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  • Reunión de ex alumnos de la carrera (Final)

    Reunión de ex alumnos de la carrera (Final)

    Después de un par de viajes de regreso atrás del biombo con otros hombres, se dio por terminada esa sesión y nos invitaron a pasar a otro apartado donde la interacción sería total.

    Al salir de esa salita donde habíamos estado, me encontré con un par de maestros de la universidad que habían sido invitados a la reunión también.

    Se me quedaron viendo con lujuria al recorrer mi cuerpo dándose cuenta de cuánto había cambiado desde que fui su alumna y me saludaron entre sorprendidos y excitados.

    Los dejé admirarme el cuerpo apenas cubierto por mi vestido y me despedí siguiéndome ellos con la mirada dirigiéndome a otra habitación con Israel de la mano.

    Al entrar nos separaron, hombres y mujeres, ellos salieron por otra puerta y al cerrarse, una anfitriona nos explicó a las mujeres lo que seguía:

    Este era solo para gente muy liberal, viéndome a los ojos mientras explicaba: si estábamos de acuerdo, teníamos que desnudarnos completamente y pasar a otra habitación que llamaban «cuarto oscuro», dentro, estarían hombres igualmente desnudos y todo era posible, no estaba permitido hablar, lo único es que la habitación estaría totalmente oscura y no podríamos ver quién nos acariciaba… o cogía, habría segundos en donde se pendejeando las luces para que pudiéramos ver qué pasaba, pero sería solo un par de segundos para volver a la total oscuridad.

    Los murmullos entre las otras mujeres y comentarios eran intensos, dando un paso al frente.

    Me desnudé y las demás siguieron el ejemplo, una vez listas entramos entre risas y excitación a la habitación mencionada.

    Solo escuché la puerta cerrarse, la oscuridad era total y sentí gente moverse alrededor.

    El ambiente estaba cargado de sensualidad, sentí unas manos tomarme de los hombros y un cuerpo acercarse al mío abrazándome mientras una boca se acercaba a la mía y me besaba intensamente metiéndome la lengua.

    Varias manos se acercaron y empezaron a acariciarme el cuerpo mientras me besaba con ese hombre cuyo rostro me era imposible distinguir debido a la intensa oscuridad.

    Sentí su verga frotarse en mi vientre y bajé una mano para acariciarlo mientras las demás manos acariciaban mis senos, pezones y un par de manos me acariciaban las nalgas mientras otra mano frotaba mi velluda raja.

    Las manos de ese hombre hicieron presión en mis hombros y entendí lo que buscaba, besándole el pecho y estómago, me fui poniendo de rodillas para mamarlo.

    Tomé con una mano su verga y empecé a masturbarlo, cuando iba a meterlo en mi boca, otra boca busco la mía, por la delicadeza entendí era una boca femenina, me volteó la cara y me besó intensamente mientras acariciaba mis tetas, en ese momento sonó una campana y las luces se encendieron:

    En un par de segundos vi a mi mejor amiga besándome con lujuria mientras me acariciaba las tetas.

    -He deseado esto desde siempre… -me dijo sonriéndome y me di cuenta que el hombre que me pedía le mamara la verga era mi ex profesor.

    Se apagaron las luces de nuevo y le dije a mi amiga en voz baja:

    -Pero, porque nunca me dijiste nada nena?

    -te veía tan enamorada de tu ahora esposo, que no quise separarlos, y mira dónde te vengo a encontrar!… y sin él!

    -Él me volvió así! -entre besos a ella y la verga de mi maestro, le continúe platicando en voz baja:- Somos un matrimonio abierto, me deja acostarme con otros hombres, hasta he llevado a algunos a casa y se quedan conmigo cogiendo en la recámara a pasar la noche mientras él nos oye desde el cuarto de huéspedes. Ven a la casa y hacemos lo que quieras! -Le dije feliz de saberme deseada por mi mejor amiga y empecé a mamar con lujuria la verga de mi maestro mientras ella mamaba mis pequeñas tetas…

    Otro hombre se acomodó detrás mío y me inclinó hacia adelante lo suficiente para permitirme seguir mamando a mi maestro mientras el penetrándome empezó a moverse rápidamente.

    Mi amiga se acercó a mi rostro y empezó a besar y lamer también el pene de nuestro maestro, lo sentí endurecerse al sentir que ambas le estábamos mamando y tomándome fuertemente de la cabeza empezó a venirse mientras Alexa y yo lamiamos su verga recibiendo su semen.

    Mi hombre que estaba cogiéndome de perrito empezó también a gemir y yo lo invité a darme su leche dentro.

    -Sí, sí, dámela adentro… ohhh, me vengooo -grité mientras lo sentí derramarse dentro de mi raja velluda.

    Las luces se encendieron de nuevo un par de segundos, estábamos en una gran orgía, todos estaban ocupados con alguien y levantando la vista un segundo antes de que se pusiera oscuro de nuevo me levanté y encarando a mí maestro le dije:

    -Cógeme!!!

    Al acercarme a abrazarlo de nuevo las luces se prendieron de nuevo para no apagarse esta vez.

    Los demás fueron haciendo espacio para nosotros hacia una cama y de repente me di cuenta que la acción había cerrado entre ellos y solo esperaban que llegara yo con mi ex profesor a la cama.

    Al llegar y acostarme ofreciéndole mi raja a este hombre los demás, hombres y mujeres, empezaron a tomar fotos con sus teléfonos de mi cuerpo desnudo ofreciéndose a las lujuria de todos los ahí presentes.

    Recibí la verga de más de 8 hombres esa noche y otras tantas venidas en la raja, ano y boca siempre siendo observada por todos, la estrella porno del evento fui yo: Mariela la egresada de la carrera LEM y orgullosa madre de un bebé…

  • Cogiéndome a Andrea (Parte 3)

    Cogiéndome a Andrea (Parte 3)

    Una tarde me encontraba cogiendo a Andrea por el culo rico y grande que tiene mientras le besaba su espalda y cuello mientras le sujetaba las muñecas y ella gemía “ah si dame así duro rómpeme el culo, si dame así ah me encanta sentir tu guevo”. 

    La penetraba con fuerza le sacaba, el guevo casi en su totalidad y se lo metía de golpe eso la hacía gemir rico y excitante hasta que no aguanté más y le dejé toda mi leche en sus intestinos. En eso estábamos cuando escuchamos un ruido, yo me sobresalté y le saqué el guevo de golpe del culo y salí corriendo a ver que era. Mi mayor sorpresa fue ver a su prima Claudia corriendo en dirección a la casa.

    Cuando regresé donde estaba Andrea ella estaba ya poniéndose el pantalón de lycra que cargaba y me pregunto qué pasaba que cual era el ruido le dije que era su prima Claudia que nos había visto cogiendo. Ella se asustó y se terminó de vestir rápido y se fue a la casa. Claudia es su prima hermana una linda joven de 18 años, rubia, de ojos azules, de tetas grandes, caderas pronunciadas y gruesas piernas, pero lo mejor de todo era ese enorme culo que tenían todas las mujeres de esa familia.

    Al llegar a la casa Andrea se encontró con Claudia y de una vez le dijo “vi lo que estabas haciendo con tu chófer quien creería que la niña recatada de mi tía es una tremenda puta que se deja coger por su chófer”. Andrea le preguntó que había visto y Claudia le contestó que había visto como la cogia y que le sorprendió como su culo resistía tan semejante guevo, pero le dijo “tranquila prima sé que desde hace un tiempo estás llevando guevo, un día que entré en tu cuarto pude ver una de tus pantaletas llenas de semen solo me faltaba ver de quien era”. Andrea le preguntó “qué quieres a cambio de tu silencio”, ni corta ni perezosa Claudia le contestó “quiero sentir ese mismo guevo que tú sientes prima”. Andrea le contestó “pero ese guevo es solo mío, él es mi hombre y no me importa que sea mayor que yo”. Claudia le contesto “no te pido que lo dejes para mi sola solamente quiero que lo compartas conmigo prima”, a lo que Andrea le contesto “déjame pensarlo por lo pronto voy a darme un buen baño”. Claudia le dijo “si prima ve que bien lleno de leche te dejaron ese culo”.

    A los 4 días estábamos en el hotel Andrea y yo cogiendo como ya era costumbre después de vaciarme en su rica cuca me contó lo hablado con Claudia yo le dije que por mi no había problemas que si eso costaba el silencio de su prima lo haría yo muy adentro de mi ser ya quería poseer a esa rubia y enterrarle mi guevo en sus huecos, después de esto le eché dos polvos más a Andrea y la dejé bien servida de leche.

    Habíamos quedado que en tres días saldría con Claudia la recogería al salir de la universidad, pero eso ya es parte de otra historia pronto les contaré la putita que es Claudia por lo pronto voy a coger a Andrea nuevamente.

    Espero les guste mis lectores, espero sus comentarios y correos para intercambiar fotitos.

  • Cogiendo con Dayana la gordibuena (Final)

    Cogiendo con Dayana la gordibuena (Final)

    Antes que nada quiero agradecer su interés en mi relato, y aunque ya tenía otros relatos, más avanzados, se me vino a la mente Dayana por una botella de ron que apenas utilicé, quise refrescar esa aventurita con mi gordita, y aunque había tenido sexo con chicas de cuerpo amplio, mi amiga al parecer las dietas no eran lo suyo, cuando nos conocimos ella tenía menos kilos, pero con el paso de los meses al parecer las dietas no hacían lo suyo, pero la amistad con ella era por ser una chica “chilanga”, divertida y abierta, y como les había comentado anteriormente ella había despertado la lujuria en mi y ese gran pollote no lo iba a dejar ir así nomas.

    Aparte yo andaba con la pila más que cargada porque estaba acostumbrado a coger constantemente y Sofía Marian tenía tiempo que no la veía por lo que mi depósito de leche necesitaba ser drenado.

    Ya había pasado algunos días también de que no me había citado con Dayana, me había mudado de departamento recientemente, ocupándome mis tiempos libres en los arreglos del departamento. Dayana lo sabía y aunque se había ofrecido a ayudarme la verdad es que no fue necesario, además de que el orden de las cosas yo era más meticuloso, es más ese Departamento no lo conocía aún Sofía Marian, ya que teníamos como un mes de no vernos, y se imaginaran como andaba cargado de testosterona, como toro de lidia encerrado en un corral. No fue mucho el tiempo para que ya el departamento estuviera al 100% como quien dice literalmente “acogedor”, por fin pude cuadrar con Dayana una reunión para salir a divertirnos como anteriormente lo habíamos hecho.

    Pero yo pensaba en que ya era tiempo de probar esa gran carne, y que justamente esa reunión por fin debía ser para coger, no había por qué darle más vueltas al asunto y creo yo que ella también lo deseaba, solo era cuestión de que se lo cantara. Nos reunimos como otras veces en un punto intermedio de la ciudad, pero más fácil de llegar a mi departamento ya que aún no teníamos un plan de lo que íbamos a hacer, bueno internamente yo si tenía un plan y ese consistía en llevarla a coger al departamento donde previamente había dejado todo en orden y limpio como siempre había acostumbrado, pero con un detalle de que había puesto unos inciensos de aromas exóticos, la vainilla y sándalo. El ambiente se sintiera enigmático, sensual y agradable por si se me hacía llegar con Dayana al departamento.

