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  • Jugoso trío en un baño

    Jugoso trío en un baño

    Quedé de verme en la noche con Estefanía y con Gibran en la Plaza Comercial. Llegué a la hora indicada en el lugar indicado y mi novia y mi novio no llegaban. Le marqué a ella pero no respondió, tuve más suerte con Gibran. Me dijo que lo buscara en el baño del segundo piso, en el baño para incapacitados, después anexó una foto de nuestra novia lamiéndole la verga.

    El baño de hombres es demasiado amplio. No había nadie cuando entré. Me acerque al baño de incapacitados, que es el cubículo con más espacio, y toqué la puerta.

    Estefanía me recibió, desnuda, con un hilo de semen desprendiéndose de los labios hasta sus gigantescas tetas. Una mujer desnuda siempre es hermosa, pero que este sudada con semen en la cara la vuelve aún más hermosa. Entré rápido, nos besamos con pasión manoseándonos el cuerpo entero. Gibran estaba sentado desnudo en el escusado, con la verga bien erecta apuntando hacia el techo.

    Estefanía se puso en cuatro sobre el piso de baño, y gateó hacia Gibran, deteniéndose cuando metió el pene de nuestro novio en su boca. Fanny levantó su prieto culo para mí. Me agaché ante ese culazo, le separe las nalgas y hundí mi cara entre ellas. Lamí desde su clítoris hasta su ano, saboreando el jugoso sabor de su coño e inhalando el fuerte aroma de su culo. Todo eso mientras tenía el sonido de las arcadas de Fanny de fondo.

    Le metí tres dedos en cada agujero, después introduje mi pene en su vagina hasta el fondo de un solo golpe. Ella gritó fuerte. Los tres nos quedamos quietos por si alguien había escuchado pero no se oía más ruido en el baño, así que continuamos.

    Estefanía sacudía el culo para mí y sacudía las tetas para Gibran. Mi novio y yo nos mirábamos fijamente mientras le dábamos verga a nuestra novia. Gibran me deseaba, se le notaba en su candente mirada. Le di una última nalgada a Fanny antes de sacar mi verga de su coño. Pase encima de ella, poniendo mi pene frente a la cara de Gibran. Él no tardó en chuparme la verga. Acaricié el cabello de Gibran mientras metía toda mi verga en su garganta. Después sentí las manos de Estefanía separar mis nalgas y su lengua introduciéndose en mi ano. Me estaba devolviendo el favor de una manera asombrosa, dilatando mi culo con su traviesa lengua y sus dedos.

    Es una sensación asombrosa sentir cuatro manos en tu cuerpo, sentir dos lenguas en tus partes íntimas. Me sentiría completo con otra lengua ocupándose de mis huevos.

    Al parecer, mi novio y mi novia tuvieron el mismo pensamiento, porque sus manos me guiaban a sentarme sobre la dura verga de Gibran, y me dejé.

    Poco a poco Estefanía fue introduciendo los 19 centímetros de Gibran en mi culo. Gibran me besó para ahogar mi grito de dolor y de placer. No separó sus labios de los míos hasta que estuve bien insertado sobre él.

    Empecé a moverme hacia adelante y hacia tras, elevándome un poco para volver a caer en su vergota, mientras que mi miembro tallaba su abdomen, humedeciéndolo de semen preliminar y de las gotas de sudor que se desprendían de mi rostro. Sé que la expresión de gran placer de Gibran no es solo por mí, las manos de Fanny están rasguñando mi culo, así que deduzco que está chupando los huevos de Gibran.

    Ella nos dice que no hagamos mucho ruido, lo cual es imposible para nosotros, más para mí. Fanny se levanta, coge sus bragas del suelo y se las mete en la boca a Gibran. A mí me besó con pasión a la vez que sujetaba mi verga. Detuve los sentones, dejé que Gibran tomara el control de la cogida anal que me daba. Ser besado, masturbado y cogido con dureza al mismo tiempo fue demasiado para mí. Exploté sobre el abdomen de Gibran, mi corrida llegó hasta su mandíbula.

    Estefanía nos pidió que nos levantemos. Yo enseguida me recargué en la pared a tocarme el culo, a comprobar que tanto me lo abrió. Fanny se sentó en el escusado y le pidió a nuestro novio que la bañara de semen. Cinco minutos de manoseo y garganta profunda lograron que Gibran se viniera sobre las tetas de nuestra novia.

    Lo último que hicimos antes de vestirnos y de salirnos del baño fue limpiarnos mutuamente. Estefanía limpió el semen del abdomen de Gibran mientras que yo limpié con mucho gusto el semen en las tetas de Estefanía.

  • La perrita de la perra

    La perrita de la perra

    Gracias por todos los mensajes y comentarios de mi relato anterior. Me motiva saber que les interesa que siga contando.

    Terminó mi primer día. A la mañana siguiente, me duele todo. El chófer está por llevarme de vuelta a casa. Salgo desnuda de la casa de mi Amo y una sirvienta me quita el collar y subo a la camioneta para volver a casa.

    Dentro había muchas bolsas con regalos: desde ropa muy cara, hasta un celular nuevo etc. Son una pequeña recompensa por haberme portado bien.

    Por suerte mi mami no estaba cuando llegué a casa, así que pude esconder las cosas puesto que ella no sabía en qué me había metido y, obviamente, habría muchas preguntas y sospechas. Me di una ducha caliente y relajante y sentada bajo la regadera, comencé a repasar cada detalle del día anterior: cada vez que me penetró, todos los que nos miraban, ser tratada como una puta y a pesar que mi cabeza tenía un conflicto de sentimientos, no pude dejar de excitarme al recordarlo. Estar a los pies de ese hombre me hacía sentir mucha adrenalina, saber que no tengo ningún control sobre lo que van a hacerme.

    Comencé a ver porno de bdsm y leer relatos y luego de mi primera experiencia me sentía identificada y con ganas de volver.

    Al día siguiente suena mi celular nuevo con un mensaje: «Mañana 7pm mismo lugar».

    La adrenalina volvió a recorrerme, la respiración se hizo fuerte y la ansiedad hizo presa en mí.

    Le dije a mi mami que iría a casa de mi amiga unos días y me fui. La camioneta estaba esperándome ahí y recorrimos otra vez el camino a casa de mi Amo.

    Al llegar, frente a la puerta principal, me quite la ropa solo quedando en ropa interior y me arrodillé; una sirvienta llegó, me puso mi collar y me llevó adentro pero esta vez fuimos directo al inodoro. Entró conmigo y me ordenó pararme sobre el e inclinarme. Todo me pareció muy extraño y no entendía qué pasaba, luego metió algo en mi culo y comenzó a bombear un líquido hasta llenarme. Sobra decir que fue una sensación horrible y asquerosa y me dio muchísima vergüenza que ella me lo hiciera.

    Luego me bañó y me dio lencería muy sexy y me dijo: quedas preparada.

    Un par de horas después, volvió por mí y me llevó a una oficina muy elegante, a media luz. Estaba mi Amo y otro hombre, sentados, tomando y platicando, me llevaron al centro de la oficina y me puse de rodillas con la cabeza baja.

    – Amo – Bueno, es ella, ¿qué te parece?

    – Hombre – Uff está preciosa. Párate muñeca, quiero verte bien.

    Me puse de pie, me acerqué y comenzó a tocarme; primero mis nalgas, luego mis pezones, después metió un dedo en mi boca y comencé a chuparlo y me dijo.

    – «Ufff sí que eres una perrita, lo chupas tan rico que ya se me puso dura»

    Luego metió la mano entre mis piernas y comenzó a jugar; la verdad es que me estaba excitando mucho, puesto que era un hombre atractivo y elegante, a pesar de que se notaba que era muy mayor.

    – Amo- ¿Te gusta?

    – Hombre – Esta riquísima, me encanta, cuántos años tiene?

    – Amo – 18, pero esa no es la mejor parte, es hija de Michelle.

    – Hombre – ¿Michelle?… ¿Mi Michelle?… No puede ser, ¿esta es la niña aquella? Ufff ¿cómo hiciste para que te la diera?

    – Amo- Sí, es ella y no; no me la dio, creo que no lo sabe, ella vino por sí sola.

    Mi cabeza estaba por explotar, ¿Qué estaba pasando? ¿Ellos me conocen? ¿Y a mi mami? ¿Cómo?

    Ellos notaron mi cara de no entender nada y prosiguieron.

    – Amo- Tu mami era su sumisa hace muchos años. Su primera sumisa. Era una puta exquisita.

    – Hombre- Sí, tu mamá fue mi primera y sí que la disfrute, hasta que decidió no seguir más por… ti.

    – Amo – La ultima vez que te vi, eras más pequeña, cenamos y le prometí que algún día iba a abrirte el culo, como a ella.

    Mi cabeza estaba explotando. Mi mami fue sumisa de los mismos hombres.

    Ahora todo tiene sentido, por eso mi Amo llevaba años esperándome.

    – Hombre – Qué delicia va a ser usar a su pequeña perra.

    Se sacó el pene, me arrodilló para comenzar a mamar y presionaba mi cabeza. Su verga me llegaba a la garganta y me dejaba sin respiración, mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas y la saliva salía por todos lados. En un momento que me lo sacó para tomar aire, me vi frente a la cámara del celular de mi Amo, que estaba tomando video; luego me levantó y me puso sobre el brazo del sofá; mi culo en el aire, mis pies en el suelo y mi cara contra el sofá. Así le daba todo a disposición

    Primero se inclinó, lamió y metió la lengua donde pudo, toda mi coño y culo. Sentir su lengua recorriendo mis partes más íntimas estuvo a punto de hacerme explotar, era lo más delicioso que sentí nunca. Sentir su nariz apoyada justo en mi culo fue una sensación muy extraña pero deliciosa, y justo cuando estaba a punto de correrme me dio una fuerte nalgada que me hizo gritar muy fuerte; tanto del golpe como del susto.

    – Hombre – Aún no te corras perrita, vas a suplicármelo después.

    Comenzó a introducir un dedo en mi culo, y a pesar que yo lo había practicado antes en casa, usando cepillos y alguna que otra cosa, sentía mucho placer, además de que ya me lo esperaba. Luego sentí la cabeza de su polla hacer presión y entrar poco a poco en mi culo, lo cual me hizo abrir los ojos y la boca de golpe, solo para encontrar justo en mi cara el celular de mi Amo, que seguía grabando.

    La adrenalina estaba por los aires y el corazón me explotaba, los gemidos pasaron a ser de preocupación, el hombre mantuvo su pene dentro de mí para que me acostumbrara, pero era imposible; sentía que me partía en dos a pesar de no haber introducido la mitad de su pene. Luego comenzó a hacer movimientos con la cadera, que me hacían gemir mucho, pero no de placer exactamente y comencé a sentir su leche caliente quemándome por dentro. Al sacar su pene sentí un alivio enorme mientras mi culo goteaba de semen.

    Me permitieron salir de la oficina; fui al baño a limpiarme y sacar lo que pude del semen.

    Un par de horas después, mi Amo me ordenó quedarme con el ex Amo de mi mami.

    La noche fue muy diferente, se volvió más tranquilo, me pidió desnudarme y acostarme sobre la cama, mientras él me recorría de manera muy cuidadosa, abrió mis nalgas y vio que mi culo seguía rojo y me dijo: ok pequeña, voy a compensarte. Me puso boca arriba y abrió mis piernas y comenzó a masturbarme de manera muy experimentada. En segundos estaba muy mojada; presionó fuerte mi vientre e introdujo sus dedos para masturbarme con fuerza y hacerme correrme como loca. Mi cuerpo se estremeció con fuerza y me decía que gritara: «soy una puta», lo cual gritaba con todas mis fuerzas hasta correrme como nunca.

