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  • Madura pierde la vergüenza entre otras cosas

    Madura pierde la vergüenza entre otras cosas

    Ese verano Jorge, mi marido, y yo pasamos una semana en un precioso hotel en los Montañas. A Jorge le encanta la montaña. A mí me gusta el paisaje pero sin su entusiasmo. Yo estoy encantada de dejarle a él trepar por las rocas y competir con las cabras montesas en su territorio. Además, aunque no gorda, estoy un poquito entrada en carnes y con el bien desarrollado trasero no estoy para saltar de peña en peña. Antes de salir de vacaciones, ya nos habíamos puesto de acuerdo que él podía ir a escalar cuanto quisiera, yo me quedaría en el hotel, tomando el sol en la piscina y leyendo algunas novelas. Jorge se iba alrededor de las once de la mañana y solía llegar a de seis a siete de la tarde. Tomaba una ducha, nos cambiábamos, bajamos a cenar y luego nos quedábamos un rato en la terraza tomando café y una copa. La primera noche hicimos el amor, pero la segunda y tercera noche Jorge decía que estaba reventado de tanto trepar como había hecho.

    El cuarto día continuamos con nuestra rutina. Después de desayunar juntos, Jorge se fue a escalar, a eso de las once y media yo bajé a la piscina que estaba prácticamente vacía. Coloqué una tumbona, me tendí con la cabeza a la sombra y empecé a leer mi novela que no era ninguna gran cosa: Una historia de una periodista alemana viajando por Marruecos a principios de siglo. La alemana encuentra una tribu de Tuaregs y se enamora del Jeque; el Jeque no solo es guapísimo, si no que en vez de oler a estiércol de camello y sudor de tres semanas, va siempre limpísimo, con sedosas túnicas y huele a frescas hierbas humedecidas por el rocío del alba. El jeque es un moro dominante que nada más ve a las mujeres como objeto sexuales. Al ver a la germana se prenda de ella y la convierte en su esclava. La novela no proporcionaba detalles de las actividades sexuales. Describía cabalgadas por el desierto, románticos ocasos en oasis paradisiacos, hashish, fru-frus de sedas, abundantes cojines sobre el suelo de la tienda, abrazos de éxtasis… pero por a pesar de la falta de énfasis sexual, yo la estaba encontrando tremendamente erótica y excitante; sin darme cuenta estaba restregando mis muslos.

    Al notarlo, inmediatamente baje el libro para ver si alguien me había visto. La piscina seguía prácticamente vacía excepto por un adonis que estaba haciendo gimnasia. No me estaba mirando y no parecía que hubiese notado nada. Era un chico joven (yo tengo treinta y ocho años, así que veo más “jóvenes” de los que veía antes), debía estar por los veintidós, veintitrés años. Era alto, rubio, tostado por el sol, obviamente hacia pesas, pues cada músculo de su cuerpo estaba bien marcado y desarrollado; los brazos y muslos particularmente grandes y fuertes. Llevaba un minúsculo biquini, azul oscuro, bien distendido y estirado por el “paquete” entre las piernas. Mientras yo hacia este examen, me puse colorada. La verdad es que no soy particularmente pacata, pero soy un ama de casa, respetable miembro de la sociedad, entrada en años y carnes y normalmente no evalúo a cada chico que veo como si fuera un semental listo para hacer copular. Decididamente la novela me estaba poniendo tonta. Volví a mis desiertos, oasis, y puestas de sol.

    Al poco tiempo bajé el libro para mirar al chico. Él seguía haciendo sus ejercicios pero ahora estaba solo a tres o cuatro metros de mí. Hacia flexiones ¡Dios que trasero! Abdominales ¡caray tenía la tripa como una tabla! Los bíceps ¡Jesús, que brazos! La verdad es que cada parte y músculo de su cuerpo estaban pero que muy bien, además con los ejercicios se había puesto sudoroso y con el sol reflejándose en las gotitas de sudor, resplandecía como un dios griego. Quizás no era la novela, quizás mi calentura se debía a la altura, las montañas… ¡Carmen! ¡A tus ocasos, dunas, dátiles y huríes!

    Oí un chapoteo, el chico se debía de haber cansado después de tanta gimnasia y se había tirado a la piscina. Parecía nadar muy bien, claro que con esos musculazos cualquiera… Hizo unos largos, salió y se tumbó sobre una toalla a dos metros de mí. Así tumbado boca arriba, viéndole desde sus pies, admiraba aquellos muslos sólidos como columnas con músculos esculpidos a cincel. Puestos a admirar, el bulto en el biquini también era digno de admiración y si estaba así después del agua fría de la piscina… Yo ya no sabía que hacer estaba totalmente excitada. Lo único que se me ocurrió fue quitarme el sujetador del biquini coger aceite bronceador y restregarme los pechos como una tonta. De repente el Adonis muscular se levantó se acercó a mí, extendió sus manos hacia mi botella de bronceador y, sin perder el tiempo con introducciones, dijo:

    —¿Te ayudo?

    Yo, en un ataque de dignidad, estuve a punto de mandar a aquel niñato, que se permitía el lujo de tutearme, a tomar viento. ¿Que se había creído? Jorge es ingeniero, ocupa un alto cargo en el ministerio, conocemos a personas importantes, yo soy la distinguida esposa de un alto funcionario y ¡el niñato me tuteaba! Actuando en consecuencia, sin decir palabra, con superioridad, le tendí la botella del bronceador. Él la cogió, derramó algo de aceite en sus manos, se puso detrás de mí y empezó a darme un masaje en la espalda. Yo me quedé un poco decepcionada, cuando él me ofreció su ayuda yo esta tocándome los pezones, pensé que él iba a continuar, sin embargo estaba trabajando mi espalda. A pesar de mi decepción inicial, el niño sabía lo que hacía, magistralmente movía sus manos, ora acariciando ora estrujando; de vez en cuando, las yemas de sus dedos se insinuaban por mi cuello. La mezcla de caricias y masaje no ayudó a calmar mi calentura; por fin el Adonis, con mucho cuidado, rozo mis pezones, al mismo tiempo se inclinó y junto a mi oído, dulcemente dijo:

    —¿Subes a mi habitación?

    ¡Caray! Una cosa es tener fantasías con jeques de papel durante sobrecogedores ocasos, y otra cosa es saber qué hacer si algo increíble te sucede a ti misma. A mis treinta y ocho años ya no estoy en edad de merecer, y a parte de algún bastorro por la calle alabando a grandes gritos el bamboleo de mis pechos o el contoneo de mi trasero, hace tiempo que no he tenido que sufrir un avance sexual. El chaval estaba muy bien; por la forma en que hablaba y se comportaba, claramente era educado, se me hacia la boca agua de limón mirando aquellos musculazos. Pero, por otro lado, yo era la respetable esposa de un alto funcionario, una mujer mayor, de respetable y respetada condición social, casada, católica y responsable, así que inmediatamente establecí las diferencias y le puse en su sitio; con voz firme dije:

    —No, ven tú a la mía.

    Al oírme decir aquello con tanta desfachatez me quede de piedra. ¡Que golfa! ¡Que perdida! ¡Que guarra! Bueno de piedra, de piedra, tampoco me quedé, porque nada más decirlo me puse el sujetador del biquini, metí deprisa todas las cosas en mi bolsa y fuimos a la habitación. Entramos, cerré con llave y le dije:

    —Estamos aquí con una condición.

    —¿Cual?

    —Tú haces todo lo que diga yo y nada más que lo que yo te diga.

    Es una buena cosa que yo nunca he creído en marcianos, telepatías u otras majaderías por el estilo, porque si no… tendría que pensar que alguien estaba controlando mi mente. ¡Yo que siempre he sido tan recatada y discreta! De alguna forma, o las puestas de sol, o los dátiles, o los jeques dominantes se me habían subido a la cabeza.

    —¿Cuánto tiempo vais a estar aquí? -Pregunto el Adonis

    —Y a ti, ¿qué más te da?

    —Porque acepto tu condición únicamente si mañana tú haces todo lo que yo te diga y nada más que lo que te diga yo.

    —Vale, estamos de acuerdo.

    ¡Increíble! Si hace dos días alguien me hubiera dicho que mirara una película pornográfica, probablemente le habría abofeteado y ahora le estaba diciendo al niñato-adonis del que no sabía ni su nombre, que mañana seria su esclava sexual y haría todo lo que él me pidiera.

    —Coge lo que quieras del minibar. Me voy a dar una ducha rápida para quitar el bronceador.

    Como una loca entré en el cuarto de baño, me quite el biquini, me duche en treinta segundos me seque en un tiempo récord y salí, completamente desnuda, a ver al niñato aquel.

    —¿Te gusto?

    —Me encantas, sobre todo tus pechazos y tus nalgas.

    —Vale chato, haz posturitas y enséñame esos musculazos que tienes.

    Mientras decía esto me senté en la cama, me acariciaba el sexo y me dispuse a hacer de espectadora. Él se ponía de perfil, contraía ora los bíceps, ora los abdominales, me mostraba un trapecio y… ¡que glúteos! La verdad es que el niño estaba para comérselo.

    —Anda ven aquí y dame besos en la entrepierna.

    El vino a la cama, me separo las piernas y con gran suavidad y ternura me besaba los muslos, la ingle, con sus labios acariciaba mi vulva mientras metía sus poderosas manos por debajo de mis nalgas y, suavemente, las levantaba para mejor exponer mi sexo. Con gran paciencia su lengua iba y venía: los muslos, los labios, poco a poco empezó a insinuar su lengua entre los labios, yo empezaba a anticipar cuando tocaría mi clítoris. Él siguió pacientemente, yo estaba a punto de chillar ¡chúpame el clítoris! Cuando él abrió mi vulva, y como animal sediento empezó a chupármelo. Cambio de juego, alternaba lametazos y chupadas del clítoris con hondas metidas de lengua en la vagina mientras con sus manos amasaba mis nalgas y de vez en cuando ponía un dedo haciendo presión en mi culo. Yo estaba como loca, me frotaba los pechos, me relamía los labios, la cabeza me daba vueltas.

    —Sí, sigue, sigue, chupa, chupa. ¡Aahhh!

    Yo que raramente tengo orgasmos acababa de tener uno impresionante en tiempo récord. Cuando me recupere, dije:

    —Gracias guapo, ahora quiero ver que es lo que tienes que ofrecer.

    Sin más ceremonia le quite su biquini.

    ¡Madre del amor hermoso! ¡Que instrumento! No es que yo sea una experta, pero aquel nabo era varios centímetros más largo que el de Jorge y, sobre todo, era casi el doble de grueso. No sé si se pueden hacer pesas con ese órgano, pero algunos ejercicios especiales ya debían hacer para tenerlo así. Además, el niño se afeitaba o depilaba todo el pubis y aquella verga imperial estaba tan carente de vello como la de un bebe. Afortunadamente, por su tamaño nadie la confundiría con la de un bebe. Cogí el vergón con ambas manos y con temblorosa admiración lo desencapulle. ¡Qué maravilla! No pude contenerme y empecé a chuparlo. Poco a poco me lo metí en la boca. Por muchos esfuerzos que hice no conseguí poner dentro más de media polla. Antes de que se me dislocara la mandíbula saque la picha.

    —Anda capullo, ponte a cuatro patas y da vueltas a la habitación como un perrito.

    Él se bajó de la cama, y empezó a andar a gatas por la habitación. No sé qué me excitaba más, mi comportamiento irresponsable y alocado, la idea de que aquel magnifico ejemplar de belleza humana estaba allí obedeciéndome a mí, poniéndose a mi completa disposición o el ver, según se movía, por debajo de sus tersos glúteos, como los colgantes huevos se bamboleaban mientras su enhiesta y amenazante picha imperial le tocaba el ombligo. Si poderme contener me baje de la cama y me senté a caballito sobre él. Mientras él andaba yo le daba azotes en las nalgas.

    —Demuéstrame lo fuerte que eres, ¡fóllame de pie!

    Sin decir palabra, se puso en pie, me cogió por los sobacos y me levanto como una pluma (como ya he dicho, hace años que dejaron de compararme con una pluma), coloco mis piernas alrededor de su cintura y sin comentarios ni prolegómenos, de una embestida, me ensartó con su pollón. ¡Bendito niño! Menos mal que de mi orgasmo anterior estaba bien lubricada; si no allí me despelleja la vagina de por vida. Me quedé sin aliento, pero antes de que pudiera recobrar la respiración él ya estaba diestramente moviendo mis nalgas con sus potentes brazos ensartándome y desensartándome de su divino instrumento. Me movía en el aire, sin ningún esfuerzo, como si fuera una muñequita. Yo notaba sus testículos golpeándome el culo, mis pechos aplastados contra sus poderosos pectorales, mis manos agarradas a su cuello y mi boca fundida con la suya. Empezó con un ritmo lento, pero sobre ese ritmo, como un nuevo Beethoven compuso una sinfonía. ¡Que virtuoso! Con un crescendo lento pero sostenido, sin cambios bruscos, aceleraba y aceleraba hasta que yo note algo creciendo en mi vagina, hinchándose y, por fin, como ese algo estallando en mi vagina y se extendiéndose por todo mi cuerpo. En ese preciso momento él me metió un dedo en el culo y me dio aún más placer. No sé cuánto duré así, yo estaba traspuesta, ensimismada en mi placer.

    Cuando recobre el uso de la palabra lo único que pode decir fue:

    —¡Gracias! Nunca en mi vida se me habían follado así, ni nunca había tenido dos orgasmos seguidos tan intensos.

    Por primera vez desde que estábamos en la habitación él habló para expresar un pensamiento profundo:

    —Te quiero encular.

    —Ni hablar, a mí nunca me han dado por el culo. Primero la idea me da mucho asco, y segundo una amiga mía, a la que el cabrón de su marido la fuerza a tomar da por el culo de vez en cuando, dice que duele mucho. Pero me puedes follar como a una perra.

    Él ni protesto ni insistió. Yo me puse a cuatro patas en el suelo y él me ensartó desde atrás. ¡Qué maravilla! Aquella verga mágica parecía poderse mantener empalmada para siempre. Él empezó otra vez con su mete y saca rítmico. Se inclinó sobre mi espalda y mientras me besuqueaba el cuello y las orejas con sus manos ora acariciaba mis pechos, ora los estrujaba con fuerza. Aquellas pruebas de destreza manual no le impedían seguir con su magnífico crescendo. Yo creía que me iba a desfondar la vagina, él bajó una mano y empezó a frotar mi clítoris… Qué bárbaro, como conocía el cuerpo de la mujer. ¡Cómo me manejaba! Me tocaba como el virtuoso toca su violín, con la presión justa, en el sitio preciso y en el momento adecuado. Una tercera y aún más poderosa explosión recorrió mi cuerpo, al mismo tiempo él grito ¡Siiii! y exploto dentro de mí y los dos caímos al suelo al unísono.

    Cuando recobre algunas fuerzas, como pude me subí a la cama completamente exhausta. Mientras me aupaba a la cama él sobó mis nalgas y dijo.

    —Tienes un culazo precioso. Me vuelve loco, te quiero encular.

    Con mis últimas energías grite:

    —Ya te he dicho que no, que me da mucho asco y además duele.

    El no protesto, ni insistió. Se limitó a decir bajito:

    —Mañana…

    Sin decir más, se puso su minúsculo biquini azul, me dio un beso en la frente un cariñoso azote en las nalgas y con un ¡hasta mañana! se fue. Yo, exhausta, saciada, feliz, relajada como no lo había estado nunca me quede dormida.

    Cuando desperté, eran más de las cinco. Llame a recepción y pedí que mandaran a alguien a hacer la habitación otra vez. Corrí a ducharme, salí de la ducha a tiempo de abrir a la camarera… Mientras ella hacia la habitación yo me arregle y maquille, me sentía guapa, atractiva, deseable y deseada, así que me puse un vestido que me estaba un poco ajustado y resaltaba mis curvas, con amplio escote y corta falda. Remate con unos zapatos de tacón alto. Me mire en el espejo y pensé:

    Un poco jamona, pero… ¡que buenas carnes para quien las sepa aprovechar!

    Le di una propina a la camarera y baje a la terraza a tomar el fresco (¡para fresca yo!) y un aperitivo mientras esperaba a Jorge como había hecho otras tardes. En mi estado de ánimo, casi me hubiera parecido natural que todos los machos que pasaban por la terraza vinieran a decirme que me deseaban y me encontraban irresistible. Mire el reloj, las seis y media, ¡magnifico! Había llegado a tiempo para no levantar sospechas en Jorge. Mientras esperaba, seguía sin poder explicarme que es lo que había pasado por mi cabeza, como podía yo haber hecho una cosa así. Al mismo tiempo sentía una sensación de plenitud y satisfacción que me vacunaba contra excesos analíticos.

    Jorge llegó, contento y sudoroso.

    —Hola cariño, no te beso que vengo pringoso. Voy arriba a ducharme y bajo enseguida.

    Al cabo de media hora, bajo Jorge.

    —Carmen, me lo he pasado de maravilla, he encontrado unas cascadas y unas grutas preciosas, pero vengo muerto. Que te parece si hacemos una merienda cena, y mientras comemos te cuento lo que he visto.

    Pedimos unas cervezas, aperitivos y un par de bocadillos. Él me contaba con todo lujo de detalles y obvio entusiasmo las cornisas, cascadas, restos de hielo, musgos, helechos, grutas y otros descubrimientos. Tengo que confesar, que no prestaba mucha atención. Hacia esfuerzos para, mientras pensaba en aquellos músculos exquisitos y aquella polla gloriosa, poner cara de atender a lo que decía Jorge. De repente, mientras pensaba en el órgano maravilloso recordé las frases del adonis: “Te quiero encular”. “Mañana…”

    ¡Y yo había prometido que mañana haría todo lo que él quisiera! Sin darme cuenta, al pensar en aquel gigantesco instrumento entrando por mi virginal trasero se me escapo un grito. Jorge, solicito, pregunto:

    —¿Qué te pasa Carmen?

    —Nada, nada, ha sido un pinchazo de repente, pero ya ha pasado.

    Acabamos nuestra merienda-cena y subimos a nuestra habitación. El “te quiero encular” no se apartaba de mi mente y notaba como un cosquilleo en el trasero. En nuestra habitación mientras me desnudaba seguía pensando en aquel instrumento glorioso y en el “te quiero encular”. Un picor extraño se apodero de mis nalgas. Jorge se echó en la cama y dijo:

    —Carmen, lo siento si parece que no te hago caso. Si quieres hacemos el amor, pero la verdad es que yo estoy muy reventado y mañana me gustaría salir temprano para tener más tiempo el ultimo día.

    Mientras él hablaba, mi picor aumentaba y con disimulo seguía rascándome el trasero. Con mi voz más dulce y amorosa conteste.

    —No te preocupes cariño. También podemos hacer el amor en casa y… tampoco venimos a las montañas todos los días. Lo importante es que tú descanses bien para que mañana estés mucho tiempo en la montaña y disfrutemos mucho los dos.

    Continuará, espero les haya gustado, no doy cam, ni mi número de celular, cualquier comentario a [email protected].

  • A la próxima ¡me la metes! (2)

    A la próxima ¡me la metes! (2)

    El despertar fue alucinante. Fue mi madre quien llamó por el telefonillo:

    — ¡Nos vemos, Marcelo, ten cuidado, volveremos el miércoles en la noche!

    Fui a despedirlos, ya sabéis; se merecen que les haga caso. Por eso es que cumplo sus órdenes, también ellos me respetan. Luego fui a despertar a mi hermana, me tumbé en su cama, la besé y me contestó:

    — Vete, yo no soy una de tus putas.

    — En eso dices la verdad, de las mías no, pero de otros…, ah, aaaah…, y ¿qué no sé yo?; me reí y en mi despiste me dio una cariñosa bofetada y salí para que se lavara. Ella ya tiene su baño particular.

    En mi imaginación se volvió a formar la fantasiosa imagen que me trastornaba desde hace tiempo y que me acompañaba en mis solitarias pero febriles pajas: «¡Chupar una buena polla!, ¡aaah!». Eso era más de lo que yo podía manejar, era incapaz de espantarlo de mi mente, allí estaba anclado como el deseo más secreto, más ansiado.

    Eso significa quizá que yo debo ser un chico de esos que los psicólogos actuales llaman «heteroflexible».

    Y eso era lo que iba mal con esto de las chicas, no sólo mirarles el culo y pasarme el rollo de los genitales que portaban entre las piernas, sino que además los muchachos eran mi atención, y los miraba disimuladamente primero a sus traseros y después, sin duda, al paquete, y me encantaban esos de pantalones apretados que dejaba a la imaginación el cómo sería de gordito, cabezón, o curvo cuando se les ponía duro.

    Y todos me atraían por igual; sin embargo, lo ocurrido en la cocina de Javi habían levantado demasiado polvo en mí, y algo de ignorancia hacía que tuviera una difusa «identidad sexual» que tanto cacareaban en educación sexual, porque yo no me identificaba con nada sino que todo lo bien tapado de la raza humana me atraía, comenzando por mí mismo.

    Algo había que hacer este nuevo día, primero de unas fiestas sin fiesta. Saqué la moto, y me puse el casco de gran visera y las gafas grandes para tapar el rostro; sobre mi speedo de estrecha cinturilla del nº. 3 el mono de motero negro, todo para evitar a los polis, y que pensaran que soy un profesional. En un bolsillo trasero del mini short que tenía en el top case puse dos porros de marihuana y salí de casa.

