poco a poco nos fuimos volviendo más cercanos, ella se convirtió en mi pareja por default y en las clases de vez en cuando aprovechaba para rosar su escultural cuerpo, sobre todo sus piernas y su trasero, ella no me decía nada, de hecho, ella solita se me pegaba o me tomaba las manos para abrazarla, fue entonces que pase a segunda base con ella y la invite a salir.

    Quedamos de vernos en Coyoacán para beber, platicar y escuchar música, ella llego vestida de una manera tan sensual, un minivestido negro escotado mostrando sus tetas, y sus zapatos abiertos mostrando sus hermosos pies.

    Pedimos unas cervezas y empezamos a charlar, hablábamos de todo, de nuestras vidas, de nuestras parejas, ya que ambos estábamos casados y me lleve una sorpresa al saber que era esposa del director de la escuela de baile, me conto que el casi no está en casa y que prácticamente se estaban separando.

    Inmediatamente le cambie el tema, la conversación se volvió más amena y el acercamiento más constante, yo ya ponía mi mano en su pierna, ella se me recostaba cada que cantaba, me ponía sus tetas en mis brazos moviéndolas muy seductoramente, nos mirábamos fijo coqueteándonos mutuamente, fue entonces que le robe un beso, un beso que ella no rechazo, al contrario, me beso con tal pasión que logro enderezarme un poco el pene, yo acariciaba su piernas y su espalda, reaccionamos y solo nos miramos sonriendo, seguimos tomando y cantando!

    Me acariciaba la pierna con sus pies, me apretaba con sus manos, yo la abrazaba acariciando sus hombros, ¡nuevamente nos besamos esta vez más largo el beso y con un toqueteo muy sensual!

    J: ¡Hace tiempo que no me besaban así!

    L: Que mal, ¡no saben lo que se pierden!

    J: Así eres para todo, ¿muy pasional?

    L: ¡Depende la situación, jajá!

    Seguimos besándonos y toqueteándonos, la temperatura subía aceleradamente, ella estaba permitiéndome tocarle todo, sus piernas, sus muslos, sus nalgas, uf, ¡estaba deleitándome con mi maestra de baile!

    De pronto recibió una llamada de su esposo, ella un poco molesta me dijo que tenía que irse que ya le esperaban broncas en la casa; Salimos del bar y caminamos por la plaza, íbamos tomados de la mano, eran alrededor de las 12:30 am y sorprendentemente no había mucha gente y el escenario era tenebroso, pero al mismo tiempo ideal para cualquier fantasía.

    Justo cuando llegamos a la catedral, ella me beso nuevamente, pero esta vez el deseo sexual salía a reducir, mis manos acariciaban sus piernas subiendo por debajo de su falda apretando sus duros muslos, ella me besaba el cuello y con su mano sobaba mi verga, le pasaba mi boca por sus tetas, lamiendo entre el escote que traía su vestido, la pegue a la barda para darle tremendos llegue con mi verga ya parada, ella se movía muy rico para darme roces magníficos, no nos importaba que estuviéramos a lado de una iglesia, seguíamos fajando riquísimo!

    J: ¡Luis, te deseo!

    L: Vámonos al hotel bebe, ¡cerca hay uno!

    J: ¡No puedo, tengo que llegar a casa!

    L: ¡No podemos quedarnos así!

    Ella me miro y como loca se me lanzo, nos acercamos hacia una jardinera donde estaba oscuro, me senté en una banca de las que ahí estaba, ¡ella lentamente bajo y fue directo a mi verga! Me lo iba a mamar en plena calle, saco mi verga dura de mi pantalón, comenzó inmediatamente a devorarla, la metía a su boca como paleta, cual, si fuera una banana me recorría el tronco, yo le acariciaba su cabeza y volteaba para todos lados.

    J: ¡Deliciosa!!!

    L. Eres una crazy, mira que hacérmelo aquí, uf!

    J: ¿Te gusta?

    L: ¡Demasiado!!!!!

    Me la mamo unos minutos más para después subir su vestido, hacer a un lado su tanga, ¡subió doblando sus rodillas sobre la banca y se comenzó a ensartarse solita! Tenía una vagina muy apretada, sin decirle nada desabotoné su escote para sacar una teta, la cual le empecé a lamer como bebe, ¡le mordía el pezón mientras ella con suaves movimientos cabalgaba mi verga durísima!

    L: ¡Eres increíble, que teta más rica!

    J: ¡Ah, mi amor, que dura!

    L: ¡Nos pueden ver!

    J: ¡No me importa, solo te quiero dentro de mí!!

    ¡Nos besábamos entrelazando nuestras lenguas, ya tenía sus dos tetas afuera mordiéndolas fuerte, ella se movía más duro y rápido, le acariciaba las piernas, gemíamos sin importar que alguien nos pudiera ver!

    Nos pusimos de pie, ella se puso de lado de la banca apoyándose en ella, empinándose un poco dejándome su rico trasero parado para mí, la tome con las dos manos de la cintura y la embestí fuerte, de un solo golpe la penetre, me movía fuerte y rápido, la acariciaba su clítoris mientras el sonido de sus nalgas chocando con mi pelvis era excitante y fuerte.

    J: ¡Ah, así Luis, así!

    L: ¿Tu marido no te atiende? ¡Aquí estoy yo!!

    J: ¡Pero eres casado, agh!!

    L: No importa, uf, una mujer como tú, ¡merece que la hagan gozar y no la tengan ahí en el olvido!

    Johana hacia un movimiento espectacular de nalgas, parecía que hacia el famoso “twerk”, eso me daba un tremendo placer, a lo lejos se veía gente, pero el área donde estábamos estaba tan oscura que nadie notaba como penetraba fuerte a Johana.

    Sus fluidos empezaron a escurrir, ella estaba tan cachonda que todo lo que le hacia lo disfrutaba como nunca, ¡era eso o que no la tocaban así!

    J: ¡Agh, así papi, así!

    L: Que nalgas, eres un mujeron, buenísima, ¡riquísima!

    J: ¡Cógeme, cógeme bebe!

    L: ¡Toma, toma mi verga nena!!

    Me senté en la banca y ella dándome la espalda empezó a darse sentones, los daba de forma magnifica, uno tras otro, a veces me dolía un poco por la forma violenta que se dejaba caer, también me cabalgaba fuerte para sentir mi verga hasta el fondo, mientras tanto mis manos jugaban sus pezones y su clítoris, ¡me estaba devorando a esa casada insatisfecha!

    L: ¡Que rico, que rico nena!

    J: ¡Que verga, me encanta tu verga!!

    L: ¡Cuando gustes es tuya amor!

    J: ¡Si, dame la verga, es mía, dámela!

    Ambos nos movíamos como locos, ya no mirábamos a los lados para ver si no venía nadie, solo disfrutábamos del rico momento, del sexo que ella tanto anhelaba y yo le estaba dando, aunque un hotel hubiese sido mejor, ¡el sexo en esa banca estaba siendo de maravilla!

    J: ¡Mi amor, me vas hacer venir, voy a estallar!

    L: Hazlo nena, explota, acaba, ¡mójame todo!

    J: ¡Quiero tu leche! ¡Dame tu semen!!

    L: ¡Ya va salir nena, aj, ah!!

    ¡La llene de mi semen caliente, ella también se vino y me mojo toda la pelvis, nuestros fluidos se mezclan haciendo el orgasmo más placentero!

    J: ¡Agh, que rico, que rico agh!

    L: ¡Nena, que rico placer!!

    Una vez terminado el acto y recuperas nuestras fuerzas, nos acomodamos la ropa, tuvimos la suerte que nadie nos veía.

    La acompañe a la avenida a tomar un taxi, su teléfono sonó y era su marido, ¡ella le invento una historia y subió al taxi no sin antes despedirnos con un riquísimo beso!

    Pero el lunes al llegar a la clase de baile me encontré con la sorpresa de que ella no fue y no fue porque había tendió que salir de viaje, eso fue todo lo que me dijeron, estaba desconcertado cuando llego un mensaje de ella que decía: “muchas gracias por todo, no olvidare esa noche de sexo, me separe de Alfonso, acepte una propuesta para ser parte de un musical e iré a París, espero poder verte algún día otra vez, con deseo y cariño. Johana”.

  • Un regalo navideño

    Un regalo navideño

    Como cada año a Ana le tocaba acompañar a sus sobrinos a realizar algunas compras navideñas. No todas evidentemente, ya que los juguetes y demás que querían sus sobrinos les correspondían a sus padres. Ellos todavía tenían edad para creer en Papá Noel y los Reyes Magos.

    Así que una de las paradas obligatorias era pasar por el centro comercial al que acudían todos los años, donde un orondo Papá Noel se encargaba de recoger las cartas con los deseos de todos los niños que se acercaban a verle.

    Ese día llegaron más tarde de lo habitual que en años anteriores. Serian como las 8 y la cola llegaba hasta las escaleras mecánicas del centro comercial que estaban bastante alejadas de dónde se encontraba la recepción de Papá Noel.

    Eran casi las 9 y todavía les faltaban unas veinte o veinticinco personas. Finalmente vieron algo de movimiento en la recepción. Una mujer les indicó que por hoy habían finalizado.

    -Mañana estaremos aquí una hora antes para que los que no han podido llegar hoy puedan entregar sus cartas mañana. Les pedimos disculpas, pero entiendan que Papá Noel es muy anciano y necesita descansar, dijo esbozando una sonrisa.

    Ana vio al hombre que disfrazado de Papá Noel se retiraba detrás de una carpa que habían puesto detrás del trono. Era un hombre fortachón, rellenito, con barriga vamos.

    Los sobrinos se pusieron un poco tristes y Ana los consoló comprándoles unas chuches y algodón de azúcar. Aunque hicieron pucheros, enseguida se les olvidó y pudieron volver a casa más tranquilos.

    Al día siguiente llegaron de los primeros. Ana se dio cuenta de que el hombre que hacía de Papá Noel era distinto. Debajo de esa barba blanca había un rostro que se adivinaba más joven que el del día anterior y además se notaba que estaba delgado y que llevaba una barriga postiza.

    Los sobrinos se sentaron en el regazo de Papá Noel cuando les llegó su turno y Ana les hizo las correspondientes fotos. Muy contentos después de entregarle sus cartas, se fueron corriendo a los brazos de su tía.

    Está les abrazó y les llenó de besos, cuando vio que Papá Noel le hacía un gesto para que se acercara.

    -Una tía tan guapa también se merece una foto conmigo y que me cuentes tus deseos para el nuevo año.

    Ana se acercó y se sentó en su regazo. Los sobrinos se pusieron muy contentos y se dispusieron a hacerles una foto.

    -Pues la verdad no sé qué decir. Ya tengo 27 años y no creo en estas cosas, tú ya sabes.

    -Sí, pero la ilusión no se pierde nunca.

    Ana se colocó mejor sobre su regazo y se dio cuenta de que al chico se le iba levantando la polla. ¿Se estaba excitando con ella?

    Siguieron hablando un poco más pese a la larga cola que todavía había. Claramente empalmado el Papá Noel la cambió varias veces de postura, mientras Ana no sabía dónde meterse y él se masturbaba un poco con su culo.

    Muy azorada se levantó y se despidió de él.

    -Vuelve a verme otro día, le dijo con una sonrisa.

    Ana se fue de allí rápido con sus sobrinos, mientras estos le preguntaban que qué tal con Papá Noel y si le había dicho que quería para ella. Ana les contestó con evasivas y mientras salían del centro comercial se dio cuenta de que tenía las bragas mojadas. Se había excitado ella también.