    Acostados, comenzó a decirme que fue quien introdujo a mi Amo al «club de dominantes» y que le cedió a mi mami una temporada, pero terminaron mal y mi mami dejo de servir. Me contó que mi mami fue de las mejores que tuvo; muy obediente e insaciable. Recuerda cuando llevó a otros 7 hombres y juntos se lo hicieron a ella sola, con fuerza, por todos sus agujeros: «la usamos por dos días» me dijo. Desde hace unos años dejó de ser Amo.

    Al regresar a casa encontré a mi mami esperándome. Al verme se puso a llorar y me preguntó si estaba bien. Me pareció muy extraño; luego nos sentamos a hablar. Mi Amo le había enviado a mi mami todo el video. Luego le expliqué que él me buscó y me ofreció ser su sumisa y que yo acepté.

    – Mami – No vas a volver ahí, te lo prohíbo.

    – Yo – Fue mi decisión; ya soy grande, además me gusta el sexo tanto como a ti.

    – Mami – Esto es diferente; servirle a estos hombres no es solo sexo. Tú no vas a soportarlo y ellos no son gente con la que te querrías meter. Una vez entres, les vas a pertenecer siempre.

    – Yo – Sí; ya me contaron que fuiste su sumisa, no tienes derecho a prohibirme nada. Te lo hacían como puta y tú pedías más.

    Me dio un fuerte bofetón a la cara. Nos encerramos en nuestros cuartos y no hablamos hasta la mañana siguiente. Ya con más calma, nos disculpamos y hablamos más tranquilamente.

    – Mami – No sabía que estabas tan al tanto de todo esto, te he descuidado y no te conté la verdad, pero tienes derecho a saberlo, yo comencé…

    Y el resto será para el próximo relato que es mi presentación en sociedad, el mayor miedo que he sentido, Espero les guste, me escriban y lo comenten. Bye.

  • Esa noche me lo rompieron

    Esa noche me lo rompieron

    Soy Silvina y me gusta esta forma de contar mis goces.

    Con mi Billy frecuentemente usamos la entrada trasera para el placer, como tiene una pija normal siento alguna molestia pero disfruto siempre.

    Una noche salimos con nuestra pareja amiga, Mirta y Roberto, ya hemos contado que la pija de Roberto es inmensa, larga, gorda y una cabeza monumental.

    Comenzaron los tres, Billy, Roberto y Mirta que me dejara romper el culo con Roberto.

    Con miedo pero con el sueño de tenerlo muy abierto como buena puta que se precie, acepté emocionada.

    Me puse en 4 en la cama, Billy y Mirta me tenían y Roberto fue acercando su pija a mi ano. Los dos ayudantes escupían saliva en el glande de ese pene gigantesco, sentí como lo colocaba en la puerta de mi culo, me relajé todo lo que pude y él hizo fuerza, Esa masa de carne caliente forzó mi ojete, lo fue abriendo y entró la cabeza. Mirta y Billy seguían salivando.

    Sentí un dolor agudo pero estaba a merced de mis torturadores, con la lubricación de la saliva Roberto siguió sin piedad. Debo decir que rápidamente disminuyó el dolor agudo y sentía un dolor sordo y delicioso. Es pija entraba y salía y comencé a sentirme en el cielo. Los tres me alagaban diciéndome lo puta y degenerada que era, lo buena que estaba y como me iba a quedar el ojete. En un momento las divinas bolas de Roberto tocaron mi culo, se detuvo unos segundos y comenzó a moverse en círculo y en vaivén.

    Yo sentía mi vientre revuelto, no sabía bien que era esa sensación pero me gustaba. Comencé a moverme yo también, los dos cada vez más rápido, sin darme cuenta empecé a pedir más y más, a decir palabras soeces que me salían del alma. En unos minutos llegamos juntos al orgasmo. Yo me sentía marear, desvanecer y reaccionar. Fue una culeada increíble.

    Nos fuimos los dos al baño, yo al inodoro y Roberto a lavarse porque había salido un poquito sucio. Mientras se lavaba me daba la espalda muy cerca mío, yo aún sentada no pude aguantarme y comencé a besarle sus nalgas peludas. Volvimos a la cama y Roberto se acostó panza arriba, me acosté sobre él poniendo mis tetas sobre sus bolas y su pene. Besaba y lamía sus muslos peludos, lamía y chupaba sus ingles, sudadas con un rico sabor salado. Subí con mi boca por su cuerpo, besé, lamí y chupé sus vientre peludo, sus pecho aún más peludo con pelo de macho, chupé lamí y mordisquee sus tetillas, mamé y masturbé su rica pija.

    Le pedí que se volteara y abriéndole las nalgas le lamí su querido culo, tenía un pequeño gusto a… a culo. Cuando comenzó a reaccionar la apreté entre mis tetas y comencé con una cubana.

    -Querés más pija, pedazo de puta? -me dijo

    -Sí, otra vez por el culo.

    Cuando se irguió del todo se sentó en el borde de la cama, después de un corta mamada me senté sobre esa pija que era mi sueño y entró mucho más fácil. Allí fue donde yo me mostré en todo mi oficio, moviéndome como la buena puta que soy. Yo acabé al rato pero Roberto no llegó.

    Esto no podía quedar así, volvimos a culear en posición de perrito. Lo mío era un delirio de goce y locura y llegué a dos orgasmos hasta que Roberto me volvió a llenar el culo de leche.

    Desde entonces cada vez que nos encontramos por lo menos una culeada me hace y tengo el culo tan abierto que puedo recibir cualquier verga.

    Si les gusta mi vida sexual, escriban al mail de mi marido: [email protected].

  • Madura pierde la vergüenza entre otras cosas (2)

    Madura pierde la vergüenza entre otras cosas (2)

    —¡Carmen! ¡Carmen!

    Jorge, agitándome por los hombres trataba de despertarme.

    —¿Siii?

    —Carmen, son la nueve y media. Traté de despertarte para desayunar juntos pero no respondías. Yo ya he desayunado, ahora me voy a escalar para tener bastante tiempo el último día.

    —Que te lo pases bien Jorge.

    —Hasta luego Carmen.

    Así empezó el día. La noche anterior, al irme a la cama, pensé que me costaría trabajo dormirme. Había dormido una siesta, estaba nerviosa, intranquila y… un poquito curiosa pensando en lo que haría conmigo mi Adonis al día siguiente. Pero al parecer los orgasmos de la tarde habían actuado como el mejor sedante. Me metí en la cama, me rasque el trasero, y… dormí como un tronco.

    Me levanté de la cama, fui al cuarto de baño y mientras orinaba, duchaba y completaba mi aseo matutino traté de recordar y valorar lo que había pasado el día anterior. Poco a poco oleadas de vergüenza, remordimiento y culpabilidad recorrían mi mente y me embargaban el ánimo. Ayer, por primera vez en mi vida, había sido infiel a mi marido. No solamente le había puesto los cuernos a Carlos, había «elegido» un macho joven como un ganadero puede elegir un semental. No hubo nada de sentimiento por mi parte, no hubo seducción por parte del joven; él me ofreció sexo y yo, por vicio, tome sexo como quien toma una droga. A mí siempre me habían dicho, y yo siempre había repetido, que las mujeres no somos como los hombres. Que las mujeres no buscamos sexo como animales que se aparean. No, nosotras somos seres sensibles, sensitivos, refinados, con sentimientos, con espíritu, con alma; nosotras nos enamoramos, nos compadecemos, damos y recibimos cariño, afecto. Nosotras hacemos el amor, ¡no jodemos como perros!

    ¡Qué vergüenza Dios mío! Una madre de cuarenta años, católica, casada, fiel en el matrimonio durante más de quince años y todo tirado por la borda en unos minutos de locura. Ayer me aparee como una perra en celo, como un animal despreciable. Sexo y nada más que sexo. Ni amor, ni compasión, ni cariño ni nada. Deseo carnal, vicio profundo, eso fue todo. Me daba asco a mi misma. ¿Qué diría mi confesor? ¿Cómo iba yo a tener la desvergüenza de ir a confesarme?

    Recordé que había quedado con el joven que nos veríamos hoy. ¡Ni hablar! El chico podrá pensar lo que quiera de mí, faltaré a mi contrato, pero yo no vuelvo a hundirme en el fango del adulterio. Ni promesas, ni tonterías. Más vale romper un trato que ser una pérdida de verdad. Ya era malo que ayer yo tuviera un momento de debilidad. Pero una cosa es un momento de debilidad y otra cosa es cometer un pecado de forma premeditada como sería el ir hoy al cuarto de… de… el Adonis (¡Qué vergüenza, ni siquiera sabía su nombre! Me había revolcado en el lodo del pecado con él durante horas, había puesto su órgano en mi boca, había… y ni siquiera sabía su nombre). ¡Imposible! Esto sería un pecado premeditado y eso no lo iba a hacer yo. ¡Faltaría más! Ayer tuve un desliz, pero yo aún era una mujer decente.

    Adrede decidí no maquillarme. No me pinte ni ojos, ni labios ni nada. Para evitar tentaciones decidí que no bajaría a la piscina. Me puse el vestido más amplio y menos sexy que puede encontrar y sin medias con unas zapatillas de tenis, planas, completé mi atuendo y decidí bajar a desayunar.

    Antes de entrar al comedor mire con cuidado a todos los comensales. No quería que estuviera… el chico de ayer y tener una escena. Por fortuna, no estaba el Adonis. Miré el reloj, ya eran las diez y cuarto y quedaba muy poca gente en el comedor.

    Me atendió una camarera como de mi edad, con uniforme negro y cofia blanca. Me pareció gorda y algo culona.

    (¡Carmen! En qué cosas te fijas de repente. Quizá yo soy la que debería perder algo de peso. ¡Buena idea! Además, si paso hambre durante un mes… eso podría ser una penitencia por mi pecado de ayer).

    —Un zumo de naranja, un café con leche y una tostada. No quiero ni mantequilla ni mermelada.

    —Ahora mismo señora.

    Esto de haber pedido poco para desayunar me vino bien. Me hizo sentirme en el camino para mi regeneración. Iba a perder peso y encima hacia penitencia para pagar por mi terrible pecado. Empezaba a sentirme virtuosa otra vez.

    Acabe el desayuno, firmé la cuenta y volví a mi habitación. Para evitar tentaciones cerré la puerta con llave, decidí que no bajaría a comer a mediodía (mas penitencia). La habitación estaba recién hecha. Cogí la novela romántica con la periodista alemana y, sentada en un mullido sofá con múltiples cojines, volví a los desiertos, los ocasos, las huríes y las cálidas arenas. Inmersa en la novela me olvide de mis deslices, de mis debilidades, de mis pecados y… del tiempo.

    Toc, toc.

    La puerta, ¿qué podía querer la doncella? La habitación la habían arreglado durante mi desayuno.

    —Hola, te he buscado en la piscina.

    —Ho… ho… hola

    ¡Allí estaba el Adonis! Con su minúsculo bikini, luciendo todos su musculazos, con la dorada piel brillando como bruñido metal. ¿Cómo había encontrado mi habitación? ¡Qué estúpida! Claro está que él sabía mi número de habitación. Si ayer hicimos todas las guarrerías en esta habitación. Yo notaba como me ponía colorada, me ardía la cara y no sabía que decir. El niñato parecía no darle importancia a nada.

    —¿Tienes unas medias negras y zapatos de tacón muy alto?

    —Si…

    —Pues cógelos y vamos a mi habitación.

    Yo como una tonta, sin decir palabra, me di la vuelta, abrí un cajón, saque las medias negras, cogí los zapatos y dije:

    —Ya estoy.

    El Adonis cogió mi mano, y sin la menor vacilación por su parte, ni la menor resistencia por la mía, subimos un piso por las escaleras y entramos en su habitación. Todas mis vergüenzas, contriciones, propósitos, resoluciones y penitencias… tirados por la borda. Allí estaba yo, como oveja que va al matadero había seguido yo al niñato. ¡Que va como un corderito, como una furcia, como una viciosa, como una gata en celo había yo seguido aquella carne codiciable y gloriosa.

