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  • Fútbol televisado

    Fútbol televisado

    Había estado trabajando en mi jardín todo el día. Me encontraba cansado y a punto de dejar mi tarea, pero había un árbol que estaba difícil, pero no debía dejarlo para otro día porque podría ser motivo de accidente.  Apareció mi vecino muy fornido y en muy buena forma y ofreciéndose para ayudarme a mover el último tocón de árbol que había estado cortando. Acabé chorreando sudor por el esfuerzo realizado durante todo el día y al final con prisa porque el partido de fútbol estaba a punto de iniciarse en la televisión. ¡Mi vecino se había quitado la camisa y apenas había sudado! Lo invité a una cerveza de agradecimiento y aceptó, le di la cerveza y conectó el televisor justo cuando comenzaba el partido.

    — Voy a darme una ducha rápida, ponte cómodo; siento mucho que encuentres mi covacha tan escasa de muebles, es que todavía no he desempacado todo. Me enjaboné muy rápido, me enjuagué y salí. Lo escuché vitorear al equipo local y no quería perderme nada, así que salí solo con mi toalla para ver la repetición. Me senté en el borde cerca del televisor. Tomé dos cervezas más, las traje y me tumbé en el sofá. Apenas sus ojos se despegaban de la pantalla, pero de vez en cuando lo veía mirándome y luego se acercó un poco más a mí. Su camisa estaba sobre sus rodillas, su sombrero hacia atrás, por lo que me presentaba una buena panorámica de su pecho y sus brazos. ¡Menudo pedazo de hombre! Le hablaba sobre el juego que veía y fingí estar tranquilo. Como si estar desnudo bajo una simple toalla no tuviera la mínima importancia. Volvió a acercarse y vi que su mirada llegaba a mi hombro y bajaba por mi trasero. Se movió para acomodarse su entrepierna. Me di cuenta entonces que ya se había tomado su segunda cerveza casi había desaparecido y reaccionó él diciéndome:

    —Tomaría otra, sí no te molesta, ahora que ya están casi acabando la primera parte.

    Cuando volví con dos cervezas, abandoné la toalla, me tumbé desnudo y le puse la cerveza en el suelo delante de él, su mirada no se apartaba de la pantalla. Comenzaron los comerciales y se giró para mirarme, ¡pero sus ojos se dirigieron directamente a mi culo apretado y liso.

    —Wau ¡joder!, mira eso. Parece que me ha tocado la lotería con un nuevo vecino.

    Me sonreí y le dije:

    — No era esto lo que buscaba, pero me miraste con esos ojos tuyos tan abiertos y tan luminosos… y bueno…

    Puso su dedo en mis labios y me abrazó, me agarró de los tobillos, me giró sobre el sofá para que mi trasero estuviera justo en su cara y se zambulló allí, lamiendo mi culo apretado como si ya fuera mi esposo. Me hizo gemir y chillar a gusto. Tres horas más tarde el juego terminó. ¡¡No estoy seguro de quién ganó, pero logró depositar una buena carga en mi garganta y otra en mi culo!! ¡Me corrí dos veces sin tocarme mientras él me follaba! ¡¡¡Me folló largo y profundo!!! Me desespera tener que esperar al domingo para que venga a ver el fútbol, así hemos quedado. ¡Será un evento de todo el día!

  • Descubriendo afecciones

    Descubriendo afecciones

    Hace ya más de 30 años trabajé en el equivalente a una casa de cultura patrocinada por el gobierno federal, en Coyoacán, pues requería demostrarme a mí misma que era capaz de sostenerme y, por qué no, llegar a ser independiente de Saúl, mi esposo. A los pocos días me enredé con Leandro, un compañero de trabajo que tenía un puesto similar al mío. Me pasó lo mismo que muchas otras veces: él me atrajo, yo también le causé atracción, y se dio lo demás. Él era soltero y sabía que yo estaba casada, no obstante, Leandro insistió y como yo no soy afecta a resistirme si me revolotean las mariposas en el estómago, al mes yo ya había conocido la recámara de su departamento…

    El asunto es que una noche habíamos quedado de ir a su casa a retozar un rato, pero hubo una “urgencia” de trabajo, algo muy común en los jefes que no saben administrar correctamente los recursos y dejan en la charola de recepción los asuntos para darles salida a la última hora. Le comuniqué a Saúl el problema y le pedí que él atendiera a los niños cuando se tuviese que retirar mi hermana y que un compañero me iría a dejar a la casa.

    Salimos relativamente tarde y ya no podríamos ir al departamento de Leandro, pero estábamos muy calientes pues mientras cumplíamos el trabajo, cada vez que podíamos, nos manoseábamos. Al salir, en vez de bajar las escaleras, subimos hasta la azotea, la luna estaba esplendorosa y nos besamos como dos enamorados. Leandro se sacó el pene, me subió un poco la falda. Tomé su miembro babeante y me hice a un lado las pantaletas para frotar su glande en mi clítoris, acción muy común con él y otros en esas condiciones para facilitar la introducción de pie. Nos movimos un poco mientras seguíamos besándonos. Levantando mi falda, me tomó de las nalgas para cargarme, abrí las piernas y eché la cabeza para atrás cuando me introdujo todo el miembro y sentí hermoso el recorrido por el interior sumamente viscoso de mi vagina, no pude cerrar los ojos de inmediato, que es lo usual, porque claramente vi que la Luna iluminó más fuerte nuestro amor, pero los cerré cuando me balanceó rápidamente pues vino mi primer orgasmo, más correctamente el primero de la ola continua de orgasmos que tuve hasta que se vino y me volvió a poner con los pies en el piso.

    –Descansemos así un poco, que traigo para otro más, Tita –me dijo y recordé que era tarde, además de que escuché que alguien subía las escaleras.

    –No, alguien viene –le dije apartándome de él y acomodándome la falda antes de tomar la bolsa.

    –Buenas noches –dijo el vigilante quien había subido para cerrar la puerta.

    –Buenas noches. ¿Ya vio que hermosa está la Luna? –Le dije dirigiéndonos hacia la puerta.

    –Sí, está hermosa –contestó mirando mi pecho.

    –Buenas noches, hasta mañana –dijo Leandro señalando hacia la escalera para que bajáramos.

    –Hasta mañana, que descansen… –Contesto con cierto sarcasmo y sonreímos.

    –¡Me quedé con las ganas de otra venida más! –me dijo Leandro al salir del edifico–. Vamos a mi casa para terminar –me pidió.

    –No ya es muy tarde, pero en el carro te ayudaré a que te salga lo que falta –le dije mirándolo con picardía, y me pasé la lengua por los labios.

    Leandro sonrió, me abrió la puerta del auto y, apenas cuando él subió, se sacó la verga, aún amorcillada.

    –Vámonos sin prisa –pedí al tomar su falo y cuando arrancó el motor del carro empecé con mi juego de lengua limpiando el glande y el tronco.

    Todo el camino se la vine chupando y masajeándole las bolas. Ni qué decir que cuando se estacionó a la puerta de mi casa, bajo la luz del farol ya la tenía sumamente parada. Me incorporé y vi que el interior de la casa estaba apagado, señal de que ya estarían durmiendo todos.

    –Aún no me sacas lo que me falta –me dijo antes de besarme y después me inclinó la cabeza para que continuara la tarea prometida.

    –Ahorita lo hago, mi amor –le dije acomodándome para concluir mi labor, sabiendo que nadie nos vería y él reclino el respaldo del asiento.

    Meneándole el tronco, se la mamé hasta que se vino; en efecto, aún traía mucho esperma pues se me escurrió un poco sobre su pantalón, lanzó un grito apagado al sacar el último chorro. Saboreé un poco de semen y al besarlo le di en la boca lo que me sobraba.

    Salí de inmediato y me pareció ver una sombra en el resquicio de la cortina del ventanal de arriba, pero no quise verificarlo. Abrí rápidamente el portón y me introduje a casa, al voltear al auto cuando lo cerré vi que Leandro acomodaba el respaldo verticalmente y se limpiaba los labios con la manga de la camisa, pero seguía con los ojos cerrados, disfrutando el letargo del orgasmo. En ese momento se encendió la luz del patio y supuse que Saúl se habría levantado, pero de inmediato cambié ese pensamiento por la duda: ¿acaso era Saúl la sombra que me pareció ver en la ventana? Con esto en la cabeza, abrí la puerta interior y Saúl prendió la luz de la escalera a la cual me dirigí y la subí sin prisa.

    –Hola, Nena, ¿cómo te fue? –me saludó y por respuesta recibió un beso con intenso sabor a semen– ¿Te gustó la leche? –pregunto limpiándome unas gotas que aún traía en la barbilla las cuales me embarró en los labios y, cuando los lamía escuché el arranque del auto de Leandro; al voltear hacia la ventana, me di cuenta que Saúl se percató de todo, aunque no viera lo suficiente pues seguramente mi cabellera le estorbaba.

    –A mí sí, ¿y a ti? –le pregunté con descaro, volviéndome a relamer los labios, viendo por la misma rendija de la cortina cómo se alejaba el auto de Leandro. Para darle a entender que no me intimidaba.

    Me levantó la falda, se hincó y me bajó de golpe las pantaletas. Acercó su cara al pelambre de mi cuca revolviéndolo con la nariz.

    –¡También acá huele a semen mi Nena puta…! –dijo, abarcando mis nalgas con sus manos y me comenzó a chupar con fruición.

    Recordé que así me hizo una vez que llegué de hacer el amor con Eduardo y, sin decir nada más que colocándome en posición de 69, con mis mamadas lo obligué a que me chupara. Lo disfrutamos mucho aquella vez y seguramente sabía que lo quería humillar, pero fue muy amoroso. Sí, corroboré que me ama como soy y que le gusta la leche en mi vagina. Soy su Nena, puta, pero su Nena…

  • Manchada por placer

    Manchada por placer

    Relato creado de manera asíncrona entre El Vecino del ático y Noelia Medina.

    Le habían dado plantón. A ella.

    Gastarse medio sueldo en aquella lencería sofisticada solo le había servido para sentirse doblemente ridícula.

    Valeria se encontraba tumbada en la cama, aburrida, medio desnuda y con el móvil en la mano, de tweet en tweet. Entonces lo vio. Un perfil que, de entre todos, se quedaría grabado en su retina como escultura a la piedra.

    Era Pablox82, y acababa de publicar una fotografía tumbado en la cama, acompañado de un texto que la hizo sentirse identificada. «Sábado noche y plantado con mis mejores galas». El muchacho se mostraba de torso hacia abajo, dejando ver sus oblicuos perfectamente marcados, justo por encima de unos bóxers de color rojo que había comprado para despedir el año. Valeria sonrió. Al parecer no era la única que tendría que quitarse la ropa interior sola si quería terminar el año desnuda.

    Fisgoneó el perfil y lo que vio le gustó. Provocador sin ser explícito; sensual sin rozar lo vulgar. Torso firme y culo prieto. Imaginó lo que habría oculto y, atrevida, mucho más de lo que era normalmente, lo siguió. Miró el reloj y se mordió el labio inferior. Las diez de la noche. No era suficiente atrevimiento, así que decidió hacerse una foto y subirla. Si él la seguía, sería lo primero que vería.

    Perdido en sus pensamientos, rozando la tristeza por tener que pasar solo esa noche que socialmente se auguraba tan especial, algo lo hizo volver a la realidad: una cuenta había empezado a seguirle justo después de haber compartido su estado. Se trataba de una mujer y eso le llamó la atención… Valeria, según su perfil. Sin pensarlo la siguió también. A ver qué se escondía detrás de esa misteriosa chica que una Noche Vieja se había interesado en él.

    La primera imagen no era lo que él esperaba. Para su sorpresa, era mucho mejor.

    Una luz tenue le daba a la fotografía un ambiente cálido y misterioso. En el centro y con claridad se reflejaba un espejo y, en él, la silueta de una mujer tumbada de lado con un body de color negro y de encaje.

    No podía verle la cara, solo los gruesos y apetitosos labios rojos.

    Tragó saliva y se recolocó la polla dentro los bóxers.

    Sorprendentemente excitado, pues no lo habría imaginado minutos antes cuando su noche se predecía depresiva, Pablo, con la mano que sujetaba el móvil, presionó sobre el icono en forma de corazón que se mostraba debajo de la imagen que lo había cautivado.

    Ya estaba hecho. Sin levantar la mano que reposaba sobre su ropa interior experimentó un cosquilleo imaginando que, quizá ella, estaría igual mientras miraba su foto.