    Después de dejar a sus sobrinos con su hermana y su marido volvió a su apartamento. Se desnudó quedándose solo en braguitas y sujetador y se tumbó en la cama.

    Miró al techo y vio la lámpara con algo de polvo, aunque ahora no tenía trabajo, estaba sin demasiado tiempo para ella por tener que cuidar algo a sus sobrinos en sus vacaciones de navidad. Hacia bastante que no limpiaba la casa. Tendría que ponerse a ello mañana mismo. Ahora se olvidó de eso y bajó hasta su sexo metiendo su mano izquierda bajo sus braguitas y acariciando sus labios húmedos.

    Le vino a la cabeza la cara del Papá Noel sin barba imaginando cómo sería bajo ese pelo y se masturbó con fuerza. Las braguitas ya estaban empapadas. Con su mano derecha se quitó el sujetador y sus pechos se liberaron.

    Se inclinó un poco hacia delante mientras seguía con la mano proporcionándose placer. Miró sus pechos mientras estos se bamboleaban y llegó hasta el clítoris acelerando el movimiento de sus dedos. Luego se metió un dedo en la vagina y ya casi al borde del orgasmo se mordió el labio inferior y ahogó un grito mientras se corría con fuerza.

    No le gustaba gemir en voz alta. La última vez que se acostó con un tío no paró de gemir y al día siguiente la vecina del piso de arriba la regañó. Desde entonces se corría en silencio. Además solo se masturbaba. Hacía tiempo que no se follaba a un hombre.

    Así que cuando se dirigió al baño para darse una ducha recordó lo que le había dicho el Papá Noel y se le ocurrió que tal vez llevaría otro día antes de navidad a sus sobrinos al centro comercial a ver a Papá Noel.

    Un par de días antes de nochebuena, el 22 de diciembre, justo después del sorteo de Navidad, Ana despertó pronto a sus sobrinos. Sus padres no trabajaban pero estaban de viaje antes de las fiestas y les informó de que iban a volver al centro comercial.

    -Creo que ha habido un problema con vuestras cartas, les dijo.

    -¿Qué ha habido un problema? Les preguntaron los dos al unísono.

    -Si. Al parecer una de las elfas ha perdido vuestras cartas y tenemos que volver a dárselas a Papá Noel.

    -Pues vaya elfa más tonta. Dijo el pequeño.

    -No te preocupes. Tengo una copia en el ordenador de papá y la imprimiremos ahora mismo. En cuanto abran estaremos allí.

    Después de imprimirlas, las metió en un par de sobres y juntos salieron a la calle. Eran las 9:30 y poca gente se veía a esas horas. Debían estar a 1 grado más o menos.

    A las 10 menos 5 les dejaron entrar. Eran los primeros de la fila. Sin duda el resto de niños ya habrían entregado todas sus cartas.

    Papá Noel no había hecho acto de presencia aún. Dos niños más se sumaron a la fila y los sobrinos se quedaron hablando con ellos.

    Cinco minutos más tarde un hombre le hizo un gesto a Ana para que se acercara. Al principio no le reconoció.

    -Vuestra tía tiene que ir un momento al baño. Les dijo. Quedaos aquí con estos niños y los elfos. Enseguida vuelvo.

    Desapareció tras el trono de Papá Noel.

    -Te has animado, ¿eh? Le dijo este. se estaba poniendo la barba.

    -Si. No veas que calentón me dio al llegar a casa el otro día. Tuve que masturbarme bien.

    -No tenemos mucho tiempo. Anda siéntate sobre mí, le dijo mientras se bajaba los pantalones.

    -¿Así?

    -Sí, ponte de espaldas. Espera, que saco un condón.

    Ella le agarró la polla y vio que no bajaba todo el prepucio.

    -¿Tienes fimosis?

    -Si. La uróloga me ha recetado una crema para ayudarme a bajar la piel. Quiere evitar operarme.

    -Uff, que morbo. Nunca me he follado a un tío con fimosis.

    -Pues siempre hay una primera vez.

    Con el condón ya puesto, Ana bajó sobre su polla y se la clavó del todo. Se dio cuenta de que podía ver a sus sobrinos por una rendija que había detrás del trono. Estaban hablando con los elfos.

    Empezó a subir y bajar, al principio temía que pudiera lastimarle el frenillo pero cuando él empezó a masturbarle el clítoris con dos dedos enseguida se le olvidó.

    No podía evitar ver a sus sobrinos por la rendija así que cerró los ojos y se concentró en disfrutar.

    La barba del Papá Noel le rozaba suavemente la espalda. En esto empezó a sonreír mientras el chico iba subiendo los gemidos que ahogaba para que no les descubrieran.

    Ni dos minutos más tarde noto como su polla bombeaba el semen que acumulaba en su interior mientras se corría.

    Ana no se corrió con la polla de él sino con los dedos con los que la masturbaba.

    Después de recuperar la respiración se salió de él y se dio la vuelta sentándose en el suelo.

    -¿Estás bien? ¿Te ha dolido el pene? Le preguntó ella.

    -Qué va, ha sido estupendo, me he corrido como un loco, le dijo señalando el preservativo lleno de semen que iba encogiéndose a la vez que su polla.

    -Yo me he corrido pero con tus dedos, le dijo tímida.

    -La próxima vez lo haremos más despacio, tranquilos.

    Ella le quitó el condón e intentó volver a descubrir su glande. Pensaba que el semen haría de lubricante pero no fue así.

    -No te preocupes, estoy acostumbrado. Pásame un clínex.

    Ella se lo pasó y se limpió lo que poco que asomaba de su glande.

    -Dentro de un tiempo seguro que descubro todo. La besó en la boca y se apresuró a vestirse de Papá Noel.

    Ana se despidió y salió por otro lado para no cruzarse con él.

    Llegó por detrás de donde estaban sus sobrinos y les dio un susto.

    -Tía, ¿dónde estabas?

    -En el baño. No veas que cola había para entrar.

    Cuando ya se disponían a irse el Papá Noel le guiñó un ojo y le hizo un gesto para que le llamase. Al meter la mano en el bolsillo del pantalón, se dio cuenta de que tenía un papel con un número de teléfono. Debía habérselo metido en el bolsillo durante el polvo y ni se había dado cuenta.

    En dos días era nochebuena y quizá no le volvería a ver. Tendría que quedar de nuevo al día siguiente y follárselo bien.

    Pero al día siguiente no pudo llamarle porque la llamaron para una entrevista con una dinámica de grupo, le pareció raro que la llamaran el día 23 de diciembre, pero resultó ser verdad.

    Cuando salió de la dinámica eran las 6 de la tarde y estaba muy cansada por lo que no le llamó.

    Al llegar a casa se dio una ducha y se masturbó con el chorro y se imaginó que el Papá Noel se la follaba. Cuando llegó al orgasmo se sentó en el suelo de la ducha y dejó que el agua cayera sobre ella un rato más y finalmente cerró el grifo, se secó, se puso ropa interior limpia y el pijama y se acostó y se fue a la cama más pronto de lo habitual.

    Al día siguiente era nochebuena y estaba invitada a comer a casa de su hermana con su marido y sus sobrinos. Eran ya varios años lo que quedaba con ellos ya que sus padres habían fallecido años antes.

    La cena transcurrió como siempre. Risas de los pequeños y conversación de los mayores. Fue una buena cena y después de ella los peques tuvieron que irse a la cama temprano para que no descubrieran a Papá Noel dejando los regalos.

    Ana y su hermana y su cuñado se quedaron hablando un rato más. Luego dejaron los regalos bajo el árbol y se despidieron. Los tres estaban cansados.

    A la mañana siguiente los sobrinos abrieron los regalos tan contentos y los padres se fueron con ellos a la calle. Ana les acompañaría por la tarde.

    Estaba tumbada boca arriba en la cama cuando oyó un golpecito en la ventana de su habitación.

    No le hizo caso al principio, pero al ver que seguían sonando decidió asomarse.

    Era un hombre vestido de Papá Noel. La saludó y entonces Ana se dio cuenta de que era el chico.

    Abrió la ventana y pudo subir por la tubería de gas que había en el exterior.

    -¿Estás loco? Le dijo ella sonriendo. Y además, ¿cómo has encontrado la casa?

    -Tus sobrinos que pusieron la dirección en las cartas. Cómo no me llamaste, cogí las cartas y las leí y allí estaba tu dirección. Así que pensé, el día de navidad voy a darla una sorpresa.

    -En serio, estás loco. Pero me encanta. Quiero tu regalo de navidad.

    -Aquí lo tienes. Y se abrió la chaqueta de Papá Noel. No llevaba camiseta ni nada.

    Se besaron apasionadamente y Ana le metió la mano bajo el pantalón y agarró su polla y le masturbó un poco.

    -Esta vez quiero probarla sin condón, le dijo bajito al oído aunque no hubiera nadie para escucharles.

    Al poco estaba empalmado y él le quitó el pantalón del pijama y las braguitas y le hizo una comida de coño como hacía años que no se lo habían comido.

    Con las bragas por los tobillos, se puso encima de ella y agarró su polla apuntando a la entrada de su coño y se la metió despacio.

    -Uff, Ana dio un respingo.

    -¿Te gusta eh?

    -Si. Fóllame con tu polla incircuncisa.

    -Tus deseos son órdenes para mí.

    Empezó con el bombeo lento, saboreando su coño. Su polla se deslizaba como si fuera sobre sabanas de seda de tan mojada que estaba.

    -Ah, joder, que me gusto me das, decía Ana. Tu polla me encanta, tan suave, tan dura, ese glande que no sale… aaaah, no tengo palabras, joder, sigue follándome así, así, asiii.

    En eso estaban cuando oyeron un ruido en la puerta. Los dos se quedaron quietos.

    -¡Tíaaa! Gritaron sus sobrinos. ¡Nos hemos dejado los gorros! Tú sigue descansando que ya nos vamos.

    Con esos gritos poco iba a descansar, pensó Ana. Se quedaron tranquilos al oír cerrarse la puerta de nuevo y volvieron a follar.

    -Uf, uf, uf, sigue así, no creo que tengamos mucho tiempo ya.

    -Tus sobrinos son muy escandalosos ¿eh? le dijo él.

    -No tanto como yo cuando me corro, le contestó Ana.

    El chico aceleraba sus embestidas, Ana se moría de gusto y se agarraba a su espalda. Pensaba que terminaría en la postura del misionero pero antes la sacó y la giró de espaldas a él.

    -Estoy muy caliente pero quiero terminar a cuatro patas contigo.

    -¿A cuatro patas?

    -Siiii, estoy muy caliente.

    La puso así y enseguida se la metió. Enseguida retomó el bombeo con fuerza.

    Su polla acaricia su punto G y Ana estaba a punto de morirse de gusto.

    -Joder, joder, joder. Sigue, sigue, sigue, me corro, me voy a correr. Sigueee.

    -Sí, sí, sí, yo también me corro. Me corro, jodeeer. ¡Aaaah!

    Eyaculó bien fuerte en el coño de Ana, pero está aún no había llegado al orgasmo pero estaba a punto.

    -No te pares, no te pares, sigue así.

    -Tranquila que sigo dándote.

    Su polla se iba encogiendo pero pudo aguantar hasta que finalmente Ana se corrió con un grito. Además de que no estaba en su casa se olvidó por completo de su vecina y gimió como nunca.

    Él se salió de ella y la ayudó a darse la vuelta y tumbarse boca arriba. Su coño rezumaba su semen.