    En cuanto entramos en su habitación cogió mi la cara con ambas manos y me dio un beso profundo. Cuando digo profundo quiero decir que metió su lengua hasta mí estómago. Mientras con la lengua exploraba mis entrañas bajó sus manos por mi espalda y al llegar a mis generosas nalgas, las sobó, acarició y estrujó. Cuando dejamos el beso para poder respirar un poco. Él dijo:

    —¡Qué culazo tienes! Casi no he podido dormir en toda la noche pensando en tu culote y como lo iba a usar, abusar y gozar. Me tiene hechizado tu culazo. ¡Nunca he jodido un culo así de gordo.

    ¡Aquello era demasiado! En algún lugar de mi mente, antes de venir a su habitación, yo ya sabía que el chico me quería sodomizar. Pero yo le iba a enseñar que aunque me comportara de forma alocada, era porque estaba de vacaciones. Que un desliz lo tiene cualquiera, pero que, desliz o no, yo era una señora bien, respetable y decente. Yo no le iba a aguantar a un niñato que, casi, casi podía ser mi hijo, que me hablara de forma tan soez. Llenándome de rectitud y autoridad dije:

    —Mira no hace falta hablar así. Las personas finas y educadas no usan ese vocabulario.

    El Adonis, bajo los ojos, puso cara compungida, y con apologética voz pregunto:

    —¿Cómo te llamas?

    —Me llamo María del Carmen pero todos me llaman Carmen. Antes de casarme mis amigos me llamaban Meri. Así que tú llámame Meri, que me hace sentir más joven.

    —Mira Meri, se puede decir trasero, se puede decir sodomizar, se puede decir pene. Pero si aprendes a decir -Quiero que me mates a pollazos- en vez de decir –me gustaría hacer el amor- te lo pasaras mucho mejor. Pruébalo y para que aprendas, cada vez que digas palabras «finas» te daré unos azotes.

    Sin darme tiempo a contestar, me cogió de la cintura, me levantó, se sentó en el borde de la cama, me puso sobre sus rodillas levantó mi falda y como si yo fuera una niña de cinco años me propinó unos buenos azotes que sonaron como latigazos. Me dio mucha rabia que me tratara con tan poco respeto, pero me gusto cuando empezó a acariciar mis nalgas con ternura diciendo:

    —Meri, Meri que bien nos lo vamos a pasar con tu glorioso culo. Es… maravilloso.

    Yo como pude, me levante, baje mi falda e intentando recuperar algo de mi dignidad pregunte al Adonis tratando de poner algo de autoridad en mi voz.

    —¿Y tú cómo te llamas?

    —Apolo

    —¡No jodas!

    Dije, sin poder contener mi sorpresa, resulta que al que yo había estado llamando Adonis y… se llamaba Apolo. ¡Casi lo había degradado!

    —Sí que jodo Meri. Pero no con juegos verbales si no con mi verga que tanto te agrada.

    Así diciendo, con una mano movió la parte baja de su bikini a un lado y con la otra mano saco su instrumento. Hasta fláccido era de un tamaño impresionante. No pude evitar una sonrisa.

    —A mi madre se le ocurrió hacer una gracia cuando nací y me puso Apolo. Ahora dice que ya sabía que iba a ser tan guapo que por eso me llamo Apolo. Meri, ayer dijiste que nunca habías tomado por culo ¿es verdad?

    —Pues claro que es verdad, ¿piensas que soy una mentirosa?

    —Meri, Meri. Nada más preguntaba. Baja la guardia, no seas tan defensiva, estamos juntos para pasárnoslo bien. Y me alegro haber preguntado porque así vamos a hacer las cosas como Dios manda.

    Entró en su cuarto de baño y volvió con una botella de plástico blanco en su mano. Se sentó en la cama y me llamo:

    —Ven aquí Meri.

    —¿Qué vas a hacer, A… apolo?

    —No seas desconfiada, te voy a poner un enema.

    —¿Para que…?

    —Pues para que va a ser. Anda no seas difícil Meri. Ayer yo hice todo lo que tú quisiste, sin dudar ni preguntar. Hoy te toca a ti. ¿Vale?

    —Vale, Apolo.

    ¿Cómo podía yo ser tan débil? ¿Cómo podía estar en la habitación de Apolo después de los remordimientos que tenía hace apenas una hora? ¿Cómo podía estar rindiéndome como una esclava? ¿Cómo podía yo ser tan puta?

    Me acerque a Apolo y el otra vez me puso sobre sus rodillas. Subió mi falda, bajo mis bragas y acaricio y beso mis nalgas.

    —Meri, Meri desde que te vi en la piscina con aquel bikini, tu culazo me vuelve loco. Pero loco de verdad. Mira te voy a poner el enema. Así, después de que vayas al cuarto de baño, todo lo que hagamos estará muy limpio.

    Noté como separaba mis nalgas y algo duro entraba en mi culo. Noté algo de presión y algo frío entrando en mis entrañas.

    —Ya está. Pero quédate así un poco para que actué bien el enema.

    Dijo Apolo y al mismo tiempo sobaba, estrujaba, acariciaba y palmoteaba mis nalgas.

    —Ahora podemos ir al cuarto de baño.

    —¿Qué quieres decir, podemos?

    Dije indignada. Hasta ahí podían llegar las bromas.

    —¿Crees que soy tan guarra que puedes venir al cuarto de baño a verme dar de cuerpo?

    Pregunte con un tremendo tono de superioridad e indignación. Apolo no dijo nada. Simplemente me pegó cinco azotes muy fuertes que me hicieron chillar y llorar. Con voz muy dulce dijo;

    —No quiero verte dar de cuerpo, quiero verte cagar. Me gusta tu cuerpo, me gustan tus carnes, me gusta tu culo, quiero verte hacer de todo. Pero si te sientes incomoda, en vez de poner voz de superioridad, con decir que prefieres estar sola, basta.

    Calme mis sollozos, limpie mis lágrimas con el dorso de la mano y con mi mejor voz y el tono más dulce y sumiso dije.

    —Apolo, prefiero estar sola, por favor.

    —Como quieras Meri.

    Tuve que salir corriendo al cuarto de baño porque el enema hacia efecto. Casi no me dio tiempo a llegar al wáter. De forma torrencial limpie mis intestinos. Sentada trataba de reflexionar. ¿Qué me estaba pasando? En cualquier momento podía llamar a seguridad del hotel (había un teléfono en el baño) y me «liberarían». Pero puesto que no llamaba, parecía que no quería ser liberada. La idea ser sodomizada, ¡de tomar por culo, coño! De que Apolo me metiera su vergón de gloria por el culo me tenía llena de morbo y curiosidad. Me daba miedo, me hacía temblar, notaba mi boca seca, la lengua se pegaba al paladar, pero con todos mis temores… Quería sentir esa barra de carne gloriosa dentro de mi como nunca había sentido una polla; En mi culo, en mi recto, rompiéndome en dos, dándome gusto y vicio… Tenía miedo, me iba a doler, en mi mente tomar por culo era de putas viciosas y barriobajeras, lo que iba a hacer o dejarme hacer en mi mente me degradaba, pero… la carne es débil.

    Fui al bidet y me limpie, hasta quedar como los chorros del oro. Después de secarme, me puse las medias negras, calcé los zapatos de alto tacón, me mire en el espejo ¡Lastima no haberme maquillado! Me pellizque un poco los carrillos para sacar algo de color, me mordí un poquito los labios. Mirándome en el espejo con los taconazos haciéndome más alta y con las medias negras tenía un aspecto de profesional del amor… quiero decir de puta. Las carnes abundantes si, pero unas tetas y un culo… Me decidí, sería la cordera que se degüella en el altar, ofrecería mi culo en sacrificio. Abrí la puerta del baño, me dirigí a la chimenea, poniéndome de cara a la pared apoye mis manos en la repisa y doblándome un poco hacia delante, saque el culazo y dije:

    —Apolo, toma mi culo, toma mi cuerpo, haz conmigo lo que quieras, rómpeme el culo, rómpeme en dos, traspásame con tu lanza, hazme sangre, haz lo que quieras con mi cuerpo, pero… dame placer, mátame de gusto, ¡hazme tuya mamón!

    —¡Meri! Como me gusta verte así, con tacones, media negras y el culo al aire. Gracias, pero ya se nota que no has tomado por culo nunca. Hay que prepararlo, sino te va a doler y no lo disfrutaras. Ven aquí zorra tetuda, ven aquí y chúpamela.

    Como una profesional, contoneándome, moviendo tetas, caderas y nalgas, lentamente, me acerque a Apolo me arrodille y, glotonamente, metí su verga en mi boca.

    —Meri, si no te importa ponte en cuclillas con las piernas abiertas. Me encantas en esa postura, así mientras me la chupas te veo la boca, las tetorras y el coño abierto, en toda su gloria, así, gracias.

    Sin darme cuenta me estaba ahogando. La picha de Apolo estaba creciendo y una vez puesta en todo su esplendor no me cabía en la boca. Con pena saqué aquella barra de placer de mi boca.

    —Lo siento Apolo, pero de verdad que no me cabe.

    —Ya lo sé Meri, ya lo sé. Anda échate en la cama y hazte una paja.

    —¿Quee… que… quieres decir?

    —Qué coño voy a querer decir. Que te masturbes, que te pajees, que te casques la pipa.

    —¡Apolo! Yo no hago eso, yo no me masturbo.

    —Seguro que no. Y ayer ¿qué hacías? Que tonto soy, mientras yo hacía posturitas y andaba a gatas yo te vi frotándote el clítoris y metiéndote dedos en coño y, fíjate que tonto soy, yo pensé que te estabas masturbando. ¡Todas las mujeres decís lo mismo! Y yo me lo creo. También me creo que tú eres virgen, que los niños vienen de Paris y que Papa Noel trae los regalos. Anda, dóblate, apoya las manos en la cama y ábrete de piernas.

    Yo un tanto humillada y avergonzada, hice como me dijo. Él se colocó tras de mi, puso ambas manos en mis senos y lentamente, con dulzura introdujo su polla gloriosa en mi hambriento coño. Poco a poco, lenta pero segura entraba su enorme verga hasta que noté que tocaba fondo y causaba algo de dolor chocando contra mi útero.

    —Cuidado, Apolo, cuidado. Si la metes hasta el fondo me duele un poco.

    —Tendré cuidado Meri, no la meteré del todo. Por eso es tan bueno el culo. ¡Ahí no hay fondo!

    Apolo, mi dulce Apolo, me dio bien dado. ¡Qué encanto de muchacho! ¡Qué maravilla de verga! La metía, la sacaba, a veces lento, a veces rápido, a veces paraba para que yo pudiera sentir aquella joya distendiendo mi coño. Al mismo tiempo que metía y sacaba, el acariciaba mis pechos, suavemente retorcía mis pezones, besuqueaba mi nuca, estimulaba mi clítoris. ¡Ah el chico sabio y tan bien dotado!

    —Si, Apolo si, dame, dame, me corro, dame mi amor, dame toda tu polla corazón.

    Ignorando mis gritos de satisfacción y placer, él siguió follándome y follándome mientras una sucesión de orgasmos sacudían mi cuerpo.

    —Vale, vale Apolo, de verdad, no puedo más, déjame un poquito mi cielo, déjame corazón, deja que me recobre.

    El chico sabio saco su tranca imperial, abrió el cajón de su mesilla y saco un tubo de un lubricante, puso algo en sus dedos y los froto contra mi culo. Puso la boca del tubo en mi ano echando lubricante dentro. Yo notando el frío empecé a levantarme.

    —Quieta, Meri, quieta.

    Poniendo una mano en mi nuca me mantuvo doblada mientras un dedo de la otra mano violaba mi culo virginal. Con destreza lo metía y lo sacaba, giraba, retorcía dilataba.

