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  • Primera vez con un gay

    Primera vez con un gay

    Mi nombre es Dani y les voy a contar como fue mi primer encuentro con un hombre gay. Tengo 33 años y esto sucedió hace unos 5 años cuando estudiaba la universidad.  En mi salón había un compañero que se llamaba Fer, él era gay declarado, no le importaba vestirse afeminado, maquillarse, pintarse el cabello, jotear, etc., aunque era respetuoso con los demás compañeros siempre bromeaba.

    Regularmente los viernes nos juntábamos en la casa de otro compañero apodado «el enano» que vivía solo y a 2 cuadras de la universidad, nos juntábamos a tomar cerveza, asar carne, bromear, platicar, etc. íbamos como algunos 5 o 7 chavos y chavas entre ellos Fer que siempre era el alma de la fiesta.

    En ese entonces yo tenía una motocicleta en la cual me movía de un lado a otro, pero esta ocasión, tuvo una descompostura la cual me obligó a dejarla en el taller ese fin de semana, pero eso no era impedimento para asistir a la reunión de los «beviernes» después de la uni así que terminando las clases nos dirigimos hacia la casa del «enano» y una vez ahí empieza la cooperación para ir a comprar la cerveza y las botanas.

    De los que habíamos llegado a la reunión el único con coche era Fer, así que le tocaba ir a comprar todo, me pidió que lo acompañara y accedí, no había nada de malo, éramos compañeros y amigos todos. Durante la ida la plática fue normal, me comentó que tenía problemas con el aire acondicionado de su casa y como yo me dedico a hacer ese tipo de trabajos me dijo que cuando podía checarlo y quedamos que el domingo iría a revisarlo.

    Cuando subí la hielera de cerveza al carro de repente me dio una nalgada diciendo «ay chiquitito» mi contestación fue «órale wey así no se agarran se piden» pero todo fue en vacilada, al subirnos al carro me dijo «cállate que si te las pido no me las das, ya tenía ganas de agarrártelas» después fue todo risas, yo realmente nunca pensé en otra cosa que no fuera broma, era normal en él y yo soy de amplio criterio así que no lo vi como acoso ni algo así.

    La tarde noche transcurrió normal, durante la reunión todo fue como siempre, bromas, vacilada, baile, chistes, cantando, bebiendo, etc. pasadas las 9 p.m. fue cuando recordé que andaba sin motocicleta y tenía que tomar camión, así que antes que fuera más tarde comencé a despedirme y caminé hacia la parada de camiones, ahí realmente duré yo creo más de 15 minutos esperando el camión de mi ruta y no llegaba, en eso pasó Fer en su coche y tocó el claxon, me dijo ‘súbete!’.

    En eso pasó por mi mente que venía siguiéndome, pero al ver el rato que duré esperando camión me olvidé de eso, me subí y ya en el camino me dijo que los demás también se habían ido de la reunión así que por casualidad me encontró y me ofreció llevarme a mi casa, le dije que no era necesario, pero insistió, me dijo ‘si el domingo me vas arreglar mi aire acondicionado’, ‘nada me cuesta darte un raite a tu casa, ok’ le dije muchas gracias.

    En eso me dice: «es más porque no lo checas de una vez, llegamos de pasada, lo revisas y ves que tiene, tengo cerveza en el refri y después te llevo a tu casa».

    Después de ofrecerse a llevarme hasta mi casa no podía decirle que no, además no había nada extraño, todo parecía normal. Llegamos y entramos, él vive con su madre, pero ella trabaja de noche en un hotel así que estábamos solos, entramos a su cuarto y yo me dispuse a checar el aparato de aire, metí una escalera que me ofreció y herramienta que tenía guardada, me dio una cerveza, empezamos a platicar cosas normales pero la plática se fue tornando cachonda, ya que me hablaba de sus aventuras y me preguntaba cosas sexosas.

    El aire acondicionado estaba desprogramado y le hacía falta una buena limpieza, lo que pude hacer en ese rato fue programarlo y lavarle el filtro, por lo cual después lo encendí y trabajó muy bien, para esto ya nos habíamos tomado como 6 cervezas cada uno, vi la hora y eran las 11:30 p.m. Al ver que ya enfriaba muy bien el aire me dijo «ya te ganaste una buena mamada» a lo que al calor del alcohol le contesté «no se diga más, de una vez!» jajaja y así empezó el cachondeo:

    Fer: «ándale pues, crees que no te la mamo? no te hagas chistosito Danielito, yo no juego con eso».

    Yo: «oh pues, no aguantas nada, solo te estoy contestando»

    Fer: «pues no me andes contestando eso, que no vez que me caliento? tú lo dices jugando y yo me la creo, y luego me sales con que era broma, que no era cierto que no sé qué. Ya ahorita que está enfriando el cuarto me voy a poner cómoda»

    Me salí del cuarto con la cerveza en mano, saque la herramienta y la escalera y luego me senté en la sala a revisar mi celular, en eso sale del cuarto con un shorts de mezclilla bien cortito y apretado, una camiseta rosita pegadita de la hello kitty, abrió el refri y sacó un par de cervezas más, yo no pude evitar excitarme, le vi el cuerpo que parecía una mujer, piernas depiladas y torneadas, los pies de una mujer con las uñas pintadas, él era realmente femenino, sus rasgos no eran tan varoniles, pero al verlo vestido así y con las cervezas que ya traía en la cabeza no pude evitar excitarme, y él lo notó, al momento que me dio la cerveza exclamó «lo traes parado???»

    Yo: «pos claro wey como quieres que esté, no soy de palo, obviamente al verte así pues te confundí con una mujer y se me paró»

    Fer: «pues puedo ser tu mujercita, digo si quieres. Créeme que nadie se enteraría, sería nuestro secreto, te puedo modelar un par de conjuntos de ropa que tengo súper sexys para que te animes»

    Yo sin decirle nada, creo que mi silencio me delató, ya que por dentro estaba bien caliente y quería decirle que sí, pero los nervios, la confusión, el no saber qué hacer, todo eso me dejó estático. Pero realmente me sentía bien excitado, sentía que se me quemaban las manos, el cuello, todo. Yo solo me levante y saque otra cerveza del refrigerador, ahí pude ver que tenía cerveza para embriagarnos toda la noche. Se tardó un poco pero al salir cual fue mi sorpresa que traía puesto una peluca color café, la cara maquillada, un vestido color rojo y unos tacones color tinto, modeló por toda la sala, en frente de mi me bailó y se me sentó en las piernas, me quiso besar pero alcance a voltear la cara en ese instante, no sé porque pero esa fue mi reacción pero el muy inteligente aprovechó para decirme al oído: «soy tu putita esta noche papi» en eso sentí una sensación inexplicable que me recorrió todo el cuerpo y solo cerré los ojos y comenzamos a besarnos, el olor del maquillaje, los labios pintados y la fragancia de mujer que se había puesto hacían que me olvidara por completo de que me estaba besando con otro hombre, al contrario sentía que los besos eran de una mujer. Después del beso:

    Fer: » que rico beso papi, pero no te muevas, aún falta algo más»

    Se metió a su cuarto nuevamente y fui a tomar otra cerveza, la excitación se convirtió en ansiedad, de repente no sabía si irme, quedarme, estaba ansioso por saber que pasaría, en eso sale del cuarto con una peluca roja, un babydol negro de encaje, unas mallas negras que le llegaban al muslo, y unos tacones de teibolera negros, se abalanzó sobre mí y nos comenzamos a besar, ya lo pude besar con más confianza porque me volví a sentir excitado, luego me quitó la camisa, me bajó el pantalón y empezó a darme el sexo oral más rico que he recibido en mi vida, me hacía gemir de placer, se volvió a sentar sobre mi y al oído me dijo «no traigo nada abajo» en eso sentí su miembro tocando mi estómago (no sabía si tocárselo, chupárselo, masturbarlo, meterle el dedo en el culo, agarrarle la nalga) así que con mi mano izquierda lo empecé a tocar, y con mi mano derecha le empecé a tocar las nalgas y a buscarle el ano, en eso me dijo «vamos al cuarto» entramos me aventó a la cama y se subió encima besándome el pecho, el cuello, el abdomen, y luego otro oral, me chupaba los huevos, se metía todo mi pene a la boca y se ahogaba y lo sacaba lleno de saliva, así repetidas veces.

    Empezó a besarme la entre pierna, abajo de los testículos y sentí como su lengua poco a poco iba recorriendo mi ano, lo empezó a lamer, a chupar y realmente nunca me lo habían hecho y puedo decir que fue una experiencia súper rica, casi hacía que eyaculara con solo estarme chupando el ano. Me pidió que hiciera lo mismo, y era tanta la excitación y placer que sentía que accedí, se lo empecé a lamer, imaginando que era una vagina le empecé a hacer oral en el ano, sentía como se retorcía de placer, el empezó a masturbarse y le quité la mano y lo empecé a masturbar yo con mi mano derecha y con la izquierda le tocaba el pezón, y así seguí lamiéndole el culo hasta que eyaculó sobre su abdomen y mi mano, sentí como el líquido caliente que sale de mi pene ahora era de otro pene y mi excitación era bastante así que en eso se levanta me pone un condón con su boca, me hace otro rico oral, y se sube encima frente a mi, se mete mi pene en su ano y empieza a dar sentones, su pene seguía con semen en la punta y al ritmo de los sentones su verga rebotaba y se sacudía arrojando gotas de su esperma en mi pecho incluso en mi boca sentí como una gota de su semen logro caerme en el labio, él se dio cuenta se me quedó mirando y en eso saque mi lengua y me tragué esa gotita de semen, eso lo puso a mil y empezó a gritar y a menearse sobre mi verga hasta que me hizo venir y para sorpresa se volvió a venir el también y su semen se regó por mi pelvis, lo tocó con sus manos y me lo embarró en el pecho y abdomen, tengo que decir que como yo ya había eyaculado también ya me dio un cierto asco y solo le dije «es suficiente, estuvo riquísimo» me dijo «nos bañamos?» claro le contesté.

    En la ducha ya solo fueron besos y el me enjabonó la espalda y yo a él, después amablemente cumplió con llevarme a mi casa y ahí terminó lo que fue esa tremenda noche, la primera vez que estuve con un hombre gay.

    No termina ahí, después hubo otros encuentros, incluso hasta tríos logramos hacer, pero eso se los platicaré en el próximo relato, tríos con mujer o con otro hombre? descúbrelo pronto!

  • Cómo disfruté al novio de mi hija (3)

    Cómo disfruté al novio de mi hija (3)

    Mis palabras me terminaron matando ese día.

    – No, amor, tú hazme lo que quieras.

    Y Caleb hizo conmigo lo que quiso.

    Su enorme pene, erecto e intimidante como él solo, me había hecho sentir uno de los dolores más fuertes de mi vida, lo largo, lo jodidamente ancho que era, cómo podía sentir cada músculo de su miembro.  Era un placer increíble, pero cómo costaba aguantar el dolor que venía con él. Pero si Karo lo aguantaba, yo no podía ser menos.

    Me llevé una mano a la boca y con la otra apreté fuertemente las sábanas. Caleb me había pedido ir rápido y yo le di rienda suelta, su pene de 23 cm empezó a taladrarme como si estuviera hecha de piedra, sin consideración alguna. Yo simplemente no podía rendirme. Me estaba lastimando, pero parte de ello era tan placentero que seguí soportando el entrar de su miembro en mis interiores, el impacto de sus huevos en mis nalgas, el calor de su carne tocando la mía. No iba a tardar mucho en venirme, de hecho, de mis 17 parejas sexuales que había tenido a lo largo de mi vida, Caleb era el que más me estaba haciendo sufrir, pero también el que me llevó al orgasmo con pura penetración más rápido. Para que entiendan un poco, sentía un calor exagerado en la ingle, acompañado de un dolor muy potente, pero soportable, a la vez que un cosquilleo en mi zona púbica y vaginal anunciaba mi orgasmo.

    Me arrepentí de no haber dicho nada cuando mencionó que mi vagina no era «chiquita y delicada», y aunque era más grande que la de mi hija, llevaba 5 años sin recibir un pene dentro, 5 años sin usarla para darle placer a un hombre.

    El orgasmo llegó y fue glorioso. Caleb no había sacado el pene aún y yo me quité la mano de la boca e intenté empujarlo para no eyacular.

    – ¡No, quítate, déjame descansar, amor, por favor! – Le grité a la vez que lo empujaba con mis brazos, pero estaba débil, su cogida me tenía así, temblorosa y batallando para pronunciar palabra entre mis sollozos.

    Caleb me agarró con fuerza y aceleró aún más, y, dando una última embestida en la que todo su pene se hundió en mi vagina, me hizo eyacular. Salió a presión, o así lo sentí yo, tuve que dejar de empujarlo a él y arrastrarme yo como pude para que mi eyaculación saliera libremente, pero no fue lo único que salió. Me estaba orinando encima, por suerte estaba bien hidratada, como siempre, así que era cristalina y se confundía con mis chorros de fluidos vaginales, porque qué vergüenza me hubiera dado si mi yerno se hubiera enterado… pero se enteraría en unos minutos.

    Caleb me veía temblorosa, acelerada, congestionada y, en general, muy débil. Se acercó a mí y yo no me moví. Qué poca mujer me sentí en ese momento, tan afectada, tan debilucha y tan inferior a mi hija… Se acercó a mí con su pene erecto, palpitando, sus testículos hinchados y rígidos, listos para soltar leche, me arrepentí al instante de haberlo sacado, claramente estaba cerca de eyacular.

