Blog

  • Raúl mi compañero de Telcel

    Raúl mi compañero de Telcel

    Esto sucedió hace algunos años cuando entre a trabajar a Telcel, obviamente siempre iba bien arreglada, mi traje azul de minifalda, con mis pantimedias color carne y mi saco, el tener el cuerpo que tengo y en un lugar tan lleno de hombres me hacían ser la más popular.

    Pero había un compañero de nombre Raúl, él siempre fue directo conmigo, desde que me conoció me aventó el perro, me invitaba a cenar, me invitaba a comer, me abrazaba, él era muy aventado.

    Él era un hombre alto, de aproximadamente 1.88 cm, caucásico y de buen porte, él era el jefe de todos y por esa razón siempre sentía que podía lograr algo conmigo, yo tenía apenas poco de haber empezado a serle infiel a Luis y la verdad Raúl no me desagradaba tanto.

    Ese día no hubo trabajo así que tuve que regresar a casa, al llegar había un carro estacionado y era Raúl quien me espero con una botella de vino y e dijo que, si lo dejaba pasar, yo un poco tensa accedí, a leguas se notaban las intenciones de él, pero yo quería ver qué pasaba.

    R: ¡Es increíble como una hermosura como tu tenga que trabajar en Telcel!

    L: ¡Lo que pasa es que estoy esperando que me llamen del IMSS!

    R: ¡Pues si yo fuera tu marido no te dejaría salir!

    L: ¿Y porque dices eso?

    R: Seré directo nena, ¡porque estas buenísima y todos los compañeros te quieren comer!

    L: Jajá, ¡pero eso no me afecta y supongo que a él no!

    Fue entonces que él se lanzó a mí, ¡se acercó y me dio un beso el cual recibí sin poner resistencia, su mano acaricio mi pierna por encima de mis medias que eran sujetadas por un ligero, su mano bajaba y subía mientras me besaba!

    Al tenerlo así, me dio lo mismo que estuviéramos en mi casa, lo besaba apasionadamente, el me acariciaba las piernas y las nalgas, me quito el saco y la blusa dejando mis tetas en brasear, le besaba el cuello y le quite su camisa, para ver un buen cuerpo atlético, el me abrazaba con pasión.

    R: ¡Lety estas buenísima!

    L: ¡Tu estas muy bien!

    R: ¡Que rico, te tenía ganas preciosas!

    L: ¡Lo se nene, aprovecha que estoy de buenas!

    Le baje el pantalón y la trusa y dios mío, una verga de buen tamaño erecta por la acción, sin dudarlo la lleve a mi boca, la succione y la lamia como paleta, ¡Raúl gemía del placer que sentía al tenerme entre sus piernas!

    R: Ah Lety que rico, que rico me la mamas, ¡uff!!

    L: ¡Disfruta rey, te voy a deslechar!!

    R: Desde que te vi te me antojaste, ¡tienes unas piernotas y unas nalgas riquísimas!

    L: ¡Pues ahorita me vas a gozar nene!

    Mamaba la verga de Raúl mientras él me acariciaba las nalgas, me tomaba de la cabeza y metía toda la pinga en mi boca, yo experta mamadora gozaba de eso,

    Pasamos a un 69, le dejo caer mi concha en la cara, mientras me la chupaba, ¡yo masturbaba la verga con mis tetas!!

    R: ¡Lety que rica concha y tu culito que rico!

    L: ¡Cómeme papito, cómeme!

    El 69 era magnifico, yo no dejaba ni un centímetro sin comer él me trabaja muy rico mi clítoris y mi ano, yo estaba gozando, no me interesaba que llegara Luis y me encontrara con él.

    Decidí tomar el control y subí en él, lentamente me dejaba caer en la verga de Raúl, quien ya estaba desesperado por penetrarme.

    Raúl me tomó de la cintura y como loco comenzó a moverse, yo movía mi cadera tan rica que Raúl no cabía de la excitación, él me agarraba los pechos, las piernas, las nalgas! Yo seguía domando a la bestia, ¡Raúl solo jadeaba y gozaba mi cuerpo!

    R: ¡Uf que rico te mueves nena, que rica pepa, me aprietas riquísimo!!

    L: Me encanta tu verga, ¿quieres que me mueva más nene?

    R: ¡Si, destroza mi verga!

    Me movía más rápido, cambie de posición ahora lo hacía al revés mientras Raúl me acariciaba las nalgas, cada que podía le deja ver que estaba fascinado con mi tremendo trasero, yo hacía lo mismo con el pene de él, de repente el no soporto más y se vino, era lógico, lo estaba destrozando.

    R: ¡Perdón chiquita… pero estás buenísima…!

    L: ¡No te preocupes bebe tenemos mucho tiempo!!

    Baje a mamársela nuevamente, el gemía y gozaba el placer que le daba, le limpiaba nuestros fluidos, la tragaba todita, el me apretaba la cabeza, me la follaba ligeramente, poco a poco su paraba nuevamente.

    R: ¡Así Lety, dios mío!

    L: ¿Estas gozando mi amor?

    R: Muchísimo amor, ¡muchísimo!!!

    Me puse en cuatro dejándole mi trasero a su disposición, el me dio un par de nalgadas y me abrió las nalgas para meter su verga en medio, se masajeo con ellas un momento para luego dejarme air con fuerza.

    Me la estaba dando lento y luego rápido, mientras yo acompañaba con ricos movimientos, me tomaba de la cintura y me acariciaba las nalgas, se estaba dando gusto con mi rico cuerpo.

    R: ¡Ugfgff! ¡qué ricas nalgas, están riquísimas, muévete! muévelas más mami!!

    L: ¡Goza papacito, ah, así, uf, ah!!

    Él estaba tan excitado que sentí como no resistiría más y aunque hubiese querido que durara más ni hablar, pero lo que duro fue rico, me tomo de la cintura y con tremenda velocidad decidió venirse dentro de mí.

    Me logró prender, lo acompañe con movimientos desesperado, ambos nos venimos, líquidos manchaban mi cama, ¡esa cama que compartía con Luis!

    Terminamos y prácticamente lo corrí de la casa, como no dure mucho ahí trabajando, no se repitió, ¡pero fue rico tener una verga de otro en mi casa!

    Saludos su amiga Lety

  • Orgía con mi novio, su papá y mi amiga (2)

    Orgía con mi novio, su papá y mi amiga (2)

    Ahí estaba yo, bañada en sudor y semen que los generosos testículos de mi novio y mi suegro habían producido después de haber llegado al orgasmo compartiendo mi cuerpo para el deleite de sus vergas y su perversión.

    Esta es la continuación de la cogida que nos dimos entre mi novio, su papá, mi amiga y yo.

    -Y si no puedes, pídele ayuda a tu hijo Armando- Le comenté para provocarlo aún más

    -Te gustaría que te diéramos una cogida entre los dos verdad?! Nos quieres chupar la verga a los dos verdad?- Octavio

    En ese momento pude ver una cierta invitación real a tener sexo entre los 3, yo seguía tremendamente excitada y las cuestiones morales pasaban a segundo plano. Creo que Octavio lo noto porque volvió a insistir

    -Anímate, deja que te demos los dos, me pone muy caliente la idea- Octavio

    Yo me quedé recordando las veces que mientras uno me cogió miraba al otro y eso me ponía muy perra. Imaginé sus dos vergas, potentes, gordas y venudas luchando por encontrar un orificio en mi cuerpo para masturbarse y vaciarse. Nuestros cuerpos enredados sin ninguna vergüenza, los gemidos y gritos de placer saliendo de nuestras bocas durante todo el acto sexual.

    -Úsenme toda la noche!- Conteste ya con la necesidad a flor de piel

    Octavio salió apresurado hacia la habitación dónde cogían Jessica y mi novio. Mientras me quedé pensando y tratando de arreglarme un poco, quería que me vieran y me dieran con ganas. En el baño me limpié el semen de mi suegro, me enjuague la boca e hice lo posible por arreglar mi cabello. La ventaja era que yo uso muy poco maquillaje.

    Cuando salí ellos estaban sentados en el sillón, desnudos mientras acariciaban sus vergas. Jessica estaba recargada en el pasillo de las escaleras, desnuda.

    Jessica: No mames si te vas a animar al trío con estos dos?!

    Yo: Pues hay que probar… promete mucho

    Jessica: Entonces ya! A coger!

    Me senté entre ambos y empecé a masturbar sus miembros, el de Armando estaba más erecto, posiblemente mi suegro los había interrumpido en pleno coito, se sentía pringosa. Entonces pasé mis palmas de las manos por mi lengua para llenarlas de saliva y chaqueteársela mejor. Entonces volteé a ver a mi novio y nos empezamos a besar, después volteé hacia su papá e hicimos lo mismo. Ellos empezaron a jugar con mis senos que son de buen tamaño sin caer en algo muy grande, después empezaron a meter dedos en mi sexo y yo puse una pierna arriba de las suyas para darles más acceso y espacio. Ahí estábamos, masturbándonos y besándonos, ya no eran padre e hijo para mí, para mi eran dos vergas grandes y gruesas yo para ellos era una puta.

    Jessica: Es un acto de entrega total el que van a tener, no tengan prejuicios

    -Vámonos a la cama mejor- les propuse para tener más espacio para la monumental cogida que nos daríamos

    Nos levantamos del sillón y subimos las escaleras hacia la habitación donde dormía con mi novio. Yo iba pensando en que tenía que estar a la altura de la de semejante cosa, tenía que hacer algo para tenerlos gimiendo mientras era penetrada por sementales de tal calidad, iba a hacer cualquier cosa para lograr mi deseo, quería coger y no solo ser cogida.

    Ya arriba Jessica se metió a una habitación y nosotros 3 a otra, inmediatamente empezamos a caldear de manera lujuriosa, cada segundo íbamos perdiendo el pudor y nos entregábamos a nuestros instintos más básicos, éramos animales. Yo los besaba apasionadamente y masturbaba sus vergas duras como la piedra mientras ellos estrujaban y acariciaban cada parte de mi vibrante anatomía femenina, sus dedos salían mojados de mi vagina porque yo ya estaba escurriendo como una perra. Sabía que físicamente ellos eran superiores a mi, me iban a destrozar orgasmo tras orgasmo así que necesitaba perforar su mente, excitarlos hasta que la lujuria los nublara y fueran míos.

    -Están enormes!- dije con todo de incredulidad- Hace rato no se pusieron así, me van a reventar

    -Estás riquísima! Tienes unas piernas bien buenas!- Octavio

    -Que chichotas! – Armando

    -Les gusta? Cogerse a la misma chava, compartir su vagina para meterle la verga?- Yo

    -Claro que si! Compartir siempre es rico, ya quiero ver cómo Armand te hace jadear- dijo Octavio excitado

    El morreo se volvió más intenso, ya no nos besábamos, solo hacíamos una danza sexual con nuestras lenguas, sus vergas estaban mojadas de abundante líquido preseminal y de mi pierna una gota escurría por mi muslo.

    -Qué quieren hacer? -Pregunté- Quieren que su putita los mame? Eh?! No se les antoja verme chupando miembro?

    -Si puta! Chúpanos la verga – Armand

    Se sentaron en la orilla de la cama con sus erectas vergas viendo al techo. Yo me acerque y sin doblar las rodillas me lleve el pene de mi suegro a la boca, lo lleve tres veces hasta el fondo de mi garganta y al sacarlo escupí abundante líquido en su glande. Después lo masturbé mientras lo veía a los ojos y con cara de puta mi mordí el labio. El soltó un gemido que me abrió el camino para lograr mi deseo.

    -Te gusta cómo lo hago, amor? – pregunté para después bajar a su verga y mamársela con fuerza y rápido mientras de reojo volteé a ver a mi novio que se masturbaba con lujuria. Me separé de mi suegro y me dedique a mi novio. Le hice garganta profunda para después escupir sobre su enorme pene.

    -Te interrumpieron cuando estabas cogiéndote a mi amiga? – le pregunté y el solo asintió- No te preocupes luego te la terminas de coger, mientras te lo voy a recompensar, a cambio solo te pido que termines en mi, dónde más te guste, quiero tu semen…

    Empecé a mamarlo con fuerza mientras ahora veía de reojo a mi suegro. Estiré mi mano hasta su miembro y empecé a masturbar semejante torpedo.

    La mamada fluyó, masturbaba a uno y chupaba al otro, ambos gemían y mi diálogo fue aumentando de intensidad hasta el punto de proponerles que terminaran dentro para ver quién era más capaz para preñar. Así estuvimos cerca de 20 minutos, mi boca ya cansada y sus miembros escurriendo saliva y líquido preseminal eran señales de que ya era hora de que me penetraran.

    -No se les antoja meterme su pene?!- pregunté

    -Métesela papá!- Armand

    -Ok! Pero vamos a acomodarnos!- Octavio

    Entonces Armand se subió y se puso en la cabecera yo me puse a mamársela en 4 y atrás, mi suegro se hinco en la cama para dejarme ir toda su obesa y erecta verga por mi estrecha vagina que si no hubiera sido porque estaba escurriendo seguramente me hubiera lastimado. Sentí el glande de mi suegro y volteé a ver a mi novio con ojos de plato, cómo para saber si estaba seguro de esto, sentí el glande dentro y las manos de Octavio en mi cadera. Sentí un nudo en estómago al estar en la misma cama desnuda, en cuatro y con padre e hijo.

    -Soy su puta!- Les dije con auténtica devoción

    Entonces Octavio me la metió sin contemplaciones! Dos de los mejores hombres que me habían encamado me estaban dando una cátedra de sexo puro, mi suegro estaba muy erecto, sentía su miembro removiendo todo en mi interior y mi novio tenía su pene en una increíble erección mientras miraba como era usada. Yo quería recuperar la compostura de este primer momento pero entonces

    -Es mucha verga para ti! No vas a aguantar esta cogida- Armand

    -Ahhh!- grite excitada ante tal afirmación y después del tiempo que había estado aguantado las lentas pero duras embestidas de mi suegro- dame más rápido! Ah!

    Yo había dicho que quería coger y no solo ser cogida, entonces aguanté la vergota de Octavio y me puse a chupársela a mi novio pero no pude y empecé a gritar con los ojos a duras penas entrecerrados. No sé cuánto tiempo hicimos así, pero de repente mi suegro se salió de mi.

    -Te va- le dijo Octavio a Armand

    Entonces ellos se movieron y yo quedé igual, apenas Armand estuvo atrás me la metió y empezó a coger con ganas. Yo ahí, desnuda, era penetrada y todo mi cuerpo temblaba cómo al ritmo que marcaba la macana de mi novio, yo estaba gimiendo y disfrutando de aquellos ricos momentos. Entonces intenté mamar a mi suegro pero esté me lo impidió haciéndome saber que me cogió hasta el casi lograr su eyaculación, quería descansar para volverse a turnar.

    -Ahhh! Que rico papi! Dame! Méteme tu larga verga que me encanta! Ahhhh!- yo

    -Qué nalgas tan ricas!- Armand

    -Ustedes están bien ricos! Con sus pitotes! Ah ah ayyy! Mmm!- decía yo con total honestidad

    -Te voy a dar toda mi leche! Voy a dejar mis huevos secos!- Armand

    -Lléname! Hazme tu puta!

    Entonces Armand empezó a penetrarme como loco, la sentía bien grandota y parada adentro de mi.