    Una vez que nos reunimos en nuestro punto de encuentro, yo llevaba las pilas cargadas como les había contado, jejeje como el conejito de las baterías Duracell me sentía, bien al full, así que cuando vi a Dayana sinceramente le diré que si noté que había subido totalmente de peso, la pinche gordita había entrado a los tacos bien cabrón, pero ingue su madre eso no iba a arruinar mi fantasía, además por experiencia sabía que las gorditas hacen muy buena chamba, son cariñosas, en fin eso no echaba para atrás mis planes y mucho menos los de ella, esa gordita se veía a kilómetros que quería pito, y de eso me iba a encargar de dárselo yo. La Güera misteriosa me tenía a dieta y yo ya no veía quien me las debía, sino quién pagará los platos rotos de la ausencia de mi hembra, así que Dayana iba a ser la ganona de mi lujuria.

    Como les decía, no había plan, así que le propuse que por qué no íbamos al departamento así lo conocería y pues podíamos ver una película de la televisión de paga (El Netflix de la época), podríamos pedir pizza, tomar algunas bebidas, etc. Ella entendió muy bien la señal ya que no se negó y aceptó la propuesta. En el trayecto le pregunté sobre su gusto en la bebida, ese día yo debía convencerla de cogerla, y en serio si hubiera un detector de testosterona como esos equipos que visualizan el calor corporal, yo creo que hubiera salido con visiblemente como si tuviera fiebre por mi deseo de querer sexo con tremenda y frondosa mujer, me dijo que le gustaría unos cócteles como piña colada o algo así, por lo que pasaos una tienda de conveniencia y pedí una botella de ron con coco, llegamos al nuevo edificio donde yo vivía el cual tenía portero (Persona que vigila la entrada), me vio pasar con aquella damita y con cara de discreción sonrió, supongo que él se imaginaba lo que estaba a punto de suceder en la intimidad de mi departamento ya que él sabía que era soltero. Aunque era nuevo en el edificio ya era viejo conocido en el mismo ya que tenía amigos viviendo ahí y ya sea que hiciéramos fiestas en su departamento o el mío (donde vivía anteriormente y que no estaba tan lejos) así que siempre estábamos en contacto.

    Subimos las escaleras hasta el segundo piso donde se encontraba mi departamento, y como todo buen caballero la dama por delante, admirando el gran cabuz que se cargaba mi amiga, saboreando ese gran culo que me iba a comer esa tarde, yo estaba mentalizado para eso, y no había vuelta atrás, ella coquetamente subió las escaleras y gozando el que me trajera atrás de ella, como perrito en brama.

    La hice pasar a mis aposentos, recibiendo de su parte buenos comentarios debido a lo organizado y acogedor del lugar, y los aromas de los inciensos que había prendido en la mañana aún se sentían en el ambiente, creando una atmósfera que al menos para mi era cachondo, el cual trate de transmitir a mi acompañante. Recorrimos el departamento que era pequeño pero muy bien ordenado, aparte de que su construcción era reciente. Le dije que podía ponerse cómoda en el sofá, aquel mueble que traía del otro departamento y tantas batallas habíamos pasado juntos, y esta vez me iba a ayudar con aquella mujer de talla fuera de los estándares a los que estábamos acostumbrados mi mueble y mi falo.

    Mientras ella veía a su alrededor la decoración un poco minimalista, con bambúes y figuras orientales, elefantes, etc. Mientras me cuestionaba al respecto, yo en la cocina preparaba alguna bebida para ir entrando en ambiente, falsamente yo pensaba que ella necesitaría una o dos copas de alcohol para que empezara a aflojar su ardiente cuerpo, prepare nuestras bebidas y yo ardía en deseo de que algo sucediera, después de los halagos hacia mi pequeño espacio y platica normal, brindamos por el momento (Y porque esa tarde me la cogería), sentados en el mismo sofá nos dispusimos a ver algo en la TV, cosa que era más que obvia que para mi no me interesaba lo que pasaba en ella, yo estaba ardiendo y segregando en el ambiente mis feromonas que se mezclaban con los aromas a madera y el dulce de la vainilla, el ambiente era propicio para el escarceo, cada vez coqueteábamos más de cerca y ya nos importaba poco lo que había en pantalla, por lo que me pidió que mejor pusiera música ya que no veíamos la TV, poniendo música relajante y cachonda, ante la charla y los temas picantes, hablábamos mas cerca, sus bellos ojos me hipnotizaron y la miraba directamente a los ojos transmitiendo mi deseo por coger con ella, en algún momento dirigí la charla hacia algo más sexual, tomando de referencia a la vez que me enseñó sus grandes y bellas tetas, a lo cual ella desafiante solo pregunto..

    Dayana: Te gustaron?

    Yo: Por supuesto me volvieron loco (mirándola a los ojos y después dirigiendo mi mirada hacia sus carnosos melones)

    Brindamos nuevamente mirándonos a los ojos, llenos de complicidad y lujuria, pidiéndole que me los mostrara nuevamente. Sabedor de que ella también deseaba algo, me recargue sobre su pecho, me mantuve ahí mientras según veíamos lo de la tv. Ella continuaba hablando mientras yo tenía mi mejilla sobre el escote de sus tetas, botando su “chilangueria” me dice:

    D: ¡Pinche warrior (Así me decía), tú lo que quieres es cogerme!

    Y: Uumm que comes que adivinas…

    D: Pues se te ve en la cara.

    Y: Si en verdad que me tienes loco desde que te vi por la computadora.

    D: Te dije que lo olvidaras, que eso no pasó.

    Y: No manches pinche Dayana, me tienes bien caliente…

    Y empecé a besarle las ubres por la parte del escote, ella solo suspiro y se rio, mientras yo continuaba entretenido, y de acuerdo con lo que ella me había comentado, ese era su punto débil, así que de ahí no me iba a soltar, mi deseo sexual y mis intenciones ya estaban más que a flor de piel.

    D: Ay warrior, que me haces, pinche warrior, ya lo tenías planeado verdad?

    Y: glub, glub “mjjj”

    Entre besos, y tratando de abarcar sus tetas en mi boca, solo asentía con la cabeza y le murmuraba que si.

    Y: Desde que vi tus tetas me levanto en las mañanas con ganas de cogerte mamita… Mira como me tienes (Dirigiéndole una mano a mi pinga)

    D: No mames cabrón, me pones bien caliente también, y este amiguito tuyo se ve rico.

    Una vez que ya estaba dicho todo de ambas partes era más que obvio que esa me iba a coger a mi amiga la gordita, me encargue de sacar esas grandes tetas de su prisión temporal, para tener un festín, yo estaba engolosinado con semejantes y voluminosas tetas.

    Otro punto más para ese sofá, estaba a punto de cogerme a la gordibuena, y casi la desnudaba en ese sofá y liberaba mi verga del pantalón, el cual ella se dedicó a acariciar y jugar con el tronco que pronto la penetraría.

    D: Pinche mono, nada más para eso me quieres verdad…

    Y: No cariño, me caes a toda madre, eres lo mejor, pero te traigo unas ganas que no puedo con ellas.

    D: Bueno ya que ingue su…

    Ella estaba tratando de actuar su papel de pura e inocente, pero se que ella también lo deseaba al igual que yo.

    Nuestras bebidas quedaron en el olvido, me había dado cuenta que según mi plan de darle alcohol para que me soltara su gran cuerpo no era necesario, ya que no llevábamos ni la mitad de nuestros vasos y ella ya estaba más que entregada a mis caricias.

    Los besos y caricias iban y venían de mi hacia ella y ella hacia mi, su respirar agitado se escuchaba, a la vez que quería reclamarme y decía en resoplidos

    D: pinche warrior, pinche warrior eres bien pinche caliente cabrón…, wey te sales con la tuya

    Y: Así me pones mi amor… Además tu también lo quieres, ¿o no pinche Dayana…?

    D: Umm que cabroncito me saliste pero es verdad, si se ve rico eso.

    Era tiempo de empalar a la gorda de mi amiga, en serio que ya no aguantaba más la presión y la lujuria por coger con ella. Así que aproveché para levantarme y soltar mi pantalón frente a ella, por lo que se abalanzó a meterse en esos labios sensuales de su regordeta cara, como desesperada se lo trago, en sus mejillas se veía el bulto de mi verga al tragarla, no soy un wey de una polla kilométrica pero tengo lo mío, ella estaba confirmando mi teoría de que esa mujer gordita iba a ser una gran experiencia y que de ella iba a recibir lo que con ninguna otra dama.

    Me dio una rica mamada, ella sentada en el sofá y yo parado frente a ella, dirigiendo con mis manos la intensidad de sus magistrales movimientos y succiones sobre palo, recorrió la zona de mis genitales con su boca y lengua hasta que le pedí se levantara para amasar esas amplias carnes mientras nos besábamos, mi real intención era poder desabrochar sus jeans que no sé cómo madres había entrado en ellos, unos jeans de mezclilla elástica que hacían verla coqueta y sensual a esa dama cachonda, con un poco de su ayuda fui tirando sus jeans para abajo, mientras besaba sus tetas y grandes pezones que me ponían más caliente y mi verga ardiendo de vez en cuando tocaba parte de su regordete cuerpo, mis manos por fin tocaban sus amplias y gordas nalgas, sorprendiéndome que la muy zorrita traía una tanga y al sentir su panocha, estaba más que húmeda diciéndome al sentir mis dedos:

    D: ¿Te gusta?, Pinche warrior, me tienes bien caliente.

    Y: Mamita, tú me pusiste así desde que me mostraste a tus nenas, además tu también lo quieres, o no?

    D: La verdad sí.

    Y: ¿Pensaste en algún momento que esto iba a suceder? Yo creo que si, por eso estamos aquí y tu así… Además esa tanga cachonda, ya sabias que te iba a coger verdad…

    D: Pues quien sabe si te ibas a decidir, pero por si las dudas vine así…

    Y: Te agradezco mucho ese detalle y mira lo que lograste, tócalo…

    D: Si pinche warrior lo tienes rico…

    Volvimos a lo nuestro, me senté ahora en el sofá, y ella parada frente a mí le pedí se girara para que la guiara en unos sentones sobre mi verga, antes me coloque un condón, y ese enorme culo se fue sentando en mi falo que parecía insignificante ante tan tremenda colota de mi gorda cachonda, se dio unos cuantos sentones, que fue un poco incómodo por la posición, su peso, y con el pantalón aun a media pierna impidiendo movimientos libres, pero lo que importaba era que mi falo ya estaba dentro de esa gran funda. Dayana se daba sentones agarrando sus tetas que se movían en cada embestida, yo trataba de suavizar los movimientos de ella con mis manos para que no me cayera con todo su peso, temía que en una de esos sentones doblara mi pene y lo fracturara. El sonido en la sala era de la película que estaba en TV, y los resoplidos míos al recibir tal placer de la carne de la ardiente panochota de mi sexy gordita, que rico cogia ella.

    D: Así warrior, dámela cabrón…

    Y: Si mamacita, así muévete me estas matando, que rica estas piche amiga…

    Unos movimientos más, y como era muy complicado en el sofá ella sugirió que nos fuéramos para la recamara, la muy golosa quería estar más cómoda, también yo quería disfrutar de ese gran cuerpo de mi amiga la gordita caliente.