    -Dios, ¿te lastime? -Me preguntó a la vez que echaba una mirada a mi vagina, roja y húmeda.

    -No, es que… estuvo muy rico, amor -Me llevé una mano a mi labia vaginal y la abrí, mostrándole mi rosa roja a Caleb, pero hasta eso me dolió un poco y un espasmo me hizo estirarme de golpe sobre la cama.

    -No, mejor le paramos, creo que sí te hice daño.

    -No te asustes, llevaba años sin hacer esto… y lo tienes muy grande, dame un minuto.

    Caleb claramente estaba asustado, su mirada de preocupación y sus caricias en mis pantorrillas me mataron de ternura, no podía dejar las cosas así. No voy a mentir, en ese momento no pensaba en darle placer por pura voluntad propia, quería demostrarme a mí misma mejor que Karolina, que podía provocar un orgasmo sin necesidad de lamerle el culo a mi hombre, pero hubo algo en su mirada, en la manera en la que me acarició y lo preocupado que parecía que me hicieron quererlo para mí sola en ese momento.

    -No me miras así, Caleb, por favor, ven y dame un beso.

    Él se acercó a mí y se acostó a mi lado, me tomó del lado derecho de mi cadera y me ayudo a ponerme de costado frente a él. Lo miré fijamente y él me desvió la mirada. Lo agarré de una oreja y lo obligué a verme.

    -En serio, hijo, no me lastimaste -Le dije ya un poco más calmada antes de robarle un beso.

    Él me tomó de las sienes y ambos cerramos los ojos, beso de enamorados, tan cálido y cargado de paz y amor que hasta me relajé un poco. Caleb fue el que cortó el beso y en seguida dirigió su cabeza a mi pecho, no para nada erótico, simplemente reposó su cabeza entre mis pechos un momento.

    -De verdad, perdón si te hice daño, aunque sea un poco, Mariana.

    -Deja de disculparte, Caleb. Por favor, me sorprendiste un poco, eso es todo.

    -¿De verdad estás bien?

    -De verdad, si me hicieras daño, te lo diría.

    Sacó su cabeza de entre mis pechos y fue entonces que tuve línea de visión directa con su pene, estaba empezando a perder la rigidez y a ponerse flácido. No podía permitirlo.

    Le agarré las pelotas con fuerza y empecé a masajearlas, un truco que aprendí cuando era jovencita.

    -Vamos a estar aquí hasta que se te vacíen -Le dije. Y la mirada que Caleb me echó podría definirse como pura excitación.

    Se acostó boca arriba y me invitó a montarlo.

    -Tú dirígenos, ten el control -Me dijo mientras yo terminaba de erectar su verga.

    -Ok, bebé -Le dije antes de darle un beso en su pezón derecho.

    Una vez estuvo tan duro como antes, me subí encima de él, primero haciendo cuclillas y después dirigiendo su pene a mí interior con la mano, él me puso las manos en las caderas y después en las nalgas, ayudándome a mantenerme con las piernas flexionada sin tanta dificultad. Para mi sorpresa, su pene se deslizó dentro, dolía un chingo, pero no como antes. Tenía que esforzarme para no llorar y gritar, pero claramente Caleb lo estaba disfrutando, quitó su mano izquierda de mis nalgas y empezó a pellizcar mi seno derecho. Nuestras miradas fijas el uno en el otro, nuestros cuerpos bien compatibles. Estaríamos así unos cinco minutos, puede que un poco más, y pude sentir esas pulsaciones con cada flexión que hacía con mi vagina alrededor de su pene. Y cuando estuvo bien palpitante, cuando su verga parecía ser un corazón dentro de mi vagina, fue que, nuevamente, Caleb me haría su objeto.

    -¡Perdón, Mariana!

    Me jaló de las pantorrillas, haciéndome caer de nalgas sobre la cama a la vez que, con una rapidez que me asustó, él se colocaba encima mío sin sacar su pene. Me abrió de piernas y, nuevamente, se dejó ir sin consideración alguna. Sus caderas arremetían con fuerza y la rapidez con la que metía y sacaba hacía que mis labios vaginales, tensos alrededor de su pene, se sintieran estirados y maltratado, mi vagina apretando con fuerza esa verga a punto de eyacular. Empecé a gritar, pero Caleb no paró y entonces lo vi tensarse encima mío, cada fibra de músculo de su cuerpo se marcó, sus ojos se pusieron en blanco y, a pesar de que yo estaba lagrimeando y un poco asustada por los estragos que me estaba haciendo en la vagina, no pude evitar gritar de alegría cuando empecé a sentir su bombeo. Instintivamente le escupí en el pecho mientras él llenaba mi vagina de su esposo esperma. Claramente no se pudo contener más, mi yerno amable desapareció durante la siguiente media hora, y su «suegra» amable y comprensiva también.

    -Ahora sí, cabrona -Dijo aun eyaculando- voy a llenar el hoyo del que salió mi novia.

    Y se fue bien fuerte sobre mi vagina, moviendo sus caderas con la misma fuerza a pesar de que recién había eyaculado. Su pene vibraba en mi interior como loco y, después de que dijera eso, yo también me di rienda suelta.

    -¡Dime que te cojo mejor, dilo, dime que soy mejor que tu novia!

    Rodeé su cuello con mis brazos y, sin separarnos, Caleb se sentó con las piernas abiertas y conmigo encima, sosteniéndome con ambos brazos en mi espalda mientras sus caderas me hacían pasar por el paraíso y el infierno a la vez, el disfrute del pecado en todo su esplendor.

    Caleb me miró con ojos desafiantes y burlescos y eso desató mi enojo, esta vez de verdad. Lo agarré del cuello con las dos manos y me abalancé sobre él, obligándolo a acostarse conmigo encima. Empecé a apretar con fuerza.

    -¡Dilo, pendejo, dime lo que tú y yo ya sabemos!

    Le escupí en la cara, mi saliva le cayó en la mejilla y en ese momento Caleb, con fuerza pero con cuidado, me agarró del pelo y me obligó a besarlo. Fue un beso agresivo, sin amor ni calidez alguna, pura pinche calentura. Cuando me cacheteó para separarnos, Caleb me agarró con fuerza de la mandíbula y, aún con mis manos apretando su cuello, acercó mi oreja a su boca.

    -¡Coges más rico que mi novia!

    Yo sonreí, pero él no me iba a dejar hablar.

    -¡Más rico que Karolina!

    Sus caderas se volvieron locas y su pene tenía fuertes espasmos en mi interior.

    -¡Coges mejor que tu pinche hija!

    Eso último acabó con él. Eyaculó otra vez, yo me eché completamente sobre su pene, dejando que mi pubis chocara con el suyo, mis vellos púbicos sobre su piel depilada, moví mis caderas y disfruté mientras mi yerno me rellenaba de jugo para hacer bebés.

    Ahí acostados, con el pene de Caleb en mi interior, con su espalda, nalgas, piernas, brazos y cabeza marcadas como una mancha de sudor sobre las sábanas, con mi squirt y orina sobre el colchón y con esperma colándose entre un pene y mis labios vaginales, Caleb empezó a besarme. Sus labios manchados de mi labial, su cara viscosa y sus labios carnosos con cierto sabor a mi vagina, ese gusto ácido que había mencionado.

    Cuando nos separamos, Caleb me jaló un poco más hacia él, dejando así que su pene, ahora flácido, se deslizara fuera de mi vagina. Y fue ahí cuando me di cuenta de que era imposible no quedar preñada de todo eso. Literalmente, se estaba desbordando, no era un poquito, era un constante hilo blancuzco de esperma que salía de mi vagina y caía sobre el pubis de Caleb tras recorrer mi pubis, mi alfombra púbica se manchó tanto que, literalmente, el semen podía moverse rápido por encima de mis pelitos.

    Pero cuando quise decirle esto a Caleb, me lo encontré babeando, dormidito y feliz como él solo. Tenía un brazo sobre mí y el otro estirado. Todavía teníamos cinco horitas para nosotros, así que, con mucho cuidado, me levanté, fui al baño y observé un grave error en cuanto me limpié la cara y volteé a ver en dirección a la cama. Había chorreado la alfombra de esperma. Pero a la verga, no me iba a poner a limpiar eso en el momento, me degusté un cuerpazo, a un buen muchacho desnudo sobre mi cama, apestoso a sexo, a sus fluidos y a los míos. Dejé que Caleb durmiera hasta que se despertó dos horas más tarde.

    Nos tomamos, entre los dos, un garrafón de los chicos de agua y después aprovechamos la privacidad de mi casa para pasearnos desnudos, comer desnudos, bailar desnudos y, finalmente, nadar desnudos en nuestra piscina. Fue ahí, en la piscina, que me di cuenta que el novio de mi hija me había dado la mejor tarde de TODA MI VIDA. No sólo fue el sexo, fueron las risas, las caricias, el amor, más que otra cosa el amor. Su mirada, su lenguaje corporal, sus palabras, su todo. Me enamoré del mismo hombre que mi hija en ese momento, pero yo sí podía hacerlo feliz. Y, aunque en ese momento parecía una locura, sí que terminé haciéndolo feliz, a pesar de haber destruido la relación con mi hija y tras un incidente con mi esposo.

    ¿Lo que me hizo decidirme a llevar las cosas al siguiente nivel? Sus palabras.

    Estábamos en las escaleras, simplemente dejando que el agua nos cubriera de la cintura para abajo, él me tenía agarrada de la cintura y yo masajeaba su miembro flácido con mi cabeza apoyada en su pecho.

    -Qué injusto es todo esto.

    -¿Por qué injusto? -Le pregunté.

    -Porque tú podrías ser mía, si no tuvieras esposo…

    -Y si tú no tuvieras a mi hija.

    -Ojalá fuera así.

    Yo sentí que, quizá, estaba confundiéndolo, tuve que rectificar.

    -No digas eso, le haces mucho bien a Karito.

    -Pero quisiera hacerte eso a ti.

    -Te estás confundiendo, Caleb, no… no saquemos esto de contexto.

    -No estoy confundido. Llevo pensando esto meses, Mariana, desde que me sacaste a bailar en Cuernavaca ya me estaba enamorando de ti…

    No supe qué decir, habían pasado más o menos 3 meses de aquello.

    -Me haces sentir muy… querido, y seguro y me gusta estar a solas contigo, más que con Karo o cualquier otra persona.

    -No… no digas eso, podría ser tu madre, Caleb, carajo.

    -Pero no lo eres, sigamos con esto, aunque sea a escondidas, con tal de estar contigo sigamos a escondidas.

    Yo lo había llevado a esto, no había marcha atrás, ambos teníamos sentimientos por el otro, ambos éramos felices como no podíamos con nuestras parejas.

    -A escondidas… pues seamos amantes, Caleb, no podemos dejar que nadie se entere de esto.

    -Mariana -Caleb me abrazó con fuerza- te amo.

    Yo le puse una mano en el cabello y lo hice voltear a verme con la otra.

    -Yo también te amo -Le dije y nos dimos nuestro primer beso como pareja, a escondidas, pero ahora era oficial.

    Para acabar ese día, tomamos un baño en el que prometimos ciertas cosas. Nunca tener sexo con nadie que no fuéramos nosotros mismos, Karolina en el caso de Caleb y Alex en el mío, no contar de lo nuestro a NADIE, no amistades, no profesores, no familia, NADIE, y, por petición de Caleb, siempre despedirnos con un beso en la boca, SIEMPRE, a como dé lugar.

    Ese mismo día, pensé en tomar la pastilla del día siguiente, pero lo había gozado demasiado y estaba un poco predispuesta a no hacerlo. El primer hombre al que de verdad amaba desde hacía años me había dado su semilla, y yo, aunque sabía que estaba mal, quería que creciera y se desarrollara en mí. Poco sabía yo en ese momento que todo ello me llevaría a la etapa más feliz y libre de mi vida.

  • El polígrafo sexual

    El polígrafo sexual

    Lara no había tenido una buena noche. Hacía bastante tiempo que no recordaba dormir más de dos horas seguidas, pero aquella en concreto había estado desvelada desde las tres de la madrugada sin una razón aparente. Ni la lluvia que golpeaba su cristal había conseguido relajarla. Así que encontrarse con Daniel nada más salir del vestuario solo acrecentó el mal humor que ya traía de casa.

    Pasó por su lado fingiendo no haberlo visto y él actuó del mismo modo mientras se internaban en la sala de descanso para hacerse con el primer café de la mañana.

    Lo cierto es que no tenía ningún motivo para sentir ese hastío hacia su compañero, pero su mera presencia le hacía notar ese tipo de emoción, mezcla entre aversión e indiferencia, donde el resultado siempre era el mismo: necesidad de alejarse.

    Era un policía que había conseguido sacarse la oposición hacía ya muchos años. Un idealista ignorante que pensaba que siendo agente de la ley ayudaría a los más débiles. Pero desde que entró en el cuerpo, se había dado cuenta de que realmente estaban al servicio de los intereses políticos sin importar, en realidad, las injusticias y desigualdades sociales. Adicto al gimnasio, espacio donde a diario descargaba toda su frustración, era a la vez objeto de las miradas de sus compañeros que lo veían como un vigoréxico sin sentimientos.