    Se dispuso a limpiárselo, pero en ese momento volvieron sus sobrinos con sus padres.

    -Tendrás que irte por la ventana. Ya terminó yo.

    La besó en la boca y volvió a ponerse rápidamente el traje de Papá Noel. La barba la guardó en un bolsillo y antes de salir le dijo que tenía que darle su regalo de navidad y que ya lo había cumplido.

    Se despidieron y volvió a bajar trepando por la tubería.

    No sabía si volvería a verle…

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    Para Lara, mi más fiel lectora.

  • Mi mujer y sus inicios con otros hombres

    Mi mujer y sus inicios con otros hombres

    Este es mi primer relato y espero que no el ultimo, me presentaré soy un hombre casado de 43 años con una mujer alta con curvas 6 años menor que yo y por lo que fui descubriendo una viciosa de campeonato.

    Todo comienza cuando empiezo a descubrir después de volver de su viaje de fin de carrera lo que paso en él y que ella no me cuenta pero descubro espiándola su móvil por lo que cuenta a sus amigas de la universidad, ella se llama gema y como he dicho es una mujer muy guapa rellenita con pecho pequeño pero gordito y pezones gordos, un culo grande y gordo y un coño muy caliente y grande que se pone chorreando cuando la ponen bien cachonda. Pues bien, en ese viaje me contó que había conocido un hombre mulato con el que había tenido una amistad muy grande, pero con el que no había pasado de ahí, y cuál es mi sorpresa cuando después espiándola el móvil descubro lo que realmente paso en ese viaje y con ese mulato con el que aún tiene relación, como después explicaré.

    Lo contare en primera persona como si fuera ella la que lo contara:

    Llegó el esperado día que yo y mis compañeras de facultad estábamos esperando con tantas ganas el viaje de fin de carrera a República Dominicana, nos esperaba playa, alcohol y muchos hombres morenos dispuestos a alegrarnos la estancia. Después de 12 horas de vuelo plagado de risas y anécdotas, llegamos a ese resort lleno de aventuras y diversión. Allí estaba el alto moreno y súper guapo un mulato de 1,90 llamado William, en cuanto le vi me quede enamorada de sus ojos su cuerpo su color su olor, todo vamos, y supe que iba a ser un viaje muy emocionante.

    Esa noche fuimos a bailar a la disco del resort, yo me puse unos pantalones negros bien ceñidos que marcaban bien mis curvas y una blusa con los hombros al aire también negra, a los pocos minutos aprecio el con un grupo de amigos, me sonrió y en seguida vino hacia mí a saludarme.

    -Hola guapísima, ¿lo estás pasando bien?, me dijo sonriente.

    -Bien, aunque creo que ahora lo voy a pasar mejor -dije sonriéndole con mirada picara y morbosa.

    Me cogió de la cintura y me llevo a la pista de baile, se pegó a mi cuerpo haciéndome notar su cuerpo duro y su miembro aún más grande y duro. Al notarlo mi coño se puso húmedo y caliente como hacía años no lo estaba. Estuvimos bailando durante horas, hasta que poco a poco me fue sacando de la pista y llevándome hacia las palmeras y una vez allí me beso apasionadamente clavando su enrome y duro miembro en mi vientre y volviéndome loca de deseo, me cogió de la mano y me llevo a una cabaña cerca de la playa donde comenzamos a besarnos y desnudarnos, al verle desnudo no pude si no arrodillarme ante aquel miembro y chuparlo con ansia y devoción, golosa como la que prueba un dulce exquisito, no dejaba de meterlo y sacarlo de mi boca produciéndome riquísimas arcadas y llenándolo de babas hasta que el me levanto y me puso sobre una mesa penetrándome furiosamente una y otra vez provocándome innumerables orgasmos y un estado de placer constante que a punto estuvo de hacerme desmayar, cuando el sintió que se derramaba dentro de mi soltó un grito de animal salvaje que hizo derrumbar la cabaña inundándome de su leche espesa y caliente que provoco en mí el mayor de los orgasmos hasta ese momento y adentrándome en unas vacaciones de lujuria y pasión desenfrenada.

    Al día siguiente me desperté en mi cama con una sensación inmensa de haber disfrutado de una de las mejores noches de sexo y pasión de mi vida.

    Continuará…

  • Dorismar la argentina caliente

    Dorismar la argentina caliente

    Ella es argentina, 1.70 de altura, piernas largas y carnosas, trasero firme y redondo, unas tetas grandes y de pezón claro!

    Así es Dorismar, una Vedette argentina que conocí mientras trabajaba en la televisora, ¡siempre fue muy puta con los de alto mando y un plebeyo como yo estaba lejos de disfrutar a una puta de lujo como ella!

    Su acento la hacía ser más excitante, ¡sus diminutas minifaldas que cada que se agachaban mostraban el hilo que traía, para mi suerte siempre estaba en el momento que lo hacía!

    D: Luis, como estas, oye venid a mi camarote, ¡necesito ayuda de vos!

    L. Si señora, como diga!

    D: Ay canchero, dime Doris, Mar o Dorismar, pero no me digas señora, ¡me siento vieja!

    L: ¡Como tú digas Doris!

    Fui a su camerino y estaba ella, me pidió que le ayudar a colocar una bocina, como se creía cantante quería ensayar antes de salir a escena, mi deber al igual que con Aura era darle mi ayuda técnica, estar a su servicio, mientras le colocaba la bocina ella se cambiaba, dicen que los argentinos son inhibidos y ella lo demostraba al cien, mientras clavaba con el martillo, se colocaba sus medias, no sé si lo hacía a propósito pero se acariciaba desde sus pies hasta sus entre piernas, mi sorpresa fue mayor al ver como se levantó mostrando que no tenía ropa interior puesta, un choncho muy rico y depilado se transparentaba en sus pantimedias.

    Todo tenso continúe trabajando, ella se empinaba enseñándome sus morenas nalgas mientras se colocaba sus zapatillas, yo empecé a tener una erección, esta puta si me estaba excitando, ¡lo malo es que no podía hacer nada o eso creí en el momento!

    L: ¡Bueno, termine!!

    D: ¡Qué lindo sos vos!!

    L: Si de nada, ¡bueno me retiro!

    D: ¡Espera papi, no te vayas, aun necesito de tu ayuda!

    L: ¿Que pasa Doris?, que más necesitas?

    D: ¡Necesito que veas mi show y me digas que más tengo que hacer!

    L: ¿Qué???

    No me dejo salir, me tiro en una silla y puso música muy erótica, comenzó a bailar muy rico, movía sus caderas y sus tetas muy bien, la cola se le movía fantástico, tenía un muy buen dango, a leguas se notaba que salió de un burdel, ¡pero yo con la verga bien dura disfrutaba de su show!

    D: ¿Qué te parece?

    L: ¡Muy bien, excelentemente bien!

    D: ¿Que más crees que tenga que hacer?

    L: ¡Tal vez menos ropa te ayude!

    D: ¿Tú crees?, ¡haber probemos!

    No sé si lo hizo a propósito o era parte de algún plan de ella, pero me obedeció rapidísimo, poco apoco se despojó de su blusa floreada, su top lo aventó al espejo, bajo muy sensual su minifalda, se quedó solo en las pantimedias mostrando sus pezones y su concha, ¡yo estaba excitadísimo!

    D: ¿Que te pareció?

    L: Muy bien, dios mío, ¿porque lo hiciste?

    D: ¿Que hice?

    L: Desnudarte, ¡no sabes que puedo hacerte cosas!

    D: ¿En serio? ¿Y cómo que cosas?

    L: ¡Tal vez te quiera tocar y morderte!

    D: ¡Tal vez ayude para mi show, a ver ven nene, venir, acércate a mí!

    Como loco corrí hacia ella, ella comenzó a bailarme frotando su cuerpo en el mío, su olor, sus movimientos, todo era magnifico.

    Sonreía descaradamente, me miraba cachonda, me comenzó a quitar la playera y paso sus manos sobre mi cuerpo, sus largas uñas aruñaban mis pectorales y mis pezones, luego su lengua paso de mi cuello hasta mi ombligo, ¡se puso frente a mí y me dio un beso muy salvaje!

    ¡Me bajo el pantalón! Yo ya la tenía piradísima, ella al ver sobre mi calzón mi verga, sonrió y la apretó, me miró fijamente y me dijo; “así te tengo? ¡Creo que mi show es muy bueno,” se puso de pie e inmediatamente me beso!

    ¡Sus labios carnosos apretaban ricos los míos, ella se juntaba a mí, pegando su vagina a mi verga, yo acariciaba sus nalgas, como tenía las pantimedias se sentía más excitante, me senté en la silla y me quité el calzón, ella comenzó a pasar mi verga por encima de sus pantimedias que cubrían sus nalgas y vagina, se movía riquísimo, su lengua lamia mi cuello y mis manos apretaban sus ricas tetas!

    L: ¡Que buen show!!

    D: ¡Gracias, ahora cerrare con boche de oro!

    Comenzó a romper sus medias por donde estaba su vagina, la cual estaba humedisima, me tumbo en un sofá que tenía y se subió a cabalgarme.

    Mi verga entraba poco a poco en su vagina, que, aunque no estaba tan estrecha, se sentía maravilloso, yo no lo podía creer, me estaba cogiendo a una vedette de la televisión, a una extranjera que solo estaba con los altos mandos, me sentía realizado, mientras ellas e movía magnifico, demostrando porque todos la querían, yo disfrutaba mordiendo sus pezones, acariciando las piernas por encima de las pantimedias, ¡que rico momento!

    L: ¡Nena, dios que rico!

    D: ¡Pero que pinga más rica, la tenes enorme!

    L: ¡Destrózala es tuya!

    D: ¡Con gusto!

    Dorismar se movía magnifico, yo cerraba los ojos, no podía creer lo que sucedía, otra actriz a mi cuenta, la acosté y levanté sus piernas, lamí sus pies por encima de las pantimedias y la penetra apoyándome de sus nalgas, la embestía fuerte, sabía que nos podían descubrir y no me quería quedar a medias, ella gemía, se mordía los dedos y los labios, cerraba sus ojos, me pedía más fuerte más fuerte!

    La puse de perrito, se le veía un culazo, la muy puta lo movía como perra pidiéndome verga, ¡yo no desaproveche el momento y tome unas fotos y videos mientras mi verga entraba suave en su concha!

    L: ¡Que rico, uf!

    D: ¡Hasta el fondo, quero ti pinga hasta el fondo!

    L: ¡Toma, agh!

    D: Si, así papi, mmm, coges riquísimo, ¡agh!!

    La embestía salvaje, le daba de nalgadas y de arañazos, el acariciar sus piernas me la ponía más dura, se sentía riquísimo con sus medias, ella se movía maravilloso, parecía perra, me estaba perreando como en el reggaetón, ¡mi verga de verdad estaba siendo comida por esa morocha argentina!

    D: ¡Ah, papi, me corro, me corro!

    L: ¡Si nena, yo igual!

    D: ¡Dame tu leche, dámela!

    L: ¡Toma, toma uf!

    D: ¡Agh, si, ay, así!!!

    L: ¡Si, que rico!!!

    Termine llenándola de leche, ella se recostó en su sofá mientras me limpiaba y vestía, me pido papel y me dijo que me saliera y que estaba despedido, que me fuera, que solo quería quitarse las ganas y que yo fui el elegido.