    Nos terminamos de desvestir a prisa en mi recámara (era la primera vez que llevaba a una amiga al departamento que recientemente me acaba de mudar), dejamos botada las prendas de uno y otro para acomodarnos en la cama, iniciamos con la típica posición del misionero, para tenerlos de frente y poder amasar sus tetas, era fascinante la forma de tener a mi bella amiga de frente a mi y mi cuerpo metido entre sus anchas piernas, le besaba sus enormes tetas, sus labios mientras nos mirábamos a los ojos, su mirada coqueta me tenía cautivado, mientras bombeaba el interior de su vagina, no quise ser descortés, por lo que me separe un poco de ella, para besar su cuerpo hasta llegar a su húmeda panocha, estaba atragantando de ese manjar húmedo que me daba mi amiga, la saboree y ella se dejaba hacer todo lo que yo quería, solo se escuchaba sus gemidos y de repente algún “reclamo” de su parte:

    D: Así, sigue así cabrón, me querías coger verdad…

    Y: mjjj… slup, slup (mientras metía mi cara entre sus piernas)

    Después ella cambió de posición, se puso arriba de mí, se movió muy delicadamente, ella gemía muy rico, estaba dando el bautizo a la recamara, que aún no había estrenado ninguna amiga ni con la Güera misteriosa, los retumbos de la cama por los movimientos se escuchaban en la pared, y no hice nada para silenciarlos, tenía a esa chica de talla grande sobre mi, y no dejaba moverme de ahí, ella se estaba desquitando de quien sabe cuánto tiempo en ayunas, bueno yo también había tenido ya más de un mes en ayunas, además no me importaba el qué dirán de los vecinos, el ruido de la cama y sus gemidos delataban que la estábamos pasando bien ahí dentro.

    Ella se portó de maravilla, tuvo al menos uno o dos orgasmos, mientras yo hacía esfuerzos por no terminar ahí mismo, le pedía descansar un rato, pero entre pausas ella me mimaba y sonriente solo jugaba conmigo, para no hacer más largo el relato, les diré que lo que me cautivo, fue cuando ella se colocó de perrito, no mamen, pinche culote frente a mi (jajaja me río ahora) de lo ridículo que me vería, ella de talla extra y yo más estrecho y un pitito (Mucho sartén para dos huevitos), pero ingue su, me tire a matar, si mi gorda lo quería, me le fui como perro que no ha comido carne en varios días, me afiance de sus anchas caderas, y me metí entre sus dos carnosas nalgas, volviendo a salir la bestia, tratando de ser brusco en mis movimientos para que ella sintiera mi falo en lo profundo de su ser, le daba nalgadas en tan anchas nalgas, dejándoselas rojas, se escuchaba el sonido de nuestro golpeteo de cuerpos, las nalgadas que le propinaba en esas amplias carnes, yo estaba sudando a raudales, se me salía el corazón, gemía y pujaba por tratar de llenar completamente la pucha de mi amiga, ella solo gemía, casi gritaba cuando sentía mis embestidas y mis nalgadas:

    D: Así warrior, así papi, sigue así mi amor…

    Y: Ay mamita estas bien pinche rica…

    Y: No mames, me estas dejando bien jodido…

    D: Ayyy, ayyy asiii… así… Me vengo otra vez… dame lechita warrior…

    Y: Ummm sii ahí te van…

    D: SI papiii, dámela… me estoy viniendo…

    Mi eyaculación fue inminente ante tales palabras y concentrándome para no quedarle mal a mi amiga, empecé a sentir que ya me venía, por lo que se la saque de su panocha rápidamente, quite el condón, botándolo fuera de la cama para que mi pene escupiera toda su flema sobre las anchas nalgas de mi amiga, las cuales estaban rojas de las embestidas de mi pelvis y de las nalgadas que le había dado… Yo era estaba bañado en sudor, el corazón me latía a mil por hora, pinche gorda si me dio batalla la cabrona, en verdad a toda madre mi amiga, quede rendido sobre su regordete cuerpo batiendo mi leche en su cuerpo y el mío por el contacto, terminamos oliendo semen y sudor, que gran faena me había echado con ella..

    D: Warrior, eres un hijo de la chingada.

    Y: ¿Yo, por qué?

    D: Porque me trajiste aquí a coger y no a ver películas…

    Y: Uumm pues sí, ¿pero tú no querías?

    D: Wey no te hagas pendejo, sabes la respuesta.

    Descansamos un poco en la cama, y ella se dedicó a atenderme, se afianzó de mi verga nuevamente, estuvo acariciándolo y acicalando, como si se tratara de una mascota, se lo llevó a la boca nuevamente, hasta que me puso nuevamente loco, la gorda sabía hacer lo suyo, bueno yo también me dedique a sus grandes tetas que era lo que más me había llamado la atención desde que me las enseñó, tuvimos otro encuentro esa tarde noche, hasta que me dejó muerto nuevamente, sudado, débil que cuando me baje de la cama me tenía mareado, en una de esas me iba a caer pisando algo que estaba a un lado de la cama. Prepare el baño, y nos arreglamos, ya era tarde cuando la fui a dejar a su casa, y me di cuenta que lo que había pisado había sido mi celular, le había partido su madre (a mi celular carísimo de la época) porque esa gordita me había dejado para el arrastre cuando salí de la cama, estaba totalmente des-lechado y sin fuerzas.

    Y una vez más había confirmado que las mujeres gorditas o gordibuenas, son a toda madre, en el sexo son muy bien portadas, cariñosas, comprensivas, abiertas. Mi amiga no era una súper modelo, y aunque sus facciones de la cara eran bellas, cuando salía con ella, trataba de que no me relacionarán como su novio, pero la verdad es que esta chica una vez más me ponía los pies en la tierra, demostrando que no necesitaba cogerme a una chica tipo Mia Khalifa para disfrutar de un buen orgasmo. Siempre va a estar en nuestra mente y en la necesidad que tengamos para disfrutar del placer del sexo (jeje y yo ya andaba bien urgido).

    La botella de licor que había comprado para esa ocasión con Dayana nunca más la use, por lo que estuvo guardada junto con otras botellas de licor, conservándose por años casi intacta ya que solo había servido dos copas esa noche con Dayana, y en una peda reciente a la fecha de hoy que escribo el relato, tuve una fiesta, y cuando se acabó la bebida, saque de la bodega las botellas que tenía guardadas, encontrando la única botella de ron que me quedaba, y la compartir con los amigos, en mi interior brindando por aquella gordibuena que fue la que descorcho en su momento la botella y yo a ella.

    Un brindis para mi gordibuena amiga que me dio una de las mejores cogidas y esa botella que esa noche mis amigos y yo terminamos su contenido. Gracias Dayana…

    Muchas gracias por leer mi relato, recordándoles que es 100% real, solo cambió los nombres de los involucrados, las situaciones, y detalles trato de ser lo más fiel a lo vivido.

  • Mi tío me da a mamar su pene

    Mi tío me da a mamar su pene

    Mi tío y yo pasábamos mucho tiempo solos, él tenía una casa en un pueblito a las afueras.

    En un principio solo iba para ayudarle con las labores del lugar hasta que un día nos emborrachamos y ya muy tomados tuve que ayudarlo y llevarlo a su cama ya que no podía caminar sin chocarse.

    Cuando llegamos se arrojó a la cama, pero debido a la maniobra su pantalón junto con su ropa interior quedaron cerca de sus rodillas dejando al descubierto su pene flácido y peludo.

    Al verlo me excité mucho y me dio curiosidad tocarlo, pero no sabía cómo abordar la situación con mi tío, pero él dijo una frase que interrumpió mis pensamientos:

    -Sabes sobrino, tiene mucho tiempo que no estoy con una mujer ¿no quisieras echarme una mano? No le diré a nadie.

    Yo respondí: no lo sé tío

    Y él dijo: anda, será nuestro secreto

    Tomó mi mano y se la llevó a su pene, yo acepté y me arrodillé al lado de la cama y empecé a tocar su pene, se sentía duro, pero suave y escuchar los gemidos que daba mi tío al tocarlo me excitaba.

    Ya estaba súper excitado y su mano acercó mi cabeza a su pene y me dijo: -mámamela. Enseguida me metí su pene a la boca y era una sensación que me gustaba mucho, tenía un sabor entre dulce y salado, pasaba mi lengua por su tronco hasta la cabeza, le daba besitos y lo masturbaba con la mano, tenía su verga muy cabezona, me llenaba la boca por completo aunque me costaba trabajo metérmela toda, pero yo estaba contento masturbando a mi tío con mi boca y de pronto me dijo: “sobrino, ya no aguanto, la mamas muy rico, más rico que una mujer, ahí te va tu lechita”. Y dentro de mi boca estalló su pene llenándome la lengua de semen, yo me lo tragué y limpié los restos de semen que se había derramado con la boca y le dije: “gracias tío, estuvo muy buena tu leche, me gustó mucho ¿mañana me das más?”.

    Al día siguiente yo estaba dormido en el sofá y mi tío me despertó subiéndose en mi de rodillas frente a mi cara con su pene apuntando a mi boca.

    -Buenos días sobrino, vine a darte de desayunar

    Y metió su verga a mi boca mientras ponía su mano detrás de mí cabeza para hacerme mamar a su ritmo, yo le decía: “que rico lo tienes tío, quiero desayunar así toda la vida”.

    Él me estuvo cogiendo por la boca un buen rato, en un principio yo sentía su cabezota llegar a lo más profundo de mi garganta haciéndome sentir ganas de vomitar, pero con el paso de los minutos se me hacía más fácil cada vez tragarme su verga hasta adentro, yo podía ver su cara de éxtasis cuando veía su verga desaparecer dentro de mi boca a veces sacándola por completo para darme golpecitos en la cara y hacerme desearla más, ya para terminar me dijo: “abre la boca sobrino que me vas a sacar la leche”. Abrí mi boca y saqué mi lengua para recibir la leche de mi macho y a lo largo de toda mi cara empezó a caer su semen caliente cayendo un poco en mi lengua y casi todo cerca de mis ojos.

    Mi tío hizo que le limpiara los restos de semen que caían por su pene y me dijo que si tenía más hambre en el día que le dijera para que me diera de comer otra vez.

    Las cosas se fueron dando y cuando nos quedábamos a solas buscábamos cualquier pretexto para que mi tío se sacara el pene y yo se lo mamara, hoy en día seguimos teniendo nuestro secretito y sigo disfrutando de la verga de mi tío a escondidas.

    Ojala que hayas disfrutado de mi relato, cuéntame tu historia de incesto en los comentarios si es que tienes una. Hasta pronto.

  • Un carro y un dotado

    Un carro y un dotado

    La relación con Juan vivía los mejores momentos, no solo personales ya que por alguna razón poco a poco mi vida iba mejorando, ya habían pasado 3 años de mi segundo divorcio y en ese momento pensaba que Juan era el hombre que necesitaba.

    En el ámbito sexual él se había convertido en un verdadero semental, su enrome verga me daba placer todos los días, yo más que adolorida estaba vuelta una adicta, no importaba ya si fuera en su casa, la mía o en un hotel, de hecho, la idea de ir a vivir juntos era un tema que se tomaba diario.

    Recién me acaba de comprar un auto, la verdad estaba yo muy feliz, me había esforzado mucho y las cosas en el trabajo iban muy bien, es día decidí ir por Juan para ir a celebrar.

    Me puse mi minifalda negra, mi blusa escotada ros ay mis tacones rosas, lo quería impresionar y el al verme me demostró que le había encantado mi vestimenta.

    J: ¡Mi amor, pero te ves espectacular!

    C: ¿Te gusta cómo me veo?

    J: Me fascina, Cindy, ¡tú siempre sabes cómo endurecérmela!