    -Ayyy! Ayyyy! Ayyy!! Dale amor! Enséñale a tu papá cómo se hace!

    Entonces alcé mi cara y me quedé sosteniendo la mirada con Octavio mientras su hijo me fornicaba, puse cara de total puta y me mordí el labio. Entonces Armand me saco su pene escurriendo seguramente, su papá me acostó y me penetró en posición de misionero, yo me recargue en mis codos y gemíamos mientras nos mirábamos temblar del placer, su gorda verga me sacaba jadeos salidos desde mi pecho.

    -Ahhh! Ahhh!! Ayyyy!

    -Te botan bien rico tus tetas!- Octavio

    -Son tuyas! Cógeme con ganas!

    Y entonces mi novio puso su verga frente a mi cara y se la empecé a mamar. Así pasaron 40 minutos, nos cogíamos con ganas, estaban bañados en sudor y yo tenía ya mi piel perlada por lo mismo, las sábanas revueltas de todas las veces que las agarré con el puño cerrado mientras me venía como una puta. Mis dos vergudos estaban dando una actualización digna de verdaderos gladiadores del sexo.

    Entonces me pusieron a un lado de la cama y recargada en ella y sin doblar las rodillas, empezaron a turnarse metiendo 5 o 6 veces su pene con todo y después cambiaban, estaban súper gordas sus macanas por lo que supuse que no iban a tardar en vaciarse y eso me puso más perra.

    -Ayy! Que rico me parten- empecé a calentar su cabeza- Me he cogido a muchos pero ustedes me revientan como nadie lo había hecho! Ahhh!

    -Ahhh! Aguanta Armand! Sígueme llenando! Así! Así! Ah! Ah! Ahora tú Octavio! Métela! Ayyy! Qué gruesa la tiene suegro!

    Entonces mi novio súper enfermo me la metió y ya estaba descontrolado, se iba a venir pero antes de pregúntale dónde me clavó con fuerza y me empezó a llenar de semen directamente en mi útero esto me hizo gritar como desesperada.

    -Ahhh!- Salió un grito desgarrador de ambos

    Entonces volteé a ver a mi suegro con una cara de lo siento pero tu puta ya está llena, él tenía la cara roja de perversión. Entonces él le dio unos ligeros golpes a mi novio en su hombro y en cuanto mi novio se quitó mi suegro me empezó a coger como puto desesperado, poco le importó que estuviera llena del semen de su hijo, incluso creo que le gustó la lubricación extra. Su gorda verga servía de tapón para evitar que el semen del anterior macho no saliera de mi, estaba súper excitada porque en menos de un minuto me hizo ver estrellas con un orgasmo provocado no sólo por su frenética pitisa, sino también por la sensación de sentir en menos de 10 minutos potentes disparos de semen en mi útero por segunda vez y quedando llena de ellos. Bañada en sudor y llena de bendiciones jejeje, me deje caer sobre el colchón que en menos de dos días había sido testigo de tanta perversión.

    -Si no fuera por el DIU ya hubiera quedado embarazada- me dije en voz alta

    -Estuvo riquísimo- me dijo mi suegro tendido de un lado, bañado en sudor

    -Les gustó cogerse a la misma chava? – pregunté curiosa y excitada

    -Sii! Dijeron al unísono

    -Pidan un deseo, lo dijeron al mismo tiempo! Jaja- dije

    -Volverte a coger así- Octavio

    -Si- Armand

    -Me halagan pero acaban de desperdiciar un deseo, porque claro que vamos a repetir, incluso aunque deje de ser tu novia Armando estaré disponible para ustedes, solo no le digan a nadie

    Entonces empezamos una plática sobre todo lo que habíamos hecho, era muy natural y eso estaba increíble.

    -Te gusta cómo te la chupo? – preguntó Armando a su papá

    -La mama riquísimo!- dan ganas de llenarle la boca

    -Jaja! La práctica hace al maestro papitos- dije

    -Y también ver sus nalgotas rebotando cuando se la estás metiendo!- Octavio

    -Ajá! Te la estás cogiendo mientras ves cómo se pierde tu verga entre sus nalgas- Armando

    -Pues no parece que les excitara, tienen un aguante bien cabrón! Era yo sola contra los dos!

    -Pero bien que te gustó!- Armando

    -Me vine más de lo normal, me cogen riquísimo la verdad

    -Yo me quedé con ganas de venirme en tu boca o tus tetas- Octavio

    -Pues si puedes, adelante, yo con mucho gusto te quiero coger

    -Yo también quiero!- Armando

    -Ah sí?! Tanto les gustó cogerme al mismo tiempo?!

    Pregunté empezando a masturbar sus flácidas herramientas

    -Si! Es rico- Octavio

    Entonces seguimos la conversación y entre eso y mi estímulo logré ponerlos duros de nuevo. Sin más preámbulo empezamos a fornicar, mamar, gritar y sudar. Mi joven cuerpo era capaz de soportar semejantes torpedos pero aun así apenas si podía con ellos, excitados y erectos me dieron y me dieron MUY bien…

    Pasó una hora casi cuando ambos otra vez llegaron al orgasmo, después de haber sido mamados y estimulados con mi anatomía, los cambios de posiciones variaron más, incluso me propusieron una doble penetración pero creí que me iban a lastimar, hacer que tuvieran una erección había sido lo fácil, lo más complicado fue hacerlos terminar, yo apenas si podía creer lo que había pasado cuando estaba de rodillas en la cama y ellos de pie masturbando sus cada vez más blandas vergas, el semen se desbordó de mi boca y calló en mis senos y parte de mi abdomen.

    Esta experiencia fue muy fuerte.

    Pero bueno, con mi suegro sigo cogiendo, a solas… sin decir nada a Armando. Y el trío lo hemos repetido aunque el mejor fue el trio entre mi suegro y su hermano, ahí sí fui doblemente penetrada… Pero esa es otra historia.

    Besos.

  • El regalo perfecto

    El regalo perfecto

    La Navidad es una fecha que trasciende las barreras y te permite convivir en paz y armonía con tus seres queridos. Pero para Dawn, la más bella y talentosa coordinadora de la región Sinnoh, también era una excelente excusa para divertirse en grande.

    Desde que era pequeña siempre disfruto mucho de las celebraciones decembrinas y las esperaba con mucha ilusión durante todo el año. No sólo porque en esas fechas todas las casas y edificios de su natal Pueblo Hojas Gemelas estaban decoradas con tal esmero que parecían sacadas de un cuento, sino porque tampoco tenía que ir a la escuela (y por lo tanto nadie le recordaría que era la «Diva Diamante»), además del delicioso festín que su madre preparaba y los más importante de todo: Los regalos que la esperaban bajo el árbol de Navidad.

    Ahora que la chica acababa de cumplir los 18 años, volviéndose más alta y aún más hermosa de lo que era en su adolescencia, y que recién había adquirido su propio departamento en Ciudad Corazonada lo lógico sería pensar que el tiempo habría disminuido la ilusión que tenía por las festividades navideñas, pero nada estaba más lejos de la realidad.

    ¿Y por qué habría de hacerlo? Sí ahora que era una de las coordinadoras más reconocidas del mundo continuamente era invitada a las fiestas más exclusivas en donde tenía la oportunidad de lucir los vestidos más hermosos y provocadores, recibiendo los halagadores cumplidos de los presentes, y sobre todo recibiendo regalos a montón ya fuera de sus amigos, seres queridos o de algunos de sus cientos de admiradores.

    Por lo que no era sorpresa para nadie que el 25 de diciembre, desde muy temprano, la coordinadora estuviera debajo del árbol de Navidad de su nuevo departamento revisando los regalos que le habían enviado este año.

    – ¡Mamá eres la mejor del mundo! -exclamó en cuanto abrió el paquete alargado que venía de parte de su madre y en el cual encontró un elegante vestido azul zafiro con unos zapatos de tacón a juego, lo cual la hizo derramar lágrimas de felicidad, durante varias semanas había recorrido decenas de tiendas en busca de ese vestido sin poder encontrarlo.

    Su siguiente regalo parecía ser una simple caja envuelta en brillante papel azul firmada con el nombre de Ash, pero que en su interior tenía una linda postal de la Torre Prisma junto con varios accesorios para sus presentaciones y una considerable cantidad de dinero en efectivo.

    «¡Son preciosos! Sin duda esto debió escogerlo la novia de Ash» pensó Dawn con una sonrisa al recordar que en años anteriores los obsequios de su mejor amigo eran mucho más sencillos, pero desde que se convirtió en Campeón decidió ahorrarse la necesidad de buscarle un regalo y prefería mandarle el dinero suficiente para que ella se comprara lo que quisiera.

    El siguiente regalo en la lista era un paquete rectangular, el cual contenía un ejemplar autografiado del primer libro de Brock sobre Crianza Pokémon junto con un útil kit de bayas y medicinas, lo cual la hizo sonreír. Ella sabía muy bien que los regalos del ahora doctor Pokémon siempre fueron muy sobrios, pero lindos al mismo tiempo, y con 10 hermanos menores en Kanto no podía culparlo.

    – ¡Que lindo detalle de tu parte May! -en está ocasión la chica de cabello azul abrió una caja que venía desde Hoenn y se dió cuenta de que su amiga le envío una exclusiva colección de dulces y chocolates bajos en azúcar proveniente de Kalos.

    «Solo espero que aún haya dulces en el paquete» se dijo de forma divertida al conocer de sobra el amor que la coordinadora de Hoenn le tenía a la comida, antes de comprobar que el paquete estaba intacto.

    – ¡Un juego completo de piedras evolutivas! ¡Iris eres fantástica! -exclamó impresionada al ver el obsequio de la chica morena a la que conoció brevemente en su visita a Unova.

    -Eres una atrevida Vulpix, mi querida Zozo -dijo la coordinadora con una mezcla de cariño y descaro en su voz junto con una sonrisa pervertida al ver que Zoey le había enviado un diminuto bikini azul junto con un boleto doble para ir con ella a un crucero de Año Nuevo por las islas tropicales de Alola «Ya quiero ver tu cara cuando me veas usando esto en el crucero ¿Pero a quien invitaré?» pensó la chica, aunque en ese momento no se le ocurría nada así que decidió dejarlo para después.

    De esa manera Dawn se pasó casi toda la mañana desenvolviendo sus regalos, uno por uno, hasta que se percató de que en un rincón había una pequeña cajita de terciopelo negro atada con un pequeño moño dorado junto a una pequeña etiqueta que rezaba el nombre de quién lo enviaba.

    «¿Conway? No estoy segura de querer saber que me envió esta vez» pensó la coordinadora al recordar el inquietante intento de poesía que su siniestro amigo y admirador le envío el año anterior.

    Sin embargo ella sabía que la intención era lo que de verdad importaba, y si por años fue capaz de soportar que Ash dejara que Pikachu escogiera sus regalos bien podía soportar lo que fuera que el Conway le enviará, así que sin grandes expectativas abrió la cajita solo para encontrar algo que la dejo sin palabras.

    Sobre el algodón blanco que había en el interior reposaban un par de pendientes que parecían ser de plata, pero lo más llamativo de estos eran los rubíes que estaban incrustados en el centro, si bien podían considerarse pequeños en comparación con otras joyas que tenia no eran guijarros insignificantes, eran simplemente del tamaño perfecto para poder llamar la atención sin resultar demasiado ostentosos.

    – ¡Wow! -exclamo la joven de cabello azul sin poder ocultar la agradable impresión que le causó aquel regalo, después de comprobar que eran reales con un sencillo truco que Johanna le enseñó de niña, así que rápidamente tomó los pendientes y apresuró a ponérselos.

    – ¡Son preciosos! ¡E incluso tengo el vestido perfecto para lucir estas bellezas! -se dijo alegremente al verse frente al espejo del tocador que tenía al otro extremo de la sala.

    «Arceus, después de este obsequio te prometo que no volveré a pensar ni hablar mal de Conway, podrá ser un poco raro, pero es muy dulce» pensó la coordinadora aún sin dejar de ver su reflejo cuando el sonido de su Videomisor la distrajo momentáneamente, pero una sonrisa se formo en su rostro al ver que la persona que la estaba llamando era precisamente la que más quería ver en ese momento, así que contesto la llamada sin dejar de mirarse en el espejo.

    – ¡Feliz Navidad, mi estimada Dawn! Espero que mi humilde obsequio haya sido de tu agrado -saludo el entrenador de largo cabello verde con una sonrisa, la cual junto al hecho de que sus lentes ocultaran sus ojos con una luz brillante le daban un aire verdaderamente siniestro.

    – ¡Feliz Navidad Conway! ¡No me gustaron, me encantaron! ¡Son realmente fantásticos y muy elegantes! En verdad me gustaría que pudieras ver los fabulosos que se me ven -dijo Dawn aun sin apartar la vista de su reflejo.

    «No te preocupes por eso Dawn, muy pronto cumpliré tu deseo» pensó el chico mientras una sonrisa perversa se formaba en su rostro, pero Dawn seguía tan ocupada viéndose en el espejo que no se dió cuenta de ello.

    -Imagino que han de resaltar aún más tu increíble belleza ¿No es así querida Dawn? -afirmo el entrenador adoptando una expresión más amable recibiendo un asentimiento como respuesta -Me alegra saber eso, de esa forma se que valió la pena el enorme sacrificio que tuve que hacer para conseguirlos.

    Al oír aquella respuesta por primera vez en toda la llamada los ojos de la coordinadora dejaron de ver su reflejo y se dirigieron al aparato que descansaba en su muñeca derecha mientras una inquietante duda se formaba en su mente «¿Cuanto debieron costarle esos pendientes a Conway?»

    -Oye Conway. Ahora que lo mencionas… Espero que no hayas gastado mucho en ellos… No me sentiría cómoda sabiendo que… -trato de decir la chica con timidez cuando un ademán de su interlocutor la interrumpió.

    -Tranquila, cuando mencioné que mi sacrificio valió la pena no me refería en lo más mínimo al dinero -aclaro el chico logrando calmar un poco a la chica de cabello azul, aunque ahora tenía una nueva inquietud.

    «Si no compró los pendientes ¿Entonces como fue que los consiguió?» en ese momento un millón de descabelladas ideas pasaron por la mente de Dawn, pero ella las descarto de inmediato. Conway podría ser alguien a quién difícilmente catalogarías como una persona normal, pero ella lo conocía bien y sabía que no era un delincuente.

    -Encontré los pendientes mientras realizaba una investigación sobre una leyenda muy especial de nuestra región y me pareció que serían el obsequio perfecto para ti -contestó el chico a las preguntas que ella aún no había hecho, tal vez su expresión fue lo que delató sus pensamientos.

    -Ahora lo entiendo todo, de cualquier forma te agradezco mucho por el hermoso obsequio -respondió ágilmente con el propósito de no dar a entender que sospechaba de él – ¿Y que leyenda investigabas Conway? ¿Tiene algo que ver con la leyenda tiempo-espacio?

    -Eso si es una verdadera sorpresa, no creí que conocieras acerca de la leyenda del tiempo y el espacio, la mayoría de la gente cree que sólo es un cuento de hadas -inquirió el entrenador con genuina curiosidad.

    -Bueno, cuando viajaba con Ash y Brock nos encontramos en varias ocasiones con Cynthia y ella nos comentó algunas cosas sobre la leyenda -respondió la coordinadora de forma evasiva, sabiendo muy bien que debía ocultar todo lo referente a su relación con el Trío de los Lagos y a la caída del Equipo Galaxia.