    —Ahí, Apolo, eso relaja mucho, eso está bien. Sigue, sigue.

    Noté que ahora entraban dos dedos. Más y más lubricante, yo notaba como cosquillas en el culo. La sensación cambió a un poco de dolor. Apolo había metido los dos pulgares y no solo metía y sacaba, también estiraba y dilataba. El dolor desapareció y dejo lugar a una sensación de bienestar.

    —Apolo, me estas enviciando, esto me gusta. Apolo me estas emputeciendo. Sigue cariño, sigue.

    Apolo saco sus dedos, se tumbó en el suelo con su maravillosa polla enhiesta como asta de bandera, la embadurno con el lubricante y dijo:

    —Ven aquí Meri, ven aquí gordita mía. Siéntate en mi picha, empálate tu sola, a tu aire, despacito.

    Yo como gallina clueca, me puse en cuclillas y mientras con una mano apuntaba su amenazante arma a mi culo, lentamente doblaba mis rodillas y dejaba que el ariete monstruoso violara mi casto culo. Poco a poco, a veces casi no podía respirar, una increíble sensación de presión me invadía y ¡por fin! Mis nalgas tocaron el vientre de Apolo. ¡Había llegado!

    —Quieta Meri, quieta. Descansa, relájate, acomoda mi polla, no tenemos prisa.

    Yo seguí su consejo y conseguí tomar un par de hondas inhalaciones. Echando mis manos hacia atrás, las apoye en sus recios y sólidos muslos y las use como palancas. Poco a poco levantaba mi culo y sacaba su barra de placer, poco a poco bajaba y culo y me sentía plena, llena, rebosante.

    —Apolo esto es bueno. Puedo notar como la punta de tu polla toca y mueve mi útero. No me duele, tenía miedo de que fuera muy doloroso.

    —Levanta Meri viciosa, levantate.

    Muy a disgusto me levante.

    —Contra la mesa Meri, contra la mesa, apoya tus manos sobre la mesa, dóblate y saca el culo. Que visión de gloria Meri, que visión. Tu culazo grande, blanco, acogedor y tus muslazos, las media negras. Los tacones dejan tu culo justo a la altura idea. Me encantas Meri me encantas. Te voy a hincar mi picha, te voy a partir en dos. Sujétate bien que voy…

    ¡Madre del amor hermoso! Y como vino. Toda la paciencia que había tenido preparando mi culo se había acabado. Con su inmenso ariete abro mi puerta de atrás y de un solo empellón lo hundió hasta el mango. La mesa, yo, y hasta la habitación se movían con sus monstruosos empellones. Yo notaba como mi culo se derretía sabía que mañana iba a notarlo en carne viva, que no iba a poder andar, mucho menos sentarme, pero… que gustazo, era el placer más intenso que hubiera sentido jamás.

    Apolo, perdido todo el control, chillaba como un poseso:

    —Meri que culazo más bueno que tienes; Gracias por guardarlo para mí. Voy a follar tu culo hasta que me muera de gusto. Meri te voy a romper en dos, te voy a partir con mi tranca. Goza, so puta, goza de mi polla como yo gozo de tu culo.

    Yo pensaba que me iba a morir allí mismo aquel apolo bello y muscular estaba rompiéndome el culo con su monstruosa verga. Según follaba mi culo a veces me daba azotes, a veces estrujaba mis pechos, besaba mi nuca, frotaba mi clítoris. Mis emociones parecían estar en una montaña rusa, subían y bajaban como locas. Un poquito de dolor aquí y allí, oleadas de placer, ondas de relajación, orgullo de que mi cuerpo ya maduro, un poco gordo, un poco fondón todavía pudiera dar tanto placer a mi bello y fuerte Apolo y… orgasmos, si orgasmos. No sé si los orgasmos venían de mi culo, de mi clítoris o de mi mente, pero venir venían como caballos desbocados. Por fin mi amante grito:

    —Meri, Meri, culona me corro, me matas con tu culo, que buena estas, ¡Ahhhh!

    —Si Apolo, mi amor dame tu leche cariño, llena mis entrañas con tu semilla, dale tota tu lechaza a esta guarra que te adora…

    No sé si me lo imagine o no pero note algo cálido en mis entrañas. Apolo se derrumbó a mis pies exhausto y yo saciada, satisfecha, feliz me deje caer a su lado y acaricie su cabello mientras besaba su cara.

    —Gracias Meri, gracias. No creo haber disfrutado tanto de un culo en mi vida, para ser tu primera vez lo has hecho muy bien.

    —Gracias a ti Apolo. Me has abierto un mundo nuevo, me has hecho feliz. No recuerdo haber tenido tanto placer jamás. Lástima que me voy mañana. ¿Dónde vives Apolo?

    —Mis padres viven en Ginebra pero yo estoy estudiando empresariales en Barcelona.

    —¿Vienes por Madrid de vez en cuando?

    —No mucho un par de veces al año.

    —Dame un papel y un lápiz

    Apolo se levantó y de la mesilla trajo un block con el membrete del hotel y un bolígrafo. Mientras escribía le dije.

    —Aquí está mi número de teléfono. Si vienes a Madrid y quieres… compañía mi cuerpo y yo estamos a tu disposición. Y si tienes algún amigo que va a Madrid y le quieres hacer un favor… me encantaría que me llenarais los dos agujeros. Debe ser bueno tener una polla delante y otra detrás a la vez.

    En eso me había convertido. La casta, recatada y formal Meri, no solo invitaba a Apolo a que me follara por todos los lados cuando viniera a Madrid, pero también me ofrecía de hetaira (puta entre nosotros) para cualquiera de sus amigos

    Con un último beso en la boca y otro de admiración y agradecimiento en su enorme capullo nos despedimos. Yo tenía aun tres o cuatro horas para tratar de parecer normal cuando volviera Carlos. Ya en mi cuarto, por alguna extraña razón repetía, una y otra vez, como una mantra, una de las pocas frases que recordaba de mi año de griego cuando tenía dieciséis años «Gnothe Seauton» ¿qué quería decir?, ¿qué quería decir? ¡Ah! la memoria empezaba a funcionar, era una inscripción en el templo de Apolo en Delfos! En latín era «nosce te ipsum» = Conócete a ti mismo. Del templo de Apolo en Grecia, mi Apolo en los Pirineos me había hecho conocerme a mi misma. Podía haber tardado cuarenta años, pero ahora me conocía a mi misma. Soy una mujer bien, madura, respetable y respetada, casada (con un alto cargo en el ministerio, por cierto), universitaria, católica practicante, madre de dos hijos, y… ¡más puta que las gallinas! Gracias Apolo ¡gracias!

    Agregar comentarios a [email protected], no busco sexo ni encuentros, no doy cam, besos.

  • Frida, la altruista ayudante de inmigrantes africanos

    Frida, la altruista ayudante de inmigrantes africanos

    No sé en otros lugares, pero en mi ciudad es común en los semáforos ver a inmigrantes, la mayoría de ellos de origen africano, vender Kleenex, mecheros o colgantes para ganarse la vida, siempre mi mujer Frida fue una persona muy altruista y el gusto por ayudar al prójimo lo lleva hasta el final de las consecuencias.

    Hace unos días, tuvimos en un semáforo una charla sobre lo duro que tuvo que ser para esta gente ir a un lugar lejano de su casa para buscar un porvenir mejor, y siempre, sacando su lado morboso, decía que apetecía de parar en los semáforos aunque sea para mirar el bulto de los pantalones de aquellos inmigrantes.

    Un día me los llevo a casa para darles una ducha y algo caliente de comer me decía con tono pícaro Frida… pero para mi sorpresa, lo que creí que fue una charla informal resultó ser pura verdad. Ese día llegaba del trabajo más tarde y ella me llamó al celular para darme con lujo de detalles lo que le cundió aquella tarde. Ni corta ni perezosa, se fue en su auto a buscar a dos de estos negros y no sé de qué manera los convenció para subir y los llevó casa. Les dio de comer y les proporcionó ducha y ropa mía ya vieja pues ambos eran corpulentos de mi estatura como yo.

    Fred y Moses, así se llamaban no sabían cómo agradecer a mi esposa el corazón tan grande que ella tenía por tan noble gesto, eran hombres buenos, correctos y educados, para nada se imaginaban de qué manera la puta de Frida iba a cobrar sus servicios.

    Toda vez ya aseados, mi esposa les pidió un instante de espera en el salón de la casa pues iba a obsequiarles con un regalo, ellos abrumados esperaron sentados en el salón hasta que apareció Frida con una lencería erótica que le regalé por su aniversario de color rosa y según me contó ella se quedaron estupefactos y congelados. Frida, muy sensual como es ella, les pide a ambos que se pongan de pie y que opinaran de lo que estaban viendo, incitándoles a que les confesara la última vez que habían tenido relaciones sexuales a lo que ambos dijeron que llevaban meses sin probar bocado.

    Eso excitó y de qué manera a Frida pues les dijo que ese era el último regalo que ella les iba a ofrecer y era su cuerpo, les comentó que no temieran que estaba sola y que yo tardaría hasta la noche en volver con que los dos negros se despojaron de los chandals que les ofreció Frida, que eran míos, y presentaron sus enormes credenciales para ella. Dos rabos de más de 23 cm. aproximadamente que hicieron las delicias de Frida y que devoró como loca ante la atónita mirada de ambos que no se creían lo que les estaba ocurriendo.

    A Frida le cachondeó mucho que entre ellos hablaran un idioma para ella ilegible, suajili o algo así propio del África más cerrada, ambos eran Senegaleses.

    Uno de ellos la recostó en una mesa baja que tenemos en el salón y abriéndola de piernas se puso de rodillas y empezó a darle lengua en su coño, a Frida le llamó la atención la grande que tenía igualmente la lengua y que con solo una pasada abarcaba casi todo su coño inundándolo de saliva y sus flujos propios de su excitación mientras el otro se puso a la altura de sus dos tetones y empezó a hacerle una rica rusa Frida, tan grande la tenía que el comienzo de su verga le alcanzaba para entrar en su boca y estuvo largo tiempo así.

    De pronto y ella siguiendo con la rusa, siente como deja de notar la lengua y aún con el otro negro de rodillas, nota como un enorme trozo de carne intenta abrirse paso por entre sus labios vaginales lo que le hace estremecer de placer. Pese a su gran tamaño dice ella que no le costó trabajo penetrarla y que pronto empezó con unas fuertes embestidas notando en sus glúteos los huevos de este rebotar, entre ellos se seguían hablando y se dieron un relevo para que el otro empezara a follar su coño en tanto que allí Frida dijo basta con un orgasmo que ella mismo creía que se había meado de lo que llegó a sentir.

    En un momento, uno de ellos, le hizo un gesto a mi mujer con los dos dedos sin saber a qué se refería en principio, la voltearon, uno de ellos se tumbó en la mesa y Frida obediente cabalgó su polla, lo que le esperaba era descomunal, el otro se puso detrás obligando a parar la cabalgada e intentó introducir su polla en el culo de Frida, mi mujer intentó resistirse pero este andaba como loco y le sujetó sus dos brazos por la espalda inmovilizándola y hablando entre ellos empezaron salvajemente a follarla los dos a la vez ante la mezcla de dolor y placer de Frida a la que le duró poco el disgusto toda vez que estaba ensartada por los dos negros llegando a otro orgasmo sideral y cambiándose de postura para que el otro probara también su ano totalmente abierto eyaculando este dentro de su culo y el otro en sus tetas.

    Agradecieron el gesto a Frida y le invitaron a de vez en cuando parar en su semáforo para “saludarla” de nuevo.

  • Mi marido, el cornudo del siglo

    Mi marido, el cornudo del siglo

    Vuelvo a escribir después de algunos meses, algunos ya me conocen y para los que no me conocen les cuento que me llamo Julieta, tengo 29 años, soy casada y vivo en Argentina.