    Siguió frotándose con suavidad, notando cómo se ponía duro. Nada directo ni brusco; algo en aquella chica le pedía calma. Era extraño pero cierto. Necesitaba saborear. Palpar. Así que continuó palpando por encima de la tela. Como si no conociera su propio miembro y lo excitara explorarlo. Arriba, abajo. Arriba, abajo. Arriba. Abajo. Lento. Suave.

    Y se ponía más duro.

    Más caliente.

    Más eufórico.

    Gimió bajito.

    Entonces, sin pensar en nada más, detuvo su mano de repente y lo hizo.

    Le habló.

    Apartó la mano de la polla que no había dejado de acariciar desde que había quedado maravillado con la imagen de su amiga ciberespacial, con esa lencería que parecía tan cara, pero que, lo fuese o no, lo que sí era enormemente erótica y provocativa. Decidió dar el paso vía mensaje directo.

    —Hola. ¿No me digas que también estás sola una Nochevieja?

    En cuanto le dio a enviar, no pudo evitar resoplar por los nervios y la excitación.

    Su mano volvió al lugar que su mente le ordenaba mientras esperaba si la aplicación le avisaba de alguna buena nueva.

    Valeria sonrió al ver su mensaje. Había conseguido exactamente lo que quería.

    —No debería. Pero sí, lo estoy —le respondió.

    —Si te sirve de consuelo, yo tampoco debería estarlo y lo estoy.

    Ella le envió una sonrisa. Nada atrevido, nada que el chico pudiera malinterpretar, no obstante, sus siguientes palabras no acompañaron aquel gesto inocente:

    —Ahora no lo estás. Nos tenemos el uno al otro. Lejos, seguramente, pero no estamos solos.

    Pablo se quedó asombrado por la declaración de intenciones.

    —¿De dónde eres?

    Algo se le removió dentro cuando ella le confirmó que pertenecían a la misma ciudad.

    A una hora y media del cambio de año, de volver a la casilla de salida del calendario, esa respuesta hizo que se le parara el tiempo.

    Tenía que responder y no sabía bien cómo hacerlo.

    Era la oportunidad de, no únicamente pasar la Nochevieja acompañado, sino de hacerlo con quien había conseguido despertar sus deseos más salvajes e íntimos cuando todo parecía perdido, y sin ni siquiera conocerla.

    Se sintió muy excitado. No paraba de imaginarse recorriendo cada centímetro de las piernas de Valeria hasta dar con lo que escondía esa magnífica y sexual lencería que había mostrado en la red social.

    —No vas a creértelo. Yo también.

    Ansioso, esperó la respuesta.

    Ella advirtió la casualidad.

    O era el destino, se dijo, que lo había enredado todo para no verse aquella noche con Rober, su follamigo, o era un sicópata y se la estaba jugando.

    Pero Valeria era mucho de jugar con fuego para no morirse de frío.

    Sin más conversación, si más fotos, sin más nada, le envío la ubicación de su pequeña casa con un texto que decía «La puerta estará abierta. Entra. Solo una condición: no hables».

    «¿Estará riéndose de mí?», pensó. No podía creerse que aquella mujer misteriosa de labios carnosos le hubiera mandado su ubicación.

    Nunca había quedado con nadie de esa manera, pero las ganas y la emoción ante la posibilidad de follar con tal bella mujer, cuando minutos antes solo estaba en sus pensamientos mientras se acariciaba la polla por encima de la suave prenda que la cubría, lo hicieron aceptar el juego.

    Una proposición que podía ser peligrosa, pero también convertirse en la mejor noche de su vida.

    Guardó las indicaciones y se vistió con el traje oscuro que le hacía tan elegante y había comprado justo para esa noche especial.

    Se roció con su agua de colonia que solo usaba para follar y, sin que desapareciera del todo la erección acompañada de cierta humedad por los paseos que había estado dándose en la zona, se dispuso a salir en busca de su sensual y provocadora amiga.

    Valeria lo sintió llegar.

    ¿Cuánto tiempo había pasado? Poco.

    Guardó aire en sus pulmones para prepararse y le dio otro sorbo a la copa. Sin pensarlo, se acabó todo el vino que contenía. Era la cuarta que se tomaba, o la quinta, no lo sabía, pero la necesitaba para afrontar lo que venía.

    No lo vio, pero escuchó la puerta cerrarse y el caminar seguro hasta que se detuvo tras ella, que continuaba sentada en la cama, mirando hacia la ventana y temblando. De miedo, de excitación, de expectación.

    No lo vio, pero lo olió. Dulce, potente y arriesgado.

    No lo vio, pero lo sintió cuando el aliento masculino cayó sobre su cuello desnudo como una cascada y le descompasó la respiración.

    —Hola, Valeria —le susurró tras haber disfrutado unos segundos del aroma de su cuello.

    —Acabas de romper el trato —advirtió ella en un tono pícaro sin darse la vuelta, por lo que su rostro seguía siendo un misterio.

    No dijo nada más y ese silencio fue la aceptación de lo previamente acordado.

    Posó las manos sobre sus hombros, le acarició la espalda y, de manera sutil, se acercó por el lateral hasta dar con la suavidad de sus pechos cubiertos por el body que había comprado, no con poco esfuerzo, para disfrutar de una noche de sexo sin límites.

    Topó con los pezones. Duros, avisando de las ganas que tenían que fueran el objeto de deseo de su afortunado.

    Entonces, ella fue en busca de sus manos para acompañarlo, guiarlo, y se dio la vuelta.

    Era bonita en conjunto, pero fueron sus ojos oscuros los que atraparon a Pablo.

    Supo, gracias a ellos, que sería correspondido con plenitud.

    Valeria lo observó con detenimiento, mientras él, quieto, mantenía las manos sobre sus excitados pechos. Era guapo, alto y, como había sospechado, elegante.

    Ella también analizó su mirada severa y caliente.

    Sin dejar de contemplarlo, lo instó a mover las manos y acariciarla.

    —Eres muy bonita —la halagó el hombre con voz ronca.

    —Te he pedido que no hablaras.

    —Entonces, cállame.

    —Tú lo has querido —fue lo que obtuvo como única respuesta el apuesto bienvenido.

    Valeria, que todavía estaba sentada sobre la cama, quedando la cintura de él a la altura de la cara, le desabrochó el cinturón mientras lo masajeaba para hacer esa tarea más placentera. Para los dos.

    Notó un miembro más que considerable y eso la puso todavía más caliente.

    Dejó caer el pantalón hasta la altura de los tobillos cuando él ilusamente le preguntó:

    —¿Así piensas evitar que hable?

    Ella apretó con fuerza su dureza, mirándolo a los ojos, provocándole un pequeño dolor que le hizo cerrar la boca de golpe.

    —La próxima vez, te muerdo la polla. Ahora me la voy a poner en la boca y pienso relamerla hasta tener impregnado su sabor por toda ella.

    Por un momento pensó que lo besaría para callarlo, sin embargo, ahí estaba, con su miembro entre las manos. Atrevida, sin tapujos.

    Se dijo que con aquella exótica mujer lo mejor sería no pensar, solo actuar. Pero tampoco pudo hacer mucho, porque la fresa roja que tenía por boca se acercó muy despacio y rozó su glande humedecido e hinchado. Pablo cerró los ojos y suspiró al notar la calidez de los labios entreabiertos y la experta lengua que lo exploraba.

    Cuando pensó —suplicó— que se la metería completa en la boca, Valeria alzó las pestañas para mirarlo directamente a los ojos y recorrió su longitud de arriba abajo y de manera superficial, empapándole el tronco conforme descendía hasta llegar a sus testículos. Los lamió y masajeó con maestría, consiguiendo que el hombre gruñera y sujetara su pelo oscuro, desbocado.

    Sin utilizar violencia alguna, intentó controlar la cabeza de Valeria, pero no tuvo éxito. Ella le cogió la mano y la recolocó en su pecho izquierdo, sin dejar de mirarlo a los ojos para avisarle de que ese era su momento.

    Él le bajó el body como pudo, dejándolo a la vista, y creó así una imagen tan erótica, que hizo que soltara un pequeño jadeo mientras era devorado por esa mágica boca.

    Con un pecho tímidamente cubierto por la lencería fina y sexi que cubría su piel, y el otro libre por el gesto de Pablo, se había generado la imagen perfecta como símbolo del erotismo.

    Mientras admiraba tal escena, sentía cómo los flujos de la boca de Valeria y los que él emanaba se fundían en uno propio, provocando un sonido ciertamente excitante.

    Aquello de tomárselo con calma comenzaba a evaporarse de su mente. No podía más.

    La asió con ganas y la tumbó hacia atrás en el colchón, deleitándose con su escandaloso cuerpo mientras descendía y se exponía ante él, con las piernas levemente abiertas.

    Le habría desabrochado el body oscuro con una sola mano y, antes de acabar de hacerlo, habría tenido la lengua enterrada en aquel coño. Pero detuvo esos pensamientos. Sabía que el sufrimiento de su propia espera se convertiría en placer. Mucho placer. Así que se aflojó la corbata sin dejar de mirarla.

    Se limitó a eso, a observarla directamente a los ojos y a morderse el labio mientras tanto. Una vez se hubo aflojado la corbata, se percató de que, aun así, le costaba respirar con naturalidad.

    La deslizó por el cuello de la camisa hasta quedarse con ella en la mano y, como por providencia del destino, se le ocurrió atarle las manos por encima de la cabeza.

    Ella sonrió y se dejó hacer.

    —Haz lo que creas, pero recuerda el pacto.

    Sin mencionar palabra, empezó a desabrocharse lentamente la camisa, dejando su torso atlético a la luz de la lámpara de la mesita de noche.

    La lencería le seducía, su mirada lo atrapaba, pero su cuerpo… su cuerpo lo mantenía en un estado constante de excitación donde su polla estaba deseosa de penetrar su coño.

    Y empezó a besar sus pechos. Primero el que estaba libre y, tras desnudar el otro, también. Mientras lamía uno, acariciaba al gemelo.

    La lengua era una fuente de placer para ella y se lo hacía saber respondiendo con pequeños gemidos.

    El contacto de la lengua con la zona del pezón, grande y rosado, le proporcionaba un tacto agradable que lo hacía querer más. Se explayó en tal menester mientras rozaba de manera no casual su polla con el sexo de Valeria.

    La muchacha alzó la cadera, buscando la penetración. Pablo abandonó sus pechos, desamparándola, y subió hasta su boca. Era el momento de besarla. Mordió sus labios y sumergió la lengua. Buscó la de Valeria que, juguetona, lo lamió con intención.

    Joder, cómo la deseaba.

    Cómo le ponía.

    Qué caliente estaba.

    ¿Qué le pasaba con aquella desconocida? No lo sabía, pero lo descubriría pronto.

    Se agachó para hacerse con el plastiquito guardado en el bolsillo del pantalón y con rapidez lo abrió y se colocó el preservativo.

    Sus ojos se encontraron y Pablo se enterró poco a poco, notando la humedad y tragándose los deliciosos gemidos femeninos que morían en su boca.

    Ella lo buscó con desespero, enroscando las piernas en su cintura, y él se apartó para dejarla con las ganas.

    Valeria arrugó el entrecejo e hizo un puchero. Después endureció la mirada.

    —Fóllame —le exigió.

    —Eso quería —dijo Pablo, y la penetró de una sola estocada que la atravesó de manera deliciosa—, que me lo pidieras.

    Valeria estaba tan mojada, que esa primera embestida fluyó con total delicadeza; eso y la fuerza que Pablo había ejercido sobre su coño.

    Aun así, la cogió por sorpresa y la hizo inspirar más fuerte de lo normal mientras apretaba los dientes, generando así un sonido altamente sexual, provocado por el momento de coger aire para respirar, sumado a la inesperada pero deseada penetración.

    La mantuvo dentro y la miró. A los ojos. Ella hizo lo mismo y ambas miradas se fundieron.

    —Acabas de hacerme el mejor regalo que podía tener esta Nochevieja —dijo mientras apretaba las nalgas de él para presionar todavía más. Los dos sexos juntos en perfecta armonía—. Creía que por culpa del cabrón que me ha plantado esta noche, iba a quedarme sola. Toda mi gente se ha ido de vacaciones y yo deseché la idea por vivir una fantasía que finalmente tú me has regalado.

    —Pues…

    —No hables, ya lo sabes —le cortó, sonriendo, y seguidamente le mordió el labio.

    Le causó dolor ese mordisco, un dolor placentero que consiguió, si cabía, ponerlo más cachondo, y al pasar su mano por la zona enrojecida a cusa de los dientes de Valeria para averiguar si le había causado alguna herida, y relamerse el labio, volvió a mirarla con fijeza.

    Levantó las nalgas lo suficiente para lograr su objetivo y deslizó con suavidad su polla húmeda y venosa hacia la salida de ese lugar que tanto rato llevaba deseando traspasar.