    En aquella ocasión la misma Campeona les pidió mantener el secreto ante el riesgo de que esa información pudiera caer en malas manos. De hecho las únicas personas aparte de ella y sus amigos que conocían lo que realmente pasó en la Columna Lanza eran la abuela de Cynthia, el Profesor Rowan y Gary Oak.

    -Entiendo, pero mi investigación tiene que ver con algo diferente a la leyenda de Dialga y Palkia, yo estaba en busca de un objeto mitológico de gran valor para la ciencia, algo que según la leyenda procede del mismo ser original -continuó Conway.

    «Arceus» pensó – ¿Acaso buscas la Joya de la Vida? -preguntó nuevamente la coordinadora antes de darse cuenta de que acababa de meter la pata diciendo algo que se supone no debía saber.

    – ¡Cada vez me sorprendes más, mi estimada Dawn! Nunca se me ocurrió que conocieras esa leyenda, aunque imagino que oíste de ella al visitar Pueblo Michina, pero tampoco busco la Joya de la Vida. De hecho lo que busco es algo más especial y según la leyenda aún más poderoso.

    -Ahora que se que estás tan versada en los antiguos mitos de Sinnoh imagino que habrás oído algo acerca del objeto que busco -inquirió el entrenador con una sonrisa siniestra que a Dawn le daba muy mala espina

    -Lo que en realidad estaba investigando es el mítico cristal que fue forjado por la unión de la voluntad, las emociones y la sabiduría, un cristal cuyo poder es capaz de doblegar incluso a los más fuertes pokémon legendarios y que es conocido como la «Cadena Roja» -explicó Conway con una asombrosa e inquietante calma haciendo que el rostro de Dawn palideciera.

    -Veo que sabes muy bien de lo que habló, pero no hay necesidad de preocuparse, gracias a mi investigación se a la perfección que la Cadena Roja fue destruida. O mejor dicho, se que fue lo suficientemente fragmentada como para debilitar su poder.

    – ¿Entonces nadie más podrá ser capaz de usarla? -pregunto Dawn con ansias al recordar las expresiones de sufrimiento que tenían el tanto Trío de los Lagos como Dialga y Palkia cuando Helio la uso para controlarlos, pero en ese momento tomo consciencia de otra cosa que el chico le había dicho – ¡¿Entonces la Cadena Roja aún existe?! ¿En donde está ahora y quien la tiene?

    -La Cadena Roja fue destruida casi en su totalidad y hasta donde yo se sólo quedan algunos diminutos fragmentos, que aunque todavía guardan un poco su maravilloso poder ya no son capaces de usarse en un pokémon legendario -la tranquilizó Conway antes de sonreir de forma maligna una vez más -Pero si tanto deseas saber sobre la ubicación de los fragmentos restantes, puedo decirte con total certeza que en este momento 2 de ellos cuelgan orgullosamente de tus orejas.

    El instante que le tomó a Dawn entender y procesar lo que acaba de escuchar le permitió a Conway activar un dispositivo remoto, el cual envío una señal a los pendientes en las orejas de Dawn y estos comenzaron a brillar. Al darse cuenta de lo sucedía la chica trató de quitárselos, pero ya era muy tarde.

    La mente de Dawn rápidamente se quedó en blanco y un resplandor de color rojo cubrió sus ojos, de la misma forma en que ocurrió con los pokémon legendarios que hace mucho tiempo el Team Galaxia puso bajo su poder, antes de devolverlos a su color original mientras su cuerpo se quedaba en una posición firme frente al espejo en espera de alguna orden.

    Todo su ser había sido poseído por el único e imperioso deseo de obedecer en todo a su nuevo Amo, a partir de ese instante todo su mundo se reducía a servir y obedecer, ese era el nuevo y único propósito de su existencia y lo haría con gusto.

    -Debes de saber que tienes el gran honor de ser mi primera esclava y es algo que desde hoy te llenará de orgullo y placer. Desde ahora vives únicamente para servirme y acatarás cada una mis ordenes sin dudar -anuncio el entrenador con calma y una gran sonrisa.

    -Si, Amo Conway -respondió la chica lacónicamente pero con su habitual tono de voz y una pequeña sonrisa.

    -Entonces escúchame atentamente, mi esclava. ¡Jamás en tu vida te desprenderas de tus bellos pendientes! En frente de los demás te comportaras como siempre lo has hecho, pero cumpliendo mis órdenes al pie de la letra y sin decirle a nadie que eres mi esclava, además de que te permitiré seguir con tus actividades cotidianas.

    -Pero en este momento necesito que te vistas con lo más sexy que tengas, dentro de muy poco llegaré a tu departamento así que deja la llave debajo del tapete y espero una bienvenida apropiada -indico el entrenador.

    -Escucho y obedezco, mi Amo, lo esperaré gustosa -afirmo la coordinadora con una sonrisa radiante antes de dar la comunicación por terminada.

    Increíblemente feliz por finalmente tener la oportunidad de servir a Conway la chica de cabello azul rápidamente se dirigió al pórtico, dejando el resto de sus obsequios de Navidad tirados alrededor de la sala, para colocar la llave en el lugar que se le ordeno y luego ir hacia su cuarto de baño y tomar una ducha.

    El ajustado y ligeramente insinuante conjunto de camisa y short color rosa que Dawn usaba como pijama estaba tirado a un lado de la bañera junto a unas sencillas pantys de licra, mientras que su propietaria estaba tras una puerta de acrílico levemente empañada.

    El agua caliente caía sobre el cuerpo desnudo de la coordinadora, quien alegremente tarareaba una canción, antes de cerrar la llave y comenzar a enjabonarse. Sus hábiles manos recorrían con cuidado sus firmes pechos talla 80, similares a los de su madre, que si bien podían considerarse pequeños hacían un adorable contraste con su delineada cintura y eran compensados con creces con el que muchos consideraban como su mejor atributo: Ese enorme y bien formado par de redondas y suaves nalgas, las cuales enjabonaba con cariño y ocasionalmente las pellizcaba.

    Una vez que termino de bañarse Dawn envolvió su cuerpo desnudo en una toalla y se dirigió hacia su habitación para detenerse frente a su impresionante guardarropa en donde había un gran número de vestidos, zapatos y demás accesorios, pero en ese momento ninguno tenía su atención, ya que la chica abrió un pequeño compartimiento y en el encontró lo que buscaba.

    Colgando la toalla que cubría su cuerpo en una percha que había a lado, tomo el conjunto que buscaba y se dirigió hacia su cama para sentarse en la orilla y en primer lugar tomar unas elegantes medias de encaje negro con ligas rojas decorados con detalles negros, levantando levemente su pierna derecha, y usando sus manos para meterla por la punta de su pie y luego de manera seductora comenzó a estirarla a lo largo de sus blancas y bien torneadas piernas hasta llegar a medio camino entre sus rodillas y su cintura antes de repetir el proceso en su pierna izquierda.

    A continuación la chica se puso de pie y tomo una diminuta tanga de encaje, igualmente negra y con detalles rojos en forma de flor en los bordes, encorvandose ligeramente y doblando sus rodillas para meter la prenda entre sus piernas y subirla de forma que la parte delantera cubriera la pequeña tira de vellos azules que había en su zona intima y que el hilo quedará entre sus carnosas nalgas antes de perderse entre ellas y dejarlas al descubierto.

    Una vez que la prenda intima quedó en su sitio se dió una ligera vuelta, quedando de lado, está vez para tomar un atrevido liguero, de color rojo y bordes negros, que al igual que la tanga tenía detalles florales así que comenzó a sujetarlo a su cintura antes de tomar los 4 tirantes elásticos que salían de él, 2 delanteros y 2 traseros, para comenzar a enganchar los broches metálicos con la liga de sus medias.

    Después de asegurarse de que los broches estuvieran firmes y en su lugar la coordinadora tomo un sujetador push up de color negro con bordados florales, que en los bordes y la parte inferior tenía tul de color rojo, que resaltaba sus pechos y los hacia lucir más grandes y hermosos.

    Para completar su atuendo la coordinadora tomo unos finos guantes negros, igualmente de encaje, con bordes rojos y que le llegaban un poco arriba de sus codos, antes de sentarse una vez más y está vez para calzarse unas zapatillas negras de tacón que hacían que sus ya largas piernas lucieran aún más largas y su firme trasero se levantará aún más.

    El toque final para crear la sensual imagen que pretendía mostrar era su peinado así que tomo una secadora para acelerar el proceso. De forma que los húmedos hilos de su cabellera azul oscuro, la cual estaba un poco más larga de lo habitual ya que le llegaba hasta la parte media de su espalda, pronto quedaron como mechones uniformes, lisos y sedosos.

    La chica camino hacia el tocador que tenía en su habitación y comenzó atar la parte trasera de su cabellera en una elegante cola de caballo, tal y como lo hacía para los Concursos, mientras que un par de broches en forma de estrella se encargaban de dejar sus clásicos mechones de cabello a los lados que está ocasión dejaban más libres sus orejas y por lo tanto sus pendientes.

    La hermosa coordinadora se puso de pie una vez para asegurarse de que hasta el más mínimo detalle de su atuendo fuera perfecto, cuando…

    -Veo que con satisfacción que cumpliste mis instrucciones al pie de la letra, querida -señalo una voz masculina al aparecer repentinamente detrás de ella. En otras ocasiones aquel familiar escalofrío la habría asustado, pero en esta ocasión una gran y radiante sonrisa se formó en su rostro, antes de darse la vuelta.

    -Amo Conway, finalmente ha llegado. Espero que este complacido con el aspecto de su fiel esclava, mi Señor -saludo Dawn, adoptando una posición firme para que el chico pudiera observarla con detalle.

    -Son aún más hermosas de lo que imaginé, mi linda Dawn -señalo el siniestro entrenador al momento de acariciar las tersas y enormes nalgas de la chica -Y me pertenecen sólo a mí.

    -Si, mi Amo. Mi cuerpo y mi voluntad le pertenecen sólo a usted. Haga conmigo lo que deseé -pidio la coordinadora mientras se daba la vuelta y acercaba su rostro al de su Amo, antes de unir sus labios en un apasionado beso lleno de lujuria y deseo.

    De forma lenta sus lenguas comenzaban a enlazarse la una con la otra, invadiendo la boca del otro, aunque claramente Conway era mucho más inexperto que la chica, pero ella estaba dispuesto a guiarlo así que sus movimientos se hacían mucho más suaves, mientras tanto las manos de la joven recorrían con firmeza el pecho del chico.

    Ambos amantes retrocedían lentamente hasta caer en la cama, uno sobre otro, y una dulce risa salió de los labios de la chica en cuanto se separaron para recuperar el aliento, pero sus manos continuaban recorriendo con frenesí el cuerpo del otro.

    -Ponte de pie -ordenó Conway y la chica de inmediato quedando frente a él, antes de que el también se pusiera de pie para besarla una vez más, pero en esta ocasión las manos del entrenador recorrían la espalda de la joven de cabello azul buscando el broche de su erótico sostén y una vez que lo encontró comenzó a desabrocharlo, de forma algo torpe mientras los brazos de ella estaban alrededor de su cuello, para finalmente lograr su objetivo de que la prenda cayera al suelo.

    A pesar de ser pequeñas las tetas de Dawn eran increíblemente lindas, por lo que el chico detuvo el beso e inclino su cabeza justo encima de aquellos adorables pechos para comenzar a recorrerlos con su lengua, todo sin dejar de acariciar sus prominentes nalgas y pasar sus manos por encima de su diminuta tanga en la parte de enfrente.

    Una de las manos de Conway apretaba el pecho izquierdo de Dawn, manoseandolo para excitarlo, mientras que su lengua y sus labios se encargaban de saborear el otro con total descaro. Y su plan estaba funcionando a la perfección ya que cada vez podía oír con mayor claridad los gemidos de su esclava y sentía claramente como sus pezones se endurecian en señal de que disfrutaba mucho del tratamiento.

    -Po-por favor… continúe… jugando… con mis… pechos… Amo Conway… siga dándole… placer a… su… esclava -suplico la coordinadora entre gemidos de satisfacción y tomando el cabello del chico con sus manos y dejar que su cabeza permaneciera en aquella zona, pero Dawn no era la única que disfrutaba de la situación ya que la excitación del chico iba en aumento y el creciente bulto en sus pantalones era señal de que su miembro estaba alcanzando su máximo, lo cual le producía cierta molestia.

    -Lo haré, pero primero necesito que me quites la ropa, mi linda Dawn -indico mientras que la chica asentía y con una gran desesperación empezaba a despojarlo de su chaleco color verde, el cual arrojó lejos, antes de arremeter sobre su camisa y enviarla junto al chaleco.

    Como siguiente paso las hábiles manos de la coordinadora se dirigieron hacia su entrepierna para desabrochar la parte superior de su pantalón, antes de ponerse de rodillas frente a él para quitarle sus sandalias y comenzar a bajar sus pantalones y su boxer con un rápido y fluido movimiento.

    Finalmente el chico estaba desnudo, pero la mirada de la chica estaba fija en el erecto miembro de su Amo de tal manera que parecía estar de nuevo en trance, a lo largo de su vida la coordinadora había tenido relaciones con varios chicos y chicas pero jamás había visto un pene tan grande como el que estaba frente a sus ojos y eso la llenaba de emoción, así que para cerciorarse de que era real y no un invento de su imaginación lo tomo con sus manos y comenzó a acariciarlo y a moverlo de arriba hacia abajo.

    La sensación que el encaje de los guantes de Dawn causaba al tocar su erecta polla era indescriptiblemente delicioso para el chico, y no sólo por el contacto sino porque la chica que había deseado por tanto tiempo estaba masturbandolo por voluntad propia y en verdad parecía disfrutarlo.

    -Detente Dawn. Aún es muy pronto para terminar con la diversión -ordenó mientras tomaba las piernas de la chica y comenzó a acariciarlas de forma lenta, lo cual la hizo sonreír aún más, no cabía duda de que los constantes y casi diarios entrenamientos que la joven hacia para participar en los Concursos habían rendido frutos, ya que sus piernas eran firmes y suaves a la vez que bien formadas.

    De forma que mientras sus recorría las cubiertas piernas de su nueva adquisición el entrenador comenzó a desachochar los tirantes que unian su liguero con su medias, antes de tomar los bordes de su tanga y empezar a bajarla revelando que el coño de Dawn estaba perfectamente depilado, a excepción de un pequeño triángulo de vellos azules que estaba arriba de sus labios vaginales, lo cual resultaba sumamente atractivo y sin pensarlo demasiado se inclinó suavemente sobre el.

    – ¡Es hora de probarte, mi linda esclava! ¡Abre tus piernas! -ordenó el entrenador con lujuria, a lo que ella obedeció de inmediato, antes de acercar su rostro y sacar su lengua para comenzar a lamer aquel lindo tesoro.

    La inexperiencia de Conway era notoria, ya que a diferencia de tratamientos de ensueño que Dawn estaba acostumbrada a recibir, la lengua del chico lamía su coño de forma agresiva y desesperada. Pero el hecho de que su propio Amo hubiera decidido darle a ella un orgasmo antes que obtener el suyo la hacia muy feliz y la excitaba bastante.