    Tampoco es que intentara disimularlo. Llegaba, entrenaba, se cambiaba y al puesto que le encomendaran. Normalmente, su compañero de ruta era el que llegaba nuevo —ningún agente con más de un año de experiencia en la comisaría aceptaba pasar tanto tiempo con él y encerrados en un mismo espacio—. Y, para su suerte, pocas veces le había tocado con la agente Lara Martínez. Mejor, no la soportaba. Tan agradable, tan servicial para todos, tan entusiasta y tan guerrera. Tan, tan, tan que le asqueaba. Siempre discutiendo con el que dejara escapar cualquier broma sobre la porra que llevaba en el cinturón o la duda permanente de si estaba capacitada como policía por ser mujer. Daniel sabía de sobra que lo estaba, mucho más que la mayoría de sus compañeros. Podía comprobarlo cada mañana, o al final de alguna jornada, en el gimnasio en el que pocos se tomaban la molestia de entrenar, pero donde siempre podías encontrarla.

    Aquella mañana, no obstante, el destino, o el cabrón de su superior, decidió que todo se daría la vuelta y que ambos compartirían tiempo y espacio.

    —Martínez y Garrido, a mi despacho —les ordenó López.

    Aquella frase sonó como un estruendo en la cabeza de Daniel, cosa que propició que, sin pensar y en un tono de voz más alto de lo que hubiera querido, dijera:

    —Vamos, no me jodas.

    —¿Ha dicho algo, Garrido?

    —Nada, nada. Lo que usted mande —respondió el policía mientras lo maldecía de manera explícita para sus adentros.

    «Maldito hijo de puta. Qué coño querrá este ahora…».

    Lara, por su parte, le obsequió con una mirada de desprecio en el momento antes de volver el cuello hacia su jefe y asentir con la cabeza. Después, dirigió sus ojos a Marco, su compañero en la mayoría de las ocasiones, y le pidió ánimos con la mirada. Este le sonrió con afabilidad; no era plato de buen gusto ser llamado por el jefe.

    «Espero que no se alargue mucho la reunión. Estoy casi convencida de que el cuerpo que apareció flotando en el canal tiene que ver con alguna mafia de inmigrantes ilegales», pensó.

    La semana anterior recibieron el aviso de que un cuerpo había aparecido flotando en la desembocadura del canal, atascándola. Al parecer, un grupo de chicos vieron algo extraño emerger del agua, kilómetros antes del hallazgo, y llamaron a la Policía Local. Ni caso les hicieron. Al día siguiente, un agricultor dio con el premio gordo al ver que la acequia que abastecía sus campos para el riego no expulsaba el agua que debía. Al acercarse a comprobar lo que sucedía, el pobre hombre sufrió un ataque de ansiedad y tuvo que ser atendido de urgencias. Como pudo, llegó a la casa y su esposa llamó al 112. No fue hasta que estuvo recuperado, que informó al equipo médico sobre lo que había provocado ese soponcio, y estos, seguidamente, a la Policía.

    Sin dejar de pensar en ello, se levantó y cruzó junto a Daniel el pequeño tramo que los separaba de la puerta de su superior.

    El despacho era tan frío como él. Ninguna imagen familiar ni signos de que un ser humano con sentimientos habitara en ese lugar. Un ordenador, una mesa y la foto del Rey detrás de su silla.

    Lara pensó que Daniel podría ascender algún día y ocupar el lugar de López sin que se notaran los cambios. Sus pensamientos desaparecieron cuando su superior les indicó con la mano que tomaran asiento y dirigió una mirada desaprobatoria a un aparato cuadrado que había sobre el desocupado escritorio.

    —Esto que veis aquí es un polígrafo. Un cacharro infernal que se usa para…

    —Sabemos lo que es un polígrafo —lo interrumpió Daniel—, al menos yo llego hasta ahí. No sé si la agente Martínez…

    —Tú eres gilipollas —espetó Lara dejando la profesionalidad a un lado y sin importarle la presencia de un superior. Superior que ya estaba más que acostumbrado a aquellos piques infantiles dentro de la comisaría. Muy poco antes solo era un compañero más y vivía de tú a tú aquellas situaciones, así que solía pasarlas por alto.

    Garrido, satisfecho con la reacción que quería despertar en ella, se echó hacia atrás en su silla, alzó una ceja y la miró con intención de provocarla.

    —Vaya, rubia, estás últimamente que no hay quien te tosa cerca. ¿Qué pasa? ¿No te follan bien?

    —¡Ya está bien, los dos! —López golpeó la mesa y Lara se mordió el labio, roja de la furia, por no haber tenido la oportunidad de responderle. Eso sí, se la guardaba para cuando salieran de allí. Ahora, de nuevo, su profesionalidad estaba por delante.

    —Usted dirá, Súper —dijo Daniel, volviendo al objeto de la reunión y utilizando el apelativo que le pusieron sus excompañeros el día que ascendió.

    —La cosa es que este cacharro, que ya habéis dejado claro que conocéis, está a punto de formar parte de nuestra comisaría.

    —No entiendo qué…

    —Déjeme terminar, Martínez, por favor. —López había vuelto al trato formal.

    —Por favor, Martínez, no interrumpa al jefe —añadió Daniel con el único objetivo de intentar ridiculizar a su compañera.

    Poco le faltó a Lara para esputar la más que acumulada rabia que su compañero le había provocado en esos pocos minutos de reunión, cuando López continuó con su exposición:

    —Están pensando en legalizarlo. Una gilipollez, lo sé —aclaró ante la cara estupefacta de los agentes—, pero en algunos sitios y con el consentimiento de ambas partes ya es válido, por lo que se ha pedido verificación del cacharro para ampliar su uso. Cumplo órdenes, y las órdenes son claras: probarlo en todas las comisarías de la ciudad y entregar los informes completos. Así que esto es muy sencillo. Entraréis en una sala desprovista de mobiliario que os distraiga, más allá de una mesa y dos sillas, y primero uno, y luego el otro, tendréis que usarlo. Al final de la sesión, me entregaréis los informes y yo los derivaré a quien corresponda.

    —¿Los dos? ¿Juntos? —preguntó exaltada Lara. Tuvo que agarrarse a la silla para no despegar el culo.

    —Uno cuestiona y otro es cuestionado, así que sí, juntos —ironizó López.

    —Le he dicho que no da para más —añadió Garrido.

    Ella los ignoró. Estaba tan nerviosa y enfadada que solo podía pensar en guardarse la espalda.

    —Puedo hacerlo con cualquier otro compañero, con el que sea.

    —¿Qué pasa, rubita, te pongo nerviosa? —la provocó Daniel.

    —Más quisieras, payaso.

    —Meeec. El polígrafo dice que mientes.

    —¡Basta! Hoy no hay rondas, chivatos, ni cualquier otra cosa que pensaran hacer. Además, que parece que va a llover y eso que se ahorran.

    —Sabe que estoy con el caso del inmigrante. Ya casi lo tengo.

    —Lo sé, Martínez. Pero el cadáver va a moverse de donde está —añadió López. Ese comentario le molestó, y mucho, a Lara. Estaba un poco cansada de que en el cuerpo menospreciara a según qué colectivos—. Zumbando. —El hombre se puso de pie y esta vez su orden no dejó lugar a dudas. Ambos, resignados, lo siguieron.

    La sala, como bien había anunciado López, no disponía de nada más que lo básico. Lo básico para un despacho de principios de siglo. Del pasado, claro.

    La mesa principal y las dos sillas prometidas más una pequeña mesa donde se aposentaba la máquina y algunos folios.

    El posible nuevo y fiel compañero: el polígrafo.

    —Joder con la salita. Mira que llevo años en esta comisaría, pues nunca había entrado aquí.

    —Qué más darán ahora tus conocimientos geográficos del edificio —respondió Lara como inicio de venganza por los ataques recibidos delante del Súper.

    —Bueno, ¿qué?, ¿cómo lo hacemos?

    No lo vio venir. En cuanto la puerta se cerró a sus espaldas, el cuerpo de Daniel estaba contra la pared y tenía a Lara a escasos centímetros del rostro. El antebrazo derecho apretaba su cuello y la mano izquierda le sujetaba los huevos con firmeza, tanta que Daniel no hizo el intento de moverse.

    —Es la última vez que me insultas o me menosprecias, ¿te enteras? La próxima me juego el despido, pero por todo lo alto, porque donde estemos te cruzo la cara esa que tienes. —Presionó más con la mano izquierda y Garrido apretó los labios, sin permitir que su estúpida hombría cayera al suelo—. Ahora, pídeme perdón. —Daniel no pronunció una palabra y Lara apretó con mucha mucha fuerza. Después, aflojó el antebrazo para que pudiera hablar.

    —Per-perdón.

    Lo soltó con toda la repulsión que fue capaz y se dirigió a la mesa para comprobar cómo funcionaba el polígrafo.

    —Ahora vamos a trabajar como dos personas adultas y, cuanto antes comencemos, antes terminamos. ¿Quién empieza?

    —Tiene ovarios la gatita —lo oyó decir detrás de ella. Cuando miró por encima de su hombro, Garrido se recolocaba el cuello del uniforme y los pantalones. Reprimió una sonrisa.

    —Mira por donde, eso me ha gustado. Porque soy una mujer y, por ende, tengo ovarios.

    —Probablemente más cosas te gustarían, pero has preferido quedarte con una imagen que no me corresponde.

    —¿La de gilipollas engreído, quieres decir? —respondió, entonces sí, con un intento de sonrisa.

    —Mejor empecemos ya. Como bien has dicho, cuanto antes lo hagamos, antes acabaremos. Pero… reconoce una cosa. Te ha puesto tener mis huevos en tu mano, ¿verdad? —preguntó Daniel sin mirarla a la cara, porque se había girado para ojear el artilugio.

    —Ya te gustaría. Además, qué coño… No pienso contestarte.

    —De momento. ¿Te sientas tú o yo?

    Lara lo meditó un segundo. «Los malos tragos, mejor pasarlos con rapidez», pensó.

    —Lo haré yo. —Se hizo con uno de los folios que había sobre la mesa y se sentó, dispuesta a seguir las instrucciones de uso.

    Cuando Daniel se ofreció a ayudarla, ella negó en silencio y se colocó los cables, no sin dificultad.

    Intentó calmarse, sabía que el estúpido cacharro detectaría sus nervios, pero no le fue fácil cuando descubrió a su compañero frente a ella, también distraído con las instrucciones.

    —Bien. Según esto, comenzaremos con preguntas rutinarias para comprobar la efectividad. Cosas sencillas. Por ejemplo, ¿llevas bragas puestas?

    Lara lo ignoró, no porque no tuviera qué responderle, sino porque se había embobado con las manos masculinas que todavía le daban vueltas al papel. No le gustaba mirar a Daniel de aquella forma, lo odiaba, de hecho, pero eran grandes y apetitosas…

    Soltó alguna grosería para disimular y continuó escrutándolo.

    «Qué hostias me está pasando. Ha sido sentarme en la maldita silla, semiatada por los cables, y notar esta tontería».

    —Perdona, compañera, pero te has puesto mal los sensores del torso —advirtió Daniel volviendo al asunto encomendado por su superior—. Uno va encima del pecho y el otro debajo.

    —Sí, claro…, como un sujetador de cuero, ¿no?

    Él no respondió, se limitó a mostrarle la documentación donde claramente podía apreciarse en una imagen que dichos cables debían colocarse como le había indicado.

    Para enseñárselo mejor, se acercó a ella. Mucho.

    Lara pudo apreciar el olor de su colonia, fresca y varonil, inmiscuyéndose en sus fosas nasales. Por primera vez desde que lo conocía, no le había olido a «azufre».

    ¿Seguía siendo un diablo?, sí. ¿Lo odiaba?, posiblemente. Pero esa habitación, esa silla y las palabras que le había relatado hacía poco sobre su persona, se le habían quedado grabadas a fuego: «Has preferido quedarte con una imagen que no me corresponde».

    «¿Y si lo que pasa es que me gusta y como una niña reacciono de esta manera? No, imposible. Es un capullo cerebral».

    Sin pensarlo dijo la frase que seguramente podía cambiarlo todo:

    —Ya que parece que eres tan listo, y un experto en polígrafos, ponlos tú.

    —¿Estás seg…?

    —Ni se te ocurra sobrepasarte o te giro la cara, listillo.

    —Lista eres tú, que con la excusa quieres que te roce las tetas.

    —Más quisieras. Venga, colócalo todo como en el libro de instrucciones y empecemos.

    Para poner los dos sensores que se había colocado mal, Daniel se posicionó detrás de ella. Subió un poco el primero hasta la parte inferior de los pechos, llegando a notar la copa del sujetador. «Una noventa, mínimo», pensó, y se explayó para dejarlo perfecto, pudiendo disfrutar imaginando cómo sería tenerlos delante de él, sin ropa que entorpeciera tal efecto.

    Ella fingió no haberse despertado con su roce, pero no era cierto. Había notado la pausa de las manos masculinas sobre su piel y su corazón se había acelerado paulatinamente. Garrido le dio la vuelta a la silla y se colocó frente a ella. En silencio, se agachó para quedar a su altura y comprobó que estuvieran bien sujetas las pequeñas cintas con velcro que debían rodear dos de sus dedos. El hombre, al elevar la mirada, chocó con los ojos verdes de ella, que lo observaban sin pudor. Ambos, como chiquillos incómodos, apartaron las miradas.