    Lo miró extrañada por el abandono, pero antes de que pudiera siquiera razonar por qué había hecho tal cosa, su cintura estaba completamente alzada y la cabeza de Pablo ya se había perdido entre sus piernas.

    Valeria se sujetó al colchón con fuerza al notar la ávida lengua recorriendo sus pliegues. Primero se deleitó con los labios mayores, saboreándolos como un manjar, después se internó un poco más en busca de profundidad.

    Ella notaba los dedos hincados en sus muslos, la lengua en su interior, y veía el revuelto pelo oscuro del dueño de su placer.

    Se desató al notar que llegaba a la cima con facilidad. Aquel extraño estaba consiguiendo que se corriera en pocos minutos. Por un momento sintió vergüenza al notar cómo se deshacía. Giró el rostro y se mordió el labio, reprimiendo el gemido. Pablo, que pareció intuir su lucha interna, endureció la lengua y se apretó más a ella, queriendo fundirse. Valeria gritó, claro que gritó. Y se retorció sobre las sábanas y bajo su boca, sintiéndose vulnerable por primera vez. Sintiendo que no tenía el control de su cuerpo, que lo había entregado.

    El chico se incorporó. Sus ojos estaban más oscuros y parecían más fieros. Él, en sí, era más fiero. Su cara estaba empapada de los flujos que acababa de provocar y su polla a punto de reventar si no descargaba.

    Sujetó a Valeria por la cintura y de un solo movimiento se tumbó en el colchón, colocándola encima. Quería verla, disfrutarla sobre él. Tenía las mejillas enrojecidas y los labios hinchados. La ropa interior mal colocada y ambos pechos fuera. Tenía ante él la imagen de la mujer que había dejado de ser salvaje para dejarse hacer, para entregarse completamente.

    Era suya. Por una noche, quizá, pero suya.

    La ensartó en su dureza y creyó morir al sentir cómo el interior lo atrapaba, cálido y estrecho. No hizo falta marcarle el ritmo, Valeria comenzó a moverse con agilidad, volviéndolo loco.

    No podía hablar. No podía decirle que estaba a punto de correrse, que no aguantaba más si ella, mientras se meneaba de aquella manera, no dejaba de mirarlo a los ojos, con la boca entreabierta y los pequeños gemidos escapando. Tampoco hizo falta; Valeria lo sabía. Aquella dureza extrema que sentía dentro indicaba el final. Y el final siempre era el comienzo de algo nuevo.

    El destino, como queriendo parafrasear su pensamiento, hizo que Pablo saliera de su interior, se desprendiera del condón y con un varonil gemido se derramara sobre aquella lencería cara que tanto juego había dado. La cubrió de él. Y mientras intentaban acompasar sus respiraciones, uno clavado en los ojos del otro, las campanadas sonaron y el Año Nuevo llegó.

    El Vecino del Ático es el personaje de un aburrido asesor, escalador, batería, técnico de sonido de estudio, estudiante de derecho, escritor, padre, pareja… autor de la obra ¿Jugamos?, que verá la luz bajo el sello Editorial Lxl. Bueno, quizás no es tan aburrido… Tuitea relatos en forma de hilo, para mantener despiert@s a l@s lectores y remover sus deseos más escondidos.

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    Noelia Medina se considera los dos extremos de una cuerda. En uno se encuentra la escritora de novelas eróticas sin ningún tipo de tabúes, en el otro, la creadora de relatos juveniles que se centra en las relaciones sanas, la empatía y la convivencia plena de los seres humanos. Para caminar de un extremo a otro de la cuerda de la vida, los cree necesariamente compatibles.

    Tras siete diversas obras publicadas con Editorial LxL, se lanza al mundo de la autopublicación con la bilogía Tabú: Mi maldita droga dura y Mi maldita adicción.

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  • Ivonne la chichona

    Ivonne la chichona

    Dicen que la primera impresión siempre cuenta y con Ivonne Soto logré hacer el casting perfecto.

    Y tenerla en la cama desnuda mientras le daba tremendo oral quedaba más que claro que le había gustado follar conmigo, y es que me cito en su departamento y luego de una rica cena, ¡un baile muy sensual estaba en su cama desnuda recibiendo un oral de su fan número uno!

    Con mi lengua enrollada simulando un pequeño pene, la follaba con rapidez, utilizaba un par de dedos para acariciar su clítoris y ponerlo inflado, ella se movía riquísimo, se acariciaba las tetas, se mordía los labios, me apretaba la cabeza, yo me sentía afortunado, quien podía presumir que se había cogido a una chica de la televisión, yo tenía esa suerte, ¡y quería aprovecharla al máximo!

    I: ¡Mmm, que rico, agh!

    L: ¡Hermosa vagina, uf!

    I: ¡Mámamela, uf, dios!

    L: ¡Gracias por darme esta oportunidad!

    Levante sus piernas y la follaba con mis dedos, le lamia los labios vaginales y su ano, ella se movía magnifico, le mordía los muslos carnosos, le daba nalgadas, ¡usando mis dedos la comencé a masturbar por su vagina y su ano!

    I: ¡Ah, uf, si, así nene, agh!

    L: ¿Te gusta amor?

    I: ¡Me encanta, no pares!

    L: ¡Eso chiquita, uf, que rica eres!

    Continué masturbándola y me acerqué para devorar sus grandes tetas, nos besábamos apasionadamente, sus manos empezaron a apretar mi verga dura, bajaba y subía mi cuero, también comenzó a masturbarme, me deleitaba con sus ricos pezones, los mordía, se los dejaba todos llenos de saliva, mis dedos continuaban entrando con fuerza en su vagina, ¡me mordía el cuello y me apretaba más fuerte mi verga!

    L: ¡Que rico, uf!

    I: ¡Nene, que verga más dura tienes!

    L: ¡Tú me la pones así!

    I: ¡Mmm, que rico!

    L: ¡No puedo creer que estoy en tu casa, en tu cama, esto es un sueño!

    I: ¡Disfrútalo, casi no se repite!

    Nos acomodamos en un rico 69, ambos mamábamos con mucha fiereza, le metía mis dedos, ¡y ella tragaba mi verga de forma descomunal!

    ¡Su boca succionaba de una forma tan rica que me hacía gritar, con sus enormes tetas me masturbaba y apretaba mi verga con fuerza, yo metía mis dedos en su vagina y ano!

    L: ¡Nena, que rico!

    I: ¡Agh, así, uf, ya dámela!

    L: ¿Quieres mi verga ya?

    I: ¡Si bebe, dámela!

    Me puse de pie aceleradamente jalándole los pies la acomodé levantando sus piernas hasta mis hombros, las abrí y la penetre fuerte, me movía rápido, ella apretaba magnifico, le besaba los pies y le mordía sus pantorrillas, me deleitaba acariciando sus piernas y nalgas, ¡sus gemidos me excitaban más y más!

    I: ¡Que rico, agh!

    L: ¡Mamacita uf!

    Después de darle verga en esa pose un buen rato, la cogí de manera “normal” el misionero, me movía abrazándola y besándole el cuello, ella movía su pelvis y me daba tremendo placer, le mordía el cuello y las tetas, sus pezones desaparecían en mi boca mientras mis 21 cm, ¡eran desaparecidos por su vagina!

    Ivonne Soto era magnifica cogiendo, se acomodó en mi para cabalgarme, me daba una cabalgada tremenda, mi verga recibía la fiereza de su movimiento de cadera, le acariciaba las nalgas mientras mi cabeza se ahogaba en medio de sus enormes tetas!

    L: ¡Que rica eres!

    I: ¡Me encanta tu verga papi!

    L: ¡Muévete más, uf!

    I: ¿Te gusta cómo me muevo?

    L: ¡Me encanta, uf!!!

    Se dio vuelta y empezó a cabalgarme más rápido e invertidamente, le apretaba sus ricas nalgas, le jalaba el cabello teñido de rubio con fuerza, sus gemidos me la ponían más y más dura, ¡fluidos de placer empezaban a salir de ella!

    I: ¡Agh, que rico, dios!

    L: ¡Mami, dios, me matas!

    Ivonne comenzó a venirse rico sobre mí, al sentirlo me moví como loco, le daba con fuerza para hacer su orgasmo más duradero y placentero, la tomaba de las manos y la embestía salvaje, un rico lago de fluidos llenaba las sabanas de su cama!

    I: ¡Ah, dios, Luis, agh!

    L: ¡Mmm, que rico te viniste, pero ahora me toca venirme a mí!

    I: ¡Si, saca tu leche papi!

    L: ¡Ponte en cuatro!

    Ivonne se acomodó en cuatro, sus ricas nalgas estaban a mi disposición, las abrí con fuerza y la penetré salvajemente, le daba con todo, parecía un toro en brama, Ivonne solo jadeaba y cerraba sus ojos, le daba de nalgadas, le jalaba el cabello, estaba domando a esa tremenda potra!

    ¡Tomándola de la cintura y poniéndome en cuclillas le di con muchísima fuerza, ella mordía su almohada, mis 21 cm entraban toditos, sentía como tocaba cosas dentro de su cuerpo, la estaba casi destrozando!

    I: ¡Uf, mi amor, que rico, mas, dame más!

    L: ¡Toma, uf, aprietas delicioso!

    I: ¡Muévete, así que rico me coges!

    L: ¡Si, disfruta, uf, yo también lo hago!

    I: ¡Dame tu rica leche, sé que ya viene!

    L: ¡Si, te voy a llenar toda!

    Me moví con muchísima fuerza, ella lo hizo también, nos acoplamos tan rico que ambos nos venimos, le llenaba todo el coño de mi semen caliente que se mezclaba con sus fluidos, el orgasmo fue maravilloso, ¡descargue muchísimo semen dentro de ella!

    Después de reposar y recuperar energía me despedí de ella, ella me beso muy apasionadamente y me dijo que esperaría con ansias un tercer encuentro, el cual aún sigo esperando.

  • M vs M

    M vs M

    Era 24 de Diciembre, hacía unos días nos contactamos por una de esas páginas donde se anuncian encuentros de tipo sexual. Después de casi 1 año de andar buscando y de ver que nunca se concretaba nada por diversos pretextos por fin se dio el contacto con un amigo al que llamaré ‘Em’.

    No fue necesario tanto mensaje solo informarnos que era lo que buscábamos y lo que queríamos. Nos citamos en una plaza comercial, llegué a tiempo y con la duda de cómo sería físicamente o si llegaría, por fin llego y se subió a mi auto, no era un modelo, pero al menos fue puntual y serio. Le recomendé ir a un hotel que está situado cerca a la plaza comercial y que es muy seguro. No puedo negar que los nervios me inundaron, pero era más mi deseo que la pena y el qué dirán.

    Entramos al hotel era su primera vez y también la mía.

    Yo: Y bien que propones, quien empieza?

    Em: pues no sé tú, estoy nervioso…

    Yo: pues vamos dándole, a ver enséñame tu pene…

    Acto seguido nos empezamos a desnudar cada quien por su cuenta no sabíamos que hacer, no sabíamos como iniciar.

    Em tomó la iniciativa:

    Em: a ver dame tu pene, mmmm

    En ese momento me tomó por los testículos y se metió mi pene en su boca empezando a mamar y a lamerme, no fue la mejor de las mamadas, pero le puso muchas ganas, enseguida de eso me quité y ahora fui yo quien le empezó a lamer el pene era muy placentero sentir por primera vez un pene en las manos y en la boca. Para estos momentos la pena se estaba yendo y me dice ‘dame a mi primero’.

    Se empinó en la cama, le unté un poco de saliva y puse mi pene en su entrada, comencé a empujar suave y lento y sentí como poco a poco iba abriéndome camino en su apretado y virgen ano, cuando lo tuvo todo adentro solo respiro y me dijo ‘vas ya está todo adentro ahora dame…’

    Así empinado comencé a meter y sacar primero…

    Em: mmm si así dame, nalguéame, nalguéame -me decía mientras gemía al mismo tiempo- mmm que rico

    Yo: sí que rico aprietas.

    Después de unos 5 minutos se lo saqué y le dije ‘ya disfrutaste ahora me toca a mí’, acto seguido me empiné al borde de la cama y me abrí lo más que pude el ano, para facilitarle, sentí como puso su pene en mi entrada y lo comenzó a meter no puedo negar que me dolió y que no quería seguir, pero mi calentura me decía que aguantara, pronto sentí como sus testículos chocaron con mis nalguitas indicativo de que estaba ya todo adentro, y se empezó a mover fue una sensación placentera y nueva, llena de lujuria, placer, gusto, dolor pero como me gustaba.

    A los pocos minutos sentí como se iba poniendo flácido y le pregunté si había terminado, me dijo que no, me la sacó y me dijo que quería sentirme otra vez.