    -Sientate y abre tus piernas al máximo -indico al notar que conforme su coño empezaba a soltar húmedos y dulces fluidos las piernas de la coordinadora no paraban de temblar y eso tarde o temprano le impediría seguir de pie.

    -Como usted ordené Amo Conway -afirmó subiendo a la cama como toda una tigresa antes de darse la vuelta y tomar sus piernas con su brazos para extenderlas lo más posible, haciendo gala de la increíble elasticidad que sus entrenamientos le habían dado, y presentar su excitado coño.

    -Por favor… continúe… mi Señor… Siga… lamiendo el… coño de… su puta… personal -imploro la chica de cabellera azul con el rostro sonrojado mientras usaba sus manos para abrir aún más su ya excitada vagina, dando una vista sumamente erótica a la que Conway no pudo resistirse, de forma que se inclinó sobre el borde de la caña para continuar con su labor, disfrutando del dulce sabor de la intimidad de Dawn por varios minutos hasta que ella llegó a su primer orgasmo de la noche, llenando su rostro con sus cálidos fluidos.

    Al igual que su anterior rutina de besos aquella experiencia era con el fin de comprobar lo que suponía desde un principio: Dawn ya no era vírgen. Sí bien eso lo desilusionaba un poco, ya que una de sus mayores fantasías siempre fue la de desvirgar a la chica de sus sueños, eso también significaba que su nueva esclava ya disponía de la experiencia necesaria para complacerlo y eso tampoco estaba nada mal.

    -Es tu turno de darle placer a tu Amo y mostrarme lo putita que eres ¡Lame mi pene y no te detengas hasta que yo lo ordené! -indicó al sentarse en el borde de la cama y señalar su erecto pene, el cual con el juego previo parecía haberse vuelto aún más grande que antes para la sorpresa de Dawn.

    -Con mucho gusto, mi Amo -respondió muy excitada al momento de arrodillarse pensando lujuriosamente que aquel gran miembro no podía real, era más grande que cualquier otro miembro o juguete con el que hubiera estado antes, y eso la excitaba bastante así que sin más tardanza comenzó a cumplir la orden que se le dió.

    Durante varios y placenteros minutos Conway pudo comprobar una vez más que su suposición era correcta. Dawn era muy buena en materia sexual y lo hacía de una manera espectacular. Ya que la coordinadora tomaba su erecta verga con sumo cuidado y lamía su glande al mismo tiempo, antes de empezar a introducirlo en su boca mientras masajeaba sus testículos.

    Al notar que la chica tenía algunos problemas para meter su pene por completo el decidió ayudarla un poco, de forma que la tomó del pelo y haciendo que su cabeza se moviera de adelante y hacia atrás, para el entrenador era delicioso ver la de la chica boca alrededor de su verga. Era un verdadero espectáculo ver cómo aquella hermosa, y en apariencia dulce chica, estaba tragándose su miembro como si fuera una pokémon en celo hasta que el ansiado momento por fin llegó.

    A pesar de tener la intención de contener todo el semen de Conway en su boca, el hecho de que está estuviera llena junto con la cantidad de la carga y la espesura de este lo hicieron imposible, de forma que una buena parte de este comenzará a derramarse por su barbilla mientras el pene del chico salia de su boca para permitirle tragar el resto.

    Por la expresión que había en el rostro de Dawn era obvio que no era la primera vez que comía el semen de un hombre y que el sabor tampoco le desgradaba, ya que sin necesidad de alguna orden ella comenzó a recorrer su cara y su cuello para recolectar la mayor parte de la semilla de su Amo con los dedos antes de meterlos a su boca y saborearlos con gusto, antes de volver a inclinarse sobre el miembro y empezar a limpiarlo y hacer que fuera recuperando su erección.

    Una vez que el miembro de Conway alcanzó su máximo una vez más, ambos comprendieron que era el momento de continuar con la diversión, así que el chico hizo una señal con sus dedos para indicarle a Dawn que se acercará y comenzará a montarlo, lo cual ella aceptó gustosa y tras colocarse sobre su Amo abrió sus piernas y puso aquel miembro en la entrada de su húmedo coño.

    El comprendió que ella deseaba que hiciera el primer movimiento así que sujeto con fuerza las caderas de la coordinadora y empezó a introducir su miembro dentro del aquel empapado y celestial agujero.

    -Amo… es muy… grande ¡Siento que me partirá en dos! -exclamó la chica de cabellos azules extasiada al sentir como aquella polla entraba en su interior, de forma en que ninguno de sus amantes lo había logrado antes, así que tras el breve momento en que le tomo acostumbrarse al tamaño de aquel miembro comenzó a moverse.

    -Metamela más duro Amo Conway, cógame, destroze mi coño, por favor Amo -suplico la chica de la forma más erótica posible, nadie hubiera imaginado que detrás de la dulce y tierna apariencia de la chica se escondiera una auténtica puta, lo cual fue más que suficiente para excitar al entrenador y que este comenzará a tocar su trasero con descaro mientras su cabeza se dirigía hacia los pechos de la joven.

    – ¡Si, Amo! ¡Así… pellizce mi culo! ¡Chupe mis pechos! ¡Soy su puta, Amo Conway! ¡Déme más y más duro! -gritó la coordinadora totalmente fuera de sí mientras cabalgaba cada vez más rápido al chico, quien por primera vez en su vida estaba disfrutando de como su pene era apretado por la vagina de una chica, y este le correspondía mientras lamía los pechos de la jóven, los cuales se movían al ritmo de sus movimientos, y con sus manos acariciaba su culito y comenzaba a masajear su ano.

    – ¡Se… siente…. Ahhh… magnífico… Ahhh… Amo… Conway! ¡Po-por… favor… lléneme… mi… Señor! ¡Corrase…. Ahhh…. dentro de…. Ahhh…. mi coño…. y déme…. Ahhh… su semen… Amo! -imploro Dawn al sentir que estaba por llegar a su límite, a pesar de su inexperiencia el entrenador la estaba satisfaciendo como nadie antes lo había hecho.

    – ¡Asi lo haré, esclava! ¡A partir de hoy serás mi obediente puta y te follare a diario! ¡Asi que toma mi semen en tu ardiente coño! -exclamó el chico al momento de derramar su semilla de la chica, haciendo que ambos llegarán al tan ansiado clímax.

    -Si, Amo Conway… Desde hoy seré… su obediente puta… Estaré complacida de… entregarle mi cuerpo… cada día por el resto de mi vida… Por favor siga follandome Amo -dijo Dawn de forma sumisa y aunque visiblemente agotada, el deseo de servir a Conway era muy superior.

    -Veo que eres una insaciable Vulpix -se burló Conway aún tocando las nalgas de la chica -Pero como soy tan compasivo cumpliré tu deseo ¡Ponte a 4 patas y muéstrame tu culo! -con una lujuriosa y traviesa sonrisa la chica de cabellos azules tomo la posición indicada y uso sus manos para tomar su voluptoso trasero para mostrarle su pequeño orificio anal.

    -Espero que aún seas virgen aquí -señalo el entrenador antes de empezar a meter uno de sus dedos dentro de su ano para estimularlo, pero en ese momento el rostro de la coordinadora se giró hacia el con una expresión triste.

    -Amo Conway, por favor discúlpeme, pero mi ano dejo de ser virgen desde hace tiempo, por favor discúlpeme por ser una puta caliente que no sabe contenerse… -pidió la chica antes de recibir una fuerte nalgada que la hizo enmudecer.

    -Tienes razón en que eres una puta caliente, pero yo me encargaré de corregir eso, ya que desde ahora sólo serás mi puta ¡Tu cuerpo me pertenece desde hoy para siempre! ¡Asi que repitelo! -ordenó el chico sin dejar de golpear su trasero, hasta que esté se tornó ligeramente colorado.

    – ¡Si, Amo! ¡Usted tiene razón! ¡He sido una puta caliente y merezco ser castigada! ¡PERO DESDE HOY SERÉ SÓLO SU PUTA! ¡SU PUTA PARA SIEMPRE! ¡MI CUERPO ES SUYO, AMO! -balbuceo la chica con unas tenues lágrimas de dolor surcando su hermoso rostro debido a las nalgadas recibidas, pero el dolor comenzó a ser sustituido por placer en cuanto el chico comenzó a meter sus dedos de nueva cuenta.

    Cuando el entrenador sintió que el celestial agujero de la coordinadora estaba lo suficientemente dilatado no dudo ni un momento en poner su pene la entrada de este y sin ninguna misericordia comenzó a penetrarlo, al principio podía sentir un poco de resistencia, pero eso no lo detuvo hasta que logró meter su miembro en su totalidad.

    – ¡Amo, es muy grande! ¡Saquelo por favor! ¡Me duele! -gritó ella, pero el comenzó a moverse para disfrutar de ese estrecho agujero, aunque al poco rato era la misma Dawn quien se movía con frenesí, totalmente poseída por el placer de tener esa verga en lo más profundo de su ano.

    – ¡NO PARE AMO! ¡POR FAVOR PERFORE EL ANO DE SU PUTA! -exclamó la chica entre lascivos gemidos al sentir que una de las manos del chico acariciaba su clítoris y con la apretaba sus tetas, antes de tomarla del pelo y comenzó a jalarlo, por lo que era inevitable que unos minutos después ambos muchachos tuvieran otro placentero orgasmo.

    Tras ese orgasmo Conway saco su miembro del interior de la chica y cayó agotado sobre la cama mientras Dawn hacia lo mismo, pero manteniendo la posición que tenía por lo que un hilo de semen salia de su orificio anal adornando su enrojecido trasero.

    – Es-estuviste magnífico, mi Amo. Estoy tan feliz de ser tu esclava, tu puta -susurro la chica de cabellera azul al acercarse al chico y besar sus labios con dulzura, mientras el la sostenia en sus brazos y tomaba una sábana para cubrir sus cuerpos desnudos. Ambos estaban agotados y debían descansar.

    Horas después, cuando ambos amantes hubieran descansado lo suficiente, Dawn se encontraba en la cocina de su departamento, usando únicamente un delantal de cocina, preparando algo de comer para Conway y una vez que lo terminó puso el platillo en una bandeja y se dirigió hacia la sala.

    -La comida está servida, Amo Conway, pero tenga cuidado ya que esta caliente -dijo ella antes de colocar la bandeja en la mesa que había en el centro de la estancia, frente a donde el entrenador estaba sentado viendo la televisión, y sentarse a su lado.

    -Muchas gracias Dawn, estuvo delicioso -agradeció el muchacho una vez que termino de comer y observó con cuidado el apartamento de la chica, ciertamente era un lugar muy acogedor y si contaba el inevitable hecho de que tendría a una bella y obediente sirvienta a su total disposición sin duda sería un buen lugar para quedarse.

    -Creo que me quedaré a vivir aquí, imagino que no te molestará ¿O sí, mi esclava? -inquirió el chico causando que ella se sorprendiera por un momento, antes de sonreír.

    – ¿Molestarme? ¡Amo eso me encantaría! -exclamó Dawn completamente emocionada ante la feliz perspectiva de tener la oportunidad de cumplir con su verdadero destino y estar al servicio de su Amo eternamente, por lo que no pudo evitar arrojarse sobre el y besarlo con pasión.

    -Entonces tendremos que poner nuevas reglas, así que porque no empiezas a limpiar este desastre -indicó Conway señalado todos los regalos que aún estaban dispersos alrededor del árbol de Navidad.

    -Por supuesto Amo, como tú órdenes -respondió ella antes de inclinarse, asegurándose de que su desnudo trasero quedará a la vista del chico, para recoger sus diferentes obsequios los cuales el veía con curiosidad hasta que uno llamó la atención.

    -Oye Dawn ¿Me permitirías ver eso? -pidió al señalar lo que parecían ser unos simples papeles, pero al tenerlos en sus manos se dió cuenta de que eran algo mucho muy valioso, y cuando la coordinadora le dijo que eran un obsequio de su amiga Zoey una sonrisa se formó en su rostro al igual que una siniestra y muy divertida idea.

    «Asi que nos iremos de crucero en unos días. Me parece bien, siempre quise viajar a Alola ¿Aunque me pregunto si a Zoey también le gustaran los rubíes?»

    ¿Fin?

     

  • Amo los pies

    Amo los pies

    Les cuento que yo soy una mujer bisexual de 35 años, me encanta el sexo pero más que nada en el mundo me encantan los pies, en especial pies de mujeres. No me importan la edad, color de piel o complexión, yo adoro los pies y lo que más me gusta es que huelan mucho, nada me excita más que unos pies de mujer bien sudados y olorosos.

    Y asimismo como me encanta tocar, oler y chupar pies, me encanta que toquen los míos. Y sobre todo que los toquen cuando están apestosos. Y debo aclarar que yo soy una persona muy limpia, me baño diario y siempre uso desodorante y ropa limpia, pero es natural que durante las actividades diarias el cuerpo sude y más aún los pies, por lo que al final del día, quedan bastante aromáticos. Me excita muchísimo saber que el olor de mis pies pueda llegar a incomodar a mi pareja, porque sé que aguantaran lo que sea con tal de llegar a algo más conmigo.

    Durante toda mi vida sexual he tenido múltiples parejas a quienes les agradan mis pies y les gustan olorosos, y en esa situación les pido que finjas que les molesta y asquea el aroma de mis patas, lo cual me excita mucho. Pero es muchísimo mejor cuando el repudio y el asco es real. Han sido pocos, la mayoría hombres, quienes de verdad no soportan el olor de mis pies, pero si se comportan a la altura, los he sabido recompensar muuuy bien.

    Como ven? Qué opinan de mis gustos y preferencias? Creen que soy una cochina? Alguien se atrevería a dorar mis pies apestosos?

    *************

    Hola, quiero decirles que yo soy la misma persona del perfil Amyloca91, así que los relatos de ese perfil son míos, los invito a darles una leída.

  • El Ayudante (Cap. 6): Jugando con Irene

    El Ayudante (Cap. 6): Jugando con Irene

    «No se vale.» Irene enseñó su Tres de corazones, más bajo que el Rey de picas de su Ayudante.

    Y una sonrisa colmilluda se formó en el rostro del más alto. «Oh, al fin me toca ganar.» Sin perder tiempo se levantó y acercó a ella nuevamente.

    «No se vale.» Volvió a repetir lo mismo, haciendo puchero con sus labios, pero eso no la detuvo de igualmente levantarse con ayuda del contrario.

    «¿Qué será?» Pasó un brazo por la delgada cintura de la morocha, y la atrajo más hacia él, acto que logró sacarle un chillido de sorpresa a la Idol. «¿Blusa…» Coló su mano bajo la mencionada prenda, Acariciando la deliciosa espalda de la morocha, acariciando con sus dedos sobre los tirantes del sostén. «… O pantalón?»

    Afirmó sus pequeñas manos en los brazos desnudos de su Ayudante, intentando detenerlo, completamente en vano. No tenía la fuerza para eso. «Uh,» Es decir, sólo hacía falta ver el pedazo de hombre que tenía en frente. Por donde lo vieras, era enorme. «Ehm,» Tragó saliva, posando sus manos sobre esos firmes pectorales, sintiéndose con más calor que nunca. «¿Blusa?»

    «Perfecto.» Entrecerró sus ojos, saboreando el momento. «Es una suerte que la blusa sea abotonada, ¿No?» Ya en confianza, a gusto, dejó sus dos manos sobre la cintura de la morocha, sosteniéndola firme para que no escapara.