    Salí a la Gran Vía en dirección al río, en la esquina Angel Guimerá Gran Vía Fernando el Católico tuve que hacer un giro peligroso porque un coche se me venía encima tras cruzarse el paso cebra con semáforo en rojo y a toda velocidad. Me enfilé por el Paseo de la Pechina hasta el final para tomar el rumbo hacia Pinedo. Por la Carrera del Riu seguí en dirección a la Albufera y en uno de los aparcamientos playeros de la Devesa dejé mi moto amarrada con la cadena y cerrado el cabezal. Puse mi casco y mi ropa en el Top case y con mis zapatillas, el bañador y el mini short —todo fácil de quitar y poner— me encaminé hacia los caminos del parque de la Albufera. El parque de la Albufera en la actualidad es precioso y se puede transitar por pequeñas sendas prácticamente todo él. Fui a deambular en búsqueda de oportunidades sociales, buscaba sexo. Había todo tipo de gente, usualmente modesta y también todo tipo de «maricones». Me sentí como el cazador con muchas presas, y no saber cuál elegir, y aun dudando de los resultados de una cacería en la que no era experto; miré todo tipo de culos, tetas, conejitos de muchachas, algunos insolentemente evidentes y otros púdicamente invisibles. Pero además un montón de culos de hombres, especialmente aquellos de los que tienen una edad parecida a la mía, y obviamente sus paquetes, solazándome con que aquel era así, o era de esa otra manera. Uno que otro mayor de veinte y algo de años, los había que era muy ricos y apetitosos.

    De alguna manera estaba dando rienda suelta a mi imaginación y, conforme esta volaba, la calentura me invadía más y más. Hasta que el pene se me levantó completamente, tan notorio era en mi pantaloneta que me tuve que meter las manos delante para ocultar la verga que se salía por abajo porque el speedo no soportaba y el short era muy cortito. No obstante, eso no detuvo mis imaginaciones.

    Incluso miré a una chica muy linda pero claramente mayor que yo, que me devolvió la mirada. Se acercó a mí, y revolviéndome el pelo me dijo muy divertida,

    — ¡Eres guapo, hijo, y soy muy mayor y tú bien podrías ser un mariconcete simpático, pe…, ¿por qué no te vas a tomarte un helado?, eso te iría mejor.

    La humillación fue tan grande que me puse rojo como un tomate, sólo la miré y apenas pronuncié un tímido ¡perdón! y me fui, sintiendo que quería enterrarme ahí mismo y desparecer en el averno del bochorno.

    Maldije mi cara aniñada y me tomó como diez minutos recuperar mi dignidad y seguir avanzando entre una multitud de gente. En esto que llegué al borde del parque donde había cientos de muchachos más pequeños que yo, elevando cometas al viento. Solo verlos me devolvió a mis impulsos iniciales y me sentí caliente de nuevo, me envalentoné a niveles que nunca habría podido imaginar; resuelto, simplemente me puse a mirarlos directamente a los ojos, a todo el mundo, tal como había visto que las chicas me miraban a mí. Algunos se distraían al extremo y se olvidaban de su juego y me seguían con la mirada, yo me daba vuelta y simplemente los veía que se avergonzaban, o eso era lo que yo pensaba.

    Había un veinteañero ¡buenísimo! Guiando su cometa y lo miré abiertamente. El maldito me miró y poniendo cara de hijo de puta me dijo:

    — ¡¡Maricón!! —lo dijo con rabia y desprecio.

    Me dio tanta vergüenza e ira que seguí avanzando luego de hacer el papel de mirarlo fijo, ceño adusto, y seguir mi camino. Eso me decidió a elegir sólo los muchachos jóvenes como de mi edad.

    Los chicos eran mucho más receptivos a mis coqueteos si eran lo suficientemente obvios como para que se dieran cuenta de mis intenciones, y lo suficientemente sutiles como para huir si era necesario. Cada cual estaba más rico. Los miraba como vigilaban ansiosamente su cometa, lo que aprovechaba yo para hacer una exploración visual completa de sus culos, si los tenía al frente para verles el rostro, y de ahí al lugar de sus penes y bolas directamente. Lo más increíble es que no me daba vergüenza, estaba hecho un cínico descarado, sólo que estaba a cada rato más caliente.

    De pronto, uno se me quedó mirando…, su mirada fue tan intensa que me sobrecogió; mi tonta sonrisa de estúpido coqueteo, se me fue diluyendo del rostro abobado como neblina arrastrada por el viento, nos miramos y un universo de secretos pasaron del uno al otro, no pude resistir la abrumadora pesadez del bello rostro, de toda su presencia y bajé mi mirada, sólo para retornar a mirarlo, incapaz de soportar el no volver a tener su imagen. Allí estaba, no era un sueño.

    El chico era de mi estatura, pelo rubio casi como el mío, sujeto en «trenzas maría» que iban desde su frente hasta el extremo inferior de su nuca, cara amplia y despejada, ojos rasgados sin ser de ninguna manera orientales, el verde de sus ojos era absolutamente cautivador, su mentón era aguzado, fino, hombros relativamente estrechos, su torso estaba cubierto por una camiseta de manga corta y tan ajustada que revelaba un cuerpo delgado pero bien formado, caderas estrechas, pantalón «pescador«, que mostraban un bulto perfectamente delineado entre sus piernas. Brazos delgados que caían a sus costados. Y unas manos delgadas. Lo miré ansiosamente, y lo notó, fue demasiado mi bochorno, volví a bajar mis ojos, y me alejé. Esta vez para no mirar atrás.

    Mi desazón estaba torturándome, yo que me había portado como un valiente y un cínico hasta ahora, y ahora me veía agobiado por la visión más impresionante de mis últimos años. Llegué al borde del mar y me senté en una duna que estaba solitaria, prendí un cigarrillo, miré sin dejar de ver los altos cielos, de verde esplendor moteado por algunas nubes blancas brillante que, empujadas por los vientos, pasan de norte a sur sucediéndose por otras con mil formas que mi imaginación descubría. El ruido en mi alrededor había desaparecido, sólo la alucinante visión del muchacho ocupaba todos mis sentidos y el cielo como decorado y como música de fondo las olas del mar. El humo del cigarrillo inundaba mi garganta y yo sólo estaba impresionado.

    — Hola, eh…, ¿me das un pitillo?—sentí que me decían.

    Miré a quien me hablaba y me quedé paralizado, ¡era él!, ¡demonios!, me había seguido, ¡y estaba a mi lado, pidiéndome un cigarrillo!…

    — ¿Ah?, sí…, claro, aquí están… — y le pasé la cajetilla de Fortuna que tenía, además del encendedor.

    — ¿De dónde eres tú?, —me preguntó, con cierta incertidumbre, mientras prendía su cigarrillo, para toser un poco.

    — De Alicante, —medio mentí nombrando una ciudad conocida. En realidad yo vivía todo el año en la calle san Vicente en el centro de la ciudad, el sector, junto con la calle Colón, más comercial y de mejor nivel económico— ¿y tú?

    — De aquí cerca, de Pinedo, —fue su respuesta, y yo supe que era sincero—. ¡Ah!, Diego… —dijo estirándome su mano.

    Se la estreché, y respondí:

    —Marcelo.

    El calor que sentí al estrechar su fina mano me hizo estremecer y sentir un sofoco que pude dominar a duras penas.

    — ¿Qué edad tienes?, —me dijo en un solo suspiro, mientras me miraba y aspiraba su cigarrillo, seguido por otra tos, delatando que como fumador no era muy experto.

    — Dieciocho, bueno diecisiete, pero poco para los dieciocho, —dije mirándolo directamente a sus ojos, medio hipnotizado tanto por el color como por la forma de ellos.

    El tiempo de camino a los dieciocho era importante para mí, pero ahora había perdido toda relevancia.

    — Dieciocho recién cumplidos, chócala, —fue su respuesta, y volvió a extender su mano en signo de querer estrechar la mía nuevamente, esta vez lo sentí yo, él tiritó muy suavemente pero aun así lo pude percibir.

    — Me falta concluir este año para salir de mi colegio, y pienso ir a la Universidad, —dije ufano no de mí sino de tenerlo a mi lado.

    Lo miré sonrojado, decidí ser sincero, me disculpé y le dije que era nacido en Murcia, que vivía en Valencia y estudiaba en el Luis Vives donde solo me faltaba acabar el semestre.

    — Ah, entonces eres un niño pijo— afirmó concluyendo— ¿y que haces por aquí?

    Decidí ser sincero una vez más:

    — Buscando— dije con un aplomo que estaba lejos de sentir.

    — Aaaah, —fue su respuesta.

    Dimos una chupada a los cigarrillos que fumábamos y no teniendo una puta respuesta que darle le propuse:

    — ¿Quieres un porro?, —sus ojos se iluminaron como faros en noche de tormenta.

    Nos levantamos, lo perverso se me hizo presente de nuevo, metí deliberadamente los dedos de mis manos a los bolsillos de mi short —solo cabían los dedos—, de este modo bajé mi short y me quedó a la altura del pubis por delante y el culo al aire, por tanto le dejé ver mi culo que quedó absolutamente a su vista, y me adelanté a él. Así me aseguraba que me lo podía mirar a su gusto y paciencia.

    Llegamos hasta un recodo de dunas que quedaba algo hundido y un gran matorral a un lado y nos quedamos ahí, miramos a todos lados, saqué los canutos del bolsillo trasero del mini short y los encendimos.

    Aspiré profundamente y lo mismo hizo Diego. Al poco rato los dos estábamos profundamente drogados. Mi cuerpo se estremecía frente a este muchacho que me miraba fijamente a los ojos, resultado evidente de la droga que nos atrapaba inconteniblemente, haciéndose parte esencial nuestra.

    Sentados sobre la arena nos quedamos mirando el uno al otro como si el universo no existiera a nuestro alrededor… No pude resistirlo. Estiré mi mano, y toqué su rostro con mi dedo índice, su hermoso rostro, y se lo acaricié, primero su pequeña nariz, luego sus perfectas y delineadas cejas, y finalmente su boca, el centro de atracción que me tenía loco; y el maldito hizo algo que estaba más allá de cualquiera expectativa que yo pudiera tener: abrió su boca y atrapó mi dedo entre sus labios. Si algo podría haber hecho que mi pene se pusiera aún más duro, era esto. Diego añadió algo irresistible, estiró su mano y la puso directamente sobre mis labios. Abrí mi boca e hice lo mismo. Atrapé su dedo con mi boca, y lo succioné. Chupamos nuestros dedos el uno al otro. Lo más erótico que hasta ahora había practicado aún con muchachas a las que había lamido sus pezones. La punta de este dedo era mucho más que todo eso. Diego tomó una iniciativa con la que yo ya estaba soñando pero mi cobardía me frenaba, él me retiró el dedo de mi boca, me tomó la mano y la sacó de mi boca y acercándose sigilosamente a mi cara…, era evidente que iba a…, hice yo lo mismo…, yo quería besarlo, y él quería besarme… Y nos besamos…

    Unimos nuestros labios, sin ningún otro movimiento, sólo estuvimos allí el uno frente al otro, con nuestras bocas pegadas por un lapso que era infinito y exasperante. Abrí mi boca como se abre una bocatoma que da lugar a un torrente de delirios. Diego entendió, abrió la suya, y yo cerré mis ojos, este muchacho hizo que el vendaval de sensaciones se desatara: estiró su lengua y tocó la mía. Reaccioné y esta fue mi respuesta:

    — ¡Mmm…, mmmm, mmmmm!

    Las mismas que se desencadenaron en Diego, que respondió de la misma manera. Mi pene saltó en espasmos que no pude controlar. Estaba seguro que en él se operaban las mismas sensaciones.

    Mi presa, la que yo buscaba, estaba en mis garras… y yo en las suyas.

    Las sombras del hambre —ya había pasado el mediodía y era la tarde—, se pusieron de manifiesto, había que poner remedio. Nos vestimos para subir en la moto y nos acercamos a un restaurante cercano a tomar un filete cada uno. Luego buscábamos cobijo para nuestro beso. En verdad daba lo mismo, pero la seguridad de que nadie nos veía nos invadió simultáneamente… Nos dijimos tantas cosas en silencio y alguna se escuchaba con murmullo. Y a la vez pensamos: ¡Vamos allá!

  • Disparando mis sentidos

    Disparando mis sentidos

    Una pasión desmesurada, un gozo exquisito, un disfrute interminable, una excitación delirante en su máxima intensidad provocándome las sensaciones más deliciosas. Todo eso percibo cuando estoy contigo. Es un delirio de lujuria.

    Cuando te beso y cuando te acaricio lo hago con mis cinco sentidos. Verte, oírte, degustarte, tocarte y olerte se unen en una deliciosa y agradable experiencia.

    Recorriendo todo tu cuerpo sin prisa, descubriendo cada rincón de tu piel, tus zonas más sensibles, para que no dejes nunca de disfrutar.

    Verte, contemplarte es el primer contacto contigo. Estirada en tu cama expuesta para mí, esperándome ansiosa. Deleitándome con tus ojos, tus labios, tu melena, tus curvas. Esos preciosos y brillantes ojos que dilatan su pupila en tu extrema excitación. Tu aspecto me anticipa sensaciones que percibiremos con nuestras íntimas caricias. Te devoro con la mirada. Pero será necesario probarte, tocarte, olerte… para descubrir tu esencia.

    Atrevernos a experimentar, probarnos mutuamente para descubrir los matices que se esconden en tu cuerpo tras tu negro vestido, ceñido a tus insinuantes caderas. Cuando vaya desnudándote mordiendo tu cuello y bajando los tirantes de tu vestido, quitándote todo lo que cubre tu delicada figura. Hasta hacer desaparecer la fina tela que cubre tus pechos, retirando tu sostén para poder contemplarlos, y viendo como tus pezones cobran vida. Deslizando lentamente el fino tanga de encaje para descubrir lo que más anhelo, tu deseado sexo, la parte más íntima de tu cuerpo donde se concentra toda tu excitación.

    Voy explorando tu piel y la voy acariciando. Quiero provocarte, tentarte, calentarte, excitarte, haciendo que poco a poco brote tu humedad multiplicándose tu deseo…

    Explorar tu boca abriendo tus labios e invadiéndola con mi lengua buscando enlazarse con la tuya. Sorprendiéndote con un apasionado y tórrido beso. Aprisionando tu labio con los míos y succionándolo, dejándote sin aliento.

    Quiero llenarme de tu aroma para recordarlo siempre, aspirando tu perfume para que se quede en mi memoria según voy recorriendo tu piel. Cada vez que acerco mi boca a tu cuerpo sientes como te roza mi aliento y mi barba, mientras yo aspiro tu olor, ayudándome a completar tu sabor. Percibo tus diferentes aromas que se desprenden de tu cuerpo en ese intenso momento. El abanico de sensaciones es tan amplio que puedo percibir los diferentes e intensos aromas de tu perfume, de tu piel, de tu sexo…

    Solo deseo probar, saborear y paladear esa esencia íntima y húmeda que genera tu creciente excitación inundando tu delicioso sexo. Seguramente son las sensaciones con las que más disfruto porque a través de mi boca percibo tu delicioso sabor.

    Lengua, boca y nariz se unen para reconocer tu rica humedad según me adentro entre tus abiertas piernas, percibiendo tus sabores dulces y afrutados. Verte y sentirte temblar de gusto según mi lengua se adentra en tu húmeda cueva llena de deseo me provoca, me excita cada vez más. Sentir tu electrizante estremecimiento según rozo y acaricio ese delicado botón que gobierna el epicentro de tu gloriosa excitación hace que el centro de mi cuerpo palpite. Y más cuando siento tus dedos enredarse en mi cabello acariciándome y acercándome más a ti.

    Te siento desde la primera caricia, desde el primer beso. Al rozarte con las yemas de mis dedos apreciando la suavidad de tu piel voy provocándote agradables sensaciones que llegan a hacer que tu vello se erice. Percibo la temperatura de tu cuerpo. Como va aumentando tu calor, tu sensibilidad.

    Siento el tacto de tu cuerpo suave y agradable, especialmente el roce de tus senos contra mi pecho reclamando ser acariciados. Los abarco con mis manos conduciéndolos hacia mi. Siento como tus pezones se ponen erectos bajo el roce de mi boca. Como endurecen al ser capturados por mis labios, a cada caricia de la punta de mi lengua, lamiéndolos, succionándolos. Y como surge de tu garganta un pronunciado gemido cuando los pellizco.

    Siento tus manos acariciar mi torso. Como se deslizan hacia abajo palpando, buscando. Te veo ávida de explorar y llegar a mi entrepierna. Tus ojos me lo transmiten buscando la complicidad de los míos. Haces que me mueva contra tu mano cuando la alcanzas provocándome un agudo jadeo.

    Las mutuas caricias y la intensidad de tus suspiros me estimulan y me predisponen para lo que sé que va a pasar a continuación. Contemplo como tu pecho sube y baja por la creciente excitación unido a tus jadeos incontrolados. Que suben de intensidad gradualmente según incremento el movimiento acompasado de mis dedos dentro de ti. Siento el suave tacto de tu húmedo interior, sensible a mis caricias, que con cada movimiento de mis curvados dedos buscando tu centro interior del placer, hace que tus manos se agarroten clavándose en las sábanas.

    Verte así tensándote, arqueando tu espalda, gimiendo, acariciando tus propios pechos, me excita. Te veo disfrutando sintiendo mis dedos encharcados que no paran de moverse dentro y fuera de ti, lanzando una descarga a tu vagina que se contrae de gusto, y consigues que mis pulsaciones crezcan. Verte buscando más contacto, resollando, pidiéndome más, alentándome, acercándote, frotándote, con tu clítoris pidiendo a gritos que intensifique más mis caricias. Mirándome con tus ojos destilando pasión, puro fuego. Sintiendo como tus jugos empapan mis dedos siendo engullidos por tu palpitante vagina, y mi pulgar sobre tu emergente clítoris provocándote calambres de placer intenso. Hasta que sacas de lo más hondo de tu cuerpo tu liberador chillido final nombrándome y descargando en tu clímax toda tu tensión sexual que has ido acumulando durante todas las caricias, provocando que también mi dureza llegue a su máximo esplendor.

    Mis sentidos juegan entre ellos intercambiando calientes sensaciones y voy asociando de forma inconsciente tus intensos gemidos a tu sabor.

    Tu aroma, tu sabor, tu imagen y toda la piel de tu delicioso cuerpo interactúan haciéndome disfrutar de este intenso momento, disparando todos mis sentidos.

  • Los sueños de María (Parte 2)

    Los sueños de María (Parte 2)

    Un día más María estaba deseosa de sexo, su marido llevaba una semana sin tocarla, su semana del periodo era la peor, y ella andaba caliente a todas horas.  Por fin la odiada menstruación se fue y pudo tener sexo con su marido, pero lamentablemente, fue demasiado rápido, lo disfruto mucho, sí, pero necesitaba más. Su cuerpo se durmió esperando más sexo, más placer.

    María cerró los ojos en su cama, aun sentía el semen de su marido en su interior caliente, y con el pensamiento de tener más semen en su cuerpo se quedó dormida, y empezó a soñar.

    Un día más de gimnasio, tras una clase en la que quemar toda la energía María necesitaba una buena ducha, estaba tan cachonda, que empezó lavándose y acabo masturbándose metiéndose los dedos y frotándose con fuerza el clítoris hasta alcanzar un intenso orgasmo, estaba cachondísima, no había sido suficiente, mientras se vestía y recogía sus cosas pensaba en llegar a casa y volver a tocarse.

    Al salir del vestuario paso por la zona de máquinas, era verano, y María solo llevaba una minúscula falda blanca con vuelo que se movía al caminar dejando ver su culito redondo y terso, una camisa sin mangas que, quizás le estaba algo pequeña, pues los botones que estaban a la altura de sus enormes tetas iban a reventar, y sus sandalias de tacón hacían que su cuerpo con buenas curvas fuera todo un espectáculo. Los hombres que allí estaban ejercitándose no podían dejar de mirarla mientras pasaba, pero no todos se conformaban con mirar

    H1: Dioss que culazo!!!… Enterraría mi cara en el!

    H2: Yo te iba a enterrar otra cosa en ese culo delicioso!!

    H3: Te va a reventar la camisa preciosa, déjanos ver esas tetazas enormes!!

    H4: yo te arrancaba la camisa de un mordisco y te comía entera!!

    María al oír todos aquellos comentarios no pudo evitar ponerse aún más cachonda, notaba como su coño vibraba y se mojaba, el tanga negro y minúsculo que llevaba bajo su minifalda estaba totalmente empapado y sus pezones duros como piedras de la excitación. Los hombres que allí había no eran los más musculosos que había visto, pero estaban muy bien, atléticos, morenos, sudorosos, y querían meter su cara entre sus tetas y su culo. Uno de ellos le cortó el paso poniéndose frente a ella.

    H1: ¿Por qué no te quedas con nosotros a hacer algo de ejercicio guapa?

    María: Yo acabo de terminar, ya he hecho ejercicio.

    H1: ¿y no querrás quedarte con nosotros a hacer un poquito más?