    Ya he narrado con anterioridad algunas experiencias en este sitio y he tenido otras que no eran tan especiales para ser narradas pero ahora quiero contarles algo que me parece interesante, ya que se trata de algo nuevo para mí, ya he contado algunas infidelidades anteriormente pero esta es especial ya que fue muy intensa…

    Eran las 7 de la tarde y estando yo parada esperando el colectivo para ir al centro a comprar un teléfono nuevo ya que el mío era muy viejito se detiene un auto, cuando baja la ventanilla veo que era Nacho, él había sido íntimo amigo de mi marido desde niños pero hacia unos meses se habían peleado ya que mi marido le debía una suma importante de dinero y ante los reiterados reclamos de Nacho terminaron discutiendo feo y nunca más se lo devolvió, Nacho como venganza lo escrachó en redes sociales tratándolo de estafador y cosas así y bueno, la cuestión es que ahora se odiaban…

    —Hola Juli ¿cómo andas? ¿A dónde vas? Subí que te llevo —Me dijo.

    —¿Vos estás loco? Sabes que si mi marido me ve con vos me mata! —Le dije.

    —¡Pero si nadie nos está viendo! ¡Vamos dale que hace calor! —Miré para todos lados revisando que nadie me vea subir y lo hice.

    —¿Para dónde vas Juli? —Me preguntó y le conté que al centro para comprarme un celular y él me dijo que también se había comprado uno hacía unos días atrás y que le quedó el que tenía antes que era justo el modelo que yo quería, me contó que estaba usado, pero en excelente condiciones y que me lo vendía a menos de la mitad de lo que costaba nuevo, por supuesto que me interesó así que decidimos ir a su casa a ver el aparato.

    Cuando llegamos a su casa me hizo pasar y antes de mostrármelo sacó de la heladera un par de cervezas y me ofreció una que acepté gustosa, al mostrarme el aparato comprobé que realmente estaba bien cuidado y que funcionaba perfecto, me contó que tenía batería nueva y para mostrarme cómo funcionaba la cámara me pidió que me pare a un par de metros de él y me tomó una fotografía, luego me la enseñó y luego para que yo vea que su celular nuevo no tenía diferencia en calidad de cámara con el que me estaba vendiendo también me tomó una fotografía con el nuevo y me la enseñó y vi que eran de similar calidad y bromeando le dije:

    —Si sabía que iba a modelar me producía un poco —Él sonrió y para nada lerdo me desafió.

    —Estás hermosa pero aún estás a tiempo de producirte si querés!

    Viendo que la cosa se ponía más hot le puse freno a la situación y me puse a cambiar el chip de un celular a otro, estaba en eso cuando Nacho destapó un par de cervezas más y me ofreció otra, acepté, pero le dije que sería la última porque soy de emborracharme con poco y que debía volver a casa.

    Mientras las bebíamos él sentado frente a mí me comenzó a filmar con su teléfono con la excusa de quería ver como salían los videos, noté que apuntaba a mis pechos que a decir verdad estaban bastantes expuestos ya que la musculosa que llevaba me quedaba un poco chica para el tamaño de mis senos, le pedí que deje de hacerlo y así lo hizo y comenzamos a charlar de tiempos pasados y entre charla y charla confesó que yo siempre le había gustado y que yo lo calentaba y cosas así, a lo que le respondí que gracias por los halagos, pero que yo estaba casada y no quería líos, él entendió y no avanzó más en el asunto.

    Le pagué el aparato y le dije que me iba y que no era necesario que me lleve de vuelta ya que no quería arriesgarme a que me vean en mi barrio bajando de su auto, él cómo un buen caballero aceptó a mis pedidos y me acompaño hasta la puerta…

    Nos saludamos con un beso en la mejilla y regresé a casa contenta con mi nuevo celular y le dije a mi marido que lo había comprado en un local donde venden celulares de segunda mano y así fue que terminó el día sin más nada interesante para contar, pero al otro día investigando las funciones de mi nuevo celular descubrí que Nacho había dejado olvidado en él una tarjeta de memoria, como buena curiosa que soy me puse a revisar los archivos guardados ahí y casi me muero cuando veo que contenían más de 50 videos porno, pero eso no era nada raro sino que el protagonista de los videos era Nacho haciéndole el amor a distintas mujeres de forma salvaje, me excité y para disimular me encerré en el baño y con los auriculares puestos me puse a ver algunos, cuando vi el tamaño de la verga de Nacho juro que quedé perpleja! He visto muchas vergas en mi vida pero así de gruesa ¡jamás! Comencé a masturbarme enloquecida con la imagen de esa pija y así fue cómo tuve un orgasmo intenso como hacía tiempo que no tenía.

    Pasaron los días y yo seguía calentándome periódicamente con los videos de Nacho y con la imagen de su descomunal miembro, vivía con esa imagen en mi mente todo el día, estaba perdida a causa de esa verga ¡Tenía que hacer algo! La deseaba, pero ¿cómo hacer? No podía ir yo desesperada a su casa pues quedaría como una puta regalada, lo mejor sería cruzármelo en algún sitio cómo por casualidad, pero ¿dónde? ¿Cómo? ¿Y bajo que excusa? Mil preguntas tenían en mi mente cuando el milagro ocurrió…

    —¿Cómo andas Juli? ¿Cómo te llevas con el celular que te vendí? —¡Me escribió por whatsapp! Dudé un poco en mi repuesta y luego le escribí…

    —¡Hola Nacho! Bien pero hay algunas cositas que no entiendo aún así que me deberías enseñar… —Ni lerdo ni perezoso respondió…

    —Venite cuando quieras y te enseño todo.

    —Hoy no puedo, pero mi marido el viernes por la tarde se va a jugar futbol con los amigos y tengo un par de horitas —Le expliqué…

    —No sé si un par de horitas nos van a alcanzar —Bromeó pícaramente…

    —Depende de lo que me tengas que enseñar —Le dije doblando la apuesta…

    —De todo te voy a enseñar —Dijo y corté la comunicación diciéndole que el día viernes por la siesta le escribiría para confirmar la hora, recién era miércoles y yo ya me estaba mojando con sólo imaginar ese encuentro, llegado el día viernes le escribí a la siesta para confirmarle que estaría en su casa a las 21 h…

    —Perfecto ¡te espero! Ah, te compré un regalito —Me dijo.

    —¿Que regalito? —Pregunté intrigada…

    —¡Es una sorpresa! ¡A la noche te lo doy! —Me dijo jugando al misterio…

    —Ok, nos vemos ésta noche. —le dije y terminé el chat.

    Mi marido se fue tipo 19 h., pero antes yo le aclaré que saldría un rato a casa de una amiga fue así que a las 19, 30 h estaba lista y vestida más que atrevida esperando el taxi que me lleve hacía la casa del vergudo de Nacho, cuando toqué a su puerta mi corazón se aceleró, estaba excitada, había llegado hasta tener sueños con esa verga y ahora tenía la oportunidad de conocerla, de sentirla, Nacho abrió la puerta, estaba con el torso desnudo y con la cintura envuelta en un toallón…

    —Perdón por recibirte así pero acabo de salir del bañarme, cómo andas Juli? Pasa… —Me dijo luego de darme un beso en la mejilla.

    Entré caminando delante de él moviendo mi trasero para calentarlo un poco, llegamos al comedor y el me ofreció un trago que acepté y nos pusimos a hablar del celular y me explicó unas cositas que yo ya sabía pero que fingía no saber. Una vez que me explicó todo me invitó otro trago y me pidió que lo acompañe a una habitación que quería mostrarme algo…

    Entré tras de él y me di cuenta de que era la habitación que usaba en los videos que grababa teniendo sexo, había una gran cama de caños de bronce con un acolchado rojo, tanto en la cabecera como en la parte de los pies colgaban sogas, en el lugar había varias cámaras estratégicamente ubicadas para grabar las escenas y en la paredes grandes espejos, sobre la cama había una bolsa de esas de tiendas de ropa y Nacho señalándola me dijo…

    —Es para vos… es tu regalito. —Pasé por su lado y me senté en la cama para descubrir que había en el interior de la bolsa y saqué las prendas y vi que no era otra cosa que un disfraz erótico de colegiala sexy, lo miré sonriendo y le pregunté…

    —¿Y esto? ¿Qué significa? —Él se acercó y se sentó a mi lado y hablándome al oído me susurró…

    —Ponetelo… quiero que seas mi putita —Sus palabras me derritieron, comenzó a besarme en el cuello mientras manoseaba mis pechos, no pude resistirme ni un instante, me dejé llevar y en menos de lo que imaginaba ya estaba recostada sobre mi espalda separando las piernas mientras Nacho me bajaba la tanga y me subía la minifalda para practicarse sexo oral, comencé a gemir enloquecida, su lengua dura y caliente me ponía cada vez más caliente, tan emputecida estaba que le pedí que me coja…

    —Cogeme Nacho… cogeme papi, cogeme Nacho… —Le rogaba…

    —Todavía no putita, sentate —Me pidió y parado frente a mi dejó caer el toallón que lo envolvía quedando desnudo frente a mi con ese monstruo de carne a pocos centímetros de mi boca, aún no estaba erecto del todo pero a pesar de eso su tamaño era algo impresionante, la tomó con una de sus manos y frotándola contra mi rostro me dijo…

    —Mirá… mirá putita la verga que te vas a comer, chupámela y ponémela dura así te cojo.

    Desesperada no tarde un instante en metérmela en la boca y comencé a chuparla con buen ritmo pude ver como crecía y crecía y se endurecía cada vez más…

    —Que bien la chupas Juli…! Ponete en 4 que te voy a pegar una cogida inolvidable —Me pidió y me puse en el borde de la cama en posición de perrita y sentí como él apoyaba semejante pene en la entrada de mi vagina…

    —Dale Nacho, cogeme ya papi —Le pedí desesperada y él no se hizo rogar haciéndome gritar mientras introducía cada centímetro de esa terrible verga, comenzó a cogerme con muchas fuerzas y yo sentía que me iba a desmayar de tanto placer, tan fuertes eran las embestidas y tan acelerado el ritmo que me fui cayendo y pasé de estar en posición de perrito a estar acostada boca abajo, él se acostó sobre mí, sentí su pesado cuerpo sobre el mío y volvió a cogerme muy violento haciéndome rebotar en el colchón…

    —Te gusta que te coja así putita? —Me preguntó…

    —Si Nacho, cogeme papi…

    —El idiota de tu marido te coge así? —Me preguntaba mientras me cogía cada vez más intenso…

    —No Nacho… vos me coges más rico papi… no pares Nacho… —Le dije emputecida al extremo, el comenzó a acelerar, sabía que estaba por terminar pero antes de hacerlo el cambió de posición y se acostó boca arriba y me pidió que lo monte…

    —Cabalgame la verga putita… quiero verte la cara mientras te lleno de leche.

    Me subí a su cuerpo y tomé su verga con mi mano para guiarla a mi entrada y me dejé caer, entró toda hasta el fondo y comencé a quebrar mis caderas para hacerlo gozar, el comenzó a amasarme los pechos…

    —Ay Nacho… que rica verga que tenés —Le dije mientras lo cabalgaba desesperada, sentí que yo estaba por tener un fuerte orgasmo justo cuando él se empezó a quebrar para arriba acelerando las penetraciones…

    —¿Querés mi leche? ¿Querés mi leche puta?

    —Si papi, dámela, soy tu puta… quiero tu leche —le dije y llegué a mi orgasmo temblando de placer justo cuando sentí dentro de mí el primer borbotón de semen de su pija que comenzó a latir mientras escupía interminables chorros de semen, caí desplomada sobre él, nunca me habían cogido tan fuerte y tan intenso, estuvimos unos minutos así tirados hasta que le dije que me tenía que ir.