    «Nh, supongo.»

    «Así será más fácil quitarla.» Muy a su pesar, retiró sus manos del delicioso tacto con la piel ajena, pero sólo de momento. La blusa en cuestión caía con un cuello en V, modesto, pero que dejaba a la vista ese cuello y hombros tan tentadores. Desabrochó el primer botón, con su mirada atenta a la piel que se iba revelando, y continuó, lentamente. Al ser una blusa que dejaba a la vista su ombligo, sólo tenía cuatro botones en total.

    «Bien.» Cuando terminó de desabotonar, ella intentó separarse para quitarse la prenda por sí misma, pero una sola mirada del hombre frente a ella la detuvo. Su respiración se entrecortó por un segundo, pero no dijo nada. Tampoco se atrevió a moverse. Simplemente hizo caso a la silenciosa orden que le habían dado esos peligrosos ojos. No te muevas. Dios, ni siquiera sus padres, o sus jefes, la podían manejar así. Nadie la trataba así. Excepto él, al parecer.

    «Hmm,» Con voz casi ronca, el Ayudante acomodó un poco la fina prenda, tirando por los bordes con sus manos, disfrutando de como la tela se apegaba a ese modesto pecho realzado por el estilizado brasier negro de media copa. «Que mujer más hermosa.» Finalmente, lentamente, comenzó a deslizar la tela por los finos hombros de la belleza surcoreana, abriendo la blusa de par en par para revelar en su totalidad el abdomen y pecho de la Idol. «Debes estar cansada de escucharlo.»

    «Uh, no me, hm, quejo,» Tragó saliva, mirando a otro lado. Su corazón latía con fuerza, por la vergüenza del momento. Todo se sentía extraño. Íntimo. Caliente. «Es bueno para mi ego.» Pero era sólo un juego. Sí, seguramente sólo era la bebida lo que los afectaba.

    «Claro.» Sonrió de lado, una sonrisa seductora, a pesar de que la contraria no lo mirara. Ella había girado su cabeza y, podía notarlo, la mujer estaba haciendo todo lo posible para no morirse de vergüenza. «Entonces no me corto en decírtelo,» Pero el que volteara su cabeza así le dejaba libre el perfecto perfil de diosa que tenía. Se inclinó hasta casi pegar sus labios a la oreja ajena, hablándole suave, dulce, al oído. «La infinidad de hombres que matarían por estar en mi posición ahora mismo.»

    Pestañeó aturdida, respirando por la boca un tanto acalorada. El caliente aliento de su Ayudante acariciaba su oreja al hablar, haciendo que un delicioso cosquilleo recorriera toda su espalda. «¿E- eso cree? Es sólo,» Relamió sus labios. No quería tartamudear como colegiala. Pero estaba actuando como una, a pesar de tener 28 años ya, y eso no debía ser. Ella era toda una mujer. «Es sólo un juego.»

    «Lo es.» Y, finalmente, la blusa cayó al suelo. El hombre volvió a tomarla por la cintura con sus manos, firme, contemplando la belleza asiática que tenía frente a él. Sus pechos eran modestos, pero realzados por el brasier negro de media copa. Su cinturita, delgada, con un vientre plano, trabajado, que lo llamaba a pasear su lengua sobre esa piel. Las deliciosas curvas de sus clavículas también parecían invitar a sus labios, para recorrerlas a besos hasta su delgado cuello. «Mira nada más.» Ya prácticamente la devoraba con la mirada. El bulto en su pantalón prominente, ineludible. «Tu novio es un crío afortunado.»

    «Mi novio,» Arrugó su nariz. Ya no se sentía tan bien. «No es… Él no es un crío.» Lo miró con obvia molestia en sus ojos ante el condescendiente comentario. Pero a la vez pasó un brazo sobre su pecho, intentando cubrirlo de los ojos ajenos. Ahora mismo odiaba haberse puesto ese sujetador tan sugestivo.

    «Me imagino que no.» Sonrió divertido, acomodando con sus dedos los tirantes del sostén negro que abrazaba esos deliciosos pechos femeninos. Esa piel que lo esperaba. «Bueno, continuemos.» Sí, pronto.

    Irene alzó las cejas con curiosidad cuando lo vio agacharse. Pero entendió de inmediato al ver como tomaba una carta de cada mazo. Recibió con calma la suya y una sonrisa se formó en su hermoso rostro cuando vio el número. «¿Listos?»

    «Ya.» Y ambos mostraron su carta al otro.

    «¿Eh?» La sonrisa de la morocha se transformó en una mueca de sorpresa y luego disgusto al ver a la Jota de tréboles que tenía su Ayudante, que vencía por los pelos a su Diez de corazones.

    «Parece que yo gano de nuevo.»

    «¡No puede ser!» Arrugó la carta en su mano y la tiró al suelo, un tanto enfadada, un tanto ebria.

    «Tus jeans son lo siguiente.» Asintió hacia la ajustada prenda que se pegaba a las torneadas piernas de la Idol. Su erección creció un poco más.

    «No es justo…» Arrugó el puente de su perfecta nariz, mientras miraba como las enormes manos de su Ayudante desabrochaban el único botón de su pantalón. Tragó saliva, pues también podía ver ese enorme bulto en la entrepierna del contrario. «E-esto está maaal.»

    Bajó el cierre de los jeans de la bella mujer, y una fina tela negra fue lo primero en revelarse y llamar su atención. Haciendo caso omiso a las atenuadas quejas de la morocha, tomó del borde al pantalón para empezar a bajarlo lentamente, revelando unas braguitas negras que iban a juego con el brasier.

    «Se-señor ayudante, por favoor…»

    «Tranquila.» Finalmente quedaron libres sus entrenados muslos, su piel blanca como la nieve contrastando tan delicioso con esas prendas íntimas de color negro. Se puso casi de cuclillas, para terminar su tarea de retirarle la prenda. «Levanta una pierna.»

    Y así lo hizo ella. Luego la otra. Obediente, le hizo caso para terminar de quitar esos jeans, dejándola sólo en su ropa interior. «No debería estar… Haciendo esto. No. Y con usted…»

    «Es sólo un juego.» Su voz salió un tanto ronca por la calentura. Era difícil resistirse ahora. «Date la vuelta.»

    «¿Eh?» La tomaron de los muslos, con mano firme, y soltó un respingo al ser volteada a la fuerza, su firme cola con perfecta forma de manzanita quedando justo frente a la cara de su Ayudante.

    «Que culito tienes, Irene.»

    «¡La boca!» Y le dirigió una mirada asesina sobre su delicado hombro.

    «Heh, lo siento.» Dio un suave apretón a esos firmes y trabajados muslos antes de soltarla, tomando una carta más de cada mazo. «Continuemos.» Volvió a ponerse de pie, ofreciéndole a ella su respectiva carta.

    Arrugando su hermoso rostro con una mueca de sus labios, tomó la carta que se le ofrecía, sin dejar de mirarlo con enojo. «No sé si, uhm, quiero seguir. Esto es muu-, hm, mucho…» Sin embargo, miró atenta lo que le había tocado, sus ojos entrecerrados por el mareo de la bebida.

    «Un Tres de diamantes para mí.» Y, tal cual, esa era su carta de él.

    «¡Ha!» Finalmente, ella saltó alegre de nuevo, despertándose de su momentaneo letargo, enseñando sus dientes en esa característica sonrisa suya, antes de mostrarle su Nueve de corazones. «Yo gano.»

    Y él sonrió. «Eso parece. Todo tuyo.» Tiró del borde de su pantalón de vestir negro, indicándole con qué seguir.

    «Uh, bueno.» Su sonrisa se desvaneció un poco, ahora un tanto nerviosa, su mirada cayendo a la entrepierna de su Ayudante. Ese, ese bulto en su pantalón la esperaba, la tentaba. Logró alzar su mirada para verlo a los ojos, pero no pasó mucho tiempo para que su curiosa mirada volviera a caer al pantalón ajeno.

    «Vamos.»

    «Sí, sí,» Tragó saliva, llevando sus finas y temblorosas manos a desabrochar el único botón de su pantalón. Luego bajó el cierre, tal como él había hecho con ella. Y suspiró, como buscando calmarse. «Sí…» Repitió palabras de nuevo, mareada, ebria.

    Y él pudo ver como la morocha se inclinaba un poco, para empezar a bajarle el pantalón, descubriendo su bóxer negro y sus fuertes piernas. Pudo ver como ella apartaba la mirada para no verlo, pero no dijo nada. Alzó una pierna, luego la otra, y su pantalón fue a parar al suelo. «Bueno, pásame una carta. Ya no queda nada.» Sonrió. «¿Crees que podrás ganarme?»

    Su ceño volvió a arrugarse, pero hizo como se le dijo y tomó dos cartas, dándole una a él. Ni siquiera se dio cuenta que él había usado el mismo mazo. «No sólo lo creo. Lo,» Se detuvo, alzando sus finas cejas con sorpresa al ver lo que le había tocado. «Lo sé.» Y sonrió.

    Al mismo tiempo, ambos enseñaron sus cartas. Y el Ayudante logró fingir un gruñido de molestia. «Así parece.» Con una Reina, ella le ganaba a su muy bajo Dos de tréboles. Pero, afin de cuentas, todo había salido como quería.

    «¡Sí! ¡Yo gano! ¡Gano!» Dio saltitos de felicidad y por poco casi se cae. Suerte que unos brazos fuertes la atraparon. «Yo gano.» Sonrió a lo Irene, alzando un tanto sus cejas. Risueña y encantada ante la victoria.

    «Tú ganas.» Y él también sonrió, de lado. Casi perverso.

    «Uhm, pero,» Y finalmente cayó en cuenta de lo que había ganado en realidad.

    «El bóxer.» Él, rápido, la interrumpió. Con sus manos firmes la tomó de los hombros y empujó hacia abajo para hacerla ceder.

    «No es…» Abrió sus ojos, sus mejillas adornadas de un tinte rojo, un poco por la vergüenza, un poco por el alcohol. Fue cayendo, empujada por las manos ajenas, hasta quedar de rodillas frente a él. Y frente a ese enorme bulto que la esperaba. Que la venía esperando desde que empezaran con ese juego. «No es necesario…» Susurró esas palabras, y mordió su labio inferior.

    «Has ganado tú. Debes hacerlo, es lo que corresponde.» Le acarició el cabello, casi con cariño, pero era más un ligero empuje para que pegara más su angelical rostro a su abultada entrepierna.

    «Uh,» Su nariz fue a quedar afirmada contra la tela de la prenda interior, y tragó saliva de nuevo, un tanto perdida. Un curioso olor empezaba a invadir sus sentidos, nublando su razón. «¿Seguuro?» Pero él no tenía que llegar tan lejos sólo por perder. Pobre, debía estarse muriendo de la vergüenza.

    «Sí, está bien.»

    Asintió con la cabeza, separando su cara para poder contemplar mejor la, la prenda. Con sus delicadas manos tomó a los bordes del bóxer y, a puño cerrado, empezó con su tarea de bajarle la ropa interior. Sus ojos se fueron abriendo cada vez más, impresionados, cuando un enorme miembro empezó a ser descubierto. Su respiración se entrecortó, y su boca empezó a salivar más de la cuenta. Así que realmente la tenía así de, de grande.

    «¿Qué tal?» Pero no hubo respuesta, al menos no inmediata. Y eso le hizo sonreír. Ya la tenía.

    Ella tragó saliva de nuevo, a medida que, centímetro a centímetro, dejaba a la vista esa robusta barra de carne. Gruesa, enhiesta. Y ese hedor. Dios. El hedor la estaba intoxicando más que el alcohol que se había bebido. Era el olor a sexo, a masculinidad, a hombre, más intenso que había sentido en su vida.

    «Eso, despacio.» Y se permitió sonreír más al ver como la morocha removía sus muslos, frotándose incómoda, caliente.

    Como le decían, fue bajando lento la dichosa prenda. Pero esa, esa cosa, parecía interminable. «Ah,» Y estaba tan erecto, tan duro, que estaba estirando al máximo el bóxer para poder sacarlo, forcejeando torpemente con la fuerza de ese coloso de carne. Se le dificultó un poco, pero de un último jalón terminó por revelar en su totalidad al más grande miembro que había visto en sus 28 años de vida. «Ahhn.» Se aquejó, casi como un gemido, cuando la gorda cabeza chocó contra su frente, y el robusto falo de carne quedó recostado sobre su cara.

    «Uff, cuidado, no te lastimes.» La voz ronca, la tomó firme de la nuca para que no se despegara de su verga.

    «Mmfh.» Arrugó su naricita, sus ojos desorientados, nublados. La carne afirmada sobre su rostro se sentía caliente, húmeda, pesada. Sus fosas nasales se abrían movían de forma inconsciente, buscando aspirar más de ese fuerte olor a sudor y sexo. Y su propia intimidad se sintió más caliente aún.

    «Pero bueno, no me contestas,» Gruñó, sin dejar de sostenerla por la cabeza con mano firme. Con la otra tomó de la base a su miembro y se lo restregó por la cara. «¿Qué tal está? ¿Cómo se compara con la de tu novio?»

    «Uhnn,» Cerró un ojo, haciendo una mueca mientras le paseaban ese tronco de carne por toda la cara, el abundante líquido preseminal empezando a aceitar su nívea piel. «¿Qué?» Estaba un poco mareada, un poco ida, y no había entendido bien. Con sus manos se sostuvo de las fuertes piernas de su Ayudante, todavía arrodillada y sometida ante él.

    «Mi verga,» Le dio golpecitos con el miembro, como si palmadas fueran sobre su mejilla. «Esto,» Y la cacheteo de nuevo, esperando impaciente una respuesta. «Cómo se compara con la de tu novio.»

    No había comparación, si tenía que ser honesta. «Ah, usted, uhmh,» Está mucho mejor dotado. Usted la tiene más gorda, más grande, más caliente y más venosa. «Usted es, mmfh, más grande, usted es más graande.» Jadeó, acalorada, su mirada delineando cada deliciosa vena y curvatura en esa robusta herramienta de sexo, bajando hasta sus testículos. Incluso esos pesados huevos que le colgaban se veían más grandes que el pequeño sexo de su desafortunado novio. Es decir, el sólo verla, olerla, sentirla, era suficiente para inundar sus braguitas con sus propios fluidos. Y vaya que lo estaba haciendo.

    «Tu novio debe ser un crío de primera.» Le pegó la gorda cabeza de su miembro contra la mejilla, presionando juguetonamente.

    «Nnh,» Pero incluso en su comprometida posición, la mujer se las arregló para dirigirle una mirada de reproche. «La, nnh, la boca.»

    Una miradita tal, que sólo logró calentarlo más. «¿La boca? Bueno,» La sujetó del cabello, separándola un poco de su miembro. Sólo un poco. «Abre grande.»

    «¿Eh?» Su mirada, nublada por la lujuria, se clavó fija en esa verga con sus ricas curvas que se alzaba firme y amenazante sobre ella.

    «Abre grande la boca, putita, que te veo con hambre.»

    «Qué, mh,» Relamió sus labios, mientras meneaban ese robusto falo frente a ella, con un tentador hilillo de líquido transparente que colgando de su punta. Arrugó el puente de su perfecta nariz, antes de aspirar con fuerza más de ese olor a sexo y pecado. «Que deje de insultaar.» Sus labios separados, sus dientes apretados y su nariz aún arrugada. Una digna mueca de disgusto, o de resistida calentura.