    El resto se fueron acercando rodeando a María, ella excitadísima se mordía los labios, ¿Cómo sabrían sus pollas?, ¿estarían ricas?, podría comérsela a todos allí mismo, si se lo pidieran se arrodillaría y mamaria todas aquellas pollas erectas que estaba viendo bajo sus pantalones de deporte

    H2: ¿no contestas?, se ha quedado muda

    H3: ¿son nuestras pollas lo que miras relamiéndote?, ¿te gusta comer pollas?

    H4: Mírala que cara de vicio, seguro que está deseando arrodillarse aquí mismo a comerse cuatro pollas para ella solita, ¿verdad?

    Y María subió aún más su punto de excitación, ya no estaba cachonda, eso se quedaba corto, ahora necesitaba pollas en su boca, a pares, y se dejó llevar, dejo que los tíos la cogieran y se la llevaran a un banco de abdominales, la sentaran y empezaran a desnudarla. De repente María se vio sentada y desnuda rodeada de cuatro pollas duras para ella solita

    H1: Venga aquí las tienes, ¿no vas a comértelas?, están así por ti

    Dos de ellos se acercaron aún más a María y empezaron a pasarle la punta de sus pollas erectas por la cara, ella, al notarlas cerca de su boca, la abrió al máximo y ambas quisieron entrar en su boca. María con sus manos las agarro fuerte y las ayudo a entrar

    H3: Joder, las comes a pares! Que gustazo guapa

    H4: Madre mía, estas toda hecha una comepollas profesional, como no sabemos cómo te llamas, te llamaremos así, Comepollas

    H1: Si!!! serás Comepollas siempre que te veamos

    H2: ¿Te gusta que te llamemos Comepollas?

    María como pudo, con dos pollas metidas en la boca asintió, oírles llamarla así hizo que se sintiera más mojada, más cachonda, más puta, ya no era María, era Comepollas, y las comía a pares

    H2: Oye comepollas, ¿Cómo tienes el coño?, ¿no nos lo enseñas?, seguro que lo tienes depilado y chorreando, estabas deseando comerte nuestras pollas ¿verdad?

    María abrió bien sus piernas mostrándoles su coño totalmente depilado y empapado, llevo su mano a su clítoris y lo froto para después con sus dedos abrir bien sus labios y mostrarles lo que deseaban.

    Los dos hombres que tenían su polla en la boca de María, o mejor dicho Comepollas se separaron para ver bien lo que ella mostraba

    H3: Dilo

    María: ¿el qué?

    H3: Di tu nombre, di cómo te llamas

    María: Me llamo Comepollas

    H2: ¿y que nos enseñas Comepollas?

    María: Os enseño lo que queríais ver, mi coño abierto y mojado

    H1: Mmmm… seguro que quieres que te lo follemos todos, ¿a qué si comepollas? No sé si lo haremos o no, de momento haciendo honor a tu nombre, solo podrás comernos la polla, si quieres algo en tu coño, tendrás que buscarte la vida, pero tu boca y tus manos son nuestras.

    María se sentó a horcajadas en el banco de abdominales dejando su coño contra él, se movía y lo frotaba mientras con su boca y sus manos iba pasando de polla en polla, a cual más deliciosa de todas, a cual más tiesa y dura, le encantaba, se sentía excitada, morbosa y cachonda, se sentía toda una Comepollas.

    H4: Como solo puedes con tres pollas a la vez, creo que deberíamos buscar otras opciones, ¿Qué tal tienes tu culo Comepollas? deberías mostrárnoslo.

    María paro de comer y pajear pollas, se puso de rodillas en el banco de abdominales y se dio la vuelta, con el culo en pompa y espatarrada les mostraba su culo, precioso y redondo.

    H2: Delicioso, sepárate bien las nalgas Comepollas que lo veamos bien

    H1: Chorreas tanto de tan cachonda que estas, que hasta el culo tienes empapado Comepollas

    H3: Seré el primero señores, ese culo es mío

    Y le dio un fuerte azote en cada nalga antes de empezar a frotar su polla durísima en su ano, empujando, intentando entrar. Los otros tres fueron delante de María y empezaron a darle golpes en la cara con sus pollas, ella con la boca abierta intentaba cazar alguna para poder comérsela, ese día era Comepollas, y una buena comepollas tenía que estar siempre comiendo polla.

    H4: Así no Comepollas, baja del banco de abdominales, y te agachas, así tienes tus manos y tu boca libres mientras te dan por culo, hoy no puedes dejar una polla sin tocar, comer o follar.

    María se bajó como pudo del banco de abdominales, arqueo su espalda y volvió a sentir como una polla enorme entraba de golpe en su culo, hasta el fondo, notaba como sus huevos le golpeaban en el coño empapado, mientras con sus manos cogía otras dos pollas y las pajeaba y abría la boca para que el último pudiera follársela.

    Sentía como la polla de su boca entraba hasta atragantarla, una cantidad enorme de babas salía de su boca, a cada empujón del que le metía la polla por el culo, hacía que la polla de su garganta entrara hasta el fondo y le diera una arcada, ella solo notaba más y más excitación, más y más cachondez, se sentía más y más puta, una puta comepollas.

    Uno tras otros fueron pasando de su culo a su boca, pasando por sus manos, ella deseaba que le follaran también el coño, lo tenía palpitando de excitación, quería sentirse penetrada y llena por todos lados, le encantaba que le follaran el culo, pero necesitaba más. Cuando le sacaron la polla de la boca lo pidió.

    María: Folladme el coño, lo necesito

    H1: ¿si Comepollas?, ¿necesitas que te follemos el coño?, no sé, este culito es delicioso

    H2: Habíamos dicho que si querías algo en tu coño te lo proporcionaras tu solita, nosotros solo tu culo, sigue chupando puta Comepollas

    Uno de ellos se fue un momento, cuando volvió llevaba en la mano una botella pequeña de agua.

    H3: Toma Comepollas, si quieres puedes meterte esto mientras te follamos el culo, así te sentirás llena

    Dejaron sus manos libres por un momento, y mientras aun le follaban por detrás María empezó a introducirse la botella por el coño. El placer que sintió mientras le seguían follando el culo al ir introduciendo la botella era indescriptible, no paraba de gemir, y gritar, pero enseguida la callaron metiéndole una polla por la boca hasta el fondo, dio tal arcada que empezó a toser, los otros dos, mientras le daban pollazos en la cara, le restregaban sus pollas por su cara y su cuello esperando que María las cogiera con sus manos y siguiera pajeándoles.

    Mientras seguían follándola uno tras otro por el culo, la botella de su coño se movía, y a veces se salía, pero ella, soltaba alguna de las pollas que pajeaba para meterla hasta el fondo de nuevo, todo sin dejar de comer polla constantemente.

    H4: Uf, Comepollas, yo voy a correrme ya, prepárate porque va toda mi leche en tu cara de puta Comepollas.

    H1: Yo también quiero dispararte a la cara, y que te lo recojas todo y te lo tragues.

    H3: Podrías follarte el coño con la botella mientras te regamos tu puta cara de semen.

    H4: Ven aquí Comepollas, que vas a terminar con nosotros.

    Todos se pusieron delante de María mientras ella caliente y excitada, con el culo muy abierto y el coño chorreando, se arrodillo en el suelo con las piernas abiertas, enseñándoles cómo se follaba con la botella, se la metía y sacaba fuerte y rápido.

    De repente chorros de semen llegaban a su cara, ella abriendo la boca al máximo intentaba cazar todo lo que podía, algunos chorros cayeron en su cara, otros en sus tetas, en su pelo, y ella mientras seguía y seguía dándole a la botella, sabía que el orgasmo estaba cerca, mientras se metía la botella, con la otra mano se frotaba fuerte el clítoris, estaba a punto de llegar, mientras las cuatro pollas que la rodeaban ya habían descargado toda su leche sobre ella.

    Se acercaron y restregaron sus puntas aun con gotas por su cara, ella al notar las cuatro pollas en su cara llego al orgasmo, se corrió como nunca notando todo el semen en su cara, del grito que salió de su boca también se salió el semen que tenía dentro aun sin tragar.

    Y con la intensidad del orgasmo de su sueño María se despertó, estaba totalmente empapada, su marido dormía a su lado, al destaparlo vio que su polla estaba tiesa, y no se lo pensó dos veces, siguió siendo Comepollas y despertó a su marido con una mamada intensa, metiendo su polla hasta el fondo de la garganta mientras con la mano se frotaba el coño. Su marido la retiro y le dio la vuelta, la follo salvajemente a cuatro patas mientras ella se seguía frotando el clítoris, llegando al ansiado orgasmo que empezó a sentir en su sueño.

    Antes de acabar su marido ella siguió comiéndole la polla hasta que le lleno la boca de semen caliente y delicioso. Era el perfecto final para la aventura de María la Comepollas.

  • El bailarín me llena de semen

    El bailarín me llena de semen

    -Hola mi amor, oye iré con Adriana a cenar, llego en la noche, ¡besos!

    Ese fue el mensaje que le deje a Cristian antes de irme con mi amiga Adriana, juntas habíamos puesto un local de ropa y nos estaba yendo muy bien, mi crisis estaba pasando poco a poco y aunque de vez en cuando tenía reveses trataba de formalizar mi relación con Cristian.

    Desde que éramos modelos, Adriana siempre fue muy caliente y aventada ella en sus épocas estaba de lujo, tetona, piernona, nalgona, el estereotipo de muchos hombres. A ella se le ocurrió la idea de ir a un woman club, o sea un teibol pero para mujeres, yo accedí ya que tenía años que no visitaba uno.

    Fuimos cerca de peri sur, llegamos y desde la entrada hombres con músculos por donde sea, te atendían, tomamos una mesa a la cual un nalgón en tanga nos llevó, ¡pedimos unas cervezas y nos unimos a la fiesta!

    A: ¡ya vez Cindy, que divertido es!

    C: No recordaba esto, ¡jajá que divertido!

    Hombres riquísimos por todos lados, altos chaparros blancos prietos, pero todos de cuerpo escultural, nosotras gozábamos del espectáculo, finalmente ya más entrada la noche, mientras me mensajeaba con Cristian a Adriana s ele ocurrió pagarle a un bailarín para que subiera a la mesa y se desnudara.

    Eso me pareció muy divertido, el tipo media 1.58, era moreno casi negro, pero musculoso amas no poder, su bigote lo hacía parecer Cantinflas, pero versión macho jajá, me estaba divirtiendo con su show y dándome mi taco agarrando sus carnes, me sentía mal ya que a Cristian le decía que estaba cenando cortes jajá y la verdad no estaba alejada de la realidad!

    Pero en un momento en lo que mensajeaba con mi novio el moreno bailarín se despojó del tanga, mostrando una verga de unos 19 cm, gorda y venosa, mi cara de impresión no podía creerlo, nunca pensé que alguien que no llegaba al 1.60 la tuviera así, yo mido 1,66 él me llegaba a mi boca, el tipo noto mi sorpresa y se acercó a mí, tomo mi mano y la llevo a su muslo, a su musculoso muslo, con la otra trataba de escribir a mi novio pero de pronto Adriana puso mi cara en la verga del moreno, mi nariz y mi boca chocaron con su tronco, su verga inmediatamente empezó a ponerse más dura!

    -Chúpala, chúpala!! La multitud de mujeres exclamaba con fuerza, aplausos y gritos para que metiera eso a mi boca sobraban, Adriana sonrió y me dijo que lo hiciera, me quito el celular y me puso frente a esa pinga dura y morena, con una cabeza rojiza y lista para mí.

    Mire a todos lados y vi la cara de emoción de varias, tome al moreno de las nalgas y lleve su cabeza rojiza a mi boca, le di un par de lengüetazos y la succione hasta donde su grueso tronco me permito, Adriana me tomo de la cabeza y me empujo como si fuese un pastel el moreno lanzo un grito ya que mi mamada le había encantado, lo mire y le mame más pasional, una de mis mejores mamadas eran para el bailarín chaparro, Adriana seguía empujándome e incluso me tomo unas fotos, finalmente el tiempo acabo y el moreno se retiró con un orgasmo a medias pero con la temperatura a mil!

    A: Jajá, pinche vieja, que mamada le diste!

    C: ¡Mensa, no me dejabas respirar!

    A: ¡Jajá, si tu novio estuviera, se desmaya!

    C: ¡De veras y Cristian!

    A: Se enojó, te mando un mensaje muy cursi, ¡no sabe que tú eres una indomable!

    Trate de escribirle, pero se molestó más, entonces me puse en mi plan y lo mande a la fregada, ¡total yo no le ruego a nadie!

    Las horas pasamos y Adriana y yo seguíamos tomando y disfrutando el show, pero el chaparro moreno no dejaba de verme, me miraba y sonreí, yo le coqueteaba total, ya se la había mamado, así que coquetearle era nada, un tipo de traje noto esto y se acercó a nosotras y nos dijo: $450 vale estar con uno de nuestros muchachos, por si gustan!

    El coraje y las cervezas combinado con el intercambio de miradas que traía con el moreno chaparro me hizo tomar la decisión de echarme al moreno chaparro. Me acerque al encargado y le dije que quería contratar al moreno para sexo, él me sonrió y me dijo, son $450 por favor, mas aparte él te cobrara lo que sea su voluntad. Al principio me pareció un robo, pero cuando el moreno se acercó, me tomo de la espalda y me sonrió, acepté y subí con él a un cuarto que había en la parte de arriba del club.

    En el trayecto él me iba toqueteando, ese día traía una licra negra, tacones rosas abiertos, blusa roja escotada de la espalda sin brasear y una tanga roja de encaje, al entrar al cuarto inmediatamente se me lanzo como fiera, me quito la blusa y sus manos empezaron a acariciar mis tetas, su lengua lamia mi pezón, se entretuvo con el que tiene una perforación, mis manos acariciaban su espalda torneada y marcada de músculos, me bajo la licra y al verme observe como una erección empezaba a formarse en él.

    M: ¡Esta buenísima señora!

    C: Gracias, pero no soy señora jajá, ¡no soy tan vieja!

    M: Me disculpo, creí que era casada.

    C: Tengo pareja, pero él está de mamón, ¡jajá!

    M: ¡Chiquita, si yo fuera tu pareja, diario te daría verga!

    Me beso apasionadamente, sus manos acariciaban mis piernas y subían a mis nalgas, el chaparro las apretaba fuerte, me besaba el cuello yo también empecé a disfrutar su cuerpo, mi lengua besaba su cuello, bajaba por sus pectorales bien formados y duros, mordía su pezón moreno, lamia sus cuadros de su abdomen, ¡dios estaba disfrutando a mi macho!

    M: ¡Ricas piernas mami!

    C: Estas buenísimo nene!

    Me quito la tanga se agacho y subió mi pierna a su hombro y empezó a darme un rico oral, yo me apoye de la barda y la puerta ya que no me había dejado llegar a la cama, su lengua era experta en mamar vagina, mi clítoris recibía un masaje riquísimo, me besaba la entrepierna, su lengua bajaba hasta la unión con mi ano, me apretaba las tetas, ¡me estaba trabajando rico!

    Nos fuimos a la cama, me cargo el moreno y me acomodo para un 69, su verga morena grande y dura estaba en mi cara, como loba comencé a devorar su carne, mientras él seguía dándome ricos lengüetazos, le apretaba sus testículos, succionaba sus 20 cm de negra verga, el con su fuerza me apretaba la cabeza para no dejar de chuparla.

    Me acomodo en la cama boca abajo y levanto mis nalgas con ayuda de la almohada y me empezó a penetrar, no sé si estaba bien que fuera sin condón, ¡solo quería tener su animal negro dentro de mí!

    M: ¡Mamacita que rico, uf que apretada!

    C: ¡Ah, así, que duro, auch!

    ¡Se movía riquísimo, me acariciaba la espalda y movía su pelvis como loco, mis nalgas eran apretadas por sus fuertes manos, me besaba la oreja y el cuello, me estaba estrujando delicioso!

    C: ¡Que rico, agh!

    M: ¡Estas buenísima, agh!

    C: ¡Métela, que rico, no pares!

    M: ¡Toma nena, uf!

    Se acostó y subí a cabalgarlo, me dejaba caer de sentón para luego mover rápido mi cadera, el me apretaba los muslos y las nalgas, se levantaba a morderme las tetas, ¡yo le apretaba sus pectorales y me movía más y más rápido!

    Me acostaba para darme mini sentones y sentir solo su cabeza, me di vuelta y hacia lo mismo, pero al revés, ¡el me besaba los pies y me arañaba las nalgas!

    M: ¡Así nena, que rico coges!

    C: ¿Te gusta rey?

    M: Eres una diosa, uf, que rica, que rico coges, ¡no puedo creer que estés conmigo!

    Que rico hombre, me sentía una puta de primera, mi novia me marcaba y yo estaba montada en una rica verga morena, disfrutando de ese lugar, escuchando a Adriana fornicar en el cuarto de a lado, me desconocía, ¡pero no podía dejar de darme sentones en el moreno chaparro!

    El tipo era de carrera larga, me acostó nuevamente y levanto mis piernas, un patas al hombro fue como me puso, me penetro fuerte, nos besábamos mientras sus manos acariciaban mis piernas y mis nalgas, me besaba el pecho, lamia mi pezón, yo arañaba sus duras nalgas que parecían dos rocas enormes, él se empujaba más y más fuerte, yo gemía y sudaba como perra, ¡me sentía una perra de primera!

    C: Mas, así que rico, agh, cógeme, ¡cógeme!

    M: ¡Que rico aprietas, uf, seguro tu novio no te coge así!

    C: Ah, no hables de él, solo penétrame, ¡dame tu rica verga nene!

    M: ¡Oh cariño, me enloqueces!

    El moreno chaparro era una maquina sexual, me ponía de una pose a otra, me puso de pie y me pego a la pared, ahí me abrió las piernas y me embistió duro, luego se sentó en la cama y me dejé caer de sentones en él, me movía suave y fuerte, el me juagaba las tetas y gemía, ambos sudábamos, pero continuábamos cogiendo, se acostó en el suelo y subí a cabalgarlo, ayudada de la cama me movía fuertísimo, ¡ahí consiguió hacerme venir por primera vez!

    C: ¡Ah, que rico, uf, dios, mmm!

    M: ¡Si chiquita, que rico, uf!

    C: ¡Papi, agh, sigue, agh!

    M: ¡Que rico gimes, uf!

    Ya llevábamos más de una hora cogiendo, el moreno chaparro me estaba dando el palo de mi vida, yo estaba sudada llena de fluidos y con mi vagina ya toda raspada por ese animal, ¡pero aun quería seguir sintiendo la verga de ese bailarín!

    C: ¡Papacito, nunca me habían cogido así!

    M: ¿Dónde quieres que te los eche?

    C: ¡Donde quieras nene, uf!

    M: ¡Me gustaría bañarte de mí semen!

    C: ¡Como me pongo cariño, vamos sigue!

    M: Ponte de a perro, quiero verte así, ¡quiero saborear tus ricas nalgas y penetrarte fuerte, como perros!

    Obedecí a mi macho y me puse en cuatro, como una perra en brama necesitada de ser montada, el macho moreno chaparro y musculoso, me tomo dela cintura y besos mis nalgas, ¡su lengua recorrió mis muslos hasta mi vagina para que abriera mis nalgas y me ensartara delicioso!

    C: ¡Ay, así, que rico dio!

    M: ¡Mmm, toma, uf!

    C: ¡Muévete mas agh, dámela más duro!

    M: ¡Te voy a empalar nena!

    ¡Se movía bestial, yo estaba gimiendo como loba, me encanta estar ensartada de esa verga, el me daba de nalgadas, me estaba empalando delicioso, me sentía venir nuevamente sentía como él se inflaba en cada movimiento que hacia!

    Entonces no aguanté más y me vine nuevamente, otro orgasmo me invadió y el chaparro me gritaba que se venía y cuando iba a pasar eso, me la saco se puso frente a mi cara y desahogo una bestial venida de semen caliente, el semen caía desde mis cabellos hasta mis muslos, mis testas y mi boca eran las que más recibían, la nariz y los ojos estaban llenos de semen, el gemía de alivio, ¡yo me apretaba las tetas y saboreaba el rico néctar del moreno!

    Nos besamos apasionadamente, reposamos un poco y cuando le pregunte el precio, el me miro me sonrió y me regreso los $450 que pague pro el cuarto y me dijo:

    M: Después de tan magnifica noche y de que eres una diosa sexual con un cuerpo divino, yo soy quien debería pagarte con lo que quisieras, ¡muchas gracias por la noche hermosa!

    Me dio un baño francés, me retoque el maquillaje y me perfume para no oler a semen, al salir Adriana me estaba esperando, la mire le sonreí y salimos rumbo a nuestra casa, al llegar le conteste a Cristian quien enojado me reclamo que lo había dejado, yo estaba tan de buenas que le di el avión y me fui a dormir, pensando en la rica cogida que me dio el chaparro moreno.

    ¡Saludos su amiga Cindy!

  • Como conocí a mi hombre

    Como conocí a mi hombre

    Me llamo Janet y en este relato les voy a contar cómo conocí a mi macho cuando me mudé a Bogotá para comenzar mis estudios universitarios.