    —Bien —dijo mientras se levantaba. Se apoyó sobre el filo de la mesa y cogió otro de los folios—. Aquí es donde hay que apuntar las respuestas certeras y las falsas. Vienen sugerencias determinadas: preguntar por el nombre y apellido, la edad, el color de pelo… ¿Lista?

    —Sí —respondió Lara con calma y un leve asentimiento.

    —¿Tu nombre y apellido son Lara Martínez?

    —Sí.

    De las dos lucecitas que disponía el aparato, se encendió la verde.

    —¿Tienes dieciocho años?

    Ella alzó las cejas.

    —No.

    La luz verde volvió a encenderse y ambos miraron el aparato con más interés del inicial.

    —¿Tienes veintisiete años?

    —Sí.

    De nuevo, la luz verde. Aunque Lara no la apreció; estaba preguntándose por qué Daniel Garrido sabía su edad.

    —Me aburro. Cambiaremos la dinámica. ¿Llevas las bragas puestas?

    —No pienso responder.

    —Tienes que hacerlo, lo dice el Súper.

    —No.

    —Vamos, Martínez, solo es un juego… Relaja ese cuello y baja el hacha de guerra por una vez en tu vida. Nos ha tocado comernos esta mierda de prueba, al menos disfrutémosla un poco. Venga, ¿llevas las bragas puestas?

    Lara puso los ojos en blanco, pero se recordó que después le tocaría a él.

    —Si respondo, ¿te comprometes a actuar igual cuando te toque? —Daniel asintió, convenciéndola. Tras unos segundos, suspiró y añadió—: Sí, las llevo puestas.

    —Una pena. —Sonrió de lado como un auténtico sinvergüenza. A continuación, dispuesto a saciar su curiosidad, añadió—: ¿Te caigo mal?

    —Sí —respondió ella sin titubeo alguno.

    La luz verde se encendió y Daniel ocultó el pellizco de decepción.

    —Eso es porque no te has parado a conocerme.

    —Siguiente pregunta, por favor, Garrido, que ya ansío mi turno al otro lado del estrado.

    Lara empezó a sentirse cómoda en esa silla, aun habiendo contestado a la indiscreta, directa e improvisada pregunta.

    —¿Te pongo nerviosa?

    —Ya te gustaría.

    Aunque la verdad era que la comodidad que sentía iba acompañada de ese punto de excitación provocado por el hecho de hablar de su ropa interior.

    —Céntrate y responde.

    —No.

    Por primera vez, el color rojo apareció en el visor del polígrafo.

    —Interesante —dijo Daniel mostrando una ligera sonrisa de medio lado—. ¿Me has mirado el paquete cuando me he colocado delante de ti?

    —No —respondió rápidamente, esquivando la mirada de él.

    El rojo volvió a saltar, y Lara notó un sentimiento de pudor que le recorrió todo su cuerpo.

    Daniel, aprovechando el chivatazo de su nuevo compañero, se acarició sutilmente delante de ella.

    —¿Te estás imaginando cómo la tengo?

    —No.

    El color rojo de nuevo.

    Lara empezó a sudar y él se excitó por primera vez en esa sala fría como el hielo.

    —Volviendo a tus bragas… ¿Llevas tanga?

    —Pero ¿qué es esto?

    —Responde.

    —Sí, llevo un tanga, que ya te gustaría a ti ver.

    —¿Te has masturbado en los dos últimos días?

    —Empiezas a incomodarme —protestó, indignada—. ¿Qué más te dan a ti esas cuestiones personales?

    —Eso puedes preguntármelo cuando te toque. Pero, no sé… —Se llevó dos dedos al mentón y lo tocó con interés—. Me gustaría saber qué tipo de mujer hay detrás de la estirada agente que vive peleando con sus compañeros. Seguro que me sorprenderá.

    Lara pensó que no podía hacerse una idea de cómo era en realidad dentro en su terreno personal. Y, por primera vez, reconoció que ni ella misma se conocía tanto como creía, porque estaba excitada, porque quería seguirle el juego, a pesar de asquearle aquel tipo. También, se dijo, sabía que parte de ese asco era debido a la indiferencia con la que la trataba. ¿Por qué nunca la miraba como mujer? La mayoría de los compañeros lo hacían, pero él no. ¿Qué la hacía invisible a sus ojos? «Puedes comprobarlo cuando te toque preguntar, ahora solo debes responder algunas preguntas más», se recordó.

    Solo tenía que ser más descarada que él para sacarlo de la zona confortable en la que estaba acostumbrado a moverse con las mujeres.

    —Sí, me he masturbado en los últimos dos días. Lo hago cada noche y cada mañana. Algunos deberían copiar la táctica para venir más liberados a trabajar. —Sonrió.

    Daniel, sin poder evitarlo, la imaginó sin uniforme, tumbada en su cama, recién levantada y con los dedos entre sus pliegues mientras gemía. Con esfuerzo, controló la dureza que amenazaba con mostrarse en sus pantalones. O eso pensó, que la erección que emergía escondida bajo su ropa interior no había llegado a desarrollarse en toda su magnitud por el esfuerzo mental que había mantenido y que pasaba desapercibida. Pero la reacción de Lara le hizo sospechar lo contrario.

    Ipso facto, la mujer abrió los ojos al máximo y enfocó debajo de la cintura cuán búho observa desde su árbol en plena noche en busca de su presa para alimentarse. Fue una milésima de segundo. Al instante subió la mirada, se cruzó con la del agente Garrido y, seguidamente, la perdió como si pretendiera traspasar la pared de color blanco desgastado que ornaba la sala en la que estaban.

    «¿Se habrá dado cuenta de que he visto cómo se ponía duro? Que más dará, en todo caso sería él quien tendría que sentirse avergonzado. ¡Joder! Creo que acabo de mojar mis bragas».

    Daniel percibió las extrañas reacciones de Lara, aun habiendo ocurrido en una fracción de segundo. Su mirada, también perdida, acabó en el mismo punto de la pared que la de su compañera.

    Volvió a imaginarla tumbada, en su cama, acariciándose antes de ir a la comisaria. Disfrutando de esos minutos mágicos de la mañana que, a veces, parecen felizmente interminables. Traspasando la humedad de sus entrañas hacia sus dedos. «¿Será de las que se depilan entera siguiendo la moda de las películas porno?».

    —Tienes una pregunta más y cambiamos.

    —Dos.

    —Has comprobado que funciona perfectamente, así que una —se negó ella.

    —De acuerdo, dos. La primera… —Se detuvo—. Espera un momento, ¿entonces es cierto que te masturbas dos veces al día?

    Y antes de que dejara escapar una sonrisa pícara de sus labios, gruesos y carnosos, ella lo cortó:

    —Sí. Y acabas de consumir una de las dos preguntas.

    —No… era…

    —Una pregunta y te quedaban dos.

    —Juega fuerte, señorita Martínez. Bien, bien —respondió el agente a la vez que se mordía el labio inferior, mientras seguía imaginando a Lara follándose con sus dedos.

    —¿Te has probado?

    —¿Qué si me he qué…?

    —A ti misma. Cuando te das placer. Sea por la mañana o por la noche. Con los dedos empapados del gusto que te produce follarte. Si alguna vez has acariciado tus pechos desnudos, subiendo desde tu coño hasta llegar a la comisura de tu boca, y te has probado. ¿Has relamido tu propio sabor?

    Por impulso natural, se recostó cómodamente en la silla y lo miró a los ojos. Hacía ya unos minutos que aquello había dejado de ser una estúpida prueba laboral. Se preguntó qué hacía flirteando con Garrido, con el inepto y engreído de Garrido. Estaba cachondo a su costa, hurgando en su intimidad, y aún con aquellas dudas rondándoles, le respondió:

    —Sí. Pero me gusta más cuando es otra boca la que me da a probar mi propio sabor.

    Satisfecha y perdiendo la vergüenza, lo miró sin reparos, primero a él, y después a su polla que, ahora sí, se mostraba dura y en todo su esplendor dentro del uniforme.

    Se frotó los muslos de manera inconsciente al moverse sobre la silla, intentando aliviar la quemazón que sentía entre ellos.

    Estaba excitada. Sí. Ya no tenía dudas.

    Las malditas preguntas, o el maldito juego que habían creado por seguir el rollo a la estúpida idea de Garrido, se le estaba yendo de las manos. De hecho le sudaban y ansiaban bajar la cremallera de su interrogador para agarrar lo que allí se encontrara. Duro, seguro. Porque desde su posición, sentada en aquella silla, pudo comprobar perfectamente como la polla había ganado tamaño y consistencia. Delante de ella. Llamándola.

    —Me toca. Quítame estos cables, por favor.

    Daniel asintió, se acercó y empezó por los dedos.

    —Te sudan las manos.

    —A ti se te ha puesto dura y no digo nada. Venga, termina, que es mi turno.

    Garrido notó cierto pudor por su cuerpo. Pudor que duró lo mismo que dura caerse una estrella, y, posteriormente, se transformó en excitación.

    —No te muevas, voy a desabrochar los sensores del pecho.

    Lo cierto es que lo hizo con mucha delicadeza, intentando no parecer grosero.

    «A estas alturas, va a resultar que es un caballero», pensó Lara mientras le rozaba un pecho con el lateral de la mano. Y le gustó. Notó cómo el pezón cubierto por el sujetador se endurecía.

    Se levantó con rapidez y Daniel ocupó su puesto.

    —¿No me ayudas con los cables? —le preguntó, burlón.

    —Claro que no.

    —Eh, yo te he ayudado a ti.

    —Nadie te lo ha pedido —le recordó.

    Mientras su compañero terminaba de situar los cables, ella se sentó frente a él. Demasiado nerviosa y descolocada se sentía como para aguantar su peso sobre las piernas.

    —Vale, comenzamos. ¿Tu nombre es Daniel Garrido?

    —Sí.

    La luz verde funcionó correctamente.

    —¿Te consideras un estúpido amargado? —intentó bromear, pero para su sorpresa, Daniel respondió afirmativamente y la luz verde apareció. Ninguno dijo nada. Ella estaba sorprendida de su sinceridad y él también.

    —Tus preguntas de cortesía me aburren, rubia —añadió con rapidez para alejar el halo de preocupación que se había instalado en el rostro claro. Le gustaba más la poli cañera que la afligida—. ¿No vas a preguntarme si llevo los calzoncillos puestos?

    Lara sonrió, más relajada.

    —Para qué, si ya he comprobado que la tela retiene a la bestia. Yo no gasto mis preguntas en tonterías. Continúo: ¿es cierto que estás casado?

    Esta vez, el agente dudó. No le había preguntado si lo estaba; lo daba por hecho. Sabía que en la comisaría hablaban de él y de su matrimonio, pero no era momento de pensar en eso. No quería que aquel instante caliente se esfumara.

    —Sí, estoy casado.

    Según la máquina, era verdad.

    —¿Y no te sientes mal preguntándole a tu compañera de trabajo si se chupa los dedos después de correrse?

    —No.

    La luz, de nuevo se encendió de color verde, la mirada de Daniel se oscureció y los ojos de Lara se transformaron. Ahora estaban más brillantes, más excitados.

    El hombre descubrió que la voz de la muchacha se volvía más ronca y pausada al preguntarle:

    —¿Alguna vez me has mirado de una manera poco profesional?

    —Sí. Es obvio, ¿no? Acabo de imaginarme cómo te follas antes de ir a trabajar.

    Descarado.

    Qué tonta era si pensaba que un tipo como él se amilanaría con una pregunta así. Subió un poco la intensidad, mostrando serenidad y atrevimiento. Más del que existía.

    —Y antes de ahora…, ¿te has tocado alguna vez pensando en mí?

    —No.

    El color rojo apareció, para sorpresa de los dos.

    —¿No? —pregunto Lara con más confianza que nunca.

    —Joder. Un día te vi en el gimnasio sudada, muy sudada, y se te marcaba el tanga. Debí soñar aquella noche contigo porque, al despertar, recordé la imagen y me masturbé. Ni me acordaba.

    —Ya, ni te acordabas —se jactó—. ¿Seguro que fue solo una vez? Medita la respuesta con calma, porque puede llegar a ser muy determinante.

    Daniel no supo descifrar la última frase. «¿Determinante para qué», se preguntó.

    —Sí. Solo esa vez.

    En aquella ocasión, el color esperanza fue el que afloró en la sala de «torturas».

    Lara se levantó de la silla y con mucha calma comenzó a despojarse del uniforme que de repente le parecía tan pesado, incluyendo los zapatos.

    Daniel no perdió detalle de cada movimiento pausado, de cada prenda de la que se desprendía para echarla a un lado. Con los ojos fijos en él, Martínez se bajó los pantalones y se irguió para presumir de su cuerpo delante del hombre que comenzaba a devorarla con ojos fieros. Solo le quedaban la camiseta azul, el tanga de color rosa y los calcetines a conjunto.

    —Ahora voy a regalarte una imagen que te guardarás aquí —se señaló la cabeza— y que usarás cada vez que lo necesites, siempre y cuando me lo cuentes después.

    Daniel jadeó de manera involuntaria al comprobar cómo Lara se sentaba de nuevo, se chupaba dos dedos de una mano y con la otra se apartaba el tanga a un lado, liberando su sexo. Exponiéndolo ante él.