    No me importo lo que dijo, yo salí de su camerino con una sonrisa de oreja a oreja, algunos compañeros me preguntaron qué hacía en el camerino de Dorismar, yo les dije que cumpliendo sus caprichos y es que literalmente fue lo que hice, ¡cumplir sus caprichos!

  • Mi sobrino (Parte 5)

    Mi sobrino (Parte 5)

    Llegó la noche, y con ella nos abrazamos y nos quedamos dormidos, desnudos, empapados en ricos jugos.

    Pasó un rato, no sé, quizás dos o tres horas, cuando me desperté y fui al baño, me levanté sin hacer ruido, sin movimientos bruscos, no quería despertarles, Mario y Mati estaban dormiditos entre los brazos de Morfeo.

    Estuve un ratito en el baño, lo justo para hacer hice un pis y lavarme en el bidé mi coñito, del que todavía caía alguna gotita de semen.

    Al volver les vi quietos, abrazos, los miré con dulzura, y sonriendo comprendí que todo había cambiado, nada volvería a ser igual y una sensación de felicidad recorrió mi cuerpo.

    Les vi tan a gusto que me quedé un rato mirándoles a pie de la cama, serian cerca de las 4 o 5 de la madrugada, la luz de la luna entraba por la ventana iluminando sus miembros flácidos, en reposo y relucientes. La imagen me excitó, era puro erotismo. Me senté a observarles, sentada enfrente, en una silla de escritorio algo reclinada.

    No pude evitarlo, casi sin querer, comencé a acariciarme, pasado los dedos por encima de mi rajita, que estaba fresquita después de haberla lavado, rozando los labios exteriores, pasando los dedos índice y corazón, muy suave. Ahí estaba, mirando a mis chicos como estaban abrazados mientras poco a poco mis caricias se acentuaban haciendo más intensa mi excitación y metiendo poco a poco el dedo corazón.

    Me mordía los labios, ya casi no podía contenerme, comenzaba a meterme ya dos deditos y a mi mente me venían las imágenes de como Mario enculaba a Mati. Ufff, me estaba poniendo de nuevo cachondísima perdida, ni coño volvía a lubricar y a caer juguitos que empapaban mis manos y muslos.

    No pude más, me levanté y a gatas me acerqué desde los pies, hasta llegar a ellos, a sus dos pollitas flácidas. Sin dudarlo, comencé a chupetearlas, con el cuidado de no hacerlo brusco, quería lamerles sin despertarles.

    Comencé con la polla de Mario, y al poco, en segundos, se le puso dura como una piedra, enorme, la viagra que se había tomado hacía maravillas. Ya con la polla dura, comencé con la de Mati, y lo mismo, se le puso dura y enorme.

    Y ahí estaba, chupando dos pollas a la vez, sabrosas, ricas, dulces. Chupando con más y más ímpetu. Ellos, normal, acabaron por despertar, tal y como se las estaba lamiendo no tardé en sentir sus caricias entre mi pelo, acariciando la cabeza al ritmo con el que se las chupaba.

    Levanté la mirada y lo que vi me puso a mil, entre lametazos, vi cómo se besaban con lujuria, con la boca abierta mientras metían y sacaban sus leguas de sus bocas abiertas.

    Alternaba ambas pollas en mi boca, mientras lamia una, la otra la pajeaba, y así hasta que ellos, sin casi soltarse, se sentaron cara a cara. Me acerqué gateando, juntamos las lenguas, sentía como entraban, como se entrelazaban, mientras les iba pajeando a ambos

    Entonces, ellos se dejaron caer, casi al unísono en una coreografía que parecía ensayada, quedándose haciendo tijera. Vi mi oportunidad, junté las dos pollas y comencé al chupar cual perra en celo, me entraban muy justitas, pero si, los dos capullos entraron en mi boca.

    Me las metía en la boca, las sacaba, hacía que se frotasen, las agarraba las dos juntas pajeándolas a la vez y cuando estaban de lo más duras y mojadas, me puse en pie y me senté encima de ellos metiendo en mi coño esas dos maravillosas pollas simultáneamente, entraron con facilidad, a esas alturas mi coño estaba ya de lo más dilatado, comencé a cabalgarles, a retozarme sobre ellos, daba gritos de puro placer hasta sentir sentí mil estallidos, estaba tan excitada que me corrí enseguida, los orgasmos se sucedían, me vinieron no sé, 4 o 5 seguidos, hasta caer medio muerta en la cama, boca arriba, con el coño dilatado.

    Al verme tirada, Mario se puso en pie, se me quedó mirado…

    -¿Quieres más Amy, quieres un bañito relájate?

    No podía ni articular palabra, me retorcía de placer. Mario miro a Mati y Mati a Mario, y fue cuando Mario le dijo a Mati.

    -Adelante Mati, haz como yo. No te cortes, mira, para a tu tía Amy esto es el premio a sus servicios de perrita.

    Todo fue muy rápido, Mario agarró su polla y comenzó a soltar un chorro de pis sobre mí, tenía la polla durísima, comenzó a mear sin control, sentí el chorro de calor sobre mis tetas, por mi coño, en la cara, empapándome. Mati también, agarró su polla y me la puso delante de mi cara, apuntado a mis labios, y mientras la daba un besito comenzó a mearme sin parar, soltando un gran chorro a la vez que Mario se la agarraba y estuvo dirigiendo el chorro durante un buen rato hasta que acabó.

    Cuando terminaron, ambos me agarraron, me abrazaron, y entre los dos nos quedamos tumbados, empapados. Y así, tumbados, uno a cada lado, les se hice una paja simultanea hasta que hice que se ambos se corrieran, sintiendo un chorro de semen entre mis manos.

    Se quedaron también exhaustos, solo jadeaban, me levanté y les dejé.

    -Chicos, les voy a dejar, me voy a la piscina a refréscame un poco. Necesito relajarme.

    Les di un beso con legua a los dos y así, desnuda y empapada, me bajé al jardín a darme un rico baño.

    Ellos se quedaron en la habitación, aunque creo que cambiaron de cama, esa estaba demasiado empapada para dormir. Yo me quedé en el jardín, tumbada a la luz de la luna y así pasaron las horas hasta que los primeros rayos de sol comenzaron a despertarme.

    Pero eso es otra historia que en breve contaremos…

     

  • Mi novia me la chupó en la universidad

    Mi novia me la chupó en la universidad

    Antes de comenzar el relato les cuento que durante diciembre la facultad está completamente vacía y sólo van los alumnos que tienen que rendir finales como yo y por otro lado mi novia es una joven delgada de cabello largo y oscuro y no mide más de 1,60. Ese día ella estaba vestida con una remera de los Rolling Stones y con un short de jean.

    La semana pasada lleve a mi novia a la facultad ya que luego de rendir el final que tenía que dar la iba a llevar a pasear un rato. Ella me estuvo esperando mientras rendía y se alegró cuando salí del aula y le dije que me había ido bien. Entonces le dije que si quería ir a tomar un helado y ella me responde que primero quería conocer el lugar y tuve que mostrarle los diferentes rincones del sitio.

    En un momento entramos dentro de un aula que estaba vacía y yo me siento en una silla y ella se pone a escribir algo en el pizarrón. Luego de estar escribiendo boludeces en el pizarrón se me sienta encima de mí y nos empezamos a besar.

    Me aproveché que estaba con un short y le empecé a tocar las piernas y mi poronga empezó a reaccionar rápidamente y enseguida se me puso bien dura. Le dije sobre la situación y ella se empezó a reír, le dije que quería que me la chupe y ella me respondió que no y yo le dije que no nos iba a ver y ella siguió con su negativa y al final la convencí saliendo afuera del aula y mostrándole que no había nadie, entonces ella me dice con voz de putita «bueno, está bien».

    Entramos dentro del aula, apagamos las luces y nos pusimos detrás de la puerta obstaculizando si alguien intentaba entrar. Ella se arrodilló, me bajo el pantalón y con su pequeña mano me agarró la pija y se la metió todita dentro de la boca como si fuese el helado que íbamos a comer después. Tremenda chupapijas es la petisa de mi novia, le encanta saborearla con su lengua y se olvida de todo cuando la tiene metida dentro de su boca.

    Luego de dos o tres minutos de estar chupándome la pija ya no le importó que me la estaba mamando en un lugar público y que podíamos tener problemas si nos encontraban haciendo eso, ella sólo le interesaba alimentarse con mi poronga.

    Ella estuvo quince minutos chupándome la pija sin parar, ni siquiera se detuvo cuando escuchamos que pasaban un par de personas por el pasillo. Cuando se cansó de estar chupándomela me hizo una paja y cuando le dije que me venía se la metió en la boca y se tragó toda leche posible.

  • El ayudante (Cap. 5): Bebiendo con Irene

    El ayudante (Cap. 5): Bebiendo con Irene

    «Sí, tengo novio.» La Idol de larga cabellera morocha se tapó la boca con su fina mano antes de reír suavemente. «Mh, pero, ¿Qué me está haciendo decir? Se siente como una confesión.»

    «Porque lo es, Irene.» Y el Ayudante también se rio, mientras vertía un poco más de soju, el famoso licor coreano, en el vaso de la hermosa líder de Red Velvet. «No sabía que tenías novio. Debe ser difícil.»

    «¿Difícil?» La belleza surcoreana sonrió de lado, sus mejillas levemente sonrosadas por el dulce alcohol que ya hacía efecto en ella. Tomó el pequeño vaso que el hombre le ofrecía y observó el claro líquido con mirada algo desenfocada.

    «Sí, ya sabes,» El alto hombre, bastante más alto que la pequeña Idol de 1,58, se sentó un poco más cerca de ella, con movimientos poco notorios, disimulados. Estaban solos en la sala de la gran residencia que tenía el grupo. Red Velvet se encontraba en un corto periodo de merecido descanso, y los otros miembros estaban pasando tiempo con sus propias familias o, en el caso de la más joven miembro, Yeri, durmiendo ya en su alcoba luego de un día movido para ella. «Con tu agenda tan ocupada, todos esos compromisos, no deben verse demasiado seguido, ¿No?» Ya relajados por el alcohol, se encontraban sentados sobre unos cómodos cojines en el suelo, charlando animadamente. Esta era la primera vez que el Ayudante lograba que la bella modelo se abriera un poco hacia él, y no iba a dejar pasar la oportunidad. Quién diría que unos pocos shots de soju lo ayudarían tanto.

    «Mhm,» Relamió sus labios antes de llevarse el pequeño vaso a la boca y beber hasta la mitad del contenido, suspirando suave al separar sus finos labios adornados de un tinte rojo, del cristal. «Pero nos escribimos mucho. También me llama, me llama mucho.» Sin darse cuenta la morocha repetía palabras, seguramente por efecto del alcohol. El Ayudante sólo sonrió. «Lo más difícil,» Sus ojos delinearon el contorno de su vaso, el cual movía suavemente con su mano, sin llegar a salpicar lo que quedaba del líquido. «Lo más difícil es, bueno, mantenerlo un secreto.» Y su mirada, ahora un tanto afilada y amenazante, se fijó en él nuevamente. «Espero sepa… Sepa mantener la discreción.»

    «Por supuesto.» El hombre acomodó su estilizado saco negro mientras veía a Irene terminarse su bebida de un trago. Él iba de traje, como siempre. Sin perder tiempo volvió a tomar la botella verde de Chamisul, la marca de soju que estaban bebiendo, para poder reponer el vaso de la joven de tez tan blanca y perfecta como la nieve. «¿Y quién es? ¿Lo conozco?»