    Quería avisarles de que quizás me haya extendido bastante a la hora de relatar lo que sucedió, pero he pretendido reflejar todo lo que pasaba por mi cabeza en esos momentos. Espero sus impresiones y comentarios.

    Siempre me he considerado un chico tímido, con éxito en mis estudios pero con no tanta suerte socialmente. Mi cuerpo no estaba mal a mi parecer, mido 177 y soy delgada, morena, peso alrededor de 60 kg. Tengo el pelo largo aunque por el resto del cuerpo apenas tenía, lo que junto a mis rasgos un poco andróginos me conferían un aspecto delicado y hasta cierto punto femenino. Mi culito era una de las partes de mi cuerpo que más me gustaban, lo tenía parado y redondito, fruto de la costumbre que tenía de subir escaleras. Por otra parte, mi clitty es pequeñito, apenas llega a los 10 cm y es una de las razones por las que nunca había estado con una chica ya que me sentía bastante cohibido y me daba mucha vergüenza que pudieran reírse de mi tamaño. Con el tiempo y en especial cuando me vestía, esto en lugar de verlo como un hándicap lo comencé a ver como una ventaja ya que me confería un aspecto mucho más femenino.

    Cuando ocurrió todo esto hacía un par de meses que acababa de cumplir mis 18 años y que me había mudado a Bogotá para comenzar mis estudios universitarios. Por aquel entonces tuve que acostumbrarme a un nuevo estilo de vida ya que hasta entonces había estado viviendo en casa de mis padres. Ahora tenía un pequeño apartamento que me ofrecía la posibilidad de poder experimentar con aquellas cosas que siempre había querido hacer o bien tenía ganas de seguir haciendo. Una de esas cosas fue la de vestirme y aunque quizás en alguna ocasión les cuente mis inicios como crossdresser, tengo que decirles que cuando me mudé a Bogotá tenía más libertad y fui ampliando mi fondo de armario. Me armé de valor y pasé por alguna tienda de ropa y por algún bazar chino para hacerme con prendas como algún top, un par de vestidos y por supuesto numerosa ropa interior. En apenas un par de meses llegué a tener ropa suficiente como para llenar una lavadora y siempre que llegaba de la universidad cambiaba mis prendas masculinas por mi nueva ropa. Pasaba el tiempo en casa con medias, braguitas… y me encantaba tanto la sensación que con el paso del tiempo comencé a llevarlas debajo de mi ropa de chico.

    Cuando pasaba el tiempo como nena me encantaba pasar el rato buscando información sobre sissies, leyendo relatos y también viendo porno. Mi favorito era aquel en el que chicos jóvenes como yo eran sometidos y feminizados por hombres maduros. Quien me iba a decir que dentro de poco algo parecido me iba a pasar a mi. En bastantes ocasiones había intentado concretar alguna cita con algún hombre, pero resultaba una labor complicada ya que no era sencillo encontrar a gente compatible. Buscaba por algún chat y miraba anuncios pero la mayoría de la gente iba a saco, tenía poco tacto y la verdad, no me hacía sentir muy segura. Todo esto cambió la tarde en la que leí el siguiente anuncio:

    “Empresario maduro, culto, con clase y experiencia busca travesti o crossdresser joven, sumisa y complaciente. Si no dispones de experiencia no pasa nada, ya que siempre se puede adquirir y lo más importante para mí es la actitud y las ganas que tengas de transformarte en una chica complaciente. Busco gente seria, con disponibilidad de horarios y que esté dispuesta a ser entrenada y sometida como esclava sexual. A cambio recibirás discreción, comprensión y una remuneración por tus servicios”.

    Durante un par de días este anuncio no paraba de rondar por mi mente. Aquel hombre buscaba algo parecido a lo que yo siempre había deseado ser, así que tras meditar qué le diría, le mandé un correo en el que me presenté y le decía lo mucho que me había gustado su anuncio y las ganas que tenía de conocer a alguien así. En alguna otra ocasión había contestado a otros anuncios, pero las respuestas que recibía nunca me habían terminado de convencer y al final nunca había surgido nada con nadie. Al escribirle pensaba que sería como cualquier otro de esos chicos, a los que solo le importa su bienestar, sin embargo al par de horas recibí su respuesta y me sorprendió bastante ya que daba la impresión de ser un hombre con bastante criterio. En su respuesta se alegró de que le hubiera escrito y me ofreció más detalles sobre su vida y sobre qué era lo que buscaba exactamente. Me comentó que era un empresario de éxito de 43 años, viajaba bastante. Apenas tenía mucho tiempo y era por ello que buscaba a gente joven como yo para dar rienda suelta a sus pasiones. Me dijo que su debilidad siempre habíamos sido las crossdresser y que le encantaba feminizar a un chico joven, tratarlo como si fuera su amante, pero también como si fuera su putita particular. Por esa razón buscaba a gente muy abierta de mente y con las ideas muy claras, que le gustara ser tratada como una autentica mujer, pero que también le gustara ser tratada con rudeza hasta sacar a las putitas que llevábamos dentro. Me comentó ciertas prácticas que le gustaba hacer, en especial le encantaba dominar, cosa que a mí personalmente me llamaba muchísimo la atención ya que siempre me había imaginado a los pies de un hombre dominante. Además, gracias a su posición económica no le resultaba ningún problema ayudar a las nenas con las que quedaba en su transformación ya fuera con ropa u otras cosas como sesiones de maquillaje o peluquería.

    No podía creer mi suerte ya que por fin tenía ante mí la oportunidad de conocer a un hombre qué, además de ser dominante y tener experiencia, me ofrecía la posibilidad de ser la nena que siempre había querido ser. Mientras leía su respuesta y pensaba en que responderle no pude evitar emocionarme y masturbarme. Con el paso de los días fuimos intercambiando más correos y nuestra confianza fue acrecentándose. Cada vez había más feeling entre nosotros y daba la sensación de que teníamos gustos parecidos. Nos intercambiamos algunas fotos y pude comprobar que a pesar de ser madurito aún se conservaba bastante bien y era atractivo, parecía que hubiera practicado mucho deporte cuando era joven ya que se intuía un cuerpo fibrado, aunque ya empezaba a notarse la edad.

    Así fue que al cabo de una semana y media me envió un correo en el que me decía que durante el fin de semana iba a estar en su casa de Bogota y que tenía muchas ganas de conocerme. Sí yo quería me ofrecía la posibilidad de conocernos y pasar una tarde en su casa. No haríamos nada que no quisiera pero si iba, me dijo, tenía que tener claro que a partir de entonces iba a ser su nena y tendría que obedecerle en todo lo que me dijera. Obviamente mi respuesta fue afirmativa y le contesté que tenía muchas ganas de conocerle y de poder quedar con él. Así fue como concretemos una cita para el sábado por la tarde en una discreta cafetería de una buena zona de Bogotá.

    Durante la noche del viernes apenas pude pegar ojo de lo emocionada que estaba ante la cita del día siguiente. Muchas veces había fantaseado con estar con un hombre maduro y en unas horas iba a poder cumplir ese sueño. Al final, imaginándome cómo sería la velada caí rendida y me dormí. Cuando me desperté por la mañana lo hice con una mezcla de nerviosismo y de emoción, no podía creer que el día en el que me harían una zorrita había llegado.

    Lo primero que hice fue prepararme, aún faltaban horas para la cita pero quería estar perfecta para él. Me metí en el cuarto de baño y comencé a depilar todo mi cuerpo, poniendo especial cuidado en las piernas, ingles y axilas. Cuando terminé de depilarme me metí en la ducha para quitar los restos de la crema depilatoria y además limpie por dentro mi culito, el cual hoy previsiblemente iba a dejar de ser virgen al ser usado por un hombre que me doblaba la edad. Aunque estaba muy caliente, evité tocarme en todo momento ya que quería estar totalmente preparada para mi macho… y he de admitir que fue una tarea complicada porque solo de pensar en las cosas que podría hacer esa tarde estaba que no cabía en mí.

    Una vez aseada preparé la ropa que iba a llevar para meterla en una pequeña mochila. A pesar de que en estos meses viviendo en Bogotá había conseguido ampliar mi fondo de armario he de admitir que aún no tenía mucha variedad. Al final me decanté por llevar dos conjuntos de medias negras, un par de tangas, un sujetador, un top azul oscuro con rayas negras, una falda también azul y bastante cortita y por último una de mis prendas favoritas, un vestido rojo y negro que me quedaba algo ajustado y realzaba bastante bien mi culito. Consideraba este vestido una de las mejores prendas de ropa que tenía por ahora y me encanta su suavidad, cuando me lo pongo no puedo evitar ponerme ya calentita nada más rozarlo con mi piel y en aquel momento esperaba que a mi macho también le gustara.

    Tras comer y descansar un ratito, me aseé por última vez, cogí la mochila y emprendí el camino hacia la cafetería donde habíamos quedado. La cafetería se encontraba en un buen barrio de la zona norte de Bogotá y para llegar hasta ahí tenía que coger el metro. A medida que éste se iba acercando a la estación donde tendría que bajar, los nervios se hacían más presentes y hubo alguna ocasión en la que pensé en darme la vuelta. No dejaba de pensar si lo que iba a hacer era correcto, tenía muchas ganas de entregarme a un hombre y que me tratara como su nena, pero ahora que estaba a punto de llegar el momento no veía tan clara la situación. Me temblaban las piernas y mi boca estaba seca. ¿Y si no era lo esperado? ¿Y si me trataba mal? Cientos de dudas asaltaban mi cabeza aunque al final algo prevaleció: llevaba años deseando que llegara el momento en el que me entregaría a un hombre. Miraba a la gente de alrededor y me preguntaba qué pensarían si descubrieran que ese joven estudiante con aspecto de no haber matado nunca a una mosca en su vida llevaba la mochila llena de ropa para transformarse en Janet. No pude evitar esbozar una sonrisa imaginándome la situación y en ese mismo instante la megafonía del metro indicaba mi parada y a la vez que se abrían las puertas del vagón; era ahora o nunca. Decidida me levanté y subí las escaleras del metro para salir a la calle.

    Llegué a la cafetería unos minutos antes de la hora prevista, pero como no faltaban muchos minutos decidí entrar y pedir un café en lo que llegaba. Mi sorpresa fue mayúscula cuando nada más pedir el café y sentarme en una de las mesas más apartadas de la entrada, alguien me puso la mano en el hombro.

    – Hola Janet – me dijo susurrando de manera casi imperceptible. Casi me muero del susto, empecé a mirar súper colorado hacia todas partes por si alguien miraba extrañado la escena en la que alguien me acababa de llamar con nombre de chica. Pero cuando miré hacia ese hombre no pude evitar sonrojarme y ponerme aún más colorada. Era Javier y por lo que se ve, a pesar de que yo hubiera llegado unos minutos antes, él ya llevaba un buen tiempo en la cafetería. Estaba bastante mejor que en la foto, a pesar de ser un hombre maduro se cuidaba y estaba muy bien, sin duda se veía que era un hombre exitoso. Iba bastante bien vestido, bueno como casi todos aquellos que se encontraban en la cafetería, a decir verdad, quien más desentonaba era yo ya que era el más joven de toda la cafetería y además me encontraba solo.- Me alegra que seas tan puntual, eso dice mucho de ti. ¿Qué tal estás?

    – Ho… Ho… Hola – le respondí de manera atropellada. Por un momento llegué a temer que alguien se hubiera dado cuenta que me había llamado de manera femenina pero parecía que nadie se había enterado y me tranquilicé un poco. Pero él me vio que estaba con un poco de nervios.

    – Veo que estás un poco nervioso, estate tranquilo que aquí nadie se va a enterar de esto. – Me dijo mientras esbozaba una sonrisa y tomaba asiento frente a mí. – No esperaba que llegaras tan pronto, me gusta que seas puntual. Dime ¿Has encontrado bien el sitio? Espero que no hayas tenido que andar mucho.

    Mientras Javier rompía el hielo e intentaba tranquilizarme, comencemos a hablar de cosas baladíes y sin mucha importancia. No podía dejar de mirarle… sus ojos, unos ojos azules que parecía que me leían la mente. Su barba, recortada y bien cuidada, mostraba ya alguna que otra cana otorgándole un aspecto bastante varonil (tengo que reconocer que siempre he sentido predilección por las barbas canosas de hombres maduritos, me encanta ese contraste que produce el vello oscuro con el cano). Su sonrisa era perfecta y sus pequeñas arrugas junto a la comisura de los labios y en sus ojos indicaban que era un hombre que acostumbraba a sonreír bastante, lo que me daba buena espina.

    La impresión que me dio Javier me gustó muchísimo y consiguió que me relajara y me fuera abriendo hacia él. Le comentaba que era la primera vez que hacía esto y que nunca había estado con un hombre aún. Eso pareció gustarle ya que arqueó una ceja y una sonrisa se dibujó en su cara al escuchar que era virgen. Por su parte él me comentó sus experiencias y me quedé sorprendida ya que visto lo visto había mantenido relaciones con varias cd e incluso alguna chica trans. Le mostré un poco de preocupación por mi falta de experiencia y por no saber si iba a estar a la altura de sus expectativas.

    – No tienes por qué preocuparte, me gusta mucho iniciar a chicas como tú. – No pude evitar sonrojarme cuando enfatizó la palabra chica-. Desde que mostraste interés por mi anuncio y al hablar por mail me has dado buena espina. Además, con un poco de práctica estoy totalmente convencido de que vas a ser una nena espectacular ¡No hay más que verte! Tienes un cuerpo muy femenino y por lo que veo, actitud te sobra para convertirte en una zorrita… Pero todo depende de ti. – Su rostro por primera vez en lo que llevábamos de cita se volvió serio y mirándome fijamente a los ojos me dijo con voz algo más grave: el momento ha llegado y de ti depende. Tienes dos opciones. La primera de ellas es declinar todo esto, puedes salir por la puerta sin ningún tipo de compromiso y todo se quedará en nada. Y la segunda opción consiste en que aceptas convertirte en mi nena; sí te quedas has de tener bastante claro que aprenderás a complacer a un hombre como lo hacen las mejores zorritas, aprenderás a ser sumisa y complaciente, pero… Además has de tener presente que cuidaré de ti, como bien sabes dispongo de capacidad económica y me ocuparé de que durante el tiempo que seas mi zorrita, si lo aceptas claro, no te faltará de nada. Al fin y al cabo, no todo va a ser follar ¿Verdad? – Me dijo parafraseando a Krahe mientras me miraba y esbozaba una sonrisa. Me encantaba que tuviera sentido del humor.- En fin, ¿Qué decides?

    Toda sonrojada tras lo que me había dicho era incapaz de mirarle a los ojos. El momento de decidir si convertirme por fin en una auténtica zorrita o salir huyendo había llegado. A pesar de todo lo tenía bastante claro, durante el viaje en metro lo había sopesado ya todo. Cuando por fin pude mirarle de nuevo a los ojos:

    – No tengo nada que elegir, ya lo hice. Q… Qui… Quiero ser tu nena -. Le dije en voz clara pero lo suficientemente baja para evitar que nadie en la cafetería nos oyera. Dios, no podía creerlo, por fin tras mucho tiempo le había dicho a un hombre que quería que hiciera una zorrita de mi.

    – Bien, acompáñame. – Javier se levantó sonriente y de manera enérgica, fue a la barra y pagó los dos cafés que habíamos tomado al camarero. Yo le seguí y me invitó a salir de la cafetería- Vivo en una urbanización fuera de Bogotá, pero tengo un piso a un par de calles de aquí. Generalmente está alquilado pero ahora está vacío y podremos ir allí sin que nadie nos moleste. Intuyo que dentro de la mochila traes la ropa con la que cambiarte ¿Verdad? Bien subamos, tengo bastantes ganas de conocer a Janet. – Me dijo mientras me guiñaba un ojo.

    Durante el trayecto a casa Javier me comentó que estaba bastante contento de haberme encontrado, por lo visto le gustaba y tenía bastantes ganas de convertirme en una de sus zorritas. Por mi parte estaba encantada, y aunque nadie lo sospecharía, ahí iba yo… por la calle acompañando a un hombre que me acababa de decir que iba a convertirme en su zorra particular… ¡Sí mi padre me viera…!

    – Bueno hemos llegado. – Se trataba de un piso bastante grande en la séptima planta de un edificio donde vivía gente al parecer con dinero. Nada más entrar al vestíbulo me preguntó una vez más sí estaba segura de esto y al contestarle una vez más de manera afirmativa me dijo:- Perfecto, ahora escúchame bien, a partir de ahora cuando quedemos siempre has de estar vestida de chica. Delante de mi no quiero volverte a ver con ropa de chico a menos que te esté llevando a casa o sea por una causa imprescindible. Siempre que llegues lo primero que has de hacer cuando llegues a casa será cambiarte.

    Obviamente estaba de acuerdo con eso que me había dicho y lo entendía perfectamente ya que Javier quería una nena a su lado y yo estaba deseosa de poder serlo. Me llevó hasta el cuarto de baño-: Aquí podrás cambiarte, tomate tu tiempo… quiero que la primera impresión que me lleve de ti sea buena. Cuando termines ve al salón, te estaré esperando allí. – Se despidió de mi llevando una de sus manos hacia mi barbilla, levantando mi cara para que le mirara a los ojos y me daba un beso en los labios.

    Cerró la puerta y me dejó en el baño, el cual es bastante amplio. Coloqué la mochila junto a una silla que había y comencé a desvestirme. Saqué la ropa que traía decidiendo que ponerme. Como los dos juegos de medias que traje eran iguales me las fui poniendo mientras me decantaba por ponerme en primer lugar mi vestido rojo. Era una de las prendas que más me gustaban y que mejor ocasión que llevarlo la primera vez que me iba a presentar como Janet ante un hombre. A pesar de que sentía un poco de nervios ante todo esto, lo cierto es que también me encontraba bastante excitado y esta sensación se acentuó cuando empecé a subir un tanga rojo a juego con el vestido y que quedaba genial en contraste a las medias. Intenté relajarme un poco y esperar a que mi pequeño pene dejara de estar durito para poder situarlo entre las piernas y evitar que se saliera.

    La imagen que me devolvió el espejo al mirarme me gustó bastante. Me vi con mis medias negras que dejaban lucir unas piernas largas y delgadas, éstas desaparecían entre mis muslos por el vestido rojo. Al darme la vuelta para verme por detrás vi que el tanguita se marcaba un poco, lo que dejaba intuir mis nalgas. Solo me quedaba un pequeño detalle. Me acerqué a la mochila y cogí un pequeño frasco de perfume.

    Cuando abrí la puerta del baño para dirigirme al salón empecé a sentir un cumulo de sensaciones. Ahí me encontraba yo, caminando vestida de mujer por el pasillo de un empresario el cual hace unos instantes me acababa de decir que me iba a convertir en su sumisa, en su putita particular. Caminaba segura de mi misma, no había vuelta atrás, sabía que en cuanto cruzara esa puerta Javier iba a tomarme como suya y me iba a convertir en una zorrita, pero no. Ya lo era, y la sensación me encantó.

    Javier se encontraba sentado sobre el sofá. Había dejado un par de copas sobre la mesa y en la televisión estaba puesta una película porno en el que una joven trans estaba siendo usada por dos hombres a la vez.

    – Hola… – Le dije toda colorada mientras miraba al suelo

    – Vaya… estás genial.

    Javier esbozó una sonrisa mientras me examinaba de arriba abajo. Se levantó del sofá para acercarse a mí, posó una de sus manos en mis caderas intentando rodearme y acercarme hacia él mientras su otra mano la puso sobre mi nuca. Comenzó a besarme mientras yo no pude hacer otra cosa que abrir mis labios y aceptar como su lengua se entrelazaba con la mía. Pude notar como sus fuertes brazos me achuchaban contra él. Javier besaba genial y lo estaba demostrando, poco a poco me fui desinhibiendo.

    – Me encanta como te queda ese vestido. A ver date la vuelta. – Me pidió mientras me cogió de la mano y me ayudó a girar sobre mí misma.- Mmmm tienes un culito genial.

    – Gracias… Me alegra que te guste. – El beso que me acababa de dar Javier me había dejado con las piernas temblando pero me había encantado y estaba comenzando a sentirme bastante a gusto. Me pareció sorprendente pero mi timidez estaba desapareciendo. – Es todo tuyo, me atreví a decirle.

    – Vaya con la nenita… no dudes jamás de quién es ese culito y quien es tu dueño zorrita. – Javier me agarró de la cintura acercando mi cuerpo al mío mientras me besaba apasionadamente. – Noto que tenías muchas ganas de estar con un hombre, vamos a comprobar si de verdad tienes madera para ser una zorrita o eres todo fachada. ¡De rodillas!

    No quería defraudarle en la primera orden que me daba e inmediatamente me puse de rodillas. Miré al suelo mientras que por mi cabeza pasaban mil pensamientos diferentes y mi cuerpo temblaba un poco. Javier lo notó y acarició mi barbilla y mi cara con su mano mientras me hacía mirarle a los ojos

    – No tienes nada que temer, estás en buenas manos. Relájate y disfruta nena. – Acercó sus labios a los míos para darme un pequeño beso. – Ayúdame a descalzarme y quitarme el cinturón.

    Nada más decírmelo comencé a desabrochar el nudo de sus zapatos mientras él abría la hebilla de su cinturón. Agarró una de mis manos y la llevó a su pantalón para ayudar a bajárselo. No podía creer lo que veían mis ojos. Javier se había quedado en bóxer y se intuía una enorme polla, por lo que se veía estaba ya bastante morcillona ya que se notaba como palpitaba.