    Ahora se acostó y me acomodé en medio de sus piernas, mismas que levanté hasta tener a la vista su ano, nuevamente se lo acomodé y se lo deje ir todo, en esa posición duramos unos 10 minutos, se empinó nuevamente y así se lo di.

    Em: mmm así, así nalguéame otra vez…

    Yo: que delicia de ano tienes, me voy a venir, donde los quieres, donde los quieres??? Dime…

    Em: mm no sé, donde quieras

    Yo: ya no aguanto ahí te van… terminé dentro de él…

    Nos acostamos a descansar…

    Unos 15 minutos después y después de asearnos un poco…

    Yo: oye termina lo que empezaste…

    Me acerqué a él y me metí su pene flácido en la boca, pronto sentí como fue creciendo y estando duro trate de montarlo aunque no logre mucho, al ver que no fue posible nuevamente me empiné ofreciéndole las nalgas y mi ano, abriéndome con mis manos.

    Se puso dentro de mí y me lo metió.

    Comenzó el mete y saca pronto sentí como invadía muy adentro de mi…

    Yo: Siiii, así dame dame, que rica la tienes, dame más así me gusta, vente adentro lléname.

    Al decir esto se vino dentro de mí.

    Nos recostamos a descansar, 20 minutos después nos aseamos vestimos y salimos del hotel.

    No cruzamos muchas palabras en el camino, le dejé en un lugar donde tomara su autobús y no nos volvimos a contactar.

    Esta es mi primera vez, no sé si la ultima es una fantasía que tenía desde hace ya algunos años y que por circunstancias no se había podido concretar nada, quizá no fue de los más cachondo y tampoco hubo un calentamiento previo, pero a final de cuentas el me desvirgó el ano…

    [email protected].

  • Cogida con mi primo y sobrinos

    Cogida con mi primo y sobrinos

    Esto sucedió la noche después de la cena de navidad, resulta que en la cena de navidad como todos los años nos reunimos la mayoría de la familia en casa de una de mis tías, después de cenar y felicitarnos y darnos el abrazo nos pusimos bailar y platicar ya que a la mayoría de la familia no la vemos salvo en estas ocasiones, mis hijas platicaban y bailaban con sus primas, primos y tíos yo por mi parte hacia lo mismo con todas y todos los que nos encontrábamos reunidos, como no podíamos salir al patio ya que estaba lloviendo pues nos quedamos dentro de la casa, ya casi en la madrugada todos se comenzaron a retirar por lo que solamente quedaban mis tíos los de las casa, una de mis primas con su esposo y su hijo y un primo y su hijo los cuales vienen cada año de la ciudad de Guadalajara por lo que no los vemos muy seguido, con este primo que por cierto se llama Saúl cuando vivía aquí en el D.F. nos dábamos unas ricas cogidas y cuando viene de visita tratamos de hacernos un espacio para poder coger muy rico.

    Mi prima y su marido al igual que mis tíos se retiraron a dormir por los que solo nos quedamos mis hijas, mis sobrinos, mi primo y yo, mi primo me dijo que lo acompañara afuera porque tenía ganas de fumar, nos salimos de la sala y apenas estuvimos afuera me comenzó a acariciar y besar muy rico y me decía primita no sabes las ganas que tengo de meterte la verga y yo me dejaba acariciar las nalgas las tetas y le agarraba la verga por encima del pantalón, así estuvimos un rato hasta que le saque la verga del pantalón y me puse en cuclillas para poder chupársela hasta hacerlo venir y saborear su rica leche, esa madrugada fue lo único que pudimos hacer, regresamos a la sala y vi a mis hijas muy juntas cada una con uno de sus primos, les dije que ya nos fuéramos para la casa y mi primo dijo que ellos nos llevarían en su carro ya que aún seguía lloviendo, le dije que sí y nos subimos a su carro mis hijas y mis sobrinos en la parte trasera y yo en el asiento del copiloto, en el trayecto mi primo me acariciaba las piernas y me tocaba la panocha por encima del pantalón y yo le agarraba la verga también por encima del pantalón, no podía ver lo que hacían mis hijas pero imagino que lo mismo que yo jajaja.

    Al llegar a mi casa nos despedimos de ellos no sin antes ponernos de acuerdo para que más tarde pasaran por nosotras e ir a comer y quedamos en ir al cine, habíamos quedado de que pasarían a las 2 de la tarde, así que inmediatamente nos dormimos para estar listas a la hora que pasaran por nosotras, despertamos como a las 10 de la mañana y nos metimos a bañar para arreglarnos y estar listas cuando ellos pasaran por nosotras, mi hija Karla se vistió con un bra blanco, una blusa en color blanco, tanga y unos leggings en color coral, mientras que Silvia se puso un bra rojo, playera también en color rojo, tanga y unos leggings en color negro, yo por mi parte me puse un bra de media copa, blusa escotada, tanga y pantalón a la cadera de mezclilla, ya arregladas decidimos desayunar algo ligero porque la idea era ir a comer y después al cine.

    Poco antes de las 2 de la tarde llegaron mi primo y mis sobrinos la que salió a recibirlos fue Karla y los hizo pasar a la sala, enseguida bajamos Silvia y yo y saludamos a los 3, comenzamos a platicar ahí sentados en la sala y les ofrecí algo de tomar y mis sobrinos pidieron jugo o refresco y mi primo pregunto si tenía cerveza le dije que no y me dijo ‘bueno vamos a comprar algo y regresamos que te parece’ le dije ‘ok’ y salimos rumbo a la tienda, ya afuera de la casa me dijo ‘mmm prima que rica te ves eh me dan ganas de en vez de ir al cine quedarnos aquí en tu casa y darte una buena cogida’ y le dije ‘mmmm eso estaría muy rico papi’ y nos comenzamos a besar y cachondear.

    Fuimos a la tienda compramos cervezas, unas caribes coolers y regresamos a la casa antes de entrar a la sala nos volvimos a besar y cachondear rico y me dijo ‘entonces que prima si nos quedamos a coger’, le conteste ‘y que hacemos con los chicos’ y me dijo ‘mmmm por ellos ni te preocupes anoche que regresamos de venirlas a dejar escuche una conversación en la cual mi hijo le decía a su primo, primo mañana si no se nos escapan las primas eh por lo menos un buen faje si nos aventamos con ellas, así que como ves prima’ le conteste ‘ok entonces no hay problema’ y le di un rico beso y un apretón de verga antes de entrar a la casa.

    Entramos sin hacer ruido y como nos habíamos tardado un poco mis hijas ya estaban en acción con sus primos con los cuales ya se estaban besando y cachondeando muy rico que ni cuenta se dieron que ya habíamos llegado, mi primo me dice ‘eh míralos si estos cabrones ya comenzaron la fiesta solos’, al vernos ahí parados en la sala ellos como que se sorprendieron, y se sentaron bien en los sillones yo me les quede viendo y mi primo igual y se paró detrás de mí tomando de la cintura y les digo ‘hay chicos pues continúen con lo que están haciendo por nosotros no se preocupen’ y mi primo se me repego mas y abrazándome y dándome un beso en el cuello dice ‘si sigan con lo que estaban ya oyeron a su tía’, y su hijo dice ‘de veras tía no hay problema’ y le contesto ‘no no hay problema’ y en eso se para Silvia y dice ‘si no hay problema pero solo una cosa lo que aquí suceda se queda aquí y nadie tiene que saber lo que paso’ y ellos rápidamente dijeron ‘ok nadie lo sabrá’.

    Así que mientras mi primo y yo fuimos a la cocina a dejar las cosas que habíamos traído ellos siguieron besándose y cachondeándose muy rico, mi primo y yo hacíamos lo mismo en la cocina y ya nos besábamos y acariciábamos descaradamente y me dice ‘vamos a la sala para estar más cómodos no prima’ y le dije ‘si vamos papi’.

    Al llegar a la sala mis sobrinos estaban prácticamente sobre mis hijas y las manos se les iban por todo el cuerpo de ellas mientras que ellas hacían lo mismo con ellos y sus manos estaban en sus vergas, mi primo y yo nos quedamos parados y nos empezamos a besar y acariciar de una forma muy cachonda y me acariciaba las tetas las nalgas y me besaba e la boca el cuello mientras que yo le acariciaba la verga por encima del pantalón muy rico, después de un momento así no se ni como pero ya ellos 3 estaban completamente desnudos mientras que nosotras estábamos solamente en tanga e hincadas chupándoles la verga y ellos gemían y decían que rico lo hacíamos, Karla fue la primera en pedirle a su primo Iván que por favor ya se la cogiera que quería sentir su verga dentro que ya no aguantaba más, e Iván la acomodo con las piernas en sus hombros y comenzó a cogérsela, mientras que mi sobrino Oscar le pido a Silvia se acomodara de tal forma que hicieron un rico 69, por mi parte no aguante más y me acomode recargada en la pared y parando mis nalgas le pedí a mi primo que metiera la verga el cual rápidamente se acomodó y me comenzó a coger muy rico mientras me metía la verga acariciaba mis tetas y me besaba el cuello y la espalda muy rico, al poco rato vimos que Silvia se ponía de perrita y Oscar se acomodó detrás de ella y comenzó a meterle la verga, así nos estuvieron cogiendo muy rico por un buen rato, después cambiamos de posición y mientras a mi me ponía de perrita mi primo a Silvia Oscar la puso a cabalgarlo, Iván se sentó y Karla se sentó encima de él, así nos estaban cogiendo muy rico a las tres, y nos sacaron unos ricos orgasmos antes de que ellos se vinieran, de repente mi primo me dijo prima me voy a venir donde quieres mi leche y le dije ‘papi ya sabes dónde me gusta’ y me saco la verga rápido y se colocó enfrente de mi para que se la chupara y me diera su leche en la boca, después de venirse y dejarle bien limpia la verga, Iván le decía a Karla que estaba a punto de venirse y le dijo ‘ahhh putita putitaaa me voy a venir donde quieres mis mocos zorraaa’ y Karla le dijo ‘donde tú quieras echármelos papi’ y le saco la verga y la acostó en el sillón y se los echo en las tetas y la cara.

    Karla después de eso le chupo la verga para también dejársela limpia, y con los dedos se limpió la lechita de su primo y se la comió y él le dijo ‘mmm que rica putita eres primita’, después Oscar también le decía a Silvia que estaba a punto de venirse y le dijo ‘ya me voy a venir donde quieres mis mocos puta’ y ella le dijo ‘en la boca papi en la boca dámelos’ y se acomodó para recibirlo en la boca y al momento de venirse le dijo ‘ya ahí te van mis mocos puta’ y se vino, Silvia también le dejo la verga bien limpia.

    Todos nos quedamos sentados un momento recuperándonos de la rica cogida, mi primo dijo que quería una cerveza y yo me pare para ir por ella mientras que mis sobrinos dijeron que querían una caribe y mis hijas también se pararon para ir por ellas, les dimos su cervezas y nosotras nos tomamos también una y después de eso Silvia se acomodó junto a su tío y le dijo ‘puedo?’ el volteo a verla y le dijo ‘pregúntale a tu mama’ y me voltea a verme y le digo ‘claro que puedes hija’ y le comenzó a acariciar la verga a su tío mientras que Iván se me acerco y me dice ‘o sea que yo también puedo tía?’ y riéndome le digo ‘mmm pues pregúntale a tu papa si puedes hijo?’ y mi primo rápidamente contesta ‘pues claro que puede mi hijo ándele cójase a su tía’, y me empieza a acariciar de una forma muy rica que me calentó rápidamente al ver esto Karla se le acerco a Oscar y comenzó a besarlo y a agarrarle la verga.

    Mi primo lo primero que hizo fue darle una buena mamada de panocha a Silvia para después ponerla a chuparle la verga y después de eso se acostó en el piso y le dijo que lo montara y así se la comenzó a coger, por su parte Oscar acomodo a Karla recargada en el sillón y parando las nalgas comenzó a meterle la verga mientras le acariciaba las tetas y le besaba el cuello y las orejas y ella no paraba de gemir y pedir más, por mi parte lo primero que hice con Iván fue chuparle la verga y mientras que el me decía ‘ah tía que rico lo chupas que rico eres una puta tía me gusta cómo me lo chupas ah que rico no pares puta’, después de eso me pidió ponerme de perrita y así me metió la verga de una forma riquísima y me acariciaba las tetas y me besaba el cuello, la espalda y me daba ricas nalgadas así nos cogieron muy rico a las 3 y de repente el primero en venirse fue Iván quien me dijo casi gritando ‘ya me voy a venir puta y quiero que te tragues mis mocos como te tragaste los de mi papa’ y me saco la verga de la panocha para ponérmela en la boca y se la chupe hasta que se vino y me trague toda su rica leche, y le deje bien limpia su verga, después se vino mi primo y le dijo a Silvia ‘ay putita ya me voy a venir y quiero darte mi leche en la boca’ y ella se acomodó para tragarse su leche, casi al mismo tiempo se estaba viniendo Oscar y Karla le dijo ‘dame tus mocos en la boca papi dámelos en la boca’ y se acomodó para que se los echara en la boca, ellas también les dejaron limpias las vergas a ellos, volvimos a quedar tendidos los 6 en el piso pero aún faltaba más.