    Ella, por su parte, vestía una ligera blusa de tirantes color gris, con botones blancos, que dejaba a la vista su plano vientre, además de unos ajustados jeans oscuros. Iba descalza, al contrario que él, y los pequeños dedos de sus pies se movían de vez en cuando al compás de sus pensamientos. «¿Cómo lo conocería?» Sus brillantes ojos negros le dieron una mirada incrédula antes de soltar otra angelical risa, esta vez sin cubrir su boca, dejando ver su hermosa sonrisa. El reloj ya marcaba más de medianoche en la lujosa y amplia residencia de Red Velvet, pero la noche parecía apenas comenzar para ellos dos.

    «Bueno, me refiero a si es del medio. Un artista,» Sonrió divertido, devolviendo el vaso a la morocha, ya recargado con más alcohol. «¿Tal vez un actor?»

    «No, no.» Negó suave con la cabeza, mostrando su perfecta dentadura blanca en esa sonrisa que ya era su marca registrada. «No es un famoso. Él es- era, mi compañero de clase,» Sonriendo de lado, tomó el vaso antes de dejarlo en el suelo, respirando profundamente. Se sentía un poco mareada, así que era mejor darle un descanso a eso de tomar, al menos de momento. «Aunque sólo hace, uhm, poco más de un año que salimos.»

    Asintiendo al escucharla, el Ayudante se acomodó un poco mejor en el pequeño cojín, acercándose más a la morocha, pegando sus cuerpos. Tomó el vaso de la Idol, acercando un poco su rostro al de ella, sonriendo ladinamente. «¿Quieres que me lo termine por ti?»

    «¡Ha!» Una exclamación casi de risa, y sonrió divertida, rodando los ojos. «Que caballero es usted, señor Ayudante.»

    «Se hace lo que se puede. Aunque,» Y se atrevió a rodear el pequeño pero curvilíneo cuerpo de esa perfecta mujer de 28 años con un brazo, deslizando su mano en una suave caricia por la espalda y cintura de la Idol, actriz y modelo llamada Bae Joo Hyun, pero mejor conocida por su nombre artístico Irene. «No querrás que comparta vaso contigo, ¿No, señorita?» La reprendió juguetonamente con la mirada, acercando el vaso a sus finos labios pintados de un suave rojo.

    La morocha de nívea piel pareció ignorar la mano ajena que ahora la sostenía por la cintura, en favor de atender al inocente juego de aquel vaso con soju, tan cerca de su rostro. «Buen punto, señor, que por algo cada uno tiene su propio vaso.» Le dio una mirada de reojo sin dejar de sonreír, antes de devolver su vista al vaso, alzando sus finas cejas y acercando un poco más su semiabierta boca a la bebida.

    «Muy bien,» Posó el borde del vaso en los seductores labios rojos que lo esperaban, antes de inclinarlo para darle de beber lentamente el transparente líquido. «Eso, que un shot se supone que debes tomarlo de un solo trago.» Sonrió mientras vertía todo el contenido del vaso en la boca ajena, viendo atento como la Idol tragaba sin pausa.

    «Ahh,» Soltó una exhalación al terminar, abriendo su boca para mirarle con las cejas alzadas. «¿Qué insinúa con eso? ¿Que no sé beber?» Sonrió de vuelta, nuevamente mostrando sus perfectos dientes, aunque le reprochaba a broma con los ojos.

    «¿Sí sabes?» Acercó su rostro para darle un suave beso en el mentón. «Porque no parece, mi querida Irene,» Y de vuelta otro beso, un poco más abajo en su mentón, cerca del inicio de ese tentador cuello que le esperaba. «No parece.» Mientras, dejó el vaso vacío en el suelo.

    «A usted tampoco le he visto tomar mucho. Y oiga,» Posó su fina mano en la masculina barbilla del contrario, empujando para separar su rostro de esos besos. «Que tengo novio, se lo acabo de decir.»

    Él sólo alzó las cejas como sorprendido, mientras tomaba la pequeña mano que le había apartado con la propia. «¿Tienes novio?»

    «¡Si se lo acabo de decir!» Y ella volvió a reír angelicalmente, negando con la cabeza, sus mejillas un más sonrojadas por el alcohol, o tal vez por la atención que estaba recibiendo. De cualquier forma, se veía aún más perfecta con las luces bajas de la sala alumbrando su rostro. «Creo que usted es el que no sabe beber su alcohol, Ayudante.»

    Besó el dorso de la mano que ahora sostenía, llevando la otra que aún posaba en la delgada cintura de la Idol a acariciar ese vientre desnudo con la yema de sus dedos. «¿Por qué lo dices?»

    «Porque, porque ya se puso demasiado, hm, cariñoso.» Alzó la mano que le habían besado para picar con su dedo índice la mejilla de ese hombre tan toquetón que conocía sólo hace menos de un mes, ¿Y era su imaginación, o la temperatura había estado subiendo con el pasar de los minutos? «Usted es quien no soporta su alcohol.» Huh, seguramente fuera eso. El alcohol.

    Soltando una carcajada ante sus palabras, dejó la caricia al vientre ajeno, simplemente descansando su mano sobre el plano abdomen de la Idol, a la vez que la acercaba a él, pegando más sus cuerpos. «Sabes que sólo estoy jugando. Oh, hablando de eso,» Nuevamente atrapó la mano ajena con la propia, antes de bajarla suave. «Se me ocurrió una idea para un juego.»

    Irene dejó que guiaran su mano hasta que terminó por descansar sobre la pierna ajena, alzando levemente las cejas en señal de duda. El traje que llevaba su Ayudante era negro, aburrido, pero tenía estilo. Y él sabía vestir esa clase de ropa elegante, así que le quedaba muy bien. «No involucra alcohol, ¿Verdad? Honestamente creo que estoy un tanto, ¿Mareada?» Las palabras ya le salían con un dulce ronroneo por efectos del alcohol, aunque ella no lo notara. Lo miró a los ojos, curiosa, sin notar como su mano había ido a parar sólo a centímetros de un enorme bulto que había ido creciendo bajo el pantalón de ese peligroso Ayudante.

    «No, nada de alcohol, después de todo estoy a cargo de cuidarte. De hecho,» Y volvió a invadir el espacio ajeno, acercando su rostro al contrario para besarle la mejilla. «¿Qué te parece si jugamos por un premio? Te daré una recompensa si me ganas.» Habló bajo junto al oído de la morocha.

    «¿Qué? Hm,» Abrió un poco más sus ojos, respirando hondo, evitando bostezar. «¿Qué clase de recompensa?»

    «Te ayudaré para que puedas encontrarte con tu novio.»

    Y eso pareció despertarla y captar toda su atención. De inmediato volteó a verlo, con ojos iluminados. «¿Cómo? ¿Cómo hará eso?»

    Aprovechó, pues debía aprovechar el tenerla así. «Sí, los ayudaré para que se puedan ver,» Volvió a darle un beso, esta vez en el mentón. «Para que el chico pueda venir aquí, sin que nadie se entere.» Bajó con otro beso, más cerca de su cuello, sin dejar de hablar en un tono de voz bajo, grave, seductor. «Yo lo arreglaré todo.»

    Mientras, ella sentía acelerar su corazón ante la oportunidad de poder ver a su novio luego de tanto tiempo. «¿Nadie? Pero, ¿cómo? Hhm,» Suspiró, sintiendo esos húmedos labios bajar con suaves besos por la extensa piel de su cuello, mientras esa traviesa mano se paseaba con caricias por su vientre. «A- Ayudante.»

    Y la presionó más contra su cuerpo, hundiendo sus dedos en la suave piel de su cintura, dándole un último y más húmedo beso en el cuello que la hizo morder su labio inferior para impedir que se le escapara cierto sonido de gusto. «Tú déjamelo a mí, preciosa. Pero recuerda, debes ganarme en el juego.»

    «Pues, debo decirle que yo nunca pierdo.» Sus labios se movieron en esa clásica sonrisa suya, mostrando sus dientes blancos, motivada por el premio. Vio atenta como el Ayudante se levantaba a buscar algo en su maletín, separándose de ella. «¿Qué juego será?»

    Volviendo con ella, el hombre de traje acomodó su cojín para quedar enfrentado con la Idol, no demasiado lejos, para luego empezar a barajar hábilmente lo que había ido a buscar a su maletín, un mazo de naipes franceses. «Strip War.»

    «¿Strip… War?» Repitiendo las palabras en una pronunciación no muy buena, la morocha arrugó el puente de su nariz e hizo una pequeña mueca con su boca. «No sé jugar a eso.»

    «No te preocupes, es el juego de cartas más sencillo que hay.» Sonriendo de lado, repartió él las cartas entre ambos, dejando un mazo para cada uno. «Revelaremos la primera carta de nuestro mazo, la carta de valor más alto gana. El perdedor debe quitarse una prenda,» Acomodando ahora el mazo de la belleza surcoreana, le dedicó a la misma un guiño de ojo. «Así, hasta que alguno de los dos quede sin prendas.»

    «Es decir,» Frunció el entrecejo y le dedicó una mirada fría. «Desnudo.»

    «Así es. Hey,» Mirándola a los ojos, alzó su mano para dedicarle una tierna caricia al mentón. «Somos adultos, ¿No? así será más divertido. Y recuerda lo que tienes para ganar.»

    «No,» Apartó un poco su rostro, separándose de la varonil mano de ese hombre, sin dejarse hechizar por su sonrisa o sus palabras. «Bueno, no lo sé.» Suspiró, bajando la cabeza, aún con esa tierna mueca de disgusto adornando su rostro. Su mirada, un tanto desenfocada por el alcohol, fue a parar al mazo de cartas frente a ella.

    «No te obligaré a jugar algo que no quieras, Baechu. Pero sería más divertido así.» Esta vez, la llamó por aquel curioso apodo que tenía ella entre sus cercanos, aprovechando el momento.

    «Pero, si usted hasta lleva traje.» Abrió más sus ojos luego de que las palabras salieran de su boca, cayendo en cuenta, realmente, en lo que acababa de develar, y lo señaló acusadoramente. «¡Quiere hacer trampas y aún ni empezamos!»

    Soltando una risotada, el Ayudante aplaudió con sus manos un par de veces ante lo divertido de su reacción. «Muy bien, no sólo una belleza de mujer, sino también muy lista, no me esperaba menos.»

    «¡Cállese!» Se cruzó de brazos aun frunciendo el ceño. «Tramposo.»

    «¿Cuántas prendas llevas?»

    «¿Eh?»

    Sonrió. «Cuántas prendas llevas encima, mujer, para hacerlo justo.»

    Parpadeó un tanto confundida, antes de bajar su mirada para verse a sí misma. El alcohol la afectaba, pero estaba segura que aún podía contar algo tan simple como contar las prendas de ropa que vestía. Jeans, blusa, brasier, bragas. Volvió a arrugar el entrecejo. «Cuatro.»

    «Pues bien,» Él se sacó los calcetines, pues ya había dejado de lado sus zapatos antes, y luego procedió a quitarse el saco negro del traje. «Ya estamos iguales.»

    Guardó silencio por unos segundos, mirándole como si se hubiera vuelto loco, o si todo fuera una broma. Cuando ninguna risa llegó, decidió hablar de nuevo. «¿Lo dice en serio?»

    «Claro. Corbata, camisa, pantalón y bóxer. Oh,» Rápidamente procedió a desabrochar su cinturón, dejándolo igualmente a un lado. «Ahora sí.»