    – ¿Qué, te gusta? No le quitas ojo de encima. Para no haber estado nunca con una polla has tenido suerte ¿Eh, zorrita? – Las palabras de Javier me sonaron con cierta sorna, pero no le faltaba razón. Vaya pollón que gastaba, no estaba segura si podría aguantarlo pero no dejaba de dar gracias por la suerte que había tenido de encontrar un pollón así. Javier me agarró de la cabeza y me la acercó a su paquete. Mientras notaba el olor y la dureza de su polla siendo restregada por mi cara a través de la tela del pantalón Javier me dijo-: se te está haciendo la boca agua. ¿Esto es lo que querías, verdad? Una buena polla que saque la putita que llevas dentro. ¿A qué estás esperando para bajar el bóxer?

    No lo dudé ni dos segundos. Mis manos se acercaron a la goma del bóxer y comencé a bajarlos. Su polla saltó como un resorte hacia arriba y por poco me dio en la cara. Dios, vaya pollón. Su olor se hizo más fuerte, era un olor muy potente, no era desagradable pero si muy fuerte… y la verdad, me encantaba, mi boca empezó a salivar con ese olor que me atraía como la miel atrae a las moscas. Ahora podía contemplar su polla a la perfección. Una polla enorme y eso que no estaba empalmada aún del todo, debería de medir como mínimo 20 cm ¡El doble que la mía!… o incluso el triple porque Javier la tenía mucho más gordita que yo. Se notaba que hacía algún tiempo Javier se había rasurado ya que tenía pelos cortitos que me encantaron y dejaban lucir esa enorme polla aún más. El tronco de esa polla aumentaba de grosor a medida que ascendía hasta desembocar en un glande rosado y bastante potente, parecía un fresón de lo gordito que era y tenía una pinta riquísima. Para rematar Javier tenía dos huevazos bien gordos que colgaban amenazantes de esa polla, eran enormes, pensé que no me cabrían en el puño los dos a la vez.

    – Es enorme – me atreví a decirle mientras le miraba a los ojos toda colorada

    – ¿Te gusta zorrita? ¿No esperabas que tu macho la tuviera tan grande, eh? Pues parece ser tu día de suerte, no seas tímida. Adelante, cógela.

    De rodillas alcé la mano para coger esa enorme polla que se balanceaba de lado a lado frente a mi cara. A pesar de estar morcillona me sorprendió lo gordita y dura que ya estaba… claro que hasta entonces solo había cogido mi pequeño clitty y no había comparación entre uno y otro. Me pidió que le fuera pajeando y eso hice. Poco a poco su pollón fue adquiriendo más y más fuerza. Esa polla era impresionante, se alzaba frente a mi cara, apuntando con su glande de forma amenazante. Nunca antes había tenido otra polla que no fuera la mía, si lo mío se puede llamar polla claro, pero me encantaba. Estaba pajeando a un hombre y la sensación me encantaba. El fuerte olor a polla me embriagaba y empecé a salivar muchísimo. Algo dentro de mi deseaba no solo pajear esa polla, sino también probarla, lamerla, comerla.

    – Vamos Janet, no te quedes con las ganas, pruébala -. Javier parecía haberme leído la mente y obviamente no rechacé su invitación ni le hice esperar. Ansiosa como estaba abrí suavemente mis labios a medida que me acercaba a ese amenazante trozo de carne que le colgaba entre las piernas.

    Besé su gran glande y poco a poco fui introduciéndomelo en la boca, haciendo círculos con mi lengua en el interior de mi boca. Qué pensarían de mis familiares y amigos si me vieran en esa situación, comiéndole la polla (pollón mejor dicho) a un hombre que podría ser mi padre. Su sabor me encantó, a pesar de que tenía un olor muy fuerte, éste llenaba toda mi boca y me hacía salivar. Estaba deliciosa. Separé mis labios de su glande y empecé a recorrer su gran falo. Notaba como palpitaba. Javier estaba durísimo y eso me encantó. Para ser la primera vez que chupaba parecía que lo estaba haciendo bien puesto que empecé a escuchar los gemidos de Javier diciéndome lo bien que lo hacía. Cuando llegué a la base de su polla saqué la lengua y empecé a subir por su tronco hasta llegar de nuevo a su glande. Allí me deleité, empecé a darle lengüetazos como si fuera un polo, me la introducía en la boca para seguir jugando con mi lengua, la sacaba y me la volvía a introducir.

    – No puede ser Janet, no te creo. – Desconcertada me saqué la polla de Javier de mi boca mirándole a los ojos. Fruncí un poco el ceño porque no sabía a que se refería. – La mamas muy bien ¿Estás segura que es la primera vez que te comes una polla? La comes mejor que una putita. – Me dijo Javier con la voz entrecortada a causa de sus gemidos.

    Vaya piropazo me acababa de soltar Javier. Me sonrojé bastante, le sonreí y no pude hacer otra cosa que aquello para lo que están las putitas: me limité a comerme su polla aun con más ganas a la vez que le pajeaba. Intentaba introducirme todo su falo en la boca pero resultaba imposible, era demasiado gordo y largo… y yo demasiada inexperta para conseguir tragarlo del todo a pesar de mis intentos. A pesar de eso Javier no parecía estar disgustado, parecía que estaba muy contento con mi boca y por como se la mamaba. Estaba convirtiéndome en una comepollas, en su comepollas. Y eso me empezó a calentar muchísimo, cosa que Javier notó:

    – Veo que estás disfrutando tanto como yo zorrita, ya noto tu pequeño bulto a través de tu vestido. – Con la polla de Javier en mi boca me había olvidado completamente de mi pequeño clitty, pero tenía razón. Me encontraba con tal estado de excitación que mi pene hacía esfuerzos para salirse de mi tanguita. Era imposible que se me saliera debido a mi pequeño tamaño y lo apretadito que tenía el tanga, pero es cierto que se me notaba un poco. – A ver qué guardas para mí debajo del vestido.

    Javier sacó su polla de mi boca y levantándome me ayudó a quitar el vestido. Me quedé parada frente a él, con mi cuerpo delgadito totalmente expuesto a él salvo por el pequeño tanga que dejaba asomar un bultito. Javier me abrazó y mientras una de sus manos manoseaba mi culito.

    – Me encanta ver cómo estás disfrutando Janet, estás caliente como toda una zorrita y eso me gusta mucho. – Javier dejó de acariciar mis nalgas y pasó su mano hacia el bultito de mi tanga. Cogió mis testículos y mi pequeño pene en la palma de su mano, yo al notarlo solté un gemido a la vez que Javier comenzó a apretar, no muy fuerte para hacerme daño pero si lo suficiente como para que lo notara y me tuviera a su merced. – Ahora entiendo por qué eres una zorrita, a esto que tienes aquí no se le puede llamar polla, mírate… si parece un clítoris híper desarrollado más que una polla.

    Las palabras de Javier produjeron en mi mucha vergüenza y miré para abajo. Javier tenía razón, tenía una polla enana, perdón clitty, y me estaba humillando por ello. Cogió su polla en la mano acercándola a la mía. Joder, el contraste era increíble. Su polla doblaba y prácticamente triplicaba a la mía, es cierto que solo en tamaño era el doble, pero la mía era mucho más delgadita que la suya. Si alguien nos viera no dudaría en quien era la zorrita, no había duda. Agarró también mi pequeño clitty y pegándolo al suyo empezó a pajearlo. Empecé a gemir mientras estaba todo colorada y Javier empezó a besarme.

    – ¿Te gusta, eh zorrita? Me encanta comprobar la diferencia de tamaño entre tu clitty y mi pollón. Míralo bien Janet, esto es una polla y no lo tuyo. Y ahora vas a saber lo que hace una polla con el culito de una zorrita.

    Me dio un pequeño azote y me dijo que me pusiera a cuatro patas con el culito en pompa sobre el sofá. Mi respiración se agitó. Javier iba a penetrarme con su pollón, iba a convertirme en la zorrita, me iba a destrozar el culito.

    – Tienes un culo precioso

    – Gracias – Le respondí con mi respiración agitada. – Me alegro que te guste

    – Eres una zorrita fabulosa Janet, después de hacerme una mamada tan buena voy a reventarte el culito.

    – Por favor, ten cuidado, tengo miedo a que me hagas daño

    – Hmmm zorrita… – Javier me dio un azote súper fuerte, dejando marcada su mano en mis nalgas. A la vez cogió mis testículos con su mano y los empezó a estrujar mucho más fuerte que la vez anterior, lo que me hizo dar un pequeño gritito que la verdad, sonó bastante afeminado. – Recuerda, eres mi nenita y te voy a convertir en una auténtica zorra. ¿Es lo que siempre habías querido ser, verdad? – Javier relajó la presión sobre mis testículos y pasando suavemente su mano por mi nalga que ya estaba poniéndose roja por el azote que me acababa de dar me dijo: estás en buenas manos, no pienso hacerte daño, además, tu culo está para disfrutarlo, de nada sirve follarte salvajemente y que le cojas miedo a una polla. Ya verás cómo vas a disfrutar, como una verdadera putita.

    Javier me bajó y se deshizo de mi tanga apartándolo a un lado y dejando expuestos mi culito, mi pequeño pene y mis testículos completamente a su disposición. Nunca antes había estado así ante un hombre, pero lejos de sentirme incomoda me gustó mucho estar así. Me sentía totalmente vulnerable expuesta de tal forma ante Javier. Podía hacerme lo que quisiera que yo lo aceptaría y además con mucho gusto. Estaba haciéndome saber cuál era mi posición frente a un macho.

    Separó mis nalgas dejando aún más a la vista mi agujerito. Estaba deseando sentir su pollón enorme mío a pesar de que sabía de qué me iba a partir y dejar destrozada.

    – Vaya culazo que gastas zorrita, vamos a tener que trabajarlo antes de meter nada. Un culo así de bueno no se encuentra todos los días y no quiero lastimarlo…

    Separando mis nalgas todo lo que podía, Javier se abalanzó sobre mi agujerito y comenzó a darme besitos que me hicieron gemir. Dios, vaya sensación, nunca había sentido nada parecido y era increíble. Javier pasaba su lengua a lo largo de mi agujerito y ponía especial énfasis a la hora de intentar introducir su lengua en mi culete. Gracias a sus lametazos no paraba de gemir y me acomodé un poco más en el sofá para poner aún más mi culo en pompa y facilitarle la labor. Cuando Javier vio que me acomodaba debido a lo a gusto que me encontraba, empezó a azotar mi culo con una de sus manos. Azotada y con una lengua comiendo mi culito… no podía estar mejor. O eso pensaba

    Javier colocó uno de sus dedos en la entrada de mi culito. Poco a poco fue introduciéndolo, lo que provocó que un gemido ahogado saliera de mí. Cuando lo tenía todo dentro lo apretó más contra mí, notando la fuerza de su brazo en la entrada de mi culo. Notaba un poco de dolor a medida que me abría.

    – Ve con cuidado porfaa – Le supliqué entre gemidos

    – Shhh zorrita, intenta relajarte que solo estoy dilatándote. Tienes el culo súper cerrado

    Fue moviendo en círculos su dedo en el interior de mi culito a la vez que lo sacaba y lo metía. Javier no paraba de lamer la entrada de mi culito. Dios estaba gozando como una autentica zorrita en celo. Cuando creí que no podía sentirme más caliente, Javier comenzó a introducir un segundo dedo. Más gemidos salían de mi garganta. Cuando me acostumbré a tenerlos dentro repitió el proceso. Empezó a moverlos, al principio de una manera suave para pasar a continuación a moverlos de manera frenética. ¡Me estaba masturbando el culo con su mano! Mi respiración se entrecortaba a causa de los gemidos y sin ser consciente de ello mis caderas empezaron a moverse al ritmo que marcaban los dedos de Javier.

    – Cómo gozas zorrita ¿Te gusta que abra tu culo, verdad? – Javier sacó sus dedos de mi culo dejándomelo bien abierto mientras me daba un par de nalgadas bien fuertes y me abría las nalgas para dejarme expuesta.

    – Siii, por favor no pares, no pares mmm – Me sentía totalmente desbocada. Mi timidez inicial se había desvanecido. Me sentía como una perrita en celo a punto de ser follada y necesitaba a mi macho ya. Quería sentir su polla. La necesitaba dentro de mí. No aguantaba más. No creía que esas palabras fueran a salir de mi boca, pero sí, salieron casi como un ruego. – Por favor… métemela, no aguanto más. ¡Fóllame!

    – Vaya vaya con la zorrita – Javier volvió a azotar mi culo pero esta vez dejó su mano sobre él, moviendo y masajeando mis ya doloridas nalgas a causa de los azotes que me había dado. – ¿Tienes ganas de polla? ¿Quieres que te la meta zorrita?

    – Siii, métemela por favor, métemelaaa. – Javier parecía disfrutar dejándome con las ganas de sentir su polla. La colocó en la entrada de mi culete y empezó a moverla por la mitad de mis nalguitas. La colocaba en mi agujerito, la movía, la pasaba entre mis huevitos, pero no me la metía. Javier estaba disfrutando viendo como me torturaba de placer y de ganas por ser follada. ¿Sabéis esa sensación de querer ser follada sin parar? ¿De sentir una enorme polla entrando por vuestro culito sin piedad? Necesitaba esa polla dentro de mi culo y la necesita ya.

    – Pídemelo Janet, pídeme que te rompa el culo de zorra que tienes

    – Por favor Javier, métemela. Fóllame el culo, rómpeme. Fóllame el culo ya por favor. – Le rogué con voz sumisa a Javier. Me sentía muy sucia por acabar de decirle eso, pero era la verdad. Quería sentir su polla dentro de mi.

    Javier por fin se apiadó de mi. Noté como su gran polla se situaba en la entrada de mi culito ya lubricado y comenzaba a hacer fuerza para intentar adentrarse en mi culo. Su glande es enorme, temía que me hiciera daño pero a la vez deseaba notarlo en lo más profundo de mí. De un empujón me metió la cabeza de su polla. Mi esfínter se dilató recibiendo y apretando fuertemente su polla mientras yo pegaba un grito de dolor al sentirme desgarrada por dentro.

    – ¡Aaahhh! ¡Aaaahhh!

    – ¿Qué pasa zorrita? ¿Te duele? ¿Acaso no querías polla? Me dijo Javier mientras pegaba otro empujón metiéndome la polla hasta la mitad. Sentía su pollón súper duro y calentito dentro de mi culo. – Shhh, tranquila, relájate. Es normal que te duela pero ya verás cómo te vas acostumbrar y me vas a pedir que te folle. Shhh, intenta relajarte.

    De mi garganta salían quejidos que eran tapados por uno de los cojines del sofá que me había metido en la boca para que Javier no escuchara mis sollozos. Esa polla me estaba destrozando el culo. Era enorme y mi culito demasiado estrecho. Javier comenzó a acariciarme las nalgas a la vez que me daba mimos y me decía que me tranquilizara, que todo iba bien. Sus caricias consiguieron relajarme un poco y cuando Javier lo notó pegó un último empujón para meterme lo que quedaba de su polla.

    – ¡AAAhhh! – Ahora sí, la tenía toda dentro. Javier me tenía totalmente empalada

    – Shhh tranquila zorrita, ahora ya la tienes toda dentro ¿Te gusta sentirla? Vaya culito más tragón que tienes. Para ser la primera vez que recibes polla no lo estás haciendo nada mal zorra

    Cuando mi culito se acostumbró al tamaño del pollón de Javier, éste comenzó a moverse lentamente. Gemidos mezcla de placer y de dolor salían de mi boca. Estaba súper excitada a pesar de que un pollón acababa de reventar mi culito por primera vez. Los movimientos de Javier eran precisos, se notaba la experiencia follando culos de zorritas como yo. Sacaba su polla hasta la mitad y lenta, pero profundamente, me la volvía a meter hasta sentirme llena de polla.

    Ahí estaba yo, vestida de chica, con el culo rojo a causa de los azotes y sodomizada en el sofá de un hombre que había conocido por internet apenas dos semanas antes. Me sentía súper caliente, fuera de mí misma. Sí esta era la sensación que se sentía al tener una polla follándote el culo, dios, no quería dejar de sentirlo nunca.

    Me estaba empezando a follar cada vez más fuerte. Javier aumentó el ritmo de sus embestidas y cada vez sacaba más su polla para metérmela a continuación con más fuerza. A medida que me iba empotrando su mano derecha empezó a azotarme. Hmmm debía de tener el culo súper rojo. Me estaba sodomizando sin piedad, no me estaba follando como se folla a una nena. No. Me estaba follando como se folla a una putita. El ritmo de Javier era frenético, parecía no cansarse nunca. Vaya follada que me estaba metiendo. De repente sacó su polla y mientras separaba mis nalgas bien abiertas para comprobar lo abierta que me había dejado me dijo:

    – Vaya culazo, increíble. Janet tienes un culo que da gusto. Mira que abierta estás. Te he dejado el culito bien abierto

    – Por favor, no pares. – No paraba de gemir. Esa polla me acaba de reventar, pero necesitaba sentirle más aún.

    – Tranquila nena, que no hemos terminado. Ni mucho menos. – Javier soltó una carcajada a la vez que me daba la vuelta y me colocaba boca arriba en el sofá. Colocó mis rodillas sobre el pecho, mientras él se colocaba encima de mí y colocaba su polla en la entrada de mi culo. Mi culito palpitaba, estaba abriendo de más polla y quería seguir siendo follado. De un empujón me metió más de la mitad de mi polla. En esa posición la notaba muchísimo más, su penetración era mucho más profunda. Estaba llegando hasta lo más profundo de mi culito y multitud de gemidos se escapaban de mi boca. – Me encanta lo zorra que eres Janet

    Mis brazos rodearon la espalda de Javier, abrazándolo y pegándolo todo lo que podía a mí para sentir como metía la totalidad de su polla en mi interior. A la agitada respiración de Javier se sumaban mis gemidos cada vez que me metía la polla.

    – Ya verás ahora zorra

    Miré a Javier a los ojos y vi como se incorporaba sin llegar a sacármela. Empezó a penetrarme salvajemente mientras una mueca de dolor y placer se dibujaba en mi cara. Estaba follándome a un ritmo que creía imposible. Notaba su polla salir de mi culito y cuando quería darme cuenta ya la tenía de nuevo entrando y saliendo sin parar. Vaya viaje me estaba dando. Su polla debía de llegarme a mi estómago en esa posición.

    Sin esperármelo, cogió mi polla que se encontraba apretujada entre mi vientre y mis piernas para empezar a masturbarme. Generalmente tengo poco aguante y en aquella situación, siendo follada tan duramente no aguanté ni tres sacudidas.

    – ¡Aaahhh! ¡M… M… Me mee corrooo, me corrooo! – fui capaz de decir torpemente a causa de los gemidos que me provocaban las fuertes embestidas que Javier me daba.

    – Eso es zorrita, córrete, disfruta de cómo te folla tu macho

    Estaba teniendo un orgasmo increíble. Mis brazos, mis piernas, todo mi cuerpo comenzó a temblar sin poder controlarlo. Varios chorros de mi lechita comenzaron a salir disparados hacia mi pecho dejándome bañada en mi propio semen. Mi culito empezó a tener contracciones y apretaba muy fuerte la polla de Javier, que no dejaba de follarme mientras me corría. Era como si mi culito quisiera evitar que su polla saliera de mí, aunque su polla era tan grande y gruesa que me estaba empezando a producir un poco de daño a causa de las contracciones. Sin embargo a Javier eso no le preocupaba, me estaba follando como una autentica zorra y yo lo disfrutaba así. Cualquiera que escuchara mis gemidos pensaría debía de pensar que era una chica con suerte ya que mis gemidos eran bastante femeninos.

    Cuando terminé de correrme Javier seguía empotrándome sin parar. Parecía una fiera desbocada rompiéndome el culo. Yo incapaz de seguirle el ritmo tras el orgasmo que había tenido estaba totalmente a su disposición. Me dejaba hacer aunque su polla ahora me hacía un poco más daño del placer que me causaba. A pesar de eso no le importó y siguió follándome a un buen ritmo por lo menos unos cinco minutos más.

    – ¡Me voy a correr Zorra! ¡Me voy a correr en tu cara! Quiero que pruebes mi leche. – Yo sin fuerzas e incapaz de decirle nada debido a la follada que me estaba dando solo fui capaz de mirarle a los ojos y mover mi cabeza levemente con un gesto afirmativo. Javier sacó rápidamente su pollón de mi culo, se subió encima de mi en el sofá acercando su polla a mi cara mientras la pajeaba. – Abre la boca zorra que ahí vaaa.

    La visión de la polla de Javier a punto de estallar frente a mi cara era increíble. Su glande estaba casi morado y su polla tenía marcadas multitud de venas. Me parecía increíble que pudiera haberme metido tal pollón en m culo.

    Abrí la boca y de su polla salieron disparados varios chorros de lefa. Sentí un par de lefazos en mi nariz y sobre mis mejillas. Javier apuntó su polla y la lefa empezó a llenar mi boca y se depositaba sobre mi lengua a escasos centímetros de su polla. Era la primera vez que probaba el semen y lejos de producirme sensación de asco, su fuerte y dulzón sabor me encantó. Tras solar cuatro chorros más de semen, cada vez más flojitos Javier terminó de correrse en mi cara.