    «¿Nunca se la comiste a tu novio?» Le frotó el húmedo glande por la nariz, su líquido preseminal pegándose a las fosas nasales de ella, haciendo que ese fuerte hedor quede impregnado en su olfato. Haciendo que moje más sus bragas y piernas. «¿Tan pequeña la tiene?»

    «Uhmh, nooo,» Intentó apartar su rostro, pero la mano que la sujetaba de su nunca no se lo permitiría nunca. «Esh, mmfh,» De hecho, la mano la afirmó más contra ese carnoso miembro, sus labios afirmándose en contra de su voluntad a su salada y húmeda carne, dificultándole el habla. «Esh, mfh, normmh-mal.» O menos que normal. Menos que el promedio. Mucho, mucho, mucho menos que este portentoso y dotado miembro que se forzaba contra ella. Pero su Ayudante no tenía por qué saber eso.

    «Abre la boca, Irene.»

    «Mfh,» Entrecerró sus ojos, rendida, mientras removían lentamente el pesado falo de su rostro, sólo para afirmar el glande sobre sus rojos labios. «Ah, aahm,» Sí, el Ayudante no tenía por qué saber sobre el pequeño tamaño de su novio. «Amhhm.»

    «Eso, así.» Perfiló su robusta verga hacia esa boquita hermosa, y la gorda cabeza fue abriéndose paso lentamente entre esos labios rojos que empezaron a envolver tiernamente su carne.

    «Aagghm,» Bueno, y ahora su novio no tendría que saber jamás sobre lo que estaba haciendo con su Ayudante. Estaban a mano, ¿No?.

    «A ver cuánto me comes, uff,» La voz ronca por el placer, sujetó con ambas manos la cabeza de la artista y modelo surcoreana, metiendo centímetro a centímetro todo lo que ella pudiera tragar de su enorme sexo. «Así Irene, muuy bien.»

    Menos de la mitad, bastante menos, antes de que la morocha arrugara su hermoso rostro en una mueca, evitando una arcada pero gimiendo con dificultad, su boca llena de verga, su cara aceitada en sudor y líquido preseminal, con lágrimas deslizándose por sus mejillas. Removió su lengua buscando espacio, pero sólo lograba degustar más carne de su Ayudante. Un sabor salado, fuerte, difícil de describir, pero para nada desagradable como esperaba en un inicio.

    «Voy a ayudarte a aprender, mmh, algunas cosas, para que uses con tu noviecito.» La retuvo unos cuantos segundos más, casi ahogándola con la cabeza y los varios centímetros de carne que había logrado meter en esa boquita. Sus brazos y torso desnudos remarcaban sus músculos y venas, usando su imponente físico para dominar a la, en comparación, pequeña Idol.

    «Aahh, hah, hah.» Finalmente le retiraron lento esa salada y sabrosa carne de su boca, y pudo volver a respirar desesperadas bocanadas de aire. Sus ojos negros desorbitados, idos, completamente superada, intoxicada por el momento. El calor en su entrepierna ya insoportable, mientras su pecho se levantaba y bajaba con ímpetu ante la fuerza de su jadeo. «Hah, no, no hable, no hable de mi nov-ahhmn.» Pero no duró mucho. No habían soltado su cabeza, y esas firmes y fuertes manos volvieron a empujarla contra el falo de carne sin compasión alguna. Con ojos casi en blancos tragó y tragó todo lo que pudo, volviendo a sentir como el líquido preseminal se hacía una rica mezcla con su propia saliva.

    Él gruñó de placer, apretando firme su mandíbula mientras la sostenía con puñados de su lacio y suave cabello azabache. «Más, Irene, eso. Eso linda.» No era sencillo tener a la líder de Red Velvet, de belleza mundialmente reconocida, sometida y comiéndose tu verga como si su vida dependiera de ello. «Me voy a correr en tu boquita.» Sí, no era nada sencillo, y ya se sentía pronto al clímax.

    Y la morocha sólo pudo cerrar sus ojos, rendida, sintiendo como la gorda barra de carne en su boca parecía pulsar contra su cavidad bucal, antes de que un caliente y espeso chorro de semen empezara a dispararse contra su garganta, viéndose obligada a tragarlo todo como podía. Removió sus pegados muslos uno contra otro, su cuerpo empezando a temblar con un poco de fuerza mientras ese calor en su intimidad se volvía una intensa y rica sensación, una que jamás había sentido antes. Estrechó sus ojos cerrándolos con más fuerza. Por unos cuántos segundos vio estrellas mientras su cadera se removía y se hacía un charco de fluidos bajo sus piernas arrodilladas. Arrugó más su naricita y sus cejas se curvaron hacia abajo, sintiendo como un nuevo chorro de esa cremosa leche era vertido a su garganta. «Aghmmhh.» Y otro más. Era demasiado. El semen se acumuló en su boca al no poder tragarse tanta cantidad tan rápido y el viscoso líquido blanco comenzó a brotar de la comisura de sus labios, deslizándose por su mentón, mientras otro chorro de caliente semen se le iba por el lado equivocado, ahogando sus fosas nasales.

    «Uff, Umhh, ¡Irene! Que rico, putita, que rico.» Gruñó de placer nuevamente, terminando de correrse en la inexperta boca de la belleza surcoreana. «Ahh, así sí vas a ver a tu novio. Bien, muy bien.» Fue retirando su ahora más suave miembro, lentamente, de la caliente boca de la morocha. Limpió el sudor de su frente con su mano luego de tal tremenda corrida, soltando un suspiro de gusto.

    «Ah, hah, hah.» Jadeando completamente extasiada luego de su propio clímax, la hermosa modelo y artista cerró su boca al fin para terminar de tragarse sonoramente lo que quedaba en su boca de esa nutritiva leche, su mandíbula cansada luego de tanto esfuerzo. Seguidamente limpió su nariz con una mano, una mueca de disgusto plasmada en su sonrojada y húmeda cara al sentir el caliente semen en su nariz. Por el momento no entendía nada de lo que pasaba, sólo sentía su cuerpo muy caliente y cansado. Miró hacia abajo, notando como sus bragas negras estaban completamente empapadas y pegajosas. Y lo peor es que ahora estaba arrodillada sobre un charco. Alzó las cejas aún más perdida, separando un poco sus piernas para poder tantear con una de sus finas manos a su mojada intimidad. Alzó la mano hasta su rostro, viendo los transparentes fluidos vaginales que ahora adornaban su mano, percibiendo con su nariz el fuerte olor a su sexo.

    «Como dejaste el suelo, putita, mojaste todo.» La sujetaron del mentón con una de esas enormes manos, encarando su cara hacia ese monstruo de carne que todavía se mantenía semierecto a pesar de haberse corrido en tanta cantidad y con tanta fuerza minutos antes. «Limpia mi verga, con tu lengua.»

    Tragó saliva. Saliva y un tanto de ese particular sabor a semen que todavía degustaba en su boca. Y sin protestar abrió grande su boca y sacó su rosada lengua para empezar a trabajar todo el largo de esa enhiesta barra de carne, lamiendo sin descanso, mojándola todavía más en su saliva. «Nnh, ¿Vooy a, nnh, poder ver a mi novio?»

    «Sí, putita. Mañana mismo lo vas a ver.»

    Detuvo su adoración de su dotada herramienta para dirigirle una nueva mirada medio molesta, medio ebria. «La booca.»

    «Unh, no quieres empezar con eso de nuevo.» Se permitió reír, tomando su pesado y venoso falo de la base para pasearlo por toda la cara de la morocha, que simplemente se dejó hacer con una pequeña mueca de sus labios. Sí, verían al pobre cornudo de su novio y sería un encuentro divertido, sin dudas.

    *************************

    Notas finales:

    La finalización a la escena que comenzó en el Capítulo 5: Bebiendo con Irene. Sugiero leer ese primero antes de venir aquí.

    Imágenes de la Idol se pueden encontrar en mi perfil en los links de twitter o tumblr. O puedes buscar por internet «Irene de Red Velvet».

    Gracias por leer, y nos vemos en el siguiente capítulo.

  • Mi sobrino, mi hermana (Parte 6)

    Mi sobrino, mi hermana (Parte 6)

    Resumen de los capítulos anteriores: Mi sobrino Mati nos ve a Amy y a mi teniendo sexo en el jacuzzi y se termina masturbando y cruzando miradas con Amy

    A partir de ahí, comienza una escalada de sexo entre los 3, follando de todas las maneras posible y concluyendo con Mati descubriendo su verdadera sexualidad convertida en Matilde.

    Pasamos 2 días más conviviendo los 3, follando todo el tiempo, hasta que Mati decide finalmente comenzar su viaje de vacaciones. Sale de la casa vestido como Matías (sus amigos se irán enterando poco a poco sobre su verdadero ser, algo que contaremos más adelante), pero con todos los elementos y decisiones para ser Matilde guardados en su equipaje.

    Los días siguientes a la partida de Mati fueron súper caliente. Amy seguía súper excitada, quería y recibía polla todos los días, y como si fuera poco, cada tanto la encontraba, además, masturbándose solita (me encanta ver cuando se toca su coñito caliente y se corre gimiendo).

    Pero todo cambió al tercer día. Mi hermana (Lucía y dueña de la casa en la que nos encontrábamos) adelantó su regreso de vacaciones porque discutió y muy fuerte con mi cuñado Felipe. Al punto que estaba decidida a separarse. No quería volver a su casa con él, por lo que se vino a la casa de veraneo. Nos pidió disculpas por la intromisión (en definitiva era su casa), y nos pidió quedarse con nosotros, necesitaba estar acompañada, conversar con alguien, hacer catarsis.

    «Ufff, se nos arruinaron las vacaciones, chau jornadas de puro sexo» pensé para mi. Pero era mi hermana, debíamos acompañarla.

    Amy acompañó mucho a Laura, le ofrecía atención, consuelos y consejos. Amy es una gran mujer, cada día la amo más. Durante todo el día la acompañó y ayudó a que Laura cambie de humor. En algunos momentos del día hasta las veía riendo y disfrutando del momento.

    Llegó la noche, cenamos, buena comida, buen vino, más buen vino y ya en la sobremesa, estábamos los 3 bastante bebidos. Laura estaba muy sensual, con un vestidito suelto, corto y escotado. Amy no dejaba de mirarle las tetas (yo tampoco, jaja, pero era mi hermana), se le notaba el deseo en los ojos. Me encanta cuando se pone así. En eso, Amy propone pasar al living para continuar con unos chupitos y un porrito en el living. Se transformaron en muchos chupitos y varios porros. Ya estábamos los 3 bien puestos. Amy da un paso más, y comienza a hablar de sexo: que qué le gustaba a ella, qué me gustaba a mi, qué le gustaba a Laura y la pregunta llegó:

    Amy: «Lau, ¿alguna vez estuviste con alguna mujer?»

    Jaja!! La respuesta era obvia: NO!!! No, Amy, mi hermana no.

    Y la respuesta llegó: «Si Amy, y por mis gustos me separé de Feli, él es muy conservador».

    Mis ojos se me salían de la cara.

    Amy: «y si tu cuñada te quisiese besar, qué harías?

    La respuesta la dio con un movimiento sobre ella, la abraza y la da un beso profundo, sus lenguas comenzaron a cruzarse, se besaban apasionadamente. Amy comienza a acariciar las tetas de Laura, respondiendo ella con un dulce gemido. Las manos de Laura buscaron el coñito y el culo de Amy, quien como intuyendo lo que sucedería, estaba sin tanga, por lo que las caricias llegaron directamente a destino. El espectáculo era precioso: mi mujer comiéndose a mi propia hermana. Rápidamente se desnudaron, Amy sin vestido quedo completamente desnuda; por su parte Laura quedó en sostén y tanga, una diminuta tanga que sólo dejaba ver 2 tiritas a los costados, bien metida en el culo y un pequeño triangulito adelante que apenas tapaba su depilado coño.

    Yo miraba todo acariciándome la ya bien parada polla, disfrutaba lo que veía. Amy deja de besar a Laura, para arrodillarse frente a ella y comenzar a comerle el coño haciendo a un lado la tanga pero sin quitársela. Lamía desde el culo, subiendo por el coño, metiendo la lengua un poco adentro y siguiendo viaje arriba para lamer reiteradamente el clítoris de Lau, que gemía y se retorcía de placer. Amy repetía el recorrido culo, coño clítoris una y otra vez, Lau estaba a punto de correrse.

    Por mi parte, yo ya desnudo y tocándome, tenía el culo de Amy a mi merced. Sin dejarlo me acerco y comienzo a chuparle, coño y culo, coño y culo. Amy me pide que la penetre. Lo hago por el coño, ufff, que mojado que está! Entra fácilmente y comienzo a bombearla. Duro, entra, sale, entra, sale.

    Amy se desliza para arriba sobre Laura, comienza a frotarle la pierna en el coño y comienza a besarla en la boca. Yo sigo follándola recostada sobre su espalda, para que entre más. Amy es muy hábil, y morbosa. Se hace rápidamente a un lado, dejando mi cara a centímetros de la de Laura. Es mi hermana quien me abraza (con dificultad porque estaba Amy en el medio) y comienza a besarme la boca. Su lengua entra en mi boca buscando mi lengua, que le ofrezco sin dudarlo.

    Laura deja de besarme para decir «yo también quiero una polla dentro mío». Ufff, yo volaba de calentura. Amy es quien sale del medio, dejando mi polla libre y se acuesta en el piso diciendo: «ven aquí, putita, cómeme el coño ahora a mí». Laura comienza a hacerlo, dejando el culo en pompa.

    Amy dice: «ahí tienes, amor, el culo caliente de tu hermana, todo para ti». Me incorporé, escupí el culo de mi hermana y comencé a follarlo lentamente. A lo que Laura dice «dame fuerte cabrón! Hazme sentir la polla con toda tu fuerza! Ahhh ahhh» gritaba laura.

    Empecé un mete saca rapidísimo, mete, saca, mete saca. Mis huevos golpeaban contra el culo de Laura, y el ruido se fundía con el gemido de ambas.

    Amy se corre, Laura también, gritos, gemidos. El alcohol hizo que dure más. Se la saco del culo y les pido que se pongan de rodillas. Ambas abrazadas, abren sus bocas y sacan sus lenguas esperando mi leche. Me masturbo con fuerza y varios chorros de leche caen en las bocas, cara, pelo y tetas de ambas. Ah que rico!

    Ellas se besan compartiendo mi semen, y limpiándose a pura lengua. Me arrodillo para fundirme en un beso de tres.

    «Bienvenida Lau», le decimos al unísono.

  • Maduro entrenador

    Maduro entrenador

    Conocí a un hombre de 42 años de edad, es entrenador de un gym, se imaginarán lo conservador que está, musculoso y sumamente sexi.

    Empezamos a salir y a pesar de la diferencia de edad, me sentía muy cómoda con él, me invitó a tomar algo en su departamento y yo accedí, al llegar él me tomó la cintura por detrás y me dijo al oído que tenía muchas ganas de penetrar mi vagina a lo que yo le respondí que lo hiciera muy duro.