    —Vos no te vas nada, ahora sos mi putita y te vas a ir cuando yo quiera entendiste? —Me advirtió, pensé que estaba bromeando, pero cuando me puse de pie para arreglarme e irme él también lo hizo y tomando de mi brazo me amenazó…

    —¿No oíste? Te dije que vos no te vas nada ¿o querés que te dé una paliza puta regalada? —Ahí me di cuenta de la dimensión de mi problema y sentí miedo ¡estaba metida en un lío por puta!

    —Nacho, dejame ir y vuelvo otro día cuando vos quieras ¿ok? —Le propuse, pero él, lejos de aceptar me ordenó que lo acompañe al baño y me metió de prepo debajo de la ducha tibia y se metió también conmigo y me pidió que me arrodille y que le vuelva a chupar la verga, obedecí y otra vez lo puta que soy me traicionaba y comenzaba a calentarme con esa hermosa verga en mi boca, mientras se la chupaba comencé a tocarme, ¡otra vez estaba caliente! Estuve un rato así chupando esa pija hasta que el salió y me dijo:

    —Lavate bien todo, te espero en mi habitación, no demores.

    Cuando salí de bañarme, me envolví en una toalla y fui hasta su habitación, él estaba buscando vaya a saber qué cosa en los cajones de un ropero…

    —Ponete el regalito que te compré que vamos a jugar un jueguito.

    —Basta Nacho, ya fue suficiente —Le pedí encarecida pero él enfureció y me tomó de los pelos haciéndome doler y gritando me aclaró…

    —¡Vos ahora sos mi puta y vas a obedecerme en todo! —No me quedó otra que obedecer, me puse mi tanga y el disfraz de colegiala sexy, la faldita era tableadita de color rojo y la camisa blanca cortita, la faldita solo cubría la mitad de mi trasero, al verme vestida así Nacho pareció enloquecer, vi cómo se le paraba la verga rápidamente y me pidió que me ponga sobre la cama otra vez como perrita, lo hice y vi a través de un espejo como él se untaba todo ese gigante miembro con un lubricante y luego se subía tras de mí en la cama, sin mediar palabras sentí cómo me apoyaba la cabeza del miembro en mi ano…

    —Te voy a pegar la culeada de tu vida —Dijo y le pedí que lo haga con cuidado y despacito…

    —Callate puta —Dijo y empujó con tal fuerza que logró meter la cabezota del miembro haciéndome morder las sabanas del dolor…

    —¡Que hermoso culo que tenés! —Dijo y enterró otro buen trozo de carne haciéndome gritar…

    —Basta Nacho, no aguanto, la tenés muy grande papi, me dueleee! —Me quejé…

    —Te vas a tener que acostumbrar porque te voy a coger el culo a cada rato y todos los días putita mía —Dijo y comenzó a empujar fuerte hasta que logró meter la totalidad de ese miembro dentro de mi culo, sentí que me partía en dos, me tapaba la boca para no gritar, la dejó quieta un instante y después vino el calvario, me pegó una cogida anal tan salvaje que se me caían las lágrimas ¡fueron como 20 minutos de tremendos pijazos! Cuando terminó juro que quedé destruida y quedé tendida boca abajo a punto del desmayo y perdiendo la noción del tiempo, no sé cuantos minutos pasaron antes de recuperarme y vestirme para volver a casa…

    —Por favor que sea un secreto entre nosotros —Le pedí antes de irme…

    —Quedate tranquila que así será siempre y cuando te portes como una putita obediente y hagas todo lo que yo te pida… —Dijo y me quedé un poco más tranquila, volví a casa, por suerte mi marido no había llegado…

    Pasó una semana y no tuve noticias de Nacho, a pesar de que era todo un problema nunca nadie me había cogido tan rico y quería que lo haga de nuevo a pesar de las consecuencias, ya no me importaba nada así que decidí escribirle…

    —Hola Nacho, cómo andas?

    —Hola putona… bien, quiero verte ya mismo. —Me respondió, pero lo que sigue a continuación se los narro en una segunda parte.

    Espero que les haya gustado y acepto críticas o comentarios.

    Un beso.

  • Mi novio

    Mi novio

    Hola amores, soy Michelle.

    Esto que les cuento me sucedió el 31/01/2020, yo estaba en la universidad terminando mis clases diarias. Era un día tranquilo, todo sucedía con normalidad, hasta la penúltima hora cuando me dirigí al baño a hacer de orinar.

    Recuerdo bien que entró mi amigo Gabriel y como era costumbre hacernos bromas de echarle agua al que estuviera haciendo sus necesidades, el me vio orinando y tomo agua del lavabo para echarme. Yo solo reí porque sabía que era la costumbre, cuando él se paró a orinar a mi lado, yo me acerque a verle orinar y en todo de juego decirle “te la cambio”, ya saben, típico vacile de hombres.

    No sé si fue su respuesta o ver aquel pedazo de carne, me dejo helado al decirme “mejor te la presto”. Yo no supe cómo reaccionar, solo la mire fijamente y después de volver a mí, le aparte la mirada y me dirigí al lavabo queriendo rescatar mi “hombría” que según tengo, pero Gabriel se dio cuenta de mi perdición al verle su verga.

    Ya en el lavabo acostumbro a lavarme la cara cada que voy, en ese momento lo hice más que nada por la excitación que me dio y bajar el calor que sentía en mi cara y cuerpo.

    Gabriel me siguió hasta el lavabo y cuando me hablo, ya me tenía recargada su verga en mis nalgas, yo quite el agua de mis ojos y levantándome rápido, le dije en forma de reclamo que jamás volviera a hacer eso, que no se equivocara conmigo en esas mamadas.

    Yo quería esconder mi excitación y gustos dentro de mi facha de macho, pero Gabriel supo hacérmela y me dijo agarrando su verga y mostrándomela como todo un macho y diciéndome “mamada la que me quieres dar”.

    Y otra vez, ahí estaba yo sin apartar mi vista de su hermosa verga, de ese delicioso pedazo de carne que me enamoro de un principio, solo quería agarrarla y besarla, pero volví a mi postura de macho y le dije que no, que esa no era mi postura, que se dejara de chingaderas, pero él tenía la forma de voltearme las frases y me dijo “tu postura es frente a mi verga y chingaderas son las que me harás putita”.

    Yo a pesar de querer verme como un hombre, por dentro me enloquecía que me dijera eso, y se me escapo un desliz y bajar mi cabeza como doblegándose la hembra ante su macho.

    El me tomo del brazo y me dijo: -ven, vamos al último baño.

    Era un baño que estaba al final del mismo y donde casi nadie iba, los baños de mi uni son de espacio amplio y cabíamos perfectamente 2 o 3 personas dentro.

    Recuerdo que me sentó en el baño y voltio a poner seguro en la puerta, yo solo pensaba

    “debe ser como otro hombre calenturiento y me quiere amenazar diciéndome que si no se la mamo le va decir a todo mundo”.

    Yo solo quería darle una rica mamada y ya salir de esto, por una parte me gustaba la idea de mamarle la verga porque el tipo era un hombre de los más guapos de mi curso, pero también quería terminar rápido para que nadie viniera a descubrirnos.

    Así fue, bajo su pantalón y bóxer y tomándome de la cabeza me hizo presión contra su verga como mostrándome dominio, obvio yo me deje llevar y note como se paraba su verga contra mi cara.

    Me pidió que comenzara a mamársela y así lo hice, le daba un sabor no tan rico porque había orinado momentos antes, pero no me importaba, sabía que con mi saliva ese sabor iba a eliminarse y así fue, cada vez era más el deleite que me daba y él gustoso de que le mamara su verga, lo veía y solo notaba como se arqueaba de placer y yo me esmeraba más para que recordara la forma en que doy una rica mamada y a la vez para hacerle terminar más rápido y salir de esto.

    Poco a poco fui sintiendo sus contracciones y sabía que era el momento en que iba eyacular, yo le pedí que se apartara y terminara en el excusado, pero su respuesta fue solo apretarme contra él y no sacarme su verga de mi boca, me dijo “quiero que mi novia se trague toda mi leche”.

    Supe que era inútil, que iba terminar dentro de mi y le deje hacerlo, exploto una cantidad considerable de semen en mi garganta y lo tragué de forma inmediata.

    Ya terminado todo, aparto su verga de mi y me dijo:

    -no lo dije de broma, quiero que seas mi novia, nunca me habían hecho esto y lo disfrute demasiado.

    Yo solo me quede viéndole sin poder responderle y volvió a preguntarme si quería serlo, su novia. Obviamente íbamos hacerlo en la intimidad, nadie debía saberlo porque a ninguno nos convenía.

    Yo lo pensé un momento y le dije que sí, pues sabía que era una de mis fantasías el tener un novio, que me hiciera sentir más mujer.

    Me dio un beso rico y termine por darle dos mamadas profundas, metiéndome toda su verga y diciéndole como toda hembra que quiere a su macho, “pero esto es solo mío”.

    Nos reímos y dimos un beso, nos limpiamos y salimos como cualquier pareja de amigos platicando normal.

    Llegando al salón no parábamos de vernos y sonreíamos recordando lo que había pasado.

    De pronto me llego un mensaje de él diciéndome “que rico me la mamaste amor”, hasta ese momento me cayó la idea de que ahora era su hembra, que tenía un macho y que debía comportarme como toda una putita ante su macho, al menos por mensajes lo hacía todo el día, pero no paraba de pensar estar a solas con él, para que pudiera cogerme a su antojo, pues el primer encuentro solo fue una chupadita a su verga, ahora quería que me comiera de la forma que se le antojara, solo quería sentirme suya por completo.

    Agradezco que lean mis relatos y espero contarles muchos más muy pronto.

    Cualquier comentario mi Twitter: @tv_osito.

  • Un encuentro con mi amiga prostituta

    Un encuentro con mi amiga prostituta

    Estaba sumergida en la penumbra de un zaguán, lejos del chapoteo de las gotas que chorreaban de los árboles. Hacía dos años, quizás tres, que no la veía. Bajo su mirada recelosa, me adentré en el pasillo iluminado por el amarillo pálido de una bombita. Fiel a su oficio, ensayó una mueca de picardía y se recostó contra la pared rezumante de humedad. Me acomodé dando pasitos laterales hasta quedar frente a ella.

    –¡Qué me vas a reconocer así hecho una sopa!

    Volvió a mirarme y sus ojos café chispearon como los de una gata, su comisura se distendió en una de esas prometedoras sonrisas suyas. El calor de su aliento hizo que mi bragueta estallara. Todavía usaba el mismo perfume de jazmines.

    –¡Una eternidad sin verte! –le solté.

    Con el telón de fondo de una lluvia copiosa y los chapoteos apresurados de algún desprevenido, nos pusimos al día.

    –Vivo a dos cuadras. En un hotel. No es nada de otro mundo, pero…

    Pegados a la pared, corrimos hasta una pensión mugrienta al fondo de una cortada con basura apilada en la calle y lámparas del alumbrado barridas a piedrazos. Saltamos a un borracho y trepamos los peldaños de madera que crujían como huesos astillados. Los destellos lejanos de una marquesina iluminaban el segundo piso. Una puerta destartalada nos franqueó el paso a una habitación oscura. Sin prender la luz, manipuló la cocina y una llama azulada destelló develando un mobiliario escaso y desvencijado.

    –Quiero mostrarte el lugar mientras se calienta el agua.