    Me sentía súper sucia, más bien como una autentica putita. Alcé mi mirada para mirarle a la cara pero tenía los ojos cerrados a causa de tanto placer. Mmm la sensación que tuve al comprobar que había hecho disfrutar a todo un macho como Javier es indescriptible. Sentía su semen resbalando por mi frente, por mis mejillas, por mi cuello y se perdía por mi pelo. Bastante lefa salía de la comisura de mis labios, me había llenado la boca de su semen. No pude evitarlo y tragué toda su leche. Me encantó sentir como bajaba por mi garganta y el regusto que me quedaba.

    – Gracias. – No sé por qué, pero esa palabra salió de mi boca. Me sentí súper sumisa en ese momento. Acababa de darle las gracias a un hombre que me doblaba la edad y que me había follado brutalmente para correrse en mi cara. No podía sentirme más a gusto y más zorra que en ese preciso instante.

    Estando encima mío Javier me miró a los ojos mientras sonreía. Vio como me había tragado su leche y aún tenía restos de su lefa por mi cara. Estaba súper roja a causa de la follada que me acababa de meter. Javier se acostó a mi lado y me abrazó, puso su mano sobre mi mejilla, parecía no importarle que estuviera toda llena de semen y me empezó a besar apasionadamente.

    – Eres increíble. De verdad Janet, para ser novata has estado genial. Has aguantado bastante bien mi polla

    – Gracias. Has estado genial. Me ha gustado mucho. – Le decía mientras nos besábamos. Me resultaba sorprendente que a Javier no le importara besarme a pesar de haberse corrido unos momentos antes en mi boca. Pero a mi me encantaba. Me hacía sentir genial. A penas cinco minutos antes me estaba tratando peor que a una putita, follándome salvajemente y azotando mi culito sin piedad, sin embargo ahora me trataba con delicadeza y suavemente. Me estaba haciendo sentir súper relajada. – Eres increíble

    Javier aprovechó un momento para ir al baño y a continuación fui yo. Cuando me miré en el espejo la imagen que vi fue sorprendente. Tenía marcas de semen en gran parte de mi cara, por mi cuello y en mi pelo. El pintalabios todo corrido, marcas de lágrimas alrededor de los ojos por la follada que me había metido. La verdad que la imagen que daba era súper lamentable, pero a mí me encantó. Era la imagen de una putita que acaba de ser usada por su macho. ¿Qué mejor imagen, verdad?

    Me di la vuelta y vi mi culo súper rojo a causa de los azotes que me había dado Javier. Tenía algún rasguño y por lo general no tenía ni un centímetro de piel alrededor de mi culo que no estuviera colorado. Separé un poco mis nalgas esperando ver como se encontraba mi agujerito, pero lo que vi fue mi culo súper abierto. Javier me había dejado el culo que parecía un coñito. Lo tenía bastante rojo y pasé un par de dedos por él. Me dolía un poco, pero me sorprendió la facilidad con la que mis dedos resbalaron por mi culete. Me había dejado súper dilatada.

    Tras asearme un poco cogí de la mochila me cambié de medias, las que llevaba se habían roto ante la potencia de Javier. Aproveché para ponerme otro de mis tangas, en esta ocasión rojo. Pensé ponerme el top que traía, pero lo pensé bien y en esta ocasión quería ofrecerme a Javier sin nada. Por lo que me quité las medias quedando únicamente con el tanguita. Javier me acababa de convertir en una putita y ahora quería demostrarle que no quería ser una zorra cualquiera, quería ser SU putita. Salí del baño y volví al sofá con él. Se encontraba recostado, desnudo mirando la televisión que aún estaba emitiendo porno. No pude evitar fijarme en como su pollón volvía a estar morcillón. Dios, era insaciable. No podía creerme que después de haberme metido tal follada no mostrara signos de cansancio y aún tuviera ganas de más. Me tomó alrededor de sus brazos y comenzó a besarme.

    Javier se tomaba su tiempo metiéndome mano, no dejó ningún rincón de mi cuerpo sin recorrer mientras enlazábamos nuestras lenguas. Yo no quería quedarme atrás. A pesar de la follada que me había metido unos minutos antes, volvía estar súper caliente. Con la mano cogí el miembro de Javier. Mmmm que pollón, no era capaz de comprender como había podido metérmela entera en el culo, pero no me importaba, solo quería disfrutarlo. Esa polla me volvía loca.

    Empecé a pajearlo suavemente. Mi mano recorría la extensión de su polla y de vez en cuando acariciaba sus huevazos. Se notaban un poco más vacíos que antes, pero era normal, había descargado mucha leche sobre mi cara. Javier me dio un último beso y haciéndome un gesto hacia abajo. No hacían falta palabras en ese momento, entendí perfectamente que mi macho quería que su puta le ofreciera una buena mamada. Sin soltar su polla me situé entre sus piernas y mirándole a los ojos comencé a darle besos en su glande. Lo metí en mi boca y noté aún restos de semen y lo que intuí era el sabor de mi culo. Si antes el olor y sabor de su polla me encantaba ahora me estaba volviendo loca, estaba deliciosa. Paseaba mi lengua por toda su polla, de arriba abajo, saboreando ese sabor que tenía ahora después de follarme el culo.

    – No te olvides de los huevos zorra. – Mmmm me volvía loca que me tratara con esa rudeza de nuevo. Encantada de obedecerle bajé un poco mi cabeza para alcanzar sus huevazos. Saqué mi lengua y empecé a pasearla por ahí, los besaba y comencé a introducírmelos en la boca. – Así, así, mmmm que bien lo haces zorrita. En serio no me creo que hoy haya sido la primera vez que has probado polla. Eres una tragapollas nata.

    Las palabras de Javier me hacían comerle los huevos con más ganas. Su polla chocaba contra mi cara a medida que lamía sus huevos. Me encantaba sentirme así de humillada, comiéndole los huevos a mi macho. Javier puso sus manos en mi cabeza y me invitó a seguir comiéndole la polla. Acompañaba mis movimientos con sus brazos a medida que hundía su polla en mi boca. Era incapaz de tragarme semejante pollón, pero disfrutaba metiéndomela en la boca y al parecer Javier también, y a fin de cuentas eso era lo importante, que el macho disfrute. Poco a poco fue Javier quien tomó la iniciativa empezando a mover su rabo dentro y fuera de mi boca al igual que lo estaba haciendo yo. Ahora me tenía sujetada con sus brazos y su polla salía de mi boca y se volvía a meter hasta llegar a mi garganta. Javier repitió este movimiento de manera suave durante un minuto pero empezó a aumentar su ritmo más y más hasta que en un momento dado cuando tenía todo lo que podía de su polla en mi boca me sujetó la cabeza evitando que pudiera retirarla. Dios, me estaba follando la boca. Y me encantaba. Javier mantenía presionada mi cabeza ahogándome con su polla. No podía respirar y mucha saliva empezó a salir por la comisura de mis labios resbalando por su pollón. Me dejó tomar aire pero volvió a empujar mi cabeza hacia abajo intentando que me tragara la totalidad de su polla, pero me resultó imposible.

    Los gemidos de Javier follándome la boca se escuchaban en toda el salón. Yo era incapaz de decir nada, solo balbuceaba con cada arremetida evitando ahogarme ante tal pollón. Era increíble, pero me encantaba que me follara la boca. Mi clitty se estaba poniendo súper durito sin haberlo tocado y mi culo se contraía, necesitaba volver a ser follada.

    – ¿Esto es lo que querías, eh zorra? – Me decía azotándome la cara con su polla. – Vaya zorra que estás hecha, tragas rabo de puta madre. – Javier pasaba su rabo por mi cara dejándomela empapada con mis propias babas que se mezclaban con los restos de semen de la follada anterior. – Pero mírate, sí encima estás súper caliente. Te follo la boca y encima te empalmas. ¿Eres una zorra, verdad?

    – Sii, soy una zorra. – Le dije con la boca llena de su rabo. No tenía ni una pizca de vergüenza, la timidez habitual en mí me la había quitado después de echarme semejante polvo. – Soy tu zorra

    – Ahora vas a saber lo que te espera. – Javier sonrió, sin duda estaba de acuerdo ante tal afirmación.

    Me hizo ponerme de rodillas mirando hacia el respaldo del sillón y se acomodó detrás de mi rodeándome con sus brazos. Con su mano guió su polla hasta la entrada de mi culito, bueno, debería decir de su culito porque ya era suyo, le pertenecía. Sin miramientos me empotró contra el sofá metiéndome su polla hasta el fondo de una sola embestida. Un grito mezcla de dolor y de placer salió de mi garganta y se tuvo que haber escuchado en medio vecindario. Mi culito aún estaba abierto, lo que facilitó sin duda que me la clavara así, pero su polla era enorme y no pensaba que me la fuera a meter con tanta fuerza. Javier me dio un azote dejándome marcada su mano en mi nalga izquierda mientras empujaba aún más su polla dentro de mí. Por suerte después de clavármela Javier se apiadó de mí y me dejó respirar, se mantuvo quieto mientras mi culo se volvía a dilatar para acostumbrarme a su tamaño.

    Cuando consideró que ya estaba lista para volver a usarme, empezó a penetrarme de una manera brutal. En el salón solo se escuchaban mis gritos mezclados con mis gemidos de placer y el sonido de su pelvis golpeando mi culo. Cuando Javier me había desvirgado había sido cuidadoso a la hora de metérmela antes de acelerar el ritmo, pero ahora parecía un taladro percutor. Su polla salía y entraba de mi culo sin apenas resistencia por mi parte. Estaba totalmente a su merced. Mi pequeña pollita iba de un lado para otro al ritmo de sus embestidas, chocaba contra mi vientre y pude notar como me salían unas pequeñas gotas de precum.

    Mientras me empotraba me agarró de los brazos y me los puso detrás de la espalda, haciendo que me arqueara mientras él se pegaba más a mí. Su ritmo era frenético y sus embestidas eran súper profundas. Notaba como su polla rozaba mi próstata cada vez que me penetraba, a decir verdad notaba como movía todo lo que tenía dentro de mi cuerpo, con esas embestidas me estaba reventando. Me estaba usando como a una zorrita barata y eso hacía que me pusiera a cien.

    En un momento sus movimientos se relajaron, mi macho después de tanto esfuerzo necesitaba un respiro y ahora me penetraba de manera algo más suave, aunque seguía penetrándome de manera muy profunda. Me soltó las manos y me agarré al sofá, apenas tenía fuerzas, si me mantenía de rodillas era porque estaba totalmente empalada en su polla y me sujetaba contra el sofá. Mi clitty ante tanto placer estaba súper durito, y eso que no lo había tocado en ningún momento, ni falta que me hacía ya que estaba disfrutando como nunca con la polla de Javier dentro de mi culo. Empezó a besar mi nuca y mi cuello, mordía el lóbulo de la oreja y me susurró al oído que era su zorra. Estaba a mil, no podía estar más cachonda. Javier aumentó su ritmo, su polla de nuevo entraba y salía de mí produciéndome una mezcla de dolor y sobre todo de mucho placer. Mi culito palpitaba muchísimo, Javier lo notó, yo aún no lo sabía pero él entendía perfectamente lo que estaba ocurriendo. Mis gemidos se volvieron mucho más altos y comencé a temblar sin poder controlarme, estaba totalmente fuera de mí. Javier aceleró aún más su ritmo y de repente empecé a correrme, de mi clitty salían primero gotitas y luego un chorrito de semen que me dejó totalmente vacía a medida que las palpitaciones encerraban la polla de Javier en lo más profundo de mi culito.

    No me lo podía creer, acababa de tener el orgasmo más increíble de mi vida y lo había tenido sin ni siquiera tocarme. Javier había conseguido que me corriera mientras me follaba. Me sentí increíble, jamás me había sentido más completa en ese momento mientras me corría y Javier embestía mi culo. Una cara de satisfacción se dibujó en mi cara mientras notaba como se hinchaba el pollón que tenía dentro. Javier estaba a puntito de correrse y aprovechaba para usarme a su antojo, me empotraba de una manera salvaje hasta que me pegó una última embestida que me hizo dar un grito de dolor y placer. Empecé a notar como disparaba dentro de mi recto un montón de chorros de lefa ¡La notaba tan calentita! No sé cuanto semen pudo eyacular dentro de mi culo, pero me noté hinchada, me había dejado totalmente preñada.

    No pude aguantar más y me dejé caer sobre el sofá y Javier cayó conmigo sin sacármela de mi culo. La dejó dentro mientras aún notaba las palpitaciones de su polla. Al cabo de un tiempo se salió sola y empecé a notar como empezaba a salir su semen de mi culo, la notaba resbalar por mis huevitos, por mi pene y por mis piernas. Es una sensación increíble. Estaba chorreando semen, me sentía una autentica zorra y la verdad, me sentía genial conmigo misma.

    Así fue la primera vez que estuve con Javier. En una sola tarde me había vestido por primera vez delante de un hombre, me había comido su polla, me folló en varias posturas tanto el culo como la boca. Por primera vez se habían corrido en mi cara y me habían dejado preñada. Nada mal para alguien que acaba de dejar de ser virgen.

    ********************

    A todos los que habéis llegado hasta aquí quiero deciros una cosa: gracias por leerme. Este es el primer relato que escribo y espero que os haya gustado.

    Espero que me dejéis algún comentario con vuestras impresiones, consejos y sobre todo críticas ya que al ser la primera vez que escribo seguramente tenga mucho que mejorar…

    Por otra parte el relato está basado en hechos reales, Javier existe y me ha usado varias veces como su zorrita. Si veo que os ha gustado y tenéis ganas de saber más de Janet, quizás me anime a escribir más. Un saludo y gracias.

    Se agradecen sus comentarios a [email protected].

  • A la próxima ¡me la metes! (3)

    A la próxima ¡me la metes! (3)

    El viento jugueteaba con mi pelo conforme sobrepasaba por Pinedo. Diego llevaba mi casco puesto y a mi espalda se me aferraba de las caderas entre asustado y excitado, conforme yo aceleraba para acortar el trecho que traspasa el tramo que había de sur a norte y el puerto a la derecha. Recorrimos suavemente y sin prisa toda la carretera que nos conducía por la Malvarrosa y La Patacona hasta cerca de Port Saplaya donde de modo escondido estaba mi casa de verano. Yo llevaba siempre la llave en el top case y nos encontramos, luego de unos 40 minutos, en mi casona.

    Abrí los portones de acceso al jardín. Diego demostraba un asombro cada vez mayor, la amplitud de los bien cuidados jardines de la casa enorme que veía frente a sí, de tres pisos, una piscina de dieciocho metros de largo y cinco de ancho, un jardín enorme que entornaba la casa. Se acercaron dos perros rottweiller de cincuenta kilos cada uno, hasta Diego reaccionó con evidente temor cuando se le acercaban. Los dos perros le pusieron sus manos en su cuerpo y le dieron grandes lengüetazos en su cara, para luego saltar a su alrededor como si fueran cachorros…, unos perros que como guardianes eran pura mantequilla, pero con su aspecto eran verdaderamente intimidantes, pero a la postre mansos como corderos.

    Cerré la puerta y seguidos de los perros a nuestro lado llegamos al garaje que abrí con el mando a distancia. Allí vio el Audi TT convertible de dos plazas con capota electrónica, que estaba celoso de mi moto, un Mercedes-Benz CLA 200 CDI AMG Line con vidrios polarizados, un Hummer H2 todo terreno color champagne metalizado y el BMW M240i Coupé de mi hermanita, estacionados en el garaje. A ellos se agregaba mi moto CFMoto 400NK. Sí, ricos; no cabe disimular; ricos desde mis bisabuelos y todo fue a parar a mi padre, mi familia estaba llena de poder, de dinero y de vicios de rico.

    Dado el estado estupefacto en que estábamos por los porros, nuestros movimientos eran un poco aleatorios. Apareció Virgilio, vigilante, custodio, jardinero y hombre capaz de meterle su puño o navaja al primer ladrón que se presentara, pero a la vez pura sonrisa y cariño. Se iba a casa y me preguntó si yo iba a irme y a qué hora para venir a poner todas las alarmas, le dije que encendiera las luces de costumbre y se fuera tranquilo que nos íbamos a quedar.

    — Hasta mañana, Marcelo.

    — Hasta mañana, Virgilio.

    — Vendré con Elio que me va a ayudar a sacar los despojos de la poda que ya están secos.

    — Ya nos vemos.

    Entramos a la cocina, nos preparamos unos bocatas, abrimos un par de cervezas, y mientras comíamos me preguntó Diego:

    — ¿Quién es Elio?

    — Es su hijo, un chico de mi edad, somos amigos en los tiempos de verano que es cuando vengo por aquí mayormente.

    Acabada la comida, le mostré las partes de la casa que se pueden mostrar, no entramos al lujoso estudio de mi padre, le mostré el coquetón estudio de mi madre. Diego quedó fascinado por mi habitación con una pantalla plana de cincuenta y seis pulgadas, el iMac conectado a Internet, consola de juegos, y otros aparatos de esos que uso poco. Pero mi padre se siente rico si sus hijos tenemos todo. No era mi pretensión ostentar ante Diego, lo que deseaba era su lengua.

    En mi habitación, en mi territorio, sin mirones ni gente que me pueda insultar, me acerqué a Diego y lo abracé, busqué sus malditos labios, tan incitantes que ansiosamente deseaba, estaban ahí esperándome sin trepidar, mi lengua se adentró en su boca y encontré la suya que deseaba; me apreté contra él, necesitaba aparte de poder respirar el sentir su lengua y saborearla como si ese fuera el destino que no podía eludir.

    — ¡Por qué te demoraste tanto!— fue su amargo reproche, conforme respondía ansiosamente a mis acercamientos.

    Su culo, ¡sí!, su culo; mis manos fueron directamente a su raja, allí estaba a mi disposición y a su gusto, no protestó cuando se lo agarré, se dejó que le tocara el culo, ese trasero tan rico que yo ya había apreciado, y que ahora sentía. Tampoco estaban paralizadas sus manos, fue exactamente lo que hizo, me tocó mi trasero, yo sentía que nada de este mundo era mejor que Diego me manoseara el trasero.

    Nos tocamos mutuamente, nos los acariciamos y aún sentí que Diego deslizó su dedo hasta que encontró mi ano por encima de la ropa y aplastó su dedo suavemente allí; nada más estimulante e incitante para que yo hiciera lo mismo, busqué en medio de su rajita hasta que hallé su delicioso punto débil. Allí apreté y yo quería creer que lo pudo sentir.

    — ¡Mmrawgggh! —se escapó de la garganta de Diego, nada más podía articular, su boca y la mía eran una sola.

    Necesitaba su piel, tomé su camiseta y la arrastré hacia arriba, quedó con ella a la altura de las axilas, el calor de su cuerpo fue sobrecogedor, me tomó mi parte superior del mono y sin ninguna ceremonia, me la sacó hasta la cintura con más éxito, quedando desnudo de la cintura hacia arriba, me pegué aún más a sus labios, exploré toda su boca con mi lengua, me retribuía del mismo modo. Y me atreví a más, pasé mi mano de su culo a la delantera para agarrarle el pene, la dureza que tenía pegada a la mía ahora estaba en mi mano, la sentí bajo la tela de su pantalón, duro y palpitante. Yo necesitaba más, acerqué mis manos a su cinturón y se lo solté, sus pantalones cayeron a sus rodillas. Él, con sus manos y mayor dificultad descorrió las cremalleras laterales de mi mono y tiró de él hacia abajo, dejándome con mi speedo de nylon color naranja. Diego, sin dejar de meterme lengua con cierto arte se sacó los pantalones, fue tentador sentir que se bajaba sus pantalones hasta sacárselos con sus pies ya descalzos y quedándose con solo su bóxer… nos besábamos mutuamente las bocas sin parar, nuestro ansioso beso era acompañado por los movimientos de cadera que nos dábamos, para hacer que nuestros penes duros se rozaran. Yo necesitaba agarrárselo, tocárselo…

    — ¡Aaahhh! —su pene me tocaba el mío, metí mi mano derecha dentro su bóxer y se lo agarré,…

    — ¡¡WOOOW!!

    Eso fue adorable, alucinante, esa pieza dura, caliente, húmeda en la punta, que se adhirió a mis dedos, y luego escuché:

    — ¡Aahh, Marce…, Oooh!, —salió de su garganta.

    Me agarró mi pene, desplazando fácilmente mi bañador por debajo de mis huevos, y seguro que igual quería mojarse la mano con mis primeros humores líquidos, los mismos que yo sentía de él, quiso él sentir de los míos.

    Nuestro mutuo jugueteo estaba haciendo estragos en los dos, acariciaba cada centímetro de su verga, sintiéndola como si fuera de terciopelo; no estaba circuncidado lo que le daba mayor encanto a su pene. Jugueteé con el trozo de piel tirándolo hacia arriba y luego retrayéndoselo, a cada uno de estos movimientos Diego gemía en mi boca. El chico no se quedaba atrás y se había empecinado en la cabeza de mi pene, haciendo que mis jugos se esparcieran por toda ella.