    Subimos al carro y fuimos a comer, cenamos langosta y estábamos ene l carro nuevamente planeando vivir juntos, peor Juan estaba muy excitado, sus manos no dejaban de tocarme las piernas, me besaba el cuello, me agarraba la mano y la llevaba a su duro y enorme pene, el cual por la excitación parecía que rompería el pantalón en cualquier momento.

    J: Mi amor, ¡te ves buenísima!

    C: ¡Ya!! ¡Tranquilo, mejor sigamos planeando lo que estábamos!

    J: Eso trato, pero tus piernas me la ponen dura, te ves toda una seductora y como se te miran las tetas, es imposible concentrarme.

    A diferencia de otros novios, Juan me habla un poco vulgar, esas palabras de albañil no las podía dejar de decir, pero me había acostumbrado a su sexo que yo toleraba todo, la verdad quería estar bien con él y por eso, accedía a todo lo que me pedía.

    Él estaba muy caliente y como lo deje manejar, llevo el carro a una calle oscura cerca de la casa, ahí como loco empezó a besarme, metió su mano debajo de mi falda y con sus dedos acariciaba mi vagina.

    C: ¡Cálmate, aquí no, vamos a tu casa!

    J: No, tengo visitas, ¡mejor a la tuya!

    C: ¡Me toca cuidar a mi hija, no creo que sea buena idea!

    J: ¡Entonces aquí!!

    C: ¡Dios, no!!!

    Trate de detenerlo, pero fue en vano, Juan se sacó su verga de su pantalón la cual ya estaba húmeda y erecta como un tronco, yo al ver su enorme bestia no me quedo de otra y me deje llevar, el reclino el asiento hacia tras y yo fui directo amar su enorme y duro palo.

    Con una mano tomaba su tronco y con la otra le acariciaba sus bolas, llevaba su enorme bestia a mi boca, le chupaba la cabeza como si se tratara de un paletón, el gemía y miraba para todos lados, me apretaba la cabeza y me ahogaba metiendo su verga hasta mi garganta.

    No solo me ahogaba apretándome al cabeza a su verga, con sus dedos comenzó a palpar mi vagina por dentro, sus movimientos estimulaban rico mi clítoris, Juan sabia tocarme bien, fue entonces que más excitada me olvide de donde estábamos y solo quería ser tomada por mi macho.

    C: ¡Sabe muy rica tu verga, me vuelve loca!

    J: Nadie me la ha mamado como tú, ¡me tienes pendejo!

    C: Y tú me tienes loca, te gusta, ¿te gusta cómo te chupo?

    J: ¡Sí!! sigue, ¡sigue comiéndote mi virote!!!

    Juan me rompió la tanga y metía prácticamente su mano en mi vagina, yo ya húmeda gozaba de su acto, continúe mamando su verga, pero en un momento ya no agentaba las ganas de montarlo, así que me levante la fada y subí en él, nos besamos salvaje y el tomándome de la cintura me empujo a su rico palo, yo fascinada me deje caer en él, tome el volante como apoyo y empecé a cabalgarlo de forma alocada.

    J: ¡Eso, muévete reina, ah!

    C: ¡Si, agh, que rico, ah!

    J: ¡Me encanta tu vagina, uhm!!

    C: ¡Que duro, dios, ah!!!

    Ya no nos importaba que estábamos en mi carro, ni que estábamos en una calle, solo seguíamos dándonos placer, el subió mi blusa y estrepitosamente saco mis tetas del brasear, las lamia y besaba, su lengua jugaba mis pezones y eso me ponía más caliente, la verdad todo lo que él hacia me prendía, él era el macho que siempre había esperado.

    Él se fue al asiento trasero, donde sentado casi acostado me tomo de la cintura y siguió penetrándome, yo me agarraba de las cabeceras de los dos asientos de adelante y me empujaba hacia él, miraba a los lados y no pasaba nadie, cerraba mis ojos y meneaba mi cadera en círculos, eso Juan lo disfrutaba al máximo, me seguía maltratando las tetas y más duro y rápido me penetraba.

    J: Ah, ¿quién es tu macho?

    C: ¡Tú, tú lo eres!

    J: ¿Te gusta cómo te cojo?

    C: Si, ah, cógeme, más, ¡dámela toda!

    J: ¿Quién es mi perra?

    C: ¡Yo, yo soy tu perra!!

    Juan me estaba dando delicioso, a lo mejor escuchaba voces y más me ponía cachonda.

    C: ¡Nos van a ver, ah!

    J: ¡Me vale, ah!

    C: ¡La policía nos vera!

    J: ¡Uhm, lo único que verán es como te cojo, ah!

    No sé si nos vieron, lo único que siguió fue que improvisamos un estilo perrito, yo empinada en el asiento tarsero con la falda en la espalda y las tetas de fuera reciba los empujones de mi novio dotado, Juan se deleitaba con mis nalgas, al apretaba, arañaba y nalgueaba, era su puta, pese a ser novios en el sexo el me trataba como una cualquiera y eso me ponía más caliente.

    J: ¡Eso, toma, ah!

    C: ¡Más, dámela toda!

    J: Pídemela, ¡pídeme mi verga!!

    C: Dámela, cógeme, ¡dámela rico!

    J: ¡Toma, aquí está tu trozo, disfruta la empalada!

    C: ¡Ah, si, ah!!

    El carro se movía fuerte, el seguía embistiéndome con todo, sus manos apretaban mis nalgas, yo también movía mi cuerpo, quería hacerlo gozar, quería que mi macho se satisficiera.

    J: Así, muévete, ¡que rico mueves esas nalgas!!

    C: ¡Me vengo, agh!

    J: ¡Si, ah, sácame la leche, sácame al elche puta!

    C: ¡Si!! Soy tu puta, ah, ¡dale su elche a tu puta!!

    J: ¡Dios, agá, ahí viene!!

    C: ¡Ah, uf, dios!!

    Comenzó a llenarme de su semen caliente ye espeso, el orgasmo era maravilloso, yo también escurría sacando mi éxtasis, Juan gemía fuerte, yo hacía lo mismo, éramos tal para cual.

    J: ¡Uf, que rico mi amor!

    C: ¡Eres un sexoso, uhm!!

    Reposamos, nos acomodamos la ropa y nos fuimos a la casa.

    Con Juan pase maravillosos momentos, pero todo cambio de repente, sus celos y sus tontas ideas, empezaron a fracturar nuestra relación, al punto de agredirnos físicamente, finalmente esa relación llego a su fin, y yo que me sentía más entrada volví a caer en lo mismo y nuevas experiencias sexuales llegaron, las cuales les contare más adelante.

    Beso de su amiga Cindy.

  • Familia sumisa de un Amo (1): El inicio

    Familia sumisa de un Amo (1): El inicio

    Mi nombre es Pedro, tengo 44 años y una vida familiar se podría llamar que normal, tengo una mujer guapa que todavía no tiene 40 años, un hijo de 16 y una hija de 10.

    Como cualquier pareja que lleve muchos años casados pues follamos Ana y yo esporádicamente, los fines de semana el sábado o el domingo, pero habíamos caído en la rutina, ella ya no era la zorra con la que me hice novio ni yo tampoco el semental que prometí.

    Como cualquier casado me hacía pajas fantaseando con lo que fuera, hasta que un día coincidí en la cena de empresa con Alberto.

    Cenábamos en la misma mesa y como siempre bebimos de más, se nos hizo tarde y con las bromas decidieron los compañeros ir a tomarse la última a un puticlub que había cerca. Así que fuimos.

    Yo hacía mucho que no iba a uno, y las chicas, extranjeras su mayoría nos empezaron a sobar, algunos subieron con ellas pero Alberto y yo nos quedamos en la barra.

    Las chicas me habían dejado la polla a cien, aunque estaba bastante achispado, y no pude evitar ver la erección que escondía el pantalón de Alberto.

    -Joder como nos han puesto -le dije.

    – Ya ves, la tengo durísima, subiría, pero el sexo de este rollo me aburre bastante… -dijo con una sonrisa.

    – Si -afirmé sin mucha convicción- la verdad es que no me quería gastar una pasta esa noche, nos vamos?

    – Me llevas? -me dijo.

    – Si claro.

    Cuando salimos fuera el aire me despejó un poco y me dieron ganas de mear, así que me retiré detrás de un camión en el parking, y me saqué la polla para mear.

    Alberto se puso a mi lado y empezó a mear también.

    Tenía un pollón, mucho más grande y grueso que el mío.

    Me miró sonriendo mientras terminaba la meada y se la sacudía…

    – Que tal? Te gusta lo que ves?

    – Emm, si, digo no… -dije atropelladamente.

    – Uf, la tengo todavía bastante dura -dijo mientras se empezaba a masturbar.

    Yo me quedé sin saber qué hacer, con mi polla en la mano, que había terminado de mear, pero no me había guardado y Alberto haciéndose un pajote en su pollón.

    -Creo que me voy a hacer una paja… me ayudas?

    No sabía que responder, pero me estaba poniendo muy cachondo.

    -Si claro, que quieres que haga?

    – Hazme una paja…

    Cogí el miembro duro como una piedra y empecé a pajearlo estando a su lado.

    Empezó a soltar líquido seminal mojándome la mano y yo seguía dándole a su polla…

    -Has probado alguna vez una polla? -me dijo excitado.

    -No -le mentí, cuando era más joven mis primos me hacían chuparle las pollas todo lo que duraba el verano.

    -Chupámela anda -me dijo cogiéndome la cabeza y poniéndome de rodillas.

    Me la metí en la boca, casi ni me cabía, y empecé a mamársela despacio.

    -Muy bien -me dirigía- más adentro, así así…

    Fui cogiendo ritmo hasta que empezó a jadear, en ese momento me aparté y se corrió en el suelo.

    -Uf -dijo- que bien ha estado, gracias amigo.

    – de nada, ha sido un placer.

    – De verdad? -dijo pícaro- te ha gustado?

    – la verdad es que me ha puesto cachondo, no soy homosexual pero ha sido muy morboso.

    -Deja que te invite a una copa en mi casa, quieres?

    Le dije que vale, porque con tanto calentón se me había pasado la chispa y todavía no era muy tarde.

    La casa de Alberto era una vivienda unifamiliar a las afueras, la verdad no muy diferente a la mía.

    Al entrar pudimos ver que la casa estaba casi en silencio, solo quedaba algo de luz en el salón porque estaba la hija de Alberto viendo la televisión, en pijama.

    La chica era una adolescente de 18 años, de pelo negro y con pocas curvas, cambiaba de canal mientras nosotros entramos.

    Me dijo Alberto que me sentara y me senté en el sofá de enfrente, Alberto me trajo una copa y me la puso en la mano, se sentó al lado de su hija.

    – Que tal Mónica? -le dijo.

    – Pues aquí aburrida, no hay nada interesante en la tele…

    -No sales hoy? -le dijo su padre.

    -No, están la mitad con gripe… así que nada… a joderse -respondió.

    El padre disimuladamente pasó el brazo por el hombro de su hija y le metió la mano por dentro, tocándole un pecho.

    La hija hizo como si nada mientras el padre me miraba y sonreía. Se me puso otra vez dura.

    Como el padre pellizcaba sin disimulo el pezón de la hija dentro del pijama pronto la cara de Mónica cambió de intentar ver la televisión a poner cara de excitada.

    -Has visto que ricura tengo en casa Pedro?

    – Si -le contesté, estaba empalmadisimo dentro del pantalón.