    Me arrastró por el brazo como si fuéramos a recorrer la campiña escocesa. La única habitación estaba completamente a oscuras, como el resto de la pensión. Temí que en el tiempo que llevábamos sin vernos pudiera haberse convertido en una especie de vampiro o topo. Nos deslizamos entre pilas de ropa y cajones a medio cerrar. En la penumbra iluminada por el chispazo azulado de un relámpago, apoyé una mano entre sus omóplatos. A través de la remera, percibí un estremecimiento. Se dio vuelta y pegó sus labios a los míos. Abarqué sus nalgas, clavé mis dedos en ellas a través de su jean rosa chicle, como me gustaba hacerle cuando yo era su cliente y ella la más puta de todas… antes de que nos fuéramos deslizando por la confusa pendiente del sexo por mero placer. Le desabroché el pantalón mientras me arrancaba el suéter. Acostado en la cama, veía su sombra despojarse de la ropa mojada contra el papel descascarado. Se trepó a horcajadas. Con las manos afirmadas en mi pecho, su vulva rozaba mi glande en círculos calientes, sus pupilas ardían como las de una pantera. Se llevó una mano atrás y mi verga resbaló completa dentro de su cavidad húmeda. Echó el pelo rubio hacia atrás y comenzó a cabalgar como una amazona yendo a la batalla. El sonido hueco de sus nalgas me arrancaba oleadas de placer intenso. Apreté sus tetas entre mis manos, las lamí como a un fruto prohibido, pellizcaba sus pezones hinchados como frutillas. Mis dedos se clavaron en sus muslos sintiendo ascender desde cada rincón los primeros indicios del éxtasis. Entonces, escuchamos el ruido. O mejor dicho, fui yo quien creyó oírlo.

    –¡Hay alguien en el cuarto!

    –Quiero terminar, hazme acabar –imploró con su tono brasilero de Copacabana.

    Me ofrecí a verificar el origen del ruido pero su mano en mi hombro me retuvo.

    –Es Azul. Mi compañera de habitación. Está todo bien.

    Volví a acostarme y la empalé. Intuí que la perspectiva de un trío la seducía tanto como a mí. Los pasos mesurados de unos tacos se detuvieron muy cerca de mi cabeza, la sombra de unas tetas macizas me cubrió. Alargué las manos para sobarlas por encima de la ropa pero su extraña contundencia hizo que me asomara por encima de esos pechos gigantes. Entonces pude verla. O verlo. En fin, el travesti se enderezó sosteniéndose los pechos como si fueran melones en oferta.

    –Pocas veces se ve algo así, mi amor –soltó en una tonada caribeña que iba bien con su figura menuda que, en la penumbra, adiviné morena.

    –Hay para las dos –jadeó Roxana, apartándose. ¿Te importa…?

    Sin esperar confirmación, el travesti empezó a mamarme la verga mientras Roxana me ofrecía su concha palpitante. Me agarraba de los pelos, frotaba y apretaba como si quisiera que mi cabeza la cogiera el resto de su vida. La boca del travesti subía y bajaba con movimientos delirantes, su lengua ensayaba pinceladas de saliva. Lo retuve y empujé dentro de su boca el resto de mi pija. Lo escuché gruñir, hacer arcadas y debatirse en un intento por evitar el vómito inminente. Leyó mis gustos porque volvió a zampárselo, cada vez más abajo. En cada descenso, ganaba milímetros de carne mientras mi lengua buscaba los besos negros que sabía calentaban a Roxana. Percibí el cosquilleo y me incorporé, ella se colocó a cuatro patas con sus nalgas prietas hacia afuera. Apoyé el glande contra su ano estrecho y empujé, sintiendo cómo la carne cedía paso a mi verga reluciente de saliva.

    Azul se deslizó debajo de Roxana y ahora era ella quien le chupaba la pija al travesti mientras yo la empalaba con la furia de un sátiro. Ese culo caliente y ajustado era la gloria. Con la verga en su boca, mis empujones arrancaban gemidos entrecortados. Una mano en mi muslo me contenía cada vez que avanzaba más de la cuenta. Clavé mis garras en sus caderas percibiendo las vibraciones que el placer trasmitía a su piel. Su cabeza se movía frenética mientras yo bombeaba como un animal enfebrecido. Mi espalda se tensó en un shock eléctrico y me vacié en un chorro hirviente en ese culo que seguía moviéndose, las manos aferradas a su cintura disfrutaban inmóviles de ese polvo fenomenal. Reanudé mi vaivén hasta entregarle la última gota. Al otro extremo, escuché otro rugido. El travesti se sacudió, su torso se envaró y se dejó caer exhausta sobre la cama mientras los labios llenos de Roxana recorrían el tronco lamiendo golosa el esperma que brotaba brillante como de una fuente.

    Recostado, contemplé el cuadro: Roxana iba hacia el baño con la mano entre las nalgas y Azul limpiándose con la sábana los restos de leche mientras me relojeaba la poronga que recuperaba su flaccidez habitual. El impulso cruzó como un destello. La agité y ella reptó como una salamandra. Empezó a succionarla como si fuera la primera verga en décadas. La sentí endurecerse al calor de su boca, me lamía los huevos en círculos y me masajeaba la base detrás del escroto. Jadee, me estremecí y sus movimientos se aceleraron hasta volverse frenéticos. Su lengua recorría con fruición la cabeza roja que desaparecía engullida por esa boca ardiente. La mano acompañaba el movimiento en una paja perfecta: apuraba la descarga mientras la lengua en el extremo hacía un trabajo impecable. No tardé mucho. Antes de que Roxana regresara, eyaculé una tímida descarga que obligué a que tragara entre lamidas tibias.

    Cuando Roxana volvió, Azul y yo comenzábamos a hacernos amigos.

  • Amiga molesta con su novio

    Amiga molesta con su novio

    No soy de las personas que juzgan a los demás, pero lo que hizo esta antigua amiga es algo perverso en serio, y claro fui partícipe de ello, aunque no estaba en mis planes.

    Este relato se remonta también a mis días de universitario, estaba con una amiga a la que yo le solía ‘’tirar’’, o sea, me le insinuaba constantemente, pero ella es de las mujeres que solo les gusta dejar a uno caliente, pero no llegar a tener sexo en sí, las veces que habíamos llegado a hacer algo nunca fue más que un beso y tocadera por encima de la ropa, pero esta vez fue diferente.

    Estábamos en un pequeño parque de esos que en la universidad los jóvenes se van en pareja para besarse y para muchas cosas más que de seguro ya ustedes sabrán, este en particular estaba entre la facultad de medicina y el edificio de odontología, estaba oscuro, era ya el mes de diciembre y eran alrededor de las 7-8 de la noche, estábamos conversando y ella me contaba que había encontrado una conversaciones en el celular de su novio con su ex pareja y que habían discutido, por lo cual estaba muy molesta con él. Entre tanta charla y explicaderas de como su novio había dejado a su ex y esas cosas yo inicié el toqueteo, lo cual ella correspondió muy pícaramente.

    Describiéndola, ella era muy pequeña, pero con unas tetas enormes aunque casi nada de trasero, ojos saltones, cabello largo y labios carnosos, muy parlanchina y tremendamente caliente.

    Entre coqueteo, ponedera de manos y charla nos besamos y ella colocó una de sus piernas sobre las mías para facilitarme el poder tocar su entrepierna, llevaba unas licras color negro que hacían mucho más fácil sentir su humedad y lo caliente que estaba su vagina, como pude saqué una de sus tetas y se la comencé a chupar mientras ella gemía y me decía que le encantaba la forma de como jugaba con mi lengua y su pezón.

    Yo le coloqué sus manos sobre mi pantalón con mi pene erecto y ella ferozmente comenzaba a amasarlo, por lo cual le pregunté si se atrevería a aprovechar la oscuridad para hacerme una mamada, ella sonrió y me dijo que no, que si estaba loco y yo le seguí insistiendo diciéndole que estaba oscuro y que si alguien se acercaba yo le avisaría para que se levantase.

    Ella miró a todos lados, se veían personas caminar en los alrededores y hasta a través del parque, me dijo que si alguien se nos quedaba mirando fijamente sería obvio que me la estaba chupando, y le respondí que igual yo podía actuar como que ella solo estaba recostada de mis piernas y que con mi mochila podría tapar su cabeza para confundir, ella volvió a mirar a todos lados y con una sonrisa pervertida me dijo, ‘’ok, sácatelo’’.

    Yo inmediatamente posicioné mi mochila a un costado y saqué mi pene, ella lo agarró y sin más bajo su cabeza y comenzó a hacerme la mamada, al principio lo hacía muy rápido, como si quisiera que me viniera rápido, pero eso provocaba que sus dientes me rozaran la cabeza de mi pene lo cual era incómodo, por lo que llamándola por su nombre le dije ‘’hazlo despacio, tranquila, si viene alguien yo te avisaré’’, ella se tranquilizó y entonces comenzó a hacerlo más despacio y con más delicadeza.

    Su cabello y la oscuridad no me dejaban ver nada, así que me concentré en solo disfrutar la mamada y observar por si alguien caminaba cerca de nosotros, ella sacaba mi pene de su boca solo para lamerlo por todos lados, sentía su lengua suave darme placer y volvía a meterlo para seguir succionando, yo trataba de presionarle la cabeza para que lo metiera hasta la garganta, pero ella me pidió que no lo hiciera, que eso le daba muchas arcadas y que no era de su agrado, pero me dijo ‘’te prometo que te voy a dejar vaciar toda tu leche en mi boca, pero déjame a mi hacerlo’’ yo me disculpe y le dije que ok.

    Al cabo de uno minutos su celular comenzó a sonar, ella sin dejar de mamármelo lo sacó de su bolsillo y me mostró la pantalla y decía ‘JOHAN’ con un signo de corazón, era su novio. Levantó la cabeza con un dedo en la boca diciéndome que haga silencio y sin dejar de masturbarme dijo ‘’dime amor’’. Yo guardé silencio y entendí lo molesta que estaba ya lo había descargado siéndole infiel con la tremenda mamada que me había estado dando, solo la escuchaba con la voz más cariñosa del mundo como le decía que ella también lo quería ver y que aún estaba en la universidad. Recuerdo que pensé ‘’Wao, le habla tan amorosamente y tiene mi pene en su mano aun’’, yo solo guardé silencio y me dejé hacer, ella le explicó con lujo de detalles como llegar a la facultad de medicina y pues yo pensé, hasta aquí llegó la mamada. Entonces ella se despidió diciéndole que ahí lo esperaba y colgó, me miró y me dijo ‘’hay que darnos rápido, Johan está llegando’’ y volvió a bajar la cabeza para concluir la llamada.

    Yo quedé como medio idiota en el momento, sé que ella y yo teníamos estos juegos y que ella tenía su novio, pero no pensé que llegara a pasar algo así. Ella aceleró la mamada y ahora si me dejo guiarle la velocidad, aunque no hice intento de empujarle otra vez para buscar su garganta, pero el morbo estaba ya muy subido y sentía que me iba a venir, se lo dejé saber y ella me dijo ‘’dámela que me la beberé todita’’ y no tardé ni un minuto en descargar todo mi semen en su boca.

    Ella se levantó, me mostró su boca llena y la tragó, se acomodó su cabello y sacó un gel de su mochila para lavarse las manos, yo me puse de pie, abroché mi pantalón, ella me dijo ‘’ven para que se conozcan’’ mientras me sonreía. Yo pensé que lo había dicho en tono de broma y me iba al lado opuesto cuando ella me jaló de la mano y comenzamos a caminar hacia la explanada de la facultad, recién habíamos pisado la cera cuando a ella le volvió a sonar el celular y ella le gritó ‘’aquí estoy’’ mientras levantaba las manos para que su novio la viera, comenzó a correr hacia él, salto sobre él y lo besó yo no supe muy bien cómo reaccionar y solo guardé silencio. Ella me presentó como un viejo amigo de nuestra facultad y a él como su novio Johan, yo lo saludé dándole la mano. Ella se despidió de mí, me dijo que le pasara los apuntes (que no existían) mientras me miraba con cara de complicidad, yo sonreí, le dije que sí y que ya me iba para dejarlos solos, ella me despidió, yo levanté la mano diciendo adiós mientras ella lo volvía a besar.

    Después en la facultad nos volvíamos a ver, y pues le dije que era una malvada y ella me dejó saber que él se puso algo celoso de haberla encontrado conmigo, pero que ella le recordó lo de la conversación y se pusieron a hablar de ese tema con fin de arreglar las cosas, después de ahí no volvieron a pasar más cosas entre nosotros más que una que otra tocadera de tetas y conversaciones insinuantes.