    —El polígrafo no sé si va a aguantar, pero mis pantalones ya te aseguro yo que no. ¿A qué viene esta sorpresa, agente Martínez? —preguntó Garrido, resoplando y acariciándose el torso de manera involuntaria.

    —¿No querías saber de mis bragas? ¿Imaginar cómo me follo antes y después de trabajar? Incomprensiblemente, me has puesto muy caliente y, ahora, el jueguecito lo marco yo —respondió Lara, clavándole la mirada con algo de desprecio y pasando dos de sus dedos por su apertura bastante mojada. ¿En qué momento había ocurrido aquello?, no lo sabía, pero tampoco quería pensarlo más.

    —Quiero ver cómo fue lo que hiciste aquel día al despertar, después de ponerte cachondo al verme sudada en el gimnasio. Quiero ver cómo te sacias tras excitarte a mi costa. Verte la polla deslizando por tus manos. Y, quiero ver, igual que hago yo en mi intimidad y tú has osado desvelar, cómo te pruebas.

    El pecho de Daniel se desbocó al escucharla. ¿Ver cómo se probaba? ¿Él? No era de aquel tipo de tíos. Era de los que se bajaban los pantalones hasta las rodillas y se pajeaban buscando el final. Punto. Pero la propuesta de su compañera le había instalado nerviosismo y placer en el estómago. No, aquella no era la agente recta y aburrida que imaginaba, ni mucho menos. Había conseguido que la habitación formal y fría se convirtiera en un horno en el que la temperatura era difícil de soportar.

    Se deshizo de los cables del torso de un tirón y se quitó las cintas de los dedos del mismo modo. Después, con las facciones duras de la excitación reprimida, se echó hacia atrás, se desabrochó el pantalón y con mucha lentitud dejó liberado su falo.

    Lara entreabrió los labios de manera involuntaria y dejó escapar un suave gemido. No por sus dedos juguetones y empapados, sino por el grosor y el tamaño que Garrido portaba.

    Se lamió los labios, deseándolo con todas sus fuerzas. Quería deslizarse por la silla hasta el suelo y gatear el metro escaso que la separaba para llegar a él. A ella. Lamerla despacio. Atrapar con su lengua aquella gota de excitación que comenzaba a descender por el tronco inflamado. Bajar hasta sus testículos y masajearlo mientras los chupaba… Se sacudió interiormente, acallando sus deseos e intentando concentrarse en Garrido, que acababa de rodear el grosor con una sola mano y comenzaba a masturbarse. La agente pudo comprobar a cámara lenta cómo la piel descendía, dejando ante ella un glande morado de la excitación.

    Se clavó los dedos con más ímpetu en su botón de la felicidad, como llamaba a esa llave mágica interior que le abría las puertas al paraíso, y el gemido que salió de su boca aceleró la mano de Daniel sobre su polla, bajando y subiendo con más velocidad.

    —Pruébate —le exigió Lara con los ojos cristalinos del deseo.

    El agente Garrido la miró sin dejar de deslizar su mano por su más que duro miembro. Era una estaca. Una estaca con afán de perforar como lo haría un cazador de vampiros para conseguir darle muerte al mal, con la salvedad que él la quería para penetrar en el coño jugoso y apetecible que tenía delante.

    —¿Qué sucede?, ¿no te atreves?, ¿el superpoli Garrido es demasiado hombre para poder darle el gusto a esta compañera que tiene aquí delante?, ¿o demasiado cobarde para disfrutar de algo nuevo?

    Antes de que su compañero pudiera responder, Lara subió su mano dejando a la vista los labios hinchados y mojados. El tanga rosa seguía a un lado gracias a la sujeción que esta hacía sobre él.

    Jadeó, suspiró y, sin dejar de mirarlo a los ojos, se introdujo los dedos índice y corazón en la boca. Consiguiendo mezclar su esencia más íntima con la saliva que emanaba.

    —¡Dios! Me encanta mirarte —gruñó sin dejar de masturbar su polla, dura y venosa.

    —¡Hazlo!

    Daniel Garrido, el agente de policía más rancio de toda la comisaría, comenzó a acariciarse el glande con la palma de la mano, consiguiendo embadurnársela completamente de sus jugos. De él, en definitiva. Y, sin perder detalle de la escena que tenía ante sus ojos, se la lamió.

    —¡Oh, sí…! —Gimió Lara—. Te gusta, ¿verdad?

    Toc, toc.

    Sonó fuertemente al otro lado de la puerta.

    ********************

    Relato creado a cuatro manos por El Vecino del Ático y Noelia Medina.

  • La espera de Lucía

    La espera de Lucía

    Lucía miraba el mar, estaba recostada en la barandilla de una galería de la cabaña costera. A su lado, en una mesita, un frasco de ron y uno de agua tónica, junto a una copa calmaban su sed, producto de la dura faena sexual a que había sido sometido minutos antes.

    Sentía que su vagina goteaba aún semen de cuatro vigorosos sementales. Estaba fatigada pero feliz, no diríamos satisfecha porque recién comenzaba el fin de semana.

    Dentro de la cabaña, Pedro, su marido, Raúl, su eterno amante, junto a Rodrigo y Lisandro sus nuevos y jóvenes sementales jugaban una fuerte partida de póker con el culo de la mujer como premio. Lucía, ensimismada en el inmediato futuro rogaba que fuera Raúl el ganador. El hombre era quien tenía un pene de campeonato y sabía que su dolor sería estimulante y enloquecedora su calentura. Ya se imaginaba sintiendo esa tranca dentro de sus tripas, mientras mamaba los miembros de los otros tres machos.

    Las exclamaciones y las risotadas se sucedían, en un momento hubo un silencio y un grito de triunfo de Raúl. Lucía estaba complacida.

    Fue llamada a entrar, el poncho de tela fina fue retirado y quedó desnuda totalmente, ya los varones estaban desnudos con sus trancas erectas y palpitantes.

    La cama, distendida y revuelta la llamaba, se arrodilló junto a ella y su marido abrió sus nalgas. Fue toda una ceremonia festiva como Raúl fue acercando su tremendo glande al agujero de su culo. Embardunó esa cabeza con un gel y poniéndolo bien en el agujero comenzó a forzar la entrada. La cabezota entró, Lucía lagrimeaba pero no tuvo piedad, Siguió penetrando en forma continua. Pedro levantó su cabeza y puso su boca a disposición de sus amigos, tres sabrosas vergas hacían de su boca u sacrílego santuario, su garganta sentía los glandes que la traspasaban con saña. Era torturada por los cuatro machos y eso la hacía feliz, La calentaba y removía todo su ser de puta. Las bolas de Raúl golpeaban sus nalgas abiertas, sentía que culo se dilataba y eso la colmó de más deseo. Tantas vergas en su boca ni gemir le permitían.

    Rodrigo, Lisandro y Pedro, en ese orden eyacularon en su boca, era tanta la cantidad de semen que casi se ahogaba, pero pudo tragar todo, eso la hizo feliz y acercó su tremendo orgasmo. Todo su vientre se convulsionó un alarido reemplazó sus frustrados gemidos y desató la eyaculación de Raúl en lo más recóndito de sus tripas. Fue una eyaculación espesa, caliente, tan copiosa que produjo el efecto de una enema en el culo de Lucía. Un ruido como de corcho de botella de vino se produjo cuando Raúl sacó su miembro. Luía tuvo que correr al baño porque no podía aguantar sus tripas.

    Ese fue el comienzo del uso de su ano por lo otros machos. El fin de semana fue de sexo continuado.

    El lunes, ya en su casa, Lucía pidió a Pedro:

    —Amor, que se repita.

  • Oral a una milf

    Oral a una milf

    L: ¡Me encantan tus medias, uf y ese vestido me mata!

    C: ¿Te gusto papi?

    L: ¡Como no tienes idea nena!

    Carolina ya se estaba acostumbrado a ser mi puta, pasábamos mucho tiempo teniendo sexo, oral, vaginal y anal, no sabía cuándo terminaría esto, ¡pero tenía que aprovechar mi suerte!

    Ella me modelaba aquel sensual minivestido color gris, que cambiando con sus medias me hacía tener una gran erección.

    Yo estaba desnudo en su sofá, le tomaba fotos y me acariciaba la verga mientras ella seguía modelándome su ropa, se empinaba en su cama para marcar sus ricas nalgas y su tanga, me encantaba ver como esas medias marcaban sus carnosos muslos, la verdad estaba disfrutando ser el amante de Carolina Rocha.

    L: ¡Dios! Me pones muy caliente, ¡estas buenísima!

    C: Jajá, que cachondo, ¿te gusta mi cuerpo?

    L: Me fascina, estas buenísima, ¡no sabes cómo disfruto hacerte mía!

    Dicho eso, ella se despojó del vestido dejándose solo en tanga y con su ligero y medias, se acercó de forma cachonda a mí y me comenzó a besar.

    Los besos eran salvajes, le apretaba sus piernas, el sentir las medias me la ponía más dura, no sé, pero me fascina que usen medias, ella me besaba el cuello y con su mano apretaba el trozo de mi palo, el cual empezaba a masturbar de forma cautelosa a tiempo que nuestras lenguas se entrelazaban ¡muy sensual!

    L: Caro, me encantas, ¡jamás me había cogido a una como tú!

    C: Ni yo había gozado tanto, ¡déjame llevar eso que me encanta a mi boca!

    Ella recorrió con su lengua de mi cuello hasta bajar a mi pene, el cual comenzó a besar y lamer, yo gemía al sentir su lengua chupar mi glande, ¡bajaba a morderme suave las bolas y luego de un solo bocado devoraba casi por completo mi verga!

    L: ¡Eso!! ¡Ah, que rico me lo chupas!

    C: ¡Me encantan tus gemidos, uuhm!!

    Carolina continuaba comiéndose mi verga, la metía y sacaba de su boca, ¡no tuve la necesidad de apretarle la cara ya que ella solita se empujaba a mi verga hasta casi ahogarse!

    L: Ah, dios, ¡que rico!!

    C: ¡Uhm, sabes rico papi!!

    Sus chupadas eran magnificas, la tome de su cabella y con fuerza movía mi pelvis, me la dejaba cubierta de saliva, me raspaba con sus dientes, la tome de la nuca y con toda mi fuerza follaba su boca, garganta profunda se quedaba corta a comparación de Caro, ¡más fuerte la ahogaba y más fuerte ella mamaba!

    L: Ah, chiquita ah, me voy a venir, ¡me voy a venir!

    Seguí empujándosela hasta que empecé a chorrear con fuerza, mi semen la ahogaba, ella lo tragaba y me excitaba ver cómo le escurría por su boca, ¡cayendo a sus tetas!

    C: ¡Que rico sabe tu leche cariño!

    L: ¿Te gusta?

    C: ¡Me encanta, me encanta estar llena de ti!!

    L: ¡Bien, pues ahora voy yo!

    La llevé a su cama y le quiete su tanga, la cual ya estaba mojada por la excitación que le provoco mi corrida.

    L: ¡Me encanta tu panocha depilada!

    C: ¡La depile para ti!

    L: Uf, ¿a qué sabrá?

    C: Cómela, ¡te gustara su sabor!

    Comencé con lamidas en sus entrepiernas, mis manos acarician sus piernas cubiertas por sus ricas medias de seda, ella se retorcía al sentir mi lengua en la entrada de su húmeda cueva.

    C: ¡Ah, que rico!

    L: ¿Te gusta mi amor?

    C: Me matas, devórame, ¡devórame toda!!

    L: ¡Ok, déjame comer tu tesoro!!

    Mi lengua entraba hasta donde alcanza, le lamia como desesperado su clítoris, llevaba mi lengua de su clítoris a su ano, ella se retorcía riquísimo, su vagina empezó a mojarse más y yo comía su rico néctar, ¡el néctar provocado por mis chupadas!

    No solo mi lengua entraba y salía de su cueva, también use dos dedos para palpar por dentro de ella, cada movimiento de ellos la hacía retorcer más y más, me excitaba ver su hermoso cuerpo, esas caderas carnosas, sus muslos, sus pies cubiertos por sus medias, sus tetas con su pezón erecto, ella era un manjar, ¡un manjar que solo pocos habían tenido el gusto de comer y yo era uno de ellos!

    C: ¡Ah, papito, agh!

    L: ¡Muévete, agh!!

    C: ¡Ah, me matas, que rico!

    L: ¡Amo tu vagina, es un manjar de dioses, uhm!!

    C: ¡Agh, papi, me vas hacer venir, agh, ah!!

    Se la chupaba con fuerza, mis dedos y mi lengua estimulaban al mismo tiempo, su vagina escurría, mi cara estaba llena de sus fluidos y de mi saliva, como gato seguí lamiendo el tesoro de Carolina.

    C: ¡Ah, papi, me vengo, me vengo!

    L: ¡S i, uhm, sácalo, sácalo!

    C: ¡Dios, ah, me ven… go!!!

    Ella empezó a escurrir delicioso, mi cara era llenada por su venida en squirt, ¡le temblaban las piernas y gritaba fantástico!

    C: ¡Ah, ya!! que rico!!!

    L: Si, así mami, que rico te viniste, ¡uf!!

    Carolina quedo agotada, le tome unas fotos mientras conseguía una nueva erección, esa noche cogimos como locos, sabía que pronto terminaría mi suerte, pero tenía que aprovechar cada vez que la famosa Carolina Rocha me diera la oportunidad de estar entre sus piernas y así fue hasta el último día, el cual fue maravilloso, ¡pero eso lo contaré más adelante!