    -A ver cuánto, sácatela -me dijo.

    La chica me miró mientras gemía, y me la saqué.

    – Vaya si está dura no? A ver si podemos arreglarlo… Mónica quítate el pijama…

    La chica se levantó quitándose la parte de arriba dejando ver sus tetas perfectas pequeñas y quedándose en unas braguitas rosa.

    Yo empecé a masturbarme furiosamente, estaba muy cachondo.

    – cariño no dejes que nuestro invitado se tenga que pajear el… échale una mano.

    La chica se puso de rodillas y se metió mi polla en la boca, aunque iba achispado no tarde en correrme en su boca ni dos minutos. Ella lo tragó todo.

    Después se puso de pie y le dijo a su padre.

    -Algo más papi?

    – No cariño, ve a tu habitación, después iré a darte las buenas noches.

    La chica recogió su pijama y empezó a subir las escaleras, cuando el padre le dijo…

    -no te toques eh?

    – No papá -contestó.

    Yo no sabía bien que hacer ni que decir, me guardé la polla y me puse de pie, farfullé una excusa de que me tenía que ir y Alberto me acompañó a la puerta.

    -Hasta el lunes -me dijo.

    Yo me metí en mi coche con la cabeza hecha un lío, medio borracho y asombrado.

    -continuará…

  • Doña Eugenia y su hija (Partes 1 y 2)

    Doña Eugenia y su hija (Partes 1 y 2)

    Esta es una historia que comenzó hace unos cuantos años, pero que todavía continúa hasta que el cuerpo aguante. Soy una persona divorciada, 50 años, con un buen trabajo, 1,70 de estatura, complexión fuerte y con muchas ganas de follar.

    Todo comenzó cuando la vecina de arriba Doña Eugenia quedó viuda, era una buena hembra y siempre me había llamado la atención, unos pechos abundantes y un buen culo, sus 65 años los llevaba muy bien, alguna paja ya me había dado pensando en ella, pero nuestra relación era solamente de buenos vecinos.

    A los pocos meses de la muerte de su marido, tuvo un problema con las cañerías de su casa y el agua pasaba hasta mi casa, así que subí para ver cuál era el problema, la señora está nerviosa porque no sabía qué hacer y se lamentaba de los problemas que me estaba causando, iba con una bata con un buen escote y enseguida mis ojos se fueron a semejantes monumentos, casi no escuchaba sus lamentos solo me imaginaba en comerme esas tetazas una y otra vez, cuando volví en si la abrace tiernamente y le dije que no se preocupara que yo me encargaba de todo, desde allí mismo llame al seguro de la casa y ellos se encargarían de todo.

    Me lo agradeció mucho y ya más tranquilos me invitó a tomar un refresco y comenzó a contarme su vida, que si sus hijas no la visitaban, que se encontraba muy sola, que ya era muy vieja. A lo que le contesté que de vieja nada que estaba muy bien y siempre que me necesitara que solo tenía que llamarme, cosa que hizo que se le iluminara la cara y que me diera un buen abrazo, y noté como sus pezones de habían puesto duros y mi pija de comenzaba a empinar, pero por ese día ya tuvimos bastante.

    Nada más bajar a casa ya comencé a idear que esa hembra tenía que ser mía, comencé por hacer el encontradizo con ella, y cada día la notaba más contenta, me llamaba con frecuencia con cualquier excusa y cada vez con más familiaridad nos tuteamos y yo más efusivo, le encantaba que le dijera lo bonita que estaba.

    Llegó su cumpleaños que me había anunciado con antelación y me invitó a subir. Allí estaban sus hijas y sus nietas, ellas me agradecieron las atenciones que tenía con su madre. Eugenia estaba preciosa con vestido ajustado que le resaltaba sus lindas tetas y su hermoso culo, yo todo contenido porque estaba para comérsela aguante como pude.

    Cuando ya se hizo tarde bajé para mi casa más caliente que un mono, me despedí de sus hijas las que de nuevo me agradecieron y me pidieron que cuidara de su madre, cosa que en mi mente lo tenía muy claro. Desde mi ventana vi que se iban, puse en marcha todo mi plan. Le había comprado un ramo de rosas rojas que sabían que le gustaban y subí de nuevo.

    Eugenia se llevó una sorpresa cuando me vio de nuevo y más aún cuando vio el ramo de rosas, no sabía qué hacer ni que decir, yo aproveché para abrazarla bien fuerte e intentar darle un beso en la boca, cosa que rechazó nerviosa.

    —Lo siento —me dijo suavemente— ya sabes que soy muy religiosa y el sexo es casi todo pecado, a lo que le conteste que era una mujer bien linda y que se estaba perdiendo lo mejor de la vida que tenía el derecho de disfrutar de la vida plena.

    Así quedó la cosa, le di un beso en la mejilla y me fui para casa con calentura y enfadado, cosa que ella notó.

    Para aliviarme un poco me puse una peli porno de mujeres maduras cuando suena el timbre, abro y allí estaba Eugenia, ahora el sorprendido era yo, casi no me salían las palabras, hasta que la invité a entrar, la peli seguía corriendo así que los gemidos se oían desde la puerta y me preguntó que si estaba con alguien “no, no –balbuceé- es solo una peli”.

    La hice pasar, seguía con el vestido que tanto me excitaba, nos sentamos en el sofá y quité la peli. Comenzó por pedirme perdón por la brusca que había sido, que así la habían educado, que solo había tenido sexo con su marido y de vez en cuando. Le pregunté que si había tenido algún orgasmo en su vida, se puso colorada, pero moviendo la cabeza él no era la respuesta.

    La abracé cariñosamente y hablar de sexo de sus placeres y lo bueno que es para la salud, ella me confesó que no sabía nada solo abrir las piernas y que su marido se la metiera y cuando se corría se quitaba y a dormir, además que ya era vieja para esas cosas, pero que conmigo se sentía que algo le pasaba por su cuerpo, que había notado que su vagina se humedecía cuando yo la tocaba y que ahora estaba así.

    Puse de nuevo la peli para que viera como mujeres mayores que ella se lo montaban mientras le acariciaba el cuello, ella no perdía detalle de la peli mientras comenzaban unos suaves gemidos, “no sabía que se hacían esas cosas” me susurró, “y más -le contesté- el sexo es bello”. Mientras esta vez sí que le pude besar los labios suavecito al principio y respondió mientras mis manos ya acariciaban sus tetas por encima del vestido y enseguida noté como los pezones se le ponían duros. Bajé mi lengua por su cuello y los gemidos fueron a mas, le puse sus mano en la bragueta para que notara como se había puesto mi pija al principio con miedo, pero ya no la soltaba, nos levantamos del sofá y la abracé bien sujeta para que su coñito notara mi polla mientras que nuestras bocas se fundían cada vez más, mis manos en sus nalgas y ella bien abrazada casi ni me dejaba respirar.

    Le fui bajando el vestido y allí estaba mi diosa con la bragas mojadas y el sujetador a punto de estallar, no hablaba solo gemía, me intentó quitar la camisa cosa que le tuve que ayudar y me quité los pantalones y mi boca fue directa a sus tetas y mi mano a su coño que estaba empapado, ella torpemente busca mi polla hasta que la encontró bien caliente.

    La llevé para la habitación y la tumbé, cuando me quité el calzoncillo exclamó que nunca había visto una cosa así, le bajé sus bragas y tuvo intención de taparse su rajita, le sonreí y le quité el sujetador, allí estaba Eugenia desnuda, era como si fuera la primera vez, así que actué con mucha delicadeza, primero lamiendo sus tetazas y sus pezones que como me imaginé eran tremendos, duros y color café, mientras acariciaba su coño peludo, solo gemía y gemía, “ahora vas a saber lo que siente una mujer” mientras le abría sus labios vaginales y comencé a darle una buena lamida, tenía un clítoris grueso así que ataqué sin piedad.

    Los gemidos ya eran gritos “¡me gusta me gusta! ¡Sigue cabrón sigue así! Sin dejar de acariciar las tetas noté como le venía un flujo delicioso y su cuerpo se arqueaba “fóllame -gritaba como una loca- métemela toda”. Yo seguí trabajando el clítoris hasta que sacó el último jugo, cayó como desmayada.

    Me acosté a su lado y me miró complacida “lo que me he perdido” dijo y le contesté “esto solo acaba de empezar”. Cogió mi polla y comenzó a pajearla, como me imaginé no había chupado una polla en su vida, así que se la ofrecí, al principio la rechazaba porque decía que le daba asco, pero la comenzó a besar, luego a pasar la lengua y así hasta se metió el capullo y poco a poco le fue cogiendo gusto. “Me gusta -dijo la muy zorra- está rica” mientras volvía a tragársela toda.

    Cuando ya estaba bien armada de nuevo se la saqué de la boca y apunté a ese coño tan rico, y de un solo golpe se la metí hasta los huevos, y como se puso, se movía, subía su culo para que entrara mejor. “Dale fuerte cabrón dale fuerte” y un mete y saca cada vez con más fuerza hasta que de nuevo sentí como se corría y le di una buena ración de mi leche y así nos quedamos un buen rato. Eugenia tenía una cara maravillosa y de sus ojos salieron unas lágrimas de felicidad y yo feliz de darle una gran follada. Estuvimos toda la noche hasta que caímos rendidos de tanto follar.

    Desde aquel día, siempre que subía a su casa ya me esperaba solamente con la bata y con una buena mamada es como me recibía, poco a poco la fui introduciendo en más prácticas sexuales hasta convertirla en mi puta, probó mi leche y le encanta, así llevamos varios años.

    Parte 2:

    Como os conté mis relaciones con mi vecina Eugenia eran una maravilla y un día cuando le estaba perforando su hermoso culo apareció su hija mayor de 40 años, tenía un cuerpo semejante al de su madre, la situación fue impactante, ella en la puerta de la habitación viendo como su madre follaba como una loca, ninguno de los dos supimos cómo reaccionar, Eugenia ni se había dado cuenta, se echó las manos a la cara y se marchó, como podéis imaginar mi polla sufrió un bajón, cosa que molestó a mi puta, pero enseguida lo arregló dándome una buena mamada y así terminé descargando toda mi leche dentro de su culo.

    Estuve unos días pensativo puesto que ya nuestro secreto se había descubierto y le preguntaba a Eugenia si sabía algo de sus hijas, ella al principio se extrañó de ese interés, pero nuestras vidas y nuestra relación siguieron siendo esplendidas pues mi alumna era muy aplicada.

    Una buena tarde estaba en casa leyendo relatos eróticos que me encantan cuando llamaron al timbre, sabía que no era Eugenia pues se había marchado de viaje a ver unos familiares, cuando abro era Isabel, la hija que nos había sorprendido mientras culeaba a su madre, me preguntó si podía pasar para hablar conmigo, la verdad que no quedaba otra que afrontar la situación.

    La hice pasar y le preparé un café para intentar romper el hielo. Cuando estuvimos sentados comenzó a llorar y no sabía por dónde empezar, después de una café y unas copitas de orujo de hierbas se tranquilizó un poco, me dejó muy sorprendido al darme las gracias por lo mucho que cuidada de su madre, que había cambiado mucho, se arreglaba todos los días, salía más de casa, se mostraba cariñosa y la veía feliz y que ahora se explicaba ese cambio, tan apenas sabía que decirle, pero también estaba muy bien con las atenciones que recibía.