    «¡Eso no!» Resopló un tanto enfadada, mirándole con reproche. «Me refiero, me refiero a sí habla en serio con lo de, de desnudarnos. Le dije, mi novio-«

    Y fue detenida. «Tu novio es precisamente la razón por la que jugaremos. Harás esto por él, ¿O no quieres verlo?»

    «Ugh.» Se tomó la cabeza con una mano. Tenía que pensar las cosas con claridad, ¿Cómo habían llegado a tener esta clase de conversación? Parecía hasta irreal. «Sí. Sí quiero verlo.» Cerró sus ojos, suspirando. Intentando calmarse. «¿De verdad este es el único juego que se le ocurrió?»

    Por supuesto que no. «El único divertido, al menos.»

    «Uhm.»

    «Vamos, ambos sabemos que me ganarás.» Y le sonrió, con calma, con encanto. Para convencerla de que todo estaba bien, que todo aquello era normal.

    Y su sonrisa fue respondida con una mirada fría, seria. «Por supuesto que ganaré.» Frunció el lindo puente de su nariz, tomando su vaso vacío antes de alzarlo hasta el Ayudante. «Sírvame más soju.» Iba a necesitarlo si iban a jugar a eso.

    «Muy bien, Baechu, sabía que entenderías.» Sonrió un poco más, casi con maldad. Sin tardar le sirvió otro shot de soju. «Nos divertiremos mucho, lo prometo.»

    «Si, como usted, hm, diga…» Tomó una bocanada de aire mientras volvía a mirar su vaso lleno. Había tomado bastante esta noche, pero al menos el soju no le dejaba una jaqueca al día siguiente. Sin querer pensarlo mucho más, se bebió el shot de un trago, haciendo una mueca con la cara al sentir como el dulce pero fuerte alcohol bajaba por su garganta, antes de dejar el vaso en el suelo de la sala.

    «Bueno, empecemos.» El Ayudante tomó la primera carta de su mazo, mirándola pero sin llegar a enseñarla.

    «Uhm, entonces, ¿Revelamos sólo la primera carta?»

    «Así es.»

    Relamió sus labios, observando las cartas un tanto indecisa. «Bueno, aquí voy.» Infló su pecho, y con resolución tomó la carta que la esperaba sobre el mazo. La miró, sus cejas se alzaron y una sonrisa se formó en su rostro.

    «A las tres.» Y luego de una cuenta atrás, ambos bajaron sus cartas al mismo tiempo para enseñarlas.

    «¡Sí!» Una exclamación de felicidad pura, antes de reírse de su Ayudante. Mientras que Irene tenía un Diez de corazones, su Ayudante sólo había sacado un Cuatro de picas. «Usted pierde, Ayudante.»

    «Uhm, ¿Acaso barajé mal las cartas?» El comentario sólo le ganó un rodar de ojos por parte de la Idol, que lo miraba entre divertida y atenta. «Bien, bien. Ganaste esta ronda. Ven aquí.»

    «¿Eh?»

    «Ven aquí, que debes quitarme la prenda.»

    Lo miró como si fuera un alien. «¿Yo? ¿No puede hacerlo usted?»

    «¿Y qué gracia tendría eso? Te dije que el juego era así. Ven.»

    «¿Lo dijo?» Intentó recordar, pero el soju no hacía fácil esa tarea. Y ante la insistencia del contrario, sólo le quedó aceptarlo como cierto. Se levantó de su cojín, estirando de paso sus piernas, antes de caminar el par de pasos que los separaban.

    «La corbata.» El Ayudante le sonrió, alzando un poco su cabeza para verla. A pesar de que ella estuviera de pie y él sentado en el suelo, no había demasiada diferencia de altura. Así de alto era él, y así de baja ella.

    «¡Hey! ¿Qué dice? Eso, ¡Eso no es una prenda!»

    «Claro que lo es. Tengo cuatro prendas, al igual que tú.»

    «Usted es un tramposo.» Arrugó su linda nariz, haciendo una mueca con sus labios.

    «Ya, ya. Aún queda juego, vas a ver más de lo que quieres ver a su tiempo.»

    Rodó de nuevo sus ojos, antes de tomar con sus manos la corbata para desajustar su nudo. Con un poco de torpeza, lo logró, y aflojó la corbata negra para retirarla con una mano y tirarla a un lado.

    Él soltó una risa, antes de tomar la siguiente carta de su mazo para continuar con el juego. «Sigamos.»

    Le dirigió una última mirada de enfado antes de devolverse a su lugar y tomar su carta. Pestañeó repetidamente mientras miraba lo que había sacado, como intentando enfocar su vista algo nublada por el alcohol.

    «Bueno. En tres, dos, uno…» Y de nuevo, ambos bajaron sus cartas al suelo para mostrarlas.

    Y, mientras que Irene había sacado una Jota de diamantes, él sólo tenía un Siete de corazones. «¡Ha!» Riendo suavemente, la Idol negó con la cabeza. «Creo que soy demasiado buena para este juego.»

    «Huh, eso parece.» Suspiró como vencido, antes de hacerle un gesto con el dedo a la morocha para que se acercara.

    «Ngh, ¿Tengo que levantarme de nuevo?» No sólo le daba pereza, el mareo que traía por el soju tampoco ayudaba mucho que digamos.

    «Bueno, ya voy yo.» Y así lo hizo. El Ayudante se levantó, parándose frente a ella, y sólo entonces Irene cayó en cuenta del tamaño del hombre con el que estaba jugando. «Elige.»

    «Uh, ¿Cómo, cómo?» Tragó saliva, teniendo que alzar su cabeza para poder verlo.

    «Que elijas, ¿Camisa o pantalón?»

    «Ah,» Sonrió un tanto nerviosa, y sus ojos comenzaron a recorrer el cuerpo de ese hombre frente a ella, deslizándose por su enorme portento físico. Cuando su mirada llegó al pantalón, a su entrepierna, que estaba sólo a centímetros sobre su cabeza, finalmente dio en cuenta de aquel considerable y amenazante bulto. Con eso se decidió enseguida. «Cam-… camisa.» Se le había ido un poco la voz y sus palabras salieron casi como un susurro. Desvió rápido la mirada, con sus mejillas un tanto más sonrojadas.

    «¿Cómo dijiste?»

    «Camisa.»

    «Muy bien.» Se inclinó un poco hacia ella, tomando sus manos con las propias, antes de ayudarla a ponerse de pie. Aprovechando que aún tenía sus manos atrapadas, guio las mismas hasta el primer botón de su bien ordenada camisa blanca.

    Sin querer hacer que aquel momento dure demás, la hermosa Irene comenzó a desabotonar la dichosa prenda, revelando poco a poco el trabajado y bien cuidado cuerpo de su Ayudante. Primero sus firmes pectorales, que la hicieron suspirar bajo, teniendo que calmarse así misma, ¿Por qué se ponía tan nerviosa? No tenía sentido.

    «¿Todo bien?» El hombre sonrió de lado, alzando una mano para acomodar un rebelde mechón de la melena ajena detrás de la oreja.

    «Uh,» Llegando a los botones de su cintura, unos tentadores abdominales recibieron su atenta mirada. Tragó saliva de nuevo, sintiendo su boca humedecerse demás. «Sí.» Sus manos, un tanto temblorosas, desajustaron la prenda blanca del pantalón de vestir negro. Luego le siguieron los botones de las mangas, y con eso había terminado. «Listo.»

    O eso creía ella. «Eh, que debes quitármela.»

    Chasqueó con la lengua, haciendo una pequeña sonrisa, mostrando una parte de su perfecta dentadura. «¿Es necesario?» Jugó a usar sus encantos para salirse de esa.

    «Así es el juego, si no juegas como se debe, pierdes.» Pero al parecer no fue suficiente.

    «Bien, lo que usted diga.» Mordió su labio inferior dedicándole una miradita de reproche, antes de tomar los bordes de su camisa, deslizando la prenda por esos anchos hombros. «Como si fuera a perder ahora…»

    «Así se habla.» Y el hombre sólo se dejó hacer, disfrutando de como Irene, la hermosa Irene de Red Velvet, lo desvestía de su camisa. Bendito soju.

    Ella sólo continuó, deslizando la tela ahora por los trabajados brazos de su Ayudante, revelando poco a poco ese torso que hacía que su mirada se perdiera por cada tensa curva de su bien entrenado cuerpo. Dejó que la camisa cayera al suelo por su cuenta, y se quedó allí, parada frente a esa envidia de hombre, mirando a su ancho pecho, sin saber muy bien donde poner la vista. Tanto músculo la aturdía. «Ya.»

    El Ayudante la dejó disfrutar de la vista un poco más, antes de volver a hablar. «Bueno, sigamos.»

    «Ah, sí ¡Sí!» Dio un saltito asustada hacia atrás, para separarse de él, como si la hubieran atrapado robando un dulce. Luego se dejó caer algo torpe sobre su cojín en el suelo. Pasó su mano por su frente, limpiando un poco de sudor. El calor la estaba matando, en serio. «Sigamos.»

    «¿Lista?»

    «Sí.» Miró la carta que le tocaba y de inmediato hizo una mueca con sus labios.

    «Bien, vamos.» Al mismo tiempo, ambos mostraron sus cartas.

    **********************

    Notas finales:

    Baechu es, como se especificó en el relato, un apodo cariñoso para Irene.

    Como siempre, podrán ver imágenes de la Idol, incluida una en la que lleva la misma ropa con la que se la relata en este capítulo, yendo a mi perfil y viendo desde allí los links a mi twitter o tumblr. O simplemente pueden buscar «Irene de Red Velvet» en cualquier buscador de internet para darse una mejor idea de cómo es ella.

    Sé que el capítulo ha quedado como un «tease», pero no olviden que este capítulo y el siguiente están conectados, como una primera y segunda parte, así que no dejen pasar el siguiente capítulo para ver la resolución a esta escena. Lo hice así para que la lectura no quedara tan larga y pesada en un sólo capítulo.

    Gracias por la atención y felices fiestas.

  • Tres relatos feministas

    Tres relatos feministas

    Reunión de amigos.

    – Todo bien con lo del feminismo, pero ya aburren quejándose de cualquier cosa. – Dijo Franco.

    Sabrina, una muñequita rubia, perfectamente maquillada, quien era novia del muchacho, asintió.

    Estaban en una cervecería de Palermo. Eran cuatro. En frente de Franco y Sabrina se encontraban Camila, y Juan Carlos. Ambos eran amigos de Franco, y conocían a su novia desde hacía unos meses. Y por supuesto, también eran pareja.

    Camila lamentó el comentario de Franco. Pero más aún se molestó con la actitud condescendiente de Sabrina. Miró a la chica, y pensó que era todo lo que ella odiaba. Una nena de papi, que pasaba más tiempo arreglándose que leyendo. Una Barbie que siempre tuvo el mundo a su disposición sólo por su belleza.

    Pero no le intimidaba en absoluto la belleza estereotipada de aquella insípida. Camila se reconocía igual de bella, y con su actitud segura, su lenguaje amplio y su conversación inteligente sabía llamar la atención tanto como con su boca amplia y sensual, y sus tetas generosas, que parecían gigantes en su cuerpo menudo.

    – Y a qué le llamás “quejarse de cualquier cosa”. – Desafió Camila a Franco, sosteniéndole la mirada. Sintió cómo Juan Carlos apoyaba la mano en su pierna, como diciéndole que no continúe con esa discusión. Camila sabía lo que su novio pensaba. Siempre decía que esos debates no llevaban a nada, ya que rara vez alguno de los involucrados cambiaba de opinión. Según él, hablar de esas cosas era como hablar de política o religión, sólo servía para generar conflictos innecesarios. Sin embargo no pensaba hacerle caso.