  • La flecha de Cupido

    La flecha de Cupido

    Me dijiste que por San Valentín
    iríamos a cenar a un restaurante. 
    ¡Ja! Ya veo que para ti lo importante
    es follarme, te importo un peluquín.

    Aunque, bien pensado…, ay, espera, ay, pillin…,
    bien pensado, es gratis y es gratificante. 
    ¡Vamos a la cama, no voy elegante! 
    ¡Ya, venga, acaricia y besa, jolín! 

    Mis tetas suben de temperatura, 
    cuando tus labios posas de corrido 
    y los pezones lames con dulzura. 

    Me haces un dedo en el coño, oh, querido:
    yo te amo, ¡así!, te amo-¡oh!, ahora estoy segura, 
    pues tu polla es la flecha de Cupido.

  • Cogida y grabada (Parte III)

    Cogida y grabada (Parte III)

    M: ¡Bien! Vean que ricas nalgas, que culo más estrecho, uf, ¡miren lo que me voy a comer!!!

    Esas eran las palabras de Mario quien me había pedido ponerme en cuatro, empinada a todo lo que daba para que me grabara mi ano, ¡lo cual por la excitación accedí!!

    El me lamia el ano con su lengua, no le había bastado ya llenarme de semen mi coño y mi boca, de humillarme granado como mi cara estaba llena de semen, ¡ahora quería tener mi culo!

    L: ¿Me la vas a dar suave?

    M: ¡Jajá, que putita!

    L. Ya tengo que ir a casa!

    M: Jajá, aun no, todavía serás mi perra, ¡que tu cornudo espere un poco más!

    L: ¡Ah, pero, me vas a lastimar!!

    M: ¡No te preocupes, seré amable nena!!

    Lleno mi ano de sílaba y mire como escupía a su cabeza, ¡Mario estaba decidido a darme por ahí y yo resignada miraba su cámara esperando el momento del empalamiento!

    M: Si, ¡que rico culo, que estrecho y rosa es!!

    L: ¡Suave por favor!

    M: ¡Uf que rico, ah!

    L: ¡Ah, suave, agh!!

    M: Uf, que apretado, apenas si mi cabeza entra, ¡uf!

    L. Dios, ah, suave!!!

    M: Uf, ahí va, ¡ahí va!!

    L: ¡Ah, mi culo!

    Mario ya la había metido más de la mitad, sus morenos 26 cm estaban ensanchándome mi ano, yo gritaba mientras el continuaba grabando y gozando de cómo mi ano apretaba su verga!!

    M: ¡Eso, grita, ah!

    L: ¡Ah, me duele, me duele!!

    M: ¡Ah, que puta, toma, esto lo mereces por estar tan buena!

    L. Papi, ah, me lastimas!

    M: ¡Viene lo bueno nena, agh!!

    Mario lo saco rápido para luego meterla de golpe, yo reaccione gritando como loca, él se carcajeaba y me grababa, acelero sus movimientos mientras mis nalgas sufrían por sus golpes de mano!

    M: ¡Ah, miren como le destrozo el culo a esta casada!

    L: ¡Ah, me duele, ah!

    M: ¿Quieres que pare nena?

    L: ¡Ah, no, no pares mi amor!

    M: ¡Pídemela, pídeme mi verga!!

    L: ¡Dámela, aunque grite, dame tu rico palo!

    M: ¡Dios mío, eres la mejor!!

    Mario me la dejaba ir con todo, yo comencé a pasar del dolor al placer, sentir como me movía todo por dentro me excitaba, de hecho, yo sola me empecé a empujar hacia su verga, lo cual le saco unos gemidos ricos, yo al verlo comencé a moverme fuerte, quería que gozara, quería hacer gozar a mi macho!!

    L. Te gusta mi amor?

    C: ¡Ah, sí, ah, que rico te mueves!

    L: Goza, goza papito, que rica verga, ¡que rico me coges por mi ano!!

    M: ¡Moni!!! ¡De verdad que eres una diosa estás buenísima, toma, agh, muévete, hazme gozar!

    El me tomo de los hombros y como un toro salvaje me embistió una y otra vez ahora me sentía la estrella de su show, yo tome la cámara y me grababa, grababa los gestos de Mario, el solo sonreía y más duro me la dejaba ir, mi proveedor, el tierno Mario me estaba haciendo su puta, ¡y me seguía destrozando el ano con sus 26 cm de puro placer!!!

    Me acostó en la cama levantándome las piernas y abriéndolas para ver mi ano, lo penetro con violencia mientras grababa mis gestos, ¡yo mirando la cámara le decía palabras para excitarlo más!

    L: Vamos, cógeme, ¡cógete a tu clienta!

    M: ¡Mami, que ricas piernas!

    L: ¡Siempre las quisiste, ahora son tuyas, destrózame, que mi marido sepa que fui tuya!!

    M: ¡Moni, eres súper, toma, toma mi verga!

    L: ¡Que verga más rica, métela, seré tuya cuando gustes!

    M: ¡Esta su es una mujer, vean todo, envídienme, envidien como me como este culazo de mujer!!

    Nos besamos apasionadamente y luego volví aponerme en cuatro, tome su verga y me ensarte solita, ambos nos movíamos rico, me encantaba el dolor en mi estómago que se convertía en placer, el tipo nauseas ya habían desaparecido, ¡ahora solo gemidos de placer inundaban mi persona!!

    Me tomaba de los cabellos y me estrujaba con toda su fuerza, sabía que pronto otro orgasmo íbamos a tener, ¡el apenas si podía grabar y yo continuaba moviéndome como licuadora!

    L: ¡Papi, dame tu leche, lléname el culo de leche!!

    M: Toma, eso quieres, ¡toma puta!!

    L: ¡Que vean como llenas a esta casada puta!!

    M: ¡Si, ahí va, dios, ahí va!

    L: ¡Agá, te siento, que caliente!!

    Mario me lleno mi ano de semen, ambos jadeábamos y nos retorcíamos pro el rico orgasmo, todo eso quedaba grabado en video, nos quedamos pegados como perros y Mario finalmente reposo y le puso fin a su video!

    M: ¡Es el mejor sexo de mi vida!

    L: ¿En serio? ¡El mío igual!

    M: No te creo, pudiste acabarme, ¡pero me dejaste hacerte mía!

    L: ¡Espero me pase el video!

    M: ¡Claro nena!!

    Me di una ducha y salid e su casa ya casi al amanecer, nos despedimos con un rico beso prometiendo volver a tener una noche así, la cual no fue una, sino varias, pero esas se las contare después.

    **************

    Espero les haya gustado, si quieren conocerme a mi o mi marido o saber de nuestra amiga, escríbanme a [email protected] o a [email protected], con gusto estamos para ustedes.

    ¡Saludos de su amiga Lety!

  • De loca a loca y follo porque me toca

    De loca a loca y follo porque me toca

    Era el día de la fiesta en la Viña, una aldea que estaba al lado de la nuestra. Se oía la música de una charanga. Yo estaba pescando truchas con mosca en un recodo del Río de Carmelita. Veía a los mirlos salir de los árboles en silencio y cagando leches al oír el ruido de las bombas. El día era soleado. Ni una nube se veía en el cielo y no se movía ni una paja.

    Vi una trucha pasar río arriba. Debía ser cegata por que no vio la mosca. A mi lado llegó Angelita. Vestía unos pantalones vaqueros ceñidos al cuerpo, una blusa blanca y calzaba unos zapatos de tacón bajo. Olía a jabón Heno de Pravia. Su cabello rubio, que le llegaba a la cintura, lo traía suelto, y traía pintadas las uñas y los labios de un rojo claro. Me preguntó:

    -¿Cómo va esa pesca?

    -Mira en la cesta.

    Miró y vio que había pescado cinco truchas de tamaño mediano.

    -No está mal. Yo también vengo de pesca.

    -¿Sin caña?

    Se desabrochó dos botones de la blusa.

    -Para pescar un polvo no hace falta caña.

    Dejé la caña -era una caña de bambú-, me levanté, y le dije:

    -Para mi no mires, loca. Te hice favores mientras estaba tu marido fuera. Ahora lo tienes en casa. No quiero acabar con una camada de ostias encima. Tu marido es mucho bicho de Dios.

    -Está en la taberna, borracho.

    -Ya, pero los árboles tiene ojos.

    -No sabía que fueras tan cobarde.

    -¡¿Cobarde?! Fue boxeador, coño. ¿No te dio lo tuyo después de estar tanto tiempo en el extranjero?

    -La verdad es que ayer lo pasé de miedo. Me folló cómo nunca me había follado. Pero eso fue ayer.

    Vimos venir a mi amigo Paco. Angelita, me dijo:

    -Esta tarde a las cinco te espero en la Carballeira (robledal). Tengo ganas de hacer cosas sucias

    -No voy a ir.

    No aceptaba un no por respuesta.

    -Te espero.

    Pedro, que había visto cómo Angelita se abotonaba la blusa, al llegar a mi lado, me dijo:

    -Se está rifando un diluvio de hostias y llevas todas las papeletas para que te toque.

    -¿Tú qué harías?

    -Yo, si fuera tú me haría una paja y me quitaba de líos.

    Yo no era él.

    Esa tarde estaba meando detrás de un roble en la Carballeira cuando llegó Angelita. Se me acercó. Me cogió la polla, apretó la piel de la punta. Yo seguí meando, se hizo una bolsa en mi polla, se agachó, la acercó a su boca, soltó la piel poco a poco, el meo salió de mi polla cómo si estuviera saliendo de un aspersor y le regó la cara y la boca. Era nuevo lo que había hecho, pero no me sorprendió, era muy guarra. Al acabar de hacer la cochinada, me dijo:

    -¿De ti me gusta hasta tus pedos?

    Le cogí miedo. Sabía que ahora iba a querer mear por mi, no sería la primera vez, y no es que me molestara, pero llevaba puesta la ropa de los domingos. Al quitar el botón del pantalón y bajar la cremallera, le dije:

    -No se te ocurra mear por mí.

    -Vaaale.

    Bajó el pantalón y las bragas hasta las rodillas. Su pelambrera rubia brillaba bajo el sol y el capuchón de su clítoris sobresalía entre ella. Me agaché y se lo iba a lamer, pero se dio la vuelta, y me dijo:

    -Cómeme el culo.

    Me agaché y le abrí las nalgas. Angelita oteaba el horizonte por si aparecía alguien. Lamí entre sus nalgas. Jugué con mi lengua alrededor de su ojete y después metí la punta dentro. El ano, queriéndola apretar, la sacaba… Se la volvía a meter, volví a lamer… Sin masturbarla, puse un dedo en la entrada de su vagina para sentir cómo se abría y se cerraba al compás del ojete. Al poco sus jugos bajaban por el interior de sus muslos. Sus gemidos eran dulces y casi inaudibles. Cuando se dio la vuelta tenía la blusa desabotonada y las copas por debajo de las tetas, unas tetas, con areolas rosadas que me apuntaban con sus erectos y duros pezones. Mi lengua se posó en su pezón derecho, lo aplastó, lamió la areola y después mamó la teta, mi otra nano masajeaba la otra teta. Angelita acariciaba mi cabello. Luego busqué sus labios. Me recibió metiendo su lengua en mi boca, y echándome la mano a la rocosa polla. Me la meneó. Nuestras lenguas, que eran viejas conocidas, se saludaron con efusividad. Después de comernos las bocas, mi lengua lamió su otra teta… Luego le cogí las dos, y magreándoselas, se las mamé. Me cogió la cabeza y me la llevó a su coño. El clítoris ya había abandonado el capuchón, lo lamí y se estremeció. Se quitó el pantalón por una pernera, las bragas y un zapato. Se apoyó con las dos manos a un roble, abrió de piernas y echó el culo hacia atrás, era obvio por donde quería que le diera, le volví a follar el culo con la lengua y después se la fui metiendo en él muy despacito. Angelita tenía ganas de marcha. Me dijo:

    -Dame duro, maricón.

    Le agarré las tetas, y apretándolas le machaqué el culo.

    -¡Más fuerte!

    La cogí por el cabello, y tirando de ella la follé con más fuerza. Con su cabeza echada hacia atrás y con los ojos llorando de lo fuerte que le tiraba, me dijo:

    -¡Más rápido, mariconazo!

    Ya me había puesto negro.

    -¡Ahora verás, cabrona!

    Le agarré el cuello con las dos manos, le apreté la garganta y la taladré con fuerza y a toda ostia.

    -¡Me asfixias!

    Le solté la garganta. Tres dedos de mi mano derecha volaron sobre su clítoris a tiempo que le apretaba una teta con la otra mano. Sus gemidos subieron de tono. Se iba a correr. Le tapé la boca. La seguí taladrando, y se corrió como pocas veces se había corrido, sacudiéndose desde los pies a la cabeza.

    Al acabar le quité la polla del culo. Se dio la vuelta, se agachó, y aun tirando del aliento, me olió la polla.

    -¡Qué bien huele!

    A rosas no olía. Después de olerla, me la mamó, me la sacudió y me la chupó… En nada me corrí en su boca.

    Después de tragar la corrida se vistió. Me extrañó que lo hiciera, ya que no era de las que se conformaban con correrse solo una vez. Yo guardé la polla. Antes de marchar, me dijo:

    -Espera unos minutos y después sal

    -Vale.