    A todo esto, yo empecé a experimentar un pequeñísimo y molesto problema, que se fue acrecentando hasta hacerse urgente. Muy abochornado tuve que decirle que necesitaba ir al baño, que necesitaba cagar,… y con suma urgencia.

    Me miró y sonrió con sus labios brillantes por nuestras salivas.

    — Ehh!, deja que te quite el mono o te vas a caer. —Me quitó mono y speedo y me vi desnudo del todo delante de Diego.

    — ¿Te puedo acompañar? —me preguntó.

    Lo miré un poco extrañado, era una insólita solicitud y pregunté a mi vez:

    — ¿Al baño?

    — Sí, yo… ejem… eh…, quiero verte cagar… —dijo algo embarazado.

    Esto ni lo esperaba, fue único y sorprendente, esto se transformó en la más extraña petición que me hicieran en toda mi corta vida. En verdad yo no podía argumentar mucho más, la excitación, la droga que aún nos afectaba, estaban haciendo que mi urgencia se hiciera un poco insoportable, de modo que sin decirle nada me dirigí al baño y me siguió resueltamente, sintiéndose autorizado por un silencio cómplice. Nuestro andar era torpe, por esa primera vergüenza que se siente de dos tíos que se acaban de conocer y de repente están a plena luz de una habitación desnudos y uno con ganas de cagar y el otro con deseos de verlo cagando.

    Al llegar allí, Diego, que ya se había sacado el bóxer sin que me diera cuenta y lo había puesto junto a mi ropa, tomó la iniciativa. Me tomó de los hombros y trató de sentarme en la taza del baño pero al revés, es decir con la cara apuntando hacia el depósito de agua.

    Diego se arrodilló detrás de mí, estiró sus manos y me puso una en cada una de las nalgas de mi culo. Lo miré un poco con una sonrisa y con mucho más de bochorno. Separando mi raja, me abrió, lo que estaba en mis entrañas se precipitó fuera de mí y un largo zurullo se me escapó por el ano, el olor a mierda se expandió por el ambiente y la cercanía de la cara de Diego a mi trasero debió otorgarle particular privilegio participando del hedor. El muchacho abrió los ojos, sorprendido y ansioso de verme hacer fuerza.

    — ¡Trata otra vez!, —me dijo, con una voz claramente ansiosa.

    Lo intenté, y aún otro mojón se me escurrió del cuerpo mientras Diego me abría cada vez más hasta casi hacerme doler el hoyo del culo por el estiramiento a que me estaba sometiendo. Lo sentí gemir. Rarísimo, muy raro, supuse que Diego estaba gozando el verme cagar. Hay personas así.

    — Ya no tengo más, —dije, aliviado cuando soltó un poco la presión.

    — ¡Espectacular!, —dijo entusiasmado.

    — Si tú lo crees así…, —fue mi lacónica respuesta.

    Supuse que ya habría tiempo de pedir explicaciones. Mi polla se me puso lacia por el acto de cagar. Pero al tomar el papel higiénico para limpiarme, Diego me miraba con la cara ansiosa, y una erección pasmosa. Dejé el papel sin usar.

    — Oye, —le dije— ¿te parece que nos duchemos?, así quedamos limpios de todo, ¿te apetece?

    — Ya, pues, —fue su vehemente respuesta.

    Abrí la ducha, calibré el agua caliente y saltamos a la plataforma. Era curioso y excitante verlo adentrarse en el espacio del plato de la ducha con su pene erecto que lo precedía. Nuestros cuerpos quedaron mojados rápidamente, sus trencitas (catorce para ser exactos), se anduvieron desarmando un poco, pero resistieron y dijo que no se lavaría el pelo. Yo ya lo tenía mojado y me eché champú, en verdad yo no necesitaba ducharme, ya lo había hecho unas pocas horas antes, pero era también la oportunidad para que nos empelotáramos como más apretujados y con peor intención. Metí la cabeza bajo el chorro de agua y empecé a lavarme de nuevo, sentí que sus manos me ayudaban, lo dejé hacer, la sensación en la piel que me tocaba era opresora. Una vez hecho mi pelo, lo vi tomar el gel, hacer abundante espuma y empezó a ponérmelo en la cara evitando cuidadosamente de no entrara en los ojos, la nariz o la boca y siguió por mi pecho,

    — ¡Ja, ja, ja, pareces un viejo pascuero con barba, ja, ja!!

    — ¡Maricón!, —fue mi respuesta.

    Se empeñó especialmente en mi pecho y aún en particular en mis tetillas, las que dejó erectas como dos maderitos. Siguió su camino por mis costillas, mi vientre, al llegar a mis pelos recortados se puso más gel e hizo una muy abundante espuma, mi pene hacía rato que estaba duro, y era divertido, obsceno y excitante ver mi pene parado en medio de un montón de espuma. En ningún momento Diego tuvo reparos de acariciarme directamente mi polla, lo que me estaba poniendo a mil.

    Me di la vuelta, quería que me enjabonara la espalda, el ¡muuuy maldito! no abandonó mi pene, detrás de mí, se aferraba de mi pene con una mano y con la otra me empezó a enjabonar no solo toda mi espalda de arriba hacia abajo sin poner mucha atención a mi espalda, sino que se fue directamente a mi culo.

    — Ooohh, fffss! —Se me escapó de la garganta.

    Que me empezara a agarrar el culo fue de un placer casi lacerante, que me siguiera sobando mi polla haciéndome una paja a cámara lenta y metiendo sus dedos de la otra mano por el agujero haciendo la limpieza de la mierda del culo era algo que estaba más allá de cualquier adjetivo de placer y ansiedad que me estaban embargando.

    Mientras acariciaba y exploraba mi agujero, dijo:

    — Tienes el culo tan precioso, tan bonito, tan redondito, tan suave, mmmhhh, —así fue su elogio dicho con una voz ronca y entrecortada.

    No pude resistir y me eché hacia atrás, encontré justo lo que buscaba: su pene. Me ubiqué de manera que su verga quedara atrapada por mis nalgas como un hot dog.

    — Aaaahh, —fue su respuesta.

    Me refregué y su pene se deslizaba entre mis nalgas.

    — ¡No, basta!, ¡debo sentirlo yo también!, —protestó.

    Me di la vuelta, lo tomé entre mis brazos, apasionadamente lo besé, y me respondió de la misma manera. Le quité el jabón, hice toda la espuma que pude y empecé a darle el mismo tratamiento que me había dado, mucho más ansiosamente; rápidamente enjaboné su cuello, su pecho, no me detuve mucho en sus tetillas, quería hacerme con su polla rápido, esa presa que estaba allí entre sus piernas. La alcancé. Por primera vez se la podía mirar abiertamente, una rígida verga, de unos quince centímetros de longitud, en que la piel estaba ligeramente retraída, dejando ver solo el extremo de la rubicunda cabeza de su verga. Le tomé la piel y la eché hacia atrás, apareció como una pequeña patata, con su hermoso hoyuelo al medio, todo húmedo y una gotita de materia blanca babeaba desde el extremo.

    Le di vuelta y lo aferré contra mí, necesitaba ponerle mi pene entre sus nalgas, Diego consintió muy a gusto, echó para atrás su trasero, agarrándome el pene, y él mismo se lo puso allí, y me lo apretó, se sentía efectivamente como una salchicha de hot dog. Diego, con sus piernas abiertas, me lo agarró se lo apretó entre sus nalgas, y empezó a moverse haciéndome una alucinante paja con las nalgas de su culo. Le tomé la cara, lo volteé y lo volví a besar, nuestras lenguas jugaron mientras Diego amainaba su ritmo hasta casi desaparecer sólo para concentrarnos en nuestro hipnótico beso.

    Nos separamos, y al unísono exclamamos:

    — Mmhh…, —sonreímos.

    Corté la ya larga ducha y saltamos fuera. Le alcancé una toalla enorme que casi lo cubría entero, hice yo lo mismo, nos secamos y fuimos a mi dormitorio.

    Simplemente lo miré. Él, vicioso, fue hasta su pantalón y extrajo un impresionante porro, de unos siete cm de longitud y casi medio centímetro de ancho. Le sonreí, y bueno, lo prendimos.

    — Oye —le dije—, pero ten en cuenta que con ese canuto, no te voy a poder ir a dejar ni siquiera al Metro o autobús más cercano.

    — Bueno, estoy sólo en mi casa, ¿tienes problema en que me quede?

    La verdad es que me pareció fascinante que lo propusiera.

    **********

    Continuará…

  • Alberto mi ex (Parte 1)

    Alberto mi ex (Parte 1)

    Alberto fui mi novio antes de casarme con Luis, era un hombre alto de piel blanca ojos verdes, un verdadero patán, me fue infiel cuantas veces pudo, esa fue la razón principal por la que terminamos.

    Pero por otro lado el al igual que Luis, era una bestia sexual, cada que podía teníamos sexo, me encantaba su verga, no era muy grande tenía unos 15 cm, pero era gruesa cual mango petacón, me encantaba como me lamia las tetas y mi vagina, pero bueno una vez separados el hizo su vida y yo la mía.

    Pasaron los años y me mando una invitación atreves de Facebook, yo lo acepté ay que sentí morbo de ver su vida, él se veía igual que siempre, en fiestas, con sus lujos, pero nos e veía mal, al contrario, se notaba más atractivo fuerte, por esa razón comencé a darle like a sus publicaciones, el hacía lo mismo y con alguno que otro comentario subliminal, una ocasión en el chat hablábamos de nuestra época de pareja y el sobre todo recordaba los momentos de sexo, admito que eso me excito un poco y aunque ya ene se momento tenía el consentimiento de coger con quien quisiera, quería evitarlo a él.

    Durante unas semanas Alberto me insistía y me insistía en salir a cenar, yo no aceptaba porque no había terminado bien con él, además no sabía cuál era su intención final, si intervenir en mi matrimonio o en plan de amigos, ¡pero él seguía insistiendo a tal punto que acepte su incitación!

    Quedamos de vernos en un restaurante-bar que estaba en lomas, al ser un restaurante exclusivo tuve que vestirme muy coqueta, me puse un minivestido rosa con cola, que me llegaba arriba del muslo escotado de la espalda y transparente de los pechos, mis tacones blancos, mi abrigo costoso y mi tanga color carne, subí a mi carro y me dirigí al lugar, aprovechando que Luis tenía reunión con su hermano y se llevó a los niños.

    Al bajar de mi auto él estaba esperándome, traía una camisa Armani y su pantalón Hugo Boss, se veía muy bien, más fuerte, más atractivo, me recibió con un beso en la mejilla y un fuerte abrazo, intercambiamos algunas palabras y pasamos a la mesa. El pido una botella de coñac ya que es su favorito, cenamos mariscos y la estábamos pasando bien, chistes y anécdotas salían a relucir en la plática, honestamente me sentí atraída por el nuevamente, él también me coqueteaba, me decía que me veía mejor, que estaba más hermosa, aclamaba cada parte de mi cuerpo en especial mis piernas, en ese momento entendí que iba para algo mas ya que poco a poco comenzó a acercarse más y más, sus manos ya acariciaban mi espalda mientras me decía lo mucho que extrañaba besarla, toco mis piernas de forma muy libidinosa, me sentía rara, no quería que la gente se figara en eso ya que en ese lugar iba pura gente de dinero le dije que se contuviera le me miro con su sonrisa desafiante y me dio un beso, yo lo rechace ene s momento, me levante de la mesa y fui al baño.

    Me sentía tensa y nerviosa, mis pezones estaban erectos, prácticamente estaba excitada, sus manos en mis piernas me habían puesto a volar la imaginación, toque mi tanga y estaba húmeda, me lave las manos me retoque la cara y decidí abandonar el lugar.

    L: ¡Bueno fue un placer, pero tengo que irme!

    A: Tan rápido te vas linda, ¡pensé que me acompañarías!

    L. A donde?

    A: ¡Quería mostrarte mi nuevo lugar en el que hare un restaurante!

    L: ¿Y por qué?

    A: La verdad quiero que seamos socios, ¡tú eres muy buena en los negocios y necesito gente así!

    L: Hay Beto, crees que me veras la cara, ¡tú quieres otra cosa!

    A: Jajá, en serio, te quiero mostrar el lugar, ¡acompáñeme!

    L: Bueno, pero rápido pro favor, ¡ya son las 10:30 y tengo que regresar a casa!

    A: ¡No te arrepentirás!

    Lo seguí en mi coche y llegamos a una torre a medio construir en insurgentes, entramos y estaban los vigilantes, nos dieron acceso y lo seguí hasta el segundo nivel d estacionamiento, dejamos los carros y de ahí subimos en el elevador al cuarto piso, ese lugar el pondría su restaurante, me dio un recorrido por toda la zona en la cual los trabajos de acabado aun no terminaban, pero en ese momento pensé que sería bueno invertir ahí y ganar algo de dinero extra.

    A: ¿Y bien Lety que te aprecio el lugar?

    L: Pues no mentías, ¡me parece lindo y creo que si me estas convenciendo de invertir!

    A: Jajá, excelente, ¡una socia como tu seria magnifico!

    L. Gracias!

    A: ¡Nadie tiene a su ex como socia y más estando tan buena como tú!

    L: ¡Basta, ahí vas de nuevo!

    A: Lo siento, lo siento, pero bridemos tengo una botella de whisky tu favorito, toma brindemos.

    Brindamos por la futura asociación y me dispuse a salir del lugar, pero el me tomo del brazo y me dijo que tenía que enseñarme algo más, me llevo a una puerta que estaba detrás de la oficina y mi sorpresa fue encontrarme con una habitación con una cama y adornada.

    L: ¿En serio? ¿Esto me querías enseñar?

    A: ¡Es mi lugar sagrado, lo adorne para ti hoy!

    L: ¿Así y por qué?

    En eso me comenzó a besar a la fuerza, yo lo trata de empujar, el me acariciaba las piernas y me tumbo en la cama, yo pataleaba, pero él estaba medidísimo manoseándome y besándome, sentir su cuerpo en el mío empezó a domarme, sentía como se erectaba y eso me empezó a gustar, el me quito el abrigo y se quitó su camisa mostrando su torso bien trabajado, ¡yo lo acaricie mientras me despojaba los zapatos y el me besaba el cuello!

    A: ¡Lety, estas más buena que antes, que rica!

    L: Desagraciado, ¡a esto me trajiste???

    A: Jajá, me conoces, pero te encantaba lo que te hacía, ¡por eso viniste!

    L: ¡La verdad sí!!

    Me despojo del vestido mientras su lengua recorría todo mi cuerpo, le quite su pantalón para ver su rica y gruesa verga, el me la pasaba por las piernas mientras me besaba las tetas, yo gustosa de sus acciones sonreía y le besaba el cuello, me pegaba su verga a mi vagina por encima para que sintiera su dureza, la nena reacciono humedeciéndose casi al instante, me despojo de la tanga y me comenzó a chupar mi vagina, su forma de mamar había mejorado, su lengua entraba para tragar mi clítoris mientras con sus dientes pequeñas mordidas daba a mis labios vaginales.

    L: ¡Agh, si, agh!

    A: ¡Eso, gime, uf!

    Sus dedos comenzaron a entrar y salir de mi vagina, su lengua ahora chupaba mi ano, yo disfrutaba de su acto levantando mis piernas un poco, su lengua lamia riquísimo mi ano, yo estaba gimiendo como puta, me encantaba su trabajo y el disfrutaba hacerme gemir.

    A: ¿Te gusta chiquita?

    L. Me encanta, uf!

    A: Adoraba cogerte, ¡no sabes cómo te eh extrañado estos años!

    L. Agh, pues me dejaste ir!

    A: Fui un estúpido, ¡pero ahora quiero aprovechar mínimo este momento!

    L: Levántate, ¡déjame hacer que nunca lo olvides!

    Se puso de pie y yo en la cama recostada pecho en cama, tome su verga con mis manos y comencé a besarla, llevaba mi lengua de sus testículos a su glande, le mordía el tronco, abría mi boca para meter lo más que pudiera, el disfrutaba la acción, ¡se reía y me alentaba a hacerla más y más!

    El me tomo de la cabeza y me ayudaba empujándose un poco, me faltaba la respiración, pero me encantaba ser estrujada por él, su rica verga sacaba liquido pre seminal que me sabia a gloria, ¡el gemía y yo seguía mamándole su gordo pene!

    A: ¡Agh, que rico, mama más, así uf!

    L: ¡Me ahogas!

    A: ¡Que rica infiel, me encantas, porque conmigo no lo hiciste, me hubiese gustado verte con otro!

    L. Jajá, en serio?

    A: Era mi fantasía, pero tú siempre muy fiel y ahora, ¡estas mamándome mientras Luis te espera en casa!

    L. Jajá, las cosas cambian!

    A: Uf, mámamela más, ¡que rica uf!

    Se la mamé unos minutos más, después de eso me pidió me levantara y me apoyara en la cama, yo lo obedecí y me puse empinándome coqueta, el me acaricio las nalgas, llevo sus manos a mi clítoris, lo jugueteo par luego poner la puntita de su animal en mi vagina, lo empujo suave, me encantaba sentir como su grueso animal entraba, yo jadeaba, él me tomaba de los muslos y se movía delicadamente, ¡mientras yo sincronizadamente también movía mis caderas!

    Poco a poco aumento la velocidad de sus movimientos, me encantaba tener más y más adentro su verga, el me daba de nalgadas mientras me contaba cuantas veces fantaseo verme ensartada por otro en especial por su amigo Carlos, ¡eso me ponía más caliente y me movía más y más!

    A: Que rico Lety, agh, no sabes cuantas veces imagine que te metían la verga mis amigos, ¡verte llena de semen de otros y hoy yo soy el otro!

    L. Agh, que rico, mm, me lo hubieras dicho!

    A: Fui un idiota, agh, muévete nena, ¡muévete!

    L. Si, agh, métemela, métemela!

    Me acosté en la orilla de la cama y levanto mis piernas, me dio en patitas al hombro, mientras me penetraba más rico, nos besábamos, me lamia los pezones, sus manos acariciaban mis nalgas, se movía riquísimo, en eso me tomo de la cintura y se puso de pie cargándome en sus brazos, su verga entraba más y más, yo gozaba la acción, me besaba, me pego a la pared y puso mis piernas más arriba, parecía una muñeca, ¡pero me encantaba como me cogía!

    L: ¡Así Beto, que rico, métemela, soy tu puta, agh!

    A: ¡Mamacita eres una bomba, uf, uf!

    Se acostó en la cama y subí a cabalgarlo, movía mi cadera rápido sintiendo solo su cabecita, el gozaba apretándome las tetas, me jalaba el cabello y me empujaba su verga la cual cada vez entraba casi por completo, me acariciaba las piernas yo disfrutaba estar en él, había olvidado lo rico que me cogía, me olvidé de mi familia ene s momento, ¡solo quería sentir su rica y grande verga dentro de mí!

    A: ¡Nena, sigue, agh, ufff!

    L: ¡Que rica verga, métemela, soy tuya agh!

    A: ¡Que rico coges, eres la mejor!

    L: ¡Tú también coges rico, mmm!

    A: ¡Me vas hacer venir nena!

    L: ¡Agh, lléname de ti, dame tu semen!

    A: Lety cariño, me matas, agh, me vengo, ¡agh!

    L. Agh, dios, que potencia, agh!!

    Comenzó a llenarme de semen la vagina, ambos teníamos un rico orgasmo, él se movía como lombriz al igual que yo, un cosquilleo enorme se apoderaba de mí, ese orgasmo que era de los primeros en mi vida me hacía sentir su puta, ¡el riéndose pegándome su pene en mis muslos me besaba y festejaba que era el corneador de Luis!

    A: ¡Que rico ser el que pone los cuernos uf!

    L: ¿En serio me querías compartir?

    A: Claro, ¡una diosa como tu merece mucho sexo!

    L: ¡Jajá, estás loco!

    Nos besamos apasionadamente y bebimos un wiski más, en eso tome la llamada de Luis, ¡pero sabía que la noche apenas empezaba y Alberto me daría más verga de lo que yo esperaba!

    ¡Saludos su amiga Lety!

  • Cogida por tres albañiles

    Cogida por tres albañiles

    Una vez más su amiga Karina para seguirles platicando mis aventuras sexuales y ahora quiero platicarles de una deliciosa cogida que me dieron unos albañiles que trabajaban remodelando la casa de al lado de la mía.

    Hacía varios días que veía que la casa de nuestros vecinos estaba siendo remodelada y lo hacían 3 personas, uno de ellos era un señor de unos 50 años aproximadamente, los otros 2 se veían muy jóvenes, ellos estaban todo el tiempo en la casa ya que se quedaban ahí y solo se iban los sábados por la tarde para regresar nuevamente el lunes.

    Varias veces cuando regresé de trabajar los vi y ellos a mí ya que tenía que bajar del auto para abrir el zaguán y poder meter el carro al garaje, noté como cada que llegaba los 3 casualmente estaban en el patio de mis vecinos, y note que al bajar del carro les daba un buen espectáculo, ya que como siempre uso minifaldas o vestidos muy cortos al bajar del carro y abrir las piernas les mostraba prácticamente mi panocha, ya que debido también al tipo de tanguitas que uso pues se me ve todo y ese era el motivo por el cual a la hora que llegaba ellos siempre estaban ahí.