    Después de recuperarnos un rato Oscar se paró y fue a acomodarse a un costado mío y me dijo ‘tía creo que ahora me toca disfrutar de tus ricas cositas’ y comenzó a besarme las tetas y acariciarme la panocha muy rico mientras que yo le decía ‘mmm si bebe que rico’, Karla se fue acomodar con su tío y le comenzó a agarrar la verga mientras lo besaba, por su parte Iván se acercó a Silvia y le dijo ‘mmm que rica putita me voy a coger ahora eh’ y ella le dijo agarrándole la verga y yo ‘que rica verga voy a disfrutar papi’ y comenzó a chupársela, así en pocos minutos otra vez ya nos estaban dando verga a las 3 Iván puso a Silvia en la posición del misionero y se la cogió así, mientras que mi primo cargo a Karla y se la comenzó a coger así ella gritaba y gemía que rico se la estaba cogiendo y le decía ‘así así así cógeme meterme toda la verga me encanta como me la metes no pares no pares no pares’ y él le decía ‘ah que rico que rico te comes mi verga putita’, mientras que Oscar me pidió que lo cabalgara y así lo hice mientras subía y bajaba de su verga el me acariciaba las tetas muy rico y me decía ‘que rico que rico te comes mi verga zorra eres una puta’, cogimos por un muy buen rato así hasta que se vinieron y esta vez las tres nos tragamos su rica leche y les volvimos a dejar limpias las vergas.

    Terminamos de coger descansamos un muy buen rato después ellos se vistieron para irse porque ya era algo tarde y nosotras solo estábamos en tanga y así los despedimos con un rico beso y quedamos en que esto se tenía que repetir nuevamente.

    Y una vez que se fueron nos sentamos en la sala y después recogimos nuestra ropa y cada una se fue a su recámara para después meternos a bañar.

    Una vez más nos volvieron a coger de una forma muy rica a las 3 putas.

    Adiós y besitos.

  • Mi amigo Adrián

    Mi amigo Adrián

    Soy aperlado, llenito, mido 1.75 cm.

    Empezare por contarles de mí, desde que era más joven he tenido fantasías con vestirme de niña, de salir y que me vean así.

    Recuerdo que desde pequeño lo hacía a escondidas, cuanto más iba creciendo, más era mi interés y deseos por hacerlo.

    Cuando cumplí mis 18 años, recuerdo que invité a varios de mis amigos para festejarme algo tranquilo, ya saben, una cena, bebidas de sobra y echar relajo como todos los hombres lo hacemos.

    Todo iba marchando bien, hasta que llegué al cuarto de mi madre, vi un vestido divino que enloqueció mi cabeza, deseaba con todas mis ganas probármelo y dejármelo puesto para la cena en que vendrían mis amigos, era tanto mi deseo que recuerdo sentir cositas raras en mi parte intima, me hacía apretar mis piernas del morbo que tenía por verme vestida así.

    Pero nunca pude o tuve el valor de hacerlo, simplemente para bajar mis ansias, sustraje una tanga de su armario y me fui rápido de ahí, ya quería probármela.

    Al llegar el tiempo de alistarme para la cena, recuerdo muy bien darme un baño a fondo, con lavado interno y salir de mi baño con la tanguita puesta, sentir como entra en mis nalgas y el roce en mi colita, fue algo tan delicioso.

    Ahora sí, tendría que ponerme mi ropa de hombre para el convivio, pero no pretendía desprenderme de la tanguita, así que decidí dejarla por debajo de mi bóxer y salir cambiado con pantalón y camisa.

    Nunca me había sentido tan extraño con la llegada de mis amigos, sabía que era por la tanga que traía puesta, pero no sabía si era la sensación de sentirme nena por dentro delante de ellos o por el temor a que pudieran cacharme.

    En fin, el convivio continúo bien, todos cenamos y comenzamos el relajo y las bebidas. Todo se tornó como un convivio normal de los que siempre hacíamos.

    Trascurrida la madrugada, todos se comenzaron a ir, solo quedamos mi amigo Adrián y yo. Él es un tipo de buen físico, va al gimnasio, entrena futbol y siempre que salíamos, se iba con mujeres para completar su noche de fin de semana.

    Él vivía al otro lado de la ciudad y como habíamos bebido un poco de más, le invite a quedar en casa, lo cual acepto encantado pues era muy querido en mi familia.

    La noche pasaba y al llevarlo a mi cuarto, le invite a quedarse en mi cama, yo me iría a dormir al cuarto de mi hermano para dejarlo descansar a solas. Una vez le dije eso, pase al baño de mi cuarto y al salir, vi que estaba acostado ya, sin camisa ni pantalón, solo quedaba en bóxer.

    Yo al verlo, como todo hombre debería voltearme y dejarlo solo en la habitación, pero no podía, no sentía que mi cuerpo reaccionara para irme ante su cuerpo tan definido, con esas piernas tan marcadas, su abdomen y pectorales definidos, y ese bóxer tan pegado que realzaba un paquete de buen ver.

    Mi entrepierna comenzó a sentir cosas raras, mis piernas se empezaron a apretar, mi ojos no dejaban de ver ese bulto que deseaba poner entre mis manos.

    Cuando pude reaccionar ante aquella belleza de hombre, mi primer movimiento fue caminar hacia la puerta y salir del cuarto, pero mis ojos no dejaban de verlo y fue inevitable, pues comencé a acercarme cada vez más hacia donde estaba Adrián acostado sin verlo a la cara, hasta llegar a su lado.

    Comencé a hablarle y no vi reacción alguna, comencé a moverlo de la pierna y nada, del brazo y hombro, pero era inútil, estaba noqueado por el alcohol. Yo observe su cuerpo desde su cara hasta sus piernas, y volví a su bulto, aquella cosa era tan hipnotizadora.

    Seguí moviendo su pierna por si llegase a despertar a la vez que daba una caricia con mi mano de vez en cuando, pero sabía que no reaccionaria y comencé a frotarle una pierna, luego su abdomen y nada que reaccionaba, total que fui acercándome a su bulto y cuando por fin lo tenía en mi mano, sentía un recorrido en mi cuerpo de adrenalina porque despertara y a la vez algo excitante porque al fin tenía un pene que no era el mío entre mis manos.

    Comencé a bajarle el bóxer un poco y meter mi mano para sacar aquel pedazo de carne tan hermoso, era tan rico sentir la piel de su pene, así que puse saliva en mi mano y comencé a frotárselo de arriba abajo, moviendo con delicadeza mi mano.

    Al pasar un instante, sabía que no tendría otra oportunidad así, y me decidí a probar por primera vez un pene, debo confesar que no fue el sabor más rico del mundo, pero si la sensación de tenerlo en mi boca. Poco a poco ese sabor extraño se fue convirtiendo en una delicia, algo que no podía dejar de probar, combinado con la sensación de su piel fue algo mágico, que me hizo pensar en detener el tiempo y quedarme ahí de por vida.

    Seguí probándolo, lamiendo, pasando mi lengua en sus bolas y dándole una mamada como una mujer a su hombre, me sentía una mujer cumpliéndole a su hombre, a su macho.

    Lamentablemente cualquier cosa que le hiciera, no lograba hacerle una erección, pero no me importaba, solo quería disfrutar el momento que jamás volvería a tener.

    Cuando escuche ruidos fuera de mi puerta, sabía que eran mis padres que se alistaban para irse a su trabajo, así que pare mis actos de amor hacia mi hombre, le subí de nuevo el bóxer y espere un momento hasta que escuche irse a mis padre de casa, salí y me fui al cuarto de mi hermano para descansar un poco.

    Al rato cuando al fin desperté, mi hermano me aviso que ya se había ido mi amigo Adrián, yo asentí con la cabeza por el dato y me fui a duchar y recordar aquellos momentos que jamás olvidare y espero se vuelvan a cumplir muy pronto.

    Gracias por leerme, cualquier comentario me lo pueden hacer a [email protected].

  • Mi amigo pasó de ser un fracaso para mi esposa (Parte 2)

    Mi amigo pasó de ser un fracaso para mi esposa (Parte 2)

    Es recomendable leer mi relato anterior para comprender la continuidad a esta historia. Les dejo el enlace al final de este relato.

    Abrí mis ojos a la mañana siguiente, no supe en que momento el cansancio había hecho presa de mí, lo último que recordaba era estar acostado en el centro de mi cama escuchando los gritos de mi mujer cada vez que alcanzaba un orgasmo en la habitación de a un lado con su nuevo macho.

    Gerardo… el nuevo dueño de sus orgasmos, aquel ser que le causaba lastimas y ella no podía comprender como podía alguien tan insignificante tener mi amistad, esas palabras en mi cabeza escuchando a un lado el golpeteo de las nalgas de mi mujer en cada embestida y los chasquidos de sus jugos mientras mi mujer gritaba:

    – “¡¡SIii Sii Aaayy!! Cógeme duro!! Métemela toda, ayyy!! siii que rico… soy tu puta!!”

    Esas palabras provocaban una excitación en mí que nunca antes había tenido. Cada que esa mezcla de cosas en mi cabeza alcanzaba el limite me provocaba que me masturbara una y otra vez, tanto que cada eyaculación era acompañada solamente por unas gotas de mi semen, esos dos me habían vaciado los testículos sin saberlo, mi papel de cornudo más que causarme decepción o algún otro sentimiento desagradable, era todo lo contrario.

    Finalmente pude levantarme de mi cama, aun el shock de lo sucedido hacia presa de mí, dure unos minutos sentado en la cama recordando cada escena, cada palabra como queriendo entender donde habíamos perdido la cordura. Me dirigí hacia la puerta de aquella habitación que se escuchaba en total silencio, dude unos minutos en tomar la perilla y girarla sin embargo la excitación de saber lo que ahí me encontraría me tenía nuevamente con el corazón acelerado. Finalmente gire la perilla y esta fue acompañado por un rechinido casi imperceptible, poco a poco abrí aquella puerta que una noche antes se cerraba y me regalaba una de las escenas que nunca olvidare de mi esposa, esta vez me revelaba un escenario distintito pero igual de morboso e inimaginable.

    Lo primero que pude apreciar fue un par de piernas entrelazadas, después el par de nalgas de mi mujer que apuntaban hacia mi dirección y la espalda de ella abrazada por uno de los brazos de mi amigo, ambos dormían profundamente, ya que si el cansancio me había vencido ellos debieron haber tenido una noche exhaustiva, el aroma a sexo aún estaba presente.

    Pude notar como una erección nuevamente se hacía presente en mis pantalones, debía aprovechar al máximo esa escena y sin hacer ningún ruido camine alrededor de la cama, quería observar esa imagen y aprenderme cada centímetro de ella. Pude ver la cara de mi esposa reposando en el pecho de mi amigo, mientras su brazo cruzaba su torso, la cabeza de Gerardo estaba descansando hacia el lado contrario. Mi búsqueda fue más morbosa y me incline sobre las nalgas de mi mujer fue ahí donde me di cuenta que los labios de su vagina estaban rojos e hinchados, un camino seco de semen se resbalaba desde sus interiores y se perdía en uno de sus muslos. Lo sorprendente fue encontrar la otra mano de mi mujer, que sujetaba esa verga que ahora se encontraba flácida y rebosante, la mano de mi mujer parecía decir que disfruto hasta su último minuto despierta apreciando ese tesoro maravilloso que había encontrado.

    Como ladrón que se escabulle de la escena del crimen me retire de la habitación para no despertarlos, me fui rápidamente a la habitación y nuevamente tuve que masturbarme pensando en esa escena. Mi pene estaba hinchado de tanto estruje que le había propinado desde la noche anterior.

    Decidí darme una ducha para bajar mis emociones, pensando en cómo reaccionaríamos al vernos por primera vez. Bajo el agua mi mente no dejaba de pensar en la transformación de mi mujer, nunca hubiera pensado que mis fantasías se habían por fin hecho realidad y que sería lo primero que tendría que decir al verla. En ese momento la cortina de mi baño se abrió estrepitosamente, mi esposa apareció desnuda frente a mí diciéndome “buenos días mi amor!! ¡Puedo bañarme contigo?”, le conteste aun sorprendido que por supuesto.