    De nuevo comenzó a llorar y me comenzó a contar su vida, que era ella quien ahora lo estaba pasando muy mal, su marido se había ido con una jovencita, su hija se había ido de casa con mala gente y también ella se sentía muy sola que casi tenía envidia de su madre, me recordó la escena que presenció y al principio se enfadó, pero que después por la noche en su cama se imaginaba que era ella y no su madre la que estaba siendo culeada y se hizo una buena paja como nunca.

    La miré a los ojos y la besé en la frente, pero ella buscó mis labios, nos fundimos en un enorme beso y su lengua sí que sabía actuar y uno con más de una semana sin sexo, estaba bien caliente. Continuamos acariciándonos como locos, que hambre tenía Isabel “quiero que me comas toda, que me folles bien follada que hace mucho que nada entra en mis bajos”. Así que se quitó la blusa y aparecieron sus tetas al aire con unos pezones desafiantes, los cuales ataqué con toda mi ansiedad, los pezones duros me vuelven loco, ella apretaba su cabeza contra sus tetas mientras mis manos entraban entre sus bragas para encontrar una vagina bien mojada

    Nos desnudamos mutuamente y la cara la tenía como una fiera en celo, la tumbé en el sofá y fue directamente a mi polla, no hubo que darle indicaciones, cómo la comía la muy zorra se la tragaba toda, en unos instantes estábamos haciendo un 69 brutal. Después de mamarnos mutuamente un buen rato tumbados para coger un poco de aire, se puso encima y se clavó mi polla en su coño comenzando a cabalgar moviendo su culo y yo amamantando sus tetas con ansiedad, hasta que tuvimos un orgasmo descomunal, que manera de sacar fluidos, hasta que comenzó a besarme mis tetas y nuestras lenguas se fundieron de nuevo.

    Estuvimos en rato en silencio recreándonos con el polvo que nos habíamos dado, cuando al oído me dice, “quiero que me rompas el culo como a mi madre”, la besé y nos fuimos para la cama, sin decirle nada se puso a lo perrito, le metí mis dedos en su rajita para mojarlos y le introduje un dedo por su culo, estaba muy estrecho y me dijo que suavecito que era virgen de ese agujerito, así que comencé a acariciar su clítoris mientras lamia su espalda, poco a poco fue entrando un dedo, ella decía que le dolía un poco, le respondí con un buen pollazo en su coño, cosa que agradeció, así que la follaba mientras ya entraba el segundo dedo mojado con sus jugos y los míos, ya tenía huequecito para entrara el capullo, ahí lo apunté, lo comencé a meter y gritó que le dolía mucho, esperé a que se acomodara y poco a poco fue entrando, paré para que lo sintiera y que se fuera relajando, cuando noté que era ella quien apretaba, que ya no le dolía y que estaba sintiendo un gusto especial, eso me animó para seguir bombeando ya entraba con más suavidad, cosa que le encantó, comenzó a gemir a gritar ”sigue, métela toda hasta los huevos”, así que continúe a buen ritmo, mis huevos chocaban en su nalgas y agarrado a su cintura le di bien duro hasta que estuve a punto de venirme “quiero tu leche ahí dentro dámela toda, no pares que yo también me estoy viniendo” y noté como corrían sus fluidos y exploté dentro y así hasta que se desplomó en la cama.

    La saqué de su culo y me la limpió sin dejar rastro de nada, tenía la misma cara que su madre, relajada, satisfecha y llena de lujuria, me dijo que no le dijera nada a nadie y menos a su madre, que a partir de ahora vendría a visitarla más, pero que antes pasaría a recoger su regalito.

    Así que ahora me tenía que planificar para poder atenderlas a las dos y no sabría decir con cuál de las dos disfrutaba más.

    [email protected].

  • Mi suegro me hace su puta

    Mi suegro me hace su puta

    Me llamo Jessica y soy una mujer transexual pasiva, amante de las vergas grandes y gruesas, soy morena clara, mido 1,75, tengo buen culo y buenas tetas. Y esta es la historia de lo que me pasó con mi suegro. Pero antes trataré de ponerles en antecedentes.

    A pesar de nacer hombre, desde que comencé a vivir sola a los 21 años, decidí convertirme en mujer, pues siempre lo sentí así. Bajo la supervisión de un médico y de mi psicóloga, empecé a tomar hormonas para ir cambiando mi aspecto, que ya de por sí era bastante afeminado. Mi cuerpo, mis formas… fueron cambiando.

    Sexualmente, diré que me encantan los hombres viriles y activos que saben tratarme como a su putita. De esta forma conocí a Pedro, un chico de mi edad (27 años) con una verga que hacía mis delicias y con el que inicié una bonita relación. Éramos complementarios, pues él es totalmente activo, varonil, incluso algo dominante. A mi me gustaba comportarme algo sumisa para él y siempre estaba dispuesta para sus deseos. Yo le obedecía ciegamente cuando me ordenaba que se la mamara o que me pusiera a cuatro patas («como una perrita», decía) para recibir su verga.

    Me enamoré totalmente de Pedro, nos fuimos a vivir juntos y se convirtió en mi maridito. Yo cocinaba para él, le lavaba la ropa, y hacía todas las faenas del hogar. Cuando llegaba a casa quería que estuviese vestida muy sexy y provocativa, y yo recibía mi ración de verga a diario. Tras cuatro meses de vivir como marido y mujer, me preguntó por qué no me operaba los pechos, diciéndome que a él le gustan las tetas grandes. En cierto modo, eso era algo que yo deseaba. Había ahorrado un dinero y decidí dar ese paso irreversible.

    No me arrepentí, pues a partir de la operación noté cómo Pedro se excitaba más conmigo y disfrutaba de mis pechos, incluyendo deliciosas «cubanitas» en mis tetas. Incluso yo me sentía más mujer aún y por la calle notaba que los hombres me miraban más con deseo. Pero yo estaba totalmente unida a mi Pedro, y cada vez me gustaba más lo que me hacía pues siendo yo totalmente pasiva, mi pequeña verga (a la cual yo llamo mi clítoris) jamás se me para y estando aguadita lograba hacerme terminar cuando me estaba culeando o cuando por atravesarme y hacerme explotar me lograba meter hasta 4 dedos en mi culo.

    Pasó un año en el que habíamos vivido como una pareja normal y yo estaba feliz y enamorada. Un buen día Pedro me dijo que ya era hora de que yo conociese a su padre. Enrique (su padre) era viudo y Pedro era hijo único, por tanto sólo se tenían el uno al otro como familia. A mí me daba mucha vergüenza conocer a su padre, pero Pedro me comentó que no tenía por qué preocuparme. Le había contado que yo no era exactamente una mujer y, al principio, no se lo tomó bien. Pero que ahora parecía haberlo aceptado, al ver que pasaba el tiempo y la relación continuaba, además de que notaba que su hijo estaba feliz. Por otro lado Pedro me decía que estaba seguro que cuando su padre me viera tan femenina y tan cariñosa con su hijo, se disiparían todas sus dudas acerca de nuestra relación y terminaría por aceptarme totalmente.

    La verdad es que esto me animó, además de que tampoco podía negarme a conocer al único familiar que Pedro tenía, ya que éramos pareja, y cada vez más, una pareja estable y normal. Lo lógico era ir a conocer a su familia. Él me presentaría como su novia ante todo el mundo y el único que sabría mi verdadera condición de transexual sería Enrique, mi suegro.

    Enrique vivía solo en una casa muy grande a las afueras de un pueblo relativamente pequeño, donde todo el mundo se conoce. Solamente era visitado dos veces a la semana por un matrimonio mayor que hacían las veces de criados y se ocupaban de todas las tareas de la casa y el jardín.

    Los primeros días en casa de mi suegro habían pasado estupendamente, se comportaba muy amable conmigo, y Pedro y yo dormíamos juntos en una gran cama como un matrimonio al uso.

    Pero un día ocurrió algo inesperado. Pedro tenía que volver a la ciudad por la mañana temprano y no volvería hasta la noche siguiente. Iría solo pues tenía que resolver unos negocios y me dijo que esta era una buena oportunidad para atender estupendamente a mi suegro y que viera en mi a una verdadera nuera. He de decir que durante mi estancia en la casa de mi suegro, todo el tiempo había ido muy ligerita de ropa debido al calor, casi siempre con amplios escotes y con vestiditos muy ligeros y cortitos que dejaban entrever parte de mis encantos femeninos. Al fin y al cabo me gustaba ir sexy para mi marido. Por eso ese día, sin pensarlo mucho, al levantarme (Pedro ya se había marchado) me puse un vestidito muy corto y ajustado con gran escote, que marcaba perfectamente mis pechos y mi culito, y a través del cual se marcaba el minúsculo tanguita que llevaba como única prenda interior.

    Como Pedro había madrugado, me tocó servir el desayuno sólo para mi suegro y para mí. El desayuno lo serví ya bastante tarde y mi suegro me invitó a que pasáramos a una pequeña salita para que conversáramos del futuro de la relación entre Pedro y yo. Al decirme eso, con su mano derecha me dio una palmadita de cariño en uno de mis muslos, lo cual sentí como un gesto de que la conversación sería para bien mío.

    Supongo que mi aspecto ayudó a lo que ocurrió a continuación. Enrique comenzó a preguntarme por cómo nos habíamos conocido Pedro y yo, por cómo iba nuestra relación, incluso por el sexo entre nosotros. El dialogo que surgió fue el siguiente:

    Enrique (E): Ya sabrás que mi hijo me ha contado que no eres una mujer.

    Jessica (J): Si, Enrique, y si Pedro te ha dicho que no soy del sexo femenino, también te habrá dicho que tanto en mis actitudes, ademanes y sobre todo en la cama yo soy muy mujer y Pedro así lo piensa, es más él me considera mejor que cualquier mujer. Te diré que solamente hay una pequeña parte de mi que no es de mujer, pero que igual el uso que le doy no es para otra cosa más que para evacuar mis orinas y de utilizarlo como mi clítoris. Pero el resto, tú mismo lo puedes valorar.

    E: Bueno, la verdad es que tienes razón. Sólo quería decir que sé de tu condición. Y además comprendo por qué mi hijo se ha encaprichado contigo. Eres muy sexy y apetecible y con respecto a que si yo lo puedo valorar, tú dirás cómo.

    J: Gracias, Enrique, lo consideraré un halago, pero mejor no haré caso a tu comentario.

    E: Lo digo en serio, querida nuera (-por primera vez me llamaba así-). No te has dado cuenta que a veces no puedo evitar un calentón cuando te veo? Por ejemplo, ahora mismo. Mira cómo la tengo.

    Enrique se puso la mano en su entrepierna marcando una enorme verga que se vislumbraba a través del pantalón. Lo cierto es que nunca me había fijado en que fuera cierto lo que me estaba diciendo. En ese momento me quedé sin habla, no sabía que decir y, lo que es peor, no podía apartar la mirada de su entrepierna.

    Cuando por fin pude articular palabra, dije:

    J: Enrique por favor, perdona si te he ofendido por mi modo de vestir y cuando te dije que tú mismo podías valorar, me referí a cómo me comporto yo con mi marido, no quise insinuar otra cosa.

    E: No te disculpes, Jessica, no me ofendes. Sólo quiero que sepas que llevo años sin sexo y el verte tan agraciada, con esas piernas hermosas, tus grandes senos y tu modo de andar, me despierta mis instintos. La verdad, yo había pensado que tú podrías ayudarme.