    – Por ejemplo, lo de los piropos callejeros. Es totalmente ridículo tratar de acosadores a tipos que le dicen cosas lindas a una chica.

    – ¡¿Cosas lindas?! – Estalló Camila. El bar estaba muy concurrido, y a pesar de que había muchas personas conversando, y que la música tenía el volumen muy alto, su voz se alzó sobre todos los sonidos, y muchos se dieron vuelta a mirarla. Ella, sin embargo, no les prestó la menor atención, y mirando con indignación a Franco, dijo. – ¿Te parecería lindo que cuando tu novia ande sola por la calle, le digan cosas como “qué lindo culo mamita”?

    Camila sintió que la mano de Juan Carlos se apretaba con más fuerza en su pierna. Lo miró, y en su mirada pudo leer sus pensamientos: “No personalices las discusiones, argumentá con datos concretos, no te dejes llevar por el enojo”, le decían los ojos de su novio. Pero ya era muy tarde. Miró de nuevo al frente, donde estaba la otra pareja. Franco intentaba disimular su sonrisa. Sus dientes perfectos se dejaban entrever entre sus labios sensuales, aunque un tanto femeninos. Si llegaba a mostrar su sonrisa odiosa, Camila no lo soportaría. Luego miró a Sabrina, que parecía impasible. Le chica le sostuvo la mirada, y como desafiándola, dijo.

    – Estás metiendo a todos en la misma bolsa. Algunos tipos dicen cosas lindas. Otros solo miran. Y los que te dicen guarangadas… bueno, no hay que darles bola y listo.

    Clara sintió cómo el calor le subía al rostro. Realmente comenzaba a odiar a esa chica. Si había algo peor que un hombre machista, como el idiota de Franco, era una mujer machista. Estuvo a punto de decirles que el acoso callejero no es ninguna pavada. Que las mujeres lo sufrían desde niñas, y que eso sólo era una de las tantas caras del patriarcado. Pero, cuando se disponía a hacerlo, Franco la interrumpió.

    – Mirá si fuese ilegal decirle piropos a las chicas que no conocemos… – dijo, mirando a su novia – En ese caso nosotros no estaríamos juntos.

    Ambos estallaron en carcajadas y luego se dieron un beso apasionado. Se veían verdaderamente enamorados. Camila sintió nauseas.

    Juan Carlos decidió cambiar de tema. No sabía si odiarlo o amarlo por eso. Tenía muchas cosas para decirle a ese par de idiotas. Sin embargo, la discusión quedó de lado, y pronto parecieron olvidarse de ella. La velada siguió durante un par de horas, en las que se discutieron cosas más banales, pero menos conflictivas. A las dos de la madrugada decidieron dar por terminada esa cita doble. Los cuatro eran muy jóvenes, pero la adolescencia había quedado muy atrás y todos tenían algún compromiso al día siguiente.

    – Mi amor, ¿te molesta si me bajo en mi departamento? – le dijo Juan Carlos a Camila, susurrando, mientras los cuatro se dirigían al estacionamiento donde estaba el auto de Franco, quien se había ofrecido a llevarlos. – Es que mañana me tengo que levantar temprano, y mientras antes duerma, mejor.

    – No me molesta mi amor, no pasa nada. El domingo veinte a ver una peli, si querés.

    Camila subió con su novio al asiento de atrás. La casa de Juan Carlos quedaba a sólo veinte cuadras, así que enseguida los dejó. El plan era acompañar a Camila hasta su departamento, pero Sabrina sintió la imperiosa necesidad de ir al baño, así que fueron primero al edificio donde vivía la pareja.

    – Fran, hacé una cosa. – Dijo la rubia, cuando se bajó del vehículo. – llevala hasta su casa, y yo te espero arriba.

    – No hace falta. – Dijo Camila. – igual yo estoy acá nomás. Me tomo el colectivo en la esquina y en veinte minutos llego.

    – No seas tontis. – Le dijo Sabrina, en un intento de simpatizar con ella. – Este pibe vive en el piso veinte. Así que hasta que suba y vuelva a bajar, voy a tardar mucho, por eso no los acompaño. Dale Fran, llevala a su casa, no dejes que se niegue.

    Sabrina se fue casi corriendo hasta el edificio. A Camila le dio gracia la idea de que la chica no pueda aguantar el pis hasta el piso veinte. Pobrecita.

    – Subite adelante. – Dijo Franco. Camila así lo hizo. – Vamos nomás.

    Hubo un silencio tenso durante la primera parte del viaje. Camila lo observaba mientras conducía. Esta vez su sonrisa de dientes perfectos se dejaba ver sin disimulo. Sus mandíbulas fuertes, y marcadas incrementaban el efecto del gesto socarrón. Con ese pelo ondulado, bien corto, y con su piel bronceada, parecía una especie de dios griego a punto de estallar en carcajadas. Camila sabía que estaba recordando la discusión que habían tenido unas horas atrás, y le dio mucha bronca compartir el mismo espacio con una persona tan machista, y más bronca le dio que se tratara de alguien a quien concia hacia tanto, y que además quería mucho.

    – Así que te molestan los piropos. – dijo.

    – No. Lo que me molesta mucho son los maleducados, y los acosadores que te gritan guarangadas por la calle. Pero me parece que vos no sabés la diferencia entre una agresión y un piropo.

    – No seas tonta. Obvio que lo sé. Solo te quería hacer enojar.

    – Sos un idiota.

    – Y vos sos una feminazi, pero igual te quiero.

    El auto paró frente al edificio donde vivía Camila. Ella le quiso dar el beso de despedida, pero Franco desvió la cara y besó sus labios, y quiso meterle la lengua en la boca.

    Camila, indignada, le dio un cachetazo que sonó increíblemente fuerte dentro del auto.

    – No lo vuelvas a hacer.

    Franco inclinó su torso, para llegar al otro asiento, donde estaba ella. La agarró con fuerza del rostro.

    – Soltame. – dijo Camila. Pero el otro ya la estaba besando de nuevo. – Soltame. – repitió. Le dolía la mandíbula por la presión que le hacía Franco mientras su lengua se metía adentro suyo. – Soltame. Te odio. – dijo, jadeante.

    Franco agarró una de sus tetas. La palma de la mano no le bastaba para semejantes atributos.

    – ¿Por qué no volvés con tu novia? ¡Hijo de puta!

    A pesar del odio con el que pronunció esas palabras, Franco siguió masajeando su teta, mientras la otra mano se metía entre sus piernas.

    – No. – dijo Camila. Mientras sentía las manos meterse sin permiso en su cuerpo, y las respiraciones entrecortadas de franco, mientras la besaban, le daban cosquillas deliciosas en el cuello. – No. Acá no. Nos puede ver alguien.

    Cuando se aseguraron de que no había nadie alrededor del edificio, ingresaron, sigilosos, como dos convictos. Se metieron en el ascensor.

    – Pero no tenemos tiempo. Sabrina te está esperando. – Dijo Camila, recordando, de repente, ese detalle.

    – No importa. Con quince minutos nos alcanza.

    Se metieron en el ascensor. Franco lo cerró y presionó el botón para dejarlo fuera de servicio.

    – Nunca cogí en un ascensor. Pero seguro con Juan Carlos tampoco lo hiciste.

    – No lo nombres. Odio hacerle esto.

    – Ahora es tarde para sentir remordimientos. – Dijo Franco. La ayudó a desnudarse. En los tres espejos del ascensor, los dos cuerpos desnudos se reflejaban, y se multiplicaban. Franco la abrazó por detrás. Estrujó sus tetas. Ella abrió las piernas y sintió el sexo del otro hundirse en ella. Observó su propia expresión en el espejo. Un rictus de goce perverso que se multiplicaba tanto en el tiempo como en el espacio, hasta el infinito.

    Alquiler pagado en especies.

    Llegó a su casa cansada. Había llevado a Lucas al jardín de infantes, y la directora le dijo que el nene se portaba mal, y le pegaba a sus compañeritos. Se fue a su cuarto, se tiró a la cama, y sin poder evitarlo se largó a llorar.

    No era por lo de su hijo. O mejor dicho, eso sólo fue la gota que rebalsó el vaso. Vanesa se había separado hacía seis meses. Estaba harta de los maltratos psicológicos de Esteban. Desde hacía un par de años que había surgido un cambio profundo en el país, y en el mundo. Ella lo veía todo en su televisor. Las mujeres ya no toleraban los maltratos de los hombres. Ya no temían denunciar violaciones, ni cualquier otro tipo de abusos y maltratos. Los hombres estaban en la mira, y muchos de ellos ya comenzaban a cambiar, o por lo menos a fingir que cambiaban. La propia Vanesa notaba que ya no la acosaban tanto como antes por la calle. Y para una chica de veintidós años, con rostro bonito, piernas largas, y culo parado, era imposible no notar ese cambio.

    Pero Esteban no cambiaba. De hecho, todo lo referente al feminismo lo ponía de mal humor, y cuando notaba un atisbo de rebeldía por parte de Vanesa, la humillaba con palabras venenosas.

    Pero Vanesa lo abandonó. Había cosas que ya pertenecían al siglo pasado, y no había que permitir que sigan sucediendo en pleno dos mil diecinueve. Así que agarró todas sus cosas, y a Lucas, y se fue a lo de sus padres.

    Pero la verdad era que, en el fondo, esperaba que Esteban le suplique que regrese, y le prometa que iba a cambiar. Sin embargo, él aceptó la separación con sorpresiva apatía. Vanesa comprendió todo unas semanas después, cuando una ex vecina le dijo que Esteban había metido a su casa a la peluquera del barrio.

    Y por eso Vanesa lloraba amargada. Porque le salía todo mal. Su pareja la maltrataba, y la cambió por otra, que ni siquiera estaba más buena que ella, pero seguro era más puta. Y Lucas se había vuelto imposible desde la separación. No le hacía caso, y hacía berrinches por todo, y ahora resulta que golpeaba a sus compañeritos. Y como frutilla de torta, debía tres meses de alquiler. No soportaba tantos fracasos.

    Sus padres sólo la albergaron unas semanas, y no los culpaba, apenas tenían espacio para ellos mismos. Vanesa, todavía confiada, gracias a su emergente empoderamiento, había usado sus ahorros para pagar los primeros meses de alquiler, convencida de que pronto encontraría trabajo. Grave error. Enseguida se dio cuenta de que la voluntad no bastaba para alcanzar los objetivos.

    Sonó el teléfono, y Vanesa vio que se trataba del dueño del dúplex. Se limpió las lágrimas y se sonó la nariz. ¿Qué iba a decirle? Ni siquiera tenía programada una entrevista laboral. No iba a conseguir empleo pronto, y además, la situación económica del país estaba cada vez peor. Tampoco había posibilidades de volver con Esteban. Él ya convivía con la puta de la peluquera. Vanesa pensó que si fuese igual de puta, seguramente le iría mejor en la vida. Y mientras esa idea perniciosa envenenaba su mente, también pensaba que todo lo que creyó durante los últimos tiempos era una mentira. ¿Dónde estaba la solidaridad de las mujeres cuando realmente se las necesitaba? En la mayoría de las entrevistas de trabajo fue recibida por congéneres, así que eran las propias mujeres quienes no le tendían una mano, y decidían no contratarla por carecer de experiencia, o por cualquier otro pretexto ¿De qué le servía sentirse empoderada si no podía convertir ese empoderamiento en un beneficio real? Ni siquiera podía pagar el alquiler.