    Nos dimos un beso apasionado y mi cuerpo reacciono rápidamente, había besado por años a mi mujer pero ese beso fue especial, no tenía comparación, los sentimientos de pasión, lujuria y morbo se hicieron presa de nosotros lo cual mi verga no pasó desapercibida. Mi mujer se dio cuenta y rápidamente se inclinó hacia ella para meterla en su boca, la sensación de su cálida boca hizo alivio a mi maltrecha verga la cual se encontraba irritada de las masturbaciones a la cual fue víctima esa noche. El solo imaginar la escena de anoche de mi mujer comiéndose esa enorme tranca, hizo que me viniera de inmediato, a lo cual mi esposa succiono el poco semen que mis testículos pudieron proveer mientras yo con un grito vaciaba lo poco que quedaba en su boca.

    Ahí estaba mi esposa, inclinada frente a mí, con su cara mojada bajo la ducha juguetona viéndome directamente mientras jugaba con su lengua en el cuello de mi verga. Tenía que hacer la pregunta obligada..

    ¿Cómo te sientes después de lo de anoche?

    Ella respondió. –“Yo estoy bien ¿y tú? Tengo miedo saber que puedas estar pensando”.

    No supe que responder, solo acerté a incorporarla de pie frente a mí y darle un beso apasionado y profundo, el cual sin darme cuenta aun tenia rastros de mi semen en su boca, así fue cuando mis las palabras me salieron de mi boca sin pensarlo..

    “me encanta que ahora seas mi puta”… me sonrió y nos reímos como dos niños que acabábamos de hacer una travesura.

    Minutos más tarde, sentados en la mesa de la cocina tomando un café, finalmente Gerardo hizo su aparición, llevaba solo sus calzoncillos los cuales apenas ocultaban esa herramienta causante de mis nuevos cuernos. Le dije «siéntate, te sirvo un café para que te recuperes» solo acertó a decir si con la cabeza y sentarse en la mesa.

    Le serví una taza de café caliente y me senté a la mesa, los tres evitábamos vernos a los ojos, así que yo fui quien rompió el hielo de lo acontecido una noche anterior y deshacernos del minuto de silencio que nadie dijo nada. «Bien pues creo que yo soy el primero que tiene que hablar, solo quiero decirles que lo que ayer ocurrió no cambia nada en nuestras relaciones de amistad, si tengo que ser honesto… lo disfrute al igual que ustedes, ¿cierto?». Ambos se voltearon a ver y mi esposa solo dijo:

    – «que alivio es escucharte decir eso, siendo honesto yo también lo disfrute».

    Gerardo continúo diciendo:

    – «Gracias amigo, ha sido una de las mejores noches de mi vida y realmente no quisiera que esto cambiara nada en nuestra amistad».

    Sonríe y solamente le dije «tremendo afortunado que eres cabron!, claro que no quisieras perder mi amistad borracho oportunista» los tres soltamos una risa y así termino esa mañana.

    Puedo decirles que los días consecuentes a ese episodio mi esposa y yo hemos tenido las cogidas más morbosas que puedo recordar, el solo recordar lo sucedido esa primera noche nos hacía arrancarnos la ropa y coger como locos acompañadas de varias sesiones de sexo, tanto que algunas veces nos tuvimos que salir de nuestro trabajos para ir corriendo a la casa a matar esa calentura que se desataba via whatsapp al mencionar al recordar brevemente la aventura. Sin embargo sabíamos que esto no quedaría como un hecho aislado.

    Una noche mientras cogíamos como adolescentes, mientras la penetraba en la posición del misionero, le dije a mi mujer si aún deseaba a esa verga lo cual gritaba sin pensarlo que sí. Que desearía volver a tenerla dentro de ella y sentir esos chorros de semen que depositaron en su sexo, estas palabras me hacían venirme de inmediato, sabía que la puta de mi mujer extrañaba ese rabo que tanto placer le había dado, fue entonces que decidí que esto tendría que continuar.

    Contacte a Gerardo después de una semana y le dije que como se encontraba, el me respondió que bien pero algo triste porque había perdido su empleo, al parecer su jefe lo había cachado durmiendo en alguno de los turnos nocturnos y esto derivo que fuera despedido, lo note algo triste y decidí invitarlo a la casa para tratar de charlar con él y ver cómo hacerlo sentir mejor, hasta ese momento mi cabeza realmente quería ayudarlo.

    Ese día, Gerardo llego a la casa temprano, le había comentado yo a Laura lo sucedido y sobre todo que posiblemente por el estado de ánimo de él, lo mejor sería que solo platicáramos a solas él y yo para evitar la pena de contar que había perdido un empleo más. Fue así que lo invite a pasar a mi despacho, le serví un trago y comenzó a contarme la historia de lo sucedido, debo confesar que mientras él hablaba acerca de su despido, en mi mente algunos recuerdos rápidos cruzaron por mi cabeza, podía volver a ver y escuchar lo que aquella noche mientras yo estaba en la recamara principal pasaba en la habitación de a un lado, tuve que poner mucha atención para que no notara que en momentos me perdía de su relato.

    Fue entonces que abordó el tema de sus preocupaciones, al quedarse sin empleo me di cuenta realmente de lo endeudado que estaba ya que no tenía para pagar las cuentas pero sobre todo el alquiler del pequeño departamento donde vivía. Sin pensarlo mi mente me traiciono y lo interrumpí diciendo «puedes venirte a vivir aquí en lo que consigues un nuevo empleo y te estabilices», el respondió que no podía aceptarlo pero insistí, finalmente se levantó y me dio una abrazo, fue en cuenta que caí que estaba dándole entrada al hombre que había hecho disfrutar a mi mujer como nunca y que esto iba a cambiar mucho las cosas.

    «muchas gracias amigo, de verdad te lo agradezco y veras que pronto me voy para no dar más molestias» concluyó.

    Le conté a Laura lo sucedido, se tardó en contestarme que pensaba, creo por su cabeza algo decía que estaba bien pero que al mismo tiempo no, le dije que sería temporal y solamente lo hacía por ayudarlo, ella lo entendió y me dio un beso. Aproveche para apretarle duramente una nalga y levantarle la falda, ella torpemente trataba de evitarlo pero fue más mi habilidad que llegue hasta su entrepierna, mi sorpresa fue mayúscula al ver que su ropa interior estaba húmeda, mis dedos estaban mojados y rápidamente los saque diciéndole «ya vi que no te desagrada la idea», su cara estaba roja de los nervios, apasionadamente la besa y cogimos como locos sobre la mesa.

    Mi amigo llego un día después con sus pocas pertenencias, finalmente había entregado su triste morada y lo acompañe a la habitación la cual había sido el escenario de aquella situación excitante, me dijo que acomodaría algunas cosas y nos acompañaría a la mesa.

    Por la noche mientras estábamos sentados viendo una película mi mujer y yo, le pedí a Gerardo sentarse junto a nosotros y acompañarnos. Esa noche el clima era fresco, así que estábamos en el sofá tapados con una manta ligera que nos cubría por completo de cabeza al cuello, él se integró en el lugar disponible el cual era a un lado de Laura, así que lo invitamos a meterse dentro de la manta para cubrirse y disfrutar de la película.

    Mientras estábamos ahí sentados viendo aquella película, mi cabeza empezó a volar imaginándome aquellos dos cogiendo como aquella noche, mi verga empezó a reaccionar ante eso y yo trataba de acomodarla para que no fuera evidente, mi esposa se dio cuenta de mi movimiento y me volteo a ver con cara de extrañeza, yo gire hacia ella y sin decirnos una sola palabra creo que pudo entender lo que ocurría en mi mente. Con su mano toco mi verga y empezó a sobarla por encima de mi pants pero debajo de la manta, mi amigo no se había percatado de esto. Mediante pasaba la película mi verga al sentir de las caricias de mi esposa estaba al punto, mi calentura se había adueñado de mi cordura nuevamente, con mi mano empecé a frotar por encima de su legión sus labios vaginales, rápidamente ella reacciono con un ligero brinco que Gerardo acertó a decir

    – ¿todo bien amigos?

    Si claro, contesto ella mientras con una sonrisa picarona me indicaba que parara, cosa que no por supuesto no hice. Seguí frotando y con la yema de mi dedo intentaba separar sus labios, fue cuando sentir el calor húmedo de su vagina reaccionando a mis estímulos, mi mujer empezó a sonrojar sus mejillas, cerraba sus ojos para disfrutar de aquellas caricias, su mano seguía masturbándome por encima de mis pantalones. Entonces decidí hacer el movimiento clave y busque la mano de mi amigo, este se sorprendió pero tome su muñeca y coloque su mano sobre la vagina de mi mujer, rápidamente entendió lo que sucedía y empezó a frotarla, mi mujer descubierta de lo que sucedía por fin soltó un gemido ligero pero sonoro al mismo tiempo que aventaba la manta hacia a un lado, dejándonos al descubierto a los tres. Su mano izquierda rápidamente busco el pene de mi amigo el cual ya había reaccionado a la situación, mi mujer por fin volvía a tener en sus manos esa verga que la hacía vibrar , con dificultad metió su mano bajo los pantalones de mi amigo para acariciarla, mi amigo con su mano libre desabrocho su pantalón y bajo sus boxes torpemente para liberar a la enorme verga que nuevamente nos robaba la vista a ambos, ahí estaba ese monstruo cabezón y rojo, ligeramente curveado, unas venas gruesas se marcaban sobre su pene, mi mujer instantáneamente dejo de acariciarme para tomar con esa mano aquel capullo que le robo toda su atención y su voluntad, ya que rápidamente bajo aquella carne que envolvía esa cabeza y sin decir nada se inclinó para introducirla a la boca.

    Ahí estaba nuevamente mi mujer empinada con su cabeza en los testículos de mi amigo devorando aquella serpiente, solo podía ver como intentaba meterse la mayor cantidad posible de carne a su boca, la escena era riquísima para mí, como pudo se giró y puso sus nalgas sobre mi cara para poder facilitarse el trabajo oral que hacía con aquel instrumento, Gerardo solo reclino su cabeza hacia atrás sobre el sillón y soltaba ligeros gemidos de placer cada que mi mujer aceleraba el ritmo de sus mamadas.

    No dude en poner mis manos sobre sus nalgas, busque con mis manos su vagina y pude sentir el calor que emanaba por encima de la prenda, supe que el celo estaba llegando nuevamente y tenía que probar esos jugos en ese instante, baje el legging mientras ella no perdía tiempo disfrutando ese glande en su boca, lo acompañaba de besos y lengüetazos que tenían a mi amigo en la luna, recuerdo verla bajar por el tallo de esa verga con sus labios por un lado, realmente era una escena excitante.

    Una vez los leggings debajo, me encontré hasta ese momento sin saberlo, su tanga blanca de encaje que era de mis preferidas, estaba incrustada en sus nalgas y me dejaba ver su hermoso ano queriéndose esconder detrás de la ligera tela; sin perder tiempo acerque mi nariz a su vagina y de un jalón de aire pude percibir esa humedad que emanaba de sus entrañas. No pude aguantar más y haciéndole a un lado su tanga, incruste mi cara en su sexo. Pude escuchar un largo gemido pero sin sacar jamás de su boca ese apreciado pedazo de carne que disfrutaba en cada succión.

    Así estuvimos unos minutos, mientras yo me alimentaba de ese néctar pude ver de reojo que ella ya había llegado a los testículos de mi amigo, los cuales intentaba meterse a la boca mientras mi amigo sujetaba fuertemente su cabeza y soltaba palabras entre cortadas por la falta de aire. Lo recuerdo decir:

    – “ahhh que rico me chupas los huevos Laurita, aaaggg venga déjame los huevos brillosos”

    Mi mujer solo respondía con gemidos una afirmación pero nunca dejo de darle placer a cada una de esas bolas carnosas que estaban adornadas de unos pelos que yacían ensalivados por la mamada que mi mujer les estaba propinando.

    No recuerdo cuanto tiempo estuve metiendo la lengua de mi mujer en su vagina, solo recuerdo que mi lengua empezaba a sufrir los efectos de los calambres, fue entonces que supe que había dejado lubricada esa vagina lista para ser nuevamente poseída por esa verga descomunal, así que retire mi cara, le di una nalgada a mi mujer y le dije firmemente.