    J: Ayu… darte? No… entiendo -dije casi tartamudeando, adivinando sus intenciones, lo que hizo que, de pronto, corrientes eléctricas recorrieran todo mi cuerpo.

    E: Si, cariño, claro que me entiendes. Jessica, te hablaré claro. Seguro que la mamas muy bien y a mi me ayudaría mucho a sentirme mejor por un tiempo, no sabes cómo me masturbo al oírte en las noches como mi hijo disfrutar de tu cuerpo y cómo le complaces tú en todo lo que te pide.

    J: Pero Enrique, tú eres mi suegro, estoy enamorada de tu hijo. Eso no estaría bien. Seguro que estás bromeando. -En ese momento y al oír las palabras de Enrique, comencé a sudar helado y mi culito igualmente temblaba señal inequívoca de que estaba despertando y al igual que una mujer que moja su vagina, sentí que mi clítoris se humedecía de líquido preseminal.

    E: No bromeo, querida -dijo mientras se sacaba la verga del pantalón y comenzaba a acariciársela-. Al fin y al cabo Pedro no tiene por qué enterarse de esto. A ti apenas te supone nada y yo lo consideraría como un enorme favor de mi querida nuera en agradecimiento a mi hospitalidad.

    A esas alturas de la conversación yo, al igual que Enrique, estaba bastante caliente y lo peor era que no podía despegar la vista de esa hermosa verga que estaba a escasos centímetros de mi alcance y nerviosa le dije a mi suegro «Enrique, por favor, no sigas con eso… me estoy poniendo nerviosa».

    Enrique se levantó, con la verga durísima y que ahora se veía todavía más grande, se acercó a mí, y comenzó a acariciarme el culito por debajo del vestido. Yo estaba paralizada. No me movía y le dejaba hacer.

    E: Vamos, preciosa, tranquilízate. Hazme ese favor. Si te preocupa Pedro, yo te aseguro que no se enterará de nada de esto.

    He de reconocer que la situación empezaba a excitarme. La vista de la verga de mi suegro, la más grande que había visto nunca, me tenía confundida, era una verga sencillamente espectacular: medía no menos de 20 cm., con un glande hermosísimo de un color de tonalidad bronceada y varias venas saltaban en todo el tronco de la verga, la cual tenía un grosor casi el doble de la verga de mi marido y los huevos parecían una alforja de indio, colgaban de la verga de Enrique y se dejaban ver por detrás de ese mástil que pronto sería de mi propiedad.

    Nerviosa por lo que vendría sólo acerté a decirle:

    J: De acuerdo suegro, pero esto quedará entre nosotros para siempre y que conste que lo hago por hacerte un favor, por tu amabilidad, y que quede claro que amo a Pedro.

    Enrique sólo alcanzó a decir «Claro que sí, cariño. Pero empieza ya. Me tienes impaciente». En ese momento tomé con mis manos la verga de mi suegro y me la llevé a mi boca, la cual tuve que abrir más de lo acostumbrado ya que como dije, la verga de Enrique tenía el doble de la de su hijo. Mi lengua con gran maestría recorría todo el mástil y cuando llegaba a la punta me la tragaba hasta que la cabeza topaba con mi garganta, lógicamente no lograba tragármela toda. Mi suegro de apurado que estaba se quitó el pantalón y abrió sus piernas, yo me agaché y me metí como una gata entre sus piernas y comencé a meterme la bolsa de los huevos en mi boca. Volví al ataque a tragarme ese pollón que estaba disfrutando y ya totalmente caliente y desinhibida me quité el vestido y mis tetas quedaron al aire, agarré la verga de Enrique la ensalivé y me la puse entre mis tetas para hacerle una cubanita.

    E: Con razón mi hijo está enculado de ti, puta, eres toda una perra caliente y sabes tu oficio. De hoy en adelante, además de tener un suegro, tendrás un amante, zorra viciosa.

    Con lo caliente que me encontraba no pensé en sus palabras y sólo le dije «dame tu leche papito que quiero probarla y tragármela» y Enrique llevó su verga a mi boca y tomándome de la cabeza comenzó un mete y saca como si mi boca fuera una vagina y gemía y balbuceaba diciendo «ayyy, que rico, eres una puta viciosa, chúpame toda la verga puta, ay, uhmmm, toma zorra». A los pocos minutos chorros de semen golpeaban mi garganta y fue tanta la cantidad que tenía Enrique en sus huevos que tuve que ayudarme de mi mano para meterme a la boca el semen que se me salía de entre mis labios.

    Para ese momento yo estaba más que caliente y le dije a Enrique «Suegrito, no vas a ser tan malito de dejarme caliente y negar que tu verga conozca y pruebe la cuevita que le pertenece a tu hijo», Enrique me dijo «Jessica, como ves, ha sido tanta mi abstinencia que mi verga aún está parada y sería un tonto si no pruebo tu culo» y con la autoridad que le caracterizaba (como me hacía su hijo) me dijo «ven, ponte en cuatro patas como si fueras mi perrita, puta». Yo le obedecí y le dije «métela despacito Enrique, por favor, ya que mi culo no está acostumbrado a recibir semejante tranca».

    En respuesta recibí una tremenda nalgada y sentí la punta de la verga que Enrique trataba de meter en mi culo. Yo, con mis manos, abrí mis nalgas para facilitarle la labor y cuando la cabeza quiso entrar, yo pegué un pequeño gritito apartando mis nalgas de ese fusilamiento y le dije con voz de súplica a mi suegro «si me lo permites, iré a mi cuarto a traer una crema lubricante que a veces utilizo con tu hijo cuando desea meterme sus 4 dedos en mi culo». Mi suegro con la boca abierta me dijo «y hasta eso permites que te haga mi hijo, zorra?», a lo que le respondí «te dije que para tu hijo yo soy más que su mujer». Y subí a la recámara.

    De regreso y ya con la crema untada en mi hoyito y con un poco en la mano para untarle en toda la verga a Enrique, le dije «ahora soy toda tuya y haz de mi culo lo que quieras papito». Enrique no se hizo de rogar y volviendo a ponerme en cuatro patas y de un solo empujón me enterró la mitad de sus 20 cm. de su verga, diciendo «vaya putita, cómo te sientes ahora que tienes la mitad de esta tranca adentro?», «¿me aguantas la otra mitad?» y yo le respondí «deja un poquito que me acostumbre a ella y verás por qué tu hijo me prefiere a mi en lugar de cualquier hembra».

    Para acomodarme la verga en mis extrañas, comencé un meneo en círculos y mi organismo comenzó a funcionar lubricando mi culito de forma natural y aceptando a ese extraño que me estaba haciendo ver estrellas. Y le dije a mi suegro «dale más papito, por favor soy toda tuya, entiérrame toda tu verga e inúndame el culo de tu semen… que rico, ay, uhm, dame más, rómpeme el culo, soy tuya… dale, dale uhm… más papi, mas, ay, que rico… soy tu puta, soy tu perra, dale, dale».

    Enrique como un salvaje me culeaba sacando y metiendo su verga, y sus grandes huevos chocaban contra mis nalgas y sólo alcanzaba a oír el <plos, plos, plos> que con cada estocada hacía que sus huevos emitieran ese sonido cuando le pagaban a mis nalgas.

    De repente y como si fuéramos uno solo, los dos comenzamos a dar espasmos, siendo la predicción de que estábamos por acabar, y dando gritos ambos, explotamos, yo aventando mi semen por el suelo y Enrique inundándome el culo y dejándose caer en mi espalda. Con la verga aún semierecta y haciendo un esfuerzo por sacarla (ya que yo la tenía atrapada haciendo fuerza con mi esfínteres), me dijo «hoy entiendo a mi hijo» y yo le dije «si?» y me respondió «tu verga no se te ha parado en lo más mínimo y sin habértela tocado ni tu ni yo has terminado como una verdadera hembra, mi nenita», yo en reacción a su comentario le di un beso de lengua y le dije «esto es para que siempre me veas como la mujer que soy… ah, y espero que no me hayas preñado, suegrito», dije sonriéndole. Él como respuesta carcajeaba y me dio un sonoro azote en mis nalgas.

    El resto del día y la noche fui la puta de Enrique, ya que me folló como en 6 ocasiones y me hizo andar solo en tanga y tacones, lo cual para mi, debo reconocerlo levanto mi ego y me hizo estar contenta de lo que soy. Lo que pasó cambio mi vida radicalmente, y fue lo que hoy en día me ha convertido en la puta de Pedro y su padre Enrique.

    Antes de que regresara Pedro, mi suegro me dijo «Más adelante hablaré con mi hijo para que se vengan a vivir permanentemente conmigo y con el tiempo le diré de nuestra relación y te convertirás en la única mujer de la casa y dormirás cada noche en una misma cama. Pero mientras encuentro la ocasión para hablar con mi hijo, te quiero tener aunque sea una vez por semana en mi casa, Jessica».

    Espero les haya gustado.

    Les agradezco sus comentarios a:

    [email protected].

    Muchos besos.

  • Doña Eugenia (Parte 3): Su estreno anal

    Doña Eugenia (Parte 3): Su estreno anal

    Después de nuestra primera experiencia sexual, nuestra relación cambió radicalmente, ya no éramos vecinos sino amantes, Eugenia tenía muchas ganas de recuperar todo lo que se había perdido durante tantos años, quería aprender, experimentar, gozar. Para mí era todo un reto y a la vez también disfrutar haciéndola mi puta particular. Le di a conocer mis gustos sexuales y a quitarle los miedos y vergüenzas que eran muchas, para ella era como sus primeras relaciones pues desconocía casi todo lo relacionado con el sexo. Le compré lencería sexy, le rasuré los pelos de su vagina, le enseñé a utilizar juguetes sexuales, cada día era una experiencia nueva para ella y para mí.

    Cuando iba a subir le avisaba para que se preparara y me recibía con una bata de seda bien abierta y me mostraba su lencería que le seguía comprando, nunca superó el comprarla ella, así que podía elegir la que más me excitaba y lo primero que hacía era darnos una buena sesión de lengua, fundíamos nuestras bocas y quitarle la bata me gustaba que fuera en tanga y sujetador por la casa para continuación hacerme una buena mamada que tengo que reconocer que se hizo una adicta a polla.

    Los días de nuestros encuentros estaban llenos de novedades para ella, veíamos películas porno sobre todo de maduras que casi nunca terminábamos de ver pues en seguida nos poníamos en faena, una de las cosas que más le sorprendió fue el sexo anal, nunca se había imaginado que pudiera dar placer y se mostraba un poco reacia así que espere la ocasión para demostrarle que era todo lo contrario. Fue en la ducha después de un buen polvazo, todavía está chorreando todos los fluidos, cuando el agua tibia nos relajó.

    La estaba enjabonando todos su agujeritos, haciéndole masajitos en su culo, le pregunté si le gustaba, solo dijo:

    ”Uhm que gusto que me das”

    Así que fui alternando su culo y su clítoris, los gemidos de nuevo comenzaron y mi polla comenzó a ponerse dura y más cuando sus manos la pajeaban, cada vez estaba más caliente y su culo relajado, aproveche que se la clavé por su coño para meterle un dedo lleno de gel por el culo para suavizar el agujerito, gritó:

    “¡Qué haces!”

    A lo que respondí con otra buena sacudida en su coño, saqué el dedo y seguí bombeando su coño, le volví a meter el dedo y de nuevo gritó, le di un cachete en su nalga y le dije que hoy tocaba desvirgar ese culo:

    “Por favor despacito que me duele”.