    Me llevó a su recámara y entre besos me comenzó a quitar de poco en poco la ropa hasta dejarme con mi cachetero de encaje, yo le quité la camisa y quedaron al descubierto sus grandes y formados músculos que me calentaron aún más, el acarició suavemente mis pezones mientras sus manos se metían debajo de mis bragas y poco a poco fue bajando hasta quitarme las bragas, y me empezó a hacer el mejor sexo oral de mi vida, luego de estar un largo rato probando mis jugos yo le quité el bóxer y pude ver lo grande que era si miembro, lo puse en mi boca y comencé a lamerlo hasta que ya no aguanto más y me acomodó frente a él, me abrió las piernas y se puso un poco de salida en los dedos para luego acariciar suavemente mi clítoris, me miro y en voz baja me dijo que le calentaba que yo fuera menor que él, entonces me penetró duro, tal y como me gusta, yo solo podía sentir lo duro y a la vez suave de su pene, me encantaba y no podía dejar de gemir, me estaba dando la cogida de mi vida, solo quería que me la metiera y sacara más rápido hasta hacerme venir.

    Luego de eso nos quedamos dormidos y desperté abrazada a él, totalmente desnuda y satisfecha.

  • Te vi en un blog y tu recuerdo me volvió loco

    Te vi en un blog y tu recuerdo me volvió loco

    Hola Iraia

    Hoy no he podido resistir la tentación de ponerme en contacto contigo y es que aunque tú no lo sabes, tu eres la inspiración de mis fantasías sexuales, desde hace mucho, mucho, tiempo y el ver ayer tu blog y reconocerte hizo que casi explotara de la emoción y que mis fantasías subieran 100 enteros ya que además de lo que pensaba, eras realmente apasionada, liberal, lanzada y en fin increíble.

    Pero voy a explicarme para que sepas de qué estoy hablando.

    Anoche tras la cena y sobremesa con mi mujer, como de costumbre, nos acostamos, yo también como es costumbre en mí, estaba caliente y excitado, pero ella no tenía ganas en ese momento y tras un poco de insistencia, insinuaciones y caricias, tuve que desistir.

    Al poco rato noté que se había quedado profundamente dormida y como yo, a cuenta de mi calentón, no podía dormir, me levanté, sin decidir aun, que hacer, si masturbarme o entrar en Internet a ver que pillaba. Me decidí por esto último, ya que para pajearme siempre tenía tiempo y quizás pillara a alguien que quisiera tener sexo virtual conmigo. Pero casualidades de la vida, no estaban conectadas ninguna de mis amigas, por lo que me decidí a fisgonear páginas y blogs, para excitarme aún más.

    Estaba en ello, cunado por enésima vez me llegó la publicidad de una página y aunque nunca me había interesado, probé a entrar y afiliarme, para matar el rato. Y he ahí mi sorpresa, cuando al ir a los blogs de mi zona, veo el tuyo. Nada más ver tu fotografía, te reconocí sin ninguna duda.

    Aquel precioso cuerpo, sus tetitas pequeñitas pero redondas y firmes, su barriguita plana y bien definida, su postura sexy y desafiante, no podían ser de otra que de la culpable de mis tribulaciones. Mi alegría fue indescriptible. y es que tú seguro que no lo recuerdas, y que no sabrás quien soy (y tampoco te lo diré), pero hace ya muchos años que nos conocemos y unos pocos que te convertiste en mi obsesión frustrada.

    Fue, hará este verano tres o cuatro años, concretamente a finales del mes de junio o principios de julio, cuando como era costumbre, fuimos, tanto mi mujer como yo invitados a cenar por vuestros padres.

    Al entrar en vuestra casa de verano, y también como de costumbre, saliste a recibirnos, y tras besar a mi mujer, te echaste en mis brazos y me plantaste dos sonoros besotes en mis mejillas, apretándome en un fuerte y caliente abrazo. Hasta aquí, todo era normal, lo habías hecho muchas veces, pero esta vez, al menos para mí, era diferente, aquella chiquilla traviesa que yo conocía, se había convertido en una preciosa mujer, tus pechos se habían desarrollado y se adivinaban increíblemente tiesos y turgentes bajo la escasa camiseta que llevabas (por cierto ibas sin sujetador) haciendo que tus pezones, erectos como casi siempre, se notaran en mi pecho al abrazarme, lo que hizo que notara un fuerte escalofrío, y una incipiente comezón en mi entrepierna. Incluso, probablemente producto de mi imaginación, note el vello de tu pubis, contra mi pierna, a través de tu escasa falda de licra.

    Quise quitarle importancia, diciéndome que eras la hija de mis mejores amigos, que te quería como si fueras mi propia sobrina y mil pensamientos similares que pasaron por mi mente, pero no podía quitarme la sensación del calor de tu cuerpo, el olor de tu piel, de mi cabeza.

    En fin, que después de ir al baño y refrescarme la cara y cabeza, logre poner en orden mis ideas y dejar por un momento de sentirme tan excitado y tan indefenso, ante aquella muñeca.

    Pero la noche no había hecho más que empezar, tras los saludos y un aperitivo pasamos a la mesa.

    Te sentaste justo frente a mí, con lo que no te podía quitar la mirada, creo que te diste cuenta por que no paraste quieta en toda la cena. Te ponías de pie y te inclinabas hacia mi cada dos por tres, con la disculpa de ofrecerme ahora pan, ahora vino, después una fuente…

    Y cada vez que lo hacías, dejabas, como por descuido, al descubierto tus maravillosos pechos, enseñándome unas veces hasta la aureola, rosada y fresca, otras incluso tus duros pezones, siempre sin parar de reírte.

    Yo cada vez estaba más caliente y ya no sabía qué hacer para que no se me notase la hinchazón de mis pantalones, que tuve que cubrir con la servilleta. Me sentí enormemente violento, porque pensé que mi mujer se daba cuenta, pues me preguntó varias veces porque estaba tan callado.

    Tuve que recurrir a la tan gastada excusa de que me dolía la cabeza y ante su insistencia, tomarme una aspirina, aunque no era la cabeza la que realmente me dolía. Pero lo peor, (o lo mejor) no llego hasta los postres.

    Me pareció muy raro que estabas muy callada y seria de repente y que no parabas de mover tus piernas y hacer gestos raros, y que te subía un rubor que no venía a cuento, pensé por un momento que, te habías dado cuenta de mi calentón, que a pesar de que había hecho todo lo posible por disimularlo, y que en varias ocasiones incluso estuve a punto de ir al WC a pajearme para intentar bajar el tono, pero no me había atrevido, debido a que con la tremenda erección que tenía, se me iba a notar.

    Así las cosas, deje caer disimuladamente mi tenedor al suelo, y con la disculpa de cogerlo, aproveche para echar una miradita a tus piernas, y cual sería mi sorpresa al ver, que te dedicabas a lo que ahora, gracias a las historias que he leído en tu blog, sé que es tu deporte favorito, que te estabas masturbando, abriendo y cerrando las piernas rítmicamente.

    Por si fuera poco, para colmar mi estupor, no llevabas bragas, y la visión de tu increíble coñito, casi chorreante, casi hace que me corriera violentamente, pero afortunadamente lo pude impedir y me di un fuerte golpe en la cabeza al levantarme, que casi hace que tirara la mesa.

    Todos reísteis de mi torpeza que yo achaqué al dolor de cabeza. A partir de aquel momento no pararon de caérseme los cubiertos, salírseme los zapatos, etc.

    En fin, cualquier disculpa que me permitiera repetir la increíble visión que había bajo la mesa. Al llegar el café, ya tenía los testículos a punto de reventar, con lo que aprovechando un momento de confusión, fui al servicio, y me masturbé como nunca lo había hecho, regodeándome en las fantásticas visiones que me habías brindado.

    La corrida fue monumental, y ya más relajado volví al comedor y terminamos la cena, momento en el que te retiraste a tu habitación, no sin darme otro abrazo aún más intenso y caliente que el del recibimiento y de que nuestros labios casi se rozaran al besarme en las mejillas.

    Luego tras una larga y animada conversación con tus padres, marchamos nuestra casa, pero al ir a la cama con mi mujer, volvió tu impresionante recuerdo y volví a empalmarme como hacía tiempo que no lo hacía, follé con el cuerpo de mi mujer como un loco, sin quitarme de mi mente tus tentadoras tetitas, tu firme culito, ese coñito que me dejo KAO solo con su visión, y aunque estaba con ella realmente, con quien follaba era contigo, Iraira,

    Ella consiguió tres orgasmos estrepitosos, cosa que hacía años que no le pasaba, por lo que después de aquel maravilloso polvo, me preguntó que me había pasado, que no parecía el mismo, a lo que le contesté que tu madre debía haber puesto algún afrodisíaco en la cena y reímos a gusto hasta quedarnos dormidos.

    Desde entonces, casi a diario pienso en ti, y en aquella cena (ya no se repitió, puesto que ya empezaste a salir con tus amigos y aunque sigo cenando a menudo con tus padres, tu nunca asistes a las cenas), y te has convertido, como he dicho al principio en el objeto de mis fantasías, y en la inspiración de mis mejores orgasmos, tanto solitarios como en compañía.

    De ahí mi alegría de esta noche al descubrir tu blog, ya que con tus escritos, has incrementado mi interés y me has dado nuevas fantasías en las que soñar, (estoy seguro de que te veré en el cine, metiéndote puñados de granizo bajo tus bragas, masturbándote en el balcón de tu casa, jugando con un plátano en el agua…).

    Por todo ello no puedo dejar de darte las gracias, y quizás otro día pueda escribirte de nuevo, para contarte los sueños que me has provocado.

    Y ahora quiero pedirte un favor, ya que te gusta hacerle caso a tu ciber amo, haz al menos una vez por mí, realidad la fantasía, de invitar a cenar a algún amigo y vestida al completo, con ropa interior, pedirle que te masturbe bajo la mesa, mientras cenáis con tus padres, mastúrbale también tu a él, y piensa que soy yo, aunque no sabrás quien soy.

    Un besazo muy fuerte en la parte de tu cuerpo que más te apetezca.

  • Mi primer regalo de navidad

    Mi primer regalo de navidad

    Veintitrés de diciembre, eran como las cuatro de la tarde cuando tocan a la puerta. Mi madre se apresura a atender con su mandil de cocina, llena de alegría. Mis tíos habían llegado para pasar la navidad en casa.

    Mi tía, su esposo y su hijo desfilaban por la puerta entre risas, pasando a saludar de paso a mi papá, y mi mamá con suma euforia y calidez.

    Habían llegado justo a tiempo para la comida, mi tía se acomidió a ayudarle a mi madre a terminar de preparar el estofado típico de las fechas. Y las risas, los recuerdos, anécdotas, y los saludos a petición de los familiares que no pudieron asistir este año.

    Terminando la comida nos acomodaríamos como pudiéramos en las habitaciones disponibles de la casa. Mamá y papá no sufrirían por las visitas, mis tíos se quedarían en el cuarto de huéspedes, pero yo, en cambio, compartiría la recamara con mi primo.

    A decir verdad no me molestaba en absoluto, siempre he llevado una linda amistad con mi primo desde niños, y ahora no es muy diferente; mantenemos contacto aún a distancia desde las redes sociales y nos llevamos bien pese a vivir en ciudades diferentes desde hace ocho años.

    Yo tenía diecinueve años en ese entonces, él era un mayor, debía tener veinticuatro seguramente. Esa primera noche nos desvelamos un poco platicando de nuestras vivencias cuando éramos niños; me confesó que tenía novia desde hacía tres años cuando la conoció en la universidad, parecía algo serio, llevaban muy bien su relación, incluso me mostró algunas fotos que guardaba con mucho cariño en su móvil. Se les veía muy felices.

    Justo en esas fechas no tenía pareja sentimental alguna, y a decir verdad sentía mucha envidia de mi primo. Sucede que siempre me ha atraído desde muy pequeños. No es para menos, es un chico muy lindo, agradable, amigable, maduro, e inteligente. Siempre estuve enamorada de su mirada seria, su seguridad y esa coqueta sonrisa simpática y natural que suelta cada vez que hace alguna broma, cuando menos te lo esperas.

    Al día siguiente todo fue un torrente de emociones, un frenesí total. Mi abuela llegaba desde temprano, quien junto con sus hijas le ayudarían con la cena de navidad. En tanto, mi primo y yo seríamos los encargados de realizar las compras. Salimos en el auto de mamá. Y las compras, las filas, la tarjeta, el tráfico, el caos.

    Pero yo estaba encantada de pasar el día de compras con mi primo, quien me alegraba el día con sus divertidas bromas, no lo sé, un poco me sentía como su novia en ese momento.

    Ya por la tarde fue toda alegría y espíritu navideño. La familia llegaba a pasar la navidad; la casa estaba llena, todos reían y el calor de hogar empañaba las ventanas enajenando el helado frío del exterior. Los tíos jugaban cartas con mi papá, las tías conversaban amenamente con la abuela y con mamá. Y yo me divertía con los primos y primas en la sala, compartiendo anécdotas y recuerdos.

    La noche se desarrolló de las mil maravillas, a mí siempre me ha gustado la navidad y mucho más en familia. Pasada la media noche, el ambiente había cambiado por completo; los adultos, ya con algunas copas encima, bailaban con las canciones típicas de las fiestas, las carcajadas resonaban en toda la casa, los niños luchaban por mantenerse despiertos después de un día de juegos y diversiones, y los adolescentes habíamos subido un poco el tono de la charla confesando experiencias más íntimas, alentados por el alcohol y los cigarrillos.

    Mis primos fanfarroneaban un poco con sus conquistas y aventuras en la cama, mis primas un poco más reservadas, solo describían un poco sus experiencias omitiendo detalles. Pero no eran necesarios, mi imaginación era suficiente para hacer realidad aquellas fantasías en mi mente, potenciada por las bebidas en mi sangre y el humo del cigarrillo, cual dicho sea de paso no era de tabaco, que si bien no estaba fumando, sí que lo estaría inhalando inevitablemente.

    Una de aquellas confesiones, la que me habría puesto más caliente, fue la de mi primo con quien compartía más que una simple amistad. Él, quien nos relataba sobre el frenesí sexual que desempeñaba con su novia, describiendo sin pudor alguno todo el acto, historia y contexto.

    Fue en ese momento cuando comencé a sentirme realmente relajada, sí, era por la hierba, pero también por sus palabras. Poco a poco me perdía en sus relatos materializándolos en mi mente, haciéndome protagonista al reemplazarme por su novia. Al paso del tiempo me ponía más y más excitada, muerta de envidia por aquellas relaciones explicitas, fantaseando con ser yo la que gozaba del cuerpo de mi primo, ser besada, acariciada y penetrada por él.

    Entonces no pude más, con las bebidas haciendo estragos tuve que ir al baño. Me alejé del grupo en la sala y caminé un poco mareada por los pasillos hasta el baño, que se encontraba entre la sala y la cocina, donde mis tíos tomaban y conversaban efusivamente.

    Enseguida entré cerrando la puerta con seguro tras de mí, me senté en el mingitorio y desahogue mi vejiga con un fuerte y tibio chorro de orina. Al terminar, quise acomodarme el peinado que para esas horas de la madrugada ya lo tenía todo alborotado. Y mi vestido estaba arrugado y fuera de su sitio, entonces lo traté de amoldar de nuevo a mi cuerpo; le estiré con firmeza, me acomodé los tirantes y cuando revisaba que mi escote estuviese en su sitio, me acaricié mis senos.