    – “anda… es hora de que montes esa verga que soñabas desde hace días”

    Mi mujer saco de su boca el escroto de Gerardo, creando una sonido como si destapara un corcho de vino, se limpió los rastros de saliva que tenía en su cara producto de esa mamada y se puso de pie, se quitó la playera para dejar sus senos al aire y libero de su pierna el legging y tanga que yo había dejado en sus tobillos, acto seguido saco los pantalones de su nuevo macho y bajo de un solo jalón los boxers de este, liberando el resto del tallo de aquella monstruosa verga, la cual rápidamente pude notar su erección descomunal, sus venas parecían enredadera aferrándose a ese tronco el cual debía medir un promedio de 25 cm, en la punta de esa anguila un glande rojo cubierto de carne que ya mostraba nuevamente ese líquido seminal regado sobre el prepucio.

    Mi mujer, desnuda ahí enfrente de los dos, subió una de sus piernas a un costado de Gerardo, acerco su pelvis hasta la punta de esa verga y tomándola con su mano empezó a acariciar su clítoris, la cara de mi mujer cambio rápidamente a un gesto descompuesto de placer y pude ver como por fin los jugos de Laura se mezclaban con los de él, así estuvo unos segundos hasta que subió su otra pierna al lado contrario y en posición de rana, se fue introduciendo la cabeza en la entrada de su vagina. Mi amigo con sus brazos debajo de sus muslos la ayudo a sostener el peso de su cuerpo y está poco a poco agradeciendo el apoyo, fue introduciendo esa herramienta en su interior.

    – “ahhh que ricooo, moría por sentir tu verga en mi otra vez, ayyy que rico”. Le decía Laura a su macho.

    Yo escuchaba atento, y no me perdía cada centímetro a centímetro que iba entrando en mi mujer. Por fin pude ver como chocaron sus pelvis, fue entonces que comenzó un sube y baja por parte de mi mujer. Yo podía apreciar esa escena en primera fila, ahí estaba mi mujer rebotando en esa verga y el calor de sus cuerpos rápidamente se hizo sentir. Pude sentir la respiración agitada de ambos, fue entonces que mi mujer después de cabalgar esa verga por unos minutos, viendo sus pechos rebotar y con sus manos tomar el cuello de mi amigo. Este le daba unas nalgadas que fueron subiendo la intensidad mientras ella respondía con gritos de placer, entonces empezó un movimiento rápido por parte de ella aferrándose fuertemente al cuerpo de mi amigo, supe que el clímax estaba cerca y mi excitación llegaba a su límite, tome mi miembro y empecé a masturbarme al ritmo de ellos, nuestros gemidos empezaron a subir de tono y fueron interrumpidos por mi diciéndole a Gerardo:

    – “¿te quieres venir adentro de ella?”

    Gerardo responde, “claro que sí, le voy a llenar el útero de leche” esto prendió la pólvora de ambos amantes, en mi interior estas palabras retumbaron, ya que aunque sabía que mi mujer estaba tomando la píldora, la sola idea de pensar que mi mujer fuera embarazada por ese “fracasado”, me voló los sesos de la excitación. Fue entonces que mi amigo llego al orgasmo y eyaculo soltando litros de leche en el sexo de mi mujer. Mi mujer al sentir el semen caliente de su nuevo macho, llego al orgasmo y grito como una perra mientras se apretaba los senos y se arqueaba, sintió en sus interiores como ese líquido le llenaba hasta las trompas de Falopio. Verla llegar al clímax de esa manera, provoco que yo eyaculara sobre mis pantalones.

    Este fue solo el inicio de aquella etapa en la que Gerardo vivió bajo nuestro techo, los días pasaron como una autentica película pornográfica, Gerardo y Laura hacían el amor varias veces al día en nuestra casa y en todas las zonas de la misma, por las mañanas algunas veces era despertado por el movimiento de la cama, al ver que pasaba era mi mujer recostada sobre la cama de lado y con una pierna al aire, mientras la verga de su nuevo dueño, la penetraba duramente en esa posición y ella se sujetaba fuerte a las sabanas del placer que le estaban dando, los fines de semana ella podía entrar el viernes a esa habitación y no verlos hasta el media día del sábado, todo mientras yo disfrutaba como gran cornudo desde mi habitación escuchando la faena del otro cuarto, otras veces entraba a la cocina y ahí estaba mi mujer empinada con una pierna al aire sobre la barra recibiendo la caña de mi amigo mientras sujetaba los senos de Laura, en otra ocasión mientras viajábamos en el coche los tres, ellos en la parte posterior cogiendo como adolescentes y para aumentar mi humillación, parábamos en algún estacionamiento solitario y yo cuidaba desde las fueras del vehículo como mi esposa vaciaba los testículos de mi amigo, recuerdo estar sentado frente al televisor y ver pasar a mi amigo desnudo con el pene flácido pero aun brilloso de los líquidos de mi mujer y suyos a tomar una cerveza del refrigerador, para luego regresar y ver cerrarse la puerta tras de él y retomar los orgasmos a los cuales mi mujer se empezaba a hacer adicta. Esta rutina pudo provocar inconscientemente en mí que no me sintiera lo suficientemente completo para llenar a mi mujer a partir de ese momento, así que me consolaba masturbándome al ritmo de sus encuentros sexuales, me excitaba cuando yo no estaba en casa y ella me mandaba fotos o videos mientras estaban cogiendo en donde estuvieran, sobre todo aquellos donde me enseñaba su vagina goteando el semen caliente de mi amigo. No tenía duda que mi Laura, profesionista e impecable esposa para la sociedad era la puta de mi mujer amigo y yo era feliz siendo el esposo sumiso y cornudo.

    Y digo era… Por qué el gran momento que vivíamos se opacó una vez que llego el tío Teo a nuestras vidas por culpa de Gerardo. Sin embargo eso se los contare en el siguiente capítulo. Recuerda escribirnos a nuestro correo, haznos saber qué piensas de nuestra experiencia y sobre todo si has pasado por algo similar. Correo: [email protected].

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    Relato anterior:

    “Mi amigo dejó de ser fastidioso para mi esposa en una noche”.

  • Un trans, mi esposa y yo

    Un trans, mi esposa y yo

    Esto fue real y sucedió en el 2012.

    Teníamos poco más de un año que caímos en el hartazgo sexual, ya habíamos experimentado algunos tríos clásicos de dos hombres y mi esposa, dos mujeres y yo, intercambio de parejas y lo que más realizamos fueron bondages, algo que disfrutamos mucho, por supuesto que mi esposa más y por mi parte, disfruté verla encargarse de varios hombres.

    El sexo era esporádico y de fantasías ya no se hablaba, pensábamos que ya no había nada nuevo que descubrir, pero ¡qué equivocados estábamos, les platico por qué.

    Viendo la serie de Spartacus por televisión, en una de las escenas aparece un personaje, el Dominus, o el Señor dueño de un poblado, fornicando con una esclava, la penetraba él estando de pie y la esclava en 4 sobre la cama, y hasta ahí, todo normal, lo que sucedió después nos despertó el morbo. Sucedió que abrían la escena y un esclavo aparecía atrás de él y le pidió que lo penetrara porque ya estaba a punto de eyacular. Inmediatamente la vista envió la señal a mi cerebro y a mi pene porque creció y se endureció como hacía mucho no sucedía.

    Nos volteamos a ver y comentamos al respecto, luego tomé la mano de mi esposa y la llevé al bulto que ocultaba la cobija con la que me cubría, enseguida nos abrazamos y tuvimos una noche especial, habíamos encontrado una chispa que encendería la pólvora que llevamos dentro. Pasaron algunos días y en mi mente se repetía esa escena, que, por cierto, no concluyó debido a que llegaron las huestes de Spartacus e interrumpieron el acto y no pasó ninguna noche en que no tuviéramos relaciones muy ardientes.

    Ella me preguntaba si me atrevería a dejarme penetrar, le excitaba mucho esa situación y me decía “sentirás qué rico es tener la verga en el culo, ¿te imaginas que compartiéramos la misma verga?” y su morbo la llevaba a tener un orgasmo tras otro. Pasaron unos días y me pidió que la llevara a un sex-shop al llegar me pidió la esperara afuera, ya que me quería dar una sorpresa, así lo hicimos y tardó solo unos minutos, anticipándome que me tenía una sorpresa. Esa misma noche, me pidió que me saliera de la recámara, quería arreglarse como a mí me gusta, añadiendo que le enfriara su vino tinto Lambrusco y que yo tomara lo que quisiera.

    Rápidamente, metí la botella de vino al congelador y me preparé un charro negro, pasaron los minutos y abrió la puerta, apareciendo con una lencería que emulaba ser piel de leopardo y unas zapatillas de plataforma con el mismo motivo, ni ligueros, ni medias, de manera que su atuendo combinaba muy bien con su piel blanca. Abrió sus piernas y sus brazos a lo ancho y a lo alto del marco de la puerta y con una voz muy sensual, susurro “solo puedes pasar si te quieres degenerar”, sin pensarlo, asentí con un movimiento de la cabeza.

    Me levanté del sillón donde aguardaba y me dirigí al refrigerador por el vino, luego saqué una copa del bar y nos encerramos en la habitación. En la pantalla ya estaban escenas de una película de sexo duro. Después de un rato de tremendo fajé, la penetré por su vagina y pasados unos minutos, se apartó, alcanzó el lubricante del buró y se lo puso en el culo, inmediatamente se colocó en la esquina de la cama y se apoyó hacia el frente, quedando expuesto su culo y sus exquisitas nalgas , con voz tenue me dijo “me hice un lavado intestinal completo, penétrame sin condón, quiero sentir tu carne y tu leche en lo más profundo de mi puto culo”. Naturalmente, la ensarté de inmediato y comencé a darle con mucha fuerza, jalaba su cabellera y azotaba sus nalgas, es algo que a ambos nos excita, ella movía las nalgas de una manera increíble.

    En el clímax de ese momento, con la voz ahogada y sin dejar de moverse, ella me preguntó “¿te gusta cogerme por el culo?”, sin dejar de movernos, enseguida le di un tirón a su cabello y una nalgada con la palma de la mano, respondiéndole que era muy afortunado de poder disfrutar ese hermoso cuerpo y por supuesto, que su culo era algo muy especial para mí. Apenas terminé la frase, ella apretó las nalgas y metió la pelvis, como queriendo arrancarme la verga, sólo aguanté ese movimiento tres veces y descargué una cantidad barbará de semen.

    Posteriormente, nos tomamos otras copas, ella fue al baño ya que el semen salía de su ano, al regresar ya tenía lista otra copa y como si fuera agua, se la bebió de un sorbo, después nos sentamos en la cama y continuamos viendo la película. A los pocos minutos, ella se acercó a mi pene y me lo besó suavemente, recorriéndome todo el miembro con su lengua, al mismo tiempo que uno de sus dedos exploraba mi ano, tomó el lubricante y me pidió que me volteara, al principio me rehusé, pero ella me recordó que esa noche había aceptado degenerarme. Enseguida, me abrió las nalgas y dio inicio a unas majestuosas mamadas en mi ano, alternando su dedo con sus succiones, nunca me lo había hecho, era algo nuevo para mí.

    Después, me puso el gel y su dedo me violó nuevamente pero ahora con más facilidad, acercó su rostro, diciéndome al oído “¿verdad que se siente rico?, a mí me fascina la verga en el culo, claro, en todos lados, pero a ti solo te pueden dar verga por el culo”. Discretamente, sacó un dildo y cuando sintió que ya no tenía resistencia, me lo introdujo y me dio vuelta, sin dejar de agarrarlo para que no se me saliera, enseguida empezó a mamármela y a mover ese falso pene en mi interior; fue tanto el morbo que mi verga se endureció e irguió como si apenas iniciara la noche. Me puse de espaldas, ella se me montó y no se cansaba de pedirme que le dijera si me gustaba lo que estaba sintiendo, le contesté que sí y como respuesta, aceleró sus movimientos mientras yo le estrujaba sus pechos con mis manos, como si quisiera arrancárselos.

    Nunca sabré la cantidad de orgasmos que tuvo esa noche, ella tampoco lo supo y cuando estaba desfallecida, empezó a masturbarme la verga con el interior de su vagina, para exprimirme toda la leche, esa noche fue todo.

    Al día siguiente, cuando se despertó, me abrazó muy fuerte y me preguntó si me había dolido, le contesté “despreocúpate, no pasó nada”, luego me fui a trabajar y llegué más tarde de lo habitual, ella lo sabía y me esperó vestida solo con una bata blanca semi transparente, con la que se apreciaba su bellísimo cuerpo, además de unas sandalias tipo romanas que se ajustan a las piernas por medio de una correa, con lo que complementaba su vestimenta.

    Le pregunté de broma “¿esperabas a alguien más?”, sólo se rio y me contestó “tengo calor, pero si no te gusta, me pongo otra ropa”; como respuesta, le di un beso y le agarré su depilado su pubis. Ya en la recámara, me dijo “te quiero enseñar algo en Internet y mientras te cambias, te traeré algo de tomar”, enseguida me senté en el sillón dispuesto en el escritorio donde tenemos la Lap y ella se sentó en mis piernas, entonces accedió a un sitio 5 equis y eligió el tema de transexuales.