    Así que deje un rato el dedo para que se fuera dilatando ya no lo sentía cuando lo saqué y metí dos, muy despacio…

    “Me sigue doliendo“

    De nuevo los tuve que sacar, pero el agujerito ya tenía si huequecito, comencé a frotar mi capullo y pude meterlo un poquito.

    “Me duele, pero sigue papito”

    Lo fui sacando y metiendo cada vez un poquito más, cuando ya estaba medio metido paré.

    ”Cabrón que me estás haciendo, me vas a romper el culo”

    “Si mi zorra eso es lo que voy hacer, poseer tu culo”

    Me quedé parado un rato para que se fuera acostumbrando y lo saqué, lo llené de gel y se lo volví a meter ya no le dolía tanto, en un momento fue ella la que empujaba hacia mi hasta meter mi polla hasta dentro, cada vez entraba mucho mejor, cogimos el ritmo, cuando comenzó a gritar pero ya no de dolor.

    “Que cosa más rica, dale más fuerte, sigue, sigue”

    Mis huevos chocaban con sus nalgas, y mis manos agarraditas a sus pezones mientras ella se frotaba el clítoris como una loca meneando las caderas y empujando sus nalgas.

    “Esto sí que es gusto del bueno, joder lo que me he perdido, lo tengo que recuperar enseguida”

    Estuvimos follando hasta que noté que le faltaba poco para correrse y aun le puse más intensidad hasta que estuve a punto, con sus espasmos tan peculiares comenzó a sacar sus fluidos de una buena corrida.

    ”Dame toda tu leche en mi culo”

    Cosa que ocurrió, la inundé con mi leche y allí la deje alojada mi pija culeando hasta que solita se salió.

    “Divino, que maravilla, jamás había disfrutado tanto uhm “

    Nos duchamos de nuevo y nos fuimos a la cama a descansar como siempre lo hacemos yo mamando sus pezones y ella con la polla bien sujeta.

  • Lucero la divorciada

    Lucero la divorciada

    Lucero, una veterana amiga de mi mujer, ella a diferencia de las demás no es de un cuerpo tan llamativo, claro que, como buen hombre, me di cuenta de que en sus ayeres era una mujer de un excelente cuerpo, en ese entonces ella con 35 años y una hija de 7 años y un matrimonio efímero, tenía una chispa de luz que te daba mucha alegría y honestamente, tenía unas tetas grandes, unas buenas piernas y un color de piel moreno que llamaba la atención.

    Una ocasión tendría un evento por su cumpleaños, mi esposa me pidió me adelantara a ayudarle con unas lonas, yo al tener una excelente relación de amistad con ella, fui.

    Al llegar ella ya me esperaba, traía puesto un pantalón de mezclilla que resaltaba sus caderas, una blusa negra que resaltaba sus tetas, se le transparentaba un brasear de encaje blanco, el ver sus tetas me provocó un tremendo morbo, pero, en fin, comencé a ayudarle con sus lonas, ella estaba haciendo la comida, no podía evitar verla, ella me miraba, pero disimulaba, al parecer estaba tensa, ¡al estar solos ella y yo la situación en ambos era muy tensa!

    Luc: ¡Gracias por ayudarme!

    L: ¡No, no agradezcas, sabes que aquí estamos!

    Luc: Son un amor, ¡jajá!

    L: ¡Eso intentamos!!

    A pesar de que hacíamos charla, el ambiente no cambiaba, eso me dio a entender que ella también traía algo, igual o más fuerte que yo, pero no hice caso y continúe apoyándola.

    L: Ya terminé, ¿necesitas algo más?

    Luc: ¡No, gracias!

    L: Bueno, ¡creo que entonces me voy!

    Luc: ¡Si, te acompaño a la puerta!

    El camino a su puerta se hizo largo, no decíamos nada, ella se adelantó y no podía dejar de verle sus nalgas, me imaginaba penetrándola, pero al mismo tiempo trataba de sacar esas ideas, por su parte ella me miraba de reojo, suspiraba y más rico movía sus carnosas caderas.

    Luc: ¡Bueno, los espero al rato!

    L: ¡Si, bye!!

    Estaba por salir de la puerta cuando la miré y con desenfreno la empecé a besar, ella no me rechazo, al contrario, me apretaba fuerte y me metió a cerrando estrepitosamente su puerta.

    Continuamos besándonos mientras caminábamos de regreso a su sala, con más confianza baje mis manos a sus nalgas y sus piernas, ¡ella gemía y sin abrir los ojos cedía a mis caricias!

    Luc: Espera, ah, ¡esto no es correcto!

    L: ¡Lo sé, pero no puedo parar!

    Luc: ¡Mmm, besas muy rico!

    L: ¡Me encanta tu cuerpo!

    Basto con decirle eso para que me permitiera hacerla mía.

    Le quité su blusa para descubrir un par de tetas enormes, quien iba pensar que ella era dueña de ese tremendo par, yo como niño con juguete nuevo, me di gusto lamiendo, ¡mordiendo y apretando su voluptuosa delantera!

    Lucero gemía, ¡me acariciaba la cabeza y solita comenzó a bajarse su pantalón!

    Luc: ¡No sabes cuánto me gustas!

    Ella me repetía eso mientras mis manos acariciaban sus muslos para luego subir a sus tetas.

    Baje su trusa cachetero que traía, para ver una vagina un poco peluda pero que a distancia se notaba lo húmeda que estaba, toque con mis dedos y verifique su excitación, luego bajando mi lengua por en medio de sus tetas, ¡recorrí su abdomen un poco graso hasta llegar a su peluda vagina, la cual comencé a lamerle con velocidad!

    Luc: ¡Ah, Luis, ah, que rico, ah!

    L: ¿Te gusta?

    Luc: ¡Hace años nadie me hacía esto, uf!

    Lucero me demostraba con cada gemido que le hacía falta una buena chamba, mis manos también empezaron a entrar a su vagina, ella gemía fuerte, la verdad se olvidó por completo de la pena y de que era el esposo de su amiga, solo jadeaba y disfrutaba de mi trabajo oral.

    Me puse de pie y la acosté en su sofá, ¡ahí ella abrí sus piernonas y me pidió a gritos mi verga, la cual ya estaba dura y lista para entrar!

    En la típica pose de misionero adaptada en su sofá, ella empezó a gemir al sentir como la penetraba, le besaba el cuello y me deleitaba con sus enromes tetas, ella me apretaba del tarsero para empujarme más hacia ella, cual, si fuera algo cómico y vulgar, ambos no estábamos desnudos simplemente teníamos los calzones abajo, pero, aun así, ¡me movía para hacer gemir a la amiga de mi mujer!

    Luc: ¡Ah, que rico, agh!

    L: ¡Uhm, ah, Lucero!

    Luc: ¡Luis, así, ah, Luis!!

    Lucero estaba fascinada, se notaba que paso mucho para que tuviera sexo, así que, como buen amante, decidí darle con todo para que nunca me olvidara.

    Levante sus piernas y la embestía con fuerza, su cabeza chocaba con el respaldo del sofá, ¡pero ella me pedía que el diera más y más!

    Me senté el sofá y ella subió a cabalgarme, le agarraba con fuerza sus caderas, la levantaba y la dejaba caer en mi para que mi verga le entrara todita, ¡mientras ella movía su cadera y me daba a mamar sus ricas tetas!

    Luc: ¡Ah, que grande!!

    L: ¿Te habías comido una así?

    Luc: ¡Jamás!! ¡Esto es la gloria!

    L: ¡Muévete más, rápido, hazlo, mueve tu cuerpo!

    Ella metía su lengua a mi boca, me besaba el cuello, ¡yo le apretaba el cabello y seguía empujándole mi tranca hasta el fondo!

    La acosté en sofá poniéndola de lado, levante sus piernas y la penetre en esa pose, me inclinaba hacia atrás para moverme mejor, le apretaba sus muslos y nalgas con fuerza, ¡ella gemía y jadeaba al sentirme entrar!

    Luc: ¡Que rico, nuca me habían cogido en esta pose, ah!

    L: Dios, que mala suerte tienes, ¡te has perdido de esto!

    Luc: ¡Ah, Luis, que rico coges, agh!

    L: ¡Ya te hacía falta esto, toma, toma!!!

    Seguí dándole en esa pose para luego variar y estar ambos acostados de lado, le metía mi verga levantando su pierna, ¡mientras le besaba su cuello y jugaba sus pezones!

    Luc: ¡Ah, no le vayas a decir a ella!!

    L: ¡Nunca, quiero poder darte más!

    Luc: Si, quiero que me cojas, ¡quiero que me tomes!

    L: ¡Con gusto, ah!

    La empiné apoyándola en el brazo del sofá, ¡la tomé de su cadera y la embestí con mucha fuerza! Ella grito al sentir como la empalaba, le daba de nalgadas y movía mi cadera acompañando los movimientos de su pelvis.

    Luc: ¡Que rico, ah!

    L: ¡Toma, uf, aprietas bien rico!

    Luc: ¡Tu pene es magnífico, con razón Lety está contigo!!

    L: No solo por mi pene, ¡si no por esto también!!

    La embestía con mucha fuerza, ella solo jadeaba y movía su cuerpo, pronto su vagina escurría pro el orgasmo que estaba teniendo, ¡yo disfrutaba verla temblar y pedirme más y más verga!

    Luc: ¡Ah, que rico, agh!!

    L: ¡Toma, uf!!

    Luc: ¡Me sacas todo, ah!!

    L: ¡Eso, grita, toma, toma!!

    Pronto sus movimientos y gemidos me pusieron a mil, con toda la fuerza que tenía, la tome de su cabello y la embestí a gran velocidad, mi verga le entraba con mucha violencia, ella gritaba y se movía rico, ¡sentís sus fluidos escurrir por sus piernas y las mías y pronto yo no tolere más y expulse un rico mar de leche!

    L: ¡Ah, toma, ah!

    Luc: ¡Que rico, te siento, te siento!

    L: ¡Toma mi leche, ah, aquí esta lo que necesitabas, ah!

    Luc: ¡Dámela, que rica se siente, ah!

    Mi semen le lleno del coño, ella se retorcía al igual que yo, el orgasmo fue maravilloso, con fuerza la tome de la cabeza la arrodille y al puse a mamarme mi verga, ella sin queja alguna lamia de mi tronco a mi cabeza, ¡sus mamadas me hacían gozar mucho!

    L: ¡Eso, ah, continua, que rico lo chupas!

    Luc: ¡Que verga más rica, uhm!

    L: ¡Devórala, ah, saca lo que resta!!

    Luc: ¡Sácalo, lléname la boca!

    Sus mamadas fueron tan excitantes que me vine una vez más en su boca, Lucero me demostró que es una bomba la saborear y tragarse mi semen, yo con una sonrisa la anime a hacerlo hasta que mi verga dejar de gotear, mi nueva puta dejo reluciente mi verga.

    Después de gozar, ambos nos cambiamos con apuro, regrese a casa me bañe y junto con Lety regresamos a su fiesta, las miradas de complicidad eran notorias, Lucero cambio su semblante, más alegre, más feliz, de hecho, hasta se vistió más coqueta, yo disfrute de la fiesta y de obtener una nueva amante, la recatada amiga de mi mujer, ¡mi nueva puta!

    Una a una las amigas de Lety fueron cediendo a mí y yo a ellas y pronto les contare más historias con ellas.