    Al darme cuenta de eso decide provocarlos más y ver qué pasaba, así que al día siguiente me puse una blusa muy escotada, sin bra, minifalda y la tanga más chiquita que tenía, me afeite mi panocha y al regresar del trabajo baje del carro, esta vez lo hice muy despacio para que pudieran apreciar muy bien mi panocha y al bajar deje caer las llaves de la casa y me incline para levantarlas mostrándoles prácticamente mis tetas ya que por el escote casi se salían de la blusa.

    Los vi ponerse muy cachondo ya que después de eso vi claramente como los 3 se tocaban la verga sobre el pantalón, me metí a mi casa y ellos se quedaron en el patio.

    Desde mi recamara se puede observar muy bien la casa de mis vecinos por lo cual desde ahí veía lo que hacían los trabajadores, también note que ellos podían verme desde varios puntos de la casa por lo que decidí darles un poco más de espectáculo desde ese día, así que cuando llegaba a casa me metía a mi recamara me desvestía completamente para ponerme algo más cómodo, me ponía playeras tipo ombliguera sin bra y unas falditas muy pequeñas, sin tanga y así andaba por toda mi casa y cuando sabía que me estaban viendo me inclinaba y les mostraba mi panocha o de frente mis tetas.

    Un día ya por la noche casi eran las 8:00 estaba en mi recamara con la luz apagada, recorrí la cortina de mi ventana vi que el señor estaba solo con una toalla en la cintura, supongo se acababa de bañar, me quede ahí observando con toda la precaución de no ser observada por el o por sus ayudantes, vi cómo se quitó la toalla para ponerse un pans y le vi su verga se veía muy bien y se me antojo mucho, después vi también a los 2 chicos que salieron de bañarse pero ellos sin nada y también se les veían muy ricas sus vergas.

    A partir de ahí me dije esas vergas me las tengo que comer, en esa semana no pude hacer nada ya que mi marido estaba en casa, pero en la siguiente mi marido salió de viaje, poro cual tenía el tiempo suficiente de poder disfrutar de esas ricas vergas.

    Comencé a idear algo para que ellos me cogieran, un jueves mis hijas me dijeron que si les daba permiso el viernes de ir con sus amigas a Cuernavaca y que regresarían hasta el domingo, les dije que sí y esa fue la mejor oportunidad que tenía para que me cogieran todo el fin de semana, el pretexto para hacerlos venir a mi casa era lo de menos y sabía que estando ahí me cogerían como a la puta que soy.

    Ese viernes llegue como siempre mostrándoles mis piernas y panocha al bajar del carro y ya dentro me desvestí, me puse algo liguero como todos los días y les di como siempre un buen espectáculo, después observe cuando se bañaron y entonces me desvestí completamente y me metí a bañar salí envuelta en mi toalla y me la quite estando en mi recamara comencé a secarme el cuerpo sabiendo que me observaban, me puse crema en todo el cuerpo y anduve por un buen rato desnuda de un lado a otro por toda la recamara, como sabía que me estaban viendo y sin que ellos lo notarán los vi también desnudos y acariciándose las verga, eso me puso muy pero muy caliente y decide dar el paso para coger con ellos.

    Así que sin más marque a la casa de mi vecina y me contesto uno de los chicos le dije que era la vecina de al lado que si por favor podían venir a mi casa que tenía un problema que si podían ayudarme, me dijo que sí que enseguida estaban ahí le dije que la puerta de la entrada estaba entreabierta que cuando entrarán cerraran por favor.

    Yo rápidamente me puse solamente un baby doll en color negro, mis zapatillas y espere a que tocaran la puerta de la entrada a mi sala, vi por la ventana cuando los 3 entraron y cerraron la puerta de la entrada, tocaron a la puerta y me acerque para abrirles, al abrir los 3 se me quedaron viendo, no esperaban que los recibiera de esa forma, les dije que pasarán se pasaron y al entrar el último cerré la puerta, quedé en medio de los 3 y le dije perdón por hacerlos venir así tan de repente, sin dejar de verme uno de ellos dijo ‘no, no se preocupe’.

    Estaba tan caliente que ya quería sentir sus manos por todo mi cuerpo y sus vergas en mis manos, les dije:

    -bueno como he mirada que me observan mucho y hoy especialmente cuando terminé de bañarme y me iba a vestir vi que ustedes también estaban desnudos y tocándose sus vergas la verdad es que se me antojaron mucho y por eso decidí hablarles y pasemos una noche deliciosa que les parece?

    El señor dijo:

    -pues nos parece muy bien -y veo a ver a los chicos y les dijo- verdad muchachos.

    Ellos a sintieron con la cabeza y entonces comencé a tocarles la verga por encima de sus pantalones, ellos reaccionaron a mis caricias y también empezaron a tocarme muy rico, me quitaron el baby doll, quedé solo con las zapatillas puestas y cada uno de los chicos me chuparon las tetas, era delicioso sentir dos bocas en cada una de mis tetas mientras el señor me dedeaba la panocha, mis manos no se quedaban quietas e iban de una verga a otra.

    -Ay que rico chicos que rico se siente como chupan mis tetas mmm que rico lo hacen me encanta -el señor se puso a chuparme la panocha, me tenían extasiada con sus caricias y la chupada de panocha que estaba recibiendo.

    No sé en qué momento ellos también quedaron desnudos y fue cuando el señor se paró y me dijo ‘ahora te toca a ti puta chupamos la verga’, no me tuvo que decir dos veces, me hinque y comencé a chuparles la verga a los 3, iba de una a otra, haciéndolos gemir de placer, alzaba la vista para verles la cara cada que chupaba su verga y me la metía hasta el fondo.

    -Uf que rico mamas puta, si la chupas muy rico petra, ah que bien lo haces puta.

    Yo estaba escurriendo súper mojada y quería que ya me metieran la verga en la panocha.

    El señor me dijo:

    -puta llévanos a tu cama porque ahí te vamos a coger como la zorra que eres.

    Me ayudaron a levantarme y nos fuimos a mi recamara el señor se acostó y me dijo ‘ven puta montarme, cabalga como la yegua que eres’, me monte en el me deje caer en su verga, la sentí hasta el fondo y gemí y grite muy fuerte por lo rico que me la metí.

    Los chicos se acomodaron para que les chupara la verga, mis gemidos se confundían con los de ellos, de pronto un chico se acomodó detrás de mí, entendí lo que pretendía, deje de moverme y acomodo su verga en la entrada de mi culo, me dio una nalgada y dijo ‘que bien puta así me gustan las putas que saben qué hacer cuando se las cogen’. Comenzó a meter su verga en mi culo y cuando la tuve hasta adentro gemí y grite ‘aaa ay papi ya la tengo hasta el fondo que rico papi’, los dos comenzaron a moverse muy rico, ‘aaa que rico, papis me están partiendo, me matan ay que rico me cogen’.

    Y mientras me cogían así de rico se la chupaba al otro chico, ‘que rica estas puta, que rico te la comes, que buena puta eres’. Después de un rato el señor le dijo al chico al que se la chupaba que me cogiera, ‘ven métele la verga por la panocha a la puta, cógetela siente lo rico que se come la verga’, el chico que me cogia por el culo me dejó su verga hasta el fondo mientras el otro chico se acomodaba para meterme su verga.

    Una vez que se acomodaron comenzaron a moverse muy rico, sentía sus vergas hasta el fondo de mi culo y panocha, me hicieron tener varios orgasmos y me hacían gemir, gritar y aullar de placer.

    Después de uno de mis orgasmos los chicos me sacaron su vergas y ahora el chico que me cogia por el culo me la metió por la panocha y el señor me la metió por el culo y al otro chico se la chupaba, el chico al que se la estaba chupando fue el primero en venirse y me trague toda su leche, el segundo en venirse fue el señor y empujándome su verga hasta el fondo de mi culo se vacío en él, gimiendo ‘mmm que rico culo tienes puta’, me nalgueaba muy rico y yo solo gemía de tanto placer, saco su verga de mi culo y se puso frente a mi para que se la chupara, al último se vino el que estaba en mi panocha sacándome y dándome en la boca, bufando me decía ‘uf que rico, trágate mis mecos puta, trágatelos todos, uf que rico’.

    Los cuatro quedamos tendidos en la cama recuperándonos de tan rica cogida que me dieron, una vez que recupere el aliento les dije ‘ay papis que rica cogida me dieron’, les acaricie las verga y les dije ‘me encantan sus vergas’, se las bese y el señor dijo ‘que bueno que te gustan nuestras verga puta porque la noche apenas empieza y te vamos a coger toda la noche perra’.

    -Ay papi me van a matar.

    -Querías verga no puta pues ahora te aguantas porque te vamos a llenar de verga y de mecos, porque a las putas como tu hay que darles mucha verga, así que a seguir cogiendo y mamado puta.

    Me puso a chuparle la verga mientras los chicos chupaban mis tetas otra vez.

    Me cogieron toda la noche, quedé exhausta y completamente satisfecha, ellos también quedaron muy satisfechos y sin una gota de leche {por el momento}.

    Desperté antes que ellos y me dispuse a prepararles un rico desayuno para que se recuperarán ya que tenía la intención de que me siguieran cogiendo todo el día.

    Cuando estuvo listo el desayuno lo serví y subí a despertarlo, aún dormían y les chupe la verga para despertarlos, fueron despertando uno por uno y dijeron ‘mmm que rico puta, ojala así nos despertarán siempre’, les dije ‘papis el desayuno está listo los espero en el comedor’.

    Bajaron desayunamos, recogí la mesa y nos metimos a bañar los 4, ahí les chupe la verga a los 3 y los hice venir muy rico, terminamos de bañarnos y nos quedamos desnudos, cogimos todo el fin de semana y al irse me dijeron:

    -Gracias puta coges riquísimo esperamos volver a coger contigo.

    -Claro papis cuando gusten ya saben aquí los espero.

    Al final uno de los chicos me preguntó:

    -Las chicas que luego están aquí son tus hijas?

    Le dije que sí y el otro chico preguntó:

    -Y también son igual de putas que su mamá?

    Le conteste ‘por qué no lo averiguas?’ y me metí a mi casa.

    Bueno pues eso es todo por esta ocasión espero que les haya gustado esta deliciosa cogida con estos albañiles.

    Y ya saben espero sus comentarios en [email protected].

    Besos a todos.

  • Plan A: Intento de trío

    Plan A: Intento de trío

    Mi nombre es Beto; tengo una mujer preciosa, nalgona, exuberante y muy sexy. Me consta que muchísimos conocidos míos darían lo que fuera por poder cogérsela, lo que ellos no saben, es que yo estoy deseando verlo. Pero por mucho que se lo insinuó a mi mujer, Lisa, me da evasivas pero no termina por decidirse.

    Se me ocurrió que podía tenderle una trampa, de manera que ella no sospechara que estaba preparado por mi parte.

    Eran las 9 de la noche, y le propuse a mi mujer que se pusiera sexy para una cena íntima entre los dos: Se puso un vestido corto, de seda azul, cortito, cortito, que si se inclina delante tuya dándote la espalda, te tienes que agachar solo un poquito para ver sus tersas nalgas. Se pega a su cuerpo marcando, las curvas de su cintura… Las tetas bien marcadas pero sin enseñar demasiado, un ligero escote visto de pie, pero todo un espectáculo si se agacha un poco, las tetas de mi mujer provocan aunque no las veas, justas en sus medidas, grandes pero en su sitio, con unos pezones perfectos y lo mejor; observarlas cuando se menean libres dentro del vestidito. Yo me puse un pantalón corto, camisa y nada más, pues estábamos en verano.

    Teníamos todo preparado para empezar cuando llamaron al timbre, era Gael un compañero de trabajo, que yo sabía que se ponía como un burro cada vez que veía a Lisa. Sin que ella lo supiera le había invitado a casa con el pretexto de buscar por Internet una cámara de fotos, que se ajustara a sus necesidades, ya que me había pedido consejo al saber que es mi hobby favorito.

    – ¿Quién será? – Me pregunto.

    – No tengo ni idea. Voy a ver, me levante y fui a la puerta. Efectivamente era Gael, puntual como un reloj a la hora que le había dicho. Él no tenía ni idea de mi plan y de cual eran mis intenciones.

    -Es Gael.

    -¿Que quiere?

    -Me pidió que si le podía aconsejar sobre una cámara de fotos y le dije que cuando quisiera se pasara para verlo por Internet. Lo que no esperaba es que fuese hoy.

    -¿Qué hacemos?

    -Pues invitarlo a cenar, no vamos a echarlo sin más.

    – ok, dame tiempo para que me cambie.

    – Ni se te ocurra, esté wey no va a estropear nuestro plan, por lo menos déjame que yo te vea sexy. Además sabes que me encanta ver cómo te devoran con los ojos y sabes que Gael te desnuda literalmente cada vez que te mira.

    A regañadientes accedió

    – Pero me pongo la tanga.

    -¡No! lo único que tienes que hacer es preocuparte de que no se te vea nada, es más, es más cachondo así. Tu intentando taparte y el, deseoso de ver. Mira como estoy nada mas pensarlo. Se me notaba que tenía la verga dura solo de pensarlo.

    -De acuerdo, me dio un beso, me agarro la verga y se sentó en el sofá.

    Abrí la puerta y ahí estaba Gael con una botella de vino y un sin fin de catálogos de cámaras.- Hola, Lisa dijo mientras que abría los ojos como platos al verla vestida de esa manera.

    -Disculpa, que esté vestida así pero no esperábamos a nadie y nos disponíamos a cenar. Voy a cambiarme y te pongo un plato para que cenes con nosotros.

    – Una cena muy buena, por lo que veo…Pero por mi no te cambies, estas preciosa, te queda muy bien ese vestido.

    Al levantarse del sofá se le vieron las piernas en su totalidad y prácticamente todas las tetas.

    Yo miraba de reojo a Gael, y note como crecía un bulto en su pantalón que hace un momento no estaba.

    Nosotros tenemos la costumbre de cenar en la mesa baja del salón delante de la Televisión, por lo que al ponerle el plato a Gael, Lisa nos volvió a mostrar sus tetas, a la vez que la luz del Televisor transparento que Lisa no traía ropa interior.

    Cenamos entre miradas incesantes por parte de los dos hacia Lisa, que nos deleitaba dejándonos ver, bien sus Tetas al agacharse sobre la mesa, o sus nalgas, cada vez que se le subía el vestido.

    Termino la cena y mientras Lisa recogía, yo me lleve a Gael a la compu con el pretexto de buscar la cámara. Lo deje ahí consultando páginas y fui a la cocina.

    Me acerque por detrás a Lisa y le mordí en la nuca mientras con una mano le tocaba las tetas y con la otra su vientre. Bajaba la mano hasta llegar a su conchita y le frotaba el clítoris a la vez que le metía un dedo. Le decía.

    -Te voy a hacer el amor toda la noche, hasta que te vengas 20 veces, baje un poco mi short y saque mi verga poniéndola entre sus suaves nalgotas.

    -Cabron me estas calentando. Que es lo que pretendes?

    -Cogerte aquí mismo, pero me gustaría ver como calientas a Gael y luego me dejas disfrutar de tu cuerpo.

    -Pero ni pienses, entregarme a Gael, eso ni lo sueñes. Si quieres lo caliento hasta que reviente la bragueta pero nada mas, El solo mirara.

    -Ok está bien, pero asegúrate que esta noche se masturbe a tu salud.

    -Voy a ser generosa… mira si quieres, dile que se la jale viéndome mientras que me hago la dormida.

    Volvimos al comedor con ese plan. Gael se levantó de la compu y se sentó a en el sofá de dos piezas que hacia una «L» con el nuestro que era de tres.

    A Lisa se le notaban perfectamente los pezones, que los tenia erectos de la excitación.

    -¿Vemos una película mientras que nos echamos una bebida?, propuso Lisa.

    -órale ya dijo, comento Gael.

    Yo me levante para hacer las bebías y los deje sentados.

    -Te importa que me estire, dijo Lisa, tumbándose de lado en la dirección de Gael y dejando las piernas un poco encogidas. –Es que de estar todo el día de pie en el trabajo tengo los pies doloridos. A la vez que decía esto se los tocaba, dejando ver su conchita de vez en cuando.

    -Claro, estás en tu casa.

    Yo desde la cocina observaba de reojo, Gael tenía que estar ciego.

    A Lisa se le veían el principio de las nalgas, y seguro que desde su posición, Gael le tenía que ver la conchita perfectamente depilada. Las tetas al ponerse de lado casi se le salía la derecha por el escote, de hecho se le veía parte de la aureola y del pezón.

    Volví de la Cocina llevando las bebidas en la mano,- Listo aquí tienes Lisa, un gin-tonic para ti y dos wiskis para nosotros. Al alargar la mano para agarrar su bebida se le subió el camisón dejado toda su conchita al aire y su precioso trasero, que brillaba seguramente por los flujos de la excitación. Gael no pudo reprimirse y se le escapo un suspiro.

    -Disculpar pero es que uno no es de piedra, y tu mujer es capaz de sacarle un suspiro hasta un muerto.

    -Discúlpame tú a mí. Debía haberme cambiado de ropa. A la vez que con la mano estiraba el vestidito hacia abajo tapando justo la vista de su conchita, pero al hacerlo se le salió un teta por el escote. Lisa sin darse demasiada prisa se la coloco dentro.

    – No lo hagas por mí, oye Beto. No te molestes pero es que tu mujer me esta excitando, dijo. A la vez que con la mano se acomodaba su verga dentro del pantalón.

    – Ya cállense, que empieza la película. Lisa se acomodó apoyando la cabeza en mi pierna a la vez que flexionaba un poco las piernas. Antonio desde su posición no quitaba la vista del principio de las nalgas de mi mujer, olvidando la película.

    Trascurrieron 20 minutos y Lisa con los ojos cerrados se hacia la dormida con su cabeza en mi pierna y la mano puesta en mi paquete como de forma casual.

    Gael me hacía gestos con la mano, pasándosela por la frente y resoplando. Yo hacía como que me reía.

    Le hice un gesto con los ojos para que mirara hacia abajo, a la vez que cogia con dos dedos el vestido de Lisa y tiraba de él hacia arriba poco a poco hasta dejar el culo y la conchita completamente al aire.

    Gael empezó a tocarse por encima del pantalón. Yo, otra vez con gestos le insinué que se masturbara. Gael abrió los ojos como diciéndome, ¡Seguro!, le asentí con la cabeza. Estire mi mano y tocaba el culo de Lisa para aproximar poco a poco mis dedos a su conchita y abriéndole los labios, introducirle un dedo.

    Gael viendo mi actitud se sacó la verga hasta liberar los huevos. Tenía una verga enorme, la cabeza parecía hongo gigante, brillaba de fluidos, mientras que la vergota palpitaba.

    Lisa no se lo estaba perdiendo, aunque el plan era que tuviera los ojos cerrados pero debió notar el rechinido que hacia el sofá al masturbarse. Cambio de posición su mano y disimuladamente la metió por la pierna de mi pantalón hasta agarrar el tronco de mi verga. La apretaba y aflojaba una y otra vez. Yo tenía mi verga a punto de estallar.

    Gael seguía con su masturbación sin quitar la vista de las nalgotas de mi mujer y de mis dedos que no dejaban de entrar una y otra vez en su conchita.

    Otra vez con señas le indique a Gael que tocara la conchita de Lisa. Se levantó despacio, sacando yo mi mano metió la suya. Empezó un mete saca cada vez mas rápido. Le tuve que decir que se calmara y que fuera mas despacio que se iba a despertar.

    Lisa sabía perfectamente que no era mi mano la que tenía en su conchita y sacaba el culo hacia fuera como invitando a que la penetración fuera mas profunda.

    Antonio debió intuir que Lisa se estaba haciendo la dormida. Aproximo su cara a la conchita y empezó a pasar su lengua. Le pasaba la lengua arriba y abajo lubricando el culito y la conchita con su saliva, hasta el punto que le colgaban hilillos de saliva cuando apartaba un poco la cara. Los dedos seguían trabajando en su interior. Las exploraciones de su lengua cada vez eran menos tímidas. Recorrían arriba y abajo toda la rajadita de su culo parándose unas veces en la conchita y otras en el culito, presionando hasta introducirse un poco en su apretado culito.

    Lisa entre convulsiones anunciaba que estaba a punto de venirse. Gael acelero los movimientos de su lengua a la vez que el ritmo de sus dedos explorando el interior de Lisa hasta conseguir que estallara en un orgasmo salvaje entre jadeos y suspiros. Gael sin dejar de acariciar las nalgas y el culito, se puso de pie y empezó a masturbarse enérgicamente hasta venirse sobre las nalgotas de mi mujer, sacudió y golpeo con su vergota las nalgas de Lisa. Paso los dedos por el culo y recogiendo una buena cantidad de semen, metió los dedos en la bebida de Lisa. Después agachándose le dio un beso en la nalga.

    Se ajustó el pantalón cerro la bragueta y con la mano y en silencio me dijo

    -Adiós y salió de casa.

    Lisa al oír que se había ido se incorporó.

    -OMG que vergota tiene, hasta me dolió cuando la sacudió en mis nalgas, ¿cuándo quieres que me lo coja? Jijijiji.

    Cogió su bebida y la bebió de un trago. Con la bebida en la boca me hizo la mejor mamada en toda nuestra vida de casados.