    Ahí, escogió una de las muchas que había y fue algo impactante, ver sujetos con vergas y bubis, escenas nunca antes vistas por mí, luego adelantábamos, cambiábamos y repetíamos, en fin, nos intoxicamos la vista con esas imágenes y algunos fragmentos de películas, estábamos tan ardientes como un horno, nos calentó en extremo todo lo visto y repetimos lo de la noche anterior hasta que acordamos conseguir un transexual.

    No fue fácil conseguirlo, nos tomó dos semanas, pero valió la pena, se llama Karina, tiene unas bubis gigantes, una gran cadera, unas buenas nalgas y unas excelentes piernas, su cara es definitivamente femenina y su miembro mide 20 cm de largo por 12 cm de grosor.

    Cuando mi esposa la encontró en Internet, me llamó para decirme que había encontrado a alguien y que esperaba que me gustara, enseguida me envió el link y de verdad me impresionó. Al llegar a la casa, ella se encontraba hipnotizada en la Lap, entonces pasé mi mano por su rostro y le dije “Hey, despierta” pero sin voltear a verme, me preguntó qué me parecía Karina y riéndome, le contesté “tiene buenas nalgas y buena verga, te dejo lo de adelante y me quedo con su trasero”. Ahora ella soltó una carcajada, comentándome “ya veremos”.

    La verdad que nunca había visto a un transexual, siento que son como una especie ajena a la tierra.

    Llegó el fin de semana y apenas me desperté cuando mi esposa me interrogó “¿lo vamos a hacer?”, asentí con la cabeza, luego se levantó de la cama y mientras desayunábamos, me comentó “me gustaría que fuera el día de hoy, me comunicaré con ella para exponerle nuestra locura y ver si acepta estar también conmigo porque en el anuncio dice que solo hombres” le propuse “envíale una foto tuya y la convencerás”. Al terminar, fui a bañarme y cuando salí, me tenía la noticia que ya estaba todo pactado, nos veríamos a las 10:00 p. m., en un motel cercano a la casa. El resto del día, ella se la pasó muy nerviosa, preguntándome a cada momento si dejaría que me cogieran, le contesté que no se preocupara, que la pasaríamos bien, añadiéndole “sucederá lo que tenga que pasar”.

    Arribamos al hotel a las 8:00 p. m., pagamos por tres personas, informándoles que no tardaría en llegar esa tercera persona, les pedí que anotaran las placas del vehículo en que llegara y que se veía algo extraño, me avisaran, dándoles su propina nos dirigimos a la suite asignada, ingrese a la cochera y bajé las botellas, las copas y los refrescos. Mientras yo preparaba unas bebidas en la salita del cuarto, mi esposa se dirigió al baño y tiempo después, salió en un vestido de licra rojo, perfectamente pegado a su anatomía, con un gran escote por ambos lados y tan corto que se asomaba el inicio de sus nalgas, sin ropa interior y zapatillas de plataforma rojas, con las parte frontal descubiertas, se le veían sus lindos pies con las uñas en color rojo, sinceramente mi esposa es una revive muertos, impresionante.

    Luego nos tomamos unos tragos e intercambiamos comentarios de las escenas de la película que veíamos, no teníamos ningún plan, o mejor dicho, el plan era dejar que pasaran las cosas. Poco antes de las 10:00 p. m., nos hablaron de la recepción para informarnos que nos buscaban, después de preguntarles si todo estaba bien, Karina se presentó en la habitación y como los grandes amigos, nos saludamos con besos y abrazos. Enseguida, me pidió que le preparara una bebida mientras adulaba la belleza de Romy, seguimos bebiendo y platicando hasta que se levantaron a bailar una música suave y cachonda, pegaban sus pelvis, mi mujer quería sentir la verga de Karina, ambas se abrazaban de las cinturas y se miraban fijamente, una pensado qué pasaría y la otra, esperando vivir una nueva experiencia.

    Karina empezó a besarle el cuello y los hombros desnudos a Romy la llevó lentamente hasta la cama, ahí la tendió y sin dejar de acariciarle sus pechos, llego hasta la vagina, donde le separó suavemente los labios vaginales y dio comienzo a la felación, con la que se escuchaban los gemidos de mi esposa. Karina se encontraba inclinada, con las piernas semi dobladas y el culo a mi disposición, aproveche para acercarme y tocar sus nalgas, en ese momento mi verga estaba muy dura, para ser honestos, se lucían muy apetecibles.

    Pasados unos instantes, me retiré para que “ellas” siguieran dándome el show y cuando Romy perdió el vestido, sólo se quedó con sus zapatillas mientras Karina se quedaba solo con su tanga, me encontraba a su espalda y no podía ver cómo lucia su verga. Después, ellas se acomodaron en la cama para el clásico “69”, Romy de espalda a la cama y Karina encima de ella; en ese momento fue cuando vi la envergadura de su miembro, al tiempo que Romy hacía esfuerzos para que esa carne pudiera penetrar su boca, no encuentro palabras para describir esa lujuria que estábamos disfrutando.

    Transcurridos algunos minutos, Karina se acomodó frente a ella y penetró lentamente la vagina de Romy, inició suave y poco a poco, incrementó el movimiento hasta que se sincronizaron perfectamente, de manera que cuando Karina la embestía, Romy arqueaba su cintura para que ese trozo de carne la penetrara lo más profundamente posible, haciendo que sus orgasmos fueran incontrolables y su rostro era la más fiel imagen de la depravación, incluso Karina gesticuló y de su boca salieron sonidos incomprensibles. Unos instantes después, se separaron y tras recobrar el aliento, ambas fueron al baño, por supuesto, yo estaba mucho más que caliente y para mitigar el fuego que me quemaba, le daba sorbos a mi bebida.

    Ya que salieron, se dirigieron hacia mí, me quitaron la ropa y ambas rieron cuando apareció mi miembro cual mástil de barco, luego mi esposa se situó detrás de mí y Karina al frente, así empezaron a besarme el cuerpo desde el cuello hasta llegar a mi sexo y a mi culo, respectivamente, me separaron mis piernas y mientras Karina me mamaba la verga, mi esposa me separaba las nalgas para tratar de penetrar mi ano con su lengua, haciéndome sentir emociones y sensaciones difíciles de interpretar y de plasmar con palabras. No pude esperar más y me separé de ese placer, besé a mi esposa y me dispuse a penetrarla en su vagina mientras Karina aproximaba su verga a la boca de Romy para que le mamara su tremendo pedazo de carne.

    Mi cerebro no alcanzaba a comprender como una mujer tuviera un miembro masculino, pues alzaba la vista y veía unos preciosos senos, con una cara femenina muy atractiva y al bajarla, me encontraba con una verga que era succionada con desesperación y con mucha lujuria, a los pocos minutos Romy nos pidió que la penetráramos por ambos lados como sería imposible meterse el miembro de Karina en el culo, me tocó disfrutarlo a mí. Ese hotel cuenta con una silla y un sillón especial para realizar este tipo de penetraciones, tomé asiento, luego ella se fue deslizando lentamente hasta quedar completamente ensartada, abrió sus piernas para que Karina le ensartara totalmente su carne.

    Ante eso, la expresión del rostro de Romy sufría unas extrañas transformaciones, se mezclaba el placer, la lujuria y la depravación y no dejaba de mover sus caderas al mismo tiempo que apretaba las nalgas, como queriendo desprenderme la verga, para que nunca más se le saliera de su culo. Solo habían pasado unos minutos, el tiempo transcurría lentamente y ninguno quería que terminara hasta que Romy rompió la sincronización que teníamos, pidiéndole a Karina que le penetrara el culo, no quería dejar pasar la oportunidad de tener ese monstruo en su culo.

    Para ello, ella empinó sus nalgas, quedando a nuestra disposición ya tenía el ano dilatado, Karina tomó el aceite lubricador y lo untó generosamente en el culo de Romy, logrando que la penetración fuera sutil pero rápida. Romy tomaba su cabello y con nerviosismo, lo pasaba por su boca, también abría sus ojos desmesuradamente y en un momento más, los cerraba apretando los puños contra su rostro; sin dejar de moverse, Karina tomó el gel y se lo untó en su ano y abrió sus nalgas con sus manos. Sin pensarlo, vi esas exquisitas nalgas y aproveche la invitación, de inmediato me puse el condón y la penetre metí mi verga hasta que se perdió en su interior, agarramos ritmo, Karina se cogía a Romy y yo a Karina, duramos unos 5 minutos en esa posición, Karina suavemente me aparta de ella y me pide que me acueste boca arriba dejando las piernas apoyados en el piso, posterior a eso se fue ensartando en mi verga que debido al morbo del morbo del momento estaba duro y completamente erecto, se empezó a mover y tomo de la mano a Romy para que ella se montara sobre ella, subia y bajaba, con una de sus manos se estrujaba sus senos con desesperación, mientras con la otra se acariciaba el clítoris , pasaron unos minutos y yo fui el primero en expulsar mi semen, Karina sintió que mi pene se desvanecía en su interior y se apartó, jalando a Romy al sillón que para ese momento era una autómata sin voluntad ni fuerzas, levanto su y la penetro con mucha fuerza por unos instantes hasta que alcanzo su orgasmo, terminamos completamente satisfechos y al final quién probó el animal de Karina fue Romy y yo me quedé con la mejor parte de Karina.

    Espero que les haya gustado y no los haya aburrido, me gustaría recibir sus críticas sobre mi redacción, tengo muchas aventuras que me gustaría compartir, ya que me ayudarían a contar las vivencias que hemos tenido en nuestro matrimonio por más de 30 años.

  • Follando en el mirador

    Follando en el mirador

    Era una tarde fría de septiembre donde las primeras lluvias del año empezaban a caer. Aquella tarde había quedado con Adrián para ir a dar una vuelta. No sé muy bien lo que éramos, nuestra relación no estaba definida, éramos amigos, pero había habido algún roce más íntimo.

    Pensábamos ir a dar un paseo por el paseo marítimo pero la lluvia no os dejó. Yo llevaba puesta una falda corta y una blusa rosa. Los tacones hacían que quedase a su altura. Yo mido 1,63 el 1,80.

    Ahí estábamos dentro del coche sin saber a dónde ir. Él propuso ir a un mirador desde el que se ve la pista del aeropuerto y los aviones aterrizar. Acepté. Por el camino los nervios me comían, sabía perfectamente a qué se iba a ese mirador. Cuando llegamos allí estuvimos un rato en silencio sin saber qué decir.

    Nos sentamos en el capó del coche cuando el sol se empezó a poner y la luz de la puesta de sol cogió un color impresionante. Adrián me empezó a besar primero con ternura y después apasionadamente. Metió su mano por debajo de mi falda y empezó a acariciar mis muslos. El beso cada vez era más y más caliente. Su mano cada vez subía más. Mi vagina se empezó a humedecer y al momento noté como su polla presionaba el pantalón deseando salir. Le empecé a tocar por encima de la tela.

    -ummm, creo que aquí hay algo con ganas de jugar. Dije

    Sin pudor a que no pudieran ver le bajé la cremallera del pantalón y comencé a masturbarle. Mi cuerpo pedía más. Me puse de pie y con el baile más sensual que pude me quité el tanga que llevaba. En ese momento el explotó. Se levantó y me comenzó a besar como nunca antes lo había hecho, sentía un calor inmenso por mi cuerpo.

    -Gírate y apóyate en el coche. Me ordeno

    Yo no lo pensé dos veces he hice lo que me dijo. Me abrió las piernas y bajó su boca hasta mi coño. Comenzó a lamerlo y a jugar con mi clítoris hasta que no pudo más. Sin previo aviso se levantó y me metió la polla de una en mi húmedo coño. Me penetró como un animal, entraba y salía a un ritmo que me estaba volviendo loca. Al mismo tiempo me magreaba las tetas. Su mano por debajo de mi sujetador apretaba los pezones y me hacía sentirme como loca.

    Las penetraciones cada vez tenían más fuerza. Yo estaba ahí, apoyada en el coche sin poderle ver la cara, me sentía totalmente poseída. Comencé a temblar y un orgasmo salió de dentro de mi. Si había alguien alrededor me oyó seguro. Fue un grito difícil de ocultar. El seguía en mi interior con embestidas más lentas. Al momento también comenzó a temblar, sacó la polla, me puso de rodillas y me obligó a tragarme toda su leche.

    En ese momento salió un hombre de detrás de los matorrales. Lo había visto todo.

    Continuará…

    Acepto comentarios.