  • Viaje con compañero de trabajo

    Viaje con compañero de trabajo

    Es raro que por mi trabajo salga de viaje, pero esta ocasión así sucedió. Iríamos a una seria de pláticas que se organizaban dentro de una compañía y ocupaban más personal que de costumbre aunque mi parte era solo ayudar en la organización me dio la oportunidad de salir y pasarla bien haciendo travesuras. Así que todo empezó con Jorge mi compañero de trabajo que pasó muy temprano a casa por mí, los dos solos tomando carretera a Guadalajara, así que como 4 horas de camino y directo al lugar donde teníamos que estar y yo vestida ya para llegar al evento, recién bañada, tanga y bra color blanco, blusa blanca semitransparente, pantalones negros súper pegados, y un saco color negro, tacones cabello suelto y perfumada. Hasta mi esposo me dijo ‘wow vas hecha una belleza amor, cuídate mucho’, besos y una nalgada antes de subir al auto de Jorge.

    Comenzó el viaje y todo bien y normal sin dejar de decirme que olía muy rico entonces comencé a pensar cómo hacer que se fuera prendiendo un poco porque sé que en la oficina le encanta verme las nalgas, lo he descubierto muchas veces así que recién comenzaba a salir la luz del día le dije que si no tenía problema en que me quedara dormida un rato porque estaba poco desvelada, esto era parte de mi plan. Entonces me quité mi saco para que no se arrugara y me giré un poco en el asiento del auto viendo hacia la ventanilla y haciendo mis pompas hacia el centro del auto con las piernas dobladas justo para que mi tanga que previamente había hecho que saliera de por los costados de mi pantalón para que tuviera una linda vista y podía ver por el reflejo de la ventanilla que aprovechaba cada instante para verme y de pronto disminuyó un poco la velocidad, pero yo seguí «dormida».

    Entonces se detuvo y vi el reflejo del flash de su teléfono tomando fotos de mi trasero con la tanga asomada, sé que eso les enloquece a los hombres solo fue un par de minutos y continuo manejando y yo descansando me moví un poco más dejando más cerca mis pompas y fingí una profunda respiración para que pensara que dormía profundamente y justo unos minutos después sentí su mano derecha pasar de la palanca del auto que estaba a centímetros de mi a mis nalgas acariciándomelas al ver que estaba yo completamente dormida tomo con sus dedos mi tanga y la saco más de lo que ya se mostraba.

    Entonces los dejé así un rato y después de eso comencé como a moverme un poco para que tomara sus precauciones y de pronto desperté como un poco asombrada y solo dije ‘ay perdón me quede súper dormida, pero es que yo desvelada’’ y luego como dice mi esposo que dormida me muero y no me entero de nada, pero que bueno que aún no llegamos jejeje cuanto falta?’. Me acomodé en el asiento y vi su pantalón que comprobaba que le había encantado lo que hacía y me decía que en menos de una hora estaríamos en el lugar, llegamos al lugar y a acomodar todo y durante el evento me seguía a todos lados con la mirada pero ahí todo transcurrió normal por el evento y mi tanga seguía asomada de mis pantalones, pero no tanto como la había dejado Jorge en el auto así que varios disfrutaban de verla ya que si algo tengo lindo son las nalgas.

    Ya no soy una niña, pero a mis 37 años las luzco firmes y lindas mis pechos son pequeños pero lindos pezones. Terminó el evento y fuimos al hotel pedimos las habitaciones y me dijo si quería salir a cenar que él cenaría unos tacos, que conocía cercano al hotel así que le confirme que sí y me dijo que no tardara mucho porque se súper llenaba, le dije ‘solo dejo mi maleta y salgo 5 minutos’.

    Y así salí sin cambiarme supuse que eso quería y así nos fuimos a cenar tacos yo toda coqueta para los tacos pero me gustan las miradas, de regreso al hotel le dije que tenía que llegar de descansar y bañarme porque había sido un día cansado y día siguiente teníamos otra vez evento y regresaríamos de viaje, y que mi esposo llevaba rato mandándome mensajes. Me preguntó si él era celoso de que estaba trabajando fuera de casa y le dije ‘no para nada al contrario nos tenemos mucha confianza y nos contamos todo ahorita de hecho me está preguntando que cuantas miradas se llevaron mis pantalones en el evento y yo le digo que no son los pantalos sino el contenido jejeje’.

    Bueno así platicamos de todo y veía su pantalón como se notaba que le gustaba la conversación y me contestó ‘bueno estoy de acuerdo con los dos con tu marido y contigo y si yo vi que muchos los dejaste con la boca abierta, te ves muy bien’, ‘gracias Jorge pues es que es lindo gustarle a tu esposo y a mí me gusta hacer muchas cosas que sé que le gustan como vestir coqueta para él, por ejemplo ya me está pidiendo fotos de lo que me voy a poner mañana porque lo elegimos juntos’. En eso estábamos ya llegando al hotel y bueno cambiamos la conversación al horario del desayuno y salida al día siguiente del hotel nos despedimos y listo.

    Al día siguiente nos vimos para desayunar y salí recién bañadita, con una tanga color rosa clarito con blanco a juego con mi bra y con un vestido negro entallado sin mangas y mis tacones negros, cabello suelto, me vio y no dijo nada, pero me comió con la vista, desayunamos y salimos del hotel rumbo al evento que nos esperaba en el camino si dijo ‘que suerte tiene tu esposo de tener una esposa tan guapa y buena elección de vestido’, ‘gracias Jorge así como apenada!’.

    -No crees que sea muy corto el vestido?

    -Nooo está bien creo está muy bien.

    -ok ok es que si lo vi como sancón

    -Ahorita en la mañana que le envié fotos a mi esposo, pero también dice se ve lindísimo y que ya quería verme pronto, la mayoría de mi ropa la compramos juntos tiene buen gusto, pero me hace probarme muchos para escoger solo uno. -Y sonó el teléfono que nos quitó tiempo hasta llegar al evento donde todo transcurrió normal y con lindas miradas que me llevé también y al final hasta me pidieron estar en medio en la foto del evento, terminamos temprano y justo después de la comida que nos invitaron ahí a todos de clausura saldríamos de regreso entonces tomé vino tinto diciéndole a Jorge ‘al fin yo no manejo jejeje’.

    Terminó y salimos al auto acomodar cosas que teníamos que traer de regreso y al llegar a cargar gasolina se bajó y aproveché de quitarme la tanga en lo que cargaba gas y la metí a mi bolsa, comenzó el camino y la plática del evento y que nos pareció y entonces le dije ‘este vino me ha dado sueño’ e inmediatamente me dice ‘si quieres con confianza duérmete’ y le dije ‘me da pena, pero anoche también me dormí tarde por estar en el teléfono con mi esposo y luego la comida el vino, si no te preocupes, gracias!!!’ (Funcionaba el plan).

    Entonces ahora lo hice al contrario me acomodé, pero ahora con mis nalgas hacia la puerta y de lado con las rodillas hacia él y comencé a hacerme la dormida, cosa que él poco a poco iba confirmando al hablarme y no le contestaba. Minutos más tarde con rozando con una mano mis rodillas al ponerla en la palanca del auto y así hasta animarse hacer el vestido hacia arriba para dejar ver más mis piernas, entonces fui abriendo un poco entre inconscientemente «dormida» y por su mano hasta quedar una pierna flexionada y otra recta hacia abajo como formando un 4 con las piernas abiertas, entonces sentí como acariciaba mis piernas, la más cercana a él y hacia la misma operación bajar la velocidad y orillarse en plena carretera y sacar su teléfono para tomar fotos de mis piernas.

    Respiré profundamente y entonces se animó a tocarme, pero a ese momento estaba yo empapada, sus dedos entraron con una facilidad increíble dentro de mí era increíble sentirlo, saber que está disfrutando de mi cuerpo en medio de la carretera pensando que yo dormía, desafortunadamente sonó su celular cosa que casi se infarta, porque brincó y me sacó los dedos bruscamente por el sobresalto y entonces me acomodé.

    Él contestó e hice como que me despertaba lentamente y me dijo ‘me detuve solo 1 minuto a contestar’, le dije ‘todo bien?’, ‘si, si, si’ pero pobre todo nervioso y comenzó a manejar de nuevo y justo adelante una gasolinera y se estacionó ahí enfrente de un café y me dijo ‘gustas algo voy al sanitario’.

    Se bajó rápidamente, entró al sanitario y yo en el auto me dijo que si quería un café y ahí lo esperé, aproveché para sacar mi tanga para limpiarme con ella entre mis piernas porque me dejo empapada.

    Tomamos camino nuevamente y ya oscurecía, nuevamente le dije ‘vas a decir que mala copiloto soy, pero me duermo muy fácil soy una floja, mi esposo siempre se ha quejado de que me duermo y lo dejo platicando solo o que llega tarde y hace ruido se mete a la cama y ni me entero, pero bueno así soy jejeje’.

    Faltando como 30 minutos para llegar de regreso comenzó a detenerse el tráfico por un accidente hasta hacer alto total, entonces le dije ‘crees que pueda sacar algo de la cajuela?’, ‘sí que quieres te lo traigo’, le digo ‘solo abre y saco rápido algo que taparme de frio’, y aprovechando que paraban y avanzaban lentamente corrí a la cajuela abrí mi maleta y saque mis pants y tenías que tenía listos, cerré la cajuela y me subí porque ya avanzaban los autos. Entonces le dije ‘bueno cierra los ojos que me pondré mi pants, bueno mientras no avances jajaja’, me quite los tacones y me metí en pants al fin el vestido ayudaba un poco y ahora si le dije ‘esto es mas difícil así que ahora si no veas’.

    Rápidamente (pero torpemente) me saqué el vestido por arriba y me puse la sudadera, doble mi vestido pero antes tome mi tanga para ponerla en el vestido y con los tacones y los puse en el asiento de atrás del auto y me tomé una foto ahora con pants y le dije ‘la verdad me dio frio, mucho frio ya estoy harta de los tacones’. A los pocos minutos me llega mensaje y entonces comenzó otro juego, esta vez calentar a mi esposo para que llegando me cogiera como me gusta y a Jorge dejarlo prendido, pero con un regalo para que se acordara de mi esa y muchas noches más, y entonces le marqué por teléfono a mi esposo:

    -Hola amor ya casi llegamos hubo un retraso en la carretera y sorry amor (bajando la voz, pero Jorge escuchaba mis contestaciones).

    -Pero ya era mucho tiempo de tacones y vestido y me dio frio,

    -Si me cambié aquí en el auto,

    -Sé que querías verme con vestido amor, perdóname

    -Escógeme uno para ahorita que llegue

    -Si el que quieras

    -Lo que tú quieras

    -Besos, no te enojes te consentiré en todo.

    -Ok déjalo en la cama que ya no tardó en llegar.

    Entonces Jorge me la devolvió ‘todo bien?’, ‘si gracias solo que quería que llegando saliéramos a un bar y quería verme como en las fotos y ahora llegaré en pants, pero tengo frio, pero bueno ya le di opciones, pero luego se aprovecha y siento que hoy será así porque le dije que escogiera lo que quiere que me ponga y supongo será su vestido blanco favorito, pero apenas me cubre las nachas y esta súper escotado a veces me hace sentir incómoda usarlo, pero si ya se lo prometí, así será, lo bueno es que no lo tendré mucho tiempo jejeje, creo que tarda más tiempo en convencerme de ponérmelo que en lo que me lo quita, bueno perdón ya te estoy contando mis penas e intimidades que bueno que llegamos me abres la cajuela’.

    Me bajé corriendo con mi maleta y me metí, dejando en el asiento de su auto mi vestido, tacones y tanga que él mismo hizo la mojara yo.

    Besos Jorge puedes quedarte la tanga.