    Vanesa se convenció de que no servía para nada, y que lo único que le quedaba, era su juventud y su belleza. El teléfono había dejado de sonar, pero el hombre que le alquilaba la casa ya la estaba llamando de nuevo. Vanesa atendió. El hombre le preguntó lo obvio. ¿Cuándo le iba a pagar?

    – No tengo trabajo, y no creo que consiga por ahora. – Le contestó ella, con sinceridad.

    Se oyó un profundo suspiro del otro lado del teléfono.

    – Entonces vas a tener que ir buscando otro lugar.

    – ¿Y si pasas por acá y vemos como lo solucionamos?

    El hombre pareció confundido, al menos durante unos segundos, ya que se mantuvo en silencio.

    – Voy para allá. – dijo, al fin.

    Mario llegó a su complejo de Dúplex. Era su pequeño imperio. Ocho casas alineadas en un mismo terreno. Fue hasta el fondo, donde vivía Vanesa. Golpeó la puerta, y la chica lo hizo pasar.

    Se había puesto un vestidito azul, un poco viejo, pero a una pendeja linda como ella, le quedaba bien cualquier cosa. “Qué linda piba”. Pensaba Mario, mirándola de arriba abajo “rubiecita, carita linda, culo precioso”. Alguien como Mario, a sus cincuenta y cinco años, y sus cien kilos, sólo podía estar con una chica como ella, pagando.

    – No te voy a poder pagar el alquiler. – Le dijo ella.

    – Eso ya me lo dijiste por teléfono. Me imagino que no me hiciste venir hasta acá para repetirme lo mismo.

    Vanesa calló unos segundos. Hizo el gesto de pesadumbre que había ensayado. Se cruzó de brazos, y cuando apretó su cuerpo, por debajo de sus tetas, estas se movieron y levantaron. Sus labios dibujaron una sonrisa triste pero pícara, como el de una nena siendo regañada. Y su pierna derecha se flexionó, y sacó culo.

    – La verdad es que no tengo manera de solucionar este problema, pero tampoco puedo irme a la calle con un nene de cuatro años. – dijo Vanesa, y agachó la cabeza.

    – Así que querés apelar a mi solidaridad… – dijo Mario.

    – Sí. Quería pedirte por favor que me esperes unos meses más.

    – Mirá pendeja… – Dijo Mario, cosa que hizo exaltar a Vanesa. – Decime para qué me hiciste venir, sino me voy, y te rajo a vos, y a tu nene.

    Vanesa no dijo nada. Le dio la espalada, y caminó despacio. Él la siguió. La pendeja meneaba la cadera, y Mario tenía los ojos clavados en su culo. Vanesa se perdió cuando atravesó una puerta. La siguió. Era la habitación. Ella estaba sobre la cama, de costado, dándole la espalda. Mario apoyó la mano en las piernas de la chica. Ella solo miraba la pared, con ojos resignados y tristes. Mario deslizó sus dedos, y comenzó a disfrutar de la piel con mucha paciencia. La mano se metió por debajo del vestido. Vanesa enmudecida, sentía cómo ese veterano empezaba a manosearle el culo. Luego Mario le quitó la bombacha, y se bajó los pantalones.

    Mientras sentía cómo Mario rozaba sus piernas con su verga dura, buscando su sexo, Vanesa se preguntaba cuántas veces iba a tener que dejarse coger para que le perdone todos los meses de alquiler.

    Y la culpa no era mía…

    Bahía llegó temprano a Constitución. Debía tomar el subte hasta Diagonal Norte. No le gustaba el microcentro porteño, pero se había comprometido con su hermanita a comprarle un unicornio de peluche, el cual, hasta donde sabía, sólo se conseguía en una juguetería de Capital.

    Era hora pico, y constitución estaba atestada de gente que iba a sus respectivos trabajos; cirujas que pedían monedas en las esquinas; Vendedores que ofrecían chipá, churros, y tortas fritas, y cuya higiene de sus pequeños puestos era dudosa; y los ladrones de siempre, que observaban todo con sus ojos astutos, esperando encontrar una víctima.

    Bahía sentía con cierto regocijo, como atraía las miradas de personas de distintas edades y sexos. Hacía unas semanas se había animado a teñirse el pelo de lila. Era largo y estaba suelto, así que era imposible que pasara desapercibida. Además, tenía un septum en la nariz, que junto con el tatuaje de mariposa en el cuello, y los ojos verdes, hacía que su rostro bello de veinteañera pareciera una obra de arte.

    Hacía calor, y por eso vestía una linda pollera roja, con botones blancos en la parte de adelante, y un top negro. Esto hacía que las miradas de algunos hombres se desviaran a sus piernas blancas y desnudas, a sus pechos pequeños y tersos, y una vez que les daba la espalda, más de uno torcía el cuello para mirarle su trasero carnoso y prieto. A esos “pajeros” Bahía les devolvía una mirada mordaz, y algunos reculaban.

    Se sentía fantástica recorriendo esas calles grises, dándole color y gracia con su presencia. Y estaba orgullosa de que su estética evidencie su feminismo incipiente. Su pelo lila, su pañuelo verde atado a su cartera, su andar seguro, y su mirada asesina dirigida a los machirulos que se atrevían a mirarla con excesiva lascivia, eran una combinación que no dejaban dudas: era una chica decidida a hacer su parte para derribar al patriarcado.

    Llegó a la estación de subte. Pasó la tarjeta y atravesó el molinete. Bajó las escaleras, y se encontró con que había una formación a punto de salir. Se metió en el vagón justo cuando las puertas corredizas se cerraban. El vagón estaba lleno. Se metió entre los pequeños espacios que había entre una persona y otra, y se hizo lugar en el medio, agarrándose de un fierro plateado que estaba entre los asientos. En la siguiente estación subió más gente, y en la siguiente aún más personas se metieron, a pesar de que ya no cabía un alfiler.

    Bahía estaba apretadísima, hasta le estaba costando respirar. Pero sólo faltaban cuatro estaciones más. Debía aguantar.

    El continuo roce con los otros cuerpos no le molestaba en absoluto, porque sabía que esos contactos eran involuntarios. Pero de repente sintió algo duro apretarse con sus nalgas. Bahía se sintió incómoda, pero no se quiso adelantar a los hechos, quizá era un celular, o cualquier otra cosa. Algo rígido y muy resistente. Intentó darse vuelta para ver de qué se trataba, o al menos ver quién estaba a su espalda, pero era imposible hacer movimiento alguno. Estaban viajando como sardinas.

    En un momento el tren hizo una curva pronunciada, y aquel objeto misterioso que se posaba sobre sus nalgas, se alejó unos milímetros, y por unos segundos dejó de sentirlo. Sin embargo, cuando el tren volvió a su camino recto, Bahía sintió de nuevo aquella dureza, y esta vez pareció que era hincada con la punta de aquel objeto. Ahora la chica ya comenzaba a sospechar que realmente ese contacto era malintencionado. Además, esa forma fálica que sentía sobre su cuerpo, y a esa altura… Ya no tenía muchas dudas con respecto a la naturaleza de aquel instrumento. Alguien no había podido controlar su excitación, cuando vio que frente a él había una chica extremadamente joven, con un culo precioso cubierto por una minifalda.

    Bahía había participado de incontables charlas, donde, con sus diferentes grupos de amigas, debatían sobre qué hacer en situaciones así. La mayoría de la chicas coincidía: Ya no había que tolerar esos comportamientos machistas, y abusivos. Si alguien se propasaba de esa manera, había que exponerlo, gritarle delante de todo el mundo, que pase la vergüenza de su vida.

    Ella estaba de acuerdo con cada una de esas afirmaciones, pero ahora, mientras sentía esa verga erecta frotarse con sus glúteos con mayor vehemencia, se encontraba petrificada. Sus neuronas parecían haberse muerto. No le nacía la voluntad de resistirse a ese hombre libidinoso y arriesgado. Solo se limitó a removerse de un lado a otro, sin poder alejarse más que unos centímetros de donde estaba. Y cuando lo hacía, el hombre que tenía a sus espaldas disfrutaba con mayor placer la fricción de su sexo con las nalgas turgentes de Bahía.

    La chica buscó con la mirada a las personas que la rodeaban. Quizá alguno se daría cuenta de lo que estaba pasando, y se animaría a terminar con esa escena retorcida. Pero solo encontró miradas vacías dirigidas a celulares y al suelo. Sólo un hombre elegante de traje y corbata le devolvió la mirada, pero ella se dio cuenta de que ese tipo la observaba con lujuria, así que no podría contar con él.

    Ahora el hombre a su espalda se apoyaba a ella sin el menor disimulo. De hecho, no tenía por qué preocuparse. Estaban todos tan pegados unos a otros, que sería casi imposible que alguien notara lo que sucedía, excepto que alguno de los que estuviesen muy cerca de él bajara la mirada. La tomó de la cintura, y realizó un movimiento pélvico hacía adelante. Era como si se la estuviese cogiendo a través de la ropa. Luego empezó a acariciarla con la yema de sus dedos. Dibujaba círculos sobre el culo de Bahía, y ella, en silencio, sólo esperaba que todo termine.

    Luego sucedió lo impensable. El hombre elegante que estaba frente a ella, le puso la mano encima del muslo, y fue subiendo lentamente.

    Por un momento Bahía creyó que estaba soñando. Debía tratarse de una pesadilla, se decía. Se imaginó que todos los de ese vagón eran cómplices, y que pronto sería violada por cada uno de ellos.

    Sin embargo la realidad no era tan violenta, aunque quizá sí, más triste. Porque mientras era manoseada por los dos hombres, el resto de pasajeros no se enteraba, ni se quería enterar de nada de lo que sucedía. Bahía tenía la pollera cada vez más levantada, debido a los masajes que el hombre de traje le propinaba a sus muslos. Uno de los botones se había desabrochado, y ahora la mano se deslizaba lentamente hacía su sexo. El hombre de atrás, por su parte, también se había atrevido a meterse por debajo de la pollera, y ahora estrujaba las nalgas de bahía con fruición.

    Cuando el subte se acercaba a la estación Diagonal norte, las manos se alejaron de su cuerpo. Bahía observó, mientras se acomodaba la pollera, la sonrisa perversa del hombre de traje. Quiso devolverle la mirada mordaz que la caracterizaba, pero no pudo sostenerle la mirada. Al llegar a la estación, la mayoría de los pasajeros bajaron, incluido Bahía y el hombre de traje. El tipo que estaba a sus espaldas, sin embargo, siguió su ruta. Pero ella no se animó a mirarlo. No quería saber cómo era. No quería tener pesadillas con su siniestro rostro. Le bastaba con el recuerdo de ese falo erguido frotándose con ella, y de esas manos patriarcales y malignas, hurgando en sus partes íntimas, con total impunidad.

    El hombre de traje, por suerte, se perdió de su vista. Bahía se quedó unos minutos en el andén hasta que quedó sola. Recordó el estribillo de una canción feminista “Y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía”. Se suponía que al repetirse esta letra debería recordar que no estaba sola, que había otras como ella, y que sufrieron cosas similares. “y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía”, se repetía en su cabeza, pero ese himno no daba resultado. Bahía se sentía sola, indefensa, usada como un objeto, y totalmente impotente. “Y la culpa no era mía…”

    Se sentó sobre el banco de metal, se tapó la cara con vergüenza, y se largó a llorar como una niña.