    Anduvo media docena de pasos, y me dijo:

    -Mira, la tía Bernarda va a cagar a su huerta de maíz.

    -¿Y tú cómo sabes que va a cagar?

    -Por qué lleva una revista en la mano.

    La Carballeira estaba en un alto. Fui a mirar y vi cómo mi tía desaparecía entre los verdes y altos pies de maíz. Angelita, me preguntó:

    -¿Vamos a espiarla?

    -¡¿Quieres ver cómo caga?!

    -Quiero.

    -¡Qué puerca eres, coño!

    -¿Vamos?

    -Vete tú. A mi no me apetece ver…

    -Si no vienes no follas más conmigo.

    Sabía dónde más me dolía. Dimos un rodeo y entramos en la huerta por la parte que daba al río. Angelita iba delante de mí. La huerta parecía una jungla. Cuando la encontramos estaba tumbada boca arriba mirando una revista de putas con la falda levantada y con su mano derecha moviéndose dentro de sus bragas. Angelita, le dijo:

    -¿Te falta mucho, Bernarda?

    Mi tía llevó un susto morrocotudo. Quitó la mano del coño. Tiró con la revista. Se sentó. Levantó la falda. Se levantó, se dio la vuelta, y dijo:

    -¡Qué vergüenza!

    Angelita se iba a aprovechar.

    -¡Ni vergüenza ni hostias! Nunca la tuviste. Te vamos a follar cómo a una perra.

    Mi tía, le imploró.

    -Deja que me vaya, por favor.

    -¡Tú te quedas! Voy a hacer contigo lo que me salga del coño.

    -Soy tú tía.

    -Eres una puta. ¿No le dijiste al primo que me querías comer el coño y que yo te lo comiera?

    Lo negó a palo seco.

    -¡Nooo! ¡Eso es una calumnia!

    Angelita me miró con cara de pocos amigos.

    -Devuélveme las mil pesetas que te di.

    -Ya las gasté, pero miente, me lo dijo.

    Mi tía era una zorra de cuidado. Cómo si no lo supiera, me preguntó:

    -¿Por qué te dio las mil pesetas?

    Cogí un cabreo brutal.

    -¡Jodida loca! Me las dio por lo mismo que me las diste tú, por comerle el coño. Ya me tocasteis los cojones. Voy a correr la voz de que os follé a las dos.

    Angelita, se apresuró a decir:

    -Mi marido te mata.

    Bernarda le dio por el palo.

    -Y el mío cuando venga te entierra.

    Estaba empalmado. Tenté mi suerte. Saqué la polla, y les dije:

    -Si no queréis que hable… ¡A mamar, locas!

    Tuve premio. Se pusieron en cuclillas, Angelita cogió mi polla con su mano derecha, la empujó hacia arriba y me lamieron los huevos. Iban con sus lenguas lamiendo hasta llegar al glande, allí mamaban por turnos y volvían a bajar hasta los huevos. Me la pusieron dura… Y a latir al ver como de darse un pico pasaban a un pequeño beso con lengua y cómo luego se comían vivas entre mamada y mamada. Estaban cachondas de verdad y me pusieran cachondo a mí. Al levantarse, besándose, se quitaron las blusas, las faldas, los sujetadores, las bragas, Angelita, los zapatos y Bernarda, las chanclas, unas chanclas azules de goma que tenían dos tiras por encima. Solo se oían gemidos. Yo me la pelaba con la ropa puesta. Estaban buenísimas, Angelita con sus largas piernas, sus largo cabello rubio, sus labios y las uñas de los dedos y de los pies pintadas de rojo, con su coño peludo y sus tetas redondas y perfectas, parecía una estrella de cine porno, Bernarda, en su madurez, tenía un polvo bestial. Vi cómo Angelita le pasaba la lengua por los labios y cómo ella abrió la boca y se la chupó, vi cómo sus tetas se apretaban una contra la otra y cómo se cogían por los culos, luego vi cómo Angelita le mamaba las tetas, saboreándolas, lamiendo y chupando cada centímetro. Vi sus duros pezones mirando al frente y desapareciendo en su boca. Sentí los gemidos de mi tía cuando la lengua de Angelita comenzó a lamer su coño. No pude evitarlo, me agaché detrás de ella, y por segunda vez en meda hora, abrí unas nalgas, lamí un culo y follé un ojete con mi lengua. Poco después mi tía, dijo:

    -Me voy a correr cómo una perra.

    Angelita, le contestó:

    -Eres una perra, no te puedes correr de otra manera.

    Estaba lamiendo su ojete cuando vi llegar el dedo corazón de mi prima, se lo metió en el culo, después lo sacó, lo olió, lo chupó, y dijo:

    -¡Me encanta este olor!

    Bernarda ya estaba buena de ir. Su culo no paraba de abrirse y de cerrarse. Yo no estaba menos cachondo que ella. Me levanté y por detrás le metí la polla en el coño. La follé despacito y hasta el fondo mientras Angelita le lamía e clítoris. No tarde en llenarle el coño de leche. Al sacarla, Angelita le lamió el coño con celeridad y mi tía se corrió en su boca, diciendo:

    -¡Tomaaa, cerda!

    Bernarda temblaba una cosa mala, y Angelita, tragaba, tragaba mi leche y los jugos de la corrida de mi tía, y los tragaba con ganas. Tragando estaba cuando sentí cómo si un elefante viniese caminando entre el maíz. Al llegar a nuestro lado se me pusieron los cojones de corbata. Era Braulio, el marido de Angelita. Un bicharraco, alto, moreno y musculoso. El acojone me duró un par de segundos, el tiempo que mi tía tardó en decir:

    -Creí que ya no venías.

    -Veo que todo salió cómo habíais planeado.

    Las muy putas me habían engañado. ¿Qué buscarían? Cuando Braulio sacó la porra, sí, de flácida era cómo la porra de un guardia municipal. Agarré un pie de verdura. Si venía con idea de reventarme el culo le daba tal leñazo que le saltaba los dientes. Me tranquilicé cuando se arrodillaron delante de él… Se la mamaron hasta ponerla dura. Joder. Con su voz ronca, le dijo a Bernarda:

    -Ven aquí, cordera.

    Bernarda, que se acababa de correr y aún le goteaba el coño, se puso en pie, la cogió en alto en peso y le metió en el coño aquella animalada de polla… Angelita cogió una chancla y le largó a su tía en el culo, con rabia. «¡Zas, zas!» Luego, le dijo:

    -¿Te gusta joder a mi marido, puta?

    -Sí, perra. ¡Me encanta meterte los cuernos!

    La provocaba para que le diera más, y le dio, le dio con tanta fuerza que dolía solo con ver cómo le daba.

    -¡¡¡Zas, zas, zas…!!!

    Le estuvo dando hasta que el culo le quedó en carne viva, Bernarda, a golpe de chancla y de pollazo se acabó corriendo corrió cómo una bendita. Al ratito vi la verga mojada de jugos entrar y salir del coño cómo si nada. Angelita, que ya tirara la chancla, le metió un dedo en el culo, se lo dio a oler, a chupar… Comenzó a tocarse el coño y a besar a su tía y a su marido. Me habían olvidado. Mejor, no fuera que Braulio me las tuviera guardadas.

    Cuando Bernarda se volvió a correr. Le vino con tanta fuerza que se soltó de su cuello, se echó hacia atrás, y si Braulio no la agarra, se descoyunta.

    Al acabar de correrse la puso sobre la hierba. Estaba media muerta. Braulio, le dijo a Angelita:

    -Ven.

    Angelita le echó los brazos al cuello a su marido. La levantó cómo hiciera con Bernarda y le calvó la verga hasta el fondo. Con ella dentro, Angelita, me dijo:

    -Quiero tu polla dentro de mi culo, primo.

    No me lo tuvo que repetir dos veces. Fui a su lado y se la metí. Las dos pollas juntas más que llenarla casi la revientan. Braulio, me miraba y yo no las tenía todas conmigo, pero para esa doble penetración me engañaran las cabronas, y tenía que cumplir. Poco tiempo, la verdad. Era demasiado el morbo. En menos de diez minutos le llené el culo de leche. Braulio le inundó el coño. Sintiendo las pollas manar dentro de ella, exclamó:

    -¡¡Me cooorro!!

    Al quitar la verga del coño la echó al lado de Bernarda. Las muy putas se besaron. Volvieron a oírse las bombas. Bernarda, metió la cabeza entre las piernas de su sobrina, la sacó, y con los labios manchados de semen, dijo:

    -¡Fiesta!

    Quique.

  • Julio, una aventura muy loca

    Julio, una aventura muy loca

    En este relato he cambiado los nombres y apellidos por tema de privacidad.

    Hacía tiempo cuando corté con mi prometido, decidí que ya era momento de probar nuevas experiencias, conocer más personas y salir ¿por qué no? Con hombres, ya que mi experiencia sólo ha sido con 2 hombres.

    Abrí una cuenta en una página en donde conocí varias personas, al CEO de Linio un hermoso y atractivo noruego, también conocí a Julio el protagonista de este relato, él estaba registrado con un nombre diferente.

    Después cerré mi cuenta en esa página y por amigos en común nos encontramos en Twitter! Y él supo cuál era mi verdadera identidad y yo la de él!

    Resulta que es un político mexicano muy sexy y varonil de 40 años de una familia muy reconocida, él es de piel blanca, cabello rizado rubio oscuro y cara de niño bonito, tiene maestría en seguridad nacional y siempre me he sentido muy atraída por hombres poderosos e inteligentes.

    Santo cielo qué pena, después de las cosas que nos escribimos y el lenguaje que usamos!

    Total que después de varios inbox en una app para mensajería confidencial decidimos conocernos en persona, nos quedamos de ver en un lugar “secreto”, para el tema de privacidad y que no hubiese acceso a reporteros o alguien que nos pudiese reconocer, Que nervios!

    Yo jamás me había quedado de ver con alguien que conocí online, ya que podría aparecer por ahí o en una nota de una revista de chismes.

    Cuando lo vi, sólo puedo decirles que es aún más atractivo en persona, yo moría de nervios y no me sentía muy segura de pasar a más, el vio que me moría de nervios y me ofreció una copa, me dijo que era aún más guapa que en mis fotos y que tenía un cuerpazo! pensó que era gordita o algo así porque sólo tengo fotos de mi rostro en las redes sociales.

    Le comenté que venía de correr con mi perro y que me daba pena llegar así toda desaliñada, traía unos leggings under Armour negros, unos tenis Stella McCarthy y una playera morada under Armour, el también llego súper casual, jeans azules, una playera con estampado retro y tenis, Lucia mucho más joven, ya q he siempre anda de traje ya que por su trabajo y el tema de la política siempre anda vestido así. Me encanto hasta el look! No sé cuántos wiskys me tomé, pero se me pasaron los nervios platicamos, sobre todo y se me hizo muy sencillo e inteligente, le dije que apestaba y que me incomodaba un poco, me comentó que había puesto a llenar el jacuzzi por aquello de que sabía que venía de correr con mi perro.

    Se desvistió lentamente, cuando sacó la playera por su cabeza Dios! Que abdomen tan lindo, la piel lisa como de bebé, caderas anchas y ver cómo se desvestía fue muy sexy, yo me empecé a quitar la ropa deportiva y él no apartaba la mirada de mi, estaba embelesado, se metió al jacuzzi, y extendió su mano para que yo entrara también, tomó el jabón e hizo que yo quedara a espaldas de él, me baño por completo, fue muy sexy, y excitante, después yo lo enjaboné y nos besamos lento pero con muchas ganas, se podía sentir la tensión sexual, después cuando las cosas se empezaron a calentar decidimos salir del jacuzzi, ya enredados en toalla nos sentamos en la cama, y me dijo que no era necesario que hiciéramos nada más, me veía muy nerviosa y yo reía de puros nervios, seguimos platicando y no sé en qué momento nos volvimos a besar, me quito la toalla y el tiro la suya al suelo, y de un momento a otro lo tenía sobre de mi, besándome de la boca al cuello, y poniendo sus manos en mis brazos y en mis pechos, los estrujaba con mucho cuidado mientras yo tenía mis manos en su espalda y en sus brazos, musculosos y varoniles, besaba su cuello y olía a coco, era como estar en la playa; bajo su mano y la puso entre mis piernas, subiendo y bajando por mi pelvis hasta la entrada de mi vagina, estaba excitándome increíblemente, sentía como me humedecía cada vez más, metió dos de sus dedos en mi vagina y es todo un experto en eso, paso de besarme el cuello a mis pechos, mi vientre y después puso su boca en mi clítoris sin dejar de mover los dedos dentro de mi, yo me sentía en el cielo, era delicioso ver y sentir como me estaba dando sexo oral, no paró hasta que llegué al orgasmo, mis piernas temblaban y mis pensamientos se fueron a otro planeta, no se cuánto tiempo pase en una especie de trance.