    De inmediato sentí como se inflamaban contrayéndose y endureciéndose al paso de mis manos, quienes siguieron su camino, deslizándose en mi cintura, abdomen hasta llegar a mi entrepierna. Ahí presioné fuertemente mi vagina con la palma de mi mano sintiendo como se mojaba al sentir mis dedos sobre ella, cual esponja lavaplatos. Ni siquiera lo sabía, pero estaba excitada como nunca.

    Perdida en mis caricias, me senté en el retrete con la tapa baja. Abrí mis piernas y comencé a tocarme dulcemente. Mis bragas estaban todas mojadas y calientes, mis dedos se restregaban con fuerza en mi coño sobre mi ropa interior, haciéndome sentir las más excitantes caricias en mi cuerpo entumecido.

    Afuera escuchaba las risas de mi familia, precedidas por las agudas voces de mis tíos al contar sus anécdotas con hilarante sarcasmo, mientras mi mano se deslizaban por debajo de mis mojadas bragas para acariciar mis calientes labios vaginales con mis fríos dedos, produciéndome un estremecedor escalofrío que me erizaba toda la piel. Cuando de pronto escuché a mis tíos aparentemente despidiéndose muy cerca del baño.

    Asustada, me apresuré a arreglarme para salir a toda prisa y comprobar que efectivamente la familia se estaba separando de nuevo, quizá por otro año completo más.

    Ahí, me uní a los abrazos, las felicitaciones y las tristes despedidas. Y sin saberlo, en un momento la casa había quedado en completo silencio, sola y sin ese calor de hogar. Mis padres se dirigían un poco tomados a su recamara. Pude ver a mi primo subir en pos de ellos a mí… nuestra alcoba.

    Ya bien caliente quería regresar al baño y terminar con lo que tanto necesitaba aquella navidad. Pero el impulso por estar con mi primo fue más fuerte, simplemente no pude dejarlo irse solo, quizá pensaría que ya no me importaba más hablar con él, sin saber que no había otra cosa que deseara como regalo, que su compañía.

    Tan solo regresé a la cocina a apagar las luces que se habían quedado olvidadas, hice lo mismo con la lámpara de la sala, y de paso me terminé mi trago de vino que había dejado a medias.

    Así me dirigí a mi habitación donde sabía que estaría esperándome mi querido y deseado primo. Subí las escaleras, caminé por el pasillo y al pasar por mi puerta lo vi. Estaba poniéndose su ropa de dormir. Simplemente no lo podía creer. Mi primo se había desnudado en mi habitación, con la puerta abierta y me lo había perdido.

    Maldiciendo a mis adentros, caminaba a mi cama mientras él, sobre su saco de dormir que había colocado al pie de mi cama, se terminaba de cubrir su tonificado y marcado torso, dejándome todavía más caliente.

    Entonces me desinhibí por completo. Si él había tenido la suficiente confianza e insolencia para desnudarse en la recamara de una dama, ¿por qué yo no lo haría? De cualquier forma era mía.

    Así, con aquella chantajista excusa en mi mente, tomé mi ropa de dormir, apagué la luz del cuarto, y sin más me desnudé en medio de la habitación casi frente a él.

    No sé si pudo verme, pienso que sí. Me encantaba esa idea, todo ese bello momento me gustaba mucho, no quería que terminara ese día, por ello quise continuar con la plática y pregunté en voz alta si todo lo que había confesado era verdad.

    Aventé la pregunta al viento, como no queriendo que la escuchará nadie en específico, mirando el techo de la habitación con la mirada perdida y mi cuerpo temblando de excitación.

    Ahí, en la penumbra y el completo silencio de la noche, mi primo me aseguraba que no había dicho mentira alguna. Aprovechando que había mordido el anzuelo, me apresure a replicarle otra pregunta más, fingiendo inquietud por lo que su novia pudiese pensar de enterarse que se andaba divulgando su vida privada de esa manera, a lo que enseguida me respondía “Para nada.”

    En un principio creí que me lo decía para que me quedara tranquila, pero continuó explicándome que, además de haber relatado su vida íntima en familia, de hecho a su novia le gustaba hacer pública su sexualidad, confesándome que ella hacía lo mismo con sus amigas todo el tiempo.

    Y entonces no supe que pensar. Si todo eso sería una vil mentira planeada, o si en verdad su relación era así de abierta. En tal caso me parecía imprudente, me había dejado una imagen de su novia muy baja, como si no le importara su noviazgo, la imaginaba como una cualquiera.

    Pero aun así me carcomía la envidia, de ser todo cierto, el imaginar hacerlo como lo había relatado me hacía desear por experimentar en carne propia, aunque fuese una de aquellas veces. Me moría de ganas por ser la zorra de mi primo.

    “¿Y además de exhibir sus intimidades en la cama, qué más le excita?” le pregunté, refiriéndome a su pareja sentimental, arrancándole una risa espontanea. Me respondía que le gustaban los juegos de rol como ya nos había confesado. Compartí su risa y me atreví a cuestiónale qué era lo que le gustaba a él.

    Pausó un momento, suspiró y en tono más serio me confesó que le gustaba hacer feliz a su pareja, le gustaba lo que a ella le gustara, venga, que le excitaba excitar. Y sin duda lo que a mí me excitaba, era él.

    Tan solo de escuchar su voz y saber que estaba en mi cuarto, era suficiente para maravillarme y deleitarme con su presencia, mientras mi mano regresaba a mi entrepierna bajo las sabanas de mi cama jugueteando con mi clítoris erecto regocijándome con las palabras de aquel chico maravilloso, hermoso y atlético, menospreciado por su estúpida amante que no le sabía valorar.

    Finalmente enmudecimos y la oscuridad del cuarto apagó nuestros ecos. Cansado, mi primo poco tardó en conciliar sueño, pero yo no podía, estaba insoportablemente caliente, realmente necesitaba tocarme. Así que continué tocándome con extrema cautela de no alarmar a mi primo.

    Pero estaba tan excitada que mi respiración se aceleraba agitadamente, los latidos de un corazón embestían con rudeza bajo mis senos y mis dedos me proporcionaban un hermoso placer asiéndome gemir un poco, al sentir las tortuosas carisias de mis dedos en mi mojado coño que hacían ruidillos húmedos bajo las sabanas. Dibujando aquellas fantasías en mi mente, lentamente sentía mi vagina dilatarse a punto de hacerme venir.

    El silencio se veía desgarrado por los sonidos de mis dedos restregando mis fluidos en mi vagina y por mis sutiles quejidos que exhalaba sensualmente incapaz de contener el aliento de lo excutada que estaba. Al tiempo que me imaginaba el cuerpo de mi primo sobre el mío, sentir sus caricias y saborear sus besos, seguía y seguí dándome placer.

    Entonces no lo soporté más y salí de la cama, me desnudé, y así, me metí en el saco de dormir de mi primo, quien estaba perdido en sus propios sueños. Completamente loca, me inmiscuí bajo sus cobijas, me subí en él y comencé a restregar su mi cuerpo en el suyo.

    Él aún dormía cuando yo me masturbaba con su pene, restregándolo en mi húmeda vagina, contoneando mi cadera de arriba abajo.

    Entonces despertaba para encontrarse con su prima ardiente sobre él, sin saber bien que pasaba. Adormitado, mi primo intentaba conciliar lo que sucedía, sin poder dar cabida a la realidad. Porque la realidad era que me lo estaba follado. Finalmente lograba entrar en razón para hacerme segunda en aquel bello e indecente momento.

    No sé si también lo quería, pero al sentir mi cuerpo desnudo sus manos cobraron vida, abrazándome con sus fuertes brazos, acariciándome seductoramente desde mi espalda hasta mis nalgas y piernas. Estaba encantada y extasiada de por fin estar cumpliendo la fantasía de encarnarme en la novia de mi primo.

    Encantada me lancé en un apasionado beso enamorándome con sus labios húmedos en los míos, mientras le desnudaba desesperadamente para frotarle mis senos duros en sus fuertes pectorales. Enseguida, le bajé los pantalones para refregarle mi caliente y mojado coño en su pene completamente erecto, a lo largo de su duro escroto.

    Seguí así un largo tiempo, estaba tan fascinada que tenía toda la certeza de que me haría venir ahí mismo. Pero él me quería completa intentando penetrarme. Yo no quería hacerlo, tenía un poco de miedo pues nunca lo había hecho antes, aún era virgen.

    Pero me sentía tan bien, tan excitada, tan fogosa, tan suya, que no pude detenerlo. En cambio le abrí mis piernas alrededor de las suyas, permitiéndole a su miembro erecto y cálido deslizarse dentro de mi estrecha vagina adolecente.

    Entre desgarradores susurros le pedía que lo hiciera despacio, mientras él me besaba el cuello con extrema pasión, haciéndome estremecer perdida en sus carisias, al tiempo que lentamente me encarnaba su largo y grueso miembro.

    Me dolió mucho recuerdo, pero al mismo tiempo me gustaba tanto que me hacía gozar como nunca, regalándome los mejores placer de todo mi vida, sintiendo cómo la cabeza de su glande desgarraba mi himen rompiéndome el coño profundamente, pero al mismo tiempo complacerme por fin con su pene dentro de mí, como tanto deseaba y necesitaba.

    Ahí, quería parar para recuperar aliento, pero no pude, estaba realmente caliente y enamorada del momento. Seguí besándolo amorosamente mientras él me penetraba al ritmo que movía mi cadera, dilatando mi estrecha cavidad para permitirle plantarme cada vez más fuerte, más profundo y más rápido, estimulándome increíblemente, al tiempo que le agradecía gimiéndole en el oído con extrema excitación rogándole porque no parará hasta hacerme correr encima de él.

    Entonces continuó con el satisfactorio vaivén de su miembro penetrando en mi virgen vagina bañándose con los fluidos naturales de mis eyaculaciones y el rojo propio de mi himen desgarrado dentro de mí. Cuando sentía un inminente orgasmo explotando desde lo más profundo de mi cuerpo que me hacía sollozar como zorra sobre él, contrayendo mi cintura para apretujar mis piernas intentando contener tan intenso primer orgasmo sexual. Un regalo desde lo más íntimo de mi ser.

    Si el relato te ha gustado,

    Te invito a leer más historias, visitando mi perfil.

    Me encanta leer tus comentarios.

    No olvides calificar.

    Te deseo felices fantasías.

  • Los y las compas de trabajo

    Los y las compas de trabajo

    Hoy quiero contar una historia verdadera que me pasó hace algunos días, era la fiesta de despedida del año en la oficina que trabajo, somos 23 personas somos más chicas que chicos. Hace algunos años tuve historias de sexo con compañeros y compañeras, pero esta que pasó hace poco fue sin duda la más atrevida.

    Fuimos a una chacra donde se celebró la fiesta de fin de año casi todos con las familias, yo fui sola ya que mi pareja estaba de viaje, Laura mi compañera de cubículo y gimnasio también fue sola, pasamos un lindo día y a la noche nos quedamos todos a dormir ya que la fiesta seguía todo el finde. Laura y yo decidimos compartir cuarto así que cerca de las 23 fuimos a descansar. Ella me dijo que se duchaba primero mientras yo hablaba por teléfono con mi novio, escuché que se cerró el agua y di las buenas noches a mi novio. Laura salió del baño envuelta en la toalla y yo entré a ducharme.

    Ella es muy linda tiene algo de sobrepeso, pero estamos trabajando para solucionar eso. Yo soy muy atlética. Entre a la ducha y de pronto note que ella entró al baño, mire a través de la mampara y vi su silueta, enseguida sentí mucho deseo de sexo, pensé en masturbarme, pero preferí salir de la ducha desnuda y chorreando ella me miró y me dijo:

    -Vale que linda sos

    Me reí y le dije

    -si? Bésame

    Ella me miró y lo hizo sin más. Me beso. La mire asombrada y le dije

    -huauu que rico besas

    Ella me tomo de la mano y me llevó al cuarto y así comenzó la noche que más he disfrutado en mi vida.

    Me tiro sobre la cama y beso, yo desnuda, ella con su bata. Le desabroche la bata y vi su cuerpo hermoso. Ella no paraba de besar mi boca luego lento, empezó a besar mi cuello, mis pechos eran mordidos, chupados, apretados por Laura, yo solo gemía. Ella poco a poco bajó por mi vientre hasta mi concha depilada del todo me la beso y comenzó a chupar, paso mi lengua de arriba a abajo suave muy suave, yo solo podía gemir, mordió un poco mi clítoris y yo a punto de acabar estaba en el paraíso con esa hembra que me daba un rico sexo oral.

    De pronto ella paró y me dijo

    -ahora invitemos a Claudio y su esposa.

    Quedé helada, no le respondí. Claudio y yo ya habíamos tenido sexo y no quería tenerlo con su esposa.

    -si -dijo ella sentada al borde de la cama- esa mujer, la esposa de Claudio es un fuego -dijo Laura y me di cuenta que ellos tres ya habían tenido sexo.

    Claudio es un tipo de unos 50 años, muy atlético, con un gran pene enorme, su esposa es de su edad, muy cuidada, pero no sabía yo que disfrutaba de los placeres del sexo en grupo.

    -bien –respondí- invítalos

    Ella tomó su celular se sacó una foto con su bata abierta y la envió, yo rogaba por más sexo, ella me besaba y acariciaba yo quería más.

    De repente golpean la puerta era Claudio y su esposa, entraron, saludaron y entre los tres se besaron, yo desnuda por completo excitada al máximo solo miré, la esposa de Claudio me miró y me largo a la cara…

    -vos sos la puta que mi marido se coge.

    Quede sin hablar, él sonrió y me besó, ella rio fuerte y me dijo:

    -tranquila yo lo dejé.

    Claudio comenzó a besarme mientras su esposa y Laura se tocaban, yo caliente lo desnude a él y me arrodillé a chupar su pija enorme que estaba ya muy dura, las chicas se tocaban y sus gemidos me ponían a mil, chupé, lamí, mordí, tragué la pija de Claudio mientras él me tomaba del pelo fuerte. Las chicas ya en un frenético 69 no daban más y yo tampoco, le pedí a Claudio que me la metiera ya, él respondió “solo por tu culo mami”. Me encanta el sexo anal a lo que dije que si, él me metió de una su gran pija.

    En eso su esposa me besa y se acuesta para que yo chupe su concha y Laura me chupa la mía. Yo estaba en el paraíso tenía un gran pene en el culo, una mujer chupándome mi conchita y yo chupando la concha de otra. Así nos mantuvimos un buen rato hasta que él acabó dentro de mí, se acostó cansado a nuestro lado y su esposa me chupó el culo, metió su lengua hasta el fondo sacando la leche de su marido y Laura le dejaba bien limpia la pija a Claudio. Yo estalle en un orgasmo, su esposa me pidió “ahora déjame a mi darte placer”.

    Se subió sobre mi y empezó a refregar su concha en la mía, fue una de las experiencia más eróticas que tuve en mi vida. Tuve dos orgasmo mientras ella me daba su concha. Laura y Claudio ya recuperados cogían en el sillón y nosotras nos dábamos como locas, primero ella sobre mí y luego yo sobre ella, hasta que no dimos más. Nos acurrucamos y dormimos. Claudio y Laura seguían cogiendo en otros cuartos con otras personas, pero eso lo cuento luego!