    Después el de recostó y me senté sobre él besándolo y recorriendo con mis manos todo su pecho, recorrí a besos su cuello, bajando por su pecho, al abdomen y me animé a hacerle el mismo trabajo que él a mi. Lo tome con mi mano y lo metí en mi boca, y no paré hasta que eyaculo dentro de mi boca, cuando termino, me levante y fui al baño a escupir, no me gusta tragarme el semen, me lave los dientes, y regrese a la habitación, nos metimos a las sabanas, blancas impecables, la habitación estaba decorada de forma exquisita, me sentía como en casa, nos quedamos acostados platicando un buen rato y después regresamos a los besos y todo se descontrolo, él se puso sobre mi y sin previo aviso, se puso en condón y me penetró con fuerza hasta tocar el fondo, dolió pero fue placentero al mismo tiempo, el vaivén era muy impetuoso, casi con desesperación, lo hacía con mucha fuerza aunque al salir lo hacía despacio, soy muy estrecha y como hago mucho ejercicio los músculos están bien tonificados, así que al salir lo apretaba para sentirlo completo, y él podía notarlo, después me puso boca abajo, levanto mi cadera, y empezó a penetrarme aún más profundo, duramos así un rato, después yo me puse sobre él, quedando sentados uno frente al otro, le comenté que estaba por llegar otra vez y lamió uno de sus dedos y lo metió en mi año, mientras yo seguía sobre el cabalgando, me encanto tener su dedo en mi ano mientras teníamos sexo y no tarde en explotar, después me puso de nuevo boca abajo con el trasero en el aire y empezó a penetrante fuertemente y no tardo en eyacular, podía sentir como se inflaba su pene dentro de mi.

    Nos besamos y nos quedamos dormimos no sé cuánto tiempo, al despertarme podía sentir sus dedos dentro de mi vagina, su respiración en mi cuello y su pecho en mi espalda, con mi mano tome su orbe y comencé a masturbarlo él ya tenía una erección tremenda, se estiró al buró y tomó un cordón se lo puso y en esa posición comenzó a penetrarme suavemente, pero podía sentir su desesperación a Julio le gusta el sexo rudo, los golpes, la dominación, el cambio de parejas y las orgias, aunque yo ya le había dejado claro que nada de eso me parece, comenzó a morder mi cuello a apretar mis pechos con fuerza y a golpearme el trasero, me puso bocas abajo, me tomó de las mi muñecas y comenzó a penetrante fuerte, después con una mano sujetó mis dos muñecas juntas y con la otra comenzó a golpearme muy fuerte el trasero, dolía y le dije que parara, pero continuó, después me puso sobre él y comenzó a morder mis pechos a succionarlos con fuerza y eso si se sentía bien, pero no paraba de golpearme el trasero, después llegue al orgasmo de nuevo, se puso un anillo vibrador y seguimos en la misma posición hasta que llegue al orgasmo de nuevo, fue increíble.

    Después me puso boca abajo de nuevo, una almohada bajo mi pelvis, y comenzó a penetrante mientras sujetaba con ambas manos mis muñecas, después se salió y puso lubricante en su mano y me masturbo la vagina y con un dedo el ano por un buen rato alternando entre su boca y sus dedos, después volvió a tomarme de las muñecas y metió su pene por mi vagina varias veces con mucha fuerza, después se salió y sentí cómo resbaló por mi ano, qué dolor más espantoso, se quedó inmóvil cuando grité del dolor, me beso y se quedó quieto un buen rato, pero no lo sacó, después empezó a moverse muy lentamente, aunque yo le pedía que lo sacara el hizo caso omiso, después de un rato se empezó a sentir bien, y me empezó a gustar pasó del dolor al dolor placentero, cuando él lo notó, empezó a penetrante con mucha fuerza mientras me besaba y me decía al oído que era delicioso estar dentro de mi, que está muy estrecha y que mi ano era el primer ano virgen que había penetrado que le encantaba que no apretara que solo me relajara y que iba a tener un mejor orgasmo de los que jamás he tenido, paso su mano por debajo, de mi abdomen a mi clítoris y comenzó a es estimularlo, fue algo estupendo, pero para ser sincera el dolor en el culo no disminuía, metió dos de sus dedos en mi vagina, y con el vaivén por el culo, sus dedos dentro de mí vagina, y la palma de su mano rozando mi clítoris me llevaron a un orgasmo estupendo! Irónicamente, el también alcanzó el orgasmo y caímos rendidos.

    Nos quedamos dormidos otro rato y después, despertamos, nos bañamos juntos me enjabono y baño con mucho cuidado me vestí, y salimos me acompaño a mi coche entre los elementos de seguridad, me fui y a él ya lo escoltaron a su coche.

    Al llegar a mi casa me desvestí y para mi horror tenía mis nalgas llenas de golpes parecían que iban a sangrar, el culo me dolía increíblemente, no pude caminar muy bien como por 3 días y sentarme era un suplicio, creo que el efecto del alcohol se me había pasado y esta era la realidad, no sé si el sexo fue tan placentero como recuerdo ya que estaba súper alcoholizada.

    Es un recuerdo muy hot. Borre todas las conversaciones y seguimos en contacto por Twitter, pero no he querido volver a verlo en persona. Tarde mucho en recuperarme de los moretones y de la fisura anal.

    Si vuelo a tener sexo con él, les publicaré.

  • Hace aseo a todo

    Hace aseo a todo

    Un día de llegada al edificio donde laboro noté que había llegado una nueva señora del aseo, inicialmente no le presté mucha atención. Pasaron algunos días y noté que la nueva aseadora se veía muy bien tengo que aclarar que me encantan las mujeres trozadas de donde agarrar, sin embargo lo primero que llamó mi atención fueron sus ojos.

    Y sucedió un día en la recepción del edificio cuando llegaba ella tenía un tapa bocas pero note que tenía unos ojos algo picaros luego de ese día empecé a detallarla más, luego me fije que tenía unas caderas bastante carnudas por lo menos eso dejaba ver su uniforme cada día llamaba más mi atención así que tome la decisión de acercarme sin que fuera muy evidente así que busque con el administrador su número telefónico con la disculpa para que fuera hacer aseo a mi oficina y así fue la contacte para que hiciera aseo fuera de su horario de trabajo.

    El sábado que concretamos el trabajo mientras hacia el aseo, empecé con algunas preguntas muy normales me dijo que era casada tenía dos hijos igualmente le dije que yo también era casado con una hija hubo una que otra mirada pero nada fuera de lo común, le pague y quedamos pendientes para otra jornada de aseo. Ya tenía su número así que un día le envié un mensaje tardo en contestar y le dije que había quedado muy a gusto con su trabajo así que quería agradecerle con un café, al comienzo tuvo alguna evasivas por fin acepto un refresco pero no quería habladurías así que me dijo que nos tomáramos el refresco en la oficina luego de su trabajo un sábado, así sucedió en la tarde del sábado llego a la oficina pedimos el refresco a la oficina, hablamos de algunas cosas y ella me dijo que le parecía curioso que yo la invitará a un café que nunca le había pasado aproveche para ir induciendo la conversación para donde yo quería así que le dije:

    -me llaman mucho la atención sus ojos

    -Por qué? -pregunto ella

    -Son algo picaros -le dije.

    -Picaros??

    -Si y me gustaría comprobar que tan picaros son.

    -Y como lo podría comprobar -me preguntó ella.

    Mientras teníamos esa conversación ella se encontraba frente a mi al otro lado del escritorio de la oficina y yo de manera “desprevenida” rozaba sus pies a lo que ella no se oponía de hecho de alguna manera ella respondía.

    El uniforme de trabajo no permitía ver su verdadera figura sabía que era trozada como me gustan pero más allá de eso no podía ver más, así que la miraba de arriba abajo.

    -Por qué me mira de esa manera? -me preguntó.

    -Sé que detrás de ese uniforme hay una mujer muy atractiva -le dije.

    Se ruborizo y no pudo ocultarlo, pero se le notaba que le gustó lo que había dicho.

    -Así le parece?

    -Estoy totalmente convencido, seria genial descubrirlo…

    -Ummm pero en este lugar sería muy difícil -me dijo.

    -Es posible pero lo podemos intentar.

    -Creo que ya es hora de irme -me dijo.

    Ya me había dado cuenta que no le incomodaba la situación así que le dije:

    -Tranquila no va a pasar nada malo todo va hacer muy bueno.

    Me levante de mi silla y me ubique detrás de ella y le puse mis manos sobre sus hombros a manera de masaje y le dije:

    -Relájese.

    Noté la tensión en sus hombros, pero luego de algunos segundos se fue tranquilizando y subí mis manos sobre su cuello se notaba que lo disfrutaba, rosando su oreja le susurre que si le gustaba?

    No respondía solo movía su cabeza de manera circular, volví a preguntarle si le gustaba pero esta vez mi boca estaba más cerca de su oreja casi mordiéndola suavemente, ella se estremecía, ya en este punto gire la silla y la puse de frente y acerque mi boca a la de ella y de pronto el sorprendido fui yo ella me tomo con sus manos la cabeza y me apretó para darme un beso profundo, esta mujer besaba delicioso metía su lengua dentro de mi boca haciéndome sentir mucha excitación, se paró y siguió besándome más y más profundamente, y yo empezaba a bajar mis manos por sus caderas, me aparto y me dijo:

    -Esto no debería estar sucediendo no podemos seguir.

    -A mi me encantó.

    -A mi también -contestó

    -Bueno si nos gusta ¿por qué no continuar?

    -Bueno pero cerremos bien las cortinas.

    Nos seguimos besando y yo ya recorría todo su cuerpo con mis manos y notaba que no me había equivocado a pesar de lo poco que dejaba notar el uniforme esta mujer estaba deliciosa.

    Empecé a meter mis manos por entre la blusa y acariciar sus senos grandes quería descubrirlos ya para empezar a disfrutarlos le quite su blusa del uniforme y quedaron sus enormes senos a la vista aunque con el brazier, lentamente empecé a quitarlo hasta que quedaron totalmente descubiertos con mi boca chupaba sus pezones y con mi mano los acariciaba eran suaves y mientras lo hacía en cada chupada ella gemía suavemente, metí mi mano por entre su pantalón del uniforme que era algo suelto su entre pierna estaba muy caliente fui apartando sus pantis para poder acceder a su vagina que ya se sentía algo húmeda, estaba depilada otro punto a su favor fui introduciendo lentamente mis dedos en su vagina ya totalmente húmeda, sus gemidos se intensificaban ella inicio a desabrochar mi pantalón y poder tocar mi verga que ya estaba a totalmente parada lista para lo que venía.

    Seguía chupando sus tetas que estaban deliciosas, ya ella tenía mi verga entre su mano y la acariciaba con intensidad, me bajo por completo los pantalones y se agacho para empezar a a chupar mi verga muy suave con su lengua rodeaba mi glande que sensación tan excitante nunca me lo habían hecho así por poco y me vengo en su boca esa lengua hacia maravillas.

    Terminé de bajarle el pantalón junto con sus pantis estaba totalmente mojada y mis dedos se deslizaban dentro de su vagina muy rico. La subí sobre el escritorio le abrí las piernas y empecé besarle los muslos mientras iba buscando su jugosa vagina, llegue y mientras sus gruesas piernas descansaban sobre mis hombros mi lengua se abría paso a su clítoris ella gemía de una manera muy rica mientras mi lengua estimulaba su clítoris mis dedos la penetraban y sus jugos salían de su vagina.

    Yo ya estaba a punto sabía que si la penetraba llegaría rápido y quería seguir disfrutando de ese manjar así que decidí jugar con su vagina poniendo mi verga a la entrada y rozarla con su vagina sin penetrarla eso la enloqueció y me dijo:

    -ya métemela que la quiero dentro ya.

    Bueno sus deseos son ordenes la penetre lentamente hasta tenerla toda dentro la imagen de esta mujer sobre el escritorio con las piernas abiertas y penetrada es algo que no voy a olvidar. Ella me paso sus piernas por detrás de mí cintura y me empujaba hacia ella para que se la metiera una y otra vez, ese movimiento hacia que sus tetas se movieran al ritmo cada vez que podía pasaba a chuparlas. Ya no podía más. Ya iba a llegar.

    -voy a llegar -le dije.

    -no todavía no, quiero más verga hace mucho que no disfrutaba tanto dame más… métemela toda la quiero toda dentro.

    Pero yo ya no podía… así que ella al darse cuenta se bajó del escritorio y se arrodilló y me lo chupó, pero igual lo hacía de tal manera que no aguantaba. Yo tampoco quería terminar esta mujer se movía de tal forma y lo chupaba que no quería terminar.

    Le dije que no ya no aguantaba más y me dijo:

    -Como quiere terminar?

    -Si quiere se puede venir dentro no hay problema.

    Se paró, se giró, me dio la espalda se inclinó sobre el escritorio puso sus tetas y me puso ese trasero grande a mi disposición.

    -Así está bien? –Preguntó.

    -Por supuesto -le contesté.

    Jugueteé para calmar algo de ganas poniendo mi verga entre sus nalgas eran tan grandes que se perdía mi verga dentro de ellas que delicia como me gusta, ella ya dispuesta abrió sus nalgas con sus manos para preparar el camino a mi verga, la empecé a penetrar despacio y fui aumentando el ritmo.

    -Métemela toda ya

    -Ahí va.

    Ese culote se movía de una manera espectacular esa vista era inmejorable.

    -Dame duro que también voy a llegar -me decía.

    Le cogí de las caderas con mis manos para controlar el ritmo se la metía y se la sacaba sentía el calor de su vagina y sus peticiones de que la clavara junto a toda esa carne de su culo me hizo llegar al igual que ella se comió toda esa leche.

    Luego de esa vez continuamos viéndonos claro a escondidas luego les contare más experiencias con mi aseadora que resultó toda una experta.